Roberto Feletti parece desconocer cómo se determinan los precios en un mercado libre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 27/10/21 en: https://economiaparatodos.net/roberto-feletti-parece-desconocer-como-se-determinan-los-precios-en-un-mercado-libre/

Niveles razonables, aumentos desmedidos, ganancias extraordinarias, son algunas de las frases que utiliza el Gobierno para fundamentar el congelamiento que impuso el secretario de Comercio Interior

Precios razonables, aumentos desmedidos, ganancias extraordinarias son algunas de las frases que viene utilizando la militancia oficialista para fundamentar los precios máximos que impuso Roberto Feletti.

Al más puro estilo populista, el oficialismo inventa un enemigo al cual hacer responsable del destrozo monetario que está haciendo el gobierno para financiar el déficit fiscal.

En esta oportunidad son los formadores de precios, los desalmados comerciantes, las cadenas de supermercados, es decir, una legión de enemigos que quiere hambrear al pueblo argentino en beneficio del FMI y los cipayos que acaba de resucitar Insfrán recreando el viejo enemigo de Estados Unidos. Solo le bastaba decir al eterno gobernador de Formosa: Braden o Perón y estábamos definitivamente en el túnel del tiempo.

Lo concreto es que quieren crear la épica de que ellos, los buenos, vienen a salvar al pueblo argentino de los malos que quieren meterse con la mesa de los argentinos. Hacerles pasar hambre por codicia.

Al establecer precios máximos y congelados, Feletti hace gala de un altísimo grado de soberbia, lo que Hayek llamó La Fatal Arrogancia, o bien de un enorme desconocimiento del ABC de la economía.

Feletti demuestra que: 1) desconoce la teoría subjetiva del valor, 2) al desconocer 1) desconoce cómo se forman los precios y 3) traba la eficiente asignación de los recursos.

¿Por qué desconoce la teoría subjetiva del valor? Porque al fijar un precio máximo está decidiendo él por el resto de cada uno de los consumidores cuál es el valor de cada bien.

Feletti no sabe que cada persona valora de forma diferente cada bien y servicios que se ofrece en la economía. Desconoce que para una personal un bien tiene valor y para otra persona no lo tiene. Es más, para la misma persona un bien puede valer mucho o poco dependiendo de las circunstancias. Una persona valora mucho un vaso de agua en el desierto y esa misma persona, en la ciudad, lo valora menos porque con solo abrir la canilla tiene agua para beber.

Para un amante de la opera una entrada para ver rock puede valer cero y viceversa. El vegetariano no valora la carne y para el vegano no tiene valor nada que venga de los animales. Para el que no es vegano ni vegetariano, un asado de tira tiene valor.

Si se entiende esto, se entiende que la gente compra un bien o deja de comprarlo de acuerdo a cómo él valora ese bien según su subjetivo punto de vista. En otras palabras, los precios son la expresión de las valoraciones subjetivas de millones de consumidores. Los bienes tienen valor porque la gente los valora. No por los costos de producirlos. Se incurre en costos para producir un bien si la gente los valora y está dispuesta a entregar determinada cantidad de dinero por esos bienes. Así se van formando los precios.

La cantidad de gente y la valoración que le otorgue a determinados bienes determina si un empresario tiene que incurrir en costos para producir ese bien. Así que el primer punto que no conoce Feletti es cuáles son los precios que están dispuestos a pagar los consumidores, los que determinan los costos de producción en que pueden incurrir las empresas, con lo cual lo que está haciendo hoy Feletti no es fijar precios, sino poner un número cualquiera que a él le gusta y delante de ese número le pone el signo pesos. Es un número con un signo $ delante, no un precio.

Feletti desconoce, entonces, la teoría del valor subjetiva que es la que determina si la gente compra o no compra y, por lo tanto, los precios de mercado. Cuánto valora la gente los pesos que tiene en el bolsillo y la mercadería que le ofrecen. Si valora más los pesos que tiene que la mercadería que le ofrece o si los valora de igual manera, no hay intercambio. Solo si el consumidor valora más la mercadería que le ofrecen que los pesos que tiene en el bolsillo, es que está dispuesta a comprar. Lección número 1, Feletti, las subjetivas valoraciones de los consumidores de cada producto, determina el precio y los costos en que puede incurrir una empresa.

Lección 2, la gente va cambiando sus subjetivas valoraciones de los bienes. Es lo que se llama utilidad marginal. Si tengo mucha hambre, la primera porción de pizza me da mucho placer, la segunda algo menos de placer, la tercera otro poco menos hasta que llega un momento que no quiero más pizza. Prefiero gastarme la plata en otra cosa, entonces cambio la demanda de pizza a otra cosa.

Esto va produciendo un cambio de precios relativos en la economía, por lo tanto, modifica la asignación de recursos (capital y trabajo) y comienza a aumentar la demanda de otros bienes, baja la demanda de pizza, suben los precios de los otros bienes, aumenta la rentabilidad y atrae inversores que están dispuestos a arriesgar su capital y trabajo para producir esa nueva necesidad que muestra la gente.

Por eso no hay tal cosa como tasa de rentabilidad exorbitante. Lo que hay es un aumento de la tasa de rentabilidad de un sector de la economía que actúa como indicador para atraer inversiones, aumentar la oferta, bajar el precio y la tasa de rentabilidad tiende a igualarse al resto de los sectores productivos.

En la mediada en que haya mercados sin regulaciones, los recursos productivos se van asignando de acuerdo a las valoraciones subjetivas de los consumidores que transmiten sus valoraciones mediante el sistema de precios y tasas de rentabilidad.

Feletti pretende conocer él solo cómo valora cada uno de los consumidores cada bien y servicios, cuánto está dispuesto a pagar por cada uno ellos, cómo es la utilidad marginal de cada unidad consumida por cada uno de los millones de consumidores y, como corolario de todo esto, pretende decidir cómo se asignan los recursos productivos.

En definitiva, Feletti pretende, desde su sillón de secretario, decir que él está por encima de todo los consumidores y él sabe mejor que cada uno de los millones de los consumidores, qué tienen que consumir, qué calidades tienen que consumir, qué precios tienen que pagar y cuánto tiene que ganar cada uno. Se considera a si mismo un Dios que está por encima de toda la sociedad.

En definitiva, eso y decir que cada uno de los consumidores y productores son una colección de ignorantes que no sabe lo que es bueno para ellos, es lo mismo que decir que él se considera un ser superior al resto de los argentinos. La fatal arrogancia de la que hablaba Hayek.

Mientras el oficialismo ataca a los malvados comerciantes y productores porque quieren lucrar con el hambre del pueblo argentino, el BCRA ya tiene emitidos $ 1,12 billones de pesos para financiar el gasto público en esta fiesta populista en que está embarcado el gobierno para ver si logra torcer el adverso resultado de las PASO.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La mala praxis política debería ser punible

Por Ricardo Rojas. Publicado el 21 de Octubre de 2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/10/21/la-mala-praxis-politica-deberia-ser-punible/?fbclid=IwAR1w5yCaJc8v2cAQg–YVVE0BzioefFP-GBAke5ZjnEv0uYE0iv6XUgNZ_4

Quienes disponen medidas violatorias de derechos, conociendo de antemano que no sirven, tendrían que responder por tales acciones, ya que en definitiva constituyen formas de robo, estafa y falsificación

Martín Guzmán y Alberto Fernández

Cuando un gobierno incrementa innecesariamente el gasto y luego cubre el déficit con endeudamiento, suba de impuestos o emisión monetaria, lisa y llanamente está robando a los habitantes. Cada peso quitado por la fuerza o por obra de la inflación, para emplear en aquello que exceda las funciones del gobierno establecidas taxativamente en la Constitución, debería ser considerado un delito contra la propiedad.

Cuando un gobierno emite dinero de manera indiscriminada, para cubrir el déficit, en definitiva degrada la moneda a través de su falsificación masiva. Su acción supone quitar riqueza de los bolsillos de las personas sin siquiera tener que tocarlas. Cuando la presión tributaria se vuelve asfixiante, se recurre a esta maniobra de seguir quitándole el dinero a las personas sin que se den cuenta de ello, y encima echándole la culpa a los comerciantes a quienes se pretende responsabilizar por la suba de los precios. Esa acción del gobierno debería estar contemplada en el Código Penal entre los delitos de falsificación, y ser imputada a los funcionarios del Poder Ejecutivo y el Banco Central que promueven la emisión irregular para cubrir el déficit.

Por su parte, cuando un gobierno dispone controles de precios, sea de bienes y servicios, de alquileres, de cambios, etc., está produciendo una exacción contra las personas, que se trata de justificar como una protección que en realidad no existe. En definitiva, esos controles son formas de defraudación, engaños que producen serios perjuicios económicos a sus víctimas, y que deberían ser penados como delitos.

Todas esas acciones suponen violar derechos reconocidos y amparados por la Constitución. Fundamentalmente el derecho de propiedad, que no puede ser alterado por las leyes que reglamentan su ejercicio, de acuerdo con el artículo 28 de nuestra Carta Magna.

Desde hace décadas los gobiernos argentinos repiten una y otra vez estas acciones que, en definitiva, sólo tienen por objeto distraer a la gente de las verdaderas causas de los problemas, e inventar a quién echarle la culpa en el futuro.

Se está por cumplir un siglo desde aquella ley de alquileres sancionada en tiempos de Irigoyen, que no obstante la denodada disidencia del Juez Bermejo acabó siendo convalidada por la Corte Suprema. Por supuesto que esa ley provocó más problemas que soluciones, y al poco tiempo fue dejada sin efecto. Desde entonces, cada vez que el gobierno cae en una crisis –provocada por el mal manejo de las cuentas-, recurre a algún artilugio de ese tipo, a pesar de que aquellos que disponen las medidas saben que fracasarán. Lo hacen, en realidad, para ganar tiempo, para aparentar que se ocupan del problema, y para ir armando el personaje de a quién le van a echar la culpa cuando todo explote. Ludwig von Mises explicó a mediados del siglo pasado este fenómeno con su habitual claridad:

“Para evitar ser acusado de las nefastas consecuencias de la inflación, el gobierno y sus secuaces recurren a un truco semántico. Tratan de cambiar el significado de los términos. Llaman ‘inflación’ a la consecuencia inevitable de la inflación, es decir, al aumento en los precios. Ansían relegar al olvido el hecho de que este aumento se produce por un incremento en la cantidad de dinero y sustitutivos del dinero. Nunca mencionan este incremento. Atribuyen la responsabilidad del aumento del coste de la vida a los negocios. Es un caso clásico de ladrón gritando: ‘¡Al ladrón!’. El gobierno que produjo la inflación, multiplicando la oferta de dinero, incrimina a los fabricantes y comerciantes y disfruta del papel de ser un defensor de los precios bajos”.

El motivo principal de estas acciones, es la necesidad de cubrir de alguna manera el endémico déficit fiscal que todos los gobiernos ostentan. En lugar de llevar a cabo una política de austeridad y de limitación en los gastos a aquello que sea necesario –que más que una política es una exigencia constitucional-, prefieren mantener la orgía de gasto y corrupción, y finalmente buscar el medio de seguir esquilmando a los contribuyentes. Cuando esa práctica lleva al país al borde del estallido, sacan a relucir los inventados personajes que representan a los “culpables” por la crisis: los empresarios, los comerciantes, los productores agropecuarios, la “patria financiera”, etc.

El punto de partida de esta serie de delitos se produce todos los años en el Congreso cuando se discute el presupuesto –la ley de leyes, al decir de Alberdi-. Como en cualquier presupuesto doméstico, el cálculo de los gastos del gobierno debería hacerse teniendo en cuenta los ingresos previstos por las vías normales, y decidiendo de qué manera se distribuirán esos ingresos para cubrir los gastos. Para ello, normalmente habrá que ajustar los gastos para que las funciones esenciales del gobierno puedan ser satisfechas.

Sin embargo, nada de eso ocurre. La discusión del presupuesto se transforma habitualmente en la discusión de cómo repartir privilegios, donde todos van a exigir su parte. Una situación que es mucho peor que la de criminales repartiendo un botín. Los criminales están limitados por la magnitud del botín. El gobierno no tiene límites, decide sus gastos según su voluntad, y luego busca cómo hará para quitarle a la gente, directa o indirectamente, lo necesario para cubrir la diferencia.

Las consecuencias de ese déficit son trágicas, si se piensa en que uno de los países potencialmente más ricos del mundo, tiene a la mitad de su población en las puertas de la pobreza. Diariamente, estas medidas del gobierno crean nuevos pobres.

Los políticos que llevan a cabo maniobras de este tipo saben que están estafando y robando a las personas. A esta altura de la historia es inadmisible pretender que lo hacen de buena fe, pensando que su “política económica” podría tener éxito y resolver el problema. Ninguno de ellos puede desconocer además que está violando derechos fundamentales garantizados por la Constitución –y de esta circunstancia terminan siendo cómplices aquellos jueces que no han sabido estar a la altura de los requerimientos constitucionales, a la hora de establecer los límites expresos a los que se refiere el artículo 28-.

Si se repasan tan sólo las últimas décadas, Alfonsín fracasó al mantener un gasto público incontrolable al que trató de cubrir con una emisión de tal nivel que explotó en una hiperinflación. Menem mantuvo el déficit fiscal, y al no poder cubrirlo con emisión lo hizo con endeudamiento e impuestos, poniendo en peligro mortal, al fin de su mandato, la convertibilidad que él mismo había establecido. De la Rúa mantuvo la convertibilidad pero también el nivel de gasto, se endeudó aun más, e inevitablemente ello llevó al colapso.

Desde hace unos quince años se viene anunciando una nueva crisis. Los gastos del Estado nacional y de las provincias llegan a niveles obscenos, y las tres formas de cubrir el déficit han sido explotadas casi al límite de la extenuación. A ello contribuye al sistema de coparticipación de impuestos –que desde 1994 es norma constitucional-, que le permite a las provincias recibir enormes cantidades de dinero quitado por la fuerza a los trabajadores, para gastar de manera discrecional y muy poco clara. Esa gran ventaja hace que jamás los legisladores que representan a las provincias estén dispuestos a eliminar o disminuir la alícuota de impuestos coparticipables. Por su parte, el kirchnerismo revirtió en parte aquel proceso de privatización o eliminación de reparticiones estatales o las llamadas “empresas públicas”, que habían sido una sangría, y nuevamente obliga, a través de cajas separadas, a financiar las pérdidas de “empresas” como YPF o Aerolíneas Argentinas.

Cuando la anunciada nueva crisis se produzca, los políticos responsables de ella dirán que falló una “política económica” y nuevamente buscará culpables. Jamás admitirán que la culpa es del gasto excesivo e injustificado, que se podría haber resuelto con austeridad, y no con este tipo de medidas que, lejos de resolver la crisis, la agravan aun más.

La mala praxis de los gobernantes debería ser punible. No existe motivo para que quienes disponen medidas violatorias de derechos, conociendo de antemano que no sirven para obtener los resultados que invocan y que son simplemente un distractivo para no admitir sus fallas en la contención del gasto, no respondan por tales acciones que en definitiva constituyen formas de robo, estafa y falsificación.

Los ministros de Economía y funcionarios del área, así como legisladores, gobernadores o presidentes, conocen o deberían conocer las reglas básicas de la teoría económica. La economía, como ciencia social, depende de la acción humana, que por ser voluntaria es voluble e impredecible. Sin embargo, ello no impide que puedan deducirse un puñado de leyes económicas respecto de las consecuencias de las acciones. Ninguna persona que toma decisiones que imponen conductas de manera compulsiva y producen consecuencias económicas, debería ampararse en el desconocimiento de esas leyes. Y cuando deliberadamente imponen medidas que producirán perjuicios a los derechos amparados por la Constitución, deberían responder política, administrativa, civil y penalmente por ello.

Todos los gobiernos de los últimos tiempos son partícipes de tales delitos. Algunos en mayor medida que otros, pero ninguno de ellos tuvo la decencia de proponer rebajas en los gastos para no producir un déficit que necesariamente terminaría cubriendo de manera criminal.

En momentos en que la gente trata de predecir el momento en que se produzca una nueva crisis que casi todos consideran inevitable, creo que es hora de incluir en el Código Penal formas de responsabilidad para quienes las producen.

Ricardo Rojas es Abogado, Doctor en Historia Económica (ESEADE).
Ex Secretario Letrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
(1986-1993). Ex Juez de Cámara en lo Criminal y Correccional (1993-2020). Profesor de Análisis económico del derecho penal en la Maestría en Derecho y Economía de la UBA. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín. Miembro del Instituto de Derecho Constitucional de la Academia Nacional de Derecho, autor de varios libros y ensayos sobre temas jurídicos, económicos y filosóficos.

La desconfianza de los liberales en una alianza con el PRO

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 6/4/2021 en: http://economiaparatodos.net/la-desconfianza-de-los-liberales-en-una-alianza-con-el-pro/

Demasiadas traiciones y desplantes en el pasado hacen dudar si hoy el PRO quiere a los liberales por sus ideas o para no perder votos y luego descartarlos

A meses de las elecciones de medio término, vuelve el debate sobre si los liberales tienen que ir con lista propia o aliarse a Juntos por el Cambio.

El tema no es tan sencillo de resolver, porque dentro de la tribu liberal hay quienes de buena fe quieren crear una opción política propia liberal y quienes vieron en la política un gran negocio y se presentan como paladines del liberalismo, pero en realidad hoy les sirve decir que son liberales y mañana pueden decir que son peronistas sin que se les mueva un pelo. Uno de los “paladines” del  “liberalismo” trabajó para para la campaña electoral de Scioli y hoy se presenta como el que resucitó el liberalismo haciendo política.

Aquí ya se produce una primera división entre los liberales, entre quienes dicen todos juntos aunque haya sectores mercenarios de las ideas que se venden al mejor postor, y los que quieren establecer ciertos límites morales a la formación de un proyecto de liberal.

Por otro lado, ningún liberal rinde culto a personas, solo sigue principios de limitar el poder del Estado. El culto a las personas tiene que ver más con el fascismo o el nazismo que con el liberalismo, que es otro límite en el armado de una opción liberal.

Luego está el otro debate: ¿tiene que ir el liberalismo serio en forma separada de Juntos por el Cambio o aliarse a esta fuerza política?

Responder a este interrogante no es sencillo. Se sabe que el primer objetivo en octubre es ponerle un límite a las ambiciones hegemónicas del kirchnerismo. A su proyecto chavista.

Para frenar ese proyecto chavista lo mejor es conformar una gran coalición opositora que lo enfrente, pero para que esa coalición no fracase nuevamente tiene que amalgamarse con ciertas políticas públicas, en particular en lo que tiene que ver con los valores que imperan en la sociedad y la economía. Y aquí tal vez no hay que hablar de economía liberal, sino de buena o mala economía. El déficit fiscal no es ni liberal ni antiliberal, gastar más de lo que ingresa es de incompetentes. El acuerdo tiene que estar en que se elimine el déficit fiscal bajando el gasto y no estableciendo más impuestos.

Pero aun asumiendo que se establecen acuerdos de políticas públicas, en amplios sectores liberales hay desconfianza en el PRO porque muchos participaron de su formación y luego fueron dejados de lado. Cuando Cambiemos llegó al gobierno, relegó a las últimas líneas a liberales que habían contribuido a formar ese espacio. Los liberales eran casi mala palabra para el PRO cuando fue gobierno.

Ahora parece haber más flexibilidad, pero lo que se cuestionan muchos liberales es: ¿nos vienen a buscar para las elecciones y luego descartarnos o por nuestras ideas? Si se sospecha que se los quiere usar transitoriamente para las elecciones, una fracción importante de liberales con trayectoria decidirá ir por afuera de esa coalición y el kirchnerismo puede ser la primera minoría en las elecciones de octubre, aunque no obtendrá la mayoría absoluta en el Congreso.

Es lícita la desconfianza en muchos liberales hacia el PRO porque temen ser usados y luego descartados. Ya ocurrió eso una vez y, además, quienes señalaban la mala praxis económica de Cambiemos fueron tildados de liberalotes.

Para armar una coalición opositora que logre, no solo ganar una elección, sino también cambiar el rumbo de decadencia del país sin que vuelvan el proyecto hegemónico k, es indispensable un cambio de discurso sobre los valores que hoy imperan en la sociedad. Específicamente comenzar a hablar de la cultura del trabajo y terminar con el discurso del Estado te cuida y la cultura de la dádiva.

Es cierto que los paracaidistas que recién llegan a conocer algo de liberalismo entraron en un fanatismo propio de un fascista y eso repele en Juntos por el Cambio. Muchos de los nuevos libertarios creen que saben sobre liberalismo viendo un par de videos por Youtube y usan los datos de ingreso per capita de Argentina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX para mostrar el éxito del liberalismo. Eso demuestra que nunca leyeron historia, porque lo que se conoce como generación del 80 no fue totalmente liberal. Si tuvo una gran tendencia hacia el liberalismo pero adoptó medidas, como por ejemplo impulsar la educación pública u otorgar una rentabilidad mínima a quienes invertían en la construcción de vías férreas, que hoy muchos “libertarios” tildarían de socialistas si alguien las propusiera. No es con este tipo de gente que se puede armar una coalición que sea perdurable porque son como La Campora, pero creyendo que son liberales.

En definitiva, una cosa es lo que uno puede debatir en un ámbito académico y otra hasta dónde puede llegar en la política. Pero al mismo tiempo, hay un mínimo de medidas económicas que no pueden dejar de tomarse sin que se desmorone nuevamente la economía.

El debate en el liberalismo de ir con Cambiemos o por fuera de Cambiemos, no pasa tanto por lo que hizo Cambiemos en el pasado, sino por qué está dispuesto a hacer en el futuro si es gobierno. Por lo tanto, el acuerdo no pasa principalmente por discutir los lugares en las listas de diputados, el debate es sobre qué valores y medidas económicas va a impulsar esa supuesta coalición de gobierno. Obviamente que si Juntos por el Cambio acepta esos valores, también le debe dar un espacio proporcional en las listas de candidatos a la corriente liberal.

Si no hay acuerdo sobre valores y medidas económicas, entonces lo mejor es que quienes defienden las ideas liberales hagan su juego. En todo caso en el Congreso votarán contra aquellos proyectos de ley que vayan contra los valores de la libertad y de buena praxis económica.

En síntesis, lo mejor es una gran coalición opositora que vaya preparando el camino para el 2023. Los que están usando el sello del liberalismo para hacer su negocio político se sabe que no van a ceder porque su objetivo no son las ideas. Los que sí quieren llevar adelante ideas liberales entonces que repasen historia para entender cómo se construyó la Argentina luego de Caseros. Y Juntos por el Cambio que entiendan que su fracaso de 2015-2019 no fue porque estaban en minoría, sino porque nunca tuvieron en claro los valores fundamentales que tienen que imperar en una sociedad para poder progresar y, encima, hicieron mala praxis económica dentro del margen de acción política que tenían. Eso de que no pudieron hacer más porque estaban en minoría, no es cierto. Nunca tuvieron en claro el rumbo a seguir. No es cuestión de ganar y después vemos. Es cuestión de ganar para torcer el rumbo de decadencia de Argentina.

Cerrando, tanto maltrató el PRO a los liberales en el pasado, que ahora tiene que dar una prueba de amor convincente.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Se equivoca el presidente, Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/2/2021 en: http://economiaparatodos.net/se-equivoca-el-presidente-argentina-progreso-cuando-se-acerco-al-capitalismo-liberal/

Alberto Fernández hizo referencias poco atinadas en el foro de Davos, cuando gestiona un país cuyos desequilibrios tienen diversas causas y un único origen: el déficit fiscal y la forma de financiarlo

Durante su exposición de la semana pasada en el foro de Davos, el presidente Alberto Fernández afirmó que «El capitalismo financiero donde se hacen fortunas en minutos por apostar a un bono o acción hace ricos a muchos pero posterga a millones de seres humanos en el mundo». En realidad habría que ver de dónde saca esa relación entre apuesta financiera como el motor del capitalismo, en todo caso ese tipo de “timaba” financiera son estimuladas por los gobiernos con el endeudamiento público. En el caso argentino, hay que repetir una vez más el fenomenal incremento del endeudamiento del BCRA para restringir la liquidez del mercado y frenar el tipo de cambio, generando inmensas utilidades para el sistema financiero el tipico caso que cita el presidente y hace el BCRA bajo su gobierno.

El presidente también citó el libro «Capitalismo Infeliz», de Luigino Bruni, afirmando: «tenemos que superar la infelicidad opulenta que descarta a los más débiles e idolatra la ganancia desenfrenada y deshumanizada de un modelo amoral”.

Más allá de la vaguedad que es hablar de ganancia desenfrenada. ¿A partir de qué monto es desenfrenada? ¿Cómo se determina una ganancia desenfrenada?, en rigor no es el capitalismo el que descarta a los más débiles, sino que los incorpora con la creación de puestos de trabajo. El que los fabrica y usa a los pobres es el populismo, que no ha hecho otra cosa que sumergir a la Argentina en una larga decadencia llevando la pobreza, la indigencia y la desocupación a niveles insospechados.

Cuando Argentina se acercó al modelo capitalista, su economía atraía inversiones e inmigrantes que venían a estas tierras a buscar una oportunidad para salir de la pobreza de sus países de origen. El sistema económico argentino no ofrecía planes sociales, sino oportunidades para progresar mediante la cultura del trabajo basadas en el capitalismo liberal.

Gráfico 1

A principios del siglo XX y hasta la década del 30, el PBI de Argentina llegó a representar el 27,5% del PBI de toda América Latina. Cuando Argentina se aparta del capitalismo y del mundo y comienzan las intervenciones del estado en la década del 30 y se aceleran en la década del 40, el país entró en una larga decadencia y actualmente el PBI de Argentina representa solo el 10% del PBI de LATAM. Y no es que los otros países hicieron las cosas mucho mejor que Argentina, sino que Argentina fue el peor y sigue siendo uno de los peores alumnos de la clase junto con la Venezuela chavista.

Cuando se compara la evolución del PBI per capita de Argentina con los de Canadá y Australia, países de inmigrantes y dotados de recursos naturales similares, se observa cómo a principios del Siglo XX el PBI per Capita de Argentina era muy parecido al de ambos países.

Gráfico 2

Tomando los datos de Angus Maddison, en 1905 el PBI de Argentina era equivalente al 98% del PBI/habitante de Canadá y al 81% de la misma relación con Australia. Es decir, los PBI per capita de Argentina, Canadá y Australia eran similares. En 2018, el PBI per capita de Argentina era el 41% del de Canadá y el 37% del de Australia.

En 1900 el PBI per capita de Argentina superaba en un 70% al PBI/hab de España. En 2018 el PBI/hab de España era un 70% mayor al de Argentina. Si la comparación se hace con Italia, en 1900 Argentina tenía un PBI/hab que era un 40% superior al de Italia y en 2018 el PBI/hab de Italia fue un 85% superior al de Argentina, siempre siguiendo los datos de Angus Maddison. Por eso, cuando Argentina era capitalista, nuestros abuelos venían de Italia y España a la Argentina a trabajar, porque las condiciones del capitalismo liberal daban oportunidades de progreso. Hoy nuestros hijos se van a España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y otros países en busca de un futuro que el populismo no ofrece. Solo ofrece someterse al puntero político para cobrar un plan social o tener un empleo público.

En 1911 el PBI/hab de Argentina era 4,4 veces superior al de Corea del Sur. En 2018, Corea duplicaba nuestro ingreso per capita. En 1901 la misma relación con Taiwán, el país al que se miraba con soberbia hablando de los paragüitas de Taiwan, Argentina la superaba en ingreso per capita en 4,3 veces. En 2018, Taiwan con sus paragüitas, tuvo un ingreso per capita 141% más alto que el de Argentina.

Se puede seguir con las comparaciones con Irlanda, Hong Kong, Irlanda o el mismo Japón y los resultados son igual de catastróficos para Argentina.

Cuando Argentina abandonó las ideas liberales que inspiraban la Constitución de 1853/60 y se sumergió en el populismo redistribucionista, castigando la cultura del trabajo y premiando la cultura de la dádiva, entró en una decadencia imparable.

Siempre van a saltar los que rechazarán el modelo de crecimiento de fines del siglo XIX y principios del XX argumentando que la riqueza se concentraba en pocas manos. En primer lugar no tienen datos del coeficiente de Gini de ese período, así que afirman sin demostrar, pero, ¿acaso hoy, con el populismo, la riqueza no concentra en unas pocas manos, en general de la casta política y sus socios de empresarios prebendarios y el resto vive en una pobreza que no se conocía en Argentina? ¿Alguien puede afirmar seriamente que este populismo que hace una cultura de la pobreza, mejoró la distribución del ingreso en Argentina?

Por otro lado, lo relevante no es que si el que menos gana tiene un ingreso 1.000 y el que más gana de 10.000, con una diferencia de 10 veces. Bajo un sistema capitalista el que menos gana pasa a ganar 11.000 y el que más gana 160.000, con lo cual aumenta la brecha entre el más rico y el más pobre a 14,5 veces, pero el que menos gana, gana más que el que más ganaba bajo el populismo. En otras palabras, el problema no está en el coeficiente de Gini, que es un pésimo indicador de distribución del ingreso. La clave está en que los que menos ganan, ganen cada vez más. No importa que el que más gana, gane mucho, como dicen los populistas. Eso es comparación de resentidos. De envidiosos. Lo que importa es que los pobres dejen de ser pobres y tengan movilidad social ascendente. Y eso no se consigue redistribuyendo ingresos. Se consigue generando más inversiones que creen puestos de trabajo y mejoren la productividad de la economía.

Es mentira que los que dicen preocuparse por los pobres realmente estén preocupados. En todo caso están preocupados por aumentar la cantidad de pobres para tener más electorado cautivo. Es el sistema capitalista liberal el que en realidad se ocupa de los pobres, pero no repartiendo lo que ganan otros, sino creando las oportunidades para que haya inversiones, la gente pueda desarrollar la capacidad de innovación y cada uno mejore gracias a su trabajo.

Además, el populismo denigra a las personas porque las hace depender del puntero político para que su familia pueda comer. El capitalismo liberal dignifica a las personas porque alimentan a su familia con el fruto de su trabajo.

En síntesis, no es el capitalismo al que hay que revisar. Ya ha demostrado ser el sistema más eficiente para mejorar el nivel de vida de la gente. Es el populismo que pretende vender que los políticos tienen el monopolio de la solidaridad y lo único que buscan es maximizar su beneficio político fabricando pobres e ignorantes para someterlos a sus caprichos.

Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal y entró en un subdesarrollo sustentable cuando adoptó el populismo redistributivo. Lo que hay que hacer para volver a crecer es tan sencillo como volver a la cultura del trabajo y abandonar la cultura de la dádiva que empobrece y denigra a la población.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El ministro Guzmán se acordó tarde de dar señales de disciplina monetaria

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/11/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/11/03/el-ministro-guzman-se-acordo-tarde-de-dar-senales-de-disciplina-monetaria/

Economía renunció a recibir en noviembre y diciembre Adelantos Transitorios del Banco Central, pero podrá contar con unos $800.000 millones de saldo de giro de utilidades de la entidad del año anterior

El ministro de Economía emitió un comunicado anunciando que en el último bimestre del año el Tesoro no hará uso de los Adelantos Transitorios del BCRA (EFE)

El ministro de Economía emitió un comunicado anunciando que en el último bimestre del año el Tesoro no hará uso de los Adelantos Transitorios del BCRA (EFE)

Al inicio de la semana, antes que el mercado financiero comenzara a operar, el Ministerio de Economía emitió un comunicado anunciando que en el último bimestre del año el Tesoro no hará uso de los Adelantos Transitorios del BCRA. De acuerdo con la Carta Orgánica del Banco Central, que es una ley, sólo puede asistir al Tesoro considerando los siguientes límites: 12% de la Base Monetaria, 10% de los recursos en efectivo que el Gobierno nacional haya recibido en los últimos 12 meses (un límite muy difuso) y, en casos excepcionales, hasta el 10% adicional del monto citado en el párrafo anterior. Es decir, hasta el 10% de los recursos en efectivo.

Al momento de redactar esta nota, el stock de adelantos transitorios era de $1,4 billones. Según los parámetros enumerados en el párrafo anterior por nivel de base monetaria podía girarle $268.800 millones y por la duplicación del 10% de los ingresos tributarios otros $1,1 billones, de manera que el BCRA ya está en el límite de lo que le permite la Carta Orgánica de la Entidad, sólo modificable por una ley del Congreso.

La otra opción que tiene el BCRA es emitir por el giro de utilidades que se “inventaron” al cambiar a fines de 2019 la forma de valuar las Letras Intransferibles que le entregó el Tesoro al BCRA a cambio de quitarle reservas en divisas. Eso se hizo intensamente en el anterior período K, y se repitió en el último balance semanal de la entidad del año anterior, que mostró una utilidad de $2 billones.

En lo que va del año el BCRA le giro “utilidades” al Tesoro por $1,2 billones, lo que significa que todavía le quedan $800.000 millones para emitir y transferir a la Administración Central. En otras palabras, el déficit fiscal podría seguir financiándose con emisión monetaria pero no vía los Adelantos Transitorios.

Al 30 de octubre la base monetaria era de $2,3 billones, el doble del nivel que tenía a comienzos del año. En rigor, parte de esa emisión se transformó en Leliq y Pases, por un total de $2,4 billones, con lo cual parte del déficit fiscal se financió con emisión y parte con deuda del BCRA que no puede pagar porque no genera utilidades genuinas para honrar la devolución el principal y los intereses.

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Así, el Central generó un crecimiento de $1,4 billones de la deuda emitida para financiar el déficit fiscal, y con eso armó una “bomba de tiempo” muy sensible en términos de perspectivas de inflación, que se agrava con la emisión monetaria remanente; o bien la repetición de un plan Bonex, como a fines de 1989, si la gente fuese a retirar los depósitos en pesos de los bancos.

Crowding out

El ministro Martín Guzmán dice que va a comenzar a financiar el déficit fiscal del último bimestre del año con colocación de deuda en el mercado interno. Eso significa desplazar al sector privado del mercado crediticio. Al 27 de octubre el BCRA tenía colocadas Leliq y Pases por el equivalente al 47% del total de depósitos en pesos del sector privado. Es decir, el Estado ya absorbe casi la mitad del ahorro de los particulares en el sistema financiero y deja escaso margen para que haya préstamos a tasas accesibles al resto del mercado.

La intención de Economía es tratar de reducir las expectativas inflacionarias, pero no queda claro su mensaje, porque sólo se refirió a uno de los principales componentes de la emisión originada en el sector público, los adelantos, pero nada dijo de las transferencias de utilidades del BCRA.El problema que todavía le queda pendiente por resolver a Economía y al Banco Central, y que puede generar una disparada del tipo de cambio y de los precios, es la caída estacional en la demanda por moneda (Reuters)El problema que todavía le queda pendiente por resolver a Economía y al Banco Central, y que puede generar una disparada del tipo de cambio y de los precios, es la caída estacional en la demanda por moneda (Reuters)

Y aunque en el último bimestre no se emita moneda para financiar al Tesoro, el problema que todavía le queda pendiente por resolver y que puede generar una disparada del tipo de cambio y de los precios es la caída estacional en la demanda por moneda. Aunque el Central no emita un solo peso más para financiar el déficit fiscal, la expansión previa es tan grande que se ha convertido en una bola de pesos imparable.

Desempeño de la recaudación de impuestos

El ministro afirma en el comunicado en la apertura de la semana que “la paulatina y aún incipiente recuperación de la actividad económica ha repercutido positivamente en la recaudación impositiva”. Es cierto que los ingresos fiscales de octubre superaron la inflación anual, pero también es cierto que impuestos claves como el IVA-DGI y sobre los Créditos y Débitos Bancarios, que reflejan el nivel de actividad económica, crecieron nominalmente 26,4% y 25,8%, respectivamente, ubicándose entre 12 y 13 puntos porcentuales por debajo de la inflación anual.

Por tanto, conviene insistir en que el ministro se acordó tarde de comenzar a poner orden monetario, porque ahora tiene el reloj de las Leliq que sigue corriendo y se suma la caída en la demanda de moneda nacional.

¿Fue culpa de la pandemia – cuarentena este desborde monetario? Considerando que antes de que se produjera la crisis sanitaria el BCRA ya había dibujado utilidades por $2 billones para poder emitir y transferirle al Tesoro con la idea de ponerle dinero en el bolsillo de la gente para reanimar el consumo, pareciera que ya estaba en la mente del Gobierno. Lo que cambió fue el motivo por el cual se generó este festival de expansión de pesos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

¿Hay que bajar el gasto público?

Por Iván Carrino. Publicado el 8/10/20 en: https://www.ivancarrino.com/hay-que-bajar-el-gasto-publico/

El gasto del Gobierno aumenta el déficit fiscal, la presión tributaria y la ineficiencia económica

Antonio Laje entrevistó hace pocos días al ministro de economía, Martín Guzmán. Entre las tantas preguntas sobre la situación que atravesamos, llegó una que muchos profesionales y observadores se hacen a menudo: ¿Cuándo va a bajar el gasto público?

La respuesta sorprendió a todos. Es que el ministro respondió con otra pregunta: ¿Y por qué tiene que bajar el gasto público?

Luego de un breve intercambio, el ministro sostuvo que bajar el gasto no es algo a lo que se apunte desde el gobierno, aunque sí estaban comprometidos a “poner las cuentas fiscales en orden”.

En lo que sigue de esta nota nos proponemos responder directamente la pregunta del ministro. Y, para hacerlo, hay que considerar al menos tres puntos. En concreto, el gasto público tiene que bajar porque genera déficit fiscal, porque se paga con impuestos y porque genera ineficiencias en la economía que le impiden crecer.

Nota originalmente publicada en Infobae.

Gasto, déficit y crisis

En el año 2003, el gasto del sector público consolidado alcanzaba el 22,7% del PBI. Trece años después, en 2016, llegó a un récord de 41,5%, subiendo como no lo había hecho en casi ninguna economía del planeta.

El aumento de las erogaciones estatales fue acompañado, en parte, por un aumento de la recaudación de impuestos (que pasó de 24,3% del PBI a 34,9% en el mismo período), pero como dicha recaudación no alcanzó, el gobierno argentino transformó un superávit de casi 4 puntos del PBI en 2004 en un déficit de casi 7 puntos entre 2016 y 2017.

Recaudación/PBI - Gasto/PBI

Lo que ocurrió después no hace falta mencionárselo al lector.

En primer lugar, todo el déficit fiscal que se financiaba con emisión monetaria generó una de las inflaciones más altas del mundo, lo que derivó en el cepo cambiario de Cristina Fernández de Kirchner y el fin del crecimiento económico. En segundo lugar, cuando el gobierno de Macri acudió a la deuda externa y la confianza cayó, el dólar pasó de 20 a 40 y entramos en la crisis macroeconómica de 2018, que se agravó con el regreso del kirchnerismo en 2019.

Dado que el gasto, entonces, es originario de déficit fiscal, inflación y crisis de deuda, aparece aquí el primer motivo para reducirlo.

El gasto se paga con impuestos

El segundo problema con el gasto público es que, en el mejor de los casos, debe pagarse con impuestos. Y como dichos impuestos recaen sobre el sector privado, se genera un peso que impide que éste pueda crecer, producir bienes y servicios y contratar nuevo personal.

Los altos impuestos, que se siguen de un alto gasto público, además, deterioran los incentivos para invertir. Según explica la Tax Foundation de Estados Unidos, “en el mundo globalizado de hoy, el capital puede moverse con facilidad. Las empresas pueden elegir invertir en un gran número de países, buscando los mejores retornos. Eso implica que buscarán países donde las tasas impositivas sean más bajas, de manera de maximizar sus beneficios después del pago de impuestos. Si los impuestos en un país son muy elevados, la inversión se irá a otra parte, generando menor crecimiento económico”.

De acuerdo con el Banco Mundial, el gobierno argentino le cobra a las empresas que operan en el país una tasa de impuestos sobre los beneficios empresariales equivalente al 106%, ubicándonos así en el segundo puesto a nivel global.

Más gasto público, entonces, es más impuestos, y esto lleva a menos inversiones, menos inversión y menos empleo.

El gasto genera ineficiencia económica

Por último, deben analizarse los incentivos con los que gasta el Gobierno. En su famoso trabajo de divulgación titulado “Libre para elegir” Milton y Rose Friedman explicaban que había cuatro formas de gastar el dinero:

– o gasto mi dinero en mí

– o gasto mi dinero en otros

– o gasto el dinero de otros en mí

– o gasto el dinero de otros en otros.

Entre estas cuatro formas, la primera es la más eficiente porque los incentivos llevan a que se busque minimizar el gasto pero maximizar la calidad de lo que se compra, optimizando los recursos. En el último caso –que es el de la política– los incentivos son los peores.

Como el dinero es de otros (impuestos), no hay problemas si se gasta de más, y como los receptores de los bienes que compro con ese gasto son otros (subsidios), entonces nadie se preocupa por la calidad de lo que se adquiere.

Finalmente, dados los incentivos que los políticos tienen para gastar el dinero, el alto gasto público refleja un alto grado de ineficiencia económica que, a la postre, se paga con una menor tasa de crecimiento. No extraña, entonces, que nuestro país sea uno de los que mayor gasto público tenga en toda la región y que, al mismo tiempo, sea el que menos ha crecido en los últimos años.

Para finalizar, hay al menos tres motivos de peso para bajar el gasto público. Si el gobierno está genuinamente interesado en una recuperación sostenible, no debería ignorarlos.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La función del FMI es operar contra el mercado

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 3/2/20 en: https://www.ambito.com/opiniones/deuda/la-funcion-del-fmi-es-operar-contra-el-mercado-n5080475

 

Fondo Monetario Internacional.

Fondo Monetario Internacional. Foto: AFP
Mostrando que son los mismos keynesianos, con diferentes matices, Gobierno y macrismo lograron media sanción para la “Restauración de la sostenibilidad de la deuda pública externa”, que autoriza a negociar y pagar comisiones, entre otros puntos. Romina Del Plá -Frente de Izquierda- aunque probablemente proponga soluciones desacertadas, acierta al decir que es “el sometimiento… al FMI, a los banqueros… hundiendo y sometiendo a los trabajadores y al conjunto de la población…”.

El FMI financia, con bajos intereses, estatismos fracasados para que continúen. Mientras que la caída de los bonos del Gobierno implica que su renta está por el suelo, el “riesgo-país” -hoy supera los 2000 pb- significa que el Estado tendría que pagar -hoy 20%- más sobre la tasa de EE.UU. para financiarse, con lo que el “modelo” macrista no habría podido continuar y debería haber virado hacia uno de crecimiento del PBI.

El organismo internacional merece una quita -no sólo una reprogramación de pagos como busca el Gobierno- por ser co-responsable al financiar esta aventura cuya debacle anticipamos, y eso alivianaría la situación. Pero, en cambio, avala una quita a los tenedores privados para asegurarse el pago de los u$s44.500 M que desembolsó durante la administración Macri.

Como buen banco (multi) estatal, el FMI -keynesiano por definición- es contrario a la actividad privada -al mercado, a los 50 millones de argentinos que son los que trabajan y producen- salvedad hecha del “establishment” financiero que es socio, junto al Gobierno, desde que recibe deuda por la que el Estado le paga tasas altísimas y que compra con dinero que recibe de sus clientes por mucho menos.

El calendario de pagos pone presión y cuanto más se demore la reestructuración, más desconcierto y volatilidad se da en el mercado en general, pero particularmente en el de los bonos, acciones y cambiario. Aunque Alberto Fernández puso como fecha clave el 31 de marzo -coincidiendo con sus primeros 100 días de Gobierno- no será fácil llegar a un acuerdo para entonces. De momento, la deuda en pesos ha podido ser renovada, pero la que está en moneda extranjera es más compleja.

Según LCG, la ratio deuda/PBI, en el tercer trimestre de 2019, alcanzó el 91,6%. De acuerdo con Criteria, el stock de deuda pública asciende a u$s310.132 M, de los cuales 62% (191.006 M) corresponde a bonos con privados, 14% (43.508 M) al FMI, 9% (27.622 M) a Letras del Tesoro y 4% (12.756 M) al BID, entre los más importantes. Del total de la deuda, unos u$s53.000 M (17%) vencen en 2020, de los que u$s23.000 M (43,8%) corresponden a obligaciones en dólares y u$s30.000 M (56,2%), a compromisos en pesos.

Los vencimientos en dólares se acumulan a partir del tercer mes del año, mientras que los nominados en pesos tienen un pico en abril y, según la consultora 1816, desde febrero ascienden a más de $160.000 M por mes, acumulando así más de $700.000 M en el primer semestre.

Tras el derrocamiento de Perón -que se oponía a la participación en el organismo- Argentina tuvo más de treinta acuerdos con el FMI que así, desde entonces, financia planes económicos inviables cuyas deudas las paga el pueblo -el mercado- ya que se financian, básicamente, por vía impositiva. Y los impuestos -aun los teóricamente dirigidos hacia los ricos- terminan cayendo sobre los de menores recursos ya que son, inevitablemente, derivados hacia abajo subiendo precios, bajando salarios, etc.

La reestructuración de la deuda en 2005 fue muy agresiva, finalizando con un riesgo país en 400 pb, una extensión de plazos a 30 años y quitas del 66%. Y hoy se discute -gracias al FMI- cuál será la quita y los plazos reestructurados, sin llegar al meollo de la cuestión.

Según el “Cronograma de acciones para la gestión del Proceso de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa”, Economía presentará los lineamientos en el Congreso entre 12 y el 17 de febrero, y se espera conocer el programa económico -pronósticos de PBI, inflación, tipo de cambio y déficit fiscal- pero difícilmente se presente un cambio al sistema keynesiano macrista de fondo, es decir, una reconversión financiable del Estado. En la segunda semana de marzo se lanzaría la oferta formal y a finales de mes sería el cierre y liquidación final de la oferta.

Para cuando se logre la reestructuración final, quizás el riesgo-país vuelva a caer a los 400 pb, pero el Estado seguirá teniendo el mismo tamaño porque nadie propone la solución de fondo: una fuerte venta, reconversión y cierre de propiedades y funciones estatales, y la consecuente financiación -y caída- del gasto, de modo que sea viable, financiable. Vale aclarar que el daño no se produce cuando el Estado gasta -lo que es inerte- sino cuando, para financiarse, retira coactivamente fondos del mercado.

Con un Estado exagerado y el mercado -el pueblo que trabaja, el que produce el PBI– con menos recursos por mayores impuestos y quitas, en menos tiempo la deuda volverá a crecer hasta llegar otra vez al default, otra vez al círculo vicioso financiado por el FMI.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

 

La gran contradicción argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/la-gran-contradiccion-argentina-n5056395

 

Amamos a papá Estado, pero no estamos dispuestos a pagar sus onerosos gastos.

AFIP.

La gran contradicción de los argentinos es que, en promedio, adoramos al Estado pero, al mismo tiempo, no estamos dispuestos a financiarlo.

¿Cuál es la prueba de esto?

La primera es que por los últimos 59 años de historia, 54 hemos vivido con déficit fiscal. Es decir, el gobierno, que tanto nos gusta que gaste, no tiene los ingresos suficientes para encarar ese gasto. O sea que los argentinos no pagamos los impuestos suficientes que requiere el estado omnipresente que nos gusta.

Obviamente, Argentina nunca tuvo un gasto tan alto en términos de su producción como en diciembre de 2015. Y, de hecho, el aumento que se dio entre 2003 y 2015 fue sideral.

Para darse una idea, Holanda llevó su gasto público del 20% del PBI al 40% en un período de aproximadamente 80 años. A nosotros hacer lo mismo nos tomó solo tres gobiernos kirchneristas. 12 años. Record Guinness.

Mentalidad anticapitalista

La segunda prueba es que según el estudio del profesor Carlos Newland, de ESEADE, Argentina es el país con mentalidad más anticapitalista de la región.

Consultados sobre 3 cuestiones básicas que definen las preferencias de los encuestados sobre la economía libre contra la regulada (“la riqueza genera crecimiento para todos”, “la competencia empresarial es buena”, “debe incrementarse el rol del sector privado a costa del público”) los argentinos son los que más en contra están de la actividad del mercado libre.

Es decir, somos más pro-estado que Chile, Uruguay, Colombia, Brasil, etc.

Así que si los gobiernos son una representación de al menos una buena mayoría de la sociedad, es normal que se la pasen gastando todo lo posible y creen “derechos” donde quiera que haya una necesidad. El problema es que esos derechos después hay que pagarlos.

Y como los argentinos no los queremos pagar, hemos pasado las últimas 8 décadas con crisis de deuda o crisis de inflación.

6 mil billones por ciento

Hace unos años, el profesor de la Universidad de Denver, Nicolás Cachanosky, tomó los datos recopilados por Reinhart y Rogoff y concluyó que “desde la independencia en 1816, Argentina ha estado bajo reestructuración de deuda unos 71 años. Esto equivale al 36% de su historia.”.

La situación es más grave si se cuenta el tiempo desde la Segunda Guerra Mundial: “Si contamos desde la Segunda Guerra Mundial, entonces Argentina ha estado en default reestructurando su deuda unos 36 años, lo que equivale al 52% desde 1945 a la fecha”.

El proyecto enviado al congreso para “reperfilar deuda” le agregará unos años a este triste registro nacional y popular.

En materia de inflación, otro trabajo de Cachanosky, esta vez en conjunto con Ravier, muestra que desde la creación del Banco Central en 1935 la inflación anual equivalente fue de 55% por año.

Para curiosos, la cifra de inflación acumulada desde que hay estadísticas oficiales en Argentina es de: 6.138.061.225.630.469%

Creo que se dice seis-mil-billones por ciento. Pero seguro alguno podrá ayudar a pronunciar.

Como cualquiera podrá intuir, semejantes niveles de inflación son nefastos para el crecimiento económico. Y el mismo efecto genera la incertidumbre ligada a la deuda pública. En este sentido, no extraña que seamos el país que, junto con nada menos que El Congo, es es el que más recesiones tuvo desde 1960.

Para cortar con semejante decadencia llegó Macri, que dijo que todo se iba a ordenar porque la economía iba a crecer. Obviamente, lo mismo dicen todos los políticos, desde Lavagna hasta los Fernández.

¿Ahora me explican cómo vamos a crecer si ninguno quiere bajar la inflación en serio y ninguno quiere ajustar las cuentas públicas en serio?

Lecciones a aprender

El agujero fiscal es la espada de Damocles que hunde a la Argentina. El agujero fiscal explica también el desequilibrio externo que gustan de remarcar los economistas heterodoxos.

La explicación es sencilla: cuando no hay ahorro interno, y el gobierno gasta como si no hubiera mañana, la única manera de hacerlo (al menos por un tiempo) es usando financiamiento exterior. La contracara de eso es el déficit de cuenta corriente.

Pero el origen del tema es nuevamente fiscal. Y el problema fiscal es hijo de nuestra gran contradicción.

¿Cómo se resuelve? Solo dos formas posibles: o se baja el gasto público, o se aumentan los impuestos.

Ahora en un país que ya no da más de carga impositiva, que le cobra impuestos récord mundial a las empresas y a los pobres tasas europeas de IVA, solo queda un camino: hay que achicar el gasto público.

Si no nos ponemos de acuerdo en esto, después no nos quejemos de los malos resultados obtenidos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

A dos meses de la nueva política monetaria

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 11/12/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/12/11/a-dos-meses-de-la-nueva-politica-monetaria/

 

Luego de las crisis cambiarías que afectaron a la economía Argentina desde Abril/Mayo de este año, un recambio de autoridades en el equipo económico derivaron en un nuevo plan monetario y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El nuevo plan económico entró en vigencia en octubre de este año. A dos meses de haber implementado el nuevo plan, ya se puede comenzar a ver algunos resultados.

El nuevo plan monetario

El nuevo plan monetario (o “Plan Sandleris”, por el nuevo presidente del BCRA) se construye sobre metas de agregados monetarios y una nueva política cambiaria.

AGREGADOS MONETARIOS

Se dejan de lado las metas de inflación y la tasa de interés como instrumento de política monetaria y se pasa a utilizar la base monetaria (BM) como nuevo objetivo de política monetaria. La selección de la BM sobre otros agregados, como M2, obedece a que el BCRA tiene un control directo sobre la BM, pero no sobre M2 u otros agregados monetarios.

La regla consiste en tomar el promedio diario de la BM en el mes de octubre y utilizar este valor como un techo de cuál debe ser la BM a fin de junio del 2019. Esto quiere decir que la BM puede aumentar o disminuir mes a mes, pero en promedio debe mantenerse constante. Esta BM monetaria constante posee dos ajustes estacionales, uno en diciembre y otro en junio. En diciembre, el ajuste de la meta (o techo) de la BM es del 6.2% y en junio es del 2.45%.

En los dos primeros meses, el BCRA ha logrado sobre cumplir los objetivos de BM, lo cual deja lugar a se pueda expandir la oferta de dinero sin incumplir lo acordado con el FMI (por lo que hay lugar para alguna ingerencia en modificar la tasa de interés).

El siguiente gráfico muestra las metas de BM a fines del 2018 (rojo punteado), la base monetaria diaria (en gris) y el promedio acumulado (azul). En el último comunicado del BCRA, las autoridades monetarias han expresado la intención de volver a sobre cumplir la meta en diciembre por un mínimo de 16 mil millones de pesos.

 

Este frenazo monetario ha llevado a que las expectativas de inflación comiencen a desacelerarse e incluso descender. Parte del acuerdo con el FMI era mantener un piso de tasa de interés del 60% en las licitaciones de las Leliqs (Letras de Liquidez) hasta que las expectativas de inflación bajen por dos meses consecutivos. No quedaba claro del anuncio cómo se definía esta baja. Dos meses consecutivos donde la inflacion a una fecha determinada (por ejemplo fin del 2018) bajase o dos meses consecutivos donde una ventana fija (los próximos 12 meses) bajase? Según los últimos datos del REM, las expectativas de inflación a fines del 2018 se han mantenido constantes en los dos últimos meses, pero la inflación a 12 meses de la fecha de la encuesta ya muestra dos meses consecutivos de baja, por lo que el BCRA (con beneplacito del FMI) ha decidido remover el piso del 60% para la tasa de interés de referencia. La tasa de interés de las Leliqs ya se ubica levemente por debajo del 60%.

EL TIPO DE CAMBIO

En la nueva política cambiaria el tipo de cambio se mueve libremente dentro de una generosa banda de flotación (la zona de no intervención). Los límites inferiores y superiores se actualizan a un 3% diario hasta diciembre. El Comité de Política Monetaria decidió extender la zona de no intervención por otros tres meses actualizando sus límites a un 2% mensual.

Si el tipo de cambio cae por debajo del límite inferior, el BCRA tiene la opción (pero no la obligación) de comprar dólares en el mercado de cambios. Si el tipo de cambio supera el límite superior, entonces el BCRA se compromete a vender hasta 150 millones de dólares diarios. Como muestra el gráfico, en estos dos meses el tipo de cambio se ha movido dentro de la zona de no intervención, más cerca del límite inferior que del superior. Los futuros del tipo de cambio también se ubican dentro de la zona de no intervención (no incluidos en el gráfico).

Cuestiones Pendientes

Si bien las variables monetarias se mueven dentro de los objetivos establecidos, eso no quita que haya temas pendientes por resolver o que deban recibir atención

LEBACS Y LELIQS

A pesar de que el gobierno negase que las Lebacs fuesen un problema, lo cierto es que el mismo gobierno ha implementado y anunciado un plan de desarme de Lebacs. Los actos de gobierno, y lo anunciado en el acuerdo con el FMI, sugieren que las Lebacs sí son vistas como un problema por las autoridades monetarias.

Sin embargo, el plan parece ser más un canje que un desarme. A la par que el BCRA reduce el stock de Lebacs aumenta la emisión de Leliqs. La principal diferencia entre las Lebacs y las Leliqs es que las primeras podían estar en manos del público y de entidades financieras, mientras que las Leliqs sólo pueden estar en manos de entidades financieras. Uno de los argumentos para este cambio es que los bancos, al tener un mejor dominio del mundo financiero que el ciudadano medio, es menos proclive a comportarse de manera irracional (“animal spirits”?) y liquidar posiciones de Lebacs produciendo tensiones cambiarias inncesarias. Otro motivo más suspicaz es que es más fácil para el BCRA y el gobierno presionar a un grupo de bancos para que no liquiden posiciones de Leliqs que a un gran número de individuos tenedores de Lebacs.

Las Lebacs, así como las Leliqs, son deuda en pesos emitida por el BCRA. Como tales, son promeses de emisión futura que, al momento de concretarse pueden generar problemas si no hay un correspondiente aumento de la demanda de pesos. El monto de Lebacs y Leliqs sobre la BM es un indicador de la potencial expansión de la BM. Como se aprecia en el siguiente gráfico, desde la asunción de nuevo gobierno la emisión de deuda del BCRA se ha acelerado llegado a valores en torno al 150% de la BM. Luego de un descenso en el monto de Lebacs y Leliqs con la crisis cambiaria, el monto de ambas deudas se vuelve a incrementar ubicandose en 1.1 veces la BM.

EL PROBLEMA FISCAL

El nuevo plan económico incluye también una reducción más agresiva del déficit fiscal. Si bien pareciera ser que esta aceleración del déficit fiscal se está cumpliendo, hay también otras cuestiones a tener en cuenta.

El déficit que se debe reducir, según lo acordado con el FMI, es el déficit primario, que no incluye el pago de intereses. A octubre del 2018, el ahorro en el déficit primario es menor al aumento de pago de intereses. El equilibrio macroeconómico depende del déficit total, no sólo del primario. Si bien es cierto que es posible tener estabilidad con déficit fiscal (si la economía crece más rápido que el costo de la deuda), no es cierto que todo nivel de deuda es sostenible. El pago de intereses (incluyendo intra-sector público) se encuentran en niveles similares a los del 2001.Si bien esto tampoco quiere decir que una crisis o default sean inminentes, si explican la preocupación de los mercados por la situacion de la deuda soberana.

Hay otras dos variables que pueden afectar los resultados fiscales. Por un lado, una desaceleración económica puede hacer caer la recaudación en términos reales. Los últimos datos económicos están mostrando esta tendencia. Por otro lado, dentro de los ingresos el tesoro considera “rentas de la propiedad”, que son intereses ganados por los depósitos que el Tesoro hace cobrando las altas tasas de interés. Esto podría describirse como un financiamiento indirecto del BCRA al Tesoro, donde en lugar de darle pesos directamente paga elevadas tasas de interés.

A octubre, las rentas de la propiedad se incrementaron un 180%. A octubre, las rentas de la propiedad representan el 18% de los ingresos del tesoro. El aumento en las rentas de la propiedad explica el ahorro en el déficit primario. Una reducción en las tasas de interés, y por lo tanto de las rentas de la propiedad pueden llevar a una revisión de la política fiscal.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

“La Argentina necesita más política que economía”

Por Adrián Ravier.  Publicado el 3/9/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/782442/actualidad/argentina-necesita-mas-politica-economia.html

 

“La Argentina necesita barajar y dar de nuevo. Es un concepto más que usado, pero es el que mejor se adapta a la realidad económica del país. Sencillamente porque la gestión del presidente Mauricio Macri necesita imperiosamente bajar el déficit fiscal; no tiene otro camino para seguir”, señaló a LA GACETA Adrián Ravier, doctor en Economía AplicadaSegún el especialista, en las actuales circunstancias de la Argentina, se requiere más “política que economía”. Y así lo señaló durante la entrevista que mantuvo con nuestro diario.

-¿Qué tanto puede convencer al Fondo Monetario Internacional los cambios instrumentados?

-Es pronto para decirlo. Lo que surge en los medios son especulaciones. Se difundió un ajuste profundo en el Estado para reducir las necesidades de financiamiento, lo que en definitiva implicaría recurrir a una propuesta más liberal para enfrentar la crisis. Todo esto sería correcto. Lo que puede preocupar en el mercado es la posibilidad de volver a aplicar retenciones para reducir el desequilibrio fiscal. Tenemos que entender que el problema no es sólo el déficit fiscal, sino el tamaño del gasto público. El déficit hay que bajarlo reduciendo el gasto, no aumentando impuestos, porque la presión tributaria es excesiva y eso contribuye a paralizar la actividad económica.

-¿Cómo puede reaccionar el mercado?

-Puede haber un rebote positivo. La caída del Merval y de los bonos argentinos puede parecer excesiva para sus fundamentos. Pero hay que aclarar varias cuestiones. La devaluación te resuelve el problema del déficit de cuenta corriente, e incluso te permite mejorar las cuentas públicas, para mostrar un menor déficit fiscal primario, porque se licúa el gasto. Pero al mismo tiempo contribuye a acelerar la inflación, que ahora puede terminar arriba del 40% en este año, y a contraer aun más la actividad económica. El mercado debe colocar sobre la mesa las buenas y malas noticias, y es difícil prever la reacción por los múltiples factores que lo afectan. Además, acá ya no se trata sólo de hablar de economía, porque empieza a jugar la política. Falta un año todavía para las elecciones generales, pero el mercado debe descontar el riesgo de este escenario electoral y también el posible cambio en la política económica.

-¿Es la solución o principio de solución?

-Me parece que a Cambiemos le faltaba ortodoxia. Macri parte de un buen diagnóstico, pero siempre encontró divididos a sus asesores entre “gradualismo y shock”, y entre mantener las cosas como estaban o enfrentar los problemas estructurales. Me parece que las especulaciones que hoy surgen dejan entrever que Macri apostaría ahora por un poco más de shock y de enfrentar los problemas estructurales. Reducir los ministerios de 20 a siete ya es toda una señal. Pero hay que ver si esto significa un recorte real en el excesivo gasto público, cómo cierra el año fiscal e inflacionario, y qué señales muestra el nuevo presupuesto 2019.

-¿Considera que hacen falta más medidas?

-Macri en estos tres años de gestión ha dado señales positivas en ciertos discursos que luego quedaron en palabras. Las especulaciones que observamos son señales y nada más. Luego hay que avanzar. Pienso que aun no se ha hecho nada, es decir que falta todo. El viaje a Washington traerá nuevas noticias sobre el acuerdo con el FMI y el financiamiento del déficit hasta diciembre de 2019, pero siguen habiendo incógnitas sobre el día después. Todavía no sabemos cómo será el Presupuesto 2019 y qué medidas tomaría este nuevo equipo económico. Si uno observa la recesión, el nivel de inflación, el déficit fiscal financiero, basta para comprender que los desafíos políticos y económicos son complejos.

-¿Qué hay que hacer para encarrilar el rumbo?

-A esta altura la Argentina necesita barajar y dar de nuevo. El presupuesto no puede ser un retoque del existente. Hay que desarrollar un presupuesto base cero. Repensar el Estado que queremos tener y podemos pagar. Si alcanzamos equilibrio fiscal, entonces podremos dejar de emitir y contener la inflación, y también dejar de endeudarnos y bajar las tasas de interés. En este contexto comienza un serio debate también para bajar los impuestos o privatizar el sistema de pensiones. Con estabilidad monetaria, bajas tasas de interés y con una menor presión tributaria el empresario tiene un contexto macroeconómico favorable para la inversión y para la generación de empleo. La cuestión técnica es muy sencilla, pero el problema es siempre político. Se requieren consensos y estamos en las puertas de un año electoral. El Presidente no puede sentarse a esperar que su equipo haga el trabajo. Tiene que encabezar cada decisión de sus ministros porque se requiere más política que economía.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.