La gran contradicción argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/la-gran-contradiccion-argentina-n5056395

 

Amamos a papá Estado, pero no estamos dispuestos a pagar sus onerosos gastos.

AFIP.

La gran contradicción de los argentinos es que, en promedio, adoramos al Estado pero, al mismo tiempo, no estamos dispuestos a financiarlo.

¿Cuál es la prueba de esto?

La primera es que por los últimos 59 años de historia, 54 hemos vivido con déficit fiscal. Es decir, el gobierno, que tanto nos gusta que gaste, no tiene los ingresos suficientes para encarar ese gasto. O sea que los argentinos no pagamos los impuestos suficientes que requiere el estado omnipresente que nos gusta.

Obviamente, Argentina nunca tuvo un gasto tan alto en términos de su producción como en diciembre de 2015. Y, de hecho, el aumento que se dio entre 2003 y 2015 fue sideral.

Para darse una idea, Holanda llevó su gasto público del 20% del PBI al 40% en un período de aproximadamente 80 años. A nosotros hacer lo mismo nos tomó solo tres gobiernos kirchneristas. 12 años. Record Guinness.

Mentalidad anticapitalista

La segunda prueba es que según el estudio del profesor Carlos Newland, de ESEADE, Argentina es el país con mentalidad más anticapitalista de la región.

Consultados sobre 3 cuestiones básicas que definen las preferencias de los encuestados sobre la economía libre contra la regulada (“la riqueza genera crecimiento para todos”, “la competencia empresarial es buena”, “debe incrementarse el rol del sector privado a costa del público”) los argentinos son los que más en contra están de la actividad del mercado libre.

Es decir, somos más pro-estado que Chile, Uruguay, Colombia, Brasil, etc.

Así que si los gobiernos son una representación de al menos una buena mayoría de la sociedad, es normal que se la pasen gastando todo lo posible y creen “derechos” donde quiera que haya una necesidad. El problema es que esos derechos después hay que pagarlos.

Y como los argentinos no los queremos pagar, hemos pasado las últimas 8 décadas con crisis de deuda o crisis de inflación.

6 mil billones por ciento

Hace unos años, el profesor de la Universidad de Denver, Nicolás Cachanosky, tomó los datos recopilados por Reinhart y Rogoff y concluyó que “desde la independencia en 1816, Argentina ha estado bajo reestructuración de deuda unos 71 años. Esto equivale al 36% de su historia.”.

La situación es más grave si se cuenta el tiempo desde la Segunda Guerra Mundial: “Si contamos desde la Segunda Guerra Mundial, entonces Argentina ha estado en default reestructurando su deuda unos 36 años, lo que equivale al 52% desde 1945 a la fecha”.

El proyecto enviado al congreso para “reperfilar deuda” le agregará unos años a este triste registro nacional y popular.

En materia de inflación, otro trabajo de Cachanosky, esta vez en conjunto con Ravier, muestra que desde la creación del Banco Central en 1935 la inflación anual equivalente fue de 55% por año.

Para curiosos, la cifra de inflación acumulada desde que hay estadísticas oficiales en Argentina es de: 6.138.061.225.630.469%

Creo que se dice seis-mil-billones por ciento. Pero seguro alguno podrá ayudar a pronunciar.

Como cualquiera podrá intuir, semejantes niveles de inflación son nefastos para el crecimiento económico. Y el mismo efecto genera la incertidumbre ligada a la deuda pública. En este sentido, no extraña que seamos el país que, junto con nada menos que El Congo, es es el que más recesiones tuvo desde 1960.

Para cortar con semejante decadencia llegó Macri, que dijo que todo se iba a ordenar porque la economía iba a crecer. Obviamente, lo mismo dicen todos los políticos, desde Lavagna hasta los Fernández.

¿Ahora me explican cómo vamos a crecer si ninguno quiere bajar la inflación en serio y ninguno quiere ajustar las cuentas públicas en serio?

Lecciones a aprender

El agujero fiscal es la espada de Damocles que hunde a la Argentina. El agujero fiscal explica también el desequilibrio externo que gustan de remarcar los economistas heterodoxos.

La explicación es sencilla: cuando no hay ahorro interno, y el gobierno gasta como si no hubiera mañana, la única manera de hacerlo (al menos por un tiempo) es usando financiamiento exterior. La contracara de eso es el déficit de cuenta corriente.

Pero el origen del tema es nuevamente fiscal. Y el problema fiscal es hijo de nuestra gran contradicción.

¿Cómo se resuelve? Solo dos formas posibles: o se baja el gasto público, o se aumentan los impuestos.

Ahora en un país que ya no da más de carga impositiva, que le cobra impuestos récord mundial a las empresas y a los pobres tasas europeas de IVA, solo queda un camino: hay que achicar el gasto público.

Si no nos ponemos de acuerdo en esto, después no nos quejemos de los malos resultados obtenidos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

A dos meses de la nueva política monetaria

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 11/12/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/12/11/a-dos-meses-de-la-nueva-politica-monetaria/

 

Luego de las crisis cambiarías que afectaron a la economía Argentina desde Abril/Mayo de este año, un recambio de autoridades en el equipo económico derivaron en un nuevo plan monetario y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El nuevo plan económico entró en vigencia en octubre de este año. A dos meses de haber implementado el nuevo plan, ya se puede comenzar a ver algunos resultados.

El nuevo plan monetario

El nuevo plan monetario (o “Plan Sandleris”, por el nuevo presidente del BCRA) se construye sobre metas de agregados monetarios y una nueva política cambiaria.

AGREGADOS MONETARIOS

Se dejan de lado las metas de inflación y la tasa de interés como instrumento de política monetaria y se pasa a utilizar la base monetaria (BM) como nuevo objetivo de política monetaria. La selección de la BM sobre otros agregados, como M2, obedece a que el BCRA tiene un control directo sobre la BM, pero no sobre M2 u otros agregados monetarios.

La regla consiste en tomar el promedio diario de la BM en el mes de octubre y utilizar este valor como un techo de cuál debe ser la BM a fin de junio del 2019. Esto quiere decir que la BM puede aumentar o disminuir mes a mes, pero en promedio debe mantenerse constante. Esta BM monetaria constante posee dos ajustes estacionales, uno en diciembre y otro en junio. En diciembre, el ajuste de la meta (o techo) de la BM es del 6.2% y en junio es del 2.45%.

En los dos primeros meses, el BCRA ha logrado sobre cumplir los objetivos de BM, lo cual deja lugar a se pueda expandir la oferta de dinero sin incumplir lo acordado con el FMI (por lo que hay lugar para alguna ingerencia en modificar la tasa de interés).

El siguiente gráfico muestra las metas de BM a fines del 2018 (rojo punteado), la base monetaria diaria (en gris) y el promedio acumulado (azul). En el último comunicado del BCRA, las autoridades monetarias han expresado la intención de volver a sobre cumplir la meta en diciembre por un mínimo de 16 mil millones de pesos.

 

Este frenazo monetario ha llevado a que las expectativas de inflación comiencen a desacelerarse e incluso descender. Parte del acuerdo con el FMI era mantener un piso de tasa de interés del 60% en las licitaciones de las Leliqs (Letras de Liquidez) hasta que las expectativas de inflación bajen por dos meses consecutivos. No quedaba claro del anuncio cómo se definía esta baja. Dos meses consecutivos donde la inflacion a una fecha determinada (por ejemplo fin del 2018) bajase o dos meses consecutivos donde una ventana fija (los próximos 12 meses) bajase? Según los últimos datos del REM, las expectativas de inflación a fines del 2018 se han mantenido constantes en los dos últimos meses, pero la inflación a 12 meses de la fecha de la encuesta ya muestra dos meses consecutivos de baja, por lo que el BCRA (con beneplacito del FMI) ha decidido remover el piso del 60% para la tasa de interés de referencia. La tasa de interés de las Leliqs ya se ubica levemente por debajo del 60%.

EL TIPO DE CAMBIO

En la nueva política cambiaria el tipo de cambio se mueve libremente dentro de una generosa banda de flotación (la zona de no intervención). Los límites inferiores y superiores se actualizan a un 3% diario hasta diciembre. El Comité de Política Monetaria decidió extender la zona de no intervención por otros tres meses actualizando sus límites a un 2% mensual.

Si el tipo de cambio cae por debajo del límite inferior, el BCRA tiene la opción (pero no la obligación) de comprar dólares en el mercado de cambios. Si el tipo de cambio supera el límite superior, entonces el BCRA se compromete a vender hasta 150 millones de dólares diarios. Como muestra el gráfico, en estos dos meses el tipo de cambio se ha movido dentro de la zona de no intervención, más cerca del límite inferior que del superior. Los futuros del tipo de cambio también se ubican dentro de la zona de no intervención (no incluidos en el gráfico).

Cuestiones Pendientes

Si bien las variables monetarias se mueven dentro de los objetivos establecidos, eso no quita que haya temas pendientes por resolver o que deban recibir atención

LEBACS Y LELIQS

A pesar de que el gobierno negase que las Lebacs fuesen un problema, lo cierto es que el mismo gobierno ha implementado y anunciado un plan de desarme de Lebacs. Los actos de gobierno, y lo anunciado en el acuerdo con el FMI, sugieren que las Lebacs sí son vistas como un problema por las autoridades monetarias.

Sin embargo, el plan parece ser más un canje que un desarme. A la par que el BCRA reduce el stock de Lebacs aumenta la emisión de Leliqs. La principal diferencia entre las Lebacs y las Leliqs es que las primeras podían estar en manos del público y de entidades financieras, mientras que las Leliqs sólo pueden estar en manos de entidades financieras. Uno de los argumentos para este cambio es que los bancos, al tener un mejor dominio del mundo financiero que el ciudadano medio, es menos proclive a comportarse de manera irracional (“animal spirits”?) y liquidar posiciones de Lebacs produciendo tensiones cambiarias inncesarias. Otro motivo más suspicaz es que es más fácil para el BCRA y el gobierno presionar a un grupo de bancos para que no liquiden posiciones de Leliqs que a un gran número de individuos tenedores de Lebacs.

Las Lebacs, así como las Leliqs, son deuda en pesos emitida por el BCRA. Como tales, son promeses de emisión futura que, al momento de concretarse pueden generar problemas si no hay un correspondiente aumento de la demanda de pesos. El monto de Lebacs y Leliqs sobre la BM es un indicador de la potencial expansión de la BM. Como se aprecia en el siguiente gráfico, desde la asunción de nuevo gobierno la emisión de deuda del BCRA se ha acelerado llegado a valores en torno al 150% de la BM. Luego de un descenso en el monto de Lebacs y Leliqs con la crisis cambiaria, el monto de ambas deudas se vuelve a incrementar ubicandose en 1.1 veces la BM.

EL PROBLEMA FISCAL

El nuevo plan económico incluye también una reducción más agresiva del déficit fiscal. Si bien pareciera ser que esta aceleración del déficit fiscal se está cumpliendo, hay también otras cuestiones a tener en cuenta.

El déficit que se debe reducir, según lo acordado con el FMI, es el déficit primario, que no incluye el pago de intereses. A octubre del 2018, el ahorro en el déficit primario es menor al aumento de pago de intereses. El equilibrio macroeconómico depende del déficit total, no sólo del primario. Si bien es cierto que es posible tener estabilidad con déficit fiscal (si la economía crece más rápido que el costo de la deuda), no es cierto que todo nivel de deuda es sostenible. El pago de intereses (incluyendo intra-sector público) se encuentran en niveles similares a los del 2001.Si bien esto tampoco quiere decir que una crisis o default sean inminentes, si explican la preocupación de los mercados por la situacion de la deuda soberana.

Hay otras dos variables que pueden afectar los resultados fiscales. Por un lado, una desaceleración económica puede hacer caer la recaudación en términos reales. Los últimos datos económicos están mostrando esta tendencia. Por otro lado, dentro de los ingresos el tesoro considera “rentas de la propiedad”, que son intereses ganados por los depósitos que el Tesoro hace cobrando las altas tasas de interés. Esto podría describirse como un financiamiento indirecto del BCRA al Tesoro, donde en lugar de darle pesos directamente paga elevadas tasas de interés.

A octubre, las rentas de la propiedad se incrementaron un 180%. A octubre, las rentas de la propiedad representan el 18% de los ingresos del tesoro. El aumento en las rentas de la propiedad explica el ahorro en el déficit primario. Una reducción en las tasas de interés, y por lo tanto de las rentas de la propiedad pueden llevar a una revisión de la política fiscal.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

“La Argentina necesita más política que economía”

Por Adrián Ravier.  Publicado el 3/9/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/782442/actualidad/argentina-necesita-mas-politica-economia.html

 

“La Argentina necesita barajar y dar de nuevo. Es un concepto más que usado, pero es el que mejor se adapta a la realidad económica del país. Sencillamente porque la gestión del presidente Mauricio Macri necesita imperiosamente bajar el déficit fiscal; no tiene otro camino para seguir”, señaló a LA GACETA Adrián Ravier, doctor en Economía AplicadaSegún el especialista, en las actuales circunstancias de la Argentina, se requiere más “política que economía”. Y así lo señaló durante la entrevista que mantuvo con nuestro diario.

-¿Qué tanto puede convencer al Fondo Monetario Internacional los cambios instrumentados?

-Es pronto para decirlo. Lo que surge en los medios son especulaciones. Se difundió un ajuste profundo en el Estado para reducir las necesidades de financiamiento, lo que en definitiva implicaría recurrir a una propuesta más liberal para enfrentar la crisis. Todo esto sería correcto. Lo que puede preocupar en el mercado es la posibilidad de volver a aplicar retenciones para reducir el desequilibrio fiscal. Tenemos que entender que el problema no es sólo el déficit fiscal, sino el tamaño del gasto público. El déficit hay que bajarlo reduciendo el gasto, no aumentando impuestos, porque la presión tributaria es excesiva y eso contribuye a paralizar la actividad económica.

-¿Cómo puede reaccionar el mercado?

-Puede haber un rebote positivo. La caída del Merval y de los bonos argentinos puede parecer excesiva para sus fundamentos. Pero hay que aclarar varias cuestiones. La devaluación te resuelve el problema del déficit de cuenta corriente, e incluso te permite mejorar las cuentas públicas, para mostrar un menor déficit fiscal primario, porque se licúa el gasto. Pero al mismo tiempo contribuye a acelerar la inflación, que ahora puede terminar arriba del 40% en este año, y a contraer aun más la actividad económica. El mercado debe colocar sobre la mesa las buenas y malas noticias, y es difícil prever la reacción por los múltiples factores que lo afectan. Además, acá ya no se trata sólo de hablar de economía, porque empieza a jugar la política. Falta un año todavía para las elecciones generales, pero el mercado debe descontar el riesgo de este escenario electoral y también el posible cambio en la política económica.

-¿Es la solución o principio de solución?

-Me parece que a Cambiemos le faltaba ortodoxia. Macri parte de un buen diagnóstico, pero siempre encontró divididos a sus asesores entre “gradualismo y shock”, y entre mantener las cosas como estaban o enfrentar los problemas estructurales. Me parece que las especulaciones que hoy surgen dejan entrever que Macri apostaría ahora por un poco más de shock y de enfrentar los problemas estructurales. Reducir los ministerios de 20 a siete ya es toda una señal. Pero hay que ver si esto significa un recorte real en el excesivo gasto público, cómo cierra el año fiscal e inflacionario, y qué señales muestra el nuevo presupuesto 2019.

-¿Considera que hacen falta más medidas?

-Macri en estos tres años de gestión ha dado señales positivas en ciertos discursos que luego quedaron en palabras. Las especulaciones que observamos son señales y nada más. Luego hay que avanzar. Pienso que aun no se ha hecho nada, es decir que falta todo. El viaje a Washington traerá nuevas noticias sobre el acuerdo con el FMI y el financiamiento del déficit hasta diciembre de 2019, pero siguen habiendo incógnitas sobre el día después. Todavía no sabemos cómo será el Presupuesto 2019 y qué medidas tomaría este nuevo equipo económico. Si uno observa la recesión, el nivel de inflación, el déficit fiscal financiero, basta para comprender que los desafíos políticos y económicos son complejos.

-¿Qué hay que hacer para encarrilar el rumbo?

-A esta altura la Argentina necesita barajar y dar de nuevo. El presupuesto no puede ser un retoque del existente. Hay que desarrollar un presupuesto base cero. Repensar el Estado que queremos tener y podemos pagar. Si alcanzamos equilibrio fiscal, entonces podremos dejar de emitir y contener la inflación, y también dejar de endeudarnos y bajar las tasas de interés. En este contexto comienza un serio debate también para bajar los impuestos o privatizar el sistema de pensiones. Con estabilidad monetaria, bajas tasas de interés y con una menor presión tributaria el empresario tiene un contexto macroeconómico favorable para la inversión y para la generación de empleo. La cuestión técnica es muy sencilla, pero el problema es siempre político. Se requieren consensos y estamos en las puertas de un año electoral. El Presidente no puede sentarse a esperar que su equipo haga el trabajo. Tiene que encabezar cada decisión de sus ministros porque se requiere más política que economía.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Carta abierta al Presidente

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/9/18 en http://www.ambito.com/932518-carta-abierta-al-presidente

 

No creo ser original al escribirle una carta abierta. Hay muchos antecedentes, incluso en mi caso con usted y otros presidentes pero lo hago ahora en vista de los problemas que son del dominio público. Está inspirada en el deseo que comparto con muchos argentinos de que tenga el mayor de los éxitos en su gestión, no solo por tratarse de usted sino por los graves riesgos que el país corre si resurgen las tendencias que han dominado durante las últimas siete décadas, muy especialmente durante la última que ha acentuado notablemente la decadencia moral y material de nuestro medio.

 

Su gobierno no ha procedido con la firmeza necesaria para rectificar el rumbo y se ha mantenido en la misma pendiente del pasado por más que sus intenciones y las de sus colaboradores hayan sido las mejores. El gasto público es sideral, las exacciones fiscales son insoportables, la deuda estatal es creciente, el volumen total del déficit fiscal resulta descomunal y las manipulaciones monetarias y cambiarias contribuyen a agravar el problema. Como usted sabe, lo relevante son los resultados y no las explicaciones.

 

Se que usted pretende reducir la pobreza pero el camino elegido no conduce a buen puerto sino más bien lo aleja de los objetivos. Todavía estamos a tiempo para adoptar medidas de fondo que eliminen de cuajo funciones incompatibles con un sistema republicano. Como he consignado antes, no se trata de hacer más eficiente el gasto puesto que cuando algo es inconveniente si se torna eficiente es mucho peor. Tampoco se trata de podar gastos puesto que como también puntualicé en su momento, igual que con la jardinería la poda hace que el desarrollo resulte más vigoroso. Por último, no se trata de pretender un crecimiento al efecto de disimular la relación gasto/producto.

 

Usted no ha comenzado bien su administración al crear nuevos ministerios cuando, como queda dicho, deben eliminarse funciones y modificar drásticamente el organigrama del Ejecutivo. Somos concientes que su coalición no cuenta con mayoría en las Cámaras del Parlamento y que la batalla cultural es difícil, pero destaco sus errores no forzados que algunos pocos hemos puntualizado reiteradamente junto a propuestas varias para lograr el cometido.

 

Algunas de las medidas sugeridas son nominales en cuanto al volumen del gasto que representan pero muy demostrativas de una firme decisión de retomar nuestra mejor tradición alberdiana que hizo de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta.

 

A esta altura podrán adoptarse medidas coyunturales que eventualmente pueden tapar los problemas que subyacen, pero descuento que usted quiere verdaderamente hacer que nuestro país retome la senda del progreso moral y material de antes de los golpes fascistas del 30 y del 43 que nunca debió abandonarse. La función medular de los aparatos estatales de compulsión son principalmente para que haya Justicia y seguridad, los entrometimientos en las vidas y en el fruto del trabajo ajeno perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados. Décadas de estatismo nos han llevado a una situación de vulnerabilidad y de pobreza alarmantes.

 

Concretamente propongo que usted declare de inmediato que se abstiene de presentarse  a la reelección y postule a una candidata o candidato de su preferencia, anuncie medidas espectaculares que se han sugerido  para revertir la situación al efecto de volver a ganar la confianza de sus compatriotas que creen en las virtudes de la sociedad abierta y oxigene su gabinete. Que resulte claro que usted no está dispuesto a consumir tiempo y energías en campañas electorales. De este modo usted será juzgado como un estadista que se preocupa y ocupa de resolver los problemas que nos aquejan  y  podrá usted  presentarse con gran éxito en una futura contienda presidencial.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El populismo nos lleva de crisis financiera en crisis financiera

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/8/18 en:  http://economiaparatodos.net/el-populismo-nos-lleva-de-crisis-financiera-en-crisis-financiera/

 

Cambiar Lebac por Leliq, Nobac y Letes no son reformas estructurales: tenemos ingenio para los nombres. pero somos poco imaginativos para hacer reformas estructurales

No debería sorprender la nueva corrida cambiaria a la que estamos asistiendo. Podrán echarle la culpa a Turquía, a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, a que baja el precio de la soja o a lo que se les ocurra, pero lo cierto es que el famoso gradualismo llevó a acumular un stock de LEBACs que superó a la misma base monetaria (pesos en circulación + encajes bancarios) y cada treinta días se produce el gran supermartes.

En el fondo, estamos asistiendo a un nuevo fin del financiamiento de un estado sobredimensionado. El mercado se cansó de financiar este déficit fiscal y la economía entró en crisis.

La realidad es que, como en otras oportunidades, el plan para rescatar las LEBACs no es otra cosa que una nueva ingeniería financiera para seguir tirando hasta las elecciones y luego se verá, pero lejos está de resolver el problema de fondo de la economía argentina. Insistimos con lo que venimos haciendo hace décadas. Ahora vamos a asistir a un cambio de bonos por otros bonos, pero sin arreglar el problema que llevó a acumular tanta deuda en LEBACs.

Veamos un poco la historia argentina para entender que nos pasa y que nos va a seguir pasando si no cambiamos en serio de política económica y calidad institucional.

Si uno observa qué pasó con la economía Argentina desde 1880, año en que se logró la consolidación nacional, podemos distinguir dos grandes períodos. Uno que tiene un crecimiento sostenido del ingreso per capita con algunos baches y otro en el que entramos en una crisis detrás de otra.

Gráfico 1

El gráfico 1 muestra la evolución del PBI per capita en dólares constantes de acuerdo a datos de Angus Maddison. ¿Qué se observa en el gráfico? Que aproximadamente hasta la década del 60 hubo una tendencia a la suba con ciertas bajas como en 1914 con cuando la Gran Guerra o en 1930 con la gran depresión. A comienzos de 1960 aproximadamente empezamos con los saltos que se ven en el recuadro. Períodos de auge artificiales que terminaban en grandes crisis.

Tomando los mismos datos de Angus Maddison vemos la evolución en determinados períodos en el siguiente cuadro

Cuadro 1

Desde 1880 hasta 1913, el año anterior a la Gran Guerra, el PBI per capita creció a un ritmo del 2,24% anual. Desde el fin de la guerra hasta la crisis del 30 el PBI creció al 1,92% anual. Pero a partir de 1930 dejamos los valores de la Constitución de 1853/60 y entramos en la era intervencionista, proteccionista y populista. Si uno toma desde 1934, fin de la depresión hasta 1955, el crecimiento del PBI per capita fue del 1,5% anual.

¿Cómo le fue a Perón? Si uno toma el período, punta a punta de 1946 a 1955, el PBI per capita aumentó al 1,5% anual, sin embargo, si uno se toma 1946-1951 años en que se acaba el financiamiento del populismo de Perón, vemos que el PBI per capita aumentó al 2% anual con el oro acumulado durante la guerra. Cuando se acabó el oro y entramos en crisis en 1942, el PBI per capita aumentó a un ritmo del 0,7% anual. En los dos primeros gobiernos de Perón, el PBI per capita aumentó como puede verse en el gráfico 2

Gráfico 2

El gráfico 2 muestra que el PBI per capita creció solo los dos primeros 2 años de los dos primeros períodos de Perón y luego cae, más aceleradamente en 1952, luego cambia algo su política económica y se recupera pero enseguida cayó su gobierno. Es decir, ni Perón pudo zafar de la falta de recursos para financiar el populismo y con el oro acumulado de la guerra no pudo igualar al crecimiento basado en las instituciones de la Constitución Nacional de 1853/60.

Onganía logra un crecimiento del 4,14% anual del PBI per capita pero termina en el cordobazo. El envión llega hasta 1975 con el rodrigazo. A partir de ahí tenemos una crisis detrás de otra. En el gráfico 1 puede verse el serrucho que es la evolución del PBI per capita en el cuadro  que marca la volatilidad, incluyendo el fin de la tablita cambiaria, la crisis del 82, el plan austral, el plan primavera, la hiperinflación, etc.

Entre 1946 y 2016 el PBI per capita aumentó a un ritmo del 1,2% anual contra el 2% anual tomando los 50 años que van desde 1880 hasta 1930 cuando se abandonan los principios económicos de la Constitución de 1853/60. Pero la diferencia está en que en los primeros 50 años, el crecimiento fue sostenido al margen de la Gran Guerra y la crisis del 30. En el segundo período las crisis generaron grandes cambios patrimoniales, violentos modificaciones en la distribución del ingreso y nos transformamos en defualteadores seriales, destruimos cinco signos monetarios y entramos en la era de las grandes inflaciones, megainflaciones e incluso hiperinflación.

¿Qué ocurrió? Muy sencillo, entramos en un creciente populismo en el que el estado gasta más de lo que ingresa. Transitoriamente puede haber una mejoría, pero todo termina en una nueva crisis cuando se acaba el financiamiento, con el agregado de un quiebre en la seguridad jurídica por defaults, confiscaciones de depósitos, cargas impositivas asfixiantes y controles de todo tipo.

Hoy asistimos a una nueva ingeniería financiera que trata de desarmar la bomba de las LEBACs, pero la realidad es que nada se ha dicho sobre qué va a hacer el gobierno con las causas que llevaron a armar esa bomba de las LEBACs, es decir el déficit fiscal. Hoy estamos pagando el costo de haber financiado el populismo heredado. El electoral año 2017 lo transitamos alegremente con obra pública y recuperación económica pero a costa de tomar deuda externa y completarla con gasto cuasifiscal en nombre del gradualismo. Ahora viene una flor de recesión en el segundo semestre, dependiendo el año que viene del clima y de la buena voluntad del FMI para ver cómo llegamos a las elecciones.

Estamos todos pendientes de la ingeniería financiera del BCRA, creyendo, nuevamente, que con esa ingeniería financiera y la ayuda del FMI se arreglan los problemas estructurales. Grosero error. Cambiar LEBACs por LELIQs, NOBACs y LETES no son reformas estructurales. Somos muy ingeniosos para inventar nombres de bonos, pero poco imaginativos a la hora de encarar las reformas estructurales.

En síntesis, no descarto que con este nuevo pase de magia financiero se calme transitoriamente el tipo de cambio, pero francamente es una meta muy poco ambiciosa y de corta duración, como todos los pases de magia que se hicieron en el pasado desde la década del 60 hasta nuestros días.

Mientras no cambiemos la matriz populista heredada del peronismo, que también adoptaron gobierno militares, radicales y Cambiemos, seguiremos tropezando una y otra vez con la misma piedra: la de la insolvencia fiscal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

RECRUDECEN LAS ALARMAS

Por Alberto Benegas Lynch (h) * Publicado el 18/6/18 en: http://www.ambito.com/924858-recrudecen-las-alarmas

 

 

Llama poderosamente la atención que en el transcurso de un par de días, el presidente de la banca central haya también firmado la carta de intención con el FMI y acto seguido dejó su cargo, que el nuevo presidente inaugure su gestión con un dólar que trepa, que el primer mandatario firme un nuevo decreto de necesidad y urgencia que incrementa el gasto público en ochenta mil millones de pesos y que los intereses de las Lebac llegaron nada menos que al cincuenta por ciento.

 

Si no fuera porque sabemos de la buena voluntad y las mejores intenciones del equipo gobernante diríamos que se trata de una producción cinematográfica de Woody Allen.

 

Ahora se terminaron los recursos que voluntariamente nos prestaban para echar mano a los que se obtienen coactivamente de los bolsillos ajenos, es decir el préstamo del Fondo Monetario Internacional.

 

Resulta un tanto tedioso tener que repetir conceptos, pero desde que asumió la presente administración hemos escrito en diversos medios sobre temas que básicamente giran en torno al mismo problema grave.

 

Se discute sobre anclajes del tipo de cambio y equivalentes pero conviene subrayar que el anclaje central debiera ser en el seno del equipo gobernante en cuanto a que el asunto medular consiste en que debe reducirse el gasto público que en nuestro medio es elefantiásico y, por ende, eliminar el total del déficit fiscal (no solo el primario), no contraer deuda para financiar gastos corrientes y reducir impuestos a niveles que no sean los más altos del planeta.

 

Como hemos puntualizado, se trata de eliminar funciones y no podar gastos que, igual que con la jardinería, crecen con mayor vigor. Las conferencias de prensa del ministro de hacienda junto a la cabeza de la banca central y la que ofreció luego el primero revelaron que no se ha entendido el problema puesto que se insiste en seguir con el rumbo emprendido cuando, precisamente, el rumbo es el problema. No se trata simplemente de cambiar nombres como ahora se ha hecho.

 

Durante buena parte de estos dos años y medio algunos funcionarios machacaron con que debía hacerse que el gasto público fuera eficiente, sin comprender que si un gasto es inconveniente cuando más eficiente resulta peor.

 

También hay ciertos de los así llamado analistas que alardean con que la clave estriba en aumentar el consumo, sin percatarse que debe primero producirse para que los bienes puedan ser consumidos. Si me permiten la grosería, lo anterior es similar a sostener que para que uno esté bien alimentado, debe vomitar. El ahorro y la consiguiente inversión es en verdad la clave del progreso, pero esto no puede ocurrir mientras dure la inestabilidad que por el momento estamos viviendo y que siempre pagan en primer término los más necesitados.

 

En esas conferencias daría la impresión que los funcionarios de marras actuaron como si el gobierno recién comenzara, por ejemplo, al anunciar el desmembramiento de la maquinaria infernal de títulos públicos y la prohibición de la autoridad monetaria para financiar el tesoro.

 

Es indispensable tomar el toro por las astas y encarar los problemas de fondo. El premio Nobel en economía Milton Friedman ha señalado en repetidas ocasiones que lo que no hace un gobierno en los primeros cien días no lo puede hacer ya que permite que los opositores junten fuerzas,  lo cual se torna exponencial cuando sucede el desgaste consecuencia de la inacción.

 

Ya hemos dicho que este equipo gobernante se inició con el aumento de ministerios y con la pretensión de designar dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto. Dos lamentables medidas inaugurales, una en el terreno económico y otra en el terreno institucional. Es cierto que las cosas no son fáciles, pero quienes se postulan para gobernar lo hacen para resolver problemas y no para dar explicaciones ni relatar anécdotas.

 

Se ha dicho con razón que el comienzo de este gobierno no debería haberse iniciado con el baile del primer mandatario con la banda presidencial en la Casa Rosada, sino con un discurso realista respecto a la tremebunda herencia recibida. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, es de esperar que un próximo gobierno no tenga la necesidad de aludir a una mala herencia recibida.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Un acuerdo que busca restablecer la confianza

Por Iván Carrino. Publicado el 8/6/18 en: http://www.ambito.com/923974-un-acuerdo-que-busca-restablecer-la-confianza

 

Hace horas nomás que terminó la conferencia de prensa en la que Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger anunciaron los detalles del enésimo acuerdo de Argentina con el FMI.

 

Y, sí, así somos los argentinos. Pasamos de las relaciones carnales con EE.UU., a cancelar en efectivo la deuda con el fondo, a volver a sellar un acuerdo con el organismo internacional como una vía para resucitar o mantener a flote lo que queda del gradualismo.

¿Qué le vamos a hacer?

Ahora lo importante es lo importante: ¿funcionará esta vez?

•La pata fiscal

Lo primero que busca este acuerdo es restablecer la confianza en la sostenibilidad del programa de estabilización que emprendió Argentina en diciembre de 2015.

Al principio, como el mercado financiaba cualquier cosa producto de un “tsunami de liquidez” internacional, el gradualismo pareció una estrategia sensata.

Sin embargo, en cuanto cambió un poco el viento externo, los más vulnerables comenzaron a padecer, y Argentina estaba primera en la fila.

Es por esto que cualquier anuncio oficial tenía que atacar el problema madre de la sostenibilidad Argentina: el déficit fiscal.

Este acuerdo impone acelerar el ritmo al cual se ajusta el déficit. Las metas del resultado primario se reducen en casi un punto del PBI para 2019 (pasando de 2,2% a 1,3% del PBI) y alcanzarían el equilibrio en 2020.

¿Dónde se reducirá el gasto para alcanzar este objetivo? Fundamentalmente en lo mismo que hasta ahora: subsidios económicos, obra pública, y salarios del personal del Estado.

•Los anuncios monetarios

La otra pata importante del anuncio fue la de la inflación. Al igual que en diciembre de 2017, se anunció un nuevo cambio en las metas, que vuelven a relajarlas. Ahora este cambio se da en un contexto diferente.

De acuerdo con la experiencia internacional -y específicamente, de América Latina (ver aquí)- el triunfo en la batalla contra la inflación se consiguió con reformas monetarias que tenían 4 pilares principales:

1) Mandato claro y estrecho para el Banco Central.
2) Independencia del organismo.
3) Autonomía en la Implementación de su Política Monetaria.
4) Rendición de Cuentas.

Todos estos puntos hacen a la credibilidad de un Banco Central y, por tanto, facilitan la tarea de bajar la inflación.

En Argentina, a partir de diciembre de 2015, nuevas autoridades tomaron el control del organismo, y fueron moviéndose en esa dirección. Sin embargo, la Carta Orgánica del Organismo nunca se modificó, por lo que el punto (1) nunca se cumplió.

Además, el gradualismo que exigía impresión de pesos para financiar (al menos en parte) el déficit fiscal, vulneraba el punto (2).

Y, por último, el 28 de diciembre dinamitó el punto (3).

Así, bajar la inflación todavía era posible, pero con una exageración de fortaleza del BCRA que llevaba indudablemente a pagar tasas de interés cada vez mayores.

Los anuncios de ayer van todos en el sentido de darle más independencia y credibilidad al Banco Central, al tiempo que cortan de cuajo la emisión monetaria. Si hasta ahora, Sturzenegger emitía pesos que después absorbía con Lebac, ahora directamente dejará de emitirlos.

Los anuncios de menor financiamiento monetario al tesoro refuerzan el pilar 1, mientras que los proyecto de Nueva Carta Orgánica que se enviará al congreso refuerzan los puntos 2 y 3.

Además, el Banco Central ya dejó claro que no habrá reducción de tasas hasta tanto no haya señales claras de que la inflación ya está bajando. Es decir, se aprendió la lección del 28D y se enterró cualquier vestigio que de esa fecha quedara vivo.

El acuerdo con el FMI no llevará a la Argentina a ser “una víctima del ajuste”. De hecho, lo que hace es evitar un ajuste mayor del gasto, pero fundamentalmente evitar la crisis que hubiésemos sin duda tenido producto de la caída en la confianza de los inversores.

2018 no será un buen año. Ahora si se cumple con los anuncios realizados, Argentina tendrá una nueva chance de establecer bases más sólidas para su crecimiento.

A mi gusto personal, todavía faltan muchas reformas “de fondo” (como la apertura comercial, flexibilización del mercado laboral y redefinir el rol del estado en la economía). Ahora esto es un comienzo, y una respuesta directa a las causas que nos llevaron a esta crisis.

Veremos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE