Juan Manuel de Rosas: Perfil de un tirano:

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 9/2/12 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7126

En no pocos lares ha habido (y hay) imitadores de Calígula. Uno de ellos fue parido en tierras argentinas y utilizó el apellido Rosas (aunque fue bautizado Ortiz de Rozas, según algunos “por respeto a las rosas”). En varias de sus obras, Isidoro Ruiz Moreno destaca que este personaje se declaró enemigo de la gesta independista de 1810, tal como el mismo lo especificó posteriormente en un discurso el 25 de mayo de 1837. También consigna Ruiz Moreno que cuando se produjeron las invasiones inglesas, Rosas se retiró a su estancia,  en 1837 inició una guerra no declarada con Bolivia que descuidó de tal manera que se perdió Tarija, en 1838 propuso ceder las Malvinas a los acreedores ingleses y en el mismo año se produce el bloqueo francés (que duró tres años) debido a que el gobierno de Francia pedía que no se incluyera a ciudadanos franceses en el servicio militar (guardia territorial) y se indemnice a los súbditos de ese país por maltrato, bloqueo estimulado por Rosas para desviar la atención de los problemas internos (lo cual terminó con el tratado Makau-Arana por el que se aceptaron los reclamos franceses, aunque violado por el sitio a Montevideo), en 1843 Chile ocupa la Patagonia y Rosas recién reclama cuatro años después mientras pide ayuda a las fuerzas militares chilenas para luchar contra los indios. El nieto del tratadista mencionado, Isidoro J. Ruiz Moreno, recuerda que “por testamento [Rosas] legó su sable a Francisco Solano López [el tirano paraguayo]” (en “La Nación”, noviembre 8 de 1999).

En 1832, como gobernador de Buenos Aires desde 1830, Rosas firma el Pacto Federal por el que se comprometió a convocar a un Congreso Constituyente, lo cual nunca cumplió. Escribe Juan González Calderón que “Rosas no consintió nunca en que lo estipulado en el Pacto Federal se cumpliera, y mantuvo al país bajo su despotismo durante veinte años” (en El general Urquiza y la organización nacional). Reasumió en 1835 con facultades extraordinarias y gobernó el país hasta 1852 bajo un régimen de terror en un sistema unitario centralizado por más que sus huestes se denominaron federales, todo desde Buenos Aires ya que nunca visitó el interior del país, salvo una vez a Santa Fe..

Es de interés citar opiniones autorizadas sobre Rosas -muchas de ellas tomadas de la recopilación de Bernardo González Arrili- lo cual pinta un panorama claro de su catadura moral y de los estragos realizados por su régimen. Bartolomé Mitre destaca que fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano). Esteban Echeverría: “Su voz es de espanto, venganza y exterminio. ¡Que hombre! ignorancia y ferocidad. Ninguna grandeza de alma; pequeñez de alma si, y cobardía” (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas). Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]” (en Facundo). Miguel Cané: “Salí de Buenos Aires, porque me pesaba sobre el alma la atmósfera política que la influencia de Rosas había formado en mi patria” (manuscrito citado en Miguel Cané y su tiempo de Ricardo Sáenz Hayes). Félix Frías: “Yo vi el espectáculo horrible de 60 indios fusilados por orden de Rosas en la plaza del Retiro en Buenos Aires. Los cadáveres de aquellos infelices, muchos de ellos con resto de vida, fueron amontonados en los carros, que los condujeron al panteón. Rosas se proponía por medio de esos espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires. ¡Y cuantas veces ha sido preciso repetir aquella bárbara lección! […] En octubre del año 40 y abril del 42, la mazorca y los empleados de Rosas en bandas recorren día y noche las calles de Buenos Aires, degollando a los individuos cuyos nombres Rosas les ha dado. Cuando habían degollado 10 a 20 disparaban un cohete volador, señal a la policía para que mandase carros que llevasen al cementerio los cadáveres”  (en La gloria del tirano Rosas).

Juan Bautista Alberdi: “los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). José Manuel Estrada: “Ahogó la ciudad con la campaña, la revolución liberal con la escoria colonial y apoderado del gobierno por primera vez en 1830, hizo gala de su ferocidad. En seguida volvió a la esfera  campesina que adueñaba y se vinculó con los caudillos subalternos que más tarde sacrificaría a puñal o veneno: adhirió las masas, más íntimamente que lo habían estado jamás, a fuerzas de crueldades, de cinismo y de extravagancias […] La superabundante degradación llegó, el vaso rebosó su fetidez. La democracia bárbara, la soberanía numérica, la brutalidad moral exaltaron la encarnación más sombría de gaucho a una autocracia irresponsable. ¡Ah señores! Hay días en que los pueblos de nada dudan, sino de sí mismos; todo lo esperan menos de su derecho. Ese día pálido y vergonzoso ha brillado sobre esta sociedad conturbada por todos los infortunios, aún los más horrendos, el miedo y la abyección. La tiranía fue confirmada por el ignominioso plebiscito de 1835” (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: “Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años negó Rosas la oportunidad de constituir la República; veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país” (en “Discurso en la Legislatura de Buenos Aires”). Ricardo Levene: “La opinión general, el sentimiento de la sociedad, consagró a Rosas árbitro de los destinos de la provincia de Buenos Aires y de toda la República. El ambiente social se fue formando en el sentido de consolidar la dictadura […] Uno de los espectáculos más subalternos en que había caído la plebe de Buenos Aires, eran las fiestas parroquiales tributadas en homenaje al dictador. Colocaban el retrato de Rosas en un carro triunfal que tiraban los magistrados y ciudadanos haciendo el papel de bestias. La imagen de Rosas era paseada por la cuidad y la imponían así al respeto y al miedo de la población. En las iglesias se colocaba el retrato en el altar, y los sacerdotes, desde el púlpito, exhortaban a la adoración y culto de Rosas” (en Lecciones de historia argentina).
José de San Martín: “Mi querido Goyo, es con verdadero sentimiento que veo el estado de nuestra desgraciada patria, y lo peor de todo es que no veo una vislumbre que mejore su suerte. Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839). Paul Groussac: “Lo que al pronto distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita” (en La divisa punzó). Juan María Gutierrez: “La dominación de Rosas echó por raíces en el terreno viejo de la colonia, terreno que apenas comenzaba a desmalezarse cuando la reacción social hacia atrás se inició bajo los auspicios del oscurantismo intelectual que distinguía a los colaboradores letrados del régimen de las facultades extraordinarias” (en Obra de Echevarría). 
José Ingenieros: “Rosas asoció las dos intolerancias; la política y la religiosa. Así encontró los resortes más íntimos de su dominación […] Rosas, sin embargo, no era un fervoroso creyente; nunca lo había sido antes de necesitar de la religión como un instrumento de su despotismo. Si no ateo, había sido indiferente en materia de creencias religiosas; pero su política de reacción contra la democracia y el liberalismo necesitó del disfraz fanático que le traería como aliados todos los hombres de reposado espíritu colonial” (en “Las ideas coloniales y la dictadura de Rosas”). 

Florencio Varela: “[El sistema rosista] consiste en que no tengamos hogar, ni propiedad, ni libertad individual; en que la mitad de de una generación se pase con las armas en la mano; en que los campos no se cultiven, y la educación se abandone, y ningún trabajo útil se emprenda, y los principios de la moral se vayan poco a poco abandonando, hasta desaparecer y dejar al hombre la sola vida estúpida y material que se asemeja a la bestia; si, en eso consiste, mandones dementes y frenéticos el sistema que proclamaís” (en Rosas y su gobierno). Sin duda que esta selección de textos es insignificante al lado de todo lo escrito sobre esta tiranía abyecta…todavía resuenan las palabras condenatorias de escritores de la talla de José Mármol y de Jorge Luis Borges para mencionar solo dos plumas adicionales de distintas épocas en una galería de opiniones que se extiende por doquier.

La asfixia que provocaba el sistema rosista generó cinco levantamientos armados entusiastamente apoyados por los numerosos exiliados en Montevideo, Colonia, Valparaíso y Santiago, movimientos libertadores que fueron cruelmente sofocados, antes de la exitosa campaña de Caseros liderada por Justo José de Urquiza que logró derrocar al tirano: la de Jenaro Berón de Astrada, la de Ramón Maza, la Revolución del Sur en la que hubo de participar Juan Lavalle, la Coalición del Norte de Marco Avellaneda y la de José María Paz.

Cierro esta nota con un dato que revela otro de los canales por los que el tirano disponía de la hacienda ajena, ya que como resumió Lucio V. Mansilla, Rosas concentró “todos los poderes, los más formidables, como son disponer de la vida, del honor, de la fortuna de sus semejantes” (en Rosas: ensayo histórico-psicológico). Disolvió el Banco Nacional y lo reemplazó por la creación de la Casa de la Moneda, entidad en la que colocaba empréstitos gubernamentales contra emisión monetaria, la que significó 1.200% durante su gestión al frente del gobierno. La característica central de Rosas -igual que todos los tiranos- es la de proceder en el país como patrón de estancia propia que maneja sin pudor ni escrúpulo alguno en el contexto de una arrogancia sin límite y siempre rodeado de cortesanos y alcahuetes, todo lo cual ocurrió hasta el antes mencionado levantamiento de Caseros en el que fue derrotado (cuando se vio en desventaja, abandonó a sus soldados y huyó del campo de batalla como apunta Isidoro J. Ruiz Moreno en la antedicha nota periodística) y se exilió en Inglaterra donde terminó sus días en una muy confortable granja de su propiedad.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

La libertad económica pierde terreno frente al populismo:

Por Agustín Etchebarne. Publicado el 20/2/12 en http://www.cronista.com/opinion/La-libertad-economica-pierde-terreno-frente-al-populismo-20120220-0012.html

A nadie puede extrañar que la Argentina siga derrapando en una comparación internacional sobre las libertades económicas, dado que el objetivo explícito del gobierno es profundizar el modelo populista. El Índice Internacional sobre Libertades Económicas publicado recientemente por la Fundación Heritage, de Estados Unidos, confirma que el gobierno está logrando su objetivo a paso redoblado. Pero la sorpresa, y el dolor, aparecen cuando observamos que ya no estamos dentro de los países “Moderadamente Libres” donde figuran Uruguay, Corea del Sur, España o Israel. Ni siquiera estamos en el sector de países “Mayormente No-libres”, como Brasil, Camboya, Vietnam, Grecia, Rusia o Haití. No, el Índice de Libertades Económicas nos ubica en el puesto 158 sobre 179 países. Es decir, que hemos caído al último segmento donde se encuentran los países “Reprimidos”, espacio que compartimos con Ecuador, Burundí, Sierra Leona, Venezuela, Congo, Irán, Lesoto, Cuba, Zimbawe, Corea del Norte.
Si bien el “modelo” populista hace sentir muy bien a las personas como demuestran los indicadores de confianza de los consumidores y explica que el gobierno haya triunfado con el 54% de los votos en noviembre pasado. Lamentablemente, este bienestar siempre es efímero. A la larga, indefectiblemente la economía será cada vez más ineficiente. Como demostró el premio Nobel de Economía, Fiedrich Hayek. El planificador central -en nuestro caso, Moreno o De Vido- no tiene ninguna posibilidad de saber lo suficiente como para reemplazar al mercado libre. Cuando pone altos impuestos a las industrias eficientes y subsidia a las ineficientes, puede pensar que está ayudando a las industrias infantes hasta tanto logren competir en el mercado internacional. Pero los incentivos son perversos y los empresarios actúan en consecuencia. En lugar de esforzarse por mejorar la productividad, inventar nuevos productos y procesos, se concentran en buscar la protección estatal que le permita obtener ganancias rápidamente.
Los controles de cambios y la falta de respeto al derecho de propiedad incentivan únicamente la inversión con ganancias de corto plazo. La inversión extranjera huye, con la excepción de las empresas acostumbradas a negociar con gobiernos omnipotentes y corruptos. Si leemos a Tolkien o a Lord Acton o a los clásicos, comprenderemos que ‘gobierno omnipotente‘ y ‘gobierno corrupto‘ son hermanos gemelos, inseparables.
Las libertades económicas y el gobierno limitado son esenciales para el crecimiento económico a largo plazo como lo demuestra la fuerte correlación del PBI per capita con la calificación en el Índice de Libertad Económica. Es así porque el derecho de propiedad y la justicia independiente son indispensables para generar un ambiente favorable para el desarrollo de las empresas, el aumento de la productividad, de los salarios de las personas y la rápida superación de la pobreza. Esto fue lo que descubrió el profesor de ética, Adam Smith, cuando se dedicó a hacer una Investigación acerca de la naturaleza y la causa de la riqueza de las naciones. Smith descubrió que los hombres libres a través del intercambio voluntario, lograrían generar una división del trabajo que los llevaría a multiplicar fenomenalmente los bienes y servicios. Las instituciones de la libertad guían a las personas como ‘una mano invisible‘ para que al buscar su propio interés alcancen simultáneamente el bienestar general.
Basta mostrar quiénes son los países que lideran el índice de libertades económicas para comprender que la libertad y el desarrollo económico van de la mano:
Los países más libres, Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelandia, Suiza son seguidos por Canadá, Taiwán y Chile, y un poco más abajo por Irlanda, Suecia, EE.UU., Japón, Dinamarca, Reino Unido, Alemania y Holanda. En suma, todos países desarrollados, o bien, como en el caso de Chile, países que se liberaron más tarde pero que ya se encaminan rápidamente hacia el desarrollo.
Además, el informe de la Fundación Heritage se encarga de destacar que las libertades económicas no sólo son el alma del desarrollo y el progreso económico, sino que son inescindibles del resto de las libertades. Un hombre no puede ser libre si no puede disponer del fruto de su trabajo y elegir cómo ahorrar y en qué gastar sus ahorros. Un periódico no puede ser libre si depende de un funcionario para obtener su papel de impresión. Una persona no es libre si dos tercios de sus ingresos van a parar a los cofres estatales sin su consentimiento voluntario.
Aún si el resultado fuera que se pudiera crecer más rápido bajo una economía planificada; un país donde hay que pedir permiso al gobierno para comprar dólares, importar bienes, para invertir o imprimir periódicos, ha dejado de ser un país libre. Y dada la ausencia de reacción ciudadana frente a la pérdida de libertades, en cualquier momento tendremos que pedir permiso hasta para entrar o salir del país, tal como ocurre en Cuba, modelo admirado por el gobierno.
La pregunta que debemos hacernos los argentinos es ¿qué queremos, un país de siervos del Estado o un país de hombres y mujeres libres y responsables de su propio destino?

Agustín Etchebarne es Lic en Economía (UBA); Máster en Desarrollo Económico (ISVE), posgrado en Comercialización Estratégica de la (UB). Ex profesor de Análisis Económico y Financiero en la Facultad de Derecho de la UBA y profesor de ESEADE.

 

El costo de seguir perdiendo las libertades económicas:

Por Pablo Guido: Publicado el 3/2/12 en http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota.aspx?idart=807761&idcat=9539&tipo=2#comentarios807761

Hace unos días la fundación Heritage publicó el índice de libertad económica 2012, el cual evalúa a 179 países en diez variables entre las que se encuentran los derechos de propiedad, la facilidad para hacer negocios, la libertad comercial con el exterior, la corrupción, la inflación, las barreras a las inversiones extranjeras, la carga tributaria, el nivel de gasto público, entre las más relevantes. Todas estas variables permiten obtener una idea aproximada, nunca perfecta, de la libertad que tienen los residentes de un país para consumir, producir, ahorrar e invertir. Argentina se ubica en el puesto 158, cayendo veinte lugares respecto a la medición anterior y registrando así el mayor tercer retroceso (después de Grecia y Guinea Ecuatorial).

Los diez primeros lugares, en materia de libertades económicas, corresponden a Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Mauricio, Irlanda y Estados Unidos. Por primera vez en la historia del índice un país africano (Mauricio) se coloca en el top ten del ranking, mientras que Chile regresa a dicho grupo después de unos años, siendo así la economía más libre de Latinoamérica. Otros países sudamericanos ubicados relativamente adelante son Uruguay (29º), Perú (42º), Colombia (45º) y México (54º). Hay que ir más atrás para ubicar a los otros dos socios del Mercosur de nuestro país, ya que Paraguay se ubica 79º y Brasil 99º. La “zona de descenso” del ranking está integrada por países como Corea del Norte (179º), Cuba (177º), Libia (176º) , Venezuela (174º) o Irán (171º).

Nuestro país, con un puntaje del 48%, está a “años luz” de las diez economías más libres, que alcanzan un promedio del 81,2%. Sin embargo, estamos mucho más alejados si hacemos un acercamiento a las variables: mientras que Argentina alcanza una calificación del 20% en derechos de propiedad, el top ten llega al 87,5%; en corrupción la diferencia es abismal también (29% versus 81%); lo mismo sucede en términos de libertades para invertir en el país (30% versus 77%) o libertades financieras (40% versus 80,5%). ¿Cuáles son las consecuencias de tener tan bajas calificaciones en reglas de juego que hacen a las libertades económicas? Por ejemplo, en la última década las economías que más han progresado en el índice tienen un crecimiento per cápita del 3,7%, mientras que las que muestran menor progreso del 2,1%. Esto significa que las primeras duplicarán el ingreso por habitante en casi 19 años y las segundas en 33 años. Otra diferencia es que en todos los continentes y regiones del planeta las economías más libres tienen un ingreso por habitante que supera en varias veces a las de menor libertad: en Europa por ejemplo las triplica; en Asia y Pacífico las supera en doce veces; en Medio Oriente y norte de África en ocho veces, y Latinoamérica en tres veces. O sea, tener libertades económicas paga el esfuerzo para el bienestar de la población.

En el caso de nuestro país, el hecho de tener un colapso institucional en la última década en materia de libertades económicas (derechos de propiedad pisoteados, una economía cada vez más cerrada, mayor corrupción, menores libertades financieras, mayores barreras para el inversor, etcétera) parecería que no nos ha afectado y que podríamos vivir a contramano de lo que en el mundo sí funciona. Pero no es así: la “lotería” que nos han brindado los precios de los commodities y las tasas de interés artificiales en el mundo nos han permitido rifar las tenues y débiles libertades económicas que habíamos mejorado en tiempos anteriores (en 1996 la economía argentina tenía una calificación del 74,7%). Pero en cuanto Papá Noel (“el mundo”) no nos sonría con tanta intensidad van a emerger amplia y plenamente las consecuencias, volviendo a nuestras escuálidas y volátiles tasas de crecimiento.

Los países que logran crecer sostenidamente (y no con el formato de “montaña rusa” que nos caracteriza desde hace seis o siete décadas) son aquellos que lograron crear contextos institucionales que incentivan la aparición de empresarios competitivos e innovadores. Nunca una economía se ha logrado desarrollar tirando al basurero los derechos de propiedad, cerrando sus economías, llevando sus gastos públicos a niveles infinanciables, cargando a su población de impuestos impagables o endeudándolos hasta lo imposible. Una muestra más de este fracaso son muchos países europeos o Estados Unidos, que se debaten entre el estancamiento y el retroceso económico. El siglo XXI le muestra a nuestro país una nueva oportunidad, ya que las regiones que más crecen demandan nuestros productos. Pero violar las reglas básicas de institucionalidad nos puede generar una carga tan pesada que no nos permita avanzar más rápido, y hasta nos haga retroceder quizás. No estamos condenados ni al éxito ni al fracaso, depende de las instituciones que nos podamos y sepamos brindar a nosotros mismos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Petroleras: Una intervención que no puede terminar bien:

Publicado el 16/2/12 en http://www.puntobiz.com.ar/noticia/articulo/66566/Petroleras_Una_intervencion_que_no_puede_terminar_bien.html

El discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya había dejado constancia de la disconformidad del gobierno con la gestión de las petroleras, al acusarlas de no invertir lo suficiente en el país. A sus reclamos se sumaron el vicepresidente Amado Bodou y las provincias petroleras. Sin embargo, la ley no obliga a las empresas a generar una determinada oferta.

Lamentablemente, en un avance sobre la institucionalidad, el gobierno fue ideando herramientas que puede utilizar para “dominar” a las empresas privadas: la prohibición de transferencia de dividendos, un control más rígido de precios y copiosas multas. “¿Quién va a querer invertir en las actuales condiciones? En especial, en el sector petrolero, que tiene largos plazos de maduración y es uno de los sectores con mayor presión tributaria, al que obligan a liquidar las divisas localmente y luego le restringen la recompra de recompra de esas divisas para girar dividendos o pagar su deuda externa”, dijo Aldo Abram, director ejecutivo de la fundación Libertad y Progreso.

“Este creciente intervencionismo en el sector no puede terminar bien. La solución no es la nacionalización o un cambio de manos. Quien compre a precio de ‘ganga’ una petrolera puede que esté dispuesto a hacer alguna inversión adicional; pero difícilmente haga las necesarias y posibles para desarrollar plenamente la capacidad productiva del país. En primer lugar, porque lo más seguro es que no tenga la capacidad financiera. Pero, si la tuviera, tendría la misma percepción de riesgo de los accionistas salientes”, agregó.

Según Abram, “la solución va en el sentido contrario a las políticas oficiales. Hay que tender a liberar la producción, la comercialización y los precios en el sector de hidrocarburos; aunque sea gradualmente, pero rápido. De esta forma, las empresas tendrán un fuerte incentivo a desarrollar la explotación y exploración de hidrocarburos y volveremos al autoabastecimiento. La historia muestra que este siempre ha sido el resultado de esta estrategia. En cambio, el intervencionismo siempre llevó a una menor producción”.

Esto que estamos viendo en este sector de energía, se repetirá en el de electricidad. Ya se nota la furia por los continuos cortes de luz que se explican por la mínima inversión en distribución. La amortización y sobrecarga de las líneas hará cada vez más frecuentes las fallas, a lo que se sumará la escasez de producción. No extraña que muchas empresas estén emprendiendo la retirada. La respuesta lleva necesariamente a anticipar problemas de energía en el futuro cercano.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Habermas y Europa:

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/2/2012 en http://www.larazon.es/posts/show/habermas-y-europa

Dijo el Spiegel que Jürgen Habermas ha advertido sobre el final del ideal europeo, al que cree que hay que rescatar “de los políticos ineptos y las oscuras fuerzas del mercado”. Pero políticos no son ineptos, y las fuerzas del mercado arrojan luz y no oscuridad, aunque la arrojan sobre algo que el filósofo alemán piensa que puede y debe funcionar en bien de todos: la reconciliación entre democracia y capitalismo.

Aspira a que los poderes europeos, como el Consejo, adquieran legitimidad democrática, que los tecnócratas no puedan dar golpes de Estado, que los Estados no sean dirigidos por los mercados, y que arribemos a una “comunidad global” a través de “el ejemplo que brinda la Unión Europea de un concepto elaborado de cooperación constitucional entre ciudadanos y estados”. Pero no hay ninguna garantía de que la mayor democracia a escala europea no vaya a dar como resultado lo mismo que a escala nacional, a saber, más intervención, más impuestos, más burocracia y más intrusión de la política en la vida de los ciudadanos. Los tecnócratas, por su parte, son parecidos a los demás gobernantes: han subido los impuestos tanto en Italia como en España. Los Estados, por cierto, no son dirigidos por los mercados: lo que sucede es que por muy poderosos que sean, no pueden hacerlo todo, típicamente, no pueden gastar más de lo que ingresan y después pretender que no pase nada. Y el Estado no coopera con sus súbditos, los somete.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Sanguinetti: las semillas abiertas de América Latina:

Por Alejandro Alle: Publicado el 6/2/2012 en http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6619317

Julio María Sanguinetti, ex presidente del Uruguay, quien en pocos días estará visitando El Salvador para hablar en ENADE, escribió recientemente un esclarecedor artículo sobre América Latina, invitando a “distinguir las cenizas del pasado de las semillas del porvenir”.

No es sorpresa la categoría intelectual de Sanguinetti, historiador y periodista de extracción socialdemócrata, que desempeñó la presidencia de su país en dos oportunidades (no consecutivas…), y que desde hace muchos años nos tiene acostumbrados a los sudamericanos a disfrutar de su exquisita e incisiva pluma. Enriquecida, en su caso, con la visión que le ha dado el poder.

Las semillas de las que habla Sanguinetti son “el nuevo mundo de la globalidad y la tecnología”.

A ellas se contraponen las cenizas de un pasado que, si bien cambió de formas, pues ahora es formalmente democrático, se resiste a darse por vencido. Son las cenizas de “la tentación populista”. Y del reeleccionismo. Consecutivo y con pretensión de indefinido…, cabría agregar.

Son también las del clientelismo. Ese “que ya ni siquiera ofrece empleo como antes, sino que da dinero y amarra conciencias”. Es cierto, el fenómeno es más marcado en Sudamérica que en Centro América, pero no porque izquierdas y derechas de los barrios centroamericanos no lo anhelen…, sino porque el viento a favor de las materias primas (y del dinero fácil) sopla débil por estos arrabales.

Los vientos generosos permiten manipular, además, las estadísticas de desocupación, pues las dádivas “transforman a un trabajador desocupado en un mendigo presupuestado”, según las ácidas y precisas palabras de Sanguinetti. Clientelismo del más miserable.

Son las “utopías regresivas” de las que hablaba otro ex presidente, el brasileño Fernando Henrique Cardoso, con quien su sucesor Lula tuvo muchos más puntos en común de los que algunos creen. Especialmente en materia económica.

A las utopías se las disfraza, para favorecer su propagación, de un falso progresismo, dispuesto siempre a etiquetar de elitista a quien exija calidad institucional. Y de conservador a quien reclame excelencia en la gestión. Se trata, en verdad, de un progresismo de opereta. Regresivo.

Y es ejecutado por el “establishment” cultural de turno, intelectualoides de pacotilla que van para donde sopla el viento (de los billetes…). Mendigos presupuestados, como diría Sanguinetti. Eso si, en versión “high life”. Los de Argentina, por ejemplo, se llaman Carta Abierta, y el año pasado quisieron prohibir a Vargas Llosa. Pobres imbéciles.

Eduardo Galeano, uruguayo como Sanguinetti, hablaba hace más de cuarenta años de “Las venas abiertas de América Latina” (1971). Alegórico, sin dudas, al baño de sangre que siguió en la región.

Su obra, mucho más citada que leída…, fue descripta por su propio autor en un anexo posterior, titulado “Siete años después”, como un “manual de divulgación que habla de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas”.

En dicho anexo Galeano criticaba, con razón, el lenguaje cerrado de la economía, indicando, quizás en una referencia inconsciente a su propio libro…, que “algo parecido suele ocurrir con cierta literatura militante dirigida a un público de convencidos… [con] su retórica revolucionaria, un lenguaje que mecánicamente repite, para los mismos oídos, las mismas frases hechas, los mismos adjetivos”. A confesión de parte…

En efecto, expresiones vacías como “nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena”, incluídas en la introducción, les achacan a hechos del pasado, mejor cuanto más lejano…, todos los males del presente. Inexorablemente.

¿Culpables? Desde Hernán Cortés hasta las fábricas de Manchester, pasando por la United Fruit Co. Típica pose de latinoamericano víctima de una confabulación planetaria. Que es atractiva. Pero falsa. E inútil.

No son las heridas del pasado, sino la falta de competitividad del presente, lo que mantiene atrasada a América Latina. En vez de abonar las semillas del mañana, izquierdas y derechas retrógradas se ensucian con las cenizas del ayer. Todo por defender el glamour (y el negocio) de un heroísmo, en buena medida, inventado.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

 

La ONG más grande del mundo:

Por Alejandro Tagliavini: Publicado el 16/2/12 en: http://www.elnuevoherald.com/2012/02/16/1129259/alejandro-a-tagliavini-la-ong.html

Ahora que están de moda las ONG, Organizaciones No Gubernamentales, es decir, privadas, y que convocan muchos más activistas que los políticos, es interesante que aclaremos algunas ideas. Empecemos por recalcar aquello que ya decía la escolástica medieval, que antes que la caridad está la justicia. O sea, que si la sociedad fuera perfectamente justa, esto es, “diera a cada uno lo suyo”, nadie necesitaría caridad. A ver, el orden del cosmos está hecho para que la naturaleza viva, en especial, la humana (de otro modo ya hubiéramos desaparecido). En consecuencia, prevé que cada uno reciba aquello que necesita para vivir. Así, este planeta tiene capacidad para producir más alimentos que los que demanda la humanidad. Entonces, si hay hambre es porque se está coartando el desarrollo espontáneo de la naturaleza. Ahora, precisamente, el desvío forzado, coactivo, del curso natural y espontáneo del cosmos se llama violencia, decía Aristóteles, que si no existiera, si la sociedad fuera perfectamente justa la caridad no haría falta. Pero como el hombre jamás será perfecto y, entonces habrá injusticia, la caridad de algunos puede aliviar las consecuencias de la coacción de otros. Pero hete aquí que la mayor iniquidad hoy suele provenir de los Estados, ya que se arrogan el monopolio de la violencia (supuestamente “justa”). Por caso, los impuestos, coactivamente recaudados, crean la pobreza ya que, por caso, los empresarios para pagarlos suben precios o bajan salarios, es decir, que las cargas fiscales se derivan hacia abajo creando pobreza y marginalidad entre los más débiles. No es creíble se pueda ser independiente de quien financia, de modo que las organizaciones estatales, que dependen de la financiación estatal, son vehículos discrecionales de los políticos que manejan la recaudación coactiva. Pero este no es su principal problema. El principal problema es la ineficiencia: es que la violencia destruye y, por tanto, los recursos obtenidos de este modo serán destructivos. La caridad privada, además de que no crea pobreza al no financiarse con recursos obtenidos violentamente, es superior porque surge de una genuina vocación de servicio de los voluntarios particulares y es más eficiente ya que no necesita la enormidad de empleados burocráticos, entre otras cosas, para manejar la recaudación coactiva, los espías (“inspectores”) y encarceladores de los que se niegan a pagar. Pero además de ser la caridad privada superior a la estatal, también suele ser más importante. Por caso, la ciudad de Buenos Aires, con unos tres millones de habitantes (sin contar el conurbano), tiene unas 2,000 escuelas que albergan alrededor de 650,000 alumnos. De estas, 800 son estatales, que incluyen unos 310,000 alumnos, y 1,200 privadas, con 340,000 alumnos. De las privadas, la gran mayoría pertenecen a la Iglesia Católica, que es la mayor ONG del mundo, donde tiene unas 57,000 escuelas maternas, 90,000 primarias, 40,000 secundarias, 4,500 hospitales, 18,000 dispensarios, 500 leproserías, 15,500 casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos, 8,500 orfanatos, 11,500 jardines de infancia, 13,500 consultorios matrimoniales, 33,000 centros de educación o reeducación y otras 10,000 instituciones. Corolario: no solo no es necesaria la caridad estatal sino que, en tanto obtenga los recursos de manera coactiva, es contraproducente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fué miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.