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Argentina: Lo que realmente emerge es una crisis importante

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 23/6/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/argentina-lo-que-realmente-emerge-49760.htm

 

La economía va mal, es la realidad -están las cifras incontestables- esa realidad de la que los argentinos siempre queremos escapar. Y preocupa el mal diagnóstico de muchos porque garantiza que nunca encontraremos la solución.

La opinión pública no tiene claro que el país cae porque el gobierno encaró, desde sus comienzos, una política “gradualista” hacia un mayor peso del Estado -impuestos, endeudamiento y tasas, inflación- sobre el sector privado, el que produce.

Y acudir al FMI lo ratifica, dado que el mercado natural no admite bancos estatales con lo cual, si el FMI fuera realmente “pro sector privado”, debería empezar por privatizarse. Para remate, buena parte de aquellos que la gente conoce como “liberales” y que supuestamente proponen una economía de mercado, han apoyado medidas contrarias al sector privado, como las elevadas tasas con el fin de “controlar” la inflación y el famoso slogan “hay que bajar el gasto”.

Bajar el gasto en estas circunstancias -sin un recorte proporcional en los impuestos, inflación y tasas- significa bajar ingresos de empleados públicos, jubilados y demás, bajar consumo, menos dinero volcado al mercado. De hecho, podemos olvidarnos del gasto siempre que seamos intransigentes en evitar que el Estado se financie con impuestos, inflación o endeudamiento/tasas altas porque estos métodos succionan fondos del sector productivo.

El gobierno debería desregular para que crezca la economía y pueda financiarse con un aumento de la recaudación sin que crezca la presión fiscal y debería vender las infinitas propiedades estatales -solo por mencionar algo, todo el subsuelo del país- para solventarse.

El dólar en el primer semestre ya escala 50%, básicamente debido a la inflación, y “obligó” al gobierno a convalidar tasas irracionales, del 47% para las Lebac a 27 días y aun así el BCRA solo pudo renovar el 60% -lejos del 80% de antes- del volumen del total que vencían. Era previsible ya que el mercado está saturadísimo de bonos y solo el lunes pasado Hacienda “secó” la plaza colocando dos por un total de $110.000 M.

Así, mientras el riesgo país sube los bonos argentinos están de remate y algunos lo consideran una oportunidad. Por caso, el emitido el 11 de enero con vencimiento en 2048, se negociaba a US$ 78,1, brindando un retorno total negativo este año de 18,8%, según Bloomberg.

Y sobre este endeudamiento, ahora el Directorio del FMI aprobó el desembolso de los US$ 50.000 M, cuyo primer envío de US$ 15.000 M podría llegar esta misma semana. Entre otras perlitas, el Directorio destacó que “el plan incluye medidas… manteniendo el gasto social y… abriendo margen para incrementar el gasto”. O sea, está anticipando que aumentará el peso del Estado.

Al Gobierno no le importa reconocer, al negociar este préstamo, que la economía crecerá 0,4% en 2018 o, cuando mucho, 1,4%. Descontado el crecimiento poblacional -1,5%- el PIB per cápita caerá y hay que agregar que, con la devaluación, el PIB medido en dólares sufrirá una corrección importante.

Y ahora llegó la recategorización a “emergente” que será más un impulso sicológico que real. Hace un año el MSCI decidió extender el período de consulta y entre junio 2017 y marzo 2018, el índice MSCI Argentina tuvo un rally alcista subiendo 28% en dólares. Pero, la mala realidad de la economía, solo disimulada con un “crecimiento” en 2017 a puro préstamo, se impuso y los papeles cayeron significativamente lo que probablemente, después de unos días de euforia, vuelva a ocurrir.

De acuerdo con Morgan Stanley, históricamente, las acciones de mercados de frontera en los 12 primeros meses del período de consulta -que para Argentina acaban de terminar-, los FM (Frontier Markets) obtienen en promedio un retorno relativo de +15% sobre los EM (Emerging Markets), rendimiento que sube a 38% en los 12 siguientes meses que van desde este anuncio a la implementación lo que para Argentina ocurrirá en 2019. Y en los seis meses siguientes, la performance de los mercados nuevos emergentes “cae” 18% con respecto a sus pares. Argentina hasta ahora demostró un desempeño peor.

En principio, las acciones más beneficiadas serán las que formen parte del MSCI Argentina Index. Hasta hoy, son 10: Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, YPF, Pampa Energía, Telecom Argentina, Grupo Supervielle, BBVA Banco Francés, Transportadora de Gas del Sur además de Globant y Adecoagro que no están listadas en la bolsa porteña. Morgan Stanley estima que el MSCI Argentina Index, con nueva categorización, pasaría a tener 12 integrantes ya que se sumarían Central Puerto, Loma Negra y Edenor y saldría Adecoagro.

Sea como sea, aun suponiendo que no se imponga la realidad de la mala perfomance de la economía, en principio, entrarían inversiones para comprar estos papeles por un máximo de US$ 10.000 M en el caso extremadamente optimista, muy poco para una economía a la que el FMI le presta cinco veces más y muchos creen que es poco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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Política Monetaria del BCRA

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/5/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/05/28/politica-monetaria-del-bcra/

 

¿Cuál es la política monetaria del BCRA? ¿Por qué no baja la inflación? ¿Qué rol juegan las metas de inflación? ¿Qué pasa con las Lebacs? La corrida cambiaria de hace unos días y la persistente alta inflación vuelve a traer la atención a estas preguntas.

La dinámica entre el Tesoro y el BCRA es, creo, bien conocida. De manera resumida, el Tesoro se endeuda en USD, el BCRA los compra con emisión monetaria. Luego el BCRA emite Lebacs para evitar que la emisión de pesos se traslade a inflación (vende las Lebacs a cambio de pesos en el mercado). Este es el llamado doble endeudamiento de la deuda del Tesoro. Los siguientes gráficos muestran los datos oficiales de deuda del Tesoro y el peso de pago de intereses (incluyendo intra-sector publico) sobre recaudación tributaria.

Deuda Publica

Intereses sobre Ingresos

Si el BCRA quita pesos de circulación luego de emitirlos para comprarle USD al Tesoro, ¿por qué, entonces, no baja la inflación? El motivo es que el aumento de los agregados monetarios luego de la emisión de Lebacs sigue en valores anuales que se ubican entre el 20% y 30%. La inflación, por lo tanto, se mantiene en valores similares. Llama la atención que tanto el BCRA como el gobierno insistan con que la inflación está bajando, cuando es claro en el segundo gráfico que hace meses que se encuentra estancada entre el 20% y el 25%. El gobierno podría argumentar que la inflación bajó (pasado) o que va a bajar (futuro), pero los datos no muestran que actualmente este bajando.

BM & M2

Inflacion (mensual)

El siguiente gráfico muestra los factores que explican cambios en la base monetaria (BM). El cambio neto lo muestra el diamante. El principal motivo por el cual se expande la BM es por compra de USD al Tesoro (en rojo). El principal motivo por el cual se reduce la expansión de BM es la emisión de Lebacs (Títulos del BCRA) (en verde). Luego vuelvo sobre el tema Lebacs.

BM (Factores)

¿Cuál es la lógica de la política monetaria, según la entiendo, del BCRA? La estrategia consiste en combinar la tasa de interés como instrumento de política monetaria con metas de inflación. Dado que el BCRA ve a al tasa de interés como el precio del dinero, al fijar la misma se endogeneiza la oferta de dinero. Al fijar la tasa, la oferta de dinero se vuelve horizontal, por lo que movimientos en la demanda de dinero producen cambios automáticos en la oferta de dinero. La oferta de dinero la fija (indirectamente) el mercado, no el BCRA. Supongamos que el BCRA fija la tasa de interés con un piso de 35% y un techo de 40%. Si la tasa comienza a bajar acercándose al 35%, entonces el BCRA retira pesos de circulación (emite Lebacs para subir la tasa). Si en cambio la tasa de interés comienza a subir, el BCRA “emite pesos” para comprar Lebacs haciendo que la tasa de interés baje. Es el mercado quien mueve la mano del BCRA.

Las metas de inflación cumplen (o deberían cumplir) el rol de anclar y reducir las expectativas de inflación. Si las expectativas de inflación bajan, entonces el ritmo de expansión de la oferta de dinero, que es endogena, automáticamente también se reduce. De allí que la independencia y credibilidad del BCRA sean fundamentales para reducir la inflación.

Esto ayuda a traer claridad sobre el controvertido cambio de metas en diciembre del 2017. Las metas de inflación las define Casa Rosada, no el BCRA. Que el banco central no determine sus propias metas es común en varios países con metas de inflación. Dado que la oferta de dinero, y por lo tanto la inflación, depende de las expectativas de mercado, es fundamental que las metas de inflación sean creíbles. Era claro que las metas anteriores no eran creíbles (tampoco lo son ahora). Subir las metas a valores razonables puede contribuir a volver a anclar las expectativas. El problema no fue, a mi juicio, el cambio de metas en sí, sino el cómo se cambiaron las metas. La imagen que quedó es la de un BCRA que pierde independencia y se somete a las preferencias políticas de la Casa Rosada. Esto hace perder credibilidad. El siguiente grafico muestra el impacto del anuncio de cambio de metas en las expectativas de inflación (linea vertical punteada) recolectadas en el REM (que no captura de manera completa la reciente corrida cambiaria).

Inflacion (REM)

Hay otras dos cuestiones a tener en cuenta con las metas de inflación y la tasa de interés como instrumento de política monetaria. En primer lugar, la tasa de interés no es el precio del dinero, es el precio del tiempo (crédito). De hecho, la tasa de interés ni siquiera es un fenómeno monetario. En una economía de trueque, por ejemplo, hay tasa de interés pero no hay dinero. El motivo por el cuál cambios en la cantidad de dinero afectan la tasa de interés es porque cambios en la oferta de dinero se realizan en el mercado de crédito (tiempo), y luego entran al mercado como dinero haciendo subir el nivel de precios (baja en el precio del dinero). Por lo tanto, la endogeneizacion de la oferta de dinero es un “loose joint”, dado que no es el precio del dinero lo que se está fijando.

En segundo lugar, puede ser que el BCRA se haya inspirado en algún caso excepcional pero no representativo del éxito de las de metas de inflación (Israel?). Sin embargo, al observar una muestra amplia de aplicación de casos de inflación se observa que (1) las metas de inflación son exitosas cuando se aplican luego de bajar la inflación (mantener la inflación baja, en lugar de bajarla), (2) bajar la inflación produce costos económicos y sociales, mejor reconocerlo que postergar y agrandar el problema, y (3) la baja de inflación fue un fenómeno global, no exclusivo ni mayor en los países con metas de inflación. Esta es la hipótesis de la “buena suerte”. Aumentos de productividad mayores a los normales es lo que explica la baja de inflación, no las metas de inflación.

Cuanto más tarde en bajar la inflación, más peso pueden sumar las propuestas de emigrar a una política de control de agregados monetarios. Dado que en definitiva la inflación depende de los agregados monetarios, esta política tendría un control más directo sobre la inflación. Sin embargo, hay trade-offs.

Al endogeneizar la oferta de dinero a las expectativas de inflación se reducen los efectos de una tasa de inflación distinta a la que esperan los agentes económicos. Esto reduce costos económicos y sociales, pero hace que la reducción de la inflación dependa la expectativa de inflación y credibilidad del BCRA. El uso de agregados monetarios puede ser menos preciso en este frente. El trade-off actual parece ser una tasa de inflación estable, alta y permanente (uso de tasa de interés) y una reducción errática de la inflación (uso de agregados monetarios). Las posturas de agregados monetarios no deben desecharse de entrada. No sólo ponen metas sobre la oferta de dinero, sino que la misma Reserva Federal utilizó agregados monetarios con Paul Volker para reducir una tasa de inflación significativamente inferior a la actual de Argentina. Puede ser preferible pagar los costos de bajar la inflación que pagar los costos de la inflación de manera indefinida. Los beneficios de la tasa de interés para bajar la inflación por el momento se mantienen en el ámbito teórico y no han pasado a mostrar claros efectos reales. Se podrá argumentar que hoy día es muy difícil encontrar un banco central que operen con metas de agregados monetarios. También es muy difícil encontrar hoy día bancos centrales que tengan que lidiar con la inflación que hay en Argentina. No es lo mismo preguntarse cuál es la política monetaria óptima sin inflación a preguntarse cuál es la política monetaria óptima para bajar la inflación.

Inflation (12M with Targets)

La política de emitir Lebacs en última instancia posterga (y potencialmente agranda) el problema inflacionario. Si el Tesoro se endeuda por 100USD a un tipo de cambio de 25ARS = 1USD, entonces el BCRA puede (1) emitir 2.500ARS y dejarlos en circulación, (2) emitir 2.500ARS y luego quitarlos de circulación emitiendo Lebacs por 2.500ARs con una tasa de interés del 40%, (3) no comprarle los USD al Tesoro y dejar que el peso se aprecie contra el USD cuando el Tesoro los vende en el mercado. En este sentido, el BCRA se encuentra en una situación imposible. Esta situación imposible es responsabilidad del Tesoro, no del BCRA.

Hay varios problemas con el escenario (2), que es la actual política del BCRA. Emitir Lebacs en definitiva es postergar, con intereses, la emisión de pesos. Llega un momento en que el volumen de Lebacs es tal que no es factible esperar que al demanda de dinero aumente lo suficientemente rápido para poder absorber el monto de pesos a emitir. Actualmente el monto de Lebacs es 1.13 veces la base monetaria.

El BCRA ve esta política como inofensiva dado que al aumento de Lebacs (pasivo) tiene como contrapartida un aumento de reservas (activo). Si el mercado no quiere Lebacs, el BCRA argumenta, puede entregar los dólares sin problema. A muchos este argumento no los termina de convencer. En cualquier balance, el aumento de pasivos tiene como contrapartida un aumento de activos (o una caída del patrimonio neto). Es obvio que si suben los pasivos suben los activos. Es obvio, por ejemplo, que si compro USD con mi tarjeta de crédito de manera exponencial mis pasivos aumentan a la par que mi tenencia de USD, sin embargo esta no es una práctica habitual. A menos que el peso se deprecie, eventualmente voy a tener problemas con mi tarjeta de crédito. No es muy distinto con el BCRA. Tampoco hay que olvidar que las reservas provienen, a su vez, de deuda del Tesoro, no de lluvia de inversiones. Si el BCRA cancela las Lebacs con USD, aun queda flotando la deuda del Tesoro. ¿Cómo va hacer el Tesoro para adquirir los USD al momento de repagar la deuda? ¿A quién se los va a comprar? ¿A qué tipo de cambio? Salvo que creamos que Argentina puede emitir deuda de manera indefinida, esta es también una situación a tener en cuenta, dado que la caída de reservas del BCRA eventualmente puede ser visto como un problema de solvencia del Tesoro.

La política de las Lebacs camina sobre terreno peligroso dado que se da en un contexto de alta inflación. Esto quiere decir que no hay demanda de dinero (atesoramiento). Esto es importante dado que el motivo por el cual los agentes económicos adquieren pesos no es para atesorarlos, sino para invertirlos en Lebacs. Esto genera dos problemas. En primer lugar, para mantener el efecto de esta política es necesario que la tasa de interés se ubique por encima de la depreciación esperada del peso. Es decir, producir la famosa bicicleta financiera.

Esto también quiere decir que si bien técnicamente hablando el tipo de cambio es (o mejor dicho, ¿era?) libre dado que el BCRA no intervenía en el mercado de cambios, sí hay un efecto indirecto. Al elevar la tasa de interés se corre la curva de demanda de dinero. En los hechos, el tipo de cambio no es libre. Esto contribuye a atrasar el tipo de cambio. Lo cual contribuye a generar las expectativas de que eventualmente el tipo de cambio va a pegar un salto motivando a los inversores a eventualmente liquidar sus posiciones de Lebacs. No debemos autoconfundirnos sosteniendo que porque el tipo de cambio es libre en términos técnicos no hay un efecto indirecto sobre el mismo.

El segundo problema es que al no haber demanda de pesos, quien desarma una posición de Lebacs se va a USD, no a pesos. Ese era el temor del pasado súper-martes. Si bien el BCRA insiste que la emisión de Lebacs no es problemática dado que suben las reservas como contrapartida, en los hechos se comporta bastante preocupado. Elevó (o permitió que suba) la tasa de interés (recordemos que es su instrumento de política monetaria) al 40% luego de dos reuniones del comité de política monetaria fuera de agenda. Tuvo que poner (y dejar hasta el día de hoy) sobre la mesa de cambios una oferta de 5000 millones de USD para convencer al mercado de que el tipo de cambio no iba a subir (siguiente gráfico), y que por lo tanto convenía quedarse con el 40% de tasas de las Lebacs. Y ya comenzó, también, a operar en el mercado de swaps ofreciendo Lebacs de vencimiento de más largo plazo a cambio de Lebacs con vencimiento de más corto plazo. También hizo saber que la tasa nominal del 40% (real del 15% aprox.) se va a mantener en el corto/mediano plazo.

TC

Este escenario se da a la par de una inflación que no muestra claros signos a la baja, una economía débil (el EMAE y el IGA muestran signos de desaceleración), un déficit fiscal que sigue en niveles insostenibles y una presión fiscal asfixiante. Este es un contexto preocupante que se contrasta con el triunfalismo que el gobierno dejó mostrar en los últimos días.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La gran falacia del “ajuste necesario”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/14/la-gran-falacia-del-ajuste-necesario/

 

Los conservadores argentinos, debido a su proverbial desconocimiento de cómo funciona el mercado natural, insisten en falacias y recomendaciones que convienen al “establishment” pero que perjudicarían severamente al país. Claramente buscan conservar los privilegios: los oligopolios, como el financiero, y prebendas como crédito barato apalancado desde el Estado, etc.

La primera falacia es la de la “herencia recibida”. Sin dudas, Macri recibió un país en pésima situación en todos los órdenes, no solo en economía. Pero esto no justifica la caída en el PIB del 2.3% que ocurrió en 2016, según datos oficiales. El nivel que dejó el gobierno anterior es un piso desde el que Argentina debió levantarse inmediatamente de haber seguido -aunque sea un gradual y lento- camino hacia una economía de mercado.

Lo bueno -la tendencia hacia una economía de mercado natural- solo puede tener resultados buenos, es simple lógica, y la lógica es una ciencia. Por caso, aunque al sector agropecuario se le redujeron -reales- solo en 25% los impuestos a la exportación –“retenciones”-, y a pesar de que parte de este alivio se esfumó debido a la inflación y otros aumentos, aun así, el sector creció notoriamente, en tiempo real, a tal punto que produjo una catarata refleja que significó que la venta de maquinaria agrícola creciera 27% en 2016, respecto de 2015.

Queda claro, que si el resto de la economía cayó fue sencillamente porque no solo que no se aplicaron medidas -ni “gradualistas” ni de ninguna especie- promercado, sino todo lo contrario: aumentó la presión fiscal total y el peso -en general- del Estado sobre el sector privado.

La segunda gran falacia de los conservadores -a los que ahora se suma el FMI- es que es necesario un “ajuste” -que sería “doloroso”- para llegar a una economía sana. Esto es falso de toda falsedad, es incoherente, ofende a la lógica – ¿lo malo trae bueno? – y es extremadamente peligroso porque provocaría el rechazo frontal de la sociedad que terminaría apoyando políticas más estatistas, de izquierda o de derecha.

El torpe “caballito de batalla” de los conservadores es que todos los males de la economía parten del déficit fiscal. Y, entonces, aseguran que la primera y fundamental medida del gobierno debe ser recortar el gasto. Proponiendo, básicamente, el despido de empleados y la baja en los montos de las pensiones. El despido en estas circunstancias provocaría un aumento del desempleo y una caída del salario real, y la baja de las jubilaciones una gran injusticia, sin que se produjera un mejoramiento inmediato de la economía nacional.

La realidad es muy distinta. El problema no es el déficit fiscal en sí mismo sino el modo como se financia, ya que, si se financia con exagerada emisión monetaria o con endeudamiento o con suba de impuestos, la economía cae como ha venido sucediendo.

La solución del mercado natural a la situación actual es la siguiente. El déficit del Estado argentino ronda los US$ 23.000 millones anuales. Lo primero que debe hacerse es empezar a desregular toda la economía de modo que se expanda aumentando la recaudación sin subir la presión fiscal y, por ende, disminuyendo el déficit. El resto puede solventarse fácilmente con privatizaciones y venta de propiedades estatales por varios años.

Para que las privatizaciones sean políticamente viables hay que adoptar tres criterios: primero, vender propiedades de bajo impacto en la opinión pública (el gobierno ya vendió algunas por un monto que ronda los US$ 300 millones y nadie se alteró). Segundo, realizar una campaña de difusión que explique con honestidad cuál es la situación. Y tercero, privatizar de manera “popular” al estilo de Margaret Thatcher.

Por ejemplo, supongamos que la petrolera estatal -YPF- vale unos US$ 10.000 millones. Se pueden emitir 10 millones de acciones por valor de US$ 1000 cada una y pagar a empleados públicos y proveedores del Estado -que voluntariamente acepten- con esas acciones.

Una vez compensado el déficit de modo genuino, al bajar la inflación y el endeudamiento estatal, el PIB crecerá, ahora sí, genuinamente (no como en 2017). Durante ese tiempo debe desregularse aún más toda actividad económica liberando la creatividad del mercado. Y, fundamentalmente, como se hizo en los EE.UU., se debe desregular completamente la actividad sindical de modo de quitarle la fuerza política y convertir a los sindicatos en meras mutuales de ayuda al obrero.

Ahora sí, pueden eliminarse las leyes laborales y esto sumado al crecimiento genuino de la economía provocará un aumento en la demanda privada de mano de obra absorbiendo naturalmente -sin despidos- a los empelados públicos. Y entonces podrá reducirse sustancialmente la carga fiscal, potenciando aún más el crecimiento de la economía lo que debería aprovecharse para desregular -y privatizar- completamente el sistema de pensiones.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

En Argentina se consolida el populismo caviar

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/18 en: https://elnuevodiario.com.do/en-argentina-se-consolida-el-populismo-caviar/

 

En abril de 2016 escribí una columna titulada “¿Es Macri más populista que Evo?” y, aunque Usted no lo crea, más allá de los discursos intrascendentes y los amigos “conservadores”, en los hechos es realmente más populista, demostrando hasta qué punto un discurso puede confundir a mucha gente.

Evo tuvo -y mantiene- un discurso populista y un inicio estatista que se manifestó, por ejemplo, en la nacionalización de empresas de hidrocarburos, mineras, eléctricas y de servicios. Macri mantiene estatizadas casi las mismas empresas. Pero Evo se moderó y convive con el sector privado. Macri, en cambio, tuvo un discurso “pro mercado”, pero ha fortalecido y agrandado al Estado, sobre todo si sumamos obra pública. Bolivia creció en los últimos 12 años y en 2015 su PIB avanzó 5,5%, 4,3% en 2016 y 3,8% en 2017.

En Argentina la presión impositiva solamente -habría que agregarle la desbocada inflación y las altas tasas de interés- supera bien al 34% del PIB y en ascenso, debido al descontrolado gasto estatal, mientras que en Bolivia es del 28% con una inflación mucho menor. En 2016 y 2017, la deuda pública argentina nacional subió en US$ 80.269 millones, equivalente al 15% del PIB, con lo que se habría logrado un “crecimiento” -inflado, en rigor- de la economía de solo 0,6%. (-2,3% en 2016 y 2,9% en 2017)

Como era previsible -y lo he señalado en innumerables artículos- en estos días se ha desatado una crisis terminal, sino fuera que siempre hay interesados en sostener a los populismos, que ha sido tapa de muchos diarios. Por caso, el Financial Times publicó una nota: “¿Argentina es un caso excepcional?”. Como dice Warren Buffet, “Nunca se sabe quién nada desnudo hasta que baja la marea” y la marea financiera se ha retirado debido a la solidez del dólar impulsada por la suba de las tasas de interés en EE.UU., descubriendo la extrema debilidad de la economía argentina.

Señala el Financial Times que “En una semana, el banco central argentino destinó US$ 5000 millones -el 10% de sus reservas en moneda extranjera- y decretó tres alzas de tasas en un intento por detener el derrumbe del peso… es probable que la decisión de subir su tasa oficial… al insostenible nivel de 40% intensifique el pánico…”. Imagínese, ¡tasas de interés al 40%! No existe sistema productivo privado que pueda soportar eso.

Claramente la política fiscal argentina -los impuestos y las tasas- es confiscatoria y ante esta realidad los capitales, sobre todo extranjeros, están escapando raudamente al punto que la Bolsa de Buenos Aires cayó más de 10% en pocos días.

Por cierto, ante los hechos que desmienten un acercamiento a la economía de mercado, Macri con un discurso engañoso ha logrado instalar la idea de que la suya es una política “gradualista” y que por tanto hay que tener paciencia hasta ver los resultados. Si su política fuera realmente “gradualista” y se hicieran avances hacia una economía “pro mercado” los resultados positivos deberían verse.

Pero en lugar de reconocer que su populismo caviar ha fracasado definitivamente y que ya no tiene dinero para seguir financiándolo -ni nadie que quiera prestarle, a tasas razonables- aparece el salvataje del FMI, que se dedica precisamente a ello: a salvar insalvables, total que los burócratas de este organismo multi estatal no arriesgan su propio dinero, sino que son los ciudadanos de los países miembros los que aportan los fondos por vía impositiva.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El tema de la semana: la suba de tarifas

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/4/18 en: https://www.portfoliopersonal.com/Research/Noticia/7020

 

El gobierno de Macri se ha visto complicado en las últimas semanas por el problema del ajuste de tarifas. La quita de subsidios que lleva a un incremento en el precio que deben pagarse por estos servicios ha mostrado cierto hartazgo en la opinión pública. Lamentablemente, la oposición se ha visto más inclinada a utilizar este descontento con fines políticos que ha ofrecer soluciones de fondo.

El atraso tarifario es unas de las herencias más costosas que el kirchnerismo le ha dejado a Cambiemos. Es, también, un problema muy pobremente explicado por Cambiemos. Una cosa es entender que al no ajustarse las tarifas de los servicios públicos las mismas deban ser subsidiadas y eventualmente tendrán que ser corregidas. Otra cosa es tener una comprensión de la dimensión y alcance del problema. Cambiemos parece funcionar bajo la ilusión que entender un problema es lo mismo que ser consciente del tamaño del mismo. Es por este motivo que en el cambio de gobierno varios economistas insistían con que se explique en detalle y de forma accesible lo heredado de la gestión K.

Que las tarifas deben ser actualizadas no debería ser tema de discusión. Cuando se fijan precios por debajo de sus valores de equilibrio se generan tres problemas: (1) se produce un faltante de recursos, que se traduce en importaciones y perdida de reservas, (2) se enfrentan otros costos como cortes de energía, servicios de baja calidad, etc. y (3) se facilita la corrupción, donde el funcionario de turno tiene el poder elegir a quien asignar la energía a cambio, por ejemplo, de contribuciones a campañas políticas. La discusión política debería centrarse en cómo ajustar las tarifas y no en si deben o no ajustarse sus valores.

Hay dos motivos por los cuales el aumento de tarifas de niveles irrisoriamente bajos (aunque no en todo el país) a valores razonables ha generado descontento.

En primer lugar, el gobierno no se ha preocupado por explicar la necesidad y el alcance de los ajustes. Las explicaciones de Cambiemos son tardías, poco claras, y terminan sonando a excusa política. Si hay algún tema que amerita una conferencia de prensa o cadena nacional para informar a la opinión pública de problema serios es justamente el ajuste de tarifas. El timbreo y los posts en Facebook y Twitter no alcanzan. Hay que tener en cuenta que hay una generación que nunca ha pagado tarifas razonables. El ajuste que se les pide no es parte de su experiencia de vida. Recordar que hace 15 años se pagaban valores mayores de tarifas poca relevancia tiene para el ánimo presente de la opinión pública.

En segundo lugar, un entendible descontento de la opinión pública con la situación económica. La lluvia esperada de inversiones no ha llegado. La inflación está estancada hace ya varios meses en valores similares a los del gobierno kirchnerista. La presión fiscal sigue estando al límite. Ante este escenario, el gobierno pide a la población que se ajuste aún más mientras al gasto público se lo trata como un bien sagrado. En concreto, mientras a quien apenas llega a fin de mes se le pide que de algún manera pague el aumento de tarifas, el gobierno extiende subsidios a piqueteros. Cambiemos erosiona su propia autoridad moral de pedir repetidamente ajuste al contribuyente mientras el gasto público recibe un trato preferencial. El trato que los legisladores han dado al tema del cambio en efectivo libre de impuestos pasajes de avión es un ejemplo de este problema.

Para que el aumento de tarifas sea soportable para la población, es necesario liberarle recursos por otro lado. Como se viene sugiriendo hace tiempo, una opción es reducir la pesada carga impositiva atada a las tarifas. Quizás algunas de estas tasas sean necesarias y razonables, pero muy difícilmente lo sean en su conjunto. ¿Dónde tiene su mente Cambiemos, si una alternativa que sólo requiere de sentido común se las ha pasado por alto? Ciertamente puede ser difícil bajar varios de estos impuestos dado que no son nacionales, pero nada impide a Cambiemos bajar impuestos bajo su jurisdicción como el impuesto el cheque o IVA.

El tema de las tarifas es, en definitiva, síntoma del problema de fondo, un nivel de gasto público insostenible y nivel de déficit fiscal que debería preocupar más. El gradualismo que ha elegido el gobierno funciona si la opinión pública está dispuesta a recibir malas noticias de manera repetida. Para ello, es necesario que el gobierno no escape a explicar las medidas tomadas. Al no informar de manera clara a la población la dimensión del problema, a la par que la dirigencia política continúa con gastos innecesarios, se perpetúa la ilusión K de que Argentina tiene un nivel de ingresos y recursos mayores a los reales.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El impacto colateral de la guerra EE.UU. con China

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 10/4/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/04/10/el-impacto-colateral-de-la-guerra-ee-uu-con-china/

 

Los políticos suelen ser voluntaristas. Así, Macri dijo que espera que la visita de Rajoy “ayude a convencer a los españoles… de que… no van a encontrar… un país que los reciba con tanto afecto”. ¿Afecto? Los capitales no se mueven por afecto, sino por eficiencia, gracias a Dios, de otro modo se perderían, se perdería el trabajo de todas las personas que intervinieron para juntar esos fondos. Los afectos son para cosas más importantes que el dinero.

El año pasado Macri fue recibido en España, precisamente, con mucho afecto… pero los capitales nunca llegaron, por suerte, ya que hubieran sido malgastados dado que, más allá de algunos sectores apalancados por el gobierno como la construcción -a un costo exorbitante que en su momento habrá que pagar-, el resto no es atractivo debido al “costo argentino” empezando por la carga fiscal.

Por caso, según la fundación Pro Tejer, una remera por la que el consumidor paga $ 100, tiene un costo de fábrica de solo $ 8.50, un 50.3% son impuestos, 9% se va en logística y comercialización, 12.2% se lo llevan los bancos, 12.7% se destina a alquileres, 4.8% es la rentabilidad de la marca y el 2.5% se va en publicidad y diseño. Este costo fiscal exorbitante explica que, en los shoppings, el 70% de la ropa sea importada. Claramente no conviene producir localmente y, por tanto, tampoco invertir.

El gobierno dice que la presión fiscal baja. Pero eso no se condice con la recaudación que, por ejemplo, en marzo aumentó 37% -exceptuado el efecto del blanqueo de 2017- respecto del mismo mes del año anterior, superando a la inflación -en torno al 25%- sumada al crecimiento del 4% anualizado, en el primer trimestre, según desliza el oficialismo.

Al mismo tiempo, confundiendo a la opinión pública, el oficialismo argumenta que este aumento de la recaudación se debe a la reactivación. A ver, el aumento está justificado sobre todo por el IVA Impositivo que creció 57.3%, contra marzo del año pasado, gracias a los dibujos ya que, parte de la percepción de “combustibles” y otras alícuotas, se computaron como IVA con lo que se agregaron unos 7 puntos.

Por cierto, aumentar las barreras aduaneras para que entren menos productos importados sería contraproducente y, entre otras cosas, presionaría hacia un aumento de la “inflación”, el IPC, al sustituir importados por productos nacionales más caros. Y la cosa no está para bromas. La “inflación” núcleo se disparó en marzo y podría llegar al 2.8% en CABA por encima del nivel general del 2.35%, según FIEL.

Y en esto podría impactar la guerra comercial entre China y EE.UU., bajando los precios en Argentina a costa de aumentar las importaciones. Trump está asustado porque el déficit comercial con China creció el año pasado 8%, hasta los US$ 375.200 M. Aunque Beijing tiene otra versión: el superávit con EE.UU. es de US$ 275.810 M, un récord pero menor (en US$ 100.000 M) a lo calculado por Washington. El comercio con la primera potencia mundial generó el 65% del superávit comercial chino global.

 

Así, Trump ha empezado su guerra comercial contra China, pero sin toda la artillería. Según Standard & Poor´s, los aranceles que aplicaría EE.UU. afectarían al 12% de los productos chinos, con lo que suena más a una estrategia negociadora cuyo objetivo es reducir el déficit en US$ 100.000 M. Beijing contraataca donde puede hacer más daño. La agricultura generó más de 19.000 M en exportaciones hacia China en 2017. La segunda mayor partida son aviones comerciales, con 16.260 M, seguida por los automóviles, con 10.500 M. Estas tres categorías serían aranceladas por China en caso de que Trump acabe por oficializar esta nueva ronda de aranceles contra productos de alta tecnología chinos.

Así las cosas, el riesgo real de una guerra comercial es bajo y con poco impacto en Argentina, pero podría derivar hacia otro lado. Según Bloomberg, el gigante asiático no descartaría una futura devaluación del yuan lo que impulsaría la exportación, aunque también conllevaría otros riesgos. Entre ellos, estarían los relacionados con el pago de la deuda de las empresas locales y sus efectos devastadores en los mercados, como sucedió en el verano de 2015 y, además, alimentaría una respuesta más dura por parte de las autoridades estadounidenses.

Beijing, que había devaluado el yuan en varias ocasiones durante 2015 y 2016, se comprometió a no utilizar la guerra cambiaria. Pero desde la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU., el yuan acumula una subida del 9% contra el dólar.

En fin, si resulta cierto, como informa Bloomberg, que las autoridades chinas estarían analizando el efecto del uso de la divisa como herramienta de negociación con EE.UU. y las implicaciones futuras de la devaluación de la moneda ante cualquier impacto comercial, lo cierto es que una devaluación del yuan contra un peso -ya sobrevaluado- provocaría una mayor inyección de productos chinos en Argentina.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Ese diabólico “neoliberalismo”

Por Gabriel Boragina Publicado el 1/4/18 en:   http://www.accionhumana.com/2018/03/ese-diabolico-neoliberalismo.html

 

 

Abordo nuevamente el examen de la voz “neoliberalismo” porque parece ser que otra vez se ha puesto de moda entre nosotros, y que persisten las confusiones en cuanto a su sentido correcto. Me veré obligado a citarme a mí mismo en algunos pasajes de esta exposición, para poder tener un mejor panorama del tema, ya que lo he explicado varias veces y, en este caso, es importante la reiteración.

Es de notar que, el término es empleado -mayoritariamente- por los enemigos declarados o no ostensibles del liberalismo. Los liberales tenemos en claro que el “neoliberalismo” no es liberalismo.

“Los antiliberales usan como sinónimos las palabras *liberalismo* y *neoliberalismo*. Pero en realidad, estas dos palabras no significan lo mismo. Esto se revela cuando se le pide al antiliberal que describa lo que según él es el *neoliberalismo*. Entonces citan como ejemplo países con monopolios, impuestos altos, salarios bajos, desempleo, elevado gasto público, inflación, etc. Sin embargo, todas estas cosas no son fruto del liberalismo sino de su contrario del antiliberalismo. Y es curiosamente al antiliberalismo al que se le llama *neoliberalismo*, con lo cual la confusión que tienen los antiliberales es mayor todavía, porque no se reconocen como culpables de las políticas que propician, ni de los resultados que ellas producen, que no son más que los nombrados antes en parte.”[1]

“Neoliberalismo” es pues -en definitiva- antiliberalismo.

En la cita que sigue tenemos un ejemplo de un desconocedor, tanto de liberalismo como del “neoliberalismo”. Veamos lo que dice:

“Si dejáramos a la sociedad a su suerte, sin nadie que planifique y dirija, tal vez llegáramos a la sociedad perfecta del neoliberalismo, pero creemos más bien que la entropía sería cada vez mayor.”[2]

El “neoliberalismo” no deja “a la sociedad a su suerte” sino todo lo contrario: interviene en la misma, la planifica y la dirige. Es decir, la cita llama “neoliberalismo” a las consecuencias prácticas del estatismo o dirigismo (contrarios al liberalismo). Demuestra ignorar mucho. Sobre todo, que, en el liberalismo, la sociedad -en rigor- no existe, sino que hay individuos que actúan en su nombre. Estos individuos (todos nosotros, incluyendo el autor criticado) son los que planifican y dirigen, no a la “sociedad” en sí misma, sino esas personas a cada una de sus propias vidas particulares, las que -en conjunto- simplemente denominamos “sociedad”. El liberalismo no aspira a una sociedad *perfecta*, toda vez que la perfección es ajena a lo humano. Desea una sociedad cada vez más justa, más abundante y rica en bienes y servicios para todos, gozando de liberad para producir lo que cada uno quiera, y para desempeñarse en lo que se encuentre más capacitado, enriqueciendo a sus semejantes para prosperar el mismo. Este es uno de los objetivos del liberalismo.

“A los partidarios del mercado libre nos acusan con asiduidad de defender al “neoliberalismo“. Vaya uno a saber “qué cosa” podría ser para nuestros detractores el famoso “neoliberalismo”, que -en rigor- no pasa de ser un término peyorativo que usan todos los que no saben nada del verdadero liberalismo, excepto que esta última palabra no les gusta.

Cuando se piden “ejemplos” de “neoliberalismo” se suelen citar países con altos impuestos; monopolios de diverso calibre pero, habitualmente, en manos privadas por decreto o por ley nacional; desempleo; estímulos a las exportaciones; endeudamiento público (en rigor, estatal) y privado y, muy en general, a las políticas económicas seguidas -con desemejantes variantes y grados- en EEUU y Gran Bretaña, y en otras naciones latinoamericanas, durante las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX, según los casos. Pues bien, si es a esto lo que se considera “neoliberalismo” ha de saberse que -en lo personal- no soy defensor del “neoliberalismo”.[3]

El instrumento favorito del “neoliberalismo” es la suba de impuestos, con la excusa de ser el “único” medio disponible para reducir el déficit fiscal. A esto se le llama el “ajuste neoliberal”. En tanto, el liberalismo -en cambio- enseña que (por el contrario) los impuestos deben comprimirse, a la par de la baja del gasto público.

“En realidad, las políticas económicas mencionadas anteriormente y que se atribuyen al “neoliberalismo“ no son otra cosa que lo que Ludwig von Mises (y con él la Escuela Austriaca de Economía habitualmente) designó con el nombre de intervencionismo, también llamado otras veces sistema “mixto”, “hibrido”, “dual”, “intermedio”, etc. que -en definitiva- poco o nada tienen que ver ni con el verdadero liberalismo ni con el capitalismo que, como hemos señalado en otras oportunidades, constituye este último “el anverso” económico de “la moneda” del liberalismo. No han faltado tampoco quienes han rotulado aquellas políticas con el nombre de mercantilismo, que -en resumidas cuentas- no viene a ser, a nuestro modo de ver, más que una especie del intervencionismo.

Tal ya se ha explicado, como corriente filosófica, moral, política o económica el “neo-liberalismo” no existe. Y el empleo de dicho término a nada conduce, si lo que se pretende con el mismo es atacar al liberalismo, habida cuenta que este último nada tiene en común con aquel. En el mejor de los casos, el “neoliberalismo” podría entenderse como un periodo de transición de una economía socialista a otra economía de tipo liberal/capitalista. Pero en la medida que la transición se detenga y no se opere, el “neoliberalismo” no obtendrá resultados diferentes a los que consigue el intervencionismo. El llamado “neoliberalismo” sólo tendría razón de ser si su meta es llegar al liberalismo y no en ningún otro caso.”[4]

Es preferible -en doctrina correcta- continuar usando las frases estatismo, intervencionismo, dirigismo, colectivismo, socialdemocracia, populismo, etc. y no “neoliberalismo”, ya que aquellas expresiones reflejan mucho mejor que este último lo que se quiere representar con él (las tremendas consecuencias ineludibles de aquellos sistemas).

El vocablo “neoliberalismo” sirve también para estos otros propósitos:

  1. Busca desprestigiar al verdadero liberalismo, atribuyéndole los fracasos de las políticas estatistas.
  2. Enmascara los magros resultados de estas políticas, recubriéndolas con un nombre distinto (“neoliberalismo”). Cuando los gobiernos socialistas fracasan o colapsan (como irremediablemente -a la larga o a la corta- termina siempre sucediendo) inmediatamente culpan de ello al “neoliberalismo”. Cuando -según sus particulares parámetros- obtienen algún “logro” lo atribuyen al socialismo que practican. Pero ambas terminologías traducen el mismo significado: el gobierno interfiriendo en los asuntos particulares, económicos y no económicos.
  3. Es una palabra cómoda para los estatistas de todo signo (izquierda, centro o derecha) para eludir sus sentimientos de culpa por sus yerros.

[1] http://www.accionhumana.com/2015/04/liberalismo-mano-invisible-y-mercados.html

[2] Javier Bellina de los Heros – memoriasdeofeo.blogspot.com

[3] http://www.accionhumana.com/2015/02/economia-neoliberalismo-y-capitalismo.html

[4] Ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Educación, gasto e incentivos

Por Gabriel Boragina Publicado en: http://www.accionhumana.com/2018/02/educacion-gasto-e-incentivos.html

 

“Como todos los años, el inicio del ciclo lectivo aparece condicionado por la amenaza de paros docentes. Si bien la situación es diversa según la provincia, es altamente probable que para la mayoría de los alumnos el comienzo de las clases no sea dentro de las fechas previstas. En el caso de la provincia de Buenos Aires, el distrito que por su tamaño tiene incidencia en el resto del país, la oferta del gobierno se integra por una recomposición salarial en línea con la meta de inflación del año 2018 más un adicional por presentismo.”[1]

El problema de fondo -como tantas veces hemos insistido- es la educación estatal (mal llamada “pública”, porque, en realidad, es restrictiva y coercitiva). Los artilugios salariales no han solucionado nunca el problema educativo estatal y, recurrentemente, desde hace décadas la situación que describe el informe se viene repitiendo, al tiempo que las recetas de su posible solución siguen siendo las que el mismo informe sugiere, las que ya se han ensayado, una y otra vez, a lo largo de una extensa experiencia histórica en materia educativa.  La educación estatal presenta un problema doble: tanto de incentivos como de desfinanciamiento. Por un lado, el hecho de estar amparado el maestro estatal por el régimen de la estabilidad del empleado público le asegura que su nivel de “eficiencia” en su desempeño será del todo irrelevante a los fines de continuar percibiendo su estipendio por brindar un servicio malo y de pobrísima “calidad”. Por otro lado, al no estar sujeto a la competencia del mercado, el maestro o profesor estatal carecen de estímulos para mejorar y desarrollar sus posibles “potencialidades” en la enseñanza.

“El presentismo es una herramienta rudimentaria y polémica. Se justifica cuando hay un uso abusivo de licencias por enfermedad debido a la permisividad de las normas y de los sistemas de control. Pero si las tasas de ausentismo docente fueran similares al resto de los trabajadores el pago por cumplir con la obligación de ir a trabajar no es necesario.”[2]

El “presentismo” no tiene ninguna razón de ser, excepto en un esquema de ineficiencia económica como es el estatal en todos los órdenes que se examinen. Se supone que, cuando se contrata un empleado se le paga lo que acordaron libremente las partes, y que cada una recibe lo pretendido. Pero, en el marco de un acuerdo privado es totalmente válido convenir algún adicional, bonificaciones o premios. Lo que no es tolerable es hacerlo en el ámbito del empleo público, porque con lo que se está “negociando” es con los recursos del contribuyente, es decir, el de todos aquellos padres que envían a sus hijos tanto a escuelas del estado como a las “privadas”. Por otro lado, es un despropósito otorgar premios por presentarse a trabajar. Esto tiene sentido cuando la recompensa es por aumento de productividad, lo que nunca puede producirse en la esfera del área estatal en ningún campo.

“Resulta muy sugerente que ninguna provincia publique información sobre presentismo en educación. De todas formas, con datos del Ministerio de Educación de la Nación se puede hacer una aproximación. Según esta fuente, tomando a todas las escuelas primarias del Estado del país entre el 2004 y el 2015 se observa que:

* La cantidad de alumnos matriculados bajó desde 3,66 a 3,31 millones de niños, es decir, hay 350 mil niños matriculados menos.

* La cantidad de cargos docentes frente a alumnos subió desde 244 mil a 285 mil cargos, es decir, hay 41 mil cargos docentes más.

*  Esto significa que la cantidad de alumnos por cargo docente bajó de 15,0 a 11,6.

“Estos datos muestran que las escuelas primarias del Estado tienen cada vez más docentes y menos alumnos. La reducción de la matrícula en las escuelas estatales no es fruto de la deserción escolar (que en primaria es baja), sino de la fuga de los padres hacia las escuelas privadas. Prueba de ello es que en el mismo período la matricula en escuelas privadas subió de 982 mil a 1,24 millones de niños. Estas tendencias sugieren que el ausentismo en las escuelas del Estado es alto y que esto es percibido por las familias que optan por migrar hacia las escuelas privadas. En tanto, se siguen creando cargos en el Estado hasta llegar a la irracionalidad de crearse un nuevo cargo docente por cada 8 niños que dejan las escuelas estatales.” [3]

Variaciones en la matrícula y cargos docentes en escuelas primarias del Estado

2004 – 2015

La circunstancia de que cada vez haya más “docentes” (es una forma benévola de llamarlos) estatales y menos alumnos está indicando a las claras que se están destinando mayores dosis de recursos al área estatal educativa. Esto significa (en términos lisos y llenos) que el sector privado educativo tiene -en esa misma o mayor proporción- menos fondos. Porque, lo que pocas veces se menciona en estos análisis, es que -como explicaba el profesor Ludwig von Mises- por cada centavo que el gobierno gasta significa que hay un centavo menos para gastar por parte del ciudadano de a pie. En otras palabras, se produce un proceso de desinversión en el área educativa privada, y muchos proyectos de padres orientados a financiar escuelas y centros educativos particulares se ven frustrados por la intromisión estatal en el área.

Este es el verdadero problema, que no se cita en el informe ni en muchos otros. El “presentismo” educativo es un incentivo a la vagancia, y a posteriores reclamos por los consabidos “derechos adquiridos” y las falsas “conquistas sociales” que siempre esgrimen los sindicalistas que, amparados por privilegios y prebendas como la legislación fascista de la “personería gremial”, se permiten extorsionar a los gobiernos para que succionen más recursos de los contribuyentes, vía impuestos y otras estratagemas y artilugios legales, con tal de ver sus ingresos y arcas sindicales y las de sus afiliados y seguidores cada vez más rebosantes, frente a las más lánguidas de los castigados contribuyentes.

No hay que premiar el “presentismo”, sino que hay que castigar el ausentismo de manera ejemplar, con inapelables descuentos de haberes por incumplimientos a las pautas contractuales.

[1] IDESA: “DISMINUYE LA MATRICULA, PERO AUMENTA EL PLANTEL DOCENTE” informe del 25 de febrero de 2018 – Número 745

[2] IDESA, ibidem.

[3] IDESA, ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 17/1/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Que-proponen-los-libertarios-y-por-que-habria-que-escucharlos-20180116-0099.html

 

Libertarios en la Argentina ha habido siempre. En su historia habrá que retroceder al menos unas cuantas décadas para ver que en los años 1950 Alberto Benegas Lynch padre fundaba, junto a algunos empresarios, el Centro para la Difusión de la Economía Libre, luego llamado Centro de Estudios para la Libertad. En estos centros se ofrecieron conferencias y publicaciones de libros de variados autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner o Murray Rothbard. Quizás haya algún lector que recuerde las seis conferencias multitudinarias de Mises en la UBA en 1959. Desde ya que la diferencia entre un liberal como Hayek y un libertario como Rothbard, fue siempre motivo de disputas internas entre libertarios, pero hoy no nos vamos a detener en ello. Más bien, los tomaremos como compañeros de camino.

La posta la tomó su hijo Alberto Benegas Lynch (h), hoy Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, quien fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), creando los primeros posgrados en Argentina. En sus cuatro Maestrías en Economía y Ciencias Políticas, Economía y Administración de Empresas, Derecho Empresario y Activos Financieros, los alumnos recibían los fundamentos para defender la libertad individual, la propiedad privada, la economía de mercado y el gobierno limitado, además de los conocimientos específicos de cada programa.

Muchos de estos alumnos a su vez, formaron numerosas fundaciones e institutos pro mercado en distintas provincias, que como efecto cascada formaron a miles de jóvenes en las ideas de la libertad. Estos jóvenes hoy quizás no son docentes o académicos prestigiosos (aunque algunos lo son, como el Dr. Eduardo Stordeur o el Dr. Nicolás Cachanosky), pero lideran y gerencian distintos departamentos de las principales compañías del país.

Martín Krause lo sucedió a Alberto Benegas Lynch (h) como Rector de este Instituto Universitario, donde también pasaron excelentes docentes como Juan Carlos y Roberto Cachanosky, Gabriel Zanotti, Enrique Aguilar, Gustavo Matta y Trejo o Ricardo Manuel Rojas (sin ánimo de ser exhaustivo).

¿Qué proponen los libertarios para esta Argentina? En una Argentina donde ya no podemos pensar la educación, la salud, las jubilaciones y pensiones, el cuidado del medio ambiente o la administración de la moneda y los bancos sin el ente gubernamental como principal regulador, los libertarios proponen un debate necesario. Repensar una Argentina en la que podamos prescindir del Estado. Aspiran a que cada argentino pueda pagar su propia educación y la de sus hijos; que pueda cubrir sus costos sanitarios; que pueda elegir cómo y cuándo jubilarse y que su pensión dependa de los montos y años de aporte. Proponen, en definitiva, libertad y responsabilidad, para terminar con la “estatolatría” donde el Dios Estado es el que ofrece empleo y garantiza seguridad social porque, de hecho, jamás ha garantizado otra cosa que pobreza. Repensar una Argentina donde este flagelo sea gradualmente erradicado a través del mercado, como viene ocurriendo en gran parte del mundo, incluidas China y la India (ver El Gran Escape de Angus Deaton). Donde la libertad de empresa y la iniciativa privada sean el motor del empleo genuino, de la innovación, de la creatividad y de las oportunidades para alcanzar una vida mejor. Donde la igualdad que importa es “ante la ley”.

En una Argentina donde la policía respalda a las mafias, los libertarios piden, siguiendo a James M. Buchanan, desconfiar de la política, lo que en definitiva es fundamento para un gobierno limitado.

¿No es esto una utopía? Una sociedad sin estado es irrealizable en esta Argentina, sin dudas. El libertario desde luego está dialogando en un “plano ideal” que a muchos les parecerá lejano. Está debatiendo para una sociedad futura, donde posiblemente la cultura anti-capitalista sea abandonada por otras creencias pro-mercado. Le preocupa entonces definir cuánto estado haría falta en ese estado ideal, y llega a la conclusión de que no sería necesario ninguno, ni siquiera en justicia o seguridad.

Pero al margen de ese debate puro, también hay un mensaje que puede ser útil para nuestra Argentina y que deberíamos escuchar.

¿Cuál es este mensaje? Que la Argentina presenta un gasto público desbordado que aunque se pudiera financiar cubre necesidades de gente que no necesita la ayuda estatal. El primer paso entonces es desmantelar ese Estado que ayuda al que no lo necesita. Que aquellos que pueden pagar educación o salud para sí y para sus familias, lo hagan. Que aquel que puede tener su propia pensión la tenga. Que aquel que puede pagar servicios públicos que cubran los costos lo haga. Que aquel que puede pagar el precio real del combustible lo pague también. De ese modo reducimos la mochila de impuestos, deuda e inflación que recae sobre las empresas y que evita que sean competitivas en un mundo abierto y globalizado. De ese modo habría empleos y mejores salarios reales para todos.

¿Y qué ocurre con los que no pueden pagar estas cosas? Para la educación y la salud existe la propuesta de vouchers de Milton Friedman. El libertario lo aceptará en la transición, aunque insistirá que ese dinero de los cupones sale del bolsillo del contribuyente y que sólo será temporal.

Para las pensiones se deberá crear un sistema privado de aporte voluntario, que no tiene relación con lo que hubo durante el menemismo, y ni siquiera con el sistema que hoy rige en Chile. El sistema libertario de pensiones no necesita que el gobierno autorice a ciertas empresas a operar, ni que fije comisiones, sino que simplemente se haga a un lado y permita la competencia. El mercado operará bien en su ausencia, como de hecho ocurre con la gran mayoría de bienes y servicios. Desde luego que para cubrir a los actuales pensionados se necesitarán pagar impuestos, pero debemos distinguir entre la solución al problema actual donde el Estado se consumió los ahorros de los actuales jubilados respecto del sistema previsional para el futuro.

Comparar al oficialismo con el mensaje libertario muestra lo moderado del gobierno de Mauricio Macri, que si bien en anuncios y conferencias promueve cierto relativo liberalismo, en la práctica encuentra inacción, quizás por los obstáculos que el libertario muchas veces pasa por alto.

Y aquí viene la pregunta: ¿Propone el libertario desmantelar hoy al Estado por completo? Habrá quien lo proponga, pero no es lo más usual. El libertario entiende que el Estado está sobredimensionado y sabe que corregir esto sólo puede redundar en mayor calidad de vida para todos. Sabe que en el plano político, la prioridad del gobierno es mantener el orden público, y que eso sólo se consigue atendiendo a lo que es políticamente viable en cada momento. Es por eso que la regla general que el gobierno debe seguir es bajar el gasto todo lo posible, mientras pueda mantener el orden público.

Y allí encontramos el gran dilema, ya que cierta mentalidad anti-capitalista impide avanzar en reformas profundas como las que el libertario propone. En este sentido, mientras el libertario busca abrir el debate en un plano teórico, también acepta en la política pública una transición ordenada que no deje a nadie sin sustento. En la búsqueda de ese camino está claro que ambos roles, el académico y el político, se deben retroalimentar.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Anuncios económicos: sigue un gradualismo inconsistente

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/02/martes-anuncios-economicos-sigue-un-gradualismo-inconsistente/

 

Sturzenegger, Peña, Dujovne y Caputo. (Adrián Escandar)
Sturzenegger, Peña, Dujovne y Caputo. (Adrián Escandar)

La conferencia de prensa del jueves pasado fue un fiasco desde el punto de vista de las expectativas que había generado. En rigor, los tres ministros y el presidente del BCRA se limitaron a decir una sola cosa clara: la inflación no va a ser del 10% en 2018 como inicialmente se había anunciado sino que será del 15%. El resto fue un discurso confuso que lejos estuvo de generar expectativas positivas en los agentes económicos.

A esta altura del partido, me parece que nunca terminan de transmitir en forma clara las medidas económicas y tienen tantas marchas y contramarchas por la sencilla razón que ni ellos tienen en claro qué quieren hacer con la economía. O, para ponerlo de otra forma, no tienen en claro cómo lograr ciertos objetivos como bajar la pobreza, la inflación, generar más inversiones, etcétera. Como se niegan a tener un plan económico, se mueven por impulsos y se presentan inconsistencias en la política económica que producen estas contradicciones. Ejemplo: tuvieron que cambiar de estimación de inflación porque ya la pifiaron en 2017 e iban a volver a pifiarla en 2018, pues no hay consistencia entre la política fiscal y la política monetaria.

Es claro que el presidente Macri no quiere tener un ministro de Economía que lleve adelante un plan económico completo. Prefiere ir tomando medidas aisladas y sin que un ministro tenga mucho poder como ocurrió con varios ministros de Economía en décadas pasadas. En ese sentido sigue la misma estrategia de Néstor Kirchner, que nunca quiso tener un ministro de Economía fuerte. Recordemos que tuvo un ministro de Economía, Fernández, que si mal no recuerdo, nunca llegó a hablar en público.

Sin embargo, Macri tiene un ministro fuerte, que es su jefe de Gabinete, a quien parece confiarle el manejo de la economía, pero no tenemos evidencias que esté preparado para esa tarea. En todo caso podrá lograr que el Gobierno aguante a fuerza de endeudamiento. Ahora, a la hora de dominar y corregir la “herencia K” y 70 años de decadencia, hay una gran distancia. Una cosa es tener habilidad para ganar elecciones y luego durar en el cargo y otra, muy distinta, es ganar elecciones para cambiar el rumbo de decadencia de décadas.

Lo cierto es que el Gobierno anunció algo más de inflación en 2018 con un tipo de cambio que seguramente va a subir. Todo parece indicar que están apuntando a incrementar las exportaciones para tratar de mover la economía, dado que las inversiones siguen demorando su llegada y el consumo no puede ser el motor de actividad artificial que fue durante la era K.

De los anuncios que formuló el Gobierno la semana pasada, quedan varias dudas. Si bien el presidente del BCRA dijo que esa institución iba a emitir solo lo que el mercado aceptara como demanda de moneda, lo cierto es que el Tesoro va a seguir endeudándose en el exterior para cubrir el déficit fiscal. Por lo tanto, esos dólares van a tener que ser transformados en pesos para pagar los sueldos y las jubilaciones.

Para transformar los dólares en pesos hay dos opciones: a) que el Tesoro los venda en el mercado a particulares a cambio de pesos, con lo cual bajará el tipo de cambio nominal generando más problemas en el sector externo o b) seguir como hasta ahora. Entregarle los dólares al BCRA, para que los ponga en las reservas y el Central le entregue pesos a cambio de esos dólares. Cuando el Tesoro pague con esos pesos que entrarán en circulación, habrá presiones inflacionarias y aquí viene el interrogante. ¿Cómo hará el Central para retirar la cantidad de pesos que no quiere la demanda? ¿Subirá los encajes bancarios o seguirá con la fiesta de LEBACs?

Pero si van a bajar la tasa de interés para que suba el tipo de cambio para impulsar algo más las exportaciones que hasta noviembre tuvieron un magro incremento de solo el 1,2% respecto a los primeros 11 meses de 2016, la estrategia luce muy complicada porque hay un stock de LEBACs de $ 1,1 billón. Esto quiere decir que si van a bajar la tasa, es posible que haya una toma de ganancias dando vuelta la posición de LEBACs a dólares si el mercado espera que el tipo de cambio va a subir.

El Central tiene USD 56.280 millones de reservas brutas, pero propias son USD 42.554 millones ya que USD 13.726 millones son encajes en dólares que los bancos constituyen en el BCRA. En otras palabras, esos USD 13.726 millones son propiedad de los depositantes en dólares en los bancos. Con esos USD 42.554 millones, el BCRA tiene que afrontar el pasivo que son la base monetaria: $1 billón y las LEBACs $1,1 billón. El poder de fuego del BCRA para controlar el mercado de cambios en caso que la baja de la tasa para reactivar la economía se traslade a mercado de cambios es de USD 42.554 millones para enfrentar $2,2 billones. En rigor, la cuenta es más complicada, pero desde el punto de vista del BCRA es responsable por la foto de esos dos pasivos. De manera que ojo con lo que van a hacer con la tasa.

Una vez que uno montó este tipo de arbitrajes, salir es complicado y, particularmente, cuando no hay un plan económico detrás que genere confianza en los agentes económicos.

El dato que no me cierra en la estrategia del Gobierno es que la reducción del déficit primario sigue al mismo ritmo, 1 punto del PBI por año, pero el costo financiero de financiar el gradualismo es de 2,3 puntos del PBI de acuerdo a los datos del Presupuesto y, suponiendo que bajen la tasa al 25% y logren retener un stock de LEBACs de $1 billón, el costo cuasifiscal será de 2 puntos del PBI. En el bote entran 4 baldes de agua mientras gradualmente achican 1 balde por vez. No me cierra. Y esta cuenta es sin considerar los intereses intrasector público, que, como dice Nicolás Cachanosky (mi sobrino), es como no computar la deuda que tengo con mi primo.

Veremos si esta estrategia es efectiva para domar la herencia K, porque a esta altura del partido ya no va a servir insistir con la herencia recibida si no logran domar la inflación y mostrar tasas de crecimiento más importantes que el magro 3,5% anual, una tasa más acorde a países desarrollados con alto PBI que a un país que viene del fondo del pozo y, por una sola cuestión estadística, debería estar mostrando tasas de crecimiento sustancialmente mayores a las que parece conformarse el Gobierno para cumplir con la meta que se puso el Presidente: bajar la pobreza.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.