El balotaje y los “espíritus animales” del mercado

Por Iván Carrino. Publicado el 30/10/15 en: http://oikosbsas.com/el-balotaje-y-los-espiritus-animales-del-mercado/

 

John Maynard Keynes, uno de los economistas más famosos del siglo XX, popularizó la idea de que la actividad económica estaba guiada por lo que él dio en llamar los “espíritus animales” del mercado.

 

Para el economista británico, de hecho, estos espíritus eran tan potentes que las depresiones económicas tenían origen en el desánimo y la “mala onda” de los empresarios, mientras que los períodos de auge podían explicarse por lo contrario: el optimismo generalizado de productores y consumidores.

 

Por más atractivo que pueda tener, la teoría del inglés deja mucho sin explicar. ¿Por qué, de un día para el otro, todos los empresarios se pondrían de acuerdo para estar de mal humor? ¿Por qué, sin explicación aparente, el sector privado cambiaría sus expectativas y se pondría a invertir y producir más para mejorar la calidad de vida de la nación?

 

Ni Keynes ni sus seguidores lograron responder satisfactoriamente esta pregunta. Sin embargo, su teoría aún hoy tiene influencia.

Volviendo a la Argentina de 2015, los espíritus animales del mercado se mostraron vigorosamente optimistas a partir del resultado de la primera vuelta electoral el domingo pasado. La escasa diferencia entre Daniel Scioli y Mauricio Macri generó una expectativa muy grande respecto de que, en diciembre, el nuevo presidente provenga de un partido distinto al del Frente Para la Victoria que hoy gobierna.

La esperanza está puesta en que, si este es el caso, el rumbo económico será distinto, y dejaremos de tener una economía con megainflación, control de cambios y estancamiento.

 

Ahora bien, si tomamos la teoría keynesiana, nuestro pronóstico debería ser que estamos a las puertas de un auge económico sin precedentes. Con el Merval en alza, el dólar blue y el riesgo país en baja y los títulos argentinos que cotizan en Nueva York con una sostenida demanda, parecería claro que los inversores dejaron de formar parte de “la cadena del desánimo”.

 

Sin embargo, si creyéramos que solo esto garantiza una etapa de prosperidad económica durante los años por venir, estaríamos equivocados.

Es que la teoría keynesiana olvida que las expectativas de los inversores, las empresas y los consumidores, deben ser confirmadas por lo que efectivamente suceda en la realidad. Es decir, se nota que hay esperanzas y un cambio de humor en la sociedad, pero esto no alcanza para resolver los problemas económicos que hoy nos aquejan.

 

Para dar un ejemplo concreto: un empresario puede estar hoy de muy buen humor, pero a la hora de traer sus dólares a la argentina para invertir seguirá encontrándose con un cepo cambiario que expropia su riqueza, con numerosas regulaciones que dificultan enormemente el establecimiento negocios, con una inflación monstruosa que imposibilita la planificación de largo plazo y con la prácticamente inexistencia de crédito a tasas razonables.

 

En este contexto, es muy poco lo que los entusiastas “espíritus animales” pueden hacer por el país.

 

Así las cosas, es muy bueno que los argentinos estemos pensando en un futuro económico mejor, pero no puede subestimarse la enorme tarea que debe llevarse adelante para que un cambio de rumbo efectivamente tenga lugar en la realidad.

 

Este cambio va a exigir mucha convicción, mucha capacidad técnica y mucha habilidad y cintura política. Esperemos que el que gane la segunda vuelta electoral el 22 de noviembre esté a la altura de las circunstancia. Si ese fuera el caso, los argentinos se lo vamos a agradecer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

 

 

No sólo se trata de ganar

Por Enrique Aguilar:

 

Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un gran impacto. El Kirchnerismo ingresó en un cono de sombras y Cambiemos obtuvo un resultado sorprendente. Scioli obtuvo el 36,86% y Macri el 34,33%. El oficialismo y Scioli esperaban ganar en primera vuelta. ¿Qué pasó? La pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar, la fotografía de las PASO dieron la primera pista, con una oposición de más del 50% distribuida en dos espacios. Faltaba saber que, para la primera vuelta, Scioli había llegado a su techo, en cambio sus oponentes tenían para crecer.  Hubo errores en la campaña, pero todos los cometieron. Como se dijo oportunamente, la actitud y el comportamiento de Scioli podían ubicarlo como candidato oficial, pero ello no aseguraba su triunfo electoral. Scioli bajó el porcentaje de votos respecto de las PASO. ¿Lo abandonaron kirchneristas defraudados por ciertos gestos de equidistancia –como el gabinete que presentó- o independientes frente a la continuidad de su prokirchnerismo? El problema siempre fue el mismo: el lugar de Scioli. Su posición gelatinosa y su palabra siempre evasiva con un discurso obediente de Cristina, pero dando mensajes de diferencia. Discurso esquizofrénico que probablemente no retuvo a todo el kirchnerismo y seguramente no conquistó independientes. La sensación de fracaso tiene un nombre: Cristina. Ayudó mucho a los resultados prohijando la candidatura de Aníbal Fernández y de Martín Sabbatella, luego de la defección de Florencio Randazzo, quien se había rebelado frente al maltrato presidencial. María Eugenia Vidal logro un triunfo histórico en la Provincia de Buenos Aires. Ese bastión peronista iba a convertirse en el reducto del kirchnerismo duro. Vidal es una dirigente que se le reconocen no pocas virtudes. Y Aníbal es el prototipo de funcionario que hace gala de su contracción al trabajo, pero también de  algunos vicios como la soberbia, la prepotencia y el sofisma discursivo. Fue un espada importante para el estilo político preferido por Cristina: la confrontación y la humillación del opositor. No hacía falta un votante muy sofisticado para advertir estas características, sin entrar a considerar aspectos más turbios. Para Aníbal parte de su derrota se explica por “fuego amigo”. En el peronismo/kirchnerismo ha comenzado un proceso de pase de facturas y de transformaciones.

Macri triunfó en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza y sus candidatos a intendentes destronaron a varios barones del cono urbano. ¿Fue exitosa la estrategia de campaña? Según los resultados, para muchos sí. No obstante, en vistas de los mismos resultados, también podría lanzarse la hipótesis de que podría haber ganado en primera vuelta, con el acuerdo adecuado. En todo caso, necesitará algo más que los votantes del 25 de octubre si quiere triunfar. Hasta ahora, Macri cosechó votos impensados incluso contra la estrategia diseñada por sus asesores de campaña. Pero algunos aciertos parecen propios: elegir bien a sus candidatos, como Vidal en la provincia y, en su oportunidad, Michetti para la vicepresidencia.  Los acuerdos que no se hicieron antes, seguramente se harán en este tramo. Pero algo queda claro, los votos son de los electores y más allá de qué acuerdos se hagan, en esta instancia, si la cuestión es cambio o continuidad, el eje será votar por el kirchnerismo y su herencia aguada o un rumbo distinto con cambio de figuras incluido.

Margarista Stolbizer fue víctima del voto estratégico/voto útil y Massa resistió muy bien y hasta aumentó lo logrado en las PASO. Scioli y Macri apuntarán a sus electores. Los primeros discursos de los candidatos, luego de los resultados, iniciaron la campaña. Scioli se recostó aún más en el regazo kirchnerista y tensó la supuesta oposición entre el Estado representado por el kirchnerismo y el mercado, encarnado por Macri. ¿Cuántos más votos conseguirá en ese espacio y con ese discurso? Macri parece haber vuelto al lugar de donde partió: el cambio. Dejó atrás aquel discurso apresurado luego de la elección de Capital. Massa dio guiños de que está más cerca de Macri que de Scioli. En su discurso la palabra “cambio” se repitió varias veces.

El  22 de noviembre habrá nuevas elecciones. Será el primer ballottage que se llevará a cabo en el país. En 2003, Menem no concurrió a la segunda vuelta y Néstor Kirchner fue ungido presidente. Esta vez, los dos candidatos concurrirán a la contienda. La clave de la elección son los votos de Massa, más del 21%. Los dirigentes del massismo –aunque no Massa- pueden estar más cerca de Scioli, pero sus votantes probablemente no. ¿Qué hará Massa? Podría hacer un acuerdo con Scioli o con Macri, pero ello no será concluyente para los comicios. Los votos son de los electores y un aire de cambio se ha expresado en las urnas. La masa flotante de votantes responderá al supuesto cambio de época –o no- más allá de los que digan los dirigentes.

No sólo se trata de ganar. Los acuerdos serán más importantes para la gobernabilidad de la futura gestión que para el triunfo en la próxima elección. En este sentido, quién más requiere un acuerdo es Macri. Scioli necesita captar el voto que le es esquivo por su cercanía con Cristina, pero si ganara la gobernabilidad no estaría amenazada. Fue el candidato que ganó en las PASO con el 38,4%, que triunfó en la primera vuelta con el 36,86% y si gana en la segunda, su legitimidad saldrá fortalecida por la ciudadanía. Cuenta además con el apoyo de gobernadores peronistas y la primera minoría de la Cámara Baja y la mayoría en el Senado. A esta altura, su triunfo en segunda vuelta sería una suerte de gesta y hasta el kirchnerismo lo vería con mejores ojos. Revertiría un cambio de expectativas. Para él sólo se trata de ganar. Pero para Macri no es suficiente. La teoría del “PRO puro” siempre tuvo patas cortas, más allá del espacio común construido con el radicalismo y la Coalición Cívica. Y más allá de que una masa flotante de votantes se decante naturalmente hacia él por hartazgo o sensación de fin de ciclo del kirchnerismo.

No se trata sólo de ganar, sino de asegurar las condiciones que le permitan gobernar. Si ganara Macri habría revertido sus resultados anteriores. Sería un presidente que obtuvo en las PASO  24%,  que perdió en primera vuelta con el 34,33% sostenido por una coalición conformada presumiblemente por un 30% de su espacio y un 4% de votantes útiles que, si gana en segunda vuelta, se incrementaría en más de un 16%. Habrá triunfado por un mix de coalición real y coalición negativa. Un presidente que revierte los resultados de la primera vuelta significa que tiene menos rechazos de quien sale segundo en esta instancia, pero no necesariamente tiene resuelto el tema legitimidad. Deberá construirla a lo largo de su gestión y para ello tendrá que tener la posibilidad de gobernar adecuadamente. Pero a nivel federal tendrá inexorablemente un gobierno dividido con un Senado opositor y con una Cámara Baja donde no es mayoría. Su fortaleza es la Ciudad de Buenos Aires y en el gobierno de la Provincia necesitará aliados. Un acuerdo con Massa, en esta instancia y frente a la segunda vuelta no parece absolutamente necesario. Si es que existe un cambio de época los votantes fluirán casi naturalmente.  Pero tarde o temprano deberá realizarse un acuerdo que podrá ser una coalición legislativa o una coalición de gobierno. El principal fantasma que revolotea sobre un presidente que ha revertido los resultados de la primera vuelta, ha obtenido una mayoría (artificial) en la segunda y que obviamente no cuenta con un respaldo equivalente en las instituciones de gobierno es creer en la (inexistente) solidez de su triunfo. La segunda vuelta determina ganadores, pero no presidentes con relativa capacidad de gobierno.

 

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

 

 

Justicia

Por José Benegas. Pubicado el 28/10/15 en: http://josebenegas.com/2015/10/28/justicia/

 

Hay un momento de encantamiento con la situación después del shock del domingo que puedo entender. Me parece bien el modo en que procedió Macri en las primeras horas y el anuncio de promover un “diálogo” con las fuerzas de oposición, porque es el formato más lógico para sumar ahora y aislar al aparato criminal kirchnerista. Es lo que estuve sugiriendo desde el domingo a la noche y aunque no creo que Macri se hubiera enterado ni lea esto, como en los últimos 12 años me di el gusto de escribir lo que me parecía aunque nadie lo tomara, no me voy a privar ahora.

La parte que no está bien, aunque la pueda comprender por el clima de ding, dong, dang, son los gestos de “bondad”, de narcisismo evangélico magnánimo sin contraprestación, como la cartita para un minúsculo personaje del push fascista del aparato criminal como Brancatelli o los dichos de Carrió sobre su amor a la señora Kirchner, junto con su victimización y la de su grandulón hijo de 36 años, jefe de Hotesur y responsable aparente de un grupo creado desde puestos públicos para poner al estado a su servicio. En primer lugar porque todo eso es falso, espero que lo sea en realidad porque si fuera verdadero sería peor. Ese “perdón” sin causa (sin arrepentimiento) es puro narcisismo y encima parece más un pedido de perdón que una oferta. Se parece a un complejo de mesías de gente que por un momento cree que ha sido ungida como dueña del bien y del mal y tiene que darnos una lección acerca de nuestros “malos sentimientos”. No se necesitan imposturas ni patriarcas. El estado, un aparato de fuerza que sólo es tolerable sometido a la ley, debe ser domado otra vez. Debe ser limpiado de la influencia de una banda de criminales que lo tomaron, lo usaron, lo corrompieron y que se adueñó mediante extorsión de una cantidad impresionante de negocios. Ese estado desmadrado está vivito y coleando y acá nadie ha expresado cambio de actitud alguno. Eso es lo que hay que lograr, no una evangelización, dejemos eso para los delirios místicos de las religiones explícitas.

Sí es importante crear un procedimiento para quienes expresen arrepentimiento. No por motivos morales, su moral se la juzgan ellos mismos, sino para facilitar la legalización del estado. Esto es, obtener información sobre los crímenes del kirchnerismo y datos que permitan recuperar patrimonio robado. Todo eso se engloba en el único fin del estado como señalaba Alberdi que es hacer justicia. La bondad es una aspiración totalitaria ejercida con los resortes del poder, que no son una extensión de los sentimientos de los gobernantes, sino un instrumento para hacer posible aquél valor.

Hay que volver a poner los patitos en fila de un país que enloqueció. La confusión se entiende después de estos doce años, pero es cada vez más costosa. Este momento hasta la segunda vuelta es vital para desmoronar al sistema. Si aquellos gestos estuvieran en función de eliminar la resistencia, tienen sus peligros, pero tendrían su razón de ser. A lo que le temo es al encantamiento con sí mismos que sufren los elegidos en los momentos clave.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Pobreza fuente de riqueza

Por Armando Ribas. Publicado en: http://www.laprensapopular.com.ar/17789/pobreza-fuente-de-riqueza-por-armando-ribas?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=8&utm_content=http%253A%252F%252Fwww.laprensapopular.com.ar%252F17789%252Fpobreza-fuente-de-riqueza-por-armando-ribas

 

Cada vez se hace más evidente la tendencia socialista de ignorar que en nombre de la igualdad aumenta la pobreza y surge la riqueza de los que la reparten. Desde hace 2500 años Aristóteles advirtió: “Cuidado porque los pobres siempre serán más que los ricos”. Ese riesgo se está corriendo en Argentina y también en el mundo Occidental, al cual pertenece la América Latina. Pobreza mediante se genera un proceso que culmina en una oligarquía democrática, que representa el sistema antitético al que generara riqueza por primera vez en la historia. Ese sistema se basó en que las mayorías no tienen el derecho a violar los derechos de las minorías. Así escribió James Madison en la Carta 51 de El Federalista: “En una sociedad bajo la cual la facción más poderosa se puede unir y oprimir a la más débil, puede decirse que reina la anarquía, como en el estado de naturaleza, donde el individuo más débil no está seguro contra la violencia del más fuerte”.

Al respecto de esa problemática fue David Hume quien sabiamente previno que el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas. Pero el problema está presente aun en los propios Estados Unidos. Basta oír el reciente debate de los candidatos a presidente del partido demócrata. Al oír hablar a algunos de ellos, con Hillary Clinton a la cabeza, pareciera estar oyendo a los políticos latinoamericanos, con honrosas excepciones tales como fueran en Argentina Sarmiento y Mitre. O sea está presente la temática de la desigualdad social creada por el sistema capitalista. Por tanto la llegada al poder se basa no en la igualdad de oportunidades sino de resultados.

La consecuencia de esa supuesta preocupación por los pobres y la igualdad, que en algunos casos puede ser producto de un sentimiento y un error de concepción, en la práctica es el principio por antonomasia para llegar al poder e ignorar el sistema ético político que generó riqueza por primera vez en la historia. Y como dice Ayn Rand: “La compasión no genera una hoja verde y menos una hoja de trigo”. Así no podemos ignorar que a través de la historia la riqueza pertenecía a los que tenían el poder. O sea los monarcas y la aristocracia. Riqueza que en términos de los bienes que hoy están a nuestro alcance o nuestros deseos era una ficción.

La riqueza no la crea la naturaleza, sino que por el contrario tal como lo señala William Bernstein en su “The Birth of Plenty”: “Antes de la era moderna, hambre, enfermedades y guerras, más a menudo que no, abrumaban la inclinación humana de procrear”. Ya en el siglo XVII el terremoto de Lisboa en el que murieron cientos de niños produjo una discusión que todavía está presente. Rousseau culpo del desastre al hombre por haber construido la iglesia. Por supuesto Voltaire le refutó diciendo: “Que culpa tenían esos niños de la construcción de la Iglesia”. La creación de riqueza partió  de la organización de un sistema de gobierno en el que se tomaba en cuenta la naturaleza humana y no la pretensión de cambiarla y así surgió la libertad.  Es un hecho evidente que es la naturaleza la que ha creado al hombre con distintas capacidades de ahí resulta la creación la fortuna, que no solo favorece a quien la crea sino a la sociedad en su conjunto. Por ello Adam Smith dijo: “El individuo en la persecución, frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente, que cuando realmente intenta promoverlo. Yo nunca he conocido mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

Ese principio sin lugar a dudas es fundamental para establecer el sistema de libertad que genera riqueza, y que en la actualidad está amenazado, no solo por el socialismo, sino que el surgimiento del recalentamiento global se ha unido a la desigualdad como la excusa para descalificar éticamente al sistema capitalista. Si Marx viviese no solo diría que es la explotación del hombre por el hombre sino también el destructor de la naturaleza. O sea es la nueva excusa en la búsqueda del poder y la descalificación de la creación de riqueza. Así son los ricos también culpables de la posible destrucción de la naturaleza, Y en esa descalificación se ignora que los ricos también viven en la tierra. Tanto así que se produjo una reunión de 80 empresarios de las principales empresas americanas para acordar como financiar el costo de eliminar las causas del recalentamiento.

Otro factor en desmedro del sistema capitalista, que como he repetido hasta el cansancio no es económico sino ético, político y jurídico y la economía la consecuencia de la acción de los hombres en concordancia con el sistema. Así se ha pretendido culpar  a los bancos y al sistema financiero por la crisis del 2007 en Estados Unidos. Así se ignora que la misma resultó de la ley de Carter por la cual se establecía que todos los americanos tenían derecho a una casa propia. Entonces se crearon Fannie May y Freddie Mac con el propósito que prestaran a quienes no alcanzaban a tener un ingreso promedio. La consecuencia fue el denominado Bubble (Burbuja). O sea la culpa de la crisis no fue de los bancos sino de la política del gobierno que fue el que creó las condiciones para que se iniciara la especulación. Según Stephen Moore en su artículo publicado por Heritage Foundation en la actualidad Freddie Mac y Fannie May están de nuevo prestando en las mismas condiciones que durante la crisis del 2004-2007. Por ello considera que Estados Unidos no ha aprendido nada y está de nuevo al borde de otra crisis.

El sistema financiero es el sistema sanguíneo de la economía. Por supuesto es fundamentalmente especulativo, pues todo accionar cuyo resultado depende del futuro es fundamentalmente especulativo. Pero debe tenerse en cuenta que los resultados de esa especulación y que generan crisis se deben a factores externos. Por ello haber salvado al sistema bancario vía el Federal Reserve es una obligación de su accionar como prestamista de última instancia. Ya debiéramos saber que no puede existir un sistema bancario de reservas fraccionarias sin la existencia de un prestamista de última instancia. En si ese salvataje a quien protege fundamentalmente no es a los dueños de los bancos, sino a todos los depositantes.

Pero volviendo directamente a la pobreza y sus efectos políticos, no cabe la menor duda de que es el origen de la demagogia implícita en el sistema socialista y por supuesto en el llamado populismo. Y el socialismo por definición  desconoce directa o indirectamente el derecho de propiedad, y por supuesto el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que está implícito en el concepto de la mano invisible. Y es un hecho incontrovertible que cuando en nombre de las mayorías y de la igualdad se desconoce el derecho de propiedad no hay creación de riqueza. China es el mejor ejemplo reciente por el salto que dio entre Mao Tse Tung y Deng Tsiao Ping.

Y es un hecho que cuando el gasto público alcanza o supera el 50 % del PBI el nivel de los impuestos determina una violación paladina de los derechos de propiedad. Es un hecho reconocido que cuanto mayor es el nivel del gasto público en búsqueda de la igualdad, menor es la tasa de crecimiento de la economía. Esa es la causa de la crisis de la Unión Europea La consecuencia es una mayor pobreza en tanto que la riqueza restante pasa al poder político. Y por ello es que igualmente genera una mayor corrupción que según CATO se desarrolla en Bruselas. Y ni que hablar de los países de América Latina.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Las encuestas, las urnas y una genuina rebeldía

Por Eduardo Filgueira Lima. Publicado el 28/11/15 en http://www.cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2015/10/las-encuestas-las-urnas-y-una-genuina.html.

 

En las recientes elecciones presidenciales los resultados distaron mucho de ser los previstos por las innumerables encuestas realizadas.

Las encuestas de opinión son una forma de investigación muy utilizada en ciencias sociales. Habitualmente se toma en consideración que si su metodología, su representatividad muestral y los métodos de evaluación son los adecuados es esperable cierta aproximación (aún estimando algún margen de error), pero en todos los casos su índice de confianza debería ser mayor del 95%.

Sin embargo este no fue el caso respecto de los pronósticos previstos por las consultoras para las recientes elecciones.

Dejando de lado que muchas empresas que las realizan son en realidad operadores políticos que intentan incidir sobre la opinión pública, esta consideración no se da en todos los casos. Lo relevante fue la gran dispersión (entre si) de los pronósticos por un lado y por otro que los mismos hayan estado muy alejados de los resultados finales.

Tanto es así que pareció evidente que incluso resultaron una sorpresa para los mismos candidatos. Nadie esperó el nuevo escenario.

No es el caso de introducirnos en el amplio campo de la metodología de la investigación en ciencias sociales, pero si en lo que cabría para explicar en la medida de lo posible, el comportamiento de la acción colectiva.

Los individuos tomamos decisiones todos los días, en las más diversas cuestiones, en infinitos temas y de diferentes formas. Y no en todos los casos nuestras decisiones son las mismas, entre lo que unos y otros deciden, como también pueden llegar a ser diferentes a las que uno mismo ha tomado en diferentes momentos.

Lo que debe considerarse es que las decisiones que cada uno toma son siempre subjetivas y están reguladas por la valoración de la utilidad marginal que cada uno otorgue a las consecuencias de su decisión, aunque en ello también se debe atender que otros aspectos (Ej. emocionales, psicológicos, culturales, conocimientos, etc.) que también forman parte importante en la toma de decisiones, lo que supone una conducta de racionalidad condicionada.

En 1651 Thomas Hobbes publicó su obra más conocida Leviatán, en el que nos dice: “..los hombres en apariencia suelen ser más iguales que desiguales, y es por ello que pueden desear las mismas cosas,… lo que los conduce a un estado de guerra permanente en su lucha por ellas,..(…)…el estado de guerra no es deseable para los hombres, porque en tal estado de naturaleza, no pueden dedicarse a sus tareas de la industria y el comercio,…(…),…el primer objetivo de los hombres es la búsqueda de la paz, pero ello supone que declinarán sus armas y su actitud de guerra,…(…),…para que la paz sea garantizada por el poder absoluto del monarca que velará por ella, cuidando la vida y seguridad de sus súbditos,..”

Estos párrafos merecerían muchas consideraciones. Por ejemplo que para Hobbes parecería que el hombre es más egoísta que cooperativo, aunque resulta contradictorio que sea de tal forma si es que necesita dedicarse al comercio y a la industria y a las tareas que pueden hacer su vida mejor, para lo que inevitablemente necesita intercambiar y cooperar con otros ya que ello es un supuesto inevitable en un orden social en el que producir, comerciar e intercambiar solo puede darse entre más de uno y aún en muchos casos –asumiendo su propio egoísmo– de él resulta que con sus acciones y decisiones puede aún sin proponérselo beneficiar a otros[1].

Lo anterior nos conduce a pensar que de la misma forma que sucede la espontánea búsqueda de equilibrio en el mercado, por la toma de infinitas decisiones que a cada momento asumen los individuos para sus intercambios, la sociedad encuentra “su” equilibrio en las infinitas decisiones que muchos individuos toman en cada momento, en un proceso dinámico y complejo, cuyo sustrato son sus preferencias, y su agregación nos presenta un resultado social.

Este proceso cuyo dinamismo es incontenible en el mercado se encuentra en el mismo en una búsqueda permanente pero asintótica de un equilibrio que nunca alcanza. Salvo que uno pudiera en un momento determinado detener ese proceso y decir: “aquí,.. ahora,.. y en estas condiciones –y solo para este proceso– este es el punto de equilibrio”.

Las elecciones son precisamente eso: lo que no se puede hacer (imposibilidad fáctica) en el mercado, en la vida social se detiene (asumamos esto como una figura teórica) el proceso dinámico de interacción, para poder decir “este es el punto de equilibrio que la sociedad ha preferido –como expresión de “preferencias agregadas”– en este momento, en estas circunstancias y para esta decisión,..”

Si por ejemplo hablamos de la paz, seguramente todos la valoramos y deseamos vivir en esa condición. Eso no quiere decir que la paz sea igualmente importante para todos, ni que todos entiendan la paz de la misma manera.

Para algunos la paz puede en la valoración de sus preferencias ser una condición de máxima importancia y para otros una condición relativa y hasta puede ser intrascendente o incluso (en un grado menor) lo sea algún grado de violencia o agresión. Me refiero a la diferente intensidad de la valoración de preferencias individuales.

Pero aún existiendo las diferencias, el valor de la paz y el menor grado de violencia o agresión posibles, son de suponer lo deseable o preferible en el ciudadano medio. Porque ello –retomando a Hobbes– permite a cada uno hacer su vida más útil y provechosa, para dedicarse al comercio, a su vida, a su familia, al ocio, y a todo tipo de intercambios que le permitan llevar adelante su propio proyecto de vida.

Y para ello Hobbes supone un contrato implícito entre gobernantes y gobernados, en que los primeros garantizan esa primera condición: convertirse en garantes de la paz.

Y recurro a su concepción solo de manera metafórica ya que soy de la opinión que las instituciones nacen y evolucionan hacia un orden social espontáneo[2] producto de infinitos intercambios entre los ciudadanos, que los gobernantes no pueden controlar,.. aunque sin límites lo intenten.

De cualquier forma bien vale la metáfora del contrato hobbesiano para explicar que lo acontecido en nuestra sociedad es mayoritariamente valorado como una forma de ruptura o incumplimiento de ese hipotético “contrato” por el gobierno, asunto que J. Locke legitima como una genuina rebelión social ante el soberano que no responde al mandato de los ciudadanos.[3]

Porque el gobierno en sus formas –como intermediario entre el Estado y los ciudadanos, lo que modela la democracia[4]– ha ejercido esa intermediación imponiendo una forma u otra, en mayor o menor medida, la oposición de unos contra otros, tanto como que la violencia, la agresión, o la descalificación sean moneda corriente.

El gobierno ha perseguido desde los medios adictos o afines, los oficiales, hasta el atril de la Casa de Gobierno, o las cadenas nacionales, todas las formas posibles de agresión y descalificación a todo aquel que no se aviniera a sus deseos, a todo aquel que apenas pusiera en duda sus decisiones o sus “verdades”.

También existió coerción y coacción contra empresas que intentaron publicar sus propias estadísticas. Contra otras empresas hubo multas y persecución selectiva por el organismo de control impositivo. Como objetivos de su acción fueron a su vez los medios de comunicación y los periodistas críticos. O la coacción sobre la Justicia. Toda apreciación perdió legitimidad e ingresó en el campo de la duda, incertidumbre, carencia de autenticidad, certeza o respondía a oscuros intereses.

Y todo ello para sostener –sin ninguna disidencia– su relato épico, su forma de ver la realidad, que solo concibe a la sociedad (como lo hiciera C. Schmidtt) entre buenos y malos, ellos y nosotros: los que adhieren a nuestras ideas que son “nacionales” y “populares” y defienden a la gente (y de ello se ocupa el gobierno) y por otro lado los enemigos que son cipayos, explotadores, enemigos del pueblo, que lucran con las necesidades de la gente,..

Esta visión simplista y binaria del comportamiento de los individuos y de la sociedad, se ha impuesto y legitimado “de arriba hacia abajo”, como producto de similar origen y consecuencias que las que Hayek nos expone es su obra La fatal arrogancia[5] y ha sido en extremo dañina para la convivencia social.

De esta forma se ha perdido la noción de cohesión en pos de objetivos que pudieran –aunque fuera solo en parte– significar intereses que ofrezcan oportunidades de encuentro en puntos comunes de coincidencia para el individuo medio de nuestra sociedad. La sociedad en su conjunto fue maltratada.

Para muchos (por agregación de sus preferencias), pueden pensar que esta situación no solo no tiene importancia sino que a su vez es necesaria para mantener el liderazgo de quien propone y manda, y/o para mantener el relato épico, y/o para mostrar que la sociedad hobbesiana está presente y es justa porque los habilita a luchar por una verdad que consideran absoluta y omnipresente –que es solo la suya– y que en ellos tiene a sus defensores: los gladiadores. Y esa guerra les abona el ideario patriótico.

Sin dudas estas circunstancias conducen a una sociedad partida, a una sociedad en conflicto, a una sociedad en confrontación permanente, a un status social hobesiano, que solo supone la lucha de “nosotros vs. ellos”, que no conduce a nada, salvo la pérdida de la paz.

Si para Hobbes el estado de naturaleza imponía la paz como requisito pre-social y pre-político, de similar manera para muchos otros –y según mi opinión la mayoría– la paz es una condición y prerrequisito para lograr sus objetivos de vida y su pérdida significa su imposibilidad o un riesgo para lograrlos.

La forma de ejercicio del poder impuso a nuestra sociedad una convivencia fragmentada, y temerosa. Temor que extendió al vecino, al amigo o al familiar, o incluso a hablar libremente (incluso a las encuestadoras), porque las represalias estaban en la violencia, la descalificación o la agresión en cualquiera de sus formas y podían provenir de cualquier lado.

Los gladiadores, custodios del relato y la epopeya, se convertían en verdugos.

Los ciudadanos de a pié sintieron así amenazada hasta su propia libertad,..(y no siempre es cuestión de armarse para la guerra), sucedía que casi sin advertirlo (y entrando en el mismo juego), la misma ansiada paz se había esfumado. Algunos ya habían advertido de este proceso que denominaron “la grieta”.  Y estas son variables (dificlmente identificables) que no pueden recoger las encuestas con total fidelidad y de allí a su error de cálculo hay solo un paso. Eso no invalida las encuestas; solo da cuenta de sus limitaciones.

Y los ciudadanos tuvieron que optar. Las elecciones hicieron un “corte transversal” en la vida social, para preguntarles por sus preferencias agregadas y en una sociedad lastimada, las expresiones fueron muchas, pero la preferencia agregada, en función de la utilidad marginal esperada, hizo optar a la mayoría por quienes le permitían no solo un cambio, sino la esperanza de recuperar la paz. Una genuina rebeldía en el sentido lockeano.

En la Argentina se respira ahora un aire nuevo.

La mayoría espera que la sociedad hobbesiana –en estado de guerra y crispación permanente– sea en poco tiempo solo un lejano e ingrato recuerdo.

 

[1] Smith, A. “Una investigación y causa de la riqueza de las naciones” (1776)

[2] Heyk, F. “Derecho, Legislación y Libertad”. (1976)

[3] Locke, J. “Segundo tratado sobre el gobierno civil” (1689)

[4] Strasser, C. “La democracia y lo democrático” (1991)

[5] Hayek, F. “La fatal arrogancia”. (1988)

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Elecciones: cambiar todo para que nada cambie

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el28/10/15 en: http://www.eluniversal.com/opinion/151028/elecciones-cambiar-todo-para-que-nada-cambie

 

Hay dos principios que rigen al cosmos que la opinión pública, impaciente, suele olvidar. El primero, que nada en la naturaleza -ni la sociedad humana- se desarrolla por revolución sino por evolución, como las plantas que crecen lentamente y los niños que tardan años en llegar a adultos. Por esto el cambio radical produce miedo y las personas suelen ser conservadoras, más allá del discurso “revolucionario” que suele ser puro gatopardismo.

El segundo principio es que todos, en alguna medida y de alguna manera, somos responsables de lo que ocurre -es la “comunión de los santos”, diría la teología católica- incluso aquellos que teóricamente ven los problemas con cierta claridad, al actuar suelen cometer o inducir los mismos errores y así se produce la continuidad. Por otro lado, es inevitable que los políticos terminen hastiando porque basan su “gobierno” en el monopolio de la violencia que se arroga el Estado -poder policial y militar- con el que imponen leyes que solo llevan a la destrucción, como toda violencia.

Así, el mundo parece moverse como un péndulo según van hastiando los gobernantes: se eligen izquierdistas, luego de derecha y, más tarde otra vez de izquierda pero sin que en el fondo ocurran grandes cambios. La buena noticia es que, en estos vaivenes del péndulo, sus extremos se acortan: la izquierda hoy es mucho más moderada de lo que solía ser y lo mismo la derecha. Hoy, pareciera que el péndulo se inclina hacia la derecha.

Mientras el deshielo entre Cuba y EEUU deja sin argumentos al marxismo más recalcitrante, Brasil tiene una presidenta que fue guerrillera, que se ha moderado mucho, y que es acosada por la centroderecha que se perfila para el próximo gobierno, en tanto que la socialista Michelle Bachelet está provocando en Chile -el país más promercado del continente- gran desilusión. En Perú, la líder del derechista Keiko Fujimori, con 33% ocupa el primer lugar de las preferencias para las elecciones presidenciales del próximo año, mientras el presidente Humala -examigo de Chávez- aunque finalmente mantuvo las políticas de centroderecha de su antecesor- tiene una desaprobación del 85 %.

En las recientes elecciones para alcaldes y gobernadores en Colombia, la izquierda fue la gran derrotada que, entre otras cosas, perdió Bogotá tras doce años de gobierno, destacándose la elección de independientes mostrando el hartazgo que la gente tiene –de los políticos– en todo el mundo. El colmo fue Jimmy Morales, independiente, que será presidente de Guatemala, luego de superar ampliamente a su rival en la segunda vuelta electoral. Morales ha logrado ganar, irónicamente, basándose en su inexperiencia política, es decir que le bastó con sonreír para resultar el más creíble de todos los candidatos políticos: ni corrupto ni ladrón… hasta ahora… luego será político.

En fin, quizás las elecciones más sintomáticas hayan sido las de Argentina. El cuasi empate entre el oficialista Daniel Scioli y Mauricio Macri obliga a dirimir la presidencia en una segunda vuelta, el próximo 22 de noviembre, en la que ganaría el opositor que se presenta como de centro derecha “pro mercado” pero que, en la práctica, ha aumentado impuestos, gastos y empleados públicos, ayudando al crecimiento del estatismo y a la falta de libertad, según la ley de que de algún modo todos somos culpables -y no solo el oficialismo- de la fuerte decadencia argentina.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿A las puertas de ser un país normal?

Por Iván Carrino. Publicado el 29/10/15 en: https://igdigital.com/2015/10/las-puertas-de-ser-un-pais-normal/

 

Los resultados electorales del domingo pasado, que confirmaron el balotaje y dejaron en una muy buena posición al candidato opositor, encendieron el optimismo de los mercados. ¿Está Argentina más cerca de ser un país normal?

 

Argentina lleva 85 años de decadencia económica. Luego de haber llegado a ser el noveno país del mundo en términos de riqueza per cápita, hoy el país no figura ni en la tabla de los primeros 50, tiene una pobreza que alcanza a casi el 30% de la población, inflación elevada, cepo cambiario y fuga de capitales.

El caso de nuestro país es tan raro que incluso reconocidos analistas internacionales no logran explicar los motivos de este decadente derrotero. El economista Simon Kuznets, reflejando su asombro, afirmó una vez que había 4 clases de países, los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina.

Nuestra excepcionalidad es tal que dos autores han coincidido en afirmar que Argentina es “el país de las desmesuras”. En su libro que lleva por título el mismo nombre, Juan Llach y Martín Lagos comparan el desempeño económico de Argentina con el de Nueva Zelanda, Brasil, Chile y Uruguay y encuentran las raíces de nuestra sostenida decadencia en ciertos comportamientos “excesivos o desmesurados”.

Entre estas desmesuras destacan particularmente:

  • El caudillismo y el populismo con propensión a la hegemonía
  • El cierre de la economía
  • La elevada inflación
  • El escaso financiamiento de la inversión asociado a la inflación
  • El déficit fiscal

Para los autores, Argentina mostró un desempeño largamente peor al de los países comparados en todos estos rubros, lo que explica gran parte del proceso de sostenida decadencia económica y social.

Como no podía ser de otra manera, el kirchnerismo cumplió al pie de la letra con todos ellos.  En un mundo sin inflación, nuestras autoridades se las ingeniaron para imitar el modelo venezolano. Hoy somos parte de un grupo selecto de 4 o 5 países que tienen una suba de precios sostenida superior al 20% anual por año. Detrás de la brutal destrucción del peso que esto implica, se encuentra el déficit fiscal, que ya lleva 6 años y que crece sistemáticamente en términos del PBI.

Por otro lado, con trabas de todo tipo, el gobierno cerró la economía y aisló del mundo al consumidor argentino, para hacer honor al slogan de Aldo Ferrer, quien proponía “vivir con lo nuestro”. Todo lo anterior contribuye a que sigamos teniendo un financiamiento privado escaso en la comparación internacional.

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Por último, el caudillismo y la hegemonía han sido una característica distintiva tanto del gobierno de Néstor Kirchner, como del de su esposa y sucesora, Cristina Fernández.

En este marco, y bajo el fantasma de que la continuidad era un hecho, nos preparábamos para enfrentar 4 años más de lo mismo. Es decir, de decadencia, ya que como dicen que decía Albert Einstein, no se pueden esperar resultados distintos si se ensaya siempre lo mismo.

Sin embargo, algo cambió en las elecciones de este domingo. A pesar de que el primer lugar lo obtuvo, como se esperaba, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, lo cierto es que la pequeña ventaja de 2,5 puntos porcentuales sobre el candidato opositor, Mauricio Macri, y la derrota de Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires dejaron sabor amargo en el kirchnerismo y dulce en todo el arco opositor.

Los mercados, por su parte, festejaron, anticipando una más posible victoria del candidato de Cambiemos. El lunes posterior a los comicios el MERVAL trepó 4,4% con acciones que subieron más de 15%. El dólar blue cedió 25 centavos en un solo día.

Lo que está sucediendo en los mercados y la sociedad es el resultado de un cambio en las expectativas a futuro. Si bien no se expusieron muchas propuestas concretas en la campaña, sobrevuela la idea de que un gobierno de la oposición podría reducir la inflación, liberar el mercado cambiario, abrir la economía al mundo y terminar con el ataque sistemático de las libertades individuales de los argentinos.

Luego de 12 años de desmesurado populismo y Cleptocracia, Argentina podría estar a las puertas de ser un país normal. Pero el camino no va a ser fácil y no podemos pensar que el cambio de expectativas por sí solo hará la tarea.

Se necesitan revertir muchas medidas y manejar con mucha convicción y capacidad la pesada herencia de la economía K. Los argentinos no la tendremos fácil a partir del 10 de diciembre, pero desde luego que el voto de la gente genera motivos para el entusiasmo.

Se abre una nueva posibilidad para la economía de nuestro país. Esperemos que los políticos no vuelvan a desperdiciarla.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.