Distintas interpretaciones del teorema de Coase. Walter Block ofrece una crítica que vale la pena considerar

Por Martín Krause. Publicado el 19/10/17 en: http://bazar.ufm.edu/distintas-interpretaciones-del-teorema-coase-walter-block-ofrece-una-critica-vale-la-pena-considerar/

 

Con los alumnos de la materia Law & Economics vemos distintas visiones sobre el teorema de Coase.

“Hay dos interpretaciones que pueden hacerse de este teorema. En la primera de ellas, se critica a quienes ponen énfasis solamente en que en un mundo de costos de transacción igual a cero la distribución inicial de derechos de propiedad sería una cuestión irrelevante para la eficiencia de la solución alcanzada, ya que los recursos serían canalizados hacia sus usos más valorados. Una interpretación “benigna” de Coase diría que esa no fue simplemente su posición, sino que el sentido del teorema sería destacar que la existencia real de costos de transacción pone relevancia en el papel que las instituciones cumplen en la economía. Según esta interpretación, el modelo “costos de transacción cero” sería similar a lo que se planteó antes respecto al “imaginario estado de equilibrio”: una construcción ideal que nos permitiría comprender el mundo real, donde los costos de transacción se encuentran siempre presentes, e iniciar así un programa de investigación sobre el desarrollo de instituciones que permitan economizarlos[1]Coase. jpgEste interés por el papel que cumplen las instituciones en el funcionamiento de la economía y cómo las mismas nacen y evolucionan ha sido una preocupación de larga data. Esta fue manifestada por los filósofos escoceses y economistas clásicos (David Hume, Bernard de Mandeville, Adam Ferguson y Adam Smith). La explicación gradual y evolutiva del desarrollo de las instituciones fue retomada especialmente por Hayek (1978, 1988), en relación con el funcionamiento de los mercados y la evolución de las normas e instituciones sociales en general.

Hayek distingue tres niveles de evolución: la genética, la de las ideas y, la cultural operando entre el instinto y la razón. La cultura no sería determinada por la genética ni tampoco diseñada racionalmente; o según aquella frase de Ferguson, que Hayek cita con frecuencia: “el resultado de la acción humana, no del designio humano”. El resultado de una tradición de pautas de conducta aprendidas, cuyo papel es poco entendido aun incluso por aquellos que se sujetan a ellas, y que son transmitidas por un proceso “ciego”, en el sentido de que no es conscientemente planificado o controlado.

Qué normas surgen es una cuestión de accidente histórico, incluso haciendo lugar para el mejor diseño que la mente humana pueda crear, y otra cosa es cuáles sobreviven. Las últimas son determinadas por un proceso de selección que se encuentra en la evolución cultural; un proceso que opera en grupos que comparten las mismas pautas de conducta. Aquellos grupos que tienen éxito en desarrollar las pautas que mejor permiten las interacciones en la sociedad crecerán y desplazarán a otros grupos, o estos aprenderán de los anteriores copiándolas.

Como vemos, todo esto se acerca mucho al análisis que actualmente se hace en el marco de la “teoría de los juegos”, sobre todo a partir de las conclusiones obtenidas de los juegos repetidos del tipo “dilema del prisionero”, como vimos en el capítulo anterior (Axelrod 1984).

La segunda interpretación del teorema también acepta que, en un mundo de costos de transacción igual a cero, la distribución inicial de derechos de propiedad sería una cuestión irrelevante para la “eficiencia” de la solución alcanzada, ya que los recursos serían canalizados hacia sus usos más valorados. Pero la crítica ya no resulta “benigna” con Coase, ya que él puede no haber estado de acuerdo con la posición “eficientista” de Posner, pero dejó la puerta abierta para la misma. Dice Coase (1960, p. 37), refiriéndose a un caso de daños ocasionados por conejos a las plantaciones de maíz de su vecino (el caso Boulston, 1597): “… no es que el hombre que cría conejos sea el único responsable del daño; aquel cuyas cosechas son dañadas es igualmente responsable”[2].

Todo esto habría cambiado cuando se otorgó la prioridad a la eficiencia en la delimitación de derechos de propiedad, ya que los jueces debían decidir ahora quién tenía derecho a qué con base en cuál era la asignación más eficiente. Debían dejar de lado una larga tradición, basada en el derecho de propiedad, y utilizar cómo criterio de decisión solamente la maximización de la riqueza total[3]. El subjetivismo en las valoraciones y la imposibilidad de hacer comparaciones interpersonales de utilidad tornaría a la decisión judicial de maximizar la riqueza económica en algo complicado, si no imposible de realizar.

¿Qué se puede hacer entonces? Las enseñanzas del teorema de Coase señalan que una política para reducir los efectos de externalidades negativas sería delimitar claramente los derechos de propiedad, de tal forma que las partes puedan luego resolver esos problemas por medio de negociaciones. La definición de tales derechos reduciría los costos de transacción entre las partes, ampliando las posibilidades de estas soluciones voluntarias. Esto significa lograr una definición clara tanto de la asignación de la propiedad como de las limitaciones para su uso y disposición. En relación con los ejemplos mencionados, esto significa definir, por ejemplo: ¿cuál es el nivel de ruido, humos u otro tipo de emanaciones que puedo realizar, por encima del cual la situación se convierte en una externalidad que viola el derecho de mi vecino?

Por supuesto que, si bien es esta una solución “voluntaria” entre las partes, demanda que el mecanismo de gobernabilidad funcione. Esa definición de derechos puede obtenerse por la vía de las decisiones judiciales (particularmente en los sistemas de common law), o por la vía legislativa (normalmente resoluciones de gobiernos locales). En ambos casos, estos mecanismos deben funcionar adecuadamente

[1].      Así, Boettke (1997, p. 52), señala: “Tal vez en la mejor biografía intelectual de Coase hasta el momento, Steven Medema (1994) sostiene que Coase estaba interesado en examinar las consecuencias de distintos arreglos legales sobre el desempeño económico, más que en utilizar técnicas económicas para examinar la ley. Esta diferencia en énfasis explica la falta de interés de Coase por el enfoque de la ley y la economía de Posner, un movimiento más preocupado por examinar la eficiencia de distintos arreglos legales. Coase no solamente sugirió un programa alternativo de instituciones comparadas, sino que cuestionó profundamente la coherencia lógica de la economía neoclásica dominante. Parte del ejercicio de equilibrio que ocupó a Coase fue mostrar que perseguir la lógica de la maximización en un entorno de costos de transacción cero llevaba a conclusiones diferentes de las sugeridas por la economía del bienestar pigouviana. Si los costos de transacción fueran cero, los actores económicos negociarían para resolver el conflicto; si los costos de transacción (incluyendo costos de información) fueran positivos, ¿sabrían las autoridades cuál es el nivel correcto de impuesto o subsidio para corregir la situación? El programa de investigación de Coase era tanto una crítica de la práctica prevaleciente y un programa positivo alternativo que está emergiendo ahora en la Nueva Economía Institucional, de la cual Coase es aún el principal representante”.

[2].      Comenta Block: “Previamente, la visión de la profesión [económica] respecto a invasiones contra otra persona o su propiedad era la liberal clásica de causa y efecto. A era el perpetrador, B la víctima”. “Asimismo, en una perspectiva más tradicional, la maximización de riqueza era el subproducto de los derechos a la propiedad privada, no su progenitora. En otras palabras: las consideraciones económicas eran la cola y los derechos de propiedad el perro. Locke, por ejemplo, no se preguntaba si el homesteader era uien utilizaba más eficientemente el territorio virgen. Para este filósofo, era suficiente que una persona fuera la primera en ‘mezclar su trabajo con la tierra’; esto, y solamente esto, era suficiente para convertirlo en el legítimo propietario”. Walter Block, “Ethics, Efficiency, Coasian Property Rights, and Psychic Income: A Reply to Demsetz”, Review of Austrian Economics 8, no. 2 (1995): pp. 61-125.

[3].      “¿Y cuál es el consejo a los jueces que emana de este nuevo enfoque? Estos deben decidir de tal forma que se maximice el valor de la actividad económica. Bajo un régimen de costos de transacción cero, en verdad no importaría —en cuanto se refiere a la asignación de recursos— cuál de las dos partes en disputa recibió el derecho en cuestión. Si este era otorgado a la persona que más lo valorara, bien. Si no, el perdedor podría pagar al ganador para disfrutar de su uso. Pero en el mundo real con costos de transacción significativos, por el contrario, la decisión judicial es absolutamente crucial. Lo que el juez decida permanecerá; no habría oportunidad para intercambios mutuamente beneficios ex post”. (Block 1995, p. 63).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

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La estafa de la jubilación estatal de reparto

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/10/17 en:

 

Sería hipócrita no reconocer que el sistema de reparto es inviable. Esto lo saben hasta los políticos menos preparados, pero es políticamente correcto decir que hay que estudiar la forma de arreglar el problema

En Argentina y en el mundo, los sistemas estatales de jubilación de reparto están quebrados. Las razones son varias, pero fundamentalmente porque gracias a los avances de la medicina la gente vive más años, esto quiere decir que aumentó el stock de jubilados y la relación entre los que aportan al sistema previsional y los que están jubilados no alcanza para pagar jubilaciones del 82% móvil como demagógicamente dicen muchos políticos.

Cuánto vaya a cobrar un jubilado depende de varios factores: 1) la cantidad de personas en actividad que aportan al sistema previsional, 2) el salario real de esas personas y 3) el porcentaje de impuestos que sobre sus salarios pagan las empresas y los aportantes.

Para que el sistema pueda funcionar razonablemente bien, en principio debe haber 4 aportantes en actividad por cada jubilado. En Argentina tenemos 6,8 millones de jubilados y pensionados y 9,4 millones de empleados en relación de dependencia, entre empleados públicos y privados. Es decir, que tenemos una relación de 1,4 aportantes por cada jubilado. Suponiendo que sumamos también a los autónomos, monotributistas, monotributistas sociales y asalariados de casas particulares, tenemos 12,2 millones de aportantes lo que da 1,8 aportantes por cada jubilado. Es un cálculo medio trucho porque los aportes de los monotribustas y monotributistas sociales son monedas. Si aún nos esforzamos más e imaginamos que los 5 millones de personas que trabajan en negro pasan a trabajar en blanco, vamos a tener 17,2 millones de aportantes y 6,8 millones de jubilados, la relación será 2,5 aportantes por cada jubilado. Ni haciendo las cuentas más estrafalarias llegamos a la relación de 4 aportantes por cada jubilado.

¿Puede solucionarse el problema incrementando los aportes y contribuciones al sistema? Mi visión es que si se aumentaran los aportes y contribuciones crecería el trabajo en negro y la tasa de desocupación. Si con estos costos salariales las empresas no quieren tomar más gente, subirlo implicaría espantar más el trabajo en blanco. Hoy las erogaciones en jubilaciones y pensiones representan, aproximadamente, el 33% del gasto corriente de estado nacional. ¿Cuánto más puede aumentar ese porcentaje del gasto total? Y suponiendo que así fuera, el nivel de gasto público seguiría siendo asfixiante para el sector privado.

Sería hipócrita no reconocer que el sistema de reparto es inviable. Esto lo saben hasta los políticos menos preparados, pero es políticamente correcto decir que hay que estudiar la forma de arreglar el problema. Es como si quisieran hacer una multiplicación de los panes.

Antes de continuar es importante destacar un punto que la mayoría de los actuales jubilados no lo entienden. Suelen decir los jubilados: yo aporte toda mi vida al sistema previsional. Esa plata es mía y me corresponde.

El gran error, que ni los políticos se animan a aclarar, es que en un sistema de reparto no hay aportes que se contabilizan a una determinada persona. El sistema de reparto no es un sistema de ahorro. Cuando un jubilado dice que aportó toda su vida al sistema previsional no sabe que en rigor estuvo pagando un impuesto durante muchos años para sostener a los que estaban jubilados en ese momento y que ahora él no vive de lo que ahorró durante años porque no hubo ahorro, vive de los impuestos a la nómina salarial de los que están en actividad. El sistema de reparto es tan simple como eso. Unos pagan impuestos para mantener a los que están retirados y así generación tras generación.

En definitiva, la jubilación de reparto nace y se mantiene porque vienen los políticos y le dicen a la gente: Uds. son imprevisores, incapaces y no están capacitados para prever su vejez, de manera que nosotros, seres iluminados superiores al resto de la sociedad, nos vamos a hacer cargo de su jubilación para que cuando llegue el momento de retiro tenga un ingreso digno del cual vivir.

El resultado está a la vista, jubilados con ingresos miserables y más de un político con muy buenas condiciones de vida.

¿Cómo se jubilaba la gente antes que apareciera el político “iluminado? Comprando propiedades y cuando se retiraban vivían de los alquileres que le daban esas propiedades. La gente podría comprar cocheras, departamentos o locales comerciales para alquilar y vivir de esos ingresos cuando se retirara. Y esas propiedades podría comprarlas aquí o en el exterior si considera más seguro otro país para hundir sus ahorros y cobrar al momento de su retiro.

Es posible que el sistema de las AFJP no sea el óptimo, de todas maneras cabe resaltar que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad que está compuesto por los ahorros que teníamos en las AFJP y el estado nos confiscó, suman actualmente unos U$S 60.000 millones. En Chile, donde mataron el sistema de reparto y quedaron funcionando las AFP, manejan un stock de ahorro de largo plazo de U$S 186.000 millones. En Chile tienen un stock de ahorro de largo plazo 3 veces mayor al que tiene el FGS aquí. Esta monumental diferencia explica por qué a los jóvenes argentinos les cuesta poder acceder a una vivienda y en Chile solo tienen que ocuparse de encontrar el departamento que más les agrade. El crédito abunda porque han logrado acumular una enorme masa de ahorro de largo plazo que permite financiar hipotecas y todo tipo de préstamos, sobre todo para que las empresas puedan invertir.

Con este sistema de reparto tenemos la certeza que es imposible que matemáticamente los jubilados puedan cobrar el 82% móvil. Lo máximo que puede lograrse es que si se captan inversiones y mejora la productividad de la economía y disminuye la desocupación, mejoren los ingresos del sistema previsional y los jubilados actuales puedan tener un mayor ingreso, de todas maneras todo ese proceso lleva tiempo.

Lo máximo que se puede lograr es mejorar algo el ingreso de los jubilados actuales flexibilizando el mercado laboral para atraer inversiones y reducir el trabajo en negro, e ir pensando la manera de no someter a las futuras generaciones a este descarada humillación que es el sistema de reparto.

Dicho de otra manera, ¿Ud. le confiaría sus ahorros para cuando se jubile a Boudou, De Vido, Jaime, Moreno o CF? ¿No? Bueno, el sistema de reparto tiene ese riesgo.

Seguir dejando en manos de los políticos nuestra jubilación, es mínimamente demencial.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Vinculación fiscal, política, y gobernabilidad

Por Gabriel Boragina Publicado  el 15/10/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/10/vinculacion-fiscal-politica-y.html

 

“¿cómo lograr la vinculación ciudadana al proceso fiscal y político?”[1]

Es una pregunta por lo demás extraña, ya que, si entendemos el proceso fiscal por el sistema fiscal, nos resulta claro que el ciudadano está vinculado al mismo por las leyes impositivas. Y toda vez que, una ley implica un vínculo de carácter obligatorio del cual -por definición- el individuo no puede desprenderse (sin violar la ley) la vinculación a la que alude nuestro autor viene dada de manera imperativa por el proceso político o, mejor expresado, por el sistema político que es el único que puede crear leyes.

“¿Cómo vincular sus preferencias reales con el conjunto de políticas fiscales y financieras que las traducen en programas específicos? No hay una respuesta única o una fórmula que siempre produzca el resultado buscado.”[2]

Parecería que la cita parte de la base de que existe una desvinculación total y completa entre la ciudadanía y las políticas fiscales (ignoramos si el autor comentado intenta fundar alguna diferenciación entre el proceso fiscal al que aludió en la cita anterior y las políticas fiscales a las que se refiere en este párrafo. Pero todo parece indicar que se encuentra utilizando ambos términos como sinónimos). Hay varias distinciones que hacer en el punto a nuestro juicio.

Si el marco político está dado por una democracia representativa, esa vinculación viene otorgada por esta última característica, en tanto que -por definición- el sistema político es representativo de la voluntad popular, de tal suerte que las decisiones que tomen los políticos serán por carácter transitivo del mismo signo, esto es, representativas de la voluntad de las mayorías. La vinculación será de dependencia entre los representantes y el pueblo que los eligió.

En cambio, cuando el sistema político no sea democrático representativo, la vinculación, aun así, no desaparece, sino que cambia de orientación. Políticos y ciudadanos continuarán conectados (o vinculados en la terminología del autor citado), pero la dependencia se invierte. Ya no será de los políticos respecto de los votantes, sino que será de los ciudadanos respecto de los políticos.

En el primer caso, las políticas fiscales y financieras no serán más que el resultado de las particulares preferencias reales de los votantes, que son plasmadas en concretas acciones por parte de sus representantes y que, consecuentemente, se transformarán en decisiones que encontrarán consagración legal.

En el segundo escenario, la vinculación subsiste (en rigor nunca desaparece), pero las preferencias reales que se impondrán serán las de los jefes de turno, erigidos en gobernantes supremos, cuyas decisiones se aplican al resto de la población.

Con ello, observamos que, si bien es cierto lo dicho por el autor en cuanto a que “No hay una respuesta única o una fórmula que siempre produzca el resultado buscado”, tampoco hay demasiadas respuestas como para considerar. Como siempre hemos dicho, en materia política (y también económica) o gobierna el pueblo o gobiernan los políticos. Y las preferencias que se terminarán estableciendo -ya sea en un caso o en el otro- son las de los que, en definitiva, ejerzan el gobierno. En ambas situaciones la vinculación existe y nunca se disuelve. Lo que cambia es el signo de la misma.

De tal suerte que, la respuesta a la pregunta de la cuestión de ¿Cómo vincular las preferencias reales de los ciudadanos con las políticas fiscales y financieras? es -en realidad- muy simple, porque lo único que se necesita para ello es instituir (si no lo hubiera) un sistema democrático liberal, que llevará asociado -inexorablemente- un orden económico de mercado. No existe ningún otro modo -estamos convencidos- de conectar aquellas preferencias con cualquier clase de política, ya que, en última instancia, en un sistema así, estas no serán ninguna otra cosa más que el resultado de aquellas.

En otro sentido, podemos expresar que, en este tipo de órdenes, la vinculación de preferencia será siempre positiva, en tanto en otros que no sean democráticos de libre mercado esa vinculación será negativa.

“Lo que sí parece claro es que, si el ciudadano municipal no aporta algo de su ingreso personal a la compra de unos bienes públicos locales, la gobernabilidad dejará de alcanzar el nivel que podría lograr.”[3]

Aquí tenemos otro párrafo desconcertante. Claro que, debemos de advertir que tendría toda la lógica en el caso de que el municipio permitiera aportes fiscales voluntarios. Para ser honestos, no conocemos ningún municipio (al menos en la Argentina) que lo permita de esta manera.

En este último país, toda la estructura impositiva es precisamente impositiva, es decir, coactiva. De tal manera que, el aportante no tiene otra alternativa que pagar compulsivamente, con lo que llamarlo “aporte” (palabra que connota una acción de carácter voluntario), resulta a todas luces inapropiada.

El problema se suscita precisamente por cuanto suele haber un desfasaje -a veces bastante notable- entre lo que el contribuyente (es preferible la expresión inglesa taxpayer, -que en su lugar la de “contribuyente”- porque literalmente expresa mucho mejor la naturaleza de la carga fiscal, ya que la traducción textual de la frase en inglés significaría pagador de impuestos lo que la despoja por completo de toda connotación voluntaria y deja al desnudo la característica coactiva del tributo.

Tampoco queda claro el nexo entre la gobernabilidad y el pago de impuestos (en este caso municipales) excepto en un aspecto que resulta obvio, y es que si la ciudadanía no paga impuestos el gobierno no tendrá recursos para financiarse y -en suma- mantenerse, lo que -a su turno- conllevará a su desaparición. ¿Será este el sentido en que nos habla el autor citado? No lo sabemos. Pero pareciera que la respuesta debería ser afirmativa por la frase final. En tal hipótesis, habrá que decir que no sólo “la gobernabilidad dejará de alcanzar el nivel que podría lograr” sino que directamente será imposible en absoluto.

En suma, parece que las expresiones que aquí hemos analizado apuntan más bien a justificar la compulsión en materia de imposición fiscal so pretexto de que -en caso contrario- se estaría comprometiendo la gobernabilidad, no del pueblo, sino de los políticos sobre este.

[1] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 325

[2] E. Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Ludes-Rubio, …Ob. Cit. Pág. 325

[3] E. Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Ludes-Rubio, …Ob. Cit. Pág. 325

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA A LA INDEPENDENCIA DE LOS PEQUEÑOS SOVIETS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/10/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/10/de-la-declaracion-de-la-independencia.html

 

Más allá de los extraordinarios intentos de Puigdemont, por superar a la lógica de Aristóteles –ser hegeliano en política tiene sus vueltas- las veleidades independentistas, últimamente –desde los catalanes hasta los mapuches- tienen otro hegeliano inspirador: Marx.

Claro, como siempre, no vaya a ser que pierden al alma leyendo a Mises, ese horrible autor al que sólo leemos los malos católicos y los malos filósofos. Entre sus pecados mortales, una de sus grandes y menos leídas obras es Nation, State en Economy, 1919 (https://mises.org/library/nation-state-and-economy ) donde, ante el desmembramiento de su amado Imperio Austro-Húgaro, Mises propone la distinción entre estado y nación como clave del problema y de la solución. Las naciones son unidades culturales definidas por el lenguaje (antes de Wiitgesntein, sí). Los estados, en cambio, son meras unidades administrativas, con el solo fin de custodiar las libertades individuales y mejorar la administración de los bienes públicos.

Las naciones, por ende, no tienen por qué estar unidas por otra nación. Son, en sí mismas, culturalmente independientes. Pero pueden convivir en un estado liberal clásico, que reconociendo sus autonomías federales, se limite a custodiar las libertades individuales de todos sus habitantes para que, a través de esas libertades, las diversidades culturales se manifiesten y se intercambien libremente.

Por ende, un estado liberal clásico no impone nada a ninguna nacionalidad, porque no es una nación. ¿Quiéres hablar catalán, cantar música country y bailar como los zulúes? ¿Quiénes fundar una institución que tenga su propio sistema educativo, en su propio idioma, etc.? Hazlo, está en tus libertades individuales, el estado liberal clásico no sólo te lo va a impedir, sino que va a custodiar tus derechos a la libre asociación y propiedad donde esas autonomías pueden funcionar. ¿Quieres tener tu propio parlamente, tu propio sistema de impuestos, y no depender del estado federal? No sólo el estado liberal clásico no te lo va a impedir, sino que esta vez te lo demandará como obligatorio en la organización federal. ¿Quieres que sea una confederación e irte cuando quieras?[1]Hazlo, porque cumplidos esos requisitos constitucionales, nadie se dará cuenta.

Pero ese es el sistema que Mises te propuso. Pero tú, lo que quieres, es otra cosa. Tú lo que quieres es vivir un en soviet y liberarte de él para hacer tu propio soviet. La Unión Europea –perdonen algunos amigos- ya es un soviet, y cualquier región que se quiera independizar será otro, y peor. Ya no existen libertades individuales. Lo que existen son grados diversos de planificación, donde, de vez en cuando, alguno dice “yo voy a planificar mejor” y proclama su independencia.

Pero el asunto no es ese. Moralmente, la clave es que cada persona sea independiente, en el sentido de que le sean reconocidas sus libertades individuales. Esa es la clave y no lo va a lograr porque viva en España, en Cataluña o en Marte: el asunto es que, llamemos como fuere a las naciones y a los estados, sean respepetadas esas libertades individuales sin las cuales las personas son oprimidas en nombre de la nación, el estado, la raza o los pueblos originarios.

Israel, Palestina, Malvinas, Inglaterra y Argentina, Cataluña, España, irlandeses, escoceses y vulcanos, norteamericanos y mexicanos,  todos conflictos inútiles y evitables. Abran las fronteras. Derriben los muros. Eliminen aduanas, pasaportes, tarifas aduaneras, aranceles y sellitos. Intercambien libremente mercancías, lenguajes, concepciones del mundo, discutan libremente si es mejor la jota o el pericón. Y únanse todos en una confederación con un estado cuya única misión será custodiar las libertades individuales bajo las cuales todo ello es posible.

Mm, pero no sé. Tal vez la pulsión de agresión, oh sabio Freud, es más fuerte que cualquier razonamiento:  “…A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. En este sentido, la época actual quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su presente agitación, de su infelicidad y su angustia. Sólo nos queda esperar que la otra de ambas «potencias celestes», el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?” (El malestar en la cultura, 1930).

 

 

[1] “….Como es evidente, el derecho de autodeterminación al que el liberal alude nada tiene que ver con ese supuesto “derecho de autodeterminación de las naciones”, porque el liberalismo lo que defiende es la autodeterminación de los individuos habitantes de toda zona geográfica suficientemente amplia para formar su propia entidad administrativa. Y esto hasta el punto de que, si fuera posible con – ceder el derecho de autodeterminación a cada individuo, el liberal entiende también habría de serle otorgado. No es posible, desde luego, en la práctica, estructurar tal planteamiento, por razones puramente técnicas, en razón de que a la zona de que se trate por fuerza ha de tener bastante entidad como para ser posible administrativamente gobernarla. La autodeterminación, por eso, no puede ir más allá de los habitantes de aquellas unidades territoriales que tengan cierto peso demográfico» (Liberalismo, 1927). Las itálicas son nuestras.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Economía socialista, un siglo de fracasos

Por Martín Krause. Publicado el 10/10/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/10/10/economia-socialista-un-siglo-de-fracasos/

 

Se cumplen aniversarios de dos fenómenos que, en buena medida, cambiaron al mundo moderno: 150 años de la publicación de El Capital, de Marx, y 100 años de la revolución soviética. No hay nada que festejar. Todos los intentos de aplicar principios marxistas a la organización económica han terminado en fracasos y los pocos que quedan (Corea del Norte y en alguna medida Cuba) no son fuente de inspiración alguna ni muestran resultados que la motiven.

Pero lo más interesante de este tema es que la discusión teórica había saldado ya el debate mucho antes de que estas ideas comenzaran a aplicarse. Dada la característica periodística de este artículo y las limitaciones en su extensión estaré revisando alguno de los temas en forma muy concisa y también superficial para que podamos todos entenderlo.

En primer lugar, es necesario señalar que la piedra fundamental de la economía marxista se había derrumbada décadas antes del intento soviético. Me refiero a la teoría del valor, según la cual éste es generado por la cantidad de trabajo necesario para la producción de un determinado bien. Marx se preguntaba: ¿qué es lo que tienen todos los bienes en común y lo que se iguala cuando se produce un intercambio? Para todos es necesario el trabajo y en un intercambio se igualan cantidades de trabajo socialmente necesario.

Entonces, si lo que genera valor es el trabajo, ¿de dónde sale la ganancia del capitalista? Pues, del trabajo, no queda otra. Se trata de la plusvalía que el capitalista extrae del trabajador. Lo explota. ¿Qué es lo que hay que hacer entonces? Expropiar a los expropiadores, la revolución socialista que terminaría con la clase parasitaria capitalista.

GRAVE ERROR

El problema es que esta teoría, piedra fundamental de todo el edificio, es errónea. Pocos años después había sido ya demolida en los trabajos del austríaco Eugen von Böhm-Bawerk. El valor no es algo objetivo que pueda medirse y no es algo que se iguale en un intercambio. Es precisamente al revés: el valor es algo subjetivo, que depende de las valoraciones y preferencias de cada uno y los intercambios se realizan porque se valoran los bienes en forma diferente, no igual.

No tendría sentido realizar intercambios para recibir algo semejante a lo que se entrega. Por ejemplo: si cambio una moto usada por una tabla de surf, lo hago porque valoro más la tabla que la moto; y mi amigo al revés, valora más la moto que la tabla. El intercambio se realiza porque tenemos valoraciones “diferentes” sobre los mismos bienes.

Otra cosa, si el valor proviene de la cantidad de trabajo y la plusvalía se extrae de él (no del trabajo acumulado en máquinas, por ejemplo), ¿cómo es que hemos visto a los capitalistas por más de trescientos años permanentemente reemplazar trabajo por máquinas a punto que hoy estamos preocupados porque los robots nos dejen sin trabajo? Si los capitalistas buscan más plusvalía, ¿no deberían priorizar tareas donde haya más trabajo?

Un último punto (aunque hay muchos más para señalar), en una economía en equilibrio todas las actividades tendrían el mismo rendimiento, la misma ganancia. Si las ganancias provienen de la plusvalía que se extrae del trabajo, quiere decir que en equilibrio todas las actividades tendrían la misma proporción de trabajo, pero con tal sólo observar cualquier actividad nos damos cuenta que lo que predomina es la diversidad en ese aspecto.

PLANIFICACION

En fin, se podría hablar mucho más sobre la teoría del valor. Vayamos ahora a su aplicación práctica, la planificación económica. Tan sólo tres años después de la revolución soviética, el meollo de la cuestión había sido planteado en forma contundente. El economista austríaco Ludwig von Mises publicaba un artículo titulado “El cálculo económico en la sociedad socialista”, y dos años después, en 1920, todo un libro “Socialismo: análisis económico y sociológico”.

Allí planteaba no ya que la planificación fuera ineficiente, sino que era imposible. El argumento, muy simplificado es el siguiente: en la economía de mercado los factores de producción son asignados por emprendedores a la producción de distintos bienes y servicios guiados por los precios esperados de los bienes a producir y los factores necesarios.

Esos precios son en verdad intercambios de derechos de propiedad, pero como en la economía socialista no habrá propiedad privada de los factores de producción, entonces no habrá tal cosa como precios que guíen esas decisiones. Esos factores serán asignados a distintos procesos según la opinión de planificador pero sin ningún criterio económico. Resultado: un enorme despilfarro.
Ejemplo: hay que construir un puente. Técnicamente se puede hacer de madera, cemento, acero, acero inoxidable o platino. ¿Por qué razón nos parecería extraño hacerlo de platino? Porque tenemos una cierta noción del precio de mercado del platino que nos indica que es mejor dedicarlo a otra cosa. Pero sin mercados no habría forma de saberlo.

De hecho, para hacer sus planes quinquenales, los planificadores soviéticos miraban los precios de Occidente. Es decir, sin mercados afuera no hubieran podido planificar.

El último y muy breve punto tiene que ver con la “justicia” de igualar ingresos. ¿Si vamos a ganar igual, porqué he de esforzarme para trabajar más? O, ¿no es injusto que me paguen lo mismo si trabajo el doble que mi compañero?

En palabras de Churchill, “la virtud del comunismo es el reparto igualitario de su miseria y el vicio del capitalismo es el desigual reparto de sus bondades”.

Un siglo después y millones de muertos mediante, el capitalismo ha demostrado que sus resultados serán desiguales, pues nosotros somos por sí desiguales en capacidades o esfuerzos, y ha enterrado al socialismo bajo una prosperidad que de una u otra forma ha llegado a todos. Al inicio de la revolución industrial el ingreso promedio mundial era de 150 dólares actuales por año y por persona; hoy es de 7.000 dólares. No hay más que discutir.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Bajar la inflación a pesar del déficit

Por Iván Carrino. Publicado el 11/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/bajar-la-inflacion-a-pesar-del-deficit/

 

Milton Friedman decía que la inflación es -en todo momento y en todo lugar- un fenómeno monetario.

Ahora desde la perspectiva argentina, cuando vemos para qué se emitió dinero entre los años 2011 y 2015, tendemos a pensar que la inflación no es un fenómeno monetario sino, más bien, un fenómeno fiscal.

El mecanismo es el siguiente. El Gobierno gasta más de lo que gana y entonces le pide al Banco Central que lo financie. El Banco Central emite más pesos de lo que el mercado necesita y el precio del dinero cae.

El resultado: la inflación.

Dado este mecanismo, es claro que cuando la inflación es alta y sostenida, lo que hay detrás es un déficit fiscal que está siendo “monetizado” por la autoridad monetaria.

La pregunta es: ¿se da este mecanismo a la inversa? Es decir: ¿siempre que haya alto déficit fiscal va a haber alta inflación?

Alto déficit no siempre es alta inflación

La relación entre déficit, emisión e inflación la conocemos bien en el país. El gobierno gasta de más, no le alcanza, y saquea al Banco Central.

Ahora ése no es el cuadro en todas las latitudes.

Bolivia, por ejemplo, cerrará el año con un déficit primario de cerca de 5% del PBI (más de lo proyectado para Argentina). Su inflación, sin embargo es un quinto de la nuestra.

Del otro lado del mundo, Japón también presenta un desajuste de cerca de 4% del PBI (3,8%). Sin embargo, no solo no tiene inflación, sino que busca desesperadamente que ésta suba. Según el FMI cerrará el año en 0,8% anual.

Existen otros ejemplos. En Estados Unidos, en plena crisis, el desequilibrio fiscal casi alcanzó el 10% del producto. En España y Grecia, ese umbral se superó en el 2009. Sin embargo, en ninguno de los casos hubo temores por la inflación.

Es decir, si hay inflación alta y sostenida, muy probablemente detrás haya un gobierno despilfarrador que está atracando al Banco Central. Pero que existan gobiernos despilfarradores no quiere decir que tenga que haber más inflación.

Es que, en definitiva, la inflación se produce cuando la cantidad de dinero excede la que demanda el mercado. Y el único responsable por esa cantidad es su único emisor. Es decir, el BCRA.

Si el Banco Central decide no financiar al Tesoro, entonces evitará colocar una cantidad de dinero excesiva. Finalmente, entonces, no se producirá la inflación.

¿Cumplirá Sturzenegger?

La discusión es particularmente relevante para el contexto nacional actual. El gobierno en 2016 no solo no redujo el déficit fiscal, sino que lo aumentó. Para éste y los años siguientes, si bien propone un sendero decreciente para el mismo, el ritmo es excesivamente gradualista.

En 2018, según el presupuesto, el agujero de Hacienda ascenderá a $ 680.000 millones.

¿Se puede bajar la inflación en este contexto? La respuesta, curiosamente, es afirmativa. Es que, en la medida en que el Banco Central controle y reduzca la monetización del déficit, el ritmo de aumento de los precios continuará descendiendo.

Para 2018, el BCRA transferirá solamente $ 140.000 millones al Tesoro, un 20% de sus necesidades de financiamiento. En 2014 el central aportó el 64% de dichas necesidades. Puede parecer poco, pero es un avance importante, y los datos de inflación así lo reflejan. Estamos con los índices más bajos de los últimos 7 años.

Para concluir, hay una buena y una mala noticia a partir de todo esto. La buena es que la inflación puede bajarse a pesar de tener un abultado déficit fiscal. Los datos presentes y las expectativas muestran que ésta cae y lo seguirá haciendo por los próximos años.

La mala noticia, sin embargo, es que tener semejantes niveles de déficit no es para nada saludable. Ellos se traducen en deuda y la deuda en mayor incertidumbre y menor crecimiento.

Argentina tiene que crecer de manera sostenida por muchos años. Para eso debe ordenar sus números. Bajar la inflación es solo un pequeño paso en un largo camino por recorrer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La preocupación por el predominio de empresas grandes en el mercado: también fracasan y estrepitosamente

Por Martín Krause. Publicado el 6/10/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/10/06/la-preocupacion-por-el-predominio-de-empresas-grandes-en-el-mercado-tambien-fracasan-y-estrepitosamente/

 

Muchos alumnos se preocupan por el peso y la influencia de las grandes empresas en la economía. Por supuesto que hay que preocuparse, pero cuando se trata de sus relaciones y vínculos con la política y el estado, ya que ahí pueden buscar algún tipo de favor o privilegio. Pero no es lo mismo en el mercado, donde los consumidores tienen en cuenta la calidad y el precio de los productos y servicios. Allí no es necesario “sobornar” a funcionarios sino “seducir” a los clientes. En el libro de Carpenter Mason and Sanjyot P. Dunung (2011), International Business, se presenta un caso de “grandes” y “multinacionales” que pierden con más pequeños y locales, e incluso luego éstos tienen éxito en otros mercados:

“La cadena minorista JCPenney entró en Chile en 1995 abriendo dos locales. La francesa Carrefour ingresó en 1998. Ninguna de ellas lo hizo a través de una alianza con una empresa minorista local. Ambas se vieron forzadas a cerrar sus operaciones chilenas debido a las pérdidas ocasionadas. Un análisis de la Universidad Adolfo Ibañez explicó las razones detrás de estos fracasos: los administradores de estas empresas no lograron conectarse con el mercado local, ni comprendieron las variables que afectan a los negocios en Chile. Específicamente, el mercado minorista chileno era avanzado, y también era muy competitivo. Los nuevos ingresantes (JCPenney y Carrefour) no llegaron a comprender que los principales minoristas existentes tenían sus propios bancos y ofrecían servicios bancarios en sus locales minoristas, lo cual era una de las principales razones de su rentabilidad. Los recién llegados asumían que la rentabilidad en este sector se basaba solamente en las ventas minoristas. No vieron la importancia de los vínculos bancarios. Otro error típico que las compañías cometieron es asumir que un nuevo mercado no tiene competencia porque los competidores tradicionales no estaban en él.

Pero continuemos con el ejemplo y veamos cómo los minoristas chilenos ingresaron en un mercado nuevo para ellos: Perú. Estos minoristas eran exitosos en su propio mercado pero querían expandirse más allá de sus fronteras para obtener clientes en nuevos mercados. Eligieron Perú.

El mercado minorista peruano no era muy desarrollado, y no se ofrecía crédito a sus clientes. Los chilenos entraron en el mercado a través de una asociación con firmas peruanas, e introdujeron el concepto de tarjetas de crédito, que era una innovación en el poco desarrollado mercado peruano. Ingresar con un socio local los ayudó porque eliminó la hostilidad y facilitó el proceso de inversión. La oferta de tarjetas de crédito distinguió a los minoristas chilenos y les dio una ventaja sobre la oferta local.”

Un estudio de CEPAL llega a las mismas conclusiones: “Las empresas chilenas de comercio minorista han logrado construir sólidas ventajas competitivas. Estas se sustentan en un modelo de negocios que aprovecha las sinergias obtenidas de la operación conjunta de una serie de actividades relacionadas. El desarrollo de esta fórmula de comercio minorista integrado surgió directamente de la intensa competencia en un mercado chileno que, por su tamaño limitado, hacía muy difícil ser rentable en un solo segmento de la industria del comercio minorista. La clave del éxito ha sido la combinación de las mejores prácticas de los líderes internacionales con el conocimiento local, una oferta diversificada que incluye servicios bancarios y la capacidad de supervivencia en un mercado altamente competitivo. En este contexto, las compañías de comercio minorista han visto en la expansión internacional la mejor opción para iniciar una trayectoria de crecimiento sustentable”: http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/revista/noticias/articuloCEPAL/4/27644/P27644.xml&xsl=/revista/tpl/p39f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xslt

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

El triunfo ante Ecuador, Rusia 2018 y una vuelta a las verdaderas prioridades nacionales y populares:

Por Guillermo Luis Covernton.

 

Finalmente anoche, luego de sufrir 90 minutos, lo mejor de lo mejor de nuestra patria, la verdadera élite pensante y actuante nos ha devuelto al lugar que merecemos. “Le ganamos” a Ecuador y “clasificamos” para Rusia 2018. Un destino de grandeza que ya Moisés traía anotado en el reverso de las tablas que bajó del monte…

Probablemente por el pánico o la desazón de meses anteriores, mucha gente todavía no es plenamente consciente de la epopeya heroica que significa esta clasificación. Especialmente, viniendo de muchachos humildes y de vida ejemplar, como los involucrados en la gesta.

Hablando con mi amigo Cristian, me explicaba: “¿Sabés que pasa? Que en lo único que nos va bien es con los futbolistas y los curas. Sacamos un papa y la clasificación a Rusia… Los economistas son tan burros que otra vez nos perdimos el Nobel, y ninguno se pone a estudiar….”. Tuve que darle absolutamente toda la razón. Me dejó sin argumentos. Enhorabuena los muchachos de Chiqui Tapia nos han devuelto el alma al cuerpo.

Era tal la desazón de nuestros ciudadanos, en estos últimos meses, que algunos abrigaron la secreta esperanza de aportar aunque fuera un granito de arena a volver a poner a nuestra nación en el olimpo de las elegidas para el éxito, como todos sabemos que debe estar. Esfuerzos vanos y ridículos.

Por ejemplo:  A estos pibes no se les ocurre nada más importante que desarrollar una innovadora tecnología para extraer litio de salares de altura, de manera eficiente y sostenible. Considerando que Argentina es el 2* o 3* exportador más grande del mundo de un material cuya demanda crece exponencialmente… ¿Quién les va a gritar el gol a estos? ¿Que se pensaban?

http://www.telam.com.ar/notas/201706/192188-cientificos-argentinos-ganaron-el-concurso-internacional-mentes-brillantes.html

Como los malos ejemplos son lo primero que se copia, aparecieron estos otros chicos que prevén geolocalizar las áreas de mayor concentración de polen de la Ciudad de Buenos Aires. Llegan tarde. Eso era para la época del Flower power. Muy setentoso. Y el premio se los da la NASA, que ahora debe estar muy aburridos , porque no mandan más cohetes a la luna, porque era al cohete…. Nadie les grita el gol… ¡¡¡Que se olviden!!!

https://www.clarin.com/sociedad/grupo-argentinos-gano-concurso-nasa-vera-despegue-vivo_0_ryWmAHuQ-.html

Aquí hay otra patota que, en vez de jugar a la pelota, que es en lo que somos buenos y donde Argentina tiene más ventajas competitivas, fueron destacados por el desarrollo de androides de rescate. ¿Justo ahora, que volvió Blade Runner? Se merecen que Harrison Ford se los recocine a tiros, por replicantes.

https://www.infobae.com/tecno/2016/07/11/estudiantes-argentinos-ganadores-de-robocup-el-mundial-de-robotica/

Aquí hay otro que, en vez de sumarse al elenco de Messi y compañía,  se va a hacer películas a Gaza o a Siria, en vez de ir a Hollywood!!!!! Ni se comparan las chicas de California, con las de medio oriente… ¿Quién le va a gritar el gol a este???

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2017/07/24/el-argentino-hernan-zin-es-el-documentalista-mas-premiado-de-los-ultimos-anos-en-espana/

Y siguen las iniciativas estériles: “Estos otros tuvieron una idea tan sencilla como brillante: crear un sitio web con libros infantiles, con sus imágenes animadas en videos, contados en lenguaje de señas argentino para que chicos sordos de entre unos 4 y 9 años pudieran empezar a “leer” literatura en lengua escrita, una capacidad que es una verdadera rareza entre las personas sordas.”

Para que quieren leer los sordos? ¡¡¡Que se dediquen a la música, como Beethoven, y así les va a ir mucho mejor, porque no se distraen escuchando “Despacito” y esas tonterías. Ahí está su verdadera ventaja competitiva…
 http://www.lanacion.com.ar/1828016-argentinos-ganadores-de-premio-internacional-en-innovacion-educativa
Y encima, ninguno de estos dejó afuera ni le hizo bullying a ningún chileno….

Pero, bueno… ya pasó el mal momento y nos podemos dedicar a escuchar las sesudas reflexiones de los periodistas deportivos, en todos los medios locales. Y nos dejamos de otras noticias que nos son relevantes para la cultura nacional y popular de todos, todas, algun@s y @lgunas…

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Las tres opciones económicas que se le abren al Gobierno a partir del 23 de octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/10/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/10/10/las-tres-opciones-que-se-le-abren-al-gobierno-a-partir-del-23-de-octubre/

 

Si el resultado electoral del 22 de octubre es el que se perfila actualmente, Mauricio Macri va a tener un importante capital político que, aunque no le permita tener el control de ambas cámaras legislativas, le otorgará un mayor margen de maniobra que el que tuvo hasta ahora.

Insisto, de confirmarse el resultado electoral que se vislumbra, el Presidente tendrá una segunda gran oportunidad de torcer el rumbo de decadencia económica que lleva siete décadas en Argentina, considerando que una gran primera oportunidad, a mi juicio desperdiciada, fue el 10 de diciembre de 2015 cuando asumió la presidencia. En ese momento, si se hubiese detallado claramente la herencia recibida del kirchnerismo, el margen de acción le hubiese permitido adoptar medidas económicas más contundentes que las que se adoptaron hasta ahora.

Sin duda que hoy el ambiente económico institucional es el día y la noche respecto a los nefastos años del kirchnerismo. No sólo ya no tenemos a la AFIP haciendo de KGB que persigue a los que piensan diferente, las interminables cadenas donde CF vendía un mundo irreal y no existen las medidas delirantes de Moreno y de Kicillof, entre otras cosas. Sin duda ahora somos vistos con respeto en el mundo. Ya no somos los impresentables que fuimos durante la era k.

No obstante, creo que sería un error comparar la actual situación con la era k como punto de referencia para saber si mejoramos o no, porque estaríamos poniendo la vara muy baja. El kirchnerismo nos dejó en el quinto subsuelo y no se necesita gran cosa para superar esa situación para mostrarse algo mejor. En todo caso en el gobierno de Fernando De la Rúa tampoco había controles de precios, ni de cambios, ni cepo cambiario y se llegó a una crisis final por no encarar las reformas de fondo y pensar que sólo con el cambio de expectativas que generaría la presencia de Domingo Cavallo y reestructurando la deuda pública el transcurso del tiempo iba a solucionar los problemas, algo que, como todos sabemos, no sucedió.

Si, como decía antes, el 22 de octubre, luego de contar los votos, Macri logra incrementar sustancialmente su capital político, el interrogante que queda por delante es cuál de los siguientes tres escenarios económicos se dará:

1. Que se duerman en los laureles y piensen que lo que les sirvió para ganar las elecciones también sirve para manejar la economía de aquí hasta el 2019, es decir, seguir endeudándose para financiar el déficit fiscal apostando a que, por algún efecto mágico, la economía va a crecer y del exterior nos van a financiar indefinidamente. En ese caso la economía estará en manos de Dios porque por el motivo menos pensado puede cortarse el financiamiento externo.

2. Ver si el Gobierno está dispuesto a adoptar las medidas mínimas necesarias para domar la pesada herencia k que todavía no fue desarticulada. Salvo los casos del cepo y las cosas más guarangas como los controles de precios, el gasto público sigue siendo un enorme peso para el sector privado, al igual que la carga tributaria, el retraso de las tarifas de los servicios públicos que fueron ajustadas pero todavía tienen que subir más y desarmar ese nefasto negocios de los “programas sociales” por el cual generaciones de jóvenes crecen viendo cómo sus padres viven sin trabajar. La famosa destrucción de la cultura de trabajo.

3. Adoptar un plan económico que no sólo permita dominar la herencia k sino, además, dar otro paso adelante y adoptar aquellas medidas que nos pueden llevar, en un par de décadas, a ser un país desarrollado. No nos olvidemos que Brasil acaba de corrernos el arco y nos exigirá más esfuerzo en las reformas dado que si aquí no se hace una reforma laboral importante, ni las migas de las inversiones que van a Brasil van a caer por estas tierras.

La primera opción luce poco viable. En lo que va de 2017 las reservas del BCRA aumentaron en USD 11.418 millones y todo ese aumento se explica por las compras de divisas que dicha entidad le hace al Tesoro que se endeuda para financiar el déficit fiscal.

La expansión de circulante es del 34,5% anual luego de colocar Letras del Banco Central y pases netos para absorber la liquidez que genera la compra de divisas al tesoro. En tanto que el stock de Lebac y pases netos se multiplicó por 3,4 veces entre diciembre de 2015 y septiembre de este año o, si se prefiere, subió el 240% con el gasto cuasifiscal que ello implica, en la era k ese stock se multiplicó por 30; dicho de otro modo, el endeudamiento del BCRA creció el 2.900 por ciento.

Mi punto es que este ritmo de endeudamiento externo y del BCRA para financiar el déficit fiscal es insostenible en el largo plazo.

Por eso, la pregunta es: ¿qué es lo mínimo que tendría que hacer el Gobierno de Mauricio Macri para salir de esta trampa económica que le dejó el kirchnerismo? ¿Es viable el gradualismo que venimos viendo?

Mi punto de vista es que si apuestan a hacer sólo lo que es necesario para dominar la herencia k, será un paso adelante. Ahora,

¿En qué consiste lo mínimo para dominar la herencia k?

1. Disciplina fiscal: No se limita a bajar el déficit fiscal solamente. Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Eso de que el crecimiento de la economía va a licuar el peso del Estado sobre el PBI lo veo poco probable. Es más probable que el Estado aplaste al sector privado.

 Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos

2. Reforma impositiva: El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.
Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. Hay experiencias en el mundo que demuestran que la curva de Laffer funciona. Tal vez podría pensarse en reemplazar el actual impuesto a las ganancias por un flat tax.

3. Disciplina monetaria: Para alcanzar este objetivo puede establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales serán finalmente alcanzables.

 Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzables

4. Reforma laboral: Es fundamental para que las 650.000 Pymes y microemprendimientos contraten personal. Con 1 persona por año que contraten estas 650.000 empresas, en 5 años tenemos resuelto el problema de la desocupación. Se podrán absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral, podrán pasarse empleados del estado al sector privado y no habrá justificativos para que los piqueteros sigan exigiendo ser mantenidos por los contribuyentes.

5. Incorporarse al mundo: Si la Argentina se incorpora al mundo, estará anclando sus instituciones a las de los países desarrollados y el proceso de captación de inversiones será más acelerado. Vean cómo el gobierno de Cataluña empieza a arrugar al ver que queda fuera del mundo si se separa de España.

El desastre populista de los últimos 70 años potenciado por el kirchnerismo es tan grande que el mínimo para superar la herencia k es un mínimo muy alto. Seguir comparándose con los 12 años kirchneristas es poner la vara demasiado baja y correr el riesgo de adoptar medidas que no alcancen para salir del pozo en que nos dejaron.

En síntesis, me parece que el 23 de octubre, si se confirma la consolidación de Cambiemos, debería aparecer un plan económico global con el mínimo de medidas señaladas. Caso contrario habrá que rezar para que el financiamiento externo permita financiar este sobredimensionamiento estatal y carga tributaria que ahogan cualquier posibilidad de entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

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