La economía y el Brexit

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 19/5/16 en: http://sotograndedigital.com/la-economia-brexit-la-opinion-carlos-rodriguez-braun/

 

El próximo 23 de junio los británicos están convocados a un referéndum para responder a esta pregunta: “¿Debería el Reino Unido continuar siendo miembro de la Unión Europea o dejar la Unión Europea?”. Como es natural, está habiendo un vivo debate allí entre los partidarios de continuar dentro de la UE y los partidarios del “Brexit”, es decir, la salida.

Aunque la economía ha estado en el centro de la discusión, se ha puesto énfasis sobre todo en las consecuencias económicas que el Brexit podía tener para Gran Bretaña. Sin embargo, como recordó hace poco The Economist, el posible abandono tendría impacto sobre la propia Unión Europea, y sobre España: los dos primeros exportadores europeos al Reino Unido son, en porcentaje del PIB, Irlanda y Países Bajos, pero los siguientes son España y Alemania. También el Brexit podría afectar a Sotogrande, por su antigua y estrecha relación con los británicos, que representan un porcentaje elevado de los extranjeros que viven en nuestra comunidad, y también de nuestros visitantes, turistas e inversores.

Brexit

Las conjeturas sobre los resultados del Brexit normalmente recurren a lo que los economistas llamamos el supuesto ceteris paribus, es decir, suponer que se van los británicos y las demás cosas no varían. De ahí las estimaciones que hemos visto sobre los efectos económicos y políticos de la salida en términos de menos comercio, menos turismo, menos empleo, menos inversiones, más populismo y más euroescepticismo. Las consecuencias serían negativas para el Reino Unido, el resto de Europa, España y Sotogrande.

Sin embargo, nadie sabe si va a ser necesariamente así, porque desconocemos el futuro, y porque suponer que nada va a cambiar es cómodo pero irreal. Por ejemplo, toda Europa se ha acostumbrado a mantener intercambios económicos cada vez más sencillos y baratos. ¿Toleraríamos que los políticos se embarcaran en una carrera proteccionista como la vivida en los años 1930, cuando ahora llevamos décadas de un comercio cada vez más libre que ha beneficiado a los británicos y al resto de Europa? No lo creo.

Por tanto, convendrá prestar atención a la orientación de las políticas, con o sin Brexit, en el Reino Unido y en los demás países, porque unas economías más intervenidas tendrán efectos económicos negativos en todas las circunstancias y para todas las partes.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Brexit: ¿crisis u oportunidad?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 24/5/16 en http://www.rionegro.com.ar/columnistas/brexit-crisis-u-oportunidad-BM394267

 

El Reino Unido, a 43 años de su adhesión a la Unión Europea (UE), se encuentra frente a un angustioso dilema que ha de sopesarse a voluntad de partidarios y detractores. Pareciera que el canal de la Mancha, que lo separa en múltiples aspectos del continente, se está ensanchando de forma irreversible.

En repetida opinión, el contexto internacional se caracteriza porque la mayor parte de los extranjeros, incluido entre otros el presidente de EE. UU. Barack Obama, no admite las razones geopolíticas para que Gran Bretaña abandone la UE en el referéndum del próximo 23 de junio.

Europa, que ha sido un balance entre Londres, París y Berlín, cada uno con sus diferentes visiones económicas y de política exterior, abría múltiples posibilidades de colaboración y negociación. Pero ahora el desplazamiento de poder hacia Alemania, tanto debido a su éxito económico como a la marginalización creciente de Francia y la irrelevancia europea del Reino Unido, significa que la UE se está articulando como un núcleo fuertemente integrado en la esfera económica bajo hegemonía política y normativa alemana.

Los diplomáticos británicos, pese al esfuerzo que han dedicado durante décadas a entretejer una relación entre Londres y Bruselas que garantizara al Reino Unido un máximo de influencia con, a la vez, un mínimo de cesión de soberanía, se enfrentan a una debacle de gran magnitud. Tal vez no tanto porque el Reino Unido haya cambiado de posición, que lo ha hecho desde la llegada de David Cameron al poder, sino sobre todo porque el continente se ha puesto en marcha, dejando al Reino Unido atrás.

Primero fue Grexit, la combinación de Grecia y exit (salida). Ahora es Brexit o Brixit para referirse a una posible salida del Reino Unido. En el 2015 el Parlamento británico aprobó la European Union Referendum Act 2015, uno de los objetivos de gobierno del Partido Conservador, y será la segunda ocasión que se celebre un referéndum de este tipo tras la elección de 1975, en la que el 67% de los electores se mostró partidario de permanecer. Se espera que el referéndum del 2016, tal como lo indica la encuesta de Financial Times al 8 de mayo, 46% por la permanencia y 43% por la separación, tenga resultados más ajustados.

Por su parte, los principales responsables de la UE han confirmado que no habrá período de gracia para Reino Unido si decide abandonar el bloque. Bruselas no quiere perder ni un segundo y ya ha comenzado a registrar en las agendas de media Europa una cita el domingo 26 de junio, tres días después del referéndum. Esa reunión serviría para acelerar las negociaciones de un proceso que se califica directamente como “divorcio”.

El impulso de la conducción del “Brexiteers” es el mismo que destacó en 1962 el exsecretario de Estado de norteamericano Dean Acheson cuando declaró: “Gran Bretaña ha perdido un imperio y todavía no ha encontrado un papel”. El escritor Edmund Wilson, por su parte, también lo expresó cuando dijo que la elite británica era “completamente irreconciliable con la disminución de la Gran Bretaña de posguerra”.

Pero, pese el consenso generalizado de que la salida de Gran Bretaña de la UE podría dañar su economía, se alzan las voces de un nuevo desafío. En un paper de “Economists for Brexit”, ocho “notables” economistas británicos se oponen a los argumentos del Tesoro, el FMI, la Escuela de Economía de Londres y la OCDE, a los que consideran un “sinsentido económico” y alegan que el Brexit “traerá ventajas económicas, netas y medibles”.

Los miembros del Partido Conservador de Gran Bretaña comparten la misma idea de que su pequeña isla sigue siendo lo suficientemente grande como para estar al margen de la Europa continental. Sin dudas, el sentido británico original de autosuficiencia, y de poder y gloria, que deriva de hechos históricos. Se piensa que el aislamiento geográfico del Reino Unido, así como las tradiciones entrelazadas de comercio y la libertad individual, la distinguen claramente de sus vecinos del continente.

Aunque las consecuencias de la elección recién se verán tras las pruebas de campo (en uno u otro caso), la amenaza del Brexit quizás debería ser observada no solo como una posible pérdida británica y/o comunitaria sino como una esperanza para frenar y cambiar de signo el inquietante proceso de burocratización que caracteriza al gobierno supranacional europeo desde su misma creación.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

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Grado

Una propuesta económica ignorada por el gobierno

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/5/16 en http://economiaparatodos.net/una-propuesta-economica-ignorada-por-el-gobierno/

 

La historia de 7 economistas que presentamos los lineamientos para enfrentar la herencia k  y fuimos ignorados

Cansado de escuchar estupideces sobre que critico pero no propongo nada o que al gobierno hay que formularle las propuestas en privado, paso a contar una historia no conocida, pero que creo que llegó el momento de darla a conocer y que quienes hablan sin fundamento se llamen a silencio.

Antes que ganara la segunda vuelta electoral Mauricio Macri, convoqué a un grupo de cuatro economistas, entre ellos a mi fallecido hermano Juan Carlos, para redactar los lineamientos de un plan económico para enfrentar la herencia que dejaba kirchnerismo. Ninguno de los economistas pertenecía a alguna fracción partidaria. Ninguno militaba o milita en algún partido político.

Con los primeros que hablé fueron con mi hermano Juan Carlos y con Agustín Monteverde, con quién hacía rato veníamos intercambiando ideas sobre si valía la pena el esfuerzo de emprender esa tarea, y les propuse conformar un grupo y comenzar a trabajar en las medidas necesarias para dominar la herencia k. También fue de la partida otro economista más con quién habíamos hecho un trabajo similar allá por 1988.

A propuesta de uno de los integrantes del grupo inicial luego se sumó otro economista más y dos miembros de la Fundación Libertad y Progreso que conduce Manuel Solanet.

Nos reuníamos todos los jueves a partir de las 18.30 hs. en la casa de mi hermano Juan Carlos o en la casa de otro de los integrantes del grupo para intercambiar ideas sobre cómo enfrentar la crisis que dejaba el kirchnerismo. El documento incluye dos grandes secciones: 1) una descripción de la herencia recibida y 2) qué hacer en materia de gasto público, política impositiva, comercio exterior, etc.

Luego de varios meses de reuniones, correcciones en la redacción del texto y pulir algunas ideas adicionales, comenzó el debate sobre cuál era el mejor camino para dar a conocer el documento. En ese lapso uno de los miembros de la Fundación Libertad y Progreso propuso que no saliera solo con la firma de los 7 economistas que habíamos trabajado sino que saliera con el nombre de la Fundación. Si bien yo me había ocupado de armar el grupo original, no tuve ningún inconveniente para que el documento saliera con el nombre de la Fundación, finalmente era un trabajo para tratar de colaborar con el nuevo gobierno (a esa altura ya había ganado Macri la segunda vuelta) y no era cuestiones de figuraciones sino de formular aportes. Y tampoco era el objetivo buscar puestos en el gobierno, sino contribuir con ideas.

Ya avanzado y casi terminado el documento, vino otro debate. ¿Debíamos dar a conocer en los medios y redes sociales el trabajo o primero se lo acercábamos a los miembros del nuevo gobierno?

Finalmente primó la idea de no difundirlo y enviárselo vía la Fundación a por lo menos media docena de funcionarios que actualmente son ministros u ocupan otros cargos en el área económica del gobierno. Tarea que se encargó de realizar la Fundación Libertad y Progreso.

Algunos agradecieron el envío pero no hubo ningún tipo de feedback para reunirnos e intercambiar ideas. Aclaro que ninguno de nosotros estaba buscando un puesto en el gobierno, era solo el intento de 7 economistas con más de 30 años de profesión que habiendo visto y vivido varios fracasos económicos, intentaba aportar su granito de arena.

Pasado un tiempo prudencial y viendo que las nuevas autoridades no estaban interesadas en intercambiar ideas sobre las medidas a tomar, sugerí dar a conocer el documento en forma pública que había sido la idea original cuando convoqué a Agustín Monteverde y a mi hermano.

En esa parte hubo diferentes posiciones por miedo a perjudicar al nuevo gobierno y se llegó al acuerdo de publicar solo el diagnóstico. Es decir, la descripción de la herencia recibida pero no las propuestas de las medidas a tomar. Personalmente yo era de la idea de publicar todo pero acepté limitarnos a publicar el diagnóstico.

En definitiva, el documento era una descripción de la espantosa herencia económica que dejaba el kirchnerismo y en su segunda parte una propuesta económica que busca volver, dentro de lo posible y a lo largo del tiempo, a los principios alberdianos, padre de nuestra Constitución Nacional, que fueron los que permitieron que Argentina pasara de ser un desierto a una de las potencias económicas a principios del siglo XX.

Lo concreto es que 7 economistas, al final se sumó un economista más con su firma, hicimos los deberes. Se los enviamos por mail a diferentes miembros del actual gabinete de Macri pero optaron por no intercambiar ideas.

Es perfectamente entendible que no les interesara ni nuestro diagnóstico ni nuestras propuestas de volver a los principios de nuestra constitución de 1853/60 y tengan en mente otra propuesta. Pero lo cierto es que se hizo el esfuerzo por diagnosticar y proponer ideas, lo cual a mí, que fui el que tuvo a su cargo armar y coordinar las reuniones del grupo, me queda la conciencia totalmente tranquila que el esfuerzo estuvo hecho y, por lo tanto, me siento libre de apoyar o criticar las ideas del gobierno habiendo previamente intentado ser escuchado por las actuales autoridades.

Debe quedar en claro que esta no es una nota reclamando que el gobierno nos convoque a dialogar, posiblemente se sientan más cómodos dialogando con el massismo, el radicalismo y el progresismo. Finalmente su ministro de Hacienda Prat Gay proviene de las filas del progresismo y es perfectamente atendible que quieran buscar la solución por ese costado ideológico. Por mi parte sigo creyendo que son más dignos y eficientes los principios de la libertad, la cultura del trabajo, la competencia empresarial, la integración al mundo que el paternalismo estatal que impulsa el progresismo.

En lo personal seguiré bregando por difundir las ideas de un gobierno limitado, que no exprima a los contribuyentes con impuestos para financiar un gasto público monumental, de baja calidad y con todos los condimentos para que la corrupción siga enquistada en el estado. Quiero un estado que le permita a la gente liberar su capacidad de innovación, disciplina fiscal para tener disciplina monetaria y bajar la inflación. Y, finalmente, quiero un país en el cual vuelva la cultura del trabajo. Valor que fue destruido a lo largo de décadas y demolido por el kirchnerismo.

Pasados más de 5 meses desde que asumió el nuevo gobierno 7 economistas hicimos un primer esfuerzo por colaborar acercando ideas que prefirieron no debatir y descartaron de entrada.

Ahora el camino que queda para todos aquellos que queremos que al gobierno le vaya bien, es solo marcar puntos de vista diferentes cuando se adoptan medidas que consideramos no adecuadas y apoyar aquellas que sí están bien enfocadas, pero siempre centrados en sostener los principios de la libertad que impulsó Juan Bautista Alberdi, tanto en su libro Bases como en el Sistema Económico y Rentístico.

No es aceptando nuestra historia desvirtuada que ha vendido el progresismo que vamos a salir de la decadencia, sino recuperando los valores de grandeza que están en nuestra constitución de 1853/60 y adoptando la audacia de estadistas como un Sarmiento, Pellegrini, Mitre y tantos otros que tomaron las ideas de la generación del 37 para transformar la Argentina en una potencia económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

JESUCRISTO, BERGOGLIO Y BONAFINI.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 22/5/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/05/jesucristo-bergoglio-y-bonafini.html

 

La noticia de una eventual visita de Hebe de Bonafini a Bergoglio ha despertado ya una gran polémica. Para no ser menos y contribuir a la confusión reinante, vamos a hacer algunas reflexiones sobre el tema.

Ante todo, vamos a analizar lo que van a decir los defensores de Bergoglio. Que él hace lo que hace Jesucristo, que se reunía con todos y estaba con todos.

Veamos, pues, los casos más importantes de visitas de grandes personajes de la farándula política de entonces al Vaticano de Jesucristo.

Ante todo, la parábola de la oveja perdida:

“Muchos recaudadores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para oírlo, de modo que los fariseos y los maestros de la ley se pusieron a murmurar: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Él entonces les contó esta parábola: «Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros  y vuelve a la casa. Al llegar, reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido.” Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.”

Como vemos, la oveja está perdida, es el pecador que se arrepiente.

Veamos ahora el caso de Jusucristo comiendo con pecadores y recaudadores de impuestos:

“Al ver los escribas de los fariseos que El comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a sus discípulos: ¿Por qué El come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores? Al oír esto, Jesús les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”

Es claro que Juscristo tiene claro que come con pecadores, a lo cual se agrega, como si fuera equivalente –qué interesante- la categoría de recaudadores de impuestos. El come con enfermos que tiene que sanar, o sea con pecadores. Jesucristo considera pecadores a sus comensales, pecadores para los cuales él es fuente de redención.

El caso del hijo pródigo también es claro en ese sentido:  “Un hombre tenía dos hijos.  El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos.  Pocos días después, el hijo menor vendió su parte y se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada. Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad.  Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y él deseaba llenar el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Al fin se puso a pensar: ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre! Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti,  y ya no merezco llamarme tu hijo: trátame como a uno de tus trabajadores.’ Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre. Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos.  El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta,  porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta”.

Nuevamente parece claro que el hijo pródigo tiene claro que ha pecado contra el cielo y contra su padre, se reconoce pecador y vuelve implorando, curiosamente, justicia, y se encuentra en cambio con la misericordia de su padre. Es más, por ese pecador arrependito hay una fiesta, que produce celos a quien supuestamente no era pecador.

Lo mismo sucede con el fariseo y el publicano:

“….Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Es claro que será enaltecido quien se reconoce como pecador, no el que NO reconoce sus pecados.

 

Lo mismo con el famoso Zaqueo: “…….. Jesús entró en Jericó. Allí vivía Zaqueo, un hombre muy rico que era jefe de los cobradores de impuestos. Zaqueo salió a la calle para conocer a Jesús, pero no podía verlo, pues era muy bajito y había mucha gente delante de él.  Entonces corrió a un lugar por donde Jesús tenía que pasar y, para poder verlo, se subió a un árbol de higos. Cuando Jesús pasó por allí, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, bájate ahora mismo, porque quiero hospedarme en tu casa.»  Zaqueo bajó enseguida, y con mucha alegría recibió en su casa a Jesús. Cuando la gente vio lo que había pasado, empezó a criticar a Jesús y a decir: «¿Cómo se le ocurre ir a la casa de ese hombre tan malo?» Después de la comida, Zaqueo se levantó y le dijo a Jesús: Señor, voy a dar a los pobres la mitad de todo lo que tengo. Y si he robado algo, devolveré cuatro veces esa cantidad. Jesús le respondió: Desde hoy, tú y tu familia son salvos, pues eres un verdadero descendiente de Abraham. Yo, el Hijo del hombre, he venido para buscar y salvar a los que viven alejados de Dios.”

Es evidente que la salvación de Zaqueo y su familia viene de su cambio de actitud, de su verdadera conversión, o sea, nuevamente, de reconocerse como pecador ante Jesús.

El caso del diálogo con la samaritana es igual: “…Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.”

Este caso es muy particular, porque mujer reconoce a Cristo como profeta luego que este último le desnuda ante ella su vida interior. La mujer no defiende su estilo de vida, sino que reconoce que hay un salvador que habrá de venir, ante lo cual –dichosa ella- responde Cristo: “Yo soy, el que habla contigo…”.

Y, finalmente, la mujer adúltera: “…los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.  Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

De vuelta, lo mismo: este memorable ejemplo de sabiduría y misericordia termina con esta expresión: “ve y no peques más”. Jesucristo, primero, ha negado autoridad moral a los condenadores, y él mismo, que sí la tenía, la convirte en misericordia, la cual no niega, sino que requiere conceptualmente, el pecado cometido.

En todas estas parábolas y episodios, encontramos varias cosas que siempre se cumplen. La primera y fundamental es que Cristo se reúne con pecadores que se reconocen como tales. Su misericordia es concomitante a la verdad: la verdad de su condición de pecadores y la verdad de su condición de redentor. Porque, a su vez, él siempre se presenta como lo que es, lo que él va revelando hasta el último momento en el que habla por la cruz: que él es Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios Vivo, el Redentor, el que ha venido a salvar, no a condenar, ante el cual, por ende, no vale presentarse sino como arrepentido, y por eso el publicano es exaltado y el fariseo es humillado, y por eso Cristo se enoja con los hipócritas pero no con los que reconocen sinceramente su pecado.

La “imitación de Cristo” en este tema tiene, para nosotros, los sólo humanos, características especiales. Primero, en una sociedad con libertad religiosa y laicidad de estado, los católicos estamos acostumbrados a convivir con personas de diferentes credos y actitudes vitales, ante los cuales mostramos siempre nuestro corazón abierto a la amistad. NO como táctica, no como proselitismo, sino por la amistad por la amistad misma, porque el amor del cristiano a los demás es incondicional. Ello implica, sí, que si el otro se abre al diálogo de su intimidad, entonces, con ese permiso para aterrizar en delicada pista, sí podemos hablar de nuestra Fe, pero la prédica de nuestra Fe no es condición para la amistad.

Ello implica que convivimos con toda sencillez y sin ninguna táctica con personas cuyo estilo de vida  es contrario a nuestra Fe, sin que ello signifique aprobación o indiferencia, sino sencillamente respetar la conciencia del otro y saber que nunca la Fe puede imponerse por la fuerza, ni física ni lingüística. Y saber, además –esto es fundamental- que conforme al propio Cristo NO debemos, ninguno de nosotros, juzgar la conciencia subjetiva del otro.

Ahora bien, hay convivencias y convivencias. Aún con toda nuestra amistad y con todo nuestro corazón abierto al otro, hay convivencias que, según ciertas circunstancias, pueden resultar en ocación de escándalo para los demás. Yo no puedo ir a un bar conocido públicamente como de cierta clase de costumbres como si nada, aunque sí pueda ir en carácter de médico, de psicologo o de sacerdote, y ello en principio tiene que estar claro para los demás, excepto circunstancias heoricas donde uno deba sacrificar el propio nombre.

Di un ejemplo, nada más, de una norma general, cuya aplicación es prudencial y por lo demás no podemos en este momento hacer casuística. Pero como vemos nunca fue el caso de Jesucristo, donde nunca hubo confusión alguna.

Por lo demás, los jefes de estado, actualmente, se ven obligados, por la propia naturaleza del cargo, a hacer diplomacia, y tiene que encontrarse muchas veces, para evitar un mal menor, con verdaderos tiranuelos psicopáticos ante quienes lo mejor sería absolutamente huir o callar, como Jesús ante Herodes, com quien, recordemos, Jesús NO dialogó. Pero lo que hacen se explica por su función.

Ahora bien, hace décadas que el Pontífice es Jefe de Estado. Por lo tanto debe hacer diplomacia y encontrarse con embajadores, presidentes, etc. Qué horror. Hace rato que escribí que el Estado del Vaticano, en nombre precisamente de Jesucristo, el Pontificado y la Iglesia Católica, debería ser sencillamente eliminado. ¿Lo ven a Jesucristo haciendo diplomacia? ¿Dando un discurso de bienvenida a Herodes? ¿Teniendo largas conversaciones con Pilatos sobre la política internacional romana? ¿Dónde está, en la diplomacia, la imitación de Cristo?

Pero no volvamos ahora a ese debate. Comprendamos a los pontífices que han tenido que tragarse algunos sapos por esa función. Juan Pablo II recibió a Arafat. Posiblemente estaba convencido de que hacía bien. Podríamos seguir dando lindos ejemplos de algo que es humano damasiado humano….

Pero ello implica, necesariamente, estar en el medio de la línea del escándalo, según sean nuestras lecturas políticas de la realidad social. O sea, esa función diplomática de los pontífices los pone en el centro de obvios debates que necesariamente se van a dar, según el personaje en cuestión sea más o menos pasable para los diversos interesados en la cuestión.

De todos modos hay una distinción que me resulta extraña. No he visto a ningún pontífice reunirse con el Director de Abortos Mundiales, o con el Jefe de Abusadores Unidos de Niños, o con el Director de la Oficina Mundial de Corruptos. En esos casos parece haber un línite. Sin embargo sí se han reunido con líderes que han hecho del asesinato su modus operandi habitual. Con  ello han cruzado una línea peligrosa que, si no existiera el Estado del Vaticano, no debería haber sido cruzada nunca.

Por lo tanto los pontífices eligen, en esos casos –dije en esos casos- con quién reunirse y con quién no según sus particulares opiniones políticas del momento. Pueden haber tenido razón o no, pero no es una cuestión de dogma, ni de caridad ni nada por el estilo. A Juan Pablo II le gustaba la política. Se reunió con Reagan para hacer alianza ante los soviéticos. Pudo haber estado muy bien. Pero era una función ajena a la naturaleza misma de la Iglesia, que es más bien denuncia profética y martirio.

Por lo tanto, en la reunión de un pontífice actual con “alguien” hay un mensaje. Siempre hay un mensaje. Puede ser la misericordia. Pero puede ser también que considere que el “alguien” en cuestión NO está detrás de la línea que ellos consideran in-franqueable incluso por razones diplomáticas.

Hebe de Bonafini, ¿en qué lugar de la lína se encuentra? Si Bergoglio la recibe, es obvio que en el “más acá”, o sea en aquellos que, a pesar de sus defectos, “pueden pasar”, porque NO serían ocasión de escándalo públco.

Y ese es el debate en el que necesariamente se introduce todo sumo pontífice cuando recibe a cualquiera en el actual estado del vaticano.

Dabate, esto es, un tema que no es de Fe. Para mi, Hebe de Bonafini es el símbolo de la reivindicación de la violencia y la crueldad de la guerrilla marxista, de la hipocresía y la mentira en la defensa de los derechos humanos, de la indefendible defensa de Irán y el ataque a las torres gemelas, del atropello total a las instituciones republicanas, del robo y la corrupción en sus propias instituciones, etc.

Pero todo eso, para Bergoglio, no parece estar en la línea de los abusadores de niños, las clinicas abortitas o los corruptos. Parace ser una mera cuestión política perdonable en aras del diálogo, la conciliación, etc.

Pero él tiene que saber que para muchos argentinos Hebe de Bonafini es el símbolo de la violencia hecha política, y que por más pontífice que él sea, no sólo no vamos a cambiar de opinión sino que nos vamos a escandalizar mucho más. Y que si la quiere recibir, que sea él en su condición de sacerdote y ella en su condición de ser humano pecador. O sea, en el confesionario. No hay otro lugar.

Por lo tanto no me vengan con la misericordia porque como ven no se trata de eso. Tampoco me vengan con Jesucristo que como vemos recibía y estaba con todos los pecadores en función de tales. No me vengan con Jesucristo, dos, porque como ven Jesucristo no hacía diplomacia, ni jugaba a la política ni creo que la politiquería argentina hubiera invadido su santo territorio.

“……..¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.”

Eso sí es Jesucristo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La destrucción de Venezuela

Por Iván Carrino. Publicado el 20/5/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-destruccion-de-venezuela/

 

El nuevo fracaso del socialismo radical queda en evidencia al mirar la cantidad de personas que buscan refugio en otros países. La gente huye desesperada del régimen que impuso Chávez y que continúa Nicolás Maduro

Conocí a Willians Ruiz a fines de 2011. Por cuestiones de permisos y demás burocracia, llegó tarde a cursar la Maestría en Economía Austriaca en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Economista recibido en la Universidad de Carabobo, Willians se había demorado por la cantidad de trámites que tuvo que hacer para adquirir los euros, a tipo de cambio oficial, que le permitirían vivir y estudiar en España. A pesar de sus esfuerzos, su trámite no se aprobó, por lo que tuvo que pagar todo al tipo de cambio paralelo y solicitar la asistencia de su hermana.

Por aquélla época, el dólar oficial en Venezuela se ubicaba en 4,3 bolívares, mientras que en el mercado paralelo el billete verde cotizaba a, por lo menos, el doble. Entre 8,9 y más de 9 bolívares.

La inflación a finales de 2011 ya era un problema, aunque estaba “controlada” en niveles un poco por debajo del 30% anual. La escasez, debida a los controles, también comenzaba a ser un problema. Y, por supuesto, la inseguridad.

En su regreso a Venezuela, Willians fue testigo de la radicalización del régimen socialista bolivariano. Luego de la muerte de Hugo Chávez, Maduro ganó unas elecciones plagadas de sospechas de fraude y el socialismo comenzó a mostrar su peor cara.

Como Hayek pronosticó en 1945, el continuo control estatal de las actividades económicas lleva al creciente control de la vida privada de todos. Y así sucedió en Venezuela. El autoritarismo, ya elevado, fue creciendo, y hoy no solo hay presos políticos como Leopoldo López, sino empresarios encarcelados y perseguidos por ser los supuestos causantes de una “guerra económica” que busca debilitar al gobierno.

Nada puede estar más alejado de la realidad. Lo cierto es que un gobierno desbocado ha gastado muy por encima de sus posibilidades, emitiendo moneda sin control para cubrir el agujero. Finalmente, frente a la inflación resultante, decidió controlar no solo el dólar, sino todos los precios de la economía, generando escasez en los servicios más básicos y dando lugar a lo que hoy es una verdadera crisis humanitaria.

La caída de los precios del petróleo fue solo el golpe de gracia de una revolución que no ha servido para nada. El único causante de la guerra económica fue el modelo ultraintervencionista de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

La última vez que hablé con Willians, respiré aliviado. El 31 de mayo tiene pasajes para irse a Madrid a buscar un futuro mejor.

Su decisión no es aislada. El chavismo dio lugar a lo que ya se conoce como la “diáspora venezolana”, un proceso por el cual cientos de miles de venezolanos decidieron armar las valijas e irse de su país.

Uno de los destinos elegidos por los venezolanos son los Estados Unidos. Según una encuesta del Pew Research Center, en el año 2013 cerca de 170.000 personas nacidas en Venezuela vivían en los Estados Unidos. Ese número, en 1990, era de solo 35.000. Otra manera de ver el fenómeno es lo mucho que han crecido los permisos de residencia permanente otorgados por el Departamento de Seguridad Nacional a individuos nacidos en Venezuela.

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En 1999, año en que asumió Chávez, el gobierno norteamericano otorgó 2.508 permisos, mientras que en 2013 ese número escaló a 9.572. Para todo el período, son 117.000 los permisos otorgados.

España también es un destino elegido por la diáspora venezolana. En 2001 el Instituto Nacional de Estadísticas registraba solamente 18.370 venezolanos de nacimiento viviendo en España. De acuerdo al censo de 2011, la cantidad se había triplicado.

Nuestro país, que pese a haber coqueteado en los últimos años con el chavismo no llegó a su nivel de desmoronamiento institucional, también ha sido testigo de esta tendencia. Con los datos del departamento de migraciones presentes en el siguiente gráfico, puede verse cómo se ha disparado la inmigración venezolana en estos años.

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Cuando este lunes terminé de hablar con Willians sentí, por un lado, alivio, pero por el otro, desazón. Me contaba de las 8 horas por día en que faltaba la luz eléctrica en su casa; y de la cola de tres horas que tuvo que hacer para “hacer mercado”, como le dicen a hacer las compras. Los precios de bienes básicos, incluso en el mercado regulado, son prohibitivos para cualquiera.

Hoy la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo es de 10900%. Es decir que en el mercado negro se paga por el dólar 111 veces más que en el mercado oficial. La inflación esperada para este año es superior al 700%. La calidad de vida del venezolano promedio se desmorona día tras día y a ritmos nunca antes vistos.

Se trata de un nuevo fracaso del  socialismo y del hiperintervencionismo económico, que comienza regulando la economía y termina destruyéndola. El único consuelo es que, en poco tiempo más, Willians ya no tendrá que tolerarlo.

Esperemos que pronto el calvario también termine para todos los que hoy no tienen la suerte de poder salir de ahí.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Las uniones aduaneras

Por Gabriel Boragina. Publicado el 21/5/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/05/las-uniones-aduaneras.html

 

“Debido a que una unión aduanera supone diferente tratamiento para los países miembros y los no-miembros, normalmente los países miembros sufren un desvío de sus fuentes de aprovisionamiento. Este desvío puede ser hacia costos menores o hacia costos mayores. Por ejemplo, la rebaja arancelaria dentro de la unión aduanera puede llevar a los miembros a importar entre ellos mercancías que antes cada uno producía para sí, a mayor costo. Este resultado se denomina creación de comercio, y aumenta la eficiencia de los recursos productivos y menores precios para los consumidores, siendo así beneficioso para el bienestar y el ingreso nacional.”[1]

En realidad, este comentario ratifica nuestra opinión de las ventajas del libre comercio y de la no necesidad de artificios tales como las uniones aduaneras. Indudablemente, si la mayor producción y autoconsumo interno era debido a los altos aranceles de los países que hoy forman la unión, es saludable integrarse a los fines de beneficiarse de las rebajas arancelarias. En este último sentido, una unión aduanara entre ellos sería una medida positiva. Sólo recalcitrantes políticas proteccionistas impedirían mediante sus falaces argumentos una integración de este tipo. Pero lo interesante de la observación del autor en comentario es que pone de relieve que no todas las uniones aduaneras benefician por sí mismas a sus miembros. En suma si la unión aduanera crea comercio es positiva, pero si lo desvía resulta negativa.

“En igual forma, imponer un arancel externo común puede causar que un país miembro de la unión importe los bienes de otro país miembro en lugar de hacerlo de un tercer país no-miembro a un costo más bajo. Esto se conoce como desvío de comercio y reduce los ingresos aduaneros y lleva a subsidiar la producción más ineficiente…..Como no conocemos que patrones de comercio hubieran surgido en la ausencia de Mercosur es difícil de identificar los efectos de creación y desvío de comercio.”[2]

Este se trata del supuesto contrario al visto anteriormente. Obviamente es una situación antieconómica y perjudicial para aquel miembro que se ve obligado en función de su pertenencia a la unión a proceder de dicha manera. La reducción de ingresos aduaneros se infiere por el menor volumen transado, dado que el arancel interno (o también denominado “zonal”) es más elevado que el arancel externo (o asimismo llamado “extrazonal”). De esta suerte, el arancel alto implica en los hechos un subsidio a la producción del artículo o artículos arancelados del país miembro exportador, a la vez que también alienta a subsidiar la producción interna del producto arancelado, en la medida que esta última medida sea menos onerosa que la anterior. Resulta de interés –adicionalmente- señalar que según el autor que ahora comentamos, no considera el Mercosur como un mercado común sino como una unión aduanera.

“Alexander Yeats… busca identificar estos efectos mirando si los bienes que se comercian cada vez más dentro del Mercosur también se negocian crecientemente fuera de ese grupo de países. Él encuentra una diferencia significativa en el comportamiento exportador dentro y fuera del grupo, especialmente en el caso de bienes manufacturados. Los bienes manufacturados han tenido un crecimiento dramático en el mercado intra-Mercosur…. Mientras los bienes manufacturados como un todo representan 63% de las exportaciones recíprocas entre los miembros del Mercosur, ese tipo de bienes sólo representa el 35% de las exportaciones del Mercosur a otros países no-miembros. Esta comparación sugiere que los miembros se están exportando entre sí, bienes que no son competitivos fuera de la unión aduanera. Yeats encuentra que los países del Mercosur no tienen ventaja comparativa mundial en 28 de los 32 productos que más crecen (en el comercio intra-Mercosur).”[3]

En otras palabras, podríamos concluir sobre este párrafo diciendo que, el Mercosur es -en suma- un mal negocio, comparativamente considerado en relación al comercio internacional con el resto del mundo. Implica que los bienes transados intra-Mercosur no pueden ser colocados en el mercado exterior por su elevado costo, costo que es -sin embargo- pagado por los países miembros, lo que permite revelar además que los más afectados –como de costumbre- son los consumidores de los países partes, que están abonando precios mayores por bienes que en los países extra-Mercosur se comercian a precios mucho más bajos. Este comportamiento da cuenta de la irracionalidad que implica “integrarse” para intercambiar productos de más altos costos y de peor calidad que los que podrían conseguirse en los mercados internacionales abiertos. Y es nuevamente un argumento a favor del mas irrestricto libre comercio, política que es -como explica el Dr. Alberto Benegas Lynch (h)- la que menos se ha comprendido.

“En teoría, las uniones aduaneras y otros arreglos regionales pueden acelerar la tasa de aumento del ingreso al aumentar la cooperación política y aumentar la credibilidad de la apertura y aumentar las economías de escala de la producción. Es probable que los países del Mercosur se hayan beneficiado en este sentido”.[4]

No queda claro a qué “aumento del ingreso” se refiere la cita, pero dado el contexto del tema (comercio internacional) inferimos que se estaría refiriendo a los ingresos fiscales derivados de las rebajas arancelarias, es decir del ingreso obtenido por las aduanas derivado de un mayor tráfico mercantil. Aunque no se puede descartar que esos ingresos sean de los productores, empresarios y/o comerciantes que intervienen en las transacciones interzonales. La primera de nuestras hipótesis es la más factible. Ya que la clave de esta conclusión vendría dada por la locución empleada “al aumentar la cooperación política”, lo que denota que el autor estaría queriendo aludir a las negociaciones de los gobiernos miembros a través de sus cancillerías, departamentos y secretarias de comercio exterior. Nosotros, en cambio, ubicados desde la perspectiva del consumidor, no vemos “beneficio” alguno en este aspecto para este último. Ni tan siquiera cuando son los productores, empresarios y comerciantes los que logran ganancias o mayores tasas de ingreso a costa de los consumidores.

[1] Valeriano F. García. Para entender la economía política (y la política económica). Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos México, D. F. 2000. pág. 152

[2] Valeriano F. García. Para entender…. ob. Cit. pág. 152

[3] Valeriano F. García. Para entender…. ob. Cit. pág. 152

[4] Valeriano F. García. Para entender…. ob. Cit. pág. 152

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Brasil, el tren que Argentina perdió

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 20/5/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/brasil-tren-que-argentina-perdio_310569

 

 

Derecha e izquierda son palabras que hoy no definen casi nada, cambios de discursos y amigos, pero poco de políticas reales. Sea como fuere, dos grandes “giros hacia la derecha” se dieron en América Latina: en Argentina con el gobierno de Mauricio Macri y en Brasil con la caída de Dilma Rousseff. Mario Vargas Llosa, mostrando otra vez que es un eximio escritor, pero un pobre político con floja formación y mal asesorado, afirmó que: “América Latina necesita un liderazgo que podría ocupar la Argentina”.

Y los hechos muestran que, en todo caso, Argentina pierde el tren y el líder será Brasil. Macri ha dicho siempre que quiere un Estado fuerte y lo está logrando, el problema es que el Estado moderno es el monopolio de la violencia -con el que impone sus leyes- y la violencia siempre destruye.

Casi todos los índices y tendencias en Argentina son negativos. Baja el consumo y la producción industrial, aumenta la pobreza y la desocupación, la inflación llega al disparatado 40% anual, en base a datos de la OCDE, debido al desbocado gasto estatal, la presión impositiva supera el 34% del PIB y sube a un ritmo del 35% y no alcanza para bajar el gigantesco déficit fiscal que el académico José Luis Espert estima en el disparatado 7,6% del PIB para este año, contra el 7,1% del 2015.

Y las libertades decaen. Ahora, uno de los problemas más graves de Argentina es el “vaciamiento intelectual”. Hijo de un rico empresario, “exitoso”, y opositor a las medidas ultraestatistas del gobierno anterior, Macri convenció a muchos “partidarios del libre mercado” de que su gobierno iría en ese sentido, a tal punto que hoy casi todos los think tanks “liberales” lo apoyan mostrando una notable flojedad intelectual.

Al punto que cuando el gobierno propone obligar a los niños de tres años a asistir a la escuela, nada dicen al respecto. No se trata de educar o no, sino del hecho de forzar a niños pequeños. Me recuerda a sistemas totalitarios, como el estalinista. Con este apoyo de los “partidarios del libre mercado”, cuando el gobierno caiga, será difícil convencer a la opinión pública de que el fracaso no se debió a la naturaleza del mercado.

Cruzando la frontera, las cosas van en otra dirección. Destacados operadores de mercado -como el director de investigaciones para América Latina de Goldman Sachs- calificaron como “dream team” al equipo del ministro de Hacienda que acompaña al presidente interino, Michel Temer, del Partido Movimiento Democrático de Brasil (PMDB), de centro derecha.

Proponen recortar el gasto público y el sistema de pensiones y desregulación laboral, medidas que habían anticipado en el “Programa Puente para el futuro” realizado por el PMDB en 2015 y apoyado por la federación patronal de Sao Paulo. Analizan, también, la incorporación del sector privado a empresas estatales como Correos y Casa de la Moneda, según informó O’Globo, y la venta de las participaciones que el Estado tiene en unas 230 empresas. Luego, intentarían desmantelar parcialmente el gigantesco BNDES, competidor de la banca de Wall Street, y privatizar la petrolera Petrobras.

Habrá que ver hasta dónde llegan, dado el caos político. Pero al contrario de Macri, van por el achicamiento del Estado -del monopolio de la violencia- de modo que podrían destruir menos, creciendo Brasil y destacándose como líder de América del Sur.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Asignación del gasto público en distintos niveles: los beneficios de la descentralización económica

Por Martín Krause. Publicada el 18/5/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/05/18/asignacion-del-gasto-publico-en-distintos-niveles-los-beneficios-de-la-descentralizacion-economica/

 

En el capítulo 9 de “El Foro y el Bazar”, tratamos la asignación del gasto público en los distintos niveles de gobierno y los beneficios de la descentralización:

¿Por qué la descentralización sería más eficiente? Como veremos, hay distintas interpretaciones y enfoques. Tal vez uno de los primeros análisis explícitos del tema lo haya hecho Alexis de Tocqueville. En su prestigiosa obra La democracia en América ([1835] 1957) analiza, en principio, los argumentos de aquellos partidarios de la centralización , para luego analizar las causas de la mayor eficiencia de los gobiernos locales, relacionándola con las dificultades que la falta de información ocasiona a la administración centralizada, un argumento que resurgiría un siglo después a través de F. A. von Hayek .

Precisamente, Jin, Qian y Weingast (1999) presentan ese argumento desarrollado por Hayek en el sentido de que, dado que la información se encuentra dispersa entre todos los individuos que forman una sociedad, la descentralización permite su mejor aprovechamiento. No obstante, Hayek realiza esta apreciación en relación con el papel que cumple el sistema de precios, como un gran sistema de comunicaciones que transmite la información necesaria para que consumidores y productores ajusten sus decisiones a fin de permitir una eficiente asignación de recursos. Los mencionados autores extienden esto a la descentralización gubernamental, incluyendo a Hayek como parte de la teoría económica del federalismo, juntamente con Tiebout, Musgrave y Oates. Sin embargo, es necesario destacar que si bien se han señalado aquí, y se expondrán más adelante, las ventajas de la descentralización de los niveles decisorios de gobierno, existe una gran diferencia entre un caso y otro. El sistema de precios es un gran economizador de información, ya que sintetiza toda la que se encuentre disponible en tan solo un número, con lo cual los consumidores y productores ya pueden tomar sus decisiones.

Pero no existe tal cosa en cuanto a las decisiones que un individuo tome respecto a qué jurisdicción local trasladarse. Pensemos un poco en la información que debería recabar: seguramente el nivel de la presión impositiva, también la calidad de los servicios provistos. Podría tratar de interpretar otros indicadores, como el flujo de ingreso o salida de sus habitantes, el precio de las propiedades, el flujo de inversiones. Por cierto, que no existe la “economización” de información que Hayek señala en relación con el sistema de precios. Pero, eso sí, no implica esto eso sí, que no exista un proceso de cierta competencia.

Bish (1987, p. 365) reconoce esta diferencia, pero dice que las diferencias serían de grado, y que nos encontraríamos en una situación similar a la que sucede en una empresa en la que se producen transferencias de recursos internamente sin precios, y donde los administradores deben decidir sin conocer con certeza la contribución de cierto recurso a las actividades generales. Al respecto, cabría señalar que precisamente por los problemas que se mencionan y por la falta de información para tomar decisiones, las empresas tratan en gran medida de organizarse como “centros de negocios”, que se relacionan entre sí por medio de precios internos, y que, incluso si estos no existieran siempre, existen los precios “externos” como punto de referencia, algo que no existe en el caso de la competencia gubernamental. Dos cosas comparte este autor con lo desarrollado por Bish, y es que, por un lado, esta falta de precios no invalida del uso de modelos de competencia para analizar el federalismo y la descentralización; por otro, esa misma falta resalta la inconveniencia de utilizar modelos que incluyen como supuesto básico la información completa, tal como los de competencia perfecta.

Jin, Qian y Weingast (1999, p. 2) señalan, respecto a los beneficios de la descentralización, un segundo grupo de teorías que ponen énfasis en un beneficio adicional, al que denominan “federalismo protector del mercado”. Esto significa que la descentralización pone límites a las intenciones intervencionistas de los gobiernos, ya que dos mecanismos diferentes alinearían los intereses de los gobiernos locales con los de la prosperidad económica: el primero de ellos señala que un gobierno intervencionista en exceso, o tal vez más intervencionista que otros, perdería valiosas inversiones; el segundo, que como en tal caso las finanzas están mucho más estrechamente ligadas al desempeño de la economía local, entonces, los funcionarios gubernamentales tendrían mayores incentivos para promover una economía local próspera que los que tendrían en el caso de que recibieran los fondos, o buena parte de ellos, de otras jurisdicciones superiores.

Según los autores, esto es importante en las economías de países que desde hace poco tiempo están intentando salir de los esquemas planificados del socialismo. En estos, como en los países en desarrollo en general, los gobiernos han resultado ser la principal barrera al crecimiento económico, debido a que no han encontrado límites a su actitud predatoria. No obstante, afirman que existe un papel importante que cumplir por parte del gobierno central, como es controlar a los gobiernos locales para que no impongan barreras a la movilidad de los factores, barreras proteccionistas, lo cual les permitiría abusar de su poder monopólico sobre la producción local. Este es un tema que volveremos a tratar más adelante, pues, si bien es ciertamente posible que una unidad jurisdiccional pequeña intente aplicar medidas que restrinjan la movilidad de los factores económicos, o que efectivamente lo haga, simples cuestiones de economía de escala abogarían para que esto no suceda, ya que impondría una pesada carga a sus habitantes.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

LA DISCRIMINACIÓN NECESARIA Y LA PERJUDICIAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Según el diccionario, discriminar quiere decir diferenciar y discernir. No hay acción humana que no discrimine: la comida que elegimos engullir, los amigos con que compartiremos reuniones, el periódico que leemos, la asociación a la que pertenecemos, las librerías que visitamos, la marca del automóvil que usamos, el tipo de casa en la que habitamos, con quien contraemos nupcias, a que universidad asistimos, con que jabón nos lavamos las manos, que trabajo nos atrae más, quienes serán nuestros socios, a que religión adherimos (o a ninguna), que arreglos contractuales aprobamos y que mermelada le ponemos a las tostadas. Sin discriminación no hay acción posible. El que es indiferente no actúa. La acción es preferencia, elección, diferenciación, discernimiento y, por ende, implica discriminar.

 

Como se ha dicho, si una persona con mucha sed en un desierto tiene una cantimplora con agua a su derecha y otro a la izquierda y se declara indiferente de cual beber y, por ende, no elige uno de ellas, se morirá de sed. Para seguir viviendo debe discriminar, elegir y optar.

 

Esto debe ser nítidamente separado de la pretensión, a todas luces descabellada, de intentar el establecimiento de derechos distintos por parte del aparato estatal que, precisamente, existe para velar por los derechos y para garantizarlos. Esta discriminación ilegítima echa por tierra la posibilidad de que cada uno maneje su vida y hacienda como le parezca adecuado, es decir, bloquea la posibilidades que cada uno discrimine acerca de sus preferencias, lo cual debe ser respetado en un estado de derecho siempre que no se lesiones iguales derechos de terceros. Otro modo de referirse a aquél uso abusivo y pervertido de la ley es simple y directamente el del atropello al derecho de las personas.

 

La igualdad ante la ley resulta crucial, concepto íntimamente atado a la justicia, es decir, a la propiedad primero del propio  cuerpo, a sus pensamientos y a sus pertenencias, en  otras palabras,  el “dar a cada uno lo suyo”.

 

La prueba decisiva de tolerancia es cuando no compartimos las conductas de otros. Tolerar las que estamos de acuerdo no tiene mérito alguno. En este sentido, podemos discrepar con las discriminaciones, elecciones y preferencias de nuestro prójimo, por ejemplo, por establecer una asociación en la que solo los de piel oscura pueden ser miembros o los que tienen ojos celestes. Allá ellos, pero si no hay violencia contra terceros todas las manifestaciones deben respetarse, no importa cuan ridículas nos puedan parecer.

 

Curiosamente se han invertido los roles: se tolera y alienta la discriminación estatal con lo que no le pertenece a los gobiernos y se combate y condena la discriminación que cada uno hace con sus  pertenencias. Menudo problema en el que estamos por este camino de la sinrazón, en el contexto de una libertad hoy siempre menguante.

 

Parece haber una enorme confusión en esta materia. Por un lado, se objeta que una persona pueda rechazar en su propia empresa la oferta laboral de una mujer embarazada o un anciano porque configuraría una “actitud discriminatoria” como si el titular no pudiera hacer lo que estima conveniente con su propiedad. Incluso es lícito que alguien decida contratar solo a quienes midan más de uno ochenta. Como es sabido, el consumidor es ciego a religiones, etnias, alturas o peso de quienes se desempeñan en las empresas, por tanto, quien seleccione personal por características ajenas al cumplimiento y la eficiencia pagará el costo de su decisión a través del cuadro de resultados, pero nadie debiera tener el derecho de impedir un arreglo contractual que no use la violencia contra otros.

 

Por otra parte, en nombre de la novel “acción positiva” (affirmative action), se imponen cuotas compulsivas en centros académicos y lugares de trabajo “para equilibrar los distintos componentes de la sociedad” al efecto de obligar a que se incorporen ciertas proporciones, por ejemplo, de asiáticos, lesbianas, gordos y budistas. Esta imposición naturalmente afecta de forma negativa la excelencia académica y la calidad laboral ya que deben seleccionarse candidatos por razones distintas a la competencia profesional, lo cual deteriora la productividad conjunta que, a su vez, incide en el nivel de vida de toda la población, muy especialmente de los más necesitados cuyo deterioro en los salarios repercute de modo más contundente dada su precariedad.

 

Por todo esto es que resulta necesario insistir una vez más en que el precepto medular de una sociedad abierta de la igualdad de derechos es ante la ley y no mediante ella, puesto que esto último significa la liquidación del derecho, es decir, la manipulación del aparato estatal para forzar pseudoderechos que siempre significa la invasión de derechos de otros, quienes, consecuentemente, se ven obligados a financiar las pretensiones de aquellos que consideran les pertenece el fruto del trabajo ajeno.

 

Desde luego que esta atrabiliaria noción del “derecho” como manotazo al bolsillo del prójimo, entre otros prejuicios, se basa en una idea errada anterior, cual es que la riqueza es una especie de bulto estático que debe “redistribuirse” (en direcciones distintas a la distribución operada en el supermercado y afines) dado que sería consecuencia de un proceso de suma cero. No conciben a la riqueza como un fenómeno dinámico y cambiante en el que en cada transacción libre y voluntaria hay un proceso de suma positiva puesto que ambas partes ganan. Es por esto que actualmente podemos decir que hay más riqueza disponible que en la antigüedad, a pesar de haberse consumido recursos naturales en el lapso de tiempo trascurrido desde entonces. Es cierto el principio de Lavoisier, en cuanto a que “nada se pierde, todo se transforma” pero lo relevante es el crecimiento de valor no de cantidad de materia (un teléfono antiguo tenía más material que uno celular, pero este último presta servicios mucho mayores y a menores costos).

 

Vivimos la era de los pre-juicios, es decir el emitir juicios sobre algo antes de conocerlo (y conocer siempre se relaciona con la verdad de algo, ya que no se conoce que dos más dos son ocho). La fobia a la discriminación de cada uno en sus asuntos personales y el apoyo incondicional a la discriminación de derechos por parte del Leviatán es, en gran medida, el resultado de la envidia, esto es, el mirar con malevolencia el bienestar ajeno, no el deseo de emular al mejor, sino que apunta a la destrucción del que sobresale por sus capacidades.

 

Y esto, a su vez, descansa en la manía de combatir las desigualdades patrimoniales que surgen del plebiscito diario en el mercado en donde el consumidor apoya al eficiente y castiga al ineficaz para atender sus reclamos. Es paradójico, pero no se condenan las desigualdades patrimoniales que surgen del despojo vía los contubernios entre el poder político y los así llamados empresarios que prosperan debido al privilegio y a mercados cautivos otorgados por gobiernos a cambio de favores varios. En realidad, las desigualdades de la época feudal (ahora en gran medida replicadas debido al abandono del capitalismo) son desde todo punto de vista objetables, pero las que surgen de arreglos libres y voluntarios, no solo no son objetables sino absolutamente necesarias al efecto de asignar los siempre escasos factores productivos en las manos más eficientes para que los salarios e ingresos en términos reales puedan elevarse. No es relevante la diferencia entre los que más tienen y los que menos poseen, lo trascendente es que todos progresen, para lo cual es menester operar en una sociedad abierta donde la movilidad social constituye uno de sus ejes centrales.

 

Como las cosas no suceden al azar, para contar con una sociedad abierta cada uno debe contribuir diariamente a que se lo respete.

Podemos extrapolar el concepto del polígono de fuerzas de la física elemental al terreno de las ideas. Imaginemos una enorme piedra en un galpón atada con cuerdas y poleas y tirada en diversas direcciones por distintas personas ubicadas en diferentes lugares del recinto: el desplazamiento del bulto será según el resultado de las fuerzas concurrentes, ninguna fuerza se desperdicia. En las faenas para diseminar ideas ocurre lo propio, cada uno hace lo suyo y si no se aplica a su tarea la resultante operará en otra dirección. Los que no hacen  nada solo ven la piedra moverse y habitualmente se limitan a despotricar en la sobremesa por el rumbo que toma.

 

Hace poco tiempo en Buenos Aires estaba escuchando radio en el automóvil y el locutor expresó que una señora, dueña de una casa en la zona costera, puso un aviso en algún periódico que no es del caso mencionar en el que anunciaba que ponía su vivienda en alquiler durante la temporada veraniega con la condición que el inquilino fuera vegetariano. Consignaba en el aviso de marras que los residuos de la carne atraían microbios que deseaba evitar.

 

Henos aquí que todos los miembros del equipo que trabaja en el programa radial en cuestión pusieron el grito en el cielo y condenaron sin piedad a la titular del aviso. Manifestaron que esa actitud era “discriminatoria” y que, en consecuencia, había que aplicarle las normas correspondientes y no permitir semejante propuesta de alquiler.

 

Hubo llamados de radioescuchas que se plegaron a las invectivas de los conductores (por lo menos los que se pasaron al aire). Una señora muy ofuscada levantó la voz y señaló que debía detenerse a quien haya sido capaz de una iniciativa de esa índole puesto que “actitudes como la discutida arruinan la concordia argentina”. Otro fulano, que dijo ser ingeniero con experiencia en operaciones inmobiliarias de envergadura, espetó que habría que confiscarle la propiedad a la autora de “semejante anuncio”. Y así siguieron otras reflexiones patéticas y dignas de una producción cinematográfica de terror, sin que nadie pusiera paños fríos ni apuntara a introducir atisbo de pensamiento con cierto viso de cordura.

 

Entonces, vivimos la era en la que se discrimina lo que no debiera discriminarse y no se permite discriminar lo que debe discriminarse.  Por cierto, una confusión muy peligrosa. Algo aclara un pensamiento de Cantinflas: “Una cosa es ganarse el pan con el sudor de la frente y otra es ganarse el pan con el sudor del de enfrente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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