Incesante persecución a los cristianos en el mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/1/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1977128-incesante-persecucion-a-los-cristianos-en-el-mundo

 

Como todos los años, la “Asociación Puertas Abiertas” acaba de publicar las cifras que tienen que ver con lo sucedido el año pasado en las incesantes persecuciones desatadas contra los cristianos que lamentablemente se suceden a lo largo y ancho del mundo actual. Hablamos de la persecución religiosa más intensa de todas las distintas persecuciones que hoy existen. Del pisoteo, entonces, de una de las libertades esenciales del ser humano: la libertad de conciencia.

En el 2016, las persecuciones más intensas contra los cristianos ocurrieron en: Corea del Norte, Somalía, Afganistán, Pakistán, Sudán, Siria, Irak e Irán, Lamentablemente hay, entre los 50 países del mundo en los que las persecuciones contra los cristianos fueron las más intensas el año pasado, dos países latinoamericanos: esto es México y Colombia, que ocupan los lugares 41° y 50°, respectivamente de ese sórdido listado.

En 21 de aquellos países que conforman el grupo de los 50 países del mundo en los que las persecuciones contra los cristianos son las más intensas ellas apuntan al 100% de los que profesan esa fe. A todos.

En el 2016 el aumento de las persecuciones contra los cristianos fue particularmente notable en el sudeste asiático. Muy especialmente en la India, donde cada día del año pasado se registraron unos 15 ataques violentos contra los cristianos. Pero también en Vietnam, Laos, Bangladesh y Pakistán. Cabe apuntar que en esos rincones del mundo creció simultáneamente una variante agresiva del nacionalismo.

Nigeria, por su parte, fue el país que más mártires cristianos generó el año pasado, fundamentalmente como consecuencia de los atentados perpetrados por los extremistas islámicos que militan en el movimiento denominado: “Boko Haram”, afiliado a Al Qaeda. Los asesinatos de cristianos fueron también muy intensos en Pakistán, Kenya, Siria y en México. A su vez, el número de incendios de templos cristianos fue mayor en Pakistán, seguido en esto por China, Vietnam, Sri Lanka y Nigeria.

La persecución contra los cristianos más intensa de todas es ciertamente la que tiene por escenario a Corea del Norte, cuya capital, recordemos, alguna vez fuera denominada la “Jerusalem de Oriente”. Allí, el sólo hecho de ser cristiano genera el riesgo de ser internado en campos de concentración y “reeducación” en los que se castiga intensamente a los internados hasta que abjuren de su fe. Se cree que, pese a ello, aún hay unos 300.000 cristianos norcoreanos que no han renunciado a serlo.

La difícil situación de los cristianos en otro rincón del mundo, Medio Oriente, merece algunos comentarios particulares.

Hace apenas un siglo, esto es desde justo antes de la Primera Guerra Mundial, los cristianos, considerados como grupo religioso, conformaban aproximadamente el 20% de la población total de Medio Oriente. Hoy ellos -transformados en una minoría minúscula- son apenas un 2% de esa población.

Han sido obviamente licuados. Diezmados, de mil maneras. Objeto, entonces, de una silenciada pero eficaz “limpieza religiosa o confesional”. Hablamos de una cruel cacería, sistemática y constante.

Pocos, sin embargo, hablan de esto. Pero es un hecho real, notorio, e innegable. El éxodo de los cristianos de sus lugares de origen aún se mantiene, aunque realmente sean muy pocos, en Medio Oriente. Las multiformes persecuciones musulmanas organizadas contra los cristianos se han sucedido unas a otras, constantemente. Ellas desgraciadamente han cambiado el mapa religioso de la región.

Hoy en Irak, por ejemplo, la mayoría de los cristianos integra el grupo de los “desplazados internos”. Han tenido que abandonar sus lugares originarios y vivir lejos de ellos, en la precariedad. Por primera vez en dos mil años ya no hay prácticamente más cristianos en la sitiada segunda ciudad de Irak, Mosul.

Lo mismo sucede en la llamada Mesopotamia, que alguna vez alojara a un gran número de comunidades de cristianos asirios y caldeos. Muchos de ellos viven en tristes campamentos de refugiados en distintos rincones del llamado Kurdistán o dispersos por el mundo. Después de haber presenciado, impotentes, como los milicianos del Estado Islámico profanaban sus templos, a cara descubierta. Y como saqueaban impunemente sus casas y propiedades, confiscando sus tenencias. Algo siempre difícil de olvidar, que marca a fuego a la gente. Lo cierto es que los fieles de la que es la primera religión del mundo han visto así como se los expulsaba de las tierras propias, muy cerca de las cuales históricamente naciera su fe cristiana.

Desde el brutal genocidio otomano de los armenios y de los asirios, en 1915, los cristianos han sido también lentamente erradicados de Turquía.

Luego, los griegos fueron expulsados de Asia Menor, en 1922. Los templos y monasterios fundados en su momento por los apóstoles y los discípulos de Jesús han sido, en muchos casos, destruidos o están convertidos en ruinas.

Tras ello vino la guerra civil del Líbano, país que fuera el único de Medio Oriente con una mayoría cristiana: la maronita. Ya no lo es. Sus cristianos han perdido la predominancia que tuvieran. En cambio, el Líbano está sustancialmente en manos de la organización musulmana: “Hezbollah”, digitada -con rienda corta- desde Irán. Ya no hay cristianos ni en el sur del país ni, menos aún, en el valle de Bekaa. Tan sólo musulmanes, en lo que es ya una absoluta homogeneidad prevaleciente. Los viejos propietarios de la tierra han devenido en muchos casos casi intrusos, en lo que es una realidad distinta provocada por aquellos que se empeñan en rescribir la historia a su gusto y paladar.

La antedicha es una secuencia realmente deprimente, razón por la cual el mundo occidental ya casi no habla de esta conmovedora tragedia de los cristianos. Que es real y continúa ocurriendo. Una desgracia que ciertamente duele y es perversa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La iglesia católica avanza en una ardua negociación con China

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 12/1/17 en: 

 

La iglesia católica y los líderes comunistas de la República Popular China no se han llevado demasiado bien a lo largo de las últimas décadas. Por ello, por instrucciones expresas del papa Francisco se está negociando activamente un acuerdo de reconciliación entre el Vaticano y las autoridades chinas que, de pronto, podría cambiar esa relación caracterizada esencialmente hasta hoy por la existencia de una mutua actitud de desconfianza.

Esa trabajosa conversación bilateral, como cabía suponer, tiene hoy sus defensores y también sus fuertes detractores. En ella, de alguna manera se pone en juego la autonomía con la que normalmente la Iglesia Católica maneja aquellas cuestiones esenciales que tienen que ver con su propia vida y con su funcionamiento interno.

Las negociaciones en curso están bajo la órbita específica del Cardenal Pietro Parolin, el mismo diplomático del Vaticano que hoy trata de encarrilar, sin demasiado éxito, el diálogo abierto entre el gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y los dirigentes de la oposición formalmente unificada.

Las rispideces de China con la iglesia católica comenzaron temprano. En rigor, en 1949 cuando, muy poco después de que los marxistas se hicieran del poder en China, decidieran expulsar a todos los misioneros católicos que allí se desempeñaban. Por considerarlos como meros instrumentos de los países de Occidente. Por ello, además, se dispuso entonces que los católicos deben profesar su fe bajo la tutela inmediata del Estado.

Las relaciones diplomáticas de China con el Vaticano han estado efectivamente interrumpidas desde el año 1951.

Hay en China unos doce millones de católicos, se supone. De ellos, más de dos terceras partes operan envueltos en una suerte de discreta clandestinidad en la que profesan su culto. Esto atento a que han preferido mantener siempre lealtad incondicional hacia Roma y, en consecuencia, no someterse a control formal alguno por parte del Estado chino. Muchos, descubiertos que fueron por las autoridades chinas, sufrieron por esa razón persecuciones y algunos hasta fueron encarcelados, simplemente por el presunto delito de mantener oculta su fe.

La principal diferencia a zanjar entre ambas partes tiene que ver con la designación de los obispos. Y con el futuro de aquellos que ya han sido nombrados. Para el Vaticano, los obispos son nada menos que los sucesores de los apóstoles. Por esta razón, ellos deben ser designados por el Pontífice.

Para la dirigencia política china, en cambio, sus designaciones deben ser coordinadas con el gobierno, porque de lo contrario, sostienen, habría una suerte de “intervención” inaceptable por parte del Vaticano en los “asuntos internos” de China.

Entre los obispos que han sido designados exclusivamente por el gobierno chino, sin contar con la aprobación de la Iglesia Católica, hay algunos que han roto sus votos de castidad, casándose y teniendo hijos. Y que no desean ni aspiran a “reconciliación” alguna con Roma. A su vez, entre los obispos que fueron designados exclusivamente por el Vaticano, que son casi treinta, hay algunos que han ya sido encarcelados por distintos períodos de tiempo y motivos.

La situación actual en China es que los obispos que el Estado chino designa obtienen con alguna frecuencia una suerte de “guiño oficioso previo” por parte del Vaticano y luego obtienen un perdón especial por haber sido designados desde fuera de la Iglesia.

Pero las cosas no siempre son así y tanto el Vaticano, como China, designan a veces obispos sin obtener el consentimiento de su respectiva contraparte. No obstante, el gobierno chino reclama constantemente a los católicos de su país la pertenencia a la Asociación Católica Patriótica de China.

La situación es bien compleja e ineficiente. Por las diferencias en la forma de designar a los obispos católicos hay hoy nada menos que unas 70 diócesis en China que carecen de obispo titular. A lo que se agrega que los ocho obispos católicos que han sido designados unilateralmente por el gobierno chino se consideran como excomulgados de hecho por la Iglesia Católica, razón por la cual su situación deberá ser objeto de un cuidadoso examen en busca de encontrar alguna posible solución al menos para la mayoría de ellos.

El actual arzobispo de Hong Kong, el cardenal John Tong, en una carta pastoral dirigida recientemente a sus fieles anunció que las autoridades chinas estarían ahora dispuestas a alcanzar un entendimiento con el Vaticano sobre este tan delicado tema. Agregando que muchos fieles que profesan su culto en un marco de total discreción no estarían todavía de acuerdo con someter en modo alguno las designaciones de los obispos católicos a decisión alguna por parte del gobierno de China. A lo que sumó, en obvia procura de tranquilizar a su inquieta feligresía, la advertencia de que el Papa no lastimará la integridad de la fe de una iglesia que se proclama como universal.

El respetado y valiente cardenal chino ya retirado, Joseph Zen, ha acusado al Papa de estar demasiado ansioso en este tema y aprovechado para llamar la atención de que, por ello, la posibilidad de llegara un arreglo “inaceptable” existe. Se habla de que ya existiría un primer “borrador” de un posible acuerdo, que sin embargo nadie parecería estar apurando demasiado.

Lo cierto es que existe un precedente, de corte bien pragmático. Es el de Vietnam, donde el Vaticano confirió, en la década de los 90, una suerte de derecho de “veto” a las autoridades locales respecto de las designaciones de los obispos, que no obstante quedaron a cargo exclusivo del Vaticano, que respeta el “derecho de oposición” que parecería haber conferido a las autoridades locales. Algo relativamente parecido podría de pronto acordarse con China, según sostienen algunos observadores.

Las autoridades chinas, por su parte, han estado generando algunas señales de autoridad, como la decisión de hacer quitar todas las cruces de los techos y campanarios de los templos cristianos en el este del inmenso país. Lo cierto es que la última designación de un obispo católico, en Changzhi, en el noreste de China, contó con la aprobación previa conjunta de la Iglesia Católica y del gobierno chino.

Hace muy pocos días, en otra señal de interés, el Papa Francisco se reunió, en Roma, por primera vez en público desde 1949, con el obispo de Suzhou, Joseph Xu Honggen.

Por el momento, el Vaticano no mantiene relaciones diplomáticas con la República Popular China, sino con Taiwán, isla que para China, como es sabido, debe tenerse tan sólo como una parte de su enorme territorio. Si las relaciones bilaterales finalmente se establecen, el Vaticano debería previsiblemente cortar su actual vinculación oficial con Taiwán.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La confrontación Trump-China

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/1/17 en http://www.cronista.com/opinion/La-confrontacion-Trump-China-20170118-0026.html

 

La confrontación Trump-China

Después de más de trescientos años desde Adam Smith se siguen suscribiendo los anacrónicos postulados del mercantilismo de los siglos XVI y XVII. No se trata de un caso especial sino de una visión generalizada solo que hoy en lugar de mercantilismo se denomina nacionalismo, populismo o proteccionismo.
Todavía no hemos comprendido que comprar barato y de mejor calidad es preferible a comprar caro y de peor factura. Todo arancel implica mayor erogación por unidad de producto, lo cual, a su turno se traduce en una menor posibilidad de adquirir productos, es decir, en la reducción en el nivel de vida de los consumidores locales puesto que la lista de los bienes disponibles se contrae.
Pero lo increíble del asunto es que se sigue machacando con frases como que si se compra todo del exterior se destruirá la producción dentro de las fronteras sin percatarse que, igual que cada uno de nosotros, si no vendemos no podemos comprar. La importación depende de la exportación y viceversa, para lo cual es indispensable contar con un tipo de cambio libre.
Igual que sucede con nosotros, el objetivo es comprar puesto que las ventas constituyen los costos de las compras. Nosotros no trabajamos por el amor al esfuerzo, es el medio para adquirir lo que necesitamos. Igual ocurre con un país. La ubicación de los distintos capitales dependerá de las condiciones relativas y cambiantes. Si Trump ubica una de sus torres en Punta del Este es porque conjetura que su renta global se maximiza de esa manera. Lo mismo va para el resto de las inversiones estadounidenses.
Tampoco debe uno concentrarse en China, el próximo presidente de Estados Unidos exhibe rabietas varias cuando sus conciudadanos producen automóviles en México y así sucesivamente.
En esta nota lo que queremos puntualizar es que el caso de la trifulca Trump– China no es un caso especial. Las falacias tras el razonamiento del magnate nacionalista resultan más estruendosas que otros nacionalismos que ahora surgen con fuerza electoral en Europa o los nacionalismos latinoamericanos, porque se trata de un presidente electo de Estados Unidos pero, como decimos, las premisas están en los políticos, en profesionales de muy variada especie e incluso en muchas facultades de economía, lo cual puede confirmarse con solo encender la televisión.
Como ha dicho Milton Friedman, si los extranjeros les regalaran bienes y servicios a los estadounidenses no hay que enojarse sino festejar el hecho que libera factores de producción para asignarlos en nuevas áreas ya que no vivimos en Jauja sino que las necesidades son siempre mayores que los bienes y servicios disponibles. El progreso significa mejorar la productividad que se traduce precisamente en liberar recursos humanos y materiales para atender nuevos requerimientos de la gente.
Y nada de competencia desleal, industria incipiente, dumping y otras pantallas que ya se han refutado en trabajos muy elementales. El economista decimonónico Bastiat se burlaba en su época del verso de los pseudoempresarios explotadores que siempre pretenden endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores a través de aranceles, al sostener que debían tapiarse obligatoriamente todas las ventanas para evitar la competencia desleal del sol para con los productores de velas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Sí, hay que liberar el mercado de trabajo

Por Iván Carrino. Publicado el 12/1/17 en: http://inversor.global/2017/01/si-hay-que-liberar-el-mercado-de-trabajo/

 

Contrario a lo que suele creerse, una mayor libertad del mercado laboral es positiva tanto para las empresas como para los empleados.

Hay una afirmación que no creo que nadie esté dispuesto a rechazar: los impuestos y las regulaciones son contrarios a la libertad. Nadie, ni a la derecha ni a la izquierda del espectro político y económico, se atreverá a discutir esta verdad evidente.

Esto no quiere decir que toda regulación sea mala… La “regulación” que impide y castiga el delito claramente está en contra de la libertad de los delincuentes… Pero existe para preservar la de las potenciales víctimas. Obvio.

Ahora aplicado a otros ámbitos de la vida, los impuestos y las regulaciones, al inhibir la libertad, se convierten en una verdadera carga para el desarrollo.

Un ejemplo sencillo bastará para entender. Si a una botella de agua mineral que cuesta $ 20 en el mercado se le carga un impuesto del 50%, lo más probable es que los consumidores desistan de comprarla, pasándose al consumo de gaseosas, aguas saborizadas, o bien agua corriente. Por otro lado, si antes de comprar la botella, el gobierno exige que se llenen 5 formularios diferentes y se pidan permisos especiales, es evidente que el incentivo para comprar la botella será menor.

Lo mismo pasa en todos los mercados. Más impuestos al consumo equivalen a menos consumo. Más regulaciones, ídem. En el mercado laboral la situación no es distinta.

Sin embargo, en Argentina, regulaciones e impuestos están a la orden del día. La ley de contrato de trabajo tiene 277 artículos y cerca de 26.000 palabras donde se regulan temas como la indemnización por despido, las vacaciones, el salario mínimo, o el mínimo de días de preaviso cuando se desea finalizar una relación laboral.

Además, la carga tributaria sobre el empleo es sideral. De un salario bruto de $ 10.000, $ 4.000 son tomados por el estado para financiar el gasto previsional, obras sociales y otros conceptos asociados a la seguridad social. Eso explica que de $ 10.000 brutos, solo $ 8.300 lleguen al bolsillo del trabajador pero $ 12.300 salgan de la caja de la empresa.

En el medio está el estado, “cuidándonos”…

El problema es que, como decíamos, todas estas trabas lo único que hacen es desestimular la contratación. De acuerdo a los libros de texto, salarios mínimos demasiado elevados, o fuertes regulaciones laborales terminan generando desempleo, ya que el costo de contratar es demasiado alto. Sin  embargo, en la realidad lo que sucede es que las empresas y los empleados se vuelcan al mercado negro.

En Argentina, de acuerdo al Ministerio de Trabajo, el sector informal abarca nada menos que al 34% de los trabajadores. Y es por eso que en el gobierno están barajando la idea de reducir la carga tributaria sobre el empleo y también flexibilizar el mercado laboral.

Obviamente, esto último nadie lo quiere decir. De acuerdo con el libreto políticamente correcto, la flexibilización es lo peor que puede pasarle a los trabajadores, porque los empresarios los comenzarían a “explotar”.

Esto es totalmente falso. En primer lugar, porque, como decíamos, si las regulaciones son excesivas, aparecerá el mercado negro, donde el estado pierde todo el control sobre lo que allí sucede. En segundo lugar, porque un mercado laboral más libre no solo es bueno para las empresas, sino para todos los que quieran obtener un empleo.

Una institución que mide la libertad de los mercados laborales en el mundo es la Fundación Heritage de los Estados Unidos. Para evaluar los mercados de trabajo, Heritage toma en consideración la existencia y el monto del salario mínimo, la rigidez en las horas de trabajo, la dificultad para despedir empleados, el monto de las indemnizaciones que se imponen a las empresas, el preaviso y las trabas para contratar.

Si los obstáculos son altos, dirán que el mercado es poco libre, mientras que de haber pocas trabas, estaremos en un mercado flexible.

Los cinco países de más de un millón de habitantes que mejor se ubican en este índice son Estados Unidos, Singapur, Hong Kong, Dinamarca y Nueva Zelanda. Entre ellos, en Estados Unidos y Dinamarca el despido es libre, por lo que las empresas no deben indemnizar al empleado si deciden no continuar empleándolo.

Uno podría pensar que con tanta libertad, muy mal les está yendo a los trabajadores de esos países. Sin embargo, estamos frente a los salarios más elevados del planeta.

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En promedio, un danés tiene un salario anual de USD 63.700; un norteamericano ingresa USD 58.700; un neozelandés USD 43.100, mientras que en Singapur los trabajadores ingresan USD 38.800 y en Hong Kong USD 23.900.

Por si esto fuera poco, las tasas de desempleo también son muy bajas. Y no casualmente, muy inferiores a las existentes en Argentina.

Claro que no todo pasa por la rigidez o flexibilidad del mercado laboral. El país que sigue en este ránking es Namibia, cuyo desempleo supera el 18% y cuyo PBI per cápita es de USD 4.500. Obviamente, a la libertad del mercado laboral hay que acompañarla con una democracia republicana, paz y respeto por los derechos de propiedad, entre otras cosas.

Sin embargo, dado que muchas de esas cosas sí tiene nuestro país, no es un mal momento para pensar en tener un mercado laboral más libre. Una menor presión tributaria sobre el empleo reducirá el costo laboral e incrementará el salario de bolsillo. Además, menos trabas burocráticas harán más atractiva la contratación, y aumentarán el empleo y la formalidad.

Es que, en definitiva, los intereses de los trabajadores y de los empresarios no son contrarios. Cuanto más fácil sea contratar, más empleo habrá. Y en la medida que crezca la competencia entre empresas, más subirán los salarios en términos reales.

Necesitamos más libertad para volver a crecer y convertirnos en un país rico. No hay otro camino.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Que la crítica a lo “políticamente correcto” provenga de “conservadores americanos” no exime al progresismo

Por Martín Krause. Publicado el 17/1/17 en: http://bazar.ufm.edu/la-critica-lo-politicamente-correcto-provenga-conservadores-americanos-no-exime-al-progresismo/

 

El izquierdismo intelectual está preocupado porque ha llegado a ubicarse en un rincón rechazado. Esto ocurre, en particular, porque parece ser cada vez mayor el repudio a lo “políticamente correcto”. Así queda claro en un artículo de Agustín Cosovschi en la sección Ideas, de La Nación, con el título “La corrección política como enemigo”.

Es cierto que quienes atacan y rechazan lo ‘políticamente correcto’ forman parte de los movimientos políticos que luego han dado su respaldo a personajes como Trump u otros grupos populistas de derecha en Europa. Estos personajes o movimientos han sabido captar ese descontento, y eso tal vez no sea una buena noticia. Pero esto no libera al ‘progresismo’ de una merecida crítica.

Dice Cosovschi, citando a una periodista de The Guardian: “El modo en que durante los últimos veinticinco años los ideólogos del conservadurismo norteamericano han difundido la idea de que la sacralización de la corrección política constituye una nueva forma de autoritarismo que pone en peligro la democracia contemporánea.”

No son solamente los conservadores norteamericanos quienes rechazan esta variante del progresismo, y esa crítica, en verdad, forma parte también de lo políticamente correcto, ya que pareciera que solamente por el hecho de ser “conservadores norteamericanos” lo políticamente correcto no merece la crítica que recibe. Cosovschi asocia al pensamiento ahora denostado con el “liberalismo”: “La denostada “corrección política” está muchas veces asociada al pensamiento de las clases urbanas, liberales y educadas que reivindican el multiculturalismo y la defensa de las minorías y los menos privilegiados.” Pero está claro que el uso de la palabra liberal ha de comprenderse en el particular contexto norteamericano donde esa palabra es utilizada para describir a quien es, en verdad, más bien ‘socialdemócrata’.

Sigue el autor: “Hay una cuota de verdad en aquellas críticas contra la corrección política que señalan que, cuando un discurso se instala en la esfera pública, establece coordenadas para el debate que excluyen ciertos interlocutores y ciertos lenguajes. Es cierto, y es un desafío de las sociedades democráticas ajustar y reajustar esas coordenadas, porque la legitimidad de la discusión pública es en gran medida el resultado de su capacidad de contener actores y posiciones diversas.”

Pero ésa no es una buena descripción de lo que realmente ocurre con lo “políticamente correcto”, en particular en el ámbito universitario en los Estados Unidos. Recomiendo para ello al profesor de Ética de los Negocios de la Stern School of Business en Nueva York, Jonathan Haidt. Por ejemplo: https://www.youtube.com/watch?v=rKfwde2cOEk

En un artículo en la revista The Atlantic, publicado en Septiembre de 2015, (http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2015/09/the-coddling-of-the-american-mind/399356/) comenta que ahora en los reglamentos de las universidades se ha impuesto el concepto de “microagresiones”, que “son pequeñas acciones o elección de palabras que parecen, a primera vista, no tener ninguna intención maliciosa pero que igualmente se consideran una clase de violencia”. Por ejemplo, según algunas de esas normas, es una microagresión preguntar a un Asiático americano o un Latino Americano dónde nació, porque esto implica que el o ellas no sean norteamericanos reales. Para los primeros, sería una microagresión preguntarle: ¿no se supone que deberías ser bueno en matemática?; y en el sistema universitario estatal de California (que consta de diez universidades), se cuenta entre los comentarios ofensivos a los siguientes: “America es la tierra de la oportunidad”, o “Creo que la persona más calificada debería obtener ese puesto”.

Hasta acá es donde ha llegado ese ‘progresismo’ que menciona Cosovschi y que busca defender el multiculturalismo y la defensa de las minorías y los menos privilegiados. Probablemente el autor no esté de acuerdo con la censura a frases como las antes mencionadas que terminan congelando toda discusión académica y buscan imponer una cierta visión a través de lo que es “políticamente correcto” decir o no decir, pero es lo que está ocurriendo y merece el más firme repudio, al margen de que también lo condenen los “conservadores norteamericanos”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Oxfam, la desigualdad, la riqueza y la corrección política

Por Guillermo Luis Covernton.

 

En estos días nos hemos visto bombardeados (1) por la publicación de un panfleto izquierdizante de Oxfam: ente multinacional que promueve la miseria, el estatismo y la falta de libertad, así como el respaldo a los gobiernos dictatoriales que se financian con ayudas internacionales.

Como muy bien se ha ocupado de difundir el Acton Institute en sus documentales de la organización “Powerty Cure”,(2) estos mecanismos no solo no ayudan a los países menos desarrollados, sino que generan alteraciones de la demanda, los precios y la provisión de bienes y servicios de tal magnitud que imposibilitan la correcta evaluación de proyectos de inversión, y el desarrollo de nuevas empresas. Y por ende, se ven privados de poder recibir inversiones de países extranjeros, de remunerar la creatividad y la empresarialidad latente en cualquier individuo, y de generar una sociedad más justa.

Y con esto, condenan a los más desfavorecidos, en países menos desarrollados a ser víctimas del clientelismo político y de la corrupción descarada de los sátrapas que los gobiernan e espaldas de los sanos principios republicanos y de una democracia madura.

El organismo explota la sensibilidad de los poco informados y afirma extremos que se han demostrado claramente falsos, como bien destaca un interesante análisis de Diego Sanchez de la Cruz. (3)

Todo esto nos inhibiría de ahondar en el desenmascaramiento de estas falacias, financiadas por las organizaciones de izquierda, si no se nos ocurriera, además, destacar un tema sobre el que pareciera que nunca se insiste demasiado: Esto es la verdadera génesis de la riqueza. Es decir, de cómo pasamos de una caverna al hiperespacio, la productividad a base de trabajo virtual y la verdadera formación de la riqueza.

Un gran economista, de quien tuve el privilegio de recibir lecciones y quien me delegara una cátedra, Manuel Ayau Cordón, iniciaba siempre sus cursos recordando que el estado natural del hombre era la extrema pobreza. Nuestra civilización nació, vivió y evolucionó, a partir de estar desnudos en una caverna, sin nada que les garantizara la supervivencia más allá de unas horas. Ignorando el universo que nos rodeaba, por más del 90 % del tiempo en que habitamos esta tierra.

La única fuente de nuestra actual prosperidad, como muy bien lo titulara otro de mis maestros, el Dr. Israel Kirzner, es la “Creatividad, el Capitalismo y la Justicia Distributiva” que se derivan del proceso de mercado y a partir de los intercambios libres y voluntarios de los agentes económicos. (4) Quienes estén particularmente interesados, pueden profundizar en dicha obra que, como alguien expresara, es:

“Una de las obras maestras de Israel Kirzner, donde destaca la importancia del empresario en los procesos de mercado, donde muestra el proceso dinámico del mercado (derribando las críticas al mercado típicas del socialismo y de las políticas redistributivas que consideran erróneamente que la riqueza y recursos es algo dado y estático. Kirzner muestra que la creatividad y el descubrimiento son básicos en la generación y creación de recursos, cambiando así de manera radical la manera de entender los criterios de justicia redistributiva, mostrando cómo el capitalismo mejora eficazmente el bienestar material de las sociedades, sin que ello comporte el coste moral que le achacan sus críticos.”

Creemos que el principal error crucial del planteo de Oxfam es esta falacia tremenda del socialismo ponzoñoso y confrontante de asumir que la riqueza está dada y que solo hay que redistribuirla.

Si esto fuera así, estaríamos perdidos, toda vez que los 300 mil homo sapiens que agonizaban de hambre 100 mil años atrás, podían distribuirse entre ellos toda la riqueza del mundo. Y hoy, hay que hacerlo entre 7000 millones. Y pese a eso somos infinitamente más ricos. No solo que esos homo sapiens de hacen 100 mil años. Un hombre que vive en un barrio careciente, en viviendas precarias, en una capital de latinoamérica como puede ser Buenos Aires es hoy mucho más rico que el hombre más rico de Francia, hacen apenas 300 años atrás: Como nos muestra la historia, el rey de Francia en aquellos años, carecía de agua potable, vacunas, antibióticos, internet, televisión satelital, comunicaciones celulares, y la posibilidad de estudiar el universo que nos rodea, en la magnitud y la profundidad que hoy puede hacerlo cualquier niño en edad escolar, en uno de esos asentamientos urbanos. Nos falta muchísimo por recorrer. Pero hay estimaciones que hablan de que en el 2030 podríamos erradicar la pobreza del mundo. Como lo indican las Metas y Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (5). Muy autorizadas opiniones coinciden con estos objetivos. Vemos como personas que han demostrado claramentew como generar riquezas, estiman como muy viable el logro de estas metas (6). No en base a quimeras y utopías socialistas, estatistas y dictatoriales, sino permitiendo el ejercicio del libre albedrío, liberando la iniciativa privada individual, generando el marco jurídico y la necesaria protección a la innovación, el cumplimiento de los contratos y la defensa de la propiedad privada de las inversiones y sistemas de producción.

Pero el punto sobre el que me gustaría enfatizar es: ¿Quiénes son los demonizados por Oxfam? ¿Quiénes son los que merecen el castigo de estos estatistas delirantes?: Veamos:

“A la cabeza de la lista se encuentran Bill Gates, fundador de Microsoft, con una riqueza que asciende a 75,000 millones de dólares; el español Armando Ortega, (sic) fundador de Inditex, con 67,000 millones de dólares y Warren Buffet, director ejecutivo de Berkshire Hathaway, con 60,800 millones de dólares.

Los otros cuatro son: Jeff Bezos, fundador de Amazon, con una riqueza de 45,200 millones de dólares; el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, con 44,600 millones de dólares; Larry Ellison, cofundador de Oracle, con 43,600 millones de dólares; y por último Michael Bloomberg, fundador de Bloomberg LP, quien cuenta con una fortuna de 40,000 millones de dólares.” (7)

Como podemos ver, todos ellos son emprendedores en el estricto sentido de la palabra. Es inadmisible plantearse la mera posibilidad de atacar sus patrimonios, obtenidos en forma pacífica y a través de intercambios libres y voluntarios. Han sido los consumidores, con sus decisiones autónomas sobre sus compras y abstenciones de comprar los que han forjado sus fortunas.

Ha sido la visión y capacidad de lograr una mejor asignación de recursos lo que ha generado esa riqueza. Tanto Gates como Larry Ellison, diseñaron y perfeccionaron herramientas que incrementan de tal modo la productividad de sus usuarios, que estos han producido riqueza en exceso, que no solo ha elevado su nivel de vida sino que les ha permitido pagar los precios que estos empresarios proponian. Ortega y Bezos crearon negocios en ramas que ya existían, pero logrando fuertes mejoras en la logística, economía de escala y asignación de factores, que han posibilitado a los consumidores acceder a muchos más bienes y servicios, a precios más bajos.

Buffet y Bloomberg han accedido a su fortuna solo por haber logrado mejores asignaciones de recursos, inversiones, una adecuada evaluación de riesgos y el acceso de capitales y ahorros a empresas y productores. Zuckerberg dio a luz un modelo de negocios y una forma de comunicarnos que es prácticamente gratis para sus usuarios. Que nada pueden reclamarle ya que derivan una inmensa gama de posibilidades de comunicación y aprendizaje, sin comparación con el costo que les implica.

En definitiva, ninguno de ellos se ha apoderado de la plusvalía de nadie. Ni derivan su riqueza de la apropiación indebida de recursos dados o estáticos. La prosperidad y el crecimiento se basan precisamente en innovación, descubrimiento, creación, diseño de estrategias, bienes o servicios.

La economía no es ni nunca será un juego de suma cero, como lo conciben los socialistas totalitarios y estatistas, que proponen redistribuir en base a impuestos regresivos lo que los agentes económicos ya han distribuido previamente a través de la legitimidad de las ganancias y las pérdidas empresariales.

 

(1)  http://elpais.com/elpais/2017/01/13/planeta_futuro/1484311487_191821.html

http://eleconomista.com.mx/finanzas-publicas/2017/01/16/ocho-hombres-riqueza-medio-planeta-oxfam

(2) https://www.youtube.com/user/povertycure

http://www.povertycure.org/

(3)  http://www.libremercado.com/2017-01-17/diego-sanchez-de-la-cruz-el-igualitarismo-anticapitalista-de-intermon-oxfam-ataca-de-nuevo-81145/

(4) https://www.amazon.es/Creatividad-capitalismo-y-justicia-distributiva/dp/8472092909

(5) http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/poverty/

(6) https://megaricos.com/2016/07/01/bill-gates-podemos-erradicar-la-pobreza-para-2030/

(7) http://eleconomista.com.mx/finanzas-publicas/2017/01/16/ocho-hombres-riqueza-medio-planeta-oxfam

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Reforma impositiva e inflación, desafíos para reactivación económica de Argentina

Entrevista a Aldo Abram: Publicada el 10/1/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/01/10/reforma-impositiva-e-inflacion-desafios-para-reactivacion-economica-de-argentina/

 

Una reforma que disminuya la elevada presión tributaria y cumplir con una meta inflacionaria del 17 por ciento son los principales desafíos para que Argentina vuelva a crecer, señaló hoy el experto Aldo Abram.

En entrevista con Xinhua, el economista, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso (FLyP), se refirió a las cuestiones que marcarán, en el año que acaba de comenzar, el devenir de la tercera economía de América Latina, detrás de Brasil y México.

“Para 2017, hay tres desafíos fundamentales. El primero, y es el más importante, es que los brotes verdes que se empezaron a ver a fines de 2016, terminen floreciendo en una reactivación que se consolide en crecimiento”, expresó el analista.

Para Abram “de una buena performance (desempeño) del nivel de actividad depende el resultado que obtenga el gobierno en las elecciones legislativas de octubre, donde debería sumar legisladores para consolidar su poder”.

“Existe el riesgo de que se quede en un rebote más, de los tantos que hubo en los últimos años, en la medida que no se vea acompañada por un fuerte crecimiento de la inversión privada. Para que ello suceda se necesitan algunas condiciones, como que se den señales de que se reconstruirá la seguridad jurídica, que fue destruida durante la gestión anterior”, observó.

Según el experto, el gobierno de Mauricio Macri, que asumió el cargo en diciembre de 2015, “ha mostrado su voluntad de avanzar en ese sentido, pero la oposición ha mostrado alguna predisposición a aprobar leyes que van en el rumbo contrario”.

Un reciente relevamiento de expectativas que realizó el Banco Central (BCRA, autoridad monetaria) entre consultoras privadas muestra que el PIB de Argentina pasará de caer un 2,3 por ciento en 2016 a tener un crecimiento de un 3 por ciento en 2017, mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) prevé un crecimiento del 2,9 por ciento para Argentina en 2017, tras estimar una caída del 1,7 por ciento en 2016.

El Presupuesto 2017 de Argentina augura que la economía del país crecerá un 3,5 por ciento.

En la visión de Abram “otro factor importante es la merma de la enorme presión tributaria de Argentina. Esto está relacionado con el segundo desafío, que es empezar a ajustar el gasto público, tarea en la que no se avanzó nada hasta ahora, y sin avanzar en este punto pensar en menores impuestos y déficit fiscal es imposible”.

“El Presupuesto 2017 no trajo buenas noticias al respecto, ya que luego de bajar la carga fiscal el año pasado, ahora anuncia que volverá a subir, aunque poco”, criticó.

“Sería bueno que el gobierno dejara claro que tiene en sus objetivos para los próximos años la merma de los impuestos y una reforma que nos lleve a un sistema tributario más justo y eficiente”, instó el economista.

El ultimo desafío que mencionó el titular de la FLyP “es que el Banco Central cumpla con la meta de inflación de menos de un 17 por ciento para 2017”.

“Tras un primer semestre sumamente complicado, que implicó incumplir la meta para 2016 del 25 por ciento (ya que rondará el 40 por ciento) lograron controlar el rumbo en el segundo semestre. En la última mitad del año la inflación promedio mensual fue de un 1,5 por ciento, o sea que se ubica en menos de un 20 por ciento anualizado y es el más bajo desde 2009”, resaltó el economista.

Según el analista, “para cumplir con el 17 por ciento o menos de objetivo, la inflación promedio mensual debería bajar a solamente un 1,3 por ciento, lo cual es sencillo. Las dudas sobre que se pueda cumplir tienen que ver mayormente con la mala performance fiscal”.

“Sin embargo, dado que el BCRA tiene todos los instrumentos necesarios para lograr su objetivo, debería hacerlo para no perder credibilidad respecto al futuro cumplimiento de las metas planteadas para los años siguientes”, enfatizó.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Lo políticamente correcto es retrógrado

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

El progreso significa cambio para mejor. Como nuestra ignorancia es enorme,  la forma de reducirla consiste en abrir debates en todas direcciones al efecto de poder refutar lo anterior y avanzar en la buena dirección. En otros términos, la faena del intelectual estriba en convertir lo políticamente imposible en políticamente posible. Esto se lleva a cabo en el plano de las ideas, mostrando las ventajas de dejar atrás lo inconveniente para adoptar lo mejor.

Todos los buenos descubrimientos siempre comenzaron con un sueño que parecía imposible. Como ha escrito John Stuart Mill “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. En otros términos, el progreso está indisolublemente atado a la creatividad y al esfuerzo por correr el eje del debate hacia mejores metas, hacia objetivos de una mayor excelencia, a la curiosidad por explorar lo que aparece como mejor, en definitiva por apartarse de la trampa del status quo, al coraje moral por diferenciarse del espíritu rabiosamente conservador.

Los debates abiertos de par en par sin restricción alguna permiten confirmar lo que está bien y revisar todo lo que se estima está mal o que puede mejorar la marca. Lo políticamente correcto encaja cerrojos mentales que no permiten ver más allá de la nariz acorde con los perezosos para cambiar, a saber, los que se oponen al progreso que inexorablemente se traduce en cambio.

Pues bien, como queda dicho, el lenguaje “políticamente correcto” significa quedarse estancado y paralizado en lo que es  sin percatarse lo que debe ser, lo cual significa imposibilitar que se suba la vara con lo que en verdad se renuncia a lo esencial de la condición humana cual es el pensamiento. Recordemos el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales…en ningún tema.

El lenguaje “políticamente correcto” está íntimamente vinculado a un concepto errado de lo que significa la discriminación. En este sentido reitero parcialmente lo que hemos consignado antes en cuanto a intentar que se despeje la aludida confusión semántica.

Según el diccionario, discriminar quiere decir diferenciar y discernir. No hay acción humana que no discrimine: la comida que elegimos engullir, los amigos con que compartiremos reuniones, el periódico que leemos, la asociación a la que pertenecemos, las librerías que visitamos, la marca del automóvil que usamos, el tipo de casa en la que habitamos, con quien contraemos nupcias, a que universidad asistimos, con que jabón nos lavamos las manos, que trabajo nos atrae más, quienes serán nuestros socios, a que religión adherimos (o a ninguna), que arreglos contractuales aprobamos y que mermelada le ponemos a las tostadas. Sin discriminación no hay acción posible. El que es indiferente no actúa. La acción es preferencia, elección, diferenciación, discernimiento y, por ende, implica discriminar.

Esto debe ser nítidamente separado de la pretensión, a todas luces descabellada, de intentar el establecimiento de derechos distintos por parte del aparato estatal que, precisamente, existe para velar por los derechos y para garantizarlos. Esta discriminación ilegítima echa por tierra la posibilidad de que cada uno maneje su vida y hacienda como le parezca adecuado, es decir, inhibe a que cada uno discrimine acerca de sus preferencias legítimas. Otro modo de referirse a este uso abusivo de la ley es simple y directamente el del atropello al derecho de las personas.

La prueba decisiva de tolerancia es cuando no compartimos las conductas de otros. Tolerar las que estamos de acuerdo no tiene mérito alguno. En este sentido, podemos discrepar con las discriminaciones, elecciones y preferencias de nuestro prójimo, por ejemplo, por establecer una asociación en la que solo los de piel oscura pueden ser miembros o los que tienen ojos celestes. Allá ellos, pero si no hay violencia contra terceros todas las manifestaciones deben respetarse, no importa cuan ridículas nos puedan parecer.

Curiosamente se han invertido los roles: se tolera y alienta la discriminación estatal con lo que no le pertenece a los gobiernos y se combate y condena la discriminación que cada uno hace con sus  pertenencias. Menudo problema en el que estamos por este camino de la sinrazón, en el contexto de una libertad hoy siempre menguante.

Parece haber una enorme confusión en esta materia. Por un lado, se objeta que una persona pueda rechazar en su propia empresa la oferta laboral de una mujer embarazada o un anciano porque configuraría una “actitud discriminatoria” como si el titular no pudiera hacer lo que estima conveniente con su propiedad. Incluso es lícito que alguien decida contratar solo a quienes midan más de uno ochenta. Como es sabido, el mercado es ciego a religiones, etnias, alturas o peso de quienes se desempeñan en las empresas, por tanto, quien seleccione personal por características ajenas al cumplimiento y la eficiencia pagará el costo de su decisión a través del cuadro de resultados, pero nadie debiera tener el derecho de bloquear un arreglo contractual que no use la violencia contra otros.

Por otra parte, en nombre de la novel “acción positiva” (affirmative action), se imponen cuotas compulsivas en centros académicos y lugares de trabajo “para equilibrar los distintos componentes de la sociedad” al efecto de obligar a que se incorporen ciertas proporciones, por ejemplo, de asiáticos, lesbianas, gordos y budistas. Esta imposición naturalmente afecta de forma negativa la excelencia académica y la calidad laboral ya que deben seleccionarse candidatos por razones distintas a la competencia profesional, lo cual deteriora la productividad conjunta que, a su vez, incide en el nivel de vida de toda la población, muy especialmente de los más necesitados cuyo deterioro en los salarios repercute de modo más contundente dada su precariedad.

Por todo esto es que resulta necesario insistir una vez más en que el precepto medular de una sociedad abierta de la igualdad de derechos es ante la ley y no mediante ella, puesto que esto último significa la liquidación del derecho, es decir, la manipulación del aparato estatal para forzar pseudoderechos que siempre significa la invasión de derechos de otros, quienes, consecuentemente, se ven obligados a financiar las pretensiones de aquellos que consideran les pertenece el fruto del trabajo ajeno.

Desde luego que esta atrabiliaria noción del “derecho” como manotazo al bolsillo del prójimo, entre otros prejuicios, se basa en una idea errada, cual es que la riqueza es una especie de bulto estático que debe “redistribuirse” (en direcciones distintas a la distribución operada en el supermercado y afines) dado que sería consecuencia de un proceso de suma cero. No conciben a la riqueza como un fenómeno dinámico y cambiante en el que en cada transacción libre y voluntaria hay un proceso de suma positiva puesto que ambas partes ganan. Es por esto que actualmente podemos decir que hay más riqueza disponible que en la antigüedad, a pesar de haberse consumido recursos naturales en el lapso de tiempo trascurrido desde entonces. Es cierto el principio de Lavoisier, en cuanto a que “nada se pierde, todo se transforma” pero lo relevante es el crecimiento de valor no de cantidad de materia (como hemos dicho antes, un teléfono antiguo tenía más material que uno celular, pero este último presta servicios mucho mayores y a menores costos).

Vivimos la era de los pre-juicios, es decir el emitir juicios sobre algo antes de conocerlo (y conocer siempre se relaciona con la verdad de algo, ya que no se conoce que dos más dos son ocho). La fobia a la discriminación de cada uno en sus asuntos personales y el apoyo incondicional a la discriminación de derechos por parte del Leviatán es, en gran medida, el resultado de la envidia, esto es, el mirar con malevolencia el bienestar ajeno, no el deseo de emular al mejor, sino que apunta a la destrucción del que sobresale por sus capacidades.

Y esto, a su vez, descansa en la manía de combatir las desigualdades patrimoniales que surgen del plebiscito diario en el mercado en donde el consumidor apoya al eficiente y castiga al ineficaz para atender sus reclamos. Es paradójico, pero no se condenan las desigualdades patrimoniales que surgen del despojo vía los contubernios entre el poder político y los así llamados empresarios que prosperan debido al privilegio y a mercados cautivos otorgados por gobiernos a cambio de favores varios. En realidad, las desigualdades de la época feudal (ahora en gran medida replicadas debido al abandono del capitalismo) son desde todo punto de vista objetables, pero las que surgen de arreglos libres y voluntarios, no solo no son objetables sino absolutamente necesarias al efecto de asignar los siempre escasos factores productivos en las manos más eficientes para que los salarios e ingresos en términos reales puedan elevarse. No es relevante la diferencia entre los que más tienen y los que menos poseen, lo trascendente es que todos progresen, para lo cual es menester operar en una sociedad abierta donde la movilidad social constituye uno de sus ejes centrales.

Como las cosas no suceden al azar, para contar con una sociedad abierta cada uno debe contribuir diariamente a que se lo respete.

Podemos extrapolar el concepto del polígono de fuerzas de la física elemental al terreno de las ideas. Imaginemos una enorme piedra en un galpón atada con cuerdas y poleas y tirada en diversas direcciones por distintas personas ubicadas en diferentes lugares del recinto: el desplazamiento del bulto será según el resultado de las fuerzas concurrentes, ninguna fuerza se desperdicia. En las faenas para diseminar ideas ocurre lo propio, cada uno hace lo suyo y si no se aplica a su tarea la resultante operará en otra dirección. Los que no hacen  nada solo ven la piedra moverse y habitualmente se limitan a despotricar en la sobremesa por el rumbo que toma.

Como hemos visto, lo de la discriminación tiene muchas ramificaciones y efectos. Por ello es que resulta imprescindible comprender sus alcances y significados para lo que hay que despejar el ambiente de prejuicios. Como ha escrito en 1775 Samuel Johnson “Ser prejuicioso es siempre ser débil”, es revelar complejos y fallas propias, en cuyo contexto, sentenció en 1828 William Hazlitt: “ningún hombre ilustrado puede ser contemplativo con los prejuicios de otros”, puesto que el no denunciarlos agrava el mal, incluso para los resentidos que alegando anti-discriminación, discriminan de la peor manera.

En resumen, es llamativo e increíble que los llamados “progresistas” se estanquen y bloqueen el progreso con su empecinado uso de lo “políticamente correcto” que, como queda apuntado, se traduce en una anacrónica postura conservadora en el peor sentido de la expresión y en una inaceptable intolerancia.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Lo que no se debe y lo que se debiera,.. en salud

Por Eduardo Filgueira Lima

 

Nuestro país en muchos aspectos sufre la contradicción de tener pretensiones federalistas con decisiones políticas centralistas, que en muchos casos exceden tanto sus atribuciones, como sus posibilidades.

Y nuestro sistema público de salud no escapa a ello.

Desde la llegada al gobierno el equipo de cambiemos prometió eso: un cambio. Tal como era de esperar y necesario. Lo que en salud se requería muy especialmente.

No se me escapa que en la sociedad los cambios no son inmediatos, ni abruptos, ni resultado de puro decisionismo gubernamental. Los mismos toman tiempo, son analizados y evaluados por la misma sociedad y finalmente aceptados si resuelven sus necesidades. Lo malo es que a veces se acepta lo dado, como si fuera lo posible.

Pero a su vez son las decisiones de los gobiernos elegidos libremente, no por saber a priori las decisiones que adoptarán, sino en el supuesto hipotético que serán las mejores, o las que resolverán los problemas que la sociedad tiene, las que marcan rumbo.

Y ello no ha sido posible hasta el momento en el área de salud. Seguramente no por negligencia de las autoridades a cargo de la cartera, sino porque existe una enorme brecha entre la academia y la acción política concreta. Y ello es debido también a la misma organización del estado centralista que ha asumido cada vez más funciones (que los mismos funcionarios se ocupan de multiplicar), sin que puedan ser bien cumplidas por una parte y sin que le corresponda por otra.

Me refiero a que las provincias no han cedido al gobierno nacional las facultades de diseño, financiamiento, regulación y control de todas las funciones de promoción, prevención y atención médica de la población. Así lo establecieron todas las provincias en sus Constituciones.[1]

En esta superposición, finalmente las provincias tienen a su cargo la mayor parte del gasto público en salud, pero esperan que el gobierno nacional les asista y en cierta forma reemplace en lo que les corresponde. Y el gobierno nacional lo hace, lo asume, pero hace poco y no lo hace como debiera. ¿Y el cambio?

Ni las provincias hacen lo que está a su cargo como sería su quehacer, ni el gobierno pasa de cumplir rutinariamente, satisfaciendo demandas coyunturales, sin proponer ni ejecutar nada que permita visualizar algún horizonte mejor.

Que el gasto en salud representa cerca del 10% del PBI, eso ya lo sabemos. Que de ese gasto el 55% es gasto público también. Y que lo que es de correspondencia estrictamente público estatal –es decir: restado la seguridad social– alcanza al 23% del gasto total en salud (o aproximadamente un 2,4% del PBI)[2], lo que significa mucho dinero y dados los procesos tanto como los resultados, podríamos suponer muy mal asignado. Por lo menos la Ley N°27.200/15, reconoce y prorroga –desde  sucesivas leyes que la anteceden– la emergencia nacional en salud.

Cuando me refiero a resultados, todos sabemos que finalmente las consecuencias las sufre la población. Y vano sería reiterar que gran parte de ella se encuentra en condiciones que constituyen la proporción lamentable de nuestros “promedios”.

El problema central se encuentra no solo en la contradicción centralismo vs federalismo, sino en que ello se configura en la organización del sistema público de salud y sus ineficiencias.

Hace varios años el gobierno central a través de su vocero el Ministro de Economía expresaba ante los organismos de crédito internacionales que “quienes  gastan mal son las provincias” (acuciado ante los reparos de no cumplir con las metas acordadas de gasto). Y los gobernadores respondían: “el que gasta mal es el gobierno nacional,..¿para qué quiere un Ministerio de Salud sin hospitales y un Ministerio de Educación sin escuelas”

El Ministerio de Salud tiene importantes funciones que cumplir, como son las de regulación y control de medicamentos, la acción conjunta ante epidemias, catástrofes u otras de afectación colectiva, así como la representación ante organismos internacionales (OMS/OPS, otros de crédito a través de la UFI, etc), sanidad de fronteras, importación de insumos, informes de estadísticas y epidemiología, coordinación y acuerdo de políticas nacionales, etc.

Pero no son precisamente las funciones que se atribuye y en las actuales circunstancias cree que se puede hacer mucho y en realidad “solo se pueden dar buenos consejos”,..  haciendo de cuenta que se avanza hacia un cambio para que en verdad, todo siga como entonces.

Porque resulta que se ocupa de cuestiones que son atinentes a las provincias y ello funciona como un subsidio directo a las funciones que son prerrogativas de las mismas, y peor aún si lo hace mal.

Porque para el gobierno central resulta imposible centralizar (controlar, regular, financiar, etc.), lo que está disperso tanto como lo es nuestra geografía, y los recursos asistenciales de todo tipo adoptan las características de la provincia o región en donde se encuentran.

Lo que sucede es que estas cuestiones –como los programas nacionales– permiten a las provincias “descansar” del gasto y de la gestión primaria de los mismos. Pero ello obliga al gobierno nacional a ocuparse de lo que no debiera (con el costo que significa) y no ocuparse de ser un ente rector del cambio necesario.

Y el cambio sería bien recibido si el Ministro propusiera por ejemplo a las provincias llevar adelante una caja de aseguramiento provincial (o un seguro por jurisdicción) e hiciera lo que debe (y puede), como sería asistirlas técnicamente para que logren lo que les corresponde por derecho y haría más eficiente su gestión.

Si bien personalmente acuerdo con el Decreto N°908/16 en términos generales (aunque deja dudas en alguna medida su sustento jurídico), en el mismo (Art.N°2) se destina para la estrategia del CUS[3], un monto de $8.000 millones (que es menos del 10% del presupuesto anual del PAMI) y que supone cumplir con lo detallado en el Anexo I (Art.3°), que parece por lo menos un exceso de declamado voluntarismo, que resulta de más academia que gestión política.

Por otra parte, la nominalización (tal como la describe el mismo Decreto en el Anexo I) si bien es el primer paso para saber a quién,.. no permite saber ni como (me refiero financiamiento), ni cuando (me refiero a procesos), ni quien será el responsable de la prestación de los servicios, que están muy lejos del poder central.

Si, como hemos dicho, los recursos se encuentran en las jurisdicciones (o eventualmente regiones), ¿no sería mucho más lógico que en vez de asignar recursos (que por otra parte pertenecen a la seguridad social sindical) para la nominalización de la población sin cobertura desde el gobierno central, esta misma tarea la hicieran las mismas provincias?, ¿no sería más lógico que las provincias comiencen a dar los primeros pasos hacia las cajas de aseguramiento, ya que tienen para ello más posibilidades en el sentido de nominalizar primero a la población sin cobertura y asegurar las prestaciones después?

Resulta difícil de creer que los sindicatos resignen esa suma sin nada a cambio. Resulta difícil de entender un financiamiento compartido entre nación y provincias de esa población nominalizada, que tiene importantes necesidades. ¿O se piensa transferir esa población a las obras sociales sindicales? ¿Cuáles son los límites que ello impondrá? Y en ese caso, algo es mejor que nada,.. pero no es lo mejor posible.

Lo que termina por pensarse es que se “vende” un declamado CUS como si ello fuera el gran cambio y es solo un paso que no lo hace quien debiera y con recursos que sustrae a la seguridad social, para subsidiar a quienes deben,.. pero no lo hacen porque lo declama hacer otro (que debiera orientar el cambio): el gobierno central.

Lo que se ve finalmente es que solo se da vueltas en el mismo círculo, sin un plan coherente y sin lograr asignar a cada quien lo que debe. Eso sí,..  sirve para hacer de cuenta que se hace algo. Pero el costo es muy alto y lo pagamos todos los argentinos. ¿Sabrá el Ministro el gap que existe entre la academia y la acción política?

[1] IDESA “Programas nacionales son el 6% del gasto público en salud” Informe N°687 del 15 de Enero de 2017

[2] Calculo del Banco Mundial del PBI Argentina u$s 583.000 mill (equivalente a $9,32 billones)

[3] CUS: Cobertura Universal de Salud

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Sociedad e igualdad de derechos

Por Gabriel Boragina: Publicado el 15/1/17 en: http://gboragina.blogspot.com.ar/

 

“2. La igualdad en las doctrinas del derecho social. Las doctrinas que partieron de la sociedad para estudiar al hombre, las doctrinas del derecho social, corno las denomina Duguit, o doctrinas socialistas, se oponen a las doctrinas individualistas (corno es lógico) y sostienen que el hombre es naturalmente social y sometido, por lo tanto, a las reglas que esa sociedad le impone con respecto a los demás hombres y sus derechos no son nada más que derivaciones de sus obligaciones. De allí hace derivar Duguit los conceptos de solidaridad o de interdependencia social, afirmando que todo hombre forma parte de un grupo humano, pero al mismo tiempo tiene conciencia de su propia individualidad”.[1]

Evidentemente, el hombre no es una creación colectiva, y estas doctrinas socialistas parten de una clara ficción. El hombre no es “naturalmente” social, si por “natural” se quiere significar biológico, porque ninguna sociedad puede dar por fruto biológico a ningún hombre. En realidad, no puede crear biológicamente cosa alguna. Se olvida que el concepto de “sociedad” es una concepción mental. Una palabra que representa una abstracción intelectual, que no cuenta con existencia física. Si el hombre fuera “naturalmente” social la educación -sobre todo la de los primeros años de la vida- no tendría ninguna razón de ser y no sería en absoluto necesaria. El niño se comportaría socialmente por obra, gracia y efecto de tal supuesta “naturaleza social”, reconocería espontáneamente a sus semejantes y sus derechos, y se autoimpondría límites a su propia conducta, y –todo ello- sin que nadie tuviera que explicárselo ni -mucho menos- recordárselo a cada instante. Tendría –en tal caso- también una conciencia “natural” de sus derechos y sus obligaciones, sin necesidad de que nadie se los enseñara previamente.

Empero, la experiencia más elemental nos demuestra que esto en modo alguno es como se derivaría de tales doctrinas socialistas llevadas a sus últimas consecuencias. La educación cumple su fin precisamente porque el ser humanos no es “naturalmente” social. Debe aprender a serlo, y debe enseñárselo a serlo. En cuanto a supuestas reglas “de la sociedad”, el razonamiento ha de ser el mismo. La fantasmagórica “sociedad” no instituye reglas, ya que ella no tiene vida física, ni cuerpo, ni mente, ni voluntad, ni acción. Toda regla ha sido originariamente pensada por alguien una primera vez, y dicha regla (norma, ley, etc.,) –en un segundo momento- se ha hecho extensiva a otros, ya sea por imposición o bien por convención. Pero ni en su origen ni implementación esa fantasmal “sociedad” ha desempeñado -ni hubiera podido hacerlo- papel alguno.

“3. El principio de la igualdad en la sociedad antigua. La historia de las instituciones, desde la antigüedad hasta las civilizaciones contemporáneas, va mostrando en cada sociedad los matices de su estructura orgánica y especialmente, las distintas clases en que se divide esa sociedad, .separadas unas de otras en forma tan absoluta, como si se tratara de mundos distintos, con sus privilegios y sus cargas, con sus derechos y sus obligaciones, con todo y con nada, para unos y otros”.[2]

Esta teoría organicista de la sociedad está sujeta a las mismas objeciones que hemos venido haciendo anteriormente. Se habla de la sociedad como de un ente vivo. Más aun, como si fuera una verdadera persona humana, o -mejor dicho- sobrehumana, muy por encima de cada individuo considerado física y mentalmente. Es precisamente el concepto de “sociedad” el que nos lleva al de igualitarismo, y de allí al de “clase social”, que nace del conflicto entre el reconocimiento de la ausencia de igualdad de las personas y la necesidad de articular la idea de su existencia, con el sólo objeto de distinguir a los que mandan (clase dominante) de los que obedecen (clase subordinada o esclava). La igualdad ha sido una idea que siempre ha servido a tiranos o a potenciales déspotas.

“El principio de la igualdad de los hombres, en su condición humana no existe en realidad, pues las instituciones de la esclavitud muestran la diferencia abismal entre el noble y el esclavo, degradado éste hasta la situación de cosa o de bestia, aunque aparezca una igualdad que podría llamarse jurídica, pues el que nada tiene nada es; ha nacido en la situación de indigencia, nada lo ampara, vive sólo para las cargas y sin esperanzas”.[3]

Aquí se confunde la desigualdad jurídica con la económica. Un error harto común en muchos pensadores reputados. Tanto las clases sociales como la institución de la esclavitud no son otra cosa que una consecuencia lógica de la desigualdad ante la ley de las personas, circunstancia no sólo común en la antigüedad, sino en los más “modernos” sistemas totalitarios como el socialismo, nazismo y fascismo, y sus sucedáneos menos violentos y algo más edulcorados. No existe ninguna clase de igualdad jurídica que pueda paliar, disminuir ni menos aun suprimir la desigualdad económica de las personas, porque esta es una ineludible consecuencia de los diferentes talentos, aptitudes, destrezas, o ausencia de ellas en cada una de las personas existentes. La igualdad ante la ley -una ley que garantice el uso y disposición de lo suyo y adquirido mediante su propio esfuerzo y dedicación-, es el único instrumento que hará que los hombres no dejen de ser biológica, psíquica y físicamente desiguales, sino que permitirá a cada uno -en la medida de sus capacidades- salir airosamente de la indigencia. Obviamente, ello no es posible en sistemas de castas o regímenes legales que otorgan privilegios y dadivas a grupos o individuos (como la mayoría de los actuales).

Hay que hacer notar que, en el curso de la historia, el principio de igualdad ante la ley ha sido declamado en un sinfín de oportunidades e –incluso- los déspotas más despiadados se han llenado la boca y sus discursos recitando supuestos “derechos” de todos “por igual” ante la ley. No obstante aquellos clamorosos monólogos, escasamente dicho principio se vio plasmado en los hechos, aun en aquellos países que dictaron constituciones que consagraban en forma expresa el mismo en su propio cuerpo normativo.

 

[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz “igualdad”.

[2] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”

[3] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.