Cepo cambiario: las advertencias de un exiliado español a los argentinos, 1944

Por Carlos Newland:

 

No muchos economistas han tenido una vida aventurera. Este no fue el caso de  Jesús Prados Arrarte: poco después de obtener una cátedra de economía en la Universidad de Santiago de Compostela tomó un papel muy activo en el bando republicano durante la Guerra Civil española, donde actuó como jefe de Estado Mayor de una brigada internacional.  Al finalizar la contienda se afincó como exiliado en la Argentina, donde permaneció algunos años trabajando como obrero, empleado y traductor y finalmente  economista de la Compañía Argentina de Electricidad. Luego pasaría a ser miembro del staff de la CEPAL, retornando  a España en 1954. Poco duró allí: aunque obtuvo una cátedra en Salamanca fue nuevamente obligado a exiliarse en América Latina por su actividad antifranquista. Al tiempo de la muerte de Franco retornaría a su país, adhiriendo después al PSOE.

Sobre su estancia en la  Argentina no hemos encontrado muchos rastros, salvo la publicación de la densa obra “El Control de Cambios” en 1944: el libro se presentó como un ataque frontal al intervencionismo del estado en el mercado cambiario ocurrido en las décadas de 1930 y 1940. La obra es apabullante: enumera y analiza una multiplicidad interminable de medidas tomadas por los gobiernos argentinos para alterar el libre funcionamiento del mercado de divisas. Los comentarios de Prados Arrarte no son los de un liberal dogmático, sino  los de un pensador de izquierda que notaba los perjuicios profundos causados al modificar equilibrios económicos fundamentales. Su análisis se concentró en  las diversas regulaciones cambiarias adoptadas en la época, que incluyeron la fijación del tipo de cambio, limitaciones varias a la importación y la prohibición de la libre adquisición de moneda extranjera.

Lo que afirma Prados Arrarte es que existe un tipo de cambio de equilibrio, que se establece en el mercado conjugando la oferta de exportaciones, la demanda de importaciones y los movimientos de capitales. Contra la opinión de los intervencionistas, opina que cuando hay libertad de compraventa el valor de las divisas es relativamente estable, sintetizando los valores y volúmenes de importación y exportación. Los ataques especulativos sobre la moneda no ocurren ya que no existe un desequilibrio en tensión y con posibilidad de explotar, como cuando los gobiernos establecen un precio artificial de la moneda extranjera.  Prados Arrarte realiza un análisis empírico de las alteraciones en el valor de las divisas extranjeras antes y después del intervencionismo iniciado en 1931, encontrando que las estadísticas confirmaban su opinión.

Para Prados Arrarte, cuando el gobierno interviene puede establecer un tipo de cambio parecido al de equilibrio (en cuyo caso la intervención no tiene sentido) o bien una magnitud sobre o subvalorada. Si el gobierno establece precio de la divisa debajo del de equilibrio, como ocurrió en la primera mitad de la década del 30, introduce inestabilidad al sistema, ya que los actores económicos perciben que la situación no es sostenible en el mediano o largo plazo. La medida causa perjuicio a los exportadores, que reciben menores precios a los que indicarían las fuerzas del  mercado.   A su vez se fomentan las importaciones (por la divisa barata), causando daños a la industria nacional.   El tipo de cambio sobrevaluado que los gobiernos impusieron durante los primeros años de  la Gran Depresión en la Argentina  (como también ocurre hoy) retrasó la salida de la crisis. El caso contrario es establecer un valor de la moneda extranjera por sobre el valor de equilibrio: entonces se alienta la producción de bienes exportables creando un superávit comercial insostenible. En los dos casos analizados el control de cambios tiene el defecto de no permitir movimientos compensatorios de  corto plazo que tiendan a equilibrar el mercado.

El libro “El Control de Cambios” de Jesús Prados Arrarte, según cuenta en la introducción, era el primer tomo  de una serie mayor dedicada a analizar los perjuicios de la intervención del Estado. Los otros volúmenes, que nunca fueron publicados, se dedicarían a la política comercial, a las  entidades reguladoras y a la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de Prados Arrarte era abatir lo que pensaba era el principal mito del siglo XX: la creencia en las bondades de  la intervención del Estado en la vida económica. ¡Extraña misión y extraña tarea para un pensador socialista!.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

Hambre

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/5/15 en: http://www.libremercado.com/2015-05-03/carlos-rodriguez-braun-hambre-75541/

 

El periodista y escritor Martin Caparrós fue entrevistado por Ima Sanchís en La Vanguardia con mucho entusiasmo y poco espíritu crítico. Cuando él dice: “Novecientos millones de personas en el mundo pasan hambre”o “25.000 personas mueren de hambre por día”, el lector tiene la impresión de que son cifras ciertas que describen un problema grave que se agrava, o al menos que no se soluciona.

Pero esas cifras no sólo no están universalmente aceptadas sino que la realidad apunta cada vez más en el sentido contrario: el hambre y la desnutrición se reducen en todo el mundo con bastante claridad. Esa es la noticia que resulta ocultada por la corrección política, que prefiere refugiarse en fantasías como que las empresas malvadas exportan uranio de Níger “sin dejar dinero en el país”, lo que es imposible sin que actúe el principal culpable de la pobreza, a saber, la falta de conculcados por los gobiernos. “Es el orden internacional y no la naturaleza lo que mata de hambre”, dice Caparrós, con la imagen de unos siniestros conspiradores que mueven el planeta. No es así: si los coreanos del Norte pasan hambre, que efectivamente la pasan, eso no es culpa de ningún “orden internacional” sino del socialismo muy nacional que aplican allí los tiranos.

Pero no busca don Martín en el socialismo el problema:

–Estuve en Chicago tratando de entender cómo funciona la bolsa de valores donde se definen los precios de los alimentos.

Es frecuente este disparate de buscar en los mercados las siniestras claves de la miseria, como si de verdad fuera originada por unas personas que compran y venden, y no, precisamente, por quienes les impiden hacerlo. Pero esa verdad es olímpicamente ignorada, y la señora Sanchís se pone dramática:

–¿Serán conscientes los brókers?

Como si el mal estribara en el alma de los brókers, cuyo trabajo, precisamente, estriba en facilitar las compraventas.

Una clave de las fábulas antiliberales pasa por que los precios son supuestamente manipulados por unos villanos.

–Subir el precio del grano provoca que muchos granjeros senegaleses o egipcios no puedan comprarlo, y eso dispara el hambre –asegura Caparrós.

–Entiendo –asiente doña Ima.

Pues no se entiende en absoluto. Primero, porque Caparrós sugiere que hay unos infames que manejan los precios a su antojo, lo que está lejísimos de ser evidente en mercados tan grandes y globalizados como los de las materias primas. Y segundo, porque si los granos se encarecen cabe suponer que algunos senegaleses o egipcios no pasarán hambre en absoluto: los que los venden.

Y siguen los tópicos, como la demonización de Bangladesh, que es nada menos que el segundo exportador mundial de textiles. Esa realidad, que sin duda ha contribuido a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, le molesta al señor Caparrós:

Toda esa ropa que compramos con tanta alegría la producen unos seis millones de mujeres que trabajan doce horas al día por 25 dólares al mes, y lo hacen porque el hambre les come la espalda.

Esto es un dislate, empezando por la moralina de que no deberíamos comprar ropa de Bangladesh “con alegría”, como si en Bangladesh fueran a mejorar si la compramos con tristeza o no la compramos en absoluto. Y terminando con la idea de que las mujeres trabajan allí obligadas, o porque ignoran que hay muchas alternativas a su alcance para trabajar menos y cobrar más.

Se trata de concentrar la maldad en las generadoras de riqueza y empleo, las “grandes empresas que compran tierra en las zonas pobres para producir alimentos que se llevan a sus propios mercados, tierras que dejan de producir alimentos para la población local”. A ver, don Martín, ¿es que esas empresas no les compran la tierra a esos mismos pobladores locales? ¿Es que no contratan a trabajadores locales?

En fin, que ninguna realidad estropee un bello apocalipsis: “En los países ricos se tira entre el 30% y el 50% de la comida que circula”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Kicillof: convergiendo a la tablita cambiaria de Martínez de Hoz

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 4/5/15 en: http://economiaparatodos.net/kicillof-convergiendo-a-la-tablita-cambiaria-de-martinez-de-hoz/

 

En el fondo el kichnerismo implementó algo similar a lo que hizo Martínez de Hoz en diciembre de 1978

Es curioso como los k, que son acérrimos enemigos de Martínez de Hoz, en los hechos terminan imitando su política cambiaria. Si bien con ciertos detalles de diferencia, en el fondo hoy el kichnerismo implementó algo similar a lo que hizo Martínez de Hoz en diciembre de 1978 cuando implementó la famosa tablita cambiaria.

Cuando el Proceso toma el poder, la inflación estaba en el 567% anual tomando el IPC de marzo 1976 versus marzo de 1975. Si bien Martínez de Hoz logra reducir esa inflación, estuvo muy lejos de lograr tasas de inflación cercanas a algo similar a lo que podemos llamar estabilidad. La inflación seguía siendo un serio problema en diciembre de 1978. Además de tener déficit fiscal que se monetizaba, hasta ese momento había intentado desactivar las expectativas inflacionarias con una tasa de devaluación cada vez menor. El 20 de diciembre de 1978 se implementa la famosa tablita cambiaria que consistía en hacer lo mismo que se había hecho hasta ese momento pero anunciándolo. Es decir, se anunció cuál iba a ser el tipo de cambio nominal diariamente hacia adelante, con una tasa de devaluación mensual que iba disminuyendo en el tiempo.

Se recurrió a este mecanismo porque el gobierno militar no quería enfrentar reformas de fondo para no generar conflictos sociales mayores. Recordemos que todavía en 1978 continuaba el tema del terrorismo y los militares no querían enfrentar reformas del estado y bajas del gasto que, consideraban, iban a crear conflictos sociales sobre los cuales podía montarse el terrorismo. Es decir, pusieron una restricción política para que hicieran magia para bajar la inflación. Nada diferente a los gobiernos civiles en este tema. Historia repetida: es políticamente incorrecto bajar el gasto público así que inventen algo que disimule la inflación por un tiempo.

La cuestión es que Martínez de Hoz implementó la famosa tablita cambiaria con el objeto de bajar la inflación por disminución de las expectativas inflacionarias, anunciando una tasa de devaluación cada vez menor. Suponían que disminuyendo la tasa de devaluación se desinflarían las expectativas inflacionarias y con ella la indexación de los precios.

Gráfico 1

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Como puede verse en el gráfico 1, con la crisis del rodrigazo y el descontrol económico y político de 1975 principios de 1976, se produce un overshooting en el tipo de cambio y llega hasta los $ 43 actuales en marzo de 1976. Primero baja por mejores expectativas y luego claramente el tipo de cambio nominal comienza a subir por debajo de la tasa de inflación. En gran medida se sostenía con endeudamiento externo y otro tanto con deuda interna. El tipo de cambio real cae, entre marzo de 1976 y enero de 1980 casi el 80%. Claro que tomo desde el punto más alto que es el de marzo de 1976 cuando impactaba el overshooting de un desgobierno total como era el de Isabel Perón.

Sin corregir el problema del déficit fiscal, era obvio que la monetización del déficit iba a generar una tasa de inflación que, si no era acompañada por un incremento del tipo de cambio nominal, la caída del tipo de cambio real iba a ser inevitable. Y así fue y por eso luego terminó en un desborde cambiario en 1981 cuando asumió Viola.

Ahora, lo curioso es que el gobierno kirchnerista también ha utilizado el mismo mecanismo que Martínez de Hoz para intentar frenar la inflación. Creyeron que reduciendo la tasa de devaluación podían seguir teniendo déficit fiscal financiado con emisión monetaria sin impacto inflacionario.

Es más, recuerdo que Martínez de Hoz recurrió al Índice de Precios al Consumidor descarnado, es decir sin incluir el rubro carne, porque decía que distorsionaba el IPC. El kirchnerismo directamente destruyó el IPC para esconder la inflación. Fueron más duros que Martínez de Hoz en materia de desdibujar el tema inflacionario.

Cabe aclara que en 1981, Sigaut además de informar un IPC sin carne, también incluyó indumentaria en un momento porque argumentaba que en ese rubro también había distorsiones. Como puede verse el kirchnerismo no está haciendo nada tan diferente al Proceso en materia económica. En todo caso la diferencia es que acentuó las medidas erradas de aquellos años recurriendo a guarangadas como destruir las estadísticas económicas. En el Proceso osaron quitar la carne y la indumentaria. Esta gente directamente destrozó el INDEC.

Veamos ahora el tipo de cambio real. En marzo de este año el tipo de cambio real estuvo en $ 8,79. En mayo del 2002, el tipo de cambio promedio nominal llegó a $ 5, valor que a precios actuales se transforma en un tipo de cambio real de $ 25,20 a pesos de marzo 2015, es decir que desde el overshooting de la devaluación de Duhalde hasta ahora el tipo de cambio real cayó el 65% contra la caída del tipo de cambio real del 80% en los 4 años de Martínez de Hoz. Dos casos de grandes caídas del tipo de cambio real para “frenar” la inflación.

Pero en los 2 años y monedas que duró la tablita cambiara, la caída del tipo de cambio real fue del 26% y durante el kirchnerismo, es decir, desde mayo de 2003 hasta marzo de 2015 la caída es del 48%.

En el gráfico 2 puede verse la evolución del tipo de cambio real durante el kirchnerismo.

Gráfico 2

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La pregunta que puede surgirle al lector a esta altura de la nota es la siguiente: ¿por qué comparar contra el período de Martínez de Hoz si, en la historia económica argentina contemporánea, muchas veces se utilizó, con nefastos resultados, esto de anclar el tipo de cambio como forma de frenar la inflación?

La respuesta se puede ver en el gráfico 3, el tipo de cambio de enero de 1981, última mes de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, es igual al de marzo de 2015. En el gráfico puede verse que hay tres puntos que son los más bajos de la serie histórica mensual que llevo del tipo de cambio real abarcando un período de 44 años. Vea el lector dónde estaba, a valores actuales, el tipo de cambio de enero de 1981 y el actual y quedará sorprendido. El kirchnerismo, que tanto despotrica contra Martínez de Hoz, tiene hoy el mismo tipo de cambio que cuando explotó la tablita cambiaria.

Gráfico 3

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Como decía un amigo y economista que falleció: la vida es dura, y por más que el kirchnerismo tenga su relato, en materia cambiaria llegaron al mismo punto que Martínez de Hoz y no es, justamente, por confianza en el peso. Simplemente retrasaron el tipo de cambio real para desactivar las expectativas inflacionarias. Al igual que Martínez de Hoz usaron el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria a costa de hacer artificialmente cara la economía argentina.

Tal vez hasta tengan el mismo final que Martínez de Hoz. El estallido cambiario se le produjo a Sigaut, así que, posiblemente Kicillof, si sigue rifando las reservas del Central para frenar el blue, también logre transferirle el estallido cambiario al próximo gobierno, siempre y cuando el próximo gobierno no se maneje con inteligencia y cometa los mismos errores que se cometieron a partir de marzo de 1981.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

EL PASADO REDENTOR

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/5/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/05/el-pasado-redentor.html

 

El pasado no se puede cambiar. Si, ya sé que está el tema de los viajes en el tiempo, pero a fines de lo que quiero decir, ese tema es ahora irrelevante.

El pasado no se puede cambiar y, ante situaciones críticas en nuestra vida, dirigimos con nostalgia nuestra mirada a decisiones ya tomadas, que implicaron un camino determinado, que ahora quisiéramos cambiar. Nos detenemos entonces en esa decisión, no la duelamos, no la aceptamos, sino que nos quedamos allí, rumiando nuestra tristeza, y nuestra vida presente se detiene.

Ese es el pasado culpógeno y enfermante. Detiene nuestra vida, y aunque esta, biológicamente, avance, se queda atrás, en un proyecto que se detuvo, que no pudo seguir, casi como si hubiésemos muerto en esa decisión que ahora rechazamos.

Hay otro modo de enfocar las cosas, que llamo el pasado redentor.

Ello consiste, primero, en comprenderse a sí mismo y perdonarse a sí mismo. Comprender cómo era nuestra psiquis en ese momento, qué conflictos o etapas la condicionaban, cómo eran las circunstancias que nos rodeaban, familiares sobre todo, y entender entonces que, dado todo ese conjunto, hubiera sido muy difícil otro escenario.

Segundo, y a partir de lo anterior, perdonarse. O sea, no colgarse de los pulgares, como si en ese pasado nos hubiéramos levantado un día con un plan deliberado para dañarnos a nosotros mismos y a los demás. No, en general no es eso lo que sucede a los neuróticos normales. Tratamos de hacer lo que mejor nos parece, pero sin mucha conciencia de nuestros conflictos psicológicos de los cuales sí, en una terapia, podemos tomar conciencia.

Tercero, aceptar esos límites. Aceptarse a sí mismo como un ser falible, que a cada rato puede estar tomando decisiones erróneas, con la voluntad de enmendar cuando se pueda, sí, pero tomando conciencia cada ver más de quiénes somos y cuáles fueron y son los límites de nuestra supuesta sabiduría.

Cuarto, tomar todo ello como enseñanza para el presente. ¿Qué hice en ese momento? Tal cosa. ¿Lo haríamos de vuelta ante similares circunstancias? No. Bien, hemos aprendido, a los golpes, si, pero hemos aprendido. Por eso la vida misma es el profesor más duro: no tratemos nosotros de endurecerla más, sino contener, sostener, a los reprobados en los múltiples exámenes de la existencia.

Quinto, comenzar a hacer actos reparadores. ¿No abracé con toda mi alma a mi hermano hace 30 años? Bien, hacerlo ahora, aunque se sorprenda. ¿Defraudé la confianza de mi amigo hace 20 años? Pedir perdón, aunque él no lo acepte. Y así. Pero no de manera conductista, sino porque los pasos anteriores condujeron verdaderamente a un cambio interno profundo.

 

Sexto, recomenzar. La vida llega hasta hoy. Hoy, ¿vamos a seguir aferrados a un pasado culpógeno? No, hay que recuperar, recomenzar, o comenzar, el pro-yecto vital, el que va para adelante, y el pasado no se olvida sino que, conforme a lo anterior, se toma como enseñanza. Y si, aceptar que la vida no es igual a como hubiera sido en otro mundo paralelo; aceptarlo, sí, porque de lo contrario nos quedamos muertos en el pasado culpógeno. El pasado redentor, en cambio, nos re-ubica en el presente, al tomarlo como enseñanza, como conciencia de nuestros límites, al perdonarnos y pedir perdón, para seguir para adelante. Porque el yo, la esencia más profunda del yo, nunca muere. Puede permanecer oculta bajo un pasado no duelado, pero aceptándolo, pedemos re-descubrir, o descubrir por primera vez, quiénes somos. Y aunque fueran los segundos finales de nuestra existencia, esos segundos son los más plenos y auténticos. Señor, acuérdate de mi…………… HOY mismo estarás conmigo en el paraíso.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Una cláusula constitucional

Por José Benegas. Pubicado el 2/5/15 en http://josebenegas.com/2015/05/02/una-clausula-constitucional/

 

Un proyecto de Constitución redactado por mi, contendría esta cláusula:

No pueden votar:

1. Los empleados públicos ni los funcionarios o magistrados o cualquiera que se encuentre a sueldo de la nación.
2. Los accionistas, directivos o empleados de empresas contratistas del estado.
3. Quienes reciban subsidios, dádivas o beneficios a cargo de la nación, hasta cinco años después de haberlos recibido.
4. Cualquier tipo de empresa o individuo que propague publicidad oficial paga, ni sus directivos o empleados.
5. Los cónyuges o parientes en primer grado de quienes se encuentran comprendidos en las categorías anteriores.

Elijan de qué lado quieren estar. Hay una incompatibilidad ética evidente.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

La erupción del volcán Calbuco y el precio de los barbijos: otra vez los desalmados comerciantesPor Martín Krause. Publicado el 17/4/15 en:

Por Martín Krause. Publicado el 30/4/15 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2015/04/30/la-erupcion-del-volcan-calbuco-y-el-precio-de-los-barbijos-otra-vez-los-desalmados-comerciantes/

 

La erupción del volcán Calbuco en Chile lanzó sus cenizas sobre Argentina, provocando hasta la cancelación de vuelos en la ciudad de Buenos Aires. Y provocó, además, una intensa polémica económica, por el aumento notable de los precios de los barbijos y el agua mineral.

CalbucoEs un problema típico de este tipo de emergencias, y las respuestas son también típicas. La población va a criticar duramente a los comerciantes, y los políticos se van a sumar a eso para mostrarse del lado de la gente.

Tomemos el caso de los barbijos. Dice la nota que el precio se duplicó, de $55 a $110 (esto es, 4,4 a 8,8 dólares al tipo de cambio paralelo). Este sería el precio para dos barbijos. Parecería ser un caso bastante extremo; en este momento se pueden conseguir en WalMart Neuquén un set de tres al precio de $25,90 (8,63 pesos por unidad):https://www.walmartonline.com.ar/Busqueda.aspx?Text=barbijo&Departamento=Categoria

Al margen de cuanto aumentaron en definitiva, está claro que deben estar más caros ahora que antes de la erupción volcánica. ¿Por qué? Porque esa erupción multiplica la demanda, que debe haber sido muy baja antes, y no hay barbijos para todos los que los quieren ahora. Si no hay suficientes barbijos, muchos se van a quedar sin ellos, es decir la forma en que la cantidad ofrecida se ajusta a la cantidad demandada, es a través de un racionamiento de su cantidad.

Pero el mayor precio envía una señal. Está diciendo que hay que enviar barbijos desde otras localidades hacia Neuquén. Esos envíos se pondrán en marcha en forma inmediata, o más rápido cuanto más haya aumentado el precio. Habrá barbijos en estos momentos en Buenos Aires, o en Misiones, o en Salta, cuyos dueños estarán motivados para enviarlos inmediatamente a la zona afectada. En cuanto empiecen a llegar, los precios bajarán.

Este proceso se ve ahora favorecido por las facilidades que brinda Internet. El mismo artículo señala que se pueden conseguir paquetes de 100 unidades a 100 pesos, un precio unitario de $1 (aunque hay que agregar el costo del transporte). Y si estuviera abierta la importación podrían conseguirse, por ejemplo en EBay, ofertas de 50 unidades a 2,90 dólares, lo que da un precio en pesos por unidad de 0,725 pesos con envío internacional gratuito:http://www.ebay.com/itm/50pcs-Nail-Medical-Dental-Disposable-Face-Surgical-Mask-Respirator-With-Ear-loop-/201073632800?pt=LH_DefaultDomain_0&hash=item2ed0ec2620

Pero, ¿por qué el comerciante es tan insensible que aumenta el precio de esa forma en ese breve período desde que estalla la demanda hasta que llegan las nuevas cantidades? Al margen de los sentimientos que pueda tener es, probablemente, la única forma de que tuviera allí los barbijos esperando por tanto tiempo. Tal vez los tenía desde la erupción del Copahue en 2012, entretanto la demanda de barbijos había sido muy baja. Tener allí guardados los barbijos por tres años no es un negocio muy alentador: se ha pagado por el producto y hay que asumir sus costos de almacenamiento por ese período para recién recuperarlo a los tres años. Solamente en la expectativa de ese mayor precio es probable que el comerciante haya decidido guardarlos y esperar.

Por supuesto que un comerciante podría mantener el mismo precio ante la emergencia. Dado el análisis anterior, está claro que estaría asumiendo un costo, estaría vendiendo a pérdida porque no recuperaría sus costos. Puede hacerlo, sería como una acción filantrópica para beneficiar a su comunidad. Me pregunto: ¿se lo reconocerían así los demás?

Si, como muchos creen que debiera, el gobierno estableciera un precio fijo o máximo: nadie estaría motivado a enviar los barbijos existentes en Buenos Aires a Neuquén si es que van a recibir el mismo precio, y tampoco habría mucha motivación para mantenerlos guardados por largo tiempo sin venderlos.

Por último, todo aquél que repudie semejante actitud tiene una solución sencilla a mano: mantener siempre un stock de barbijos en su casa para no tener que salir urgentemente a buscarlos. Sobre todo en esas zonas rodeadas de volcanes, no es tan difícil prever que algo de esa naturaleza pasará en algún momento.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Los términos de un acuerdo posible e indispensable de la oposición

Por José Benegas. Publicado el 27/4/15 en: http://josebenegas.com/2015/04/27/los-terminos-de-un-acuerdo-posible-e-indispensable-de-la-oposicion/

 

Mauricio Macri y Sergio Massa compiten por la presidencia. Uno y otro apuestan a obtener una ventaja en primera vuelta electoral que vuelque a los electores del otro en su favor, porque saben que sus votantes tienen como primera prioridad escapar al kirchnerismo que, de subistir, arruinaría toda oportunidad de la Argentina de convertirse en un país civilizado en las próximas décadas.

Macri ahora piensa que tiene todas las de ganar, como podría haberlo pensado hace unos meses Massa, que fue el artífice de sepultar las ilusiones de reelección de la señora Kirchner. Pero esa ventaja, le sirve de poco en realidad, porque entre ambos candidatos, lo quieran o no, lo saben, hay unas PASO. La hay porque su electorado es en octubre en una medida importante el mismo; el voto antikirchnerista que nadie intentó conquistar en los 12 años de calvario de este sistema ultraperonista de gobierno. Si esto es así, la ventaja de Macri puede hacerse valer tanto en agosto como en octubre, no tiene sentido político alguno posponerlo y con eso darle a Scioli la oportunidad de participar en una segunda vuelta. Con mayor razón sabiendo que cualquier circunstancia podría en unos meses invertir la ventaja de Macri sobre Massa o de Scioli sobre ambos.

Las PASO no requieren un acuerdo político ni programático. No hace falta mucho menos llegar a un compromiso de coalición. Solo la decisión de adelantar la competencia para poner en clara desventaja al kirchnerismo. La elección de Scioli es bastante mala de por sí para el país, ha demostrado ser el rey de todos los vicios políticos y estar dispuesto a entregar su dignidad para mantenerse en su cargo, sin que le tiemble un pelo y jactándose como si se tratara de una virtud. Además no le auguro mucha permanencia en el cargo de presidente si los kirchneristas tienen a su delfín en el banco de suplentes.

El kirchnerismo no solo deja un país destruido. El estado está contaminado en pleno. El problema más grave se encuentra en la Justicia, organizada de modo expreso para cometer encubrimiento. El próximo gobierno va a enfrentar serios problemas. Otra de las ventajas de adelantar la competencia entre los opositores es que necesitan minimizar sus roces ahora para poder apoyarse mutuamente después de las elecciones.

El massismo viene del kircnerismo, pero el PRO viene de la tolerancia al kirchnerismo. No se han destacado en su rol de control o de tener sangre en las venas frente a un gobierno que los ha sobrado con su corrupción, sus trampas y sus mentiras. Solo Carrió y alguno más pueden decir que los enfrentaron con decisión. Pero aún ella coqueteó con el kirchnerismo al principio y les dio herramientas fundamentales para llevar a cabo su plan totalitario: el golpe a la Corte, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, ambas aberraciones constitucionales no se compadecen con la pretenciosa cita de los principios republicanos a la que nos acostumbra. Esto sin desmerecer su papel posterior. Así como Massa quebró para siempre el sueño reeleccionario, Carrió no dejó de denunciarlos con mayor o menor eficacia. También les dio a Ocaña y a Timermann y veneró a Felipe Solá cuando decía que del otro lado de su raya en el piso estaba sólo Macri. La tercer gran ventaja que les otorgó fue regalarles la idea de la asignación universal por hijo, secreto importante de la victoria que obtuvieron en el 2011.

No es para facturar que hago este lista de gruesas faltas sino simplemente para que se deje de usar el puritanismo cívico para evadir el conflicto principal que es la subsistencia de un sistema nacionalsocialista cuyo próximo paso será asociar a la Argentina a todos los regímenes criminales del mundo, incluido el país señalado como responsable del atentado a la AMIA. Ya mataron a un fiscal y lo descalificaron frente a nuestros ojos, imaginemos lo que harán después de usar y deshacerse de Scioli.

Cualquier otra cuestión o diferencia hoy es menor. Los opositores comparten sus malos programas económicos desarrollistas y la mediocridad general de su estatismo. Pero comparten el no tener simpatía por la asociación de la Argentina con Irán, Rusia y los demás gobiernos nacional socialistas de la región.

Está el injustificable problema político de que Carrió podría no tolerar un acuerdo con Massa para competir en las PASO y podría dar un portazo. No tiene justificación porque de lo único que se trata es de competir en agosto en vez de en octubre para permitir a los electores darle un final al kirhcnerismo. Pero aún así esta dificultad puede salvarse. El acuerdo entre Macri, Sanz y Carrió puede transformarse en alguna forma de coalición que no incluya a Massa, de modo tal que ese sector del peronismo no fuera incluido en un posible futuro gobierno de Macri y viceversa y el acuerdo se reduzca a las primarias. De ese modo el electorado tendrá la oportunidad de expresarse contra el gobierno que siempre apostó a dividir a la oposición y Carrió quedaría satisfecha en sus pretensiones de no juntarse con Massa.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

El gobierno y los monopolios

Por Gabriel Boragina. Publicado el 2/5/15 en http://www.accionhumana.com/2015/05/el-gobierno-y-los-monopolios.html
Existe la idea generalizada de que el gobierno debe combatir los monopolios y oligopolios, y casi todos los políticos en sus discursos no sólo coinciden con este pensamiento mayoritario, sino que dedican buena parte de ellos a prometer a su electorado la más completa erradicación de tales “concentraciones económicas”. En muchos casos, cuando efectivamente llegan al poder, promueven legislación contra monopolios y oligopolios. No obstante, no es difícil observar que unos y otros existen a pesar de tales declamaciones y leyes antimonopolios en la mayoría de los países del mundo.
La realidad es que, ya sea por ignorancia o mala fe, tales declaraciones son irrealizables. En este tema, parece ser mas por el segundo de los motivos que por el primero. En efecto, a los gobiernos les convienen los monopolios y oligopolios, ora estatales o privados por las siguientes razones:
En primer lugar, no tenemos que perder de vista que el monopolio/oligopolio más grande que existe en cualquier parte del mundo está conformado por los mismos gobiernos. Es a esto a lo que llamamos sintéticamente el monopolio político en nuestras exposiciones. Si consideramos a las tres ramas clásicas de los gobiernos modernos (ejecutiva, legislativa y judicial) podemos en esta cuestión hablar de un oligopolio constituido por tres poderes, cada uno de los cuales detenta un monopolio particular: uno de crear las leyes (legislativo) otro de ejecutarlas (ejecutivo) y el otro de hacerlas cumplir (judicial). En esta última condición, el gobierno sería un verdadero oligopolio político.
Ahora bien ¿por qué hemos dicho que a los gobiernos les favorece la existencia de mono-oligopolios (por llamarlos de alguna manera resumida)?. Por la sencilla razón de que al gobierno le resulta mucho más simple controlar a pocos que a muchos. Si el monopolio es privado, es más fácil cobrarle impuestos y las alícuotas pueden ser más altas incluso. Con lo que los ingresos del gobierno serán mucho mayores. Máxime teniendo en cuenta que el monopolio podrá cobrar precios mucho más altos que los del mercado. Esta es la razón por la cual los gobiernos fomentan los monopolios privados, y lo hacen de variadas maneras, por ejemplo otorgándole licencias, concesiones, subsidios, exenciones fiscales, o directamente dictando una ley confiriéndole un monopolio o exclusividad a la empresa de Juan o la empresa de Pedro, o a ambas en forma conjunta o separada (oligopolio). En una palabra, cerrando el mercado en favor de tal o cual empresa o grupo de ellas.
Otro mecanismo similar son las leyes anti monopólicas, cuyo efecto es justamente el contrario al que su nombre parece indicar. Antes de seguir, hay que distinguir entre dos clases o tipos de monopolios, los naturales y los artificiales como los clasifican autores como Alberto Benegas Lynch (h). El natural, es el que puede aparecer o no en un mercado libre, mientras que el artificial es el que siempre surge en los mercados intervenidos gubernamentalmente. El natural se llama así, porque es aquel que resulta de la elección libre, voluntaria y espontánea de una masa de consumidores que, con sus compras, prefieren a un productor determinado por sobre todos sus demás competidores. Otros autores -como Leonard Read- han llamado a este tipo de monopolios un monopolio bueno.
La antítesis de este monopolio bueno o natural, es el malo o artificial que, en rigor, se trata de la gran mayoría de los monopolio que conocemos, tanto a nivel local como internacional. En este caso, los consumidores se ven obligados ycoercidos antinaturalmente a tener que comprar en ellos, ya sea porque el gobierno ha prohibido absolutamente la competencia en ese rubro, o bien le ha otorgado al monopolista, alguno de (o todos) los privilegios legales que hemos enumerado arriba. Este es el tipo de monopolio que más beneficia a los gobiernos, y por eso son los más frecuentes y los más vistos.
Los naturales son escasos y raros, porque para brotar necesitan un contexto de mercado libre y competitivo que no existe casi en ninguna parte del mundo. Y cuando emergen -si el mercado es medianamente libre- tienen corta duración, porque la competencia potencial, el factor competitivo permanente, la elasticidad de la demanda, la ley de los rendimientos decrecientes y la ley de precios tienden a limitarlos muchísimo naturalmente. Estas barreras contra los monopolios favorecen la dinámica del mercado, pero perjudican a los monopolistas del poder, es decir a los gobiernos.
Es por eso que, aquellos cinco límites naturales que el mercado libre le opone a los monopolios naturales, no operan contra los monopolios que crean, promueven, protegen o amparan los gobiernos: los monopolios artificiales. Estos no tienen límite alguno, en virtud precisamente de las prebendas gubernamentales en función de las cuales han sido implantados y maniobran en el mercado. Y ello, como decimos, está en los intereses del propio gobierno que sea así, porque contribuye al engrosamiento de sus arcas. Tales monopolios trabajan como verdaderas agencias o apéndices de los gobiernos, por lo que obviamente estos nunca van a tener un verdadero interés en su reducción, y menos aun en su supresión, excepto por causas de enfrentamiento -ya sea de tipo personal o político- entre sus directores y la burocracia política, en la que -desde luego- el mercado no tiene nada que ver, ni juega en absoluto ningún papel de relevancia, ni siquiera secundario. De darse este último supuesto, lo que normalmente hacen los gobiernos es quitarle el monopolio al “empresario” (o “empresarios”) al que antes se lo había otorgado, y transferírselo a otros “empresarios” más leales, más afines o mas genuflexos al poder de turno que los anteriores. En ninguna circunstancia, a los gobiernos les conviene suprimir o reducir a los monopolios. Por lo tal que, resulta falso el mito por el cual el vulgo cree que los monopolios pueden constituir algún tipo de “amenaza” para los gobiernos, ya que de ningún modo es así.
Si el monopolio es estatal, para el gobierno la situación es muchísimo mejor. Porque, en este escenario, el control de los recursos del monopolio estatal es completamente absoluto. Todos los ingresos del monopolio van directamente a la arcas del gobierno.
Todo lo dicho es aplicable de igual modo a los oligopolios.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

OTRO LIBRO DE PIKETTY

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Afortunadamente esta vez son solo 190 páginas en la edición argentina del Siglo Veintiuno Editores y no el mamotreto de su obra más conocida que comentamos en su oportunidad junto a muchos otros reviews críticos y favorables. Esta vez se titula La economía de las desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza. Repite aquí mucho de lo ya dicho pero conjeturo que el editor lo ha estimulado al autor para publicar dado el momento de su éxito en librerías (lo debe haber conminado en el sentido de now or never).

 

El lenguaje que Piketty utiliza en este nuevo trabajo es más directo y provocativo (y si se quiere panfletario) respecto a su obra anterior por lo que nosotros también recurrimos a expresiones más contundentes y menos sofisticadas de las que empleamos en nuestro estudio del libro anterior.

 

Abre su nuevo escrito con una oda a la justicia social como eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”. Piketty recurre al término en  este último sentido con lo cual da por tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social” seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo,  como, por ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los derechos sociales etc.

 

A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas “conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo, Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y eventualmente morirse por inanición  por no encontrar trabajo en ninguna parte.

 

Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que las compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad que existió en los países comunistas, porque había muchos beneficios en especie que son difíciles de cuantificar desde el punto de vista monetario”. Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de los sicarios nazis.

 

Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX, aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no dejaba lugar a dudas: la lógica del sistema capitalista es amplificar incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas, capitalistas y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios debido precisamente a los aumentos en las inversión per capita a lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de incrementar salarios e ingresos en términos reales.

 

Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es ampliamente utilizada, es desafortunada ya que clase proviene del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya explicado concretamente en que consisten esas diferencias respecto de la lógica aristotélica ni que le ocurre en la mente al hijo de un proletario y una burguesa ni que sucede en la mente de una proletaria que se gana la lotería. Por eso es mucho más preciso aludir a gente con diversos ingresos pero no a “clase” que, por otra parte, es estúpido referirse a la “clase alta”, repugnante hacerlo con la “clase baja” y anodino hacerlo con la “clase media”. Los nazis después de una serie de galimatías clasificatorios, al comprobar que había que tatuar y rapar a las víctimas como única manera en lo físico de distinguirlas de sus victimarios, optaron por adoptar la visión marxista y llegaron a la peregrina conclusión que la diferencia entre el ario y el semita es “de carácter mental”.

 

Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby. Esto que nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad social se torna indispensable.

 

Y es en este sentido que el autor que comentamos reitera su recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos, lo cual, como dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.

 

Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países no solo es injusta sino también ineficaz?”.

 

En realidad agradecemos este lenguaje más directo y contundente puesto que pone de relieve con mayor claridad hacia donde apunta el autor a que nos venimos refiriendo. La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones. El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se administran. El que acierta en los deseos y necesidades de su prójimo obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos incrementarán o dilapidarán lo recibido.

 

También en la última cita, Piketty pone de relieve que considera ineficaz al mercado, es decir, las decisiones cotidianas de la gente en los supermercados y afines, para dar lugar a las decisiones prepotentes de los megalómanos en el poder, tal vez con la esperanza de que ese mismo autor y sus colegas sean designados para administrar vidas y haciendas ajenas, tal como lo vaticinó hace mucho tiempo Robert Nozick en su trabajo sobre los intelectuales y el capitalismo.

 

En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes mejores. Asimismo, sostienen que si se liquidaran organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, aquellos gobiernos se verían forzados a modificar sus políticas con lo que repatriarían a su gente y los capitales fugados, al tiempo que recibirían préstamos sobre bases sólidas (a pesar de que Piketty subraya que eso solo tendría lugar “si el mercado de crédito fuera plenamente eficaz –es decir si llegase a invertirse capital cada vez que existe una inversión rentable”).

 

Dicho sea al pasar, acabo de exponer sobre la manía del igualitarismo en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en Lima que titulé “In Defense of Income and Wealth Inequality”. Otra vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter Lewis y más recientemente el magnífico aporte de Anthony de Jasay (en Liberty Fund) y el de Mathew Rognlie (en Brooklyn Institute) que han detectado nuevos errores gruesos en las estadísticas de Piketty.

 

Como una nota al pie, señalo que Claude Robinson -el pionero con George Gallup en materia de encuestas modernas y estadísticas a partir de su tesis doctoral en la Universidad de Columbia- en su libro Understanding Profits revela que en una muestra de cien empresas líderes estadounidenses que representan quince reglones industriales de un ejercicio contable tomado al azar, en su momento reflejaron el siguiente cuadro: de la totalidad del valor de las ventas, 43% se destina a insumos para producir, 2.7% a las amortizaciones de equipos, 0.3% a intereses y otras cargas financieras, 7.1% en impuestos, 40.5% a salarios y otros beneficios a los empleados, 4.0% para dividendos a accionistas y honorarios a directores y 2.4% para reinversión.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Secuencia de tragedias

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/4/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1788083-secuencia-de-tragedias

 

Desde el año 2000, unas 22.000 personas han encontrado la muerte cuando -huyendo de la violencia o de la miseria- intentaron ingresar ilegalmente en Europa. Esto es algo más de unas 1500 muertes por año. El 75% de ellas ocurrió en las aguas del mar Mediterráneo.Esta es una secuencia de tragedias que no se ha interrumpido, sino que se ha incrementado.

Desde comienzos de este año, 2015, han ocurrido ya unas 1776 muertes en el mar Mediterráneo, número que -cabe advertir- ha ido creciendo y que naturalmente incluye tan sólo a las muertes que han podido ser comprobadas. De ellas, unas 1200 han ocurrido hace pocos días. En este profundo drama humanitario hay ciertamente más muertes, de las que no se tiene conocimiento.

No obstante, en 2014 llegaron a suelo europeo unos 219.000 inmigrantes ilegales procedentes, en su enorme mayoría, de África y de Asia. Diez veces más, que en 2012. Con la presión demográfica claramente en aumento pareciera que el porvenir de Europa -en el corto plazo- de alguna manera se juega en su capacidad para poder manejar esta crisis. Hasta ahora no ha podido contenerla, ni ordenarla.

De alguna manera, aunque en circunstancias diferentes, se reproduce el drama de los que, a fines de la década de los 70 y comienzos de la del 80, escaparon masivamente de los regímenes comunistas de Vietnam y del Khmer Rouge, en Camboya.

Esa crisis, sin embargo, generó en su momento acciones de corte solidario por parte de la comunidad internacional. Como fueran el accionar -en aguas del Golfo de Siam- del buque hospital francés “Ile de Lumiere” o la coordinación relativamente ordenada de la emigración, a través de la cual se logró, entre otras cosas, que unos 180.000 vietnamitas y camboyanos desesperados pudieran finalmente radicarse en los Estados Unidos.

Por el momento -pese a los insistentes llamados papales- uno tiene la fea sensación de que la crisis migratoria que desafía a Europa toda y tiene al mar Mediterráneo como escenario está quizás generando más sentimientos de cólera que de solidaridad.

Con la salvedad de los importantes esfuerzos realizados por Italia, especialmente a través de la llamada operación “Mare Nostrum” -desde octubre de 2013, a octubre de 2014- en la que buques de la armada italiana socorrieron nada menos que a unas 150.000 personas en riesgo por los naufragios de las frágiles embarcaciones que los transportaban. Esto es auxiliar a unas 400 personas por día.

Pero esa operación, esencialmente una de socorro, ha sido sustituida -desde el 23 de abril pasado- por un esfuerzo europeo denominado “Tritón”, a cargo de la policía fronteriza común: Frontex. Su propósito es bastante diferente al que en su momento alimentara a la operación “Mare Nostrum”, desde que “Tritón” se dedica al patrullaje y a la vigilancia -y no primordialmente a la asistencia- a un costo estimado en unos 9 millones de euros mensuales, ahora que su anterior insuficiente dimensión acaba de ser ampliada.

Europa ha puesto en marcha un plan que hasta contiene posibles acciones militares contra los traficantes de personas. Como si el problema que enfrenta fuera uno de índole fundamentalmente delictiva y no humanitaria

Ocurre que los temas migratorios se han mantenido fundamentalmente fuera de la jurisdicción europea, porque los Estados Miembro no los han delegado a la Unión Europea, reservándolos, desde el llamado “Acuerdo de Dublín”, para sí mismos.

Los inmigrantes ilegales que conforman la constante ola humana que se arroja precariamente al Mediterráneo provienen de Medio Oriente (principalmente de Siria), Asia y de África. No solo de los países subsaharianos, como Mali o Sudán, sino también de los del Cuerno de África, como Eritrea, Somalía. Para desplazarse desde sus lugares de origen hasta sus destinos compran “paquetes” a organizaciones criminales que operan a la manera de “agencias de turismo”.

Unos 500.000 de ellos están siempre “en espera” en la destrozada Libia. En manos de las referidas organizaciones criminales de traficantes de personas y, desde luego, prontos para intentar cruzar a Europa en busca de residir en aquellos países que se han transformado en “el Dorado” de los inmigrantes ilegales, como son los escandinavos, por su conocida generosidad en lo social.

Además procura que sean los países africanos con costa sobre el Mediterráneo quienes detengan a los eventuales inmigrantes ilegales. Ese era precisamente el arreglo que existía con Libia hasta que ocurriera la defenestración de Muamar Gadafi, con un costo de casi 20 millones de euros al año. Y ese es también el que existe hoy con Marruecos y el que ahora se negocia con Egipto y Túnez.

Italia, la nación más afectada por la ola de inmigrantes clandestinos africanos está, a la vez, exhausta y acorralada. Desde comienzos de año solamente, más de 100.000 inmigrantes han llegado a sus costas procedentes del norte de África. Un triste torbellino humano.

Es probable que mientras Siria, Irak y Libia continúen incendiados y sumergidos en medio del caos, la estampida migratoria africana no decrezca. Hasta ahora, Europa ha decidido enfrentar este tema priorizando el cierre de sus fronteras. Pero esto no ha funcionado, razón por la cual cabe preguntarse si la respuesta no pasa, en cambio, por tratar de estructurar un régimen migratorio nuevo. Ordenado y a la vez humanitario. Que permita estabilizar el flujo y manejarlo, entre todos. Australia, con un problema semejante aunque de menor envergadura, podría servir de ejemplo.

Si esto no sucede, crecerán no sólo los actuales problemas en el mar Mediterráneo, sino también aquellos que, en el interior de Europa, muestran como el chauvinismo en esta cuestión y los extremismos en general están ganando peligrosamente más espacio, en los más diversos países del Viejo Continente. Con el riesgo cierto de que, de pronto, alguna de las graves enfermedades políticas e ideológicas del pasado europeo de pronto vuelva a manifestarse.

Mientras tanto, las angustias de los inmigrantes ilegales, es cierto, no terminan, para nada, en el mar. Al llegar a Europa, muchos de ellos comienzan a vivir lo que la periodista de LA NACION Elisabetta Piqué ha llamado, con justeza, un “limbo legal” y una “prisión a cielo abierto”. Por falta de certeza acerca de su condición personal. No obstante, es muy probable que esa grave situación, esencialmente de incertidumbre, sea -en muchos casos- preferible al infierno doméstico que decidieron dejar atrás. Lo que naturalmente no es óbice para tratar de corregirla, con urgencia.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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