La revancha autocrática

Por Constanza Mazzina. Publicado el 7/6/21 en: https://www.demoamlat.com/la-revancha-autocratica/

La contraola autoritaria: signo y seña del populismo que amenaza con borrar del mapa las conquistas del estado de derecho que supone la democracia, las libertades individuales que plantea el liberalismo político, la separación y autonomía de poderes propia del republicanismo, la transparencia y rendición de cuentas, los límites a los mandatos. Las autocracias instalan un discurso único con que representar la realidad bajo la lógica paranoide de amigo-enemigo y proponen una versión verticalista de construir poder irradiado desde la figura del personalismo que lo centraliza.

La caída del Muro de Berlín trajo aparejada una gran ola de optimismo que nos llevó a creer la ilusión de que, ya al cierre del siglo XX, el mundo había aprendido una lección: si no habíamos llegado al fin de la historia —tal como escribía Fukuyama en aquel entonces —, cuanto menos, parecía el fin de una historia de confrontaciones mundiales entre modelos autoritarios y democráticos. 

Era la culminación de un proceso iniciado a mediados de los setenta, una oleada especialmente fuerte en pro de la democratización en el mundo: la tercera ola. Pensábamos entonces que el oleaje inundaría el planeta y que había llegado para quedarse. Pronto, muy pronto, el optimismo se fue desvaneciendo y comenzamos a hablar de recesión democrática y de la contraola autocrática. La tercera ola en América Latina ha cumplido sus 40 años y parece sumida en la “crisis de los 40”. Repitiendo viejas mañas y consolidando nuevas, las democracias de la región, son, en el mejor de los casos, “democracias con adjetivos”.

El término “democracia con adjetivos” fue desarrollado por Collier y Levitsky a finales de los años noventa, para calificar a las democracias de la tercera ola cuando, pasados unos años, mostraban ya signos preocupantes. Aquellos adjetivos iban al centro de los atributos de las democracias liberales: si el sufragio tenía problemas (las elecciones no eran libres, limpias o competitivas), configuraba una “democracia oligárquica”; si estaban restringidas o cercenadas las libertades civiles: se abrían paso las “democracias iliberales”; si la oposición era perseguida o limitada por diversos medios, entonces se llegaba a una “democracia controlada”.

¿Qué adjetivo ponerle a las democracias latinoamericanas en la actualidad? Patrones estructurales subyacen en la política regional que, combinados, pueden incluirse en todos los tipos de democracias con adjetivos. Es decir, el conjunto de problemas que muestran nuestras democracias atraviesan la historia de todos los Gobiernos de la tercera ola, y convierte a esos “adjetivos” en problemas sistémicos, no ya coyunturales: algunos Gobiernos limitan las libertades (fundamentalmente de prensa y expresión), en otros casos, el sufragio no es libre o no es competitivo; algunos, incluso, persiguen a la oposición. En el extremo, Cuba que, hasta el momento, no inició el proceso de democratización. Los casos de Venezuela y Nicaragua muestran el camino inverso: la desdemocratización y el regreso autoritario están siempre a la orden del día. Estos últimos también han mostrado que en la actualidad las democracias mueren en las manos de líderes electos que hacen uso y abuso del poder para subvertir los mecanismos democráticos a través de los cuales llegaron al poder; una a una van desmantelando instituciones, derechos y libertades. Como señaló el reconocido politólogo Andrés Malamud: “hasta la década de 1980, las democracias morían de golpe (breakdowns). Literalmente. Hoy no: ahora lo hacen de a poco, lentamente. Se desangran entre la indignación del electorado y la acción corrosiva de los demagogos.[1]”

En el año 2020, Latinoamérica se convirtió en una de las regiones más afectadas por la pandemia del virus COVID-19 a nivel internacional, enfrentar este desafío evidenció los grandes problemas sociales, políticos y económicos que,  en mayor o menor grado, todos los países de la región padecen. Era previsible que esta circunstancia pusiera al desnudo las debilidades estructurales de los Estados latinoamericanos: cuales gigantes de pies de barro, los problemas de infraestructura, desarrollo (o su ausencia) y calidad institucional quedaron expuestos y generaron un cóctel cuyas consecuencias aún no han terminado de cristalizarse. 

El Índice de Transparencia que mide la percepción de la corrupción muestra que los Gobiernos de la región tomaron medidas extraordinarias para combatir la pandemia en forma de varios estados de emergencia que restringieron los derechos civiles. Estas restricciones limitaron las libertades de expresión y reunión, debilitaron los controles y equilibrios institucionales y redujeron el espacio para la sociedad civil. Esto produjo una retracción de las instituciones de supervisión y control y, por lo tanto, un aumento en la percepción global de la corrupción. El informe de Transparencia señala: “Con una puntuación media de 43 por quinto año consecutivo, las Américas es un polo de corrupción y mala gestión de fondos siendo una de las regiones más afectadas por la crisis de la COVID-19. Canadá y Uruguay mantienen las puntuaciones más altas, con 77 y 71 puntos respectivamente. Nicaragua, Haití y Venezuela obtienen el peor desempeño, con 22, 18 y 15 puntos respectivamente”.

Pero para 2020, el Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit en su decimotercera edición, registraba el impacto del coronavirus (COVID-19) en la democracia y en la libertad en todo el mundo. Analizaba cómo la pandemia se tradujo en la retirada de las libertades civiles a gran escala y alimentó una tendencia existente de intolerancia y censura de la opinión disidente. Como se registra en el Índice en los últimos años la democracia no ha gozado de buena salud y, en 2020, su fortaleza fue puesta a prueba aún más por el brote de la pandemia de coronavirus. El puntaje global promedio en el Índice de Democracia 2020 cayó de 5.44 en 2019 a 5.37. Esta es por lejos la peor puntuación mundial desde que se elaboró ​​por primera vez el índice en 2006. El resultado de 2020 representa un deterioro y se produjo, en gran medida, pero no únicamente, debido a las restricciones impuestas por los Gobiernos sobre las libertades individuales y las libertades civiles que se produjeron en todo el mundo en respuesta a la pandemia. El deterioro en América Latina muestra la fragilidad de la democracia en tiempos de crisis y la voluntad de los Gobiernos de sacrificar las libertades civiles y el ejercicio de la autoridad sin control en una situación de emergencia.

La literatura sugiere que hay tres elementos que, combinados, dan lugar a una democracia moderna. Primero, el Estado tiene el monopolio del poder coercitivo en un territorio determinado y debe asegurar la paz. Segundo, el rule of law, que refleja valores comunitarios y está por sobre todos los ciudadanos, incluyendo a los propios gobernantes. Por último, la rendición de cuentas, que asegura la responsabilidad Estatal para con los intereses de la comunidad por medio de las elecciones. El error en el que caen las democracias actuales es asegurar solo elecciones mientras que se descuida la capacidad del Estado y el cumplimiento de la ley. Lo cierto es que democracia y liberalismo abordan dos cuestiones diferentes: la democracia es una respuesta a la pregunta de quién gobierna. Requiere que el pueblo sea soberano. Si no gobierna directamente, al menos deben poder elegir a sus representantes en elecciones libres, justas y competitivas. Por su parte, el liberalismo no prescribe cómo se eligen los gobernantes, sino cuáles son los límites de su poder una vez que están en el poder. Estos límites, que en última instancia están diseñados para proteger los derechos del individuo, exigen el Estado de derecho y generalmente se establecen en una constitución escrita e implica que a ella se sujeten gobernantes y gobernados. Los sucesivos cambios en la letra constitucional (las reglas de juego) de varios Gobiernos latinoamericanos en estos años [2] es muestra de la vulnerabilidad del Estado de derecho. La democracia requiere el respeto al Estado de derecho para garantizar los derechos políticos, las libertades civiles y los mecanismos de rendición de cuentas y limite los posibles abusos de poder. 

En esta línea, hacia el año 2013, el Dr. Mario Serrafero ofreció en una conferencia [3] una distinción entre dos formas de concebir, de definir la democracia que resulta pertinente en estos tiempos de tanta confusión y donde todo parece lo mismo y da lo mismo, pero no lo es: por un lado, la democracia liberal republicana, por el otro, la democracia populista. 

La democracia liberal republicana es heredera de las tradiciones que le dan su nombre, y de cada una de ellas recupera y precisa los elementos que la definen. Los elementos fundantes de la primera son el respeto por los derechos de los individuos, entendidos como libertades básicas (reunión, opinión, asociación, prensa), los mecanismos de frenos y contrapesos (check and balances), la temporalidad en el ejercicio del poder y la rotación en cargos públicos, la transparencia y rendición de cuentas (accountability) de los gobernantes. Si el liberalismo desconfía del poder, de allí su necesaria limitación, el republicanismo se define por oposición al cesarismo. En esta concepción de democracia ningún actor tiene jamás en sus manos todo el poder por un período de tiempo indefinido ni tiene la oportunidad de ejercerlo sin control ni contrapesos. En la genética de estas tradiciones está el respeto por quien piensa diferente (libertades) y la tolerancia. El Estado de derecho es la condición necesaria de este andamiaje y el Gobierno (y el gobernante) no puede hacer y deshacer la ley a su antojo, sino que la ley está por encima de aquel. 

La democracia populista, por su parte, precisa el mecanismo electoral para llegar al poder, pero una vez en el poder despliega cierto tipo de comportamientos diferentes. Empecemos por señalar que afecta primero la cultura pluralista (libertades, respeto, tolerancia) y las instituciones que promueven la limitación del poder y la rendición de cuentas. Así, Serrafero señalaba que la práctica de la democracia populista se centra en: la personalización del régimen, el predominio del poder ejecutivo en desmedro de los otros poderes, los que son subordinados, colonizados, redefinidos o cooptados por la centralidad presidencial; hay una permanente descalificación de la oposición y de los medios de comunicación no afines, la aplicación de la ley es desigual por lo que se desdibuja el Estado de derecho y hay un uso de la historia y de la conspiración como formas de relatar la realidad. El objetivo último es la refundación del Estado, del orden económico, político y social. De allí, las necesarias reformas constitucionales que den legitimidad a este nuevo orden. La violencia es una consecuencia de la omnipotencia de la mayoría y de la lógica pueblo-antipueblo. Como decía Serrafero “la lógica de la polarización y el conflicto reemplaza a la lógica de la negociación y la resolución pacífica de controversias entre los distintos sectores e intereses”. La ley política reemplaza el Estado de derecho.  

En este punto podemos entonces reconocer que la región atraviesa varias crisis: la primera, de los partidos políticos, del sistema representativo y del presidencialismo, ligado ello a la escasa cultura de rendición de cuentas. Desde el regreso a la democracia, la región ha vivido situaciones donde el “fusible” es la finalización anticipada del mandato presidencial. Ocurra esto por medio de su renuncia o de un juicio político, una cantidad de presidentes no han finalizado su mandato (desde Alfonsín, Collor de Mello, Abdalá Bucaram, Cubas Grau, Mahuad, Sánchez de Losada hasta Lugo o Dilma Rousseff). De alguna manera, esto destraba el juego y reencauza la institucionalidad política. Aunque es un cimbronazo con fuertes consecuencias políticas. 

Agreguemos a ello la cultura caudillista y personalista que persiste en la región: Dieter Nohlen (1994) entiende que el gen autoritario se encuentra “concebido constitucionalmente en América Latina” producto de un objetivo inicial que consistía en fortalecer, temporalmente, en los textos constitucionales al Poder Ejecutivo para reducir así la influencia de otros poderes, es decir, el gen autoritario se hace presente en la región como un elemento constitucional transitorio y fundamental para transitar  los primeros años de gobierno y conformación de la estatalidad. La tragedia en América Latina radica en que “el gen del autoritarismo que posee el constitucionalismo, ha tomado más fuerza que el propio constitucionalismo”, es decir, tanto el autoritarismo institucional como la presencia de liderazgos fuertes y personalistas en el Ejecutivo se han convertido en las claves políticas para entender el funcionamiento de los presidencialismos latinoamericanos. 

La segunda es la crisis de la democracia a la que hemos hecho referencia: hace años que la democracia no logra satisfacer a los ciudadanos latinoamericanos que están (y así lo expresan) cada vez más insatisfechos. Hasta ahora la insatisfacción se tradujo en apatía, desinterés, en “me da lo mismo”, pero también allana el camino al personalismo caudillista, a subtipos disminuidos de democracia que rayan el autoritarismo o son abiertamente autoritarios a plena luz del día, sin golpes de Estado, aferrándose a una fachada electoral pero con estrategias y prácticas indiscutiblemente autoritarias [4].

Finalmente, la crisis del Estado. El Estado-nación en América latina ha sido un problema desde sus orígenes. Estados truncos, incapaces de transformar un conjunto de instituciones en un proyecto de nación posible. Yace aquí la cuestión: el Estado es parte del problema, pero, para muchos, el Estado es también la solución. La demanda de más Estado en sociedades anómicas resulta en una trampa donde nadie quiere después pagar la cuenta. No debería importar el tamaño del Estado, sino sus capacidades. Un Estado eficaz, un mejor Estado. Este es un reclamo que no ha sido resuelto con las diversas fórmulas que se han intentado y que ha mostrado sus limitaciones a la hora de buscar resultados. La distancia ideológica que persiste en muchos países impide proyectos de largo plazo que involucren una institucionalidad estatal no sujeta a los cambios de partido de Gobierno. 

En todo caso, la pandemia facilitó la tendencia latinoamericana a la concentración del poder alrededor del poder ejecutivo y al excesivamente poco apego a la rendición de cuentas por parte de los gobernantes. Esta experiencia nos deja una pregunta latente: ¿necesita la democracia un conjunto de valores para funcionar? Si es así, ¿cuáles? ¿Qué valores son propios de la democracia y cómo fortalecerlos en nuestras aún muy débiles democracias? La democracia no es solo un ideal, sino que es el sistema de gobierno más adecuado para abordar una crisis de la magnitud y complejidad de la COVID-19. Como señala IDEA en su Llamado para defender la Democracia: en contraste con la propaganda autoritaria “los flujos de información libres y creíbles, el debate basado en hechos sobre las opciones políticas, la autoorganización voluntaria de la sociedad civil y el compromiso abierto entre el Gobierno y la sociedad son activos vitales para combatir la pandemia. Y todos son elementos claves de la democracia liberal. Solo a través de la democracia las sociedades pueden construir la confianza social que les permite perseverar en una crisis, mantener la resiliencia nacional frente a las dificultades, curar las profundas divisiones sociales mediante la participación y el diálogo inclusivos, y mantener la confianza en que el sacrificio será compartido y los  derechos de todos los ciudadanos serán respetados”. 

[1] https://nuso.org/articulo/se-esta-muriendo-la-democracia/

[2] Desde 1978, “para 2009, salvo Costa Rica, México, Panamá, República Dominicana y Uruguay, habían adoptado una nueva constitución, y algunos, como Ecuador, lo habían hecho en más de una ocasión.” (Negretto, G. 2015 La política de cambio constitucional en América Latina, p. 39)

[3] El texto completo puede consultarse en https://www.ancmyp.org.ar/user/files/13-Serrafero.pdf

[4] Según el último informe de Latinobarómetro: el promedio regional de satisfacción con la democracia es de 24%, el resultado más bajo para este indicador desde 1995, cuando comenzó a realizarse el estudio.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

El Lenguaje de la Economía

Por Martín Krause. Publicada el 7/62/21 en: https://puntodevistaeconomico.com/2021/06/07/el-lenguaje-de-la-economia/#comments

Estimados, quiero tratar con ustedes el tema del lenguaje de la Economía. No la metodología, si es axiomático-deductiva o hipotético-deductiva, si requiere contrastación empírica, etc; todos temas que ha desarrollado claramente Gabriel.

Mi tema surgió a partir de haber planteado a Nicolás y Adrián una pregunta que me hizo un alumno de la materia Escuela Austriaca en UCEMA: ¿porqué es que no ha continuado el desarrollo del modelo gráfico de Garrison? Ellos respondieron todo lo que ellos mismos han hecho al respecto, pero ahora quiero plantear el tema general, es decir, al uso de expresiones matemáticas, gráficos, etc.

Así, por ejemplo, vemos en los Principios de Economía Política, de Menger, el uso de ejemplos numéricos, como:

Para mayor claridad, daremos una expresión numérica (cf. pág. 113 y siguientes) a la anterior relación. Podremos entonces expresar la significación escalonada de la satisfacción de las necesidades antes mencionadas mediante una serie de cifras, que van descendiendo en proporción aritmética, por ejemplo, según la serie: 50, 40, 30, 20, 10, 0.

Imaginemos ahora que nuestro primer granjero, A, posee seis caballos y una sola vaca, mientras que el granjero B se halla en la situación contraria. Podemos entonces ejemplarizar la significación escalonada de la satisfacción de necesidades por medio de los bienes que posee cada uno de los granjeros en la siguiente tabla….

Mises va un poco más allá y plantea algunas ecuaciones, aunque en palabras:

Analicemos los monopolios marginales fijando la atención en aquella realidad que, hoy en día, con mayor frecuencia los ampara. Las tarifas proteccionistas, bajo ciertas condiciones, pueden engendrar precios de monopolio. Atlantis decreta una tarifa t contra la importación de la mercancía p, cuyo precio en el mercado mundial es s. Si el consumo de p, en Atlantis, al precio s -f- t, es a y la producción nacional de p es b, siendo b menor que a, resulta que los costos del expendedor marginal son iguales a s -f t. Los fabricantes de p en Atlantis pueden vender la totalidad de su producción al precio de s + t. La protección arancelaria, en tal caso, es efectiva e impele, en aquel mercado interior, a ampliar la fabricación de p por encima de b, hasta llegar a una producción ligeramente inferior que a. Ahora bien, si b es mayor que a, las cosas cambian. Cuando la producción b es tal que, incluso al precio s, el consumo interior no la absorbe en su totalidad, de tal suerte que una parte de la misma ha de ser exportada y vendida en el extranjero, la tarifa de referencia ya no influye en el precio de p. Tanto en el mercado interior como en el mundial el precio de p no varía. La repetida tarifa, sin embargo, al discriminar entre la producción nacional y la extranjera de p, concede a los industriales de Atlantis un privilegio que éstos pueden aprovechar para implantar una situación monopolística, siempre y cuando determinadas circunstancias igualmente concurran. Si cabe hallar entre s y s + t un precio de monopolio, resulta lucrativo para estos últimos el formar un cartel.

MISES, L. VON. ACCIÓ HUMANA (4 ED.). UNIÓN EDITORIAL, P. 548,

En el quinto renglón ya te perdiste. ¿Hubiera sido mejor plantear directamente las ecuaciones? ¿O hacerlo gráficamente?

Todos conocemos el triángulo Hayekiano mostrando las etapas del proceso productivo:

Todos conocen el modelo gráfico de Garrison para explicar la Teoría Austriaca del Ciclo Económico:

Murray Rothbard sostiene, en Man, Economy and State, que la construcción de un gráfico sobre la formación de un precio en el mercado tendría que presentar puntos, ya que las decisiones que se toman son sobre unidades específicas y una curva introduce cambios infinitesimales que no corresponden a las decisiones que tomamos. No obstante, él mismo luego usa las curvas. No recuerdo si lo aclara, pero seguramente porque le parece que es más “pedagógico” aunque sacrifique precisión teórica.

Ahora bien, una curva es también una función, que puede presentarse en lenguaje matemático. ¿Diríamos que en lenguaje matemático es menos “didáctica” que un gráfico, el que se comprende a simple vista?

¿Quiere decir entonces que tendríamos que tener en cuenta los costos y los beneficios de cada uno de los lenguajes, pero, en principio, no descartar ninguno? ¿Deberíamos darle prioridad a la claridad pedagógica?

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Metodología de recaudación versus impacto fiscal

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/06/metodologia-de-recaudacion-versus.html

“Las contribuciones indirectas, incluso las aduanas, figuran en los presupuestos de todos los países por una suma considerable y en algunos, puede decirse que estas constituyen los recursos principales para establecerlos. Sin embargo, el número de mercancías que así pueden imponerse es muy limitado, pues necesitan reunir dos condiciones que en ciertos sentidos son contradictorias: 1°, la de ser de mucho consumo, para ofrecer una base suficiente al impuesto; 2″ la de no ser indispensables a la existencia, para no dar al impuesto un carácter demasiado injusto. Aquí tenemos simultáneamente la diferencia entre, los impuestos directos e indirectos. Sin embargo, en la doctrina, la diferenciación y la definición de unos y otros, no es tan sencilla.”[1]

Ya nos resulta familiar la falsedad contenida en este párrafo, se trata de la tantas veces vista falacia ad populum: como todos los países cobran impuestos indirectos el autor utiliza esto de “argumento” para concluir que, porque lo hacen “todos” eso “está bien” (¿?), y se acabó la discusión. Echa mano a este artilugio desgraciadamente difundido en el debate de la cuestión.

En el caso, nos pretende convencer que como los impuestos indirectos figuran en todos los presupuestos, es fundamental para los presupuestos que existan recursos indirectos. El absurdo es manifiesto. Pero se intenta presentar como un “argumento” de nivel jurídico y hasta académico cuando no resulta más que un burdo disparate. Estos son los llamados impuestos al consumo que, en realidad, lo son todos porque todo impuesto termina gravando el consumo, directa o indirectamente, de hecho o de derecho, no importa cómo, la consecuencia siempre es la misma.

Sorprendentemente, el autor encuentra una contradicción que -en realidad- es obvia, y no sólo en “ciertos” sentidos sino en todos ellos. Pero vayamos a la realidad: estos impuestos que son al consumo, en la práctica de nuestros días, se aplican absolutamente a todos los productos existentes en el almacén o el supermercado, alcanzan decididamente a todas las mercancías, inclusive a las que muchos llaman “de primera necesidad” con lo que queda patentada la poca o nula “sensibilidad social” del fisco tan cacareada por los propios agentes fiscales, tanto como por estos teóricos que los apañan. La imposición alcanza pues a artículos de mucho consumo, incluidos los indispensables. Y esto es más importante que las clasificaciones puramente académicas, que son el núcleo de los intereses del autor en análisis.

“Así hay quien establece que, desde “un punto de vista práctico, tomando como criterio para la distinción el “método administrativo de recaudación”, se conoce como impuestos directos los que se recaudan nominal, regular y periódicamente a los individuos inscriptos en las listas, registros o matrículas formadas por la Administración de Hacienda; e indirectos los que se recaudan de un modo intermitente a persona indeterminada y con arreglo a las tarifas referentes a las cosas o a los actos objeto del impuesto, en las que no se tiene para nada en cuenta la personalidad de quienes hayan de pagarlos. Esta distinción, al tomar por base caracteres extrínsecos a la naturaleza esencial de los impuestos, incurre en notorio empirismo”.”[2]

No interesa la forma o método de recaudación. Es irrelevante si el expoliado está inscripto o no inscripto en listas, registros o similares. Lo que interesa es cómo repercute el impuesto en el patrimonio y no la vía por la cual llegan a hacerlo. Desde este punto de vista (repercusión) todos los impuestos son directos al patrimonio, aunque los métodos de recaudación difieran (inscripciones en registros, etc.). Tampoco importa si el expoliado está o no individualizado sino si tiene patrimonio o no lo tiene, ya que el impuesto va directo contra él. Sin embargo, el autor se preocupa por la metodología, que podrá ser más o menos cruenta, pero interesa el destino y no el camino. Y en el destino -cuando el impuesto arriba al mismo- el impacto sobre el patrimonio dañado siempre es directo.

Es indistinto si el fisco conoce o no al contribuyente, ya que lo que le importa no es la persona del contribuyente sino su patrimonio, porque sobre este se calcula el impuesto o, aunque se lo haga sobre ciertas partes de su patrimonio (capital, renta, etc.) el gravamen a cualquiera de esas partes repercutirá negativamente sobre el patrimonio del cual dependen y que son su motor generador. Pero el tributarista centra su atención en los modos como se recauda, y si el sujeto es conocido o no por el fisco, todo lo cual es indiferente para el problema que -en sí mismo- representa el impuesto como tal.

“Stuart Mili, Rau y Wagner, fundan la diferencia en el proceso de “repercusión” del impuesto, criterio más científico que el anterior: directos son los que se exigen a quien el legislador quiere que los pague; e indirectos los que se reclaman a una persona que los paga a título de intermediario, obteniendo ésta el reembolso de los mismos a cargo de un tercero a quien repercuten, que es el contribuyente efectivo.”[3]

El intermediario parece ser lo que modernamente se conoce como el tristemente célebre agente de retención, aunque en el texto pareciera que, en realidad, adelanta el impuesto que, en definitiva, gravará a otro.

Nuevamente, se centra en el método de cobro del impuesto y no en su efecto sobre su destino final: el patrimonio. Como en el caso anterior, el análisis lo centran en la persona que en definitiva ingrese el impuesto. Pero la repercusión que importa no es quien lo paga sino cual será el patrimonio que lo sufra. Evidentemente en el caso del intermediario no es el suyo sino del contribuyente efectivo, que en nuestra terminología vendría a ser el de hecho en tanto que el intermediario (agente de retención o de percepción) es el contribuyente de derecho. Nuevamente es criticable que se siga centrándose en la metodología de recaudación y no en la manera en que el impuesto daña el patrimonio.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Goldstein, M. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

HERMENÉUTICA: SANTO TOMÁS, HUSSERL, GADAMER Y WITTGENSTEIN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/6/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/hermeneutica-santo-tomas-husserl.html

Presentación de su libro La hermenéutica como el humano conocimiento, Arjé, Guatemala, 2019, en el V Coloquio Internacional de Hermenéutica Analógica, del 5 al 7 de Mayo del 2021.

————————————————————

Ante todo, gracias a los organizadores de este Congreso por invitarme a presentar este libro.

En el 2005 publiqué Hacia una hermenéutica realista, (Austral, Buenos Aires, 2005) donde un modo más técnico intentaba explicar al lector tomista que Husserl, Gadamer y Wittgenstein podían relacionarse de modo tal que generar una hermenéutica totalmente compatible con el realismo de Santo Tomás.

Este libro sigue un camino parecido pero está escrito de un modo menos académico y como un resumen de todo mi pensamiento al respecto.

Parto de una visión histórica del problema donde trato de mostrar que la dialéctica sujeto-objeto en la teoría del conocimiento, que tanto ha torturado de la Filosofía Moderna desde Descartes a Kant, tiene un modo negativo de resolución cuando el positivismo del s. XIX concluye que finalmente la “cosa en sí” son los facts, los hechos, lo “objetivo”, siendo la ciencia la diosa supra-humana que estaría en condiciones de garantizarlos. A partir de allí sostengo que Husserl, ya, más o menos, desde 1910 en adelante, al plantear el tema del “mundo circundante” y luego el mundo de la vida, supera la distinción sujeto-objeto. Pero no negando la objetividad del noema, como todos sabemos, sino afirmando un suelo originario de experiencias de vida pre-predictivas, pre-teóricas: el mundo de la vida, la inter-subjetividad, en la cual no hay un sujeto que tiene que “llegar a” un mundo externo, sino una persona que “está en” su mundo de la vida. Por ende propongo una versión fenomenológica de ese “estar en el mundo” como la esencia del conocimiento mismo, sobre la base de una metafísica de la persona como fundamento ontológico de la inter-subjetividad, una persona humana que es leib, cuerpo viviente, y por ende en relación con otro.

A partir de allí, aclaro que ese mundo de la vida es histórico, tomando la historicidad de Gadamer, pero al mismo tiempo la actitud teorética permite ir a un significado común a los diversos horizontes, significado que se iguala con el conocimiento del “en sí” afirmado por Husserl. Por ende los mundos de la vida, en tanto cargados de historicidad, son los horizontes gadamerianos, despojados de cualquier interpretación post-moderna, porque en esos horizontes pueden encontrarse significaciones análogas a todos los mundos de la vida, que son la base de las ciencias sociales y a la vez, como ya afirmaba Husserl, la base pre-teorética de las ciencias naturales.

Y como todo horizonte tiene sus propios juegos de lenguaje, partir de allí a una fundamentación fenomenológica-hermenéutica de Wittgenstein, sigue como el valle a la montaña, como diría Descartes. Los juegos de lenguaje son la estructura pragmática del lenguaje en la cual los mundos de la vida son esas “formas de vida” de las que hablaba Wittgenstein y por ende sólo inteligibles desde el mundo de vida que los origina.

De más está decir que permanentemente aclaro que todo esto es una intentio lectoris de la hermenéutica, y no un análisis histórico de los autores citados. Siempre destaco, por lo demás, la deuda intelectual y personal que tengo con el P. Francisco Leocata en mi interpretación de Husserl y a partir de allí el lenguaje y los mundos de la vida, abiertos a un personalismo cristiano en conformidad con la metafísica del acto de ser de Santo Tomás, acto de ser que se manifiesta esencialmente en el yo en relación con el otroId quod primum cadit in intellectu es, por ende, la vivencia intersubjetiva.

Concluyo con un análisis de la interpretación de textos donde relaciono la “cosa del texto” de Ricouer con la noción de núcleo central de Lakatos, y con Popper para la “conjetura interpretativa” de Umberto Eco.

Con este libro espero haber esbozado un nuevo tomismo donde Santo Tomás, fenomenología y hermenéutica constituyan una sola cosa.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

En el último cuatrienio el peso perdió el 80% de su capacidad de compra

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 6/06/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/06/en-el-ultimo-cuatrienio-el-peso-perdio-el-80-de-su-capacidad-de-compra/

Mientras en el mundo la inflación promedio fue en 2020 inferior al 1% anual, en América Latina se afirma la tendencia declinante, salvo en Venezuela y la Argentina donde se mantiene alta y creciente

Sostenía Adam Smith en su obra cumbre “La Riqueza de las Naciones”: “el pan, carne, cerveza, que consumes provienen de negociar tu coincidencia con la del propio interés de los proveedores, no de su bondad”.

Los intercambios voluntarios generan colaboraciones mutuas, aprendizajes y competencias. Tanto más amplia cuanto mayor libertad para elegir lo mejor para sí mismo, independientemente de discursos y opiniones ajenas. En contraste, las actividades dirigidas a la propia satisfacción, sin intermediarios, no generan valor; sólo atienden lo propio, particular. Los actos forzados siempre empobrecen.

Los ingresos miden los productos y trabajos entregados para satisfacer necesidades particulares. Los intercambios multiplican valores, pues cada parte, vendedor – comprador, obtiene algo que valora más que lo entregado a cambio. La ganancia es el valor añadido. La única y verdadera creación de riqueza proviene de las transacciones voluntarias.

El empleado recibe del empleador un monto de dinero por su entrega de trabajo; el primero aprecia más el dinero recibido que el trabajo suministrado; el empleador prefiere el trabajo obtenido al dinero pagado a cambio. Las transacciones repiten igual estructura. Uno entrega un bien, derecho activo; la otra entrega dinero a cambio.

Mientras, el Estado obra con imposiciones forzadas que, por convención, se valúan por los salarios y costos pagados, suponiendo erróneamente un beneficio similar.

Las normas aseguran los tratos. La Revolución Francesa impuso el Sistema Métrico decimal para superar disputas comerciales habituales. Hasta entonces, el patrón – superior jerárquico- definía lo entregado en cada trato particular. Habitualmente el menos encumbrado sufría maltratos.

Bancos centrales

Las naciones avanzan desarrollando instituciones, estándares precisos.

Los emisores de dinero son Bancos Centrales u oficinas independientes sujetos a controles de calidad. Mientras las medidas físicas se controlan con patrones objetivos, el valor del dinero se mide con precios, certeza de las emisiones y acreditaciones.Los emisores de dinero son Bancos Centrales u oficinas independientes sujetos a controles de calidad. Mientras las medidas físicas se controlan con patrones objetivos, el valor del dinero se mide con precios (Reuters)Los emisores de dinero son Bancos Centrales u oficinas independientes sujetos a controles de calidad. Mientras las medidas físicas se controlan con patrones objetivos, el valor del dinero se mide con precios (Reuters)

El conflicto aparece cuando el Estado imprime dinero para pagar sus gastos y no preserva su valor. Ante dos tensiones BCRA pierde su independencia, priorizando el programa de gastos por sobre la estabilidad de la moneda. Imprimir dinero para financiar al Tesoro deteriora su valor. Sobrará dinero y subirán los precios intentando quitar los excedentes. Emitiendo mas dinero del demandado, los precios subirán.

Mientras los gobiernos procuran que los productores compitan ofreciendo mejores bienes, el Estado evita la competencia de otros emisores. En donde infinidad de valores se fija en dólares, adoptar el dólar como moneda o unidad de transacción facilitaría intercambios.

Los precios inciertos reducen la información, tornando riesgosas las transacciones. Esto es menor comercio, menor multiplicación de valores, menores ingresos, menores libertades de trabas innecesarias. Liberar obstáculos artificiales aumenta los ingresos, esto es, las libertades de actuar. Libertades e ingresos corren juntos.

Sin precios estables, se pierde información, referencias, horizontes para intercambiar y los ingresos se comprimen. Los privados pierden. La causa de la inflación es la emisión de pesos superior a lo deseado. En lo inmediato, los precios pueden aumentar por mayores costos, sean sueldos, impuestos, tipo de cambio.

La inflación viene declinando en el mundo y promediaba menos del 1% anual en 2020. En América Latina, es cada vez menor, salvo en Venezuela y Argentina. En el cuatrienio último el peso redujo su valor en 80% del que mantenía en diciembre 2016. Los precios dejaron de iluminar las decisiones.

Convertibilidad fue la regla monetaria que se optó en los 90 para ajustar la cantidad de dinero a la demanda de la población, de forma automática. El Banco Central, con respaldo legislativo estableció una relación uno a uno entre el peso y el dólar. Cuando la gente deseaba más pesos, entregaban dólares, y el BCRA devolvía pesos. Cuando sobraban pesos, los privados los entregaban a cambio de dólares. No existiendo otra causa de emisión, la regla garantizaba la cotización del peso y certidumbre a los precios. Durante los diez años los precios estuvieron estables.

Inflación de regulaciones

La polución normativa traba, confunde, conlleva redistribuciones patrimoniales, empobrecimientos conjuntos. Los legisladores intentan ejercitar su poder modificando reglas. Los cambios de reglas forzadas, impuestas, confunden los intercambios voluntarios, y se refleja en la dinámica de los precios.

De igual modo, el riesgo argentino mide la enorme variabilidad en las obligaciones del Estado y las inversiones. Las inflaciones se retroalimentan. Para desviar culpas por alzas de precios, gobernantes dictan normas y cargan los aumentos de precios a comerciantes, empresarios, asalariados. Olvidan quien emite dinero.BLASCO FINDEBLASCO FINDE

Enseñando mejor razón, los deportes competitivos definen reglas mínimas y necesarias, estables, no cambian. Los espectadores vigilan prestamente, porque las alteraciones confundirían al juego.

Justicia es eficiencia. Las distintas miradas enriquecen y liberan negocios, con reglas iguales, estables, para todos los humanos, actos y tiempos. La aspiración de la Revolución Francesa. Justo no es lo que le parezca a un individuo singular, si no el mínimo común denominador. Regla de eficiencia, competencia. El metro patrón independiente de opiniones particulares. Si las reglas no fueran parejas, ¿cómo saber lo justo, eficaz?

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Más sobre la probabilidad de lo improbable

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/05/mas-sobre-la-probabilidad-de-lo-improbable/

Todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos”. En cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas

Hace tiempo apareció el libro titulado El cisne negro cuyo autor, Nassim Nicholas Taleb, nació en Líbano y se doctoró en la Universidad de París-Dauphine. Es del caso volver sobre el asunto debido a la manía de simplemente extrapolar el pasado y encajarlo al futuro.

De tanto en tanto aparecen libros cuyos autores revelan gran creatividad, que significan verdaderos desafíos para el pensamiento. Son obras que se apartan de los moldes convencionales, se deslizan por avenidas poco exploradas y, por ende, nada tienen que ver con estereotipos y lugares comunes tanto en el fondo como en la forma en que son presentadas las respuestas a los más variados enigmas intelectuales.

El eje central de la obra de marras gira en torno al problema de la inducción tratado por autores como David Hume y Karl Popper, es decir, la mala costumbre de extrapolar los casos conocidos del pasado al futuro como si la vida fuera algo inexorablemente lineal. Lo que se estima como poco probable -ilustrado en este libro con la figura del cisne negro- improbabilidad que al fin y al cabo ocurre con frecuencia.

Ilustra la idea con un ejemplo adaptado de Bertrand Russell: los pavos que son generosamente alimentados día tras día. Se acostumbran a esa rutina la que dan por sentada, entran en confianza con la mano que les da de comer hasta que llega el Día de Acción de Gracias en el que los pavos son engullidos y cambia abruptamente la tendencia.

Taleb nos muestra cómo en cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas. Nos muestra cómo en realidad todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos” (salvo algunos escritores de ciencia ficción). Nos invita a que nos detengamos a mirar “lo que se ve y lo que no se ve” siguiendo la clásica fórmula del decimonónico Frédéric Bastiat. Por ejemplo, nos aconseja liberarnos de la tendencia a encandilarnos con algunas de las cosas que realizan los gobiernos sin considerar lo que se hubiera realizado si no hubiera sido por la intromisión gubernamental que succiona recursos que los titulares les hubieran dado otro destino.

Uno de los apartados del libro se titula “Seguimos ignorando a Hayek” para aludir a las contribuciones de aquel premio Nobel en economía y destacar que el conocimiento está disperso y que la coordinación social no surge del decreto del aparato estatal sino de millones de arreglos contractuales libres y voluntarios que conforman la organización social espontánea y que las ciencias de la acción humana no pueden recurrir a la misma metodología de las ciencias naturales donde no hay propósito deliberado sino que hay reacción mecánica a determinados estímulos.

La obra constituye un canto a la humildad y una embestida contra quienes asumen que saben más de lo que conocen (e incluso de lo que es posible conocer), un alegato contra la soberbia gubernamental que pretende manejar vidas y haciendas ajenas en lugar de dejar en paz a la gente y abstenerse de proceder como si fueran los dueños de los países que gobiernan. En un campo más amplio, la obra está dirigida a todos los que la posan de sabios y que alardean de conocimientos preclaros del futuro cuando en verdad no pueden pronosticar a ciencia cierta qué harán ellos mismos al día siguiente puesto que al modificarse las circunstancias naturalmente cambian sus propias conjeturas.

Pone en evidencia los problemas graves que se suscitan al subestimar la ignorancia y pontificar sobre aquello que no está al alcance de los mortales. Es que como escribe Taleb “la historia no gatea: da saltos” y lo improbable -fruto de contrafácticos y escenarios alternativos- no suele tomarse en cuenta, lo cual produce reiterados y extendidos “cementerios” ocultos tras ostentosos “y aparatosos modelitos matemáticos y campanas de Gauss” que resultan ser fraudes conscientes o inconscientes de diversa magnitud, al tiempo que no permite el desembarazarse del cemento mental que oprime e inflexibiliza la estructura cortical. Precisamente, el autor marca que Henri Poincaré ha dedicado mucho tiempo a refutar las predicciones basadas en la linealidad construidas sobre la base de lo habitual a pesar de que “los sucesos casi siempre son estrafalarios”.

Explica también el rol de la suerte, incluso en los grandes descubrimientos de la medicina como el de Alexander Fleming en el caso de la penicilina, aunque, como ha apuntado Pasteur, la suerte favorece a los que trabajan con ahínco y están alertas. Después de todo, como también nos recuerda el autor, “lo empírico” proviene de Sextus Empiricus que inauguró, en Roma, doscientos años antes de Cristo una escuela en medicina que no aceptaba teorías y para el tratamiento se basaba únicamente en la experiencia, lo cual, claro está, no abría cauces para lo nuevo.

Los intereses creados de los pronosticadores dificultan posiciones modestas y razonables y son a veces como aquel agente fúnebre que decía: “Yo no le deseo mal a nadie pero tampoco me quiero quedar sin trabajo”. Este tipo de conclusiones aplicadas a los planificadores de sociedades terminan haciendo que la gente coma igual que lo hacen los caballos de ajedrez (salteado). Estos resultados se repiten machaconamente y, sin embargo, debido a la demagogia, aceptar las advertencias se torna tan difícil como venderle hielo a un esquimal.

En definitiva, nos explica Taleb que el aprendizaje y los consiguientes andamiajes teóricos se llevan a cabo a través de la prueba y el error y que deben establecerse sistemas que abran las máximas posibilidades para que este proceso tenga lugar. Podemos coincidir o no con todo lo que nos propone el autor, como que después de un tiempo no es infrecuente que también discrepamos con ciertos párrafos que nosotros mismos hemos escrito, pero, en todo caso, el prestar atención al “impacto de lo altamente improbable” resulta de gran fertilidad…al fin y al cabo, tal como concluye Taleb, cada uno de nosotros somos “cisnes negros” debido a la imposibilidad de pronosticar que hayamos aparecido en este mundo con las características únicas e irrepetibles respecto a todos los nacidos en la historia de la humanidad.

Es comprensible el esfuerzo de tomar en cuenta el pasado al efecto de no repetir errores. Nos manejamos con lo que conocemos pero de ahí hay un salto lógico imperdonable si solo extrapolamos y no damos lugar a la creatividad, a la imaginación y a lo nuevo y distinto. Por eso es que hemos insistido tanto en la necesidad de abandonar las telarañas mentales de los conservadores en el peor sentido de la expresión que rechazan de plano todo lo novedoso que se sale de los paradigmas archiconocidos.

Así es que en otros planos en nuestro mundo se rechaza la idea de abolir la banca central, el absurdo de reparticiones gubernamentales de cultura y educación como si fuera natural imponer estructuras curriculares, se mantiene a rajatabla la idea de contar con fastuosas embajadas en plena era de las teleconferencias, se insiste en el concepto autoritario de las agencias oficiales de noticias, se machaca con la noción de estadísticas realizadas por los aparatos estatales en lugar de abrir a la competencia con auditorías cruzadas al efecto de contar con la mejor calidad posible, se piensa que es saludable contar con Ministerios de Economía sin percatarse que como su nombre lo indica es para regentear la economía que es precisamente lo que conduce a la hecatombe, se reitera la supuesta necesidad de aplicar coactivamente un expropiatorio sistema jubilatorio que no hace más que asaltar a las personas de mayor edad, se establecen mal llamadas empresas estatales que inexorablemente implican la mal asignación de lo siempre escasos recursos, hay empecinamiento en administrar desde el poder político el fruto del trabajo ajeno con injustas regulaciones del mercado laboral, se persiste en el error de evitar la asignación de derechos de propiedad al espectro electromagnético y así obviar el peligro de la figura de la concesión en manos estatales y así sucesivamente. Acabo de publicar mi libro titulado Vacas sagradas en la mira donde me explayo en estos y otros asuntos equivalentes.

Milton y Rose Friedman publicaron un jugoso ensayo que tradujimos al castellano cuando era Rector de ESEADE para la revista académica Libertas titulado “Las corrientes en los asuntos de los hombres” donde los autores sostienen que para conjeturar algunos de los sucesos del futuro no basta con mirar en la superficie del agua de lo que viene ocurriendo sino que debe zambullirse en las profundidades de los acontecimientos para detectar corrientes subterráneas en el devenir intelectual en donde, como decimos, la característica central estriba en la apertura mental para, precisamente, abrir cauce a la antes referida creatividad e ingenio que permite sospechar cisnes negros para no estar embretados en la rutina que es el enemigo más potente de la invención y el descubrimiento. En esta línea argumental es que Albert Einstein -al que en el colegio le dijeron que tenía un muy bajo coeficiente intelectual- ha dicho que “la mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre”, Jorge Luis Borges no fue al colegio hasta los nueve años pues su padre sospechaba de la intromisión estatal en la materia y el antes aludido Luis Pasteur no era médico y era rechazado por profesionales de la Academia de Ciencias de París.

Como escribe Luis Alberto Machado en La revolución de la inteligencia “el trabajo de creación siempre será un trabajo en soledad. Y todo innovador tiene que resignarse a la idea de caminar buena parte de su jornada en soledad con la sola compañía de sus pensamientos. El innovador en cualquier campo tiene que saber que con frecuencia será objeto de incomprensión y de burla”. Es como ha consignado John Stuart Mill “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción.”

Stefan Zweig escribe en la primera línea de Los creadores que “de todos los misterios del mundo, ninguno es más profundo que el de la creación.” Y para que este proceso tenga lugar es indispensable el clima de libertad de expresión al efecto de aprender de otros y poder transmitir las conjeturas propias en un contexto de corroboraciones provisorias sujetas a la refutación como bien subraya una y otra vez Popper.

Es por lo dicho que Taleb concluye en su obra que “dejemos que los gobiernos predigan (ello hace que los funcionarios se sientan mejor consigo mismos y justifica su existencia) pero no nos creamos nada de lo que dicen […] De hecho, si el libre mercado ha tenido éxito es precisamente porque permite el proceso de ensayo y error que yo llamo ajustes estocásticos por parte de los operadores individuales en competencia”. Es el único modo de percibir y desarrollar lo que es hasta el momento desconocido y rechazado por mediocres.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los impuestos y el Estado de Bienestar: cuando es grande se vuelve un lastre para mejorarlo

Por Aldo Abram: Publicado el 4/6/21 en: https://www.cronista.com/columnistas/los-impuesos-y-el-estado-de-bienestar-cuando-es-grande-se-vuelve-un-lastre-para-mejorarlo/

En el Congreso, nuevamente están aumentando los impuestos al sector productivo y, además, evalúan liberar a las provincias de las pocas restricciones aún remanentes de la Ley de Responsabilidad Fiscal, que ya pocas respetan. Un verdadero disparate para un país que, según el Banco Mundial, está en el puesto número 21, entre 191, de los que más exprimen a sus empresas con tributos.

Además, el mismo organismo toma una PyMe que gana bien respecto de sus ingresos y luego analiza qué le pasaría si pagara todos los gravámenes vigentes. La Argentina es uno de los dos países del mundo en el que quebraría. Eso sí, nuestros políticos se la pasan prometiendo que las van a promover, mientras se asombran de la enorme evasión que hay en el sector. Obvio, si todas las PyMes intentaran pagar todos los impuestos, la gran mayoría quebraría.

En general, los argentinos piensan que el problema es solamente el sistema tributario nacional; pero no es así. Hoy debe haber cerca de 170 impuestos y tasas municipales. Algo más de 120 son provinciales y municipales. Es más, estas últimas han logrado inventar más de 80 tasas distintas. La mayoría de ellas no pasarían un análisis de constitucionalidad; ya que no remuneran un servicio, como establece nuestra Carta Magna, sino que son impuestos disfrazados.

GASTO PÚBLICO

Por supuesto, los políticos justifican todo este desquicio tributario en que hay que mantener el gasto público argentino y que no es alto; porque, en términos de la producción total, es similar a los de los países europeos. Una comparación que no tiene ningún sentido. La economía argentina no puede soportar la misma presión tributaria que las naciones desarrolladas. 

Para entenderlo, imaginemos una familia cuyos ingresos son $400.000 por mes y el gobierno le quita la mitad con impuestos para gastarlos. Le quedarán unos $200.000; lo que le permitirá un nivel de vida razonable. En cambio, si a alguien que gana $100.000 se le saca la mitad para el Estado, pasará a estar por debajo de la línea de la pobreza, hoy cercana a $64.000. Pues la relación de ingresos usada es similar a la que hay entre el PBI por habitante de la Unión Europea y el de la Argentina.

Los países desarrollados fueron incrementando su gasto público en la medida que producían cada vez más bienes y servicios; por lo que podían asignar una menor proporción a lo que son necesidades básicas y más a gasto público. Esto no debería llamarnos la atención. Las familias más pobres erogan un mayor porcentaje de sus ingresos en lo que es más necesario para sobrevivir (alimentos, bebidas, vestimentas, medicamentos y energía) que las más ricas, que a su vez pueden gastar más en servicios. 

En términos de país pasa lo mismo, por eso las naciones desarrolladas pueden darse el lujo de tener un mayor gasto público. Sin embargo, tienen que tener cuidado; ya que, si se transforma en un exceso de erogaciones ineficientes, empieza a ser un lastre para incrementar el bienestar económico, cosa que hoy pasa en muchas de esos países.

POR QUÉ AUMENTA LA PRESIÓN TRIBUTARIA

En Argentina, los políticos han convencido a la gente de que un Estado grande impulsa el desarrollo y por ello durante décadas hemos dejado que construyan uno que les sirve a ellos y se sirve de los argentinos. Así es como se impuso que “ajustar” el exceso de gasto público es recesivo. Por lo tanto, para sostenerlo, aumentan los impuestos sobre el sector privado productivo que es el que genera los recursos para pagar sus sueldos y gastos propios y los del Estado a través de los impuestos. 

Como no les alcanza ni exprimiéndonos a más no poder, además el Tesoro necesita tomar deuda y, como es uno el mercado de crédito de un país, dejan sin financiamiento a los que invierten, producen y consumen

O sea, para mantener el tamaño del Estado, se achica (ajusta) al que produce y da trabajo productivo. Por eso, cada vez se genera menos de este último; por que los políticos “generosos” agrandan el gasto estatal tomando más empleados públicos innecesarios. A estos hay que pagarlo, así que le quitan más recursos al sector privado, haciendo que le vaya peor, incentivando a que los gobiernos salgan al rescate de los “excluidos” que cada vez son más en este círculo vicioso de decadencia.

Se ha gestado una idea absurda en la Argentina, de que lo mejor es que el gasto público aumente para beneficiarnos con él; porque otro terminará pagando la cuenta. La realidad es que, en los últimos casi 20 años, el Estado creció tanto que la presión tributaria necesaria para sostenerlo terminó alcanzando a la mayor parte de la sociedad. Cabe tener en cuenta que, en el precio de la gran mayoría de los bienes y servicios, la proporción que se paga de impuestos es mayor al 40% e, incluso, del 50%. Así todo termina siendo muy caro, por lo que se vende y se produce menos, empobreciendo al conjunto de los argentinos, que ya están dándose cuenta de qué es lo que anda mal.

REFORMA Y VOTO

Por eso se necesita una reforma del Estado que lo ponga al servicio de los ciudadanos y que, además, lo puedan pagar con un nivel de impuestos razonable. Para ello, los primeros que tienen que cambiar son los habitantes de Argentina. 

Día a día, la gran mayoría de ellos hacen un gran sacrificio administrando austeramente sus hogares para así evitar que sus familias pasen adversidades. Sin embargo, votan políticos que prometen despilfarrar desde el Estado y llevan el país de crisis en crisis, diluyendo el sacrificio hecho por las familias y destruyendo su nivel de vida. Así que los invito a probar votando a quienes nos prometan administrar las finanzas del sector público con la misma austeridad y responsabilidad que lo hacemos en nuestras casas. Si lo hacemos, que no nos asombre ver que la Argentina cambia de rumbo, brindando más oportunidades de progreso y bienestar para todos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Previsible: Biden empeora la marca de Trump

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 15/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/05/15/previsible-biden-empeora-la-marca-de-trump/

La burrada es afirmar categóricamente que Keynes no influyó en la década  del '30 - Infobae
John Maynard Keynes

El presidente norteamericano decidió expandir el gasto público aún más que su predecesor en base a las fallidas recetas keynesianas

Se presentan casos múltiples en los que escritores de ficción aciertan mucho más respecto del futuro que los ampulosos comités gubernamentales constituidos y financiados con los recursos de los contribuyentes al efecto de “pronosticar los sucesos por venir”. Tales han sido los casos, por ejemplo, en materia tecnológica de Julio Verne o H. G. Wells en el pasado o de Isaac Asimov o Carl Sagan más contemporáneamente y, en temas sociales, las novelas revestidas de un impresionante realismo, por orden de aparición: The New Utopia de Jerome K. Jerome, We de Yevzeny Zamayatin, The Lonley Crowd de David Reisman y, posteriormente, las célebres composiciones de Huxley y Orwell.

Pero el caso de Taylor Caldwell hoy sobresale por su actualidad: presenta un peligro enorme si su prognosis fuera correcta (como hasta ahora lamentablemente parece serlo en Estados Unidos) en su novela que lleva el mismo título de una de Morris West: The Devil`s Advocate. El eje central de esta novela -escrita en 1952- plantea la declinación estadounidense que en su ficción (¿ficción?) se vuelve socialista y, entre muchas otras cosas, escribe que “Siempre había una guerra. Siempre había un enemigo en alguna parte del mundo que había que aplastar […] Denle guerra a una nación y estará contenta de renunciar al sentimiento de libertad […] En los días en que América [del Norte] era una nación libre, sus padres deben haberles enseñado la larga tradición de libertad y orgullo en su país. El espíritu de la Constitución y la Declaración de la Independencia: seguramente habría quienes las recordarán. ¿Por qué desviaron sus miradas? […] Todo empezó tan casualmente, tan fácil y con tantas palabras grandilocuentes. Comenzó con el uso odioso de la palabra `seguridad` […] ¿Por qué han estado tan ansiosos de creer que cualquier gobierno resolvería los problemas por ellos, los cuales habían sido resueltos una y otra vez tan orgullosamente por sus padres?”.

Esta notable escritora de una treintena de trabajos extraordinarios entre los que se cuenta la notable referencia a Cicerón en La columna de hierro (que hubieran sido más si su segundo marido no hubiera quemado parte de sus manuscritos inéditos) y obtuvo muchas distinciones como la Medalla de Oro de la National League of American Pen Women.

El tantas veces citado premio Nobel en economía Friedrich Hayek escribe en las primeras líneas del primer tomo de Derecho, legislación y libertad que cuando los Padres Fundadores en Estados Unidos promulgaron la Constitución era para limitar el poder y garantizar los derechos individuales pero esto ahora se comprueba “que no ha logrado lo que se proponía lograr. Los gobiernos han expandido poderes que esos hombres le denegaban. El primer intento de asegurar la libertad individual por medio de constituciones ha fracasado”. La revolución liberal más exitosa en lo que va de la historia de la humanidad, luego de un tiempo lamentablemente ha perdido fuerza y se tiende a revertir.

De un tiempo a esta parte los gastos gubernamentales, el déficit y el endeudamiento han crecido exponencialmente lo cual tiende a convertir ese gran país en una maquinaria al servicio de un Leviatán absolutamente a contramano de todo lo estipulado por aquellos extraordinariamente visionarios Padres Fundadores que consignaron la importancia de gobiernos estrictamente limitados a las funciones de protección a las sacralizadas autonomías individuales, lo cual convirtió a una nación de colonos pobres en la más floreciente civilización desde la perspectiva moral y material y un ejemplo para el mundo libre.

Para solamente circunscribirnos a las dos últimas administraciones, observamos con alarma que Trump incrementó aún más el antes referido gasto gubernamental, el déficit y la deuda pública ya en alturas siderales, además de su bochornosa despedida al desconocer las mismas reglas que había aceptado para competir en el proceso electoral, resultados certificados por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (incluyendo ocho designados por él) y su propio Vicepresidente.

Ahora Biden -a pesar de combatir la xenofobia de su predecesor, poner las cosas en su sitio respecto a la autocracia rusa y anunciar el retiro de las tropas de Afganistán tal como mencioné en este mismo medio en otra de mis colaboraciones- se decide por expandir aun más el gasto público en base a las fallidas recetas keynesianas tan bien refutadas una y otra vez, entre otros, por los premios Nobel en economía Milton Friedman, James M. Buchanan, Gary Becker, Vernon L. Smith. George Stigler y el antes aludido Hayek.

Es pertinente recordar nuevamente algunas de las aseveraciones de John Maynard Keynes para situar adecuadamente el problema que se enfrenta. En su prólogo a la edición alemana de Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi escribió que “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dadas los renovados entusiasmos por este autor, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra de Keynes, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital.” Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” (como se sabe cerrada al comercio) y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación manteniendo los niveles nominales para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “La solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero”.

Hay recetas de Keynes, también tomadas de la obra mencionada, que son realmente pueriles, por ejemplo, lo que denomina “el multiplicador” elucubrado para mostrar las ventajas que tendría el gasto estatal, esquema que funcionaría de la siguiente manera: sostiene que si el ingreso fuera 100, el consumo 80 y el ahorro 20, el efecto multiplicador resulta de dividir 100 por 20, lo cual da 5 y (aquí viene la magia): si el Estado gasta 4 se convertirá en 20 puesto que 5 por 4 arroja aquella cifra (?). Ni Keynes ni el keynesiano más entusiasta jamás han explicado como multiplica el multiplicador. Y todo ello en el contexto de lo que también escribe este autor: “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar” (!).

Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. El derrumbe se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (“la vetusta reliquia”, según Keynes). Eso ocurrió en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años veinte que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares.

De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los años veinte con el consiguiente crack del veintinueve, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense.

Tal como lo explican Anna Schwartz, Benjamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra y finalmente resueltos cuando Truman eliminó los controles de precios y salarios.

En el capítulo 22 de su obra más conocida, Keynes resume su idea al escribir que “En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”, lo cual reitera y expande en su Ensayos de persuasión, en especial en el capítulo 2 donde se pone en evidencia su análisis defectuoso sobre el empleo y la productividad como liberadora de recursos para nuevos fines y su asignación allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres al efecto de utilizar aquellos factores indispensables para la prestación de servicios y la producción de bienes.

Como he apuntado en otras ocasiones, no se trata de una carrera para ver quién destruye menos la filosofía y la tradición estadounidense, se trata de contrarrestar lo que viene ocurriendo. No es cuestión de dejarse acuchillar para no ser ametrallado, afortunadamente las reservas morales en Estados Unidos son muchas y potentes que, entre otras manifestaciones, se ponen de relieve a través de tantas instituciones y centros de estudios que pretenden la difusión de valores que hacen al respeto recíproco.

En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos intento mostrar el declive y recojo los aportes originales en los que se basaron los grandes hombres que forjaron el destino inicial de esa nación. En este sentido subrayo que hubieron dos líneas centrales que incorporaron esos personajes de la época. En premier lugar la invitación a Estados Unidos desde Inglaterra de John Witherspoon para presidir el centro académico que luego sería la Universidad de Princeton quien era egresado de las Universidades de Edimburgo y St. Andrews en las que se mantenía la impronta de George Buchanan del siglo XVI quien a su vez era egresado de la Universidad de París y luego profesor de autores como Michel Montaingne e influyó decididamente en los maestros de los principales representantes de la Escuela Escocesa -Smith, Hume y Ferguson- que fueron Francis Hutchenson y Gresham Carmichael. Witherspoon fue profesor del padre de la Constitución norteamericana, James Madison. George Buchanan también influyó en Algernon Sidney y John Locke sobre todo en la concepción iusnaturalista de los parámetros y mojones de Justicia extramuros de la legislación positiva.

La segunda vertiente proviene de Roger Williams, el mayor apóstol de la tajante separación entre la religión y el poder político -la doctrina de la muralla- quien era egresado de la Universidad de Cambridge y ex Secretario de Edward Coke, uno de los mayores exponentes del desarrollo del common law en el siglo xvii seguido por William Blackstone en el siglo siguiente.

Como también detallo en el mencionado libro, la difusión de las ideas de la libertad que se consagrarían en la Carta Magna estadounidense, ocurrieron principalmente vía las ochenta y cinco cartas de los Papeles Federalistas y también el debate con los antifederalistas denominados de este modo solo para mostrar algunas discrepancias ya que eran más federalistas que los federalistas. También la difusión se llevó a cabo a través de las ciento cuarenta y cuatro Cato’s Letters escritas por Thomas Gordon y John Trenchard (en homenaje a Cato “el joven” acérrimo opositor a Julio César).

Por último, es del caso señalar en la larga y fecunda tradición liberal lo escrito y publicado por los pensadores de la primera tanda de la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía. La segunda estuvo constituida por algunos de los diputados a las Cortes de Cádiz que luego promulgaron la célebre Constitución de 1812 donde se utilizó por vez primera la expresión “liberal” como sustantivo en su debate con los apodados “serviles” y es del caso subrayar en relación a España que los Fueros del siglo diez y once establecieron los Juicios de Manifestación equivalentes al habeas corpus antes que en Inglaterra. Salvo la posterior Constitución de Cádiz, los Padres Fundadores estadounidenses tomaron muy en cuenta los otros antecedentes provenientes de tierras españolas.

No es posible que estas valiosas tradiciones que han iluminado nuestra civilización se abandonen. Es de desear que las antedichas reservas morales estadounidenses se impongan a los estatismos y a la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión puesto que como ha señalado Ronald Reagan, “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro breve paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿POR QUÉ O CON QUÉ DERECHO LA OMS Y TODOS LOS GOBIERNOS HAN NEGADO LOS TRATAMIENTOS ALTERNATIVOS AL BICHO 19? ¿QUIÉNES SON LOS “NEGACIONISTAS”?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/6/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/por-que-o-con-que-derecho-la-oms-y.html

En Abril del 2020, pregunté:

“……… Por lo demás, los primeros muertos por coronavirus, y los actuales, ¿estuvieron bien diagnosticados y tratados? Muchos colegas suyos piensan que no, pero ustedes los médicos, como casi siempre, siempre piensan que el OTRO médico está equivocado. Muchos colegas suyos, sigo, afirman que en Italia los médicos no estaban preparados para la terapia intensiva de este tipo de enfermedades. Creo que usted tendría que al menos considerarlo, ¿no? Otros están diciendo que en Lombardía existía el mayor número de pacientes oncológicos por el amianto. Pero usted ni lo considera. Dice “muertos por coronavirus” y listo.

Y el diagnóstico, ¿es correcto? Algunos colegas suyos sostienen que la complicación no es la neumonía, sino una inflamación alveolar que no se trata con respiradores sino con antibióticos y antiinflamatorios. ¿No le importa? Porque si fuera así, entonces ustedes nos están matando…. “

En Mayo de este año, dije: “…..Desde Febrero del 2020 hay médicos que sostienen que el tratamiento es erróneo. Ante cualquier dificultad respiratoria, médicos y pacientes se aterran y lo único que hacen es intubar. Los médicos que piensan diferente están recomendando otros tipos de tratamientos (anti-inflamatorios esteroides, por ejemplo), pero esos tratamientos están prohibidos y está prohibida incluso su libre discusión.”

Pues bien, aquí está muy claro: 

http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/entrevista-al-dr-peter-mccullough-en.html 

http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/enterese-nos-han-estado-matando.html 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises