Proteccionismo “Hood Robin”: sacarle a la gente para darle a los ricos

Por Aldo Abram: Publicado el 18/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricos

 

Son cada vez mayores las presiones de los sectores que fabrican productos que compiten con importaciones para que el Gobierno los proteja. Las demandas tienen que ver con un incremento de la llegada de productos del exterior, que no se verifica en los datos totales, pero sí en algunos sectores en particular. Hay que tener en cuenta que estamos comparando un período, 2016, donde se eliminaron algunas restricciones para comprar en el exterior, con un 2015 signado por una fenomenal cerrazón, por lo que es lógico que quienes son más ineficientes vean subir su competencia externa.

Obviamente, todos estos sectores han focalizado sus críticas en la estrategia de gradual apertura de la Secretaría de Comercio Interior y Exterior. Pero, ¿a quién está defendiendo esta secretaría con su política? Cuando se protege a un sector que compite con importados se le permite cobrar más de lo que vale ese bien. Por lo tanto, se genera un subsidio que va directamente desde el bolsillo del consumidor al del empresario ineficiente que se enriquece. Es notable que algunos “progres” defiendan el proteccionismo, convirtiéndose en “Hood Robin”. Lo lógico es que, si quieren ganar plata, los empresarios estén al servicio de la gente, proveyéndolos de mejores bienes y servicios más baratos.

Entonces, ¿por qué en otros países también hay sectores protegidos? Porque en todos lados hay empresarios ineficientes dispuestos a garantizarse seguir ganando plata, invirtiendo millones de dólares para convencer a la gente y a los funcionarios de que hay que protegerlos. Lamentablemente, al frente están millones de personas que se ven perjudicadas, pero que no tienen la posibilidad de juntarse a reclamar. Pues bien, esta es una oportunidad para apoyar la apertura que alienta la Secretaría de Comercio Interior y Exterior en defensa del bolsillo de todos y exigirle que la profundice.

Además, no es cierto que el proteger a un sector salva empleos; sólo los destruye en otros sectores. Si se protege un bien, la demanda de importaciones bajará y, con ella, la de las divisas que eran necesarias para comprarlas. Por lo tanto, el tipo de cambio disminuirá, por lo que se complicará la situación de los productores que compiten con importados y no tuvieron la suerte de conseguir esa prebenda. También la de los sectores que podrían exportar, lo hagan o no, ya que serán menos rentables, porque valdrán menos sus productos. Por lo tanto, ambos reducirán su producción y el empleo. En una palabra, los trabajadores de los sectores ineficientes protegidos no tienen oportunidades de empleo en los más eficientes, que pueden pagar mejor, porque estos generan menos puestos culpa del proteccionismo.

Imaginemos que tenemos una empresa que sabe producir algo que la gente aprecia mucho y está dispuesta a pagar bien. De golpe, el gerente general nos dice que quiere usar parte de la fábrica para hacer otra cosa de la que no sólo produciremos menos por no saber hacerla, sino que podremos cobrar un precio menor porque a la gente no le interesa tanto. ¿Se lo permitiríamos? No, porque los accionistas ganaríamos menos y deberíamos abonarles menores sueldos a nuestros trabajadores. Sin embargo, eso es lo que dejamos que hagan los gobiernos desde hace décadas y, después nos extraña nuestro perseverante subdesarrollo y bajo poder adquisitivo salarial.

Existe el mito de que un país tiene que producir todo para que le vaya bien. No es cierto. ¿Quién de nosotros hace en su casa los zapatos, la ropa o los artículos electrónicos que usa? Nadie. Trabajamos de aquello que sabemos hacer y que alguien está dispuesto a pagar bien. Luego, con el dinero que ganamos compramos lo que necesitamos a los que saben hacerlo mejor y más barato. De esa forma, nos garantizamos el mayor bienestar económico para nuestra familia. Sin embargo, cuando proponemos algo para el país, queremos hacer lo contrario. Un absurdo, ya que eso baja la cantidad de bienes y servicios que tendremos disponibles los argentinos, lo que significa menos bienestar y más pobreza.

El principal argumento para justificar la ineficiencia de los distintos sectores es el famoso “costo argentino”, pero el problema es que éste afecta a todos los productores de bienes y servicios. Gracias a la protección y debido al sobreprecio que les permite cobrar, algunos logran transferirles parte o toda esta carga a otros que no lograron obtener esa misma prebenda y, entonces, deberán acarrear la propia y la ajena. Esto es sumamente injusto. Por lo tanto, si el problema es el “costo argentino”, juntémonos para reclamarle a los políticos que se reduzca la presión tributaria, se disminuya y eficientice el gasto público, y se reforme la arcaica legislación laboral. De esta forma, lograremos potenciar las posibilidades de desarrollo de la Argentina y las oportunidades de progreso de todos sus habitantes.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

La economía argentina no crecerá

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/3/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/03/23/la-economia-argentina-no-crecera/

 

Lo primero que hay que decir es que es falso de toda falsedad que la economía haya tenido que caer para poder luego levantarse. Nada en el cosmos, absolutamente nada, se contrae para luego crecer. China empezó a expandirse fuertemente apenas iniciadas las reformas pro mercado y su PIB llegó a aumentar hasta 13.5% anual (y no existe razón teórica para que un país no pueda crecer más). Un ejemplo más cercano, Chile que hoy supera a la Argentina nada menos que en el índice de Desarrollo Humano ocupando el puesto 38 contra el 45 de Argentina, se expandió inmediatamente de lanzadas las reformas llegando a crecer al 7.8% anual.

Si Argentina cayó en 2016 no se debe a ningún “ajuste necesario” sino a la continuidad de pésimas políticas con no se redirigieron hacia reformas pro mercado, más allá del discurso. La prueba de ello es que el único sector al que se le aplicó una reforma real, aunque débil, el campo, aumentó su producción y su inversión hasta 50% de manera inmediata.

No es serio decir que el país ha salido de la recesión porque habría aumentado el PIB del tercer trimestre 0.1% y el del cuarto 0.5%, en relación al anterior. En primer lugar, el PIB que cuenta -el que marca el nivel de las personas- es el per cápita. Si descontamos un crecimiento demográfico de 0.3% trimestral estimado, el crecimiento del tercer trimestre fue negativo y el del cuarto solo aumentó el 0.2%.

Suponiendo que estas cifras tengan valor -ya que Ludwig von Mises y muchos otros dejaron muy claro que la econometría no es una ciencia-, un crecimiento de 0.2% es tremendamente decepcionante si consideramos que se produjeron hechos excepcionales, como los aguinaldos, blanqueo histórico, y fuerte aumento de la deuda estatal.

Si algo deja claro que el gobierno se maneja con discursos que no se condicen con la realidad, es la “lluvia de inversiones” que vendrían apenas iniciado su mandato. Luego de su viaje a Davos -donde Macri prometió US$ 20.000 millones de inversión-, organizar el mini Davos, viajar a España y demás, gastando fortunas, resulta que en el 2016 las inversiones cayeron 5.5% respecto de 2015, y 7.7% comparados los últimos trimestres de 2016 y de 2015 demostrando que la recesión se profundiza. La Inversión Extranjera Directa durante los primeros nueve meses de 2016 alcanza a solo US$ 4.780 millones, 50% menos que lo registrado en igual período del raquítico 2015.

Para colmo de males la política keynesiana de Sturzenegger, no solo ha provocado un aumento de la inflación durante 2016 llegando al 40.9%, sino que mantiene tasas altísimas -24.75%- que hace imposibles las inversiones productivas, al punto que el 80% de los dólares que llegan al país son solo inversiones “bicicleta” que juntan grandes ganancias para luego llevárselas. EL BCRA tiene que comprender que no es cierto que se pueda emitir todo lo que se “necesita para el desarrollo”, total después el BCRA se encarga de “neutralizar” los billetes “excedentes”.

Uno de los problemas más serios de la Argentina, y por el cual no va a crecer ni en 2017 ni en el futuro, es la tremenda maraña de regulaciones que prohíben en gran parte el desarrollo económico. Según el índice Doing Business 2016, Argentina ocupa el puesto 116. Y el otro problema gravísimo es la brutal presión impositiva que conduce a ser uno de los países más evasores de la historia mundial. Según Tax Justice Network, la evasión equivale al 4.4% del PIB, mientras que en EE.UU. es del 1.13%, en China 0.75%, Japón 0.93%, India 2.34%, Alemania 0.42%, Perú 2.34% y Colombia 0.75% del PBI.

Pero el vice ministro de economía dice alegremente que “Hay una situación fiscal deficitaria, con lo cual la reforma -impositiva- no puede perder recursos” o sea que no bajaran los impuestos lo que significa que, si el PIB disminuye, aumenta la presión fiscal relativa y se profundiza la recesión.

Así las cosas, el país sigue decreciendo y en el bimestre enero-febrero de 2017 el monto ingresado por no residentes con destino productivo ronda los US$ 400 millones, debajo del promedio de los últimos nueve años para ese mismo período. El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en febrero un retroceso del 9,5% respecto del mismo mes del año anterior, en tanto que la comparación intermensual con enero arrojó una retracción del 4,5% también con estacionalidad.

La facturación por las ventas en los supermercados creció 21.2% interanual en enero, mientras que en los grandes centros de compra avanzó 22.8%, ambas por debajo de los índices de inflación del 40.9% con lo que la caída real ronda la friolera del 20%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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Henry Cartier Bresson en la Usina del arte

Por Delfina Helguera. Publicado el 15/3/17 en: http://www.arte-online.net/Notas/Henry_Cartier_Bresson_en_la_Usina_del_arte

 

La Usina del Arte a través del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires ofrece una exhibición de 133 fotos del padre del fotorreportaje organizada por la Fondation Cartier Bresson y la agencia Magnum. Del 21 de febrero al 2 de abril.

Henry Cartier Bresson antes de fotógrafo fue pintor, formado junto a los artistas surrealistas franceses y discípulo de André Lohte, quien fue también maestro de grandes artistas argentinos como Berni. Su experiencia junto a ellos y el entrenamiento del ojo lo llevó a buscar el “instante decisivo” en cada foto, ese momento en el que confluyen el ojo, el corazón y la mente en algo que no volverá a repetirse. Nació en 1908 y vivió hasta los 96, fue un testigo lúcido del siglo XX, estuvo presente en los principales conflictos bélicos como la Guerra Civil española, la Segunda Guerra en donde cayó prisionero de los alemanes, la entrada de Mao en Pekín, la muerte de Ghandi y fue el primer occidental en entrar a la Unión Soviética luego de la muerte de Stalin. Comenzó a sacar fotos a partir de 1931 con su primera cámara Leica a la que no abandonó nunca;  además fue dibujante, cineasta, poeta y andariego. Recorrió el mundo cuando aún no existía la globalización, fundó la Agencia Magnum junto a Robert Cappa, George Rodger y David Seymour  que definió un nuevo modo de trabajo para el fotoperiodismo con el apoyo al fotógrafo y no al medio que lo contrataba y la instauración del derecho de autor de cada foto.

Boston, Massachusetts, EEUU, 1947
© Henri Cartier-Bresson.Magnum Photos

La exhibición se divide en dos secciones, en la planta baja de la Usina las salas exhiben sus primeros años con una línea de tiempo que intercala los sucesos del mundo y su vida. Son fotografías más íntimas tomadas durante la década del ’30: escenas de calle, las de la Guerra Civil en España y un México cautivante. Reconocemos aquellas imágenes que ya se volvieron icónicas: el hombre que salta el charco en la Gare Saint Lázare, el picnic al borde del Río Sena por ejemplo. El dato para los interesados es que todas las copias son de época, no hay fotos digitales retocadas ni copiadas por otros. Y, como se sabe, Cartier Bresson al copiar no modificaba nada, la foto salía en papel así como él la había encuadrado.

El estallido de la Segunda Guerra marca un antes y un después en su vida y esto se refleja en la exposición espacialmente ya que las fotos de la siguiente década están situadas en las salas del Museo del Cine, contiguo a la Usina. Son fotos de su época de fotorreportero en donde recorre el mundo, más distantes, que se agrupan por región o tema, acompañados por palabras del autor. En una sala sus retratos, magistrales: el filósofo Jean Paul Sartre con su pipa en el Pont des Arts en Paris, el pintor Magritte en su estudio, el escritor Samuel Beckett cuyos ojos celestes traspasan al observador, entre otros. Todos sabemos lo difícil que resultan los retratos, y hay aquí una muestra de grandes hombres y mujeres que vivieron junto a él retratados para la eternidad.

Domingo a orillas del río Marne.Francia, 1938
© Henri Cartier-Bresson. Magnum Photos (1)

El hilo conductor parece ser la propia historia del siglo XX, un hombre que camina junto a los acontecimientos con una cámara como único testigo. Cartier Bresson decía “la cámara es para mi un cuaderno de bocetos, un instrumento de la intuición y la espontaneidad, el maestro de la instantánea que, en términos visuales, pregunta y decide de forma simultánea.” Nadie como él describe mejor su trabajo: “Es por una economía de medios y, sobre todo, un olvido de sí mismo, que uno llega a la simplicidad de la expresión.”  Un fotógrafo que todavía influye en las generaciones actuales, una oportunidad ineludible de ver su producción en Buenos Aires.

 

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE.

Debate sobre critica y defensa del liberalismo: 28 de marzo

Tecnología e Ingreso Básico Universal

5 de Abril. 19.00 Hs. En Eseade.

Debaten Eduardo Levy Yeyati e Iván Carrino.

EL SÍNDROME PONCIO PILATO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Primero un asunto gramatical. Es cierto que se acepta el uso de escribir Poncio Pilatos, es decir, el apellido en plural pero en rigor esto está mal puesto que deriva  Pontius Pilatus en latín donde las palabras terminadas en us significan masculino singular de modo que, estrictamente, la s no corresponde.

 

Dejemos de lado este aspecto de forma para ingresar brevemente en la historia: después de despejado un debate de jurisdicción, Pilato se declaró incompetente puesto que no podía juzgar sobre temas de religión ya que el cargo fue de blasfemia, debido a lo cual se modificó lo que hoy denominamos la carátula por la de sedición. Llevado ante Poncio Pilato quien fuera prefecto durante una década (26 a 36 DC) no lo encontró culpable pero frente a la presión de la multitud presente para que lo condene, decidió someter la resolución final al voto mayoritario para que opte entre un delincuente (Barrabás) y Jesús. Como es bien sabido, la turba decidió soltar al delincuente y condenarlo a muerte a Jesús, lo cual acata plenamente Pilato, no sin antes lavarse las manos en público diciendo: “No soy responsable por la sangre de este hombre”.

 

Hasta aquí la historia que con diferentes interpretaciones, el tema ha sido llevado al cine en no menos de veinte oportunidades y a la literatura (tal vez lo más sonado sea El procurador de Judea por el premio Nobel en literatura Anatole France). Por mi parte, en esta nota periodística tomo el caso para elaborar sobre la responsabilidad individual, la malicia de pretender endosarla a la multitud y la degradación de la democracia al usarla para cubrir reiteradas injusticias en nombre de la mayoría.

 

Ser responsable es ser conciente de las propias obligaciones y asumirlas. Lo primero en una sociedad civilizada es la obligación de respetar los proyectos de vida de terceros que no lesionen derechos. Es una obligación moral ineludible al efecto de la supervivencia de la cooperación social. Allí donde no existe la responsabilidad de cada cual de considerar y cuidar los derechos del prójimo se derrumba la sociedad.

 

El derecho básico es el derecho de propiedad, primero del propio cuerpo, luego de la libertad de expresar el propio  pensamiento y, finalmente, el derecho de usar y disponer de lo adquirido lícitamente. Esta es la columna vertebral de la civilización. Cuando aparece la tendencia a que los gobiernos o los grupos que el gobierno autoriza lesionan este derecho, irrumpe la tendencia al saqueo del fruto del trabajo ajeno y, como queda dicho, se desmoronan las relaciones interpersonales con el indefectible resultado de la miseria y el caos.

 

Lo peor son los aparatos estatales que alegan que son necesarias  sus intromisiones en las vidas y las haciendas ajenas “para bien de la sociedad”, es decir, la falta de respeto permanente a las personas que teóricamente están encargados de velar por sus derechos. Dentro del problema que crean, serían hasta mejores las acciones de los ladrones comunes porque saben que llevan a cabo un crimen, sin embargo los gobernantes ejecutan los atropellos con el apoyo de la ley, a cara descubierta y sistemáticamente. Tengamos en cuenta un sabio pensamiento de C. S. Lewis en el sentido de que “De todas las tiranías, una tiranía ejercitada para el bien de las víctimas puede resultar la más opresiva. Puede ser mejor vivir bajo la égida de ladrones comunes que bajo la omnipotencia moral de funcionarios. Los ladrones comunes a veces pueden descansar, su codicia en cierto punto puede estacionarse; pero aquellos que nos atormentan para nuestro bien nos atormentarán sin fin”.

 

Los megalómanos no tienen límite en las demandas que les hacen a los gobernados (más bien súbditos) que se ven sometidos a trabajar buena parte del año para satisfacer la voracidad del Leviatán para, como contrapartida, entregar servicios de seguridad y justicia de muy mala calidad.

 

Para ilustrar el malentendido de lo que significa la responsabilidad, ponemos el ejemplo de la llamada “responsabilidad social del empresario” que consiste en la entrega de fondos a la comunidad en la que se desempeñan. Esto es más bien fruto de un  complejo de culpa por parte del empresariado que opera de este modo “para devolver algo de lo que se le ha sacado a la sociedad”, sin comprender que la obligación  del empresario es hacer lo posible por ser eficiente, es decir, atender las necesidades de los consumidores al efecto de incrementar sus ganancias y consecuentemente las inversiones que es lo que permite elevar salarios e ingresos en términos reales, de lo contrario, si no atiende las necesidades de su prójimo incurre en quebrantos.

 

Lo dicho, desde luego, no es para nada incompatible con la caridad que también  es realizada principalmente con lo generado por hombres de negocios, es decir con los que producen, nunca con los que arrebatan recursos de otros ni los que se limitan a declamar pero siempre recurriendo a la segunda persona del  plural, pero el plano en que se discute la antedicha “responsabilidad social” navega por los andariveles señalados. El mejor ensayo sobre este tema, de una claridad excepcional, lo expuso el premio Nobel en economía Milton Friedman en un trabajo que lleva un título que revela la tesis central: “The Social Responsability of Business is to Increase Profits” (The New York Times Magazine, septiembre 13, 1970). Las visiones contrarias están formuladas por personas que desconocen los fundamentos de la economía y por demagogos y predicadores que usan a los pobres para sus campañas y sus puestos y así pretenden justificarse a si mismos.

 

El segundo punto, alude a los que pretenden endosar su responsabilidad en el hecho de que la gente pide tal o cual desatino. Esta es generalmente la conducta de los políticos: hacen lo que piden los demás aunque se trate de saquear al vecino. Pues la responsabilidad individual no disminuye un ápice por el hecho  de que muchos demanden la insensatez. Y la responsabilidad no es de modo alguno solamente frente a los demás, es principalmente con uno mismo. Uno debe poder desenvolverse con tranquilidad de conciencia nunca evadiendo las propias obligaciones que, como mencionamos al principio, son la contracara de la responsabilidad que también está estrechamente vinculada con la libertad. No hay libertad sin responsabilidad por todo lo que uno hace o dice. En una sociedad libre cada uno puede hacer con lo propio lo que estime conveniente, siempre y cuando no invalide igual facultad de otros, lo cual  nos hace responsables por nuestras decisiones. Esa es la diferencia medular con los animales que no son responsables ante la justicia. La libertad y la correlativa responsabilidad, es lo que caracteriza a la condición humana.

 

Los actos reflejos no son materia de responsabilidad, por ejemplo, la respiración, el latido del corazón, los movimientos peristálticos, si lo son los actos deliberados es decir la acción humana. En un grupo de autómatas, a saber, de no-humanos, no hay libertad ni responsabilidad.

 

Donde se licua la responsabilidad se licua también la libertad y aparece junto con la irresponsabilidad el libertinaje. “Lavarse las manos” es volver al oscurantismo de las cavernas y a la inexistencia de vida propiamente humana donde se renuncia a la responsabilidad y consecuentemente la persona desaparece como tal y se subsume en el rebaño junto con la demolición de la división del trabajo y la cooperación social. La responsabilidad individual por las consecuencias de los propios actos resulta una condición indispensable para que tenga sentido la cooperación social y el respeto recíproco que es el aspecto esencial de la sociedad libre.

 

Para que perdure el tan decisivo binomio libertad-responsabilidad debe haber castigo para los actos que lesionen derechos de terceros, de los desvíos del cumplimiento de la palabra empeñada, del fraude y la trampa, todas maneras de invadir las autonomías individuales. Etimológicamente la responsabilidad proviene de responsum de responder por lo que uno hace o dice, en otros términos, responde cada uno por lo que le corresponde, asume su responsabilidad.

 

Por supuesto que la responsabilidad no se agota en las relaciones interindividuales, hay también responsabilidades intraindividuales pero que son del fuero íntimo de cada uno y nada tienen que ver con castigos  y las imposiciones. La imposición se limita a quienes han invadido derechos de otros para que cada uno pueda seguir su proyecto de vida sin intromisión de la fuerza. El otro ámbito, aunque esté incluso vinculado con nuestro prójimo por obligaciones que el sujeto actuante se autoimpone, no son materia que justifique el uso de la violencia, como queda dicho, en una sociedad abierta ésta solo puede llevarse a cabo cuando se atacan derechos.

 

Y el derecho no es cualquier cosa que se declame sino la facultad de hacer o no hacer algo con lo propio. Hoy en día lamentablemente se ha degradado la noción del derecho para equipararlo a la disposición coercitiva del bolsillo del prójimo, en otras palabras, la aniquilación del derecho de quienes se ven obligados a entregar sus patrimonios a quienes injustificadamente lo reclaman, es decir, son pseudoderechos.

 

Por último, lo que bautizamos como “el síndrome Poncio Pilato” también abarca el atropello por mayorías circunstanciales a los derechos de las minorías, paradójicamente en nombre de la democracia en lugar de denominarla por su verdadera identificación: cleptocracia, el gobierno de los ladrones de propiedades, de libertades y de sueños de vida. Para contar con una democracia genuina es indispensable entronizar la responsabilidad en el sentido definido y la libertad como ausencia de coacción por parte de otros hombres que va más allá de la contención de embestidas contra el derecho.

 

Poncio Pilato exhibió una patética irresponsabilidad y una cobardía mayúscula. Desafortunadamente pululan por doquier los Pilato de nuestra época: hacer daño y mirar para otro lado.  La forma de revertir esta situación es a través de procesos educativos que pongan de manifiesto los valores y principios del respeto recíproco. Y para que estos procesos educativos tengan lugar es menester que cada uno contribuya a defender los  valores de una sociedad libre, de allí la insistencia en que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”.

 

 

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Adam Smith, el hombre que revolucionó las certezas de su tiempo

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 20/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1995791-adam-smith-el-hombre-que-revoluciono-las-certezas-de-su-tiempo

 

Al “padre de Economía” lo apasionaban todas las ciencias, y él siempre se consideró un filósofo moral

Antes que por su sabiduría, fue famoso por sus distracciones. Un día, el cochero de la diligencia de Edimburgo a Kirkcaldy divisó en pleno descampado, a varias millas de este pueblo, una figura solitaria. Frenó los caballos y preguntó al caballero si necesitaba ayuda. Sólo entonces, éste, mirando sorprendido el rededor, advirtió dónde estaba. Hundido en sus reflexiones, llevaba varias horas andando (mejor dicho, pensando). Y un domingo se lo vio aparecer, embutido todavía en su bata de levantarse, en Dunfermline, a quince millas de Kirkcaldy, mirando el vacío y hablando solo. Años más tarde, los vecinos de Edimburgo se habituarían a las vueltas y revueltas que daba por el barrio antiguo, a horas inesperadas, la mirada perdida y moviendo los labios en silencio, aquel anciano solitario a quien todo el mundo llamaba sabio.Lo era, y esa es una de las pocas cosas que conocemos de su infancia y juventud. Había nacido en Kirkcaldy un día de 1723. Es una leyenda falsa que lo secuestró una partida de gitanos. Fue a la escuela local y debió de ser un aprovechado estudiante de griego y latín porque la Universidad de Glasgow lo exoneró del primer año, dedicado a las lenguas clásicas, cuando entró en ella a los 14 años. Tres años más tarde obtuvo una beca para Oxford y de los seis años que pasó en Balliol College sólo sabemos que fue reprendido por leer a escondidas el Tratado de la naturaleza humana de David Hume -más tarde su íntimo amigo-, detestado por su ateísmo por la entonces reaccionaria jerarquía académica. Al salir de Oxford, pronunció célebres conferencias en Edimburgo, que sólo conocemos por los apuntes de dos estudiantes que asistieron a ellas. Desde entonces se lo consideraría una de las más destacadas figuras de la llamada Ilustración Escocesa.

Fue profesor en la Universidad de Glasgow, primero de Lógica y, luego, de Filosofía Moral y sus clases tuvieron tanto éxito que vinieron a escucharlas estudiantes de muchos lugares del Reino Unido y Europa, entre ellos James Boswell, quien ha dejado un vívido testimonio de su elegancia expositora. Mucho se hubiera sorprendido el señor Smith de que en el futuro lo llamaran el padre de la Economía. Él se consideró siempre un filósofo moral, apasionado por todas las ciencias y las letras, y, como todos los intelectuales escoceses de su generación, intrigado por los sistemas que mantenían el orden natural y social y convencido de que sólo la razón -no la religión- podía llegar a entenderlos y explicarlos.

Su primer libro, que se publicaría póstumamente, fue una Historia de la astronomía. Y, otro, un estudio sobre el origen de las lenguas. Vivió fascinado por averiguar qué era lo que mantenía unida y estable a la sociedad, siendo los seres humanos tan egoístas, díscolos e insolidarios, por saber si la historia seguía una evolución coherente y qué explicaba el progreso y la civilización de algunos pueblos y el estancamiento y el salvajismo de los otros.

Su primer libro publicado, La teoría de los sentimientos morales (1759) explica aquella argamasa que mantiene unida a una sociedad pese a lo diversa que es y a las fuerzas disolventes que anidan en ella. Adam Smith llama simpatía a ese movimiento natural hacia el prójimo que, apoyado por la imaginación, nos acerca a él y prevalece sobre los instintos y pasiones negativos que nos distanciarían de los otros. Esta visión de las relaciones humanas es positiva, afirma que “los sentimientos morales” terminan por prevalecer sobre las crueldades y horrores que en toda sociedad se cometen. Libro curioso, versátil, que a ratos parece un manual de buenas maneras, explica sin embargo con sutileza cómo se forjan las relaciones humanas y permiten que la sociedad funcione sin disgregarse ni estallar.

Sólo una vez salió Adam Smith del Reino Unido, pero el viaje duró tres años -de 1764 a 1767- y, como tutor del joven duque de Buccleuch, lo llevó a Francia y Suiza, donde conoció a Voltaire, a quien había citado con elogio en La teoría de los sentimientos morales. En París, discutió con François Quesnay y los fisiócratas, a los que criticaría con severidad en su próximo libro, pese a la buena impresión personal que le causó aquél, con quien intercambiaría cartas más tarde. A su regreso a Escocia, se encerró prácticamente en Kirkcaldy, con su madre, a la que adoraba, y buena parte de los próximos años los pasó en su estupenda biblioteca, escribiendo Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones (1776). La primera edición tardó seis meses en agotarse y con ella ganó 300 libras esterlinas. Hubo cinco ediciones más en vida del autor -la tercera con muy importantes correcciones y añadidos- y éste alcanzó a ver las traducciones de su libro al francés, alemán, danés, italiano y español. Los elogios fueron desde el principio casi unánimes y David Hume, convencido de que ese “intrincado” libro tardaría pero conquistaría una gran masa de lectores, lo comparó, en importancia, a Decline and Fall of the Roman Empire, de Edward Gibbon.

Adam Smith nunca sospechó la importancia capital que tendría su libro en los años futuros en el mundo entero, incluso en países donde pocas gentes lo leyeron. Murió apenado por no haber escrito aquel tratado de jurisprudencia que, pensaba, completaría su averiguación de los sistemas que explican el progreso humano. En verdad, él fue el primero en explicar a los seres humanos por qué y cómo opera el sistema que nos sacó de las cavernas y nos fue haciendo progresar en todos los campos -salvo, ay, el de la moral- hasta conquistar el fondo de la materia y llegar a las estrellas. Un sistema simple y a la vez complejísimo, fundado en la libertad, que transforma el egoísmo en una virtud social y que él resumió en una frase: “No obtenemos los alimentos de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino de su preocupación por su propio interés. No nos dirigimos a sus sentimientos humanitarios, sino a su egoísmo, y nunca hablamos de nuestras necesidades, sino de sus propias ventajas”.

El libro revolucionó la economía, la historia, la filosofía, la sociología. Estableció que gracias a la propiedad privada y a la división del trabajo se desarrollaron unas fuerzas productivas formidables y que la competencia, en un mercado libre, sin demasiadas trabas, era el mecanismo que mejor distribuía la riqueza, premiaba o penalizaba a los buenos y malos productores, y que no eran éstos, sino los consumidores, los verdaderos reguladores del progreso. Y que la libertad, no sólo en los ámbitos políticos, sociales y culturales, sino también en el económico, era la principal garantía de la prosperidad y la civilización. Mucho pueden haber cambiado el capitalismo, la sociedad y las leyes, desde que Adam Smith escribió ese interminable volumen de 900 páginas en el siglo XVIII. Pero, en lo esencial, ningún otro ha explicado todavía mejor por qué ciertos países progresan y otros retroceden y cuál es la auténtica frontera entre la civilización y la barbarie.

Era feo, torpe de movimientos y el lexicógrafo Samuel Johnson (a quien, en una discusión, Adam Smith mentó la madre) afirmaba que tenía una cara de “perro triste”. Pero fue siempre un hombre modesto, de costumbres austeras y sin vanidades, ávido de saber. Nunca se le conoció una novia y probablemente murió virgen, en 1790.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Democracia y crecimiento económico: ¿la democracia promueve el crecimiento o lo perjudica? Tema sensible

Por Martín Krause. Publicada el 20/3/17 en: http://bazar.ufm.edu/democracia-crecimiento-economico-la-democracia-promueve-crecimiento-lo-perjudica-tema-sensible/

 

La relación entre la democracia y el crecimiento económico es discutida desde hace tiempo, al menos en espacios en los que se permiten algunas ideas que parezcan “políticamente incorrectas”, ya que lo correcto sería afirmar de entrada que la democracia promueve el crecimiento, ¿cómo va a ser de otra forma?

Pues bien, un reciente paper, enfocado además en América Latina, trata el tema. Se trata de “Explaining the Erosion of Democracy: Can Economic Growth Hinder Democracy?, V-Dem Working Paper 2017:42; cuyos autores son Anibal Pérez-Liñán de la University of Pittsburgh y David Altman de la Pontifical Catholic University of Chile.

Pérez-Liñán, Anibal and Altman, David, Explaining the Erosion of Democracy: Can Economic Growth Hinder Democracy? (March 2017). V-Dem Working Paper 2017:42. Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=2929501

Aquí el resumen del paper:

“El crecimiento económico se ha convertido en uno de los leitmotivs por los que académicos y expertos piden una y otra vez evaluar la perfomance democrática en el tiempo. Si bien gran parte de la literatura postula que el crecimiento económico es positivo para la democracia (por ejemplo, Przeworski et al., 2000), para otros estudiosos es una fuerza profundamente desestabilizadora (por ejemplo, Olson, 1963; Huntington, 1968).

Este documento completa estas opiniones contrastantes preguntando si el crecimiento económico puede socavar la competencia democrática. La hipótesis es que la relación entre el crecimiento económico y la competencia partidaria está mediada por la fuerza de las instituciones políticas y la libre expresión. El crecimiento económico promueve la ventaja de la incumbencia. Los gobernantes pueden ampliar artificialmente esta ventaja reduciendo el espacio para la cobertura negativa y las voces disidentes, siempre y cuando tengan espacio político para maniobrar. Apalancamos el crecimiento exógeno de América Latina para probar este argumento.

En las dos últimas décadas, la región experimentó un crecimiento acelerado como resultado de un auge mundial de los productos básicos. Utilizando datos para 18 países latinoamericanos durante este período, mostramos que un crecimiento económico más rápido condujo a aumentos significativos en la ventaja de incumbencia en la legislatura sólo donde la libertad de expresión fue atacada. Nuestros resultados tienen importantes implicaciones para las literaturas sobre democratización, recursos naturales y voto económico.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

A mayor gasto “social” más pobreza

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/3/17 en: http://economiaparatodos.net/a-mayor-gasto-social-mas-pobreza/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

 

Lejos estamos de ser una economía que podríamos llamar capitalista o liberal. Claramente estamos en presencia de un estado progre populista que gasta cada vez más en planes sociales

Ya es una discurso común de los políticos afirmar que no se puede quitar la ayuda social a los más humildes porque no podrían transitar el período hasta que lleguen las inversiones, se creen nuevos puestos de trabajo y esa gente pueda cobrar un sueldo. En rigor los que no podemos aguantar más somos los contribuyentes que venimos siendo exprimidos desde 2003 sin ninguna piedad para sostener un monto cada vez mayor de gastos sociales. El cuadro 1 muestra la evolución del gasto social, incluye jubilaciones, en pesos corrientes desde 2001 hasta 2016. Como puede verse en el gráfico, el gasto en pesos corrientes aumentó 42,5 veces. Como referencia, el dólar paso de $ 1 a $ 16, es decir, creció 16 veces, así que en dólares se disparó.

Gráfico 1

Los gastos sociales que muestra el gráfico 1 solo hacen referencia a los gastos de la nación, no incluye las provincias ni los municipios. Como puede verse aumentó 42,5 veces desde 2001 hasta 2016.

Gráfico 2

El gráfico 2 nos muestra la evolución del gasto social en pesos constantes de 2016 utilizando inflación Congreso desde el 2007 en adelante para hacer el ajuste. En este caso aumentó 2,58 veces en términos reales, o se casi se triplicó. En otras palabras, cada vez se destina más dinero en pesos constantes a pagar jubilaciones, subsidios, educación, vivienda, etc. y la gente es cada vez más pobre, los jubilados están que trinan y los piqueteros siguen extorsionando con sus cortes de calles.

Gráfico 3

El gráfico 3 muestra la evolución del gasto social sin incluir las jubilaciones y las pensiones. Es decir, el gasto en educación, salud, vivienda, etc. que, en valores constantes de 2016, aumentó 2,4 veces en términos reales. Siempre crece el gasto social en términos reales.

Finalmente si la cuenta la hacemos en dólares, vemos que el gasto social total pasó de U$S 27.543 millones en 2001 a U$S 79.325 millones en 2016, o sea que se multiplicó por 2,88 veces. Pero si tomamos desde el 2003, cuando empezó el gobierno de los Kirchner hasta el 2016 el gasto crece 6,6 veces en dólares.

Cualquiera sea la manera que uno haga la cuenta, aquí presento solo 4 opciones, vemos que el llamado gasto social, solo tomando la nación, sin incluir municipios y provincias, crece fenomenalmente.

Gráfico 4

Como último dato, el 64% del gasto público de la nación se destina a los llamados gastos sociales, es decir, jubilaciones, salud, educación, subsidios, etc.

De lo anterior se desprende que lejos estamos de ser una economía que podríamos llamar capitalista o liberal. Claramente estamos en presencia de un estado progre populista que gasta cada vez más en planes sociales y ni siquiera primero cumple con su función primordial que es defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. La seguridad es desastrosa. Pero también la calidad de vida de la gente viene en decadencia porque la contrapartida de semejante fiesta de gastos sociales es una carga tributaria que espanta la inversión, genera menos puestos de trabajo, aumenta la informalidad, la pobreza y la desocupación.

Es falso que los gastos en programas sociales mejoren la vida de la gente. Claramente la gente vive cada vez peor a pesar de incrementar brutalmente los recursos destinados a los planes sociales. Desde el punto de vista conceptual la gente vive peor porque, como decía antes, espanta las inversiones y cultiva la cultura de la dádiva. La gente no produce y prefiere ser mantenida mientras el estado saquea a los que producen.

Pero además, la política se ha transformado en una actividad política muy rentable en que todos estos fondos se transformaron en fuentes de corrupción y una manera de comprar votos.

En definitiva, no vengan con el verso de que gracias a los planes sociales la gente puede vivir. La gente vive cada vez peor, se degrada como ser humano al ser un vago y se espantan las inversiones que pueden sacar a la gente de pobreza y darles la dignidad del trabajo.

La conclusión es que los gastos sociales son un negocio político y no una manera eficiente de ayudar a la gente. A la gente se la ayuda creando las condiciones para que pueda trabajar y vivir de su salario.

El estado de bienestar es un verso que inventaron los políticos para, con la plata del contribuyente, terminar haciendo su propio negocio político.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE