Conclusiones sobre las Migraciones: son parte de la competencia institucional, buscan calidad

Por Martín Krause. Publicada el 28/7/16 en: http://bazar.ufm.edu/conclusiones-sobre-las-migraciones-son-parte-de-la-competencia-institucional-buscan-calidad/

 

Como parte del Índice de Calidad Institucional 2016, que prepare con la Fundación Libertad y Progreso, presentamos un informe sobre un tema de suma actualidad mundial: las migraciones. Una breve consideración primero y luego una evaluación de los temas que se debaten:

Refugiados

La primera conclusión es sencilla, y hasta obvia: refugiados e inmigrantes buscan dejar atrás aquellos países o jurisdicciones donde la mala calidad institucional da como resultado violencia, terror, hambrunas o pobreza; y pretenden alcanzar aquellos de mejor calidad institucional donde ésta permite la existencia de más y mejores oportunidades de progreso.

En definitiva es la verificación de una vieja ley de la economía: los recursos se trasladan en busca de sus usos más valiosos, y ese movimiento seguirá presente en tanto existan esas diferencias y hasta que desparezcan. Por supuesto, las cambiantes condiciones mantienen ese proceso en permanente movimiento, pero en el fondo con esa tendencia. En este caso, los seres humanos somos ese “recurso” productivo que se mueve buscando esas mejores condiciones. Si bien el estricto análisis económico focaliza su análisis en las diferencias de ingresos monetarios como el motor de esos movimientos, lo cierto es que tomamos nuestras decisiones en razón de una muy diversa variedad de motivos que nos impulsan a actuar para mejorar la situación en las que nos encontramos. Todas ellas, económicas o económicas, sea la búsqueda de mayores ingresos, de mejores oportunidades futuras, de paz y tranquilidad, de posibilidades educativas, de libertad religiosa, de mejor clima, de mayor sociabilidad, tienden a presentarse como más accesibles en los países que nuestro análisis muestra como de mayor calidad institucional.

Es que ésta es la que permite que estas condiciones existan. Por supuesto que hay algunas que son ajenas a la calidad institucional, tal el clima, por ejemplo; otras que a veces están más presentes en países de menor calidad institucional, tal como la sociabilidad; pero en términos generales la voluntad que manifiestan los migrantes para alcanzar estos países es la mejor señal de lo que están buscando.

Aunque muy lentamente, se produce a nivel global un proceso de competencia entre las distintas jurisdicciones de la que la salida y entrada de migrantes es un efecto y un indicador. La calidad institucional es un elemento fundamental en esa competencia y pone presión sobre los países, porque aquellos con buena calidad atraen recursos y los de peor calidad los expulsan, como a los migrantes. Parece haber una tendencia de largo plazo hacia una mejora de esa calidad institucional, aunque muchos eventos presentes o de un pasado cercano generan ciertas dudas y, sin dudas, retrocesos. Un proceso que parece impulsado por esa competencia. En el pasado, esa competencia tenía un contenido básicamente militar; con la llegada del capitalismo y la globalización es esencialmente comercial y económica. Aunque, como vemos, la primera no ha dejado de estar presente: los refugiados son el resultado de la competencia militar; los migrantes de la económica.

Cerrar las puertas a ambos limita esa competencia, arriesga reemplazar la competencia económica por la militar. Por cierto, el proceso no está exento de costos, pero podemos razonablemente esperar que continúe ejerciendo presión para lograr una mejora institucional en los países donde hoy no existe y mejoren así las oportunidades de progreso para sus habitantes.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

EL ESTADO ES EL VECINO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Debe subrayarse con el mayor énfasis posible que cuando se dice que el Estado debe hacer tal o cual cosa son los miembros de la comunidad los que siempre y en toda circunstancia financian compulsivamente lo dicho con el fruto de sus respectivos trabajos. El elenco gobernante nunca pone nada de su peculio, más bien en no pocas oportunidades se lleva recursos públicos como si fueran de su pertenencia.

 

Hay una enorme hipocresía en todo esto, se parlotea como si el aparato estatal fuera un ente independiente y misterioso que genera recursos propios cuando en verdad todo lo que tiene lo ha succionado previamente de los bolsillos de la gente. Entonces, es más preciso, en lugar de insistir que el Estado debe financiar tal o cual cosa, decir que la gente debe hacerlo recurriendo a la fuerza para que lo lleve a cabo.

 

En la visión convencional desde Sidney y Locke hasta Robert Nozick, el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno está circunscripto a la protección de los derechos de todos y lo demás no le incumbe ya que no debe jugar a un falso paternalismo. En lugar de declamar que el gobierno debe dedicarse a sacar recursos de la gente para entregárselos a otros (y frecuentemente quedarse con algunas diferencias), debería publicarse una lista voluntaria con los nombres de quienes consideran que hay que recaudar fondos y aportarlos directamente. No es pertinente recurrir a la tercera persona del plural para endosar el tema a otros sino utilizar la primera persona del singular y proceder en consecuencia y si quien propone el asunto no dispone de recursos suficientes que se ocupe de recabarlos.

 

Despegados de la referida visión convencional, ahora resulta que el aparato estatal debe inmiscuirse en todos los recovecos de la vida privada y administrar las haciendas ajenas como les venga en gana dando lugar a que mayorías circunstanciales se apoderen sin más de los bienes pertenecientes a las minorías con lo que la democracia degenera en mera cleptocracia.

 

Ahora como nunca antes los gobernantes sedientos de mayores ingresos se ponen de acuerdo entre ellos para dar caza a los patrimonios de la gente que pretende defender el resultado de sus denodados y legítimos esfuerzos a través de investigar cuentas bancarias e intentar eliminar el efectivo al efecto de martirizar a los gobernados. Todo por la creciente voracidad fiscal que incurre en procedimientos salvajes que en siglos no se han adoptado ni siquiera los sátrapas más extremos.

 

Y no se trata de los dineros malhabidos para lo cual muchos gobernantes constituyen un lamentable ejemplo de malversaciones, puesto que los fondos producto de quienes han atentado contra el derecho de otros deben ser castigados con todo el rigor necesario por la Justicia, en cambio, como queda dicho, se trata de dar caza al fruto del trabajo ajeno en base al llamado principio de nacionalidad en materia fiscal y otras manifestaciones de voracidad ilimitada que no contemplan que el principio de territorialidad es lo que corresponde y con la menor presión tributaria para cumplir con las funciones específicas de un gobierno republicano. Por su parte, los funcionarios de bancos privados operan según las omnicomprensivas disposiciones de la banca central con lo que esos funcionarios terminan siendo de facto empleados públicos en abierto contraste con lo que tradicionalmente ocurría con la banca privada. Hoy hasta puede esperarse que los llamados bancos privados bajen la persiana para que el sistema se quede con los depósitos de sus clientes tal como ha ocurrido en varios lares.

 

Todo esto no es en modo alguno hoy para proteger los derechos de la gente sino para conculcarlos en el contexto de una máquina infernal de gasto estatal, impuestos astronómicos y deuda pública sideral. Un Leviatán que todo lo atropella a su paso. Es imperioso reaccionar contra esta operación pinzas contra las libertades individuales antes de que la antiutopía orwellinana cierre su círculo fatal.

 

En otros términos, resulta que la gente debe proteger sus patrimonios de los constantes manotazos de los gobiernos en lugar de sentirse cubiertos en sus haciendas por la entidad que teóricamente se ha establecido para garantizar los derechos de los gobernados. Nos hemos retrotraído a la época de los faraones. El poder político en lugar de estar estrictamente limitado en sus funciones para garantizar Justicia y seguridad (lo cual en general no hace), ha avanzado en terrenos y jurisdicciones impropias de una sociedad abierta con lo que se ha arrogado facultades ilimitadas para entrometerse en las vidas y las propiedades de quienes en verdad se han convertido en súbditos, al tiempo que abandonan aquellas funciones primordiales.

 

Se torna insoportable una sociedad que se constituye como un inmenso círculo donde todos tienen metidas las manos en los bolsillos del prójimo a través de los permanentes subsidios cruzados que disponen los gobiernos.

 

Resulta trascendental comprender que es un peligroso espejismo el sostener que puede atacarse impositivamente la inversión sin que eso afecte el nivel de vida de los más necesitados. Hay una conexión directa entre uno y otro plano de ingresos. Los salarios en términos reales dependen exclusivamente de las tasas de capitalización , es decir, de la inversión per capita. No es para nada el resultado de algún voluntarismo propuesto por un decreto gubernamental ni por el deseo de tal o cual empleador, todo lo cual resulta del todo irrelevante a los efectos del referido salario.

Cuando aumentan las tasas de capitalización se incrementa la productividad con lo que el mercado laboral está obligado a subir salarios si se quiere mantener el trabajo manual e intelectual en operaciones. Esta es la diferencia central entre países que progresan y países que se estancan o retroceden: maximizar el ahorro interno y el externo para lo cual se requiere contar con marcos institucionales que respeten el derecho de cada cual.

 

En la media en que se establezcan impuestos que gravan la capacidad contributiva de modo directo como los impuestos a las ganancias, a los bienes personales, a la trasmisión gratuita de bienes y similares se está amputando el volumen de inversiones con lo cual se está, simultáneamente, reduciendo salarios en términos reales. Paradójicamente, esta política nefasta se ejecuta en nombre de los pobres cuando, precisamente, se los está esquilmando.

 

Empeora la situación cuando los aparatos estatales se empeñan en redistribuir ingresos, esto es, volver a distribuir por la fuerza lo que se realizó previamente de modo voluntario en el supermercado y afines. La política redistribucionista intensifica el derroche de capital puesto que inexorablemente se dirige a campos distintos de los que se hubieran asignado si los arreglos contractuales se hubieran respetado.

 

A este cuadro de situación se agrega la manía de la guadaña que apunta al igualitarismo que aniquila todos los incentivos para contribuir al mejoramiento de las estructuras de capital y se exterminan las ventajas de la división del trabajo y la consecuente cooperación social. En lugar de aprovechar la bendición de que cada persona es diferente con lo cual se saca partida recíproca de diversos talentos y conocimientos, se pretende uniformar en la miseria, proyecto que de llevarse a cabo convierte hasta la simple conversación en un aburrimiento colosal.

 

En general no se comprende el significado del mercado y se lo asimila a una cosa lejana a la vida de las personas en lugar de percatarse que todos somos el mercado puesto que se trata ni más ni menos de las millones de transacciones que diariamente tienen lugar desde que nos levantamos a la mañana hasta que nos acostamos a la noche (y durante la noche puesto que la cama, las sábanas y las frazadas han sido objeto de transacciones, para no decir nada del propio domicilio sea fruto de un contrato de alquiler o de compra-venta). Por eso, cuando se alude peyorativamente al “fundamentalismo de mercado” no se percibe que es lo mismo que hablar del “fundamentalismo de lo que la gente desea”.

 

Probablemente nada haya más peligroso y contraproducente que las llamadas “conquistas sociales” que apuntan (por lo menos en la articulación de discursos en campañas electorales) a mejorar los ingresos de la gente por una simple resolución gubernamental. Si esto fuera posible, sin duda que habría que lanzar un jugoso decreto para hacernos a todos multimillonarios y no andarse con timideces. Lamentablemente las cosas no son de esta manera y los aumentos por decreto barren del mercado laboral a los que más necesitan el empleo. No hay coartadas posibles,  como queda dicho, la inversión es lo que permite elevar salarios.

 

Y no se trata de alegar sobre la “desigualdad en el poder de contratación” puesto que lo abultada o lo debilitada de las respectivas cuentas corrientes no cambian el resultado de los ingresos percibidos ya que, nuevamente reiteramos, se debe a las tasas de capitalización. No se trata tampoco de “estimular el consumo” ya que no puede consumirse lo que no se produjo y la mayor producción proviene en gran escala de abstenerse de consumir para ahorrar e invertir. No es posible poner el carro delante de los caballos. No se puede comenzar por el final.

 

No se diga tampoco que el Estado debe proceder en esta o aquella situación para demostrar “solidaridad”, lo cual es un verdadero insulto a la inteligencia ya que la muy encomiable actitud solidaria se sustenta en actos voluntarios realizados con recursos propios. El que le arranca la billetera a un vecino para entregársela a un menesteroso no ha llevado a cabo un acto caritativo sino que ha perpetrado un atraco.

 

En resumen, en lugar de embarcarse los gobiernos en reducir el astronómico gasto público, de abrogar regulaciones que asfixian a la gente, de eliminar y simplificar la maraña impositiva y reducir la presión tributaria y clausurar la posibilidad de la deuda pública externa al efecto de no comprometer patrimonios de futuras generaciones que no han participado en la elección del gobierno que contrajo la deuda y solo contraer la deuda pública interna indispensable, en lugar de todo ello decimos, los gobiernos se alían para exprimir a los gobernados de todas las maneras posibles, mientras los distintos tipos de corrupciones gubernamentales están a la orden del día ya que constituye una corrupción alarmante el mero hecho de la extralimitación del poder puesto que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El peregrinaje intelectual del Dr. Juan Carlos Cachanosky, Ph.D. (Q.E.P.D.):

Para todos aquellos que se hayan sentido atraídos por las ideas, el enfoque y la profundidad de su pensamiento.

 

JCC

NO DESEARÁS EL INGRESO DE TU PRÓJIMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/7/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/07/no-desearas-el-ingreso-de-tu-projimo.html

 

Realmente lamento que en este momento, donde los ultra-antikirchneristas saltan de alegría cada vez que encuentran una suma no declarada a un kirchnerista, tenga yo que volver a recordar, no solo que el problema del kirchnerismo NO es la corrupción (es más, eso fue nuestra salvación…) sino que el llamado delito de enriquecimiento ilícito es totalmente contrario al liberalismo clásico y a la tradición libertaria. La sociedad argentina particularmente se encuentra obsesionada por cada peso no declarado, por cada centavo que alguien no pueda “justificar ANTE EL ESTADO”,  con lo cual no hace más que ratificar su voluntad y mente socialista y totalitaria. Asi que me permito una vez más ser antipático.

La declaración sobre derechos humanos que TODOS los Lunes publico –redactada por mí y corregida por José Benegas- dice, en su punto 1: “….Toda persona tiene derecho natural al fruto de su propio trabajo, o a lo legítimamente heredado o donado sin fraude. Ello incluye al libre comercio”. A ver si lo aclaramos mejor: ¿cuál puede ser el origen de una suma de dinero? El propio trabajo, la donación, la herencia, los intereses de los mercados de capitales o…. El robo. Listo, no queda otra. Ahora bien, el delito es el robo. Y toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Por ende, si alguien piensa que otro robó, que lo acuse y que lo pruebe, de acuerdo a las normas del debido proceso.

Es POR ESO que el punto 3 dice: “….Ninguna persona tiene por qué declarar ante nadie sus ingresos, ni su origen o el destino.” ¿Por qué declarar ante el estado los ingresos? ¿No implica ello violar todo el debido proceso, y considerar a las personas culpables hasta que se demuestre lo contrario? ¿Por qué aclarar el origen de mis bienes? ¿No es toda persona inocente hasta que se demuestre lo contrario?

Y si la respuesta es: para controlar el pago del impuesto a la renta, ello implica no sólo que se considera que el fin justifica los medios, sino que no se ha reparado en la inmoralidad y en el daño económico del impuesto a la renta, que grava recursos que potencialmente podrían haber sido destinados a la inversión. Si se pregunta de dónde va a sacar el estado sus recursos, es que se olvidan dos cosas: uno, que sólo debería haber impuestos indirectos –dejando de lado ahora el tema del anarco-capitalismo-, y segundo, que la mayor parte de ingresos que reciben los estados actuales son para funciones indebidas y desproporcionadas. Debe bajarse el gasto público y por ende drásticamente la presión impositiva para favorecer de este modo el ahorro y la inversión, el único modo de salir de la pobreza generalizada.

Por ende lo lamento mucho por los macristas y demás argentimos obsesionados con las “obras públicas” y con el presupuesto de un estado cuyos ministerios, secretarías y subsecretarías son casi todos completamente inútiles, intervencionistas y violatorios de las libertades individuales. Están equivocados de base en su argumento para la necesidad del impuesto a la renta.

Una buena prueba de la impresionante inmunidad al liberalismo clásico que tienen los argentinos, es que la mayoría de los nuevos funcionarios del gobierno macrista aceptaron ejercer funciones en ministerios y secretarías que, como he dicho, sólo responden a la obsesión reglamentarista e intervencionista de un socialismo cultural. Que un kirchnerista acepte el ministerio del tomate, es coherente. Pero si no, hay que estar del tomate…

Por lo demás, obviamente que deben ser acusados y sometidos a debido proceso los funcionarios sospechados de robar fondos públicos, pero ello NO implica justificar un sistema impositivo y legal contrario a la sociedad libre y las libertades individuales.

Por que ese sistema es precisamente el que incentiva a NO declarar fondos privados legítimamente obtenidos, como un derecho a la legítima defensa ante un ROBO ejercido a la propiedad genuina. Instáurese una sociedad libre, con seguridad judírica, redúzcase drásticamente el gasto público y la presión impositiva, y ya verán cómo todos los bienes no declarados afuera volverán y NO como por encanto. Mientras tanto, se seguirán yendo: y NO es inmoral, lo inmoral es perseguir a quienes se defienden.

 

Lo lamento si con esto les arruino el modo favorito de “cazar kirchneristas”. Al Capone debería haber sido apresado por robo y asesinato. Que se lo haya condenado por la estupidez de no pagar impuestos de dudosa moralidad, fue una derrota para la sociedad libre.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Lo más dañino: los celos y la envidia

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Hay por cierto muchos elementos corrosivos que obstaculizan y atentan contra el buen desempeño y las armónicas relaciones entre las personas. Esto es desafortunado puesto que, objetivamente considerado, de no existir esas barreras la situación de todos mejoraría. Pero sin duda los mayores daños -demoliciones podríamos decir con justeza- son provocados por los celos y la envidia que todo lo destrozan a su paso y cuanto más cercanas las relaciones más venenosos los dardos y la ponzoña de las tribulaciones y los consecuentes embates solapados. Contemporáneamente nadie tiene celos y envidia por los despliegues de la magnífica oratoria de Cicerón ni por sus formidables escritos, pero en cambio se descargan con furia contra los allegados siendo el blanco más preciado la propia familia que es donde habitualmente se producen los mayores estragos.

Celos y envidia son actitudes fronterizas y muchas veces difíciles de distinguir. Lo primero hace referencia a una relación triangular donde está en juego el celoso, la persona a quien se cela y un tercer participante o terceros a manos de quienes el celoso estima que corre el riesgo de salir perdidoso. Hay aquí un proceso de suma cero: el celoso considera que lo que él pierde otro u otros ganarán. Mientras que la envidia implica una relación bilateral, es el fastidio porque otro cuente con una situación mejor. En ambos casos hay un complejo de inferioridad que afecta grandemente la autoestima y significa un alto grado de inseguridad. De todos modos, como decimos, no es siempre fácil distinguir uno de otro sentimiento donde el resentimiento juega un rol decisivo.

Es realmente increíble pero estos elementos perniciosos, por ejemplo, aparecen con fuerza cuando se forma un equipo en el contexto de las relaciones laborales y deportivas. En lugar de percatarse del hecho de que cuanto mayores sean los talentos que se reúnan mejores serán los resultados para todos, irrumpe la obtusa idea de que se corre el riesgo de que los más destacados “le harán sombra” a los demás.

Ríos de tinta se han utilizado para describir los fenómenos de los celos y la envidia, desde Aristóteles en adelante. H. L. Menken ha puntualizado con gran acierto en el contexto de aquellos dos fenómenos que “La injusticia es relativamente fácil de sobrellevar pero lo que les duele es la justicia”, es decir, el que cada uno tenga lo suyo en cuanto a talentos y el resultado de los mismos que se torna insoportable para el celoso y el envidioso. En realidad para estos individuos la vida misma se hace difícil de digerir porque le encuentran poco sentido de equidad a todo, la vida los irrita en línea con lo que apunta Thomas Sowell cuando se explaya en criticas a la llamada “búsqueda de una justicia cósmica”, pero por lo que sabemos las obras de mayor calado en esta materia son La envidia. Una teoría de la sociedad de Helmut Schoeck y los doce formidables ensayos recopilados por Peter Salovey en The Psychology of Jealousy & Envy .

Estos sentimientos son peligrosos también porque frecuentemente se deslizan al odio. Como ha consignado Lord Chesterfield “Estas personas odian a quienes les hacen sentir su propia inferioridad”. Por supuesto que lo dicho no tiene relación alguna con la sana inclinación a emular al mejor, más aun este sentimiento ayuda enormemente a mejorar al tomar como punto de referencia y guía toda manifestación de excelencia. Constituye un incentivo clave para el autoperfeccionamiento. La admiración al mejor constituye un rasgo de honestidad intelectual y sabiduría.

Schoeck escribe que “la historia de la civilización es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos” y en un plano más abierto a la sociedad en su conjunto señala que el colectivismo socialista se basa en la envida a pesar de que fuera diseñado para eliminar de cuajo la envidia a través de la manía igualitaria. Es como sostuvo el célebre juez estadounidense Wendel Oliver Holmes “no tengo respeto alguno por la pasión del igualitarismo, la que me parece simplemente envidia idealizada”.

En general los celosos y envidiosos se oponen a las innovaciones por temor a perder posiciones, aunque lo hacen  de modo disimulado, esto es,  tiran la piedra y esconden la mano (en ningún caso estos personajes reconocen su fragilidad). Desde luego que cuando la innovación se ubica en la buena dirección, esta oposición atenta contra el progreso lo cual, a su vez, deteriora salarios e ingresos en términos reales.

El celo y la envida son unos de los motivos por los cuales hay quienes recomiendan seriamente la pobreza como meta de sus recetas sociales. Con todos chapoteando en la miseria no parece haber motivo importante para el celo o la envidia, aunque muchos de estos predicadores son contradictorios ya que simultáneamente a sus alabanzas a la pobreza material la condenan pero siempre recurriendo a sugerencias que en verdad empobrecen. Es un galimatías difícil de entender pero curiosamente los consejos son aceptados por más de un incauto.

El celoso y el envidioso revelan una marcada tendencia a endosar la responsabilidad de todo lo que les sucede a otros, habitualmente a los que son objeto de celo o envidia. No asumen su propia vida y no absorben los costos por sus actos desacertados. Es como si la desgracia pudiera aliviarse al echar la culpa a otros. Se vuelcan al diván del psicoterapeuta al efecto de descargar sus enojos con terceros y su vacío existencial a la espera de alguna pastilla salvadora, pero pocas veces toman las riendas de sus propias vidas.

Hay aquí un asunto bastante escabroso, pero los sujetos a los que nos estamos refiriendo habitualmente piensan que contrarrestan a las personas a quienes celan o le tienen envidia si brindan apoyo al caudillo político del momento en sus abusos de poder para aplastar al más eficiente y al exitoso. Se siente satisfecho con ese atropello que aplaca su sed de venganza. Son muy llamativos estos procesos, en una oportunidad un cubano relató como la dictadura castrista lo había perjudicado y acto seguido espetó que “pero por lo menos lo expropiaron a Goar Mestre de sus propiedades”, es decir, se confesaba lesionado en sus derechos pero le compensó el hecho de que a otra persona muy destacada por el éxito de sus emprendimientos en la isla, le habían confiscado sus bienes.

Erich Fromm desarrolla la tesis de la frustración que opera en los celosos y envidiosos, concluye que, como no existen argumentos, esa situación suele conducir a la violencia verbal y a veces física con un estado de agresividad que pone en peligro no solo la estabilidad emocional del sujeto en cuestión sino la convivencia civilizada de quienes lo rodean.

Adam Smith se refiere a los inmensos daños de estas personas que se molestan grandemente por el éxito ajeno y sostiene que la institución de la propiedad tan necesaria para el progreso – especialmente para los más necesitados- debe ser cuidadosamente protegida de la envidia, la malicia y el resentimiento: “Solo la protección de la autoridad civil hará que el propietario de bienes valiosos, adquiridos con el trabajo de muchos años o acaso con el esfuerzo de muchas generaciones, pueda dormir una sola noche seguro”. Precisamente Smith puntualizó el proceso por el cual cada uno siguiendo su interés particular mejora la condición de su prójimo puesto que en una sociedad libre debe servirlo para prosperar con lo que el resultado trasmite fortaleza a los más débiles vía el mejor aprovechamiento de los factores de producción, todo lo cual es saboteado por el celo, la envidia y el deseo de apoderarse del fruto del trabajo del vecino.

Kant también alude a estas degradaciones que califica como “la detestable familia de la ingratitud y de la alegría por el mal ajeno” y agrega que este vicio “no es franco sino secreto” y elabora en el sentido de subrayar que el bienestar de los demás en última instancia lo beneficia. Sin embargo, en esta línea argumental, es del caso señalar que frecuentemente el celoso y el envidioso concluyen que la riqueza es estática y que, por lo tanto, lo que tiene uno no lo tiene otro sin percibir que es dinámica y que el crecimiento de valor se produce en cada transacción libre y voluntaria para ambas partes (de lo contrario no hubiera habido transacción).

Schopenhauer, por su parte nos dice que en el reino animal no se ve placer por atormentar a otras bestias, solo ocurre esto con los humanos y que “el rasgo más perverso de la naturaleza humana sigue siendo la alegría por el mal ajeno, ya que ella se halla en estrecho parentesco con la crueldad” y concluye que la envidia “es el alma de la unión de todos los mediocres” y al igual que Max Scheler apunta a la sensación de impotencia que embarga y consume a los especímenes a que nos referimos.

El quinceavo capítulo de la magistral obra de Schoeck se titula “El pecado de ser diferente” donde en consonancia con el resto de su libro y con lo escrito por otros destacados autores, enfatiza la importancia de que cada persona es única e irrepetible por una sola vez en la historia de la humanidad y que esas diferencias resultan indispensables para el progreso moral y material, diferencias tan irresponsablemente saboteadas por los socialistas que, sustentados en la envidia y en el equívoco, propugnan la guillotina horizontal en nombre del así denominado progresismo.

En uno de mis libros pretendí tratar el problema desde diversos ángulos y matices, tituladoVivir y dejar vivir. De todos modos, es en verdad una pena que a veces amistades, relaciones familiares y grupos sociales queden descuartizados por sujetos que les resulta difícil ocultar y controlar sus complejos de inferioridad y sus severas limitaciones de carácter. Se cuenta que un psiquiatra no muy atinado le replicó de este modo a su paciente cuando se quejó amargamente de estar dominado por aquel complejo: “es que en realidad mi estimado amigo, usted es inferior”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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Ananké Assef en Rolf Art

Por Delfina Helguera. Publicado el 13/7/16 en: http://www.arte-online.net/Notas/Ananke_Assef_en_Rolf_Art

 

Soberbia es el último e inédito proyecto de Ananké Asseff, resultado de una profunda búsqueda que desde 2004 la ha llevado a indagar sobre la dificultad de ver, lo que no queremos mirar.  Con la curaduría del crítico peruano Jorge Villacorta.

Sobre la dificultad de ver lo que no queremos mirar. Ese es el subtítulo y leit motif de esta muestra. En un montaje hiper depurado Assef expone obras que reclaman e interpelan al espectador de manera potente, no hay manera de ver si uno no se queda y permanece en las salas por un tiempo. A simple vista hay obras grises sobre las paredes, en la que enfrenta a la entrada un políptico de grises que cuando nos acercamos develan contornos de figuras, no sabemos bien qué, hasta que percibimos los perfiles de personas enfrentadas. Tardamos en darnos cuenta de que hay un arma entre las personas, a veces apunta uno a veces, otro. Víctima y victimario es el título y el interrogante, ¿quién es la víctima? Es tan claro el título como confusos los roles, la artista está en todas las imágenes. Un autorretrato también convive en la sala, un gran cuadrado gris de donde emerge de a poco un rostro con ojos abiertos que nos miran. Y, en la sala que da a la calle, una instalación sonora en donde se le pide al espectador que se siente y mire un cuadrado gris y, al mismo tiempo, escuche una grabación de la misma autora. Un mantra que repite “fui yo” con grandes silencios, un espectador que baja el  ritmo que trae de la calle y se enfrenta a la culpa, a los interrogantes, a la no-certeza de quién es el culpable y qué es el delito.

Ananké Assef empieza en esta línea de investigación desde al año 2004 cuando en la serie “Campos de ocultamiento” comienza por velar ciertas partes de la imagen, esta vez lleva este recurso a la saturación. Son piezas autorreflexivas pero también una invitación a reflexionar, el subtítulo nos da la pista: sobre la dificultad de ver sobre todo en un mundo plagado de imágenes en donde el ojo se acostumbra y no se detiene. El procedimiento es el de opacar el filtro, no el medio. Assef toma sus fotografías tradicionalmente y opaca el vidrio mediante un filtro gris que permite que la imagen se vea de manera sesgada, las líneas, los contornos. Retoma también ciertos aspectos de series anteriores, como el de la gente común con armas que retrató en el 2005 aunque de una manera menos frontal. En la instalación sonora directamente hay que imaginar una imagen, ya no aparece, está en ese cuadrado gris que cada uno hace suyo.

De la serie Campos de Realidad

La muestra fue curada por el  peruano Jorge Villacorta, quien estuvo junto a la artista desde que se pensó esta exhibición. La idea fue que el montaje acompañara la opacidad, hay una selección de frases en las paredes que exige un ir y venir del ojo ya que también comparte el gris y refleja los tonos con la luz que entra por la ventana.

Son frases que pueden develar o no, operan de manera similar a las obras. Las luces también están a tono con el clima que se le quiere dar: el silencio y la soberbia de las imágenes.

  • De la serie Soberbia
  • De la serie Campos de Realidad
  • De la serie Soberbia
  • De la serie Campos de Realidad
  • De la serie Campos de Realidad
  • De la Serie Campos de Realidad

 

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE.

¿Son los inmigrantes una carga fiscal, abusan del estado benefactor, o aportan más de lo que sacan?

Por Martín Krause. Publicada el 18/7/16 en: http://bazar.ufm.edu/son-los-inmigrantes-una-carga-fiscal-abusan-del-estado-benefactor-o-aportan-mas-de-lo-que-sacan/

 

Como parte del Índice de Calidad Institucional 2016, que prepare con la Fundación Libertad y Progreso, presentamos un informe sobre un tema de suma actualidad mundial: las migraciones. Una breve consideración primero y luego una evaluación de los temas que se debaten:

Refugees

3.            Los inmigrantes son una carga fiscal

Aquí el problema sería que los inmigrantes estarían aprovechando los beneficios del Estado Benefactor sin realizar los aportes necesarios, problema que, por supuesto, es parte esencial de este Estado al margen de que se trate de locales o extranjeros, ya que su esencia misma es, precisamente, redistribuir en proporciones diferentes a las contribuciones que cada persona pueda realizar.

La OECD señala que “recientes trabajos sobre el impacto de la migración para todos los países europeos de la OCDE, como también Australia, Canadá y los Estados Unidos, ha provisto nueva evidencia internacional comparativa (Liebig & Mo, 2013). El estudio sugiere que el impacto de olas sucesivas de migración en los últimos 50 años hacia los países de la OCDE es en promedio cercano a cero, rara vez excediendo 0,5% del PIB tanto sea en términos positivos como negativos. El impacto es mayor en Suiza y Luxemburgo, donde los inmigrantes proveen un beneficio neto estimado de cerca de 2% del PIB a las finanzas públicas” (OCDE, 2014, p. 2). “Contrariamente a la percepción general, los inmigrantes con baja educación tienen una posición fiscal mejor _la diferencia entre sus contribuciones y los beneficios que reciben- que sus pares locales. Y cuando los inmigrantes tienen una posición fiscal menos favorable , no es porque tener una mayor dependencia de los beneficios sociales sino por el hecho que tiene a menudo salarios más bajos y tienden, entonces, a pagar menos”, p. 3. Dalmia (2012) cita un estudio por el Kenan Institute of Private Enterprise en la University of North Carolina señalando que los inmigrantes hispanos, muchos ilegales, impusieron un costo neto al presupuesto estatal de 61 millones de dólares, pero eso no se compararía con los $9.000 millones que contribuyen al producto interno del estado. Señala que, en promedio, un inmigrante típico significa una ganancia fiscal de 80.000 dólares a nivel nacional y un impacto negativo de 25.000 dólares a nivel estadual.

Ahora bien, incluso si los inmigrantes significaran un costo fiscal para el estado por el uso de los servicios del Estado Benefactor es no lleva a concluir que debería impedirse su ingreso al país, ya que puede simplemente negarle esos servicios en forma gratuita o al menos hasta que paguen una cierta cantidad de impuestos como cualquier otro ciudadano.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

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