Entelequias fiscales

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/11/entelequias-fiscales.html

“A título de principios, inmutables para un buen impuesto, que respete fundamentalmente la regla de la igualdad, Stuart Mill recomienda las cuatro máximas expuestas por Adam Smith que han sido aceptadas por numerosos economistas y, por consiguiente, ofrecen las características de verdaderamente “clásicas”. Estas máximas son 1» Los sujetos del Estado deberán contribuir a sostener el gobierno tanto como sea posible en relación a sus facultades, es decir, en proporción de la renta de que ellos gozan bajo la protección del Estado. De la observación o del desprecio de esta máxima surge la igualdad o la desigualdad de un impuesto. 2» El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario.”[1]

La expresión “sujetos del Estado” presenta problemas, porque si se entiende que el “estado” se compone de tres partes o elementos (gobierno, territorio y población) como acuerdan la mayoría de los juristas, es evidente que uno de los tres elementos (el territorio) no puede “contribuir”, por cuanto no se trata de un ser humano. Nos quedan entonces solo los dos elementos restantes como posibles “contribuyentes” (gobierno y población) pero, como el gobierno está integrado por algunos miembros de esa población será más claro hablar de gobernantes y gobernados, ya que toda población se divide en estas dos partes.

Ahora bien, ya explicamos que los gobernantes no pagan impuestos como tales, entonces, nos quedan (por descarte) que se pretende hacer recaer esa “obligación” (cuyo fundamento no se ha dado, o se dieron “fundamentos” falaces para la misma) exclusivamente sobre los gobernados (es decir, solo una parte de la población).

Esto demuestra que es falsa la cacareada pretensión de “igualdad fiscal” (los burócratas se autoexcluyen de las leyes fiscales).

En suma, sigue sin explicarse porque unas personas deben mantener a otras (gobernados a gobernantes) y además de manera “obligatoria”. La respuesta típica es porque el gobierno tiene el monopolio de la fuerza para exigirlo, pero entonces preguntaríamos ¿Quién le ha otorgado ese monopolio? Hoy en día se respondería que el parlamento, pero el interrogante subsiste ¿quién le ha conferido autoridad al parlamento para otorgar monopolios a nadie, y menos aún a un grupo de personas que se auto titulan “gobierno”? Se responderá: la Constitución, pero tampoco satisface las preguntas anteriores esta respuesta, porque volveremos a preguntar ¿Quién les ha otorgado a los redactores de la constitución la facultad de otorgarles a otras personas el establecimiento de monopolios incluido el de la fuerza?, se responderá “el pueblo” lo que tampoco resuelve nuestra pregunta original, simplemente porque esta última respuesta carece de toda prueba y evidencia, ya que no existe ningún registro documental que sirva para probar que el pueblo -así en abstracto- hubiera jamás conferido a nadie facultad alguna para constituir monopolios, ni mucho menos, constituirse en monopolio por sí mismo por decreto legal. Las teorías del “contrato social, pacto social” etc. no tienen evidencia ni fundamento de ningún tipo.

No existe, pues, tal cosa como “igualdad fiscal”. Y en cuanto a que “El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario” peca de inocente. porque no ha tenido en cuenta al tan extendido hoy en día impuesto definidamente arbitrario.

“La época de pago, el modo de pago, la suma a pagar debe ser determinada con un sentido y de una manera inteligible para el contribuyente y para todo el mundo. Mientras que, si fuera de otro modo, toda persona sujeta al impuesto se encuentra más o menos sometida al recaudador que puede agravar la carga del contribuyente para el cual está mal dispuesto o extorsionar por el temor de cualquier gratificación.”[2]

Que estas cosas se cumplan, en el mejor de los casos, puede hacer menos evidente la arbitrariedad del impuesto, pero no la eliminan por competo. Aun conocidos esos detalles el impuesto puede seguir siendo arbitrario. ¿Quién define la arbitrariedad del impuesto? Indudablemente aquel que tiene que pagarlo, nadie más que él. Por cuanto es el único que conoce sus necesidades, patrimonio, proyectos, etc. Todas cosas que se verán más o menos afectadas por el impuesto. No es menos arbitrario el impuesto que alterará -por ejemplo- más del 50 % de mi patrimonio por el hecho que yo tenga la certeza de que el plazo de pago vencerá todos los días 5 de cada mes, que puedo pagar en efectivo o cheque, etc.

De hecho, se puede decir que la teoría que impera en materia fiscal es la contraria: la de la arbitrariedad, porque es la que efectivamente se aplica en la práctica para desgracia de todos, menos de los burócratas.

Igual de arbitrario seria que la tasa fuera baja pero que el recaudador pudiera exigirla en cualquier momento, o, de cualquier modo, etc.

La única manera de poder decir que un impuesto es menos arbitrario que otro (o menos arbitrario en sí mismo) es que el gasto que está destinado a satisfacer sea bajo. Por eso, la discusión relevante no es, en el fondo, sobre el impuesto, ya que este no es más que un efecto del gasto estatal (que es su verdadera causa). Lo vicioso del impuesto es su carácter de coactivo, pero su origen (y el del mal) debemos buscarlo -y lo hallaremos- en el gasto estatal.

“El carácter indefinido del impuesto —y esto es una práctica que se recoge a diario, en todos los países y en todas las épocas—, estimula la insolencia y favorece la corrupción de una clase de hombres naturalmente impopulares, aun cuando no fueran ni insolentes ni corrompidos.”[3]

Aquí se dice algo interesante y muy cierto. Los impuestos fomentan la insolencia y la corrupción, y el mismo párrafo reconoce que esto es diariamente observable. Basta ver las planillas fiscales que tiene que llenar y completar el expoliado para poder ver con nitidez la cantidad de preguntas insolentes que formula el fisco, realmente uno al completarlas se siente de la misma manera que debieron sentirse los esclavos de la antigüedad.

El trato humillante que reciben los expoliados en la oficina de tributos, la cantidad de trámites agobiantes e inútiles que deben realizar, la arrogancia con que los empleados fiscales observan a sus víctimas tributarias, etc. justificaría por si solo la abolición de todo el sistema fiscal, y reemplazarlo por otro verdalmente voluntario. Naturalmente, somos conscientes que muy lejos estamos de ese ideal, sino que, al contrario, si existió una época donde los impuestos constituían la arbitraria voluntad del déspota de turno, entonces, o no hemos experimentado evolución alguna o -caso contrario- hemos ido en franca involución, regresando a aquel sistema de barbarie en materia fiscal.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

LA CERTEZA DE LA DUDA (Sobre las elecciones en EEUU).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/la-certeza-de-la-duda-sobre-las.html

Si un honesto ciudadano de la ciudad de Chicago hubiera tenido sospechas, en 1930, de que Al Capone era culpable de lo que se decía de él, ¿hubiera sido un conspiranoico, un demente o un imbécil? ¿Le hubieran caído encima los “fact-checkers”? Claro que no lo podía probar y claro que si lo acusaba sin pruebas, el buen señor en cuestión podía acusarlo a él por calumnias e injurias (creo que Al Capone hubiera recurrido a un método más expeditivo). Ok, y es el precio a pagar por vivir en un Estado de Derecho, excepto que este último ya sea una farsa completa y que haya que acostumbrarse a los nuevos Imperios Romanos.

Lo mismo sucede con las sospechas que muchos tenemos sobre algunos políticos. Claro que no podemos “probar” nada, pero la certeza no es sólo jurídica. Es también moral. Atar cabos y hacer una hipótesis NO es lo mismo que afirmar que la Tierra es plana e insultar a todos los que piensen diferente. Es tener juicio crítico y no aceptar cualquier cosa por “oficial” que sea.

Podríamos dar algunos ejemplos, claro, y en la Argentina, ni hablar. Se llama Nisman.

Del mismo modo, no tengo por qué creer en la plana mayor del Partido Demócrata de los EEUU. Se han ganado toda mi desconfianza. Son capaces de hacer cualquier cosa. Sencillamente cualquier cosa.

A todos nos costaba al principio sospechar que EEUU se estuviera convirtiendo en una Banana Republic. Pero sí. Es precisamente la preocupación de muchos. Y esa preocupación, esa sospecha, esa casi terrible y aterradora certeza, no es una cuestión de hechos o de pruebas, sino de atar cabos y hacer hipótesis. Nada más.

Muchos no ven el tema cultural. El drama de un EEUU que está negando sus raíces, desde los colleges donde no se puede hablar de nada que ofensa los supuestos derechos del lobby LGBT, pasando por la industria del aborto, la salud reproductiva y la persecución judicial a quienes piensan diferente, hasta llegar a la destrucción de vida y propiedad por parte de Black Lives Matter Antifa, con el apoyo de casi toda la opinión pública y los mass media………… Y toooooooooooooooooooda el ala dirigente del Partido Demócrata, apoyando todo eso, incentivando todo eso, incurriendo en los más procaces doble standarts, MUY felices con los lock-downs y los poderes absolutos de alcaldes y gobernadores……………… Son unos totalitarios completos que se llevan muy bien con todos los tiranuelos del patio trasero del Foro de San Pablo. Listo, han perdido TODA mi confianza. Los que odian a Trump precisamente por oponerse a todo ello, bueno, está todo dicho, y los que lo odian por sus modos, porque no tiene el charm de Obama……….. Creo que sencillamente no saben en qué mundo viven. Se pasan la vida vociferando los “hechos” pero ignoran totalmente la aludida tragedia cultural, o peor, NO le dan importancia. Viva Biden, ah sí, el aborto, bueno, en fin……………………

Por ende, ¿es posible que Venezuela haya invadido a los EEUU? Claro que sí, y ya tienen los cómplices. ¿Se puede probar? Probablemente nunca. ¿Es probable que Sidney Powel quede para siempre desacreditada como una paranoica y mentirosa total, mala, mala y mala? Es muy probable y posiblemente ella prefiera terminar como Napoleón en Santa Elena a quedarse en EEUU bajo los Biden, los Obama y los Clinton. Claro, existe un milésimo de posibilidad de que logre probar lo suyo. En uno y otro caso, EEUU ya no será el mismo.

En cualquier caso, nadie me saca de la cabeza que los demócratas hicieron fraude. Lo peor que me puede pasar es que mucha gente certifique que estoy definitivamente demente. Pero mis riesgos no son nada frente a los que en este momento se están jugando la vida entera en lo que queda de la Casa Blanca. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Un balance resumido del Foro de San Pablo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/11/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/11/21/un-balance-resumido-del-foro-de-san-pablo/

Las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga

Foro de San Pablo

Luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza y el consiguiente fracaso estrepitoso del socialismo, los movimientos de izquierda quedaron muy descolocados pues no solo desde el punto de vista humanitario las muertes por masacres y hambrunas poblaron todos los países que ensayaron el totalitarismo sino que quedó patente la imposibilidad de operar cuando se elimina la propiedad y consecuentemente los precios pues no hay modo de saber cuándo se consume capital en la evaluación de proyectos. Esto también quedó probado allí donde los aparatos estatales se entrometen con la propiedad privada aun sin abolirla como es el caso sobresaliente del fascismo que a diferencia de sus parientes comunistas permiten que se inscriba la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno.

Frente a este páramo intelectual las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga. Esta decisión parte de dos usinas: por un lado los capitostes con ansia ilimitada de poder y dinero apuntan a conquistar espacios y, por otro, los ingenuos que estiman que puede fabricarse el dislate del “hombre nuevo” con el uso de la fuerza al efecto de endiosar lo colectivo en contraposición a lo individual que deriva en lo que en ciencias políticas se denomina “la tragedia de los comunes” que hace estragos, especialmente en perjuicio de los más vulnerables que siempre son los que más sufren cuando hay derroche de capital ya que de ello dependen los salarios e ingresos en términos reales.

En todo caso, puntualizamos que el Foro de San Pablo se creó en 1990 para insistir y volver a plantear las ideas socialistas. El primer órgano ejecutivo estuvo a cargo del Partido Comunista Cubano y luego se incorporaron muy diversos dirigentes, especialmente de América latina y el Caribe aunque con el tiempo también se incorporaron activistas de esa misma tendencia de Europa y Asia. Entre los dirigentes más destacados figuraron Evo Morales (Movimiento al Socialismo de Bolivia), Rafael Correa (Alianza PAIS de Ecuador), Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación de Nicaragua), Fernando Lugo (Alianza Patriótica de Paraguay), José Mujica (Frente Amplio de Uruguay), Mauricio Funes (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador), Dilma Russeff (Partido Nacional de los Trabajadores de Brasil), Ollanta Humala (Partido Nacionalista Peruano), Nicolás Maduro (Partido Socialista Unido de Venezuela) y Andrés López Obrador (MORENA de México) a lo que se agrega una lista de simpatizantes encabezados por el Frente de Todos de Argentina y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Hasta el momento ha habido veintiséis reuniones y los temas son los mismos del socialismo tradicional con algún aditamento pero en lugar de analizar toda la agenda es más productivo estudiar un buen texto de economía y derecho para percatarse de los errores de aquellas presentaciones reiterativas. En estas líneas mencionamos solo algunos de los puntos más relevantes con un comentario telegráfico que sigue a cada uno en forma de decálogo dado el espacio disponible en una nota periodística.

Primero, los documentos se pronuncian contra el “neoliberalismo”. Conviene en este sentido precisar que no existe tal cosa, ningún intelectual serio se identifica con semejante etiqueta. No parece que hubiera el suficiente coraje como para enfrentar al liberalismo que significa el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

Segundo, resulta inaudito que recomienden unificar los tres poderes, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial al efecto de concentrar capacidad de decisión al tiempo que se sugieren reformas constitucionales para administrar discrecionalmente las partidas presupuestarias y permitir reelecciones indefinidas de gobernantes, todo lo cual va a contramano de los principios republicanos más elementales para preservar las autonomías de las personas sujetos de derechos, anteriores y superiores a gobernantes circunstanciales.

Tercero, se pone en evidencia la incomprensión del significado del derecho puesto que, por una parte, se patrocina el avasallamiento del fruto del trabajo ajeno y, por otra, se abandonan los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva en base a la Justicia que según su acepción clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad desconocido por esta agrupación.

Cuarto, en la misma línea argumental se patrocinan las expropiaciones sin percatarse de la necesidad de respetar arreglos pacíficos y voluntarios en el proceso de mercado donde la gente vota en el plebiscito diario al poner de manifiesto sus preferencias, y los comerciantes que aciertan en la satisfacción de las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencias del estado-empresario que inexorablemente opera sin asumir riesgo con recursos propios sino apropiándose de lo ajeno en base al pretexto de empresas hegemónicas que en verdad se establecen como fachada para los negocios de los megalómanos del momento.

Quinto, proponen aumentar gravámenes especialmente los de carácter progresivo que en verdad son regresivos ya que al disminuir las inversiones los contribuyentes de jure hacen que los salarios e ingresos en términos reales de los marginales se contraigan. También la progresividad vulnera la necesaria movilidad social ya que el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial se ve bloqueada por estas barreras fiscales y, asimismo, las posiciones patrimoniales relativas se modifican de cuajo respecto a las que marcó el consumidor con sus compras y abstenciones de comparar.

Sexto, se pronuncian por el control de la prensa precisamente uno de los derechos más relevantes y fundamentales de la sociedad libre sin el cual no hay posibilidad de contrastar conocimiento alguno ni ejercer el contralor del aparato estatal que debe estar al servicio de la gente y no tratarla como súbdito de un poder ilimitado en el contexto de la supresión de la irremplazable libertad de expresión a la que tanto le temen los espíritus autoritarios.

Séptimo, el establecimiento de controles de cambios y restricciones al comercio internacional en sintonía con el veneno nacionalista que establece culturas alambradas y cortapisas para las transacciones de lo que pertenece a cada uno y el movimiento de personas a través de fronteras cuyo único propósito en una sociedad libre es evitar el peligro de concentración de poder en un gobierno universal.

Octavo, la regimentación de las relaciones laborales al efecto de contar con sindicatos convertidos en ejércitos de ocupación que no permiten a los trabajadores elegir el destino de sus ingresos y a través de legislaciones totalitarias que provocan daños irreparables a los más necesitados instaurando un sistema de dádivas para contar con apoyos condicionados.

Noveno, la concentración de la facultad de prostituir la moneda al efecto de financiar las operaciones de los burócratas en el poder con el resultado de la estafa al poder adquisitivo de la unidad dineraria.

Y décimo, ahora con la novedad respecto al socialismo tradicional al que se le adiciona la “ideología de género” que significa la obligación de terceros a contradecir la biología y la genética financiando caprichos de quienes se perciben de un modo distinto a lo que la naturaleza establece con agregados también de propuestas socialistas y la introducción del homicidio en el seno materno mal llamado aborto. Todo bajo el paraguas de un supuesto rechazo a la discriminación sin comprender que lo que no es aceptable es el trato desigual ante la ley por parte del gobierno pero cada uno en su ámbito privado naturalmente discrimina en cuanto a sus amistades, a sus lecturas, pasatiempos, compras, alimentaciones, vestimentas, músicas y todo lo que hace a la vida cotidiana. De más está decir que lo consignado en esta apartado no significa la pretensión de modificar lo que cada uno percibe de sí mismo, lo que se objeta es la obligación de otros de seguir pautas y definiciones no compartidas y mucho menos la obligación de financiar las inclinaciones de otros.

Me extiendo un poco en este último punto pues estimo necesario precisar aún más lo que trasmito en esta materia. Por ejemplo, una cosa es que pretenda obligar a quien escribe un trabajo académico la sandez de sostener que el sexo depende de la percepción de cada cual y no de la estructura genética (independientemente que alguien se castre y se implante pechos) y otra bien distinta son los modales y el trato que requiere consideración sin necesidad de articular expresiones que no le resultan al receptor. Una vez en una presentación reciente me referí a una situación un tanto pedestre y grotesca para ilustrar el tema: si en un almuerzo se está con uno de los invitados que tiene mal aliento no es necesario declararlo a viva voz, es mejor respirar en otra dirección. Recordemos que, como queda dicho, el liberalismo demanda el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, lo cual para nada quiere decir compartir o adherir al proyecto del vecino, se trata de que cada uno pueda hacer lo que le plazca siempre y cuando no lesione derechos de terceros. En este contexto destaco uno de los casos más repugnantes en la historia del espanto de la intolerancia y el más brutal avasallamiento de espacios privados: Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por ser homosexual lo cual arruinó completamente su vida y en la práctica dejó de existir a partir de su liberación, una injusticia que no puede ser reparada a los ojos del más elemental sentido de la humanidad.

En otras palabras, en el Foro de San Pablo se reiteran lugares comunes fracasados y se improvisa malamente. Antes de pronunciarse es bueno consultar bibliotecas serias. Esteban Echeverría precisó la idea en su célebre primera lectura en el Salón Literario, en 1837, en pleno corazón del barrio de San Telmo, en Buenos Aires: “No nos basta el entusiasmo y la buena fe; necesitamos mucho estudio y reflexión, mucho trabajo y constancia”.

En resumen, las ideas patrocinadas por el Foro de San Pablo pretenden empujar a los seres humanos por los caminos de la esclavitud por lo cual vuelvo a citar una advertencia de Aldous Huxley en la esperanza de revertir su diagnóstico tremebundo: “En mayor o menor medida, entonces, todas las sociedades civilizadas del mundo moderno están constituidas por un número reducido de gobernantes corruptos por exceso de poder y por una extendida clase de personas corruptas por exceso de obediencia pasiva e irresponsable”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Diploma en ECONOMÍA AUSTRÍACA

El propósito de este diploma es conocer, examinar y entender la metodología, teoría y principios de la Escuela Austriaca de Economía.

Los sucesivos seminarios brindan un marco histórico para situar el desarrollo de la Escuela Austriaca y sus personajes en la evolución de la ciencia económica, presenta los fundamentos filosóficos y metodológicos, desarrolla la teoría micro y macroeconómica y aborda su tratamiento de temas económicos centrales.

Paralelamente, se propone cultivar habilidad interpretativa y analítica desde su perspectiva, incluyendo comparaciones con otros enfoques alternativos, y repasando los debates centrales en los que formó parte, además de analizar diversos casos de políticas públicas.

Destinado a: estudiantes de secundaria, universitarios y todos aquellos interesados en conocer esta tradición de pensamientos e ideas.

Por cualquier consulta se puede escribir a maestrias@eseade.edu.ar

Curso de Extensión Universitaria

Certificación de Asistencia-Autorizado por Decreto N° 238/99

Cuando el pánico es un gran negocio

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 Una de las noticias más comentadas estos días ha sido que el CEO de Pfizer vendió 5,56 millones de dólares en acciones de la compañía (más del 60% de su participación) el mismo día en el que la farmacéutica anunciaba que su vacuna contra el coronavirus tenía una efectividad superior al 90%, a la vez que su vicepresidenta ejecutiva también se deshizo de acciones que, ese mismo día, cerraron con un alza de casi un 8% y, desde entonces, han bajado a medida que, en el mercado y las bolsas, se enfría la noticia de la vacuna.

                     Estrategia que trae a la memoria otra operación de canje por parte de directivos de otra biotecnológica, Moderna, cuando el 18 de mayo cosechaba máximos en Wall Street con subidas del 30% al anunciar resultados prometedores de su vacuna. Al día siguiente, el presidente financiero de la empresa ejerció 241.000 opciones por 3 millones de dólares y luego los vendió de inmediato por 19,8 millones asegurándose un beneficio de 16,8 millones de dólares.

                    Escribieron Nuño Domínguez e Ignacio Fariza, en El País de Madrid, que Pfizer “está cerrando ya contratos millonarios para vender su vacuna a varios países, pero lo cierto es que la única prueba pública de su efectividad es un comunicado de prensa de la propia compañía que no responde preguntas fundamentales” y que los directivos de ambas compañías no respondieron sus preguntas.

                   Mientras que “Es inaceptable que el máximo directivo de una empresa gane tanto dinero el mismo día que se hace un anuncio tan vago, sin que apenas conozcamos detalles sobre la eficacia de la vacuna”, opina Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología. 

                 Por cierto, Moderna no se ha querido quedar atrás en esta carrera (¿por ganar dinero gracias a los políticos?) por combatir el covid y ha anunciado que la efectividad de su vacuna es del 94%, pero también sin un aval que lo certifique. Solo faltaría que algún exagerado en su apremio por ganar la carrera diga que ha conseguido un remedio con el 120% de efectividad.

                En otras palabras, estas farmacéuticas están aprovechando el pánico del público, azuzado desde los gobiernos, para armar jugosos negocios con los burócratas que supuestamente deciden qué vacuna es buena y cual no, como si no fueran susceptibles de ser sobornados. A un burócrata le resulta muy fácil redactar un comunicado -a cambio de un dinerillo- diciendo que una vacuna es excelente, total que, si después el gran público que ingenuamente cree en la “información oficial” sufre grandes daños, sencillamente lo tapan gracias al gran poder de propaganda que tienen.

                Aun cuando no fuera obligatoria, que probablemente lo sea en países con poco respeto por el derecho humano de la libertad -y muchas ganas de hacer negocios entre políticos y farmacéuticas-, el mercado mundial creado por “la necesidad de vacunar” a gran parte de la humanidad es enorme y las ganancias siderales: un reconocido banco suizo las estima en 10.000 millones de dólares al año solo en EE.UU.

                     En cambio, las personas -el mercado- se juegan la propia vida al decidir tomar una vacuna, por lo tanto, no son susceptibles de ser sobornadas y, si les resulta buena, se correrá la voz entre familiares y amigos y otros la tomarán. Este es el principal argumento para que las vacunas sean totalmente libres, además del respeto a un principio moral básico como es el derecho humano a la libertad.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La libertad según Benjamin Constant

Por Enrique Aguilar: Publicado el 18/11/20 en: https://www.youtube.com/watch?v=HTztAlPX82s&feature=youtu.be

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

Los perdedores de la elección en Estados Unidos

Por María Eleonora Urrutia: Publicado el 15/11/20 en: https://www.infobae.com/america/opinion/2020/11/15/los-perdedores-de-la-eleccion-en-estados-unidos/

Los comicios han dejado en claro, otra vez, que el progreso en general parece despertar muy poco interés en las personas que se califican a sí mismas de progresistas y que solo saben buscar el crecimiento del Estado a costa del ciudadano

Una mujer se manifiesta tras la elección presidencial en los Estados Unidos (REUTERS/Emily Elconin)

Una mujer se manifiesta tras la elección presidencial en los Estados Unidos (REUTERS/Emily Elconin)

Seamos realistas. Goliat no iba a dejar que David lo derrotara otra vez con su honda. El pueblo americano, para quien el presidente Trump es un instrumento y no un fin en sí mismo, no iba a ganar fácilmente las elecciones 2020 contra el poder acumulado del Partido Demócrata, los lobistas que viven del gobierno (93% de WDC votó a favor de Biden), los medios de comunicación y sus aliadas las encuestadoras, las Big Tech, los multimillonarios y Hollywood, todos unidos para acabar con el bárbaro emperador naranja.

Las calles se llenaron el sábado de partidarios que celebraban el resultado democrático que querían; con Joe Biden camino a la Casa Blanca, los manifestantes no saquearon ni incendiaron ciudades. Los partidarios de Trump, en cambio, se quedaron en sus casas sin duda decepcionados, incluso enojados, pero quizás también aceptando los resultados como el precio a pagar por vivir en una república democrática. ¿Habría sido lo mismo si Donald Trump hubiera ganado? No; las protestas habrían sido brutales, y los medios de comunicación y muchos políticos demócratas los habrían animado, o al menos no se habrían opuesto, como tampoco se opusieron este verano. Más aún, habrían culpado del desorden a Trump. Esto revela hasta qué punto los disturbios de este año fueron parte de una estrategia política. Es posible que hayan comenzado como una protesta contra la muerte de George Floyd, pero a medida que avanzaban, el objetivo fue mostrar que el país se había vuelto ingobernable.

Con todo, si todavía se está disputando quién ocupará la Oficina Oval, aunque sin dudas será Biden, lo que no se discute es el veredicto contrario del pueblo de los Estados Unidos a la propuesta de ruptura de las normas progresistas, que también fueron a elección este año. Los perdedores más claros fueron la presidenta Nancy Pelosi y el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, rostros públicos de la izquierda radicalizada. Los cientos de millones gastados en retomar el Senado quedaron en la nada ya que los principales objetivos, el líder de la mayoría Mitch McConnell y la senadora Lindsey Graham, sobrevivieron fácilmente y hasta es probable que los republicanos mantengan su mayoría. Habrá que esperar a Georgia el 5 de enero próximo cuando sus dos escaños se diriman en segunda vuelta, aunque es probable que el senador republicano Perdue logre mantener la banca. Por su parte, los fatales errores de cálculo de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al negarse cínicamente a negociar el último proyecto de ley de estímulo por la pandemia, también le han costado caro a los demócratas en la Cámara Baja, donde han retrocedido al menos seis escaños.

Así las cosas, los demócratas no podrán ampliar el número de miembros de la Corte Suprema, abolir el Colegio Electoral o hacer estados a Puerto Rico o WDC. Lucharán por imponer el Green New Deal, pero es dudoso que lo logren, lo que significará protestas violentas contra la inversión petrolera. Desafortunadamente, no se puede hacer nada para evitar que la dupla Biden-Harris repita los errores geopolíticos de la presidencia de Obama, como apaciguar a los jefes de China e Irán -aunque la mediación de Trump en acuerdos de paz entre Israel y dos países árabes es un éxito que no podrán voltear- o firmar el acuerdo climático de París, un desacierto para quienes entendemos que el alarmismo climático-apocalíptico se trata más de ideología y de poder que de ciencia.

Otra de las malas ideas que resultó derrotada el pasado martes 3 es la política de identidad. El concepto de que el país debería dividirse en categorías agraviadas según la raza, el origen o el sexo perdió de costa a costa. Perdió en el condado de Miami-Dade (Florida) en donde los cubanoamericanos votaron por el presidente Trump y en el condado de Osceola, cerca de Orlando. Perdió en el sur de Texas: el condado de Zapata, 95% mexicano-estadounidense, fue para Hillary Clinton por una ventaja de 33 puntos en 2016, pero Trump ganó con 52.5% esta vez. En todo el Valle del Río Grande, al presidente Trump le fue mejor en 2020 que en la anterior elección: en el condado de Starr perdió por solo cinco puntos (47% frente al 52% de Biden), en comparación con un margen de 60 puntos a favor de Clinton hace cuatro años. En el condado de Jim Hogg, Trump perdió por 18 puntos, frente a más de 50 en 2016. En el condado de Webb, Trump ganó el 36,6% de los votos, frente al 22,8% en 2016. Incluso California rechazó la política identitaria al votar negativamente el intento de revocar la Proposición 209, medida electoral de 1996 que prohíbe el uso de la raza, el origen nacional o el sexo como ventaja en las universidades y otras agencias estatales; la izquierda ha pasado casi un cuarto de siglo tratando de revertir esa decisión, y volvió a perder en su último intento.

En 2016, millones de personas en Michigan, Wisconsin y Pensilvania que habían apoyado a Barack Obama en 2008 y 2012 optaron por respaldar a Donald Trump sobre Hillary Clinton. Fueron estos votantes, no el Kremlin o los simpatizantes del Ku Klux Klan, quienes entregaron la Casa Blanca a los republicanos. El argumento más convincente de Biden durante la carrera por las primarias demócratas fue que tenía muchas más probabilidades que Bernie Sanders o Elizabeth Warren de recuperar ese bloque de votantes. No fue así. Biden cambió Michigan, Wisconsin y Pensilvania no porque se ganó a los ex partidarios de Trump, sino porque logró que votaran los demócratas que hace cuatro años se quedaron en sus casas.

Los impuestos también fueron protagonistas de la boleta electoral este año. En Illinois, uno de los nueve estados con un impuesto fijo a la renta, el gobernador Pritzker hizo campaña para aprobar una enmienda constitucional que permita un impuesto progresivo, pero fue derrotado 55% a 45%. En Colorado ganó 57% a 43% la propuesta de reducción del impuesto a la renta a la par que aprobaron la Proposición 117 para reforzar la enmienda Tabor, que limita el crecimiento del gobierno en función de la inflación y la población. En California los votantes rechazaron un referéndum que habría permitido tener preferencias raciales en la contratación estatal y en las admisiones universitarias, negaron un aumento impositivo a la propiedad comercial y rescataron decenas de miles de empleos de las plataformas tecnológicas como Uber, Instacart y Grubhub al eximir a sus trabajadores de la ley estatal AB5, que obliga a reclasificar a cientos de miles de contratistas independientes como empleados en relación de dependencia. Finalmente en Alaska los votantes rechazaron 56% a 44% un aumento del impuesto a las ganancias de la industria petrolera, intento que ya había fracasado en 2014, probablemente porque los ciudadanos no están dispuestos a sacrificar a la gallina de los huevos de oro.

En definitiva esta elección ha dejado en claro, otra vez, que el progreso en general parece despertar muy poco interés en las personas que se califican a sí mismas de progresistas pero que solo saben buscar el crecimiento del Estado a costa del ciudadano. Lo que les interesa es denunciar fracasos sociales y acusar a otros de cometer pecados. A pesar de lo que la izquierda pueda decir sobre su preocupación por los pobres, marginados, negros o mujeres, su comportamiento real demuestra que su interés es mayor cuando estas personas pueden ser utilizadas como foco de las denuncias izquierdista contra la sociedad. Cuando el pobre deja de ser pobre, el negro asciende en el trabajo, disminuye la discriminación de la mujer o los marginados son integrados, pierden el favor de la izquierda. Esto no es novedad. Allá por el siglo XIX, Karl Marx, tras presentar su visión de una clase trabajadora empobrecida levantándose para atacar y destruir el capitalismo, se sintió decepcionado al ver que los trabajadores se hacían menos revolucionarios a lo largo del tiempo, conforme mejoraba su nivel de vida, pronunciando su famosa frase: “El proletariado es revolucionario o no es nada”. Millones de seres humanos sólo le importaban mientras pudieran servir como carne de cañón en su yihad contra la sociedad existente. Si rechazaban ser peones en su juego ideológico, entonces “no eran nada”. Por ello, para algunos de nosotros, la historia más interesante de las elecciones de 2020 no es la victoria de Biden sino verificar que se rechazaran proposiciones absurdas de adoctrinamiento y empobrecimiento de parte de votantes que se veían a sí mismos como estadounidenses, no como víctimas. Y esto es algo que vale la pena celebrar.

María Eleonora Urrutia, es Magister en Economía y Ciencia Política (ESEADE) y Master in Public Policy (George Mason University). Profesora de Economía y Políticas Públicas (Universidad del Desarrollo). Senior Fellow Fundación para el Progreso. Fundadora, editora y columnista de El Líbero (www.ellibero.cl), multimedio de comunicación digital. Panelista Radio Agricultura (Chile). Abogado y consultor organismos internacionales de crédito. Síguela en @EleonoraUrrutia

BIENVENIDOS A UNA LAAAAAAAAAAAAAAAARGA NOCHE DE (FELIZ) ESCLAVITUD.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/bienvenidos-una-laaaaaaaaaaaaaaaarga.html

Corría el año 2000, o 2001, cuando el Rector de una Universidad privada, privada, como todas, de verdadera libertad, envía a todos los profesores una muy buena noticia: el Estado le había dado su aprobación definitiva. Yo respondí que dudaba mucho de que fuera una buena noticia que nosotros, los esclavos, necesitáramos la aprobación del dueño de la granja para existir. Sí, efectivamente, lo redacté, lo firmé y lo envié. No sé por qué, no me respondió.

El episodio muestra lo inadaptados, lo lunáticos, lo marcianos que somos los liberales clásicos, que siempre, siempre (¡qué insoportables no!!!) hablamos, defendemos y difundimos un deber ser, un ideal regulativo de la historia humana: las libertades individuales. Sí, ese “undiscovery country” en busca del cual salieron huyendo de Europa los Padres Fundadores de Estados Unidos, de quienes derivaron la Declaración de Independencia y el Bill of Rights, todo lo cual está a punto de ser letra absolutamente muerta.

Libertad religiosa, libertad de expresión, libertad de enseñanza, libertad de asociación, libertad de comercio, libertad de tránsito, garantías procesales, derecho a la intimidad: todo ello está muriendo hace mucho tiempo en Occidente (lo cual es lo mismo que decir: muere Occidente[1]) bajo el peso del Welfare State, los Estados Providencia, los declamaros derechos sociales, el intervencionismo, el sindicalismo destruccionista[2], la globalización del estatismo[3] a través de las Naciones Unidas y sus organismos de control universal de la educación, la salud, etc., y el nuevo marxismo que bajo el nuevo invento de las nuevas minorías explotadas por el heteropatriarcado, niega los derechos individuales, afirma derechos de colectivos explotados y crea nuevos pseudo-delitos (discriminación, odio, etc.) bajo los cuales encarcelan y persiguen a todo aquel que verdaderamente ejerza sus libertades individuales de religious Liberty y free speech[4].

Y me he quedado corto.

Cuánto se han reído de la supuesta “falsación” de la hipótesis hayekiana del camino de servidumbre (1945), supuestamente porque bajo los “socialismos democráticos” europeos finalmente se había alcanzado la libertad con un estado providente. Durante décadas llamé “soviets” a los Estados de la Unión Europea, bajo la sonrisa de casi todos y también la mía, para no incomodar a este mundo cruel. Cuán verdadera resultó la predicción de Hayek bajo la actual Unión Soviética Universal.

Durante años y años, el estado proveedor de salud y educación eliminó gradualmente las libertades más básicas sin que casi nadie -excepto los molestos liberales clásicos- se diera cuenta. Las licencias para ejercer oficios, los reglamentos para comerciar libremente, las visas, los pasaportes, los permisos para abrir actividades educativas, los planes estatales de educación, los planes estatales de salud, las regulaciones para comerciar, para importar, para exportar, las estatizaciones y expropiaciones, los impuestos a la renta, etc., habían producido un mundo donde todo lo que no estaba expresamente reglamentado, estaba prohibido. El principio básico del Derecho Penal –todo lo que no está prohibido (o sea, delinquir contra la vida, libertad y propiedad) está permitido– desapareció[5]. Y nadie se había dado cuenta. En todo el mundo había una ilusión de libertad, porque luego de cumplir toooooooooooooooooooooooodas las reglamentaciones del dueño de la granja, que tanto nos cuida, entonces podíamos “ejercer nuestros derechos”. Qué horrible ilusión. Qué triste despertar.

Qué triste despertar. Qué triste despertar, sí, porque hasta este año, al menos una cosa nos separaba de Corea del Norte, China, Cuba y otros paraísos. Aparentemente, todos suponíamos que “entrar, permanecer y salir” del territorio, de este o de otro territorio, era algo estable y previsible. Sí, había que cumplir con injustas visas y pasaportes, y sin darnos cuenta éramos vigilados por la Patriot Act (nadie se acuerda, no?), pero en fin, en principio, si teníamos fuerzas, becas, contratos, tiempo o dinero, podíamos al menos probar, arriesgarnos, ir y venir, huir.

Pero este año hemos descubierto que la predicción de Hayek era en serio. Que la servidumbre es verdaderamente tal. Un virus lo justificó[6]. Y con la complicidad de casi todos, autoridades religiosas incluidas[7], un gobierno mundial que creíamos que no existía -ilusos….- metió preso a todo el mundo. Claro, con apariencia de bondad. Stay at home, con supermercados, farmacias, internet -regulado- y Netflix (para unos pocos, obviamente, pero eso qué importa, no?). Pero stay at home y no moleste. Curiosamente, el virus tiene muy baja letalidad. Curiosamente, los gobiernos más estatistas del mundo son los que más aplicaron esas medidas[8]. Curiosamente, le arruinaron los planes a Trump. Pero quien observa curiosidades es un imbécil.

Por ende, fíjense qué bonito. ¿Free speech? No, fact checkers. ¿Libertad religiosa? No, no vaya a ser que te contagies. ¿Libertad de elegir tu tratamiento médico? JUAAAAAAAAAAAAA ¡!! Eso sí, no te quejes: eres libre. Eres libre de sentirte una nena de 6 años siendo un varón de 40 y (este “y” es esencial) que el estado te provea tu identidad de género. ¡Sos libre! Libre…………… Como el sol cuando amanece yo soy libre………

Por ende, gente, ¿qué diferencia tiene el Occidente actual de la última etapa de la Unión Soviética? No sólo ninguna, seguramente tenías más libertad en Moscú con el Gorbachev del 86. Pero ahora, ¿qué diferencia hay con la China Comunista? Un empresario de Pekín se debe sentir muy libre. El estado lo controla para todo, le da permisos para todo, pero él se siente bien, excepto tenga malas costumbres como ser católico del Cardenal Zen o rarezas por el estilo. Adaptate, che. Tené conciencia social……..

Querido lector, yo te hago bromas para que no llores mucho, pero en serio, se acabó. El último espacio de libertad que quedaba, se acabó, y se acabó coherentemente. Ya estabas en una granja universal de esclavos. Despertaste en Marzo de este año, y ni tampoco, porque quizás eres de la pléyade de personas buenas y serias que está de acuerdo con todo esto. Y sí, por eso es una feliz esclavitud. No feliz aristotélicamente, donde la felicidad y la virtud van juntas, pero sí una felicidad ligeramente epicúrea, donde se siente bien el placercito de ser cuidado por expertos. Lo estás sintiendo desde que naciste. Ahora llegaste al clímax del beneficio secundario de esa enfermedad llamada alienación.

Claro, cada tanto aparecen tipos molestos como yo, pero no te preocupes, ya los fack checkers te protegerán de mi “negación de los facts”[9], ya cada vez Facebook y Google estarán atentos a que escritos como este no se sigan filtrando.

Y tú, liberal clásico, caballero de triste figura, prepárate para una laaaaaaaaaaaaaaaaaarga noche de esclavitud. Nosotros no tenemos anestesia. Nosotros no vivimos en la ilusión. Nosotros vemos al dueño de la granja. Baja tus expectativas, hermano esclavo. Pero mantén la frente alta. Resiste mientras puedas, y si no, recuerda que la historia humana es la cruel Historia de Caín[10].


[1] http://gzanotti.blogspot.com/2020/06/muere-occidente.html

[2] https://www.libertadyprogreso.org/2018/10/05/los-sindicatos-del-derecho-de-huelga-a-la-fuerza-de-los-bestias/

[3] Ver Ravier, A.: https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2012/03/pm_ravier_globalizacion.pdf

[4] https://www.amazon.com/-/es/Gabriel-J-Zanotti-ebook/dp/B07WW9MRP7

[5] https://institutoacton.org/2016/06/08/la-obsesion-reglamentarista-gabriel-zanotti/

[6] https://www.amazon.es/contra-cuarentena-obligatoria-conspiraciones-razonamiento-ebook/dp/B08JJTZWPM  

[7] http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/ordena-estado-que-tu-siervo-escucha.html

[8] http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/la-dictatura-de-los-paradigmas.html

[9] http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/la-peligrosa-ignorancia-de-los-fact.html

[10] https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Protección, redistribución y pobreza

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/11/proteccion-redistribucion-y-pobreza.html

Seria exacto decir que no es posible saber cuan protegida esta una persona por el gobierno y la cuantía de los impuestos que sufrague no es ningún indicativo que permita orientarnos en dicho sentido. La experiencia de nuestro tiempo nos permite aseverar sin temor a equivocarnos que aun las personas y empresas que abonan los más altos impuestos no parecen estar más protegidos que los que tributan menos.

Tampoco es posible determinar en qué consistiría dicha protección más bien por el contrario cuantos más impuestos hay y más caros son los que deben tributarse resulta claro que no puede hablarse de protección del expoliado, su grado de desprotección crece cuando el ladrón estatal toma cada vez una mayor parte de su propiedad (en dinero o en especie, es indistinto el modo de pago).

La menor experiencia en el tema indica que los gobiernos se blindan a sí mismos tratando de cobrar siempre los impuestos más altos posibles, con lo que al ingresar fondos a sus arcas resultan fortalecidos, lo que significa que su autoprotección crece, a la vez que, sus expoliados están cada vez menos protegidos, porque sus propiedades están pasando paulatinamente a manos de los burócratas vía impuestos.

“Más adelante prosigue el mismo tratadista diciendo que: Si tenemos necesidad de avaluar la ventaja relativa que cada uno obtiene de la protección del gobierno sería necesario verificar quien es el que sufrirá más con el retiro de la protección: entonces será necesario reconocer que los que, por su naturaleza o posición, son los más débiles de espíritu, serán los que tendrán más que perder… “[1]

Nuevamente, es bastante difícil saber de qué habla el citado. Pero el discurso sigue girando en torno a una supuesta “protección” del gobierno que también -imaginariamente- brindaría a las personas. No hay tal. En la práctica, los gobiernos -sin romanticismos pueriles- suelen otorgar protección a las siguientes personas a saber:

  1. Los titulares y miembros del gobierno.
  2. Los familiares y amigos (íntimos o no) de los gobernantes.
  3. Los dirigentes del partido gobernante.
  4. Los mandos intermedios del partido.
  5. Afiliados al partido y simpatizantes.
  6. La gente de escasos recursos por motivos de puro clientelismo electoral.

Fuera de estos casos, es muy difícil -sin pecar de ingenuo- hablar de que los gobiernos dan “protección” a otras personas diferentes de los seis grupos enumerados arriba.

En cuanto a los “débiles de espíritu” que según el autor serian “los que tendrán más que perder” no se puede comprender a quienes se refiere.

“Si hay alguna justicia en la teoría que examinamos, los que son menos capaces de ayudarse y de defenderse están entre aquellos para quiénes, la protección del gobierno les es más indispensable, debiendo pagarla más cara: esto sería justamente lo contrario del ideal de la justicia distributiva que consiste en reparar, no en imitar, las desigualdades y los errores de la naturaleza…”[2]

Tratando de echar luz a todo este palabrerío rebuscado, caben estas interpretaciones ¿Quiénes son esos “menos capaces”? ¿los pobres? Si es así, no se ve de que deberían “defenderse” porque si son pobres no son ningún negocio para los ladrones, porque si son pobres ¿Qué podrían sacarles los ladrones a los pobres? Al ladrón le interesa el rico, no el pobre, porque es al primero del que puede obtener mejor provecho, y esto aplica tanto al ladrón particular (que roba con armas) como al ladrón estatal (que roba con impuestos).

Los pobres son pobres porque los gobiernos son ricos, o porque prefieren vivir en la pobreza. No existen más que estos dos motivos para la pobreza. En el primer caso el gobierno no les da protección, sino que -como indicamos- se las quita. En el segundo, ellos mismos renuncian a protegerse de la pobreza buscando trabajo.

En Argentina, como en otros países, los pobres -en su mayor parte- prefieren vivir medrando las dádivas de los gobiernos que, en el curso de los tiempos, han tenido diferentes nombres (planes sociales se les dice últimamente). No son más que subvenciones, subsidios, ayudas o como se les quiera llamar, que provienen de los impuestos que el gobierno expolia al sector productivo de la economía. Muchos de esos subvencionados cobran en “ayudas sociales” del gobierno más que numerosos empleados del sector formal e informal de la economía. Para “proteger” al subsidiado el gobierno debe desproteger a los que más producen, a los verdaderos generadores de riqueza: los empresarios. A esto se le ha llamado populismo, el gran mal de nuestra época.

“Partiendo de la base de que se debe reclamar a cada individuo un sacrificio igual, debemos investigar si este principio sería aplicado en el caso de que cada uno diera la misma proporción por ciento cíe sus rentas. Un gran número de personas sostienen que no, diciendo que el que da la décima de una pequeña renta sufrirá más que el que da un décimo de una gran renta: es sobre esta aserción que ha sido fundada la idea del impuesto progresivo.”[3]

El problema no es tanto lo que se da sino lo que se pide o -mejor dicho- se exige o -como en el caso del impuesto- directamente se toma. Al revés de lo que hacemos todas las personas que no ocupamos posiciones de poder político, los burócratas fijan su presupuesto en función de los gastos pasados, presentes y futuros que proyectan realizar, y una vez que tienen aprobado ese proyecto de gastos por otros burócratas que también viven de él (el congreso o parlamento, según los casos) entonces establecen en igual o mayor número los impuestos necesarios para cubrir esos gastos.

Esto es como si -por ejemplo- un empleado de una fábrica o empresa sumara todos sus gastos mensuales o anuales (pasados, actuales o proyectados), y con su resultado le exigiera a su empleador los aumentos de sueldos respectivos. Sabemos que ningún empleado puede hacer eso, como ningún empresario puede -mediante el mismo mecanismo- añadir todos los costos de sus insumos y de sus proveedores para luego subir los precios de sus productos. Sólo el gobierno tiene ese privilegio auto arrogado por esos mismos burócratas que se beneficiarán del mismo. Y lo ejercen siempre.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina