Las próximas elecciones presidenciales mexicanas y sus interrogantes

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2126993-las-proximas-elecciones-presidenciales-mexicanas-y-sus-interrogantes

 

El próximo 1° de julio, los mexicanos concurrirán a las urnas para elegir a su próximo presidente por un período de seis años. Las normas electorales disponen que no hay segunda vuelta. Ese mismo día, en una elección integral, ellos también renovarán la composición de las dos cámaras de su Congreso Federal. En el Senado, con legisladores con mandatos de seis años y en la Cámara Baja, en cambio, con mandatos de tres años de duración. Se elegirán también 9 de los 32 gobernadores de los distintos estados del país.

Hay cuatro candidatos presidenciales que procuran la victoria. Por primera vez aparece una mujer como candidata independiente: Margarita Zavala quien, por el momento al menos, no parecería tener demasiadas posibilidades de éxito.

Los otros tres candidatos son: primero, Andrés Manuel López Obrador, un político veterano, de estilo populista e ideológicamente un líder que es claramente de izquierda, lidera al partido “Movimiento de Regeneración Nacional”, más conocido como “Morena”, políticamente poderoso en Ciudad de México, fundado por el propio López Obrador en 2012, al que curiosamente acompañan esta vez los conservadores evangélicos del Partido Encuentro Social; segundo: Ricardo Anaya, el candidato del centro, que encabeza una coalición de fuerzas moderadas; y, tercero, el oficialista José Antonio Meade, que pertenece al todavía poderoso “Partido Revolucionario Institucional”, más conocido como el “PRI”, que esta vez compite en coalición con los ecologistas del Partido Verde y con el curioso “Partido Nueva Alianza”, que agrupa a los maestros de México, aunque con una agenda política bastante difusa.

A estar a las encuestas de opinión más recientes, el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, lidera claramente las intenciones de voto, desde que obtiene un 42% de las mismas; le siguen Ricardo Anaya, con una respuesta favorable del 31,1% y José Antonio Meade, con una del 21,9%. El 15,6% de los mexicanos encuestados afirma que, de pronto, podría cambiar de opinión.

Para el veterano López Obrador, éste es el tercer intento de llegar a la presidencia de su país; el primero fue, recordemos, el de 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón lo derrotara ajustadamente, por apenas un 0,56% de los votos.

Como ocurre en otras latitudes, en México habrá tres debates públicos entre todos los candidatos: el 22 de abril, el 20 de mayo y el 12 de junio.

La elección puede, sin embargo, ser declarada inválida si la diferencia entre el primero y el segundo es de menos del 5% y el ganador sobrepasa el límite fijado para los gastos de campaña por más de un 5%. También si hay irregularidades que afectan al menos al 25% de las estaciones de voto, que no pudieran corregirse el día mismo de las elecciones; o si el 25%, o más, de esas estaciones de voto de pronto no pudieran abrirse y operar el día de las elecciones.

López Obrador tiene propuestas radicales. Postula, por ejemplo, revisar la reforma energética, sobre la que algunas veces afirma estar dispuesto a eliminarla de cuajo y otras a sólo revisar la legalidad de los contratos oportunamente suscriptos. También propone eliminar la reforma de la educación y cancelar el contrato en marcha para la construcción del nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Su principal bandera es, sin embargo, la de la lucha frontal contra la corrupción que es endémica en México desde hace décadas, incluyendo -entre 2000 y 2005- durante su gestión como Jefe de Gobierno en la Ciudad de México (Distrito Federal). A ello agrega una propuesta a la vez ambigua y audaz: la de negociar alguna suerte de acuerdo con los traficantes de drogas y con los pequeños productores de opio y marihuana.

Entre las propuestas concretas de su rival, José Antonio Meade, aparece -cabe destacar- la de expropiar el patrimonio mal habido de quienes desempeñan funciones públicas.

Cuando las elecciones presidenciales se acercan y cuando la gestión del actual presidente, Peña Nieto culmina, éste sólo recoge un escaso 21% de aprobación. Lo que es bastante inusual en México, desde que en sus respectivos momentos, Carlos Salinas recogiera una aprobación del 70%; Ernesto Zedillo una del 62%; Vicente Fox una del 63%; y Felipe Calderón una del 52%, lo que es bien distinto. Esto obviamente genera un clima que favorece a López Obrador.

Ocurre asimismo, entre otras cosas, que la inseguridad personal mexicana está en sus niveles más altos de la última década, a punto tal que se computan unos 97.000 asesinatos vinculados al crimen organizado en apenas los últimos once meses. Y, además, que la corrupción ha crecido muy significativamente; lo que llevó a que, entre 2004 y 2016, México retrocediera en el índice de “Transparency International” que mide la “sensación” de corrupción, del puesto 64 que ocupara, al desairado puesto 123 actual.

La economía, no obstante, no está nada mal. México crece anualmente al 2% de su PBI. La inflación anual del país es ahora del 5,04%. La renegociación en curso del NAFTA podría culminar positivamente durante el próximo mes de mayo, con un 80% de probabilidades de que el resultado de las mismas no perjudique a México.

No obstante, también es cierto que el Peso mexicano se ha depreciado un 7% frente al dólar a lo largo de los últimos doce meses y que el consumo agregado de los aztecas ha caído un 2% todo a lo largo del último año. Por esto seguramente, un 47% de los mexicanos es hoy más bien pesimista respecto de su futuro económico inmediato.

Lo cierto es que si las cosas no cambian dramáticamente de dirección, es posible que Andrés Manuel López Obrador, en pocas semanas más, se haga de la presidencia de México. Hoy es el político con la mejor imagen para los mexicanos desde que un 46% de ellos así lo confirma. Y que tan sólo un 21,3% de los mexicanos, preguntado que es, afirma que “jamás votaría por él”.

Lo más notable es probablemente la nueva espiral de decadencia del PRI, respecto del cual un 49,3% de los mexicanos hoy afirma rotundamente que “es el peor del los partidos políticos”.

Un México pujante se acerca entonces a una nueva encrucijada electoral y, como se ha visto, un cambio fuerte de rumbo parecería ser bastante probable, con todo lo que ello significa para un miembro del NAFTA y uno de los países líderes de nuestra región. Donald Trump, con su propuesta del muro divisorio entre los dos países y con su trato absurdamente despectivo hacia los ciudadanos de su país vecino ha contribuido, torpemente y sin quererlo seguramente, a fortalecer al candidato de la izquierda mexicana, cuyo posible éxito no sería sorpresivo entonces.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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Inflación: la verdad de Perogrullo

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 20/4/18 en: https://www.rionegro.com.ar/columnistas/inflacion-la-verdad-de-perogrullo-CL4841141

 

 

El pasado jueves, el Indec comunicó la tasa de inflación para el mes de marzo: 2,3%, una décima de punto porcentual menos que en febrero, pero algo por encima del 1,8% del mes de enero. Educación, 13,8%; Equipamiento y Mantenimiento del Hogar, 4,5%; y Prendas de Vestir y Calzado, 4,4%: son algunos de los componentes que han provocado tracción sobre el indicador mensual y, como es natural, reflejaron la estacionalidad de la nueva temporada otoño-invierno. Todo lo cual sintetizó un agregado para el trimestre del 6,64%, que supera al 6,1% de igual período registrado en el año anterior.

El fenómeno inquieta a muchos analistas quienes, en pos de anticipar el comportamiento futuro de la evolución de los precios, se enfocan en el alza de precios de los pasados 12 meses. Para el período, el indicador se estabilizó en el rango del 25% hacia fines del 2017, y el gobierno decidió recalibrar la meta de la autoridad monetaria para el 2018 (del 10% al 15%). También se pone especial atención al caso particular de la denominada “inflación núcleo”, la que no está vinculada con factores estacionales y con los precios regulados por el gobierno, que aceleró el presente mes a ritmo de 2,6%, superando el promedio general, porque recibió con rezago los efectos de las subas previas del tipo de cambio y de las tarifas.

Con igual razonamiento, es decir, la inducción o el positivismo metodológico utilizado por la ortodoxia, podría aseverarse que a este ritmo la tasa anualizada-no “desestacionalizada” (desestacionalizar se utiliza con el significado de eliminar de un dato o serie, mediante la aplicación de cierto filtro o procedimiento estadístico, el efecto de las variaciones cíclicas estacionales que esa variable experimente a lo largo del año) alcanzaría hacia el mes de diciembre la abultada cifra del 29,32%.

Sin embargo, la inflación, en el mundo en general y en el continente en particular, ha dejado de ser un problema, “Está disminuyendo en varios países de la región (con contadas excepciones, como México, Argentina y Venezuela), a pesar de la recuperación de los precios de las materias primas, lo que indica que las brechas de producto siguen siendo negativas y que las presiones inflacionarias derivadas de la depreciación de las monedas se han disipado” (las estadísticas de nuestro país no fueron tomadas en consideración durante la última década, al igual que las de Venezuela), según el informe Perspectivas Económicas FMI, abril de 2017.

Por lo tanto, el fenómeno de la inflación cada vez menos frecuente en el escenario económico global debiera ser explicado por sus verdaderas causas, y no mediante animadas especulaciones que sólo tienden a confundir irremisiblemente.

En lo que se conoce como el debate de la neutralidad del dinero, la mayoría de los economistas aceptan que los efectos a largo plazo del dinero recaen totalmente (o casi) sobre los precios, con un impacto muy limitado o nulo sobre las variables reales; también, varios de ellos admiten que las perturbaciones monetarias pueden tener efectos reales a corto plazo. Pero la naturaleza de tales perturbaciones tiene un alcance temporal y limitado.

Durante las últimas décadas, la necesidad de compatibilizar la aparente neutralidad del dinero a largo plazo con sus posibles efectos reales a corto plazo llevó al desarrollo de un campo de investigación muy activo que se traduciría en las llamadas teorías monetarias del ciclo económico. En dicha línea argumental, el relevamiento realizado por McCandless y Weber en 1995 estudió la neutralidad del dinero a corto y a largo plazo para un conjunto de 110 países durante un período de treinta años (entre 1960 y 1990). Las correlaciones observadas entre las tasas de crecimiento de los precios, de la producción y de varias definiciones del stock de dinero (M0, M1 y M2) alcanzaron conclusiones fundamentales: mostraron que la correlación entre la tasa de inflación y la de crecimiento de la oferta monetaria varía entre 0.92 y 0.96, dependiendo de la definición de dinero que se utilice.

A menos que el gobierno tome nota de que la variación interanual de la base monetaria, o dinero de alto poder –del 29,3% para los últimos doce meses, conforme el Informe Monetario Mensual del BCRA de marzo de 2018–, es compatible con el comportamiento empírico de los precios monetarios, y, sobre todo, esté dispuesto a admitir que, bajo las actuales condiciones, las metas no son alcanzables: la política monetaria no resultará un indicador confiable y consistente con la realidad económica que subyace. Similar desempeño se observa con el comportamiento de la circulación monetaria, 27,9%.

En síntesis, si los argentinos seguimos empeñados en descubrir o redescubrir la pólvora, que fue probablemente la primera gran aportación de la Alquimia, seguiríamos alimentando aquel mito o frase que lanza una invectiva contra alguien que ha hecho o dicho algo y resulta ser “la verdad de Perogrullo”.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

El periodismo

Por Gabriel Boragina Publicado el 15/4/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/04/el-periodismo.html

 

Comencemos con la definición de nuestro tema:

“periodismo

De la raíz de periódico e -ismo.

  1. m. Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades.
  2. m. Estudios o carrera de periodista.”[1]

Al contrario del uso amplio que se le suele dar vulgarmente a este término, el periodismo es un proceso de captación y tratamiento de la información. Dentro de tal información puede encontrarse la de diversos sucesos o -inclusive- la de la opinión pública misma.

Conforme al concepto dado, el periodista capta la información y la trata.

Cuando vamos a la definición de tratamiento, entre otras acepciones que no se aplican a nuestro tema, la cuarta del vocablo dice:

“4. m. Modo de trabajar ciertas materias para su transformación.”[2]

Si relacionamos este significado al anterior deducimos que la actividad periodística consiste en captar y trabajar la información (materia o material) para su trasformación. Si vamos a la de transformar, el diccionario nos expresa:

“Tb. trasformar.

Del lat. transformāre.

  1. tr. Hacer cambiar de forma a alguien o algo. U. t. c. prnl.
  2. tr. Transmutar algo en otra cosa. U. t. c. prnl.”[3]

El periodista, entonces, cambia la forma de la información captada, o puede transmutarla en otra cosa. Resumiendo: puede cambiar el formato de la información (la manera de presentar esa información) o su esencia (el modo en que ocurrieron los hechos, o los hechos mismos). En otros términos, puede alterar los hechos o desfigurarlos por completo. Incluso puede inventar o divulgar algún hecho que -en realidad- no ha acaecido nunca. En la jerga periodística se conoce esto como “fake news”.

Dado que todos somos distintos (incluye, por supuesto, a periodistas también) la forma en que captamos e interpretamos los acontecimientos es diferente. Por ende, la manera en que damos a conocer esos hechos a otros asimismo lo será. Aun cuando el periodista procure transmitir la información recabada de manera “fiel” u “objetiva”, lo que haga -en definitiva- estará condicionado por su propia subjetividad (de la que no puede escapar), la que opera siempre en todo momento y lugar, tanto en la fase de captación como de exegesis y, posteriormente, divulgación de lo informado.

Cuando examinamos un dato (cualquiera que este sea) necesariamente (e inconscientemente) lo estamos transformando en otra cosa distinta a lo que otro puede elucidar sobre esa misma noticia. Esto no es -en sí mismo- ni “bueno” ni “malo”; es simplemente un hecho, derivado de la naturaleza desigual de las cosas y de las personas. Y los periodistas -como personas- están, obviamente, sujetos a este fenómeno.

Lo dicho no excluye la posibilidad -y muchas veces la realidad- de que el periodista deliberadamente desee (y lo haga) desfigurar la información recibida por el y dada a conocer, la tergiverse voluntariamente y -adrede- la falsifique. Lamentablemente, este caso es con demasía frecuente.

Pero, aunque sus propósitos no sean dañinos necesariamente y aun en casos de buena fe, lo que trasmitirá de lo captado será su propia percepción personal de los hechos y la de nadie más que el (o ellos).

El periodista capta y elabora una información que es -a su vez- re-informada por el mismo periodista. La información pasa por varios filtros de significación dados por desiguales personas (el informante y el informado).

El periodista cumple ambos roles: primero es informado de ciertas cosas (dichos, hechos, etc..) y -a su vez- los re-informa a terceros. En este desarrollo, lo que hace es recibir la conjetura del informante sobre el hecho o dicho “X”. Acto seguido, el periodista lo informa a su audiencia, televidencia, lectores, etc. Es decir, da su propio análisis de la explicación del informante originario. Es en este paso donde se produce la transformaciónde lo informado originariamente.

El periodismo independiente

A veces se habla del periodismo “independiente”. Pero este término aplicado al periodismo es muy ambiguo, cuando no directamente inapropiado.

Si se asigna un sentido estrecho al vocablo “independiente” contraponiéndolo solamente a otro “oficial” podernos estar de acuerdo con la existencia de un pleonasmo. Pero si al término “independiente” le adjudicamos un significado lato llegaremos a la conclusión que el periodismo “independiente” no existe en ningún concepto, ni financiero ni en materia de contenidos. El periodista requiere de medios para ejercer su oficio o profesión, tal y como los necesita cualquier otro emprendedor o empresario del ramo que sea. Desde el punto de vista material dependerá de esos recursos económicos, de otro modo no podrá comenzar su tarea de informar. Normalmente, sus bases financieras o económicas le son provistas por sponsors o avisadores. Tenemos aquí un primer nivel de dependencia que lo condiciona.

Un segundo nivel está representado por los contenidos de su programa, edición o publicación periodística. Estos van a estar determinados por los intereses del público al que aspira a dirigir su material y el propio de sus auspiciantes.

Como todo negocio, cada periodista apunta a un mercado o target especifico (modas, política, deportes, economía, espectáculos, turismo, etc.) lo más probable es que sus sponsors y anunciantes provengan de esos determinados sectores, de lo contrario el emprendimiento no podría prosperar por falta de interés de las partes involucradas (periodistas, lectores, audiencia, etc.).

En tanto los fondos con que se pretendan financiar esta operación provengan de fuentes privadas, evidentemente no hay nada que cuestionar, como no lo hay en cualquier otra faena que se comience, ya sea de comestibles, muebles, rodados, vestido, inmuebles, etc.

El problema surge -a nuestro modo de ver- cuando se intentan utilizar caudales públicos (estatales en rigor) para financiar estos proyectos, situación que se da con harta frecuencia.

Aquí se desdibuja un tanto la critica a los medios oficialistas, porque hay que tener en cuenta que los partidos políticos reciben subvenciones del “estado”, que alcanzan tanto al partido oficialista como a todos los de la denominada “oposición”, con lo cual se diluye aún más la palabra “independiente” para designar a tales medios. Con estos dineros, los partidos oficialista y opositores crean órganos y “departamentos de prensa” que -en última instancia- son de pura propaganda de sus idearios, labores y planes. A su turno, estos capitales se restan a la profesión periodística verdaderamente privada, lo que, desde el punto de vista económico, reduce el periodismo “independiente” a su mínima expresión.

[1] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[2] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[3] Real Academia Española. © Todos los derechos reservados

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Algo sucede con los austríacos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/algo-sucede-los-austriacos/

 

La Escuela Austriaca de Economía ha tenido una curiosa historia, y la profesión le brindó sucesivamente admiración, olvido, desprecio e irritación.

Al principio fueron ampliamente reconocidos. Carl Menger fue un co-protagonista de la Revolución Marginal, junto a Walras y Jevons; Böhm Bawerk fue un economista muy apreciado por su teoría del capital; y Hayek fue invitado a explicar su teoría del ciclo en la London School of Economics, y nombrado después profesor allí (https://bit.ly/2GtD0Ul).

Cuando se plantean los primeros debates académicos sobre el socialismo, en los años 1920 y 1930, eran los austriacos los considerados críticos de mayor fuste. Hayek me contó que en 1946, cuando Keynes murió, le había comentado a su mujer: “Ahora que Maynard no está, el economista más importante del mundo soy yo” (https://bit.ly/2uDuXTe). No era absurda esa declaración de Hayek. Lo que fue es completamente equivocada.

En pocos años la escuela, que había huido de Austria con la invasión nazi, fue laminada por la macroeconomía keynesiana, la microeconomía neoclásica y la contrastación econométrica. Nada de eso encajaba con la teoría de los sucesores de Menger, economistas subjetivos, no empiristas, y liberales. Profesores de primera fila, como Mises, languidecieron académicamente. Y cuando Hayek quiso hacer carrera en Estados Unidos, no fue al Departamento de Economía de Chicago sino al Comité sobre Pensamiento Social, su sueldo no fue pagado por la Universidad sino por una fundación, y él abandonó la economía y se dedicó a la filosofía jurídica y liberal.

Los economistas dejaron de lado a los austriacos, incluso cuando en 1974 Hayek recibió el Nobel —junto con Myrdal, para compensar, según creía el austriaco.  Yo no estudié a los austriacos en mi licenciatura en Economía en la Argentina a finales de los sesenta, y sólo me enteré de su existencia durante mis estudios de doctorado en España, gracias a Pedro Schwartz.

La profesión consideraba, y en su mayoría sigue considerando, que los austríacos eran solo unos ignorantes dispensadores de cápsulas ideológicas, y algunos creen que Hayek fue poco más que un admirador de Pinochet (https://bit.ly/2Eb4ZG7).

Sin embargo, la cosa cambió. No pasaron los economistas convencionales a apreciar a los austriacos, eso no, pero la escuela empezó a molestarles, lo que no había sucedido antes. Eso indicaba que ya no la ignoraban. La escuela refloreció en varios países, como España, gracias a figuras como Jesús Huerta de Soto, y ha recibido el respaldo de banqueros como J.M.Nin (https://bit.ly/2Grj9co) o Trichet (https://bit.ly/2Gupa3J).

Es posible que el renacimiento se haya potenciado con la caída del Muro primero y con la crisis económica después, que dejó a muchos economistas en mal lugar, pero que puede ser provechosamente analizada con la teoría del ciclo austriaca, a mi juicio lo más potente de estos pensadores, junto con su análisis del socialismo.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Seminario La Cocina de la Tesis – Ciclo 2018

¿Debés tu Tesis?

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Coordinadora: Cecilia Cardozo

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Programa

Contenidos:
Exigencias de cada tipo de tesis. La bibliografía a ser utilizada: los recursos en su búsqueda y recortes del material. La elección del tema de investigación. El título del proyecto. La formulación del problema. El resumen. Los objetivos, específicos y generales. La hipótesis de trabajo. Metodología y plan de actividades. Las citas bibliográficas. Los momentos en la relación de una tesis. El índice.

Metodología:
El taller se desarrollará en 8 sesiones de 2 hs. de duración, siendo su modalidad teórico- práctica. En cada uno de los encuentros los tesistas presentarán los avances realizados, a partir del cronograma facilitado al comienzo del mismo,
que serán discutidos de forma conjunta en pos de delinear de forma correcta cada uno de los momentos del proyecto de investigación.

 

Dra. Rosana Déborah Motta

Doctorado en Ciencias Sociales, Licenciada en Sociología. Facultad de Ciencias Sociales.(UBA). Post Doctorado en Humanidades. Facultad de Filosofía y Letras. UBA (en curso).
Jefa de trabajos prácticos. Fenomenología Social, Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales.UBA
Docente (Titular) de Sociología, Universidad de Ciencias Empresariales y sociales (UCES). Carrera de RRPP.Investigadora, ha recibido beca de investigación (UBACYT 2007-2009/2009-2011) Investigadora invitada en el Husserl Archive, Leuven University, Leuven, Bélgica. (6/01/2014-17/01/2014). Investigadora invitada en el Archivo en Ciencias Sociales (Alfred-Schutz-Gedächtnis-Archiv) de la Universidad de Konstanz, Alemania (18/01/2014-06/02/2014).

INDUSTRIAS CREATIVAS Y CULTURALES – PRÓXIMAS FECHAS

Reserven su lugar en info@eseade.edu.ar

 

Curso de Economía y Políticas Públicas

Articulación con la Maestría en Economía y Ciencias Políticas

Tiene como objetivos formar profesionales con sólidos conocimientos de teoría política , preparados para aplicarlos a la formulación, análisis e implementación de Políticas Públicas.
En su fase inicial se proponen la posibilidad de profundizar en relaciones internacionales, partidos políticos  o implementación de Políticas Públicas en sentido amplio (educación y salud entre otras áreas)

 

Plan de Estudios

  • Sociología del conflicto
  • Globalización y Política
  • Economía Política
  • Teoría Política I
  • Teorías Modernas de la Justicia
  • Partidos Políticos
  • Políticas Públicas
  • Filosofía Política Continental
  • Filosofía Política Analítica y Anglosajona
  • Sistemas Políticos Comparativos
  • Argumentación y Análisis del Discurso
  • Economía Institucional y Teoría de Juegos
  • Economía de la Conducta y Psicología Cognitiva
  • Psicología Política
  • Relaciones Internacionales
  • Manejo de Crisis y Agenda Política
  • Implementación de Políticas Públicas y Managment por Objetivos
  • Internet y Política

 

http://www.eseade.edu.ar/educacion-y-cs-politicas/curso-de-economia-y-politicas-publicas/informes-e-inscripcion/

Sin la SGM el mundo sería más libre y rico

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 18/4/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/04/18/sin-la-sgm-el-mundo-seria-mas-libre-y-rico/

 

Mientras Trump se distiende frente al tirano de Corea del Norte y se tensa por el gas en Siria, vale dejar claro que la guerra no es una alternativa desde que la ciencia ha demostrado -de modo definitivo y concluyente- que la violencia destruye siempre: es contraproducente incluso en los casos de defensa propia y urgente. En tan corto espacio, es imposible completar el desarrollo lógico, pero veamos los enunciados.

Para empezar, es una incoherencia lógica -y la lógica es una ciencia- que la violencia se resuelva con más violencia, por el contrario, se suma, aumenta. Más, es más. Los griegos -e.g. Aristóteles- ya sabían que el universo está regido por un orden: el sol sale cada día a la misma hora, los animales necesitan alimentarse para vivir, etc.

Luego, dice la ciencia, la violencia es una fuerza extrínseca que desvía el desarrollo espontáneo de este orden natural: por caso, al asesinar una persona se coarta el que siga evolucionando -con su potencial intrínseco- como ser humano. Así las cosas, desde que la violencia es extrínseca y contraria al orden vigente, es imposible de toda imposibilidad que, en ningún caso, ayude -o “defienda”- al desarrollo del universo, de la vida, de la naturaleza.

Como evidencia empírica de que la violencia solo suma más violencia, tomemos por caso la emblemática Segunda Guerra Mundial (SGM). La propaganda oficialista ha sido tan fuerte -incluido Hollywood- que hoy, por caso, es difícil encontrar quién haga un análisis serio y objetivo. Por cierto, quizás tenga razón Marcos Rougès al decirme que la Primera Guerra Mundial (PGM) fue peor ya que indujo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo, la caída de las monarquías progresistas, la Gran Crisis y la SGM.

Claramente la SGM logró el efecto contrario, sumó violencia. Si miramos el mapa del totalitarismo antes y después vemos que el rojo stalinista supera al negro nazi. Esta guerra fue ganada por Stalin, y por eso es aún hoy héroe nacional en Rusia. Se diría que los gobiernos de Inglaterra y EE.UU. salieron a defender a la URSS que se expandió extraordinariamente, en lugar de debilitarse hasta desaparecer enfrentada con los nazis. Gracias a esta expansión soviética, hoy tenemos Cuba y el chavismo.

Por cierto, los campos de concentración nazis, que fueron atroces, fueron fogoneados por la SGM que distrajo a la opinión pública. Dicen que los británicos entraron primeros en esta guerra para defender a los judíos, pero Geoffrey Wheatcroft asegura que el gobierno inglés no pretendía terminar el Holocausto, sino “proteger” a Polonia, meta que Churchill abandonó en Yalta en manos de un tirano peor. Wheatcroft, también aclara que los crímenes de los soldados aliados no fueron menores.

Y va otra incoherencia: no se “defiende la libertad” coartando libertades. La SGM, uno de los acontecimientos más destructivos -más de 60 millones de muertos y una incalculable destrucción material- y liberticidas de la historia desde que agrandó el mapa totalitario, se realizó coartando libertades: obligando a los ciudadanos a alistarse, aumentando impuestos para financiar la guerra, etc.

Luego, el imperio soviético cayó pacíficamente demostrando que los grandes males se derriban con métodos libres y pacíficos, los métodos eficientes. La libertad y su sinónimo la paz -y la felicidad y la riqueza-, dicen la ciencia y la sabiduría, solo se consiguen con paz y libertad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

A propósito de la despenalización del aborto

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 12/4/18 en: http://cepoliticosysociales-cepys.blogspot.com.ar/2018/04/a-proposito-de-la-despenalizacion-del.html

 

Se ha habilitado en nuestro país el debate sobre la posibilidad de despenalización del aborto. Al respecto se han presentado y en resumen, dos posturas centrales: los que declaran estar a favor y los que están en contra.

Ambos esgrimen para defender sus respectivas posiciones todo tipo de argumentos pero en particular los mismos giran en una presunta defensa de la vida.

En un caso se defiende el derecho a vivir de quien todavía no ha nacido y no tiene ninguna posibilidad de defenderse. Hemos aprendido que la única verdad que puede aceptarse indubitablemente proviene de la ciencia. Pero la ciencia –aún con el impresionante desarrollo que ha tenido en muchos campos– no puede darnos con precisión una respuesta acabada del momento en el que comienza la vida,… humana.

En este sentido podríamos resumir que existen tres posiciones principales: a) la que supone el inicio la vida en el momento de la concepción[1], b) la que la supone al momento del implante en el útero  y c) la que la supone algún tiempo después.[2] Pero a falta de conjeturas científicas cualquier posición que se adopte es solo una creencia, que por lo mismo no tiene más basamento que la fe.

Lo único posible de definir es que “en algún momento” de todo ese proceso de gestación, con el aborto, se estaría atentando contra una vida humana. Pero no podemos saber con exactitud cuando ello ocurre, lo que es lo mismo que decir que “en algún momento, sin saber con precisión en cual, hemos decidido poder matar a un ser humano” y por lo mismo de aceptar una conducta pro-aborto deberíamos saber que ese riesgo existe con todo lo que ello implica.

Por otra parte, los defensores de una conducta anti-aborto, desestiman muchos argumentos que se basan en circunstancias sociales que afectan a mujeres (en particular aquellas de bajos recursos) que sufren riesgos de vida por la comisión de abortos en la clandestinidad y sin ninguna garantía sanitaria.

En este último caso aquellos de posiciones pro-aborto, se refieren a estadísticas (siempre poco confiables) y el derecho de la mujer de decidir sobre lo que sucede en su cuerpo,.. (aún a costa de la vida de otro indefenso). Pero aceptemos –con las limitaciones que ello supone– que así como en el primer caso existe un “riesgo cierto de vida” sobre un nonato, en el segundo existe un “riesgo vital potencial”.

Y viceversa en el primer caso existiría riesgo sobre “una vida que se presume potencial” y en el segundo un riesgo cierto sobre una vida en curso. Se trata de dos “verdades contradictorias”[3] o incompatibles, pues parece cierto que en un caso se suprime una vida que en algún momento del proceso de gestación lo es, como también parece cierto, que en otro momento puede correrse un riesgo para la vida de una mujer,.. y de hecho esto sucede en algún o algunos casos.

Pero sin embargo se trata de dos situaciones que tratamos como si tuviéramos al alcance de la mano, tanto en uno como en otro caso, verdades unívocas. Todo nuestro pensamiento se ha desarrollado como si para cada problema pudiéramos aportar una solución excluyente. Y este no es el caso.

A la altura actual del conocimiento ni las ciencias biológicas y naturales nos pueden decir con certeza cuando comienza la vida humana y el embrión es “persona” (cualquier conjetura a este respecto es insuficiente y en algún caso el otorgar una “ventana” solo puede demostrar la intención de posibilitar lo que se defiende),.. ni las ciencias sociales nos pueden dar garantías de que siempre sucederá lo que suponen,.. De hecho las ciencias sociales no pueden predecir nada, salvo plantear posibilidades del probable curso de los acontecimientos.

Todo lo anterior nos debe remitir a pensar cuantas de las supuestas verdades que sostenemos son solo “creencias”, que pueden tener o no certeza y mayor o menor grado de verosimilitud. Y que cualquier posición que tomemos respecto al aborto esta solo basada en supuestos y creencias de interpretación personal,.. más dependiente de la ideología que de verdades comprobables. Un poco de introspectiva humildad intelectual nos habilitaría a ser más cautos en nuestras apreciaciones.

Esto es decir que las posiciones respecto al aborto podrían quedar –en un supuesto extremo[4]– bajo la órbita de las decisiones personales, y ello nos llevaría a dejar librada la conducta a lo que cada quien suponga que es mejor para sí.

Pero este supuesto abre otra puerta que es muy seguro se planteará de la siguiente forma: “Bien,.. se nos habilita la decisión personal, pero ¿de qué vale que se nos permita proceder al aborto sin pena legal, si no tenemos los recursos económicos para afrontar su costo?” Y con seguridad surgirán todo tipo de demandas para que el Estado, las Obras Sociales y los Seguros Privados corran con el gasto de las “decisiones personales”.

Porque siempre es más beneficioso (en una sociedad educada en la prebenda estatal) “socializar los costos”, como ha sucedido y sucede en muchas oportunidades en nuestro país. Y cualquier normativa que habilite lo que supone de resorte de la vida individual, habilitará las demandas de cobertura por el conjunto social.

Se trata del mismo contrasentido al que estamos habituados reiteradamente: “yo quiero hacer lo que quiero,..  pero también quiero que me lo paguen todos!”.

(*) Eduardo Filgueira Lima. Director del CEPyS. Artículo publicado el 12 de Abril de 2018

[1] Se refiere al momento de la fecundación: cuando el espermatozoide fecunda al óvulo

[2] Se parte en este caso de suponer que por ejemplo el desarrollo del sistema nervioso central (u otras condiciones vitales) definen cuando la vida es verificable como “humana” con una ventana de entre diez y catorce semanas según las opiniones (conjeturas) de diferentes científicos

[3] Berlin, I. Citado por M.V.Llosa en http://www.hacer.org/pdf/Hombre.pdf (2000)

[4] Omitimos que la jerarquía prevalente de los tratados internacionales sobre la Constitución Nacional, las leyes del derecho interno y la enfatizada protección del derecho a la vida naciente postulada en tales documentos, imposibilita toda presunción al respecto.

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.

Palabras, acción, educación y respeto

Por Gabriel Boragina Publicado el 15/4/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/04/palabras-accion-educacion-y-respeto.html

 

“No me preocupan los gritos de los deshonestos, de la gente sin escrúpulos y de los delincuentes, más me preocupa, el silencio de los buenos”.
Esta frase se la vi atribuida a muchas personas diferentes. Cuando tuve la primera noticia de ella, quien me la envió se la endilgó a Mandela (ex presidente de Sudáfrica), otros se la otorgaron a Einstein, o Luther King, y la lista sigue. En fin. No importa mucho quien fue realmente el primero que la dijo, ni cuándo, ni cómo la dijo. Sea quien fuera su autor, la frase revela una semi-verdad. Semi-verdad porque, a mí no me preocupan, ni los gritos, ni los silencios de unos o de otros, lo que si me preocupan son las acciones, reacciones e inacciones, que son las que realmente valen. Porque, como dice el refrán célebre respecto de los “dichos” podría aplicarse aquel que expresa “perro que ladra no muerde”. O el otro en latín, “res non verba”, o este otro “las palabras se las lleva el viento”.
Vivo en un medio donde se les da una excesiva importancia a las palabras. Me refiero a las palabras que connotan acciones. Por ejemplo, aquellos que manifiestan “Voy a …” es decir, indican la voluntad de emprender un curso de acción determinado o determinable. Lo relevante es el contenido de ese curso de acción. Si es bueno o si es malo. Y, fundamentalmente, si quien emite el enunciado está en condiciones de realizarlo o no y, lo más importante de todo, si es su voluntad llevarlo a cabo o no hacerlo. Y ello, con independencia del fin que se persiga.
Nada de lo que se diga reviste ningún tipo de importancia si no va seguido de una acción en consecuencia y concordancia con lo previamente dicho. El discurso que no se traduce en acción es completamente inocuo.
No obstante, las palabras ejercen tal tipo de fascinación sobre las masas, que tienen el poder de movilizarlas aun cuando quien las pronuncie no las acompañe con ningún tipo de acción. Este truco es bien conocido por aquellos que dominan el arte de la persuasión oral, resultado este último que generalmente se consigue aun cuando quien lo intente no posea esa habilidad ni maneje acabadamente las reglas básicas de la oratoria. Tal es el influjo que la palabra ejerce sobre el ser humano.
Es curioso el fenómeno por el cual un discurso genera credibilidad (mayor o menor) en quienes lo escuchan, aun antes de verificar si lo dicho se concretiza en la práctica.
Los hechos sirven para confirmar la verdad o falsedad de las palabras.
Hay veces que con lo único que contamos para conocer algo no son los sucesos, sino las palabras. Pasa con la historia, cuando no hemos sido protagonistas de los acontecimientos que se narran como ocurridos en épocas remotas.
En otras ocasiones, aunque las coyunturas sean contemporáneas, la única forma que tenemos de conocerlas es mediante las palabras que las narran, ya sean en periódicos, libros, revistas o por radio, TV, Internet, cine, etc.
En suma, lo que nos queda al final, cuando los casos suceden lejos de nosotros, o se nos dicen acaecidos en épocas remotas, son las palabras que nos dan cuenta de ellos.
El problema surge cuando con las palabras se busca desmentir lo ocurrido, o cuando no se es consecuente el decir con el hacer, comportándose de manera contraria a la que se proclama. De esto tenemos -en nuestros días- ejemplos a granel, casi constantes en nuestra vida diaria. Promesas incumplidas, mentiras, generación de falsas expectativas, etc. Parece que estas conductas se esparcen como reguero de pólvora a una velocidad inusitada. La falta de compromiso se ha vuelto algo persistente. Esto, que normalmente se le critica a los políticos es, sin embargo, una experiencia constatable, día a día, con la gente (al menos en mi rutina lo es), tanto sea afirmar una falsedad o negar una verdad en momentos diferentes y -a menudo- sobre una misma cuestión.
¿A qué atribuirlo? Estimo que la pregunta es tan compleja como las respuestas que puedan dársele. Pero más allá de hablar de una “crisis de valores”, hay que entender que estos se inculcan en la educación, y que es en este ámbito donde hay que buscar la verdadera génesis de la tan vapuleada frase “crisis de valores”. Esta es consecuencia de aquella y no su causa. Y por carácter transitivo, de toda crisis de cualquier naturaleza que sea (política económica, etc..).
Nada, ningún fenómeno, se da en el “vacío” (en el caso, un vacío sociocultural), y una “crisis de valores” no viene a ser otra cosa que un proceso educativo por el cual una serie de valores son reemplazados por otra cadena de contra-valores.
Vivimos en crisis por esta causa fundamental, a mi modo de ver. Pero, esta crisis educativa, a su vez ¿a qué se debe? Estimo que, a repetidos procesos de deseducación que terminan resultando en una mala educación, lo que -al final del camino- da una pléyade de ciudadanos mal educados. Y no solamente me refiero a la mal-educación en las formas, sino en las esencias de las relaciones humanas. No me parece tan importante que se omitan gestos de cortesía, como los saludos o agradecimientos, como de ordinario parece estar sucediendo en casi todas partes (aunque no le quito toda importancia) sino mucho más que se incumplan contratos, compromisos, palabras dadas (que ya no “empeñadas”) expectativas generadas por el promitente, etc. Tenemos un problema de mala educación, por no enseñarse el valor del respeto al prójimo. Al semejante. En otros casos, habrá que hablar de desenseñarse, y en su lugar “enseñarse” su contravalor: el irrespeto o falta de respeto.
Pero en este caso -como en los anteriores- las palabras (por si mismas) tienen poca fuerza si no son seguidas del ejemplo que las avala y las acompaña. Es aquí cuando el problema comienza a ser preocupante en el marco de un proceso de degradación cultural.
El respeto consiste -resumidamente- en no interferir con el proyecto de vida ajeno, en tanto este no nos ocasione un daño personal (real o potencial) a nuestro propio proyecto de vida, en una relación reciproca, y en idéntico sentido con todos los demás. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.