APRENDIENDO DEL PASADO: LYSANDER SPOONER

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

Una de las manifestaciones de la cultura, del deseo de cultivarse, consiste en estudiar las contribuciones fértiles que han realizado autores del pasado. Muchas veces se trata de pensadores no muy conocidos para la opinión pública en general pero descubrirlos y escarbar en sus meditaciones alimenta el intelecto.

 

Este es el caso de Lysander Spooner, un jurista y economista decimonónico estadounidense que escribió sobre muy diversos temas que no solo son de su época sino que son de todo momento.

 

Uno de sus trabajos se refiere al derecho natural, un concepto frecuentemente mal interpretado pero que resulta central para contar con mojones o puntos de referencia extramuros del derecho positivo y, por ende, permite juzgar la ley  con el criterio de la justicia. Como se ha dicho, igual que las cosas que nos rodean tienen ciertas propiedades, también ocurre con el ser humano. Para que pueda seguir su camino hay que dejarlo en paz, lo cual significa respetar sus decisiones para usar y disponer de lo propio situación que significa respetar su derecho que es anterior y superior a la existencia del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno.

 

En ese mismo escrito adhiere a la Declaración de la Independencia especialmente en cuanto a la facultad de la gente a deponer a gobiernos que abusan de su poder lesionando los derechos reconocidos por la constitución norteamericana.

 

En otro de sus ensayos centra su atención en la idea del derecho de secesión de los estados que conformaron la unión (Estados Unidos). En este sentido elabora sobre la mal llamada guerra civil, mal llamada porque ésta se refiere a la lucha armada de dos o más bandos por hacerse del gobierno, mientras que en el caso que nos ocupa se trataba de la intención del Sur de separarse de la unión. Si este acontecimiento se analiza con cuidado se verá las normas liberales del Sur frente a las estatistas y proteccionistas del Norte. Este es el sentido por el cual Lord Acton le escribe desde Bolonia el 4 de noviembre de 1866 al general Lee -comandante de las fuerzas del Sur- afirmando que “La secesión me llenó de esperanza, no como la destrucción sino como la redención de la democracia […] Lo que se ha perdido en Richmond me entristece mucho más respecto a mi regocijo por lo que se salvó en Waterloo”.

 

También Spooner escribió un libro titulado The Unconstitutionality of Salvery en el que se detiene a mostrar los fundamentos éticos y jurídicos de tamaño atropello, al tiempo que señala la palmaria contradicción de esta máxima usurpación del más elemental de los derechos con la Constitución de su país, a pesar de opiniones encontradas incluso por parte de personas bien intencionadas que promovían el abolicionismo.  Este libro fue más tarde complementado con A Defense of Fugitive Slaves ensayo en el que alienta a la fuga de esclavos e incita a la rebelión.

 

Realmente constituye una de las grandes intrigas de la historia el entender lo inentendible: como es que figuras que exponían ideas razonables y encomiables en otras materias pudieran caer en la repugnante noción de la esclavitud, comenzando por Aristóteles. Incluso más, como es posible que en el lugar del planeta en donde tuvo lugar el experimento más exitoso de la humanidad se aceptara semejante mancha siniestra, semejante oprobio, semejante insulto a la condición humana.

 

Resulta muy esclarecedor lo que consigna Spooner que no solo es aplicable a la esclavitud propiamente dicha sino a una forma de esclavitud moderna que se esconde bajo una democracia mal entendida -más bien cleptocracia- en el sentido de que “Un hombre no es menos esclavo porque se le permita elegir un nuevo amo por otro período de tiempo” al decir de nuestro autor.

 

Tal vez su obra más difundida sea Vices are not Crimes la que abre diciendo que “Los vicios son aquellos por los que un hombre daña a su persona o a su propiedad. Los crímenes son aquellos actos por los que un hombre daña a otra persona o a su propiedad […] Si el gobierno declara que un vicio es un crimen y procede a castigarlo, es un intento de falsificar la naturaleza de las cosas”.

 

Muestra en este último trabajo la contradicción de sostener que cada uno tiene el derecho de buscar su felicidad tal como proclama la Constitución de Estados Unidos y, al mismo tiempo, se le prohíbe adquirir productos que estima le reportarán satisfacción como es el caso del tabaco, las drogas, el alcohol, el juego, la prostitución, los deportes peligrosos o las dietas perversas. Sostiene que la libertad es un bien supremo y que lo que hace o dice cada uno es de su entera responsabilidad en la que nada tiene que ver el uso de la fuerza, a menos que se lesionen derechos de terceros.

 

Más aun, ironiza con el tema al apuntar que ningún mortal es perfecto y que, por tanto, todos incurrimos en actos inconvenientes para nosotros mismos. Si se fuera consistente con penar el vicio “habría que encerrar en la cárcel a todos sin que haya nadie que pueda cerrar con llave las celadas puesto que todos incurrimos en actos que están lejos de la perfección”. Sugiere que se debe ser mucho más humilde y dejar la arrogancia de lado y no meter bajo ningún concepto al monopolio de la violencia en estos menesteres y centrar la atención en la protección de derechos.

 

Simultáneamente con sus tareas profesionales de la abogacía y los escritos de libros, ensayos y artículos, Spooner fue un prominente empresario. Fundó la empresa American Letter Mail Company que compitió nada menos con el monopolio estatal del correo. Mientras la empresa funcionaba muy exitosamente, mantuvo una batalla legal con el gobierno que insistía en que el correo era de exclusividad gubernamental. A pesar de la gran difusión que tuvo la presentación de Spooner bajo el título de The Unconstitutionality of the Laws of Congress Prohibiting Private Mails (sostenía que la sección octava del artículo primero de la Constitución al referirse a que “el Congreso tendrá el poder de establecer el correo” no significa que se arrogue el monopolio de dicha área), finalmente perdió la batalla en los tribunales y tuvo que cerrar su empresa después de probar que en la segunda mitad del siglo xix enviar un litro de petróleo a los confines de la tierra era más barato que enviar una carta cruzando la calle de una ciudad estadounidense por medio de la empresa estatal. Dicho sea al pasar, como indica William Wooldrige en su Uncle Sam, the Monopoly Man, la empresa estatal de correos de Estados Unidos arroja cuantiosos déficits desde su creación en 1789.

 

Por último, escribió el libro A New System of Paper Currency en el que resulta admirablemente sorprendente su descripción de las ventajas de un sistema monetario desregulado y descentralizado pero, visto desde la actualidad, con ciertas deficiencias en cuanto a su visión del sistema bancario pero sin imaginar en esa instancia que se establecería una banca central a principios del siglo siguiente.

 

Es interesante descubrir testimonios de escritores de otras épocas que se han esforzado por mejorar las marcas de otras contribuciones. Estamos formados de las influencias de otros que han dejado su valiosa impronta. Como reza el dicho “todos caminan pero pocos dejan huellas” y, por nuestra parte, debemos digerir, tamizar y elaborar lo que leemos para “no ser eco sino voz”.

 

La teoría de filosofía política de Spooner es para tratar en otra ocasión por lo extensos que resultarían los comentarios,  tesis desarrollada principalmente en Taxation sin entrar en los modernos tratamientos de las externalidades, los bienes públicos, los free-riders, el dilema del prisionero y la asimetría de la información. De todos modos, llama la atención que, por ejemplo, Murray Rothbard en su multivolumen de la historia del pensamiento económico no mencione a Lysander Spooner, pero en esto consisten los incesantes y fluctuantes vericuetos del proceso evolutivo del conocimiento (aunque Rothbard se refirió a ese intelectual en su ensayo titulado “The Spooner-Tucker Doctrine:   An Economist View”). En 1971 la Universidad de Michigan reunió sus trabajos más destacados en The Selected Works of Lysander Spooner: Economic Writings que luego fueron debatidos en diversos seminarios en distintas casas de estudio, además de estadounidenses, en universidades inglesas y alemanas.

 

Mentes como la del autor que ahora hemos comentado contribuyen a abrir terrenos fértiles en los que se invita a pensar, lo cual para nada significa coincidir en todo con lo mucho que escribió. Más aun, hay varios aspectos para disentir en el fondo y en la forma y otros trabajos que resultan oscuros y contradictorios tal como señala, por ejemplo,  Colin Williams en su “Contra Spooner”, pero el prestarle la debida atención despeja y ensancha el intelecto y contribuye a barrer telarañas mentales.

 

En estas épocas, las obras que incluyen denuncias de los desaguisados de los aparatos estatales deben ser leídas con prioridad para salir del marasmo, pues allí -aunque no se suscriba todo en bloque como ocurre siempre con los no fanáticos- se encuentran aquí y allá defensas provechosas de las autonomías individuales. Fernando Savater resume el asunto (en el prólogo al libro de H.L. Mencken titulado Prontuario de la estupidez humana) cuando concluye que Mencken “es enemigo de prejuicios, de supersticiones, de militarismos y de todas las instituciones que coaccionan a los hombres…´para su bien´ “.

 

Todo proviene de los procesos educativos o deseducativos. Independientemente de las fluctuaciones en las ideas de Bertrand Russell, en su libro sobre el poder sostiene con razón que “La educación autoritaria, podemos añadir, produce el tipo de esclavo tanto como el tipo despótico, desde el momento en que inculca el sentimiento de que la única relación posible entre dos seres humanos que cooperan es aquella en la cual uno de ellos da órdenes y el otro obedece”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.                                        

 

Prior en Vasari y La Padula en Van Riel: Un recorrido por dos muestras

Por Delfina Helguera. Publicado el 27/4/16 en: http://www.arte-online.net/Notas/Prior_en_Vasari_y_La_Padula_en_Van_Riel

 

Virtuosismo y refinamiento son el común denominador en estas dos muestras que pueden visitarse a pocas cuadras de distancia. Imperdibles.

Lluvia de arroz sobre el gran río amarillo es el sugerente título de la nueva exhibición de Prior en Galería Vasari, que alude a una obra anterior y perdida en una inundación. Prior sigue fiel a sí mismo con sus títulos que parecen sacados de las profecías del I Ching, y los viejos personajes que se descubren en paisajes marinos, profundos, lunáticos, ambiguos, densos y de colores iridiscentes. Las imágenes de Prior atrapan al ojo, lo pasean por multiplicidad de tonos, brillos y detalles que parecen jugar adrede con la mirada del espectador. En este caso son ocho cuadros y una instalación de discos de vinilo que se basan en la obra de La liberación de San Pedro del artista Rafael y mezclan alusiones a Mondrian, Keneth Noland y el Monet de las ninfeas en un “bonsai genealógico” en palabras del propio Prior.

Nada es directo en Prior, y mediante ese gesto barroco es que podemos llegar a ellas.

Las citas a artistas que él admira se adivinan, el último Turner, James Ensor, el Monet maduro pintando las nenúfares en Giverny, lo que le interesa es justamente ese estado de la pintura en que la figura se vuelve abstracta y la materia se hace presente. Sin embargo, a pesar de las citas,  su pintura “como la escritura borgeana, no se parece a ninguna otra” como escribe Raúl Escari en el texto de la muestra.

Alfredo Prior. 13 estudios a partir de la Liberación. Técnica mixta a partir de discos de vinilo. 2016.

A una cuadra de allí, en la galería Van Riel expone Pablo La Padula sus últimos trabajos bajo el título Humo. Del humo se sirve el artista para dibujar con virtuosismo, y formar imágenes sobre papeles. ¿Qué es lo que vemos sino el efecto del humo, el tizne sobre el papel? El humo que para muchas civilizaciones es la conexión con el mundo celestial y lo sagrado, portador de mensajes, no es aquí el tema en cuestión más bien lo contrario. La Padula es científico, y en el cruce entre ciencia y arte circulan sus obras. Hace años que viene experimentando con el humo, al principio fueron manchas, ahora tiene un dominio tal que puede dibujar cuadrículas sin problemas y marcar perspectivas como si tuviera un lápiz en la mano. El resultante termina siendo asombroso, imágenes emparentadas con la fotografía experimental de algunos artistas como Man Ray en las primeras décadas del siglo XX, o deudoras de los daguerrotipos del siglo XIX, como también a ensayos vanguardistas. Las hay grandes, en donde no hay azar sino una deliberada voluntad de construir ciertas figuras geométricas, y otras más pequeñas en donde, si, deja al azar entrar y hacer su trabajo. Sobre el gran ventanal que da a la calle asoma una mesa que a la manera de gabinete de curiosidades (wunderkammer del siglo XVIII) o la propia mesa de un científico, exhibe distintos elementos de la naturaleza. Los materiales que a diario manipula este artista-biólogo, los insectos, las hojas, se convierten en partes de un todo que estéticamente ordenados nos permiten reconocer los lazos que unen a la naturaleza con el arte.

Pablo La Padula. Mesa de humo y biología, instalación sobre mesa lumínica con piezas de humo sobre vidrio y objetos biológicos y de laboratorio, 110 x 135 cm. 2016.
  • Alfredo Prior
  • Alfredo Prior
  • Pablo La Padula
  • Pablo La Padula

 

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE. 

Transparency And Independence: Think Tanks Rather Than Lobbying Tanks

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 2/5/16 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2016/05/02/transparency-and-independence-think-tanks-rather-than-lobbying-tanks/#b4dcb8a72d73

 

Last week, the leaders of most of the most relevant think tanks in North America attended a meeting to discuss the major challenges they face today. The 3rd Annual North America Think Tank Summit was held under Chatham House rules so I will focus on the substance of the discussions and the published material rather than mention who said what. Eighty-five participants from 60 organizations took part in candid presentations and exchanges. The meeting was convened by The Think Tanks and Civil Society Program at the University of Pennsylvania and co-hosted by three prominent think tanks: the Hudson Institute, Brookings, and the Carnegie Endowment. The combined income of the U.S. non-profit organizations present at the summit amounts to over $1.2 billion (based on data from 2014), so this was a very relevant group.

This year, the topic of the meeting was “Assuring the Quality, Independence, and Integrity of Think Tanks.” It is healthy that think tanks in North America, especially those based in the United States, show concern for their reputation. Within the think tank sector, U.S. think tanks are the envy of the world; no country can boast such a wide variety of well-funded organizations. Think tanks are diverse not only in philosophy, as are more ideological think tanks like the Center for American Progress, Cato Institute or the Heritage Foundation, but also in focus, from the Urban Institute and the Rand Corporation (security and strategy) to the Acton Institute (religion and public policy).

Think Tank Leaders gather for the Third North American Summit at the Brookings Institution.

Think Tank Leaders gather for the Third North American Summit at the Brookings Institution.

Yet despite their deep pockets and hard earned global recognition as major policy players, U.S. think tanks are not always well regarded by the public. Dr. James McGann, who headed the conference, included in the conference materials a series of quotes to exemplify the media coverage that has shaped negative perceptions of U.S. think tanks. He cited the following widely read articles from respected publications such as the New York Times and the New Republic: “Fellows at think tanks accepting funding from lobbyists to publish findings without disclosing the funding source,” published in the New York Times; “Conflicts of interest in think tank scholars that are registered lobbyists” from the New Republic; and “Conflicts of interest in think tank funding from foreign governments and corporations” also in the Times. One expert who has been studying think tanks’ public perception noted that 95% of key media coverage and existing scholarly literature on U.S. think tanks presents these organizations negatively. Several leaders took offense at the comment, trumpeting their own accomplishments and listing counter-arguments to this assertion.

Negative perceptions of think tanks often rise from conflicting visions of the role and purpose of these types of organizations. Think tanks sometimes pursue opposite policy goals, that is to say, what one regards as an accomplishment, the other regards as a destructive result. Promoted by “progressives” and despised by conservatives, Obamacare is a case in point. The same with immigration. Often there is a perception that rather than basing their policy prescriptions on independent research, think tanks do the opposite: they start with a conclusion commissioned by donors and supporters, and then produce research to accommodate that predetermined narrative. This perception exists even among expert scholars and intellectuals: Nobel Laureates Paul Krugman and Vernon Smith famously differ on their views on the think tank sector. “Progressives” tend to applaud Krugman’s interventionist views while pro free economy groups (such as the Independent Institute, Manhattan Institute, Mercatus, and Cato, all of which participated at the summit) generally fall in line with Vernon Smith’s ideas.

When prompted to address the effects of this special election year on their work, most speakers acknowledged that as the major think tanks in the United States, they tend to be publically regarded as part of the elite, which has earned them distrust from conservative and socialist bases alike. Most of these meetings took place at Brookings and the Carnegie Endowment, located side-by-side in Washington D.C.’s Embassy Row. Indeed, gathering in such near palatial surroundings, inside a room full of people with graduate degrees from top schools makes it hard to refute the claim that think tank leaders are part of the elite. I heard only one speaker acknowledge that researchers should pay attention to the frustration from voters. Another speaker stressed the difference between philosophy and ideology as guides for the work of think tanks. Many ideologies are too rigid; from immigration to trade, it is all or nothing. And when relevant segments of the population believe that think tanks respond to concerns and challenges in a dogmatic fashion, they begin to discount them as merely another type of lobbyist, a stone’s throw away from those on the Hill.

Discussions then turned to how think tanks should respond to a changing political environment. Some reflected on the danger of being reactive to politics, but most argued that advocacy and educational efforts based on solid research are much needed mantles for think tanks to take on. Within the United States tax code, non-profit organizations that get involved in politics fall under section 501 (c) (4), which dictates that up to 50 percent of these organizations’ activities can be political in nature. Think tanks like Heritage have created their own section, Heritage Action. The Center for American Progress also has one. Representatives from this center and from Heritage mentioned that the foundation’s research arm has eight times more income than their political and advocacy arm. Rather than shying away from admitting involvement, several of the groups present were proud of their role in helping enact legislation. Among the cases presented were: Brookings and the drafting of the Marshall Plan in the late 1940s; the Heritage Foundation and its Mandate for Leadership reform manual during the Reagan Administration; and the Center for American Progress and its role in passing Obamacare.

Think tanks from Mexico and Canada had different concerns. The representatives from the Mexican organizations focused on other issues: Their think tanks are much smaller, mostly as the result of a weak philanthropic culture. The Canadians described their country’s more stringent provisions, which prevent think tanks from entering into political debates.

There was no consensus on how much additional transparency is needed. The most recent study to cause alarm was the 2015 think tank transparency report. Produced by Transparify.org, this report detailed the levels of financial disclosure of over 160 think tanks located in 47 countries worldwide. Pro free-market think tanks with outstanding reputations scored very low in that ranking. One of those, CEDICE Libertad, is in Venezuela, a country where the government detains political opponents. In countries with weak rule of law, the only think tanks that can be transparent are those who are allied with their corrupt governments. In the United States, the recent cases that bring the politicization of the Internal Revenue Service (IRS) to surface are cause of additional alarm. While all non-profits in the United States have to disclose their main donors to the IRS, no such obligation exists for state filings or for public disclosure. Several states, however, including New York and California, are requesting the same information that is submitted to the federal government. Due to fears that information will be leaked for political objectives, several think tanks are challenging this request. As I mentioned in an earlier column, when rule of law is politicized, transparency is a complicated topic.

A think tank leader from Canada, which scores very high on rule of law rankings, confided that as their publications and research usually cast doubt on government policies, they would lose a major portion of their income if they were forced to disclose the names of all their donors to the public. Corporations in particular are afraid to be associated with those who do not toe the official line. In the United States, only a small percentage of think tanks’ income derives from corporations (10% in average) while abroad, corporate donations account for usually a third or more of a think tank’s income.

U.S. Think Tank experts discuss how to position their work in the current political environment. (L to R): Winnie Stachelberg, Center for American Progress, Lee Edwards, Heritage Foundation, Tom Carver, Carnegie Endowment, David Boaz, Cato Institute, and William Galston, Brookings

U.S. Think Tank experts discuss how to position their work in the current political environment. (L to R): Winnie Stachelberg, Center for American Progress, Lee Edwards, Heritage Foundation, Tom Carver, Carnegie Endowment, David Boaz, Cato Institute, and William Galston, Brookings

The larger, Washington-based think tanks disputed the notion that the source of donations (that is to say, whether they are corporate, government, or from individuals and foundations) correlate with independence. Most noted that more and more, foundations have their own agendas and use think tanks as research arms. On the other hand, when think tanks become major institutions of civil society, corporations begin to donate to become part of the “club”—not necessarily because they agree with the organization’s policy positions. Think tanks that are seen as beneficial to their civil societies begin to attract donors in the same way as museums, hospitals, and universities. Representatives from the smaller think tanks present at the meeting, which were not many, chimed in on the problems that can come with accepting corporate or government donations.

Several new challenges faced by think tanks were mentioned during the meeting. One is the threat by city governments to disregard the non-profit status of think tanks in their tax collection efforts; Acton Institute recently won its case versus the city of Grand Rapids. Another challenge is the effort by several Attorney Generals to seek detailed donor information from the Competitive Enterprise Institute, which has produced major research on issues like global warming and climate change.

These challenges are not limited to the United States. Foreign governments are also using “transparency” as an excuse, in order to stifle divergent views. Only a couple of days after the end of the think tank summit, the Chinese government passed a lawrequiring full disclosure of foreign non-profit activities. It is clear that the Chinese government is more interested in control than transparency. Yes, transparency and independence are desirable—but when government authorities begin using selective and arbitrary requirements to define transparency and independence, then think tank leaders are right to be concerned. There may not yet be a consensus on how to achieve transparency, integrity, and independence, but increased competition and accountability to stakeholders—within an environment of governments and judicial systems that live by the principle of equality before the law—would be a start.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Inflación y desocupación: terminemos con el cinismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/5/16 en: http://economiaparatodos.net/inflacion-y-desocupacion-terminemos-con-el-cinismo/

 

Quieren los beneficios, pero no pagar los costos de arreglar el destrozo que dejó el kirchnerismo.

El viernes pasado los dirigentes sindicales hicieron un acto de protesta contra la inflación, el impuesto a las ganancias y los despidos. Su propuesta se limita a apoyar la ley de doble indemnización. Ellos dicen que no afectará la incorporación de nuevos empleados porque la ley corre solo para los que ya están empleados. Los nuevos empleados no tendrían doble indemnización si fueran despedidos como los que ya están trabajando. Es decir, para los dirigentes sindicales y para el FPV que apoya ese proyecto junto con varios partidos de la oposición, habría trabajadores de primera y trabajadores de segunda clase. Los de primera clase se verían beneficiados con la doble indemnización. Los de segunda clase, normalmente los que hoy no tienen trabajo y podrían conseguirlo, pasarían a la categoría de segunda clase. A esos sí se los puede despedir sin doble indemnización.

Pero creo que tanto los políticos de la oposición, periodistas en general y dirigentes sindicales deberían dejar de ser tan hipócritas, en tanto que en el gobierno tendría que dejarse de jorobar y presentar un plan económico que genere confianza y en reforma global. No digo que esa reforma tiene que ser aplicada de un día para otro, digo que debe ser anunciada para marcar el rumbo.

A los primeros, dirigentes políticos, sindicales, periodistas, digo que son unos hipócritas porque se oponen a bajar el gasto público pero también quieren que el BCRA no emita para financiar el gasto a sí frenar la inflación y además protestan por las escalas y el mínimo imponible de ganancias. Es decir, un periodista te dice que es una barbaridad que no bajen ganancias, pero si les decís que hay que disminuir la cantidad de empleados públicos te tratan de insensible. De ajuste salvaje.

Repasemos las opciones. Del lado de los ingresos el gobierno tiene las siguientes opciones de financiamiento: 1) impuestos, 2) endeudamiento (interno y externo) y 3) emisión monetaria.

Todos claman por menor presión impositiva y está bien que así sea porque nos está matando. Al mismo tiempo todos piden que pare la inflación porque la gente no llega a fin de mes. O sea que el BCRA deje de emitir. Lo cual también está bien. Y, finalmente, todos protestan por la alta tasa de interés que puso el BCRA para el endeudamiento en LEBACS lo cual paraliza la economía. Quedaría solo la opción del endeudamiento externo pero eso generaría problemas con el tipo de cambio real porque el ingreso de dólares por endeudamiento público haría bajar el tipo de cambio afectando el comercio exterior haciendo artificialmente baratas las importaciones y artificialmente caras las exportaciones.

Así que cuando uno mira por el lado de los ingresos no hay opciones para enfrentar la herencia k. Vayamos ahora por el lado de los gastos.

Los rubros en los que se puede bajar el gasto son: 1) remuneraciones, 2) jubilaciones, 3) subsidios económicos, 4) subsidios sociales y 5) obra pública.

Si uno propone reducir la cantidad de empleados públicos, enseguida saltan con el ajuste salvaje y la desocupación. No importa que haya capas geológicas de empleados estatales que se van acumulando con el paso de los gobiernos y no producen nada útil para el conjunto de la sociedad. Ahora, si ante la negativa a reducir los empleados estatales uno le dice al periodista, al sindicalista o al político que no se puede aumentar el mínimo no imponible de ganancias, entonces saltan como leche hervida y lloran diciendo que la gente no aguanta más pagar tantos impuestos. ¡No sean cínicos! ¿Cómo quieren que se mantenga a la legión de empleados públicos que hay a nivel nacional, provincial y municipal?

El otro rubro en que podría  bajarse el gasto es en jubilaciones, pero la realidad es que es impensable que un jubilado, sometido a este sistema de reparto ineficiente, pueda sobrevivir con las migajas que recibe. Así que este rubro yo diría que es intocable. No se puede bajar.

Quedan los subsidios económicos (luz, transporte, gas, agua, etc.) en los cuales el gobierno ya está trabajando, pero claramente no alcanza para controlar el déficit fiscal. Solo un dato. El gobierno se ahorrará unos $ 160.000 millones por la suba de las tarifas de los servicios públicos pero pierde otros $ 170.000 millones en el gasto cuasifiscal con la suba de la tasa de interés. Paga esa cifra por la deuda en LEBACs. Es decir, el gobierno asume el costo político de subir las tarifas pero no se traduce en una mejora fiscal porque el ahorro se le escapa por otro rubro. Y podía citar más ejemplos. Y aun así la gente protesta por el aumento de la luz, el gas, el colectivo, etc.

Luego se puede bajar el gasto en los llamados planes sociales pero enseguida saltan los “progres” diciendo que eso es intocable porque es un derecho humano. Así que como vivir a costa del trabajo ajeno se transformó en un derecho humano, los cínicos no quieren bajarlo.

Finalmente mi propuesta sería que las obras públicas (rutas, puertos, etc.) lo hagan empresas privadas y cobren peajes, pero ante esta propuesta salta el energúmeno que dice: eso es volver a los 90. Nada de privatizaciones quiere la gente.

Resumiendo, si no tenemos de dónde obtener más recursos y ponemos mil escusas para no bajar el gasto público, entonces, terminemos con la hipocresía de quejarnos de la inflación y la desocupación y sigamos así hasta que la crisis sea tan profunda que la gente clame por una solución de fondo.

Finalmente diría que el gobierno debería dejarse de jorobar y dar un minucioso detalle de la herencia recibida, plantear el camino a seguir y qué medidas se aplicarán.

Hay salidas medianamente rápidas, pero no con esta idea que impulsa el gobierno de que es todo cuestión de administrar mejor. El país necesita reformas de fondo, no administrar eficientemente un estado sobredimensionado y un sistema tributario impagable.

Hoy estamos entrampados entre el cinismo de los dirigentes sindicales, políticos de la oposición y periodismo en general y la parálisis de un gobierno que se niega a tomar el toro por las astas y apuesta todo a un milagro de llegada de inversiones que, como el gas oil de Moreno, todavía no se lo ve llover.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La ley antidespidos aumentará el desempleo

Por Iván Carrino. Publicado el 30/4/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-ley-antidespidos-aumentara-el-desempleo/

 

Como siempre sucede con estas iniciativas, el resultado será totalmente contrario al esperado.

En Argentina no existen estadísticas oficiales. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que dejó de gobernar el 10 de diciembre del año pasado, intervino el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos con el objetivo de disfrazar la cruda realidad que se vivía en el país en materia de inflación, crecimiento económico y pobreza.

En términos de empleo, los datos siempre mostraron buenos resultados. El último informe publicado mostró un 5,9% de desocupación, el guarismo más bajo en 28 años. Dudosa credibilidad.

En la actualidad, el INDEC está en proceso de reconstrucción, por lo que no hay datos oficiales de desempleo. Lo que sí hay, sin embargo, son datos de la evolución del empleo en el sector privado, provistos por el Ministerio de Trabajo, que revelan que la situación tiene un estancamiento desde hace al menos cinco años.

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Otro dato relevante lo ofrece el Fondo Monetario Internacional, que prevé que el desempleo en Argentina trepará a 7,8% en 2016 y luego se reducirá a 7,4% en 2017. No es un dato para alegrarse, pero nada parecido a una crisis o emergencia ocupacional.

Sin embargo, algunos políticos y comunicadores se empeñan en repetir que el país está atravesando una profunda crisis del mercado laboral, con una ola de despidos que parece crecer día a día y hora tras hora.

En respuesta a ello, el Senado le dio media sanción a una ley “antidespidos” que prohibirá los despidos sin causa por seis meses, también las suspensiones, e impondrá dobles indemnizaciones para cada empleado que deba ser desafectado de la plantilla.

Ahora bien, como siempre sucede con estas iniciativas, el resultado será totalmente contrario al esperado. Finalmente, de aprobarse esta legislación, el desempleo, lejos de caer, subirá.

A ningún empresario le gusta despedir empleados. Después de todo, despedir a una persona (si no es por cuestiones de desempeño personal estrictamente) refleja que la situación económica de la empresa es delicada y que necesita hacer un ajuste para intentar sobrevivir.

Lo más deseable para el empresario, entonces, es contratar, no despedir personal.

En este marco, si una empresa se ve en la necesidad de despedir a un trabajador, lo mejor que puede pasar es que esa decisión sea tomada con el mínimo de restricciones posibles. Es que si lo contrario sucede, y el costo de despedir se eleva o directamente se transforma en una violación a la ley, la decisión que tendrá que tomar el empresario será la de cerrar su fábrica.

El resultado, finalmente, será no sólo que la ley no pudo evitar el despido de esa persona en particular, sino que terminó generando el desempleo de todos los trabajadores de la empresa. Un verdadero “tiro por la culata”, como suele decirse.

Los mercados libres se caracterizan por lo que Joseph Schumpeter definió como “destrucción creativa”. En ese proceso, abren las puertas nuevas empresas y cierran otras todo el tiempo. Sin embargo, el resultado no es el masivo desempleo, sino la continua mejora de los procesos productivos y el aumento de la producción de los bienes y servicios que consumimos.

A la vez, se terminan generando nuevos puestos de trabajo y mayores salarios reales.

Prohibir despidos, encarecerlos y dificultar los procesos de mercado no sólo es malo para las empresas, sino que también es directamente perjudicial para todos los trabajadores a quienes supuestamente se quiso beneficiar en primer lugar.

En conclusión, prohibir los despidos generará desempleo. Por tanto, la medida no protege, sino que destruye las fuentes de trabajo. Lo mejor que podemos hacer en esta coyuntura es cuidarnos de las “buenas” propuestas de ciertos legisladores y recordar que de buenas intenciones está lleno el camino al infierno.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Dependencia del camino: ¿queda el Mercado atrapado en estándares tecnológicos obsoletos?

Por Martín Krause. Publicada el 1/5/16 en: http://bazar.ufm.edu/dependencia-del-camino-queda-el-mercado-atrapado-en-estandares-tecnologicos-obsoletos/

 

Luego de analizar la posibilidad de cooperación voluntaria que permita resolver los problemas llamados “fallas de mercado”, el Capítulo 7 de El Foro y el Bazar analiza las posibles soluciones voluntarias para cada una de esas fallas. Aquí, brevemente considerado el problema que plantean los estándares tecnológicos y lo que se denomina “dependencia del camino”, esto es, cuando el Mercado supuestamente queda atrapado en un estándar tecnológico porque hay altos costos de cambiarlo:

En cuanto a las afirmaciones respecto a la dependencia de eventos pasados que terminarían encerrando al mercado en soluciones no óptimas, es necesario tener en cuenta las “externalidades de red” que aumentan el valor de un producto o servicio, en tanto en cuanto es utilizado por un número creciente de personas. Tal vez fuera más eficiente utilizar un idioma como el esperanto para los intercambios internacionales, pero el que ha ocupado ese lugar es el inglés, lo que le otorga ahora un valor adicional para aprenderlo, no porque sea “técnicamente” un idioma superior, sino porque es generalmente utilizado. Si voy a “comprar” un idioma, o cursos para aprenderlo, su valor no depende de criterios técnicos, sino de los servicios que me va a brindar, que son mayores si se utiliza en todo el mundo y mucho mayores de los que me permitiría el esperanto.

No obstante, la misma historia evolutiva de los idiomas nos muestra que no hay una “dependencia del camino” que termine condenándonos a una solución inferior, no óptima. No siempre fue el inglés el idioma para las transacciones internacionales: antes lo fue el francés y antes aún el latín.

Otros ejemplos (Liebowitz y Margolis 2002) incluyen el caso de los estándares VHS y Beta para videos. Sony comenzó a vender equipos con el estándar Betamax en 1975, que tenían una capacidad de grabación por una hora; JVC estaba desarrollando el estándar VHS. Para imponer ese estándar en el mercado, Sony propuso a las otras compañías compartir esa tecnología, pero luego de algunas negociaciones esto no prosperó. El formato de Beta ofrecía ciertas ventajas para la edición y los efectos especiales, pero el VHS permitía mayor tiempo de grabación y, aunque no fuera de la misma calidad, en dos horas una familia podía grabar una película entera de la televisión, por ejemplo, mientras estaba ausente. En última instancia, se enfrentaron en el mercado dos productos con características destacadas diferentes: un tamaño menor, en el caso de Beta, o un tiempo de grabación mayor, en el caso de VHS. El veredicto del mercado fue favorable al segundo, que en poco tiempo se extendió entre los consumidores.

Sin embargo, Beta no desapareció: las características antes mencionadas le dieron una ventaja comparativa y fue seleccionado para la actividad de grabación profesional, donde se impuso. Esto muestra que había, en verdad, dos demandas y no una, y el mercado respondió ofreciendo a cada uno lo que más necesitaba, pero en ningún caso se observa una “dependencia del camino” de la que no se puede salir. De hecho, los consumidores ya no utilizan más la tecnología de video, reemplazada por el DVD. ¿Seguirá Blueray después? Los consumidores decidirán.

Una historia similar es la de los sistemas operativos de las computadoras, donde se mencionaba que Macintosh era superior a DOS e incluso a las primeras versiones de Windows, pero los usuarios eligieron al segundo y los diseñadores profesionales al primero.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El gobierno quiere tu billetera

Por Iván Carrino. Publicado el 27/4/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-gobierno-quiere-tu-billetera/

 

“¡Qué lindo es dar buenas noticias!”, decía Fernando de la Rúa a fines del año 2000, cuando por detrás de escena y se hacía insostenible la crisis que explotó un año después. El entonces presidente festejaba un programa de créditos de emergencia del FMI y el Banco Mundial, que para él nos sacaría de la situación de inestabilidad y depresión económica en la que nos encontrábamos.

Claramente, esto no fue así.

Años más tarde, y con diferentes palabras, todos los gobiernos repetirían esta fórmula. Créditos baratos, subsidios varios, ayudas sociales, planes de inversión pública…. todos parecen ser buenos motivos para festejar y celebrar las “buenas noticias” que nos dan a todos los argentinos.

Tal vez el último ejemplo de este accionar sea el anuncio de medidas sociales que el sábado 16 de mayo divulgó el gobierno de Mauricio Macri. Por mencionar algunas, las medidas consisten en la ampliación de la cantidad de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, la multiplicación por 9 del seguro de desempleo pagado por el gobierno y un aumento del 20% en los montos que reciben los beneficiarios de planes sociales como “Argentina Trabaja” y “Ellas Hacen”.

Obviamente, la reacción generalizada fue de algarabía y aprobación. Y es cierto que en una Argentina con un 30% de la población bajo la línea de la pobreza, es difícil oponerse a los paliativos que se ofrecen.

Sin embargo, es necesario que veamos la otra cara de los anuncios y las “buenas noticias” que nos da el gobierno.

Según el análisis de la Fundación Libertad y Progreso, el costo que tendrán todas estas medidas ascenderá a $ 37.900 millones. Es decir, el gobierno deberá gastar $ 37.900 millones adicionales a lo que venía gastando en la actualidad.

Y el problema del gasto público es que, como cualquier gasto, alguien tiene que financiarlo.

¿Cómo se financia el gobierno?

El gobierno gasta dinero en planes sociales, como veíamos anteriormente, pero también gasta en los salarios de la administración pública, en la construcción de obras de infraestructura, y en cuantiosos subsidios destinados a sostener diferentes actividades productivas.

Todo el gasto público, en un mundo ideal, debería financiarse con impuestos. Es decir, así como en una familia, el gasto no puede exceder a los ingresos, en el gobierno debería suceder lo mismo. Cada peso gastado por el estado debería  provenir de un peso que el estado recaudó previamente.

Así, el nuevo gasto generado por los anuncios del gobierno deberá ser pagado con nuevos  impuestos, o con el aumento de los impuestos viejos.

Claro que el gobierno puede elegir no cuadrar sus cuentas e incurrir en lo que se conoce déficit, cuando gasta más de lo que tiene. Si quiere hacer esto tiene dos caminos: colocación de deuda o emisión de dinero. Esto último genera inflación, mientras que la deuda tarde o temprano debe pagarse, por lo que puede generar una suba de impuestos en el futuro.

Como podemos ver, el gobierno siempre termina pagando su gasto público con impuestos. Pueden ser impuestos presentes, como el IVA, Ganancias o el “impuesto inflacionario”, o pueden ser impuestos futuros, si es que se endeuda.

Asfixiados de impuestos

Ahora acá es donde aparece el “lado B” de las buenas noticias anunciadas por el gobierno. En Argentina pagamos 96 impuestos diferentes con una presión tributaria que equivale al 36% del PBI (hay casos en los  que el gobierno puede llevarse hasta el 54% de los ingresos de un trabajador en relación de dependencia).

No sólo esto. En mi último libro, Estrangulados, te muestro con claridad que si se dividiera la recaudación impositiva por cada persona en edad de trabajar, entonces el costo de los impuestos sobre cada uno de nosotros ascendería a nada menos que $ 70.000 por año.

Estos datos deben tenerse en cuenta cada vez que los políticos deseen tomar decisiones con la excusa de que éstas van a mejorar nuestra calidad de vida. Muy a menudo, lo que sucede es lo contrario y tanto los impuestos como las nuevas regulaciones terminan deteriorando la capacidad productiva de todos y, finalmente, reduciendo nuestra calidad de vida.

Son temas que me interesan y creo que deberías conocer. De hecho, acabo de publicar un libro sobre el tema bajo la editorial de Inversor Global. Allí demuestro cómo el estado, por más que tenga las mejores intenciones, puede terminar destruyendo la economía con impuestos, inflación, regulaciones y el cierre del comercio internacional, afectando directamente a tu bolsillo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

SOBRE LA FALOSA CUESTIÓN DEL “ALMA” Y EL CUERPO EN SANTO TOMÁS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/5/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/05/sobre-la-falosa-cuestion-del-alma-y-el.html

 

(De mi comentario a la Suma Contra Gentiles).

Libro II, capítulo 68: Qualiter substantia intellectualis possit esse forma corporis. (De qué modo la sustancia intelectual puede ser forma del cuerpo).

Argumento central

Ad hoc enim quod aliquid sit forma substantialis alterius, duo requiruntur. Quorum unum est, ut forma sit principium essendi substantialiter ei cuius est forma: principium autem dico, non factivum, sed formale, quo aliquid est et denominatur ens. Unde sequitur aliud, scilicet quod forma et materia conveniant in uno esse: quod non contingit de principio effectivo cum eo cui dat esse. Et hoc esse est in quo subsistit substantia composita, quae est una secundum esse, ex materia et forma constans. Non autem impeditur substantia intellectualis, per hoc quod est subsistens, ut probatum est, esse formale principium essendi materiae, quasi esse suum communicans materiae. Non est enim inconveniens quod idem sit esse in quo subsistit compositum et forma ipsa: cum compositum non sit nisi per formam, nec seorsum utrumque subsistat.

Esto es: “Pues, para que algo sea forma sustancial de otro, se requieren dos condiciones. La primera es que la forma sea principio del (ser) existir sustancialmente de aquel cuya forma es: y digo principio no efectivo, sino formal, por el cual algo es y se denomina ente. De donde se sigue una segunda condición: a saber, que la forma y la materia convengan en un solo ser, lo cual no ocurre respecto del principio efectivo con aquel al cual da el ser; y es en este ser en el que subsiste la sustancia compuesta, que es según el ser y consta de materia y forma. Y no hay inconveniente en que la sustancia intelectual, porque es subsistente, como se ha probado, sea formal principio del (ser) existir de la materia, como comunicando su ser a la materia, pues no hay dificultad en que uno mismo sea el ser en el que subsisten el compuesto y la forma misma, ya que el compuesto no (es) existe sino por la forma, y ni uno ni otro subsisten separados”.

Este capítulo es ya particularmente complejo en su contexto. Santo Tomás, coherente con su interpretación de Aristóteles, intentará demostrar que la forma sustancial del ser humano es una forma sustancial de la que emerge la potencia intelectiva, cosa que hasta ahora no había establecido sino indirectamente. Ello es lo que permitió en su momento a Santo Tomás demostrar la “inmortalidad” (subsistencia) del alma humana, siendo esta al misno tiempo forma del cuerpo humano y por ende afirmar la inmortalidad del alma humana en armonía con la unidad alma/cuerpo del su Aristóteles. Como ya dijimos, actualmente esto requiere importantes adaptaciones, que serán vistas en los anexos. Por ahora tratemos de decodificar la intrincada red metafísica que Santo Tomás tiene in mente al unir a su Aristóteles con su propia visión creacionaista de la creatura corpórea.

Antes que nada, voy a dar mi propia interpretación, tanto a lectores tomistas como no tomistas, de lo que Santo Tomás interpreta de Aristóteles en el tema de la materia prima y la forma sustancial.

Lo que llamamos “cuerpos” tendrían composición por el lado de la esencia. La esencia de una planta o de un animal tiene un principio determinante; esto es, un principio que ordena a la sustancia corpórea y le da el grado de ser. Cuando decimos “un tigre corre porque es un tigre”, esa “esencia” (el ser tigre) a la que nos referimos tiene un principio determinate por el cual es tigre y no perro o delfín. Pero los tigres, perros, delfines, etc. tienen materia, lo que es ordenada por la forma y recibe de ella ese grado de ser “tal”. Esa materia siempre “es” en tanto determinada por la forma. Pero los entes corpóreos, cuando se “deshacen”, lo que sufren es una transformación: cuando un fósforo se transforma en ceniza, hay “algo común” al fósforo y a la ceniza, no hay un “hiato” o una nada entre los dos términos de la transformación, y esa “materia en común” que nunca es indeterminada, sino siempre determinada por la forma, es la materia “prima”. Por consiguiente, todo cuerpo está compuesto por una forma sustancial, actual, y una materia prima, potencia —potencia en tanto principio—, que recibe el ser tal de la forma sustancial.

Santo Tomás ubica todo esto a su vez en su noción de creatura, y esa unión entre su visión creacionista y lo anterior implica que ya, ipso facto, Aristóteles, haya dicho lo que fuere, quede transformado. (Como si el creacionismo de Santo Tomás fuera la nueva forma sustancial de los textos de Aristóteles). Los entes creados tienen esencia en tanto tienen id quod esse recipitur; esto es, aquello que recibe el ser, y ello determina los diversos grados de ser de las creaturas. Cuando Santo Tomás piensa en los entes creados no corpóreos, como los ángeles, adopta para ellos el lenguaje de Aristóteles, y sostiene, como vimos, que tienen “solo” forma sustancial y acto de ser, significando ese “solo” que no son compuestos de materia y forma. La forma sustancial en ese caso no es forma de un cuerpo, sino que se identifica con la esencia en tanto tal, que da la gradación entitativa. Por ende, readaptando esa terminología, todo ente creado tiene acto de ser, cuyo grado de ser está dado por su “forma sustancial”; solo que en los entes corpóreos esa forma sustancial da el grado de ser al compuesto de materia y forma. ¿Da también el acto de ser? Como vimos, el dar el acto de ser es privativo de Dios, pero siempre da un acto de ser “graduado”, y en ese sentido podemos decir que en la creación el acto de ser, sin la forma sustancial, no tendría sentido. Y cuando Santo Tomás combina todo esto con la transformación sustancial en Aristóteles, pone en juego lo que ya hemos visto como concurso de causas. En los casos más claros de transformación sustancial, como es en la reproducción de los seres vivos, ambos seres vivos son causas eficientes principales de la transformación sustancial, y ello implica que propiamente el padre es causa de que el hijo “sea”; pero ese “sea” implica un con-curso de causas entre la causa segunda y la causa primera. Que el padre y la madre sean propiamente causas eficientes principales (y en ese sentido son causas primeras en relación con causas instrumentales, que son segundas) no quita que lo sean en un orden de causas segundas, cuando recordamos que todo acto de ser depende de un acto de creación por parte de Dios. Pero Dios respeta el orden de causas físicas por Él creado, y por lo mismo da el ser solo cuando se da el acto de reproducción de los seres vivos. La creación, en el orden físico, es siempre en concurso con las acciones que los seres físicos deben desarrollar para que ocurra la transformación sustancial. La creación es dar el ser de la nada, pero esto, en el orden de las causas segundas (en tanto creaturas) implica que el ser “dado” lo es en el momento de la concepción del nuevo ser vivo. Eso no es solo por voluntarismo de Dios. Es por el mismo orden natural por Él creado. Eso es, dada la naturaleza de las cosas (que podría ser diferente, pero una vez que es tal, sus consecuencias son necesarias), un nuevo ser vivo solo puede surgir de una transformación sustancial. Dios puede no dar el ser, pero ello implica que la concepción no se va a realizar (para lo cual puede —o no— tolarar una falla en el proceso), o puede darlo fuera de dicho orden de causas, pero en ese caso se trata de milagros que, en el paradigma judeocristiano, Dios realiza en momentos específicos de la historia de la salvación y no por deporte (como la concepción virginal de María, coherente con la total negativa de Cristo a realizar milagros delante de Herodes).

Por tanto se puede decir que en los entes corpóreos propiamente la forma sustancial no es causa del acto de ser; analógicamente sí, en tanto sin la acción de la sustancia primera en el orden de su forma no hay transformación sustancial y, por consiguiente, no hay nuevo ente corpóreo; además, sin la forma sustancial, en la sustancia primera no hay acto de ser, porque el acto de ser es el acto de ser “graduado” en la forma sustancial. Dentro de este contexto, analicemos nuevamente el texto de Santo Tomás. Los paréntesis son mi comentario.

“Pues para que algo sea forma sustancial de otro se requieren dos condiciones. La primera es que la forma sea principio del (ser) existir sustancialmente de aquel cuya forma es: (es decir, sea su principio determinante, sin el cual el cuerpo no sería nada); y digo principio no efectivo, sino formal (o sea, la forma sustancial es causa formal; la causa eficiente es otro ente corpóreo, que produce la transformación sustancial), por el cual algo es y se denomina ente. De donde se sigue una segunda condición, a saber: que la forma y la materia convengan en un solo ser (esto es, que se trate de un solo cuerpo; que se trate deeste tigre y no de otro), lo cual no ocurre respecto del principio efectivo con aquel al que da el ser (esto es, la causa eficiente y su resultado sí pueden ser dos diferentes) y es en este ser (un cuerpo singular) en el que subsiste la sustancia compuesta, que es según el ser y consta de materia y forma. Y no hay inconveniente en que la sustancia intelectual —porque es subsistente, como se ha probado— sea formal principio del (ser) existir de la materia, como comunicando su ser a la materia (o sea, no hay problema en que una forma sustancial subsistente dé el ser a un cuerpo), pues no hay dificultad en que uno mismo sea el ser en el que subsisten el compuesto y la forma misma (es decir, es un mismo cuerpo en el cual “son” la forma sustancial subsistente y la materia prima), ya que el compuesto no (es) existe, sino por la forma (lo que habíamos dicho antes: en el cuerpo, el acto de ser “no es” sino limitado por la forma sustancial que da el ser a la materia), y ni uno ni otro subsisten separados”. (La forma sustancial subsistente y su cuerpo no subsisten ambos como sustancias completasuna vez separados).

Lo que se está diciendo es que una forma sustancial subsistente puede ser de dos tipos: la del ángel, que no es forma de un cuerpo, y la del ser humano, que es forma de un cuerpo. En el segundo caso, que sea subsistente no le quita la capacidad ontológica que tiene una forma sustancial de ser el principio determinante del cuerpo. O sea: un cuerpo no es ya algo a lo cual se agrega la forma sustancial. Un cuerpo es materia organizada por la forma; materia prima sin forma es nada. Con lo cual, Santo Tomás está formulando tácitamente una premisa ontológica: lo ontológicamente superior puede ser causa de lo inferior, pero no al revés. Dios, infinito, crea lo finito, pero no al revés. El intelecto puede entender lo corpóreo (inmaterialmente), pero no al revés. De igual modo, una forma sustancial subsistente puede organizar un cuerpo humano. Pero en ese caso, no es la forma sustancial, directamente, el intelecto, sino que la forma sustancial humana es tal que organiza un cuerpo tal que tiene dos potencias específicas: inteligencia y voluntad. Es decir: el intelecto no es la sustancia, ni la forma sustancial, sino una facultad de esa sustancia primera que es la persona humana. Con lo cual tenemos la siguiente relación conceptual y deductiva de todo lo que ha dicho Santo Tomás hasta ahora. Retornemos al capítulo 49: el intelecto conoce “cosas” que no son cuerpo. Luego el intelecto no es corpóreo. Luego, dada la analogía de proporción entre potencia en acto primero y potencia en acto segundo, si el intelecto en acto segundo (conociendo de modo no corpóreo) no depende de la materia en su ser (capítulo 51), tampoco el intelecto en acto primero. Pero de vuelta: hay una analogía de proporción entre potencia en acto primero y la forma sustancial de la que emerge dicha potencia. Luego si la potencia como tal no depende de la materia en su ser, tampoco la forma sustancial, y a ese tipo de forma sustancial es a la que podríamos llamar “intelectual” o “racional”; no porque sea ella misma el intelecto, sino porque da origen a la facultad intelectiva. En el caso del ser humano, esa forma sustancial es forma de un cuerpo (capítulo 68), subsumiento por ende en una sola forma las potencias vegetativas y sensibles, y siendo subsistente, porque, al no depender de la materia en su ser, terminado el compuesto (la muerte), no desaparece, sino que “sigue” siendo (subsistencia); pero no como sustancia “completa”, sino como forma sustancial in-completa, porque le falta el cuerpo al que está “destinada ontológicamente”.

De una manera gráfica:

Zanotti

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La psicología asistencialista

Por Gabriel Boragina. Publicado el 30/4/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/04/la-psicologia-asistencialista.html

 

La “ayuda social” no sólo tiene importantísimos efectos económicos, sino, y que sin una menor importancia, también los tiene a nivel psicológico. Esto implica que la política asistencialista ocasiona modificaciones en la actitud psíquica de las personas que son objeto del auxilio social. Paralelamente, también se va transformando la orientación de los incentivos que operan en uno u otro sentido, conforme sean los cambios que se producen en tales actitudes psicológicas, que son las que sitúan el resultado final de las acciones humanas.

“El único elemento que impide que el actual Estado Benefactor sea un absoluto desastre es precisamente la burocracia y el estigma que conlleva el recibir asistencia social. El beneficiario de la asistencia social aún se siente psíquicamente agraviado, a pesar de que esto ha disminuido en los últimos años, y tiene que enfrentar a una burocracia típicamente ineficiente, impersonal y complicada. Pero el ingreso anual garantizado, precisamente al hacer que el reparto sea eficiente, sencillo y automático, eliminará los principales obstáculos, los mayores incentivos negativos para la “función proveedora” de la beneficencia, y hará que la gente adhiera en forma masiva al reparto garantizado. Además, ahora todos considerarán al nuevo subsidio como un “derecho” automático más que como un privilegio o regalo, y todo estigma será eliminado.”[1]

Conforme el estado “benefactor” o de “bienestar” avanza sobre el sector privado de la economía, este adelanto va reacomodando tanto el pensar de sus recipiendarios como el actuar de los mismos. Y no sólo ello, sino que produce serias alteraciones en los valores morales tradicionales, resquebrajando los pilares básicos de la sociedad civilizada, como son la dignidad humana, el valor del propio esfuerzo, y corrompe el sistema de recompensas y castigos, con lo que se desmorona -finalmente- una de las columnas primordiales de la convivencia humana, que es el sentido de la responsabilidad individual. Este podría ser un breve resumen de los efectos devastadores del estado “benefactor” y sus políticas “asistenciales” o a veces también llamadas “políticas públicas”.

“Los diversos proyectos para lograr un ingreso anual garantizado no constituyen una solución genuina para los males universalmente conocidos del sistema del Estado Benefactor; todo cuanto harán será profundizar más aun esos males. La única solución viable es la libertaria: la derogación del subsidio estatal que hará posible la libertad y la acción voluntaria de todas las personas, ricas y pobres por igual.”[2]

Fundamentalmente, porque los programas “sociales” perjudican -a la postre- las economías personales de aquellos a quienes se procura “beneficiar”, y terminan invariablemente favoreciendo a quienes otorgan tales programas “sociales” que son los políticos, que en virtud de sus ideologías populistas o pro-populistas ganan prestigio (frente a los observadores poco informados) como “caritativos benefactores sociales”, lo cual, por supuesto, está muy lejos de ser cierto, en gran parte porque no son esos sus verdaderos motivos, y -en otra medida principal- porque los recursos que utilizan para desplegar y ofrecer sus subsidios “sociales” no provienen de su propio peculio, sino del dinero de los contribuyentes, quienes así se ven privados de ofrecer no sólo una genuina ayuda social, sino de efectuar inversiones productivas, que darían trabajo a millones de personas que -de otra manera- sólo podrían depender de la asistencia social.

“El apoyo del mundo de las altas finanzas al Estado benefactor-Bélico Corporativo es tan escandaloso y de tan largo alcance, a todo nivel desde el local hasta el federal, que incluso muchos conservadores han tenido que reconocerlo, al menos en cierta medida. ¿Cómo explicar, entonces, ese ferviente apoyo a la “minoría más perseguida de los Estados Unidos”? La única salida para los conservadores es asumir a) que estos empresarios son estúpidos y no entienden cuáles son sus propios intereses económicos, y/o b) que les han lavado los cerebros los intelectuales populistas socialdemócratas de izquierda, que envenenaron sus almas con culpa y un altruismo mal entendido. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones resiste un análisis, como queda ampliamente demostrado con un rápido vistazo a AT&T o Lockheed. Los grandes empresarios tienden a ser admiradores del estatismo, tienden a ser “populistas socialdemócratas corporativos”, no porque sus almas han sido envenenadas por los intelectuales, sino porque esto los ha beneficiado. Desde la aceleración del estatismo a comienzos del siglo xx, los grandes empresarios han venido utilizando los considerables poderes que otorgan los contratos estatales, los subsidios y la cartelización para obtener privilegios a expensas del resto de la sociedad. No es descabellado suponer que Nelson Rockefeller es guiado mucho más por su interés personal que por un confuso y vago altruismo.”[3]

El estado “benefactor” y sus políticas asistenciales es entonces consecuencia -en gran dimensión- no sólo de las razones políticas que defienden los candidatos a ocupar posiciones de poder en las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, sino que de un modo consciente –en otra magnitud- responden al sostén de los grandes empresarios que apuntalan decididamente medidas intervencionistas, no por motivaciones ideológicas, sino por meras conveniencias personales, para sus empresas -en primer lugar- y para –en última instancia- ellos mismos en forma particular. Algo que, con acierto, autores de nivel como Alberto Benegas Lynch (h) han llamado modernos barones feudales o pseudo empresarios que medran del poder político con miras a beneficiarse ellos mismos, con independencia y completa exclusión de todos los demás. Como se señala en la cita, este rasgo aparece con mayor frecuencia en el “mundo de las altas finanzas”. Dado que el estatismo es la forma mediante la cual los políticos obtienen las más altas ganancias a costa del resto de la población -o sea a través de un mecanismo claramente depredatorio- aquel tipo de empresarios se ven tentados a convertirse en socios del sistema estatista, y es por este propósito que lo promueven y tratan de “venderlo” como sumamente “beneficioso” para el conjunto social. De allí que, no sea de extrañar que estos pseudoempresarios alaben las políticas redistribucionistas, las promueven, y canten loas al asistencialismo que lleva a cargo el gobierno de turno.

[1] Murray N. Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto. (ISBN 13: 9780020746904-Pág. 198

[2] Murray N. Rothbard. Íbidem. pág. 200

[3] Murray N. Rothbard. Íbidem. Pág. 359

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Verdes y sin hambre

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 29/4/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/verdes-sin-hambre_307100

 

Hay versiones para todos los gustos. Los hay incluso -científicos serios, por cierto- que niegan el calentamiento y muestran, entre otras pruebas, que el hielo del Ártico, observable en fotos de la NASA, no ha variado en promedio desde 2002 hasta 2014. Están también los que dicen que sí hay un cambio climático, pero que se debe a causas naturales y no a la mano del hombre ni al efecto invernadero producido por el CO2.
Y ahora tenemos un nuevo estudio que asegura que, más allá de que existe el calentamiento global provocado por el hombre, la cantidad de gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera llegan casi al 0,04% del aire que respiramos, pero insólitamente el mundo es más verde. Es que los vegetales se ven beneficiados por estos gases, según un estudio publicado en Nature Climate Change, y entonces la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde, unas tres veces el tamaño de Europa.
Desde 1983 la biomasa terrestre ha aumentado en el 40% de la superficie de la Tierra, mientras que se ha reducido en solo el 4% debido al CO2, un potente fertilizante. Aumento verde que, en un círculo virtuoso, habría contribuido a frenar el efecto invernadero al absorber los gases tóxicos causantes.
Acción universal
Ahora, el pasado 22 de abril -el “día de la Tierra”- se realizó una Cumbre en la ONU y casi 200 países aprobaron un texto que supone la primera acción universal que busca reducir el impacto del cambio climático. El problema es que, suponiendo que los gobiernos efectivamente tengan la voluntad de cumplir y que no sea solo una declaración demagógica, sus postulados serán coactivamente impuestos sobre la sociedad utilizando el monopolio de la violencia, el poder de la policía, y la violencia solo sirve para destruir.
Y esto suponiendo que, entre todas las teorías, la oficial sea la verdadera. ¿Qué si no lo es, si el calentamiento global no existe? Después de todo nadie tiene la verdad absoluta. En cualquier caso, “está claro que los peores ofensores en el proceso de degradación ambiental… son las de orientación mesiánica, agencias de ‘interés público’. Existen alrededor de 22.000 lugares conteniendo residuos peligrosos en EEUU. Muchos son depósitos municipales. Solamente las bases militares tienen más de 4.000 basureros químicos”, aseguraba Jorge E. Amador, veinte años atrás.
Y el Premio Nobel de la Paz, Obama, días después, el 25 de abril en Hannover, Alemania, pidió a la Unión Europea que aumente su gasto militar: “cada miembro de la OTAN debe contribuir con… un 2% (unos US$ 250.000 millones) del PIB”, el doble de lo que hoy gasta el gobierno alemán. Mucho dinero, como para darle de comer a cien millones de personas al año, con lo que podrían erradicarse las muertes por inanición que llegan a casi 10 millones al año en el mundo.
Por el contrario, el verdadero defensor de la naturaleza siempre fue el público, las personas, la actividad privada. Porque son parte de ella. Quién no quiere verde, aire fresco y bajos ruidos en su casa u oficina. Cuánto más cuesta un terreno en tanto tenga árboles, agua natural limpia, aire puro y no tenga ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza. El mercado incentiva con fuerza, y lo premia con un aumento en el precio, el respeto al medio ambiente. Está claro, pues, que el mercado natural cuidará a la naturaleza del mercado. Y en paz.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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