El fuero interno de un liberal: Una nota

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/9/20 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2020/09/el-fuero-interno-de-un-liberal-una-nota.html

Estoy hablando de mi persona. En mis libros, ensayos y artículos he centrado mi atención en el aspecto medular de la tradición de pensamiento liberal, es decir, en el respeto recíproco como marco de referencia indispensable para la convivencia civilizada. Parece increíble que mis grandes maestros hayan destinado tomos y tomos para explicar la trascendencia del respeto.

Hace tiempo en uno de mis primeros libros fabriqué una definición que veo con satisfacción que algunos distinguidos colegas la citan: “el liberalismo es el respeto irrestricto al proyecto de vida de otros”. Y cuando decimos respeto para nada estamos significando adhesión,  respeto proviene de respectus en cuanto a consideración, en nuestro caso la improcedencia de recurrir a la fuerza para modificar los proyectos que no compartimos. Más aun, subrayamos que la prueba clave de tolerancia es cuando estimamos que el proyecto del prójimo nos parece detestable. Siempre que no se vulneren derechos de otros, todos deben tolerarse aunque, repetimos, la expresión respeto es más adecuada que tolerancia puesto que esta última tiene cierto tufillo inquisitorial en el sentido que perdonamos a otros que están equivocados.

En este contexto debe precisarse que el liberalismo centra su atención en las relaciones interindividuales, por eso juristas de la talla de Gerog Jelliek sostenían que “el derecho es un mínimo de ética” al efecto de subrayar que el territorio  ético es mucho más amplio y abarca la conducta personal de cada uno, una esfera que, como queda dicho, no le incumbe al liberalismo.

Lo consignado desde luego no significa que el individuo liberal esté vacío de valores (o desvalores) y, por tanto, tampoco significa que no critique concepciones que no comparte. Como es sabido, las críticas cruzadas constituyen la herramienta fundamentalísima para el progreso que inexorablemente implica el contraste y la  refutación de conocimientos.

En mis textos he citado repetidamente a los grandes maestros del liberalismo pero en esta nota aludo a mi fuero interno. Tengamos presente que cada uno de los seres humanos somos únicos, irrepetibles en toda la historia de la humanidad de modo que la estructura axiológica y la consiguiente filosofía de cada uno cuanto más se indaga se comprueba que es especial y particular y no calza en ninguna etiqueta pues de todas ellas cada cual extrae sus acuerdos y rechaza los desacuerdos para transformarla en la referida unicidad. Incluso como estamos en un proceso evolutivo, pretendemos que nuestras conclusiones mejoren a medida que nos percatamos de errores anteriores. Y en un plano más amplio, si queremos darle un nombre a nuestra postura esta es del autorrespeto en el sentido de esforzarnos por actualizar nuestras potencialidades en busca del bien y así poder mirarnos al espejo con la tranquilidad de conciencia de haber hecho lo mejor y corregir lo que no hagamos bien.

Finalmente, para mencionar al correr de la pluma los autores que en mi caso me han inspirado para mi fuero interno en cuanto al cultivo de valores, distintos de los tantos que me han inspirado para la noble tradición liberal que está en ebullición permanente donde se descubren nuevos horizontes, por eso me resulta tan atractivo el lema de la Royal Society de Londres: nulllius in verba, esto es, no hay palabras finales en esta navegación permanente por los mares de la aventura del pensamiento.

Por lo que pudiera interesar, como una muestra, algunos de los autores que alimentan mi fuero interno que no centran su atención en el respeto interpersonal sino que extienden sus consideraciones al campo intrapersonal son Viktor Frankl, Gustave LeBon, Lecomte du Noüy, José Ortega y Gasset, Franz Brentano, Paul Johnson, Hannah Arent, John Eccles, Frederick Copleston, Aldous Huxley, Miguel de Unamuno, Ernst Gombrich, Leonard Read, Spencer Wells, Edward Flannery, Elisabeth Kübler-Ross, Helmut Schoeck, Antony Flew, Juan de Mariana, Sto. Tomás de Aquino, Ismael Quiles, Juan José Sanguineti, John Powell, Keith Ward.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

En México, López Obrador impone austeridad al sector público

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/8/20 en: https://www.lanacion.com.ar/politica/en-mexico-lopez-obrador-impone-austeridad-al-nid2453011

Cuando la grave recesión económica que nos afecta era totalmente previsible, el presidente argentino, Alberto Fernández, se hizo cargo de conducir a nuestro país. Según muchos, a la manera de “mascarón de proa” de su actual poderosa vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner, que estaba -y sigue estando- acosada por múltiples causas judiciales por las cuales es investigada intensamente por presuntas maniobras de corrupción.

Al asumir, Alberto Fernández, que nunca gestionó empresa alguna pero que, no sin una cuota de audacia personal, se siente ahora capaz de gestionar a toda una nación, señaló su admiración por la labor y por la figura del veterano presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. No obstante, muchos no creen en su capacidad y, por ello, están hoy preocupados por el estado calamitoso de un país que luce en mala situación económica, social y política, como muy pocas veces en la historia. Alberto Fernández por ahora no inspira demasiada confianza, obviamente.

Hoy López Obrador ha puesto en marcha un severo plan de austeridad para el Estado mexicano. Alberto Fernández, en cambio, ha decidido, a la clásica manera del peronismo -e impulsado por personajes que operan en las sombras, como el senador Carlos Heller- sacarle “a los que más tienen” y no tocar al elefantiásico y opulento Estado Nacional, que, improductivo pese a sus decenas de miles de cortesanos, vive succionando recursos a los demás.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Esto supone disponer “manu militari“, quitarle (“de prepo”) coparticipación a los ciudadanos de la ciudad “autónoma” de Buenos Aires, convertidos sorprendentemente en el “pato de la boda” e indefensos.

López Obrador, consciente de que el PBI de su país caerá un fuerte 10% este año, ha recortado los salarios de los funcionarios públicos, aunque sin disponer despidos, al menos por ahora. Y disminuido en un 75% los gastos operativos del Estado mexicano y de sus dependencias y empresas públicas vinculadas. Ha reducido, además, el tamaño de su gabinete de gobierno. Con razonabilidad y sin demoras.

Mientras tanto, para dar el ejemplo, el austero presidente mexicano ha puesto en venta el lujoso avión presidencial de su país y viaja siempre en aviones de empresas comerciales, en clase turista.

Algunos -por lo antedicho- lo acusan de “austericidio”. Muchos otros, no. Pero López Obrador por ahora no tiene imitadores en el Río de la Plata, más allá de los anuncios tempranos de Alberto Fernández, que hasta hoy permanecen en el olvido, incumplidos.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿Nuevamente perderemos el tren?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/9/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/19/nuevamente-perderemos-el-tren/

Para modificar este rumbo nefasto es necesario trabajar en las ideas de fondo, lo cual no ocurrirá si la oposición se debilita, se fracciona y se dispersa

Fernando Iglesias y Alfredo Cornejo

Fernando Iglesias y Alfredo Cornejo

Los argentinos ya hemos perdido muchos trenes pues han sido tantísimas oportunidades desperdiciadas para rectificar el rumbo del estatismo enfermizo que nos aplasta desde hace décadas. La última oportunidad fue con la fallida gestión anterior que, como he consignado antes, comenzó con el cuasi pornográfico y nada republicano bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial, con el intento de designar dos miembros de la Corte Suprema por decreto y la expansión de ministerios. Todos los demás fracasos están muy frescos como para detallarlos en el contexto de deudas alarmantes, inflaciones galopantes, impuestos insoportables, gastos elefantiásicos y entrega de obras sociales a piqueteros. Lo demás se convierte en anécdotas frente a tamaño resultado neto. Las intenciones no son relevantes, solo los resultados lo son. Se acepta asumir la enorme responsabilidad de gobernar para resolver problemas, las herencias se resuelven pero no son excusa para el desbarranque.

Ahora se vislumbra un nuevo estropicio que es de esperar se corrija el rumbo antes de descarrilar lo cual naturalmente no permitirá llegar a destino. Por una parte, la oposición parece empecinada en mostrar los mismos rostros del fracaso sin contemplar la posibilidad de la irrupción en escena de otras personas dentro de la misma coalición que no han estado en el primera plano en la administración anterior. En esta línea argumental la mayor parte de los responsables directos del PRO debieran dar un paso al costado y comprender que en estas lides las pruebas que terminan en un fiasco deben abrir paso a otros participantes, por ejemplo a miembros del Partido Radical más cercanos a Leandro Alem que a la Declaración de Avellaneda de 1945 y a la Coalición Cívica en general preferentemente quienes se mantengan en la muy meritoria defensa de las instituciones pero se abstengan de dar consejos sobre economía pues sus comentarios en esta materia han sido en no pocos casos desafortunados, más bien deberían repasar con atención cantos a la libertad como un todo en obras como la de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Por otra parte, en la medida que lo anterior no ocurra mayores serán los incentivos para fabricar espacios políticos nuevos lo cual naturalmente debilita y fracciona una oposición unida y reforzada en sus argumentos que no resultan suficientes cuando se limitan a la indispensable referencia a la independencia de la Justicia, pero a esta altura se hace necesario precisar y subrayar que al aludir a su definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”, lo suyo remite a la institución básica de la propiedad y ésta a su vez se traduce en mercados libres, es decir, en el respeto recíproco.

Es sin duda muy importante refutar con fuerza los manotazos a la Justicia, la pretendida colonización del Legislativo y el uso y abuso de decretos del Ejecutivo junto con el apañamiento de corrupciones alarmantes y las amenazas a la libertad de prensa, pero como queda dicho es el momento de profundizar conceptos en vista del enorme peligro que corremos.

En todo caso, si se mantiene el mencionado empecinamiento en mostrar figuras responsables de la pérdida del tren más reciente y se consolidaran espacios políticos nuevos, esto será el clima ideal para que los espíritus autoritarios ganen terreno y se fortalezcan para desgracia de todas las muchas personas de bien que reclaman principios republicanos. Esto último fue la razón principal de los votos para la actual oposición. En esta instancia es menester alimentarla y fortalecerla pero no dividirla. Nos va la vida en esta experiencia.

Comprendo perfectamente bien el enojo por la llamativa tibieza de la gestión anterior, pero no es momento de revanchas sino de distinguir claramente el plano político del académico, lo cual precisamente permitirá el tiempo necesario para continuar con la batalla cultural, de lo contrario las batallas se convertirán en campales y nos sumergiremos en una noche de muy difícil retorno. Hace tiempo que la monotonía de lo mediocre nos invade por lo que venimos durando pero no progresando. Para modificar este rumbo nefasto es necesario trabajar en las ideas de fondo, lo cual no ocurrirá si la oposición se debilita, se fracciona y se dispersa. Por más que algunos bienintencionados sostengan que en última instancia un nuevo espacio se coaligará con la actual oposición, en la práctica naturalmente criticarán la oposición existente de lo contrario no tiene razón de ser un nuevo espacio. En este contexto la división resulta suicida. Como todo en la vida, se trata de un tema de prioridades y de balancear peligros. Se necesita cintura y buenos reflejos, lo contrario es lo mismo que detenerse a elaborar sobre los principios de la metafísica en el medio de un tsunami. Todo tiene un momento, recuerdo un relato de Ortega y Gasset que he utilizado antes cuando escribía que a cada cosa que decía un sacerdote que celebraba misa el monaguillo repetía “alabado sea Dios” hasta que el cura perdió la paciencia y le dijo a su circunstancial ayudante “mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”. Y eso es aplicable a los que apuntan a abrir nuevos espacios políticos, por un lado y los que se aferran a comandos, por otro: puede ser interesante pero no es el momento. Estemos bien alertas pues es fácil caer en el peor de los mundos: encajar nuevos espacios políticos en un ángulo del ring con un discurso vibrante pero inocuo y, en el otro, las mismas caras de la oposición acompañado de un discurso antiguo y deshilachado con lo que la derrota será segura pues el atropello no tendrá límites por parte del chavismo vernáculo.

Entre muchos otros temas álgidos hoy se debate la coparticipación federal sobre lo que he escrito hace poco, pero en esta ocasión es pertinente repasar parte de lo dicho con algún agregado pues esta trifulca ilustra la indispensable clarificación de temas actuales que bien mirados remiten a la sustancia y no envueltos en lo meramente coyuntural.

El desmadre de la coparticipación fiscal comenzó con el golpe militar del 30 y se fue agudizando con el tiempo. Hoy el debate no contempla la fuente del federalismo y prefiere discutir en la banquina de la avenida central. El chusmerío en algunos medios prefiere la parla sobre quién manda y los secretos de palacio en lugar de advertir sobre lo mandado. En el caso que nos ocupa, es de esperar que el trámite ante la Corte prospere puesto que esa jurisdicción tiene rango provincial y consecuentemente le cabe las de la ley. Pero el asunto va mucho más profundo que la faena del leguleyo al efecto de precisar el significado original del espíritu federal. Recordemos que, entre muchos otros, Juan Bautista Alberdi resumió el fiasco del positivismo al sentenciar que “saber leyes pues, no es saber derecho.”

Originalmente en el plano político el desarrollo de la filosofía federalista se ubica en el siglo XVIII en el tratamiento constitucional en tierras estadounidenses de donde han bebido muchas naciones del mundo libre. Allí tuvo lugar uno de los debates más fértiles en la materia entre los federalistas y los antifederalistas (paradójicamente más federalistas que los federalistas).

La tesis central, luego desvirtuada en distintos países (incluso de un tiempo a esta parte en Estados Unidos a contracorriente de lo consignado en aquél debate fundacional), consiste en apuntar a los incentivos en dirección a mantener en brete al poder político para que se dedique a su misión específica de proteger derechos, apartándolo de otros menesteres que no le competen.

¿Cuál era la intención de la arquitectura presente en esta edificación? Estaba basada en la noción fundamental que son las provincias (en el caso norteamericano los estados) las que constituyen la nación y no el gobierno central, por tanto para establecer las debidas jerarquías en la copartipación fiscal son las provincias las que deben coparticipar al gobierno central y no a la inversa. En Estados Unidos al sugerir este procedimiento se referían “al poder de la billetera” de los estados miembros, incluso en el extremo hubieron quienes en aquel momento sostenían que no debía existir un gobierno central lo cual fue refutado con razón con el argumento de las relaciones exteriores y la defensa del conjunto.

En este contexto, los estados o provincias que componen la nación son las encargadas de recaudar todos los gravámenes, excepto los vinculados a la Justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa. En todo caso la idea que subyace en el genuino federalismo es que independientemente de las ideas políticas de los gobernadores de las distintas jurisdicciones, todos estarán principalmente interesados, por una parte, que los habitantes no se muden a otra jurisdicción debido a cargas impositivas excesivas y, por otra, no ahuyentar inversiones para lo cual tienden a la implementación de tributos razonables situación que los obligan a mantener un nivel de gasto público ajustado.

Por supuesto que si a esto se agregan las reflexiones de Thomas Jefferson como embajador en París al recibir la flamante Constitución, otros grifos se hubieran cerrado. Expresó Jefferson en esa ocasión que si hubiera estado presente en la respectiva Convención hubiera introducido la prohibición de contraer deuda pública externa porque la consideraba incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en la elección del gobierno que contrajo la deuda.

En otros términos, si agudizamos las neuronas y repasamos el significado último del federalismo en sus fases iniciales, podríamos revisar en nuestro país la legislación para que apunte a lo que dejamos consignado con lo cual se cortarían de cuajo las escaramuzas que vienen ocurriendo en nuestro medio sin solución de continuidad desde hace décadas y podríamos reemplazar el sistema del chantaje y la extorsión del unitarismo disfrazado de un federalismo en verdad inexistente.

El sistema federal argentino no es una confederación, por ende el maltrato del gobierno central a las provincias bajo ningún concepto autoriza la secesión, pero de allí no se sigue que las distintas jurisdicciones deban someterse en silencio a los abusos del gobierno central. También es cierto que hay caudillejos que prefieren gastar en aventuras antirrepublicanas para que el gobierno central alegremente les transfiera recursos en un juego macabro a dos puntas. La solución consiste en abrirse paso y despojarse del statu quo y debatir propuestas que minimicen problemas recurrentes.

Este tema del federalismo es uno de tantos que es urgente explorar pero no habrá posibilidad si las defensas disminuyen debido a la parcelación de quienes se oponen al autoritarismo galopante que nos viene consumiendo. Perder otra vez el tren sería imperdonable. El ataque a la sociedad libre es demasiado intenso y persistente como para permanecer distraídos. Estamos jugando sobre el fleje. El tiempo apremia.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LIBRO CONTRA LA CUARENTENA OBLIGATORIA: SIN NEGACIONES, SIN CONSPIRACIONES, CON RAZONAMIENTO CRÍTICO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/6/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/libro-contra-la-cuarentena-obligatoria.html

Se trata de una recopilación de todas las entradas de mi blog (gzanotti.blogspot.com) contra la cuarentena obligatoria, desde Marzo de este año hasta fines de Agosto. Cada entrada tiene su fecha correspondiente.

Sólo reitero algo que se encuentra en el subtítulo: no se trata de negar la importancia médica de un virus ni tampoco de recurrir a teorías conspirativas, aunque defendemos, obviamente, el derecho que todo ciudadano tiene a hacerse ciertas preguntas.

Se trata de advertir el peligro mortal, que tiene para la Civilización Occidental, de haber suspendido lista y llanamente lo poco que quedaba de las libertades individuales. O sea, nuestra posición es deontologista: las libertades son inalienables. Recúrrase a las medidas pertinentes que fueren de salud pública -mientras haya bienes públicos- pero NUNCA a una nueva Unión Soviética universal. El fin no justifica los medios.

Por supuesto, esto implica también negar el pánico que ha producido la OMS. Pero la afirmación de las libertades individuales NO tiene su fundamento en que la tasa de letalidad del virus sea baja: porque si no lo fuera, entonces el totalitarismo mundial estaría éticamente permitido, y ese es nuestro punto: nunca lo está.

Sin embargo, si el lector ve mezclada nuestra posición política con preguntas médicas sobre la supuesta gravedad de la enfermedad, es para que todos puedan razonar más tranquilamente tomando una verdadera dimensión de la naturaleza del problema.

Los argumentos están expuestos. Juzgue el lector. Y ojalá esa libertad que le respeto fuera respetada por todos.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

De Wall Street inflacionada y el cepo inflacionario

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 20/9/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/09/20/de-wall-street-inflacionada-y-el-cepo-inflacionario/

Wall Street termina su tercera semana consecutiva en ‘rojo’ con sus índices alejándose de sus niveles de máximos históricos. La reunión de la Fed marcó la semana y la falta de nuevas medidas dejó dudas. La negociación de un segundo paquete fiscal en el Congreso, de entre US$ 1,5 y 2,2 B, no han sido suficientes fuegos artificiales para animar la bolsa. El Dow Jones cayó 0,03%, el S&P 500 bajó 0,59% mientras que el Nasdaq 100 dejó 1,36%. En lo que va de 2020, el Nasdaq gana 25,2%; el S&P 500 el 2,78%, y el Dow Jones pierde 3,09%.

                     En la sesión del viernes destacó Aptiv, fabricante y distribuidor estadounidense de componentes para vehículos, cuyas acciones repuntaron en torno al 7% hasta los US$ 88,9 y así Morgan Stanley ha mejorado su precio objetivo hasta los US$ 150, cuando antes estimaba 63.

                      Entre las compañías que más subieron esta semana está el auténtico “milagro” Tesla (NASDAQ:TSLA) que sube 20%, General Electric (16,2%), Zoom (13%), WestRock (12%) y Diamondback Energy (13%). Los futuros del Brent suben 8% respecto de la semana pasada cayendo, en lo que va de año, un 35%. Por su parte, los futuros del WTI en los últimos siete días se revalorizaron casi 10%, lo que deja la caída anual en el 33%. El euro está en la zona de los US$ 1,185 apreciándose un 5% en lo que va de año. El oro acumula una rentabilidad del 25% en 2020.

                     Entre las muchas señales que indican que Wall Street, como hace tiempo vengo diciendo, está muy inflacionada por el dinero helicóptero ahora se suma, como muestra el siguiente gráfico, el reciente aumento de la base corta a nivel de acciones individuales, por primera vez desde marzo, que apunta a la reducción del riesgo por parte de los inversores institucionales de renta variable. Y hay margen para nuevos aumentos en la base corta dado lo bajo que todavía está para las acciones estadounidenses.

Gráfico: Cantidad en préstamo sobre acciones individuales (Excluidos los ETF)

TheMarketEar

               En particular, es interesante el análisis técnico sobre que las acciones tecnológicas podrían tener mucho más margen de caída de Michael Kramer aunque, insisto una vez más, le tengo muy poca confianza a las matemáticas aplicadas a la economía desde que difícilmente el comportamiento humano y, por tanto, del mercado pueda ser anticipado por cálculos “racionales” previos, valga la redundancia.

                Por cierto, las tasas de interés a cero han regresado para quedarse durante un tiempo, reafirmó la Fed el miércoles, al menos hasta 2023. Lo que no clarificó fue el futuro del programa de compras de deuda vigente, el conocido como quantitative easing (QE), pese a que el mercado esperaba que pudiera adelantar si las adquisiciones se volcarían más en los bonos a largo plazo.

               Así el rendimiento del bono a 10 años tiende a subir -a medida que el precio baja- quedando en alrededor del 0,697%. Aun así, en general, la deuda estadounidense a largo plazo, aquella que vence en al menos una década, aún acumula unas ganancias del 15% en el año frente al 2,8% que se anotan los bonos entre 1 y 3 años.

                Y, desde Citi, creen que cualquier novedad en el QE no llegaría hasta final de año. Sus analistas esperan poco en el FOMC [el comité encargado de la política monetaria] de noviembre. En diciembre, la Fed puede desacelerar las compras de MBS [valores respaldados por hipotecas], aumentar las compras del Tesoro o extender su duración promedio. Con lo cual el rendimiento podría bajar a medida que el precio suba.

El cepo inflacionario                

                En fin, yendo a la Argentina populista, lo cierto es que estamos en un círculo vicioso existencial que no tiene solución, al menos en el mediano plazo. Para ser político hay que ser corto de cerebro, es condición sine qua non. Lo digo seriamente, cuando los escucho me asombra lo primate que son. Es un círculo vicioso, porque necesitan atraer a la mayoría y, para ello, tienen que repetir slogans que la mayoría acepte de manera primaria, en la medida en que digan algo más inteligente, o más elaborado, la masa los entiende menos y pierden seguidores y, si dicen algo extremadamente inteligente, sencillamente desaparecen.

                Ahora, el miedo deliberadamente difundido desde el gobierno y amplificado por casi todos los medios que trasmiten como un partido de fútbol los muertos por “covid” -aunque solo son el 10% de los muertos totales en Argentina y esto creyéndonos que las cifras no están infladas- hacen que la masa sea aún más irracional, con lo cual los políticos se ven “forzados” a una bola de nieve cada vez más populista (léase, mas Estado en lugar de menos regulaciones y más privatizaciones).

                Y esta bola de nieve populista se ve reflejada en el Presupuesto Nacional para el ejercicio 2021. Donde, como señalan desde Invecq, la primera condición es la “inclusión social” que, por cierto, es la excusa para aumentar los impuestos y la inflación que siempre terminan siendo derivados a los pobres (ya que las empresas aumentan precios, etc) necesarias para hacer demagogia, “asistencialismo social” que es devolverles a los pobres menos de los que se les quitó.

                El gobierno augura que el PBI crecerá 5,5% en 2021, una inflación del 29%, un dólar oficial de 102,4 en diciembre y un déficit presupuestario primario del 4,5% del PBI y total del 6%. Como se ve en este gráfico, aun con las proyecciones oficiales -muy poco creíbles- el nivel de actividad hacia finales del 2023 sería inferior a la del 2017.  

                   Ante tanto populismo rampante, no es creíble que la suba del IPC pueda terminar el año 2021 por debajo del 30% y, sobre todo ahora que se endurece el cepo que, irónicamente, presionará hacia arriba al IPC. Para empezar, se agravan condiciones de financiamiento para empresas, dice Moody’s, con el nuevo cepo, es decir, caerá el PBI esto es la demanda de pesos.

                  La razón porque los dólares no alcanzan es muy obvia, sucede que el BCRA los vende baratos subsidiados y, entonces, aumentan artificialmente la demanda al tiempo que a ese precio nadie quiere venderle al BCRA y -en esto se llevará una sorpresa el gobierno- la oferta seguirá cayendo por mucho que obligue porque siempre algunos encuentran la manera de zafar.

                   Por qué el gobierno insiste en mantenerlo barato, desde el punto de vista ideológico porque le teme al IPC y cree que eso es inflación -cuando es al revés: el peso se deprecia con la inflación, la exagerada oferta- pero el motivo funcional es una cuestión de poder. Los dólares son la moneda real no el peso, y el gobierno quiere mantenerlo controlado por una cuestión de poder.

                   Este gráfico, que lo tomé de Nicolás Cachanosky, es muy didáctico:

                  Allí se ve cómo, ante el precio subsidiado del BCRA, los dólares son potencialmente muy demandados y muy poco ofrecidos, perdiendo reservas. Pero, como no toda esa demanda potencial se puede realizar dado el cepo, la demanda insatisfecha -que crece a medida que se endurece el cepo- se vuelca al blue provocando una suba de su precio a ese nivel de demanda, así aumenta la brecha entre el oficial y los paralelos, se pierden más reservas y se encarece los precios relacionados perjudicando a los más pobres.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

En plena crisis, Hobbes nos respira en la espalda

Por Enrique Aguilar: Publicado el 22/8/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/en-plena-crisis-hobbes-nos-respira-en-la-espaldaensayo-nid2426861

Enrique Aguilar

¿Cuáles son los límites del poder del Estado durante una emergencia como la pandemia?; el autor del Leviatán ofrece algunas claves

Nuestro mundo político es uno que Hobbes reconocería”, escribió hace poco David Runciman a propósito de la guerra que se viene librando contra la pandemia. Una guerra que pone al descubierto el nexo atávico entre protección y obediencia y que, para el autor de Politics. Ideas in Profile, hará que la lucha entre “la flexibilidad democrática y la crueldad autocrática” termine modelando el futuro. ¿En qué medida, pues, las restricciones a la libertad impuestas por la emergencia llegaron para quedarse?

Refresquemos un poco la teoría. Para el autor de Leviatán (1651) los individuos, que la naturaleza ha hecho libres e iguales y desean ante todo su propia conservación, tienden al conflicto debido a tres causas principales: competencia, desconfianza y gloria. Un conflicto que, al escalar, se vuelve estructural trayendo como resultado la “guerra de todos contra todos”. Esa es la “miserable condición” (“solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve”) en que se encuentran o bien recaen los individuos cuando no existe “un poder común que temer”. De ahí que se la haya interpretado como una “posibilidad recurrente” que puede darse en un tiempo anterior a la creación del cuerpo político (es decir, en estado de naturaleza) o en la interrupción que éste sufre debido a la guerra civil.

Como se sabe, un pacto o acuerdo de voluntades es el acto fundamental mediante el cual los individuos, movidos por su razón y su temor a la muerte violenta, abandonan esa condición y otorgan por mayoría a un hombre (monarquía) o asamblea de hombres (aristocracia o democracia), el derecho de representarlos haciendo pleno uso de la soberanía. En virtud de este pacto, celebrado a partir de esa nada política que es la guerra intestina, surge el gran Leviatán: el Estado, ese “dios mortal al cual debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y nuestra defensa”. El titular de esa persona artificial y omnipotente se denomina soberano, que no estará sometido a las leyes que él mismo establece. Y dado que los individuos pactaron entre sí autorizarlo y transferirle el derecho a gobernarse a sí mismos, deben obedecer a sus leyes como si ellos mismos hubieran sido sus autores. La ficción de la representación moderna (según la cual la voluntad del representante es la voluntad de todos y cada uno de los individuos) está presente en este acto de autorización.

Para Hobbes, cuando en una condición de “mera naturaleza” se realiza un pacto, cualquier mínima sospecha lo vuelve nulo porque la ambición, la avaricia y otras pasiones humanas serán siempre más fuertes que la palabra, a no ser que el auxilio de la fe (o el temor a Dios) nos disuada de quebrantarla. En cambio, “cuando existe un poder común sobre ambos contratantes, con derecho y fuerza suficiente para obligar al cumplimento, el pacto no es nulo”. De ahí que estos últimos se comprometan mutuamente a renunciar, en favor del soberano, al derecho de juzgar los medios conducentes a la paz y la seguridad para la conservación del cuerpo político.

¿Qué ocurre con nuestra libertad una vez instituido el poder soberano? Para responder a esta pregunta hay distinguir la liberad natural de la libertad de los ciudadanos. La primera es indiscriminada: la ausencia de obstáculos externos que nos impidan hacer lo que nos plazca. Pero sabemos que, para alcanzar la paz, los individuos crean voluntariamente el Estado y con ello las leyes, esas “cadenas artificiales” que limitarán sus movimientos. De este modo, la libertad de los ciudadanos dependerá del “silencio de la ley”, vale decir, de aquellas zonas omitidas o no legisladas por el soberano (la libertad de comprar y vender, de elegir su género de vida o la propia residencia, la educación de los hijos, etc.) que no pueden determinarse de manera abstracta o incondicional, sino que dependen esencialmente del ordenamiento legal establecido por el soberano. Si la ley no prohíbe o calla, el individuo es soberano de sí mismo.

Ciertamente, el carácter ilimitado de la autoridad soberana puede traer consigo “malas consecuencias” o inconvenientes derivados de la mala praxis de los gobernantes. Hobbes lo reconoce. Pero sabe también que se trata de un riesgo ineludible si queremos que el Estado cuente con los medios necesarios para defendernos, sobre todo en ocasiones extremas. Pensando en dichas ocasiones, cuando el ordenamiento legal no es suficiente para afrontar la ausencia de normalidad, Hobbes afirma el carácter absoluto de la soberanía. Por ende, si la opción estriba entre la anarquía y el orden, el interrogante en torno a la calidad de ese orden se vuelve secundaria, puesto que nada -ni siquiera el abuso de autoridad o la opresión- es peor que el mal absoluto de la guerra civil.

¿Cuál sería entonces el alcance de la obediencia? Hobbes señala que “no ha de durar ni más ni menos” que lo que dure el poder del soberano para proteger, argumento que Carl Schmitt sintetizó en la fórmula protego ergo obligo (“protejo, luego obligo”). Porque, como apunta Hobbes, “el derecho que los hombres tienen, por naturaleza, a protegerse a sí mismos, cuando ninguno puede protegerlos, no puede ser renunciado por ningún pacto”. En otros términos, si el fin de la obediencia es la protección, la posibilidad de desprotección estatal habilita de facto la autoprotección: el derecho del individuo a salvaguardarse, aun contra las órdenes del Leviatán, si llegasen a poner su vida en riesgo.

¿Podemos, sin salirnos de Hobbes, fundar la limitación del poder sobre la base de este argumento que fija un límite absoluto a la intervención estatal en el derecho natural e inalienable a proteger la propia vida? Entiendo que sí. Además, están las leyes naturales, “inmutables y eternas” (justicia, gratitud, equidad, misericordia, etc.), que siempre obligan en conciencia, ya sea que se las reconozca como enunciados emanados de Dios (quien “por derecho manda sobre todas las cosas”), o bien (si dejamos de lado a Dios) como “dictados de la razón” atinentes a la defensa y la conservación propias que, entre otras cosas, impedirían a un soberano castigar a un inocente.

Sin embargo, quienes recelamos del poder y de su lógica naturalmente expansiva no podemos subestimar los posibles excesos que pueden sucederse de la mala praxis del soberano. Es cierto que aun las constituciones liberales contemplan medidas discrecionales para momentos de excepción y que autores de la estatura de John Locke también las consintieron. Sin embargo, como afirmó Benjamin Constant en unas páginas escritas contra Napoleón, la experiencia enseña que una vez que se acude a esas medidas se encuentran “tan fáciles, tan cómodas, que nadie quiere emplear otras”. De suerte que, presentada al inicio como un recurso excepcional, “la arbitrariedad se torna la solución de todos los problemas y la práctica cotidiana”.

Revelaciones más o menos recientes acerca del frontispicio de la primera edición de Leviatán, donde se puede advertir la presencia de dos médicos de la peste negra con sus típicas máscaras observando una ciudad sin transeúntes, permiten conjeturar que Hobbes hubiera encontrado asimilable la incidencia de una pandemia a la desolación del estado de naturaleza y la necesidad de un orden garante de la salud pública. En cualquier caso, creo que sobran razones para precaverse frente a la posibilidad de agravar la situación de muchos países, en lugar de aliviarla, fomentando la concentración del poder y las soluciones de “necesidad y urgencia”. De lo contrario, parafraseando a Locke, con la excusa de consagrar a un protector que nos defienda de los zorros (llámense, en este caso, las microgotas transmisoras del Covid-19), nos expondremos a las garras de un león.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

Organicismo y argucias tributarias

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

La tesis organicista reaparece en esta otra errada expresión: “conjunto del cuerpo social” con lo que se ve que la necesidad de hacer pasar al gobierno por un ente corpóreo como de carne y hueso es el único recurso que tienen los estafadores estatales.

No existe “cuerpo social” alguno, de tal suerte que, los únicos que inventan e imponen impuestos son un grupo de vividores que se van turnando en el poder y se hacen llamar “el estado”, y que no podrían hacerlo si no tuvieran el respaldo teórico de sujetos que se hacen llamar tratadistas y “expertos” en tributación.

En el impuesto la única “contribución” que existe es entre los burócratas para crearlos, imponerlos, cobrarlos y castigar a los que no pueden o no quieren pagarlos. No hay ninguna otra “contribución”.

“El economista italiano Cossa, establece: “Impuesto es una cuota determinada y proporcionada de la riqueza de los particulares, que la autoridad del Estado, de la provincia y del municipio se reservan para proveer a una parte de los gastos públicos hechos en ventaja de la generalidad de los contribuyentes” “[1]

Esta definición adolece de los mismos defectos que las anteriores, a los que hay que agregar que la proporcionalidad no es una característica del impuesto, porque a los tributos progresivos también los burócratas y sus teóricos los consideran impuestos. En algún sentido, es más realista que las anteriores, al menos en un punto, ya que, en lugar de aludir al mítico “estado”, este autor nos habla de la autoridad del “estado” tema también difuso a la luz de la teoría política, pero que -en última instancia- tiene como sujeto al gobierno, punto discutible desde la teoría de la “representación democrática” que suele sostener que la autoridad (soberanía) reside en el pueblo y este delega en el gobierno. Pero es poco probable que este sea el sentido que se le quiere dar, porque si no, deberíamos caer en el contrasentido de que el pueblo se estaría imponiendo a si mismo cargas (“reserva” dice en este caso la cita). Sin embargo, la “democracia” nos vende una falacia: no es el pueblo -como tal- el que se impone a si mismo tributos, sino que es una mayoría que lo hace sobre una minoría que supone “rica”, con lo cual se termina empobreciendo más a los pobres.

“Mirbach-Rheinfeld, definen: “Los impuestos son, desde el punto de vista jurídico, prestaciones pecuniarias a las personas públicas, que la ley impone en virtud de ciertas hipótesis determinadas, sin que haya necesidad de ningún otro tributo para dar nacimiento a la obligación””[2]

Ya vimos que no son ni prestaciones, ni contribuciones, sino que son simplemente exacciones, despojos, desfalcos. Es decir, la definición es ambigua porque califica de “prestaciones” lo que seguidamente dice “la ley impone” y decimos que agrega confusión, porque la palabra “prestación” tiene en el diccionario de Real Academia Española al menos seis acepciones diferentes, una de las cuales (tercera) corresponde al tributo. Por lo que, la palabra “prestación” puede referirse tanto a la voluntaria como a la coactiva. Pero dado que el impuesto siempre es coactivo no le cabe una palabra tan ambigua como “prestación”, siendo más ajustada a su esencia y sentido la de exacción, sobre todo en la segunda acepción de esta.

“El ilustre autor italiano Flora, por su parte, expresa: “La cuota individual del costo de producción de los servicios públicos requeridos de modo indistinto e indivisible por toda la población o por grande e indeterminada parte de ella y coactivamente detraída por los entes públicos territoriales c institucionales sobre la riqueza de tocios sus miembros”. A esta definición que conceptúa errónea por “limitar la aplicación del producido de los impuestos al costo de los servicios públicos —afirma Ruzzo— incorpora a su definición, un concepto que es inseparable de la doctrina contemporánea sobre impuestos, al referirse a cuota parte.”[3]

En este punto es necesario reiterar algo que ya dijimos muchas veces: en el mercado todos los bienes y servicios que se ofrecen son públicos en el sentido de que se ofrecen al público. Existe una confusión terminológica entre público y estatal que habitualmente se usan como sinónimos sin serlo. Si se desea más precisión digamos que el mercado es aquel proceso por el cual la iniciativa privada produce y provee de bienes y servicios al público. Entonces esos bienes y servicios también son públicos.

El gobierno no ofrece nunca ni “servicios”, ni bienes “públicos”. Lo que si ofrece son bienes y servicios de los que ha despojado primero al sector privado y luego los ofrece al público como si fueran “producidos por” el gobierno. Por esta misma razón aclaramos antes que no existen capitales “públicos” o “nacionales” sino solamente capitales privados.

Si con dineros de Juan -que Pedro le ha robado a este último- se compra Pedro un coche, este no es de Pedro sino de Juan, porque la propiedad del dinero con que Pedro hizo la compra es de Juan y no de Pedro. Juan podrá exigir a Pedro el automóvil o el dinero más los intereses.

Si en lugar de Juan decimos “ciudadanos” y en lugar de Pedro decimos “el gobierno” se verá claramente la cuestión y el engaño de estos “tratadistas”. Pero, en este caso, Juan no podrá ya exigir al gobierno ni la devolución del dinero con sus intereses ni el vehículo.

Que los estatistas se hayan apropiado de la palabra “público” para aludir exclusivamente al “estado” y sus supuestos “servicios” es una demostración más del creciente avance del pulpo estatal, y la labor de sus “teóricos”, fructífera en la misión de lavar cerebros ingenuos.

Por lo demás, los estatistas no sólo se apropiaron de la palabra “público” sino que también se apropiaron de la producción de esos bienes y servicios que el mercado engendra y reparte entre el público. De allí que, los peores monopolios y los más dañinos sean los monopolios estatales, porque cuentan con la protección de la ley que les da existencia y sustento a la vez que excluye la competencia del sector privado en la tradicional provisión de bienes y servicios que fueron de origen privado: carreteras, transportes, correos, caminos, telefonía, electricidad, energía (y muchas cosas más) fueron creadas, inventadas o descubiertas -según su caso- por la iniciativa privada.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Demanda, Oferta, y Cepo Cambiario

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 16/9/20 en: https://puntodevistaeconomico.com/2020/09/16/demanda-oferta-y-cepo-cambiario/

Como era de esperarse, la pérdida de reservas del BCRA llevaron a un endurecimiento del cepo cambiario. Y también como es de esperarse, esto ha de traer mayores costos que beneficios.

Uno de los problemas de un cepo cambiario es que mientras en la practica no soluciona el problema de pérdidas de reservas, puede llevar a una devaluación mayor a la necesaria para cerrar la perdida de reservas. Esto se puede apreciar en un gráfico de demanda y oferta.

El gráfico muestra la demanda y oferta de dólares en el mercado cambiario argentino. El tipo de cambio intervenido del BCRA (e_{BCRA}) se encuentra por debajo del tipo de cambio de equilibrio (e^*). El exceso de demanda se traduce en una pérdida de reservas (el mercado no ofrece todos los dólares que demanda el mercado).

El cepo produce cuatro efectos.

  1. La cantidad de dólares adquiridos en el mercado formal cae de q^* a q_C. La diferencia son dólares que no se pueden usar en el mercado formal para financiar inversiones o compras inmobiliarias.
  2. Se genera un mercado informal (negro, o blue), dado que el mercado está dispuesto a pagar un mayor precio por esos dólares.
  3. Se genera una devaluación, en el mercado informal, superior a la necesaria para cerrar la pérdida de reservas:  \frac{e^*-e_{BCRA}}{e_{BCRA}}” width=”167″ height=”23″ srcset=”https://s0.wp.com/latex.php?latex=%5Cfrac%7Be_%7BBLUE%7D-e_%7BBCRA%7D%7D%7Be_%7BBCRA%7D%7D+%3E+%5Cfrac%7Be%5E%2A-e_%7BBCRA%7D%7D%7Be_%7BBCRA%7D%7D&bg=ffffff&fg=333333&s=0&zoom=2 1.5x”>.
  4. Se incentiva un uso político para racionar los q_C dólares que sí se pueden vender al tipo de cambio del BCRA.

En resumen, un cepo agrava los problemas existentes. Una solución a la pérdida de reservas requiere una devaluación menor a la que produce un cepo en el mercado informal, al cual recurren pequeños ahorristas. Es decir, justamente quienes más necesitan proteger su limitada capacidad de ahorro. El cepo es una medida que perjudica a las clases trabajadoras y populares, no a los ricos con sus ahorros a resguardo del gobierno.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

El Gobierno terminó con el dólar ahorro, pero debe eliminar por completo el cepo cambiario

Por Iván Carrino. Publicado el 16/9/20 en:  https://www.infobae.com/opinion/2020/09/16/el-gobierno-termino-con-el-dolar-ahorro-pero-debe-eliminar-por-completo-el-cepo-cambiario/

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Los controles de cambios son controles de precios aplicados a la divisa extranjera. Así que, como cualquier control de precios, estimulan la demanda pero restringen la oferta.

Esto mismo venía ocurriendo mes tras mes en el mercado de cambios de Argentina. Con un “dólar oficial” de $79, un “dólar ahorro” de $103, y un “dólar paralelo o libre” de $130, todo el mundo quería comprar, pero nadie quería vender.

Alguien, no obstante, sí vendía: el Banco Central, que venía perdiendo entre USD 500 y 900 millones por mes y al que le quedaban, según su último balance, unos USD 5.400 millones de reservas netas.

En este marco quedaban pocas alternativas: o se acudía a la normalidad, y se liberaba el precio del dólar, o se restringía más el acceso al mercado de cambios oficial.

Las medidas anunciadas hace instantes son una muestra de que el gobierno nacional eligió lo segundo.

Es que con el 35% de retención que la AFIP le impone a la compra de dólar ahorro, al dólar oficial habrá que sumarle 35% más el 30% del ya vigente “Impuesto País”. Es decir, un “dólar ahorro” costará cerca de $130, lo que hoy cuesta un dólar en el mercado paralelo.

La medida luce como una abierta contradicción con lo que el Ministro de Economía, Martín Guzmán, había declarado hacía horas, respecto de que “queremos ir en la senda hacia la normalización, no hacia cerrar aún más, porque eso sería una medida para aguantar. Nosotros no venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía”.

Pero esto es Argentina, el país de las contradicciones y de la inseguridad jurídica.

Sin embargo, llevar cada vez más “dólares” al nivel del “dólar paralelo” no es una mala idea. En definitiva, la normalidad de los países es tener un solo tipo de cambio, más allá de qué valor alcance este tipo de cambio. Además, la compra del dólar ahorro constituía un ahorro subsidiado por el gobierno que ahora se termina.

Lo que ocurre es que todo aquel que quiera exportar un dólar de Argentina, seguirá recibiendo $74, mientras el gobierno nacional está reconociendo indirectamente que el dólar cuesta $130. Lo mismo ocurre con todo aquel que quiera realizar una inversión extranjera en blanco, recibirá $74 cuando en condiciones de libertad recibiría $130.

¿No será este uno de los motivos por los que las empresas se van del país? Si invierto USD 100 y por ellos recibo $7400 en lugar de $ 13.000: ¿por qué voy a invertir?

Terminar con el subsidio del dólar ahorro no es una mala idea, más allá de que se haga con nuevos impuestos y una nueva maraña de regulaciones. Pero el problema de la diferencia cambiaria sigue vigente y sigue siendo un lastre para la economía, además de un saqueo a todo aquel que quiera exportar o invertir dólares en Argentina.

Por último, mañana podría subir la brecha cambiaria, ya que hasta hoy ese subsidio al comprador de dólares oficiales operaba como una ampliación de la oferta de dólares blue, que ahora no estarán más.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino