Ñoquilandia

Por Iván Carrino. Publicado el 12/2/16 en: http://opinion.infobae.com/ivan-carrino/2016/02/12/noquilandia/

 

El que encendió la mecha fue el ministro Alfonso Prat-Gay, quien, en ocasión de su presentación de las metas fiscales y de inflación, se refirió al derroche del gasto público como la “grasa de la militancia”. El comentario hacía referencia a la cantidad de empleados que consiguieron su puesto en el Estado producto de sus vínculos políticos, en lugar de hacerlo por su capacidad técnica o por una verdadera necesidad de mayor personal.

El debate que siguió se centró en la cantidad de empleados “ñoquis” que, según un estudio de la consultora KPMG, se ubica entre 200 mil y 250 mil personas. Se suele llamar ñoqui al empleado que, sin función aparente, todos los días 29 pasa a retirar su cheque pagado por alguna dependencia u organismo estatal.

En aras de ordenar este derroche, el Gobierno comenzó a revisar todos los contratos de los últimos tres años. Para el ministro de Modernización, los despedidos ascienden a seis mil. Otras informaciones, sin embargo, ubican el número de despidos en 25 mil, si se suman empleados municipales y provinciales.

La cifra no debería generar alarma. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en el Estado nacional, provincial y municipal hay 1,7 millones de empleados en relación de dependencia. Si a esto se añaden los contratados y quienes gozan de menor formalidad laboral, la cifra se aproxima a los cuatro millones. Es decir, la reducción de plantilla, tomando la cifra más elevada, es de solamente el 0,6% del total y del 10% de los supuestos ñoquis que cobran del Estado.

Ahora, el punto es por qué abundan los ñoquis en la función pública, pero no parecen ser un problema en el sector privado. Por qué la ñoquilandia prolifera en el Estado y no en las empresas.

Milton Friedman, premio nobel de economía, afirmaba que había cuatro formas de gastar el dinero: se gasta el dinero propio en uno mismo, se gasta el dinero propio en otros, se gasta el dinero de otros en uno mismo, se gasta el dinero de otros en otros.

En el sector privado, por lo general, se emplea la primera forma de gastar. Una empresa cualquiera podría contratar un empleado por el mero hecho de que este tenga afinidad con los dueños. Sin embargo, a la larga, si este empleado no es útil en la generación de ganancias o, peor aún, debido a su inutilidad, genera perjuicios económicos a la compañía, la organización decidirá hacerlo a un lado, puesto que debe proteger e incrementar su capital. De esta forma, en el mejor de los casos, el ñoqui en el sector privado es un fenómeno temporario.

Ahora bien, cuando el Estado gasta, combina las dos últimas formas de utilizar el dinero. En primer lugar, porque cuando destina recursos para proveer bienes públicos, está utilizando el dinero de los otros (los contribuyentes) en otros. Así, no extraña que se paguen sobreprecios y que la calidad de los bienes públicos no sea la óptima.

En segundo lugar, porque los funcionarios estatales usan recursos de terceros en su propio beneficio, ya que así pueden financiar sus campañas o crear redes clientelares. En este sentido, el Gobierno podría crear una oficina del no hacer nada e igualmente obtendría beneficios, puesto que todos los empleados de esa oficina dependerían del cheque estatal para sobrellevar su vida y eso podría influirlos a la hora de votar.

Es decir, como el Gobierno gasta la plata que no es suya para beneficio propio, es inevitable que aparezca y se perpetúe dentro de él la ñoquilandia, ya que las afinidades personales, políticas y los negocios turbios prevalecerán frente a otros criterios más respetables.

En este contexto, es bienvenida la tímida reforma del Estado que está teniendo lugar, pero una solución definitiva pasa por eliminar dependencias completas y ponerle límites estrictos al gasto público. Sólo así los incentivos para abusar de la billetera del Estado, lleno de puestos improductivos, quedarán reducidos a su mínima expresión.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El cinismo de decir que “el salario no es ganancia”

Por José Benegas. Pubicado el 12/2/16 en: http://josebenegas.com/2016/02/12/el-cinismo-de-decir-que-el-salario-no-es-ganancia/

 

“El trabajo no es ganancia”, dicen Massa, Moyano y otros sindicalistas ¿Por qué no es ganancia? Pues porque es “remuneración por el trabajo”. Esa diferencia no depende de ninguna otra cosa que aplicar etiquetas distintas a la venta a un tercero del trabajo para que él corra el riesgo y al uso del trabajo para uno mismo, corriendo el riesgo. Pero todos estos “remuneristas” entienden que por quitarte el riesgo sos un pobrecito, tus ingresos reciben otro nombre y el estado no te tiene que robar lo mismo que le roba al que se juega para obtener algo mejor o simplemente porque fue despedido y las reglas laborales que propician todos, lo dejan fuera del mercado de empleo.

La primera gran barbaridad, que opera directamente en pos de la decadencia argentina, es esa idea más arraigada que un dogma trascendente, según la cual el sistema victimiza al empleado, interviniendo en su favor contra las empresas; las que corren riesgos y producen salarios y, además, haciendo definiciones por las cuales sus ingresos libres de riesgos merezcan un tipo de piedad que a igual cantidad en condiciones de riesgo, los demás no merecen. Es un corralito de sus clientes y una abierta hostilidad para los que quedan fuera.

Pero la victimización que parece tan calentita para los victimizados es un arma de doble filo. El mercado no paga nada que no quiere pagar, si no le queda otra frente a la arbitrariedad de los protectores, saca de un lado y pone en otro. Si el recurso laboral pasa a tener un costo mayor por una decisión de un aparato de imposiciones como el estado, reduce su demanda. La gente que era útil deja de serlo en función de sus cálculos y sus riesgos. A diferencia del asalariado que puede dejar de ganar de hoy a mañana, el empresario puede perder lo que tiene, con lo cual es mucho más sensible a los bandidos buenos estatistas. Ahí está la desocupación, el lado negado de imponer terceros condiciones que el mercado por si no quiere pagar. La única forma de que el mercado por sí quiera pagar más es quitarse de encima costos improductivos como los impuestos, reglas restrictivas y en función de eso que haya más inversión. Pero toda esta bondad resulta que pesa sobre el que sostiene a todos, el que se juega. Ni los políticos ni los asalariados lo hacen. Estos últimos igual son útiles.

La segunda barbaridad es más abstracta, pero todavía más peligrosa. En este juego de pelearse por quién paga el estatismo, en el que pierden los que están en la posición más insegura, se asume que el aparato político es juez de las ganancias. Como un padre golpeador que hace a sus hijos discutir si los golpes tienen que ir hacia los varones, las mujeres, los más grandes o los más chicos, envenenándose al aceptar que los golpes no se discuten.

Ahí vamos al punto. El impuesto a las ganancias perjudica a todos. Sea que pegue sobre mi o sobre mis clientes o proveedores. El empleador es el cliente del asalariado, pero el lenguaje impide que se vea esa realidad. Los mismos que claman por más empleo (al que tienen en su corralito), despotrican contra los empleadores que son los únicos que lo demandan. Si alguien tiene el sueño de ser asalariado, sería pro empresario más que nadie si no lo bombardearan permanentemente con falsos conceptos y etiquetas.

El conflicto verdadero es entre producción e improductividad, es cuando viene la discusión sobre ese costo que no fluye por si mismo sino a costa de los demás que es el estado. Algo que se evita que aparezca como problema en el mar de resentimiento parasitario que permite vivir a políticos y sindicalistas de falsedades.

Mientras tanto insisto con la cuestión de que deberían explicar por qué el que gana 100 vendiendo cartuchos recargados para impresoras porque lo echaron de su trabajo o no consigue uno, merece un tratamiento impositivo diferente que el que gana 100 como empleado de una estación de servicio. Por qué el primero que no sabe cuántos cartuchos va a vender la semana que viene o si se va a enfermar, tiene que ser fiscalmente peor tratado que el segundo. Ya inventarán una palabra para llamarle a las angustias del independiente de un modo tal que se vea como un pecado de lesa argentinidad.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

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El “secreto” del peronismo para perdurar

Por Gabriel Boragina. Publicado el 8/2/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/02/el-secreto-del-peronismo-para-perdurar.html

 

¿Cuál ha sido el “secreto” del peronismo para mantenerse vigente desde su temprana fundación en 1945? La respuesta sugiere que se ha debido a distintos factores de orden filosófico, político y económico que influyeron sobre su líder Juan Domingo Perón.

En cuanto a su aspecto filosófico:

“La presencia de Perón en Italia, que coincidió con el advenimiento del Fascismo, fue decisiva para su evolución política. El Peronismo no es más que la traducción vernácula del fascismo italiano, sólo que Perón no habla de “Resurgimiento”. Habla de una categoría parecida: “Evolución”.”[1]

El peronismo, que como bien indica el autor citado, consiste en la versión criolla del fascismo italiano, no es sino una variante más del populismo. El peronismo filosóficamente se ha definido:

“Como un praxismo que anuló la categoría de Revolución propuesta por Gramsci. El Peronismo es un mundo sin valores donde lo que importa es el poder acumulado. Y a esto, los peronistas lo saben muy bien, porque tienen un olfato especial para el poder.”[2]

Dado que se trata precisamente de “un mundo sin valores” es que los peronistas son hábiles oportunistas para llenar ese vacío de valores con aquellos que sean más convenientes para lograr su objetivo final: hacerse del poder total por la mayor cantidad de tiempo posible. Por eso, necesariamente ha de ser demagógico. La adulación a las masas por medio de un líder que supuestamente estaría “representando” los “intereses” de las “clases populares” es un elemento esencial en la “lógica” populista y por consiguiente –desde luego- peronista.

“-¿Por qué el peronismo no asumió la categoría de Revolución?

-Porque fue conservador al estilo del “actualismo” de Gentile. Pero a mi juicio, así como Gramsci fue “más actualista que Gentile”, los Montoneros fueron más peronistas que Perón al pensar en la categoría “Revolución” y no en “Evolución”. Hace poco, me encontré con un viejo texto de Firmenich que me dio la razón. Decía “nosotros los Montoneros somos más peronistas que el propio Perón”.”[3]

Los Montoneros pretendían llevar la doctrina asumida por Perón hasta sus últimas consecuencias lógicas: la realización de la revolución marxista, disfrazada bajo las consignas de “nacional y popular”. Esa revolución incluía -desde luego- la insurrección armada y la toma del poder por medios violentos. Prueba de ello consiste en la gran cantidad de secuestros extorsivos y crímenes cometidos por la mencionada banda, que ejecutaba sus tropelías en nombre del “movimiento”. Es interesante señalar que -mas tarde en el tiempo- el matrimonio Kirchner se adjudicó la misma consigna, a la vez que reivindicaron la lucha armada por los criminales Montoneros a quienes rebautizaron como “jóvenes idealistas”, con lo que pretendieron “purificar” a los que no fueron más que feroces asesinos.

“-¿Firmenich le daba la razón a Gramsci?

-Totalmente. Y esa es mi tesis. Además, ese fascismo llamado Peronismo ¿qué ética ha generado en el país? La de un praxismo donde lo que importa es la acción para la acción que equivale a poder. Lo fundamental en el peronismo es el mantenimiento y la conquista del poder. Por eso se entiende que sea peronista un Perón, un Menem o un Kirchner. Todos diferentes pero todos unidos en esta lógica.”[4]

Profundamente cierta la anterior afirmación. Pero faltaría agregar que la estrategia del peronismo en sus planes permanentes de tomar el poder total y absoluto consiste en la elaboración de un discurso demagógico por el cual se intenta convencer a una masa de ignorantes que ese poder -en realidad- se arrebata para serle “devuelto” al pueblo cuando lo real es que sucede a la inversa: el peronismo despoja el poder para -en definitiva- consumar quitarle ese poder al pueblo en forma absoluta. Durante la dictadura de los Kirchner, ese discurso hipócrita y demagógico recibió el nombre de “El relato” por la permanente distorsión y falseamiento de la realidad por parte de la tenebrosa pareja gobernante. Esto refuta a quienes pretenden desconocer que Menem y Kirchner fueron peronistas:

“-¿Por qué?

-Porque en el momento de Menem convenía sostener la bandera de lo liberal, pero en la época actual conviene otro discurso. Y mañana vendrá otro peronista que reniegue de Kirchner. En la fiesta del primero de mayo, había peronistas que fueron ultramenemistas y que estaban aplaudiendo “el fin de la década infame del ´90”…Daba risa…”[5]

Cabe poner de relieve que la entrevista que nos encontramos comentando le fue realizada al entrevistado en el año 2012, cuando aun gobernaba la mujer de Kirchner y abrigaba pretensiones de perpetuarse en forma indefinida en el poder, al extremo de llegar a decir en una transmisión publica por la cadena nacional de radiodifusión y televisión que sólo se le debía temer a Dios y a ella misma (lo que denota con notoria claridad la enfermiza obsesión del imperio absoluto y completo). La estrategia del peronismo para perdurar consiste, pues, en negar que sus candidatos (ante sus fracasados gobiernos) hayan sido peronistas. Este artilugio ha servido para confundir a ignorantes e incautos que creyeron -y siguen creyendo- que Menem y los Kirchner no habrían sido peronistas. Esta negación de muchos (quizás una mayoría, incluyendo a muchos antiperonistas)) sirve plenamente a los fines del peronismo en su objetivo de lograr el poder hegemónico a perpetuidad.

“-Sobre el Kirchnerismo

-Este gobierno, ideológicamente, está cerca de los Montoneros. O sea que lo lógico sería que aplicara la categoría de “Revolución” a ultranza. Pero por cierto que no lo hace, ya que la mayoría de estos “ex revolucionarios” han devenido en burgueses; es decir, se han acomodado a la situación vigente. Del ideal que tenían en los ´70 habrán aplicado el uno por ciento. Además, el matrimonio gobernante tenía una fortuna ¿qué revolución van a hacer entonces?”[6]

Recordemos que a la fecha de la entrevista citada gobernaban los Kirchner. Por supuesto que el poder no es perseguido por el poder mismo, sino -fundamentalmente- porque el poder político es el puente más breve, cómodo y sencillo para obtener el poder económico a través de los instrumentos que otorga el gobierno a cualquiera que lo ocupe. Y esta siempre fue la meta del peronismo desde la época de su fundación por el tristemente célebre Juan Perón hasta nuestros días.

[1] Entrevista de Iván Wielikosielek a Daniel Lasa, especialista en Filosofía Política. Publicada en EL REGIONALhttp://www.elregionalvm.com.ar/?cat=11

[2] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem.

[3] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem,

[4] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem.

[5] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem

[6] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¡México lindo!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 10/2/16 en:  http://hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=41493&tit=%A1mexico_lindo

 

Para los mexicanos, la visita del máximo pontífice a sus tierras, desde del 12 de febrero hasta el 18, se ha convertido en el acontecimiento del año, mucho más que la visita de un presidente americano, lo que viene a demostrar que la autoridad moral tiene mucho más peso real que la “autoridad” -coactiva- de los Gobiernos. Antes, hará una escala en Cuba para reunirse con el líder ortodoxo ruso, Cirilo I.

A diferencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, Francisco visitará -Ciudad y Estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua- algunos lugares muy violentos, pura dinamita -la ultraviolencia de “la guerra contra las drogas”, la tragedia de los “espaldas mojadas”, la miseria de los arrabales, los feminicidios en masa, etc.- que,como siempre, recorrerá sin temor. Es que el miedo es la madre de la violencia que, además, necesita del secreto ya que, si se pueden anticipar sus movimientos, cualquier ejército resulta inútil, de aquí el odio a Julian Assange.

En uno de los países más católicos del mundo, el Papa promete reavivar la fe. México tiene 110 millones de fieles, pero hoy solo el 83% de la población se declara católica frente al 95% de 1970. Personas de la Iglesia administran 5.609 centros de preprimaria y escuelas primarias con 709.632 alumnos; 2.328 medias o secundarias con 411.666 estudiantes, y 382 instituciones de educación superior o universidades adonde asisten 219.680 jóvenes.Además de 197 hospitales, 1.471 consultorios, 5 leprosarios, 311 casas para ancianos, inválidos o menores, 383 orfanatos y guarderías, 1.998 consultorios familiares, 312 centros especiales de educación social y 1.920 “otras instituciones”.

Hitos destacados serán su visita a Ecatepec, Estado de México, donde presidirá una misa a la que se espera asistan unos dos millones de personas. En ciudad Juárezirá al Centro Penitenciario CERESO número 3, donde 800 presos y 200 familiares estarán presentes a los que Francisco saludará y entregará obsequios.Luego rezará frente a la valla que separa de EE.UU. y tenderá la mano al otro lado… un directo a la mandíbula de Trump que calcula que el muro que quiere construir costará US$ 8000 millones que no pagará el sino los atribulados contribuyentes.

Muchos esperan grandes definiciones en cuanto a respeto a los derechos humanos, violencia, desaparecidos, trato a los migrantes y corrupción.“Las expectativas son muy altas… es alto el riesgo de desencanto… porque Francisco hablará en términos generales”, opina el padre David Fernández, rector de la Universidad Iberoamericana.Pero las expectativas son absolutamente coyunturales y el Papa va por más, por mucho más.“Deseo ir como misionero de la misericordia y de la paz” ha dicho y no es poco, es mucho, es todo.

A ver, misericordia significa perdonar y, por tanto, desechar las sanciones físicas, violentas, penales. Y la paz, obviamente, es ausencia de violencia. Precisamente la “autoridad” de los Estados modernos está basada en el monopolio de la violencia con la que crean desocupación, muros para contener inmigrantes, pobreza al cobrar impuestos coactivamente, guerras como “contra las drogas” y tanto miedo. Mientras que la autoridad moral demuestra serla única y verdadera autoridad, y es que la ciencia ya ha demostrado -aunque muchos no lo quieran o no les convenga aceptarlo- que los únicos métodos de defensa eficientes son los pacíficos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Prat Gay: los aciertos y errores de un neokeynesiano

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 10/2/16 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/prat-gay-los-aciertos-y-errores-de-un-neokeynesiano-8066584-9539-nota.aspx

 

El ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, ha tenido un marcado protagonismo durante los primeros días de gobierno del presidente Mauricio Macri, sobre todo a través de su participación en la medida elaborada por el presidente del Banco Central: el fin del cepo cambiario, quizás el mayor aporte de este joven gobierno que enfrenta múltiples problemas heredados de la administración kirchnerista.

Asimismo, siempre bajo la dirección estratégica del presidente, debe reconocerse al ministro que se ha ganado la aprobación del mercado al tratar de solucionar una batalla legal supurante de los últimos 14 años (situación que transformó al país en un paria de los mercados financieros), la unificación de múltiples tipos de cambio (asociados a la política monetaria antedicha), el sinceramiento tarifario y la reducción de impuestos a la exportación (disminución de retenciones y la eliminación de los ROE), en un intento de proporcionar un marco más favorable al comercio.

Empero, en el plano fiscal, el déficit es el dilema más acuciante que se debe resolver en la actualidad, aunque las decisiones adoptadas por el titular de la cartera de Hacienda y Finanzas y las que han sido anunciadas hasta ahora, lejos de solucionar el problema, tienden a agravar el desequilibrio recibido de alrededor del 8% del PBI, unos cuatrocientos mil millones de pesos.

El enorme gasto público vigente se debe especialmente al salario de empleados públicos y alcanza la alarmante cifra de novecientos mil millones de pesos al año. Por su parte, el Estado también consume doscientos mil millones de pesos en bienes y servicios y otro tanto en obra pública, todo lo cual configura un monto de un billón trescientos mil millones de pesos, un 60% del gasto público consolidado a nivel nacional, según Espert. El gasto es tan grande que, a su lado, los subsidios a la energía, de ciento cincuenta mil millones, parecen no tener entidad, aunque son una clara expresión de ineficiencia asignativa.

Para Prat Gay, por su parte, el éxito de las políticas expansivas depende, además de las condiciones cambiarias y de los tipos de interés, de la elasticidad de los precios al déficit fiscal, del componente autónomo del gasto, de la magnitud del multiplicador y de las exportaciones netas. En el mismo sentido, Hacienda espera que el acceso a mejores condiciones de crédito (acuerdo con los holdouts) y la confianza generada en el contexto internacional hagan crecer la inversión en sus diferentes modalidades, factor clave a fin de que el modelo encuentre más espacio para expandirse en el nuevo contexto y genere un fuerte crecimiento en la economía.

Los neokeynesianos creen que es posible cambiar la estructura institucional de manera que un equilibrio preferible sea la alternativa elegida por las personas. El enfoque cambia la naturaleza de las cuestiones de política macroeconómica, dada una función de producción agregada, hacia la estructura institucional.

El descenso del riesgo país y el acceso a los mercados internacionales de crédito, sumados a la disciplina monetaria implementada por la autoridad en la materia (a fin de neutralizar la inflación), le permitirán al gobierno cambiar la estructura de financiamiento del sector público. Es decir, el déficit público dejará de ser soportado por la emisión monetaria para depender de las colocaciones de deuda soberana en un mundo sobreabundante de liquidez financiera. O, puesto en otros términos, se trasladarán gravámenes actuales hacia las generaciones futuras; curiosamente, un gran anhelo incumplido de la gestión de Axel Kicillof.

Parece no advertirse la gravedad del déficit público que, a lo lago de la historia y ahora, ha provocado siempre una enorme confusión y, con arreglo a las pruebas de campo, resultados pavorosos. El problema es exactamente el mismo para una persona que para un país: un individuo que gasta más de lo que gana y que se endeuda para cubrir la diferencia estará obligado a endeudarse más y más cada año porque los intereses de su deuda anterior seguirán aumentando.

Impera reducir el descubierto que ahoga al sector privado, pues el déficit global seguirá creciendo a medida que lo haga la deuda y los pagos de intereses se incrementarán en consecuencia. Será la única manera de controlar las funciones simultáneas asignadas al gobierno, monopolio estatal de emisión monetaria y las metas de la financiación pública, que no sólo han convertido el dinero en la causa central de las fluctuaciones económicas, sino que también han estimulado un crecimiento descomunal del gasto público.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

¿ARISTÓTLES EJECUTIVO DE EMPRESA?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Hace poco en una de mis columnas semanales subrayaba la importancia de la enseñaza clásica de las humanidades, hoy prácticamente olvidadas en la mayor parte de las facultades  de las universidades más destacadas del mundo. Importancia para la formación de la persona antes que el aprendizaje estrictamente  profesional al efecto, entre otras cosas, de mejorar el rendimiento en la propia profesión. Evitar “la desarticulación del saber” como señalaba Ortega y Gasset.

 

En otra oportunidad escribí sobre lo que denominé “la distribución del conocimiento”: en una punta se encuentra el diletante que habla de todo pero sabe bien poco de lo que expone y, en la otra, el especialista extremo que sabe cada vez más y más de menos y menos. La división del trabajo reclama la especialización, lo cual no es óbice para escarbar en otras direcciones al efecto de contar con una formación adecuada que ayuda a la propia especialización. En términos económicos, el balance tendrá en cuenta los beneficios y los costos marginales de cada cual.

 

Ahora me topo en mi biblioteca con un libro que he leído hace tiempo y que recuerdo disfruté mucho. También en  esa oportunidad le escribí al autor Tom Morris, quien obtuvo un doctorado en la Universidad de Yale y fue durante mucho tiempo profesor de filosofía en la Universidad de Notre Dame (pasando por los tres niveles que existen en el mundo académico estadounidense: assistant, associate y full professor) y luego dedicado a enseñar la relevancia de los valores tradicionales en el mundo de los negocios. La obra de marras se titula If Aristotle Ran General Motors para ilustrar su propuesta. Morris respondió muy amablemente a mi misiva y se extendió en señalar otros proyectos que en aquél momento tenía en carpeta en la misma línea argumental.

 

Actualmente preside el Morris Institute for Human Values que mantiene como clientes a corporaciones tales como Toyota, General Motors, Ford Motor Company, Merrill Lynch, IBM, Coca Cola,  Wells Real Estate Funds, Price Waterhouse, NBC Sports, Business Week Magazine, Bayer, Deloitte and Touche, Federated Investors, Prudential, Citi Mortgage, Goldman Sachs (como banca comercial después de 2008), Campbell Soup, The American Heart Association, United Health Group y The Young President’s Organization.

 

Antes de comentar el libro de Morris, menciono tres apectos clave para situar en contexto los temas que trata la obra. En primer lugar, el estar en guardia de los empresarios en el sentido que si bien los que se destacan lo hace debido a su notable intuición para percibir oportunidades donde conjeturan que los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por tanto, sacan partida del correspondiente arbitraje. Sus cuadros de resultados permiten timonear la administración adecuada de los siempre escasos recursos en dirección a las necesidades de la gente. Pero, el empresario, independientemente del talento mencionado, por ser empresario no necesariamente tiene que entender el significado del proceso de mercado y, por tanto, a la primera tentación de privilegios ofrecidos por el poder de turno los acepta y así se convierte en un destructor del sistema denominado de libre empresa.

 

Este comentario va para reforzar la educación en cuanto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta como resguardo para que la opinión pública demande marcos institucionales que no permitan el bandidaje de los empresarios prebendarios que, como queda dicho, demuelen el sistema de la libertad de mercado tan necesaria para atender las necesidades de la gente.

 

En segundo lugar y por la misma incomprensión señalada, lo que se ha dado en llamar “responsabilidad social del empresario” muestra hasta que punto no se ha comprendido que el empresario exitoso que opera en mercados abiertos y competitivos hace un bien enorme a la comunidad ya sea a través de medicinas, alimentación, recreación, tecnología, vestimenta, transporte, comunicación y cuanta área se nos ocurra. Sin embargo aquella figura de la actividad “social” del empresario se lleva a cabo bajo el complejo de inferioridad suponiendo tácitamente que debe “devolver” a la sociedad algo que le ha quitado con lo que se demuestra que no se ha entendido nada del proceso económico ni del rol de las ganancias y las pérdidas para orientar la producción.

 

En tercer y último lugar, también en estrecha relación a lo que comentaremos sobre la obra de Morris, es menester que nos percatemos que en un mercado laboral libre bajo ninguna circunstancia hay tal cosa como desocupación involuntaria. Los recursos son limitados y las necesidades ilimitadas y el recurso por excelencia es el factor laboral sea intelectual o manual ya que no se concibe la producción de ningún bien o servicio sin el concurso del trabajo. Desde luego que los salarios podrán ser altos o bajos según sea la dosis de inversión, pero no sobra aquello que por definición es escaso. Sin duda que si los salarios no son libres, por ejemplo, a través del establecimiento de salarios mínimos que son superiores a los de mercado, es decir, a los que las tasas de capitalización permiten, en ese caso, necesariamente habrá desempleo debido al espejismo de que los ingresos pueden aumentarse por decreto.

 

Dicho esto, lo que sigue es lo que muy resumidamente transcribo en mis palabras de lo que consigna el profesor Morris en el libro mencionado. Todo lo que dejo escrito a continuación es lo que presenta este autor.

 

Muchas veces se piensa que para tener éxito en la actividad empresaria, además del talento, debe tenerse en cuenta lo que hacen colegas alrededor que han mostrado buenos resultados y, en su caso, leer libros contemporáneos sobre la gestión empresarial al efecto de compenetrarse de las técnicas de reingeniería, estrategias gerenciales, tecnologías, focus groups, nuevos paradigmas de auditoria, finanzas y administración y equivalentes. Sin embargo, hace mucha falta compenetrarse y repasar textos con enseñanzas clásicas que ponen en el centro de todo al ser humano. Y esto es lo que en primer lugar, en definitiva, está atrás de todo emprendimiento.

 

No es suficiente el incremento salarial o de honorarios, ni la promoción a jerarquías más elevadas, ni aumentar el bonus, ni las compensaciones no monetarias, se trata de que el ser humano que trabaja no viva en estado de ansiedad, ni de inseguridad y que esté debidamente reconocido en su autoestima. En última instancia, igual que en otras facetas de la vida, se trata de evitar la crisis espiritual para lo cual resulta indispensable el sentido de plenitud que otorga satisfacción y sentido de autorrealización, todo lo cual, entre otras cosas, permite un rendimiento mucho mayor.

 

El trabajador intelectual o manual da todo lo mejor de si cuando opera en un clima que le permite disfrutar de lo que hace al tiempo que se siente reconocido por sus logros. Todo lo contrario ocurre en un ámbito de conflicto y sistemas de incentivos pobres.

 

No se trata simplemente contar con paz interior asimilada a la quietud y la pasividad, en ese sentido esta actitud solo se logra con la muerte. La vida sana implica una tensión con metas con las que el trabajador está compenetrado de su valor y peso en la organización y en su propia trayectoria.

 

Ahora bien, como es sabido, todos los seres humanos son únicos e irrepetibles por una sola vez en la historia de la humanidad y, por ende, cada uno tiene un sentido de plenitud en muy diferentes campos y planos pero hay cuatro dimensiones aristotélicas que pueden generalizarse en la empresa.

 

La dimensión intelectual que apunta a la verdad, la dimensión estética que apunta a la belleza, la dimensión moral que apunta a la bondad y la dimensión espiritual que apunta a la integridad de la persona.

 

La primera dimensión remite a la necesidad de ideas en cualquier área de que se trate. La mente necesita de buenas ideas, del mismo modo que el cuerpo necesita de buen alimento. Nadie en la vida puede operar a ciegas, requiere de un mapa para moverse y en esto residen las ideas que conducen a la verdad. Esto está íntimamente ligado a la confianza y a la honestidad intelectual. Cualquiera sea el problema demanda de una buena idea para resolverlo, tendencia que está estrechamente vinculada a la excelencia y a la noción de superación. En este contexto, resulta mucho más productiva y constructiva la competencia con uno mismo para mejorar la marca que medirse respecto a la performance del vecino.

 

La segunda dimensión se conecta con el medio en el que se desarrolla la empresa: la arquitectura, las pinturas, las esculturas, la iluminación, los ventanales, los paisajes y la música funcional que inspiran, que refrescan, que liberan energía, que mueven a la creatividad.

 

La tercera dimensión se dirige al centro de las relaciones interindividuales cual es el respeto por el otro, al valor de la palabra empeñada, al coraje para no dejarse arrastrar por el conformismo y, como un eje central del trabajo en equipo tener en cuenta las contribuciones y el mejoramiento del grupo cuando no se cede a las presiones de lo políticamente correcto ni a corruptelas que a veces se dan por sentadas. Por último, en esta tercera dimensión no debe confundirse la bondad con la imposible renuncia al interés personal ya que no hay acción sin que el sujeto actuante revele su interés por actuar en esa dirección, siempre en un clima de buenos modales.

 

La cuarta dimensión en este análisis se identifica con la no partición de la persona, integrando su trabajo a su personalidad. No se trata de un comportamiento en la casa y otro en el trabajo, la integración resulta inexorable para fortalecer el espíritu corporativo, mientras que la escisión conduce a incomodidades insalvables.

 

Termino con una cita de la obra de Morris que venimos comentando: “El trabajo en equipo que la organización debiera promover no es la mentalidad del rebaño que conduce al grupo en la dirección equivocada, en línea con la conformidad y la obediencia ciega a las ordenes autoritarias. Es precisamente lo opuesto, un estado mental y un patrón de conducta en que los individuos se unen a sus asociados para hacer cosas juntos que no hubieran podido hacer el soledad”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Bajar impuestos, sí, se puede

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/2/16 en: http://www.libremercado.com/2016-02-07/carlos-rodriguez-braun-bajar-impuestos-si-se-puede-78052/

 

Un argumento que los políticos del PP repitieron en 2015, y con especial insistencia en tiempo de elecciones, es que como los ingresos tributarios han subido, ahora sí se puede bajar los impuestos. Antes, en cambio, no se podía. Y el ministro Montoro añadió:

Si todos pagásemos los impuestos que tenemos que pagar, se podrían bajar más rápidamente.

Esto es absurdo, porque bajar los impuestos, independientemente de que se deba hacer o no, lo que dependerá del liberalismo de las autoridades, es algo que siempre se puede hacer, y más aún si el partido en el Gobierno cuenta con mayoría absoluta en el Parlamento.

Es decir, cuando los políticos del PP subieron los impuestos, lo hicieron porque les pareció que a ellos mismos les convenía más hacerlo que no hacerlo, porque no hacerlo, dada la situación del déficit público por la caída de la recaudación, les habría obligado a reducir realmente de manera muy apreciable el gasto público. Y eso, de lo que les acusan sus enemigos sin razón alguna, es algo a lo que no estaban dispuestos: querían mantener el gasto, y por tanto se lanzaron al saqueo del contribuyente, en ese momento y para el futuro, puesto que irresponsablemente hipertrofiaron la deuda pública llevándola hasta el 100% del PIB.

Esa política fue un desastre, no sólo por la violación de la libertad de los ciudadanos, sino porque profundizó la recesión, castigó todavía más a los españoles y dificultó los esfuerzos de éstos para reajustarse y preparar a la economía para la recuperación. Pero incluso los partidarios del PP, incluso los que creen que su política fue buena, incluso ellos deberán reconocer que cuando el PP subió los impuestos no fue porque no podía hacer otra cosa, sino porque eligió esa alternativa.

Lo mismo sucedió cuando Rajoy anunció que iba a bajar los impuestos: no fue porque no podía hacer otra cosa, sino porque le convenía políticamente, porque la recuperación aumentaba la recaudación y le permitía mantener o incluso aumentar el gasto público. Otra vez, fue una opción, y la escogió pensando en sus intereses políticos.

Lo del ministro Montoro es la típica maniobra antiliberal de desvincular al poder de cualquier responsabilidad y trasladarla a sus víctimas, asumiendo que si no bajan más los impuestos no es porque el poder no lo desee sino por culpa de unos indeseables cuyos bienes el poder aún no ha podido usurpar en grado suficiente.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Aerolíneas Argentinas: ¿Se necesita una línea aérea de bandera?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 8/2/16 en: http://es.panampost.com/carlos-salguero/2016/02/08/aerolineas-argentinas-se-necesita-una-linea-aerea-de-bandera/

 

Hasta ahora, Aerolíneas Argentinas ha sido la caja política para hacer negocios turbios y para financiar a los militantes rentados de La Cámpora

Para abordar adecuadamente el tema de Aerolíneas Argentinas se requiere mirar hacia los inicios de la aeronavegación. Así entonces, desde esa perspectiva, se puede prescindir de sentimientos fuertemente arraigados en el imaginario colectivo, entre ellos, la idea de la línea aérea de bandera.

La historia de la aviación destaca a un grupo de personas que, con el afán de emprender, se lanzaron hacia el vacío de una nueva actividad. Pusieron a prueba su voluntad, audacia y debieron utilizar con astucia los escasos medios con los que contaban para dar origen al medio de trasporte más seguro que existe en la actualidad. Pero los inicios fueron inciertos y el Estado, como en todos los casos, nunca fue pionero; su injerencia tuvo lugar sólo cuando descubrió que existía un área que se estaba explotando.

De la mano del énfasis del keynesianismo, el argumento de la línea aérea de bandera se acuñó a mediados del siglo XX cuando la mayoría de las compañías de aviación funcionaban como empresas públicas de propiedad gubernamental. En ese entonces, cada país, mayoritariamente, adornaba con sus logos las identidades corporativas de las líneas aéreas —utilizando banderas y otros símbolos— a modo de distinguirlas y promover sus propios países en el extranjero.

Las aeronaves de Aerolíneas Argentinas, Air France, Iberia, British Airways o Alitalia, entre varias otras, arregladas con los colores de sus países de origen, son claros ejemplos de aerolíneas de bandera a la vieja usanza.

El modelo estatista descripto, sustentado en la concepción paternalista del Estado, ha llevado, en algunos casos, a una lamentable confusión con temas de soberanía sobre el espacio aéreo. El mismo razonamiento se perfeccionaba, supuestamente, con tarifas bajas para fomentar el uso de los aviones.

Como las compañías aéreas ocasionaban pérdidas, el Estado debía subsidiarlas. Pero lo que la experiencia demuestra es que dentro de marcos regulatorios que restringen la competencia, las tarifas no sólo no son bajas sino que son mucho más altas que las que podrían obtenerse en un mercado desregulado.

La concentración económica es una característica relevante en relación con la estructura de los mercados, pues se considera que con menores niveles de concentración se favorecen las condiciones para una competencia saludable. Una medida adecuada para expresar la desigualdad ha sido ideada por el estadístico italiano Corrado Gini, mediante el coeficiente que lleva su nombre (el factor puede tomar valores entre 0 y 1).

Por ejemplo, el estudio realizado por Oscar Rico, sobre la evolución de la concentración económica en el aerotransporte comercial de pasajeros en México, analizó el comportamiento del número de pasajeros transportados y el número de empresas operando en dichos mercados. Para los servicios troncales, el indicador ha mostrado una clara tendencia descendente: hacia 1991, el valor era relativamente alto (0.625); y declinó en 2012 hasta (0.12). Durante el período, la demanda se distribuyó de manera más uniforme entre las empresas participantes y la concentración disminuyó en los años posteriores a la desregulación del mercado.

En este sentido también se manifestó, a principios de los ochenta, Gordon Dunlop, exdirector financiero de British Airways, quién sostuvo: “En este contexto, las líneas estatales y la consecuente multiplicidad de compañías aéreas se tornarán anacrónicas, si es que ya no lo son”.

Pero la tendencia de la aeronavegación de los últimos 50 años contrasta con visión de la expresidente Cristina Kirchner quien, a fines de 2012, afirmó que: “Todas las líneas aéreas del mundo, absolutamente todas, son deficitarias”, a fin de defender así la gravosa gestión de Aerolíneas Argentinas.
La afirmación de Kirchner es sencillamente falsa, pues toda empresa que no obtiene beneficios sólo deja de existir. Por supuesto, la aeronavegación existe y seguirá existiendo en la región y en el mundo, a pesar del desatinado pronóstico de la expresidenta.

Aerolíneas Argentinas ha sido la caja política para hacer negocios turbios y para financiar a los militantes rentados de La Cámpora. A partir de 2009, cuando se produjo el cambio de administración, recibió cuantiosas sumas de dinero sin la debida rendición de cuentas.

En particular, no se han correlacionado los fondos recibidos con los utilizados y los remanentes y destinos de las partidas excedentarias, un caso paradigmático. Su nueva CEO, Isela Costantini, al hacer las primeras proyecciones, anunció que estima para este año un déficit provisional de US$15.000 millones.

Frente a la necesidad de reducir fuertemente el déficit fiscal, el principal problema de la administración actual, surge una pregunta evidente para el presidente Mauricio Macri: ¿se necesita una línea aérea de bandera?

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

SANTO TOMÀS Y EL MÉTODO CIENTÌFICO ACTUAL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 7/2/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/02/santo-tomas-y-el-metodo-cientifico.html

 

Ya hemos visto, aunque aún no hemos completado nuestras reflexiones al respecto, que Santo Tomás tiene una rica “filosofía de la física” que permite hacer fértiles conexiones con la filosofìa de la física actual. Pero su filosofía de la ciencia está un poco más escondida. Un lugar clásico al respecto es la Q. 6ta. de In Boethium De Trinitate. Ahí Santo Tomás se pregunta sobre los métodos que Boecio atribuye a las tres ciencias especulativas, que en la tradición de Aristóteles eran la física, la matemática y la “metafísica”, dice ya Santo Tomás. Cuando comienza el tema de la física, Santo Tomás dice algo extraño y poco comentado[1]: “… a veces la pregunta de la razón no puede llegar al término antedicho (se refiere a la intelección de los primeros principios), sino que permanece en ella; por ejemplo, cuando se pregunta y queda en suspenso pendiente de distintas respuestas, lo cual acontece cuando se procede por razones probables que producen por sí mismas opinión o creencia, pero no ciencia”. Este pequeño parrafito es extraordinario. Santo Tomás dice, refiriéndose precisamente a la física, que “a veces” (no siempre) la razón humana hace preguntas (la traducción española citada decía “inquisición”, que era la traducción ultra-literal de inquisitio), y no puede llegar a respuestas que tengan la certeza ya de los primeros principios, ya de sus conclusiones, sino que “permanece en la pregunta”; a la pregunta hay diversas respuestas “probables”, en las cuales la razón “queda” por ello en la “opinión” y no en la “ciencia”, ya que para Santo Tomás “ciencia” implica certeza.

¿Serán esas preguntas sobre fenómenos astronómico-físicos? ¿Serán esas “respuestas” diversas posiciones astronómicas ya conocidas en su tiempo? Puede ser. Para ello recurramos a un parrafito mucho más conocido, curiosamente en el contexto de las explicaciones trinitarias. Se pregunta Santo Tomás si la Trinidad puede ser conocida por la razón. Contesta que la sola razón humana no llega hasta ahí, pero se pone a sí mismo una objeción, la segunda, según la cual se podría probar a partir de la bondad infinita de Dios. A lo cual contesta[2] que hay dos modos de entender que la razón “pruebe”. Y curiosamente recurre a la cosmología de su tiempo. La velocidad uniforme del movimiento del cielo podía “probarse”, según Santo Tomás, pero otros aspectos no; en esos casos, lo que la razón hace es “mostrar posiciones congruentes con los efectos”; esto es, razones no necesarias que, sin embargo, son coherentes con los fenómenos observados, como, por ejemplo, la teoría (ptolemaica) de los epiciclos y las excéntricas “salvan las apaciencias sensibles” sobre los movimientos de los cuerpos celestes; esto es, se adecuan a lo observado pero no por ello son “posiciones” probadas necesariamente.

¿Es eso un adelando del método hipotético-deductivo Hempel/Popper? Si, porque es claro en ese caso que la teoría ptolemaica de los epiciclos aparece como algo que explica las apariencias —esto es, lo que aparece en los cielos—, pero no por ello queda “probado”. Es decir: “si” la teoría de los epiciclos, “entonces” los movimientos de los cielos que “aparecen”. Ahora bien: estas apariencias “ocurren”, luego… ¿El antecedente? No necesariamente, porque si p entonces q, y q, no necesariamente p. Por eso la pregunta (“¿se explicarán así los movimientos de los cielos?”) queda en la pregunta misma, porque no tiene una respuesta con certeza, sino una “opinión” (las teorías ptolemaicas). Ya sabemos que para Popper la ciencia actual no es certeza, sino precisamente opinión —u opiniones, que Popper llama conjeturas, de las cuales se infieren consecuencias (método hipotético-deductivo), pero no por ello las conjeturas son “probadas”. Lo más interesante, volviendo a Santo Tomás, es que él habló de las “apariencias” sensibles (el término latino es apparientia) lo cual implica que tampoco da a los fenómenos observados el status de verdad con certeza: son apariencias, no certezas. Por lo tanto, el grado de verdad, tanto de las opiniones como de las apariencias que salvan, queda en Santo Tomás muy difuso, lo cual es interesante para quienes creen encontrar en la metodología de la física de Santo Tomás un realismo que sería mayor que el realismo moderado de Karl Popper.

Pero este “método” ¿es compatible con ese conocimiento cotidiano de las esencias del que hablaba Santo Tomás? No, porque, al ser ese conocimiento limitado, no llega precisamente a resonder con certeza esos problemas que precisamente la cosmología occidental se preguntaba y que tenía en Ptolomeo, como después tendrá en Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Einstein, etc., grandes elaboradores de “conjeturas” (independientemente del status epistemológico que ellos se hayan dado a sí mismos). Que el conocimiento de las esencias sea limitado y que por lo mismo no llegue a responder con certeza las preguntas de la tradición cosmológica-física occidental, tiene las siguientes razones:

  1. a. Solo Dios conoce totalmente lo creado. El intelecto humano, no, y menos aún después del pecado original.
  2. b. La sustancia, y por ende su esencia, se conoce a través de sus accidentes, la mayor parte de los cuales son sus dinamismos operativos propios. Y esos dinamismos operativos solo permiten en un solo caso llegar a cierta certeza, como veremos luego (la forma sustancial subsistente humana a través del dinamismo de la inteligencia y la voluntad), pero en los demás casos, que atañen a las preguntas que retrospectivamente consideramos científicas, no. Si sabemos a priori que toda operación y acción emergen antológicamente de una naturaleza, pero ello no nos permite conocer dicha naturaleza con una certeza tal que podamos colocarla como una premisa mayor suficiente para todos los movimientos y acciones de las cosas, evitando así el método hipotético-deductivo. En la vida cotidiana sabemos con certeza que, si tropezamos “nos caemos” o podemos caernos, pero de ahí no se puede elaborar deductivamente la Física I. Sabemos también con certeza que si dejamos de respirar podemos morimos o nos morimos sin más, pero de ahí no podemos derivar, deductivamente, el intercambio oxígeno / anhídrido-carbónico en los alvéolos pulmonares; y así sucecisamente en incontables ejemplos.
  3. c. Cuando Santo Tomás explica que la sustancia primera no es “directamente” conocida por el intelecto, no lo hace porque la sustancia primera sea individual, sino porque es material[3]. O sea: para Santo Tomás, cuanta mayor es la materialidad, como materia de la forma sustancial (veremos eso después), menor es la inteligibilidad, porque lo que se entiende se entiende en tanto está en acto, no en tanto está en potencia, y para Santo Tomás materialidad es potencia en referencia a la forma. Por tanto, es totalmente coherente con la “gnoseología” de Santo Tomás que cuanto más nos adentremos en los misterios de la naturaleza física, menor sea su intelibilidad “directa” y mayor nuestra necesidad de recurrir a hipótesis que, como vimos, según el mismo Santo, nunca van a tener “certeza”.

Algunos podrán decir que esto es compatible con el método hipotético-deductivo actual, pero en su versión inductivista, que es más adecuada a la noción de “inducción en materia contingente”, desarrollada por la escuela tomista de Laval (Simard, De Koninck)[4]. Respatemos plenamente esa posición. Pero me parece que no se alcanza a ver que las razones de Popper para rechazar la inducción en el sentido de que primero es la teoría y luego la observación (una observación, por lo demás, cargada de teoría) no es solo aquella parte de neokantismo de su pensamiento que pudiera ser incompatible con Santo Tomás. Que Popper haya rechazado la inducción en el sentido actual del término, incluyendo esto la primacía de la teoría sobre una observación que nunca es neutra, es totalmente compatible con razones que Popper no expuso, pero que sí son compatibles, como vimos, con la fenomenología actual, y compatibles asimismo con Santo Tomás. Siempre interpretamos el mundo físico, ya sea en la vida cotidiana o en nuestros supuestos “científicos”, desde los presupuestos del mundo de la vida, lo cual implica horizontes que incluyen teorías científicas. La teoría, en este sentido, siempre es previa, porque es un elemento del mundo de la vida que siempre es “lo primero conocido”, si cabe tal expresión. Por consiguiente, la “comprensión” hermenéutica del mundo de la vida incluye: a) la pre-comprensión de teorías que ya están interpretando los supuestos “datos” (de la ciencia o de lo que fuere); b) la re-creación de nuevas conjeturas desde el mundo de vida históricamente habitado.

No es casualidad, por otra parte, que Husserl, que rescata el tema de las esencias a partir de Brentano, haya dicho explícitamente que el error del positivismo es precisamente ignorar el mundo de la vida de donde nace la ciencia[5], y no es de ningún modo casualidad que Alexander Koyré haya sido miembro del cículo de Gotinga[6], los discípulos realistas de Husserl. Koyré afirma dedicidamente la primacía de la filosofía (la teoría) como origen de toda teoría científica[7], y ello influye fuertemente en Kuhn[8], en quien se acaba totalmente la ilusión de alguna observación “neutra” de teoría, cuestión que ya había sido afirmada también por Popper[9], quien se pelea arduamente con Kuhn por otras cuestiones en nuestra opinión menores[10]. La línea Husserl-Koyré-Kuhn, que en última instancia tiene su origen en la línea Aristóteles-Santo Tomás-Brentano-Bolzano, es una línea que parece haberse escapado del análisis del tomismo actual, al menos que yo sepa. Y todo por el tema de si Kuhn o Popper son kantianos, o si Husserl fue “idealista trascendental”, cosas que, a la luz de las aclaraciones efectuadas, carecen totalmente de importancia.

Una conclusión adicional de todo lo anterior, en función de que ya sabemos que Dios ha creado un mundo ordenado (aunque con un grado de falla y casualidad), es que la ciencia, como método hipotético-deductivo, podría interpretarse como una pregunta permanente sobre cómo será realmente y con toda certeza ese mundo creado, con independencia de la falibilidad de nuestras conjeturas. Pero precisamente como esa pregunta es imposible de contestar, o solo la puede contestar Dios, y Él no la ha revelado, el “precio” que pagamos por preguntar sobre lo incognoscible es la falibilidad de nuestras conjeturas, que son fruto de nuestra creatividad; creatividad que intenta cubrir la ignorancia propiamente humana y en la que quedamos aún, más después del pecado original. La ciencia es como una oración permanente hacia cómo es la creación, con una respuesta obviamente falible. O sea: al esquema anterior sobre el agua podríamos agregar ahora lo siguiente:

 

Y una conclusión final. Según todo esto, el grado de verdad que Santo Tomás establece en su propia versión relativa a las “opiniones” en la física queda muy difuso, y lo mismo sucede con el método hipotético-deductivo actual. Ello es así porque ese grado de verdad no puede deducirse de las mismas premisas metodológicas de dicho método[11]. Lo que sí podemos hacer es relacionar el grado de verdad con la filosofía de la física de Santo Tomás, y ahí la cosa cambia. Esto es, dado que sabemos que el universo físico es creado por Dios y por tanto es ordenado —y por tanto, en sí mismo—, características como la simplicidad, coherencia y fecundidad son características ontológicas del universo en sí mismo; entonces, cuando esas propiedades son valores epistémicos de conjeturas científicas, podemos decir que cuanto más simple, coherente y fecunda es una conjetura en relación a lo anterior, se acerca más a la verdad, porque se acerca a propiedades ontológicas del mismo universo. La noción de verosimilud, o grado de verdad, que Popper intentó tan noblemente, relacionar con la operatoria del método hipotético-deductivo no se puede sacar de ahí. Hay que basarla en una filosofía y teológia de la física donde el universo es creado por Dios según un orden. ¿Cuál es concretamente ese orden? No lo sabemos, pero se trata de una conjetura y un acercamiento constante. Contrariamente a lo que pasa en la vida interior, donde sí podemos tener certeza, sobre el mundo físico exterior solo podemos tener conjeturas. Por eso el conocimiento de las cosas interiores será siempre el consuelo ante la permanente incertidumbre de las cosas exteriores (Pascal). Y por eso siempre estaremos más seguros del Dios que nos sostiene que del piso que pisamos. El gran mérito de Popper et alia (especialmente Feyerabend) es que pusieron a la física en su lugar (la incertidumbre), para dejar abierto nuevamente el paso a una metafísica cristiana que ocupará por tanto el lugar de la certeza, donde positivismo y neopositivismo quisieron poner a la física.

 

 

[1] In Boethium De Trinitate, Q. V y VI.

[2] ST, I, Q. 32, a. 1 ad 2.

[3] Santo Tomás I, Q. 86, a. 1 ad 3.

[4] Simard, E.: Naturaleza y alcance del método científico; Gredos, Madrid, 1961; Beltrán, O.: El conocimiento de la naturaleza en la obra de Ch. De Konninck; Tesis de licenciatura, inédita, UCA, 1991.

[5] En The Crisis of European Sciences [1934-1937 aprox.]; Northwestern University Press, 1970.

[6] Solís, C.: Introducción a Koyré, A.: Pensar la ciencia, Paidós, 1994.

[7] En La influencia de las concepciones filosóficas en las teorías científicas, en op. cit.

[8] En La revolución copernicana; Orbis, Madrid, 1985.

[9] En La lógica de la investigación científica, cap. V, op. cit.

[10] Ver al respecto Lakatos and Musgrave, Editors: Criticism and the Growth of Knowledge; Cambridge University Press, 1970.

[11] Lo hemos explicado en Zanotti, G.: “Filosofía de la ciencia y realismo: los límites del método”, en Civilizar, 11 (21): 99-118, Julio-Diciembre de 2011.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

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