El DNU del Gobierno para usar los DEGs que envió el FMI: la pirueta contable cierra, lo que no cierra es la macro

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/9/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/19/el-dnu-del-gobierno-para-usar-los-degs-que-envio-el-fmi-la-pirueta-contable-cierra-lo-que-no-cierra-es-la-macro/

La maniobra oficial debilita aún más la posición del BCRA y sólo le sirve para financiar más gasto público emitiendo pesos que cada día valen menos. El Gobierno va armando así una tormenta perfecta

Imagen de archivo de billetes de 100 pesos argentinos.
El BCRA necesita una excusa para poder seguir dándole al Tesoro “Adelantos Transitorios” que permitan financiar más gasto público REUTERS/Agustin Marcarian/Ilustración/Foto de Archivo

Una vez más el gobierno recurre a la contabilidad creativa para financiar el desequilibrio fiscal utilizando el regalo que le cayó del cielo: los US$ 4.334 millones equivalentes en Derechos Especiales de Giro (DEGs) que recibió del FMI.

¿Cómo es la estrategia? El Tesoro le vende al BCRA los DEGs por el equivalente a $ 422.174 millones. Obviamente que el BCRA esos pesos tiene que emitirlos. A los pesos emitidos contra los DEGs que le da el Central el Tesoro los usa para cancelar parte de la deuda que tiene con dicha entidad por Adelantos Transitorios, que son los pesos emitidos por el BCRA para financiar al Tesoro en el pasado. Esta cancelación parcial la hace para que las autoridades del Central no incumplan la ley de Carta Orgánica de la entidad y puedan seguir emitiendo para financiar el gasto público.

Pero, al mismo tiempo, el Tesoro emite una Letra Intransferible en dólares por el monto de US$ 4.334 millones que le entrega al BCRA a cambio de los DEGs y con éstos le paga al FMI la deuda que vence en lo que resta del año, para no entrar en default con el organismo. ¿Por qué el Tesoro emite esos US$ 4.334 millones de letras Intransferibles? Para que queden en el “activo” del BCRA y éste le entregue los DEGs para pagarle la deuda al FMI.

Triple mortal

Hasta acá, haciendo un triple salto mortal, el BCRA cumple con la partida doble de contabilidad desarrollada por el fraile Luca Pacioli allá por 1494. El tema es que se quedará con US$ 4.334 millones de Letras de un insolvente, el Tesoro. El Central no solo tiene problemas patrimoniales, sino que además recibe un bono de un insolvente. En otras palabras: un insolvente financia a otro insolvente que supuestamente lo “fortalece” con sus pagarés de insolvente.

Para tener una idea, el último balance semanal del BCRA muestra en el activo Letras Intransferibles del Tesoro por el equivalente a USD 53.377 millones y reservas brutas por US$ 45.900 millones. Es decir, ya tiene más bonos de un insolvente que reservas brutas. Si tomamos las reservas netas, la situación del BCRA es horrorosa. Y si tomamos las líquidas, para salir corriendo.

Ahora bien, dejemos de lado la contabilidad creativa y veamos qué pasa con la macro. En definitiva, el BCRA emite pesos para financiar al Tesoro en su fiesta de aumento del gasto público. La pregunta pertinente es: ¿querrá la gente esos pesos emitidos por el BCRA? La demanda de pesos no crece, de manera que cuando esos pesos entren en circulación van a generar presiones inflacionarias que se van a ir al dólar blue y/o a precios. O sea, a pesar que se emita contra los DEGs, cuando éstos vayan de vuelta al FMI para cancelar la deuda que vence este año, los pesos emitidos habrán quedado respaldados por las Letras Intransferibles de un insolvente, el Tesoro.

El dólar blue retomó el alza y recrudeció la tensión cambiaria
Los dos extremos de la maniobra: el ministro de Economía, Martín Guzmán, responsable del Tesoro, y Miguel Pesce, titular del BCRA

La emisión monetaria de toda esta pirueta contable equivale al 15% de la Base Monetaria. Difícilmente el mercado digiera esta mayor cantidad de pesos. Lo que puede hacer el Central es retirar parte de esa emisión colocando más LELIQs en los bancos, que las seguirán comprando con los depósitos de la gente. El Gobierno tiene que rezar para que la gente no vaya a retirar los pesos de los bancos y haga estallar el sistema, porque el BCRA no tiene cómo pagarle a los bancos las LELIQs que le compraron con la plata de sus depositantes.

Comparación preocupante

Actualmente el total de deuda emitida por el BCRA equivale a 1,5 veces la Base Monetaria. Si el BCRA absorbiera los pesos emitidos por los DEGs vía LELIQs pasaría la deuda pasaría a equivaler 1,6 veces la base monetaria. Para dar una referencia: cuando estalló la crisis del 2018 que llevó a Cambiemos a la derrota electoral, esa relación era de 1,4 veces la Base Monetaria. El kirchnerismo no está haciendo nada diferente a lo que en su momento hizo Cambiemos, que emitía pesos contra deuda externa para financiar el gasto público. Lo hacía con deuda voluntaria que colocaba en el mercado. Ahora el kirchnerismo lo hace contra el “despreciable” FMI, que tanto detesta y denuncia.

En síntesis, la pirueta contable para poder emitir más pesos sin afectar jurídicamente al directorio del BCRA le cierra al gobierno. Lo que no le cierra es la macro, porque al final del día va a estar financiando más gasto público con más emisión monetaria, pero sin tener reservas para dominar el mercado de cambios si este se le desboca.

La gente no quiere los pesos que emite el BCRA y por lo tanto el lector puede firmar que luego de toda esta voltereta contable estará peor: con más inflación y un BCRA contablemente más débil, y seguirán pendientes de resolución el atraso de las tarifas de los servicios públicos y del tipo de cambio oficial.

El gobierno está armando la tormenta perfecta.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cada Gobierno se las arregló para superar al anterior en materia inflacionaria

Por Aldo Abram: Publicado el 14/9/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/14/cada-gobierno-se-las-arreglo-para-superar-al-anterior-en-materia-inflacionaria/

Sostener en el tiempo niveles de alta y creciente inflación en el pasado llevó a que la gente repudie la moneda argentina. Así tuvimos tres hiperinflaciones

Alberto Fernández, Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner

Si comparamos la inflación acumulada en los 21 meses de gobierno del Presidente Alberto Fernández (87,4%) con la del mismo período de “Cambiemos” veremos que es más alta (67,1%) y, a su vez, la de dicha gestión es mayor a la de Cristina Fernández (47,1%). Un resultado para nada sorprendente.

En la gestión de Cristina Fernández el gasto público total de los tres niveles del Estado Nacional (Nación, Provincias y Municipios) llegó al 45,6% de la producción total de los argentinos (PBI). Es decir, desde inicios de la gestión de Néstor Kirchner, aumentó casi 80% la proporción de lo que le costaba el sector público al bolsillo de los trabajadores y empresarios que generan riqueza en el país. Un tamaño imposible de pagar aún con impuestos razonables. Por lo tanto, dado que no había crédito disponible para Argentina, los excesos se cubrieron con transferencias de pesos y de dólares del Banco Central (BCRA); por lo que no es raro que terminara siendo insolvente y, a fines de 2011, se aplicara un “cepo” para demorar su quiebra.

Por supuesto, el financiamiento en pesos se hizo emitiendo y, como los argentinos no confiamos en la moneda local, no la demandamos. En conclusión, como pasaría con cualquier producto o servicio que se ofrezca más de lo que la gente quiere, su precio cae. El problema es que estamos hablando de que la moneda en la que ahorramos y cobramos nuestros ingresos pierde poder adquisitivo, que se lo apropia el BCRA para transferir capacidad de gasto al gobierno. Por eso, algunos economistas hablan de impuesto inflacionario. El Estado puede excederse en sus erogaciones a costa de que tengamos que bajar nuestros consumos porque nos quitaron poder de compra, empobreciéndonos. Desde inicios de la gestión de Néstor Kirchner, aumentó casi 80% la proporción de lo que le costaba el sector público al bolsillo de los trabajadores y empresarios que generan riqueza en el país

Por supuesto, si el precio del peso está bajando, cuando vayamos a comprar un bien o servicio, el vendedor nos pedirá más por ellos, porque lo que nos va a entregar sigue valiendo igual que antes. Eso es lo que llamamos inflación, aunque lo que en realidad refleja, es la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Por lo tanto, no es de extrañar que hayamos tenido alta inflación durante la gestión de la actual vicepresidente dado el continuo crecimiento del Estado y de las necesidades para financiarlo con el BCRA.

El problema es que, cuando llegó Cambiemos al gobierno, el tamaño del gasto público no varió sustancialmente, o sea que todavía había que buscar recursos extras a los impuestos para poder sostenerlo. La estrategia de salir del cepo, que de mantenerlo hubiera llevado a una crisis, y el exitoso cierre de la cesación de pagos con los bonistas en default que reclamaban en la justicia de Nueva York, le brindó la oportunidad de financiarse con crédito voluntario, en gran medida del exterior. Lamentablemente, el BCRA empezó a comprar esas divisas para acumular reservas y evitar una baja del tipo de cambio. Esto, sumado a las transferencias de recursos del Estado, implicó seguir emitiendo o endeudando caro a la autoridad monetaria, volviendo a diluir su recuperada solvencia. Así, no solamente se le quitó poder adquisitivo a los pesos que tenía la gente para mantener un elevado gasto público, sino para poder comprar dólares para las reservas; por lo que no debería extrañar que la inflación siguiera en alza y supera a la de Cristina Fernández en sus primeros 21 meses. Cuando llegó Cambiemos al gobierno, el tamaño del gasto público no varió sustancialmente, o sea que todavía había que buscar recursos extras a los impuestos para poder sostenerlo

Si bien en 2018 se inició un ajuste del gasto público, ya era tarde. Argentinos y extranjeros dejaron de confiar en que Argentina tenía un futuro de crecimiento y cayó la demanda de activos locales, particularmente la del más riesgoso de todos, el peso. Si la gente no quiere algo y la oferta de ello se mantiene igual, su precio bajará. Por eso, no extraña que, aunque el BCRA intentó ser más austero con la emisión, igual la moneda local siguió perdiendo poder adquisitivo. Esta huida de todo lo que oliera a argentino, incluido el peso, se agravó sustancialmente cuando las PASO de 2019 dejaron en claro que la elección presidencial la ganaría la fórmula conformada por Alberto Fernández y Cristina Fernández; lo que llevó a volver a imponer un nefasto cepo para demorar nuevamente la quiebra del BCRA.

Lamentablemente, el poco ajuste del Estado que obligó a hacer la crisis de credibilidad durante 2018 y 2019, se revirtió desde el inicio de la actual gestión y esa tendencia se exacerbó con la llegada de la pandemia. Dado que ya estábamos en cesación de pagos, no debería extrañar que no hubiera crédito disponible para financiar semejantes excesos y se volviera a abusar de la asistencia del BCRA. Un aumento precautorio coyuntural de la demanda de pesos por la incertidumbre de la cuarentena, permitió postergar la depreciación de nuestra moneda; pero cuando se comprobó que había acceso a efectivo a través de los cajeros automáticos, la preferencia por atesorar pesos empezó a volver lentamente los niveles previos a la pandemia. Todo esto llevó a una aceleración de la depreciación del peso. ¿Cómo puede sonar raro que la inflación acumulada en esta gestión esté por encima de la anterior para igual período de tiempo? Más se emite para sostener un extravagante gasto público, más se cae la demanda de pesos porque se anticipa que perderá poder adquisitivo, por ende, mayor es la caída del valor de la moneda local y la variación de los precios al consumidor.El poco ajuste del Estado que obligó a hacer la crisis de credibilidad durante 2018 y 2019, se revirtió desde el inicio de la actual gestión y esa tendencia se exacerbó con la llegada de la pandemia

Lo malo es que más allá de medidas coyunturales e insostenibles para desacelerar la inflación antes de las elecciones, los problemas de fondo se mantienen. El tamaño del Estado sigue en porcentajes respecto de la producción total similares a los de los últimos años, con un gobierno que considera que no hay que bajarlo. Será difícil ajustar el déficit con más impuestos sobre un sector productivo agobiado; aunque probablemente lo intenten. No parece factible que puedan financiar sus necesidades con más crédito; ya que hoy absorben casi todo el disponible localmente y es poco esperable que aumente mucho en el mediano plazo. Tampoco se recuperará el financiamiento externo, aunque se acuerde con el FMI. Conclusión, tendrán que seguir drenándole recursos a un BCRA que ya es insolvente y que tendrá que seguir “dándole a la maquinita” para satisfacer los excesos de gasto del Estado. Todo esto con argentinos conscientes de esta realidad, porque le hemos vivido demasiadas veces; por lo que seguiremos tratando de deshacernos de los pesos. ¿Cuál es la probabilidad de que el año que viene dejen de perder valor en forma creciente?

A eso, cabe sumarle que dos de las medidas tomadas para bajar la inflación antes de los comicios son insostenibles. Primero, el retraso cambiario preelectoral del dólar mayorista habrá que corregirlo con una suba de alrededor del 30% en los siguientes 6 meses posteriores a la fecha en que hayamos votado legisladores; lo cual impactará fuerte en los precios en el supermercado. Y, en segundo lugar, el congelamiento de precios de servicios públicos genera un creciente e insostenible costo fiscal que deberá cerrarse con fuertes alzas en el primer semestre del año próximo; lo que también pegará duro en el bolsillo de los argentinos. Entonces, ¿cuáles son las chances de que la variación de los precios al consumidor no vuelva a aumentar en 2022?

El peligro es que sostener en el tiempo niveles de alta y creciente inflación, en el pasado llevó a que la gente repudie la moneda argentina. Es decir, la considerara basura que hay que sacarse de encima. La basura no vale nada, por ende, el precio de cualquier cosa en término de ella es infinito y así arribamos a tres hiperinflaciones. Mejor no jugar con fuego y terminar en una cuarta, ¿no?

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo.

Déficit fiscal crítico, atraso cambiario y tarifario, los temas postergados para después de las elecciones

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 8/9/2021 en: http://economiaparatodos.net/deficit-fiscal-critico-atraso-cambiario-y-tarifario-los-temas-postergados-para-despues-de-las-elecciones/

El resultado financiero de las cuentas públicas con el agregado de la deuda creciente del Banco Central se proyecta en más de 10% del PBI hacia fines del corriente año

Por esas volteretas que también inventamos los economistas para mostrar no mostrar los datos como más nos gustan, en su momento se empezó a hablar del déficit primario y del déficit financiero. El primario no incluye los interés de la deuda pública, en tanto que el financiero sí los incluye. Una forma bastante ridícula de llevar una convertibilidad porque los intereses pagados son un gasto. Al menos eso se estudiaba en contabilidad, la contabilidad que inventó el fraile Luca Pacioli que no es otra que la partida doble que desarrolló allá por 1494.

No incluir los intereses dentro del cuadro de resultados es como si el contador nos diera el resultado operativo de la empresa sin incluir los intereses pagados por un préstamo o por el giro en descubierto en el banco. Un disparate conceptual.

Lo concreto es que los intereses de la deuda hay que incluirlos para analizar el tema fiscal, porque si no se los incluye se termina financiando el pago de intereses con más deuda, que fue lo que llevó al colapso de la crisis de 2001 a pesar del blindaje de fines de 2000.

Tomando en cuenta siempre los intereses de la deuda, el déficit fiscal previsto en el presupuesto para el 2021 se estima en 6% del PBI.

Sin embargo, buena parte del déficit fiscal de este año se está financiando con deuda del BCRA en LELIQs y PASES NETOS. Esa deuda, que viene creciendo en forma acelerada que ya se multiplicó por 4 desde que el kirchnerismo llegó al gobierno, ronda los $ 4 billones. Haciendo una estimación optimista esa deuda genera una pérdida para el BCRA, perdida que no podrá pagar, de $ 1,8 billones anuales que equivalen a otros 4,8% del PBI de acuerdo a los datos del presupuesto. De lo anterior se desprende que midiendo bien en déficit fiscal, esto es incluyendo los intereses a pagar, este año terminaría con un déficit fiscal consolidado nación más BCRA de 10,8% del PBI, número que permite presagiar una crisis fiscal, cambiaria y monetaria imposible de corregir con gradualismo.

Agreguemos a esos 10,8% del PBI de déficit fiscal el atraso de las tarifas de los servicios públicos y el atraso cambiario y, se puede afirmar que el horizonte no es muy alentador en términos económicos. En particular con un presidente que ha perdido toda credibilidad y un ministro de Economía que cada paso que quiere dar tiene que consultarlo con La Campora y con el Instituto Patria.

Mientras el gobierno dice que va a acordar con el FMI en marzo, momento crítico por los vencimientos de deuda que se acumulan en ese mes, hay un documento del Bord del FMI de enero de este año que establece claramente que el déficit cuasifiscal que genera el BCRA debe tenerse en cuenta a la hora de establecer las correcciones fiscales.

Dice textualmente el documento del board del FMI: el marco propondrá consolidaciones solo en casos de bancos centrales con grandes posiciones de capital negativas y/o cuando el equipo de país considere que el banco central está involucrado en importantes financiamientos monetario del presupuesto y/o actividades cuasifiscales. En otras palabras, parece escrito a medida para el caso argentino.

No solo el déficit cuasifiscal se acerca al déficit fiscal financiero, sino que además la deuda del BCRA absorbe el 67% de los depósitos del sector privado en el sistema financiero y supera a la base monetaria en un 43%. Un verdadero descalabro cuasifiscal.

Las reservas brutas declaradas por el BCRA suman US$ 46.180 millones. Solo restándole los encajes en dólares que no pertenecen al BCRA y el swap con China, quedan US$ 12.847 millones de reservas. Y faltan restar el préstamo del BIS y otras obligaciones con organismos internacionales y el tesoro. En un cálculo sumamente optimista, las reservas propias del BCRA, forzando los números, llegarían al 22% de las reservas propias del BCRA. Número que vuelve a bajar si este mes el BCRA le paga al FMI la deuda que vence con los DEG que entraron de regalo.

En números más sencillos, la deuda del BCRA en pesos equivale a US$ 40.000 millones, es decir, al 87% de las reservas brutas del BCRA y aún falta contabilizar la base monetaria que ronda los $ 3 billones.

En marzo 2022 Argentina tiene vencimientos de capital por US$ 10.541 millones de los cuales US$ 2.855 millones son con el FMI y US$ 4.126 millones son en bonos. Si el gobierno no pudo pagarle la última cuota al FMI de US$ 2.400 millones y tuvo que refinanciarla, que vencería nuevamente en marzo del año que viene, difícilmente pueda pagarle al FMI los US$ 2.855 millones que vencen en marzo.

Pero el tema a considerar es que si ahora el FMI exige incorporar el déficit cuasifiscal en el programa fiscal, el esfuerzo fiscal que tendría que hacer el gobierno para cumplir con las metas que se pacten con el FMI tendrían que ser tan grandes que implicarían reformas estructurales que el gobierno kirchnerista no está dispuesto a llevar adelante.

En síntesis, hasta ahora el gobierno ha conseguido patear para luego de las elecciones todos los desajustes que tiene. Para después de las elecciones se juntan la corrección del atraso del tipo de cambio real, las artificiales tarifas de los servicios públicos y hacer frente a vencimientos deuda pública que hoy no parece estar en condiciones de cumplir.

El gobierno ha armado la tormenta perfecta.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Las materias primas con futuro incierto

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 6/9/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/09/05/las-materias-primas-con-futuro-incierto/

Desde hace décadas que el sector industrial en Argentina tiene muy poco peso a causa de que el Estado, no solo quita capacidad de trabajo con tantas regulaciones -limitaciones y prohibiciones-, sino que quita cuantiosos recursos por vía impositiva y, para remate, se lleva casi todo el crédito.

              Hoy, como señala Gabriel Rubinstein, el 90% de los depósitos en pesos del sector privado están colocados en instrumentos que emite el BCRA (62%) o el Tesoro (28%). Los bancos se ven “tentados” a prestarle más al Estado. Obviamente, frente a cualquier disrupción que ocurra, las entidades se verían demasiado expuestas o, mejor dicho, los depositantes ya que la “patria financiera” siempre termina arreglando con los políticos. Según Broda, el crédito al sector privado cayó 11,8% en lo que va de 2021.

             En fin, a falta de sector industrial, las importaciones sustitutas deben ser pagadas mayormente con la exportación de productos primarios o recursos naturales con un bajo nivel de industrialización. Cuenta Carlos Boyadjian que, según datos oficiales, de los USD 35.373 M que se exportaron en el primer semestre del año, 11.900 M o el 34% corresponden a la soja y derivados. Le siguen el complejo maicero con USD 3744 M y un porcentual de 10,6%, luego el sector automotriz-autopartista con el 8,6% del total, y luego el complejo petrolero-petroquímico, aportando el 5,9% y el complejo triguero con el 5,1% del total. El resto se reparten en medio centenar de rubros, la enrome mayoría a partir de recursos agropecuarios y mineros con baja industrialización.

               Ahora, las cantidades totales exportadas crecieron sólo 4,7% en el primer semestre de 2021 respecto a igual período del año anterior a pesar del levantamiento de las restricciones con excusa de la “pandemia”, pero hubo una mejora sustancial gracias al aumento de precios en los commodities. Según el Indec, el índice de precios de las exportaciones aumentó 22,4%. Pero esto podría cambiar debido, entre otras cosas, irónicamente, a la inflación global.

                Cuenta Alasdair Macleod que la semana pasada, en su discurso de Jackson Hole, el presidente de la Fed, Jerome Powell, admitió a regañadientes que los precios podrían subir “un poco más” de lo que pensaba anteriormente, pero que era demasiado pronto para concluir que las políticas deberían ajustarse de inmediato. En otras palabras, con los precios aumentando a más del doble del objetivo del 2%, no hay nada de qué preocuparse según él.

                   Por cierto, analistas independientes, como John Williams de Shadowstats.com, aseguran que la suba del IPC -en EE.UU., o sea, en dólares- hoy es de más del 13% anualizado, una cifra impensada hasta hace unos meses para la primera potencia. La figura 1 muestra claramente que la emisión monetaria -la M1- se ha disparado y pareciera descontrolada:

                Ciertamente hay una distorsión generalizada de precios -y de logística como en el caso de los chips- como consecuencia de las restricciones impuestas por los gobiernos con excusa de “la pandemia” pero en la base, los aumentos en el nivel general de precios se producen a medida que la moneda recién emitida entra en circulación. Pero resulta que, como admite Powell, las empresas y los consumidores informan ampliamente sobre la presión al alza sobre los precios y los salarios.

                  Así, mientras la inflación provoca la suba del IPC, al mismo tiempo destruye a la producción y entonces cae la demanda de insumos, materias primas, conduciendo, irónicamente, a una caída en los precios de los commodities. El índice Commodity Research Bureau (CRB) actúa como un indicador representativo de los mercados mundiales de productos básicos de hoy. Y en el siguiente gráfico puede verse como, gracias a la inflación, ha venido subiendo fuertemente pero ahora pareciera estabilizarse como antesala a una caída:

            Ahora, la Fed utiliza dos mecanismos separados para la expansión de la moneda. Uno de estos es la flexibilización cuantitativa (QE) que tiene como objetivo proporcionar a las instituciones financieras efectivo a cambio de activos de bajo riesgo, específicamente bonos del Tesoro de EE.UU. y bonos de agencias gubernamentales. Este QE tiene el efecto de mantener los rendimientos -inversos al precio- de los bonos reprimidos y los mercados de acciones inflados debido a la liquidez de las instituciones receptoras. Así, en términos reales, las tasas de interés son ahora negativas.

            El otro mecanismo, independiente de la QE, es el déficit presupuestario del gobierno, teóricamente financiado con los ahorros del sector privado, pero en ausencia de un aumento en la tasa de ahorro, es financiado mediante la expansión de la moneda y el crédito. Así, como muestra la siguiente figura, la cuenta general del Tesoro en la Fed viene bajando fuertemente:

             Desde marzo de 2020, cuando el saldo era de USD 380.000 M, el gobierno acumuló 1,437 B más hasta un saldo de 1,817 B en poco más de cuatro meses. Desde agosto del año pasado, toda esa acumulación y un poco más se ha gastado en circulación general, lo que ha provocado que la liquidez inunde la economía.

                 Así, insólitamente, mientras tanto, los mercados de valores se han sobrevalorado enormemente gracias a la garantía de la Fed de que nunca caerán; ese es el propósito principal de QE. Es casi seguro que una caída del dólar y un aumento de los rendimientos de los bonos a lo largo de la curva serán la señal para el inicio de un mercado bajista. Y con los inversores extranjeros teniendo USD 13,3 B en acciones estadounidenses a fines de junio, la venta extranjera de acciones y ganancias en dólares podría ser una alerta temprana de un nuevo mercado bajista.

               Si la Fed pierde el control sobre las tasas, el mercado será considerablemente bajista. Pero se espera que la Fed mantenga alta la “confianza económica”. Si quiere salvar los mercados, tendrá que aumentar la QE al comienzo de cualquier caída significativa en el S&P 500. Esta es la razón por la que QE se restableció en marzo de 2020 y continúa hasta el día de hoy en USD 120.000 M mensuales, sumando USD 2 B hasta ahora.

                Así, en 2021, las acciones globales han tenido un rendimiento del 16% hasta el 1 de septiembre, con una volatilidad históricamente baja. Aunque no todo ha sido color de rosa, de hecho, el MSCI China ha caído un 26% desde el 14 de febrero, mientras que MSCI Europe ha subido un 14% durante el mismo período.

                 Por cierto, esta inflación ha llegado hasta las criptomonedas que no caen aun cuando se las acusa de ser altamente inestables. El Bitcoin logró reaccionar a fines de la semana pasada superando los USD 50.000. Así las cosas, otros criptoactivos también siguieron la tendencia alcanzando un crecimiento incluso superando el 120%, según Cointelegrah, como es el caso de Revain (REV) que se cotizaba a USD 0.031 lo que representa una suba del 121.57% en una semana.

                 En fin, por cierto, en el largo plazo, siempre está el metal amarillo. Desde que Nixon, en 1971, decidió darle el golpe mortal al patrón oro, el dólar ha perdido el 98% de su valor frente al metal precioso.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Alberto Fernández se endeuda a mayor velocidad que Mauricio Macri y cobra más impuesto inflacionario

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/8/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/24/alberto-fernandez-se-endeuda-a-mayor-velocidad-que-mauricio-macri-y-cobra-mas-impuesto-inflacionario/

Alberto Fernández: "Macri me recomendó no trabajar más allá de las seis ó  siete de la tarde". - Ahora San Juan
Cada presidente deja en herencia una deuda mayor a la que recibió, la diferencia está en la magnitud derivada de la política económica en cada caso (EFE)

El Gobierno vive argumentando que tiene como herencia la deuda que tomó Cambiemos en su gestión, pero como es costumbre, se trata de un tema que es el caballito de batalla de los presidentes populistas y de los dirigentes de la izquierda. Nunca se detienen a pensar que esa deuda pública es hija del déficit fiscal.

Si la Administración Central incurre en déficit en sus finanzas la forma de resolverlo es mediante la baja del gasto público. Pero nunca lo hace, opta por otros caminos: aumentar la carga tributaria, emitir moneda o tomar más deuda externa o interna con la colocación de bonos y nuevos créditos de organismos internacionales.

El actual gobierno muestra como un logro de su gestión que la deuda que toma es en pesos. Pero eso, lejos de constituir una fortaleza, responde a que como es poco creíble en el mundo ya nadie le quiere prestar. No tiene acceso al mercado financiero internacional. Solo consigue tomar deuda en pesos en forma cuasi compulsiva en el mercado interno, además de aumentar impuestos.

Por otro lado, tomar deuda en pesos como si fuera un beneficio respecto a la colocación de bonos en dólares es un disparate conceptual. Es cierto que el Estado no puede emitir dólares si, llegado el momento de los vencimientos, no dispone de las divisas para pagar y no tiene acceso al mercado voluntario de deuda. Pero que coloque más deuda en pesos no quiere decir que sí so sí el Estado vaya a pagar y si la paga, la paga un tercero.

Me explico. Supongamos que vence deuda en pesos y el Tesoro no generó excedentes de caja para hacer frente a esos vencimientos. Y que el Estado no caerá en default porque el BCRA puede emitir moneda y así cancelar el compromiso en moneda nacional. Sin embargo, eso implicaría aplicar el impuesto inflacionario a trabajadores y jubilados, por el efecto de esa expansión monetaria sobre el conjunto de los precios de la economía.

La evidencia empírica de las últimas décadas muestra que cuando la Administración Central no puede pagar la deuda contraída en pesos, termina confiscando ahorros, como ocurrió en diciembre de 1989. Entonces, como el gobierno no tenía forma de pagar los depósitos indisponibles de aquellos años, equivalentes a las Leliq actuales, confiscó los depósitos bancarios de los ahorristas con el famoso Plan Bonex que convirtió las colocaciones a un promedio de 7 a 30 días de plazo en títulos en dólares a 10 años de plazo.

El gran riesgo que sigue acumulándose con la política económica del Gobierno, no es solamente que la deuda pública aumentó en USD 30.595 millones desde que asumió Alberto Fernández, sino que además multiplicó por 4 en pesos, o por 2 en el equivalente en dólares la generada con la colocación de instrumentos de regulación monetaria, como son las Leliq y Pases del Banco Central con el sistema financiero que heredó de la presidencia de Mauricio Macri.

Si la cuenta se hace en dólares al tipo de cambio oficial, la deuda del BCRA aumentó en el equivalente a USD 20.628 millones, lo cual sumado a los USD 30.595 millones de deuda de la Administración Central supera los USD 51.000 millones.

Durante la era Macri la deuda pública creció a una velocidad promedio de USD 1.387 millones por mes; en tanto en los primeros 20 meses de gobierno de Alberto Fernández se ha venido expandiendo a un ritmo de USD 2.561 millones por mes.

Pero no solo el actual gobierno aumentó los impuestos y viene tomando deuda pública a un ritmo más veloz que al ritmo que tomó Macri, sino que, además, tiene la tasa de inflación promedio mensual más alta que la que tuvo lugar durante las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner y también de Mauricio Macri, aunque en este último caso la aceleración de la suba de los precios se originó, entre otras cosas, en el ajuste de las atrasadas tarifas de los servicios públicos, las cuales ahora se vuelven a postergar, como ancla de la inflación.

El gráfico muestra una inflación más baja en los dos períodos de Cristina Fernández de Kirchner, pero aclaremos que en el segundo período presidencial los controles de precios, el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos y el atraso del tipo de cambio real, actuaron como ancla insostenible en el tiempo.

En definitiva, los primeros 20 meses de presidencia de Alberto Fernández se caracterizaron por el aumento de los impuestos; el incremento del impuesto inflacionario y, la aceleración del ritmo de endeudamiento, respecto del gobierno precedente.

Destaco que en estas comparaciones no consideré la deuda que dejó la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner por la venta de dólar futuro a un precio sensiblemente al de mercado; los holdouts, las derivadas del Plan Gas y Energía; y con el Ciadi, que significaron unos USD 31.000 millones que recibió en herencia el presidente Macri.

Todo esto puedo decirlo con total libertad de conciencia porque fui muy crítico de la gestión de Mauricio Macri por su famoso gradualismo, y porque creo que es innegable que Alberto Fernández hizo un destrozo mucho mayor de la economía en su conjunto en estos primeros 20 meses de gobierno, más allá del factor exógeno de la crisis sanitaria.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Se fortalece el dólar

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 23/8/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/08/23/se-fortalece-el-dolar/

Las incertidumbres vuelven a arreciar en los mercados financieros porque, como era previsible, los políticos no están dispuestos a desarmar el poder que ganaron -los controles y restricciones estatales- con excusa de la “pandemia” y, por tanto, la recuperación económica global afloja.

             Al mismo tiempo, se vislumbra una retirada de estímulos en EE.UU. (el “tapering” de la Fed, reducción de las compras de deuda, que se anunciaría en la reunión de septiembre) con lo que, ante menos emisión, el mercado sabe que el dólar se fortalecerá.

            Por si algún despistado todavía no se dio cuenta de que la inflación es la desvalorización de la moneda como consecuencia de un exceso de oferta sobre la demanda, en el siguiente gráfico se ve como, a medida que los bancos centrales aumentaron la emisión (excediendo la demanda), las monedas se desvalorizaron respecto del oro:

              Desvalorización que, como se ve, resultó inversa a la emisión (exagerada, sobre la oferta):

                  Además, el dólar se ha beneficiado de la ampliación de los diferenciales de las tasas de interés entre los rendimientos de los bonos estadounidenses y los extranjeros. Y allí fluyen los capitales, por cierto, perjudicando a los emergentes que se ven con menos inversiones y con los precios de las materias primas bajando, en dólares, como el petróleo y el cobre que han caído fuertemente en las últimas semanas, y ambos se han desplomado más de un 15%.

                  Así las cosas, el euro se deprecia un 5% desde el máximo de USD 1,23 del 6 de enero, y ya está cerca de la zona de mínimos del último año, concretamente en niveles de noviembre de 2020, por debajo de los 1,17. Mientras que los expertos de BofA Global Research estiman que rondará los USD 1,15 para fines de año.

                  Personalmente creo poco en gráficos como el siguiente y en las matemáticas aplicadas a la economía -econometría- desde que el ser humano y, por tanto, el mercado no puede ser matematizado. Estudiando análisis matemático en la facultad de ingeniería, entendí que las matemáticas no son estrictamente una ciencia sino un lenguaje científico y, como decía el excelente economista Juan Carlos Cachanosky, el lenguaje en prosa es mucho más adecuado, flexible y rico para expresar el comportamiento humano que el matemático que se aplica a cuerpos inertes y, por tanto, de suyo físicamente inmóviles.

                 Hecha la aclaración, el índice del dólar, aunque empezó la semana bajando hasta alrededor de 93, lleva semanas subiendo y, según Michael Kramer, estaría ahora mismo en proceso de superar un nivel crítico de resistencia, y una vez que se haya completado esa ruptura, debería tener mucho espacio para subir y a crear una formación técnica alcista conocida como “doble fondo”, patrón que se creó cuando el índice del dólar tocó fondo en enero y de nuevo en mayo, de 2021. El índice del dólar necesitaría superar la resistencia en torno a 93.50 para confirmar el doble fondo y romper con este patrón. Es probable que se impulse un repunte hasta alrededor de 94.60 en el índice, pero una ruptura podría llevarlo hasta 98 con el tiempo, según Kramer:

             Por cierto, teniendo en cuenta el importante avance del S&P 500, podría no ser inmune a sus efectos a largo plazo. De hecho, el indicador Buffett está muy “burbujeante”. Dada la alta inflación -en términos históricos de EE.UU.- los mercados de valores se han desvinculado -subiendo por encima- de la economía real. La capitalización del mercado mundial ahora equivale al 139% del PBI global, muy por encima del umbral de burbuja del 100% de Buffett:

                   Aunque, por otro lado, sin recorte del gasto y sin venta de propiedades estatales, el gobierno de EE.UU. tampoco puede bajar mucho la emisión ya que no tiene tanto margen para seguir subiendo impuestos sin perjudicar severamente a la economía, es decir, sin hacer caer el PBI lo que, en un círculo vicioso, provocaría la caída en la demanda de moneda y, por tanto, una suba de la inflación aun con menos emisión. El número de estadounidenses ricos que renuncia su ciudadanía en busca de menos impuestos y mayor libertad viene en dramático aumento: 6.705 en 2020, o 260% por sobre 2019 cuando renunciaron 2.577.

              En fin, en cuanto a la Argentina, como señala Roberto Cachanosky, en lo que va del año el tipo de cambio oficial aumentó el 11% y el IPC el 29,1%. Aunque el gobierno lo niega “Con suerte el terremoto es después de las elecciones” dice Cachanosky:

               Lo cierto es que en el reciente descenso de la “inflación” oficial (variación del IPC calculado por el Indec, en rigor) se basa, en parte, en la agudización del congelamiento tarifario. Para ponerlo en números, en el IPC de julio, que dio 3% de aumento, la “inflación” núcleo fue del 3,1% mientras la de precios regulados registró una variación de 1,4%. Para el período de los últimos 12 meses, contra una “inflación” general de 51,8%, la “núcleo” marcó 55,4% mientras que los precios regulados subieron un 37,1%. En tanto que el REM del BCRA estima una “inflación” -aumento del IPC- del 2,8% para agosto, 2,7% para septiembre y octubre un 2,7% pero ya para noviembre se espera un quiebre de la tendencia con impulso ascendente.

              Ahora, precisamente como consecuencia de las tarifas reguladas, como señalan desde Invecq, el rubro de mayor velocidad de crecimiento en el gasto público es el de subsidios energéticos, que tuvo una variación anual de 59,3%. En contraste -y en abierta contradicción con el discurso oficial- el principal ahorro fue la caída en el gasto por jubilaciones, que están un 5,5% debajo del 2020. Esto implica que los subsidios ya representan un 19% del gasto público. En definitiva, todo apunta a que la brecha entre los precios libres y los regulados no sólo se mantendrá, sino que tiene altas chances de ensancharse.

             Entretanto, el dólar blue -que, sin ser perfecto, es el mejor indicador de la inflación real desde que es el que con más libertad expresa la devaluación del peso- se mantiene relativamente estable debido a que la emisión todavía no es tan excesiva respecto de una demanda que aumenta debido al rebote económico e, irónicamente, debido a la inflación que hace que se demande más moneda para comprar el mismo bien. En julio el BCRA transfirió $180.000 M o sea el 6% de la base monetaria que, si le descontamos la suba del IPC y del PBI, queda cercano a cero.

            Según el Indec, existiría una fuerte recuperación de la industria así la utilización de la capacidad instalada en junio fue de 64,9%, lo que significa un aumento de 11,6 puntos respecto al pasado año. Si lo comparamos con mayo, la utilización presenta un aumento en 3,4 puntos porcentuales. Mientras el Gobierno aspira a terminar el 2021 con un crecimiento por rebote que supere el 7% del PBI. Rebote que viene a demostrar que, precisamente, en la medida en que se libera la economía- respecto de las restricciones por las cuarentenas en este caso- esta crece.

            Por cierto, otro modo indirecto de medir la inflación o, mejor dicho, los resultados de la inflación son los salarios que se deprecian a medida que cae la economía -ergo, la productividad- como consecuencia del exceso de emisión que significan recursos quitados al mercado -al depreciar la moneda- para gastarlos ineficientemente el Estado.

               El índice de salarios creció 2,3% en junio respecto a mayo, lo más bajo en lo que va del año. Nuevamente, el índice de salarios total de junio quedó por debajo de la “inflación” -suba del IPC, en rigor- de ese mes, la cual fue del 3,2% o sea, una caída en el índice de salario real de casi 1% respecto al mes anterior. En tanto que, respecto a junio del pasado año los salarios nominales totales han aumentado 43%, lo que implica una caída real -en términos de poder de compra local- del 5% pero una suba respecto del blue que aumentó solo el 32%. O sea, a nivel global -en un mundo sin aduanas- el trabajador argentino habría visto crecer su poder de compra.

               Esto muestra que la suba del IPC, en rigor, no está mostrando la inflación real, sino la actualización de los precios retrasados precisamente por el tipo de cambio oficial anclado y los precios regulados. O sea, el tipo de cambio anclado y los precios regulados están provocando un desfasaje y una baja en el consumo a raíz de la caída del salario respecto del IPC que es, irónicamente, inflacionaria desde que supone una caída del PBI, ergo, de la demanda de dinero.

              Como puede verse en el siguiente gráfico -medido en pesos, en dólares blue sería distinto-, el único modo de aumentar los salarios reales es aumentando la productividad, nunca se aumentan por decreto, de hecho, el aumento por decreto o por “estímulos” fiscales suelen terminar en inflación, ergo, en desvalorización de los salarios:

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Alberto Fernández quiere hacer magia monetaria con las criptomonedas, pese a que no son dinero


Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/8/2021 en: http://economiaparatodos.net/alberto-fernandez-quiere-hacer-magia-monetaria-con-las-criptomonedas-pese-a-que-no-son-dinero/

El Presidente afirmó que habría que analizar la utilización de esos activos para poder frenar la inflación

Días atrás, el presidente Alberto Fernández afirmó que habría que analizar la utilización de una criptomoneda dado que tiene la ventaja de poder frenar la inflación.

Si bien mostró cautela sobre las criptomonedas porque no todos conocen cómo funcionan, el presidente dejó en evidencia que no termina de comprender el problema monetario, aunque uno podría intuir que al decir que una criptomoneda podría frenar la inflación estaría reconociendo que la inflación es un problema monetario.

En primer lugar. lo que se conoce como criptomonedas no son monedas desde el punto de vista estrictamente económico. Para que algo sea moneda tiene que cumplir como dos requisitos básicos: 1) ser una mercadería cualquiera que es ampliamente aceptada como medio de intercambio y 2) ser reserva de valor. De la segunda condición, reserva de valor, se desprende la tercera condición que es ser unidad de cuenta.

Dicho en otros términos, ser unidad de cuenta es permitir hacer cálculo económico a lo largo del tiempo. ¿Qué significa hacer cálculo económico? Estimar ingresos, egresos y rentabilidades futuras porque la unidad de medida es constante.

La volatilidad en la cotización de las monedas no permite hacer cálculo económico. Es como si el metro un día tuviese 100 centímetros, otro día 50 centímetros y otro día 200 centímetros. No permitiría medir nada en metros porque el metro cambiaría todo el tiempo de tamaño. Las criptomonedas son como el metro que cambian todo el tiempo de tamaño.

Tampoco las criptomonedas cumplen con el requisito de ser aceptadas ampliamente como medio de intercambio. No son tantos las transacciones que hoy en día se realizan en criptomonedas. Es más, salvo algún caso excepcional, no se ven productos cuyos precios de venta se expresen en las mal llamadas criptomonedas.

En todo caso pueden aceptarse criptomonedas como forma de pago, pero el precio está puesto en las monedas de amplia aceptación, no hay casi precios en bitcoins o cualquier otra mal llamada criptomoneda.

Si las criptomonedas no son ampliamente aceptadas como medio de intercambio y no son reserva de valor, no son moneda. ¿Qué son, entonces? Activos financieros de altísima volatilidad en el precio por bruscos cambios en la demanda.

En efecto, si bien el bitcoin es el más conocido, actualmente existen 8.500 criptomonedas, las más conocidos tienen una oferta monetaria casi permanente, es decir, la emisión de bitcoins y otras criptomonedas no varía todo el tiempo, por lo tanto, por definición, las fuertes fluctuaciones en su cotización con otras monedas fiat responde solo a la demanda. Basta con que Elon Musk largue un tuit apoyando o rechazando el bitcoin para que el bitcoin suba y baje como una montaña rusa.

De manera que lo que se conoce como criptomonedas, no son moneda, son activos de altísima volatilidad en su cotización y que es demandado por alguna razón subjetiva del comprador que, como en todas las otras transacciones, se desconoce.

De todo lo anterior se desprende que comete un grosero error conceptual el presidente Alberto Fernández cuando dice que la adopción de una criptomoneda, que no es moneda, podría ayudar a frenar la inflación.

El primer error es considerar moneda a algo que no es moneda y el segundo error es que la causa de la inflación es la expansión monetaria que genera el BCRA o el aumento espontáneo de la mercadería que se utilice como moneda.

Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI, España tuvo una inflación en los precios medidos en oro como consecuencia del oro que se llevaba desde América. El descubrimiento de oro en el nuevo continente y su traslado a España, generó un fenomenal incremento en los precios. El oro se depreció frente al resto de los bienes por la mayor oferta de oro produciendo un efecto inflacionario.

Pero supongamos que se estableciera una criptomoneda en Argentina, el gasto público no bajara y el déficit fiscal continuara existiendo. En ese caso el BCRA tendría que emitir su criptomoneda para financiar al tesoro al igual que hoy emite pesos. Prostituiría a la nueva criptomoneda de la misma forma que prostituyó al peso. Tal vez a mayor velocidad porque ya no habría que recurrir a las imprentas para fabricar billetes.

El problema inflacionario tiene que ver con un gasto público que es infinanciable por el sector privado vía impuestos y por lo tanto aparece el déficit fiscal que hoy se traduce en emisión de moneda.

No se ve la diferencia entre el papel moneda actual de curso forzoso y una criptomoneda que pueda ser emitida por el estado sin ningún tipo de restricciones. Y más si esta criptomoneda emitida por el Estado es de curso forzoso.

Cuando Hayek publicó Desnacionalización de la Moneda en 1976, libro que escribió haciendo un alto en la monumental obra que estaba redactando en ese momento y que originalmente fue publicada en tres tomos y se llamó Derecho, Legislación y Libertad, ya estaba pensando en la moneda privada. Es más, pensaba en la competencia de monedas privadas e imaginaba que el uso de esas monedas se iba a ir concentrando en unas pocas monedas. De manera que los adherentes a las criptomonedas no están descubriendo nada nuevo. Esos temas ya se conocen de la década del 70, con la diferencia que la propuesta de Hayek era de tener monedas en serio y no esto que se llaman monedas y no lo son. Incluso hasta se podría dejar funcionando el BCRA, quitarle el curso forzoso al peso, darle curso legal a cualquier moneda y si el BCRA no produce una moneda de buena calidad, muere solo el BCRA. No hace falta dinamitarlo para que desaparezca. En todo caso esa propuesta puede ser una expresión de improvisados en temas económicos que solo buscan llamar la atención, pero sin seriedad científica.

En definitiva, si hoy el peso no es confiable porque las instituciones jurídicas, políticas y económicas argentinas no pueden darle respaldo a la moneda fiat, ¿por qué una criptomoneda generaría confianza con las mismas deplorables instituciones jurídicas, políticas y económicas que tenemos?

Y, para finalizar, aun si Alberto Fernández comprendiera que el problema inflacionario es monetario, le faltaría dar un paso más, que es que el problema de fondo sigue siendo el nivel y la calidad del gasto público. Si se tiene equilibrio fiscal con un fenomenal e ineficiente gasto público, los problemas de competitividad seguirán vigentes y los salarios reales no lograrán recuperarse.

En economía no hay magia financiera, monetaria o de criptomonedas que pueda resolver los problemas estructurales.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El mercado se anticipa al ver que el Gobierno esconde la basura debajo de la alfombra

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/7/2021 en: http://economiaparatodos.net/el-mercado-se-anticipa-al-ver-que-el-gobierno-esconde-la-basura-debajo-de-la-alfombra/

El equipo económico actúa sobre las consecuencias, antes que sobre las causas, de los desequilibrios macroeconómicos que inquietan a los inversores y que se manifiestan en el creciente interés por los activos dolarizados

El gobierno venía barriendo la basura debajo de la alfombra para tratar de llegar a las elecciones, primero a las PASO en septiembre y luego las elecciones de medio término en noviembre.

Al estirar el plazo, el gobierno conseguía más tiempo para vacunar a la gente y llegar con mejor humor social, pero al correr el tiempo también asume el riesgo que toda la basura que está barriendo debajo de la alfombra le empiece a salir por los costados.

Hay al menos dos datos ciertos que el mercado sabe y que, más tarde o más temprano, van a generar un salto de precios relativos. El primero, que todos saben, es el del atraso de las tarifas de los servicios públicos para llegar a las elecciones con tarifas artificialmente bajas.

Este atraso tiene que ser compensado con subsidios económicos que pegan el nivel de gasto público y generan, entre otros factores, un déficit fiscal que requiere de emisión monetaria para financiar el déficit, produciendo potenciales presiones inflacionarias. Es que el gasto en subsidios económicos para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos aumentaron el 50% en los primeros 5 meses de 2021 respecto a los primeros 5 meses de 2020. Específicamente, se gastaron $ 121.000 millones más que en los primeros 5 meses del año.

El otro factor que el mercado sabe que está pendiente de resolución es el atraso del tipo de cambio oficial que durante todo este año viene subiendo muy por debajo de la tasa de inflación.

Gráfico 1

Como puede verse en el gráfico 1, a partir de febrero el BCRA viene ajustando el tipo de cambio oficial muy por debajo de la inflación. Para el cálculo de aumento del tipo de cambio oficial se toma el promedio mensual y el IPC de junio es la estimación del REM.

Si bien el ministro de Economía, Martín Guzmán, afirmó que luego de las elecciones no habrá devaluación del peso, cuando se dicen estas cosas siempre repican en la mente aquellas  frases desafortunadas recordando que se dijo a principios de 1980 “el que apuesta al dólar pierde”, luego, en plena hiperfinflación, “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” y ya en los 2000 “el que depositó dólares, recibirá dólares”, por citar solo algunos ejemplos.

Todos saben que cuántas más presiones se acumulen sobre el tipo de cambio, el ajuste futuro será inevitable y más intenso. Por eso los agentes económicos se adelantan.

Justamente, la decisión del BCRA de cambiar las reglas de juego sobre el contado con liquidez, un sábado a la noche y mientras se jugaba la final de la Copa Sudamericana, Argentina-Brasil, fue un movimiento burdo por la medida en sí y por el momento que se eligió para emitir la circular.

La medida en sí muestra a un BCRA desesperado por frenar la huida del peso y el refugio en el dólar. Pero más grosero fue tratar de hacerlo pasar desapercibido en el medio de un sábado a la noche en pleno partido de fútbol con la gente pendiente del resultado de la final. Hacerlo ese día y en ese momento genera más desconfianza que si se hubiese hecho un día de semana, porque muestra a un BCRA tratando de tomar a escondidas una medida que los agentes económicos seguro iban a tomar con desconfianza.

Gráfico 2

El gráfico 2 muestra la evolución de la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el blue en los últimos 50 años y medio. Los picos más altos están en 1975 con el rodrigazo, en la hiperinflación y otros momentos de crisis cambiaria como a fines de 1983.

Lo concreto es que, una vez más, se repite la vieja historia de un Banco Central que produce una moneda de muy mala calidad y pretende que la gente igual la quiera.

Esto es como si uno de los pizzeros del barrio hiciera unas pizzas horribles y utilizara la fuerza armada contra sus vecinos para que no les compren pizzas a sus competidores y obligarlos a comer su pizza de mala calidad.

La moneda, aun siendo fiat, es una mercadería como cualquier otra y la gente la demanda o no dependiendo de la calidad de la misma y, la verdad, es que la calidad del peso es malísima porque se derrite como una barra de hielo en el medio del desierto, es decir, pierde valor a paso acelerado como consecuencia del despilfarro de gasto público.

Pero no es solo el déficit fiscal pasado, presente y futuro que se presentan con los anuncios populistas de cara a las elecciones, lo que hace huir de una moneda ya destruida, además, el BCRA sigue acumulando una deuda impagable vía LELIQs y PASES netos que ya superan los $ 3,7 billones y genera un gasto cuasifiscal de $ 1,7 billones anuales que supera, incluso, el déficit fiscal previsto en el presupuesto.

En síntesis, son varias los serios problemas que el gobierno sigue escondiendo bajo la alfombra y los agentes económicos lo saben. Así que, lo sorprendente no es que suba abruptamente el tipo de cambio blue. Lo sorprendente es que lo hayan mantenido tranquilo durante varios meses.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

50 años sin patrón oro

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/8/21 en: https://www.larazon.es/opinion/20210815/djgys7r3djg5zalfid6srrteoi.html

En el sistema de Bretton Woods, los Estados Unidos se comprometieron a mantener estable el precio del oro a 35 dólares la onza. Hoy, 50 años después, el oro vale 50 veces más

MIKE GROLL AP

Hace hoy medio siglo, el 15 de agosto de 1971, Richard Nixon desvinculó el dólar del oro, liquidando el sistema establecido en Bretton-Woods en 1944, que fue el último vestigio del patrón oro. El economista Samuel Gregg recordó en «Law & Liberty», una frase de Herbert Hoover de 1933: «tenemos oro porque no podemos fiarnos de los gobiernos». Era verdad. La historia del patrón oro está vinculada a la idea liberal del poder limitado. No por casualidad, entre los reformadores monetarios que defendieron la necesidad de una moneda estable estuvo John Locke.

Había una larga experiencia de las manipulaciones perpetradas por las autoridades para obtener recursos envileciendo la moneda. Antes que Locke, los escolásticos españoles pioneros del liberalismo, como Juan de Mariana, habían denunciado tales maniobras mediante las cuales la corona recaudaba lo que después sería conocido con el nombre de impuesto inflacionario. Un gran enemigo del patrón oro, John Maynard Keynes, reconoció su carácter liberal en 1923, cuando dijo con toda claridad: «el patrón oro maniata al ministro de Hacienda».

Esto es lo que hace, efectivamente, porque no cualquier política fiscal es compatible con la estabilidad de precios que garantiza el patrón metálico. El mismo Keynes señaló que en el siglo liberal, entre el final de las Guerras Napoleónicas y el estallido de la Primera Guerra Mundial, la inflación prácticamente había sido nula. La que vino después fue creciente y en algunas oportunidades explosiva. Pero su tendencia general, incluso en las naciones y contextos más estables, fue al alza. Ese impuesto, que revela la pérdida de confianza en los valores liberales y la tendencia siempre expansiva del peso de los Estados, no ha dejado de subir, entre cánticos a la labor desempeñada por los sucesores del patrón metálico, los bancos centrales emisores de una moneda llamada fiduciaria, por la confianza que debemos tener sus forzados usuarios en que no va a ser emitida en exceso.

Mientras se habla ahora del regreso de una inflación que en realidad nunca se marchó, la mejor forma de ver hasta qué punto los políticos mintieron cuando acabaron con el patrón oro prometiendo estabilidad es acudir, precisamente, al oro. En el sistema de Bretton Woods, los Estados Unidos se comprometieron a mantener estable el precio del oro a 35 dólares la onza. Hoy, 50 años después, el oro vale 50 veces más.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Crece la producción de billetes de $1.000, responde a la pérdida de su capacidad de compra

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/8/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/10/crece-la-produccion-de-billetes-de-1000-responde-a-la-perdida-de-su-capacidad-de-compra/

En el mundo, en general, se encontró la fórmula contra la inflación superior al dígito anual. En la Argentina los funcionarios atribuyen el fenómeno a “multicausas” y no prestan atención al efecto de la emisión de pesos

juan miguel massot - Infobae
En el Gobierno creen que hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente para que consuma más, de esa forma las empresas tienen más demanda y tienen que producir más

El ministro de Producción, Matías Kulfas, afirmó que “la economía está absorbiendo un shock internacional de precios”, y que “en todo el mundo ha habido una gran inflación en los alimentos y en Argentina ha golpeado más”. Por su parte, el ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo que “la inflación en la Argentina es un fenómeno de responsabilidad colectivano solamente del Estado”.

Y, al mismo tiempo, en el Gobierno creen que hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente para que consuma más, de esa forma las empresas tienen más demanda y tienen que producir más, para eso contratan más personal, la gente tiene trabajo, al tener trabajo tiene más ingresos y al tener más ingresos consume más, entrándose en un círculo virtuoso mágico gracias a la emisión de moneda.

En lo que hace a las declaraciones del ministro Kulfas, que la inflación es consecuencia del aumento de los precios internacionales, la realidad es que los precios de los alimentos aumentaron para todo el mundo pero no por eso todos los países del mundo tienen la inflación que tiene Argentina.

Mientras Argentina acumula una inflación del 50% interanual, Brasil está en el 8,3%, Chile en el 4,5%, Colombia en el 4%, Perú el 3,8%, la UE el 2,2% y Estado Unidos el 5,4% por citar algunos ejemplos, y en el caso de Estados Unidos no fueron los alimentos los que, justamente, tuvieron el mayor incremento. Luce muy precario el argumento del ministro Kulfas al momento de tratar de explicar la inflación.

Más endeble es el argumento del ministro Guzmán. Dudo que dijera en la Universidad de Columbia, cuando daba clases, que la culpa de la inflación era de Wall Mart o de Jeff Bezos. En todo caso, como es costumbre del kirchnerismo, siempre buscan fuera de su esfera a los culpables de los problemas que ellos mismos generan, con lo cual Kulfas y Guzmán parecen cumplir con el manual del perfecto kirchnerista a la hora de explicar el problema inflacionario. La culpa es de los otros, no de ellos que emiten a marcha forzada.

El kirchnersimo cumplió con su promesa de ponerle más plata en el bolsillo a la gente. En realidad, le puso más billetes que, como luego comprueba, permiten comprar cada vez menos bienes y servicios.

El gráfico anterior, muestra como fue evolucionando la cantidad de billetes de $1.000 en circulación. En noviembre de 2019, último mes completo del gobierno de Mauricio Macri, había circulando 255,4 millones de billetes; al 31 de junio pasado había aumentado a 1.052,7 billetes. Es decir, desde que Alberto Fernández llegó al gobierno la cantidad de billetes de $ 1.000, que es el billete de mayor denominación, aumentó 4 veces.

Si se trata de poner billetes en los bolsillos de la gente, se puede observar en el gráfico precedente que en noviembre de 2019 había 6 unidades de $1.000 por habitante; y en junio último esa relación llegó a 23 por persona. O sea, actualmente hay casi 4 veces más billetes de $1.000 por habitante, porque cada cada vez se pueden comprar menos bienes y servicios con ese dinero.

Es importante destacar que se toman los billetes de $1.000 porque son los de mayor denominación, y si bien representan el 15,6% del total en circulación, en términos de monto equivalen a 52% del total de pesos emitidos.

Tomando en cuenta la cantidad de billetes en circulación, de $5 a $1.000, actualmente el conjunto de la población tiene en sus bolsillos 32,5% más unidades que 20 meses antes.

Una forma de ver el deterioro del peso es observar cuántos dólares, al tipo de cambio libre, se podían comprar con un billete de $1.000 en noviembre de 2019 y en julio pasado. Como puede verse en el gráfico previo esa relación pasó de 15 en el primer caso, y apenas 5,6 en la actualidad.

Otra forma de ver la tremenda devaluación del peso, y en particular del billete de mayor denominación en circulación, es calcular cuánto se podía comprar de una determinada cantidad de comestibles en noviembre de 2019 y en junio último, según datos de precios informados por el Indec, correspondientes al Gran Buenos Aires, en kilos en general y litros de leche, docena de huevos y presentaciones de manteca en paquetes de 200 gramos, en los casos especificados.

Como puede verse, en muchos productos solo puede comprarse la mitad de lo que podía adquirirse previo al cambio de gobierno. Esto es producto de la expansión monetaria que genera el déficit fiscal y el financiamiento con inflación.

Más emisión y menos crecimiento

La economía argentina no solo no crece con esta emisión monetaria, sino que tampoco se reactiva, entendiendo por crecimiento la llegada de nuevas inversiones que amplían la capacidad de producción existente y por reactivación poner en funcionamiento inversiones ya existentes que no se utilizan.

La utilización de la capacidad instalada en el la industria manufacturera se mantiene en torno al 60%, esto es opera con 40% de ocio, pero, además, el Estimador Mensual de Actividad Económica que anticipa el PBI muestra un claro estancamiento.

En síntesis. Los argumentos de los funcionarios del área económica para explicar la inflación son discursos políticos de barricada más que fundamentos técnicos y también queda demostrado que pueden ponerle todos los billetes que quieran en el bolsillo a la gente que eso no significa que puedan acceder a más bienes y servicios.

En definitiva, la única producción que aumenta en forma acelerada en Argentina es la de billetes, pero no la de los bienes y servicios que deberían comprarse con esos billetes. Una nueva estafa que acredita la demogagia populista.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky