Huawei y los destrozos de Trump

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 23/5/19 en: https://www.ambito.com/huawei-y-los-destrozos-trump-n5033166?fbclid=IwAR2rsnlcwUZfVXxLORczS9mo6-RaMMt996eGttaEbisjE8441AHKGowxiR0

 

Huawei y los destrozos de Trump

Patético. Era la Grecia antigua y ya Aristóteles sabía que la violencia era, siempre y necesariamente, destructiva; de hecho, la definía como aquello que intenta -desviar- destruir el desarrollo del cosmos. Y así lo replicaron científicos de la talla de Tomás de Aquino, pero en pleno siglo XXI todavía hay quienes no pueden superar la primitiva idea de que la violencia puede ayudar en la defensa o, peor, en el establecimiento de un “orden social”.
Y así va el mundo. Trump me recuerda a la Segunda Guerra Mundial (SGM). Según los Aliados, se hacía para liberar al mundo de tiranías y guerras -ya lo habían dicho en la Primera- y por supuesto, semejante incongruencia -guerrear para evitar la guerra- produjo el resultado opuesto: cercenaron las libertades de sus ciudadanos, empezando por aumentarles los impuestos y hasta llevarlos a la guerra para morir.Charlton Heston recordaba amargamente su vuelta de la SGM: “Nos habían dicho que era para terminar con las tiranías y vimos crecer otra peor”. Después de 60 millones de muertos y la destrucción masiva de propiedad privada, se consolidó la peor tiranía de la historia, la URSS, que finalmente cayó -el Muro de Berlín- como era lógico: en paz.

No siendo protagonista de la SGM, Trump encara su propia “guerra” -bien idiota- contra China. Utilizando el monopolio estatal de la violencia, impone barreras a los productos chinos provocando una destrucción inútil que sufren sus propios ciudadanos, que ahora pagarán más caros sus insumos mientras la balanza comercial no mejora, empeora.

Por la tensión entre EE.UU. y China, escenificadas a través de Google y Huawei, si los peores presagios se cumplen, la electrónica se encarecerá entre un 10% y un 15% para todos los occidentales. Porque impactará en los costos de producción de todas las empresas: las tarjetas de sonido y gráficas, circuitos impresos, pantallas, baterías, antenas, módems y demás componentes están llamados a elevar sus facturas que llegan desde China.

Por otro lado, según JP Morgan, deslocalizar la producción de sus iPhones de las plantas de Foxconn en Shenzhen, para llevarlas a EE.UU. significaría que Apple debería incrementar un 14% sus precios dado el encarecimiento por la mano de obra estadounidense. De modo que “podría resultar más barato para Apple seguir construyéndolos en China y pagar las tarifas”, según Wire. Por cierto, las acciones de Apple cayeron al conocerse la noticia.

Por otro lado, Huawei trabaja en su propio sistema operativo alternativo al Android de Google y al de Apple. Los fabricantes chinos acaparan un 43% del mercado mundial de móviles -mil millones de usuarios- con lo que no es descabellado pensar que puedan consolidar un tercer sistema operativo común. Y, sin dudas, se dispararán acciones judiciales de todo tipo: los abogados de Huawei, la organización de consumidores Facua, y los asesores legales Legalitas ya han insinuado hacerlo.

Y todo porque Trump teme la tecnología 5G que desarrollan los chinos, que podría servir para “espiar”. Y le teme porque la información es, precisamente, como he dicho muchas veces, la mejor defensa contra la violencia: de qué sirve el mejor ejército del mundo contra un insecto que puede conocer y anticipar sus movimientos. Por eso Washington censura a Wikileaks, entre otros medios de prensa. En fin, como broche, lo que va a lograr Trump, además, es un retraso en el desarrollo de las redes -y tecnología- 5G.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

“¿Saldrá Argentina del default con la expresidente vice candidata?”

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 20/5/19 en: http://correopuntadeleste.com/columna-de-opinion-saldra-argentina-del-default-con-la-expresidente-vice-candidata-por-alejandro-tagliavini/?fbclid=IwAR2jssIZFsY9eQNwF3-oXURpAmxCoafko6W_6qYIqwirrzawGtZRvYQXjyA

 

Como señalaba un destacado encuestador, el anuncio de la ex presidente sobre su postulación a la vicepresidencia es inesperado y, por tanto, prematuro analizar cómo responderá la opinión pública, habrá que esperar con cautela a ver cómo se digiere. Además, durante las próximas cinco semanas puede modificarse, podría ser este solo un anuncio para “marcar la cancha” y seguir negociando.
Entretanto el mercado -el dinero- actuará como siempre: frío y calculador, le hablan con el corazón y responde con el bolsillo.
Según intelectuales del nivel de Alberto Benegas Lynch (h), P. Bauer, D. Bandow, R. Barro, K. Brunner, R. Vauvel y R. Mickesell el FMI -iniciativa keynesiana- financia fracasadas políticas estatistas. Es incoherente que un banco estatal sea promercado cuando vive de fondos extraídos, impositivamente, contra la voluntad del mercado.
Ineptos gobiernos acordaron con este organismo más de 30 veces, financiándose hasta llegar a donde estamos. Según el BM, Argentina desde 1950 -creció 2,7% contra 3,7% promedio de la región- es el país que pasó más tiempo -32%- en recesión, detrás del Congo.
Ahora este último acuerdo con el FMI pospuso el default al que se dirigía el gobierno, que está fuera del mercado internacional de deuda voluntaria que percibe que no existe capacidad de pago. El riesgo país supera los 920 pb.
La presión tributaria, tasas e inflación estratosféricas provocan la caída del PBI y, por ende, la capacidad de pago, a presión impositiva constante. Por eso el FMI pide mayor presión tributaria, y mayor control estatal, para que se reintegren sus préstamos.
El Gobierno celebra el superávit fiscal primario, ya que el acuerdo stand by obliga a un superávit en esa cuenta -con el fin de pagar el acelerado endeudamiento- y deja deliberadamente de lado el pago de los intereses porque incluye los del FMI.
En el primer cuatrimestre el resultado primario tuvo un superávit de 0,1% pero se dio un déficit financiero 0,9%, del PBI, porque el pago de intereses se incrementó 101% solo en abril. Según el IARAF los gastos de los intereses tuvieron un incremento real fuerte -34,7%- en lo que va de 2019.
La recaudación va muy por debajo de lo esperado dada la fuerte caída del PBI. Contra una inflación superior al 50%, los recursos tributarios crecieron 45,4% sobresaliendo los Derechos de Exportación (313,4%), seguidos lejos por el Impuesto a las Ganancias (52,6%).
Evidenciando su improvisación, el FMI le preguntó a la Rural cuánta soja queda por liquidar porque no está siendo lo que esperaban. Solo falta solo que pregunten al kiosquero cuántos chupetines vendió para ver si el consumo avanza.
Por la bajada de precios, la BCR restó US$ 1.400 M a su proyección -de principios de 2019- de ingresos por parte del complejo sojero y la ubicó en US$ 14.000 M, solo 18% más respecto a 2018. De modo naif, los dirigentes rurales pidieron que rebajen las retenciones y el FMI se lavó las manos diciendo que nada pueden hacer cuando probablemente presionarán para un aumento dada la caída del PBI.
El sector manufacturero aceleró su caída en marzo, retrocediendo el 13,6% i.a. y 6,3% respecto de febrero, la mayor caída desde el inicio de la recesión, según la UIA. Y la utilización de la capacidad instalada bajó al 57,7% en relación con el 66,8% de marzo de 2018.
Entretanto, según Morgan Stanley, Brasil lidera la sobre exposición de activos locales en fondos de inversión globales con un 2,3% por encima del benchmark seguido de Argentina -un 2,1%- que realizo las emisiones más grandes comparada con los países de la región.
Y los fondos empiezan a vender. Según la consultora 1816, la semana pasada se dio la mayor salida semanal de fondos -unos US$ 6000 M- de emergentes desde junio 2018. Y, cuando no descargan posiciones, se protegen con los CDS (seguros contra default) que ya rondan -el argentino a 5 años- los 1.200 pb.
Y la fuga hacia el dólar acelera. Las suscripciones de fondos en dólares y activos en el exterior crecen, y los fondos T+0 -en pesos de menor duración- venían sumando 30% en 2019 y 148% en los últimos 12 meses contrastando con los T+1 -activos de corto plazo en pesos- que pierden 16% en 2019 y 63% en los últimos 12 meses. Según la BCC, la dolarización de portfolios se inició casi dos años antes de la votación de octubre y ya suma US$ 36.600 M.
La aversión al riesgo global crece y los inversores se vuelcan a los bonos de países desarrollados. El rendimiento del bono a 10 años de EE.UU. está en su mínimo de la era Trump -a 2,391% cerró el viernes- mientras que el español llegó a su mínimo histórico perforando el 0,88% -50% menos desde máximos de 2018- aunque el viernes cerró a 0,883%. El de España -con mejores datos macro que gran parte de la UE- es una buena opción en Europa, ofrece menos riesgo que Italia y una rentabilidad aceptable respecto a Alemania o Francia.
En fin, entre lo poco serio que hizo el gobierno -como deudor responsable- es vender propiedades, pero por solo US$ 1.131 M durante todo 2019. Insignificante.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

What St. Bernardine’s Ass Could Teach the Bishops

Por Alejandro Chafuen: Publicado en: https://reason.com/1987/08/01/what-st-bemardines-ass-could-t/

 

During the early 1400s, the city of Siena, Italy, was a leading commercial and industrial center, much like its northern neighbor Florence. And in this cradle of capitalism, the most popular figure was a Franciscan friar named Bernardine. His speeches so enraptured listeners that the town’s church could not accommodate the crowds, and listeners had to gather in Siena’s largest piazza.

The noise of the multitude swiftly faded as Bernardine commenced his homily: “Have you heard the story about the donkey of the three villages? It happened in the Valley of the Moon. There was a large shed close to the windmill. In order to take the grain to the mill, three villages agreed to buy a donkey and keep him in the shed.

“A dweller of the first town went for the donkey, took him to his home, loaded the animal’s back with a heavy bag of wheat, and led him to the mill. During the milling, he released the ass so he could graze, but the fields had become barren because of heavy treading. When the wheat was milled, he collected the flour, loaded it on the donkey, and returned home. The man unloaded the ass and brought him to the shed, muttering to himself, ‘He who used him yesterday must have given him a lot of grass. Surely, he is in no need now’ and left the donkey.

‘The following day, a villager from the second town went for the donkey. He took him to his farm, placed on him a heavier burden than the day before, and—without feeding him—led the animal to the mill. With the milling over and the flour already at home, the villager returned the donkey to the shed thinking that yesterday’s user must have treated the animal well. And, yes, he left the donkey, saying, ‘Oh, I am very busy today.’ Two days had passed, and the donkey still did not have a bite.

“On the third day, someone from the third village arrived for the donkey and burdened him with the heaviest load yet. ‘This donkey is owned by the Municipality,’ he remarked, ‘so it must be strong.’ And he took him to the mill. But on the way back, with the wheat already milled, the donkey was sluggish and often halting.The villager had to whip him, and after a strenuous effort, they arrived at the shed. The villager complained, ‘What an ass this Municipality bought to serve three towns! He is a piece of trash!’ That day also the donkey was not fed.

“Do you want to know how it ended? The fourth day, the poor beast collapsed and was torn to bits.”

When the majority of U.S. Catholic bishops voiced their disapproval of the market economy in last year’s pastoral letter, they exhibited not only a lack of understanding of how markets work but also an ignorance of their own religious heritage. For Catholic teaching includes a vital, though too often ignored, strain of free-market thought—that of late-medieval theologians like St. Bernardine.

Perhaps St. Bernardine’s religious education, with its understanding of human imperfections, explains why he never regarded the authorities or the people as angels. He saw private property as the way to ensure that, in a nonangelical community, goods would be used for the betterment of society.

Nor was he alone. During the later middle ages, many leading churchmen hailed free market principles. These were the Scholastics, or Schoolmen, “part-time” priests and full-time academicians who followed the Aristotelian, rationalist tradition of St. Thomas Aquinas. Most Scholastics were, like St. Bernardine, members of religious orders—Dominicans, Franciscans, Jesuits, or Augustinians—and taught in ecclesiastical schools.

Their work concentrated on ethical questions—What is good? What is just?—and their goal was to formulate a corpus of thought applicable to all areas of life. To clarify such issues as whether high taxes are good or bad, for example, they first analyzed the causes and effects of taxation. In answering such questions, the Scholastics contributed to the development of economic knowledge and left behind an intellectual tradition far more compatible with prosperity, freedom, and even virtue than that preferred by too many of today’s clerics.

For example, Francisco de Vitoria, a Dominican of the early 1500s, argued that if goods were commonly owned, evil men and even thieves and misers would profit most. They would take more from the common barn and put in less, while good men would do the opposite.

Consistent with their defense of private property, several Schoolmen were strong critics of government abuses and often confronted the authorities. The outspoken jesuit Juan de Mariana, who lived from 1535 to 1624, is beyond a doubt the best example—his criticisms landed him in jail. In a superb portrayal of bad governments, he described how the “rich and the good” become their prime victims. Tyrants “drain individual treasures. Every day they impose new taxes.…They construct large, monstrous monuments; but at the cost of the riches and over the protests of their subjects.”

In 1619, another Scholastic, Pedro Fernandei Navarrete, chaplain to the Spanish king, argued that poverty was caused by the government’s “great and wasteful spending on nonsensical factories, exquisite banquets.…and continuous spectacles and parties.” He criticized the enormous number of bureaucrats “sucking like harpies” on the government’s wealth while poor workers could hardly maintain themselves. He concluded that “the only agreeable country is the one where no one is afraid of tax collectors.”

Mariana, too, had few qualms about debunking bureaucrats. “We see ministers, recently risen from the dust of the earth, suddenly loaded with a thousand ducats in rent,” he wrote. “Where is this money coming from, if it is not from the blood of the poor and the flesh of businessmen?”

He foresaw that a huge debt, oppressive taxes, and inflation were the natural outcome of big government. His analysis of how governments inflate their way out of their debts—a process he regarded as “infamous systematic robbery”—would later influence Adam Smith’s analysis in The Wealth of Nations in 1776. If Mariana could read the bishops’ pastoral letter on the U.S. economy, he would be amazed to see the major cause of poverty (creating dependence on government spending) touted as the solution (more welfare!).

Wages, profits, and rents, the Schoolmen determined, are not for the government to decide. Profits are justified when they are obtained by buying and selling at just prices—market prices arrived at without fraud, force, or monopoly.

Duns Scotus, an influential Scholastic theologian who wrote in the late 13th century, had taken a different approach. After demonstrating the usefulness of merchants and businessmen, he recommended that the good prince take steps to ensure adequate prices to cover both their costs and their risks.

In response, most Late Scholastics agreed that, while it is legitimate for manufacturers and tradesmen to earn a profit, it is impossible to establish an absolute level of the “just profit.” St. Bernardine, for instance, cited the example of a merchant who buys a product in a province where its price was 100 and takes it to another province, where the current price is 200 or 300. “You can legally sell at that price which is current in that community,” he declared. In the opposite case of buying at 100, then finding that the price has dropped to 50, St. Bemardine recognized that “it is the nature of business that sometimes you win and sometimes you lose.”

Actions such as Lee Iacocca’s or the semiconductor industry’s requests for help from the government when their businesses are in danger would have been challenged by many Scholastic moralists. Juan de Mariana, for one, argued that entrepreneurs who, when confronted with losses, “cling to the magistrates as a shipwrecked person to a rock, and attempt to alleviate their difficulties at the cost of the state are the most pernicious of men…[and] must be rejected and avoided with extreme care.”

Moralists though they were, the Scholastics extended their economic principles to practices they themselves thought immoral. Several Schoolmen concluded, in fact, that sinful or ignoble activities may be marketable and that those who were promised a reward for such activities are entitled to it and can even claim it in court.

One of the most colorful issues the Scholastics explored is whether a prostitute is entitled to keep the payments for her services. Their answer was cautious. As moralists, they condemned the act of prostitution. But they stated that such women do have the right to receive monetary compensation for their services. This attitude toward immoral acts put into practice Aquinas’s principle that not every prohibition or recommendation of moral law needs a temporal law to enforce it.

St. Antonio of Florence, a 15th-century Dominican, noted that many sinful contracts are permitted for the good of the republic—although this does not mean that the acts are good. Prostitutes sin by prostituting themselves, he said, but not by receiving payment for doing so.

And, reasoned Jesuit Antonio de Escobar a century later, although the sale of a prostitute’s favors is evil, it causes pleasure, and things that cause pleasure merit a price. Furthermore, a prostitute’s fee is freely rendered—no one can claim to be forced to go to a brothel. Noting that most other Scholastic authors shared this conclusion, Escobar stated that we must reason in the same way when analyzing other types of profit obtained without fraud, lies, or extortion.

This leads me to reflect upon the tragedy of drug abuse. I can only speculate that, confronted with the issue, these Scholastics would first explain that the abuse of chemicals can be poisonous and therefore should not be done, then proceed to ask the following questions: Should we ban the sale of poisons? If we ban the sale of dangerous drugs, would that prevent people from acquiring them? Who would profit from such prohibition? They would then proceed to recommend courses of action consistent not only with their belief in the sacredness of the human body but also with the conclusions of rational analysis.

As moralists, the Schoolmen were concerned with the question of how man should act. As economists, they understood that a “means” is that which serves the attainment of a goal and that the only way to judge the means is to see whether or not it is suitable to attain the end. Thus, when they opposed mandatory “family wages,” it was not because they lacked concern for the family. Rather they saw that, from a legal and economic point of view, “need” could not be considered the basis for salaries. When they affirmed that prostitutes had a right to claim the agreed-upon price, they were not condoning immorality—they were stating that society would be impossible if the attempt were made to outlaw all vices.

Civil authorities, they said, should endeavor to balance budgets, cut spending, reduce subsidies, and encourage development by keeping taxes moderate. Navarrete, perhaps the original “supply sider,” realized that excessive taxation could reduce the king’s income, as few people would be able to pay such high rates.

The Late Scholastics opposed price controls on wheat because, as the Jesuit Luis de Molina wrote, “we know that in times of scarcity the poor can rarely buy the wheat at the official price. On the contrary, the only ones who can are the powerful and the public ministers, because the sellers cannot resist their requests.” And they opposed import duties on food because they reduced the standard of living of the poor.

Today, when the church has again joined the economic debate, one of the few authoritative voices heard in the Vatican pleading for free markets is that of Cardinal Joseph Höffner, the Archbishop of Cologne and president of the German Bishops Conference and, not surprisingly, an expert on Scholastic economics. But the importance of the Scholastics extends beyond the church. F.A. Hayek, the Nobel laureate economist, has suggested that they can be considered the founders of modern free market thought. All those concerned with the moral foundations of a free society can benefit from the teachings of these proficient theologians.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

Otra vez sobre Trump

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 19/5/19 en https://www.cronista.com/columnistas/Otra-vez-sobre-Trump-20190519-0019.html

 

Otra vez sobre Trump

Afortunadamente no somos pocos los que estamos preocupados por lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre. Personalmente tengo gran admiración por la tradición estadounidense. Cursé parte de mi colegio y luego de graduarme en la universidad estudié en ese país donde conservo muy buenos amigos. Al efecto de mostrar la declinación he escrito el libro Estados Unidos contra Estados Unidos primero publicado por el Fondo de Cultura Económica y luego reeditado por Unión Editorial de Madrid.

Al igual que a los indios locales se los engatusaba con espejitos de colores para imponerles la mita y el yanaconazgo, ahora hay quienes se dejan encandilar con reducciones impositivas aun cuando los gastos gubernamentales más que compensen esas disminuciones, todo financiado con una astronómica deuda en el contexto de atropellos al sistema republicano. Por eso es que los informes económico-financieros son alarmantes por parte de profesionales del calado de William Bonner, Peter Schiff , David Stockman y Jim Rogers.

El periodista estrella Woodward ha publicado El miedo. Trump en la Casa Blanca por lo que recuerdo un pensamiento de Jefferson: “Cuando el pueblo teme al gobierno hay tiranía, cuando el gobierno teme al pueblo hay libertad”.

Por estos motivos, encumbrados empresarios han renunciado al consejo asesor de la presidencia, lo critican historiadores de renombre inclusive su propio biógrafo, senadores de su propio partido, periodistas de muy diversos medios. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos de funcionarios de primera línea y abogados de confianza que los ha inducido a mentir. Mientras, continua sin aclararse el embrollo del Russiagate y colaterales.

Rex Tillerson, el primer Secretario de Estado designado por actual mandatario (más bien mandante) que se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de Exxon Mobil, como es sabido la sexta empresa con mayor facturación del mundo, luego de dejar ese cargo (tercero en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter e insultado por Trump, ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

También es sabido que el partido Demócrata se ha radicalizado con los Bernie Sanders, Beto O´Rourke, Alexandria Ocasio-Cortez y la propia Clinton pero eso en modo alguno justifica apañar los desatinos de Trump. Es de desear que esa gran nación pueda recuperar los valores y principios de los Padres Fundadores.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Alberto Fernández, ¿el Remes Lenicov de Cristina Fernández?

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/5/2019 en: https://www.infobae.com/politica/2019/05/18/alberto-fernandez-el-remes-lenicov-de-cristina-fernandez/

 

El próximo presidente deberá lidiar con la herencia K y que le sumó Cambiemos

El próximo presidente deberá lidiar con la herencia K y que le sumó Cambiemos

Cada uno puede especular sobre cuál es el motivo por el que Cristina Fernández eligió la fórmula Fernández-Fernández. En todo caso, si Cristina Fernández no gana, el que pierde es Alberto Fernández y ella conserva los fueros de senadora; y si gana, puede gobernar desde la sombras. La famosa: Alberto Fernández al gobierno, Cristina al poder. Si este fuera el caso, tiene bastante lógica desde el punto de vista económico, ya que ella no va a poder hacer el populismo característico de su primer mandato. Alberto Fernández podría ser el Remes Lenicov de Cristina Fernández.

Veamos: en 2007, cuando ella gana las elecciones, llega al poder con
un gasto público consolidado del 26,4% del PBI y lo deja en el 45%
del producto. Es decir, hizo tanto populismo que casi duplicó el gasto
público consolidado. Por otro lado, recibió una carga tributaria consolidada de 33% del PBI y lo dejó con 39,4%. Actualmente es del 42%.

Si Cristina Fernández hubiese sido candidata a presidente y hubiese ganado las elecciones, ¿tenía margen para hacer el mismo populismo que hizo durante su gestión? Recordemos que Néstor Kirchner le dejó un superávit fiscal consolidado del 0,46% del PBI y ella se fue del gobierno con 7,24% de déficit fiscal consolidado. Lo que muestra que el populismo que ejerció generó un desastre fiscal que heredó Cambiemos y que nunca pudo resolver.

Quien gane las elecciones este año tendrá que resolver la herencia K sumada a la que dejará Cambiemos por el endeudamiento derivado del gradualismo aplicado, además del problema de las Leliq. El flanco fiscal va a ser muy complicado para el que gane.

Considerando que Cristina Fernández es una populista compulsiva, ¿tendría margen para financiar estos niveles de populismo? Aumentar los impuestos puede, pero a riesgo de terminar de fundir la economía. Colocar deuda externa no puede porque no genera confianza en los inversores y el FMI no va a ser tan condescendiente con ella. Es más, ahora no tendría margen para cancelar la deuda que tenemos con el Fondo, por lo que acceso al crédito externo no va a tener. El presidente venezolano Nicolás Maduro no está en condiciones de prestarle como antes hacía Hugo Chávez y dudo de que el FMI le preste un centavo para hacer más populismo.

Tampoco hay mucho margen para deuda interna porque los depósitos en
el sistema financiero representan sólo el 14% del PBI, uno de los
más bajos del mundo. Le quedaría emitir moneda, pero con estos niveles de demanda de pesos, sería caer inmediatamente en la hiperinflación.

Las condiciones en las que hoy asumiría Cristina Fernández, si fuera elegida presidente, serían absolutamente diferentes a las condiciones con las que asumió la presidencia en 2007. Su gestión se caracterizó por recibir un superávit fiscal consolidado de 0,46% del PBI y entregar un déficit de 7,24%, un recorrido de deterioro de 7,7 puntos del producto. Encima, su segundo mandato, a pesar del populismo y el aumento del gasto público, estancó la economía.

Cristina recibió 3 millones de jubilados y entregó 7 millones, un sistema que está quebrado y que, además, al estar indexadas las jubilaciones, cualquier llamarada inflacionaria dispararía ese gasto. Agreguemos la legión de planes sociales, y el gasto es inmanejable.

En definitiva, la herencia que le dejó a Macri continúa agravada por la deuda pública externa e interna, de manera que le volvería como un bumerang en caso de ser ella la presidente. Así que, tal vez, esté pensando en que no es el mejor momento para asumir la presidencia con una situación económica que requiere de dos cosas: 1) una profunda reforma del estado, impositiva y laboral, como mínimo o 2) ir a un sistema autocrático, algo que no le desagradaría, pero que tal vez no tenga margen para instaurar si no tiene mayoría en el Congreso.

Alberto Fernández, el candidato a presidente por el espacio K

Alberto Fernández, el candidato a presidente por el espacio K

 

La historia económica muestra que en situaciones de crisis económicas extremas se termina en gobiernos autocráticos o en reformas estructuralesNo imagino a Alberto Fernández haciendo reformas estructurales, pero sí defaulteando la deuda para no pagar los intereses, repetir lo hecho por Adolfo Rodríguez Saa y haciendo un plan Bonex para cancelar las Leliqs.

Es decir, parte del trabajo sucio lo haría Alberto Fernández pagando el costo político y, en caso de que la justicia emitiera fallos contra ella, él podría indultarla. Mientras que si ella fuera presidente, no podría autoindultarse.

Por ahora, a modo de especulación, todo parece indicar que el miedo no es zonzo, y si Cristina Fernández sabe lo que le espera al próximo presidente en materia económica, luce lógico que lo mande a la parrilla a Alberto Fernández, quien parece acomodarse a cualquier situación política. Desde denostar sin piedad el segundo mandato de Cristina, hasta encabezar una fórmula con ella en una de las condiciones económicas más complicadas del
país.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Cómo Argentina se volvió rica?

Por Iván Carrino. Publicado el 16/5/19 en: https://contraeconomia.com/2019/05/como-argentina-se-volvio-rica/

 

En 1895, Argentina fue el país más rico del planeta.

Recientemente apareció en los medios de comunicación la noticia de que hace unos 124 años, nuestro país encabezó la lista mundial de ingreso per cápita.

¿Qué quiere decir esto? Que en 1895, de acuerdo con la medición más tradicional y establecida de la riqueza ciudadana que utilizan los economistas, Argentina era el mejor país del mundo. La riqueza promedio de un argentino fue, en ese año, superior a la de un norteamericano, un sueco, un canadiense… Bueno, superior a la de cualquier ciudadano de cualquier nación del planeta.

Conocida la novedad, no tardaron en aparecer análisis y comentarios acerca de “qué nos pasó”. Es que, claro, si alguna vez no solo estuvimos entre los países más prósperos del planeta, sino que llegamos a la cumbre máxima… ¿por qué hoy estamos en la tabla del descenso, luchando contra la pobreza, la inflación, la deuda y la decadencia?

La pregunta es interesante, pero creo que es mejor responder otra que lo es aún más. Es que, como decía Hayek, antes de entender por qué las cosas funcionan mal, debemos comprender cómo es que funcionan bien.

¿Por qué nos fue bien?

La visión liberal tradicional acerca del progreso argentino de fines del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX le asigna una importancia crucial a las instituciones.

En efecto, Argentina desde 1853 tenía una Constitución Nacional que se comprometía a “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

En su artículo 14, además, detallaba que todos los habitantes tenían derecho de:

Trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

La Constitución de 1853, inspirada por Alberdi y la Constitución de Estados Unidos, promovía la libertad económica y ponía en cabeza del estado la protección de los derechos individuales.

Esto, en palabras de los autores Acemoglu y Robinson, constituía un entramado institucional “inclusivo”, que promovió el progreso material y el avance económico.

Ahora pensándolo un poco más, ¿será esta toda la explicación?

Otra teoría

Deirdre McCloskey es Doctora en Economía por la Universidad de Harvard. Este viernes y sábado visitará Buenos Aires para dar una serie de conferencias.

McCloskey es una mujer transgénero. En 1942 nació como Donald McCloskey y vivió hasta 1995 como un hombre. Estuvo casado con una mujer por treinta años y tiene dos hijos. Sin embargo, a sus 53 años, decidió cambiar y desde entonces es conocida como Deirdre.

En cuanto a su trabajo académico, fue profesora de la Universidad de Chicago entre 1968 y 1980, y hasta el 2015 dio clases de economía, historia e inglés en la Universidad de Illinois, también en la ciudad de Chicago. McCloskey saltó a la fama recientemente por la publicación de una extensa trilogía de libros en donde busca dar respuesta precisamente a la pregunta de por qué los países son ricos.

De acuerdo con la autora, hasta el año 1800 el ciudadano promedio en el mundo vivía con el equivalente a tres dólares diarios. No obstante, hoy en los países desarrollados ese número se ha multiplicado por un factor de treinta. Es decir, hay que explicar “el gran enriquecimiento” que ocurrió en las sociedades modernas.

Y, para McCloskey, no alcanza con apelar solo a las instituciones.

Revolución Cultural

Para entender este apabullante incremento en los niveles de vida a nivel global, la autora analiza diversas teorías. Por un lado, sostiene que en la izquierda explican al crecimiento como consecuencia de la “explotación”.

Marx y Engels, por ejemplo, dirían que así como el capitalista es rico porque explota al trabajador, los países desarrollados lo son pero porque explotan a los subdesarrollados. Para ellos la economía es un juego de suma cero, donde algunos ganan, pero otros necesariamente pierden.

Obviamente esta idea es contraria a los datos. Hoy somos muchas más personas en el mundo, y hay mucho menos pobreza.

La otra explicación para este gran enriquecimiento es la que dábamos al inicio. Son las buenas instituciones, que protegen los derechos individuales, las que generan incentivos para acumular capital. Y es la acumulación de capital la que mejora la productividad y, por tanto, el ingreso de las personas.

Si bien McCloskey no va a chocar directamente con esta tesis, sí va a sostener que no es del todo suficiente. Es que, como explica Alberto Mingardi:

Ella asevera que la acumulación de capital, colocar ladrillo sobre ladrillo, no era nada nuevo. Siempre existió la prudencia, el ahorro –y la avaricia, si es el caso. Pero, en cierto momento, la acumulación varió de hacer capital para comprar villas lujosas y fincas cada vez más extensas, a financiar maquinarias y fábricas. El capital fue utilizado para suplir un flujo sin fin de novedades, para beneficio de un número siempre creciente de consumidores.

¿Qué fue lo que pasó? Básicamente, que hubo una revolución cultural. Un cambio radical, aunque lento y extendido en el tiempo, en la forma en que la comunidad veía a la actividad comercial.

La tesis de la autora, entonces, es que previo a la Revolución Industrial, hubo un cambio cultural que le dio dignidad a las actividades productivas, al comercio y a la innovación. Antes el prestigio era solo otorgado a los guerreros, los nobles o el clero. Pero En Inglaterra y Holanda durante el Siglo XVII, ese prestigio también comenzó a ser dado a los comerciantes y empresarios.

Tuvo que ocurrir esa revolución cultural, para que las instituciones cambiaran, y el liberalismo promoviera la innovación que hizo explotar las tasas de crecimiento económico mundial.

Volviendo a Casa

Si lo que dice McCloskey es cierto, y son las actitudes hacia el comercio y el trabajo empresarial lo que determina el crecimiento de los países: ¿qué puede pasar en Argentina en el futuro?

La semana pasada, el dirigente Juan Grabois atacó a MercadoLibre, tildando a la empresa más exitosa del país de “contrabando, evasión” y abuso entre otras cosas… La polémica fue grande, y desde aquí le respondimos enérgicamente.

Unos días después, salió a pedir techo para las comisiones que la empresa les cobra a sus usuarios… Ahora lo curioso es que algunos tuiteros “de derecha”, si bien críticos con Grabois, también salieron a criticar a MercadoLibre por recibir injustos beneficios del gobierno.

Mi conclusión es que en Argentina si a tu empresa le va bien, te correrán por izquierda porque explotás a la gente, o te correrán por derecha porque “seguramente” el gobierno te dio algún privilegio.

Si esta es la actitud argentina hacia el comercio y la actividad empresarial, entonces probablemente sigamos empantanados y decayendo, muy lejos de lo que alguna vez supimos ser.

PD: Deirdre McCloskey se presentará en la Universidad del CEMA este viernes 17 de mayo a las 17:30 hs., en un evento organizado conjuntamente con la Fundación Libertad. Para participar de la charla, inscribite aquí.

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

A un año del acuerdo… Cómo nos va con el FMI

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 14/5/19 en: http://www.elefete.com/a-un-ano-del-acuerdo-como-nos-va-con-el-fmi/

 

Como recuerda Alberto Benegas Lynch (h), el FMI fue inspirado por White y Keynes y, según economistas de la talla de P. Bauer, D. Bandow, R. Barro, K. Brunner, R. Vauvel y R. Mickesell, se dedica a financiar fracasadas políticas estatistas. Es contradictorio que un banco estatal sea promercado cuando vive de fondos extraídos, impositivamente, contra la voluntad del mercado.

Ineptos gobiernos argentinos acordaron con este organismo más de 30 veces, financiándose para continuar y llegar adonde estamos. Recordemos el momento más sintomático. En junio de 2004 Rodrigo Rato -hoy preso por corrupción- asume la dirección del FMI “con el mejor cuadro de economistas del mundo” que “trabaja de manera transparente”. ¿Sí? Contrariamente a sus proyecciones -crecimiento del 4,5%- el PBI de Brasil cayó en 2003 y no levantaba, entonces, el FMI aseguró que “(Brasil) está haciendo progresos importantes”. Cualquier parecido con Argentina es casual.

Estos burócratas financiaron a nuestros gobiernos hasta que cayeron en default: unos US$ 88.000 M. Necesariamente la política del FMI es pedir mayor presión tributaria, y mayor control estatal, porque es el único modo de reintegrar sus préstamos dado que el PBI caerá. Así, presionó a Kirchner para subir la carga fiscal mientras que las deudas con los privados “son entre el gobierno y los acreedores…”, se lavó las manos Rato.

Luego, aunque por motivos muy discutibles, se tuvo la sana idea de romper con el FMI…  hasta hace un año. ¿Cómo nos ha ido?

Tras la “corrida cambiaria” en abril de 2018, con los mercados de capitales internacionales privados cerrándose -por la inviabilidad del “modelo macrista”, de agrandamiento del peso del Estado- el Gobierno recurrió al FMI.

El 8 de mayo se iniciaron conversaciones consiguiéndose hasta hoy unos US$ 57.000 M. Desde entonces, el dólar subió 105%, aumentó la inflación, el BCRA subió la tasa del 40% de la Lebac hasta el 71% de la Leliq, el riesgo país subió de 480 pb a unos 920, los bonos del gobierno pasaron a rendir de 4 a 16%, el Merval en dólares cayó casi 50% y los ADR hasta 80%.

Un cliché del gobierno para justificarse es la “incertidumbre política”, sin embargo, la semana pasada a pesar de los temores globales -todas las bolsas caían- el ataque a un diputado radical y la presentación del libro de CFK, el mercado cambiario tuvo el viernes el récord de operaciones de 2019, US$ 1.013 M, gracias a las ventas de exportadores -no de sojeros que retienen dado que la soja cae fuerte y ya perfora los US$ 290/tn-, bancos y algunas empresas, el dólar minorista bajó -cerró la semana 1% arriba- y la bolsa subió en las últimas ruedas casi 18% en pesos y tuvo la mayor subida en dólares en lo que va de 2019, aunque luego volvió a la dura realidad macro.

Como con Brasil, el FMI asegura que vamos bien, y los hechos desmienten. En marzo la industria cayó 13,4% ia., la construcción 12,3% y para 9 de cada 10 empresarios la actividad no mejorará. Todos perdieron en 2018, la pobreza crece y 17% cayó el poder de compra salarial según el IET, e incluso las empresas grandes, en particular las alimenticias, sufrieron caídas de hasta 46% en sus facturaciones. Según la Undav, al 48% de las 29 mayores empresas que cotizan en bolsa le cayeron los ingresos en 2018. Desde el último desembolso del FMI, el 9 de abril, el BCRA ya dilapidó -y se acelera- el 86,7%, US$ 9.370 M.

Entretanto, el viernes Uber debutó en Wall Street emitiendo 180 M de acciones con los que recaudaría US$ 8.100 M a US$ 45. Aunque terminó bajando 7,62% hasta los US$ 41,57 por título en un mal día para la bolsa que tuvo su peor semana de 2019 -su principal rival, Lyft, cayó 7,47%- y el lunes caía más de 10% mientras Wall Street bajaba fuerte. Contrastando con Beyond Meat -la firma de carne artificial- cuyas acciones ya triplicaron su valor.

Uber tuvo en los dos últimos años pérdidas operativas por US$ 4.000 M y 3.000 M respectivamente y “continuaremos incurriendo pérdidas a corto plazo”, reza su prospecto.          Pero su futuro atrae. Posee Uber Freight -logística-, Uber Eats -entrega a domicilio-, alquiler de bicicletas y scooters, desarrolla taxis aéreos y tecnología de automóviles sin conductor, entre otras cosas, solo el 2% ha usado su aplicación con lo que tendría un enorme potencial y gastó US$ 14.300 M en 2018 en subsidios para atraer a conductores y usuarios. Desde Morningstar, estiman que será rentable en 2024.

Quizás lo peor de Uber es que los conductores son contratistas, no empleados, y eso le exime de pagar sueldo mínimo y cobertura médica, pero si esto termina regulado por los gobiernos el coste será alto.

Corolario: una empresa no tiene que estar ganando para conseguir inversores ya que, con todo, no es poco el dinero que consiguió Uber del mercado voluntario. Si se presenta un plan creíble de crecimiento, entonces, aunque personalmente no lo recomendaría, los especuladores -en el buen sentido- invierten. El problema del Estado argentino no es que no está teniendo éxito, sino que su “modelo” -mayores impuestos, tasas e inflación- es un fracaso anunciado.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.