Controles de precios y ley del mercado

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/03/controles-de-precios-y-ley-del-mercado.html

 

Es materia de ignorancia económica confundir causas con efectos. Esto sucede con ciertos aspectos de la economía tales como los controles de precios y no es de ahora, sino que ya sucedía en la época de los nazis:

“A mucha gente le fascinaba el supuesto éxito del control alemán de precios. Decían: Solo tienes que ser tan brutal y despiadado como los nazis y conseguirán controlar los precios. Lo que no veía esa gente, ansiosa por luchar contra el nazismo adoptando sus métodos, era que los nazis no aplicaron un control de precios dentro de una sociedad de mercado, sino que establecieron un sistema socialista completo, una comunidad totalitaria.”[1]

Ya aclaramos que los controles de precios no operan si se apadrinan como medidas aisladas que afectan a determinados productos y excluyen a otros. Las del nazismo, en consecuencia, no eran simples disposiciones intervencionistas de vigencia transitoria y temporal, sino que consolidó un total control de la economía en su conjunto. Había una cuestión de rótulos que lo disfrazaban y ocultaban como un real socialismo, y era justamente el hecho de que el régimen nazi decía no desconocer la propiedad privada de los medios de producción, lo cual -en apariencia- resultaba verosímil a la vista de todos aquellos que no conocieran a fondo la ciencia económica y como marcha una economía de mercado y otra socialista.

No obstante, fueron muchos los países que defendieron el sistema nazi de control de precios, inclusive hasta la actualidad y en regímenes que insisten en denominarse “democráticos” o “de mercado”. Por ejemplo, todos los partidos “progresistas” propician este tipo de políticas.

“El control de precios es contrario al fin si se limita solo a algunos productos. No puede funcionar satisfactoriamente dentro de una economía de mercado. Si el gobierno no deduce de este fracaso la conclusión de que debe abandonar todos los intentos de controlar los precios, debe ir cada vez más allá hasta que sustituya la economía de mercado por una completa planificación socialista.”[2]

La historia de los controles de precios demuestra exactamente lo que la cita indica. Las naciones que los llevaron hasta las últimas consecuencias culminaron todos en estados opresivos y criminales como demostraron los casos de la U.R.S.S. y sus estados satélites detrás de “la cortina de hierro” de Europa oriental; en Asia, China, Corea, Camboya y otros lugares; y en América: Cuba, Chile de Allende y la actual Venezuela castro chavista comunista. No sólo sus economías resultaron colapsadas, sino que las libertades civiles y políticas (como no podía ser de otra forma) terminaron también suprimidas.

Esto no significa que en otras latitudes los precios políticos no fueron aplicados. Por el contrario, hoy en día casi todos los pueblos los patrocinan formando parte de la política económica de la mayoría del mundo mal llamado “libre”. Lo que sucede es que, comprobado tiempo más tarde su fracaso, es abandonados temporalmente por periodos más o menos largos, hasta que vuélvese a implantar, por lo general, con cada cambio de gobierno, o dentro de un mismo gobierno con cada cambio de ministro de hacienda o de economía que crea o no en el sistema como medio de corregir los aumentos de precios. Esta variante dependiente de estos factores ha impedido que muchos de los territorios de occidente hayan colapsado económica y políticamente y hayan terminado en estados totalitarios como si ha sucedido en los casos mencionados anteriormente.

“La producción puede dirigirse o bien por los precios fijados en el mercado por los compradores y por la abstención de comprar por parte del público o puede dirigirse por el consejo central público de gestión de la producción. No hay disponible una tercera alternativa. No hay un tercer sistema social viable que no sea economía de mercado ni socialismo. El control público de solo una parte de los precios debe llevar a un estado de cosas que, sin ninguna excepción, todos consideran como absurdo y contrario a sus fines. Su resultado inevitable es el caos y la inquietud social.”[3]

Este aserto científico se ha venido cumpliendo década tras década de manera ineluctable como si se tratara de una profecía. Sin embargo, los intentos de creer y de establecer una “tercera vía” o “sistemas alternativos” perduran también hasta hoy, desconociendo la verdad científicamente afirmada en la cita anterior. La dirección del mercado solamente puede estar en dos manos, a saber: o la de los consumidores o en la de los burócratas. No existe, pues, ninguna otra posibilidad ni fórmula mágica por la cual la economía pueda manejarse en su totalidad. En otras palabras, o se trata de socialismo o de capitalismo (economía de mercado). Apenas se intenten “terceras días”, sistemas “intermedios” economías “mixtas”, “hibridas” o como quiera rotulárselas los resultados indeseables de tal política comienzan a aparecer, y sólo cesan cuando se abandonan los experimentos intervencionistas.

Sin embargo, abundan los “profetas” que intentan presentar como “nuevo” lo que ha venido fracasando durante siglos desde los tiempos de Hammurabi[4]. En tal sentido, se cumple -una vez más- aquello de que la práctica confirma la teoría.

“Es esto lo que los economistas tienen en mente al referirse a la ley económica y afirmar que el intervencionismo es contrario a las leyes económicas.”[5]

No se procura decir que el mercado sea perfecto en el significado de que resulta siempre capaz de resolver todas las necesidades humanas, por cuanto hablar de “perfecciones” en abstracto carece de toda coherencia, y mucho más en el campo de las ciencias sociales. De lo que se discute es de dejar en claro que el mercado tiene sus propias leyes, y que autoajusta por medio de las mismas las posibles imperfecciones de las cuales pudiera adolecer, es decir, no se debate sobre una perfección imaginaria ni utópica, sino que se reflexiona sobre una realidad científica comprobable, que muestra ciertas regularidades que se cumplen de manera inexorable, y que cuando se alteran por factores exógenos ocasionan consecuencias indeseables. Esto es tan solo lo que se quiere significar con la cita anterior.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). pág. 13

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 13.

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 13-14.

[4] Véase a Robert L .Schuettinger – Eamonn F .Butler. 4000 años de Control de Precios y Salarios. Cómo no combatir la inflación. Prólogo por David L. Meiselman. Primera Edición. The Heritage Foundation. Editorial Atlántida – Buenos Aires.

[5] L. v. Mises ibidem, pág. 14

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Con la pandemia el sector privado no podrá seguir sosteniendo la burocracia estatal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/3/2020 en: https://www.agrositio.com.ar/noticia/209231-con-la-pandemia-el-sector-privado-no-podra-seguir-sosteniendo-la-burocracia-estatal-por-roberto-cachanosky

 

La presión tributaria alcanzó niveles extremos. Cualquier atraso en el cobro de impuestos por la crisis local e internacional deberá ser compensado con ahorro de gasto público…

No sabemos cuánto tiempo va a durar esta pandemia del coronavirus y si se encontrará la solución al problema. Lo cierto es que de extenderse en el tiempo esta crisis, inevitablemente cambiará la forma de trabajar. Desaparecerán millones de puestos de trabajo y se crearán otros e incluso se modificará la forma de trabajar.

En lo inmediato hay sectores que recibirán el impacto de la pandemia en forma plena: compañías aéreas, comercios en los aeropuertos, hoteles, restaurantes, bares, shopping centers, teatros, cines y todo lo que tenga que ver con el espectáculo. Incluso los salones que se alquilan para conferencias pierden ingresos al suspenderse congresos, conferencias, etc., lo cual afecta, por carácter transitivo, al sonidista que contratan y vive del trabajo que le brindan esas conferencias, los servicios de catering, el que filma la conferencia, etc. De manera que acá va a haber mucha gente que la va a pasar muy mal, y esa gente que la va a pasar muy mal es toda del sector privado.

Ni hablar de sectores como inmobiliarias o las concesionarias de autos. Si ya venían mal, con este tema es muy probable que la gente postergue las escasas decisiones de invertir en una propiedad o cambiar el auto. ¿Quién suelta un dólar ahora?

El señor del kiosco, que trabaja con lo que le vende a la gente que pasa por su negocio, también va a tener menos ingresos por el menor flujo de gente. Otro que va a sufrir las consecuencias económicas.

Considerando el sobredimensionamiento del estado, luce razonable que los empleados públicos ligados a la burocracia, de todos los niveles de gobierno, también hagan su aporte y cobren un sueldo menor al que reciben. Ellos viven de los impuestos que genera el sector privado y el sector privado estará colapsado por la falta de ventas que le impedirá pagar impuestos. No se generarán ingresos y, por lo tanto, no habrá plata para pagar los impuestos para sostener un aparato burocrático sobredimensionado. Ese menor sueldo se lo puede compensar parcialmente con los empleados estatales quedándose en sus casas y ahorrándose transporte y comidas fueras del hogar. No luce lógico que mientras el sector privado agoniza económicamente, la burocracia estatal siga cobrando como si en el mundo no pasara nada. Justamente, en este momento de crisis, es fundamental que el gobierno decrete una amplia desregulación de la economía para que se tengan que hacer menos trámites que complican la operatoria del sector privado, al punto que en épocas normales tienden a paralizar las operaciones de las empresas. Eliminando regulaciones, habrá menos trámites que realizar, menos movimientos de personas y menos empleados públicos utilizando medios de transporte con el riesgo de esparcir el virus.

Por ejemplo, hoy existe la tasa de abasto, que es una tasa que cobran los municipios a quienes entran con productos alimenticios. Un camión con que lleva hamburguesas a los comercios de un municipio tiene que hacer el trámite de para a pagar la tasa de abasto, que es una especie de aduana interna entre municipios. Si ese camión tiene que repartir en tres municipios, tiene que hacer el trámite de la tasa de abasto en cada uno de los municipios. Esto es muy común en la provincia de Buenos Aires. Bien, trámites de ese tipo que pueden eliminarse, hay en toneladas.

Lo que veo complicado es declarar un cese de actividades por 10 días o más, porque hay mucha gente que vive de su ingreso diario. Tomemos el caso de un taxista que alquila el taxi. Esa persona tiene que pagar el alquiler diario, cargar combustible y generar ingresos suficientes para cubrir el costo fijo del alquiler del taxi, el combustible y recién ahí recaudar para llevar plata a su casa para pagar las cuentas. Esa persona no tiene espaldas para resistir ni una semana. Si no lo mata el virus, se muere por inanición si se paraliza todo el país.

Pero dentro de todas las malas noticias que se presentan para la economía por el coronavirus, la buena noticia es que hoy disponemos de un salto tecnológico que nos permite seguir realizando tareas a distancia. Por ejemplo, las secretarias pueden trabajar perfectamente desde sus casas y comunicarse con sus jefes por Skype, WhatsApp, mail, teléfono o celular. Pueden hacerse puentes para recibir y transmitir llamados telefónicos.

Las reuniones presenciales de trabajo se pueden hacer en forma grupal en cualquier plataforma que sea un meeting room virtual. Personalmente he hecho reuniones de trabajo por Skype, donde se pueden crear grupos en los que entran varias personas a realizar una reunión que antes se hacía presencialmente.

Las aulas virtuales no son algo nuevo. Por lo menos existen desde hace 20 años. Mi hermano, fallecido, fue un pionero en dar clases de postgrado por internet. Personalmente he dado clases en sus cursos en aulas virtuales donde había alumnos que entraban al aula virtual en forma simultánea desde Tucumán, México, Colombia, Guatemala y otros países de Centro América, que era donde se había enfocado el mercado de esos postgrados. De manera que las clases de colegios y universidades pueden seguir dándose sin problema. Hay aulas virtuales que permiten seguir normalmente con las clases.

Lo mismo se pueden seguir haciendo conferencias online en meeting rooms que aceptan hasta 200 participantes simultáneamente.

Las compras online son otro mecanismo que permiten seguir teniendo actividad económica sin aglomeraciones. Si la epidemia se extiende en el tiempo, posiblemente los supermercados tiendan a desaparecer y aparezcan más comercios de barrio como cuando era chico. No es nuevo el delivery. 50 años atrás existía el almacén de la esquina al que uno le llevaba el pedido y lo traía “el chico del almacén” en un gran canasto de mimbre. Ahora se modernizó y hay aplicaciones en los celulares que permiten hacer las compras online y llega la moto o un camión de reparto. El que tenga el sistema más eficiente para recibir y entregar los pedidos ganará más mercado.

En lo que hace a las fábricas, tienden a estar automatizadas. Ya no es tan común que en las industrias haya legiones de operarios en la planta. Un auto lo fabrica un robot, no legiones de operarios pintando el auto, poniendo tornillos y ruedas.

En definitiva, la mayor cantidad de puestos de trabajo hoy día está en el rubro servicios y dicho rubro en gran medida puede hacerse vía internet. El tema consistirá en tener un buen servicio de internet y logística de distribución.

El dato que surgirá, si esto continúa, es que muchos puestos de trabajo están en el estado y no cumple ninguna función útil. Es más, muchas de los trámites que hay que hacer son trabas que inventan los mismos burócratas para justificar su puesto de “trabajo”. Esos también tienen que reconvertirse como cualquier ser humano del sector privado que todos los días se levanta para ver cómo hace para sobrevivir.

En definitiva, ante la cruda realidad del coronavirus, todos vamos a tener que repensar nuestra forma de trabajar y, tal vez, sea el momento en que el gobierno reformule toda esa inmensa burocracia que ya no podrá ser bancada por el sector privado y entorpece el funcionamiento del sector productivo.

Todos tenemos que poner las barbas en remojo y no hay sector que se sienta con el derecho a ser privilegiado como es la burocracia estatal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Con la excusa del coronavirus, los Estados destruyen mercados y el rebote que vendrá

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/3/20 en: https://www.ambito.com/economia/coronavirus/con-la-excusa-del-coronavirus-los-estados-destruyen-mercados-y-el-rebote-que-vendra-n5087695

 

Medidas sanitarias excesivas, dictadas por el pánico, incrementan los costos económicos de la emergencia. Una guerra petrolera insostenible. Retenciones galácticas.

Con la excusa del coronavirus, los Estados destruyen mercados y el rebote que vendrá

Algún día entenderemos que la violencia solo destruye a la naturaleza que de suyo provee los recursos para una vida digna para todos. Entretanto seguiremos autoflagelándonos, creando pobreza y desorden.

Antes del aislamiento del norte de Italia y la caída del crudo, Bloomberg Economics ya estimaba que las pérdidas globales “por el coronavirus” llegarían a u$s2,7 billones, el PBI del Reino Unido. Y la OCDE advirtió que el crecimiento global podría caer desde el 2,9% hasta el 1,5%.

Pero pongamos las cosas en su lugar: esto no es culpa del virus sino de las medidas “preventivas” de los gobiernos, como las prohibiciones de trabajar y circular, implementadas de manera policial -violenta-, coartando libertades personales como si la actividad privada no fuera más eficiente incluso en el control de epidemias. Y como toda violencia, la represión estatal empeorará las cosas. Por cierto, es fundamental que, cuando se descubra una vacuna, no se cree un monopolio dada una “ley de patentes” que impida su rápida difusión en el mercado.

Si bien es imposible un cálculo exacto, para tener una idea de la magnitud, recordemos que hace 20 años morían 15 millones de personas por desnutrición, lo que fue disminuyendo hasta llegar a 8 millones al ritmo del crecimiento del PBI global. Podría estimarse que, si el PBI global dejara de crecer 1,4%, en 2020 no se salvarían del hambre 112.000 personas. O sea, como consecuencia de las medias “anticoronavirus”, morirían al menos 28.000 en el mismo tiempo -4 meses- en que el virus habría matado a unas 3.500.

Pero vamos a los mercados. Al invertir, se busca maximizar beneficios, así, cuando el mercado es natural, libre, se invierte en busca de la mayor eficiencia. Pero los Estados intervienen artificialmente, por caso bajando tasas de interés o promoviendo inversiones en empresas que no lucen tan bien. Así, coincidía con muchos expertos en que las bolsas eran atractivas, en estas circunstancias, pero jamás imaginamos que los políticos podían llegar a semejante nivel de disparates de consecuencias impredecibles.

En cualquier caso, al calmarse las aguas, encontraremos dinero muy barato, valores resguardo (oro, bonos del Tesoro…) exageradamente altos, petróleo en moderada suba y acciones baratas: “Crack bursátil 2020: Ventas novatas, compras profesionales” dice el experto español Alberto Chan Aneiros.

Mientras el BCE mantendría la tasa que ya está ya en el -0,50%, para Goldman la Fed podría bajarla otros 75 pb el 18 de marzo y dejarla en cero. Lo que provocaría una crisis de deuda global, mientras suben los gastos de los Estados para “prevención” y para “reactivar” la economía que destrozan. La Fed proveerá mayor liquidez ya que las operaciones diarias en el mercado de “repo” se incrementarán hasta los u$s150.000 millones (desde 100.000), mientras que las operaciones a 14 días subirán hasta 45.000 millones (antes, 20.000 millones).

Como refugio se buscaron bienes con escaso rendimiento como el oro, que subió 8% en el último mes hasta la apertura de ayer en 1.702 u$s/Oz, pero luego cayó hasta los 1.675, y los Bonos del Tesoro cuyos rendimientos bajaban en toda la serie -desde el de 30 años hasta el de un mes- por debajo del 1% por primera vez en la historia.

Las medidas por el coronavirus tomadas por los gobiernos aceleraron la guerra por el crudo y el Brent llegó a tocar u$s31,30 para luego empezar a trepar. El petróleo tiene que subir sencillamente porque la guerra desatada por Arabia Saudita es insostenible: de hecho provocó que las acciones de su petrolera, Aramco, la empresa cotizada más grande del mundo, en dos días perdiera u$s320.000 millones.

La expectativa de rentabilidad en bolsa subió del 5,8% a 7%, según el Barómetro de Expectativas de Rentabilidad (BER) de El Economista, que recoge las previsiones del PER, de EE.UU. y Europa, que cayó un 16% desde máximos. Aunque los expertos son cautos dados los profit warnings y porque la caída se intensificó debido a que estaban cotizando con ratios como el PER arriba de medias históricas. También el EV/Ebitda a ambos lados del Atlántico se abarató un 14% desde máximos.

Por su parte el SP Merval es la incógnita surrealista de siempre: está barato pero las “condiciones ambientales” no son buenas. El BCRA bajó la tasa de interés a 38%, quedando la de referencia efectiva en 45,4%, para promover el ahorro y recomponer el crédito de familias y empresas, según dijo. Pero ningún banco paga más de 29% por plazos fijos, o sea 33,19% al calcular la T.E.A., 7 puntos debajo de la suba del IPC esperada.

El 2020 arrancó con un déficit primario de $3.700 millones y un desequilibrio total superior a $ 90.000 millones en enero. Cayeron los ingresos y creció el gasto: irónicamente, aumentaron 125% los subsidios energéticos dado el congelamiento tarifario para “contener la inflación” lo que será financiado con emisión.

Según Eco Go, en lo que queda del año restan $1,2 billones (65% de la base monetaria) de vencimientos en bonos y letras en pesos con el sector privado, y un roll-over para evitar emisión será difícil. El BCRA ya ha realizado fuertes Adelantos Transitorios al Tesoro: $182.000 millones en lo que va de 2020.

Vaca Muerta ya no tiene posibilidades de rentabilidad al menos hasta que la tecnología avance mucho más. Y van camino de matar toda actividad como la soja. Llama la atención que, viéndolo, el Gobierno no se dé por enterado de que aumentar la presión fiscal retrae la actividad, ergo, la recaudación final. Tampoco se entiende que la Mesa de Enlace proteste ahora y no cuando Mauricio Macri les subió las retenciones.

Entre 2019 y 2015, por la reducción de los derechos de exportación, los dólares aportados por los principales productos crecieron 80%. Con una tasa de 33% y los valores del dólar libre, la retención efectiva para la soja sería hoy de 48%. Según agentes del INTA, con precios en baja y estas retenciones no hay producción rentable más allá de los 100 kilómetros de los puertos.

En medio de la crisis global, emisión sin freno, tasas bajas, dólar planchado, exportaciones bajando, producción imposible ante esta presión tributaria y regulaciones asfixiantes, el SP Merval es una gran incógnita.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El virus expiatorio

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 10/3/20 en: https://younews.larazon.es/el-virus-expiatorio/

 

Las enfermedades dañan la economía, y no solo la salud. Así, no debería extrañarnos que suceda con el coronavirus. Después de todo, es contagioso, afecta a países importantes, interrumpe cadenas de suministro, obstaculiza la actividad en sectores de relieve como el turismo o el transporte y, sobre todo, no conocemos aún qué alcance puede tener. Ahora bien, notemos que se combina con otros virus, empezando por la simplificación monocausal. De pronto, aquí todo lo que pasa se debe al coronavirus. Y no es así. En el derrumbe de las bolsas y en el descalabro del precio del petróleo, por poner los dos ejemplos más llamativos de las últimas horas, el virus es un elemento más, a integrar en una ecuación con otras variables. El freno en el crecimiento de la economía mundial, y las tensiones financieras globales, debidas a las irresponsables políticas monetarias expansivas de los bancos centrales, precedieron a la llegada desde China de las primeras noticias inquietantes sobre el virus. Los temores suscitados por esos factores, y la posibilidad de que golpearan con más intensidad, incluso con un horizonte recesivo, ya estaban agitando los mercados bursátiles y presionando a la baja a los precios del crudo. En ese contexto es cuando se desata una esperable batalla entre Arabia Saudí, líder de la OPEP, y Rusia, para no quedarse atrás cuando vengan las vacas flacas y el petróleo barato por la caída en la demanda. Otro virus no desdeñable es la urgencia intervencionista de las autoridades, que huyen como de la peste de la posible acusación de «no haber hecho nada». Pero, claro, lo que hacen es intensificar el intervencionismo monetario y fiscal, empeorando aún más las cosas. Recordemos que después de los atentados del 11 de septiembre los bancos centrales aparecieron como los salvadores que con sus políticas expansivas iban a «evitar el colapso». Lo que hicieron, como hacen siempre, no fue evitarlo sino retrasarlo unos años, pero fueron años suficientes como para que la opinión pública no los señalase como culpables sino, nuevamente, como salvadores. Ya estamos viendo repetido el mismo guion. Ya se nos anuncia que los bancos centrales van a actuar para contrarrestar los efectos recesivos de la extensión del virus, expandiendo y abaratando el crédito, aún más. Como si eso fuera la solución, y no el agravamiento del problema. Otro tanto sucede con la política fiscal, y se vuelve a hablar del gasto público como si su incremento solo tuviera consecuencias benéficas, y no se tradujera en coste alguno para los ciudadanos. Comprensivas, las autoridades europeas han dicho que esos mayores gastos no contabilizarán para el déficit público, como si su exclusión numérica equivaliese a su difuminación real. En fin, que veremos mucha manipulación y politización por doquier. En cuanto a la reacción de nuestros gobernantes en España, también es predecible. Si la situación mejora, dirán que se debió a su pronta y diestra reacción. Y si empeora, dirán que todo fue culpa de los «recortes» del PP en sanidad. Y en todo caso, el virus ya está instalado en una lista importante, pero, paradójicamente, no de males sino de remedios. Como hemos dicho, la economía mundial ya adolecía de dificultades antes del estallido de la enfermedad en Wuhan. Por lo tanto, no es inconcebible pensar que habríamos enfrentado más problemas incluso si el virus no hubiese aparecido nunca. Pero una vez en la escena, se convierte en una útil medicina para que los gobernantes recurran a ella para ampararse y para culparla de cualquier contratiempo. Igual deberé cambiar mi viejo refrán y afirmar: el mejor amigo del hombre no es el perro sino el virus expiatorio.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Intervencionismo y control de precios

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/03/intervencionismo-y-control-de-precios.html

 

Es común -y lo sigue siendo nuestros días- que las masas identifiquen el intervencionismo con el capitalismo creyendo que se tratan de la misma cosa. Es por eso que los insatisfactorios resultados de las políticas económicas que encaran los gobiernos del mundo entorpeciendo la marcha de la economía libre se igualen sin más con el capitalismo. De allí que los ataques desde todos los sectores al capitalismo no dejen de cesar.

“Las políticas anticapitalistas sabotean la operatividad del sistema capitalista de la economía de mercado. El fracaso del intervencionismo no demuestra la necesidad de adoptar el socialismo. Simplemente expone la futilidad de intervencionismo. Todos estos males que los autodenominados “progresistas” interpretan como evidencia del fracaso del capitalismo son el resultado de su supuesta interferencia benéfica en el mercado. Solo los ignorantes, identificando erróneamente intervencionismo y capitalismo, creen que el socialismo es el remedio para estos males.”[1]

Se saca entonces la errónea conclusión que al quedar en la estacada conseguir transformar al capitalismo en un sistema conforme a los dictados de los burócratas no quede entonces más remedio que dejar paso al socialismo. Este “razonamiento” es errado desde cualquier ángulo de análisis. La frustración del intervencionismo no es más que la consecuencia de querer modificar las inmutables leyes de la economía de mercado que no responden a determinadas voluntades de personas encaramadas en posiciones de poder, sino que obedecen a una mecánica que ponen en marcha todos los días quienes forman parte del mercado, esto es: consumidores y productores enlazados por la actividad comercial que también está a cargo de quienes individualmente operan como consumidores y productores, ya que estas no se tratan más que de facetas o roles que todos asumimos en diferentes momentos, no sólo de nuestra vida sino del día a día y el minuto a minuto.

“A muchos defensores del intervencionismo les desconcierta que uno les diga que al recomendar el intervencionismo ellos mismos están alimentando tendencias antidemocráticas y dictatoriales y el establecimiento de un socialismo totalitario. Protestan diciendo que son creyentes sinceros y se oponen a la tiranía y el socialismo. Lo que buscan es solo la mejora de las condiciones de los pobres. Dicen que les mueven consideraciones de justicia social y están a favor de una distribución más justa de la renta precisamente porque tratan de conservar el capitalismo y su corolario político o superestructura, es decir, el gobierno democrático.”[2]

Aquí se analiza el supuesto (muy frecuente, por cierto) en boca de la mayoría o de todos de lo que en su momento nosotros hemos designado el intervencionista de buena fe. Se trata de un típico caso de ignorancia económica que es el que -podríamos aventurar- domina a la mayor parte de las personas. No operaria -en principio- en esos ejemplos la típica envidia que hemos analizado previamente, sino que este argumento estaría exhibiendo (de ser sincero como dicen) un hecho de ignorancia lisa y llana de los efectos económicos que las políticas intervencionistas ocasionan en el mercado. No son los autores intelectuales del intervencionismo en sí mismos sino sus seguidores o partidarios. Pero, en rigor, los motivos no interesan demasiado, porque en el terreno de las intenciones estas pueden ser las mejores como ya hemos dicho muchas veces. Lo que importan siempre son las consecuencias prácticas de las teorías, y la tesis que se esconde detrás del intervencionismo evidencia su falsedad al menor examen.

“De lo que no se da cuenta esta gente es de que las diversas medidas que sugieren no son capaces de producir los resultados benéficos pretendidos. Por el contrario, producen un estado de cosas que desde el punto de vista de sus defensores es peor que el estado previo que estaba pensado alterar. Si el gobierno, ante el fracaso de su primera intervención, no está dispuesto a deshacer esta interferencia con el mercado y volver a una economía libre, debe añadir a su primera medida cada vez más regulaciones y restricciones. Procediendo paso a paso en esta vía acaba llegando a un punto en el que ha desaparecido toda libertad económica de los individuos. Entonces aparece el socialismo de patrón alemán, el Zwangswirtschaft.”[3]

Presuponiendo buena fe en los patrocinadores del intervencionismo, no obstante, las interferencias en el mercado quiebran él orden espontáneo intrínseco al mismo y van produciendo el efecto inverso al perseguido por los presuntos “benefactores sociales”. Los voluntarismos políticos no mejoran la situación económica de las personas, ni tampoco pueden hacerlas más felices. El intervencionismo es un verdadero camino de servidumbre (como titulara F. v. Hayek a uno de sus libros más brillantes). Opera paso a paso en dirección al socialismo sin que sus propulsores (siempre suponiendo buena fe) adviertan de ello, o aun percatándose en la ingenua creencia que, no obstante apuntar en esa dirección, no se llegará a desembocar en un estado socialista. Se equivocan. Van derecho hacia el abismo. En suma, cada intervención en lugar de mejorar la anterior la empeora, agravando el resultado final de todas las intervenciones acumuladas.

“Si el gobierno quiere hacer posible a padres pobres dar más leche a sus hijos, debe comprar leche al precio del mercado y venderla a esos pobres con una pérdida a un precio más barato; la pérdida se puede cubrir con los medios recaudados por impuestos. Pero si el gobierno sencillamente fija el precio de la leche a un nivel inferior al de mercado, los resultados obtenidos serán los contrarios a los objetivos del gobierno. Los productores marginales, para evitar pérdidas, cerrarán sus negocios de producir y vender leche. Habrá menos leche disponible para los consumidores, no más. Este resultado es contrario a las intenciones del gobierno. El gobierno interfirió porque consideraba a la leche como una necesidad vital. No quería restringir su oferta.”[4]

Conviene poner de relieve que esos impuestos significarán en última instancia que hay otras personas que están financiando el consumo de leche de terceros, lo que implicará -a su turno- que los que pagaron esos impuestos verán disminuir su lista de bienes y servicios a su disposición, entre los cuales puede ocurrir que deban reducir su consumo de leche que destinen a sus propios hijos. En suma, se produce una transferencia de ingresos de unos hacia otros: de los que pagan impuestos a los que no lo hacen disminuyendo el consumo de los primeros y aumentando el de los últimos, en suma, se les saca a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece. El móvil puede parecer loable pero el resultado final es que se termina consumando una injusticia. En la segunda cuestión (la del precio máximo) la situación se agrava respecto del primer punto, por cuanto el consumo se empequeñece para todos excepto para aquellos que estén en condiciones de pagar los precios mayores que se registrarán en el mercado negro o paralelo. Desde un punto de vista o del otro las consecuencias no pueden ser peores.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). pág. 11

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 11-12

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 12

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 12

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Cerramos la economía al comercio internacional, y nos perdemos ser parte de las cadenas globales de valor. Estúpido

Por Martín Krause. Publicado el 3/3/20 en:  https://bazar.ufm.edu/cerramos-la-economia-al-comercio-internacional-nos-perdemos-parte-las-cadenas-globales-valor-estupido/

 

En Argentina nos negamos a ver la importancia de abrir la economía y participar en el comercio internacional, la mentalidad mercantilista prevalece. El mundo moderno, sin embargo, está formado por Cadenas Globales de Valor, y los países que crecen son los que participan en ellas, no los que se encierran.

Aquí, este profesor de Harvard, publica un artículo y comenta sobre el tema:

CONCEPTUAL ASPECTS OF GLOBAL VALUE CHAINS, Pol Antràs, Working Paper 26539

http://www.nber.org/papers/w26539

“En las últimas décadas, una serie de desarrollos tecnológicos, institucionales y políticos han impulsado una importante globalización de los procesos de producción en todos los países. Más y más ahora la producción se organiza a escala global y elija ofrecer piezas, componentes o servicios en productores en países extranjeros y a menudo distantes. Las etiquetas típicas «Made in» sobre la fabricación de los bienes se han convertido en símbolos arcaicos de una época antigua. En la actualidad, la mayoría de los productos se fabrican en el mundo.

Algunos aspectos de esta nueva ola de globalización no son particularmente novedosos. Significativos incrementos sostenidos en la relación comercio / PIB se habían experimentado en el pasado. El período 1870-1914, por ejemplo, fue testigo de un gran aumento en los flujos del comercio internacional, en gran parte impulsado por la invención del buque de vapor, y ese período a menudo se conoce como la «Primera Globalización». Del mismo modo, el comercio internacional de materias primas e insumos intermedios ha sido una característica destacada del comercio mundial desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, los comerciantes asirios que establecieron Kanesh (en la actualidad Turquía) en el siglo XIX a. C. importaban telas de lujo y estaño de Aššur, y también comerciaron cobre y lana dentro de Anatolia (Barjamovic et al., 2019).

A pesar de estos precedentes, existe una opinión común de que la transformación de la economía del mundo desde la década de 1980 tiene algunas características distintivas, y que interpretar el llamado aumento de las cadenas de valor mundiales (CGV) simplemente como una intensificación de la integración comercial entre países deja de lado varias dimensiones clave de este fenómeno.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

¿Después del Brexit, el Argxit?

Por Martín Krause. Publicado el 21/2/20 en: https://www.clarin.com/opinion/-despues-brexit-argxit-_0_YVRgyhkn.html

 

El presidente Alberto Fernández realizó una serie de visitas en Europa en las que el principal tema económico considerado fue el apoyo de esos países en el proceso de renegociación de la deuda con el FMI. No hubo mención al tema del tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, pero antes del viaje se había dicho que estaría en la agenda, en particular en la reunión entre Fernández y Macron, ya que ambos estarían descontentos con el acuerdo alcanzado el año pasado y favorecerían una renegociación.

La palabra “renegociación” suena a postergación indefinida, ya que, si tomamos en cuenta los 20 años requeridos para llegar al acuerdo y los que tomaría su aprobación por todos los parlamentos de los países firmantes, si además le agregamos una nueva negociación más vale que nos olvidemos del asunto.

Si no avanza una renegociación, Argentina puede quedar aislada, ya que el año pasado se aprobó que los países del Mercosur podrían aprobar el acuerdo bilateralmente, y Brasil Paraguay y Uruguay han manifestado su voluntad de hacerlo. Si eso ocurriera sería como si Argentina se fuera del Mercosur, una especie de Argxit, pero, a diferencia de la salida de Reino Unido de la UE, no por voluntad del que se va, sino porque los que se van son los otros.

Una situación como esa, en la que el Mercosur pasara a ser un adorno para Argentina, no sería para lamentar si el país avanzara en el camino que parece seguir el Reino Unido con Boris Johnson. En una reciente conferencia en Greenwich, Johnson celebró las ideas de Adam Smith, señalando que el país debía ahora abrirse a todo el mundo. Si quedarse sola llevara a la Argentina a una posición similar sería un gran avance, ya que somos uno de los países más cerrados del planeta.

En estos días se ha dado a conocer la primera edición del Índice Internacional sobre Barreras al Comercio, producido por la Property Rights Alliance, que también elabora un índice internacional sobre la protección de los derechos de propiedad.

Este índice evalúa las restricciones al comercio en 86 países, que representan el 83% de la población mundial, el 91% de todos los bienes y servicios intercambiados y el 94% del PBI global. Toma en cuenta las barreras arancelarias, no arancelarias y a los servicios. Tiene un cuarto componente, la “facilitación” del comercio, que incluye aspectos tales como la protección de la propiedad. Argentina se encuentra en el puesto 71° de 86 países. Singapur y Hong Kong ocupan los dos primeros, y Suecia está 5°. Pese a que todos somos parte del Mercosur, Paraguay está 53°, Uruguay 56° y Brasil, peor que nosotros, 77°. Claro que si estos países firman el acuerdo con la UE avanzarán varias posiciones y probablemente nos dejen al final de la lista.

El tratado con la UE no iba a garantizar el libre comercio para los argentinos. Lo importante del tratado eran las limitaciones institucionales que podía introducir. En un país donde los límites al poder son débiles o inexistentes, un acuerdo como éste podía introducir límites a la discriminación económica desde el poder, que no somos capaces de darnos nosotros. Los lobbies dictan la política comercial y muchas de las políticas sectoriales, pero con el tratado esto podría haberse reducido. No va a ser una apertura el comercio internacional, pero sería una excelente forma de empoderar a los argentinos y dejarlos usar su bien ganado dinero en aquello que estimen más conveniente y de poner límites al uso del poder en favor de los privilegiados.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause