Cuatro mecanismos por los que el comercio internacional promueve la innovación

Por Martín Krause. Publicada el 25/26/22 en: https://bazar.ufm.edu/cuatro-mecanismos-los-comercio-internacional-promueve-la-innovacion/

Intuitivamente, quien entiende el funcionamiento de los mercados comprenderá, sin muchas palabras por medio, que al libre comercio promueve mayores grados de innovación. Por si fuera necesario probarlo, Marc J. Melitz y Stephen Redding publican un trabajo de la serie LSE Research Online Documents on Economics, de la London School of Economics, titulado: “Trade and Innovation”: http://eprints.lse.ac.uk/113930/

Esto dicen:

“Dos ideas centrales del enfoque schumpeteriano de la innovación y el crecimiento son que el ritmo de la innovación está determinado endógenamente por la expectativa de ganancias futuras y que el crecimiento es inherentemente un proceso de destrucción creativa. Dado que el comercio internacional es un determinante clave de la rentabilidad y supervivencia de las empresas, es natural esperar que desempeñe un papel clave en la configuración tanto de los incentivos para innovar como de la tasa de destrucción creativa. En este artículo, revisamos la literatura teórica y empírica sobre comercio e innovación. Destacamos cuatro mecanismos clave a través de los cuales el comercio internacional afecta la innovación y el crecimiento endógenos: (i) tamaño del mercado; (ii) competencia; (iii) ventaja comparativa; (iv) derrames de conocimientos. Cada uno de estos mecanismos ofrece una fuente potencial de ganancias de bienestar dinámicas además de las ganancias de bienestar estáticas del comercio de la teoría comercial convencional. Investigaciones recientes han sugerido que estas ganancias dinámicas de bienestar del comercio pueden ser sustanciales en relación con sus contrapartes estáticas. Discriminar entre mecanismos alternativos para estas ganancias dinámicas de bienestar y fortalecer la evidencia sobre su magnitud cuantitativa siguen siendo áreas interesantes de investigación en curso.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Llegó la hora de pagar la fiesta de las cuarentenas

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 16/6/22 en: https://alejandrotagliavini.com/2022/06/16/llego-la-hora-de-pagar-la-fiesta-de-las-cuarentenas/

 La violencia no es gratis, destruye… o acaso creían que cerrar países enteros, confinar ciudades utilizando la fuerza policial no traería consecuencias. Para decirlo rápidamente, las cuarentenas y demás restricciones coactivamente impuestas por los gobiernos -y avaladas por una gran mayoría de la población, muy asustada- obviamente produjeron una muy fuerte caída en casi todas las actividades.

                   Y, frente a este desplome violentamente producido por los Estados, no se les ocurrió mejor idea que “estimular” regalando dinero -inyectando billetes como si se pudiera crear riqueza de la nada- que se gastó con alevosía, quedando ahora una deuda imposible de pagar con lo cual hay que ajustar de hecho, vía inflación y vía encarecimiento artificial del crédito que dificultará aún más la producción y el consumo. 

                   Ahora, y no dicho esto con ánimo revanchista, se advirtió reiteradamente que las cuarentenas provocarían un daño muy superior, exponencialmente superior, a lo que, supuestamente, evitaría. Es muy importante que quienes promovieron y ejecutaron estas restricciones primero entiendan que jamás debe actuarse bajo el influjo del miedo y, luego, que comprendan que deben disculparse porque de otro modo, si no se reconoce el fallo, la humanidad continuará auto destruyéndose. Por cierto, pensar que será la naturaleza la que destruya al hombre es extremadamente estúpido e incoherente.

                   Pero vayamos al análisis frio. La Reserva Federal elevó el miércoles su tasa de interés objetivo en tres cuartos de punto porcentual con la intención de frenar un repunte, pero resulta que se decide después de que datos mostraron escasos avances en su batalla hasta el presente, y «devolver a su objetivo del 2%» a la “inflación”, en rigor, la suba del IPC que refleja relativamente a la inflación real gracias a que en EE.UU. los precios son relativamente libres.

                También seguirá reduciendo las tenencias de bonos del Tesoro y deuda hipotecaria, siguiendo el camino que ya fijó en la reunión de mayo. Además, adelantaron que un aumento de tres cuartos de punto o de medio punto sería «muy probablemente» el resultado apropiado de la próxima reunión del banco central a finales de julio.

                  Pero claro, como confunden inflación con suba del IPC, la Fed culpa parcialmente a “la guerra en Ucrania y las políticas de confinamiento de China” cuando estos hechos, sin dudas provocan variaciones en algunos precios, pero no inflación que es la depreciación de la moneda por exceso de emisión. Irónicamente, y esto puede confundir, el dólar -el índice DXY- se “revaloriza” pero solo respecto de las otras monedas que tienen una depreciación aun mayor.

                  La medida elevó la tasa de interés de los fondos federales de corto plazo a un rango de entre el 1,50% y el 1,75%, y los funcionarios de la Fed proyectaron un aumento de la tasa hasta el 3,4% a finales de este año y hasta el 3,8% en 2023, lo que supone un cambio sustancial respecto a la mediana de las proyecciones de marzo, que preveían un alza al 1,9% este año.

                  Como el fuerte endurecimiento de las condiciones financieras pesará sobre el crecimiento, ahora la Fed considera que la economía se ralentizará a una tasa de crecimiento inferior a la tendencia del 1,7% este año -desde el 2,8% pronosticado antes- , que el desempleo aumentará al 3,7% a fines de 2022 y que seguirá subiendo hasta el 4,1% hasta 2024 y considera que la inflación, medida por el índice de precios de los gastos de consumo personal, se situará en el 5,2% durante este año y solo se ralentizará gradualmente a un 2,2% en 2024.

                Cómo serán de malas las perspectivas que es difícil encontrar en la historia de Wall Street un escenario más pesimista. Y más de la mitad de las compañías del NASDAQ han quedado reducidas a menos de la mitad, o sea, la mitad de los integrantes del Nasdaq cotizan al menos un 50 % por debajo de sus máximos de 12 meses:

                    Y muchos gurús creen sinceramente que las acciones nunca volverán a subir en nuestra vida al nivel que dejaron. De hecho, siguen cayendo a pesar de que en las tres oportunidades en que la Fed subió las tasas este año Wall Street se disparó, aunque el entusiasmo duró poco como puede verse en este gráfico del S&P: 

                Ahora, teóricamente, históricamente, las materias primas bajaban al aumentar el índice dólar (DXY) o, mejor dicho, mantenían un valor estable y, por ende, más baratas en términos de un dólar más caro, sin embargo, hoy al índice de commodities BCOM no le preocupa el aumento del dólar:

               Mostrando dos fenómenos nuevos. En primer lugar, que el hecho de que el dólar se revalorice con respecto a otras monedas (el índice DXY) no significa que, en términos absolutos, no se desvalorice. En otras palabras, los productores de commodities tienen que ajustar sus precios por -sus consumos- inflación independientemente de que el billete verde mejore su cotización respecto de las otras monedas. En segundo lugar, que fenómenos como las cuarentenas -que llegaron al colmo de prohibir el traslado de peones, servicios e insumos del campo complicando la producción- y la guerra y las sanciones de los gobiernos están perjudicando la producción y distribución.

                  Así las cosas, la ONU, que en su momento apoyó las cuarentenas, ahora se rasga las vestiduras y advierte sobre una inminente crisis alimentaria mundial con cientos de millones de personas desnutridas, unas cien veces, si, cien veces, más que las supuestas víctimas del covid 19 y todas sus variantes. Y lo peor del caso es que reconoce que “es solo la punta del iceberg”. Claro que nunca reconocerá su responsabilidad -son burócratas demasiado beneficiados por los Estados como para correr el riesgo de perder sus privilegios- y entonces culpan solo a “la guerra en Ucrania”.

                 Es cierto que el bloqueo ruso en Odessa, principal puerto de Ucrania, es muy perjudicial. Desde allí, previo a la guerra, el país exportaba cada mes unos seis millones de toneladas de grano que alimentaban a unos 400 millones de personas. Pero no aceptar que el problema empezó mucho antes de la guerra, con las cuarentenas, es mentir descaradamente con el fin de esconder culpas.

                 Dato mata relato. Una de las consecuencias más perniciosas ha sido el aumento sin precedentes de los precios de muchos insumos, particularmente, de los fertilizantes que, entre otras cosas, ha provocado un aumento histórico en los precios de los alimentos y el colapso de las cadenas de suministro en todo el mundo. Pero, mientras que los analistas “pro cuarentena” acusan a la guerra, la siguiente curva muestra claramente que el problema empezó mucho antes y, de hecho, el precio ha bajado en estas últimas semanas:

             En particular, en nuestro socio Brasil, gran productor mundial de alimentos, según Bloomberg, el exceso de fertilizantes que se acumula en los puertos brasileños más grandes indica que el precio de los nutrientes tiene que bajar aún más antes de que los agricultores comiencen a comprar, es decir, las expectativas son de que baje, a pesar de la guerra, gracias al levantamiento de las cuarentenas y demás restricciones:

                       Pero hay otras lindezas, como siempre, impulsadas por los Estados (por el monopolio de la violencia, por la violencia). Por caso, días atrás el maíz reanudó su racha alcista impulsado por el racionamiento de cultivos en EE.UU. De hecho, los precios de este grano experimentaban su mayor subida en 15 semanas. Sucede que existe una especie de seguro ante el mal clima, promocionado desde el Estado, que compensa a quienes no siembran hasta el 5 de junio, optando muchos agricultores por dejar millones de hectáreas sin sembrar.

                  En fin, tal es la incertidumbre que durante las últimas jornadas las ventas se han impuesto incluso en el mercado de deuda. Así, el rendimiento de la deuda estadounidense a 10 años llegó a marcar nuevos máximos con rentabilidades que tocaron el 3,42%, al igual que el bund alemán (hasta el 1,75%) o la española (que tocó el 3,12%) y que profundiza sus máximos de 2014. Y si se observa la deuda a corto plazo, a dos años, de los estados citados anteriormente se repite el mismo patrón.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Hay que subir las retenciones para bajar los precios?

Por Iván Carrino. Publicado el 31/5/2en : https://www.ivancarrino.com/hay-que-subir-las-retenciones-para-bajar-los-precios/

Cuatro motivos para rechazar la propuesta del kirchnerismo.

En los últimos doce meses, la inflación en Argentina trepó al 58%. Es decir, los precios promedio hoy son 58% más altos que el año pasado.

No obstante, en alimentos y bebidas la suba es un poco más alta: 62,1%.

Frente a este escenario, desde posturas kirchneristas se está pidiendo que se suban las retenciones al campo, los impuestos que se cobran cuando un exportador de trigo, por ejemplo, vende su producto al extranjero.

El objetivo es que dicha medida ayude a bajar algunos precios clave del consumo popular.

¿Serviría hacer esto? Lo analizamos a continuación.

LA PROMESA DEL AUMENTO DE RETENCIONES

Producto de la invasión de Rusia a Ucrania, los precios de algunos commodities en el mundo subieron marcadamente, especialmente durante el mes de marzo. El trigo fue uno de los productos más impactados, llegando a cotizar por estos días a USD 460 la tonelada. También el maíz y la soja subieron, al igual que el petróleo y el gas.

Lo que promete la medida de subir las retenciones[1] es “divorciar” el precio internacional del precio local. Es decir que si el mundo paga USD 460 la tonelada de trigo, nosotros paguemos menos.

¿Cómo funciona? Hoy las retenciones están en 12% para el trigo. Es decir que de los USD 460 que cobra el exportador por vender una tonelada de trigo, el estado se queda con USD 55. Esto deja al productor de trigo con la opción de venderlo a 460 al extranjero, con lo cual se queda con 405, o bien vender el trigo directamente a 405 dentro del país y evitar el impuesto.

El pedido del kirchnerismo consiste en aumentar aún más las retenciones. Supongamos entonces que éstas se van al 30%. Entonces, con la misma lógica, el estado se queda con 138 por cada tonelada exportada, y el exportador se quedaría con las opciones de vender a 322 en Argentina o a 322 (460-138) en el extranjero.

Así, el precio en el mundo seguiría siendo de USD 460, pero acá estaría en USD 322.

¡Magia! ¡Subimos los impuestos y bajaron los precios! Obviamente, esto no funciona así y por muchos motivos.

EFECTO INSIGNIFICANTE

El primero es que, si el objetivo es combatir la inflación, incluso suponiendo que todo sale bien con esta política, a ésta no le va a hacer ni cosquillas. Un análisis de la Fundación FADA muestra que, si se subieran en 10 puntos las retenciones al trigo, bajaría –por única vez- el precio del pan en un 1,3%. Acto seguido los precios en pesos seguirían subiendo producto de la inflación.

Ahora bien, incluso si dicha pequeña baja ocurre, solo afectaría marginalmente al rubro “alimentos y bebidas” de la canasta de bienes que mide el INDEC. Este rubro aumentó un 28% en lo que va del año. Pero, ¿qué pasa con todo lo demás?

En el mismo período, el rubro educación sube 32,6%, el rubro prendas de vestir y calzado sube 29%; hoteles y restaurantes 24,8%, y así tenemos al menos 10 rubros distintos que aglutinan los millones de bienes y servicios que se venden en el país.

¿Quién puede realmente creer que vamos a resolver este problema con un precio más barato para el trigo?

MENOR OFERTA, PRECIOS MÁS ALTOS, NO MÁS BAJOS

Otro tema son los costos que conlleva el aumento de retenciones. Es que como todos saben, ponerle un impuesto a cualquier cosa, tiende a reducir las cantidades producidas de esa cosa. O sea que el productor de trigo podrá vender en el mercado interno a USD 322 lo que afuera vale USD 460 una vez, pero: ¿qué va a pasar cuando tenga que volver a sembrar para producir trigo?

Probablemente busque mejores alternativas para invertir su trabajo y su capital. Finalmente, esto hará que haya menos trigo producido y esto, a la larga, hará que el precio termine subiendo de todas formas.

Algo así pasó con el mercado de la carne. En el año 2006 el presidente Néstor Kirchner y su Ministro de Economía Roberto Lavagna directamente suspendieron las exportaciones de carne para que los productores vendieran fronteras adentro, “cuidando la mesa de los argentinos”. En el corto plazo, el precio de algunos cortes de carne bajó, pero a largo plazo la medida fue totalmente perjudicial.

En el campo se liquidaron diez millones de cabezas de ganado y los precios subieron de todas formas. El kilo de asado de tira –por ejemplo- subió 850% entre diciembre de 2006 y octubre de 2015, mientras que el salario privado de la economía subió solo 648% en el mismo período. Restringir exportaciones no solo rompió la producción, sino que no cuidó tampoco la mesa de los argentinos.

MENOS DÓLARES

Un tercer efecto derivado de subir los impuestos a las exportaciones es que ingresarán menos dólares al país. Esto es particularmente contradictorio en un gobierno que dice que la forma de crecer es hacerse de mayor cantidad de dólares para superar la “restricción externa”.

Si se suben las retenciones, el mayor castigo impositivo se sumará al cepo cambiario, que funciona también como un suculento impuesto a toda venta al extranjero. Todos estos palos en la rueda existentes para exportar reducen las exportaciones respecto de lo que podrían ser.

Cuando a fines de 2015 se eliminaron tanto las retenciones a la exportación como el control de cambios, las exportaciones crecieron primera vez en 4 años. Como muestra el gráfico, tras caer sostenidamente desde 2011, comenzaron a crecer nuevamente en 2016, una vez se liberó al sector de estas dos trabas impuestas por el gobierno.

 QUIEBRE DEL SISTEMA DE PRECIOS

Por último, las retenciones son impuestos distorsivos, que atacan la función fundamental que tienen los precios en una economía de mercado. Es que, si sube el precio del trigo, o de cualquier otra cosa, esta es la señal que necesitan los productores para producir más trigo.

Gracias a que sube el precio, entonces, podrá aumentar la producción. Lo que conseguirá el gobierno con más impuestos es impedir esta nueva producción y, por tanto, reducir el crecimiento potencial de la economía junto con la creación de empleo.

Para ir cerrando, ¿debe el gobierno subir las retenciones para bajar los precios? No, de ninguna manera. Hacerlo no bajará un ápice la inflación, y generará costos en materia de producción, empleo e ingreso de dólares, nada de lo cual puede permitirse un país como Argentina.

Originalmente publicado en Infobae.


  • [1] Hoy en esta escala Soja 33%, trigo 12%, maíz 12%, girasol 7%.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Argentina: dos guerras frente a la inflación

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/21/argentina-dos-guerras-frente-a-la-inflacion/

Como señaló el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek, hemos demorado doscientos años en percatarnos del error y el horror de atar el poder político a la religión, no tardemos otro tanto en darnos cuenta del error y horror de atar el poder político a la moneda

Alberto Fernández y Vladimir Putin

Afortunadamente hay bibliografía sobre el tema inflacionario que aclara el tema de la expansión exógena -es decir extraña a las decisiones del mercado- como causante de este mal que distorsiona los precios relativos. Tal vez no sea necesario repetir que los precios constituyen los únicos indicadores para saber cómo asignar los siempre escasos recursos frente a necesidades ilimitadas. La referida distorsión inexorablemente conduce al despilfarro lo cual, a su turno, consume capital que conduce a la contracción de salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son el único factor que permite mejoras en el nivel de vida.

Ahora bien, en una sociedad libre que permite que la gente elija el activo monetario de su agrado, este contexto no se traduce necesariamente en el mantenimiento de la cantidad de moneda. Si le otorga mayor valor a la unidad monetaria se transmitirá una señal para aumentar su producción. Por ejemplo, esto ocurría durante el patrón oro: otorgarle mayor precio al metal aurífero conducía a una extracción mayor lo cual es un fenómeno endógeno al mercado. Desde luego que esto no es inexorable ya que también la gente puede preferir una cantidad constante de dinero. En cualquier caso, resulta fundamental clarificar la diferencia analítica entre lo exógeno, es decir, lo político, lo ajeno al mercado, respecto de lo endógeno que alude a las preferencias de la gente.

En este sentido es pertinente mostrar a título de ejemplo que si hay un terremoto devastador naturalmente habrá menor cantidad de bienes a disposición de la gente y con igual cantidad de moneda al momento del sismo los precios subirán que es lo mismo que decir que el poder adquisitivo o el valor de la unidad monetaria disminuyó. Pero este es un fenómeno endógeno, no tiene que ver con manipulaciones políticas o exógenas. Es natural y necesario que este ajuste ocurra para mostrar lo que en verdad está sucediendo. También ocurren modificaciones en los precios relativos cuando algo cambia de moda o cuando los gustos se modifican, son todos hechos endógenos que nada tiene que ver con decisiones políticas extrañas al mercado.

Lo contrario sería entrar en un galimatías de proporciones puesto que la parla seria respecto a una inflación buena o natural (cuando suben los precios debido a causas endógenas) y mala, antinatural o exógena (cuando los políticos se entrometen con la cantidad de dinero). Esta clasificación sería del todo inconveniente e improcedente puesto que los precios y la cantidad de dinero deben reflejar lo que está sucediendo.

Sin duda que si se está en un sistema del patrón plata y se descubren abundante cantidad de yacimientos, la utilidad marginal de ese metal descendería a niveles tales que la gente cambiaría de patrón monetario. Lo mismo podemos decir referente a cualquier otro dinero-mercancía, canasta de moneda fiat o lo que prefiera la gente sin que en ningún caso sean posiciones irrevocables, todo depende de las inclinaciones de la gente.

Todo este razonamiento desde luego supone que hemos dejado de lado la superchería de la llamada “autoridad monetaria” o banca central que como se ha señalado en muchas oportunidades solo tienen tres caminos a su disposición: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria, con lo cual siempre se alteran los precios relativos, es decir, necesariamente serían distintos de lo que hubieran sido de no haberse entrometido el gobierno. Por otra parte, si se supone que los banqueros centrales hacen lo mismo que la gente hubiera preferido no tiene sentido la intervención con el consiguiente ahorro de honorarios, pero para saber que prefiere la gente el único modo es dejar que se manifieste libremente. Idéntico razonamiento cabe si la autoridad monetaria procede de modo independiente de otros brazos del poder político puesto que se equivocará independientemente. El problema es la banca central.

Como es de público conocimiento, en un ejemplo extremo que tiene sus bemoles, algunos historiadores han señalado “la inflación” producida antaño cuando llegaba a la metrópoli española oro de las colonias pero en rigor esto no es así por lo expresado con anterioridad (dejando de lado posibles manipulaciones de la corona y sus “adelantados” en las colonias). Si no hay manipulación monetaria por la “autoridad” en la materia, técnicamente no hay inflación. Para abundar en ejemplos, si se produce una sequía a gran escala los precios de los productos agropecuarios se elevarán pero por las razones apuntadas no se trata de inflación en el sentido del proceso señalado, a saber, los precios no se modifican debido a lo que tiene lugar en el mercado sino debido al capricho de la política. Claro que en no pocos casos como el señalado solo se elevan los precios de algunos productos lo cual necesariamente hará que disminuyan otros en ausencia de banca central que no convalide esa suba con expansión monetaria. Pero también es posible imaginar subas de todos los bienes disponibles como hemos mostrado más arriba en el caso del terremoto o equivalentes sin entrar en el susodicho galimatías de la “inflación buena, querida por el mercado o consecuencia de lo que sucede en la realidad” y la “mala debida a los entrometimientos de los gobiernos y sus representantes”.

Habiendo dicho esto mencionemos el caso de la guerra, en nuestro caso la invasión criminal de Putin a Ucrania. Como consecuencia de ello hay productos que suben su precio de modo súbito. Esto presenta tres escenarios posibles. Primero, en línea con lo dicho, que la gente quiera seguir consumiendo la misma cantidad de los productos en cuestión con lo que se verán forzados a disminuir el consumo de otros bienes que consecuentemente bajarán de precio. Segundo, que la gente decida reducir su consumo de los bienes que aumentaron sus precios al efecto de poder continuar consumiendo idéntica cantidad de los otros. Y tercero, que simultáneamente el gobierno expanda la moneda con lo cual los precios serán el resultado también de la consiguiente inflación que además de los problemas de la guerra se agrava la situación por este entrometimiento gubernamental en materia monetaria. En otros términos, la guerra como tal no produce inflación, lo que genera es una destrucción de bienes que se traduce en subas de precios, en este sentido igual que un terremoto pero analíticamente es importante diferenciar los fenómenos mencionados.

A diferencia de la adulteración de los precios debido a los tejes y manejes de los gobiernos con la moneda, la modificación de precios por un accidente climático o de otra naturaleza en la realidad son imprescindibles para mostrar lo que en realidad viene sucediendo.

En otros términos, un terremoto o para el caso un tsunami no son inflacionarios puesto que los precios están reflejando lo que sucede lo cual es absolutamente necesario, sin embargo la manipulación monetaria por medio de la banca central y similares no reflejan lo que sucede sino la voluntad de los burócratas, he aquí la desfiguración de la realidad. Hay una diferencia crucial de naturaleza.

También debe tenerse en cuenta que cambios en la demanda de dinero debido a razones endógenas no se traducen en deterioros monetarios, solo esto ocurre cuando esos cambios obedecen a intervenciones del signo dinerario ajenos al mercado, es decir, debidas a razones políticas. Tal vez convenga mencionar como una nota al margen que las criptomonedas presentan algunos interrogantes pues se dan de bruces con el teorema de la regresión monetaria.

La otra guerra en la que no vale la pena detenerse nuevamente pues se ha señalado su sandez ad nauseam, es la decretada por gobiernos contra sus propias políticas de expansión monetaria vía controles de precios y demás absurdos mayúsculos, una y otra vez fracasadas. Estas son las dos guerras distintas a que nos referimos en el título de esta nota telegráfica.

También apunto que dado el debate que se ha suscitado en torno a una eventual reforma monetaria y bancaria argentina, destaco los colegas de los que he aprendido distintas facetas del asunto, quienes han presentado distintas variantes, pero debo subrayar que lo que sigue no significa para nada comprometer sus opiniones (y tampoco lo dicho más arriba, todo es de mi exclusiva responsabilidad). Además, nuevamente apunto que son muy diversos los caminos para llegar a metas de disciplina monetaria. Estos economistas son Adrián Ravier, Federico Struzgenegger, Javier Milei, Emilio Ocampo, Jorge Ávila, Iván Carrino, Martín Krause, Julio Elías, Agustín Etchebarne, Bertie Benegas Lynch y Alfredo Romano. Mi sugerencia se resume en la siguiente cápsula en seis pasos: 1. entrega de dólares a los tenedores de pesos (base monetaria) que incluye la venta de oro lo cual resultará en la ratio que corresponda a esta relación, la cual podrá modificarse por ejemplo por la entrada de dólares en circulación de poseedores fuera del circuito o en el exterior 2. Sustituir títulos y pases por bonos con jurisdicción estadounidense en dólares a la tasa de mercado 3. Convertir todo el sistema bancario al off shore (Luxemburgo, Singapur etc) al efecto que las instituciones financieras operen de acuerdo a la conveniencia de sus clientes 4. Abrogar toda la legislación que se oponga a lo dicho (ley penal cambiaria et al) 5. Consecuente liquidación de la banca central y el curso forzoso; y 6. Elección por parte del gobierno de la moneda en la cual se pagarán impuestos y equivalentes.

A mi juicio si la situación política imposibilitara avanzar con la propuesta hayekiana aquí esbozada sumariamente que abre a un proceso de evolución hacia la solidez monetaria y bancaria, debería por lo menos eliminarse el curso forzoso del peso y concomitantes para permitir la competencia de monedas de facto aun con las debilidades y riesgos institucionales de volver a las andadas, en una primera instancia de una suerte de bimonetarismo con una mayor probabilidad de dolarización dadas las disponibilidades y familiaridad con esa divisa sujeta a las manipulaciones de la Reserva Federal, lo cual sin duda mejoraría la situación local en cuanto al grado del problema más no en su naturaleza. A ver si por un camino u otro podemos zafar de lo que los economistas denominamos elegantemente “inflación” pero que se trata del saqueo solapado más brutal.

Reitero lo consignado por el antes referido premio Nobel en economía Friedrich Hayek en cuanto a que hemos demorado doscientos años en percatarnos del error y el horror de atar el poder político a la religión, no tardemos otro tanto en darnos cuenta del error y horror de atar el poder político a la moneda.

Cierro esta nota con un par de reflexiones que exceden el flanco monetario para abordar telegráficamente aspectos más generales. En primer lugar es pertinente enfatizar que nada en la vida es gratis, toda acción tiene un costo por lo que una cosa es señalar que la adopción de medidas de fondo tendrán un costo y otra bien distinta es la necesidad de subrayar que ese costo será muchísimo menor al costo de no adoptar las políticas convenientes para salir del marasmo. En segundo término, es una verdad de Perogrullo insistir en lo que he repetido antes y es que el lenguaje en el plano académico es muy distinto del político. En el primero se apunta a lo mejor -a la excelencia- mientras que en el segundo se hace lo que resulta posible luego de acordar con las contrapartes, en eso consiste una de las aristas clave del proceso democrático pero es de gran relevancia comprender que el primer campo determina el segundo en cuanto a los corrimientos en el eje de los debates en la opinión pública, de ahí la trascendencia de la batalla cultural.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

VALORES, CATOLICISMO Y DESARROLLO ECONÓMICO (Completo).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 22/5/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/valores-catolicismo-y-desarrollo_38.html

UNO

Entre los libros más importantes de Mariano Grondona, se encuentra Las condiciones culturales del desarrollo económico[1]. En ese libro, el autor centra su atención en una pregunta a veces desatendida por planteos demasiado institucionalistas o casi constructivistas[2]: ¿cuáles son los valores morales que favorecen el desarrollo? De ninguna manera se ignora en esa pregunta el valor de instituciones como la Democracia Constitucional y la economía de mercado. La cuestión es hasta qué punto puede sostenerse una reforma liberal a largo plazo sin una profunda transformación cultural. El lamentable caso de Chile parece ser una dura lección en ese sentido.

Sin embargo, el libro parece sugerir, muy indirectamente, la famosa dicotomía de Weber sobre las sociedades protestantes, cuyo sentido del trabajo es favorable al desarrollo, versus las culturas católicas, que serían el caso contrario[3].

Para la relación entre Catolicismo y economía de mercado, el tema es fundamental. Mucho se puede hacer para sostener la no contradicción entre filosofía cristiana y Escuela Austríaca de Economía, o la no contradicción entre la Economía de Mercado y la Doctrina Social de la Iglesia. Pero esa “no contradicción” se queda corta en tanto al tema de los valores culturales. Sí, se puede demostrar, por ejemplo, que el mercado, in abstracto, favorece al bien común, o que la propiedad privada es compatible con la propiedad como precepto secundario se la ley natural, etc. Pero si el Catolicismo como tal favoreciera horizontes culturales hostiles al comercio (“comercio, mercado, si, PERO….”) entonces el problema sería grave.

En estas entregas (esta es la primera) intentaremos conciliar los valores compatibles con el desarrollo con la visión del mundo católica.

Ante todo, ¿cuáles son esos valores que enumera Mariano Grondona?

El primero es la confianza en el individuo. No la ilusión de que la persona ilustrada, como quería Kant[4], es la base del desarrollo, pero sí la confianza en que los hábitos de trabajo de cada persona en particular con básicos para el mercado. Esa confianza es la que implica confiar en sociedades intermedias, fruto de la libre asociación, que puedan dar realidad al principio de subsidiariedad.

El segundo es la moral media. El mercado libre responde a incentivos, entre ellos, la seguridad contractual y la previsibilidad a largo plazo. Para ello, la moral promedio de las personas no tiene por qué ser heroica. Es la moral media de quienes no son ángeles ni demonios, ese individuo empático del cual hablaba Adam Smith[5] pero, a la vez, era también el supuesto de Santo Tomás cuando afirmaba que “la ley humana se promulga para una multitud de hombres, la mayor parte de los cuales no son perfectos en la virtud”[6]. Ello no implica, claro está, negar el llamado universal a la santidad, sino simplemente recordar que la santidad no es condición necesaria para el funcionamiento del libre mercado.

El tercer valor es la conciencia de que la riqueza debe crearse. Sí, el destino universal de los bienes supone que Dios ha creado a la naturaleza física para todos, pero ello no implica que los bienes están dados directamente por la mano de Dios. No, son escasos, y por ende deben ser producidos. El mercado es precisamente el mejor sistema para cumplir con el destino universal de los bienes, porque brinda incentivos suficientes para su producción.

El cuarto es que la competencia es un proceso de cooperación. Mercado y cooperación social son casi lo mismo[7]. Lo contrario de la cooperación entre los seres humanos no es el mercado, sino la guerra. “Guerra comercial”, por ende, es una contradicción en términos. Competir los unos con los otros en cuando a nuestras habilidades es un deber moral. Para cada tarea debe seleccionarse al más idóneo. Ello es necesario para el bien común.

El quinto es el valor de la justicia para la producción. La justicia no es sólo distributiva. Hay también una ética de la producción y una justicia básica en el acto de producir. Por eso la propiedad, el contrato, la libre competencia, son justas. Y muy justas. La distribución implica repartir un presupuesto fijo. Para ello tiene que haber justicia distributiva, sea el presupuesto de una familia, de un club, de una universidad o el que fije el congreso para el gasto público. Pero nada de ello existiría sin la justicia de la producción.

El sexto es el valor moral de la utilidad. La dicotomía entre el deontologismo y el consecuencialismo no favorece al desarrollo, porque se pierde el valor moral de lo que es útil al proceso productivo. En Santo Tomás la propiedad era un precepto secundario precisamente porque era útil. Temas como la libertad de precios o salarios tienen que ver con su utilidad. Si negamos de ello el valor moral, la moral sería monopolio de todo lo que NO es el mercado.

Séptimo, hay usos y costumbres que son esenciales para el desarrollo. La, prolijidad, el amor al trabajo bien hecho, la puntualidad, la cortesía, el respeto a los contratos y a las promesas, el orden, la limpieza, son todos valores que favorecen las relaciones rectas y de confianza mutua entre oferentes y demandantes, donde entre mercado y valores hay por ende un círculo virtuoso.

Octavo, el valor del tiempo futuro. El ahorro, la previsibilidad, como contrarios al derroche y a la ostentación del gasto, son, contrariamente a lo que se piensa habitualmente, valores de mercado. El consumismo no favorece al libre mercado. La frugalidad, el ahorro, en cambio, son valores capitalistas.

Noveno, la felicidad es compatible con la racionalidad. Esta es una herencia de Aristóteles. La felicidad no consiste en el placer irracional ni en el cumplimiento sacrificado y triste del deber. Es cumplir con lo debido porque lo debido surge de nuestro proyecto personal, de la empresa de ser nosotros mismos. Las empresas salen adelante cuando llevan adelante la marca personal, la vocación. Racionalidad y virtud van en ese sentido de la mano.

Décimo, la autoridad no radica en una persona. La autoridad no es le gran líder, ni Pedro, ni Pablo, ni Juan. La autoridad es la ley, en tanto Estado de Derecho. El que está habituado al mercado no obedece a una persona, obedece a la ley, que es lo que garantiza el funcionamiento del mercado.

Once, el mundo es el propio mundo. La virtud no es salvar al mundo mientras no sé ni cómo limpiar mi habitación. La virtud es no creerse Dios y ocuparse, cada uno, de su empresa, de su trabajo, de su profesión, de cada parte del bien común. El mundo sería mejor si cada uno se dedicara a cuidar su jardín, decía Adam Smith, con profunda sabiduría. Los salvadores del mundo son los que lo arruinan.

Pero todo eso, ¿es compatible con las culturas católicas? ¿Es compatible con el valor del trabajo existente en culturas anglosajonas? ¿Cómo entra en todo esto el problema de Max Weber?

Seguiremos con todo ello en la segunda entrega.


[1] Ariel-Planeta, Buenos Aires, 1999.

[2] El constructivismo criticado por Hayek es la suposición de que se pueden construir las sociedades como si fueran máquinas, más allá de las tradiciones existentes.

[3] Nos referimos a la famosa tesis de Weber en El espíritu protestante y el origen del capitalismo (1904), FCE, 2003.

[4] Nos referimos a su famoso opúsculo Qué es la Ilustración.

[5] En su famosa obra La teoría de los sentimientos morales.

[6] I-II, Q. 96, a. 2.

[7] Es la tesis central de la filosofía social de Mises, desarrollada especialmente en Liberalismo y en el cap. VII de La Acción Humana

DOS

Todas las virtudes referidas anteriormente se resumen en una: laboriosidad.

Mariano Grondona ejemplifica esto diciendo que las sociedades anglosajonas son matutinas: lo importante es lo que hagas de 9 a 17. Lo demás….

Las culturas latinas, en cambio, serían vespertinas. Para ellas lo importante comienza después del trabajo: la familia, los amigos, el asado. El trabajo, en cambio…. Tiene una connotación trágica: el “laburo” es una pesada carga enviada como castigo de los dioses.

Por supuesto, hay más detalles. Pero como símbolo de un horizonte, me parece apropiado. Es un símbolo, no es una descripción, y menos aún una estadística.

¿Tiene entonces razón Max Weber? ¿Heredan las culturas anglosajonas un mandato calvinista del trabajo, donde el beneficio más la austeridad son signos de la salvación?

Eso es harto discutible, pero creo que es verdad en este sentido: para la cultura judeo-cristiana (sean judíos, protestantes o católicos) el trabajo es un cuasi-sacramental[1]. O sea, tiene algo de sagrado. No es un sacramento, pero, dependiendo de las disposiciones subjetivas de quien lo ejerza, santifica. El Génesis es claro: Dios nos pone en este mundo “para trabajar”.

Que ello haya sido olvidado durante mucho tiempo por una inapropiada separación entre trabajo manual e intelectual, o que se haya infiltrado en algunos católicos ciertas costumbres donde los llamados nobles no trabajan, pero los comerciantes sí; que se haya infiltrado en ciertos cristianos un injusto desprecio por el comercio y la sociedad contractual, no es objeción a que en todo el Antiguo y Nuevo Testamento, el trabajo sea un sacramental. Tal vez haya sido tarde, pero el Vaticano II dijo claramente que todos los laicos están llamados a la santificación por medio de su trabajo y a consagrar al mundo por medio de su trabajo, y Juan Pablo II, en la primera parte de la Sollicitudo rei socialis[2], explica nuevamente el sentido del Génesis como cooperación del hombre con la obra creadora de Dios, como co-creador, de lo cual mucho se podría desarrollar para la economía como conocimiento esencialmente creador de riqueza.

Por lo tanto, no es cuestión de contraponer un protestantismo obsesivo por el trabajo versus un catolicismo fiestero: el llamado a santificarse por el propio trabajo es un llamado esencial para el cristiano, que tiene detrás el llamado a desarrollar la vocación, el ser uno mismo: el trabajo de ser uno mismo, el estar llamado a emprender los talentos de la propia vocación.

Para el cristiano, por ende, sea judío, católico o protestante, la vocación por el trabajo bien hecho es tan esencial que incluso está trabajando siempre, porque está creando siempre, desarrollando su vocación. Las consecuencias económicas de ello son, obviamente, enormes.

Un protestante que trabaja porque es calvinista o un católico que trabaja como algo en sí mismo trágico tienen mal enfocado su cristianismo. El primero, si no es calvinista, ¿dejará de trabajar? Y el segundo, cuando descubra que no hay ninguna tragedia, aunque sí escasez y fortaleza, en trabajar, ¿se sentirá no católico?

La clave de la cuestión es que la santificación por el trabajo y la consagración del mundo en el trabajo se desprenden esencialmente de la fe cristiana.

A partir de aquí, el cristiano es en sí mismo una encarnación de los valores para el desarrollo económico.

Trabaja porque para eso, para ser co-creador, lo ha creado Dios. Después del pecado original, es con el sudor de la frente, pero la cuasi-sacralidad del trabajo se mantiene igual.

Por eso confía en sus fuerzas, en la de su familia y en la de las asociaciones libres.

Por eso se santifica por el trabajo e intercambia y contrata con todas las personas, sean santas o no.

Por eso no espera recibir todo del cielo: lo que recibe del cielo es la Gracia de Dios. Pero la riqueza de este mundo hay que producirla, co-crearla.

Por eso coopera con todos por medio del contrato, no sólo por medio de la caridad.

Por eso es justo en la producción de riqueza: no roba, no hace fraude, no miente, es confiable, llega a tiempo, no hace perder tiempo, es diligente, es bueno en su oficio.

Por eso, también, ahorra, es previsor, hace planes a futuro, porque la co-creación se expande en el tiempo.

Y es feliz así. Su felicidad no es está en no hacer nada ni tampoco en no buscar ni contemplar la vedad. Es Marta y María al mismo tiempo.

Por todo ello no depende ni de premios ni de castigos, ni de ninguna persona en particular. Cumple con la ley y la supera.

Y por ello no es el salvador del mundo, es el custodio de su jardín, no se cree Dios.

Me van a decir: no es eso lo que piensan en general los católicos y menos aún los sacerdotes, obispos y pontífices.

Eso lo dejamos para nuestra tercera entrega.


[1] Desarrollamos más in extenso este punto en el art. “La laboriosidad como virtud esencialmente Judeo-Cristiana”, (2018) Fe y Libertad, Vol. 1 Nro. 1.

[2] 1987; ver https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html

TRES

Pero todo esto que venimos explicando son, al menos en Latinoamérica, ideas, no creencias, al decir de Ortega. Esto es, son cuestiones académicas, o propuestas novedosas y extrañas, como esta misma entrada, pero no son carne cultural, no son creencias generalizadas que conformen el sentir de una gran cantidad de personas, no son un horizonte, al decir de Gadamer.

Y cómo pasar de las ideas a las creencias es la gran pregunta.

Algunas naciones cambiaron largas tradiciones de autoritarismo luego de una gran guerra. Alemania, Italia, Japón, son ejemplos trágicos del paso del autoritarismo a la democracia y la economía de mercado casi por la fuerza, por una terremoto bélico e institucional que obligó a muchos a aceptar algo que no estaba en su corazón ni en sus expectativas. Cuánta duración puede tener ello es también otra pregunta inquietante.

El Judeo-Cristianismo, en cambio, se hizo cultura, y no por una guerra. Cómo cambió el corazón de millones de habitantes del oriente medio, de Grecia, de Roma, por seguir a Cristo, no por hacer un curso, fue realmente un milagro. Pero sucedió. Occidente nace de Grecia, Roma y el Judeo-Cristianismo porque este último se hace carne, se hace cultura, se convierte en creencias (Ortega), horizonte (Gadamer), tradiciones (Hayek), mundo de la vida (Husserl).

¿Pero cómo puede suceder ello en Latinoamérica?

Desde fines de los 50 y firmemente desde los 60, las diversas expresiones de la teología de la liberación, de origen marxista, capturan la mente del Episcopado Latinoamericano. Sus sucesivas declaraciones (Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida) absorben totalmente la condena en nombre de Cristo al mercado; manejan categorías marxistas de pueblo, explotación, exclusión, etc., y desde allí miran e interpretan Latinoamérica, todo en diversos grados, claro. Esa perspectiva ha ido cambiando a lo largo de los años, pero su núcleo marxista se ha mantenido. Por un lado, condenan al mercado, y por el otro hacen silencio sobre el marco institucional llamado democracia constitucional, marco sobre el cual, paradójicamente desde la misma época, comienzan a hablar y a acompañar Pío XII, Juan XIII y el Vaticano II. Contra ese silencio se levantó, en 1984, la voz premonitoria del P. Rafael Braun[1].

La mayor parte de los obispos latinoamericanos veían como extraña, como “anglosajona”, y muy ligada al capitalismo explotador, a la institucionalidad democrática. La veían como formas extranjeras extrañas al espíritu de un pueblo latinoamericano “católico”, del cual debían surgir, de abajo hacia arriba, las condiciones de una civilización del amor, cristiana, ligada con la vida comunitaria, con las costumbres locales, con el reparto solidario de los bienes; en última instancia, un “pueblo católico” latino versus una democracia constitucional de origen protestante y anglosajón.

Es como si hubieran escrito todo ello para darle la razón a Max Weber.

Sí, es verdad que algunos hablaban y hablan de la “cultura del trabajo”, pero es el trabajo del obrero, no del empresario capitalista, culpable de explotación excepto se demuestre lo contrario, como algún empresario en proceso de canonización, que “a pesar de” ser empresario, “fue bueno, fue cristiano”.

No se concibe la laboriosidad como la del empresario creador, no se concibe a la empresarialidad como un espíritu a ser expandido culturalmente a toda persona, porque la empresarialidad son ideas, no recursos; no se concibe que la riqueza nace de una idea, no se entiende que los recursos NO están dados, y se cree que la escasez se debe a unos pocos infames que han acaparado los recursos y no los han “compartido”.

Esas creencias, repetidas hasta el hartazgo desde púlpitos y declaraciones, no hacen más que sumergir más aún al pueblo latinoamericano en su pobreza; esas creencias, proclamadas como los más altos dogmas, no hacen más que confirmar la miseria y las condiciones indignas de vida de la mayor parte de los latinoamericanos. Justamente lo que creen evitar los abanderados del supuesto pueblo católico versus la explotación capitalista.

Porque no sólo es falso que el libre mercado sea explotador, sino que es contrario a la libertad religiosa hacer de un “pueblo católico” la base de una nación: la base está en la convivencia bajo la diversidad que está garantizada por la libertad religiosa que, se supone, es un emergente del Catolicismo. Impresionante cómo teólogos del pueblo de izquierda y tradicionalistas de derecha coinciden en su odio contra la libertad religiosa y la democracia “liberal” (el pecado), esa democracia liberal que los pecadores Pío XIII, Juan XXIII y Juan Pablo II supieron rescatar y acompañar, con notas a pie de León XIII, y con la corroboración conceptual, hasta ahora insuperable, de Benedicto XVI.

Por lo tanto, el único cambio en paz que Latinoamérica tiene hacia el desarrollo, es que los obispos latinoamericanos vayan asumiendo cada vez más en sus enseñanzas un acompañamiento de la democracia constitucional y la economía de mercado, como comenzó a hacer Pío XIII desde 1939. No porque ambas sean inferencias deductivas del Catolicismo, sino porque a veces el Magisterio puede “acompañar” cierta evolución institucional en tanto señalarla como no contradictoria con la Fe, como hizo León XIII cuando distinguió entre tesis e hipótesis, como hizo Pío XII cuando habló de las condiciones de una sana democracia, como hizo Juan Pablo II cuando comenzó a hablar del mercado en sentido positivo en la Sollicitudo rei socialis y en la Centesimus annus.

La tarea, muy difícil por cierto, es educar en todo esto a una nueva generación de sacerdotes que sean los futuros obispos latinoamericanos que pueden luego hacer lo mismo que Pío XII, Juan XXIII y Juan Pablo II hicieron a nivel de magisterio universal prudencial.

Ese será el único modo en el cual ellos puedan en el futuro convertirse en los educadores informales de los valores para el desarrollo, de tal modo que la mayor parte de los católicos latinoamericanos pueden ir incorporando esas enseñanzas a modo de creencias.

Para terminar, una mala noticia y una buena.

La mala noticia es que puede ser que todo esto sea humanamente imposible.

La buena es que es el único camino que queda, y por ende no queda más que recorrerlo y poner todo en manos de Dios.


[1] https://institutoacton.org/2017/10/18/iglesia-y-democracia-padre-rafael-braun/

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Mercados alterados (BTC, ¿tan mal?)

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 19/5/22 en: https://alejandrotagliavini.com/2022/05/19/mercados-alterados-btc-tan-mal/

Los principales índices de Wall Street caen con fuerza. En lo que va de año, el Nasdaq 100 se deja un 26,91%; el S&P 500 retrocede un 17,72% y el Dow Jones pierde un 13,34%. El presidente de la Fed dijo el martes que el banco central estadounidense subirá las tasas de interés hasta que haya pruebas «claras y convincentes» de que la inflación está en retroceso. «Las acciones están siendo golpeadas conforme el temor a la inflación y la debilidad de los beneficios afectan al sentimiento del mercado», según Fiona Cincotta, de City Index.

                      Pocos sectores como el tecnológico reflejan con mayor sincronía las correcciones en bolsa de 2022, de hecho, el Nasdaq 100 es uno de los índices más bajistas del año con un recorte de casi 24% desde que arrancó enero. Es cierto que el último cuarto de 2021 ya trajo consigo una desaceleración de las compañías tecnológicas norteamericanas, que se aprovecharon de las cuarentenas y por ello las alentaron sin ninguna racionalidad, para iniciar un rally en los mercados a medida que los inversores depositaban en ellas su dinero como si se tratase de un valor refugio.

                       Así, desde los máximos que anotaron las compañías FAMANG (la antigua Facebook, Amazon, Microsoft, Apple, Netflix y la dueña de Google) pierden un 46% de media en los mercados:

        Netflix se lleva la peor parte, claro, encerrados en sus casas, los suscriptores crecieron mucho, en cambio ahora entre otras cosas, por las sanciones contra Rusia, perdieron cientos de miles de clientes. Además, la competencia de las plataformas de contenido se ha incrementado con la consolidación del negocio de Disney+.

                  Meta, la antigua Facebook, tocó techo en julio de 2021 y desde entonces se ha desplomado un 47%. Amazon pierde en el año más de un 32% y, desde su máximo de 2021, un 40,6% y en los niveles actuales cotiza por debajo de su promedio histórico en los USD 2.244. Tanto Microsoft como Alphabet (dueña de Google) se encuentran en torno al 22% de sus máximos. Apple, que es la que mejor soporta el golpe, cede en el año un 16%, que es prácticamente su caída desde máximos.

                   Así las cosas, algunos analistas creen que, a los precios actuales, se ha abierto una oportunidad de compra en las principales tecnológicas norteamericanas. Personalmente, me manejaría con prudencia y selectivamente, ya que las cuarentenas -irracionales como demostraron ser- no deberían volver y, en cambio, la competencia precisamente debido al progreso tecnológico es cada vez más fuerte.

                   Una de las razones que alienta la caída de Wall Street es la fortaleza del billete verde. El índice dólar, que mide la evolución de esta moneda frente a una cesta de 500 divisas mundiales ha escalado al nivel más alto en dos décadas y sube en 2022 un +8,5%. La subida del dólar ha llevado al yen a su nivel más bajo en dos décadas y ha devuelto prácticamente al euro a la paridad con la divisa americana, de hecho, ya ha superado los máximos que alcanzó en marzo de 2020 frente al euro y el yen:

                 Y las razones de esta “fortaleza” -relativa a otras monedas, remarquemos, ya que todas se debilitan por exceso de emisión- son el endurecimiento de la política monetaria de la Fed iniciando un nuevo clico de subidas de tasas de interés para “controlar la inflación” más rápida que en el resto de los países desarrollados y el hecho de que, frente a la incertidumbre global, se presenta como el mejor activo refugio.

                Además, la fortaleza del dólar, los altos precios de las materias primas y las tasas de interés están inextricablemente vinculados, ya que la gente necesita más dólares para pagar productos más caros. Es probable que esto no cambie hasta que estos precios se reviertan, lo que indica un pico en la suba del IPC y que, entonces, la Fed se vuelva menos agresiva.

               Si echamos un vistazo a las monedas FIAT que más caen frente al dólar en los últimos 10 años tenemos la siguiente lista:

1.- Venezuela -99,8%

2.- Sudán -99,4%

3.- Siria -97,7%

4.- Argentina -96%

5.- Turquía -88%

6.- Corea del Norte -85%n

7- Surinam -84%

8.- Uzbekistán -83%

9.- Malawi -79%

10.- Angola -76%

               Entretanto en Argentina, el peso vuelve a caer en estas últimas jornadas frente al blue -“sube el dólar”- pero no solo por la fortaleza relativa del dólar, sino porque en abril y en lo que va de mayo el BCRA volvió a emitir moneda para financiar a la Tesorería, probablemente superando a la demanda de moneda que quedó en exceso y se devaluó. Por cierto, como señala Roberto Cachanosky, el acuerdo con el FMI tiene previsto cubrir un 1% del PBI con emisión monetaria para financiar el déficit fiscal de 2022 pero hasta el 9 de mayo el Gobierno ya llevaba emitidos el equivalente a 0,5% del PBI, “y todavía falta financiar la fiesta de gasto público que sigue impulsando la coalición gobernante”.

                  Por cierto, algunos empiezan a cuestionarse si habrá ‘conjura’ de las potencias mundiales para debilitar al dólar como ocurrió en la era Reagan, con el Acuerdo del Plaza de 1985 que tuvo lugar en un contexto de inflación creciente, una agresiva campaña de subidas de tasas de la Fed y un dólar en alza. En otras palabras, una escena que se parece mucho a la actual, un paralelismo que no pasará desapercibido para los burócratas del G-7 que se reúnen esta semana:

                    Mediante este acuerdo firmado en el Hotel Plaza de Nueva York, los gobiernos de Francia, Japón, el Reino Unido, EE.UU. y Alemania acordaron debilitar el dólar. Por supuesto, nadie predice una intervención inminente ya que el apoyo de Washington sería crucial para cualquier acuerdo efectivo y eso no es probable a corto plazo, dado que la fortaleza del dólar está abaratando las importaciones, algo atractivo en una época de fuerte subida del IPC.

                   Ahora, si el euro cae por debajo de los USD 0,90 frente a los 1,05 actuales, eso podría hacer saltar las alarmas. Existen ciertamente paralelismos entre la fortaleza de la moneda estadounidense en 1985 y ahora: el índice dólar ha subido a un ritmo anualizado del 14% en lo que va de año, más rápido que el ritmo del 12% observado en los cinco años anteriores al acuerdo. Y la inflación en EE.UU. está más alta que cuando el presidente de la Fed, Paul Volcker, subió los tasas hasta el 20%, y el actual jefe ha prometido hacer lo necesario para frenar el rápido crecimiento de los precios.

                   La reticencia de Washington podría cambiar si la economía estadounidense se contrae y un ‘billete verde’ persistentemente fuerte dificulta todo, desde las exportaciones, hasta el empleo y demás. De hecho, la probabilidad de que se produzca una recesión en el próximo año se sitúa en el 30%, la más alta desde 2020, según una encuesta realizada por Bloomberg.

                    Aunque también podría ocurrir que el dólar se debilite solo. En esa línea, Chris Iggo, CIO Core de AXA IM, advierte sobre una posible depreciación del dólar para los próximos meses ya que, si el crecimiento se desacelera y cae la inflación, el ciclo de tasas podría sufrir cambios y, entonces, es probable que el billete verde se debilite. 

                   En fin, visto todo esto, no se entiende muy bien el por qué de tanta mala prensa para el bitcoin, después de todo, sigue al Nasdaq:

                  Y siempre se ha recuperado. Durante la última década, más de la mitad del tiempo estuvo caído más del 50%, siendo las mayores bajadas las siguientes:

2017-2018: -84%

2019-2020: -71%

2021-2022: -57%

2020-2021: -55%

               Sea como sea, y dejando de lado el caso particular del BTC, es decir, bitcoin o no, el mundo digital y la blockchain, si bien son todavía incipientes y por ello con muchos errores por corregir, es imparable y pone en jaque -de aquí el terror que le tiene- al establishment asociado a los gobiernos coactivos.

                Más allá de que las “criptomonedas” puedan definitivamente establecerse como monedas o no -lo que no definirá ningún intelectual ni mucho menos un gobierno coactivo, sino solo el mercado- ya se perfilan con fuerza, entre otras cosas, las DeFi -decentralized finance- que conforman un ecosistema financiero construido sobre la tecnología blockchain. Cuya principal característica radica en que son los propios usuarios quienes intercambian (ofertan y demandan) activos y servicios financieros directamente entre ellos, sin intermediarios, para usarlos como mecanismo de inversión o financiación, por ejemplo.

                Obviamente, y por ello el gran temor del establishment, las Defi reemplazan a los bancos tradicionales -que hoy funcionan en un oligopolio con los bancos centrales- favoreciendo a las personas que interactúan directamente sin tener que pasar por los bancos y pagar sus comisiones, sino que las comisiones se reparten completamente entre los individuos que interactúan en el mercado.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Dolarización: algunas lecciones internacionales

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/4/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/04/10/dolarizacion-algunas-lecciones-internacionales/

Se presta poca atención a las enseñanzas que ofrecen países que han optado por el cambio de régimen monetario por dos décadas y, en casos como el panameño, por más de un siglo

De no tener cuidado, en breve Argentina se puede encontrar cerca de un escenario similar al que se enfrentó Ecuador cuando tuvo que decidir entre hiperinflación o dolarización (Reuters)

Desde que Javier Milei puso el tema sobre la mesa, mucho se ha dicho sobre la conveniencia o no de dolarizar Argentina. Curiosamente, a pesar del impacto que una dolarización implica, se presta poca atención a las lecciones que ofrecen países que han estado dolarizados por dos décadas y, en casos como el panameño, por más de un siglo.

Por ejemplo, Ecuador dolarizó su economía en medio de una profunda crisis económica. En 1999 la tasa de inflación fue 60% y las tasas de interés rozaban 100% anual. Quizás aquí haya una primera lección importante. De no tener cuidado, en breve Argentina se puede encontrar cerca de un escenario similar al que se enfrentó Ecuador cuando tuvo que decidir entre hiperinflación o dolarización. En el 2001 la inflación cayó al 38% y para el 2003 ya se encontraba en valores inferiores a dos dígitos. Esta drástica caída en la inflación se hizo a la par que aumentaba el PBI real y la recaudación tributaria. Hay otras lecciones importantes por extraer de casos internacionales de dolarización.

A continuación, algunas de las más importantes:

El prestamista de última instancia (que no es tal)

Una de las objeciones más comunes a la dolarización es que significa dejar de tener un banco central que actúe como prestamista de última instancia. Al poder emitir pesos, la entidad monetaria puede inyectar liquidez al mercado financiero en caso de una corrida de depósitos y evitar así una crisis sistémica. Sin embargo, dolarizar no implica perder al prestamista de última instancia.

Por ejemplo, tanto Ecuador como El Salvador (y recientemente también Panamá) poseen fondos de liquidez de emergencia. Este fondo puede ser administrado por un ente privado o un consorcio de bancos privados y tener líneas de liquidez contingentes con bancos internacionales u organismos internacionales para fortalecer su rol.

También es posible, como sucede en Ecuador, permitir a los bancos depositar sus propias reservas en instituciones financieras del exterior manteniendo a los mismos fuera del alcance de las regulaciones locales. Panamá es un caso paradigmático. Debido a la alta integración financiera, los bancos extranjeros tienen a sus casas matrices como prestamistas de última instancia y los bancos locales tienen líneas contingentes con el sistema financiero internacional. En los últimos veinte años ninguno de estos países ha tenido que hacer uso de estos fondos especiales ni han tenido crisis bancarias, ni siquiera cuando hubo defaults soberanos ni tampoco durante la crisis del 2008. Contar con una moneda sana y una regulación financiera eficiente es más importante para evitar las crisis bancarias que tener un banco central.

En Argentina el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia ya que emite una moneda que el mercado no demanda (EFE)
En Argentina el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia ya que emite una moneda que el mercado no demanda (EFE)

En Argentina el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia ya que emite una moneda que el mercado no demanda. Los argentinos demandan dólares, no pesos. Las crisis financieras en argentina son corridas contra el peso, no contra los bancos en sí. En este caso no hay mucho que un prestamista de última instancia pueda hacer dado que no puede ofrecer lo que demanda el mercado.

De hecho, al ofrecer liquidez, el Banco Central alimenta la crisis cambiaria y, en casos extremos, puede desatar un proceso hiperinflacionario. En la práctica, el BCRA es un deudor de primera instancia del sistema financiero y el FMI es el verdadero prestamista de última instancia.

No se puede renunciar a lo que no se tiene. Más importante que tener acceso a un emisor de moneda que nadie demanda, es tener acceso a la moneda que demanda el mercado.

La Venezuela que no fue

En su prólogo al libro de Jamil Mahuad, Así Dolarizamos Ecuador, Domingo Cavallo sostiene lo siguiente: “No caben dudas de que la dolarización evitó que Ecuador llegara a la situación que hoy vive Venezuela, a pesar de que en todas las otras dimensiones las políticas de Rafael Correa no fueron muy diferentes a las de Hugo Chávez.” Un mensaje importante para Argentina, que transita su decimoquinto año de populismo K.

De hecho, Cavallo se queda corto. Un estudio reciente de varios países latinoamericanos concluyó que el populismo impuso importantes costos económicos. Ecuador es un caso especial en esta muestra, siendo el país que menos ha sufrido el populismo de Rafael Correa debido a los límites impuestos a su gobierno por la dolarización.

Ecuador es el país que menos ha sufrido el populismo de Rafael Correa debido a los límites impuestos a su gobierno por la dolarización (Reuters)Ecuador es el país que menos ha sufrido el populismo de Rafael Correa debido a los límites impuestos a su gobierno por la dolarización (Reuters)

El rol de las instituciones no es dar carta blanca a sus líderes políticos para que hagan lo que a ellos más les convengan, sino minimizar su capacidad de daño y proteger a la ciudadanía. Es cierto que una dolarización no impide que se elijan gobiernos populistas, el caso ecuatoriano muestra que modera su capacidad de daño. Hoy día vemos como la dolarización le impone límites a otro populista, Nayib Bukele en El Salvador.

La dolarización merece una discusión seria e informada, sobre sus costos y beneficios. Es importante entender la seriedad del problema que enfrenta la economía argentina. Las instituciones políticas no son creíbles, incluso si hubiera un cambio de gobierno.

Es imposible reducir la inflación sin credibilidad. Una dolarización oficial acompañada de otras reformas es la única manera creíble de salir de lo que ya es una década de estanflación.

La gran crisis que no fue

Una de las ventajas de tener un banco central eficiente es la capacidad de reaccionar ante shocks externos y evitar que el país sufra una profunda crisis. Hay que ser realista con las alternativas asequibles a nuestros policy makers. El fine tuning de política monetaria requiere de una entidad monetaria banco central que se actúe como un cirujano con un bisturí, cuando lo que tenemos es un leñador con una motosierra.

En la realidad, el BCRA ha sido una fuente constante de inestabilidad macroeconómica. En teoría, la sintonía fina entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del ente monetario, Miguel Pesce, permitiría estabilizar el tipo de cambio real. En la práctica, Argentina tiene un tipo de cambio real más volátil que el ecuatoriano.

En teoría, la sintonía fina entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del ente monetario, Miguel Pesce, permitiría estabilizar el tipo de cambio real. En la práctica, Argentina tiene un tipo de cambio real más volátil que el ecuatorianoEn teoría, la sintonía fina entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del ente monetario, Miguel Pesce, permitiría estabilizar el tipo de cambio real. En la práctica, Argentina tiene un tipo de cambio real más volátil que el ecuatoriano

¿Cómo les ha ido a los países dolarizados frente a shocks externos? La crisis del 2008 fue un shock externo de proporciones históricas. Deberíamos esperar, entonces, crisis de proporciones históricas en los países dolarizados. En el 2009 el PBI real de Argentina cayó un 5,9% y en El Salvador lo hizo un 3,1%. Ecuador y Panamá, en cambio, crecieron a un 0,6% y 1,2%, respectivamente. La Argentina con BCRA y moneda propia tuvo mucho peor desempeño.

Por qué cambiar el régimen monetario

Los beneficios de dolarizar no son sólo económicos sino más bien institucionales. Rafael Correa fue el presidente más popular en la historia de Ecuador, tuvo el poder político de reformar la constitución. Sin embargo, aunque degradó la integridad financiera de la dolarización no se atrevió a repudiarla abiertamente. Con moneda propia Correa hubiera llevado a Ecuador por el mismo camino que Venezuela.

Quienes creemos que la dolarización es la mejor solución asequible para la Argentina reconocemos que para que sea exitosa requiere de otras reformas estructurales y poner las cuentas fiscales en orden. Con supuesta agudeza, los críticos se preguntan para qué dolarizar si se avanza con las otras reformas. Ojalá fuese tan simple.

En la primera década de este siglo la Argentina tuvo superávits gemelos inéditos que el kirchnerismo dilapidó. Insisto, el problema no es de política económica, sino de economía política. No se trata simplemente de eliminar el déficit fiscal, es clave tener un marco institucional creíble que le impida a un próximo gobierno “llevarse puesto” al BCRA una vez más. Es importante distinguir entre las reformas ideales (lo que tienen en mente los críticos de la dolarización) y las reformas mínimas necesarias para poder dolarizar (lo que tienen en mente los pro-dolarización).

El problema no es de política económica, sino de economía política. No se trata simplemente de eliminar el déficit fiscal, es clave tener un marco institucional creíble (EFE)El problema no es de política económica, sino de economía política. No se trata simplemente de eliminar el déficit fiscal, es clave tener un marco institucional creíble (EFE)

Tanto Ecuador como El Salvador reforzaron la dolarización con otras reformas económicas e institucionales. En el primer caso la dolarización no tuvo lugar en un contexto de orden macroeconómico, sino con el país al borde del precipicio. De haber desdolarizado porque se hicieron otras reformas Ecuador podría haber terminado como Venezuela, tal cual sugiere Cavallo. No es cierto, entonces, que para dolarizar sea necesario tener una macro ordenada e instituciones ideales ni que dolarizar sea innecesario de hacer otras reformas.

Obviamente no haría falta dolarizar si el sistema político argentino tuviera la capacidad de implementar reformas creíbles como las que permitieron a nuestros vecinos erradicar la inflación. Nuestra historia demuestra que no la tiene.

El Salvador no sólo dolarizó para profundizar su integración comercial con Estados Unidos sino también para proteger a su economía del embate del populismo. Tras veinte años de dolarización en El Salvador, Nayib Bukele se enfrenta a estas restricciones. ¿Una de las tantas lecciones internacionales que Cambiemos debería haber aprendido durante su presidencia? Insisto: un rol fundamental de las instituciones es limitar la capacidad de daño de los gobiernos, no maximizar su capacidad de extraer rentas.

Zimbabue ofrece una lección particularmente importante para la Argentina. Dolarizó oficialmente su economía en 2009 y la desdolarizó diez años más tarde. La desdolarización fue posible porque no eliminó su banco central y no hizo una reforma del sistema bancario. Siguiendo las recetas de la Argentina de 2002, reintrodujo su propia moneda y volvió a un escenario de alta inflación. La reforma del sistema bancario es esencial para que sobreviva una dolarización.

Por último, se dice que no se puede dolarizar porque no hay suficientes reservas de libre disponibilidad para convertir la base monetaria en pesos. Sin ellas, el tipo de cambio de conversión sería demasiado elevado. He visto números que oscilan entre $900 y $6.000 pesos por dólar. Plantear la conveniencia de la dolarización en base a la coyuntura actual es un error conceptual. Si se hace con amplio acuerdo político significaría un cambio de régimen que generaría credibilidad de inmediato y abriría las puertas a alternativas para aumentar las reservas que hoy no son asequibles.

Si hay voluntad política, los dólares necesarios se consiguen. En el libro que hemos escrito sobre la dolarización con Emilio Ocampo planteamos varias alternativas para hacerlo.

En Latino América, la dolarización ha sobrevivido dos guerras mundiales, la Gran Depresión y la crisis del 2008, una invasión estadounidense (Panamá, 1989), desastres naturales, y fuertes gobiernos populistas. Una dolarización es una manera de dar al país una reforma institucional creíble y duradera.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El “cripto verso” es imparable, pero todavía incipiente

or Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 27/4/22 en: https://alejandrotagliavini.com/2022/04/27/el-cripto-verso-es-imparable-pero-todavia-incipiente/

Hace tiempo, cuando me enteré por primera vez de que, por ejemplo, en Decentraland algunos “terrenos” cotizaban en millones de dólares pensé, como muchos, que esa era la burbuja más grande de la historia, ridículamente grande: ¿quién paga millones por una parcela que no es más que un dibujo en una PC?, hay que estar muy zarpado… Pero eso no es todo, hay quienes compran esas propiedades (con formato de NFT, non-fungible tokens o tokens no fungibles), “construyen” sobre ellas y luego ¡las alquilan obteniendo una renta mensual! De locos.

                  Pero luego me lo explicaron. Esos “terrenos” están, por caso, ubicados en “ciudades” virtuales que reciben miles, sino millones, de visitas diarias de ciber navegantes que, eventualmente, pueden “entrar” en los locales y comprar artículos electrónicos, ropa, o participar en conciertos pagando una entrada o una fiesta a la que se accede con un avatar, y pagando, con un DJ que cobra por su trabajo.

                  Por caso, hace poco se realizó la Semana de la Moda en el Metaverso, el Metaverse Fashion Week (MVFW), que incluyó a más de 60 expositores como Selfridges, Tommy Hilfiger, Dolce & Gabbana, Vogue, Forever 21, Kirkwood, Estée Lauder y Perry Ellis. Por cierto, no faltó el “after party” con la presencia de personalidades y, durante la fiesta de cierre, el show de la canadiense Grimes, la pareja de Elon Musk.

                Todo eso es posible a través de la tecnología blockchain (cadena de bloques) de Ethereum -que permite los Smart Contracts-, con la cual se pueden crear avatares únicos de sí mismos, realizar compras y pagos entre los usuarios de la plataforma, en base a los NFT. Y esto conlleva la verdadera democracia de las criptomonedas, en donde los gobiernos, como los conocemos actualmente, no son sino imposiciones violentas de animales primates.

                Es que en este mundo del blockchain, como es el caso de Bitcoin (BTC), nadie realmente gobierna -en el sentido de que nadie impone su criterio ni voluntad sobre otro por muy “justa” que sea- sino que todos son libres de tomar las decisiones que quieran con el único requisito de ser -aunque completamente anónimas, según el deseo de cada uno- transparentes y verdaderas y validadas, en todos los casos, por la mayoría simple de cientos de miles de computadoras repartidas por el mundo.

                Por cierto, aunque el mundo virtual -siempre con base final en el real- es imparable y abarcará todos los órdenes de la vida, como todos estos desarrollos tan incipientes, novedosos y rápidos, es todavía muy inestable y hay que manejarse con cierto cuidado porque suelen mezclarse oportunistas y errores, a veces graves, de principiantes.

               Tanto el BTC como el ether se “minan” -se producen- utilizando un método de “prueba de trabajo” (POW), en el que miles de mineros, o nodos de la red, compiten para resolver muy complejos rompecabezas matemáticos. Es un proceso que requiere una gran cantidad de computación, de energía, siendo que el método alternativo de “prueba de participación” (POS) utiliza mucho menos.

              Ethereum lleva tiempo sufriendo problemas de velocidad y costos de procesamiento ya que sólo procesa 30 transacciones por segundo como blockchain de POW, pero espera procesar hasta 100.000 transacciones al pasarse a POS -la ether 2.0- lo que le permitirá competir con otras criptomonedas alternativas más pequeñas, como Solana y Cardano, que utilizan POS parcial o totalmente, para aplicaciones financieras descentralizadas como el comercio, la inversión, los préstamos e incluso los NFT.

               Eso siempre y cuando Ethereum efectivamente realice su actualización. Como cuentan Medha Singh y Lisa Pauline Mattackal, el «ether» ha prometido pasar al siguiente nivel, superando a sus rivales criptográficos e incluso eclipsando al padrino, el BTC. Pero se suponía que la criptodivisa número 2 estaba a semanas, prevista para junio, de la «fusión» o «merge», una actualización transformadora de su «blockchain» Ethereum para hacerla más rápida, más barata y con menos consumo de energía, lo que abre la perspectiva de un futuro criptográfico más ágil y limpio.

               Pero esa fusión se ha retrasado, preocupando a algunos inversores. «Los maxis de Ethereum, la gente que cree en ‘el flippening’, creen que llegará muy pronto», dijo Noelle Acheson, jefa de perspectivas de mercado en Genesis Trading, «pero es sólo una teoría y está por ver». Ether cayó un 8%, de USD 3.215 a 2.947, el 11 de abril pasado cuando el desarrollador principal de Ethereum, Tim Beiko, dijo en Twitter que el lanzamiento de junio estaba atrasado mientras continuaban las pruebas, “definitivamente estamos en el capítulo final», aseguró. Este mes ha bajado un 13%, hasta los USD 2.844.

                 Por el momento, la capitalización de mercado de ether, de USD 358.000 M, es menos de la mitad de la de bitcoin, y ambas representan el 60% del mercado de las criptomonedas. Sin embargo, el BTC sigue siendo sólo una inversión sin ninguna capacidad real de ser utilizado para contratos – Smart contracts- en aplicaciones financieras descentralizadas. Por esta razón, muchos inversores creen que es inevitable que se produzca un gran vuelco en el mercado y que la fusión -el ether 2.0- actúe como catalizador para que Ethereum se convierta en la plataforma dominante. «Estamos viendo que los fondos rotan hacia Ethereum en preparación para la fusión, aunque no sabemos cuándo va a ser», dijo Acheson.

                 Entretanto, la Casa Blanca -y todos los políticos- intenta regular sino prohibir el mundo cripto reconociendo abiertamente que amenaza la vida de su “gobierno” al trasladar el poder a la gente en el ciber espacio. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, hace un llamamiento de nuevo a que el Congreso de EE.UU. apruebe nuevas regulaciones que obliguen a redes sociales como Twitter a rendir cuentas por «los daños que causan». Se pronunció así poco después de que se anunciara que fue aceptada la oferta de compra de Elon Musk por unos USD 44.000 M.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Qué es la dolarización?

Por Iván Carrino. Publicado el 25/2/2en : https://www.ivancarrino.com/que-es-la-dolarizacion/

¿Tiene Argentina que dolarizar su economía? Recientemente, el diputado libertario Javier Milei dijo que si él fuera presidente, dolarizaría la economía de Argentina para terminar con la inflación.

En el último video subido a mi canal de YouTube explico qué significa dolarizar una economía y cuáles son sus beneficios esperados.

No es idea nueva

Lo primero que hay que decir es que la iniciativa no es nueva. De hecho en el año 1999 el propio presidente de entonces, Carlos Saúl Menem, proponía no solo dolarizar a la Argentina, sino también a todo el Mercosur.

Según el diario español El País, Menem decía que quería “irse del gobierno con la economía dolarizada”. En la misma época, el diario La Nación, de Costa Rica, contaba que:

“Carlos Ménem, quien llevó la idea al punto de proponer el estudio de un mecanismo que permita adoptar el dólar como moneda única no solo en Argentina, sino en todos los países del continente americano, a partir del año 2005, según confirmaron el viernes varios funcionarios del Poder Ejecutivo.”

Más cerca en el tiempo, economistas como Jorge Ávila, Nicolás Cachanosky o Adrián Ravier han propuesto dolarizar la economía. De hecho, en breve saldrá un libro escrito por Nicolás Cachanosky y Emilio Ocampo titulado “Dolarización, una solución para los problemas de Argentina”.

Desde los Estados Unidos, el economista Steve Hanke es el que propone que argentina “elimine el peso” y dolarice su economía. En un artículo publicado en la revista Forbes en el año 2018, Hanke sostenía que:

Después de que se fundó el BCRA, la relación relativamente estable entre el ingreso per cápita en los EE.UU. Y Argentina se rompió, y la economía estadounidense basada en el dólar creció mucho más rápidamente sobre una base per cápita que la economía argentina basada en el peso. En 1935, el PIB per cápita en los EE.UU. era un 28% más alto que en Argentina. En 2016, esta tasa se disparó a un enorme 181%.

Tras enumerar las sucesivas crisis económicas que enfrentamos, y los pésimos números de inflación, además de recordar su vínculo con el ex presidente Menem, Hanke sostiene que:

Para terminar con la pesadilla monetaria interminable de la Argentina, el BCRA, junto con el peso, deberían ser removidos y puestos en un museo. El peso debe ser reemplazado por el dólar de EE.UU. Argentina debería hacer oficialmente lo que hacen todos los argentinos en tiempos de problemas: dolarizarse

¿Qué significa dolarizar?

Ahora bien, ¿de qué se trata la dolarización? De acuerdo con un trabajo del Fondo Monetario Internacional, la dolarización de la economía es un sistema “en virtud de la cual un país abandona oficialmente su propio patrón monetario y adopta como moneda de curso legal la moneda más estable de otro país, en el caso más corriente el dólar de EE.UU.”

Es decir que una vez que la economía se dolariza, no se utilizan más los pesos, que deben ser cambiados, en su totalidad, por dólares. Esto se lleva a cabo mediante el “rescate” por parte del Banco Central, de todos los pesos que emitió. Para ello, claro, deberá entregar a cambio dólares que tenga en sus reservas, un proceso que no está exento de dificultades, que podremos ampliar en otro video.

Ahora bien, ¿cuáles son los beneficios esperados de la dolarización?

De acuerdo con los autores del trabajo que recién comentábamos:

“El atractivo principal de la plena dolarización es que elimina el riesgo de devaluación fuerte o repentina del tipo de cambio del país. Esto puede llevar a que el país pague una prima de riesgo menor en sus empréstitos internacionales. Las economías dolarizadas quizá gocen de un nivel de confianza más elevado entre los inversores internacionales, tasas de interés más bajas para el crédito internacional, menores costos fiscales y niveles más elevados de inversión y de crecimiento.”

Lo que le falta agregar a esta definición es que una dolarización derrumbaría la tasa de inflación. En efecto, se espera que el país que elimina su moneda y adopta la de otro distinto, en este caso, EEUU, tienda a tener la misma inflación que dicho país. Así, si la inflación de Argentina es 50% pero la de Estados Unidos es 8%, es esperable que en un plazo no muy largo, los precios empiecen a subir al 8% anual.

Esto es así porque la dolarización elimina la política monetaria del Banco Central. En un país dolarizado, el Banco Central puede seguir existiendo, pero no tendrá ninguna capacidad de determinar la cantidad de dinero de la economía.

¿Existen países dolarizados en América? La respuesta es sí. Ecuador dolarizó su economía en el año 2000, El Salvador lo hizo en el 2001. Existe otro ejemplo de un país que utiliza el dólar como moneda oficial: Panamá.

En todos estos países, tal como se espera, la inflación es muy baja. En los últimos diez años, la inflación promedio en Panamá, Ecuador y El Salvador es de 1,6% por año. Argentina tiene un nivel de inflación 30 veces superior.

Una advertencia final

Como puede verse, entonces, la dolarización es sin duda un remedio muy poderoso para terminar con la inflación. Sin embargo, debe hacerse una advertencia:

La dolarización es una medida monetaria que ataca problemas monetarios. La dolarización por sí misma, no reduce el déficit fiscal, no reduce el gasto del gobierno, no baja los impuestos, y no puede por sí misma hacer crecer la economía y los salarios.

Es cierto, claro, que al eliminarse el riesgo de devaluación y brindar un mejor horizonte de futuro para las inversiones, contribuye notablemente al crecimiento. Pero si se mantienen regulaciones absurdas, controles de precios, obstáculos para el sector privado, y la deuda pública es insostenible, incluso los países dolarizados seguirán teniendo problemas.

Como dijera Ludwig von Mises al defender el Patrón Oro:

La reforma que se propone en el sistema monetario y el retorno a condiciones monetarias sanas, presuponen un cambio radical en la filosofía económica. No puede ser cuestión del Banco Central solamente mientras que el despilfarro, la desacumulación del capital y la corrupción constituyan características sobresalientes de la forma como se manejan los asuntos públicos.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino