Meditaciones sobre la deuda pública externa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/4/2en: https://eleconomista.com.ar/2021-04-meditaciones-sobre-la-deuda-publica-externa/

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Como hemos señalado en distintas oportunidades, si queremos progresar resulta imperioso abandonar la mente cerrada del conservador siempre encajada en el statu quo, incapaz de aceptar el cambio puesto que sus telarañas conceptuales asfixian su pensamiento. Como ha subrayado Albert Einstein, “es imposible obtener efectos distintos repitiendo las mismas causas”.

Cuando Thomas Jefferson, siendo embajador en París, recibió la flamante Constitución estadounidense escribió que si hubiera podido incluir una cláusula adicional en ese documento sería la de prohibir la deuda pública externa puesto que es incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no eligieron al gobierno que contrajo la deuda. Cuando lo invité por segunda vez al premio Nobel en economía James M. Buchanan a pronunciar conferencias en Buenos Aires expresó lo mismo en el contexto del “Public Choice” que inició con Gordon Tullock.

Y no cabe el correlato con la actividad privada en cuanto a la evaluación de las respectivas inversiones puesto que en el ámbito estatal no es pertinente aludir a inversiones que, como es sabido, se refiere a apreciaciones subjetivas en cuanto a la relación del  valor presente respecto al futuro. Es tan  desatinado como cuando en el medio argentino se impuso la incoherencia del “ahorro forzoso”. En el Presupuesto lo que cabe son los rubros de gastos corrientes o gastos en activos fijos, pero no “inversiones”.

Ahora surgen acalorados debates sobre un supuesto endeudamiento de diversas gestiones gubernamentales de nuestro país, que habitualmente encierran tres errores garrafales.

En primer lugar para hablar con propiedad de endeudamientos es necesario aludir a valores absolutos y no hacerlo como un porcentaje del PIB. En segundo término, esto último se refiere a la capacidad de repago, pero no ilustra sobre el nivel de la deuda. Por último, para que la ratio sobre el PBN tenga significación es indispensable que la moneda se consigne en términos reales porque, de lo contario, con una divisa devaluada se inflan guarismos artificialmente.

Este problema no se circunscribe al caso argentino que, si bien constituye un ejemplo extremo, la mayor parte de las naciones del llamado mundo libre incurre en un grado de endeudamiento público superlativo. Es decir, además de presiones tributarias galopantes y manipulaciones monetarias de diverso espesor, los gobiernos también echan mano  a la deuda para financiar grados crecientes del Leviatán.

Sin perjuicio de reformas monetarias y bancarias de fondo y de reformas tributarias sustanciosas, sobre las cuales nos hemos expedido detalladamente en otras ocasiones, es urgente  contemplar la prohibición de contraer deuda pública externa (la interna estatal tiene otros significados) al  efecto de no permitir que “se patee la pelota para afuera” comprometiendo recursos más allá de los ingresos presentes.

Muchas veces se ha advertido  acerca de la monumental crisis de la deuda que se avecina en el planeta, la cual es empujada en grado sumo por instituciones gubernamentales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) que financia gobiernos fallidos con dólares sustraídos compulsivamente de los contribuyentes de diversos países. Es por eso que, entre otros, destacados autores como Anna Schwartz (coautora con Milton Friedman  de la célebre historia monetaria de Estados Unidos) y Peter Bauer (London School of Economics) han sugerido el  cierre inmediato de esa entidad internacional.

Pero tal vez el libro más ilustrativo en la materia sea el que lleva el sugestivo título en el que se resume la tesis: “Cuando la  ayuda es el problema”por Dambisa Moyo, africana y doctora en Economía por la Universidad de Oxford. En la misma línea argumental, es de gran interés el detenido estudio de la obra de Melvyn Krauss, titulada “Development without Aid”.

En resumen y para no tratar varios temas simultáneamente, es menester centrar la atención en los estragos de la deuda que, como queda dicho, no solo compromete patrimonios de personas que no pueden expresarse sino que abre las compuertas para que gobernantes desbocados puedan vivir a cuenta del futuro.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La nueva agenda del Mercosur, como incentivo a las reformas estructurales

Por Pablo Guido. Publicado el 13/4/21 en: http://nuevasgeneraciones.com.ar/sitio/wp-content/uploads/publicaciones/realidad/Revista-Realidad-42.pdf?11Abril2021


¿Qué sucedió en la reunión de los presidentes de los países
miembros del Mercosur en conmemoración de los 30 años
del bloque? El presidente uruguayo planteó la necesidad de
“flexibilizar” el arancel externo común (reducirlo) y la
posibilidad que cada país miembro pueda negociar acuerdos
comerciales de manera individual. Uruguay, Paraguay y
Brasil observan, con total razón, que los beneficios de
continuar con la estrategia de integración al mundo vía el
Mercosur, tal como hoy está diseñado, han sido muy pobres
en términos de crecimiento, empleo, inversiones y comercio.
Si bien todos los países del Mercosur comercian con el resto
del mundo, nuestros vecinos quieren sacarse el “lastre” que
les impone el diseño de aquel para avanzar en acuerdos de
libre comercio de manera mas rápida y dinámica. Una
posibilidad podría ser cambiar el diseño a uno más parecido
al NAFTA, donde EEUU, Canadá o México pueden
soberanamente negociar con otros países de manera
independiente.
¿Por qué el presidente Fernández, en aquella reunión de
hace unos días, se manifestó en desacuerdo con este
“restyling” del Mercosur? Si bien sus modos y formas fueron
impropios de un presidente, la negativa a realizar un
cambio del Mercosur es entendible y hasta razonable: la
economía argentina, dado el “modelo” económico que hoy
rige en el país, no podría jugar en las ligas mayores del
mundo. En otras palabras, el sector privado argentino, en
términos generales, no está “entrenado” ni tiene el “músculo”
para ir a competir con los sectores privados del resto del
planeta.
Los 170 impuestos existentes, las decenas de miles de
regulaciones que le ponen barreras diarias a la producción,
la inflación exorbitante crónica, la falta de ahorro y
financiamiento, los controles de precios en todos los
mercados de bienes y servicios, el cepo cambiario y un largo
etcétera le genera a las empresas residentes en Argentina un
sobrecosto que no les permite competir con sus pares
mundiales. La economía argentina tal como la conocemos,
con excepciones en ciertas empresas y sectores, no puede
competir globalmente. Exportamos tan solo 65 mil millones
de dólares, unos 120 dólares per cápita por mes. Esa es la
evidencia indiscutible del peso del “costo argentino”.
Si el Mercosur se rediseñara, decidiendo una fuerte
reducción de las barreras arancelarias y no arancelarias que
tiene hoy, la dirigencia de nuestro país (política, sindical y
empresarial) debería enfrentar la disyuntiva de encarar un
conjunto extenso de reformas estructurales para reducir el
“costo argentino” o salirse del bloque regional aislándose
más en materia comercial. Quizás esta nueva agenda del
Mercosur que planteó el presidente de Uruguay, apoyado por
Brasil y Paraguay, sea una oportunidad para que nuestra
dirigencia “conservadora” se despabile.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad. Es jefe de Asesores Bloque PRO en la legislatura de Neuquén. Es director de Nuevas Generaciones, delegación Neuquén. Sigue a @pguido53

¿Por qué continúan empobreciéndose los argentinos, aún aquellos que tienen trabajo?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/4/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/04/12/por-que-continuan-empobreciendose-los-argentinos-aun-aquellos-que-tienen-trabajo/

Si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará

Si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará

La Argentina tuvo una fuerte recuperación económica desde mediados de 2020. No solamente porque a cada vez más empresas y gente la dejaron volver a trabajar, sino porque el escenario mundial se volvió sumamente favorable para el país. Los bancos centrales de los países desarrollados emitieron muchísimo para tratar de sostener sus economías ante el impacto negativo de la pandemia. Sin embargo, esto implicó que sus monedas se depreciaran, al igual que sucede en Argentina cuando nuestro Banco Central (BCRA) le da a la “maquinita”. Pero, con mucho menos pérdida de valor de sus monedas; porque son confiables y sus ciudadanos las demandan, mientras al peso nadie lo quiere. En definitiva, la caída del poder adquisitivo del dólar se reflejó en una suba de los bienes exportables, que se miden contra esa moneda, en particular en el valor de los productos argentinos. También, la abundancia de liquidez mundial ayudó a financiar el incremento de la demanda internacional. Todo esto implicó un aumento de los montos exportados, más allá de que estamos lejos de alcanzar las cantidades vendidas al exterior de 2019; aunque hubo alguna recuperación con respecto a 2020. Además, tanto financiamiento disponible en los mercados llevó a ínfimos rendimientos en los países seguros y a los inversores a buscar incrementar sus ganancias asumiendo más riesgo en países emergentes que pagan más. Sin duda, no están viniendo a la Argentina, ya que es un país del que los capitales se fugan; pero si desincentiva la salida de ahorros e inversiones, mermando el desfinanciamiento de nuestra economía. Así que la recuperación ha sido particularmente fuerte, pero los argentinos continúan empobreciéndose.

Es cierto que los datos de empleo dejan ver que la reactivación vino acompañada de una mayor cantidad de argentinos trabajando. Sin embargo, la mayoría lo volvió a hacer con menores ingresos, en actividades de menor productividad o más precarias, informales o de tiempo parcial. Esto no debería extrañarnos, ¿quién va a invertir y generar empleo productivo cuando el gobierno continuamente toma decisiones en contra de los productores haciéndolos perder plata? Además, imaginémonos un empresario que ve que su demanda aumenta con la reactivación y podría tomar un trabajador más. Difícilmente lo hará cuando sabe que las mejoras siempre fueron seguidas de nuevas crisis y está prohibido despedir o, de última, tendrá que pagar doble indemnización por echar a quien contrató, si algo sale mal.

Por otro lado, el Índice de Pobreza de los Trabajadores ha estado mostrando una desmejora hasta principios de este año. Este indicador se basa en el índice de salarios y la Canasta Básica Total que realiza el Indec y lo que refleja es cuánto más cerca o lejos están los trabajadores de ser pobres. O sea, en Argentina, aún aquellos que tienen la suerte de tener un trabajo se han estado acercando a la línea de la pobreza con sus ingresos y cada vez son más los que caen por debajo de ella. Esto no es raro, en 2020, el BCRA estuvo emitiendo a tasas que llegaron a superar el 90% interanual, para financiar al gobierno. Todos sabemos que lo que produce son papelitos pintados que no valen casi nada; por lo que para transferirle capacidad de gasto al Estado se la saca a los tenedores de moneda local, emitiendo y haciendo bajar su poder adquisitivo. Así el gobierno puede aumentar sus erogaciones cobrándonos el impuesto inflacionario y empobreciéndonos a los argentinos. Pues, la pérdida de valor del peso que gestaron el año pasado, todavía está reflejándose en los precios de los bienes y servicios. Es lo que justifica que la inflación acumulada del último trimestre de 2020 haya superado el 11% y, la del primer trimestre de este año, rondara el 12%.

El perseverante empobrecimiento de los trabajadores que muestra este indicador es en sí una mala noticia; pero no la peor de ellas. Hace décadas que son coyunturales las mejoras en el nivel de bienestar de los argentinos cada vez que se sale de las crisis o se recibe el beneficio de excepcionales escenarios internacionales favorables; pero luego se desvanecen cuando las condiciones externas se normalizan. La realidad es que la tendencia de largo plazo es al empobrecimiento; porque para poder mejorar las posibilidades de progreso de los trabajadores hay que incentivar la inversión que permite el crecimiento de la producción y la productividad en el largo plazo. La Argentina ha sido un fracaso en ese sentido; pero ha tenido gran éxito “combatiendo al capital”.

¿Quién va a querer producir en una Argentina que se encuentra entre los países del mundo que más exprimen con impuestos a sus empresas y siguen incrementándoles la presión tributaria? O, cuando la legislación laboral y los gravámenes al trabajo hacen más conveniente usar capital más caro y escaso para sustituir empleo, habiendo alta desocupación. O cuando existen más de 67.000 regulaciones que asfixian a los que intentan hacer negocios, en particular a las Pymes.

Es posible que la recuperación de la economía continúe; mientras la “segunda ola” de la pandemia no golpee demasiado fuerte, fruto de la mala gestión que se hizo de la misma. Sin embargo, en la medida que no se resuelvan todos los graves problemas que aquejan al país, algunos de los cuales comentamos en el párrafo anterior, no se habrá salido de la crisis de credibilidad preexistente al COVID-19. Nadie cree que la Argentina tenga capacidad de tener un crecimiento importante y sostenido o la capacidad de recrear su credibilidad, por ende, su crédito. Por ello vemos que los que compran y venden los bonos entregados en el canje de 2020 lo hacen a precios que señalan que creen que el país volverá a reestructurarlo en el mediano plazo.

Lamentablemente, si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

Un tipo de cambio irreal empuja a aplicar limitaciones a importar, que terminarían asfixiando a la economía

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 6/4/21 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__189

Desde hacen algunos meses encontramos advertencias sobre las dificultades que los importadores perciben al momento de ingresar productos, o incluso, en ciertos casos, de insumos estratégicos para ciertas industrias. A lo largo de 2020 el porcentaje de aprobación de las licencias de importación cayó a la mitad o menos desde cerca del 80 % a principios del año, hasta menos del 40 % en los últimos meses. [i] Este tipo de restricciones se agrava en industrias como la automotriz, dada la enorme variedad de piezas diferentes que necesita manejar un fabricante, por la particularidad de las características del diseño de cada modelo. Se dificulta así el despacho, incluso, de los modelos armados localmente, ya que no existe la posibilidad de producir aquí todas las autopartes necesarias. Muchas veces, por tecnología y algunas otras veces, sencillamente por economías de escala.

Diversos sectores productivos, así como dirigentes empresariales y analistas han señalado que la causa principal de esta necesidad de limitar las importaciones responde a la fijación arbitraria del tipo de cambio. Se critica que el mismo se ha establecido a un nivel que se evidencia incompatible con el equilibrio del sector externo. Se ha insistido en que todo nivel de tipo de cambio por debajo del de equilibrio, actuará como un subsidio a las importaciones y como un castigo a las exportaciones. Lo cual, en el tiempo, termina evidenciándose por una demanda de divisas para importar mucho mayor que la oferta de divisas que surge a consecuencia de las importaciones. Sobre este tema nos hemos extendido en alguna entrega anterior. [ii]

El gobierno niega este tipo de restricciones, por razones obvias, por lo irracional que sería el reconocimiento de estas medidas y porque no serían defendibles, desde la perspectiva de una política comercial integrada al mundo.

Pero el problema excede el ámbito de la gran industria manufacturera, ya que se han escuchado quejas en el circuito de ventas al consumidor, en rubros tan disímiles como artículos del hogar, bazar o incluso frutas y alimentos que no se producen localmente.

La situación se agrava cuando los países involucrados tienen fuertes diferencias en su capacidad de negociación con Argentina. Porque podemos llegar a  asistir a situaciones en que se importan bienes de consumo que podrían producirse competitivamente en el ámbito local, pero cuyos potenciales proveedores quedan relegados por la falta de acceso a insumos importados esenciales, tal como se ha denunciado en el caso de las importaciones de fruta desde China.

Cuando a principios del año pasado y sin miras de vivir los problemas asociados con la pandemia, se amplió fuertemente el listado de bienes sujetos a licencias no automáticas, se debió haber alertado que todo manejo discrecional en los resortes del comercio exterior puede dar lugar a la configuración de situaciones arbitrarias, que en los países centrales no se toleran, porque son un campo evidente  para la proliferación de la corrupción administrativa, el favoritismo y la consiguiente inseguridad jurídica para aquellas empresas que no puedan tejer alianzas con el gobierno.[iii]

Por otra parte, asistimos a acalorados debates entre empresarios que comparten su accionar gremial en instituciones de alcance nacional, evidenciándose cuales sectores están más expuestos y cuales pueden resultar beneficiados por la falta de competencia y el incremento de su participación en un mercado en donde la competencia extranjera es recortada por estas vías administrativas.[iv]

Por otra parte, como muy bien saben quienes estan familiarizados con el comercio exterior y con las reglas que rigen las relaciones internacionales, la implementación de restricciones administrativas, muchas veces sin el requisito esencial de todo acto administrativo, como lo es la resolución fundada, lleva a que los conflictos se judicialicen y a que las empresas duden de la verdadera vocación de crecimiento que el gobierno alega tener.[v]

En ese sentido, hay una gran preocupación por la inseguridad jurídica que implica cuestionar las decisiones administrativas en sede judicial. Aunque hay un consenso elevado en que las restricciones son, no solo ilegales, sino que afectan derechos fundamentales y contradicen a los tratados internacionales en materia comercial. [vi]

En algunos sectores hay preocupación porque las dificultades para hacerse de divisas, que los mismos sectores generan, lleva a algunos importadores a tener que pagar las divisas a precios más altos. Se ven obligados a pagar insumos al tipo de cambio de mercado, mientras se les liquidan sus exportaciones a un tipo de cambio ficticio que se ubica al 60 % del precio real. De este modo, el diferencial de tipo de cambio funciona como un subsidio irritante en favor de los sectores o concretamente, de las empresas que logran hacerse de las divisas en una negociación que, al no ser transparente, opera con volúmenes y precios digitados por el capricho de un funcionario. [vii]

Este encarecimiento de los procesos de producción, que es más grave en aquellos que implican alta tecnología, como es el caso de la industria agroalimentaria y de la industria energética, termina impactando en la caída de los volúmenes de producción. A consecuencia de lo cual, se puede esperar que las exportaciones agro industriales disminuyan su aporte de divisas y que las necesidades de energía no se puedan cubrir con la producción doméstica y volvamos a caer en el ridículo de tener que importar gas, siendo uno de los países que cuenta con mayores reservas de ese hidrocarburo, con el agregado del costo de re gasificar el fluido importado, lo cual implica otra pérdida de eficiencia notable.[viii]

Afortunadamente, los planteos jurídicos de los empresarios afectados, están prosperando. Se reconoce que constituye un avasallamiento de su derecho al libre comercio, y la violación de su derecho de disponer de su propiedad, de la forma que mejor les reditúe. Asimismo se enfatiza en la falta de cumplimiento de la obligación del estado de fundar debidamente toda negativa a dar cursoa a trámites legítimos. Recientemente, estos reclamos han tenido algunas resoluciones claramente favorables, que hacen pensar que estas maniobras claramente arbitrarias, que persiguen objetivos diferentes a los enunciados, no van a poder mantenerse en el tiempo.[ix]

Resulta evidente que someter al comercio exterior a las restricciones que surgen de pretender mantener un tipo de cambio irreal, no solo no es sostenible en el largo plazo. Sino que genera distorsiones de precios relativos, inseguridad jurídica, imposibilidad de planificar la producción y la integración de las cadenas de valor más complejas. Y terminará generando graves crisis en las industrias más desarrolladas, como lo está exhibiendo la industria automotriz.[x]

Pero es muy importante asumir lo antes posible, que otras actividades con menor capacidad de hacer llegar sus reclamos al gobierno, están sufriendo idénticos problemas, por la misma causa. El exceso de gasto fiscal, en el marco de una economía que no puede crecer por la agobiante carga de reglamentaciones estatistas, genera un nivel de ingresos fiscales que no pueden cubrir las erogaciones del sector público. Y apelar a la emisión monetaria para su financiamiento es suicida. Porque la pérdida del poder adquisitivo de la moneda local, si no es reconocida y pretende ser ocultada detrás de un tipo de cambio caprichoso y deprimido, destruye toda posibilidad de coordinar los factores de producción que deben integrar cadenas de valor de altísima complejidad. Con márgenes muy reducidos, por la presión de importaciones subsidiadas, causadas precisamente por esa apreciación exagerada de nuestra moneda.


[i] https://www.mendozapost.com/economia/empresarios-denuncian-una-fuerte-restriccion-de-las-importaciones/

[ii] https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_20exportar_20n_c2_ba_20184/s/11332840

[iii] https://www.lanacion.com.ar/economia/temor-en-las-empresas-por-demoras-de-importaciones-y-los-nuevos-pedidos-oficiales-nid2324036/

[iv] https://www.cronista.com/economia-politica/cruces-en-la-uia-por-las-restricciones-a-las-importaciones/

[v] https://www.lanacion.com.ar/economia/importaciones-molestia-ardides-trabas-oficiales-cuidar-dolares-nid2494718/

[vi] https://www.cronista.com/economia-politica/aceleran-los-pedidos-de-amparo-para-liberar-importaciones-y-el-gobierno-advierte-sobre-el-forum-shopping/

[vii] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/mas-costos-y-menos-inversion-el-campo-ya-siente-la-falta-de-dolares/

[viii] https://www.cronista.com/economia-politica/commodities-las-importaciones-de-gas-licuado-costaran-mas-de-us-1000-millones/

[ix] https://www.cronista.com/columnistas/un-fallo-ejemplar-parar-los-importadores-en-materia-de-licencias-no-automaticas/

[x] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/faltan-dolares-para-importaciones-y-el-sector-automotor-sufre-el-ano-pasado-padecieron-un-deficit-de-us-4000-m/

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

Lacalle Pou quiere jugar en la Champions League y Alberto Fernández un solteros contra casados

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/3/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/28/lacalle-pou-quiere-jugar-en-la-champion-league-y-alberto-fernandez-un-solteros-contra-casados/?outputType=amp-type&__twitter_impression=true

La única manera que tiene Argentina de salir de esta larga decadencia y atraer inversiones para crear puestos de trabajo es, justamente, integrándose al mundo como está pensando el presidente de Uruguay

Fernández y Lacalle PouFernández y Lacalle Pou

El cruce entre el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou y el presidente argentino, Alberto Fernández, acerca del Mercosur, mostró un debate entre un presidente con visión de estadista, el uruguayo, y un presidente que parece salido de la película Bananas de Woody Allen.

¿Qué están viendo uno y otro? El presidente uruguayo sabe que el potencial para crecer en el largo plazo es integrarse al mundo para atraer inversiones que permitan aumentar las exportaciones. El mercado interno uruguayo es demasiado chico como para generar un gran flujo de inversiones que lo abastezca.

El presidente de Argentina cree que con el modelo de sustitución de importaciones, de espaldas al mundo y estimulando el consumo interno (no se sabe cómo), va a conseguir un diluvio de inversiones que generará un crecimiento superior a las tasas chinas. Cree que van a llover las inversiones para abastecer el consumo interno de un país que tiene 40% de pobres, 10% de indigentes y el resto agonizando económicamente.

Lacalle Pou, como buen estadista, advierte que no se puede desaprovechar una oportunidad como la que ofrece el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE. Quiere que su país pueda jugar en la Champion League y Alberto Fernández parece conformarse con armar un partido de solteros contra casados.

Es que ese acuerdo implica poder acceder, casi de inmediato, a un mercado de 448 millones de consumidores con un ingreso per capita de USD 39.000 por año. Es eso lo que está viendo Lacalle Pou, en tanto Fernández está enamorado de la feria del barrio.

La única manera que tiene Argentina de salir de esta larga decadencia y atraer inversiones para crear puestos de trabajo es, justamente, integrándose al mundo como está pensando el presidente de Uruguay.

El ejemplo más contundente lo tenemos en Irlanda. Un país que era pobre y decidió integrarse al mundo a fines de la década del 80. Eso le exigió hacer una serie de reformas estructurales que hoy le permiten exportar USD 400.000 millones al año.

Argentina e IrlandaArgentina e Irlanda

El gráfico de arriba muestra la evolución de las exportaciones argentinas y de Irlanda hasta 2017 en base a datos del Banco Mundial. Son exportaciones de bienes y servicios. A principios de siglo Argentina mejoró algo sus exportaciones gracias al precio de las commodities, pero claramente están languideciendo. En cambio Irlanda, que vio al mundo como una oportunidad, exporta USD 400.000 millones. La mitad en industria farmacéutica, aviones, helicópteros, equipamiento de diagnóstico médico y otros bienes más. La otra mitad es industria del conocimiento. Servicios informáticos, financieros, seguro, servicios empresariales, etc.

En cambio nosotros seguimos exportando soja… si llueve.

El resultado es que hoy Irlanda tiene un ingreso per capita de USD 70.000 anuales y nosotros estamos en USD 8.000 per capita. Es la diferencia entre ponerse en condiciones para jugar en la Champion League e ir a jugar un sábado el partido de solteros contra casados y encima volver desgarrados.

Todos los países que lograron salir de la decadencia y de la pobreza y tener hoy ingresos per capita superiores a los de Argentina, lo consiguieron integrándose al mundo.

Chile, otro país que hizo sus reformas económicas y se integró al mundo bajando aranceles y haciendo tratados de libre comercio, pasó de exportar la mitad de lo que exportaba Argentina en 1976 a exportar más que Argentina a partir de 2017. En dólares corrientes, Argentina aumentó sus exportaciones 17 veces y Chile 33 veces. Perú, otro país que decidió incorporarse al mundo, aumentó sus exportaciones 26 veces entre 1977 y 2019 y nosotros 12 veces.

El presidente Fernández cree que Argentina sigue siendo una potencia latinoamericana y puede patotear al mundo. La realidad es que quedamos licuados en importancia. De tener un PBI que representaba el 26% del PBI de toda la región, ahora representa el 10% y en descenso.El PBI del país comparado con el de la regiónEl PBI del país comparado con el de la región

A partir del momento que dejamos de aplicar políticas de corte liberal integrándonos al mundo y empezamos a abrazar el estatismo, la cultura de la dádiva y el vivir con lo nuestro, fuimos perdiendo importancia para el mundo y para la región.

En síntesis, Fernández cree que Argentina sigue teniendo peso en América Latina. Se equivoca, ya no somos importantes ni en la cuadra del barrio.

Nuestros vecinos quieren progresar, darle mayor bienestar a su población, mejor nivel de vida, mientras que acá se conforman con seguir repartiendo planes sociales y empleo público para tener clientelismo político.

Unos trabajan para hacer progresar a su pueblo y otros para su negocio chico de la política.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El sofisma de los dólares genuinos

Por Iván Carrino. Publicado el 18/3/21 en : https://www.infobae.com/opinion/2021/03/18/el-sofisma-de-los-dolares-genuinos/

Es falso que los únicas divisas para crecer sean los de las exportaciones. Los países que generan confianza atraen inversiones extranjeras y ahorro del resto del mundo

El ministro de Economía, Martín Guzmán (EFE/Juan Mabromata/Archivo)

El ministro de Economía, Martín Guzmán (EFE/Juan Mabromata/Archivo)

El problema de Argentina es la falta de dólares. La condición necesaria para crecer es poder exportar más. Sin los dólares genuinos de las exportaciones, no podremos crecer de forma sostenida.

Las anteriores afirmaciones forman parte de cierto consenso entre economistas argentinos. Estos profesionales comparten la idea (a nuestro juicio errónea) de que el problema del país es la falta de divisascomo si en economía hubiese bienes económicos que no fuesen escasos.

La teoría ha sido recientemente repetida por el Ministro de Economía, Martín Guzmán. En una presentación ofrecida en la Universidad Nacional de Catamarca, el funcionario explicaba que la frecuente inestabilidad de la economía argentina se debía a la incapacidad de generar una buena dinámica exportadora:

“Es necesario que las exportaciones tengan una dinámica de crecimiento consistente con el crecimiento del mercado interno (…) Esto es aritmética pura, cuando la economía crece, las importaciones crecen, la demanda de divisas crece (…) Así que cuando crecemos, si queremos poder financiar el crecimiento, necesitamos poder financiar las importaciones, y eso requiere de divisas. Y para tener divisas, la forma genuina de generarlas es con el crecimiento de las exportaciones”.

Conceptos similares vertió en su última aparición en una entrevista televisiva.

¿Qué está diciendo Guzmán?

Básicamente que tener déficits comerciales no es sostenible en el tiempo. Es decir, que para que la economía crezca de forma sostenible –sin crisis ni recesiones–, hay que evitar los déficits de la cuenta corriente del balance de pagos. Es decir: tener un exceso de exportaciones que haga que ingresen, de forma neta, divisas al país.

Esta idea de que los dólares genuinos son solamente los que vienen de las exportaciones no es cierta. Tampoco lo es que los déficits en cuenta corriente (es decir, exportaciones menores que las importaciones) sean un impedimento para el crecimiento sostenible.En los últimos 25 años desde 1995 hasta 2019, Chile tuvo un déficit de la cuenta corriente en 18, mientras que Perú en 21

En un artículo publicado del año 2016, el economista experto en comercio internacional, Daniel Ikenson, explicaba que desde el año 1975 la economía de los Estados Unidos había tenido déficits de la cuenta corriente en forma sistemática, pero que eso no había significado ninguna traba para el crecimiento:

“Durante los últimos 41 años de déficits comerciales consecutivos, el tamaño de la economía estadounidense se triplicó en términos reales, el valor agregado de la industria manufacturera se cuadruplicó, y el número de empleos en la economía casi se duplicó, sobrepasando el ritmo al que creció la población activa”.

Claro que frente a esta realidad se podría argumentar que el problema de la falta de dólares no aplica a los Estados Unidos puesto que dicho país no es ni más ni menos que el emisor de la moneda de la discordia.

Ahora bien, si esto fuera así, los desequilibrios de la cuenta corriente sí deberían ser un problema para la sostenibilidad del crecimiento en países latinoamericanos además de Argentina. Al fin y al cabo, ellos tampoco imprimen dólares, y también tienden a importar más a medida que sus economías crecen.

Chile y Perú

La realidad es que esto tampoco ocurre allí. En los últimos 25 años desde 1995 hasta 2019, Chile tuvo un déficit de la cuenta corriente en 18, mientras que Perú en 21. Es decir que, en 18 y 21 años sobre un total de 25, estos dos países recibieron menos “dólares genuinos” de los que entregaron al mundo para pagar importaciones.

¿Y cómo les fue a sus economías? ¡Muy bien!

Desde 1995 Perú tuvo solo un año de recesión. Así como se lee, solamente en 1998 en Perú el PBI cayó durante el extenso período que va desde 1995 a 2019. En Chile esto ocurrió solamente en dos oportunidades, en 1999 y en 2009.

Si nos enfocamos en la evolución de su PBI per cápita en dólares constantes, en dicho período Perú y Chile lo multiplicaron por dos (+109% y +95%), mientras que en Argentina éste solo creció 27%.

Ahora bien, ¿cómo se explica que, frente a la falta de “dólares genuinos”, economías que no emiten dólares puedan financiar su crecimiento sin tener crisis económicas como las que ha vivido la Argentina?

La respuesta es sencilla: es falso que los únicos dólares genuinos para crecer sean los de las exportaciones. Los países que generan confianza atraen inversiones extranjeras y ahorro del resto del mundo, que son divisas que se pueden usar perfectamente para financiar décadas de crecimiento.

Y esto es lo que ha pasado en Perú, Chile y otros países alrededor del mundo. Es que, como explica Douglas Irwinlos desequilibrios comerciales dependen del flujo de capitales, y mientras los gobiernos generen las condiciones de confianza necesaria para atraer esos flujos, entonces perfectamente llegarán divisas al país para financiar el rojo de la cuenta comercial.

Bajando el ejemplo al caso de una empresa, ésta puede sostener el aumento de la producción no solo en base a sus ingresos por ventas, sino producto del crédito que reciba de los bancos o las inyecciones de capital que hagan sus accionistas. Esto ocurre nada menos que en el caso de Tesla, que hace años avanza en su producción financiándose de esta forma.

Para cerrar, la teoría que maneja el Gobierno no es válida. No es condición necesaria para crecer exportar más. Sí lo es que el gobierno genere un marco de condiciones que generen inversión y crédito de largo plazo. Y para eso hay que pagar las deudas, bajar la inflación, y dotar de mayor libertad al sector productivo de la economía.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Las embajadas del diablo: los Estados

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 16/03/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/03/16/las-embajadas-del-diablo-los-estados/

Estados Unidos: la escultura del diablo que develaron en Detroit - BBC News  Mundo

El Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (Sipri) acaba de publicar su informe sobre el comercio mundial de armas. Por primera vez desde 2005, en los últimos cinco años (2016-2020) se compró menos armamento que en el lustro precedente (-0,5%), por algo más de 95.000 millones de dólares al año. La caída de las exportaciones rusas y chinas contrasta con el aumento de las ventas de EE.UU., Francia y Alemania.

                 EE.UU. elevó sus ventas un 15% y se consolida como el principal exportador global con el 37% del total, Rusia 20%, Francia 8%, Alemania casi lo mismo que China un 5,5% y Gran Bretaña 3% lo mismo que España. Arabia Saudí, gobernada por una violenta tiranía oscurantista, se afianzó como el primer importador global, al elevar sus adquisiciones un 61%. En tanto que Qatar multiplicó casi por cinco sus compras de material militar.

                  Por caso, los roces de Turquía con Grecia y Egipto por los hidrocarburos en el Mediterráneo han provocado que Atenas y El Cairo refuercen su capacidad naval. El régimen egipcio, tercer receptor mundial, compró un 136% más de armamento que en los cinco años anteriores. Y, por cierto, hay muchas dudas sobre la transparencia en el manejo de los fondos, por no decir que resulta obvia la corrupción que suele acompañar al tráfico de armas.

                  Los mayores importadores son Arabia Saudí con el 11% del total global, India 10%, Egipto 6% y Australia 5% al igual que China. Por otro lado, el gobierno británico decidió ampliar su arsenal de armas nucleares por primera vez desde la caída de la URSS y elevará el arsenal de ojivas de 180 a 260, un aumento de casi 45%, citando a Rusia, y en menor medida a China, como las principales amenazas.  

                  En fin, si algo queda claro de este informe es que los compradores de armas son los Estados, los “ilegales” -por fuera del Estado- ni siquiera son tomados en las estadísticas ya que son completamente marginales. Otra cosa que queda muy clara es que las razones “defensivas” son, precisamente, a partir de las imposiciones estatales. Por caso, la defensa de las fronteras y límites impuestos por los políticos, ya que los ciudadanos comunes no tienen problema en cruzar las líneas divisorias diseñadas por los burócratas para comerciar o simplemente visitar amigos y lugares.

                     Por supuesto que la excusa de los Estados “pacíficos” es que quieren las armas para “disuadir” cualquier ataque. Mas allá de que la defensa es algo arbitrario, ya que todos los atacantes dicen defenderse de algo, si las armas fueran disuasivas no existiría el terrorismo, que tiene una capacidad militar muy inferior, ni a la guerra de Vietnam la hubieran ganado los guerrilleros.

                     La verdad inconfesable de todo esto es que los Estados son el monopolio de la violencia, son la violencia, con la que imponen desde sus fronteras, y pasando por la necesaria exigencia coactiva de tributos sin la cual no podrían existir, hasta “leyes” de todo tipo que, precisamente, son imposiciones coactivas en contraposición con las leyes de la naturaleza como la de la gravedad o la necesidad de un hombre y una mujer para la procreación.

                Corolario: sería utópico pensar que los Estados puedan desaparecer, pero si queremos menos armas y más producción para la vida, si queremos paz, debemos trabajar para que se vayan achicando, para que representen cada vez menos a la violencia y sus imposiciones coactivas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La Convertibilidad no fue control de precios

Por Iván Carrino. Publicado el 15/2/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-convertibilidad-no-fue-control-de-precios/

Ha fallecido el expresidente Carlos Saúl Menem. Elegido en 1989, gobernó Argentina hasta su derrota 1999 y luego intentó volver a la presidencia, pero se bajó del ballotage en el año 2003, dando lugar a la asunción de Néstor Carlos Kirchner.

En materia económica, Menem -y su Ministro de Economía, Domingo Cavallo- será recordado por haber pulverizado la inflación. Durante su gestión hubo 8 años consecutivos de inflaciones anuales inferiores al 5%, algo inédito en la historia del país desde la década del ’40. Interesante es que esto se consiguió incluso cuando, con un decreto de desregulación, el gobierno eliminó una gran cantidad de entes e institutos destinados a controlar los precios y salarios de la economía.

¿Cómo lo hizo? La respuesta es la Ley de Convertibilidad del Austral de 1991, que fijó el tipo de cambio en 10.000 a 1 y luego sustituyó el austral por el peso argentino a una tasa de 10.000 a 1, con lo que Argentina adquirió una moneda nacional donde $ 1 era equivalente a USD 1.

Desde una perspectiva liberal, suele argumentarse que esta medida -que como decíamos, eliminó la inflación- se trató de algo contrario al liberalismo, puesto que consistió en fijar un precio de la economía. Y, dado que los liberales consideramos que los precios deben ser libres, esta medida no fue liberal. El problema es que esta afirmación no es del todo correcta.

Es que lo que impuso por ley la ley de convertibilidad no fue un “precio máximo” -a lo que los liberales nos oponemos-, sino un límite al poder gubernamental para emitir dinero -algo que los liberales deseamos.

En concreto, impuso una regla monetaria por la cual el único motivo por el cual el Banco Central podía emitir nuevos pesos era si ingresaban en las reservas del BCRA nuevos dólares. Esta relación tenía que ser, obviamente, de 1 a 1.

De esta forma, la convertibilidad fue un esquema similar al Patrón Oro, solo que en este caso deberíamos hablar de un Patrón Dólar. Y como explica George Selgin para el oro:

“Igualmente errónea es la afirmación de que el Patrón Oro es como un control de precios. Aunque el reclamo tiene cierto mérito en el caso de ciertas formas degeneradas de Patrón Oro (…) el verdadero Patrón Oro es uno en el que la convertibilidad del papel moneda en oro se basa en un contrato vinculante que difiere tanto del control de precios como la obligación de un guardarropas de entregar las prendas de vestir una vez que el propietario entrega el ticket que le dieron al entrar en el establecimiento. En un patrón oro genuino, en otras palabras, no tiene sentido hablar del intercambio de obligaciones en papel por oro como “compras” o “ventas” a “precios” fijos”

Para poner un ejemplo más sencillo aún. Si en Argentina hay 1 millón de unidades monetarias y 1 millón de manzanas, una regla monetaria podría ser la de establecer un tipo de cambio fijo entre el peso y la manzana de 1 a 1 y luego imponer la regla de que solo se incrementará la cantidad de pesos cuando aumente la producción de manzanas.

Esto no implica un “precio máximo” para la manzana. Si la manzana se vuelve relativamente escasa respecto de otros bienes, entonces habrá que entregar más bananas, sandías y naranjas por unidad de manzana. En ese contexto, también habrá que entregar más sandías y bananas por cada peso, que estará ganando poder de compra. Pero como se observa, el precio de la manzana podrá subir o bajar libremente, a diferencia de lo que ocurre cuando el gobierno impone un precio máximo para la manzana.

Esto mismo ocurrió con el peso y el dólar en la década del ’90. No se impuso un precio máximo para el dólar. Su relación de intercambio con todos los bienes de la economía podía modificarse libremente. Lo que sí hizo fue establecer un límite a la emisión discrecional de dinero del Banco Central y fue eso lo que eliminó por completo la inflación por un largo período de tiempo.

Para cerrar, otro indicador que muestra que no había control de precios es que no había escasez ni brecha cambiaria. Siempre que se fija un precio de forma arbitraria por ley, o bien aparece la escasez del producto, o bien aparece el mismo producto con otro precio en el mercado negro. Durante la convertibilidad no existió la brecha cambiaria, como sí existió entre 2011 y 2015 y volvió a aparecer a partir de septiembre de 2019, cuando volvieron las restricciones cambiarias, que sí son políticas de precios máximos.

He escrito más sobre la convertibilidad. Pueden encontrar todos mis artículos en este link.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

El capitalismo de amigos es anticapitalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 18/02/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-capitalismo-de-amigos-es-anticapitalismo-nid18022021/

Estamos en plena trifulca respecto del mejor sistema para vivir que atienda de la manera más adecuada las necesidades de todos, muy especialmente la situación de los más vulnerables.

El capitalismo es el sistema que se basa en el respeto recíproco sustentado en la facultad de cada cual de usar y disponer de lo propio, es decir, la institución de la propiedad privada, los mercados abiertos y competitivos y aparatos estatales limitados a proteger y garantizar derechos que son anteriores y superiores a la existencia misma de los gobiernos. Este sistema ha permitido una mejora en el bienestar de las masas nunca antes visto ni soñado por la humanidad. Procesos para incrementar la provisión de alimentos, de medicamentos, de comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas, de vivienda, vestimenta, acondicionamientos de todo orden, ofertas culturales y de confort.

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Esto es lo que se observa en la medida en que los países adoptan marcos institucionales civilizados de apertura de mentes y fronteras, puesto que la única razón de parcelar el globo terráqueo en naciones es para evitar el fenomenal riesgo de concentración de poder en un gobierno universal, pero de allí no se siguen culturas alambradas y siempre empobrecedoras.

Sin embargo, hoy en día observamos un marcado retroceso en el capitalismo hacia nacionalismos y consecuentes xenofobias ancladas en endeudamientos colosales, impuestos insoportables, gastos estatales astronómicos en un contexto de aplastamiento de las libertades con el consecuente empobrecimiento generalizado.

Hoy, la parla convencional alude al “capitalismo de amigos” para referirse a la hedionda cópula entre empresarios prebendarios y el poder de turno a efectos de explotar a sus congéneres vía privilegios y mercados cautivos. En verdad, por lo que dejamos consignado, se trata de un anticapitalismo manifiesto.

El capitalismo frente al anticapitalismo queda ilustrado por los contrastes entre Venezuela y Suiza, Singapur y Uganda, Alemania y Cuba, Corea del Sur y Corea del Norte, y así sucesivamente. No se trata de voluntarismos a través de políticas nefastas como la intromisión de gobernantes en los precios que inexorablemente generan faltantes, las fallidas empresas estatales como fábricas de consumir recursos de los más pobres, incrementos de salarios por decreto como si se pudiera decretar el enriquecimiento y demás sandeces que han probado una y otra vez su estrepitoso fracaso.

Tal vez no sea cuestión de detenerse demasiado en asuntos semánticos, pero en lo personal no me resulta especialmente atractiva la expresión capitalismo aun con el saludable significado que acarrea, por dos razones. Primero, porque fue Marx quien bautizó el sistema –que nunca entendió– con ese término, y en segundo lugar, porque transmite la equivocada noción que alude a lo material, a pesar de que hay autores que lo derivan de caput, a saber, de creatividad, de ingenio. Por eso prefiero el término liberalismo, que apunta a un territorio mucho más amplio que abarca aspectos éticos, filosóficos, jurídicos y no solo económicos.

Pero dejando de lado estas reflexiones de genealogía, es indispensable precisar que el eje central del marxismo consiste en lo que reza la sección 36 del Manifiesto comunista, de 1848, donde Marx y Engels escriben que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Como bien se ha puntualizado, eliminar la propiedad se traduce en la eliminación de los precios, puesto que estos surgen como consecuencia de la transacción de derechos de propiedad. Como hemos ilustrado antes, en ese caso no se sabe si conviene construir caminos con oro o con asfalto, y si alguien sostiene que con el metal aurífero resulta un derroche es porque recordó los precios relativos antes de la abolición de la propiedad. En este contexto, no resultan posibles la contabilidad, la evaluación de proyectos ni el cálculo económico en general. Por eso acertadamente se ha dicho que no hay tal cosa como economía socialista allí donde no puede economizarse.

Sin llegar al extremo de la referida abolición, en la medida en que la estructura política interfiere con los precios los está desdibujando, con lo que se disminuye la posibilidad de operar cuando las únicas señales con que cuenta el mercado están distorsionadas con los siempre presentes desabastecimientos y demás desajustes.

Se asignan derechos de propiedad porque los recursos son limitados frente a necesidades ilimitadas. Es indispensable para darles el mejor uso a los factores de producción disponibles. En esta línea argumental, en un proceso abierto quienes sirven mejor al prójimo obtienen ganancias y quienes no aciertan con las demandas de los demás incurren en quebrantos. Las desigualdades de rentas y patrimonios las establece la gente diariamente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines. Las denominadas redistribuciones de ingresos impuestas por los aparatos estatales van por la fuerza en dirección distinta a la mencionada asignación voluntaria. Los megalómanos no parecen comprender lo anterior y luego se sorprenden cuando aumenta la pobreza.

Afortunadamente, todos somos desiguales desde el punto de vista anatómico, bioquímico y, sobre todo, psicológico. Si fuéramos iguales se derrumbaría la división natural del trabajo y la consecuente cooperación social, ya que, por ejemplo, todos quisiéramos ser arquitectos y no habría médicos, a todos nos gustaría la misma mujer, etc. Además, la vida sería de un tedio insoportable, puesto que conversar con otro sería similar a conversar con el espejo. El aprendizaje vía el fraccionamiento y la dispersión del conocimiento estaría anulado y sustituido por concentración de ignorancia.

En el plano del denominado capitalismo de amigos se sostiene que el empresario debe contar con protección arancelaria para ponerse a tono con los progresos tecnológicos del exterior. Como es sabido, habitualmente en la mayor parte de los proyectos de inversión los primeros períodos arrojan pérdidas conjeturando ganancias en etapas posteriores para más que compensar los quebrantos anteriores. Pues bien, si el empresario no cuenta con los recursos suficientes para hacer frente a esas primeras pérdidas, deberá buscar socios para el financiamiento, pero no pasar compulsivamente el costo sobre los hombros del consumidor local. Y si nadie acepta financiarlo es porque el proyecto es un cuento chino (lo cual suele suceder).

El nacionalismo y el llamado capitalismo de amigos van de la mano. Es lo que hoy cunde en la mayor parte de los países, incluso en aquellos que otrora fueron los baluartes del mundo libre. La pobreza no se resuelve con magias demagógicas, no es un tema de recursos naturales (el continente africano los tiene en grado sumo, mientras que Japón es un cascote en el que es habitable el veinte por ciento). Es un tema de las cejas para arriba, en otras palabras de educación sobre valores y principios de la sociedad abierta.

Mario Vargas Llosa escribe que “en los países subdesarrollados el nacionalismo se predica con más estridencia y tiene más adeptos. Sus defensores parten de un supuesto falaz […] que tales muletillas sean tan huecas como cacofónicas, verdaderos galimatías conceptuales, no es obstáculo para que resulten seductoras a mucha gente, por el airecillo patriótico que parece envolverlas”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Qué es la ideología?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/02/21 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/ideologia.html

Hay tres interpretaciones de la expresión consignada en el título de esta nota periodística. En primer lugar, la definición de diccionario como conjunto de ideas, en segundo término la referencia marxista como falsa conciencia de clase y, por último, la acepción más generalizada cual es una doctrina cerrada, terminada e inexpugnable. Esto último es lo que habitualmente predomina en la parla convencional.

De ahí que un ideólogo es un dogmático. En este sentido escribí una columna hace tiempo titulada “El liberalismo como anti-ideología” al efecto de subrayar que la tradición liberal significa apertura mental a procesos evolutivos, siempre en estado de ebullición atentos a nuevos paradigmas, ya que como bien apunta Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones. Por eso es que en la ciencia no hay tal cosa como verificación sino siempre corroboración provisoria.

Dicho esto irrumpen una seria de entuertos vinculados al vocablo de marras. Por ejemplo, se dice que no deben juzgarse las vacunas contra el Covid por la ideología que predomina en los países donde se producen sino por la efectividad de las mismas. Esto es una verdad de Perogrullo pero también es menester tener en cuenta que no inspira la misma confianza la producción de un medicamento por parte de Al Capone que si lo recomienda Albert Schweitzer.

Por otra parte, también se insiste que no hay que ideologizar debates políticos sino circunscribirse a atender necesidades lo cual evidentemente no significa desconocer que para resolver problemas se necesitan ideas, valores y principios de lo contrario se procedería a los tumbos. Es peligros actuar a ciegas. Por supuesto que asiste toda razón si lo que se quiere trasmitir es que un  gobernante en funciones no puede ni debe partidizarse puesto que un gobierno republicano es para proteger los derechos de todos los gobernados y no para alimentar un partido, de lo contrario degradaría su misión y lo convertiría en mero sectarismo.

En este contexto es oportuno protegerse de la peste del dogmatismo por eso algunas veces cuando se tratan medidas de política económica se habla de las ortodoxias y las heterodoxias lo cual confunde gravemente la religión con la política. La ortodoxia no es un término adecuado para evaluar decisiones gubernamentales ya que desconoce que la incorporación de algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos siempre se traduce en un peregrinar entre sombras y luces. Esto no significa adherir al contradictorio  relativismo epistemológico que para mostrar algo de coherencia no solo convierte en relativo al relativismo sino que no permite detectar verdades como es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, lo cual conduce inexorablemente a las tinieblas.

Como ha sentenciado Albert Einstein “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. La gran ventaja de la sociedad libre es que permite que cada cual se dedique a su competencia e intercambie voluntariamente con lo que otros hacen mejor. En este plano, el comerciante para mejorar su situación debe atender las demandas de sus congéneres y el que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos, lo cual debe ser claramente diferenciado de los empresarios prebendarios que se alían al poder para explotar a sus semejantes en base al privilegio y la dádiva.

La manía de megalómanos de dirigir vidas y haciendas ajenas, en lugar de permitir la antedicha dispersión y fraccionamiento del conocimiento entre millones de personas, concentra ignorancia con lo que el derrumbe del sistema es seguro y aparecen faltantes de medicamentos, alimentos y demás bienes y servicios. La incomprensión o comprensión de lo dicho es lo que marca las diferencias entre países prósperos y países pobres. Esa es la diferencia entre Singapur y Uganda, entre Alemania y Haití, entre Suiza y Venezuela. Son marcos institucionales que respetan los derechos de todos frente a estatismos que hacen estragos en la población que en lugar de encontrar refugio y protección en los gobernantes, se topan con enemigos que la esquilman.

Las ideas, los valores y los principios de la sociedad libre permiten que afloren energías creadoras adormecidas y aplastadas en regímenes autoritarios. El nacionalismo es el peor de los venenos, especialmente para los más necesitados. La apertura al mundo en el comercio de bienes y servicios es la mayor contribución al progreso.

Mario Vargas Llosa ha escrito con razón que “en los países subdesarrollados, es donde el  nacionalismo cultural se predica con más estridencia y tiene más adeptos. Sus defensores parten de un supuesto falaz […] Luchar por la ´independencia cultural´, emanciparse de la ´dependencia cultural extranjera´ a fin de “desarrollar nuestra propia cultura” son fórmulas habituales en la boca de los llamados progresistas del Tercer Mundo. Que tales muletillas sean tan huecas como cacofónicas, verdaderos galimatías conceptuales, no es obstáculo para que resulten seductoras a mucha gente, por el airecillo patriótico que parece envolverlas.”

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h