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Así comienza uno de los grandes libros del siglo XX: La Acción Humana, de Ludwig von Mises

Por Martín Krause. Publicado el 3/8/18 en: http://bazar.ufm.edu/asi-comienza-uno-los-grandes-libros-del-siglo-xx-la-accion-humana-ludwig-von-mises/

 

Con los alumnos de la materia Ética de la Libertad, leemos el comienzo de una de las grandes obras del siglo XX, de Ludwig von Mises, La Acción Humana, que comienza así:

“La acción humana es conducta consciente; movilizada voluntad transformada en actuación, que pretende alcanzar precisos fines y objetivos; es consciente reacción del ego ante los estímulos y las circunstancias del ambiente; es reflexiva acomodación a aquella disposición del universo que está influyendo en la vida del sujeto. Estas paráfrasis tal vez sirvan para aclarar la primera frase, evitando posibles interpretaciones erróneas; aquella definición, sin embargo, resulta correcta y no parece precisar de aclaraciones ni comentarios.

El proceder consciente y deliberado contrasta con la conducta inconsciente, es decir, con los reflejos o involuntarias reacciones de nuestras células y nervios ante las realidades externas. Suele decirse que la frontera entre la actuación consciente y la inconsciente es imprecisa. Ello, sin embargo, tan sólo resulta cierto en cuanto a que a veces no es fácil decidir si determinado acto es de condición voluntaria o involuntaria. Pero, no obstante, la demarcación entre conciencia e inconsciencia resulta clara, pudiendo ser trazada la raya entre uno y otro mundo de modo tajante. La conducta inconsciente de las células y los órganos fisiológicos es para el «yo» operante un dato más, como otro cualquiera, del mundo exterior que aquél debe tomar en cuenta. El hombre, al actuar, ha de considerar lo que acontece en su propio organismo, al igual que se ve constreñido a ponderar otras realidades, tales como, por ejemplo, las condiciones climatológicas o la actitud de sus semejantes. No cabe, desde luego, negar que la voluntad humana, en ciertos casos, es capaz de dominar las reacciones corporales. Resulta hasta cierto punto posible controlar los impulsos fisiológicos. Puede el hombre, a veces, mediante el ejercicio de su voluntad, superar la enfermedad, compensar la insuficiencia innata o adquirida de su constitución física y domeñar sus movimientos reflejos.

En tanto ello es posible, cabe ampliar el campo de la actuación consciente. Cuando, teniendo capacidad para hacerlo, el sujeto se abstiene de controlar las reacciones involuntarias de sus células y centros nerviosos, tal conducta, desde el punto de vista que ahora nos interesa, ha de estimarse igualmente deliberada. Nuestra ciencia se ocupa de la acción humana, no de los fenómenos psicológicos capaces de ocasionar determinadas actuaciones.

Es ello precisamente lo que distingue y separa la teoría general de la acción humana, o praxeología, de la psicología. Esta última se interesa por aquellos fenómenos internos que provocan o pueden provocar determinadas actuaciones. El objeto de estudio de la praxeología, en cambio, es la acción como tal. Queda así también separada la praxeología del psicoanálisis de lo subconsciente. El psicoanálisis, en definitiva, es psicología y no investiga la acción sino las fuerzas y factores que impulsan al hombre a actuar de una cierta manera. El subconsciente psicoanalítico constituye categoría psicológica, no praxeológica. Que una acción sea f r u t o de clara deliberación o de recuerdos olvidados y deseos reprimidos que desde regiones, por decirlo así, subyacentes influyen en la voluntad, para nada afecta a la naturaleza del acto en cuestión. Tanto el asesino impelido al crimen por subconsciente impulso (el Id), como el neurótico cuya conducta aberrante para el observador superficial carece de sentido, son individuos en acción, los cuales, al igual que el resto de los mortales, persiguen objetivos específicos.

El mérito del psicoanálisis estriba en haber demostrado que la conducta de neuróticos y psicópatas tiene su sentido; que tales individuos, al actuar, no menos que los otros, también aspiran a conseguir determinados fines, aun cuando quienes nos consideramos cuerdos y normales tal vez reputemos sin base el raciocinio determinante de la decisión por aquéllos adoptada y califiquemos de inadecuados los medios escogidos para alcanzar los objetivos en cuestión. El concepto «inconsciente » empleado por la praxeología y el concepto «subconsciente » manejado por el psicoanálisis pertenecen a dos órdenes distintos de raciocinio, a dispares campos de investigación. La praxeología, al igual que otras ramas del saber, debe mucho al psicoanálisis. Por ello es tanto más necesario trazar la raya que separa la una del otro.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La corrupción es inherente a la falta de límites al poder

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 9/8/18 en:  http://economiaparatodos.net/la-corrupcion-es-inherente-a-la-falta-de-limites-al-poder/

 

Los escándalos que últimamente vienen destapándose en América Latina, en general están asociados a gobiernos de izquierda, progresista o populistas, como los de Correa, Lula y los Kirchner, por no hablar del chavismo

Los escándalos de corrupción que últimamente vienen destapándose en América Latina, en general están asociados a gobiernos de izquierda, progresista o populistas, como los de Correa, Lula y los Kirchner, por no hablar del chavismo. No es casualidad que estos tipos de gobiernos sean los más ligados a grandes casos de corrupción. La razón fundamental para que la corrupción florezca en estos tipos de gobiernos tiene que ver con la falta de límites al poder del gobernante o, si se prefiere, al poder que vuelve a tener una dirigencia política que es un retroceso institucional a la época de las monarquías absolutas.

En una conferencia que Hayek dictó en 1976 en el Instituto de Asuntos Públicos, Nueva Gales del Sur, titulada ¿Adónde va la democracia? Afirma: “El advenimiento de la democracia en el siglo pasado (habla del siglo XIX) provocó cambios decisivos en el ámbito de los poderes de gobierno. Durante siglos los esfuerzos habían sido dirigidos hacia la limitación de dichos poderes, y la evolución gradual de las constituciones no había servido a otro propósito que éste”, pero enseguida agrega: “Súbitamente se creyó que la limitación del gobierno por los representantes electos de la mayoría tornaba innecesario el control de los poderes gubernamentales, de modo que podía hacerse caso omiso de las distintas garantías constitucionales desarrolladas con el transcurso del tiempo”.

Puesto en otras palabras, el esfuerzo de limitar el poder surgido de la democracia liberal dio paso a que ignoraran todo tipo de restricción aquellos que tenían una circunstancial mayoría de votos, volviéndose al tipo de gobierno de los días de las monarquías absolutas. La democracia degeneró en una competencia populista en la que el que tiene más votos se siente con derecho a no respetar los límites que debe tener todo gobierno. Basta recordar aquella famosa frase de Cristina Fernández, diciendo: si no les gusta, armen un partido político y ganen las elecciones, para advertir que para ellos el voto da derecho a todo. O sea, para este tipo de gobiernos, los votos dan derecho a ejercer el poder sin límites, lo que Hayek llamó la democracia ilimitada.

El gran crecimiento económico a partir del siglo XIX tiene que ver no tanto con los inventos sino con la mejora en la calidad institucional de los países que adoptaron democracias liberales en que se restringía el poder de los monarcas.

La nueva ola de democracias ilimitadas, en las que el voto de la mayoría es considerado como el pasaporte al poder absoluto del gobierno electo, nos retrotrae institucionalmente y eso impacta en el crecimiento económico. Por eso hay toda una corriente de análisis de la economía y las instituciones en que se analiza el marco institucional de los países para explicar su crecimiento o su decadencia. La decadencia está en los países con gobiernos que no tienen límites en el poder.

La corrupción es consecuencia de esa decadencia institucional. ¿Cuándo hay corrupción? Cuando el gobernante tiene el poder de decidir arbitrariamente ganadores y perdedores dentro de una política económica. Cuando el ingreso de las personas no depende tanto de su capacidad de abastecer a sus semejantes de bienes y servicios de buena calidad, sino de los favores del funcionario público, surgen las razones para “comprar” el favor del funcionario público. Los controles de precios son un ejemplo claro de una de las puertas a la corrupción. Si la vida de mi empresa depende de que un funcionario público firme una autorización para que pueda aumentar los precios de mis productos, enseguida pueden aparecer las coimas para autorizar esos aumentos de precios de los cuales depende la vida de mi empresa. El funcionario pasa a tener el poder de “vender” la supervivencia de un sector o su muerte. Pero en el caso del kirchnerismo, tal vez el negocio de las autorizaciones de aumentos de precios haya sido un kiosco menor. El intervencionismo estatal fue lo más amplio posible para generar muchas fuentes de ingresos.

Hoy todos hablamos de los cuadernos de la obra pública, pero atención que en la época kirchnerista se asignaron U$S 161.000 millones a subsidios económicos, de los cuales U$S 139.000 millones fueron destinados a subsidiar transporte y energía, donde hay sospechas tan grandes de corrupción como en la obra pública. Ni que hablar de los subsidios sociales, tema sobre el que vengo insistiendo que tienen que ser revisados. No puede ser que el kirchnerismo haya dejado un millón de beneficiarios de pensiones por invalidez entre 2003 y 2015 sin que hubiese habido una guerra, un terremoto o un tsunami. Nuevamente, quien tiene el poder de otorgar esos subsidios, los otorga a gente que puede competir en las olimpíadas a cambio del correspondiente peaje.

¿Qué control puede uno esperar de un Congreso que tiene 80 empleados por cada senador y 24 empleados por cada diputado y dónde la biblioteca tiene 1.700 empleados? ¿Esos van a ser los que van a controlar al Ejecutivo?

¿Qué control puede uno esperar de un congreso de la provincia de Buenos Aires en el que se van a gastar $ 6.800 millones este año sin que el ciudadano sepa en qué se gasta ese dinero porque el presupuesto de la provincia de Buenos Aires es un secreto de estado? Y si vamos a niveles municipales el escándalo de los concejos deliberantes es parecido pero en escala menor a los del Congreso de la Nación y de las provincias.

Todo este negocio de la política tiene un costo que hay que mantener y ese costo se transforma en impuestos que deben pagar los sufridos contribuyentes. Pero como además la política se ha transformado en un negocio, hay que conseguir el favor del votante ofreciéndole todo tipo de subsidios y “beneficios” de un estado benefactor que en realidad es una pantalla para esconder la corrupción más descarada que uno pueda imaginar.

No es casualidad que en Argentina hayamos llegado a tener 8 millones de personas que trabajamos en blanco y 20 millones de personas que todos los meses pasan a buscar su cheque por la ventanilla de pagos del estado.

El destrozo económico que genera ese corrupto armado institucional es enorme. Las razones son varias: 1) se dilapidan miles de millones de pesos de los contribuyentes en mantener el aparato del funcionamiento de la  política. Hay que nombrar en cargos públicos a punteros que nunca van a sus puestos de trabajo y se quedan “trabajando” en su provincia para el diputado o senador que los nombró, 2) ¿cómo se bancaba a la militancia de La Campora? Con miles de puestos de trabajo que son retribuciones a la “militancia” que paga el contribuyente, 3) los subsidios económicos dieron lugar a que se manejaran millones de dólares en barcos que traían gas a precios desorbitados y a que se manejaran fortunas en efectivo para subsidiar el transporte público, 4) mantener a miles de piqueteros, “inválidos” y demás beneficiarios de planes sociales tiene un costo fenomenal para el contribuyente.

En definitiva, hay corrupción cuando en, nombre de la solidaridad social y los “precios justos”, los funcionarios públicos tienen poderes propios de la época de las instituciones arbitrarias de los monarcas absolutos. Con el Kirchner llegó a niveles impensados porque armaron toda su carrera política como si fuera una sociedad anónima cuyo objetivo fuera delinquir.

No es casualidad que regalaran millones de jubilaciones a personas que nunca habían aportado, el fútbol para todos, las tarifas de servicios públicos baratas y demás “beneficios sociales”. Entretuvieron a la masa del pueblo con el televisor en cuotas y mientras tanto robaban a cuatro manos.

Pero esto que estamos viviendo hoy con los famosos cuadernos, debería dejar como enseñanza que detrás de toda política populista no solo se esconde una fenomenal ineficiencia económica que tiene como contrapartida impuestos, regulaciones y controles que espantan la inversión y retrasan el nivel de vida del país. Además, es la pantalla perfecta para la corrupción. La ineficiencia económica es doble. Por el lado de la ineficiencia económica y por el lado de lo que se roba detrás de la escenografía de las políticas de solidaridad social.

La lección debería ser no creer que el voto soluciona todo. No es cierto que con la democracia se come, se cura y se educa. Se come, se cura y se educa con calidad institucional. Limitando el poder de los gobernantes Con el voto sin restricciones al gobierno se puede volver al poder las monarquías absolutas y despóticas. Limitar el poder del estado, es decir el grado de discrecionalidad con que los funcionarios declaran ganadores y perdedores de la economía, debe ser reducido a su mínima expresión. Por algo todos estos populistas hablan con desprecio del mercado y se erigen en la reserva moral del país que van a redistribuir con justicia social la riqueza que se genera. Es su manera de conseguir poder político vía los votos para robar y la excusa para establecer regulaciones, subsidios y demás controles que son la puerta para abrir el negocio de la corrupción.

La combinación de la ineficiencia económica que genera el populismo junto con la corrupción que conlleva el populismo, hacen económicamente inviable un país, destruyen la cultura del trabajo y las mafias terminan apoderándose del control del monopolio de la fuerza, llegándose a extremos como es el caso del chavismo en Venezuela.

El origen del mal está en no limitar el poder del estado. Una vez que no se limita al gobierno, la corrupción se enquista en el poder y eso lleva a violar los derechos individuales. Y si hay que matar a un fiscal, se lo mata con tal que la verdad no salga a la luz.

Esperemos que, a partir de estos cuadernos, en la Argentina tengamos un Nuremberg de la corrupción. Tal vez sea un buen punto de partida como base fundacional de una nueva Argentina. O de la Argentina que una vez fuimos hasta que llegó el populismo con su ineficiencia y corrupción.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

SE HA QUEBRADO EL PACTO POLÍTICO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 12/8/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/08/se-ha-quebrado-el-pacto-politico.html

 

El pacto político no tiene nada que ver con las teorías contractualistas, que por lo demás no sé si alguna vez existieron como las presentan sus críticos. Esto es, no creo que nadie haya pretendido decir alguna vez que la sociedad humana es un conjunto de individuos que estaban lo más bien solos, hicieron un curso de Public Choice y luego decidieran unirse para defenderse mejor de algún atacante externo y-o porque decidieran que era la mejor manera de administrar ciertos bienes públicos.

El pacto político tiene que ver con un momento constitucional decisivo, que implica un consenso tácito sobre las obligaciones políticas, la limitación del poder y los derechos individuales que esa constitución va a proteger.

Me parece que el único pacto político realmente tal fue la Constitución de los EEUU. Los demás fueron intentos de imitación, muy buenos, algunos.

El pacto político garantiza la convivencia pacífica entre todos los ciudadanos, precisamente porque ese pacto presupone un horizonte cultural que los hace pre-suponer ciertos derechos en común.

Lo peculiar y extraordinario de los EEUU fue que su gran diversidad cultural pre-suponía que los individuos se reconocían los unos a los otros la libertad religiosa, de asociación y de expresión, que les garantizaba mutuamente su derecho a vivir según su propia conciencia, sin que nadie pudiera imponer sus convicciones a los demás.

Por ello, “……………Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances”.

Ahora bien, los “colectivos” de las ideologías totalitarias impiden el pacto político. Si un grupo de personas se cree representante de “la clase explotada”, o “la nación”, “el pueblo”, “la raza” (versiones diversas de la clase explotada) entonces obviamente NO admitirá en los otros, en los opresores, en los traidores a la patria, en los traidores a la raza o al pueblo, ningún tipo de libertad de expresión. Son los enemigos de un esquema intrínsecamente revolucionario.

Cuando Lenin lleva todo ello a su cruel revolución, al menos es coherente. No pretende imitar a los EEUU por fuera y ser totalitario por dentro.

Pero cuando en una democracia constitucional, gobierno u oposición se creen representantes de esos colectivos, surge una “grieta”, como aquí decimos, inevitable, esto es, se corta la gobernabilidad del sistema, y obviamente desaparecen los derechos individuales a la libertad de expresión y religiosa. Los otros ya no son ciudadanos que piensan diferente bajo el consenso de un mismo pacto político, sino que son los enemigos que hay que destruir. Y ello pasa al lenguaje: las disputas son violentas, son ellos o nosotros, se da el insulto, la manifestación violenta callejera, y el perseguirse mutuamente con un sistema judicial que ha degenerado hacia nuevos “derechos del explotado”: a no ser discriminado, a no ser ofendido, a no padecer el discurso del odio del otro, etc.

Por eso la Argentina no logró nunca un pacto político estable, y especialmente a partir de Perón, donde el antiperonista es el explotador que se opone a los derechos del pueblo. Perdón sabía perfectamente que lo suyo era incompatible con cualquier tipo de república constitucional. Por eso los peronistas más coherentes, por izquierda y por derecha, ven en la Constituciòn de 1853 (un fallido intento de imitar a EEUU, mal por fallido, bien por intento) una estructura “burguesa”, digna de las oligarquías locales adheridas al imperialismo yanqui.

Con esto se entiende bien, espero, que los nuevos colectivos explotados, esto es, las feministas radicales, los gays, los trans y los pueblos originarios contra el hetero-patriarcado capitalista explotador, quiebran el pacto político. Ellos no se consideran a sí mismos (como si lo hizo Martin Luther King) ciudadanos de una república liberal que plantean su derecho a la libertad de expresión, su derecho a la intimidad, su derecho de propiedad y de asociación, como cualquier otro ciudadano. Si esa fuera su lucha, son sencillamente parte del liberalismo clásico. Pero no: ellos creen que los que los demás somos miembros del hetero-patriarcado blanco capitalista explotador. Por ende, ¿por qué reconocernos libertad de expresión? No, debemos ser callados y prohibidos, porque nosotros, con nuestra sola presencia, odiamos y discriminamos violando estos nuevos y singulares “derechos”.

Se ha quebrado el pacto político. Tengamos conciencia de ello. Está pasando en EEUU, cosa especialmente terrible, porque es su origen, pero allí aún hay resistencias para “volver”. Los demás, que nunca “comenzamos”, ¿cómo vamos a explicar lo que sucede? Y los católicos, que aman, en público o en secreto, a Fidel Castro, Franco o Mussolini, ¿qué libertades van a defender cuando estos auto-considerados explotados intenten quitárselas? ¿Por qué van a defender libertades individuales que les son extrañas a su discurso, excepto se conviertan en los herejes del Instituto Acton?

Se ha quebrado el pacto político y por ello vamos muy mal. Lo terrible de la ley del aborto que estuvo a punto de sancionarse no era tanto el tema de la despenalización, sino el avance de una práctica obligatoria para los institutos privados. Lo mismo rige para la educación sexual, y lo mismo se viene ya para el uso de pronombres neutros. Lo que estos nuevos explotados quieren es que respetemos sus supuestos derechos so pena de ir presos. Y que aún demos gracias que no vamos directo hacia nuevas guillotinas.

Si no vemos bien este diagnóstico, los nuevos explotados nos pasarán por encima sin que siquiera sepamos por qué. Que nos pasen por encima, ok. Finalmente, en el mundo de Caín, el que tiene la fuerza es el que avanza. Bajar de un tiro a los que estamos parados sobre la primera enmienda de los EEUU, es morir dignamente como un samurai. Pero que bajen de un tiro a gente parada sobre su odio al liberalismo clásico, es otra cosa. Es matar a quien podría haber sido un aliado, que sólo pide libertad para su propio autoritarismo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Derecho a la seguridad jurídica

Por Gabriel Boragina Publicado el 12/8/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/08/derecho-la-seguridad-juridica.html

 

“Las principales condiciones que se concitan en el concepto de seguridad jurídica podrían englobarse en dos exigencias básicas: Corrección estructural, en cuanto garantía de disposición y formulación regular de las normas e instituciones integradoras de un sistema jurídico; y corrección funcional; que comporta la garantía del cumplimiento del derecho por todos sus destinatarios y regularidad de actuación de los órganos encargados de su aplicación. Se trata de asegurar la realización del derecho mediante la sujeción al bloque de la legalidad por parte de los poderes públicos (principio de legalidad) y también de los ciudadanos.” (Pérez Luño A.)”[1]

Este es un concepto formal, que no nos dice nada del aspecto sustancial o del contenido del orden jurídico. Nótese que estas condiciones podrían cumplirse en cualquier estado totalitario como lo fueron la Alemania nazi, el socialista soviético, o el cubano, donde permanentemente y bajo su régimen jurídico formal se han quebrantado y se siguen violando -en el caso cubano- los derechos más elementales. Los tiranizados en regímenes opresivos también tienen la certeza (seguridad) de que se dictarán normas por parte de los organismos “legalmente” facultados para ello que vulnerarán sus derechos individuales. El mal de nuestro tiempo es la plena identificación que se hace entra la norma y la justicia de la norma, cuando no necesariamente ambas han de coincidir.

Por caso, si la norma no respeta el derecho de propiedad del individuo habrá seguridad jurídica respecto de que ese derecho no será reconocido, o será transgredido por medio de una norma. La ley y el Derecho van por caminos separados. El objetivo de toda sociedad es (o debería serlo) unirlos e integrarlos.

Pero la seguridad jurídica no siempre va de la mano con la seguridad personal, y cuando se disocian hay que elegir entre una o la otra.

Si hay “seguridad jurídica” de que la norma legal infringe o atropellará el derecho individual, entonces no existe seguridad individual, porque la primera se contrapone (y ataca) a la segunda. En tal caso, el orden moral impone la prevalencia de la personal por sobre la jurídica. Si el orden jurídico amenaza la seguridad personal debe primar está por sobre aquel.

La siguiente otra definición de seguridad jurídica tampoco arroja demasiada luz sobre el problema que estamos intentando analizar:

“La seguridad jurídica, en un caso concreto, es un valor de la conducta en su alteridad. La seguridad como valor está presente en situaciones ciertas, firmes, y tranquilas, de modo tal que la certidumbre, la firmeza y la tranquilidad en la conducta certifican su polo positivo.””[2]

Si la primera definición citada es de orden formal, la actual daría la impresión de ser algo más sustancial, ya que alude a la conducta en su alteridad. Pero no aclara a la conducta de quien lo hace, si a la del legislador a la del legislado. Parece que lo más apropiado -a esta altura- es diferenciar estabilidad jurídica de seguridad jurídica, porque el grado de ambigüedad de la primera expresión es muchísimo menor al de la última.

Decimos esto basados en las definiciones que nos da la Real Academia Española:

estabilidad

Del lat. stabilĭtas, -ātis.

  1. f.Cualidad de estable. Estabilidad atmosférica, económica, de un coche.

estable

Del lat. stabĭlis.

  1. adj. Que se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer. Temperatura, economía estable.
  2. adj. Que permanece en un lugar durante mucho tiempo. Inquilino estable.
  3. adj. Que mantiene o recupera el equilibrio. Un coche muy estable.

seguridad jurídica

  1. f. Cualidad del ordenamiento jurídico que implica la certeza de sus normas y, consiguientemente, la previsibilidad de su aplicación.

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Con todo, se nota que estable y seguro son casi sinónimos. Pero el vocablo estable(como surge de las definiciones transcriptas) da un cierto sentido de prolongación en el tiempo, que el término seguridad no denota tan marcadamente. De tal suerte que, algo puede ser seguro y estable, o no estable.

Volviendo a los ejemplos históricos ya dados, en los regímenes nazi-fascistas-comunistas sus normas eran ciertas y previsibles de ser aplicadas. De hecho, lo fueron. Como vemos, cumplen con las condiciones necesarias que definen la seguridad jurídica.

“Si se comprende que los derechos de las personas son consubstanciales a la dignidad del ser humano, no tiene sentido sostener que pueden violarse siempre y cuando otro necesite mucho lo que pertenece a un tercero. De este modo se desmorona el respeto a la propiedad, lo cual constituye el aspecto medular del marco institucional que sirve, precisamente, para maximizar tasas de capitalización que, a su vez, permiten aumentar salarios e ingresos en términos reales. La inseguridad jurídica que se crea con la introducción de figuras como la comentada, constituyen el medio más potente para extender los estados de extrema necesidad y de extrema desesperación.”[3]

El problema real es cuando la doctrina jurídica que campea en los corazones de la gente es la del positivismo jurídico, que considera que el Derecho es idéntico a la ley, y que la ley es exclusivamente todo aquello que emane del organismo legislativo. En el caso, tendremos la seguridad jurídica que el sistema es positivista, lo que -a su turno- nos garantiza que no estaremos viviendo en un marco de estabilidad jurídica. Los “derechos” -en tal encuadre-se limitan a aquellos que el legislador determine que lo son, excluyendo a los que -según su arbitrio- no lo son o no deben serlos. El derecho fundamental es el de propiedad, que implica el derecho al propio cuerpo, del que se deriva el derecho a la libertad para usar y disponer de lo que es propio. En otras palabras, lo que es inherente a la persona misma, y lo que esa persona produce con su trabajo. En la cita, la inseguridadalude a la falta de certeza o estado de duda sobre la legitimidad o no del derecho de propiedad. Es decir, presupone la previa existencia de tal derecho en el ordenamiento jurídico que se analice, y la posibilidad (actual o futura) que el mismo sea disminuido o desaparezca por obra y gracia del legislador.

[1] http://www.dicciobibliografia.com/Diccionario/Definition.asp?Word=DERECHO%20A%20LA%20SEGURIDAD%20JURIDICA

[2] Ver voz “Derecho a la seguridad jurídica” artículo de los Dres. Miguel Herrera Figueroa y Zulema Julia Escobar. Enciclopedia jurídica OMEBA, Tomo 21 letra O, Grupo 5

[3] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág.237

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La tiranía del statu quo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/8/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/La-tirania-del-status-quo-20180802-0081.html

 

 

 Este es el título de uno de los libros del premio Nobel en economía, Milton Friedman. En esa obra el autor subraya lo que bautizó como el “triángulo de hierro” formado, por una parte, entre los políticos que buscan votos otorgando privilegios, por otra los beneficiarios de esas dádivas y finalmente por los burócratas que se aferran a sus puestos alimentados por aquellas demagogias.

 

En la presente nota quiero tomar ese magnífico y muy ilustrativo título para indagar en parte de nuestra situación argentina. Es muy paradójico y realmente curioso que la gente se queja por lo que le sucede pero, al mismo tiempo, no le cabe en la cabeza que se adopten medidas de fondo para justamente revertir los problemas que la aquejan.

 

En otros términos, están envueltas de tal manera en telarañas mentales y se encuentran tan tiranizadas por el statu quo que no pueden concebir salidas distintas a las rutinas en las que están embretadas. Es una especie de  notable jibarización de las neuronas por la que pierden perspectiva. Pretenden corregir lo que les molesta pero al mismo tiempo mantener lo mismo. Una incoherencia superlativa.

 

Ofrezco algunos pocos ejemplos. Se pagan impuestos astronómicos pero, al mismo tiempo, no se acepta la contracción en el gasto público que es la razón por la que se producen las exacciones. Se quiere contar con luz, gas y agua pero no se asume el costo de esos servicios.

 

Se demandan buenas atenciones de las mal llamadas empresas estatales pero no se considera que los incentivos empujen a la eficiencia si se traspasan al sector privado donde hasta la forma de tomar café es radicalmente distinta a cuando el activo es “de todos”.

 

Se insiste en que el Papa no debe inmiscuirse en nuestra política pero se estima que debe continuar el Estado Vaticano establecido en la época de Mussolini a contracorriente de aquello de que “mi reino no es de este mundo” y, en este mismo sentido, se pretende eliminar las corrupciones en el  Banco del Vaticano en lugar de liquidarlo y usar la banca existente.

 

Se exigen puestos de trabajo pero al mismo tiempo se acrecientan regulaciones absurdas que provocan desempleo. Se demanda la oferta de bienes de alta calidad y bajo precio pero  al mismo tiempo se imponen barreras aduaneras para cubrir  a empresarios ineptos. Se pretende finiquitar el flagelo de la inflación, mientras se continúa con las manipulaciones monetarias y cambiarias.

 

Es de especial  relevancia estar alertas cuando los gobernantes dicen que “se ocuparán de los problemas de la gente” porque ahí es donde comienzan los desbarajustes ya que no se percatan que las personas en libertad administran mejor sus vidas y haciendas respecto a lo que hacen los entrometidos megalómanos y arrogantes que todo lo estropean a su paso.

 

Recordemos al historiador decimonónico Acton cuando consignó en correspondencia con el entonces obispo de Inglaterra: “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Reflexiones Sobre la Economía Argentina

Por Nicolás Cachanosky: Publicado el 3/8/18 en https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/08/03/presentacion-reflexiones-sobre-la-economia-argentina-2/

 

El 9 de agosto a las 18:30 junto a Gabriel Zanotti presentamos Reflexiones Sobre la Economía Argentina. Debajo la información del evento.

 

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La suba de la tasa de interés no puede cambiar la caída en la demanda de dinero

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/27/es-una-locura-tratar-de-frenar-este-aluvion-con-mas-tasas/

 

¿Tenemos hoy una caída en la demanda de moneda, un cambio de cartera de inversiones o ambas cosas?

Cuando uno explica moneda, al abordar el tema del poder adquisitivo de la moneda enseña que depende de tres factores:Tasa de interese, BCRA y empresa argentinas

1) la demanda de moneda, 2) la oferta de moneda (la inversa de la demanda) y 3) la productividad de la economía.

El secreto está en entender bien qué es demanda de moneda.

Así como el común de la gente cree que la tasa de interés es el costo del dinero, grosero error conceptual, muchos confunden demanda de dinero con demanda de activos financieros. Incluso algunos economistas hasta llegan a afirmar que si aumenta la tasa de interés crece la demanda por moneda. Esta fenomenal confusión lleva a crear problemas como el del stock de LEBACs que hoy pagan tasas de interés cercanas al 50% anual en el mercado secundario.

Para que quede claro: la moneda, que es una mercadería como cualquier otra, sirve como medio de intercambio. La gente, además de querer poseer bienes, quiere tener dinero (demanda de moneda) para comprar bienes en un momento dado. Obviamente esa demanda de dinero puede ser constante, aumentar o, incluso, tender a disminuir casi a cero cuando se entra en procesos inflacionarios agudos.

Lo que tiene que quedar en claro es que cuando alguien demanda dinero está demandando saldos monetarios no remunerados. Si con su dinero alguien compra un bono o hace un depósito a plazo fijo, no está demandando dinero, está demandando activos financieros ofreciendo dinero a cambio. Entrego pesos a cambio de una LEBAC. Por eso, cuando se aumenta la tasa de interés para “mantener” estable la demanda de moneda se está cometiendo un disparate conceptual. No aumenta la demanda de saldos monetarios, aumenta la demanda de LEBACs y, en todo caso, la oferta de moneda. Ofrezco pesos (cae la demanda de moneda) por LEBACs que es un instrumento financiero.

¿Soluciona el problema de la demanda de dólares la suba de la tasa de interés? En absoluto.

La posterga y la potencia por la tasa de interés que devenga. El punto es que para que haya demanda de instrumentos financieros emitidos por el estado, en el caso de Argentina, la tasa que ofrecen esos instrumentos financieros tiene que ser mayor al aumento del tipo de cambio esperado. ¿Por qué respecto al tipo de cambio? Porque la Argentina no tiene moneda en el sentido que sirve como reserva de valor y unidad de cuenta. La gente ya eligió el dólar como moneda por más que un falso nacionalismo quiera negar tal realidad. Cometen un grave error aquellos que comparan la tasa de interés contra la inflación pasada o esperada. Nadie que invierte en LEBACs u otros instrumentos hace ese cálculo, lo hacen comparando con el tipo de cambio. Si esperan que el tipo de cambio se mantenga estable o suba levemente, venden dólares y compran LEBACs.

Que las LEBACs estén nominadas en pesos no quiere decir que aumentó la demanda de pesos o de moneda. Eso es una burrada conceptual. Aumenta la demanda de un activo financiero. Por lo tanto, cuánto mayor tasas de interés paga el gobierno mayor es la demanda de ese activo financiero, pero mayor el monto de interés devengado que en algún momento el inversor va a realizar. No existe el inversor que devengue indefinidamente una utilidad. Y menos en el mercado financiero. En algún momento realiza la ganancia y cuando la realiza se produce una presión insostenible en el mercado de cambios, no solo porque se produce el efecto puerta 12, sino porque los que van de LEBACs al dólar demandan dólares por el capital invertido más los intereses ganados. Por eso se dice que los que salen primero son los ganadores y los últimos en salir los perdedores del arbitraje.

La pregunta que un economista se hace cuando ve que el estado arma estos arbitrajes, es la siguiente: ¿es consistente la tasa de interés que paga el BCRA con la tasa de rentabilidad promedio de la economía? ¿Puede una empresa cualquiera pagar esas tasas de interés reales sin fundirse? O, si se prefiere, uno puede formularse esta otra pregunta: ¿si el BCRA le paga una tasa de interés real en dólares al inversor del 25% anual, por decir algún número, a quién le presta a esa tasa para luego poder devolver el capital más los intereses devengados? Si encuentra que nadie puede pagar esa tasa de interés real, entonces, puede apostar a que el estado tampoco podrá rendir sus compromisos financieros y en algún momento habrá un problema.

Desde que en 1971 Estados Unidos, bajo la presidencia de Nixon, abandonó el patrón oro, todo el sistema monetario mundial está basado en confianza que la gente tenga en la moneda que emite el Banco Central de cada país.

Desde que fue creado el BCRA en 1935, la tasa de inflación acumulada fue del 1.239% billones. Si alguien tiene noción qué significa esa cifra es más genio que Einstein. No es casualidad que se hayan destruido 5 signos monetarios y hayamos pasado por períodos de inflación, inflación alta, megainflación e hiperinflación. En otras palabras, el argentino no tiene confianza en la moneda que emite el BCRA. No la demanda. Creer que se puede aumentar la demanda de moneda, en este caso el peso, subiendo la tasa de interés es echar más leña al fuego porque puede postergar la huida hacia el dólar por un tiempo, pero en algún momento, no habrá tasa de interés que compense el riesgo de quedarse en LEBACs. Insisto, un verdadero disparate confundir demanda de instrumentos financieros con demanda de moneda. Si hay confianza la gente demanda una determinada cantidad de moneda para intercambiarla por bienes en un momento determinado y no necesita de tasas de interés siderales para demandar moneda. Son dos cosas totalmente diferentes.

¿Conviene seguir subiendo la tasa de interés en este contexto? No lo veo lógico. Con esta tasa de interés, no solo generan una mayor complicación futura, sino que están matando la actividad económica porque el estado entra como un elefante en un bazar a demandar el escaso crédito que hay en el mercado, oferta que tiene como contrapartida el ahorro, no la demanda de moneda. Como el ahorro volcado al mercado de capitales interno es ínfimo (el grueso del ahorro de los argentinos está en el exterior financiando el crecimiento de los países desarrollados dada la inseguridad jurídica del populismo vernáculo), el estado demandando la escasa oferta de ahorro interno desplaza al sector privado, profundiza la recesión y, posiblemente, complique más las metas fiscales por caída de la recaudación dada la recesión que se avecina.

En síntesis, hoy tenemos caída en la demanda de moneda y cambio de cartera de inversiones pasando de activos financieros en pesos a activos en dólares. Se dan ambas cosas. Tratar de frenar esto con más tasa es una locura, y creer que la demanda de moneda es función de la tasa de interés es una locura completa.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

PRESERVAOS DE LOS RIESGOS DE LOS PARADIGMAS DOMINANTES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/preservaos-de-los-riesgos-de-los.html

 

 

No tengo idea de la eficacia, mayor o menor, de los preservativos. No tengo idea de la relación entre espermatozoides, porcelana, látex y virus HIV. Me acuerdo sin embargo de lo que responde Farah a Karen (en la película Africa Mia) cuando esta le pregunta si sabe lo que es la porcelana: “Si, Sabu. Se rompe”.
Pero los paradigmas dominantes, como dice Kuhn, parecen irrompibles. Más allá de las peculiares circunstancias políticas de la Argentina, los paradigmas dominantes tienen un comportamiento sociológico similar: sus miembros no quieren el debate, y tienden a considerar la posición contraria como absurda. Por eso Popper se enojó tanto con los paradigmas: porque no tendrían refutación posible.
Yo también puedo tener un mal día si escucho a alguien que dice que los precios máximos funcionan o que Hitler era un buen tipo. Sin embargo, mi super yo popperiano me estaría diciendo al oído: déjenlo argumentar (algo que el partidario de Hitler no haría conmigo, claro).
Y en todo caso, no escandalizarse.
O sea: estaría bien que no hubiera temas prohibidos, no digo por el sistema político, sino por los paradigmas dominantes. Estos, sin embargo, se mezclan con lo político, como bien señaló Feyerabend, y sus “expertos” definen la línea entre la medicina legal y la ilegal, entre contenidos educativos legales y los no oficiales o -no es lo mismo- prohibidos, y así tenemos lo que Comte quería: un nuevo estado autoritario donde ahora la inquisición no es la teológica, sino la científica. Por eso estoy tan en contra de las leyes contra los discursos “negacionistas” y por eso estoy tan en contra de la inquisición “científica” del lobby LGBT que quiere justamente adueñarse del estado y sus normas.
Por eso sería preferible que no haya tanto escándalo. Siembre hubo y habrá paradigmas dominantes y alternativos. La libertad de expresión no tiene sólo que ver con separar a los primeros del estado, sino también con una cultura del diálogo, cuyos límites son siempre históricos, claro, pero se expanden con la generosidad de nuestra escucha.
Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Inflación: Cambiemos vs Kirchnerismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 20/7/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/07/20/inflacion-cambiemos-vs-kirchnerismo/#more-12046

 

“De ninguna manera vamos a aceptar que hoy hay más inflación que en el kirchnerismo” sostuvo el Jefe de Gabinete Marcos Peña. Mi respuesta en Twitter fue que si miramos las tasas de inflación, la inflación anual promedio de Cambiemos (a Junio 2018) es superior tanto a la inflación bajo el gobierno Kirchnerista, como lo es también respecto a la inflación sólo bajo el mandato de CFK. Más aún, el límite de inflación acordado con el FMI (32) es también superior a la inflación promedio con CFK.

Estos son mis números:

  • Inflación promedio Kirchnerismo: 20.4%
  • Inflación promedio CFK: 28.5%
  • Inflación promedio Cambiemos: 33.7%

Esta es la serie histórica de datos donde también ubico la inflacion promedio (quienes me siguen en las redes estarán familiarizado con este gráfico, dado que lo actualizo regularmente):

Inflacion (mensual)

Mi comentario recibió muchas reacciones. Más de las que de hecho pude leer. Muchas objeciones también repetidas. Aquí algunas aclaraciones y reacciones a las objeciones que pude ver.

DE DÓNDE SALEN LOS DATOS?

La fuente de datos es el IPC Congreso. Es la misma fuente de datos que gente de Pro/Cambiemos usaba e informaba cuando eran oposición. Me resulta un curioso doble estándar que los datos que eran válidos siendo oposición no lo sean cuando son oficialismo. Estos son también los datos que Cambiemos usa para decir que la inflación está bajando. Tiene un poco de actitud que recuerda a La Cámpora: Cuando la realidad no gusta, se cuestionan los datos. Si en cambio los datos no son confiables ni ahora ni antes, entonces no se puede realizar la afirmación de Peña.

IPC Congreso

Es cierto que el IPC Congreso no es perfecto (ningún indicador lo és). Pero no es menos cierto que se ha sido utilizado ampliamente por economistas y políticos como estimación de la inflación durante el gobierno K.

DURANTE EL KIRCHNERISMO HABÍA CONTROL DE PRECIOS

Es correto. El control de precios, en principio, daría menores tasas de inflación. Lamentablemente no es tan sencillo. Como explicaba Federico Sturzenegger (Cambiemos) al asumir en el BCRA, la inflación que no se va a un precio regulado se va a un precio no regulado. Al haber control de precios, lo que cambia son los precios relativos más que la tasa de inflación.

Si fuese cierto que el control de precios produjo una gran inflación reprimida, entonces deberíamos observar una diferencia entre la tasa de expansión monetaria y la tasa de inflacion durante el gobierno K. Sin embargo, ambas tasas son virtualmente iguales. Como se ve en el gráfico, la relación entre agregados monetarios e inflación no se rompe entre el 2003 y el 2015.

Inflacion

Hay un grano de verdad en este cuestinamiento. Según cómo se realize el relevamiento estadístico, el control de precios puede tener un mayor o menor impacto en el cálculo estadístico de la inflación. Lo que no parece ser claro es que ese impacto sea tan grande.

Otro dato relevante es el crecimiento (interanual) de la BM y M2. Como se ve en la serie histórica, más allá de oscilaciones, con Cambiemos el ritmo de expansión monetaria no muestra reducciones significativas respecto al período K.

BM & M2

Y LA INFLACIÓN HEREDADA?

Curiosamente esta es una de las objeciones que menos he visto. Es también una de las mejores. El pico de inflación al inicio del gobierno de Cambiemos se debe a herencia recibida de la política monetaria del kirchnerismo. Ok. Dos puntos:

  1. Cambiemos ha decidido no hablar de la herencia recibida. No se puede apelar a la herencia a conveniencia, suena más a excusa que a explicación.
  2. El punto de mi comentario es que lo primero es reconocer los datos, luego se puede discutir por qué al inicio de Cambiemos la inflacion se disparó (si fue o no responsabilida de ellos).

Lo que no me parece válido tampoco, es argumentar que la inflación representativa de todo el gobierno Kirchnerista es sólo la de los últimos tiempos. Una cosa es preguntarse por la inflación promediode un gobierno, otra cosa es preguntar por la inflación que dejó un gobierno.


El primer paso que Cambiemos debe tomar para bajar la inflación es reconocer el tamaño del problema. No es culpa de los datos que la inflación siga en estos elevados niveles.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Caps. 4 y 5: una introducción al análisis económico de la política. Las fallas del Estado pueden ser peores que las supuestas fallas de mercado

Por Martín Krause. Publicado el 24/6/18 en: http://bazar.ufm.edu/caps-4-5-una-introduccion-al-analisis-economico-la-politica-las-fallas-del-estado-pueden-peores-las-supuestas-fallas-mercado/

 

En toda sociedad hacen falta un mecanismo para permitir que se expresen las preferencias de los individuos y señales que guíen a los productores a satisfacerlas. En el caso de los bienes privados, hemos visto cómo el mercado cumple ese papel. También vimos que se presentan problemas para cumplirlo. En el caso de los bienes públicos, es la política: es decir, los ciudadanos expresan sus preferencias por bienes colectivos y hay un mecanismo que las unifica, resuelve sus diferencias (Buchanan 2009) y envía una señal a los oferentes —en este caso las distintas agencias estatales— para satisfacerlas. Como veremos, este también se enfrenta a sus propios problemas.

El siguiente análisis de las fallas de la política se basa en el espíritu de aquellas famosas palabras de Winston Churchill (1874-1965): “Muchas formas de gobierno han sido ensayadas y lo serán en este mundo de vicios e infortunios. Nadie pretende que la democracia sea perfecta u omnisciente. En verdad, se ha dicho que es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras que han sido ensayadas de tiempo en tiempo”.

Churchill nos dice que no hemos ensayado un sistema mejor, por el momento, pero que este no puede ser considerado perfecto. Por ello, cuando se ponen demasiadas esperanzas en él, pueden frustrarse, ya que la democracia no garantiza ningún resultado en particular —mejor salud, educación o nivel de vida—, aunque ciertas democracias lo hacen bastante mejor que las monarquías o las dictaduras.

Durante mucho tiempo, buena parte de los economistas se concentraron en analizar y comprender el funcionamiento de los mercados, y olvidaron el papel que cumplen los marcos institucionales y jurídicos de los Gobiernos. Analizaban los mercados suponiendo que funcionaban bajo un “gobernante benevolente”, definiendo como tal a quien persigue el “bien común”, sin consideración por el beneficio propio, y coincidiendo en esto con buena parte de las ciencias políticas y jurídicas[1]. Tal como define al Estado la ciencia política, tiene aquel el monopolio de la coerción, pero lo ejerce en beneficio de los gobernados.

Por cierto, hubo claras excepciones a este olvido. Inspirados en ellas, autores como Anthony Downs o James Buchanan y Gordon Tullock iniciaron lo que se ha dado en llamar “análisis económico de la política”, en el contexto de gobiernos democráticos, originando una abundante literatura. Su intención era aplicar las herramientas del análisis económico a la política y el funcionamiento del Estado, pues la teoría política predominante no lograba explicar la realidad de manera satisfactoria.

Uno de los primeros pasos fue cuestionar el supuesto del “gobernante benevolente” que persigue el bien común; porque, ¿cómo explicaba esto los numerosos casos en que los Gobiernos implementan medidas que favorecen a unos pocos? O más aún: ¿cómo explicar entonces que los gobernantes apliquen políticas que los favorecen a ellos mismos, en detrimento de los votantes/contribuyentes? Por último, ¿cómo definir el “bien común”[2]? Dadas las diferencias en las preferencias y valores individuales, ¿cómo se podría llegar a una escala común a todos? Esto implicaría estar de acuerdo y compartir dicha escala, pero el acuerdo que pueda alcanzarse tiene que ser necesariamente vago y muy general, y en cuanto alguien quiera traducir eso en propuestas específicas surgirán las diferencias. Por eso vemos interminables discusiones sobre la necesidad de contar con un “perfil de país” o una “estrategia nacional” que nos lleve a alcanzar ese bien común, pero, cuando se consideran los detalles, los “perfiles de país” terminan siendo más relacionados con algún sector específico o difieren claramente entre sí.

Los autores antes mencionados decidieron, entonces, asumir que en la política sucede lo mismo que en el mercado, donde el individuo persigue su propio interés, no el de otros. En el mercado, esa famosa “mano invisible” de Adam Smith conduce a que dicha conducta de los individuos termine beneficiando a todos. ¿Sucede igual en el Estado? Se piensa en particular en el Estado democrático, porque se supone que los Gobiernos tiránicos o autoritarios no le dan prioridad a los intereses de los gobernados.

Algunos economistas intentaron definir ese “bien común” en forma científica, como una “función de bienestar social”, pero sin éxito (Arrow 1951). Además, si hubiese alguna forma de definir específicamente ese bien común o bienestar general como una función objetiva, no importaría si es el resultado de una decisión democrática, de una decisión judicial o simplemente un decreto autoritario que lo imponga.

Como veremos, al cambiar ese supuesto básico, la visión que se tiene de la política es muy distinta: el político persigue, como todos los demás y como él mismo fuera de ese ámbito, su interés personal. No se puede definir algo como un “bien común”, un resultado particular que sea el mejor, pero sí se puede evaluar un proceso, en el que el resultado “bueno” sea aquél que es fruto de las elecciones libres de las personas. ¿Existe entonces un mecanismo similar a la “mano invisible” en el mercado, que guíe las decisiones de los votantes y las acciones de los políticos a conseguir los fines que persiguen los ciudadanos? Este enfoque, llamado en general “Teoría de la Elección Pública” (Public Choice) se centra en los incentivos. De ahí que también se le conozca como “análisis económico de la política”.

[1]. Esta visión, por supuesto, no es sorprendente. Madison (2001), por ejemplo, mostraba una posición clásica aun hoy muy popular, según la cual la búsqueda del “bien común” depende de la delegación del poder a los representantes correctos, no de la información y los incentivos existentes: “… un cuerpo de ciudadanos elegidos, cuya sabiduría pueda discernir mejor el verdadero interés de su país, y cuyo patriotismo y amor por la justicia harán muy poco probable que lo sacrifiquen a consideraciones parciales o temporales. Bajo tal regulación, puede bien suceder que la voz pública, pronunciada por los representantes del pueblo sea más consonante con el bien público que si fuera pronunciada por el pueblo mismo, reunido para tal propósito. Por otro lado, el efecto puede invertirse. Hombres de temperamento faccioso, prejuicios locales, o designios siniestros, pueden por intriga, corrupción u otros medios, primero obtener votos, y luego traicionar los intereses del pueblo”.

[2]. Muchos filósofos políticos han cuestionado este concepto. Entre los economistas, Hayek (1976 [1944]): “El ‘objetivo social’ o el ‘designio común’, para el que ha de organizarse la sociedad, se describe frecuentemente de modo vago, como el ‘bien común’, o el ‘bienestar general’, o el ‘interés general’. No se necesita mucha reflexión para comprender que estas expresiones carecen de un significado suficientemente definido para determinar una vía de acción cierta. El bienestar y la felicidad de millones de gentes no pueden medirse con una  sola escala de menos y más” (p. 89).Cap

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).