El problema no es la economía, es el Gobierno


Publicado el 16/10//21 en: https://economiaparatodos.net/el-problema-no-es-la-economia-es-el-gobierno/

En pos del relato, creyó en estadísticas que no existían y gran parte del electorado se lo hizo saber con singular rigor en casi todo el país

Uno de los tantos problemas que tiene el gobierno es que no solo inventa un relato para decir en sus discursos públicos, incluso inventa estadísticas que contradicen los mismos datos oficiales, sino que parece que ellos terminan comprando su propio relato. Terminan creyendo que es verdad.

Por ejemplo, a escasos cinco días de las elecciones, Victoria Tolosa Paz decía por televisión, sin que se le moviera un pelo, que el empleo privado se estaba recuperando, cuando en junio respecto a mayo los puestos de trabajo en el sector privado formal en relación de dependencia seguían cayendo y estaban 164.400 puestos menos que en febrero de 2020 y 169.100 puestos menos que en noviembre de 2019, que por cierto fue un año recesivo, todos datos del Ministerio de Trabajo.

Obviamente que el adverso resultado electoral del kirchnerismo no debe responder a un solo factor. La foto festejando un cumpleaños mientras todos estaban encerrados en cuarentena debe haber colmado la gota que rebalsó el vaso, pero tal vez la cuarentena eterna haya sido uno de los factores que más conspiraron contra el gobierno por la destrucción de puestos de trabajo. Esa cuarentena irracional y prepotente golpeó muy fuerte a los mismos votantes del kirchnerismo que no son solo los que reciben planes sociales. También afectó a pequeños comerciantes como el negocio de zapatos del barrio, el de ropa, el kiosco, el remisero, el taxista, al mozo del bar y del restaurante que vive de sus propinas y el listado sigue.

El tema es que de aquí a dos meses debería ocurrir un milagro para que la economía se recupere y la gente sienta un fuerte alivio, tanto en materia inflacionaria como en la posibilidad de recuperar puestos de trabajo perdidos.

Y la realidad es que eso no va a ocurrir. En materia inflacionaria el gobierno ya está utilizando todos los artilugios posibles para disimular el impacto inflacionario de la emisión monetaria. Desde el atraso de las tarifas de los servicios públicos hasta el atraso cambiario y pasando por la prohibición de exportar carne para tener asado artificialmente barato. Le quedaría establecer controles de precios más estrictos con el desabastecimiento de rigor y con eso no lograría recuperar el apoyo de los votantes.

El presidente lanzó una “novedosa medida” ensayada mil veces sin resultados positivos, como es enviar al Congreso un proyecto de ley de compre argentino. Al margen de tener un razonamiento que atrasa 40 años creyendo que en las economías modernas los puestos de trabajo los generan la industria en vez del sector servicios, lo cierto es que lo que hizo fue presentar un proyecto de ley que va a llevar un tiempo aprobarlo, que no va a tener resultados extraordinarios y que, si mágicamente los tuviese, serían para después de noviembre. O sea, se limita a formular un vago anuncio que no cambiará la situación del bolsillo de la gente en dos meses. Sigue haciendo discursos sin contenido.

Tolosa Paz dijo que el gobierno tiene que cambiar las herramientas que está utilizando. Difícil saber a qué se refiere pero de todas formas, el gobierno ya no tiene herramientas.

Este es un gobierno que solo sabe hacer populismo, y para hacer populismo hace falta tener recursos. Esos recursos no existen y aún haciendo populismo se hundió electoralmente.

El dilema que se le presenta al gobierno es que Alberto Fernández tiene la imagen totalmente agotada y difícilmente pueda recuperar credibilidad luego de estos casi dos desastrosos años de gestión. Para colmo, tiene una alianza política con Cristina Kirchner y La Campora que le impide atraer inversiones y el entusiasmo de los agentes económicos.

Un cambio de gabinete no lograría nada porque el problema no es Guzmán, que por cierto es un ministro de Economía desdibujado, el problema es Fernández, más el kirchnerismo, más La Campora que hacen incompatible su proyecto de poder político autocrático con la práctica de una sana política económica.

Cambiar de ministro de economía no sirve de nada en este contexto. No es que el ministro haga mal las cosas por su cuenta, tuvo el mandato de hacer mal las cosas.

En el eventual caso que Alberto Fernández renunciara, nada para asustarse porque está previsto en la Constitución Nacional y no tiene que ser un tabú analizar esa posibilidad, el reemplazo sería una Cristina Fernández que no sabría gobernar con escases de recursos o Massa que quedó tan golpeado políticamente como Alberto Fernández. Ningún relevo es opción para recuperar la confianza.

Por donde se mire la cosa, hay dos serios problemas. El primero y fundamental es que tendría que ocurrir un milagro para que el oficialismo genere confianza y atraiga inversiones para salir de este largo estancamiento. Esa posibilidad está fuera de toda lógica.

El segundo problema es que solo le queda aguantar como pueda hasta noviembre para que las variables económicas no se le desborden más. Si logra ese objetivo, al gobierno le quedan dos años más de mandato con baja credibilidad, toda la basura barrida bajo la alfombra y sin escoba (recursos) para quitar esa basura sin una crisis económica y social más profunda.

Es decir, están complicados en lo económico y en lo político, incluso en la generación de confianza. En síntesis, un problema retroalimenta a otro, la mala praxis económica alimenta el desgaste político y la política populista desgasta la economía.

Y como frutilla del postre, la bomba de las LELIQs que siguen acumulando presión.

El gobierno está en un problema sin solución posible, porque el gobierno es el problema.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Javier Milei

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/10/2en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/javier-milei.html

Lo conocí hace tiempo a raíz de un almuerzo al que me invitó en La Biela de Buenos Aires, oportunidad en la que los dos prolongamos nuestras conversaciones hasta avanzada la tarde, ocasión en la que quedé impresionado tanto de sus lecturas de la doceava edición de mi texto de análisis económico como de diversos aportes académicos de la tradición de pensamiento liberal y, sobre todo, me llamó la atención su capacidad de síntesis y entrenamiento didáctico.

Luego me fui anoticiando de sus contribuciones muy relevantes en materia monetaria, laboral, fiscal y de comercio  exterior junto con sus elaboraciones referidas a los marcos institucionales y propuestas de reformas de gran fertilidad.

En otro orden de cosas de gran trascendencia, en momentos en que se parlotea sobre “derechos humanos”, surge con claridad meridiana que Milei considera el llamado aborto como homicidio en el seno materno, entre muchos otros, en consonancia con genetistas de renombre y las declaraciones oficiales de la Academia Nacional de Medicina argentina que enfatizan el fundamento científico del aserto.

En una fiesta de liberales en La City en Buenos Aires, uno de los amigos que venía realizando interesantes contribuciones en el mundo intelectual me consultó sobre su inclinación de participar en política y como respuesta le formulé la siguiente pregunta retórica: “¿Qué hubiera sido del mundo si Einstein en lugar de dedicarse a la física hubiera sido intendente del pueblo de Chivilcoy”. En esa instancia Milei pensaba seguir en el mundo académico publicando libros y dictando clases, pero más adelante estimó que era el momento para incrustar el mensaje liberal en el campo político por lo que, como es sabido, se postuló como pre-candidato a diputado por la ciudad de Buenos Aires con los alentadores resultados por todos conocidos…y en noviembre, para sobrevivir, hago votos fervientes para que todos los antichavistas autóctonos cierren filas frente a un enemigo común, a pesar de las diferencias de cada cual. La derrota del  chavismo en el nivel nacional en las elecciones primarias abre esperanzas.

Pero como decimos, más allá del recuento de votos lo relevante es no solo el haber pasado el mensaje vigoroso y sin concesiones en el terreno político, sumamente debilitado en el plano político desde hacía décadas y décadas – un campo absorbido por el estatismo de diversos colores con el interregno liderado por los meritorios esfuerzos de Álvaro Alsogaray- sino por ser el responsable de haber corrido el eje del debate en el  mundillo de la política y modificado agendas de otros competidores que aunque no creyeran en el mensaje se vieron obligados a sustituir su discurso incorporando aquí y allá cápsulas liberales. Es por esto que todos los argentinos partidarios de una sociedad libre le debemos inmenso agradecimiento a Javier Milei por esta faena descomunal y con la característica de enorme generosidad. Esto quedará en los anales de nuestro país como un paso decisivo en una batalla ganada que es de esperar sea aprovechada y continuada por otros.

En una oportunidad en un intercambio público que mantuve con Milei en la Universidad de Belgrano antes de este zafarrancho viral pude constatar el entusiasmo de los participantes que colmaron el aula magna a la que se acoplaron aulas contiguas con pantallas. Pero lo más importante no era el grosor de la audiencia sino la calidad de las preguntas que no eran de circunstancia sino que pusieron de manifiesto que había mucha biblioteca atrás de los muy jugosos interrogantes.

Habiendo dicho todo esto vuelvo a reiterar lo que le he comentado a Javier en privado y en público: no estoy para nada de acuerdo con algunos de sus modos. Creo que nunca se justifican, pueden denunciarse con énfasis maniobras y zancadillas y refutarse con vigor argumentos estatistas pero no recurrir a lenguaje soez puesto que estamos hablando de batalla cultural y una manifestación de la cultura son los modales. Y como he manifestado, la última vez en el antedicho encuentro académico en la Universidad de Belgrano, personalmente no uso improperios en público no porque carezca de imaginación puesto que se me ocurren intervenciones bastante creativas en esa línea, me abstengo porque de lo contario contribuiría a acentuar la cloaca que ya de por si está bastante esparcida en el medio argentino.

No se me escapa que hay quienes centran su atención en algunos de los modos de Milei como pretexto para ocultar la fenomenal envidia que los carcome y desvela debido al muy abultado arrastre que tiene especialmente entre los jóvenes. Hay otros tilingos que no hacen nada para contribuir a despejar ideas y desde sus poltronas critican algún exabrupto o su peinado sin percatarse que hay otros bien peinados -claro, los que conservan algún vestigio en el cuero cabelludo- y no dicen malas palabras pero nos agreden diariamente con sus inauditos atropellos.

En resumen, muchas gracias Milei por lo realizado hasta el momento y con los deseos que siga haciendo mucho más en los distintos territorios en los que ha incursionado, pues necesitamos con urgencia tiempo para seguir con la batalla cultural cuyo aspecto medular es el incalculable valor moral del respeto recíproco.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Algunas meditaciones sobre las encuestas de opinión

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/10/2en: https://www.laprensa.com.ar/507391-Algunas-meditaciones-sobre-las-encuestas-de-opinion.note.aspx

Las personas no son productos en serie. Cada una tiene su modo de ver las cosas y por ende sus opiniones son muy disímiles.

Como es de público conocimiento se reiteran las fallas colosales y las sorpresas monumentales respecto al resultado de encuestas de opinión elaboradas por prestigiosos especialistas en todas partes del mundo. Una y otra vez irrumpen los yerros y muchos son los que atribuyen la equivocación a técnicas inapropiadas del respectivo muestreo y equivalentes que deben ser corregidas pero en verdad el problema radica en otro lado bien distinto.

Tal como alguna vez se ha explicado hay aquí un fenomenal problema epistemológico que hace prácticamente imposible sistematizar el acierto. Veamos el asunto por partes. Si entramos a una fábrica de tuercas donde se producen en serie y queremos saber acerca de las características de lo que sale al final de la producción, es aconsejable tomar una muestra y extrapolarla al universo al efecto de evitar el análisis de cada una de las tuercas en cuestión. Esto es valedero y da buenos resultados en el sentido que la muestra refleja la totalidad.

Ahora bien, la cuestión con los seres humanos es radicalmente distinta. Las personas no son tuercas, cada una tiene su modo de ver las cosas y por ende sus opiniones son muy disímiles. Es por ello que resulta del todo inapropiado extrapolar una muestra al universo como si los seres humanos estuvieran producidos en serie sin diferenciación. Es cierto sin embargo que grosso modo preguntas bien formuladas a un grupo pueden eventualmente reflejar algunos aspectos de la opinión de otros no consultados. Muchos de nosotros, por ejemplo, solemos preguntar a taximetreros o verduleros sobre la marcha de tal o cual cosa en la esperanza de auscultar algo de la realidad y eventualmente -según sean los candidatos interrogados- nos podemos formar una idea aproximada de lo que se opina. Pero estos procedimientos no tienen la pretensión de convertirse en encuestas “científicas” donde se tiene la arrogancia de explicitar el margen de error incluso con decimales. En otros términos, una cosa es preguntar al bulto para contar con alguna idea en borrador y otra bien distinta es una especie de confabulación con halo de exactitud y ciencia rigurosa.

También debe subrayarse que cuanto más cultivadas sean las personas mayor es la dispersión puesto que la individualidad surge con mayor ímpetu, mientras que cuanto más sea la masificación mayor será el espíritu de rebaño y por ende en el primer caso se torna aun más difícil que la muestra represente al universo que puede en algo acercarse en el segundo. En este sentido, es probable que las nuevas tecnologías al permitir mayor información particular vía las redes y similares que suscitan debates también particulares hacen que se vayan forjando opiniones individuales con mayor fuerza respecto a lo que era antes con medios de comunicación unificados.

Más aun, en este contexto resulta tragicómico que se pretenda extraer muestras según las denominadas “clases sociales” sobre lo cual ya he escrito en otra oportunidad pero que ahora resumo en una cápsula. Pertenecer a distintas clases sociales remite a distinta naturaleza, lo cual es un desatino mayúsculo cuando se aplica a seres humanos ya que todos compartimos la misma condición.

Más aun, la expresión “clase baja” resulta repugnante, la “alta” es de una frivolidad alarmante y la “media” resulta del todo anodina. Se argumenta que no es a la naturaleza de las personas a que se refiere la clasificación de marras sino que se alude a los ingresos bajos, medios y altos y las circunstancias varias que rodean a estas situaciones. Pues si de eso se trata es mejor decirlo abiertamente, es decir, referirse a ingresos bajos, medios y altos. Por otra parte, tengamos siempre presente que todos tenemos en común que descendemos de las cuevas y de la miseria más brutal.

Se que los susodichos encuestadores, muchos sociólogos y algunos colegas economistas recurren con pasmosa inocencia a esa terminología de las clases sociales pero recordemos que la genealogía proviene del marxismo que efectivamente consideraba a personas de distinta naturaleza según “la clase” y Hitler y sus secuaces luego de infinitos embrollos clasificatorios finalmente adoptaron el criterio de Marx dado que rapaban y tatuaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios y concluir que el tema era “mental” para separar al “ario” del “judío”.

Marx sostuvo que el proletario y el burgués son de una clase distinta porque tienen una estructura lógica diferente, lo cual se denominó polilogismo. Ni Marx ni ningún marxista explicaron en que se diferencian las ilaciones lógicas y los silogismos respecto a lo estampado por Aristóteles. Como hemos dicho antes, no explica que le ocurre en su estructura lógica al proletario que se gana la lotería, al burgués que se arruina o al hijo de un burgués y una proletaria.

Este análisis defectuoso basado en las supuestas clases sociales conduce a sostener que una persona con un patrimonio tal, con residencia en cierto pueblo, con una vestimenta cual, con un automóvil o bicicleta de tales características y que almuerza salchichas con mayonesa representa a todos los que se ajustan a esos parámetros lo cual carece de toda lógica pues pasa por alto que cada persona es única e irrepetible en la historia de la humanidad. Encarar de este modo las encuestas constituye una afrenta a la civilización, asimila al ser humano a la bestia y contradice los principios más elementales del individualismo metodológico. Se insiste en argumentar que la dificultad estriba en que con la pandemia las requisitorias presenciales no pueden llevarse a cabo lo cual modifica la calidad de los resultados, pero en cualquier caso el problema epistemológico subsiste.

Los resultados más chocantes para el público y para los especialistas y politicólogos en general seguramente han sido las PASO recientes en nuestro país, el referendum sobre el Brexit en Inglaterra, las últimas elecciones generales en Israel, el Acuerdo de Paz en Colombia, las reiteradas elecciones estatales norteamericanas y las conjeturas peruanas sobre las recientes presidenciales pero, como decimos, el problema de fondo subyace en todas las encuestas pasadas, presentes y lo seguirán haciendo en el futuro mientras la naturaleza humana no se modifique: las personas no son tuercas.

Estos razonamientos no significan necesariamente tirar la toalla y no hacer ninguna encuesta, se trata de ser más modestos en las presentaciones y no alardear de científicos y de un rigor inapelable con afirmaciones categóricas rodeadas de ridículos decimales. Tal vez sea mejor estas indagaciones incompletas y pastosas que no tener nada, pero repetimos es necesario tener en cuenta la trastienda epistemológica.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Nuevo análisis del bien común

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/09/nuevo-analisis-del-bien-comun.html

El bien común (también denominado bien general, colectivo, etc.) es ese concepto del que hemos hablado muchas veces, y que es el preferido por aquellos autores que profesan su profunda antipatía o manifiesta hostilidad hacia el capitalismo y/o liberalismo. Es el que proverbialmente se presenta como opuesto al bien particular o individual.

Tradicionalmente -y con especial énfasis por parte de los cultores del derecho- se lo muestra como un bien “superior”, ajeno y por encima de los bienes particulares o individuales y por completo separado de estos como si fuera una entelequia incorpórea que se moviera en una esfera invisible pero –curiosamente- cuya especial visibilidad estaría reservada sólo a algunos que serían los únicos capaces de identificarlo y definirlo. Por supuesto, estos serían los directores sociales, encargados de aplicarlo, cuestión difícil de comprender, ya que ¿cómo podrían aplicar e identificar algo que para el resto de los seres humanos resultaría invisible e indefinible pero para ellos no? Y por sobre todo ¿por qué no?

Su discusión es muy antigua y ha sido tratada por los más diversos autores de todas las épocas. Y hubo originado las exposiciones más incongruentes que se pudieran encontrar. Un famoso premio Nobel de economía nos relata un significativo episodio al respecto:

“Es lamentable, pero característico de la confusión en que muchos de nuestros intelectuales han caído por la contradicción interior entre sus ideales, ver que un destacado defensor de la planificación central más amplia, Mr. H. G. Wells, haya escrito también una ardiente defensa de los derechos del hombre. Los derechos individuales que Mr. Wells espera salvar se verán obstruidos inevitablemente por la planificación que desea. Hasta cierto punto, parece advertir el dilema, por eso los preceptos de su “Declaración de los Derechos del Hombre» resultan tan envueltos en distingos que pierden toda significación. Mientras, por ejemplo, su Declaración proclama que todo hombre «tendrá derecho a comprar y vender sin ninguna restricción discriminatoria todo aquello que pueda legalmente ser comprado y vendido;» lo cual es excelente, inmediatamente invalida por completo el precepto al añadir que se aplica sólo a la compra y la venta «de aquellas cantidades y con aquellas limitaciones que sean compatibles con el bienestar común». Pero como, por supuesto, toda restricción alguna vez impuesta a la compra o la venta de cualquier cosa se estableció por considerarla necesaria para «el bien común», no hay en realidad restricción alguna que esta cláusula efectivamente impida, ni derecho individual que quede salvaguardado por ella.”[1]

Este rico pasaje de una obra imperecedera nos deja muchas enseñanzas, sobre todo por su gran actualidad a pesar de la época de su publicación, porque la discusión sigue siendo muy presente. Denota el conflicto interno (hasta cierto punto perceptible) entre los partidarios del socialismo -como el sr. Wells- por no poder compatibilizar el sistema que propician con los derechos individuales que también quieren defender. Resulta evidente que tales personas -a pesar de su condición de intelectuales- no han hecho los estudios necesarios y adecuados en campos tales como la economía que, de haberlos llevado a cabo, les hubieran echado mucha luz respecto de la incompatibilidad entre la planificación central (otra manera de denominar al socialismo) y los derechos individuales (no utilizamos la expresión “derechos humanos” por resultar un pleonasmo, habida cuenta que los derechos siempre son humanos, no existiendo un “derecho mineral”, “animal” ni “vegetal”).

Observamos, por lo pronto, que el sr. Wells partía de la base de un sistema suma cero (usando terminología de la teoría de los juegos). También parece que por el término “bienestar común” quería referirse a todas las demás personas diferentes a ese hombre hipotético al cual pretendía otorgarle el derecho de “comprar y vender sin ninguna restricción discriminatoria todo aquello que pueda legalmente ser comprado y vendido” lo que claramente entra en abierta contradicción con su expresión inicial de “todo hombre”, porque si dentro del concepto de “bien común” no se encuentra “todo hombre” ¿que podría tener de “común” ese supuesto “bienestar”?-

Este conflicto nace de suponer que el bien común y el individual son cosas diferentes, cuando resulta falso que lo sean. El bien común –opinamos- es todo aquello que resulta bueno para todos y cada uno de los sujetos, lo que no simboliza que ese bien sea individualmente el mismo para todos esos sujetos. Llegamos a esta conclusión luego de haber pensado durante mucho tiempo que “el bien común” no era más que un mito social, y que lo único que existía realmente era el bien individual. Pero reflexiones posteriores nos permitieron encontrarle a esa fórmula (tan querida -y tergiversada- por los socialistas) un sentido compatible con el individualismo más estricto. He designado a este concepto enfoque liberal del bien común, con lo cual no quiero expresar que todos los liberales lo compartan. Simplemente lo he escogido así porque lo veo compatible con mi idea (mis ideas en rigor) acerca del liberalismo. No hay ninguna voz oficial del liberalismo que diga qué debe o no debe entenderse por cada cosa o materia que se trate o exponga determinado autor. Y, desde luego, tampoco la hay en este tema.

Eso que entendemos nosotros como bien común no puede entrar en colisión con el bien particular de nadie, porque de hacerlo dejaría de ser “común”. Y, en muchos supuestos, de un “bien”. Si –por caso- para un criminal es “bueno” asesinar, va de suyo que ello no puede ser un “bien común”, porque no se puede concebir que sea un “bien” para su/s potencial/es o efectiva/s victima/s.

Por eso, para las doctrinas antiliberales, en cambio, el bien común es la antítesis del individual, y sólo puede ser definido por el líder del partido gobernante (o por aquellos a quienes él designe) lo que resulta -en la práctica- que por ese término se entiende lo que es “bueno” para ese partido en el poder, sus jefes, miembros, adherentes, simpatizantes y nadie más, en tanto bajo esa óptica, el “bien individual” es el de todos aquellos que no están de acuerdo con el jefe del partido al mando o con sus secuaces, es decir los opositores. En este caso, la defensa del “bien común” implica –en última instancia- silenciar o aniquilar a todos aquellos que disienten con el régimen que lo ha determinado de tal manera. En consecuencia, el bien común se caracteriza de manera distinta y antagónica dependiendo del enfoque: será uno bajo el prisma liberal y otro bajo el antiliberal.


[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 119.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Spots de campaña: entre el cringe y la efectividad

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 11/9/21 en: https://www.ambito.com/opiniones/elecciones-2021/spots-campana-el-cringe-y-la-efectividad-n5276253

La campaña tuvo distintas estrategias de comunicación 
La campaña tuvo distintas estrategias de comunicación 

A días de producirse la elección primaria en nuestro país, el debate en torno a la calidad de las piezas de comunicación política ha tomado una relevancia inusitada no solo en redes sociales, sino incluso en medios informativos de toda índole.

En tal sentido, más allá del fenómeno superficial de cientos de mensajes viralizados que pendulan entre la sorpresa y la indignación por los temas o los enfoques elegidos por los referentes políticos, se permiten avizorar algunas cuestiones de fondo que señalan al mismo tiempo aspectos tanto permanentes como absolutamente novedosos.

En lo inmediato, el uso y abuso de recursos humorísticos o temáticas al borde del buen gusto, da cuenta de las enormes dificultades que la política tiene hoy para captar la atención de una ciudadanía constantemente tironeada por cientos de fuentes de comunicación diversas. Si la apatía cívica ha sido una constante creciente en el mundo en las últimas décadas, a esta se suma hoy un electorado lleno de recursos tecnológicos a disposición que lo han vuelto mucho más diestro para sortear los mensajes políticos y concentrarse en todo aquello otro que demanda su interés inmediato.

A lo anterior, es necesario agregar en nuestro país un electorado joven de creciente importancia no solo por una cuestión numérica (no menor) sino por ser al mismo tiempo una polea de transmisión sumamente activa en redes sociales, que puede generar un impacto mayúsculo en las estrategias de campaña. Los códigos, intereses y comportamientos de este estrato social, demandan una adaptación permanente que los candidatos no parecieran estar logrando de forma efectiva. Desde esta perspectiva, resulta extraño lo carente que se encuentran las distintas opciones electorales de candidatos por debajo de los 40 años, lo cual sería un primer paso obvio en ese acercamiento que todos intentan, pero pocos parecen conseguir.

En gran medida, ambos factores antedichos permiten explicar por qué los diversos candidatos han llevado al extremo sus imágenes personales, generando por momentos ese fenómeno que los propios jóvenes llaman cringe, vocablo extraído del inglés, pero resignificado dentro del mundo virtual para señalar una particular sensación de incomodidad.

Como todo consultor experimentado sabe, la comunicación política es solo un engranaje más de una extensa maquinaria que permite explicar los resultados electorales. En virtud de tal, poder predecir cuál será el efecto de esta aproximación comunicativa por momentos extrema en el conteo de votos final resultaría sumamente prematuro. Sin embargo, ya hoy podemos anunciar que las campañas políticas y sus correspondientes estrategias de comunicación, se encuentran bajo la presión creciente que deviene de la necesidad inmediata de profundos cambios que den cuenta de forma efectiva tanto de un nuevo electorado como de las tecnologías que son parte constitutiva de la vida de éste.

Quien acierte en la apuesta, puede llegar a ser ese fenómeno político disruptivo que marque un antes y un después en nuestra política local.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Sobre un personaje mayor en la tradición liberal

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/14/sobre-un-personaje-mayor-en-la-tradicion-liberal/

Algernon Sindney escribió en 1681 sobre algunos principios básicos que luego profundizaron Locke y Montesquieu

Sobre un personaje mayor en la tradición liberal - Infobae
Algernon Sidney

A veces acontecimientos claves de la historia no son suficientemente ponderados. Como es sabido, el inicio del espíritu liberal puede situarse en el método socrático, pasando por las experiencias atenienses, romanas, los fueros españoles y sus “juicios de manifestación” antes del habeas corpus, la Carta Magna de 1215, el desarrollo del common law y la escolástica tardía. Si bien el salto cuantitativo original habitualmente se atribuye a John Locke con su tratado de 1689, resulta clave señalar que antes que eso y en la misma dirección y con argumentos de mayor peso Algernon Sindney escribió en 1681 su obra titulada Discourses Concerning Government que demoró en publicarse hasta 1698 debido a su criminal ejecución el 7 de noviembre de 1683 por orden de Carlos II.

El voluminoso trabajo de Sidney fue como respuesta muy extendida al libro de Robert Filmer en cuyo título se expone la tesis central, Patriarcha: A Defense of Natural Power of Kings Against the Unnatural Liberty of the People publicado en 1680. Era una defensa y ratificación de la noción muy generalizada de la época que los monarcas derivaban su poder de Dios y que, por tanto, no podía ser cuestionado independientemente del contenido de la respectiva resolución.

Sidney refutó esta absurda conclusión y se explayó en la naturaleza del gobierno y las limitaciones a su poder a los efectos de salvaguardar los derechos de las personas, a su juicio inherentes a la persona y más allá de la legislación del momento. Esto no solo como un fundamento moral sino para asegurar el mayor bienestar de la gente basado en que esos derechos son naturales al ser humano y anteriores y superiores a la constitución del monopolio de la fuerza. Estas disquisiciones se oponían no sólo al poder político sino también al poder de las religiones oficiales. La frase que resume su pensamiento es la ironía de comentar que en los sistemas entonces vigentes “algunos nacen con una corona sobre sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas.”

La referida obra de seiscientas páginas en la edición que tengo en mis manos, está dividida en tres grandes capítulos que contienen noventa y ocho secciones. Comienza diciendo que es perfectamente excusable el error cometido por ignorancia, pero personas leídas e informadas no tienen justificación de engañar a la gente con supuestos inauditos como que el poder de los reyes es un mandato divino al efecto de respaldar sus fechorías. Como queda dicho, en verdad el autor explica que los derechos individuales provienen de la naturaleza de la condición humana para poder desarrollar sus potencialidades y el gobierno está teóricamente constituido para proteger y garantizar esos derechos. Es lamentable -continúa Sidney- que muchas autoridades religiosas se hayan plegado a la idea de la infalibilidad de la corona cuando su misión es la de velar por la integridad de los miembros de la comunidad y no estos reverenciar y otorgar facultades ilimitadas a quienes están supuestos de proteger las autonomías de los gobernados, quienes deben tener la posibilidad de remover a quienes los asaltan.

A continuación subraya el desatino de insistir en que el pueblo no debe interferir en los misterios del poder solo reservados a los que lo detentan puesto que ese razonamiento constituye un insulto a la inteligencia. Los hombres que asumen el poder no son diferentes al resto de los mortales, solo que se le ha confiado la misión de proteger las condiciones para que cada uno pueda desarrollar sus facultades dignas de la condición humana.

Constituye una ofensa a Dios el endosarle la responsabilidad por los martirios que sufre la gente. Los que tienen las inclinaciones delictivas de Nerón deben ser tratados como tales. La prudencia y el acierto en las decisiones gubernamentales no surgen automáticamente “no crecen como los hongos” son fruto de meditaciones y asesoramientos calificados y serios. La gente no debe dejarse atropellar y eventualmente permitir que los decapiten en sentido figurado o en sentido literal en nombre de una alegada facultad inexistente. No tiene el menor sentido reclamar que se dé al César lo que pertenece al Cesar cuando lo que se pide es el poder absoluto como atributo indiscutible del Cesar lo cual desconoce la naturaleza del gobernante y los atributos de la gente, todo como un pretexto para atropellar los derechos de todos los que no gobiernan.

La sección quinta del primer capítulo lleva el muy sugestivo título de “Depender de la voluntad de un hombre es la esclavitud” donde alude a la esencia de la tiranía que consiste en que la gente se encuentre a merced del monarca ya que la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros ya que “son esclavos quienes no puede disponer de su persona ni de sus bienes y todo depende de lo que resuelva su amo; no hay tal cosa como la naturaleza del esclavo” puesto que la esclavitud contradice la naturaleza de las cosas, en esta línea argumental los gobernantes deben ajustarse a la ley entendida como el resguardo de los derechos de todos y no simplemente una disposición emanada de la autoridad. Imputar a Dios la conducta de los Calígula es una falta de respeto mayúscula.

En la sección décima de ese mismo capítulo, se elabora detenidamente sobre el concepto de que “ninguna violencia o fraude puede crear un derecho” y “la diferencia entre un buen y un mal gobierno dependen del ejercicio del poder” pero “en esclavitud el conocimiento no brinda posibilidades ya que todo depende de la voluntad de los lords por más malvados, crueles y dementes que resulten”. Y más adelante en la sección siguiente y en las cuatro finales de ese capítulo explica detenidamente que un acto injusto no muta en justo por el hecho de ser adorado con boato, rituales, frases vacías y poder hereditario. La justicia de dar a cada uno lo suyo implica el respeto a la propiedad de lo que pertenece a cada cual.

En el segundo capítulo Sidney en el contexto de opiniones de diferentes autores, desarrolla las nociones de democracia referida al consenso de la administración de la cosa pública en beneficio de todos que hoy podemos resumir en el respeto recíproco, la aristocracia como el gobierno de algunos considerados virtuosos y la monarquía como el gobierno de uno, lo cual con el tiempo fue transformado en monarquía parlamentaria o constitucional con la idea de establecer límites al poder. Y en la sección cuarta del tercer capítulo subraya que ningún monarca debe contar con la facultad de vulnerar derechos del mismo modo que debe prevenir que otros lesionen derechos del prójimo.

En la sección onceava del último capítulo, el autor extiende su argumentación sobre el significado de la ley que debe ser compatible con el derecho y no fruto de una mera resolución gubernamental y que una ley injusta no debe ser obedecida en línea con la tradición escolástica (la sección se titula “La ley injusta no es ley y aquello que no es ley no debe obedecerse”). Enfatiza que la ley no deriva de la dignidad del legislador sino exclusivamente de su justicia que debe ser universal.

Esta deriva tan sustanciosa sobre lo que significa la igualdad ante la ley y su inseparable noción de la Justicia y la relevancia de los magistrados que imparten justicia es a contracorriente del llamado positivismo jurídico que no reconoce mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva. En la sección catorce recuerda que los gobiernos fueron establecidos para hacer que se cumpla la justicia, un contrapoder de gran peso en las sociedades libres en cuyo contexto esboza que el derecho no es consecuencia del invento de jueces sino el resultado de procesos evolutivos de descubrimiento de valores preexistentes.

Luego de todas estas disquisiciones sumamente sustanciosas y muy pertinentes para la actualidad, este notable pensador en las dos últimas secciones se refiere a la importantísima misión del Parlamento o Poder Legislativo y apunta que “la Magna Charta que comprende nuestras leyes antiguas y las legislaciones subsecuentes no son fueron enviados de los cielos sino de acuerdo a la voluntad de los hombres” en dirección a la limitación al poder. En este sentido agrega que en una sociedad libre no puede otorgarse poder al Parlamento a los magistrados judiciales ni al rey que no sean para salvaguardar derechos y en el primer caso las deliberaciones deben dirigirse a poner orden, es decir, a lo que modernamente diríamos el Estado de Derecho donde ese Poder Legislativo “debe ser confiado solo en las manos de quienes son capaces de obedecer la Ley” en el sentido antes definido y vinculado a los escritos de Richard Hooker que Sidney cita en concordancia también con otros autores respecto al iusnaturalismo.

Estas notables contribuciones fueron desarrolladas primero por Locke y luego perfeccionadas por Montesquieu. En el primer caso, se muestra que “Cuando los legisladores quitan y destruyen la propiedad de la gente o los reducen a la esclavitud por medio del poder arbitrario, se colocan en un estado de guerra con el pueblo que queda eximido de seguir obedeciendo.” Y el segundo autor además de haber afinado la imprescindible división de poderes, escribe en su trabajo más conocido de 1748 que “nos ha enseñado la experiencia eterna que todo hombre investido de autoridad abusa de ella. No hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación […] Para que no se abuse del poder, es necesario que se le ponga límites”. Calcado en la misma argumentación, contemporáneamente Bertrand de Jouvenel concluye en el poder que “es una experiencia eterna el que todo hombre que tenga poder se ve impulsado a abusar del mismo”.

Benjamin Constant en “Sobre el espíritu de conquista y de usurpación en sus relaciones con la civilización europea” consignó la célebre distinción entre “la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos”, la primera “se componía más bien de la participación activa del poder colectivo que del disfrute pacífico de la independencia individual […] Muy otra cosa ocurre en los estados modernos, su extensión, mucho más vasta que las repúblicas de la antigüedad […] Los clásicos hallaban más deleite en su existencia pública y tenían menos en su existencia privada. Casi todos los deleites modernos se hayan en la existencia privada”. Hoy desafortunadamente pude decirse que en gran medida hay una reversión del tema: se pretende circunscribir la participación de la gente en el voto (con todas las artimañas del caso) pero excluirlo de lo relevante, cual es la protección y el consiguiente respeto a sus derechos individuales tan proclamados por el propio Constant.

Tal como he consignado antes, a mi juicio el cuarteto de obras de ficción que mejor desnudan el poder son La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa que se refiere a Trujillo, Yo el supremo de Roa Bastos que se refiere al doctor Francia, Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias que se refiere a Estrada Cabrera y La silla del águila de Carlos Fuentes que se refiere en general al poder en México donde se leen las siguientes confesiones imaginadas (¿imaginadas?) de políticos que ilustran sobre algunos pasillos de los aparatos estatales: “para mi todo es política, incluso el sexo”, “el poder es mi vocación”, “te lo digo a boca de jarro, todo político tiene que ser hipócrita. Para ascender, todo vale. Pero hay que ser no sólo falso, sino astuto” y “la fortuna política es un largo orgasmo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El K.O. de Arrow a Samuelson

Por Martín Krause. Publicada el 19/7/21 en: https://puntodevistaeconomico.com/2021/07/19/el-k-o-de-arrow-a-samuelson/?fbclid=IwAR0OgyIBHbmBUNEZd4O0xC5QIUb7llWfZgeyRmlAU9cAxfLYXek_BOZtnzk

Si un tema merece ser derrotado, no importa quien lo haga, y, tal vez, tampoco si el golpe no es perfecto.

No podemos decir que Paul Samuelson haya sido socialista o agente de la KGB, pero algunos temas que planteara parecieran llevar a eso. Conocemos su definición de bienes públicos y privados, siendo los primeros aquellos que cumplen con la condición de “no exclusión” y “no rivalidad en el consumo”. Esto llevó a Samuelson, y a todos los que siguieron estas ideas, a plantear que esos bienes han de ser provistos por el Estado. Pero vean lo que dice Samuelson respecto a cuántos son “bienes públicos”:

“Así, consideremos lo que he presentado en este trabajo como definición de un bien público, y en la que tendría que haber insistido mejor en mi primer trabajo y subsiguientes: “Un bien público es aquél que entra en las utilidades de una o más personas. ¿Qué es lo que nos queda? En un pequeño extremo el caso del bien privado y todo el resto del mundo en el dominio de los bienes públicos por presentar algún tipo de ‘externalidad de consumo’”. (Samuelson 1969, p. 108).”

SAMUELSON, P. (1969). “PURE THEORY OF PUBLIC EXPENDITURE AND TAXATION.” IN PUBLIC ECONOIMCS: AN ANALYSIS OF PUBLIC PRODUCTION AND CONSUMPTION AND THEIR RELATIONSHIPS TO THE PRIVATE SECTOR. PROCEEDINGS OF A CONFERENCE HELD BY THE INTERNATIONAL ECONOMICS ASSOCIATIONS. J. MARGOLIS AND H. GUITTON (EDS.) LONDON: MACMILLAN.

¿Entonces? ¿Todos esos bienes y servicios deberían ser provistos por el Estado? ¿”Todo el resto del mundo” provisto por el Estado? ¿No sería ése un mundo socialista?

Otro tema relacionado que planteara Samuelson es el intento de definir una función de bienestar social, una herramienta que permitiría a cualquier gobierno buscar y alcanzar una “re”distribución de ingresos óptima.

No fue necesario que ninguno de los grandes economistas liberales de entonces se ocupara del asunto, porque antes de que tomara suficiente vuelo recibió un golpe de KO que lo sacó del ring. Y este golpe llegó de la mano de Kenneth Arrow, y su “teorema”, que algunos llaman “paradoja”, pero no veo porqué tenga que serlo. Lo interesante es que se lo conoce como “Teorema de la Imposibilidad de Arrow”.

Con un interés pedagógico (esto es, para presentar el tema en las clases), quisiera encontrar una forma sencilla de explicar el teorema, y apelo aquí a su ayuda. Así lo describe Wikipedia:

“El Teorema de Imposibilidad de Arrow parte de establecer que una sociedad necesita acordar un orden de preferencia entre diferentes opciones o situaciones sociales. Cada individuo en la sociedad tiene su propio orden de preferencia personal y el problema es encontrar un mecanismo general (una regla de elección social) que transforme el conjunto de los órdenes de preferencia individuales en un orden de preferencia para toda la sociedad, el cual debe satisfacer varias propiedades deseables:

  • Dominio no restringido o universalidad: la regla de elección social debería crear un orden completo por cada posible conjunto de órdenes de preferencia individuales (el resultado del voto debería poder ordenar entre sí todas las preferencias y el mecanismo de votación debería poder procesar todos los conjuntos posibles de preferencias de los votantes)
  • No imposición o criterio de Pareto débil: si A resulta socialmente preferido a B, debe existir al menos un individuo para el cual A sea preferido a B. Esto implica que la regla no va contra el criterio de unanimidad.
  • Ausencia de dictadura: la regla de elección social no debería limitarse a seguir el orden de preferencia de un único individuo ignorando a los demás.
  • Asociación positiva de los valores individuales y sociales o monotonía: si un individuo modifica su orden de preferencia al promover una cierta opción, el orden de preferencia de la sociedad debe responder promoviendo esa misma opción o, a lo sumo, sin cambiarla, pero nunca degradándola.
  • Independencia de las alternativas irrelevantes: si restringimos nuestra atención a un subconjunto de opciones y les aplicamos la regla de elección social a ellas solas, entonces el resultado debiera ser compatible con el correspondiente para el conjunto de opciones completo. Los cambios en la forma que un individuo ordene las alternativas “irrelevantes” (es decir, las que no pertenecen al subconjunto) no debieran tener impacto en el ordenamiento que haga la sociedad del subconjunto “relevante”.

El teorema de Arrow dice que si el cuerpo que toma las decisiones tiene al menos dos integrantes y al menos tres opciones entre las que debe decidir, entonces es imposible diseñar una regla de elección social que satisfaga simultáneamente todas estas condiciones. Formalmente, el conjunto de reglas de decisión que satisfacen los criterios requeridos resulta vacío.”

En términos más simples todavía, diría que, por ejemplo, si tres individuos tienen este orden de preferencias:

  • X: A > B > C
  • Y: B > C > A
  • Z: C > A > B

… no hay forma de agregar esas preferencias sin violar el orden de alguno de esos individuos, es decir, forzándolo a un orden que no es el que hubiera elegido.

No obstante, el gran servicio que Arrow ha brindado con su Teorema, planteó que algo similar ocurre en el mercado. James Buchanan ha sido muy crítico de este punto, señalando que las transacciones voluntarias que se realizan en el mercado cumplen con el principio de unanimidad y de optimización en un mundo de valoraciones subjetivas. Es decir, no podría haber ninguna redistribución que cumpla con el principio de Pareto, el que sólo se verifica cuando las transacciones son voluntarias.

En fin, el de Arrow fue un golpe imperfecto, pero llevó al KO a la función de bienestar social, y eso es un aporte suficiente.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

En Brasil se privatizan las cárceles­

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 17/8/2en: https://www.laprensa.com.ar/505495-En-Brasil-se-privatizan-las-carceles.note.aspx

En otras oportunidades he escrito sobre las contradicciones del actual gobierno brasilero por lo que no repetiré el tema. En esta ocasión me centro solo en un aspecto que no hace a este o aquel gobierno sino en la idea misma de abandonar la sandez de contar con cárceles fabricadas y mantenidas por los aparatos estatales con el agravante de que se deja de lado a la víctima y monopolizan el rol los burócratas.­

Resultan del todo irrelevantes las características de los gobernantes del país vecino, como queda dicho, lo interesante es detenerse a considerar la propuesta de privatizar las cárceles. Ya sabemos de los desastres de los mal llamados emprendimientos empresarios del plano político por lo que no abundaremos en esta nota periodística puesto que ya lo hemos hecho en otras circunstancias.­

Aquí solo centramos nuestra atención en la tremenda injusticia de endosar los costos de financiar el mantenimiento de delincuentes compulsivamente con el fruto del trabajo de quienes no delinquen, incluso con el bolsillo de las propias víctimas de los atropellos y crímenes de los encarcelados.­

Si se abre la posibilidad de cárceles privadas, los reclusos pagan por su mantenimiento además de sufragar los costos para resarcir a las víctimas (aunque estrictamente en muchos casos el daño causado sea imposible de compensar). En otros términos, para los dueños de las empresas carcelarias habrá el incentivo del negocio y la competencia en el ofrecimiento de los servicios correspondientes respecto a la calidad de la atención a los presos que será de una calidad infinitamente mejor que con el actual sistema donde son verdaderas pocilgas y tormentos las cárceles estatales.­

­FALACIA AD POPULUM­

Y no se caiga en la estupidez de la falacia ad populum: si todos lo hacen está bien, si nadie lo hace está mal, puesto que de haber seguido esta línea argumental no hubiéramos pasado de la cueva, el taparrabos y el garrote ya que nadie tenía una choza, un vestido ni arco y flecha por lo que debían ser rechazados si se seguía aquel razonamiento estrafalario.­

Antiguamente en comunidades primitivas se aplicaba la ley del Talión y hoy desafortunadamente no pocos adhieren al abolicionismo en base a una concepción de lo que Karl Popper bautizó como determinismo físico que niega la posibilidad de actos libres, es decir, en este contexto no se debe castigar al criminal porque no sería responsable de sus actos. En este plano de análisis es muy ilustrativa la lectura de la obra del médico psiquíatra Stanton E. Samenow titulada Inside the Criminal Mind donde explica detenidamente el fundamento de la responsabilidad individual.­

De todos modos, fue un adelanto colosal el abandonar la venganza y la tortura por la privación de la libertad en el contexto de debidos procesos con las garantías correspondientes de defensa en juicio. Cesare Beccaria, el pionero del derecho penal, subraya en De los delitos y las penas la trascendencia del debido proceso y condena enfáticamente la tortura puesto que “Un hombre no puede ser llamado reo antes de la sentencia del juez […] o el delito es cierto o incierto, si cierto no le conviene otra pena que la establecida por las leyes y son inútiles los tormentos porque es inútil la confesión del reo, si es incierto no se debe atormentar a un inocente porque tal es un hombre cuyos delitos no están probados”

Pero resulta que en nuestros medios la cárcel estatal constituye un tormento psíquico y físico de proporciones mayúsculas y la tortura de cualquier tipo y especie es condenada severamente por toda persona que se considere civilizada.­

Beccaria se pregunta y responde en ese libro “¿Quereís evitar delitos? Haced que las leyes sean claras y simples y que toda la fuerza de la nación esté empleada en defenderlas, ninguna parte en destruirlas”

En estrecha conexión con este asunto, el mencionado autor también en esa obra tan celebrada por penalistas de renombre concluye respecto al derecho de tenencia y portación de armas que “las leyes que prohíben llevar armas no contienen más que a los no inclinados ni determinados a cometer delitos (…) Empeoran las condiciones de los asaltados, mejorando la de los asaltadores, no minoran los homicidios sino que los aumentan, porque es mayor la confianza en asaltar los desarmados”.­

­PALABRAS HUECAS­

En otras palabras, dejemos de palabrería hueca respecto a los delincuentes y hagamos esfuerzos para mitigar los atropellos a la vida, la propiedad y la libertad para lo cual los integrantes del monopolio de la fuerza deben dar el ejemplo en lugar de cometer crímenes legales tal como los denominó el decimonónico Bastiat en su tan ponderado texto que lleva por título La ley, donde también explica que el derecho se basa en mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva por lo que una ley es injusta si arremete contra esos principios. Y una de las maneras de combatir el delito estriba en las condiciones de las cárceles.­

En el contexto de lo acabamos de expresar, cierro con un pensamiento de Juan Bautista Alberdi estampado en su trabajo de 1854 que explica el significado de la Constitución argentina: “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública”

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

ESTO LO ESCRIBÍ EN EL 2013. Y AHÍ SIGUE, GRACIAS AL 48% DE LOS ARGENTINOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/8/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/

Usted, Señora Presidente, viene a pedir respeto para los que piensen diferente.
Usted, la fiel discípula de un cuasi-dictador que, manteniendo cínicamente las formas del estado de derecho, y violándolo permanentemente, acorraló, atemorizó y amenazó a todos los que pensaban diferente.
Usted, la que no duda de burlarse y amenazar por cadena nacional a todos los que piensen diferente.
Usted, que no ha dudado en utilizar la fuerza bruta de piquetes para amenazar a todos los que piensen diferente.
Usted, la que no duda en abrazarse internacionalmente con todos los dictadores internacionales que no dudan en asesinar a los que piensan diferente.
Usted, la que aplaude y apoya totalmente a una psicópata peligrosa que no dudaría en ahorcar con sus propias manos a todos los que pensamos diferente.
Usted, que apoyó y apoya totalmente a los asesinos terroristas que en los 70 asesinaron a todos los que pensaban diferente.
Usted, que no duda en asociar con los asesinos de los asesinos terroristas a todo aquel que piense diferente.
Usted, que lucha contra la libertad de expresión, precisamente por la amenaza que es para usted la expresión del pensamiento diferente.
Usted, que no duda en mantener en el más indigno clientelismo a millones de masas indigentes para que ni se les ocurra pensar diferente.
Usted, que llama des-estabilizadores y golpistas a todos los que piensan diferente.
Usted, que ha nombrado en su gobierno a una banda de personajes psicopáticos, corruptos, autoritarios y dementes, que no dudarían en mandar a la hoguera a todos los que piensan diferente.
Usted, auto-considerada la diosa total que monologa desde su distante atril, al cual ninguna pregunta, que manifieste un pensamiento diferente, puede acercarse.
La lista es muy larga, Señora. No sigo.
Usted, Señora, tiene todo mi cristiano perdón. Yo, sin que usted lo dijera, me manifesté en contra de escraches y abucheos, sean dirigidos a quienes fueren. Pero la política y la historia, Señora, lamentablemente no perdonan. Usted ya ha entrado en la historia del ridículo.

 Tal vez aún no se da cuenta, y no creo que pueda darse cuenta alguna vez. Los que la votaron tal vez tampoco. Y no escribo desde la esperanza de que deje de hacer daño; es muy probable que lo siga haciendo mucho, mucho tiempo, desde su odio, resentimiento y rencor a todos los que piensan diferente. Yo, Señora, escribo desde la única trinchera indestructible: el deber de decirle la verdad. El deber, precisamente, de pensar diferente.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises