Raíces del pensamiento económico argentino

Por Adrián Ravier.  Publicado el 1/1/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/01/01/raices-del-pensamiento-economico-argentino/

Es el título de un nuevo libro que toma la mirada de estudiosos de la realidad del país que se nutrieron en diversas corrientes locales e internacionales e invita al debate de ideas

Participaron del libro: los historiadores económicos Ricardo Manuel Rojas, Ricardo López Gottig y Alejandro Gómez, y los economistas Alberto Benegas Lynch (h), Juan Carlos de Pablo, Saúl Keifman, Luis Blaum, Daniel Heymann, Marcelo Resico y Martín Krause

He tenido el placer de editar el libro que lleva el título de esta nota, convocando a expertos que representan distintas corrientes de pensamiento económico con ideas fundadas en Europa, Estados Unidos o Latinoamérica, pero que luego fueron importadas en nuestro país y ampliadas a través de personas e instituciones que trabajaron por décadas con ese objetivo.

Virreinato del Río de La Plata: La primera referencia es con la llegada de los barcos españoles al continente americano, producto de cierto mercantilismo que nace en Inglaterra y Francia, que luego adquiere su propio proceso en España y que se plasmó en el gobierno de los virreinatos que se impusieron a lo que hoy es nuestro territorio nacional. En esos siglos de dominio español, nuestro territorio estuvo plagado de restricciones al comercio, lo que impidió que el desarrollo económico y el progreso ocurrieran antes del modelo agro exportador.

Manuel Belgrano e Hipólito Vieytes: Mientras el primero estudió en Europa y se acercó a las ideas del Laissez Faire y Adam Smith, Vieytes tuvo un proceso más latino, pero llegando a las mismas fuentes. En los distintos periódicos que circularon poco antes de la Revolución de Mayo (me refiero al Telégrafo Mercantil y al Semanario de Agricultura, Industria y Comercio), tanto Belgrano como Vieytes le dieron a nuestras tierras las primeras pinceladas liberales. Es cierto que la Revolución de Mayo ocurre en paralelo con las batallas entre Francia y España, que mantenían a los monarcas españoles preocupados por defender territorio propio, pero también había en lo que hoy es el territorio argentino fuerzas locales que exigían cierto liberalismo del comercio para alcanzar el progreso. Belgrano y Vieytes le dieron a esa Revolución un espíritu liberal, no solo para recuperar libertades individuales y buscar un desarrollo local propio, sino también para liberar el comercio.

La Generación del 37: Rodeados de guerras civiles, intelectuales como Esteban Echeverría (1805-1851), Juan María Gutiérrez (1809-1878), Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) lograron crear una isla de diálogo en la que fueron construyendo las bases de nuestra Argentina. Había diferencias entre ellos, claramente, pero coincidían en la importancia del comercio como base del progreso, y cuestionaban las regulaciones y los monopolios.

Las Bases de Alberdi: Esa isla intelectual fue inspiración de nuestra arquitectura constitucional, la que se puede leer en las Bases de Juan Bautista Alberdi. Como bien dice el historiador Ricardo López Gottig las ideas liberales plasmadas en nuestra Constitución de 1853, “no fueron monopolio de Alberdi”. Aun así, su trabajo fue fundamental para recoger e importar instituciones, reglas de juego, debates y experiencias que había acontecido en Europa y Norteamérica. Es a partir de ese marco constitucional que Argentina despega, alcanzando un desarrollo económico milagroso, atrayendo inmigrantes con el florecimiento del comercio y el consecuente progreso.

Quizás una primera conclusión de este estudio es que el siglo XIX de la Argentina fue liberal, con excelentes resultados que se pueden observar en indicadores económicos y sociales.

El socialismo librecambista: Incluso en ciertos socialistas que participaron de debates parlamentarios como Juan B. Justo -quien tradujo El Capital de Marx al español- se observa cierto pedido de libre comercio, entendiendo que la libre importación de alimentos reducía los precios que beneficiaban al trabajador.

John Maynard Keynes y Raúl Prebisch: Las circunstancias históricas, sin embargo, cambian con la primera guerra mundial y la gran depresión de los años 1930, y emerge en el mundo desarrollado la figura de John Maynard Keynes. Keynes pedía cierto estado presente y cierta política económica estabilizadora para enfrentar la gran depresión, lo que no significa justificar los excesos que el mundo cometió en su nombre en el siglo XX. En Argentina fue especialmente importante la figura de Raúl Prebisch, recibiendo la influencia de Keynes, pero dándole una forma local propia. Una diferencia sustancial entre ambos es que Keynes, fundamentaba la intervención con ánimo de estimular la demanda agregada en un contexto de crisis y recursos ociosos; Prebisch, sin embargo, tiene un ánimo más desarrollista, fundamentando la intervención y el estado presente en contextos diferentes. Aun así, ni Keynes, ni Prebisch, ni tampoco seguidores de esta corriente como Julio Olivera, Roberto Frenkel, o los autores de estos capítulos del libro de referencia como Saúl Keifman, Luis Blaum y Daniel Heymann, justificarían las intervenciones económicas de los sucesivos gobiernos argentinos a los largo del siglo XX. Una cosa es sostener que el gobierno debe intervenir con un ánimo desarrollista, otra muy distinta es justificar los excesos de los sucesivos gobiernos argentinos.

La Escuela Austriaca de Mises y Hayek: Quizás para enfrentar esa expansión del Estado Moderno, algunos argentinos como Alberto Benegas Lynch importaron en la Argentina las ideas de la Escuela Austriaca, en particular la de Mises y Hayek. Primero con reuniones en la Universidad de Buenos Aires, y luego con la creación de distintos centros, algunas personas e instituciones se preocuparon por traer a estas figuras intelectuales nacidas en Viena para ilustrarnos de aquellos excesos. No se trataba de defender ideas anarquistas o libertarias, sino de defender la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado. Varios intelectuales como Juan Carlos Cachanosky viajaron a Estados Unidos a doctorarse en programas austriacos, para luego traer esas ideas a la Argentina.

La Escuela de Chicago de Milton Friedman: Lo mismo ocurrió con la Escuela de Chicago. Jóvenes argentinos viajaron a esta ciudad de los Estados Unidos y se acercaron a las ideas de Milton Friedman, las que luego trajeron a nuestro país para alentar un debate necesario. Juan Carlos de Pablo cuenta en este capítulo quienes fueron las personas y las instituciones responsables de crear cierto monetarismo argentino, ideas necesarias para encontrar respuestas al problema de la inflación.

La Economía Social de Mercado y la Doctrina Social de la Iglesia: En esta historia por supuesto que la Iglesia también recibió influencia de ideas foráneas, y en este capítulo Marcelo Resico muestra el impacto de ciertas ideas ordoliberales, que tuvieron éxito -entre otros- en el milagro alemán de posguerra, y que pueden ayudar a resolver ciertos dicotomías entre liberales y keynesianos. Röpke, Einaudi, Rueff, Erhard son posiblemente un puente entre Keynes y Hayek, una respuesta a esa grieta de ideas económicas que prevalece aun hoy en Argentina.

Un renovado interés por las instituciones: Si la economía en la primera mitad del siglo XX se transformó hacia cierto mecanicismo matemático, lejos del enfoque multidisciplinar que tenían los trabajos clásicos, en las últimas décadas parece ocurrir cierto renovado interés por la economía institucional. Martín Krause nos cuenta cómo las ideas de James M. Buchanan, Ronald Coase y Douglass North, entre otras, llegan a nuestro país y empiezan a generar interés en los economistas locales.Este es un libro plural, y hemos pretendido darle voz a los distintos economistas influidos por distintas corrientes de pensamiento. Se trata de un intento por rastrear las fuentes de nuestro pensamiento económico, tan heterogéneo como podrá ver el lector en los medios, pero al mismo tiempo, tan actualizado respecto de los procesos iniciados en otros continentes. El debate de ideas es el precedente del orden económico institucional que puede ayudar a la Argentina a encontrar respuestas a sus problemas. Este libro pretende iniciar una búsqueda y un diálogo entre quienes se han formado con diversas influencias de pensamiento económico.

El libro de referencia se titula «Raíces del pensamiento económico argentino», y fue publicado por el Grupo Unión, en Buenos Aires, en diciembre de 2021. Han participado de este libro los historiadores económicos Ricardo Manuel Rojas, Ricardo López Gottig y Alejandro Gómez, y los economistas Alberto Benegas Lynch (h), Juan Carlos de Pablo, Saúl Keifman, Luis Blaum, Daniel Heymann, Marcelo Resico y Martín Krause. 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Políticos ricos, pueblo pobre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/1/22 en: https://economiaparatodos.net/politicos-ricos-pueblo-pobre/

Esa característica de la Argentina explicaría en parte la falta de transparencia de los presupuestos en diversas provincias y municipios

Si el análisis del despilfarro del gasto público a nivel nacional es una tarea titánica de llevar a cabo por lo dispersa que está la información, bucear en los presupuestos provinciales y municipales es un desafío que muestra la falta de verdadero sentido republicano que hoy impera en Argentina. Por ejemplo, conseguir el presupuesto desagregado de la legislatura de la provincia de Buenos Aires es una misión imposible. Lo máximo a lo que se puede acceder es al presupuesto total, pero como si fuese una asociación clandestina, tiene guardado bajo 7 llaves la apertura del gasto de ambas cámaras. Es como si hubiese un juramento de silencio entre todos los bloques de legisladores bonaerenses de no dar a conocer en qué gastan los $ 17.700 millones que gasto la legislatura de la provincia de Buenos Aires en 2021 con un costo promedio por legislador, tomando 13 meses para incluir el aguinaldo, de US$ 98.662 por mes. Esto es el sueldo de cada diputado y senador provincial, más los gastos indirectos como automóviles, choferes, asesores, viáticos, etc. Una fortuna donde gran parte del conurbano bonaerense se encuentra por debajo de la línea de pobreza.

Si uno un partido de gran peso electoral como es La Matanza con estimaciones de pobreza que llegan al 45/50 de la población de dicho partido que tiene unos 2.230.000 habitantes de acuerdo a las últimas estimaciones, puede ver que el presupuesto del Concejo Deliberante de La Matanza de 2021 fue de $ 369.810.199, con 24 ediles. Esto significa que el costo promedio por edil fue de US$ 11.853 mensuales, un disparate considerando las condiciones en que se encuentra la población del municipio.

Una de las provincias más pobres de Argentina es Chaco con un 51,9% de su población bajo la línea de pobreza en el Gran Resistencia. Cabe destacar que en 2016 Gran Resistencia tenía un 34,5% de su población en la pobreza. Es decir, que aumentó en 17,4% puntos porcentuales la tasa de pobreza de la población, pero el presupuesto de la legislatura provincial fue de $ 4.160 millones para 32 legisladores provinciales con un costo promedio por legislador de US$ 100.000 mensuales en 2021. Un verdadero disparate para una provincia hundida en la pobreza.

Formosa, con una pobreza del 47,4% tuvo un costo por legislador de US$ 35.821 por mes en 2021.

Catamarca que tiene una pobreza del 46%, tiene una legislatura con un costo de $ 3.167 millones en 2021, tuvo un costo por cada uno de sus 57 legisladores de US$ 42.740 mensuales.

Un caso realmente alarmante es el de Neuquén, provincia en que su ubica fundamentalmente Vaca Muerta. Esa provincia pasó de una pobreza del 27,1% en 2016 al 41% en el primer semestre de 2021. Sin embargo, a pesar de este estallido de la pobreza, el Congreso provincial tuvo un costo de US$ 65.604 por mes por legislador.

La política se ha transformado en un gran negocio en el que muchos quieren entrar para salvarse, por eso están sobredimensionados los congresos provinciales. En Argentina hay en total 1.199 legisladores provinciales, es decir, un promedio de 1 legislador provincial por cada 38.365 habitantes.

Cuadro 1

El cuadro 1 muestra los presupuestos anuales de cada legislatura provincial (se tomaron los datos conjuntos de senados y diputados en las provincias en que hay dos cámaras y en la cantidad de legisladores se sumo ambas cámaras cuando no es unicameral).

Como puede verse, Tucumán con un 46% de pobreza es la provincia que más costo tiene por legislador: US$ 156.968 por mes. El costo incluye sueldo más gastos directos e indirectos de la legislatura. Lo que realmente cuesta mantener cada legislador provincial.

La ciudad de Buenos Aires es la segunda con mayor costo por legislador y la tercera es Chaco con una pobreza ya mencionada anteriormente.

En promedio cada legislador provincial tiene un costo mensual de US$ 49.046, esto llevado al total anual para mantener a todos los congresos provinciales de US$ 764 millones.

En Argentina hay, en promedio, un legislador provincial por cada 38.365 habitantes.

En Estado Unidos, con 50 estados, tienen un total de 7.243 legisladores estaduales con un promedio de 1 legislador por cada 45.561 habitantes.

Por su parte, las comunidades autónomas de España tienen un total de 1.103 legisladores lo que da un promedio de un legislador autonómico por cada 43.000 habitantes. Nuevamente nosotros tenemos un legislador por menor cantidad de gente que en EE.UU. y en España. Somos más ineficientes.

En síntesis, no se pretende en estas líneas decir que tienen que desaparecer los congresos provinciales, lo que sí podría pensarse es una regionalización para reducir las estructuras burocráticas de las provincias. El mensaje es que Argentina está sumergida en la pobreza porque la política se ha transformado en un fenomenal negocio al servicio de unos pocos que logran escalar económicamente entrando en la actividad partidaria con muy buenas remuneraciones e “ingresos adicionales”.

Si a estas estructuras legislativas se le agregan los concejos deliberantes de los municipios que rondan los 2500, más todas las estructuras ejecutivas a nivel nacional, provincial y municipal, más empresas públicas parasitarias como pueden ser Aerolíneas Argentinas e infinidad de otras más, no cabe duda que hay mucho para recortar en el gasto público.

En definitiva, tanto se ha transformado la política en un negocio, que por eso tenemos políticos ricos y población pobre.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Maquiavelo describe la raíz del poder político

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/1/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/01/08/maquiavelo-describe-la-raiz-del-poder-politico/

El pensador florentino fue el precursor del pensamiento político moderno. Durante siglos fue colocado del lado de los villanos, aunque el contenido de su obra refleja otra cosa

Nicolás Maquiavelo

Hace tiempo escribí sobre este personaje pero debido a que se vuelve sobre el asunto estimo pertinente recordar lo dicho con algunas variantes. Hay quienes juzgan que este autor revelaba su perversidad en sus dos obras más conocidas, es decir, El Príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio, lo cual se configura como “maquiavelismo”, pero lo que hizo en estas obras -especialmente en la primera- es simplemente una descripción del poder y de los politicastros que pululan por doquier, lo cual es señalado, entre otros, por autores como James Burnham, George Sabine o Maurizio Vitroli en sus archiconocidos trabajos sobre la materia.

“Podría citar mil ejemplos modernos y demostrar que muchos tratados de paz, muchas promesas han sido nulas e inútiles por la infidelidad de los Príncipes, de los cuales, el que más ha salido ganando es el que ha logrado imitar mejor a la zorra. Pero es menester respetar bien ese papel; hace falta gran industria para fingir y disimular, porque los hombres son tan sencillos y tan acostumbrados a obedecer las circunstancias, que el que quiera engañar siempre hallará a quien hacerlo”. Este es uno de los pasajes de El Príncipe de Maquiavelo en el que resume su tesis central.

En esa obra célebre se encuentra el verdadero rostro del poder cuando se lee que el gobernante “debe parecer clemente, fiel, humano, religioso e íntegro; más ha de ser muy dueño de sí para que pueda y sepa ser todo lo contrario […] dada la necesidad de conservar el Estado, suele tener que obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión […], los medios que emplee para conseguirlo siempre parecerán honrados y laudables, porque el vulgo juzga siempre por las apariencias”. Incluso hay quienes ingenuamente interpretan el uso maquiavélico de virtú como si se tratara de virtud cuando en verdad esa expresión en El Príncipe alude a la voluntad de poder que solo se obtiene por el uso de la fuerza. Más aún, escribe Maquiavelo que “El Príncipe que quiera conservar a sus súbditos unidos y con fe, no debe preocuparse de que le tachen de cruel […] es más seguro ser temido que amado […] Los hombres temen menos ofender al que se hace amar que el que se hace temer […] solo han llevado a cabo grandes empresas los que hicieron poco caso de su palabra, que se dieron maña para engañar a los demás”.

Por su parte, en el contexto de los poderes papales, en el otro libro referido Maquiavelo señala que en relación a los abusos del caso “el primer servicio que debemos los italianos a la sede papal es haber llegado a ser irreligiosos y malos” y concluye en un plano más amplio que “Jamás hubo ni habrá un país unido y próspero sin no se somete todo a la obediencia de un gobierno.” Recordemos en otro orden de cosas que de los veinte Concilios hasta el momento -de 325 a 1965- a la mitad de ellos asistió el gobernante político del momento.

Se trata entonces de una muy ajustada observación de lo que en líneas generales significa quién se instala en el trono del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno, pero resulta sumamente curiosa la renovada confianza, no solo de los consabidos adulones que sin vestigio alguno de dignidad están en todas partes y anidan en todos los tiempos, sino de gente de apariencia normal que es engañada y saqueada una y otra vez, a pesar de lo cual insiste en la experiencia cuando el próximo candidato promete “cambio, combatir la corrupción y establecer justicia” y otras cantinelas equivalentes.

Produce asombro y verdadera perplejidad que se suela considerar como normal que el político mienta en campaña para engatusar a la incauta clientela, incluso livianamente se lo justifica y perdona al candidato diciendo que “es político”. Es que como ha escrito Hannah Arendt, “nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado a la veracidad entre las virtudes políticas”. Por ello es que Alfred Whitehead ha enfatizado que “el intercambio entre individuos y entre grupos sociales es de una de dos formas, la fuerza o la persuasión. El comercio es el gran ejemplo del intercambio a la manera de la persuasión. La guerra, la esclavitud y la compulsión gubernamental es el reino de la fuerza”. Por su lado Ortega y Gasset ha escrito: “La política se apoderó de mí y he tenido que dedicar más de dos años de mi vida al analfabetismo (la política es analfabetismo)”. Como nos ha enseñado Gaetano Mosca, la historia no debe interpretarse con lentes monistas o unidireccionales, pero en el caso que nos ocupa se juega nada menos que la libertad que es lo que precisamente permite abrir ríos que se bifurcan en muy distintas direcciones y que permiten naves de diverso calado y volumen.

Después de tantas matanzas, guerras, torturas y estropicios mayúsculos patrocinados por los aparatos estatales de todas las latitudes, es menester derribar telarañas mentales y explorar otras avenidas fértiles. Para los que quieren ver la realidad del poder hay por lo menos dos etapas que, a su debido tiempo, es aconsejable se transiten. Si lo que se presenta a continuación no es aceptado hay que pensar en otros procedimientos pero no quedarse inmóvil esperando las próximas elecciones pues de este modo se corre el riesgo de convertir al planeta tierra en un inmenso Gulag en nombre de una democracia degradada.

Debe percatarse que la democracia como ha sido concebida en una manifestación de igualdad ante la ley y la protección de los derechos de las minorías, no ha funcionado debido a los incentivos perversos que se desatan muy a disgusto de los Giovanni Sartori de todos los tiempos. En el camino el sistema ha mutado en cleptocracia, a saber, el gobierno de los ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida de cada uno de los que llevan a cabo actividades que no lesionan derechos de terceros.

En una primera etapa, por ejemplo, debería contemplarse el establecimiento de tres pilares aplicables a los tres poderes. Un triunvirato para el Ejecutivo al efecto de diluir la idea del líder y similares tal como se propuso en los debates constitucionales estadounidenses y, agregamos, elegido por sorteo tal como lo propuso Montesquieu en el segundo capítulo del Segundo Libro de El espíritu de las leyes y tal como ocurrió en las repúblicas de Florencia y Venecia, situación en la que las personas dejan de contarse anécdotas más o menos irrelevantes sobre candidatos para concentrarse en los límites al poder, esto es en la fortaleza de marcos institucionales puesto que cualquiera podría acceder. En el Judicial, Bruno Leoni sugiere que debería permitirse que en los conflictos que surjan en las relaciones contractuales, las partes deberían establecer quienes han de oficiar de árbitros en todas las instancias que se estipulen sin regulación de ninguna naturaleza, con lo que se volverá a lo ocurrido durante el primer tramo del common law y durante la República romana. Por último, debería adoptarse lo que Hayek bautizó como “demarquía” en el tercer tomo de su Law, Legislation and Liberty al efecto de introducir reformas al Legislativo.

En la segunda etapa, que es en la que ahora nos detendremos a resumir pero con la brevedad que exige una nota periodística, debería prestarse atención a lo que han venido sugiriendo autores tales como Anthony de Jasay, Bruce Benson, Randy Barnett, David Friedman, Murray Rothbard, Jan Narvenson, Gustave de Molinari, Leslie Green, Walter Block, Morris y Linda Tanehill y tantos otros (sistema que he bautizado como “autogobierno”, que a falta de una definición lexicográfica hago una estipulativa en mi libro y en mis tres ensayos académicos sobre la materia publicados respectivamente en Buenos Aires, Londres, Madrid y Santiago de Chile). Debates sobre estos temas están demorados y poco explorados debido a que estamos inundados de medidas infantiles que atrasan y demoran toda posibilidad de progreso como la machacona y absurda idea del control de precios, la inflación monetaria, el embrollo de impuestos astronómicos, deudas siderales, legislaciones contrarias a los derechos más elementales, cerrazón al comercio internacional y normas en el ámbito laboral que perjudican enormemente a quienes desean trabajar.

Es del caso destacar que una de las obras del referido de Jasay titulada Against Politics donde se objeta el monopolio de la fuerza y se explica la manera evolutiva de producir normas en libertad, el premio Nobel en economía James Buchanan escribe sobre ese trabajo que “Aquí se encuentra la filosofía política como debiera ser: temas serios discutidos con verba, agudeza, coraje y genuino entendimiento”. Lo peor son los conservadores en el peor sentido de la expresión, esto es, no los que pretenden conservar la vida, la libertad y la propiedad, sino los que no pueden zafar de las tinieblas mentales y son incapaces de discutir otros paradigmas dentro de la tradición liberal que como es sabido no es un puerto sino una travesía permanente en un contexto evolutivo. Por ello la sabiduría del lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, a saber, no hay palabras finales.

No me quiero poner demasiado técnico en esta columna periodística pero el debate por el momento se centra y gira en torno a la cerrazón al comercio internacional y el llamado equilibrio Nash.

Es de interés tener en cuenta los casos en los que las sociedades que operaron sin el monopolio de la fuerza como el de Islandia desde el año 900 al 1200 de nuestra era al que se refiere David Friedman en “Private Creation and Enforcement of Law: A Historical Case” y David Miller en su libro Bloodtaking and PeacemakingFeud, Law and Society in Saga Island, el de Irlanda desde principios del siglo VI a mediados del XVII, caso al que alude Joseph E. Penden en “Stateless Societies: Ancient Ireland” y el caso de los hebreos, tal como lo relata la Biblia antes del período de los Jueces (Samuel, II, 8), mencionado sucintamente por Lord Acton en su Essays on Freedom and Power.

Nada de lo dicho puede adoptarse a la manera de un tajo abrupto en la historia, es indispensable el debate en un proceso de discusiones paulatinas en el que exista la debida comprensión de las ventajas de un sistema abierto sin monopolios impuestos. El antes aludido Barnett en Restoring The Lost Constitution nos dice que en nuestro sistemas políticos resulta curioso la insistencia que están consentidos por los ciudadanos cuando no hay manera de expresar el no-consentimiento en cuyo contexto se interpreta como que el aparato estatal fuera el dueño del lugar donde uno vive: “Cara, usted consiente, seca también consciente, no tira la moneda ¿adivine que? Usted también consiente. Esto simplemente no es consentir”. Por último, resulta atingente recordar que Joseph Schumpeter ha señalado en Capitalismo, socialismo y democracia que “La teoría que asimila los impuestos a cuotas de club o a la adquisición de los servicios, por ejemplo, de un médico, solamente prueba lo alejada que está esta parte de las ciencias sociales la aplicación de métodos científicos”.

No es posible vaticinar cuánto tiempo demandará el antedicho debate ni siquiera si se concretará a niveles suficientes, pero en todo caso es absolutamente necesario ponerle bridas al abuso del poder si queremos vivir una vida digna. Es cierto que ha habido y hay políticos con los mejores propósitos y deseos de libertad, pero el tema es revisar con atención y el debido tiempo los incentivos y las consecuencias implícitas en el monopolio de la fuerza.

En línea con lo dicho en esta nota, es pertinente concluir con un pronóstico de Jorge Luis Borges. En el libro titulado El otro Borges en el que Fernando Mateo recopila dieciséis entrevistas de diversos medios al célebre escritor, se reproduce una en la que Borges reitera lo que ha dicho y escrito en muchas otras oportunidades, a saber, que la meta debiera ser la abolición de los aparatos estatales en línea con lo estipulado por el decimonónico Herbert Spencer, ocasión en la que el periodista inquiere: “¿Piensa seriamente que tal estado es factible?” A lo que el entrevistado responde: “Por supuesto. Eso sí, es cuestión de esperar doscientos o trescientos años”. A continuación, como última pregunta, el entrevistador formula el siguiente interrogante: “¿Y mientras tanto?” A lo que Borges contesta: “Mientras tanto, jodernos”.

Agrego un pensamiento de Chesterton antes de un final con un par de pensamientos brutales: “Toda ciencia incluso la ciencia divina es una sublime novela policial. Solo que no está destinada a descubrir por qué ha muerto un hombre, sino el más oscuro secreto de por qué está vivo.” Así es, resulta clave preguntarnos para qué vivimos, no simplemente transcurrir. Y los dos pensamientos brutales llevan al extremo lo consignado por Maquiavelo, uno es el disfraz de politicastros que resumió Trotsky en su discurso en el Parque Sokolniki el 6 de junio de 1918 donde vocifera que “Nos proponemos construir un paraíso terrenal”, el otro mucho más sincero y que pone al descubierto la tentación de los aparatos estatales sin límites pertenece a Stalin en el Catorceavo Congreso del Partido el 18 de diciembre de 1921 en el sentido de sostener que “Quien se oponga a nuestra causa con actos, palabras o pensamientos -si, bastan los pensamientos- será totalmente aniquilado”…lo cual mandó hacer con el propio Trotsky.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La inmadurez de la política argentina

Por Constanza Mazzina. Publicado el 3/01/22 en: https://www.nuevospapeles.com/nota/la-inmadurez-de-la-politica-argentina

El año 2021 fue complejo en muchos sentidos, pero en la Argentina fue más complicado aún. Comenzamos con la virtualidad al palo mientras que el oficialismo se saltaba la fila para vacunarse VIP con las escasas vacunas que había para marzo. El año avanzó, no sin sobresaltos, y nos sorprendimos con el escándalo de las festicholas en Olivos, mientras los chiques aún no volvían a las aulas y la pobreza siguió in crescendo al ritmo de la “incongelable” (no existe la palabra, pero permítanos la expresión) inflación.

A medida que transcurrió 2021, el trato entre “el poder y su sombra” (como describía Mario Serrafero la relación del presidente y su vice – ¿en nuestro caso, en sentido inverso? -) volvió a desnudar un filoso “epistolario vicepresidencial” que ha venido tensando cada vez más esa cuerda y ha llevado hasta el paroxismo las marchas y contramarchas de un gobierno diletante. Los desencuentros de ese “matrimonio electoral”, forzado por las circunstancias, junto al amateurismo gubernamental en una desgastante gestión de la segunda ola pandémica, fueron horadando velozmente la credibilidad presidencial en un país, lamentablemente, ávido de liderazgos mesiánicos.

La falta de confianza en la palabra del presidente se convirtió en la ausencia total de credibilidad, de propios y extraños, sometidos todos a su inconsistencia. Mientras los errores políticos-electorales se mixearon con los económicos-financieros multiplicando la desconfianza, la deriva del desmanejo en el área social, de la salud o la educación se parangonaron con una errática política exterior amistosa con los autócratas de turno. Así, luego de promediar el año, las postergadas PASO llegaron como un cross de derecha a la mandíbula de un desavenido oficialismo e insuflaron ínfulas desmedidas a una anabólica oposición.  

Con el avance del segundo semestre vimos que, tanto las PASO como las elecciones legislativas de noviembre, descomprimieron el clima ciudadano marcado por el hartazgo y la incertidumbre. Para gran parte de la ciudadanía fue un breve tiempo de esperanza, de que algo podría cambiar con las elecciones y sus resultados. La oposición, luego de la euforia de las PASO, festejó casi en voz baja los resultados de las elecciones de medio término, aún luego de lograr quebrar por primera vez dese 1983 la hegemonía del PJ en el Senado. Mientras que la “remontada electoral” del oficialismo y su estrategia de “ganar perdiendo” obró como un bálsamo que le permitió al gobierno protagonizar otro capítulo de la película del relato K, reemplazando la derrota en las urnas por la épica de la batalla.

Para fines de este 2021, alegrándonos nuestras tórridas fiestas, la política argentina no ahorró en entretenimientos, sorpresas y errores no forzados. Tenemos, por un lado, el acertijo de pronosticar los tiempos de un adormecido acuerdo con el FMI (sólo para no hablar del dólar) o la fallida aprobación legislativa de un ilusorio presupuesto dinamitado instantáneamente por el propio jefe del bloque de diputados del oficialismo. Por el otro, disfrutamos del “Antón Pirulero” de una “distraída” oposición que en su “propia sesión especial” sufrió una derrota no forzada producto de la ausencia de algunos de sus novicios diputados (y de su propia desorganización) o de atravesar los subterfugios y urgencias financieras que disciplinaron a 23 provincias a suscribir un Consenso Fiscal que la ciudadanía percibe como una nueva amenaza impositiva a sus magros bolsillos.

Nada de esto empañó la cantada pirueta institucional y legislativa consumada por propios y ajenos en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires que, a cuenta y cargo de los propios legisladores e intendentes bonaerenses, nos regalaron como anticipo de Reyes. Tampoco eclipsó el sainete criollo reglamentario que, además de contribuir a la confusión generalizada e impositiva, el Senado nos legó, como broche de oro de fin de año, prometiéndonos otro capítulo del culebrón judicial de la política.

 Así, cerramos otro año donde la política argentina avanzó mirando por el espejo retrovisor mientras la ciudadanía se sintió (y se siente) amenazada por una clase política que va a la deriva. La opinión pública percibe que las dirigencias, en todos sus niveles y ámbitos, no sólo son alérgicas a la rendición de cuentas, sino que actúan bajo una lógica patrimonialista respecto de los recursos públicos. Si nuestro electorado ha aprendido a valorar y utilizar las reglas del juego democrático, las élites dirigentes tienen aún una enorme deuda pendiente. Por lo demás, a 20 años de la crisis de 2001, los viejos problemas estructurales de la Argentina se repiten al igual que las rancias mañas de su clase política. La eternización en los cargos públicos, los privilegios atados a ellos y el control de las “cajas estatales”, han erosionado la confianza en nuestra democracia, en los partidos y en las instituciones, dejando una enorme cuenta pendiente para todo el sistema político argentino: el del financiamiento de la política.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

El mutuo respeto de los derechos, esencia de la convicción liberal

Por Enrique Aguilar: Publicado el 1/12/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-mutuo-respeto-de-los-derechos-esencia-de-la-conviccion-liberal-nid01122021/

El liberalismo no inventa enemigos para definir sus contornos y considera que la política sirve para contener el conflicto, no para azuzarlo; valora el diálogo y el debate de las ideas

El liberalismo y su grieta

El liberalismo y su grieta Alfredo Sábat

Hace unos años, Hugh Brogan escribió que el liberalismo se caracteriza ante todo por su condición paradójica: “Es un credo con libros sagrados, nombres sagrados y una historia sagrada, pero sin una definición universalmente aceptable”. En efecto, entre el liberalismo clásico, que postula un gobierno limitado, y las corrientes que propician una sociedad sin gobierno, un abanico de expresiones se ofrece a la mirada del observador que quiera adentrarse en el estudio de esta tradición intelectual. Quizá por eso, como aconsejó J. G. Merquior, resulta más sencillo “describir” el liberalismo que intentar reducirlo a una definición breve.

Incluso hay quienes rechazan la posibilidad de un consenso liberal fundado en valores universales. Así, John Gray considera que no se requieren valores, sino instituciones comunes para permitir que muchas formas de vida puedan interactuar sin necesidad de conciliar sus respectivas concepciones de lo bueno o correcto. Esta distinción entre “dos caras” del liberalismo lleva a Gray a agrupar a Locke, Kant y Rawls, por un lado, y a Hobbes, Hume y Berlin, por otro, como exponentes de lo que en el fondo serían dos filosofías incompatibles. También se ha dicho (Kukathas) que el liberalismo no propone un acuerdo epistémico, sino práctico: sujetarnos a las normas que toleren el desacuerdo.

¿Qué rasgos caracterizan mi modo de ver el liberalismo? En primer lugar, la desconfianza hacia todo intento de transformar la naturaleza humana. Dado que no somos ángeles, el liberalismo considera que las instituciones se vuelven necesarias. También desconfía de los “proyectistas individuales”, del afán por la simetría y de toda pretensión de ajustar la organización social a las reglas de la lógica. Por eso asigna un rol esencial a la prudencia: circunscribir el lugar de los principios. No se aferra ciegamente a lo establecido y prefiere las innovaciones graduales a los cambios violentos.

Este liberalismo hace suya la tesis del conflicto, entendido como “catalizador del acuerdo” (Rosler). No inventa enemigos para definir mejor sus contornos y considera que la política sirve para contener el conflicto, no para azuzarlo, a partir del reconocimiento de la legitimidad parcial de las opiniones de los demás. Consciente de los aplazamientos y límites que nos impone la realidad, descree de las soluciones mágicas y de los profetas de la salvación que las prometen.

A estas alturas, no resulta concebible otro liberalismo que no sea democrático, esto es, que reconozca plenamente la soberanía popular como única fuente de legitimidad y adhiera al principio mayoritario como criterio rector en la toma de decisiones, cuyo límite son los derechos individuales, debidamente salvaguardados.

El liberalismo valora el diálogo y el debate de las ideas. Ve en el disenso un signo de salud intelectual, y en la crítica, una forma de compromiso. Los considera un insumo fundamental para el progreso del conocimiento y para la convivencia plural. Como decía Madame de Staël, “el despotismo, si no es la causa, es el resultado de la unanimidad”. Por tanto, a un liberal no podría resultarle ajena esta máxima del republicanismo clásico: audi alteram partem, “escuchad a la otra parte”. “Solo el pensamiento puede combatir el pensamiento –escribía Constant–, solo el razonamiento puede rectificar el razonamiento”. Siendo así, el insulto, la “cancelación” u otro medio de sustituir la labor de argumentar por la violencia verbal deberían ser ajenos al ethos liberal. Combatir a “los zurdos” no es una proclama liberal, sino maccarthysta. Por lo demás, un liberalismo cerrado ha sido y será siempre una contradicción en los términos.

A propósito de la república clásica, varios próceres del liberalismo valoraron el lugar de la virtud cívica como precondición de libertad. Para citar solamente a James Madison, “suponer que, sin ninguna virtud por parte del pueblo, cualquier forma de gobierno asegurará la libertad y la felicidad es una idea quimérica”. Por eso Madison apelaba también al espíritu “vigilante” del pueblo norteamericano como un elemento indispensable a los fines de evitar “la elevación de unos pocos sobre la ruina de muchos”.

El liberalismo respeta las formas y los controles horizontales, que contribuyen a preservarnos de la arbitrariedad. No rinde culto a la personalidad de nadie. Prefiere que los individuos hagan valer su independencia en lugar de prestarse a un proselitismo que los mimetiza. Tampoco es condescendiente con el autoritarismo político y la manipulación institucional. No puede avalar gobiernos que actúan por decreto, cooptando la justicia, maniatando al legislativo, o donde se robe para la corona. Ninguna reforma de mercado puede compensar esos excesos. Está de más agregar que nunca podría consentir la violación masiva de derechos humanos, el terrorismo de Estado o la ausencia del debido proceso. Con Montesquieu, sostiene que “si la inocencia de los ciudadanos no está asegurada, tampoco lo está la libertad”.

El liberalismo no puede aliarse con un ideario que conciba a la nación como una realidad irreductible o con voluntad propia. Con relación al populismo, no solo rechaza su macroeconomía, sino también otros elementos diseccionados por una amplia literatura. Por ejemplo, en la “anatomía” expuesta por Rosanvallon: a) la división del pueblo en dos campos antagónicos; b) una teoría de la democracia plebiscitaria, donde la categoría de followers califica el vínculo entre los individuos y el líder; c) un modelo de representación encarnada en ese liderazgo, y d) un régimen de pasiones y emociones que destila rabia, resentimiento y repulsión.

En una entrevista televisiva recogida luego bajo el título Le spectateur engagé, Raymond Aron recordó que fue en la década del 20 (había nacido en 1905) cuando comenzó a sentirse liberal “por temperamento”. Después llegaría el andamiaje teórico. Por su parte, Allan Bloom, al evocar al maestro admirado a ambos lados del océano, calificó de inusual esa suerte de “ascetismo espiritual” que consiste en “creer en el derecho que los demás tienen de pensar como les plazca”. El mutuo respeto de los derechos, agregaba, “es la esencia de la convicción liberal”.

Entre nosotros, el enfrentamiento entre distintas posiciones liberales trasciende el debate académico, pues involucra cuestiones personales, viejos enconos y acaso la pretensión de arrogarse un monopolio interpretativo de las ideas. Esa grieta se ha ahondado últimamente. Como si se tratara de una burla de la historia, el verticalismo, la intolerancia y un nivel de agresividad que pasma se han instalado en el interior del liberalismo.

No obstante, si convenimos en que el liberalismo es una suma de convicciones y también un temperamento, tal vez haya espacio para la búsqueda de diagonales y puntos de encuentro entre los que hoy parecen ser caminos divergentes. A este fin, sería necesario mirarse previamente al espejo para hurgar en los propios extravíos.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

Un BCRA que agoniza en reservas y un Gobierno que quiere vengarse contra la clase media

Claramente se están metiéndose con el fruto del trabajo ajeno. Se ha decidido que los dólares son del Gobierno y de prepo quieren que la gente use un peso totalmente devaluado

Martín Guzmán y Miguel Pesce

La decisión del Banco Central de establecer una nueva restricción a la compra de dólares vía la prohibición de comprar pasajes de avión y cualquier otro servicio de turismo en el exterior con financiamiento en cuotas sin intereses, demuestra varias cosas.

En primer lugar, la crítica situación de las reservas netas del BCRA, tema sobre el que venimos advirtiendo hace tiempo. Las reservas líquidas ya son negativas, esto quiere decir que toda intervención del BCRA en el mercado de cambios debe ser en base al uso de los encajes en dólares que no son de su propiedad o porque activó el crédito con el BIS.

Lo concreto es que mientras Guzmán dice que no va a devaluar, terminan ajustando el mercado por cantidad frenando la compra de dólares.

La disparada del riesgo país también muestra que el gobierno argentino está a un paso de entrar en default. Por más que arreglen con el FMI, no van a conseguir fondos frescos para hacer frente a los vencimientos de bonos en dólares en el primer semestre del año que viene que suman US$ 6.400 millones.

El segundo punto es que claramente el Gobierno está metiéndose con el fruto del trabajo ajeno. Acá se ha decidido que los dólares son del Gobierno y de prepo quiere que la gente use un peso totalmente devaluado.

La gente tiene derecho a comprar lo que desee con el fruto de su trabajo, y eso incluye dólares. Pero en su afán intervencionista el gobierno se apropia del fruto del trabajo ajeno. Por ejemplo, si alguien produce trigo y lo exporta, el trigo que entrega es suyo y, por lo tanto, los dólares que recibe por venderlos al exterior, también son del productor de trigo. Sin embargo, el Estado, en una clara violación a los derechos de propiedad, le dice al que produce trigo que el BCRA se queda con los dólares y el productor tiene que quedarse con pesos que nadie quiere. Pero encima, por cada dólar exportado el productor de trigo recibe menos pesos por cada dólar que los que le correspondería si los vendiera en un mercado libre.

Es decir, primero le confisca su trabajo y le entrega pesos devaluados y encima lo confisca con el tipo de cambio artificial. En tercer lugar, lo confisca con impuestos de todo tipo. Esto hace que los estímulos por exportar sean escasos y siempre falten dólares.

Basta con ver las estadísticas de comercio exterior con volúmenes exportados y se puede ver que las cantidades exportadas por Argentina están estancadas hace 16 años. Esto quiere decir que cuando algún año suben las exportaciones es porque subieron los precios externos. Dicho en otras palabras, suben no por mayor productividad interna, sino por suerte de viento de cola.

El ataque a las exportaciones lleva a restringir el ingreso de divisas. El control de cambios lleva a restringir el control de divisas. Y dado el control de divisas, en vez de dar marcha atrás en su locura intervencionista, el gobierno mete más intervencionismo violando derechos de transacción, ahora prohibiendo que la gente pueda comprar servicios de turismo al exterior en cuotas sin intereses.

Dos puntos finales. En primer lugar, el BCRA se arroga el derecho de decir a quién puede financiar una persona con el fruto de su trabajo. Si alguien quiere financiar a otro sin cobrarle intereses, el estado, en forma arbitraria, decide que prohíbe que ese préstamo se lleve a cabo.

En segundo lugar, todo parece indicar que, además de tener un serio problema con las reservas, el Gobierno parece estar vengándose de una clase media, que es la que suele viajar al exterior con el fruto de su trabajo, por no haberlos votado en las elecciones de medio término. No me votás, te castigo, aunque con la nueva restricción que establezca el BCRA no resuelva el problema de la falta de reservas.

En síntesis, tenemos un Gobierno que se apropia de los capitalistas dólares que genera el sector privado y quiere forzar a la gente a usar los devaluados pesos que nadie quiere porque es una moneda de pésima calidad.

Un control lleva a otro, hasta que se termina ahogando por completo la actividad privada o el Gobierno termina hundiéndose en una catástrofe económica, social y política.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Individualismo, egoísmo, colectivismo y altruismo (3º Parte)

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/11/individualismo-egoismo-colectivismo-y.html

El desprestigio que ha logrado la palabra egoísmo ha sido tan grande que no existe prácticamente casi nadie que quiera aceptarla y que no la condene. Inclusive muchos autores que simpatizan con el ideario liberal tratan de librarse rápidamente del término diferenciándolo del individualismo. Como ya hemos visto, K. R. Popper es uno de ellos. Por ejemplo, cuando dice:  

‘’Quizá algunos se pregunten cómo puede un individualista exigir devoción a causa alguna, especialmente a una causa tan abstracta como la investigación científica. Pero una pregunta semejante no haría sino revelar el viejo error (analizado en el capítulo anterior) de identificar el individualismo con el egoísmo’’[1]

El problema -a nuestro modo de ver y como ya hemos esbozado- consiste en creer que existe una sola interpretación para la palabra egoísmo o, dicho de otra manera, que hay una sola forma de ser egoísta. Si, en cambio, como pensamos, equiparamos al egoísmo con el interés propio, descubriremos que bajo esta última denominación se esconden actitudes personales en favor de los demás, y que en dicha dirección hasta incluso se puede admitir la posibilidad de lo que hemos llamado un egoísmo altruista, acepción que una inmensa mayoría de personas rechazaría de plano, incluyendo a la gran defensora del egoísmo, Ayn Rand.

Como dice L. v. Mises –parafraseándolo- el egoísmo engloba desde las acciones más nobles hasta las mas ruines  

‘’Un individualista puede ser generoso, dedicándose no solamente a ayudar a los demás individuos, sino también a desarrollar los medios institucionales destinados a favorecer a otra gente. (Fuera de esto, no creo que la devoción deba ser exigida, sino tan sólo estimulada) ’’[2]

El punto es que, nosotros expresaríamos que un egoísta también puede serlo y -en tal sentido- emprender las que se dan en llamar acciones solidarias.

Ese interés propio que hemos caracterizado como formando parte del egoísmo, o fusionándose con él, puede incluir perfectamente conductas que se dirijan no sólo a beneficiar a otras personas sino también al diseño de instituciones (decir ‘’sociales’’ sería una redundancia, ya que toda institución es -por su propia naturaleza- social) que por definición necesariamente incluyen la acción de otras personas distintas al del sujeto egoísta (individualista nos diría Popper según su clasificación).

Popper se refiere -en concreto- a las instituciones democráticas, que no son las únicas sino que hay muchas otras de carácter no político que benefician a la gente de muchas maneras disímiles, y la enorme mayoría de ellas son de condición privada.   

La devoción de la que nos habla el profesor austriaco es, sospechamos por el contexto, la devoción a alguna causa, es decir, implícitamente a una causa ajena (en principio) al individualista, y a la que adhiere después. Y esa exigencia no queda clara si se trata de una exigencia en abstracto o en concreto hacia alguna o algunas otras personas. Afortunadamente, en el párrafo analizado ahora, nos aclara que ‘’no creo que la devoción deba ser exigida, sino tan sólo estimulada’’.

Y decimos afortunadamente porque una devoción exigida nos estaría revelando una personalidad autoritaria que, claramente tiene poco que ver con lo que el liberalismo individualista predica.

‘’Yo creo que la devoción por ciertas instituciones, por ejemplo, las de un Estado democrático, y aun ciertas tradiciones, puede caer dentro de la esfera del individualismo siempre que no se pierdan de vista los objetivos humanitarios de dichas instituciones’’[3]

Sin duda que este es un párrafo que podemos compartir en alto grado. El individualista es un ser social que puede (como ya dijimos) ser sumamente solidario con otros e incluso con la causa de otros. Nos parece intensamente valiosa la aclaración popperiana en cuanto a la salvedad ‘’siempre que no se pierdan de vista los objetivos humanitarios de dichas instituciones’’.

Y es que –acertadamente- las instituciones de un ‘’estado’’ democrático no necesariamente pueden tener ‘’objetivos humanitarios’’, ya sea por un defecto de diseño o por una interpretación distinta de la palabra ‘’democracia’’, lo que se compadece con las diferentes acepciones que recibe el término democracia en la teoría política, tema sobre el cual nos hemos explayado en varias de nuestras obras por lo que no volveremos a repetir aquí lo que ya dijimos en ellas.

Creo que Argentina es un claro ejemplo donde -bajo la fachada de una ‘’democracia’’ formal- se esconde una modalidad sutil de totalitarismo, de la mano de partidos que hacen del populismo lo que ya puede considerarse una característica de vida.

Por eso, siempre hemos insistido que nuestra defensa es la de una democracia liberal y no de cualquier otro tipo de ‘’democracia’’.

‘’El individualismo no debe identificarse con un personalismo antiinstitucional. Éste es un error que los individualistas cometen con frecuencia. Tienen razón en su hostilidad hacia el colectivismo, pero confunden las instituciones con los grupos co­lectivos (que aspiran a ser fines en sí mismos) y se convierten, por lo tanto, en personalistas anti institucionales, lo cual los coloca peligrosamente cerca del principio de conducción. (A mi juicio, esto explica en parte la hostilidad de Dickens hacia el Parlamento inglés.) ’’[4]

Si tuviéramos que interpretar este párrafo, nos daría la impresión que Popper se está refiriendo al anarquismo como se lo entiende en el lenguaje coloquial y corriente. La expresión ‘’personalismo antiinstitucional’’ es una frase que encaja casi a la perfección en esa idea del anarquismo que tiene casi todo el mundo. Podría señalar que, a partir de ese error que nos señala la cita, el individualista deja de ser tal para convertirse en un anarquista, o que agrega esta última clasificación a la primera.

Pero -como hemos dicho tantas veces- nosotros pensamos que alguien es un individualista porque piensa, razona y se conduce en términos de individuos, es decir percibe la realidad como compuesta de individuos, entendidos como seres humanos concretos y palpables, perceptibles por los sentidos. No cree en entidades míticas como el estado-nación, la patria, el grupo, la colectividad, la sociedad, la comunidad y expresiones abstractas y/o etéreas, equivalentes.  

Esto es lo que marca la distinción entre un individualista y un colectivista. Dos visiones diferentes del mundo y de la realidad. Dos modos distintos de pensar, sentir y de vivir.


[1] K. R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidós. Surcos 20. Pág. 589

[2] Popper K. R. Ibídem.

[3] Popper K. R. Ibídem.

 [4] Popper K. R. Ibídem

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Nicaragua confirma su totalitarismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/11/2en: https://www.laprensa.com.ar/508726-Nicaragua-confirma-su-totalitarismo.note.aspx

Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo han logrado sobrevivir gracias a la ayuda económica de Venezuela y a la tolerancia de gobiernos como el de la Argentina.

Solo un distraído puede reportar como noticia el resultado de las elecciones nicaragüenses. La dupla Ortega sigue encajada en el poder más absoluto. Como en tantos otros casos, fingieron oponerse a Somoza pero son aun peores que ese dictador por ello el cántico popular «Ortega y Somoza son la misma cosa». Ni siquiera buscar pretextos para su abuso de poder pues encarcelaron a siete de los candidatos opositores y proscribieron a tres partidos. Son la mugre del continente junto a la isla-cárcel cubana y la tierra que maneja a su antojo el sátrapa del Orinoco que habla con los pajaritos.

Estoy escribiendo esta nota el domingo temprano antes de conocerse los resultados que, como queda dicho, ya se saben de antemano de modo que no resulta relevante esperarlos. Lo increíble es que existan gobiernos como el argentino que con antelación se apresuraron a difundir la peregrina idea que reconocerán «los resultados de las elecciones en Nicaragua». Hay que estar muy adentrado en el espíritu de la esclavitud para solidarizarse con esos infames mandones.­

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TRAMPAS MACABRAS­

­Se han sucedido reiteradas marchas de protestas en Managua, extendidas a todo el país en protesta por el gobierno autoritario de Daniel Ortega y su cónyuge que inician su quinto mandato quienes ya habían demostrado sus trampas macabras, primero después de su entrenamiento militar en Cuba cuando fue Coordinador de la Junta de la Revolución -después de derrotado otro dictador célebre con ayuda del gobierno estadounidense- y luego como presidente en elecciones amañadas. Ahora gobierna a puro golpe de decreto con una justicia adicta y un Parlamento lleno de cortapisas junto a empresarios prebendarios con privilegios inauditos y mercados cautivos en detrimento de la gente y medios de comunicación controlados por el aparato estatal.­

El régimen nicaragüense ha sobrevivido merced a la ayuda del chavismo y cuando últimamente comenzó a flaquear la beneficencia de Maduro con recursos detraídos coactivamente del pueblo debido al hambre que padece.­

En su oportunidad, las manifestaciones se concentraron primero en torno a la Universidad Politécnica de Nicaragua -bastión de la resistencia estudiantil- que al comienzo se dirigieron a la Rotonda de la Virgen donde se erige la estructura de metal conocida como «el árbol de la vida» puesta por la también dictadora la antes referida primera dama y vicepresidente Rosario Murillo y luego, como queda dicho, las marchas se extendieron por todo el país. Posteriormente las trifulcas se trasladaron también a Matagalpa con muchos heridos y detenidos.­

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INTROMISION CHINA­

­A lo dicho se agrega la agresiva intromisión china contratada por el gobierno local para fabricar, entre otras obras, el canal interoceánico pero en verdad una pantalla para dar sustento al régimen en muy diversos frentes. Es absolutamente inaudito que a esta altura del siglo XXI haya quienes se dejen engatusar por tiranuelos con aires revolucionarios, ambiente en el que ellos y sus compinches y allegados se enriquecen de modo colosal a costa de una miserable explotación a los más necesitados. Y todo esto ocurre además de la aplicación de recetas estatistas fracasadas en todos lados donde se ensayaron. 

Se alardea de la redistribución de ingresos con lo que se establece una asignación de los siempre escasos recursos en base a criterios políticos muy por fuera de toda concepción de eficiencia lo cual perjudica a toda la población pero muy especialmente a los más débiles. En realidad, el eje central de la así denominada redistribución va a los bolsillos de la casta gobernante.

Al mismo tiempo, el aparato estatal se inmiscuye permanentemente en las relaciones contractuales entre las partes con lo que crea conflictos de todo tipo, especialmente en el terreno de la vivienda, la alimentación y la provisión de medicamentos.­

En el área de la educación el régimen se empecina en el lavado de cerebro de los estudiantes que tiene al alcance con bibliografías y enseñanzas reñidas con las más elementales normas de estudio con lo que se cierra el paso a tradiciones de pensamiento que apuntan a una sociedad abierta en el campo del derecho, la economía y la filosofía. Los pocos reductos que existen son permanentemente boicoteados por las autoridades. ­

Este dictador revolucionario comanda el incendio de propiedades de los opositores y la violencia a quienes se animan a levantar su voz para denunciar estas atrocidades. Estas denuncias se conocen merced al coraje de personas como fueron en su oportunidad Luciano García, Elisabeth Romero, Francisco Valdivia, Maria del Carmen Solórzano y el valeroso diario La Prensa que resistió hasta donde pudo en manos de su entonces corajudo editor en jefe Eduardo Enríquez, latrocinios antes expuestos por los propios ex simpatizantes de Ortega como es el caso de Carlos Mejía Godoy, quien por otra parte alega que su ex jefe se alzó con dineros del partido político que en su momento cofundaron.

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PERVERSION­

Hasta su propia hijastra -Zolia Narváez Murillo- lo acusa públicamente a Ortega de haberla violado reiteradamente cuando era niña, y que también dice que el padrastro copulaba con su empleada doméstica frente a esa hijastra. Este es el personaje que pulula por algunos foros internacionales declamando sobre la justicia social y la democracia participativa, siempre abrazado con sus socios de opereta pertenecientes a la oligarquía gobernante de otros países latinoamericanos quienes también succionan los recursos de sus respectivos países en inmisericordes asaltos y atropellos del Leviatán.

Por supuesto que la situación anterior con la camarilla de los Somoza era una verdadera desgracia, la cual duró mientras tuvo el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos, tendencia iniciada por Roosevelt quien reconocía la malicia de la mencionada casta pero afirmaba respecto a uno de sus integrantes mafiosos: «I know he is a son of a bitch, but he is our son of a bitch». Luego Carter recurrió a todas las vías posibles y por haber para que los sandinistas ocuparan el poder, y cuando, mucho después, el gobierno estadounidense intentó reaccionar frente a la sustitución de una banda de forajidos por otra, resultó demasiado tarde.

Mario Vargas Llosa en un artículo titulado «Para la historia de la infamia», después de dar detalles truculentos y horripilantes de Ortega, escribe que el régimen fue convertido «en una dictadura tan corrupta y autoritaria como la que se padeció bajo Somoza». Y se sorprende de que «alguien capaz de semejantes iniquidades se halle de nuevo en el poder» en ese país que destaca es «el segundo país más pobre de América latina después de Haití».­

Mientras las escaramuzas por parte de algunos valerosos ciudadanos se intensifican en las calles en diez ciudades nicaragüenses, especialmente en Granada, León y Managua, en Masaya hubieron combates entre la población civil y la Policía Nacional.­

No sabemos que dirán los libros de historia del futuro sobre estos gobernantes canallas, pero en todo caso habrá muchos sorprendidos por haberse tolerado tanta infamia en nombre de la democracia y la liberación de los pueblos. Un régimen autoritario con disfraz de democracia. En verdad ejemplos de la cleptocracia más espeluznante, es decir, gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida.­

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Una pésima interpretación de la tradición liberal

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 11/11/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/11/11/una-pesima-interpretacion-de-la-tradicion-liberal/?outputType=amp-type

Se da una insólita guerra en la propia trinchera generada por quienes se incomodan por el multitudinario apoyo y la creciente comprensión de las ideas liberales que promueve Javier Milei

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La definición del liberalismo de Alberto Benegas Lynch (h.) en la voz de Milei y otros integrantes de su partido.

El liberalismo desde siempre ha sido una cosmovisión, una postura intelectual que integra muy variadas contribuciones bajo el espíritu popperiano, es decir, aceptando al conocimiento como provisorio e incentivando la máxima apertura al debate y a las refutaciones en un contexto de mentes abiertas motivadas por la búsqueda de la verdad. La gimnasia de la prueba y el error, reconocer al hombre como un ser imperfecto, limitado y que maneja una ínfima cuota de comprensión respecto del mundo que lo rodea, es lo que le ha posibilitado llegar a estas instancias en el peregrinar del conocimiento.

La maximización de procesos evolutivos del hombre, la búsqueda del conocimiento y el desarrollo de todas sus potencialidades individuales, tiene solo cabida en el contexto del “respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”. Esto significa que el respeto no tiene limitaciones. Todo es posible y moralmente válido cuando no se lesionan derechos de terceros. El respeto irrestricto prevalece sobre el no-respeto. Interpretar que el respeto irrestricto valida el autoritarismo, evidencia no haber atendido la única y simple premisa inicial.

Roger J. Williams, detallaba cuán extraordinarios somos individualmente hasta el más mínimo detalle físico y, muy especialmente, en el complejísimo aspecto mental. Tenemos distintas preferencias, gustos, necesidades, inclinaciones, enfermedades, hábitos, debilidades, conocimientos, experiencias, distintas estructuras de procesos decisorios, distintas percepciones y sentimientos. Por ello, para desarrollar nuestras potencialidades al máximo debemos vivir en plena libertad, y eso implica respetarnos mutuamente. Se habla muchas veces de “tolerancia” pero, en realidad, los derechos a la vida, la libertad y la propiedad no se toleran, se respetan.

La tolerancia tiene un dejo de permiso y aceptación que no convence. El liberalismo también implica que, aun cuando nos resulte inaceptable para nuestros valores personales o planes de vida lo que hace otro en el contexto de su fuero íntimo, no se puede recurrir a la fuerza para imponer nuestros propios gustos. Esta tradición la han tomado y alimentado grandes autores como Richard HookerFrancis HutchinsonSamuel Pufendorf, Algernon SidneyJohn Locke y luego Carl MengerLudwig von MisesFredrich HayekMilton FriedmanGary Becker, James BuchananIsrael Kirzner y Murray Rothbard, entre otros.

En el aspecto institucional del ideario liberal, es relevante destacar las contribuciones que representaron los Juicios de Manifestación por parte de los fueros como el de Aragón, anterior al habeas corpus inglés, la estructura jurídica en la Roma anterior al Imperio, la Carta Magna de 1215 y posteriormente la declaración de derechos de la Revolución Francesa, previa a la contrarrevolución jacobina, la Revolución de Estados Unidos contra Jorge III de Inglaterra, la Constitución de Cádiz -donde aparece el término “liberal” como sustantivo-, y las Constituciones como la de Alberdi en Argentina.

Da pena la aparición de algunas personas que arrastrando rebuscados complejos, minan el avance de quienes hoy hacen esfuerzos en la buena dirección. Estos sujetos, movidos por la envidia de ver en contemporáneos de la difusión lo que ellos nunca lograron, buscan sistemáticamente llamar la atención con falacias evidentes, comparaciones insultantes, planteos quebradizos sin la menor honestidad intelectual y hasta la adopción del término despectivo “liberalote” acuñado por un representante de la socialdemocracia. Generalmente se trata de gente que no pueden salir de los datos coyunturales y son incapaces de abordar los temas filosóficos con la sustancia y la consistencia como los hacen los exitosos a los que critica. En nuestro medio, últimamente se da esta insólita guerra en la propia trinchera generada por espíritus pequeños que se incomodan por el multitudinario apoyo y la creciente comprensión de las ideas liberales que promueve tan exitosamente Javier Milei.

El ser humano tiene una inclinación natural de afinidad y simpatía por quienes comparten sus gustos, incluso sobre aquellas preferencias más mundanas. Esa misma inclinación, llevada a planos tan caros como los valores morales de respeto a la vida, la libertad y la propiedad, tiene un significado tanto más trascendente que propicia una conexión humana más profunda. Por esta razón, cuesta creer que, muy lejos de considerarlo compañero de ruta y de tomar el ejemplo de los acalorados pero sofisticados y constructivos debates que los grandes maestros del liberalismo solían tener entre sí, se caiga en nocivos e insustanciales ataques solo inspirados en vicios de la personalidad.

Han pasado muchas décadas donde prevaleció la incomprensión de las ideas liberales. Hoy conozco gente que descubre que es liberal gracias a la titánica lucha por los principios de esta noble causa que ha impulsado Milei. La definición del liberalismo que él mismo supo resumir y difunde del pensamiento de Alberto Benegas Lynch (h.): “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo bajo el principio de no agresión y defendiendo el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”, es una píldora comunicacional maravillosa de alto contenido conceptual que encierra la columna vertebral de espíritu liberal. Parece mentira que haya que gastar caracteres para aclarar que si esa definición la recitan más de dos personas, no es fanatismo religioso; tampoco lo es cuando cantamos el himno, cuando en el colegio recitábamos el Preámbulo de la Constitución o cuando un coro canta una ópera.

Milei es un gran referente del liberalismo y muy lejos está de autoproclamarse salvador, líder o mesías, como muchos pretenden instalar. Al igual que en cualquier movimiento social, político, cultural, religioso o deportivo, pueden darse casos de seguidores que confundan los roles o equivoquen la esencia liberal que está asociada íntimamente con la autodeterminación individual. Pero no hay que dejar que la escasa capacidad de abstracción lleve a generalizar estas conductas particulares. Si luego de unas cortas vacaciones en Francia, somos víctima de un arrebatador, no es del todo lúcido concluir que los franceses son todos unos ladrones. Para el caso de Milei, que basa su prédica en la responsabilidad individual, la planificación de la propia vida y su inspiradora frase que dice que no se involucró en el barro político para “guiar corderos sino para despertar leones”, no deja dudas que no promueve para su persona términos equivalentes a “macrista”, “kirchnerista” o “peronista”, las cuales son muy comunes en la política.

En mis 54 años jamás he vivido semejante revolución intelectual ni un terremoto de estas magnitudes debajo del piso del paradigma estatal. Todos los que durante tantos años han luchado en la batalla cultural, deben alegrarse de este increíble florecer del liberalismo y la colosal lucha que está dando Milei, en el plano académico y en la arena política. Como solemos decir con él frente a los palos en la rueda de diversas magnitudes que le interponen permanentemente: “El sistema se resiste, pero la libertad avanza”.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Liberalotes, libertarios y la contradicción de subordinarse al líder mesiánico

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/11/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/11/10/liberalotes-libertarios-y-la-contradiccion-de-subordinarse-al-lider-mesianico/

En esta ola “liberal” se armó tal ensalada que algunos creen que el liberalismo es una religión

Banderas libertarias (Crédito: Luciano González)

En los últimos tiempos la palabra liberalismo se ha puesto de moda y quienes hasta no hace mucho nos atacaban tildándonos de liberalotes, ahora se dicen liberales.

El tema es que cada uno parece tener su propia definición de liberalismo. Incluso hay sectores que recitan una definición de liberalismo como si estuvieran en misa rezando el Padre Nuestro. En esta ola “liberal” se armó tal ensalada que algunos creen que el liberalismo es una religión.

Incluso se confunde liberalismo clásico con libertario, anarco capitalista o el invento de minarquista. Tal es la confusión, que he dado charlas para jóvenes del Partido Libertario y cuando les pregunté de dónde venía la palabra libertario desconocían por completo el origen.

Lo cierto es que el pensamiento liberal es una evolución de las ideas a lo largo del tiempo. Tal vez podría decirse que la construcción consistente de la doctrina liberal comienza a surgir en el siglo XVII en respuesta al absolutismo de los monarcas. El liberalismo nace como una doctrina que busca limitar el poder del monarca. Tal vez John Locke haya sentado las bases del liberalismo en su Segundo Tratado del Gobierno Civil, pero el ideario liberal se fue construyendo con diferentes aportes a lo largo del tiempo y por esa razón es que no hay un referente único del liberalismo como es el caso del marxismo o el keynesianismo. Nadie puede levantar la bandera del liberalismo diciendo el creador soy yo.

Y mucho menos decir que es el líder. Justamente el liberalismo no sigue personas, sigue ideas. Son los movimientos de carácter fascistas los que rinden culto al líder y al que nadie puede oponerse so pena de ser tildado de traidor. La adoración al líder es justamente lo opuesto al ideario liberal.

Cuando recitan como en misa que el liberalismo es el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo, queda en claro que no entienden el concepto liberal, porque bajo esa definición habría que respetar irrestrictamente el proyecto de vida de Hitler de exterminar a los judíos, algo absolutamente repudiable para un liberal. O habría que respetar irrestrictamente el proyecto de vida de los delincuentes. Y no hay aclaraciones que valgan detrás de esa afirmación porque una definición, si es clara, no puede estar requiriendo de complejas explicaciones posteriores.

Si tuviera que arriesgar una definición de liberalismo, podría decir que el liberalismo es un sistema institucional (forma de organización social) donde cada individuo tiene derecho a buscar su propia forma de vida sin afectar el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de terceros.

El liberalismo es, además, tolerancia hacia las ideas del otro, siempre y cuando esas ideas no busquen violar los derechos mencionados anteriormente.

Lo que se observa de una parte de este surgimiento de algo mal llamado “liberalismo” en Argentina es que un grupo de seguidores: 1) rinden culto a un líder y 2) usan, por ahora, la violencia verbal contra todo aquél que opine diferente al líder y ese opositor es inmediatamente descalificado como envidioso.

Es más, han hecho del insulto y la agresión una bandera “liberal” argumentando que los gobiernos de buenos modales llevaron a la Argentina a la decadencia, con lo cual, según este movimiento de características fascistas, por carácter transitivo consideran que el insulto es un arma legítima para imponer las ideas y la solución a la decadencia argentina. Si el insulto resolviera los problemas de decadencia, la solución sería muy sencilla.

Es más, hasta se presentan como moralmente superiores al resto. Algo así como la pureza racial de nazismo. “Ustedes son la casta política corrupta y nosotros los puros que venimos a liberarlos de esa casta corrupta porque tenemos el monopolio de la pureza moral”, dicen.

Un discurso típico populista. Mientras el kirchnerismo inventa enemigos como los medios hegemónicos, el FMI y los poderes concentrados, esta corriente populista de derecha que se dice liberal, utiliza la misma línea de argumentación de todos los populismos, de derecha o de izquierda. Inventar un enemigo y presentarse como el líder que viene a luchar por liberar a las masas populares de la opresión del enemigo.

Si uno repasa las formas y los argumentos de ese movimiento que se llama liberal que surgió en Argentina últimamente, se encuentra con que es justo lo contrario al liberalismo: intolerante, violento, descalificador del que piensa diferente, subordinación absoluta al líder, culto a la personalidad del líder, etc.

En definitiva, el liberalismo es un intento por limitar el poder del Estado para que este no utilice el monopolio de la fuerza que le delegaron los ciudadanos, para violar el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Que cada uno, sin violar los derechos mencionados de terceros, haga su vida como mejor le plazca.

El liberalismo no es solamente decir que funcione la ley de la oferta y la demanda. Es un sistema institucional que nació, fundamentalmente, para limitar el poder del monarca y ahora el poder del Estado con el monopolio de la fuerza y, donde la economía, es parte del ideario liberal pero no el corazón del liberalismo.

Si limitar el poder del Estado es el objetivo principal del liberalismo, mal se puede pensar que este movimiento violento, intolerante, exigiendo subordinación y adoración al líder tiene algo que ver con el ideario liberal, porque reemplaza al estado por el líder mesiánico.

Por el contrario, esto que algunos llaman liberalismo o movimiento libertario, es un movimiento que casi retrocede en las ideas a las monarquías absolutistas o a los sistemas autocráticos que tanto mal le han hecho a la humanidad. Un primer paso hacia una autocracia que se supone moralmente superior.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky