La democracia se esfuma y la economía se debilita cuando los funcionarios incumplen mandatos

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 14/01/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/01/14/la-democracia-se-esfuma-y-la-economia-se-debilita-cuando-los-funcionarios-incumplen-mandatos/

Multitudes gritaban contra la Convertibilidad, en 2000 – 2001. En verdad, reclamaban para recomponer las pérdidas de especular contra el dólar

Durante una década, en la Argentina rigió una paridad fija de 1 a 1 entre el peso y el dólar (Reuters)

Durante una década, en la Argentina rigió una paridad fija de 1 a 1 entre el peso y el dólar (Reuters)

El PBI en dólares de la Argentina venía cayendo desde 1998 por la crisis del sudeste de Asia, la devaluación del real en Brasil y el default ruso.

Pero la contracción económica de 2002, superior al 60% del PBI, no tiene antecedentes. Fue el resultado de la redistribución forzada de riquezas lograda a través de la decisión de disponer una brusca devaluación y la pesificación asimétrica entre depósitos y préstamos en dólares en el sistema bancario.

Fue el triunfo de los amigos del poder.

Las constituciones y derechos se van modificando con las leyes, decretos, resoluciones, continuamente. Intentos que los argentinos sufrimos intensamente, con la consecuencia de que el país se ha vuelto cada vez más corrupto.

Un durísimo informe de Human Rights Watch (HRW) sobre la Argentina, que toma Infobae, destaca: “Se ha socavado de forma progresiva el Estado de derecho”.

La organización no gubernamental resaltó la retórica hostil que emplean el presidente Alberto Fernández y su vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner contra el Poder Judicial y la prensa independiente. Los detalles de un crudo análisis de la actualidad del país en materia política, económica y social.

“En Argentina existen problemas de derechos humanos”. Así comienza el informe anual de HRW sobre la actualidad del país, que resume los sucesos de 2022.

La organización se refirió a la relación del Gobierno y la Justicia e hizo foco en el pedido del presidente Alberto Fernández de avanzar con un Juicio Político a la Corte Suprema. Y en un apartado que resume el relevamiento, cuenta: “En Argentina, la retórica hostil hacia los jueces por parte de autoridades, las demoras en la designación de jueces y otras autoridades de alto nivel y la corrupción, también presente en el poder judicial, han socavado de forma progresiva el Estado de derecho”.

Sobre la avanzada contra el máximo tribunal, desde HRW recuerdan el proyecto de ley para avanzar con la ampliación de cinco a quince el número de integrantes de la Corte Suprema. En ese sentido, considera que “el gobierno de Fernández y sus aliados introdujeron varias reformas al sistema de justicia que podrían socavar la independencia de los tribunales y de los fiscales.

La organización no gubernamental resaltó la retórica hostil que emplean el presidente Alberto Fernández y su vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner contra el Poder Judicial y la prensa independiente (NA)

La organización no gubernamental resaltó la retórica hostil que emplean el presidente Alberto Fernández y su vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner contra el Poder Judicial y la prensa independiente (NA)

“En septiembre, legisladores oficialistas y de otros partidos aprobaron un proyecto de ley en el Senado que amplía la Corte Suprema de 5 a 15 magistrados, una medida que gobiernos anteriores han utilizado para cooptar la Corte. El proyecto no había sido tratado en la Cámara de Diputados al momento de la redacción de este informe”, consigna HRW.

En ese contexto, el informe de marras menciona las causas que involucran a Cristina Fernández de Kirchner: “Investigan la presunta participación de la vicepresidenta en hechos de corrupción”.

Asimismo, HRW destaca los inconvenientes por lo que atraviesa la Argentina y que “la crisis política, potenciada por las dificultades económicas y la polarización, ha creado un contexto desafiante para que existan mejoras en derechos humanos”.

Impacto socioeconómico

Acerca de la economía argentina, el informe de Human Rights Watch resalta las dificultades que atraviesan las personas de bajos recursos y los niños en el país: “Una larga crisis económica, que se profundizó durante la pandemia de Covid-19, afecta de manera desproporcionada a las personas de bajos ingresos y limita severamente la capacidad de las personas de ejercer sus derechos económicos”.

Y agrega: “Los niños y las niñas se vieron particularmente afectados: más de la mitad de los niños menores de 14 años vivían en la pobreza y más de uno de cada diez en la indigencia”, se apunta en el reporte de la ONG.

El nivel de inflación fue uno de los puntos que tampoco dejó pasar la investigación: “El Banco Central proyectó que la inflación podía superar el 100% en 2022, lo que dificultaría aún más las posibilidades de que las personas puedan satisfacer sus necesidades básicas”.

Sobre los derechos humanos

“En Argentina existen problemas de derechos humanos que incluyen el abuso policial, condiciones carcelarias deficientes y violencia endémica contra las mujeres. La prolongada crisis económica en el país afecta especialmente a las personas que viven en situación de pobreza”, afirma HRW en su publicación.

La organización alertó además en su último informe anual que la ofensiva del Gobierno sobre la Justicia, las demoras en la designación de jueces y de otros cargos, como el Procurador General, y la corrupción, incluida en el poder judicial, han socavado el estado de derecho en la Argentina. Y brindó también un lúgubre panorama sobre el estado de los derechos fundamentales en América latina.

“En la Argentina, la retórica hostil hacia los jueces por parte de autoridades, las demoras en la designación de jueces y otras autoridades de alto nivel y la corrupción, también presente en el poder judicial, han socavado de forma progresiva el Estado de derecho”, advirtió el informe de HRW.

Periódicamente, publico en esta columna la compilación de datos del PBI por habitante por parte del informe de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI (WEO), en que el se aprecia con claridad como actualmente hay países con un ingreso medio anual por habitante de USD 300, como es el caso de Sudan del Sur, y otros con más de USD 90.000 en Suiza y Noruega, y superior a USD 100.000 en Irlanda.

Semejante, brecha se explica en gran parte por la ausencia (en el primer caso) y predominio (en los segundos” de las actividades competitivas con reglas estables. Sin reglas justas no existirían las democracias maduras y pujantes.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE. Sigue a @blascogar

El poder del cuarto poder.

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2023/01/el-poder-del-cuarto-poder.html

Siempre me impactó la idea que representa ese poder de la prensa cuya importancia le ha merecido ser reconocido incluso por la Constitución de la Nación Argentina y la de otros países, ya sea para otorgarle amplia libertad o la más estricta censura.

Todos los déspotas admiten su trascendencia, y por eso siempre han pujado por tenerla de su lado, por las buenas o por las malas.

Es difícil para el ciudadano común discernir donde se encuentra la delgada barrera que separa a la prensa servil y tributaria al poder de la otra libre e independiente. A veces la distinción es clara, otras difusa, y en una tercera ocasión el servilismo es manifiesto. El problema consiste en donde se posicionan las zonas grises.

Y esto carecería de toda significación si la gente no fuera tan dependiente de la prensa o, mejor dicho, de los que hacen de ella su profesión: los periodistas. Estos tienen un poder enorme del cual muchas veces no parecen conscientes.

La llamada »opinión pública» depende de ellos casi con una sumisión absoluta. Su credibilidad es muchas veces más alta que la que gozan los políticos. Por algún fenómeno psicológico difícil de explicar (al menos para el que esto escribe) es más fácil para la gente dudar de la palabra de un político, que la de un periodista sobre el mismo tema.

Quizás algunas explicaciones puedan ser estas:

  1. El político está más expuesto (cualitativamente) en su palabra, dado que en la acción política debe demostrarla.
  2. Esa misma acción política (ya en curso) muestra que, en un porcentaje cercano al 100%, lo que ha prometido en campaña es total o parcialmente falso.

El periodista, en cambio, no está sometido a estas limitaciones. No está obligado a prometerle nada al votante, ya que su misión se agota en mostrale lo que hacen los demás. Es todo lo que debe realizar, es su principal compromiso: exponer a la gente lo que pasa. Lo que hacen los otros. El público será el que juzgará a esos otros. A veces el periodista se suma a ese juicio y generalmente lo hace coincidente con el de sus espectadores. Su público. De estos: es una mayoría la gente que pasa horas de su vida y de su día a día frente a un televisor mirando constantemente las noticias… de lo que sea. No importa, mientras sean noticias de cualquier cosa.

Ingrese el lector a cualquier red social y deténgase por un rato largo a ver de qué habla la gente y podrá comprobar lo que aquí se dice.

Como los periodistas están más expuestos que los políticos a la exhibición pública, son aquellos los más creíbles, simplemente porque se los escucha más a menudo que a los políticos y no están exigidos a probar la verosimilitud de sus dichos. Basta que dejen deslizar entre sus espectadores un mero »trascendido» sobre un hecho o dicho cualquiera para generar sospechas sobre los protagonistas del mismo y dar el puntapié inicial a interminables polémicas.

El periodista tiene en su público un interés comercial a largo plazo. Y cuenta para ello con algunas ventajas: no está obligado a confiar en la veracidad de las fuentes en las que abreva la información que recaba, excepto, a veces, que sea un periodista de investigación, al que la misma opinión publica le atribuye una responsabilidad mayor, pero -a la vez- una cuota también más grande de credibilidad que al resto de los periodistas de divulgación.

Pero el rasgo en común entre periodistas y políticos es que ambos viven y se deben a su público. Cada uno a su manera, deben ofrecerle a ese público del que dependen un producto que estos demanden. Y como todo consumidor, esos gustos del público van mutando en el tiempo y se van haciendo cada vez más exigentes.

La puja por estar en la TV se acrecienta, ya que la gente que la consume masivamente es más afecta a los medios pasivos de información (audio y video) y menos a los medios activos (lectura).

Un video de un periodista español lo describe a la perfección en muy pocas y ejemplares palabras. Se puede ver aquí: https://t.co/sQ78W7kcut

»Lo que se ve y lo que no se ve» (F. Bastiat)

Si bien el fenomenal polemista francés utilizó dicha frase con otros propósitos, se la tomaremos prestada para ilustrar nuestra idea siguiente.

Posiblemente, lo más trágico del periodismo es aquello que no muestra, muchas veces por desconocimiento y no deliberadamente.

Me refiero a que conozco muchísima gente verdadera y excelentemente capacitada en amplios campos del saber humano (político, económico, cultural, académicos, etc.) que sería tremendamente útil a la sociedad, pero son aquellos que nunca llegan a ninguna parte sencillamente porque »nadie los conoce», ya que -como se dice- »no tienen prensa».

Suelen, sin embargo, en el mejor de los casos, moverse en círculos privados de profesionales calificados, pero podrían aportar mucho más a la sociedad si sus brillantes contribuciones tuvieran masiva difusión.

Mucha gente supera con creces a los mediocres que hoy paradójicamente »sobresalen» en esos campos y en otros, por la única razón de que estos últimos son »personajes» nada más porque aparecen muy seguido, en la TV, radios, diarios. En cambio, los que verdaderamente saben no tienen esa posibilidad, o sólo lo hacen esporádicamente sin la suficiente intensidad como para transcender a posiciones más conocidas.

Habitualmente me pregunto, ¿cuántos deportistas de excelencia hoy serian estrellas del deporte si simplemente hubieran tenido la suerte de ser descubiertos por la persona apropiada que los llevara a los medios de difusión para presentarlos como una verdadera promesa en lo suyo? He aquí donde el poder de la prensa revela, a mi juicio, toda su dimensión.

Y sólo tomo el caso del ‘’deporte’’ y -en especial- el fútbol, porque es la »religión» mayoritaria en numerosas partes del mundo. Pero lo mismo aplica al arte, el espectáculo (cine, teatro, etc.) la ciencia, la política, la economía, y hasta el periodismo incluido también, etc.

Creo que han de ser muchísimas más las veces en la vida donde las verdaderas luminarias sociales se encuentran en el anonimato y no en las tablas de un escenario televisado que, por su propia naturaleza, siempre es limitado.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Acerca de una confusión lamentable

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 7/1/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/01/07/acerca-de-una-confusion-lamentable/

Cuando decimos que todos los liberales estamos agradecidos a Milei es una fórmula que no niega que cada uno se sienta representado por quien le de la gana (más tratándose de liberales)

Javier Milei en Moreno, el año pasado

Javier Milei en Moreno, el año pasado

Es muy lamentable que en los momentos tan peligrosos que vive nuestro querido país, irrumpa una persona que invariablemente da muestras de estar abrumada y fuera de sí debido al éxito notable de Javier Milei en torno a la difusión de las ideas liberales y haberlas puesto en el centro del debate público. Gracias a Javier, el interés y la adopción por las ideas de la libertad, se propagaron inicialmente de manera muy expansiva entre los jóvenes pero hoy ya han trascendido las generaciones y es un fenómeno transversal que se amplió a todos los rincones argentinos y también en el exterior.

Es cierto, como dice Alberto Benegas Lynch (h), que no ha habido un discurso más sólido del liberalismo en nuestro medio en el nivel político desde hace muchísimo tiempo. Es cierto que las contribuciones de la Escuela Austríaca no estaban suficientemente difundidas con anterioridad, lo cual ha sido especialmente trabajado por Milei con gran notoriedad. Además de sus detenidas elaboraciones sobre las formidables contribuciones de Carl MengerLudwig von MisesFriedrich HayekIsrael Kirzner y Murray Rothbard, Javier fundamenta todos sus aportes basado en el aspecto moral y extendiendo su análisis al homicidio en el seno materno -mal llamado “aborto”-, el ambientalismo y distintos aspectos caros que hoy peligran en nuestro medio como la división de poderes. Además, ha trabajado y presentado propuestas concretas en materia monetaria, fiscal, previsional, laboral y de comercio exterior.

Por citar solo un ejemplo (hay muchos que han sido vírgenes hasta el surgimiento de Milei en la escena política), nadie en este plano había propuesto la liquidación del banco central en línea con reiteradas sugerencias de los premios Nobel en economía Gary BeckerJames BuchananMilton Friedman y el antes mencionado Hayek. Es de gran interés mostrar que por más que el directorio de la llamada “autoridad monetaria” esté integrado por profesionales honestos y de buena voluntad, solo pueden tomar tres decisiones: expandir, contraer o dejar igual la base monetaria. Cualquiera de las tres decisiones, altera los precios relativos que, como es sabido, son las únicas señales con que cuenta el mercado para conocer donde es atractivo invertir y donde no hacerlo en el contexto de la disponibilidad de recursos siempre escasos y necesidades ilimitadas.

Javier Milei ha insistido hasta el cansancio que no ha venido “a guiar corderos sino a despertar leones”, lo último que pretende es ser “líder” que, por otra parte, ese término remite a lugares muy oscuros. Justamente Milei es un referente que irrumpe en la política para contribuir a que cada persona pueda liderarse a si misma.

Las disidencias en la mesa liberal son bienvenidas y es lo que ha nutrido a su pensamiento a lo largo de su historia. Tal como ha repetido Alberto Benegas Lynch (h) “los liberales no somos una manada y detestamos el pensamiento único por lo que los intercambios de ideas son bienvenidos”. Esa idea no solo no reviste ninguna “inconsistencia” sino que, hablar de “ideología” es el antítesis del espíritu liberal, pero no en el sentido inocente del diccionario de “conjunto de ideas”, tampoco en el sentido marxista de la falsa conciencia de clases; sino como la aceptación generalizada de algo cerrado y terminado que no admite réplicas o refutaciones.

Estimo que en las delicadas circunstancias por las que atraviesa Argentina, no es el momento de hacer ejercicios de terapia o saciar rencores buscando pretextos absurdos para atacar a una persona que expone el ideario liberal de modo convincente. Nos vienen destrozando desde hace más de un siglo -incluso a veces con modales suaves- por lo que resulta indispensable tener la sabiduría de ser capaces de hacer un balance y observar de cerca cuáles son sus propuestas y, como es el caso, si se trata de medias que suscriben la libertad en todos los campos, es menester apoyar y no poner palos en la rueda.

Con estos permanentes ataques ajenos a un debate de ideas, Roberto Cachanosky queda expuesto a comentarios de los colegas. Basta tener un vínculo o un acercamiento con Milei para que Roberto la emprenda contra esa persona, incluso contra personalidades de peso, como el doctor Adrián Ravier y otros intelectuales de renombre, de grados académicos máximos y con contribuciones y reconocimientos en muy diversos campos. Roberto es una persona que básicamente se limita a comentar sobre las Leliqs y afines.

Alberto Benegas Lynch (h) ha dictado conferencias y participado en mesas redondas de prácticamente todos los centros cívicos de la Ucedé y participaba con Álvaro Alsogaray en la Academia Nacional de Ciencias Económicas de la que ambos eran miembros y también en reuniones familiares como ocurría en casa de mi abuelo que lo invitó a Alsogaray a incorporarse al Encuentro Republicano, lo cual aceptó con gusto. Gran trabajo llevó adelante don Álvaro lo cual no quita para nada los renovados méritos del esfuerzo de Javier.

No creo que haya que perder mucho más tiempo con estos asuntos, pero tal vez resulta útil estas observaciones en medio de la lucha por la libertad que afortunadamente no son solo de Milei en el nivel político, aunque es el más radical en sus propuestas. Independientemente de los próximos resultados electorales, el testimonio que deja Javier es colosal. La persuasión de almas y la cantidad de gente que ha abrazado las ideas de la libertad, no tiene registro. Ha dejado también un testimonio que provocó un giro notorio en el discurso de muchos otros que hasta el momento patrocinaban otras medidas muy a contramano del liberalismo.

Una recomendación que eventualmente pude resultar de provecho, es la lectura del discurso de incorporación de Alberto Benegas Lynch (h) a lo que es su tercera Academia Nacional votado por sus pares, esta vez la de Ciencias Morales y Políticas titulado “Fundamentos morales de la tradición de pensamiento liberal”, publicada con un prólogo sumamente elogioso de Loris Zanatta de la Universidad de Bologna.

Cuando decimos que todos los liberales estamos agradecidos a Milei, sabemos que hay quienes se dicen liberales pero son un esperpento, aquella es una fórmula lo cual no niega que cada uno se sienta representado por quien le de la gana (más tratándose de liberales). De ahí la definición en cuanto a que “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida de otros”.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Nacionalismo vs. individualismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2023/01/nacionalismo-vs-individualismo.html

‘’Nacionalismo. Sentimiento, individual o colectivo, que tiende al planteamiento y resolución de los problemas políticos, sociales y económicos teniendo exclusivamente en cuenta el interés de la patria, con desprecio de otros intereses extranjeros. En realidad ese tipo de nacionalismo se caracteriza por su posición xenófoba, aun cuando de ese modo se perjudiquen los propios intereses patrios. Representa un estado espiritual opuesto al internacionalismo (v.). ‘‘[1]

El autor admite disimiles tipos de nacionalismos. En la segunda parte de la definición caracterizará otros. Pero de cualquier manera, hay que apuntar que este sentido del concepto es el mayoritario, por su larga tradición y más amplio arraigo a través de la historia. Se demuestra de muchas maneras, por ejemplo, en lo político, lo económico y hasta en lo deportivo como hemos tenido oportunidad de observar en múltiples ocasiones y sobre todo en la más reciente.

El nacionalismo (a diferencia del individualismo) necesita expresarse exteriormente, y para ello precisa a su vez valerse de simbolismos concretos palpables y bien visibles.

Con tal finalidad, desde su aparición, ha adoptado toda esa simbología que requiere y de la que debe valerse para adquirir alguna significación.

Múltiples objetos ocupan ese lugar, y cada nacionalista elige el que más lo personifique.

Allí encontramos tales como las banderas, los estandartes, las escarapelas, los escudos, que desde la antigüedad encarnan los »valores nacionales». Son herederos, a su vez, de los símbolos monárquicos que fueron los que los precedieron.

Por eso el nacionalismo y el poder político siempre van de la mano. Han estado unidos casi constantemente, primero por las antiguas monarquías, luego por los imperios y -finalmente- por las naciones que han venido a reemplazar a aquellos como sus descendientes directos.

Prácticamente abarca todo lo que el nacionalista pretende que ‘’emblematice’’ a un país. Y así, lo encontramos en el arte, la pintura, escultura, el teatro, el cine, la música, la literatura, la poesía, la bebida, la cocina, como ocurría desde antaño, así hoy. Mas acusadamente en el pasado también el nacionalismo se consideraba incluido en la arquitectura, el vestido, el moblaje,, etc. rubros actualmente bastante más internacionalizados, sobre todo en los países más civilizados, que no en los más primitivos.

Pero, como dijimos, ni los mal llamados »deportes» han escapado a esa figuración, sino que también han caído en ella como se observa visiblemente en cada campeonato mundial de futbol.

A los típicos estandartes patrios (escudos, escarapelas, banderas) no tardaron en sumarse los escudos, insignias y hasta las camisetas de clubes de futbol como una divisa más y -a veces- hasta más importante que las tradicionales.

El nacionalista depende imperiosamente de referencias externas. Sin ellas está vacío y no es nada. El individualista puede prescindir cómodamente de ellas, porque sus referencias son internas.

Continuemos el análisis de la definición del autor citado antes:

»En sentimiento más ponderado, y sin desconocer principios de igualdad entre los distintos pueblos que componen la humanidad viviente, el afecto y la pasión por el propio país, su estirpe histórica y su proyección actual en la síntesis de un sano patriotismo. ‘‘[2]

La principal dificultad son las posiciones abstractas que asumen estas significaciones de la definición.

No está claro a qué igualdad se alude arriba, por cuanto los vocablos igualdad y distintos (empleados ambos en la misma oración) son claramente contrapuestos, dado que lo que es igual -por definición y principio de no contradicción– no puede ser (a la vez) distinto a lo que es igual.

El problema reside que aun en este sentido, ese sentimiento sólo puede expresarse en oposición al del resto de los países o patrias. De otro modo no se distinguiría uno de otro.

El individualismo claramente no enfrenta esta contradicción, ni presenta tal problema, ya que al ser su centro de atención el individuo no se contrapone a otros individuos, de lo contrario se dejaría de ser individualista. Los individuos no se distinguen en cuanto a individuos. En lo único en que son iguales es en su individualidad. En todo lo demás, claramente son diferentes. De cualquier manera, esa igualdad sigue siendo una abstracción, como toda igualdad lo es.

Un nacionalista clasifica a las personas de acuerdo a categorías tales como un francés, un italiano, un irlandés, un americano, etc.

En cambio, un individualista no incurre en ellas, simplemente cataloga a las personas como individuos, con exclusión de cualquier otra categoría. Sólo secundaria o accesoriamente pondrá atención a rasgos menores y accidentales, como la nacionalidad, lengua, costumbres, etc.

Para un nacionalista lo esencial es lo primero, a discrepancia de un individualista que ponderará lo segundo.

El sentimiento aludido por el fragmento de definición estudiado, es algo que se construye desde lo cultural, es decir, no es algo que venga genéticamente con el ser humano. El hecho de nacer en un determinado país y no en otro es algo meramente circunstancial que no está en la voluntad del recién nacido variar, ni modificar, ni siquiera, por supuesto, haber tenido opción alguna de haber elegido antes de haber nacido. En consecuencia, ello ni le otorga personalmente mérito alguno ni, mucho menos, lo condiciona de por vida.

Yo he criticado (como es sabido por mis lectores) a los que emigran, pero no he utilizado en mi detracción jamás argumentos nacionalistas sino de otra naturaleza.[3]

Nuevamente, hacemos hincapié que el denominado »afecto y la pasión por el propio país» necesariamente implica excluir a otros países, y esto debe manifestarse en hechos concretos.

Ahora bien, el individualista no depende de estas referencias externas, porque le son suficientes y le bastan las internas por las cuales se sabe individuo él y sus prójimos, y esto le resulta suficiente motivo para vivir y convivir con todos sin distinción de lenguaje ni de banderas.

Las últimas acepciones del diccionario no revisten mayor interés para nosotros, pero veámoslas de todas maneras:

»| Doctrina de las reivindicaciones políticas de los territorios oprimidos. | Separatismo de una provincia, región o territorio de un Estado. | Partido o movimiento político de violenta y frenética exaltación de lo nacional, con agresividad bélica para las restantes naciones (L. Alcalá-Zamora) ‘‘ [4]

Como se aprecia, en contraste al individualismo, son todas negativas. En tanto el individualismo integra, el nacionalismo claramente desintegrasepara, divide, confronta, excluye.

A todas estas conclusiones nos lleva el análisis de sus diversas connotaciones. Mientras el individualismo concilia, el nacionalismo confronta. Y en última instancia, siempre termina llevando a la guerra, si es que se le da la oportunidad suficiente.


[1] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 614

[2] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias…ibídem. pág. 614

[3] Sobre emigrar (1º parte) y Sobre emigrar (2º parte)

[4] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias…ibídem. pág. 614

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El veneno de nacionalismos y patrioterismos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/1/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/01/07/el-veneno-de-nacionalismos-y-patrioterismos/

Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”

Vladimir Putin, presidente de Rusia

Vladimir Putin, presidente de Rusia

En su momento en Rusia, el vicepresidente de la Duma, Nicolai Kurianovich, presentó un proyecto de ley por el que se prohibía a rusas y rusos contraer nupcias con extranjeros al efecto de “preservar el fondo genético”. El proyecto de marras anunciaba penas de deportación y privación de nacionalidad para quienes incumplan con la norma una vez promulgada. Ahora en la administración Putin se reaviva el proyecto en medio de represiones y crímenes de diversa magnitud entre los cuales se destaca la espantosa agresión a Ucrania. Es inaudito que el máximo representante del gobierno argentino haya invitado al mandamás ruso a que la Argentina sea la puerta de entrada a América Latina para su país.

Lamentablemente, sin llegar a estos extremos insólitos, en distintos lares, especialmente en Europa, aunque no únicamente allí, se observan manifestaciones racistas de distinto tenor que naturalmente alarman a los espíritus civilizados. Ya el magistral Jean-Francois Revel demuestra en su libro La gran mascarada el estrecho parentesco entre el nacionalsocialismo y el comunismo (ahora resabios de la Nomenklatura). El proyecto renovado revela una mente patética y una necedad digna de mejor causa.

Como ha señalado Thomas Sowell, los sicarios nazis debían rapar y tatuar a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Hitler, después de mucho galimatías clasificatorio, finalmente sostuvo que “la raza es una cuestión mental”, con lo que inauguró el polilogismo racista, bajo la absurda pretensión de que el ario y el semita tienen una estructura lógica distinta. Esto fue calcado del polilogismo marxista, por el que se arguye que el proletario y el burgués tienen distintas lógicas, aunque, como ha señalado Ludwig von Mises, nunca se explicó en qué se diferencian concretamente esas estructuras del pensamiento. Tampoco se explicó qué le ocurre en la cabeza a la hija de una burguesa y un proletario ni qué le ocurre a este último cuando se gana la lotería o comienza a tener éxito en los negocios. En este sentido cabe subrayar que la idea de clase proviene de este subsuelo del pensamiento que desafortunadamente no pocos distraídos recurren a esa noción estrafalaria sin percatarse de su origen. En realidad al recurrir a esa clasificación se debiera hacer referencia a ingresos altos, medio o bajos pero aludir a la clase como si se tratara de personas de naturaleza distinta es impropio de no marxistas y no nazis. La expresión clase baja es repugnante, clase alta es de una frivolidad alarmante y media es a todas luces anodina.

Por otra parte, en estos embrollados ejercicios, se suele confundir el concepto de lengua con el de etnia. En este último sentido, la filología demuestra que el entronque del sánscrito con las llamadas lenguas europeas -como el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas- dio como resultado las lenguas denominadas indoeuropeas o indogermánicas, expresiones que más adelante se sustituyeron por la de ario, debido a que el pueblo que primitivamente hablaba el sánscrito en la India se denominaba arya. Max Müller (en Biography of Words and the Home of the Aryans) dice: “En mi opinión un etnólogo que hable de la raza aria comete un error tan importante como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”.

También, en este mismo contexto, es frecuente que se asimile la idea estereotipada de raza con religión, por ejemplo, en el caso de los judíos. Antiguamente, este pueblo provino de dos grupos muy disímiles: unos eran del Asia menor y otros de origen sudoriental de procedencia árabe. A esto debe agregarse los múltiples contactos con otras civilizaciones y poblaciones de distintas partes del planeta, lo cual ha producido las más variadas características (en última instancia, todos somos de todas partes, ya que nuestros ancestros son de orígenes muy entremezclados).

Como ha dicho Darwin, hay tantas razas como clasificadores. En verdad produce congoja cuando -ingenuamente a veces, y otras no tan ingenuamente- se hace referencia a las “diversas sangres” que tendrían diferentes grupos étnicos. Vale la pena aclarar este dislate. Hay solamente cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las personas. La sangre está formada por glóbulos que están en un líquido llamado plasma. Los glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes), y el plasma es un suero compuesto de agua salada y sustancias albuminoides disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos, denominada aglutinógeno, y otra conocida como aglutinina, que contiene el suero, da como resultado los antes mencionados cuatro grupos sanguíneos. Eso no tiene nada que ver con las respectivas evoluciones que van estableciendo diversas características exteriores. Y esos grupos sanguíneos no pueden modificarse ni siquiera con transfusiones.

Los rasgos físicos que hacen que hablemos de etnias responden a procesos evolutivos. En el planeta tierra todos provenimos de África (y, eventualmente, del mono). Spencer Wells -biólogo molecular, egresado de las universidades de Oxford y Stanford- explica magníficamente bien nuestro origen africano (The Journey of Man) y las distintas migraciones que, según las diversas condiciones climáticas, hicieron que la piel y otros rasgos físicos vayan adquiriendo diferentes propiedades.

En este último sentido, siempre me ha llamado poderosamente la atención que muchas personas llamen a los negros estadounidenses “afroamericanos” como una manifestación un tanto atrabiliaria de lo que se ha dado en llamar political correctness. Curioso es en verdad que muchos de esos negros se dejen llamar afroamericanos como si fuera algo distintivo. Esto no los diferencia del resto puesto que, por las razones apuntadas, por ejemplo, el que esto escribe es afroargentino, así como todos los que vivimos en el continente americano y, para el caso, todos los que ocupan espacio en el globo terráqueo. Sin recurrir a expresiones peyorativas o con intención denigratoria, el uso de black es equivalente a que nos digan a nosotros “blancos”o “amarillos” a algunos orientales. Todos son hechos que proceden de la evolución según donde hayan vivido nuestros ancestros. Es más, como han apuntado diversos estudiosos de la materia, muchos blancos tienen ancestros negros y viceversa.

Tal vez uno de los mayores males de nuestro tiempo reside en el racismo que, por otra parte, como queda dicho, se basa en puras fantasías que encubren, en realidad, las máscaras para odiar al prójimo y bucear a la pesca de chivos expiatorios de quienes quieren descargar el vacío existencial y los fracasos personales de acomplejados y endebles psíquicos.

Sin duda, el ejemplo más repugnante estriba en la criminal judeofobia alimentada por tanto mequetrefe que anda suelto por el mundo. Obras tales como Veintitrés siglos de antisemitismo del sacerdote Edward Flannery, y la Historia de los judíos de Paul Johnson son suficiente testimonio de la barbarie racista.

La noticia tan inquietante con que abrimos esta nota remite al sujeto de referencia y a quienes lo rodean, quienes promueven el proyecto aludido, en el sentido que estiman que los matrimonios de nacionales con extranjeros harán que los primeros pierdan su identidad. Karl Popper y Stefan Sweig muestran la fertilidad producida a través de los estrechos vínculos interculturales y ofrece, como ejemplo, la Viena del siglo de oro antes de que las hediondas botas nacionalsocialistas produjeran otra de las tantas diásporas características de los regímenes totalitarios. Ese caso se ilustra con las notables manifestaciones en el campo de la música, la literatura, la ciencia económica, el derecho y el psicoanálisis.

Precisamente, como ha señalado Juan José Sebreli, la identidad de la persona se fortalece y enriquece en la medida en que está expuesta a las más diversas expresiones culturales. Por el contrario, lo que alguna vez denominé “cultura alambrada” debilita, bloquea y finalmente extingue la posibilidad de cultivarse por la asfixia a que conduce la cerrazón que sólo es a veces compensada por dificultosas manifestaciones subterráneas y clandestinas.

El oxígeno resulta indispensable y esto se logra abriendo puertas y ventanas de par en par. La guillotina horizontal que pretende nivelar y enclaustrar necesariamente empobrece. La cultura no es de esta o aquella latitud, del mismo modo que las matemáticas no son holandesas ni la física es asiática. Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”. Incluso Donald Trump ha ponderado aquel desatino de “la superioridad” de estadounidenses nativos a contracorriente de los valores en su momento estipulados por los Padres Fundadores en ese país otrora el baluarte del mundo libre y, por otra parte, desconociendo el origen de esos nativos (sin perjuicio de las otras medidas de signo autoritario adoptadas por Trump en la economía y en relación al campo institucional).

En una sociedad abierta, las jurisdicciones territoriales tienen por única función evitar los peligros de la concentración de poder que significaría un gobierno universal. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras hay un salto lógico inaceptable. Obstaculizar cualquiera de las muchísimas maneras de intercambios culturales libres y voluntarios constituye una seria amenaza y una forma grotesca de contracultura.

Mario Vargas Llosa apunta en su columna “El elefante y la cultura” que “considerar lo propio como un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad espiritual de un país […] semejante tesis difícilmente resiste el más somero análisis y es fácil mostrar lo prejuiciado e ingenuo de sus argumentos y la irrealidad de su pretensión –la autarquía cultural- la historia nos muestra que arraiga con facilidad […], el nacionalismo es la cultura de los incultos”.

Esta concepción cavernaria propia de los nacionalismos se extiende a la cerrazón de las aduanas por medio de tarifas y cupos que empobrecen a todos a favor de comerciantes inescrupulosos que explotan miserablemente a sus congéneres a través de privilegios de toda naturaleza.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Un Sumo Pontífice inventado por Giovanni Papini


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/12/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/12/03/un-sumo-pontifice-inventado-por-giovanni-papini/

En el contexto actual se necesita imperiosamente un Celestino VI -creación del escritor italiano- antes de que se produzca un derrumbe en el seno de la Iglesia

El escritor Giovanni Papini

El escritor Giovanni Papini

La imaginación y creatividad de este escritor florentino no tiene límites. En uno de sus textos en su faena de ficción se aboca a la fabricación de un Papa que como muchos de los verdaderos era sensato y prudente respecto de los acontecimientos que ocurren en torno al poder en contraste con lo que hoy lamentablemente sucede en la cabeza de la Iglesia,

Giovanni Papini, uno de los cuentistas y ensayistas más imaginativos y originales de todas las épocas, escribió en 1946 una larga y medulosa carta pastoral de un Papa inexistente que bautizó como Celestino VI del que dice que “gracias a un azar extraño, encontré estas cartas suyas, que se traducen y publican por vez primera, en un códice sepultado entre los manuscritos de un antiguo convento, escapando a las investigaciones de los historiadores”. En realidad, el último Papa que hasta ahora adoptó el nombre de Celestino fue el número ciento noventa y tres (con el aditamento de Quinto) que reinó cinco meses en 1294 y abdicó por considerarse incompetente para manejar los asuntos de la Iglesia (el primero fue Celestino I que asumió en 422 y fue Papa durante diez años).

En esta brevísima nota transcribo algunas de las consideraciones que efectúa Papini por boca de su Celestino VI, sin glosas ni comentarios para que el lector reflexione al efecto de tener en cuenta aseveraciones tan controversiales pero, al mismo tiempo, tan llenas de verdades en un mundo que aún no parece haber dado en la tecla para enfrentar las reiteradas tropelías del poder. Por ahora, estamos como en el cuento de Cortázar, “Casa tomada”: en retiro permanente. Es de desear que alguna vez —por lo menos en cuanto a los abusos extremos del poder— podamos decir OK tal como se acuñó la expresión en la época del octavo presidente de EE.UU., Martin van Buren, que por ser originario de Kinderbook, del estado de Nueva York, le decían “old Kinderbook” de lo cual surgió el OK para aludir a la buena situación reinante. Entonces, con esta esperanza en mente, vamos a Papini porque recordemos que en el segundo tomo de la autobiografía de Arthur Koestler se consigna que “la diferencia entre vender el cuerpo y las otras formas de prostitución —política, literaria, artística— es simplemente una diferencia de grado, no de naturaleza. Si la primera nos repele más, es señal de que consideramos el cuerpo más importante que el espíritu”.

-“Los gerentes de los estados os han dejado a veces sin pan, a menudo sin libertad, casi siempre sin justicia; pero nunca se han mostrado avaros de altisonante palabrería”.

-“Todos los dueños de pueblos han distribuido con generosa abundancia, dos cosas: armas y palabras. Armas para matar, palabras para engañar”.

-“Vuestro error, inocente en sí, pero de calamitosos efectos, está en creer que existan sistemas de gobierno radicalmente distintos. Por ejemplo: que podéis ser gobernados por un hombre solo o bien por elección y voluntad de todo un pueblo. Las formas de gobierno parecen muchas a los papanatas que se dejan convencer por palabras y fachadas […] Todo gobierno, cualesquiera sea su nombre y sus pretensiones, no es sino el poder de una cuadrilla formada por unos pocos ciudadanos que se encaraman sobre todos los demás”.

-“Esto no obstante, vosotros los ciudadanos, vosotros los súbditos, estáis siempre dispuestos a creer, por candidez o por inquietud temperamentales, que un cambio en el gobierno puede cambiar vuestros destinos”.

-“He visto también sacerdotes más apasionados por las bancas y cacerías que por su ministerio, más deseosos de buena mesa que de buena fama, más preocupados por el politiqueo o el manejo de los bienes materiales que por cuidar el rebaño, más expertos en platicar que en edificar”.

En nuestro mundo de hoy el Leviatán se encarga de abrir su camino al totalitarismo principalmente a través de ataques sistemáticos a la prensa independiente. En verdad, “prensa independiente” es una redundancia grotesca, usamos la expresión en vista de las arremetidas de megalómanos que pretenden aparecer ante la opinión pública como parte del periodismo cuando en verdad no son más que alcahuetes del gobierno de turno. Con mucha razón ha dicho Thomas Jefferson que “ante la alternativa de contar con una prensa libre sin gobierno o gobierno con una prensa amordazada, no dudo en adherir a lo primero”. Nada hay más valioso que el periodismo completamente libre de ataduras estatales al efecto de ventilar todas las críticas a los aparatos gubernamentales y pasar revista a todas las ideas que las plumas libres consideren pertinente. Con razón se la ha denominado “el cuarto poder” en una República como contralor de los otros tres poderes. Hoy, en nombre de “opiniones equilibradas” que pretenden “mostrar dos lados del debate”, es frecuente que alimentados por la pauta publicitaria oficial estén rodeados de esperpentos que imponen legislaciones que apuntan a la uniformidad y al coro indecente de voces.

Estas desgracias son hoy replicadas por Nicaragua como fiel copia de los pioneros en Cuba y en Venezuela y otros países de la región que han mutado de sistemas democráticos a cleptocráticos. Y no solo en la región sino en el otrora baluarte del mundo libre -Estados Unidos- viene sucediendo un desbarranque colosal respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. Los gastos públicos, el déficit fiscal, endeudamiento del gobierno central, los embates contra el federalismo y el deterioro monetario ponen en jaque el futuro de ese país.

Pero en todo caso, es también alarmante lo que viene sucediendo en muchos seminarios de sacerdotes en cuanto al abandono o en el mejor de los casos la mezquindad para estudiar temas teológicos y filosóficos de fondo para sustituirlos por marxismo barato que luego son trasladados a no pocos púlpitos desde donde se proclaman barrabasadas de distinto color, convirtiendo además las ceremonias religiosos en chacotas. También, como he señalado en otras ocasiones, el actual Papa abraza posiciones radicalmente contrarias a los fundamentos morales de la sociedad libre de los Mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos al objetar el sentido específico de instituciones tales como el derecho a la inviolabilidad de la propiedad para abrazar absurdos que conducen a lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes” y equivalentes con lo que todos se perjudican pero muy especialmente los más vulnerables.

En este contexto se necesita imperiosamente un Celestino VI antes que se produzca un derrumbe en el seno de la Iglesia lo cual perjudicarán tanto a los que adhieren a esa religión como a los que no lo hacen debido al predicamento de algunos representantes de ese credo. Siempre tengo presente los relatos del ex marxista y luego converso al liberalismo Eudocio Raviens que explicaba que cuando trabajaba para el Kremlin -fue premio Mao y premio Lenin- su misión era la de infiltrar al mejor estilo gramsciano las iglesias de España y Chile donde encontraba sacerdotes bien intencionados pero al no tener idea de los fundamentos filosóficos de la sociedad libre resultaban en una presa fácil para embaucarlos con los postulados totalitarios.

En este contexto, para cerrar, parece oportuno recordar un pensamiento del siempre sesudo Aldous Huxley incluido en su Medios y fines: “La paciencia común de la humanidad es el hecho más importante y sorprendente de la historia. La mayor parte de los hombres y mujeres están preparados para tolerar lo intolerable […] Los gobernados obedecen a su gobernantes porque, además de otras razones, aceptan como verdaderos algunos sistemas metafísicos y teológicos que les enseñan que el Estado debe ser obedecido y que es intrínsecamente merecedor de esa obediencia […] La mayor parte de las teorías del Estado son meros inventos intelectuales con el propósito de probar que las personas que actualmente están en el poder son precisamente las que deben estar”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Mauricio Macri y su segundo tiempo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 26/11/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/11/26/mauricio-macri-y-su-segundo-tiempo/

Sé que el ex presidente está imbuido de las mejores intenciones y quiere lo mejor para la Argentina, pero resultan una pena sus reiteradas referencias al peronismo

Mauricio Macri (Franco Fafasuli)

Mauricio Macri (Franco Fafasuli)

Como es de público conocimiento tuve tres reuniones muy cordiales por zoom con Javier Milei y Mauricio Macri al efecto de acercar posiciones dado que el primero ha instalado en el nivel político un discurso liberal no visto en los últimos largos tiempos desde la perspectiva moral, institucional, jurídica y económica.

También como es sabido la gestión gubernamental de Macri fracasó no solo debido a su posición minoritaria en el Congreso sino porque, por ejemplo, en el Ejecutivo aumentó ministerios junto al gasto público, entregó planes sociales a los piqueteros, acentuó de modo alarmante la inflación y la deuda estatal, implantó nuevamente el cepo cambiario e intentó designar a dos miembros de la Corte Suprema por decreto, todo lo cual fue inaugurado con un bailecito con la banda presidencial en la Casa de Gobierno absolutamente impropio del sistema republicano. También en tren de inauguraciones el ex presidente lo hizo con el monumento a Perón junto a Hugo Moyano.

Ahora con inmensa tristeza y dolor declaro que me vuelve a desilusionar Macri luego de sus declaraciones en el programa televisivo de Morales Solá que resumió al sostener que “si Perón viviera se afiliaría a Juntos por el Cambio”. Una persona que dice que el populismo debe acabar en nuestro país pero pondera al rey del populismo es debido a uno de dos motivos. O no tiene idea de qué sucede o nos toma el pelo, como sé que Macri no es mala persona concluyo lo primero lo cual no lo habilita para conducir un espacio opositor al chavismo local y mucho menos volver a gobernar. En el mejor de los casos el ex presidente incurre en severas contradicciones.

Desafortunadamente en su espacio hay coincidencias varias respecto a las simpatías por el peronismo y afines, aunque no son por suerte todos, esto resulta cuando menos inquietante frente al monótono estatismo que venimos padeciendo en las últimas largas décadas con los calamitosos resultados por todos conocidos. Lo dicho no es óbice para recibir con los brazos abiertos a ex peronistas, es decir aquellos que han optado por abandonar las recetas que condujeron a la decadencia moral y material de nuestro país otrora el aplauso del mundo cuando se aplicaron los valores alberdianos. Se insinuó el abandono de esos principios primero con Juárez Celman que tuvo que rectificar Pellegrini, luego con quien dejó de lado las recomendaciones liberales de Leandro Alem, es decir Yrigoyen a pesar de contar con resguardos institucionales como el notable ministro de la Corte Suprema Antonio Bermejo, un desbarranque que fue acelerado primero por el golpe fascista del 30 y luego con el levantamiento militar del 43 que dio comienzo al peronismo que como han puntualizado entre muchos otros Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa fue el comienzo del derrumbe precipitado argentino que continúa hasta nuestros días.

Al efecto de resumir el significado del peronismo, recuerdo parcialmente algunos aspectos centrales sobre los que escribí con anterioridad. Resulta sumamente curioso pero a esta altura del siglo XXI cuesta creer que existan aun personas que con un mínimo de conocimiento se autotitulen peronistas. Se ha probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Loris Zanatta), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras y adoctrinamiento sistemático en los colegios (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Eduardo Augusto García), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda) y la destrucción moral y material en gran escala (Ignacio Montes de Oca, María Zaldívar).

A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190). A lo que cabe agregar la vergonzosamente laudatoria carta de Perón a Mao el 15 de julio de 1965 en medio de las horrendas y repetidas masacres de ese nefasto régimen, misiva que comienza con “Mi querido Presidente y amigo”.

También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza). En otra ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos.

A nuestro juicio la razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior administrado por el corrupto IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una degradación en todos los niveles gubernamentales.

En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la correspondencia mecanografiada la reproduce Silvano Santander en Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.

Economías alambradas, inflaciones galopantes, regulaciones asfixiantes, endeudamientos públicos colosales, gastos astronómicos de los aparatos estatales, impuestos insoportables y demás parafernalia son las indefectibles recetas de los populismos siempre estatistas y corruptos.

Como también hemos señalado en otras oportunidades, el nivel de vida no se mejora con voluntarismos enfundados en decretos sino en incrementos en las tasas de capitalización (a contracorriente de aquello de “combatiendo al capital”), lo cual, a su vez, solo puede lograrse en el contexto de marcos institucionales civilizados donde se respete el derecho de todos. Tortuosos intervencionismos estatales provocan desempleo, especialmente de la gente que más requiere trabajar, al imponer salarios nominales y equivalentes que no se condicen con el nivel de ahorro interno y externo captados en inversiones productivas. Por eso es que en todos los populismos el nivel de vida se contrae lo cual se agrava con el establecimiento de sistemas de pensiones compulsivas y quebradas por un nefasto procedimiento que cualquier análisis actuarial denuncia.

Las redistribuciones de ingresos operadas desde los aparatos estatales necesariamente van a contramano de las asignaciones realizadas por los consumidores según sean sus prioridades y deseos. El machacar con el igualitarismo de resultados siempre conspira contra mejores ingresos para la población puesto que arrancan el fruto del trabajo de los más eficientes que son precisamente los que permiten el ascenso en la pirámide patrimonial a los que vienen desde la base, situación que es bloqueada y saboteada por impuestos que no permiten la movilidad social según la capacidad de cada cual de servir a sus semejantes. En este cuadro de situación se termina por favorecer a pseudo empresarios que se alían con el poder político para usufructuar de privilegios que permiten explotar miserablemente a sus semejantes.

En el caso que nos ocupa principalmente en esta nota, sería bueno para los argentinos que, como primer paso, nos diéramos cuenta de la importancia de respetar principios republicanos elementales y en esa línea argumental que supiéramos leer adecuadamente nuestra propia historia para no repetir los tumbos. En este sentido, tal como he reiterado antes es del caso tener presente las presidencias ejemplares con notables ministros de hacienda como Nicolás Avellaneda con Bonifacio Lastra, el antes mencionado Carlos Pellegrini con Emilio Hansen, Sarmiento con Luis L. Domínguez y Roca con Juan J. Romero.

Es de interés señalar que el balance neto del caso del menemato en el contexto de reiteradas apologías a la tiranía rosista resultó en incrementos del gasto público, el déficit y la deuda en medio de gran corrupción desde el sonado caso inicial de los guardapolvos hasta el contrabando de armas y la explosión de Río Tercero recurriendo a los fueros para evitar la cárcel. El modelo de tipo de cambio fijo y política monetaria pasiva (llamado “convertibilidad”) propuesto por el entonces ministro de Economía ajeno a la corrupción junto con otras medidas con intención meritoria y buenos resultados finalmente explotaron por los aires por lo dicho, junto con las deficiencias de traspasos de monopolios estatales a manos de monopolios privados en cuya situación naturalmente los incentivos operan en una dirección más fuerte para expoliar a los congéneres.

Por su parte, Winston Churchill el jueves 6 de octubre de 1955 -cinco meses después de haber dejado su cargo como Primer Ministro- condensó ante la prensa internacional la política que comentamos en este registro periodístico de la siguiente manera: “Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias.” Ya somos grandes para incurrir en sandeces de la naturaleza señaladas.

Sé que Mauricio Macri está imbuido de las mejores intenciones y propósitos y quiere lo mejor para nuestro país pero resultan una pena sus reiteradas referencias a lo que nos encaja en lo peor de Argentina puesto que no es la primera vez que alude al peronismo en el contexto expresado. En lo personal apunto que es una desazón ya que tenía esperanzas que rectificara los errores de su primera gestión, modificara algunas declaraciones y marcara un rumbo diferente. Por ello es que con pesar digo que tal vez haya que resignarse a que finalmente y después de todo lo suyo sea el fútbol, aunque despejado de su alarmante y gravísima afirmación sobre “la raza superior” de los alemanes con toda su espantosa y horrenda connotación, sobre la cual afortunadamente reconoció su peligrosísimo e inaceptable bochorno.

Cierro con un pensamiento Juan Bautista Alberdi -el padre de nuestra Constitución- que en las antípodas del peronismo y de todo estatismo resume el rol del aparato de la fuerza en una sociedad libre: “Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir” (Buenos Aires, Imprenta La Tribuna Nacional, El Proyecto de Código Civil para la República Argentina, Obras Completas, tomo vii, sección iii, p. 90).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El federalismo tan proclamado y tan poco entendido

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/11/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-federalismo-tan-proclamado-y-tan-poco-entendido-nid22112022/

En la Argentina se declama un sistema federal mientras se aplica un férreo unitarismo; en ese contexto cabe cuestionar el fondo del tema de la coparticipación fiscal

Como es bien sabido en medios argentinos se viene arrastrando un doble discurso digno de mejor causa. En buena parte de su historia y hasta nuestros días se declama sobre el federalismo mientras se aplica un férreo unitarismo.

En Estados Unidos se estableció un sistema federal luego de largos debates constitucionales entre los célebres textos publicados en diarios de Nueva York por Madison, Hamilton y Jay bajo el seudónimo de Polibius, y luego con los llamados antifederalistas, paradójicamente más federalistas que los federalistas encabezados por Bryan, Lee, Winthorp, Lansing y Gerry, que desconfiaban aun más de las facultades del gobierno central y que tuvieron decisiva influencia en las primeras diez enmiendas constitucionales.

En todo caso, como han apuntado juristas de la talla de Joseph Story, John Marshall y entre nosotros autores como Amancio Alcorta, Augusto Montes de Oca y Juan González Calderón, lo que se conoció como Los papeles federalistas inspiró a Alberdi y fue la base para el establecimiento de un gobierno con poderes limitados a la protección de derechos en el contexto de la igualdad ante la ley, y no mediante ella, como ocurrió en nuestro medio a partir del estatismo que nos invadió con los resultados lamentables por todos conocidos.

Aquí centramos la atención en el régimen federal como factor decisivo para la descentralización del poder, del mismo modo que en el orden internacional desde la perspectiva de la sociedad libre la única razón para la constitución de naciones es evitar el riesgo de concentración de poder que significaría un gobierno universal. Ese fraccionamiento del planeta a su vez permite que cada nación libre se fraccione en provincias o estados locales también divididos en municipalidades. No es para tomarse las fronteras en serio al bloquear o dificultar el comercio y los movimientos migratorios, es solo para lo que consignamos. A pesar de los graves avatares que atraviesa nuestro mundo, si se concentrara el poder en un gobierno universal, tal como sugieren algunos autoritarios, la situación sería mucho más peligrosa de lo que es.

En nuestras tierras, ya en el virreinato la centralización era mayúscula. Luego, en la Asamblea del año 13 y el 9 de julio, vino aquello de las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero las Constituciones del 19 y del 26 fueron unitarias. Durante la tiranía rosista, el unitarismo llegó a extremos inauditos. Solo con la Constitución liberal de 1853/60 cambió el rumbo, para luego caer en las mismas de antaño con el golpes fascistas del 30 y el 43, situación que venimos arrastrando a los tumbos desde entonces hasta la fecha, con agregados en legislaciones del 73 y el 80.

Es en este contexto que debemos cuestionar el fondo del tema de la coparticipación fiscal. Economistas como Ronald Coase, Harlod Demsetz y Douglas North nos han enseñado el valor de los incentivos. No se trata de malas o buenas personas, se trata del andamiaje de incentivos en cada cual. No es igual la forma en que gastamos cuando nos debemos hacer cargo de las cuentas que cuando se obliga a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos.

En este plano del debate se torna imprescindible revertir por completo la manía de los gobiernos centrales de recurrir “al látigo y la billetera” para domesticar a las autoridades provinciales. En nuestra propuesta sugerimos reconsiderar toda la legislación en la materia al efecto de hacer que sean las provincias las que coparticipen al aparato estatal de la capital de la república, que estrictamente no es federal y va dejando de ser república. En este plano, la coparticipación de marras debiera circunscribirse para alimentar las relaciones exteriores, la defensa y la Justicia a nivel nacional.

Como queda dicho, Alberdi y sus colegas tomaron como modelo la Constitución estadounidense, que, al aplicarse, transformó las colonias originales en la experiencia más extraordinaria en lo que va de la historia de la humanidad, lo cual lamentablemente de un tiempo a esta parte se ha venido revirtiendo a pasos agigantados, tal como lo destaco en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos. En todo caso, en ese modelo los estados miembros competían entre sí en un contexto donde incluso se discutió en dos sesiones de la Asamblea Constituyente norteamericana no contar con un gobierno central, lo cual no prosperó, puesto que ello remite a una confederación y no a un régimen federal.

En nuestro caso, dejando de lado inclinaciones feudales de algunos gobernadores, en la situación que dejamos planteada cada una de las jurisdicciones estará interesada, por una parte, en que no se muden sus habitantes a otra provincia, y por otra, en la necesidad de atraer inversiones, con lo que se verían impelidas a contar con impuestos razonables y, por tanto, a un nivel del gasto adecuado a esas circunstancias.

No es cuestión entonces de formular propuestas timoratas al pretender “una coparticipación más justa”, sino, como queda expresado, un cambio de sustancia empujado por incentivos de otra naturaleza, al tiempo que se mantiene al gobierno central en brete, pero que, vía una legislación nacional, establezca estricto límite al endeudamiento de las provincias. He aquí el genuino federalismo.

El sistema republicano se basa en cinco preceptos: la igualdad ante la ley, la división de poderes, la alternancia en el poder, la responsabilidad de los actos de gobierno frente a los gobernados y la transparencia de esos actos.

La antes aludida igualdad ante la ley está atada a la noción de Justicia, que según la definición clásica de Ulpiano significa “dar a cada uno lo suyo”, y “lo suyo” remite al concepto de propiedad, una institución que viene muy castigada dese hace tiempo en nuestro medio, lo cual desdibuja los precios, que son el reflejo de transacciones de derechos de propiedad, con lo que la asignación de los siempre escasos recursos se transforma en derroche que conduce al empobrecimiento. Además de los horrendos crímenes, esta ha sido una de las razones centrales del derrumbe del Muro de la Vergüenza. No se trata entonces de la igualdad ante la ley escindida de la Justicia, puesto que no sería aceptable que todos fueran iguales ante la ley para marchar a un campo de concentración.

Dado el espectáculo que vivimos cotidianamente, no parece que debamos consumir espacio para referirnos a los otros cuatro elementos. La Constitución estadounidense y la original argentina no mencionaron la expresión democracia, sino que se refirieron a valores republicanos. De cualquier manera, es del caso apuntar que lo que tradicionalmente se ha entendido por democracia, según los escritos de los Giovanni Sartori de nuestra época, en gran medida viene mutando en cleptocracia, a saber, en gobiernos de ladrones de sueños de vida, propiedades y libertades. El aspecto medular de la democracia del respeto a los derechos de las personas se viene dejando de lado para sustituirlo por su aspecto secundario, accesorio, mecánico y formal de la suma de votos. Es imprescindible trabajar en la educación, cuyo eje central es precisamente el respeto recíproco, al efecto de sortear estos problemas graves, por lo que conviene recordar una vez más lo escrito por Ángel Battistessa: “La cultura no es una cosa de minorías porque cuesta cara sino porque cuesta trabajo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Por qué me alejé de Ayn Rand?

Por Iván Carrino. Publicado el 5/10/2en : https://www.ivancarrino.com/por-que-me-aleje-de-ayn-rand/

En mis días como estudiante en la facultad de Ciencias Económicas de la UBA -créase o no- había una cierta aceptación del hecho de que una economía de mercado era el mecanismo adecuado para producir bienes y servicios de manera eficiente, crear riqueza, etc. Sin embargo, nadie estaba muy cómodo con ello. Era como si se aceptara la realidad, pero a regañadientes. En el fondo, el problema con el capitalismo era que estaba basado en ese sentimiento antipático, mal visto… éticamente inferior: el egoísmo.

Ni siquiera los seguidores de Adam Smith, el clásico autor de “la mano invisible” y de la búsqueda del interés propio, estaban dispuestos a defender el egoísmo a secas.

Entonces llegó Ayn Rand. El título de su libro, “La Virtud del Egoísmo”, ya decía mucho. La “reserva moral” que casi todo el planeta tiene con la economía de mercado, estaba a punto de ser cuestionada.

Yo tenía alrededor de 20 años… Y el libro me fascinó. No solo Rand estaba dando una batalla que -desde mi conocimiento- nadie había dado antes (el debate por el estatus ético de la economía de mercado y de la libertad humana), sino que lo hacía sin ningún tipo de ambages

Tras devorar “La Virtud…”, leí “Los Que Vivimos”, una extraordinaria novela histórica sobre la revolución rusa, “Capitalismo: el ideal desconocido”, e “Himno” que -debo decir- no llamó particularmente mi atención.

Pero me pregunto ahora, en retrospectiva: ¿qué me cautivó más de La Virtud del Egoísmo de Rand, la lógica de los argumentos o lo encendido de sus discursos? ¿Lo coherente de su hilo conductor, o la facilidad que la autora mostraba para tratar a cualquiera que se opusiera a sus ideas, de comunista o fascista?

Tiempo después, lo que entonces consideré que era la fortaleza de Ayn Rand, fue lo que me terminó alejando de sus planteos fundamentales.

Me pasó que, de repente, me vi a mí mismo como una persona que por leer algunos libros ya había encontrado la verdad, no solo en términos de conocer provisionalmente los medios adecuados para alcanzar un fin determinado, sino en términos de cuál es la moral, la ética, verdadera, la correcta, la superior. Acto seguido, terminé tratando (o al menos juzgando) a cada uno que no coincidía conmigo, como un inmoral, un irracional, un nazi o un comunista.

Y algo me hizo ruido de esa circunstancia. ¿Habrá algo en los escritos de esta autora norteamericana que justifique las sensaciones que ahora les comparto?

Entiendo que sí, y ofreceré a continuación los dos temas fundamentales que, creo, fueron los me alejaron de la “filosofía de Rand”. El primero es la ausencia de medias tintas. El segundo, lo que entiendo es una falla epistemológica. A mi juicio, por más que podamos coincidir en la “superioridad moral” del capitalismo, no ofrece Rand argumentos suficientes para sostener la afirmación.

Vamos primero al primer punto. En un video, que me pasó un joven entusiasta de las ideas de la libertad, se escucha a Ayn Rand hablar sobre el altruismo. Como forma de ilustrar su relato, podemos ver a un hombre que va quitándose nada menos que pedazos de estómago para dárselos a otras personas. Me pregunto: ¿no es un montón? Ni el más autopercibido altruista considerará que una forma lógica de ilustrar su forma de ser es sacándose hígados e intestinos para prestarlos a otros. ¿Para qué tamaña exageración?

Yendo a mi querido “La Virtud”, Rand destaca la importancia de la razón, del uso de la mente, para lograr producir y, con eso, contribuir al sostenimiento de la vida de cada individuo. Pero sostiene, en este punto, que la diferencia entre “enfocar la mente” o no hacerlo es la diferencia entre la vida o la muerte. La realidad, no obstante, es que a veces podemos no enfocar nuestra mente y no estamos, por ello, arriesgando nuestra vida. Siguiendo con el mismo tema, sostiene Rand que “el hombre es libre para elegir no ser consciente, pero no es libre para escapar a la sanción que merece la falta de conciencia: su destrucción” (p. 32). Nuevamente, vida o muerte, pensamiento o destrucción. ¿No será mucho? Sí, lo es.

Para dar un ejemplo más sobre este asunto, en la página 46, Rand dice algo que suena bien, pero no resiste el análisis detenido y frío: “El hombre que no se valora a sí mismo no puede valorar a nada o a nadie”. Me pregunto: ¿Qué pasa con el que se valora a sí mismo, pero no al 100%? ¿No estamos todos acaso en dicha situación, lidiando más o menos con temas de autoestima? ¿Y no amamos, o valoramos, acaso, en un 20%, 50% o 100% a los demás de todas formas?

La frase en cuestión puede estar muy bien para una charla de café, un consejo a un amigo o un grafiti en un baño, pero no llamemos a esto alta filosofía ni verdad objetiva. Además, no hay una fundamentación, un hilo lógico ni una prueba que nos convenza realmente.

Y este es el problema más general que le encuentro a su defensa del egoísmo, una faceta del comportamiento humano que yo también defiendo -aclaro- pero donde entiendo que Rand no logra probar su punto. Es que la autora no busca simplemente decir que el egoísmo no tiene efectos sociales adversos, o que está bien moralmente perseguir objetivos individuales. Intenta demostrar que toda forma de manejarse que se aleje de su definición de egoísmo es una irracionalidad. Y que toda política que atente contra la persecución de dichos objetivos individuales es lo mismo que el nazismo y el comunismo.

Para Rand existe un valor objetivo, un “valor supremo” (p. 24), que es la vida humana o “vida del hombre” (p. 33). Además, sostiene que no se trata de cualquier vida, sino la de “un ser racional”, lo que quiere decir alguien que no solo sobreviva de forma “momentánea o meramente física” (p. 35), que no sea un “playboy” (p.35), sino que tenga como “propósito fundamental” el “trabajo productivo” (p.36). Este individuo, además, debe perseguir la felicidad, pero no cualquier felicidad. Por ejemplo, no podría perseguirse la felicidad del “corredor de autos de carrera”. Él tiene una “aparente felicidad”, pero dicho sujeto es en realidad un “irracionalista” que, a través del placer momentáneo que le genera la carrera, intenta aliviar su estado de “terror crónico” (p.41).

Uno lee esto y piensa: ¿en serio? ¿Y vos quién sos para juzgarlo?

¿Cuál es el problema con el corredor de autos de carrera? Para el caso, cuál es el problema con toda una industria mundialmente famosa y pujante. Por dar solo un dato, los 10 pilotos mejor pagos de la Fórmula 1 en el año 2022 cobrarán aproximadamente 175 millones de dólares, dinero que sale de los auspiciantes que, a su vez, esperan así vender más de sus productos a los cientos de millones de fanáticos en todo el planeta. ¿Estamos hablando de cientos de millones de irracionales?

Desde mi punto de vista, Ayn Rand parte de una falacia, comúnmente llamada “falacia naturalista” que consiste en sostener que, porque algo ocurre en la naturaleza, entonces debe ocurrir de esa forma. Cuando uno aplica ese criterio a lo que hacen las plantas, no hay muchas formas de saber si el razonamiento es erróneo. La planta hace fotosíntesis, entonces suponemos que “debe hacer” fotosíntesis, que si no la hace muere, y que eso es “malo” para la planta.

El problema es que el mismo razonamiento no es válido para los seres humanos. El ser humano respira, pero no podemos concluir de ahí que el ser humano “deba respirar”, que ese sea su deber moral. Los casos de eutanasia deberían probar este punto.

¿Qué pasa cuando individuos libres deciden no preservar su propia vida? ¿Son irracionales? ¿Su ética conduce al fascismo? No veo cómo.

Sin embargo, Rand sostiene que para vivir de acuerdo a los designios de la naturaleza los hombres racionales deben producir su sustento con su propio esfuerzo, sin sacrificar a nadie en el proceso. De aquí se deriva su “principio social básico”:

“El principio social básico de la ética objetivista es que, así como la vida es un fin en sí misma, todo ser humano viviente es un fin en sí mismo, y no el medio para los fines o el bienestar de los otros (…) el hombre debe vivir para su propio provecho, sin sacrificarse por los demás y sin sacrificar a los demás para su beneficio” (p.39)

Hagamos un punto ahí: ¿qué pasa con el que no vive de su trabajo? ¿Qué pasa con el heredero, o el hijo de millonarios? Por otro lado, ¿qué cuenta como sacrificio?

Está claro que asaltar al vecino es sacrificar lo suyo por lo mío. Ahora, ¿cobrar impuestos es lo mismo? Por otro lado, yo coincido en que esta forma de vivir es mejor que otras, ¿pero demuestra Rand eso alegando que “la naturaleza” dispuso que así sea?

Es la propia Rand la que rechaza, por un lado, éticas sociales o éticas religiosas, pero en estas afirmaciones naturistas parecería estar reemplazando a Dios por la Naturaleza.  Peor aún, ni siquiera por “la naturaleza”, sino por su propia interpretación de lo que es la naturaleza. Nuevamente, no hay pruebas ni argumentaciones lógicas que demuestren que, “como la naturaleza así lo dispuso, así es como debemos actuar”. Hay solo postulados, afirmaciones contundentes, sin medias tintas, con tono enojado. Pero eso no reemplaza la argumentación sólida.

Volvamos a la cuestión del sacrificio… De acuerdo con la moral objetivista, nadie debe exigir el sacrificio de un tercero para su propio beneficio. Si así lo hiciera, sería considerado un parásito. Rand observa:

“Si algunos hombres intentan sobrevivir por medio de la fuerza bruta o el fraude, saqueando, robando, estafando o esclavizando a los que producen, sigue siendo cierto que su supervivencia solo es posible por el esfuerzo que han realizado sus víctimas (…) los saqueadores, les confiscan. Son parásitos incapaces de sobrevivir…” (p. 34)

Y agrega más adelante:

“El principio político básico de la ética objetivista es: ningún hombre tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza física contra otro (…) hombre, grupo, sociedad o gobierno tiene el derecho de asumir el rol de un criminal…” (p. 47).

Ahora bien, cabe preguntarse aquí por qué, entonces, Ayn Rand no era anarquista. Es que siguiendo esta lógica, no puede justificarse la existencia de la policía pagada con impuestos. Dado que la policía le cobra impuestos a José para proteger la propiedad de Jimena, esto implica que el estado “saquea”, aunque sea en una pequeña proporción, a José para beneficio de Jimena. Para ser coherente con el planteo del sacrificio CERO (no ser un “parásito”), cada cual debería protegerse de la inseguridad sin exigir la “ayuda compulsiva” de nadie, cosa que hacen los impuestos.

Para Rand “el único propósito correcto, moral, de un gobierno es la protección de los derechos del hombre” (p. 47), pero como argumenta Rothbard (1982), el gobierno no puede realizar esa protección de los derechos sin, a la vez, violar esos derechos. ¿Cómo se sale de ese encierro? Desde mi punto de vista, o aceptando que hay ciertos “saqueos”, “fuerzas brutas”, “fraudes”, “robos”, que son correctos, o abandonando por completo toda la retórica incendiaria y repensando nuevamente el origen de la vida en sociedad.

De nuevo, no es un tema de que uno no valore el capitalismo de laissez faire, la economía de mercado, las libertades individuales. Es un tema de no compartir la fundamentación de su defensa.

Para Rand, las cosas son sencillas. Hay “hechos” o hay “caprichos” (p.20), y los hechos se corresponden con “la realidad objetiva”, con “la naturaleza de las cosas” (p. 20), porque “A es A” y A no puede ser No A. Tras ello sostiene que entonces la naturaleza dispone que los hombres tengamos vidas de “seres racionales” –con todo lo que Ayn Rand considera que es la vida de un ser racional- de la misma forma que la naturaleza dispone que las plantas hagan fotosíntesis y los leones cacen ciervos. Pero, de nuevo, esto deja afuera la búsqueda de la felicidad como valor supremo (y, como podrá comprenderse, enteramente subjetivo) y lo sustituye por el valor objetivo de la vida productiva de la mente enfocada.

La pregunta es: ¿por qué? Y la respuesta es que no hay muchos por qué, sino la necesidad de justificar –en algo aparentemente híper-ultra-súper-mega sólido- la idea de que ningún individuo, ni grupo de ellos, puede ni debe atentar contra la propiedad privada de otro individuo.

No se trata de decir que ir contra la propiedad privada generará determinados fines que no valoramos… se trata de encontrar argumentos ad-hoc para poder sostener que ir contra la propiedad privada no solo es contraproducente, sino inmoral, irracional, parasitario, autodestructivo… Pero la justificación no es correcta. A es A, y un estado intervencionista no viola el hecho de que A sea A. Lo mismo la vida de un ladrón. Un ladrón no es irracional. Es despreciable, claro, pero su conducta es perfectamente racional, y su ética puede ser reprochable, pero no es CONTRA-NATURA.

Entonces: ¿qué hacemos? Bueno, cometeré una herejía para la filosofía de Rand pero voy a decir lo siguiente: ¿qué tal si, a diferencia de lo que plantea Ayn Rand, la ética sí fuera una cuestión subjetiva? ¿Qué tal si los individuos tuviesen como principio ético fundamental perseguir “sus deseos”? ¿Estaríamos condenados entones a “odiar, temer y luchar los unos contra los otros…” (p. 43)? ¿Caeríamos irremediablemente en un mundo dominado por “el renunciamiento, la resignación, la negación de uno mismo y toda forma de sufrimiento, incluyendo la autodestrucción” (p. 49)?

Mi respuesta es contundentemente negativa. Y es que, precisamente, el liberalismo no es una filosofía de cómo vivir tu vida, sino una filosofía política que aspira a garantizar la vida pacífica y armoniosa de una comunidad. Y precisamente lo que se ha encontrado, desde una perspectiva liberal, para garantizar esto, es el máximo respeto por cada ética, moral, religión, y forma de vida individual humanamente posible, siempre y cuando no se invada –de forma violenta- la esfera de desarrollo de otro individuo.

John Stuart Mill nos decía algo de eso ya a mediados del siglo XIX. Para el filósofo inglés, cada uno debía ser libre de elegir su “modo de ser”, sin importar que otros lo juzgaran negativamente:

“El principio de la libertad humana requiere la libertad de gustos y de inclinaciones, la libertad de organizar nuestra vida siguiendo nuestro modo de ser, de hacer lo que nos plazca, sujetos a las consecuencias de nuestros actos, sin que nuestros semejantes nos lo impidan, en tanto que no les perjudiquemos, e incluso, aunque ellos pudieran encontrar nuestra conducta tonta, mala o falsa”

Ahora bien, la persecución de nuestros fines personales no es ilimitada, y por eso no lleva necesariamente al choque de intereses, al menos no en un orden político liberal. Es que, para Mill, junto con otros muchos pensadores de la tradición liberal, la acción individual tiene un límite claro: el daño o amenaza de daño a terceros. Nuevamente Mill:

“Ningún hombre puede, en buena lid, ser obligado a actuar o a abstenerse de hacerlo, porque de esa actuación o abstención haya de derivarse un bien para él (…) Éstas son buenas razones para discutir con él, para convencerle, o para suplicarle, pero no para obligarle o causarle daño alguno, si obra de modo diferente a nuestros deseos. Para que esta coacción fuese justificable, sería necesario que la conducta de este hombre tuviese por objeto el perjuicio de otro (…) Sobre sí mismo, sobre su cuerpo y su espíritu, el individuo es soberano.”

En la misma línea, Rallo nos recuerda las palabras de Herbert Spencer, quien sostenía que “todo hombre tiene derecho a reclamar la más amplia libertad para el ejercicio de sus facultades que sea compatible con la posesión de esa misma libertad por el resto de los hombres”.

O sea que un orden liberal no basado en la percepción randiana de los mandatos de la naturalezano tiene por qué derivar en una lucha eterna de deseos en conflicto, incluso cuando no exija el seguimiento de ciertos valores morales únicos. Dentro de un marco de reglas adecuadas, que defiendan los derechos individuales, podrán convivir múltiples moralidades, religiones, múltiples formas de llevar adelante la vida individual, familiar, amorosa, vincular, sin que nada de esto represente un peligro para la supervivencia de la libertad humana. Y sin que eso sea un atentado contra la razón.

Ahora bien, habrá algunos valores que, en la medida que a través de la cultura terminen influyendo en el marco institucional en el que nos manejamos, pueden llevar al abandono de la libertad. Pero de nuevo, eso no hace que esos valores sean irracionales, o antinaturales, simplemente hace que sean muy indeseables, malos, nefastos, ridículos, si lo que queremos es una sociedad donde cada persona puede realizarse a sí misma, gozando de la máxima libertad posible, compatible con la máxima libertad de sus conciudadanos.

Para cerrar, espero haber sido relativamente claro. Estoy de acuerdo en todas las conclusiones prácticas de Ayn Rand. Y valoro enormemente el magnífico trabajo hecho en la difusión de unos valores que creo urgentemente necesarios. Es solamente que no comparto los fundamentos lógicos en que estas conclusiones se basan. Espero que en los próximos minutos tengamos un buen debate sobre estos asuntos.

Muchas gracias,

IC

El debate completo que tuvimos a continuación con Yaroon Brook, Tara Smith y Marcos Falcone, puede verse haciendo click aquí abajo:

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Investigador Asociado del Centro FARO, de la Universidad del Desarrollo de ChileEs Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Gobernantes inmorales: estamos contratando a los peores miembros de la sociedad, o muy debajo del promedio

Por Martín Krause. Publicada el 21/11/22 en: https://bazar.ufm.edu/gobernantes-inmorales-estamos-contratando-los-peores-miembros-la-sociedad-debajo-del-promedio/

Michael Huemer es uno de mis filósofos políticos preferidos, entre los jóvenes contemporáneos. Su libro The problem of Authority es muy recomendable. Aquí escribe sobre este tema, una columna titulada “Immoral Rulers: https://fakenous.substack.com/p/immoral-rulers

“El problema del poder

Uno de los problemas clave con la idea misma del gobierno: contratas a algunas personas para que vigilen a otros y eviten que se porten mal. Tienes que dar a los observadores suficiente poder para hacer cumplir las reglas morales correctas. Pero estos observadores no son más morales que las personas a las que vigilan. Entonces, ¿qué les impedirá usar ese poder para salirse con la suya con el mismo tipo de actos inmorales que se supone que deben prevenir?

Ese es un problema prácticamente insoluble dentro del paradigma del gobierno. Pero el problema es peor de lo que parece, porque no se trata solo de que los observadores sean humanos con las mismas debilidades y defectos que todos los demás. Una vez que hay posiciones de poder, las personas que terminan en ellas suelen ser más inmorales, más deshonestas, más propensas a aprovecharse de los demás, que las personas sobre las que gobiernan.

Piensa en la reputación de los políticos. No son exactamente conocidos por ser las personas más honestas y honorables, ¿verdad? Todo lo contrario. Junto con los abogados, tienen la peor reputación de honestidad u honorabilidad de cualquier profesión. (Dejando de lado las «profesiones» como ladrón o traficante de drogas). Parece que estamos contratando, quizás no a las peores personas de la sociedad, pero sí a personas que están muy por debajo del promedio, para gobernar a todos los demás.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Sigue a @martinkrause