La autonomía de la Ciudad Autónoma

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/5/2en: http://www.laprensa.com.ar/501667-La-autonomia-de-la-Ciudad-Autonoma.note.aspx

Amancio Alcorta en Las garantías constitucionales escribe:

“La organización federal a que responde el gobierno argentino, provoca necesariamente un deslinde de atribuciones que requiere en muchas materias una atención especial para no producir el desequilibrio […] El imperium de la Nación no está sobre el imperium de las Provincias.”

Tal vez el estudio más riguroso sobre el significado del federalismo sea la obra de Vincent Ostrom The Meaning of American Federalism en la que el autor se detiene en explicar la trascendencia de las autonomías que componen el sistema federal -ya se trate de una federación o de una confederación- y las limitaciones del gobierno nacional que denomina “la trampa del gobierno central” donde advierte de sus atropellos y las consecuencias dañinas sobre los derechos de las personas.

El federalismo remite a la descentralización del poder tan caro a los principios republicanos. En el orden planetario es la razón medular para el fraccionamiento en naciones para evitar los riesgos fenomenales de un gobierno universal. A su vez, las sociedades libres tienden a subfraccionarse en provincias y a su turno en municipios. Esto desde luego nada tiene que ver con el establecimiento de culturas alambradas, es al solo efecto de mantener en brete a los aparatos gubernamentales. A pesar de todo, los resultados en el llamado mundo libre no son auspiciosos, pero imaginemos el contrafáctico: lo peor que serían las situaciones si se instalara un gobierno universal.

Ahora en el caso argentino, finalmente se ha esparcido la noticia que la Corte se pronunciaría en línea con los principios constitucionales vinculados a la noción de federalismo y abrió paso a que la ciudad de Buenos Aires pudiera proceder acorde con sus facultades en materia de enseñanza, con todos los recaudos sanitarios del caso tal como habían prometido sus autoridades. La Corte se pronunciaría por la autonomía de la ciudad autónoma, valga el juego de palabras.

Pero este tema va mucho más allá del caso que estuvo en disputa. En primer lugar porque ataja un embate feroz contra la idea misma de Justicia y la consecuente división de poderes que en la actual circunstancias apuntan a dejarlo sin efecto al invadir el Ejecutivo tareas propias del Judicial. Como es sabido la definición clásica de Justicia es “dar a cada uno lo suyo” y es pertinente repetir que “lo suyo” se refiere al derecho de propiedad desafortunadamente tan cuestionado hoy en nuestro medio con los resultados lamentables por todos conocidos.

En segundo término, en esta disputa surge claramente que no se ha comprendido cabalmente el significado del federalismo que aunque lo hemos mencionado antes es del caso reiterar con énfasis. Son las provincias y jurisdicciones equivalentes las que constituyen la nación por la que son estas las que deben coparticipar al gobierno federal y no al revés como viene sucediendo.

Este procedimiento unitario no permite sacar partida de los que aconsejaban los Padres Fundadores en Estados Unidos que es de donde básicamente se han replicado aspectos medulares del modelo federal. En ese contexto la gran ventaja que se argumentaba consistía en el origen de carácter basado fundamentalmente en la competencia entre jurisdicciones en materia fiscal. Es decir, que cada jurisdicción administra sus impuestos y coparticipa el gobierno central con lo necesario para las relaciones exteriores, la Justicia federal y la defensa nacional. Todo el resto era responsabilidad de los gobiernos locales.

Recordemos que incluso en la Convención Constituyente estadounidense se planteó la duda de contar con un gobierno central que finalmente se consideró necesario principalmente para proveer a la defensa común pero con severas limitaciones para que no invadiera facultades de los estados miembros.

Esta perspectiva de la competencia entre jurisdicciones tiene la virtud de trabajar sobre los incentivos tan relevantes en estos ámbitos. De este modo, con independencia de la postura política de cada gobernador estará compelido a cuidar el peso de la presión tributaria y el consecuente gasto público pues de lo contrario corre un doble riesgo: que los habitantes se muden a otra jurisdicción más hospitalaria y que se ahuyenten las inversiones que también busquen refugio en otros lugares.

En el caso argentino, se comenzó a quebrar el sistema federal de coparticipación a partir del 30 lo cual se agudizó notablemente desde el 43 convirtiéndolo en un procedimiento centralista que nada tiene que ver con el federalismo donde el aparato estatal a nivel nacional manipula a las provincias a su antojo, a veces con la complacencia de caudillos locales que solo pretenden gastar con la financiación irresponsable de la nación con lo que se desmorona toda la idea de republicanismo.

Es de desear que la posibilidad que insinúa ahora la Corte se profundice en otros fallos y se demuestre la independencia de la Justicia en todos los casos donde se han visto afectados derechos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Chicago boys vs Columbia boys: la ingeniería social vs la “mano invisible”

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/04/21 en: https://www.perfil.com/noticias/economia/dos-formas-de-ver-la-economia-la-ingenieria-social-vs-la-mano-invisible.phtml

En ocasión de un encuentro por el Mercosur, esta semana se produjo un cruce de ideas entre el ministro de Economía Martín Guzmán y su par brasileño, Paulo Guedes. Aquí, un economista analiza ambas formas de ver la economía.

Mercosur 20210429Cruces con Brasil por los aranceles, en la reunión del Mercosur. | CEDOC PERFIL

Existen dos maneras diferentes de ver la economía. Por un lado, la economía es un proceso espontáneo, con vida propia que se autorregula. A esta visión se la suele asociar a la famosa “mano invisible” de Adam Smith. Para este punto de vista la mano invisible no es perfecta, pero sí es mejor que una economía fuertemente regulada.

Por el otro lado, la economía es vista como un problema de ingeniería social. Con raíces en Marx (explotación) y Keynes (irracionalidad), el estado debe controlar, regular, e incluso salvar a la economía de sus propias crisis.

Los Ministros de Economía Martín Guzmán (Argentina) y Paulo Guedes (Brasil) fueron protagonistas de este contrapunto. Ante la afirmación de Guzmán, de que “la mano invisible de Adam Smith es invisible porque no existe”, su par brasileño le recordó que la mitad de los Nobel de Economía fueron para economistas de la tradición de la Escuela de Chicago.

Más allá de las sorprendentes palabras de Guzmán, su expresión es un acto fallido que muestra que en el gobierno prevalece una visión de la economía como un problema de ingeniería social en lugar de una visión de la economía como un proceso espontáneo y natural.

En primer lugar, la respuesta de Guedes se queda corta. La visión de la economía como un proceso de mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago ampliamente.

Tres ejemplos no asociados a la Escuela de Chicago dentro del listado de Nobel al que hace referencia el ministro brasileño son Elinor OstromVernon L. Smith, y Friedrich A. Hayek. Este último no sólo podría considerarse un Adam Smith del Siglo XX, sino que es uno de los Nobel más citado por otros galardonados con el Nobel.

Además, así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, también trasciende a la economía. En filosofía, por ejemplo, autores de la talla de Robert Nozick y Karl Popper han tratado el tema. Mal que le pese a Guzmán, la mano invisible es parte del ADN del desarrollo de la teoría económica desde Adam Smith hasta la fecha.

La visión ingenieril de la economía por parte del gobierno está por todos lados. Está tan presente que la tomamos como natural y no tomamos nota de ella. Podemos pensar, por ejemplo, en la obsesión regulatoria del estado. O en la intención de controlar la inflación con gigantescas planillas Excel. Pero para no perdernos en anécdotas, podemos mirar los mismos indicadores que se usan en investigaciones científicas a nivel mundial.

Según el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute (Canadá), con el kirchnerismo argentina descendió en el ranking de libertad económica al punto tal de ubicarse entre las 10 economías menos libres del mundo. El problema es que la economía no es una compleja pieza de relojería. La economía es más bien un ecosistema.

El economista de la mano invisible es más biólogo que ingeniero. Estudia un complejo ecosistema que él mismo es incapaz de reproducir, realizando intervenciones menores para garantizar su supervivencia, pero sin buscar regular su naturaleza. El ingeniero, en cambio, no aceptaría ningún cambio espontáneo del ecosistema que no esté apropiadamente regulado por alguna oficina gubernamental. Las trabas al progreso y desarrollo son obvias.

Así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, la visión ingenieril de la economía trasciende al kirchnerismo. Recordemos que el lema de Cambiemos era el de estado presente, no el de un estado limitado. Importantes figuras de este movimiento han sostenido que Cambiemos era socialista o un movimiento de izquierda (recuerdo a Ivan Petrella, Federico Pinedo, Marcos Peña, y Durán Barba).

Con actitudes que hacen acordar a adolescentes, desde el gobierno se mofaban de los economistas de la mano invisible usando motes como el de “liberalote”. Podemos recordar también la persecución de Rodriguez Larreta en CABA a Uber y ciudadanos de bien intentando hacer algún ingreso extra (quizás para pagar los aumentos de impuesto de Larreta) mientras hacía la vista gorda a los violentos actos del sindicato de taxis. Todo este drama justificado en la falta de una regulación apropiada. La visión ingenieril es poco creativa. En lugar de adatar la regulación a los nuevos desarrollos del mercado prohíbe aquello que no es adaptable a una regulación anacrónica.

No hace falta especular, podemos ver los datos. A nivel mundial, al menos desde el 2000 a la fecha, la libertad económica viene en ascensoArgentina, una vez más, a contramano del mundo. El ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) de las economías más libres del mundo es casi diez veces superior al de las economías menos libres del mundo.

La mano invisible es la mejor arma para eliminar la pobreza. Los datos también nos muestran que la distribución del ingreso es similar en economías libres y reprimidas. La diferencia es que la pobreza es mayor en las economías reprimidas. Un último dato, en las economías libres hay mayor igualdad de género que en las economías reprimidas.

Si uno mira la economía argentina, especialmente de Perón a la fecha, no vemos una alternancia entre la mano invisible y la ingeniería económica. Lo que vemos es una alternancia de ingenieros. Todos estos experimentos terminan de manera similar. Crisis económica con un retroceso relativo en la economía mundial.

Quizás para Guzmán y el kirchnerismo los beneficios de una economía libre sean invisibles. No hace falta que también lo sean para la oposición.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/4/2en: https://eleconomista.com.ar/2021-04-meditaciones-sobre-la-deuda-publica-externa/

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Como hemos señalado en distintas oportunidades, si queremos progresar resulta imperioso abandonar la mente cerrada del conservador siempre encajada en el statu quo, incapaz de aceptar el cambio puesto que sus telarañas conceptuales asfixian su pensamiento. Como ha subrayado Albert Einstein, “es imposible obtener efectos distintos repitiendo las mismas causas”.

Cuando Thomas Jefferson, siendo embajador en París, recibió la flamante Constitución estadounidense escribió que si hubiera podido incluir una cláusula adicional en ese documento sería la de prohibir la deuda pública externa puesto que es incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no eligieron al gobierno que contrajo la deuda. Cuando lo invité por segunda vez al premio Nobel en economía James M. Buchanan a pronunciar conferencias en Buenos Aires expresó lo mismo en el contexto del “Public Choice” que inició con Gordon Tullock.

Y no cabe el correlato con la actividad privada en cuanto a la evaluación de las respectivas inversiones puesto que en el ámbito estatal no es pertinente aludir a inversiones que, como es sabido, se refiere a apreciaciones subjetivas en cuanto a la relación del  valor presente respecto al futuro. Es tan  desatinado como cuando en el medio argentino se impuso la incoherencia del “ahorro forzoso”. En el Presupuesto lo que cabe son los rubros de gastos corrientes o gastos en activos fijos, pero no “inversiones”.

Ahora surgen acalorados debates sobre un supuesto endeudamiento de diversas gestiones gubernamentales de nuestro país, que habitualmente encierran tres errores garrafales.

En primer lugar para hablar con propiedad de endeudamientos es necesario aludir a valores absolutos y no hacerlo como un porcentaje del PIB. En segundo término, esto último se refiere a la capacidad de repago, pero no ilustra sobre el nivel de la deuda. Por último, para que la ratio sobre el PBN tenga significación es indispensable que la moneda se consigne en términos reales porque, de lo contario, con una divisa devaluada se inflan guarismos artificialmente.

Este problema no se circunscribe al caso argentino que, si bien constituye un ejemplo extremo, la mayor parte de las naciones del llamado mundo libre incurre en un grado de endeudamiento público superlativo. Es decir, además de presiones tributarias galopantes y manipulaciones monetarias de diverso espesor, los gobiernos también echan mano  a la deuda para financiar grados crecientes del Leviatán.

Sin perjuicio de reformas monetarias y bancarias de fondo y de reformas tributarias sustanciosas, sobre las cuales nos hemos expedido detalladamente en otras ocasiones, es urgente  contemplar la prohibición de contraer deuda pública externa (la interna estatal tiene otros significados) al  efecto de no permitir que “se patee la pelota para afuera” comprometiendo recursos más allá de los ingresos presentes.

Muchas veces se ha advertido  acerca de la monumental crisis de la deuda que se avecina en el planeta, la cual es empujada en grado sumo por instituciones gubernamentales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) que financia gobiernos fallidos con dólares sustraídos compulsivamente de los contribuyentes de diversos países. Es por eso que, entre otros, destacados autores como Anna Schwartz (coautora con Milton Friedman  de la célebre historia monetaria de Estados Unidos) y Peter Bauer (London School of Economics) han sugerido el  cierre inmediato de esa entidad internacional.

Pero tal vez el libro más ilustrativo en la materia sea el que lleva el sugestivo título en el que se resume la tesis: “Cuando la  ayuda es el problema”por Dambisa Moyo, africana y doctora en Economía por la Universidad de Oxford. En la misma línea argumental, es de gran interés el detenido estudio de la obra de Melvyn Krauss, titulada “Development without Aid”.

En resumen y para no tratar varios temas simultáneamente, es menester centrar la atención en los estragos de la deuda que, como queda dicho, no solo compromete patrimonios de personas que no pueden expresarse sino que abre las compuertas para que gobernantes desbocados puedan vivir a cuenta del futuro.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los incentivos importan

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/4/2en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/incentivos-importan.html

Dado que en el mundo estamos en plena pandemia abro esta nota periodística con el tema de las vacunas. Como es bien sabido la forma en que se actúa no es la misma cuando uno debe pagar las cuentas respecto a la situación en la que se fuerza  otros a hacerse cargo con el fruto de sus trabajos. Incluso la manera en que se encienden las luces y se toma café no es la misma cuando uno financia que cuando se impone la carga sobre los bolsillos de terceros que se ven compelidos a desembolsos con lo propio.

En este contexto es imperioso que a raíz del Covid se abran todos los canales posibles para conseguir, distribuir y aplicar vacunas, esto es no circunscribir la faena en las áreas estatales sino maximizar las posibilidades a través de centros privados de salud y farmacias al efecto de operar con potentes incentivos para multiplicar buenos resultados. Este no es un problema de mayor o menor buena voluntad en uno o en otro sector, se trata de fortalecer y multiplicar incentivos sobre todo en vista del grave problema de contagios y sin perjuicio de las normas que se establecen para proteger derechos.

Es muy cierto que hay gobiernos que marcan ejemplos nobles en cuanto a la debida transparencia de sus contratos, mientras que hay otros que proceden de modo opaco y pastoso con resultados lamentables en su gestión. A esto último se suelen agregar los tristemente célebres controles gubernamentales de precios que empeoran notablemente los problemas, lo cual viene ocurriendo desde la época de Hammurabi en el antiguo Egipto hace la friolera de 4000 años. En el caso que nos ocupa, a ciertos burócratas no se les ocurre mejor idea que encajar precios máximos a los medicamentos, barbijos y alcohol en gel con lo cual se multiplica la catástrofe sanitaria a lo cual inyectan intervenciones absurdas en las mutuales de medicina con lo que destruyen el sistema actuarial del seguro en perjuicio de los enfermos.

El tema de los incentivos es de larga data en economía, ciencias políticas y derecho en el que la propiedad privada desempeña un rol clave. Garret Hardin en la revista Science ha bautizado el fenómeno con el nombre de “la tragedia de los comunes”: lo que es de todos no es de nadie. En realidad este asunto ya lo trató Aristóteles cuatrocientos años antes de la era cristiana cuando refutó el comunismo de Platón. Nuevamente reiteramos no se trata de la dedicación y la abnegación de las personas involucradas, el tema es de incentivos naturales.

La institución de la propiedad privada permite usar los siempre escasos recursos de la mejor manera puesto que obliga a prestar debida atención a los requerimientos de los demás. Quienes aciertan con los gustos y preferencias de su prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Este aprovechamiento de los factores de producción hace que salarios e ingresos en términos reales se incrementen. Por el contrario, los estatismos que fuerzan otros destinos inexorablemente significan despilfarro, lo cual siempre empobrece. Esta es la diferencia central entre países ricos y pobres. En estos últimos, prevalece el atropello del Leviatán con tributos insoportables, inflaciones galopantes, deudas públicas astronómicas, gastos inauditos, a lo cual se adicionan  los déficits de las mal llamadas empresas estatales. Todo esto en lugar de abrir de par en par la energía creativa que genera la sociedad abierta.

Cierro esta nota con tres comentarios desafortunados sobre la idea de pobreza íntimamente vinculada a incentivos y contraincentivos. En primer lugar, refutar la machacona idea de sostener que la pobreza conduce a la delincuencia. Esta afirmación constituye un agravio para nuestros ancestros puesto que todos descendemos de las cuevas y la miseria más espantosa de lo que no se sigue que provengamos de delincuentes. Más aun, es muy frecuente constatar que personas muy modestas en su condición económica cultivan valores de respeto recíproco, mientras otros con ingresos suculentos revelan conductas inmorales por donde se los mire. En otras palabras, los principios éticos que se adoptan no tienen relación causal con el bolsillo, tienen que ver con el cultivarse como seres humanos.

En segundo término, se ha dicho que el populismo cala hondo en lugares pobres, lo cual no ocurre en zonas opulentas o que cuentan con ingresos mayores. Esto tampoco es cierto: antes que nada debemos percatarnos que los países ricos fueron pobres y no abrazaron el estatismo cuando se enriquecieron, de lo contrario hubieran seguido siendo pobres. Otra vez se trata de valores y principios que además de conducir a la decencia conducen a la prosperidad. En tercer lugar, es pertinente subrayar que también se insiste que la pobreza invita a un clima de planes sociales lo cual atenta contra la cultura del trabajo. Sin duda que los llamados planes sociales -esto es la entrega por parte de los aparatos estatales de recursos sustraídos compulsivamente del fruto del trabajo ajeno- degradan la noción del propio esfuerzo al tiempo que crean dependencia malsana con políticos demagogos e inescrupulosos y acentúan inexorablemente la pobreza. Pero esto no es exclusivo de los pobres, a muchos ricos también los estatistas les otorgan planes sociales encubiertos, solo que con otro nombre: se llama proteccionismo aduanero, mercados cautivos, créditos subsidiados, excepciones fiscales, “salvatajes” de deudas y privilegios de todo tipo a expensas de los trabajadores que no tienen poder de lobby.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

En torno a cacerolazos y banderazos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/4/2en: http://www.laprensa.com.ar/501133-En-torno-a-cacerolazos-y-banderazos.note.aspx

Nuevamente vuelvo a la carga sobre un tema que antecede a todos los demás. Es el sine qua non de una sociedad civilizada. En este contexto, estimo que las manifestaciones callejeras contra abusos del poder político son indispensables y están plenamente justificadas al efecto de poner coto a los atropellos del Leviatán. Por otra parte, el derecho a la resistencia a la opresión se encuentra consignada en todos los documentos independentistas del mundo libre. Es la forma de hacerse oír en la esperanza de rectificar el rumbo.

Pero habiendo dicho esto, debemos percatarnos que las instituciones civilizadas no se mantienen a puro rigor de cacerolazos y banderazos. Es crucial sustentar las protestas en ideas bien fundamentadas que muestren claramente las ventajas de vivir en una sociedad libre. A veces resulta más fácil la manifestación callejera, el cántico y el alarido circunstancial que el detenido estudio y difusión de valores y principios clave, pero sin esto último no hay manera que se mantengan.

No es posible que la sociedad abierta se mantenga a flote sin que cada uno de sus integrantes perciba que es su indelegable responsabilidad el contribuir al respeto recíproco. Todos estamos interesados en que se nos respete por lo que todos debemos trabajar en la faena de preservar ese respeto, que no es automático ni viene del aire. Es el resultado de tareas cotidianas. No importa a que nos dediquemos si a la jardinería, la música, la literatura, la economía, la medicina, el comercio o lo que fuera, todos pretendemos respeto.

Tal como he consignado antes, Alexis de Tocqueville ha advertido el peligro cuando en el contexto de gran progreso moral y material la gente da eso por sentado. Es el momento fatal pues los espacios los ocupan otros con otras ideas a contracorriente de la libertad. También el mismo autor insistió que debe estarse especialmente precavido de los atropellos en los detalles pues lo gordo es más fácil detectarlo. Es un lugar común pero no por eso menos valedero el ilustrar el peligro con una rana puesta en agua que poco a poco incrementa su temperatura pues se acostumbra y cuando quiere reaccionar ya es tarde, a diferencia de la situación en la que se la coloca en un recipiente con agua hirviendo que hace que inmediatamente salte fuera. Eso es lo que sucede con los humanos.

No es admisible que se actúe como si se estuviera en la platea de un inmenso teatro en el que se mira a quienes están en el escenario esperando que ellos resuelvan los problemas. Esa es la mejor manera para que el teatro se desmorone sobre todos.

Transmitir valores

Como también se ha dicho, la forma más fértil de trasmitir los antedichos valores y principios es a través de la cátedra, el libro,  el ensayo y el artículo pero no son las únicas formas. Las reuniones de ateneos de lectura de pocas personas en casas de familia donde se expone por turno y se debaten buenos libros son canales sumamente provechosos y de notable efecto multiplicador en lugares de trabajo, reuniones sociales y equivalentes.

Es desesperante pero la mayoría de los supuestos defensores de la libertad solo se dedican a sus actividades particulares que si son legítimas bienvenidas sean pero no sobreviven si no se apuntalan con los mencionados esfuerzos diarios. No es una exageración sostener que todas las noches antes de acostarnos debemos preguntarnos que hicimos durante la jornada para que nos respeten. Si la respuesta fuera nada no tenemos derecho a la queja. Es por eso que los Padres Fundadores estadounidenses machacaban con aquello de que “el precio  de la libertad es su eterna vigilancia”.

Cuando la situación es buena hay irresponsables que consideran que no es necesario preocuparse y ocuparse de mantener el sistema y cuando es difícil esos mismos distraídos argumentan que no están capacitados para la pelea intelectual. Así no hay salida posible. Es menester poner manos a la obra sin pretextos de ninguna naturaleza. Ya sabemos que el tiempo y las energías son limitados y que las demandas de asuntos personales son muchas y muy variadas, pero lo que dejamos planteado es un asunto de supervivencia y que todo lo demás que apreciamos se desmorona si no se cuenta con marcos institucionales compatibles con una sociedad libre.

Y no es cuestión de concentrarse en temas de coyuntura sino en poner la mira en temas de fondo que son los que permitirán correr el eje del debate y marcar agendas. Para recurrir a un argentinismo, enredarse en la marcha de las Leliqs y equivalentes hacen perder tiempo y consumir glándulas salivares en lugar de analizar asuntos que, entre otros cosas, mejorarán las coyunturas del futuro.

Abro el anteúltimo capítulo de mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos (donde me refiero al declive de ese país, otrora ejemplo extraordinario en la defensa de los derechos de las personas) con un epígrafe de Etienne de la Boétie quien concluye: “Son, pues, los propios pueblos los que se dejan o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir, romperían las cadenas”, en cuyo contexto destaco lo escrito por Aldous Huxley que resume nuestros desvelos: “En mayor o menor medida, entonces, todas las civilizaciones modernas están hechas de una pequeña cantidad de gobernantes corruptos por demasiado poder y por una cantidad muy grande de súbditos corruptos por una irresponsable obediencia pasiva.

Entonces, como queda dicho, esto no es para desmerecer en lo más mínimo las valiosas expresiones de protesta, se trata de comprender que deben ser acompañadas vigorosamente con propuestas concretas bien razonadas y argumentadas para no quedar en el vacío. No es justo ni posible dejar la tarea exclusivamente en manos de periodistas que con coraje y demostración de independencia y buen criterio hacen su trabajo todas las jornadas, es urgente que todos los que suscriben la trascendencia de la Justicia se embarquen con rigor y entusiasmo en esta empresa vital.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Clasificación de los impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/04/clasificacion-de-los-impuestos.html

“5. Clasificación de los impuestos. Diversas son las clasificaciones que de los impuestos se han proyectado y otras tantas las que se han adoptado en la doctrina y en las legislaciones positivas. El tratadista italiano Cossa los clasifica, atendiendo a la calidad de las riquezas que constituyen el impuesto, en impuestos en especie y pecuniarios; desde el punto de vista de su distribución, en fijos, proporcionales y progresivos; por su carácter permanente o transitorio, en ordinarios y extraordinarios; por la naturaleza de la entidad sujeta al impuesto, en directos e indirectos; por el modo de determinarse las sumas que se han de pagar, en impuestos de cuota y de cupo o contingente; por su objeto, en reales y personales. Adams los clasifica en tres categorías:

1′) Impuestos que gravitan directamente sobre la renta.

2») Impuestos que gravitan sobre el capital considerado como una fuente de renta.

3′) Impuestos que gravitan sobre las industrias y profesiones consideradas como medio de asegurar una renta. “[1]

Estas clasificaciones son excelentes ejercicios memorísticos, y pueden servir a los profesores para “torturar” a sus alumnos. Nosotros, con un criterio más sencillo y más realista, aunque pudiera parecer menos académico, podemos clasificar a los impuestos en dos grandes categorías, a saber, a) muy expoliatorios, b) poco expoliatorios. O, lo que sería algo equivalente: a) muy dañosos, b) poco dañinos. Nótese que, en cambio, la clasificación -tanto de Cossa como de Adams- se refiere a las distintas formas o maneras de cobrar el impuesto, es decir al cómo se recauda, y no a los efectos de los impuestos que es -en suma- lo que interesa a la economía.

Además, el cómo se recauda significa negarse a entrar en el análisis del efecto de los impuestos. El estatista -ya de por si- los considera algo “bueno en sí mismo”. Por ello, ni ingresa en la discusión sobre lo bueno o lo malo del impuesto. Es un tema que ni lo roza, porque le parece una fatuidad discutir sobre esa cuestión. Sin embargo, es el aspecto -por mucho- más gravitante en materia fiscal: utilidad de los impuestos y sus efectos sobre la economía y el bienestar los pueblos. Este es el análisis que interesa, y no las clasificaciones que sirven para tomar exámenes a los alumnos, o permiten a los burócratas crear complicadas planillas y cientos de formularios para que los “ciudadanos” expoliados pierdan su valioso tiempo llenándolos en las atiborradas oficinas de los tributos que pululan en todas partes, pero que no van al fondo del asunto.

Lo cierto es que el pulpo fiscal siempre procura extender sus tentáculos y multiplicarlos. Cada impuesto es un nuevo tentáculo que le crece al monstruo estatal y que sirve para alimentar su voracidad macrocefálica insaciable en el curso de los siglos.

“a) Impuesto fijo; b) Impuesto proporcional. Una ligera consideración acerca de esta clasificación de los impuestos en fijos y proporcionales, nos da la sensación de que el primero consiste “en exigir una cuota uniforme por cada persona o cada patrimonio sin atender a la capacidad tributaria de las primeras ni al mayor o menor valor de los segundos”. Trátase del viejo tributo de la capitación, abandonado ya en todos los países y en cierto modo, del impuesto a los productos de consumo de primera necesidad universalmente repudiado, pues siendo el volumen del consumo individual relativamente invariable, la cuantía del impuesto ofrece cierta uniformidad respecto a toda clase de personas. Abandonado el primero de los impuestos, nos queda elegir el impuesto proporcional, sostenido enfáticamente por el economista francés Leroy-Beaulieu. Para éste, como para todos los partidarios de este sistema, la única regla equitativa es la de la “uniformidad” del impuesto interpretada en el sentido de la “proporcionalidad”. “[2]

Preocupado por sus clasificaciones permanentes nuestro autor no termina de entrar al tema de fondo sobre las consecuencias negativas de los impuestos. Él, todo lo ve “positivo” en materia fiscal. Ya lo hemos visto hablar de una “evolución” en dicho sentido, y ya le hemos respondido que nosotros observamos una clara involución.

La capacidad tributaria a de una persona siempre se basa en el patrimonio del que disponga. Un individuo sin patrimonio es un sujeto sin capacidad tributaria. Si tiene un patrimonio pequeño así será su capacidad tributaria, y si es grande también será su capacidad en dicho sentido. Veamos el concepto económico del término:

patrimonio. Conjunto de propiedades, bienes, derechos y obligaciones a su favor que posee un particular o una empresa”[3]

De allí que, no se entiende cuál es la diferenciación que -en cuanto a capacidad tributaria se refiere- se hace entre persona y patrimonio como si se tratara de dos capacidades tributarias diferentes cuando la capacidad tributaria es una sola, y está definida y determinada por el patrimonio del sujeto gravado. Sin patrimonio no hay impuesto, porque no hay con que pagarlo, por ende, en este caso es absurdo de hablar de la capacidad tributaria de la persona como si fuera esa capacidad algo separado y distinto a su patrimonio.

Resulta claro y hasta superfluo explicar que los ingresos de una persona forman parte de su patrimonio porque, precisamente, se incorporan al mismo, ya que cumplen todas las condiciones de la definición: pasan a ser de su propiedad, forman parte de sus bienes, es de su derecho el percibirlos, y es obligación de sus empleadores o clientes pagárselos. Las innumerables disecciones que hacen los tributaristas mayoritarios (y a las que son tan afectos como venimos observando en el trabajo que estamos analizando) sólo obedecen al objetivo de crear múltiples bases tributarias para poder extraer dinero de la mayor cantidad de ellas. Por eso, proliferan las “categorías” y “clasificaciones” varias de personas y patrimonios. Pero esta multiplicación -casi sin fin- trata, adrede, de complejizar la comprensión de lo que el sistema tributario en definitiva persigue: expoliar inmisericordemente al contribuyente, a la vez que aumentar sensiblemente la recaudación.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

The Austrian School of Economics: 150 Years

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 15/04/21 en: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3827446

Abstract

The year 2021 marks the 150th anniversary of Carl Menger’s Principles of Economics, the Austrian School of Economics’ foundational work. This paper looks at the most relevant work this school of thought has produced during the last century and a half. The Austrian School has worked on pressing topics of their time and is well aligned with the work being developed in “mainstream” economics.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

Pensamiento científico y censura

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 14/4/21 en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/mauricio-alejandro-vazquez-pensamiento-cientifico-y-censura.phtml

Censura 20210415Dimitris Vetsikas / Pixabay

Una sociedad en la cual se generaliza que lo disruptivo, polémico o peligroso no puede debatirse, tarde o temprano puede facilitar un régimen en el que tampoco se pueda pensar libremente.

¡Sapere Aude! (¡Atrévete a saber!) exclamaba Immanuel Kant en pleno Siglo XVIII contagiado del intrépido espíritu del iluminismo que se había ya arraigado con fuerza en Francia e Inglaterra y aún no todavía en su dogmática Prusia.

Probablemente sea muy difícil destacar en su justa medida, en pleno Siglo XXI, lo revolucionario que fue para la humanidad que pensadores de la talla de Kant hayan consolidado y propagado ese clima reinante en su tiempo, con el ideal científico de la razón como mascarón de proa, que dio paso luego al advenimiento del desarrollo humano más vertiginoso del que se tenga registro.

Aun así, a pesar del desafío que implica dimensionar hoy día, donde la ciencia y la técnica imperan, la proeza que significó en aquel tiempo la actitud emprendida por tantas mujeres y hombres, existen ciertas aristas espinosas que en el último tiempo parecen invitarnos a revalorizar aquellos aciertos y reflexionar de modo equivalente, sobre en qué pilares debiéramos seguir asentando nuestro presente si aspiramos a incrementar dicha prosperidad en el futuro.

Al respecto, en los últimos meses se produjo un generoso y vehemente debate en torno a la aplicación de medidas preventivas en algunas redes sociales, orientadas a impedir que ciertos mensajes con contenido polémico se propagasen y que, por tanto, se pusiese en riesgo el orden público en general y en algunos casos, la salud de la ciudadanía en particular. Lo que en un comienzo implicó meramente la inclusión de señales de advertencia, evolucionó finalmente en acciones concretas por parte de las plataformas virtuales, como por caso la cancelación de la cuenta de Donald Trump en la red del pequeño pajarito azul. Acompañando aquella medida, varias empresas se asociaron para impedir tecnológicamente que sus competidoras (por caso la red Parler) brindase al hoy expresidente norteamericano de una especie de derecho a réplica virtual.

Esta breve reflexión no apunta, sin embargo, a sumarse a dicha polémica, no porque la misma no resulte sumamente rica en aspectos filosóficos y políticos aún en debate, sino porque la intención es poder abordar la cuestión desde una perspectiva aún no tan explorada. Y con tal me refiero a la del empoderamiento personal.

Así como lo saben los psicólogos, también lo experimentan los padres conforme sus hijos se enfrentan al mundo: sobreproteger permite acercarse asintóticamente a una exactitud del cuidado, pero al mismo tiempo, como otras cosas propias de la vida, tiene el efecto no deseado de desempoderar. Cuanto más se aísla a un niño de las posibilidades de correr riesgos, éste a su vez adquiere cada día menos herramientas para lidiar con ellos. El mundo de los adultos, sin embargo, tampoco es muy diferente. También sobre éstos el mecanismo funciona del mismo modo: cuánto más se busca protegerlos, más dependientes de esa protección se vuelven.

Al mismo tiempo, gran parte del debate antedicho tuvo que ver con la palabra “censura”, vocablo que solía aplicarse de forma rigurosa a la acción de los gobiernos y que hoy también se debate si su sentido no debiera extenderse a hechos ejercidos por privados, como los que comentaba anteriormente. En tal sentido, este tipo de uso del poder tecnológico debiera revisarse a la luz de su impacto general y no solo desde sus efectos sobre un particular, por caso Donald Trump o cualquier otro. Una sociedad en la cual se generaliza que lo disruptivo, polémico o peligroso no puede debatirse, tarde o temprano puede facilitar un régimen en el que tampoco se pueda pensar libremente. Justamente lo contrario a la histórica proclama kantiana con la que daba pie a esta reflexión.

Por tanto, si la sobreprotección favorece el desempoderamiento al mismo tiempo que la censura habilita el ejercicio de la arbitrariedad y facilita el dogmatismo, ¿qué podríamos hacer para que la sociedad quede a resguardo del enorme impacto que tienen las redes sociales con su diversidad de mensajes y consignas hoy día?

En gran medida, el movimiento iluminista asentó sus bases sobre los cimientos construidos por el humanismo de los Siglos XIV y XV. En su esencia, esta corriente de pensamiento volvió sus ojos sobre el hombre, abandonando el pesimismo sobre su esencia y revalorizando su capacidad intelectual, artística y científica. Justamente es en este sentido que mi sugerencia pasa por retomar la senda que nos trajo a este presente lleno de oportunidades y que por tanto volvamos a confiar en la capacidad de discernimiento de todos aquellos que conforman la ciudadanía global en la que nos hallamos insertos hoy y, para tal, qué mejor que fortalecer nuestros planes de estudio con más herramientas provenientes del campo científico.

Por tanto, considero que no existe mayor vacuna contra la influencia negativa que pueden tener los intentos de desinformación malintencionada y los llamados al odio, al racismo o a la discriminación, entre otros posibles males provenientes del fenómeno virtual, que una inversión creciente en nuestras curriculas de materias como pensamiento científico, metodología de la investigación, epistemología o afines. Siendo como son estos campos de la enseñanza, anticuerpos efectivos que dotan a nuestros niños y jóvenes de la capacidad para juzgar por sí mismos la información que llega, y empoderándolos así en cada caso que su intelecto es desafiado.

Kant nos invitó a atrevernos a saber. El mundo de hoy nos interpela al punto de sugerirnos la perentoria osadía de combinar todo eso que hemos aprendido, con mejores reglas de convivencia que nos conduzcan hacia mayor libertad, responsabilidad y cooperación en la que es hoy una gran aldea global, sin pasar por tentadores atajos que por momentos tienen el viso de los autoritarismos de antaño.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

La teoría de juegos y la cuarentena

Por Iván Carrino. Publicado el 10/4/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-teoria-de-juegos-y-la-cuarentena/

Tomando las pérdidas y ganancias sociales, la estrategia de confinamiento generalizado es la peor opción de todas

La teoría de los juegos es una rama de la economía que busca analizar la toma de decisiones cuando éstas son condicionadas por las decisiones de los demás. Es decir, ya no nos vamos a concentrar en el cambio en las cantidades consumidas de una persona cuando cambia el precio de un bien, sino en el cambio en su conducta cuando otro individuo toma una decisión.

Un clásico de este análisis es el dilema del prisionero que, yendo a la comisaría con su compañero delincuente, deben tomar la decisión de contar la verdad o hacer silencio. Si ambos hacen silencio, reciben pocos días de arresto, mientras que si uno delata al otro pero otro mantiene el silencio, el primero queda libre y el segundo carga con toda la pena.

¿Qué decidir? La teoría de juegos propone matrices de pérdidas y ganancias para analizar las decisiones óptimas, donde se maximizan los beneficios (o se minimizan las pérdidas) para todas las partes.

¿Se puede emplear esta herramienta para saber si la cuarentena o el confinamiento es óptimo? Eso intentaremos aquí abajo.

En primer lugar, tenemos que asumir una matriz de pérdidas y ganancias asociadas a dos estrategias: una estrategia es salir de casa y hacer vida normal (“Salir”). La otra es quedarse en casa (“Quedarse”).  Al mismo tiempo hay que dividir a la sociedad en dos grupos. La dividiremos, entonces, entre el grupo de los jóvenes, por un lado, y el grupo de los mayores, por el otro.

En el caso de los jóvenes, asumiremos que:

1) El beneficio derivado de salir de casa es 10.

2) El costo de salir de casa es de 0, puesto que asumimos un riesgo cero de muerte frente al contagio.

3) El costo de no salir de la casa, asumiremos, es 5.

4) El beneficio derivado de quedarse en casa lo asumiremos en 3 puesto que encuentran un pasatiempo que le resulte de interés.

Para el caso de los mayores, asumimos que:

1) El beneficio derivado de salir de casa es 10, al igual que los jóvenes.

2) El costo de salir de casa lo vamos a calcular en -2.

(Esto surge de un puntaje de -10 para la muerte, ponderado por un 20% de probabilidades de ocurrencia, probabilidad que está absolutamente aumentada, ya que -en adultos mayores de 75- la probabilidad de muerte frente al contagio es 26,5%  pero la de contagiarse y, a su vez, morir, es de 2% según datos de la ciudad de Nueva York[1]Supondremos también que, si los jóvenes no salen, los mayores no se contagian.)

3) El costo de no salir de la casa también lo asumiremos en 5.

4) El beneficio derivado de quedarse en casa lo asumiremos en 5, puesto que los pasatiempos para los mayores pueden reportarles mayor utilidad que para los jóvenes.

Con estos supuestos, entonces, llegamos a la matriz de pérdidas y ganancias, tal como lo indica la teoría de los juegos y el famoso dilema del prisionero (nótese que entre paréntesis, el primer número siempre corresponde al pago para los jóvenes):

Jóvenes (1)
SalirQuedarse
Mayores (2)Salir(10;8)(-2;10)
Quedarse(10; 0)(-2; 0)

Advertencia: Es necesario aclarar que diagramar una matriz como la anterior es, en realidad, una tarea directamente imposible ya que las utilidades subjetivas no pueden ni sumarse, ni compararse.

No obstante, si se considera que lo planteado aquí tiene algún grado de verosimilitud, queda claro que el peor de los escenarios es aquél donde todos se quedan en su casa. Es decir, el de la cuarentena total.

En dicho escenario las pérdidas totales ascienden a 2 puntos (los jóvenes pierden 2, los mayores pierden 0). En todos los demás escenarios existen ganancias netas. En el primero, de 18 puntos (salen los jóvenes y ganan 10, salen los mayores, ganan 8). En el segundo, de 10 puntos (salen los jóvenes, pero se quedan en su casa los mayores). En caso que los mayores salgan pero los jóvenes sean los que se queden, el puntaje total es de 8.

En vista de esta matriz, se observa que la cuarentena total es la peor de las estrategias posibles, puesto que los costos superan a los ingresos, motivo por el cual se generan pérdidas sociales. Estos resultados se explican porque quedarse en la casa siempre es una peor opción que hacer “vida normal”, y si bien puede tener sentido para algunas personas muy adversas al riesgo, al generalizarse a toda la población, lo que se generaliza es una opción que la mayoría no habría elegido libremente. 

Tal vez a alguno le resulte demasiado frío este análisis. Pero, al menos en Argentina, no se ha vuelto a una cuarentena dura y no parece que -más allá de las repudiables nuevas restricciones- vaya a volver a implementarse algo del estilo.

Tal vez se haya aprendido de los errores pasados. O tal vez ahora las decisiones se tomen sin el contagio de Covid-19 como la única variable a minimizar, sino mirando un poco más allá, como se propone en el ejercicio de aquí arriba.


[1] Las probabilidades de morir estando contagiado, segmentadas por grupo etario, y la cantidad de muertos totales por grupo de edad, para la gran muestra de la Ciudad de Nueva York, pueden calcularse a partir de los datos publicados aquí: https://www1.nyc.gov/site/doh/covid/covid-19-data-totals.page#rates, en la sección “Case, Hospitalization and Death Rates”.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

LA ODISEA, ODISEO, LAS SIRENAS Y EL CORONAVIRUS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/4/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/04/la-odisea-odiseo-las-sirenas-y-el.html

No voy a hablar de vuelta de las razones que, sin conspiraciones ni negaciones, dan cuenta de lo locura total de las cuarentenas obligatorias. Las recurrencias de los gobiernos en aplicarlas y la aún poca resistencia de millones de gentes alienadas por la propaganda oficial no permite ser optimista. Lo único que podemos hacer, sólo para aquellos pocos que quieran pensar, es situar esta tragedia en el contexto cultural que lo explica.

En un artículo de hace unos años, decíamos: 

(http://www.institutoacton.com.ar/oldsite/articulos/gzanotti/artzanotti57.pdf

“El pesimismo de Horkheimer y Adorno se ve muy bien reflejado en la analogía tomada de la Odisea sobre el canto de las sirenas.  “…Quien quiera subsistir no debe prestar oídos a la seducción de lo irrevocable, y puede hacerlo sólo en la medida en que no sea capaz de escucharla. De ello se ha encargado siempre la sociedad. Frescos y concentrados, los trabajadores deben mirar hacia delante y despreocuparse de lo que está a los costados. El impulso que los empuja a desviarse deben sublimarlo obstinadamente en esfuerzo adicional. De este modo se hacen prácticos. La otra posibilidad es la que elige el mismo Odiseo, el señor terrateniente, que hace trabajar a los demás para sí. El oye, pero impotente, atado al mástil de la nave, y cuanto más fuerte resulta la seducción más fuertemente se hace atar, lo mismo que más tarde también los burgueses se negarán la felicidad con tanta mayor tenacidad cuanto más se les acerca al incrementarse su poder. Lo que ha oído no tiene consecuencias para él, sólo puede hacer señas con la cabeza para que lo desaten, pero ya es demasiado tarde: sus compañeros, que no oyen nada, conocen sólo el peligro del canto y no su belleza, y lo dejan atado al mástil para salvarlo y salvarse con él.. Reproducen con su propia vida la vida del opresor, que ya no puede salir de su papel social. Los lazos con los que se ha ligado irrevocablemente a la praxis mantienen, a la vez, a las sirenas lejos de la praxis: su seducción es convertida y neutralizada en mero objeto de contemplación, de arte”[1].

Hemos citado este párrafo in extenso porque su esquema se adapta a todo pensamiento emancipatorio, y también, por ende, a Feyerabend. Por supuesto, para este neomarxismo, la praxis opresora, la “Matrix” de la que no se puede salir, es el capitalismo, culmen de la racionalidad instrumental, capitalismo donde explotador y explotado están encerrados en la misma dialéctica. Por supuesto, nosotros no adherimos a esta dialéctica marxista[2], pero sí adherimos a la profundidad de la analogía cuando se la aplica en general a todo pensamiento que pretenda, de algún modo[3], un cambio de sistema. Las sirenas representan el anuncio de cambio de sistema, pero ese cambio nunca llega porque el sistema, de modo inteligentísimo, absorbe al canto revolucionario en una apacible estética que nada modifica. Son bellos libros que forman parte del entretenimiento, son los locos que anuncian la revolución en un bar, a la noche, con sus amigos, son los profesores que “enseñan” la teoría revolucionaria y luego exigen la repetición del paradigma y ponen un 10 como premio, son las películas con “mensaje” que luego son sólo entretenimiento para días aburridos.  Veremos que Feyerabend es una sirena cuyo canto tiene un contenido importantísimo, pero el modo de interpretarlo lo ha convertido en el entretenimiento de lujo de la filosofía de la ciencia.”

Esto es, ante Horkheimer y Adorno, Feyerabend tiene la ventaja de que su diagnóstico de la Ilustración autoritaria es más límpida y acertada. Carece de los problemas de la teoría de la explotación de Marx y de la delirante dialéctica hegeliana, y destaca limpiamente el eje central del problema de la Ilustración: NO se pudo liberar de la ecuación “importante = coactivo”. Pero cuidado, porque esa ecuación se cumple -no lo aclaré entonces- en todo pacto político originario. La diferencia es que en el pacto norteamericano, lo “importante” era precisamente el respeto mutuo de cosmovisiones diferentes del mundo, mientras se aceptara la Constitución que garantizara la libertad religiosa y el free speech, cosa que ahora se perdió casi totalmente.

En el progresivo declive que ha llevado a Occidente a casi perder toda noción de libertad individual -producto de ese estado nación iluminista- siempre ha habido los Odiseos, las sirenas y los compañeros. Las sirenas son los cada vez menos libertarios que predican la importancia y la belleza de la libertad. Los odiseos son esas buenas personas que, al frente de todo tipo de instituciones indigestadas de la sola racionalidad instrumental, con la consiguiente des-humanización (o sea, autoridades de empresas, de instituciones educativas, de iglesias, etc), perciben en el fondo que algo no está bien, pero anestesian esa voz interna con racionalizaciones de sus funciones de control y vigilancia: “me tocó la carga de ser autoridad”. Los compañeros son (y no hablo de Argentina 😊) los que directamente no se dan cuenta de nada, los millones de empleados, subordinados, colegas y etc. que, exactamente que Eichmann (y da lástima hacerlos tomar conciencia de ello) repiten órdenes con juicio acrítico, protegidos habitualmente por la barbarie de su especialización. (De allí los médicos dictadores). Contrariamente a algunos odiseos, no pueden percibir, ni vagamente, la belleza de los cantos libertarios: los perciben como peligro y como horrible amenaza. La libertad para ellos es LA amenaza. Para Odiseo, una tentación resistida. Los libertarios, las sirenas, son perseguidas, excepto sean incorporadas al sistema como entretenimiento estético (por eso se imprimen bellos ejemplares de los libros de Feyerabend, Habermas o Foulcault, y de Mises, Popper y Hayek, a los que la izquierda ilustrada los considera “secuaces del sistema” y que leídos en serio son todo lo contrario).

Esto fue sucediendo, en muchas áreas, hace décadas. En economía, educación, medios de comunicación, salud, etc etc etc, las sirenas, esto es los libertarios o liberales clásicos, vienen predicando, cual profetas en un eterno desiero, la belleza (o sea el sentido moral) de la libertad. Los estados y los “privados adscriptos al sistema estatal” han sido los compañeros de viaje. Con los odiseos, directivos de esos sistemas, se puede conversar, al menos, sin que te maten. Pero luego vuelven a su escritorio, se anestesian ante las tentadoras sirenas y cumplen su función cual eficaz cocodrilo que controla a su presa sin sentirlo. Y la mata. Pero los que son matados, felices. La existencia realmente humana que podrían haber tenido murió, pero ellos felices en la existencia inauténtica de su diario transitar.

Pero ahora, finalmente, con esta locura totalitaria global, los odiseos y sus compañeros de viaje parecen haber encontrado unas muy eficaces cadenas para anclarse al mástil para siempre: el terror a la muerte y la dictadura de la ciencia, impuestos culturalmente desde el estado nación científico y ultra-secularizado. Millones y millones de alienados que no tienen otra tranquilidad que su salud física, obedecen cual lastimosos borregos a una engañosa ciencia supuestamente redentora. “Follow the science”. Los pocos odiseos que se dan cuenta de que algo no encaja, quedan bien calladitos y nunca como ahora los libertarios son las sirenas más peligrosas; nunca como ahora la libertad, la espontaneidad, el vivir como humanos se ha vuelto tan peligroso. ¡Cuidado habitantes de la Matrix!!! ¡Denuncien a Morpheus, Neo y Trinity!!!!!!!!!!! ¡Llamen a los Smiths!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Por supuesto, cada vez que escribo estas cosas los odiseos y los compañeros me quieren matar, pero los sirenitos me preguntan cuál es la solución. Nada fácil ni rápido. Las masas son ejércitos inconscientes e implacables, y los individuos son impotentes. Sólo queda que algunos clérigos de Equilibrium dejen de tomar el prezium y comiencen a sentir, luego de que miles y miles miembros de la resistencia sean asesinados. Pero…Eso, así, en sí mismo, no sucederá. La Historia Humana es la historia de Caín y el EEUU de 1776 fue sólo el esbozo de un pequeño e imperfecto milagrillo temporal. Ahora sólo queda como ideal regulativo predicado por sirenas (lindas o feas) que hablan hasta que son sacadas del agua y ahogadas en la cultura de la cancelación.


[1] Dialéctica de la Ilustración (1944, 1947) Trotta, Madrid, 1994 1ra edición.

[2] Ver la clásica crítica de E. Von Bohm-Bawerk a la teoría marxista de la explotación en Capital and Interest (1884-1889-1909), Libertarian Press, 1959.

[3] Decimos “de algún modo” porque el cambio de sistema puede ser revolucionario o evolutivo. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises