EL CISMA NO ES EL CAMINO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/10/el-cisma-no-es-el-camino.html

Desde la negativa de Mons. Lefevbre al Vaticano II, nunca las aguas habían estado tan caldeadas de vuelta. Miles y miles de laicos, cientos y cientos de sacerdotes, obispos y cardenales, diciéndole de todo a Francisco, de mal modo, y en voz alta, por muchas cosas. Miles de católicos conservadores enfrentados a sus obispos pro-Francisco. Muchos escuchando las diatribas de Mons. Viganó, NO sólo contra Francisco, sino contra todo el Vaticano II, de vuelta (historia repetida) quien muestra a Francisco como la “consecuencia coherente” del Vat. II (grave error) Me llamó la atención, como símbolo (no como dato o número) el comentario de Mons. Schneider contra Fratelli tutti. Un rechazo total, completo, como nunca antes (creo) había generado una encíclica social. Los tiempos han cambiado. Juan Pablo II también tuvo encíclicas sociales muy de avanzada, pero se lo respetaba. ¿Qué ha hecho Francisco para ganarse tanta simpatía? Muchas cosas, obviamente, pero no es cuestión de reseñarlas porque eso iría en contra del objetivo de este artículo.

Está perfectamente bien que los que consideran que Francisco ha cometido graves errores sigan su conciencia y soporten este singular pontificado, como una prueba de Fe. Ese soportar implica confiar en el Espíritu Santo, hacer silencio muchas veces y expresar, sin causar escándalo, otras veces, nuestra visión, cuando el mal sería mayor de no hacerlo (y que Dios nos juzgue). Pero cuidado, hay una línea que nunca se debe cruzar: el cisma. Armar una Iglesia paralela, llevar el enfrentamiento a tal punto que Francisco no tenga más remedio que echarte de la Iglesia visible de una enorme patada (perdón que no traduzca ahora esta expresión a un Derecho Canónico más académico). Porque eso es el cisma, y eso nunca, nunca, ha solucionado nada en la Iglesia. A Rosmini, los asesores ultramontanos de Pío IX lograron CASI excomulgarlo, con mentiras espantosas. Se salvó sólo porque creo que Pío IX y León XIII se detuvieron cuando la injusticia podría haber llegado al colmo de la maldad. Pero la respuesta de Rosmini fue el silencio, la oración y la caridad. Y hoy Rosmini es beato e ilumina muchas conciencias (https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/csaints/documents/rc_con_csaints_doc_20071118_beatif-rosmini_sp.html). Sí, 152 años después de su santa muerte. Esos son los tiempos de Dios. No los nuestros.

Francisco es el Papa. Nos guste o no. En materia de Dogma es infalible (1). Y no se preocupen porque el Dogma no le interesa. Así que calma. En todo lo demás, que lo disfrute. Que se divierta. Su tiempo, en comparación con el de Dios, es nulo. Mientras tanto, católicos, no dependamos tanto de Roma. Creo que, entre las cosas que Dios, como duro maestro, nos quiere mostrar, está esa. Que Francisco diga lo que quiera. Muchos, mientras tanto, en silencio, con calma (Dios me ayude) seguiremos nuestra conciencia, recurriremos, mientras podamos, a la Eucaristía y a la Penitencia (que son ex opere operato y no dependen de las disposiciones personales de obispos y sacerdotes), estudiaremos y meditaremos con Santo Tomás, con Juan Pablo II, con Benedicto XVI, con el Catecismo de la Iglesia de 1993, con el Catecismo de San Pío X por si algo no está claro, explicaremos la Fe NO “contra” alguien, y avanti. El tiempo de la Iglesia es el tiempo de Dios. 

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PD: en la foto, Antonio Rosmini. 

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(1) Sobre el tema del Magisterio ordinario en diversos temas y temas de Doctrina Social de la Iglesia, ver Sacheri, C. A.: El orden natural, Vórtice, 1975. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

ESTADOS, NACIONES, FRONTERAS E INMIGRACIÓN.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/10/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/10/estados-naciones-fronteras-e-inmigracion.html

Cuando L. von Mises vio disolverse su amado Imperio Austro-Húngaro (sí, lo amaba, detalle interesante para los anarco-capitalistas) escribió una de sus más monumentales y menos leídas obras: Nation, State, and Economy. Allí sistematizó una de sus grandes ideas: la diferencia entre estado y nación, tema que aparecería de vuelta en Liberalismo y en Teoría e Historia. La nación es una unidad cultural unida por el lenguaje (adelantándose a Wittgenstein, describió perfectamente el papel performativo del lenguaje respecto a las formas de vida culturales). Un estado, en cambio, es una unidad administrativa, cuya función es ser el aparato social de coerción que para Mises estaba destinado a la protección de los derechos individuales que, a su vez, debían ser universales a las diversas culturas.

 Por lo tanto, él soñó no con una separación, sino con una unión, bajo un mismo estado federal, de las diversas naciones. Estas últimas no debían estar unidas ni por la educación, ni por el lenguaje, sino sólo por el respeto a las libertades individuales de todos, y a la libre entrada y salida, de capitales y de personas, entre las diversas naciones. Por eso para Mises la libertad educativa y de lenguaje eran tan importantes. En realidad Mises soñó con un mundo cuyas diversidades culturales no fueran impedimento para una unidad que pasara –nada más ni nada menos- por las libertades individuales y la libre entrada y salida de capitales y de personas.

 ¿Demasiado para la naturaleza humana? Puede ser. Hubo, sin embargo, acercamientos. Tal vez los “Estados unidos” fueron, al inicio, eso. Tal vez la Argentina de fines del s. XIX, donde todo el mundo, literalmente, entró, fue eso. Pero esas ocasiones históricas tienen mucho de casual. Coinciden con momentos donde hay cierto consenso cultural sobre “la llegada del otro”, donde el otro no es tan otro. Para cierto norteamericano promedio había otros, esto es, negros y latinos, y para ciertos argentinos promedios, a fines del s. XIX, los otros eran realmente los negros –que no había- y los indígenas –casi totalmente eliminados-. El europeo no era otro. Se parecía al criollo. Los españoles “volvieron” y los “tanos” eran simpáticos. Y listo. Y otras comunidades eran caucásicas. 

El problema, para la convivencia de las naciones, es el otro, el verdaderamente otro. El otro, el que tiene rasgos y color verdaderamente distintos, el que tiene costumbres e idioma verdaderamente distintos, es un problema para la naturaleza humana. O sea, luego del pecado original, el hombre es un problema para el hombre, porque todos somos otros en relación a otros. Todos somos extranjeros cuando nos toca serlo. 

¿Tuvo razón Hobbes, entonces? No sé. Tal vez hubo un momento “lockiano” en la historia. Tal vez EEUU fue eso: la única nación cuya unidad no pasaba por una raza, religión, sino por la adhesión a la Constitución Federal. Tal vez no fue así. Pero, ¿debe ser así?

 Sí, en cuanto ideal regulativo de la historia. La única unidad deseable es un sistema constitucional donde la igualdad sea la igualdad de derechos individuales por los cuales nuestra diversidad se manifiesta. A partir de allí, las diversidades se integran. El comercio, el libre contrato, implica que marcianos, italianos, venusinos, japoneses, puedan intercambiar sus bienes y servicios, y por ende, sus lenguas, culturas, usos y costumbres que se unen, no heroicamente, sino bajo el único incentivo que ha probado ser, para millones y millones de gentes con conocimiento disperso y prejuicios diversos, más fuerte que las guerras. La emergencia del liberalismo político y económico en la historia no fue el surgimiento del reino de los cielos, sino del único reino posible luego del pecado original. Lo demás tiene otros nombres: esclavitud, servidumbre, guerra, sumisión, crueldad. 

Claro que los economistas clásicos y los austríacos tienen razón cuando prueban que la libre movilidad de capitales y de personas aumenta la productividad conjunta y el nivel de vida para todos. Es la solución de la pobreza y del subdesarrollo. Pero lo difícil es el corazón humano que no quiere ver al otro, aunque el otro sea el famoso plomero en Domingo de Woody Allen. Si es el hijo del tano de la vuelta, todo bien. Si es negro y habla francés, mm…. 

¿Y qué pasa si hay guerras potenciales? ¿Qué pasa si sospechamos que “el otro” es terrorista? Para eso las visas, que son sistemas de fiscalización, pueden ser admisibles. Pero deben ser la excepción, no la regla. Pero no, parecen ser la regla. Entonces la guerra es la regla y la paz es la excepción. Entonces Hobbes es la regla y Locke la excepción. Entonces, ¿el liberalismo fue verdaderamente excepcional?

 Claro que Trump está equivocado en sus políticas proteccionistas. Pero repentinamente parece ser el único equivocado. Los fascistas, los comunistas, los intervencionistas, los socialdemócratas, o sea todos excepto nosotros, los pérfidos liberales, están todos de acuerdo con naciones cerradas, con aranceles, visas, pasaportes y todo tipo de control “al extranjero”. Ah si, pero ellos no son Trump. Trump es el nacionalista malo. Ellos son los nacionalistas buenos. Es así de fácil. 

Las naciones son en sí mismas buenas. Asi somos los humanos. Nos sentimos bien con unidades culturales lingüísticas (yo no). El problema está en las naciones cerradas, pero parece que no podemos desprendernos de ello. Sí, el EE.UU. originario, la Argentina del s. XIX, con todos sus desastres e imperfecciones, abrieron las fronteras, pero fue algo verdaderamente excepcional. La guerra parece ser lo normal. 

Pero si la guerra es lo normal, pongámonos del lado de la excepción. El liberalismo es un mandato moral. Es el contrapeso de la historia de la guerra. Es contraintuitivo. Es vivir con el otro. Ya no hay extranjero o de aquí, ya no hay documentado o indocumentado, ya no hay nacional o inmigrante, porque todos son uno en la igualdad ante la ley.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Homenaje a Juan Carlos Cachanosky – Crónica Libre

Publicado el 12/10/20:

Bienvenidos a un nuevo episodio de crónica libre, aunque esté no es un episodio más sino que es muy importante y especial para nosotros. Primero, porque les presentaremos el primer episodio con invitados externos a crónica libre y segundo, porque estos invitados son personas de enorme influencia. Nos acompañaran Nicolás e Iván Cachanosky, quienes honran con nosotros la memoria de su influyente padre, Juan Carlos Cachanosky. También nos acompañaran otros enormes personajes que nos compartirán sus nostálgicos recuerdos de Juan Carlos.

Juan Carlos Cachanosky, Ph.D. se graduó en el International College de California. Fue miembro del departamento de Investigación y Docente de ESEADE. Dictó diversas cátedras en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA), y en la Universidad Francisco Marroquín, (UFM), entre otras.

Tragedia de los comunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 4/10/20 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/tragedia-comunes.html

Hay un asunto que tiñe a todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos. Economistas de la talla de Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han trabajado especialmente en este tema y han publicado numerosos ensayos en la materia.

El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro, además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo?

El sentido de la institución de la propiedad privada es precisamente para darle el mejor uso posible y en el contexto comercial el empleo de los siempre escasos recursos es para atender las necesidades del prójimo sea vendiendo empanadas, automóviles, libros o lo que fuera. El empresario que no sabe atender los requerimientos de los demás incurre en quebrantos y el que da en la tecla obtiene ganancias.

Aristóteles en sus discusiones con Platón sentó las bases de lo que modernamente en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes” que así fue bautizada contemporáneamente por Garret Hardin en la revista Science.

Ilustremos esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresaria es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Cuando se alaba lo colectivo y se combate lo privado se apunta a lo abstracto y se deja de lado lo concreto. Borges lo ilustraba muy bien cuando se despedía de sus audiencias: “saludo a cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”.

Por último, en este contexto no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios.

Cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio, lo cual en nada se opone a la filantropía ya que la generosidad implica el uso y la disposición de lo propio, de lo contrario disponer coercitivamente de lo que pertenece a otros no es solidaridad sino que constituye un atraco. Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Es cierto que dato mata relato?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/10/20: https://www.infobae.com/opinion/2020/10/03/es-cierto-que-dato-mata-relato/

Existe la creencia de que “los datos hablan por sí mismos”, pero si así lo fuera, ¿por qué las lecturas erradas se multiplican?

James M. Buchanan (Wikipedia / Atlas Network)

James M. Buchanan (Wikipedia / Atlas Network)

Lo primero es definir los términos. En el contexto de lo que dejamos consignado en el título de esta nota, relato quiere decir análisis errado de la realidad y el dato está basado en estadísticas que pretenden refutar lo anterior.

La conclusión fundamental de lo dicho es que si fuera cierto que dato mata relato no habría relato pues hubiera fenecido. Sin embargo, observamos que los relatos no solo no han muerto sino que se multiplican con audiencias cada vez mayores en nuestra época.

¿Por qué ocurre esta llamativa multiplicación? Pues porque el debate de fondo no tiene lugar entre dato y relato sino en un plano anterior y de mucho mayor peso, que es la confrontación entre interpretaciones contrarias de los nexos causales de la realidad. Recién entonces, una vez comprendidos estos nexos puede agregarse como una demostración de aquella refutación rigurosa la serie estadística en cuestión que ya en esa instancia sirve para reconfirmar el punto.

Esto que dejamos consignado lo ha explicado el premio Nobel en economía Friedrich Hayek en un célebre y notable texto titulado “The Facts in Social Sciences” donde muestra la gran diferencia entre las ciencias naturales y las sociales. Señala que en el primer caso se observan hechos como la mezcla entre un líquido y otro en el laboratorio produce tal o cual resultado. Sin embargo, en ciencias sociales no hay laboratorio sino que enfrentamos fenómenos complejos que hay que interpretar todos ellos, no hay las reacciones de laboratorio sino que hay acciones humanas que requiere se las entienda. En otras palabras, si por ejemplo el historiador se propone describir la Revolución Francesa aun viviendo en la época no la entenderá con solo mirar los movimientos de los personajes, debe interpretar el sentido y la razón de lo que ocurre (para no decir nada de los que no la vivieron que deben reinterpretar lo que otros interpretaron). Es decir, si alguien sostuviera que ese acontecimiento se produjo porque Luis XVI estornudó no hay forma de refutarlo en los hechos, solo se puede explicar a través del desarrollo de nexos causales.

Lo que venimos comentando desde luego no significa que cada cual tenga su interpretación y todas son valederas: habrá unas que se acercan más a lo sucedido que otras y las habrá que dan en el clavo. Desde luego que todo conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones, de modo que lo que hoy entendemos por la Revolución Francesa en las versiones más confiables pueden mañana refutarse con éxito. Eso es común a todas las ciencias.

El asunto entonces no es caer en la ingenua posición de sostener que todo se resuelve mostrando una planilla con los suficientes datos, pues esos mismos datos serán (y son) interpretados de muy diversas maneras precisamente respecto al otro plano que venimos comentando.

Estemos atentos, pues no puede decirse sin equívoco del mismo modo en que dijimos si los datos mataran al relato éste ya habría fenecido, que si las explicaciones sobre nexos causales en el otro plano al que aludimos fueran suficientes las explicaciones erradas habrían desaparecido. Sin duda esto es así, pero la gran diferencia estriba en que ni remotamente se han difundido las argumentaciones para confrontar a los supuestos nexos causales implícitos y explícitos en las teorías equivocadas. Y precisamente uno de los motivos por los cuales esto no se ha llevado a cabo en grado suficiente es por la manía de acumular datos en lugar de tomarse el trabajo de ahondar en los antedichos nexos causales que resolverían el problema. Por supuesto que también está presente lo que el mismo Hayek ha puntualizado y es que los fenómenos sociales son en gran medida contraintuitivos, es decir, lo primero que viene a la mente suele estar mal, se requiere profundizar para percatarse de la verdadera dimensión del problema. Por eso los discursos de demagogos son más atractivos que los densos que demandan el análisis de los fenómenos complejos. El resultado es entonces que una abrumadora mayoría se pliega a lo desviado. Por eso es que resulta indispensable la muy trabajosa y empinada faena educativa para adentrarse en la aventura del conocimiento que siempre es un peregrinar con luces y sombras en un contexto evolutivo.

Como escribe Hayek en el ensayo citado, en ciencias naturales o físicas hay hechos objetivos observables que terminan allí puesto que no hay en este campo propósito deliberado sino mera reacción, mientras que en ciencias sociales se trata de conocer las opiniones y los propósitos de las personas las cuales deben ser interpretadas, en última instancia se trata de lo que se conoce como teleología. En otros términos, no se trata de la descripción de hechos físicos sino de la interpretación de acciones, esto es las motivaciones que impulsan a la acción. Como consigna Hayek, es saber “por qué se hace tal o cual cosa que está más allá de lo físico que observamos” puesto que toda la historia humana no trata de hechos físicos que es suficiente mirar sino de una reconstrucción mental que parte de un andamiaje conceptual que permite la interpretación: “No son hechos dados sino fruto de una laboriosa reconstrucción”, no hay corroboración en base a cosas sino en base a interpretaciones de conductas. Sin embargo, en ciencias naturales no hay conductas que evalúan y razonan sobre medios para la consecución de fines.

Esto para nada quiere decir que las series estadísticas no sirven. Muy lejos de ello, son indispensables, pero como complemento del referido andamiaje conceptual de interpretación. Nuevamente reiteramos: los pasos son primero despejar los conceptos y luego reconfirmarlos y ejemplificarlos con los datos numéricos, pero no a la inversa. Ya sabemos que hay hechos físicos en las ciencias sociales, los humanos son parcialmente materia y proceden en una parte con la materia pero eso no explica las conductas y los propósitos deliberados que las comandan.

Entonces el sostener que en ciencias sociales hay demostraciones en base a datos empíricos carece de sentido, la demostración se encuentra en el nivel del entendimiento de los fenómenos complejos que no se entienden por el hecho de exhibir un gráfico o un cuadro. Es un tema de prioridades del mismo modo que no puede primero contarse con la tortilla y luego batir huevos.

Ludwig von Mises muestra en Los fundamentos últimos de la ciencia económica que debe distinguirse entre la recopilación de datos y la teoría económica “se podrá registrar que fulano trabajó en la mina de carbón perteneciente a tal compañía en el pueblo cual y ganaba cierto salario por trabajar determinadas horas pero no hay manera de deducir de esos datos y similares una teoría que explique los factores que determinan salarios.” Más aun, alguien puede mostrar estadísticas que revelan crecimientos en el nivel de vida y concluir que se debe a la libertad económica, mientras que otro puede sostener que esas estadísticas están sesgadas puesto que ese resultado se produjo “a pesar” de la libertad económica puesto que “el contrafáctico pone al descubierto que si el Estado Benefactor hubiera procedido en consecuencia, la gente hubiera estado más protegida y feliz”. En el plano de los datos no hay manera de resolver el dilema, es solo en el terreno de la teoría económica anterior a los datos que se puede explicar el fenómeno y, en su caso, luego mostrar las series estadísticas que confirman lo dicho.

Como queda consignado, en ciencias naturales el hecho físico es suficiente pues no hay acción sino reacción, en cambio en ciencias sociales el hecho físico requiere explicación e interpretación de propósitos deliberados. Por eso es que libros y ensayos desde Ragnar Frisch, Jan Tinbergen, Roy G.D. Allen y Enrico Giovanini al actual Thomas Piketty están inundados de series estadísticas (y fórmulas), mientras que obras como las de Murray Rothbard, Israel Kirzner, Anthony de Jasay, James Buchanan, von Mises y Hayek no contienen series estadísticas (ni fórmulas) para probar sus puntos.

Soy consciente de que este es un tema controvertido y que la gran mayoría piensa que “los datos hablan por sí mismos”, pues no, hay que hablar durante y sobre todo antes de la exhibición de las series estadísticas y los gráficos, de lo contrario nunca se entenderá el significado de lo que se pretende trasmitir en esta materia.

Ahora viene otro tema que eventualmente puede escindirse de lo anterior pues es solo un asunto conexo que se refiere al uso y abuso de las matemáticas en ciertos ámbitos de las ciencias sociales, sobre lo que he escrito antes pero que ahora resumo muy telegráficamente.

El matemático Paul Painlevé explica en “The Place of Mathematical Reasoning in Economics” que las matemáticas puras o aplicadas implican medición, lo que naturalmente requiere unidad de medida, requiere constantes, situación que no tiene lugar en el ámbito de la ciencia económica, que se basa en la subjetividad del valor. El precio expresa el intercambio de estructuras valorativas cruzadas entre comprador y vendedor, no mide el valor. Incluso el signo igual es improcedente: si se observa que en el mercado se paga 10 pesos por una manzana, no quiere decir que una manzana sea igual a 10 pesos, puesto que si fuera así, no habría transacción. El valor de los 10 pesos y de la manzana no son iguales para el comprador y para en vendedor, más aún, son necesariamente distintos: el comprador evalúa en menos los 10 pesos que la manzana y el vendedor estima estos valores en sentido opuesto.

Por otra parte, el uso de expresiones algebraicas como “función” no son aplicables a la economía, puesto que significa que, al conocer los valores de una variable, se conocen los de otra, cosa que no ocurre en la acción humana. Tampoco es riguroso el dibujo de las simples curvas de oferta y demanda, dado que implican variables continuas, lo que no es correcto en la acción humana, ya que en el mercado no se distingue entre pasos infinitesimales, sino que se trata de variables discretas. Se dibujan las curvas solamente por razones estéticas, pero, como queda dicho, encierran un error grave. La pretensión de aludir a números cardinales en las estructuras valorativas no es posible en ciencias sociales (indicar que tal o cual acto significa cierto número de intensidad en la valorización carece por completo de significado), sólo es posible aludir a números ordinales (es decir, los que indican orden o prioridad), todo lo cual no permite comparaciones de utilidades intersubjetivas. Incluso las llamadas curvas de indiferencia se basan también en una noción equivocada (además de suponer la posibilidad de comparar valores en términos cardinales), ya que la indiferencia es lo opuesto a la acción. También es necesario subrayar una obviedad y es que vínculo causal se traduce en correlación pero correlato no implica relación causal.

Hay la idea de que las mediciones verifican una proposición y que sólo lo que se verifica empíricamente tiene sentido científico es incorrecto, como ha detallado Morris Cohen en Introducción a la lógica, esa misma proposición no es verificable y, por otro lado, tal como enfatiza Karl Popper -en Conjeturas y refutaciones– en la ciencia nada es verificable, ya que, como hemos apuntado, el conocimiento es sólo sujeto a corroboración provisoria y abierto a refutaciones.

La visión del equilibrio y la llamada competencia perfecta tan repetidas en muchas cátedras de economía son erradas, el mercado es un proceso no un equilibrio. Estos modelos presuponen conocimiento prefecto de todos los elementos relevantes, lo que, a su vez, implica que no hay competencia (todos tienen el conocimiento necesario), ni empresarios (no habría oportunidades nuevas), ni arbitraje (no habría nada que descubrir respecto a costos subvaluados en términos de precios finales). Además, como se ha señalado reiteradamente, en ese modelo no tendría cabida el dinero, ya que no habría imprevistos y, por ende, no habría posibilidad de cálculo económico, con lo que la economía se derrumbaría.

El antes mencionado premio Nobel en economía Buchanan en su ensayo titulado “¿Qué deberían hacer los economistas?” indica: “Los avances de más importancia o notoriedad durante las dos últimas décadas consistieron principalmente en mejoras de lo que son esencialmente técnicas de computación, en la matemática de la ingeniería social. Lo que quiero decir con esto es que deberíamos tomar estas contribuciones en perspectiva; propongo que se las reconozca por lo que son, contribuciones a la matemática aplicada, a la ciencia de la administración, pero no a nuestro campo de estudio elegido, que, para bien o para mal, denominamos economía”.

Resume este tema Wilhelm Röpke en Más allá de la oferta y la demanda: “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […]. Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad […]. Tras los agregados pseudo-mecánicos hay gente individual, son sus pensamientos y juicios de valor”. Y McCloskey enfatiza: “La economía en las universidades de los Estados Unidos se ha convertido en un juego matemático. La ciencia fue extirpada de la economía”.

No parece necesario insistir en la enorme utilidad de las matemáticas, pero intentamos destacar los problemas que surgen al aplicarlas a campos que estimamos no corresponden. Las matemáticas en la contabilidad y en la evaluación de proyectos y en tantísimos otros campos resultan imprescindibles, pero naturalmente no resultan relevantes en cualquier ámbito. En realidad, esto ocurre con todos los instrumentos; aun cuando son muy fértiles en algunos territorios, no lo son en otros.

Como conclusión final hay que estarse precavido con aquello de tomarse al pie de la letra que “dato mata relato”, pues puede terminar matando las mejores intenciones de quien exhibe datos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Aristóteles, el surf, Lacalle Pou y el devenir en político

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 27/9/20 en: https://www.ambito.com/opiniones/lacalle-pou/aristoteles-el-surf-y-el-devenir-politico-n5135757

Aristóteles, el surf, Lacalle Pou y el devenir en político

Ambos buscaban dar cuenta de los mismos fenómenos, pero su aproximación fue radicalmente diferente, marcando así las principales dicotomías de pensamiento que aún dan identidad a Occidente. Obviamente estamos hablando de Platón y Aristóteles. Los dos pensadores fundamentales de este lado del mundo, cuyo análisis de la política, las instituciones, la ética y otros tantos tópicos de las ciencias sociales, siguen siendo la base desde la que analizamos nuestro mundo, lo sepamos o no.

En su emprendimiento intelectual, Aristóteles revalorizó desde un comienzo la importancia de la opinión de “los de a pie”, de los ciudadanos comunes, y del mismo modo, contempló y explicitó la valía de las costumbres históricas. Para el macedonio, un buen régimen de gobierno era aquél en el cual predominase la filia (el amor de los unos por los otros), pero en íntima relación con la tradición evolutiva de las propias miradas del mundo que cada pueblo tiene. Así, Aristóteles, abonaba la senda liberal que luego seguirían autores como John Locke y, más cercanamente en el tiempo, Friedrich von Hayek, entre otros.

Por el contrario, la aproximación de su maestro Platón, se fundó en el anclaje de una intelectualidad iluminada por un razonamiento superior. En La República, el ateniense propone una ciudad estado perfecta, basada en el conocimiento exacto de un rey filósofo, que guía a los distintos estamentos sociales a cumplir su función esencial y, de tal modo, se logra un orden justo y armonioso, basado en la panificación de estas mentes capaces de conocer el bien supremo y, literalmente, bajarlo a la tierra. Herederos de esta visión de la sociedad, que a su vez fueron profundamente influidos por el rechazo de Platón a la riqueza por considerarla fuente de corrupción, pueden citarse a Tomas Moro o J. J. Rousseau.

Desde este resumen esquemático, quedan plasmadas dos visiones del mundo opuestas. Una en la cual el orden social justo deviene de la planificación de “los que saben”. Y otro en el cual se da valor a las decisiones de los individuos, la adaptación evolutiva a las circunstancias y las tradiciones.

A lo largo de mi tarea como consultor, he ido descubriendo que las ideologías son más el producto de la propia experiencia concreta y del entorno en donde se desarrollan los sujetos, que el desenlace de una meditación abstracta. Las actividades profesionales, las disciplinas y las pasiones, junto con la historia cotidiana, hacen más por la conformación de paradigmas desde dónde ver el mundo que los libros, las disertaciones o clases de teoría. Y sin lugar a dudas, dentro de estas actividades, el deporte es una muy importante, tal como lo supieron decir los clásicos, miles de años atrás.

Existen actividades deportivas en las cuales la planificación exhaustiva y el estudio de las condiciones del oponente resultan fundamentales. El básquet, el hockey y nuestro fútbol, sin ir más lejos, responden muchas veces a esta cosmovisión. En otros, el entrenamiento previo y la adquisición de competencias, se combina luego con la capacidad de desarrollar la virtud de la prudencia para saber ejercer esas habilidades adaptándose a las condiciones inesperadas del ambiente. El yachting y el surf, entre otros, son ejemplos de estos últimos; actividades, según nuestra argumentación anterior, casi “aristotélicas”.

En las últimas semanas, muchos argentinos se han visto deslumbrados por la capacidad y el discurso del recientemente electo presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou. Sus decisiones al momento de enfrentar la pandemia de Covid-19, se basaron, según sus propios dichos, en la confianza en la ciudadanía uruguaya y en el respeto de las libertades individuales. Al mismo tiempo, al centrar su mirada en el desarrollo futuro del vecino país, también su foco está puesto en el respeto de dichas libertades, en la generación de políticas de desregulación y baja de impuestos para atraer inversiones, y en el sostenimiento de un entramado institucional republicano, que ya resulta una tradición, tan uruguaya como el mate.

Hace unas semanas atrás, Lacalle Pou se tomó un tiempo para retomar su pasión. Al salir del agua, supo responder a los periodistas: “Soy un surfista devenido en político”.

Podríamos agregar nosotros: y por el momento, se nota.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

BIBLIOGRAFÍA PARA CATÓLICOS PERPLEJOS III. HOY: PÍO XII

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/9/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/bibliografia-para-catolicos-perplejos.html


1.     Encíclica Humani generis, sobre los fundamentos filosóficos y teológicos del Catolicismo, 12 de Agosto de 1950.

2.     Encíclica Sumi pontificatus, sobre la dignidad humana, los derechos de la persona y la inmoralidad del estado totalitario. 1939.

3.     Con sempre, sobre los ordenamientos jurídicos justos, 1942.

4.     Benignitas et humanitas, sobre las condiciones de una sana democracia. 1944.

5.     Discurso del 9 de Octubre de 1958, sobre la laicidad del Estado.

6.     Discurso del 17 de Febrero de 1950, sobre la prensa católica, la opinión pública y la libertad de prensa.

7.     Discurso del 6 de Diciembre de 1953, sobre la tolerancia religiosa.

8.     Discurso del 2 de Octubre de 1945, sobre la democracia y las teorías escolásticas del origen del poder.

Todo en www.vatican.va (hurry up antes de que los borren……)

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

El fuero interno de un liberal: Una nota

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/9/20 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2020/09/el-fuero-interno-de-un-liberal-una-nota.html

Estoy hablando de mi persona. En mis libros, ensayos y artículos he centrado mi atención en el aspecto medular de la tradición de pensamiento liberal, es decir, en el respeto recíproco como marco de referencia indispensable para la convivencia civilizada. Parece increíble que mis grandes maestros hayan destinado tomos y tomos para explicar la trascendencia del respeto.

Hace tiempo en uno de mis primeros libros fabriqué una definición que veo con satisfacción que algunos distinguidos colegas la citan: “el liberalismo es el respeto irrestricto al proyecto de vida de otros”. Y cuando decimos respeto para nada estamos significando adhesión,  respeto proviene de respectus en cuanto a consideración, en nuestro caso la improcedencia de recurrir a la fuerza para modificar los proyectos que no compartimos. Más aun, subrayamos que la prueba clave de tolerancia es cuando estimamos que el proyecto del prójimo nos parece detestable. Siempre que no se vulneren derechos de otros, todos deben tolerarse aunque, repetimos, la expresión respeto es más adecuada que tolerancia puesto que esta última tiene cierto tufillo inquisitorial en el sentido que perdonamos a otros que están equivocados.

En este contexto debe precisarse que el liberalismo centra su atención en las relaciones interindividuales, por eso juristas de la talla de Gerog Jelliek sostenían que “el derecho es un mínimo de ética” al efecto de subrayar que el territorio  ético es mucho más amplio y abarca la conducta personal de cada uno, una esfera que, como queda dicho, no le incumbe al liberalismo.

Lo consignado desde luego no significa que el individuo liberal esté vacío de valores (o desvalores) y, por tanto, tampoco significa que no critique concepciones que no comparte. Como es sabido, las críticas cruzadas constituyen la herramienta fundamentalísima para el progreso que inexorablemente implica el contraste y la  refutación de conocimientos.

En mis textos he citado repetidamente a los grandes maestros del liberalismo pero en esta nota aludo a mi fuero interno. Tengamos presente que cada uno de los seres humanos somos únicos, irrepetibles en toda la historia de la humanidad de modo que la estructura axiológica y la consiguiente filosofía de cada uno cuanto más se indaga se comprueba que es especial y particular y no calza en ninguna etiqueta pues de todas ellas cada cual extrae sus acuerdos y rechaza los desacuerdos para transformarla en la referida unicidad. Incluso como estamos en un proceso evolutivo, pretendemos que nuestras conclusiones mejoren a medida que nos percatamos de errores anteriores. Y en un plano más amplio, si queremos darle un nombre a nuestra postura esta es del autorrespeto en el sentido de esforzarnos por actualizar nuestras potencialidades en busca del bien y así poder mirarnos al espejo con la tranquilidad de conciencia de haber hecho lo mejor y corregir lo que no hagamos bien.

Finalmente, para mencionar al correr de la pluma los autores que en mi caso me han inspirado para mi fuero interno en cuanto al cultivo de valores, distintos de los tantos que me han inspirado para la noble tradición liberal que está en ebullición permanente donde se descubren nuevos horizontes, por eso me resulta tan atractivo el lema de la Royal Society de Londres: nulllius in verba, esto es, no hay palabras finales en esta navegación permanente por los mares de la aventura del pensamiento.

Por lo que pudiera interesar, como una muestra, algunos de los autores que alimentan mi fuero interno que no centran su atención en el respeto interpersonal sino que extienden sus consideraciones al campo intrapersonal son Viktor Frankl, Gustave LeBon, Lecomte du Noüy, José Ortega y Gasset, Franz Brentano, Paul Johnson, Hannah Arent, John Eccles, Frederick Copleston, Aldous Huxley, Miguel de Unamuno, Ernst Gombrich, Leonard Read, Spencer Wells, Edward Flannery, Elisabeth Kübler-Ross, Helmut Schoeck, Antony Flew, Juan de Mariana, Sto. Tomás de Aquino, Ismael Quiles, Juan José Sanguineti, John Powell, Keith Ward.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Nuevamente perderemos el tren?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/9/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/19/nuevamente-perderemos-el-tren/

Para modificar este rumbo nefasto es necesario trabajar en las ideas de fondo, lo cual no ocurrirá si la oposición se debilita, se fracciona y se dispersa

Fernando Iglesias y Alfredo Cornejo

Fernando Iglesias y Alfredo Cornejo

Los argentinos ya hemos perdido muchos trenes pues han sido tantísimas oportunidades desperdiciadas para rectificar el rumbo del estatismo enfermizo que nos aplasta desde hace décadas. La última oportunidad fue con la fallida gestión anterior que, como he consignado antes, comenzó con el cuasi pornográfico y nada republicano bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial, con el intento de designar dos miembros de la Corte Suprema por decreto y la expansión de ministerios. Todos los demás fracasos están muy frescos como para detallarlos en el contexto de deudas alarmantes, inflaciones galopantes, impuestos insoportables, gastos elefantiásicos y entrega de obras sociales a piqueteros. Lo demás se convierte en anécdotas frente a tamaño resultado neto. Las intenciones no son relevantes, solo los resultados lo son. Se acepta asumir la enorme responsabilidad de gobernar para resolver problemas, las herencias se resuelven pero no son excusa para el desbarranque.

Ahora se vislumbra un nuevo estropicio que es de esperar se corrija el rumbo antes de descarrilar lo cual naturalmente no permitirá llegar a destino. Por una parte, la oposición parece empecinada en mostrar los mismos rostros del fracaso sin contemplar la posibilidad de la irrupción en escena de otras personas dentro de la misma coalición que no han estado en el primera plano en la administración anterior. En esta línea argumental la mayor parte de los responsables directos del PRO debieran dar un paso al costado y comprender que en estas lides las pruebas que terminan en un fiasco deben abrir paso a otros participantes, por ejemplo a miembros del Partido Radical más cercanos a Leandro Alem que a la Declaración de Avellaneda de 1945 y a la Coalición Cívica en general preferentemente quienes se mantengan en la muy meritoria defensa de las instituciones pero se abstengan de dar consejos sobre economía pues sus comentarios en esta materia han sido en no pocos casos desafortunados, más bien deberían repasar con atención cantos a la libertad como un todo en obras como la de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Por otra parte, en la medida que lo anterior no ocurra mayores serán los incentivos para fabricar espacios políticos nuevos lo cual naturalmente debilita y fracciona una oposición unida y reforzada en sus argumentos que no resultan suficientes cuando se limitan a la indispensable referencia a la independencia de la Justicia, pero a esta altura se hace necesario precisar y subrayar que al aludir a su definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”, lo suyo remite a la institución básica de la propiedad y ésta a su vez se traduce en mercados libres, es decir, en el respeto recíproco.

Es sin duda muy importante refutar con fuerza los manotazos a la Justicia, la pretendida colonización del Legislativo y el uso y abuso de decretos del Ejecutivo junto con el apañamiento de corrupciones alarmantes y las amenazas a la libertad de prensa, pero como queda dicho es el momento de profundizar conceptos en vista del enorme peligro que corremos.

En todo caso, si se mantiene el mencionado empecinamiento en mostrar figuras responsables de la pérdida del tren más reciente y se consolidaran espacios políticos nuevos, esto será el clima ideal para que los espíritus autoritarios ganen terreno y se fortalezcan para desgracia de todas las muchas personas de bien que reclaman principios republicanos. Esto último fue la razón principal de los votos para la actual oposición. En esta instancia es menester alimentarla y fortalecerla pero no dividirla. Nos va la vida en esta experiencia.

Comprendo perfectamente bien el enojo por la llamativa tibieza de la gestión anterior, pero no es momento de revanchas sino de distinguir claramente el plano político del académico, lo cual precisamente permitirá el tiempo necesario para continuar con la batalla cultural, de lo contrario las batallas se convertirán en campales y nos sumergiremos en una noche de muy difícil retorno. Hace tiempo que la monotonía de lo mediocre nos invade por lo que venimos durando pero no progresando. Para modificar este rumbo nefasto es necesario trabajar en las ideas de fondo, lo cual no ocurrirá si la oposición se debilita, se fracciona y se dispersa. Por más que algunos bienintencionados sostengan que en última instancia un nuevo espacio se coaligará con la actual oposición, en la práctica naturalmente criticarán la oposición existente de lo contrario no tiene razón de ser un nuevo espacio. En este contexto la división resulta suicida. Como todo en la vida, se trata de un tema de prioridades y de balancear peligros. Se necesita cintura y buenos reflejos, lo contrario es lo mismo que detenerse a elaborar sobre los principios de la metafísica en el medio de un tsunami. Todo tiene un momento, recuerdo un relato de Ortega y Gasset que he utilizado antes cuando escribía que a cada cosa que decía un sacerdote que celebraba misa el monaguillo repetía “alabado sea Dios” hasta que el cura perdió la paciencia y le dijo a su circunstancial ayudante “mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”. Y eso es aplicable a los que apuntan a abrir nuevos espacios políticos, por un lado y los que se aferran a comandos, por otro: puede ser interesante pero no es el momento. Estemos bien alertas pues es fácil caer en el peor de los mundos: encajar nuevos espacios políticos en un ángulo del ring con un discurso vibrante pero inocuo y, en el otro, las mismas caras de la oposición acompañado de un discurso antiguo y deshilachado con lo que la derrota será segura pues el atropello no tendrá límites por parte del chavismo vernáculo.

Entre muchos otros temas álgidos hoy se debate la coparticipación federal sobre lo que he escrito hace poco, pero en esta ocasión es pertinente repasar parte de lo dicho con algún agregado pues esta trifulca ilustra la indispensable clarificación de temas actuales que bien mirados remiten a la sustancia y no envueltos en lo meramente coyuntural.

El desmadre de la coparticipación fiscal comenzó con el golpe militar del 30 y se fue agudizando con el tiempo. Hoy el debate no contempla la fuente del federalismo y prefiere discutir en la banquina de la avenida central. El chusmerío en algunos medios prefiere la parla sobre quién manda y los secretos de palacio en lugar de advertir sobre lo mandado. En el caso que nos ocupa, es de esperar que el trámite ante la Corte prospere puesto que esa jurisdicción tiene rango provincial y consecuentemente le cabe las de la ley. Pero el asunto va mucho más profundo que la faena del leguleyo al efecto de precisar el significado original del espíritu federal. Recordemos que, entre muchos otros, Juan Bautista Alberdi resumió el fiasco del positivismo al sentenciar que “saber leyes pues, no es saber derecho.”

Originalmente en el plano político el desarrollo de la filosofía federalista se ubica en el siglo XVIII en el tratamiento constitucional en tierras estadounidenses de donde han bebido muchas naciones del mundo libre. Allí tuvo lugar uno de los debates más fértiles en la materia entre los federalistas y los antifederalistas (paradójicamente más federalistas que los federalistas).

La tesis central, luego desvirtuada en distintos países (incluso de un tiempo a esta parte en Estados Unidos a contracorriente de lo consignado en aquél debate fundacional), consiste en apuntar a los incentivos en dirección a mantener en brete al poder político para que se dedique a su misión específica de proteger derechos, apartándolo de otros menesteres que no le competen.

¿Cuál era la intención de la arquitectura presente en esta edificación? Estaba basada en la noción fundamental que son las provincias (en el caso norteamericano los estados) las que constituyen la nación y no el gobierno central, por tanto para establecer las debidas jerarquías en la copartipación fiscal son las provincias las que deben coparticipar al gobierno central y no a la inversa. En Estados Unidos al sugerir este procedimiento se referían “al poder de la billetera” de los estados miembros, incluso en el extremo hubieron quienes en aquel momento sostenían que no debía existir un gobierno central lo cual fue refutado con razón con el argumento de las relaciones exteriores y la defensa del conjunto.

En este contexto, los estados o provincias que componen la nación son las encargadas de recaudar todos los gravámenes, excepto los vinculados a la Justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa. En todo caso la idea que subyace en el genuino federalismo es que independientemente de las ideas políticas de los gobernadores de las distintas jurisdicciones, todos estarán principalmente interesados, por una parte, que los habitantes no se muden a otra jurisdicción debido a cargas impositivas excesivas y, por otra, no ahuyentar inversiones para lo cual tienden a la implementación de tributos razonables situación que los obligan a mantener un nivel de gasto público ajustado.

Por supuesto que si a esto se agregan las reflexiones de Thomas Jefferson como embajador en París al recibir la flamante Constitución, otros grifos se hubieran cerrado. Expresó Jefferson en esa ocasión que si hubiera estado presente en la respectiva Convención hubiera introducido la prohibición de contraer deuda pública externa porque la consideraba incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en la elección del gobierno que contrajo la deuda.

En otros términos, si agudizamos las neuronas y repasamos el significado último del federalismo en sus fases iniciales, podríamos revisar en nuestro país la legislación para que apunte a lo que dejamos consignado con lo cual se cortarían de cuajo las escaramuzas que vienen ocurriendo en nuestro medio sin solución de continuidad desde hace décadas y podríamos reemplazar el sistema del chantaje y la extorsión del unitarismo disfrazado de un federalismo en verdad inexistente.

El sistema federal argentino no es una confederación, por ende el maltrato del gobierno central a las provincias bajo ningún concepto autoriza la secesión, pero de allí no se sigue que las distintas jurisdicciones deban someterse en silencio a los abusos del gobierno central. También es cierto que hay caudillejos que prefieren gastar en aventuras antirrepublicanas para que el gobierno central alegremente les transfiera recursos en un juego macabro a dos puntas. La solución consiste en abrirse paso y despojarse del statu quo y debatir propuestas que minimicen problemas recurrentes.

Este tema del federalismo es uno de tantos que es urgente explorar pero no habrá posibilidad si las defensas disminuyen debido a la parcelación de quienes se oponen al autoritarismo galopante que nos viene consumiendo. Perder otra vez el tren sería imperdonable. El ataque a la sociedad libre es demasiado intenso y persistente como para permanecer distraídos. Estamos jugando sobre el fleje. El tiempo apremia.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h