¿Socialismo o capitalismo “de estado”?

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

“En años recientes se descubrió un nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo.”[1]

A juzgar por las palabras del maestro, la locución capitalismo “de estado” fue creada “para el salvataje del socialismo”, quizás con la intención de desfigurar la verdadera esencia de este último buscando un símil al único sistema que ha sido capaz de crear el bienestar y la prosperidad de las naciones desde su aparición hacia fines del siglo XVIII hasta la actualidad, sin que el opuesto (socialismo) pudiera jamás conseguir ni siquiera el uno por ciento de sus logros. Pero como aquel dicho popular que dice que “Aunque la mona se vista de seda mona queda” al socialismo se lo podrá bautizar con muchos nombres diferentes pero no es el nombre lo que caracteriza al régimen sino las medidas que propone que lo diferencian como tal.

Tal vez, quienes hayan creado la palabra quisieran buscar unir lo bueno del capitalismo con lo “bueno” del socialismo, asimilando esta última voz como un sinónimo del estado/gobierno, o como algo diferente al socialismo, de modo semejante a los que defienden esa tercera vía, sistema mixto, alternativo o –como lo ha bautizado L. v. Mises- simplemente intervencionismo.

Pero el mismo autor mencionado ha ya demostrado -de manera harto suficiente y sin que pudiera ser refutado por nadie- la imposibilidad de ese procedimiento mixto, híbrido, que imaginan quienes sostienen la posibilidad de una combinación entre el capitalismo y el socialismo. No existe tal.

El problema consiste en que hay autores que -adversos al socialismo- han adoptado, sin embargo, la locución capitalismo “de estado” para describirlo, y otros –incluso- le han asignado características propias. De alguna manera, esta práctica terminológica desdibuja -a nuestro juicio- la idea central del capitalismo y, fundamentalmente, su esencia. Veamos a uno de ellos:

“Para valorar el lugar de la burocracia dirigente, se consideran las «constantes sistémicas» versus las variables del elemento humano en el contexto del capitalismo privado y estatal («El Estado como clase»).”[2]

Nosotros -siguiendo a L. v. Mises- consideramos enrevesada la distinción entre “capitalismo privado y estatal”. El punto es que, uno de los elementos indispensables del capitalismo es la propiedad privada, y dado que ella -por definición- es imposible dentro del ámbito del estado-gobierno esta ausencia excluye automáticamente la posibilidad de hablar de “capitalismo” dentro del marco estatal. Hay, por supuesto, otros elementos más que integran el concepto de capitalismo, pero el de propiedad privada es esencial. La inexistencia de la misma descarta de plano cualquier intento para aceptar la dicción.

“Como la tesis de que la separación de propiedad y control realmente significa pérdida de control por el propietario es insostenible, debe aceptarse que la burocracia tiene una ocupación precaria y su poder discrecional es limitado.”[3]

Párrafo difícil que no está claro en qué dirección esta apuntando. Pero tratemos de desentrañarlo. Si el autor está hablando del control de la propiedad, está claro que el mismo corresponde al propietario y forma parte inseparable del concepto de propiedad. Si la propiedad fuera controlada por quien no es propietario de la propiedad que controla, también es diáfano que se trata del caso del ladrón, que cuando roba algo (que por concepto no es suyo) pasa automáticamente a controlarlo. Pero también sería el supuesto del cuidador, guarda, vigilante, etc. En cualquiera de estos ejemplos el propietario sigue siéndolo, porque, en definitiva, el control último de lo poseído en propiedad sigue siendo suyo. La mención de la burocracia parece indicar a esta como la que ejerce ese control. ¿Es esto que describe el autor lo que designa como “capitalismo estatal”?

“La disposición amistosa o antipá­tica de los burócratas que hacen funcionar el Estado, su «origen socioeconómico» y el nivel sociocultural de sus padres son variables, mientras que las configuraciones de poder y dependencia que caracterizan al capitalismo privado y estatal, respectivamente, son constantes; en frases tales como «socialismo con rostro humano» el peso de la constante del socialismo en relación con lo variable del rostro humano, es mejor apreciado como ilusiones y miedos personales.”[4]

Creemos que aquí se mezclan dos planos completamente diferentes y que no admiten la fusión que se intenta. Ya que no podemos aceptar ninguna configuración “de poder y dependencia” como “característica” del capitalismo (a secas) o privado en la terminología del autor citado. Siguiendo nuevamente a L. v. Mises, el capitalismo es un orden de cooperación social, intrínsecamente colaborativo. Ello elimina de plano cualquier relación o configuración de poder y dependencia que son lo contrario justamente a las relaciones cooperativas que si son características del capitalismo (sin la necesidad de catalogarlo como “privado” ya que el aditivo seria no más que un pleonasmo). Dichas “configuraciones de poder y dependencia” si son, en cambio, típicas e inherentes a la burocracia estatal, lo que podría decirse es una cuestión bien observable.

“El capitalismo de Estado ofrece mayores (y en términos de bienes intangibles como el estatus social, el ser escuchado en las al­turas y el tener una audiencia cautiva en la parte inferior de la sociedad, incomparablemente mayores) recompensas a los intelectuales complacientes, no corrosivos que las que ofrece el capitalismo privado. Tales recompensas pueden o no compensarlos por el riesgo latente, en un mundo sin «fortalezas privadas», de no tener dónde refugiarse en el caso de que se encontraran a sí mismos minando al sistema después de todo.”[5]

Está claro que, en la cita, el “capitalismo de estado” se usa como sinónimo del socialismo, siendo preferible para nosotros emplear este último término en lugar del primero por las razones ya expuestas. Aquí se pasa al tema de los intelectuales quienes, en una proporción para nada despreciable, prefieren inclinarse hacia el socialismo antes que al capitalismo, tópico este que también hemos examinado en otros lugares. Esas recompensas que el estado-gobierno les reportan, les brindan seguridad en la medida en que sigan defendiendo el régimen, lo que compromete su propia posición como intelectuales, y los transforma en propagandistas a sueldo del orden estatista que los cobija.


[1] Ludwig von Mises. “SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS” Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 21

[2] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 299

[3] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[4] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[5] de Jasay A. Ibídem. p. 299

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Sobre el pionero de las instituciones liberales

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/24/sobre-el-pionero-de-las-instituciones-liberales/

Leonard Read

Luego de la segunda guerra mundial y en gran medida como consecuencia de los avatares de ese conflicto armado resultado a su vez de haber abandonado los valores de la sociedad libre, la decadencia intelectual fue mayúscula -tal como entre otros describe Stefan Zweig en El mundo de ayer– hasta que irrumpieron dos instituciones que comenzaron lenta pero firmemente a cambiar el rumbo. En primer lugar, la Foundation for Economic Education como entidad pionera en el estudio y difusión de aquellos valores, establecida en 1946 y luego, al año siguiente, la Mont Pelerin Society que el premio Nobel en economía Friedrich Hayek denominaba “la academia internacional”.

Tuve la fortuna de vincularme a esas dos estructuras gigantes del intelecto, en el primer caso fui becado para trabajar en mi doctorado inicial, oportunidad en la que pude asistir a clases de Ludwig von Mises, Israel Kirzner, Murray Rothbard, Hans Sennholz y otros titanes del pensamiento. En el segundo caso, fui patrocinado por el propio Hayek para ingresar como miembro y luego fui dos veces integrante del Consejo Directivo de esa organización en la que participé muchas veces como orador en sus programas académicos en diferentes partes del mundo. Como queda dicho, esas dos instituciones beneméritas iniciaron el largo y difícil camino de la recuperación de la libertad.

En esta oportunidad centro mi atención en FEE -las conocidas siglas de la Foundation for Economic Education- y especialmente en la figura de su fundador, Leonard E. Read. En verdad, al decir de Read (Leonardo como le gustaba ser llamado por los latinos) destacaba la economía en el nombre de esa casa de estudios debido al especial desconocimiento de esa rama de la ciencia, lo cual no desconoce los fundamentos morales de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

Read intentó y logró con extraordinario éxito el establecimiento de una institución sustentada en los valores del liberalismo clásico al efecto de recordar los principios sobre los cuales se estableció la notable y tan fecunda experiencia de la Revolución Norteamericana sustentada en los sustanciosos conocimientos de los Padres Fundadores.

La idea original consistió en que la entidad otorgara grados académicos, lo cual se abandonó a poco andar debido a las regimentaciones y controles gubernamentales que se estimó restarían toda independencia a la novel institución. En lugar de eso, se impartieron seminarios y cursos para graduados universitarios: The FEE School of Political Economy.

En la exposición inicial con que se abrían los seminarios, Read la llevaba a cabo munido de una lamparita de fabricación casera: pedía que se apagaran las luces del aula y encendía su adminículo de modo muy tenue y comenzaba su disertación introductoria mostrando cómo ese escaso resplandor quebraba la oscuridad del mismo modo que lo hacen los conocimientos respecto de la ignorancia. Acto seguido, dibujaba en el pizarrón dos círculos de radios diferentes y apuntaba que si las dos superficies de las circunferencias fueran los conocimientos y el resto de la pizarra fuera la ignorancia debía notarse que cuanto más se sabe mayor es la conciencia de la propia ignorancia puesto que el contorno del redondel mayor está más expuesto a la ignorancia. Es decir, cuanto más se conoce mayor es la consciencia de lo que se desconoce. Luego procedía a un análisis muy popperiano del aprendizaje en el contexto de corroboraciones provisorias sujetas a posibles refutaciones.

Con el transcurso del tiempo fuimos consolidando una sólida amistad con Read con quien mantuve una nutrida vinculación epistolar. Cuando murió, Bettina B. Graves -una de las integrantes del staff de FEE- me envió de recuerdo el antes mencionado aparato eléctrico. Lo conservo como el objeto de mayor valor que poseo. Cuando lo examino me admiro que su usuario no se haya electrocutado debido a la notable precariedad del instrumento en cuestión.

Read llevó a cabo una obra ciclópea que llegó a todos los puntos del planeta editando libros, publicando revistas, invitando a los más destacado profesores a su tribuna, facilitando a estudiantes a que asistieran a sus cursos y seminarios en New York y dictando conferencias en muy diversos países. Presidió FEE durante 37 años. Fue un ejemplo de integridad moral, honestidad intelectual e intransigencia con los valores de la libertad en los que creía.

Cuando cumplió setenta años de edad, los amigos le organizaron un acto de gala en el Waldorf Astoria de New York al que asistieron e hicieron uso de la palabra personalidades como Milton Friedman, William Buckley, el antes mencionado Hayek, Henry Hazlitt, Benjamin Roggie, Perry Gresham, Trygve Hoff y quien actuó como maestro de ceremonia, el empresario Lawrence Fertig (que a su vez fue quien financió la cátedra de Ludwig von Mises en la Universidad de New York, junto a otro destacado empresario: Harold W. Luhnow a través del Volker Fund). A las exequias de Read, Ronald Reagan, entonces en ejercicio de la presidencia de Estados Unidos, envió un mensaje que decía “Nuestra nación y su gente se han enriquecido grandemente por su devoción a la causa de la libertad y las futuras generaciones mirarán a Leonard Read para inspirarse.”

Los oradores en aquel acto resumen muy bien la faena del gran Leonard Read y su parto institucional, discursos que fueron publicados en un folleto que lleva el sugestivo título de What´s Past is Prologue. En la intervención de Hazlitt expresó que “Si tuviera que hacer un balance en una palabra sobre FEE basada en mi propia experiencia, diría que la siento como mi hogar. Cuando estoy allí sé que estoy rodeado de amigos con ideales comunes, actitudes y sentimientos compartidos. Hay algo que es contagioso en el espíritu de FEE. Solamente pensemos en organizaciones similares que ha inspirado. Está el grupo de Anthony Fisher, el Institute for Economic Affairs en Londres, en Argentina está el grupo de Alberto Benegas Lynch [mi padre quien fundó en 1957 el Centro de Estudios sobre la Libertad], el grupo de Manuel Ayau en Guatemala, Gustavo Velazco y Agustín Navarro en México y Nicomédes Zuloaga en Venezuela.”

Otro que posteriormente sería premio Nobel en economía, Milton Friedman, dijo en esa ocasión: “Tuve la fortuna de ser el coautor del primera publicación de la Foundation for Economic Education. Era un trabajo corto que George Stigler [luego también premio Nobel en economía] y yo titulamos “Roofs and Ceilings”. Era un ataque al control de alquileres […] Algunos años más tarde, a mi regreso de una reunión de la Mont Pelerin, Leonard y yo quedamos varados en el aeropuerto de Orly en París. Hay algunas virtudes de estas demoras en los vuelos. Esta fue una ocasión de serenidad, allí empecé a profundizar los valores humanos de Leonard y mi respeto por él ha crecido desde entonces”.

Por último, para no tomar excesivo espacio en esta nota periodística, Hayek en su alocución apuntó que “La institución que Leonard Read creó a través de la cual ha adquirido una influencia enorme, lleva un nombre modesto y un tanto prosaico de Foundation for Economic Education […] quiero sugerir que este nombre describe en forma muy disminuida su labor puesto que apunta a metas mucho más amplias […] ya que se trata nada menos que de la defensa de nuestra civilización contra los errores intelectuales prevalentes[…] quiero enfatizar que nuestra tendencia política actual no se refiere solo a la prosperidad económica, no simplemente nuestro confort, o la tasa de crecimiento. Es mucho más que eso. Se trata de todo lo que significa nuestra civilización.”

FEE estaba organizada con el apoyo invalorable de la antes mencionada Bettina B. Graves, con Paul Poirot y William Curtiss en el nivel administrativo-académico más alto seguido de calificados profesionales para organizar eventos varios, la publicación de la revista mensual The Freeman, los antedichos seminarios, la edición de libros y el mantenimiento y uso de la muy nutrida biblioteca, todo en un campus muy bien dispuesto que agregaba confortables habitaciones para huéspedes, la propia vivienda de Read, amplias salas de reuniones y oficinas rodeadas de atractivos jardines que más de una vez hemos disfrutado en nuestras caminatas con él junto a su perro Rusty. Durante los meses de esa estadía en Irvington on Hudson de New York por mi beca, mi María se hizo muy amiga de Aggie la mujer de Read.

Mi querido Leonardo escribió que a pesar de su admiración y agradecimiento a los Padres Fundadores de la Revolución Norteamericana, sostenía que constituyó un error la utilización de la palabra “gobierno” pues insistía que remite a mandar y dirigir lo cual debe hacer cada una de las personas en una comunidad libre, mostraba que “hablar de gobierno para aludir al monopolio de la fuerza es tan desatinado como llamar gerente general al guardián de una empresa” por lo que proponía recurrir a Agencia de Seguridad, Agencia de Protección o equivalentes.

Una de las mayores lecciones aprendidas de Leonard Read es la falsedad de aquello que se suele mantener al decir que “hay que vender bien las ideas” y que “el fracaso principal de liberales es que no saben llevar a cabo esa venta”. Read ha explicado una y otra vez en sus libros que la actividad comercial de la venta no requiere la referencia en regresión respecto al proceso de producción que requiere el producto en cuestión, basta con exponer los resultados que producirá el bien a la venta, se trate de desodorantes, dentífricos o lo que fuera. Sería una pérdida de tiempo inútil que ahuyentaría al consumidor el detenerse en las múltiples y variadas etapas en el proceso de producción. Sin embargo, en el caso de las ideas, a menos que uno se tope con un fanático que incorpora todo lo que se le dice sin razonamiento alguno, a menos que se trate de esta cerrazón mental resulta indispensable explicar -por así decirlo- el proceso de producción de la idea que se trasmite al efecto de fundamentar la respectiva conclusión. Resulta indispensable argumentar sobre la genealogía de la idea con la que se intenta disuadir al contertulio. Desde luego que este proceso torna mucho más difícil el resultado en relación a una simple venta pero, como queda dicho, es inexorable. Los estatistas imitan las ventas con frases cortas y efectistas que pretenden saltearse etapas para conseguir incautos, ingenuos, ignorantes y desprevenidos que aceptan ese correlato con el mundo comercial. En cambio, las ideas basadas en el rigor y la seriedad son contraintuitivas y demandan elaboración, pensamiento y digestión adecuada.

Otra de sus enseñanzas clave en uno de sus libros (publicó veintidós) se refiere athe courage to stand alone, esto es la necesaria fuerza de voluntad para decir y escribir lo que uno estima es lo correcto sin tener en cuenta la opinión mayoritaria ni las presiones que se reciben a contracorriente de lo que uno piensa. Hablar siempre claro y alto sin ambigüedades ni subterfugios para quedar bien con otros. Al fin y al cabo como escribió John Stuart Mill, “las buenas ideas siempre pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Una vez adoptadas las ideas al principio revolucionarias, la gente las toma como obvias sin percatarse de los esfuerzos y contrariedades que deben soportar cuando se exponen por primera vez.

Uno de los ensayos más conocidos del fundador de FEE es “Yo, el lápiz” donde se detiene en mostrar las intrincadas y largas etapas en la fabricación de un lápiz desde las minas de carbón hasta la extracción de caucho para la goma, las maderas y los recubrimientos pasando por transportes, cartas de crédito, administración, finanzas y demás parafernalia. En este célebre texto, el autor pone de relieve la distribución y fraccionamiento del conocimiento en el contexto de la división del trabajo y la cooperación social, todo lo cual se derrumba cuando los megalómanos intentan controlar, regimentar y manejar vidas y haciendas ajenas con lo que se concentra ignorancia provocando los resultados lamentables sabidos por todos los observadores atentos.

Tengo enmarcada una fotografía de Read con una dedicatoria que me conmueve: “For Alberto, a great favorite of mine. Leonardo”. Sirvan estas líneas como modesto homenaje a mi distinguido amigo y maestro donde se presenta muy telegráficamente el coraje, la perseverancia y la generosidad de este personaje cautivante y ejemplar.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA IGLESIA NO ES EL SUSTITUTO DE NUESTRA IGNORANCIA (*)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 25/7/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/07/la-iglesia-no-es-el-sustituto-de.html

Una nota al pie de un artículo anterior, decía lo siguiente: “…El Compendio dice, en su nro. 64: “….Lo sobrenatural no debe ser concebido como una entidad o un espacio que comienza donde termina lo natural, sino como la elevación de éste, de tal manera que nada del orden de la creación y de lo humano es extraño o queda excluido del orden sobrenatural y teologal de la fe y de la gracia, sino más bien es en él reconocido, asumido y elevado”. Por supuesto que es así. Nada que objetar, la gracia supone la naturaleza, esto es, la cura, la redime. Pero los teólogos que redactaron esa frase deben explicar entonces qué es lo contingente u opinable en relación al depositum fidei, y deben explicar cómo se entiende la sana laicidad del estado afirmada explícitamente desde Pío XII en adelante y por el Vaticano II en el tema de la autonomía relativa de lo temporal. Deben explicarlo, (y sobre todo en el contexto en el que la afirman) o de lo contrario caen en un integrismo contradictorio con el mismo Vaticano II que proclaman”. 

Voy a intentar una respuesta, no como teólogo, pero sí como creyente y filósofo partidario del pensamiento de Santo Tomás de Aquino. 

Todo el cristianismo está atravesado por la distinción entre lo natural y lo sobrenatural. No es un debate de autores (aunque puede ser una cuestión de términos), porque la distinción depende de la misma noción de Dios creador y de lo que Dios puede hacer sobre pero no contra el orden creado. Dios crea, y lo creado se identifica con el orden natural, que tiene sus propias naturalezas, esencias y finalidades, y, por ende, sus ámbitos propios de acción. Esa es la relativa autonomía de lo creado según Santo Tomás: lo creado depende de Dios en cuanto a la creación, conservación, concurso y providencia , pero esa dependencia de la causa 2da. en la Causa Primera no quiere decir que la causa segunda sea un títere. No, actúa desde sí misma: sus tendencias, potencias y movimientos dependen coherentemente de su naturaleza. Ese es el orden natural.

 En cambio el “milagro” es, en Santo Tomás, que Dios pueda actuar sobre la causa segunda independientemente de su orden natural. El milagro es sobre la naturaleza, pero no contra la naturaleza.

 Ello es precisamente lo sobrenatural. En el orden de la salvación, toda la salvación del pecado depende de la libérrima Gracia de Dios, fruto de su Misericordia. La Gracia posterior a la redención inunda, verdaderamente, toda la vida humana porque esa Gracia, gratuitamente donada por Dios, cura de raíz a la naturaleza humana, por eso la supone y eleva. Pero la gracia no surge de la naturaleza humana, viene de Dios, y viene de Dios a través de sacramentos (de modo ordinario) que superan, sin contradecirlo, al orden natural humano. Cada sacramento es un milagro: es algo sobre pero no contra la naturaleza humana, son regalos de Dios que penetran la naturaleza humana, la curan, la redimen (aunque no borran las consecuencias del pecado original), y precisamente por todo ello nada de la naturaleza humana es causa de la Gracia: porque nada finito como el ser humano puede llegar por sus solas fuerzas a la participación en infinito de Dios como inhabitación trinitaria en el corazón del hombre. 

A la Gracia corresponde, por ende, todo lo sacro, la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo y las tres virtudes sobrenaturales. Pero todo ello, al asumir la naturaleza humana, implica también las cuatro virtudes naturales, entre ellas la justicia, y por ende un corazón redimido busca la justicia en todos los ámbitos. Ahora bien, ese corazón redimido no ha vuelto al estado de nuestros primeros padres, que gozaban del don preternatural de ciencia. La Revelación de Dios, el plan de salvación, el anuncio de la buena noticia consumada en Cristo, alcanza aquellas cosas necesarias para la salvación, pero no todo lo que corresponda además al orden natural. Dios ha creado un orden natural, tanto en lo físico como en lo social, pero el Plan de Salvación no ha revelado la naturaleza de esos órdenes naturales. Sí, es verdad que los mandamientos tienen consecuencias sociales, pero Dios no ha revelado directamente el régimen político y socio-económico específico que en cada situación histórica sea el mejor. Por ende es verdad que lo sobrenatural no es un espacio después de cuyo límite venga lo natural, porque Dios ha penetrado con su Gracia todo el espacio de la naturaleza humana, pero ello no implica que la naturaleza redimida sea igual a la naturaleza humana elevada previa al pecado original. Las consecuencias del pecado original se mantienen, hemos perdido el don de ciencia y por ende, en todo aquello que no es necesario para la salvación, necesitaremos hasta el fin de los tiempos el falible juicio de nuestro intelecto para todo aquello que Dios no ha revelado. Ahora bien, cuando el ser humano, redimido por la Gracia, piensa y actúa en aquello que no es directamente sacro y-o no directamente revelado, mantiene aún la influencia de la Gracia: porque su corazón redimido busca la justicia y porque intenta llegar, con el hábito de la prudencia, a la verdad. Pero si la historia de la salvación no se identifica con la historia humana , ¿de qué manera eclesial se realiza ello en la historia humana? Con la acción de los laicos en el mundo, que buscan iluminar las estructuras temporales de su tiempo con una mente y un corazón cristianos, sabiendo que, sin embargo, Dios no ha revelado “el” sistema social perfecto y por ende esa acción de fermento de las estructuras temporales no debe comprometer a la jerarquía de la Iglesia, la cual debe abstenerse de intervenir directamente en esas decisiones laicales, de igual modo que el laico debe abstenerse de pretender consagrar el pan y el vino como si tuviera propiamente sacerdocio ministerial.

 Siglos y siglos de clericalismo han hecho que, sin embargo, jerarquía y laicos actuaran en un círculo vicioso integrista, como si hubiera un único sistema político y económico cristiano que tuviera que ser directamente dictado por la jerarquía y demandado por los laicos. El párrafo que ha dado origen a estas reflexiones, dado en un contexto de cuestiones muy opinables, muestra que ese integrismo, sea del color que fuere, no se ha terminado en la praxis y en el discurso de los católicos (a pesar de que la Iglesia, a partir del Vaticano II, habla permanentemente de sana laicidad del estado y legítima autonomía de lo temporal en un contexto de libertad religiosa). El problema actual de la Iglesia no consiste tanto en que un mundo laicista, no laico, no entienda esos valores. El problema consiste en que los católicos, jerarquía o laicos, los entiendan. A ojos de los no creyentes, la Iglesia aparece como un estado más, el estado del Vaticano. A ojos de los creyentes, también. ESE es el problema.

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(*) Artículo publicado en el Instituto Acton en Noviembre de 2011.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Judeofobia y 27 años de impunidad


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/7/2
en: https://www.laprensa.com.ar/504338-Judeofobia-y-27-anos-de-impunidad.note.aspx

Es alarmante que siga empantanado el caso criminal del atentado terrorista a la AMIA a pesar de los denodados esfuerzos de familiares de las víctimas y personas de buena voluntad que se mantienen apegados e interesados en la marcha de expedientes que en verdad no marchan en la dirección que debieran a pesar de cómplices locales y extranjeros en esta monstruosidad.

Es de esperar que la Justicia retome su rol y queden al descubierto los asesinos del caso a la brevedad no solo para alivio de las tremendas angustias de seres queridos de los masacrados sino para bien de nuestro país.

En todo caso, como homenaje al horrendo bandidaje de marras quiero referirme en general una vez más al antisemitismo, lamentablemente muy extendido en nuestro mundo de hoy. También he escrito en otras oportunidades sobre esta decadente expresión de barbarie estimulada por acomplejados y débiles mentales, cuando no de criminales de las mas baja estofa. Ahora vuelvo sobre este asunto repugnante debido a nuevas manifestaciones de criminalidad.

Prejuicio bárbaro

Después de todas las atrocidades que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese prejuicio bárbaro que se conoce como antisemitismo aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es mas preciso denominarlo judeofobia (que es el título de su obra) puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.

Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito en The Journal of Man. A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro mas reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como afroamericanos, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

La torpeza de referirse a la comunidad de sangre pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones más variadas y todos provenimos de las situaciones mas primitivas y miserables (cuando no del mono). Thomas Sowell escribe que las tres cuartas partes de la población negra en Estados Unidos tienen blancos entre sus ancestros y que millones de blancos estadounidenses tienen por lo menos un negro entre sus ancestros. 

También apunta Sowell que en los campos de extermino nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un ario respecto de las de un semita. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.

El factor religioso

Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en  actividades corrientes con lo que los limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media”. Todos los logros de los judíos en las más diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.

Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el pueblo judío crucificó a Jesús” sin percatarse, por un lado, que fueron tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron la sentencia. De todas maneras, como una de las primeras manifestaciones de una democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del derecho, la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o Cristo, en modo alguno permite la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió lavarse las manos por semejante crimen.

Personalmente, como ser humano y como católico, me ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta repugnante toda manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la mano con  subterfugios de una felonía digna de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un sentido tributo.

En la propia casa

Lamentablemente han sido y son muchos los flancos de donde proviene la descalificación, el descrédito y las acciones malvadas contra judíos pero me detengo en los cristianos porque me duele especialmente la injusticia y el bochorno cuando proviene de la propia casa del cristianismo. Ha sido primero el aliento por parte de quien luego fuera San Pablo para el martirio de San Esteban, más adelante los patéticos sermones de San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y luego el Concilio de Elvira en 306 prohibió a cristianos casarse con judíos y otras barrabasadas. 

A través del tiempo, también debe subrayarse el apoyo explícito de autoridades de la Iglesia a legislaciones que restringían los derechos de los judíos incluyendo el derecho de propiedad y en muchos casos bautismos forzados, confiscaciones, impuestos especiales, vestimentas que estigmatizaban y en los lugares permitidos a judíos a veces se colocaba una marca denigrante en la puerta. El Papa Eugenio III estableció que los judíos estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio III autorizó las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación en ghettos y otros horrores que con el tiempo se fueron consolidando y agudizando hasta los antedichos pedidos de perdones de Juan Pablo II que afortunadamente para la civilización marcaron un punto de clara reversión y severa condena de esa conducta y promulgaron un sincero y muy valioso y afectuoso ecumenismo en relación a las tres religiones monoteístas y el respeto a todas. De más está decir que aquella actitud denigrante no alcanza a toda la cristiandad, muy lejos de ello siempre hubieron personas sensatas y civilizadas que se indignaron e indignan con el inaceptable trato a los judíos, tanto sacerdotes como laicos.

Es de esperar que lo que viene sucediendo en nuestra época pueda revertirse a la brevedad para bien de la civilización y de un mínimo de decencia. Es de esperar también que la tolerancia y el respeto recíproco abarque a todas las religiones y no nos dejemos atrapar por la trampa letal de aquellos que se escudan en una religión para cometer actos de barbarie y terrorismo porque saben que los ingenuos morderán el anzuelo ya que las guerra religiosas provocan llamaradas de fanatismo. El caso de los judíos ha sido el más horroroso de la historia, pero no es el único. Tenemos que estar alertas y en el caso con el que abrimos esta nota hacemos votos para que la Justicia ponga luz sobre los responsables intelectuales y materiales del horror ocurrido en la AMIA.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Algunas elaboraciones acerca de la maldad

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 17/7/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/17/algunas-elaboraciones-acerca-de-la-maldad/

El deseo deliberado de hacer mal a los otros sólo puede corregirse a través de la educación, con la trasmisión de valores conducentes al respeto recíproco

Dr. Marcelino Cereijido

No soy afecto al uso de improperios, pues si todos nos ponemos en eso convertimos la convivencia en una cloaca. Sin embargo, hago una excepción con el título de un libro que no puedo obviar en mi análisis de esta nota vinculada a la maldad.

Hace un tiempo escribí sobre la importancia de los buenos modales al efecto de mantener la vara alta, puesto que si recurrimos a groserías de diversa catadura transformaremos las relaciones sociales en algo pútrido. Es llamativo que los hay que se quejan de la decadencia cultural y, sin embargo, emplean palabrotas de grueso calibre en público como si una cosa no tuviera que ver con la otra.

Los que no estamos inclinados a esas costumbres vulgares no es que no tengamos imaginación, a mí por ejemplo más de una vez se me ocurren expresiones de alto voltaje que me abstengo de utilizar por las razones apuntadas. Además, no son necesarias para transmitir una idea o un concepto. Si damos rienda suelta a inclinaciones de ordinariez y patanería, todo se marchita. Me parece que cada cual debe contribuir a la excelencia para hacer más agradable la vida.

“El hábito no hace al monje”, reza un conocido proverbio, a lo que Jacques Perriaux agregaba “pero lo ayuda mucho”. Las formas no necesariamente definen a la persona, pero ayudan al buen comportamiento y hacen la vida más confortable a los demás. Hoy en día, en gran medida se ha perdido el sentido del buen hablar. En primer lugar, debido al uso reiterado de expresiones soeces. Las denominadas “malas palabras” remiten a lo grotesco, a lo íntimo, a lo repugnante y a lo escandaloso. Por su parte, los términos obscenos empobrecen el lenguaje y como este sirve para pensar y para la comunicación, ambos propósitos se ven encogidos y limitados a un radio estrecho.

Las normas morales aluden al autorrespeto y al respeto al prójimo en las respectivas preservaciones de las autonomías individuales basadas en la dignidad y la autoestima. ¿Qué puede hacerse para revertir espectáculos desagradables de la índole mencionada? Sólo trabajar con paciencia y perseverancia en la educación, es decir, en la trasmisión de principios y valores que dan sustento a todo aquello que puede en rigor denominarse un producto de la humanidad, alejándose de lo subhumano y lo puramente animal, en 1797, Edmund Burke sostenía que para la supervivencia de la sociedad civilizada “los modales son más importantes que las leyes”.

Hay quienes incluso se creen graciosos con estos bochornos, haciendo gala de un sentido del humor por cierto bastante descompuesto y poco creativo. Afortunadamente, este decir maleducado no se ha globalizado por el momento, al menos al nivel de la degradación de algunos lugares. Es de esperar que personas inteligentes y que también hacen aportes en diversos campos -algunos de ellos realmente notables- abandonen la grosería de sus expresiones al efecto de contribuir a la construcción una sociedad decente y se percaten de que la inmundicia verbal se encamina a la generalización de la inmundicia. Comprendo a buenos amigos que a veces los exaspera lo obtusas y disparatadas que resultan ciertas manifestaciones, pero el autocontrol es un buen consejo.

Habiendo dicho todo esto, como escribí al abrir esta nota me refiero a una manifestación del zócalo pues se trata de un libro que precisamente analiza con inigualable maestría lo que quiero transmitir acerca de la maldad. El libro en cuestión se titula Hacia una teoría general sobre los hijos de puta. Un acercamiento científico a los orígenes de la maldad editado por Tusquets del doctor en fisiología por la Universidad de Buenos Aires Marcelino Cereijido quien completó sus estudios posdoctorales en la Universidad de Harvard y ha sido profesor en las universidades de Munich y New York. Discípulo de Bernardo Houssay.

El autor primero se pregunta con razón el porqué se supone en el insulto de marras que los hijos de prostitutas son malas personas y luego procede a analizar la maldad como el deseo deliberado de hacer daño a otros. Como todos los escritos no siempre se coincide con el autor (incluso uno mismo. muchas veces no coincidimos con lo que hemos escrito antes pues como ha señalado Borges “no hay tal cosa como un texto perfecto” por lo que siempre cabe el mejoramiento), pero en este caso hay observaciones agudas. Comienza por destacar que estamos en “una cultura donde la educación significa obediencia” ya que “una forma menos obvia pero no por ello menos indigna, es el adoctrinamiento de los niños en la creencia de dogmas que perjudican su capacidad de interpretar la realidad.”

El autor apunta la hipocresía común en estas esferas donde “el político recurre a cierto tipo de palabras, trajes y peinados, se fotografía con su familia y su perro en un lugar apacible de su casa. Y sonríe. Hasta el más truhán logra aparecer en las fotos como un candidato moralmente sano y responsable. En algunas de éstas, carga en sus brazos algún bebé desconocido en un acto público para que el retrato sugiera que es humano, sensible y protector”. Se refiere a “los grandes genocidios del siglo XX, la enumeración es encabezada por asesinos de la calaña de Hitler, Stalin, Franco, Salazar o Pavelic” y uno de sus capítulos está encabezado por un epígrafe de Lao Tsé: “Cuanto más grande es el número de leyes, mayor el número de bandidos y ladrones.”

Ahora bien, fuera del título de la antedicha obra y dejando de lado el importante tema de los modales, es de interés reiterar que la mayor parte de la gente es de buena voluntad, receptiva a nuevas ideas cuando estas son presentadas con argumentos de peso y es honesta. Pero pululan personas malas que principal aunque no exclusivamente se hacen del poder político para encumbrarse, enriquecerse y aplastar a sus congéneres. Con esta ponzoña no hay argumento que valga, el asunto estriba entonces en contar con un sistema que minimice las posibilidades de demostrar la maldad y cuando esta irrumpe castigarla con todos los rigores de la ley.

Para que lo anterior tenga vigencia es indispensable contar con una sociedad libre donde se aplique rigurosamente la igualdad de derechos ante la ley en el contexto de la Justicia que, recordamos, significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad privada con lo que como se ha destacado no hay posibilidad alguna de Justicia sin la vigencia de la propiedad. Pero observamos que en nuestro atribulado mundo en gran medida viene ocurriendo lo contrario lo cual, como queda dicho, instala no solo a la pobreza moral y material sino que abre las puertas de par en par para el florecimiento de la maldad en todos los órdenes de la vida.

Niall Ferguson en su célebre obra Civilization. The West and the Rest resalta los valores de la civilización engarzados a la democracia pero “algunas personas cometen el error de llamar la idea de democracia imaginando que cualquier país la puede adoptar con solo llamar a elecciones. En realidad, la democracia es la base de un edificio que se funda en el Estado de Derecho, en las libertades individuales y en la garantía a la propiedad privada asegurada por gobiernos representativos y constitucionales”.

En estas líneas argumentales que venimos considerando sobre la maldad, no estamos hablando de actitudes malas o equivocadas de las que “nadie puede tirar la primera piedra”, la perfección no está al alcance de los mortales y como ha titulado uno de sus libros mi amigo Carlos Sabino Todos nos equivocamos. De lo que se trata es de la perversión y la malicia. Hay otro libro del médico psiquiatra Stanton Samenow titulado Inside the Criminal Mind en el que explica detenidamente que la maldad es consecuencia directa del modo en que el malvado piensa y establece su escala de valores y comportamientos ya que “centrar la atención en otros asuntos como su medio ambiente, resulta inconducente”, otros factores pueden influir pero “lo decisivo está siempre dentro del criminal”. Samenow reconoce que al principio de su carrera médica adhería a las concepciones predominantes “más bien freudianas” que tienden a responsabilizar por la conducta del malvado a factores extraños a su persona pero nuevos estudios y la experiencia como facultativo lo condujeron a lo dicho. También otro médico psiquiatra, Thomas Szasz, desarrolla la misma tesis de la responsabilidad individual por la conducta de cada cual en su libro El mito de la enfermedad mental donde expone el error conceptual de aludir a quienes no compartimos su conducta y catalogarlos como “enfermos mentales” cuando la patología enseña que una enfermedad consiste en una lesión de células, órganos o tejidos pero las ideas nunca están enfermas, en todo caso pueden existir problemas en los neurotransmisores, sinapsis o en general químicos pero no “enfermedad mental”.

La forma de intentar la corrección de la maldad es a través de la educación, es decir, la trasmisión de valores conducentes al respeto recíproco, desde luego para aquellos que son receptivos y hospitalarios a esos valores. Dicho sea al pasar, en el libro del antes mencionado Cereijido no se muestra optimista respecto al sistema de cárceles moderno por lo que agregamos nosotros sería el momento de considerar las muchas propuestas de contar con cárceles privadas financiadas con el trabajo de los reclusos que también contribuirían a compensar a sus víctimas en lugar de separar la relación víctima-victimario cuando irrumpe el aparato estatal, y así también facilitar iniciativas para modificar las inclinaciones de los delincuentes. En este contexto es necesario repetir que una de las falacias más llamativas de nuestro tiempo es cuando se dice que la pobreza provoca delincuentes sin tomar en cuenta que todos provenimos de la miseria, del garrote y la cueva (cuando no del mono) y no por ello significa que todos descendemos de criminales. Por otra parte, no hay más que atender el comportamiento de multimillonarios barones de la droga o empresarios prebendarios que son verdaderos delincuentes aunque estén amparados por el poder político. El asunto no es patrimonial sino eminentemente moral.

Tampoco se diga que se necesitan más altruistas y menos el ocuparse de uno mismo para ser buenos y alejarnos del mal. El altruismo es una contradicción en los términos, según el diccionario es “hacer el bien a costa del propio bien” lo cual es un imposible ya que todo lo que se hace libre y voluntariamente es porque satisface al sujeto actuante, es una perogrullada sostener que está en nuestro interés actuar como actuamos. Esto lo aclara a las mil maravillas Tomás de Aquino en la Suma Teológica: “Amarás a tu prójimo como a tí mismo, por lo que se ve que el amor del hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene a otro. Pero el modelo es mejor que lo moldeado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a sí mismo que al prójimo”. Es que el que se odia a sí mismo es incapaz de amar puesto que el amor naturalmente satisface al sujeto que ama.

También la malicia procede de la envidia que no soporta el éxito de colegas y destila ácidos y escupe dardos venenosos que en definitiva perjudican grandemente al propio envidioso, no hay más que mirarles el rostro que se va desfigurando a medida que se acentúa el incontenible deseo de fracaso de sus congéneres. Son dignos de lástima pero apuntan a hacer el mal aunque no logran su cometido cuando los destinatarios son personas dignas y son indiferentes a tanta zoncera fabricada por necios.

Por último en este resumen telegráfico en torno a la malicia, es de interés hacer referencia a lo que en algunas ocasiones se ha dicho que habría una contradicción entre la maldad y la existencia de Dios o la Primera Causa, lo cual carece por completo de sentido pues de no ocurrir situaciones malas (privación de bien) no hubiera tenido lugar la creación ya que no pueden haber dos seres perfectos y la ausencia de mal -es decir de imperfecciones- conduciría a la perfección que, se hace necesario reiterar, no es condición propia de los mortales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

En la Argentina, la propiedad privada está en jaque

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 13/7/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/en-la-argentina-la-propiedad-privada-esta-en-jaque-nid13072021/

Avellaneda, movilizada. Unas 10.000 personas se concentraron ayer en Avellaneda, el punto central de la protesta por la expropiación de Vicentin. Hubo allí productores y dirigentes agropecuarios, pero también mucha gente que se opone a la expropiación y que dejó al Gobierno un mensaje contrario a cu
Avellaneda, movilizada. Unas 10.000 personas se concentraron ayer en Avellaneda, el punto central de la protesta por la expropiación de Vicentin.

Es del caso abrir esta nota periodística con un pensamiento escrito por al mayor artífice de nuestra Constitución fundadora de 1853/60. Así, Juan Bautista Alberdi consignó: “Pero no basta reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en su principio y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso: en el uso y disponibilidad de sus ventajas […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”.

La propiedad privada constituye el eje central de una sociedad libre y su ataque es la piedra angular del régimen totalitario, por ello es que Marx y Engels, en El manifiesto comunista, de 1848, han dicho: “Pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”.

Como los bienes no crecen en los árboles y no hay de todos para todos todo el tiempo, se hace necesario asignar derechos de propiedad a los efectos de darles el mejor uso a los siempre escasos recursos. En este contexto, los comerciantes y equivalentes, para mejorar su situación, se ven obligados a atender las necesidades del prójimo. De este modo, el que acierta obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Desde luego que esto no ocurre cuando mal llamados empresarios se alían con el poder para obtener privilegios, lo cual siempre atenta contra el bienestar de la gente.

Alberdi había bebido en fuentes sólidas; en este sentido, cabe recordar que James Madison, el padre de la Constitución estadounidense –la carta magna que nos sirvió de modelo–, resumió su pensamiento al escribir: “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad”. Como es sabido, la propiedad remite a la protección de la vida, la expresión de los propios pensamientos y el uso y disposición de lo propio. En esta línea argumental es pertinente señalar que la Justicia, según la definición clásica, significa “dar a cada uno lo suyo”, y lo suyo se traduce en la propiedad. En otros términos, no hay Justicia sin propiedad, son términos inseparables.

De un tiempo a esta parte se está jugando con fuego en nuestro medio al insinuar que puede expropiarse un bien que el aparato estatal considere “improductivo”. Antes he escrito sobre este asunto, pero se hace necesario insistir, dado el recrudecimiento del embate de marras. Ser productivo no es producir más cosas; es producir las consideradas de mayor valor. Dadas las actuales circunstancias, no es mejor producir un millón de botones que producir diez tractores. En esta misma línea argumental, debe tenerse muy en cuenta que las mayores producciones de valores no son los bienes tangibles: los estados de felicidad cuando se constituye una buena familia, cuando se observa una buena puesta de sol, una partida de ajedrez entre amigos y equivalentes son algunos ejemplos de vida productiva. Más bien la producción de bienes materiales es en general un medio para producir valores de otra especie y rango.

El significado de la eficiencia, entre otros, lo ha explicado bien el premio Nobel de Economía James M. Buchanan cuando escribió: “Mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras no tengan lugar la fuerza y el fraude, aquello sobre lo cual se acuerde se define como eficiente”. Cuando se sostiene que puede expropiarse lo no productivo a criterio de ciertos burócratas en el poder, se están sentando las bases para las mayores iniquidades. ¿Cuántas habitaciones se usan diariamente en una casa? ¿Acaso no son “improductivas” las que no se usan habitualmente? ¿No deberían expropiarse? Y así sucesivamente con la ropa, con parques y jardines que se disfrutan con la mirada, pero que no “producen cosas” en el sentido corriente de la expresión.

Por otro lado, quien ahorra en un terreno baldío, quien ahorra en dólares bajo el colchón, quien ahorra para coleccionar automóviles antiguos o acumula obras de arte, lo hace porque, dadas las circunstancias, es lo que estima más productivo. Si se equivoca, consume su capital, y si acierta, lo acrecienta. También, si miramos el globo terráqueo, observamos que hay muchos recursos marítimos, forestales y territoriales que al momento no son explotados en el sentido al que habitualmente se alude, lo cual se debe a que, como queda dicho, los factores de producción son escasos. Solo hay dos maneras de establecer prioridades para qué hacer con esos bienes: que decida la gente o que decida el aparato estatal. Si se decidiera por esto último, a contracorriente de las preferencias de la gente, inexorablemente habrá consumo de capital y, por ende, más pobreza.

La propiedad privada hace que cada cual cuide de lo suyo en contraste con lo que modernamente se ha dado en llamar “la tragedia de los comunes”, donde lo que es de todos no es de nadie, un concepto que ya había sido desarrollado por Aristóteles cuando refutó el comunismo de Platón.

La institución de la propiedad permite el establecimiento de precios como reflejo de las estructuras valorativas de las partes contratantes, puesto que se trata de transacciones de derechos de propiedad. Cuando se afectan derechos de propiedad necesariamente se distorsionan precios, lo cual desdibuja la contabilidad y la evaluación de proyectos. En el extremo donde se decide la abolición de la propiedad desaparecen por completo los precios, pero el problema surge aun sin llegar a este extremo cada vez que se lesiona aquel derecho.

La reflexión alberdiana con que abrimos esta nota nos lleva al programa del fascismo. El comunismo es más sincero: pregona el uso y la disposición directa de la propiedad por el aparato de la fuerza, mientras que el fascismo permite el registro de la propiedad a nombre de particulares, pero usa y dispone de ella el gobierno. Es el sistema que más éxito tiene en el llamado mundo libre. Veamos el sistema educativo, donde en gran medida las instituciones privadas están privadas de independencia debido a las imposiciones de pautas y estructuras curriculares por parte de ministerios de educación; veamos el sistema bancario y financiero, en gran medida dirigido por la banca central, y así sucesivamente hasta ámbitos como el de los taximetreros, dirigidos en sus tarifas, horarios y color con que están pintados, lo que hace que los verdaderos dueños sean los alcaldes de la ciudad.

Como bien explica William H. Hutt, la tesis de estimular la producción con inyección estatal de dinero en áreas al momento consideradas “ociosas” no solo empobrece vía la inflación, sino que convierte usos que en esa instancia se estiman convenientes en usos inconvenientes a criterio de la gente. Los megalómanos no toman en cuenta y desprecian las preferencias de la gente, puesto que consideran sus recetas las mejores para manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

Energúmenos como Hugo Chávez, que con su machacón “exprópiese” ha arruinado uno de los países más ricos del orbe para convertirlo en una situación de desesperante miseria; este dictador del Orinoco vociferaba: “La propiedad privada no tiene cabida en la revolución socialista” (salvo para sus secuaces y familiares, que se embolsan lo ajeno con total impunidad, como siempre ocurre con esta canallada). Es de gran importancia percatarse de que la lesión al derecho de propiedad perjudica a todos, pero muy especialmente a los más vulnerables.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La raíz del capitalismo es siempre moral y humana

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 1/7/21 en: http://www.laprensa.com.ar/503693-La-raiz-del-capitalismo-es-siempre-moral-y-humana.note.aspx

Enrique Shaw, junto a un grupo de empresarios, fundó ACDE en 1952. Shaw fue un exitoso empresario, un ejemplo de filantropía y, entre otras muchas cosas, constituyó una caja previsional propia para sus empleados y una mutual para brindarles asistencia médica en épocas difíciles para esas iniciativas privadas.

Días pasados, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa convocó a sus asociados, a la comunidad empresaria, a emprendedores y a otras personas del sistema productivo al XXIV Encuentro Anual ACDE. Hacia un capitalismo más humano

Referirse a un capitalismo más humano, denota no tener idea acerca de las raíces morales del capitalismo o, en su concepto más amplio, el liberalismo. Nos han inculcado de tal manera el discurso que el rico es rico debido a que el pobre es pobre, que está plagado de empresarios culposos que creen que ganar dinero es pecado. Esto no es de extrañar ya que, el propio Papa Francisco, respecto del fundador de ACDE dijo en una entrevista en 2015; “Estoy llevando adelante la causa de beatificación de un rico empresario argentino, Enrique Shaw, que era rico, pero santo”.

La misión de ACDE, entre otras cosas, es promover la Doctrina Social de la Iglesia. Lamentablemente, buena parte de esa doctrina ha sido influenciada por el socialismo y, dado el peso y la autoridad que tiene la Institución de la Iglesia, el daño que muchos de sus representantes provocan con estos postulados, es enorme.

El XXIV Encuentro Anual ACDE resaltó buenos valores como el del trabajo, destacó a las PyMEs como el motor de la economía, la urgencia de la flexibilización laboral, las virtudes de la tecnología aplicada al trabajo, la pesada carga impositiva y resaltó que, los subsidios, no resuelven los problemas de “contextos macro que desaniman”. No obstante esto, muchos de los mensajes que allí se expusieron, a mi juicio, son sumamente autodestructivos para el empresariado y para la generación de bienestar a todos los niveles.

Se reconoció que es fundamental abrirse al mundo para ser prósperos pero, a su vez, el mismo orador y en la misma frase, resaltó la importancia la vivir con lo nuestro. Validar dos opciones mutuamente excluyentes, no dejan un mensaje claro. Creer en los mercados abiertos, es más simple; implica exponer los beneficios del comercio sin prejuicios geográficos y promover la mejor asignación de recursos y factores productivos en un marco de libre intercambio de bienes y servicios.

Se dijo también que la igualdad de oportunidades es lo opuesto a los privilegios. Sin embargo, si se analiza bien el concepto de igualdad de oportunidades, se llegará a la conclusión que su aplicación significa necesariamente el otorgamiento de prebendas. La única igualdad que nos reconoce a cada uno de nosotros los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad, es la igualdad ante la ley. La cultura del igualitarismo pretende quitar a unos lo que les pertenece para darle a otros lo que no les pertenece.

En vez del nocivo redistribucionismo, para que existan más oportunidades para la gente, los esfuerzos deben estar dirigidos a la protección de la propiedad privada y el fomento a la productividad.

La manía de la desigualdad

Lo mismo ocurre con la manía de hablar de la desigualdad, como si la riqueza fuera un juego de suma cero. De lo que se trata es de crear las condiciones de respeto mutuo para maximizar incentivos productivos y los consecuentes aumentos en el nivel de vida y salarios. Es lo que ha funcionado en los últimos doscientos años desde la Revolución Industrial. Antes de eso, la existencia humana era miserable y el promedio de vida era de 25 años. La Revolución Industrial fue la revolución de la propiedad privada y sus fundamentos morales. La máquina a vapor fue solo una de las consecuencias de las ideas de Adam Smith.

Durante la primera jornada del encuentro de ACDE se compartió un mensaje grabado del Papa Francisco en el que apeló a una economía social y más justa. Hablar de “economía social” es en el mejor de los casos redundante y, en el peor, implica la antieconomía. Fredrich von Hayek, hablando de la dialéctica socialista, decía que todo sustantivo seguido del adjetivo “social” resulta en su antónimo. Por otro lado, referirse a una economía justa o precio justo, es lo mismo que hablar de la justicia de caminar o la justicia de estructuras de precios que reflejan preferencias temporales de la gente en transacciones libres.

También el Papa cayó en el error de escindir del ciclo productivo al sistema financiero. Cuando se alude a la transformación de los recursos como “lo concreto” despreciando los procesos del ahorro y del crédito, es no entender que se trata de dos caras de una misma moneda. No escatimó tampoco críticas a quienes preservan su capital de los infiernos fiscales.

Sostener que hay que humanizar la fábrica o humanizar al capitalismo, implica suscribir los postulados del efecto derrame, el cual supone que de la abundante mesa de los ricos, caen las migajas para los pobres. Se cree que la generación de riqueza de unos pocos, tiene consecuencias accidentales y no queridas en favor del resto. Para no caer en este sofisma, es importante repasar los conceptos de la división del trabajo, la cooperación social y el ineludible interés personal que debe ser satisfecho por todos los participantes de cualquier empresa.

El bien común es el bien que nos es común a todos; y esto es, el respeto mutuo. Sin embargo, muchas veces se usa el término “bien común” como subterfugio para la expoliación; tal como representan los conceptos de la justicia social y el de la igualdad de oportunidades.

Las grandes historias empresariales y los casos de superación que se escucharon en ambas jornadas, demuestran que no se necesita una pasión especial para generar trabajo. Para ser una marca reconocida y recordada, no solo es menester servir a los clientes con niveles de excelencia, sino también a sus empleados tanto como a sus accionistas. Las empresas que le dan más relevancia a las rentas de corto plazo por sobre el valor de la verdad y la transparencia, no cuentan la historia. 

Tal como expuso Milton Friedman en The New York Times Magazine de septiembre de 1970, la responsabilidad social del negocio consiste en incrementar sus ganancias ya que, ese logro sustentable y de alto impacto para toda la cadena de valor, implica que se han satisfecho necesidades y se mejoró el nivel de vida de semejantes. “No es la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtenemos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”, decía Adam Smith.

Activismo medioambiental

He escrito en varias oportunidades sobre el tema del medioambiente, asunto que también se trató en el congreso de ACDE. Muy sintéticamente apunto que hay que estar muy atentos al activismo medioambiental que es otra vestimenta con la que se presentan los enemigos del capitalismo y el ánimo antiindustrial. Si pretendemos contaminación cero, debemos empezar por suicidarnos en masa porque, cuando exhalamos, expulsamos CO₂. La contaminación es el trade off de nuestro aumento en la expectativa de vida y bienestar. Las asignaciones de derechos de propiedad y la innovación privada, son los vehículos que permiten mejorar procesos eficientes y más limpios.

La preocupación por las “brechas de género” en la contratación del valor humano, es un approach riesgoso. La selección de colaboradores, debe apuntar a la búsqueda de talentos, que es lo que mejora el servicio a los clientes y el rendimiento para los accionistas. Fijar objetivos cuantitativos o proporcionales en la contratación de mujeres por el hecho de ser mujeres, es tan torpe como buscar la contratación de hombres por ser hombres o buscar la contratación de pelirrojos. El talento no sabe de sexo. No se trata de seleccionar penes o vaginas sino de valores que hagan una diferencia a los fines empresariales.

Para terminar, creo que se deberían revalorar los escritos papales de Pio XI, Leon XIII y Juan Pablo II. Pio XI, ponía de relieve lo contradictorio que resulta ser socialista y cristiano a la vez. En fuerte contraste con esto, en la actualidad, cuando a Francisco I lo acusan de ser comunista, para el asombro de todos, dice que “son los comunistas los que son cristianos.”

San Juan Pablo II

Como católico, recuerdo con nostalgia a Juan Pablo II. El querido y recordado Pontífice decía que, si una empresa tiene éxito, quiere decir que se han satisfecho necesidades humanas debidamente y que “si por ´capitalismo´ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de ´economía de empresa´, ´economía de mercado´, o simplemente de ´economía libre´.” Muy a contramano de éste espíritu, el actual Papa, dice que “el dinero es el estiércol del diablo”. Con ello no solo deja al Vaticano en una franca contradicción sino que llena de paradojas y culpas a empresarios con la nobleza y el espíritu de Enrique Shaw.

Maravillosas enseñanzas nos dejó también León XIII cuando se refería a aceptar las naturales desigualdades: “Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad…” 

También León XIII, respecto del camino hacia la prosperidad, afirmaba que la condición para aliviar a los pueblos, era la inviolabilidad de la propiedad privada. Sin embargo, sobre esto, el Papa Francisco, no pierde oportunidad para pasar mensajes hostiles al espíritu empresarial y a cualquiera que tenga un mínimo ánimo de superación. “No compartir con los pobres nuestros bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros bienes que tenemos, sino suyos”, dice Francisco I con su insistente prédica acerca del “destino común de los bienes creados” y la “subordinación de la propiedad privada en el destino universal de los bienes”

Es de esperar que desde instituciones influyentes y de respetables trayectorias, se reconozca claramente la importancia de la inviolabilidad de la propiedad privada, los valores morales del capitalismo y las autonomías individuales para el pleno desarrollo del ser humano y de su bienestar.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

EL VIRUS DE LA SOLA RAZÓN INSTRUMENTAL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/6/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/el-virus-de-la-sola-razon-instrumental.html

Hace muchos años, una buena persona, just doing his job, me preguntó: ¿cuántas horas tardás en preparar una clase?

What?

No fue la primera ni la única vez que me pidieron cuantificación, datos, cálculos, sobre cosas que yo no calculé jamás en mi vida. Simplemente es que hace poco comencé a darme cuenta hasta qué punto la sola racionalidad instrumental nos ha invadido y ha fortalecido la banalidad del mal, que es uno de los peores males de la humanidad, o sea la maldad del “a mí me mandan”.

La racionalidad instrumental es buena en sí misma. Es la razón de la medición, del cálculo, de la planificación. Sirve para un sinfín de cosas, sobre todo lo que Aristóteles llamaba tejné. Hacer un puente, planificar protocolos, escribir un reglamento, e infinitos etc.

Pero la vida humana es algo más. Es una racionalidad que los medievales llamaban intellectus, que es la creatividad, la empatía, la bondad que concluye en virtudes, la captación del otro, el abrazo, la palabra correcta, la compasión, la alegría, el mundo de lo espontáneo desde un corazón bueno. Es la racionalidad que comprende la parábola del buen samaritano sin tener que seguir un master.

Desde el s. XVIII en adelante, con la emergencia del cientificismo y un racionalismo extremo, la racionalidad instrumental fue endiosada hasta el punto de suprimir o denigrar a todo lo demás. Todo lo demás es subjetivo, la razón instrumental sería objetiva. Esa razón instrumental ha penetrado nuestro lenguaje y por ende nuestro pensamiento. Pasame los datos. Vamos a los hechos. Dame las cifras. Cuánto esto, cuánto aquello.

Así somos “educados”: en repetir paradigmas fijos, protocolos de memoria. Las tablas de multiplicar, la lista de emperadores de Roma, los supuestos hechos de una “Historia”, los “datos” de las ciencias naturales, los protocolos de las lenguas. Memorice. Repita. Diez. Memorice. Repita. Diez. Memorice, repita, diez. Ah, ok. Notas, graduación, doctorado. Excelente.

¿Pero cuál es el sentido de la vida?

¿Qué es el amor?

¿Qué debo hacer, en última instancia?

¿Por qué siento que la vida se me va, y sin embargo tengo “éxito”?

Los filósofos han estudiado todo esto. Los psicólogos también. Ahora vienen los términos difíciles: la Escuela de Frankfurt lo llamó la colonización del mundo de la vida. Popper y Hayek denunciaron la razón constructivista. Feyerabend, la unión de la ciencia y el estado. Kuhn denunció la sola racionalidad algorítmica. A Marx hay que reconocerle su advertencia contra la alienación. Freud habló del malestar en la cultura, Fromm tuvo que recordarnos el arte de amar. Frankl, la importancia del sentido de la vida. Ortega denunció la barbarie del especialista y la rebelión de las masas. Y todos los santos, además, son locos. San Francisco, Fr. Martín de Porres, etc., todos ellos hicieron locuras a los ojos del mundo racionalista. Kierkegaard se entristeció, Unamuno se enojó.

Pero todo inútil.

Lo más triste es ver a todos los filósofos y pensadores que han estudiado todo ello pero no lo terminan de hacer carne, no se lo terminan de tomar en serio. Son racionalistas culturales pero luego escriben artículos contra el racionalismo cultural. ¿Entenderán realmente lo que escriben? Claro, un artículo en un journal tiene protocolos. Por ende…. ¿Alguien conoce las palabras clave y el abstract del Evangelio? ¿Utilizaba Jesucristo las normas APA?

Si te has formado en un horizonte que te dice que comunicar es transmitir los hechos, que educar es entrenar en el paradigma dominante, que la economía es calcular, que la ciencia es datos, que las humanidades son bonitas PERO “subjetivas”, que las ciencias son una cosa y las humanidades otra, que la interpretación es una cosa pero los hechos son otra, que el estado y la ciencia deben estar unidos, que los “expertos” son los que saben, que las ciencias sociales son estadísticas, si te has formado, en última instancia, en un horizonte que te dice que no hay horizontes, ¿qué te queda? ¿Qué de lo humano te queda? Te has convertido en un robot. Tu vida se apaga. Eres vivido, no vives (Mandrioni). Tu existencia es inauténtica (Heidegger). Ah, pero tu máxima alienación es ser “especialista” en quienes denuncian todo ello. Tu máxima contradicción. Tu locura total.

¿Te asombras ahora del nazismo, del estalinismo, o de los aterrorizados por el Covid con 10 doctorados y cinco idiomas? ¿Te asombras ahora del que sabe en 2 segundos cuándo es 4758 por 8875 pero cree todo lo que dicen los noticieros?

Nos han matado como humanos. Nos han entrenado en la sola razón instrumental. Saber, conocer, entender, vivir, no. De vez en cuando algún amigo, algún psicólogo, algún religioso, algún padre nos ayuda. Muy de vez en cuando. Pero en general nos embarga la silente tristeza de una luz apagada. Vamos, venimos, hacemos, planificamos, vamos a reuniones, elaboramos informes. De vez en cuando sospechamos que la vida pasa por otro lado pero no, cuidado, prohibido pensar. La ciencia no piensa, dijo Heidegger. Escándalo para sus creyentes y locura para los habitantes del Imperio.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

¿Expropiar lo que el político estima “improductivo”?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 26/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/26/expropiar-lo-que-el-politico-estima-improductivo/

Al minimizar el derecho de propiedad se elimina la institución que permite la mejor utilización de los recursos existentes para atender las necesidades de la gente

Hugo Chavez

Hay manifestaciones que revelen un desconocimiento palmario del proceso que tiene lugar en las relaciones sociales en ámbitos de libertad para lo cual resulta esencial comprender el valor de la Justicia que significa “dar a cada uno lo suyo” y “lo suyo” remite a la propiedad privada. En este contexto la igualdad ante la ley resulta crucial para el bienestar moral y material de todos lo cual subrayamos es ante la ley y no mediante ella.

Tal es el embrollo mental de los que rechazan la institución de la propiedad privada que tampoco entienden lo que significa lo productivo y lo improductivo en andariveles bifrontes. Por una parte, dados los siempre escasos recursos, lo productivo es lo que la gente prefiere. Ese es el sentido, entre muchos otros autores, que dan precisión a la materia como es el caso del premio Nobel en economía James M. Buchanan cuando escribe que “mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras no tenga lugar la fuerza y el fraude, aquello sobre lo cual se acuerde se define como eficiente.”

Por otra lado, quien ahorra en un terreno baldío, quien ahorra en dólares bajo el colchón, quien lo hace para coleccionar automóviles antiguos o acumula obras de arte es porque dadas las circunstancias es lo que estima más productivo. Si se equivoca consume su capital y si acierta lo acrecienta. También, si miramos el globo terráqueo observamos que hay muchos recursos marítimos, forestales y territoriales que al momento no son explotados en el sentido al que habitualmente se alude, lo cual se debe a que, como queda dicho, los factores de producción son escasos y solo hay dos maneras de establecer prioridades sobre qué hacer con esos bienes: que decida la gente o que decida el aparato estatal. Si se decidiera por esto último, a contracorriente de las preferencias de la gente, inexorablemente habrá consumo de capital y por ende más pobreza.

Ser productivo no es producir más cosas, es producir las consideradas de mayor valor. Dadas las actuales circunstancias, no es mejor producir un millón de botones que producir diez tractores. En esta misma línea argumental debe tenerse muy en cuenta que las mayores producciones de valores no son los bienes tangibles: los estados de felicidad cuando se constituye una buena familia, cuando se observa una buena puesta de sol, una partida de ajedrez entre amigos y equivalentes son algunos ejemplos de vida productiva. Más bien la producción de bienes materiales son en general un medio para producir valores de otra especie y rango.

Cuando se sostiene que puede expropiarse lo no productivo a criterio de ciertos burócratas en el poder se está sentando las bases para las mayores iniquidades. ¿Cuántas habitaciones se usan diariamente en una casa? ¿Acaso no son “improductivas” las que no se usan habitualmente? ¿No deberían expropiarse? Y así sucesivamente con la ropa, con parques y jardines que se disfrutan con la mirada pero que no “producen cosas” en el sentido corriente de la expresión.

Más aun, estas disquisiciones en última instancia apuntan a la macabra guillotina horizontal del igualitarismo puesto que según los politicastros le dará un uso más productivo el que recibe la parte arrancada a otro que su titular original, sin percibir que el asunto es exactamente al revés: el empleo más productivo es el que establece la gente vía el plebiscito diario del mercado con los votos de compras y abstenciones de comprar de la gente y los mayores patrimonios trasmiten su fortaleza a los más débiles a través de incrementos en salarios fruto de aquellas tasas de capitalización.

La propiedad privada hace que cada cual cuide de lo suyo en contraste con “la tragedia de los comunes” donde lo que es de todos no es de nadie. Como hemos consignado antes, la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando nosotros pagamos las cuentas respecto de cuando se obliga a otros a financiar con el fruto de sus trabajos.

Otra vez conviene repasar que la asignación de derechos de propiedad es vital precisamente a los efectos de darle el mejor uso a los recursos disponibles. Quienes dan en la tecla con las necesidades del prójimo incrementan sus ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos. Esto es en la sociedad libre, por el contrario cuando irrumpen los empresarios prebendarios con sus alianzas con el poder de turno, el atropello a los derechos de la gente está garantizado.

La institución de la propiedad permite el establecimiento de precios como reflejo de las estructuras valorativas de las partes contratantes puesto que se trata de transacciones de derechos de propiedad. Cuando se afectan derechos de propiedad necesariamente se distorsionan precios lo cual desdibuja la contabilidad y la evaluación de proyectos. En el extremo donde se decide la abolición de la propiedad desaparecen por completo los precios y como también hemos destacado en otras ocasiones no se sabe si conviene construir los caminos con oro o con asfalto y si alguien sostiene que con el metal aurífero es un derroche es porque recordó los precios relativos antes de la referida abolición de la propiedad. En otros términos, técnicamente el comunismo es un imposible desde la perspectiva económica ya que no se puede economizar donde no hay precios que demás está decir nada tienen que ver con la imposición de simples números siempre arbitrarios que puedan establecer e inventar los gobiernos totalitarios.

Es del caso recordar lo escrito sobre la importancia de la propiedad privada por los padres de las constituciones estadounidense y argentina respectivamente. James Madison lo ha hecho en 1792: “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad” y Juan Bautista Alberdi lo hizo en 1854, “Pero no basta reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en su principio y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso: en el uso y disponibilidad de sus ventajas […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública.”

Esta reflexión alberdiana nos lleva al programa del fascismo. El comunismo es más sincero: pregona el uso y la disposición directa de la propiedad por el aparato de la fuerza, mientras que el fascismo permite el registro de la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone de ella el gobierno. Es el sistema que más éxito tiene en el llamado mundo libre. Veamos el sistema educativo donde en gran medida las instituciones privadas están privadas de independencia debido a las imposiciones de pautas y estructuras curriculares por parte de ministerios de educación, veamos el sistema bancario y financiero en gran medida dirigido por la banca central y así sucesivamente hasta ámbitos como los taximetreros que al ser dirigidos en sus tarifas, horarios y color con que están pintados hace que los verdadero dueños sean los alcaldes de la ciudad.

La sandez de las mal denominadas “empresas estatales” constituyen otro ejemplo del embate a la propiedad privada. Una empresa implica arriesgar recursos propios y no ajenos por la fuerza. Desde el instante en que se establecen estos organismos políticos (mal llamadas empresas estatales por el antedicho motivo) se alteran las prioridades de la gente puesto que se canalizan los recursos en sectores distintos de lo que hubiera hecho la gente libre y voluntariamente (y si lo hiciera en el mismo sentido no tiene sentido la intervención estatal con ahorro de gastos burocráticos, con el agregado de que el único modo de saber que desea la gente es dejarla actuar). Si, además, ese organismo es deficitario y monopólico la situación no puede ser peor. Por otro lado, si se dijera que el aparato estatal debe encargarse de abastecer áreas inviables desde el punto de vista económico ya que ningún empresario privado la encarará, si esto se sostuviera decimos, debe tenerse muy presente que cada actividad antieconómica que financia el gobierno (es decir, los contribuyentes) se traduce en despilfarro y consumo de capital, lo cual necesariamente redunda no solo en la ampliación de las zonas inviables sino que contrae salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son su única causa.

Uno de los pilares de mayor peso en la sociedad abierta consiste en las relaciones contractuales que remiten a la propiedad. Como nos recuerda Bernardo Krause, desde que nos levantamos a la mañana se hacen patentes los contratos: abrimos la heladera, usamos el microondas, engullimos mermelada, tostadas y queso que son todos fruto de contratos de compra-venta. Tomamos un colectivo (contrato de transporte), llevamos a nuestros hijos al colegio (contrato de educación), si voy en el automóvil al trabajo cargo nafta (contrato de compra-venta de energía), lo dejo en una playa de estacionamiento (contrato de locación), llego al trabajo (contrato laboral), voy al banco (contrato de depósito) o solicito un crédito (contrato de mutuo), concedo una garantía (contrato de fianza), entrego una suma de dinero a una Fundación (contrato de donación), encargo a un funcionario que gestione un trámite (mandato) etc.

Como bien explica William H. Hutt la tesis de estimular la producción con inyección estatal de dinero en áreas al momento consideradas “ociosas” no solo empobrece vía la inflación, sino que convierte usos que en esa instancia se estiman convenientes en usos inconvenientes a criterio de la gente. Los megalómanos no toman en cuenta y desprecian las preferencias de la gente puesto que consideran sus recetas como las mejores para manejar vidas y haciendas ajenas, aunque ellos mismos atesoren sus habitualmente mal habidos patrimonios en lugares a buen resguardo de las satrapías que recomiendan.

Energúmenos como Hugo Chávez que con su macabro y machacón “exprópiese” ha arruinado uno de los países más ricos del orbe para convertirlo en una miserable pocilga donde hasta brutalmente escasean los medicamentos y la comida, este dictador del Orinoco vociferaba que “la propiedad privada no tiene cabida en la revolución socialista” (salvo para sus secuaces y familiares que se embolsan lo ajeno con total impunidad como siempre ocurre con esta canallada).

Minimizar el derecho de propiedad es no entender nada de cuestiones sociales puesto que se condena a la pobreza a muchísima gente al eliminar la institución que, como queda dicho, permite la mejor utilización de los recursos existentes para atender las necesidades de la gente. El no robar y no codiciar los bienes ajenos de los Mandamientos son otra demostración de la trascendencia de ese derecho que es parte sustancial de la sociedad civilizada. El actual Papa una vez más volvió a la carga contra la propiedad privada en la 109 Conferencia de la OIT el 17 del mes que corre, donde leyó su texto en el que consignó que “siempre junto al derecho de propiedad privada está el más importante y anterior principio de subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y por tanto al derecho de todos a su uso” a lo cual agregó levantando la vista en una improvisación en la que subrayó lo dicho: “El derecho a la propiedad privada es secundario al derecho primario del derecho universal de los bienes”. No se necesita ser una persona especialmente inteligente para percatarse que este peculiar silogismo se traduce lisa y llanamente en arrasar con la propiedad privada, por más que algunos exégetas atrabiliarios intenten disfrazar lo expresado en esta ocasión que no hace más que reiterar lo manifestado antes por el Papa Francisco en distintas oportunidades, a contracorriente de lo resumido por Pio XI en Quadragesimo Anno: “Nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero” y en un plano más amplio Juan Pablo II explica el significado del capitalismo y la trascendencia de la propiedad privada en la sección 42 de Centesimus Annus. Cuando al Papa en ejercicio se le preguntó si es comunista respondió “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (en el diario italiano La Repubblica, noviembre 11 de 2016).

Por último, subrayamos que los atropellos a la propiedad privada son siempre invasiones a la privacidad, es decir a lo más valorado para preservar las autonomías individuales y la dignidad del ser humano. No hay más que mirar lo que ocurre con el nivel de vida de la gente en lugares en los que se respeta la propiedad respecto a los despojos y las situaciones lamentables y desesperadas en que se convierten los lugares en donde no se respeta esta institución fundamentalísima. La falta de respeto a la propiedad ajena es una característica del espíritu autoritario.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El impuesto único y la multiplicidad de impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

http://www.accionhumana.com/2021/06/el-impuesto-unico-y-la-multiplicidad-de.html

“7. El impuesto único y la multiplicidad de impuestos. En la práctica todos los sistemas impositivos son múltiples, atribuyéndole a tal sistema numerosas ventajas, entre ellas: 1″) adaptación de los impuestos a la diversa naturaleza de las riquezas gravadas, lo que no puede conseguirse con el impuesto único; 2′) corregir con unos impuestos las inevitables desigualdades inherentes a otros; 3″) hacer la tributación menos sensible a los contribuyentes; 4″) dar al sistema tributario la extensión y elasticidad necesarias para que rinda cuanto sea preciso para subvenir a los gastos públicos.”[1]

El punto 1° de las supuestas “ventajas” no se entiende. Incluso desde el propio punto de vista del fisco debería ser obvio que cometer el atraco de una vez seria para sus planes mucho mejor que fraccionar el robo en distintas partes, o en diferentes etapas. Todo depende, por supuesto, del tamaño del botín que el fisco proyecte despojar.

En los hechos, no se advierte a qué adaptación se alude, ya que el fisco se ha adaptado a todas las riquezas existentes gravándolas a todas ciertamente de diferentes maneras, pero no eximiendo a ninguna. Quien no tiene margen alguno de adaptación es la víctima, es decir, el contribuyente a quien -en lugar de adaptación– sólo se le permite optar por la resignación o la evasión, no dejándole el ladrón fiscal ninguna otra alternativa. 2°) los impuestos en ningún caso corrigen desigualdades, sino que las profundizan, y ya hemos explicado anteriormente cómo lo hacen, explayándonos respeto de ese particular al que nos remitimos. 3°) este punto es realmente sinestro. Se trata de disimular el latrocinio fiscal de la manera que sea menos dolorosa para el expoliado. Vergonzoso. 4°) es decir, permitir que el pulpo fiscal extienda sus peligrosos tentáculos lo más largo posible, para que nadie quede fuera de su accionar opresor y devastador de riqueza.

“Pero no han faltado los denostadores de este sistema, alegando en favor de la unicidad de los impuestos las siguientes ventajas: 1″) Es perfectamente justo, afirman, porque exige a cada ciudadano la parte proporcional de sus bienes que es necesario para atender a los gastos colectivos; 2′) Es el más cómodo de todos los sistemas, porque reclama de una sola vez al contribuyente su parte contributiva y suprime las múltiples trabas en que se ven envueltas bajo el régimen de multiplicidad de impuestos la circulación, producción y el consumo de la riqueza; 3′) Porque permite conocer de un modo exacto lo que paga cada individuo; 4») Con el impuesto único se obtiene la máxima simplicidad y economía en la recaudación del gravamen.”[2]

1°) Ningún impuesto es justo, porque no puede denominarse así cuando se le quita a otro lo que es suyo por medio de la fuerza, o la amenaza de ejercer contra él la fuerza. Los gastos nunca son “colectivos” sino individuales. Se quiso referir entonces a los gastos del gobierno, que es otra cosa, y deberían limitarse a los mínimos gastos administrativos que implicaría mantener al personal requerido para expedir documentos oficiales y no mucho más, suprimiendo todas las demás funciones que, objetivamente, pueden ser cumplidas por los particulares, e implicará un ahorro sustancial en beneficio de toda la comunidad.

2°) Alguna razón lleva este punto, aunque contempla el problema parcialmente en cuanto al modo de recaudación y no a los efectos del impuesto. Es más cómodo, tanto para el recaudador como para el sujeto expoliado. Entre pagar un impuesto y pagar más de uno, siempre es preferible lo primero y no lo segundo. Máxime cuando países como Argentina tienen cerca de 100 tributos en danza para pagar. Lo engorroso de pagar múltiples impuestos es -en buena parte- adrede porque de esta manera el fisco logra cobrar intereses por mora más confiscatorios que el impuesto mismo que les sirven de base. En tal sentido, el sistema múltiple conviene al fisco, porque recauda más a pesar de que deba demorar algo más de tiempo en hacerlo.

3°) Esto es cierto respecto del contribuyente de derecho, pero no lo es en relación al de hecho.

4°) Es difícil estar en desacuerdo con este punto. Pero sigue atendiendo al método de recaudación, y no aborda la temática principal: los efectos perjudiciales de todo impuesto, más allá de lo simple o complejo que pudiera ser la manera en que el fisco se hace del patrimonio ajeno.

“La doctrina o teoría del impuesto único ha producido una abundante literatura, tanto en favor como en contra. Entre los más interesantes exponentes de la misma se cuenta el creador del “georgismo”, Henry George que preconizó “el impuesto único sobre la renta de la tierra”. En cierto modo, este economista es el sucesor de los fisiócratas que, al declarar que la agricultura es la única industria productiva, admitían que sólo ésta debía ser gravada. Pero el continuador llevó la teoría mucho más adelante, al afirmar que, “a medida que la civilización progresa, es mayor el divorcio entre ricos y pobres, mayor la distancia que los separa”. “Mientras la renta de la tierra se eleva, dice George, el interés del capital disminuye y el salario del obrero desciende al mínimum, estrictamente indispensable para las necesidades de la existencia. Y así vemos en todos los países crecer simultáneamente, como las ramas de un mismo tronco, la suma pobreza al lado de la suma riqueza”.”[3]

Por supuesto que es falso que “la agricultura es la única industria productiva” por lo que tanto los fisiócratas como su sucesor (George) están más que errados. Ningún economista moderno se animaría a sostener hoy en día doctrinas tan perimidas como las que se narran en esta cita. Los fisiócratas fueron superados y barridos por lo que se llamó la Revolución Industrial. Esta fue sucedida por la industria espacial (que fue muy breve, por cierto) y esta a su vez fue prevalecida por la revolución tecnológica de las comunicaciones, para luego pasar a la revolución informática y cibernética. Cada una de estas etapas fue conviviendo primero y desplazando -en muchos aspectos- posteriormente a las fases que les precedieron. Pero George se quedó en la primera fase, la de la agricultura. Por eso, no resulta serio citarlo, y darle tanto espacio en un trabajo sobre tributos.


[1]Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Goldstein, M. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina