Category Archives: Historia del Pensamiento

Legislación sindical, el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 26/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/26/legislacion-sindical-el-caso-argentino/

 

Lo primero es subrayar que en una sociedad abierta el derecho a asociarse o no asociarse constituye uno de los postulados básicos a los efectos de la cooperación social. Cómo deben ser las asociaciones es algo que no compete a quienes están fuera de ellas; en primer lugar, los gobiernos, que solo deben velar porque no haya lesiones de derechos, en caso de que las hubiera, dicha agrupación se convierte en una asociación ilícita.

Pero antes de otras consideraciones sobre el tema sindical, es menester aclarar con toda precisión que los salarios y los ingresos en términos reales de deben exclusivamente a la cuantía y la calidad de ahorros internos y externos invertidos en un contexto de conocimientos relevantes, lo cual hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Esa es la diferencia entre zonas de mayores o menores salarios basadas en el primer caso en marcos institucionales respetuosos de la propiedad de cada cual.

El nivel de salarios no es solo monetario, es también no monetario, como lo son todas las condiciones laborales que rodean al caso desde los períodos de descanso a la música funcional. En rigor, estas condiciones no pueden ser legisladas, como queda dicho, son consecuencia de los niveles de las tasas de capitalización. Más aun, si se legislan más allá de demandas civiles o penales por incumplimientos contractuales o delitos, los resultados indefectiblemente son el desempleo, en primer lugar, de aquellos que más necesitan trabajar y, en segundo lugar, de todos a quienes las condiciones laborales son superadas por las normas legales respecto a las antedichas tasas de inversión. El voluntarismo no cuadra.

Mientras que los recursos sean limitados en relación con las necesidades, nunca bajo ningún concepto puede haber sobrante de aquel factor esencial que es escaso, esencial, puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso de trabajo manual e intelectual.

La vida es una transición, todo lo que piensan todos en todas las oficinas consiste en mejorar, lo cual, a su vez, se traduce en reasignaciones humanas y materiales. La mayor productividad libera factores humanos y materiales al efecto de trabajar en otros emprendimientos. En un mundo idílico donde hay de todo para todos todo el tiempo, naturalmente no hay necesidad de trabajar, lo cual significa que se está en Jauja, situación que sería una bendición para todos. Pero las cosas no son así, hay necesidades insatisfechas, por lo que hay que aplicar faenas para atenderlas.

 Nuevos métodos que elevan la productividad, nuevos bienes y servicios importados del exterior más baratos y de mejor calidad, la robotización y equivalentes liberan trabajo, el empresariado, atento a nuevos negocios, busca capacitar a nuevo personal al efecto de lograr sus arbitrajes adicionales. Como hemos dicho antes, ese fue el sentido y el destino del hombre de la barra de hielo cuando apareció la refrigeradora o el del fogonero cuando irrumpió la locomotora Diesel.

Lo peor que puede hacerse si se desea elevar el nivel de vida es destruir capital, con ello no habrá aumentado el empleo, sino que provoca disminuciones en los salarios en términos reales.

Por su parte, las huelgas deben ser entendidas como el derecho a no trabajar en cualquier momento siempre y cuando se cumplan los preavisos estipulados si los hubiere. Pero el derecho a huelga no es la intimidación y la violencia que no permitan que otros ocupen puestos de trabajo. Una cosa es el derecho a no trabajar y otra bien distinta es imponer situaciones a otros contra la voluntad de los destinatarios.

En el caso de procedimientos intimidatorios y violentos cuando se confunden con la huelga está implícita la equivocada idea de que constituye un procedimiento para elevar salarios. Si esto fuera cierto, habría que incrementar los métodos violentos de igual manera que si se considera que el nivel de vida puede incrementarse por decreto, las legislaciones, en este sentido, habría que redoblarlas. Pero como queda dicho, los salarios dependen solo de la inversión per cápita, que si disminuyen, disminuirá el salario, si se mantiene el stock de capital descontadas las respectivas amortizaciones, el salario mantendrá su nivel y si se incrementa el capital, consecuentemente aumentarán los salarios.

Tampoco tiene sentido alegar que los gobiernos deben interferir en las relaciones laborales para evitar “el desequilibrio en el poder de contratación”. En esta línea argumental, se sostiene que no es permisible que contrate un millonario con una persona que no tiene para llegar a fin de mes, al fin de semana o al fin del día. Es del todo irrelevante cómo sean las características patrimoniales o el volumen de sus respectivas cuentas corrientes, lo relevante son las tasas de capitalización. Si un millonario pretendiera pagar menos de lo que establece el mercado, simplemente se queda sin colaboradores. Un empleador puede contar con una situación patrimonial boyante y otro estar quebrado, pero ambos, si desean contratar trabajo manual e intelectual, deben abonar lo que exige el mercado. En lugares en donde los salarios son altos, no se debe a la generosidad de empleadores ni a la mezquindad de salarios bajos en otras zonas, sino, como hemos repetido, al volumen de capitalización.

De más está decir que los incumplimientos contractuales, los engaños o las lesiones de derechos deben ser adecuadamente castigados, pero los arreglos contractuales libres y voluntarios no deben ser interferidos por los aparatos estatales ni por bandas ocultas en máscaras sindicales.

Idéntico razonamiento se aplica a todos los servicios que preste la asociación sindical, en primer lugar, de salud o cualquier otro servicio que debe estar abierto a la competencia y en ningún caso consecuencia de aportes obligatorios y mucho menos a través de llamados “agentes de retención” que echan mano al fruto del trabajo ajeno.

Asimismo, las representaciones o no representaciones sindicales deben estar abiertas a todas las variantes, siempre y cuando se trate de arreglos libres y voluntarios en el contexto de contrataciones colectivas o individuales, según lo prefieran los interesados.

En el caso argentino, de tanto en tanto se detienen a sindicalistas corruptos, pero hasta el momento no se han modificado las leyes que dan sustento a un sistema fascista de representación coactiva a través de la figura de la personería gremial que arrastra a todos los gremios desde la década del cuarenta, que está presente en la legislación de ese país, junto a los antes referidos agentes de retención (más bien estafas legales) y afiliación coactiva de facto, en el contexto de escandalosos negociados monopólicos de obras sociales y similares.

Limitarse a arremeter contra la corrupción sindical fascista concentra la atención en los efectos, pero si no se abroga la legislación autoritaria, quedan sin tocar las causas del fenómeno. Lo mismo ocurre con retoques de superficie a las normas vigentes en lugar de eliminar de cuajo el mal que afecta principalmente a los trabajadores.

En la época de gloria de los argentinos, cuando los salarios y los ingresos en términos reales de los peones rurales y de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, cuando la población se duplicaba cada diez años debido a la multitudinaria inmigración para “hacerse la América”, en ese período las relaciones laborales estaban regidas por los 4015 artículos del Código Civil de Dalmacio Vélez Sarsfield, de los cuales seis estaban referidos específicamente a los contratos laborales.

Luego se promulgaron multiplicidad de leyes “para proteger al trabajador” referidas a los más variados temas “al efecto de dotar al trabajador de conquistas sociales” y con ello comenzó el derrumbe en el nivel de vida de la gente, muy especialmente de los más necesitados, por las razones antes apuntadas, en contexto de la sandez de “establecer adecuadas relaciones entre el capital y el trabajo”, sin percatarse de que el capital son instrumentos inanimados que no contratan y que, por ende, se trata de contrataciones entre distintos tipos de trabajo entre empleadores y empleados. Con el argumento de proteger a los trabajadores se los aniquiló, con la idea de protegerlos de supuestas explotaciones se los sacó de la órbita de la protección rigurosa del Código Civil, los tribunales ordinarios y posibles aseguradoras. Se fabricó el fuero laboral, con lo que se agregó a las referidas desgracias negocios fenomenales de la industria del juicio para beneficio de chicaneros del nuevo fuero.

En esta especie de rapsodia para el desastre se incluyeron algunas figuras que son tragicómicas, como el aguinaldo, es decir, la aparición como arte de magia de un treceavo mes en el año, sin percibir que si se paga un monto adicional en el año, manteniendo los demás factores constantes, habrá que pagar de menos durante los otros 12 meses. Si esto no fuera de este modo, habría que convertir el año en 40 meses o más para hacer a la gente más rica, lo cual no requiere comentarios adicionales.

Así se llegó en la Argentina a una verdadera e inaudita explotación de los trabajadores por los aparatos estatales a los que se enancó una maquinaria quebrada y fraudulenta de unas así denominadas jubilaciones insertas en el sistema de reparto en el que se estafa a quienes aportan el fruto de su trabajo para recibir cifras irrisorias que no guardan proporción alguna con las sumas que le han sido retenidas en su vida activa, muy lejos de cualquier cálculo de interés compuesto.

En este cataclismo se habla de “la clase trabajadora”, que supone que hay otra clase que la explota, sin percibir el origen marxista de la idea misma de clase que deriva de sostener que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, lo cual da lugar a la teoría del polilogismo que nunca ni Marx ni ningún marxista han explicado en qué consisten esas estructuras que se diferencian de los silogismos aristotélicos.

Desde Adam Smith el asunto está resuelto, este autor ha consignado en 1776: “La propiedad que cada hombre tiene es su propio trabajo, ya que es el fundamento original de toda otra propiedad, por lo que es la más sagrada e inviolable” y Juan Bautista Alberdi, al comentar la Constitución liberal argentina de 1853, escribió: “Toda la grande escuela de Adam Smith está reducida a demostrar que el trabajo libre es el principio esencial de toda riqueza creada”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

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Liberales versus libertarios

Por Adrián Ravier.  Publicado el 19/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/19/liberales-versus-libertarios/

 

¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero no demanda la Argentina hoy una posición radical anarquista que propone eliminar al Estado

El cambio ideológico que hubo en la Argentina a partir de 2015, tras el fracaso del kirchnerismo, en reducir la pobreza y resolver otros males como la inflación o el estancamiento económico, no solo ha llevado a Maurico Macri a la Presidencia, sino que además ha dado lugar a nuevas posiciones de filosofía política y económica que contribuyen hoy al debate público.

Liberales y libertarios, que tenían limitado acceso a los medios, hoy reciben una renovada atención, pero no queda claro para la mayoría de los televidentes y los lectores qué diferencia a estas posiciones.

La confusión proviene de una deformación que en Estados Unidos se le ha dado al término “liberal” frente al que utilizamos en América Latina. “Liberal” en Estados Unidos es, por ejemplo, John Rawls, un intelectual cuya obra se utiliza frecuentemente como fundamento de la redistribución del ingreso. Un liberal en América Latina defiende más bien la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado, por lo que se opone en general a la obra de John Rawls y a los distintos fundamentos que sugieren quitar a unos lo que le pertenece para darles a otros lo que no les pertenece.

Es por ello que en Estados Unidos han creado un nuevo término para denominar a lo que nosotros entendemos como liberal, y es el término libertarian o, en español, ‘libertario’.

El libertario incluiría en Estados Unidos a quienes defienden los cuatro principios recién mencionados, aunque habría una calurosa y abierta disputa respecto del último término, esto es, el gobierno limitado. Los libertarios norteamericanos se podrían dividir entre los libertarios minarquistas, que consideran útil y necesario al gobierno, aunque en funciones limitadas, y los libertarios anarco-capitalistas de propiedad privada, que piensan que es innecesario contar con el ente gubernamental no solo en materia de educación, salud, infraestructura y pensiones, sino también en cuanto a dinero, seguridad y justicia.

La escuela austriaca fundada en 1871 y consolidada en los años 1920 es quizás la más representativa del movimiento libertario, pero no es hasta los años 1970 que surge puertas adentro una línea anarquista que subdivide a su tradición de pensamiento. Es importante notar que los principales pensadores de la tradición como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek defendieron una posición liberal o libertaria minarquista, mientras que Murray Rothbard defendió una posición libertaria anarquista.

Es curioso también notar que el Ludwig von Mises Institute, con base en Auburn, Alabama y que fuera creado por el mismo Rothbard junto a Lew Rockwell, le ha dado a esta tradición de pensamiento austriaca una mirada más anarquista de la que el propio Mises defendió a lo largo de su vida.

¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero no demanda la Argentina hoy una posición radical anarquista que propone eliminar al Estado.

El debate filosófico que plantea el anarco-capitalismo o anarquismo de propiedad privada es sumamente interesante para los ámbitos académicos, pero distraen y confunden a la opinión pública cuando se plantean ideas extremas en ausencia de un adecuado contexto para estas propuestas. El resultado es un lógico y total rechazo a estas ideas.

Que hoy aparezcan libertarios radicales afirmando que el impuesto es un robo o que todos los políticos son delincuentes contribuye poco, me parece, a los problemas urgentes que debemos resolver.

El liberal o libertario minarquista hace un llamado mucho más oportuno y relevante para la Argentina de hoy, que es, sin ánimo de ser exhaustivo, insistir en terminar con los controles de precios, dejar de monetizar el déficit público, no abusar del endeudamiento, reducir todo lo posible el gasto público o al menos congelar el número de empleados públicos, abrir la economía e integrarla al mundo, respetar la división de poderes y fortalecer las instituciones.

Un ejemplo puede mostrar la diferencia. El liberal sabe que la Argentina tiene que plantearse, como la mayoría de los países del mundo, un nuevo debate acerca del sistema de pensiones, modificar el sistema de reparto. Sin embargo, dado un déficit fiscal consolidado en torno al 8% del PBI, no es oportuno plantear la discusión, porque no hay forma de financiar la transición. Recordemos que cuando Chile planteó la privatización del sistema, acumuló muchos años de superávit fiscal del 5% para garantizar los medios necesarios para que los jubilados y los pensionados del momento pudieran contar con ingresos acordes con los aportes de las décadas anteriores. El mismo menemismo, y en esto tiene responsabilidad Domingo Cavallo, debería comprender que el fracaso de la convertibilidad es en gran parte un problema fiscal que proviene especialmente de no haber pensado una transición para la privatización del sistema de pensiones. De haber continuado con el sistema de reparto, el gobierno no habría tenido déficit fiscal, lo cual hubiera reducido las necesidades de financiamiento externo, con intereses de deuda muchos más bajos, y la situación del país habría sido mucho más sólida para afrontar los shocks externos que fueron el tequila de México en 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 o la devaluación de Brasil en 1999. Está claro que el 2001 se pudo haber evitado.

Los libertarios hoy tenemos que plantear un debate inteligente. Hay un espacio para los debates puros que están en el aula, en los congresos académicos y en las revistas especializadas, pero hay otro debate que es el de los medios de comunicación, donde la preocupación está puesta en otros problemas más urgentes. Si Argentina tiene éxito en normalizar su situación institucional y macroeconómica, asemejándose a la situación de países vecinos que integran la Alianza del Pacífico, entonces seguramente surgirán nuevos espacios para discutir otros problemas que hoy lamentablemente están presentes, pero lejanos en la atención que se le puede dar.

Como cierre, me parece que el libertario debe insistir en que el gradualismo está justificado, en la medida en que lo caractericemos como reformismo permanente, pero el problema es que Cambiemos en muchas áreas ha transformado el gradualismo en inacción.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La banca y unos extraños liberales

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 25/1/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/la-banca-y-unos-extranos-liberales/

 

El intervencionismo hegemónico puede intersecarse con el liberalismo sin perder su naturaleza. La izquierda ha llegado a recomendar alguna reducción de impuestos. Y en España los socialistas privatizaron empresas públicas y establecieron la libertad de horarios comerciales en 1985…antes de cargársela en 1993, cuando González necesitó el apoyo de Pujol. Pero si digo que los intervencionistas siguen siéndolo aunque apoyen ocasionalmente políticas liberales no sugiero casos como este, que fue un ejemplo del oportunismo que practican todos los partidos. Sugiero que los flancos liberales que presentan los intervencionistas pueden ser motivo de reflexión.

Esto es aún más así cuando postulan ideas liberales en la banca, uno de los sectores más intervenidos, y donde es raro encontrar planteamientos liberales. Por eso me resultó llamativo que el expresidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, elogiara al catedrático español Jesús Huerta de Soto, una figura destacada de la Escuela Austríaca de Economía, que ha propuesto acabar con los bancos centrales y volver al patrón oro (ver “Avatares de la economía pública”, aquí: http://bit.ly/2mEDvCN).

Dirá usted: Trichet perdió la cabeza. No lo creo. Mi hipótesis es que él y otros aspiran a consolidar la legitimidad de los bancos centrales mediante recetas liberales que puedan fortalecer el sistema financiero.

Hay que recordar que algunos elementos liberales han estado siempre presentes en los intervencionistas de todo pelaje, e incluso en importantes figuras del socialismo, que llegaron a oponerse a la existencia de los bancos centrales mismos. Fue el caso de Juan B. Justo, fundador del socialismo argentino, y gran amigo de los socialistas españoles y de España, donde se publicó su traducción de El Capital, la primera versión del libro de Marx en nuestra lengua. Hace un siglo, Justo criticó tanto el proteccionismo comercial como la banca central politizada, y proclamó: “el patrón oro debe ser también un postulado proletario” (ver «Early Liberal Socialism in Latin America. Juan B. Justo and the Argentine Socialist Party», The American Journal of Economics and Sociology, octubre 2008, aquí:  http://bit.ly/2mn11Ed).

Sospecho que eso permite explicar por qué en nuestro tiempo hay voces en el pensamiento convencional que han empezado a poner en cuestión algunos dogmas de las finanzas contemporáneas, desde la protección pública hasta el seguro de depósitos, desde el monopolio de emisión hasta los rescates con dinero público y otros privilegios de la banca, que, junto con la crucial reserva fraccionaria y la falta de competencia conducen a un sistema excesivamente apalancado.

No se trata, empero, de personas que hayan renunciado al intervencionismo. Es que se han dado cuenta de que un sector identificado con el Estado, pero cuyo funcionamiento desemboque en vulnerabilidades y crisis, al cabo deslegitima al propio Estado. Y eso es lo que quieren evitar. Para ello están barajando diversas ideas, como, por ejemplo, el bitcoin estatal, nada menos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Para exportar más hay que abrir la economía

Por Iván Carrino. Publicado el 18/1/18 en: http://www.ivancarrino.com/para-exportar-mas-hay-que-abrir-la-economia/

 

Los que quieren incrementar las ventas externas olvidan un dato clave.

José tiene un almacén. Ayer por la tarde, se puso a repasar los números del año. Sus ventas crecieron 1,6% en términos reales. En comparación con lo que venía sucediendo, no se ve tan mal. Entre 2011 y 2015 habían caído un suculento 32% real, mientras que en los últimos dos años se recuperaron un 3,5%.

Sin embargo, siempre se puede estar mejor, y a José –como a todos–  sin dudas le gustaría vender mucho más.

Algo similar está sucediendo con las exportaciones argentinas. Durante los años del cepo cambiario, las ventas externas se desplomaron 32% en dólares, recuperándose levemente en 2016 y 2017.

¿Metas de Exportaciones?

Aun cuando las ventas externas estén creciendo más que durante el cepo, es cierto que -en perspectiva- parecen estancadas. Más todavía cuando se las compara con lo que avanzan las importaciones, que terminarán el año con un aumento de 20,1% anual.

A raíz de esto, Eduardo Levy Yeyati sostenía hace poco que exportar era una cuenta pendiente de la economía argentina de estos años.

Más importante aún, sin embargo, es la respuesta que el gobierno le da al mencionado estancamientoDe acuerdo con Infobae, el cerebro detrás del cambio en las metas de inflación, el economista Vladimir Werning, recomendaba tener una desinflación más lenta que permita:

…bajar la tasa de interés, lograr una suba del valor del dólar y así mejorar la competitividad del tipo de cambio para poder aumentar las exportaciones.

El planteo es algo absurdo.

Por un lado,  porque el Banco Central no tiene “metas de exportaciones”, sino “metas de inflación”. Por el otro, porque si de la tasa dependiera la capacidad de exportar de un país, habría que pedir que la pongan en cero, que el dólar vaya a infinito y fin del problema.

Obviamente, así no funciona la cosa.

Exportamos para importar

Otro punto a destacar es que las exportaciones no son un bien en sí mismo, sino la actividad que un país debe realizar para pagar por sus importaciones.

Volviendo al caso del almacén de José, si él pudiera consumir todo gratis, sería feliz, pero no le queda otra que vender provisiones para hacerse de los recursos necesarios paga pagar su consumo.

En los países sucede lo mismo, especialmente cuando no hay financiamiento externo. Para poder consumir bienes importados, se necesitan dólares, y esos dólares se consiguen con la exportación.

Exportar, entonces, no es un “motor de crecimiento económico”, sino una simple necesidad para poder consumir lo que no se produce localmente.  Si el país produjera una cantidad y variedad tales que no fuera necesario consumir productos importados, nadie se preocuparía por el estancamiento exportador.

Apertura comercial para aumentar la exportación

Ahora bien, asumiendo que sí consideramos de importancia aumentar las exportaciones. ¿Qué deberíamos hacer?

Ya sabemos que el gobierno propone bajar la tasa de interés para que suba el dólar… En su artículo, Yeyati es más sofisticado: pide un “menú de productos exportables”, un “nuevo modelo de negocios” y “esfuerzos por reducir costos burocráticos y logísticos”.

Todo muy interesante hasta ahí, pero lo que realmente se necesita para exportar más es una verdadera y agresiva apertura comercial.

¿Cómo es esto? La explicación la dio hace 80 años el economista moldavo Abba Lerner, en el trabajo que tituló “La simetría entre los impuestos a la importación y a la exportación”.

Allí, argumentó que existía una simetría (que luego se conocería como Simetría de Lerner) entre gravar las importaciones y gravar las exportaciones. De acuerdo con Lerner, frenar las compras externas es equivalente a detener las ventas al extranjero. Por el contrario, permitirlas fomenta las exportaciones.

Para Douglas Irwin, profesor de Dartmouth College:

El motivo fundamental de esta verdad es que las exportaciones son la contracara de las importaciones. Son necesarias para generar ingresos que paguen por las importaciones.

(…)

Si los países extranjeros no pueden venderle bienes a nuestro país, por ejemplo, entonces no tendrán el dinero necesario para comprar bienes fabricados por nosotros.

Otra manera de ver esta relación estrecha entre importaciones y exportaciones es el tipo de cambio. Si, para proteger a los fabricantes locales se impone un arancel a la importación, entonces el mercado cambiario tendrá una menor demanda para la moneda extranjera.

Esto generará que el tipo de cambio baje o sea menor al de un contexto de libertad. Ahora un tipo de cambio bajo afecta las exportaciones, ya que restan ingresos a ese sector, presionando su rentabilidad. Siendo Argentina una de las economías más cerradas del mundo, ¿por qué habría de exportar más?

Los datos avalan la simetría. Si miramos un registro histórico de compras y ventas externas en Argentina, observamos que suelen moverse siempre de manera conjunta.

Exportaciones e importaciones son dos caras de la misma moneda. Si queremos aumentar las primeras, hay que pedir apertura al mundo y no tenerle miedo a la “avalancha importadora”.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El héroe de nuestra época: Edward Snowden

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/1/18 en:

 

Como tantas veces he consignado, no me gusta la expresión “héroe” porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía que “la patria es una palabra de guerra, no de libertad” puesto que hay otras formas de expresarse menos pastosas para referirse al terruño de los padres. Fernando Savater también aclara el tema en su libro Contra las patrias.

El manoseo creciente de las palabras héroe y patria ha hecho que se desfiguren y trastoquen. La mayor parte de la gente relaciona esas expresiones con políticos y militares que en general han manipulado vidas y haciendas ajenas. La corrección a esta última interpretación proviene de una larga tradición que descubrí comienza de manera sistemática con el decimonónico Herbert Spencer en su libro titulado El exceso de legislación.

Los usos reiterados del héroe y la patria afloran en obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o la noción totalitaria del “héroe” en Thomas Carlyle tan bien descripta por Jorge Luis Borges.

Difícil resulta concebir una visión más cavernaria, de más baja estofa, de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar lo ajeno, siempre en el contexto de cánticos sobre patriotas y héroes.

Habiendo dicho lo anterior, en esta nota con que abro el 2018 resalto la figura de un verdadero héroe alejado del sentido habitual para, en cambio, referirse al logro de hazañas extraordinarias en pos de la libertad y el respeto a los derechos del hombre. Se trata de Edward SnowdenRon Paul, el dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y tres veces candidato a la presidencia señaló en Fox Business que “Snowden es un héroe” y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B también de Fox afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”.

He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange pero hay otros aspectos a considerar en este nuevo episodio de espionaje puesto al descubierto por Snowden que fue realizado sin orden de juez competente y sin sustento en lugar de ajustarse a las advertencias de la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones y, en el caso Snowden, tampoco puede imputársele delito cuando la fechoría fue llevada a cabo por el propio gobierno.

Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trató de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Cuando Snowden se comprometió a guardar secreto al ser contratado no tenía idea de los atropellos brutales a la privacidad de ciudadanos pacíficos que sus jefes perpetrarían en forma sistemática. La Constitución está por encima de toda norma, no puede alegarse derecho contra el derecho. Finalmente privó en la conciencia de Snowden, principios en gran medida influidos por algunas lecturas como autodidacta, por ejemplo, por La rebelión de Atlas de Ayn Rand tal como se pone en evidencia en la producción cinematográfica de Oliver Stone al tiempo que allí se expresa que todo el espionaje se debe al ansia de control gubernamental ya que “el terrorismo es solo la excusa”.

En todo caso, la denuncia de la invasión a la privacidad y la difusión de los documentos expuestos hace más clara aun la sentencia de Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamados “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es el resultado de la cobardía moral de todos los gobiernos a los que solicitó asilo desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que fue denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió antes de su actual paradero fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de asilo, lo cual, como queda dicho, no ocurrió. Paradójicamente y por la ojeriza del gobierno gangsteril de Putin para con Estados Unidos, Rusia finalmente le concedió cobijo.

Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también sostuvo que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Michael Tanner).

Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush siempre se mostraron indignados con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que finalmente prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista.

Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Nick Gillespie, de Reason TV, lo entrevistó vía teleconferencia a Snowden quien resaltó su espíritu antiautoritario y subrayó que siempre estará “del lado de la libertad” por lo que criticó a quienes consideran que “le deben lealtad al Estado” y aludió a la nula “dimensión moral” de sus circunstanciales contratantes gubernamentales.

La encrucijada que presento en esta nota es sobre un prófugo que difundió para bien de la humanidad más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama le canceló el pasaporte a Snowden. Estamos advertidos, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s Advocate se convierta en realidad respecto a que el gobierno estadounidense mute en un estado totalitario.

Tal como escribe Glenn Greenwald en su libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse se trata de “los peligros de los secretos gubernamentales y la vulneración de las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo” en cuyo contexto lo cita al propio Snowden: “fue entonces cuando comencé a ver realmente lo fácil que es separar el poder de la rendición de cuentas, y que cuanto más altos son los niveles de poder, menor es la supervisión y la obligación de asumir responsabilidades”.

Como bien ha declarado Snowden en un célebre reportaje para The New York Magazine habitualmente reproducido al cierre de la mencionada producción cinematográfica del controvertido Oliver Stone: “mi vida cambió para bien puesto que puedo ahora decir no lo que voy a hacer en el futuro sino lo que con orgullo hice en el pasado”…y somos muchos los que adherimos a esta conclusión con la frente alta por haberse denunciado al gobierno más poderoso del planeta por atropellar valores muy caros a la civilización.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

EL FEMINISMO RADICAL Y SU (IN) COMPRENSIÓN DE LA NATURALEZA DEL LENGUAJE

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/1/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/01/el-feminismo-radical-y-su-in.html

 

La nueva: ahora tenemos que decir “todxs” o de lo contrario vamos presos. No es broma, así amenazó, muy convencida, bajo “delito de discriminación” una fervorosa feminista mientras “dialogaba” (amenazaba) con Vanesa Vallejo.

Primero, un aspecto del nivel sintáctico del lenguaje. El Español no tiene género neutro explícito para todos los sustantivos y adjetivos (como el Latín: us-a-um, donde el “um” es el género neutro) pero lo tiene implícito: cuando un informe dice “Nro. de alumnos de la Universidad Zanotti” (ja ja, no se preocupen, NUNCA va a existir), el “alumnos” no se está refiriendo a masculino o femenino, sino al neutro. Las feministas deberían estar contentas, pues ese es el sentido de la letra “o” en la mayoría de los casos y NO el señalamiento del género masculino. Pero parece que no lo saben.

Ahora bien, a nivel pragmático, el género depende del contexto. Tampoco habría motivos de enojo, porque si en un aula mixta digo “chicos”, nadie puede suponer que estoy “ocultando” a las chicas, sino que estoy usando el neutro aludido anteriormente. Por supuesto, el contexto, como decía Wittgenstein, determina el uso, y la prudencia o gentileza del uso. Por ende si en mi clase hay un grupo de chicas a la izquierda y otros pocos chicos a la derecha, yo, al dirigirme a las alumnas, elijo decirles “chicas”.

En otros idiomas, por supuesto, la cosa es más fácil, porque el género (como en casi todo el Inglés y en todo el Japonés) el género se sabe sólo por el contexto.

Ahora bien, supongamos que miro a mis alumnas y les dicho “chicos”….

Qué, voy preso?

Las feministas radicales así lo quieren. Y, de vuelta, allí está su problema: en su coacción, en su autoritarismo.

Porque es verdad que tienen allí un punto: sería ignorar a mis alumnas si mi idioma me da el género y yo les digo “chicos”. Es verdad que el lenguaje hace mundo (de vida) y el mundo hace lenguaje. Los juegos de lenguaje, el uso del lenguaje, conforma la realidad, somos hablados por el lenguaje, así como el mundo de la vida se expresa en los juegos de lenguaje. Así que sí, el lenguaje puede llegar a implicar una discriminación moralmente negativa. Pero, de vuelta, es una pretensión cuasi-totalitaria pretender que el estado controle al lenguaje. Eso es meterse en lo más íntimo del mundo de la vida, es la racionalización del mundo de la vida (en su máximo esplendor) denunciado por la Escuela de Frankfurt;  es la mentalidad racionalista-constructivista, denunciada por Hayek, en su apogeo. Es como si yo, que tengo mis diferencias con muchos términos que denotan filosofías que no comparto, lo intentara hacer por la fuerza del estado. Al contrario, lo que hago es usar o NO usar libremente,  en mi vida cotidiana, palabras que sean coherentes con mi forma de ver el mundo. Por eso casi nunca uso las palabras “objetivo”, “subjetivo”, “hechos”, etc., y en mi vida cotidiana NO uso las formas porteñas habituales de expresar enojo. Pero, me imaginan como policía del lenguaje?

Ello es contradictorio con la naturaleza misma del lenguaje, que es un orden espontáneo, uno de los más importantes de los mundos humanos de la vida. Intentar controlar las palabras es como intentar controlar precios.

Dejando de lado, por supuesto, la libertad individual de usar el juego de lenguaje que queramos.

Las feministas querrían ahora imponer por la fuerza, bajo pena de delito de discriminación, las formas del lenguaje que “visualizan” a las mujeres. En algunos casos, dependiendo de la situación y del contexto, como dije, es verdad que en algunos lenguajes, usar el género femenino puede ser un acto moralmente adecuado. Pero, de vuelta, las transformaciones culturales no se imponen por la fuerza. Las feministas radicales son muy rápidas a la hora de asesinar bebés con la excusa de que “es mi cuerpo”, pero no vaya a ser que alguien les diga “es mi lenguaje”.

Por ende: tienen todo el derecho a hablar y escribir como quieran, pero…

Los demás también (1).

 

Se ve que ESE “pro choice” no les entra.

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(1) Uy qué horror!!!!!!!!!!!!!!!! Dije “los” !!! Estoy lost.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 17/1/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Que-proponen-los-libertarios-y-por-que-habria-que-escucharlos-20180116-0099.html

 

Libertarios en la Argentina ha habido siempre. En su historia habrá que retroceder al menos unas cuantas décadas para ver que en los años 1950 Alberto Benegas Lynch padre fundaba, junto a algunos empresarios, el Centro para la Difusión de la Economía Libre, luego llamado Centro de Estudios para la Libertad. En estos centros se ofrecieron conferencias y publicaciones de libros de variados autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner o Murray Rothbard. Quizás haya algún lector que recuerde las seis conferencias multitudinarias de Mises en la UBA en 1959. Desde ya que la diferencia entre un liberal como Hayek y un libertario como Rothbard, fue siempre motivo de disputas internas entre libertarios, pero hoy no nos vamos a detener en ello. Más bien, los tomaremos como compañeros de camino.

La posta la tomó su hijo Alberto Benegas Lynch (h), hoy Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, quien fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), creando los primeros posgrados en Argentina. En sus cuatro Maestrías en Economía y Ciencias Políticas, Economía y Administración de Empresas, Derecho Empresario y Activos Financieros, los alumnos recibían los fundamentos para defender la libertad individual, la propiedad privada, la economía de mercado y el gobierno limitado, además de los conocimientos específicos de cada programa.

Muchos de estos alumnos a su vez, formaron numerosas fundaciones e institutos pro mercado en distintas provincias, que como efecto cascada formaron a miles de jóvenes en las ideas de la libertad. Estos jóvenes hoy quizás no son docentes o académicos prestigiosos (aunque algunos lo son, como el Dr. Eduardo Stordeur o el Dr. Nicolás Cachanosky), pero lideran y gerencian distintos departamentos de las principales compañías del país.

Martín Krause lo sucedió a Alberto Benegas Lynch (h) como Rector de este Instituto Universitario, donde también pasaron excelentes docentes como Juan Carlos y Roberto Cachanosky, Gabriel Zanotti, Enrique Aguilar, Gustavo Matta y Trejo o Ricardo Manuel Rojas (sin ánimo de ser exhaustivo).

¿Qué proponen los libertarios para esta Argentina? En una Argentina donde ya no podemos pensar la educación, la salud, las jubilaciones y pensiones, el cuidado del medio ambiente o la administración de la moneda y los bancos sin el ente gubernamental como principal regulador, los libertarios proponen un debate necesario. Repensar una Argentina en la que podamos prescindir del Estado. Aspiran a que cada argentino pueda pagar su propia educación y la de sus hijos; que pueda cubrir sus costos sanitarios; que pueda elegir cómo y cuándo jubilarse y que su pensión dependa de los montos y años de aporte. Proponen, en definitiva, libertad y responsabilidad, para terminar con la “estatolatría” donde el Dios Estado es el que ofrece empleo y garantiza seguridad social porque, de hecho, jamás ha garantizado otra cosa que pobreza. Repensar una Argentina donde este flagelo sea gradualmente erradicado a través del mercado, como viene ocurriendo en gran parte del mundo, incluidas China y la India (ver El Gran Escape de Angus Deaton). Donde la libertad de empresa y la iniciativa privada sean el motor del empleo genuino, de la innovación, de la creatividad y de las oportunidades para alcanzar una vida mejor. Donde la igualdad que importa es “ante la ley”.

En una Argentina donde la policía respalda a las mafias, los libertarios piden, siguiendo a James M. Buchanan, desconfiar de la política, lo que en definitiva es fundamento para un gobierno limitado.

¿No es esto una utopía? Una sociedad sin estado es irrealizable en esta Argentina, sin dudas. El libertario desde luego está dialogando en un “plano ideal” que a muchos les parecerá lejano. Está debatiendo para una sociedad futura, donde posiblemente la cultura anti-capitalista sea abandonada por otras creencias pro-mercado. Le preocupa entonces definir cuánto estado haría falta en ese estado ideal, y llega a la conclusión de que no sería necesario ninguno, ni siquiera en justicia o seguridad.

Pero al margen de ese debate puro, también hay un mensaje que puede ser útil para nuestra Argentina y que deberíamos escuchar.

¿Cuál es este mensaje? Que la Argentina presenta un gasto público desbordado que aunque se pudiera financiar cubre necesidades de gente que no necesita la ayuda estatal. El primer paso entonces es desmantelar ese Estado que ayuda al que no lo necesita. Que aquellos que pueden pagar educación o salud para sí y para sus familias, lo hagan. Que aquel que puede tener su propia pensión la tenga. Que aquel que puede pagar servicios públicos que cubran los costos lo haga. Que aquel que puede pagar el precio real del combustible lo pague también. De ese modo reducimos la mochila de impuestos, deuda e inflación que recae sobre las empresas y que evita que sean competitivas en un mundo abierto y globalizado. De ese modo habría empleos y mejores salarios reales para todos.

¿Y qué ocurre con los que no pueden pagar estas cosas? Para la educación y la salud existe la propuesta de vouchers de Milton Friedman. El libertario lo aceptará en la transición, aunque insistirá que ese dinero de los cupones sale del bolsillo del contribuyente y que sólo será temporal.

Para las pensiones se deberá crear un sistema privado de aporte voluntario, que no tiene relación con lo que hubo durante el menemismo, y ni siquiera con el sistema que hoy rige en Chile. El sistema libertario de pensiones no necesita que el gobierno autorice a ciertas empresas a operar, ni que fije comisiones, sino que simplemente se haga a un lado y permita la competencia. El mercado operará bien en su ausencia, como de hecho ocurre con la gran mayoría de bienes y servicios. Desde luego que para cubrir a los actuales pensionados se necesitarán pagar impuestos, pero debemos distinguir entre la solución al problema actual donde el Estado se consumió los ahorros de los actuales jubilados respecto del sistema previsional para el futuro.

Comparar al oficialismo con el mensaje libertario muestra lo moderado del gobierno de Mauricio Macri, que si bien en anuncios y conferencias promueve cierto relativo liberalismo, en la práctica encuentra inacción, quizás por los obstáculos que el libertario muchas veces pasa por alto.

Y aquí viene la pregunta: ¿Propone el libertario desmantelar hoy al Estado por completo? Habrá quien lo proponga, pero no es lo más usual. El libertario entiende que el Estado está sobredimensionado y sabe que corregir esto sólo puede redundar en mayor calidad de vida para todos. Sabe que en el plano político, la prioridad del gobierno es mantener el orden público, y que eso sólo se consigue atendiendo a lo que es políticamente viable en cada momento. Es por eso que la regla general que el gobierno debe seguir es bajar el gasto todo lo posible, mientras pueda mantener el orden público.

Y allí encontramos el gran dilema, ya que cierta mentalidad anti-capitalista impide avanzar en reformas profundas como las que el libertario propone. En este sentido, mientras el libertario busca abrir el debate en un plano teórico, también acepta en la política pública una transición ordenada que no deje a nadie sin sustento. En la búsqueda de ese camino está claro que ambos roles, el académico y el político, se deben retroalimentar.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Producir y exportar

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/1/18 en:https://www.libremercado.com/2018-01-14/carlos-rodriguez-braun-producir-y-exportar-84156/

 

Leí hace tiempo este titular en El Comercio de Gijón: “Francisco Rodríguez aboga por doblar la producción láctea para exportar”. Uno habría pensado que para exportar hay que producir de modo más competitivo, y no simplemente producir más.

Pero don Francisco, presidente de Industrias Lácteas Asturianas, tiene ideas llamativas. En efecto, asegura que para exportar no hay que ser más competitivo sino menos. De modo que si para producir más hay que ser más proteccionistas, “habrá que hacerlo, porque hay que proteger cualquier cosa que signifique trabajo”.

Esta confusión haría las delicias de Bastiat, que ironizó como nadie sobre ese tipo de falacias, hace más de siglo y medio. Se recordará su ironía sobre la conveniencia de prohibir a los franceses utilizar la mano derecha. En sus palabras:

Nadie puede dudar que cuanto más se trabaja, más riqueza se genera. Esta realidad se complementa con otra realidad, que es la de reconocer sin lugar a duda que cuantas más dificultades se tienen más se trabaja.

Es evidente que si sólo empleáramos una mano tendríamos que trabajar más, y don Francisco lo aprobaría porque según él “hay que proteger cualquier cosa que signifique trabajo”. La falacia del razonamiento está clara, porque confunde esfuerzo con productividad, que son dos cosas muy distintas.

El señor Rodríguez tiene razón en sus críticas a las políticas europeas, profundamente intervencionistas, pero la solución no debería ser aún más intervencionismo sino menos. Y cuando apunta que “hacen falta soluciones políticas tendentes al equilibrio social en el campo”, eso es precisamente lo que hacen las autoridades europeas que él tan acertadamente critica.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Tres simples principios de Comercio Internacional

Por Iván Carrino. Publicado el 14/1/18 en: http://www.ivancarrino.com/tres-simples-principios-de-comercio-internacional/

 

Un impuesto a la importación es un impuesto a la exportación, las empresas también son consumidores y los desequilibrios de cuenta corriente son el resultado de los flujos de capitales.

Douglas Irwin es profesor de Economía en Darmouth College, una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos. Su área principal de estudios es el comercio internacional, temática sobre la que publicó numerosos libros y trabajos académicos.

Todos los años, después de dictar 10 clases de un curso de Economía Internacional, Irwin busca resumirlo para que sus alumnos se lleven a sus casas al menos 3 principios simples de política comercial.

Así que dado que recientemente terminamos de dictar, junto con Marcos Hilding Ohlsson, nuestro curso de Economía Internacional en ESEADE, resumiré esos tres principios y los ilustraré con datos actualizados de Argentina para que estén disponibles al público local.

Los principios son los siguientes:

1)      Un impuesto a las importaciones es un impuesto a las exportaciones

2)      Las empresas también son consumidores

3)      Los desequilibrios comerciales dependen de los flujos de capitales

Analicemos uno por uno.

Un impuesto a las importaciones es un impuesto a las exportaciones

En el eterno debate proteccionismo versus libre comercio, la primera mirada suele argumentar que el mercado interno debe protegerse. El gobierno debe imponer aranceles u otras barreras burocráticas de manera de impedir el ingreso de productos importados. Eso les da espacio a los productores locales para crecer, fabricando lo que, de otra forma, se le compraría al extranjero.

El argumento proteccionista no tiene pocos detractores. Nada menos que Adam Smith y David Ricardo se opusieron a sus postulados, destacando los beneficios del intercambio.

Más recientemente, otro economista aportó un argumento crucial en el debate sobre los aranceles a la importación. El moldavo Abba Lerner, egresado de la London School of Economics, escribió un trabajo que tituló “The Symmetry between Import and Export Taxes”.

Allí argumentó que existía una simetría (que luego se conocería como Simetría de Lerner) entre gravar las importaciones y gravar las exportaciones. De acuerdo con Lerner, frenar las compras externas es, entonces, equivalente a detener las ventas al extranjero.

Irwin explica esto en sus principios, y sostiene que:

El motivo fundamental de esta verdad es que la exportaciones son la contracara de las importaciones. Las exportaciones son necesarias para generar ingresos que paguen por las importaciones.

(…)

A cierto nivel, la idea de que los impuestos a las importaciones reducirán las exportaciones es simple y directa: si los países extranjeros no pueden venderle bienes a nuestro país, por ejemplo, entonces no tendrán el dinero necesario para comprar bienes fabricados por nosotros.

Otra manera de ver esta relación estrecha entre importaciones y exportaciones es el tipo de cambio. Si, para proteger a los fabricantes locales impone el gobierno un arancel a la importación, entonces el mercado cambiario tendrá ahora una menor demanda para la moneda extranjera.

Dado que los locales no pueden comprar determinadas importaciones (o pueden comprar menos que antes producto del impuesto), entonces demandarán menos dólares, haciendo que el tipo de cambio baje. Ahora un tipo de cambio bajo afecta las exportaciones, ya que restan ingresos a ese sector, presionando la rentabilidad.

Lo inverso también es cierto. Asumiendo inflación cero, un aumento de las importaciones presiona al alza la demanda de dólares y también el tipo de cambio real, lo que estimula las exportaciones producto de la mayor rentabilidad exportadora.

Los datos avalan esta teoría. Si miramos los números que Irwin ofrece para los Estados Unidos (Figura 1, en su trabajo original), constatamos que las importaciones y las exportaciones se mueven de forma muy similar a lo largo de un muy extenso período histórico.

Sin sorpresas, en Argentina sucede lo mismo.

Gráfico 1. Importaciones y exportaciones en % del PBI.

irwin1

Fuente: Iván Carrino en base a OJF, INDEC y Banco Mundial.

En el gráfico de arriba se ve con claridad que las exportaciones y las importaciones están íntimamente ligadas  y que, cuanto mayor es el valor de las primeras, mayor es el valor de las segundas. Lo mismo sucede a la inversa: a menos importación menos exportación.

Exportaciones e importaciones son dos caras de la misma moneda. Castigar una implica necesariamente castigar a la otra, tal como explicó formalmente Abba Lerner en 1936.

Las empresas también son consumidores

Adam Smith sostenía que:

El consumo es el único fin de toda producción; y los intereses de los productores deben ser atendidos solo hasta el punto en que sea necesario para promover el de los consumidores (…) Pero en el sistema mercantilista, el interés del consumidor casi constantemente se ve sacrificado por el del productor, y parece que se considera a la producción, y no al consumo, como el fin último y objeto de toda industria y comercio.

Así, para el beneficio de los consumidores, el padre del Libre Comercio sostendría que lo que resulta sensato en el seno de la familia, difícilmente puede ser una tontería en el contexto de un Gran Reino. Se refería, por supuesto, a la “insensata” idea de cerrarse a las importaciones, ya  que en una familia uno no vería como una buena idea dejar de comprar en el supermercado para “producirlo uno mismo”.

El “argumento del costo para los consumidores” del proteccionismo, como lo llama Irwin, fue perfeccionándose con el correr de la historia y hoy se estudia en cualquier manual de Economía Internacional.

Sabemos que los impuestos a la importación encarecen los productos importados y también aquellos que son producidos localmente pero compiten con la importación, generando pérdidas para los consumidores que no son recuperadas ni por los productores ni por el gobierno que cobra dichos impuestos.

El arancel, como hemos visto en este curso, genera una  pérdida social neta, y perjudica a la economía porque el consumidor debe pagar más caro por el bien de lo que pagaría en otra circunstancia.

Ahora bien, si nadie cuestiona este hecho: ¿por qué es que todavía hay tantas tentaciones proteccionistas?

Para Irwin, el problema radica en que el argumento del costo para los consumidores no resulta del todo efectivo.

Es decir, no es que no sea cierto, pero a la hora del debate político, parece que no tiene la fuerza necesaria para imponerse.

De acuerdo con Irwin:

Los puestos de trabajo son vistos en la arena política como mucho más importantes que el bienestar de los consumidores. Si la cuestión se reduce a preservar algunos cientos de puestos de trabajo en alguna industria o a ahorrarle a los consumidores algunos cientos de dólares, la política de restricción de las importaciones se impondrá siempre.

A la luz de lo que sucede en la “industria” de Tierra del Fuego o en el sector textil o de electrodomésticos en Argentina, podemos verificar que algo de esto efectivamente existe.

El profesor de Darthmouth también llama la atención a un argumento muy escuchado por nuestros lares, que es que si la apertura comercial genera el desempleo que los proteccionistas dicen que generará, entonces los consumidores no tendrán ingresos, porque no tendrán trabajo, así que no habría ninguna mejora para ellos por los precios más bajos que podrían venir desde afuera.

En este contexto, la protección que encarece los bienes de consumo sería un “pequeño” precio a pagar por mantener los niveles de empleo.

El argumento es erróneo y está empíricamente demostrado que es así, pero Irwin propone evitar dicho debate y mejorar el argumento del costo para los consumidores, aumentándolo.

Así, a los efectos de reforzar el argumento en el debate político, a la cuestión del costo para los consumidores hay que añadirle una simple frase: que las empresas también son consumidoras.

¿Qué quiere decir esto? Que, dado que las empresas, que son las que contratan mano de obra, también son consumidores, una traba a la importación hace que éstas deban pagar costos más altos. Si deben pagar costos más altos, menor será su rentabilidad y, finalmente, menor su capacidad para contratar empleados.

O sea que una traba a la importación puede beneficiar a una industria particular que ahora tendrá menos competencia, pero no solo implicará un costo para los consumidores, sino también para otras industrias que utilizan los insumos importados. La consecuencia, entonces, es que la ganancia de empleo en una industria particular se dará a costa de la pérdida de empleo en otra industria específica.

Los datos de la realidad dan apoyo a esta teoría. En Estados Unidos, por ejemplo, más del 60% de las importaciones son bienes intermedios y materias primas que son insumos para la producción.

Cuadro 1. Importaciones por uso económico en Argentina.

Bienes de capital

Bienes intermedios

Combustibles y lubricantes

Piezas y accesorios para bienes de capital

Bienes de consumo

Vehículos automotores de pasajeros

Resto

1980′s

18,8%

42,7%

10,0%

16,7%

10,5%

1,0%

0,5%

1990′s

24,7%

33,3%

3,2%

17,0%

16,8%

4,8%

0,1%

2000′s

22,5%

35,8%

5,8%

17,5%

12,8%

5,4%

0,3%

2010-16

18,6%

28,9%

13,0%

20,7%

11,0%

7,5%

0,4%

 Fuente: Iván Carrino en base a INDEC

En Argentina se verifica la misma situación, incluso de manera más intensa. A lo largo de las últimas 3 décadas y media, las importaciones de bienes listos para el consumo oscilaron entre el 12% y el 22% del total de las compras al extranjero. Es decir que, del total de las importaciones argentinas, entre el 78% y 88% son insumos para producir, tales como bienes intermedios, combustibles o bienes de capital.

¿Qué ganamos restringiendo las importaciones? Que todo nuestro sistema productivo deba pagar más caro estos insumos y, por tanto, tenga menos recursos para invertir y producir en el país.

Finalmente, por proteger las fuentes de trabajo en un sector, la consecuencia no intencionada es una pérdida de fuentes de trabajo en otros sectores y el freno de la actividad productiva.

Como dice Irwin, al ver las importaciones no solo como bienes finales sino como insumos para la producción, los hacedores de política económica deberían poder reconocer más claramente que la cuestión ya no pasa tanto por “proteger puestos de trabajo” sino por los puestos que van a crearse en un sector contra los que se perderán en otro.

Y ahí el argumento de que la protección es un costo a pagar por el empleo se vuelve mucho menos claro.

Los desequilibrios comerciales dependen de los flujos de capitales

Recientemente, en la red social Twitter, el ex ministro de economía de Argentina, Axel Kicillof, se indignaba por un tema.

Al ver los recientemente publicados datos de la Balanza Comercial, y observar un déficit comercial en “¡RÉCORD HISTÓRICO!” (sic.), reflexionó:

El gobierno de Macri, además de detonar el mercado interno bajando jubilaciones y salarios y de seguir ahogando pymes y comercios con el tarifazo, destruye la balanza comercial con la apertura indiscriminada.

Curiosamente, en Estados Unidos sucede algo similar. Su saldo de Balanza Comercial es negativo hace décadas, motivo por el cual el gobierno recibía acusaciones, dado que –según  los críticos- no protege el mercado interno por su política demasiado aperturista. Obviamente, esto comenzó a cambiar a partir de la llegada de Trump, quien ha levantado la bandera de los proteccionistas.

Irwin aborda este tema y destaca las críticas al aperturismo norteamericano. Sin embargo, explica:

Estados Unidos tiene un mercado más abierto y puede que haya mercados extranjeros más cerrados, pero estos hechos no se manifiestan en la balanza comercial.

“¿Cómo puede ser?”, se preguntará alguno. Después de todo, si yo abro mis importaciones,  eso debería hacer que mi saldo de balanza comercial empeore, puesto que ahora exporto por el mismo valor pero importo por más que antes…

Ya vimos que esto no es tan así, ya que remover trabas a las importaciones equivale a promover las exportaciones por la Simetría de Lerner.

Entonces, ¿por qué existen los desequilibrios comerciales?

Yendo al contexto local, ¿por qué Argentina va camino a tener un déficit histórico de su cuenta corriente?

Para explicar el asunto Irwin empieza por referirse a la Balanza de Pagos. La Balanza de Pagos reúne todas las transacciones que tiene un país con el extranjero y está formada por dos grandes cuentas. Por un lado, la cuenta corriente. Por el otro, la cuenta capital y financiera.

La lección número uno de la Balanza de Pagos es que ésta siempre está en equilibrio. Es decir, la suma de ambas cuentas siempre da cero.

La cuenta corriente refleja el total del comercio de mercancías y servicios. La cuenta capital y financiera refleja todas las transacciones de activos entre países. Como explica el profesor, “dado que la Balanza de Pagos siempre balancea, un país que tiene un déficit de cuenta corriente, debe tener también un superávit en la cuenta capital”.

Es decir que si uno compra más mercancías de las que vende, entonces por otro lado estará vendiendo más activos de los que compra.

Un ejemplo con un individuo puede ayudar a entender. Si en un año dado, una persona gasta exactamente lo mismo que le ingresa, su “posición neta de activos” no se modificará. Sin embargo, es perfectamente posible que esa persona gaste en compras de bienes y servicios más de lo que ingresó por su trabajo.

¿Cómo haría esto?

De dos formas: o bien tomando deuda con el banco, o bien vendiendo los dólares que tenía debajo del colchón. Ambas maneras están reduciendo la posición neta de activos de la persona. Si se endeuda, su activo neto del pasivo es inferior (porque se incrementó su pasivo); si vende sus dólares, si bien su pasivo no se modifica, su activo cae.

Los países financian sus desequilibrios corrientes de la misma forma. Si existe un déficit de cuenta corriente, entonces la contrapartida será un superávit de la cuenta capital (el país está endeudándose con el mundo), o bien una caída de las reservas (el país está consumiéndose sus ahorros). Al contrario, si el país tiene un superávit de cuenta corriente, entonces la contrapartida será un déficit de la cuenta capital y financiera (aumenta la posición neta de activos).

En economía internacional sabemos que las exportaciones menos las importaciones son iguales al ahorro menos la inversión (X – M = S – I). Es decir que un déficit en la cuenta corriente responde a que el país invierte más de lo que ahorra.

A priori, esto no tiene nada de malo. De hecho, contiene un elemento positivo: si el país tuviese que vivir solo de su ahorro interno, no podría emprender todas las inversiones que está emprendiendo hoy.

Ahora una poderosa implicancia de esta equivalencia es que si un país desea reducir su déficit de cuenta corriente, deberá reducir su inversión o aumentar el ahorro interno. Y -a menos que la política comercial pueda afectar estas variables (difícil)- entonces no será efectiva para equilibrar la balanza. Es decir,  cerrar la economía no mejorará la cuenta corriente.

Para Irwin:

Este es el motivo por el que una simple observación nos muestra que algunos países abiertos al comercio tienen superávits de cuenta corriente, mientras que otros países, más cerrados, presentan déficits. Esos desequilibrios tienen todo que ver con los flujos de crédito internacional y casi nada que ver con la política comercial.

Lo que se plantea es totalmente compatible con los datos empíricos. Con 81 puntos sobre 100, Australia ocupa el 5to puesto del mundo en el Índice de Libertad Económica que elabora la Fundación Heritage de los Estados Unidos. En cuanto a su libertad para el comercio internacional, el país tiene un puntaje de 86,2; quedando también como una de las economías más abiertas del planeta.

Gráfico 2. Cuenta Corriente y Capital en Australia (1959-2016).

irwin2

Fuente: Iván Carrino en base a Australian Bureau of Statistics.

De los datos de su Balanza de Pagos también se extrae que este país tiene un déficit comercial de proporciones, llegando a los AUSD 78.000 millones en 2014. Es decir que es una economía totalmente abierta y con déficit comercial.

“¡Eureka!”, dirán algunos, “¡El déficit refleja la apertura al comercio de Australia!”. Pero lo cierto es que no es así, sino que refleja el enorme ingreso de capitales que dicho país recibe anualmente.

Es que si bien Australia tiene un importante déficit de cuenta corriente, el superávit en la cuenta capital y financiera es igual de importante. De hecho, una cuenta es la casi perfecta contracara de la otra, tal como explica la teoría.

Otro dato importante es que en los últimos 25 años Australia ha crecido ininterrumpidamente, creando empleo de calidad, aumentando los salarios de sus ciudadanos y también su ingreso per cápita. Todo esto en paralelo con un “deterioro” de la cuenta corriente.

¡Viva el deterioro!

Argentina guarda alguna similitud con el caso australiano. Como se observa en el gráfico siguiente, la relación entre el saldo de la cuenta corriente y el de las cuentas capital y financiera es inversa.

Gráfico 3. Cuenta Corriente y Capital en Argentina (1994-2016).

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Fuente: Iván Carrino en base a INDEC.

Durante la década del ’90, el déficit de la cuenta corriente fue casi totalmente compensado por el superávit de la cuenta financiera, siendo la diferencia la acumulación de reservas. Durante los primeros años del kirchnerismo y hasta el año 2011, la balanza por cuenta corriente fue positiva, mientras del país se fugaban capitales, resultando en un déficit de la cuenta capital y financiera (los superávit de cuenta corriente no compensados por déficits de cuenta capital fueron años de acumulación de reservas).

Por último, desde 2011 que el deterioro de la cuenta corriente es financiado con el superávit de la cuenta capital y financiera.

Ahora bien, ¿a qué se debe el fuerte deterioro de los últimos años? Irwin también puede ofrecer una respuesta:

Un gobierno que se endeuda para cubrir el déficit fiscal puede ser una de las fuentes de absorción más fuertes del ahorro nacional y, por tanto, puede llevar a un déficit externo. Uno de los motivos del gran déficit de cuenta corriente de los Estados Unidos a principios de la década del ’80 fue el rápido incremento del déficit fiscal. La lección es que una reducción del desequilibrio de las cuentas públicas puede revertir el desequilibrio comercial de una nación.

Los datos para Argentina son contundentes en este sentido. El resultado de la cuenta corriente siempre ha sido la contracara del resultado fiscal.

Gráfico 5. Resultado Fiscal y de Cuenta Corriente en % del PBI (1976-2016).

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Fuente: Iván Carrino en base a Banco Mundial.

Es decir, que el principal sospechoso detrás del déficit comercial de los últimos dos años en Argentina no es la política comercial aperturista (que no existe prácticamente), sino el desequilibrio fiscal, como siempre ha sido en la historia. Esto deja en offside, por supuesto, a quienes dicen que preocuparse por el déficit fiscal es secundario, y que la principal preocupación debería ser el déficit externo.

El segundo es resultado del primero: el elevado desequilibrio fiscal se consume el ahorro interno y genera ingreso de capitales del exterior (reduciendo la posición neta de activos), que terminan siendo consumo de importaciones que exceden a las exportaciones.

Conclusión

El profesor Irwin resumió en el trabajo reseñado aquí siglos de historia del pensamiento sobre la economía internacional. Además, nos ofreció tres poderosos argumentos para defender un comercio libre entre los países. Por último, se observa que los datos para Argentina son totalmente compatibles con los postulados del profesor de Darmouth.

No debemos gravar las importaciones, porque eso equivale a gravar las exportaciones.

No debemos restringir las compras externas con el argumento de defender el trabajo local, porque lo único que eso genera es la protección de unos puestos a costa de otros.

Por último, no se debe cerrar la economía para evitar desbalances comerciales, sino recibir de buena manera el ingreso de capitales del extranjero, o bien, si el origen del desequilibrio es fiscal, ir a tocar las puertas del Ministerio de Hacienda.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Mi deuda con Juan Carlos Cachanosky (1953-2015)

Por Adrián Ravier.  Publicado el 3/1/18 en: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/mi-deuda-con-juan-carlos-cachanosky-1953-2015

 

Fue en 1999. Tenía 20 años. Estaba en la fotocopiadora de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Vi a un costado un diario blanco y negro titulado Atlas del Sud, editado entonces por la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, de la cual Gabriel Salvia era su director ejecutivo. En la contratapa se destacaba un seminario intensivo sobre la Escuela Austriaca de Economía, que se dictaría el sábado siguiente en ESEADE, y su disertante era Juan Carlos Cachanosky. Me llevé el diario y convencí a algunos compañeros de la Facultad para que me acompañaran. Aquel fue mi primer encuentro con quien fue un gran amigo y un gran maestro en estas ideas y en esta tradición de pensamiento. También fue entonces la primera vez que pisé ESEADE, donde aproveché para pedir folletos sobre las distintas maestrías que se ofrecían, más allá de que todavía tenía tres años de licenciatura por delante. Fue tal el impacto de aquel seminario que desde ese día mantuve un deseo constante por llevar adelante estudios de posgrado en esa casa de estudios, lo que finalmente pude hacer gracias a una beca que me ofreció Martín Krause, el entonces rector de la institución.

En 2003 Juan Carlos Cachanosky fue mi profesor de Historia Crítica del Pensamiento Económico. El curso fue fascinante porque nos llevó de forma intensiva desde la Antigua Grecia hasta la actualidad, citando con mente abierta y espíritu crítico a Aristóteles, Santo Tomás, diversos autores de la escolástica, el mercantilismo, los fisiócratas, el gran Adam Smith y el pensamiento clásico, Marx y el socialismo utópico y científico, el marginalismo, Menger y la Escuela Austriaca, Marshall y la economía matemática, Keynes y el keynesianismo, Milton Friedman y la Escuela de Chicago, entre otros. Es el día de hoy que comienzo mis cursos con una síntesis de aquella materia, para que el alumno tenga una foto de la evolución del pensamiento económico, antes de introducirnos en forma sistematizada en la ciencia económica.

La bibliografía de esa materia era extensa, con varios artículos escritos por él mismo, publicados en Libertas, la revista académica de ESEADE. Juan Carlos se había integrado al Departamento de Investigaciones de esta institución apenas se conformó, con Ezequiel Gallo como su director. Libertascomenzó a publicarse a partir de 1984, y ya en el primer número se puede encontrar un artículo sobre “La Escuela Austriaca de Economía” de su autoría. En las memorias que escribió Alberto Benegas Lynch (h) se resumen estos hechos.

Juan Carlos completó una licenciatura en Economía en la UCA, en Buenos Aires, y luego viajó a Estados Unidos, donde se doctoró también en Economía con Hans Sennholz como tutor. En la entrevista que tuve la fortuna de hacerle para repasar su vida comentó que Sennholz se resistió bastante al comienzo a dirigir su trabajo de tesis, pero luego cedió, cuando Juan Carlos planteó como tema algunas críticas a la economía matemática.

Al principio Sennholz estuvo muy duro para aceptarme, pero cuando le propuse el tema del uso de las matemáticas en economía accedió inmediatamente. Cuando terminé la defensa me dijo que este era un tema sobre el que Mises le había pedido que escribiera pero que, como no había tenido tiempo, se sentía en falta con su maestro. Cuando le propuse el tema entonces sintió que era una manera de cumplir con su promesa a Mises.

Lo cierto es que hoy hay en la profesión una fuerte tendencia heterodoxa contra la economía matemática, pero en 1985 sus observaciones tenían mucha mayor resistencia, al margen de que aún los críticos no han llegado lo suficientemente lejos. “La ciencia económica y la economía matemática”, Parte I y Parte II merece ser publicado como libro y estudiado por toda la profesión.

Juan Carlos fue un economista completo. Experto en historia del pensamiento económico y metodología, pero muy profundo también en cuestiones micro y macroeconómicas o en teoría monetaria. Quizás por su afán en la historia del pensamiento económico siempre prefería y recomendaba ir a las fuentes. “No lean bibliografía secundaria sobre Adam Smith. Lean la fuente primaria”, era su primera sugerencia a los jóvenes investigadores. Los clásicos por algo son clásicos. Cuando le preguntaba, por ejemplo, sobre su opinión acerca del famoso debate entre la banca libre con reservas fraccionarias o banca libre con encaje 100 %, siempre prefería referenciar los argumentos de Rothbard, y nunca a sus seguidores modernos.

Sus investigaciones por supuesto se extendieron también a otros temas, como resumió recientemente Martín Krause en sus propias memorias.

Después de ESEADE, Juan Carlos se convirtió en decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Pasaba seis meses allí y seis meses en Argentina, donde también expandía las actividades de formación corporativa hacia América Latina y el mundo.

Fue en 2007 cuando recibí por primera vez una invitación para dictar un curso de maestría presencial en la web. Al completarlo, Juan Carlos me preguntó si me había sentido cómodo, como para saber si podía contar conmigo en posteriores ocasiones. Mi respuesta fue afirmativa y, a partir de allí, fui sumando cursos diversos e incrementando mi relación profesional y personal con él.

En ese entonces, y mientras completaba mi doctorado, ya había decidido mi vocación por la academia, pero Juan Carlos tuvo mucho que ver en facilitar ese proceso. Tras dos años en el Departamento de Investigaciones de ESEADE y tres años en la Fundación Hayek, un cambio en la dirección de esta última institución me llevó a hablar con Juan Carlos sobre la posibilidad de trabajar en sus proyectos. Pasó menos de un mes hasta que recibí una llamada suya, junto a Giancarlo Ibargüen, rector de la UFM, para invitarme a instalarme en Guatemala como profesor e investigador a tiempo completo. Mi segundo hijo acababa de nacer, y con mi esposa preferíamos vivir en Argentina. Juan Carlos abrió entonces un plan B, invitándome a dictar cursos virtuales, y viajar a Guatemala dos veces al año. Esa alternativa fue, de hecho, la que me llevó a trasladarme con mi esposa a La Pampa, de donde ella es originaria, ya que mi trabajo sería on line, y cada tanto debía viajar, dejando a mi familia en compañía de los suyos.

Desde ese momento trabajar con Juan Carlos fue un placer extraordinario. De las lecciones en economía que aprendí en el aula en ESEADE, pasé a aprender lecciones en otros ámbitos, desde los negocios hasta la vida misma. Juan Carlos jamás hablaba de firmar contratos. Le bastaba la palabra. Trabajaba 24 horas al día, viajando por el mundo para conseguir acuerdos con importantes universidades a las que representar con diversos programas en América Latina. Periódicamente convocaba a sus profesores a una reunión virtual, donde nos comentaba sobre las novedades, siempre con el mejor humor y un optimismo infinito. Nunca faltaba la mención de Boca Junios, su “pequeño” equipo del que fue hincha, aunque no fanático. Y al menos conmigo, nunca faltaba la discusión acerca de Richard Cantillón y Adam Smith, enfatizando la figura de este último por sobre la del primero, a quien yo considero el verdadero padre de la economía

Al dejar Juan Carlos la dirección de la Escuela de Negocios de la UFM, recuperó tiempo para impulsar otros proyectos como formación corporativa, programas de maestría y doctorado con universidades de Suiza, Escocia y España, entre los más importantes.

Los alumnos de Juan Carlos y formación corporativa se extendieron entonces por el mundo, llevando aquellas ideas que aprendió desde joven hacia destinos múltiples y diversos.

Juan Carlos fue un gran economista, quizás el mejor de los que he conocido. Pero también fue un empresario de las ideas, quien encontró en la educación virtual la forma de sortear las barreras que los ministerios de Educación imponen a un desarrollo natural y competitivo del mercado educativo universitario y, especialmente, de posgrado. Habría que ver si OMMA no es en definitiva un derivado de sus tempranas iniciativas, sin desmerecer el esfuerzo de Gabriel Calzada y todo su equipo.

Se han cumplido ya dos años de su desaparición física, pero el recuerdo permanece en todos los que lo conocimos y cotidianamente en las redes, cuando sus lectores referencian su extraordinario trabajo.

 

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.