Category Archives: Ecología

DECÁLOGO DEL ANTI-LIBERAL MILITANTE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 7/5/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/05/decalogo-del-anti-liberal-militante.html

 

  1. El liberal es una persona detestable que sólo defiende los intereses del capital. Por ende defiende al capitalismo despreocupándose totalmente de los pobres, los excluidos y los explotados por el sistema.
  1. Por ende al liberal no le interesa la ecología, la protección del medio ambiente, ni los derechos de los pueblos originarios ni los reclamos de las diversas minorías explotadas por el sistema.
  1. El liberal es un violento que defiende las dictaduras que imponen al capitalismo y violan los derechos humanos.
  1. Por lo tanto, un liberal que sea una buena persona es algo imposible. La única opción que queda es que sea un tonto, un pobre imbécil.
  1. El liberal es realmente aliado de los intereses corporativos que explotan a los pueblos. Por ende al liberal le conviene negar las reales conspiraciones del capitalismo internacional, que además son las que le pagan por su detestable existencia.
  1. Por ende toda honestidad intelectual es imposible en un liberal.
  1. Si el liberal dice que le interesa la ecología, el medio ambiente, la pobreza, miente.
  1. Al liberal no le interesa la real libertad de expresión. Sólo le preocupa que los medios concentrados alienen y confundan a los pueblos.
  1. Si un liberal gana las elecciones, es que ha engañado y alienado al pueblo. Si las pierde, es que el pueblo tuvo conciencia de clase y rechazó su detestable prédica materialista.

 

  1. No puede haber amistad con un liberal. Dados los nueve puntos anteriores, es imposible.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Optimismo y noticias que no se comentan: el capitalismo derrotó el pesimismo Malthusiano y las hambrunas

Por Martín Krause. Publicada el 23/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-noticias-no-se-comentan-capitalismo-derroto-pesimismo-malthusiano-las-hambrunas/

 

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“Cosechas fracasadas no eran poco comunes en Suecia. Una sola hambruna, entre 1695 y 1697, causó la muerte de una en quince personas, y hay referencias a canibalismo en los relatos orales. Sin maquinarias, almacenaje frío, irrigación o fertilizante artificial, los fracasos de cosechas eran siempre una amenaza, y en ausencia de comunicaciones modernas y transporte, una cosecha fallida a menuda significaba hambruna”.

“Las hambrunas eran universales, un fenómeno regular, que sucedía tan regularmente en Europa que se había incorporado en el régimen biológico del ser humano y formaba parte de su vida diaria, según el historiador francés Fernand Braudel. Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió 26 hambrunas nacionales en el siglo XI, dos en el XII, cuatro en el XIV, siete en el XV, trece en el XVI, once en el XVII y dieciséis en el XVIII. En cada siglo hubo también cientos de hambrunas locales”

Por eso Malthus decía:

“El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para producir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura debe de alguna forma visitar a la naturaleza humana. Los vicios de la humanidad [infanticidio, aborto, contracepción] son activos y eficientes instrumentos de la despoblación. Son los grandes precursores en el gran ejército de la destrucción, y a menudo completan el trabajo ellos mismos. Pero si fracasaran en esta guerra de exterminio, pestes, epidemias, pestilencias, y plagas, avanzas en terrífica amplitud, y barre de a miles o decenas de miles. Y si el éxito fuera aún incompleto la inevitable hambruna gigante aparece por detrás, y con un gran y poderoso golpe, nivela a la población con los alimentos del mundo”.

Malthus describía acertadamente la situación de la humanidad. Pero subestimó su capacidad para innovar, para resolver problemas y cambiar sus usos cuando las ideas del Iluminismo y las mayores libertades le dieron una oportunidad a la gente de hacerlo. A medida que los campesinos obtuvieron derechos de propiedad, tuvieron un incentivo para producir más. A medida que se abrieron las fronteras al comercio internacional, las regiones comenzaron a especializarse en el tipo de producción apropiado para aprovechar esas oportunidades. Aun cuando la población crecía rápidamente, la oferta de alimentos crecía más rápido. El consumo per cápita en Francia e Inglaterra aumentó de alrededor de 1700-2200 calorías a mediados del siglo XVIII a 2500-2800 en 1850. Las hambrunas comenzaron a desaparecer. Suecia fue declarada libre del hambre crónica a comienzos del siglo XX.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La industria manufacturera norteamericana ya ha reaccionado, no necesita el proteccionismo de Donald Trump

Por Martín Krause. Publicada el 28/1/17 en: http://bazar.ufm.edu/la-industria-manufacturera-norteamericana-ya-ha-reaccionado-no-necesita-proteccionismo-donald-trump/

 

Con la llegada de Donald Trump, políticos populistas de toda la región han encontrado un nuevo punto de apoyo para sus ideas, que ya no serían estupideces tercermundistas sino que son corroboradas por el centro del poder mundial, y además de la mano de un empresario.

Los empresarios, como Trump, tienden a pensar en los países como si fueran empresas, entonces les encanta eso de delinear una “estrategia” para el país, una que defina hacía dónde tiene que ir. En este sentido, muchos empresarios argentinos ven ahora con beneplácito que se ponga de moda la idea de que proteger a ciertos sectores sea parte de una estrategia “nacional”. Los argumentos pueden ser más directos o más sofisticados, pero sus fundamentos son débiles, sino erróneos.

Tomemos el caso de una columna titulada “La industria manufacturera se perfila como la garante del empleo”, publicada en La Nación (http://www.lanacion.com.ar/1979712-la-industria-manufacturera-se-perfila-como-la-garante-del-empleo) , autoría de Teddy Karagozian, presidente de TN&Platex. El artículo comienza con una frase poco feliz, será una metáfora: “el mundo está en guerra por los mercados de trabajo”. Como parte de esto, el fenómeno de Trump sería el inicio de la reversión del proceso de deslocalización de puestos de trabajo que se generara como resultado de lo que ahora llamamos ‘globalización’.

Comenta el autor: “Sobre estos fenómenos se fundamenta la decisión del gobierno de Trump para que la manufactura vuelva al territorio estadounidense pues, en algún lugar, deben fabricarse los bienes analógicos, los televisores, las computadoras, las prendas, los autos y todos estos bienes no pueden ser reemplazados por electrones ya que son bienes corpóreos, físicos. Es cierto que se harán con menos personal, pero seguirán requiriendo mucho trabajo humano para su elaboración.”

Ahora bien, ¿se justifica la política proteccionista de Trump ante tal escenario? Según el artículo, supuestamente sí. Pero, en verdad, el mismo artículo contiene la respuesta contraria:

“La realidad es que Estados Unidos en los años 70, luego de la crisis del petróleo, decidió tercerizar la producción de bienes porque no tenía energía suficiente como para consumir y producir, y era prisionero de los países árabes. Al tiempo, comenzaban los primeros indicios de protección ambiental; no existía el uso de energías alternativas al nivel de hoy y el costo del capital era muy alto. Tampoco el mundo estaba saturado de dólares.

Hoy son autosuficientes en energía, la tecnología robótica permite una alta productividad del personal, el costo del dinero es y va a seguir siendo bajo y los costos de distribución han bajado de modo significativo. Además, existe la tecnología para contaminar menos y el just in time (hoy “Revolución industrial 4.0”) requiere stocks de intervención bajos y cercanos al consumidor para que los cambios de diseño sean cada vez mas rápidos en un mercado que pide novedades inmediatas.”

Este segundo párrafo nos indica que la economía norteamericana ya habría realizado los cambios necesarios para volver a ser competitiva a nivel mundial. De hecho, un informe de Boston Consulting Group: “The shifting economics of global manufacturing”, (https://www.bcgperspectives.com/content/articles/lean_manufacturing_globalization_shifting_economics_global_manufacturing/) muestra que, tomando en cuenta la productividad, los costos industriales en los Estados Unidos no están tan lejos de los de China.

Entonces, ¿para qué sirven las políticas proteccionistas de Trump? Pues para debilitar la presión competitiva que hizo que se produjeran estos cambios en primer lugar. Desde ya que el proteccionismo perjudica a los consumidores, pero, por más que parezca un beneficio inmediato para los productores, a la larga, y como tenemos ya mucha experiencia por estas regiones, los vuelve menos eficientes y menos competitivos. Todos pierden.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

¿El principio del fin?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/12/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-principio-del-fin-1052897

 

Algunos latinoamericanos vienen inclinándose por el libre comercio y la apertura (México, Chile, Perú y Colombia, etc.) aunque muchas veces, como el caso de Argentina, sean solo bonitos discursos, mientras EE.UU. que siempre lo pregonó parece haber caído en la “trumpa”. El primer error de Trump, fue nombrar para la transición en el Tesoro a un defensor del embargo a Cuba, que no es otra cosa que prohibirles -coartar la libertad- a los americanos, el comercio con la isla. El presidente electo de EE.UU. hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EE.UU. y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que tiene 50% de aprobación gracias a su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4.2% este año- insinuó que si EE.UU. se retira podría ser reemplazado por China que adquiriría mayor peso global. Si sumamos que algunos empiezan a ver a Alemania como el líder global de la libertad -en contraposición a las políticas de Trump- y como todo lo que sube cae, quizás sea este el principio del retraso de EE.UU. como líder global.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al “fracking” y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Independientemente de si las regulaciones tienen buenas intenciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, violencia estatal) como se solucionan las cosas.

Ahora, en cuanto a la expectativa de crear empleo a partir de la eliminación de restricciones a la producción de carbón, vale recordar que a mediados de los 80 este sector empleaba a 250,000 trabajadores y hoy solo a 50,000 y, con la explosión del “fracking” que ha abaratado al gas, su cuota en la provisión energética ha caído del 21% al 16%. La política de Trump es contradictoria, porque no se puede fomentar el gas natural y el carbón al mismo tiempo.

El posible aumento del gasto militar, las restricciones a la entrada de trabajadores, y la prohibición a altos cargos de ejercer de “lobbyistas” en los 5 años posteriores a su salida del Ejecutivo son buenas noticias.

Así las cosas, el casi utópico referéndum de independencia (Calexit) de una California dominada por los demócratas, previsto para el 13 de marzo de 2019, podría tomar color dada la oposición que Trump genera. Esta California, la sexta economía del mundo, que -junto con otros tres Estados- acaba de aprobar el uso recreativo de la marihuana, el paso hacia la legalización del cannabis. Claramente estas drogas son muy dañinas, pero su prohibición -la represión violenta- solo conduce a más violencia, a esta atroz guerra contra las drogas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Economistas pioneros del progresismo dudoso

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/12/16 en:  http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/economistas-pioneros-del-progresismo-dudoso-y-ii/

 

Thomas C. Leonard, en su reciente libro Illiberal Reformers, explica que los primeros economistas progresistas estadounidenses eran antiliberales partidarios de un amplio Estado que regulara la vida de sus súbditos, por su bien.

De ahí el éxito de F.W.Taylor y su “administración científica”, de la que Thorstein Veblen era entusiasta: se trataba de que los expertos ingenieros manejaran las empresas, y también el Estado, pero no los propietarios. Pocos defendían el liberalismo y el individualismo. Esto preparó el New Deal, pero sucedió décadas antes.

En su ansia por organizar la vida social, incluían la economía, pero iban más allá. Aunque se critica el darwinismo social, hubo darwinismo entre los progresistas, como Veblen o Dewey. No creían en la selección natural pero sí en la artificial, y hablaban con naturalidad de seleccionar científicamente a los mejores entre los humanos, igual que se hace con los animales. Charles van Hise, presidente de la Universidad de Wisconsin, declaró: “sabemos lo suficiente sobre la eugenesia como para que, si ese conocimiento fuera aplicado, las clases defectuosas podrían desaparecer en una generación”. Y más de treinta estados impusieron la esterilización obligatoria desde 1907.

Irving Fisher recomendó la mejora hereditaria mediante la prohibición del alcohol, de los inmigrantes y la segregación o esterilización de los unfit. Leonard subraya que en los países católicos estas ideas tuvieron menos éxito, pero la lista de intelectuales anglosajones favorables a la eugenesia es notable: F. Scott Fitzgerald, Jack London, Eugene O’Neill, Virginia Woolf, T.S. Eliot, D. H. Lawrence, Bernard Shaw, Harold Laski, Beatrice y Sidney Webb, El famoso juez Holmes, el gran amigo de los impuestos, dijo: “tres generaciones de imbéciles ya es suficiente”. El biólogo Hermann Mueller, premio Nobel, afirmó que como el capitalismo premiaba con riqueza a los no aptos, era necesario el socialismo para distinguir científicamente a los aptos y los no aptos.

Otra variante de la eugenesia fue la ecología, inquietud que despuntó entonces con la idea de mejorar la naturaleza e impedir la extinción de especies animales, reorganizando todo racionalmente con la intervención del Estado que era, como dijo el famoso economista Richard Ely, “una persona moral”.

En su racismo, se oponían a la libertad de inmigración, y los economistas de la American Economic Association apoyaron la subida del salario mínimo para impedir que los inmigrantes pobres compitieran con los trabajadores locales: al menos no eran buenistas como los que vinieron después, y reconocían abiertamente que el salario mínimo más alto dificultaba el empleo de los más pobres. En la misma línea propusieron medidas de apoyo a las mujeres, que reconocían que dificultaban su contratación y promoción en pie de igualdad con los hombres.

Estas ideas y otras análogas sentaron las bases del progresista Estado de bienestar, siempre sobre la base “científica” de que lo que la gente hace libremente está mal y debe ser corregido por los sabios de arriba, que sí saben lo que conviene al pueblo llano.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

SOBRE EL TRIUNFO DE TRUMP.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 13/11/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/11/sobre-el-triunfo-de-trump.html

 

Si han leído mi entrada anterior a las elecciones(1), podrán advertir que ni Trump, ni Hilary, ni Johnson, eran mis opciones. En realidad con esa entrada podría considerar el asunto por concluido. Pero ante los cosas que se están diciendo y las reacciones que ha producido el triunfo de Trump, consideré prudente agregar algo más de confusión al asunto J. 🙂

  1. ¿Por qué ganó Trump?

En primer lugar, por la falta de liderazgo de los propios republicanos. No tuvieron alguien que supiera combinar la espontaneidad de Trump con posturas y una historia personal más seria y menos caricaturezca. Cualquiera que haya visto los debates republicanos se podía dar cuenta que una Carly Fiorina, un Cruz, un Rubio o un Rand Paul eran candidatos ideológicamente más sólidos y personalmente más presentables. Pero su estilo –igual que los demócratas- es ese estilo que, para que me entiendan bien los libertarios y liberales clásicos, podríamos llamar “racionalismo constructivista en política”. Una excesiva profesionalización y planificación de cada discurso, gesto, actitud, que lleva a la inautenticidad y a la falta de espontaneidad. O sea, un liderazgo inauténtico como la existencia inauténtica de Heidegger. Hay un electorado que está demandando un mayor orden espontáneo –orden, no caos- ese orden que espontáneamente surge, sin tanta planificación, cuando hay un ser-sí-mismo muy profundo y un apasionamiento del corazón que se traduce en el discurso. Lo que tuvieron un Reagan, un Kennedy, un Mandela o un Gandhi. No es que ahora no lo tengan porque son figuras casi imposibles de encontrar. En parte no lo tienen porque confían en ese racionalismo constructivista político aunque lean a Hayek y a su orden espontáneo. Trump jugó el papel de la espontaneidad, dio al electorado lo que muchos deseaban: alguien que, precisamente, no fuera ese político profesional que tanto los decepcionó.

Claro, ojalá no hubiera sido despectivo con las mujeres, casi racista con los mejicanos, grosero con McCain, con periodistas y hasta con bebés. Pero la gente está –y no sólo en los EEUU- muy asustada, y el miedo produce a Hobbes. Y los intelectualoides demócratas y europeos no parecen estar dando frente a ISIS “y el desconocido” las respuestas necesarias. EEUU se forjó precisamente de inmigrantes que huían de tiranías, diferentes pero iguales en su búsqueda de la libertad. Pero los tiempos han cambiado y luego de la 2da guerra los líderes liberales clásicos y libertarios no han sabido educar al votante en una fórmula que una, nuevamente, el espíritu inmigratorio y pacífico con una sólida defensa en política exterior. Por ende, muchos callaron pero decidieron perdonarle a Trump sus excentricidades políticamente incorrectas y secretamente decidieron votarlo, con sistemas de comunicación que aún no han comprendido los analistas y encuestadores tradicionales: con redes informales que van más allá del llamado “dato” que, por lo demás, nunca existió.

Por lo demás, los republicanos no supieron explicar al votante los beneficios del libre mercado, de las fronteras abiertas, para el aumento del empleo a nivel local. No supieron tampoco educar ese miedo ni se atrevieron a presentar francamente –con ese nuevo liderazgo que no tenían- la eliminación del welfare state. Trump, que no entiende mucho de economía, afirmó una relación inversa entre empleo local e inmigración que muchos soñaban escuchar, encerrados en la misma confusión de Trump. No sé si el muro –que por lo demás ya existe, se llama aduana, se llama visado, etc– se llegará a construir o no, pero allí también Trump apeló al inconfesable miedo al extranjero y obtuvo su masiva cantidad de votos inconfesables. Y, de vuelta, le perdonaron sus rarezas y lo votaron. Dejando de lado a todos los que verdaderamente siempre fueron medio misóginos y racistas y lo votaron felices.

Por otra parte, los que critican a Trump por el muro, ¿qué autoridad moral tienen? ¿Acaso no están de acuerdo con pasaportes, visas, aduanas y controles para sus propios países? ¿Qué, todo ello no es un muro porque NO sea una pared de cemento? Sólo los liberales clásicos, que hemos sido ridiculizados por nuestras propuestas de eliminación de fronteras, tenemos la autoridad moral para estar en desacuerdo con Trump. Qué graciosos, especialmente, los estatistas argentinos, tan “anti-muros”, ahora…………….

Tres, Trump ganó porque Hilary es un desastre. Jamás hubiera sucedido esto con un Obama II que, obviamente, no existió. Hilary –no juzgo su conciencia- tiene (no digo “es”) niveles de corrupción espantosos para el electorado norteamericano. Los chanchullos de la Fundación Clinton son infinitos. Por lo demás, su política exterior fue muy equivocada. No identificaron bien al terrorismo islámico, dejaron solo a Irak, comenzaron a pelearse con el genio hobbesiano –dije hobbesiano- de Putin y prácticamente ella y Obama dejaron morir de la peor forma al embajador norteamericano en Libia. Hilary es antipática, no conecta con el electorado, sus sonrisas son más dibujadas que las de Jack Nicholson en Batman y representó por ende ese político ultra-profesional que muchos demócratas también estaban cansados de ver, o estaban muy acostumbrados al charming de Obama.

  1. Las reacciones ante el triunfo de Trump.

Pero lo más interesante es la histeria de la izquierda mundial ante lo que para ellos simboliza Trump, que raya en el paroxismo, en el ataque psicótico de explosión de todos sus más profundos prejuicios, en sus más profundas iras autoritarias y en sus más bochornosas hipocresías y dobles estándares.

Lo más tragicómico es: ¿pero quién miércoles se creían que era Hilary Clinton? ¿La hija de Gandhi y la Madre Teresa? La calma que todos tenían ante un eventual triunfo de Hilary represente la confusión ideológica mundial. ¿Qué es lo que tenía a todos tan tranquilos? ¿Su mayor intervencionismo económico, que iba a acelerar la baja en la productividad norteamericana? ¿Sus mayores impuestos, que por supuesto iba a afectar a los más carenciados? ¿Su mayor gasto público, que iba a llevar la deuda pública de EEUU hasta el paroxismo y a lo que mejor no quiero ni explicar? ¿Su persecución enfermiza a los católicos y a su libertad religiosa? ¿Su alianza total y completa con Planned Parenthood, su abortismo cruel, capaz de matar a un niño completo si era necesario? ¿Ante eso estaban todos tan tranquilos? La pura verdad es que si: como una ideología propagandística y una cruel espiral del silencio, todo ello se ha impuesto como lo políticamente correcto y el paraíso en la Tierra. Mayores controles, mayor gasto, más estado, más impuestos, menor libertad religiosa, aborto para todos, salud reproductiva e ideología del género para todos y obligatoria, nazifeminismo inquisitorial, homosexualismo inquisitorial, ecologismo unido a estatismo, y todos felices y contentos. ¡Felicitaciones mundo entero! Con razón no iba a haber marchas anti-Clinton, con razón todos los tiranuelos y todas las izquierdas europeas se iban a levantar el Miércoles tan relejados.

Por lo demás, muy interesante escuchar el latiguillo de la dialéctica de los brutos pro-Trump y los ilustrados pro-Hilary. Conozco perfectamente el mundillo intelectual de la izquierda. Leen a Marx, a Hegel, a la Escuela de Frankfurt, a los postmodernos, a Keynes, a John Rawls. Si, son muy cultos, leen todos esos autores, en su lengua original si es necesario, mientras asisten a la Opera y van a las librerías en el New York de Manhatan. Pero, ¿de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma? ¿De qué te sirven tantas letras si luego conduces al mundo al infierno? No quiero nombrar a grandes filósofos cuyas posiciones políticas eran peores que las del mismo Maduro –sí, así- para no ofender a sus seguidores, pero creo que habría que distinguir entre la soberbia del saber humano y la sabiduría humilde que, con universidad o sin ella, conoce –por con-naturalidad, dice Santo Tomás- la verdadera virtud. Así que, si alguien votó a Trump porque compartía su misoginia y sus tosquedades, ok, sí, mal, pero muchos lo votaron sin tanto John Rawls y con más sentido común –sobre todo, el rechazo a Hilary-. Ni qué hablar de quienes lo votaron sopesando males menores, con tanta o más formación que los soberbios demócratas: snobs bien vestidos, con Inglés bostoniano, que no tienen inconvenientes en apoyar las aberraciones morales más terribles.

Además, en ese desprecio izquierdoso al votante promedio norteamericano no se advierte cuál fue la verdadera sabiduría de la revolución de 1776. Por un lado sus intelectuales –un Jefferson, un Paine, etc- no eran Hegel, precisamente, pero gracias a Dios que no lo fueron. Jay, Madison y Hamilton eran gente de derecho, no de utopías platónicas que se terminan vendiendo al tirano de Siracusa de turno. Los europeos no logran entender, aùn, la superioridad norteamericana sobre su supuestamente gran Europa. Esa Europa de grandes filósofos que la terminaron hundiendo en los totalitarismos más deleznables de la historia, de los cuales sólo los salvaron los tanques norteamericanos y la valentía de un Reagan, que, gracias a Dios, no leía a los postmodernos franceses. Pero no es sólo cuestión del seguro medianamente inteligente Jefferson versus el seguramente genio Hegel. Lo que casi nadie entiende es que la revolución norteamericana fue –con un fue que es- la revolución de granjeros, comerciantes, dueños de barcos, de granos y de plantaciones de té que vivían sencillamente en los derechos individuales del common law británico, que, cuando Jorge III los conculcó, a la miércoles con Jorge III. Así de simple y sabio. No fue una utopía pensada in abstracto y luego aplicada a la fuerza. Fue el derecho a la resistencia a la opresión. Eso aún existe en EEUU y los “intelectuales” que, precisamente, se pasan la vida atacando al liberalismo clásico, jamás lo van a entender, y se pasarán la vida despreciando e insultando a ese sabio comerciante que habla en sujeto, verbo y predicado y que gracias a Dios NO entiende la expresión “espíritu absoluto”.

 

Finalmente, las reacciones histéricas de muchos, desde los que saquean y destruyen hasta los que orinan en la vía pública sobre la foto de Trump, no muestra más que la auténtica violencia explosiva que tienen dentro los supuestos demócratas, pacifistas e “ilustrados”, sí, cuando ganan. Una violencia terrible  porque, para ellos, Trump es el símbolo de todo lo que odian: el capitalismo, el libre comercio, la verdadera libertad. Curiosamente, Trump no es eso. Es un líder intuitivo y autoritario que hará alianza con Putin y se dividirán el mundo. El mundo sigue lejos del liberalismo clásico, y con Hilary hubiera sido peor. Mientras tanto, Trump sigue teniendo en esa izquierda histérica su mejor aliado. Trump es GORT. Lo dejaron plantado los Clinton.

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(1) http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/reflexiones-sobre-la-actual-politica.html

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL ESTATISMO ES INCOMPATIBLE CON LO COMPLEJO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Frecuentemente se sostiene que la intromisión de los aparatos estatales en las esferas privadas se justifica debido a la creciente complejidad del mundo moderno. Antes, se continúa diciendo, son comprensibles los indicadores de baja participación del estado en la vida privada debido a la relativa simplicidad de las cosas, ahora, en cambio, la situación se ha venido modificando por completo y todo es mucho más complicado.

 

Estas conclusiones son del todo erradas puesto que precisamente la mayor complejidad es la razón central para que los gobiernos no se inmiscuyan en las vidas y las haciendas de la gente. Esto es así por un motivo crucial de carácter epistemológico. Es decir debido a la teoría más rigurosa del conocimiento. Una mente -la del planificador- no puede ni remotamente abarcar las millones y millones de transacciones y arreglos contractuales varios entre los habitantes. Y no solo por la limitada capacidad intelectual de los humanos sino, sobre todo, porque los datos no están disponibles antes que ocurran los referidos intercambios que además se llevan a cabo en base a información y conocimientos que están inexorablemente fraccionados y dispersos entre aquellos millones y millones de operadores que, como si fuera poco, son permanentemente cambiantes y, para rematarla, muchos de esos conocimientos son tácitos, es decir, no articulables por el propio sujeto que posee el talento.

 

Muy al contrario de lo que habitualmente se sostiene, si las relaciones sociales fueran simples, las imposiciones gubernamentales en los negocios privados serían también perjudiciales puesto que los resultados serían otros de los preferidos por la gente, pero el daño sería muchísmo menor que el provocado en una sociedad compleja por las razones antes apuntadas.

 

Michel Polanyi en The Logic of Liberty nos explica que, dada la arrogancia y la soberbia, cuando se observa algo ordenado se supone que alguien lo ordenó conciente e intencionalmente de ese modo. Y eso es efectivamente así en algunos casos, por ejemplo, el autor ilustra su comentario con los ejemplos de un jardín bien arreglado o una máquina que funciona bien de acuerdo a la programación etc. Dice que esta es una obviedad: el funcionamiento en concordancia con un plan preestablecido, lo cual no puede ni debe extrapolarse a todo tipo de orden ya que hay otros tipos de ordenes que no se basan en el principio obvio que se ha mencionado.

 

Polanyi alude a esos otros tipos de ordenes, por ejemplo, escribe que el  agua en una jarra “se ubica llenando perfectamente el recipiente con una densidad igual hasta el nivel de un plano horizontal que conforma la superficie libre”, lo cual constituye una situación que ningún ser humano puede fabricar en concordancia con “un proceso gravitacional y de cohesión”.

 

En esta línea argumental Polanyi llega al punto medular de su trabajo al señalar que el orden espontáneo en la sociedad o “la mano invisible” se logra al permitir que las personas interactúen en libertad sujetas solamente a normas de respeto recíproco en cuanto a iguales facultades de cada uno. Esta era la idea de Adam Smith al referirse a la mano invisible en el  mercado, se trata de la coordinación de las transacciones en base a precios. Se trata de personas que al atender sus intereses particulares están generando un sistema que no está en sus posibilidades individuales construir.

 

Leonard Read ha escrito un muy difundido artículo titulado “I Pencil” que ha sido muy favorablemente comentado, por ejemplo, por los premios Nobel en economía George Stigler y Milton Friedman, en el que el autor le da la palabra a un simple lápiz al efecto de recorrer los muy diversos lugares geográficos y los complicados procedimientos para su producción, desde la elaboración del caucho para la goma de borrar del lápiz, las empresas carboníferas para la mina, el barnizado, el metal y los procesos de siembra de árboles, tala, aserraderos y distribución, para no decir nada de las mismas empresas de transporte, cartas de crédito y problemas de administración y finanzas de la cantidad de emprendimientos en sentido vertical y horizontal comprometidos en la producción de un lápiz, para concluir que nadie en soledad sabe fabricar ese simple objeto. Sin embargo, en los procesos abiertos se coordinan esos conocimientos fraccionados y dispersos para contar con ese aparentemente sencillo producto que cuando se pretende ejecutar en un  sistema autoritario nadie sabe si los procesos son económicos debido a la intromisión en los precios y de allí malas calidades, faltantes y otros desajustes y descoordinaciones.

 

Entonces, cuanto más compleja la sociedad mayor el peligro de concentrar ignorancia en las mentes de los planificadores gubernamentales puesto que se bloquea la referida coordinación para sacar partida del conocimiento siempre distribuido en las mentes de millones y millones de personas. La soberbia y la arrogancia de los planificadores pone al descubierto ignorancias supinas sobre el funcionamiento de una sociedad abierta.

 

El estatismo también está estrechamente vinculado a una noción bastante gaseosa y muy poco calibrada de lo que significa la acción propiamente dicha de los integrantes de los aparatos estatales que originalmente, en la mejor tradición constitucional, pretendía traducirse en una efectiva protección de los derechos de cada uno. El estatismo por el contrario desvía la atención del Leviatán hacia el abandono de esas funciones clave para incursionar en todo tipo de reglamentaciones coactivas para con las pertenencias de los gobernados hasta que resulta impropio aludir al ciudadano para más bien referirse a los súbditos. Se pierde la noción del significado del estatismo puesto que se piensa livianamente que los recursos provienen de una fuente mágica sin considerar que todo lo que hace el estado lo realiza merced a que succiona los recursos de otros: reclamar que el gobierno haga tal o cual cosa es reclamar que el vecino se haga cargo por la fuerza y esto es ilegítimo y contraproducente cuando se aparta de su misión de velar por los derechos de todos.

 

Pero más aun, en este malentendido hay algo peor y es que se estima que el gobierno al recurrir por la fuerza al bolsillo ajeno está ayudando a los relativamente más pobres al entregarles los recursos así obtenidos (aun suponiendo que no se los quedaran los miembros del elenco gobernante). Pero, dejando de lado aspectos éticos, al proceder de este modo se está contribuyendo a aniquilar las tasas de capitalización lo cual se traduce en una mayor pobreza, especialmente para los más necesitados.

 

Incluso puede decirse que los ladrones privados siendo un horror son más sinceros que los ladrones gubernamentales, por eso recurren al antifaz o al pasamontañas: saben que lo que hacen está mal. Sin embargo los ladrones gubernamentales arrancan el fruto del trabajo ajeno a cara descubierta y “para beneficio del pueblo”. Y no es que necesariamente el ladrón gubernamental se lleve recursos a su casa (lo cual no es extraño) sino que se confirma el robo cuando en lugar de proteger a los gobernados los expolian, no importa el destino cuando excede la función de garantizar la justicia y la seguridad (las dos cosas que habitualmente no hace).

 

Por su parte el socialismo en gran medida se ha concentrado en otros tres canales para la difusión más efectiva de su ideario al encontrar que la exposición directa del tema de la pobreza a esta altura de los acontecimientos resulta poco práctica dado el correlato entre libertad y progreso que se ha puesto en evidencia una y otra vez. No es que se haya abandonado esta ruta pero los más radicales descubrieron que para cercenar derechos individuales resulta fértil recurrir al ambientalismo, la guerra contra las drogas y los resultados de las políticas que suelen adoptarse con la idea de contrarrestar los  terrorismos, temas a los que solo menciono a vuelapluma puesto que me he referido en detalle a los tres en distintos ensayos y libros de mi autoría. Por otra parte, indico a título de ejemplo tres autores (uno en coautoría) que con admirable rigor y enjundia tratan esos temas tan cruciales que han modificado la vida de la gente en nuestra época. Primero, el tratado de T. L. Anderson y D. R. Leal Free Market Environmentalism, segundo los múltiples y notables escritos que condenan la llamada “guerra contra las drogas” por parte del antes mencionado Milton Friedman, y tercero la obra de James Bovard titulada Terrorism and Tyrany. Trampling Freedom, Justice and Peace to Rid the World of Evil.

 

Lo curioso y paradójico es que no pocas de las víctimas se tragan el anzuelo de aquellas políticas erradas y se comportan tal como consigna la antiutopía de Huxley en cuanto a que los mismos perjudicados piden ser esclavizados.

 

Anderson y Leal muestra que con el pretexto de cuidar la propiedad del planeta se destruye la propiedad privada a través de los llamados “derecho difusos” y la “subjetividad plural” en el contexto de lo que en economía y en la ciencia política se denomina la tragedia de los comunes. Por su parte, Friedman concluye que “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizarlas convierte en un desastre para la sociedad, tanto para los que las usan como para los que no las usan” (The Wall Street Journal, septiembre 7, 1989) y también escribió que “Como nación [Estados Unidos] hemos sido responsables por el asesinato de literalmente cientos de miles de personas en nuestro país y en el extranjero por pelear una guerra que nunca debió haber comenzado y que solo puede ganarse, si eso fuera posible, convirtiendo a los Estados Unidos en un  estado policial”( en Prólogo a After Prohibition de Timothy Lynch). Y en el tercer caso sobre el terrorismo, es pertinente consignar una cita que Bovard hace de Benjamin Franklin en el sentido de que “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.

 

De cualquier modo, aquellos tres temas están destruyendo y atropellando de la forma más brutal las libertades básicas a través de políticas gubernamentales que eliminan el secreto bancario, proceden a escuchas telefónicas, se deja de lado el debido proceso, se trata como delincuentes a inocentes que administran o transportan sus ahorros, se espían correos con lo que se invaden privacidades y se lesionan gravemente los derechos de las personas.

 

En todo caso, enfatizo que las complejidades requieren el uso más urgente de conocimiento para resolver problemas respecto a las relaciones simples y que el estatismo, además de desarticular el antedicho conocimiento, inexorablemente deteriora la condición moral y material de quienes lo padecen en el contexto de complicar inútilmente la vida de los que se ven forzados a financiar los emolumentos de los complicadores.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La verdad sobre los subsidios energéticos en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 11/8/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-verdad-sobre-los-subsidios-energeticos-en-argentina/

 

Imaginemos a un padre que está tratando de educar a su hijo de aproximadamente 5 años. Una de las lecciones que intenta enseñarle es que no debe ser agresivo con sus compañeros del colegio.

Un día determinado, lo invitan a una reunión en el colegio, donde comenta los avatares de este proceso de enseñarle a su criatura dicha lección. Para su sorpresa, un grupo de padres le sugiere que no se haga mucho problema por ello, ya que todos los compañeros son agresivos. No sé bien qué pensará el lector al respecto, pero no parece del todo sensato que, porque un grupo de personas se comporte de manera equis, todos tengamos que comportarnos así o conformarnos con dicho comportamiento.

¿A qué viene todo esto? Principalmente, a que pocos días atrás se difundió un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que muestra que la gran mayoría de los gobiernos del mundo destina importantes cantidades de dinero a subsidiar la energía en los países que administran. En términos de subsidios per cápita, nuestro país no estaría tan mal parado, ya que ocupa el puesto número 60 en una larga lista de naciones analizadas.

Obviamente, la relevancia de la difusión de este informe, que en realidad data de 2015, es criticar el intento del Gobierno por reducir estos gastos y el inevitable corolario de la suba en las tarifas que los consumidores pagan por la luz y el gas.

Ahora, la pregunta es si deberíamos tomar dicho ranking como válido, o como punto de referencia para nuestra problemática local. Mi respuesta es rotundamente negativa.

En primer lugar, porque uno de los principales focos en nuestro país está puesto en los subsidios a la energía eléctrica. Es decir, a que el Gobierno pague parte de lo que consumimos de luz en nuestras casas. Si uno mira ese mismo reporte del FMI, encontrará que entre los países avanzados (como Estados Unidos, Australia o Bélgica) casi ninguno destina un solo dólar a este tipo de subsidio.

Por otro lado, si nos comparamos con las economías avanzadas —y no con países que no deberíamos querer imitar, como Venezuela, Uzbekistán o Irán—, nos ubicamos en el quinto puesto a nivel mundial en términos de lo que subsidiamos la energía, siempre según los datos del FMI y en términos del PBI.

Ahora relacionando con el ejemplo del inicio, lo que no dicen quienes se encargaron de difundir este reporte es que la institución internacional hizo el análisis con el objetivo de concientizar a los países para que reduzcan inmediatamente este tipo de erogaciones públicas.

Para el FMI:

Eliminar los subsidios globales a la energía podría reducir las muertes relacionadas con las emisiones de combustibles fósiles en más del 50% […]. Las ganancias fiscales de eliminar los subsidios energéticos se estiman en 2,9 billones de dólares en 2015. Esto ofrece un enorme potencial para reducir otros impuestos y fortalecer la recaudación (…)

Las ganancias netas de la reforma, luego de reducir el costo que los mayores precios de la energía tendrían para los consumidores, derivadas de la ganancia fiscal y ambiental, se estima en 1,8 billones de dólares y podría ser mucho mayor si se utiliza para generar reducciones de impuestos que estimulen el crecimiento económico.

El problema fiscal es la clave en nuestro caso. El año pasado, el déficit ascendió a 370 mil millones de pesos, o 6,3% del PBI, mientras que los subsidios a la energía treparon al 2,9%, según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (Asap) y el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). A su vez, estos subsidios han venido creciendo año a año, al igual que el desequilibrio de las cuentas públicas. Como resultado, hoy somos uno de los países con mayor inflación en el mundo y tenemos una carga tributaria insoportable.

2016.08.09_Subsidiosenergía

Así las cosas, la reducción de los subsidios energéticos fue la vía que eligió el Gobierno nacional para achicar el déficit y bajar ese impuesto no autorizado por el Congreso que es la inflación.

A modo de conclusión, mi pregunta para los que no quieren tocar este gasto es: ¿Qué proponen? ¿Qué otro rubro del gasto público aconsejan reducir? ¿Quieren eliminar Fútbol para Todos, los subsidios a la cultura, privatizar Aerolíneas Argentinas, o todo lo anterior junto? ¿Quieren emprender una reforma del Estado que implique, al menos en el corto plazo, mayor cantidad de empleados públicos buscando trabajo en el sector privado y, por tanto, engrosando las filas del desempleo? ¿Quieren explorar la posibilidad de ir a un sistema de jubilaciones privado?

¿O lo que en realidad proponen es que sigan vigentes las políticas del kirchnerismo, que financiaron una fiesta de gasto público con inflación, atraso y pobreza?

No es relevante si Estados Unidos, Trinidad y Tobago, o Arabia Saudita gastan más en términos per cápita en subsidios a la energía. Lo relevante es cómo se hace para achicar el déficit fiscal, bajar la inflación y así empezar a desactivar la bomba atómica económica que el kirchnerismo le dejó a su sucesor.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

De la pobreza heredada a la riqueza futura

Por Alejandra Salinas: Publicado el 12/8/16 en https://es.scribd.com/document/321024906/De-La-Pobreza-Heredada-a-La-Riqueza-Futura

 

La Universidad Católica Argentina presentó ayer el último informe del Barómetro de la Deuda Social Argentina. El dato principal es que existen en el país un 32.6% de personas pobres. Considerando que en el 2010 la cifra era del 28.2%, en los últimos seis años la pobreza creció, refutando así argumentos a favor de la llamada “década ganada”. El informe de la UCA habla de los “nuevos pobres”, que “emergen de medidas normalizadoras adoptadas por el actual gobierno,” pero esta parece ser una interpretación sesgada: ¿por qué no pensar que los actuales niveles de pobreza son consecuencia de una situación heredada después de doce años de populismo, que impide a los más pobres hacer frente a la actual crisis económica, también generada por gobiernos anteriores? El informe concluye que “la actual matriz de marginalidad puede sumarse muy fácilmente una nueva capa de pobres si el supuesto derrame tarda más de lo previsto o llega tarde”. Esta frase encierra una interpretación también sesgada, al sugerir que los efectos sociales beneficiosos de un crecimiento económico guiado por inversión, innovación y mayor productividad serían sólo un “supuesto”. Llama la atención que en una universidad donde se enseña economía se desconozca evidencia empírica sobre los niveles generalizados de mayor riqueza,  mejor calidad de vida y crecimiento sostenido sólo posibilitado por un sistema económico de mercado. Claro, es que el mismo Papa crítica a quienes “defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante” (Evangelii Gaudium, 54). Tratándose de una universidad pontificia pudiera pensarse que no hay mucha cabida para la discrepancia…

¿O sí la hay?  En esa misma universidad y en el mismo día se oyeron otras voces en favor del mercado como instrumento al servicio del progreso social. El Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA organizó la visita del Embajador de los Estados Unidos, Noah Mamet, quien conversó con el público asistente sobre la situación de los Estados Unidos en vísperas de las elecciones presidenciales de noviembre. El evento fue iluminador en varios sentidos: el Embajador no sólo se refirió al tema de la convocatoria con humor y elegancia, sino que comenzó su charla hablando de los tiempos de cambios y cooperación bilateral entre su país y el nuestro. Compartió su visión optimista sobre el avance de las nuevas tecnologías aplicadas al sector energético, que en California ya generan el 50% de la producción de energía (mientras que en la Argentina la cifra es de sólo un 1%). Las expectativas de inversión en este y otros sectores productivos son alentadoras y en este sentido el aporte del sector privado es esencial, afirmó Mamet, quien incluso advirtió: “No confíen en los gobiernos,“los gobiernos son lentos.”

Que un experimentado funcionario público y diplomático reconozca que el crecimiento y el bienestar vienen de la mano del sector privado no es un dato menor. Y que esa misma persona tenga simpatías social-demócratas tampoco lo es. Un genuino progresista, después de todo, debería defender el mejor mecanismo generador de riqueza para posibilitar una mejor política de asistencia y desarrollo social. Si este fuera el objetivo, resulta urgente cambiar el foco de la atención académica y del gobierno, y pasar del diagnóstico de la pobreza heredada al debate sobre los caminos más idóneos para la generación de riqueza futura.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

Hardin y la tragedia de los comunes, que es en verdad la tragedia de la ausencia de propiedad

Por Martín Krause. Publicada el 10/6/16 en: http://bazar.ufm.edu/hardin-y-la-tragedia-de-los-comunes-que-es-en-verdad-la-tragedia-de-la-ausencia-de-propiedad/

 

Con los alumnos de Law & Economics estuvimos viendo el papel que cumple el derecho de propiedad y ahora vemos los problemas que genera su ausencia. Para ello, leemos lo que ya es un clásico “La tragedia de los comunes”, de Garrett Hardin.

Curiosamente, el artículo plantea el problema a través de un tema en el cual creo que erra: el crecimiento poblacional. Sin embargo, presenta allí el famoso ejemplo de los pastores que llevan sus ovejas a pastar a un valle común que es perfecto.

Sobre el primer tema Hardin parece recitar a Malthus:

“La población, como lo dijo Malthus, tiende de manera natural a crecer “geométricamente”, o como decimos hoy, exponencialmente. En un mundo finito esto significa que la repartición per cápita de los bienes del mundo debe disminuir. ¿Es acaso el nuestro un mundo finito?”

“Se puede defender con justeza la idea de que el mundo es infinito; o de que no sabemos si lo sea. Pero en términos de los problemas prácticos que hemos de enfrentar en las próximas generaciones con la tecnología previsible, es claro que aumentaremos grandemente la miseria humana si en el futuro inmediato, no asumimos que el mundo disponible para la población humana terrestre es finito. El “espacio” no es una salida.”

“Un mundo finito puede sostener solamente a una población finita; por lo tanto, el crecimiento poblacional debe eventualmente igualar a cero.”

Presenta a este problema como una “tragedia de la propiedad común”, en el sentido que todos somos “dueños” del planeta pero eso hace que ninguno se preocupe por el carácter finito de los recursos cuando decide traer a un nuevo ser humano al mundo, contribuyendo con su finitud. En todo caso, el análisis debería llevarnos a poner la mira en la falta de derechos de propiedad sobre muchos recursos naturales, no en el exceso de población que podamos generar al tomar decisiones sobre la composición de nuestras familias.

Pero en el medio de todo eso, el otro caso es muy bueno

El ejemplo de los pastores que llevan sus rebaños a un valle, aumentado su número sin pensar que el valle se depreda es lo mejor del texto, y aplicable a muchos contextos donde no hay derechos de propiedad definidos. También lo es su mención de que el problema se resuelve asignando derechos de propiedad privada a los pastores. Elinor Ostrom luego sugeriría que también funcionaría una propiedad grupal de todos los pastores sobre el valle.

En fin, aquí se abre la puerta al análisis de incontables recursos que enfrentan esta “tragedia”, desde las ballenas hasta la atmósfera, y la posibilidad de desarrollar derechos de propiedad en cada uno de ellos. Pero la finitud de los recursos no es un buen caso, y tendrá el mismo destino que el pesimismo de Malthus. Es más, esa misma iniciativa emprendedora e innovación que extiende la finitud de los recursos también es la que busca desarrollar derechos de propiedad en aquellos recursos que aún no los tienen, y así proteger los recursos que son escasos y multiplicarlos.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).