La exaltación de la pobreza y la condena de la ganancia empresaria

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 5/5/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/05/la-exaltacion-de-la-pobreza-y-la-condena-de-la-ganancia-empresaria/

 

La extrema pobreza predomina en los Estados autoritarios y en los democráticos hiper regulados (Nytimes)

La extrema pobreza predomina en los Estados autoritarios y en los democráticos hiper regulados (Nytimes)

El papa Francisco denuncia que la lógica del mercado crea “un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos” y agrega: “Las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios”.

Bien, hoy se ve una sociedad que no consume más que lo necesario porque el Estado ha establecido una cuarentena por la cual la gente solo compra lo necesario para comer, remedios y pocas cosas más. ¿Cuál ha sido el resultado de esa política, siguiendo las recomendaciones y denuncias de Francisco? Millones de personas en la Argentina y en el mundo que no saben cómo van a hacer para sobrevivir, porque al no haber consumo, no hay trabajo ni ingresos. Solo hay trabajo para unos pocos, los que producen alimentos y algunos productos más. Todos los bienes “suntuarios” e “innecesarios” según la óptica de Francisco, han dejado de consumirse y el resultado es el que hay a la vista millones de familias en la Argentina y en el mundo sin saber cómo harán para subsistir.

Este apocalipsis económico que vemos en el mundo es el fiel reflejo de lo que sería la vida de la gente si siguiera las recomendaciones de Francisco y los políticos populistas. Obviamente que cada uno tiene la libertad de decidir cuánto consume, lo que resultar absolutamente ilógico es que alguien determine qué es un “gasto innecesario”.

Finalmente, la economía tiene como último fin el consumo. Tanto la producción de bienes de capital como de insumos tiene por objeto final la producción de bienes de consumo.

Es cierto que, aun en tiempos de ausencia de pandemia de la COVID-19, hay problemas de pobreza por los cuales unos sectores pueden consumir mucho y otros poco o nada. En otras palabras, la pobreza, que seguramente va a pegar un gran salto en las próximas mediciones en Argentina, es un serio problema que se arrastra desde hace décadas. Pero esa pobreza es consecuencia de una política deliberada para tener clientelismo político o, en otros casos, de una monumental torpeza en materia de política económica.

La pobreza, que seguramente va a pegar un gran salto en las próximas mediciones en Argentina, es un serio problema que se arrastra desde hace décadas
La pobreza, que seguramente va a pegar un gran salto en las próximas mediciones en Argentina, es un serio problema que se arrastra desde hace décadas

Tomando la influencia de la Iglesia Católica en Argentina (aclaro que soy católico y estudié en colegio católico y en la Universidad Católica Argentina) que ha hecho un culto de la pobreza, el populismo argentino se apoyó en esa doctrina de Francisco, y ha instalado que todo el que es pobre es bueno y todo el que se esforzó, trabajó y logró progresar en la vida, es mala persona por definición, maldad intrínseca que lo obliga a tener que ayudar a los pobres, pobres que los mismos políticos crearon para tener su fuente de clientelismo político.

Porque esos que lograron progresar trabajando tuvieron la suerte de progresar. No fue su esfuerzo, su trabajo, sus sacrificios los que le permitieron tener un buen pasar, sino la suerte. Esa “suerte” automáticamente los convierte en una mala persona que tiene la obligación moral de mantener al pobre que por definición es buena persona y tiene más derechos que el que trabajó y se esforzó.

Dicho en otros términos, en Argentina se ha creado la cultura de que la riqueza de unos tiene como contrapartida la pobreza de los otros. Los pobres son pobres porque hay otros que no lo son. Por lo tanto, el populismo construye su poder generando una gran masa de pobres a los cuales luego sale a “defender”, y señala a los que no son pobres como los responsables de la pobreza de los pobres. Crea la grieta entre ricos y pobres. Primero crea los pobres y luego se “lamenta” de la pobreza.

Stocks y flujos

¿Cuál es la solución? Sacarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen. ¿En qué se basan los controles de precios o el disparatado impuesto patriótico de Heller? En creer que la riqueza es un stock dado que hay que redistribuir entre los que menos tienen. Y si la riqueza es un flujo, también hay que quitarle buena parte de la generación de riqueza por haber trabajado y esforzado.

Lo concreto es que, basada en esta exaltación de la pobreza y el desprecio por los que progresan (por cierto, es bastante difícil encontrar algún político pobre) en el país imperan reglas de juego que espantan a cualquiera que quiera invertir y crear puestos de trabajo. El mejor plan económico es un puesto de trabajo, no la cultura de la dádiva de la que tanto disfrutan los políticos repartiendo la plata de los que trabajan.

El mejor plan económico es un puesto de trabajo, no la cultura de la dádiva de la que tanto disfrutan los políticos repartiendo la plata de los que trabajan (NA)
El mejor plan económico es un puesto de trabajo, no la cultura de la dádiva de la que tanto disfrutan los políticos repartiendo la plata de los que trabajan (NA)

En la Argentina, se ha establecido un sistema perverso por el cual invertir, trabajar, arriesgar, esforzarse, desarrollar la capacidad de innovación y generar puestos de trabajo merece ser castigado, porque en definitiva es la forma en que los pobres podrían dejar de ser pobres y, por lo tanto, desaparecería la clientela política cautiva del populismo imperante.

Los políticos populistas se llenan la boca con la distribución del ingreso y el coeficiente de Gini. Sueñan con la igualdad del ingreso, cuando, en realidad, la distribución del ingreso es irrelevante. Lo relevante es que el que menos gana, gane lo suficiente como para no ser pobre. En vez de estar mirando cuánto ganan los que más tienen (cultura de la envidia), los políticos populistas deberían estar mirando cómo hacen para que los que menos ganan, ganen más para salir de la pobreza.

Si en el momento 1, el que menos gana obtiene un ingreso de $100 y el que más gana tiene un ingreso de $1.000, la diferencia es de 10 veces. Si se supone que se aplican políticas no populistas, se generan inversiones y el que menos gana percibe $1.500 y el que más gana tiene $30.000, es decir 20 veces más, el coeficiente de Gini empeorará, no obstante que en ese ejercicio el sector más postergado ahora cobra tiene un ingreso 50% más alto que el que más ganaba en el momento 1. Lo importante no es cuánto ganan los que más ganan. Lo importante es que los que hoy son pobres, dejen de serlo.

Cada vez más se afianza la idea de que la pobreza estructural en la Argentina es función del negocio de las políticas populistas. Han creado la cultura de la pobreza. Su exaltación y la condena de la ganancia empresarial como el mal del liberalismo, han llevado a sumergir a millones de personas en la más humillante pobreza y clientelismo político. Esos mismos pobres que, hoy, con el coronavirus de la COVID-19, son la amenaza para levantar la cuarentena.

El clientelismo político entrampó a los políticos populistas. Si levantan la cuarentena corren el riesgo que esos sectores que viven en barrios pobres en CABA y en el conurbano, desparramen el virus. Por eso los tienen en sus barrios. Como si fuesen guetos de los que no pueden salir. Pero, si no levantan la cuarentena, la economía terminará por hundirse y no habrá un centavo para mantener el clientelismo político basado en planes sociales y sobreabundancia de empleo público.

Se verá cómo se sale de esa trampa en que se cayó por el coronavirus de la COVID-19. Lo cierto es que mientras se siga haciendo un culto de la pobreza y se señale como enemigos públicos a quienes invierten, arriesgan, trabajan y se esfuerzan, el país estará condenado a perpetuar y profundizar la pobreza. La pandemia es la oportunidad para abrirle los ojos a la gente y hacerles comprender que con la cultura de la pobreza, sólo habrá cada vez más pobres.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La distribución del ingreso y el populismo que hunde a la Argentina

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/12/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/12/26/la-distribucion-del-ingreso-y-el-populismo-que-hunde-a-la-argentina/?fbclid=IwAR3rj7HioboirryNccenVXjTjXqwSBJkmuTz7UeTkxJ-UMRXDbmClK0b70o

 

De los datos informados por el Indec para el tercer trimestre, surge que el promedio del decil de mayores ingresos gana 19 veces más que el decil inferior

En general, los políticos, sociólogos y economistas suelen prestar atención a los datos de distribución del ingreso, básicamente al coeficiente de Gini, que es una medida ideada por Conrado Gini, un estadístico italiano. El coeficiente muestra si el ingreso en una sociedad se distribuye en forma pareja o unos pocos ganan mucho y muchos ganan poco.

Se trata de un indicador que varía entre 0 y 1. Si da cero, se dice que hay igualdad perfecta porque todos ganan lo mismo. Mientras que 1 quiere decir que una sola persona tiene todos los ingresos y el resto ninguno.

Por ejemplo, para que se entienda, si uno calculara el coeficiente de Gini para los bolsos con euros, daría algún valor cercano a 1, K.

Políticos, sociólogos y economistas suelen indignarse cuando los datos de distribución del ingreso tienden a empeorar, señalando lo injusto del sistema económico y la necesidad que el estado intervenga en la economía para mejorar la distribución de los recursos monetarios.

Las lecturas ligeras pueden inducir a error

Sin embargo, el dato de distribución del ingreso es engañoso y puede llevar a decir barbaridades en términos de intervención del Estado. Puesto de otra manera, no todo crecimiento en la desigualdad de la distribución del ingreso es mala. Veamos un ejemplo.

Supongamos que en el momento 1 los sectores que menos ganan tienen un ingreso de $100 y los que más ganan tienen un ingreso de $1.000. La diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 10 veces.

Ahora bien, supongamos que en ese país se aplica una política económica consistente que reduce el gasto público, la carga impositiva, flexibiliza el mercado laboral, se incorpora al mundo bajando aranceles y demás medidas que estimulan la capacidad de innovación de la gente, atraen inversiones y reducen la pobreza a niveles cercanos a cero. Luego de aplicar esas políticas, el que menos gana tiene un ingreso de $1.500 y el que más recibe 18.000 pesos.

En este ejemplo el coeficiente de Gini va a dar que empeoró la distribución del ingreso porque la diferencia entre el que más gana y el que menos se amplió de 10 a 12 veces.

Por lo tanto, si bien el coeficiente de Gini empeoró, los que menos ganan están mucho mejor que cuando el indicador medía mejor.

La conclusión es que los políticos, sociólogos y economistas podrán gritar porque empeoró el coeficiente de Gini, pero lo cierto es que los más humildes mejoraron notablemente su nivel de vida.

Como dice Mancur Olson en su libro Poder y Prosperidad: hoy en día los economistas disponemos de tal herramental matemático, estadístico y econométrico, que podemos torturar los números hasta que confiesen lo que queremos. O, como decía un economista amigo: hay tres tipos de mentiras, la mentira lisa llana, la mentira piadosa y las estadísticas.

Prueba ácida irrefutable

En definitiva, muchas veces se utilizan las estadísticas para tergiversar la realidad y aplicar políticas populistas mostrando datos que no dicen nada. El ejemplo más categórico al respecto es ver el período K, cuando sus funcionarios se llenaban la boca hablando de la distribución del ingreso, pero al final del día dejaron un tercio de la población bajo la línea de pobreza y ellos terminaron con grandes fortunas. Por ejemplo con departamentos por más de USD 70 millones en Miami.

El punto que me parece importante resaltar es que no interesa tanto cómo es la distribución del ingreso, sino cómo terminar con la pobreza y lograr que la gente gane cada vez mejor. Cuando se pone el acento en la distribución del ingreso, el paso siguiente es decir que uno es pobre porque el otro es rico.

El populismo es especialista en alimentar el resentimiento y el odio. Ud. es pobre porque aquél es rico, así que vengo yo a hacer justicia y le voy a aplicar impuestos progresivos a los que más ganan, en nombre de la solidaridad social y la igualdad en los ingresos de la gente. El resultado es que se desestimula la inversión, baja la productividad, cada vez se crean menos puestos de trabajo y la pobreza comienza a crecer.

¿Por qué tenemos esta larga decadencia con una pobreza impensada para Argentina? Porque a los largo de décadas, se vino enarbolando la redistribución del ingreso en nombre de la solidaridad social y ello implicó más gasto público, impuestos, regulaciones y, obvio, el caldo de cultivo para la corrupción.

El problema de fondo de los amantes de la redistribución del ingreso es que ven la riqueza como algo estático. Un determinado stock que hay que redistribuir equitativamente. No ven que la riqueza se genera y se puede crear más riqueza en la medida que estén dadas las condiciones institucionales que, justamente, son exactamente las opuestas a las que proponen quienes hablan de la redistribución del ingreso.

Los políticos ven la riqueza de un país como una pizza que hay que repartir en porciones iguales, no piensan en crear las condiciones para que en vez de una pizza haya cada vez más pizzas.

En definitiva, la mayor preocupación de los políticos no debería concentrarse en la distribución del ingreso, sino en cómo lograr terminar con la pobreza generando inversiones y más puestos de trabajo. De tanto ocuparse por la distribución del ingreso, crearon legiones de piqueteros, planeros de todo tipo y subsidios infinanciables desarrollando la cultura de la dádiva destruyendo la cultura del trabajo.

En definitiva, en nombre de mejorar la distribución del ingreso, denigraron a la gente y crearon legiones de pobres y planeros.

Conclusión: a los políticos, olvídense del coeficiente de Gini y concéntrese en crear las condiciones para atraer más inversiones y crear más puestos de trabajo. Lo que importa es cuántas inversiones y puestos de trabajo de alta calidad se consiguen. Los datos de la distribución del ingreso déjenlos para los resentidos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

El libre mercado y la crítica del papa Francisco

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el /1/13 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/12/02/el-libre-mercado-y-la-critica-del-papa-francisco/

Las críticas que el Papa Francisco hiciese al libre mercado en el Evangelii Gaudium (“La alegría del Evangelio”) han generado fuertes reacciones. No sólo en Argentina, su país de origen, sino en varios países alrededor del mundo. Un ejemplo es un reciente post de Gregory Mankiw (Harvard University) en su blog con breves pero interesantes reflexiones. Especial atención recibió el pasaje donde el documento critica la teoría del “derrame, que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismo sacralizados del sistema económico imperante” (p. 44).

En primer lugar hay que reconocer que puede haber posibles matices semánticos que pueden llevar a imprecisas interpretaciones. Es decir, el Evangelii Gaudium no es un documento de carácter económico. No obstante, es claro el mensaje crítico hacia el libre mercado y presenta un difícil desafío sugerir que el documento no se refiere, en verdad, a una economía libre luego de argumentar “salvedades semánticas”. En segundo lugar, coincido con Mankiw que el “derrame” no es una teoría ni mucho menos un término técnico y que es una palabra de corte peyorativo utilizado por sectores de izquierda y grupos críticos de los mercados libres. Al utilizar esta palabra, el Papa incorpora un sesgo negativo hacia el término libre mercado en lugar de utilizar un término neutral. El desliz terminológico en temas económicos en el documento sugiere la necesidad de cierta cautela en las fuertes afirmaciones que el documento ofrece. Afirmaciones categóricas en un documento de esta trascendencia deberían estar mejor respaldadas en su articulación. Para ser un documento de tanta trascendencia, deja ver un cierto desinterés o impericia en la forma de tratar problemas económicos. Imagínese la opinión en un texto económico crítico de la Iglesia con un claro uso superficial del lenguaje propio de la disciplina criticada acompañado de calificativos como “confianza burda e ingenua”. Utilizar definiciones imprecisas puede llevar a observar problemas donde no los hay.

En segundo lugar, el efecto que el Evangelii Gaudium produjo en la opinión pública invita a repasar algunos indicadores generales de bienestar social y económico en países más y menos proclives al libre mercado. ¿Es cierto que el libre mercado deja desamparados y marginados a los menos pudientes? ¿Cuánto de verdad y cuánto de mito hay en las tan difundidas críticas al “capitalismo salvaje”? Lo que el Papa Francisco expresa es, en definitiva, reflejo de una idea generalizada, especialmente en varios sectores de Argentina.

Es fácil de obtener un panorama de la situación económica y social del libre mercado si dividimos los países en cuatro grupos de acuerdo a su libertad económica. Esto permite obtener un degradé de resultados y observar diferencias entre países más y menos libres. Es importante tener en cuenta que deben observarse los datos de todos los países, y no elegir, por ejemplo sólo un par (más detalles aquí). Esto permitiría que tanto un defensor como un crítico del libre mercado elijan un par de  países a su conveniencia. Es toda la muestra, no selecciones ad hoc, lo que hay que usar de referencia. Veamos, entonces, algunos datos económicos y sociales.

Los siguientes gráficos muestran el PBI per cápita (PPP) y el crecimiento promedio de 10 años para cuatro grupos de países de acuerdo a su libertad económica. Como se puede apreciar, en promedio, los países más libres no sólo son más ricos, sino que también crecen más rápido a largo plazo.

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La principal objeción a estos datos es que el PBI per cápita (PPP) es un dato promedio que nada dice sobre la distribución del ingreso. Se da a entender que los países más ricos son más desiguales en su distribución del ingreso. El crecimiento del libre mercado es inocultable, pero sería un crecimiento inmoral. Una manera de ver si este es el caso es observando la participación sobre el ingreso que recibe, por ejemplo, el 10% más pobre de la población. Los siguientes gráficos muestran el ingreso del sector 10% más pobre y el ingreso per cápita (en USD) para este grupo. Como se puede apreciar, el 10% más pobre recibe, en promedio, el mismo porcentage del ingreso total en economías menos y más libres. Donde sí se ve una diferencia importante es en el monto de ingresos. Si usted se encuentre entre el 10% con menos ingresos, no importa si vive en uno de los países menos libres o en uno de los países más libres, su grupo recibirá alrededor del 2.6% del ingreso total. Ahora, si usted vive un país poco libre tendrá que vivir con 932USD anuales, mientras que si lo hace en un país libre tendrá un ingreso anual de 10.556USD. No es una dato menor.

image011image012Se podrá objetar que estos datos sólo observan el quintil con menos ingresos y que en verdad es más apropiado observar indicadores como elCoeficientes de Gini, que miden la distribución del ingreso de toda la población. Una distribución perfectamente equitativa da como resultado un Coeficiente de Gini de 0, y una distribución perfectamente inequitativa da como resultado un valor de 100. El siguiente gráfico muestra el Coeficiente de Gini para el 25% de países más (rojo) y menos (azul) libres. Como se puede apreciar, en promedio las economías más libres poseen una mejor distribución del ingreso de acuerdo a este indicador. El argumento que las economías libres sufren de mayor desigualdad del ingreso es un mito construido sobre el error de observar unos pocos países y no la totalidad de la muestra. Al seleccionar sólo unos países podemos, inconscientemente, elegir países que confirman nuestras ideologías o ideas previas. Esto no sucede al observar toda la muestra. La pregunta es, si usted sabe que va a ser pobre, ¿en qué tipo de país preferiría vivir, en unos de los libres o en uno de los no libres? El sector “pobre” en Estados Unidos, por ejemplo, posee ingresos por encima del 60% de la población mundial.

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Se podrá, a su vez, objetar que estos datos son una foto, no una película. Que, de hecho, los ricos se están volviendo más ricos y los pobres más pobres. El siguiente gráfico muestra el cambio en el ingreso medio de cada quintil de la población según su nivel de ingreso. Como se puede apreciar, es cierto que los ricos se están volviendo más ricos (excepto el quintil superior), pero no es menos cierto que los quintiles de menores ingresos ven, en promedio, aumentar sus ingresos a una velocidad mayor que los quintiles superiores. El gráfico muestra la diferencia de ingresos entre padres e hijos que pertenecen al mismo quintil.

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No sólo es un mito que los países más proclives al libre mercado posean una peor distribución del ingreso, sino que la pobreza ha disminuido, en lugar de haberse incrementado, en las últimas décadas. El siguiente gráfico muestra la disminución en la población que vive con menos de US$ 1 por día entre 1970 y el 2000. Durante estos 30 años la población con ingresos menores a US$ 1 por día se disminuyó a casi un tercio. Siendo las economías más libres les que generan más riqueza a mayor velocidad, es claro cuál es el grupo de países que produce este fenómeno y cuáles las economías que lo retrasan.

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Veamos algunos indicadores sociales y de medioambiente de interés. Los siguientes gráficos muestran (1) el trabajo infantil, (2) la contaminación ambiental y (3) el ritmo de deforestación. Nuevamente, se puede apreciar la persistencia de mitos sobre supuestos males del libre mercado. Los países más libres, en promedio, poseen menor trabajo infantil y menores niveles de contaminación. El tercer gráfico muestra que son los países menos libres los que, en promedio, producen deforestación mientras que los más libres, en promedio, están reforestando sus tierras.

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Unos breves comentarios finales. En primer lugar, estos resultados se mantienen si observamos, por ejemplo, las diferencias en los países más y menos libres pero acotando la muestra únicamente a países chicos. Es decir, estos datos no son resultado de un efecto de “países grandes” donde, justamente por ser un país grande, sus indicadores muestran mejores resultados. En segundo lugar, los mismos resultados también se observan si separamos entre los países más y menos libres dentro del 25% de países menos libres; la teoría de la explotación internacional tampoco se sostiene. Dentro de los países menos libres, los más libres tienen mejores indicadores económicos y sociales que los menos libres dentro del grupo de los menos libres.

Por último pero no por ello no menos importante, estos comentarios buscan desmitificar críticas al libre mercado que son opinión generalizada y trascienden al documento del Vaticano. Estos comentarios tampoco buscan cuestionar la autoridad espiritual y religiosa de las máximas autoridades de la Iglesia, pero sí evitar confundir autoridad espiritual o religiosa con autoridad económica.

Fuentes de los gráficos: (1) Economic Freedom of the World 2013 Annual Report (Fraser Institute), (2) presentación Free Our Economies de Anthony Davies (Duquesne University) disponible en su sitio web y (3) 2007 Index of Economic Freedom (Heritage Foundation).

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.