La sociedad civil y el capitalismo “de estado”

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/08/la-sociedad-civil-y-el-capitalismo-de.html

“Si el sistema del capitalismo estatal ha de concebirse en los tradicionales términos de clase, el papel de la clase dirigente sólo puede ser atribuido al propio Estado. Esto no impone el antropomorfismo ni tampoco requiere que el Estado esté personificado por un monarca, un dictador o por los dirigentes del partido. Ni necesita identificarse con una institución específica, la asamblea, el comité central o el consejo de ministros. De manera más general y no comprometida, es suficiente que el Estado sea (en la versión de una famosa expresión de Marx) fuerza armada y capital dotados de conciencia y voluntad.” [1]

Como hubiéramos explicado en el resto de nuestras obras, el concepto de estado/gobierno/nación, o expresiones equivalentes, es simplemente una idea, un instrumento mental. No existen en el mundo real sino solo imaginario. Detrás de esas etiquetas se esconden personas humanas como todas, que usan y abusan de tales representaciones mentales para personificarse como “el estado vivo” encarnado y visible, al cual debe rendírsele culto.

Es admisible pues decir que, el estado/nación es fuerza armada, pero no lo es afirmar al unísono que es “capital” (¿?). Ya hemos explicado que el concepto de capital es opuesto al de estado/gobierno/nación. Que estos últimos expropien el capital y le den usos en favor propio o ajeno no convierte a un gobierno/estado en capitalista porque sería la misma situación que la del ladrón que echa mano del botín y lo consume o “invierte” con su producido. No es el ladrón el “capitalista”, el sólo es ladrón, el capitalista es simplemente su víctima, y podemos dar por sentado que en este ejemplo la mayoría estaríamos de acuerdo (menos los ladrones, desde luego). No existe, sin embargo motivo para que al razonamiento sea diferente cuando el que roba el patrimonio del capitalista es el gobierno en nombre de ese manoseado y etéreo “bien común”.

Más aberrante es decir que la “fuerza armada” y el capital, están “dotados de conciencia y voluntad”. Proponer seriamente una fórmula semejante sólo estaría indicando el nivel superlativo de delirio de quien la propone. El estado/gobierno, insistamos, no existe más que como una idea instrumental para diseñar una forma de organización social. Sin personas que ejerzan los roles pensados en función de su caracterización el estado/gobierno sencillamente no existe.

“Completar el dominio sobre la sociedad civil al maximizar el poder discrecional puede ser considerado como una cadena de movimientos correctivos, cada uno de los cuales se propone hacer al sistema social tanto sumiso a la intención del Estado como internamente coherente, aunque estos dos requisitos no son necesaria y ni siquiera probablemente compatibles. Cada movimiento correctivo es consiguientemente susceptible de crear alguna nueva inconsecuencia sistémica y de necesitar otros movimientos correctivos. Esta secuencia lleva adelante la dinámica política, como tal, del capitalismo estatal.” [2]

Dado que el Estado no existe es que preferimos la expresión gobierno o estado/gobierno para los más “exigentes”, o los más apegados con la terminología tradicional. Lo que describe la cita nosotros lo explicamos con otras palabras de acuerdo al vocabulario que hemos elegido para enunciar.

Aquello que se llama la sociedad civil no son más que –sin eufemismos- los gobernados, y lo que aquí se llama “estado” no es más que el gobierno compuesto por personas que, parapetados detrás del vocablo, se arrogan el derecho de mandar sobre otras (la “sociedad civil”).

En suma, la puja siempre es entre gobernados y gobernantes. Estos últimos tratando de someter a los primeros. Nos parece mucho más simple explicarlo de esta manera, aunque no coincida probablemente con lo que el autor quiera -en última instancia- declarar.

Impropiamente, la cita emplea los vocablos sistema social y sociedad civil como sinónimos cuando -con toda claridad- no son semejantes.

Lo que aquí se llaman “movimientos correctivos” parecería ser los distintos pasos por medio de los cuales el poder avanza sobre las libertades individuales para lograr esa sumisión que se menciona. La fórmula implica o sugiere que la libertad natural de las personas se estaría considerando una desviación por parte del poder político, que necesita ser objeto de una corrección que devuelva al ciudadano rebelde (o a toda la sociedad en su caso) a su posición originaria de obediencia y sumisión, o llegar a esta a través precisamente de las medidas represivas gubernamentales.

Parece decirse luego que cada medida de este último tipo puede generar un nuevo brote de resistencia de otra naturaleza, la que -desde la “lógica” del poder- deberá ser nuevamente “corregida” (en rigor, se quiere significar sofocada). Finalmente, recusamos la insistencia del autor en utilizar la alocución “capitalismo estatal” para describir todos estos fenómenos. De lo que se habla es, sencillamente, de comunismo o socialismo, no de ninguna clase de “capitalismo”.

Hay, sin embargo, otros que parecen usar “capitalismo de estado” en un sentido algo diferente, veamos algunos ejemplos de estos:

“Es una regla, continúa Johnson, que los hombres somos en exceso crueles y despiadados no por malicia tanto como por un sentido extremo de querer el bien. Los individuos, además, no tienen tanta capacidad de hacer el mal como los gobiernos, cuyas buenas intenciones pueden crear males sin límite. La I Guerra Mundial produjo un aumento en el tamaño de los gobiernos, especialmente en Alemania, Japón, pero notablemente en la Rusia Imperial, lo que fue un factor de mucho peso para ese conflicto por parte de Alemania. Lenin de hecho heredó un gobierno de capitalismo de estado y copió a los alemanes muchos de sus arreglos. En el Occidente sucedió lo mismo, los gobiernos crecieron y aumentaron su poder.”[3]

Aquí se usa “capitalismo de estado” para designar al régimen zarista que se dice “heredado” por Lenin. Viniendo de un historiador (Johnson) si bien notable e importante, no debemos perder de la mira que no se trata de un economista ni de un jurista, habida cuenta que el término capitalismo entra dentro del campo de la ciencia económica (si bien se lo utiliza en otras disciplinas, también impropiamente) y “estado” es término inherente de las ciencias jurídicas y políticas.


[1] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 320

[2] De Jasay, A. Ibídem, pag. 320

[3] Eduardo García Gaspar. Ideas en Economía, Política, Cultura. Parte I: Economía. Contrapeso.info 2007. Pág. 319

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Sobre ofensas, opiniones adversas y el proceso de mercado

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/28/sobre-ofensas-opiniones-adversas-y-el-proceso-de-mercado/

Daniel Klein

Conviene de entrada decir que todo progreso en el conocimiento hace que muchos de los que sostenían opiniones distintas hasta ese momento imperantes se sientan incómodos, molestos, a veces humillados, ridiculizados y ofendidos. Pero precisamente el derecho a expresar libremente las ideas -la libertad de prensa- resulta trascendental no solo para que la gente se entere de lo que viene sucediendo sino especialmente para el aprendizaje en un contexto siempre evolutivo de permanentes corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones.

Todas las ciencias y todo el conocimiento está sujeto a estos avatares, de lo contrario para no molestar, incomodar, ofender o humillar habría que estancarse y renunciar al progreso. Esto también se aplica a otros territorios que últimamente se han debatido que se refieren, por ejemplo, a preferencias o inclinaciones sexuales varias, lo cual, demás está decir debe ser aceptado si no hay lesiones a los derechos de terceros pero también en este caso o similares no quiere decir para nada que otros adhieran o se que se abstengan de analizar. Pongamos un ejemplo muy extremo: supongamos que una persona se autopercibe gallina, nadie puede recurrir a la fuerza para que esa persona cambie de opinión (incluso si se ejercita en cacarear) pero esto no significa que otros no puedan decir abiertamente que esa autopercepción constituye un error de apreciación.

Claro que como he escrito antes hay también una cuestión de modales y de buen gusto. Digamos que estamos en un almuerzo con otras personas y el vecino de asiento tiene mal aliento, en lugar de denunciarlo públicamente es mejor respirar para otro lado. Consigno estos razonamientos porque aparecen talibanes aquí y allá que pretenden que todos se callen frente a actitudes que se estiman problemáticas. En realidad estos personajes absurdos apuntan a que todos suscriban sus posiciones lo cual es el mayor ejemplo de intolerancia y estupidez de dogmáticos que solo pueden rendir ilimitado culto a la personalidad de algún personaje muerto porque no piensan por sí mismos. También es una cuestión de buena educación el consejo de no insultar gratuitamente religiones o creencias que uno no comparte, a menos que se trate de estudios filosóficos-teológicos y asimismo muchos otros ejemplos que revelan la conveniencia de recurrir a buenos modales como una manera de alimentar la cooperación social.

Pensemos en la cantidad enorme de personas que se sintieron ofendidas cuando Galileo desarrolló su tesis condenada severamente por la Iglesia Católica a pesar de que como escribe Ortega y Gasset “lo obligaron a arrodillarse y abdicar de la física”. Pensemos en la medicina y los adelantos que dejaron atrás teorías equivocadas que fueron reemplazadas por otras, pensemos en la física: antes he ilustrado el tema con dos premios Nobel en esa rama que fueron padre e hijo, Joseph Thomson en 1906, entre otras razones obtuvo el galardón por mostrar que el mundo subatómico está caracterizado por partículas, sin embargo su hijo -George Thompson- recibió el premio en 1937 por señalar que en verdad son ondas.

Por supuesto que como ha destacado una y otra vez Karl Popper, el conocimiento es un peregrinaje en busca de verdades y para el logro de encontrar trozos de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos hay que estar atentos a nuevos paradigmas. Por ello es que el lema de la Royal Society de Londres nos advierte nullius in verba, a saber, que no hay palabras finales. Y es por eso que Emanuel Carrére ha estampado la conclusión que “lo contrario a la verdad no es la mentira sino la certeza”. Esto no suscribe la sandez del relativismo epistemológico sino que muestra que las certezas nublan la mente ya que no está abierta a la incorporación de nuevas ideas.

Otra cosa es si hay apología del delito y figuras tales como las injurias, calumnias y equivalentes a través de lo que se dice o hace, en esta situación intervendrá la justicia para poner las cosas en orden y proteger derechos en caso de haberse lesionado. Pero la opinión que terceros tengan de uno no es algo que pueda controlarse, en última instancia depende de la reputación de cada cual que cuanto más abierto sea el proceso mayores garantías habrá para que surja la verdad.

La reputación no es algo que se obtiene por decreto, inexorablemente depende de la opinión libre e independiente de los demás. En este sentido, autores como Daniel B. Klein, Gordon Tullock, Douglass North, Harry Chase Bearly, Avner Grief, Jeremy Shearmur y tantos otros que han trabajado el territorio de la reputación, enfatizan en la natural (y benéfica) descentralización del conocimiento por lo que el proceso del mercado abierto provee de los instrumentos e incentivos para lograr las metas respecto a la calidad en estas y en otras ramas. Y cuando se alude al mercado, demás está decir que no se refiere a un lugar ni a una cosa sino a las millones de opiniones y arreglos contractuales preferidos por la gente al efecto de coordinar resultados.

En conexión con este tema de la reputación, uno de los tantísimos ejemplos del funcionamiento de lo dicho es el sitio en Internet denominado Mercado Libre donde múltiples operaciones se llevan a cabo diariamente de todo lo concebible sin ninguna intervención política de ningún tipo. Los arreglos entre las partes funcionan espléndidamente, al tiempo que se califican y certifican las transacciones según el grado de cumplimiento de lo convenido en un clima de amabilidad y respeto recíproco que hace a la reputación según las opiniones vertidas. Estas calificaciones y certificaciones van formando la reputación de cada uno que es el mayor capital de los participantes puesto que así condicionan su vida comercial.

En este mismo contexto, Harold Berman y Bruce Benson muestran el proceso evolutivo, abierto y espontáneo del mismo derecho comercial (lex mercatoria) a través de la historia, sin que haya sido diseñado por el poder político tal como fue el sentido original de la ley. Por su parte, Carl Menger ha demostrado lo mismo respecto al origen del dinero y los lingüistas más destacados subrayan el carácter libre de toda decisión política respecto al lenguaje. Como la perfección no está al alcance de los mortales, la ética también es un concepto evolutivo que no involucra a los políticos (o en todo caso lo hacen para corromper) y, desde luego la ciencia misma es independiente de las decisiones políticas (afortunadamente para la ciencia).

Todos estos ejemplos de peso están atados a la noción libre de la reputación extramuros del ámbito político, en este sentido las corroboraciones en cada campo dependen del mercado de las ideas que, en el contexto de la mencionada evolución, va estableciendo la reputación de cada teoría expuesta de modo equivalente a lo que sucede con la calidad y cumplimiento en el ámbito comercial.

El mercado libre de restricciones gubernamentales estimula a la concordia, enseña a cumplir con la palabra empeñada, mueve a la cooperación social y decanta las opiniones válidas sobre personas y cosas. En cada transacción libre las dos partes se agradecen recíprocamente puesto que ambas obtienen ganancias, lo cual es precisamente el motivo del intercambio. Ambas partes saben que uno depende del otro para lograr sus objetivos personales. Las dos partes saben que si no cumplen con lo estipulado se corta la relación comercial. El mercado necesariamente implica cooperación social, es decir, cada participante, para mejorar su situación, debe atender los requerimientos de la contraparte.

La trampa, el engaño y el fraude se traducen en ostracismo comercial y social puesto que la reputación descalifica a quien procede de esa manera. Significan la muerte cívica. Solo la politización intenta tapar malversaciones. En la sociedad abierta, el cuidado del nombre o, para el caso, la marca, resultan cruciales para mantener relaciones interpersonales.

Las opiniones derivan de los sucesos en el ámbito del mercado a contracorriente de lo que ocurre en el plano político donde siempre hay discursos desaforados, gritos, enojos, donde se muestran los dientes en el contexto de enemigos que siempre hay que combatir. En el proceso del mercado, en cambio, se destaca la amabilidad en intercambios libres y voluntarios donde cada cual para mejorar su posición debe servir los intereses de los demás. Por ello es que la reputación de políticos -es decir la opinión de otros sobre su desempeño- no suele ser buena.

Los derechos de propiedad permiten delimitar lo que es de cada uno y consiguientemente permiten establecer con claridad las transacciones. Por el contrario, la definición difusa y ambigua de esos derechos y, más aún, la “tragedia de los comunes” inexorablemente provocan conflictos y se opaca la contabilidad con lo que se dificulta la posibilidad de conocer resultados. En libertad cada uno da lo mejor de sí en interés personal, en la sociedad cerrada cada uno saca lo peor de sí para sacar partida de la reglamentación estatista por la que el uso de los siempre escasos recursos resultan siempre subóptimos.

John Stossel en su programa televisivo en Fox subraya las enormes ventajas del contralor privado frente al estatal. Al mismo tiempo destaca cómo las regulaciones gubernamentales, que bajo el pretexto de una mejor calidad, cierran el mercado para que privilegiados operen, a pesar de que si hubiera libertad contractual otros serían los proveedores de bienes y servicios.

Un ejemplo paradigmático de lo que estamos abordando es el oscurecimiento de la reputación de casas de estudio debido a la politización de sellos oficiales y absurdos “ministerios de educación”, en lugar de obtener la acreditación por parte de academias e instituciones internacionales especializadas y en competencia, a su vez, cuyas reputaciones dependen de la calidad de sus veredictos y sus procederes. En cualquier caso, constituye siempre un reaseguro el separar drásticamente la cultura de los aparatos políticos (cultura oficial es una contradicción en los términos, lo mismo que periodismo o arte oficial). Esto con independencia de las respectivas inclinaciones de los políticos del momento, puesto que la educación formal requiere puertas y ventanas abiertas al efecto de que el proceso de prueba y error tenga lugar en el contexto de la máxima competitividad y apertura mental.

En varios de sus ensayos Walter Block objeta parte de las visiones convencionales relativas a la opinión que terceros puedan tener sobre la reputación de ciertas personas consideradas por el titular como injustificadas, puesto que reafirma que la reputación no es algo que posea en propiedad el titular sino que, como queda expresado, deriva de la opinión de otros. Como ha subrayado el antes mencionado y tan ponderado profesor Daniel Klein, los incentivos fuertes que genera la sociedad libre en competencia constituyen el mejor modo de producir opiniones valederas sobre los muy diversos aspectos que se suscitan en las relaciones interindividuales y, asimismo, la manera más eficiente de poner al descubierto y descartar las opiniones falsas.

Por último en este tema crucial, es pertinente resaltar que la discriminación es inaceptable cuando se pretende vulnerar la igualdad ante la ley desde el aparato estatal pues todos tienen los mismos derechos, pero es natural y necesaria la discriminación en los ámbitos privados ya que todos al actuar preferimos algo y dejamos de lado lo otro, esto es, seleccionamos, preferimos o discriminamos entre los amigos que elegimos, nuestras lecturas, comidas, ropa, deportes y en todo lo que hacemos discriminamos lo cual desde luego incluye a quienes recibimos y a quienes no en nuestras propiedades, al contrario de lo alegado por energúmenos que protestan porque tal o cual restaurante o similar no los dejan que entren a su local. Es otra vez el espíritu talibán que intenta que todos actúen según sus parámetros, en ese clima ya no habría ofensas ni opiniones adversas puesto que dominará el detestable pensamiento único en un contexto en el que desaparecerá el mercado libre y la igualdad ante la ley como reflejos de una sociedad civilizada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Cuando un servicio público se convierte en enemigo del público

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/21/cuando-un-servicio-publico-se-convierte-en-enemigo-del-publico/

El dictador venezolano Nicolás Maduro

En todo el esqueleto conceptual de la tradición de la sociedad libre el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es para proteger y garantizar derechos de las personas, una condición que es anterior y superior a la existencia del aparato estatal.

Sin embargo, observamos que los gobiernos se arrogan facultades que en esta línea argumental no les corresponden. Y no solo eso sino que se apropian de funciones que resultan ser contrarias al sentido mismo de su existencia. Y, como se ha hecho notar tantas veces, no vale sostener que esos abusos se han llevado a cabo merced al voto popular puesto que esta visión estrafalaria conduciría, por ejemplo, a justificar el régimen criminal nazi porque sus sicarios fueron entronizados en un proceso electoral. La democracia desde tiempos aristotélicos significa un sistema de libertad no de libertinaje. El voto tiene lugar en el contexto del derecho y consecuentemente de la igualdad ante la ley que es una idea inseparable a la de Justicia, es decir, el “dar a cada uno lo suyo”, que como también se ha hecho notar “lo suyo” remite a la propiedad de cada cual.

Habiendo hecho esta introducción, ilustramos en esta ocasión el desvarío estatal con el caso de las mal llamadas empresas estatales. La actividad empresarial por definición se traduce en arriesgar recursos propios en el emprendimiento y no recursos coactivamente detraídos del fruto del trabajo ajeno. Además, la así denominada empresa estatal inexorablemente significa alterar las prioridades de la gente puesto que se asignan los siempre escasos recursos en áreas distintas de lo que hubieran hecho de no haber mediado la compulsión. Y si se dijera que el gobierno hace lo mismo que lo que la gente hubiera hecho no es necesario el uso de la fuerza para tal fin con el ahorro de sueldos de burócratas, pero para saber cuales son las preferencias de la gente hay que dejarla actuar en libertad. De más está decir que si el organismo estatal en cuestión además es deficitario la situación se agrava considerablemente.

También, por las razones antedichas ese agente gubernamental que la juega de empresario siempre presta malos servicios puesto que deben compararse con lo que hubiera hecho la gente en ausencia de la referida imposición. En otros términos, no tiene el menor sentido decir que un emprendimiento comercial del aparato estatal es bueno si la gente hubiera preferido otra cosa. Es decir, carece de significación sostener que el aparato estatal brinda buenas bicicletas si la gente prefiere leche.

Es del caso subrayar que estos caprichos estatales perjudican a todos por lo que hemos destacado, pero perjudican muy especialmente a los más pobres puesto que el derroche de capital reduce de modo más contundente sus salarios en términos reales ya que recae sobre montos menores. Entonces, no se trata de un servicio público como se pretende alegar sino de acciones que se traducen en enemistades graves con el público.

La actividad empresarial no constituye un simulacro sino un proceso en el que cada empresario está obligado a atender las necesidades de su prójimo para obtener ganancias, de lo contrario incurre en quebrantos. Por el contrario, las faenas malsanas de gobernantes se perpetúan a costa de la succión del bolsillo ajeno.

Cómo hacer para desprenderse de estos lastres es otro cantar pues en esta materia, como en otras, lo relevante es tener claras las metas, hay muchas formas y variantes de sacarse de encima estos pesos insoportables que son causa de presiones tributarias colosales, inflaciones crónicas y endeudamientos astronómicos. Los métodos dependerán de las circunstancias pues el problema de las telarañas mentales radica en las metas que una vez comprendidas el resto se da por añadidura. Es curioso sin embargo que cuando alguien señala los problemas de las mal llamadas empresas estatales se repregunta a la persona en cuestión cómo haría para traspasarlas al sector privado con lo que se enganchan en una discusión interminable pero se pasa por alto el objetivo que es lo que realmente importa.

El mal denominado emprendimiento comercial gubernamental puede convertirse en sociedad anónima y venderse las acciones en la bolsa, subdividirse y venderse en trozos, rematarse al mejor postor nacional o internacional sin condiciones de ninguna naturaleza o simplemente liquidarse y disolverse pero, como queda dicho, lo trascendental es que se entienda que aquellas faenas son incompatibles con la naturaleza del monopolio de la fuerza, principalmente para ofrecer Justicia y seguridad que es lo que habitualmente no hace el Leviatán desbocado.

A veces se ha dicho que debe eximirse de este análisis cuando se trata de territorios que resultan inviables para el negocio privado que por tanto no atenderán. Pero es indispensable percatarse que si lo encara el sector estatal esto quiere decir que lo encaran a la fuerza otras personas puesto que ningún gobernante se desprende de sus ingresos para estas y otras misiones, es siempre sobre el vecino que recae la tarea de financiar. Entonces si el gobernante decide operar con recursos detraídos de la gente para estos fines reconociendo que son antieconómicos, debe tenerse muy en claro que el consecuente despilfarro ensanchará las áreas inviables hasta convertir a todo el país en inviable si se persiste en el despilfarro del fruto del trabajo ajeno.

Los ejemplos extremos de los embates y cosméticas hipócritas de servicios públicos se ven hoy en Cuba, Venezuela y Corea del Norte con sus imitadores que han arrastrado a las poblaciones a condiciones paupérrimas que finalmente no cuentan con los servicios públicos más elementales, todo en nombre de un bienestar que solo lo disfrutan los bandoleros que son los funcionarios estatales del momento a expensas del sufrido pueblo.

Es tragicómico que hayan esperpentos que pretenden contradecir estos ejemplos aberrantes declarando que se necesita sustituir a los actuales administradores de esos emprendimientos estatales por “buenos funcionarios”, sin darse cuenta que el problema no es para nada quien detenta esas funciones sino los incentivos y la naturaleza misma de la gestión privada frente a los que desean sustituirla por empleados que confiscan fondos de otros para encarar aventuras políticas.

Cierro esta nota periodística recordando lo que en ciencia política y economía se clasifica como “la tragedia de los comunes”, a saber, lo que es de todos no es de nadie. Hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando pagamos las cuentas de nuestro peculio respecto a la situación en la que obligamos a otros a hacerse cargo de las facturas. Los incentivos son clave para adentrarse en el drama de las mal llamadas empresas estatales devenidas en “servicios públicos”. Y en este plano de análisis es de gran relevancia recordar lo escrito por Frederic Bastiat en su obra titulada La Ley“Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicción, el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la noción de la moral o perder el respeto a la ley”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Alberto Fernández se endeuda a mayor velocidad que Mauricio Macri y cobra más impuesto inflacionario

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/8/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/24/alberto-fernandez-se-endeuda-a-mayor-velocidad-que-mauricio-macri-y-cobra-mas-impuesto-inflacionario/

Alberto Fernández: "Macri me recomendó no trabajar más allá de las seis ó  siete de la tarde". - Ahora San Juan
Cada presidente deja en herencia una deuda mayor a la que recibió, la diferencia está en la magnitud derivada de la política económica en cada caso (EFE)

El Gobierno vive argumentando que tiene como herencia la deuda que tomó Cambiemos en su gestión, pero como es costumbre, se trata de un tema que es el caballito de batalla de los presidentes populistas y de los dirigentes de la izquierda. Nunca se detienen a pensar que esa deuda pública es hija del déficit fiscal.

Si la Administración Central incurre en déficit en sus finanzas la forma de resolverlo es mediante la baja del gasto público. Pero nunca lo hace, opta por otros caminos: aumentar la carga tributaria, emitir moneda o tomar más deuda externa o interna con la colocación de bonos y nuevos créditos de organismos internacionales.

El actual gobierno muestra como un logro de su gestión que la deuda que toma es en pesos. Pero eso, lejos de constituir una fortaleza, responde a que como es poco creíble en el mundo ya nadie le quiere prestar. No tiene acceso al mercado financiero internacional. Solo consigue tomar deuda en pesos en forma cuasi compulsiva en el mercado interno, además de aumentar impuestos.

Por otro lado, tomar deuda en pesos como si fuera un beneficio respecto a la colocación de bonos en dólares es un disparate conceptual. Es cierto que el Estado no puede emitir dólares si, llegado el momento de los vencimientos, no dispone de las divisas para pagar y no tiene acceso al mercado voluntario de deuda. Pero que coloque más deuda en pesos no quiere decir que sí so sí el Estado vaya a pagar y si la paga, la paga un tercero.

Me explico. Supongamos que vence deuda en pesos y el Tesoro no generó excedentes de caja para hacer frente a esos vencimientos. Y que el Estado no caerá en default porque el BCRA puede emitir moneda y así cancelar el compromiso en moneda nacional. Sin embargo, eso implicaría aplicar el impuesto inflacionario a trabajadores y jubilados, por el efecto de esa expansión monetaria sobre el conjunto de los precios de la economía.

La evidencia empírica de las últimas décadas muestra que cuando la Administración Central no puede pagar la deuda contraída en pesos, termina confiscando ahorros, como ocurrió en diciembre de 1989. Entonces, como el gobierno no tenía forma de pagar los depósitos indisponibles de aquellos años, equivalentes a las Leliq actuales, confiscó los depósitos bancarios de los ahorristas con el famoso Plan Bonex que convirtió las colocaciones a un promedio de 7 a 30 días de plazo en títulos en dólares a 10 años de plazo.

El gran riesgo que sigue acumulándose con la política económica del Gobierno, no es solamente que la deuda pública aumentó en USD 30.595 millones desde que asumió Alberto Fernández, sino que además multiplicó por 4 en pesos, o por 2 en el equivalente en dólares la generada con la colocación de instrumentos de regulación monetaria, como son las Leliq y Pases del Banco Central con el sistema financiero que heredó de la presidencia de Mauricio Macri.

Si la cuenta se hace en dólares al tipo de cambio oficial, la deuda del BCRA aumentó en el equivalente a USD 20.628 millones, lo cual sumado a los USD 30.595 millones de deuda de la Administración Central supera los USD 51.000 millones.

Durante la era Macri la deuda pública creció a una velocidad promedio de USD 1.387 millones por mes; en tanto en los primeros 20 meses de gobierno de Alberto Fernández se ha venido expandiendo a un ritmo de USD 2.561 millones por mes.

Pero no solo el actual gobierno aumentó los impuestos y viene tomando deuda pública a un ritmo más veloz que al ritmo que tomó Macri, sino que, además, tiene la tasa de inflación promedio mensual más alta que la que tuvo lugar durante las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner y también de Mauricio Macri, aunque en este último caso la aceleración de la suba de los precios se originó, entre otras cosas, en el ajuste de las atrasadas tarifas de los servicios públicos, las cuales ahora se vuelven a postergar, como ancla de la inflación.

El gráfico muestra una inflación más baja en los dos períodos de Cristina Fernández de Kirchner, pero aclaremos que en el segundo período presidencial los controles de precios, el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos y el atraso del tipo de cambio real, actuaron como ancla insostenible en el tiempo.

En definitiva, los primeros 20 meses de presidencia de Alberto Fernández se caracterizaron por el aumento de los impuestos; el incremento del impuesto inflacionario y, la aceleración del ritmo de endeudamiento, respecto del gobierno precedente.

Destaco que en estas comparaciones no consideré la deuda que dejó la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner por la venta de dólar futuro a un precio sensiblemente al de mercado; los holdouts, las derivadas del Plan Gas y Energía; y con el Ciadi, que significaron unos USD 31.000 millones que recibió en herencia el presidente Macri.

Todo esto puedo decirlo con total libertad de conciencia porque fui muy crítico de la gestión de Mauricio Macri por su famoso gradualismo, y porque creo que es innegable que Alberto Fernández hizo un destrozo mucho mayor de la economía en su conjunto en estos primeros 20 meses de gobierno, más allá del factor exógeno de la crisis sanitaria.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

EL PERDON Y EL SENTIDO DE LA VIDA EN “ANA Y SUS HERMANAS” (De mi libro “Filosofía para los amantes del cine”, de 1992).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/8/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/08/el-perdon-y-el-sentido-de-la-vida-en.html

Volvemos a Woody. Esta vez, con una de sus más típicas creaciones: “Ana y sus hermanas”. La película gira en torno a diversos episodios de la vida de Ana, Lee y Holly, (las tres hermanas) a las cuales podríamos agregar un cuarto personaje, el mismo Woody, siempre profundo y desopilante, quien toma en la película el nombre de Michey Sachs.

Será difícil realizar una síntesis de la película, pues ésta va narrando diversas historias, que afectan a cada uno de los personajes, en forma paralela. De todos modos, debemos intentar destacar algunos de los elementos centrales de dichas historias, dado que, como habitualmente hacemos, después será el material de nuestra reflexión filosófica.

Se podría decir que hay dos ejes narrativos en torno a los que los demás personajes van apareciendo. Uno es la historia de Eliot y Lee, otro, la historia de Michey Sachs, a quien diremos Woody de aquí en adelante. Cuando nos refiramos a Woody en cuando guionista y director, diremos su apellido.

Ambiente: una familia neoyorquina de ingresos normales, judía. Contemporánea. Ana (Hannah) estuvo casada con Woody, pero después se separaron y ahora vive con Eliot. A este lo veremos en la primera escena, en una reunión familiar del día de Acción de Gracias, mirando nostálgicamente a Lee. Lee vive con Frederick, un intelectual, mayor que ella, introvertido y no muy sociable, cuyo única relación afectiva es Lee. Pero Eliot está, parece, profundamente enamorado de Lee. Trata de sacar de su mente ese amor por la hermana de quien ahora es su esposa, pero no puede. Trata de sublimarlo hablando de literatura y poesía, pero el intento es vano, porque encontrará en la poesía su medio para expresar ese amor. En escenas llenas de un humor dulce y comprensivo de los desvelos humanos, Woody Allen va describiendo risueñamente las peripecias de esta relación. Eliot finge la casualidad en un encuentro callejero con Lee, a quien logra invitar a una vieja librería neoyorquina para compartir su gusto común por la literatura inglesa y norteamericana. Alli, Eliot le regala un libro de poemas de E. Cummings, señalándole especialmente una poesía. Esta decía así:

“Tu delicada mirada

me descubre fácilmente

aunque me he cerrado, como dedos,

tú me abres siempre,

pétalo por pétalo,

tal como la primavera abre

(tocándola hábil y…

misteriosamente)

su primera rosa

(no sé qué hay en tí que

abre y cierra

sólo algo en mi comprende que

la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)

nadie, ni siquiera la lluvia

tiene manos tan suaves”

Bueno! Lee, que ya estaba dubitativa, queda definitivamente “tocada” por esta vehemente expresión de afecto de Eliot, a través del viejo arte literario. Pero no sabe qué hacer. Es el marido de su hermana!

Pero el proceso se había iniciado, y era ya difícil frenarlo. Vuelven a encontrarse nuevamente en una frustrada venta de cuadros de Frederick. Mientras éste se pelea con su eventual comprador, Eliot pregunta a Lee sobre el poema, pero Lee sigue dando respuestas evasivas. Eliot se ordena a sí mismo proceder con calma. Pero, como tantas veces sucede en la vida humana, hace absolutamente lo contrario de lo que su razón le dicta. Intempestivamente, besa a Lee, segundos antes de que aparezca Friederick tras concluir la discusión con su frustrado comprador. Lee no tiene tiempo de hacer o decir algo. Eliot está a punto de infartarse, figuradamente dicho. La escena está magníficamente actuada. Eliot sale a caminar, diciendo que necesita aire… Y en verdad lo necesitaba! Trata de encontrar una cabina telefónica, pero Lee se le adelanta. Conversan sobre la cuestión, apurada y nerviosamente. Lee insiste sobre la gravedad del problema. Pero Eliot insiste con una pregunta: si su deseada cuñada siente algo parecido. Ella no dice que no. Eliot está feliz. “Tengo mi respuesta!”, exclama.

Ahora vamos a dejar por un momento a nuestra singular pareja para dirigirnos a otro eje narrativo más singular todavía: Woody.

Woody es guionista de programas cómicos para televisión. Lo veremos casi correr por los pasillos de un canal noeyorquino mientras discute sobre un diálogo que en unos minutos debía salir al aire. Así, en medio de semejante y contínua paz oriental (…) transcurre su vida. Vida que, en lo personal, había tenido serias dificultades. Había estado casado con Ana, pero esa relación hizo crisis debido a la esterilidad de Woody. En una increíble escena, ambos piden esperma prestado a un matrimonio amigo. La solución adoptada no soluciona la crisis de la pareja. Woody había intentado salir después con otra de las hermanas de Ana, Holly, de quien hablaremos con más detalle después. Por ahora, digamos que esa relación tampoco funcionó. Uno amaba el jazz, la otra el rock; uno odiaba el rock, la otra el jazz. No encontraron un punto en común.

Ahora, Woody tiene otro problema: se enfrenta una vez más con su hipocondría galopante. Cree tener un tumor en el cerebro. Se somete a todo tipo de análisis, que Woody Allen caricaturiza con su estilo inconfundible. Los primeros análisis no son alentadores. Woody desespera. Trata de tranquilizarse. “Nada te va a pasar”, se dice a sí mismo. “Estás en medio de New York, tu ciudad”. Pero, obviamente, eso no tranquiliza a su torturado espíritu. La idea de la muerte lo aterra. (Nada raro, no?). La idea de su muerte lo aterra (como Unamuno aclararía).

Finalmente, los análisis dan bien. Nada tiene. Woody sale saltando y bailando de la clínica. Corre por las calles de su ciudad, festejando que no va a morir. Pero repentinamente se detiene. No va a morir, en efecto, pero… Por ahora no va a morir. Y, entonces, la muerte, como problema a enfrentar, se instala en su mente. Había mandado esa cuestión “al fondo de su mente”, pero, ahora, necesita respuestas. La muerte, inexorable presencia, temido límite de nuestra existencia, inexorable y dramática mostración de nuestra finitud, golpea al espíritu de Woody, que necesita una respuesta, que quiere saber si todo acaba con la muerte o no. Clásico y constante problema de la vida de toda persona, es también clásico problema de la filosofía, cuyos temas son concomitantes con los más esenciales de la vida humana.

A partir de aquí, Woody comienza su frenética búsqueda. Vanamente intenta un primer diálogo con una compañera de trabajo, que concluye en una inútil y heterodoxa recomendación de escapismo. Pero Woody no quiere posponer el problema, porque sabe que eso no lo soluciona. Así, lo veremos salir de una biblioteca, decepcionado por las respuestas filosóficas de algunos de mis colegas. Trata entonces de saciar su sed en las fuentes de la religión. Habla primero con un representante de los Hare Krishna; después, con un sacerdote católico. Ambos le dan libros y no fuerzan su decisión. Lo más curioso es la discusión con sus padres. Recordemos que Woody es judío de raza. Woody parece anunciarles algún tipo de curiosidad y/o entusiasmo por el catolicismo romano. Escucharemos llorar y agarrarse la cabeza a la madre, mientras que su padre exclama: por que no tu propia religión? O, en todo caso… el budismo!

Pero Woody no se conforma. Inquiere a su padre por el sentido del mal. Por qué el mal en el mundo? Inquiere también por la inmortalidad. Qué sucede con la muerte? Todo acaba? Su padre no le da respuestas. Woody no encuentra eco de sus preocupaciones en su familia. La vigorosa fe del judaísmo parecía haberse debilitado en ellos.

Mientras tanto, qué había pasado con Eliot, Lee y su amor casi imposible? Pues que intentan hacerlo posible por un tiempo. Inician una secreta y hotelera relación. Friederick se da cuenta, y después de una amarga discusión, donde éste se reencuentra con su soledad, Lee decide cortar con él. Eliot piensa confesarse con Ana, pero no lo logra. Su relación con su esposa es difícil y distante; ella advierte que algo pasa, pero no sospecha que haya otra mujer. Mientras tanto, Eliot se confiesa con un psicoanalista, al cual expresa su sentimiento de culpa. Al cabo de un año, la relación entre Lee y Eliot se hace también cada vez más difícil. Lee conoce a un profesor de Literatura y decide cortar con Elliot. Este tiene esa noche otra discusión con Ana, a la cual reprocha una especie de sobreprotección. Veremos este detalle después. Pero esa misma noche, Elliot se reencuentra con Ana, quien, al acostarse junto a su esposo, llora y exclama que todo está muy oscuro. Elliot le dice que la ama, y no le miente. Y se abrazan.

Supondrás que ahora volveremos a Woody. No, no por ahora. Antes, debemos prestar atención a un torturado personaje: Holly, de quien algo ya habíamos dicho en ocasión de Woody. Holly se presenta ante nuestros ojos como la imagen del fracaso. Sus trabajos son inestables; sus parejas, también; intenta cantar, escribir, pero no lo logra; y, además, de vez en cuando, calma sus angustias con algo de cocaína (como otros con la nicotina). La veremos montar, junto con su amiga April, una empresa de servicios de comida; allí conocen juntas a un arquitecto, David, quien las invita a recorrer la ciudad (escena en la cual Woody Allen despliega, fílmicamente, las maravillas edilicias de New York). Las veremos a ambas competir por el afecto de ese hombre, y  veremos a la pobre Holly totalmente vencida en esa competencia. Veremos también a Holly intentar probar suerte con el canto; tiene una audición; April también canta en la misma audición. April es la que triunfa. No comments!

Pero la búsqueda de la felicidad es, en el ser humano, afortunadamente insaciable. Holly intenta una vez más. Pide a Ana un préstamo para poder dedicarse a escribir una novela.

Tiempo después, Holly y Woody se encuentran mirando libros en una librería. Se saludan con afecto. Recuerdan sus viejas salidas y peleas, pero risueñamente y sin rencores. Holly cuenta a Woody lo que está haciendo, y lo invita a leer sus originales. Woody acepta. Y queda encantado. Elogia intensamente el libro de Holly. Esta no lo puede creer. Está feliz. Y la relación entre ambos renace.

Entonces Woody le cuenta a su reencontrada amiga la historia de su búsqueda por la verdad más profunda del ser humano. (Como vemos, volvemos ahora a Woody). Esta parte es una de las más significativas filosóficamente.

Woody se encontraba ya casi desesperado por el fracaso de su búsqueda existencial. En términos más elaborados, la angustia existencial de Woody había llegado al límite. Esa angustia existencial, la angustia por el sentido último de la propia existencia, se produce cuando el ser humano asume total y absolutamente, sin ambigüedades, la conciencia de su propia finitud al mismo tiempo que no ve salida alguna al acabamiento total que esa finitud sola, sin Dios que la sostenga, implica. Habíamos dicho en los comentarios anteriores que la vida humana, finita y contingente, se encuentra sostenida por una especie de soga, que es el contínuo acto de Dios causando nuestro ser, sin el cual caeríamos en la nada. La angustia existencial es la sensación de estar cayendo en esa nada, cuando por algún motivo no vemos al Dios absoluto que nos sostiene.

Qué hace Woody en esa circunstancia? Intenta suicidarse. Pero, por supuesto, con el humor que sólo Woody Allen sabe poner en esos momentos. Woody, murmurando frases de auténtica desesperanza, coloca un fusil en su cabeza. Todavía, empero, no se ha decidido a disparar. Repentinamente, el fusil se dispara, con el tiro desviado. Un espejo recibe el balazo y se rompe en mil pedazos. Los vecinos comienzan a tocar el timbre. Woody trata de responder, aturullada y desordenamente, que no es nada. Entonces sale de su departamento, a caminar, o a correr, o a lo que fuere; en realidad, sale, no sabe a qué, sumido en la más absoluta confusión. Como una salida, esta vez más inofensiva para sí mismo, entra a un cine, sin siquiera averiguar de qué película se trataba. Lentamente Woody va descubriendo de qué se trata. Era una película cómica, norteamericana, de la década del 30. Absolutamente cómica, ingenua, inocente, e intrascendente en el sentido filosófico del término, esto es, un humor que no se plantea los problemas que preocupan a Woody. Más o menos, como distraerse viendo a los Tres Chiflados.

Entonces Woody encuentra una salida. No una respuesta, pero sí una especie de escape a la pregunta, una especie de escape permanente, una especie de narcótico para su angustia. Ve a todos en la película, divirtiéndose, y entonces llega a esta fórmula: “divertirse mientras tanto”. No puede solucionar el sentido último de la vida; no pudo averiguar si hay algo después; pero, mientras tanto, no le sirve angustiarse; mejor olvidar el tema y divertirse, sin hacer mal a nadie, lo que se pueda, hasta que el inevitable final llegue. Como vemos, no es un escape autodestructivo, pues el asunto es estar vivo para poder reir. Woody optó por la salida “cómico-existencial”. Esto es importantísimo, y volveremos a esto más adelante.

Antes de pasar a comentarios generales, nos ha quedado en el tintero alguien de quien podríamos decir lo habitual: que no por última es la menos importante. Se trata de Ana. Ana, en medio de los desvelos de Holly y de Woody, en medio del comportamiento extraño de su marido y su hermana Lee, y en medio de las peleas y problemas de sus padres, angustiados por la juventud perdida y viejos en su vejez, trata de adoptar una actitud componedora, conciliatoria y protectora. Pero logra poco. No lo logra con Holly, a quien trata de anunciar el irrealismo de muchos de sus propósitos. En una memorable escena, donde las tres hermanas se encuentran a almorzar, como es su costumbre, Ana y Holly comienzan a discutir, y Lee, que en ese momento está en medio del problema con Elliot, comienza a llorar, y trata de descargar su angustia y su sentimiento de culpa defendiendo a Ana. Pero Ana entiende poco qué es lo que está ocurriendo. Riñe, como dijimos, con Elliot, sin entender, tampoco, qué está ocurriendo. En la fiesta de Acción de Gracias donde Elliot corta con Lee (o, mejor dicho, al revés), Ana se entera de que la línea argumental de la novela de Holly tiene mucho de su relación con Elliot. Sin sospechar que la fuente de transmisión de información es Elliot-Lee-Holly, Ana inquiere a Elliot con quién estuvo comentando sus cuestiones personales. Elliot no contesta, pero recrimina a Ana su sobreprotección y su supuesta falta de conciencia de los problemas, no sólo de los demás, sino también de sí misma. Ana queda muy confundida. Es allí cuando, al acostarse junto a Elliot al final de esa noche, expresa su angustia. Y es allí cuando se reconcilian.

El relato de Woody Allen termina con una tercera fiesta de Acción de Gracias. Allí veremos a Lee casada con su profesor de literatura. Veremos a Elliot, mirando a Lee, pero esta vez con otra expresión, más calma y tal vez más sabia, diciéndose a sí mismo cuánto amaba y ama a Ana, mucho más de lo que él mismo imaginaba. Y veremos a Woody y Holly, casados. El último diálogo que escucharemos es un digno final de Woody Allen. Woody abraza a Holly y le expresa lo maravillado que está por ese amor que los une. Holly sonríe, embelesada. Y, mirándolo a los ojos, le dice algo importante.

“Querido, estoy embarazada”

THE END!

De la película, claro, no de nuestro comentario, que en alguna medida ya se insinuó.

Antes que nada, una aclaración. No intentaremos profundizar en los detalles psicológicos de cada uno de los personajes; dejamos ese interesantísimo trabajo, no porque no nos interese, sino porque no queremos invadir otros terrenos profesionales para los cuales no estamos preparados. Pero, obviamente, la psicología y la filosofía están relacionadas, y por lo tanto tocaremos cuestiones psicológicas en la medida que sean pertinentes a esa relación.

Hay dos aspectos que queremos destacar. Uno, filosófico-moral; otro, de antropología filosófica, más filosófico-existencial.

A lo largo de todo el relato hemos visto una serie de desvelos humanos, de anhelos, de sentimientos encontrados, de frustraciones, de angustias. La hemos visto a Lee dudando frente al amor de tres hombres; lo hemos visto a Elliot luchando contra un sentimiento que no puede refrenar, compitiendo con otro sentimiento hacia Ana, también profundo, aunque distinto; la hemos visto a Holly, luchando casi desesperadamente por algo de paz; lo hemos visto a Woody, corriendo atrás del remolino de su existencia, torturado frente al miedo por su muerte, angustiado, buscando la respuesta a la pregunta más profunda, y escapando por medio de la risa. Y la hemos visto a Ana, tratando de mantenerse equilibrada y pacífica, pero encontrándose también con sus propios desvelos, calmados sólo por el amor de Elliot, quien encontró en Ana algo más esencial que la belleza de su hermana Lee.

Todo esto, como dijimos, sería fascinante para ciertos análisis psicológicos específicos que no son nuestro oficio. Lo que a nosotros nos corresponde destacar es, en este caso, una cuestión filosófico-moral. En efecto, seguramente te habrás visto tentado a juzgar, de algún modo, la conducta de algunos de los personajes que entran en escena. Está bien o está mal lo que hizo Elliot, junto con Lee? ¿Hace bien Holly en calmar sus angustias con cocaína? ¿Hizo bien Woody en intentar pegarse un tiro? Y, así, podríamos seguir preguntándonos muchas cosas, cuya respuesta implicaría un juicio sobre la persona de cada uno de los personajes que aparecen en el relato.

Es la oportunidad para que reflexionemos sobre una distinción muy importante. Una cosa es el juicio moral sobre una norma, objetivamente considerada y en abstracto, y otra cosa es el juicio sobre la conciencia subjetiva de una persona, considerada en concreto. Son dos cuestiones distintas, aunque relacionadas. Veamos un ejemplo.

Para que tú y yo no discutamos mucho, buscaré un ejemplo sobre el cual, al parecer, quizás estemos de acuerdo, en la medida que no entremos en detalles. Digamos que matar a otro persona, excepto defensa propia proporcionada, está moralmente mal. Sobre eso, al menos, estoy seguro. Ahora vamos a suponer que alguien, digamos Juan, mata, no entrando en juego la excepción aludida. Entonces podremos decir que lo que Juan hizo está moralmente mal. Pero de allí a decir “Juan es malo”, o algo parecido, hay un gran paso. ¿Por qué? Porque para decir eso, deberíamos conocer integralmente el conjunto total de circunstancias que rodean toda la historia personal de Juan; deberíamos conocer con certeza qué hay en lo más íntimo de su conciencia, para saber si lo hizo con total frialdad y malicia, o no; deberíamos conocer con certeza total el grado de su salud psíquica; deberíamos conocer con certeza los detalles de su formación moral, para saber en qué medida hay en su conduca negligencia o error insalvable. Ahora bien, piensa tranquilo, ponte la mano en el corazón. ¿De quién sabes, con plena certeza, todo eso? Te diré: sólo Juan puede tener una idea aproximada de todo eso; nosotros, conjeturas; y, plena certeza, absoluta y total plena certeza, sólo Dios.

Este es el fundamento de que no debamos juzgar a los demás, en la medida que “juzgar” implique realizar un juicio sobre la conciencia subjetiva de la otra persona. En cambio, sí podemos juzgar su conducta; podemos decir que su conducta no esta bien, en la medida que su conducta sea un caso particular de una conducta que, en abstracto, sabemos que es incorrecta moralmente. Pero no podemos juzgar con certeza su conciencia, porque ese juicio sólo lo puede hacer Dios.

En este sentido, hay algunas aclaraciones que hacer. Tal vez estés pensando que lo moralmente bueno o malo es subjetivo y/o relativo, y que yo estoy partiendo de presuponer lo contrario. Es cierto que estoy partiendo de lo contrario; es cierto que considero que la razón humana puede, aunque con dificultad, determinar lo que moralmente está bien o mal; pero, como ya hemos comentado en ocasión de las películas anteriores, no parto de ello como de un postulado sin demostrar, sino como una conclusión demostrada a partir de la existencia de Dios. Porque el bien moral no es más que el camino, conforme a tu naturaleza humana, que te dice por dónde llegar a tu fin último, que es Dios, fin último que, como hemos visto también, no puedes no querer, aunque muchas veces no lo identifiques con Dios: en tu deseo más profundo de felicidad total y absoluta está la búsqueda del absoluto que es Dios.

Si Dios no existiera, es cierto que tú mismo fijarías el fin de tu existencia, pero, dado que existe, El es el fin último objetivo a tu naturaleza, y de allí se desprende que hay ciertas conductas objetivamente incompatibles con el perfeccionamiento de tu naturaleza. Por lo tanto, hay normas morales objetivas.

Pero, por el mismo motivo, Dios es el único que puede juzgar la conciencia del prójimo. Es aparentemente paradójico que, aunque muchas personas duden de que Dios exista, sin embargo juzgan y condenan permanentemente a su prójimo. Es realmente paradójico que quienes saben o creen que Dios existe juzguen la conciencia de su prójimo, ocupando un lugar que sólo Dios puede ocupar, porque sólo El tiene el infinito conocer y la infinita justicia. Y, podríamos suponer, dado que es el Bien infinito, su misericordia, posiblemente, también sea infinita.

La película de Woody Allen que estamos comentando sugiere una cuestión que tiene mucho que ver con todo lo que acabamos de mencionar, que tal vez te suene algo abstracta, pero que no te imaginas lo presente que está, de manera constante, en nuestra vida cotidiana. Se trata de la comprensión, la comprensión profunda hacia nuestro prójimo, y también, por qué no, la actitud de perdón. Este último -el perdón- está ahora apenas insinuado, pero será enfáticamente tratado en otra obra de Woody Allen que comentaremos hacia el final.

En ningún momento Woody Allen se ríe despectivamente de sus personajes; en ningún momento los desprecia y/o los condena. Sólo en una oportunidad lo hemos visto casi destruir a un personaje -hablaremos de ello más adelante-, pero no en esta película, mucho menos en esta película. Lo que hace es, sencillamente, mostrarnos tal cual somos, con pleno respeto y consideración. Muestra nuestras angustias, nuestros desvelos, nuestra permanente búsqueda de felicidad, tantas veces frustrada. Muestra, también, nuestros errores, nuestras faltas, graves muchas de ellas. Pero no condena. 

 ¿Qué hay detrás de ello? Algunos verán un cierto relativismo moral, esto es, que nada es objetivamente bueno o malo, lo cual, por cierto, no es nuestra posición. Es una interpretación no imposible, pero poco probable, sobre todo teniendo en cuenta la evolución de las películas posteriores de Woody Allen. Lo que yo veo es una actitud de  comprensión y consiguiente perdón, lo cual es incompatible con el relativismo moral. Trataré de explicarte mi opinión.

La actitud de comprensión y perdón es una norma moral que te estoy proponiendo, basada en las consideraciones anteriores. Comprender a una persona significa tratar de tener en cuenta todo el conjunto de circunstancias que puede influir en su conducta. “Tener en cuenta” implica saber que existen, aunque, precisamente, no podemos conocerlas todas. Justamente por ello, la conducta humana tiene motivaciones subjetivas sumamente complejas, tales que nos impiden abrir juicio certero sobre la culpabilidad y/o malicia de alguien. Eso sólo Dios puede hacerlo. Entonces, debemos siempre tratar de comprender. Claro, esto sería tal vez fácil en caso de que consideremos que no hay bien y mal, o Dios al que rendir cuentas, pero lo valioso moralmente es hacerlo cuando estamos seguros de que tal o cual conducta no es correcta. Porque, en ese caso, y como ya te dije, podemos juzgar la conducta como tal, pero no la conciencia interna de quien se conduce de ese modo. Y, al mismo tiempo, eso nos abre a la actitud de perdón. Esto es, tener nuestros brazos abiertos para olvidar, para recibir en nuestro corazón otra vez a quien nos hizo daño e hizo algo incorrecto, precisamente para ayudarlo a perseverar en el bien. Esto no implica que el otro deba hacer un anuncio explícito de su cambio de conducta. Implica, más que un acto formal de perdón, una actitud permanente de perdón, lo cual es distinto. Esto es, estar permanentemente abiertos y alertas a la más mínima señal de que la otra persona está demandando nuestro afecto; es estar permanentemente alertas al más mínimo bien que le podamos hacer. Pero no hablo de la persona que queremos entrañablemente, sino también y, en este caso, sobre todo, de la persona cuya conducta es mala y perjudicial. Porque esa actitud de nuestra parte es lo único que puede ayudarla a cambiar. Podemos declararle la guerra, pero en la guerra alguien muere. Y la moral que te propongo no es para matar a nadie, sino para revivir y reencontrar lo perdido.

Y el perdón que te propongo es útil para la otra persona aún en caso de que supieras que esa persona, y no sólo su conducta, es mala. Porque se trata, justamente, de ayudarla a cambiar.

Nada de lo que te propongo implica no defenderse o no tratar de corregir al otro. Puedes defenderte sin contradecir esa actitud de perdón. Algunas prácticas orientales tienen mucha sabiduría en esto. El Aikido, la más ética y pacífica de las artes marciales japonesas, no detiene el golpe, sino que lo deja pasar, lo desvía y lo neutraliza. Creo que nosotros debemos hacer lo mismo en nuestra vida. Una cosa es que debas distanciarte circunstancialmente de alguien, para que no te dañe; otra cosa es que, con odio y rencor, incompatibles con el progreso de tu espíritu, intentes destruírlo. Son dos actitudes absolutamente distintas.

Tampoco implica que no puedas señalar oportunamente una falta a alguien, a ese alguien en persona, si esa persona te lo permite. Esto es: siempre que adviertas que “tienes pista” para poder aterrizar. Para esto, la amistad sincera es esencial. Pero, justamente, nunca te “autorizarán” a hacer esto si tu actitud no ha sido la de comprensión y perdón anteriormente referida.

Esto último que hemos dicho es importante porque de lo contrario puede confundirse a la comprensión de la que estamos hablando con una actitud de despreocupación por la mala conducta, ajena o propia. No, de ningún modo se trata de eso. No se trata de que no debemos corregir a la conciencia equivocada. Se trata simplemente de que no debemos entrar en la conciencia de otro sin permiso. O, con términos más exactos: sin prudencia.

No sé si estarás de acuerdo conmigo o no. Pero, aún en el caso de que estés de acuerdo, es interesante reflexionar sobre lo difícil que es para nuestro duro corazón hacer todo esto. Constantemente estamos murmurando, condenando, insultando, “mandando al infierno” a los demás. Por eso, lo interesante es advertir que podemos reflexionar tranquilamente sobre estos temas al ver, desde afuera, una película como Ana y sus hermanas. Sentados en la butaca del cine, nos reímos, pensamos, comprendemos, y hasta podemos encariñarnos con los personajes aún cuando no coincidamos con algunas de sus conductas. Precisamente, porque se trata de una historia que no nos afecta personalmente. Ahora bien, lo que Woody Allen ha hecho es retratar un conjunto de dramas y problemas que pueden ser los de cualquiera de nosotros. Y, en ese caso, ¿qué actitud adoptaremos? Si tú fueras hermana o hermano de Ana y te enteraras de que tu hermana Lee se acostó con  tu cuñado, qué harías?

No te creas que tengo la respuesta exacta; no te creas que yo sé perfectamente lo que haría. Sé que acostarse con quien no sea tu cónyuge es malo moralmente; sé también que no debo juzgar sobre la culpabilidad de nadie, y lo que quiero transmitirte es precisamente el desafío permanente que ello nos plantea. El desafío de vivir, en nuestra existencia cotidiana, la comprensión, el perdón, y, al mismo tiempo, la no complicidad con el mal. No es fácil. Pero es lo que debe hacerse. A veces fallaremos. Pero la filosofía moral tiene la peculiaridad de que plantea a nuestra vida desafíos y exigencias concretas. Las normas morales son, como tales, universales y abstractas; cada acción humana libre es, empero, singular y concreta. Y en esa singularidad es donde debemos plasmar vitalmente la universalidad de nuestros planteos. La virtud que facilita esa concreción es la prudencia. Ser prudente no es ser timorato, como a veces cierto uso coloquial ha deformado el contenido del término. Es hacer lo bueno en el momento preciso. Lo cual incluye tanto no actuar como dar un golpe sobre la mesa y decir “no!”. En fin, también se puede decir `no’ sin golpear la mesa.

Hemos reflexionado suficientemente sobre este punto. Ha sido uno de los más difíciles, vitalmente, hasta ahora, pero justamente por ello conviene dejarlo sedimentar por sí solo. Creo que es conveniente pasar ahora al segundo eje de reflexión que quería proponerte. Se trata de la búsqueda de Woody por el sentido de su existencia, y la solución que adopta.

Hemos reflexionado ya sobre el sentido de la existencia humana, y no quiero insistirte sobre ese punto. Hay algunos otros aspectos que destacar en esta oportunidad.

En primer lugar, fíjate que Woody asume plenamente el problema. Lo encara de frente, no le huye. Eso es positivo. Es positivo sencillamente porque es asumir una parte importante del punto de partida del problema existencial humano: somos limitados, mortales, estamos como colgados sobre la nada. No me malinterpretes. No te digo que debas estar todo el tiempo pensando en esto. No. No se trata de un determinado momento, no se trata de un horario, no se trata de decir “hoy ya he pensado sobre el sentido de mi vida, ahora puedo ver la televisión” (bueno, por ahí pescás una película de Woody Allen y…). Se trata de un momento más existencial, no relacionado con el reloj. Se trata de que llegue a tu vida un instante existencial en el cual, para madurar, te hayas planteado a fondo cuál es su sentido último. Allí tu existencia se vuelve sobre sí misma, se interroga a sí misma, y evita la “alienación” constante de estar pasando a través de sí misma como a través del cristal de un anteojo. Si este momento no llega, tú jamás te verás como lo que manifiesta más intensamente tu esencia limitada. Esto es, vivirás en el olvido permanente de que vas a morir. Tal vez en este momento me estés diciendo de todo. Si, te comprendo, yo me rebelo humanamente frente a la muerte, igual que vos. Pero vivir en el olvido de que vas a morir es, salvando las distancias, como vivir creyendo en los Reyes Magos.

Una vez que se asume el problema, hay dos salidas. Una, positiva, que es encontrar precisamente en el hecho de nuestra contingencia (manifestada existencialmente en nuestra mortalidad) la premisa para demostrar que Dios existe y encontrar en El la esperanza y el sentido último de nuestra vida. Es la vía que te he propuesto, filosóficamente, aunque también se puede llegar a Dios por vía religiosa. Ambas vías son complementarias, pero sobre eso hablaremos más adelante. Otra salida es negativa, y tendría varias subdivisiones. Puedes asumir la angustia de que no puedes solucionar el problema y vivir en ella de modo permanente (como Frank, en la película anterior), aunque hay que ver si la psiquis humana soporta eso de modo permanente; en realidad, esa angustia existencial permanente es enfermante y para amortiguar su dolor el ser humano recurre a todo tipo de escapismos y narcóticos, de toda gama, desde los más peligrosos (la droga, por ejemplo) hasta otros más de largo plazo (el endiosamiento de cosas en sí mismas buenas que “pateen” el problema permanentemente para adelante; por ejemplo, “sumergirse” en el propio trabajo).

Ahora bien, la salida asumida por Woody en la película es un escapismo muy particular; se trata de la salida “cómico-existencial” al problema, como la hemos llamado. Woody Allen es directo. El problema está planteado con tal magnitud, que lo que nos dice es: si no lo resuelves, o te pegas un tiro o te matas de la risa. Y Woody opta por lo segundo. No sabemos si Woody Allen. Es más, conjeturamos que está encontrando la salida positiva. Pero el Woody de Ana y sus hermanas pasa por las dos fases de la salida negativa: o llegas al colmo de la angustia, o te ensordeces totalmente ante ella con la risa. Es una salida habitual. Muchos filósofos la han utilizado. Hay muchos escépticos absolutos que son maestros de la ironía y el humor. Son coherentes: o lloran o lo toman todo a broma. Lo segundo permite una mayor supervivencia.

“Pasa por esta vida sin sentido lo más divertido que puedas”. Es una salida absolutamente comprensible para evitar el dolor. Pero, claro, no es solución. Sólo es anestesia. E ilusoria. No podrás reírte siempre. Y el Woody de la película, en el fondo de su corazón, lo sabe.

Yo no te propongo que no te rías. Al contrario, saber qué es tu fin último, y fundar en ello tu esperanza más profunda, es motivo de una alegría paralelamente más profunda. Una alegría y una sonrisa que surgen de lo más profundo de tu espíritu, totalmente compatible con tu risa mientras ves a Los Tres Chiflados, cuando contás un chiste en una reunión de amigos, y cuando contemplás, sereno, la caída del sol. Una alegría que se convierte en tu fuerza secreta cuando sufres, cuando lloras, cuando los problemas de este mundo parecen vencer tus resistencias. Es la esperanza que te mantiene firme ante la muerte, frente a la cual nuestra humanidad grita de manera permanente. Es la señal de que hemos tomado la mano de Dios.

Pero tú no tienes ni siquiera que elevar tu brazo. Es Dios quien te toma de la mano. Tú, simplemente, no le digas que no.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Se fortalece el dólar

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 23/8/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/08/23/se-fortalece-el-dolar/

Las incertidumbres vuelven a arreciar en los mercados financieros porque, como era previsible, los políticos no están dispuestos a desarmar el poder que ganaron -los controles y restricciones estatales- con excusa de la “pandemia” y, por tanto, la recuperación económica global afloja.

             Al mismo tiempo, se vislumbra una retirada de estímulos en EE.UU. (el “tapering” de la Fed, reducción de las compras de deuda, que se anunciaría en la reunión de septiembre) con lo que, ante menos emisión, el mercado sabe que el dólar se fortalecerá.

            Por si algún despistado todavía no se dio cuenta de que la inflación es la desvalorización de la moneda como consecuencia de un exceso de oferta sobre la demanda, en el siguiente gráfico se ve como, a medida que los bancos centrales aumentaron la emisión (excediendo la demanda), las monedas se desvalorizaron respecto del oro:

              Desvalorización que, como se ve, resultó inversa a la emisión (exagerada, sobre la oferta):

                  Además, el dólar se ha beneficiado de la ampliación de los diferenciales de las tasas de interés entre los rendimientos de los bonos estadounidenses y los extranjeros. Y allí fluyen los capitales, por cierto, perjudicando a los emergentes que se ven con menos inversiones y con los precios de las materias primas bajando, en dólares, como el petróleo y el cobre que han caído fuertemente en las últimas semanas, y ambos se han desplomado más de un 15%.

                  Así las cosas, el euro se deprecia un 5% desde el máximo de USD 1,23 del 6 de enero, y ya está cerca de la zona de mínimos del último año, concretamente en niveles de noviembre de 2020, por debajo de los 1,17. Mientras que los expertos de BofA Global Research estiman que rondará los USD 1,15 para fines de año.

                  Personalmente creo poco en gráficos como el siguiente y en las matemáticas aplicadas a la economía -econometría- desde que el ser humano y, por tanto, el mercado no puede ser matematizado. Estudiando análisis matemático en la facultad de ingeniería, entendí que las matemáticas no son estrictamente una ciencia sino un lenguaje científico y, como decía el excelente economista Juan Carlos Cachanosky, el lenguaje en prosa es mucho más adecuado, flexible y rico para expresar el comportamiento humano que el matemático que se aplica a cuerpos inertes y, por tanto, de suyo físicamente inmóviles.

                 Hecha la aclaración, el índice del dólar, aunque empezó la semana bajando hasta alrededor de 93, lleva semanas subiendo y, según Michael Kramer, estaría ahora mismo en proceso de superar un nivel crítico de resistencia, y una vez que se haya completado esa ruptura, debería tener mucho espacio para subir y a crear una formación técnica alcista conocida como “doble fondo”, patrón que se creó cuando el índice del dólar tocó fondo en enero y de nuevo en mayo, de 2021. El índice del dólar necesitaría superar la resistencia en torno a 93.50 para confirmar el doble fondo y romper con este patrón. Es probable que se impulse un repunte hasta alrededor de 94.60 en el índice, pero una ruptura podría llevarlo hasta 98 con el tiempo, según Kramer:

             Por cierto, teniendo en cuenta el importante avance del S&P 500, podría no ser inmune a sus efectos a largo plazo. De hecho, el indicador Buffett está muy “burbujeante”. Dada la alta inflación -en términos históricos de EE.UU.- los mercados de valores se han desvinculado -subiendo por encima- de la economía real. La capitalización del mercado mundial ahora equivale al 139% del PBI global, muy por encima del umbral de burbuja del 100% de Buffett:

                   Aunque, por otro lado, sin recorte del gasto y sin venta de propiedades estatales, el gobierno de EE.UU. tampoco puede bajar mucho la emisión ya que no tiene tanto margen para seguir subiendo impuestos sin perjudicar severamente a la economía, es decir, sin hacer caer el PBI lo que, en un círculo vicioso, provocaría la caída en la demanda de moneda y, por tanto, una suba de la inflación aun con menos emisión. El número de estadounidenses ricos que renuncia su ciudadanía en busca de menos impuestos y mayor libertad viene en dramático aumento: 6.705 en 2020, o 260% por sobre 2019 cuando renunciaron 2.577.

              En fin, en cuanto a la Argentina, como señala Roberto Cachanosky, en lo que va del año el tipo de cambio oficial aumentó el 11% y el IPC el 29,1%. Aunque el gobierno lo niega “Con suerte el terremoto es después de las elecciones” dice Cachanosky:

               Lo cierto es que en el reciente descenso de la “inflación” oficial (variación del IPC calculado por el Indec, en rigor) se basa, en parte, en la agudización del congelamiento tarifario. Para ponerlo en números, en el IPC de julio, que dio 3% de aumento, la “inflación” núcleo fue del 3,1% mientras la de precios regulados registró una variación de 1,4%. Para el período de los últimos 12 meses, contra una “inflación” general de 51,8%, la “núcleo” marcó 55,4% mientras que los precios regulados subieron un 37,1%. En tanto que el REM del BCRA estima una “inflación” -aumento del IPC- del 2,8% para agosto, 2,7% para septiembre y octubre un 2,7% pero ya para noviembre se espera un quiebre de la tendencia con impulso ascendente.

              Ahora, precisamente como consecuencia de las tarifas reguladas, como señalan desde Invecq, el rubro de mayor velocidad de crecimiento en el gasto público es el de subsidios energéticos, que tuvo una variación anual de 59,3%. En contraste -y en abierta contradicción con el discurso oficial- el principal ahorro fue la caída en el gasto por jubilaciones, que están un 5,5% debajo del 2020. Esto implica que los subsidios ya representan un 19% del gasto público. En definitiva, todo apunta a que la brecha entre los precios libres y los regulados no sólo se mantendrá, sino que tiene altas chances de ensancharse.

             Entretanto, el dólar blue -que, sin ser perfecto, es el mejor indicador de la inflación real desde que es el que con más libertad expresa la devaluación del peso- se mantiene relativamente estable debido a que la emisión todavía no es tan excesiva respecto de una demanda que aumenta debido al rebote económico e, irónicamente, debido a la inflación que hace que se demande más moneda para comprar el mismo bien. En julio el BCRA transfirió $180.000 M o sea el 6% de la base monetaria que, si le descontamos la suba del IPC y del PBI, queda cercano a cero.

            Según el Indec, existiría una fuerte recuperación de la industria así la utilización de la capacidad instalada en junio fue de 64,9%, lo que significa un aumento de 11,6 puntos respecto al pasado año. Si lo comparamos con mayo, la utilización presenta un aumento en 3,4 puntos porcentuales. Mientras el Gobierno aspira a terminar el 2021 con un crecimiento por rebote que supere el 7% del PBI. Rebote que viene a demostrar que, precisamente, en la medida en que se libera la economía- respecto de las restricciones por las cuarentenas en este caso- esta crece.

            Por cierto, otro modo indirecto de medir la inflación o, mejor dicho, los resultados de la inflación son los salarios que se deprecian a medida que cae la economía -ergo, la productividad- como consecuencia del exceso de emisión que significan recursos quitados al mercado -al depreciar la moneda- para gastarlos ineficientemente el Estado.

               El índice de salarios creció 2,3% en junio respecto a mayo, lo más bajo en lo que va del año. Nuevamente, el índice de salarios total de junio quedó por debajo de la “inflación” -suba del IPC, en rigor- de ese mes, la cual fue del 3,2% o sea, una caída en el índice de salario real de casi 1% respecto al mes anterior. En tanto que, respecto a junio del pasado año los salarios nominales totales han aumentado 43%, lo que implica una caída real -en términos de poder de compra local- del 5% pero una suba respecto del blue que aumentó solo el 32%. O sea, a nivel global -en un mundo sin aduanas- el trabajador argentino habría visto crecer su poder de compra.

               Esto muestra que la suba del IPC, en rigor, no está mostrando la inflación real, sino la actualización de los precios retrasados precisamente por el tipo de cambio oficial anclado y los precios regulados. O sea, el tipo de cambio anclado y los precios regulados están provocando un desfasaje y una baja en el consumo a raíz de la caída del salario respecto del IPC que es, irónicamente, inflacionaria desde que supone una caída del PBI, ergo, de la demanda de dinero.

              Como puede verse en el siguiente gráfico -medido en pesos, en dólares blue sería distinto-, el único modo de aumentar los salarios reales es aumentando la productividad, nunca se aumentan por decreto, de hecho, el aumento por decreto o por “estímulos” fiscales suelen terminar en inflación, ergo, en desvalorización de los salarios:

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El supuesto de un universo paralelo: una nota

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/8/2en:: https://www.laprensa.com.ar/505607-El-supuesto-de-un-universo-paralelo-una-nota.note.aspx

Mark Zuckerberg planea que en unos años la gente pueda con unas gafas viajar, comunircarse con personas vivas o muertas y viajar en el tiempo.

Mark Zuckerberg -el creador de Facebook- sugiere que dentro de unos cinco años podrá concretar la posibilidad que la gente se calce unas gafas a través de las cuales podrá de modo virtual viajar, simular la comunicación con terceras personas vivas o muertas, retroceder en la historia o navegar en el futuro y participar de todo tipo de experiencias gratificantes. Es decir, fabricar un universo paralelo que el autor denomina metaverso que consiste en una denominada realidad virtual.

Aunque esto parece lejano en el tiempo, es de interés meditar sobre el asunto. En primer lugar y ante todo hemos aludido a la denominada realidad virtual porque lo real es lo que se opone a lo imaginario, ilusorio o inexistente, por tanto la expresión realidad virtual constituye una contradicción en los términos.

Entonces viene el asunto de fondo. El ser humano es la única especie conocida que tiene la facultad del libre albedrío y la consiguiente responsabilidad individual. Las demás especies no actúan, reaccionan, no proceden de acuerdo a propósitos deliberados de elaboración en cuanto a la relación fines y medios en el contexto de la racionalidad, por lo que en las otras especies carece de significación atribuirles moralidad y la consiguiente responsabilidad.

LA NO EXISTENCIA

Ahora bien, no parece consistente con lo expresado que el fin del ser humano sea darle la espalda a la realidad y vivir en la pura fantasía, es decir, navegar en la no realidad sin reconocer sentido alguno a la vida y en verdad renunciar a una vida humana que, en su lugar, decide sustituir por la flotación en lo no real, en otros términos, apuntar a una no existencia. 

Es similar a lo que sucede con los que recurren a drogas alucinógenas para usos no medicinales, a saber, salirse de la vida para internarse en una ilusión en este caso vía la adulteración de los sentidos, es decir, operar como si fuera un trozo de carne que hay que engañar. Triste destino para quienes cuentan con el atributo de la libertad de elección, en otras palabras, elegir no elegir sino simular.

El juego o el pasatiempo siempre se consideró lo contrario al trabajo, una diversión, o sea, divertir, separar o diferenciar de la ruta central. La simulación era un entretenimiento para niños para distraerlos pero ahora resulta que no solo algunos adultos toman en serio la necesidad de fingir sino que la consideran una forma de vida. Fingir que se vive no parece conducente a la actualización de nuestras potencialidades sino más bien a renegar de ellas. Una cosa es el necesario y refrescante recreo y otra bien diferente es convertir la vida en un recreo de ella misma.

APOYO LOGISTICO

Las inmensas bendiciones de la tecnología deben aprovecharse para hacer de apoyo logístico a los propósitos humanos pero no para sustituirlos. Las apariencias no deben confundirse con la realidad. Es cierto que a veces la expresión virtualidad se utiliza inocentemente como opuesta a presencialidad, por ejemplo, cuando se dictan clases por aulas virtuales. Este empleo en nada contradice la realidad: en este caso es real que se dictan clases a distancia a través de dispositivos electrónicos, lo mismo que puede decirse metafóricamente que se mantiene un contacto telefónico a través de una conversación como si fuera presencial. Estos ejemplos no pretenden sustituir la realidad, convierten la relación en una realidad distinta, no hay ficción, simulación, engaño o irrealidad.

Nada habría que objetar de aquella mal llamada realidad virtual si se empleara como distracción y pasatiempo, pero como queda dicho el problema irrumpe cuando se pretende sustituir la realidad y enmascararla. De más está decir que en una sociedad libre todas las conductas deben ser respetadas mientras no de produzcan lesiones al derecho, nuestros comentarios apuntan a reflexionar sobre el sentido o sinsentido de la vida.

Clives Staples Lewis en su Cartas de Screwtape escribe que el personaje “recomienda a su sobrino que se mantenga apartado de la realidad”, lo cual vuelve a subrayan en La abolición del hombre a los efectos de subrayar los peligros del relativismo y el empeño por alejarse de la verdad. En el caso que nos ocupa de la denominada realidad virtual, se esfuma la distinción entre proposiciones verdaderas y falsas en el contexto de la búsqueda de juicios que se correspondan con el objeto juzgado.

La tecnología puede utilizarse bien o mal. Desde el martillo en adelante que puede servir para romperle la nuca al vecino o para clavar un clavo, todas las maravillas tecnológicas de los últimos tiempos ayudan de modo exponencial al ser humano para lograr sus objetivos legítimos, aunque, reiteramos, puede también utilizarse para que los aparatos estatales controlen aun más a las personas y atropellen sus derechos o proceder a intervenciones quirúrgicas obligatorias para degradar al ser humano, pesadillas que se han descripto una y otra vez a partir del Gran Hermano orwelliano y similares.
Termino con una chanza respecto al bautismo de metaverso con que abrimos esta nota: como se dice en criollo, en definitiva la irrealidad propuesta “es puro verso”, de eso trata el meta-verso.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Escasez y abundancia en el marxismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/08/escasez-y-abundancia-en-el-marxismo.html

Sin duda que, en el mundo real, allí donde se han presentado regímenes comunistas o socialistas, el “Estado socialista represivo” reprime a los explotados en beneficio de los explotadores, teniendo en claro que los explotados son los ciudadanos y los explotadores sus gobiernos. Si se desea utilizar el léxico marxista y hablar de “clases sociales” estas serían las únicas dos “clases” que -podría decirse- han sido constantes en la historia de la humanidad: los gobiernos por un lado y los gobernados por el otro, explotando sistemáticamente los primeros a los segundos mediante el concurso de la fuerza bruta o la amenaza de ella (mediante la ley o sin ella). Pero, curiosamente, se dice de este “Estado socialista represivo”:

“Sólo puede prescindirse de él una vez que la abundancia haya reemplazado a la escasez, es decir cuando haya cesado el conflicto de clases. (Si el socialismo no supera nunca la escasez, una contingencia que Engels no trata explícitamente, el Estado nunca desaparecerá y poseerá a perpetuidad los medios de producción. Por consiguiente, en la medida en que el Estado no logre demasiado bien «liberar las fuerzas de la producción» y por tanto acarrear por equivocación un mundo de abundancia, está a salvo.).”[1]

Este párrafo sugiere la formulación de ciertas cuestiones que no responde: ¿de qué manera se supone que el estado/gobierno puede reemplazar la escasez por la abundancia si esa entelequia no produce absolutamente ninguna riqueza y su función se limita solamente a repartirla hasta que consigue extinguirla?

Va de suyo que no hay tal “conflicto de clases” porque, en rigor, la idea de “clases sociales” marxista es un mito. La realidad muestra individuos y no “clases”. Es verdad que los individuos suelen agruparse en colectividades, asociaciones de fines, actividades, etc. pero nada les impide agruparse como desagruparse, entrar y salir de las asociaciones que constituyen. Habría que decir, entonces, que las personas pertenecen a tantas “clases” como sean sus preferencias políticas, económicas, deportivas, musicales, artísticas, literarias, culinarias, gastronómicas, laborales, etc. y que van mutando a medida que van creciendo o cambiando sus predilecciones. El mundo real y dinámico no responde a ese mundo estático, rígido e inmutable socialista. No todo se reduce a ser fatal y simplemente “burgués” o “proletario” sin remedio y sin posibilidad alguna de salirse de esos roles como propicia el marxismo, socialismo, izquierdismo y denominaciones afines. El mundo real no es blanco o negro como el mundo marxista. Hay (a pesar de estos) colores y tonalidades variopintas.

El socialismo ha sido puesto en práctica desde comienzos del siglo XX en vastas partes del planeta. Sus efectos prácticos están a la vista de todos: han sido las dos Grandes Guerras Mundiales y la pobreza, exterminio y miseria generalizada allí donde se lo ha aplicado. Aún sobreviven algunos islotes de esa trágica ideología en Lejano Oriente, en Cuba y Venezuela. Las versiones más edulcoradas del mismo (las famosas llamadas socialdemocracias) no llegan a esos extremos, pero fluctúan entre el estancamiento o crisis recurrentes allí donde gobiernan.

El final de la cita expone muy bien la manera en que los estados socialistas buscan eternizarse en el poder. La excusa perfecta que tienen es que “la escasez no ha sido superada” y se necesita aún más tiempo para ello. Dado que la escasez es un fenómeno contingente a la condición de este mundo está claro que su verdadera intención radica en el poder absoluto y la dominación más tiránica posible como la historia lo ha demostrado. Lo que no dicen tampoco es que el socialismo perpetúa la escasez.

“Hasta que lleguen la abundancia y la desaparición del Estado, el «socialismo en un mundo de escasez» y el «capitalismo estatal» son, a efectos prácticos, sinónimos. La división del trabajo es todavía una necesidad; la producción es para el intercambio más que para las necesidades; hay dos clases funcionalmente distintas, con la clase opresora que se apropia de la plusvalía producida por la clase oprimida. A diferencia del capitalismo privado, la plusvalía es objeto de apropiación a pesar de la clase oprimida pero en su interés a largo plazo (o en el de toda la sociedad). ¿Quién es, sin embargo, la clase opresora?”[2]

Recordemos que la tesis marxista era contradictoria a este respecto. Por un lado, Marx sostenía que esa abundancia y desaparición del estado/gobierno se daría evolutivamente “con la fuerza inexorable de una ley de la naturaleza”, ningún evento humano –sentenciaba- podía retrasar ni acelerar el curso de la historia hacia dicho fin, al tiempo que, en sus escritos políticos se contradecía a si mismo asegurando que de no ser a través de la revolución inmediata y violenta, los burgueses retendrían sus posesiones y el control del estado/gobierno.

El evolucionismo marxista –a la postre- no se dirigió (ni se dirige hoy) en la dirección profetizada por Marx, y la “revolución” alii donde apareció, lejos de traer “abundancia” destruyó la existente y devolvió a sus pueblos a la miseria originaria en la que se hallaban antes de la “revolución”, o los regresó a etapas aún más paupérrimas que las preexistentes, a la par que enriqueció sin cuento a los burócratas revolucionarios, a sus familias y sus amigos. Los miembros ricos de las familias de los jerarcas soviéticos, chinos, cubanos y -más recientemente- venezolanos son conocidos por todos. El lujo ostentoso y obsceno de los demás dirigentes comunistas y socialistas habla por si mismo. El socialismo puede reducirse a una sola fórmula: pueblos miserables con gobernantes opulentos.  

Lo que resulta inexplicable (en el contexto de la cita que transcribimos arriba) es que se diga que “la producción es para el intercambio más que para las necesidades”. El fin de toda producción –sin embargo- es satisfacer una necesidad. Si no hubiera necesidades no haría falta producir absolutamente nada, ni hacer nada. Simplemente se disfrutaría de la vida y punto. Todos nos dedicaríamos al ocio y a la recreación. Un mundo sin necesidades sería el Edén, y desde el pecado original el mundo padece necesidades de todo tipo.

Como ya explicamos arriba, la clase opresora es la clase dirigente, los líderes políticos en función de poder; en tanto que los oprimidos son todos aquellos quienes están bajo su mando y quienes deben sufrirlos. El concepto de plusvalía –nativa y esencialmente marxista- no deja de ser un “cuento chino” ya –a esta altura de la historia- increíble para aquel que tenga un poco de raciocinio, cordura y sentido común.


[1] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 310/311

[2] de Jasay, A. Ibídem. pág. 310/311

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Sobre un personaje mayor en la tradición liberal

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/14/sobre-un-personaje-mayor-en-la-tradicion-liberal/

Algernon Sindney escribió en 1681 sobre algunos principios básicos que luego profundizaron Locke y Montesquieu

Sobre un personaje mayor en la tradición liberal - Infobae
Algernon Sidney

A veces acontecimientos claves de la historia no son suficientemente ponderados. Como es sabido, el inicio del espíritu liberal puede situarse en el método socrático, pasando por las experiencias atenienses, romanas, los fueros españoles y sus “juicios de manifestación” antes del habeas corpus, la Carta Magna de 1215, el desarrollo del common law y la escolástica tardía. Si bien el salto cuantitativo original habitualmente se atribuye a John Locke con su tratado de 1689, resulta clave señalar que antes que eso y en la misma dirección y con argumentos de mayor peso Algernon Sindney escribió en 1681 su obra titulada Discourses Concerning Government que demoró en publicarse hasta 1698 debido a su criminal ejecución el 7 de noviembre de 1683 por orden de Carlos II.

El voluminoso trabajo de Sidney fue como respuesta muy extendida al libro de Robert Filmer en cuyo título se expone la tesis central, Patriarcha: A Defense of Natural Power of Kings Against the Unnatural Liberty of the People publicado en 1680. Era una defensa y ratificación de la noción muy generalizada de la época que los monarcas derivaban su poder de Dios y que, por tanto, no podía ser cuestionado independientemente del contenido de la respectiva resolución.

Sidney refutó esta absurda conclusión y se explayó en la naturaleza del gobierno y las limitaciones a su poder a los efectos de salvaguardar los derechos de las personas, a su juicio inherentes a la persona y más allá de la legislación del momento. Esto no solo como un fundamento moral sino para asegurar el mayor bienestar de la gente basado en que esos derechos son naturales al ser humano y anteriores y superiores a la constitución del monopolio de la fuerza. Estas disquisiciones se oponían no sólo al poder político sino también al poder de las religiones oficiales. La frase que resume su pensamiento es la ironía de comentar que en los sistemas entonces vigentes “algunos nacen con una corona sobre sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas.”

La referida obra de seiscientas páginas en la edición que tengo en mis manos, está dividida en tres grandes capítulos que contienen noventa y ocho secciones. Comienza diciendo que es perfectamente excusable el error cometido por ignorancia, pero personas leídas e informadas no tienen justificación de engañar a la gente con supuestos inauditos como que el poder de los reyes es un mandato divino al efecto de respaldar sus fechorías. Como queda dicho, en verdad el autor explica que los derechos individuales provienen de la naturaleza de la condición humana para poder desarrollar sus potencialidades y el gobierno está teóricamente constituido para proteger y garantizar esos derechos. Es lamentable -continúa Sidney- que muchas autoridades religiosas se hayan plegado a la idea de la infalibilidad de la corona cuando su misión es la de velar por la integridad de los miembros de la comunidad y no estos reverenciar y otorgar facultades ilimitadas a quienes están supuestos de proteger las autonomías de los gobernados, quienes deben tener la posibilidad de remover a quienes los asaltan.

A continuación subraya el desatino de insistir en que el pueblo no debe interferir en los misterios del poder solo reservados a los que lo detentan puesto que ese razonamiento constituye un insulto a la inteligencia. Los hombres que asumen el poder no son diferentes al resto de los mortales, solo que se le ha confiado la misión de proteger las condiciones para que cada uno pueda desarrollar sus facultades dignas de la condición humana.

Constituye una ofensa a Dios el endosarle la responsabilidad por los martirios que sufre la gente. Los que tienen las inclinaciones delictivas de Nerón deben ser tratados como tales. La prudencia y el acierto en las decisiones gubernamentales no surgen automáticamente “no crecen como los hongos” son fruto de meditaciones y asesoramientos calificados y serios. La gente no debe dejarse atropellar y eventualmente permitir que los decapiten en sentido figurado o en sentido literal en nombre de una alegada facultad inexistente. No tiene el menor sentido reclamar que se dé al César lo que pertenece al Cesar cuando lo que se pide es el poder absoluto como atributo indiscutible del Cesar lo cual desconoce la naturaleza del gobernante y los atributos de la gente, todo como un pretexto para atropellar los derechos de todos los que no gobiernan.

La sección quinta del primer capítulo lleva el muy sugestivo título de “Depender de la voluntad de un hombre es la esclavitud” donde alude a la esencia de la tiranía que consiste en que la gente se encuentre a merced del monarca ya que la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros ya que “son esclavos quienes no puede disponer de su persona ni de sus bienes y todo depende de lo que resuelva su amo; no hay tal cosa como la naturaleza del esclavo” puesto que la esclavitud contradice la naturaleza de las cosas, en esta línea argumental los gobernantes deben ajustarse a la ley entendida como el resguardo de los derechos de todos y no simplemente una disposición emanada de la autoridad. Imputar a Dios la conducta de los Calígula es una falta de respeto mayúscula.

En la sección décima de ese mismo capítulo, se elabora detenidamente sobre el concepto de que “ninguna violencia o fraude puede crear un derecho” y “la diferencia entre un buen y un mal gobierno dependen del ejercicio del poder” pero “en esclavitud el conocimiento no brinda posibilidades ya que todo depende de la voluntad de los lords por más malvados, crueles y dementes que resulten”. Y más adelante en la sección siguiente y en las cuatro finales de ese capítulo explica detenidamente que un acto injusto no muta en justo por el hecho de ser adorado con boato, rituales, frases vacías y poder hereditario. La justicia de dar a cada uno lo suyo implica el respeto a la propiedad de lo que pertenece a cada cual.

En el segundo capítulo Sidney en el contexto de opiniones de diferentes autores, desarrolla las nociones de democracia referida al consenso de la administración de la cosa pública en beneficio de todos que hoy podemos resumir en el respeto recíproco, la aristocracia como el gobierno de algunos considerados virtuosos y la monarquía como el gobierno de uno, lo cual con el tiempo fue transformado en monarquía parlamentaria o constitucional con la idea de establecer límites al poder. Y en la sección cuarta del tercer capítulo subraya que ningún monarca debe contar con la facultad de vulnerar derechos del mismo modo que debe prevenir que otros lesionen derechos del prójimo.

En la sección onceava del último capítulo, el autor extiende su argumentación sobre el significado de la ley que debe ser compatible con el derecho y no fruto de una mera resolución gubernamental y que una ley injusta no debe ser obedecida en línea con la tradición escolástica (la sección se titula “La ley injusta no es ley y aquello que no es ley no debe obedecerse”). Enfatiza que la ley no deriva de la dignidad del legislador sino exclusivamente de su justicia que debe ser universal.

Esta deriva tan sustanciosa sobre lo que significa la igualdad ante la ley y su inseparable noción de la Justicia y la relevancia de los magistrados que imparten justicia es a contracorriente del llamado positivismo jurídico que no reconoce mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva. En la sección catorce recuerda que los gobiernos fueron establecidos para hacer que se cumpla la justicia, un contrapoder de gran peso en las sociedades libres en cuyo contexto esboza que el derecho no es consecuencia del invento de jueces sino el resultado de procesos evolutivos de descubrimiento de valores preexistentes.

Luego de todas estas disquisiciones sumamente sustanciosas y muy pertinentes para la actualidad, este notable pensador en las dos últimas secciones se refiere a la importantísima misión del Parlamento o Poder Legislativo y apunta que “la Magna Charta que comprende nuestras leyes antiguas y las legislaciones subsecuentes no son fueron enviados de los cielos sino de acuerdo a la voluntad de los hombres” en dirección a la limitación al poder. En este sentido agrega que en una sociedad libre no puede otorgarse poder al Parlamento a los magistrados judiciales ni al rey que no sean para salvaguardar derechos y en el primer caso las deliberaciones deben dirigirse a poner orden, es decir, a lo que modernamente diríamos el Estado de Derecho donde ese Poder Legislativo “debe ser confiado solo en las manos de quienes son capaces de obedecer la Ley” en el sentido antes definido y vinculado a los escritos de Richard Hooker que Sidney cita en concordancia también con otros autores respecto al iusnaturalismo.

Estas notables contribuciones fueron desarrolladas primero por Locke y luego perfeccionadas por Montesquieu. En el primer caso, se muestra que “Cuando los legisladores quitan y destruyen la propiedad de la gente o los reducen a la esclavitud por medio del poder arbitrario, se colocan en un estado de guerra con el pueblo que queda eximido de seguir obedeciendo.” Y el segundo autor además de haber afinado la imprescindible división de poderes, escribe en su trabajo más conocido de 1748 que “nos ha enseñado la experiencia eterna que todo hombre investido de autoridad abusa de ella. No hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación […] Para que no se abuse del poder, es necesario que se le ponga límites”. Calcado en la misma argumentación, contemporáneamente Bertrand de Jouvenel concluye en el poder que “es una experiencia eterna el que todo hombre que tenga poder se ve impulsado a abusar del mismo”.

Benjamin Constant en “Sobre el espíritu de conquista y de usurpación en sus relaciones con la civilización europea” consignó la célebre distinción entre “la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos”, la primera “se componía más bien de la participación activa del poder colectivo que del disfrute pacífico de la independencia individual […] Muy otra cosa ocurre en los estados modernos, su extensión, mucho más vasta que las repúblicas de la antigüedad […] Los clásicos hallaban más deleite en su existencia pública y tenían menos en su existencia privada. Casi todos los deleites modernos se hayan en la existencia privada”. Hoy desafortunadamente pude decirse que en gran medida hay una reversión del tema: se pretende circunscribir la participación de la gente en el voto (con todas las artimañas del caso) pero excluirlo de lo relevante, cual es la protección y el consiguiente respeto a sus derechos individuales tan proclamados por el propio Constant.

Tal como he consignado antes, a mi juicio el cuarteto de obras de ficción que mejor desnudan el poder son La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa que se refiere a Trujillo, Yo el supremo de Roa Bastos que se refiere al doctor Francia, Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias que se refiere a Estrada Cabrera y La silla del águila de Carlos Fuentes que se refiere en general al poder en México donde se leen las siguientes confesiones imaginadas (¿imaginadas?) de políticos que ilustran sobre algunos pasillos de los aparatos estatales: “para mi todo es política, incluso el sexo”, “el poder es mi vocación”, “te lo digo a boca de jarro, todo político tiene que ser hipócrita. Para ascender, todo vale. Pero hay que ser no sólo falso, sino astuto” y “la fortuna política es un largo orgasmo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Alberto Fernández quiere hacer magia monetaria con las criptomonedas, pese a que no son dinero


Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/8/2021 en: http://economiaparatodos.net/alberto-fernandez-quiere-hacer-magia-monetaria-con-las-criptomonedas-pese-a-que-no-son-dinero/

El Presidente afirmó que habría que analizar la utilización de esos activos para poder frenar la inflación

Días atrás, el presidente Alberto Fernández afirmó que habría que analizar la utilización de una criptomoneda dado que tiene la ventaja de poder frenar la inflación.

Si bien mostró cautela sobre las criptomonedas porque no todos conocen cómo funcionan, el presidente dejó en evidencia que no termina de comprender el problema monetario, aunque uno podría intuir que al decir que una criptomoneda podría frenar la inflación estaría reconociendo que la inflación es un problema monetario.

En primer lugar. lo que se conoce como criptomonedas no son monedas desde el punto de vista estrictamente económico. Para que algo sea moneda tiene que cumplir como dos requisitos básicos: 1) ser una mercadería cualquiera que es ampliamente aceptada como medio de intercambio y 2) ser reserva de valor. De la segunda condición, reserva de valor, se desprende la tercera condición que es ser unidad de cuenta.

Dicho en otros términos, ser unidad de cuenta es permitir hacer cálculo económico a lo largo del tiempo. ¿Qué significa hacer cálculo económico? Estimar ingresos, egresos y rentabilidades futuras porque la unidad de medida es constante.

La volatilidad en la cotización de las monedas no permite hacer cálculo económico. Es como si el metro un día tuviese 100 centímetros, otro día 50 centímetros y otro día 200 centímetros. No permitiría medir nada en metros porque el metro cambiaría todo el tiempo de tamaño. Las criptomonedas son como el metro que cambian todo el tiempo de tamaño.

Tampoco las criptomonedas cumplen con el requisito de ser aceptadas ampliamente como medio de intercambio. No son tantos las transacciones que hoy en día se realizan en criptomonedas. Es más, salvo algún caso excepcional, no se ven productos cuyos precios de venta se expresen en las mal llamadas criptomonedas.

En todo caso pueden aceptarse criptomonedas como forma de pago, pero el precio está puesto en las monedas de amplia aceptación, no hay casi precios en bitcoins o cualquier otra mal llamada criptomoneda.

Si las criptomonedas no son ampliamente aceptadas como medio de intercambio y no son reserva de valor, no son moneda. ¿Qué son, entonces? Activos financieros de altísima volatilidad en el precio por bruscos cambios en la demanda.

En efecto, si bien el bitcoin es el más conocido, actualmente existen 8.500 criptomonedas, las más conocidos tienen una oferta monetaria casi permanente, es decir, la emisión de bitcoins y otras criptomonedas no varía todo el tiempo, por lo tanto, por definición, las fuertes fluctuaciones en su cotización con otras monedas fiat responde solo a la demanda. Basta con que Elon Musk largue un tuit apoyando o rechazando el bitcoin para que el bitcoin suba y baje como una montaña rusa.

De manera que lo que se conoce como criptomonedas, no son moneda, son activos de altísima volatilidad en su cotización y que es demandado por alguna razón subjetiva del comprador que, como en todas las otras transacciones, se desconoce.

De todo lo anterior se desprende que comete un grosero error conceptual el presidente Alberto Fernández cuando dice que la adopción de una criptomoneda, que no es moneda, podría ayudar a frenar la inflación.

El primer error es considerar moneda a algo que no es moneda y el segundo error es que la causa de la inflación es la expansión monetaria que genera el BCRA o el aumento espontáneo de la mercadería que se utilice como moneda.

Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI, España tuvo una inflación en los precios medidos en oro como consecuencia del oro que se llevaba desde América. El descubrimiento de oro en el nuevo continente y su traslado a España, generó un fenomenal incremento en los precios. El oro se depreció frente al resto de los bienes por la mayor oferta de oro produciendo un efecto inflacionario.

Pero supongamos que se estableciera una criptomoneda en Argentina, el gasto público no bajara y el déficit fiscal continuara existiendo. En ese caso el BCRA tendría que emitir su criptomoneda para financiar al tesoro al igual que hoy emite pesos. Prostituiría a la nueva criptomoneda de la misma forma que prostituyó al peso. Tal vez a mayor velocidad porque ya no habría que recurrir a las imprentas para fabricar billetes.

El problema inflacionario tiene que ver con un gasto público que es infinanciable por el sector privado vía impuestos y por lo tanto aparece el déficit fiscal que hoy se traduce en emisión de moneda.

No se ve la diferencia entre el papel moneda actual de curso forzoso y una criptomoneda que pueda ser emitida por el estado sin ningún tipo de restricciones. Y más si esta criptomoneda emitida por el Estado es de curso forzoso.

Cuando Hayek publicó Desnacionalización de la Moneda en 1976, libro que escribió haciendo un alto en la monumental obra que estaba redactando en ese momento y que originalmente fue publicada en tres tomos y se llamó Derecho, Legislación y Libertad, ya estaba pensando en la moneda privada. Es más, pensaba en la competencia de monedas privadas e imaginaba que el uso de esas monedas se iba a ir concentrando en unas pocas monedas. De manera que los adherentes a las criptomonedas no están descubriendo nada nuevo. Esos temas ya se conocen de la década del 70, con la diferencia que la propuesta de Hayek era de tener monedas en serio y no esto que se llaman monedas y no lo son. Incluso hasta se podría dejar funcionando el BCRA, quitarle el curso forzoso al peso, darle curso legal a cualquier moneda y si el BCRA no produce una moneda de buena calidad, muere solo el BCRA. No hace falta dinamitarlo para que desaparezca. En todo caso esa propuesta puede ser una expresión de improvisados en temas económicos que solo buscan llamar la atención, pero sin seriedad científica.

En definitiva, si hoy el peso no es confiable porque las instituciones jurídicas, políticas y económicas argentinas no pueden darle respaldo a la moneda fiat, ¿por qué una criptomoneda generaría confianza con las mismas deplorables instituciones jurídicas, políticas y económicas que tenemos?

Y, para finalizar, aun si Alberto Fernández comprendiera que el problema inflacionario es monetario, le faltaría dar un paso más, que es que el problema de fondo sigue siendo el nivel y la calidad del gasto público. Si se tiene equilibrio fiscal con un fenomenal e ineficiente gasto público, los problemas de competitividad seguirán vigentes y los salarios reales no lograrán recuperarse.

En economía no hay magia financiera, monetaria o de criptomonedas que pueda resolver los problemas estructurales.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky