La sustitución de importaciones por producción nacional y la cultura de la dádiva destruyeron la Argentina

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/7/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/07/28/la-sustitucion-de-importaciones-por-produccion-nacional-y-la-cultura-de-la-dadiva-destruyeron-la-argentina/?fbclid=IwAR0uEH5kqiQdbZ6kCWY10K8ZPuU5D2YOBhskfM90x9j1pecbm83Kfr0Ouhs

Vista del puerto de Montevideo (Uruguay). EFE/Federico Anfitti

Vista del puerto de Montevideo (Uruguay). EFE/Federico Anfitti

Un trabajo del año pasado en base a datos del Banco Mundial, muestra que Argentina fue el país que más tiempo estuvo en recesión entre 1961 y 2018, fueron 22 años de los 57 años considerados, seguido por la República Democrática del Congo; Zambia, Haití, Chad, Burundi y Guyana.infobae-image

Este dato genera el disparador para remontarse a datos más antiguos en base a las estadísticas de la Fundación Norte y Sur. Si se toma desde 1880, el año en que se coincide en que se logra la consolidación nacional, hasta 2003 porque se pueden hacer cortes históricos que, como tales, pueden ser discutibles y para el debate, pero sirven para ubicar diferentes reglas de juego, se observa un claro período expansivo hasta 1916, que fue el período en que gobernó lo que se conoce como la generación del 80 o el Partido Autonomista Nacional.

Luego viene el corte entre 1916 y 1945 en que gobiernan radicales, militares y conservadores. El otro corte es el que corresponde a los dos primeros gobiernos de Perón y, luego de 1955 a 2003, que se lleva el podio con más tiempo en recesión.infobae-image

Como puede verse en el cuadro precedente, el porcentaje de años en recesión va creciendo a los largo del siglo en estrecha relación con el abandono de las políticas que inspiraron la Constitución de 1853/60 y a medida que el Estado fue adquiriendo mayor intervención en la economía y el populismo fue tomando cada vez más fuerza.

Pero también se advierte que en la medida que la Argentina estuvo más abierta al mundo tuvo menos impactos recesivos y, por el contrario, en el período que fue al modelo de sustitución de importaciones por producción nacional, para “vivir con lo nuestro”, el tiempo de recesión aumenta, lo cual parece desmentir que una economía abierta al mundo es más frágil a los problemas internacionales.infobae-image

En el gráfico precedente se puede ver con claridad como entre 1900 y mediados del siglo pasado, las exportaciones argentinas representaron entre el 2% y 3% del total mundial. A partir del momento que el país se cierra y pretende “vivir con lo nuestro”, esa participación baja hasta representar actualmente apenas 0,3% del total.

Obviamente la inseguridad jurídica, la falta de moneda, de crédito y el apuntar a un mercado interno hicieron que declinara la tasa de inversión en relación al PBI, y con ello la productividad y competitividad de la producción nacional con el resto del mundo.infobae-image

La inversión es la clave del crecimiento económico

Durante el período de la generación del 80 la Inversión Bruta Interna Fija con relación al PBI se ubicaba en un piso del 20% y un techo del 40%, con años en que lo superó.

Luego, con la Gran Guerra se frena ese proceso, para recuperarse por un tiempo, pero posteriormente desciende a un rango del 10% al 20% del PBI.

La serie de tiempos revela que con la llegada del populismo y su inseguridad jurídica, más el cierre de la economía, la inversión bajó a la mitad, y paulatinamente comenzaron a subir sostenidamente los niveles de pobreza, indigencia y desocupación, con tasas de dos dígitos altos en el primer caso.infobae-image

De lo todo lo anterior surge entonces que no es casualidad que el período de mayor crecimiento se haya registra durante la generación del 80, hoy tan atacada o ignorada por los progresistas y populistas que quieren esconder los valores republicanos liberales que imperaron en esos años, aun con sus defectos, pero que lograron transformar un desierto en un país próspero, al punto que en 1895 y 1896 Argentina tuvo el ingreso por habitante más alto del mundo, de acuerdo a los datos del proyecto Angus Maddison.

Obsérvese que con el viento a favor de la soja del 2003-2016 solo se logró crecer al 2,4% anual y tener una tasa de inversión que en el mejor momento llegó al 20% del PBI, el piso de tasa de inversión que lograron las condiciones institucionales que rigieron cuando imperaba la Constitución de 1853/60.

Es más, la tasa de crecimiento de la era K, con el viento a favor, solo alcanzó a la mitad de lo que se se registró entre 1880-1916 cuando rigió la república liberal que diseñó Juan Buatista Alberdi y llevaron a la práctica hombres como Julio Roca, Carlos Pellegrini, José Uriburu, Manuel Quintana y Roque Sáenz Peña, por citar a algunos de ellos y sin olvidar a sus antecesores como Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda.Con el viento a favor de la soja del 2003-2016 solo se logró crecer al 2,4% anual y tener una tasa de inversión que en el mejor momento llegó al 20% del PBI (Reuters)Con el viento a favor de la soja del 2003-2016 solo se logró crecer al 2,4% anual y tener una tasa de inversión que en el mejor momento llegó al 20% del PBI (Reuters)

En síntesis, no solo Argentina batió récord de períodos de recesión entre 1961 y 2018 como muestra el primer gráfico, sino que la historia muestra que también batió récord de decadencia cuando se sustituyó la cultura del trabajo por la cultura de la dádiva y se decidió abandonar la incorporación al mundo y empezar a sustituir importaciones.

El camino para salir de la larga decadencia es muy claro. Lo que falta son políticos de la talla de Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Pellegrini, Uriburu, Quintana, etc. que tuvieron estatura de estadistas y ninguno de ellos buscó la reelección, salvo Roca que fue dos veces presidente dejando pasar dos períodos antes de volver a asumir.

Es decir, fue una generación que se dedicó a construir un país y, desde hace décadas, tenemos políticos que se dedican a hacer un negocio de la política y a hacer tabla rasa con los principios republicanos de la Constitución de 1853/1860 para poder implementar el negocio de la política en base al populismo clientelar.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La gran contradicción argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/la-gran-contradiccion-argentina-n5056395

 

Amamos a papá Estado, pero no estamos dispuestos a pagar sus onerosos gastos.

AFIP.

La gran contradicción de los argentinos es que, en promedio, adoramos al Estado pero, al mismo tiempo, no estamos dispuestos a financiarlo.

¿Cuál es la prueba de esto?

La primera es que por los últimos 59 años de historia, 54 hemos vivido con déficit fiscal. Es decir, el gobierno, que tanto nos gusta que gaste, no tiene los ingresos suficientes para encarar ese gasto. O sea que los argentinos no pagamos los impuestos suficientes que requiere el estado omnipresente que nos gusta.

Obviamente, Argentina nunca tuvo un gasto tan alto en términos de su producción como en diciembre de 2015. Y, de hecho, el aumento que se dio entre 2003 y 2015 fue sideral.

Para darse una idea, Holanda llevó su gasto público del 20% del PBI al 40% en un período de aproximadamente 80 años. A nosotros hacer lo mismo nos tomó solo tres gobiernos kirchneristas. 12 años. Record Guinness.

Mentalidad anticapitalista

La segunda prueba es que según el estudio del profesor Carlos Newland, de ESEADE, Argentina es el país con mentalidad más anticapitalista de la región.

Consultados sobre 3 cuestiones básicas que definen las preferencias de los encuestados sobre la economía libre contra la regulada (“la riqueza genera crecimiento para todos”, “la competencia empresarial es buena”, “debe incrementarse el rol del sector privado a costa del público”) los argentinos son los que más en contra están de la actividad del mercado libre.

Es decir, somos más pro-estado que Chile, Uruguay, Colombia, Brasil, etc.

Así que si los gobiernos son una representación de al menos una buena mayoría de la sociedad, es normal que se la pasen gastando todo lo posible y creen “derechos” donde quiera que haya una necesidad. El problema es que esos derechos después hay que pagarlos.

Y como los argentinos no los queremos pagar, hemos pasado las últimas 8 décadas con crisis de deuda o crisis de inflación.

6 mil billones por ciento

Hace unos años, el profesor de la Universidad de Denver, Nicolás Cachanosky, tomó los datos recopilados por Reinhart y Rogoff y concluyó que “desde la independencia en 1816, Argentina ha estado bajo reestructuración de deuda unos 71 años. Esto equivale al 36% de su historia.”.

La situación es más grave si se cuenta el tiempo desde la Segunda Guerra Mundial: “Si contamos desde la Segunda Guerra Mundial, entonces Argentina ha estado en default reestructurando su deuda unos 36 años, lo que equivale al 52% desde 1945 a la fecha”.

El proyecto enviado al congreso para “reperfilar deuda” le agregará unos años a este triste registro nacional y popular.

En materia de inflación, otro trabajo de Cachanosky, esta vez en conjunto con Ravier, muestra que desde la creación del Banco Central en 1935 la inflación anual equivalente fue de 55% por año.

Para curiosos, la cifra de inflación acumulada desde que hay estadísticas oficiales en Argentina es de: 6.138.061.225.630.469%

Creo que se dice seis-mil-billones por ciento. Pero seguro alguno podrá ayudar a pronunciar.

Como cualquiera podrá intuir, semejantes niveles de inflación son nefastos para el crecimiento económico. Y el mismo efecto genera la incertidumbre ligada a la deuda pública. En este sentido, no extraña que seamos el país que, junto con nada menos que El Congo, es es el que más recesiones tuvo desde 1960.

Para cortar con semejante decadencia llegó Macri, que dijo que todo se iba a ordenar porque la economía iba a crecer. Obviamente, lo mismo dicen todos los políticos, desde Lavagna hasta los Fernández.

¿Ahora me explican cómo vamos a crecer si ninguno quiere bajar la inflación en serio y ninguno quiere ajustar las cuentas públicas en serio?

Lecciones a aprender

El agujero fiscal es la espada de Damocles que hunde a la Argentina. El agujero fiscal explica también el desequilibrio externo que gustan de remarcar los economistas heterodoxos.

La explicación es sencilla: cuando no hay ahorro interno, y el gobierno gasta como si no hubiera mañana, la única manera de hacerlo (al menos por un tiempo) es usando financiamiento exterior. La contracara de eso es el déficit de cuenta corriente.

Pero el origen del tema es nuevamente fiscal. Y el problema fiscal es hijo de nuestra gran contradicción.

¿Cómo se resuelve? Solo dos formas posibles: o se baja el gasto público, o se aumentan los impuestos.

Ahora en un país que ya no da más de carga impositiva, que le cobra impuestos récord mundial a las empresas y a los pobres tasas europeas de IVA, solo queda un camino: hay que achicar el gasto público.

Si no nos ponemos de acuerdo en esto, después no nos quejemos de los malos resultados obtenidos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino