Category Archives: Políticas migratorias

Impuestos y fuga de cerebros

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/5/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/impuestos-fuga-cerebros/

 

Alexander Graham Bell inventó el teléfono; James L. Kraft, una técnica de pasteurización para el queso, y fundó una gran empresa; Ralph Baer es conocido como el padre de los videojuegos, un sector que mueve hoy 60.000 millones de euros; Michael Ter-Pogossian inventó la tomografía computada, vastamente empleada en medicina; Samar Basu desarrolló la tecnología de las baterías de litio recargables; Charles Simonyi hizo lo propio con varios productos de Microsoft Office. En un reciente trabajo recogido por el Instituto Cato se subraya que todos estos estadounidenses innovadores tenían algo en común: todos eran inmigrantes (U. Akcigit, S. Baslandze, S. Stantcheva, Taxation and the International Mobility of Inventors, noviembre 2016).

Desde hace tiempo se debate la relación entre la fiscalidad y los cambios de residencia de los contribuyentes, sobre todo los célebres, como Ingmar Bergman o Julio Iglesias. Los autores recuerdan un caso más reciente: el del actor francés Gerard Depardieu, cuando se instaló en Rusia. El New York Times publicó un artículo rechazando “el mito de que los ricos huyen de los impuestos” y Forbes utilizó el caso de Depardieu para responder con otro artículo titulado: “Lo sentimos, New York Times, pero la huida de los ricos por culpa de los impuestos no es un mito”.

Este estudio no se ocupa de artistas o cineastas sino de científicos. Los profesores Akcigit, Baslandze, y Stantcheva analizan los efectos de los tipos máximos del impuesto sobre la renta en la movilidad internacional de los inventores: “Empleamos un conjunto de datos internacionales de todos los inventores de las oficinas de patentes de EE UU y Europa para rastrear la ubicación internacional de los inventores desde los años 1970”.

Estos son los resultados: “Las superestrellas, el 1 % de los inventores más destacados resultan afectados significativamente por los tipos máximos a la hora de elegir dónde van a residir”. Como era de esperar, la reacción o “elasticidad” de los mejores inventores ante la fiscalidad es bastante más elevada en el caso de los inventores extranjeros.

La llamada “fuga de cerebros” es habitualmente condenada sin paliativos, como una pérdida absoluta para el país, también para su economía, y la solución más extendida y aplaudida es el incremento del gasto público. Todo esto, empero, es matizable. La emigración no debe ser condenada sin paliativos, porque ello equivaldría a ignorar la importancia de la acumulación de capital humano y económico de los propios inmigrantes. Pero lo más relevante a tenor del trabajo de estos profesores es la contradicción entre el diagnóstico del problema y su pretendida solución.

En efecto, si los científicos no son insensibles a la presión fiscal, lo que no tiene sentido es intentar atraerlos a sus países de origen aumentando el gasto público, es decir, aumentando los impuestos, que es precisamente un elemento que los alejaría de la posibilidad de retornar. “Estos resultados sugieren que, si la contribución económica de estos agentes clave es importante, sus respuestas migratorias ante la política fiscal pueden representar un coste de la progresividad tributaria.”

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

El problema de los inmigrantes: ¿ perjudican el empleo local o asumen trabajos que los locales no quieren? (V)

Por Martín Krause. Publicada el 27/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/problema-los-inmigrantes-perjudican-empleo-local-asumen-trabajos-los-locales-no-quieren-v/

 

Es interesante que, nuevamente según la encuesta de Gallup citada, un 58% de los residentes de países de altos ingresos señalan que los inmigrantes ocupan empleos que esos mismos residentes no desean ocupar y un 18% lo opuesto. Esto mismo se repite en los diez principales países receptores de inmigrantes. (op. cit., p. 2).

Julian Simon (1989, p. 357) hace referencia a un estudio realizado con Stephen Moore en el que entrevistaron a 27 economistas de alto prestigio, que habían sido presidentes de la Asociación Americana de Economía o del Consejo de Asesores Económicos del Presidente, mostrando que veintidós de ellos habían respondido que los efectos de inmigración en el siglo XX habían sido muy positivos y los otros cinco que levemente favorable, sin ninguno que dijera que la considerara negativa.

Huemer (2010) cita un trabajo evaluando el impacto de la inmigración en los años 1980s en los salarios de los trabajadores nativos mostrando que sería del 1 al 2% en las industrias más fuertemente impactadas (un 5% para los que no completaran el secundario).

Un estudio de la OCDE (2014) informa que en los diez años hasta 2012 los inmigrantes representaron un 47% del aumento de la fuerza laboral en los Estados Unidos y un 70% en Europa y que fueron alrededor de un cuarto de todos los ingresos en las ocupaciones que más han declinado en los Estados Unidos (28%) y Europa (24%), básicamente operarios, ocupando funciones que, como lo confirma la encuesta de Gallup antes citada, no son considerados atractivos por los locales. La proporción de inmigrantes con educación superior en los países de la OCDE ha crecido mucho, un 70% en la última década, alcanzando casi 30 millones en 2010/11, en particular debido a la inmigración asiática.

Dalmia (2012) señala que “un informe del Banco Mundial del 2005 encontró que si los treinta países de la OCDE permitieran un crecimiento del 3% en el tamaño de su fuerza laboral a través de reducir las restricciones a la inmigración, los beneficios para los ciudadanos de los países pobres serían de unos 300.000 millones de dólares. Esto es 230.000 millones más que la ayuda internacional que estos países destinan a los países pobres. Si hubiera fronteras abiertas por completo se duplicaría el PIB mundial en pocas décadas, virtualmente eliminando la pobreza global”. También afirma que los economistas están de acuerdo en que los inmigrantes aumentan los ingresos de los trabajadores nativos entre 6.000 y 22.000 millones de dólares (dólares del 2003) anualmente.

Los inmigrantes serían también más emprendedores que los locales. Dalma (op cit) cita un estudio de la Kauffman Foundation según el cual los emprendimientos iniciados por inmigrantes en los Estados Unidos produjeron ventas por 52.000 millones de dólares y emplearon 450.000 trabajadores en 2005. Un 25% de las empresas de alta tecnología fundadas entre 1995 y 2005 tienen al menos un fundador inmigrante. Más del 40% de las empresas de la lista Fortune 500 de 2010 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos. Los inmigrantes obtienen patentes a una tasa doble que los locales. Un reciente estudio de banco alemán KFW (Bank aus Verantwortung) señala que una alta proporción de los inmigrantes son emprendedores, de una u otra forma. La proporción de estos que inicia emprendimientos ha sido de 1,86% entre 2009 y 2014, cifra que es superior a la de los ciudadanos alemanes, 1,68%. En 2014 unos 179.000 inmigrantes (KfW 2015).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Migraciones: existe un derecho a salir (aunque no en algunos países), ¿existe también uno a entrar? (IV)

Por Martín Krause. Publicada el 26/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/migraciones-existe-derecho-salir-aunque-no-paises-existe-tambien-uno-entrar-iv/

 

  1. Las barreras a la inmigración violan derechos

En general, todos estamos de acuerdo en que existe un derecho a la “salida”, aunque esto no se verifica en todos los casos, como en Corea del Norte o hasta hace poco en Cuba, y consideramos que poner barreras a esto es una violación del derecho negativo a trasladarse que cada persona tiene. ¿Existe, sin embargo, un derecho a la entrada? Aquí el consenso es mucho menor y la constelación de opiniones que lo niegan va de un extremo al otro del espectro político-filosófico. Por ejemplo, un reconocido libertario como Murray Rothbard, modificó su original visión liberal-clásica en relación a la inmigración (1994) planteando que en un mundo libertario de propiedad privada y ausencia de estado no habría un derecho al libre ingreso en ningún lado que no sea con la aprobación del propietario, como lo es en la actualidad con cualquier tipo de propiedad privada. No ingresamos ‘libremente’ en un barrio privado, en un club o en una casa a menos que el propietario nos lo permita, o nos invite a hacerlo.

¿Se mantiene dicho principio en el caso, como ahora, en que existe un estado? ¿Podríamos interpretar que el estado es una propiedad común de todos los ciudadanos de un país y que, de la misma forma en que no se puede ingresar a una propiedad privada sin el permiso del dueño, en este caso no se puede ingresar a un país sin el permiso de quien ejerce esa propiedad?

El problema aquí es el de considerar al estado como una propiedad común. Porque si tomamos el ejemplo de un barrio privado o de un club, vemos que un ‘extranjero’ puede ingresar como invitado si el propietario individual o el socio del club lo permite; pero en el caso del estado cuando existe una barrera a la inmigración no puede un ciudadano “invitar” a ingresar a nadie. En fin, el problema lleva a cuestiones mucho más profundas que no se podrán considerar aquí, aunque sean bien importantes.

En principio pareciera que una barrera a la inmigración podría violar el derecho del ciudadano a “invitar” a un extranjero a su casa o a entrar en algún tipo de relación con él. Digamos que quiero contratar a un extranjero para que trabaje conmigo, ¿por qué no podría hacerlo? ¿no resulta violado mi derecho a establecer relaciones contractuales con quien desee?

Huemer (2010), va más allá y plantea que eso también viola un derecho del inmigrante, en esencia porque él también tendría un derecho entrar en una relación contractual conmigo, que de esta forma resulta violado:

“La forma en que el gobierno daña a potenciales inmigrantes es excluyéndolos de una cierta área física, y por ello efectivamente excluyéndolos de interactuar en forma valiosa e importante con gente (que no es el gobierno) que se encuentran en la región. Muchos norteamericanos con gusto realizarían intercambios o emplearían a estos potenciales inmigrantes, de una forma que les permitiría a estos satisfacer sus necesidades. El gobierno no solamente rechaza darles bienes a estos potenciales inmigrantes, y no solamente rechaza, él mismo, realizar intercambios con ellos. Realiza un gran esfuerzo y dedica muchos recursos para activamente impedir a norteamericanos que comercien con ellos o los empleen de alguna forma relevante.”

Los contratos libres entre dos o más partes, sin embargo, pueden generar efectos ‘externos’, o externalidades. En este caso, sin embargo, todo daño que pueda ocasionarse por estas circunstancias no es en nada diferente al que pudieran causar contratos similares entre nativos, cuyas consecuencias han de ser asumidas. Existe otros efectos ‘externos’ que suelen plantearse como originados por la inmigración y que no estarían presentes en relación contractos similares entre locales. Veremos algunos de ellos: el impacto en el empleo, en el gasto público, en la seguridad, en la cultura y en las instituciones.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Cuba detiene su proceso de reforma

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2005409-cuba-detiene-su-proceso-de-reforma

 

Cuuba es un ejemplo claro del fracaso del colectivismo como sistema económico. Tan es así que, en el 2008, presionado por la ya entonces inocultable realidad de su paralizada economía, el Partido Comunista de Cuba decidió formalmente dejar de lado ese modelo. Lo hizo entonces al impulso de Raúl Castro .

La idea fue abrir y descentralizar -pausadamente- la economía de la isla alejándose del estatismo absolutamente integral que la caracterizaba; aumentar la productividad abriendo diversos espacios para la actividad privada; unificar el sistema monetario; y procurar atraer a la inversión extranjera, para con ella fomentar el crecimiento. Para lo cual, en el año 2009 se designó como “zar” de la reforma intentada a Marino Murillo, uno de los actuales miembros del politburó cubano, que impulsó más o menos tímidamente el inicio de la “reforma” y que hoy (ante el poco éxito del esfuerzo) parecería prácticamente haber desaparecido de la escena.

El proyecto de apertura y liberalización de la economía cubana aparentemente ha fracasado. El propio Partido Comunista así lo admitió formalmente en su reunión de Abril de 2016. Hoy se están imponiendo nuevamente controles de precios a la actividad privada, incluyendo a la agricultura y al transporte. El inevitable desaliento que esa quita de incentivos provoca está ahogando el poco impulso a la actividad que de allí provenía.

¿Qué le puede deparar el futuro a Cuba? Si miramos la realidad, nada demasiado bueno. Porque lo cierto es que Cuba ha vivido “colgada” de los demás por espacio de más de medio siglo. Primero ordeñó a la desaparecida Unión Soviética. Y luego hizo hábilmente lo mismo con Venezuela. No obstante, la realidad es que sus dos países benefactores han terminado en el colapso económico. Y que la inversión extranjera que, ante la convocatoria de los Castro se esperaba llegaría cual catarata, es muy difícil que considere a un país totalitario en el que, por definición, no existe el “estado de derecho”. Lo cierto es que los inversores no se han precipitado hacia la isla, como algunos soñaron. Ni lo harán.

Fidel murió en noviembre del año pasado, dejando a Cuba en un pantano económico-social, sin verla brillar. Raúl tiene ya 85 años y ha prometido públicamente dejar el poder el 24 de febrero del año que viene. Se está yendo, entonces. No hay mucha duda. Pero como los déspotas no dejan herederos, no se sabe a ciencia cierta quién tomará el timón del país a poco menos de un año del anunciado paso al costado de Raúl Castro. Como incógnita de cara al futuro, es enorme. Aunque existan candidatos, no hay certeza.

Mientras tanto, los montos de los que alguna vez conformaran un paquete realmente gigantesco de subsidios venezolanos han caído por debajo de la mitad de lo que en su momento alcanzaran. Son ahora apenas el 40% de lo que llegaron a ser. Por ende, ya no son robustos, ni alcanzan para que toda una nación pueda sobrevivir con alguna holgura y dignidad, pero con poco esfuerzo.

La economía cubana flota -desde hace rato ya- en la mediocridad, y el nivel de vida del pueblo cubano, en términos relativos, comparado con el de sus vecinos latinoamericanos, sigue estando por el suelo.

La desesperanza de la gente es grande. Por esto, una encuesta realizada recientemente en Cuba bajo los auspicios de la Universidad de Chicago acaba de arrojar un resultado notable, aunque no demasiado sorprendente: la mitad de los que fueran encuestados manifestó sin rodeos que, si pudiera irse de Cuba, lo haría sin mayores titubeos.

Esto nos recuerda inmediatamente a los hermanos Castro que aún están con vida, que son tres, y dos viven en el exterior: Juanita, que vive en Miami desde hace cincuenta años y Emma, que reside en México. Por algo será.

Sólo Raúl Castro vive en Cuba. Por ahora, al menos. La encuesta referida constató, además, que un 46% de los entrevistados cubanos sostiene que es precisamente la economía colectivista de la isla la que los mantiene sumergidos en su dura situación de pobreza. Y no se equivocan, por cierto. Es efectivamente así, aunque la dictadura sea la razón principal del fracaso. Pero lo grave es que un gobierno que por definición es totalitario, como el cubano, que todo lo sabe y jamás se equivoca, supone operar con una economía exactamente del mismo perfil: la colectivista. Éste es precisamente el gran drama.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS AL ORIGEN DE LOS DERECHOS INDIVIDUALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/4/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/04/de-los-pueblos-originarios-al-origen-de.html

 

Desde que varios pensadores absolutamente totalitarios y antiliberales se adueñaron de la sagrada palabra “derechos” (una especie de blasfemia política), uno de los más populares lemas  es “los derechos de los pueblos originarios”.

Pero resulta que no son los pueblos los que tienen derechos: son las personas individuales. Y entre esos derechos, su libertad de asociación, reunión, libertad religiosa, propiedad, etc., son los que jurídicamente les permiten vivir y mantener sus diversas tradiciones culturales que, como dije tantas veces, sólo pueden convivir en paz en un estado liberal de derecho (si, es lo mismo que decir “agua húmeda potable”, pero ahora hay que aclarar todo…).

Por lo tanto lo que hay que exigir es que los descendientes de las culturas pre-comlombinas sean respetados en sus derechos igual que cualquier otro ser humano, y si viene de Marte (como yo), también.

Lo que nadie puede pretender es violar las libertades de otras personas en nombre de su propia tradición cultural. Si alguien sostiene en conciencia que su tradición no le permite convivir pacíficamente con el Estado de Derecho, tiene varios lugares para emigrar: Cuba, Corea del Norte, Venezuela, en fin, la lista es larga.

Claro, muchas de estas personas sostienen que sus ancestros estaban antes y que fueron injustamente despojados de sus tierras y libertades. ¿Saben qué? Tienen razón. No se puede invadir un territorio habitado por otras personas y por ende todas las colonias que desplazaron por la fuerza a los previos pobladores estuvieron éticamente mal. Pero ahora, ¿qué? Ahora, la solución Hume: en todo poder político o propiedad, si nos vamos para atrás en el tiempo, siempre habrá un latrocinio o un asesinato. Por ende la cuestión es: de este momento presente para adelante. Esa es la regla de la convivencia pacífica. Si no fuera así, cuando Cuba se libere, muchos de los actuales residentes en Miami volverían reclamando sus antiguas propiedades y sería un caos. La cuestión es:  de un momento presente para adelante.

Pero, dos cosas más. Lamento si algunos historiadores pintan a los pueblos originarios como santos que no tuvieron pecado original. ¿Saben qué? NO. Obvio que no fue así. Sólo una interesada ideología puede desconocer tanto la naturaleza hunana de seres humanos que tienen derechos no por inmaculados, sino por humanos.

Y finalmente: ¿originarios? ¿Seguros? A ver, antes de los europeos estaban los cuchu-cuchu. ¿Y estos no habían desplazado a nadie? ¿No habrían tal vez esclavizado a los cuchi-cuchi? ¿No? ¿Seguro? ¿De qué revelación divina nos viene semejante certeza de su “originariedad”? Mayor razón para la tesis de Hume.

 

Lo único “originario” son los derechos individuales. En 1989, en mi libro “El humanismo del futuro”, dije que todos nacemos con un pagaré originario: lo que por el sólo hecho de ser humanos debemos al otro, o sea, el respeto a sus derechos. Eso es lo único originario y lo que sigue siendo tan difícil de entender. El mundo fue y será una porquería ya lo sé. Pero les aseguro que con el respeto a las libertades individuales, lo sería menos. Y en el 3000 también.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Baja aprobación doméstica a la gestión presidencial de Donald Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1991417-baja-aprobacion-domestica-a-la-gestion-presidencial-de-donald-trump

 

Un mes después de haber comenzado la gestión presidencial en curso, el poco convencional Donald Trump recibe un llamativamente bajo nivel de aplauso popular en su propio país. Tan sólo un 44% de los encuestados aprueba su labor. Mientras que un 48% la desaprueba.

Esta temprana percepción pública negativa de los norteamericanos es sorprendente. Aparece por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Ningún otro presidente reciente había generado una imagen adversa tan rápidamente. La aprobación de Barack Obama, nos recuerda Michael Bender desde las columnas del “Wall Street Journal”, estuvo en ese mismo bajo nivel, aunque sólo luego de transcurridos casi tres años de gestión y la de George W. Bush, por su parte, también, pero recién después de transitar 41 meses de su presidencia. Esto ocurre pese a que los principales actores económicos del país del norte son optimistas y a que el electorado llamado independiente apoya a Trump con un sólido 55% de expresiones positivas.

En general, existe la sensación de que Donald Trump está cumpliendo con sus promesas de campaña, especialmente cuando de procurar crear trabajo y cerrar las fronteras se trata.

Pero quienes no aprueban su gestión expresan con mucha frecuencia su preocupación por su temperamento impredecible y volátil y sostienen que -además- no tiene las cualidades que son necesarias para ser presidente de su país. Por esto no sorprende que haya un 47% de norteamericanos con opiniones desfavorables respecto de su presidente y que tan sólo un 43%, en cambio, lo juzgue favorablemente. El disfavor respecto de Barack Obama en la temprana etapa de su labor presidencial era de apenas un 19%. Y el de George W. Bush de un 23%.

Quienes expresan inquietud por un comienzo de gestión que ha estado plagado de equívocos sostienen, mayoritariamente, que ellos son atribuibles al patológico perfil presidencial. En cambio, un 43% de los encuestados entiende que esos errores son los normales o típicos -los casi imposibles de no cometer- al tiempo de comenzar una nueva administración.

Las divisiones sociales y políticas que se evidenciaron inequívocamente en los EE.UU. al tiempo de la elección de Donald Trump no han desaparecido, sino que se mantienen y siguen siendo muy profundas y notorias. La polarización es no sólo clara, sino muy fuerte. Hoy, la enorme mayoría de los republicanos apoya sólidamente a Trump. Y lo sustancial de los demócratas lo enfrentan.

Quizás por esto en su reciente primer discurso ante ambas Cámaras del Congreso de los EE.UU., el presidente norteamericano -en una alocución que fue sobria y clásica- convocó a sus conciudadanos a trabajar unidos. Si éste es un cambio tranquilizador de rumbo es, indudablemente, oportuno. Más aún, necesario.

No hay, sin embargo, una sensación general de preocupación. Menos aún de pánico. Un sólido 57% de los norteamericanos dice que lo que están viendo es, en rigor, lo que efectivamente esperaban que sucediera. Nada demasiado distinto, en consecuencia. Lo cierto es que un 47% de los encuestados manifiesta aprobar la mayor parte de las iniciativas presidenciales, porcentaje que, cabe apuntar, es superior al que, en esta misma instancia de sus respectivos mandatos, obtuvieran tanto Ronald Reagan como George W. Bush. A lo que cabe agregar que un 53% de los norteamericanos entiende que las insistentes críticas contra el presidente que se exteriorizan a través de los medios de comunicación masiva son exageradas.

El humor social general de los norteamericanos parece estar mejorando, aunque lentamente. Esto es lo que puede interpretarse frente a un 40% de respuestas que hoy entienden que los EE.UU. están finalmente caminando en la buena dirección. En diciembre pasado, ese porcentaje era preocupante: de apenas un muy magro 33%. Y en julio pasado, de un realmente desconcertante 18 por ciento.

Donde Donald Trump parece equivocarse es en su puja contra los medios de comunicación masiva, a los que ataca y maltrata constantemente. Aunque -como hemos dicho- más de la mitad de los norteamericanos dice no aprobar la cobertura de la acción presidencial por parte de los medios de comunicación masiva, cabe advertir que hay nada menos que un 61% de los encuestados que desaprueba abiertamente la actitud, insistentemente belicosa, del presidente respecto de los medios de comunicación.

A lo que cabe sumar que un 52% de los norteamericanos declara confiar en la información que obtienen desde los medios, mientras apenas un 37% confía más en la información que les llega a través de su Presidente.

Atacar a los medios de comunicación masiva no sólo es -por lo general- un mal negocio político, sino también una preocupante señal de autoritarismo y de falta de convicción respecto de que la libertad de expresión es una garantía fundamental para todos. Primordial, porque de ella depende la vigencia efectiva de otras importantes libertades civiles y políticas. Por eso, respetarla es esencial para poder vivir en democracia. En todas partes.

No puedo cerrar este comentario sin mencionar un tema particularmente serio que flota sobre la administración de Donald Trump. El que tiene que ver con la sombra de Rusia que se proyecta sobre la campaña electoral del presidente. Como consecuencia de ella, varios de sus colaboradores más importantes han quedado lastimados y la sensación de mentira (inaceptable para los norteamericanos) está instalada en su derredor. No sería raro, entonces, que este episodio continúe generando conmociones.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

Distintos niveles de popularidad de los presidentes latinoamericanos

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1989208-distintos-niveles-de-popularidad-de-los-presidentes-latinoamericanos

 

Se acaban de difundir los resultados de una interesante encuesta reciente realizada por IPSOS-Public Affairs, que midió los niveles actuales de popularidad de los distintos presidentes de América latina. Ella se realizó consultando específicamente a casi tres centenares de líderes de opinión de todos los rincones de la región y a periodistas especializados durante el período transcurrido desde noviembre de 2016 hasta enero del año en curso.

Los mandatarios de nuestra región que, a estar a los resultados de esa encuesta, mejor miden son: Juan Manuel Santos, de Colombia; Tabaré Vázquez, de Uruguay y nuestro presidente, Mauricio Macri, en ese orden.

Los porcentajes de aprobación son, para ellos, realmente muy significativos. Concretamente, del 74% para Santos, del 70% para Vázquez y del 64%, para Macri.

La alta cifra de aplauso para el Premio Nobel de la Paz Juan Manuel Santos hoy podría haber disminuido algo, como consecuencia de las acusaciones que le imputan haber recibido indirectamente dinero de Odebrecht, destinado al financiamiento de su última campaña electoral. Estas acusaciones son llamativamente paralelas a las que en su momento se hicieran contra el ex presidente colombiano Ernesto Samper, que acaba de renunciar a la Secretaría General de UNASUR. Como duro resultado de ellas, lo cierto es que Ernesto Samper aún no puede ingresar al territorio de los Estados Unidos, país que le niega la posibilidad de obtener la visa del caso.

A su vez, los presidentes que peor miden en nuestra región, son: el ecuatoriano Rafael Correa, con apenas un 36% de aprobación; el dictador cubano, Raúl Castro, con un débil 31%; el asediado por acusaciones de corrupción presidente de Brasil, Michel Temer, con un escaso 30% de aprobación; el presidente de México, Enrique Peña Nieto, con sólo un 25% de aprobación; y, no inesperadamente, el claramente peor de todos es el presidente venezolano Nicolás Maduro, que aparece con un escuálido 6% de aprobación, con nada entonces. Rechazado por su pueblo.

Los otros tres mandatarios regionales cuya popularidad midiera la encuesta referida específicamente, son: Pedro Pablo Kuczynski, del Perú, que obtuvo un saludable 61% de aprobación; y Michelle Bachelet, de Chile, que tiene un 58% de aprobación. Bien por debajo de ellos aparece el eterno presidente boliviano, Evo Morales, con una flaca aprobación del 41%, esto es menos de la mitad del total de los encuestados.

A su vez, las respectivas tasas de desaprobación registradas por la encuesta comentada son las siguientes: para Juan Manuel Santos, del 23%; para Tabaré Vázquez, del 14%; para Mauricio Macri, del 14%; para Rafael Correa, del 58%; para Raúl Castro, del 64%; para Michel Temer, del 26%; para Enrique Peña Nieto, del 67%; para Pedro Pablo Kuczynski, del 12%; para Michelle Bachelet, del 40%; para Evo Morales del 56%; y para el repudiado Nicolás Maduro, de un increíble 91%.

No es imposible que la débil imagen del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, comience pronto a fortalecerse por impacto del nacionalismo si, de pronto, su desempeño en la difícil pulseada comercial e inmigratoria que tiene en curso contra el presidente norteamericano, Donald Trump, lo justifica.

Así están las cosas en nuestra región latinoamericana. Relativamente tranquilas, al menos aparentemente, para los jefes de estado de Colombia, Uruguay, Argentina, Perú y Chile. Bastante más complejas para los de Bolivia y Ecuador. Y francamente adversas, al menos en términos de imagen, para los presidentes de Cuba, Brasil, México y Venezuela.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Optimismo y noticias que no se comentan: el capitalismo derrotó el pesimismo Malthusiano y las hambrunas

Por Martín Krause. Publicada el 23/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-noticias-no-se-comentan-capitalismo-derroto-pesimismo-malthusiano-las-hambrunas/

 

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“Cosechas fracasadas no eran poco comunes en Suecia. Una sola hambruna, entre 1695 y 1697, causó la muerte de una en quince personas, y hay referencias a canibalismo en los relatos orales. Sin maquinarias, almacenaje frío, irrigación o fertilizante artificial, los fracasos de cosechas eran siempre una amenaza, y en ausencia de comunicaciones modernas y transporte, una cosecha fallida a menuda significaba hambruna”.

“Las hambrunas eran universales, un fenómeno regular, que sucedía tan regularmente en Europa que se había incorporado en el régimen biológico del ser humano y formaba parte de su vida diaria, según el historiador francés Fernand Braudel. Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió 26 hambrunas nacionales en el siglo XI, dos en el XII, cuatro en el XIV, siete en el XV, trece en el XVI, once en el XVII y dieciséis en el XVIII. En cada siglo hubo también cientos de hambrunas locales”

Por eso Malthus decía:

“El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para producir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura debe de alguna forma visitar a la naturaleza humana. Los vicios de la humanidad [infanticidio, aborto, contracepción] son activos y eficientes instrumentos de la despoblación. Son los grandes precursores en el gran ejército de la destrucción, y a menudo completan el trabajo ellos mismos. Pero si fracasaran en esta guerra de exterminio, pestes, epidemias, pestilencias, y plagas, avanzas en terrífica amplitud, y barre de a miles o decenas de miles. Y si el éxito fuera aún incompleto la inevitable hambruna gigante aparece por detrás, y con un gran y poderoso golpe, nivela a la población con los alimentos del mundo”.

Malthus describía acertadamente la situación de la humanidad. Pero subestimó su capacidad para innovar, para resolver problemas y cambiar sus usos cuando las ideas del Iluminismo y las mayores libertades le dieron una oportunidad a la gente de hacerlo. A medida que los campesinos obtuvieron derechos de propiedad, tuvieron un incentivo para producir más. A medida que se abrieron las fronteras al comercio internacional, las regiones comenzaron a especializarse en el tipo de producción apropiado para aprovechar esas oportunidades. Aun cuando la población crecía rápidamente, la oferta de alimentos crecía más rápido. El consumo per cápita en Francia e Inglaterra aumentó de alrededor de 1700-2200 calorías a mediados del siglo XVIII a 2500-2800 en 1850. Las hambrunas comenzaron a desaparecer. Suecia fue declarada libre del hambre crónica a comienzos del siglo XX.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Trump y Macri, un solo corazón

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1040708-469/trump-y-macri-un-solo-coraz%C3%B3n

 

El miedo es un arma letal que suele destruir al que lo padece, por eso la valentía es una virtud, porque suele llevarnos por los mejores caminos de la vida.

Chuky Trump, que defiende a la tortura, dice que terminará el faraónico e inútil muro -que inició Bill Clinton- que podría costar unos 15 mil millones de dólares a lo que hay que sumarle la manutención y los eventuales agentes y controles en semejante distancia. Por cierto, es bueno recordar que hoy son más los mexicanos que se marchan de EE UU que los que ingresan.

Al otro “muro”, el veto migratorio contra refugiados e inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, dice que lo hizo para combatir al terrorismo, pero al mismo tiempo cierra filas con Arabia Saudita donde están las ciudades prohibidas de La Meca y Medina, donde poseer una Biblia puede penarse con la muerte, entre otras cosas, demostrando que es la principal fuente del fanatismo islámico.

En la otra punta del continente, está Argentina, tierra de inmigrantes al punto que el presidente Macri es hijo de un italiano que llegó a buscarse la vida y construyó, sorprendentemente, un imperio a partir de la obra pública. Todavía hoy es uno de los países más abiertos del mundo, y el que más extranjeros tiene en Sudamérica.

Así, con seis homicidios por cada 100,000 habitantes está lejos aún de los 84 de Honduras*, 53 de Venezuela o 31 de Colombia, pero va camino de aumentar, dentro de un continente donde 135,000 personas fueron asesinadas en 2015, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero también Argentina está cambiando, atemorizada por políticos populistas que así consolidan su poder. Del mismo modo en que la izquierda encontraba en el extranjero la culpa de todo -en las “multinacionales go home”- la derecha exagerada de Macri frente a una sociedad atemorizada por la inseguridad, ha encontrado un culpable: los extranjeros.

Y ha iniciado controles más fuertes en las fronteras para evitar que entren “personas con antecedentes penales” y expulsiones más rápidas para los “delincuentes”. Argentina tiene un 4.5% de inmigrantes y en sus cárceles los extranjeros son el 6% del total. Pero el gobierno salió a “informar” que “en los delitos vinculados a la narcocriminalidad, un 33%… son extranjeros”. Y en una inocultable actitud xenofóbica, “vienen ciudadanos peruanos y paraguayos y se terminan matando por… la droga”, aseguró la ministra de Seguridad.

El nivel delictivo es muy alto precisamente por culpa del Estado. Es el principal creador de delincuentes, más allá de que el principio es incoherente (no puede detenerse la violencia con más violencia, represiva) a partir de prohibir algunas drogas dañinas, da lugar a los narcos y todos los delitos relacionados. De modo que aumentar los controles y el personal policial, lejos de evitar el delito, lo ahondará.

Y no porque la policía sea corrupta al punto de que muchos crímenes sean cometidos por sus agentes, sino porque esto aumenta el gasto estatal, por tanto, los impuestos empobreciendo a la sociedad creciendo la marginalidad. Otra populista, Cristina Kirchner, también anunció la expulsión de extranjeros y aumentó considerablemente la presencia de fuerzas de seguridad, y el delito creció.

En fin, Trump y Macri, desde los extremos geográficos van por el camino del miedo inaugurando una era de oscurantismo, y de más delitos salvajes como los del narco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.