OTRA VEZ LAS GARRAS DEL NACIONALISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En sus memorias Stefan Sweig se entristece y alarma por el surgimiento del espíritu tribal de la cerrazón entre países que advertía conducen a estados de belicismo y confrontación que en el caso de Europa estimaba se trataba en verdad de una “guerra civil” debido a las estrechas relaciones entre las poblaciones.

Ahora resurge el nacionalismo sobre lo que he escrito en distintas oportunidades pero es el caso de repetir las advertencias. Dejando de lado la manifiesta incomprensión del actual presidente de Estados Unidos respecto a la falacia de lo que en economía se conoce como “el dogma Montaigne” (su ex Secretario de Estado, Rex Tillerson, consignó públicamente que Trump “no tiene idea del significado del comercio libre”) y de las barrabasadas extremas de gobiernos como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, y Bolivia en el continente americano, dejando de lado estos casos decimos, hoy en Europa el espectáculo es desolador.

Con suerte electoral diversa pero siempre con crecimientos llamativos, irrumpe el rostro desagradable de la referida tradición de pensamiento que tantos trastornos ha provocado y provoca. Así, ese caudal electoral ha exhibido resultados llamativos: en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido, en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos y Vox, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor, todas propuestas trogloditas apuntan a implantar una cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración deEstado Benefactor

la anticultura.

Es del caso recordar trabajos como los de J. F. Revel que muestran el vínculo estrechísimo entre el nacionalismo y el socialismo, aunque cual bandas de las mafias, en el campo de batalla han sido circunstancialmente aliados y circunstancialmente enemigos. El comunismo apunta a abolir la propiedad, mientras que el nacionalismo la permite nominalmente pero el aparato estatal usa y dispone de ella. Uno es más sincero que el otro que recurre a una estrategia que estima más aceptable para los incautos. Es curioso en verdad (y tragicómico) que muchos de los partidarios de esos gobiernos emplean  la expresión fascista para referirse a sus supuestos contrincantes cuando aplican esa política a diario puesto que mantienen el registro de la propiedad pero el flujo de fondos es manipulado desde la casa de gobierno.

En una sociedad abierta el término “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia ya que todos debieran tener la facultad de ubicarse donde lo estimen conveniente y solo deben ser bloqueados los delincuentes, sean nativos o extranjeros. Como ha explicado Gary Becker, el pretexto para poner barreras a la inmigración debido al uso de lo que provee el mal llamado Estado Benefactor (mal llamado porque la beneficencia es realizada con recursos propios y de modo voluntario), lo cual puede incrementar el déficit fiscal, se resuelve al no dar acceso al uso a los inmigrantes al tiempo que no se les retiene del fruto de sus trabajos para mantener el sistema estatal.

Como ha puntualizado en sus múltiples obras Julian Simon, habitualmente el inmigrante aprecia especialmente el trabajo, es empeñoso en sus tareas, tiene gran flexibilidad para moverse a distintos lugares dentro del país anfitrión, realiza faenas que muchas veces los nativos no aceptan, sus hijos muestran excelentes calificaciones en sus estudios, exhiben gran capacidad de ahorro y algunos comienzan con empresas chicas de gran productividad.

Es llamativo y muy paradójico que muchos se rasgan  las vestiduras con  el drama que estamos viviendo a raíz de las fotografías horrorosas de refugiados, cuando no parece verse que se fugan de lugares donde en gran medida se aplican las recetas políticas que los que se dicen espantados aconsejan y se fugan a lugares donde algo queda de los sistemas libres que no hacen más que criticar. La hipocresía es alarmante por la actitud contradictoria de muchos que se dicen contrariados con la foto del niño muerto en las playas de otros lares en plena lucha por la libertad y, sin embargo,  cuando opinan sobre la inmigración defienden las posturas que provocan aquella muerte por la que dicen estar angustiados.

Tengamos en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, las fronteras (siempre consecuencia de acciones bélicas o de accidentes geológicos) son únicamente para evitar los riesgos graves de un gobierno universal. El fraccionamiento en naciones que a su vez se subdividen en provincias y municipalidades tienden a descentralizar el poder. A pesar de los problemas de abuso del poder, hay que mirar el contrafáctico si no hubiera el antedicho fraccionamiento. Hannah Arendt dice que “la misma noción de una fuerza soberana sobre toda la Tierra que detente el monopolio de los medios de violencia sin control ni limitación por parte de otros poderes, no sólo constituye una pesadilla de tiranía, sino que significa el fin de la vida política tal como la conocemos”.

También debe tenerse siempre presente que la cultura es un proceso que significa permanentes donativos y recibos de lecturas, arquitecturas, músicas, vestimentas, gastronomías, costumbres que las personas aceptan o rechazan en un contexto evolutivo. La cultura no es estática sino cambiante y multidimensional. Si no somos momias, nuestra cultura no es la misma hoy que la de ayer. De allí la estupidez de la “cultura nacional y popular” el “ser nacional” y otras sandeces superlativas que podríamos catalogar como “los anti- Borges”, el ciudadano del mundo por antonomasia.

Buena parte de las propuestas nacionalistas se basan en el desconocimiento de aspectos económicos elementales. Se dice que la inmigración provocará desempleo puesto que la incorporación de nueva fuerza laboral desplazará a los nativos de sus puestos de trabajo, sean estos intelectuales o manuales.

Sin embargo, dado que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos (de lo contrario estaríamos en Jauja), nunca sobran los recursos y el recurso central es el trabajo puesto que no puede generarse ningún bien o servicio sin el concurso del trabajo. Solo hay sobrante de trabajo (desocupación) cuando no se permiten arreglos salariales libres y voluntarios, es decir, cuando se imponen las también mal llamadas “conquistas sociales” concretadas en salarios superiores a las tasas de capitalización que son las únicas causas de ingresos en términos reales. Esa es la diferencia clave entre el Zimbabwe y Canadá, no es el clima, los recursos naturales o aquél galimatías denominado “raza” (las características físicas proceden de las ubicaciones geográficas, de allí es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios). Lo que hace la diferencia son marcos institucionales civilizados que garantizan derechos. Sería muy atractivo que los salarios pudieran decidirse por decreto en cuyo caso podríamos ser todos millonarios pero las cosas no son así.

Al igual que la incorporación de nueva tecnología o la liberación de aranceles aduaneros, la inmigración libera recursos materiales y humanos para producir otras cosas en la lista infinita de necesidades a las que nos referíamos con el interés del mundo empresario de capacitar para nuevos emprendimientos. Es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo antes de las heladeras y con los fogoneros antes de las locomotoras modernas.

Una gran cantidad de trabajadores inmigrantes y no inmigrantes operan en negro por el salario de mercado que, como queda dicho, se debe a la correspondiente inversión disponible  y trabajan  en negro para evitar los impuestos al trabajo como ocurre en otros muchos países donde provocan desempleo que también afecta a la economía general.

Aquellos que se las pasan declamando sobre “derechos humanos”,  una redundancia grotesca puesto que los minerales, los vegetales y los animales no aplican a la noción de derecho, tratan a los inmigrantes como si no fueran humanos, más bien se preguntan “¿qué debemos hacer con los inmigrantes?” como si estuvieran haciendo referencia a su estancia personal y no de un país donde debe primar el respeto recíproco, y en esta línea argumental no debiera haber bajo ningún concepto diferencias entre nativos y extranjeros. Es del caso subrayar que cuando se está haciendo alusión al derecho, se está aludiendo a la Justicia y ésta significa “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la propiedad que, a su vez, constituye el eje central del proceso de mercado.

Todos descendemos de inmigrantes, incluso los denominados pueblos originarios ya que el origen humano procede del continente africano.

La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Eso es la cultura. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas y ventanas abiertas de par en par.

Aludir a la antedicha “cultura nacional” como un valor y contrastarla con lo foráneo como un desvalor es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa. La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. No cabe la hipóstasis. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. El antropomorfismo es del todo improcedente. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales. Como bien señala Arthur Koestler, “el progreso de la ciencia está sembrado, como una antigua ruta a través del desierto, con los esqueletos blanqueados de las teorías desechadas que alguna vez parecieron tener vida eterna”.

Quienes necesitan de “la identidad nacional” ocultan su vacío interior y son presa de una despersonalización que pretenden disfrazar con la lealtad a una ficción. Desde esta perspectiva, quienes comparten el cosmopolitismo de Diógenes e insisten en ser “ciudadanos del mundo” aparecen como descastados y parias sin identidad. El afecto al “terruño”, a los lugares en que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país y segregando otros lugares y otras personas que, mirados objetivamente, pueden tener mayor afinidad, pero se apartan sólo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.

El nacionalismo está imbuido de relativismo ético, relativismo jurídico y, en última instancia, de relativismo epistemológico. “La verdad alemana”, “la conciencia africana”, “la justicia dinamarquesa” (en el sentido de que los parámetros suprapositivos serían inexistentes) y demás dislates presentan una situación como si la verdad sobre nexos causales que la ciencia se esmera en descubrir fuera distinta según la geografía, con lo cual sería también relativa la relatividad del nacionalismo, además de la contradicción de sostener simultáneamente que un juicio se corresponde y no se corresponde con el objeto juzgado. Julien Benda pone de manifiesto el relativismo inherente en la postura del nacionalismo, escribe que “desde el momento que aceptan la verdad están condenados a tomar conciencia de lo universal”.

Alain Finkielkraut ilustra el espíritu nacionalista al afirmar que “replican a Descartes: yo pienso, luego soy de algún lugar”. Juan José Sebreli muestra cómo incluso el folklore proviene de una intrincada mezcla de infinidad de contribuciones de personas provenientes de lugares remotos y distantes entre sí.

Estas visiones nacionalistas se traducen en una escandalosa pobreza material, ya que los aranceles aduaneros indefectiblemente significan mayor erogación por unidad de producto, lo cual hace que existan menos productos y de menor calidad. Este resultado lamentable contrae salarios e ingresos en términos reales, con el apoyo de pseudoempresarios que se alían con el poder al efecto de contar con mercados cautivos y así poder explotar a la gente.

En la historia de la humanidad hay quienes merecen ser recordados todos los días. Uno de esos casos es el de la maravillosa Sophie Scholl, quien se batió en soledad contra los secuaces y sicarios del sistema nacionalsocialista de Hitler. Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca, a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi, y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

La detuvieron y se montó una fantochada que hacía de tribunal de justicia, presidido por Ronald Freisler, que condenó a los célebres hermanos a la guillotina, orden que fue ejecutada el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 para no dar tiempo a apelaciones. Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta joven quien en una conversación con su carcelero explica el valor de normas extramuros de la legislación escrita.

Es pertinente recordar a figuras como Sophie Scholl en estos momentos en que surgen signos de un nacionalsocialismo contemporáneo que invade hoy no pocos espíritus en Europa y en otras partes de nuestro atribulado mundo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Liberalismo, inmigración y familia

Por Iván Carrino. Publicado el 1/5/19 en: https://www.ivancarrino.com/liberalismo-inmigracion-y-familia/?fbclid=IwAR1v24PxxWBatRL2vNImUrF1r-vI-NcJMIMaaSZQe-jCeGt3C7ccTmADu30

 

A continuación está la transcripción completa de mi charla del Jueves 25 de abril, en el marco del evento ”La Libertad Frente a las amenazas progresista y conservadora”, sobre  liberalismo, inmigración y familia. 

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Es interesante el momento que nos toca vivir hoy. En mi caso particular, 12 años de mi vida, o el 37,5% de ella viví bajo el gobierno del “Socialismo del Siglo XXI” versión peronista. Para un ciudadano de Caracas que tenga mi misma edad, ese porcentaje está en 62,5%.

Para un brasileño, el socialismo del Partido de los Trabajadores también le llevó otro tanto.

Ahora bien, las cosas están cambiando. Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina, Piñera en Chile… Trump en Estados Unidos, VOX y Ciudadanos en España.

Salvo en Venezuela, el socialismo está en franca retirada y muchos liberales y autopercibidos como tales festejan con bombos y platillos. Celebran a Trump, a Bolsonaro, a Abascal… En Argentina no a Macri, por obvios motivos.

Ahora bien, frente a la caída de la izquierda y este auge de lo que podríamos considerar “nueva derecha”, cabe la pregunta de qué rol ocupa el liberalismo.

¿Es realmente el liberalismo lo que está en auge? ¿O simplemente un antiizquierdismo, con algunos componentes liberales, pero con otros elementos profundamente reaccionarios?

Desde mi punto de vista, el liberalismo –o el orden social liberal- es aquel donde se antepone el derecho individual a cualquier otra consideración. La declaración de la independencia de los Estados Unidos consideraba que “todos los hombres habían sido creados iguales” y que los gobiernos se establecían para preservar tres derechos esenciales: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Juan Ramón Rallo citó recientemente al filósofo escocés Scott Alexander, quien decía que el liberalismo es un “mecanismo institucional para evitar el conflicto civil. Evitar el enfrentamiento entre las personas”. Que cada uno viva como le parezca, pero que no les imponga su forma a los demás. Eso impide el conflicto.

Por último está la ya famosa frase del gran Alberto Benegas Lynch (h), que sostiene que el liberalismo es el “respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”.

Ahora bien, para la Nueva Derecha hoy en auge, respetar el proyecto de vida del prójimo incluiría, por ejemplo, restringir todavía más la libre inmigración. Para este mismo movimiento, preservar los derechos individuales implica defender a “la familia”, o a una cierta visión de lo que una familia debe ser.

Estos son los dos temas que me gustaría tratar hoy.

Comencemos con la inmigración

Hace unos días veía una conferencia de ese gran intelectual chileno y amigo que es Axel Kaiser. Axel trataba de explicar el surgimiento de los populismos en Europa y Estados Unidos. Populismos que son anti-inmigración… El intentaba comprender el porqué de ese auge contrario a los extranjeros.

Para ello citaba a un psicólogo profesor de la Universidad de Nueva York, Jonatan Haidt, quien decía que “los nacionalistas ven el patriotismo como una virtud… piensan que su país y su cultura son únicos y que vale la pena preservarlos”.

Preservarlos… Conservarlos…

Claro. El punto puede ser muy interesante. Para un grupo de personas, que se llaman nacionalistas esto debe preservarse. Y eso está muy bien, siempre que en dicha preservación no dañes derechos de terceros. Digo, si los valores y cultura de “A” son tan buenos, ¿cuál sería la necesidad de preservarlos frenando determinadas interacciones que se dan de manera libre y espontánea?

Si John de Estados Unidos quiere entrar en vínculo con José de Guatemala,  y en ese intercambio algunas de las “tradiciones norteamericanas” se pierden… ¿Cuál es la objeción? Nadie lo forzó.

Lo que quiero decir. No niego que haya valores, principios y tradiciones mejores que otras (en el sentido de la relación entre los valores y la prosperidad económica, por ejemplo).

Pero:

—–> Eso no implica que esos valores los conozcamos a priori y sean para siempre inmutables. A las cosas “que funcionan” hay que descubrirlas en un proceso de mercado, de interacción, de intercambio voluntario.

—–> Eso tampoco implica que debamos preservar esos valores impidiendo los vínculos espontáneos que la libre inmigración genera.

¡Ah pero es que no! Me van a decir. Que no es una interacción libre porque es el gobierno el que está ahí permitiendo la entrada de extranjeros a nuestro país. Y eso genera una “integración forzada”.

El concepto de Integración Forzada lo trajo al debate nada menos que un pensador muy bien considerado dentro de la Escuela Austriaca de Economía: Hans Hermann Hoppe.

Hoppe considera que, en una sociedad anarco-capitalista, no existiría la libre inmigración, ya que todo ingreso en propiedad ajena debería estar previamente autorizado por el “dueño de casa”. O sea, en un mundo utópico e inexistente donde todo fuera propiedad privada, nadie tendría “derecho a inmigrar”. De hecho, el concepto de inmigración no existiría.

Ahora como la realidad no responde a este parámetro y el gobierno sí autoriza a determinadas personas, llamadas extranjeras, a ingresar en el territorio nacional, Hoppe sostiene que eso hace que exista una integración forzada, una “invasión” (sic.) de extranjeros que cometerán atrocidades tales como

—–> “circular por caminos públicos”,

—–> “permanecer en terrenos y parques públicos” o incluso podrían

—–> “aterrizar en la puerta de la casa de cualquiera”.

Ahora realmente: ¿a esto se limita la tan temida “invasión”?

¿A ver un inmigrante caminando por la calle? ¿Qué tipo de integración forzada tengo yo con una persona que camina por las calles de Buenos Aires sea esta argentina, porteña, sanjuanina, venezolana, boliviana o noruega?

¿Y quién dice que a los que llegan desde el extranjero nadie los invitó si, en la enorme mayoría de los casos, se tratan de turistas que están pagando un hotel, estudiantes que pagan un alquiler o empleados que trabajan pacíficamente en empresas generando acuerdos voluntarios mutuamente beneficiosos?

Lo más paradójico es que ni siquiera en la “sociedad ideal” de Hoppe se resuelve el problema de la inmigración.

Es que imaginemos que en el “Country A” o “Comunidad Cerrada A” el dueño de una propiedad pide a un jardinero que vive en la “Comunidad Cerrada B” que venga a cortarle el pasto. Si bien el jardinero ingresará en la Comunidad A invitado por el propietario, otro vecino tendría derecho a quejarse por integración forzada, ya que el jardinero “extranjero” está utilizando los caminos comunes.

Los pseudoliberales de derecha como Hoppe consideran que el comercio libre de bienes es muy deseoso y positivo, pero que eso no tiene nada que ver con la inmigración. Que uno podría perfectamente querer un bien fabricado por un chino o un árabe, pero cosa muy distinta es “mezclarse” con ellos.

El argumento en general no solo es falso, sino que muy peligroso.

Es falso porque dicho comercio excluye el comercio de servicios. Claro que un trabajador chino puede enviar su Iphone ensamblado desde China a Estados Unidos. Pero eso no es posible en el caso de un jardinero o una profesora China que desee operar en Estados Unidos. El comercio en servicios, y la mano de obra es un servicio por excelencia, exige integración, algo que voluntariamente ha ocurrido de manera pacífica por cientos de años.

Vivimos en un mundo multiétnico y multicultural, y nadie nos “forzó” a ello.

Ahora toda esta teoría implica un enorme peligro, puesto que antepone a las ventajas individuales del intercambio, los prejuicios colectivos de la raza o la nacionalidad. Considerar a los extranjeros como invasores y defender una teoría que diga que está muy bien intercambiar, siempre y cuando los extranjeros sean mantenidos “a distancia” lleva necesariamente a que el gobierno tome cartas en el asunto excluyendo o impidiendo el ingreso de los inmigrantes.

Ahora en el caso de que el gobierno no lo hiciera: ¿qué tal si alguno busca hacer justicia por mano propia?

Durante la última matanza ocurrida en Nueza Zelanda, el autor explicó que la inmigración era una amenaza que “destruirá nuestras comunidades” y que debemos “aniquilar la inmigración y deportar a aquellos invasores”.Además, sostuvo que él es simplemente una persona que desea “vivir en paz entre su propia gente” y que su atentado fue a favor de la diversidad, para que los “diversos pueblos sigan siendo diversos, separados (…) que las tradiciones y creencias no se diluyan y corrompan por la influencia de los de afuera”.

Discriminar es una característica perfectamente humana que no debería tener ningún tipo de connotación. Ahora tratar al extranjero como invasor y sostener, como Hoppe hace, que “el rol básico de protección de un gobierno incluye la prevención de las invasiones extranjeras y la expulsión de los invasores extranjeros” es una actitud no solo errónea desde lo técnico, sino que profundamente incompatible con el liberalismo.

Pasemos ahora a la cuestión de la familia

Nos dice la nueva derecha que la familia y el liberalismo están íntimamente ligados porque la familia opera como un “intermedio” entre el estado y el individuo.

La familia protege al individuo del avance del gobierno y de la izquierda. Y sobre la mesa aparecen temas como la Educación Sexual Integral.

Que si hay que enseñarles a los hijos sobre sexualidad, que si se les debe decir que la homosexualidad está bien, mal, o si no debe  haber ningún tipo de juicios sobre el asunto.

Me gustaría ser claro. La posición liberal sobre la educación es que ésta debe escindirse del estado. En este caso SÍ, cada familia debe elegir qué educación darle a sus hijos, aún al costo de que los eduquen “mal”. Es el riesgo de la libertad, pero mucho mayor es el riesgo de la enseñanza centralizada.

En este punto entonces sí vamos a coincidir en que la familia debe estar por encima del gobierno u otros grupos que vayan contra el individuo.

Pero surgen de aquí dos cuestiones. La primera es qué pasa cuando es la familia la que va contra el individuo. La posición liberal ahí es clara. El individuo está por encima del grupo.

La segunda es que, incluso cuando aceptemos que la familia es un intermediario positivo y necesario entre las personas y el poder del Estado, no se sigue de ahí que la familia deba tener una estructura determinada.

Lo que cuesta ver entonces es cómo se pasa de esta defensa de la familia, como anticuerpo frente al avance del estado, a la defensa de una cierta visión de la familia. Es decir a la defensa de la llamada “familia tradicional”, compuesta de un papá, una mamá, y uno o más hijos e hijas.

¿Cuál es la necesidad de defender un modelo específico de familia? Cuál es la condición que exige que para ser “familia” tenga que haber dos progenitores, que estos sean heterosexuales, y no que esta esté conformada de otra forma.

De acuerdo con datos oficiales, “las familias que responden al modelo de padre-madre-hijos pasaron de 65% a 37% en apenas una década”. Hoy es muy común ser hijo de padres separados, por ejemplo, y quién no conoce a alguien que se haya criado con su abuela, abuelo, tías o tíos.

La familia puede entenderse de manera estrecha, como la unión de una pareja heterosexual y los hijos que de esta unión surjan. Pero también debe entenderse como institución social que va cambiando con el tiempo.

Y si esta institución ha cambiado tan radicalmente en estos últimos años, no es porque haya sido víctima de un supuesto ataque del marxismo cultural. De hecho, parecería ser que es todo lo contrario.

De acuerdo con Steven Horwitz, la evolución de la estructura familiar tradicional está directamente relacionada con los cambios generados por el desarrollo de la economía de mercado.

Antes de la Revolución Industrial, la familia era sencillamente una unidad de producción agrícola. Padre, madre y todos los hijos posibles tenían que trabajar día y noche en el campo para producir los bienes que proveyeran su subsistencia.

Más tarde, el incremento del ingreso per cápita y la aparición de las fábricas permitieron un cambio económico sustancial, que tuvo su efecto en la organización familiar.

Según el trabajo:

Mientras que en tiempos preindustriales, las mujeres y los hombres compartían muchas de las tareas en la unidad de producción familiar, la industrialización trajo una división del trabajo por género donde los hombres ocuparon la esfera pública del trabajo y la política y las mujeres lo privado. La esfera del hogar.

(…)

Cualesquiera que fueran los méritos de esta forma familiar, dos cosas eran ciertas: primero, la riqueza creada por el orden del mercado había liberado a las mujeres y los niños de la necesidad de un trabajo en gran medida desagradable en la industria. En segundo lugar, la forma y funciones de la familia continuaron evolucionando.

Para el autor del trabajo, fue el Siglo XX el que, combinando los nuevos dispositivos electrónicos que ahorraban el tiempo necesario de trabajo en el hogar, con el aumento de los salarios reales y la demanda de mano de obra, permitió a las mujeres integrarse de manera creciente y sostenida en el mercado laboral.

Así las cosas, no fue la revolución feminista de los ’60 la causa de la liberación de la mujer, sino la economía de mercado que les permitió a las mujeres cada vez mayor capacidad y autonomía.

También es la economía de mercado la que permitió que hombres y mujeres, así como mujeres y mujeres u hombres y hombres, se entrelacen en relaciones de pareja. Ya no se necesita la estructura familiar tradicional para sobrevivir económicamente, y el foco del vínculo no es obtener ingresos, sino el bienestar psíquico.

Frente a estos cambios producidos por el liberalismo aplicado a la economía, aparecen quienes acusan a un “lobby Gay” de querer destruir a la familia para así destruir al capitalismo y conseguir enormes subsidios.

Pero esto es contradictorio. Si es el propio capitalismo el que ha cambiado la estructura familiar, ¿qué sentido tiene decir que quien combate a la familia odia al capitalismo?

Por otro lado, si se trata por combatir la búsqueda de subsidios por parte de pequeños grupos de interés, no hace falta catalogar a los homosexuales como “sodomitas”, “antinaturales”, o personas cuyas demostraciones de cariño solo deban hacerse “en prudencia y discreción” y que ni se les ocurra tener la osadía de querer adoptar niños…

¡Con mis hijos no te metas!… ¡Pero es que no son los tuyos!

Y es mucho mejor tener una familia “gay” que nos dé cariño y contención a tener una familia “tradicional” que implique vivir en el infierno*.

Este tipo de cosas no son liberalismo. Es pura y dura homofobia, y como tal, una muestra del más rancio colectivismo que, mal que le pese a algunos, es colectivismo de derecha. Es juzgar a las personas por su pertenencia a un colectivo y nos por sus características personales.

Para ir cerrando, el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida de los demás. Y dicho proyecto implica no solo querer comprar bienes a quien quiero, como quiero y donde quiero, sino también querer integrarse con personas de otras nacionalidades incluso cuando esto ponga en riesgo ciertas “tradiciones culturales”.

El respeto irrestricto por el derecho del prójimo no es solo que se legalice Uber y que bajen los impuestos, sino aceptar la diversidad garantizar los mismos derechos a los heterosexuales, los homosexuales y los transgénero, incluso cuando esto ponga en riesgo ciertas “tradiciones familiares”.

Ni la diversidad sexual ni el multiculturalismo son enemigos del capitalismo. De hecho, me atrevo a decir que son dos más de sus inevitables consecuencias.

Muchas gracias.

* Por si genera dudas esta frase: de ninguna manera sostiene que toda familia tradicional sea un infierno ni que toda familia gay sea el paraíso. Solo sostiene que entre una familia que dé cariño y contención y otra que no lo haga, siempre es preferible la primera, independientemente del género de quienes ejerzan el rol de padres.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Argelia, un país paralizado políticamente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/3/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/argelia-pais-paralizado-politicamente-nid2228477

 

El próximo 18 de abril Argelia debió haber tenido elecciones presidenciales. Por quinta vez sucesiva y consecutiva, Abdelaziz Bouteflika había anunciado que sería nuevamente candidato a la presidencia que hoy ejerce. A los 82 años de edad y con su salud visiblemente debilitada, Bouteflika se desplaza en silla de ruedas como consecuencia de un accidente vascular cerebral serio, que ocurriera en el 2013 y lo dejara visiblemente disminuido.

Casi ni aparece en público, a lo que suma no hacer prácticamente ninguna declaración a los medios. No presentó, por años, propuestas políticas nuevas. Representa esencialmente al corto pasado independiente de una nación rica en hidrocarburos, que todavía es ciertamente joven.

En rigor, Bouteflika ha pretendido encarnar al poder argelino en su conjunto, dentro de un sistema político opaco. Quienes lo rodean y utilizan son aquellos que -desde el sector público y la actividad privada- controlan efectivamente la renta petrolera del país y viven de ella y en su derredor.

La imagen que Bouteflika transmite a sus 40 millones de compatriotas es demasiado endeble y se sostiene con una “legitimidad” histórica que aún se nutre esencialmente en lo actuado en la guerra por la independencia contra Francia, la ex metrópoli, lo que luce como una epopeya lejana.

El esquema de poder político actual no sólo procura evitar la violencia, sino hacer imposible que Argelia de pronto caiga en manos de los fundamentalistas islámicos. Estos últimos ya no constituyen una amenaza inminente y grave para Argelia. Se trata de grupos hoy bastante menores, a los que se tiene por “residuales”. Su presencia política tiene poco que ver con la violencia islámica de la década de los 90.

Por todo esto, los observadores políticos del país del norte de África coinciden en que la presencia de Bouteflika ha sido poco más que una suerte de “seguro contra el caos”. Un factor de estabilidad, en última instancia. Pero no mucho más.

Quienes políticamente se agrupan en torno a Bouteflika no tienen -tampoco ellos- propuestas nuevas importantes que los aglutinen. Por todo esto, el escenario político está bastante abierto y pocas figuras en la oposición tienen credibilidad a nivel nacional. También por ello el islamismo es -pese a todo- un peligro, aunque en estado latente.

Argelia es un país joven, pese a lo cual la dirigencia política está curiosamente en manos de líderes relativamente mayores. El manto de inmovilismo prevaleciente en materia política restringe el camino a la juventud y reduce la capacidad de los más jóvenes de poder influir en la determinación del rumbo de la sociedad.

En síntesis, Argelia es un país que parece haber flotado políticamente desde hace por lo menos dos décadas. Sin animarse demasiado a cambiar. Ni sentir la urgencia de hacerlo. Sin debates saludables que sacudan, al menos, la opacidad de la política. Como si estuviera condenada a vegetar en un mismo ambiente. Sin demasiado dinamismo, ni ambición cierta de cambios profundos.

Pero el viento -ante las manifestaciones de protesta masivas- parece haber cambiado. Además de las protestas masivas, nada menos que mil abogados del país norafricano -con sus tradicionales capas negras sobre sus hombros- acaban de manifestar su preocupación al unísono ante la sede del propio Consejo Constitucional de su país.

Mientras tanto, 21 candidaturas presidenciales han sido presentadas, incluyendo la de Bouteflika. Pero es la de este último en particular la que genera la fuerte reacción en su contra. Mientras todo esto sucede, el envejecido Bouteflika estaba en Ginebra, sometido a controles médicos a los que eufemísticamente se denominan “exámenes periódicos”.

La aparente estabilidad de Argelia ahora se ha conmovido. La gente está exigiendo ser escuchada y poder participar efectivamente en las decisiones que tienen que ver con el futuro inmediato de un país que, a lo largo de las dos últimas décadas, parece haber estado en manos de una elite política, acompañada en su aventura por los grupos económicos más fuertes del país que se benefician de los subsidios, beneficios tributarios y créditos blandos que las autoridades ponen a su disposición. En un ámbito en el que el fenómeno del “clientelismo” necesariamente crece y la corrupción anida en algunos rincones. La economía está signada por el estatismo, pero hay empresas privadas de alguna dimensión interesante que trabajan en distintos sectores de la economía argelina.

La posición de Bouteflika no ayuda, puesto que pretendió explicar su insistencia en volver a ser candidato presidencial en la necesidad de “organizar unas segundas elecciones presidenciales”, de modo que quienes detentaron el poder en Argelia en las últimas dos décadas mantengan por un rato -directa o indirectamente- el control de un país que hoy parece estar despertando políticamente y en el umbral de cambios trascendentes.

Las manifestaciones callejeras generalizadas que explotaron durante dos semanas continuas, culminaron con el anuncio del propio Bouteflika, el lunes pasado, en el sentido de que no procurará un quinto mandato. No habrá entonces elecciones el próximo 18 de abril, las que han quedado postergadas, sin fecha. No obstante, Bouteflika ha dado a entender que pretende continuar en la presidencia luego de la expiración de su actual mandato, el 28 de abril, lo que abre un frente desafiante, que también es peligroso.

Los estudiantes, que motorizaron las protestas, celebran haber podido de algún modo tumbar pacíficamente a quien califican de “marioneta”. Portando banderas argelinas, insisten en la necesidad de cambio, pese a que lo cierto es que la hoja de ruta necesaria aún no ha sido elaborada.

Es muy probable que de la pulseada descripta surja un nuevo esquema político. La explosión del poder actual ha sido vertiginosa e incluye al propio hermano del presidente: Said, que tenía aspiraciones potenciales de sucederlo.

Las manifestaciones en Argelia han estado prohibidas desde el 2001. Pese a ello, una vez que comenzaron y se intensificaron lograron sacudir en paz al esquema de poder.

De la prudencia y espíritu inclusivo real del propio presidente Bouteflika y de los dirigentes de la oposición dependerá que la etapa de transición que se ha abierto sea ordenada y pacífica. Ciertamente ello no es imposible, pero se transita ya un camino nuevo, plagado de peligros latentes, donde no parece haber demasiado espacio para intentar maniobras sólo dilatorias. Entre un escenario con fuertes parecidos, el de Egipto en el 2011, Hosni Mubarak no pudo salir airoso.

El país más grande de África transita un momento complejo. Detrás de los políticos argelinos aparece el general Ahmed Gaid Salah, que -preocupado- no le pierde pisada a lo que sucede.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Trabajo infantil

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/2/19 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/trabajo-infantil/

 

En una nueva ratificación de la Ley de Spencer —cuanto más se resuelve un problema, más arrecian las quejas sobre su empeoramiento— el trabajo infantil empezó a ser un escándalo en el siglo XIX, o sea, cuando disminuyó por primera vez en la historia.

No concebimos hoy ese trabajo, olvidando que aquí en España muchos niños trabajaron de manera regular hasta los años cincuenta, e incluso más tarde. La prosperidad es, en este campo, como en tantos otros, lo fundamental. Por eso el trabajo infantil es un fenómeno habitualmente limitado a los países más pobres.

Los políticos, alarmados ante este problema, decidieron hacer lo normal: prohibirlo. Después de todo, todavía hay 168 millones de niños que trabajan, según la OIT. Parece indudable que es bueno prohibirlo, pero la economía tiene una larga tradición de advertencias sobre su complejidad y sobre las consecuencias no previstas ni deseadas de la intervención de las autoridades.

El trabajo infantil (menores de 14 años) fue prohibido en la India en 1986. La idea subyacente era que la prohibición incrementa el coste de contratar niños, a la vez que rebaja sus salarios, desanimando así tanto su oferta como su demanda. Pero un estudio  reciente observa: “Un mecanismo menos evidente actúa en la dirección contraria: si sólo las familias más pobres recurren al trabajo infantil para lograr la subsistencia, entonces una caída en los salarios de los niños debido a la prohibición puede de hecho llevarlas a ofrecer aún más trabajo infantil” —Prashant Bharadwaj, Leah K. Lakdawala, Nicholas Li,  “Perverse Consequences of Well-Intentioned Regulation. Evidence from India’s Child Labor Ban” (National Bureau of Economic Research: https://www.nber.org/papers/w19602).

Los autores analizan lo que sucedió en la práctica en la India, y comprueban que si la prohibición afecta a un solo sector (en la India, la industria), su resultado es el movimiento de mano de obra infantil a otros sectores, sin efecto alguno sobre el nivel global de trabajo infantil. La evidencia empírica indica que después de la prohibición bajó efectivamente el salario infantil pero aumentó la oferta, como lo sugiere el mayor número de niños que dejaron las escuelas. Era una señal clara de que iban a trabajar, lo que es perjudicial porque frena la acumulación de capital humano, y discrimina contra las familias pobres, puesto que las de mejor situación no envían a sus hijos a trabajar.

Estos profesores recuerdan que hay muchos más estudios de Law & Economics sobre países ricos que sobre países pobres, y “los efectos de las leyes pueden ser muy diferentes en países en desarrollo, donde no serán plenamente cumplidas por la debilidad de sus instituciones”. En resumen, parece que la prohibición no resuelve el  problema del trabajo infantil, “simplemente porque no afronta la principal razón por la cual los niños trabajan: la pobreza”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Compromiso ambiental y crecimiento sostenido. Un problema dinámico.

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado en Revista Cultura Económica
Año XXXVI  N°96 Diciembre 2018: 77-94. http://e-revistas.uca.edu.ar/index.php/CECON/article/view/1525

 

Resumen

 

Este trabajo analiza los problemas que se generan por la interacción del hombre con el ambiente con el correr de los siglos y ante el crecimiento poblacional. La discusión que esto genera sobre los derechos individuales, la propiedad, la interferencia gubernamental y su incremento impone la necesidad de generar un marco doctrinario aceptable, consensuado y lógico, que lo regule, preservando la autonomía de la voluntad y considerando la evolución y el progreso tecnológico. Asimismo, menciona diferentes aportaciones relevantes de diversos autores. Y la evolución del pensamiento económico.
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I. La actividad del hombre y su impacto
Las ideas que hablan sobre un posible impacto negativo de la actividad
de los seres humanos en la tierra tienen una antigüedad similar a la de
la ciencia económica. Existen muchas teorías que han sostenido y
algunas que, aún hoy en día, sostienen la posibilidad de un colapso
catastrófico de la población mundial a causa de los efectos de la actividad del hombre. Malthus advertía que podían existir limitantes
de la evolución de la humanidad hacia la felicidad. Y se refería a una
gran causa, unida íntimamente a la naturaleza del hombre. En sus
palabras: “La causa a la que aludo es la tendencia constante de toda
vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los
recursos disponibles para su subsistencia” (Malthus, 1998: 7). Está
claro que esta cita, que data de 1798, no era, de ninguna manera, una
posición incontrovertible ni compartida por algunos de sus
contemporáneos. Incluso autores bastante anteriores, ya sostenían la
posición contraria.
Spiegel, (1996: 161) refiriéndose a William Petty, (1623-1687),
destaca que sus criterios económicos eran independientes de los
prejuicios de la época, dándole una gran importancia al crecimiento de
la población como fuente del aumento de los ingresos. A su juicio, el
crecimiento poblacional contribuiría a licuar los gastos del estado, que
según decía, no crecían en la misma proporción. Además, enfatizaba
que una mayor población obligaba a mayores esfuerzos y también a
una creciente especialización y enseñanza de oficios y técnicas. En sus
estudios, veía al crecimiento de la población como la solución a los
problemas nacionales.
Por su parte, Spengler (1998: 3) reconocía que la idea de que el
excesivo crecimiento poblacional podía reducir la productividad por
trabajador, deprimir el nivel de vida de las masas y generar conflictos,
era de tal antigüedad que aparecía en trabajos de Confucio y otros
filósofos de la antigua China…
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El Artículo completo, aquí:
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Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

¿Surgirá Venezuela de las cenizas?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 5/2/19 en https://www.cronista.com/columnistas/Surgira-Venezuela-de-las-cenizas-20190204-0049.html

 

¿Surgirá Venezuela de las cenizas?

El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia que fue concebida para proteger derechos y no para conculcarlos. Es la contracara de lo estipulado por los Giovanni Sartori de nuestra época para en cambio caer en pura cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida cuando no de la vida misma.

 

El vendaval espantoso que dejan los tiranos venezolanos con el apoyo  de la isla-cárcel-cubana ha producido efectos devastadores en todos los planos concebibles. El actual Papa no ha disimulado su simpatía por el socialismo y solo ha patrocinado “concordia entre las partes” que tal como han expresado veinte ex presidentes de la región, “es como si pretendiera que las víctimas se arreglaran con sus victimarios”.  Es de destacar por otro lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la Iglesia venezolana a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de su jefe en el Vaticano.

 

Debe destacarse también la posición decidida y con el necesario coraje moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado expresa y reiteradamente la tiranía venezolana, en especial la contundencia del Grupo de Lima. En esta línea argumental es del caso subrayar la perseverancia y la decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la necesidad de acabar con el engendro venezolano.

 

La seguidilla de marchas opositoras, los presos políticos, las muertes, la crisis económica que incluye falta de alimentos y fármacos elementales, las emigraciones masivas,  la asunción del nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto por la Constitución a raíz de las elecciones amañadas y tramposos de Maduro desde todos los ángulos posibles de análisis, la marcha multitudinaria del 23 de enero pasado, insurrecciones militares esporádicas, arrestos y demás sucesos apuntan a una posible restauración de las instituciones republicanas.

 

El reiterativo socialismo ha sido rebautizado como “del siglo xxi” con la intención de disfrazar las barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante del tirano Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad humana”… con los fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se convirtieron los hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la educación haciendo que se escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos cuadernos debido a la escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a cualquier signo de oposición, en el contexto del partido único y la prensa oficial. Maduro continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.

 

Sin duda que la historia venezolana descubre desaguisados ejecutados por varios de los partidos políticos de la era anterior, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

VENEZUELA SE LEVANTA

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 29/1/19 en https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto…/venezuela-levanta.html

 

El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia. El vendaval espantoso que dejan los tiranos venezolanos con el apoyo  de la isla-cárcel-cubana ha producido efectos devastadores en todos los planos concebibles.

El actual Papa no ha disimulado su simpatía por el socialismo y solo ha patrocinado “concordia entre las partes” que tal como han expresado veinte ex presidentes de la región, “es como si pretendiera que las víctimas se arreglaran con sus victimarios”.  Es de destacar por otro lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la Iglesia venezolana a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de su jefe en el Vaticano.

Debe destacarse también la posición decidida y con el necesario coraje moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado expresa y reiteradamente la tiranía venezolana. En esta línea es del caso subrayar la perseverancia y la decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la necesidad de acabar con el engendro venezolano.

La seguidilla de marchas opositoras, los presos políticos, las muertes, la crisis económica que incluye falta de alimentos y fármacos elementales, las emigraciones masivas,  la asunción del nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto por la Constitución a raíz de las elecciones amañadas de Maduro, la marcha multitudinaria del 23 del corriente mes, insurrecciones militares esporádicas, arrestos y demás sucesos apuntan a una posible restauración de las instituciones republicanas.

Cabe recordar que Simón Bolívar escribió en el denominado “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, que “nada es tan peligroso como que permanezca largo tiempo un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

El reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi” es con la intención de disfrazar las barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante del tirano Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad humana”… con los fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se convirtieron los hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la educación haciendo que se escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos cuadernos debido a la escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a cualquier signo de oposición, en el contexto del partido único y la prensa oficial. Maduro continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.

Sin duda que la historia venezolana descubre corrupciones y desaguisados ejecutados por varios de los partidos políticos de la era anterior a la irrupción de los tiranos de marras, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República.

Hay muchas personas e instituciones que han hecho faenas admirables por la libertad de Venezuela en los últimos largos tiempos pero quiero poner en primer plano a dos de los embanderados con esta noble causa. Se trata del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE) que en otro orden de cosas tuve el gusto de visitar en varias oportunidades y que también publicó uno de mis libros y El Diario de Caracas donde vengo colaborando con columnas semanales desde hace años

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.