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MIS ESTIMADOS MARCIANOS LIBERTARIOS, CUANDO DESCIENDAN EN LA TIERRA, UBÍQUENSE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/mis-estimados-marcianos-libertarios.html

 

Lamento enormemente disentir con mi admirado Loris Zanatta, pero mi antipático papel como defensor de Trump como mal menor me pone en esa posición.

Dice Zanatta el 15 de mayo de 2018: “Trump quiere demoler el orden internacional construido por su propio país después de la segunda guerra mundial. Lo que los teóricos de las relaciones internacionales siempre han llamado “el orden liberal”, a él le da asco. este “orden” se basa en tres pilares: la democracia política y las libertades civiles, que para Trump son opcionales; la libertad económica, que considera nefasta y a la que opone el principio del America first y el multilateralismo, la densa red de instituciones internacionales que fomentan la cooperación y tratan de disuadir el conflicto: es una palabra ausente en su vocabulario. Desde el comercio transpacífico hasta los acuerdos climáticos, desde la relación con Europa hasta la gobernanza global, su consigna es: me tiene sin cuidado; somos los más poderosos, hago lo que le conviene a mi pueblo”.

Ahora bien, ¿por qué ese “orden internacional” es una garantía del liberalismo clásico y las libertades individuales que siempre ha defendido Zanatta? La Declaración de los Derechos Humanos de 1948, ok; pero por lo demás, la ONU ha tenido una agenda muy cuestionable para cualquier libertario o liberal clásico que se precie de tal. Han atacado al libre comercio con sus alianzas con el Banco Mundial, que, junto con el FMI, sólo han servido para promover el intervencionismo, prestando o regalando papel pintado a los gobiernos para que hagan lo que quieran. A través de sus organismos de salud ha difundido una agenda antinatalista en todo el planeta, al mismo tiempo que con lo primero restringía el libre mercado, fórmula explosiva para crear más pobreza y miseria. Ha corroborado las aduanas y proteccionismos entre las Naciones. Ha nacido con la Unión Soviética y China a la cabeza de sus decisiones, un chiste de mal gusto a todo amante de la verdadera libertad. Ha promovido todo tipo de neo-marxismos diversos a través de la UNESCO. Ha sido totalmente ineficaz para luchar contra todo tipo de dictadorzuelos, o al revés, los ha corroborado. Ha promovido a nivel mundial el welfare state, un fracaso total a nivel moral y económico. Etc. Ha promovido todo tipo de políticas estatistas para supuestamente defender la ecología.

¿Y ahora Trump es el malo por oponerse a todo ello?

Segundo, ¿de dónde sacó Zanatta que para Trump la democracia política y las libertades civiles son opcionales? Opcionales son para las agendas totalitarias del lobby LGTB, que quiere encerrar, literalmente, a cuantos no piensan como ellos, bajo supuestos delitos de hate sppech, discriminación, homofobia, etc. Así vemos a monjitas presas por no repartir preservativos en sus iniciativas de salud, a profesores universitarios echados por no hablar los pronombres neutros, a padres presos en Alemania por querer educar a sus hijos en su verdadera fe, a vendedores de pasteles presos por decidir ejercer su libertad de comercio y no vender sus pasteles a quienes no quieran, a Jordan Peterson luchando solo, en Canadá, por su libertad de expresión. Trump está poniendo un freno a todo ello, precisamente por defender las libertades civiles a las cuales se opone toda la agenda neo-marxista del partido demócrata.

¿Y Trump es entonces el malo de la película?

¿Y el proteccionismo? Sí, claro, allí Trump está equivocado. ¿Pero es el primero? ¿Quién NO es proteccionista, excepto los que estudiamos a Mises y Hayek? ¿Quién no era proteccionista? ¿Obama? ¿Quién no iba a ser proteccionista? ¿Hilary?

¿Y la política fronteriza? ¿Quién NO piensa que debe haber aduanas, visas y pasaportes? Los libertarios. ¿Y eran libertarios los demócratas que AHORA claman al cielo? ¿Quién eliminó las fronteras y sus controles? ¿Obama? ¿Quién NO deportó gente según las leyes federales aprobadas por el Congreso sin ningún escándalo de los AHORA “aperturistas” mass media? ¿Obama? ¿Quién iba a eliminar las visas y los pasaportes? ¿Hilary? Y por favor no me digan que es una cuestión de grado. O la ley se cumple, o no. Por favor no tengamos doble discurso. Si hay inmigración ilegal, siempre habrá deportados. ¿Y con quiénes NO iba a haber inmigración ilegal? ¿Con los demócratas?

Realmente pregunto a los libertarios y liberales clásicos que ahora son denunciadores seriales de Trump, ¿y qué esperaban con Hilary?

¿No saben ubicarse en el mundo real, en la siempre opción entre el mal menor o mayor?

 

¿No “les gusta” Trump? A mí tampoco. Es un maleducado y un grosero. Pero dedíquense entonces a lanzar sus diatribas contra la corrección política, la timidez y la falta de sinceridad y liderazgo de todo el Partido Republicano. Porque millones de electores norteamericanos se hartaron de estupideces. Y estupidez NO es mandar a la miércoles el tratado con Irán, donde Irán estaba mintiendo de vuelta. Estupidez NO fue decirle al loco de Kim Jong Un que si se seguía haciendo el loco, habría otro loco en serio del otro lado. Estupidez NO fue defender a Israel de sus bestiales vecinos ni reconocer su auténtica capital. Estupidez NO fue dejar de defender y financiar a Planed Parenthood y oponerse al aborto y a la industria de vender partes de embriones al mejor postor. Estupidez NO fue bajar los impuestos. Estupidez NO fue mandar al cuerno a acuerdos ecológicos estatistas que NO solucionan el problema. Por ende lamento mucho, estirados libertarios, que Obama sea un total caballero –lo es- al frente de una agenda totalmente socialdemócrata en lo económica y autoritaria en lo cultural. Lamento mucho que Hilary sea una dama con un maravilloso inglés bostoniano que iba a seguir el legado de su antecesor. Y lamento mucho que para frenarlos, millones de sencillos y sabios norteamericanos hayan elegido a un maleducado. Es lo que hay, gente. Del otro lado tienen a Cuba, a Corea del Norte, a los totalitarios chinos, al nuevo zar de Rusia, a la Europa vieja, moribunda y suicida, y la dictadura de lo políticamente correcto en Canadá. Váyanse allí. ¿Y saben qué, además? EEUU tampoco es ahora la tierra de la libertad. Les propongo vivir en Marte, como yo, pero al menos ubíquense en la guerra cada vez que desciendan en La Tierra.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

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Las próximas elecciones presidenciales mexicanas y sus interrogantes

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2126993-las-proximas-elecciones-presidenciales-mexicanas-y-sus-interrogantes

 

El próximo 1° de julio, los mexicanos concurrirán a las urnas para elegir a su próximo presidente por un período de seis años. Las normas electorales disponen que no hay segunda vuelta. Ese mismo día, en una elección integral, ellos también renovarán la composición de las dos cámaras de su Congreso Federal. En el Senado, con legisladores con mandatos de seis años y en la Cámara Baja, en cambio, con mandatos de tres años de duración. Se elegirán también 9 de los 32 gobernadores de los distintos estados del país.

Hay cuatro candidatos presidenciales que procuran la victoria. Por primera vez aparece una mujer como candidata independiente: Margarita Zavala quien, por el momento al menos, no parecería tener demasiadas posibilidades de éxito.

Los otros tres candidatos son: primero, Andrés Manuel López Obrador, un político veterano, de estilo populista e ideológicamente un líder que es claramente de izquierda, lidera al partido “Movimiento de Regeneración Nacional”, más conocido como “Morena”, políticamente poderoso en Ciudad de México, fundado por el propio López Obrador en 2012, al que curiosamente acompañan esta vez los conservadores evangélicos del Partido Encuentro Social; segundo: Ricardo Anaya, el candidato del centro, que encabeza una coalición de fuerzas moderadas; y, tercero, el oficialista José Antonio Meade, que pertenece al todavía poderoso “Partido Revolucionario Institucional”, más conocido como el “PRI”, que esta vez compite en coalición con los ecologistas del Partido Verde y con el curioso “Partido Nueva Alianza”, que agrupa a los maestros de México, aunque con una agenda política bastante difusa.

A estar a las encuestas de opinión más recientes, el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, lidera claramente las intenciones de voto, desde que obtiene un 42% de las mismas; le siguen Ricardo Anaya, con una respuesta favorable del 31,1% y José Antonio Meade, con una del 21,9%. El 15,6% de los mexicanos encuestados afirma que, de pronto, podría cambiar de opinión.

Para el veterano López Obrador, éste es el tercer intento de llegar a la presidencia de su país; el primero fue, recordemos, el de 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón lo derrotara ajustadamente, por apenas un 0,56% de los votos.

Como ocurre en otras latitudes, en México habrá tres debates públicos entre todos los candidatos: el 22 de abril, el 20 de mayo y el 12 de junio.

La elección puede, sin embargo, ser declarada inválida si la diferencia entre el primero y el segundo es de menos del 5% y el ganador sobrepasa el límite fijado para los gastos de campaña por más de un 5%. También si hay irregularidades que afectan al menos al 25% de las estaciones de voto, que no pudieran corregirse el día mismo de las elecciones; o si el 25%, o más, de esas estaciones de voto de pronto no pudieran abrirse y operar el día de las elecciones.

López Obrador tiene propuestas radicales. Postula, por ejemplo, revisar la reforma energética, sobre la que algunas veces afirma estar dispuesto a eliminarla de cuajo y otras a sólo revisar la legalidad de los contratos oportunamente suscriptos. También propone eliminar la reforma de la educación y cancelar el contrato en marcha para la construcción del nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Su principal bandera es, sin embargo, la de la lucha frontal contra la corrupción que es endémica en México desde hace décadas, incluyendo -entre 2000 y 2005- durante su gestión como Jefe de Gobierno en la Ciudad de México (Distrito Federal). A ello agrega una propuesta a la vez ambigua y audaz: la de negociar alguna suerte de acuerdo con los traficantes de drogas y con los pequeños productores de opio y marihuana.

Entre las propuestas concretas de su rival, José Antonio Meade, aparece -cabe destacar- la de expropiar el patrimonio mal habido de quienes desempeñan funciones públicas.

Cuando las elecciones presidenciales se acercan y cuando la gestión del actual presidente, Peña Nieto culmina, éste sólo recoge un escaso 21% de aprobación. Lo que es bastante inusual en México, desde que en sus respectivos momentos, Carlos Salinas recogiera una aprobación del 70%; Ernesto Zedillo una del 62%; Vicente Fox una del 63%; y Felipe Calderón una del 52%, lo que es bien distinto. Esto obviamente genera un clima que favorece a López Obrador.

Ocurre asimismo, entre otras cosas, que la inseguridad personal mexicana está en sus niveles más altos de la última década, a punto tal que se computan unos 97.000 asesinatos vinculados al crimen organizado en apenas los últimos once meses. Y, además, que la corrupción ha crecido muy significativamente; lo que llevó a que, entre 2004 y 2016, México retrocediera en el índice de “Transparency International” que mide la “sensación” de corrupción, del puesto 64 que ocupara, al desairado puesto 123 actual.

La economía, no obstante, no está nada mal. México crece anualmente al 2% de su PBI. La inflación anual del país es ahora del 5,04%. La renegociación en curso del NAFTA podría culminar positivamente durante el próximo mes de mayo, con un 80% de probabilidades de que el resultado de las mismas no perjudique a México.

No obstante, también es cierto que el Peso mexicano se ha depreciado un 7% frente al dólar a lo largo de los últimos doce meses y que el consumo agregado de los aztecas ha caído un 2% todo a lo largo del último año. Por esto seguramente, un 47% de los mexicanos es hoy más bien pesimista respecto de su futuro económico inmediato.

Lo cierto es que si las cosas no cambian dramáticamente de dirección, es posible que Andrés Manuel López Obrador, en pocas semanas más, se haga de la presidencia de México. Hoy es el político con la mejor imagen para los mexicanos desde que un 46% de ellos así lo confirma. Y que tan sólo un 21,3% de los mexicanos, preguntado que es, afirma que “jamás votaría por él”.

Lo más notable es probablemente la nueva espiral de decadencia del PRI, respecto del cual un 49,3% de los mexicanos hoy afirma rotundamente que “es el peor del los partidos políticos”.

Un México pujante se acerca entonces a una nueva encrucijada electoral y, como se ha visto, un cambio fuerte de rumbo parecería ser bastante probable, con todo lo que ello significa para un miembro del NAFTA y uno de los países líderes de nuestra región. Donald Trump, con su propuesta del muro divisorio entre los dos países y con su trato absurdamente despectivo hacia los ciudadanos de su país vecino ha contribuido, torpemente y sin quererlo seguramente, a fortalecer al candidato de la izquierda mexicana, cuyo posible éxito no sería sorpresivo entonces.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Pobreza: riesgo de riesgos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 22/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/pobreza-riesgo-riesgos/

 

Leí en la prensa que los pobres “son más y distintos”. Pero, ¿cómo es posible que después de varios años de crecimiento económico hayan aumentado los pobres? Respuesta: no han aumentado.

Hay que advertir que desde hace algún tiempo ya no se habla de pobreza sino de “riesgo de pobreza”. Esto permite a los antiliberales de toda laya insistir en sus jeremiadas sobre lo mal que va todo, y a continuación apresurarse a exigir más gasto público, más impuestos y menos libertad. De ahí que convenga analizar con cuidado sus lamentaciones para comprobar si tienen base o no.

Según lo que pude leer, los mayores de edad están en mejor posición, pero “los niños en cambio han sido los más perjudicados: su riesgo de pobreza entre 2005 y 2015 pasó del 29% al 34%”. Nótese que el primer año fue el penúltimo de un largo ciclo de crecimiento económico y generación de empleo; y que la recuperación empezó en 2013.

Ahora bien, ¿por qué están en mayor riesgo? Porque la definición ya no es personal: “la pobreza es una característica del hogar, no individual”. Entonces, todos los hogares con niños tienen más riesgo.

Y observé que la forma de ponderar los ingredientes de dicho riesgo tiende a inflarlo. Por ejemplo, todo trabajo que no sea fijo lo aumenta, independientemente del motivo y el salario. Lo mismo sucede con los hogares monoparentales y las familias numerosas. Ser extranjero se relaciona con la pobreza, y, obviamente, estar parado.

Cuando llegamos al dinero, se entienden mejor los altos porcentajes del riesgo. Según Eurostat basta con una de la siguientes condiciones para estar en riesgo de pobreza: ingresos bajos, escasez de empleo, y privaciones materiales severas. La primera incluye a personas con ingresos familiares menores al 60 % de la mediana: por ejemplo, alguien que viva solo y gane 8.000 € al año. La segunda condición la cumpliría un matrimonio con ingresos suficientes pero que vivan con dos hijos que ni estudian ni trabajan.

La tercera condición, según se informó, es quizás la más grave: “incorpora a las personas que, con independencia de sus ingresos, sufren privaciones como no tener lavadora, no poder comprar carne o tener dificultades para pagar los recibos o el alquiler”. Es difusa, porque no atiende a los ingresos, con lo que una persona o una familia con ingresos suficientes pero que tenga “dificultades” entraría en esta categoría.

Leí declaraciones de un matrimonio marroquí con seis hijos. No trabajan, pero reciben una ayuda de 400 euros y otra de 200 por ser familia numerosa. Dice ella: “Mi trabajo es buscar. Antes no conocía muchos sitios. Ahora sé todo. Hay que buscarse la vida poco a poco”.

Cabe asociar la imprecisión estadística sobre el riesgo de pobreza con las cifras sobre la pobreza efectiva más grave, a menudo asociada con el hambre. En Repensar la pobreza, Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo comprueban sobre el terreno que “la mayoría de las personas que viven con menos de 99 centavos al día no parecen comportarse como si tuvieran hambre”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Legislación sindical, el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 26/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/26/legislacion-sindical-el-caso-argentino/

 

Lo primero es subrayar que en una sociedad abierta el derecho a asociarse o no asociarse constituye uno de los postulados básicos a los efectos de la cooperación social. Cómo deben ser las asociaciones es algo que no compete a quienes están fuera de ellas; en primer lugar, los gobiernos, que solo deben velar porque no haya lesiones de derechos, en caso de que las hubiera, dicha agrupación se convierte en una asociación ilícita.

Pero antes de otras consideraciones sobre el tema sindical, es menester aclarar con toda precisión que los salarios y los ingresos en términos reales de deben exclusivamente a la cuantía y la calidad de ahorros internos y externos invertidos en un contexto de conocimientos relevantes, lo cual hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Esa es la diferencia entre zonas de mayores o menores salarios basadas en el primer caso en marcos institucionales respetuosos de la propiedad de cada cual.

El nivel de salarios no es solo monetario, es también no monetario, como lo son todas las condiciones laborales que rodean al caso desde los períodos de descanso a la música funcional. En rigor, estas condiciones no pueden ser legisladas, como queda dicho, son consecuencia de los niveles de las tasas de capitalización. Más aun, si se legislan más allá de demandas civiles o penales por incumplimientos contractuales o delitos, los resultados indefectiblemente son el desempleo, en primer lugar, de aquellos que más necesitan trabajar y, en segundo lugar, de todos a quienes las condiciones laborales son superadas por las normas legales respecto a las antedichas tasas de inversión. El voluntarismo no cuadra.

Mientras que los recursos sean limitados en relación con las necesidades, nunca bajo ningún concepto puede haber sobrante de aquel factor esencial que es escaso, esencial, puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso de trabajo manual e intelectual.

La vida es una transición, todo lo que piensan todos en todas las oficinas consiste en mejorar, lo cual, a su vez, se traduce en reasignaciones humanas y materiales. La mayor productividad libera factores humanos y materiales al efecto de trabajar en otros emprendimientos. En un mundo idílico donde hay de todo para todos todo el tiempo, naturalmente no hay necesidad de trabajar, lo cual significa que se está en Jauja, situación que sería una bendición para todos. Pero las cosas no son así, hay necesidades insatisfechas, por lo que hay que aplicar faenas para atenderlas.

 Nuevos métodos que elevan la productividad, nuevos bienes y servicios importados del exterior más baratos y de mejor calidad, la robotización y equivalentes liberan trabajo, el empresariado, atento a nuevos negocios, busca capacitar a nuevo personal al efecto de lograr sus arbitrajes adicionales. Como hemos dicho antes, ese fue el sentido y el destino del hombre de la barra de hielo cuando apareció la refrigeradora o el del fogonero cuando irrumpió la locomotora Diesel.

Lo peor que puede hacerse si se desea elevar el nivel de vida es destruir capital, con ello no habrá aumentado el empleo, sino que provoca disminuciones en los salarios en términos reales.

Por su parte, las huelgas deben ser entendidas como el derecho a no trabajar en cualquier momento siempre y cuando se cumplan los preavisos estipulados si los hubiere. Pero el derecho a huelga no es la intimidación y la violencia que no permitan que otros ocupen puestos de trabajo. Una cosa es el derecho a no trabajar y otra bien distinta es imponer situaciones a otros contra la voluntad de los destinatarios.

En el caso de procedimientos intimidatorios y violentos cuando se confunden con la huelga está implícita la equivocada idea de que constituye un procedimiento para elevar salarios. Si esto fuera cierto, habría que incrementar los métodos violentos de igual manera que si se considera que el nivel de vida puede incrementarse por decreto, las legislaciones, en este sentido, habría que redoblarlas. Pero como queda dicho, los salarios dependen solo de la inversión per cápita, que si disminuyen, disminuirá el salario, si se mantiene el stock de capital descontadas las respectivas amortizaciones, el salario mantendrá su nivel y si se incrementa el capital, consecuentemente aumentarán los salarios.

Tampoco tiene sentido alegar que los gobiernos deben interferir en las relaciones laborales para evitar “el desequilibrio en el poder de contratación”. En esta línea argumental, se sostiene que no es permisible que contrate un millonario con una persona que no tiene para llegar a fin de mes, al fin de semana o al fin del día. Es del todo irrelevante cómo sean las características patrimoniales o el volumen de sus respectivas cuentas corrientes, lo relevante son las tasas de capitalización. Si un millonario pretendiera pagar menos de lo que establece el mercado, simplemente se queda sin colaboradores. Un empleador puede contar con una situación patrimonial boyante y otro estar quebrado, pero ambos, si desean contratar trabajo manual e intelectual, deben abonar lo que exige el mercado. En lugares en donde los salarios son altos, no se debe a la generosidad de empleadores ni a la mezquindad de salarios bajos en otras zonas, sino, como hemos repetido, al volumen de capitalización.

De más está decir que los incumplimientos contractuales, los engaños o las lesiones de derechos deben ser adecuadamente castigados, pero los arreglos contractuales libres y voluntarios no deben ser interferidos por los aparatos estatales ni por bandas ocultas en máscaras sindicales.

Idéntico razonamiento se aplica a todos los servicios que preste la asociación sindical, en primer lugar, de salud o cualquier otro servicio que debe estar abierto a la competencia y en ningún caso consecuencia de aportes obligatorios y mucho menos a través de llamados “agentes de retención” que echan mano al fruto del trabajo ajeno.

Asimismo, las representaciones o no representaciones sindicales deben estar abiertas a todas las variantes, siempre y cuando se trate de arreglos libres y voluntarios en el contexto de contrataciones colectivas o individuales, según lo prefieran los interesados.

En el caso argentino, de tanto en tanto se detienen a sindicalistas corruptos, pero hasta el momento no se han modificado las leyes que dan sustento a un sistema fascista de representación coactiva a través de la figura de la personería gremial que arrastra a todos los gremios desde la década del cuarenta, que está presente en la legislación de ese país, junto a los antes referidos agentes de retención (más bien estafas legales) y afiliación coactiva de facto, en el contexto de escandalosos negociados monopólicos de obras sociales y similares.

Limitarse a arremeter contra la corrupción sindical fascista concentra la atención en los efectos, pero si no se abroga la legislación autoritaria, quedan sin tocar las causas del fenómeno. Lo mismo ocurre con retoques de superficie a las normas vigentes en lugar de eliminar de cuajo el mal que afecta principalmente a los trabajadores.

En la época de gloria de los argentinos, cuando los salarios y los ingresos en términos reales de los peones rurales y de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, cuando la población se duplicaba cada diez años debido a la multitudinaria inmigración para “hacerse la América”, en ese período las relaciones laborales estaban regidas por los 4015 artículos del Código Civil de Dalmacio Vélez Sarsfield, de los cuales seis estaban referidos específicamente a los contratos laborales.

Luego se promulgaron multiplicidad de leyes “para proteger al trabajador” referidas a los más variados temas “al efecto de dotar al trabajador de conquistas sociales” y con ello comenzó el derrumbe en el nivel de vida de la gente, muy especialmente de los más necesitados, por las razones antes apuntadas, en contexto de la sandez de “establecer adecuadas relaciones entre el capital y el trabajo”, sin percatarse de que el capital son instrumentos inanimados que no contratan y que, por ende, se trata de contrataciones entre distintos tipos de trabajo entre empleadores y empleados. Con el argumento de proteger a los trabajadores se los aniquiló, con la idea de protegerlos de supuestas explotaciones se los sacó de la órbita de la protección rigurosa del Código Civil, los tribunales ordinarios y posibles aseguradoras. Se fabricó el fuero laboral, con lo que se agregó a las referidas desgracias negocios fenomenales de la industria del juicio para beneficio de chicaneros del nuevo fuero.

En esta especie de rapsodia para el desastre se incluyeron algunas figuras que son tragicómicas, como el aguinaldo, es decir, la aparición como arte de magia de un treceavo mes en el año, sin percibir que si se paga un monto adicional en el año, manteniendo los demás factores constantes, habrá que pagar de menos durante los otros 12 meses. Si esto no fuera de este modo, habría que convertir el año en 40 meses o más para hacer a la gente más rica, lo cual no requiere comentarios adicionales.

Así se llegó en la Argentina a una verdadera e inaudita explotación de los trabajadores por los aparatos estatales a los que se enancó una maquinaria quebrada y fraudulenta de unas así denominadas jubilaciones insertas en el sistema de reparto en el que se estafa a quienes aportan el fruto de su trabajo para recibir cifras irrisorias que no guardan proporción alguna con las sumas que le han sido retenidas en su vida activa, muy lejos de cualquier cálculo de interés compuesto.

En este cataclismo se habla de “la clase trabajadora”, que supone que hay otra clase que la explota, sin percibir el origen marxista de la idea misma de clase que deriva de sostener que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, lo cual da lugar a la teoría del polilogismo que nunca ni Marx ni ningún marxista han explicado en qué consisten esas estructuras que se diferencian de los silogismos aristotélicos.

Desde Adam Smith el asunto está resuelto, este autor ha consignado en 1776: “La propiedad que cada hombre tiene es su propio trabajo, ya que es el fundamento original de toda otra propiedad, por lo que es la más sagrada e inviolable” y Juan Bautista Alberdi, al comentar la Constitución liberal argentina de 1853, escribió: “Toda la grande escuela de Adam Smith está reducida a demostrar que el trabajo libre es el principio esencial de toda riqueza creada”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Gran Bretaña pierde la primera batalla del Brexit

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2091316-gran-bretana-pierde-la-primera-batalla-del-brexit

 

El 23 de junio del año pasado el 51,9% de los británicos decidió -a través de un referendo especial- salir de la Unión Europea. Los ingleses y galeses se inclinaron claramente en esa dirección. Los escoceses e irlandeses del norte prefirieron -en cambio- permanecer en la Unión Europea, pero perdieron la elección.

El primer segmento -ya concluido- de las conversaciones en curso en materia de divorcio -entre la Primer Ministro británica, Theresa May, y Jean Claude Juncker, de la Comisión de la Unión Europea- resultó duro para los británicos.

El costo del divorcio estará ciertamente muy lejos de los 24 billones de dólares ofrecidos por Gran Bretaña a la Unión Europea en un primer momento. Hoy se estima que la factura a pagar podría alcanzar una cifra que llegaría -en cambio- a unos 60 billones de dólares, que deberán abonarse en los primeros 4 años posteriores a la salida. Gran Bretaña hará frente a los compromisos asumidos por la Unión Europea mientras pertenecía a ella, incluyendo su endeudamiento externo y el sistema de pensiones del personal comunitario. Esto, se calcula, podría representar un costo inicial para cada ciudadano británico del orden de las mil libras esterlinas.

Las otras dos “líneas rojas” anunciadas por Theresa May en 2016 en su discurso en Lancaster House, también debieron cederse. Me refiero a respetar los derechos de libre circulación de los 3.200.000 ciudadanos de la Unión Europea que residen en Gran Bretaña. Y los -algo más complejos- de los británicos que residen en los otros países de la Unión Europea. También Gran Bretaña acordó -en principio- que la frontera entre las dos Irlandas no será “dura”, sino que mantendrá la fluidez de tráfico que allí ya se ha alcanzado. Pero -en esto- se ha topado con la cerrada oposición de las autoridades de Irlanda del Norte, lo que ha llenado de ambigüedad al tema.

Gran Bretaña -no obstante- saldrá de la Unión Europea el 29 de marzo de 2019, a las 11 p.m. Antes de ese día deberá acordar cómo serán los términos de la relación comercial de ese país con la Unión Europea luego de la fecha referida.

A lo que cabe sumar el golpe de realismo que supone constatar ahora que quienes no pertenecen a la Unión Europea no pueden naturalmente aspirar a operar con las mismas ventajas de las que gozan sus Estados Miembros entre sí. Lo que parece bastante obvio, pero es ciertamente distinto del escenario que algunos manejaban inicialmente en Gran Bretaña. Así como la pérdida de las fuentes de trabajo y del volumen de actividad económica que supuso ser anfitriona de diversas agencias e instituciones comunitarias. Gran Bretaña, recordemos, pretendía alojar a dos más de ellas, lo que ya no sucederá.

A lo que se debe adicionar que, durante el plazo de transición de dos años contado desde el 29 de marzo de 2019, las normas y los tribunales de la Unión Europea continuarán aparentemente operando con plena vigencia y/o jurisdicción respecto de Gran Bretaña.

Lo mismo sucederá respecto de los preocupantes flujos migratorios hacia y desde el continente europeo, que Gran Bretaña no podrá restringir en esos dos años. Esto es lo que deriva de la interpretación prevaleciente del artículo 50 del Tratado constitutivo que gobierna a la Unión Europea.

Lo conversado hasta ahora por las partes parecería desmentir el presuntuoso supuesto inicial de la Primera Ministra Theresa May en el sentido que la “falta de acuerdo” con Europa respecto de la salida británica de la Unión Europea era “mejor que un mal acuerdo”. No es así, está claro.

Si no aparecen avances realmente sustanciales en este tema a comienzos del año próximo, la fuga de empresas desde Gran Bretaña puede de pronto acelerarse y resultar tan inmanejable como costosa. Piénsese tan sólo que Cataluña, como consecuencia de sus soñadoras pretensiones secesionistas, ha sufrido ya el éxodo de nada menos que unas 2.700 empresas, lo que debe tomarse como señal para los británicos, salvando naturalmente las distancias y las diferencias que existen entre ambos casos.

En contracara a lo antes señalado, es cierto que, una vez consumada su salida, luego del período de transición, Gran Bretaña ya no estaría obligada a contribuir a la Unión Europea los aproximadamente 11 billones de dólares anuales que hoy aporta.

Cabe agregar que, desde que Gran Bretaña invocara la cláusula de salida, su economía continuó creciendo al ritmo del 1,8% anual de su PBI. Pero la libra esterlina ha estado sometida a un proceso, lento, de pérdida de valor relativo. Al que se suma una baja del consumo interno y una caída del volumen de las ventas de automóviles que hasta ahora no se ha revertido. Nada, sin embargo, demasiado dramático. Hay una preocupación adicional, sin embargo. La inflación británica se está acelerando. En noviembre fue del 3,1% anualizada.

El “Brexit” será -queda visto- más pesado para los británicos que lo inicialmente supuesto. Por esto hay quienes siguen insistiendo, con pocas probabilidades de éxito, que para los británicos lo mejor sería dar una pronta marcha atrás y permanecer en la Unión Europea. Es demasiado tarde. Pero, pensando en el Atlántico Sur, no es ciertamente lo mismo el diálogo con un interlocutor que nada en la abundancia, que con uno que de pronto tiene estrecheces financieras.

Respecto de Gibraltar, por lo demás, parece claro que ese enclave británico dejará de pertenecer a la Unión Europea desde el 29 de marzo de 2019, sin período de transición en su caso. Y seguramente algo parecido sucederá respecto de la situación de las Islas Malvinas.

Si el Consejo de Europa aprueba lo hasta ahora convenido con Gran Bretaña en la primera fase de las conversaciones de divorcio se pasará a la segunda, relativa a la futura relación comercial entre las partes, cuyo contenido luce por lo menos tan complejo como el de las que se han venido realizando.

Para la notoriamente debilitada Theresa May estará en juego, a cada paso, su propia supervivencia en el cargo que desempeña. No es -para ella- la mejor situación, por cierto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

La izquierda de Hans-Hermann Hoppe

Por José Benegas. Pubicado el 21/11/17 en: https://www.patreon.com/posts/15483466

 

Les voy a hacer un adelanto del análisis que estoy haciendo de un trabajo de Hans-Hermann Hoppe titulado “Realistic Libertarianism”, que, no es ni realista, ni mucho menos libertario. Para quienes no lo conocen, Hoppe es miembro del Mises Institute, discípulo de Murray Rothbard y autor de un buen libro llamado “Democracy, the god thad failed”, donde con precisión señala las inconsistencias del concepto de representación política y como hasta la monarquía resulta ser menos peligrosa para las libertades individuales. Esa obra es muy recomendable, lo que está escribiendo últimamente es bochornoso, no puedo calificarlo de otra manera.

Me estuve preguntando en los dos últimos años de dónde salía la ola (o La Ola) de “liberales” (este entrecomillado no la va de puritanismo liberal, se los aseguro), que sostenían de un modo muy agresivo y cobarde, posiciones nacionalistas, racistas, xenófobas y cuanta cacería de brujas se le cruzara, en nombre de un “verdadero libertarianismo” o “libertarianismo paleo”, lo cual es toda una confesión como denominación. Está muy de moda entre los que abusan del concepto ambiguo de “marxismo cultural”, un fantasma que entusiasma por igual a críticos del marxismo y a partidarios del fascismo católico que están obsesionados por el sexo. Posturas todas ellas antiliberales, pero esta gente parecía un grupo de quintacolumnistas que no iban a tener éxito alguno entre gente formada en el concepto de libertad individual y con conocimiento del proceso de colaboración social que sigue a su consagración. Me equivoqué, estas eran ideas se gestaban en la cabeza del autor de “Democracy, the god that failed”, que incorporaría en gran medida el mundo del canapé, de la apolítica, del escondámonos debajo de la cama a hablar de temas que solo nos interesan a nosotros, de modo de no tener que dialogar con extraños. Ahora se los ve felices interactuando con nazis declarados. Entonces empezaron a tratarnos de idiotas a los que no creíamos en las fronteras, como Bastiat, en el nacionalismo, como todos los liberales, y mucho menos en el proteccionismo, mientras ellos se acercaban a las protestas de los comunistas antiglobalización de los ochenta, a los de Tacuara en la Argentina y a los Trumpistas en Estados Unidos. Hoy nos hablan de “dumping”, tipos que crecieron leyendo a Mises. Todo eso encaja en el irreal “realismo libertario” de Hans-Hermann Hoppe.

Como les digo, es un adelanto. Es tal la maraña de confusiones, trampas y razonamientos adolescentes que tiene este trabajo, que me llevará bastante tiempo desmenuzarlo. Van apenas algunos puntos.

Lo primero que señalaré es lo que puse cuando comenté lo refutable que era el postulado supuestamente axiomático a priori de “todo conflicto es consecuencia de la ausencia de propiedad privada y la propiedad empieza con la potestad sobre nuestro cuerpo”. Lo separé del análisis, porque lo considero incorrecto, pero en realidad es lo único que tiene una inspiración libertaria o liberal de todo el artículo. Uso libertario como sinónimo de liberal. Lo cierto es que la primera palabra fue inventada en el propio círculo rothbariano cuando muchos liberales comenzaron a volcarse a la izquierda, con la discriminación positiva y otras confusiones. Ahora, en Estados Unidos, liberal es sinónimo de izquierda. El propio Hoppe, en otro lado, dice que en este momento se vive algo igual, porque el verdadero libertario es él, que cree en una sociedad donde predominen los varones blancos heterosexuales (como Hitler, Carter, Clinton, Alinsky, el propio Hoppe, y siguen las firmas). El falso sería el que promueve la libertad de comercio, la libertad individual y de contratación (de la que deriva el derecho a la libre circulación por las fronteras, que él considera violatoria del derecho de propiedad). Coincido con Hoppe en que esto requiere un nuevo cisma, pero en realidad pienso que son él y sus seguidores que aplauden cada afirmación troglodita que sale de su boca, quiénes deben irse con su palabra, hasta que inventemos otra para los que no hemos cambiado de opinión. O, si no, que hagamos lo que tenemos que hacer que es recuperar la palabra liberal, porque la huida hacia la otra, fue eso, una huida, algo que no debe hacerse. Indudablemente el movimiento liberal o libertario, como quieran llamarle, en los Estados Unidos tiene un problema serio si le pasa esto por segunda vez y si terminan casi queriendo preservar el Estado Benefactor, para encontrar una excusa fallida para su xenofobia, unos que quieren hablar en nombre de “la derecha”.

Su propósito es, justamente, identificar al libertarianismo con la “derecha”. Ese concepto tan equívoco que, como señaló mi amigo Diego Trinidad en su libro “La izquierda eterna…”, nunca existió. Se les llama así a cosas muy distintas. El concepto claro es el de izquierda, y, por cierto, siempre lo he pensado, abarca las ideas de Hoppe. Pero es muy concreta la derecha a la que quiere asociarse Hoppe. Es a Donald Trump. Si eso requiere estar al lado de Richard Spencer, no le hace asco. Hasta organiza eventos con él, de quién dice que es una lástima que se haya “desviado”. Se ve que no lo suficiente para no compartir tribuna con él.

La falacia que utiliza para la asociación es que, mientras la izquierda postula la igualdad, la derecha postula la desigualdad, lo que haría fácilmente identificar al liberalismo con la segunda postura. Pero la desigualdad del liberalismo es simplemente aceptada, no se interesa por quién triunfa más o menos, porque toda asignación de patrimonios en ausencia de violencia, es la que es buena para todos, hasta para los menos hábiles. La habilidad no detenida es una oportunidad para el comercio. El menos habilidoso accede a la ventaja del más habilidoso a través del intercambio y, respetarlo, es la clave. La desigualdad de una sociedad de castas, en cambio, es todo lo opuesto al liberalismo. La idea de que los blancos son mejores que los negros, es repugnante al liberalismo. La habilidad del mercado no es una virtud colectiva, aunque las estadísticas digan que un agregado llena más requisitos de “superioridad” en la escala de valoración de uno o muchos iluminados (que ni siquiera son capaces de advertir que cuando miden, ya valoraron). El mercado no premia la virtud “pura”, sino la virtud del intercambio, la libremente elegida. Los preciso mueven las decisiones de inversión y trabajo, por lo tanto los precios tienden a parecerse, a igualarse. Por eso la desigualdad no es un objetivo, es una sitación de hecho. Una frontera es el obstáculo al comercio, también de trabajo.

Hoppe elige esta caracterización ambigua de derecha e izquierda para asociar liberalismo a segregación colectivista y para afirmar que las fronteras son una expresión de la propiedad privada. No distingue incluso la propiedad común, adquirida por varias personas en forma privada, y la “soberanía”, como la consagración del colectivismo político y el cadalso histórico de la libertad individual, la única que existe. Para el mercado ni siquiera existe la “inmigración”, existen los contratos de trabajo, de compra venta y la adquisición de inmuebles, cuya propiedad es imposible sin estar asociada a la de circulación.

Recurre a argucias realmente tan contrarias a la mínima capacidad de análisis, que me asombra cómo han prendido. Habla de las carreteras como una propiedad de los locales que los extranjeros usurpan. Las carreteras fueron hechas con un despojo, cuando no se paga peaje por ellas peor, pero no son la propiedad de nadie particular. El estado las administra y, como toda cosa común, no puede decirse que el criterio de su izquierda xenófoba sea mejor al de la otra izquierda victimizante o a la del comerciante en particular que quiere vender sus productos a los mejores postores y cuyos derechos de propiedad y el valor de sus propiedades, son comprometidos por el éxito que la estupidez nacionalista tiene a la hora de justificar al estado y a su presupuesto. Su cierre de carreteras para que las maneje Spencer, viola todos los derechos de los propietarios conectados a ella.

Los argumentos de Hoppe, llevan a conclusiones opuestas a las que pretende. Si las carreteras públicas fueran un “bien” de los locales que fuera una extensión de su propiedad privada, entonces el estado no hace más que proteger la propiedad privada cuando las construye y habría que legitimarlas. Ninguna de las tonterías que afirma en su artículo son menos aplicables a los turistas que a los “inmigrantes”, denominación que, repito, pertenece al lenguaje colectivista estatista.

Los xenófobos quieren sobre las fronteras aplicar el mismo criterio que todo poseedor comunal busca: sacar provecho, aplicar sus bajos sentimientos, que no utilizan en sus intercambios privados seguramente, y distribuir el costo entre todos. Las carreteras bien o mal construidas, tienen un fin de comunicar, benefician a quienes están en cualquiera de sus extremos para posibilitar intercambios. El impedirlos afecta los derechos de propiedad de todos. Las reglas colectivistas también.

No aplica mínimamente el individualismo metodológico. Introduce el problema de los grupos como si fuera idéntico al de los individuos, porque quiere justificar su preferencia por los varones blancos heterosexuales. En Estados Unidos la estupidez racista llega a tales extremos (creo que eso explica la decadencia de los liberales-libertarios en este país), que en casi cualquier formulario se pregunta la raza del que lo tiene que llenar. Si se contesta “blanco”, sigue otra pregunta ¿Pero blanco hispano? Hay hasta blancos y blancos, para los paleos, trogloditas, que los diseñan.

Al final, como digo, de la galera saca esa asociación con la supremacía que vende. Es un artículo que directamente me produce vergüenza ajena. No sé si lamentar el daño que ha hecho entre los liberales o festejar que nos despeje el panorama de los que en el fondo parecen no haber entendido nunca nada.

Lamento informarles a los partidarios de Hoppe, uno de cuyos objetivos es, se supone, atacar al multiculturalismo, que lo de ellos es precisamente multiculturalismo. Solo que mientras la izquierda defiende la igualdad colectivista, ellos defienden la desigualdad colectivista, aceptando las falacias de base del multiculturalismo. Pero eso lo dejaré para el trabajo final.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Los desafíos de Angela Merkel en su cuarto mandato

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/10/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2069387-los-desafios-de-angela-merkel-en-su-cuarto-mandato

 

Angela Merkel, como anticipamos, se impuso claramente, por cuarta vez, en las elecciones nacionales de su país. Aunque con menos margen, desde que ha perdido un millón de votos con los que hasta no hace mucho contara, que han partido hacia otras alternativas. Algunos hacia el centro, otros hacia el populismo, lo que es inquietante. ¿Cuáles son los principales desafíos inmediatos? Especialmente, aquellos con algún impacto más allá de la propia Alemania.

Primero, la reforma de la Unión Europea y la de la llamada “eurozona”. Allí tiene ya empujando al nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, ansioso por avanzar velozmente con sus imaginativas propuestas que apuntan a la profundización de la integración continental, a la que hoy muchos europeos se resisten. Ellas son altamente complejas: suponen un presupuesto europeo unificado, un parlamento común, una suerte de Mini Fondo Monetario europeo y un ministro de Finanzas único para Europa. Nada fáciles de digerir. Más aún en Alemania. Pero eso es lo que Macron está ya poniendo sobre la mesa.

Merkel ha tratado de reducir cuantitativamente esas propuestas y atarlas a un presupuesto común menor en su envergadura. Pero las propuestas, igual no lucen demasiado factibles. La presencia de los populistas en el Parlamento alemán hará más difícil avanzar en dirección a perfeccionar la integración en la Unión Europea. A lo que cabe agregar que los socios de centro en una posible nueva coalición de gobierno, que alguna vez fueran claramente partidarios de ese objetivo, tienen hoy, en cambio, un alto grado de “euroescepticismo”, lo que es un cambio que no ayudará al tándem Merkel-Macron a lograr el objetivo antes mencionado.

Segundo, la necesidad de adoptar un rol más protagónico en el escenario mundial, por la defección de Donald Trump en la tarea de defender los valores centrales de Occidente y ante el fuerte aumento de la influencia y presencia de China y Rusia en todos los rincones del mapa. Esto requerirá previsiblemente que Alemania cumpla, de una vez, sus promesas y aumente su músculo militar con la asignación al mismo del 2% de su PBI que fuera comprometida en la OTAN. Hasta ahora, Alemania vivía en esto, pícaramente, “de prestado”, dedicando a este tema apenas un 1,2% de su PBI.

Tercero, la urgencia en “re-balancear” su poderosa economía, bajando sin más demoras su enorme superávit comercial y dedicando los recursos del caso, con la intensidad requerida, para renovar una infraestructura pública germana con muchos rincones hoy claramente obsoletos. Alemania necesita recuperar sus niveles de inversión. Y además, crecer en el complejo mundo de la tecnología, en el que se está quedando atrás.

Cuarto, encarrilar la crisis de los refugiados, el tema que realmente polarizó a su país y que requiere un esfuerzo monumental de integración entre la cultura alemana y las de los recién llegados, atendiendo -con la prudencia del caso- el problema de no “islamizar” de pronto a Alemania, que a muchos parece preocupar. Particularmente a quienes han virado precisamente por ello hacia los inquietantes extremismos de la derecha alemana que hoy representa nada menos que el 12,6% de su electorado. Más de un alemán sobre cada diez, entonces. No es poco.

Angela Merkel obtuvo entonces -como pretendía- un nuevo mandato. Pero salió debilitada, con el nivel de apoyo popular a la Democracia Cristiana más bajo desde 1949. Deberá, además, gobernar en coalición con la derecha (que ha crecido un 5,2%) y con los “Verdes”, agrupaciones de muy distintos pelajes y objetivos. Porque esta vez el socialismo, también muy debilitado en la reciente elección, quiere ser oposición y recuperar así su identidad ideológica. El universo político alemán ha quedado muy fragmentado. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, tendrá en su Parlamento a legisladores nacionalistas, lo que augura un diálogo doméstico bien distinto al mantenido hasta ahora, que incluirá los temas étnicos y raciales.

Ha quedado en evidencia, además, que el Este de Alemania, que se reunificara a comienzos de la década de los 90, pero que sigue siendo el rincón del país con mayor nivel de pobreza, es más proclive que el Oeste a las tentaciones nacionalistas y populistas.

La nueva gestión doméstica de Angela Merkel que ya se inicia luce compleja. Presuntamente será la última de una líder exitosa que hoy parecería ser el pilar central de la estabilidad del mundo. Quizás por eso mismo el riesgo de su éxito o fracaso se extiende claramente más allá de Alemania.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Sachs, o la arrogancia

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/9/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/sachs-o-la-arrogancia/

 

En su reciente texto, La industria de las ideas, Daniel W. Drezner recuerda la interesante historia del célebre economista norteamericano Jeffrey D. Sachs. En su libro de 2005, El fin de la pobreza, Sachs presentó su solución a la pobreza en el mundo: gastar más.

Afirmó que la pobreza de África podía ser eliminada en 20 años si la ayuda exterior aumentaba en 150.000 millones de dólares. Había que invertirlos, entre otros capítulos, en mejorar el riego, los fertilizantes y las semillas. En esa época los economistas del desarrollo ya eran cada vez más escépticos sobre el papel de la ayuda exterior, pero a Sachs no le importó, y tenía el peso suficiente como para que personalidades políticas relevantes lo escucharan, como el secretario general de la ONU, del que fue asesor. Hasta la Universidad de Columbia mordió el anzuelo y le ofreció un contrato para que dejara Harvard, cosa que hizo.

Una vez en Columbia recibió mucho dinero para dirigir centros como el Earth Institute de la propia universidad, con un presupuesto operativo de 10 millones de dólares. “El buen profesor pasó a ser asesor de varios países del África subsahariana, como Etiopía, Kenia, Nigeria y Uganda”.

Con una inagotable confianza en sí mismo, el proselitismo de Sachs sobre Sachs fue constante. Y su exitoso libro llegó a ser portada de la revista Time, “lo que es algo muy poco usual para los libros sobre desarrollo económico, o incluso para los libros en general”.

Artistas y filántropos acudieron cual fidedigno séquito, como el cantante Bono, que escribió el prólogo a The end of Poverty, o Angelina Jolie, que calificó a Sachs como “una de las personas más inteligentes del mundo”. Atrajo a George Soros y Tommy Hilfiger, entre otros; y su proyecto Aldeas del Milenio recaudó cientos de millones de dólares de organismos públicos y privados. Y se puso en práctica en una serie de pueblos africanos.

El libro, comprensiblemente, llenó de entusiasmo a los economistas de izquierdas, y antiliberales en general, mientras que otros lo criticamos (puede verse “Nostalgia de Bauer” aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/otras-publicaciones/). William Easterly, de la Universidad de Nueva York, apuntó que la ayuda exterior padece una “ilusión tecnocrática” que consiste en creer que la pobreza se supera con medidas técnicas como más fertilizantes, etc., y acusó al proyecto de Sachs de ser “peor que inútil si carece de instituciones propias del buen gobierno”.

También lo criticó la distinguida economista del MIT, Esther Duflo, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2015, quien, junto con otros especialistas, “advirtió que, si las intervenciones de Sachs no eran comparadas con un grupo de control de aldeas que no recibieron su ayuda, no había manera de demostrar que sus esfuerzos se concretaban en mejora alguna”.

The Economist publicó una crítica en 2012 en la que sostenía que el impacto del plan de Sachs no era decisivo. El propio autor, además, lo defendió recurriendo a unas cifras de descenso en la mortalidad infantil que después admitió que no eran robustas.

Sachs y su instituto pasaron a manejar el asunto desde Nueva York, lo que frustró a los representantes sobre el terreno, y finalmente sus resultados no fueron concluyentes. Al revés de lo que muchos piensan, en estos últimos tiempos África se desarrolló bastante, y Drezner apunta: “simplemente no había forma de determinar si el efecto positivo registrado en las aldeas del milenio se debía a las intervenciones de Sachs o al vigoroso crecimiento económico”.

Ya nadie toma en serio el proyecto de Sachs, dice Drezner, y una vez frustrada su ambición de presidir el Banco Mundial, el propio economista se ha ido alejando del tema, ha dejado de hablar tanto de las aldeas, y ahora está con otra bandera del gusto de políticos, burócratas y ONGs: la desigualdad y el desarrollo sostenible. A raíz del libro El Idealista, de Nina Munk, fue criticado por Bill Gates, lo que a Sachs le molestó bastante.

Si podemos extraer una moraleja de todo esto es que Sachs debió estudiar más a Adam Smith, y aprender de sus lecciones sobre la necesaria humildad que deberíamos tener las personas, y especialmente los economistas. Pero Sachs es muy inteligente, y además va y lo dice todo el rato.  Drezner lo cita: “Joven profesor universitario, di clases en muchos lugares con gran éxito, publiqué muchísimo, y estaba alcanzando rápidamente mi colocación permanente en la universidad, lo que logré en 1983 con veintiocho años”. Como dice Drezden, alguien que habla así “no padece la maldición de la modestia”.

Sachs claramente ignoró el consejo de Hayek: “La curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que realmente saben sobre lo que imaginan que pueden diseñar”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Mapuches, un chiste electoral

Por José Benegas. Pubicado el 28/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/28/mapuches-un-chiste-electoral/

 

“A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los ‘capitalistas’, los ‘latifundios’ y la presencia de empresas petroleras”

 

En la alocada conversación entre Jorge Lanata y un supuesto cacique mapuche (Facundo Jones Huala) se perdieron varios detalles, porque en la Argentina las noticias son espectáculo y el espectáculo requiere un avance de la línea dramática, sin distracciones.

En este caso, el cuento de que enfrentamos una lucha armada de reconquista por parte de los mapuches, perdidos en la historia, pero no en la historieta. Los detalles son los siguientes:

1) El personaje llamado Jones Wallace (nombre arquetípico de las tribus escocesas, cuyo escudo ilustra esta nota) aclaró que no está reclamando territorio alguno, sino que quiere tierras para cultivo, pero solamente las de los “ricos”.

2) Su programa marxista no tiene nada que ver con pueblos primitivos autóctonos.

3) Su programa nacionalista –la expulsión del señor Benetton−, tampoco tiene que ver con la historia de esos pueblos autóctonos.

4) El grupo político mayor que dice representar a pueblos primitivos, recibe dinero del Banco Mundial. A esto último sumémosle la reforma constitucional del 94 y la legislación consecuente, así podremos comprender que es todo un invento “occidental”, jugando con la historia para seguir configurando un estado asistencialista y victimizante, a costa de los derechos de todos.

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los “capitalistas”, los “latifundios” y la presencia de empresas petroleras. La mejor pregunta de Lanata quedó como perdida, fue cuando el personaje hablaba de obtener energía de los cocos. Sí, de los cocos en la Patagonia. Ahí Lanata le preguntó con qué capital producirían, dado que esa es una restricción común para mapuches, escoceses parientes del entrevistado, japoneses y jíbaros por igual. El capital se forma cuando se respeta la propiedad, siendo la principal
preocupación de este grupo, abolirla.

Quién haya inventado sacar este tema en este momento ha obtenido un éxito rotundo, porque dadas las ideas políticas que prevalecen y el lugar que la victimización marxista y nacionalista tiene en todos los debates, nadie parece tener los elementos para ponerse frente a gente que ataca a “los ricos”, invoca haber sido oprimida, se llama a sí misma “comunidad” y se disfraza convenientemente cuando es necesario. Les mencionan al señor Benetton, que es “extranjero” y “exitoso” y eso equivale al mal en estado puro para todos los que consumen medios de comunicación, a pesar de que el mencionado señor ingresó sus millones para que le dieran esos campos y no se los robó a nadie. En esa sopa surge una “identidad” que genera derechos. Algo que, si les interesara, encontrarían resuelto por la tradición constitucional del país, sobre todo en la Asamblea del año XIII al abolir los fueros personales y la Constitución de 1853, que consagra derechos individuales, no solo para los nacidos en el país, sino para cualquier persona del mundo que quiera habitar el suelo argentino, inclusive mapuches por supuesto.

En ese contexto, cualquiera puede formar una “comunidad”, adquiriendo tierras de modo pacífico, para instalar incluso un parque de diversiones identificándose con lo que tengan ganas.

Tampoco interesa, como muchos argumentos, si los mapuches eran “chilenos”, lo que parece ser un anacronismo parecido al que estos grupos quieren usar en su favor. Los chilenos también gozan de derechos de propiedad, si la adquieren de la misma manera que todos los demás.

El cuento es que esta gente tiene derechos “ancestrales”. Aquí es donde el marxismo ingresa falsificándolo todo con fines de agitación. Los ancestros no transmiten derechos históricamente, sino a través de procesos sucesorios. Todos recibimos de nuestros antepasados los bienes que tenían al momento de su fallecimiento. De manera que los miembros de cualquier club como éste también pueden acudir a los tribunales, demostrando la correcta concatenación de títulos, igual que cualquier hijo de vecino, para ingresar determinados derechos a su patrimonio.

Estos movimientos políticos en cambio quieren llevar su argumentación a una posición irrefutable, por eso discuten que el razonamiento que acabo de hacer es “occidental” (tanto como el marxismo, por supuesto), cuando ellos pretenden un reconocimiento que también es occidental ¿Cuál es la alternativa a un reconocimiento “occidental” de derechos pacíficamente adquiridos a través de una sucesión de títulos? Pues la guerra, algo que han perdido. No ellos, unos antepasados que nadie comprueba que sean reales. Aquellos verdaderos protagonistas de la historia no están acá para reclamar nada.

No hay siquiera un esfuerzo para demostrar cuál era el modo “mapuche” de adquirir tierras, por eso recurren al subterfugio de “indigenizar” al marxismo, mediante la abolición de la propiedad privada. Si las tierras no les pertenecen en forma privada, querría decir que les pertenecerían de forma pública, lo que los llevaría a reemplazar al Estado, es decir ejercer una “soberanía”. Lo que estarían reclamando no es “tierra” sino soberanía, derecho a gobernar. Para eso tendrían que someter a la población actual y constituirse en un linaje, como bien le indicó Lanata.

La soberanía no es derecho de propiedad, es un completo facto político que se dirime mediante ejércitos, pero aun venciendo, nada les daría derecho a violar los derechos sí adquiridos pacíficamente por sus actuales titulares, aunque les suene a ellos muy occidental.

En primer lugar, estos grupos deberían explicitar cuál es el modo pacífico de transmitir bienes según su “nación”. Si el único medio es la violencia, ya han perdido y si lo vuelven a intentar se les debe responder. El estado argentino tampoco tiene derecho a expropiar tierras a su dueño para dárselas a los supuestos “pueblos originarios”, en tanto el derecho de propiedad antecede al Estado, que se limita a reconocerlo, y el mecanismo de expropiación está limitado a causas de “utilidad pública”. La conveniencia de un grupo racial no entra en ese concepto.

¿Qué derecho tiene alguien por tener antepasados mapuches? Ninguno. Pueden adquirir y perder tierras individualmente o como grupo, de la misma forma que todos, pagando por ellas. Como entidad política los mapuches no existen más. La genética no da derechos, la transmisión de títulos sí, pero hasta eso tiene un límite que es el de la prescripción adquisitiva o usucapión.

Si a mi bisabuelo le hubieran usurpado unas tierras veinte años atrás y yo no hubiera hecho ningún reclamo, perdería todo derecho ¿Qué es lo que hace que unas personas que dicen descender de habitantes del territorio que fueron despojados siglos atrás, cuyo parentesco ni siquiera demuestran a través de los respectivas actas de nacimiento y demás, invocando nada más que un color de piel, tengan mejor derecho que yo por hechos acontecidos veinte años atrás, con todos los documentos a mi favor? Pues la capacidad manipulatoria de la política y los incentivos que da el estado izquierdista que tiene como clientes a todas las víctimas, reales o ficticias, que le sirvan para expandirse.

Distinto es el caso de grupos que han mantenido de un modo continuo una identificación con aquella historia y que aún habitan determinadas zonas. Parece un buen gesto que el estado les reconozca su situación y básicamente que no los moleste, dado que no están en conflicto con derechos ajenos, pero estos mapuches marxistas que reclaman propiedades, no tienen derecho alguno como tales y menos con ese marco conceptual. El marxismo no provee derechos de propiedad, sino que los conculca.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

La competencia es vida

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 18/8/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/08/18/la-competencia-es-vida/

 

Días calurosos y soleados, en un bellísimo mar azul, dieron lugar a la Copa de Rey, una de las más importantes competencias de veleros en el calendario mundial, organizada por el Real Club Náutico de Palma de Mallorca. Regata que resultó uno de los eventos, deportivos y sociales, más destacados de este verano europeo ya que compitieron 138 embarcaciones, entre las que estaba el Aifos comandado por el Rey Felipe VI.

Fue con gran placer que pude observar esas gallardas velas intentando volar más rápido que las gaviotas, con el esfuerzo de cada tripulante por ganar la competencia. Esa competencia de caballeros -no de soberbios que quieren forzar su criterio sobre el de los demás- que sirve para acicatear el mejoramiento propio y el de los de alrededor, esa competencia que hace que el hombre sea hombre: que progrese, que se supere en todos los sentidos incluso en caballerosidad, en nobleza y en servicio.

Pero por este mismo mar Mediterráneo se cuecen cosas diferentes. Barcos armados -guardianes del Estado que no permite competencia, sino que se impone por la fuerza, con violencia- patrullan para impedir la entrada de aquellas personas que arbitrariamente el gobierno decide que no son “legales”. Como si el solo evitar la competencia no fuera suficiente daño, para sostener este monopolio -como los sindicatos avalados desde el Estado no quieren la competencia de los inmigrantes- el gobierno malgasta el dinero de los ciudadanos.

Para frenar las llegadas de migrantes, Europa dilapidó € 17.000 millones entre 2014 y 2016, según un informe del Overseas Development Institute, que asegura que el principal cambio en la estrategia migratoria del Viejo Continente ante la crisis de 2015, cuando un millón de personas entró “irregularmente” a Europa, se dio en el aspecto económico. Dinero que se usó en la vigilancia de los mares, fronteras terrestres y en paquetes de ayuda a los países de origen. El presupuesto de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex) pasó de € 6 millones en 2005 a 254 en 2017.

Según Theodore Baird, de la Universidad de Ámsterdam, el control de las fronteras europeas se volvió más restrictivo, militarizado y “mortífero” desde los noventa y, según sus cálculos, el mercado global de la seguridad fronteriza rebasará los € 50.000 millones en 2022. Además, asegura que esta cifra es engañosa porque no existe estimación exclusiva referida al control de las migraciones ni está definido de manera clara qué actividades se incluyen. Y, por cierto, hay muy poca transparencia, por no decir mucha corrupción.

Pero no siempre falta la “competencia” entre Estados, que podrían definirse como los monopolios de la violencia con la que imponen “orden” dentro de sus territorios. Por caso, luego de recibir una amenaza de un ataque norcoreano a la base militar de Guam, el mandatario estadounidense, Donald Trump, no quiso ser menos. “Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear. Es ahora mucho más fuerte y más poderoso que nunca antes”, escribió en su cuenta de Twitter. Y luego, añadió: “Ojalá nunca tengamos que usar ese poder, ¡pero nunca habrá un momento en el que no seamos la nación más poderosa del mundo!”. O sea, que está dispuesto a “competir” violentamente con tal de cumplir su lema “America first”.

En fin, el mundo necesita más competencia entre personas, precisamente, para evitar la “competencia” entre monopolios, entre Estados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.