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Para algunos países, el dinero que ingresa por remesas es el principal ingreso de divisas y alto % del PIB (IX)

Por Martín Krause. Publicada el 19/6/17 en: http://bazar.ufm.edu/paises-dinero-ingresa-remesas-principal-ingreso-divisas-alto-del-pib-ix/

 

Paper sobre la cuestión migratoria:

  1. Los emigrantes ayudan al resto de la población pobre

Esta no es, en realidad, un tema de debate, simplemente la consideración de un hecho que debe ser tenido en cuenta. La llegada de los emigrantes, tanto refugiados como laborales, acerca a quienes provienen de sociedades con baja productividad debido a la escasez de capital invertido a otras donde su productividad es mucho mayor. Esto les genera ingresos muy superiores a los de los lugares de donde han partido, siendo éste uno de los principales incentivos para emigrar. Y esos mayores ingresos se han convertido en el programa de ayuda más importante y con mayor sustento moral que pueda imaginarse: las remesas.

El Banco Mundial estima que las remesas en 2015 alcanzaron la suma de 588.199 millones de dólares , unas cuatro veces más que toda la ayuda internacional. Para algunos países se ha convertido en su principal ingreso. Por ejemplo, las remesas son un 41,7% del PIB de Tayikistán, un 30,3% del de Kirguistán o un 29,9% del de Nepal. En cuanto a América Latina se refiere, significan el 22,4% del PIB de Haití, el 17,8% del de Honduras, 16,8% en el caso de El Salvador, 15,7% para Jamaica, 10,2% para Guyana, 9,9% en Guatemala o 9,7% para Nicaragua.

Estos fondos que quienes han emigrado y prosperado ahora remiten al resto de la familia que quedó en el país de origen, se han convertido en un enorme programa social, de tal magnitud que en varios países de, por ejemplo, Centroamérica, el ingreso de remesas se ha convertido en el ítem más grande de su balanza de pagos. Es decir, ingresan más dólares por remesas que los que ingresan por la venta de cualquier otro producto que exporten.

Las remesas son el símbolo de las personas y las familias ayudándose a sí mismas, en base a su propio esfuerzo y a su prosperidad. Pocos resultados de la migración son tan loables y efectivos como éste.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

JAPÓN: LA RESTAURACIÓN MEIJI, EL CONSTRUCTIVISMO OCCIDENTAL, EL SHINTOÍSMO NO NACIONALISTA Y EL CRISTIANISMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/6/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/06/japon-la-restauracion-meiji-el.html

 

La historia de Japón es muy poco conocida excepto para sus estudiosos, pero el cine se ha encargado de mostrarnos un momento crucial, difícil de interpretar, a través del film El último Samurai –que repite fielmente el mismo esquema de Danza con Lobos; Avatar sigue el mismo argumento-. Todos seguramente se han conmovido cuando las ametralladoras occidentales arrasan con “los últimos samurai” que con honor y valentía atacan con su destreza, sus espadas y sus caballos a un ejército menos honorable pero, como siempre sucede en la historia humana, dotado con una capacidad técnica imposible de superar.

¿Pero qué había detrás de ello, más allá del soldado occidental que se convierte en samurai? Lo que vemos, lejanamente y entre sombras, es lo que fue la Restauración Meiji, un decidido empeño por parte de cierta aristocracia japonesa para sacar a su nación del auto-encerramiento cultural que duró de 1603 a 1868. O sea, un intento de hacer un Japón “moderno”, con instituciones occidentales, y que aparentemente tuvo éxito: Japón se convirtió en la potencia industrial, técnica y política más poderosa de Oriente desde fines del s. XIX hasta fines de la Primera Guerra, en la cual se sentó, en Versalles, como cuarta potencia después de los delegados de Francia, Inglaterra y EEUU.

Por ende los supuestos malos de la peli eran en realidad los buenos. Si, tal vez el imaginario Omura era un corrupto malo malo malo pero en realidad formaba parte de un gobierno que quería sacar a Japón de su feudalismo y llevarlo hacia una modernización occidental donde los samurai ya no tendrían cabida como servidores de los señores feudales del Japón.

¿Pero qué intenta copiar, de Occidente, la Restauración Meiji?

Aquí entra la clave de la cuestión: no el liberalismo clásico, sino el racionalismo constructivista explicado una y otra vez por F. Hayek.

Esto es, no las libertades individuales con un gobierno limitado a custodiarlas, sino la construcción de un estado centralizado e imperial, dispuesto a barrer con el Antiguo Régimen anterior. O sea, los estados napoleónicos posteriores a la Revolución Francesa.

Por lo tanto, bajo aparentes instituciones liberales tales como las cámaras de representantes, las supuestas divisiones de poderes, las vestimentas occidentales y, por supuesto, la ciencia occidental, estaba la visión constructivista, bajo la cual el imperialismo y el dominio de otras naciones era también su directiva. Pero eso, vuelvo a decir, directamente importado de esa visión occidental de planificación central que quebró la evolución del liberalismo clásico y llevó a Occidente a los nacionalismos e imperialismos europeos que terminaron en la Primera Guerra. La dinastía Meiji no hizo nada más ni nada menos que llevar eso a Japón.

El Japón feudal tenía por supuesto sus bellezas culturales. Entre ellas el Bushido, relativamente similar[1] (pero creo que superior) a la tradición caballeresca medieval occidental. Algunos de sus valores eran muy similares al Cristianismo, pero esa unión no se pudo concretar no sólo porque la Dinastía Edo vio en el cristianismo una pérdida de la identidad nacional japonesa, sino porque, si ya en el Cristianismo occidental la noción de persona y sus implicaciones morales tardaron mucho en florecer, mucho más en Japón.

La religión nacional japonesa, el Shintoísmo, es una conmovedora mitología animista-politeísta, con preciosas consecuencias artísticas y ceremoniales. Es en principio una mitología nacionalista, porque Japón como nación se origina con la pareja de dioses fundacionales, Izanami e Izanagi, cuyo amor y descendencia da origen a las islas y a los habitantes de Japón, sin distinción entre lo viviente y lo no viviente, o entre lo divino y lo no divino[2]. Una de las características más interesantes del Shinto es que lo individual no aparece, sino en red, en conjunto, casi como neuronas que individualmente no tendrían sentido sino sólo en sus millones de conexiones sinápticas. Por eso, para dar sólo un ejemplo, no hay plato principal en la comida japonesa, sino varios relativamente diminutos que en conjunto constituyen el alimento.

En esa tradición de casi 2000 años era muy difícil introducir la noción de libertades individuales, pero fue coherente que la modernización coincidiera entonces con el constructivismo occidental, esencialmente colectivista.

Por eso la dinastía Meiji es primero una restauración, porque tiene que basar la nueva nación japonesa moderna en el seguimiento del linaje de un emperador-dios, que, aunque no cumpliera funciones de gobierno, siempre había simbolizado en Japón la continuidad de su origen divino. Pero además esa restauración convierte al Shinto, más que en una religión, en un conjunto de ceremonias de estado[3]. No había libertad para no seguir ese ceremonial –análogo al culto a los símbolos nacionales que los occidentales, acríticamente, siguen practicando- pero sí había libertad para otras “religiones”. Pero no para el Shinto, que se convirtió más bien en un conjunto de ceremoniales parecidos a la pietas romana del Imperio. Esa pietas formó parte del contenido obligatoria de la educación pública japonesa hasta 1945.

Por ende, para comprender la acción internacional del Imperio Japonés después de la Primera Guerra, hay que entender que ellos no podían ver las alianzas o no alianzas con las potencias occidentales con el ojo crítico de un libertario, sino sencillamente con la mirada de una nación colectiva donde lo individual no contaba sino el éxito o no de un proyecto nacional en los cuales otros proyectos nacionales –sea Inglaterra, Alemania, o quienes fueren- no eran más que aliados o enemigos en el logro de la grandeza del Japón Divino e Imperial.

Por eso tiene razón W. G. Beasley cuando explica el triunfo de políticas nacionalistas, después de 1918, frente a partidos más de izquierda –o sea no nacionalistas- en Japón: “…el fracaso en lograr apoyo popular fue lo que condenó a ambas clases de partido a la guerra. Las razones de ésta no han de buscarse en ningún factor singular y ni siquiera enteramente en las deficiencias de los políticos. Estribaban más bien en aquellas ideas e instituciones que habían desviado al pueblo japonés de la persecución de las libertades individuales para dirigirlo hacia el alcance de metas colectivas: las presiones formativas del sistema educativo; una religión estatal centrada en el emperador; la conscripción con el adoctrinamiento que la acompañaba; y la persistencia de actitudes autoritarias y tradicionales en sectores importantes de la conducta burocrática y familiar”[4].

Desde aquí se entiende también que el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, haya tenido una concepción universalista y no-nacionalista del Shinto japonés: porque basó sus convicciones en la secta Omoto[5], que, con elementos budistas, mantenía las tradiciones shinto pero separadas del culto al Emperador, por lo cual fue severamente perseguida. Ueshiba se salvó por su prestigio personal pero todo esto explica también que se auto-exiliara en el “muy” interior de Japón durante la Segunda Guerra y que su Aikido haya surgido luego como una cuasi-religión sintoísta exo-térica, universalista, que predicaba a todas las naciones la paz y el amor universal. No de casualidad fue el primer arte marcial que los Aliados permitieron luego de la Segunda Guerra.

Dicho todo esto, la pregunta es de qué modo o cómo subsiste hoy en Japón toda esta historicidad. La historicidad no es la Historia estudiada, es más bien el horizonte cultural pasado que vive en el presente.

¿Es plausible que una bomba atómica, por técnicamente poderosa y horrorosa que fuera, y la posterior anexión de Japón, prácticamente, como un protectorado de los EEUU, logren borrar la tradición shinto nacionalista y la nostalgia de la Gran Nación Divina Imperial?

En la historia humana,1945 a 2017 es un casi nada para responder.

Por eso creo que la clave es la gran intuición que Morihei Ueshiba tuvo de un shinto universalista y pacífico. Ello tiene un potencial diálogo con el Cristianismo y su noción de persona, donde el samurai seguirá siendo servidor de su señor, pero el Señor será Cristo[6] y por ende el shinto ya no será un colectivo, “el borg”, sino un orden comunitario donde cada persona tendrá ante todo el mandato de su conciencia.

El futuro de Japón no está en una vuelta a su nacionalismo pero tampoco, desde luego, en su desaparición bajo las peores y más decadentes formas de indiferentismo religioso occidental. Está en una síntesis entre su historicidad sintoísta, el shinto universalista de Ueshiba y la noción de persona del Cristianismo.

En todo esto hay que seguir trabajando.

 

 

[1] Ver Nitobe, Inazo: Bushido: The Soul of Japan (1904); Layout and Cover Disign, 2010.

[2] No hay Sagradas Escrituras relativamente oficiales en el Shinto, pero uno de los textos fundacionales de la mitología japonesa es el Kojiki, crónica de antiguos hechos de Japón; (datada aproximadamente en el 712 D.C.); Trotta, Madrid, 2008; Introducción y traducción de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla.

[3] Ver al respecto State Shinto: A Religion Interrupted, by Eryk, 2016, enhttps://www.tofugu.com/japan/state-shinto/

[4] Beasly, W.G.: Historia moderna del Japón, Sur, Buenos Aires, 1968, p. 246.

[5] Entre los biógrafos de Morihei Ueshiba, el que más se ocupó de esta crucial cuestión fue Stevens, J.: ver sus libros Invincible Warrior, Shambala, 1999, y Paz abundante, Kayrós, Barcelona, 1998.

[6] Es muy interesante al respecto la historia de Ukon Takayama, llamado el Samurai de Cristo (ver http://www.proyectoemaus.com/takayama-ukon-el-samurai-de-cristo/ ). Fue beatificado el 7 de Febrero de este año:http://es.catholic.net/op/articulos/61280/hoy-es-beatificado-justo-takayama-ukon-el-samurai-de-dios

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JUAN MARCOS DE LA FUENTE, QEPD

Por Adrián Ravier: Publicado el 4/5/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/05/04/juan-marcos-de-la-fuente-qepd/

 

Corrían los años 1970. España llevaba casi cuatro décadas de una larga dictadura y se empezaba a ver algo de luz al final del camino. Eran tiempos de cambio, pero las ideas predominantes no eran consistentes con la libertad, al menos en el modo que nuestro hombre lo comprendía.

Juan Marcos de la Fuente, junto a los hermanos Luis y Joaquín Reig, Julio Pascual y Francisco Gómez, comprendieron que la mayor contribución que podían hacer para la España de su tiempo era trabajar en el mundo de las ideas. No se trataba de desarrollar actividades profundas de investigación –que desde luego las desarrollaron- sino que se propusieron una tarea algo más humilde. Llevar al mundo hispano los autores y la literatura que ellos conocieron a favor de la economía de mercado, la propiedad privada, la libertad individual y el gobierno limitado, textos que hasta ese momento sólo eran accesibles en idioma inglés o alemán. El vehículo para este aporte fue la fundación de Unión Editorial.

Juan Marcos de la Fuente consiguió de la pluma de Friedrich Hayek la cesión de derechos de autor que permitieron traducir su obra completa. Joaquín Reig, por su parte, tradujo por primera vez al español el Tratado de Economía de Ludwig von Mises, La Acción Humana, una tarea titánica dada su extensión. Se sumaron desde luego la publicación de otros gigantes, desde clásicos como Adam Smith hasta autores de la Escuela de la Elección Pública como James M. Buchanan y Geoffrey Brennan o de la Economía Social de Mercado como Ludwig Erhard y Wilhelm Röpke.

Casi 45 años después, Unión Editorial cuenta con más de 500 títulos que inundan las librerías de España y Latinoamérica con autores clásicos, austriacos, del Public Choice, de la Nueva Economía Institucional, de la Economía Social de Mercado, que ofrecen un contrapeso para las ideas populistas predominantes. No sólo ello. Con la labor de su acutal Director, Juan Pablo Marcos –hijo de Juan Marcos de la Fuente- la editorial consiguió expandirse hacia varios países latinoamericanos, que a su vez abrieron puertas a nuevos autores en diversas áreas como la filosofía, la antropología, la historia, el derecho, la economía o las ciencias políticas.

Hoy Juan Marcos de la Fuente nos ha dejado, pero su herencia ha sido más que un granito de arena para cambiar el mundo. Se lo recordará por haber sido parte de la fundación de esta majestuosa Editorial, pero somos muchos los que lo recordaremos por su enorme humildad, lo que me lleva a cerrar esta nota con una anécdota personal.

En el libro La Escuela Austriaca desde Adentro –publicado en tres tomos-, pude entrevistar entre 2010 y 2014 a muchos austriacos. Juan Marcos de la Fuente era desde luego uno de mis objetivos. Escuchar su relato sobre su acercamiento a estas ideas que compartimos desde su propia experiencia y desde sus propias palabras, o desde su propia pluma, pienso habría sido un aporte significativo para quienes queremos comprender el origen de estas ideas y su expansión en el mundo hispano.

Juan Marcos de la Fuente nunca aceptó esta entrevista, pero sí formó parte del proyecto, entrevistando autores italianos o traduciendo sus respuestas. Sus créditos no aparecen en el libro, porque esa fue su solicitud. Siempre quiso mantenerse al margen, y son escasas las menciones que encontraremos a su buen nombre, aunque su trabajo haya sido enorme.

¡Que en paz descanse!

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

No, no tenemos que financiar el cine nacional

Por Iván Carrino. Publicado el 21/4/17 en: http://www.ivancarrino.com/no-no-tenemos-que-financiar-el-cine-nacional/

 

La crisis en el INCAA abrió el debate sobre la necesidad de cobrar impuestos para subsidiar la producción de cine nacional. En esta nota, explico por qué dichos impuestos deberían eliminarse.

Argentina es un infierno fiscal. Pagamos 96 impuestos diferentes y la presión tributaria subió nada menos que 16 puntos del PBI en los últimos 14 años. Toda esta gigantesca y pesada maraña tributaria responde a un gasto público desmadrado que apunta no solo a pagar salud, educación y seguridad, sino todo tipo de subsidios y una administración pública ineficiente.

El infierno fiscal que es Argentina debe ser desterrado. El país necesita menos impuestos para crecer y volverse competitivo. Sin embargo, toda vez que aparece una propuesta en este sentido, los grupos de interés beneficiados por los impuestos y los subsidios hacen lobby para que no avance.

El último ejemplo es el del INCAA. A raíz de la desvinculación del ahora ex director Alejandro Cacetta, se puso en discusión la financiación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.  Según trascendidos, una propuesta elevada  por FIEL a las autoridades sugeriría eliminar el impuesto del 10% a las entradas de cine que, dado que es “de asignación específica”, se cobra con el objetivo de financiar las actividades del Instituto.

A raíz de esta situación, muchos actores y miembros de la industria del “cine nacional” se pusieron en campaña para defender la existencia del INCAA, prevenir una eventual reducción de su financiamiento y discutir la idea de que se trate de un fondo que viva de los impuestos.

Costos dispersos, beneficios concentrados

La reacción de los involucrados no debería sorprendernos. Ya la escuela de la Elección Pública nos alertaba sobre el fenómeno de los “costos dispersos” y los “beneficios concentrados” de los impuestos y los subsidios. Dado que el gasto total presupuestado del INCAA es de $ 2.855 millones, se trata de una suma casi insignificante cuando la dividimos por el total de la población. $ 71,4 por año no genera ningún incentivo para que la gente se movilice y pida la reducción del impuesto particular. Sin embargo, recibir $ 2.855 millones al año sí genera incentivos para que la minoría beneficiada con este dinero haga lobby y campañas para no perder su tajada.

Los costos de financiar el “cine nacional” están dispersos entre la población. Los beneficios están concentrados en el INCAA y sus artistas favorecidos.

El dinero del INCAA sí sale de los impuestos

El argumento que utilizan quienes no quieren “desfinanciar el cine nacional” es que el INCAA no es financiado con impuestos. Un mensaje que se viralizó en internet llevaba por título esta misma frase y sostenía que “el dinero [del INCAA] no sale de los impuestos de la gente”.

El dato es falso y puede corroborarse al mirar el presupuesto del propio instituto.  Entre sus recursos, se encuentran: el “Impuesto AFSCA”, el “Impuesto CINE”, el “Impuesto Video”, el “Impuesto INTERNET” y los “Aranceles sobre Copias de Películas Extranjeras”. Entre todos estos impuestos, se acumula un monto total de $ 1.570 millones, 55% del presupuesto. Para completar el total, aparecen aportes de las provincias, de la administración central y también del Tesoro. Es decir, más impuestos, solo que no son de asignación específica.

No existe ninguna partida de recursos que indique siquiera remotamente la financiación con “Aportes Privados”. En conclusión, el INCAA sí se financia con los impuestos que paga la gente.

Desfinanciar al cine es financiar otros consumos

Por otro lado, la consigna de “desfinanciar al cine” frente a la eventual eliminación del impuesto a las entradas esconde que la existencia actual del impuesto está “desfinanciando” otros consumos. Dado que el gobierno toma dinero coactivamente del bolsillo de la gente para fomentar producciones de origen nacional, esto resta recursos para asignar a aquello que los ciudadanos libremente hubieran elegido consumir. Son $ 71,4 por persona que los argentinos podríamos elegir cómo gastar pero que el gobierno decide gastar por nosotros en el INCAA. Recordemos: si “desfinanciar el cine” implica bajar impuestos, entonces se “financiará” otro consumo, pero con la diferencia que éste será elegido libremente por el consumidor.

Una última cuestión en relación al fomento de la industria de local es la siguiente: ¿Por qué tenemos, siquiera, que subsidiarla? ¿Acaso subsidiamos a los shoppings, acaso subsidiamos a los contadores, los odontólogos o los productores de maíz? Por lo general, las actividades productivas funcionan en un entorno de mercado y si son deseadas por el público consumidor, subsisten y generan ganancias: ¿cuál es la excepción a esta regla que tiene el cine nacional? Como bien se preguntaba José Luis Espert en su cuenta de Twitter“¿No hay nadie en este país que no pueda hacer nada sin apoyo del Estado?”.

Financiemos, pero de manera voluntaria

A esta pregunta le agrego que de ninguna manera es cierto que no pueda haber producciones nacionales sin apoyo del estado. Pero si ese fuera el caso, que así sea. La alternativa es violentar la voluntad de consumidores y productores en favor de una casta privilegiada que se esconde bajo la bandera de la “industria cinematográfica nacional”.

Para terminar, vuelvo al título de la nota. Los argentinos sí tenemos que fomentar el “cine nacional”, pero de manera voluntaria y en la medida que lo que éste tenga para ofrecer cumpla con nuestros gustos y preferencias.

Si la única forma que esta industria tiene para sobrevivir es el gasto público financiado con impuestos, entonces tenemos que repensar si es necesario siquiera que exista.

 

Por Iván Carrino. Publicado el 12/4/17 en:Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

EL VALOR DE LAS INSTITUCIONES: GIOVANNI SARTORI

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Ha muerto quien hasta ahora y en el contexto de esta etapa de la evolución puede considerarse uno de los representantes más destacados de la ciencia política desde Aristóteles. No es una exageración decir que ese pensador es Giovanni Sartori. No lo conocí personalmente pero conservo nuestra correspondencia a raíz de la presentación de mi ensayo “Toward a Theory of Autogovernment” en un seminario en Seúl, en agosto de 1995, patrocinado por la International Cultural Foundation, trabajo que tuvo la amabilidad de comentar (lo cual agradecí en mi libro El juicio crítico como progreso de 1996).

Por marcos institucionales Sartori entendía las normas que protegen los derechos individuales a la vida, a la libertad y a la propiedad de lo cual depende la civilización. Su recorrido intelectual lo dedicó a estudiar y enseñar acerca de los límites al poder político para que no se salga de sus funciones específicas a la protección a aquellos derechos y, asimismo, el señalar los graves peligros de que los aparatos estatales se conviertan de protectores en agresores con lo que los gobiernos a través del abuso de mayorías destrocen los valores y principios de una sociedad abierta.

Sin duda su obra de mayor calado es el multivolumen Teoría de la democracia . Subraya Sartori que la democracia ilimitada o degradada contradice su esencia y su etimología ya que no se trata de demos sino de antidemos. En palabras del autor “por tanto, el argumento es de que cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte en un sector del demos en no-demos. A la inversa, la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría. Debido precisamente a que el gobierno está limitado, todo el pueblo (todos los que tienen derecho al voto) está siempre incluido en el demos“.

Esta preocupación y ocupación de Sartori se debe a lo que de un tiempo a esta parte viene sucediendo que la democracia se ha ido mutando en cleptocracia, es decir, el abandono de todo sentido de los valores y principios de la democracia convirtiéndose en una caricatura para de contrabando transformase en el gobierno de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. No es cuestión que la libertad sucumba y se torne en un inmenso Gulag en nombre de la democracia. Por eso es de tanta relevancia prestar debida atención a propuestas que apuntan a introducir nuevos y más efectivos límites para frenar los abusos y atropellos del Leviatán cada vez más adiposo y agresivo.

Este enfoque enfatiza el serio inconveniente que suscribió Platón con su estropicio del “filósofo rey” que en lugar de resaltar los aspectos institucionales centra su atención en las personas que ocupan cargos públicos, exactamente lo contrario de lo que apuntaba Popper para que “los gobiernos hagan el menor daño posible”.

Es en verdad sumamente curioso que hay quienes se declaran “liberales en la política” y niegan el liberalismo en la economía como si tuviera algún sentido suscribir el continente y negar el contenido cuando justamente el continente (la libertad política) es para que cada uno pueda usar y disponer libremente de lo propio.

Sartori enseño en su natal Florencia y en Yale, Standford, Harvard y Columbia y publicó numerosos ensayos y libros entre los cuales, a nuestro juicio, son criticables algunas de sus consideraciones sobre las “sociedades multiéticas” y sus percepciones del homo videns aunque sus reflexiones sobre el poder de las imágenes son de gran provecho puesto que éstas dan todo servido y anulan el pensamiento que, por ejemplo, brinda la lectura donde el ritmo y la imaginación están a cargo del lector.

En las épocas que corren es evidente que el mayor peligro para la supervivencia de la genuina democracia consiste en el nacionalismo como sello del populismo, es decir en las culturas alambradas habitualmente atadas al racismo, los caudillos (“encantadores de serpientes” según Sartori) que usan la supuesta democracia en provecho propio y en los estatismos siempre empobrecedores.

Ya el magistral J. F. Revel demuestra en su libro La gran mascarada el estrecho parentesco entre el nacionalsocialismo y el comunismo (en este caso, resabios de la Nomenklatura). En esta oportunidad nos concentramos en uno de los aspectos xenófobos del nacionalismo lo cual para nada excluye los graves problemas económicos que producen los aranceles y demás controles y reglamentaciones que conducen a la miseria con el pretexto de “la economía nacional y popular”-

Como ha señalado Thomas Sowell, los sicarios nazis debían rapar y tatuar a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Hitler, después de mucho galimatías clasificatorio, finalmente sostuvo que “la raza es una cuestión mental”, con lo que adhirió al polilogismo racista, bajo la absurda pretensión de que el ario y el semita tienen una estructura lógica distinta. Esto fue calcado del polilogismo marxista, por el que se arguye que el proletario y el burgués tienen distintas lógicas, aunque, como ha señalado Mises, nunca se explicó en qué se diferencian concretamente esas estructuras del pensamiento. Tampoco se explicó qué le ocurre en la cabeza a la hija de una burguesa y un proletario ni qué le ocurre a este último cuando se gana la lotería o comienza a tener éxito en los negocios.

Por otra parte, en estos embrollados ejercicios, se suele confundir el concepto de lengua con el de etnia. En este último sentido, la filología demuestra que el entronque del sánscrito con las llamadas lenguas europeas -como el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas- dio como resultado las lenguas denominadas indoeuropeas o indogermánicas, expresiones que más adelante se sustituyeron por la de ario, debido a que el pueblo que primitivamente hablaba el sánscrito en la India se denominaba arya. Max Müller (Biography of Words and the Home of the Aryans) dice: “En mi opinión un etnólogo que hable de la raza aria comete un error tan importante como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala.”

También, en este mismo contexto, es frecuente que se asimile la idea estereotipada de raza con religión, por ejemplo, en el caso de los judíos. Antiguamente, este pueblo provino de dos grupos muy disímiles: unos eran del Asia menor y otros de origen sudoriental de procedencia árabe. A esto deben agregarse los múltiples contactos con otras civilizaciones y poblaciones de distintas partes del planeta, lo cual ha producido las más variadas características (en última instancia, todos somos de todas partes, ya que nuestros ancestros son de orígenes muy mezclados).

Como ha dicho Darwin, hay tantas supuestas razas como clasificadores. En verdad produce congoja cuando -ingenuamente a veces, y otras no tan ingenuamente- se hace referencia a las “diversas sangres” que tendrían diferentes grupos étnicos. Vale la pena aclarar este dislate. Hay solamente cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las personas. La sangre está formada por glóbulos que están en un líquido llamado plasma. Los glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes), y el plasma es un suero compuesto de agua salada y sustancias albuminoides disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos, denominada aglutinógeno, y otra conocida como aglutinina, que contiene el suero, da como resultado los antes mencionados cuatro grupos sanguíneos. Eso no tiene nada que ver con las respectivas evoluciones que van estableciendo diversas características exteriores. Y esos grupos sanguíneos no pueden modificarse ni siquiera con transfusiones.

Los rasgos físicos que hace que hablemos de etnias responden a procesos evolutivos. En el planeta tierra todos provenimos de Africa (y, eventualmente, del mono). Spencer Wells- biólogo molecular, egresado de las universidades de Oxford y Stanford- explica magníficamente bien nuestro origen africano (The Journey of Man) y las distintas migraciones que, según las diversas condiciones climáticas, hicieron que la piel y otros rasgos físicos exteriores vayan adquiriendo diferentes aspectos.

En este último sentido, siempre me ha llamado poderosamente la atención que muchas personas llamen en Estados Unidos a los negros “afroamericanos” como una manifestación un tanto atrabiliaria de lo que se ha dado en llamar political correctness. Curioso es en verdad que muchos negros se dejen llamar afroamericanos como si fuera algo distintivo. Esto no los diferencia del resto puesto que, por las razones apuntadas, por ejemplo, el que esto escribe es afroargentino.

Sin duda, el ejemplo más repugnante estriba en la criminal judeofobia alimentada por tanto mequetrefe que anda suelto por el mundo. Obras tales como Veintitrés siglos de antisemitismo, del sacerdote Edward Flannery, y la Historia de los judíos de Paul Johnson son suficiente testimonio de la barbarie racista.

Karl Popper muestra la fertilidad que se produce a través de los estrechos vínculos interculturales y ofrece, como ejemplo, la Viena del siglo de oro antes de que la hediondas botas nacionalsocialistas produjeran otra de las tantas diásporas características de los regímenes totalitarios. Ese caso se ilustra con las notables manifestaciones en el campo de la música, la literatura, la ciencia económica, el derecho y el psicoanálisis.

El oxígeno resulta indispensable y esto se logra abriendo puertas y ventanas de par en par. La guillotina horizontal que pretende nivelar y enclaustrar necesariamente empobrece. La cultura no es de esta o aquella latitud, del mismo modo que las matemáticas no son holandesas ni la física es asiática. Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”.

En una sociedad abierta, las jurisdicciones territoriales tienen por única función evitar los peligros de la concentración de poder que significaría un gobierno universal. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras hay un salto lógico inaceptable. Obstaculizar cualquiera de las muchísimas maneras de intercambios culturales libres y voluntarios constituye una seria amenaza y una forma grotesca de contracultura.

El nacionalismo es una de las formas de ofender a la democracia que tanto desvelaron a Sartori que sostuvo que avanza merced al lenguaje de “lo políticamente correcto que resulta un procedimiento solapado para anular el pensamiento”. La revalorización del derecho ha sido una labor muy fértil de Sartori en circunstancias que el positivismo legal ha hecho estragos en no pocas facultades de derecho.

Por último en esta nota periodística, transcribo una cita de Arnold Toynbee que se conecta con los temas de Sartori en cuanto a la razón de los esclavos modernos que piden ser esclavizados: “La gran ley de desarrollo social consiste en que el paso de la esclavitud a la libertad significa el paso de la seguridad a la inseguridad de ser mantenidos”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

Conflicto docente: ¿y la educación?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 3/4/17 en: http://www.rionegro.com.ar/portada/opinion/conflicto-docente-y-la-educacion-YM2529032

 

La causa inmediata que surge de analizar el conflicto docente, según la evidencia, es atribuible a los persistentes déficits del presupuesto, pero las raíces más profundas deben buscarse en las desafortunadas decisiones de política económica llevadas a cabo por Argentina durante los últimos setenta años, el populismo nacional. Curiosamente, las mismas razones que defiende el más expuesto dirigente sindical, Roberto Baradel, quien lejos de enfocar sus esfuerzos en intentar zanjar el problema, sistemáticamente, ha adoptado una postura radicalizada y concebida para dividir, estrechamente identificada con su filiación política, el kirchnerismo.

Quien crea en las buenas intenciones del líder sindical y su entorno bien peca de naíf, o bien de malintencionado. Pues sólo hay una cosa que es clara en este conflicto, el leitmotiv: “No importa la educación”. Como solía decir el gran economista Milton Friedman “nada es gratis”, sobre todo para los alumnos, quienes sin dudas soportarán los más altos costos; pero todavía hay un examen más triste y vil, ni siquiera tendrán conciencia de su propia ignorancia.

Parafraseando al premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, podría decirse que el kirchnerismo es elegir el error, es el partido de la expresidenta procesada por asociación ilícita y de los resentidos más aberrantes, llenos de odio, de rencores viscerales, enfermos de rabia inexplicable hacia todo lo bueno que sea diferente a su manera tajante y fanática de ver las cosas; son por lo general incultos e ignorantes, mediocres de mediocres y ahora, por supuesto, los que quieren empujar hacia el abismo a las futuras generaciones de argentinos.

Las fallidas políticas económicas del Estado condujeron a que en nuestros días sea muy común incluir a la economía argentina en la misma categoría que otras naciones de Latinoamérica. Incluso hay quienes la ponen aún por debajo de dicho ranking. ¡La debacle ha sido fenomenal! Un país que era democrático cuando tres cuartas partes de Europa no lo era y que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados. La mayoría de los economistas que escribieron durante las tres primeras décadas del siglo XX habrían ubicado a nuestro país entre los más avanzados, tales como los líderes de Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá o Australia. En aquellos años hubiese sido absurdo calificar a la Argentina como un país subdesarrollado en el sentido que hoy se le asigna al término.

Tan particular es el caso argentino que fue tipificado por el premio Nobel de Economía Simon Kuznets, quien dijo: “Existen 4 tipos diferentes de países: los países desarrollados, los subdesarrollados, Argentina y Japón”. El énfasis que puso el autor en Argentina se sustenta en un extraño infortunio, justamente, por tratarse del único caso de un país que fue en apariencia desarrollado en la década del 20 y, a partir de allí, se subdesarrolló.

La educación ha sido determinante en la historia Argentina y su referencia obligada, como prueba más cabal y absoluta, es Domingo Faustino Sarmiento, quien centró la mayor parte de su esfuerzo en la promoción de la educación, y así, el primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, ni tampoco Francia, fue Argentina, con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo. Ese país era un país de vanguardia.

La educación argentina no debe perderse en mezquindades ni en sesgos partidarios, sino retornar al rumbo que sentó las bases de la Generación del 80, la época dorada de la educación que, como país, nos puso a la par de las grandes potencias.

Hay que dejar de elegir las peores opciones y perseverar en el error. No se deje engañar, la opción no es Baradel ni lo que representa, o no habrá límites para la caída, y las catástrofes seguirán sucediendo.

El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, ni tampoco Francia, fue Argentina, con un sistema educativo que era un ejemplo.
La educación argentina no debe perderse en mezquindades ni en sesgos partidarios, sino retornar al rumbo que sentó las bases de la Generación del 80.

 

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

EN TORNO A LA VIOLENCIA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

No se necesita estar muy atento para comprobar el alto grado de violencia que existe en muchas comunidades. Pienso que hay varios factores que contribuyen a ello.

 

Los escabrosos juegos a que están acostumbrados los jóvenes desde su más tierna infancia, incluso los dibujitos animados que han cambiado respecto de antaño precisamente en cuanto a los actos de violencia y la constante aparición de monstruos que reiteradamente devoran a varios personajes. A esto se agregan los regalos que muchas veces les hacen los padres que incluyen armas de juguete y más videos cuyo cometido consiste en matar y, por más que parezca una chanza, juegos en los que se describe como deben realizarse los robos. Tampoco ayudan en toda ocasión los colegios donde se enseña la historia como un inventario de pertrechos de guerra y se cantan loas al “águila guerrera” e  incitaciones a las luchas armadas que son habitualmente apoyadas por clases “cívicas” que contienen invitaciones a demoler los pilares de la sociedad abierta de forma sutil y otras veces de manera explícita. Todo esto en no pocas ocasiones es acompañado por violencia verbal en sus hogares y el uso de expresiones soeces.

 

Por supuesto que afortunadamente no todo es así. Hay muchos padres que se ocupan y preocupan de la formación de sus hijos, pero aparecen oportunidades para presenciar producciones cinematográficas en donde reina la violencia descarnada con lo que la sensibilidad se va degradando, lo cual tiene lugar debido a las exigencias crecientes de mayor dosis de sadismo para satisfacer emociones y vivencias en aumento. Esto, a la larga o a la corta, se traduce en problemas de convivencia en muy distintos ámbitos y en un estado de permanente agresión y crispación.

 

Veamos este problema aun desde otra perspectiva. Hay una abultada bibliografía que con matices sostiene que una causa importante que explica la violencia en la sociedad reside en la enorme frustración, angustia y sensación de impotencia que provocan las promesas políticas no cumplidas e imposibles de cumplir debido a que se trata de concepciones absurdas que van a contracorriente del orden natural de las cosas. Los autores más destacados en estos escritos múltiples y suculentos son J. Dollard,  L. Doth, N. Miller, O. Mowner, R. Sears, B. Shaffer y  J. Berkowitz.

 

Por supuesto que esas frustraciones y engaños no justifican incendios, saqueos y manifestaciones callejeras violentas. El problema no se resuelva gritando y agrediendo al prójimo sino meditando calmamente acerca de las causas del malestar social. En otro términos recomponiendo las bases éticas de las relaciones sociales, es decir, el tener muy en cuenta el significado del derecho y rechazar de plano la facultad de usar y disponer por la fuerza del bolsillo del prójimo con el apoyo de los aparatos estatales. No son pocos los que caen en la trampa de que es posible que el gobierno haga magia y entregue riqueza de la nada. No son pocos los que creen a pie juntillas que es posible que los gobiernos entreguen bienes y servicios “gratis” sin percatarse que todo lo que hacen los aparatos estatales es porque le arrancaron el fruto del trabajo a los vecinos. En resumen, las frustraciones y los enojos por no poder concretar proyectos de vida no se resuelven a los palos y, mucho menos, reclamando más de lo mismo.

 

El orden no es el resultado de la ingeniería social, es decir, resultado del diseño de gobernantes sino que deriva del respeto recíproco. Este es el sentido de la Ley y el Orden que se contrapone a la Legislación y el Desorden que proviene del capricho de megalómanos en lugar de atender las características centrales del ser humano que requiere libertad lo cual se traduce en que cada uno pueda seguir su camino siempre y cuando no lesione iguales derechos de terceros.

 

Conviene a esta altura detenernos en un aspecto muy poco comprendido y que, a su vez, explica lo anterior. Se trata de algunas reflexiones sobre lo que pueda hacerse en la materia como una contribución  para revertir o mitigar los estados de violencia crónica, sobre lo que hemos escrito antes.

 

Todos los que somos liberales, es decir, los que mantenemos que deben respetarse de modo irrestricto los proyectos de vida de otros y que, por tanto, el uso de la fuerza debe estar reservado exclusivamente para fines defensivos, sabemos que, como la perfección no está al alcance de los mortales, los medios para lograr esos objetivos siempre estarán en constante evolución sin la posibilidad de llegar a una meta definitiva. Estamos en tránsito y en permanente estado de ebullición.

 

En las primeras líneas del primer tomo de Law, Legislation and Liberty del premio Nobel F.A. Hayek se lee que “ Montesquieu y los autores de la Constitución estadounidense articularon la concepción de una constitución limitativa  […] En todas partes los gobiernos han obtenido poderes por métodos constitucionales que aquellos hombres se propusieron denegar”.

 

En el tercer tomo de la obra mencionada Hayek realiza un nuevo intento de proteger las libertades de las personas a través de lo que denominó demarquía con la intención de proveer al sistema de límites y resguardos adicionales para evitar los desbordes de las mayorías ilimitadas. Si bien sus propuestas no carecen de interés, en última instancia, están imbuidas de los mismos riesgos de los sistemas tradicionales en cuanto a la posibilidad de levantar la mano en el recinto legislativo y hacer tabla rasa con las limitaciones y conculcar derechos.

 

Sin duda que puede afirmarse que si el sistema se mantiene dentro de lo previsto no hay problemas respecto a la expansión del poder, pero lo mismo puede afirmarse de la democracia tradicional en cuanto a que si se respetan las minorías se mantiene al gobierno en brete. Pero el problema es que si los temas sobre los que se vota están sujetos a la aprobación de mayorías compactas y centralizadas, los incentivos tienden a hacer que las coaliciones mayoritarias terminen expropiando a las minorías.

 

Cuando las votaciones se realizan de modo descentralizado los incentivos e intereses mueven los resultados por otros andariveles: como he apuntado en otra oportunidad, no se vota con el mismo cuidado, prudencia, esmero y grado de razonabilidad en un consorcio para cambiar la alfombra de la entrada que cuando se vota en la sede del gobierno central para toda la nación por subsidios que deban sufragar personas alejadas del poder central. El federalismo, aplicado hasta sus últimas consecuencias, dispersa y fracciona el poder y hace que las votaciones se lleven a cabo sobre asuntos que más directamente atañen a los votantes, pero, dadas las estructuras gubernamentales, por las mismas razones aludidas, hacen que los intereses, incentivos y las fuerzas centrípetas desatadas tiendan en dirección al unitarismo para lograr el propósito de la exacción para beneficio de las mayorías coaligadas.

 

Joseph Schumpeter en Capitalism, Socialism and Democracy se pregunta y se responde al abrir la segunda parte “¿Puede sobrevivir el capitalismo? No; no creo que pueda.” Y esto a pesar del éxito extraordinario que, como dice el autor, ha producido el capitalismo para las masas. Entre varios factores que se señalan en el libro, destacamos que es debido a los “impulsos subracionales” y, en este sentido, “el capitalismo plantea su litigio ante jueces que tienen la sentencia de muerte en sus bolsillos” en base a que “la masa del pueblo no elabora nunca opiniones determinadas por su propia iniciativa. Todavía es menos capaz de articularlas y convertirlas en acciones coherentes. Lo único que puede hacer es seguir o negarse a seguir al caudillaje de un grupo que se ofrezca a conducirlo”, lo cual nos lleva al “concepto particular de la voluntad del pueblo […] ese concepto presupone la existencia de un bien común claramente determinado y discernible por todos” pero, en la más difundida obra de Gustave LeBon, se recuerda que “el comportamiento humano bajo la influencia de la aglomeración, especialmente la súbita desaparición -en un estado de excitación- de los frenos morales y de los modos civilizados de pensar y sentir; […y] la súbita erupción de impulsos primitivos, de infantilismos y tendencias criminales”.

 

Subrayamos lo dicho al comienzo: ningún sistema humano es perfecto y, por el mismo motivo, ninguno es susceptible de llegar a un destino definitivo, por ende, debemos estar permanentemente alertas y realizar esfuerzos para mejorar la situación tal como se mejoró cuando se pasó del absolutismo monárquico a la democracia. Sin embargo, a esta altura de los acontecimientos, es hora de reconocer que “el emperador está desnudo”, que todos los gobiernos, unos más  y otros menos, se han apartado por completo del ideal democrático original y, en algunos casos, se ha establecido aquello que tanto temía Thomas Jefferson en cuanto al “despotismo electo”.

 

Para recurrir a una de las estadísticas que pretenden medir el tamaño del aparato gubernamental, apuntamos que con anterioridad a la primera guerra mundial la participación del estado en la renta nacional era entre el 3 y el 8 por ciento en países considerados civilizados, mientras que hoy ese guarismo oscila entre el 30 y el 70 por ciento.

 

Como se dice en “lateral thinking”, no siempre la solución consiste en empecinarse en hurgar más profundamente en el mismo hoyo, sino en sacarse las anteojeras, respirar nuevo oxígeno, mirar en otras direcciones y escarbar en otros lugares.

Tal como ha manifestado en su momento Edward R. Murrow: “una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”.

 

Como queda dicho, el objetivo central para las relaciones pacíficas entre los miembros de la comunidad es el respeto recíproco, todo lo demás debe quedar en manos de cada uno. Nada hay más peligroso que las cruzadas de “los purificadores de sociedades”, lo cual nos recuerda que lo primero que instauraron los talibanes y sus sicarios en el asalto al poder de 1996, fue el “Ministerio de la Reivindicación de la Virtud y la Erradicación del Vicio” (sic). Lo más peligroso son los talibanes modernos que se entrometen en la vida y la hacienda de la gente “para su bien”. Albert Camus transcribe lo dicho por Marat en plena contrarrevolución francesa: “¡Ah!, ¡que injusticia! ¿Es que hay alguien que no comprenda que lo que yo pretendo es cortar la cabeza de unos pocos para salvar las de muchos?”.

 

Por su parte, con vistas al futuro, Ernst Cassirer consigna que “Yo no dudo que las generaciones posteriores, mirando atrás hacia muchos de nuestros sistemas políticos, tendrán la misma impresión que un astrónomo moderno cuando estudia un libro de astrología o un químico moderno cuando estudia un tratado de alquimia”. El tema de nuestro tiempo estriba en poner nuevos y más efectivos límites al Leviatán sobre lo que he escrito en otras oportunidades. No podemos esperar con los brazos cruzados que lo que viene fracasando siga su curso sin modificaciones. La violencia está siempre presente en los abusos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Alberdi y el gasto público (3)

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/3/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/03/alberdi-y-el-gasto-publico-3.HTML

 

En el excelente comentario que el prócer argentino Juan Bautista Alberdi hace de la Constitución de su país, que en rigor constituye una explicación de la filosofía económica que inspira a dicha Carta Magna, se destacan ideas de gran valor. En muchos casos de gran actualidad. En otros, como es lógico imaginar, ciertos pasajes tienen en mira la situación histórica concreta en la que el insigne letrado se desenvolvía. Alberdi dedica gran atención al gasto público, al que le asigna diferentes finalidades, algunas válidas para su tiempo y otras para el suyo y el nuestro.

“La Unión nacional, es decir, la reinstalación constitucional de la integridad nacional del pueblo argentino, y la paz y el orden interiores de la República, son con razón, a los ojos de la Constitución, el primero y más grande objeto del gasto público, Ese interés representa hoy toda la causa política de la Nación Argentina, como en otra época consistió en la de su independencia de la España.”[1]

Este es un pasaje eminentemente histórico. Alberdi tiene en mente la situación de anarquía que vivía la Argentina durante la tiranía rosista, y el desmembramiento que el país sufría y que dieran origen a las luchas fratricidas entre “unitarios” y “federales”, alentadas por el mismo Juan Manuel de Rosas durante su larguísimo gobierno. Lograda la independencia, Alberdi pensaba que la primera prioridad del país era su unificación, y en cierto modo no le faltaba razón. El mismo Preámbulo de la Constitución que comenta así lo establecía, muestra de la vital importancia que para aquellos hombres tenía el proyecto.

“La obligación del gobierno general de destinar una parte del gasto público interior a las obras y trabajos de utilidad nacional, no debe medirse por la grande necesidad que el país tiene de esas obras. La Constitución anduvo muy acertada en hacerlas depender más bien de las facilidades estimulantes ofrecidas al espíritu particular de empresa, que de los recursos de un Erario naciente y desprovisto de medios actuales.”[2]

En los albores de la organización del país, las arcas del estado eran muy reducidas como no podía ser de otro modo, de la misma manera que cualquier emprendimiento nuevo nace con escasos recursos materiales. También así era la situación de la flamante Argentina. En este lúcido pasaje, Alberdi juiciosamente pone el acento en la necesidad de dejar –al menos en parte- en manos de la actividad privada el emprendimiento y financiamiento “a las obras y trabajos de utilidad nacional”, no tanto por razones de que el estado no debiera ocuparse de ellas, sino porque en aquella etapa, los recursos del Tesoro eran escasos, dado el carácter incipiente de la nación en gestación.

“Otro medio de economizar gastos en sueldos de empleados, es emplear pocos agentes, hábiles y honrados, en lugar de muchos ineptos y sospechosos. Y como no se consigue el servicio de hombres de capacidad notable y de respetabilidad acreditada sino por compensaciones dignas de tales prendas, los sueldos crecidos pagados a la aptitud son un medio de disminuir el gasto público en empleados de hacienda.”[3]

Párrafo en extremo juicioso, completamente ignorado en nuestros días y -podríamos decir- tanto en nuestro siglo como en el anterior. Parece que ya en la época del Alberdi esto era un problema, de otro modo no hubiera reparado en el asunto como para darle importancia. Lo cierto es que el consejo no fue atendido, excepto por esos tiempos y, como decimos, desde el siglo pasado hasta el presente el procedimiento seguido ha sido por completo el inverso al aconsejado por Alberdi. No es difícil imaginar cómo se escandalizaría nuestro autor si contemplara el derroche presente, ya en empleos públicos inútiles y superfluos, sino en la dilapidación sistemática de dineros públicos en prebendas y privilegios a sectores que directamente no trabajan, ni en el sector publico ni en el privado, viviendo de subsidios, planes sociales, transferencias directas y demás dádivas otorgadas por el estado asistencialista. Veamos que pensaba del gasto público aplicado a la educación:

“Si la dirección del gasto público es un medio de reglar la educación, las arcas del Tesoro deberían abrirse con doble facilidad cada vez que se trate de pagar la enseñanza de artes y oficios, de lenguas vivas, de materias exactas, de conocimientos positivos para el pueblo, en lugar de gastar dinero en difundir la metafísica, que conviene más a las épocas de demolición que a las de creación y organización.”[4]

Evidentemente, Alberdi parecía opinar que la educación era asunto estatal antes que privado. Nuevamente hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que escribía: una nación de gran extensión territorial, prácticamente desértica y con una elevadísima cuota de analfabetismo. Como vemos, Alberdi era patrocinador de lo que hoy en día podríamos llamar las carreras de “índole práctica”. Escribía para un país en donde casi todo estaba por hacerse. Había que construirlo culturalmente. No deja de llamar la atención su alusión a la metafísica como más propia de “épocas de demolición”. Hay un cierto dirigismo educativo en el párrafo, que denota las preferencias personales del autor en materia educacional.

“A propósito de este ramo del gasto público, convendrá no olvidar que la Constitución argentina hace depender la cultura del país de la educación que dan las cosas por sí mismas, de esa educación que se opera por la acción de la cultura extranjera venida en las poblaciones civilizadas de la Europa, y en los demás elementos de prosperidad y cultura que ella nos envía ya formados, al favor de las sabias franquicias que le abre la Constitución moderna argentina.”[5]

Una nueva referencia a un tipo de educación de orden práctico (“la educación que dan las cosas por sí mismas”) y –naturalmente- esa educación, atento las necesidades del momento que vivía la naciente nación, debería provenir casi enteramente del exterior, en particular de Europa, sin lugar a dudas el centro cultural por antonomasia de la época en la que nuestro autor escribe su obra. Hoy diríamos -frente a eta cita- que Alberdi estaba proponiendo que el estado importara la educación del exterior. Teniendo en cuenta el contexto, la idea era altamente plausible. Veía en ella una acción necesaria por parte del estado.

[1] Alberdi, Juan Bautista. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.

  1. 199

[2] Alberdi….Ob. cit. pág. 199-200

[3] Alberdi….Ob. cit. pág. 201

[4] Alberdi….Ob. cit. pág. 204

[5] Alberdi….Ob. cit. pág. 205

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Latinoamérica necesita empresarios, no lobistas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 17/3/17 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article139230518.HTML

 

Eran los tiempos del presidente Menem en Argentina y la apertura, la desregulación y las privatizaciones parecían ameritar seminarios y “rondas de negocios” en el exterior, y colaboré con su organización hasta que, entre otras cosas, comprendí que eran inútiles.

Es que cuando la información vuela alrededor del globo, no tiene sentido que funcionarios viajen para “explicar” nada. Basta con crear las condiciones, y las inversiones solas volarán: bajar impuestos para que las personas tengan recursos para emprender con rentabilidad, y desregular liberando la creatividad y la capacidad de desarrollarlas… salvo que prefieran el lobby…

Según Jesús Huerta de Soto, “la función empresarial no exige medio alguno… es esencialmente creativa”. Es esa capacidad de crear en pos del mejoramiento social para lo que es necesario depender de los clientes –y no de los políticos– que deben inducir el camino de la eficiencia creadora.

Esta capacidad creativa supone el hallazgo de “conocimiento que se desconocía que podía existir”, dice Esteban Thomsen, como cuando un nuevo móvil supera al anterior mejorando la calidad de vida. Así “…prescindir de las típicas características de imaginación, atrevimiento y sorpresa equivale a eliminar enteramente la naturaleza humana”, remata Israel Kirzner, desmintiendo a los políticos que regulan poniéndole límites al atrevimiento.

Cuando el Estado interfiere al mercado con regulaciones que coartan la libertad creativa, destruye el rol empresario y da lugar a los lobistas, inmorales y faltos de ética desde que no responden a la naturaleza del mercado siendo que la moral es la adecuación al orden natural.

Durante aquellos seminarios daba vergüenza ajena el ver a los “empresarios” –lobistas– más importantes sentados durante horas, literalmente, en los lobbies esperando a los funcionarios que establecerían las regulaciones –monopolios, condiciones favorables, etc.– que los enriquecieran en detrimento del mercado.

Días atrás, como todos los años, fui invitado a la inauguración de Arco Madrid. Por una cuestión de ética y principios, quise evitar la coincidente “visita oficial” del presidente argentino. Pero fue inevitable encontrarlos en la inauguración, y allí estaban los más importantes “empresarios” –lobistas– argentinos…

Luego, encontré a ejecutivos españoles que participaron en la visita oficial que, entre otras cosas, me dijeron que hacer negocios con lobistas es tonto, sobre todo en países donde, por la inestabilidad, el funcionario interlocutor de hoy no es el de mañana. Y en general no invertirán en Argentina, al menos hasta las elecciones legislativas de octubre y hasta que aclare la economía, que no parece favorable a pesar de los pronósticos de los gurús.

Argentina –cuyo gobierno podría definirse ideológicamente como “peronista caviar”– crecerá en 2017 según estos gurús, cosa que dudo mientras que, irónicamente, la economía de la populista Bolivia tiene una mejor reputación internacional y se espera que crezca 4.6% en 2017. Ahora, es preocupante el que estos gurús suelen errar porque sus predicciones no tienen asidero racional, y son los mismos que suelen equivocarse y, sin embargo, siguen siendo escuchados. Así es como el país va a los tumbos.

En fin, Latinoamérica necesita elevar sus principios, su ética y su moral, y una dirigencia social, empresaria, académica, de medios, etc., más seria e ilustrada, mucho más.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

New 2017 Ranking Of Free-Market Think Tanks Measured By Social Media Impact

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 8/3/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/03/08/new-2017-ranking-of-free-market-think-tanks-measured-by-social-media-impact/#723a074e70cc

 

Free-Market think tanks continue to expand their efforts to disseminate their work and influence public opinion through diverse social media platforms. In my article last year, I stated that the website traffic at most think tanks was not growing at the same rate as their social media presence. If we focus on unique visitors, the same holds for this past year: most think tanks had negligible growth. SimilarWeb, which provides open access to most of its data, measures total (rather than unique) visits. According to their figures, total visits to the leading free-market think tanks grew by 78%.

When looking at think tank presence in the most popular social media platforms, Facebook, YouTube, Twitter, LinkedIn, and Instagram, The Heritage Foundation continues to be ranked first among free-market groups. It also ranks ahead of Brookings in Facebook, Twitter, and web traffic. Brookings leads in number of YouTube subscribers and in its use of LinkedIn. Brookings has subsidiaries in three countries, India, China and Qatar, and many of its scholars and researchers across the globe stay connected through LinkedIn. Both groups are considerably ahead of Chatham House (U.K.), which, despite poor social media presence, edged Brookings as the top ranked think tank in the 2016 Go To Think Tank Index report.

Below are the winning free-market think tanks in the U.S. and from around the world (data compiled during the first two weeks of February 2017):

  • Most Facebook likes (U.S.)Heritage Foundation (2,072K); (Non U.S.): Instituto Mises, Brasil(245K)
  • Most Twitter followers (U.S.): Heritage Foundation (588K); (Non U.S): CEDICE, Venezuela (85K)
  • Most monthly visitors to website (SimilarWeb, U.S.): Heritage Foundation (3,000K); (Non U.S.): Instituto Mises, Brasil (647K)
  • Most subscribers to YouTube Channel (U.S.): American Enterprise Institute(110K); (Non U.S.): Fundación Libertad y Progreso, Argentina (18K)
  • Most views of YouTube video uploaded in 2016 (U.S.): (872K); (Non U.S.): Fundación Libertad y Progreso, Argentina (44K)
  • Most minutes viewed on a You Tube video (last 12 months) (U.S): Heritage Foundation (4,873K); (Non U.S.) Fundación Libertad y Progreso (138K)
  • Most LinkedIn Followers (U.S.): Heritage Foundation (10,8K); (Non U.S.); Fraser Institute, (Canada) (3,6K)
  • Instagram followers (U.S.): Mises Institute (12,400); (Non U.S.): Istituto Bruno Leoni (Italy) (533)
  • Klout (U.S.): Cato (91); (Non U.S.), Adam Smith Institute (U.K.) (80)

The leaders in free-market media, magazines, and news outlets include:

  • Most Facebook likes: com(Media Research Center) (2,114K)
  • Most Twitter followers: National Review (224K)
  • Most monthly visitors to website (SimilarWeb): National Review (15,000K)
  • Most subscribers to YouTube Channel: Prager U (607K)
  • Most views of YouTube video (uploaded in 2016):  CNSnews.com (3,500K)
  • Most minutes viewed on a You Tube video (last 12 months): CNSnews.com (18,650K)
  • Klout: Magazines, National Review (91); Advocacy: FreedomWorks (82)

Among student advocacy organizations, Turning Point USA continued with its growth and ranks first in Twitter followers. It surpassed Students for Liberty in Facebook likes, quadrupling its number of likes from last year. Young Americans for Liberty, the older organization, ranks first in Facebook likes and also leads in YouTube subscribers. Students for Liberty ranks first in monthly web visits (50k) though all the main webpages of these three groups have low traffic.

Among grassroots mobilization organizations, FreedomWorks continues to be ahead of Americans for Prosperity in all social media platforms except on YouTube and Instagram. Instagram is growing among the younger population. In this platform, Prager U (43K) is the leader, followed by National Review, 23K and Mises Institute (US), 12K.

Independent think tanks continue to have much better social media outcomes than university-affiliated groups, such as the Hoover Institution at Stanford University and Mercatus, at George Mason University.  In this subsector, Hoover leads Mercatus in all social media outcomes except on its Klout score and in its use of LinkedIn (82 vs 62 in Klout; 1,420 vs 837 in LinkedIn followers).

In order to analyze and compare use of social media by think tanks and universities, I usually consult with Emma Alvarez of IESE in Barcelona, one of the top ten business schools, which has campuses in 7 cities and 5 continents. Its LinkedIn network has passed 80K.

Alvarez explains that universities, which tend to have more activity in LinkedIn than independent think tanks, had to adapt to an important change: until now, this platform had two sites for each school. One focused on the university and information about it, the other, on the alumni. LinkedIn has now combined these two pages, which helps brand consistency. The network of graduates, the most active users, can now find all the information in only one site. Alvarez adds that, “at the platform level, I have seen a clear trend towards the commercialization of services.” Most organizations that keep an active presence and add content regularly are seeing an increase in traffic but much of it is paid, not organic. According to Alvarez, “organic reach is on decline.”

All platforms continue to revise and test their algorithms, formulas they use to choose which posts to highlight. The last major change for Facebook aimed to encourage institutional accounts, in this case, think tanks and universities, to invest in advertising. It prioritizes content rather than brand (the name of the organization).

Twitter is following suit, and also changed its algorithm. It now gives priority to the “best” tweets, those that attract more impressions and mentions, rather than the latest tweet. The reality is that brands lose priority and reach.

LinkedIn is also reinforcing payment models. Based on the information they pull out of LinkedIn profiles, they enhanced the information available in the institutional profile, however, it is accessible only to Premium users. It has also restricted some other functions, such as sending notes to contacts, so that only Premium members can use it. After the purchase of Lynda.com, they are also getting into the business of distance learning, so the platform is poised for growth.

With the reduction in organic growth and the increase in views due to advertising, it gets harder to calculate how much of the traffic is producing vanity metrics. CEOs of think tanks might be tempted to increase spending in social media advertising in order to look good to donors and their boards. Tracking expenses in social media and their impact on more relevant outcomes (policy changes, budget growth, and others) is a must for good stewards.

Regarding content, Facebook is betting on audiovisual content and livestreaming. The goal is to weaken YouTube’s dominance. YouTube, however, continues to be the leader in social media video communications. Alvarez adds, “as for Instagram and Snapchat, they are growing, but I do not think they will overthrow the big platforms. Instagram, as part of Facebook, will always have a great backing, especially when they implement updates. Snapchat is still focused on a very junior niche.” Think tanks are just beginning to use this platform, so for this article, we did not measure their presence on Snapchat.  At least for those of us working at universities and university-type think tanks, Alvarez recommends continued focus on LinkedIn. She is convinced that after being purchased by Microsoft, it will continue to evolve and improve. LinkedIn is focusing on growing its more junior market and “the added value of its marked professional positioning puts it ahead of the rest.”

Towards a combined social media score 

There is no perfect way to combine all these social media outcomes into one measurement that would allow us to properly rank organizations. Klout tries to do this and their scores show some correlation with actual measurements. We are beginning to test alternatives. For the combined measurement appearing in the first column of the table, we assumed that traffic in all these media platforms feed into each other. We then tried to figure out a relationship between them, e.g. how many Twitter followers, or how many YouTube subscribers, or LinkedIn connections correspond to one Facebook “like.” For lack of sufficient data, we made two separate rankings, with and without LinkedIn data.

Here the results for the groups we analyzed without taking LinkedIn data into consideration.

Combined score of Social Media Ranking = Facebook Likes + 4.333 times Twitter Followers+ 1.479 times Youtube subscribers (in 000's). Data collected during first two weeks of February 2017.

Table by Alejandro Chafuen

Combined score of Social Media Ranking = Facebook Likes + 4.333 times Twitter Followers+ 1.479 times Youtube subscribers (in 000’s). Data collected during first two weeks of February 2017.

We had the unexpected result that the more a group used LinkedIn, the less likely they were to score well on other platforms. This might be because we included some university-based groups, and the more academic the think tank, the higher proportion of LinkedIn activity and the less Facebook presence.

Social media outcomes are only one type of measurement. Think tanks in Canada, especially the Fraser Institute, and several in Latin America, receive a superb coverage in traditional media. But social “electronic” media will continue to become increasingly relevant for most aspects of think tank work. These platforms are changing each year, not only in technology but also in ownership and business model. In order to be more effective and be better stewards of their resources, free-market think tanks need to assess their social media strategy at least once a year, and some of us will continue to evaluate them.

Tarun Vats (Atlas Network) collaborated with data analytics. Sofie O’Mara and Mariana Zepeda helped collect data for this piece. 

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.