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Toro balear

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/8/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/toro-balear/

 

Los enemigos de la fiesta de los toros hablan de “maltrato animal” o incluso “tortura”. Curiosamente, quieren proteger los toros cuando, en realidad, el fin de la fiesta significaría la extinción del toro de lidia (cf. “La caza y los toros”, aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/abc/textos-publicados-en-abc/).

Fernando Bautista publicó un irónico y certero artículo en El Mundo, titulado “La broma de la Ley Balear”, donde dice: “No es un ataque contra la tauromaquia, la cultura o la libertad como pueden pretender algunas mentes obtusas. Es, por el contrario, un bello ejercicio de ingeniería jurídica y social”.

La supuesta bondad de los ecologistas antitaurinos no estriba en elevar la categoría del animal sino en rebajar la humana: por eso los grandes totalitarios han sido a la vez cariñosos amigos de los animales. En este caso, los políticos progresistas baleares pretenden prohibir la muerte del animal, “evidenciando la sublime aspiración de que el toro sea sujeto de derechos y de obligaciones…No incluye sin embargo sanción alguna si el toro, incumpliendo la norma, decide contactar con sus cuernos con el profesional taurino, aunque a este se le caerá el pelo si permite que su cuerpo contacte con las astas”.

El ridículo perpetrado por los progresistas baleares no tiene límite, desde ordenar que no haya más de tres toros hasta limitar su participación a un máximo de diez minutos: “Así, en 30 minutos se liquidará la tarde, aunque por el momento nada impide que la banda de música pueda seguir tocando pasodobles, lo que tiene para los toreros un riesgo ligeramente menor, salvo que la banda sea muy mala”.

Una vieja regularidad del intervencionismo es que, una vez iniciado, tiende a expandirse en espirales cada vez más amplias. La ganadería del toro balear “lidiado” deberá estar “inscrita en el libro genealógico de la raza bovina de lidia…[y] será la más cercana, en términos de distancia, de la plaza donde se celebre el espectáculo [para que] la duración del viaje desde la ganadería a la plaza de toros sea el mínimo indispensable, [y se constatará el] bienestar físico y psíquico del animal”.

Por fin, se pregunta don Fernando Bautista qué piensan hacer las autoridades baleares con el toro: “Pues sencillo, no le matarán cínicamente y en la oscuridad de los corrales como en Portugal. Brillantemente el texto dispone que «los toros se devolverán a la empresa ganadera que los haya proporcionado». Si este texto, como debe ser, es copiado por todos los buenos pueblos de España, las ganaderías se convertirán en un asilo, pero no hay duda de que la labor social del ganadero será debidamente subvencionada con cargo a los presupuestos, porque a ver quién es el valiente que se atreve a enviar a un vulgar matadero al toro señorito que ha viajado a Baleares y ha pasado un test de bienestar psíquico”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Periodismo carancho

Por Sergio Sinay: Publicado el 21/7/17 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2017/07/periodismo-carancho-por-sergio-sinay.html

 

Cuando la sangre, el dolor, el sufrimiento, las intimidades invadidas, el oportunismo alimentan a un periodismo narcisista, que necesita, además, de un público afín.

Mientras se discute cuántos años tiene el “Polaquito”, ese chico desquiciado que fue presentado en televisión como el enemigo público número uno, se siguen desnudando las miserias de una sociedad enferma. Y del periodismo que ella produce y fomenta. Los “Polaquitos” no nacen de repollos y, además de ser hijos de sus padres y madres, son paridos por una sociedad de la cual hace tiempo se ausentaron la empatía, la compasión, la noción y voluntad de sentido. Una sociedad que ya ni siquiera responde al tribalismo primitivo del “nosotros” vs. “ellos”. Es la sociedad del yo contra los demás, sin los demás. La sociedad del egoísmo y el narcisismo. Del consumismo devorador, donde preocupa más la economía que la moral. Un perfecto caldo de cultivo para “Polaquitos”. Después viene la hipocresía, la sorpresa y la indignación fingidas ante la evidencia de lo que la misma sociedad procreó.

En ese caldo se cuece también el periodismo carancho, el periodismo en donde la noticia no importa, en donde no se informa sino que se opera, en donde los periodistas son más importantes que la noticia. Si se diera un Oscar al periodismo carancho, el programa que presentó al “Polaquito” lo ganaría. Fue la expresión más consumada de algo que se ve todos los días en todos los noticieros, en programas farandulescos, en emisiones pseudoperiodísticas. Los caranchos sobrevuelan incansablemente el aire olfateando sangre, intimidades, sufrimientos, secretos. Se disfrazan de investigadores pero son acosadores, ladrones de privacidades, invasores de vidas y sentimientos ajenos. Con sus picos voraces escarban en las entrañas del sufrimiento. “¿Qué sintió al ver a su hijo muerto?”, le preguntan sin escrúpulos a la madre que llora sobre el cadáver de su vástago acribillado. “¿Por dónde te metió la mano, qué sentiste?”, interrogan sin vergüenza a la chica violada. No duermen, caranchean las veinticuatro horas. Siempre hay un crimen más para mostrar, otro tiroteo, otro chico abusado, otra esposa llorosa, otro casquete de bala, otro balazo en la puerta. Ese periodismo entra a la celda del peor criminal para entrevistarlo como a un amigo, como a un ídolo, lo escucha, le da tiempo, se compadece con él. Nunca una reflexión, jamás una idea, ni soñar con una frase bien dicha, con un vocabulario que respete las palabras.

 

Y si al gran megalómano le dicen que lo es y le ponen un espejo frente a la cara para que se vea reflejado, se ofende. Humilla. Saca a relucir galones, se ufana de haber inventado la profesión (que existe desde mucho antes y supo tener venerables cultores), se quiere fiscal de la patria, contamina el aire con insultos al que osó cuestionarlo, degrada el lenguaje (herramienta que debería honrar para ejercer la profesión). El rating sube. La ofensa vende. La intimidad invadida vende. La sangre vende. El periodismo carancho necesita de una sociedad que le ofrezca día a día material en descomposición. Y necesita todavía más de un público ansioso de ese material. Ni uno ni los otros se preguntan alguna vez: “¿Y si me tocará a mí?”.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

EL CUERPO Y EL ALMA EN “LA FIESTA DE BABETTE” (De “Filosofía para los amantes del cine”, 1991).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/8/17 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/08/el-cuerpo-y-el-alma-en-la-fiesta-de.html

 

La película que comentaremos ahora está en plena continuidad con la anterior. A pesar de tratarse de un género absolutamente distinto, nos permitirá seguir reflexionando sobre cuestiones básicas de antropología filosófica. Y, sobre todo, con una cuestión que había quedado “flotando” en la película anterior, que es la relación entre lo espiritual y lo corpóreo y sus implicaciones éticas.

Como te dije, salimos de EEUU, década del 80, y nos vamos prácticamente a otro mundo: Dinamarca, segunda mitad del siglo pasado, en una pequeña localidad al lado del mar, llamada Jutlandia. Evidentemente, no encontraremos allí ningún robot.

Encontraremos, en cambio, a Martina y Filipa, dos hermanas, solteras, hijas de un pastor protestante que había fundado una pequeña comunidad religiosa. Recuerda que en las diversas comunidades protestantes no hay división estricta entre jerarquía eclesiástica y laicos.

La película nos muestra a Martina y Filipa en su juventud. Su padre las considera su mano derecha y su mano izquiera, y ellas aceptan ese rol. Cumplen eficazmente con tareas de caridad, cantan en la iglesia, y la belleza de ambas atrae las miradas de los jóvenes del lugar. Algunos se aventuran a hablar con el pastor. Pero éste les anuncia a los eventuales candidatos que en la vida de sus hijas no hay lugar para el matrimonio.

De todos modos, hay dos pretendientes que tienen un acercamiento más intenso, aunque finalmente infructuoso. Un joven oficial del ejército, Lorenz Lowentein, queda extasiado por la belleza y la mirada de Martina. Frecuenta su casa, y asiste a varias reuniones de la comunidad. Pero advierte que no va a ningún lado, si bien encuentra comunicación en la mirada de Martina. Finalmente, decide despedirse. Adopta una conclusión pesimista: que la vida es dura y cruel, y que en este mundo muchas cosas son imposibles. A partir de allí, pensará sólo en su carrera, como único consuelo. Cuando se va, Martina lo mira intensamente.

Filipa también tiene su pretendiente. Un cantante lírico parisino, Achille Papin, busca un lugar donde descansar durante una gira en Dinamarca. Le recomiendan Jutlandia. Durante su estadía, asiste por curiosidad a un oficio religioso, y allí escucha maravillado la voz de Filipa. Le ofrece entonces sus servicios como profesor de canto, no sin una entrevista previa con el pastor, quien acepta.

Durante las clases, Achille sigue maravillado, no sólo con la voz de Filipa, sino con ella misma. Le enseña áreas que exaltan el amor humano. El pastor y su otra hija escuchan preocupados desde otra habitación.

En una clase, Anchille, extasiado, toma de las manos a Filipa y, mirándola a los ojos, le dice, repitiendo parte de una canción: “el amor nos unirá”. Y la besa en la frente. La mirada de Filipa es de aceptación, pero también de preocupación.

Su padre no tiene necesidad de decir mucho. Es más, era ese silencio su más elocuente mensaje. En determinado momento, Filipa anuncia que no seguirá con sus clases de canto. Achille es notificado por escrito, mientras cantaba alegremente. El canto cesó.

Achille vuelve a París. Esa noche, Filipa se detiene por un momento y dirige sus ojos hacia la lejanía. Su padre y su hermana la miran. Filipa lo advierte. Baja la vista, y sigue tejiendo.

Llegamos así al año 1871. El pastor ya había muerto, y sus dos hijas habían tomado en sus manos el cuidado de la comunidad, cuyas necesidades espirituales y físicas atienden solícita y eficazmente. Ya son mujeres maduras. Una noche, en medio de una gran lluvia, alguien llama a la puerta. Se trata de Babette, una mujer parisina de mediana edad, que en una de esas ridículas guerras de esta humanidad había perdido a su familia y a su trabajo. Ella había logrado huir milagrosamente. Una carta de Achille Papin, que Babette traía in mano, pedía por ella a sus amigas de Jutlandia. Babette trabajaría para ellas, a cambio de un techo, comida, y paz.

Babette trabaja para las dos hermanas durante muchos años. Durante ese tiempo, se convierte en testigo silenciosa y discreta de la labor de Filipa y Martina. Ellas cumplían en su comunidad tareas similares que las que nosotros estamos acostumbrados a ver en un sacerdote. En una reunión, varios miembros del grupo discuten por viejas rencillas y rencores, reclamándose mutuamente antiguas faltas. Muchos de ellos descargan posteriormente su conciencia con Martina y Filipa. Estas adoptan una actitud de consuelo, hablándoles de un Dios que es amor y que perdona.

En un determinado momento, sucede algo fuera de lo habitual. Babette gana 10000 francos en la lotería de París. Ese juego era el único contacto que, por correo, había mantenido durante todos esos años con su ciudad. Hay asombro y sorpresa generalizada. Babette piensa qué hacer con el dinero. Martina y Filipa temen que regrese a París.

Babette decide que hará una cena en memoria del pastor, para todos los miembros de la comunidad. Al principio, las piadosas hermanas aceptan. Pero una preocupación surge. El pueblo ve asombrado la cantidad enorme de elementos que Babette había encargado a París y que llegan por barco. No sólo era una comida de enorme calidad y gran abundancia, sino que además estaría acompañada por vino francés de primera calidad. La abundancia y exquisito sabor de la comida eran elementos muy sospechosos para las conciencias de Martina y Filipa. El vino ya era definitivamente condenable. Las dos hermanas están preocupadísimas. Pero, ¿qué decirle a Babette, que había organizado todo con tanta buena voluntad y sin mala intención?

Mientras la “fiesta de Babette” sigue en preparación, Martina y Filipa reúnen a su comunidad y explican, angustiadas, la situación. Los demás miembros comprenden el problema. Todos se comprometen entonces a extremar sus medidas de sobriedad. No se hablaría una sola palabra de la comida durante la cena, sino sólo de cuestiones “espirituales”, y se recordaría permanentemente que la comida es sólo un medio para fortalecer al cuerpo, que a su vez es un medio para que el espíritu glorifique a Dios.

“Será como si nunca hubiésemos tenido el sentido del gusto”, dice uno de ellos.

Como gran acontecimiento, el general Lowenhielm es invitado a la cena. Sí, el mismo que en su juventud se había enamorado de Martina. Se lo invita en su carácter de antiguo miembro de la comunidad.

Habrás visto que dije “general”. En efecto, el joven oficial había llegado a su madurez con una brillante carrera. Mientras prepara sus galas para la cena, murmura “vanidad, todo es vanidad”. E imagina estar hablando con sí mismo, aunque más joven. Se desdobla. El hombre maduro dice a su imagen joven: “encontré todos lo que puedas haber soñado y he satisfecho tu ambición. Pero, ¿con qué fin? Esta noche tenemos algo que aclarar. Debes mostrarme que mi decisión fue la correcta”.

La cena comienza. Lowenhielm y Martina se reencuentran, y sus miradas evidencian que el amor seguía intacto. Pero el general no está al tanto de las preocupaciones morales de la comunidad con respecto a esa cena exquisita y abundante. Los platos comienzan a llegar.

Al principio están todos muy rígidos. El general elogia los platos pero obtiene por respuesta comentarios a las Escrituras. Empero, lentamente todos comienzan a soltarse un poco. No; si piensas que se van a ir al otro extremo, se van a emborrachar y todo terminará en una horrible comilona, no es así. Simplemente, se permiten sentir el rico gusto de esos platos. Comen bien, con apetito, y toman algo de vino. Y están todos un poco más contentos. Si bien la ocasión era muy formal, era más o menos como cuando nosotros nos reunimos con nuestros amigos a comer un asado. Nada del otro mundo. Pero ellos jamás habían tenido una reunión por el estilo.

Mientras tanto, Lowenhielm seguía discurriendo sobre la comida. Y cuenta que en una oportunidad, estando en un famoso restaurant parisino (el Cafe Anglais), él y sus oficiales habían comido un plato idéntico a uno de los que en ese momento estaban disfrutando (“Codornices en Sarcófago”; la verdad, yo prefiero una hamburguesa en un McDonalds). La cocinera era una renombrada Chef de París.

Pero el general había preparado, además, un discurso. Discurre en torno a las diversas elecciones que nos presenta nuestra existencia. Mira muchas veces a Martina. Hay un diálogo entre ambos aunque sólo hable Lorenz. La piedad y la verdad -dice- se han encontrado. La justicia y la dicha deben abrazarse entre sí. El hombre, con su debilidad y falta de visión, cree que debe elegir en su vida. Tiembla ante los riesgos que afronta. Sabemos qué es el miedo. Pero no. Nuestra elección no tiene importancia. Pero llega el momento en que nuestros ojos son abiertos, y nos damos cuenta de que la piedad es infinita. Sólo debemos aguardarla con confianza y recibirla con gratitud. La piedad no impone condiciones. Y bien: todo lo que hemos elegido nos ha sido concedido. Y todo lo que rechazamos también nos fue concedido. Hasta recibimos lo que rechazamos. Porque la piedad y la verdad van juntas. Y la justicia y la dicha se abrazan entre sí”.

Al concluir la cena, todos se reúnen en torno al piano y la dulce voz de Filipa, que canta una de las canciones más bellas que he escuchado.

“Observa cómo huye el día, y el sol se baña en el agua. Para nosotros se acerca la hora del reposo. Oh, Dios que habitas la luz celestial. Que reinas en lo alto, en el paraíso. Sé para nosotros la luz infinita en el valle de la noche. La arena de nuestro reloj, esfuma el tiempo. El día es conquistado por la noche. Las glorias del mundo llegan a su fin. Un día fugaz, un vuelo pasajero. Dios, que tu luz brille siempre. Acéptanos en tu piedad divina”.

Y todos, incluso las dos hermanas, están más distendidos. No sólo eso. Aquellos que en otra oportunidad se habían reclamado antiguas deudas con rencor, ahora se perdonan. Se miran y se dicen palabras de afecto. Hay una pareja, ya anciana; son marido y mujer. Ambos se miran con ternura. Y se besan.

Llega el momento de despedirse. Lorenz y Martina se miran nuevamente con ese amor profundo que siempre se tuvieron. “Estuve con Ud. cada día de mi vida. Dígame que lo sabe”. “Si… -contesta Martina-, lo sé”. “También debe saber -continúa él- que estaré con Ud. cada día que me sea concedido, de aquí en adelante. Cada noche me sentaré a cenar con Ud. No con mi cuerpo; eso no tiene importancia; sino con mi alma. Porque esta noche he aprendido que, en este hermoso mundo nuestro, todo es posible”.

Pero allí no termina todo. Los demás se reúnen alrededor de una fuente, bajo la inmensidad de un hermoso cielo estrellado. Y cantan. Expresan su alegría, y luego se van retirando lentamente, a dormir. Uno de ellos, el último en irse, dice su expresión favorita: “aleluya!”.

Pero en medio de todo esto, Babette había sido la heroína invisible que, desde su cocina, había preparado ese banquete del cuerpo y del espíritu. O sea, de la persona humana. Sus ayudantes le agradecen enormemente; ella está cansada pero también muy dichosa. Ya las tres solas en la casa, Martina y Filipa le expresan también su enorme agradecimiento. Y se produce este diálogo final:

“Babette, fue realmente una cena excelente…”

“Hace tiempo fui el chef principal del cafe Anglais”

“Todos recordaremos esta noche, cuando estés de vuelta en París”

“Yo no regreso a París”.

Filipa y Martina se asombran.

“¿No regresas a París?”

“Nadie me espera allá. Están todos muertos. Y no tengo dinero”.

“¿No tienes dinero? ¿Y los 10000 francos?”

“Gasté todo”.

Las hermanas están más asombradas.

“Una cena para 12 personas en el café Anglais -explica Babette, calmosamente- cuesta 10000 francos”.

“Pero, querida Babette, no debiste darnos todo lo que tenías”.

“No lo hice sólo por Uds…”

“Ahora serás pobre por el resto de tu vida…” -insisten las hermanas.

“Un artista nunca es pobre” -contesta Babette, decidida.

“¿Preparabas esta clase de cena en el café Anglais?”, pregunta Filipa, extrañada pero comprendiendo la situación.

Babette asiente con la cabeza y dice: “Yo era capaz de hacerlos felices… Yo daba lo mejor de mí misma… Papin lo sabía”.

“Achille Papin!?”, exclama Filipa.

“Si… El dijo: `a través del mundo suena un profundo llanto desde el corazón del artista… Denme la oportunidad de ofrecer lo mejor de mí mismo'”.

Filipa está enternecida. “Pero este no es el fin, Babette… Estoy segura de que no lo es… En el paraíso, serás la gran artista que Dios quiso que fueras… Oh! -y la abraza-, cómo encantarás a los ángeles!”

Evidentemente, la película da para mucho; son varias las cuestiones tanto históricas, tanto religiosas, como culturales, que podrían comentarse. En mi caso, es natural que mi atención se haya concentrado en una cuestión de antropología filosófica que aparece como una constante a lo largo de todas sus escenas, que es el tema de la relación entre el cuerpo y el alma, y sus implicaciones éticas, existenciales.

Habrás notado que es un tema que dejé pendiente, conscientemente, desde el comentario anterior. En efecto, habiendo tocado el tema de la dimensión espiritual del hombre, y habiendo probado que dicha dimensión subsiste a la desaparición del cuerpo, cabe que te hayas preguntado: ¿es el cuerpo, a su vez, una dimensión esencial de nuestra existencia? ¿No parece razonable afirmar que lo es? Pero en ese caso, ¿qué ocurre con la dimensión espiritual?

A lo largo de la historia de la filosofía se ha presentado un debate constante entre dos posiciones en cierto modo extremas. Una sería el monismo materialista, que afirma que el ser humano es sólo su cuerpo, y el pensamiento, un resultado de la bioquímica de las neuronas. Ya te he explicado por qué no comparto esta posición.

Otra posición, que podríamos llamar dualismo espiritualista, y que tiene muchas variantes, afirma que el espíritu del hombre es una cosa y su cuerpo otra. Serían dos elementos de naturaleza distinta. Los partidarios de esta posición concluyen con facilidad en la autonomía e inmortalidad del espíritu humano, dado que, si el cuerpo es otra cosa distinta, la desaparición de esa cosa no tiene por qué afectar al espíritu. Es más: en esta posición, el ser humano es su espíritu; un espíritu que utiliza un cuerpo como un astronauta metido dentro de una pequeña nave espacial.

Sabes que yo coincido con la existencia de una dimensión espiritual que es esencial al ser humano, pero lo que me separa de la anterior posición es que yo considero que el cuerpo es también una dimensión esencial del hombre. Algunos colegas me han convencido de que es así.

Ante todo, tengamos en cuenta que nuestra vida está llena de lo que podemos llamar “mostraciones existenciales” de que el cuerpo es algo esencial para nosotros. Es cierto que la fuerza de nuestro espíritu tiene una potencialidad todavía desconocida; muchas dolencias de nuestro cuerpo pueden llegar a curarse o a no producirse en función de esa potencialidad; y esto es algo que muchos médicos, formados en cierto monismo materialista, y en una concepción de la ciencia muy positivista, se niegan a tener en cuenta. Pero también es al revés. La degeneración de nuestro cuerpo puede hacer muy difícil la comunicación de nuestro espíritu. Además, no sólo es la enfermedad la única mostración existencial de la que disponemos. En nuestra vida habitual, todas las manifestaciones más profundas de nosotros mismos, todas nuestras emociones, se expresan con nuestro cuerpo. ¿Te acuerdas cuando hablamos de la “mirada comunicante”? ¿Acaso esos ojos, que expresan algo no reducible a lo material, no son ellos mismos corpóreos?

Ahora bien, ¿cuál es la demostración filosófica de esta mostración existencial?

Tal vez pienses que ahora voy a tratar de ensayar alguna explicación sobre cómo se “comunican” el espíritu y el cuerpo. No. No voy a proceder de ese modo, porque eso sería aceptar esta premisa: que el espíritu y el cuerpo (o, si quieres, el alma y el cuerpo) son cosas distintas. Y es esa premisa la que pongo en duda.

La pongo en duda porque el espíritu, más que un elemento adicional al cuerpo, es, en cambio, su principio organizativo último. Según esta visión de las cosas que te estoy proponiendo, no estamos formados por “dos cosas” (el alma y el cuerpo) sino que somos una sola cosa: Juan, Pedro, etc.; un solo ser humano, concreto y singular, que tiene no dos “cosas” sino dos “coprincipios” que confluyen en la constitución de una sola persona: el coprincipio organizante (espíritu) y el coprincipio organizado (cuerpo).

¿Cómo llegamos a esta conclusión? Analizando filosóficamente algunos datos elementales. Cada célula tiene millones y millones de elementos materiales que cambian constantemente; empero, esos elementos integran una única estructura celular que los organiza en funciones metabólicas. Hay allí elementos organizados y un elemento organizante. Ese elemento organizante es el principio organizativo de lo material.

Esas células se integran a su vez en tejidos; éstos, en aparatos y sistemas, y éstos, en un cuerpo, autónomo de otros, regido por un principio organizativo principal. Cada elemento material es ordenado en estructuras y éstas, a su vez, son subsumidas y organizadas por principios organizativos de mayor nivel, hasta que todos se integran en un cuerpo, ordenado a su vez por un principio organizativo principal. Muchos biólogos actuales colocarían ese elemento organizante -según conjeturas hasta ahora corroboradas- en la estructura del código genético. Pero esta conjetura biológica no es esencial para que, filosóficamente, distingamos en todo cuerpo a un elemento organizante y elementos organizados.

Este principio organizativo último y principal es el origen de todas las funciones específicas de un determinado cuerpo. En nuestro caso, tal vez te imagines mi conclusión: nuestro principio organizativo último es nuestro espíritu.

Me dirás que qué estoy diciendo. Pues nada del otro mundo. Todas nuestras capacidades estarán organizadas y regidas por nuestro principio organizativo último. Ahora bien, si una de esas capacidades, la inteligencia, específicamente nuestra, tiene una operación, que es entender, que no puede reducirse a lo material, y que no depende de lo material para existir, entonces ella misma, y el principio de donde deriva, serán no materiales también. Luego, nuestro principio organizativo último es no material, no sólo en cuanto a su función organizante, sino en cuanto que no depende de lo material para su existir. Y nada tiene de extraño que algo inmaterial sea el principio organizante de un cuerpo; al contrario, lo material es propiamente lo organizado; no lo organizante. La diferencia es que hay algunos principios organizantes cuya existencia está ligada a la existencia de los elementos organizados (como el orden que une las piezas de un televisor: sin las piezas no hay orden real entre las mismas) y, en cambio, en nuestro caso, dado que nuestra capacidad intelectual no depende de la materia para existir (tesis probada en el comentario anterior), tampoco el principio organizativo último que es causa de esa capacidad, pues sería contradictorio que una capacidad se asentara sobre un principio inferior a ella misma. Salvando las distancias, sería lo mismo que un elefante parado sobre un mosquito, o como sacar un millón de dólares de una cuenta que llegaba sólo a 100.

Esto explica varias cosas. En primer lugar, que nuestro espíritu es un espíritu esencialmente encarnado: es un espíritu que organiza y estructura a nuestro cuerpo. El espíritu humano no está pues en algún lugar del cuerpo: está en todo él, como el orden en lo ordenado. Y, en segundo lugar, puede subsistir a la desaparición del co-principio organizado (el cuerpo).

Por supuesto, esto no es esencial a la dimensión espiritual como tal. Quiero decir: no corresponde a aquella dimensión del ser transparente a sí misma, que hemos llamado espíritu, estar organizando, necesariamente, un cuerpo. Puede haber espíritus creados por Dios que sean personas sólo espirituales; es posible su existencia, aunque si realmente existen no lo puede saber la filosofía como tal. Eso queda reservado a una dimensión religiosa del conocimiento. No contradictoria con la filosofía, desde luego.

Dios, obviamente, es espíritu. Y es espíritu absoluto e infinito. Nosotros, en cambio, somos finitos, limitados, porque somos creados. Y, además, somos encarnados. O sea, somos personas a las que nos corresponde una dimensión corporal, por esencia. Esa dimensión corporal no anula nuestra esperanza de gozo eterno junto a Dios. (¿Recuperaremos alguna vez nuestro cuerpo, que es tan nuestro? ¿Nos daría Dios ese regalo? La filosofía no puede saberlo).

Ahora tratemos de ver las implicaciones de todo esto para la “fiesta de Babette”. En mi opinión, esa fiesta es un reencuentro de los personajes con su unidad psicofísica. En efecto, habiéndose educado en un ambiente cultural donde las manifestaciones de lo corpóreo son, en principio, sospechosas, debía haber un acontecimiento muy singular para someter esa sospecha a revisión. Y ese acontecimiento fue la fiesta que Babette preparó.

Lo interesante de esa cena es de qué modo los integrantes de esa comunidad vuelven a un delicado equilibrio, humanamente muy difícil de lograr. Si somos espíritus encarnados, esencialmente corpóreos, todas las manifestaciones propias de nuestra dimensión animal se dan en nosotros esencialmente espiritualizadas. Es por eso que funciones tales como la comida, la reproducción y el descanso se encuentran rodeadas, en lo humano, por manifestaciones culturales que las elevan a una dimensión distinta a la solamente instintiva.

De ese modo, un imperativo ético de nuestra dimensión como personas es relacionar nuestras dimensiones corporales con nuestra vida moral básica: nuestra relación de amistad con Dios y con el prójimo. Así, si estamos solos, al comer y al beber no nos olvidaremos de Dios, y la moderación y sobriedad al hacerlo será un obvio resultado del cuidado para con esa dimensión corporal por El otorgada. La sobriedad bien entendida, en todas nuestras funciones corporales, no es desprecio por el cuerpo, sino exactamente al contrario.

Pero, sobre todo, hagamos de nuestro cuerpo una ocasión para el encuentro con el otro. De ese modo, una comida será ocasión para el encuentro amistoso con nuestros semejantes. Allí espíritu y cuerpo muestran su íntima unidad. Y eso es exactamente lo que les pasó a nuestros amigos durante la cena que Babette les organizó.

Al principio, cuando se sentaron, la comida era su enemigo. Como aquel que por temor a que el avión se caiga nunca se sube, ellos nunca se habían permitido un plato sabroso, por temor a excederse y arruinar así toda su persona. Pero, lentamente, van degustando esa comida que Babette con tanto afecto les había preparado. La rigidez anterior obró como secreto equilibrante para que lo hicieran en su justa medida. En esa medida, la comida ejerció un efecto sedante sobre su espíritu. Nada raro, ahora que hemos visto que cuerpo y alma no son dos cosas distintas.

Así distendidos, se dieron cuenta de que estaban juntos. Se miraron, tal vez con esa comprensión que surge secretamente a medida que uno toma conciencia de lo que es verdaderamente humano. O tal vez se sintieron divertidamente cómplices en esa cena que para ellos era algo fuera de lo común. El asunto es que se re-encontraron. Abandonaron la rigidez permanente que ocasiona el temor, y accedieron a la naturalidad del amor. Ese amor será la fuente de la virtud, no el temor. Porque si se hubieran excedido, si todo hubiera terminado en una horrible comilona, tampoco hubieran podido amarse. Para amarse hay que tener la mirada puesta en el otro. Si estás muerto de miedo por no excederte, te reconcentras en ti mismo y no puedes amar al otro. Si te excedes, también te reconcentras en ti mismo y el efecto es el mismo.

No sé si coincidirás conmigo, pero creo que este es el profundo significado existencial de esta “fiesta”. Se reencontraron  en una cena. Una perfecta mostración existencial de la unidad alma-cuerpo. Por supuesto que es difícil. Las derivaciones morales de las exigencias de nuestra naturaleza nunca son fáciles. Mejor dicho: a veces pueden ser claras para nuestra inteligencia, pero no para nuestra voluntad.

Pero la película nos sigue ofreciendo datos para seguir reflexionando. Recordemos que Martina y Filipa no se habían casado.

El amor humano entre hombre y mujer es algo sublime. Cuando no hay amor, sino mutuo usufructo, es algo espantoso. Como bien dijo un colega, la degeneración de lo mejor es lo peor.

Ese amor humano es una de las vivencias más profundas de nuestra unidad corpóreo-espiritual. Todo amor genera vida, en el sentido que genera el mutuo crecimiento como personas, y, en ese sentido, toda amistad implica esa mirada comunicante que impide el nosotros alienante. Ya en nuestro comentario sobre Zelig habíamos hablado al respecto, pero también allí habíamos resaltado el amor entre Eudora y Leonard. Ese amor humano sincero, entre hombre y mujer, es espiritual porque surge de la dimensión más profunda y fundante de la persona, pero se expresa necesaria y esencialmente a través de sus cuerpos. Y por eso, el amor entre hombre y mujer genera vida, en el sentido más total del término. No sólo hay mutuo crecimiento, sino que también se genera una nueva vida. Por eso el nacimiento de un hijo es una de las experiencias vitales más profundas, porque allí, la persona siente en lo más profundo de sí misma la dimensión espiritual y corpórea -inseparablemente unidas- del amor que ha entregado a la otra persona. Y porque siente, de algún modo, la continuidad de una existencia corpórea que algún día llegará a su fin.

No creas que ahora voy a criticar a quienes no se casan por motivos religiosos. No, eso sería muy barato de mi parte. Al contrario, una renuncia por el estilo, hecha con madurez y libertad, como medio para servir a Dios de un cierto modo, no implica un desprecio por el matrimonio. Al contrario, implica ofrecer a Dios algo muy valioso. Renunciar a un tacho de basura es fácil. Claro, fácil cuando es verdaderamente basura; pero enfermante cuando alguien confunde el amor humano, querido por Dios, con la basura.

Y este fue el problema. La elección de Filipa y Martina no fue realizada con plena madurez. Influidas por ciertas circunstancias culturales y familiares, que les hacían ver al amor humano como algo no muy digno, se quedaron viendo con nostalgia a los varones que con sinceridad les ofrecían amarlas. Esa nostalgia abarcaba también, tal vez, a la maternidad y a las nuevas vidas que hubieran surgido.

Una de ellas, Martina, se reencuentra, en la famosa cena, con Lorenz. No habían podido casarse, pero el amor entre ellos seguía intacto. Curiosamente, el desafío es mayor para Lorenz. Este había tratado de sustituir la desdicha del amor no encontrado con el regodeo de sí mismo. Cuidado. El éxito en tu trabajo puede ser muy importante, pero no lo uses para tapar un agujero. Más adelante volveremos a esto. Es importante, además, que tu trabajo se convierta en servicio a los demás y en ofrecimiento a Dios. No para mirarte y decir, como el viejo cuento, “espejito, espejito, ¿quién es el más…?”. Justamente, Lorenz advierte lo vano de sus vanidades frente a su espejo, cuando, poniéndose sus “galas”, dialoga consigo mismo.

Pero esa noche, al reencontrarse con la mirada de Martina, siente la felicidad que esos ojos le regalan. No puede evitar reflexionar sobre las opciones que él y Martina han hecho a lo largo de su vida. Y entonces, más que sumergirse en la ausencia de esperanza, hace una buena elección: recurre a Dios, cuya mirada comprensiva todo lo perdona. Hacia el final de nuestras vidas, esa mirada comprensiva de Dios, mediando nuestra aceptación, dará luz incluso a nuestras elecciones más oscuras. Ese reencuentro con Martina, y su esperanza en Dios, le hacen reelaborar sus convicciones. Ahora ha descubierto esa fuerza que le abre las puertas a un mundo distinto, hermoso, en el cual todo es posible.

Me dirás que el discurso de Lorenz tiende a disminuir la importancia de nuestras propias elecciones. No creo. Simplemente, las coloca bajo el manto del perdón de Dios. Y hacer eso es una elección, tal vez la más importante que puedas hacer. Un sincero pedir perdón a quien te dio la existencia. Incluso, se puede decir que sólo Dios puede impulsarte a hacer eso, pero en ese caso, tu elección está -como ya te había comentado- en no decirle “no”.

¿Y Babette? Babette no regresa, como vimos, a París. ¿Lo ha hecho por Martina y Filipa, o por ella misma? Parece que no se sabe. Ella dice que lo ha hecho por su vocación artística. Un artista siente que siempre debe dar lo mejor de sí mismo, y ella encontró en esa cena la ocasión para entregarse.

Pero esa entrega se relaciona necesariamente con el bien del otro, y por eso hay amor. Cuando hay amor, desaparece la dualidad yo-tu, en cierta medida, porque las personas que se quieren con sinceridad están comunicadas por  un bien común, mutuo, donde el bien de uno es el del otro y viceversa. ¿Lo haces por el otro, lo haces por ti? Casi no tiene sentido el preguntárselo. Cuando hay amor, todo lo que haces por el otro, lo haces por ti.

Por supuesto, el desinterés absoluto es imposible para nuestra humanidad, porque siempre lo que haces por los demás te hace crecer como persona; luego es imposible que hagas el bien sin beneficiarte a ti mismo. Sólo Dios puede dar sin recibir. Nosotros, en cambio, recibimos nuestro dar.

Pero volvamos a Jutlandia. O, mejor dicho, no volvamos. Pero recordemos a sus personajes. Seamos sobrios con nuestro cuerpo, pero justamente porque es un don de Dios y parte esencial de nosotros mismos. Y juntémonos con nuestros amigos a comer, más seguido.

 

Y sepamos encontrar, todos, una voz que tenga la ternura de Filipa; unos ojos que tengan la mirada de Martina.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Whittaker Chambers y sus derivados

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Según Sidney Hook el libro de Chambers titulado Witness es el que mejor explica los graves problemas inherentes a los sistemas totalitarios (en la edición que tengo en mis manos son poco más de 800 páginas con una tipografía bastante reducida).

El autor (1901-1961) relata como en su país, Estados Unidos, donde había llegado su abuelo de Europa, en la Universidad de Columbia donde cursaba historia, algunos de sus amigos lo invitaron a incorporarse al Partido Comunista en vista de los hechos que acosaban al mundo y como, según ellos, lo estaban encarando y resolviendo en la Unión Soviética. Chambers relata que esas versiones provenían principal aunque no exclusivamente de la influencia del matrimonio Webb (los fundadores del Partido Laborista en Inglaterra y también de la London School of Economics, tan abiertos a otras ideas que esa casa de estudios con el tiempo básicamente sustentó el espíritu liberal durante un tiempo prolongado).

Relata también que tres obras influyeron principalmente en él: Un soviético trabajando Estado y revolución de Lenin y El manifiesto comunista de Marx y Engels. Participó en numerosas reuniones con activistas del partido, en huelgas especialmente textiles en New Jersey y finalmente se afilió al PC. Al tiempo de la mencionada afiliación comenzó a recibir llamadas y contactos al efecto de mantener reuniones donde los invitantes verificaron su compromiso con los ideales comunistas y, sobre todo, su carácter respecto a su capacidad para mantenerse leal y su espíritu de subordinación a los jefes, en dirección a los programas del partido.

Cuando los agentes soviéticos se persuadieron de las potencialidades del candidato lo reclutaron para muy diversas tareas y finalmente para las faenas de espionaje en su propio país. Chambers describe de manera muy ilustrativa y vivencial las peripecias, los procedimientos de control permanentes del sistema, la carga de maldad con los desertores cuyo destino era siempre la muerte, los horrores de la vida en Rusia soviética y los desmanes de los líderes, las purgas entre ellos y, sobre todo, la timidez en las respuestas de Occidente frente a la infiltración en sus propias filas.

Describe también sus primeras dudas respecto a la naturaleza del sistema, su desengaño total primero al ver que lo que creía un fin noble era manchado brutalmente por medios de una inmoralidad patética y luego comprender que el problema estaba en el fin perseguido y no en una mala administración merced no solo a lo que constataba con sus propios ojos sino a lecturas en la clandestinidad sobre la sociedad abierta y temas filosóficos como los referidos al materialismo  (del mismo modo que le ocurrió a Eudocio Ravines). Influyó también en su decisión la orden de sus superiores (que incumplió) de que su mujer abortara su hija. A continuación alude a sus idas y venidas con planes minuciosos y por cierto muy peligrosos para escapar de las garras de los comisarios del aparato y su posibilidad de libertad aunque al principio tuvo que mantenerse escondido hasta que saltó a la fama al denunciar públicamente nada menos que a quien fuera Procurador General del gobierno de Frankin D. Roosvelt y Asistente al Secretario de Estado, Alger Hiss, quien fue condenado (también  Chambers lo denunció en el Departamento del Tesoro del mismo presidente a Harry Dexter White -cofundador con Keynes del FMI- quien murió durante el proceso, antes del veredicto). Este proceso tuvo repercusiones mundiales y muchos autores de prestigio escribieron sobre el caso tan sonado, como por ejemplo, John T. Flynn en El mito de Roosevelt en el que queda claro que, igual que los compromisos que se adquieren en una empresa respecto de inside information confidencial, del mismo modo es que al jurar por la Constitución determinados compromisos, estos deben cumplirse a riesgo de incurrir en un delito. El cargo no es por las ideas sustentadas sino por la referida acción delictual. Luego aparecieron los Venona Papers que confirmaron todas las denuncias de Chambers. 

Poco después Whittaker Chambers se desempeñó en la revista Times Magazine durante nueve años donde fue el más conocido editorialista y fue más tarde miembro del Consejo Editorial de National Review.

Es de interés considerar las reflexiones de este personaje en su libro donde consigna que al decidir la deserción del partido coincidieron con su mujer que con esto “pasarían del lado ganador al lado perdedor” en vista de la fuerza que mostraba el comunismo y el espíritu totalitario y estatista en general debido al trabajo diario que en muy diversos frentes realizaban sus adeptos, en abierto contraste con la debilidad y la desidia manifiesta de Occidente para defender sus valores y principios. Y en los tiempos que corren podemos decir que no se trata de la etiqueta del comunismo como tal sino su filosofía y las inclinaciones hacia esa tradición de pensamiento ya sea en forma directa o con el método gramsciano de “tomar la cultura puesto que el resto se da por añadidura”.

Como bien ha escrito Vladimir Bukouvsky “miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de doctrinas se ha creado por prominentes políticos para encontrar compromisos con este tipo de regímenes [los totalitarios]. Están evadiendo la única solución correcta- la oposición moral. Las consentidas democracias de Occidente se han olvidado de su pasado y de su esencia, es decir, que las democracias no consisten en una casa confortable, un lindo automóvil o un beneficio de desempleo, sino antes que nada la habilidad y el deseo de defender nuestros derechos”. Y también Anna Politkovskaya denunció con todas sus fuerzas el sistema totalitario del actual momento en Rusia hasta que, luego de reiteradas amenazas para que se abstuviera de continuar con sus reclamos, la asesinaron.

Sin llegar a las matanzas, en cualquier lugar donde prime el espíritu totalitario bajo las más diversas fachadas, se comprueba la persecución a periodistas independientes (un pleonasmo, pero hoy vale aclarar con el adjetivo), se machaca con presiones, aprietes y demás maniobras para lograr una mordaza generalizada al efecto  de que  solo se visualice la opinión de los megalómanos y comisarios de facto que tienen la escabrosa manía de manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

Es de desear qua haya una decidida reacción a favor de los valores de la sociedad libre merced a los formidables trabajos realizados por tantos intelectuales de gran calado y pueda contrarrestarse el creciente estatismo que hoy tiene lugar en países que han tenido una tradición muy distinta y contraria a la que favorece un Leviatán desbocado. 

Después de toda la tragedia que se ha visto en cuanto a lo que significa el comunismo, hay quienes persisten en ese camino aunque muchas veces por vergonzantes no lo declaran abiertamente o porque piensan que resulta posible persistir en las metas sin recurrir a los medios atroces a que a recurrido aquella postura. Recordemos que Marx y Engels definieron el eje central del programa comunista como “la abolición de la propiedad” pero muchos de los seguidores conciente o inconcientemente estiman que sin llegar a la abolición de la propiedad se la puede dañar “un poco”.

Es que dañar un poco significa que se distorcionarán un poco los precios que precisamente surgen de intercambios libres y voluntarios entre derechos de propiedad, lo cual se traduce a su vez en que se malguía un poco a los operadores económicos que actúan en base a esos indicadores y, por ende, se consume un poco de capital y consecuentemente se contraen un poco los salarios e ingresos en términos reales. Pero henos aquí que estos pocos al producir efectos negativos hacen que los aparatos estatales se vean obligados a intervenir otro poco para “corregir” los desajustes producidos por los otros pocos y así sucesivamente. En el extremo, cuando se ha abolido la propiedad ya no hay precio alguno, por lo que tampoco hay posibilidad de evaluación de proyectos ni de tal cosa como contabilidad.

Esta secuencia es favorecida por desvalores trasmitidos en las aulas y también, en muchos casos, por predicadores y sacerdotes en el contexto de faenas misioneras y similares. Esto último no se diferencia en su contenido de otras manifestaciones de des-educación pero con la enorme diferencia que se llevan a cabo en nombre de Dios. El primer paso consiste en trasmitirles a los jóvenes que deben demostrar bondad y para ello consideran que es indispensable que renuncien a si mismos y se entreguen a los demás, lo cual revela una contradicción manifiesta ya que si proceden de ese modo es inexorablemente porque prefieren actuar de ese modo, que les interesa moverse en esa dirección, que les hace bien y, en consecuencia, les gusta. Por eso el altruismo es una contradicción en términos, no es posible hacer el bien a costa del propio bien, como queda dicho, el que hace el bien es porque le satisface hacerlo, está en su interés personal.

Ahora bien, esta enseñanza de renunciar a uno mismo ¿no es una traición a Dios que nos dio la bendición de haber nacido para, en cambio, renunciar a uno mismo en lugar de prestarnos atención y ensanchar y cuidar nuestra alma y actualizar nuestras potencialidades y mejorar nuestra condición en todos los aspectos posibles? Como se ha dicho una y otra vez, la renuncia evangélica se refiere a la renuncia al mal. Sin embargo, aquellas prédicas en general van por otros andariveles: una vez comprendida y remachada la antedicha lección, se lleva a los jóvenes a barrios de emergencia para “concientizarlos” y mostrarles que esa es la consecuencia de la codicia y el deseo de lucro del capitalismo y que “el dinero es el estiércol del diablo”. Están también los que se quedan a medio camino tan confundidos que prefieren hablar de música y temas similares que no los comprometan, pero en casi todos los casos miran a sus padres con desconfianza porque estiman que tienen demasiados bienes y no los reparten.

La última etapa -cuando ya se ha producido una llamarada de indignación entre las audiencias fruto de semejante adoctrinamiento- suelen volcarse a la toma de las armas al efecto de destruir el sistema opresivo del capitalismo (que en verdad, agregamos nosotros, es inexistente ya que lo que tiene lugar es consecuencia del estatismo resultado de las recetas, entre muchos otros, de los misioneros de marras: aumentos siderales en el gasto público, impuestos insoportables, deuda estatal astronómica, regulaciones asfixiantes por doquier y, naturalmente, degradación del derecho y los marcos institucionales). Las enseñanzas de Chambers deben alertar a los espíritus inquietos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Instituciones y moral

Por Gabriel Boragina Publicado  el 23/7/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/07/instituciones-y-moral.html

 

Hace poco participé de un debate que se generó en torno al estreno de una película que auspicia la imagen del dictador militar izquierdista venezolano Hugo Chávez Frías. Todos los participantes en el debate criticaban que un ente estatal -como el instituto del cine argentino (más conocido por sus siglas INCAA)- fuera el autor de la iniciativa y de su financiación, ya que esta -al tratarse de un instituto oficial- se sufragaba a través de los impuestos que constantemente abonamos los “contribuyentes” al gobierno.

La opinión mayoritaria se orientaba a mantener el ente estatal (INCAA) ya que ella decía que el problema constituía en que existía uno o más funcionarios que portaban ideas de izquierda y que la solución pasaba por eliminar a esos elementos, y volver a repoblar la repartición estatal con otro tipo de funcionarios con ideas menos izquierdistas o mas de derecha.

Mi punto -el que fue rechazado por todos, incluyendo aquellos que no compartían la promoción de ideas de izquierda como formando parte de la cultura- era diferente, y transitaba por el hecho de que no importaba tanto cuáles ideas poseían los funcionarios y empleados del ente estatal, sino que -en mi opinión- no constituía objeto de las funciones del estado-nación el patrocinio de eventos culturales, siendo como lo considero, algo propio y exclusivo del sector privado.

En segundo lugar, señalé que hay instituciones que -mas allá de las ideas políticas de quienes las dirigen o la componen- su mismo diseño como tal las hace obligar a esas mismas personas a llevar a cabo actos que se dirigen a determinados resultados -incluso posiblemente no queridos por quienes integran el organismo- y que esas consecuencias podrían ser ideológicas, injustas y hasta deshonestas.

Se me replicó que las instituciones en sí mismas eran neutrales, y por ese mismo motivo no podían ser deshonestas, sino que solamente las personas pueden serlo o no. Por lo tanto, lo que estos debatientes proponían como toda “solución” era despedir a los deshonestos y contratar a personal honorable.
A lo que no estuve de acuerdo.

Si buscamos la definición de institución encontramos la siguiente:

Institución. Establecimiento o fundación de una cosa. | Cosa establecida o fundada. | Cada una de las organizaciones fundamentales de un Estado, como república, monarquía, feudalismo, democracia. | Órganos constitucionales del poder soberano de la nación. | Cada una de las materias de las diversas ramas del Derecho: institución de la familia, del matrimonio, de la patria potestad, de las sucesiones, de la propiedad.1

Para el tema del debate, lo que nos interesa son las dos primeras acepciones.
Una piedra es una cosa y -como tal, por su propia naturaleza- carece de finalidad alguna. Por lo tanto, se puede decir que -desde el punto de vista humano- una piedra es una cosa neutral. Pero una institución no es simplemente una cosa, sino el Establecimiento o fundación de una cosa, o bien, una Cosa establecida o fundada.
Es decir, que lo relevante para definir una institución es la finalidad humana observada al establecerla o fundarla. Y esa finalidad humana nunca es neutral, sino que siempre se halla condicionada por todos los factores que intervienen e influyen en el ser humano. Desde este punto de vista, ninguna institución es neutral, moral ni jurídicamente hablando.

Ya antes me he expresado en cuanto a este punto 2 y di varios ejemplos de instituciones inmorales o deshonestas. Hubiera sido inútil dotar al Ministerio de la Raza de Hitler de personal con altos valores morales u honestos. La finalidad de dicha institución no tenía por mira otra cosa que discriminar racialmente a la gente, y la única alternativa que quedaba a alguien quien fuera llamado a participar de aquella institución -por muy alta que fuera su moral u honestidad- no era más que una sola opción: o declinar el ofrecimiento al cargo o aceptarlo renunciando a su moral y honestidad. Pero, independientemente de lo que los llamados a integrar tal departamento estatal nazi asumieran como actitud final ante la oferta a componer la oficina estatal, tanto si aceptaban como si objetaban la propuesta, ello no priva a quienes repudiamos el racismo de tildar como inmoral o deshonesta la condición de un ministerio o secretaría de esa naturaleza. Esta institución, y muchas otras que, sin llegar a este extremo, conforman el sector público de numerosísimos países declarados no nazis, ni fascistas, ni comunistas, son -en mi opinión- manifiestamente inmorales y deshonestas, porque de este calibre es la mentalidad de las personas que diseñaron, establecieron o fundaron organismos estatales cuya mira es la violación de los derechos (no utilizaré el pleonasmo derechos “humanos”, ya que los derechos no pueden ser sino solamente humanos).

Sin llegar a esos límites, quienes pensamos y estamos convencidos que dirigir la economía de las personas es un acto inmoral y deshonesto porque viola el derecho de propiedad de esos mismos individuos, no podemos sino concluir que el establecimiento de cualquier institución –como, por ejemplo, los ministerios de economía tan populares de todos los tiempos- que tenga por finalidad u objetivo intervenir en la economía de los seres humanos, será indefectiblemente una institución inmoral y deshonesta.

Como ha señalado el genial economista austriaco Ludwig von Mises, la corrupción es corolario exclusivo del intervencionismo estatal. Y en esta línea, cualquier grado de intervencionismo del gobierno en los actos humanos conllevará el consiguiente grado de corrupción. Si este intervencionismo es excesivo la corrupción será creciente, y viceversa. De tal suerte que, todas las instituciones estatales que fomenten el intervencionismo gubernamental y las dependencias administrativas que se originen en su secuela serán, asimismo, por lógico efecto, inmorales y deshonestas. Y esto no cambia por el hecho de que quienes las compongan -o sus artífices e inspiradores- en sus conductas particulares no tengan antecedentes penales.

Pasa que nuestra sociedad estatista ha elevado a un grado sacrosanto conceptos tales como el de las instituciones. Pero ha olvidado por completo que las instituciones no nacen de la nada, ni se crean por generación espontánea. Toda institución es siempre fruto y derivación de una mente humana, o de muchas de ellas en conjunto. Y si esas mentes son inmorales y deshonestas sus construcciones serán del mismo signo sin remedio alguno.
———————
1 Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Juridicas Politices y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 504.
2 *Ver aquí mi artículo ¿Qué es la seguridad jurídica?

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

 

Vouchers para frenar la extorsión de Baradel

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/6/17 en: http://economiaparatodos.net/vouchers-para-frenar-la-extorsion-de-baradel/

 

Quiero ver cuántos docentes van a seguir haciendo huelgas respondiendo a Baradel si a fin de mes no cobran porque falta de alumnos

Es un clásico que los docentes de la provincia de Buenos Aires que son liderados por el sindicalista Baradel hagan paros exigiendo mejoras salariales. Es más, ver a “docentes” manifestarse groseramente denigra la profesión. El famoso maestro de escuela que todos respetaban hasta que se autodenominaron trabajadores de la educación.

Volviendo a los reclamos salariales, obviamente que esta demanda la esconden detrás de otras exigencias menores para beneficio de los alumnos, pero la realidad es que eso les importa poco. Lo que les importa es generarle un problema político al gobierno de la provincia para que tenga que ceder ante sus demandas salariales.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires acaba de dar datos sobre la pérdida de matrículas en las escuelas públicas. Es decir, los padres de los chicos se cansan de la cantidad de días sin clases que tienen sus hijos y los mandan a colegios privados.

¿Qué hacer frente a ésta extorsión sistemática? Aplicar el voucher educativo. Es decir, en vez de subsidiar la oferta, empezar a subsidiar la demanda. La idea es que el estado les entrega un voucher a los padres por cada hijo que manda al colegio. El padre elige el colegio que desea, que puede ser estatal, parroquial o privado no confesional. Si el padre manda a su hijo a un colegio parroquial, a fin de mes entrega el voucher que le da el estado y el colegio recibe el pago del estado provincial contra el voucher que recibe del padre.

El monto que recibe el padre por cada hijo es el costo que actualmente tiene el estado por cada alumno que asiste a un colegio estatal de la provincia. El padre elige si sigue mandando a su hijo a un colegio estatal o a uno parroquial. Supongamos que el parroquial sale un poco más caro que el estatal, entonces, el padre entrega el voucher al colegio parroquial y paga la diferencia entre el valor del voucher y la matricula que cobra el colegio parroquial versus el estatal que empieza a recaudar fondos vía los vouchers que recibe. En este esquema los colegios estatales tienen que ganarse el respeto de los padres para captar alumnos. Tiene que demostrar calidad educativa e instalaciones en condiciones. Lo mismo puede ocurrir si quiere ir a un colegio privado. El padre paga la diferencia entre el valor del voucher y la matrícula del colegio privado.

Si encima a este cambio en el sistema de financiamiento de la educación se le otorga libertad a las escuelas para establecer los contenidos (cantidad de horas de matemáticas, historia, etc.) y los contenidos de cada materia, las escuelas irían a una fuerte competencia por captar más matricula. Mejoraría la oferta de calidad educativa. Puesto de otra manera, en vez que un burócrata diga qué tienen que estudiar nuestros hijos, los padres elegirían los contenidos que prefieren para sus hijos de acuerdo a la oferta educativa que haya en el mercado de la educación.

Por otro lado, también habría competencia por tener en condiciones las instalaciones de cada escuela. Incluso entre las escuelas estatales.

Ahora bien, volviendo a las escuelas públicas y las extorsiones de Baradel, los “docentes” que hoy lo siguen se verían en un problema si sus escuelas pierden matrículas. Colegio que se queda sin alumnos, colegio que no puede pagar los costos fijos y tiene que cerrar por ineficiente o por sindicalizado en perjuicio de los chicos.

Imaginemos un colegio cuyos docentes responden a Baradel y paran todo el tiempo. Los padres usan el voucher para mandar a sus hijos a otro colegio. La escuela de los docentes seguidores de Baradel se queda sin matrícula y no cobran su sueldo, porque de ahora en más no cobrarían sus sueldos de la provincia sino de los recursos que recaude la escuela pública. Quiero ver cuántos docentes van a seguir haciendo huelgas respondiendo a Baradel si a fin de mes no cobran porque falta de alumnos.

Aclaro, no hay riesgo que el padre se gaste el voucher en vino, como algún despistado puede afirmar alegremente, porque el voucher es solo un papel que se puede usar para entregarle al colegio. No serviría para comprar vino, cerveza o celulares porque el que tiene que cobrarlo es una institución educativa. No lo cobra el padre. El padre recibe el voucher del estado y solo puede entregárselo a una escuela que es la única que puede cobrar ese tipo de vouchers. Un supermercado que recibiera vouchers por cerveza, si lo presentara al gobierno de la provincia no podría cobrarlo al no ser una institución educativa.

Lo que hay que tener en cuenta acá es cuál es el objetivo de la educación. ¿Queremos chicos bien formados académicamente o escuelas públicas? Salvo los intereses de los burócratas y de los dirigentes sindicales, el objetivo debería ser que los chicos tengan una buena instrucción que en el futuro les permita ganarse la vida con el fruto de su trabajo. Si uno introduce competencia vía los vouchers y vía los contenidos de las materias, la educación puede alcanzar niveles de excelencia.

¿Por qué se compara tanto la universidad a la que van a ir los hijos y no tanto las escuelas? Porque se busca la mejor combinación de precio y calidad educativa al momento de elegir una universidad. Esto no ocurre tanto con las escuelas primarias y secundarias y sin embargo lo que se aprende de chico es fundamental para el desarrollo educativo futuro. Tanto o más importante que la universidad.

En síntesis, si bien la idea del voucher serviría para anular la extorsión anual de Baradel, en rigor generaría una revolución educativa con mejoras tanto en los contenidos como en la calidad edilicia y de los docentes.

Es curioso que quienes se oponen a estas condiciones de competencia estén dispuestos a asignar horas de su vida para ver qué celular se compra y no asignar horas de su vida para analizar cuál es el mejor colegio para instruir a sus hijos.

¿Los beneficios para los docentes? Cuánto más se esmeren por dar buenas clases, recordemos que el activo principal de toda institución educativa son sus docentes, más prestigio va a tener la escuela donde trabaja, mayor demanda tendrá y mejores salarios recibirán.

La educación argentina necesita desesperadamente una revolución. Hace falta una revolución educativa. En las evaluaciones pisa, Argentina fue descalificada, quitada del ranking por hacer trampas durante la era k. Tan bajo ha caído nuestra educación con el kirchnerismo y tan indigno para el país.

En síntesis, la propuesta es: a) introducir competencia en la calidad educativa, b) quitarle a los burócratas el control de la educación y c) devolverle a los padres el derecho a elegir a qué escuela mandar a sus hijos con los impuestos que paga.

Hay países como Suecia y Chile que ya lo están aplicando. No veo razón para que nosotros no los apliquemos.

Sabemos que este modelo educación estatal, con burócratas estableciendo los contenidos y con sindicatos extorsionando al poder político está agotado. Aquí no hay gradualismo que valga. O se cambia por completo el sistema educativo o seguiremos siendo un país de ignorantes. Y recordemos que los países con ciudadanos ignorantes terminan eligiendo a sus propios déspotas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Para algunos países, el dinero que ingresa por remesas es el principal ingreso de divisas y alto % del PIB (IX)

Por Martín Krause. Publicada el 19/6/17 en: http://bazar.ufm.edu/paises-dinero-ingresa-remesas-principal-ingreso-divisas-alto-del-pib-ix/

 

Paper sobre la cuestión migratoria:

  1. Los emigrantes ayudan al resto de la población pobre

Esta no es, en realidad, un tema de debate, simplemente la consideración de un hecho que debe ser tenido en cuenta. La llegada de los emigrantes, tanto refugiados como laborales, acerca a quienes provienen de sociedades con baja productividad debido a la escasez de capital invertido a otras donde su productividad es mucho mayor. Esto les genera ingresos muy superiores a los de los lugares de donde han partido, siendo éste uno de los principales incentivos para emigrar. Y esos mayores ingresos se han convertido en el programa de ayuda más importante y con mayor sustento moral que pueda imaginarse: las remesas.

El Banco Mundial estima que las remesas en 2015 alcanzaron la suma de 588.199 millones de dólares , unas cuatro veces más que toda la ayuda internacional. Para algunos países se ha convertido en su principal ingreso. Por ejemplo, las remesas son un 41,7% del PIB de Tayikistán, un 30,3% del de Kirguistán o un 29,9% del de Nepal. En cuanto a América Latina se refiere, significan el 22,4% del PIB de Haití, el 17,8% del de Honduras, 16,8% en el caso de El Salvador, 15,7% para Jamaica, 10,2% para Guyana, 9,9% en Guatemala o 9,7% para Nicaragua.

Estos fondos que quienes han emigrado y prosperado ahora remiten al resto de la familia que quedó en el país de origen, se han convertido en un enorme programa social, de tal magnitud que en varios países de, por ejemplo, Centroamérica, el ingreso de remesas se ha convertido en el ítem más grande de su balanza de pagos. Es decir, ingresan más dólares por remesas que los que ingresan por la venta de cualquier otro producto que exporten.

Las remesas son el símbolo de las personas y las familias ayudándose a sí mismas, en base a su propio esfuerzo y a su prosperidad. Pocos resultados de la migración son tan loables y efectivos como éste.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

JAPÓN: LA RESTAURACIÓN MEIJI, EL CONSTRUCTIVISMO OCCIDENTAL, EL SHINTOÍSMO NO NACIONALISTA Y EL CRISTIANISMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/6/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/06/japon-la-restauracion-meiji-el.html

 

La historia de Japón es muy poco conocida excepto para sus estudiosos, pero el cine se ha encargado de mostrarnos un momento crucial, difícil de interpretar, a través del film El último Samurai –que repite fielmente el mismo esquema de Danza con Lobos; Avatar sigue el mismo argumento-. Todos seguramente se han conmovido cuando las ametralladoras occidentales arrasan con “los últimos samurai” que con honor y valentía atacan con su destreza, sus espadas y sus caballos a un ejército menos honorable pero, como siempre sucede en la historia humana, dotado con una capacidad técnica imposible de superar.

¿Pero qué había detrás de ello, más allá del soldado occidental que se convierte en samurai? Lo que vemos, lejanamente y entre sombras, es lo que fue la Restauración Meiji, un decidido empeño por parte de cierta aristocracia japonesa para sacar a su nación del auto-encerramiento cultural que duró de 1603 a 1868. O sea, un intento de hacer un Japón “moderno”, con instituciones occidentales, y que aparentemente tuvo éxito: Japón se convirtió en la potencia industrial, técnica y política más poderosa de Oriente desde fines del s. XIX hasta fines de la Primera Guerra, en la cual se sentó, en Versalles, como cuarta potencia después de los delegados de Francia, Inglaterra y EEUU.

Por ende los supuestos malos de la peli eran en realidad los buenos. Si, tal vez el imaginario Omura era un corrupto malo malo malo pero en realidad formaba parte de un gobierno que quería sacar a Japón de su feudalismo y llevarlo hacia una modernización occidental donde los samurai ya no tendrían cabida como servidores de los señores feudales del Japón.

¿Pero qué intenta copiar, de Occidente, la Restauración Meiji?

Aquí entra la clave de la cuestión: no el liberalismo clásico, sino el racionalismo constructivista explicado una y otra vez por F. Hayek.

Esto es, no las libertades individuales con un gobierno limitado a custodiarlas, sino la construcción de un estado centralizado e imperial, dispuesto a barrer con el Antiguo Régimen anterior. O sea, los estados napoleónicos posteriores a la Revolución Francesa.

Por lo tanto, bajo aparentes instituciones liberales tales como las cámaras de representantes, las supuestas divisiones de poderes, las vestimentas occidentales y, por supuesto, la ciencia occidental, estaba la visión constructivista, bajo la cual el imperialismo y el dominio de otras naciones era también su directiva. Pero eso, vuelvo a decir, directamente importado de esa visión occidental de planificación central que quebró la evolución del liberalismo clásico y llevó a Occidente a los nacionalismos e imperialismos europeos que terminaron en la Primera Guerra. La dinastía Meiji no hizo nada más ni nada menos que llevar eso a Japón.

El Japón feudal tenía por supuesto sus bellezas culturales. Entre ellas el Bushido, relativamente similar[1] (pero creo que superior) a la tradición caballeresca medieval occidental. Algunos de sus valores eran muy similares al Cristianismo, pero esa unión no se pudo concretar no sólo porque la Dinastía Edo vio en el cristianismo una pérdida de la identidad nacional japonesa, sino porque, si ya en el Cristianismo occidental la noción de persona y sus implicaciones morales tardaron mucho en florecer, mucho más en Japón.

La religión nacional japonesa, el Shintoísmo, es una conmovedora mitología animista-politeísta, con preciosas consecuencias artísticas y ceremoniales. Es en principio una mitología nacionalista, porque Japón como nación se origina con la pareja de dioses fundacionales, Izanami e Izanagi, cuyo amor y descendencia da origen a las islas y a los habitantes de Japón, sin distinción entre lo viviente y lo no viviente, o entre lo divino y lo no divino[2]. Una de las características más interesantes del Shinto es que lo individual no aparece, sino en red, en conjunto, casi como neuronas que individualmente no tendrían sentido sino sólo en sus millones de conexiones sinápticas. Por eso, para dar sólo un ejemplo, no hay plato principal en la comida japonesa, sino varios relativamente diminutos que en conjunto constituyen el alimento.

En esa tradición de casi 2000 años era muy difícil introducir la noción de libertades individuales, pero fue coherente que la modernización coincidiera entonces con el constructivismo occidental, esencialmente colectivista.

Por eso la dinastía Meiji es primero una restauración, porque tiene que basar la nueva nación japonesa moderna en el seguimiento del linaje de un emperador-dios, que, aunque no cumpliera funciones de gobierno, siempre había simbolizado en Japón la continuidad de su origen divino. Pero además esa restauración convierte al Shinto, más que en una religión, en un conjunto de ceremonias de estado[3]. No había libertad para no seguir ese ceremonial –análogo al culto a los símbolos nacionales que los occidentales, acríticamente, siguen practicando- pero sí había libertad para otras “religiones”. Pero no para el Shinto, que se convirtió más bien en un conjunto de ceremoniales parecidos a la pietas romana del Imperio. Esa pietas formó parte del contenido obligatoria de la educación pública japonesa hasta 1945.

Por ende, para comprender la acción internacional del Imperio Japonés después de la Primera Guerra, hay que entender que ellos no podían ver las alianzas o no alianzas con las potencias occidentales con el ojo crítico de un libertario, sino sencillamente con la mirada de una nación colectiva donde lo individual no contaba sino el éxito o no de un proyecto nacional en los cuales otros proyectos nacionales –sea Inglaterra, Alemania, o quienes fueren- no eran más que aliados o enemigos en el logro de la grandeza del Japón Divino e Imperial.

Por eso tiene razón W. G. Beasley cuando explica el triunfo de políticas nacionalistas, después de 1918, frente a partidos más de izquierda –o sea no nacionalistas- en Japón: “…el fracaso en lograr apoyo popular fue lo que condenó a ambas clases de partido a la guerra. Las razones de ésta no han de buscarse en ningún factor singular y ni siquiera enteramente en las deficiencias de los políticos. Estribaban más bien en aquellas ideas e instituciones que habían desviado al pueblo japonés de la persecución de las libertades individuales para dirigirlo hacia el alcance de metas colectivas: las presiones formativas del sistema educativo; una religión estatal centrada en el emperador; la conscripción con el adoctrinamiento que la acompañaba; y la persistencia de actitudes autoritarias y tradicionales en sectores importantes de la conducta burocrática y familiar”[4].

Desde aquí se entiende también que el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, haya tenido una concepción universalista y no-nacionalista del Shinto japonés: porque basó sus convicciones en la secta Omoto[5], que, con elementos budistas, mantenía las tradiciones shinto pero separadas del culto al Emperador, por lo cual fue severamente perseguida. Ueshiba se salvó por su prestigio personal pero todo esto explica también que se auto-exiliara en el “muy” interior de Japón durante la Segunda Guerra y que su Aikido haya surgido luego como una cuasi-religión sintoísta exo-térica, universalista, que predicaba a todas las naciones la paz y el amor universal. No de casualidad fue el primer arte marcial que los Aliados permitieron luego de la Segunda Guerra.

Dicho todo esto, la pregunta es de qué modo o cómo subsiste hoy en Japón toda esta historicidad. La historicidad no es la Historia estudiada, es más bien el horizonte cultural pasado que vive en el presente.

¿Es plausible que una bomba atómica, por técnicamente poderosa y horrorosa que fuera, y la posterior anexión de Japón, prácticamente, como un protectorado de los EEUU, logren borrar la tradición shinto nacionalista y la nostalgia de la Gran Nación Divina Imperial?

En la historia humana,1945 a 2017 es un casi nada para responder.

Por eso creo que la clave es la gran intuición que Morihei Ueshiba tuvo de un shinto universalista y pacífico. Ello tiene un potencial diálogo con el Cristianismo y su noción de persona, donde el samurai seguirá siendo servidor de su señor, pero el Señor será Cristo[6] y por ende el shinto ya no será un colectivo, “el borg”, sino un orden comunitario donde cada persona tendrá ante todo el mandato de su conciencia.

El futuro de Japón no está en una vuelta a su nacionalismo pero tampoco, desde luego, en su desaparición bajo las peores y más decadentes formas de indiferentismo religioso occidental. Está en una síntesis entre su historicidad sintoísta, el shinto universalista de Ueshiba y la noción de persona del Cristianismo.

En todo esto hay que seguir trabajando.

 

 

[1] Ver Nitobe, Inazo: Bushido: The Soul of Japan (1904); Layout and Cover Disign, 2010.

[2] No hay Sagradas Escrituras relativamente oficiales en el Shinto, pero uno de los textos fundacionales de la mitología japonesa es el Kojiki, crónica de antiguos hechos de Japón; (datada aproximadamente en el 712 D.C.); Trotta, Madrid, 2008; Introducción y traducción de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla.

[3] Ver al respecto State Shinto: A Religion Interrupted, by Eryk, 2016, enhttps://www.tofugu.com/japan/state-shinto/

[4] Beasly, W.G.: Historia moderna del Japón, Sur, Buenos Aires, 1968, p. 246.

[5] Entre los biógrafos de Morihei Ueshiba, el que más se ocupó de esta crucial cuestión fue Stevens, J.: ver sus libros Invincible Warrior, Shambala, 1999, y Paz abundante, Kayrós, Barcelona, 1998.

[6] Es muy interesante al respecto la historia de Ukon Takayama, llamado el Samurai de Cristo (ver http://www.proyectoemaus.com/takayama-ukon-el-samurai-de-cristo/ ). Fue beatificado el 7 de Febrero de este año:http://es.catholic.net/op/articulos/61280/hoy-es-beatificado-justo-takayama-ukon-el-samurai-de-dios

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JUAN MARCOS DE LA FUENTE, QEPD

Por Adrián Ravier: Publicado el 4/5/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/05/04/juan-marcos-de-la-fuente-qepd/

 

Corrían los años 1970. España llevaba casi cuatro décadas de una larga dictadura y se empezaba a ver algo de luz al final del camino. Eran tiempos de cambio, pero las ideas predominantes no eran consistentes con la libertad, al menos en el modo que nuestro hombre lo comprendía.

Juan Marcos de la Fuente, junto a los hermanos Luis y Joaquín Reig, Julio Pascual y Francisco Gómez, comprendieron que la mayor contribución que podían hacer para la España de su tiempo era trabajar en el mundo de las ideas. No se trataba de desarrollar actividades profundas de investigación –que desde luego las desarrollaron- sino que se propusieron una tarea algo más humilde. Llevar al mundo hispano los autores y la literatura que ellos conocieron a favor de la economía de mercado, la propiedad privada, la libertad individual y el gobierno limitado, textos que hasta ese momento sólo eran accesibles en idioma inglés o alemán. El vehículo para este aporte fue la fundación de Unión Editorial.

Juan Marcos de la Fuente consiguió de la pluma de Friedrich Hayek la cesión de derechos de autor que permitieron traducir su obra completa. Joaquín Reig, por su parte, tradujo por primera vez al español el Tratado de Economía de Ludwig von Mises, La Acción Humana, una tarea titánica dada su extensión. Se sumaron desde luego la publicación de otros gigantes, desde clásicos como Adam Smith hasta autores de la Escuela de la Elección Pública como James M. Buchanan y Geoffrey Brennan o de la Economía Social de Mercado como Ludwig Erhard y Wilhelm Röpke.

Casi 45 años después, Unión Editorial cuenta con más de 500 títulos que inundan las librerías de España y Latinoamérica con autores clásicos, austriacos, del Public Choice, de la Nueva Economía Institucional, de la Economía Social de Mercado, que ofrecen un contrapeso para las ideas populistas predominantes. No sólo ello. Con la labor de su acutal Director, Juan Pablo Marcos –hijo de Juan Marcos de la Fuente- la editorial consiguió expandirse hacia varios países latinoamericanos, que a su vez abrieron puertas a nuevos autores en diversas áreas como la filosofía, la antropología, la historia, el derecho, la economía o las ciencias políticas.

Hoy Juan Marcos de la Fuente nos ha dejado, pero su herencia ha sido más que un granito de arena para cambiar el mundo. Se lo recordará por haber sido parte de la fundación de esta majestuosa Editorial, pero somos muchos los que lo recordaremos por su enorme humildad, lo que me lleva a cerrar esta nota con una anécdota personal.

En el libro La Escuela Austriaca desde Adentro –publicado en tres tomos-, pude entrevistar entre 2010 y 2014 a muchos austriacos. Juan Marcos de la Fuente era desde luego uno de mis objetivos. Escuchar su relato sobre su acercamiento a estas ideas que compartimos desde su propia experiencia y desde sus propias palabras, o desde su propia pluma, pienso habría sido un aporte significativo para quienes queremos comprender el origen de estas ideas y su expansión en el mundo hispano.

Juan Marcos de la Fuente nunca aceptó esta entrevista, pero sí formó parte del proyecto, entrevistando autores italianos o traduciendo sus respuestas. Sus créditos no aparecen en el libro, porque esa fue su solicitud. Siempre quiso mantenerse al margen, y son escasas las menciones que encontraremos a su buen nombre, aunque su trabajo haya sido enorme.

¡Que en paz descanse!

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

No, no tenemos que financiar el cine nacional

Por Iván Carrino. Publicado el 21/4/17 en: http://www.ivancarrino.com/no-no-tenemos-que-financiar-el-cine-nacional/

 

La crisis en el INCAA abrió el debate sobre la necesidad de cobrar impuestos para subsidiar la producción de cine nacional. En esta nota, explico por qué dichos impuestos deberían eliminarse.

Argentina es un infierno fiscal. Pagamos 96 impuestos diferentes y la presión tributaria subió nada menos que 16 puntos del PBI en los últimos 14 años. Toda esta gigantesca y pesada maraña tributaria responde a un gasto público desmadrado que apunta no solo a pagar salud, educación y seguridad, sino todo tipo de subsidios y una administración pública ineficiente.

El infierno fiscal que es Argentina debe ser desterrado. El país necesita menos impuestos para crecer y volverse competitivo. Sin embargo, toda vez que aparece una propuesta en este sentido, los grupos de interés beneficiados por los impuestos y los subsidios hacen lobby para que no avance.

El último ejemplo es el del INCAA. A raíz de la desvinculación del ahora ex director Alejandro Cacetta, se puso en discusión la financiación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.  Según trascendidos, una propuesta elevada  por FIEL a las autoridades sugeriría eliminar el impuesto del 10% a las entradas de cine que, dado que es “de asignación específica”, se cobra con el objetivo de financiar las actividades del Instituto.

A raíz de esta situación, muchos actores y miembros de la industria del “cine nacional” se pusieron en campaña para defender la existencia del INCAA, prevenir una eventual reducción de su financiamiento y discutir la idea de que se trate de un fondo que viva de los impuestos.

Costos dispersos, beneficios concentrados

La reacción de los involucrados no debería sorprendernos. Ya la escuela de la Elección Pública nos alertaba sobre el fenómeno de los “costos dispersos” y los “beneficios concentrados” de los impuestos y los subsidios. Dado que el gasto total presupuestado del INCAA es de $ 2.855 millones, se trata de una suma casi insignificante cuando la dividimos por el total de la población. $ 71,4 por año no genera ningún incentivo para que la gente se movilice y pida la reducción del impuesto particular. Sin embargo, recibir $ 2.855 millones al año sí genera incentivos para que la minoría beneficiada con este dinero haga lobby y campañas para no perder su tajada.

Los costos de financiar el “cine nacional” están dispersos entre la población. Los beneficios están concentrados en el INCAA y sus artistas favorecidos.

El dinero del INCAA sí sale de los impuestos

El argumento que utilizan quienes no quieren “desfinanciar el cine nacional” es que el INCAA no es financiado con impuestos. Un mensaje que se viralizó en internet llevaba por título esta misma frase y sostenía que “el dinero [del INCAA] no sale de los impuestos de la gente”.

El dato es falso y puede corroborarse al mirar el presupuesto del propio instituto.  Entre sus recursos, se encuentran: el “Impuesto AFSCA”, el “Impuesto CINE”, el “Impuesto Video”, el “Impuesto INTERNET” y los “Aranceles sobre Copias de Películas Extranjeras”. Entre todos estos impuestos, se acumula un monto total de $ 1.570 millones, 55% del presupuesto. Para completar el total, aparecen aportes de las provincias, de la administración central y también del Tesoro. Es decir, más impuestos, solo que no son de asignación específica.

No existe ninguna partida de recursos que indique siquiera remotamente la financiación con “Aportes Privados”. En conclusión, el INCAA sí se financia con los impuestos que paga la gente.

Desfinanciar al cine es financiar otros consumos

Por otro lado, la consigna de “desfinanciar al cine” frente a la eventual eliminación del impuesto a las entradas esconde que la existencia actual del impuesto está “desfinanciando” otros consumos. Dado que el gobierno toma dinero coactivamente del bolsillo de la gente para fomentar producciones de origen nacional, esto resta recursos para asignar a aquello que los ciudadanos libremente hubieran elegido consumir. Son $ 71,4 por persona que los argentinos podríamos elegir cómo gastar pero que el gobierno decide gastar por nosotros en el INCAA. Recordemos: si “desfinanciar el cine” implica bajar impuestos, entonces se “financiará” otro consumo, pero con la diferencia que éste será elegido libremente por el consumidor.

Una última cuestión en relación al fomento de la industria de local es la siguiente: ¿Por qué tenemos, siquiera, que subsidiarla? ¿Acaso subsidiamos a los shoppings, acaso subsidiamos a los contadores, los odontólogos o los productores de maíz? Por lo general, las actividades productivas funcionan en un entorno de mercado y si son deseadas por el público consumidor, subsisten y generan ganancias: ¿cuál es la excepción a esta regla que tiene el cine nacional? Como bien se preguntaba José Luis Espert en su cuenta de Twitter“¿No hay nadie en este país que no pueda hacer nada sin apoyo del Estado?”.

Financiemos, pero de manera voluntaria

A esta pregunta le agrego que de ninguna manera es cierto que no pueda haber producciones nacionales sin apoyo del estado. Pero si ese fuera el caso, que así sea. La alternativa es violentar la voluntad de consumidores y productores en favor de una casta privilegiada que se esconde bajo la bandera de la “industria cinematográfica nacional”.

Para terminar, vuelvo al título de la nota. Los argentinos sí tenemos que fomentar el “cine nacional”, pero de manera voluntaria y en la medida que lo que éste tenga para ofrecer cumpla con nuestros gustos y preferencias.

Si la única forma que esta industria tiene para sobrevivir es el gasto público financiado con impuestos, entonces tenemos que repensar si es necesario siquiera que exista.

 

Por Iván Carrino. Publicado el 12/4/17 en:Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.