Category Archives: Cultura

Mariquita Sánchez, la precursora

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Sin la pretensión de hacer comparaciones de dotes intelectuales con  Madame de Staël y Victoria Ocampo, Mariquita Sánchez (se llamaba María Josefa Petrona de Todos los Santos, primero casada con Martín Thompson y luego con Jean-Baptiste Mendeville) ocupa un lugar preponderante en su relación con el ideario liberal.

Primero por sus tertulias en  su quinta de San Isidro a las que asistieron personalidades como Manuel Belgrano, Vicente López y Planes, Juan José Castelli, Juan Larrea,  Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes y Feliciano Chiclana, salones en donde se forjaron y consolidaron las ideas independentistas en lo que luego fue la República Argentina.

 

En esa quinta se cantó por vez primera la Marcha Patriótica (hoy Himno Nacional). Y mucho más adelante se discutieron los principios y valores liberales en su casa de la calle San José (actualmente Florida, en el centro de Buenos Aires) con Juan Bautista Alberdi, Esteban Echevarría, Juan María Gutiérrez, Félix Frías y Florencio Varela quienes también  participaron con Mariquita en su exilio de la tiranía rosista en Montevideo.

 

Sus escritos son pocos e incompletos (Diario Recuerdos del Buenos Aires virreinal junto a la resumida bibliografía de Pastor Obligado, la muy difundida obra de María Sáenz Quesada, la de Graciela Batticure y la compilación de Clara Vicaseca) pero la fecundidad de su organización y la calidez de su hospitalidad para las aludidas tertulias y debates fueron de una enorme fertilidad, realizadas en momentos que estaba muy mal visto que una mujer se involucrara en faenas intelectuales de esa envergadura y acompañada de tamañas personalidades.

 

Quería despegarse a toda costa de lo que había escrito como un clima en el que tres factores dominaban la situación en la que vivió tempranamente, “Tres cadenas sujetaron este gran continente de la Metrópoli: el terror, la ignorancia y la religión católica […donde] había una comisión del Santo Oficio para revisar todos los libros que venían, a pesar de que venían de España donde había las mismas persecuciones”.  Juan Bautista Alberdi escribió que Mariquita fue “la personalidad más importante de la sociedad de Buenos Aires, sin la cual es imposible explicar el desarrollo de su cultura y buen gusto”.

 

Después de Caseros vuelve a Buenos Aires desde su exilio en Montevideo y se ocupa principalmente de la Sociedad de Beneficencia que presidió durante un tiempo y especialmente dedicó su tiempo en esta institución a las niñas a los efectos de trasmitirles el sentido de independencia y dignidad en épocas en las que prevalecían criterios de machistas acomplejados y miedosos de la competencia, incompatibles con el sentido de una sociedad abierta.

 

Este estilo de comportamiento y las convicciones sobre los principios liberales, fue luego seguido y muy desarrollado por mujeres de la talla de Madame de Staël y Victoria Ocampo sobre las que he escrito antes y que ahora reitero solo en parte las observaciones entonces formuladas.

 

En esa misma línea entonces, Anne Louise Germanie Necker (Madame de Staël) fue tal vez de todos los tiempos la mujer que más contribuyó a establecer cenáculos y reuniones de gran jerarquía para el debate de ideas en la Europa decimonónica. Sus obras completas ocupan diecisiete tomos incluyendo su abultada correspondencia.

 

Mostró una muy especial reverencia por las libertades de las personas: “No hay valor mayor que el respeto por la libertad individual, lo cual constituye el principio moral supremo”. Consideraba que la tolerancia religiosa formaba parte de la columna vertebral de la sociedad civilizada: “La intolerancia religiosa es lo más peligroso que pueda concebirse para la convivencia pacifica”.

 

En prácticamente todas sus biografías que fueron muchas se destaca un dicho que recorría los distintos medios de la época: “Hay tres grandes poderes en Europa: Inglaterra, Rusia y Madame de Staël”.

 

Sus arraigados principios liberales, su carácter firme pero afable, sus cuidados modales, su sentido del humor y su don de gente la hacían especialmente propicia para el manejo de los encuentros intelectuales, todos ordenados con temas generalmente prefijados y tratados en profundidad en los que se hacía uso de la palabra por riguroso turno. Algunas de las figuras más prominentes que asistieron a sus encuentros fueron Gothe, Schiller, Chateaubriand, Edward Gibbon, Voltaire, Diderot, D´Alambert, Byron, Wilhem von Schelenger, Talleyrand y el más cercano y célebre de todos: Benjamin Constant.

 

Como buena liberal, Germanie Necker sostenía que las fronteras cumplían el solo propósito de delimitar países a los efectos de evitar la monumental concentración de poder que surgiría de un gobierno universal. Con razón mantenía que el fraccionamiento y la dispersión vía el federalismo dentro de las fronteras proporcionaba un reaseguro adicional a las extralimitaciones de los aparatos políticos y, a su vez, era una notable expositora de la libertad de comercio.  Asimismo, se hubiera disgustado mucho con la existencia de la figura del “inmigrante ilegal” propia de regimenes absurdos. Desde luego que nuestra autora no tuvo que vérselas con aquella contradicción en términos denominada “estado benefactor” cuyos “servicios gratuitos” naturalmente están siempre colapsados y demandan más recursos de los contribuyentes. Pero esto no debería servir de pretexto para bloquear los movimientos migratorios libres (salvo antecedentes delictivos). Si bien es cierto que el problema reside en el “estado benefactor” y no en los inmigrantes, se debería impedir que estos recurran a los referidos “servicios gratuitos” para no agravar la situación fiscal y simultáneamente debería eximírselos de aportes que impliquen el descuento del fruto de sus trabajos para mantener esas prestaciones (con lo que serían ciudadanos libres como muchos desearían ser). Por último, en aquellos tiempos tampoco se esgrimía la peregrina idea de que en un mundo donde los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas, los inmigrantes restan posibilidades laborales a sus congéneres en lugar de ver que liberan ofertas de trabajo para otras tareas hasta ese momento imposibles de encarar (igual que ocurre cuando se introduce un método de producción más eficiente).

 

Luego de muchas y muy variadas experiencias europeas, Madame de Staël concluyó que las acciones bélicas siempre resultaban en graves prejuicios para todas las partes involucradas y que, lo mismo que sostuvieron enfáticamente los Padres Fundadores en Estados Unidos, tarde o temprano se traducirían en el desmesurado agrandamiento en el tamaño del Leviatán cuyas deudas y desórdenes de diversa naturaleza finalmente comprometerían severamente las libertades individuales por las que ella abogó toda su vida. Se inclinaba al principio civilizado de actuar como “ciudadanos del mundo” cuyos únicos enemigos declarados eran los que rechazaban la libertad, en cuanto al resto, le resultaba irrelevante la nacionalidad, el color de la piel o la religión siempre que el interlocutor se basara en los valores universales del respeto recíproco.

 

Por otro lado, no hay escritor hispanoparlante ni lector serio de ese mundo que no tenga conciencia del inmenso agradecimiento que se le debe a la editorial y a la revista Sur, que es lo mismo que decir Victoria Ocampo puesto que ella las sufragaba para beneficio de las letras y la cultura universales. Nació a fines del siglo diecinueve, épocas que en Buenos Aires se pretendía cargar a las criaturas con los nombres de buena parte de su árbol genealógico y del santoral: se llamaba Ramona Victoria Epifanía Rufina.

 

Victoria Ocampo reunió en sus salones a intelectuales como Otega y Gasset, Octavio Paz, Paul Valéry, Albert Camus, Victor Massuh, Eduardo Mallea, Aldous Huxley, Alfonso Reyes, Borges, Bioy Casares, Alicia Jurado, Igor Stravinsky, Carl Jung y Julián Marías.

 

Siempre estuvo del lado de quienes aclaman la libertad como un valor supremo. Sufrió persecución y cárcel durante la dictadura peronista por sus manifestaciones claramente liberales (“En la cárcel -escribe- uno tenía al fin la sensación de que tocaba fondo”). Los nacionalistas de la época intentaron por todos los medios de sabotear sus tareas, incluso, en 1933, la Curia Metropolitana la declaró persona non grata porque “Tagore y Krishnamurti, dos enemigos de la Iglesia, son amigos suyos”.

 

En momentos de escribir estas líneas en buena parte del mundo hay una crisis mayúscula de valores, parecería que en gran medida se ha perdido el sentido de dignidad y la autoestima y se ha abdicado en favor de los mandones de turno, pero en homenaje a personalidades como Victoria Ocampo en su lucha por la libertad y la cultura no debemos cejar en la trifulca de marras, porque como ha escrito Benedetto Croce “la libertad es la forjadora eterna de la historia” ya que “es el ideal moral de la humanidad” y por eso “el dar por muerta la libertad vale tanto como dar por muerta la vida”.

 

Doña Victoria abogó por los derechos de la mujer en igualdad con los de los hombres en línea con la gran Mary Wollstonecraft, la pionera en el genuino feminismo y no como algunas versiones degradadas modernas. Se rebelaba contra las imposiciones de machos incompetentes que no resisten las opiniones sesudas de mujeres porque se sienten disminuidos y, por ello, prefieren relegarlas a tareas puramente domésticas.

 

En su momento, Ocampo había escrito que “toda buena traducción es una manera de creación, jamás un trabajo mecánico ejecutado a golpes de diccionario […] Tanto una bella prosa como un bello poema no tienen más traducción que la de las equivalencias; equivalencias que a veces se alejan del texto para serle fiel”, del mismo modo que ella fue siempre fiel a si misma.

 

Mariquita Sánchez fue la precursora en estas faenas de reunir a personalidades al efecto de debatir las ideas de la libertad y así contribuir a despejar las falacias del autoritarismo. Es en este sentido es un ejemplo a seguir, especialmente para los apáticos e indolentes que consideran que el respeto recíproco es algo automático que no necesita ser defendido y cuidado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Anuncios

Pensando en Marx sobre materialismo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 27/10/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/10/27/pensando-en-marx-sobre-materialismo-por-alberto-benegas-lynch-h/

 

Días pasados estaba releyendo algunas partes del primer libro que Marx y Engels escribieron juntos publicado en 1845, La sagrada familia. Crítica de la crítica crítica (no fue una errata, es así el título) en el que aluden a estudios realizados por Bruno Bauer y sus hermanos Edgar y Egbert.

La obra contiene muchas aristas pero la que tomo en esta oportunidad es el materialismo de Marx ya puesto en evidencia en su tesis doctoral sobre Demócrito (que a veces mezcla con sus diatribas contra el judaísmo a pesar de descender de una familia rabínica, aunque su padre cambió de religión al efecto de contar con mayor número de clientes en su bufete de abogado en el contexto del régimen prusiano).

A juzgar por lo que ocurre en nuestro mundo el materialismo filosófico o, al decir de Popper, el determinismo físico aparece hoy en muy diversos campos y proviene de muy diferentes tradiciones de pensamiento: en la economía (paradójicamente en la “teoría de la decisión”), en el derecho (especialmente en la rama penal), en interpretaciones de variantes psicológicas (a pesar de que el vocablo alude a la psique), en algunos médicos (sobre todo en el campo de la neurología) y en ciertas manifestaciones de la filosofía. En otras oportunidades me he extendido en este tema que estimo crucial, ahora lo condenso. Veo también que no pocos liberales que desarrollan temas muy sofisticados y provechosos pero no se ocupan de los cimientos de esa corriente puesto que si no hay libre albedrío no habría tal cosa como libertad, con lo que se estaría construyendo sobre arena.

Sin la capacidad independiente de decisión del ser humano, no habría tal cosa como proposiciones verdaderas o falsas, no habrían ideas autogeneradas, no habría argumentación ni razonamiento, no habría responsabilidad individual, no tendría sentido la moral ni, como queda dicho la propia libertad. Si fuéramos solo kilos de protoplasma seríamos loros, loros complejos pero loros al fin con lo que se habrá negado la condición humana.

En la misma línea argumental, John Hicks sostiene que allí donde no existe libertad intelectual naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal cosa como argumentación racional”. Los fenómenos físicos no son ni verdaderos ni falsos, simplemente son, para que tengan sentido las proposiciones verdaderas o falsas es necesario el juicio independiente.

Es de interés destacar la opinión de Max Plank quien escribe que en este contexto “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta”.

Alan Turing llevó a cabo un experimento en el que ubicaba a una persona en una habitación donde se colocan dos terminales de computadoras, una conectada en la habitación contigua con otra computadora y la segunda conexión al otro ordenador manejado por una segunda persona. A continuación, Turing solicita a la primera persona referida que formule todas las preguntas que estime pertinentes por el tiempo que demande su investigación al efecto de conocer cual es cual, de lo contrario, si no pudiera establecer la diferencia (distinguir cual es cual) concluye Turing que es una prueba que no hay diferencia con el humano en cuanto a sus cualidades de decisión.

Por su parte, John Searle refuta las conclusiones de esa prueba con otra que denominó “el experimento del cuarto chino”. Consistió en ubicar también a una persona aislada en una habitación y totalmente ignorante de ese idioma a quien se le entregó un cuento escrito en esa lengua con una serie de cartones con preguntas sobre la narración del caso y otros tantos cartones con respuestas muy variadas y contradictorias. Simultáneamente también recibió otros cartones con códigos claros para que pueda conectar acertadamente las preguntas con las respuestas.

Explica Searle que de este modo el personaje de marras contesta todo satisfactoriamente sin que haya entendido chino. Lo que prueba este segundo experimento es que el sujeto en cuestión es capaz de seguir las reglas, los códigos y programas que le fueron entregados que es la manera en que la máquina del primer experimento se equipara en el sentido operativo mencionado y eventualmente con mayor rapidez (desde luego no en todos los sentidos como su incapacidad de amar, autoconciencia, decisión independiente y equivalentes, tampoco iniciar nada fuera de lo programado).

Noam Chomsky señala que “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.

El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso de las expresiones “inteligencia”, “memoria” y “cálculo” aplicado a los ordenadores. La primera proviene de relacionar la comprensión de conceptos en base al inter legum, esto es leer adentro, captar significados. Y como apunta Raymond Tallis aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera que cuando nuestros abuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar algo no aludían a “la memoria del pañuelo”, del mismo modo que cuando se almacena información en un depósito no se concluye que el galpón del caso tiene una gran memoria, puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan ni las calculadores calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular y si se recurre a esos términos debe precisarse que “solo se hace en el mismo sentido en que se afirma que el reloj nos dice la hora”.

En este plano de análisis hay muchas otras metáforas que arrastran el peligro de su literalidad (los economistas estamos acostumbrados a lidiar con estos peligros). Tal es el caso de uno de los ejemplos que critica Thomas Szasz sobre lo que coloquialmente se dice brainstorming y, para el caso, brainwashing cuando estrictamente se trata de mindstorming y mindwashing. También puede incurrirse en el error de hacer referencia al “deficiente mental” cuando es “deficiente cerebral”. Sin embargo, para el intento de probar la verdad de algo es inexorable la existencia de estados de conciencia (Popper), mente (Wilder Penfield), voluntad (Roger W. Sperry) o psique (John Eccles) distinta aunque estrechamente vinculada al órgano por el cual el hombre se comunica con el mundo exterior, es decir, el cerebro (Nicholas Rescher).

En la misma obra citada, Szasz subraya las inconsistencias de una parte de las neurociencias al pretender que con mapeos del cerebro se podrán leer sentimientos y pensamientos pero “el cerebro es un órgano corporal y parte del discurso médico. La mente es un atributo personal parte del discurso moral […] equivocadamente se usan los términos mente y cerebro como se utilizan doce y una docena”. También Szasz se refiere a otra metáfora peligrosa en cuanto a la mal llamada “enfermedad mental” cuando esto contradice la noción más elemental de la patología que enseña que una enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede atribuirse a comportamientos e ideas (lo cual para nada contradice la relación mente-cuerpo).

Es sabido que todo lo material de nuestro cuerpo cambia permanentemente con el tiempo y, sin embargo, mantenemos el sentido de identidad (a menos que se haya padecido de una enfermedad o accidente que lesione partes vitales del cerebro que no permitan la interconexión mente-cuerpo).

El significado del principio de incertidumbre en el plano de la física cuántica no pone en duda que en el mundo subatómico pueda existir decisión y, en consecuencia libertad, tal como han referido físicos como el propio Heisenberg , el antes citado Plank, Louis de Broglie ya que las limitaciones en las mediciones son consecuencia de los instrumentos para operar como apuntan Gerald Holton y Stephen Brush .

Antony Flew escribe que “cuando hablamos de causas de un evento puramente físico -digamos un eclipse de sol- empleamos la palabra causa para implicar al mismo tiempo necesidad física e imposibilidad física: lo que ocurrió era físicamente necesario y, dadas las circunstancias, cualquier otra cosa era físicamente imposible. Pero este no es el caso del sentido de causa cuando se alude a la acción humana. Por ejemplo, si le doy a usted una buena causa para celebrar, no convierto el hecho en una celebración inevitable”.

También John Hospers manifiesta que “enunciando sólo los antecedentes causales, nunca podríamos dar una conclusión suficiente: para dar cuenta de lo que hace una persona en sus actividades orientadas hacia fines hemos de conocer sus razones y razones no son causas”. John Thorp ilustra la diferencia entre un acto y un proceso automático tal como ocurre “entre una decisión y un estornudo”.

Aparece una gran paradoja que, entre otros, expresa George Gilder en cuanto a que los procesos productivos de nuestra época se caracterizan por atribuirle menor importancia relativa a la materia y un mayor peso al conocimiento y, sin embargo, irrumpe con fuerza el materialismo filosófico.

Nathaniel Branden apunta que “Si el determinismo fuera cierto, ningún conocimiento resultaría posible […] incluyendo la teoría del determinismo”. Estrictamente, el pensamiento requiere libertad intelectual puesto que un proceso mecánico y necesario no permite elegir en que pensar y dejar abierto el resultado.

Por último, Thomas Nagel se pregunta sobre la consistencia de presuponer que la física lo explica todo porque “si la mente es en si misma meramente física, no puede explicarse por la ciencia física […], algo más se requiere para explicar como puede haber conciencia, seres pensantes”. Autores como Howard Robinson resumen el punto: “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de precibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” y, además, “el pensamiento es sobre algo […] mientras que los estados físicos no son sobre algo, están simplemente ahí […] y los pensamientos pueden también ser sobre lo que no existe” pero lo físico es por definición lo que existe como tal (lo cual no quiere decir que pueda tocarse o, en su caso, ni siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

El triunfo ante Ecuador, Rusia 2018 y una vuelta a las verdaderas prioridades nacionales y populares:

Por Guillermo Luis Covernton.

 

Finalmente anoche, luego de sufrir 90 minutos, lo mejor de lo mejor de nuestra patria, la verdadera élite pensante y actuante nos ha devuelto al lugar que merecemos. “Le ganamos” a Ecuador y “clasificamos” para Rusia 2018. Un destino de grandeza que ya Moisés traía anotado en el reverso de las tablas que bajó del monte…

Probablemente por el pánico o la desazón de meses anteriores, mucha gente todavía no es plenamente consciente de la epopeya heroica que significa esta clasificación. Especialmente, viniendo de muchachos humildes y de vida ejemplar, como los involucrados en la gesta.

Hablando con mi amigo Cristian, me explicaba: “¿Sabés que pasa? Que en lo único que nos va bien es con los futbolistas y los curas. Sacamos un papa y la clasificación a Rusia… Los economistas son tan burros que otra vez nos perdimos el Nobel, y ninguno se pone a estudiar….”. Tuve que darle absolutamente toda la razón. Me dejó sin argumentos. Enhorabuena los muchachos de Chiqui Tapia nos han devuelto el alma al cuerpo.

Era tal la desazón de nuestros ciudadanos, en estos últimos meses, que algunos abrigaron la secreta esperanza de aportar aunque fuera un granito de arena a volver a poner a nuestra nación en el olimpo de las elegidas para el éxito, como todos sabemos que debe estar. Esfuerzos vanos y ridículos.

Por ejemplo:  A estos pibes no se les ocurre nada más importante que desarrollar una innovadora tecnología para extraer litio de salares de altura, de manera eficiente y sostenible. Considerando que Argentina es el 2* o 3* exportador más grande del mundo de un material cuya demanda crece exponencialmente… ¿Quién les va a gritar el gol a estos? ¿Que se pensaban?

http://www.telam.com.ar/notas/201706/192188-cientificos-argentinos-ganaron-el-concurso-internacional-mentes-brillantes.html

Como los malos ejemplos son lo primero que se copia, aparecieron estos otros chicos que prevén geolocalizar las áreas de mayor concentración de polen de la Ciudad de Buenos Aires. Llegan tarde. Eso era para la época del Flower power. Muy setentoso. Y el premio se los da la NASA, que ahora debe estar muy aburridos , porque no mandan más cohetes a la luna, porque era al cohete…. Nadie les grita el gol… ¡¡¡Que se olviden!!!

https://www.clarin.com/sociedad/grupo-argentinos-gano-concurso-nasa-vera-despegue-vivo_0_ryWmAHuQ-.html

Aquí hay otra patota que, en vez de jugar a la pelota, que es en lo que somos buenos y donde Argentina tiene más ventajas competitivas, fueron destacados por el desarrollo de androides de rescate. ¿Justo ahora, que volvió Blade Runner? Se merecen que Harrison Ford se los recocine a tiros, por replicantes.

https://www.infobae.com/tecno/2016/07/11/estudiantes-argentinos-ganadores-de-robocup-el-mundial-de-robotica/

Aquí hay otro que, en vez de sumarse al elenco de Messi y compañía,  se va a hacer películas a Gaza o a Siria, en vez de ir a Hollywood!!!!! Ni se comparan las chicas de California, con las de medio oriente… ¿Quién le va a gritar el gol a este???

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2017/07/24/el-argentino-hernan-zin-es-el-documentalista-mas-premiado-de-los-ultimos-anos-en-espana/

Y siguen las iniciativas estériles: “Estos otros tuvieron una idea tan sencilla como brillante: crear un sitio web con libros infantiles, con sus imágenes animadas en videos, contados en lenguaje de señas argentino para que chicos sordos de entre unos 4 y 9 años pudieran empezar a “leer” literatura en lengua escrita, una capacidad que es una verdadera rareza entre las personas sordas.”

Para que quieren leer los sordos? ¡¡¡Que se dediquen a la música, como Beethoven, y así les va a ir mucho mejor, porque no se distraen escuchando “Despacito” y esas tonterías. Ahí está su verdadera ventaja competitiva…
 http://www.lanacion.com.ar/1828016-argentinos-ganadores-de-premio-internacional-en-innovacion-educativa
Y encima, ninguno de estos dejó afuera ni le hizo bullying a ningún chileno….

Pero, bueno… ya pasó el mal momento y nos podemos dedicar a escuchar las sesudas reflexiones de los periodistas deportivos, en todos los medios locales. Y nos dejamos de otras noticias que nos son relevantes para la cultura nacional y popular de todos, todas, algun@s y @lgunas…

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Toro balear

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/8/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/toro-balear/

 

Los enemigos de la fiesta de los toros hablan de “maltrato animal” o incluso “tortura”. Curiosamente, quieren proteger los toros cuando, en realidad, el fin de la fiesta significaría la extinción del toro de lidia (cf. “La caza y los toros”, aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/abc/textos-publicados-en-abc/).

Fernando Bautista publicó un irónico y certero artículo en El Mundo, titulado “La broma de la Ley Balear”, donde dice: “No es un ataque contra la tauromaquia, la cultura o la libertad como pueden pretender algunas mentes obtusas. Es, por el contrario, un bello ejercicio de ingeniería jurídica y social”.

La supuesta bondad de los ecologistas antitaurinos no estriba en elevar la categoría del animal sino en rebajar la humana: por eso los grandes totalitarios han sido a la vez cariñosos amigos de los animales. En este caso, los políticos progresistas baleares pretenden prohibir la muerte del animal, “evidenciando la sublime aspiración de que el toro sea sujeto de derechos y de obligaciones…No incluye sin embargo sanción alguna si el toro, incumpliendo la norma, decide contactar con sus cuernos con el profesional taurino, aunque a este se le caerá el pelo si permite que su cuerpo contacte con las astas”.

El ridículo perpetrado por los progresistas baleares no tiene límite, desde ordenar que no haya más de tres toros hasta limitar su participación a un máximo de diez minutos: “Así, en 30 minutos se liquidará la tarde, aunque por el momento nada impide que la banda de música pueda seguir tocando pasodobles, lo que tiene para los toreros un riesgo ligeramente menor, salvo que la banda sea muy mala”.

Una vieja regularidad del intervencionismo es que, una vez iniciado, tiende a expandirse en espirales cada vez más amplias. La ganadería del toro balear “lidiado” deberá estar “inscrita en el libro genealógico de la raza bovina de lidia…[y] será la más cercana, en términos de distancia, de la plaza donde se celebre el espectáculo [para que] la duración del viaje desde la ganadería a la plaza de toros sea el mínimo indispensable, [y se constatará el] bienestar físico y psíquico del animal”.

Por fin, se pregunta don Fernando Bautista qué piensan hacer las autoridades baleares con el toro: “Pues sencillo, no le matarán cínicamente y en la oscuridad de los corrales como en Portugal. Brillantemente el texto dispone que «los toros se devolverán a la empresa ganadera que los haya proporcionado». Si este texto, como debe ser, es copiado por todos los buenos pueblos de España, las ganaderías se convertirán en un asilo, pero no hay duda de que la labor social del ganadero será debidamente subvencionada con cargo a los presupuestos, porque a ver quién es el valiente que se atreve a enviar a un vulgar matadero al toro señorito que ha viajado a Baleares y ha pasado un test de bienestar psíquico”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Periodismo carancho

Por Sergio Sinay: Publicado el 21/7/17 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2017/07/periodismo-carancho-por-sergio-sinay.html

 

Cuando la sangre, el dolor, el sufrimiento, las intimidades invadidas, el oportunismo alimentan a un periodismo narcisista, que necesita, además, de un público afín.

Mientras se discute cuántos años tiene el “Polaquito”, ese chico desquiciado que fue presentado en televisión como el enemigo público número uno, se siguen desnudando las miserias de una sociedad enferma. Y del periodismo que ella produce y fomenta. Los “Polaquitos” no nacen de repollos y, además de ser hijos de sus padres y madres, son paridos por una sociedad de la cual hace tiempo se ausentaron la empatía, la compasión, la noción y voluntad de sentido. Una sociedad que ya ni siquiera responde al tribalismo primitivo del “nosotros” vs. “ellos”. Es la sociedad del yo contra los demás, sin los demás. La sociedad del egoísmo y el narcisismo. Del consumismo devorador, donde preocupa más la economía que la moral. Un perfecto caldo de cultivo para “Polaquitos”. Después viene la hipocresía, la sorpresa y la indignación fingidas ante la evidencia de lo que la misma sociedad procreó.

En ese caldo se cuece también el periodismo carancho, el periodismo en donde la noticia no importa, en donde no se informa sino que se opera, en donde los periodistas son más importantes que la noticia. Si se diera un Oscar al periodismo carancho, el programa que presentó al “Polaquito” lo ganaría. Fue la expresión más consumada de algo que se ve todos los días en todos los noticieros, en programas farandulescos, en emisiones pseudoperiodísticas. Los caranchos sobrevuelan incansablemente el aire olfateando sangre, intimidades, sufrimientos, secretos. Se disfrazan de investigadores pero son acosadores, ladrones de privacidades, invasores de vidas y sentimientos ajenos. Con sus picos voraces escarban en las entrañas del sufrimiento. “¿Qué sintió al ver a su hijo muerto?”, le preguntan sin escrúpulos a la madre que llora sobre el cadáver de su vástago acribillado. “¿Por dónde te metió la mano, qué sentiste?”, interrogan sin vergüenza a la chica violada. No duermen, caranchean las veinticuatro horas. Siempre hay un crimen más para mostrar, otro tiroteo, otro chico abusado, otra esposa llorosa, otro casquete de bala, otro balazo en la puerta. Ese periodismo entra a la celda del peor criminal para entrevistarlo como a un amigo, como a un ídolo, lo escucha, le da tiempo, se compadece con él. Nunca una reflexión, jamás una idea, ni soñar con una frase bien dicha, con un vocabulario que respete las palabras.

 

Y si al gran megalómano le dicen que lo es y le ponen un espejo frente a la cara para que se vea reflejado, se ofende. Humilla. Saca a relucir galones, se ufana de haber inventado la profesión (que existe desde mucho antes y supo tener venerables cultores), se quiere fiscal de la patria, contamina el aire con insultos al que osó cuestionarlo, degrada el lenguaje (herramienta que debería honrar para ejercer la profesión). El rating sube. La ofensa vende. La intimidad invadida vende. La sangre vende. El periodismo carancho necesita de una sociedad que le ofrezca día a día material en descomposición. Y necesita todavía más de un público ansioso de ese material. Ni uno ni los otros se preguntan alguna vez: “¿Y si me tocará a mí?”.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

EL CUERPO Y EL ALMA EN “LA FIESTA DE BABETTE” (De “Filosofía para los amantes del cine”, 1991).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/8/17 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/08/el-cuerpo-y-el-alma-en-la-fiesta-de.html

 

La película que comentaremos ahora está en plena continuidad con la anterior. A pesar de tratarse de un género absolutamente distinto, nos permitirá seguir reflexionando sobre cuestiones básicas de antropología filosófica. Y, sobre todo, con una cuestión que había quedado “flotando” en la película anterior, que es la relación entre lo espiritual y lo corpóreo y sus implicaciones éticas.

Como te dije, salimos de EEUU, década del 80, y nos vamos prácticamente a otro mundo: Dinamarca, segunda mitad del siglo pasado, en una pequeña localidad al lado del mar, llamada Jutlandia. Evidentemente, no encontraremos allí ningún robot.

Encontraremos, en cambio, a Martina y Filipa, dos hermanas, solteras, hijas de un pastor protestante que había fundado una pequeña comunidad religiosa. Recuerda que en las diversas comunidades protestantes no hay división estricta entre jerarquía eclesiástica y laicos.

La película nos muestra a Martina y Filipa en su juventud. Su padre las considera su mano derecha y su mano izquiera, y ellas aceptan ese rol. Cumplen eficazmente con tareas de caridad, cantan en la iglesia, y la belleza de ambas atrae las miradas de los jóvenes del lugar. Algunos se aventuran a hablar con el pastor. Pero éste les anuncia a los eventuales candidatos que en la vida de sus hijas no hay lugar para el matrimonio.

De todos modos, hay dos pretendientes que tienen un acercamiento más intenso, aunque finalmente infructuoso. Un joven oficial del ejército, Lorenz Lowentein, queda extasiado por la belleza y la mirada de Martina. Frecuenta su casa, y asiste a varias reuniones de la comunidad. Pero advierte que no va a ningún lado, si bien encuentra comunicación en la mirada de Martina. Finalmente, decide despedirse. Adopta una conclusión pesimista: que la vida es dura y cruel, y que en este mundo muchas cosas son imposibles. A partir de allí, pensará sólo en su carrera, como único consuelo. Cuando se va, Martina lo mira intensamente.

Filipa también tiene su pretendiente. Un cantante lírico parisino, Achille Papin, busca un lugar donde descansar durante una gira en Dinamarca. Le recomiendan Jutlandia. Durante su estadía, asiste por curiosidad a un oficio religioso, y allí escucha maravillado la voz de Filipa. Le ofrece entonces sus servicios como profesor de canto, no sin una entrevista previa con el pastor, quien acepta.

Durante las clases, Achille sigue maravillado, no sólo con la voz de Filipa, sino con ella misma. Le enseña áreas que exaltan el amor humano. El pastor y su otra hija escuchan preocupados desde otra habitación.

En una clase, Anchille, extasiado, toma de las manos a Filipa y, mirándola a los ojos, le dice, repitiendo parte de una canción: “el amor nos unirá”. Y la besa en la frente. La mirada de Filipa es de aceptación, pero también de preocupación.

Su padre no tiene necesidad de decir mucho. Es más, era ese silencio su más elocuente mensaje. En determinado momento, Filipa anuncia que no seguirá con sus clases de canto. Achille es notificado por escrito, mientras cantaba alegremente. El canto cesó.

Achille vuelve a París. Esa noche, Filipa se detiene por un momento y dirige sus ojos hacia la lejanía. Su padre y su hermana la miran. Filipa lo advierte. Baja la vista, y sigue tejiendo.

Llegamos así al año 1871. El pastor ya había muerto, y sus dos hijas habían tomado en sus manos el cuidado de la comunidad, cuyas necesidades espirituales y físicas atienden solícita y eficazmente. Ya son mujeres maduras. Una noche, en medio de una gran lluvia, alguien llama a la puerta. Se trata de Babette, una mujer parisina de mediana edad, que en una de esas ridículas guerras de esta humanidad había perdido a su familia y a su trabajo. Ella había logrado huir milagrosamente. Una carta de Achille Papin, que Babette traía in mano, pedía por ella a sus amigas de Jutlandia. Babette trabajaría para ellas, a cambio de un techo, comida, y paz.

Babette trabaja para las dos hermanas durante muchos años. Durante ese tiempo, se convierte en testigo silenciosa y discreta de la labor de Filipa y Martina. Ellas cumplían en su comunidad tareas similares que las que nosotros estamos acostumbrados a ver en un sacerdote. En una reunión, varios miembros del grupo discuten por viejas rencillas y rencores, reclamándose mutuamente antiguas faltas. Muchos de ellos descargan posteriormente su conciencia con Martina y Filipa. Estas adoptan una actitud de consuelo, hablándoles de un Dios que es amor y que perdona.

En un determinado momento, sucede algo fuera de lo habitual. Babette gana 10000 francos en la lotería de París. Ese juego era el único contacto que, por correo, había mantenido durante todos esos años con su ciudad. Hay asombro y sorpresa generalizada. Babette piensa qué hacer con el dinero. Martina y Filipa temen que regrese a París.

Babette decide que hará una cena en memoria del pastor, para todos los miembros de la comunidad. Al principio, las piadosas hermanas aceptan. Pero una preocupación surge. El pueblo ve asombrado la cantidad enorme de elementos que Babette había encargado a París y que llegan por barco. No sólo era una comida de enorme calidad y gran abundancia, sino que además estaría acompañada por vino francés de primera calidad. La abundancia y exquisito sabor de la comida eran elementos muy sospechosos para las conciencias de Martina y Filipa. El vino ya era definitivamente condenable. Las dos hermanas están preocupadísimas. Pero, ¿qué decirle a Babette, que había organizado todo con tanta buena voluntad y sin mala intención?

Mientras la “fiesta de Babette” sigue en preparación, Martina y Filipa reúnen a su comunidad y explican, angustiadas, la situación. Los demás miembros comprenden el problema. Todos se comprometen entonces a extremar sus medidas de sobriedad. No se hablaría una sola palabra de la comida durante la cena, sino sólo de cuestiones “espirituales”, y se recordaría permanentemente que la comida es sólo un medio para fortalecer al cuerpo, que a su vez es un medio para que el espíritu glorifique a Dios.

“Será como si nunca hubiésemos tenido el sentido del gusto”, dice uno de ellos.

Como gran acontecimiento, el general Lowenhielm es invitado a la cena. Sí, el mismo que en su juventud se había enamorado de Martina. Se lo invita en su carácter de antiguo miembro de la comunidad.

Habrás visto que dije “general”. En efecto, el joven oficial había llegado a su madurez con una brillante carrera. Mientras prepara sus galas para la cena, murmura “vanidad, todo es vanidad”. E imagina estar hablando con sí mismo, aunque más joven. Se desdobla. El hombre maduro dice a su imagen joven: “encontré todos lo que puedas haber soñado y he satisfecho tu ambición. Pero, ¿con qué fin? Esta noche tenemos algo que aclarar. Debes mostrarme que mi decisión fue la correcta”.

La cena comienza. Lowenhielm y Martina se reencuentran, y sus miradas evidencian que el amor seguía intacto. Pero el general no está al tanto de las preocupaciones morales de la comunidad con respecto a esa cena exquisita y abundante. Los platos comienzan a llegar.

Al principio están todos muy rígidos. El general elogia los platos pero obtiene por respuesta comentarios a las Escrituras. Empero, lentamente todos comienzan a soltarse un poco. No; si piensas que se van a ir al otro extremo, se van a emborrachar y todo terminará en una horrible comilona, no es así. Simplemente, se permiten sentir el rico gusto de esos platos. Comen bien, con apetito, y toman algo de vino. Y están todos un poco más contentos. Si bien la ocasión era muy formal, era más o menos como cuando nosotros nos reunimos con nuestros amigos a comer un asado. Nada del otro mundo. Pero ellos jamás habían tenido una reunión por el estilo.

Mientras tanto, Lowenhielm seguía discurriendo sobre la comida. Y cuenta que en una oportunidad, estando en un famoso restaurant parisino (el Cafe Anglais), él y sus oficiales habían comido un plato idéntico a uno de los que en ese momento estaban disfrutando (“Codornices en Sarcófago”; la verdad, yo prefiero una hamburguesa en un McDonalds). La cocinera era una renombrada Chef de París.

Pero el general había preparado, además, un discurso. Discurre en torno a las diversas elecciones que nos presenta nuestra existencia. Mira muchas veces a Martina. Hay un diálogo entre ambos aunque sólo hable Lorenz. La piedad y la verdad -dice- se han encontrado. La justicia y la dicha deben abrazarse entre sí. El hombre, con su debilidad y falta de visión, cree que debe elegir en su vida. Tiembla ante los riesgos que afronta. Sabemos qué es el miedo. Pero no. Nuestra elección no tiene importancia. Pero llega el momento en que nuestros ojos son abiertos, y nos damos cuenta de que la piedad es infinita. Sólo debemos aguardarla con confianza y recibirla con gratitud. La piedad no impone condiciones. Y bien: todo lo que hemos elegido nos ha sido concedido. Y todo lo que rechazamos también nos fue concedido. Hasta recibimos lo que rechazamos. Porque la piedad y la verdad van juntas. Y la justicia y la dicha se abrazan entre sí”.

Al concluir la cena, todos se reúnen en torno al piano y la dulce voz de Filipa, que canta una de las canciones más bellas que he escuchado.

“Observa cómo huye el día, y el sol se baña en el agua. Para nosotros se acerca la hora del reposo. Oh, Dios que habitas la luz celestial. Que reinas en lo alto, en el paraíso. Sé para nosotros la luz infinita en el valle de la noche. La arena de nuestro reloj, esfuma el tiempo. El día es conquistado por la noche. Las glorias del mundo llegan a su fin. Un día fugaz, un vuelo pasajero. Dios, que tu luz brille siempre. Acéptanos en tu piedad divina”.

Y todos, incluso las dos hermanas, están más distendidos. No sólo eso. Aquellos que en otra oportunidad se habían reclamado antiguas deudas con rencor, ahora se perdonan. Se miran y se dicen palabras de afecto. Hay una pareja, ya anciana; son marido y mujer. Ambos se miran con ternura. Y se besan.

Llega el momento de despedirse. Lorenz y Martina se miran nuevamente con ese amor profundo que siempre se tuvieron. “Estuve con Ud. cada día de mi vida. Dígame que lo sabe”. “Si… -contesta Martina-, lo sé”. “También debe saber -continúa él- que estaré con Ud. cada día que me sea concedido, de aquí en adelante. Cada noche me sentaré a cenar con Ud. No con mi cuerpo; eso no tiene importancia; sino con mi alma. Porque esta noche he aprendido que, en este hermoso mundo nuestro, todo es posible”.

Pero allí no termina todo. Los demás se reúnen alrededor de una fuente, bajo la inmensidad de un hermoso cielo estrellado. Y cantan. Expresan su alegría, y luego se van retirando lentamente, a dormir. Uno de ellos, el último en irse, dice su expresión favorita: “aleluya!”.

Pero en medio de todo esto, Babette había sido la heroína invisible que, desde su cocina, había preparado ese banquete del cuerpo y del espíritu. O sea, de la persona humana. Sus ayudantes le agradecen enormemente; ella está cansada pero también muy dichosa. Ya las tres solas en la casa, Martina y Filipa le expresan también su enorme agradecimiento. Y se produce este diálogo final:

“Babette, fue realmente una cena excelente…”

“Hace tiempo fui el chef principal del cafe Anglais”

“Todos recordaremos esta noche, cuando estés de vuelta en París”

“Yo no regreso a París”.

Filipa y Martina se asombran.

“¿No regresas a París?”

“Nadie me espera allá. Están todos muertos. Y no tengo dinero”.

“¿No tienes dinero? ¿Y los 10000 francos?”

“Gasté todo”.

Las hermanas están más asombradas.

“Una cena para 12 personas en el café Anglais -explica Babette, calmosamente- cuesta 10000 francos”.

“Pero, querida Babette, no debiste darnos todo lo que tenías”.

“No lo hice sólo por Uds…”

“Ahora serás pobre por el resto de tu vida…” -insisten las hermanas.

“Un artista nunca es pobre” -contesta Babette, decidida.

“¿Preparabas esta clase de cena en el café Anglais?”, pregunta Filipa, extrañada pero comprendiendo la situación.

Babette asiente con la cabeza y dice: “Yo era capaz de hacerlos felices… Yo daba lo mejor de mí misma… Papin lo sabía”.

“Achille Papin!?”, exclama Filipa.

“Si… El dijo: `a través del mundo suena un profundo llanto desde el corazón del artista… Denme la oportunidad de ofrecer lo mejor de mí mismo'”.

Filipa está enternecida. “Pero este no es el fin, Babette… Estoy segura de que no lo es… En el paraíso, serás la gran artista que Dios quiso que fueras… Oh! -y la abraza-, cómo encantarás a los ángeles!”

Evidentemente, la película da para mucho; son varias las cuestiones tanto históricas, tanto religiosas, como culturales, que podrían comentarse. En mi caso, es natural que mi atención se haya concentrado en una cuestión de antropología filosófica que aparece como una constante a lo largo de todas sus escenas, que es el tema de la relación entre el cuerpo y el alma, y sus implicaciones éticas, existenciales.

Habrás notado que es un tema que dejé pendiente, conscientemente, desde el comentario anterior. En efecto, habiendo tocado el tema de la dimensión espiritual del hombre, y habiendo probado que dicha dimensión subsiste a la desaparición del cuerpo, cabe que te hayas preguntado: ¿es el cuerpo, a su vez, una dimensión esencial de nuestra existencia? ¿No parece razonable afirmar que lo es? Pero en ese caso, ¿qué ocurre con la dimensión espiritual?

A lo largo de la historia de la filosofía se ha presentado un debate constante entre dos posiciones en cierto modo extremas. Una sería el monismo materialista, que afirma que el ser humano es sólo su cuerpo, y el pensamiento, un resultado de la bioquímica de las neuronas. Ya te he explicado por qué no comparto esta posición.

Otra posición, que podríamos llamar dualismo espiritualista, y que tiene muchas variantes, afirma que el espíritu del hombre es una cosa y su cuerpo otra. Serían dos elementos de naturaleza distinta. Los partidarios de esta posición concluyen con facilidad en la autonomía e inmortalidad del espíritu humano, dado que, si el cuerpo es otra cosa distinta, la desaparición de esa cosa no tiene por qué afectar al espíritu. Es más: en esta posición, el ser humano es su espíritu; un espíritu que utiliza un cuerpo como un astronauta metido dentro de una pequeña nave espacial.

Sabes que yo coincido con la existencia de una dimensión espiritual que es esencial al ser humano, pero lo que me separa de la anterior posición es que yo considero que el cuerpo es también una dimensión esencial del hombre. Algunos colegas me han convencido de que es así.

Ante todo, tengamos en cuenta que nuestra vida está llena de lo que podemos llamar “mostraciones existenciales” de que el cuerpo es algo esencial para nosotros. Es cierto que la fuerza de nuestro espíritu tiene una potencialidad todavía desconocida; muchas dolencias de nuestro cuerpo pueden llegar a curarse o a no producirse en función de esa potencialidad; y esto es algo que muchos médicos, formados en cierto monismo materialista, y en una concepción de la ciencia muy positivista, se niegan a tener en cuenta. Pero también es al revés. La degeneración de nuestro cuerpo puede hacer muy difícil la comunicación de nuestro espíritu. Además, no sólo es la enfermedad la única mostración existencial de la que disponemos. En nuestra vida habitual, todas las manifestaciones más profundas de nosotros mismos, todas nuestras emociones, se expresan con nuestro cuerpo. ¿Te acuerdas cuando hablamos de la “mirada comunicante”? ¿Acaso esos ojos, que expresan algo no reducible a lo material, no son ellos mismos corpóreos?

Ahora bien, ¿cuál es la demostración filosófica de esta mostración existencial?

Tal vez pienses que ahora voy a tratar de ensayar alguna explicación sobre cómo se “comunican” el espíritu y el cuerpo. No. No voy a proceder de ese modo, porque eso sería aceptar esta premisa: que el espíritu y el cuerpo (o, si quieres, el alma y el cuerpo) son cosas distintas. Y es esa premisa la que pongo en duda.

La pongo en duda porque el espíritu, más que un elemento adicional al cuerpo, es, en cambio, su principio organizativo último. Según esta visión de las cosas que te estoy proponiendo, no estamos formados por “dos cosas” (el alma y el cuerpo) sino que somos una sola cosa: Juan, Pedro, etc.; un solo ser humano, concreto y singular, que tiene no dos “cosas” sino dos “coprincipios” que confluyen en la constitución de una sola persona: el coprincipio organizante (espíritu) y el coprincipio organizado (cuerpo).

¿Cómo llegamos a esta conclusión? Analizando filosóficamente algunos datos elementales. Cada célula tiene millones y millones de elementos materiales que cambian constantemente; empero, esos elementos integran una única estructura celular que los organiza en funciones metabólicas. Hay allí elementos organizados y un elemento organizante. Ese elemento organizante es el principio organizativo de lo material.

Esas células se integran a su vez en tejidos; éstos, en aparatos y sistemas, y éstos, en un cuerpo, autónomo de otros, regido por un principio organizativo principal. Cada elemento material es ordenado en estructuras y éstas, a su vez, son subsumidas y organizadas por principios organizativos de mayor nivel, hasta que todos se integran en un cuerpo, ordenado a su vez por un principio organizativo principal. Muchos biólogos actuales colocarían ese elemento organizante -según conjeturas hasta ahora corroboradas- en la estructura del código genético. Pero esta conjetura biológica no es esencial para que, filosóficamente, distingamos en todo cuerpo a un elemento organizante y elementos organizados.

Este principio organizativo último y principal es el origen de todas las funciones específicas de un determinado cuerpo. En nuestro caso, tal vez te imagines mi conclusión: nuestro principio organizativo último es nuestro espíritu.

Me dirás que qué estoy diciendo. Pues nada del otro mundo. Todas nuestras capacidades estarán organizadas y regidas por nuestro principio organizativo último. Ahora bien, si una de esas capacidades, la inteligencia, específicamente nuestra, tiene una operación, que es entender, que no puede reducirse a lo material, y que no depende de lo material para existir, entonces ella misma, y el principio de donde deriva, serán no materiales también. Luego, nuestro principio organizativo último es no material, no sólo en cuanto a su función organizante, sino en cuanto que no depende de lo material para su existir. Y nada tiene de extraño que algo inmaterial sea el principio organizante de un cuerpo; al contrario, lo material es propiamente lo organizado; no lo organizante. La diferencia es que hay algunos principios organizantes cuya existencia está ligada a la existencia de los elementos organizados (como el orden que une las piezas de un televisor: sin las piezas no hay orden real entre las mismas) y, en cambio, en nuestro caso, dado que nuestra capacidad intelectual no depende de la materia para existir (tesis probada en el comentario anterior), tampoco el principio organizativo último que es causa de esa capacidad, pues sería contradictorio que una capacidad se asentara sobre un principio inferior a ella misma. Salvando las distancias, sería lo mismo que un elefante parado sobre un mosquito, o como sacar un millón de dólares de una cuenta que llegaba sólo a 100.

Esto explica varias cosas. En primer lugar, que nuestro espíritu es un espíritu esencialmente encarnado: es un espíritu que organiza y estructura a nuestro cuerpo. El espíritu humano no está pues en algún lugar del cuerpo: está en todo él, como el orden en lo ordenado. Y, en segundo lugar, puede subsistir a la desaparición del co-principio organizado (el cuerpo).

Por supuesto, esto no es esencial a la dimensión espiritual como tal. Quiero decir: no corresponde a aquella dimensión del ser transparente a sí misma, que hemos llamado espíritu, estar organizando, necesariamente, un cuerpo. Puede haber espíritus creados por Dios que sean personas sólo espirituales; es posible su existencia, aunque si realmente existen no lo puede saber la filosofía como tal. Eso queda reservado a una dimensión religiosa del conocimiento. No contradictoria con la filosofía, desde luego.

Dios, obviamente, es espíritu. Y es espíritu absoluto e infinito. Nosotros, en cambio, somos finitos, limitados, porque somos creados. Y, además, somos encarnados. O sea, somos personas a las que nos corresponde una dimensión corporal, por esencia. Esa dimensión corporal no anula nuestra esperanza de gozo eterno junto a Dios. (¿Recuperaremos alguna vez nuestro cuerpo, que es tan nuestro? ¿Nos daría Dios ese regalo? La filosofía no puede saberlo).

Ahora tratemos de ver las implicaciones de todo esto para la “fiesta de Babette”. En mi opinión, esa fiesta es un reencuentro de los personajes con su unidad psicofísica. En efecto, habiéndose educado en un ambiente cultural donde las manifestaciones de lo corpóreo son, en principio, sospechosas, debía haber un acontecimiento muy singular para someter esa sospecha a revisión. Y ese acontecimiento fue la fiesta que Babette preparó.

Lo interesante de esa cena es de qué modo los integrantes de esa comunidad vuelven a un delicado equilibrio, humanamente muy difícil de lograr. Si somos espíritus encarnados, esencialmente corpóreos, todas las manifestaciones propias de nuestra dimensión animal se dan en nosotros esencialmente espiritualizadas. Es por eso que funciones tales como la comida, la reproducción y el descanso se encuentran rodeadas, en lo humano, por manifestaciones culturales que las elevan a una dimensión distinta a la solamente instintiva.

De ese modo, un imperativo ético de nuestra dimensión como personas es relacionar nuestras dimensiones corporales con nuestra vida moral básica: nuestra relación de amistad con Dios y con el prójimo. Así, si estamos solos, al comer y al beber no nos olvidaremos de Dios, y la moderación y sobriedad al hacerlo será un obvio resultado del cuidado para con esa dimensión corporal por El otorgada. La sobriedad bien entendida, en todas nuestras funciones corporales, no es desprecio por el cuerpo, sino exactamente al contrario.

Pero, sobre todo, hagamos de nuestro cuerpo una ocasión para el encuentro con el otro. De ese modo, una comida será ocasión para el encuentro amistoso con nuestros semejantes. Allí espíritu y cuerpo muestran su íntima unidad. Y eso es exactamente lo que les pasó a nuestros amigos durante la cena que Babette les organizó.

Al principio, cuando se sentaron, la comida era su enemigo. Como aquel que por temor a que el avión se caiga nunca se sube, ellos nunca se habían permitido un plato sabroso, por temor a excederse y arruinar así toda su persona. Pero, lentamente, van degustando esa comida que Babette con tanto afecto les había preparado. La rigidez anterior obró como secreto equilibrante para que lo hicieran en su justa medida. En esa medida, la comida ejerció un efecto sedante sobre su espíritu. Nada raro, ahora que hemos visto que cuerpo y alma no son dos cosas distintas.

Así distendidos, se dieron cuenta de que estaban juntos. Se miraron, tal vez con esa comprensión que surge secretamente a medida que uno toma conciencia de lo que es verdaderamente humano. O tal vez se sintieron divertidamente cómplices en esa cena que para ellos era algo fuera de lo común. El asunto es que se re-encontraron. Abandonaron la rigidez permanente que ocasiona el temor, y accedieron a la naturalidad del amor. Ese amor será la fuente de la virtud, no el temor. Porque si se hubieran excedido, si todo hubiera terminado en una horrible comilona, tampoco hubieran podido amarse. Para amarse hay que tener la mirada puesta en el otro. Si estás muerto de miedo por no excederte, te reconcentras en ti mismo y no puedes amar al otro. Si te excedes, también te reconcentras en ti mismo y el efecto es el mismo.

No sé si coincidirás conmigo, pero creo que este es el profundo significado existencial de esta “fiesta”. Se reencontraron  en una cena. Una perfecta mostración existencial de la unidad alma-cuerpo. Por supuesto que es difícil. Las derivaciones morales de las exigencias de nuestra naturaleza nunca son fáciles. Mejor dicho: a veces pueden ser claras para nuestra inteligencia, pero no para nuestra voluntad.

Pero la película nos sigue ofreciendo datos para seguir reflexionando. Recordemos que Martina y Filipa no se habían casado.

El amor humano entre hombre y mujer es algo sublime. Cuando no hay amor, sino mutuo usufructo, es algo espantoso. Como bien dijo un colega, la degeneración de lo mejor es lo peor.

Ese amor humano es una de las vivencias más profundas de nuestra unidad corpóreo-espiritual. Todo amor genera vida, en el sentido que genera el mutuo crecimiento como personas, y, en ese sentido, toda amistad implica esa mirada comunicante que impide el nosotros alienante. Ya en nuestro comentario sobre Zelig habíamos hablado al respecto, pero también allí habíamos resaltado el amor entre Eudora y Leonard. Ese amor humano sincero, entre hombre y mujer, es espiritual porque surge de la dimensión más profunda y fundante de la persona, pero se expresa necesaria y esencialmente a través de sus cuerpos. Y por eso, el amor entre hombre y mujer genera vida, en el sentido más total del término. No sólo hay mutuo crecimiento, sino que también se genera una nueva vida. Por eso el nacimiento de un hijo es una de las experiencias vitales más profundas, porque allí, la persona siente en lo más profundo de sí misma la dimensión espiritual y corpórea -inseparablemente unidas- del amor que ha entregado a la otra persona. Y porque siente, de algún modo, la continuidad de una existencia corpórea que algún día llegará a su fin.

No creas que ahora voy a criticar a quienes no se casan por motivos religiosos. No, eso sería muy barato de mi parte. Al contrario, una renuncia por el estilo, hecha con madurez y libertad, como medio para servir a Dios de un cierto modo, no implica un desprecio por el matrimonio. Al contrario, implica ofrecer a Dios algo muy valioso. Renunciar a un tacho de basura es fácil. Claro, fácil cuando es verdaderamente basura; pero enfermante cuando alguien confunde el amor humano, querido por Dios, con la basura.

Y este fue el problema. La elección de Filipa y Martina no fue realizada con plena madurez. Influidas por ciertas circunstancias culturales y familiares, que les hacían ver al amor humano como algo no muy digno, se quedaron viendo con nostalgia a los varones que con sinceridad les ofrecían amarlas. Esa nostalgia abarcaba también, tal vez, a la maternidad y a las nuevas vidas que hubieran surgido.

Una de ellas, Martina, se reencuentra, en la famosa cena, con Lorenz. No habían podido casarse, pero el amor entre ellos seguía intacto. Curiosamente, el desafío es mayor para Lorenz. Este había tratado de sustituir la desdicha del amor no encontrado con el regodeo de sí mismo. Cuidado. El éxito en tu trabajo puede ser muy importante, pero no lo uses para tapar un agujero. Más adelante volveremos a esto. Es importante, además, que tu trabajo se convierta en servicio a los demás y en ofrecimiento a Dios. No para mirarte y decir, como el viejo cuento, “espejito, espejito, ¿quién es el más…?”. Justamente, Lorenz advierte lo vano de sus vanidades frente a su espejo, cuando, poniéndose sus “galas”, dialoga consigo mismo.

Pero esa noche, al reencontrarse con la mirada de Martina, siente la felicidad que esos ojos le regalan. No puede evitar reflexionar sobre las opciones que él y Martina han hecho a lo largo de su vida. Y entonces, más que sumergirse en la ausencia de esperanza, hace una buena elección: recurre a Dios, cuya mirada comprensiva todo lo perdona. Hacia el final de nuestras vidas, esa mirada comprensiva de Dios, mediando nuestra aceptación, dará luz incluso a nuestras elecciones más oscuras. Ese reencuentro con Martina, y su esperanza en Dios, le hacen reelaborar sus convicciones. Ahora ha descubierto esa fuerza que le abre las puertas a un mundo distinto, hermoso, en el cual todo es posible.

Me dirás que el discurso de Lorenz tiende a disminuir la importancia de nuestras propias elecciones. No creo. Simplemente, las coloca bajo el manto del perdón de Dios. Y hacer eso es una elección, tal vez la más importante que puedas hacer. Un sincero pedir perdón a quien te dio la existencia. Incluso, se puede decir que sólo Dios puede impulsarte a hacer eso, pero en ese caso, tu elección está -como ya te había comentado- en no decirle “no”.

¿Y Babette? Babette no regresa, como vimos, a París. ¿Lo ha hecho por Martina y Filipa, o por ella misma? Parece que no se sabe. Ella dice que lo ha hecho por su vocación artística. Un artista siente que siempre debe dar lo mejor de sí mismo, y ella encontró en esa cena la ocasión para entregarse.

Pero esa entrega se relaciona necesariamente con el bien del otro, y por eso hay amor. Cuando hay amor, desaparece la dualidad yo-tu, en cierta medida, porque las personas que se quieren con sinceridad están comunicadas por  un bien común, mutuo, donde el bien de uno es el del otro y viceversa. ¿Lo haces por el otro, lo haces por ti? Casi no tiene sentido el preguntárselo. Cuando hay amor, todo lo que haces por el otro, lo haces por ti.

Por supuesto, el desinterés absoluto es imposible para nuestra humanidad, porque siempre lo que haces por los demás te hace crecer como persona; luego es imposible que hagas el bien sin beneficiarte a ti mismo. Sólo Dios puede dar sin recibir. Nosotros, en cambio, recibimos nuestro dar.

Pero volvamos a Jutlandia. O, mejor dicho, no volvamos. Pero recordemos a sus personajes. Seamos sobrios con nuestro cuerpo, pero justamente porque es un don de Dios y parte esencial de nosotros mismos. Y juntémonos con nuestros amigos a comer, más seguido.

 

Y sepamos encontrar, todos, una voz que tenga la ternura de Filipa; unos ojos que tengan la mirada de Martina.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Whittaker Chambers y sus derivados

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Según Sidney Hook el libro de Chambers titulado Witness es el que mejor explica los graves problemas inherentes a los sistemas totalitarios (en la edición que tengo en mis manos son poco más de 800 páginas con una tipografía bastante reducida).

El autor (1901-1961) relata como en su país, Estados Unidos, donde había llegado su abuelo de Europa, en la Universidad de Columbia donde cursaba historia, algunos de sus amigos lo invitaron a incorporarse al Partido Comunista en vista de los hechos que acosaban al mundo y como, según ellos, lo estaban encarando y resolviendo en la Unión Soviética. Chambers relata que esas versiones provenían principal aunque no exclusivamente de la influencia del matrimonio Webb (los fundadores del Partido Laborista en Inglaterra y también de la London School of Economics, tan abiertos a otras ideas que esa casa de estudios con el tiempo básicamente sustentó el espíritu liberal durante un tiempo prolongado).

Relata también que tres obras influyeron principalmente en él: Un soviético trabajando Estado y revolución de Lenin y El manifiesto comunista de Marx y Engels. Participó en numerosas reuniones con activistas del partido, en huelgas especialmente textiles en New Jersey y finalmente se afilió al PC. Al tiempo de la mencionada afiliación comenzó a recibir llamadas y contactos al efecto de mantener reuniones donde los invitantes verificaron su compromiso con los ideales comunistas y, sobre todo, su carácter respecto a su capacidad para mantenerse leal y su espíritu de subordinación a los jefes, en dirección a los programas del partido.

Cuando los agentes soviéticos se persuadieron de las potencialidades del candidato lo reclutaron para muy diversas tareas y finalmente para las faenas de espionaje en su propio país. Chambers describe de manera muy ilustrativa y vivencial las peripecias, los procedimientos de control permanentes del sistema, la carga de maldad con los desertores cuyo destino era siempre la muerte, los horrores de la vida en Rusia soviética y los desmanes de los líderes, las purgas entre ellos y, sobre todo, la timidez en las respuestas de Occidente frente a la infiltración en sus propias filas.

Describe también sus primeras dudas respecto a la naturaleza del sistema, su desengaño total primero al ver que lo que creía un fin noble era manchado brutalmente por medios de una inmoralidad patética y luego comprender que el problema estaba en el fin perseguido y no en una mala administración merced no solo a lo que constataba con sus propios ojos sino a lecturas en la clandestinidad sobre la sociedad abierta y temas filosóficos como los referidos al materialismo  (del mismo modo que le ocurrió a Eudocio Ravines). Influyó también en su decisión la orden de sus superiores (que incumplió) de que su mujer abortara su hija. A continuación alude a sus idas y venidas con planes minuciosos y por cierto muy peligrosos para escapar de las garras de los comisarios del aparato y su posibilidad de libertad aunque al principio tuvo que mantenerse escondido hasta que saltó a la fama al denunciar públicamente nada menos que a quien fuera Procurador General del gobierno de Frankin D. Roosvelt y Asistente al Secretario de Estado, Alger Hiss, quien fue condenado (también  Chambers lo denunció en el Departamento del Tesoro del mismo presidente a Harry Dexter White -cofundador con Keynes del FMI- quien murió durante el proceso, antes del veredicto). Este proceso tuvo repercusiones mundiales y muchos autores de prestigio escribieron sobre el caso tan sonado, como por ejemplo, John T. Flynn en El mito de Roosevelt en el que queda claro que, igual que los compromisos que se adquieren en una empresa respecto de inside information confidencial, del mismo modo es que al jurar por la Constitución determinados compromisos, estos deben cumplirse a riesgo de incurrir en un delito. El cargo no es por las ideas sustentadas sino por la referida acción delictual. Luego aparecieron los Venona Papers que confirmaron todas las denuncias de Chambers. 

Poco después Whittaker Chambers se desempeñó en la revista Times Magazine durante nueve años donde fue el más conocido editorialista y fue más tarde miembro del Consejo Editorial de National Review.

Es de interés considerar las reflexiones de este personaje en su libro donde consigna que al decidir la deserción del partido coincidieron con su mujer que con esto “pasarían del lado ganador al lado perdedor” en vista de la fuerza que mostraba el comunismo y el espíritu totalitario y estatista en general debido al trabajo diario que en muy diversos frentes realizaban sus adeptos, en abierto contraste con la debilidad y la desidia manifiesta de Occidente para defender sus valores y principios. Y en los tiempos que corren podemos decir que no se trata de la etiqueta del comunismo como tal sino su filosofía y las inclinaciones hacia esa tradición de pensamiento ya sea en forma directa o con el método gramsciano de “tomar la cultura puesto que el resto se da por añadidura”.

Como bien ha escrito Vladimir Bukouvsky “miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de doctrinas se ha creado por prominentes políticos para encontrar compromisos con este tipo de regímenes [los totalitarios]. Están evadiendo la única solución correcta- la oposición moral. Las consentidas democracias de Occidente se han olvidado de su pasado y de su esencia, es decir, que las democracias no consisten en una casa confortable, un lindo automóvil o un beneficio de desempleo, sino antes que nada la habilidad y el deseo de defender nuestros derechos”. Y también Anna Politkovskaya denunció con todas sus fuerzas el sistema totalitario del actual momento en Rusia hasta que, luego de reiteradas amenazas para que se abstuviera de continuar con sus reclamos, la asesinaron.

Sin llegar a las matanzas, en cualquier lugar donde prime el espíritu totalitario bajo las más diversas fachadas, se comprueba la persecución a periodistas independientes (un pleonasmo, pero hoy vale aclarar con el adjetivo), se machaca con presiones, aprietes y demás maniobras para lograr una mordaza generalizada al efecto  de que  solo se visualice la opinión de los megalómanos y comisarios de facto que tienen la escabrosa manía de manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

Es de desear qua haya una decidida reacción a favor de los valores de la sociedad libre merced a los formidables trabajos realizados por tantos intelectuales de gran calado y pueda contrarrestarse el creciente estatismo que hoy tiene lugar en países que han tenido una tradición muy distinta y contraria a la que favorece un Leviatán desbocado. 

Después de toda la tragedia que se ha visto en cuanto a lo que significa el comunismo, hay quienes persisten en ese camino aunque muchas veces por vergonzantes no lo declaran abiertamente o porque piensan que resulta posible persistir en las metas sin recurrir a los medios atroces a que a recurrido aquella postura. Recordemos que Marx y Engels definieron el eje central del programa comunista como “la abolición de la propiedad” pero muchos de los seguidores conciente o inconcientemente estiman que sin llegar a la abolición de la propiedad se la puede dañar “un poco”.

Es que dañar un poco significa que se distorcionarán un poco los precios que precisamente surgen de intercambios libres y voluntarios entre derechos de propiedad, lo cual se traduce a su vez en que se malguía un poco a los operadores económicos que actúan en base a esos indicadores y, por ende, se consume un poco de capital y consecuentemente se contraen un poco los salarios e ingresos en términos reales. Pero henos aquí que estos pocos al producir efectos negativos hacen que los aparatos estatales se vean obligados a intervenir otro poco para “corregir” los desajustes producidos por los otros pocos y así sucesivamente. En el extremo, cuando se ha abolido la propiedad ya no hay precio alguno, por lo que tampoco hay posibilidad de evaluación de proyectos ni de tal cosa como contabilidad.

Esta secuencia es favorecida por desvalores trasmitidos en las aulas y también, en muchos casos, por predicadores y sacerdotes en el contexto de faenas misioneras y similares. Esto último no se diferencia en su contenido de otras manifestaciones de des-educación pero con la enorme diferencia que se llevan a cabo en nombre de Dios. El primer paso consiste en trasmitirles a los jóvenes que deben demostrar bondad y para ello consideran que es indispensable que renuncien a si mismos y se entreguen a los demás, lo cual revela una contradicción manifiesta ya que si proceden de ese modo es inexorablemente porque prefieren actuar de ese modo, que les interesa moverse en esa dirección, que les hace bien y, en consecuencia, les gusta. Por eso el altruismo es una contradicción en términos, no es posible hacer el bien a costa del propio bien, como queda dicho, el que hace el bien es porque le satisface hacerlo, está en su interés personal.

Ahora bien, esta enseñanza de renunciar a uno mismo ¿no es una traición a Dios que nos dio la bendición de haber nacido para, en cambio, renunciar a uno mismo en lugar de prestarnos atención y ensanchar y cuidar nuestra alma y actualizar nuestras potencialidades y mejorar nuestra condición en todos los aspectos posibles? Como se ha dicho una y otra vez, la renuncia evangélica se refiere a la renuncia al mal. Sin embargo, aquellas prédicas en general van por otros andariveles: una vez comprendida y remachada la antedicha lección, se lleva a los jóvenes a barrios de emergencia para “concientizarlos” y mostrarles que esa es la consecuencia de la codicia y el deseo de lucro del capitalismo y que “el dinero es el estiércol del diablo”. Están también los que se quedan a medio camino tan confundidos que prefieren hablar de música y temas similares que no los comprometan, pero en casi todos los casos miran a sus padres con desconfianza porque estiman que tienen demasiados bienes y no los reparten.

La última etapa -cuando ya se ha producido una llamarada de indignación entre las audiencias fruto de semejante adoctrinamiento- suelen volcarse a la toma de las armas al efecto de destruir el sistema opresivo del capitalismo (que en verdad, agregamos nosotros, es inexistente ya que lo que tiene lugar es consecuencia del estatismo resultado de las recetas, entre muchos otros, de los misioneros de marras: aumentos siderales en el gasto público, impuestos insoportables, deuda estatal astronómica, regulaciones asfixiantes por doquier y, naturalmente, degradación del derecho y los marcos institucionales). Las enseñanzas de Chambers deben alertar a los espíritus inquietos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Instituciones y moral

Por Gabriel Boragina Publicado  el 23/7/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/07/instituciones-y-moral.html

 

Hace poco participé de un debate que se generó en torno al estreno de una película que auspicia la imagen del dictador militar izquierdista venezolano Hugo Chávez Frías. Todos los participantes en el debate criticaban que un ente estatal -como el instituto del cine argentino (más conocido por sus siglas INCAA)- fuera el autor de la iniciativa y de su financiación, ya que esta -al tratarse de un instituto oficial- se sufragaba a través de los impuestos que constantemente abonamos los “contribuyentes” al gobierno.

La opinión mayoritaria se orientaba a mantener el ente estatal (INCAA) ya que ella decía que el problema constituía en que existía uno o más funcionarios que portaban ideas de izquierda y que la solución pasaba por eliminar a esos elementos, y volver a repoblar la repartición estatal con otro tipo de funcionarios con ideas menos izquierdistas o mas de derecha.

Mi punto -el que fue rechazado por todos, incluyendo aquellos que no compartían la promoción de ideas de izquierda como formando parte de la cultura- era diferente, y transitaba por el hecho de que no importaba tanto cuáles ideas poseían los funcionarios y empleados del ente estatal, sino que -en mi opinión- no constituía objeto de las funciones del estado-nación el patrocinio de eventos culturales, siendo como lo considero, algo propio y exclusivo del sector privado.

En segundo lugar, señalé que hay instituciones que -mas allá de las ideas políticas de quienes las dirigen o la componen- su mismo diseño como tal las hace obligar a esas mismas personas a llevar a cabo actos que se dirigen a determinados resultados -incluso posiblemente no queridos por quienes integran el organismo- y que esas consecuencias podrían ser ideológicas, injustas y hasta deshonestas.

Se me replicó que las instituciones en sí mismas eran neutrales, y por ese mismo motivo no podían ser deshonestas, sino que solamente las personas pueden serlo o no. Por lo tanto, lo que estos debatientes proponían como toda “solución” era despedir a los deshonestos y contratar a personal honorable.
A lo que no estuve de acuerdo.

Si buscamos la definición de institución encontramos la siguiente:

Institución. Establecimiento o fundación de una cosa. | Cosa establecida o fundada. | Cada una de las organizaciones fundamentales de un Estado, como república, monarquía, feudalismo, democracia. | Órganos constitucionales del poder soberano de la nación. | Cada una de las materias de las diversas ramas del Derecho: institución de la familia, del matrimonio, de la patria potestad, de las sucesiones, de la propiedad.1

Para el tema del debate, lo que nos interesa son las dos primeras acepciones.
Una piedra es una cosa y -como tal, por su propia naturaleza- carece de finalidad alguna. Por lo tanto, se puede decir que -desde el punto de vista humano- una piedra es una cosa neutral. Pero una institución no es simplemente una cosa, sino el Establecimiento o fundación de una cosa, o bien, una Cosa establecida o fundada.
Es decir, que lo relevante para definir una institución es la finalidad humana observada al establecerla o fundarla. Y esa finalidad humana nunca es neutral, sino que siempre se halla condicionada por todos los factores que intervienen e influyen en el ser humano. Desde este punto de vista, ninguna institución es neutral, moral ni jurídicamente hablando.

Ya antes me he expresado en cuanto a este punto 2 y di varios ejemplos de instituciones inmorales o deshonestas. Hubiera sido inútil dotar al Ministerio de la Raza de Hitler de personal con altos valores morales u honestos. La finalidad de dicha institución no tenía por mira otra cosa que discriminar racialmente a la gente, y la única alternativa que quedaba a alguien quien fuera llamado a participar de aquella institución -por muy alta que fuera su moral u honestidad- no era más que una sola opción: o declinar el ofrecimiento al cargo o aceptarlo renunciando a su moral y honestidad. Pero, independientemente de lo que los llamados a integrar tal departamento estatal nazi asumieran como actitud final ante la oferta a componer la oficina estatal, tanto si aceptaban como si objetaban la propuesta, ello no priva a quienes repudiamos el racismo de tildar como inmoral o deshonesta la condición de un ministerio o secretaría de esa naturaleza. Esta institución, y muchas otras que, sin llegar a este extremo, conforman el sector público de numerosísimos países declarados no nazis, ni fascistas, ni comunistas, son -en mi opinión- manifiestamente inmorales y deshonestas, porque de este calibre es la mentalidad de las personas que diseñaron, establecieron o fundaron organismos estatales cuya mira es la violación de los derechos (no utilizaré el pleonasmo derechos “humanos”, ya que los derechos no pueden ser sino solamente humanos).

Sin llegar a esos límites, quienes pensamos y estamos convencidos que dirigir la economía de las personas es un acto inmoral y deshonesto porque viola el derecho de propiedad de esos mismos individuos, no podemos sino concluir que el establecimiento de cualquier institución –como, por ejemplo, los ministerios de economía tan populares de todos los tiempos- que tenga por finalidad u objetivo intervenir en la economía de los seres humanos, será indefectiblemente una institución inmoral y deshonesta.

Como ha señalado el genial economista austriaco Ludwig von Mises, la corrupción es corolario exclusivo del intervencionismo estatal. Y en esta línea, cualquier grado de intervencionismo del gobierno en los actos humanos conllevará el consiguiente grado de corrupción. Si este intervencionismo es excesivo la corrupción será creciente, y viceversa. De tal suerte que, todas las instituciones estatales que fomenten el intervencionismo gubernamental y las dependencias administrativas que se originen en su secuela serán, asimismo, por lógico efecto, inmorales y deshonestas. Y esto no cambia por el hecho de que quienes las compongan -o sus artífices e inspiradores- en sus conductas particulares no tengan antecedentes penales.

Pasa que nuestra sociedad estatista ha elevado a un grado sacrosanto conceptos tales como el de las instituciones. Pero ha olvidado por completo que las instituciones no nacen de la nada, ni se crean por generación espontánea. Toda institución es siempre fruto y derivación de una mente humana, o de muchas de ellas en conjunto. Y si esas mentes son inmorales y deshonestas sus construcciones serán del mismo signo sin remedio alguno.
———————
1 Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Juridicas Politices y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 504.
2 *Ver aquí mi artículo ¿Qué es la seguridad jurídica?

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

 

Vouchers para frenar la extorsión de Baradel

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/6/17 en: http://economiaparatodos.net/vouchers-para-frenar-la-extorsion-de-baradel/

 

Quiero ver cuántos docentes van a seguir haciendo huelgas respondiendo a Baradel si a fin de mes no cobran porque falta de alumnos

Es un clásico que los docentes de la provincia de Buenos Aires que son liderados por el sindicalista Baradel hagan paros exigiendo mejoras salariales. Es más, ver a “docentes” manifestarse groseramente denigra la profesión. El famoso maestro de escuela que todos respetaban hasta que se autodenominaron trabajadores de la educación.

Volviendo a los reclamos salariales, obviamente que esta demanda la esconden detrás de otras exigencias menores para beneficio de los alumnos, pero la realidad es que eso les importa poco. Lo que les importa es generarle un problema político al gobierno de la provincia para que tenga que ceder ante sus demandas salariales.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires acaba de dar datos sobre la pérdida de matrículas en las escuelas públicas. Es decir, los padres de los chicos se cansan de la cantidad de días sin clases que tienen sus hijos y los mandan a colegios privados.

¿Qué hacer frente a ésta extorsión sistemática? Aplicar el voucher educativo. Es decir, en vez de subsidiar la oferta, empezar a subsidiar la demanda. La idea es que el estado les entrega un voucher a los padres por cada hijo que manda al colegio. El padre elige el colegio que desea, que puede ser estatal, parroquial o privado no confesional. Si el padre manda a su hijo a un colegio parroquial, a fin de mes entrega el voucher que le da el estado y el colegio recibe el pago del estado provincial contra el voucher que recibe del padre.

El monto que recibe el padre por cada hijo es el costo que actualmente tiene el estado por cada alumno que asiste a un colegio estatal de la provincia. El padre elige si sigue mandando a su hijo a un colegio estatal o a uno parroquial. Supongamos que el parroquial sale un poco más caro que el estatal, entonces, el padre entrega el voucher al colegio parroquial y paga la diferencia entre el valor del voucher y la matricula que cobra el colegio parroquial versus el estatal que empieza a recaudar fondos vía los vouchers que recibe. En este esquema los colegios estatales tienen que ganarse el respeto de los padres para captar alumnos. Tiene que demostrar calidad educativa e instalaciones en condiciones. Lo mismo puede ocurrir si quiere ir a un colegio privado. El padre paga la diferencia entre el valor del voucher y la matrícula del colegio privado.

Si encima a este cambio en el sistema de financiamiento de la educación se le otorga libertad a las escuelas para establecer los contenidos (cantidad de horas de matemáticas, historia, etc.) y los contenidos de cada materia, las escuelas irían a una fuerte competencia por captar más matricula. Mejoraría la oferta de calidad educativa. Puesto de otra manera, en vez que un burócrata diga qué tienen que estudiar nuestros hijos, los padres elegirían los contenidos que prefieren para sus hijos de acuerdo a la oferta educativa que haya en el mercado de la educación.

Por otro lado, también habría competencia por tener en condiciones las instalaciones de cada escuela. Incluso entre las escuelas estatales.

Ahora bien, volviendo a las escuelas públicas y las extorsiones de Baradel, los “docentes” que hoy lo siguen se verían en un problema si sus escuelas pierden matrículas. Colegio que se queda sin alumnos, colegio que no puede pagar los costos fijos y tiene que cerrar por ineficiente o por sindicalizado en perjuicio de los chicos.

Imaginemos un colegio cuyos docentes responden a Baradel y paran todo el tiempo. Los padres usan el voucher para mandar a sus hijos a otro colegio. La escuela de los docentes seguidores de Baradel se queda sin matrícula y no cobran su sueldo, porque de ahora en más no cobrarían sus sueldos de la provincia sino de los recursos que recaude la escuela pública. Quiero ver cuántos docentes van a seguir haciendo huelgas respondiendo a Baradel si a fin de mes no cobran porque falta de alumnos.

Aclaro, no hay riesgo que el padre se gaste el voucher en vino, como algún despistado puede afirmar alegremente, porque el voucher es solo un papel que se puede usar para entregarle al colegio. No serviría para comprar vino, cerveza o celulares porque el que tiene que cobrarlo es una institución educativa. No lo cobra el padre. El padre recibe el voucher del estado y solo puede entregárselo a una escuela que es la única que puede cobrar ese tipo de vouchers. Un supermercado que recibiera vouchers por cerveza, si lo presentara al gobierno de la provincia no podría cobrarlo al no ser una institución educativa.

Lo que hay que tener en cuenta acá es cuál es el objetivo de la educación. ¿Queremos chicos bien formados académicamente o escuelas públicas? Salvo los intereses de los burócratas y de los dirigentes sindicales, el objetivo debería ser que los chicos tengan una buena instrucción que en el futuro les permita ganarse la vida con el fruto de su trabajo. Si uno introduce competencia vía los vouchers y vía los contenidos de las materias, la educación puede alcanzar niveles de excelencia.

¿Por qué se compara tanto la universidad a la que van a ir los hijos y no tanto las escuelas? Porque se busca la mejor combinación de precio y calidad educativa al momento de elegir una universidad. Esto no ocurre tanto con las escuelas primarias y secundarias y sin embargo lo que se aprende de chico es fundamental para el desarrollo educativo futuro. Tanto o más importante que la universidad.

En síntesis, si bien la idea del voucher serviría para anular la extorsión anual de Baradel, en rigor generaría una revolución educativa con mejoras tanto en los contenidos como en la calidad edilicia y de los docentes.

Es curioso que quienes se oponen a estas condiciones de competencia estén dispuestos a asignar horas de su vida para ver qué celular se compra y no asignar horas de su vida para analizar cuál es el mejor colegio para instruir a sus hijos.

¿Los beneficios para los docentes? Cuánto más se esmeren por dar buenas clases, recordemos que el activo principal de toda institución educativa son sus docentes, más prestigio va a tener la escuela donde trabaja, mayor demanda tendrá y mejores salarios recibirán.

La educación argentina necesita desesperadamente una revolución. Hace falta una revolución educativa. En las evaluaciones pisa, Argentina fue descalificada, quitada del ranking por hacer trampas durante la era k. Tan bajo ha caído nuestra educación con el kirchnerismo y tan indigno para el país.

En síntesis, la propuesta es: a) introducir competencia en la calidad educativa, b) quitarle a los burócratas el control de la educación y c) devolverle a los padres el derecho a elegir a qué escuela mandar a sus hijos con los impuestos que paga.

Hay países como Suecia y Chile que ya lo están aplicando. No veo razón para que nosotros no los apliquemos.

Sabemos que este modelo educación estatal, con burócratas estableciendo los contenidos y con sindicatos extorsionando al poder político está agotado. Aquí no hay gradualismo que valga. O se cambia por completo el sistema educativo o seguiremos siendo un país de ignorantes. Y recordemos que los países con ciudadanos ignorantes terminan eligiendo a sus propios déspotas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Para algunos países, el dinero que ingresa por remesas es el principal ingreso de divisas y alto % del PIB (IX)

Por Martín Krause. Publicada el 19/6/17 en: http://bazar.ufm.edu/paises-dinero-ingresa-remesas-principal-ingreso-divisas-alto-del-pib-ix/

 

Paper sobre la cuestión migratoria:

  1. Los emigrantes ayudan al resto de la población pobre

Esta no es, en realidad, un tema de debate, simplemente la consideración de un hecho que debe ser tenido en cuenta. La llegada de los emigrantes, tanto refugiados como laborales, acerca a quienes provienen de sociedades con baja productividad debido a la escasez de capital invertido a otras donde su productividad es mucho mayor. Esto les genera ingresos muy superiores a los de los lugares de donde han partido, siendo éste uno de los principales incentivos para emigrar. Y esos mayores ingresos se han convertido en el programa de ayuda más importante y con mayor sustento moral que pueda imaginarse: las remesas.

El Banco Mundial estima que las remesas en 2015 alcanzaron la suma de 588.199 millones de dólares , unas cuatro veces más que toda la ayuda internacional. Para algunos países se ha convertido en su principal ingreso. Por ejemplo, las remesas son un 41,7% del PIB de Tayikistán, un 30,3% del de Kirguistán o un 29,9% del de Nepal. En cuanto a América Latina se refiere, significan el 22,4% del PIB de Haití, el 17,8% del de Honduras, 16,8% en el caso de El Salvador, 15,7% para Jamaica, 10,2% para Guyana, 9,9% en Guatemala o 9,7% para Nicaragua.

Estos fondos que quienes han emigrado y prosperado ahora remiten al resto de la familia que quedó en el país de origen, se han convertido en un enorme programa social, de tal magnitud que en varios países de, por ejemplo, Centroamérica, el ingreso de remesas se ha convertido en el ítem más grande de su balanza de pagos. Es decir, ingresan más dólares por remesas que los que ingresan por la venta de cualquier otro producto que exporten.

Las remesas son el símbolo de las personas y las familias ayudándose a sí mismas, en base a su propio esfuerzo y a su prosperidad. Pocos resultados de la migración son tan loables y efectivos como éste.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.