Monthly Archives: enero 2014

La Argentina paralizada

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 29/1/14 en:  http://www.cronista.com/opinion/-La-Argentina-paralizada-20140129-0002.html

El título de esta nota no se refiere a la tan reiterada caída de reservas, ni a la expansión de la base monetaria, ni a la crisis energética, ni a la asfixia que generan las mal llamadas retenciones (en verdad impuestos), ni a los precios obligados por el aparato estatal, ni a las idas y venidas en el mercado cambiario, ni a la creciente liquidación de los marcos institucionales, ni a la colosal presión tributaria, ni a los sucesos en el ámbito laboral, ni a los empresarios genuflexos y prebendarios, ni los astronómicos gastos gubernamentales y creciente deuda pública interna, ni el incontrolable déficit presupuestario, ni tantos otros temas que ocurren en nuestra tierra.
A esta altura, es necesario mirar desde otro ángulo, especialmente después del discurso por cadena nacional de la Presidente luego de una abstinencia de 35 días. Argentina está paralizada porque toda la llamada oposición y buena parte de la población se queda sin aliento y solo atina a marcar contradicciones en cuanto a que la titular de la Casa Rosada habló de los salarios en dólares cuando parece que no hay que hablar de esa divisa (¿serán oficiales?). Pero conjeturamos que prácticamente nadie criticará el anuncio de que el Estado, léase los contribuyentes, entregará sumas a jóvenes entre 18 y 24 años que reúnan ciertas características.
Esto es así porque la inmensa mayoría considera que el aparato estatal debe jugar al Papá Noel y entregar graciosamente el fruto del trabajo ajeno sin percatarse que, de ese modo, cada vez habrá más gente bajo la línea de la pobreza. La conjetura se basa en la lucha titánica de la mencionada oposición para atribuirse la paternidad de la asignación universal por hijo y, ahora, ya hemos escuchado a quienes sostienen que en su jurisdicción vienen aplicando el anunciado plan ProgresAr con otros nombres y hay otras voces que se ufanan que ejecutarán algo parecido en un futuro próximo.
Personalmente tengo una idea mejor: ¿porqué no agregar sumas dinerarias para la franja de 24 a 36 años de quienes están en dificultades, en una primera etapa para luego incorporar también a los que van de 36 a 62 y, finalmente, los que van de 62 a 92 (que no es un asunto menor) al efecto de cubrir todo el espectro de los que la pasan mal que son cada vez más?. Creo que es una buena idea para ganar elecciones a pesar de encontrarnos en situación de quiebra.
¿No es acaso hora de darnos cuenta después de más de siete décadas de fracasos en los que papá Estado crea incentivos perversos al tiempo que se demuele el Estado de Derecho? ¿No es acaso el momento de hacer un alto en el camino y comprender que el respeto recíproco basado en la propiedad privada atrae inversiones que es lo único que permite elevar el nivel de vida de todos, muy especialmente de la de los más necesitados? ¿Es necesario recorrer el camino de Venezuela donde no hay ni papel higiénico o de Cuba donde los niños deben escribir en sus cuadernos con lápiz para que pueda borrar el siguiente alumno y anotar las instrucciones de lavado de cerebro que impone el maestro-comisario de turno?
¿No es conveniente repasar historia argentina para constatar que la visión alberdiana permitió que los salarios e ingresos en términos reales de los peones rurales y los obreros de la incipiente industria en este país eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia y España y que la gente venía a hacerse la América hasta que irrumpieron los fascismos populistas en los treinta acentuados en los cuarenta? ¿Porqué no ensayamos ser libres como en la época referida en la que competíamos con Estados Unidos hoy lamentablemente latinoamericanizado?
Por último, ya que se mencionó el llamado neoliberalismo en el discurso oficial de marras, reitero que es una etiqueta inexistente puesto que ningún intelectual serio de nuestra época en ninguna parte del mundo se reconoce bajo esa denominación. Se trata del liberalismo, desafortunadamente del que no hay ni vestigios desde que en el treinta, junto a la innecesaria quiebra del sistema institucional, el Leviatán inauguró el control de cambios, instaló la banca central, el impuesto progresivo y las juntas reguladoras en el contexto de una proyectada reforma constitucional fascista.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE. 

Cepo o no cepo: ¿Esa es la cuestión?

Por Aldo Abram. Publicado el 24/1/14 en: 

http://www.libertadyprogresonline.org/2014/01/27/cepo-o-no-cepo-esa-es-la-cuestion/

Según los anuncios realizados el viernes a la mañana, el gobierno considera que la cotización del dólar oficial de ese día es de convergencia, o sea de equilibrio para ese mercado. Por lo tanto, lo que esperan es que de esta forma el Banco Central no tenga que intervenir masivamente perdiendo reservas. Para que esto sea así, deberían convencer a los exportadores, a los importadores y a aquellos potenciales demandantes de divisas que, a partir de ahora, el tipo de cambio “cepo” subirá en forma moderada, como sucedía hace unos meses. Así los primeros no tendrán incentivos a demorar las ventas de divisas o la colocación de sus productos en el exterior y, los segundos, para adelantar la compra para hacer frente a sus compromisos. De esta forma se aliviaría la presión sobre las reservas internacionales e, incluso, el Banco Central podría llegar a comprar algo de moneda extranjera.

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Lo primero que hay que entender es que el “cepo” continúa. Sólo se habilita una nueva demanda en este mercado, la de la gente que quiere ahorrar en divisas. Sin embargo, para lograr comprarlas deberá demostrar que tiene capacidad contributiva con un sistema de pedido de permiso similar al que se aplica actualmente al dólar “turista”.

Es esperable que, en un inicio, la AFIP y el BCRA sean bastante flexibles a la hora de aprobar las operaciones, dentro de ciertas condiciones mínimas. Sin embargo, si no se resuelven los problemas de fondo que nos llevó a la situación límite de las últimas semanas, la pérdida de reservas se volverá a hacer presente y, entonces, las restricciones para acceder a divisas para atesorar se incrementarán, de la misma forma que pasó en similares situaciones pasadas con el acceso para el turismo en el exterior.

El problema es que el gobierno ha estado gastando de más y se financió exprimiendo al Banco Central. Este último obtiene los recursos que le transfiere emitiendo moneda que la gente no demanda y, por lo tanto, pierde valor. En definitiva, se apropia de parte del poder adquisitivo de nuestros ingresos y atesoramiento en pesos, con el impuesto inflacionario, y lo usan para pagar gasto público.

Sin embargo, esta devaluación no era reflejada plenamente en el dólar oficial. Es decir, se le fijaba un precio máximo que desincentivaba la oferta y alentaba la demanda. Conclusión, el faltante salía de las reservas.

Si no hay pronto señales que muestren que se controlará el gasto para disminuir la presión sobre los recursos del Banco Central, sólo viviremos una breve “primavera” para volver nuevamente a un “verano caliente”. Esperemos que el gobierno ya haya aprendido cual es el problema y lo encare. Si no, habrá que prepararse para vivir otra crisis más por repetir los mismos viejos errores.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

De Lavagna a Kicillof, un único modelo

Por Adrián Ravier. Publicado el 30/1/14 en:

http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/30/de-lavagna-a-kicillof-un-unico-modelo/

 

Ante el ya evidente fracaso de la política económica populista del kirchnerismo en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.

Eduardo Duhalde intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. Martín Redrado o Martín Lousteau escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 Cristina Fernández de Kirchner se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.

Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. Eduardo Duhalde acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de la convertibilidad y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.

 

A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras Brasil o Chile emprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, Argentina tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras, entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.

Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la dolarización propuesta por Steve Hanke y Kurt Schuler, claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.

Volviendo a nuestros tres personajes de hoy, Roberto Lavagna asumió como ministro de Economía del presidente interino Eduardo Duhalde en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo Néstor Kirchner en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.

Ser reemplazado por Felisa Miceli claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía, aun con la llegada de Cristina Kirchner al poder. El nombramiento del joven Martín Lousteau como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar las retenciones a las exportaciones de soja por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.

El caso de Martín Redrado es un poco más complejo, ya que fue presidente del Banco Central entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión jamás reconoció la inflación real, la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.

En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de Axel Kicillof. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.

Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.

No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la presión tributaria no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.

Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.

Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.

Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a Nicolás Cachanosky, es otra vez la dolarización, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Un plan exitoso contra la inflación, en 1829

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 29/1/2014 en

http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2014/01/29/un-plan-exitoso-contra-la-inflacion-en-1829/

En estos días de turbulencia económica y depreciación del peso, les presento un caso ocurrido en Argentina hace casi 200 años. ¿Ha cambiado algo en todo este tiempo o estamos condenados a vivir las mismas situaciones una y otra vez?

Al finalizar la guerra contra Brasil a mediados de 1828, la situación económica de las Provincias Unidas del Río de la Plata era más que crítica. Los bloqueos al puerto de Buenos Aires y la aduana, implementados por las fuerzas brasileñas, habían cortado la mayor fuente de ingresos del gobierno nacional en manos de Bernardino Rivadavia hasta mediados de 1827, cuando el poder volvería a manos de cada provincia al rechazarse la Constitución de 1826. Al no contar con recursos genuinos, el gobierno nacional primero y el de la provincia de Buenos Aires después, decidieron proveerse de recursos por medio de la emisión de billetes del Banco Nacional (entidad de capitales privados en aquellos años). Así las cosas, “la deuda de la provincia al Banco Nacional aumentó de $11 a $18.000.000 y el importe de papel moneda en circulación de $9.495.143 el 31 de enero de 1828, a $15.289.076 en octubre del mismo año” (Miron Burgin, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, p. 213). A todo esto había que sumarle la gran inestabilidad política que se vivía en la provincia debido al asesinato del gobernador Manuel Dorrego a manos de Juan Lavalle, lo cual hizo que en agosto de 1829 asumiera como gobernador interino Juan José Viamonte.

El nuevo gobernador percibió rápidamente que había que recomponer la situación económica pero no quería tomar decisiones efectistas de corto plazo. En su opinión el principal problema era la “inflación que socavaba el crédito público y hacía ilusorios todos los esfuerzos que se realizaban para equilibrar el presupuesto”; en consecuencia, “la estabilización de la moneda era una condición fundamental para la recuperación” (Burgin, p. 214). Es por este motivo que decidió promover un plan para revalorizar la moneda ya que la alternativa de aumentar los impuestos no sería viable porque esto tendría un impacto doblemente negativo, por un lado frenaría el crecimiento económico, y por el otro, aún recaudándose más, el gobierno estaría recibiendo una moneda con cada vez más devaluada. Es por ello que Viamonte optó por implementar un plan para volver a valorizar la moneda, lo cual a su vez le devolvería poder adquisitivo a los tenedores del billetes del Banco Nacional. Es interesante apreciar que entre 1828 y 1834 se dieron una serie de debates en la Legislatura Provincial que tenían por eje el tema del valor de la moneda, ya que muchos consideraban una estafa al público permitir la depreciación de la moneda porque eso violada la propiedad privada de las personas que recibían esos billetes como pago por sus servicios.

Para tener una idea de la magnitud de la depreciación de la moneda en aquellos años hay que tener en cuenta que en enero de 1826 la onza de oro cotizaba a $17, en enero de 1827 estaba en $51, en enero de 1828 la paridad era de $70, en enero de 1829 bajó a $63, pero luego, en la primera gobernación de Juan Manuel de Rosas, en enero de 1830 el precio de la onza de oro pasa $104, llegando a $134 en abril de ese mismo año. (Burgin, p. 104)

El Plan de Viamonte consistía básicamente en retirar billetes de circulación para que al haber menor oferta de los mismos su valor con respecto al oro se fuera apreciando paulatinamente. Para ello propuso la creación de una Caja de Amortización de Billetes de Banco a la cual se destinarían los billetes recaudados por impuestos especiales (al ganado, importaciones, sellados y patentes, entre otros) que luego serían quemados públicamente todos los meses, quedando expresamente prohibido utilizar ese dinero para cualquier otro fin. Un mecanismo muy sencillo y efectivo a la vez. Tan efectivo fue el plan que, como veremos, terminó siendo víctima de su propio éxito. La Caja de Amortización comenzó a funcionar el 16 de noviembre de 1829 (Viamonte fue gobernador interino hasta el 6 de diciembre de ese año cuando fue reemplazado por Juan Manuel de Rosas quien ejerció su primera gobernación desde esa fecha hasta diciembre de 1832) y en los primeros dos meses sacó de circulación $131.460, aunque a partir de enero de 1830 dejó de quemar los billetes, aún cuando si continuó recaudando billetes hasta finales de 1832, llegando a reunir casi $4.000.000.

De haberse quemado todos los billetes de la Caja de Amortización del plan de Viamonte se hubiera retirado casi el 25% de los billetes en circulación, lográndose una considerable apreciación de los mismos. ¿Por qué no se continuó con el plan en todos sus puntos, manteniéndose solamente la parte recaudatoria del mismo? Podemos mencionar dos razones principales: primero, el gobernador Rosas no estaba de acuerdo con la política de Viamonte, ya que Rosas representaba los intereses de los ganaderos que cobraban en oro sus exportaciones mientras que pagaban los insumos locales en pesos devaluados; por otro lado, la Tesorería de la provincia estaba casi agotada y vio en los fondos de la Caja de Amortización una fuente de financiamiento inmediata, de modo que esos casi $4.000. 000 se utilizaron para solventar los gastos corrientes del gobierno aumentando la oferta monetaria y la depreciación del peso con respecto al oro.

Como vemos en este caso el abuso de la emisión monetaria para solventar el gasto público no es algo nuevo en la historia nacional; ya desde el inicio de la década de 1820 cuando se crea el Banco de Buenos Aires con capitales privados y autorización de emitir billetes convertibles en oro, el gobierno de turno abusó de su influencia para pedir préstamos que nunca devolvería, obligando al banco a emitir sin respaldo en metálico lo que provocó la depreciación de la moneda (un mal que nos “perseguirá” por casi 200 años). El ejemplo del Plan de Viamonte también nos muestra que no hay misterio en cuanto a la resolución del problema de la depreciación de los billetes (antes contra el oro hoy contra el dólar) que se debe a una simple relación de oferta y demanda. Tan sencillo es el tema y tan sencilla, aunque no por eso menos costosa, la solución. Mayor oferta monetaria, mayor inflación, menor oferta monetaria, menor inflación. Así de claro lo vio Juan José Viamonte en 1829 y por ello implementó un sistema para retirar un porcentaje de la excesiva emisión en la que se había caído durante la segunda mitad de la década de 1820. ¿Es posible implementar un plan similar en estos momentos?

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella.

Estado, gobierno y sociedad

Por Constanza Mazzina. Publicado el 20/1/14 en: http://opinion.infobae.com/constanza-mazzina/2014/01/20/estado-gobierno-y-sociedad/

 

Estado y gobierno no son lo mismo. Pero en el imaginario colectivo se confunden y se funden. Siempre me ha parecido que se parecían a un edificio: el administrador de turno es el gobierno, el edificio es el estado. Los propietarios e inquilinos somos siempre lo mismo: espectadores. Su funcionamiento también es muy similar: los consorcistas no se interesan por las reuniones con el administrador hasta que hay que poner más plata porque se terminó. El administrador con caja llena puede hacer obras y responder a las demandas, cuando la plata se termina aumenta las expensas, no sabe gestionar sin dinero.

Durante gran parte de los años noventa, el estado retrocedió, dejando importantes espacios vacíos y tareas básicas sin cumplir, aquellas que le dan la razón de su existencia. En la última década fuimos testigos de un estado que regresó, fuerte, a ocupar un lugar prominente. Ese estado amplió sus funciones mucho más allá y sus oficinas se expandieron así como su personal. El estado, sin embargo, aquel que resuelve problemas, que resuelve la convivencia social, sigue ausente. Así como el retroceso noventista dio voz a un reclamo de más estado, el mega estado kirchnerista está generando su propia bestia: un súper estado incapaz de resolver los problemas más urgentes de la población está provocando un clamor social en su contra. El estado no fue capaz de controlar la situación de los trenes a los cuales subsidiaba millonariamente, pero tampoco fue capaz de actuar en la tragedia. Ni en la de Once, ni en las inundaciones de La Plata ni en tantas otras ocasiones: lo que quedó en evidencia fue una cáscara vacía, repleta de funcionarios cuya retórica no basta. Es cierto que esta elefantiasis estatal está plagada de problemas: funcionarios que no están preparados para la tarea que asumen, burocracias políticas, impericia e inoperancia. Esto es cuestión del gobierno, no del estado. O, volviendo a nuestra comparación inicial, así como demandamos del administrador una gestión eficiente de los recursos e intentamos tomar medidas precautorias, el mismo reclamo o demanda debiéramos hacer a cada gobierno.

Estado y gobierno no son lo mismo. Por eso es que, como sociedad, deberíamos darnos un debate profundo sobre qué estado queremos, de qué queremos que se ocupe y de qué no. Independientemente del gobierno de turno de cada circunstancia. A 30 años de democracia este es el debate que aún nos debemos. Cada gobierno le dio forma a su gusto al estado y se apoderó de él como un coto de caza. Después de cada ciclo político, la sociedad quedó vacía y, el estado, desmantelado. Ello generó una contramarcha en todo lo que se había hecho. Así, a marchas y contramarchas no hemos sabido avanzar, atrapados en un círculo vicioso. No nos hemos puesto de acuerdo. Este el gran acuerdo que la sociedad y la clase política deben hacer. Es el gran acuerdo que aún no hemos logrado.

 

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Es docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal.

El inevitable final de los populismos

Por Eduardo Filgueira Lima.  Publicado el 27/1/14 en http://www.cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2014/01/el-inevitable-final-de-los-populismos.html

Hemos comenzado un nuevo año con primer mes en el que nuestro país ha sido sacudido por una serie de acontecimientos políticos y económicos que eran predecibles desde fines del 2013.
Nuestros colaboradores y otros artículos incluidos en nuestras páginas – así como diversos medios del país y el exterior – nos advertían de las difíciles circunstancias a las que nos acercábamos y que en este Enero se han plasmado en hechos que obligaron al gobierno a tomar medidas desesperadas para evitar caer en una crisis que parece ya inevitable.
Por un lado – y seguramente solo una estrategia – la Sra. Presidente se mantuvo 40 días “ausente” de toda exposición pública, (desde el último 10 de Diciembre de 2013), aún a sabiendas de la difícil pendiente por la que las políticas populistas “K” nos han conducido. Solo pretendió el pasado 22 de Enero recuperar algo de su liderazgo desdibujado, en una exposición de 40 minutos, anunciando un plan de “subsidios para que los jóvenes de entre 18 y 24 años – los conocidos “ni-ni” – puedan estudiar.
El Plan PROGRESAR desnuda el estrepitoso fracaso de las políticas “inclusivas” – de educación y laborales – que han llevado adelante los 10 años de gobiernos “K” y repite viejas recetas y vicios de la política (la crisis educativa argentina requiere soluciones más comprometidas y de fondo en las políticas públicas que un simple subsidio), por otra parte insuficiente, por lo que debe suponerse solo discursivo.
Pero en su discurso eludió todos los demás problemas que nos aquejan como si no fueran de su responsabilidad,.. ni de su conocimiento. Solo el Jefe de Gabinete y/o el Ministro de Economía, que han dado sobradas muestras de su ineptitud intentan anunciar medidas de coyuntura.
Que la Sra. Presidente desconoce los temas económicos no debe quedarnos ninguna duda,.. pero un presidente no tiene porqué saberlo todo. De hecho solo se deben reconocer las propias limitaciones y saber rodearse de un equipo idóneo que pueda acercarle las soluciones más adecuadas. De otra forma con  cada medida que se toma, cada vez nos acercamos más al precipicio.
Y lo anterior no tiene la intención de desestabilizar, recrear el pánico o tener alguna idea conspirativa. Ya el común de la gente sufre en carne propia y día a día las consecuencias en su bolsillo, de lo que las políticas económicas populistas producen.
Porque este gobierno a la par de cercenar las libertades, cada vez que las cosas no le salen como espera, inventa enemigos de la justa causa que se supone defiende, como una gesta revolucionaria y son esos supuestos enemigos los gestores de su fracaso.
Por eso se debe luchar contra ellos, se los debe denostar, agredir, coaccionar,.. etc. y esto hizo la Sra. Presidente en su último discurso, lo que es a su vez una muestra más y el reconocimiento implícito del fracaso, la imposibilidad de cambiar aunque sea los modos y la declinación inevitable del mentado “modelo”.
Los problemas no son nuevos. Los argentinos sabemos ya de reiterados fracasos de las políticas de este tipo,.. porque de una u otra manera el procedimiento es siempre el mismo:
     Ø  Los políticos para acceder al poder necesitan votos y para ello deben prometer y convencer o efectuar alianzas – como la “transversalidad” – que les permitan llegar.
     Ø  Luego en el gobierno se encuentran ante dos disyuntivas: o generan políticas de crecimiento y desarrollo a “largo plazo” (lo que requiere enormes esfuerzos de capitalización) cuyos resultados tal vez no vean y sean tardíos a sus fines personales, o se preocupan más por el “corto plazo” intentando tapar con parches circunstanciales, las perspectivas de desarrollo mediante subsidios a sus socios y a los más postergados.
     Ø  Finalmente siempre optan por esta última opción que es la que más rédito les genera, aunque signifique un impedimento al desarrollo: una merma en la producción (es decir: que no se produce tanto como potencialmente se podría) y un incremento progresivo del gasto público.
     Ø  El estado – colonizado progresivamente por los gobernantes y sus adláteres – crece de manera gigantesca y para alimentarse recurre a las variadas fuentes de recursos de los que dispone: los impuestos (hasta que ahogan a la actividad productiva) – nuestro país es uno de los que hoy tiene mayor carga impositiva – o las expropiaciones y confiscaciones de empresas (AFJP, AA, YPF, etc.), venta de servicios, y finalmente la grotesca emisión monetaria que erosiona el valor de la moneda.
     Ø  Pero por otra parte necesita mantener el equilibrio fiscal que obviamente se sustenta en gastar lo justo y recaudar lo necesario,.. a la larga los gobiernos populistas terminan en invertir la ecuación y gastan más de lo que deben: la cuestión es generar una falsa sensación de bienestar,.. beneficia bien a los socios, mal a la gran  mayoría,.. y el déficit generado lo pagamos todos.
      Ø  El pensamiento “mercantilista” (de los Siglos XVI, XVII y XVIII), tiene gran predicamento entre los políticos y la población en general. Tanto como las teorías de Singer-Prebich  y el consabido “vivir con lo nuestro” y sustituir importaciones. Es más fácil pensar lo que esas teorías suponen, que comprender que hoy no es posible generar riqueza y producir sin importar. Esto es decir que: para exportar más necesitamos importar más. El cepo a las importaciones impone restricciones severas a la generación de bienes por nuestra parte.
     Ø  Finalmente la política monetaria: el BC se convierte en un financiador imprescindible de un estado elefantiásico e ineficiente mediante la emisión monetaria. Sin excluir las “otras cajas” a las que el gobierno echará mano sin miramientos hasta agotarlas. Este mecanismo de exceso en la emisión monetaria (más allá de la demanda de dinero), así como el mal manejo del crédito (que induce de manera implícita un incremento de la masa monetaria), son los factores que generan una inflación incremental.
      Ø  Todos percibimos la pérdida de nuestro poder adquisitivo y tratamos de refugiar nuestros activos en una moneda “dura”. Los argentinos ya conocemos el “camino del dólar”.
La inflación no es el aumento indiscriminado de precios como le gente la define en general. La inflación es la pérdida del valor de la moneda, que se traduce en que para conseguir la misma cantidad de bienes cada vez es necesaria mayor cantidad de dinero. La inflación es el impuesto más perverso pues deteriora los salarios, genera desconfianza e incertidumbre y sus efectos – si bien los pagamos todos – los pagan en mayor medida quienes se encuentran en peores condiciones.
La paradoja es que lo anterior quiere decir que: las políticas que instaura el gobierno terminan por perjudicar más a quienes dice querer “incluir”.
Y este ciclo de una u otra forma es generado por las políticas de gobierno que – por intervencionistas – desnaturalizan las reglas del mercado el que termina por imponerle “sus” límites a la política, de una manera dolorosa para quienes inadvertidos han depositado siempre renovadas esperanzas en el gobierno de turno.
Se trata de gobiernos que se aferran a una visión anacrónica y limitada de la política. Que ideológicamente siguen atados a falsos nacionalismos colectivistas, a pensar de manera simplista las variables económicas, a identificar enemigos internos y externos cuando las posiciones son distintas, a creer que el trasfondo de nuestros males está en el mercado y en el aprovechamiento de sus beneficios por parte de (lo que llaman) la oligarquía y los imperialismos.
Así como sus métodos nos conducen a aislarnos cada vez más del mundo, con sus graves consecuencias, intervenir cada vez más en la economía y en la vida política: silenciando voces críticas,.. promoviendo una justicia adicta, (aunque sea alquilada), sin  mencionar la corrupción que tiñe todos los actos y se convierte en una constante.
Todo lo anterior desmerece a la política y deja a los ciudadanos a merced de caprichosas decisiones, sumiéndolos en la desconfianza y la desesperanza.
Los problemas que heredamos son demasiados y no finalizan hoy, ni en el escueto listado que he hecho. Todavía faltan por encarar muchos problemas para los que el gobierno parece tener “recetas hechas”, aunque el rumbo errático parece demostrar lo contrario:
Ø  El control de la inflación que se estima mayor al 30%
Ø  Las deudas de las provincias en un contexto de Nación federal con un medio centralizado de manejo de los recursos (el 75% queda en el gobierno central), lo que le permite someter y disciplinar gobernadores, que ya sienten el peso de su gasto (y deudas que alcanzan los u$s 1.720 millones)
Ø  Un acuerdo de precios que será insostenible (los argentinos tenemos suficiente experiencia de los fracasos a los que estas medidas conducen), sino se logra estabilizar el precio del dólar, cuya inevitable consecuencia es el desabastecimiento.
Ø  El precio del dólar del que no se conoce su próxima evolución, las especulaciones son muchas y que lo anunciado – una limitación del cepo a la compra como reserva de valor – pienso que tendrá poco efecto sobre su demanda, en particular por las limitaciones que impondrá la AFIP.
Ø  Las reservas del BCRA, que en picada se han desplomado hasta perforar la barrera de los u$s 30.000 millones, con lo que se supone una marcada disminución en su potencialidad para influir en el mercado del dólar, así como para pagar con reservas las deudas pendientes.
Ø  Las dificultades que – dados nuestros antecedentes y la desconfianza que hemos generado – tendremos para acceder al mercado internacional de capitales, necesarios para lograr inversiones productivas en el país.
Ø  La inevitable puja salarial que se avecina: ¿podrán convencer a los asalariados que deben moderar sus reclamos y absorber mayor parte aún del deterioro que la inflación produjo en sus salarios?,.. ¿Se desconoce acaso que el 30% de la población vive en condiciones de pobreza y que el salario para sostener una canasta básica supera hoy los $ 6.000 por mes?
Ø  La crisis energética que nos insume importaciones por valor de u$s 14.000 millones para este año, si se quiere mantener la actividad industrial y la provisión regular de servicios.
Se trata de solo unos pocos de los problemas que debemos enfrentar y todo ello sin ingresar en las consecuencias sociales como el deterioro de la calidad educativa, de la salud y de muchas otras políticas públicas.
Probablemente el deterioro social e institucional sea el problema más grave y que nos llevará muchos años reconstruir.
En el año 2010 la Sra. Presidente dijo: ”…quienes quieran especular con otra devaluación y hacer extraordinarias ganancias con ello, deberán esperar otro gobierno,..” Y también agregó ya en 2011: “… nuestro gobierno jamás recurrirá a un ajuste para equilibrar,…”
En realidad la Sra. Presidente se anticipaba a lo que hoy estamos viviendo: la hora del ajuste.
Tal vez intuía el derrotero inevitable de sus políticas y de la impericia de sus funcionarios. Tal vez, como la mayoría de las veces – y como casi todos nuestros gobernantes – prefirió inclinarse por políticas cortoplacistas que hacen más a sus intereses políticos personales que a la promoción de un país desarrollado.
De cualquier manera que sea, hoy deben contenerse las variables que nos conducen al descalabro y en particular el gasto público, pero en cualquier caso no se tratará de “sintonía fina”,.. sino lisa y llanamente de un ajuste que unos pagarán más que otros, pero que nos afectará a todos.
El problema radica en analizar “cuáles son las variables que el gobierno prefiere” ajustar y cuales menos: ¿serán los salarios,.. o los subsidios a las empresas,.. o emitirá más aún,…o….?
Sin dudas estamos atados a sus “preferencias”, que se declaman progresistas pero si se mantienen en el mismo derrotero seguramente nos sumirán cada vez más en el estancamiento y el deterioro de nuestra sociedad.
La década “K” ha generado incertidumbre, impuesto un promocionado “modelo”, perseguido a sus detractores y críticos, colonizado el estado como botín de guerra y emitido dinero sin respaldo para financiarse.
Además aunque los funcionarios leen la situación – y la sociedad se los ha dicho en las últimas elecciones – se enredan en un diagnóstico errado: ¿Por qué habríamos de pensar que “sus preferencias” serán las acertadas para generar un país mejor?
Nosotros debemos hacerlo según nuestras propias convicciones y sabemos que del intercambio surgirán nuevas propuestas y oportunidades, por ello los invito a continuar el trabajo pendiente en este nuevo año 2014.

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Al final, ¿qué es ser un liberal?

Por Mario Vargas Llosa: Publicado el 27/1/14 en:

 http://www.lanacion.com.ar/1658775-al-final-que-es-ser-un-liberal

Como los seres humanos, las palabras cambian de contenido según el tiempo y el lugar. Seguir sus transformaciones es instructivo, aunque, a veces, como ocurre con el vocablo “liberal”, semejante averiguación puede extraviarnos en un laberinto de dudas.

En el Quijote y la literatura de su época, la palabra aparece varias veces. ¿Qué quiere decir allí? Hombre de espíritu abierto, bien educado, tolerante, comunicativo; en suma, una persona con la que se puede simpatizar. En ella no hay connotaciones políticas ni religiosas, sólo éticas y cívicas en el sentido más ancho de ambas palabras.

A fines del siglo XVIII este vocablo cambia de naturaleza y adquiere matices que tienen que ver con las ideas sobre la libertad y el mercado de los pensadores británicos y franceses de la Ilustración (Stuart Mill, Locke, Hume, Adam Smith, Voltaire). Los liberales combaten la esclavitud y el intervencionismo del Estado, defienden la propiedad privada, el comercio libre, la competencia, el individualismo y se declaran enemigos de los dogmas y el absolutismo.

En el siglo XIX un liberal es sobre todo un librepensador: defiende el Estado laico, quiere separar la Iglesia del Estado, emancipar a la sociedad del oscurantismo religioso. Sus diferencias con los conservadores y los regímenes autoritarios generan a menudo guerras civiles y revoluciones. El liberal de entonces es lo que hoy llamaríamos un progresista, defensor de los derechos humanos (desde la Revolución Francesa se les conocía como los Derechos del Hombre) y la democracia.

Con la aparición del marxismo y la difusión de las ideas socialistas, el liberalismo va siendo desplazado de la vanguardia a una retaguardia, por defender un sistema económico y político -el capitalismo- que el socialismo y el comunismo quieren abolir en nombre de una justicia social que identifican con el colectivismo y el estatismo. (No en todas partes ocurre esta transformación de la palabra liberal. En los Estados Unidos, un liberal es todavía un radical, un social demócrata o un socialista a secas). La conversión de la vertiente comunista del socialismo al autoritarismo empuja al socialismo democrático al centro político y lo acerca -sin juntarlo- al liberalismo.

En nuestros días, liberal y liberalismo quieren decir, según las culturas y los países, cosas distintas y a veces contradictorias. El partido del tiranuelo nicaragüense Somoza se llamaba liberal y así se denomina, en Austria, un partido neofascista. La confusión es tan extrema que regímenes dictatoriales como los de Pinochet en Chile y de Fujimori en Perú son llamados a veces “liberales” o “neoliberales” porque privatizaron algunas empresas y abrieron mercados. De esta desnaturalización de lo que es la doctrina liberal no son del todo inocentes algunos liberales convencidos de que el liberalismo es una doctrina esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales. Esos logaritmos vivientes llegan a formas extremas de dogmatismo y están dispuestos a hacer tales concesiones en el campo político a la extrema derecha y al neofascismo que han contribuido a desprestigiar las ideas liberales y a que se las vea como una máscara de la reacción y la explotación.

Dicho esto, es verdad que algunos gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, llevaron a cabo reformas económicas y sociales de inequívoca raíz liberal, impulsando la cultura de la libertad de manera extraordinaria, aunque en otros campos la hicieran retroceder. Lo mismo podría decirse de algunos gobiernos socialistas, como el de Felipe González en España o el de José Mujica en Uruguay, que, en la esfera de los derechos humanos, han hecho progresar a sus países reduciendo injusticias inveteradas y creando oportunidades para los ciudadanos de menores ingresos.

Una de las características del liberalismo en nuestros días es que se lo encuentra en los lugares menos pensados y a veces brilla por su ausencia donde ciertos ingenuos creen que está. A las personas y partidos hay que juzgarlos no por lo que dicen y predican, sino por lo que hacen. En el debate que hay en estos días en Perú sobre la concentración de los medios de prensa, algunos valedores de la adquisición por el grupo El Comercio de la mayoría de las acciones de Epensa, que le confiere casi el 80% del mercado de la prensa, son periodistas que callaron o aplaudieron cuando la dictadura de Fujimori y Montesinos cometía sus crímenes más abominables y manipulaba toda la información, comprando a dueños y redactores de diarios o intimidándolos. ¿Cómo tomaríamos en serio a esos novísimos catecúmenos de la libertad?

Un filósofo y economista liberal de la llamada escuela austríaca, Ludwig von Mises, se oponía a que hubiera partidos políticos liberales, porque, a su juicio, el liberalismo debía ser una cultura que irrigara a un arco muy amplio de formaciones y movimientos que, aunque tuvieran importantes discrepancias, compartieran un denominador común sobre ciertos principios liberales básicos.

Algo de eso ocurre desde hace buen tiempo en las democracias más avanzadas, donde, con diferencias más de matiz que de esencia, entre democristianos y socialdemócratas y socialistas, liberales y conservadores, republicanos y demócratas, hay unos consensos que dan estabilidad a las instituciones y continuidad a las políticas sociales y económicas, un sistema que sólo se ve amenazado por sus extremos, el neofascismo de Le Front National en Francia, por ejemplo, o la Liga Lombarda en Italia, y grupos y grupúsculos ultracomunistas y anarquistas.

En América latina, este proceso se da de manera más pausada y con más riesgo de retroceso que en otras partes del mundo, por lo débil que es todavía la cultura democrática, que sólo tiene tradición en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, en tanto que en los demás es más bien precaria. Pero ha comenzado a suceder y la mejor prueba de eso es que las dictaduras militares prácticamente se han extinguido y de los movimientos armados revolucionarios sobrevive a duras penas las FARC colombianas, con un apoyo popular decreciente. Es verdad que hay gobiernos populistas y demagógicos, aparte del anacronismo que es Cuba, pero Venezuela, por ejemplo, que aspiraba a ser el gran fermento del socialismo revolucionario latinoamericano, vive una crisis económica, política y social tan profunda, con el desplome de su moneda, la carestía demencial y las iniquidades de la delincuencia, que difícilmente podría ser ahora el modelo continental en que quería convertirla Chávez.

Hay ciertas ideas básicas que definen a un liberal. Que la libertad, valor supremo, es una e indivisible y que ella debe operar en todos los campos para garantizar el verdadero progreso. La libertad política, económica, social, cultural son una sola y todas ellas hacen avanzar la justicia, la riqueza, los derechos humanos, las oportunidades y la coexistencia pacífica en una sociedad. Si en uno solo de esos campos la libertad se eclipsa, en todos los otros se encuentra amenazada. Los liberales creen que el Estado pequeño es más eficiente que el que crece demasiado, y que, cuando esto último ocurre, no sólo la economía se resiente, también el conjunto de las libertades públicas. Creen asimismo que la función del Estado no es producir riqueza, sino que esta función la lleva a cabo mejor la sociedad civil, en un régimen de mercado libre, en que se prohíben los privilegios y se respeta la propiedad privada. La seguridad, el orden público, la legalidad, la educación y la salud competen al Estado, desde luego, pero no de manera monopólica, sino en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Éstas y otras convicciones generales de un liberal tienen, a la hora de su aplicación, fórmulas y matices muy diversos relacionados con el nivel de desarrollo de una sociedad, de su cultura y sus tradiciones. No hay fórmulas rígidas y recetas únicas para ponerlas en práctica. Forzar reformas liberales de manera abrupta, sin consenso, puede provocar frustración, desórdenes y crisis políticas que pongan en peligro el sistema democrático. Éste es tan esencial al pensamiento liberal como el de la libertad económica y el respeto a los derechos humanos. Por eso, la difícil tolerancia -para quienes, como nosotros, españoles y latinoamericanos, tenemos una tradición dogmática e intransigente tan fuerte- debería ser la virtud más apreciada entre los liberales. Tolerancia quiere decir aceptar la posibilidad del error en las convicciones propias y de verdad en las ajenas.

Es natural, por eso, que haya entre los liberales discrepancias sobre temas como el aborto, los matrimonios gay, la descriminalización de las drogas y otros. Sobre ninguno de estos temas existe una verdad revelada liberal, porque para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute. Los congresos y encuentros liberales suelen ser, a menudo, parecidos a los de los trotskistas (cuando el trotskismo existía): batallas intelectuales en defensa de ideas contrapuestas. Algunos ven en eso un rasgo de inoperancia e irrealismo. Yo creo que esas controversias entre lo que Isaías Berlin llamaba “las verdades contradictorias” han hecho que el liberalismo siga siendo la doctrina que más ha contribuido a mejorar la coexistencia social, haciendo avanzar la libertad humana.

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Indice de libertad económica 2014

Publicado por Pablo Guido el 14/1/14 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

 

Desde el año 1995 que Heritage Foundation viene midiendo la libertad económica en la mayoría de países en el mundo. Son 10 variables que miden: carga tributaria, gasto público, inflación, apertura comercial, mercados laborales, corrupción, etc.

Desde su inicio Hong Kong y Singapur se ubicaron siempre en los dos primeros lugares de la lista. En esta oportunidad le siguen Australia, Suiza, Nueva Zelanda, Canadá, Chile, Mauricio, Irlanda y Dinamarca. Es decir, en los primeros 10 lugares tenemos 4 países del sudeste asiático/Oceanía, 3 europeos, 1 de América del Norte, 1 latinoamericano y 1 africano. Los “grandes” países desarrollados se ubican más atrás: EEUU (12º), Reino Unido (14º), Alemania (18º), Japón (25º), Francia (70º), Italia (86º). Las economías más libres, en general, son aquellas que han logrado “navegar” la crisis de los últimos años porque no han cometido el error de “inflar” su gasto público en las últimas décadas a niveles estratosféricos (más del 50% del PIB), o han avanzado en liberalizar su comercio exterior, no tienen un mercado laboral demasiado rígido ni cargado de excesivos impuestos, con monedas estables y un marco jurídico respetuoso de los derechos de propiedad. Los “grandes” países desarrollados son “elefantes” que les cuesta moverse por la fenomenal carga tributaria que enfrentan sus ciudadanos y empresas, con excesivas regulaciones que hace muy complicado desenvolverse en un mundo cada vez más cambiante en lo que respecta a nuevas tecnologías, cambios en la demanda, descubrimiento de nuevas herramientas de gestión empresarial, etc. Es por eso que crecen a una tasa “raquítica”. Y año tras año son empujados a puestos cada vez más bajos en este ránking de libertad económica.

¿Los peores? Las economías menos libres vuelven a repetirse este año: Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Zimbabwe, Irán, República del Congo. No es casualidad que también sean países donde los derechos políticos y libertades civiles sean casi inexistentes en esos territorios, configurando regímenes totalitarios o autoritarios en el mejor de los casos. Vale mencionar el colapso argentino en el ranking. En los años noventa se ubicaba en los primeros 30 lugares de la lista, pero en la última década no ha parado de caer en picada. A pesar del crecimiento anual promedio del 6% en los últimos diez años, la economía argentina se desploma en el ranking de libertad económica. Parece una contradicción. Sucede que desde 2002 el país se encuentra transitando una de sus tantos ciclos populistas, con un “viento de cola” que el mundo le ha ofrecido gracias a los extraordinarios precios de sus principales productos de exportación, bajas tasas de interés mundiales, un stock de capital significativo generado por las inversiones de los años noventa y una devaluación furibunda en el año 2002 que abarató los costos de producción argentinos. Pero la destrucción de la propiedad privada, una economía más cerrada, una moneda que se deprecia al 30% anual, un gasto público en récord histórico (50% del PIB), una carga tributaria que “vuela” (45% del PIB), controles de capitales y cambiarios, han ido modificando el panorama institucional del país. Situación que se refleja en el índice de libertad económica de los últimos años: en esta edición 2014 la economía argentina se ubica en elpuesto 166º, de un total de 178 países evaluados, cayendo 6 lugares respecto al último año.

Los países sudamericanos peor ubicados son Bolivia (158º), Ecuador (159º), Argentina (166º) y Venezuela (175º). El famoso “socialismo del siglo XXI” se desploma y arrastra hacia la pobreza a una mayor cantidad de gente. Justo cuando el mundo marcha en dirección contraria hace décadas, con una caída enorme en el porcentaje y en la cantidad de pobres.

 

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Indice de libertad económica 2014

 

Publicado por Pablo Guido, el 14 de Enero de 2014 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

Desde el año 1995 que Heritage Foundation viene midiendo la libertad económica en la mayoría de países en el mundo. Son 10 variables que miden: carga tributaria, gasto público, inflación, apertura comercial, mercados laborales, corrupción, etc. Desde su inicio Hong Kong y Singapur se ubicaron siempre en los dos primeros lugares de la lista. En esta oportunidad le siguen Australia, Suiza, Nueva Zelanda, Canadá, Chile, Mauricio, Irlanda y Dinamarca. Es decir, en los primeros 10 lugares tenemos 4 países del sudeste asiático/Oceanía, 3 europeos, 1 de América del Norte, 1 latinoamericano y 1 africano. Los “grandes” países desarrollados se ubican más atrás: EEUU (12º), Reino Unido (14º), Alemania (18º), Japón (25º), Francia (70º), Italia (86º). Las economías más libres, en general, son aquellas que han logrado “navegar” la crisis de los últimos años porque no han cometido el error de “inflar” su gasto público en las últimas décadas a niveles estratosféricos (más del 50% del PIB), o han avanzado en liberalizar su comercio exterior, no tienen un mercado laboral demasiado rígido ni cargado de excesivos impuestos, con monedas estables y un marco jurídico respetuoso de los derechos de propiedad. Los “grandes” países desarrollados son “elefantes” que les cuesta moverse por la fenomenal carga tributaria que enfrentan sus ciudadanos y empresas, con excesivas regulaciones que hace muy complicado desenvolverse en un mundo cada vez más cambiante en lo que respecta a nuevas tecnologías, cambios en la demanda, descubrimiento de nuevas herramientas de gestión empresarial, etc. Es por eso que crecen a una tasa “raquítica”. Y año tras año son empujados a puestos cada vez más bajos en este ránking de libertad económica. ¿Los peores? Las economías menos libres vuelven a repetirse este año: Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Zimbabwe, Irán, República del Congo. No es casualidad que también sean países donde los derechos políticos y libertades civiles sean casi inexistentes en esos territorios, configurando regímenes totalitarios o autoritarios en el mejor de los casos. Vale mencionar el colapso argentino en el ranking. En los años noventa se ubicaba en los primeros 30 lugares de la lista, pero en la última década no ha parado de caer en picada. A pesar del crecimiento anual promedio del 6% en los últimos diez años, la economía argentina se desploma en el ranking de libertad económica. Parece una contradicción. Sucede que desde 2002 el país se encuentra transitando una de sus tantos ciclos populistas, con un “viento de cola” que el mundo le ha ofrecido gracias a los extraordinarios precios de sus principales productos de exportación, bajas tasas de interés mundiales, un stock de capital significativo generado por las inversiones de los años noventa y una devaluación furibunda en el año 2002 que abarató los costos de producción argentinos. Pero la destrucción de la propiedad privada, una economía más cerrada, una moneda que se deprecia al 30% anual, un gasto público en récord histórico (50% del PIB), una carga tributaria que “vuela” (45% del PIB), controles de capitales y cambiarios, han ido modificando el panorama institucional del país. Situación que se refleja en el índice de libertad económica de los últimos años: en esta edición 2014 la economía argentina se ubica en el puesto 166º, de un total de 178 países evaluados, cayendo 6 lugares respecto al último año. Los países sudamericanos peor ubicados son Bolivia (158º), Ecuador (159º), Argentina (166º) y Venezuela (175º). El famoso “socialismo del siglo XXI” se desploma y arrastra hacia la pobreza a una mayor cantidad de gente. Justo cuando el mundo marcha en dirección contraria hace décadas, con una caída enorme en el porcentaje y en la cantidad de pobres.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

El encaje 100% es un esquema que favorece a la presencia de bancos centrales?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 23/1/14 en:

http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/23/el-encaje-100-es-un-esquema-que-favorece-a-la-presencia-de-bancos-centrales/

¿Es posible que la posición que defiende los encajes de reservas del 100% pueda ser utilizada como argumento a favor de un banco central, en lugar de en contra? Si la oferta de dinero mercancía (por ejemplo oro) no puede ajustar a la demanda de dinero de manera eficiente, entonces es factible que un banco central pueda hacerlo ajustando dinero fiat.

Esto es más sencillo de ver si utilizamos la versión expandida de la teoría cuantitativa del dinero de ChristensenBeckworth y Hendrickson.

 

La teoría cuantitativa se resume en la ecuación MV = Py, donde M es la oferta de dinero, V es la velocidad de circulación (inversa de la demanda de dinero o “k de Cambridge”), P es el nivel de precios (no un vector de precios) e y es el PBI real (con el mismo año base que P).

la versión expandida de esta ecuación abre M en sus dos componentes, dinero base y creación secundaria de dinero o multiplicador bancario o sustitutos del dinero (crédito.) En el caso de banca libre con patrón oro, el dinero base será Gm el multiplicador monetario. Reemplazando en la teoría cuantitativa del dinero tenemos las dos siguientes ecuaciones para patrón oro y banco central con dinero fiat (F).

GmV = Py

FmV = Py

En la medida que se permitan las reservas fraccionarias m será mayor a 1. Un encaje del 100%, en cambio, hace que el multiplicador bancarios sea unitario, es decir, = 1. Por lo tanto:

GV = Py

FV = Py

Recuerdo en algún post que no he podido rastrear, que Selgin marcaba el problema de que al fijar m nada garantiza que G vaya a poder variar de modo tal de compensar cambios en V y mantener un equilibrio monetario. Hay dos motivos por lo que este problema puede volverse un argumento para tener bancos centrales.

En primer lugar, para mejorar el comportamiento de G, de modo tal que FV sea más estable que GM. En segundo lugar, incluso si es el caso que G ajusta eficientemente, un banco central “eficiente” puede con un menor costo ajustarF que G (hay costos de extracción, procesamiento, etc.) Uno de los roles de las reservas fraccionarias es reducir el costo de producir dinero.

Con esto no quiero decir que un banco central sea preferible a un sistema de banca libre. Pero un requerimiento de encaje del 100% puede presentar algunos argumentos a favor de un banco central que creo que han pasado desapercibidos. Esto, sin embargo, es el caso en la medida que se acepte que el equilibrio monetario se obtiene cuando se estabiliza MV (ya sea que M = GmM = Fm). Generalmente la defensa del encaje del 100% no considera un desequilbrio monetario donde hay un exceso de demanda un problema. A lo que a veces es menciona como la asimetría de advertir de los problemas de exceso de oferta de dinero (inflación) pero ignorar que los mismos problemas suceden antes un faltante de oferta de dinero (deflación) por más que el nivel de precios se mueva en el otro sentido. Después de todo, lo importante son los precios relativos, no el nivel de precios.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.