Aldo Abram: “El BCRA no baja la producción de pesos; por lo que, hacia adelante, la inflación tiene un piso alto”

Reportaje a Aldo Abram: Publicado el 2/10/22 en: https://www.infobae.com/economia/2022/10/02/aldo-abram-el-bcra-no-baja-la-produccion-de-pesos-por-lo-que-hacia-adelante-la-inflacion-tiene-un-piso-alto/

El economista de Fundación Libertad y Progreso dijo a Infobae que con Sergio Massa en Economía la demanda de moneda bajó, pero las expectativas de alza de precios se mantienen por la política monetaria

"La inflación es un fenómeno eminentemente monetario. A mediados del año pasado, el Banco Central (BCRA) empezó a darle a “la maquinita de fabricar pesos”, en principio para “ponerle platita en el bolsillo a la gente” para las elecciones. Sin embargo, continuó haciéndolo"

«La inflación es un fenómeno eminentemente monetario. A mediados del año pasado, el Banco Central (BCRA) empezó a darle a “la maquinita de fabricar pesos”, en principio para “ponerle platita en el bolsillo a la gente” para las elecciones. Sin embargo, continuó haciéndolo»

El debate sobre las causas de la alta inflación fue motivo de discusión en la última semana entre las más altas esferas del gobierno, desde la exposición del ministro de Economía, Sergio Massa, en la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, hasta la reacción de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner en las redes sociales, que disparó la respuesta del viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein.

En una entrevista con Infobae Aldo Abram, economista y Director de la Fundación “Libertad y Progreso” dio su visión sobre el fenómeno que no sólo ha impedido una baja significativa de la pobreza en el primer semestre 2022, sino que, por el contrario, provocó una suba de la población indigente y fijó un piso alto para los próximos meses.

— ¿Qué conclusión sacó del Presupuesto 2023?

— En primer lugar, hacer un proyecto de Presupuesto con la actual inestabilidad es una ficción. Sólo sirve para que el Gobierno muestre su voluntad de cumplir con la meta de exceso de gasto primario que se acordó con el FMI y, en alguna medida, para saber cómo se piensa lograr. En materia de impuestos parecería que no van a haber aumentos ni creación de otros. Por el lado del gasto, los legisladores pueden evaluar en qué piensan gastar lo que se estiman recaudar. Lo malo es que, como nuevamente se están subestimando los ingresos tributarios con una estimación muy baja de la inflación, el Gobierno volverá a poder administrar el exceso de recaudación sin pasar por el Congreso. Esta facultad es inconstitucional; ya que sólo los legisladores pueden decidir cómo se gasta la plata de los contribuyentes, pero ya se ha institucionalizado esta anomalía. Cabe aclarar que esto es responsabilidad de nuestros parlamentarios que delegaron irresponsablemente ese rol y lo siguen haciendo.

— ¿Por qué pese al atraso cambiario y la desaceleración del ritmo de aumento del gasto público no baja la tasa mensual de inflación?

— Es que la inflación es un fenómeno eminentemente monetario. A mediados del año pasado, el Banco Central (BCRA) empezó a darle a “la maquinita de fabricar pesos”, en principio para “ponerle platita en el bolsillo a la gente” para las elecciones. Sin embargo, continuó haciéndolo una vez pasada los comicios y hasta ahora no ha aflojado. Si se producen más naranjas de lo que la gente quiere, cae el precio de ese productoAcá está pasando lo mismo con el peso y cae su poder adquisitivo; por lo que, si vas a comprar algún bien o servicio y dado que estos no cambiaron su valor, te pedirán más pesos que antes. Esto empeora, porque la gente se va hartando de que le saquen, con “impuesto inflacionario”, parte del poder adquisitivo de sus ahorros y atesoramiento en moneda nacional para financiar al gobierno; por lo que deja de demandar pesos. Si querés comprar menos naranjas, el precio de la naranja cae y lo mismo le está pasando al poder adquisitivo de la moneda, potenciando el alza de los precios contra él.

Con el ingreso al gobierno de Sergio Massa como ministro de Economía y las políticas que implementó la demanda de moneda disminuyó. Sin embargo, las expectativas positivas iniciales se están perdiendo y, por otro lado, el BCRA no baja la producción de pesos; por lo que, hacia adelante, la inflación tiene un piso alto, asegurado de 5,5% a 6%. Si le sumamos los saltos del Índice de Precios al Consumidor del Indec en los meses que vayan quitando los subsidios de las tarifas, no es difícil pronosticar que superará el 100% hacia finales de año o principios del que viene.

— ¿La búsqueda de tasas reales positivas es una buena medicina para la economía en su conjunto cuando la efectiva nominal anual ya está en los tres dígitos?

— En principio, la fuerte alza de tasas de interés sólo logró moderar la huida del peso; lo cual tuvo impacto positivo en frenar la destrucción del valor de la moneda. Por eso se frenó la aceleración del alza de los tipos de cambio paralelos y la posterior de los precios al consumidor. Así pasamos de más del 7% mensual a una que busca ubicarse por debajo de ese porcentaje. Lo malo es que el costo de esta medida es una aceleración del crecimiento de la deuda remunerada del BCRA que, si se refinanciaran los intereses, crecería en más de $8 billones en un año y, también, de la del Tesoro. Tenemos un BCRA insolvente y lo vamos a quebrar mucho más aún.

"El costo de la suba de las tasas de interés es una aceleración del crecimiento de la deuda remunerada del BCRA que, si se refinanciaran los intereses, crecería en más de $8 billones en un año y, también, de la del Tesoro. Tenemos un BCRA insolvente y lo vamos a quebrar mucho más aún" (Reuters)«El costo de la suba de las tasas de interés es una aceleración del crecimiento de la deuda remunerada del BCRA que, si se refinanciaran los intereses, crecería en más de $8 billones en un año y, también, de la del Tesoro. Tenemos un BCRA insolvente y lo vamos a quebrar mucho más aún» (Reuters)

Esta medida sólo sirve para ganar tiempo para gestar un shock de credibilidad en el futuro del país. Eso significa más crédito y más crecimiento sustentable a futuro; lo cual es vital para desarmar las bombas que está gestando este gobierno. Ahora, si no se logra un incremento de confianza, la situación será más explosiva que antes.

— ¿La Argentina necesita más tipos de cambios diferenciados, o simplificarlo?

— Los tipos de cambio diferenciales sólo generan transferencias de ingresos de algunos sectores a otros, injusticias, privilegios discrecionales e ineficiencias en el funcionamiento de la economía. El cepo no es la respuesta a la escasez de divisas, sino su causa. Desde 2020 y hasta principios de este año hubo inundación de liquidez en el mundo; porque los bancos centrales de los países desarrollados estuvieron emitiendo de más. Eso hizo bajar el valor de sus monedas, que es lo que refleja el alza de la inflación de esos países. Lo concreto es que en las economías emergentes llovieron dólares; pero acá no. De hecho, la baja del valor del dólar se reflejó en los precios de los bienes y servicios que se exportan; pero los que vendemos al exterior nosotros subieron mucho más porque son los demandados por quienes recibieron esa “lluvia” de capitales. Así que esta es la gestión que más divisas ha recibido del campo en este siglo. ¿Cómo puede ser que hablen de que escasean?

Para entenderlo, imaginemos un precio máximo del aceite. Cuando vayamos al supermercado, la góndola tenderá a estar vacía; porque a ese precio artificialmente barato habrá menos incentivo a producirlo y, más, a demandarlo. Lo mismo pasa cuando el BCRA pone un tipo de cambio oficial máximo; pero como la “góndola cambiaria” no puede quedar vacía, las llena con las divisas de sus reservas. Esto no es sostenible en el tiempo; por lo que, luego, hace lo mismo que un supermercado al que le ordenan tener siempre aceite vende una unidad por cliente.

El BCRA también lo hace sacando a parte de la gente y de las empresas del mercado que administra; lo que llamamos cepo. Cuanto más se atrasa el valor el tipo de cambio oficial, más presiona sobre su stock de moneda extranjera y más gente, empresas y operaciones cambiarias quedan afuera de ese mercado. Hasta que el BCRA quiebra y se entra en una crisis cambiaria y monetaria enorme. Así terminaron los 21 cepos que se intentaron sostener en el tiempo y, tres de esos casos, derivaron en las tres hiperinflaciones que tuvimos. De hecho, así terminó el que instrumentó Hugo Chávez en Venezuela, con una larguísima hiperinflación, con la economía dolarizada caóticamente y más del 70% de la gente en la pobreza. No parece el rumbo a seguir.

"Cuanto más se atrasa el valor el tipo de cambio oficial, más presiona sobre su stock de moneda extranjera y más gente, empresas y operaciones cambiarias quedan afuera de ese mercado. Hasta que el BCRA quiebra y se entra en una crisis cambiaria y monetaria enorme"«Cuanto más se atrasa el valor el tipo de cambio oficial, más presiona sobre su stock de moneda extranjera y más gente, empresas y operaciones cambiarias quedan afuera de ese mercado. Hasta que el BCRA quiebra y se entra en una crisis cambiaria y monetaria enorme»

— Pero el ministro Sergio Massa ha logrado fortalecer las reservas del BCRA y está mejorando la situación fiscal…

 “Pan para hoy, hambre para mañana”. Con el “dólar soja” logró que se anticiparan más de USD 7.000 millones de futuros embarques; pero ¿Qué pasará cuando estos partan en realidad? Pues en ese momento las divisas correspondientes no entrarán y la escasez será mayor que la que había antes. O sea, esto sólo permite ganar tiempo; porque las reservas volverán a bajar. Para colmo, parte del alza de las mismas se conseguirán con deuda externa; por lo que, si se “las patinan” para sostener un cepo inviable, nos quedaremos con un BCRA mucho más quebrado aún.

Por otro lado, el ajuste fiscal también sólo gana tiempo. La mayor parte va a cargar sobre los hombros de la gente y de la producción. Con un absurdo anticipo del Impuesto a las Ganancias de 2023. Más gravámenes provinciales que permitirán la flexibilización del “Consenso Fiscal” para que puedan compensar las menores transferencias de la Nación. La quita de subsidios a los servicios públicos, con la que estoy de acuerdo; pero que implicará que tendremos que bajar nuestros gastos en otras cosas. El problema es que, cuando mirás qué les toca a ellos del total del ajuste, es mínimo. Esto no sólo es injusto, sino que desincentiva el trabajo y la inversión; por lo que a futuro habrá menos creación de empleo, producción y bienestar para los argentinos. Así que la perspectiva futura de la recaudación no es precisamente buena.

— El gobierno anterior logró reducir sustancialmente esos pasivos sin acudir a políticas compulsivas, como fue el Plan Bonex a fines de 1989. ¿Se podrá repetir esa experiencia en lo que resta del ciclo actual, o en el próximo período presidencial?

— Argentina tuvo 22 cepos y a 21 se los intentó sostener en el tiempo y terminaron en graves crisis. El ministro Massa debería aprender de esta historia y tratar de salirse del este control de cambios. ¿Cómo? Para enseñarle eso está el cepo de Cristina Fernández de Kirchner, que fue el único que no terminó en un estallido. Es que hubo un cambio de gobierno y “Cambiemos” decidió salirse rápido. Para ganar credibilidad, anunció que haría las reformas estructurales que el país necesita para crecer sostenidamente y recuperar el crédito perdido. Luego, tomo las medidas necesarias y salió ordenadamente del control cambiario; lo que tuvo un costo, pero infinitamente menor al de una crisis. O sea, el ministro Massa o un futuro gobierno debería hacer lo mismo.

"Hay que entender que el problema fundamental de Argentina es que nadie cree que pueda ser un país “normal”. De hecho, los bonos del Tesoro cotizan en los mercados externos a precio que indican que, quienes los compran y venden, están convencidos de que, en unos años, se dejarán de pagar" (EFE)
«Hay que entender que el problema fundamental de Argentina es que nadie cree que pueda ser un país “normal”. De hecho, los bonos del Tesoro cotizan en los mercados externos a precio que indican que, quienes los compran y venden, están convencidos de que, en unos años, se dejarán de pagar» (EFE)

Hay que entender que el problema fundamental de Argentina es que nadie cree que pueda ser un país “normal”. De hecho, los bonos del Tesoro cotizan en los mercados externos a precio que indican que, quienes los compran y venden, están convencidos de que, en unos años, se dejarán de pagar y los volverán a reestructurar con una quita similar a la que le hicieron en el canje de 2020. ¿Qué parte de la película se perdió este gobierno? Este paciente está con una enfermedad terminal en terapia intensiva y se lo pretende curar con analgésicos, paños fríos y antipiréticos. Se va a morir.

— Pero el gobierno anterior salió del cepo, y terminó en una crisis…

— De eso también hay que aprender. No basta con solamente decir que se van a hacer las reformas estructurales. Es como tener el diagnóstico y el tratamiento acertado; pero, luego, no aplicárselo al paciente. Se va a morir igual. Es lo que pasó en 2018, argentinos y extranjeros perdieron las esperanzas de salvaran a esta economía enferma; por lo que volvieron a llevarse sus ahorros e inversiones, lo que derivó en una crisis. Hay que lanzar un plan integral y detallado de reformas estructurales, para avanzar inmediatamente en su ejecución. Esto va a llevar tiempo; pero, en la medida que se vayan dando los pasos en ese sentido, se irá recuperando la credibilidad. Es decir, el crédito y la inversión que hacen crecer sostenidamente la economía y permiten refinanciar las deudas.

Además, no hay tiempo para perder. Hay que implementar rápidamente las reformas estructurales más urgentes, si no se quiere terminar en una crisis al poco de asumir. Por eso, la Fundación “Libertad y Progreso” está presentándoles a los distintos espacios políticos los proyectos en los que estuvo trabajando durante 11 años. Así pueden contar con un plan de gestión ya desarrollado para poder ejecutarlo apenas se asuma. Está en nuestra página de internet para acceder, el cual además de reformas económicas, abarca muchos temas como Salud, Educación, Seguridad, Defensa, etc.

— En los últimos 6 meses las más encumbradas autoridades del gobierno argentino han mantenido más encuentros con los máximos funcionarios del FMI que los registrados desde la creación del organismo, y sin embargo no se han visto resultados positivos para el país ¿Por qué?

— Cuando en 2021 decían que iba a ser difícil lograr un acuerdo con el FMI, yo insistía que el Gobierno cerraría uno antes de entrar en cesación de pagos, en marzo de este año, y que sería con condiciones mínimas; porque el organismo internacional no quería aparecer como empujando al país a una crisis. En definitiva, en 2018, le otorgaron un acuerdo político a “Cambiemos”, lo mismo hicieron con este gobierno. Sin embargo, fue mucho más generoso de lo esperado, con fondos adicionales y metas que no son solamente mínimas, sino “recalculables”. El Fondo sabe que este gobierno terminará desgastado por su mala gestión y no será reelegido. Así que, si no hace grandes macanas, tratará de sostenerlo a fuerza de recálculos y perdones (waivers) de metas hasta que le pase el poder a otra gestión. La expectativa es que sea de la oposición y esté dispuesta a renegociar el “Facilidades Extendidas” con reformas que permitan darle viabilidad a la economía argentina.

— ¿Una reflexión final?

— Ya vimos que la inflación apunta a superar el 100% y, si logran bajarla un poco antes de las próximas elecciones, será a fuerza de congelamientos de precios y de atraso cambiario, como en 2021. Por otro lado, la recuperación económica se acabó. Los “vientos internacionales” extremadamente favorables que tuvimos se están volviendo en contra. Por otro lado, pronto volverá a quedar claro que este modelo es insostenible y eso incentivará una nueva escalada de salida de ahorros e inversiones de argentinos y extranjeros; lo que reducirá la demanda interna. A menos que haya un cambio de 180 grados en el contexto externo y/o en la gestión de este gobierno, se viene una recesión con altísima inestabilidad de precios y de los dólares paralelos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo

¿Hay que bajar el gasto público?

Por Iván Carrino. Publicado el 8/10/20 en: https://www.ivancarrino.com/hay-que-bajar-el-gasto-publico/

El gasto del Gobierno aumenta el déficit fiscal, la presión tributaria y la ineficiencia económica

Antonio Laje entrevistó hace pocos días al ministro de economía, Martín Guzmán. Entre las tantas preguntas sobre la situación que atravesamos, llegó una que muchos profesionales y observadores se hacen a menudo: ¿Cuándo va a bajar el gasto público?

La respuesta sorprendió a todos. Es que el ministro respondió con otra pregunta: ¿Y por qué tiene que bajar el gasto público?

Luego de un breve intercambio, el ministro sostuvo que bajar el gasto no es algo a lo que se apunte desde el gobierno, aunque sí estaban comprometidos a “poner las cuentas fiscales en orden”.

En lo que sigue de esta nota nos proponemos responder directamente la pregunta del ministro. Y, para hacerlo, hay que considerar al menos tres puntos. En concreto, el gasto público tiene que bajar porque genera déficit fiscal, porque se paga con impuestos y porque genera ineficiencias en la economía que le impiden crecer.

Nota originalmente publicada en Infobae.

Gasto, déficit y crisis

En el año 2003, el gasto del sector público consolidado alcanzaba el 22,7% del PBI. Trece años después, en 2016, llegó a un récord de 41,5%, subiendo como no lo había hecho en casi ninguna economía del planeta.

El aumento de las erogaciones estatales fue acompañado, en parte, por un aumento de la recaudación de impuestos (que pasó de 24,3% del PBI a 34,9% en el mismo período), pero como dicha recaudación no alcanzó, el gobierno argentino transformó un superávit de casi 4 puntos del PBI en 2004 en un déficit de casi 7 puntos entre 2016 y 2017.

Recaudación/PBI - Gasto/PBI

Lo que ocurrió después no hace falta mencionárselo al lector.

En primer lugar, todo el déficit fiscal que se financiaba con emisión monetaria generó una de las inflaciones más altas del mundo, lo que derivó en el cepo cambiario de Cristina Fernández de Kirchner y el fin del crecimiento económico. En segundo lugar, cuando el gobierno de Macri acudió a la deuda externa y la confianza cayó, el dólar pasó de 20 a 40 y entramos en la crisis macroeconómica de 2018, que se agravó con el regreso del kirchnerismo en 2019.

Dado que el gasto, entonces, es originario de déficit fiscal, inflación y crisis de deuda, aparece aquí el primer motivo para reducirlo.

El gasto se paga con impuestos

El segundo problema con el gasto público es que, en el mejor de los casos, debe pagarse con impuestos. Y como dichos impuestos recaen sobre el sector privado, se genera un peso que impide que éste pueda crecer, producir bienes y servicios y contratar nuevo personal.

Los altos impuestos, que se siguen de un alto gasto público, además, deterioran los incentivos para invertir. Según explica la Tax Foundation de Estados Unidos, “en el mundo globalizado de hoy, el capital puede moverse con facilidad. Las empresas pueden elegir invertir en un gran número de países, buscando los mejores retornos. Eso implica que buscarán países donde las tasas impositivas sean más bajas, de manera de maximizar sus beneficios después del pago de impuestos. Si los impuestos en un país son muy elevados, la inversión se irá a otra parte, generando menor crecimiento económico”.

De acuerdo con el Banco Mundial, el gobierno argentino le cobra a las empresas que operan en el país una tasa de impuestos sobre los beneficios empresariales equivalente al 106%, ubicándonos así en el segundo puesto a nivel global.

Más gasto público, entonces, es más impuestos, y esto lleva a menos inversiones, menos inversión y menos empleo.

El gasto genera ineficiencia económica

Por último, deben analizarse los incentivos con los que gasta el Gobierno. En su famoso trabajo de divulgación titulado “Libre para elegir” Milton y Rose Friedman explicaban que había cuatro formas de gastar el dinero:

– o gasto mi dinero en mí

– o gasto mi dinero en otros

– o gasto el dinero de otros en mí

– o gasto el dinero de otros en otros.

Entre estas cuatro formas, la primera es la más eficiente porque los incentivos llevan a que se busque minimizar el gasto pero maximizar la calidad de lo que se compra, optimizando los recursos. En el último caso –que es el de la política– los incentivos son los peores.

Como el dinero es de otros (impuestos), no hay problemas si se gasta de más, y como los receptores de los bienes que compro con ese gasto son otros (subsidios), entonces nadie se preocupa por la calidad de lo que se adquiere.

Finalmente, dados los incentivos que los políticos tienen para gastar el dinero, el alto gasto público refleja un alto grado de ineficiencia económica que, a la postre, se paga con una menor tasa de crecimiento. No extraña, entonces, que nuestro país sea uno de los que mayor gasto público tenga en toda la región y que, al mismo tiempo, sea el que menos ha crecido en los últimos años.

Para finalizar, hay al menos tres motivos de peso para bajar el gasto público. Si el gobierno está genuinamente interesado en una recuperación sostenible, no debería ignorarlos.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

En México, López Obrador impone austeridad al sector público

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/8/20 en: https://www.lanacion.com.ar/politica/en-mexico-lopez-obrador-impone-austeridad-al-nid2453011

Cuando la grave recesión económica que nos afecta era totalmente previsible, el presidente argentino, Alberto Fernández, se hizo cargo de conducir a nuestro país. Según muchos, a la manera de «mascarón de proa» de su actual poderosa vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner, que estaba -y sigue estando- acosada por múltiples causas judiciales por las cuales es investigada intensamente por presuntas maniobras de corrupción.

Al asumir, Alberto Fernández, que nunca gestionó empresa alguna pero que, no sin una cuota de audacia personal, se siente ahora capaz de gestionar a toda una nación, señaló su admiración por la labor y por la figura del veterano presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. No obstante, muchos no creen en su capacidad y, por ello, están hoy preocupados por el estado calamitoso de un país que luce en mala situación económica, social y política, como muy pocas veces en la historia. Alberto Fernández por ahora no inspira demasiada confianza, obviamente.

Hoy López Obrador ha puesto en marcha un severo plan de austeridad para el Estado mexicano. Alberto Fernández, en cambio, ha decidido, a la clásica manera del peronismo -e impulsado por personajes que operan en las sombras, como el senador Carlos Heller- sacarle «a los que más tienen» y no tocar al elefantiásico y opulento Estado Nacional, que, improductivo pese a sus decenas de miles de cortesanos, vive succionando recursos a los demás.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Esto supone disponer «manu militari«, quitarle («de prepo») coparticipación a los ciudadanos de la ciudad «autónoma» de Buenos Aires, convertidos sorprendentemente en el «pato de la boda» e indefensos.

López Obrador, consciente de que el PBI de su país caerá un fuerte 10% este año, ha recortado los salarios de los funcionarios públicos, aunque sin disponer despidos, al menos por ahora. Y disminuido en un 75% los gastos operativos del Estado mexicano y de sus dependencias y empresas públicas vinculadas. Ha reducido, además, el tamaño de su gabinete de gobierno. Con razonabilidad y sin demoras.

Mientras tanto, para dar el ejemplo, el austero presidente mexicano ha puesto en venta el lujoso avión presidencial de su país y viaja siempre en aviones de empresas comerciales, en clase turista.

Algunos -por lo antedicho- lo acusan de «austericidio». Muchos otros, no. Pero López Obrador por ahora no tiene imitadores en el Río de la Plata, más allá de los anuncios tempranos de Alberto Fernández, que hasta hoy permanecen en el olvido, incumplidos.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La hora de la prueba

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 20/8/20 en: http://www.laprensa.com.ar/492627-La-hora-de-la-prueba.note.aspx

Desde los albores de la candidatura de Alberto Fernández a la presidencia argentina, se instaló la pregunta sobre si sería él quien detentase realmente el poder, o lo haría en la práctica su candidata a vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner. La duda no estaba fundada en ninguna arbitrariedad. Si ya de por sí el hecho de que un candidato a presidente sea elegido y anunciado por su vice, es una anomalía absoluta en el sistema político internacional, el estilo y la conocida impronta de la ex mandataria, justificaban el cuestionamiento. A poco más de ocho meses de mandato, consideramos que la duda está pronta a resolverse. 

En las últimas horas se ha sucedido la tercera marcha multitudinaria en contra del gobierno del Dr. Fernández. De por sí, este es un hecho inusitado en las casi cuatro décadas desde el regreso de la democracia a nuestro país. Ningún otro gobierno experimentó manifestaciones de este tipo en tan corto plazo, y sin que las mismas fuesen convocadas por ningún tipo de aparato, como se conoce en la jerga. 

Detrás de los manifestantes que ocuparon las calles de todo el país este pasado 17 de agosto, no estuvieron sindicatos, movimientos sociales, el clero o partidos políticos. Y si bien la tipología de la protesta puede recordar a aquellas ocurridas el 8 de noviembre de 2012 o la del 18 de febrero de 2015, suscitada por la muerte nunca esclarecida del fiscal Nisman, éstas se sucedieron en instancias avanzadas de la presidencia de Cristina Fernández, y no en sus primeros meses de gobierno.

Como supo decir con algo de ironía y profundo acierto el politólogo argentino Andrés Malamud en un tweet de ese mismo día, a la marcha la convocó en los hechos el propio gobierno. No solo por el evidente fracaso de las políticas de cuarentena para la contención de la pandemia de covid-19; no solo por el enorme impacto económico de estas medidas sobre una economía que ya sin tales restricciones a duras penas se sostenía a flote, sino porque en medio de una de las peores crisis económicas de la historia argentina, el gobierno de Fernández se embarca en errores no forzados como la estatización de Vicentín y, ahora, la reforma judicial.

En tal sentido, consideramos que en las próximas semanas la incertidumbre que se generó a mediados del año próximo pasado y que encabeza los primeros párrafos de esta nota, habrá de revelarse. Es harto evidente que si el Dr. Fernández quiere consolidar su mandato y avanzar en la gestión del enorme desafío que la crisis generará para su gobierno, deberá hacerlo facilitando un mayor consenso y no una cuarta o quinta manifestación de este tipo. Más aun, considerando que ya siendo evidente el efecto de la crisis en el entramado social, los manifestantes tenderán a incrementarse y no lo contrario.

Si en tal escenario la presidencia continuase impulsando políticas absolutamente innecesarias e inoportunas en el contexto de tal situación, como la actual reforma judicial, se habrá comprobado que Alberto Fernández obedece a mandatos que le son impuestos y que éstos lejos de representar el interés nacional y la razonabilidad política, son en la práctica el reflejo inmediato de la necesidad particular de su vicepresidenta, como muchos ya suponen. Y, lo que es más, estará demostrando que su propia supervivencia política está más condicionada por sus aliados en el gobierno que por la voluntad del pueblo argentino que dice representar.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

En Argentina, la inflación sigue siendo un fenómeno monetario

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 9/1/20 en: https://www.aier.org/article/in-argentina-inflation-is-still-a-monetary-phenomenon/

 

El peronismo está volviendo en Argentina. El 10 de diciembre, Alberto Fernández asumió la presidencia de Argentina. El cargo de vicepresidente ahora lo ocupa nada menos que Cristina Fernández de Kirchner, quien se desempeñó como presidenta por dos períodos consecutivos entre 2007 y 2015. Fue bajo su mandato que Argentina entró en un período de estancamiento (estancamiento con inflación). 

Después de cuatro años con Mauricio Macri al timón y una implementación fallida de la meta de inflación , la tasa de inflación de Argentina está nuevamente alcanzando su nivel más alto desde la hiperinflación de fines de la década de 1980. Si uno toma en serio los pronunciamientos de Fernández, las perspectivas de ver la desinflación a corto y mediano plazo son escasas.

Milton Friedman dijo que «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario». Uno podría imaginar que, en un país con un historial tan malo en la inflación, el pronunciamiento de Friedman sería incuestionable. Pero ese no es el caso. Por el contrario, los responsables políticos argentinos se han convertido en expertos en el desarrollo de explicaciones alternativas, con supuestos heroicos, de por qué la inflación, al menos en Argentina, no es un problema monetario. Sostienen que un rápido aumento en la oferta monetaria no producirá inflación. Y la inflación, dicen, podría surgir a pesar de una oferta monetaria estable. 

Estas son las dos formas creativas en que los formuladores de políticas, economistas y banqueros centrales argentinos niegan que la inflación sea un fenómeno monetario.

Primero, confunden el nivel de precios con un cambio en el nivel de precios. La inflación se define típicamente como un cambio sostenido en el nivel de precios. Pero afirman que la inflación se explica por el poder del mercado. Eso es raro. La presencia de empresas con poder de monopolio puede explicar por qué ciertos precios son altos. No puede explicar por qué han subido tan rápido. Para tomar un ejemplo típico, las grandes cadenas de supermercados pueden haber cobrado un alto precio en los últimos años. Pero su gran participación en el mercado no puede explicar cómo han aumentado sus precios en un 25 por ciento anual, todos los años, desde 2007.

Segundo, ignoran los retrasos bien conocidos entre los cambios en la oferta monetaria y sus efectos en el nivel de precios. Puede llevar varios meses (y, en algunos casos, más de un año) para que una expansión monetaria afecte completamente el nivel de precios. Que una expansión monetaria en diciembre no afecte el nivel de precios ese mismo año de ninguna manera implica que la inflación no sea un fenómeno monetario. Observe los períodos lo suficientemente largos como para incluir los retrasos de la política monetaria y la relación entre los cambios en la oferta monetaria y la inflación es clara.

La historia de la inflación argentina debería servir como profiláctico contra las manivelas monetarias. Pero el regreso del peronismo (es decir, el populismo) a la Argentina está trayendo explicaciones alternativas de la inflación al ámbito del discurso de política razonable. Es una pena.

 Si hay una lección que aprender de la experiencia argentina, es que nunca se debe subestimar la disposición y la capacidad de las personas para racionalizar explicaciones alternativas, pero claramente erróneas, de problemas conocidos como la inflación. Debemos estar atentos en la defensa de las buenas ideas, para que no sean engañadas por aquellas que son populares y políticamente convenientes.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La Economía del Kirchnerismo

Por Iván Carrino. Publicado el 21/7/19 en: https://www.ivancarrino.com/la-economia-del-kirchnerismo/

 

Desde mayo de 2003 a diciembre de 2015 Argentina fue gobernada por Néstor Kirchner, primero, y Cristina Fernández de Kirchner, después. En esta clase de la materia “Problemas de Historia Económica Argentina”, de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, analizo la economía del período kirchnerista.

El PDF completo con los gráficos está en este link.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Ber Gelbard, el referente económico de Cristina Kirchner, fue el padre del Rodrigazo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/5/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/14/ber-gelbard-el-referente-economico-de-cristina-fernandez-de-kirchner-fue-el-padre-del-rodrigazo/

 

Fue ministro durante 17 meses, bajo las presidencias de Héctor Cámpora, Juan Domingo Perón e Isabel Perón

Suele recordarse la gestión de José Ber Gelbard en Hacienda entre el 25 de mayo de 1973 y el 21 de octubre de 1974, como la etapa «inflación cero», un disparate que un simple gráfico con los índices de precios al consumidor de esa época, con precios congelados, muestran que su éxito fue artificial (por el congelamiento de precios), efímero y terminó en el famoso rodrigazo.

Para ponerlo en contexto histórico y comprender qué hizo, puede afirmarse que Gelbard fue el padre del monstruo que llevo al rodrigazo de 1975.

Gelbard armó el lío y Celestino Rodrigo solo destapó la olla torpemente y sin un plan económico consistente detrás, en un contexto político en que la interna peronista entre el ala fascista y el ala de izquierda, dirimía sus diferencias a los tiros y bombazos.

Así como Cristina Fernández de Kirchner dejó la herencia de un monstruo económico que Mauricio Macri lo enfrentó sin un plan económico consistente, Gelbard tiró la granada económica y salió corriendo. Por eso todos recuerdan el rodrigazo pero no recuerdan el lío que armó Gelbard, de la misma forma que todos despotrican contra Macri pero nadie recuerda el lío económico que dejó Cristina Fernández. En realidad el actual Presidente y sus asesores de comunicación hicieron lo imposible para que la gente no se enterara de la herencia que recibieron.

La visión de Gelbard sobre la inflación era que se producía por una puja distributiva y esto llevaba a inflación de costos, de manera que todo era cuestión de sentar en una mesa a las partes: empresarios, sindicalistas y gobierno y, a dedo, establecer la estructura de precios relativos. Para eso estaba Juan Domingo Perón a quién nadie le iba a discutir sus decisiones.

Dicho sea de paso,la mayoría de las fuerzas políticas de esa época creían, como ahora el kirchnerismo, que el problema de la inflación tiene que ver con los costos de producción, cuando la ciencia económica ha demostrado que no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios los que determinan los costos en que puede incurrir una empresa.

Establecido el acuerdo de precios, salarios y tarifas de los servicios públicos que iba a durar un par de años, el resultado de la inflación puede verse en el gráfico:

Cómo puede verse en el gráfico, en junio de 1973 el IPC cae el 2,9% con relación al mes anterior. ¿Hubo deflación? Ocurre que los burócratas de turno decidían cuáles eran los precios que podían cobrar las empresas y, el 9 de julio de ese año determinaron que los precios no podían ser mayores a los que cobraban el 1 de junio de ese año.

Es que los burócratas de ese momento consideraban que había empresarios que habían aumentado los precios para cubrirse ante un congelamiento que venían venir y obligaron a las empresas a bajar nuevamente los precios. No fue que los precios bajaron por menor demanda, más oferta o mayor productividad, sino que alguien se sentó con papel y lápiz y decidió qué precios se podía cobrar.

La baja de enero de 1974 se explica porque los aumentos de precios de los productos de importación y exportación que habían crecido el 86% y el 28% respectivamente, aumentos que se produjeron entre el segundo trimestre de 1973 y enero de 1974, determinaron que las empresas tuvieron que retrotraer precios sino se «justificaba su exacta incidencia» (recordar que la OPEP da marcha atrás a fines de 1973 con la reducción de la producción de petróleo y observar que en diciembre de 1973 el IPC se había disparado al 8,1% de aumento a pesar de tener congelados los precios). En otras palabras, por decisión burocrática se bajaron los precios en enero.

Para que el lector tenga una idea de lo enmarañado que era el control de precios, se estableció que por un tiempo las empresas no podías sacar nuevos productos, ni cambiar los envases o las cantidades que vendían. Había 23 comisiones que controlaba los precios, empresa por empresa. Para ellos había que analizar los costos de producción y luego fijar alguna tasa de rentabilidad que solo Dios sabe cómo la establecían. Pero mientras se entretenían con esta maraña de controles, ¿qué pasaba por el flanco fiscal? El gráfico 2 muestra que el déficit fiscal consolidado seguía aumentando.

Claro, al congelar las tarifas de los servicios públicos, las empresas estatales tenían pérdidas al igual que las empresas privadas, así que había que financiar esas pérdidas más el gasto público. Recordemos que el tipo de cambio era fijo, el mercado de cambios estaba regulado y los depósitos bancarios habían sido estatizados, por lo cual los bancos recibían los depósitos por cuenta y orden del BCRA. Los bancos eran simples sucursales del BCRA y recibían una comisión por las operaciones que realizaban en nombre de la autoridad monetaria.

La economía argentina estaba totalmente regulada al estilo soviético. Al respecto cabe recordar que Gelbard estaba afiliado al partido comunista, pero era un comunista con plata que cuando tuvo que exiliarse lo hizo en Estados Unidos y no en la Unión Soviética. Digamos que los progres argentinos como Cristina Fernández de Kirchner o José Ber Gelbard son de izquierda pero no fanáticos y cuando se trata de su plata, pueden ser los capitalistas más acérrimos.

Obviamente que con semejante déficit fiscal, la base monetaria tenía que aumentar, como puede verse en el gráfico previo y, por lo tanto, con tamaña expansión monetaria la inflación cero de Gelbard fue puro humo.

Semejantes distorsiones terminaron en la renuncia de José Ber Gelbard, a quién siguió Alfredo Gómez Morales que salió corriendo a los pocos meses viendo la herencia recibida y todo terminó en manos de Celestino Rodrigo que destapó la olla a presión e históricamente terminó pagando el costo del delirio de la inflación cero de Gelbard. A éste se lo recuerda como el héroe de la inflación cero y a Rodrigo por el rodrigazo que duró 2 meses en el cargo.

A Celestino Rodrigo le siguió Ernesto Corvalán Nanclares durante tres días, hasta que llegó Pedro Bonani que duró en el cargo menos de un mes. Luego volvió Ernesto Corvalán Nanclares durante 1 mes hasta que llegó Cafiero que estuvo 5 meses a quien reemplazó Emilio Mondelli durante un mes.

Desabastecimiento, inflación reprimida, estallido cambiario, tarifario y de precios y una economía agonizante en las puertas de la hiperinflación dejó la inflación cero de Gelbard, y lo que es más grave, congelamiento de los precios relativos que significa quitarle señales a la economía para establecer una eficiente asignación de recursos productivos.

Podría afirmarse que la famosa inflación cero de Gelbard fue el inicio de la aceleración de la decadencia argentina. Si hasta ese momento veníamos a los tumbos, a partir de la inflación cero de Gelbard perdimos por completo el rumbo, el cual seguimos sin encontrar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Cristina, Macri y el neoliberalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 25/11/18 en:  http://www.ivancarrino.com/cristina-macri-y-el-neoliberalismo/

 

En su regreso a los estadios, Cristina le lanzó a Macri el peor insulto que un político puede ofrecer.

En Argentina nos caracterizamos por dar buenos insultos. Las “puteadas” argentinas fascinan a los españoles a un punto tal que dos diseñadores crearon una página de Internet llamada “Insultá  Como un Argentino”.

El famoso dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa, en un Congreso de 2004, también hizo un elogio de las malas palabras, y como ejemplo puso al famoso vocablo nacional que empieza con la letra P. Es que no es lo mismo decir que una persona es un tonto a decir que es un p€l0t#&@…

Ahora bien, en ese mundo de las malas palabras autóctonas, destaca uno que, cuando es recibida, el rival queda herido de muerte. Es difícil levantarse después de tamaño cachetazo verbal. Esa “mala palabra” puede escribirse perfectamente sin violar las normas del decoro.

Se trata del adjetivo “neoliberal”.

Uno puede ser muy P… y muy H…, pero si es “neoliberal”, ¡ay dios mío!

Bueno… sin más prolegómenos, así es como Cristina Fernández de Kirchner se refirió al presidente Macri y a su período de gobierno.

El ¿regreso? del neoliberalismo

El lunes por la tarde, mientras la mayoría de los argentinos disfrutaba el sol del feriado en el Día de la Sobernía, Cristina Fernández de Kirchner encabezaba una cumbre de líderes regionales en el estadio de Ferro, ubicado en Caballito.

Allí tuvo la chance de dar un largo discurso donde exaltó sus años de gestión y, por supuesto, no dudó en arremeter contra la administración actual.

En un pasaje que llegó a la tapa de los diarios, CFK afirmó:

Pocas veces se puede juzgar a dos modelos de país tan distintos con tan poco tiempo de distancia. El 9 de diciembre se cumplen tres años exactos de que el neoliberalismo se ha instalado en nuestro país(…) Han vuelto a endeudar el país. Nadie de izquierda, derecha, abajo o arriba puede negar que nuestro gobierno fue el que más desendeudó a la Argentina.

La primera pregunta que surge de este párrafo es qué será el “neoliberalismo”. Salvo por los líderes de la izquierda que acusan de neoliberal a prácticamente todo el mundo,  no hay muchas personas autopercibidas como “neoliberales”. De hecho, ningún trabajo relevante se conoce con ese título, ni ninguna doctrina económica.

La que existe, claro, es el liberalismo (sobre la cual yo escribí un libro), que sostiene que cuanto mayor sea la libertad económica de los países, más prósperos serán sus ciudadanos.

Neoliberalismo, en realidad, es una deformación que algunos sectores quieren imponer para desprestigiar a la idea liberal y, más que nada, desprestigiar una serie de políticas sensatas que limitan el poder de los gobernantes. Es lógico, entonces, que éstos la rechacen.

Ahora si hay algo que los que constantemente aluden al neoliberalismo mencionan es el llamado “Consenso de Washington”, una lista de 10 principios de políticas económicas razonables, recopiladas por un periodista durante la década del ’90.

El neoliberalismo lo rechazan tanto CFK como Macri

Como decíamos, en la década del ’90 se extendió el uso de la frase Consenso de Washington a partir de que el periodista John Williamson resumiera en un documento las principales recomendaciones que el Departamento del Tesoro, el FMI y el Banco Mundial solían hacerle a países con problemas económicos.

Y si bien todos estos organismos son antiliberales, el mundo los asocia al llamado “neoliberalismo”. Así que qué mejor que comparar al Consenso de Washington con Cristina y con Macri y ver si efectivamente, lo dicho tiene algo de verdad.

Entre las recomendaciones recopiladas por Williamson estaban la disciplina fiscal, la apertura comercial, y la privatización de empresas públicas. Las otras recomendaciones se encuentran resumidas en el cuadro de aquí abajo.

En dicho cuadro, además, podemos ver en qué grado las presidencias de Mauricio Macri y Cristina Fernández siguieron ese libreto.

CONSENSO DE WASHINGTON
Política Pública Mauricio Macri Cristina F. de Kirchner
Disciplina Fiscal No No
Gasto enfocado en salud, educación e infraestructura Parcialmente No
Baja de impuestos Parcialmente No
Tasa de interés determinada por el mercado No
Tipo de cambio  competitivo No
Apertura comercial No No
Liberación de barreras a la inversión extranjera No
Privatización de empresas estatales No No
Desregulación Parcialmente No
Seguridad Jurídica No No

 

Como salta a la vista, el gobierno de Cristina fue totalmente anti-neoliberal, si por neoliberal entendemos seguir al pie de la letra el llamado Consenso de Washington.

CFK, especialmente durante su segundo mandato, violó absolutamente todos los puntos de este documento. Las tasas de interés, así como el tipo de cambio, estaban regulados artificialmente, tanto porque había un cepo cambiario, como porque la tasa del Banco Central era un número prácticamente sin trascendencia alguna.

En términos de privatizaciones de empresas públicas, CFK hizo todo lo contrario. Junto con Néstor, su marido y antecesor en el cargo, nacionalizaron Aguas Argentinas, el 50% de YPF, las AFJP, el Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas…

Lo mismo ocurrió con la disciplina fiscal. El gobierno de Cristina recibió al fisco con un superávit de 0,5% en 2007, que transformó en un  déficit de 5,9% al final de su mandato.

Mirando este cuadro, algún kirchnerista podría decir “qué bueno es violar el Consenso de Washington”. Sin embargo, la performance económica durante el segundo gobierno de CFK fue paupérrima. Inflación promedio cercana al 30% anual, cero crecimiento per cápita, aumento de la pobreza y un preocupante avance sobre las libertades individuales.

Ingeniero neoliberal

A diferencia de la exitosa abogada, el ingeniero presidente no se sacó un 1 en su examen frente al llamado Consenso. En este sentido, es lógico que Cristina lo llame neoliberal, ya que al lado suyo parece el mejor alumno de los Estados Unidos.

Sin embargo, cuando uno mira detalladamente las políticas tomadas por el presidente, ve que no se cumplen al menos 4 puntos de la receta neoliberal, mientras que otros tres se cumplen solo parcialmente.

Vamos rápidamente de abajo para arriba. En términos de seguridad jurídica, se ha mejorado, pero el lanzamiento del Bono obligatorio y la marcha atrás con la reforma tributaria anulan cualquier esfuerzo en este sentido. Por otro lado, desregulación solo hubo en el mercado aerocomercial por el tema de las Low-Cost, pero solo parcialmente.

Privatización de empresas estatales no hubo ninguna. Apertura comercial no hay, solo una baja de aranceles a dos productos específicos (tablets y notebooks).

Los impuestos se bajaron, pero luego algunos se volvieron a subir. Y en términos de gasto, hay un redireccionamiento, pero todavía no se ha terminado por completo ese cambio.

Finalmente, en términos fiscales es donde peor le ha ido al gobierno. No solo no redujo el déficit fiscal heredado por CFK, sino que lo aumentó en el primer año, siendo esto causa principal de la crisis que atravesamos.

Para terminar, no queda duda alguna que Cristina rechazó de plano cualquier tipo de liberalismo o neoliberalismo durante su gestión. En ese sentido es lógico que diga que otros, que al menos aceptan algunos puntos del programa de Washington, sean neoliberales.

Sin embargo, en rigor de verdad, no hay mucho de neoliberalismo en la gestión actual, y mucho menos de liberalismo.

Y es por esto, de hecho, que hoy estamos en crisis.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Apología de la Grieta

Por Gabriela Pousa: Publicado el 2/9/17 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/apologia-de-la-grieta/

 

Llámese “grieta”, llámense diferencias. Gusten o no estas existen desde el momento en que viendo el desborde en una movilización, se nos estruja el alma por ese regreso de la barbarie versus la civilización.

Que se llame grieta o división da igual. Es una de las escasas excepciones a la regla porque el vocabulario trasciende las definiciones maniqueas. Que hay dos Argentinas no es noticia, en este mismo espacio escribí sobre ello hace tiempo. Fui más allá y sostuve que quizás hay  una tercera solapada entremedio. Fue en el año 2012 en ocasión de un paro de subterráneos que dejó a miles de trabajadores varados.

Nunca fue este un país sencillo para el análisis, los argentinos son intrincados, saben lo que no quieren pero a la hora de luchar por ello, muchas veces miden el termómetro de lo políticamente correcto. Hay razones: doce años de miedo, miedo a proclamar que no se compartía el pensamiento del ex gobierno. Doce años que han dejado una generación diezmada hasta el tuétano.

El hartazgo, el deseo de cambio se plasmó finalmente en las urnas, afanosas de volver a la república. Pero hoy parece que nada alcanza, que nada es suficiente para explicar que el tiempo del miedo y del relato se ha acabado. Al periodismo en particular, le cuesta demasiado retomar el rol que jamás debió haber abandonado. La impuesta corrección política sigue desvirtuando el escenario.

Muchos piensan “blanco” pero dicen “negro” porque es lo socialmente aceptado. Una falacia porque la sociedad ya no acepta ciegamente nada. Habrá que esperar un lustro quizás hasta disipar la insensatez de no atreverse a decir lo que se piensa, lo que se cree. El cambio es un proceso, no se da de la noche a la mañana como no se acostó un señor feudal en la Edad Media y amaneció luego en la Moderna.

La desesperación de la derrota cala hondo en quienes se creían inmortalizados en el poder. La justicia acecha, ese es otro error. La justicia debería obrar, no amenazar. Una pena. Lo cierto es que el temor ya no es exclusivo de la gente. Los ex dirigentes empezaron a temblar, a experimentar lo que antaño sentía buena parte de la sociedad.

Acá vuelve a verse con claridad que la división, la grieta o la diferencia está. Nosotros temimos en paz, ellos temen en guerra. ¿Cómo pretender hacer desaparecer la brecha? No nos une el amor ni el espanto siquiera.

Atrapada en su laberinto, Cristina Fernández de Kirchner rocía con nafta la resina y la leña. Pretende volver al obsoleto slogan de “yo o el caos” pero ya está claro que el caos es el “yo” de ella. No hay distinción.

En este contexto, Santiago Maldonado es apenas una excusa, un utilitario y eso duele más que todo el juego burdo y los antagonismo que pueden leerse en redes o verse por la tele.

Si alguien necesita y quiere a Maldonado vivo es el Presidente de los argentinos, no hay duda de ello. No hay beneficio de otro modo. A este gobierno le importa el ser humano. Del otro lado, lo buscan prefiriéndolo muerto para justificar el desborde y esta moda arcaica pero peligrosa del “anarquismo posmoderno”; una sandez sin base ideológica, una bohemia trágica, una ignorancia sin máscara. Las caras tapadas no tapan nada. Paradojas de un pueblo que aprendió a ver del derecho y del revés.

Hace rato que quieren tirarle un muerto al oficialismo, proyectan el escenario de Kosteki y Santillán en un país que ya no es el mismo. El delicado equilibrio a mantener es mísero: y entonces se vuelve a la trampa de discutir si hay que hacer un shock o apelar al gradualismo.

Siempre llega un tiempo en qué hay que elegir entre la contemplación y la acción: eso se llama hacerse hombre”, decía Albert Camus. Le cabe también a las naciones. Ya no se puede contemplar este circo de violencia inaudita esperando se sosiegue por cansancio o desgaste de sus adláteres. Mañana puede ser tarde. Tampoco puede entrarse en su juego. Es complejo el desafío para Cambiemos. Apoyarlo es decisivo.

El pasado no puede ser mero recuerdo que vuelve ahora a ser recordado, el pasado debe ser más que nunca hoy: la lección. Y quienes estamos de este lado de la grieta hemos de demostrar que aprendimos. Ha habido cientos de argentinos cuyos paraderos desconocemos y no hubo reclamos por ellos. Si Maldonado no hubiera desaparecido en la previa de una elección, permítaseme dudar si las voces pidiendo por él sonarían igual o el silencio hubiese vencido. 

La unión de todos es otro slogan inútil aunque suene lindo. Jamás agua y aceite se han unido. Imposible pretender que gente de bien y de principios vea a un vándalo que rompe la ciudad y agrede a la autoridad como un igual.

Hay que dejar de lado el romanticismo y decir las cosas como son aunque no suenen bonito. Hay una grieta, y es justamente esa grieta la que nos garantiza hoy que todavía es posible vivir mejor. La Argentina no es una, no tiene por qué serlo al menos en lo inmediato donde ni el lenguaje es similar, ni las intenciones son las mismas. En definitiva, lo que importa es que cada una respete los limites de la otra. A esos límites hay que custodiar día a día.

Quienes quieren la violencia pueden pues empezar a vivir su Argentina entre rejas. Los otros ya lo hemos hecho demasiado tiempo, atrincherados por miedo. Luego elegimos y ganamos. De este lado de la grieta debemos hacer valer los derechos que votamos.

La grieta no nos menoscaba como país cuando hay diferencias que engrandecen la raíz. Separemos las aguas en lugar de mezclarlas. Así lo hizo Moisés y el pueblo judío avanzó hacia su paraíso. Valgan las parábolas, valgan las metáforas.

 

IMG_3502

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Fábulas corregidas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 18/1/17 en: http://www.actuall.com/criterio/economia/fabulas-corregidas/

 

Otra vez, nunca falla: los que atacan a la Iglesia son los mismos que atacan el ahorro y reescriben la historia, corrigen las fábulas, y socavan los derechos individuales.

 

 

Ilustración de las protagonistas de la fábula 'La cigarra y la hormiga' /Actuall - AMB
Ilustración de las protagonistas de la fábula ‘La cigarra y la hormiga’

Gracia a mi amigo, el doctor Walter Castro, me enteré de que el anterior gobierno argentino de la deplorable Cristina Fernández de Kirchner había pretendido cambiar la moraleja de La cigarra y la hormiga, la famosa fábula de Esopo.

Siguiendo al escritor brasileño Monteiro Lobato, los kirchneristas aspiraban a un final feliz para la cigarra, que sería alojada por la hormiga, quien, como dicen ahora los cursis, ‘pondría en valor’ el hecho de que los alegres cantos de la ociosa cigarra la habían reconfortado durante las laboriosas jornadas estivales.

Sabido es que las interpretaciones ambivalentes de esta fábula son muy antiguas, y han perdurado. De hecho, hay una versión alternativa, denigratoria de la hormiga, atribuida al propio Esopo. Se ha subrayado que la recreación de La Fontaine no establece un juicio moral diáfano sobre el mérito de ambos insectos.

Como era de esperar, desde el romanticismo ha habido lecturas más o menos cínicas que ponderan el arte de la cigarra por encima de la avidez materialista de la hormiga, a menudo asimilada, no por casualidad, con una odiosa banquera. Cabe recordar que Samaniego recrea la fábula hablando de la hormiga “codiciosa”.

Pero no pretendo hoy analizar en detalle estas otras interpretaciones, sino resaltar la que ha prevalecido, la que recorre toda la historia desde la Antigua Grecia. Sobre eso caben pocas dudas: la mayoría de las repeticiones y recreaciones de la vieja fábula son clarísimas en su apoyo a la hormiga.

En efecto, la moraleja que recorre el encuentro de los dos personajes desde hace veinticinco siglos es la misma, a saber: es justa y valiosa la recompensa de la hormiga, trabajadora y austera, y es justo y merecido el castigo de la despreocupada cigarra. El elogio del insecto industrioso se encuentra incluso en la Biblia:

Acércate a la hormiga, perezoso, observa su conducta y aprende. Aunque no tiene jefe, ni capataz, ni dueño, asegura su alimento en el verano y recoge su comida en tiempo de siega. (Pr 6, 6-8)

No cabe dudar, por tanto, de qué era lo que pretendía el régimen kirchnerista: atacar a la heroína de la fábula.

Sobre esto caben dos reflexiones, una económica y la otra política.

La característica económica de la hormiga es la responsabilidad. Ella sabe que tiene que procurar durante el verano su sustento para el invierno, y que ello requiere esfuerzo y especialmente ahorro: no puede consumir lo que recoge en los tiempos prósperos, porque en tal caso no le quedará nada para los meses adversos.

Esta virtud frugal, que procura multiplicar los recursos, y que saluda Jesús en la parábola de los talentos, ha sido sistemáticamente atacada por los enemigos de la libertad.

Todos ellos han sido siempre enemigos del ahorro y la responsabilidad individual, a los que pretenden sustituir por la servidumbre ante el Estado, que ha de cuidar de sus súbditos desde la cuna hasta la tumba, a cambio de arrebatarles su libertad y sus bienes.

La reflexión política tiene que ver con la soberbia con que los enemigos de la libertad se arrogan el derecho de cambiar la historia y de quebrantar los valores de la gente. Otra vez, nunca falla: los que atacan a la Iglesia son los mismos que atacan el ahorro y reescriben la historia, corrigen las fábulas, e imponen toda suerte de relatos tramposos que contribuyen a socavar los derechos individuales.

Y a las hormigas, lógicamente, las crujen a impuestos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE