Archivos en la Categoría: Educación

MIS LEMAS PEDAGÓGICOS. 1: NO HAY QUE SABER PARA OPINAR, HAY QUE OPINAR PARA SABER.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/3/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/03/mis-lemas-pedagogicos-1-no-hay-que.html

 

 

¿Cómo? ¿Dice usted que cualquiera puede decir el disparate que se le ocurra, de manera presuntuosa, y de ese modo aprenderá algo?

No. Estoy presuponiendo ciertas condiciones morales e intelectuales, de curiosidad, conciencia crítica, humildad. Que no son tan infrecuentes como se piensa. Muchas personas son así, pero trabadas por el imperativo “no preguntarás” debe callar sus sanas inquietudes, dudas y cuestionamientos.

Mi método consiste en reconocerles el derecho a interpelar. El derecho a que la verdad no les sea impuesta por la fuerza lingüística o el supuesto lugar de saber absoluto de la tarima del profesor. Que entonces se sientan libres de iniciar una conversación genuina con el profesor, que en realidad es alguien que está ofreciendo su posición sobre un tema, pero no diciendo, implícitamente, “dirás esto o serás fusilado”.

Entonces la libre opinión del alumno se convierte en el inicio del diálogo. Puede equivocarse, pero la labor del profesor es encontrar en ese error una oportunidad para reconducirlo a un nuevo cuestionamiento que lo vaya acercando socráticamente a la verdad. Y también encontrar en ese error la parte de verdad, situarlo en la historia de la filosofía, y además tratar de encontrar el horizonte desde el cual el alumno está diciendo lo que para él es tan importante.

Y lo más importante es que el profesor puede llevarse una buena sorpresa al escuchar un cuestionamiento que verdaderamente ponga en conflicto a su núcleo central.

Por supuesto que esto nos pone en riesgo de ser blanco de personalidades psicopáticas que van a aprovechar esa apertura para hacer un bulying intelectual y moral al profesor. Pero es una posibilidad casi nula en chicos jóvenes que responden inmediatamente a una mirada de afecto, que es fundamentalmente lo que están buscando. Con un psiquismo relativamente normal, la calma produce la calma, y el entusiasmo genera entusiasmo. Y el respeto sacrosanto a la libertad del alumno, de ser él mismo, es la única oportunidad para que alumno mejore desde sí mismo y no desde algo que no es él.

Por supuesto, todo esto es incompatible con el sistema educativo formal positivista que nos domina. Hay que hacerlo entrar de contrabando.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

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Así son los héroes, como en Tailandia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 18/7/18 en: http://elpais.bo/asi-son-los-heroes-como-en-tailandia/

 

El diario La Nación de Buenos Aires publicó una nota, titulada “Rescate en Tailandia: los héroes que hicieron posible la epopeya”, que me llamó la atención.

Entre estos héroes están los buzos británicos voluntarios que encontraron a los 12 niños del equipo de fútbol y su entrenador, el 2 de julio luego de diez días de desaparecidos. Rick Stanton y John Volanthen, que trabajan como bombero e ingeniero informático respectivamente, no son novatos. Entre otras epopeyas, ayudaron en 2010 a encontrar a Eric Establie, un espeolólogo atrapado al sur de Francia que, lamentablemente, murió. “Las misiones son impactantes, pero la más desafiante fue la de Francia”, dijo Stanton al ser condecorado por Isabel II.

El segundo héroe, “el mártir”, fue Samarn Gunan, que murió durante las operaciones en una de las tantas idas y venidas al quedarse sin aire. Gunan tenía 37 años y se desempeñaba como oficial de seguridad en el aeropuerto de Bangkok. El tercer héroe, según la nota, fue el entrenador Ekapol Chanthawong que guio a los chicos a la cueva. Y promovió la meditación para regular el estado anímico y la respiración cuando los niveles de oxígeno habían comenzado a descender.

Desde el encierro esribió: “Prometo que cuidaré a los niños lo mejor posible. Quiero agradecerles por todo el apoyo y pedir disculpas a los padres”. Y los familiares le respondieron que “No se culpe. Gracias por cuidar de nuestros hijos. Usted está ahí con ellos. Salga sano y salvo”.

Otros héroes fueron los campesinos que perdieron cosecha y animales por las inundaciones debido a las lluvias y por el agua bombeada -130 millones de litros- desde la cueva, pero estuvieron felices por la buena causa. Y, finalmente, “el héroe que no fue”. Elon Musk mandó construir en tiempo récord un minisubmarino que el gobierno tailandés declinó amablemente. “Acabo de regresar de la Cueva 3. El minisubmarino está preparado si fuera necesario”, twitteó Musk fundador de Tesla y Space X.

En fin, entre los dieciocho buzos que lograron el rescate, trece eran extranjeros entre los que estaba uno español, Fernando Raigal, que reside en Tailandia trabajando para compañías petrolíferas. Y alrededor de todos, cientos de voluntarios que donaron comida y dinero para los familiares de los menores.

Lo que me llamó la atención fue, primero, la contraposición con los “héroes” que estudiamos en la escuela, según la historia oficial: militares y guerrilleros cuyas hazañas consistieron en ganar batallas, hacer guerras y degollar con sus sables en busca de la “libertad de sus pueblos”. En cambio, los héroes de Tailandia trabajaron para salvar vidas.

Luego, me dejó pensando que, en esta lista de héroes, la totalidad son personas ajenas a la burocracia, al oficialismo, personas privadas que, como todas las acciones en la sociedad natural, interactúan cooperando pacífica y voluntariamente y no “buscando la justicia” con armas, represión y violencia.

Por cierto, en la entrada de la cueva de Tham Luang de 10 kilómetros de largo, un cartel prohíbe entrar en temporada de lluvias. Y ahora –“nunca es tarde”- el gobierno dice que tomará medidas para mejorar la seguridad. Irónicamente, el oficialismo ha aprovechado para promocionar su gobierno. Las fotos del primer ministro con los padres de los chicos no escasearon. Tampoco los elogios a la marina y otras apelaciones al nacionalismo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Las trampas en el mundo académico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 10/7/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Las-trampas-en-el-mundo-academico-20180709-0076.html

 

Probablemente nada haya de mayor significación que los ámbitos universitarios. Lo que allí se enseñe puede extrapolarse a lo que sucederá en el futuro en el país de que se trate.

Los cenáculos intelectuales son como una piedra arrojada en un estanque: los círculos concéntricos van mostrando el efecto multiplicador en la respectiva influencia. El político analiza los temas que la opinión pública puede digerir al efecto de preparar su discurso pero esa opinión pública a su vez está conformada por el clima de ideas que prevalece, de allí la trascendencia de la educación y, como decimos, en este contexto muy especialmente la universitaria.

 

Resulta muy pertinente señalar que dicha enseñanza se desfigura cuando la academia se convierte en un centro de adoctrinamiento y politización. En este sentido es de interés consultar las memorias de Thomas Sowell, senior research fellow en Hoover Institution de la Universidad de Stanford, en el sitial Milton y Rose Friedman.

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Profesor Thomas Sowell, Universidad de Stanford.

Confiesa con cierta tristeza que dejó la enseñanza en el aula luego de cátedras en varias universidades porque se cansó de tres situaciones que se repitieron en diversas casas de estudio. Primero, las presiones para mejorar calificaciones a estudiantes de grado y posgrado, maniobras muchas veces apoyadas por las autoridades.

 

Segundo, la manía de hacer que los estudiantes incorporen a sus monografías y tesis lenguaje sibilino digno del posmodernismo y recargar las presentaciones con fórmulas matemáticas innecesarias. Esto último también es destacado por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y James M. Buchanan y economistas de la talla de Wilhelm Röpke y Ludwig von Mises.

 

Tercero, debido a eventuales acosos sexuales Sowell, por ejemplo, debía atender alumnas en su despacho con la puerta abierta y otros recaudos que dificultaban el trato y la seriedad en la relación estudiantil. Mario Vargas Llosa nos contaba que suele dictar sus clases en la Universidad de Princeton fijando la vista en el techo para no mirar a una estudiante y evitar el riesgo de ser demandado.

 

Tal vez el caso más sonado de las trampas que se deslizan en el mundo académico es el libro escrito por Alan Sokal y Jean Bricmont titulado Imposturas intelectuales donde explican que para mofarse de tropelías varias presentaron un largo ensayo en una revista académica con referato de una conocida universidad, donde fue publicado. Acto seguido los mismos autores escribieron otro ensayo refutando su trabajo anterior y revelando los gruesos errores del presentado antes como burla, el cual fue rechazado por lo que escribieron el libro de marras.

 

Sowell relata que antes de recibir el ofrecimiento en Stanford había recibido uno más jugoso desde el punto de vista cremátistico en la Universidad de Virginia el cual no aceptó para evitar el dictado de clases debido a las experiencias sufridas. Hay que estar atento a estos desbarranques para salvaguardar ámbitos que son cruciales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

EL PROBLEMA DE LOS “COLEGIOS CATÓLICOS”: DOS DIAGNÓSTICOS DE MI PADRE, TOTALMENTE CUMPLIDOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/el-problema-de-los-colegios-catolicos.html

 

Luis J. Zanotti (www.luiszanotti.com.ar) nunca estuvo en contra de la educación formal en tanto tal. Porque la educación formal no es sino sistematizar, mediante métodos más específicos, lo que la educación no formal no puede hacer. Y la educación no formal es esencialmente la transmisión cultural, la absorción de un horizonte cultural, que se produce naturalmente, cono el aprendizaje del lenguaje y los juegos de lenguaje concomitantes a ese mundo cultural.

Que la educación formal haya derivado ahora en la educación formal positivista es un resultado de la Ilustración y la “escuela” como método de formación del ciudadano de los estados-nación. Ello fue comprensible en la época (s. XVIII-XIX) pero luego esa educación positivista quedó tan atrasada como el positivismo en sí mismo.

Sin embargo, allí sigue, con sus métodos repetitivos, memorísticos y destructores de la creatividad, cual diosa inapelable cuasi-imposible de eliminar (http://institutoacton.org/2016/11/02/por-que-son-casi-imposibles-las-reformas-educativas/).

Al lado de todo ello, mi padre diagnosticó que la “ciudad educativa” (esto es, la educación no formal en todas sus dimensiones) iba a ir supliendo cada vez más el rol educativo, sobre todo con las nuevas tecnologías de la información. Lo dijo antes de la aparición de internet.

O sea, el chico, el adolescente y el adulto se educan (educación como transmisión cultural) fuera de la escuela. NO es que la escuela formal los educa “y como complemento” viene lo no formal. La escuela formal positivista es un esencial fracaso de aprendizaje, mientras que el verdadero aprendizaje se produce fuera de la escuela.

Al mismo tiempo, por los años 60 y 70, mi padre fue el único que introdujo en Argentina las obras del pedagogo italiano Giovanni Gozzer, quien estaba afirmando lo mismo en una Italia que también escuchaba a Gozzer como si fuera extraterrestre (o sea, no lo escuchaba). Pero para colmo de la osadía en soledad, Gozzer publica un libro, Los católicos y la escuela, donde afirmaba algo obvio a los ojos de mi padre: los católicos en general, al haber adoptado a la escuela formal positivista como modelo de transmisión educativa, fracasaron totalmente en la transmisión de la fe, porque arrastraron los defectos del positivismo pedagógico a los intentos de enseñanza de la Fe.

Silencio total. Nadie, absolutamente nadie, ningún católico respondió, ni se interesó por la cuestión. Gozzer y Zanotti se quedaron hablando solos, sobre todo en una época donde la mayor parte de los católicos sí escuchaban a Marx y a sus epígonos.

AHORA, frente a las pañuelitos verdes en los “colegios católicos”, muchos se preguntan qué pasa, qué pasó.

Pues bien, esa era la explicación. La “escuela católica” era un proyecto llamado al fracaso. Los chicos no aprenden nada allí, y menos aún catolicismo. ¿Y qué aprenden? Lo que ven por las series, algo de cine, lo que ven por youtube, etc. ¿Dónde están los católicos allí? NO están. Y los chicos NO ven EWTN.

Y si algo les queda depositado en su memoria de modo inconexo,  son trozos de textos marxistas y LGBT con los cuales los adoctrinaron desde pequeños, que son obligatorios también para los colegios católicos. ¿Ah, y la libertad de la educación privada para tener sus propios planes de estudio? ¡No por Dios!!!! Esa fue una de las principales propuestas de Luis J. Zanotti, en 1981¿Respuesta en la Argentina, por parte de los católicos? No, Zanotti es muy liberal…. (Hablo de mi padre, que al menos usaba corbata, no como el hijo).

Y si todo esto era verdad, ¿ahora qué hacemos?

Muy poco se puede hacer ya. En todo caso, las familias verdaderamente católicas que queden, muy pocas, tendrán que asumir ellas, directamente, la educación religiosa de sus hijos, con su ejemplo cotidiano, pero incluso con la transmisión del Catecismo. En mi caso yo no tuve catequistas, fue mi padre quien me enseñó el Catecismo. Y además no escuchaba NADA de lo que me decían en la primaria.

 

Espero que el resultado no los desanime.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿DE QUÉ PLANETA VINO MI PADRE?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/de-que-planeta-vino-mi-padre.html

 

Siempre me he hecho esta pregunta. Siempre juego con que yo soy un marciano, pero claro, hay que ver los orígenes.

No sé por qué, a medida que pasan los años –murió en 1991- la imagen que más recuerdo es la de los días en los cuales volvía temprano de La Nación –eso era más o menos 9 de la noche-, se dejaba la corbata puesta, se ponía su “saco fumar” y se sentaba a leer a Pirandello, a Chejov, a Collete, a Unamuno,  mientras mamá –una pianista eximia, una coreuta con oído absoluto- terminaba de preparar la cena. Entretanto él seguía con su libro y con sus discos 33 de música clásica, la única que escuchaba, preferentemente pianistas como Rubinstein, Gulda o Horowitz. Luego así, imperturbable, con la misma corbata y el mismo saco, se sentaba a cenar en la cabecera. Era muy afectuoso, sí, tenía una sonrisa pícara que compensaba su solemnidad, pero era como sentarse a cenar con Churchill.

¿De dónde salió ese caballero inglés en la Argentina? ¿De dónde salió esta combinación de Unamuno, Marías, Scciaca y C.S. Lewis? Mi padre superaba al chiste. No es que era un argentino que era italiano, hablaba Español y se creía inglés. Era inglés. Cómo, no lo sé. ¿Alguna nave extraterrestre abdujo a mi abuela en 1927?

Conocía perfectamente a la literatura española y argentina, había leído de primera fuente a constructores de países como Mitre o Sarmiento, pero cómo llegó él solo, a enamorarse de los EEUU, no lo sé.

El asunto es que nuestra familia era un mundo cultural propio que giraba entre Roma, Philadelphia y Buenos Aires. En la primera estaban tres hermanas de mamá, en la segunda dos hermanas de mi abuelo materno, que fundaron toda la rama norteamericana, y en ese otro extraño lugar del mundo, exiliados, estábamos nosotros.

El marco de referencia eran EEUU e Italia. Cuando mataron a Robert Kennedy yo tenía ocho años y mis padres lloraban amargamente. Yo subí al micro escolar, en un lejanísimo lugar llamado Ituzaingó, diciendo “mataron a Kennedy, mataron a Kennedy”, y comencé a descubrir entonces qué significaba vivir en otro planeta.

No levantaba nunca la voz. No pronunciaba regionalismos. No tenía los juegos del lenguaje del porteño. No usaba el che. Hablaba el Español de Ortega y Gasset  y de Unamuno.  Escribía un Español impecable sin corregir una sola vez, de primera mano, en tiempos donde no había Word ni nada por el estilo. Caminaba con un paso parecido al de Patton o de Gaulle.  Era un aristócrata. Una vez el hijo medio loco, yo, le dije que Chejov era el piloto de Viaje a las Estrellas. Ni siquiera respondió. Mi miró con afecto, pero como quien mira a un irredimible.

La casa, para él, era su castillo, y él su señor. En la casa no entraba el exterior. No entraba lo mundano. “Afuera vas a escuchar muchas cosas”, me dijo una vez. “Pero en esta casa, no”. El no lo sabía, pero al entrar nos teníamos que sacar el mundo, como los japoneses los zapatos. La casa era su templo, y la intimidad de su hogar, su sagrario.

Era inmune a otras influencias. Guiraldes, Hernández, Estrada, sí entraban a casa. Nos llevó dos veces, a Pablo y a mí, a San Antonio de Areco a ver la estancia de Guiraldes. Fue mi máximo contacto con Argentina. Pero la televisión de los 70, no, y menos el cine argentino de entonces. Olmedo y Porcel eran para él el ejemplo máximo de la decadencia cultural. La chabacanería era para él una perversión inconcebible.  Y los pobres Les Luthiers  le parecían algo tan terrible como reírse de la liturgia un Viernes Santo.

Era un liberal orteguiano, un severo crítico al nacionalismo, un admirador de las formas republicanas: en el fondo, era un iluminista. Fue maestro normal nacional 10 años y verdaderamente fue para él un sacerdocio. Sólo desde allí pudo criticar luego al positivismo pedagógico.  El peronismo y el sindicalismo argentino eran para él peor que cualquier pecado mortal. Propuso seriamente eliminar la obligatoriedad de los planes estatales de enseñanza, en la Argentina de los 80. Malvinas le pareció un horror. Alfonsín era para él la izquierda absoluta. No sé si hubiera resistido ser testigo de la Argentina posterior.

Era católico, pero la izquierda de los “sacerdotes para el tercer mundo” sencillamente lo destrozó.

De dónde, de dónde salió. ¿Será la Argentina sólo un caos informe del cual puede salir tanto mi padre como un Moyano? ¿Será eso o nada más que la infinita combinatoria casual del humano devenir?

Se quedó muy solo. Los católicos, aferrados al sistema de incorporación por gestión propia, no lo entendieron nunca. La izquierda le agradeció poniéndole una bomba en su (nuestra) casa de Ituzaingó. Los militares pensaron que por eso era uno de ellos, hasta que se dieron cuenta que tampoco. Los liberales de la Escuela Austríaca lo conocieron muy tarde. Tuvo muchos amigos y discípulos, pero su Instituto de Investigaciones Educativas fue discontinuado después de su muerte.

 

De dónde, de dónde salió. Y yo, recién ahora estoy sólo a la altura de sus zapatos. Y recién ahora podría hablar realmente con él.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Los artistas y la economía

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 10/6/18 en https://www.cronista.com/columnistas/Los-artistas-y-la-economia-20180611-0014.html

 

En esta nota comienzo por señalar dos actitudes que parecen contraproducentes. La primera es la de no pocos pintores, escritores, actores, escultores, músicos, artistas en general y sacerdotes que naturalmente se ocupan de cuestiones sublimes pero que consideran todo lo vinculado a la economía con ruido a metálico, temas muy subalternos y más o menos despreciables.

 

Y aquí viene el problema: cuando se pronuncian por las condiciones de vida de la gente, un tópico que con toda razón consideran muy humano y digno de atención, arremeten sin quererlo contra todo lógica económica con lo que terminan por perjudicar gravemente a quienes desean mejorar.

 

Como la economía es contraintuitiva, es decir, lo primero que se concluye superficialmente está mal, se inclinan por lo inconveniente sin proponérselo y cuando alguien se les acerca con la intención de instruirlos, rechazan la conversación pues, otra vez, estiman que esos temas no son dignos de atención para un artista que está concentrado en asuntos de mayor jerarquía.

 

Entonces no hay salida hasta que se dignen prestar atención a  postulados básicos de la ciencia económica. Paradójicamente, muchos economistas preocupados por este malentendido, intentan aclarar temas cruciales, pero henos aquí que son tildados de economicistas.

 

Para acercar posiciones es menester que el economista también complete su formación con estudios sobre derecho, historia y filosofía. Sin embargo, irrumpen economistas solo abocados a estadísticas, curvas y gráficos que pretenden cuantificar lo incuantificable.

 

Recordemos las célebres palabras del premio Nobel en economía Friedrich Hayek en cuanto a que “Nadie puede ser un gran economista si es solo un economista y estoy tentado a agregar que el economista que solo es economista tenderá a convertirse en un estorbo cuando no en un peligro manifiesto”.

 

Dada la importancia y trascendencia de las diversas manifestaciones del arte y la llegada a un numeroso público debe realizarse un esfuerzo para conectar amistosamente los dos territorios mencionados.

 

Como queda dicho, por un lado despertar el interés en los fundamentos de la economía en lugar de despreciarla para así pronunciarse con algún rigor sobre asuntos que hacen al progreso del prójimo en campos sociales de gran calado.

 

Por otro lado, como también apuntamos, nuestra profesión debe exhibir facetas humanistas que constituyen el centro de las investigaciones del área en cuestión. Afortunadamente, en nuestro medio se ha recogido la larga tradición anglosajona de unir el derecho y la economía pues hasta no hace mucho los marcos institucionales y los procesos de mercado parecían algo así como nichos separados.

 

Ya sabemos que para muchos artistas temas tales como las ventajas comparativas o el teorema de la regresión monetaria les suena a materialismo puro, pero la economía antes que nada trata de la acción humana tal como se titula uno de los más sesudos tratados en esa disciplina.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

MIS ESTIMADOS MARCIANOS LIBERTARIOS, CUANDO DESCIENDAN EN LA TIERRA, UBÍQUENSE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/mis-estimados-marcianos-libertarios.html

 

Lamento enormemente disentir con mi admirado Loris Zanatta, pero mi antipático papel como defensor de Trump como mal menor me pone en esa posición.

Dice Zanatta el 15 de mayo de 2018: “Trump quiere demoler el orden internacional construido por su propio país después de la segunda guerra mundial. Lo que los teóricos de las relaciones internacionales siempre han llamado “el orden liberal”, a él le da asco. este “orden” se basa en tres pilares: la democracia política y las libertades civiles, que para Trump son opcionales; la libertad económica, que considera nefasta y a la que opone el principio del America first y el multilateralismo, la densa red de instituciones internacionales que fomentan la cooperación y tratan de disuadir el conflicto: es una palabra ausente en su vocabulario. Desde el comercio transpacífico hasta los acuerdos climáticos, desde la relación con Europa hasta la gobernanza global, su consigna es: me tiene sin cuidado; somos los más poderosos, hago lo que le conviene a mi pueblo”.

Ahora bien, ¿por qué ese “orden internacional” es una garantía del liberalismo clásico y las libertades individuales que siempre ha defendido Zanatta? La Declaración de los Derechos Humanos de 1948, ok; pero por lo demás, la ONU ha tenido una agenda muy cuestionable para cualquier libertario o liberal clásico que se precie de tal. Han atacado al libre comercio con sus alianzas con el Banco Mundial, que, junto con el FMI, sólo han servido para promover el intervencionismo, prestando o regalando papel pintado a los gobiernos para que hagan lo que quieran. A través de sus organismos de salud ha difundido una agenda antinatalista en todo el planeta, al mismo tiempo que con lo primero restringía el libre mercado, fórmula explosiva para crear más pobreza y miseria. Ha corroborado las aduanas y proteccionismos entre las Naciones. Ha nacido con la Unión Soviética y China a la cabeza de sus decisiones, un chiste de mal gusto a todo amante de la verdadera libertad. Ha promovido todo tipo de neo-marxismos diversos a través de la UNESCO. Ha sido totalmente ineficaz para luchar contra todo tipo de dictadorzuelos, o al revés, los ha corroborado. Ha promovido a nivel mundial el welfare state, un fracaso total a nivel moral y económico. Etc. Ha promovido todo tipo de políticas estatistas para supuestamente defender la ecología.

¿Y ahora Trump es el malo por oponerse a todo ello?

Segundo, ¿de dónde sacó Zanatta que para Trump la democracia política y las libertades civiles son opcionales? Opcionales son para las agendas totalitarias del lobby LGTB, que quiere encerrar, literalmente, a cuantos no piensan como ellos, bajo supuestos delitos de hate sppech, discriminación, homofobia, etc. Así vemos a monjitas presas por no repartir preservativos en sus iniciativas de salud, a profesores universitarios echados por no hablar los pronombres neutros, a padres presos en Alemania por querer educar a sus hijos en su verdadera fe, a vendedores de pasteles presos por decidir ejercer su libertad de comercio y no vender sus pasteles a quienes no quieran, a Jordan Peterson luchando solo, en Canadá, por su libertad de expresión. Trump está poniendo un freno a todo ello, precisamente por defender las libertades civiles a las cuales se opone toda la agenda neo-marxista del partido demócrata.

¿Y Trump es entonces el malo de la película?

¿Y el proteccionismo? Sí, claro, allí Trump está equivocado. ¿Pero es el primero? ¿Quién NO es proteccionista, excepto los que estudiamos a Mises y Hayek? ¿Quién no era proteccionista? ¿Obama? ¿Quién no iba a ser proteccionista? ¿Hilary?

¿Y la política fronteriza? ¿Quién NO piensa que debe haber aduanas, visas y pasaportes? Los libertarios. ¿Y eran libertarios los demócratas que AHORA claman al cielo? ¿Quién eliminó las fronteras y sus controles? ¿Obama? ¿Quién NO deportó gente según las leyes federales aprobadas por el Congreso sin ningún escándalo de los AHORA “aperturistas” mass media? ¿Obama? ¿Quién iba a eliminar las visas y los pasaportes? ¿Hilary? Y por favor no me digan que es una cuestión de grado. O la ley se cumple, o no. Por favor no tengamos doble discurso. Si hay inmigración ilegal, siempre habrá deportados. ¿Y con quiénes NO iba a haber inmigración ilegal? ¿Con los demócratas?

Realmente pregunto a los libertarios y liberales clásicos que ahora son denunciadores seriales de Trump, ¿y qué esperaban con Hilary?

¿No saben ubicarse en el mundo real, en la siempre opción entre el mal menor o mayor?

 

¿No “les gusta” Trump? A mí tampoco. Es un maleducado y un grosero. Pero dedíquense entonces a lanzar sus diatribas contra la corrección política, la timidez y la falta de sinceridad y liderazgo de todo el Partido Republicano. Porque millones de electores norteamericanos se hartaron de estupideces. Y estupidez NO es mandar a la miércoles el tratado con Irán, donde Irán estaba mintiendo de vuelta. Estupidez NO fue decirle al loco de Kim Jong Un que si se seguía haciendo el loco, habría otro loco en serio del otro lado. Estupidez NO fue defender a Israel de sus bestiales vecinos ni reconocer su auténtica capital. Estupidez NO fue dejar de defender y financiar a Planed Parenthood y oponerse al aborto y a la industria de vender partes de embriones al mejor postor. Estupidez NO fue bajar los impuestos. Estupidez NO fue mandar al cuerno a acuerdos ecológicos estatistas que NO solucionan el problema. Por ende lamento mucho, estirados libertarios, que Obama sea un total caballero –lo es- al frente de una agenda totalmente socialdemócrata en lo económica y autoritaria en lo cultural. Lamento mucho que Hilary sea una dama con un maravilloso inglés bostoniano que iba a seguir el legado de su antecesor. Y lamento mucho que para frenarlos, millones de sencillos y sabios norteamericanos hayan elegido a un maleducado. Es lo que hay, gente. Del otro lado tienen a Cuba, a Corea del Norte, a los totalitarios chinos, al nuevo zar de Rusia, a la Europa vieja, moribunda y suicida, y la dictadura de lo políticamente correcto en Canadá. Váyanse allí. ¿Y saben qué, además? EEUU tampoco es ahora la tierra de la libertad. Les propongo vivir en Marte, como yo, pero al menos ubíquense en la guerra cada vez que desciendan en La Tierra.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Los dos demonios

Por José Benegas: Publicado el 15/5/18 en https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/los-dos-demonios

 

En su libro Sapiens, de animales a dioses, Yuval Noah Harari cuenta que los primeros ganaderos mantenían a sus cerdos cerca de sus asentamientos mutilándoles el hocico, donde tienen una gran sensibilidad. De esa manera, cuando intentaban horadar la tierra como método para conseguir alimento, sentían el dolor y dejaban de hacerlo. Así dependían de los ganaderos y no se alejaban. Todavía se usa colocar anillos en el hocico de los animales para que no hagan daño en el terreno al seguir su instinto.

Del mismo modo, el dolor psicológico ha sido utilizado como método de dominio y para mantener cerca de sus amos a una hacienda humana. Así como en el cerdo la sensibilidad de su hocico tiene que ver con su forma de supervivencia, las ideologías antiliberales se obsesionan con dos principios vitales humanos que, ligados de manera fundamental con las emociones, intentan mutilar porque si se siguen libremente causan cierta aflicción: la libido y el afán de lucro. Mediante la culpabilización y la mitología, naturalista o teísta, gran parte de la política como dominación se sustenta en la autoflagelación de los individuos respecto de estas dos tendencias, después de que se les haya plantado la culpa en el proceso de aprendizaje. Eso no es, por supuesto, nada natural. Pero ese no es el problema, sino la falsedad de esa culpa y la forma en que condena al hombre a quedarse cerca de distintos granjeros.

A grandes rasgos hay una derecha teísta cuyas preocupaciones giran alrededor de la perdición de la sociedad por el sexo. Ahora se ha puesto de moda ser antihomosexual, dentro de la corriente que me gusta denominar “malismo heroico”, como oposición irracional al “buenismo” de la izquierda. Pero la represión y culpabilización principal de los instintos sexuales ha operado más que nada sobre la sexualidad más normal, esto es, la heterosexualidad, en particular en las religiones monoteístas. Esto ocurre tanto en relación al sexo antes o fuera del matrimonio, hasta al considerar el mero disfrute no reproductivo como pecado a los ojos de un dios que nos ha creado con esos impulsos, pero cuya máxima atención está en frenarlos. Un dios rarísimo, pero que tiene mucho éxito. No por los clientes, sino por la eficacia de los proveedores, que logran sembrar desde la temprana infancia los tabúes necesarios para que los animales de granja -les llaman “ovejas”, de hecho- se mantengan siempre a mano, penitentes y en deuda. Eso llevado a la política implica el Estado vigilante, consecuencias en la legislación civil y penal, o una política basada en predicadores que tienen el poder de identificar a sus súbditos como libres de los pecados de la carne, dado que pertenecen al club de los que los crean. La culpa es esparcida erga omnes y la forma de evitarla es pertenecer al club. La hipocresía incluso permite a sus miembros vivir en el completo desenfreno entre cuatro paredes, pero esa es la esclavitud en grado supremo.

Del otro lado, típicamente la izquierda, tenga o no un dios, entiende que lucrarse es un despojo, bajo el dogma de que lo que tiene uno le ha sido quitado al grupo. Tener es malo, ser pobre es ser bueno. Toda desgracia humana es culpa del que tiene algo. El afán de lucro, en este caso, es lo que para ellos corrompe todo. No es posible disfrutar de lo obtenido, sin importar el modo en que se lo obtuvo, todo es insuflar colectivamente la culpa, de modo que esconder un bien al fisco sea vivido por los animales de granja, con cierto dolor. De otro modo el sistema fallaría. No podría contar con la colaboración de las víctimas de la que habla Rothbard en Anatomía del Estadoo y Ayn Rand en La Rebelión de Atlas. Eso, como señala el primero, haría imposible el dominio efectivo por su costo. Sería como el hombre primitivo persiguiendo a sus cerdos por el monte.

Esto de cualquier manera se cruza o se suma en la derecha teísta o en la izquierda y lo cierto es que muchas veces es difícil distinguirlas. Ambas son admonitorias y soberbias, tienen varas en la mano para condenar y conceder indulgencias.

Estas dos tendencias vitales son el objetivo predilecto de la manipulación política por su fuerza y por ser en gran medida irrenunciables. La indiferencia hacia ellas es imposible, así que se estará todo el tiempo en estado de culpa o bajo sospecha de estar en estado de culpa. Allí estarán los “pastores” para conceder los perdones.

Para la izquierda el signo de malicia es haber hecho mucho dinero. Si alguien hace algo mal, enseguida le preguntan cuánto han ganado por ello, pues es lo único que les importa. Para la derecha teísta el sexo no oficial es algo a ser escondido y siempre se cae en referencias al tema. Incluso a la hora de evaluar el feminismo irracional de la actualidad, se lo hace desde una supuesta corrección de los roles sexuales.

Pero veamos a la libido o al lucro con realismo. La primera sirve para establecer vínculos afectivos y alianzas firmes para afrontar los rigores de la vida. Claro que en un clima de prohibiciones son lógicas las dobles vidas, pero sin eso la utilidad de los vínculos eróticos va mucho más allá del placer, que es válido por sí mismo. Eso no quiere decir que no se cometan errores o hasta crímenes como consecuencia de ello. La mayor parte de los homicidios, de hecho, están relacionados con esas pasiones. Pero condenar al sexo o considerarlo por sí mismo sospechoso no es muy distinto de hacerlo con las manos, que sirven para escribir y para ahorcar.

El afán de lucro también puede llevar a engañar y a robar, pero la mayor parte de las veces conduce a producir y comerciar. Sobre todo cuando el comercio es libre y se respeta la propiedad (principios que producen el mismo efecto en relación a la libido), se hace indispensable como modo de supervivencia y colaboración social.

Bajo condiciones de libertad y respeto, libido y lucro son los más potentes motores sociales, y si escandaliza esto dicho así es porque se nos ha plantado la semilla de la autoflagelación.

El manipulador se encarga, en cambio, de poner en primer plano la mala intención y hacer sentir el dolor en el hocico por seguir lo que nos nace seguir. Ponernos en conflicto permanente con lo que somos con escalas de valores artificiosas y meramente disciplinarias.

Lucro y libido son los dos demonios esgrimidos por nuestros salvadores, que son nuestros pastores y nuestros comandantes. Son también nuestra energía vital más común. Someterse es entregar la vida. Las próximas generaciones deberían ser libradas del dolor inútil y la sumisión.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL DERECHO A OFENDER.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/4/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/04/la-libertad-de-expresion-y-el-derecho.html

 

La libertad de expresión viene mal. Tentados estamos de revisar su historia y sus ideas y venidas en Occidente, su cuna, pero no podemos en esta oportunidad. Como muestra de uno de los síntomas de su crisis, revisemos este caso en particular.

Ahora resulta que si alguien, respetuosamente, manifiesta su desacuerdo con la moralidad de la homosexualidad, o de la transexualidad, etc., los miembros del lobby LGBT se sienten “ofendidos” y acusan a los que así se manifiestan con de realizar “discursos del odio”, etc. Lo mismo con las feministas radicales, etc.

Particularmente delicado es el caso de la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica aprobado por JPII y aún no abrogado, que sostiene la inmoralidad de las relaciones homosexuales en sí mismas aunque advierte que no se debe juzgar la conciencia de nadie en particular.

Cualquiera puede decir que está en desacuerdo con ello, pero yo no me sentiré ofendido ni lo acusaré de “discurso de odio”.

El asunto que el lobby LGBT quiere hacer de eso un caso jurídico: quiere prohibir ese tipo de opiniones so pena de incurrir en el delito de discriminación, ofensa y discurso del odio.

Entonces una de las líneas de defensa, no de los católicos, pero sí de los que defienden una noción más amplia de la libertad de expresión, es que esta última incluye el “derecho a ofender” (como por ejemplo Jordan Peterson, https://www.youtube.com/watch?v=8NoIWqnogjc )

Pero allí estamos en un problema. Cuando sucedió lo de Charlie Hebdo, yo escribí un artículo llamado “yo soy el respeto”, (http://institutoacton.org/2015/01/13/yo-soy-el-respeto/) donde afirmaba que moralmente la libertad de expresión implica siempre el respeto hacia el otro.

Y ese es el punto: si alguien dice “no estoy de acuerdo moralmente con la homosexualidad”, NO está ofendiendo a nadie, y si alguien dice “no estoy de acuerdo, moralmente, con la concepción hetero-pratriarcal del Judeocristianismo” NO está ofendiendo a nadie tampoco. En todo caso, con respeto mutuo y conciencia histórica de las tradiciones diversas, pueden debatir libremente el punto sin que nadie deba sentirse “ofendido”.

Por lo tanto, si alguien se siente “ofendido” porque yo considere inmoral a X, la respuesta es: yo no te estoy ofendiendo, sino manifestando mi parecer moral sobre el punto, sin referirme a nadie en particular.

Moralmente, NO debemos ofender, esto es, faltar el respeto, burlarnos con desprecio, de nada ni de nadie.

En todo caso, aunque esto esté muy debatido, habría un delito de calumnias e injurias posterior a una publicación, donde, sin embargo, difícilmente entren los casos que preocupan al lobby LGBT. Porque las calumnias e injurias se refieren a una explícita mentira que afirma el delito de alguien en particular. NO cabe por ende allí una afirmación que afirme la inmoralidad de X como tema in abstracto y en sí mismo considerado.

Por ende, jurídicamente las cosas deben ser más precisas, y los tipos penales deben ser claros y distintos. Aunque con los legisladores y jueces que tenemos sea todo lo contrario, sin embargo debemos afirmar que un supuesto “delito de ofensa” entra en arbitrariedades imposibles de evitar.

En una sociedad libre, cada cual tiene derecho a afirmar su concepción del mundo “respetuosamente”.

Pero históricamente, vamos mal. El espíritu de la Primera Enmienda de los EEUU se ha perdido. Verdaderamente ya casi nadie respeta a nadie, verdaderamente todos se ofenden mutuamente porque es el paso previo a lo que casi todos quieren: ver preso al que piensa diferente, llamando “ofensa” a la diferencia. Estamos mal, muy mal. Ya casi no queda libertad de expresión, y menos aún libertad religiosa, para los casos importantes, esto es, allí donde los paradigmas son verdaderamente diferentes.

La socialdemocracia y la redistribución de ingresos no sólo ha derivado en una jaula de oro (que además no es de oro, sino de pobreza) donde las personas tienen todo, materialmente, como los esclavos en las granjas donde se los trataba bien: ahora, además, deben pensar como su amo, pero ese pensamiento único va descendiendo como un manto suave de pensamiento políticamente correcto, y a los que se salen se los va penando gradualmente, hasta que el pobre sapo en el agua hirviendo tenga su cerebro definitivamente muerto.

 

Algunos, por supuesto, nos resistiremos, pero ya no será el derecho a la Primera Enmienda de lo que fue una república liberal clásica, sino el derecho a la resistencia a la opresión en la dictadura universal del pensamiento en la cual se está convirtiendo OccidenteClaro, Occidente no puede “convertirse” en eso, so pena de desaparecer.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Palabras, acción, educación y respeto

Por Gabriel Boragina Publicado el 15/4/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/04/palabras-accion-educacion-y-respeto.html

 

“No me preocupan los gritos de los deshonestos, de la gente sin escrúpulos y de los delincuentes, más me preocupa, el silencio de los buenos”.
Esta frase se la vi atribuida a muchas personas diferentes. Cuando tuve la primera noticia de ella, quien me la envió se la endilgó a Mandela (ex presidente de Sudáfrica), otros se la otorgaron a Einstein, o Luther King, y la lista sigue. En fin. No importa mucho quien fue realmente el primero que la dijo, ni cuándo, ni cómo la dijo. Sea quien fuera su autor, la frase revela una semi-verdad. Semi-verdad porque, a mí no me preocupan, ni los gritos, ni los silencios de unos o de otros, lo que si me preocupan son las acciones, reacciones e inacciones, que son las que realmente valen. Porque, como dice el refrán célebre respecto de los “dichos” podría aplicarse aquel que expresa “perro que ladra no muerde”. O el otro en latín, “res non verba”, o este otro “las palabras se las lleva el viento”.
Vivo en un medio donde se les da una excesiva importancia a las palabras. Me refiero a las palabras que connotan acciones. Por ejemplo, aquellos que manifiestan “Voy a …” es decir, indican la voluntad de emprender un curso de acción determinado o determinable. Lo relevante es el contenido de ese curso de acción. Si es bueno o si es malo. Y, fundamentalmente, si quien emite el enunciado está en condiciones de realizarlo o no y, lo más importante de todo, si es su voluntad llevarlo a cabo o no hacerlo. Y ello, con independencia del fin que se persiga.
Nada de lo que se diga reviste ningún tipo de importancia si no va seguido de una acción en consecuencia y concordancia con lo previamente dicho. El discurso que no se traduce en acción es completamente inocuo.
No obstante, las palabras ejercen tal tipo de fascinación sobre las masas, que tienen el poder de movilizarlas aun cuando quien las pronuncie no las acompañe con ningún tipo de acción. Este truco es bien conocido por aquellos que dominan el arte de la persuasión oral, resultado este último que generalmente se consigue aun cuando quien lo intente no posea esa habilidad ni maneje acabadamente las reglas básicas de la oratoria. Tal es el influjo que la palabra ejerce sobre el ser humano.
Es curioso el fenómeno por el cual un discurso genera credibilidad (mayor o menor) en quienes lo escuchan, aun antes de verificar si lo dicho se concretiza en la práctica.
Los hechos sirven para confirmar la verdad o falsedad de las palabras.
Hay veces que con lo único que contamos para conocer algo no son los sucesos, sino las palabras. Pasa con la historia, cuando no hemos sido protagonistas de los acontecimientos que se narran como ocurridos en épocas remotas.
En otras ocasiones, aunque las coyunturas sean contemporáneas, la única forma que tenemos de conocerlas es mediante las palabras que las narran, ya sean en periódicos, libros, revistas o por radio, TV, Internet, cine, etc.
En suma, lo que nos queda al final, cuando los casos suceden lejos de nosotros, o se nos dicen acaecidos en épocas remotas, son las palabras que nos dan cuenta de ellos.
El problema surge cuando con las palabras se busca desmentir lo ocurrido, o cuando no se es consecuente el decir con el hacer, comportándose de manera contraria a la que se proclama. De esto tenemos -en nuestros días- ejemplos a granel, casi constantes en nuestra vida diaria. Promesas incumplidas, mentiras, generación de falsas expectativas, etc. Parece que estas conductas se esparcen como reguero de pólvora a una velocidad inusitada. La falta de compromiso se ha vuelto algo persistente. Esto, que normalmente se le critica a los políticos es, sin embargo, una experiencia constatable, día a día, con la gente (al menos en mi rutina lo es), tanto sea afirmar una falsedad o negar una verdad en momentos diferentes y -a menudo- sobre una misma cuestión.
¿A qué atribuirlo? Estimo que la pregunta es tan compleja como las respuestas que puedan dársele. Pero más allá de hablar de una “crisis de valores”, hay que entender que estos se inculcan en la educación, y que es en este ámbito donde hay que buscar la verdadera génesis de la tan vapuleada frase “crisis de valores”. Esta es consecuencia de aquella y no su causa. Y por carácter transitivo, de toda crisis de cualquier naturaleza que sea (política económica, etc..).
Nada, ningún fenómeno, se da en el “vacío” (en el caso, un vacío sociocultural), y una “crisis de valores” no viene a ser otra cosa que un proceso educativo por el cual una serie de valores son reemplazados por otra cadena de contra-valores.
Vivimos en crisis por esta causa fundamental, a mi modo de ver. Pero, esta crisis educativa, a su vez ¿a qué se debe? Estimo que, a repetidos procesos de deseducación que terminan resultando en una mala educación, lo que -al final del camino- da una pléyade de ciudadanos mal educados. Y no solamente me refiero a la mal-educación en las formas, sino en las esencias de las relaciones humanas. No me parece tan importante que se omitan gestos de cortesía, como los saludos o agradecimientos, como de ordinario parece estar sucediendo en casi todas partes (aunque no le quito toda importancia) sino mucho más que se incumplan contratos, compromisos, palabras dadas (que ya no “empeñadas”) expectativas generadas por el promitente, etc. Tenemos un problema de mala educación, por no enseñarse el valor del respeto al prójimo. Al semejante. En otros casos, habrá que hablar de desenseñarse, y en su lugar “enseñarse” su contravalor: el irrespeto o falta de respeto.
Pero en este caso -como en los anteriores- las palabras (por si mismas) tienen poca fuerza si no son seguidas del ejemplo que las avala y las acompaña. Es aquí cuando el problema comienza a ser preocupante en el marco de un proceso de degradación cultural.
El respeto consiste -resumidamente- en no interferir con el proyecto de vida ajeno, en tanto este no nos ocasione un daño personal (real o potencial) a nuestro propio proyecto de vida, en una relación reciproca, y en idéntico sentido con todos los demás. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.