¿El fin de la educación tal como la conocemos?

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 30/3/21 en: https://www.ambito.com/opiniones/educacion/el-fin-la-tal-como-la-conocemos-n5180630

Comenzó a notarse desde hace ya algún tiempo, que el paso por el mundo universitario no significaba la adquisición de las competencias necesarias que luego los diferentes rubros de la economía demandaban.

¿El fin de la educación tal como la conocemos?

Entre tantos otros, uno de los principales cruces entre Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi, refirió a como idear el sistema educativo.

A mediados del Siglo XIX, en las ya famosas “Cartas Quillotanas” y “Las Ciento y Una”, se refleja este debate rico en chicanas, dimes y diretes, pero profundamente vigente hasta el día de hoy. Si quisiéramos darle el gusto a la brevedad que anima a una nota de este tipo, deberíamos resumir aquél profundo intercambio epistolar en dos posiciones: una, la de Sarmiento, en la cual el objetivo del naciente sistema educativo debería estar orientado a la formación del ciudadano, en los parámetros que por tal se comprendía en las postrimerías de la ilustración, y la otra, la del autor de “Las Bases”, que no renegaba del objetivo sarmientino, pero que mayor hincapié hacía en la necesidad de que este sistema estuviese en íntima consonancia con el mundo del trabajo y el desarrollo productivo de la Nación.

Más de un siglo después, se vuelve evidente que la preocupación de Alberdi no resultó baladí. La escisión de nuestro sistema educativo y el ámbito de la producción es marcada. Y, sin embargo, lo que en Argentina ya podría decirse que constituye una tragedia que genera atraso tecnológico, casi nula movilidad social y desempleo estructural (aquél que no depende tanto de los ciclos económicos, sino de las competencias adquiridas por los recursos humanos disponibles), en el resto del mundo también parece haberse convertido en motivo de preocupación, cuando menos.

A lo largo y ancho del globo, comenzó a notarse desde hace ya algún tiempo, que el paso por el mundo universitario no significaba la adquisición de las competencias necesarias que luego los diferentes rubros de la economía demandaban. Se naturalizó así, por un lado, que tras casi 20 años de instrucción formal (incluyendo primaria y escuela media), un individuo terminaba sus estudios superiores sin tener garantía alguna de estar preparado para desarrollarse eficientemente en la competitiva economía actual y, por el otro, que este mismo educando debería luego compensar esas carencias invirtiendo más tiempo y dinero en actualizaciones, posgrados específicos y cursos, incluyendo aquellos que los propios oferentes de empleo se ven obligados a brindar.

Dicen los que se dedican al estudio del mismo, que “el Mercado”, este proceso masivo de coordinación de expectativas, se suele adelantar a los procesos sociales incluso más que los propios intelectuales o pensadores. En tal sentido, el pasado 11 de marzo, la multiplataforma Google lanzó un plan a escala global orientado a la certificación de competencias laborales. Este hecho que pasó para muchos desapercibido, se podría llegar a constituir en el mediano plazo, en un acontecimiento absolutamente amenazante para el sistema formal de educación en general y para el universitario en particular.

Asiento la razón de esta afirmación en varias consideraciones. Por un lado, las universidades han olvidado en muchos casos que una de las razones principales por las cuales los alumnos invierten tiempo y dinero en ellas, es para insertarse luego de mejor manera en el Mercado laboral. Pero si el propio Mercado ha comenzado a considerar que ese paso no solo no es suficiente, sino que siquiera es necesario, gran parte de la razón de ser de este nivel educativo podría desaparecer o modificarse radicalmente, como ha sucedido con infinidad de procesos y tecnologías en el pasado.

A su vez, esta segunda afirmación adquiere razonabilidad, si consideramos que justamente el programa lanzado por Google no contiene entre sus requisitos el haber alcanzado el nivel de estudio universitario para poder adquirir estas competencias. Si a lo anterior sumamos el enorme abaratamiento de costos que este tipo de iniciativas tienen para el alumno, en conjunto con su infinitamente mayor capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos y culturales, bis a bis la burocrática naturaleza de los claustros universitarios y su tendencia de hierro al sostenimiento de programas que se vuelven vetustos cada día más rápido, la amenaza de esta iniciativa para el statu quo universitario es aún más claro. Sobre todo, considerando que cada día más, millones de personas intentan incorporarse al Mercado laboral sin tener a priori los recursos necesarios para adquirir ese aspiracional histórico que significaron los títulos de tercer nivel.

Así mismo, iniciativas como las que describía anteriormente, facilitan la incorporación de este sector desfavorecido de la economía, mediante su asimilación rápida y efectiva, incluso en rubros como el tecnológico en el cual los ingresos medios son bastante superiores a los que se podría esperar de un recién iniciado. Todo lo cual, naturalmente, facilitaría un fenómeno de movilidad social a escala global sin parangón.

Desde ya, para nuestra concepción latina, lo ocurrido este 11 de marzo puede no significar mucho. Nuestra idiosincrasia considera que el factor principal de validación de nuestros títulos no es el Mercado sino el Estado, en sus distintas instancias formales constituidas a tal efecto. Esta concepción, a su vez, ha facilitado la incorporación de múltiples rigidices que han redundado luego en carreras cada día más largas y distanciadas del mundo laboral, como tal vez previó Alberdi casi un siglo atrás.

No debiera sorprendernos entonces que esta ola de innovación nos tome desprevenidos como nos ha ocurrido tantas otras veces, producto de nuestros dogmatismos culturales y nuestra falta de visión sobre el derrotero inevitable que el mundo ha elegido.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Una reflexión a propósito de los medios y los gustos de las audiencias

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/02/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/02/27/una-reflexion-a-proposito-de-los-medios-y-los-gustos-de-las-audiencias/

Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer las encuestas y el rating para concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de divertir

(Foto: Especial)

Entre tantos temas de interés se escurre uno que tiene mucho jugo vinculado a los medios periodísticos viejos y a los nuevos que asoman en el contexto de la medición de audiencias. Para algunos es un dilema que se presenta entre proceder de acuerdo a valores e inclinaciones de cada cual o ceder a lo que demandan terceros. Para otros en cambio no hay conflicto alguno: se debe proceder de acuerdo a lo que la gente reclama. Y para un tercer grupo tampoco hay motivo de congoja pues uno debe seguir la propia conciencia prestando debida atención a lo que otros dicen pero sin actuar como siervos de esas tendencias.

En torno a esto es lo que días pasados giraba una amena conversación en un conocido programa radial. Como suele suceder donde hay libertad de expresión se presentaron varias facetas interesantes que alimentaron el tema en cuestión. Sin duda que para dar rienda suelta a diversas perspectivas es indispensable la libertad de prensa no solo como un derecho fundamental de las personas sino para abrir las posibilidades de incorporar nuevos islotes de conocimiento en este mar de ignorancia en que nos desenvolvemos los humanos. En esta línea argumental recuerdo que el primer día de clase en el colegio al que atendía en Estados Unidos, de entrada el profesor dibujó dos círculos en el pizarrón de diámetros distintos. Acto seguido nos dijo que esas circunferencias representaban distintos grados de saber, y concluyó con su moraleja para apuntar con énfasis que el círculo mayor donde hay más conocimiento tiene una superficie más amplia expuesta a lo que se ignora representada por lo que entonces era la negrura del pizarrón, mientras que la circunferencia más reducida -el que cuenta con menores conocimientos- está menos expuesta por lo que el titular no se percata tanto de su ignorancia.

Lo que dejamos consignado es relevante para tener siempre presente la insistencia de Karl Popper en subrayar que el conocimiento conforma la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones, este enfoque permite el progreso de la ciencia en contraste con el dogmatismo que abunda en telarañas mentales que no permiten explorar otras avenidas y paradigmas. También en este mismo plano, es frecuente que se piense que para que algo se demuestre como verdad debe ser verificado empíricamente, que como bien escribe Morris Cohen esa misma aseveración no es verificable empíricamente y, por otro lado, nada en la ciencia es verificable solo corroborable provisoriamente como nos enseña el antes mencionado Popper.

Todo esto viene a cuento porque el intercambio del conductor radial y su equipo me remitió a lo que me sucedió una y otra vez cuando fui Rector de ESEADE durante veintitrés años, una casa de estudios que se constituyó como la primera argentina en ofrecer maestrías en el sector privado y la primera en introducir institucionalmente la tradición de pensamiento de la Escuela Austríaca junto a otras teorías complementarias y otras rivales para el debate. En todo caso, el tema alude a las difíciles elucubraciones a empresarios que financiaban la institución a través de becas y aportes para inversiones en el edificio, equipos, biblioteca, departamento de investigaciones, revista académica y similares. Estas elucubraciones se referían a la importancia de los procesos de mercado basados en derechos de propiedad, competencia y gobierno con poderes limitados a la protección de las autonomías individuales. Mercado que como es sabido no es un lugar ni una cosa sino un proceso que pone de manifiesto las preferencias de la gente que con sus compras y abstenciones de comprar van asignando los siempre escasos factores productivos a las áreas que reclaman los consumidores. De ese modo, en el supermercado y afines se establecen las diferencias de rentas y patrimonios según el mejor o peor servicio que presta el comerciante o el profesional del caso. Lo que en este contexto queda completamente de lado es el privilegio, los mercados cautivos, la dádiva y el subsidio a empresarios que así estrictamente dejan de serlo para convertirse en explotadores.

Habiendo dicho esto, retomo el hilo para trasmitir que el punto crítico con los empresarios de marras era presentarles una complicada situación paradojal: para defender y permitir que funcione el mercado es indispensable el respeto recíproco, es decir, la libertad pero lo que se observaba en nuestro medio con creces (y todavía ocurre) es que la gente pedía intervencionismo estatal, léase la aniquilación del mercado. En otros términos, para fortalecer la filosofía basada en principios éticos que permite la operación de mercado -o sea que la gente pueda decidir el destino del fruto de sus trabajos- había que ir contra las tendencias del momento del mismo mercado. En resumen evitar que el mercado se suicide.

El mercado remite a que la gente se exprese libremente pero si se produce un cortocircuito con la política que propone controles y bozales para la gente no hay manera de logar aquél objetivo. Si las mayorías votan para cercenar las libertades del vecino en la pueril esperanza de mantener las suyas se extingue el mercado que solo resucita si se lo respalda en el plano educativo, de ahí la indispensable contracorriente.

Como queda dicho, el referido suicidio colectivo naturalmente deriva de la ausencia de explicación y fundamentación del valor de las autonomías individuales. En lugar de anclarse en valores y principios de la sociedad libre se le oponen con el resultado del empobrecimiento moral y material de todos. Salvando las distancias, esto mismo ocurre en el mencionado debate sobre medios periodísticos modernos y antiguos respecto a la medición de audiencias. Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer encuestas y mediciones que se dirigen a la pura frivolidad, no como un descanso y un recreo a las actividades diarias sino como un fin en sí mismo. De ahí es que afortunadamente algunos le dan la espalda a los ratings y optan por concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de solo la diversión (di-vertir o separarse del camino principal).

En el caso de la aludida institución de posgrado de aquella época, la generosidad y la comprensión de los empresarios que financiaban el proyecto permitió trasmitir y debatir esas tradiciones de pensamiento entre jóvenes provenientes de distintas profesiones a nuevas búsquedas en una atmósfera de puertas y ventanas abiertas para que entrara el mayor oxígeno posible, en ese sentido no me cansaré de repetir el sabio lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

De más está decir que tanto en el caso de los medios tradicionales y no tradicionales vía la medición de audiencias como en el caso del mercado de las ideas a través de ensayos, libros y la cátedra, no es que no interesen las respuestas de la gente, muy por el contrario es muy relevante conocerlas y sopesarlas solo que desde la perspectiva de quienes mantienen ciertos principios -sea del lado que fuere- pueden (y deben) intentar la navegación a contracorriente si lo estiman necesario al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas, sobre todo si el objetivo último es el respeto recíproco donde nunca es lícito recurrir al uso de la fuerza a menos que se lesionen derechos. En un caso los hay que se preocupan y ocupan de la farandulización de la vida y en otro de las embestidas del Leviatán.

Son dos planos de naturaleza distinta cada uno con sus bemoles y con opiniones muy disímiles que deben atenderse para extraer conclusiones acertadas, pero en todo caso se plantean temas que merecen ser atendidos y discutidos con un eje central que parece muy fértil para el pensamiento, especialmente cuando abunda tanta andanada brumosa.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los intereses que esconde el supuesto “derecho a ofender”

Por Jose Benegas. Publicado el 9/2/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/02/09/los-intereses-que-esconde-el-supuesto-derecho-a-ofender/

Discriminación

Discriminación

Desde hace varios años la libertad de discutir en ámbitos académicos en Estados Unidos se ha visto restringida por una teoría de la sensibilidad hacia los “discursos de odio”. Cualquier cosa que pueda suponer que existe un prejuicio, es considerado odio y debe protegerse a los estudiantes de recibirlo. En este esquema termina cayendo todo lo que contraríe la ingenuidad de los estudiantes, en el peor de los casos es una manera de privar de espacio a todo discurso que no legitime la intervención “buenista” del poder en la vida de la gente.

La idea de safe space (espacio seguro), ese lugar donde no se escucharán los discursos de odio, es una forma establecida de censura previa, lo que además de afectar el campo de la libertad de la persona impide la discusión de ideas controvertidas, que tal vez sean las más importantes de conocer en el lugar donde las ideas son la materia prima. No se puede subir a un ring de box a cuidarse de no ser lastimado. Las ideas pueden afectar convicciones personales muy profundas pero contrariar a alguien no es dañarlo. Nadie tiene derecho a no verse impactado por ideas que lo puedan escandalizar. El escándalo no es un acto ilícito, no afecta derechos. Encima es completamente inútil ¿De qué serviría prohibir la enseñanza de qué cosa es el marxismo que sabemos el tipo de régimen que genera y a cuánta gente ha dañado? Conocerlo es poder discutirlo. Esto no quiere decir, siempre en el ámbito académico, que no haya formas establecidas de convivencia y modos de discutir.

A la vez que este fenómeno se reproduce aparece una visión conspirativa contra los estudios de género y de por qué las nuevas generaciones los han incorporado con mayores márgenes de tolerancia hacia gente distinta (no binaria). Los que sostienen que eso viene de un plan maléfico quieren llevar la victimización respecto de esta cosa de los safe space más allá del derecho a la libre expresión o de la libertad que debe haber en un ámbito de estudio. Así ha aparecido como un producto de la filosofía de redes sociales y en respuesta a lo otro algo llamado “derecho a ofender”, que termina siendo un polo opuesto a lo anterior pero que se le termina pareciendo. Veamos.

Ofender es agredir. No somos carne y hueso, por lo tanto circunscribir el problema del respeto a los derechos del otro a lo estrictamente físico es una manera de habilitar agresiones que en sí mismas pueden ser graves o incluso abrir la puerta a cosas peores una vez que el repudio se ha instalado de modo público.

De no ser así, cosas que no son ofensas sino que afectan a algo incluso externo al individuo, como el hurto, la estafa, o el incumplimiento de la palabra empeñada, no deberían tener consecuencias jurídicas. Bastaría con que la fuerza legítima -después está el problema de si estatal o no- fuera aplicada a detener o responder a un ataque al cuerpo.

La razón para sostener que la ofensa no es libre no es metafísica, es jurídica en un sentido práctico y concreto. El sistema político busca resolver y prevenir conflictos. El derecho penal está para ocuparse de los más graves, mientras que el civil apunta a los demás con consecuencias, procedimientos y garantías diferentes. La agresión verbal es tan potencialmente generadora de conflictos como cualquier ilícito y las personas reclaman su ámbito de respeto para renunciar al uso de la violencia, sobre todo como respuesta más allá del inmediato ejercicio del derecho de defensa. El sistema lógicamente le pide al sujeto que no reaccione por sí mismo sino que recurra a procedimientos legales que deben existir.

La expresión verbal o escrita es libre y debe estar exenta de censura previa. Pero la expresión genera responsabilidad. Incluso responsabilidad contractual. Si alguien da su consentimiento libremente expresado en un contrato, hasta en uno matrimonial, eso tiene consecuencias que se harán cumplir llegado el caso. Todo el derecho contractual existe por asignarle valor y consecuencias jurídicas a la expresión libre. Que haya responsabilidad por lo que se dice no obsta para nada a la existencia de la libertad de expresión.

Volviendo a la ofensa, no cualquier cosa debe ser considerada de ese modo. Las calumnias requieren unos presupuestos, como asignarle una conducta criminal a un sujeto, las injurias afectan directo al honor sin que impliquen la imputación de un acto delictivo hacia la otra persona. Ambos son delitos cometidos con la expresión y no afectan a la libertad de decir lo que se quiere, sino al uso de la expresión para causar un daño. Las circunstancias y el encuadre deben establecerse en un procedimiento legal y en la experiencia de resolver estos casos se van elaborando principios que ayudan a resolver las zonas grises, que siempre las habrá.

En los últimos años, hablando del periodismo como caso particular y de la actividad de los funcionarios que comprometen un interés público en la verdad y se sienten agraviados, se establece un obstáculo al progreso de una acción de este tipo que es la necesidad de probar la real malicia del periodista, es decir, que se le impone al que se queja demostrar que el artículo, o la manifestación verbal ofensiva, tenían la intención de ofender, de producir el daño al honor de la persona. Pero la ofensa claramente está sancionada como tal y eso responde a los principios del liberalismo más clásico. Además existe una acción civil de reparación en la que el ojo no está puesto en la intención sino en el daño causado por una expresión injusta.

La ofensa que tendrá consecuencias jurídicas no es cualquiera. Una crítica no puede ser considerada una ofensa con consecuencias jurídicas, incluso una crítica hecha de mala fe o completamente equivocada. Eso tiene un remedio que es la desmentida y si ésta no alcanza a mitigar los efectos hay que aguantarse las opiniones ajenas. Podría ser el caso de que la crítica sea acertada, con lo que no hay nada que objetar, o que fuera opinable, o que simplemente no tuviera entidad, teniendo en cuenta la circunstancia de que convivimos y tiene que haber un margen de tolerancia a lo que se nos dice en el que después me voy a detener, porque acá creo que está el problema.

Cuando hablamos de libertad de ofender ya no estamos diciendo que una persona expresa una visión de algún problema y que ésta pudiera herir los sentimientos de alguien, que sería una consecuencia no querida de la manifestación. Se lleva la regla al punto en que ofender no tiene consecuencias, con lo que se carga la muy buena evolución jurídica del concepto de honor y otras consecuencias por su afectación.

Los sistemas totalitarios llevan adelante prácticas que se han llamado de “asesinato de la reputación” de disidentes, que después de ocurridas colocan a la persona en un estado de virtual muerte civil. Y nadie las ha tocado, solo las han ofendido de manera pública y sistemática.

Lo central es que por querer reforzar el derecho a la libre expresión cuando se la pone en duda y se la ataca simplemente para imponer un punto de vista, esté acertado o no, no se caiga en el error de igual tamaño de sostenerla como un “derecho a ofender”, que se para en algo así como legitimar a la real malicia en cuanto tal. De hecho pareciera que esta inversión de las cosas de fundamentar una posición viene de grupos que quieren organizar políticamente a la real malicia, pero se declaran ellos mismos ofendidos porque no se los deja ofender o se les critica que lo quieran hacer. Parece haber un reclamo de un safe space para ofender, lo que hace más absurdo el planteo todavía.

La ofensa con consecuencias jurídicas está influida por este concepto complicado de “moral pública”. Pero no me refiero a cualquier cosa, sino a que no es lo mismo decirle a alguien que sale mucho de noche en una sociedad mormona del siglo XX que en un grupo de jóvenes de una gran ciudad en nuestra época. Para extremar un poco el ejemplo, no es lo mismo decirle a un señor que es cazador de leones hoy, que haberlo hecho hace cuarenta años. Es muy diferente afirmar que alguien tiene cucarachas en su casa, que en su restorán. La capacidad ofensiva de lo que se dice no es meramente subjetiva, está influía por circunstancias.

Por la misma razón no es lo mismo decirle a un alumno que está siempre despeinado, que decir algo para socavar la reputación de alguien que hace un proceso doloroso de identificarse a sí mismo de un modo disidente con lo que entendemos son las formas de una mujer o un hombre estereotipados, independientemente de su sexo. Justo lo que las teorías de género permiten resignificar como pura libertad humana.

No es lo mismo decirle incluso a alguien que no nos gusta su cara, que decirle que no nos gusta su raza, o el sexo al que se siente atraído en una sociedad donde hay “clósets” asumidos como la normalidad. No es igual tener prejuicios que convertirlos en ofensa o, peor, en método de repudio público colectivo.

Del mismo modo tampoco es igual ese tipo de agresión al planteo en ámbitos de discusión intelectual de este conflicto. Lugares como universidades donde el objetivo es hacer avanzar el conocimiento incluso de áreas donde se juegan sentimientos humanos complicados como la psicología o la antropología de género. Como tampoco es igual la actividad de un periodista que está expuesto ante el poder intentando hacer conocer al público verdades que debe conocer y el chimenterío al que se llama periodismo de espectáculos, o como se expresa una persona de otra en el ámbito privado.

No es la misma cosa hablar en general que hacerlo en particular, con la salvedad de que a veces se usa la generalización con un fin ofensivo, como por ejemplo, para no irnos demasiado del tema, hablar de los transexuales despectivamente en una clase donde hay uno.

Todo es un inevitable gris, porque hay individuos de ambos lados de estos conflictos. Cuando se habla de “derecho a ofender”, sin embargo, se está tratando de establecer un estándar general sólo en apariencia liberal, porque se parte de la base, inconscientemente tal vez de tan acostumbrados que estamos a un statu quo, de que determinadas personas deberían ser ofendidas por la sociedad misma, por el hecho de que se las entiende como perteneciendo a un estrato inferior de manera “naturalmente” inevitable. La salida de ese lugar parece “ofender” a los del derecho ofender porque contraría su creída superioridad. Por eso son tan iguales a los otros.

La ofensa hecha de un modo organizado hacia una minoría a la que un afectado pertenece no solo afecta a su honor, tiene efectos devastadores en su vida. Simplemente pensemos en la política de marcar a la gente como ocurrió en la Alemania Nazi con los judíos a los que se obligaba a portar la estrella de David.

Puede haber alguien que, tal vez por simpatizar con eso, considere que tal imposición afecta apenas al derecho de propiedad sobre la ropa a la que se obliga a marcar. Pero la cosa no está ahí, sino en el repudio público colectivista y en afectar a todos y cada uno de los individuos de una categoría reduciéndola simbólicamente respecto de la sociedad en sí. Este mismo artilugio horripilante había sido utilizado por los Reyes Católicos a medida que avanzaban en su aviesa intención de quedarse con los bienes de los judíos, previo a expulsarlos de España. Una vez que los miembros de esa categoría son puestos en el lugar del repudio público, cualquier cosa les puede pasar. Eso no es una violación al derecho de propiedad sino la apertura a una situación que puede ir desde el exterminio a la multiplicación diaria de agresiones de otro calibre ¿Acaso la política legítima, la de la defensa de los derecho individuales, no debiera ocuparse de eso? ¿Acaso la política de los liberales no debería atender a ese fenómeno con especial interés y espíritu de justicia?

Quiero ser más concreto en esto porque como dije antes el asunto de la ofensa está enmarcado en un contexto, es una idea que aparece en las circunstancias actuales. Hoy estamos en épocas de descubrimiento de ese mundo sumergido de gente que siempre hubiera querido vivir de una manera socialmente mal vista y se organiza todo tipo de reacciones para hacerlo posible, a veces pidiendo medidas incorrectas o discutibles (como cupos y cosas sobre las que no me detengo porque la mayoría de los que lean esto estaremos de acuerdo en que no corresponden). Pero el fin es sacar a esos grupos del señalamiento tradicional al que la cultura, si se quiere, los tenía sometidos. Ahí están las letras de la sigla LGBT+ que se han convertido en una grieta política. El fenómeno está facilitado por las teorías de género que tienen muchas décadas de desarrollo y que ponen la lupa en cómo constreñimos a los individuos desde la infancia a definir dos formas “correctas” de comportamiento, sea femenino o masculino, de acuerdo al sexo. Estas reglas muy firmemente seguidas y a las que las nuevas generaciones no parecen querer someterse, cubren desde una emocionalidad que tiene que ser distinta según los géneros, hasta los deportes que se deben practicar. Todo está informalmente reglado. Podríamos hablar antes de los avances de la psicología respecto de los daños que los padres pueden hacer a los hijos como algo parecido en descubrimiento sobre arbitrariedades que no vienen de otros por medio del aparato político, pero que igualmente son dañinas e igualmente nos tienen que interesar, por eso existe el derecho civil y penal. La subsistencia del repudio hacia minorías no adaptadas a las antiguas normas, hoy en proceso de abandono, nos lleva a pensar en problemas muy específicos como los derechos individuales de los menores, el prejuicio generalizado habilita la política familiar del aislamiento, la invisibilidad (el closet) o el intento de entrometerse en la sexualidad de ellos por las razones que sean. Todos temas de derechos individuales.

La sensibilidad de personas que han sido sometidas a la arbitrariedad y el maltrato legitimados socialmente, en momentos en que están rompiendo eso, no es para nada indiferente a este problema jurídico de la ofensa y a su potencial dañino. De nuevo, para extremar el ejemplo y ser claro, hablar contra los judíos es más deleznable después de que salen a la luz los campos de concentración o cuando el nazismo está llegando o queriendo llegar al poder o en pleno proceso de estigmatización pública en la España de los Reyes Católicos, que en cualquier otro momento. Del mismo modo, ofender respecto de una reivindicación concreta de la libertad personal, rodeada de dolor, dificultades y miradas, con una historia de repudio reciente y generalizada, lesiona especialmente.

Agrego a eso como política penal, que siempre debe estar atenta a los conflictos del momento, que a la vez que existe esta reivindicación del género y sus matices y que permite a muchas personas justamente expresarse como no lo han podido hacer antes, del otro lado surge una políticamente organizada tendencia a reivindicar el repudio para volver a colocar a las personas afectadas en lo que considera que es su lugar, abajo; a volver a marcarlas como indeseables en nombre de una religión o de simples prejuicios personales.

La circunstancia particular es la existencia de una amenaza visible contra minorías en la política, que produce su propia dinámica de intereses, convirtiéndose en un mecanismo social de construcción de víctimas propiciatorias. La agresión y disminución de status dentro de familias y grupos contra minorías requieren primero volver a marcar como indeseables a las víctimas. Acá la ofensa cumple un papel instrumental de una amenaza aún mayor. No es una simple amenaza hecha por personas, sino una tendencia política con potencial cierto de dirigir las acciones del estado. No es para nada una cuestión aparte, es central en el entendimiento de la intención que hay detrás de poner todo esto en términos de “derecho a ofender”. Para un liberal debería ser de un interés especial y sin embargo hay una simulación de liberalismo en ese “derecho a ofender” que esconde el interés de ponerse del lado de los atacantes.

Dilucidar todos estos matices requiere un estudio particular de caso por caso, pero el principio no es que existe el derecho a ofender. No hay tal cosa porque haya derecho a expresarse o una garantía inexpugnable que prohíbe la censura previa. Lo importante es aguantar las dificultades que presenta la cuestión y no inventar reglas generales que tienen la virtualidad de abrir el campo libre al ilícito, cuanto tenemos las herramientas teóricas para proteger contra abusos que efectivamente están ocurriendo desde la vereda de enfrente.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE. Publica en @josebenegas

EL BARBIJO EN EL MENTÓN.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 28/2/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/02/el-barbijo-en-el-menton.html

Si. Cada vez más seguido. Va aumentando la cantidad de gente que anda de aquí para allá con el famoso adminículo en el mentón. Tal vez para algunos tenga algún sentido estético.

¿Algún beneficio médico?

Lo dudo, aunque no faltará algún “experto” del Conicet, de la CDC o de la OMS que afirme que la transpiración vía el mentón de la cara es harto peligrosa.

Pero no. Sencillamente la naturaleza de las cosas se impone, aunque no se piense.

Aunque no se piense porque tampoco son partidarios del libre comercio quienes lo practican. Gracias a Dios que el libre mercado sobrevive en los mercados negros, pero quienes lo practican creen que están haciendo algo malo. Luego votan a Cristina Kirchner, protestan contra la corrupción y cuando aún se podía viajar se traían compus de Miami sin declarar. Un combo cultural interesante.

Un combo cultural interesante que explica en gran parte (aunque cuál será el primer motor……) lo que sucede en gran parte del mundo con el barbijo pero especialmente en Argentina, donde lo que salva aún la situación es el incumplimiento de las normas. En EEUU o Alemania vas preso, de mal modo y con orden judicial. Aquí no, hemos descubierto un common law más sencillo: si viene alguien y me dice algo, lo subo de vuelta y luego me lo vuelvo a poner en el mentón. Pero culturalmente es complicado: tengo razón yo al llevarlo así, pero tiene razón el ministro de salud, que me dice lo contrario. Una teoría de la doble verdad. Averroes reivindicado. El ministro de salud no es malo por ser cómplice del barbijo que no llevo. Es malo porque su amigo se coló. Su amigo no es malo por ser un asesino confeso, libre, premiado y exonerado. Es malo porque se coló.

Mientras tanto, el barbijo en el mentón.

Un símbolo cultural apasionante, diría Spock. Un tipo ideal complicado, diría Weber.

Y sí. Che b, sacate el barbijo. Che b, ponete el barbijo. Che b, ponételo en el mentón. Y si no te das cuanta cuándo sos un b.

IM-PRE-SIO-NAN-TE.

Argentina, el país de las lógicas no clásicas. 

Que Dios me proteja y NO me proteja al mismo tiempo y en el mismo sentido. Por favor. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Sobre pobres, zapatillas e inflación

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 25/2/21 en: https://www.dataclave.com.ar/opinion/sobre-pobres–zapatillas-e-inflacion_a6035a78f0a4d5c043cff5be0

En Argentina solemos usar las palabras hasta que estas pierden sentido. Invitación a considerar cuánto ha influido la destrucción sistemática de nuestra moneda en las conductas cortoplacistas que muchas veces se observan entre quienes menos tienen.

“Lo que sucede es que no tienen puesta la camiseta de la empresa”

Todo consultor que se precie de tal, alguna vez escuchó esta frase proveniente de la boca de algún empresario frustrado por la performance de sus equipos. Quienes muchas veces han fundado prósperas empresas o incluso holdings enteros en base a su esfuerzo y de dedicación personal; en base a horas y horas de trabajo mentado, toma de riesgos y el sacrificio de gustos y placeres, suelen darse de bruces con el hecho de que sus empleados luego, aun cuando en su percepción reciben retribuciones más que justas, “no dejen todo” en la empresa.

El buen consultor, por lo general, permite que un tramo de esas primeras conversaciones de diagnóstico transcurra en este tipo de catarsis liberadora, y luego con sumo cuidado, comienza la penosa tarea de explicarle al empresario que el mundo no funciona así. Ahí es cuando surge la palabra “incentivos”. Vocablo de difícil definición dentro del ámbito de la consultoría, pero que abarca todo aquello que debe estar alineado para que, más allá del voluntarismo, “los viernes de medialunas”, las arengas y “las camisetas de la empresa”, el personal de los diferentes sectores aplique todo su conocimiento y esfuerzo al crecimiento de sí mismos (sí, de sí mismos) y, si todo está bien alineado, también entonces al de la empresa. 

Suele ser este un momento clave en la relación del consultor y su contratante: o este último logra convencerse de la necesidad de ver la gestión de sus recursos humanos desde otro ángulo menos idílico o, como sucede muchas veces, el consultor sale expulsado de la empresa con alguna excusa que oculta el hecho de que el empresario se sintió ofendido por la idea de que “su familia” de empleados (de esta visión surge muchas veces el problema), necesite incentivos para hacer crecer la empresa que no es otra cosa (al menos en su enfoque) que su “segundo hogar”.

La frase sobre los empleados y el “no ponerse la camiseta” es un cliché típico que suele escucharse en ese momento clave en el que las empresas (lo sepan o no) intentan atravesar la transición entre empresa familiar a institucional. Sin embargo, fuera del ámbito privado, también existen otros cliches que se esconden detrás de visiones desinformadas o idílicas y que poco hacen por favorecer la solución a los problemas. En este sentido, y ya en el ámbito de lo social o lo público, muchas veces escuchamos la expresión “los pobres van y se compran zapatillas antes de pensar en el techo que les llueve”. Con variantes, esta expresión se repite muchas veces entre quienes ven ciertos comportamientos como el resultado de una mera falta de voluntad o, incluso (y sobre esto regresaré al final), como una carencia de cultura o valores.

En Argentina solemos usar las palabras hasta que estas pierden sentido. Llevamos décadas y décadas absolutamente conscientes de que tenemos problemas graves a nivel institucional, pero en la práctica, poco hemos hecho para solucionarlos. Sí, hemos conquistado la permanencia de un sistema (casi) republicano desde 1983, pero dentro de éste aún hay mucho por fortalecer, transparentar y modernizar, para que realmente la cuestión institucional transite el mismo sendero que el de los países desarrollados o de los que realmente y más allá del marketing político, se encuentran en vías de desarrollo.

Las instituciones son, si quisiéramos plasmar en este instante una definición sencilla, una serie de normas y reglas conocidas por todos los participantes de ésta, que permiten regular nuestra conducta y hacerla previsible tanto para nosotros como para los demás. La previsibilidad luego, entre otras cosas, facilita la coordinación entre las partes, la resolución de conflictos y, por ende, la cooperación. 

Bien es cierto que esto que parece tan sencillo de decir y comprender, no suele ser tan fácil de conquistar y consolidar. Y menos sencillo es aún aceptar que las instituciones no son solo las políticas (lo primero que pensamos cuando viene la palabra a nuestra mente) sino también las económicas. Permítame el lector decir en este punto entonces, que pocas instituciones resultan más importantes para el desarrollo próspero y pacífico de una sociedad que su moneda. Sí, la moneda, justamente eso que los argentinos destruimos sistemáticamente desde hace casi ochenta años. 

La invitación de esta nota es a considerar cuánto ha influido la destrucción sistemática de nuestra moneda en las conductas cortoplacistas que muchas veces se observan entre quienes menos tienen, y también por qué no, incluso, entre otros segmentos de la pirámide social en la que vivimos. A una moneda que cada día pierde valor, y por tanto es carente de una de sus funciones principales (permitir el ahorro), sumemos un mercado de capitales ridículo en el que el acceso al crédito sano se ha vuelto prácticamente una quimera.

Agreguemos luego, las restricciones sistemáticas a la adquisición de moneda extranjera, refugio de valor alternativo que durante décadas los argentinos han utilizado para evadir, justamente, esa destrucción de la moneda, llevada adelante por los gobiernos. Completemos la ecuación, con la falta de educación financiera de la que adolece todo nuestro sistema educativo, la cínica propaganda que hace de quien compra dólares una especie de traidor a la patria y todo el condimento de cientos de regulaciones, privilegios y rentas que favorecen solo a un pequeño segmento de la sociedad; segmento que suele ser más cercano a la política, los sindicatos y los así llamados hoy “movimientos sociales”, que a la actividad privada, verdadera generadora de empleo genuino. 

¿Qué se obtiene con todo esto? Una matriz de incentivos tal en la que es mucho más sensato intentar satisfacer necesidades, gustos o placeres de corto plazo, como un buen par de zapatillas, que intentar inútilmente capitalizarse a futuro, adquirir un techo o “pensar como pensaban nuestros abuelos”, otro cliché nostálgico que oculta más de lo que explica.

Los incentivos favorecen las conductas, las conductas repetidas en el tiempo forman la cultura, la cultura determina el destino de los hombres y de las naciones. Quizá sea este un buen momento (a decir verdad, no se me ocurre otro mejor), para dejar de lado las explicaciones idílicas de por qué nos sucede lo que nos sucede y empezar a trabajar en la consolidación de instituciones que se encuentren realmente alineadas con un futuro sin pobreza, sin violencia y pleno de prosperidad. 

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

La trascendencia de construir castillos en el aire

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 20/02/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/02/20/la-trascendencia-de-construir-castillos-en-el-aire/

La teorización es la única manera de progresar más allá de lo que impone la realidad

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La única manera de progresar es alimentar sueños que van más allá de lo que ocurre en la realidad del momento. Ese es el gran valor de la teorización. Los denominados prácticos no hacen más que adoptar teorías de otros, de allí lo de “nada hay más práctico que una buena teoría”. Lo contrario es andar a los tumbos.

Desafortunadamente se suele tratar de modo peyorativo a los teóricos cuando todo lo que se ha descubierto es merced a ellos, desde el cepillo de dientes y el lápiz hasta el microondas, las computadoras y la concepción cuántica del universo. George Bernard Shaw ilustró el espíritu al apuntar que “en general la gente piensa las cosas como son y se pregunta por qué. Yo sueño con cosas que nunca fueron y me pregunto por qué no”.

De más está decir que no se trata de limitarse a soñar sino a trabajar duramente para que los sueños se hagan realidad. Este es el sentido del mensaje de Steve Jobs a los jóvenes en su célebre discurso en la Universidad de Stanford: “No dejen que el ruido de las opiniones de otros opaquen la voz interior de cada uno. Y lo más importante de todo, tengan el coraje de seguir sus corazonadas y sus intuiciones”.

Vivimos una era en donde prima el conformismo y los aplaudidores en cuyo contexto desde la más tierna niñez hay la malsana tendencia a amoldarse a la opinión de la mayoría. Existe una especie de complejo que aleja del navegar a contracorriente. En general hay una pésima educación que parte desde muchos padres que en lugar de argumentar dan la orden de obedecer y no pocos profesores inculcan el aprendizaje de memoria con poco razonamiento. El tan necesario espíritu contestatario queda así disuelto en manos de muy escasas personalidades. Se enseña que hay que ajustarse a lo “políticamente correcto”. Nada más dañino.

Todos recordamos los estudios de experimentos en universidades y centros de estudios donde se arregla de antemano con un grupo y se excluye a una persona del arreglo con lo que ésta última, debido a la presión del grupo que opina de un modo claramente inconsistente con lo que se les muestra. Es imposible soñar o proyectar castillos en el aire con la mentalidad del conformista.

Desde luego que la calidad de los sueños depende del entorno, cuanto mayores los incentivos para apuntar alto, mejores serán los resultados. Cuanta mayor sea la libertad, más puro será el oxígeno y más potentes los estímulos. No es lo mismo soñar en la cárcel que soñar en libertad.

En este sentido es que se insiste que no se apabulle a los niños con juegos y programas televisivos al efecto de darles tiempo para pensar, concebir, imaginar y fabricar castillos en el aire. De allí la importancia de la lectura que permite construir lo escrito en la mente.

Erin Stafford escribe que es absolutamente necesario abrir un paréntesis a la atención de los problemas diarios para dejar que la mente se abra paso en sueños. A los niños se les suele decir que dejen de soñar y que presten atención, pero en alguna medida eso es lo que se necesita al efecto de combinar la realidad presente con lo que posiblemente será la realidad futura.

En el número de mayo de 2004 de la revista Time aparece un artículo sobre la importancia de los sueños que contiene dos citas que vienen muy al caso. Una de Einstein que dice que “la mente intuitiva es una sagrada bendición, la mente racional es un siervo fiel. Tenemos una sociedad que honra al siervo y que abandona la bendición”. En realidad lo honra hasta cierto límite puesto que se amputa el espíritu contestatario. Y la segunda alude a Chesterton cuando comenta sobre uno de sus personajes de ficción, el Padre Brown, sobre quien dice entre otras cosas que “en ese momento perdió la cabeza lo cual era muy provechoso. En esos momentos hacía que dos más dos fuera millones”.

Jonah Lehrer en el número de junio de 2012 de The New Yorker en una nota titulada “The Virtues of Daydreaming” enfatiza el correlato entre el idealismo en el sentido de concebir lo que aún no existe y el progreso en los más diversos campos. Recordemos lo dicho por Martin Luther King en cuanto a “Tengo un sueño” y lo ocurrido posteriormente.

Leonardo da Vinci ha consignado que hay tres tipos de personas: los que sueñan lo que viene, los que ven cuando se les muestra y los que no ven, y Ortega ha escrito que de tanto en tanto es saludable sacudirse el pensamiento de la época y repensarlo lo cual solo lo pueden concebir los soñadores, no los “prácticos”.

En otro orden de cosas, antes he recordado que el premio Nobel Friedrich Hayek ha escrito que “aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar.” La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos hasta los medios masivos de comunicación.

Los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Pero otra cosa es emprenderla contra los teóricos.

Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios, el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del refrigerador o la máquina de lavar y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. Consciente o inconscientemente detrás de toda acción hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

Leonard E. Read nos dice que “contrariamente a las creencias populares, los castillos en el aire constituyen los lugares de nacimiento de toda la evolución humana; todo progreso (y todo retroceso) sea material, moral o espiritual implica una ruptura con las ideas que prevalecen”. Las telarañas mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos… los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas mas burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica es de una mayor jerarquía que la teoría, porque parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica. Por eso resulta tan grotesca y tragicómica la afirmación que pretende descalificar al sostener aquello de que “fulano es muy teórico” o el equivalente de “mengano es muy idealista”. Bienvenidos los idealistas si sus ideales son nobles y bien fundamentados.

El conocimiento resulta clave para la calidad del castillo, en este sentido es pertinente reiterar lo que se ha dicho al respecto: “Cuando se comparte dinero queda la mitad, cuando se comparte comida también queda la mitad pero cuando se comparte conocimiento queda el doble”.

Los hay quienes se lanzan a la construcción de castillos en el aire pero se acobardan de lo que descubren y por ende se abstienen de pronunciarse en esa dirección y, peor aún, están los que se manifiestan a favor de la esclavitud. Como es sabido, el “síndrome de Estocolmo” es un estado psicológico en el que una persona secuestrada pierde sus defensas naturales y, en el trastorno, revierte sus sentimientos y se vuelve cómplice de sus captores. El bautismo de esta situación obedece al caso del robo a un banco en esa ciudad sueca en el que se mantuvo como rehenes a seis personas, algunas de las cuales, una vez liberadas, se negaron a seguir causas penales contra quienes las mantuvieron cautivas y dos de ellas incluso los defendieron.

Hoy daría la impresión que este síndrome aparece en algunos que alaban la prepotencia estatal y, al mejor estilo masoquista, piden más flagelos. La antiutopía de Orwell resulta espeluznante con el control permanente del Gran Hermano, pero mucho peor es la de Huxley que muestra la cretinización moral de aquellos que reclaman una tiranía. En este último caso, el problema grave es que arrastran al patíbulo a quienes mantienen su dignidad y conservan un sentido de autorrespeto. Estimamos que resulta ilustrativo el peso de los aparatos estatales sobre la gente reproducir unos versos de George Harrison (The Beatles) titulado “El recaudador de impuestos” en el idioma original en que fueron presentados: “If you drive a car, I’ll tax the street / If you try to sit, I’ll tax the seat / If you get too cold, I’ll tax the heat / If you take a walk, I’ll tax your feet.”

En su célebre libro Las ideas tienen consecuenciasRichard M. Weaver además de subrayar la tesis anunciada en el título de su obra concluye que “el mundo más que nunca está dominado por la masificación y la rapidez que conducen a la disminución de los niveles de calidad y, en general, la pérdida de aquellas condiciones que son esenciales a la vida civilizada y la cultura. Esta tendencia de mirar con sospecha a la excelencia tanto intelectual como moral como si fueran antidemocráticas no muestra signos de revertirse.” Solo puede operarse en sentido contrario si se afina la puntería en nobles castillos en el aire que apunten siempre a lo mejor para beneficio de todos en un clima de libertad donde la persona tiene prelación a la muchedumbre, porque como ha escrito Gustave Le Bon “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez” (en La psicología de las multitudes).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

The Top Ranked Free-Market Think Tanks Today

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 15/2/21 en:  https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2021/02/15/the-top-ranked-free-market-think-tanks-today/?sh=32ec73af3e47

“If it matters, measure it” is the motto of the Fraser Institute, one of the leading think tanks in the world. The Global Go To Think Tank Index Reportranks Fraser a “Center of Excellence” among non-U.S. North American think tanks, a status granted to think tanks that lead one of the Index’s various categories for three years in a row. For those who work in policy research and advocacy centers, think tanks matter, and thus high rankings or mentions in the Index are important.

A Table showing the 2019 and 2020 ranking of free-market think tanks and key competitors
Table 1: Top ranked free-market think tanks in the most recent index report of the Think Tanks and … [+] ALEJANDRO CHAFUEN

The think tank index and report, produced by James G. McGann, director of the Lauder Institute’s Think Tanks and Civil Societies Program (TTCSP) at the University of Pennsylvania, was released late last month. McGann is always extremely transparent about his methodology and the challenges he faces. He does not have long-term staff or a developed donor base, for instance. But despite certain weaknesses, his publication is the only effort to track and quantify the work of think tanks around the globe.  

The discussions between think tank leaders that precede the report are usually off the record and not for attribution (that is, they follow the so-called Chatham House rules). This time, due to the pandemic, the presentation was online and has been recorded for everyone to see. The focus of the discussion was again self-reflection and existential questions: why do think tanks still matter in times of crisis? The title of the discussion was already written with an answer in mind.

The complete discussion can be accessed accessed on YouTube.

Part 1: https://embedly.forbes.com/widgets/media.html?src=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fembed%2FVx4bhPLa1aI%3Ffeature%3Doembed&display_name=YouTube&url=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DVx4bhPLa1aI&image=https%3A%2F%2Fi.ytimg.com%2Fvi%2FVx4bhPLa1aI%2Fhqdefault.jpg&key=3ce26dc7e3454db5820ba084d28b4935&type=text%2Fhtml&schema=youtube

Part 2: https://embedly.forbes.com/widgets/media.html?src=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fembed%2FkIYuLTdoeIQ%3Ffeature%3Doembed&display_name=YouTube&url=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DkIYuLTdoeIQ&image=https%3A%2F%2Fi.ytimg.com%2Fvi%2FkIYuLTdoeIQ%2Fhqdefault.jpg&key=3ce26dc7e3454db5820ba084d28b4935&type=text%2Fhtml&schema=youtube

After Donald Trump, Brexit, and Jair Bolsonaro, the “Embassy Row” think tanks, as well as many of their London and German peers, wondered how it all happened. Why did voters reject the wisdom coming from their analyses? But not all think tanks read the tea leaves wrong. The Heritage Foundation, for example, had a former president, Ed Feulner, on Trump’s campaign team. It also had several insiders pushing for Brexit, and also some who understood the importance of Jair Bolsonaro’s unlikely victory for the Americas. This helped Heritage’s rankings, but now, at least in the United States, its influence will be measured more by what it can stop the administration from doing than by its efforts to promote market liberalization.

It is understandable that all think tank leaders argue that think tanks always matter, especially in times of crisis. A few participants in the pre-release Index discussions, though, were consumers of think tank products rather than think tank representatives. One such was Jacob Schlesinger of the Wall Street Journal, who lamented “the defunding of government functions.” Yet he ended up raising alarms about the high levels of government debt, as if these two factors were independent. At the start of the pandemic, taxes in relation to GDP were the highest ever recorded in the OECD. Blaming the Covid-19 crisis on the weakening of government, or distrust, does not correlate well with what happened and is happening in the U.S. or globally.  

David Sanger, national security correspondent for the New York Times NYT +0.2% and a veteran journalist whose career spans 38 years, was one of the few in this year’s discussions who cautioned think tanks not to fall into the trap of speaking to themselves. He mentioned that “we inhale the same fumes every day,” which is dangerous – and it affects the media as well as think tanks. He argued for the need to have a narrative that reaches those who distrust institutions, sectors where “think tanks are seen as the theater of the Deep State.” Sanger prefaced some of his comments with the humble recognition that in recent polls, media like his are held in even lower regard than Congress and lawyers. From the think tank world, only Carlos Lagorio, head of CARI (a foreign affairs think tank based in Argentina) made a similar case to to pay attention to “we the people” and not just to elites.   

Secretary Of State Mike Pompeo Delivers Speech At The Heritage Foundation
Mike Pompeo, former U.S. secretary of state, speaks while Kay Coles James, president of the Heritage … [+] © 2018 BLOOMBERG FINANCE LP

There are more than 8,200 think tanks in the TTCSP database. Although almost 45,000 people are invited to fill the survey, just under 4,000 complete at least part of it. Voters include university faculty and administrators, journalists, policy makers, think tank players, and donors. Given the large number of think tanks listed in the main report, in my rankings I focus just on organizations that favor the free economy. This is the sector where I work and that I know best. The Heritage Foundation again had more nominations than any other free-market think tank, appearing in 26 categories. As in previous reports, the Brookings Institution was again the highest-ranked group overall. Not counting its foreign affiliates, Brookings received 34 nominations. The Japan Institute for International Affairs, which had achieved some top ten positions in the past, was listed as the top institute in the world. In total it received nominations in 14 different categories.

Among market-oriented think tanks, Canada’s Fraser Institute and the Cato Institute were just behind Heritage, with 22 and 21 nominations respectively. Fraser’s budget, approximately $10 million, continues to be a fraction (approximately 15%) of that of Heritage, and one-third that of Cato. Fraser ranked first overall in Canada and topped all other free-market-oriented institutes in the category of domestic health-policy studies, as well as in social policy. The Heritage Foundation also maintains its Center of Excellence status in the category that ranks public policy influence. With the presidency of Joe Biden, though, that top place in the report will likely pass to a different Washington-based think tank.

Among the weaknesses of the index is the lag in including some major changes. China’s Unirule Institute, for example, which closed its doors in August 2019, continues to be ranked, and received 11 nominations, the same as last year. I still included them in the table since their website, which most of their activities from before the group’s folding, is still up. Given today’s political situation in China, even if Unirule comes back to life I doubt it would be as independent as in the past.

In Europe, the U.K.-based Adam Smith Institute (ASI) continues to gain more nominations than any other free-market think tank. The institute is open to market-oriented interventions, from public funding for private health care to some sort of basic income, but is still controlled by two longtime free-market economists: Madsen Pirie and Eamon Butler. And since branding is important, being named after Adam Smith helps with Index voters aligned to free-market causes.  

The Institute of Economic Affairs (IEA), also in the U.K. and with a budget roughly five times larger than that of ASI, also made my personal top-20 list, but it attracted only six nominations. Both ASI and IEA have devoted considerable resources to reaching the young. ASI devotes almost half of its resources to programs that involve younger intellectuals and freedom activists.

In continental Europe, the Foundation for Analysis and Social Studies (FAES), founded by former president of Spain José María Aznar in 1999, continues to receive a good number of votes. FAES’s budget was greatly reduced after it became independent of the Popular Party, but it remains active and is recognized by its peers. A new party-affiliated think tank, Fundación Disenso, was recently launched in Spain. Its board is headed by Santiago Abascal, leader of the Vox party, which has a similar free-market agenda but is more active than FAES in conservative values. Disenso (dissent in Spanish) tapped two talented think-tankers as leaders of the foundation: Jorge Martín Frías, formerly of RedFloridablanca, and Eduardo Fernández Luiña, who formerly headed the more libertarian Instituto Juan de Mariana in Madrid. With the growth of Vox, which yesterday came way ahead of the Popular Party in the elections in Cataluña, we might soon see Disenso appear in the rankings.

How do free-market think tanks fare in different categories? In Table 2 I include the leading free-market think tanks in 20 categories. There are many other categories, but free-market think tanks sometimes do not appear in them.

A table showing 20 top ranked free-market think tanks in different regionbs and categories
Table 2: Top ranked free-market think tank in 20 different categories. Ranking and categorization by … [+] ALEJANDRO CHAFUEN

Outside North America and Europe there are several think tanks that also excel, such as Chile’s Libertad y Desarrollo, a multifaceted organization. Also worthy of mention are the heroic efforts of CEDICE in Venezuela, working in extremely difficult conditions with a government hostile to free-market views. Another of the leading-market oriented think tanks in the world, based in tiny but often exemplary Uruguay, is the Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES). CERES’s longtime leader, economist Ernesto Talvi, recently ran for president of the country and ended up becoming foreign minister, a job he did not find suited to his talents. He resigned but did not return to the think tank. To replace him, CERES tapped Ignacio Munyo, an outstanding and respected economist and former nonresident fellow at Brookings’ Global Economy and Development program. Munyo had previously been doing a stellar job at a think tank within the University of Montevideo, a private university founded in 1986 and officially authorized in 1997, which has been ranked number one or two in Uruguay for the last five years.

As usual, I end with an apology to think tanks whose leaders think that I should have included them as a pro-free economy think tank. Categorization, however, is not an exact science. For instance, I track the work of the Center for Strategic and International Studies (CSIS), which received many nominations (21) and will likely have more influence on the Biden administration than it had on that of Trump. Its work is similar to that of Hudson Institute, but since CSIS focus on economics is mostly through the lens of national security and strategy, I list them in the same category as Brookings.

My recommendation to all who work with think tanks and want complete information is to read the report, which since being posted online by the University of Pennsylvania has been downloaded 34,000 times. James McGann is always looking for partners who will help to bring extra resources to his work and contribute with constructive suggestions on how to improve the Index. If you read his work, send him your comments. His work helps to map an important sector of civil society that is relevant to business, government policy, and the future of freedom.

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

ALBERTO BENEGAS LYNCH PADRE Y EL LIBERALISMO ARGENTINO

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/2/21 en: http://www.laprensa.com.ar/498953-Una-literatura-de-la-verdad.note.aspx

Después de la generación del 37 con Alberdi y sus amigos y de la generación del 80 con Roca y sus colegas, primero a partir de Yrigoyen y luego a partir del golpe fascista del 30 y su continuación más acelerada a partir del golpe militar del 43, se instaló el estatismo en nuestro país. 

Este estatismo desde luego no irrumpió súbitamente. Siempre se trata de un proceso que lleva tiempo para que las nuevas concepciones se vayan filtrando en un primer plano.

Tal como enseña Milton Friedman las ideas que surgen en la superficie son en todos los casos el producto de ideas que vienen operando como corrientes subterráneas durante un tiempo anterior. Como también explica Alexis de Tocqueville, el fenómeno de regresión desde las ideas de la libertad a las del estatismo irrumpe como consecuencia de dar por sentada la prosperidad moral y material fruto del clima de libertad, sin percatarse que ese es el momento fatal, por ello es que Thomas Jefferson ha repetido que “”el precio de la libertad es su eterna vigilancia.””

En nuestro caso las ideas keynesianas, cepalinas, socialistas, marxistas y estatistas en general fueron poco a poco ocupando espacios, especial aunque no exclusivamente en el ámbito universitario, hasta que se produjo la confrontación y resulta que los supuestos defensores de la sociedad libre no tenían argumentos con lo que el avance del intervencionismo estatal fue arrollador y ocupó gran parte del escenario hasta nuestros días.

LOS AUSTRIACOS

En esa atmósfera Alberto Benegas Lynch padre organizó un seminario con tres estudiantes en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en 1942 en base a la recién aparecida edición castellana de Gottfried Haberler titulada Prosperidad y depresión publicada ese mismo año y recomendada por uno de los participantes: William L. Chapman que mucho más adelante fuera Decano de esa Facultad, en cuyo carácter hizo de anfitrión a la invitación de mi padre a las célebres seis conferencias en 1959 de Ludwig von Mises en esa casa de estudios y también luego colega de mi padre en la Academia Nacional de Ciencias Económicas. 

Los otros dos eran Carlos Luzzetti que terminó sus estudios en la Universidad de Oxford y José Santos Gollán (h) que finalmente cambió de carrera a la filosofía y fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras también de la Universidad de Buenos Aires.

Ese grupo según relata Chapman se los conocía con cierta sorna como los Austríacos pues debatían sobre contribuciones de la Escuela Austríaca, especialmente referida a la teoría del ciclo desarrollada por el antes mencionado Mises y por el mas adelante premio Nobel en economía Friedrich Hayek, en cuyo contexto -tal como escribe el doctor Luzzetti en uno de sus artículos- estudiaron algunos de los autores que Haberler cita en su obra, además de los dos anteriormente referidos a Machlup, Robbins, Strigl, Röpke y Wicksell junto a las descripciones de fases del ciclo, la noción del interés, el ahorro, la demanda de préstamos, la estructura de la producción, los consiguientes errores contables y la naturaleza de la crisis.

En todo caso este grupo minúsculo se adentró en esta tradición de pensamiento a través de ese primer texto. Como escribe mi padre en su libro Por una Argentina mejor de Editorial Sudamericana, en 1950 en un viaje a Estados Unidos lo visitó a Leonard E. Read, fundador y presidente de la Foundation for Economic Education quien lo llamó telefónicamente a von Mises a la Universidad de New York para arreglar una entrevista con mi padre la cual, al concretarse, a su vez derivó en una carta de presentación para Hayek en ese momento en la Universidad de Chicago. 

En esas visitas mi padre les anunció su idea de establecer una institución en Buenos Aires para reflotar las ideas liberales, lo cual pudo llevar a cabo con un grupo de amigos y colaboradores siete años más tarde debido a que residió en Estados Unidos con su familia durante tres años.
La novel entidad se estableció con el nombre Centro de Estudios sobre la Libertad y esos profesores fueron los tres primeros en disertar en aquella tribuna. Con el tiempo también disertaron en esa entidad Bruno Leoni, Luis Rougier, Arthur Shenfield, Percy Greaves, Henry Hazlitt, Gotffried Dietze, Luis Baudin, Hans Sennholz, Sylvester Petro, Robert G. Anderson, Donald Dozer y Benjamin Rogge.

DIVULGACION DE IDEAS

El Centro de Estudios sobre la Libertad becó a numerosos profesionales jóvenes de nuestro país para seguir estudios de grado y posgrado en Estados Unidos, publicó periódicamente la revista Ideas sobre la libertad, tradujo una colección de cuarenta y nueve obras al castellano, algunas en colaboración con la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires donde mi padre también se desempeñaba como miembro de Consejo Directivo y, asimismo, con esa entidad se organizaron cursos y seminarios en prácticamente todas las provincias argentinas.

En la publicación del Centro realizada por su Secretario de Redacción, Floreal González, se reproducen jugosas cartas de Hayek y Mises enviadas a mi padre cuando apareció el primer número de la antedicha revista. En el primer caso, en misiva fechada el 25 de octubre de 1958, concluye: “Puede estar seguro que todos mis esfuerzos más sinceros y cordiales acompañan la tarea que usted y sus amigos realizan”. 

Y el segundo, el 28 de octubre de 1958, termina su mensaje afirmando que “Debemos oponer a la literatura del engaño una literatura de la verdad. Desde ese punto de vista recibo con entusiasmo su nueva revista y le deseo pleno éxito a usted y a sus colaboradores”.

EL ROL DE LA PRENSA

A partir de entonces, desde fines de los 60 y especialmente a partir de los 70 y hasta nuestros días afortunadamente para nuestra tierra otros siguieron esa huella tan necesaria a los efectos de alimentar la rica y evolutiva tradición liberal. 

En todo caso, subrayo que uno de los canales más fértiles para explicar y difundir el ideario liberal fue sin duda La Prensa de Argentina donde mi padre publicó asiduamente merced a la cercana amistad con su Director y notable periodista Alberto Gainza Paz, con su estrecho colaborador el también ejemplo de coraje e integridad moral Alfonso de Laferrere y más adelante con el prolífico Emilio Hardoy. 

De un tiempo a esta parte se observa con deleite que este gran diario retoma su espíritu original para bien de nuestro país y del periodismo independiente (una redundancia pero dadas las circunstancias vale el adjetivo).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Apuntes reveladores del filósofo Jean-François Revel

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 30/01/21 enhttps://www.infobae.com/opinion/2021/01/30/apuntes-reveladores-del-filosofo-jean-francois-revel/

El filósofo, escritor y periodista fue un incansable difusor de los principios liberales de respeto irrestricto al prójimo

Jean-François Revel, filósofo, escritor y periodista

Jean-François Revel, filósofo, escritor y periodista

Uno de los mayores placeres de la vida consiste en estrechar lazos con personas de las que se reciben notables alimentos intelectuales en muy diversas direcciones. Y como decía el gran Leonard Read, en buena parte de los casos se trata de personajes que han vivido mucho antes que nosotros y que no hemos conocido personalmente, sin embargo nos sentimos amigos cercanos debido a sus valores y principios rectores. Al fin y al cabo en eso consiste la columna vertebral de la verdadera amistad. En otros casos a ese vínculo se agrega el hecho de haber coexistido con el tan apreciado referente, este es el caso con Jean-François Revel. Muy de vez en cuando surgen aquí y allá personajes de un vuelo intelectual y un coraje moral que todo lo envuelven y que dejan rastros tan profundos en la historia que marcan períodos muy diferentes, en los que inyectan una luz tan penetrante y acogedora que resulta imposible atenuar y mitigar con las mediocridades habituales.

Revel ha sido constituido un muy destacado ejemplo de conducta íntegra, abierto en su mente a la incorporación de nuevas contribuciones, pero incapaz de claudicar en sus principios liberales de respeto irrestricto al prójimo, los cuales incorporó fundamentadamente luego de abandonar el ideario socialista de sus primeras épocas, el cual percibió como empobrecedor e inmoral.

Participé con él en distintos seminarios en diversos rincones del mundo. Disfrutaba de su amena conversación durante sus célebres aperitivos con jerez y jamón crudo y de las largas caminatas en las que siempre nos sorprendía con alguna reflexión aguda y alguna anécdota esclarecedora, las más de las veces rebosante en buen humor. Destacadísimo miembro de la Academia Francesa, columnista de los principales diarios del mundo (durante tres años Director del semanario L´Express), Presidente del Instituto de Historia Social de París y profesor de filosofía en diversas casas de estudio francesas y mexicanas. Siendo Rector de ESEADE lo invité a pronunciar una conferencia en un acto académico de colación de grados. Prologó uno de mis libros lo cual menciono como cierre de este texto periodístico.

Sus obras escritas son muy numerosas y exploran múltiples avenidas que ponen de manifiesto una pluma magistral con un contenido de información notable y una erudición pocas veces igualada. Selecciono en estas líneas unos pocos de sus pensamientos para que el lector le tome el peso a este “ciudadano del mundo”, como decían los estoicos. Es apenas una muestra de la formidable producción de Jean-François Revel pero ilustra su tesón y su capacidad para exponer de modo simple problemas complejos.

No es que coincidamos en todo con lo que escribía este autor, eso no ocurre con nadie. Incluso cuando después de un tiempo leemos algo escrito por nosotros mismos, es frecuente que concluyamos que lo hubiéramos presentado de otra manera. Es que como decía Borges, no hay tal cosa como el texto perfecto y, citándolo a Alfonso Reyes, repetía que “si no publicamos, nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”.

Manos a la obra entonces con las anunciadas muestras en la que por razones de espacio sólo me detendré en la primera de las obras mencionadas. En El renacimiento democrático Revel se pregunta y responde “¿Cómo extrañarse que excepto los liberales todos hayan mantenido que ninguna actividad puede desarrollarse plenamente sin auxilio del Estado, es decir, sin la ampliación de su propio papel?”, esto es así debido a que todos los autoritarismos comparten “el único sentimiento que produce la unanimidad de todos los partidos y en todos los partidos: el odio salvaje que alimentan contra lo que denominan con horror ́individualismo ́. Esa palabra designa para ellos la pesadilla suprema, la sospecha de que en alguna parte subsiste un fragmento del espíritu humano que escaparía a la esfera política, a lo colectivo, a lo comunitario, a lo gregario, al dominio del público”. Y concluye que la perversión de la democracia, la que no respeta el derecho de otros, conduce a que “puedan existir poderes democráticamente elegidos que devoran a la sociedad civil, a la libertad, a la diversidad, a todos lo que es privado”.

Bien hace Revel en subrayar el peligro de una democracia degradada pues la aplicada hoy en nuestro mundo nada tiene que ver con lo estipulado una y otra vez por los Giovanni Sartori contemporáneos que insisten en destacar que la parte medular de la democracia estriba en el respeto a los derechos de la gente y solo el aspecto formal consiste en las mayorías o primeras minorías. En este sentido es que se han sugerido nuevos límites urgentes al poder político al efecto de preservar el corazón de la democracia.

Así se han sugerido prohibiciones a las reelecciones en el Poder Legislativo junto con el desempeño parcial de sus labores para hacer que los legisladores trabajen en ocupaciones fuera del recinto y hasta algunos han sugerido que esas faenas sean ad honorem y así evitar, por una parte, los negociados legislativos y, por otra, la inflación desmedida de las leyes. Se ha sugerido que en el Poder Judicial se abra de par en par las posibilidades de árbitros privados en competencia y así retomar la idea de que el derecho surge como un descubrimiento y no de ingeniería social o diseño. Asimismo se ha sugerido que el Poder Ejecutivo se seleccione por sorteo tal como propuso en general Montesquieu en El espíritu de las leyes donde escribe que “el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” tal como ocurrió en la República de Venecia y en la República de Florencia para algunos cargos ejecutivos.

Esta última sugerencia está en línea con la preocupación de Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos cuando critica la noción de Platón del “filósofo rey” y subraya que lo relevante no son las personas sino las instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”. Precisamente, si seguimos las contribuciones clave de autores como Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North comprendemos el rol fundamenalísimo de los incentivos, en nuestro caso para defender las vidas, las propiedades y las libertades de los gobernados a través de sólidos marcos institucionales.

Hay otras propuestas que proponen el establecimiento constitucional de ratios máximos posibles entre el gasto público y el producto bruto interno. En cualquier caso, si las referidas propuestas no atraen es indispensable elaborar otras pero no es posible limitarse a la espera de próximas elecciones en un clima que se asemeja mucho más a la cleptocracia que a una cacareada e incumplida democracia.

El segundo punto a que se refiere Revel en la antedicha cita es la incomprensión manifiesta sobre el significado del individualismo como si se tratara de un régimen autárquico en lugar de lo que es: el respeto irrestricto a las autonomías individuales en un contexto de máxima cooperación social y libertad, precisamente, en oposición a las cerrazones, las culturas alambradas y las prohibiciones de arreglos contractuales libres y voluntarios tal como recomiendan los estatismos. Lamentablemente vivimos la época del endiosamiento de lo colectivo y el ataque sistemático a lo individual lo cual conduce indefectiblemente a “la tragedia de los comunes” en un terreno donde la falta de respeto a la dignidad del ser humano es permanente a manos de energúmenos que regentean aparatos de fuerza.

Por su parte, en La gran mascarada señala que “si el nazismo y el comunismo han cometido genocidios comparables por su amplitud, por no decir por sus pretextos ideológicos, no es en absoluto debido a una determinada convergencia contra natura o coincidencia fortuita debidas a comportamientos aberrantes sino, por el contrario, por principios idénticos, profundamente arraigados en sus respectivas convicciones y en su funcionamiento”. Asimismo, dice en el mismo libro: “Estoy de acuerdo en que se me exhorte a que abomine cada día mas a los antiguos admiradores de Himmler, a condición de que no sean antiguos admiradores de Beria los que administren esa homilía conminatoria […]. La analogía no es mía: es de Stalin. Fue el que llamaba a Beria ´nuestro Himmler´ y fue en esos términos en los que lo presentó al presidente estadounidense Franklin Roosevelt”.

En sus memorias –Diario de fin de siglo– destaca una cita que toma de Einstein y que aplica a la tozuda repetición de los errores y horrores estatistas: “Los problemas no pueden resolverse con quienes los han creado”, lo cual va como refutación de la monotonía que existe en algunos países en la tediosa y fracasada repetición de sandeces varias.

En El monje y el filósofo, diálogo que mantiene con uno de sus tres hijos (el biólogo molecular y monje budista), afirma que “La idea directriz del Siglo de las Luces y, más tarde, del socialismo “científico” de Marx y Lenin es, en efecto, que la alianza de la felicidad y de la justicia ya no pasaría, en el futuro, por una indagación individual de la sabiduría, sino por una reconstrucción de la sociedad en su conjunto […] Así, la salvación personal se encuentra, desde entonces, subordinada a la salvación colectiva […] esta ilusión es la madre de los grandes totalitarismos que han devastado nuestro siglo XX”.

Con creces Revel ha cumplido con su misión de aclarar y difundir a los cuatro vientos las bases de las sociedad libre por lo que se ubica bien alejado de lo que se lamentaba el poeta y que les cabe a tantos distraídos que pululan por doquier exhibiendo una irresponsabilidad superlativa: “Me acusa el corazón de negligente/por haberme dormido la conciencia/y engañado a mí mismo y a la gente/por sentir la avalancha de inclemencia/y no dar voz de alarma claramente”.

Encontramos tantas personas que confusamente tratan de explicar lo inexplicable y que suelen acompañar sus peroratas con torpes movimientos de las manos -”en ademán natatorio”, como subrayaba Ortega- que deberíamos aprovechar más los valiosos testimonios de intelectuales nobles y de fuste que explican los problemas y ofrecen las soluciones con precisión y fundamentadamente, tal como era el caso del prolífico Revel.

Finalmente una nota autorreferencial que pone de manifiesto la amabilidad de Revel: un párrafo del prólogo que escribió desde París para mi libro Las oligarquías reinantesDiscurso sobre el doble discurso cuya edición original publicó Editorial Atlántida en 1999: “Alberto Benegas Lynch (h) nos obliga a plantearnos los problemas sustentado en una rica documentación, un rigor en el razonamiento y un talento literario que hacen de este libro una obra saludable y una lectura indispensable para todos aquellos de nuestros contemporáneos y nuestros descendientes que deseen comprender nuestra época”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Se acabó el romance con Jacinta Pichimahuida

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 30/1/21 en: https://www.dataclave.com.ar/opinion/se-acabo-el-romance-con-jacinta-pichimahuida_a6011f570bbcd9c5c4f861a5c

(FOTO: Télam)

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En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre la apertura de las escuelas y el regreso de los alumnos y los docentes a las aulas. Desde un lado del espectro, el acento está puesto sobre la necesidad de que los alumnos vuelvan a la normalidad de sus rutinas escolares, priorizando el contacto directo con sus docentes y el contexto de sociabilidad con sus compañeros que facilita la escuela y dificulta sobre medida la virtualidad. Del otro lado de la discusión, se señala la permanencia de la crisis del Covid-19, la lenta implementación de los planes de vacunación y los riesgos concomitantes de la crisis sanitaria aún en curso.

Debe saber el lector, desde un primer comienzo, que esta nota no trata sobre ninguna de estas cuestiones.

Considero, por el contrario, que hay aspectos no contemplados en el debate actual que debieran ser interpelados aprovechando que, como nunca en las últimas décadas, el sistema educativo argentino parece encontrarse bajo la lupa. En este sentido, el interrogante que inspira esta reflexión es: ¿para qué sirve realmente tener las escuelas abiertas?

La pregunta no es retórica ni busca generar polémica. Por el contrario, la invitación es a considerar realmente, con la seriedad del caso, para qué sostenemos hoy un sistema educativo como el que tenemos.

Si centramos la atención exclusivamente en la ferviente insistencia con que la oposición política al actual gobierno de Alberto Fernández, los grupos autoconvocados de padres y otras organizaciones del tercer sector, se han manifestado por el regreso a las aulas dejando de lado otras consideraciones, se podría deducir que basta con convencer a los docentes de aceptar los riesgos que muchos otros rubros de nuestra economía han asumido en los últimos meses, para volver a la buena senda.

Sin embargo, desde ya, todos sabemos que esto no es así. Argentina, que otrora supo tener uno de los sistemas educativos modelo en el mundo, en 2018 ocupaba el puesto 63 en cuanto a habilidad lectora según el ya famoso ranking PISA, detrás de países como Chile (43), Uruguay (48) y Brasil (57). En cuanto a competencias matemáticas, ese mismo año Argentina ocupó el puesto 71, detrás de Perú (64), Chile (59) y Uruguay (58). Nótese que uso en la comparativa países de profunda cercanía y ya no aquellos del “primer mundo” con el que alguna vez supimos compararnos. Y aun así, los resultados son preocupantes.

Estos números debieran ser muestra suficiente de la necesidad de considerar que nuestro país se encuentra en una crisis educativa, máxime si tenemos en cuenta, como decía anteriormente, lo que alguna vez fuimos para estos países limítrofes (un modelo a imitar) y lo que somos hoy: el vecino rezagado.

Aun así, considero que la gravedad no se alcanza a dimensionar simplemente por la observancia de estos rankings, sino tal vez sí, en parte, por todo lo que implicó el intento de lograr que el sistema educativo aceptase ser evaluado.

Sin ir más lejos, la propia ex Secretaria de Educación Nacional, Adriana Puiggros, una de las mentes más leídas en los claustros dedicados a la pedagogía nacional, supo decir en marzo de 2020 que “Evaluar no es un elemento de la enseñanza, es un instrumento de control y de selección y está pensado desde una lógica empresarial. Lo que busca es reducir cantidad de alumnos, de docentes, desde una idea meritocrática”. La escuela, para este tipo de intelectuales, es un lugar de heroísmo sacrosanto que no debe interpelarse. Los éxitos (cada día más ausentes) son todos propios, pero los fracasos son externos: la economía, los padres, “el sistema”, los políticos, el neoliberalismo o vaya a saber uno qué.

Esta oposición sistémica e ideológica que encarnaron intelectuales, sindicalistas y un gran número de docentes, respecto a que el sistema educativo en toda su dimensión sea evaluado, da muestras de la endogamia irresponsable con la que gran parte de la comunidad educativa se comporta con respecto a lo que no es otra cosa que un servicio público financiado con impuestos de los ciudadanos y que, por tanto, debe ser auditado, evaluado y reformado, todas las veces que sea necesario para alcanzar ya no solo los estándares que alguna vez tuvimos, sino lo que es más, para convertirlo en uno de los pilares de desarrollo que un país con 62% de los niños por debajo de la línea de la pobreza, necesita con urgencia. Sin embargo, lejos de eso, “la comunidad educativa”, como gusta llamarse a sí misma, se comporta como si la educación fuese una especie de coto propio en donde hacer a sus anchas.

Sin embargo, la responsabilidad de lo que ocurre es compartida y también del otro lado de la puerta de la escuela se ha sido negligente para con este pilar fundamental.

“La escuela hoy es simplemente un canguro”, supo decirme mediante el uso de la jerga docente, una supervisora de primaria durante mis años de gestión. Refería con esta expresión, al hecho de que para muchos padres el colegio se ha convertido meramente en el lugar en donde ubican a sus hijos para poder salir a trabajar, fenómeno concomitante con el hecho de que hoy día, a nivel mundial, la tendencia marca que ambos padres dejan el hogar para obtener una renta mensual que les permita sustentarse. Si la escuela es, como supo decirme esta integrante preferencial de la comunidad educativa, un simple espacio en donde los jóvenes y niños son cuidados por algunas horas al día, entonces la pregunta que inspira esta nota se contesta de este modo: únicamente sostenemos el sistema educativo, como soporte oculto de una matriz productiva, que, como si fuera poco, resulta cada año más decadente.

Desde esta última perspectiva, se comprenden varios fenómenos que ocurren en simultáneo. Por un lado, la capacidad de daño al poder político de turno que han ido adquiriendo los sindicatos, cuando se vuelcan a la desestabilización de gobiernos que, por inconveniencia fáctica o sesgo ideológico, no les son afines. Cada día de paro, desde esta perspectiva, no implica únicamente para las familias un deterioro de las capacidades escolares de sus hijos, sino también, la pérdida de días de trabajo, honorarios por presentismo y erogaciones suplementarias para compensar ese rol de “canguro” que pasó a ocupar la escuela.

Esta perspectiva también permite comprender el por qué hoy día la oposición ha puesto el foco de manera coordinada en una temática prácticamente sin atención en las últimas décadas: los padres difícilmente puedan sostener un segundo año con niños dentro del hogar en horario laboral, máxime si el resto de las actividades de la economía comienzan a regresar a la normalidad. Por tanto, la visualización de esta problemática, implica una obvia capitalización política y tal vez no un interés real que pudo ejercerse en cualquier otro momento de los últimos años.

Esta verdad incómoda suele soslayarse mediante una preocupación fingida por los días de clase perdidos y el impacto que estos tienen, poniendo el foco discursivo en la cantidad y no en la calidad de aquello que dice enseñarse. Y hago esta afirmación, porque pocas han sido las acciones políticas realmente contundentes orientadas a reformar un sistema vetusto, ineficiente y corrupto y del mismo modo pocas, o tal vez nulas, han sido las manifestaciones públicas ciudadanas frente al harto conocido deterioro de nuestro sistema educativo en las últimas décadas. ¿O acaso el lector recuerda alguna marcha masiva frente a la implementación continua de medidas orientadas a que los alumnos egresen del sistema con condiciones cada vez más laxas; sin repetir o “sufrir notas estigmatizantes” y sin que se les exijan contenidos que antaño hubieran resultado no solo mínimos sino hasta ridículos?

Como dice un refrán que ha comenzado a volverse viral en redes sociales, “se puede obviar la realidad, pero no pueden obviarse las consecuencias de ésta”. La desidia cómplice de unos y otros, ha generado entre otras cosas, que la escuela hoy en día se encuentre absolutamente escindida del sistema productivo. Tras un promedio de catorce años de escolarización obligatoria, una mayoría de jóvenes egresa del sistema con serias dificultades para comprender textos simples, mínimas habilidades para adquirir un empleo y prácticamente nulas para convertirse ellos mismos en empleadores, como sí sucede en otras latitudes cada vez más cercanas. Y esto no sucede únicamente por la permanencia de planes de estudio que no contemplan que los jóvenes habrán de insertarse en el mundo de la robótica y la inteligencia artificial, sino del mismo modo, por un profundo sesgo ideológico que se ha ido arraigando en las escuelas y del que rara vez se habla, porque muchas veces resulta ajeno para los padres, incómodo para los políticos y prácticamente letal, para todo buen docente que quiera crecer en su profesión sin tener el veto de los sindicatos. Y si no pregúntese el lector, ¿qué otra cosa que un nefasto sesgo ideológico podría explicar la oposición absurda que han tenido los sindicatos docentes a la implementación de prácticas profesionalizantes en la Ciudad de Buenos Aires?

En el campo de las políticas públicas hay infinidad de fórmulas para el éxito y otras tantas para el fracaso. Sin embargo, si hay un modo certero de garantizar este último es comenzando cualquier análisis con hipocresía. Con la educación, considero, ha sucedido justamente eso. Nos hemos vuelto todos hipócritas, y aún a sabiendas de que existe un enorme elefante en la habitación que consume entre 5 y 6 puntos del PBI nacional cada año, con resultados cada día más paupérrimos, decidimos mirar hacia otro lado.

Walter Lippmann, quizá una de las mentes más brillantes del Siglo XX en cuanto al análisis de la Opinión Pública, solía hablar de las imágenes mentales, como especies de atajos que utilizaba el gran público ciudadano para comprender fenómenos que le resultaban excesivamente complejos y lejanos. Lo que se ha observado en las últimas semanas, es que esa imagen mental que blindaba a la comunidad educativa con una mezcla de nostalgia por lo que la escuela alguna vez fue y la persistencia simbólica de personajes entrañables como aquél encarnado por Cristina Lemercier en la exitosa “Señorita Maestra”, ha comenzado a deshacerse. El romance entre la sociedad argentina y Jacinta Pichimahuida parece haberse terminado, y ya no es suficiente que de vez en vez algún medio muestre a un docente yendo a dar clase en mula en algún lugar remoto, para ocultar la contundencia del fracaso en el que el sistema en sí se ha convertido, más allá del denodado esfuerzo individual de algunos.

Si como advertíamos antes, la hipocresía se dejase de lado y el sistema fuese realmente a interpelarse ya no tan solo bajo la absurda costumbre argentina de ver el mundo desde dicotomías simplistas (escuela abierta sí, escuela abierta no), el camino a recorrer será no solo arduo, sino al mismo tiempo, profundamente incómodo para todos.

Deberá analizarse entonces hasta qué punto el sistema formal de educación ha ocupado un lugar de centralidad en el aprendizaje de los jóvenes y ha apartado de éste a los padres y sus decisiones; se deberá auditar profundamente cómo se asigna el puntaje con el que los docentes adquieren los cargos, qué se enseña en los centros de capacitación habilitados a tal efecto y quiénes son realmente los dueños de éstos; se deberá repensar el sistema de privilegios que otorga el estatuto docente, absolutamente incomprensible para el ciudadano de a pie que sale a trabajar cada día en condiciones totalmente diferentes; deberá dejarse también de romantizar la gratuidad del nivel universitario y evaluarse cuánta es la inversión en ese nivel del sistema y cuáles son los resultados reales que éste genera, a la luz de la expulsión de cientos de miles de jóvenes que terminan luego migrando al sector universitario privado por el criminal uso político que se hace del aula.

Para concluir, comparto una última experiencia personal: al ingresar a una de las tantas escuelas que me tocaba recorrer hace casi diez años atrás, me sorprendí de la limpieza de los patios, el orden de los pupitres, la pulcritud de la bandera argentina izada, y otros tantos detalles que, teniendo ya a esa altura el ojo entrenado en evaluar el área que coordinaba, no solía detectar con tanta asiduidad. Conversando luego con el coordinador responsable de esa excelente gestión escolar, conocí su historia y su triste derrotero, vapuleado sistemáticamente por un contexto pérfido en el cual el no prestarse al uso militante de las aulas y a la bajada política que intentaban imponerle, le había costado varios ascensos y su reclusión en un cargo menor y periférico, a la espera de su jubilación. Aun así, cada día, cumplía su obligación con esa misma profunda responsabilidad que noté al ingresar.

A pesar de la incomodidad que tal vez a muchos les ha causado esta nota, que sirva al menos para reivindicar a los miles de docentes que cada día enfrentan un sistema con los valores invertidos y que por necesidad, miedo o falta de apoyo, se ven absolutamente impedidos de alzar la voz y denunciar todo esto mismo que sí he podido hoy señalar yo .

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad