Idealis Mundi

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 19/3/20 en: https://elsiglo.com.gt/2020/03/19/comunismo-temporal-o-para-siempre/

 

En una columna anterior escribí que el pánico es el arma más eficaz de los autoritarios, nubla la mente y provoca reacciones primarias como la violencia.

La “profecía” se ha cumplido. Las ideas comunistas se han esparcido ferozmente. Y luego, cuando pase la crisis, dirán que la violencia implementada fue exitosa. Con la excusa de coronavirus -al que se culpa hasta de la caída en las bolsas como si vendiera acciones- se han suprimido las libertades individuales y muchas empresas, a medida que el sector privado vaya quebrando, serán estatizadas.

En España el gobierno ya intervino la salud privada y algunos exigen estatizar las eléctricas y los medios de comunicación. Francia e Italia estatizarían empresas. Y muchos gobiernos inyectarán fondos astronómicos -solo en EE.UU. US$ 0.8 billones, el doble del PBI de Argentina- que extraerán de lo que quede del mercado. Y se suspenden elecciones democráticas, como Macron que suspende la segunda vuelta de las municipales.

Pero el pánico, deliberadamente aumentado por los políticos, para ejercer la violencia que no solo destruye a la economía al punto de que morirán por hambre en el mundo cientos de miles de personas, sino millones -muchísimos más de los que morirían por el coronavirus- sino que trae conflictos de todo tipo incluso dentro de las familias.

La psicosis provoca que la gente colapse las guardias, bajan las defensas corporales y se enferman más y, además, exageran los síntomas. Y ahora resulta que hacer deporte y respirar aire puro es dañino y se exige que la gente se aliene en sus casas: los siquiatras tendrán trabajo cuando esto termine.

La población asustada pide que coarten libertades y destruyan al mercado. Hasta un destacado economista español considera que funcionaron, durante la gripe española de 1918-1919, medidas como la suspensión de clases, prohibición de aglomeraciones y aislamientos sin tan siquiera plantearse la posibilidad de que las personas libremente, el mercado, la actividad privada controle con eficiencia la pandemia.

Muchos especialistas como Pablo Goldsmith aseguran que este virus no es tan grave y lo cierto es que, aun cuando pareciera acelerarse, todavía provoca 20 veces menos muertos en el mundo que la tuberculosis. Pero no entraré en esta discusión, aunque queda el beneficio de la duda. En cualquier caso, aun si la crisis es tan seria, el Estado no debe avasallar el derecho humano de la libertad. Si alguien tiene miedo y quiere ponerse en cuarentena, que lo haga, pero no hay derecho a forzar a nadie.

No por una cuestión de principios únicamente, sino porque el mercado (las personas, el pueblo) es quién mejor se cuida a sí mismo porque es quién mejor se conoce y quién más interés tiene en su propia salud que, para un burócrata -bien lo sabemos- es un número de expediente. La ineficacia del Estado en el control de epidemias es harto conocida en la historia. Por caso, cuenta Ian Vásquez que el gobierno de EE. UU. prohibió a los laboratorios privados elaborar pruebas para el virus, e insistió en que el Center for Disease Control and Prevention elabore el único kit aprobado que resultó defectuoso. De esa manera, se atrasó la investigación por un mes.

La actividad libre puede muy bien controlar al virus. En Inglaterra el pánico y la paranoia alentada por los políticos ha provocado que la gente no salga a la calle, pero por decisión propia, no forzados.

Por caso, la epidemia del virus H1N1, en Argentina tuvo 12.477 casos. Un estudio realizado después mostró que más del 70% de la población tenía anticuerpos, es decir, había sido infectada, pero solo murieron 685 contra 4000 por gripe estacional ese año. Y sin medidas estrafalarias como cierres de aeropuertos, restricciones a la movilidad individual y mucho menos la abolición de las garantías constitucionales.

También Argentina en 1956 sufrió una epidemia de poliomielitis, afectando alrededor de 6500 personas falleciendo el 10%. Fue la gente la que tomó la iniciativa, se lavaban las veredas con lavandina, las familias que podían, precisamente, viajaban a lugares alejados. Al poco tiempo llegaba la “Sabin”, una vacuna creada por la iniciativa privada. Y Argentina fue el primer país libre de polio en América Latina.

Corolario: cuanto más rápido terminen con esta paranoia, exijan que el Estado deje de violentarlos y se cuiden y vivan la vida, más rápido se retirará este comunismo que nos ha invadido.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Con la pandemia el sector privado no podrá seguir sosteniendo la burocracia estatal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/3/2020 en: https://www.agrositio.com.ar/noticia/209231-con-la-pandemia-el-sector-privado-no-podra-seguir-sosteniendo-la-burocracia-estatal-por-roberto-cachanosky

 

La presión tributaria alcanzó niveles extremos. Cualquier atraso en el cobro de impuestos por la crisis local e internacional deberá ser compensado con ahorro de gasto público…

No sabemos cuánto tiempo va a durar esta pandemia del coronavirus y si se encontrará la solución al problema. Lo cierto es que de extenderse en el tiempo esta crisis, inevitablemente cambiará la forma de trabajar. Desaparecerán millones de puestos de trabajo y se crearán otros e incluso se modificará la forma de trabajar.

En lo inmediato hay sectores que recibirán el impacto de la pandemia en forma plena: compañías aéreas, comercios en los aeropuertos, hoteles, restaurantes, bares, shopping centers, teatros, cines y todo lo que tenga que ver con el espectáculo. Incluso los salones que se alquilan para conferencias pierden ingresos al suspenderse congresos, conferencias, etc., lo cual afecta, por carácter transitivo, al sonidista que contratan y vive del trabajo que le brindan esas conferencias, los servicios de catering, el que filma la conferencia, etc. De manera que acá va a haber mucha gente que la va a pasar muy mal, y esa gente que la va a pasar muy mal es toda del sector privado.

Ni hablar de sectores como inmobiliarias o las concesionarias de autos. Si ya venían mal, con este tema es muy probable que la gente postergue las escasas decisiones de invertir en una propiedad o cambiar el auto. ¿Quién suelta un dólar ahora?

El señor del kiosco, que trabaja con lo que le vende a la gente que pasa por su negocio, también va a tener menos ingresos por el menor flujo de gente. Otro que va a sufrir las consecuencias económicas.

Considerando el sobredimensionamiento del estado, luce razonable que los empleados públicos ligados a la burocracia, de todos los niveles de gobierno, también hagan su aporte y cobren un sueldo menor al que reciben. Ellos viven de los impuestos que genera el sector privado y el sector privado estará colapsado por la falta de ventas que le impedirá pagar impuestos. No se generarán ingresos y, por lo tanto, no habrá plata para pagar los impuestos para sostener un aparato burocrático sobredimensionado. Ese menor sueldo se lo puede compensar parcialmente con los empleados estatales quedándose en sus casas y ahorrándose transporte y comidas fueras del hogar. No luce lógico que mientras el sector privado agoniza económicamente, la burocracia estatal siga cobrando como si en el mundo no pasara nada. Justamente, en este momento de crisis, es fundamental que el gobierno decrete una amplia desregulación de la economía para que se tengan que hacer menos trámites que complican la operatoria del sector privado, al punto que en épocas normales tienden a paralizar las operaciones de las empresas. Eliminando regulaciones, habrá menos trámites que realizar, menos movimientos de personas y menos empleados públicos utilizando medios de transporte con el riesgo de esparcir el virus.

Por ejemplo, hoy existe la tasa de abasto, que es una tasa que cobran los municipios a quienes entran con productos alimenticios. Un camión con que lleva hamburguesas a los comercios de un municipio tiene que hacer el trámite de para a pagar la tasa de abasto, que es una especie de aduana interna entre municipios. Si ese camión tiene que repartir en tres municipios, tiene que hacer el trámite de la tasa de abasto en cada uno de los municipios. Esto es muy común en la provincia de Buenos Aires. Bien, trámites de ese tipo que pueden eliminarse, hay en toneladas.

Lo que veo complicado es declarar un cese de actividades por 10 días o más, porque hay mucha gente que vive de su ingreso diario. Tomemos el caso de un taxista que alquila el taxi. Esa persona tiene que pagar el alquiler diario, cargar combustible y generar ingresos suficientes para cubrir el costo fijo del alquiler del taxi, el combustible y recién ahí recaudar para llevar plata a su casa para pagar las cuentas. Esa persona no tiene espaldas para resistir ni una semana. Si no lo mata el virus, se muere por inanición si se paraliza todo el país.

Pero dentro de todas las malas noticias que se presentan para la economía por el coronavirus, la buena noticia es que hoy disponemos de un salto tecnológico que nos permite seguir realizando tareas a distancia. Por ejemplo, las secretarias pueden trabajar perfectamente desde sus casas y comunicarse con sus jefes por Skype, WhatsApp, mail, teléfono o celular. Pueden hacerse puentes para recibir y transmitir llamados telefónicos.

Las reuniones presenciales de trabajo se pueden hacer en forma grupal en cualquier plataforma que sea un meeting room virtual. Personalmente he hecho reuniones de trabajo por Skype, donde se pueden crear grupos en los que entran varias personas a realizar una reunión que antes se hacía presencialmente.

Las aulas virtuales no son algo nuevo. Por lo menos existen desde hace 20 años. Mi hermano, fallecido, fue un pionero en dar clases de postgrado por internet. Personalmente he dado clases en sus cursos en aulas virtuales donde había alumnos que entraban al aula virtual en forma simultánea desde Tucumán, México, Colombia, Guatemala y otros países de Centro América, que era donde se había enfocado el mercado de esos postgrados. De manera que las clases de colegios y universidades pueden seguir dándose sin problema. Hay aulas virtuales que permiten seguir normalmente con las clases.

Lo mismo se pueden seguir haciendo conferencias online en meeting rooms que aceptan hasta 200 participantes simultáneamente.

Las compras online son otro mecanismo que permiten seguir teniendo actividad económica sin aglomeraciones. Si la epidemia se extiende en el tiempo, posiblemente los supermercados tiendan a desaparecer y aparezcan más comercios de barrio como cuando era chico. No es nuevo el delivery. 50 años atrás existía el almacén de la esquina al que uno le llevaba el pedido y lo traía “el chico del almacén” en un gran canasto de mimbre. Ahora se modernizó y hay aplicaciones en los celulares que permiten hacer las compras online y llega la moto o un camión de reparto. El que tenga el sistema más eficiente para recibir y entregar los pedidos ganará más mercado.

En lo que hace a las fábricas, tienden a estar automatizadas. Ya no es tan común que en las industrias haya legiones de operarios en la planta. Un auto lo fabrica un robot, no legiones de operarios pintando el auto, poniendo tornillos y ruedas.

En definitiva, la mayor cantidad de puestos de trabajo hoy día está en el rubro servicios y dicho rubro en gran medida puede hacerse vía internet. El tema consistirá en tener un buen servicio de internet y logística de distribución.

El dato que surgirá, si esto continúa, es que muchos puestos de trabajo están en el estado y no cumple ninguna función útil. Es más, muchas de los trámites que hay que hacer son trabas que inventan los mismos burócratas para justificar su puesto de “trabajo”. Esos también tienen que reconvertirse como cualquier ser humano del sector privado que todos los días se levanta para ver cómo hace para sobrevivir.

En definitiva, ante la cruda realidad del coronavirus, todos vamos a tener que repensar nuestra forma de trabajar y, tal vez, sea el momento en que el gobierno reformule toda esa inmensa burocracia que ya no podrá ser bancada por el sector privado y entorpece el funcionamiento del sector productivo.

Todos tenemos que poner las barbas en remojo y no hay sector que se sienta con el derecho a ser privilegiado como es la burocracia estatal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

FEYERABEND Y EL CORONAVIRUS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/3/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/03/feyerabend-y-el-coronavirus.html

 

Feyerabend tiene muchas cosas difíciles de aceptar, pero una de ellas es su noción de “Nueva Ilustración”. No se la entiende o, si se la entiende, obviamente se la rechaza, porque mueve totalmente el piso de nuestro actual paradigma cultural.

Feyerabend explica que la Ilustración separó al Estado de las iglesias (ahora no entremos en la distinción entre laicismo o laicidad), y eso lo ve como positivo, como un camino a respetar las decisiones de las personas en temas importantes de su vida. (Repárese: “importantes”). Lo considera un signo de madurez. Claro, se podría debatir qué es la madurez. Tal vez se podría interpretar que luego de las guerras religiosas entre católicos y protestantes, Occidente “maduró” sacando a lo religioso del ámbito de la coacción del estado. Claro, en ese caso hay que “separar”, también, a la Revolución norteamericana de la Revolución Francesa, pero Feyerabend no repara en esa distinción. Solo le interesa señalar que Occidente enfrenta un nuevo tipo de inmadurez: dejar en manos de funcionarios estatales las decisiones personales que tengan que ver con “lo científico”. Antes era el inquisidor, ahora es el “experto”. Pero para Feyerabend, así como debe haber libertad ante lo religioso, debería haber libertad ante la ciencia.

Pero no, no la hay. Por eso las nociones de educación pública y salud pública son sacrosantas en el Occidente actual, porque ocupan el lugar cultural que antes ocupaba la religión única en el Sacro Imperio. Sacro imperio que te protegía del error religioso, del “contagio” de las religiones falsas, y ello con plena aceptación de casi todos. Ahora es el sacro imperio científico, donde el estado protege tu salud corporal de lo que la ciencia diga que es malo para ella. Porque antes protegía la salud del alma, ahora, la del cuerpo. Un cambio de paradigma importante. Pero una continuidad: en lo que un horizonte considere importante, fundamental, esencial, probado, conocido, etc., coerción, por tu bien y por el de los demás. Era el argumento de los inquisidores.

Lo que está sucediendo con el coronavirus va más allá del debate biológico. Hay algo más allá de su grado de mortalidad o su grado de contagio. Allí ya entraron discusiones interminables: que si es más o menos grave que otras enfermedades, (con las cuales convivimos diariamente sin ningún pánico porque ya las tenemos asumidas), etc. La cuestión cultural de fondo es otra: casi todos demandan al estado la salud física pública. Y además, en una cultura que no asume la muerte, que no habla de ella, que la patea para adelante, la creencia en que hay un nuevo virus fatal dando vueltas dispara todos nuestros más atávicos temores. Las dos cosas se mezclan. Ante el temor, fundado o no, ante el virus, todos llaman al estado, que hace lo que sabe hacer: prohibir para evitar el contagio, de igual modo que el Sacro Impero Cristiano te protegía del contagio de los infieles.

¿Tiene esto solución? No. Feyerabend demanda una nueva Ilustración, que separe a la ciencia del estado, pero obviamente ello es hoy imposible. Es como si alguien hubiera escrito en el s. XIII la declaración de libertad religiosa del Vaticano II. Ni siquiera se hubiera entendido de qué se estaba hablando.

Así están las cosas. Depositamos nuestra salud en manos de otros porque pensamos que la ciencia los habilita para ello. Ellos también lo piensan. Todos lo suponen. Es el horizonte actual. He allí la desesperación y el pánico. Ese es el horizonte que retroalimenta a medios, estado y ciudadanos. Así es y durante mucho, mucho tiempo, así será.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Una vaca sagrada

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/3/20 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/alberto-benegas-lynch/vaca-sagrada.html

 

Untitled

Uno de los textos que más me atraen es el inscripto por un graffiti del mayo francés: “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Y las izquierdas son en verdad realistas pues de tanto empujar al fondo de los asuntos en gran medida marcan las agendas. Esto ocurre mientras muchos de los partidarios de la libertad son timoratos y en la práctica se adaptan a lo “políticamente correcto” con lo que ceden posiciones a grandes trancos.

En materia educativa, es interesante el ejemplo reciente de Polonia que exhibe un éxito rotundo al haber ascendido al primer puesto de las pruebas PISA preparadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) debido a que luego de décadas de pésimos resultados, finalmente abrió la competencia y dejó de imponer estructuras curriculares desde el vértice del poder político y dio lugar a que cada institución educativa decida acerca del contenido de sus asignaturas.

Uno de los pilares de cualquier educación que se precie de tal consiste en fomentar el pensamiento independiente y en la capacidad de cuestionar el statu quo. Y no se trata de sostener que en las instituciones estatales no hay excelentes profesores y profesoras. Además no sería consistente con mi propia trayectoria fuera de las casas de estudio privadas si pensara que toda la enseñanza estatal es deficiente, puesto que fui profesor titular en cinco carreras en la Universidad de Buenos Aires. También fui director del Departamento de Doctorado en Economía de la Universidad Nacional de La Plata.

En primer lugar un asunto terminológico: no es pertinente aludir a la “educación pública” puesto que la educación privada es también para el público, se trata de educación estatal lo cual de entrada suena mal del mismo modo que lo es el periodismo estatal, el arte estatal y equivalentes.

En la mayor parte de los países hoy, la denominada educación privada no es en rigor privada puesto que las secretarías y ministerios de educación están encargados de aprobar las respectivas estructuras curriculares. Estos procedimientos ilustran la columna vertebral del fascismo: se permite que la propiedad quede registrada a nombre de privados pero el gobierno usa y dispone de ella. En un país civilizado, los ministerios y las secretarías de educación deberían dejarse sin efecto y las acreditaciones, en los casos en los que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven de auditorías cruzadas y en competencia de responsabilidades por la calidad de los programas desarrollados en colegios y universidades.

Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, contrae salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida. Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son en general más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón que opera “la tragedia de los comunes” ya que lo que es de todos no es de nadie.

Se ha sugerido el sistema de vouchers. Es cierto que este sistema exhibe un non sequitr : esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiere. En cualquier caso, los vouchers también significan que principalmente son los pobres los que se ven obligados a financiar los estudios de los más pudientes por las razones antes apuntadas.

Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de no-rivalidad y no-exclusión propios de los bienes públicos.

Una misma línea argumental es aplicable al “derecho a la educación”. No hay tal cosa. Un derecho implica que como contrapartida hay una obligación. Si alguien obtiene como salario 100 en el mercado laboral, hay una obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si la misma persona alega que tiene “derecho” a obtener 200 que no obtiene con su trabajo lo cual es sin embargo garantizado por el aparato estatal, esto significa que otras personas serán compelidas a financiar la diferencia, lo cual lesionará sus derechos. Esta es la razón por la que el “derecho a la educación” -el reclamo sobre el bolsillo ajeno- es un pseudoderecho.

Por último, es muy cierto que la educación es fundamental pero más importante aun es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del estado porque la hambruna es segura.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Un tributo al periodismo independiente

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/07/un-tributo-al-periodismo-independiente/

 

Hablar de periodismo independiente es una redundancia colosal pero, dadas las sumamente pastosas cuando no desfachatadas circunstancias que tienen lugar en no pocos países, el énfasis amerita puesto que desafortunadamente hay quienes se dicen periodistas pero se han degradado a la condición de apéndices cuando no esbirros del poder de turno, mutando en verdaderos asaltantes y descuartizadores de la decencia.

De todos modos es del caso destacar a quienes hacen honor a su oficio con creces corriendo todo tipo de riesgos y peripecias. A estos personajes todos les debemos mucho. Si no fuera por ellos en gran medida estaríamos en la penumbra para no decir en la total oscuridad. Quienes investigan e informan a la opinión pública son personas de una envergadura moral superlativa. No se francamente si se les debería llamar el cuarto poder o en homenaje a su ejemplo de integridad más bien debiera aludirse al primer poder.

El caso argentino es paradigmático: en los últimos largos años han sido la tabla de salvación para los espíritus libres. Rindo entonces este modesto tributo a estos periodistas de gran valía. Les agradezco muy sentidamente su coraje, constancia y perseverancia. La prensa oral y escrita en todas partes da batallas cotidianas para oponerse al abuso del poder. Estas mujeres y hombres del periodismo saben que su función es la crítica para mantener los aparatos estatales en brete cualquiera sea su color. Saben que ser condescendientes atenta contra su sagrada misión.

En otras oportunidades he escrito sobre la trascendencia de la libertad de prensa, pero en este caso es pertinente volver en parte sobre este aspecto crucial. Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, sólo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no sólo por lo anteriormente expresado, sino también porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos, para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitaciones y manotazos a las libertades.

Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea de paso, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos Gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado”, alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados Papeles del Pentágono (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre caso Watergate, que terminó derribando un Gobierno.

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, que no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros.

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al Gobierno o que los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, de modo que cuando los Gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo que en este campo se dé por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento, además de otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos, puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado: las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris con el que los Papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, intervienen en la producción y distribución de papel, pretenden reglamentar las versiones digitales, todo lo cual al decir del decimonónico Richard Cobden, significa el establecimiento de repugnantes “impuestos al conocimiento”.

La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se les han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud.

Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes, que sin vestigio alguno de modestia, y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en verborragias imparables.

Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos -que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa-, considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el porqué y el para qué de principios aceptados es considerado un elemento pernicioso”.

Por supuesto que se puede discrepar con lo dicho o escrito por periodistas independientes, pero eso no es para nada motivo para siquiera rozar la idea de la infame mordaza, abierta o encubierta. El debate es necesario en todos los ámbitos al efecto de ventilar todas las perspectivas y cada uno saca sus conclusiones en un proceso de constante aprendizaje.

En resumen, es indispensable oponerse con la necesaria energía a cualquier manifestación implícita o explícita que pretenda coartar de una u otra manera la faena de la prensa, tan vital para el oxígeno mismo de los derechos individuales consagrados en todas las constituciones republicanas. Como queda dicho, el centro de la tarea periodística se refiere a la defensa contra las tropelías de los aparatos estatales por lo que son desviados y alejados de esa misión específica aquellos que no solo operan bajo el paraguas del poder del momento sino cuando reclaman avances sobre las libertades por parte de posibles gobiernos venideros o hacen la apología de tiranos anteriores. Estos desconocimientos brutales del tronco principal de la libertad de prensa marcan la decadencia que es contrarrestada por los verdaderos periodistas. En este contexto y por todo esto es que resulta muy pertinente recordar un pensamiento de Thomas Jefferson: “Frente a la posibilidad de un gobierno sin libertad de prensa o libertad de prensa sin gobierno, me inclino por esto último”.

Cierro esta columna con un pensamiento de William Faulkner reflejado en un reportaje que le concedió a Jean Stein en 1956, una reflexión que no solo va para los siempre esmerados periodistas sino para todos los humanos: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejor que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”. Esto es lo que pensaba con sabiduría el Nobel de literatura de 1949, el maestro de la narrativa con visos cinematográficos, de los diálogos interiores, de las frases largas y del manejo de los tiempos y los flash-backs.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El daño de la ideología

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 15/2/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/02/15/contra-la-ideologia/

 

John Stuart Mill (National PortraitGallery)
John Stuart Mill (National PortraitGallery)

Lo cerrado, terminado, clausurado es la antítesis del espíritu liberal, que por definición trata de un proceso evolutivo de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones. Pues bien, la ideología en su acepción más generalizada es lo primero por ello se trata de una palabreja soez. No en el sentido inocente del diccionario de conjunto de ideas, ni siquiera en el sentido marxista de falsa conciencia de clase, sino, como queda dicho, en un puerto de llegada que lo contiene todo. Lo contrario a la apertura mental y consubstanciado con el fanatismo, el dogma y la telaraña mental. En este contexto es que el ideólogo constituye un bochorno.

Habiendo dicho esto es pertinente aludir a aquellos que pretenden ser ajenos a la ideología pero ahora en un sentido distinto de la interpretación corriente a la que hemos aludido. Es el disfraz para no estar sujetos a teorías ni esqueleto conceptual alguno. Se presentan como inmaculados, como impolutos, como incontaminados por ideas, valores, principios o convicciones. Es decir seres vacíos con lo cual en la práctica si son consistentes con lo que dicen no podrían afirmar ni negar nada. Son en verdad unos irresponsables. Son cobardes que no tienen el coraje de poner de manifiesto sus ideas que naturalmente afloran en cada cosa que dicen por más que pretendan ocultarlo. Esto está en una línea argumental equivalente de quienes sostienen que no debe juzgarse, cuando ese es precisamente un juicio.

Pero aquí viene el aspecto medular del asunto que el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek lo expresa con rigor en su texto titulado The Facts in Social Sciences (que fue su conferencia en la Cambridge University Moral Sciences Club). Sostiene que las propiedades físicas que se observan desde afuera en las ciencias naturales conforman hechos de una naturaleza completamente distinta de lo que ocurre en las ciencias sociales donde lo visto desde afuera no dice nada, el asunto es la interpretación y la conjetura de los que se mira desde adentro de la acción humana, una mirada en este último caso donde se hace hincapié en el propósito que se estima tiene lugar. Las piedras y las rosas no tienen propósitos, es lo que se ve, sin embargo con los seres humanos se trata de interpretar los actos.

Por ello es que Hayek ha dicho que le resulta algo cómico aquello de que “los hechos hablan por sí solos”. En primer término, los hechos no hablan -lo hacen los seres humanos- y, además, en el caso de las ciencias sociales lo físico no es lo primordial se trata de indagar en motivos y razones de la acción. A diferencia con las ciencias naturales, en ciencias sociales simplemente con observar movimientos físicos no se concluye nada: es inexorable elaborar sobre el sentido de la acción. Dice Hayek en la antedicha conferencia: “Cuando nos preguntamos porqué las personas están haciendo tal o cual cosa estamos investigando algo que va más allá de lo físico que podemos observar”.

Por ejemplo, cuando se muestra una serie estadística en ciencias sociales se explicitan las causas para que las mismas ocurrieran y esto requiere interpretación en base a un esqueleto conceptual, de lo contrario serían solo números sin significado ni brújula. Y tengamos en cuenta que los correlatos no necesariamente significar nexos causales: por ejemplo, se ha mostrado correlación perfecta entre el promedio ponderado en largo de las polleras en Estados Unidos con la venta de papas en Australia de lo cual no se desprende relación causal alguna.

Lo dicho no significa que se descarta la interpretación en ciencias naturales; de lo que se trata es de subrayar que se miran los datos desde afuera en contraste con la acción humana que se miran en base a la introspección del observador en su calidad de ser humano. La Revolución Francesa no se explica por movimientos físicos de personas ni de cosas, se explica a través de interpretar los propósitos de quienes actuaban en aquellas trifulcas. Sin embargo, en ciencias naturales lo puramente físico no demanda interpretación de propósitos inexistentes.

También es necesario refutar aquella afirmación del positivismo epistemológico en cuanto a que para que una proposición resulte verdadera debe ser verificada empíricamente pero, por un lado, como explica Morris Cohen, esa misma proposición no es verificable empíricamente y, por otro, como enseña Karl Popper, nada en la ciencia es verificable solo es corroborable provisoriamente.

Entonces aquellos sujetos camuflados en vírgenes impolutas sin preconcepto alguno no podrían opinar de nada si no fuera por los antedichos andamiajes teóricos anteriores al suceso en cuestión. Muy distinto es el significado del prejuicio que alude a contar con una conclusión antes de haber estudiado el asunto entre manos.

Antes he escrito sobre el significado de la teoría y la práctica, pero es del caso resumir lo consignado. En los ámbitos donde se gesta la teoría es donde se crea todo lo que luego los llamados prácticos usan para muy diversos propósitos. Por su parte, los prácticos también requieren de trabajo intelectual, sólo que en otro plano: no en la producción de la idea, sino en su aplicación. Constituye un lugar de lo más común —casi groseramente vulgar— sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, más o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades. Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Nuestros zapatos, el avión, la televisión, la radio, Internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a las que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, los plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos, etcétera. Todo eso y mucho más, una vez aplicado, parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

John Stuart Mill escribió, con razón: “Toda idea nueva pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Seguramente, en épocas de las cavernas, a quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusiera un régimen democrático.

Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Desde luego que los prácticos también son necesarios, puesto que el objeto de la elaboración intelectual es ejecutar la idea, pero los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse de que todo lo que hacen resulta de una deuda contraída con aquellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar y diseñar lo nuevo a efectos de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

Para citarlo nuevamente a Hayek en Los intelectuales y el socialismo: “Aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar”. La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos intelectuales hasta los medios masivos de comunicación.

En segundo lugar, en todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (o, para emplear un argentinismo, los garroneros) de los teóricos. Esta afirmación no debe tomarse peyorativamente, puesto que, del mismo modo que todos usufructuamos de la creación de los teóricos, como queda dicho también sacamos ventajas de los que llevan la idea a la práctica. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, casi nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa, porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal, ya que su habilidad estriba en realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema). El banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios, el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas ni del refrigerador, y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste precisamente la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse, para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

En tercer término, debe subrayarse que, sin duda, hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho: “Nada hay más practico que una buena teoría”. Consciente o inconscientemente, detrás de toda acción hay una teoría; si esta es acertada, la práctica producirá buenos resultados, si es equivocada, las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

Los candados mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no sólo no hay nada que objetar a la practicidad, sino que todos somos prácticos en el sentido de que aplicamos los medios que consideramos que corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta el práctico que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniega de ellos, los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas más burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica sea de una mayor jerarquía que la teoría, porque parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica. Por eso resulta tan chocante y tragicómica la afirmación que pretende la descalificación al machacar aquello de: “Fulano es muy teórico” o el equivalente de: “Mengano es muy idealista” (bienvenidos los idealistas si sus ideales son nobles y bien fundamentadas).

En resumen, una cosa es el ideólogo que siempre fractura, obstaculiza y encoje el conocimiento con su cerrazón mental y otra son los irresponsables que creen que puede estudiarse algo sin un riguroso andamiaje conceptual pensando que “los hechos en materia social hablan por si mismos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El drama educativo argentino: de los maestros a los trabajadores de la educación

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 5/2/2020 en: http://economiaparatodos.net/el-drama-educativo-argentino-de-los-maestros-a-los-trabajadores-de-la-educacion/

 

El promedio de las provincias argentinas registra en la escuela primaria estatal 12,4 alumnos por docente (NA)
El promedio de las provincias argentinas registra en la escuela primaria estatal 12,4 alumnos por docente (NA)

En su momento se decía: “con una buena cosecha nos salvamos”. Ahora se puso de moda preguntar por Vaca Muerta, esperando que, milagrosamente, ese yacimiento gasífero nos salve de la decadencia. La mente de buena parte de la población argentina y de la mayoría de la dirigencia política está puesta en creer que los recursos naturales son riqueza.

Tenemos que tener en claro que ni la pampa húmeda, ni Vaca Muerta van a sacarnos de nuestra decadencia si previamente no tenemos instituciones, es decir reglas de juego que generen los incentivos para invertir y trabajar. Pero esas instituciones se basan en los valores que imperan en una sociedad. ¿Cultura de la dádiva o cultura del trabajo? ¿Competencia o proteccionismo para vender productos de mala calidad y a precios más altos que en condiciones de competencia? ¿Vivir del trabajo propio o del trabajo ajeno?

La realidad es que, además de tener los valores necesarios para poder sostener instituciones que induzcan la inversión, también hay que preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los cambios tecnológicos que vemos día a día. De manera que tener un pueblo preparado, con un buen sistema educativo, va a ser clave para lograr una tasa de crecimiento sostenida y con altos niveles de ingreso.

La generación del 80 apostó a la educación. Domingo Faustino Sarmiento fue su gran impulsor pero Julio Roca fue el que más escuelas construyó. Ambos vieron en un pueblo educado las bases para tener un país que pudiera progresar.

En Argentina muchos se llenan la boca hablando de educación pero lamentablemente, desde que los maestros dejaron de llamarse maestros y pasaron a llamarse trabajadores de la educación, la educación pública es cada vez de menor calidad, y tampoco sobresale la privada.

El sindicalismo pasó a copar el manejo de la educación y los contenidos son propios de un populismo que enaltece al líder político al tiempo que deliberadamente distorsiona nuestra historia. Pueden hacer la prueba preguntándole a un chico de 12, 14 o 15 años quién fue Juan Baustista Alberdi y verán que no lo conocen. Y si se les pregunta qué se festeja el 25 de Mayo suelen contestar “la Independencia de Argentina”. Y si se le repregunta y les dice: ¿y el 9 de Julio, que se conmemora?, no sabrán qué responder. Finalmente, están las pruebas PISA que muestran lo mal que viene la educación en Argentina.

El gráfico anterior muestra el gasto público consolidado provincial destinado a la educación básica desde 1980 hasta 2017 como porcentaje del PBI. En 1980 se destinaba a educación básica el 1,26% del PBI y en 2017 se destinó el 3,63%, de acuerdo a los datos del Ministerio de Economía. Es decir, los recursos se multiplicaron casi por 3. ¿Dónde fueron a parar tantos recursos?

La relación entre cantidad de alumnos de colegios primarios estatales respecto de la cantidad de docentes, según datos del anuario estadístico del Ministerio de Cultura para 2018, revela que para el promedio país da 12,4, con provincias que prácticamente tienen una educación personalizada como pueden ser los casos de Catamarca, La Pampa, Río Negro, entre otras.

Como comparación se pueden tomar dos referencias. Los colegios privados argentinos y la misma relación para la UE.

En el primer caso, la estadística una relación promedio que duplica a la observada en la escuela estatal: da 24,1 alumnos por docente. A pesar del Estatuto Docente, hay una relación promedio bastante potable, considerando que lo ideal es tener por aula entre 25 a 30 alumnos máximo para poder hacer un intercambio adecuado entre el maestro y los alumnos.

Esto vale para todos los niveles de enseñanza, incluso para postgrados, si entendemos cómo enseñar el intercambio entre el alumno y el docente, de manera que el docente pueda generar inquietudes intelectuales entre sus alumnos.

Mientras que en segundo caso, la relación alumno sobre docente en países europeos, de acuerdo a los datos de Eurostat, el promedio arroja 14,7 alumnos por docente pero con países como Francia que tienen una relación de 16,9, en Reino Unido 19,5 y Dinamarca 16,7, entre otros.

Uso poco eficiente de los recursos

Todo parece indicar que Argentina no es que esté destinando pocos recursos a la educación, sino que está dilapidando recursos por el Estatuto del Docente que ha generado una acumulación de “noquis” en el sistema.

A modo de ejemplo, en CABA había, en 2016 más docentes interinos: 43.761, que titulares: 38.328. Además, se sumaban 30.218 suplentes, representaban 79% de los titulares. Y 11.122 transitorios. Un verdadero delirio donde se privilegia al “trabajador de la educación” en vez de privilegiar la educación.

No es casualidad que en 2011 el 24,8% de los alumnos de colegios primarios se pasaron a colegios privados, aumentando al 27,1% en 2018, de acuerdo al boletín estadístico del Ministerio de Educación. La gente hace el esfuerzo de mandar a sus hijos a colegios privados porque la educación pública cayó en manos de dirigentes sindicales que se asemejan más a dirigentes políticos y el tema educativo queda relegado a último plano.

En síntesis, para poder progresar, cualquier país va a necesitar un sistema educativo de excelencia en que prime la calidad educativa. Sin eso no hay chances que las nuevas generaciones puedan adaptarse al trabajo cerebro intensivo que se da a raíz de los avances tecnológicos.

Si encima a los chicos se les enseña en las escuelas que unos son pobres porque otros son ricos, creamos las condiciones ideales para que el éxito, el esfuerzo personal y la capacidad de innovación sean rechazadas por las nuevas generaciones e impere la envidia al éxito ajeno.

La mezcla de ignorancia de muchos docentes, de dilapidación de recursos y del sindicalismo de los trabajadores de la educación está condicionando el futuro de la Argentina, llevándola a perpetuar la pobreza. Y la pobreza y la ignorancia es tierra fértil para que broten las tiranías.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky