Los peligros de la figura de la extinción de dominio

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Hay una muy justificada preocupación por el alto grado de corrupción, especialmente en el contexto  del gobierno anterior al actual, aunque los desmanes inauditos de los aparatos estatales vienen de largo. Con razón la gente de bien quiere que se recuperen los activos robados a la brevedad a los efectos de aliviar las arcas fiscales y poder así disminuir la carga tributaria descomunal que viene soportando la población.

Pero el asunto no es proceder en cualquier dirección. Es indispensable actuar con el cuidado necesario para ser congruentes con el debido proceso y el consiguiente resguardo a las autonomías individuales. Sobre todo es menester como una elemental gimnasia higiénica ponerse en los zapatos de la persona a quien se le confiscan sus bienes antes de una sentencia firme, lo cual, tengamos muy en cuenta, constituye un arma potente para los tiranuelos en potencia.

Hoy la figura del decomiso está presente en el Código Penal argentino como una privación transitoria de activos, aunque originalmente estuvo pensada para la incautación de mercaderías al momento consideradas ilícitas por lo que se especificaba la prohibición de venderlas y con al mandato expreso de destruirlas. En cualquier caso,  la llamada extinción de dominio pretende que la propiedad puede extinguirse lo cual es un absurdo, puede eso si transferirse a otro u otros, voluntaria o coercitivamente. En el caso que nos ocupa quiere decir que por fuera del Poder Judicial resulta posible al aparato estatal intervenir en un proceso judicial y si el confiscado resultara inocente deberá iniciar una causa con lo que eventualmente será resarcido ex post facto.

Como queda dicho, en verdad la figura de la extinción de dominio es un subterfugio para ocultar la confiscación, enfáticamente excluida de las facultades del poder político por la Constitución Nacional.

Lo dicho no significa que no puedan adoptarse medidas precautorias, especialmente cuando hay riesgo de que se interfiera el proceso judicial para tergiversar sus resultados o cuando hay posibilidades de fuga del sospechoso, pero en última instancia debe prevalecer el principio de inocencia hasta que la sentencia definitiva demuestre lo contrario.

Desde luego que hay justificadas quejas respecto a las insólitas demoras en las tramitaciones judiciales y hay también elementos políticos que desafortunadamente interfieren, pero esto se resuelve con la debida aceleración a través de límites para pronunciarse tal como en algunos casos ocurre actualmente pero en ningún caso resulta aceptable que los otros poderes del aparato estatal se adelanten a lo que prescribe el Poder Judicial.

Los marcos institucionales civilizados son custodios indispensables para los derechos y, por tanto, para que puedan llevarse a cabo las transacciones libres y voluntarias entre las partes. No resulta posible el apresuramiento por más bien inspirado que sea ya que la contracara amenaza a todos, incluso a los mismos patrocinadores de la medida en cuestión.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

El camino al socialismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/01/el-camino-al-socialismo.html

 

Será interesante repasar como se gesta el camino al socialismo, tomando como ejemplo la experiencia europea, donde este nació y se plasmó en todas sus formas y variantes posibles. Y de paso recordar, llevados de la mano de un maestro genial, como el socialismo gestó -en última instancia- y permitió la aparición del nazismo y el fascismo, al punto de concluir que, sin el socialismo, tanto el fascismo como el nazismo hubieran sido imposibles.

“En los países de Europa central, los partidos socialistas habían familiarizado a las masas con las organizaciones políticas de carácter paramilitar encaminadas a absorber lo más posible de la vida privada de sus miembros. Todo lo que se necesitaba para dar a un grupo un poder abrumador era llevar algo más lejos el mismo principio, buscar la fuerza, no en los votos seguros de masas ingentes, en ocasionales elecciones, sino en el apoyo absoluto y sin reservas de un cuerpo menor, pero perfectamente organizado. La probabilidad de imponer un régimen totalitario a un pueblo entero recae en el líder que primero reúna en derredor suyo un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto.”[1]

Hayek describe aquí las condiciones previas reinantes a la aparición del fascismo en Europa. Su tesis consiste en afirmar que -en primer lugar- el aspirante a dictador debe reunir en torno suyo un “grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto”. El totalitarismo es sólo posible en la medida en que exista o pueda conformarse un grupo de fanáticos adictos al aspirante a dictador que lo acepten por propia voluntad y -naturalmente- adhieran a sus convicciones, aspiraciones y planes de dominación. Resulta aparentemente contradictorio afirmar que un grupo menor, por mejor organizado que este, pueda aplicar su disciplina totalitario al resto, ya que este resto implica un mayor número de personas que las del grupo totalitario. La solución a este aparente dilema por el cual una minoría se estaría imponiendo sobre una mayoría la da -a nuestro juicio- el hecho de que quien detenta realmente la fuerza es quien la ejerce. Lo que parece ser lo explicado en el párrafo siguiente:

“Aunque los partidos socialistas tenían poder para lograrlo todo si hubieran querido hacer uso de la fuerza, se resistieron a hacerlo. Se habían impuesto a sí mismos, sin saberlo, una tarea que sólo el cruel, dispuesto a despreciar las barreras de la moral admitida, puede ejecutar.”[2]

El uso de la fuerza es exitoso en la medida que no encuentre tenacidad alguna que se le oponga. Y esto puede ocurrir cuando solamente aquel o aquellos sobre los cuales se pretende ejercer la violencia se consideraren si mismos ineptos para hacerle cara. No hay otra posibilidad, ya que si estuvieran de acuerdo con los violentos no sería necesario hacer uso de la fuerza por parte de estos ni resistirla por parte de los violentados. Nótese que las reticencias de los partidos socialistas europeos no tuvieron analogía con la del partido bolchevique ruso, que se impuso por la fuerza en lo que luego fue la I.R.S.S. Sigamos con Hayek:

“Por lo demás, muchos reformadores sociales del pasado sabían por experiencia que el socialismo sólo puede llevarse a la práctica por métodos que desaprueban la mayor parte de los socialistas. Los viejos partidos socialistas se vieron detenidos por sus ideales democráticos; no poseían la falta de escrúpulos necesaria para llevar a cabo la tarea elegida.”[3]

Sin duda, esos “reformadores sociales” estarían pensando en la experiencia soviética. La tarea elegida era la de forzar un régimen planificado de gobierno. Esos métodos -según parece derivarse del texto- son los antidemocráticos, que fueron los empleados -v.g.- por los rusos. Evidentemente, Hayek no se está refiriendo a los socialistas marxistas, sino a otro tipo de socialistas, ya que es sabido que los marxistas son partidarios expresos del uso de la fuerza, y se hallan en contra de la democracia a la que consideran una superestructura burguesa de dominación, es decir, una ideología en el sentido marxista del término. El párrafo ha de aludir, entonces, a lo que se conoce como el socialismo democrático, o bien, socialdemocracia.

“Es característico que, tanto en Alemania como en Italia, al éxito del fascismo precedió la negativa de los partidos socialistas a asumir las responsabilidades del gobierno. Les fue imposible poner entusiasmo en el empleo de los métodos para los que habían abierto el camino. Confiaban todavía en el milagro de una mayoría concorde sobre un plan particular para la organización de la sociedad entera.”[4]

Es decir, no reconocían que sus planificaciones no podían lograr el consenso de la gente, sino que debían exigirse por la fuerza, por lo imposible de un acuerdo mayoritario sobre una planificación determinada. Y no deseaban hacer uso de la fuerza para obligarlo, por sus convicciones democráticas (siempre entendiéndose que no se habla de partidos marxistas, sino socialistas no marxistas). Tampoco quisieron convencerse de que sus ansias planificadoras sólo podían instituirse por medio de la fuerza. Aunque no queda del todo claro a que “entusiasmo” se refiere el autor, excepto que la palabra se utilice desde el punto de vista de los fascistas, que si demostraron entusiasmo en establecer sus planes por medio de la violencia física.

“Pero otros habían aprendido ya la lección, y sabían que en una sociedad planificada la cuestión no podía seguir consistiendo en determinar qué aprobaría una mayoría, sino en hallar el mayor grupo cuyos miembros concordasen suficientemente para permitir una dirección unificada de todos los asuntos; o, de no existir un grupo lo bastante amplio para imponer sus criterios, en cómo crearlo y quién lo lograría.”[5]

Esos “otros” eran los nazis fascistas. Lógicamente, si se confiaba en el voto de la mayoría se corría el riesgo que esa mayoría no aprobase la planificación elegida por el planificador. Y el aspirante a dictador no podía transitar con un peligro semejante. Pero era necesario que el dictador tuviera algún apoyo que -a su vez- fuera suficiente como para permitirle llevar a cabo sus siniestros planes antisociales.

[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 176-177

[2] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[3] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[4] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[5] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

 

 

El único “muro” impermeable es el de Chile

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/1/19 en: https://alejandrotagliavini.com/2019/01/09/el-unico-muro-impermeable-es-el-de-chile/

 

Los políticos necesitan construir muros, se diría que quieren contener a sus esclavos. Unos, para evitar que entren “extraños” a usufructuar el “estado de bienestar” coactivamente impuesto -y financiado- a sus súbditos. Y, entre estos políticos, Trump ha dicho que “si no les gusta el cemento, lo haremos de acero… será… más fuerte”.

El presidente está enfrentado con los demócratas, hoy mayoría en la Cámara Baja, porque quiere incluir US$ 5.600 millones en el proyecto de presupuesto para financiar el muro. Y, a falta de presupuesto aprobado, se ha producido el cierre del Gobierno más largo de la historia, unos 20 días, con 800.000 funcionarios sin recibir su paga.

Los demócratas califican de “inmoral” el muro, pero, políticos al fin, solo permiten destinar US$ 1.300 millones para la frontera, y podrían aceptar una “valla de acero”. Trump ha esgrimido la posibilidad de declarar una emergencia nacional “y construirlo muy rápido”, sin necesidad de pasar por el Congreso.

Ahora, también están los construyen para que la gente no salga -al estilo del de Berlín- como en la ciudad egipcia de Roseta, donde el mar del que partían las barcazas con emigrantes “ilegales” ha sido salvajemente amurallado. El primer ministro austriaco felicitó por un trabajo “ejemplar” a un militar egipcio, Al Sisi, que accedió al poder tras un golpe de Estado. “Desde 2016 ha impedido que los barcos partan hacia Europa y, cuando han zarpado, los ha devuelto”, alabanza que secundó el presidente del Consejo Europeo.

A pesar del autoritarismo de Al Sisi y la grave crisis económica, para obtener el apoyo europeo el régimen esgrime el puño de hierro, como contra con una oposición interna hoy encarcelada o desterrada y para sofocar la libertad de prensa. El especialista egipcio Mohamed el Kashef, desde su exilio, asegura que “no es cierto que hayan reducido a cero los flujos… han cambiado sus rutas… siguen apareciendo cuerpos egipcios en Libia”.

Y los hay quienes quieren construir “muros legales”. Ciertamente la Unión Europea (UE) tiene mucho de burocracia inservible, pero el Brexit, del modo en que se plantea, significa nuevas restricciones, como al movimiento de ciudadanos europeos en Gran Bretaña y la inversa. De momento, en el Parlamento, conservadores y laboristas se han unido, propinando al Gobierno una derrota, respaldando una enmienda a la Ley de Presupuestos que bloquea la capacidad económica -impide el eventual aumento de impuestos- del Ejecutivo para una salida sin acuerdo con la UE, el “Brexit duro”.

En fin, sin dudas el único “muro” eficaz ha sido el de Chile. Cuando era niño, el comentario generalizado en mi país, Argentina, era que los ciudadanos chilenos, muy pobres en aquel entonces, cruzaban ilegalmente la frontera. No había modo de detenerlos, llenaban las “villas miseria” y eran los principales delincuentes, decía el vulgo.

Hoy este flujo no solo que se ha detenido, sino que más bien son los argentinos los que quieren cruzar hacia Chile. Construyeron el mejor muro, el de la bondad: la paz, la libertad. Al contrario de los muros de acero y hormigón, Chile disminuyó sensiblemente la injerencia del Estado -el monopolio de la violencia- en el mercado, liberando la creatividad de sus ciudadanos y estableciendo la paz y la cooperación voluntarias en lugar de la coacción estatal. Así, se ha enriquecido al punto que es el segundo inversor extranjero en Argentina.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

América latina rechaza la reelección de Maduro

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2211705-america-latina-rechaza-reeleccion-maduro

 

La semana pasada -en una ceremonia tramposa, tan escasa de gente como de contenido- el excolectivero y actual dictador venezolano, Nicolás Maduro, asumió fraudulentamente la primera magistratura de su país por un pretendido nuevo mandato de seis años.

De esa manera intentó, en apariencia, iniciar un ilegal nuevo período presidencial  presuntamente derivado de su supuesto triunfo electoral en las elecciones de mayo del año pasado, que fueran inmediatamente denunciadas como fraudulentas, entre otros, por la más alta jerarquía de la Iglesia Católica venezolana. Y luego por el Grupo de Lima, que incluye a nuestro país. Sus posibilidades y pretensiones de reelección presidencial no tienen, además, límites temporales de ninguna naturaleza. Su grotesca fechoría podría, entonces, reiterarse.

Pero lo hace prácticamente en soledad, radicalmente aislado por lo sustancial de su propia región latinoamericana, que rechaza su pretensión de mantener mañosamente el liderazgo del país caribeño, después de haber cuidadosamente designado a los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de su país, que obviamente no son, para nada, independientes. De ese modo se “aseguró” contra eventuales traspiés en su torcido camino en procura de eternizarse en el poder. A lo que agregó la estructuración de una Asamblea Nacional Constituyente que le responde mansamente, a control remoto, con la que vació pretendidamente de competencias al Poder Legislativo oportunamente elegido por el pueblo, que está dominado por la oposición.

Todo, sin embargo, tuvo para él sabor a poco. Sólo pudo estrechar las manos de un reducido puñado de otros presidentes latinoamericanos de nuestra región, de relativa poca trascendencia personal y con un denominador común: su triste tinte autoritario.

Me refiero al de Cuba, Miguel Díaz-Cané; al de Bolivia, Evo Morales; al de Nicaragua, Daniel Ortega; y al de El Salvador, Salvador Sánchez Serén.

México y Uruguay, por su parte, enviaron a funcionarios de segunda línea, quizás con el propósito de tratar de quedar bien con Dios y con el diablo, lo que nunca es sencillo. En este caso, sus poco felices actitudes equivalen -cabe advertirlo, por todo lo que esto significa- a dar la espalda a quienes hoy en América latina defienden a la democracia. Lo que institucionalmente ha sido una, cuanto menos, lamentable torpeza. Por esto nuestro presidente Mauricio Macri, debió -con toda razón- comentar que lo que intenta Nicolás Maduro con su ilegal reelección es claramente “burlarse de la democracia”.

Por ello también el nuevo presidente de Brasil Jair Bolsonaro, no invitó a Maduro a su inauguración, aclarando que ello hubiera sido “una falta de respeto al pueblo venezolano”. No había obviamente lugar para Maduro en una fiesta que celebraba el triunfo de la voluntad popular, que Maduro pisotea. Nicolás Maduro, repudiado, respondió con sus habituales insultos y, peor aún, con gruesas amenazas. En América latina, defender la democracia con declaraciones emitidas desde sus órganos regionales no puede tenerse livianamente por intromisión en los asuntos internos de ninguno de sus países.

La concurrencia a la asunción de Nicolás Maduro no fue, para nada, impresionante.

Todo lo contrario. Allí sugestivamente estuvieron, además de los antes nombrados, personajes de relativo poco fuste, como el Ministro de Defensa de Irán, Amir Actami y el vice-presidente de la también dictatorial Turquía, Fuat Oktay.

Ocurre que, como acaba de señalar el joven y valiente presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, la presidencia de su país no está vacante, sino que ha sido usurpada. Lo que ciertamente es muy distinto.

Para la región toda, la continuidad del dictador Maduro es una mancha y un evidente bochorno. Y una obvia ruptura con el compromiso común de vivir en democracia. El disgusto y la aflicción del sometido pueblo venezolano previsiblemente se extenderán hasta el 2025.

Para un país que ya ha sido brutalmente demolido -social y económicamente- por los enormes desaciertos chavistas, una nueva etapa de su larga pesadilla acaba de comenzar, continuando la línea de las anteriores que condujeron a Venezuela a una situación de desastre exteriorizada de manera inocultable por la escasez de todo y por una inflación descontrolada, que ya es del 3% diario y que se acelera cada vez más. Allí viven hoy cuatro millones personas, empantanadas en la pobreza extrema, con menos de un dólar y medio por día.

Argentina, Colombia, Chile, Brasil, Paraguay y Guyana avanzan, en este mismo momento, en la imposición de nuevas sanciones a los líderes usurpadores venezolanos.

Entre ellas, la de prohibir la entrada a sus respectivos territorios a los funcionarios de la fraudulenta administración de Nicolás Maduro, así como fuertes restricciones de contenido financiero. Es ciertamente hora de actuar decididamente de esa manera.

Venezuela, cabe recordar, se convirtió -en el 2017- en el primer país de nuestra región en solicitar formalmente su retiro de la Organización de Estados Americanos (OEA), lo que aún no ha sucedido, aunque sólo en función de los plazos que resultan aplicables a ese proceso. Exteriorizó así la voluntad de sus circunstanciales autoridades de salir del camino de la democracia.

Para los demócratas venezolanos estas son horas bien tristes. Sobre su Patria flota la sombra de una tiranía represora y, peor aún, también torturadora, a estar a las más

recientes denuncias de las organizaciones de derechos humanos sobre los abusos que se cometen desde el entorno cercano a Nicolás Maduro. La crisis venezolana es tan grave como inocultable, desde que ha provocado ya el éxodo de nada menos que el 7% de toda su población, en un proceso que no se ha detenido.

Por lo demás, las encuestas recientes indican que nada menos que el 72% de los venezolanos rechaza el segundo y fraudulento mandato presidencial de Nicolás Maduro.

Tan sólo un 19% de los encuestados se inclina por apoyarlo. Nada, entonces.

El deplorable éxodo venezolano, es hora ya de decirlo sin disimulo alguno, es cuantitativamente mayor que la ola de emigrantes que llegan a Europa provenientes de Medio Oriente y África desde hace ya cuatro años, que también conmueve al mundo.

Este año se calcula que un millón más de venezolanos escaparán de la tragedia que se ha abatido sobre su país.

El mundo democrático está hoy denunciando -sin disimulos- lo que sucede en Venezuela. En cambio, tres países, todos ellos autoritarios, Rusia, China y Turquía, manifiestan públicamente su apoyo a la dictadura de Nicolás Maduro. Los mensajes implícitos en esa división de actitudes lucen evidentes.

Por todo esto la necesidad de respaldar a Juan Guaidó y a quienes lo apoyan en su desigual lucha por defender la democracia en Venezuela, en la que -desde la Asamblea Nacional de su país- está dispuesto a asumir la presidencia de su país y, apegado a la Constitución, dar todos los pasos posteriores que sean necesarios para poder regresar al camino de la democracia.

Su convocatoria a una gran movilización social para el próximo 23 de enero, fecha en la que Venezuela conmemora además la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, puede realmente ser definitoria en la urgente remoción pacífica de quien ha usurpado, brutal y abiertamente, el poder en Venezuela: el dictador Nicolás Maduro. Por esto, esa movilización debe ser apoyada desde todos los rincones de nuestra región, sin retaceos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Las inviables propuestas de la Izquierda Radical

Por Iván Carrino. Publicado el 17/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/las-inviables-propuestas-de-la-izquierda-radical/

 

Si bien copan los programas de televisión, los dirigentes de izquierda no tienen una sola idea que se acerque a la sensatez.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores es una coalición de partidos políticos argentinos que se unió para dar la batalla electoral en el año 2011.

Dicha alianza está conformada por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), e Izquierda Socialista.

En las últimas elecciones presidenciales, celebradas en 2015, el FIT obtuvo 3,2% de los votos. En 2011, la elección previa, había obtenido 2,3% y si sumamos las representaciones de izquierda que en 2007 fueron por separado (Fernando Solanas, Vilma Ripoll y Néstor Pitrola), vemos que obtuvieron un 2,9%.

O sea, incluso con un importante crecimiento de 0,9 puntos porcentuales en 2015 respecto de 2011, podemos notar que el Frente de Izquierda sin dudas no es una opción que conmueva al electorado nacional.

No obstante, son permanentemente invitados a programas de televisión a analizar la economía y la “realidad social”. Parecería que, si bien al público consumidor le interesa lo que dicen, de ninguna manera estarían dispuestos a votarlos.

O, para arrojar una segunda hipótesis, parece que a los productores de TV les interesa que vaya gente crítica del gobierno, más allá si las propuestas propias son buenas, regulares, o malas.

Ideas descabelladas

Recientemente fui invitado a Crónica TV, donde además de una economista del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), estaba también invitado un economista miembro del FIT.

En el debate (que puede verse editado aquí), el representante del FIT delineó algunas de las propuestas que su partido tiene para resolver los problemas más acuciantes de la economía nacional.

Los enumero abajo:

—> Para resolver el tema de la deuda, se propone romper con el FMI. Es decir, no se paga más la deuda por ser ilegítima. En concreto, Argentina entra nuevamente en default.

—> Para resolver la falta de crédito para las empresas (alta tasa de interés), se propone nacionalizar la banca.Es decir, expropiar todo el sistema bancario y terminar con la independencia del Banco Central.

—> Para frenar los tarifazos, se propone también nacionalizar los servicios públicos. O sea, expropiar todo el sistema energético y de transporte del país.

—> Por último, respecto de las jubilaciones, se propone mejorarlas aumentando los aportes patronales. Es decir, exigir a los empleadores un mayor pago coactivo para financiar el gasto previsional.

Como se observa a primera vista, las propuestas son radicales pero a la vez tienen un tinte mágico. Como si dando una fuerte sacudida a las cosas, éstas finalmente terminaran enderezándose.

Lo cierto, sin embargo, es que esto no es así. La implementación concreta de este programa llevaría a la economía argentina a un espiral de desastre, donde ninguno de los objetivos planteados se cumpliría.

Inviable

Analicemos cada una de las medidas a tomar.

Argentina hoy tiene un Riesgo País de cerca de 700 puntos básicos, casi 500 más que Chile y más de 300 más que Brasil. Este nivel se explica, principalmente, por la abultada deuda y las posibilidades de que se complique el pago a futuro de esa deuda.

Si el gobierno decidiera romper con el FMI, entonces materializaría todos esos riesgos. Lo que hoy se percibe como una remota posibilidad de complicaciones en el pago de la deuda, se transformaría en la realidad de que Argentina deliberadamente opta por no pagar.

Es decir que el Riesgo País duplicaría o triplicaría su valor. Es más, podríamos remontarnos al 22 de diciembre del año 2002, cuando Adolfo Rodríguez Saá declaró la suspensión de pagos de la deuda. En su momento, el Riesgo País superaba los 4.000 puntos. Seis meses después superó los 6.000.

Esta medida fue funesta para la economía. Es que implicaba que si todavía había alguien que estuviera dispuesto a prestar dinero, automáticamente replanteaba su faena. Y sin crédito para refinanciar sus deudas, las empresas van a la quiebra. Efectivamente, entre 2001 y 2002 el país atravesó la peor crisis económica de su historia.

Ahora la falta de crédito el FIT la podría resolver estatizando la banca e inundando de préstamos la economía. Pero si no hay ahorro que lo respalde, eso solo puede realizarse mediante la emisión monetaria. O sea que nacionalizar la banca para dar préstamos baratos llevaría tarde o temprano a una hiperinflación.

Por último, los jubilados, a quienes más dicen querer ayudar, son quienes peor la pasarían.

Esto es así porque recibirían un triple golpe. El primero, que el default y el consecuente estrangulamiento crediticio llevaría a la quiebra a las empresas. A eso habría que sumarle los mayores impuestos (Aportes Patronales) que el FIT les cobrará a los empresarios sobrevivientes. En tercer lugar, los salarios reales se desplomarían tanto producto de la crisis económica como de la inflación posterior.

Así, no solo no habría aportes patronales que cobrar para financiar mejores jubilaciones, sino que los salarios presentes (con los que se pagan las jubilaciones presentes en un sistema de reparto) se verían reducidos de manera violenta.

O sea, sin lugar para recaudar y con salarios reales a la baja, las jubilaciones solo podrán caer.

Influencia dañina

Uno podría pensar que tras estos efectos de corto plazo sobre la economía del país, las cosas comenzarían a funcionar mejor… Pero eso también es falso. Allí donde el comunismo planteado por el FIT se implementó 100%, como en la Unión Soviética, el sistema duró varios años, pero a costa de la pobreza y servidumbre de su población.

Fue tan nefasto el sistema que los propios ciudadanos de los países gobernados por la izquierda decidieron tirar abajo el Muro de Berlín en 1989.

A la luz de los hechos, uno podría preguntarse si todavía es necesario discutir ideas tan inviables y refutadas teórica y empíricamente.

La respuesta es afirmativa, no solo por la elevada presencia mediática de quienes las defienden, sino por la influencia que tienen sobre partidos que parecen más “de centro”, pero que comparten ciertos principios básicos con la izquierda más radical.

Antes de cerrar, te invito a ver en este link, este Webinar sobre los impedimentos teóricos y prácticos de la teoría socialista, que culminaron en la inevitable caída del Muro hace ya 29 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

SER CATÓLICO NO ES SER UN IMBÉCIL.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/1/19 en: https://gzanotti.blogspot.com/2019/01/ser-catolico-no-es-ser-un-imbecil.html?fbclid=IwAR26Tq_LNNYRxgMt7pMPWkn-X4rKqQtfGD-4_0BdVNJuXeQqZIcPAajqSAo

 

NO estoy de acuerdo………………..

…………………con la politica de Francisco hacia los dictadores de izquierda de América Latina.

NO estuve de acuerdo con que Benedicto XVI fuera a Cuba.

NO estuve de acuerdo con que JPII se metiera en política internacional.

NUNCA voy a estar de acuerdo con que Pablo VI se haya tragado la teoría de la dependencia internacional y haya tenido el atrevimiento de imponerla por medio de una Encíclica.

NUNCA voy a estar de acuerdo con la política de distención hacia le URSS comenzada por Juan XXIII.

NUNCA voy a estar de acuerdo con que Pío XI haya pactado con el totalitario de Mussolini para hacer el Pacto de Letrán y haya aceptado como precio expulsar a Luigi Sturzo de Italia.

NUNCA voy a estar de acuerdo con que Gregorio XVI y Pío IX no hayan distinguido Iluminismo de Modernindad.

Católicos, ¿qué se creen que es el Papa? ¿Jesucristo en La Tierra? Ese peligro ya fue advertido por Lord Acton cuando advirtió sobre los peligros de extender la infalibilidad a otros campos que no fueran el dogma en concilio ecuménico universal o Ex Catedra (como siempre había sido, por lo demás).  Católicos que practican la idolatría de la papolatría, ¿qué se creen que debemos ser los católicos? ¿Reverendos imbéciles que no tienen juicio propio? ¿Aduladores pulsánimes que si JPII dice una cosa y Francisco la contradictoria, proclaman las dos? ¿Obsesivos perseguidores a los católicos pensantes que no tienen su misma actitud? Papas, ¿quién los ha mandado a meterse en todo y en todos? ¿De dónde sacaron que era evangélico convertir al Papado en un estado que hiciera diplomacia? ¿De dónde sacaron que lo saben todo, cuando su misma fe distingue la autonomía de lo temporal? ¿De dónde sacaron que los laicos deben ser imbéciles repetidores de todo lo que se les ocurra? ¿De dónde sacaron que deben hacer equilibrio entre los poderosos y olvidar su deber de denuncia profética?

Laicos y teólogos, que convertís en dogmas a las opciones políticas y mandáis al basurero al Catecismo de la Iglesia, a la Veritatis splendor, la Evangelium vitae, la Domun iesus y a la Fides et ratio, ¿de dónde sacaron semejante confusión? ¿De dónde sacaron que deben sacralizar lo opinable y relativizar a la Fe?

Teólogos, que olvidan a Santo Tomás de Aquino y veneran a Nietzsche, ¿de dónde sacaron que esa debe ser su formación?

 

Católicos todos: si quieren expulsarnos como a Spinoza del absurdo templo que han cosntruido, háganlo, pero no se quejen luego de quedar en el absurdo de la Historia, mientras que los que verdaderamente amamos a la Iglesia quedemos para siempre en la paz de nuestra conciencia.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL SIEMPRE REPUGNANTE ANTISEMITISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

Muchas veces he escrito sobre este asunto espantoso, pero ahora se me ocurre volver sobre el tema a raíz de nuevos brotes de antisemitismo en Europa y también en Estados Unidos, entre otros, levantado con gran capacidad didáctica por CNN en un magnífico documental titulado Una sombra sobre Europa. Antisemitismo en 2018 donde entre muchos testimonios de valía aparece un Rabino polaco a quien le preguntan como se siente con estos sucesos horrendos. La respuesta me estremeció por la nobleza y el coraje moral del entrevistado: “Siento que tenemos más trabajo que hacer”.

 

Después de todas las atrocidades criminales que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese prejuicio bárbaro que se conoce como “antisemitismo” aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es mas preciso denominarlo judeofobia (que es el título de su obra) puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.

 

Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito en The Journal of Man. A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro mas reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como “afroamericanos”, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

 

La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre” pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones mas variadas y todos provenimos de las situaciones mas primitivas y miserables (cuando no del mono). Thomas Sowell escribe que las tres cuartas partes de la población negra en Estados Unidos tienen blancos entre sus ancestros y que millones de blancos estadounidenses tienen por lo menos un negro entre sus ancestros.

 

También apunta Sowell que en los campos de extermino nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un “ario” respecto de las de un “semita”. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.

 

Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia Católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en  actividades corrientes con lo que los limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.

 

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media; mas aún se ha argüido que la palabra misma comuna es una traducción del hebreo kahal […] La antigua religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado. Cuando maduró para convertirse en judaísmo, la importancia asignada al trabajo aumentó […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas. El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de los judíos en las mas diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.

 

Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el pueblo judío crucificó a Cristo” sin percatarse, por un lado, que fueron tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron la sentencia. De todas maneras, como una de las primeras manifestaciones de una democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del derecho, la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o Cristo, en modo alguno permite la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió “lavarse las manos” por semejante crimen.

 

Personalmente, como ser humano y como católico, me ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta repugnante toda manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la mano con  subterfugios de una felonía digna de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un sentido homenaje.

 

Lamentablemente han sido y son muchos los flancos de donde proviene la descalificación, el descrédito y las acciones malvadas contra judíos pero me detengo en los cristianos porque me duele especialmente la injusticia y el bochorno cuando proviene de la propia casa del cristianismo.

 

En este último sentido, tal vez las primeras manifestaciones de antisemitismo o, mejor judeofobia, por parte del cristianismo han sido primero el aliento por parte de quien luego fuera San Pablo para el martirio de San Esteban, más adelante los patéticos sermones de San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y luego el Concilio de Elvira en 306 prohibió a cristianos casarse con judíos y otras barrabasadas.

 

A través del tiempo, también debe subrayarse el apoyo explícito de autoridades de la Iglesia a legislaciones que restringían los derechos de los judíos incluyendo el derecho de propiedad y en muchos casos bautismos forzados, confiscaciones, impuestos especiales, vestimentas que estigmatizaban y en los lugares permitidos a judíos a veces se colocaba una marca denigrante en la puerta. El Papa Eugenio iii estableció que los judíos estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio iii autorizó las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación en ghettos y otros horrores que con el tiempo se fueron consolidando y agudizando hasta los antedichos pedidos de perdones de Juan Pablo ii que marcaron un punto de clara reversión y severa condena del antisemitismo y promulgaron un sincero y muy valioso y afectuoso ecumenismo en relación a las tres religiones monoteístas y el respeto a todas. De más está decir que aquella actitud denigrante no alcanza a toda la cristiandad, muy lejos de ello siempre hubieron personas sensatas y civilizadas que se indignaron e indignan con el inaceptable trato a los judíos, tanto sacerdotes como laicos.

 

Es de esperar que lo que viene sucediendo en nuestra época pueda revertirse a la brevedad para bien de la civilización y de un mínimo de decencia. Es de esperar también que la tolerancia y el respeto recíproco abarque a todas las religiones, en nuestra época especialmente a los musulmanes en cuyo caso no nos dejemos atrapar por la trampa letal de aquellos que se escudan en una religión para cometer actos de barbarie y terrorismo porque saben que los ingenuos morderán el anzuelo ya que las guerra religiosas provocan llamaradas de fanatismo. En otras oportunidades he escrito en detalle sobre el Islam y el Corán, ahora solo marco el tema. Es hora de frenar las matanzas en nombre de Dios, la bondad y la misericordia y ahondar en el respeto recíproco y la santidad de las autonomías individuales. El caso de los judíos ha sido el más horroroso de la historia, pero no es el único. Tenemos que estar alertas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.