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Cuba hoy: ¿Más de lo mismo o evolución?

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2154467-cuba-hoy-mas-de-lo-mismo-o-evolucion

 

Cuba, más allá de la presencia de su nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, sigue estando efectivamente en poder de los dinosaurios castristas. El Comité Central de su Partido Comunista y su Politburó, de 17 miembros, siguen incluyendo al veterano Raúl Castro, de 87 años, como su primer Secretario General. Y a su compañero de toda la vida, José Ramón Machado Ventura, también de 87 años de edad, como su segundo Secretario General. Díaz-Canel es tan sólo el tercero en el escalafón del poder. La “guardia vieja” comunista histórica cubana continúa entonces con el timón del poder firmemente en sus manos. Entre ellos, siguen encaramados en la cima del poder cubano tanto el llamado “comandante” Ramiro Valdés, de 85 años. Como Guillermo García Frías, otro “comandante” de la primera hora, que hoy tiene 90 años de edad.

Díaz-Canel es sólo más de lo mismo. Un continuador y no un reformista. Un gestor del momento y no un líder distinto. De aspecto duro, tiene mirada de pocos amigos. Con ojos fríos, duros, que no expresan sentimientos y que son hasta amenazadores. Por esto, por el momento al menos no enciende a una juventud que, como la cubana, busca un futuro que no aparece y vive sumergida en un nivel de vida lamentable, con pocas esperanzas ciertas de mejora. Lo cierto es que esa juventud ha vivido en medio del prologado estancamiento cubano y esa es su “normalidad”, la de la postergación.

Con su pelo plateado, Díaz-Canel no porta el uniforme verde oliva, el de la disconformidad. Y el de la soberbia. Tampoco usa saco, normalmente. De profesión ingeniero eléctrico, se mueve con indisimulada comodidad con su “I-pad” y con su “I-phone”, como cualquier funcionario ejecutivo moderno. Habla poco. Y hasta es algo enigmático, por elección.

Suele actuar con un estilo reservado. Como si de pronto no quisiera necesariamente liderar. Se sospecha que nunca visitó los EE.UU. y que conoce al país del norte apenas por dichos y referencias indirectas. Trabajó, en cambio, algún tiempo en la atribulada Nicaragua, que no está ciertamente entre los países que, por avanzados, deslumbran en el mundo moderno. No es, entonces, un hombre “de mundo”, sino uno de escenarios chicos y angostos.

Nacido en 1960, después de la revolución comunista, Díaz-Canel lleva en su mochila una curiosa experiencia militar, desde que estuvo tres años a cargo de los misiles defensivos con los que cuenta Cuba. Su padre fue, recordemos, un temprano y prominente miembro del Partido Comunista cubano.

Desde 1987 está actuando en la política. Siempre en el único andarivel posible cubano: el del Partido Comunista. No hay otro.

Originario de Villa Clara -emplazada en el centro mismo del país, a unas tres horas de La Habana- sus primeros pasos en la política fueron en la provincia de Holguín, en el este de su país. Ha sido vicepresidente del país desde el 2013. Y tiene un hijo músico, que curiosamente reside en la República Argentina. Entre sus éxitos políticos tiene el de haber defendido con éxito a un club gay que en su momento fuera objeto de persecución: “El Mejunje”.

En 2003, con mucha precocidad, Díaz-Canel devino el miembro más joven del Politburó del Partido Comunista de Cuba. Una estrella que estaba entonces en curso de comenzar a nacer, desde la opacidad. No es, ni aspira a ser, fulgurante, pretensión que, por lo demás, en el ambiente político de la isla caribeña evidenciaría una actitud peligrosa.

Se lo tiene por sólido, tenaz, y por serio en su accionar. Por un hombre circunspecto. Es confiable, al menos para los dirigentes cubanos comunistas. Para muchos es -por sobre todo- el delfín y, más aún, el protegido -cercano y dilecto- de Raúl Castro, del que fuera uno de sus allegados guarda-espaldas.

Su prioridad en materia de política exterior es la de privilegiar la relación con la Venezuela bolivariana, la de Nicolás Maduro. La que increíblemente le da de comer a Cuba, por encima de a los venezolanos. Ocurre que Cuba, que alguna vez estuviera literalmente “colgada” de la Unión Soviética, hoy está -en cambio- “colgada” de Venezuela. Es su insólita “mantenida”. Como si ello fuera normal o digno. Lo que conlleva que Cuba comparte el riesgo del repentino “colapso” de Venezuela, que no es menor atento la incapacidad e ineficacia de su liderazgo actual.

Habrá que ver qué es lo que finalmente Díaz-Canel hace con las casi 600.000 pequeñas empresas que nacieron (especialmente el en sector de los servicios turísticos) durante la opaca gestión presidencial de su mentor, Raúl Castro. Si las sofoca o si, en cambio, las promueve, alimenta y aumenta. Cuba está económicamente empantanada, sin crecer. Paralizada. Y Díaz-Canel no luce como un reformador audaz sino, más bien, todo lo contrario.

Ocurre que Cuba está repleta de ineficiencia, inundada por la corrupción y que la productividad de su economía es pésima. Hasta la producción tradicional cubana, la del azúcar, parece haber colapsado por los constantes errores de gestión y los malos manejos. La pobreza y las desigualdades son cada vez más evidentes. Dos sectores claves, el de la educación y el de la salud están también en una suerte de caída libre. Y la población -en promedio- ha envejecido mucho.

La masa universitaria, por su parte, está disminuida y las Universidades hoy prácticamente vegetan. Casi sin ideas, ni recursos.

El sector estatal sigue siendo enorme y muy poco se ha hecho por reducirlo, de modo que sigue drenando recursos a una economía obsoleta y sin diversificar, atada a una receta del pasado que poco tiene que ver con el mundo actual, ni con el del futuro.

La inversión extranjera sigue siendo mínima, desde que nadie parece confiar demasiado en el futuro de una Cuba frustrada como experiencia dispar. Se habla de la necesidad de atraer un flujo de capitales externos del orden de los 2.000 millones de dólares anuales, que simplemente no existe. Ese es, apenas, el valor de las cuatro de las canchas de golf que el gobierno cubano está tratando de construir para, con ellas, defender un tímido flujo turístico, hoy en disminución. En lo que va del año, ese flujo cayó casi un 7%.

Díaz-Canel es, entonces, esencialmente parte del pasado, pese a que pertenece presuntamente a una “nueva” generación de políticos cubanos que, en rigor, es sólo “más de lo mismo”. Es un continuista y no un revolucionario. Dice “defender la revolución”, lo que supone, en los hechos, aferrarse al fracaso. Podría, de pronto, permanecer en el poder por dos mandatos seguidos. O sea hasta el 2021. Y frustrar desgraciadamente la necesidad de cambio que tiene Cuba, para poder modernizarse.

La dictadura cubana ha estado en el poder desde 1959. Fidel Castro, que falleciera a los 90 años de edad, es historia. Pero su familia es aún muy poderosa en la isla. Se dice que Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl Castro, es hoy una de las personas más influyentes y poderosas, como parte de una oligarquía política que no ha abandonado, sino retenido, el timón del poder económico en Cuba.

Por el momento, el presidente norteamericano Donald Trump no ha embestido contra Cuba. Pero no la ayudará, obviamente. A lo que cabe agregar que Trump no deja de señalar que seguirá “ocupándose” de ella. Mensaje elíptico que ciertamente no es de simpatía, ni de apoyo.

A estar por lo ya adelantado por el diario “Granma”, Cuba va camino a establecer una nueva Constitución. Ella, que deberá aprobarse por un referendo, instituirá la figura del Presidente de la República, con un mandato máximo de dos períodos consecutivos de cinco años cada uno; esto es una presencia presidencial total máxima de no más de diez años consecutivos. El presidente, no obstante, no será elegido directamente por el pueblo, sino indirectamente por los miembros de la Asamblea Nacional. Todo un cambio, particularmente si no nos olvidamos que Fidel Castro estuvo en el poder durante casi cinco décadas. Desde 1959 hasta el 2008. Una frustrante eternidad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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Gero von Randow y “Revoluciones”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/7/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/gero-von-randow-y-revoluciones/

 

Aunque las revoluciones tienen una larga historia, habitualmente las asociamos a la política y a la Edad Contemporánea, desde la Ilustración. Suelen ser celebradas, pero las  más importantes del último siglo se hicieron en nombre del socialismo, y cien millones de inocentes cayeron víctimas de esa criatura paradigmática del racionalismo ilustrado —así empieza La Internacional: “Arriba, parias de la Tierra./En pie, famélica legión./Atruena la razón en marcha,/es el fin de la opresión”. En realidad, no se levantaron los parias, los pobres no hacen las revoluciones, el racionalismo causó desastres sin límite, y el comunismo se plasmó en tiranías criminales en todo el planeta.

Pero el socialismo ha conseguido sobreponerse a sus resultados, y se siguen apreciando sus objetivos. Lo refleja Gero von Randow en su libro Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta (Turner). No defiende el comunismo, pero sí la revolución socialista: sostiene que su meta era la libertad, y enlaza alegremente la sanguinaria Revolución Francesa con la democracias modernas.

¿Deseaban la libertad, la igualdad y la fraternidad los que mataron a decenas de miles de personas en el Terror? La salida de Randow es reveladora: “Las revoluciones terminan siempre con una decepción, con el triunfo de la realidad sobre los sueños, de ahí la melancolía”. Parece rescatar a los revolucionarios por sus “sueños”, como si los de la razón no produjeran monstruos, y es chocante llamar “decepción” a millones de asesinados. Es como si se resistiera a admitir que muchas revoluciones germinaron de una semilla liberticida, sembrada por la arrogante pretensión de cambiar la sociedad racionalmente de arriba abajo.

Dice: “Uno puede dejarse fascinar por las revoluciones, pero son hermosas y terribles al tiempo. Sería mejor que no fueran necesarias”. ¿Necesarias?

Al final queda atrapado, no por el hecho revolucionario pero sí por la idea del cambio social: saluda a figuras como Pablo Iglesias, cuyas cochambrosas ideas antiliberales guardan una estrecha relación con las de los peores revolucionarios de la historia, empezando por Robespierre, cuya siniestra figura ha saludado el líder de Podemos.

Es cierto y triste que los revolucionarios sugestionen, justo al revés que los comerciantes, siendo así que los primeros derraman sangre y los segundos promueven la prosperidad. Ya lo dijo Tocqueville: “Nada es más opuesto a las costumbres revolucionarias que las costumbres de los negocios”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Hay que bajar el gasto, no subir los impuestos

Por Iván Carrino. Publicado el 19/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/hay-que-bajar-el-gasto-no-subir-los-impuestos/

 

Los ajustes que se basan en la caída del gasto público son más sostenibles y reactivan la economía.

Argentina nuevamente está entre la espada y la pared por sus problemas fiscales.

Con un gran desequilibrio de las cuentas públicas, el gobierno de Macri necesita de cientos de miles de dólares de endeudamiento para poder seguir funcionando, pero a diferencia de lo que pasaba meses atrás, esos dólares hoy ya no están disponibles.

Las condiciones financieras internacionales cambiaron, y hoy el dólar se convirtió en un bien más escaso, lo que hizo que su precio subiera violentamente. Las consecuencias de este “shock” todavía están por verse, pero seguramente implicarán recesión, mayor inflación y, lamentablemente, un mayor nivel de pobreza.

Ahora bien, a la hora de darle una solución al agujero fiscal, algunos proponen bajar el gasto público, otros proponen subir más los impuestos, y hay otros que opinan que deben combinarse ambas fórmulas.

De acuerdo con los “impuestadores”, el esfuerzo debe ser compartido por todos, y algunos sectores deberían aceptar de buena manera que les suban los impuestos (o que no se los bajen, como estaba previsto).

Este grupo olvida que la carga tributaria que tolera el sector privado en Argentina está entre las más altas del mundo y que ese esfuerzo del que hablan lo vienen haciendo hace años, financiando un estado que cada vez se come una mayor porción de la riqueza nacional.

Por último, también ignoran una lección de la historia: que para ajustar las cuentas públicas, es mucho más eficiente reducir el gasto público que subir los impuestos.

Estímulo vs. Ajuste

En el año 2009, un momento en que el gobierno de los Estados Unidos lanzaba el más masivo estímulo fiscal de la historia reciente, los profesores de Harvard Alberto F. Alesina y Silvia Ardagna se propusieron investigar qué impacto tenía la política fiscal en la economía.

Más precisamente, querían entender el efecto de los “estímulos fiscales” y los “ajustes fiscales” (definidos éstos como un año en donde el resultado primario ajustado por el ciclo económico empeora/mejora en un 1,5% del PBI o más) sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas y el crecimiento económico.

Lo que estos académicos deseaban encontrar era la respuesta a las siguientes preguntas: ¿qué es mejor para promover el crecimiento, un estímulo fiscal basado en el aumento del gasto o uno basado en el recorte de impuestos? ¿Qué es mejor  para reducir el déficit y la deuda, una baja del gasto público o un aumento de los impuestos? Y, por último: ¿resienten la actividad económica los ajustes fiscales basados en una baja del gasto?

Para responder dichas preguntas, indagaron en los datos de 21 países de la OCDE (entre ellos, Estados Unidos, Holanda, Nueva Zelanda, Alemania, Francia y Finlandia) para un período de 37 años, desde 1970 al año 2007.

Sus conclusiones son más que interesantes y de importancia crucial para nuestra coyuntura local.

Según Alesina y Ardagna:

Nuestros resultados sugieren que los recortes tributarios son más expansivos que los aumentos del gasto en los casos de estímulo fiscal. Para los ajustes fiscales, mostramos que los recortes de gastos son mucho más efectivos que los aumentos de impuestos para estabilizar la deuda y evitar las recesiones económicas. De hecho, descubrimos varios episodios en los que la reducción del gasto público adoptada para bajar el déficit se vio asociada a períodos de crecimiento económico, no recesiones.

En números concretos, el trabajo encontró que en los “estímulos fiscales expansivos” –es decir, aquellos que resultaron en un mayor crecimiento de la actividad económica- el gasto total subió aproximadamente 1 punto del PBI, mientras que la recaudación cayó más de 2,5% del PBI.

Por el contrario, cuando el gasto subía cerca de 3% del PBI pero la recaudación permanecía constante, no había un efecto expansivo.

Crecer con Ajuste

Al analizar procesos de ajuste del déficit, los autores se centraron en dos puntos. Por un lado, si dicho ajuste fue exitoso en términos de reducir de manera sustentable el desequilibrio de las cuentas públicas y el nivel de deuda. Por el otro, si dicho ajuste se vio asociado a episodios de recesión.

En este último tema, los resultados son nuevamente sorprendentes. Los episodios de ajuste considerados expansivos en términos de actividad económica fueron aquellos caracterizados por el recorte del gasto público. Concretamente, en dichos episodios el gasto primario cayó en 2% del PBI, mientras que la recaudación solo subió 0,34%. Por el otro lado, en los ajustes fiscales considerados no expansivos el gasto cayó solo 0,7% del PBI, pero la recaudación subió 1,2%.

A la luz de estos datos, Alesina y Ardagna sostienen:

De aquí que los ajustes que se hacen por el lado del gasto tengan efectos mejores sobre el crecimiento que los que se hacen con base en el aumento de la recaudación

Los autores continúan indagando en qué tipo de ajuste fiscal es más exitoso en términos de reducir el déficit y la deuda. Aquí, nuevamente, concluyen que el recorte del gasto es la forma más segura de resolver un desequilibrio presupuestario.

Tras décadas de crisis fiscales, en Argentina todavía debatimos si tenemos que tener déficit o no. Peor aún, también debatimos si el déficit no debería cerrarse cobrando más impuestos.

Esperemos que los datos de estos 21 países analizados por los profesores de Harvard nos ayuden a pensar mejor las cosas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Qué se espera después de la cumbre entre Corea del Norte y EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2150410-que-se-espera-despues-de-la-cumbre-entre-corea-del-norte-y-eeuu

 

La República Popular Democrática de Corea, a la que usualmente denominamos Corea del Norte, se autodefine todavía como “estado socialista autosuficiente”. El resto del mundo la consideraba una nación pequeña, de apenas 24 millones de habitantes, con una extraña vocación de aislamiento, efectivamente separada de la comunidad internacional, quizás con la excepción importante de China, su socio comercial más activo, país con el que además comparte una larga frontera.

Está gobernada por un patológico régimen dinástico y autoritario a la vez, que hace del “culto a la personalidad” su evangelio y de sus líderes la columna vertebral de su pesada liturgia política.

Por décadas, los Estados Unidos y Corea del Norte mantuvieron un peligroso estado de desencuentro, en función del cual intercambiaron reiteradamente asperezas verbales y amenazas recíprocas. Por ello, en materia de paz y seguridad internacional, Corea del Norte ha estado en las últimas décadas siempre incluida entre las cuestiones abiertas de mayor peligrosidad.

Pero de pronto la agresividad del régimen que preside el joven Kim Jong-un se ha transformado -inesperadamente- en cortesía. El país ermitaño comenzó a buscar afanosamente una reunión entre su líder y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y lo logró. Presumiblemente, porque se trata de un país de conducta preocupante, que ha demostrado poseer no sólo misiles intercontinentales, sino también armas atómicas. Por esa razón precisa los EE.UU. han mantenido hasta ahora contingentes militares importantes en el territorio de Corea del Sur, a la manera de presencia disuasiva.

Finalmente, no sin vacilaciones, la reunión de los dos jefes de Estado tuvo lugar en Singapur. Fue la primera vez que los líderes de ambos países se sentaban a conversar, cara a cara.

Si bien la “Cumbre” no ha generado demasiadas consecuencias inmediatas, lo cierto es que las puertas que estaban cerradas se han abierto, lo que es trascendente. Sin diálogo, el espacio para la diplomacia se minimiza. Sin embargo, lo importante en materia de resultados tiene todavía que ocurrir. La “Cumbre” fue solo un indispensable primer paso. Ahora ambos países deberán confirmar, con actos, la progresiva distensión de la relación.

No es nada fácil confiar en Corea del Norte. Tres presidentes norteamericanos negociaron acuerdos con Corea del Norte en virtud de los cuales el país asiático convino en detener su programa atómico. Esos tres acuerdos no se cumplieron, lo que naturalmente provoca aprensión respecto del futuro efectivo del convenio recién suscripto.

En pocas palabras, el acuerdo de Singapur es sólo la obertura de un proceso que recién comienza. Es el primer movimiento de una sinfonía cuyas melodías todavía deben crearse, paso a paso. En conjunto. Esto requerirá compromiso, buena fe, coherencia y disciplina. Pero también buena comunicación, la que no podía edificarse sin el primer paso que acaba de darse.

Siempre se dice que las “Cumbres” combinan simbolismo con sustancia. El simbolismo ya ha sido proyectado. La sustancia -en cambio- aún está por verse. Para los Estados Unidos ella se tiene que ver con la “desnuclearización” efectiva de la península coreana. Para Corea del Norte, en cambio, lo sustantivo es el retiro de los contingentes militares norteamericanos de su vecindario inmediato.

Donald Trump viajó presuroso a través del mundo para concretar la reunión que presuntamente marcará el comienzo de la distensión de las relaciones entre los dos países involucrados. A estar a sus declaraciones, formuladas a la salida de la reciente reunión, la química personal entre ambos mandatarios resultó positiva. Pese a las notorias diferencias que existen entre las particulares personalidades de ambos interlocutores.

Cabe esperar que de ahora en más cesen las inquietantes amenazas, burlas e insultos que caracterizaron la difícil relación entre ambas naciones en los últimos años. Además, que la relación bilateral se consolide y que, paso a paso, se transforme en formas específicas de cooperación.

De alguna manera, lo sucedido tiene un cierto paralelo con el viaje de Richard Nixon a China, en 1972, que fuera el comienzo de un proceso de fortalecimiento de la confianza que luego derivó en la normalización de las relaciones diplomáticas.

Pero alcanzar el objetivo de la desnuclearización de la península coreana es ciertamente bastante más complejo que establecer y mantener relaciones diplomáticas con disposición a cooperar. Porque supone la buena fe en el proceder de las partes, incluyendo en la imprescindible verificación del cumplimiento de los compromisos que, respectivamente, sean asumidos.

En síntesis, se ha abierto una nueva etapa en una relación bilateral que generara angustia y desconfianza y que ahora está comenzando a proyectar la esperanza de poder conformar una relación normal que contribuya a que sus dos actores dejen atrás los desencuentros acumulados. No es poco. Pero está muy lejos de ser imposible.

Los EE.UU. están manejando la relación con Corea del Norte con gran diligencia. Cancelando una reunión previamente acordada con la India, el Secretario de Estado Mike Pompeo decidió viajar, sin pérdida de tiempo, a Pyongyang para continuar las conversaciones. La decisión, en sí misma, es una muestra de compromiso con la necesidad de resolver la desnuclearización de la península coreana. Además, los EEUU decidieron suspender los ejercicios militares en la región, previstos para el mes que viene.

Con Corea del Norte pasar del dicho al hecho es indispensable. Para ambas partes. Como bien dice mi amiga Madeleine Albright en su último libro (“Fascismo”), “Corea del Norte es un Estado Islámico secular; su existencia genera evidencia adicional acerca de las tragedias que pueden resultar cuando el poder se concentra en manos de muy pocos por demasiado tiempo”. Es efectivamente así.

De lo contrario -como alerta Albright- las provocaciones o la impaciencia de alguno, sumadas a la posibilidad de accidentes o errores de interpretación pueden derivar en violencia, poniendo en gravísimo peligro especialmente a los propios coreanos que viven a ambos lados del paralelo 38º que los separa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Mercados Peronistas

Por Iván Carrino. Publicado el 4/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/mercados-peronistas/

 

Si en lugar de hacernos cargo de los problemas, apelamos a teorías disparatadas, va a ser difícil salir de la crisis.

En momentos de crisis, prolifera el nerviosismo y la ansiedad. Además, también surgen todo tipo de teorías sobre las causas que la generaron y las consecuencias posibles.

Entre esas explicaciones y en el caso particular de Argentina, están las que ven el origen del problema como un fenómeno puramente local, las que ven al origen como uno puramente internacional, las que observan la cuestión como una combinación de ambas… Y así sucesivamente.

Ahora bien, también tenemos las teorías conspirativas. Estas teorías creen que los problemas que enfrentamos hoy en la economía responden a una oscura confluencia de intereses.

En esa línea está el reconocido periodista Jorge Fernández Díaz, quien recientemente publicó una editorial donde acusa de la crisis a la alianza entre los mercados financieros y, créase o no, el peronismo.

En su última columna de Radio Mitre, el editorialista sostuvo que:

El peronismo que dejó el incendio se regocija por el sufrimiento del bombero y se propone para apagar él mismo las llamas que encendió. No le importa la Patria, le importa el poder. El queso. Como siempre.

Y tiene un aliado invariable: el mercado, que le impone sus condiciones al Gobierno, lo lima, lo desgasta, y lo debilita para que luego el peronismo venga y se lo coma crudo de un bocado.

Peronismo y mercado, que tan opuestos aparecen por momentos, han trabajado juntos, han sido funcionales durante estas décadas de decadencia: ambos son culpables de la pobreza y la postración argentina.

Peronismo y mercado, compañeros. Hay empresarios y banqueros con una falta de patriotismo que hiela la sangre.”

Estos párrafos son tan poéticos como alejados de la realidad.

Es que si miramos la historia de “los mercados” en la Argentina reciente, vemos que los hechos no tienen nada que ver con lo que se está planteando.

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En el gráfico de aquí arriba puede verse al principal indicador de la bolsa de Buenos Aires expresado en moneda dura. Es decir, en dólares.

Como se observa, la bolsa ha tenido una estrepitosa caída de más de 40% desde su máximo alcanzado en enero.

Al ver esto, el observador inexperto claramente podría ver allí a un “mercado llamando al peronismo”.

El mercado desconfía de Macri, se podrá decir… entonces baja, baja y baja, generando pánico y nerviosismo y debilitando al gobierno, para que éste finalmente dé un paso al costado y deje “la mesa quede servida” para el próximo líder populista…

Ahora bien, ¿no se ve la película completa?

¿Qué querían “los mercados”, cuando, unos segundos nomás antes, treparon 119% en dólares desde que Macri asumió el gobierno? ¿Estaban llamando al peronismo, o en realidad estaban aplaudiendo de pie y apostando por la continuidad de Cambiemos?

Más atrás en el tiempo, enero de 2011 había marcado un máximo histórico del índice Merval en dólares. Sin embargo, menos de dos años después (tras las elecciones que confirmaron la continuidad de CFK como presidente y el cepo cambiario) éste índice se había desplomado un 60%

¿Qué gritaba el mercado en ese entonces? ¿”Viva el peronismo”?

Como se ve, la teoría de la alianza entre los mercados y el peronismo no resiste el menor análisis.

Carnicerías Neoliberales

En el dislate antimercado que es la nota a la que nos estamos refiriendo, el autor propone que frente a la pesada herencia dejada por el gobierno anterior, había solo tres salidas posibles:

—- O seguir rumbo a Venezuela,

—- O hacer un programa gradualista y rogar al cielo financiero (curiosamente, el mismo que Fernández Díaz desprecia) que acompañara el cambio,

—- O poner en práctica una “carnicería de gran dolor, después de la cual supuestamente saldríamos adelante. Los pocos que quedaran vivos, por supuesto”.

Esta última receta es la de los “neoliberales ortodoxos”.

Ahora bien, ¿de qué carnicería hablamos? En Chile, que es lo más cercano al “neoliberalismo ortodoxo” que tenemos en la región, el Riesgo País cayó 3 puntos el mes pasado, mientras que en Argentina trepó 73. Además, se espera que el vecino país crezca 3,8% este año, mientras que Argentina coquetea con la recesión.

A la luz de los datos, tener cuentas públicas ordenadas y un gasto público de casi la mitad no genera ninguna carnicería, sino todo lo contrario.

Obviamente que las transiciones desde un modelo a otro son lo más complicado de hacer, pero el modelo gradualista de Cambiemos no hizo agua porque “los mercados se le pusieran en contra”, sino porque cuando no solo los mercados, sino también la ciudadanía dos veces en las urnas, los apoyó de manera contundente, no cumplieron las expectativas de cambio que tanto habían generado.

Un mundo diferente

Yo no niego ni minimizo el cambio en las condiciones internacionales ni el impacto en la sequía sobre el desarrollo normal de nuestra economía. Pero ser uno de los más golpeados de la tormenta internacional habla más de nosotros que de ella.

Además, no podemos seguir siempre echándole la culpa a la suerte, al contexto externo, o al siempre latente fantasma del peronismo.

Por una vez habrá que hacerse cargo y, en lugar de protestar, escuchar el mensaje y corregir. A pesar de todo, el gobierno todavía está a tiempo.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

LAS RESERVAS MORALES DE LA IGLESIA CATÓLICA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Con las formidables excepciones de Juan Pablo ii y Benedicto xvi, desde los papados de Juan xxiii y Pablo vi la Iglesia católica ha sufrido cambios estrepitosos principal aunque no exclusivamente en el terreno social que por embestir contra el derecho de propiedad y equivalentes afecta gravemente la moral. Así, desde Medellín en 1968 y Puebla en 1979 el rumbo fue hacia el estatismo con la idea de proteger a los más pobres pero los termina perjudicando grandemente.

 

Personalmente fui invitado para pronunciar la conferencia inaugural en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Tegucigalpa el 30 de junio de 1998 invitado por Monseñor Cristián Pretcht Bañados a instancias del presidente de la Fundación Konrad Adenauer de Argentina, Hörst Schönbohm, entidad que principalmente contribuía a financiar el evento. Presidió la reunión el Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, hoy en el Vaticano. Mi discurso se tituló “El liberalismo y la pobreza” en el que comencé diciendo que para los que sostienen que la pobreza material -no la evangélica de espíritu- constituye una virtud deben condenar la caridad puesto que con ella el receptor mejora su condición material y, por otra parte, si se dice que los pobres están salvados la Iglesia debiera dedicarse solo a los ricos. Luego intenté explicar los beneficios de la tradición de pensamiento liberal a los efectos, precisamente, de combatir la pobreza y la miseria a través del respeto recíproco lo cual es el eje central de esa tradición y que los salarios e ingresos en términos reales dependen exclusivamente de las inversiones a su vez originadas en ahorros internos y externos para lo cual es menester contar con marcos institucionales respetuosos de los derechos de todos.

 

Hoy representantes de la Iglesia comenzando por el actual Papa Francisco condenan un capitalismo inexistente, la última vez que se pronunció en ese sentido fue en su visita reciente a Perú. Es inexistente debido a las regulaciones asfixiantes, a gastos públicos elefantiásicos, a impuestos insoportables y a deudas estatales galopantes. Los nacionalismos y las xenofobias vigentes se oponen abiertamente al denominado sistema capitalista que aboga por la apertura de las fronteras, en primer lugar para personas y luego para bienes y servicios, situación que es contradicha ahora en Estados Unidos y en muchos países de Europa, además de los adefesios en Latinoamérica, especialmente en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia con situaciones delicadas en Argentina y en México.

Afortunadamente en este cuadro de situación la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “El teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

 

En este contexto es de gran importancia recordar a mártires de la incomprensión de la cabeza de la Iglesia como el extraordinario Cardenal József Mindszenty quien fue abandonado y destituido por Pablo vi del arzobispado húngaro por oponerse airada y reiteradamente tanto a los nazis como a los comunistas, lo cual denuncia con claridad y coraje meridianos en sus célebres Memorias (publicadas en castellano en Barcelona por Luis de Caralt Editor en el mismo año de 1974 cuando se publicó la edición alemana: Erinnerungen).

 

El Cardenal Mindszenty estuvo detenido o preso por su coraje y su capacidad de hablar claro contra los socialismos de todo color y especie. Primero lo apresó el llamado gobierno “republicano” polaco de Mihaly Károly, luego el del comunista Béla Kun, más adelante cuando desde el púlpito dijo que no había que votar por el partido nazi que se presentaba como opositor al comunismo afirmando que “ambos son la misma cosa”, más adelante  fue arrestado y torturado por los secuaces de Miklós Horthy. Con motivo de la invasión de la Unión Soviética pidió asilo en la embajada estadounidense donde vivió durante quince años hasta que emigró a Viena. En  1973, como queda dicho, fue destituido por Pablo vi y murió en 1975. Sus últimas palabras escritas en sus referidas memorias son desgarradoras, plasmadas después de explicitar en detalle los ataques constantes por parte del Vaticano y de su destitución: “Así emprendí el camino del aislamiento, en un destierro total”.

 

Es también relevante solo para dar unos pocos ejemplos de inmensas reservas morales en la Iglesia católica, el caso notable del sacerdote polaco ordenado en 1936, Miguel Poradowski, doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología por la Universidad de París. En 1950 fue a Chile contratado por la Universidad Católica de Santiago, país donde también enseñó en la Universidad Católica de Valparaiso. Es autor de numerosos libros pero destaco en esta nota muy especialmente dos: Karl Marx, su pensamiento y su revolución y El marxismo y en la teología. Abre esta última obra, publicada en 1986, con el siguiente pensamiento: “No todos se dan cuenta hasta donde llega hoy en día la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan a algún sacerdote que predica en el templo el odio y la lucha de clases, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido […]  Desgraciadamente no es así […] la presencia no solamente tolerada por algunos, sino incluso deseada”. Actualmente hay muchos otros sacerdotes y laicos preocupados y ocupados con este tema de los desvíos.

Recuerdo a mi amigo ex comunista, premio Mao y premio Lenin, el peruano Eudocio Ravines que luego dejó aquel sistema oprobioso para dedicarse a escribir artículos y libros denunciando el socialismo en todas sus formas. Su libro más conocido lleva el sugestivo título de La gran estafa que refleja lo que a él le ocurrió. A raíz de lo que escribo aquí comento que Ravines solía subrayar la trascendencia que le otorgaban en el Kremlin a la infiltración en la Iglesia y especialmente en los seminarios de sacerdotes y contaba que estuvo destinado a esas faenas en España y en Chile.

Esto me retrotrae a mi relación con Monseñor Schuammer el segundo del Nuncio en Buenos Aires durante un tiempo y luego destinado a trabajar junto con el entonces Cardenal Ratzinger. Cundo lo despedimos en la empajada alemana nos dijo que se iba muy preocupado por lo que ocurría en no pocos seminarios de sacerdotes y concluyó afirmando que “allí se suele ensañar sociología barata en un contexto de mucha guitarreada y nada de Santo Tomás, escasa filosofía y poca teología de fondo”. Aunque lo cito de memoria, me quedaron grabadas esas palabras.

 

Por supuesto que los regímenes fascistas han hecho estragos imponiendo injusticias inaceptables, pero no es necesario enfatizar que esto no se resuelve estableciendo sistemas aun más perversos en América latina ni en ninguna otra parte. Y menos se resuelve beatificando como el actual Papa lo hace a personas como Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas argentinos denominados Montoneros ni a Monseñor Oscar Arnulfo Romero quien predicaba que “debe eliminarse el supuesto derecho de propiedad”, ni tampoco tiene sentido la concelebración en Roma del Papa Francisco con el creador de la autodenominada teología de la liberación, el Padre Gustavo Gutiérrez quien escribe en su libro Teología de la liberación. Perspectivas que “debe asegurarse el paso del modo de producción capitalista al modo de producción socialista […] como el intento de Marcuse marcado por Hegel y Marx”.

 

Tengamos presente que el comunismo descripto por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista dice que “todo el sistema puede resumirse en esto: abolición de la propiedad privada” y que el fascismo no es más que un socialismo encubierto tras la estrategia de permitir que la propiedad se encuentre registrada a nombre de particulares pero usa y dispone el aparato estatal. Y esta anulación o debilitamiento del derecho de propiedad va al corazón de la sociedad abierta ya que lo desarticula por completo al desdibujar la contabilidad y la evaluación de proyectos con lo que no se puede saber donde es mejor invertir o no hacerlo con lo que el derroche genera el cataclismo y el posterior derrumbe del sistema con el consiguiente caos en el contexto de la  eliminación de la libertad de prensa y de expresión como consecuencia del ataque al derecho de propiedad a lo que habitualmente siguen las persecuciones y los encarcelamientos a los disidentes, cuando no a su exterminación.

 

Tengamos en cuenta que cuando se habla de “la preferencia por los pobres” no nos deslicemos a políticas que arruinan y condenan a los pobres a aumentar su miseria. En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos Mandamientos que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta: no robar y no codiciar los bienes ajenos. Así, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo —bienaventurados los pobres de espíritu— da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

 

No es una gracia ni una travesura circunstancial el avalar los atropellos del Leviatán a través de repetidos documentos y declaraciones oficiales de la Iglesia, se trata de la eliminación del respeto recíproco y consecuentemente de la aniquilación de la convivencia civilizada. Los timoratos de nuestra época miran para otro lado frente a estos peligros, si fuera por ellos todavía estaríamos con los Borgia, el Index y la Inquisición. Me parece que es del caso cerrar con la cita de un párrafo de la correspondencia del Cardenal John Henry Newman dirigida a Gladstone donde se lee que “invito a un brindis: primero por la conciencia  y luego por el Papa”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

 

“El mito de la incompetencia del Estado”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/6/18 en: https://www.libremercado.com/2018-06-03/carlos-rodriguez-braun-el-mito-de-la-incompetencia-del-estado-85269/

 

Leí hace tiempo en El País un interesante artículo de Diego Beas con ese título. Era una versión entusiasta de la tesis de Mariana Mazzucato según la cual el Estado es el verdadero empresario. Para llegar a una conclusión tan asombrosa hay que combinar muchos errores con pocas evidencias.

Don Diego se inventa que el liberalismo se reduce exclusivamente a la tesis de la eficiencia del mercado, y sigue con la fantasía de que “buena parte de la ideología conservadora moderna, de este y del otro lado del Atlántico”, se ha basado en la idea de reducir el Estado, porque es incompetente. Si lo primero es un dislate, lo segundo es realmente increíble, considerando el más que probado intervencionismo de los conservadores en todo el mundo, empezando por España, incluyendo en lugar destacado al recientemente defenestrado Mariano Rajoy.

El señor Beas resume así su argumento, que sigue el de Mazzucato, a la que cita con admiración:

La entelequia ideológica de la incompetencia del Estado se cae en pedazos, sin embargo, cuando miramos con detenimiento la evolución del espacio de la tecnología, la innovación y el papel del Estado durante el último medio siglo (…) Detrás de la mayor parte de los éxitos tecnológicos más importantes ha estado, invariablemente, la mano de la inversión estatal.

Es una inversión estupenda, subraya don Diego, que no ve entelequias ideológicas en nada de lo que afirma:

Un tipo de inversión más estable, menos centrada en la cuenta de resultados de corto plazo, la especulación bursátil, aspectos comerciales y, más importante aún, enfocada en la innovación en el ámbito público. En utilizarla para resolver los grandes problemas sociales –y no solamente financiar las tecnologías comercialmente más rentables.

A partir de ahí, el papel de las empresas privadas, en busca del malvado lucro, es de puro aprovechamiento:

Compañías como Apple, Google y la mayor parte del sector farmacéutico y aeroespacial, entre varios otros, podrían considerarse free riders de los sistemas de investigación del Estado.

Es cierto que el Estado ha emprendido inversiones, pero de ahí a que ese gasto demuestre de por sí las tesis antiliberales hay un trecho, igual que lo hay entre la comprobación de dichas inversiones y la tesis de que nunca se habrían acometido sin el Estado.

En un artículo crítico publicado en el Cato JournalAlberto Mingardi demuestra que no hay base empírica sólida para la idea de que las empresas son meros free riders del Estado. Es revelador que los ejemplos que ponen los intervencionistas se basen en Estados Unidos y no en Europa. Sugieren que todas las innovaciones son fruto del intervencionismo público pero, paradójicamente, elogian la política industrial en EEUU, donde a menudo no existió abiertamente, mientras que ignoran en general a Europa, donde sí se llevó a cabo abiertamente.

Mingardi señala que las tesis se concentran exclusivamente en el último siglo, cuando el gasto público pasó del 10 al 40% del PIB en todas las democracias occidentales: habría sido raro que la inversión pública no se hubiese involucrado en ninguna innovación –aunque las que suelen señalarse son más externalidades positivas que consecuencias previstas y deseadas de políticas industriales.

La clave del asunto es que quienes utilizan el gasto en investigación básicacomo prueba de que el Estado es un eficaz y abnegado empresario pasan por algo que dicha investigación básica fue prácticamente nacionalizada tras la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió sobre todo en el gasto en defensa canalizado a través de las universidades, que fue lo que tuvo lugar en Estados Unidos, gran gastador en defensa, de donde salieron inventos como la internet.

En realidad, don Diego y los demás que atribuyen “entelequias ideológicas” a sus adversarios, suponen que, si algo sale bien, ha de ser porque el Estado está detrás, un Estado que crece porque es estrictamente necesario, y porque el cobarde y codicioso capital privado se retira debido a su rácana visión cortoplacista. Esto, naturalmente, no es ninguna entelequia ideológica sino un análisis serio y riguroso. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Harrod y Hayek sobre la personalidad de J.M. Keynes

Por Iván Carrino. Publicado el 3/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/harrod-y-hayek-sobre-la-personalidad-de-j-m-keynes/

 

En 1951, cinco años después de la muerte de Keynes, el economista inglés Roy Forbes Harrod (famoso por el modelo Harrod-Domar), publicaba “La Vida de John Maynard Keynes”, una biografía de 15 capítulos y más de 600 páginas.

Poco tiempo después, en 1952, Friedrich A. Hayek (premio Nobel de economía en 1974) realizó una reseña del libro, que fue publicada en The Journal of Modern History, en junio de 1952.

En ese texto, que puede encontrarse hoy en Contra Keynes and Cambridge (editado por Bruce Caldwell), el otrora archirrival de Keynes, pero quien según sus propias palabras siempre tuvo una “muy cordial” relación con él, destaca dos interesantes facetas de la personalidad del inglés.

En una parte, afirma:

[Keynes] le debía su éxito fundamentalmente a una extraña combinación de brillantez y rapidez mental con una maestría en el manejo del idioma inglés en donde pocos podían hacerle frente -lo que no se menciona en La Vida pero que para mí siempre resultó su activo más importante- además de una voz de cautivadora persuasión. Como erudito, era incisivo en lugar de profundo, y estuvo guiado por una fuerte intuición que lo hacía probar su punto una y otra vez por diferentes caminos.

Más adelante, agrega:

Harrod es muy franco acerca de las deficiencias de temperamento de Keynes, “no solo sus pequeños defectos” -impetuosidad, cambios de puntos de vista, hablar más allá de su libro- sino también su fuerte propensión a las apuestas, su crueldad y grosería ocasional en la discusión (“todo parecía justo para él en la guerra de las controversias”), su tendencia a “cultivar la apariencia de la omnisciencia” y de “siempre estar listo para lanzar una cifra para ilustrar un punto”.

Muchos años después, en 1983, Hayek publicó una nota en The Economist, a 100 años del nacimiento de Keynes, donde volvió a ofrecer detalles sobre la personalidad de su contrincante en el pensamiento económico.

Allí, en “The Keynes Centenary: The Austrian Critique“, sostuvo:

Pero, por paradójico que esto pueda sonar, [Keynes] no era ni un economista muy entrenado ni tampoco principalmente preocupado por el desarrollo de la economía como ciencia. En última instancia él ni siquiera pensaba en la economía como una ciencia, tendiendo a considerar su capacidad superior para proveer una justificación teórica como una herramienta legítima para persuadir al público para que demandara las políticas que su intuición le decían que eran las indicadas en el momento.

En síntesis, de acuerdo con Hayek, Keynes era brillante y rápido, pero también podía llegar a ser hasta grosero en las discusiones, en su afán por mostrar su aparente conocimiento completo sobre todos los  temas. Finalmente, a pesar de la buena relación que mantuvieron, Hayek parece pensar que Keynes solo usaba la economía como herramienta para avanzar en su agenda política particular, pero sin mayor profundidad analítica.

Datos e impresiones curiosas de un  personaje tan famoso como vigente en las discusiones económicas de nuestro país.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

La burrada es afirmar categóricamente que Keynes no influyó en la década del ’30

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/la-burrada-es-afirmar-categoricamente-que-keynes-no-influyo-en-la-decada-del-30/

 

John Maynard Keynes

Cuando cursé la carrera de economía en la UCA, en la década del 70, uno de mis grandes profesores fue Francisco Valsecchi que era titular de Microeconomía. Su asociado era el gran Luis Palma Cané (espero que Luis no se ofenda por botonearlo con la edad).

Valsecchi tenía una frase que me quedó grabada. Decía: “hay tres clases de profesores, los jóvenes, que enseñan más de lo que saben, los no tan jóvenes, que enseñan lo que saben y los viejos, que enseñan lo que hay que enseñar”.

Tomo esta frase del profesor Valsecchi porque pretender dar cátedra sobre el pensamiento de Keynes es hablar más de lo que uno sabe. Y digo esto porque no solo la Teoría General es confusa, sino que, lo más importante, ni siquiera sabemos si la Teoría General era el verdadero pensamiento de Keynes. El economista inglés, que guste o no revolucionó el pensamiento económico en el siglo XX y hoy sigue influyendo, era muy cambiante en sus opiniones.

Al respecto voy a citar a su mayor opositor en el debate económico y gran amigo de Keynes, nada más y nada menos que Hayek. Ambos, a pesar de pensar diferente, se tenían aprecio mutuo y solían participar en largas charlas sobre teoría económica y de ese gran conocimiento personal es que Hayek sostiene que Keynes no era un hombre con demasiada formación teórica, pero que ya estaba influyendo el pensamiento económico incluso antes de la crisis del 30.

En Nuevos Ensayos, dice Hayek refiriéndose a las políticas inflacionarias de Keynes: “Y pocas son mis dudas de que debamos a la gran influencia de este keynesianismo demasiado simplificado la mayor parte de la inflación de posguerra. Tampoco creo que el mismo Keynes la hubiese aprobado. En realidad, estoy casi seguro de que si hubiese vivido en esa época, habría sido uno de los combatientes más firmes contra la inflación. Una de las últimas veces que lo vi, pocas semanas antes de su muerte, me dijo sencillamente más o menos algo parecido”. Y agrega enseguida Hayek: “Yo le había preguntado si no se sentía alarmado ante el uso que algunos de sus discípulos estaban dando a sus teorías. Su respuesta fue que esas teorías habían sido muy necesarias en la década del ’30, pero que si en algún momento se hubieran hecho perjudiciales, podía estar yo seguro de que él inmediatamente produciría un cambio en la opinión pública“.

Es decir, por lo que cuenta Hayek, que compartió muchas horas de intercambio de ideas con Keynes, ni siquiera podemos decir que La Teoría General fue la última palabra del británico.

Otro párrafo de Hayek que muestra los continuos cambios de opinión de Keynes también lo extraigo de Nuevos Ensayos y hace referencia a fines de la década del 20. Dice Hayek: “Yo me había comprometido a revisar para Económica su Tratado Sobre la Moneda que había aparecido por entonces, y trabajé mucho con dos extensos artículos sobre el mismo libro. Al primero él le respondió con un contrataque a mi obra Precios y Producción. Sentí que en buena parte había demolido su esquema teórico, a pesar de que abrigaba honda admiración por tanto discernimiento profundo pero poco sistemático contenido en el Volumen II de su obra. Grande fue mi desilusión cuando todos mis esfuerzos parecieron vanos, porque tras la aparición de la segunda parte de mi artículo me dijo que en el ínterin había cambiado de opinión y ya no creía en lo que había expresado en su trabajo“.

Lo primero que deseo concluir es que es demasiado vanidoso andar predicando tan categóricamente el pensamiento de Keynes, porque ni los que lo trataron estrechamente y fueron sus adversarios académicos, se animan a decir que sus escritos eran la última palabra del pensamiento de Keynes.

El segundo punto a resaltar es que durante la crisis del 30 ya no regía el patrón oro, como generalmente se cree, si no que regía el patrón de cambio oro. El patrón cambio oro hacía más flexible la oferta monetaria de los países, ya que autorizaba a los bancos centrales a mantener reservas en oro y en monedas convertibles a oro, y también los autorizaba a intervenir en el mercado para “moderar” las grandes fluctuaciones del precio del oro.

En efecto, en la conferencia de Génova de 1922 se reunieron varios expertos en temas monetarios y pusieron fin al patrón oro y dieron lugar al nacimiento del patrón de cambio oro. En esa época los economistas europeos que estaban a favor de políticas de estabilización eran Arthur C. Pigou, Ralph G. Hawtrey, Knut Wicksell, Gustav Cassel y John M. Keynes.

Incluso Keynes escribe en 1923 un Tratado Sobre Reforma Monetaria en 1923 y luego, en 1930 el mencionado Tratado sobre el dinero. Es decir, Keynes ya participaba de los debates económicos y monetarios antes de publicar la Teoría General, participó de las condiciones económicas que los aliados le impusieron a Alemania al terminar la Gran Guerra y se retiró por estar en desacuerdo con las exigencias que le imponían al país vencido.

Entiendo que estos datos muestran que es al menos imprudente afirmar categóricamente que Keynes no influyó en las políticas del New Deal en forma tangencial. Puesto en otras palabras, ningún economista serio podría afirmar categóricamente que no influyó o que influyó en el New Deal, aunque hay indicios históricos que muestran que sus teorías eran conocidas antes de publicar la Teoría General en 1936, e incluso la FED ya aplicaba políticas monetarias expansivas en EE.UU. que fueron las que crearon la burbuja bursátil que derivó en el famoso martes negro de octubre de 1929. Afirmar que porque publicó la Teoría General en 1936 su pensamiento no pudo influir en el New Deal que fue anterior es, como vulgarmente se dice, una verdadera burrada, porque el pensamiento y la influencia de Keynes ya existían antes de la crisis de 1929 aunque es cierto que tienen mayor fuerza luego de la Segunda Guerra.

Pero un punto que vale la pena resaltar es que el New Deal no fue solamente un aumento del gasto público financiando con emisión monetaria. Esa es una caricatura del New Deal, de la misma forma que es una caricatura afirmar que gracias a las políticas keynesianas se salió de la gran depresión.

El New Deal fue una mezcla de gasto público con regulaciones, prohibiciones y controles de todo tipo. Roosevelt ganó las elecciones en 1932 y a los dos días de asumir la presidencia declara un feriado bancario y el 5 de abril de 1932 Rooselvet declara ilegal “temporariamente” poseer monedas de oro en los Estados Unidos (ver La Crisis del 30 de Juan Carlos Cachanosky, en Libertas de mayo 1989). En mayo de 1939 se aprueba la Agricultural Adjustment Act por la cual los agricultores americanos cobraban un subsidio por reducir la producción. El objetivo era aumentar el precio de los granos.

En junio Roosevelt firmó la ley de Recuperación de la Industria Nacional (National Industrial Recovery Act) que da nacimiento al New Deal. Esta ley consistía en una gran cantidad de regulaciones y códigos para la industria. Se acortaban las horas de trabajo, se ponían salarios mínimos y se fijaban precios y condiciones de venta. Una especie de Moreno y Kicillof de 1930.

En enero de 1934 se sancionó la Gold Reserve Act. Esta ley le expropiaba el oro a los Bancos de la Reserva Federal y pasaba a ser propiedad del Tesoro de los Estados Unidos. Una especie de pesificación asimétrica.

Pero a principios de 1935 llegaron a la Corte Suprema de Justicia cuatro casos solicitando la inconstitucionalidad de la inconvertibilidad del dólar a oro y de las deudas que tanto el gobierno como los particulares tenían que pagar en oro, que Rooselvet había prohibido. La CSJ de EE.UU. decidió que el Estado tenía que pagar sus deudas en oro poniéndole un límite a Rooselvet.

En mayo de 1935, la Corte Suprema declara inconstitucional a la National Recovery Administration (NRA). Este organismo fue creado para controlar que las industrias cumplieran con los códigos y regulaciones de la National Industrial Recovery Act. La burocracia del NRA prácticamente legislaba, ya que podía cambiar las reglas, pero la la Corte consideró que el Congreso había delegado funciones que le correspondían a él, y por lo tanto declararon inconstitucional la NRA. O sea, el Congreso no podía delegar en el Ejecutivo la función de legislar.

En 1936 la CSJ declara inconstitucional la Agricultural Adjustment Act. Los sucesivos frenos que la CSJ le puso a las regulaciones del New Deal llevaron al presidente Rooselvet a enfrentar a la CSJ enviando un proyecto de ley al Congreso para modificar la cantidad de miembros de la Corte, algo que nosotros conocemos muy bien, pero con la diferencia que en EE.UU. causó indignación y Rooselvet no pudo avanzar sobre el poder Judicial. Al caerse parte de las regulaciones del New Deal, la economía americana tuvo más alivio y mostró cierto grado de recuperación.

Esta nota solo trata de mostrar que es de una tremenda superficialidad afirmar que el New Deal de la crisis del 30 estuvo basada en las teorías keynesianas, pero también es de una gran superficialidad afirmar categóricamente que Keynes no tuvo ninguna influencia en el New Deal, en particular en el aumento del gasto público y su financiamiento con emisión monetaria. No hay pruebas categóricas en uno u otro sentido que Keynes haya influido o no haya influido en el New Deal, aunque hay indicios que pudo influir marginalmente por sus trabajos de la década del 20 y su participación como funcionario público. Recordemos que Keynes fue funcionario del gobierno inglés antes de la crisis del 30 y que ya en la década del 20 publicaba ensayos y era editor del  Economics Journal. En 1916 fue  consejero del Ministerio de Hacienda británico y en 1919 fue parte de la delegación de Gran Bretaña en la Conferencia de Paz de París a la cual renunció por no estar de acuerdo con las exigencias que los aliados le imponían a Alemania por reparaciones de guerra. En ese momento Keynes tenía 36 años.

En síntesis, personalmente no comparto la teoría keynesiana, pero no puedo dejar de reconocer que Keynes tuvo una gran influencia en el pensamiento económico del siglo XX. Que si bien su amigo y oponente académico, Hayek, lo considera poco profundo en sus análisis económicos, no deja de reconocer que hizo grandes esfuerzos por su país, aun en el momentos en que estaba muy enfermo y que lo que hoy se conoce como la Teoría General perfectamente pudo no haber sido la última palabra de Keynes. No lo sabemos.

Específicamente, en lo que hace a su influencia en la crisis en el New Deal, no podemos ser categóricos, pero respuestas destempladas sobre este tema demuestran que muchos ni saben en qué consistió el New Deal, que como vimos, fue mucho más que aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria.

Recordando a mi profesor Valsecchi, hay algunos economistas que suelen enseñar más de lo que saben. Y si lo saben, con explicar estas líneas se contribuye a despejar mitos sobre Keynes y el New Deal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Se abre una esperanza en la situación argentina

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/se-abre-una-esperanza-en-la-situacion-argentina/

 

Como es de público conocimiento, este Gobierno viene a los tumbos en los temas medulares desde hace casi tres años. Puedo sintetizar que estos asuntos se refieren al gasto público elefantiásico, las regulaciones asfixiantes, impuestos insoportables, déficit total creciente, deuda estatal galopante y desbarajuste monetario y cambiario.

Este último tema puede estar en vías de solución. Por el hecho de repetir que la inflación monetaria hace estragos y que la pagan con especial contundencia los más débiles no cambia la validez de la afirmación que debe ser reiterada.

Como tantas veces he escrito, el problema radica en la misma existencia de la banca central, puesto que, aun con los funcionarios más probos y honestos, solo pueden decidir entre tres caminos: a qué tasa expandir la base monetaria, a qué tasa contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos alteran los precios relativos: serán distintos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención de la llamada autoridad monetaria. Si se supone que los funcionarios colocaran la base monetaria en los mismos niveles que la gente hubiera preferido, no tiene sentido la intervención para hacer lo mismo con ahorros de gastos administrativos y, además, el único modo de saber qué quiere la gente es dejarla actuar.

Y debe destacarse que el sistema de precios constituye la única forma de establecer señales para los operadores económicos al efecto de conocer dónde es más eficiente asignar los siempre escasos recursos. Desfigurar las señales deteriora la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. Para resumir, la inflación genera pobreza.

La primara vez que escribí un ensayo extenso sobre la materia fue para el congreso anual de la Mont Pelerin Society, en Sydney, en agosto de 1986, titulado “¿Autoridad monetaria, regla monetaria o moneda de mercado?”, ensayo que también presenté el mismo año en la reunión anual, en Mendoza, de la Asociación Argentina de Economía Política, que se publicó en sus anales. Por otra parte, mi discurso de incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Económicos también versó sobre el mismo asunto: “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

De eso se trata ahora, según una noticia esperanzadora publicada por Infobae que alude a un contacto entre el actual gobierno y Steve Hanke, destacado profesor en Johns Hopkins University a quien conocí en los noventa, primero en México y luego en Buenos Aires. En aquellas oportunidades tuvimos muchas coincidencias y también mantuvimos algunas discusiones sobre la mal llamada convertibilidad, debido a la implementación sin reducir el gasto público, en un contexto de creciente deuda estatal interna y externa (mal llamada porque en la literatura económica alude al intercambio entre moneda-mercancía y el correspondiente recibo representado por el billete bancario y no un billete de un color por otro de color diferente, más bien política monetaria pasiva con tipo fijo). De todos modos, fuera de cuestiones semánticas, continuamos con nuestra correspondencia con Hanke referida a otras cuestiones de gran interés económico-financiero.

Puede decirse que no es el momento ideal para dolarizar, puesto que el futuro del dólar presenta ciertos nubarrones, pero es una manera de zafar del embrollo en que estamos y, además, si se eliminara el curso forzoso, queda abierta la posibilidad de encarar otros caminos, sea con una canasta de monedas u otra variantes más sólidas, eliminando simultáneamente el sistema nefasto de reserva fraccional en los bancos.

Hay otras experiencias de dolarizar en nuestra región como Panamá y Ecuador, ambos países con problemas de distinta índole, pero por lo menos se sacaron de encima el cáncer inflacionario. El contrafáctico es importante: aquellos problemas se hubieran agudizado de no haber mediado la dolarización.

Es de esperar que por lo menos en este caso se muestre algo de imaginación y coraje para enfrentar un flagelo que amenaza con arrastrar todo si no estamos atentos. El profesor Hanke cuenta con sobradas antecedentes exitosos en asesoramiento de gobiernos. No dejemos pasar esta nueva oportunidad que, en su caso, será un primer paso para salir del atolladero.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.