New normality? For humanoids only

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/7/20 en https://alejandrotagliavini.com/2020/07/01/new-normality-for-humanoids-only/

El valle inquietante | Por qué los robots humanoides dan miedo

Among the silly things that become fashionable – and last as long as a shooting star – now the “New Normal” is emerging. Wikipedia tells that, to an article published in 2008 in Bloomberg News, its authors Rich Miller and Matthew Benjamin called it “Post-Subprime Economy Means Subpar Growth as New Normal in U.S.

           Then, the investment fund PIMCO, in early 2009, used the same expression to warn that the return to the situation prior to the 2007-2008 financial crisis would be complex and uncertain. In 2010, Mohamed El-Erian, of PIMCO, declared that “our use of the term was an attempt … (to show) that the crisis (was not) a mere superficial wound … on the contrary, the crisis has penetrated deeply”. Since then, the expression has been replicated by numerous media.

           Starting in 2012, China’s economy began to show a marked slowdown, with growth rates going from double-digit figures to around “moderate” 7%, in 2014 when the Secretary General of the Communist Party, Xi Jinping, declared that China was entering a “new normal” precisely to justify the decline due to less openness to the free market economy.

           Thus, deep down he was warning that a turning point was beginning in the economic opening initiated by Deng Xiaoping at the same time that he defended Marxism (Maoism), and increased the cult of his personality, to “understand and transform the world”. And within this “New Normal”, indeed, are the forced quarantines and the repression of democratic attempts in Hong Kong.

           As Antonio Imízcoz points out, it is a new neo-language term, from the dictionary invented by the Orwell Big Brother dictatorship. What do they want to sell us? continues Imízcoz. Well, nothing is further from what you and I understand by normality … The “new normal” is going to consist in that we can only do what they say, when they say and how they say. And, as Agustín Etchebarne says, “it is easy to be a communist in a free country, the difficult thing is to be free in a communist country”.

             Now, as I have already said in previous columns, “Whenever there is a cause outside beings that forces them to execute what is contrary to their nature or their will, it is said that… they do by force what they do… This will be… the definition of violence … “, wrote Aristotle. Thus, according to Tomás de Aquino “Violence is directly opposed to the voluntary as well as to the natural” and for this reason Etienne Gilson wrote as early as 1989 that for Aquinate “The natural and the violent are mutually exclusive … reciprocally.”

            In other words, violence can never have a natural result. If the “new normal” will be rules coercively – using the state monopoly of violence – imposed against the will of the people, they will simply violate human nature and, sooner rather than later, will be overcome. As the “social distancing”, when during all our life, out of common sense, we know that humans are necessarily sociable, and that kisses and hugs are great, human gifts. Not to mention sex without which humanity would not exist.

             In short, it is only a matter of time before we return to what we have to be, normal and non-humanoid people, robots directed from the central command.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Mendoza se independiza?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/7/2020 en: https://eleconomista.com.ar/2020-07-mendoza-se-independiza/

Cornejo UCR

En estos días ha habido declaraciones sobre una amenaza independentista, en realidad no para ejecutarla pues ello requeriría una reforma constitucional para convertir a nuestro país en una confederación que sustituya la actual federación. Pero esas manifestaciones mendocinas no apuntan a ese objetivo sino más bien a advertir que en un sistema federal el gobierno central no puede exprimir a las provincias y castigarlas según el color político de sus gobernadores, de lo contrario se retorna a la forma unitaria que tanto dolor causó y causa a los argentinos, una actitud que viola la Carta Magna.

Debe tenerse presente que son las provincias las que constituyen la Nación y no el gobierno central. En lugar de encaminarnos al federalismo desde hace décadas se instaura el unitarismo que va de la mano con el estatismo rampante que venimos arrastrando. En verdad, sería de desear que los impuestos nacionales solo fueran  para financiar la Justicia federal, la defensa y las relaciones exteriores y todos los demás tributos debieran ser provinciales y municipales en un proceso de competencia donde los incentivos sean en cada jurisdicción el atraer inversiones y no favorecer que ciudadanos se muden a otra provincia que ofrece mejores condiciones. Incluso, estrictamente considerada, la coparticipación debiera ser de las provincias al gobierno central y no al revés. Pero muy lejos de ello, resulta que nuestros gobiernos nacionales prefieren operar con la billetera y el látigo al efecto de domesticar a las provincias consideradas díscolas.

Respecto a las secesiones, tenemos que tener presente que los argentinos nos separamos de España aunque al decir de Alberdi “dejamos de ser colonia española para ser colonos de nuestros gobiernos” salvo en lo que va desde la Constitución liberal de 1853 a la revuelta fascista del 30 agudizada notablemente a partir del golpe militar del 43, una situación lamentable que hasta ahora no hemos podido revertir.

También las trece colonias estadounidenses se separaron de las garras de Jorge iii y más recientemente Panamá de Colombia, Noruega y Dinamarca del reino de Suecia, Taiwán de China, el afortunado desmembramiento de la Unión Soviética, de modo que no se trata de episodios originales. Pero volviendo al caso argentino,  estimo que las referidas declaraciones públicas, solo deben tomarse como una manifestación de hartazgo por discriminaciones y manotazos del gobierno central en la esperanza de encontrar signos de razonabilidad en los gobernantes que hasta el momento han incrementado el ya muy adiposo gasto público que es financiado con impuestos insoportables, deuda colosal y una expansión monetaria exponencial que a su debido tiempo hará estragos. Todo esto en el contexto de pretendidas intimidaciones contra periodistas, proyectadas reformas judiciales inauditas y forzar el abandono de sonados casos de corrupción en medio de alabanzas al totalitarismo chavista.

Cierro esta nota con el siguiente interrogante retórico: ¿no se percibe que la inacción fruto de la pandemia no permite producir y sin embargo no hay el más mínimo síntoma de reducir la maraña de tributos que recae sobre las espaldas de la gente?

Si no se dan cuenta de la urgencia de eliminar funciones burocráticas incompatibles con un sistema republicano, por lo menos procedan en consecuencia cuando la economía está cayendo abruptamente sin miras de recuperación. Tal vez, subrayo solo tal vez, las angustiosas declaraciones que comentamos desde ámbitos mendocinos puedan servir para despertar del letargo autoritario. Hay quienes toman lo dicho a la chacota pero es un tema muy serio.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

CORONAVIRUS: BIENVENIDO SEA EL AUMENTO DE NÚMERO DE CASOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 28/6/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/06/coronavirus-bienvenido-sea-el-aumento.html

 

Frente al obsesivo y contínuo conteo del “aumento de número de casos”, que, oh casualidad, viene tan bien a los gobiernos autoritarios para seguir encerrando a toda la población, volvemos a hacer las observaciones que ya habíamos hecho el 24 de Abril, en forma de preguntas a los “expertos”:
“… Me parece que no está explicando bien, doctor, la diferencia entre infectado, enfermo y muerto. Infectados con virus y bacterias patógenas, hay miles de millones, que NO se enferman porque el sistema inmunológico funciona (por eso fue tan terrible la situación en los 80 con los infectados de SIDA). Usted sabe, y por ende es cuestión de que todos tomen conciencia, de que en este mismo momento millones y millones de personas tienen dentro virus de gripes, bacterias de anginas, neumonitis y neumonías, y NO se enferman porque su sistema inmunológico mantiene a raya a tan antipáticos intrusos. Usted sabe que hay millones de personas que tuvieron varicela de niños y NO desarrollan el Herpes Zóster porque el sistema inmunológico mantiene latente al virus. Usted sabe que millones de personas respiran el Bacilo de Koch todos los días y no les pasa nada por el mismo motivo.
Por lo tanto infectado es una cosa, enfermo es otra, y mortalidad es otra, porque de los muchos que se enferman de gripe y neumonía no todos mueren, aunque sabe que anualmente son millones los que se mueren por eso, sobre todo porque tienen otras enfermedades, son mayores o son inmunodeprimidos, fumadores o diabéticos o etc.
Ahora bien. Como dice el estatista (yo de economía no entiendo nada…) yo de números no sé nada pero la buena noticia es que si el virus es tan contagioso como usted dice, millones y millones y miles de millones lo podemos tener en este momento. Yo, usted, y el lector. Y no pasa nada, porque el sistema inmunológico nos protege. Ahora le pido que relacione el número de infectados con el número de enfermos y verá que la probabilidad de enfermedad es baja, y compare el número de muertos con el número potencialmente infinito de infectados y verá que la mortandad es baja. Por lo demás, “estar enfermo o no” no es dicotómico. Puede ser muy leve, y también puede agravarse, sí. Usted me va a decir: pero esto es peor. De vuelta, lo dice porque el nro. de muertos es “muy alto”. ¿Muy alto en relación a qué? ¿Al número de infectados? No, como ve, es muy bajo….”
 
Por lo tanto: los gobiernos (y sus esbirros, los medios de comunicación) pueden seguir contando el “nro de casos” hasta el infinito, y eso no significa nada. Es más, cada vez que ellos, los nuevos dioses, “abran”, entonces es muy probable que el nro. de casos aumente, porque la cuarentena, como mucho, ha disminuido la posibilidad de desarrollar inmunidad contra el virus, y entonces “todos adentro de vuelta” en un eterno retorno infinito de las cuarentenas. ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de esta locura total? ¿Cuándo vamos a reaccionar? ¿Cuándo vamos a advertir que hay muchos médicos, virólogos y etc que piensan exactamente esto Y NO SON ESCUCHADOS POR NINGÚN GOBIERNO PORQUE A NINGÚN GOBIERNO (o sea, conjunto de secuestradores) LE CONVIENE?
CIUDADANOS, REACCIONEN!!! ¡DEJEN DE ESCUCHAR A GOBIERNOS Y A LOS MEDIOS OBEDIENTES!! COMUNICADORES, REACCIONEN, DEJEN DE OBEDECER A LOS GOBIERNOS!! ¡POLICÍAS, REACCIONEN, DEJEN DE OBEDECER A SUS GOBIERNOS!!!!!
Estamos atravesando la circunstancia histórica más espantosa luego de la Segunda Guerra, con la diferencia de que ahora nadie se da cuenta de que Hitler ha invadido Polonia. Y, si alguna vez esto termina, la verguenza que sentirán muchos será equivalente a los millones de ex soldados de Hitler y Mussolini (a los cuales habría que agregar a los de los soviéticos si le hubieran hecho caso a Patton).
Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Déficit fiscal, balance comercial y crisis de deuda:

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 5/3/20 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__176/10

 

 

El gobierno argentino está pasando por un momento muy difícil. Lo que el individuo de la calle no termina de comprender es a qué cosa le llamamos los economistas una “crisis de deuda”. El crédito es una facilidad que debe guardar relación estricta con la capacidad de pago, la capacidad de generar recursos genuinos, la conducta prudencial del deudor, y la seriedad y consistencia de quienes se obligan a pagar en el futuro, obligaciones contraídas hoy.

Analizando estas variables, los funcionarios que deban negociar el refinanciamiento de las obligaciones soberanas no corren con ventajas. Más bien, deben arrastrar un pesado lastre que los argentinos nos negamos a soltar de una vez. La capacidad de pago de nuestro gobierno está fuertemente limitada. Toda vez que el grueso del gasto público se aplica a financiar erogaciones corrientes en salarios, subsidios y transferencias de recursos destinadas excluyentemente al consumo. La inversión privada neta ha desaparecido, corrida por los Valores Actuales Netos negativos que devienen de descontar flujos de fondos futuros a tasas de interés estratosféricas. Sin inversión, no hay formación de capital, ni crecimiento sostenido, como veremos más adelante. Agrava este tema que los niveles de alícuotas impositivas alcanzan porcentajes extremos, en relación a las bases imponibles que gravan. Eso impacta en la rentabilidad de las empresas. Lo que deprime el valor de las acciones y participaciones sociales. Y empuja a los inversores a otras alternativas, incluso, fuera del país. Quedan muy pocas dudas en relación a que se han superado, claramente los límites que maximizan la recaudación. Y que transitamos cómodamente por la rama descendente de la curva de Laffer.[1]

Como decíamos: La capacidad de generar recursos genuinos de una economía, guarda estricta relación con el stock de capital. Esto en Argentina ha sido negado por décadas. Partidos políticos mayoritarios han levantado la bandera de estar “combatiendo al capital”. Como si eso fuera una reivindicación social de los sectores de menores recursos. Cuando, en verdad, las tasas de acumulación de capital son el verdadero determinante del nivel de salarios. Y eso es lo que hace aumentar los ingresos de los sectores de menores recursos y posibilita la movilidad social. Si lo analizamos con criterio, los incentivos que hacen que un trabajador mexicano, nicaragüense o salvadoreño arriesgue su vida tratando de entrar a los EE.UU. evidencian que no es ni su nivel de capacitación profesional, ni su inclinación y voluntad de trabajo lo que lo condena a salarios de hambre en su país de origen. Todas variables que de ninguna manera cambian cuando cruza una frontera. Sino las bajísimas tasas de capitalización que condenan a la pobreza a las economías en desarrollo. Esto es exactamente lo mismo que les pasa a los migrantes del África subsahariana. Que también arriesgan sus vidas para tratar de llegar a Europa. En la mayoría de los casos, tristemente, en forma infructuosa.[2]

La conducta de las sucesivas administraciones tampoco es algo que pueda dar tranquilidad y confianza a los deudores ni a los inversores. No importa que cambie el partido gobernante. Lo que no cambia es la enfermedad crónica de los gobiernos argentinos de administrar manteniendo un déficit fiscal crónico, muchas veces financiado con emisión monetaria. Eso es visto con alarma por los inversores y los prestamistas que invierten en títulos de riesgo soberano. La emisión dispara una espiral inflacionaria, algo que también se negó por décadas, y que tampoco hoy nadie discute en ningún claustro académico serio. Y la inflación destruye los ahorros, lo cual reduce a su mínima expresión al mercado de fondos prestables. Que es adonde acuden las empresas pequeñas y medianas para obtener fondos para sus necesidades operativas. Ya que no pueden acudir a los mercados internacionales, por su limitada escala. Esto hace caer la productividad de la economía. Y por ende, la recaudación tributaria.

Otro problema que genera la inflación, y que es menos advertido por el ciudadano común, es que hace imposible el cálculo económico. Como dijimos más arriba, las decisiones de inversión de las empresas se toman a partir del descuento de flujos de fondos futuros esperados.[3] Estás proyecciones, son muy difíciles de hacer en un marco de estabilidad monetaria. Y requieren de un altísimo grado de profesionalismo. Son materia de expertos con mucha experiencia en la materia. Pero se tornan técnicamente imposibles en un contexto inflacionario, porque el principal problema de la inflación es que distorsiona la matriz de precios relativos de cualquier economía. Deformando y alterando las relaciones de precios entre los insumos y los productos. Lo que hace imposible determinar la rentabilidad de un proyecto en el mediano plazo. Qué es, precisamente, lo que se necesita conocer, para poder determinar el valor actual neto del proyecto, (VAN). La inflación deja a los empresarios sin herramientas de cálculo, precisamente por el impacto de lo que, en la literatura especializada se denomina “Efecto Cantillon”[4]. Justamente esta distorsión de las relaciones de precios entre los diferentes componentes del proyecto a evaluar[5].

La seriedad y consistencia de quienes toman deuda en los mercados internacionales se evidencia en el cumplimiento puntual, de los plazos y montos pactados. Una continua política de renegociación de montos y alargamiento de los plazos, incluso, bajo la amenaza del incumplimiento liso y llano, impide que las entidades financieras internacionales que han aportado los fondos, los recuperen dentro del marco de sus planes. E impacta fuertemente en la disponibilidad de recursos que pueda tener el sistema financiero local para abastecer a las empresas medianas, que, como se ha dicho, no acceden a los mercados internacionales. Asimismo, produce una astringencia de fondos prestables en el mercado bursátil, que es donde invierten habitualmente los fondos de inversión de riesgo. Y que es la otra vía de financiamiento con  que cuentan las empresas locales, ya sea mediante obligaciones negociables o la negociación de títulos de crédito como pagarés en dólares, cheques de pago diferido o facturas de crédito. Estos mercados también se ven fuertemente reducidos por la mera amenaza de incumplimiento de las obligaciones soberanas. Lo cual afecta el capital de trabajo de las empresas, su productividad, y de nuevo, la recaudación impositiva. Asimismo, produce el aumento de los costos del financiamiento y la consecuente reducción de la rentabilidad de las empresas. Que les  impide acceder a integrar los fondos de maniobra que financian sus necesidades operativas de fondos. De nuevo se reduce la productividad y los volúmenes de producción. Al haber menos producción en relación al activo fijo inmovilizado, esto aumenta la incidencia de los costos fijos sobre los costos unitarios totales. Lo que retroalimenta la caída de rentabilidad.

Esta es la causa principal que reduce los excedentes de producción que las empresas pueden destinar a los mercados de exportación. La presión compradora de estos mercados empuja al alza los precios en los mercados domésticos, por la mencionada reducción de la oferta de bienes y servicios en el mercado local. La disminución de la oferta de bienes, enfrenta un aumento en la oferta de dinero líquido, inyectado por el gobierno, para financiar su gasto desbocado. Esto retroalimenta la inflación, agravando la reducción de las exportaciones y empujando al alza a la cotización de las divisas. Una apreciación de las divisas, la contracara de la devaluación de nuestra moneda, debería impulsar a un aumento de la inversión para aumentar las exportaciones. Lo cual no ocurre, por las razones detalladas anteriormente. Si además, el gobierno pretende imponer mayores retenciones a las exportaciones, para recaudar más e intentar cancelar deuda, solo consigue estrangularse solo. Estas medidas solo logran reducir el volumen del comercio exterior, como ya explicó hacen más de  2 siglos David Hume. Porque no se puede importar sin exportar ni exportar sin importar[6]. Además, el incremento de los aranceles que gravan nuestras exportaciones al exterior, afectan la rentabilidad de la actividad exportadora, la dejan sin fuentes de financiamiento, reducen sus márgenes de endeudamiento en relación a ventas, por el aumento del riesgo soberano y al disminuir las fuentes de generación de ingresos de divisas, condenan a nuestra economía a un cada vez mayor cierre, que la priva de poder incorporar tecnologías, maquinarias de última generación y sigue impactando en la pérdida de competitividad internacional de nuestras empresas.

Urge reducir fuertemente el gasto público improductivo. revisar a todos los niveles la administración pública nacional, llevando adelante una presupuestación de base cero. Equilibrar el presupuesto, para poder reducir las alícuotas impositivas y retroceder en la curva de Laffer a niveles de razonabilidad fiscal. Detener la emisión monetaria, de modo de dotar al dinero de mayor estabilidad y obligar al gobierno a abandonar esa fuente de financiamiento, mediante la eliminación de la obligatoriedad de pactar todos los contratos en pesos. La utilización de contratos nominados en divisas proporcionará estabilidad de las relaciones insumo producto y mucha mayor certeza en el cumplimiento de las obligaciones crediticias privadas. Esto haría caer las tasas de riesgo país, abaratando el crédito privado e impulsando la inversión y el crecimiento.

[1] https://www.rankia.com/blog/golpe-efecto/4028592-politicas-oferta-curva-laffer-gasto-era-reagan

[2] https://www.youtube.com/watch?v=sXhA8MbaaZA

[3] http://www.fao.org/3/a0323s/a0323s09.htm

[4] https://www.eseade.edu.ar/wp-content/uploads/2016/08/Alonso-Neira.pdf

[5] https://www.cronista.com/columnistas/Banco-Central-el-falsificador-serial-20190130-0061.html

[6] https://bazar.ufm.edu/david-hume-sobre-la-balanza-comercial-pero-en-realidad-sobre-la-moneda-y-el-ajuste-de-los-precios/

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor. 

 

 

 

Los impuestos y la guerra

Por Gabriel Boragina. Publicado en: 

 

“Insistiendo en la importancia del impuesto para afrontar las obligaciones -del Estado moderno, consignamos en seguida algunas cifras oficiales vinculadas con el enorme esfuerzo bélico realizado por los Estados Unidos de América para afrontar a las dos terribles guerras en las que le ha tocado intervenir en el curso de los últimos cincuenta años. De los mencionados guarismos surgirá toda la trascendencia que asumen los impuestos para solventar necesidades ordinarias y extraordinarias, justificando así nítidamente el fundamento económico del impuesto, al que nos hemos referido en los comienzos de este párrafo.”[1]

La única obligación del gobierno es la de respetar el derecho de los gobernados que -en suma- son sus mandantes, y el mandato que le han otorgado a ese gobierno no es -por cierto- para que este desfalque a su mandante, sino para que proteja sus bienes (vida, libertad y propiedad, en este mismo orden). El impuesto solo puede hallar cierta justificación en lo que señalamos, y no en otros motivos espurios.

En el ejemplo elegido, la intervención de los Estados Unidos en ambas guerras fue una decisión pura y exclusivamente gubernamental. En ninguna de ambas contiendas los Estados Unidos fueron un país ni agredido, ni invadido por las naciones beligerantes.

El ataque japonés a la base militar estadounidense de Pearl Harbor en modo alguno justificaba que los Estados Unidos entraran en la guerra que -ya iniciada- se estaba librando en Europa, toda vez que el tema se podría haber solventado con una contraofensiva contra el Japón en represalia que, en rigor, fueron los atacantes. En consecuencia, la elección del modelo es, desde todo punto de vista, desafortunada.

Con todo, podemos conceder que en caso de que una nación sea atacada, eche mano a impuestos extraordinarios para solventar su defensa. Pero la excepción no puede constituirse en regla como quiere presentarlo Goldstein en su artículo. Esto no es ningún justificativo económico del impuesto o, al menos, no lo es para situaciones fuera de una guerra. Pero, además, existe la posibilidad que el gobierno no usara eficientemente esos recursos extraordinarios, y el gasto hubiera sido -si bien necesario en parte- en su mayor proporción un derroche. Un buen estratega militar probablemente hubiera ganado la guerra con una menor carga fiscal, pero más eficientemente empleada.

Es verdad que en los Estados Unidos soportaron una carga fiscal brutal a los que fueron sometidos sus ciudadanos por parte de los gobiernos norteamericanos y que el autor se esmera en detallar numéricamente (no vamos a reproducirlo por su extensión y por ser un dato histórico sobradamente conocido) pero omite la pregunta fundamental ¿tenía opción el contribuyente americano para negarse a sufragar dichos costos fiscales astronómicos (como el mismo autor los denomina)? La respuesta es no. O pagaba o iba a la cárcel. Es decir, para combatir a un totalitarismo político (la amenaza nazi) se recurrió a otro totalitarismo (fiscal).

También pasa por alto otro dato no menos importante: para poder cobrar esos impuestos debió existir antes de que el gobierno los creara y aplicara una acumulación de capital tal que permitiera recaudarlos. Y para que ese acopio tuviera lugar la carga fiscal anterior debía ser y fue muy baja. El pueblo americano no recogía el dinero que “crecía en los árboles”. Simplemente, el gobierno -antes de la guerra- no entorpecía con impuestos la provisión de capital o lo hacía en muy escasa medida.

“Los ingresos por concepto de impuestos durante los años 1941-1945 eran aproximadamente de 138,5 billones de dólares, de los cuales las entradas por diversos conceptos e impuesto a las ganancias individuales, llegó al 36,2 %; las asociaciones y sociedades, el 34,2 % y el 29,6 % restante procedía de otros recursos. Desde el 15 de mayo de 1941, en cuya fecha el presidente Roosevelt vendió el primer Bono de Ahorro de la serie “E”, hasta que fue depositado en el Tesoro Nacional el último Bono del Victory Loan, el 3 de junio de 1943, se vendieron en todo el territorio de los Estados Unidos 185.700 billones de Bonos para financiar la guerra. Alrededor de dos tercios fueron adquiridos por sociedades y corporaciones y un tercio, por personas individuales o físicas “[2]

El autor, reiteramos, utiliza todos estos datos simplemente para justificar -según su punto de vista- lo que él llama el “fundamento económico del impuesto”. Pero -como ya advertimos- emplear el patrón excepcional de una guerra (o de dos como en el caso) usando -para colmo- como muestra al país más poderoso económicamente del planeta no establece “fundamento” de nada. Roosevelt pudo aplicar un fuerte intervencionismo económico sencillamente porque fue presidente del país más capitalizado del mundo, que de no haber sido así le hubiera sido imposible recaudar ni un solo dólar.

Omite también que esos bonos deberían ser rescatados en su momento, para lo cual el gobierno tuvo que volver a subir los impuestos (ya sin guerra de por medio) castigando por partida doble al sufrido contribuyente americano.

Nada de lo que el autor comenta puede cambiar el hecho de que los impuestos descapitalizan la economía del país donde se recaudan, y esto sucedió tanto en Estados Unidos durante las dos guerras mundiales como después de ellas y hasta hoy ocurre, no solo allí sino en todas partes del mundo.

“Y este enorme esfuerzo consumado por una nación democrática, con la aquiescencia de sus poderes políticos en pleno funcionamiento a pesar de las difíciles circunstancias, no significó ni con mucho la ruina de los diversos sectores de la población, ni la injusticia para con alguno de ellos, ni el desequilibrio en la imposición que es característico de los regímenes oligárquicos o despóticos. El pueblo americano soportó la carga de los impuestos sin perder la serenidad, en la confianza de que todos los habitantes, sin excepción, colaboraban en un esfuerzo tenso en el que se hallaba comprometida la seguridad de su país y la libertad del ser humano.”[3]

El esfuerzo no lo hizo la “nación” si con este término se quiere referir a lo que hasta ahora el autor ha denominado el “estado”. Pero si, si con él quiere referirse al pueblo americano. Vamos a conceder el beneficio de la duda respecto de los “diversos sectores”, pero no es tan seguro que muchos individuos no hayan terminado arruinados por la política fiscal.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Crisis de deuda: otra oportunidad perdida

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 13/6/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/13/crisis-de-deuda-otra-oportunidad-perdida/

 

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

Se suele decir que el primer mandamiento de la economía es reconocer que los recursos son escasos, y que el primer mandamiento de la política es ignorar el primer mandamiento de la economía. Mientras que en economía se parte de reconocer que no es posible hacer todo lo que queremos, el arte de la política consiste en prometer lo imposible. Argentina es caso paradigmático de esta falta de realismo económico. Ya sabemos en qué termina prometer lo imposible: inflación, crisis cambiarias, pobreza estructura, expropiaciones, y también en crisis de deuda. Todo lo que Argentina ha experimentado en los últimos 70 años.

Lamentablemente, pero sin que sea sorpresa, el Gobierno insiste en repetir los mismos errores que llevaron al país a la actual crisis de deuda. Nos presentaron al ministro Martín Guzmán como un experto en deuda que iba a enseñarle al mundo como negociar un canje. Sin embargo, tras una escasa aceptación a su oferta de canje el Gobierno ha caído nuevamente en default. Historia repetida: en sólo los últimos 20 años la Argentina ha defaulteado su deuda en tres ocasiones. Un triste récord que debería generar vergüenza en lugar de motivar la característica épica nacionalista en los políticos de turno. Sin embargo, en temas económicos Argentina es el mundo del revés.

Un default se da cuando un país tiene más deuda de la que puede pagar. Un país tiene una deuda que no puede pagar cuando tiene un déficit que no puede financiar. Y un déficit que no se puede financiar es fruto de un estado más grande del que se puede sostener. El problema de la deuda no se soluciona con un canje exitoso, sino reformando el Estado de modo tal que el mismo sea sostenible.

La solución al problema de la deuda no requiere de complejos planes económicos. El problema no es la dificultad de encontrar una elusiva fórmula económica que solucione los desequilibrios macro del país. El problema de la deuda se soluciona con voluntad política. Hay que reconocer que el tamaño del Estado es insostenible y llevar adelante reformas estructurales de fondo. La situación es similar a la del médico que prescribe dieta y ejercicio a un paciente que no tiene la voluntad de hacer los deberes. Tarde o temprano, a la economía como al paciente, la realidad les pasa factura. La responsabilidad es del paciente, no del médico.

Sin embargo, vemos que el Gobierno ignora el problema del sobredimensionamiento del Estado. En los hechos actúa como si los recursos no fuesen escasos. Pide a los acreedores la buena fe de aceptar la quita que sea necesaria, pero sin tocar el gasto público. Por el otro lado, la oposición no parece tener interés en mover una agenda de reformas estructurales que lleven a una solución de fondo. Ni la combinación de un nuevo default con la actual pandemia parece ser suficiente para despertar a la dirigencia política.

Argentina es como un Titanic que choca repetidamente con un iceberg. Luego de cada choque cambia de capitán, pero no de curso. Eventualmente vuelve a chocar con un iceberg. Cambian los gobiernos, partidos, e ideologías, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo. Lamentablemente, la actual crisis económica se perfila a ser otra de las tantas oportunidades perdidas. El Gobierno debe entender que evitar el default no es suficiente. Guste o no, es necesario revisar el tamaño del Estado.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

 

La fina piel comunista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/6/20 en:  https://younews.larazon.es/la-fina-piel-comunista/

Ante la protesta de Iván Espinosa de los Monteros por los comentarios insultantes de Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados, Patxi López reprochó al dirigente de Vox, y dijo: «algunos tienen la piel muy fina». Después se disculpó.
Entonces recordé una noticia que leí hace tiempo en «El País» sobre la primera condena por genocidio de dos líderes de los jemeres rojos de Camboya.
El comunismo es un sistema criminal, pero en ninguna parte como en Camboya. No en número absolutos, desde luego, porque los dos millones de personas asesinadas allí entre 1975 y 1979 son menos que las decenas de millones en China o Rusia. Pero en términos porcentuales los comunistas lograron en Camboya un récord histórico, porque mataron a la cuarta parte de la población.
¿Y por qué me llamó la atención la noticia? Porque en el artículo de «El País» las palabras comunismo o socialismo no aparecen ni una sola vez. Se habla de «brutal sistema ultramaoísta», como si la brutalidad no estribara en el comunismo, ni en el maoísmo, sino sólo en impulsar a éste hasta el extremo. Se nos informaba que Pol Pot y sus acólitos pretendieron una «revolución social» para establecer «una sociedad atea y homogénea suprimiendo todas las diferencias étnicas, nacionales, religiosas, raciales, de clase y culturales».
Pero es del todo evidente que Pol Pot era un anticapitalista, otra expresión que no aparecía en el periódico, y su política lo fue. Y no era ningún secreto para nadie.
Pol Pot era un hombre de izquierdas, y sus reformas fueron claramente anticapitalistas. Como la inmensa mayoría de estos pretendidos líderes del pueblo, era un señorito. Estudió en París, se hizo comunista allí, muy joven, y jamás dejó de serlo. Fue Secretario General del Partido Comunista de su país de 1963 a 1981. Bajo su férula la nación pasó a denominarse, lógicamente, «Kampuchea Democrática», faltaría más, y fue un Estado comunista.
En fin, al menos hubo una película sobre los crímenes del comunismo en Camboya, la famosa «Los gritos del silencio», de 1984, dirigida por Roland Joffé, y protagonizada por Haing S. Ngor y Sam Waterston.
Muy pocas películas habrá visto usted sobre la violencia de los anticapitalistas. Efectivamente, algunos tienen la piel muy fina.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Las ideas económicas de Belgrano

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 16/6/2020 en: https://www.lanacion.com.ar/politica/las-ideas-economicas-belgrano-nid2380884

 

Manuel Belgrano, de cuya muerte se cumplirán 200 años el próximo sábado, cuenta en su autobiografía que luego de terminado sus estudios en el Colegio de San Carlos, su padre lo envió a estudiar la carrera de leyes en Salamanca, luego en Madrid y finalmente se graduó en la Universidad de Valladolid. Confiesa que no se dedicó a profundizar los estudios de la legislación sino preferentemente de la economía. “Como en época de 1789 me hallaba en España y la revolución en Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad”, consigna.

Es pertinente en este contexto subrayar que la Declaración de los Derechos del Hombre en sus dos primeros artículos enfatizaba la importancia de la igualdad de derechos ante la ley y la inviolabilidad de la propiedad privada, todo ello antes de la contrarrevolución de los jacobinos que dieron por tierra con los propósitos iniciales.

En 1794 Belgrano fue designado Secretario del Consulado de Comercio en Buenos Aires desde donde inspiró la creación del Telégrafo Mercantil y abogó por el librecambio a través de reiterados informes pero en permanente conflicto con los vocales de la entidad que eran comerciantes con intereses monopólicos en Cádiz. Duró en el cargo hasta poco antes de la Revolución de 1810, luego de la cual fundó el Correo de Comercio al efecto de difundir las mismas ideas de apertura comercial y colaboró en la destitución del Virrey, a quien sustituyó como vocal de la Primera Junta y posteriormente influyó en el Congreso de Tucumán donde patrocinó, sin éxito, el establecimiento de una monarquía constitucional.

Su desempeño militar y la inauguración del símbolo patrio estuvieron subordinados a sus ideales liberales a veces lamentablemente opacados por visiones que desconocen sus preocupaciones principales inspiradas por autores como Jovellanos, Quesnay, Dupont de Nemours y Adam Smith como él mismo destaca.

En vista de lo que viene ocurriendo en nuestro país a pesar de los repetidos fracasos estrepitosos en el control de precios por los aparatos estatales, es de interés leer lo escrito por Belgrano en la materia. En un artículo de su autoría publicado bajo el título de “Economía política” -que reproduce Luis Roque Gondra en Ideas económicas de Belgrano – escribe que “dejemos de cuentos, no hay fiel ejecutor ni tasa mejor que la concurrencia; esta es la que nivela y arregla los precios entre el comprador y el vendedor, ninguna cosa tiene un valor real, ni efectivo en si misma, solo tiene el que nosotros le queramos dar, y este se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella, a los medios de satisfacer esta inclinación, a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia; con lo que no hay otro camino que seguir para asegurar al público en el buen surtimiento de los frutos del consumo que dejar a la libertad y a la concurrencia que tasen y nivelen los precios por si mismas.”

Por otra parte, a raíz de los mal llamados proteccionismos que en verdad desprotegen a la población del país receptor en alianza con empresarios prebendarios que sacan partida de bienes de menor calidad y precio mayor, es también provechoso repasar otra de las presentaciones de Belgrano donde subraya la trascendencia de abrir los puertos de par en par al comercio, esta vez una Memoria que leyó ante los miembros del Consulado y reproducidas en la recopilación de sus múltiples trabajos en Escritos económicos donde insiste “que se de entera libertad al comercio pues la policía del comercio interior y exterior más segura, exacta y provechosa para la nación consiste en la plena libertad de la concurrencia.”

Es bueno tomar nota de los consejos de Belgrano y no empecinarse en consideraciones patrioteras.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La cuarentena es un auténtico genocidio

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 16/6/20 en:  https://alejandrotagliavini.com/2020/06/16/la-cuarentena-es-un-autentico-genocidio/

 

Es increíble que en parte del mundo se haya instalado una solución de “medicina medieval”, como describen los mejores especialistas a la cuarentena, o de “medicina” maoísta para ponerlo en términos modernos, que rompe con la lógica, con la naturaleza humana desde que encerar no es normal, es violenta, y viola derechos humanos como la libertad. Pero más increíble es que, ante la evidencia, no solo no recapacitan, sino que dan vuelta los datos y la lógica para justificarse.

En otra columna, ya escribí que ésta “pandemia” es otra gripe, según especialistas serios como Michael Levitt o Pablo Goldsmith. De hecho, al Covid 19 se le atribuyen unas 450.000 muertes -concediendo que esta cantidad no esté muy “inflada”- mientras que la burocracia maoísta de la OMS estima que anualmente por influenza mueren hasta 650.000 (en Argentina, por caso, son unas 32.000).

Ahora, quienes apoyan la medicina medieval, contra argumentan que de no ser por las cuarentenas morirían muchísimos más, lo que no es más que ciencia ficción, de hecho, es al revés mueren más porque encerrados se debilitan y de todos modos se contagian en los ascensores, al salir a los balcones y demás.

Pero supongamos que las cuarentenas evitaron cinco millones de muertos en el mundo, según los más alarmistas. Multipliquemos por diez el alarmismo, y creamos el disparate de que morirían 50 millones. Hasta la oficialista ONU asegura que por “la pandemia”, es decir, los efectos económicos de las cuarentenas y otras represiones estatales, en 2020 se sumarán 130 millones de personas que podrían estar cerca de morir de hambre a las 135 millones del 2019. ¡130 millones! Un genocidio, verdadero.

Además, hay que sumar la violencia que se desprende del monopolio de la violencia con la que el Estado impone cuarentenas, como femicidios, violencia intrafamiliar, suicidios y demás. El destacado economista argentino Miguel Boggiano señala que están cerrando cientos de empresas por la cuarentena, (el Estado) está avanzando sobre la propiedad privada… mientras tiene hacinados a los pacientes con Covid-19. Por cierto, las empresas que cierran son millones en todo el mundo.

Pero lo más irónico es que la salud global está empeorando, la tasa general de fallecimientos se dispara. Porque, con la excusa del coronavirus, se han suspendido millones de tratamientos como, por caso, el de Adela en Perú que se sometió a sesiones de quimioterapia en el Hospital Rebagliati de EsSalud y, cuando la enfermedad estaba cediendo, su tratamiento fue cancelado.

Cuentan J. Hoffman y R. Maclean que “la lucha por detener al coronavirus” -léase las cuarentenas y otras restricciones- acelera otras enfermedades. Entre otras cosas porque los vuelos con medicinas y ayuda fueron prohibidos o desviados. La difteria está apareciendo en Pakistán, Bangladesh y Nepal, el cólera en Sudán del Sur, Camerún, Mozambique, Yemen y Bangladesh. Una cepa mutada de poliovirus en más de 30 países. Y el sarampión -que es más contagioso que el coronavirus- se propaga por el mundo, incluidos Bangladesh, Brasil, Camboya, República Centroafricana, Irak, Kazajstán, Nepal, Nigeria y Uzbekistán.

El riesgo es “una epidemia que matará a más niños que el COVID-19”, dijo Chibuzo Okonta, de Médicos Sin Fronteras. Un auténtico genocidio. Solo espero que esto le sirva a la humanidad para comprender que no se puede manejar por miedo, ni con violencia.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Un autor extraordinario para nuestros días

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 13/6/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/13/un-autor-extraordinario-para-nuestros-dias/

 

Hay autores cuyos escritos conservan actualidad por más que transcurra el tiempo. Como bien ha consignado Italo Calvino, “los libros clásicos son aquellos que nunca terminan de decir lo que tienen que decir”. Son aquellos que van al hueso de las cosas y no se entretienen con lo meramente coyuntural por lo que sus consideraciones abarcan períodos muy extensos puesto que ayudan a reflexionar a las mentes curiosas de cualquier época. Este es, por ejemplo, el caso de Richard Pipes (1923-2018), el eximio profesor de historia en la Universidad de Harvard, nacido en Polonia y radicado desde muy joven en Estados Unidos.

Tuve el privilegio de conocerlo en el congreso anual de la Mont Pelerin Society en Chatanooga (Tennesse) en septiembre de 2003, oportunidad en que ambos presentamos trabajos que expusimos ante el plenario por lo que pude intercambiar ideas durante un almuerzo muy bien organizado en el que participamos los panelistas. Un hombre de una versación formidable y, como todo intelectual de peso, siempre muy solícito para responder interrogatorios de muy variado tenor.

Sus obras son múltiples pero en esta nota periodística me limito a los tres libros que tengo de su autoría en mi biblioteca, traducidos al castellano. Se trata de Propiedad y libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (México, Fondo de Cultura Económica, 1999/2002), Historia del comunismo (Barcelona, Mondadori, 2001/2002) y La Revolución Rusa (Madrid, Debate, 1990/2016).

El primer libro está consubstanciado con lo mejor de la tradición de pensamiento liberal en el sentido que sin el uso y disposición de lo propio, comenzando por la vida, la exteriorización del propio pensamiento y la plena disposición de los bienes adquiridos legítimamente, sin estos atributos decimos, no hay libertad posible. La libertad es ausencia de coacción por parte de otros hombres ya que el uso de la fuerza agresiva no permite lo anterior.

En este contexto es del caso recordar que Ludwig von Mises ha demostrado en los años 20 que el socialismo es un imposible técnico ya que la abolición de la propiedad que propugna no permite la existencia de precios y, por ende, no resulta posible la evaluación de proyectos y la contabilidad con lo que no se conoce el grado de despilfarro de capital. En otros términos, no hay tal cosa como economía socialista. Y es importante recalcar que sin necesidad de abolir la propiedad, en la medida en que se daña esta institución crucial se producen efectos adversos en cuanto a desajustes y distorsión de los precios relativos que inexorablemente malguian los siempre escasos factores de producción con lo que los salarios e ingresos en términos reales disminuyen.

En aquella obra sobre la propiedad, Pipes pasa revista a los instintos de los animales en cuanto a la territorialidad y los correspondientes trabajos de etología, principalmente de Konrad Lorenz y de Nikolas Tinbergen, a la natural noción de propiedad entre los niños y entre los pueblos primitivos a pesar de no contar con registros de propiedad.

Se detiene a considerar el caso del fascismo y el nacionalsocialismo como sistemas en los que se permite “o más bien se tolera” el registro de la propiedad pero en verdad se trata de “una propiedad condicional, bajo la cual el Estado, el propietario en última instancia, se reserva el derecho a intervenir e incluso a confiscar los bienes que a su juicio se usan inadecuadamente”.

Subraya que en el llamado “estado de bienestar” donde “la agresión sobre los derechos de propiedad no siempre es evidente porque se lleva a cabo en nombre del ´bien común´, un concepto elástico, definido por aquellos cuyos intereses sirve”. En la era de las carreras desenfrenadas por los proyectos de ley, pondera al “gran estadista inglés de mediados del siglo XVIII, William Pitt el viejo, conde de Chatham, quien fue primer ministro durante ocho años, no elevó un solo proyecto de ley al Parlamento […] como apuntó Frederick Hayek, todo aumento del alcance del poder estatal, en si y de por si, amenaza la libertad”. Y muestra cómo las expropiaciones fundadas en ley “a menudo se asemejan a la confiscación” .

También puntualiza que “el verbo discriminar ha siso politizado hasta tal punto que casi ha perdido su sentido original” y se ha convertido en un ataque a la propiedad de cada cual al restringir la capacidad de elegir, optar y preferir confundiéndose con la discriminación por parte de los aparatos estatales al proceder en sentido contrario a la igualdad ante la ley.

Termina su obra, luego de analizar muy diversos casos históricos, con el tema educativo lamentándose de que “cada vez más las instituciones de la enseñanza superior se encuentran bajo la vigilancia de la burocracia federal”.

En el segundo libro sobre el historial del comunismo, Pipes estudia los casos cubano, chino, chileno de Allende, soviético, de Camboya, Etiopía, Corea del Norte con una documentación muy rigurosa donde pone de manifiesto los resultados calamitosos del sistema.

Explica que “el comunismo no es una buena idea que salió mal, sino una mala idea […] el marxismo, fundamento teórico del comunismo, lleva en sí la semilla de su propia destrucción, tal como Marx y Engels le habían atribuido erróneamente al capitalismo”. Finalmente subraya el tema tan importante de los incentivos perversos inherentes al comunismo por lo que “desarrolla los instintos más rapaces”.

Hago a esta altura una digresión para aludir a Eudocio Ravines (1897-1997), quien fuera Premio Mao y Premio Lenin y cuenta en su autobiografía que su primer paso hacia la conversión fue considerar que el problema radicaba en el mal manejo y el espíritu sanguinario de Stalin. Tardó mucho en percatarse que la raíz del problema estaba en el sistema y no en los administradores.

Pipes cita en esta segunda obra El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Stephane Courtois y sus colegas, un volumen donde se contabilizan más de cien millones de masacrados por el comunismo de 1917 a 1989 además de las asfixias por las feroces represiones y las espantosas hambrunas provocadas por el régimen. Escribe Pipes: “Los movimientos y regímenes revolucionarios tienden, en cierta medida, a hacerse cada vez más radicales y más implacables. Esto sucede porque, después de sucesivos fracasos, sus dirigentes, en lugar de reexaminar sus premisas fundamentales -dado que son éstas las que proporcionan las bases lógicas de su existencia- prefieren ponerlas en práctica aun con mayor rigor”. Este es el resultado indefectible de la fantasía criminal de producir “el hombre nuevo” y “la felicidad eterna” en base a los aparatos estatales desbocados, cuando en verdad desde la primera restricción a la libertad por más inocente que pueda parecer al comienzo se están sentando las bases para la destrucción moral y material bajo las directivas implacables de los mandones de turno.

El tercer y último libro que comentamos aquí muy brevemente es el que se refiere a la revolución rusa (1045 páginas en la edición referida). Como he apuntado antes en base al monumental obra de Pipes, el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (el terrible), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente se vio obligado a entregar el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que recibía de parte de las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por Maria y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art. 2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder.

Como queda dicho, la obra de Richard Pipes no se agota en los tres libros que hemos mencionado, pero da una idea de la dimensión de las faenas emprendidas por este notable historiador que permiten extraer valiosas enseñanzas para los momentos que actualmente vivimos, en los que con la etiqueta del nacionalismo se vuelven a repetir los errores del pasado.

La tarea para aquellos que pretenden vivir en una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradado en dirección a cleptocracias de distinto grado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h