La caja, las normas y la autoridad

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 29/12/11 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7067

Desafortunadamente en gran medida en América Latina se vienen sucediendo gobiernos de izquierda estatizando todo lo que pueden, intercalados con sus primos hermanos, los de derecha que, por una parte prefieren que los gobiernos manejen los flujos de fondos en lugar de estatizar y, sobre todo, se obsesionan con que la caja esté equilibrada, que se cumplan las normas (especialmente en materia tributaria) y pretenden reverencias a la autoridad, entendiendo por tal las investiduras de las burocracias gubernamentales.

Personalmente me infunden más temor los segundos. Primero porque el peso del Leviatán puede penetrar con más profundidad envuelto en cáscaras de “sector privado”. Segundo porque el gasto público puede elevarse a niveles exorbitantes siempre y cuando los ingresos se equiparen a las erogaciones como si fuera una virtud que el aparato estatal expropie todos los patrimonios mientras no haya déficit fiscal.

En tercer lugar estos derechistas tienen una noción por cierto atrabiliaria de lo que significa la ley. Para ellos es cualquier cosa que surja del legislativo aunque se trate de masacrar los derechos individuales. No distinguen una norma justa de una injusta. No creen en el sagrado derecho a la resistencia contra el gobierno opresivo (o en todo caso lo creen para gobiernos de izquierda pero no para ellos). En esta línea de pensamiento, constituye una defensa contra el abuso impositivo resistirse a su pago cuando no solo excede todos los límites de lo razonable sino cuando el gobernante no cumple con su misión específica de garantizar justicia y seguridad para, en cambio, inmiscuirse en la vida y en las actividades lícitas de los gobernados. Más aún, según la mejor tradición lockeana, es deber de la gente el destituir a semejantes gobernantes. Esto es lo que justificó, por ejemplo,  la rebelión estadounidense en el siglo xviii y las de Sudamérica en el siglo siguiente.

Contemporáneamente, esto es lo que justificó la lucha violenta contra Hitler y lo que justificó la sublevación contra el comunismo y la demolición del Muro de la Vergüenza y lo que justifica la destitución de todo gobierno despótico que convierta al derecho de las personas en una parodia. En documentos clave como la Declaración de la Independencia de Estados Unidos se consigna la obligación moral de derrocar al gobernante que no proteja los “derechos inalienables” y que, por ende, “se trona destructivo a esos fines”.

Por último, tienen una idea autoritaria de lo que significa la autoridad, palabra esta última que según el diccionario etimológico deriva de autor, de creador, con la consiguiente connotación de peso moral, es decir, en este contexto, la autoridad no puede escindirse de la conducta no importa la investidura ni la profesión de quien la detente. En este sentido, el autoritarismo es una degeneración de autoridad. El uso de la fuerza de carácter ofensivo siempre mina la supuesta autoridad de quien la ejerce. En este sentido, como queda dicho, es deber del ciudadano libre el renegar de “autoridades” que se conducen como sátrapas, sea cual sea la posición que ocupen en la sociedad. 

A diferencia de lo que tradicionalmente ha ocurrido en el mundo anglosajón, en Latinoamérica se generalizó el uso de los “excelentismos” y otras sandeces y gansadas equivalentes para referirse a los mandatarios que siempre actúan como mandantes atropellándose a todo lo que se interpone a su paso.

Es de interés recordar la inscripción de la Piedra Rosetta descubierta al norte de Egipto como una de las referencias arqueológicas más importantes de todos los tiempos, ahora depositada en el Museo Británico. Se trata de un decreto de Ptolomeo V en 196 antes de Cristo aboliendo muchos impuestos en vista de la situación lamentable que venía arrastrándose en Egipto debido a la creciente presión tributaria. Se toma como un símbolo de cordura frente al desmedido avance del Leviatán.

El origen de la tradición de la Revolución Norteamericana -la más fértil en lo que va de la historia de la humanidad-  se sitúa en la rebelión fiscal contra los aumentos de impuestos al té establecidos por la corona británica. El historiador Charles Adams en su libro Those Dirty Rotten Taxes. The Tax Revolts that Built America señala que actualmente “el público norteamericano ha sufrido un lavado de cerebro de tal magnitud sobre las supuestas virtudes de los gravámenes y tal es su ignorancia de la historia de los impuestos y sus luchas que no sorprende que las consideraciones de los Padres Fundadores les parezcan extrañas y bizarras” puesto que la carga fiscal excesiva la calificaban de “robo legal” y que “buscaban la libertad, pero no cualquier libertad sino la libertad de los impuestos [abusivos]”. Este es el sentido por el que los Padres Fundadores repetían una y otra vez que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia” precepto que naturalmente ignoran tanto las izquierdas como las derechas cuyo enemigo común es el liberalismo que tiene una mirada sustancialmente distinta del poder que apunta a limitar para que el gobierno “haga el menor daño posible” tal como reza la conocida fórmula popperiana.

En esta misma dirección argumental, escriben veintidós autores en el libro titulado The Ethics of Tax Evasion editado por Robert W. McGee donde se incluyen también detalladas perspectivas religiosas de antaño (cristianas, musulmanas y judías) que fundamentan la defensa propia a través de la resistencia a pagar impuestos abusivos, lo cual espantará a los que aluden al aparato estatal como “la majestad del Estado” y otras bellaquerías de tenor similar puesto que la antedicha resistencia atenta contra la posibilidad de continuar con  la succión impune al fruto del trabajo ajeno. En esta instancia del proceso de evolución cultural, un tributo es indispensable para cubrir los gastos de justicia y seguridad del monopolio de la fuerza, pero, de un tiempo a esta parte, la participación de los gobiernos en la renta nacional ha pasado del tres por ciento al cuarenta por ciento en los llamados países libres (y algunos alcanzan al sesenta por ciento con lo que la gente debe trabajar la mayor parte del año para alimentar la burocracia estatal que cada vez más invade actividades propias de la esfera privada). Con la intención de revertir este abuso, en la literatura liberal el llamado “punto óptimo” de la curva Laffer se sustituye por el “punto mínimo” de la misma representación (tal vez con dos tributos proporcionales descentralizados en provincias y municipios: el IVA que tiene la ventaja de cubrir la mayor base imponible y que su metodología de “impuestos a cargo e impuestos a favor” ahorra controles, y uno territorial que también alcanza a las personas de existencia física que no viven en el país, dejando sin efecto el “principio de nacionalidad” en materia fiscal ya que la responsabilidad de protección no abarca patrimonios colocados en el exterior).

Personalmente me aterran los gobiernos derechistas que dicen que vienen a ajustar los indudables descalabros izquierdistas porque sus recetas consisten en equilibrar las finanzas públicas incrementando tributos, el combate a la evasión fiscal y el cumplimiento a rajatabla de normas inauditas en el contexto de nuevos embates a las libertades individuales en nombre del orden con lo que, en definitiva, se hace más adiposo el gobierno que es, a su vez, reemplazado por uno de izquierda en vista del fracaso anterior y así sucesivamente en una competencia macabra por el encorsetamiento y estrangulamiento del ciudadano. Todo esto sin solución de continuidad hasta que algún día se comprenda la tesis liberal de pensadores de fuste como Juan Bautista Alberdi, resumida magníficamente en cuatro pensamientos tan citados y tan poco comprendidos: a) “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública”, b) “Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir”, c) “Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional: he aquí todo la  diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios” y, en resumen,  d) “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”

Alguna vez “se tomará el toro por las astas” y se producirán reformas de fondo para liberar al ciudadano de tanta malaria, con un poder ejecutivo todo reunido en un solo edificio vendiéndose todos los “palacios” de ministerios, secretarías, direcciones y reparticiones absolutamente inútiles e improcedentes en una República, se fortalecerá la Justicia con rigurosos exámenes de derecho para los candidatos a jueces oficiales con el suculento apoyo de arbitrajes privados, y el legislativo se limitará a la administración y el contralor de las finanzas gubernamentales sin entrometerse con ingenierías legislativas altamente inconvenientes y decididamente insolentes.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

The Economist, la Blogosfera y el Ceteris Paribus en los Ciclos Económicos

Por Nicolas Cachanosky. Publicado el 29 de diciembre de  2011 en:  http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/

La revista inglesa The Economist sacó un artículo muy interesante sobre el “efecto blog” entre los economistas. Se refiere a 3 grupos, el neo-chartalism, market monetarism y austrians. El artículo es muy interesante, y quizás muestre como los blogs ayudan a debatir ideas de una manera más flexible y rápida que los journals. Scott Sumner y Tyler Cowen han comentado este artículo en sus respectivos blogs. Dudo que el título del artículo, Marginal Revolutionaries, sea casualidad.

Pero hay un aspecto del artículo que me causó ruido. Al referirse a la teoría austriaca del ciclo económico (ABCT), el artículo cita la crítica de Yeager y menciona que uno de los problemas es que la teoría no puede explicar por qué el boom va a ser tan severo ni por qué las crisis tan largas. Pero esto, sin embargo, no es lo que la teoría busca explicar.

 La teoría del ciclo busca entender porque un boom provocado por una política monetaria expansiva no es sostenible, pero no se les puede exigir a la teoría del ciclo explicar todos los aspectos de un ciclo ni contemplar todos los escenarios posibles. ¿No es ese acaso la respuesta cuando se critica lo simple que son los modelos matemáticos? El ABCT comienza cuando se inicia el boom y termina cuando llega la crisis, es un error de interpretación esperar que el ABCT comience su explicación al inicio de la crisis y termine cuando se inicia un nuevo boom. El ABCT puede ayudar a entender porque la crisis ocurre, pero no busca explicar su desarrollo en detalle, al menos no de modo similar a cómo varias teorías del ciclo se concentran en la crisis y no tanto en el boom. Son las “austrian imbalances” las protagonistas de la teoría, no la caída del producto bruto.

Creo que este es el problema de aplicar incorrectamente el ceteris paribus al momento de evaluar una teoría. La Crisis del 30 ofrece un ejemplo ilustrativo: durante 1920’ los aspectos de la teoría austriaca del ciclo parecen haber estado presente, luego, en el 29-30 una ineficiente política monetaria como sugieren Friedman y Schwartz puede haber tenido lugar, finalmente, en la década del 30 regulaciones y problemas de incertidumbre de régimen (“regime uncertainty”) contribuyeron a prolongar la crisis más de lo necesario.

En ningún momento el ABCT reclama ser el único fenómeno presente, ni la única causa posible de ciclos económicos. El ABCT es una teoría de ciclos, no es la teoría de ciclos. El ABCT, por ejemplo, implícitamente asume equilibrio fiscal, la presencia de déficit fiscales y problema de deuda soberana no invalidan al ABCT, sino que implican que uno debe estar atento a que el ceteris paribus no es parte de la realidad y esto debe tenerse en cuenta al momento de evaluar una teoría en un fenómeno tan complejo y complicado como los ciclos económicos.

Si uno evalúa una teoría de ciclos, y al momento de ver los efectos en una economía real no se detiene a considerar que otras variables se están moviendo puede suceder que (1) se sobredimensionen los efectos de la variable económica central de un modelo o (2) se rechace la teoría porque no explica aquello que no buscaba explicar en primer lugar.

Tengo la impresión que la tesis de contracción monetaria de Friedman para explicar la crisis del 30 adolece del primer problema. Asumir ceteris paribus y señala errores de política monetaria es como hacer una regresión sin controlar por otras variables, el resultado puede ser “significativo” en términos estadísticos, pero de contenido dudoso. Desde el punto de vista de Friedman, ¿se debió la crisis a la contracción monetaria o esta es fue una variable de menor significancia y aspectos institucionales fueron de mayor peso?

También tengo la impresión que las críticas como las que menciona The Economist al ABCT adolecen del segundo problema. Anthony Evans ofrece una breve exposición sobre que es lo que el ABCT dice y no dice. Una buena crítica al ABCT debe iniciarse por claramente separar que es lo que la teoría busca explicar y que aspectos, por el contrario, no son parte de su objeto de estudio.

 Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

Por qué llegamos a lo que llegamos:

Por Roberto Cachanosky: Publicado el 25/12/11 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3335

Cuando aceptamos que se cometiera la primera injusticia en nombre de la gobernabilidad y la orgía de consumo, sabíamos que podíamos llegar a esto.

En 1961 se filmó la película El Juicio de Nuremberg, protagonizada por Spencer Tracy en el papel del juez norteamericano Haywood, y Burt Lancaster en el rol del prestigioso jurista alemán Ernst Janning.
La película, un hecho real de la historia, trata sobre el juicio a cuatro jueces por complicidad con las políticas de esterilización del Tercer Reich, en la que judíos y personas con menor coeficiente intelectual eran esterilizados o sentenciados a muerte por una cuestión de pureza racial. Una de las partes de esta película que más quedaron en mi mente es el último diálogo entre el juez Haywood y el jurista alemán Janning.
Ya juzgado, sentenciado y en la carcel, Janning pide ser visitado por Haywood, que lo había condenado a cadena perpetua. En el último diálogo de la película, Janning, que había sido un destacado jurista y también había reconoció su culpabilidad en un magnífico alegato en el medio del juicio, particularmente cuando dice que condenó a muerte a un judío sabiendo que era inocente, le dice a Haywood en su celda: “créame que nunca pensé que se iba a llegar a lo que llegamos”, refiriéndose a los asesinatos cometidos por el nazismo. La respuesta de Haywood al destacado jurista alemán fue: “Dr. Janning, Uds. llegaron a esto el día que Ud. condenó al primer hombre que sabía que era inocente”.
¿Por qué hoy Argentina está pasando por un crítico momento en el cuál las libertades individuales están en serio riesgo? Porque sabiendo que el gobierno cometía injusticias y atropellaba a personas y sectores, la gente miró para el costado porque, supuestamente, alguien tenía que poner orden y recuperar la economía argentina de la crisis del 2001/2002 y su gobernabilidad.
En nombre de la recuperación económica y de la gobernabilidad se aceptó que el kirchnerismo fuera avanzando sobre los derechos individuales. Qué importa un control de precios aquí, una persecución a los militares allá, un bloqueo de Moyano por acá, un enfrentamiento con la Iglesia, un control de cambios, un cupo de importación, poderes absolutos delegados por el Congreso al Ejecutivo, utilizar métodos arbitrarios para remover a algunos de los anteriores miembros de la Corte Suprema, sanciones a consultoras que difunden sus propios índices de precios, que el Ejecutivo ignore fallos de la Corte Suprema y demás violaciones al estado de derecho, si lo importante era poder sumergirse en una orgía de consumo por más insostenible que fuera y que prevaleciera la “gobernabilidad”.
Muchos creen, equivocadamente, que el liberalismo es una doctrina solamente económica, cuando en realidad es una concepción moral y global de la organización social en la que el aspecto económico es solo una parte. Lo relevante del liberalismo es que establece como principio fundamental la existencia de un gobierno limitado. La razón de esa limitación, además de razones morales, es que los individuos deciden desarmarse para otorgarle al Estado el monopolio de la fuerza con el único fin que éste defienda el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Justamente, para evitar que ese monopolio de la fuerza se transforme en tiranía y sea utilizado contra los ciudadanos, es que el liberalismo sostiene la necesidad de un gobierno limitado. Es decir, un gobierno que no puede hacer algo que si hicieran los particulares constituiría un delito. El liberalismo es, por definición, la ideología de la lucha contra todo tipo de autoritarismo y dictaduras.
Lamentablemente esos principios de libertad y gobierno limitado plasmados en nuestra Constitución de 1853 fueron respetados hasta 1930. A partir de ese momento se quiebra el orden institucional y en la década del 40 se profundiza una ideología en la cual el Estado adquiere poderes propios del fascismo y del autoritarismo en nombre de la justicia social.
Pero desde 2003 para aquí el kirchnerismo, que al igual que Hitler llegó con muy pocos votos al poder, fue adquiriendo cada vez más fuerza por la recuperación económica gracias al contexto internacional. Esa recuperación económica, más los desbordes sociales del 2001/2202 hicieron que muchos vieran en Kirchner al ser providencial que podía salvar a la patria y, por lo tanto, tenía derecho a ignorar el principio básico de que el Estado tiene que subordinarse al estado de derecho. Que el poder de los gobiernos debe ser limitado.
El día que los legisladores aprobaron la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final (las leyes no se anulan: se derogan o sancionan y mucho menos pueden tener efecto retroactivo), más allá de la opinión que cada uno tenga sobre los militares de aquellos años, estaban abriendo la puerta a futuras arbitrariedades. Muchos no advirtieron, incluso periodistas y medios de comunicación, que con esa aberración jurídica no solo se sometía a los militares, sino que se sentaba el precedente para que la sociedad toda quedara indefensa ante las arbitrariedades del Estado porque el ciudadano dejaba de tener derechos y quedaba sometido a las arbitrariedades del gobierno.
Hemos tolerado confiscaciones de ahorros, superpoderes, piquetes a empresas que no aceptaban someterse a los caprichos del gobierno, que patotas prokirchneristas agredieran a manifestantes en la protesta  del campo, que se tomaran comisarías sin sancionar a los responsables e infinidad de otras barbaridades.
Vemos hoy, también, que la libertad económica no tiene su fundamento únicamente en la eficiencia económica, sino que hace a la libertad personal. Bajo el argumento de regular el mercado de papel para diarios, hoy el Estado dispone de una herramienta ilegítima para atacar la libertad de prensa. Vemos a empresarios que están felices con el cierre de la economía, pero también vemos que tienen que someterse al maltrato y humillación de un funcionario público para mendigar un aumento de precios, el permiso para importar algún bien o comprar dólares.
Si para poder producir a los efectos de mantener mi familia tengo que someterme a las arbitrariedades del Estado, entonces, estoy en libertad condicional. No soy libre, soy un esclavo de los caprichos de los gobernantes. Un simple control de tarifas en nombre de la justicia social implica ahogar económicamente a una empresa para que algún privilegiado pueda comprarla por un sándwich y una Coca. El derecho constitucional a ejercer toda industria lícita queda sometido a las arbitrariedades de un burócrata, al igual que la libertad de enseñar y la libertad expresión sin censura previa. Mediante el argumento de regulaciones económicas se anulan la libertad de expresión y de trabajar. Por la ley antiterrorismo, si alguien quiere defenderse de la inflación comprando moneda extranjera puede ser encarcelado por terrorista.
El 27 de septiembre del año pasado publiqué en este portal una nota titulada Los antifederalistas tenían razón. En esa nota recordaba la posición de los antifederalista norteamericanos que, en realidad, eran más federalistas que los llamados federalistas.
Los antifederalistas se oponían a un gobierno central fuerte porque ese tipo de gobierno podía derivar en una tiranía. En otras palabras, el tema central del debate consistía en cómo limitar el poder del Estado para que la democracia no degenerara en tiranía.
Hemos llegado a este punto donde todos estamos en libertad condicional desde el mismo momento en que toleramos que el gobierno, en nombre de la gobernabilidad, usara el monopolio de la fuerza a su antojo. Y lo toleramos a cambio de una protección arancelaria, una venganza por los 70, privilegios para los sindicatos y, lo más triste, por un televisor plasma. Total, los ataques eran contra otros. A mí no me venían a buscar.   
No podemos decir, al igual que el prestigioso jurista Janning, que no sabíamos que el gobierno podía llegar a tanto. Cuando aceptamos que se cometiera la primera injusticia en nombre de la gobernabilidad y la orgía de consumo, sabíamos que podíamos llegar a esto.
 
Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Perón y las Jubilaciones:

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 21/12/11 en: http://www.cepoliticosysociales-efl.blogspot.com/2011/12/peron-y-las-jubilaciones.html

Luego de su primer gobierno (1946-1955) en el cual llevó adelante una política económica con un gran intervencionismo del Estado en la actividad económica, en 1973 (su tercer mandato) el entonces Presidente Gral. Juan D. Perón, hace una sencilla pero contundente descripción del Sistema Previsional Estatal y la consecuencia final de su gestión y administración por parte de sucesivos gobiernos, que acuciados o no por sus necesidades – pero tentados por suculentas cajas – echaron mano a los recursos de quienes habían aportado para obtener una jubilación digna. Es decir: una verdadera expropiación.
 
Cualquier similitud con lo que acontece en la actualidad en nuestro país, no es pura coincidencia, sino la vigencia de un gobierno que se apropia de las AFJP – verdadero saqueo a quienes aportaron con su esfuerzo personal y atropello a su libertad y derechos de propiedad – fomentando un perimido pensamiento nacionalista y socializante (que obtiene mucho más predicamento en una ideologizada y enfervorizada población). 
 
De la misma forma que utiliza los suculentos fondos de ANSES  (como otras tantas “cajas”) para autofinanciarse, mientras el 70% de nuestros jubilados cobra cifras paupérrimas y se les niega incluso lo que les confiere la ley.
 
Parece una impresionante contradicción ver como quienes se proclaman seguidores del líder del Justicialismo, actúan a contramano de su pensamiento y según sus conveniencias circunstanciales, tendientes a financiar un gasto público que han incrementado con fines poco confesables: el beneficio que les otorga su política prebendaria,… los votos !!!
 
No obtiene de ello ningún beneficio ni el que recibe la prebenda (porque lo mantiene en condiciones de indignidad),… ni el empresario que recibe el subsidio (porque no lo hace competitivo, innovador y generador de mayor riqueza), aunque si socio de los negocios del Estado. ¿Será esto parte del “Proyecto Nacional y Popular”?
 
Finalmente es el país el que soporta las consecuencias nefastas de los aquellos gobiernos que se creen portadores de la “única verdad” -la que declaman –  que permite progresar a nuestro pueblo. Para ello: ¿cuantas expropiaciones y atropellos a la propiedad privada deberemos soportar?
“Lo que está en juego es la libertad” (1)
 
Podemos socializar todo,… seguramente habrá siempre unos pocos que resultarán ganadores y una mayoría que los aplaude.
 
Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Tipo de Cambio: Se Resucita a los Viejos Fantasmas:

Por Aldo Abram: Publicado el 12/12/11 en: http://ambito.com/diario/noticia.asp?id=614995

Algunos economistas afirman que el dólar está «bajo» debido a que la alta inflación, combinada con una mucho menor alza del tipo de cambio, ha hecho que el peso se «aprecie» y, por ende, debería permitirse una mayor suba del precio local de la divisa extranjera.

Pero no parece correcto hablar de apreciación del peso. Esto significaría que su valor está aumentando y, como contracara, también se debería haber incrementado el poder adquisitivo. Sin embargo, un peso compra cada vez menos, ya que le está sucediendo como a cualquier bien cuyo productor (Banco Central) ofrece más de lo que la gente demanda, su valor baja.

El punto es que estamos hablando de la moneda, es decir, del metro con el que se miden los precios de todos los bienes y servicios en nuestra economía, por lo que, al achicarse, todo mide más en términos de él. Por lo tanto, la inflación no es la suba generalizada de precios, que es lo que se observa, sino la depreciación del valor de la moneda. Por lo tanto, el peso no se está apreciando, que es lo que siente mi «bolsillo» y, supongo, que el del resto de los argentinos.

Entonces, ¿qué ha estado pasando? En realidad, la confusión surge por la baja del tipo de cambio real, que es el equivalente al poder adquisitivo de las monedas extranjeras en la economía doméstica. Cuando la crisis de 2001-2002 generó una fuga de capitales fenomenal, la demanda de dólares se potenció y, para adquirirlos, la gente dejó de consumir, invertir y sacó sus depósitos de los bancos. Todo esto hizo que el poder de compra de las monedas extranjeras respecto de todos los activos, productos y servicios domésticos se incrementara fuertemente. Esto es solamente sustentable con una salida de capitales extrema, pero, como eso genera recesión, los Gobiernos tratan de recuperar la confianza y revertir ese flujo de ahorros hacia el exterior. Por lo tanto, el poder adquisitivo de las monedas extranjeras debe bajar, lo que puede suceder por una disminución del tipo de cambio nominal. Si bien algo de esto hubo al principio de la salida de la crisis local, luego el Banco Central decidió sostener el valor del dólar. Lo hizo comprando divisas, a través de la emisión de pesos que, a su vez, se depreciaban y generaban inflación, también en dólares, disminuyendo el tipo de cambio real.

Justificación

Desde entonces, esta actitud de la autoridad monetaria ha justificado varios puntos porcentuales de inflación anuales. A futuro, esta merma del tipo de cambio real tendría muy poco margen, ya que, también estuvo colaborando a su baja el desahorro del sector público, llevando a una pérdida de solvencia fiscal no sustentable en el tiempo.

Por otro lado, desde 2002, en el mundo, el dólar ha perdido más del 70% de su valor; por ello hemos visto que los bienes comercializables internacionalmente subieron fuertemente. Éste fue parte del «viento de cola» que tuvo el actual Gobierno, ya que pudo depreciar el peso con el simple arbitrio de no dejar caer el dólar en el mercado local, mientras bajaba en el internacional. Es decir, estuvimos siguiendo la depreciación de la divisa estadounidense y, además, como forzamos una suba del tipo de cambio, la potenciamos.

Pérdida de valor

Como resultado, la moneda local ha perdido desde 2011 más del 90% de su valor. No parece que podamos hablar de apreciación, ¿no? Esto tuvo lugar sin generar una crisis local debido a la ilusión cambiaria que tenemos los argentinos: «Si el tipo de cambio no sube mucho, es porque el peso no pierde valor», olvidándonos de que el dólar puede estar destruyéndose, como efectivamente sucedió en los últimos años.

Conclusión, la enfermedad está en el peso. La base monetaria estuvo aumentando hasta un 40% interanual para transferirle recursos al Gobierno, obligando al Banco Central a cobrar un enorme impuesto inflacionario. Como los pesos que recibió el Gobierno los gastó, pero no encontraron suficiente demanda del otro lado, se volcaron al mercado cambiario.

En una palabra, o el BCRA aceptaba mostrar en el alza del tipo de cambio la pérdida de valor del peso y más inflación o entregaba las divisas necesarias para rescatar el exceso de oferta de moneda, por lo que terminaba financiando el gasto electoral con reservas, que es lo que hizo hasta las elecciones. Para frenar el drenaje de divisas, hubiera bastado con disminuir fuertemente el exagerado ritmo de emisión, permitir una lenta suba del tipo de cambio y evitar implementar las absurdas e inconstitucionales restricciones que vimos en las últimas semanas.

Es verdad, el Estado hubiera tenido que ser más austero, lo que no estaba en sus planes. También es cierto que la fuga de capitales colaboró a presionar sobre el tipo de cambio, pero la evaluación de ese último fenómeno quedará para otro artículo. Sin embargo, puedo adelantarles que, si se hubiera seguido la recomendación anterior, hoy no estaríamos obsesionados por el tema cambiario ni por el retiro de depósitos en dólares, que estaban subiendo hasta que el Gobierno resucitó los «fantasmas del pasado».

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Vaclav Havel, un gran estadista europeo

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 23/12/11 en: http://www.cronista.com/opinion/Vaclav-Havel-un-gran-estadista-europeo-20111223-0031.html

Václav Havel fue, sin proponérselo, uno de los grandes estadistas europeos del siglo XX por su rol en la transición pacífica del comunismo a la sociedad libre en la ex Checoslovaquia. Fue un hombre de formación autodidacta -se le prohibió estudiar en la universidad por sus antecedentes de clase”- y que se permitió reflexionar sobre la condición humana en la sociedad moderna, sepultada por el totalitarismo en la negación de la libertad.
Fue, como muchos de su generación, un entusiasta de las reformas de la Primavera de Praga de 1968 que impulsó Dubcek, que fueron aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia en agosto de ese año. A partir de entonces, la sociedad quedó congelada en lo que se conoció como la normalización, un extenso período que finalizó en 1989 con el inicio de la transición.
Havel, dramaturgo y ensayista que publicaba en la clandestinidad y que recibía premios y distinciones en Occidente, no vaciló en sumarse a los grupos disidentes que reclamaban abiertamente que las autoridades respetaran las libertades fundamentales y el medio ambiente. En 1977, junto a otros destacados intelectuales checos, formó la Carta 77, en la que fue uno de los primeros voceros junto a Jirí Hájek y Jan Patocka.
El 19 de noviembre de 1989 fundó con estos disidentes, los estudiantes universitarios en huelga y los artistas de teatro lo que se llamó el Foro Cívico, un movimiento opositor checo al régimen socialista. Allí se notó la fuerte impronta de Havel desde el comienzo: esta agrupación era horizontal, tomaba sus decisiones después de un amplio debate por consenso, y era ideológicamente heterogéneo. En el Foro Cívico confluían todas las corrientes de pensamiento, desde trotskistas hasta liberales, comunistas reformistas y conservadores; católicos, ateos y protestantes. El propósito era que se derrumbara un sistema basado en la mentira, la opresión y el auto-totalitarismo, para transitar hacia una sociedad pluralista, libre y en la que se pudiera vivir en la verdad.
Havel no era un político profesional. Tras ser electo sucesivamente presidente de la República Socialista Checoslovaca, de la República Federal Checo-Eslovaca y luego, por dos períodos, de la República Checa, fue siempre un hombre sin partido político. En innumerables ocasiones puso sus convicciones por encima de lo que convenía políticamente, poniendo en serios aprietos a los primeros ministros checos. A pesar de su gran popularidad, no logró impedir la separación de Checoslovaquia.
Intentó, en la medida de sus posibilidades, mantenerse alejado del rígido protocolo de la primera magistratura y siguió escribiendo sus reflexiones sobre el porvenir de Europa, a la que imaginó más estrechamente unida.
Con él se va un gran demócrata, un hombre de profundas convicciones humanistas, pero nos deja sus ensayos, sus libros y el recuerdo de una vida vivida en la verdad.

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Es Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Rebelión en la ciudad de Wukan

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 23/12/11 en http://www.cronista.com/contenidos/2011/12/23/noticia_0028.html

Hay en el mundo ciudades que históricamente, por distintos motivos, han merecido el calificativo de heroicas. Este es, por ejemplo, el caso de San Petersburgo (la ex Leningrado) y de Volvogrado (la ex Stalingrado) en la Federación Rusa, por su indomable resistencia ante la invasión de las fuerzas nazis, en la Segunda Guerra Mundial. También el de la bonita Cartagena de Indias, en Colombia, por el coraje desplegado por su población durante el cerco de tres meses que la ciudad sufriera en el alzamiento contra el poder español, en 1815. Y el de algunas otras, como Tacna, por su notable actuación en la guerra del Pacífico contra Chile, así como el de Nanchang, donde comenzara, en China, el levantamiento comunista, en 1927. Ciudades tan distintas como Paysandú y Varsovia reclaman ambas el mismo honor. La primera de ellas por su épica defensa contra los invasores brasileños y las fuerzas del general Venancio Flores, en 1854/55. La segunda, por haber sido demolida en un 85% por los bombardeos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Y la lista de ciudades heroicas, que es ciertamente larga, no se agota en los ejemplos citados.
Wukan, en la provincia de Guangdong, en China, puede ahora ir, ella también, camino hacia la heroicidad. Ocurre que desde hace un par de semanas está siendo gobernada directamente por su propio pueblo que ha desalojado a las autoridades locales de sus cargos y responsabilidades. Los dirigentes locales del Partido Comunista han huido, asustados, de la pequeña ciudad. Esto -que de alguna manera recuerda lo sucedido en la Comuna de Paris, en tiempos de la revolución Francesa- es una forma de rebelde protesta porque -una vez más a sus espaldas y con un fuerte olor a corrupción- las autoridades municipales vendieron tierras comunales a un empresario inmobiliario que planea construir centenares de viviendas.
A lo que se suma algo peor: la sospechosa muerte de uno los líderes de la protesta popular, Xue Jimbo, mientras estaba detenido en manos de la policía, el 11 de diciembre pasado. Su cadáver, que está siendo reclamado insistentemente por la gente, aún no ha aparecido. La familia sostiene que falleció como consecuencia de los tremendos golpes recibidos.
Por todo esto, día tras día, buena parte de los 15.000 habitantes del pequeño pueblo de pescadores emplazado en el sur de China se juntan, en una simbólica marcha pública de protesta que recorre las calles de Wukan. Y en una oficina improvisada atienden las necesidades de los periodistas que cubren el notable episodio.
Pero fuera de la ciudad, un amenazador cordón de policías trata de impedir que lleguen las vituallas que los pobladores necesitan para sobrevivir. Hasta ahora, sin mayor éxito. Ni empeño. El arroz sigue ingresando, de mil maneras, en la ciudad de Wukan. Todos recuerdan que, en septiembre pasado, esas mismas fuerzas de seguridad ingresaron dos veces a la ciudad y propinaron a sus habitantes una dura golpiza.
Pero ahora hay una actitud distinta, como de cierta prudencia, en las autoridades. No han usado la fuerza, ni cortado las comunicaciones por Internet de Wukan con el resto del mundo. Pese a que los reclamos han comenzado a pedir bastante más que terrenos para construir viviendas dignas, ahora incluyen el pedido de elecciones libres para Wukan. A lo que se agrega, como era de esperar, el pedido de castigo a los funcionarios corruptos, aún impunes. Cosas que ciertamente no abundan en China, como consecuencia del régimen del “partido único”.
Quizás porque el año próximo habrá un esperado recambio generacional en la cúpula del Partido Comunista Chino, nadie parece querer hacer demasiadas olas. Al menos, por ahora. Aunque la preocupación por el eventual contagio a otras ciudades de lo que ocurre en Wukan naturalmente crece. Hay quienes sugieren que cuando los periodistas que hoy están en la ciudad se retiren de ella para celebrar las Fiestas, la situación, de pronto, podría cambiar.
Para el líder político de la provincia en ebullición, Wang Yang, el futuro está en juego. Por ahora ha adoptado una actitud clásica en los políticos, la de la duplicidad. Pese a que los “duros” del partido, que obviamente reclaman represión, le enrostran debilidad.
La sombra de la “primavera árabe” está en el aire y preocupa a la dirigencia política china. También la relativa desaceleración del crecimiento económico, que -si se profundiza y mantiene- podría derivar en protestas sociales. Ya las hay, es cierto. Pero se silencian. Se habla de unas 90.000 protestas sociales por año. En un país que es todo un universo, la cifra no parece quitar el sueño a las autoridades. Por esto, el gasto en materia de seguridad se ha incrementado fuertemente en todos los niveles, lo que obviamente contribuye a alimentar el descontento.
De pronto crece la sensación que los mecanismos de “administración social” que utiliza el Partido Comunista Chino tienen límites. Y como el contenido de los bolsillos de la gente parece haber comenzado a flaquear un tanto, de pronto la tolerancia social a la total ausencia de libertades individuales básicas podría comenzar a disminuir. Lo que finalmente suceda en Wukan puede bien enviarnos una señal en este complejo capítulo.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.