La educación anti-empresarial

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 28/7/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/la-educacion-anti-empresarial/

 

Estamos acostumbrados a escuchar y leer que los estudios de Economía y Empresa preparan a los estudiantes para ser amigos de las empresas, del capitalismo y el liberalismo. Probablemente lo contrario esté más cerca de la verdad, y no sólo en nuestro país sino en todo el mundo.

Leí hace tiempo un artículo en el Wall Street Journal escrito por Matthew T. Tice, un joven que acababa de graduarse en la Universidad de Bentley, pequeño centro orientado a los estudios empresariales en Waltham, cerca de Boston. “La escuela suele ubicarse entre las 25 primeras del país en licenciaturas de Empresariales. Como muchas otras escuelas de negocios, Bentley presume de tener un avanzado programa de estudios de Empresa junto a la riqueza educativa de las artes liberales. Sin embargo, en vez de aportar una base sólida en las humanidades clásicas –lo que resultaría muy útil en el mundo de los negocios– muchas de las asignaturas que cogí defendían una posición antiliberal contraria al capitalismo norteamericano y a las empresas en general”.

Así, a Matthew le enseñaron la basura progre habitual sobre los malvados ricos, el odiado 1 %, la causa de todos los males, porque no pagan “suficientes” impuestos. Le enseñaron que las empresas explotan, contaminan y engañan, y que todo en Estados Unidos es un fracaso, porque la nación ha abandonado “el sueño americano”.

La corrección política, pues, en todo su esplendor. En lo único que yo matizaría al joven Tice es en algo que empeora bastante el panorama que pinta. Sospecho que eso que le enseñaron en Bentley no es muy distinto de lo que se enseña en otras universidades norteamericanas, incluidas las más famosas y prestigiosas. Y si eso es así allí, excuso decirle, señora, señor, el grado de intoxicación antiliberal que padecen los estudiantes de Economía y Empresa en nuestro país. Por desgracia, hay bastantes centros y universidades privadas que tampoco se salvan a la hora de adiestrar a los estudiantes en las perversidades del sistema capitalista, y sobre la urgente necesidad de que intervenga el Estado para corregir las flagrantes deficiencias de los empresarios. Y así como a Matthew Tice le pusieron películas sobre fraudes empresariales para enseñarle cómo son los negocios, en nuestro país son muchas las business-schools que insisten en dar clases de ética empresarial, como si los empresarios fueran personas inherentemente inmorales. No como los políticos, los sindicalistas, los intelectuales, los catedráticos y los periodistas, naturalmente.

Al final, tenemos supuestas organizaciones empresariales que están todo el rato pidiendo perdón a todo el mundo y ayuda al Estado. Abrazan la corrección política y se apartan del liberalismo todo lo posible, y más. Si apoyan el capitalismo, aclaran que solo al humanitario e “inclusivo”. En un apogeo de valentía, llegan incluso a veces a pedir que baje el gasto público. Pero solamente el “superfluo”, claro.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

LAS MANOS DE ROMANO (Sobre algunos enternecedores personajes de E.R. II: hoy, Robert Romano).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/7/17 en:  http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/07/las-manos-de-romano-sobre-algunos.html

 

Muchos de los lectores que hayan visto E.R. no encontrarán a Robert Romano “enternecedor”. Es que a mí, como a Woody Allen, me llegan al corazón los neuróticos entre graves y limítrofes. Algunos son muy simpáticos y se hacen querer, como el Woody de “Hannah y sus hermanas”, otros, en cambio, son gritones y malhumorados, como este caso, pero también me llegan al corazón. Porque en el fondo lo que preocupa es su enorme sufrimiento.

Robert Romano es uno de los mejores cirujanos –junto con Peter Benton- de E.R. Es prácticamente infalible. No duda, no se equivoca; cuando sus manos entran al quirófano, son más o menos lo mismo que las de Marta Argerich cuando toca Chopin. Si un paciente se le muere, es porque estaba muerto. Si no, él lo revive.

“Pero” –esta vez los guionistas se permitieron cierto arquetipo no realista y muy simbólico, y en lo simbólico está el realismo- Romano es aparentemente “malo”. Mandón, autoritario, malhumorado, agresivo, es el terror de los residentes y los médicos jóvenes de E.R. Está solo. No tiene familia. Está SIEMPRE en el hospital. No necesita reemplazos, no tiene que ocuparse de nada extra. Es la presencia constante, la infalibilidad en el quirófano, el maltrato a los demás, y sus peleas con la jefa del servicio, Kerry Weaver, la única que le hace frente desde una actitud tal vez parecida.

“De repente” Romano se enamora de una excelente cirujana británica, Elizabeth Corday. Elizabeth declina con la cordialidad que puede las invitaciones a salir de Romano. Evidentemente su amor no es correspondido. Lizzy –como le dice Romano- no se enamora de él pero se enternece y comienza a verlo de otro modo. Los dos se entienden de otro modo. Con Lizzy, Romano no es autoritario. Es amigo, compañero, hasta sabio si es necesario. ¿Por qué? ¿Casualidad? ¿Por qué la ama? ¿O porque, en cierto modo, es amado?

Los guionistas no tienen problema en agregar este amor no correspondido a la gravedad de la neurosis de Romano, que siguen pintando de vez en cuando casi siempre de manera tragicómica.

Pero, en determinado momento, aumentan el nivel de tragedia del personaje a niveles muy simbólicos, muy arquetípicos, cosa que no se permiten con los demás personajes, más polifacéticos.

Romano está esperando un paciente en la terraza del hospital y una de las hélices del helicóptero le corta un brazo.

De algún modo se lo reinsertan, sí, pero obviamente no puede operar más. Tratan de ubicarlo como médico de guardia de E.R., pero él no puede hacer eso y su nivel de in-soportabilidad con los demás crece a niveles tragicómicos todo el tiempo. Se ha quedado sin sus manos. Se ha quedado sin él.

Con la única que puede hablar su total pérdida es con Lizzy, que es la única que a su vez trata de ayudarlo.

Con Lizzy, como dijimos, es sabio. En determinado momento Lizzy no puede aceptar el cáncer de su esposo, el gran Dr. Green. Romano le pregunta:

–   Is he your husband?

–  Yes.

– Do you love him?

–  Yes.

Y listo. La mira, lo mira, y Lizzy vuelve con su esposo a ayudarlo a enfrentar su muerte.

¿Cómo termina todo esto? ¿Se va un día Romano del hospital, con el despido afectuoso de sus compañeros? No, ya no podía ser eso, dentro de la coherencia del relato. Los guionistas, inmisericordemente, lo hacen morir de una manera encarnizadamente tragicómica. Un día Romano está en el patio interno del hospital. Un helicóptero tiene un accidente en la terraza. Y se le cae encima y lo aplasta. Sí, así. Un helicóptero lo terminan de matar, como un insecto gigante que no había terminado de picarlo bien. Interesante conjeturar qué desplazaron con su inconsciente los guionistas en ese símbolo: un insecto volador gigante y grotesco, contra, a su vez, su aparentemente grotesco Robert Romano.

Pero lo que ahora queremos destacar es: Romano, al quedarse sin sus brazos, sin sus manos, se queda sin él.

Las manos son un símbolo importante. No son una prótesis, no son una droga, nuestras manos somos nosotros. Nuestras manos son el hacer de nuestro ser. Cuando más o menos hemos meditado sobre nuestro ser, podemos llegar a discernir nuestras manos de nuestro ser, no como algo separado, sino como la extensión activa del ser interior, que, más que actuar, es.

Pero cuando importantes conflictos no tratados anulan la reflexión de nuestro ser, nuestro ser se ve, se traslada, sólo a las manos que actúan. Y allí, sólo en esas manos “haciendo”, nos encontramos “siendo”.

Pero si entonces nos quedamos sin nuestras manos, ya no somos. Morimos.

Ese es el drama de la no-reflexión sobre el sentido de la vida, que traslada a la vocación auténtica el único refugio. La vocación es la extensión del ser, pero no el refugio del ser que no se ve.

La cirugía, para Romano, no era un escapismo. No era una adicción como las drogas, el alcohol, el juego o la sexualidad sin amor. Era su vocación auténtica. Pero sus conflictos interiores le impidieron meditar sobre su propio ser, y al perder la acción de su profesión, se perdió a sí mismo. Es más: se podría conjeturar que lo que le hizo perder su acción –operar- lo afectó tanto que creció y creció hasta convertirse en ese helicóptero que no sólo le corta un brazo sino que lo aplasta, porque él ya estaba muerto cuando se quedó sin su quirófano. Sólo una terapia MUY bien llevada le hubiera hecho re-descubrir que él seguía siendo él, intentando re-conducir su vocación por otros caminos alternativos que siempre están, porque cuando el ser interior se ve, se manifiesta como sea, pero se manifiesta.

A su velorio no va nadie. La única que está es Lizzy. Sólo pasan dos médicos que toman algo de la comida y se van.

 

Sí: era invisible, porque él había sido siempre invisible, excepto para los dos ojos que, a su modo, lo amaron y lo descubrieron.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El populismo es el germen de la tiranía

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/7/17 en: http://economiaparatodos.net/el-populismo-es-el-germen-de-la-tirania/

 

Para el populista es importante destruir el concepto de gobierno limitado e instalar la idea que el voto mayoritario da derecho a violar los derechos individuales de sectores minoritarios

Voy a empezar esta nota con una frase que va a escandalizar a más de uno: el endiosamiento del voto ha destruido la república y los derechos individuales, llevando a los países a la pobreza y la tiranía.

¿Por qué semejante frase? Es que los políticos, periodistas e “intelectuales” de izquierda han tomado el cuidado de resaltar la palabra democracia y ponerla por encima de la república. Al mismo tiempo, para ellos democracia significa que el que más votos tiene recibe el poder para hacer lo que quiere. Recuerdo a Cristina Fernández diciendo en 2008, cuando se produjo la crisis con el campo, que a pesar de tener el 45% de los votos, iba a mandar el proyecto de la 125 al Congreso como si su decisión fuera un favor que su graciosa majestad le otorgaba a los plebeyos en vez de un mandato constitucional.

Como he dicho en otras oportunidades, la democracia se ha transformado en una competencia populista, es decir, teniendo en cuenta que el poder se consigue no por la fuerza de las armas como hacían los antiguos reyes, sino por la cantidad de votos, el truco para ganar la competencia populista consiste en obtener la mayor cantidad de votos. Para eso lo primero que hacen los populistas es dividir a la sociedad (lo que hoy se conoce como grieta) y convencen a la gente que unos son pobres porque otros son ricos, por lo tanto, si lo votan al político populista, él hará justicia quitándole a los ricos para darle a los pobres.

En términos económicos el político populista trata de maximizar la cantidad de votos que va a recibir con un costo menor de los votos que va a perder por prometer aumentarle la carga tributaria a un sector reducido de la sociedad. Esquilman a un 20% de los votantes para repartir el fruto del robo legalizado entre el 80% de los que reciben los recursos del robo legalizado.

La cuenta que hacen es: ¿cuánto me cuesta en pérdida de votos aumentarle la carga tributaria a un sector de la población y cuántos votos gano repartiendo el dinero ajeno? ¿A qué sector de la población puedo expoliar perdiendo pocos votos para financiar mi política populista y repartir ese dinero ajeno entre una mayoría amplia?

Por eso es importante para el populista destruir el concepto de gobierno limitado e instalar la idea que el voto mayoritario da derecho a violar los derechos individuales de sectores minoritarios. Si tengo más votos no tengo límites, y si el Congreso o el Judicial me ponen límites entonces los otros poderes se están levantando contra la voluntad popular que es “sagrada”.

La realidad es que en una república la voluntad popular no es sagrada. Una mayoría circunstancial no tiene derecho a violar los derechos individuales de una minoría, por más minoritaria que sea esa minoría. En una sociedad libre, el voto solo sirve para elegir a un administrador que temporariamente manejará la cosa pública pero con poderes limitados, entendiendo por poderes limitados que el monopolio de la fuerza que se le otorga no puede ser utilizado para violar los derechos a la vida, la libertad y la propiedad. Por eso los populistas son enemigos de una sociedad libre. Porque el poder limitado les impediría explotar a un sector de la sociedad en beneficio de un grupo más amplio que le aporte un mayor caudal de votos. Lo primero que tiene que hacer el populista es romper el concepto de límite al gobierno para poder usar el monopolio de la fuerza y violar derechos individuales expoliando a aquellos que le van a financiar su permanencia en el poder, que no son otros que los contribuyentes. El primer paso es generar lo que hoy se llama grieta: decir que determinado sector de la sociedad (el sector al que se lo va a explotar impositivamente) es el culpable de que otros sean pobres. Con eso se crea el clima para iniciar la expoliación y justificar el uso del monopolio de la fuerza para violar los derechos de terceros. Una vez abierta la puerta que permite usar el monopolio de la fuerza para violar los derechos individuales en nombre del bien común, ya no hay límites para el populista que termina transformándose en tirano. Al comienzo la gente lo aplaude, pero a medida que van desapareciendo las inversiones, cae la producción, escasean los bienes y servicios a los que puede acceder la población y aumentan sus precios por el déficit fiscal debido mayor gasto público producto de la redistribución del ingreso, entonces el populista redobla sus críticas a los supuestos conspiradores y aumenta el enfrentamiento. El camino que elige es decir que las cosas andan mal porque hay sectores que conspiran contra el modelo. Sectores ocultos que busca perjudicar a pueblo trabajador. Con esto justifican el aumento del uso de la fuerza para violar los derechos individuales, incrementan la presión impositiva, estableciendo controles, regulaciones, etc. El estado va adquiriendo un mayor control sobre la vida de los habitantes para, supuestamente, defenderlos de los enemigos.

Como el sector expoliado se va achicando porque huyen las inversiones, para sostenerse en el poder, el populista tiene que aplicar impuestos a sectores que antes no pagaban. Va ampliando el campo de expoliación impositiva hasta que llega un punto en que buena parte de la población siente el efecto del populismo y el balance de votos ganados y votos perdidos empieza a diluirse.

Cuando la crisis económica llega a límites insospechados y la gente ya no tolera más la situación puede ser tarde y queda presa del populista que se transformó en tirano. Pasó con el Perón de los 40 y 50, con Chávez y Maduro y aquí no ocurrió porque la gente reaccionó a tiempo y le puso un límite al vamos por todo que no era otra cosa que establecer una tiranía. El tirano, que empieza como un simple populista, nunca anticipa su objetivo final de tiranía. No lo hizo Fidel Castro, ni Perón, ni Chávez, ni tantos otros tiranos.

Lo cierto es que ese populismo inofensivo va avanzando hasta generar pobreza, violar crecientemente los derechos individuales y finalizar destruyendo el sistema republicano para establecer una tiranía. El ejemplo chavista con Maduro ahora a la cabeza es el ejemplo categórico al respecto.

En síntesis, a la tiranía se llega con un primer paso: cuando el político enfrenta a un sector de la sociedad con otro sector de la sociedad. Acusa a unos de ser responsables de la pobreza de los otros. El segundo paso es poner la mayoría de los votos por encima de los derechos individuales. El que más votos tiene puede hacer lo que quiere. Es como si la sociedad eligiera a sus propios tiranos. El tercer paso es expoliar a determinados sectores productivos para financiar la “compra” votos vía el gasto público. Y el último paso es llevar al extremo la violación de los derechos de los derechos individuales. Para eso tiene que destruir la república y establecer una tiranía. Y de las tiranías solo se sale cuando los pueblos se levantan contra el tirano.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Hong Kong, inquieta por su futuro

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2o/7/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2045353-hong-kong-inquieta-por-su-futuro

 

El tiempo vuela. Se acaban de cumplir veinte años desde que los británicos devolvieran a China la jurisdicción sobre la ciudad de Hong Kong, asegurándose que las libertades de sus habitantes habrían de ser respetadas al menos por medio siglo, esto es hasta el 2047, por el autoritario gobierno chino a través de la adopción del criterio “un país, dos sistemas”.

Pese a ello, los habitantes de la ciudad oriental quedaron llenos de ansiedad, porque lo cierto es que nadie les garantiza específicamente su futuro en libertad. Esto es la posibilidad de continuar viviendo en el amplio ambiente de libertades individuales en que estuvieron por décadas, mientras fueron colonia británica. La ciudad que es y ha sido un verdadero punto de encuentro entre Oriente y Occidente empezaba entonces a transitar una nueva etapa, imprevisible.

Lo cierto es que, en estas dos décadas transcurridas, las diferencias entre los movimientos democráticos de Hong Kong y las autoridades de Beijing han sido constantes y que muchos de los temas discutidos en conjunto no han sido resueltos. Lo que es descorazonante.

Prueba de ello son: los retrasos en los programas de construcción de viviendas que presionan sobre los astronómicos precios de los alquileres y de la propiedad inmueble (una cochera puede, de pronto, costar más de medio millón de dólares norteamericanos); el desorden y hasta el desconcierto existente en el sistema educativo local; y la demora en la construcción de los trenes de alta velocidad, moneda corriente en China, desde que están por todas partes.

Por esto la marcha hacia el futuro de Hong Kong está, de hecho, relativamente paralizada y existe un ambiente de cierto desánimo en muchos de sus siete millones y medio de habitantes que comienza a hacerse evidente. Porque deben convivir con dos modelos o sistemas que no sólo son diferentes, sino que, en muchos casos, son incompatibles.

Por esa situación, algunos proyectos urbanos importantes están demorados. El más emblemático es el del llamado “distrito cultural”, para algunos una suerte de Lincoln Center local, cuyo financiamiento completo todavía no está del todo asegurado.

Más grave aún es el constante intervenir de las autoridades centrales chinas en los temas “domésticos” de Hong Kong. Sin disposición a escuchar. Con ribetes intranquilizantes, como son las desapariciones repentinas de algún notorio empresario local y hasta de algunos dueños de conocidas librerías.

Todavía los residentes de Hong Kong no han podido concretar su gran sueño, el que supone obtener la posibilidad de elegir por votación directa a sus máximas autoridades. Los británicos jamás lo permitieron. Los chinos hasta ahora, tampoco.

Las protestas callejeras que paralizaran a la inquieta ciudad oriental a fines del año 2014 reclamando específicamente ese derecho pertenecen a la historia. Nada ha cambiado. Ni hay señales de que las cosas en este tema puedan alterarse.

Por el momento, la mayoría de los legisladores locales son designados “a dedo” desde Beijing. La promesa formulada hace ya diez años, en el sentido de que en el 2017 podría admitirse el sufragio directo para elegir a las máximas autoridades locales permanece incumplida. En una suerte de parálisis política que, de extenderse, podría hasta demorar proyectos de los que el crecimiento ordenado de Hong Kong depende.

Pero Hong Kong no es Macao, ciudad que fuera una antigua y refinada colonia portuguesa, donde el juego es el monarca absoluto y en la que la sumisión al gobierno central de China es total. En Hong Kong, la libertad política nunca fue absoluta. Ha estado cercenada, pero existe y es evidente.

Para peor, en los últimos años, la corrupción parece haber permeado a la administración local y las investigaciones judiciales iniciadas por esa triste razón se están multiplicando.

La juventud de Hong Kong -como es de suponer- es mayoritariamente anti-comunista. Perfil que es notorio y que, además, parece estar creciendo y afirmándose. La revolución de las comunicaciones lo alimenta constantemente.

Los empresarios locales enfrentan asimismo una inesperada competencia. Desde que China asumiera la soberanía respecto de la ciudad de Hong Kong, más de un millón de chinos se mudaron desde el interior de su país a Hong Kong. La mayoría son gente de grandes recursos que ahora compiten con la tradicional clase de negocios local. Con mejores contactos en Beijing, sin embargo. O sea, con ventaja. Entre ellos está Jack Ma, el super millonario chino, creador de Alibaba, que tiene una mansión en uno de sus barrios prominentes.

En otro tema, también complejo, las empresas prefieren ahora emplear a personas de fuera de Hong Kong. Ocurre que en Hong Kong predomina el cantonés y que China, en cambio, habla muy mayoritariamente el mandarín. Todo un tema para quienes quieren operar comercialmente en el enorme mercado chino. Con la consiguiente necesidad de re-enfocar los planes de estudio locales ante la evidente nueva realidad, que parte de la necesidad de enseñar simultáneamente tres idiomas diferentes: el inglés, el cantonés y el mandarín. Enfrentando, en el camino, las opciones políticas respecto de preservar una identidad propia o asimilarse rápidamente a la nacional, así como la de limitar o acotar la influencia económica y cultural de Occidente.

Ante ese escenario con interrogantes de peso aún abiertos, algunos han decidido irse a vivir a Taiwán, isla a la que Beijing considera una mera “provincia renegada”. No hay, cabe apuntar, una ola gigantesca de emigrantes, pero tampoco hablamos de apenas un pequeño puñado de casos.

Lo cierto es que China está lejos de ser un país pluralista. Es -más bien- todo lo contrario. Y esto naturalmente se refleja en el trato que desde Beijing se confiere a Hong Kong. A lo que se suma la actitud política del Partido Comunista Chino, que considera a la liberalización de la política como una amenaza para la estabilidad de China.

Cuando Hong Kong dejara de estar bajo la tutela británica, los EE.UU. se unieron a la fácil promesa de sumarse a la defensa de sus libertades. En ese entonces, la ex Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, al tiempo de asistir a las ceremonias de la transferencia de titularidad, dijo: “América se preocupa por Hong Kong y continuará preocupándose por ella aún después que se apaguen los fuegos artificiales, las cámaras se detengan y la fiesta haya terminado”.

Palabras claras, de las que hoy sin embargo se ha comenzado a dudar como resultado de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. Ocurre que Hong Kong no está en la lista corta de prioridades de la actual política exterior norteamericana. Y que para China, instalada en el centro mismo del escenario internacional, es una de sus principales prioridades.

Al visitar recientemente la ciudad de Hong Kong, el presidente chino pronunció un discurso duro, con tono de advertencia, con el que alertó acerca de la futilidad de resistirse al control e influencia de su gobierno. Lo que no logró cancelar la enorme manifestación anual con la que los “pro-demócratas” de Hong Kong se expresan cada año, que tuvo lugar cuando Xi Jinping había ya dejado atrás la ciudad, en la que fuera su primera visita como presidente, durante la cual recorrió la enorme guarnición militar que el ejército de China mantiene en Hong Kong.

Desgraciadamente los temores antes expuestos acaban de ser confirmados por una decisión del Consejo Legislativo de Hong Kong, que destituyó -por sus expresiones y opiniones independientes- a cuatro legisladores locales. De esa manera aquellos que responden directamente al gobierno central chino tienen el control absoluto de la voluntad del organismo. A partir de ahora, el Consejo Legislativo no podrá bloquear ninguna decisión impuesta arbitrariamente desde Beijing, aunque ella contraríe el punto de vista de quienes viven en Hong Kong.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Nuevo Libro: Libertad y Convicciones: Ensayos en Honor a Juan C. Cachanosky (1953 – 2015)

Gracias al trabajo del Dr. Wenceslao Giemenz Bonet y Editorial Episteme, ya se encuentra disponible en versión Kindle un pryecto en recuerdo de Juan C. Cachanosky. Colegas, alumnos, y quien escribe, lo recuerdan con una colección de ensayos cuya diversidad de temas refleja las diversas curiosidades intelectuales a lo largo de su vida.

ÍNDICE

  1. PRÓLOGO (Beatriz Loza de Cachanosky)
  2. EL TRABAJO DE HORMIGA DE JUAN CARLOS CACHANOSKY (1953-2015) (Wenceslao Giménez Bonet)
  3. ECONOMÍA Y FINANZAS: ENTREVISTA A JUAN CARLOS CACHANOSKY (Adrián Ravier)
  4. ECONOMIC VALUE ADDED UNA APLICACIÓN FINANCIERA AL ANÁLISIS ECONÓMICO (Nicolás Cachanosky)
  5. APUNTES SOBRE EL CONCEPTO DE COPYRIGHT (Alberto Benegas Lynch (h))
  6. PIKETTY MALINTERPRETA A AUSTEN E IGNORA A SMITH (Carlos Rodríguez Braun)
  7. SOBRE LA OFERTA Y LA DEMANDA DE DERECHO (Martín Krause)
  8. CONTRA EL NUEVO LUDISMO (Iván Carrino)
  9. LA IMPORTANCIA DE LA EMPRESA: UNA APROXIMACIÓN DESDE LA TEORÍA DE SISTEMAS (María Blanco)
  10. LA CRÍTICA A LA TEORÍA DEL VALOR DE MARX Y A SU INTERPRETACIÓN DE LA DISTRIBUCIÓN COMO DEPENDIENTE DE LOS FACTORES DE PODER EN EUGEN VON BÖHM BAWERK (Guillermo Luis Covernton)
  11. LA RELEVANCIA DE LA TASA DE INTERÉS EN LA TEORÍA ECONÓMICA.
  12. CONSIDERACIONES DE JUAN CARLOS CACHANOSKY (Juan Sebastián Landoni)
  13. UNA REVISIÓN CRÍTICA DE LA TEORÍA DEL CRECIMIENTO A LA LUZ DEL ROL EMPRESARIAL (Juan José Ramírez Ochoa)
  14. ¿ES LA MÉTRICA EVA® CONSISTENTE CON LA ECONOMÍA AUSTRÍACA? (Florencia Roca)
  15. EL CONCEPTO DE PERSONA E INDIVIDUO EN EL PENSAMIENTO LIBERAL: ALGUNAS IMPLICANCIAS PARA LA POLÍTICA ECONÓMICA (Alejandro Chafuen)
  16. ¿QUÉ AGREGAN LA FENOMENOLOGÍA Y LA HERMENÉUTICA AL DEBATE SOBRE LAS
  17. MATEMÁTICAS EN ECONOMÍA? (Gabriel J. Zanotti)
  18. LIBERTAD INVISIBLE (Alejandro Gómez)
  19. SOBRE UTOPÍAS Y DISTOPÍAS (con comentarios sobre una novela distópica moderna) (Julio H. Cole)
  20. POBREZA Y DESIGUALDAD (Pedro Schwartz Girón)

Whittaker Chambers y sus derivados

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Según Sidney Hook el libro de Chambers titulado Witness es el que mejor explica los graves problemas inherentes a los sistemas totalitarios (en la edición que tengo en mis manos son poco más de 800 páginas con una tipografía bastante reducida).

El autor (1901-1961) relata como en su país, Estados Unidos, donde había llegado su abuelo de Europa, en la Universidad de Columbia donde cursaba historia, algunos de sus amigos lo invitaron a incorporarse al Partido Comunista en vista de los hechos que acosaban al mundo y como, según ellos, lo estaban encarando y resolviendo en la Unión Soviética. Chambers relata que esas versiones provenían principal aunque no exclusivamente de la influencia del matrimonio Webb (los fundadores del Partido Laborista en Inglaterra y también de la London School of Economics, tan abiertos a otras ideas que esa casa de estudios con el tiempo básicamente sustentó el espíritu liberal durante un tiempo prolongado).

Relata también que tres obras influyeron principalmente en él: Un soviético trabajando Estado y revolución de Lenin y El manifiesto comunista de Marx y Engels. Participó en numerosas reuniones con activistas del partido, en huelgas especialmente textiles en New Jersey y finalmente se afilió al PC. Al tiempo de la mencionada afiliación comenzó a recibir llamadas y contactos al efecto de mantener reuniones donde los invitantes verificaron su compromiso con los ideales comunistas y, sobre todo, su carácter respecto a su capacidad para mantenerse leal y su espíritu de subordinación a los jefes, en dirección a los programas del partido.

Cuando los agentes soviéticos se persuadieron de las potencialidades del candidato lo reclutaron para muy diversas tareas y finalmente para las faenas de espionaje en su propio país. Chambers describe de manera muy ilustrativa y vivencial las peripecias, los procedimientos de control permanentes del sistema, la carga de maldad con los desertores cuyo destino era siempre la muerte, los horrores de la vida en Rusia soviética y los desmanes de los líderes, las purgas entre ellos y, sobre todo, la timidez en las respuestas de Occidente frente a la infiltración en sus propias filas.

Describe también sus primeras dudas respecto a la naturaleza del sistema, su desengaño total primero al ver que lo que creía un fin noble era manchado brutalmente por medios de una inmoralidad patética y luego comprender que el problema estaba en el fin perseguido y no en una mala administración merced no solo a lo que constataba con sus propios ojos sino a lecturas en la clandestinidad sobre la sociedad abierta y temas filosóficos como los referidos al materialismo  (del mismo modo que le ocurrió a Eudocio Ravines). Influyó también en su decisión la orden de sus superiores (que incumplió) de que su mujer abortara su hija. A continuación alude a sus idas y venidas con planes minuciosos y por cierto muy peligrosos para escapar de las garras de los comisarios del aparato y su posibilidad de libertad aunque al principio tuvo que mantenerse escondido hasta que saltó a la fama al denunciar públicamente nada menos que a quien fuera Procurador General del gobierno de Frankin D. Roosvelt y Asistente al Secretario de Estado, Alger Hiss, quien fue condenado (también  Chambers lo denunció en el Departamento del Tesoro del mismo presidente a Harry Dexter White -cofundador con Keynes del FMI- quien murió durante el proceso, antes del veredicto). Este proceso tuvo repercusiones mundiales y muchos autores de prestigio escribieron sobre el caso tan sonado, como por ejemplo, John T. Flynn en El mito de Roosevelt en el que queda claro que, igual que los compromisos que se adquieren en una empresa respecto de inside information confidencial, del mismo modo es que al jurar por la Constitución determinados compromisos, estos deben cumplirse a riesgo de incurrir en un delito. El cargo no es por las ideas sustentadas sino por la referida acción delictual. Luego aparecieron los Venona Papers que confirmaron todas las denuncias de Chambers. 

Poco después Whittaker Chambers se desempeñó en la revista Times Magazine durante nueve años donde fue el más conocido editorialista y fue más tarde miembro del Consejo Editorial de National Review.

Es de interés considerar las reflexiones de este personaje en su libro donde consigna que al decidir la deserción del partido coincidieron con su mujer que con esto “pasarían del lado ganador al lado perdedor” en vista de la fuerza que mostraba el comunismo y el espíritu totalitario y estatista en general debido al trabajo diario que en muy diversos frentes realizaban sus adeptos, en abierto contraste con la debilidad y la desidia manifiesta de Occidente para defender sus valores y principios. Y en los tiempos que corren podemos decir que no se trata de la etiqueta del comunismo como tal sino su filosofía y las inclinaciones hacia esa tradición de pensamiento ya sea en forma directa o con el método gramsciano de “tomar la cultura puesto que el resto se da por añadidura”.

Como bien ha escrito Vladimir Bukouvsky “miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de doctrinas se ha creado por prominentes políticos para encontrar compromisos con este tipo de regímenes [los totalitarios]. Están evadiendo la única solución correcta- la oposición moral. Las consentidas democracias de Occidente se han olvidado de su pasado y de su esencia, es decir, que las democracias no consisten en una casa confortable, un lindo automóvil o un beneficio de desempleo, sino antes que nada la habilidad y el deseo de defender nuestros derechos”. Y también Anna Politkovskaya denunció con todas sus fuerzas el sistema totalitario del actual momento en Rusia hasta que, luego de reiteradas amenazas para que se abstuviera de continuar con sus reclamos, la asesinaron.

Sin llegar a las matanzas, en cualquier lugar donde prime el espíritu totalitario bajo las más diversas fachadas, se comprueba la persecución a periodistas independientes (un pleonasmo, pero hoy vale aclarar con el adjetivo), se machaca con presiones, aprietes y demás maniobras para lograr una mordaza generalizada al efecto  de que  solo se visualice la opinión de los megalómanos y comisarios de facto que tienen la escabrosa manía de manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

Es de desear qua haya una decidida reacción a favor de los valores de la sociedad libre merced a los formidables trabajos realizados por tantos intelectuales de gran calado y pueda contrarrestarse el creciente estatismo que hoy tiene lugar en países que han tenido una tradición muy distinta y contraria a la que favorece un Leviatán desbocado. 

Después de toda la tragedia que se ha visto en cuanto a lo que significa el comunismo, hay quienes persisten en ese camino aunque muchas veces por vergonzantes no lo declaran abiertamente o porque piensan que resulta posible persistir en las metas sin recurrir a los medios atroces a que a recurrido aquella postura. Recordemos que Marx y Engels definieron el eje central del programa comunista como “la abolición de la propiedad” pero muchos de los seguidores conciente o inconcientemente estiman que sin llegar a la abolición de la propiedad se la puede dañar “un poco”.

Es que dañar un poco significa que se distorcionarán un poco los precios que precisamente surgen de intercambios libres y voluntarios entre derechos de propiedad, lo cual se traduce a su vez en que se malguía un poco a los operadores económicos que actúan en base a esos indicadores y, por ende, se consume un poco de capital y consecuentemente se contraen un poco los salarios e ingresos en términos reales. Pero henos aquí que estos pocos al producir efectos negativos hacen que los aparatos estatales se vean obligados a intervenir otro poco para “corregir” los desajustes producidos por los otros pocos y así sucesivamente. En el extremo, cuando se ha abolido la propiedad ya no hay precio alguno, por lo que tampoco hay posibilidad de evaluación de proyectos ni de tal cosa como contabilidad.

Esta secuencia es favorecida por desvalores trasmitidos en las aulas y también, en muchos casos, por predicadores y sacerdotes en el contexto de faenas misioneras y similares. Esto último no se diferencia en su contenido de otras manifestaciones de des-educación pero con la enorme diferencia que se llevan a cabo en nombre de Dios. El primer paso consiste en trasmitirles a los jóvenes que deben demostrar bondad y para ello consideran que es indispensable que renuncien a si mismos y se entreguen a los demás, lo cual revela una contradicción manifiesta ya que si proceden de ese modo es inexorablemente porque prefieren actuar de ese modo, que les interesa moverse en esa dirección, que les hace bien y, en consecuencia, les gusta. Por eso el altruismo es una contradicción en términos, no es posible hacer el bien a costa del propio bien, como queda dicho, el que hace el bien es porque le satisface hacerlo, está en su interés personal.

Ahora bien, esta enseñanza de renunciar a uno mismo ¿no es una traición a Dios que nos dio la bendición de haber nacido para, en cambio, renunciar a uno mismo en lugar de prestarnos atención y ensanchar y cuidar nuestra alma y actualizar nuestras potencialidades y mejorar nuestra condición en todos los aspectos posibles? Como se ha dicho una y otra vez, la renuncia evangélica se refiere a la renuncia al mal. Sin embargo, aquellas prédicas en general van por otros andariveles: una vez comprendida y remachada la antedicha lección, se lleva a los jóvenes a barrios de emergencia para “concientizarlos” y mostrarles que esa es la consecuencia de la codicia y el deseo de lucro del capitalismo y que “el dinero es el estiércol del diablo”. Están también los que se quedan a medio camino tan confundidos que prefieren hablar de música y temas similares que no los comprometan, pero en casi todos los casos miran a sus padres con desconfianza porque estiman que tienen demasiados bienes y no los reparten.

La última etapa -cuando ya se ha producido una llamarada de indignación entre las audiencias fruto de semejante adoctrinamiento- suelen volcarse a la toma de las armas al efecto de destruir el sistema opresivo del capitalismo (que en verdad, agregamos nosotros, es inexistente ya que lo que tiene lugar es consecuencia del estatismo resultado de las recetas, entre muchos otros, de los misioneros de marras: aumentos siderales en el gasto público, impuestos insoportables, deuda estatal astronómica, regulaciones asfixiantes por doquier y, naturalmente, degradación del derecho y los marcos institucionales). Las enseñanzas de Chambers deben alertar a los espíritus inquietos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Instituciones y moral

Por Gabriel Boragina Publicado  el 23/7/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/07/instituciones-y-moral.html

 

Hace poco participé de un debate que se generó en torno al estreno de una película que auspicia la imagen del dictador militar izquierdista venezolano Hugo Chávez Frías. Todos los participantes en el debate criticaban que un ente estatal -como el instituto del cine argentino (más conocido por sus siglas INCAA)- fuera el autor de la iniciativa y de su financiación, ya que esta -al tratarse de un instituto oficial- se sufragaba a través de los impuestos que constantemente abonamos los “contribuyentes” al gobierno.

La opinión mayoritaria se orientaba a mantener el ente estatal (INCAA) ya que ella decía que el problema constituía en que existía uno o más funcionarios que portaban ideas de izquierda y que la solución pasaba por eliminar a esos elementos, y volver a repoblar la repartición estatal con otro tipo de funcionarios con ideas menos izquierdistas o mas de derecha.

Mi punto -el que fue rechazado por todos, incluyendo aquellos que no compartían la promoción de ideas de izquierda como formando parte de la cultura- era diferente, y transitaba por el hecho de que no importaba tanto cuáles ideas poseían los funcionarios y empleados del ente estatal, sino que -en mi opinión- no constituía objeto de las funciones del estado-nación el patrocinio de eventos culturales, siendo como lo considero, algo propio y exclusivo del sector privado.

En segundo lugar, señalé que hay instituciones que -mas allá de las ideas políticas de quienes las dirigen o la componen- su mismo diseño como tal las hace obligar a esas mismas personas a llevar a cabo actos que se dirigen a determinados resultados -incluso posiblemente no queridos por quienes integran el organismo- y que esas consecuencias podrían ser ideológicas, injustas y hasta deshonestas.

Se me replicó que las instituciones en sí mismas eran neutrales, y por ese mismo motivo no podían ser deshonestas, sino que solamente las personas pueden serlo o no. Por lo tanto, lo que estos debatientes proponían como toda “solución” era despedir a los deshonestos y contratar a personal honorable.
A lo que no estuve de acuerdo.

Si buscamos la definición de institución encontramos la siguiente:

Institución. Establecimiento o fundación de una cosa. | Cosa establecida o fundada. | Cada una de las organizaciones fundamentales de un Estado, como república, monarquía, feudalismo, democracia. | Órganos constitucionales del poder soberano de la nación. | Cada una de las materias de las diversas ramas del Derecho: institución de la familia, del matrimonio, de la patria potestad, de las sucesiones, de la propiedad.1

Para el tema del debate, lo que nos interesa son las dos primeras acepciones.
Una piedra es una cosa y -como tal, por su propia naturaleza- carece de finalidad alguna. Por lo tanto, se puede decir que -desde el punto de vista humano- una piedra es una cosa neutral. Pero una institución no es simplemente una cosa, sino el Establecimiento o fundación de una cosa, o bien, una Cosa establecida o fundada.
Es decir, que lo relevante para definir una institución es la finalidad humana observada al establecerla o fundarla. Y esa finalidad humana nunca es neutral, sino que siempre se halla condicionada por todos los factores que intervienen e influyen en el ser humano. Desde este punto de vista, ninguna institución es neutral, moral ni jurídicamente hablando.

Ya antes me he expresado en cuanto a este punto 2 y di varios ejemplos de instituciones inmorales o deshonestas. Hubiera sido inútil dotar al Ministerio de la Raza de Hitler de personal con altos valores morales u honestos. La finalidad de dicha institución no tenía por mira otra cosa que discriminar racialmente a la gente, y la única alternativa que quedaba a alguien quien fuera llamado a participar de aquella institución -por muy alta que fuera su moral u honestidad- no era más que una sola opción: o declinar el ofrecimiento al cargo o aceptarlo renunciando a su moral y honestidad. Pero, independientemente de lo que los llamados a integrar tal departamento estatal nazi asumieran como actitud final ante la oferta a componer la oficina estatal, tanto si aceptaban como si objetaban la propuesta, ello no priva a quienes repudiamos el racismo de tildar como inmoral o deshonesta la condición de un ministerio o secretaría de esa naturaleza. Esta institución, y muchas otras que, sin llegar a este extremo, conforman el sector público de numerosísimos países declarados no nazis, ni fascistas, ni comunistas, son -en mi opinión- manifiestamente inmorales y deshonestas, porque de este calibre es la mentalidad de las personas que diseñaron, establecieron o fundaron organismos estatales cuya mira es la violación de los derechos (no utilizaré el pleonasmo derechos “humanos”, ya que los derechos no pueden ser sino solamente humanos).

Sin llegar a esos límites, quienes pensamos y estamos convencidos que dirigir la economía de las personas es un acto inmoral y deshonesto porque viola el derecho de propiedad de esos mismos individuos, no podemos sino concluir que el establecimiento de cualquier institución –como, por ejemplo, los ministerios de economía tan populares de todos los tiempos- que tenga por finalidad u objetivo intervenir en la economía de los seres humanos, será indefectiblemente una institución inmoral y deshonesta.

Como ha señalado el genial economista austriaco Ludwig von Mises, la corrupción es corolario exclusivo del intervencionismo estatal. Y en esta línea, cualquier grado de intervencionismo del gobierno en los actos humanos conllevará el consiguiente grado de corrupción. Si este intervencionismo es excesivo la corrupción será creciente, y viceversa. De tal suerte que, todas las instituciones estatales que fomenten el intervencionismo gubernamental y las dependencias administrativas que se originen en su secuela serán, asimismo, por lógico efecto, inmorales y deshonestas. Y esto no cambia por el hecho de que quienes las compongan -o sus artífices e inspiradores- en sus conductas particulares no tengan antecedentes penales.

Pasa que nuestra sociedad estatista ha elevado a un grado sacrosanto conceptos tales como el de las instituciones. Pero ha olvidado por completo que las instituciones no nacen de la nada, ni se crean por generación espontánea. Toda institución es siempre fruto y derivación de una mente humana, o de muchas de ellas en conjunto. Y si esas mentes son inmorales y deshonestas sus construcciones serán del mismo signo sin remedio alguno.
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1 Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Juridicas Politices y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 504.
2 *Ver aquí mi artículo ¿Qué es la seguridad jurídica?

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.