No sirve desdoblar el dólar… ni creerle al REM

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 8/11/19 en: https://www.ambito.com/no-sirve-desdoblar-el-dolar-ni-creerle-al-rem-n5064010

 

No sirve desdoblar el dólar... ni creerle al REM

La “teoría del derrame” (trickle-down theory) es falsa. No necesariamente el sector más alto (i.e., las empresas) derramará riqueza sobre el mercado, incluidos los obreros. Por caso, empresas oligopólicas -como el sistema financiero regulado de modo que no cualquiera puede entrar- realizan ganancias y las retienen ya que, al no tener competencia, el sector no se agranda, no hay más demanda de empleados y así no tienen por qué aumentar los salarios.

Sí es cierto que, cuanto más libre es un mercado -los millones de ciudadanos- la riqueza se expande infinitamente porque, dado que el principal “recurso natural” es el cerebro humano, la creatividad -Frank Tripler dice que “lo que el sistema económico produce… (es)… conocimiento inmaterial”- los millones de cerebros son, precisamente, millones de veces más potentes que el de un político que impone regulaciones a su criterio. Así, Japón es rico.

Creada la riqueza, si el Estado no impide la movilidad -con burocracia o leyes- se distribuirá igualitariamente por la ley de la oferta y la demanda. Por caso, de no estar regulado el sistema financiero, en cuanto los bancos comiencen a tener buenas ganancias aparecerán otros ciudadanos que, con muy poco, al ser fácil el acceso, competirán con mejores servicios hasta equilibrar las ganancias.

La desigualdad y las fortunas exageradas -idolatradas por la derecha conservadora- no son producto natural del mercado sino de privilegios monopólicos u oligopólicos otorgados por el Estado. Fortunas como la de Bill Gates surgen del monopolio sobre ciertas ideas que le garantiza las “leyes de propiedad intelectual”. Thomas Edison, por caso, era un “patentador serial” -más de mil patentes- para hacer fortunas. La lámpara incandescente, en rigor fue perfeccionada por él y el anterior “patentador”, Joseph Swan, lo llevó a las cortes británicas que le dieron la razón.

En cambio, las cargas fiscales sí se “derraman” hacia abajo. Siempre, no importa si son dirigidas a los ricos, las pagarán los pobres. Dicho rápidamente, porque forman el “costo” de producción y, por tanto, se trasladan a precios o se recortan otros costos como salarios o inversiones. Por cierto, no tiene sentido quitarles a los pobres para pasarlo por la burocracia y devolverles, lo que queda, en asistencialismo. Así, es irrelevante afirmar que con 550% de devaluación y 300% de inflación en 4 años, “no es serio rebajar las retenciones”.

La recaudación tributaria en octubre aumentó el 42,8% i.a., o cayó el 5,8% en términos reales, dado el aumento del IPC. Son 15 meses consecutivos de caída (salvo agosto). Según un investigador del CEPA, sumando provincias y nación, la presión impositiva era de 31,45% del PBI en 2015 y cayó al 28,46% en 2018. Dicen que en 2010 y 2011 el PBI creció y la presión del 30% no afectó, queriendo mostrar que el peso estatal no frena el crecimiento.

Falso, es que la presión fiscal -los fondos que el Estado retira coactivamente del mercado- son los impuestos, más el endeudamiento que provoca una suba de tasas quitando recursos al sector privado y la inflación -casi 60%- que es emisión excesiva para solventar gastos. Y todavía, con el cuento de que se absorberán unos $140.000 M porque se dejarán de contabilizar Leliq para encajes, el BCRA estima la meta de base monetaria promedio de octubre en $1,391 B y se eleva a $1,545 y, para noviembre, $1,584 B. Así, la presión fiscal real hoy es superior a 2010.

Si a esta presión sumamos regulaciones que impiden la creatividad y movilidad, tenemos recesión. Según el informe anual “Doing Business 2020”, en cuanto a facilidad para hacer negocios, Argentina cayó al puesto 126°, la peor posición histórica.

El dólar no causa inflación -al revés- en todo caso aumento del IPC. Así, es ridículo el cepo, y desdoblar el tipo de cambio traería más trampas tipo “dólar pure” -que tiran abajo la demanda de pesos y sube la inflación- que abasteció en exceso a la cuevas y por eso baja el blue mientras sube el CCL que es el que va a marcar el aumento del IPC. Desdoblado, el dólar comercial podrá funcionar como un subsidio al importador o un impuesto al exportador y el IPC seguirá al blue o al dólar financiero.

Liberado el dólar completamente, hasta llegar a un punto de equilibrio que frene la fuga, no se dispararía tanto -de hecho, el BCRA habría comprado dólares la semana pasada- según puede intuirse de los precios actuales, y bajaría el IPC desde que no habría CCL y caería la inflación al no bajar tanto la demanda de pesos y entrarían más recursos necesitando menos emisión. Aun con el verde contenido, los Derechos de Exportación aumentaron 176,1%, por la suba del tipo de cambio, y los de Importación 66,2%.

Y esto en momentos en que el comercio global languidece. Desde 1945, el peso de las exportaciones e importaciones sobre el PIB -índice de la globalización- pasó del 23% hasta el 60%, aunque cae desde 2018. El futuro gobierno espera que crezca el superávit comercial y le deje un saldo favorable de u$s25.000 M durante 2020.

Para terminar una nota el pie: los del REM del BCRA, en noviembre de 2018, decían que en 2020 el PBI crecería 2,5%, pero ahora afirman que caerá 1,7% sin saber cómo se conformará el nuevo gobierno ni con qué plan. Y después preguntan por qué nadie cree a estos “economistas”, los mismos que alientan el cepo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Las opciones para enfrentar el problema de las Letras de Liquidez del Banco Central

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/10/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/10/22/las-opciones-para-enfrentar-el-problema-de-las-letras-de-liquidez-del-banco-central/?fbclid=IwAR0NxpLzVpMXMsJmmnglwN1ytLUhsUb4156GJLpexesFjpycdhApDgr9jHw

 

La prioridad para el próximo gobierno no sería tanto el reperfilamiento de la deuda externa, sino el desarme del principal instrumento de regulación monetaria (Leliq)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

La mayoría de los análisis sobre la deuda pública apuntan a analizar si Argentina podrá pagar la deuda externa en 2020. ¿Argentina entra en default o no? ¿Tendrá que “reperfilar” la deuda ante la falta de acceso del mercado financiero voluntario? Responder a estos interrogantes no parece tan difícil. Es evidente que hasta los intereses de la deuda serán problemáticos de pagar y que no luce probable, cualquiera que sea el que gane las elecciones, que vaya a llevar adelante las reformas estructurales que hacen falta para salir de la larga decadencia y ofrecer un plan económico que atraiga capitales, tanto para hacer el roll over de la deuda como para atraer inversiones que se hundan para crear empresas.

Sin embargo, en mi opinión, la prioridad no es la deuda externa, en todo caso sería una restricción adicional al gasto público que el Estado no pueda captar ahorro externo para financiar el gasto, la prioridad es enfrentar el serio problema de las Leliq, primas hermanas de las Lebac y descendientes directas de los depósitos indisponibles de los 80 dentro del árbol genealógico de la deuda pública interna argentina.

Recordemos que las Lebac nacen en marzo de 2002 para absorber la expansión monetaria que generaban los pagos de depósitos por los amparos que aprobaban los jueces por el corralón y la pesificación asimétrica de Duhalde.

En la era K el uso de las Lebac se intensificó porque los exportadores estaban obligados a liquidar sus divisas y el BCRA emitía pesos para comprar esos dólares, como la gente no quería los pesos que emitía el BCRA, en parte los retiraba de circulación colocando esas Letras. O sea compraba reservas contra deuda en pesos que pagaba una tasa de interés.

El kirchnerismo llevó el stock de Lebacs de $10.000 millones hasta $300.000 millones en diciembre de 2015. Por su parte, Cambiemos las llevó hasta $1,3 billones en su punto máximo en marzo de 2018, producto del endeudamiento externo que tomaba el Tesoro para financiar el déficit fiscal del gradualismo y luego le entregaba los dólares al BCRA contra los que emitía pesos; y que luego mutaron a las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, monto que representa el 80% de la base monetaria.

Es de manual que un Banco Central no debe emitir su propia deuda porque no tiene forma de pagarla, porque no genera ingresos propios. No es como una entidad comercial que vende tarjetas de crédito, préstamos personales y demás servicios. El único ingreso que tiene son los intereses que cobra por la colocación de sus reservas, monto que son monedas para enfrentar los intereses que devenga la deuda remunerada que emite.

En otras palabras, el BCRA está imposibilitado de poder cancelar las Leliq con recursos propios porque no los tiene. Las reservas propias en divisas, en el mejor de los casos, estarán en el orden los USD 8.000 millones,las cuales tienen que respaldar la base monetaria que es $ 1,3 billones, si además tienen que respaldar las LELIQs, la capacidad de respaldar los pesos es mínima.

Alternativas deseables y posibles

¿Qué opciones tiene el próximo gobierno frente al problema de las Leliq?:

En primer lugarlos que creen que gradualmente van a ir bajando la tasa de interés porque la tasa de inflación va a ir bajando, deliran. El problema no lo va a resolver el solo paso del tiempo. Habrá que pensar en otras opciones.

La opción más loca es dejar de pagar los intereses y emitir moneda. Recordemos que los bancos, que son los tenedores de las Leliq, compran esos títulos con los depósitos de sus inversores. Si hoy hay pérdida de depósitos a plazo fijo y el sistema financiero pierde renta en general, con una abrupta baja de la tasa, la fuga del sistema sería mucho más acelerada. Pero para poder hacer los pagos en ventanilla las entidades tendrían que pedirle a la autoridad monetaria los pesos a través de las cancelaciones de Leliq; y como no dispone de instrumentos para absorber esa emisión, el resultado sería un salto megainflacionario o cercano a la hiperinflación. Significaría duplicar la base monetaria en muy poco tiempo.

La segunda opción es aplicar un plan Bonex, como a fines de 1989. A los titulares de colocaciones en pesos a plazo fijo en el sistema financiero, en general a plazos de 30 a 60 días, se le cambian una parte por Bonos del Tesoro de largo plazo, 10 años. Una mancha más confiscatoria que profundizaría la tradición del Estado argentino, y que explica la derivación en un sistema financiero mínimo que no puede financiar ni consumo ni inversión. Un plan Bonex sería otra carnicería financiera como tantas otras confiscaciones se han hecho en el pasado.

La opción menos traumática que veo es lograr un acuerdo con el Tesoro americano para que a cambio de un préstamos de USD 20.000 millones capitalice al BCRA para que venda esos dólares en el mercado, contenga el tipo de cambio y bajé brutalmente la tasa de interés. Con esos pesos que obtendría el BCRA por la venta de dólares se rescatarían las Leliq, que hoy son equivalentes a unos USD 18.000 millones. Y con las reservas que quedan de libre diponibilidad rescatar la base monetaria y dolarizar la economía.

Obviamente que el Tesoro americano solo podría estar dispuesto a prestar ese dinero si a cambio se ofrece un plan económico con reformas estructurales muy profundas del sector público, del sistema tributario y de la legislación laboral. Además habría que ofrecer un tratado de libre comercio y alguna alianza en el combate contra el narcotráfico.

Si se lograra ese acuerdo, no solo volveríamos a tener una moneda para poder hacer cálculo económico, sino que además podría haber una recuperación económica bastante rápida por la incorporación de la Argentina al mundo que permitiría aumentar las exportaciones y generar volúmenes de inversión y demanda de mano de obra que permitiría, en poco tiempo, aliviar los problemas de pobreza y desocupación.

Está en manos de la dirigencia política decidir si Argentina termina con su larga decadencia o sumerge a la población en otra ola confiscatoria de ahorros o a una nueva hiperinflación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La “patria financiera” a cara descubierta

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/10/19 en: https://www.ambito.com/la-patria-financiera-cara-descubierta-n5058956

 

Si el Estado no asume su realidad de deudor serial y se reconvierte vendiendo propiedades inconvenientes, sobrevendrá un “ajuste salvaje”. Pretensiones del establishment, algunos banqueros y su socio el multiestatal FMI.

La patria financiera a cara descubierta

En septiembre, según LG, en términos reales los depósitos en pesos del sector privado cayeron 5,9% i.a., la mayor caída en lo que va del año. Los depósitos en dólares bajaron 26,3%, acumulando desde las PASO un descenso de 34%, u$s11.179 M. Lo prestado en pesos a los privados bajó 33,6% i.a. y 2019 cerraría con un stock de préstamos en torno a 7,6% del PBI, el menor nivel en 15 años. Según First, la caída de los préstamos en dólares durante septiembre fue récord, 15,7% i.a.

El volumen negociado en la Bolsa ronda los u$s15 M diarios -en Madrid, por caso, se negocian u$s2.000 M- y la capitalización bursátil de las empresas domésticas es hoy la mitad -u$s 27.600 M- que cuando Macri llegó al poder, según BYMA. El total administrado por los FCI bajó a u$s10.000 M desde un máximo de u$s35.000 M a principios de 2018.

Esta descapitalización acelerada -que conlleva baja de productividad, de salarios reales, de consumo y demanda de dinero, ergo, inflación- es el resultado del primer mes del control de cambios. Y seguramente volveremos desde “emergentes” a “economía fronteriza”, el 20 de junio, cuando se conozcan las reclasificaciones del índice MSCI. Cuando haber dejado el dólar libre en el mercado -sin intervención del BCRA- habría tenido consecuencias mucho menos traumáticas, y al aumentar el precio de la divisa se habría desincentivado la fuga.

Además, aunque las tasas de los plazos fijos siguen altas, bajan: 60% un mes atrás, 55% hoy. La mitad de los plazos fijos en pesos de las familias son pasibles de irse a dólares, unos u$s8.800 M. Desde las PASO salieron 98.000 M de plazos fijos privados en pesos. Por cierto, el spread entre la tasa de las Leliq y la del promedio del rendimiento ofrecido a ahorristas en septiembre llegó a 25,5 puntos, asegurando un buen negocio para la banca, sin ningún esfuerzo ni riesgo como debería ser el “capitalismo”.

Por cierto, dada la inflación, los rendimientos de los ahorros en pesos son negativos. Hoy Argentina tiene tasas negativas en términos reales (-2,1%), en tanto que, en Brasil, Chile y Perú, van del 3,1% al 1% reales.

Irónicamente, Europa se argentiniza, aunque por motivos distintos, pero también anormal. Los bancos empiezan a trasladar las tasas negativas (del -0,5% que les cobra el BCE) a los depósitos de más de € 100.000. Por caso, el Berliner Volksbank cobra un interés del -0,5%. Las tasas negativas ya les están costando a los prestamistas alemanes €2.400 M anuales. Así se vuelcan al oro y a bonos del Tesoro que todavía mantienen una tasa positiva cercana al 1,5% aunque, precisamente por compras que persisten hacia el futuro, sigue bajando.

Según Ecolatina, supuesto que la actividad continúe cayendo, el saldo favorable de la balanza comercial se extendería a u$s19.000 M, dada la caída en las importaciones y la débil crecida de las exportaciones a falta, precisamente, de un dólar competitivo. No alcanza. Sin acceso al crédito, el Gobierno deberá enfrentar vencimientos por u$s25.000 M en 2020. Más la fuga de capitales y el déficit turístico, entre otras cosas, que podría superar los u$s24.000 en el año.

De modo que si el Estado no asume su realidad de deudor serial y se reconvierte vendiendo propiedades inconvenientes, sobrevendrá un “ajuste salvaje” como pretenden el establishment, algunos banqueros -“la patria financiera”- y su socio el multiestatal FMI que propone que le devuelvan sus préstamos, perdidos en la “timba”, subiendo impuestos y realizando una quita en la deuda con el sector privado.

Cavallo, padre del “corralito” -uno de los ataques más irracionales a la propiedad privada argentina, en defensa de la “patria financiera”- asegura que de no haber sido por los controles de cambio -contrarios a la naturaleza del mercado- el descontrol monetario llevaría a la hiperinflación, y propone un “ajuste” salvaje pero con “bisturí” no como en 2002, cuando sobrevino uno dada la explosión inflacionaria: el PBI cayó 10%, los salarios estatales y las jubilaciones bajaron 20%, el costo de vida subió 42%, el gasto público primario se redujo y, dado el default, quedó en cero la factura de intereses.

Un directivo bancario argentino, representativo del sector, insiste en “profundizar la bancarización minimizando el uso del efectivo” en lo que tienen que participar “los bancos, el BCRA, Hacienda, la AFIP, Anses y el Congreso”. Es decir, usar el poder de policía estatal para forzar al pueblo, el mercado, sin siquiera consultarlo.

Dice el directivo que el 80% de las acreditaciones de los ingresos de las personas físicas se realizan a través del sistema financiero, unas 26 M de transferencias electrónicas mensuales -equivalente al 26% del PBI, u$s120.000 M- y más de la mitad salen del sistema en efectivo. Si el 20% del 100% que sale en efectivo se canalizara vía medios electrónicos, y pagara impuestos, aumentaría la recaudación en 1% del PBI, casi u$s5.000 M. E implicaría una mayor capacidad prestable equivalente a u$s10.000 M, unos 2 puntos del PBI.

Y sin tapujos aseguró que “los primeros beneficiarios seríamos el Estado y los bancos”. Supuestamente esto se derivaría en beneficios al consumidor como si no supiéramos que, así como una baja en los impuestos difícilmente suele llegar al mercado, estos negociados tampoco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Para qué sirve el Banco Central?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 23/3/19 en:  https://www.cronista.com/columnistas/Para-que-sirve-el-Banco-Central-20180319-0025.html

 

De entrada decimos que la banca central no puede dejar de equivocarse. Independientemente de lo probos y competentes que sean sus directores, sólo pueden decidir en una de tres direcciones: a qué tasa expandir la base monetaria, contraerla o dejarla inalterada.

Cualquier camino distorsionará los precios relativos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intromisión. Por otro lado, si hacen lo mismo que hubiera hecho la gente no tendría sentido la intervención con el consiguiente ahorro de gastos inútiles. Para saber como actuaría la gente hay que dejar que se exprese libremente.

Los pioneros contemporáneos en sugerir la liquidación de la banca central y la consecuente eliminación del curso forzoso fueron los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y Milton Friedman en la última época de sus escritos. Ahora hay una copiosa bibliografía en esta dirección.

Por mi parte, la primera vez que escribí en detalle sobre este mismo asunto fue en 1985 en un ensayo titulado “¿Autoridad monetaria, norma monetaria o moneda de mercado?”, que presenté originalmente en Sydney, en el congreso anual de la Mont Pelerin Society y que luego expuse en el mismo año en Mendoza en la reunión de la Asociación Argentina de Economía Política que publicó el trabajo en sus anales.

La inflación no es el aumento general de precios como a veces se la define sino que es el resultado de la expansión exógena de dinero, es decir, la emisión debida a causas políticas. Si la inflación se tradujera en incrementos uniformes en los precios, el desequilibrio entre salarios y precios no tendría lugar.

Como los precios constituyen las únicas señales para operar en el mercado, cuando se desdibujan hacen que se derrochen los siempre escasos recursos con lo que los salarios e ingresos en términos reales se contraen.

Una vez eliminada la banca central y el curso forzoso desaparece de la escena la inflación creada por los burócratas que succionan el fruto del trabajo ajeno con el pretexto de cuidar el poder adquisitivo (cosa que no ha hecho ningún Banco Central en la historia). Hay distraídos que mantienen que la moneda es un bien público sin reparar que no calza en los principios técnicos de no-rivalidad y no-exclusión.

Resulta tragicómico que los así llamados progresistas adhieran al espíritu conservador más cavernario que mantiene una entidad vetusta, que en el caso argentino fue inaugurada por los fascistas del año 30. Y no es cuestión de caer en la burda falacia “ad populum”: si todos lo hacen está bien, si nadie lo hace está mal. Con ese criterio no hubiéramos pasado del arco y la flecha.

Como ha escrito Hayek, “hemos demorado siglos en darnos cuenta el daño de atar la Iglesia al poder político, es de esperar que no demoremos otro tanto en darnos cuenta que atar el dinero al gobierno es sólo para estafar a la gente que debiera decidir cuáles son los activos monetarios de su preferencia”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Por amor al corralito

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 18/9/19 en: https://www.ambito.com/por-amor-al-corralito-n5055107

 

Por amor al corralito

Durante agosto, las importaciones desde Brasil, según el MDIC, cayeron 48,7% i.a. El consumo minorista bajó 18,6% i.a., el Índice Construya tuvo una caída intermensual desestacionalizada de 5,5%, la producción automotriz bajó 37,5% i.a. y la recaudación del IVA se redujo en 6,7% i.a. reales.

Total, que los del REM que realiza el BCRA, como venimos señalando desde hace años, siguen corrigiendo sus pronósticos: de afirmar que el PBI en 2019 crecería -y en 2020 hasta el 3,5% anual-, el mes pasado esperaban una caída del 1,5% y ahora una contracción de 2,6%. Y, para 2020, algunos pronostican una baja de 1,2%, evidenciando lo poco creíble de sus pronósticos ya que es imposible saber qué sucederá el año que viene -por mucho “arrastre” que supongan- sin conocer el rumbo del próximo Gobierno.

Uno de los errores generalizados entre los “gurús” es el de confundir inflación con aumento del IPC. Un simple -pero didáctico- trader, Juan Martín, cordobés radicado en CABA, saltó a los medios por tuitear sentido común -lo que les falta a los “expertos” que se pierden en elucubraciones racionalistas- y decir que nadie tiene “la bola de cristal ni una capacidad predictiva mayor al resto… El trader pasa más tiempo reaccionando rápidamente que adivinando el futuro”.

En los negocios, gana quien reacciona rápido ya que el mercado no puede anticiparse y, por tanto, no puede planificarse -así fallan todas las regulaciones estatales que son de suyo a priori- y, por tanto, la eficiencia se da en la respuesta refleja rápida, nunca en la planificación o anticipación. Así, una empresa en un mercado natural será tanto más exitosa cuanto mejor organizada esté para reaccionar rápidamente.

Pues la inflación es la exagerada emisión en tiempo real, que puede o no trasladarse al IPC según la espontaneidad del mercado. Por caso, nada tiene que ver con la inflación la escalada del 9% del precio del crudo (Brent) después de los ataques en Arabia y, sin embargo, se trasladaría a los precios de las gasolinas en un 3% a 4%, en unas semanas. Porque el costo de la materia prima -que no es el crudo sino refinados- supone un tercio del precio en el surtidor, el resto son impuestos -50%-, costos de distribución y ganancias empresarias.

Este error de confundir aumento del IPC con inflación lleva a creer que un aumento del dólar -que empujaría en un 40% a los precios- es inflacionario cuando es al revés y por ello se imponen controles de cambio y de capitales que agravan la desinversión, lo mismo que la tasa de las Leliq que ronda el lunático 84%. A más controles, más quieren escapar provocando un aumento en los “dólares alternativos” que incidirán en el IPC. La brecha entre el dólar oficial y el CCL ronda el 20% mientras que el dólar “rulero” -MEP- se cotiza un 15% por encima del MULC. Hay que sumar que si el 1 de enero, entre otras cosas, no se renueva la tasa cero del IVA subirá el precio de los trece productos elegidos.

Con el fin de mantener al dólar artificialmente bajo el BCRA sigue “quemando” reservas. Según diversos analistas, descontadas de las reservas brutas el swap con China, los depósitos en moneda extranjera -encajes bancarios-, créditos con Bancos Internacionales y DEG el BCRA tiene unos u$s13.100 M y se podrían sumar u$s7.216 M del FMI. Ahora, si restamos vencimientos de Letes sin reperfilar -u$s5.750 M- y de bonos soberanos -u$s 5.613 M- el BCRA puede vender sólo 1.737 M para contener al dólar.

Por otro lado, dentro de las reservas brutas están los encajes bancarios por los depósitos en moneda extranjera que caen fuerte -aunque en desaceleración- desde los u$s32.503 M el viernes pre-PASO a u$s22.683 M, más de 30% en un mes, esto significa que de los u$s16.000 M en el BCRA -50% de los depósitos por encajes- pre PASO, hoy quedan 7.950 M, cifra que alcanzaría para devolver depósitos por pocas semanas aún suponiendo una buena entrada por parte de exportadores.

Siendo que desde las PASO se fueron del BCRA u$s16.342 M para contener al dólar, por salida de depósitos y demás, de seguir con el modelo macrista -irresponsablemente financiado por el FMI- la autorización para usar esos u$s7.216 M del Fondo que están en las reservas y el desembolso de u$s5.400 M pendiente sólo servirían para postergar mayores controles -e incluso un corralito- que el Gobierno, más temprano que tarde, se sentirá “obligado” a implementar.

Otra cosa que anticipamos es que la recategorización a emergentes por parte del MSCI lucía desacertada pues, aunque Argentina cumplía teóricamente los requisitos, todo estaba atado con pinzas. Ahora, dada la imposición de controles de cambio, el MSCI inició un proceso de consulta -hasta el 13 y cuyos resultados se conocerían el 31, de diciembre- para definir si Argentina vuelve atrás. Por un lado, las acciones argentinas que forman parte del índice no cotizan en el país, sino en Wall Street y los controles de capitales podrían no afectarlas, pero sí a los pagos de dividendos de empresas locales. Y la cosa empeorará cuando vengan más controles.

Por cierto, Argentina pierde el fuerte viento de cola. Por un lado, la Fed anunciaría hoy la rebaja de su tasa de referencia en 0,25pp hasta el rango del 1,75-2%, cosa que repetiría en diciembre para dejarla en el 1,5-1,75% por un período largo. Por otro lado, el 30% -u$s17 B- de los bonos de Gobiernos y empresas del mundo tiene rendimientos negativos. Así, los emergentes serían una buena opción para inversores, pero los desatinos de Trump, sobre todo con China, y la crisis argentina impulsaron la liquidación de activos de Mercados Emergentes. Por caso, el índice de renta variable MSCI Emerging Markets cayó 5% en agosto, quedando por ahora sólo 6% arriba en lo que va de 2019, lejos de los dos dígitos en los mercados desarrollados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Origen, corrupción y enmienda del signo monetario

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/9/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/09/14/origen-corrupcion-y-enmienda-del-signo-monetario/

 

(Foto: Adrián Escandar)

(Foto: Adrián Escandar)

En las economías primitivas donde las transacciones eran reducidas y el aislamiento con otras sociedades era grande debido a las dificultades en la comunicación y el transporte y también debido a estados beligerantes, los intercambios se llevaban a cabo a través del trueque, esto es el cambio directo. Esta modalidad tenía sus bemoles, puesto que el que tenía la mercancía A y quería la B debía recorrer tres etapas ineludibles: primero encontrar alguien que necesitara A, luego que tuviera a su disposición B y por último que estuviera dispuesto a llevar a cabo el intercambio a cierta ratio, por ejemplo, de un A por un B y no diez A por un B. Esto a veces no solo se tornaba dificultoso sino que, a veces, resultaba imposible, como por ejemplo frente a un especialista en tocar el tambor que necesita pan es poco probable que el tenedor de pan aceptara recibir una lección de tambor a cambio de su pan y así sucesivamente.

A medida que las transacciones se fueron multiplicando se percibió que resultaba más expeditivo y más fluido el cambio indirecto, este es, el realizar los intercambios a través de una mercancía de valor generalizado y luego con ella adquirir lo que se requería. Así es que se recurrió como medio común de intercambio o dinero el cacao en Centroamérica, las sedas en Persia, el ganado en Grecia (de allí la expresión medios pecuniarios), el té en Turquía, el cobre en Egipto, el hierro en África, el azúcar en la India, el tabaco en la Virginia colonial, etc. Como queda dicho, se ofrecían bienes y servicios a cambio de dinero y, a su vez, con ese dinero se compraba lo que se deseaba.

A través del tiempo se fue produciendo naturalmente un proceso de selección y reselección de medios comunes de intercambio según su durabilidad, homogeneidad y fraccionabilidad. Cuando se percibían ventajas en la utilización de cierta moneda-mercancía simplemente se la remplazaba sin que a esa altura a nadie se le ocurriera esgrimir el argumento de la “soberanía monetaria”, un disfraz para que gobernantes pudieran explotar a sus súbditos a través del denominado curso forzoso.

En esta especie de competencia entre monedas surgieron como mejores para los propósitos monetarios el oro y la plata, el primero para transacciones de mayor valor y el segundo para intercambios de menor cuantía, por lo que era común la adopción del bimetalismo. Esto explica lo que después se bautizó como el teorema de la regresión monetaria con la intención de mostrar el fundamento no monetario (usos industriales, comestibles y otras aplicaciones) de los usos propiamente monetarios (hago un a digresión para apuntar que esto está hoy en entredicho debido a las denominadas monedas virtuales a través de las cuales se atribuye valor especulativo al efecto de concretar arbitrajes vía los cambios en las cotizaciones).

En todo caso, para seguir con esta línea argumental debe consignarse que la gente percibió que en lugar de tener que recurrir a pesas y balanzas para cada transacción y verse obligados a analizar la pureza del metal en cada oportunidad, resultaba mejor acuñar el oro y la plata y acreditar el peso y la pureza. Las monedas prestaron un servicio adicional en este proceso.

También por razones de seguridad se comprobó que resultaba un servicio adicional en ofrecer casas de depósito (generalmente provistas por los mismos orfebres) donde se emitía un recibo por el metálico depositado. Con el tiempo esas casas se denominaron bancos y los recibos billetes bancarios (el dólar deriva de la expresión thaler acuñada por el Conde Shlik en el siglo XVI). Muchas denominaciones aluden al peso metálico como el propio peso, la libra y otras, aun en la parla convencional se habla de “plata” para hacer referencia a la moneda.

En muchos casos los gobiernos monopolizaron primero la acuñación con lo que comenzaron los primeros fraudes al recortar la cantidad de metálico y otorgarle curso forzoso a la moneda y luego monopolizaron la convertibilidad con lo que se sucedían períodos de “cierres temporarios en la conversión” que más adelante fueron definitivos con la irrupción de la banca central.

A través de los Acuerdos de Génova de 1922, la resolución IX oficializó la liquidación del patrón oro clásico (abandonado de jure durante la Primera Guerra Mundial) y se decretó el mal llamado patrón cambio oro, es decir un sistema de pseudo patrón oro que se tradujo en que las reservas de los ya constituidos bancos centrales estarían formadas por dólares y libras (esta última divisa se dejó de lado a poco andar) y estas denominaciones a su vez estarían relacionadas con el oro a una razón fija concretada en la Reserva Federal estadounidense y en el Banco de Inglaterra a requerimiento de la banca central extranjera, con un acuerdo tácito de no producir esos reclamos (solo Jacques Rueff como ministro de De Gaulle pidió el oro para mostrar la bancarrota del sistema), lo cual produjo emisiones sin respaldo del dólar que condujo al boom de los años 20 y al crack de los años 30.

Finalmente, para reseñar muy telegráficamente la columna vertebral de la moneda, tuvo lugar Breton Woods en 1945, el doble precio del oro en 1968 y finalmente las medidas de agosto de 1971 con la consiguiente crisis de 1973 debido a los tipos de cambio fijos.

Reiteramos que la inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente al efecto de financiar sus propios desbordes.

Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones una vez liquidada la banca central, no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo, el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.
Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace 50 años sobre si es mejor el free-banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es infinitamente mejor que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.

Resultan tragicómicos los esfuerzos y las acaloradas discusiones sobre “metas de inflación” y las correspondientes manipulaciones monetarias y cambiarias que impone la banca central, en lugar de comprender que el problema estriba en esa institución (en el medio argentino creada por el golpe fascista de los años 30).

Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar entonces que no transcurra mucho tiempo antes de que se perciban los inmensos daños de la banca central y el sistema bancario de reserva parcial con todas sus consecuentes políticas. Cuál es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cuál es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cuál es la cantidad de cualquier otro bien en el mercado. No debe imponerse tal cosa como “curso forzoso” a ninguna divisa y, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los gobiernos seleccionarán la moneda o monedas en las que cobrarán impuestos al efecto de proteger derechos. La denominada “dolarización” puede eventualmente servir solo como uno de los caminos para cerrar la banca central y entregar las reservas al público, pero en ningún caso para otorgarle a esa divisa el curso forzoso.

Ningún aparato estatal debe arrogarse la facultad de imponer cuál es el activo monetario a que debe recurrir la gente. Esa es la manera con bancos independientes en la que se incentivan nuevas propuestas de solidez monetaria en el contexto de auditorias cruzadas y en competencia al efecto de proporcionar seguridad a los clientes, todos con la posibilidad de contratar sistemas de seguros contra posibles desvíos de lo pactado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

 

 

Es falso que sea tarde para que el Gobierno anuncie un plan económico

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/9/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/09/03/es-falso-que-sea-tarde-para-que-el-gobierno-anuncie-un-plan-economico/

 

Primero, el presidente Macri debería hacer un mea culpa del gradualismo adoptado. Es falso que falte más tiempo para seguir por el mismo camino. El camino está equivocado

Hernán Lacunaza, ministro de Hacienda (REUTERS/Agustin Marcarian)

Hernán Lacunaza, ministro de Hacienda (REUTERS/Agustin Marcarian)

No pretendo hacer un ejercicio ilegal de la medicina, pero es bastante claro que si uno toma demasiados analgésicos para disimular una enfermedad sin curar la enfermedad, esos analgésicos en algún momento van a tener algún efecto colateral. Alguna otra complicación le va a genera al paciente.

Por ahora el Gobierno viene insistiendo en tratar la crisis económica como con analgésicos cuando sabemos que la enfermedad de la economía requiere de otro tipo de tratamiento.

La infinidad de veces que se modificó la política cambiaria desde que se llegó a un acuerdo con el FMI, los anuncios de los ministros de Hacienda, del Presidente y funcionarios del BCRA ya no tienen efecto y, en el mejor de los casos, alivian la situación del mercado un par de días o unas horas y luego vuelven los problemas, pero agravados.

Frente a este problema en varias oportunidades he insistido en que el Gobierno tiene que anunciar un plan económico a ser aplicado a partir de diciembre si es reelecto. Cuando formulo esta propuesta me dicen que el Gobierno ya no está a tiempo para anunciar un plan. Error. Mauricio Macri está en campaña electoral y no sólo puede sino que debe anunciar su plan económico para el caso en que sea reelecto. Justamente es en las campañas electorales que se anuncian las propuestas de gobierno. ¿Cuándo van a anunciar un plan, si pierden las elecciones?

Por ahora el Gobierno viene limitándose a estar a la defensiva en lo económico y a decir que tienen que votarlos a ellos porque el PJ-Kirchnerismo no es republicano. Me parece que el miedo a las tendencias autocráticas de ese espacio ya no funciona. Además de decir ellos son malos, yo soy bueno, el Gobierno tiene que formular una propuesta en la cual la gente no solo va a vivir dentro de una república, sino que además se anuncia un plan que enamore a la gente de ese proyecto en el cual también podrá vivir en un país que le ofrece prosperidad. Que llevará tiempo y esfuerzo, pero un plan económico que le ofrezca un futuro a esa clase media agobiada de sostener a 19 millones de personas que todos los meses pasan por la ventanilla del estado a buscar un cheque. Salir de la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo es el objetivo.

Mauricio Macri

Mauricio Macri

Cuando Argentina fue un país próspero y admirado por el mundo, fue porque la gente venía a la Argentina a trabajar, no a buscar planes sociales. Argentina se construyó con trabajo y esfuerzo, no con planes sociales y piquetes en la 9 de Julio. Argentina se construyó captando inversiones para exportar, no escondiéndonos del mundo para vivir con lo nuestro.

Por lo comentado más arriba es que, en mi opinión, el presidente Macri debería hacer un mea culpa del gradualismo adoptado. Es falso que falte más tiempo para seguir por el mismo camino. El camino está equivocado. El Presidente debe reconocer que subvaluó la herencia que recibía y le vendieron el humo que con el gradualismo venía una lluvia de inversiones por el solo hecho que él se iba a sentar en el sillón de Rivadavia.

Una vez hecho el mea culpa hay que describir la herencia recibida y como se agravó por el gradualismo. En estos casos no hay mejor cosa que ser sincero ante la población y reconocer los errores cometidos. A renglón seguido anunciar un plan económico de reducción del gasto público, de reforma tributaria, de reforma monetaria, de reforma laboral y de incorporación de la Argentina al mundo.

El corazón del plan es terminar con la cultura de la dádiva y empezar con la cultura del trabajo. Cambiar el discurso y no decir más que el estado tiene que cuidarnos. El estado no me tiene que cuidar, me tiene que sacar el pie de encima de tantos impuestos para dejarme desarrollar la capacidad de innovación.

En síntesis, el presidente Macri está en campaña electoral y tiene la oportunidad y la obligación de ofrecer una política económica que le devuelva a la gente el sueño de poder prosperar. Es más, de formular esa propuesta forzaría a la oposición a cambiar el eje del debate y definir una política económica que dejaría en evidencia la ausencia de ideas que hay del lado del kirchnerismo.

Si esta propuesta parece demasiado disparatada, entonces que sigan probando con convencer a la gente de que los vote porque Cambiemos es malo, pero los otros son peores. Dudo que lo que resultó en el pasado sirva ahora para revertir el resultado de las PASO.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky