Pepe Gil Vidal conversó con Aldo Abram en “Café con Pepe” por CNN Radio

Por Aldo Abram: Publicado el 25/9/20 en: https://radiocut.fm/audiocut/25-09-2020-pepe-gil-vidal-converso-con-aldo-abram-en-cafe-con-pepe-por-cnn-radio/

“Si permanecen obstinados tratando de sostener el cepo iremos a una crisis muy profunda”
Aldo Abram – Economista
https://cnnespanol.cnn.com/radio/2020/09/25/aldo-abram-llamo-a-terminar-con-las-restricciones-cambiarias/
Com tel con Aldo Abram, Master en Ciencias Económicas. Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Profesor e investigador de ESEADE. Consultor económico y financiero
“Pareciera que el Gobierno no entendió que con lo que hizo la semana pasada quedó zanjada una discusión, que un grupo amplio de economistas estábamos teniendo con el BCRA desde que asumieron, al respecto de que lo que había que hacer era tratar de buscar la forma de salir lo antes posible del cepo, porque a lo único que lleva es a una continua pérdida de reservas y cada tanto más restricciones al acceso a esas reservas por parte de particulares y empresas, el Gobierno lo que nos decía es que eso sucedía por la negociación de la deuda en marcha, que traía incertidumbre, cosa que era cierta, y que por tanto, cuando se resolviera la restructuración se empezaría a flexibilizar el cepo cada vez más. La realidad es que la re estucturación de la deuda fue gracias a Dios exitosa y sin embargo la semana pasada cerraron tremendamente el Cepo. Lo que viene a confirmar que nosotros teníamos razón y ellos no” “Si permanecen obstinados tratando de sostener el cepo iremos a una crisis muy profunda, quizás peor que la de 2002” “Argentina en los 70 años anteriores al cepo de Cristina Fernández tuvo 23 cepos, de ninguno se salió bien, de todos se salió traumaticamente, porque intentaron sostenerlos” “Del que no se salió tan traumáticamente fue justamente del de CFK, y no es casualidad fue porque se cambió de Gobierno, porque íbamos a una crisis y el Gobierno de Cambiemos dijo “nosotros sí queremos salir del cepo”” “Cuando la gente no confía saca los dólares y se los guarda, eso es fuga de capitales, más allá que también seea de las empresas que se van, pero todo el combo es fuga de capitales” “Lo que hizo bien en ese momento Cambiemos y debería aprender este gobierno fue decir “Vamos a resolver los problemas de fondo y las reformas estructurales de fondo”, la gente les creyó y se empezó a fugar menos capitales y pudieron salir del cepo de forma menos traumática, sí hubo un poco de trauma, pero menor que las anteriores” 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Demanda, Oferta, y Cepo Cambiario

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 16/9/20 en: https://puntodevistaeconomico.com/2020/09/16/demanda-oferta-y-cepo-cambiario/

Como era de esperarse, la pérdida de reservas del BCRA llevaron a un endurecimiento del cepo cambiario. Y también como es de esperarse, esto ha de traer mayores costos que beneficios.

Uno de los problemas de un cepo cambiario es que mientras en la practica no soluciona el problema de pérdidas de reservas, puede llevar a una devaluación mayor a la necesaria para cerrar la perdida de reservas. Esto se puede apreciar en un gráfico de demanda y oferta.

El gráfico muestra la demanda y oferta de dólares en el mercado cambiario argentino. El tipo de cambio intervenido del BCRA (e_{BCRA}) se encuentra por debajo del tipo de cambio de equilibrio (e^*). El exceso de demanda se traduce en una pérdida de reservas (el mercado no ofrece todos los dólares que demanda el mercado).

El cepo produce cuatro efectos.

  1. La cantidad de dólares adquiridos en el mercado formal cae de q^* a q_C. La diferencia son dólares que no se pueden usar en el mercado formal para financiar inversiones o compras inmobiliarias.
  2. Se genera un mercado informal (negro, o blue), dado que el mercado está dispuesto a pagar un mayor precio por esos dólares.
  3. Se genera una devaluación, en el mercado informal, superior a la necesaria para cerrar la pérdida de reservas:  \frac{e^*-e_{BCRA}}{e_{BCRA}}” width=”167″ height=”23″ srcset=”https://s0.wp.com/latex.php?latex=%5Cfrac%7Be_%7BBLUE%7D-e_%7BBCRA%7D%7D%7Be_%7BBCRA%7D%7D+%3E+%5Cfrac%7Be%5E%2A-e_%7BBCRA%7D%7D%7Be_%7BBCRA%7D%7D&bg=ffffff&fg=333333&s=0&zoom=2 1.5x”>.
  4. Se incentiva un uso político para racionar los q_C dólares que sí se pueden vender al tipo de cambio del BCRA.

En resumen, un cepo agrava los problemas existentes. Una solución a la pérdida de reservas requiere una devaluación menor a la que produce un cepo en el mercado informal, al cual recurren pequeños ahorristas. Es decir, justamente quienes más necesitan proteger su limitada capacidad de ahorro. El cepo es una medida que perjudica a las clases trabajadoras y populares, no a los ricos con sus ahorros a resguardo del gobierno.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

El Gobierno terminó con el dólar ahorro, pero debe eliminar por completo el cepo cambiario

Por Iván Carrino. Publicado el 16/9/20 en:  https://www.infobae.com/opinion/2020/09/16/el-gobierno-termino-con-el-dolar-ahorro-pero-debe-eliminar-por-completo-el-cepo-cambiario/

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Los controles de cambios son controles de precios aplicados a la divisa extranjera. Así que, como cualquier control de precios, estimulan la demanda pero restringen la oferta.

Esto mismo venía ocurriendo mes tras mes en el mercado de cambios de Argentina. Con un “dólar oficial” de $79, un “dólar ahorro” de $103, y un “dólar paralelo o libre” de $130, todo el mundo quería comprar, pero nadie quería vender.

Alguien, no obstante, sí vendía: el Banco Central, que venía perdiendo entre USD 500 y 900 millones por mes y al que le quedaban, según su último balance, unos USD 5.400 millones de reservas netas.

En este marco quedaban pocas alternativas: o se acudía a la normalidad, y se liberaba el precio del dólar, o se restringía más el acceso al mercado de cambios oficial.

Las medidas anunciadas hace instantes son una muestra de que el gobierno nacional eligió lo segundo.

Es que con el 35% de retención que la AFIP le impone a la compra de dólar ahorro, al dólar oficial habrá que sumarle 35% más el 30% del ya vigente “Impuesto País”. Es decir, un “dólar ahorro” costará cerca de $130, lo que hoy cuesta un dólar en el mercado paralelo.

La medida luce como una abierta contradicción con lo que el Ministro de Economía, Martín Guzmán, había declarado hacía horas, respecto de que “queremos ir en la senda hacia la normalización, no hacia cerrar aún más, porque eso sería una medida para aguantar. Nosotros no venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía”.

Pero esto es Argentina, el país de las contradicciones y de la inseguridad jurídica.

Sin embargo, llevar cada vez más “dólares” al nivel del “dólar paralelo” no es una mala idea. En definitiva, la normalidad de los países es tener un solo tipo de cambio, más allá de qué valor alcance este tipo de cambio. Además, la compra del dólar ahorro constituía un ahorro subsidiado por el gobierno que ahora se termina.

Lo que ocurre es que todo aquel que quiera exportar un dólar de Argentina, seguirá recibiendo $74, mientras el gobierno nacional está reconociendo indirectamente que el dólar cuesta $130. Lo mismo ocurre con todo aquel que quiera realizar una inversión extranjera en blanco, recibirá $74 cuando en condiciones de libertad recibiría $130.

¿No será este uno de los motivos por los que las empresas se van del país? Si invierto USD 100 y por ellos recibo $7400 en lugar de $ 13.000: ¿por qué voy a invertir?

Terminar con el subsidio del dólar ahorro no es una mala idea, más allá de que se haga con nuevos impuestos y una nueva maraña de regulaciones. Pero el problema de la diferencia cambiaria sigue vigente y sigue siendo un lastre para la economía, además de un saqueo a todo aquel que quiera exportar o invertir dólares en Argentina.

Por último, mañana podría subir la brecha cambiaria, ya que hasta hoy ese subsidio al comprador de dólares oficiales operaba como una ampliación de la oferta de dólares blue, que ahora no estarán más.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La gran depresión como crisis monetaria global: una perspectiva argentina

Por Carlos Newland: Publicado el 12/9/20 en https://link.springer.com/article/10.1007/s11138-020-00528-3?wt_mc=Internal.Event.1.SEM.ArticleAuthorOnlineFirst

Resumen

Muchos de los trabajos que han tratado de comprender las causas próximas de la Gran Depresión han enfatizado las consecuencias de mantener el Patrón Oro durante el período de entreguerras, ya que su inflexibilidad innata impidió el uso de políticas monetarias expansivas y generó procesos deflacionarios recesivos. Otra perspectiva, a la vez complementaria y diferente, es la que ofrecen las nuevas obras que consideran la Gran Depresión como, en cierta medida, una consecuencia no tanto de un Patrón Oro per se, sino del regreso a la redención en una paridad sobrevalorada después de la Gran Guerra. La novedad de este nuevo enfoque es acentuar el efecto negativo de mantener un precio desequilibrado del metal a lo largo del tiempo.

Introducción

En la historia económica, ha sido común atribuir una gran responsabilidad al patrón oro en la generación de la Gran Depresión, como en Temin ( 1989 ); Eichengreen ( 1992 ) y Bernanke ( 1995 ). Temin ( 1989 ) señaló que el sistema monetario imponía una necesidad deflacionaria a la economía mundial, con efectos negativos sobre la actividad económica. Concluyó: “De hecho, fue el intento de preservar el patrón oro lo que produjo la Gran Depresión” (Temin 1989 , p. 38). La situación habría sido diferente, Eichengreen ( 1992) argumentó, si los países hubieran coordinado sus acciones para permitir políticas monetarias expansivas, que, sin embargo, eran imposibles de acuerdo con las reglas del patrón oro. Para Bernanke ( 1995 , p. 4), el destino de un país durante la crisis dependía de que abandonara, o no, el sistema: ‘En un grado abrumador’, escribe, ‘la evidencia muestra que los países que abandonaron el patrón oro se recuperó de la Depresión más rápidamente que los países que se quedaron con el oro. De hecho, ningún país mostró una recuperación económica significativa mientras se mantenía en el patrón oro ”. Así, se considera que el patrón oro fue una de las causas iniciales de la crisis, que luego, según estos autores, se vio agravada por la falta de políticas públicas adecuadas, las corridas bancarias o un mayor proteccionismo. Con la excepción de Yeager (1976 ), quien enfatiza la causa del tipo de cambio como autores prekeynesianos como Gustav Cassel, otras versiones modernas de la Gran Depresión se basan en la explicación de Keynes (Eichengreen y Mitchener 2003 ; Laidler 2003 ) o en la explicación de Rothbard (Garrison 1999 ; White 2012 ;), o en síntesis modernas de los puntos de vista monetarista y austriaco (Horwitz 2012 ; Selgin 2013 ). Con más o menos énfasis, todos atribuyen a las características generales del sistema de patrón oro de los años de entreguerras algunas rigideces y debilidades que conducirían a la Gran Depresión.

Poco a poco, sin embargo, ha surgido una visión alternativa que, más que acusar al patrón oro en sí, apunta hacia la Depresión como consecuencia del desequilibrio creado por el precio del oro fijado por los gobiernos, especialmente el Reino Unido y los Estados Unidos. Esta nueva perspectiva se desarrolló en el estudio inicial de Johnson ( 1998 ), destacado por Mundell ( 2000 ), ampliado más recientemente por Mazumder y Wood ( 2013 ), y luego complementado por Sumner ( 2015 ) y abordado en una publicación de blog de McCulloch ( 2018).). Si la cadena de causalidad presentada por estos autores es correcta, la crisis global no debe atribuirse principalmente a cuestiones como la expansión excesiva del crédito, un desajuste estructural en las relaciones económicas como resultado de la Gran Guerra, una transferencia disruptiva del centro financiero mundial. de Londres a Nueva York, agresivas devaluaciones, o al sistema del patrón oro en su conjunto, sino a uno solo de sus elementos constitutivos: las paridades del metal precioso determinadas y sostenidas por esos gobiernos. En general, el caso que manejó mal la historia de la política monetaria, según los monetaristas y los austriacos, sostiene Mark Toma ( 2013: 114) puede ser falsificado si se asume que el modelo de banca central en los Estados Unidos, actor central en estos eventos, no era uno “centralizado y discrecional”, sino uno “competitivo” entre los diferentes bancos regionales de reserva que reaccionaban a los incentivos económicos amplios, una línea de razonamiento que refuerza la necesidad de encontrar una explicación más amplia.

Este artículo sostiene que el régimen de convertibilidad aplicado en Argentina entre 1991 y 2001, y su dramático resultado, tuvo algunas similitudes notables con la experiencia del patrón oro en el período de entreguerras. Por tanto, la consideración del proceso sudamericano más reciente puede arrojar algo de luz sobre los orígenes de la crisis global de los años treinta. Al ilustrar la nueva hipótesis sobre una de las causas de la Gran Depresión, el documento se centrará en datos de un grupo agregado de naciones: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Suecia, Italia, Noruega, Canadá, Holanda, España, Japón, y Argentina. Entre este grupo, se destacarán los dos países que en su momento tuvieron un papel central, Reino Unido y Estados Unidos. Se podrían agregar otros países al análisis,

El modelo

Muchas de las crisis económicas experimentadas por los países latinoamericanos se han caracterizado como crisis monetarias o cambiarias. Varios trabajos han analizado estos procesos (como Frankel y Rose 1996 ; Reinhart et al. 1998 ; Kaminsky y Reinhart 1999 ). Algunas de las variables consideradas incluyen la inflación, el tipo de cambio, la oferta monetaria, el déficit fiscal y el déficit en cuenta corriente. Uno de los casos más paradigmáticos de crisis de tipo de cambio fue la experiencia y los resultados del régimen de convertibilidad aplicado en la Argentina entre 1991 y 2001 (Damill et al. 2004 ; Pérez y Caldente Vernengo 2007). Algunos autores ya han señalado la similitud del régimen de convertibilidad de Argentina con el modelo estándar de cambio de oro implementado casi globalmente en el período de entreguerras (ver Sumner 2015 ). A diferencia del patrón oro tradicional de antes de la Gran Guerra, el patrón de intercambio de oro implementado en las entreguerras era uno en el que los bancos centrales de los países participantes tenían dólares estadounidenses como reservas y no lingotes de oro. Ese sistema “economizó” en oro al ofrecer mayor flexibilidad para la creación de crédito y, en consecuencia, retardar los efectos del “mecanismo de drenaje” incorporado en el Gold Standard tradicional, como lo señala Larry White ( 1995: 115) y el motivo de la similitud percibida. Visto desde la perspectiva de este caso latinoamericano, las nuevas explicaciones de la Gran Depresión centradas en el desequilibrio del valor del oro, bajo un sistema en el que las restricciones a la producción de dinero no eran tan estrictas como generalmente se pensaba, parecen adecuadas. Una paridad fija con una moneda local cada vez más sobrevalorada encierra el germen de una crisis futura en la que el tipo de cambio se ajusta hacia niveles sostenibles.Nota1

El ciclo de una crisis cambiaria comienza anclando la moneda a un parámetro externo como el dólar. Luego, en algún momento, se produce un aumento de precios, como consecuencia de la expansión continuada de la liquidez, que deja en desequilibrio el tipo de cambio frente al parámetro. Si un país tiene altas reservas de este ancla externa, sea una moneda extranjera fuerte como el dólar estadounidense o el oro, y si las expectativas de mantener su valor nominal son favorables, el desequilibrio puede mantenerse por un tiempo. A medida que las expectativas se vuelven negativas y los agentes económicos amenazan con pasar de los instrumentos sustitutivos del dinero y adquirir el activo infravalorado, el gobierno puede sostener la situación aplicando una política monetaria contractiva que aumenta la tasa de interés, lo que hace atractivo mantener inversiones especulativas en la moneda local. . A su vez, esto genera una recesión económica al desincentivar la inversión debido al aumento de los costos financieros. Al mismo tiempo, se genera una tendencia deflacionaria. En algún momento, la situación se vuelve insostenible y el país comienza a perder reservas, generando una salida de capitales. Por último, los gobiernos se ven obligados a apartarse abruptamente del tipo de cambio fijo y permitir que se deprecie. Con el nuevo y mayor tipo de cambio, las expectativas de los especuladores cambian y el capital regresa al país, aumentando así las reservas. Por otro lado, la política monetaria ya no es restrictiva, por lo que baja la tasa de interés y se incentiva la inversión. Al mismo tiempo, los precios tienden a estabilizarse y el consumo se recupera. Al mismo tiempo, se genera una tendencia deflacionaria. En algún momento, la situación se vuelve insostenible y el país comienza a perder reservas, generando una salida de capitales. Por último, los gobiernos se ven obligados a apartarse abruptamente del tipo de cambio fijo y permitir que se deprecie. Con el nuevo y mayor tipo de cambio, las expectativas de los especuladores cambian y el capital regresa al país, aumentando así las reservas. Por otro lado, la política monetaria ya no es restrictiva, por lo que baja la tasa de interés y se incentiva la inversión. Al mismo tiempo, los precios tienden a estabilizarse y el consumo se recupera. Al mismo tiempo, se genera una tendencia deflacionaria. En algún momento, la situación se vuelve insostenible y el país comienza a perder reservas, generando una salida de capitales. Por último, los gobiernos se ven obligados a apartarse abruptamente del tipo de cambio fijo y permitir que se deprecie. Con el nuevo y mayor tipo de cambio, las expectativas de los especuladores cambian y el capital regresa al país, aumentando así las reservas. Por otro lado, la política monetaria ya no es restrictiva, por lo que baja la tasa de interés y se incentiva la inversión. Al mismo tiempo, los precios tienden a estabilizarse y el consumo se recupera. los gobiernos se ven obligados a apartarse abruptamente del tipo de cambio fijo y permitir que se deprecie. Con el nuevo y mayor tipo de cambio, las expectativas de los especuladores cambian y el capital regresa al país, aumentando así las reservas. Por otro lado, la política monetaria ya no es restrictiva, por lo que baja la tasa de interés y se incentiva la inversión. Al mismo tiempo, los precios tienden a estabilizarse y el consumo se recupera. los gobiernos se ven obligados a apartarse abruptamente del tipo de cambio fijo y permitir que se deprecie. Con el nuevo y mayor tipo de cambio, las expectativas de los especuladores cambian y el capital regresa al país, aumentando así las reservas. Por otro lado, la política monetaria ya no es restrictiva, por lo que baja la tasa de interés y se incentiva la inversión. Al mismo tiempo, los precios tienden a estabilizarse y el consumo se recupera.

Las altas tasas de interés, la deflación y la caída del PIB son las consecuencias del desequilibrio en el tipo de cambio entre la moneda local y el parámetro. Estas variables revierten su tendencia negativa una vez que se devalúa la moneda local, dejando que el tipo de cambio revele el precio de equilibrio del parámetro externo. En las tablas  1 y 2, se puede ver que en los casos de la crisis de convertibilidad de Argentina y la Gran Depresión en Gran Bretaña y Estados Unidos, las variables económicas (antes y después de los ajustes en los parámetros) reflejan bastante bien esta transición. Tomando como pivote los años en los que los países devaluaron sus monedas (1931 para Gran Bretaña, 1933 para Estados Unidos y 2002 para Argentina), se observa en cada caso la transición de una situación de reservas a la baja o estancada, alto interés tasas y producción decreciente a una nueva etapa de menores costos financieros, aumento de reservas y recuperación económica. Es de destacar que en el caso de Estados Unidos, no hubo una gran caída en las reservas en poder del gobierno, aunque sí ocurrió con las tenencias de oro en manos de instituciones financieras privadas. La acción de oro siguió un comportamiento similar. Disminuyó un 3,3% entre 1931 y 1933 y aumentó un 150% entre 1933 y 1935. Ver: Oficina del Censo (1949 ). pags. 276.

Las fases de una crisis cambiaria y la experiencia argentina de convertibilidad

A principios de la década de 1990, Argentina se convirtió en un modelo de reformas económicas orientadas al mercado que parecían encarnar perfectamente las directrices del Consenso de Washington. La alta inflación -y, en ocasiones, la hiperinflación- que lo había afectado a lo largo de la década anterior se había superado y el país comenzaba a mostrar un crecimiento saludable. Las principales reformas aplicadas por el gobierno de Carlos Menem fueron: (1) el plan de convertibilidad, que implicó la implementación de un sistema de conversión que otorgó al peso paridad con el dólar, y curso legal a ambas monedas; (2) desregulación del sistema bancario y asignación política del crédito, dejando las tasas de interés a ser determinadas por el mercado; (3) la liberalización de los movimientos de capital; (4) la privatización de servicios públicos; (5) una fuerte reducción de los aranceles aduaneros y la eliminación de la mayoría de las barreras no arancelarias, además de la liberalización total de los aranceles con Brasil y los demás países del Mercosur; ya partir de 1994, (6) la adopción de un sistema mixto de pensiones mediante el cual los empleados podían optar por pasar a fondos de pensiones administrados por administradores privados.

El programa de Menem parecía anunciar una nueva era de alto crecimiento económico y baja inflación, basada en políticas macroeconómicas disciplinadas y reformas estructurales orientadas al mercado. El crecimiento del PIB real, que había sido negativo en promedio durante la década de 1980 (cayendo a una tasa anual del 1,01%), repuntó bruscamente a más del 10% durante 1991–1992, los dos primeros años del plan de estabilización, y más del 5% durante 1993-1994. La inflación cayó a un dígito desde 1993 en adelante. Las entradas de capital también comenzaron a intensificarse, lo que refleja una confianza renovada en la economía. En 1995, la “crisis del tequila” de México interrumpió este buen desempeño macroeconómico ya que provocó una reversión de los flujos de capital y una contracción de la actividad económica. Sin embargo, poco después de la crisis, la situación monetaria de Argentina se estabilizó y el crecimiento fue del 5% en 1996 y del 8% en 1997 (FMI2003 ).

La lógica del nuevo régimen monetario de Menem era que los altos costos institucionales y económicos de una salida daban credibilidad al ancla cambiaria adoptada. Sin embargo, también significó que, en el caso de déficits persistentes en el sector público o externo, el país quedaría atrapado en un sistema que, por diseño, restringía las opciones disponibles para las autoridades. Un problema fue que la paridad elegida al inicio del plan dejó al peso sobrevaluado en relación con su nivel durante los años ochenta. Luego, como la inflación tardó un poco en caer, la sobrevaluación del peso se hizo aún mayor, alcanzando una apreciación de aproximadamente 25% en 1993 (FMI 2003). Esta situación fue facilitada por el enorme flujo de capitales que ingresó a la Argentina como resultado de las privatizaciones y la repatriación de fondos del exterior. El peso se había apreciado, en términos reales, de 30 a 40% en 1998, con la consiguiente pérdida de competitividad de las exportaciones argentinas y una caída en el nivel de actividad en algunos sectores, especialmente la industria manufacturera local (Darvas 2012 ).

Fernando de la Rúa asumió la presidencia argentina a fines de 1999 con el convencimiento de que era fundamental mantener la convertibilidad, que aún contaba con un fuerte apoyo popular. Uno de los lemas de su campaña había sido “conmigo, un peso, un dólar”. La creencia de que era de vital importancia mantener un tipo de cambio histórico era similar a la adoptada por Winston Churchill en 1925 cuando, como ministro de Hacienda, volvió a imponer la paridad británica con el oro antes de la guerra, así como por Herbert Hoover, presidente de Estados Unidos entre 1929 y 1933, que consideraba que el patrón oro era sacrosanto. Hoover ( 1952), pags. 391) escribiría en sus memorias: ‘Una moneda convertible es el primer baluarte económico de los hombres libres. No solo se trata de una cuestión de libertad económica, sino que, más profundamente, es una cuestión de moral. La cuestión moral radica en el carácter sagrado de las garantías, promesas y garantías gubernamentales ”. Pero en Argentina, como en Gran Bretaña y Estados Unidos después de 1930, hubo una creciente desconfianza en el mercado sobre cuán sostenible sería la paridad, particularmente en 2000, cuando los depositantes en cuentas en pesos comenzaron a retirar fondos de los bancos. A partir de mediados de 2001 sucedió algo similar con las cuentas en dólares, ya que creció la percepción de que las instituciones financieras no podían responder a las demandas de divisas. La asistencia especial recibida del Fondo Monetario Internacional (FMI) no logró estabilizar la situación fiscal ni calmar el mercado, conduciendo a un fuerte aumento de la tasa de interés, que agravó la crisis económica. Al mismo tiempo, se generó un proceso deflacionario, con una caída de precios del 1% durante la presidencia de De la Rúa. Dada la aceleración del retiro de depósitos bancarios, el gobierno ordenó que los fondos fueran inmovilizados en gran medida. Finalmente, luego de la caída del gobierno a fines de 2001, los depósitos en dólares se convirtieron a pesos con una prima del 40%, lo que fue una compensación muy inferior a la devaluación de alrededor del 250%. Ya no se permitieron cuentas bancarias en dólares y las deudas en moneda extranjera se convirtieron a pesos con la paridad anterior. Finalmente, en diciembre de 2001, el presidente interino, Adolfo Rodríguez Saá, suspendió el servicio de la deuda externa, que recién comenzó a reestructurarse en 2005, con una importante deducción de capital.2018 , puesto 180).

Luego de la devaluación del peso, se comenzaron a restablecer los mecanismos de producción y cambio que resultan en la expansión económica. La recuperación fue impulsada por varios factores concomitantes: (1) una creciente demanda externa, que absorbió mayores volúmenes a precios internacionales significativamente más altos que en la década anterior (especialmente en las materias primas que exportaba el país); (2) mejora de los términos de intercambio interno debido a una tasa de cambio real que se mantuvo en valores históricamente altos después de la devaluación (ver Fig.  1) y (3) un marcado aumento del gasto público, que se encontraba en niveles bajos antes de la crisis. Esta evolución de precios y cantidades modificó significativamente el peso del comercio exterior en los agregados macroeconómicos. En 1998, las exportaciones de bienes y servicios habían representado el 15% del consumo privado (y en 1993 era del 10%), mientras que para 2006, la proporción superó el 40%.

Figura 1
Figura 1

La evolución global del patrón oro

Entre 1870 y 1914, muchas naciones establecieron una convertibilidad fija para el oro, a tasas que parecen haber sido compatibles con una situación de equilibrio del mercado. No cabe duda de que la demanda de oro estaba aumentando debido al crecimiento de la economía mundial, y que hubo un leve proceso inflacionario global que redujo el valor real del metal. Sin embargo, al mismo tiempo, la producción de oro estaba aumentando debido al desarrollo de nuevos depósitos (particularmente en Sudáfrica) y debido a las mejoras tecnológicas en la extracción, ya que Rockoff ( 1984) ve la evolución de la oferta mundial de oro.). Esta situación de estabilidad, y la expectativa de que continúe, se reflejó en la ausencia generalizada de ataques especulativos contra las monedas nacionales. Para 1913, las reservas de metales como respaldo para el capital de trabajo eran importantes, aunque la cobertura era solo parcial; de hecho, era incluso menor de lo que existía más tarde en la década de 1920.

Todo cambiaría con la Gran Guerra. Dadas las necesidades del financiamiento de la guerra inflacionaria, muchos países tuvieron que abandonar la convertibilidad o aplicar regulaciones que la limitaban severamente. Para las economías incluidas aquí, el fin de la convertibilidad permitió una inflación de sus monedas que resultó en un aumento promedio ponderado de casi 140% en sus niveles de precios entre 1914 y 1920. Incluso Estados Unidos, un país que se unió a la guerra solo en 1917, sufrió un aumento del 100% en su nivel de precios ya que infló su stock de dinero, entre otras cosas, monetizando las entradas de oro europeo. Esto implicaría una disminución en el poder adquisitivo mundial de oro (ver Fig.  2). Sin embargo, en esos años convulsos, la demanda de oro se reduciría momentáneamente debido al estancamiento del PIB mundial entre 1914 y 1918 y por la suspensión del patrón oro.

Figura 2
Figura 2

Según Rothbard, una de las principales razones por las que la Fed adoptó una política inflacionaria durante la guerra, que duró con breves interrupciones hasta 1928 – años en que Benjamin Strong fue gobernador de la Fed de Nueva York-, fue ayudar a Gran Bretaña a financiar su esfuerzo de guerra y luego ayudar en su catastrófica decisión de volver al patrón de cambio de oro a la tasa de 1914. En palabras de Rothbard:

Estados Unidos infló su dinero y crédito para evitar que Gran Bretaña perdiera oro frente a Estados Unidos, una pérdida que pondría en peligro la nueva estructura del ‘patrón oro’ construida por jerry ( 2005 : p. 271).

Sin embargo, es necesario acudir a otras fuentes para encontrar datos precisos sobre la expansión del dinero y el crédito en los años de guerra, y Friedman y Schwartz ( 1993 ) muestran que el índice de precios al por mayor en los EE. UU. De 1914 a 1918 aumentó de 65 a 130 en una escala en la que el precio al por mayor de 1926 es igual a 100; la cantidad de dinero aumentó aproximadamente de $ 15 mil millones en 1914 a $ 30 mil millones en 1918 (Friedman y Schwartz 1993 : p. 197). La deuda federal aumentó enormemente durante la guerra; de $ 32 mil millones de gastos totales del gobierno federal desde abril de 1917 hasta junio de 1919, no menos de $ 23 mil millones fueron financiados mediante préstamos y creación de dinero ( 1993: pags. 216). La Fed no podría nacer en un momento más adecuado frente a las necesidades de financiación de la guerra, en palabras de Friedman y Schwartz:

La Reserva Federal se convirtió, a todos los efectos, en la ventana de venta de bonos del Tesoro, utilizando sus poderes monetarios casi exclusivamente para ese fin. Aunque no se imprimieron “billetes verdes”, se logró el mismo resultado mediante métodos más indirectos utilizando billetes de la Reserva Federal y depósitos de la Reserva Federal ( 1993 : p. 216).

Resumiendo los impactos monetarios del financiamiento de la guerra, Friedman y Schwartz afirman que de los $ 34 mil millones en gastos ($ 32 mil millones en déficit federal más $ 2 mil millones en saldos de efectivo adicionales del Tesoro), el 25% se financió con impuestos, el 70% se tomó prestado y el 5% fue creación de dinero. También señalan que debido al sistema de reserva fraccional, la oferta monetaria aumentó $ 6.4 mil millones o $ 4.8 mil millones más que la moneda fiduciaria emitida por el gobierno. Como dijo uno de nosotros en otra parte (Zelmanovitz 2015), durante la Primera Guerra Mundial, la Fed demostró su utilidad, ahora vino el costo, en forma de inflación de posguerra, y fue grande: – fue aproximadamente de la misma magnitud de la variación en la oferta monetaria acumulada desde el principio de beligerancia. De 1914 a 1920, la variación anual de los precios mayoristas en los EE. UU. Fue del 15%, la variación anual de la oferta monetaria fue del 13% y la variación anual del “dinero de alto poder” fue del 12% ( 1993 : p. 208).

Después de la guerra, los gobiernos de todo el mundo consideraron la vuelta al patrón oro, pero los niveles de precios más altos dificultaron el restablecimiento de las antiguas paridades. Para volver al patrón oro, una posible opción era desinflar la economía para acercar los precios a los niveles de antes de la guerra. Hasta cierto punto, esto ocurriría entre 1920 y 1922, cuando el nivel de precios global cayó un 13%, y en el caso de Estados Unidos, un 16% (Friedman y Schwartz 1993 : 197). Sin embargo, esta disminución fue insuficiente y otras caídas parecían imposibles de lograr debido a la mayor inflexibilidad de los costos laborales, debido al creciente poder de los sindicatos, que impidió recortes salariales (ver Keynes 1932b: 186). También existía el peligro de alentar movimientos políticos radicales que desestabilizarían o derrocarían gobiernos, como había sido el caso en Rusia. En 1924, el precio real mundial del oroNota2 representaba sólo el 63% de su valor en 1913, mientras que para Estados Unidos se redujo al 57%. El valor del oro estaba así en desequilibrio, particularmente debido a la creciente demanda del metal que resultó del crecimiento del PIB mundial en casi un 40% entre 1919 y 1929.

A pesar de esta situación general, a partir de 1925 algunos países, en particular Reino Unido y Estados Unidos, decidieron restablecer una convertibilidad similar a la existente en 1914.Nota3 Es de destacar que a pesar de la atención prestada al retorno a la convertibilidad a la paridad de preguerra en el Reino Unido, también fue el caso en Estados Unidos, donde, como se ve, la inflación también fue significativa. Es un hecho que tanto el Reino Unido como los Estados Unidos volvieron a la convertibilidad en sus paridades anteriores a la guerra. Sin embargo, mientras que en el Reino Unido se produjo un período deflacionario prolongado incluso antes de la Gran Depresión, en los EE. UU. Tuvieron los “locos años 20”. Tal disparidad presenta, a priori, un desafío a la tesis avanzada en este artículo. Para disipar tal desafío, se hace necesaria una discusión más matizada sobre el patrón oro en los EE. UU. Antes de la Gran Depresión.

Dada la complejidad de la historia monetaria estadounidense en el período de entreguerras, solo se destacarán las características más relevantes que explican los diferentes resultados. El tema general aquí es que hubo en los Estados Unidos razones políticas, económicas e institucionales que explican por qué, a pesar del regreso a la convertibilidad total en 1919 a un tipo de cambio que no reflejaba la paridad de compra real del dólar estadounidense, no corrieron con el dólar al menos hasta principios de la década de 1930. Entre esas características podemos referirnos a la naturaleza de “puerto seguro” de los depósitos de oro en los Estados Unidos, que resultó en un flujo constante de oro en el país, independientemente del tipo de cambio, desde un mundo que enfrenta inestabilidad política y trastornos económicos. en forma de revoluciones y guerras a raíz de la Gran Guerra.2013 ). Otro elemento más es que en 1913, la Ley de la Reserva Federal convirtió a los Estados Unidos de un sistema oro descentralizado a un patrón oro administrado. Eso le dio a la autoridad recién creada discreción para regular la oferta monetaria, desvinculada de los flujos de oro que entraban o salían del país, como lo demuestran las constantes “esterelizaciones” del oro. El hecho es que en el período de entreguerras, el patrón oro de cambio de oro se centró cada vez más en el dólar estadounidense. Como dijo Rothbard:

De esa manera, si los bancos estadounidenses inflan su crédito, no habría peligro de perder oro en el extranjero, como sucedería con un patrón oro genuino ( 2005 : p. 219).

Las situaciones geopolíticas de Estados Unidos le dieron a las autoridades estadounidenses un margen de maniobra que su contraparte británica no tenía, aunque “(E) n el largo plazo, sean las perturbaciones monetarias o reales, la balanza de pagos bajo tipo de cambio fijo las tasas vuelven al equilibrio ”como lo señalan Bordo y Schwartz ( 1999 : 239), y también en Bordo et al. ( 1988 ). La lección de esos eventos no fue que los resultados de las mismas causas fueran diferentes, sino que el contexto diferente del caso estadounidense hizo que el proceso completo demorara más en desarrollarse.

El hecho de que EE. UU. También volviera a la convertibilidad a un tipo de cambio que no permitiría el equilibrio monetario y, en última instancia, requeriría la implementación de políticas deflacionarias, generalmente se pasa por alto en la literatura sobre las causas de la Gran Depresión, y es una Importante parte del argumento presentado con este artículo. De hecho, el precio real mundial del oro siguió cayendo en la segunda mitad de la década de 1920, del 56% de su valor por guerra en 1925 al 53% en 1929. Los casos de Francia e Italia fueron diferentes, ya que restablecerían sus sistemas monetarios basados ​​en una paridad más cercana a sus niveles reales anteriores.Nota4 El bajo precio hizo que el volumen extraído languideciera, cayendo un 20% desde el nivel de las tres primeras décadas del siglo. Si bien la producción sudafricana permaneció estancada, el resto de la producción mundial mostró una fuerte caída. En 1929, la extracción estadounidense alcanzaría su mínimo histórico (Hirsh 1968 , p. 486). Por otro lado, el bajo precio del metal estaba fomentando su uso industrial y de lujo / acaparamiento, y este último adquirió dimensiones significativas en países como India (Johnson 1998, pags. 46–48). Parece claro que el choque entre el precio real del oro y el movimiento de la economía se estaba volviendo cada vez más agudo, hasta que alcanzó su punto máximo durante 1928-29. En este sentido, el eminente economista sueco Gustav Cassel, el único que parece haber denunciado plenamente los peligros que genera el bajo precio del metal, señaló en 1928: ‘El gran problema que tenemos ante nosotros, es cómo hacer frente a la creciente escasez de oro de una mayor demanda y de una oferta disminuida ‘(en Irwin 2014 , p. 206). Keynes también señalaría algo similar en enero de 1929, poco antes de que comenzara la crisis: “Se está desarrollando una situación difícil, e incluso peligrosa […]. [T] puede que no haya suficiente oro en el mundo para permitir que los bancos centrales se sientan cómodos […] ‘(en Irwin 2014, pags. 216). La fuerte deflación que se desataría a nivel mundial entre 1929 y 1933 puede considerarse uno de los mecanismos por los que el mercado intentó ajustar el precio real del oro. Los precios globales cayeron un 23% en ese período, pero esta no fue una corrección suficiente para volver al equilibrio.

En esos años finales de la década de 1920, los operadores financieros y los gobiernos percibieron este desequilibrio como insostenible, lo que llevó a ataques especulativos sobre las reservas de oro de algunas naciones. Gran Bretaña, que había restablecido el patrón oro en 1925 en su paridad histórica anterior a la guerra, solo podía defender sus escasas reservas aplicando altas tasas de interés (Johnson 1998, pags. 113). A partir de 1928, el país comenzó a perder su stock de metales, aunque pudo permanecer momentáneamente en el sistema gracias a préstamos y apoyos de Francia y Estados Unidos. A pesar de esto, entre junio y octubre de 1929, perdería casi el 23% de sus tenencias de oro. Estados Unidos, en cambio, después de comenzar a perder sus reservas, tuvo que iniciar una política monetaria contractiva en 1928, aumentando la tasa de descuento. El aumento de los costos financieros ayudaría eventualmente a hacer estallar la burbuja especulativa en la bolsa de valores, que desató una crisis que se transmitió al resto de la economía a través de una caída de la riqueza y el consumo y la consiguiente caída del comercio internacional.Nota5 Por otro lado, entre 1929 y 1931, las tasas de interés reales aumentaron dramáticamente debido a la fuerte deflación. A mediados de 1931, varios gobiernos, encabezados por Francia, solicitaron que Gran Bretaña les enviara oro a cambio de las libras esterlinas incluidas en sus reservas (véase Yeager, 1976 : 330). Aunque Gran Bretaña intentó frenar la situación elevando la tasa de interés, además de aceptar la ayuda financiera de Estados Unidos, la presión fue insostenible y su moneda tuvo que ser devaluada en septiembre en un 30%, una acción que luego fue imitada por otros países.Nota6 Estados Unidos también sufrió un drenaje similar en 1931 debido a la demanda de los bancos e inversores europeos, así como del público estadounidense (Friedman y Schwartz 1993 , p. 316). Pero este país tenía reservas elevadas y pudo hacer frente momentáneamente a la crisis, aunque solo aplicando el mayor aumento de tipos de interés de su historia, lo que intensificó la crisis bancaria (Friedman y Schwartz 1993 , p. 317). Buena parte de las reservas que varios países tenían en Estados Unidos en activos financieros se convirtieron en oro en 1932, ante el riesgo de una posible devaluación del dólar. Dicho oro estaba destinado a la Reserva Federal, a la espera de ser transferido a los países propietarios (ver Puxley 1933). A finales de ese año y principios de 1933,Nota7 la demanda especulativa de oro revivió y nuevamente la Reserva Federal tuvo que aumentar el costo del dinero para tratar de contenerlo (Friedman y Schwartz 1993 , p. 326).Nota8Después de perder dramáticamente las reservas en los primeros meses de 1933, el recién asumido presidente Roosevelt suspendió la convertibilidad a principios de marzo. Se prohibieron las transacciones y los pagos en oro y todas las entidades e individuos estaban obligados a entregar sus tenencias de oro a la Reserva Federal en la paridad anterior. Se suspendió el ajuste de pagos por “cláusulas oro” de títulos públicos y deudas, y se comenzaron a reembolsar bonos y deudas en dólares a la paridad anterior, que pronto dejó de estar vigente. En enero de 1934, el dólar estadounidense se devaluó oficialmente en un 59% con respecto al oro, un cambio sustancial que acercó el precio del metal a su valor real de 1910. Para 1935, la mayoría de los países habían alterado drásticamente el valor de paridad de sus monedas: 31 lo habían hecho en más del 40% y 5 en más del 30%,1935 , págs. 8 y 9). El precio real mundial del oro estaba en sus niveles de 1900 en 1934, lo que se había logrado aumentando el precio nominal del oro en un 31% entre 1929 y 1933 y mediante una deflación generalizada, que era de alrededor del 25%. El valor del oro parecía haber alcanzado un nuevo punto de equilibrio, que tuvo como concomitante tasas de interés más bajas, la reversión de la deflación, cierta recuperación en el nivel de actividad económica y un aumento en las reservas oficiales de oro. Esto último no es del todo sorprendente, ya que el aumento del valor del oro pronto se traduciría en un aumento notable de su producción global. El aumento fue notable para las minas de Estados Unidos y Sudáfrica (Mazumder y Wood 2013 , págs. 163–64).

Conclusión

Como hemos visto en este trabajo, una de las causas de la Gran Depresión fue el desequilibrio monetario provocado por el retorno a la conversibilidad tras la Gran Guerra a un precio infravalorado del oro fijado por algunos gobiernos centrales como Reino Unido y Estados Unidos. La tensión entre el precio oficial al que se redimiría el metal y su nivel de equilibrio se volvería insostenible hacia fines de la década de 1920, como lo demuestra la disparidad entre el tipo de cambio y la paridad del poder adquisitivo, y señala Yeager ( 1976: 319). Este desequilibrio fue uno de los detonantes iniciales de la crisis, ya que condujo a aumentos de las tasas de interés para combatir los ataques especulativos sobre el oro, una fuerte deflación, la disminución de la actividad y el inicio de una guerra arancelaria global. Cuando abre una ventana para intercambiar oro por papel moneda a aproximadamente la mitad del tipo de cambio real, no es de extrañar que quien tenga acceso a dicha ventana pida oro. Por otro lado, no debería sorprender que si entrega papel moneda con solo la mitad del valor real que antes de la guerra por cualquier oro que los productores de oro llevaran a su ventana, la producción de oro se retrasará. Fue el precio infravalorado dado al oro por los gobiernos de Reino Unido y Estados Unidos, y no el patrón oro en sí, lo que tuvo una gran responsabilidad en la Gran Depresión. Si, en los primeros años de la década de 1920,Nota9 Robert Mundell en su conferencia del Premio Nobel enfatizó que la historia mundial habría cambiado si el presidente Hoover hubiera decidido devaluar el dólar a tiempo:

Después de una gran guerra, en la que se ha producido la inflación […] un retorno al patrón oro solo es compatible con la estabilidad de precios si se incrementa el precio del oro. Si no existiera esa posibilidad, a los países les habría ido mejor si hubieran seguido el consejo de Keynes de sacrificar los beneficios de los tipos de cambio fijos bajo el patrón oro y, en cambio, estabilizar los precios de las materias primas en lugar del precio del oro […]. Si el precio del oro se hubiera elevado a fines de la década de 1920, o, alternativamente, si los principales bancos centrales hubieran seguido políticas de estabilidad de precios en lugar de adherirse al patrón oro, no habría habido Gran Depresión, ni revolución nazi, ni guerra mundial. II. (Mundell 2000 pág. 331)

Se podría proyectar algún contrafactual similar para Argentina. Si, al asumir la presidencia en 1999, De la Rúa devaluó la moneda quizás en un 30%, es posible que haya logrado completar su mandato.Nota10Habría habido una crisis macroeconómica, pero sin una caída catastrófica del PIB y un malestar social insoportable. La convertibilidad podría haber continuado (con una paridad diferente), pero no se habrían producido ataques especulativos sobre la moneda y los exportadores e importadores habrían recibido antes las señales de precios adecuadas para ajustar su comportamiento. Si el gobierno hubiera renegociado los pagos de la deuda, el dramático default que aisló al país de los mercados financieros globales durante más de una década no habría ocurrido. Por otro lado, no habrían existido las condiciones para el surgimiento de los gobiernos populistas de los Kirchner, el aumento gigantesco del gasto público y el déficit y, finalmente, la reaparición de la alta inflación. A partir de 2004, probablemente bajo un gobierno peronista más moderado, el auge de las materias primas habría permitido a Argentina beneficiarse mejor de las favorables condiciones mundiales sin alterar drásticamente el marco institucional y las posibilidades de crecimiento futuro. El costo de posponer los ajustes necesarios en variables económicas cruciales es gigantesco: el PIB mundial cayó un 16% entre 1929 y 1933, mientras que el de Estados Unidos cayó un 29%; para Argentina, la reducción fue del 20% durante la reversión de la convertibilidad.

¿Por qué una explicación tan simple de la Gran Depresión no se ha convertido en estándar o al menos en una alternativa para ser mencionada en las discusiones sobre sus orígenes? Es notable que ni Johnson ( 1998 ) ni Mundell ( 2000) las obras se han incorporado como ejes centrales del debate. Posiblemente, la razón sea el consenso de historiadores y economistas sobre la necesidad y efectividad de políticas monetarias y fiscales expansivas, ignorando que el sistema de cambio de oro del período de entreguerras no planteaba una restricción estricta a la oferta monetaria. Por otro lado, aunque se ha señalado el impacto negativo del patrón oro, éste ha sido solo en su aspecto restrictivo y no se ha puesto énfasis en el bajo precio del oro en sí. Finalmente, una perspectiva austriaca hubiera sido más compatible con esta explicación, pero sus representantes quedaron atrapados en la interpretación basada en una supuesta sobreinversión en la década de 1920.

Notas

  1. 1.Cada vez que se hace referencia a un tipo de cambio en este trabajo, se dice que la moneda que se está comparando con el parámetro se aprecia o se deprecia respectivamente cuando su razón está bajando o subiendo, y viceversa, cuando se refiere que el tipo de cambio ha aumentado o disminuido, significa que la moneda ha sido devaluada o sobrevaluada en relación al parámetro como se puede ver en el cuadro “Moneda a parámetro” en el Apéndice .
  2. 2.Para comprender qué se entiende por “precio real del oro”, conviene tener en cuenta el concepto de “paridad del poder adquisitivo” o PPA. PPA es “la estimación de los desequilibrios en el tipo de cambio entre diferentes monedas asumiendo que el precio de mercado de bienes similares en diferentes países tiende a converger. En otras palabras, el tipo de cambio se ajusta para que un bien idéntico en dos países diferentes tenga el mismo precio cuando se expresa en la misma moneda. La aplicación más famosa de esta teoría es el “Índice Big Mac” elaborado por The Economist que compara el precio del famoso sándwich en diferentes países para estimar cuánto está sobrevalorada o devaluada una moneda en comparación con el dólar estadounidense ”(Zelmanovitz , 2015: 406). El “precio real” del oro es un tipo de cambio que equilibraría la demanda de saldos en efectivo de una moneda redimible en oro que se percibe como diferente de la paridad nominal de redimibilidad establecida por el gobierno. Cuando la paridad nominal está sobrevaluada, tal discrepancia con el tipo de cambio real solo puede conciliarse mediante la deflación interna o la devaluación de la moneda. Por ejemplo, en 1913, el tipo de cambio del dólar estadounidense era de 20,67 USD, durante la guerra se suspendió la convertibilidad y la inflación redujo a la mitad el poder adquisitivo del dólar estadounidense. Dado que el tipo de cambio, nominalmente, se mantuvo igual, el “precio real del oro” en los Estados Unidos se redujo al 57% de lo que era antes de la guerra, es decir,
  3. 3.Hay muchas especulaciones sobre por qué el Reino Unido volvió al patrón oro en 1925 a la paridad de antes de la guerra, y mucho se ha dicho al respecto. Supuestamente, todo el corpus de la economía keynesiana puede entenderse como una respuesta a las malas consecuencias de esa política, como se puede concluir en The Economic Consequences of Mr Churchill de Keynes de 1925 (Keynes, 1932a).: 244). Una opinión comúnmente aceptada es que restaurar la conversibilidad al tipo de cambio anterior a la guerra haría que los inversionistas en bonos de guerra y otras obligaciones a largo plazo de la Corona fueran compatibles con la tradición (el retorno a la conversibilidad después de las guerras napoleónicas se hizo en la partidad de preguerra), con moral (degradación, ya que la Edad Media se ha “aceptado” en las emergencias si, pasada la emergencia, se restablece el contenido metálico de las monedas), y se ve como políticamente conveniente (mantendría el “ buen crédito ”del gobierno. Sin embargo, tal discusión va más allá de nuestro propósito con este documento.
  4. 4.Francia restableció la convertibilidad en 1926 con un precio relativamente cercano a su nivel real de 1913. El país, por lo tanto, no sufrió ataques especulativos, mientras que podría bajar la tasa de interés y aumentar significativamente sus reservas de oro. Mientras que el Banco de Francia poseía el 7% de las reservas mundiales en 1926, tenía el 27% en 1932 (Irwin, 2012 , p. 4). Parte de este incremento fue indudablemente causado por transferencias de oro a una nación que se creía que no abandonaría la convertibilidad, brindando así mayor seguridad a los fondos depositados allí. Holanda tampoco sufrió ataques especulativos, ya que pudo mantener el patrón oro hasta 1936 porque la paridad de su moneda con el oro estaba en un valor más cercano al nivel de equilibrio.
  5. 5.Romer ( 1993 , p. 28), en su estudio de la Gran Depresión desde una perspectiva keynesiana, señala que la política de altas tasas de interés de Estados Unidos que inició la contracción (caracterizada por una fuerte caída del consumo) fue, al menos en parte, generada por el intento de evitar que el oro salga del país.
  6. 6.Podría decirse que es posible interpretar la política monetaria seguida por la Fed bajo el liderazgo de Benjamin Strong al frente de la Fed de Nueva York desde 1914 hasta su muerte en 1928 como una que trató de conciliar las necesidades de financiación de la guerra durante la Gran Guerra. , el objetivo de estabilidad de precios en el país y apoyo para el retorno del patrón oro internacional, luego reformulado como el patrón de cambio de oro centrado en el dólar estadounidense. Eso implicaba apoyo para el regreso de la redención en el Reino Unido, que a veces entraba en conflicto con otros objetivos políticos. Después de la muerte de Strong, la importancia dada al apoyo a la convertibilidad de la libra esterlina perdió parte de su importancia en la conducción de la política monetaria estadounidense, lo que se puede percibir en los movimientos de las reservas de oro y en la tasa bancaria.
  7. 7.Una posible objeción a este modelo es por qué Estados Unidos pudo mantener el bajo valor del oro después de la devaluación británica de 1931. Hubiera sido normal que Estados Unidos perdiera sus reservas en oro y que el capital lo dejara para los países. donde el valor del metal estaba más cerca de su nivel de equilibrio, como fue el caso en varios países europeos. La respuesta es que en Europa había un riesgo político creciente, lo que reducía su atractivo para los inversores extranjeros. En 1932, el presidente francés fue asesinado, en Gran Bretaña había un gobierno de coalición débil, en Alemania el partido nazi prácticamente había accedido al gobierno, y en España un gobierno de coalición compuesto por socialistas había iniciado una reforma agraria y nacionalizado empresas privadas, mientras el conflicto creció.
  8. 8.Sobre los movimientos de capital motivados por expectativas de una devaluación, véase James ( 1992 ).
  9. 9.Eichengreen y Temin ( 2003 ) presentan un interesante contrafactual , quienes sugieren que si los principales países se hubieran devaluado en 1931, se habrían evitado los efectos más catastróficos de la crisis, ya que esto habría permitido políticas monetarias expansivas. Aquí la explicación es algo diferente: si los países hubieran ajustado el precio del oro a tiempo, el mercado no los habría obligado a implementar políticas monetarias deflacionarias.
  10. 10.O si hubiera ocurrido incluso antes, entre 1997 y 1999, durante los últimos años del gobierno de Menem. Para un contrafactual humorístico de la Rúa, véase Wainfeld ( 2003 ).

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Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

El Tesoro se financia más con deuda del Banco Central que con la emisión de pesos

El Gobierno utiliza una herramienta que prenuncia la aceleración de la tasa de inflación

Una persona camina frente al ministerio de Economía, este martes en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Una persona camina frente al ministerio de Economía, este martes en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Mucho se ha criticado la gestión de Mauricio Macri por el endeudamiento externo, claro que muchos de los que lo hacían se negaban a votar la baja del gasto público, por lo tanto, de alguna manera había que financiar el déficit fiscal heredado.

El gobierno anterior, que no avanzó en las reformas estructurales por falta de fuerza política, convicción o tiempo, cada uno que elija el argumento que más le guste, optó por resolver el problema del desequilibrio de las finanzas públicas limitándose a financiarlo con colocación de deuda externa, que luego se transformaba en emisión monetaria, y daba lugar a deuda del BCRA vía la absorción a través de las Lebac, hoy Leliq; y que, como se prenunciaba, en el momento menos pensado y por la causa menos sospechada, iba a derivar en una nueva crisis financiera y cambiaria, tal cual ocurrió.

No había que ser un visionario para conocer el final de esa película, porque aquellos que vivieron las maniobras financieras desde la época de Raúl Alfonsín con los depósitos indisponibles por parte de los bancos, sabían que este juego: te doy tasa, dame dólares, dura un tiempo y luego salta por los aires.

Asignatura pendiente

Lo concreto es que Macri heredó del kirchnerismo un nivel de gasto público y desequilibrio fiscal que requería de una política de shock en vez de gradualismo, entendiendo por política de shock anunciar un plan económico completo en lo impositivo, reforma del Estado, reforma laboral, monetaria e integración económica al mundo. Fijar un rumbo de acción bien presentado que cambiara las expectativas económicas de los agentes económicos. Eso no ocurrió y se limitaron a financiar con deuda el déficit y esperar a que se produjera la lluvia de inversiones que nunca llegó.

¿Qué heredó Alberto Fernández? El mismo problema que le dejó el kirchnerismo a Macri con el legado de la deuda para financiar el déficit fiscal. Es decir, el grueso del problema viene de la época del kirchnerismo.

La “bomba de tiempo” que le dejaron al gobierno de Cambiemos fue importante y, por no escuchar a quienes recomendaban unan política de shock, la bomba le explotó en el momento menos pensado y lo llevó a la derrota electoral.Fuente: Secretaría de FinanzasFuente: Secretaría de Finanzas

Y ahora, Alberto Fernández no hereda solo el problema de Macri por la deuda, algo que ya reperfiló hacia adelante, hereda parte del campo minado que le dejó Cristina Fernández de Kirchner a Mauricio Macri con los condimentos que le está agregando su gestión en cuarentena, haciendo crecer el gasto corriente al 74% anual y llevando el déficit fiscal consolidado, incluyendo el cuasifiscal del Banco Central al 17% del PBI.

¿Cómo financia Alberto Fernández el déficit fiscal? De la misma forma que lo hizo Raúl Alfonsín con el Plan Primavera y como lo hizo Mauricio Macri pero con la variante de no tomar deuda externa y emitir.

Un historia repetida

En la época de la presidencia de Raúl Alfonsín el BCRA emitía moneda para financiar el déficit fiscal y luego se absorbía parte de esa emisión con los depósitos indisponibles (algo parecido a las Letras del Banco Central -Lebac- que inauguró el kirchnerismo), a diferencia de Macri que tomaba deuda externa, entregaba los dólares al Central, que emitía pesos para darle al Tesoro contra esos dólares que entraban, y luego parte de esos pesos los absorbía con los instrumentos de regulación monetaria.

Ahora el BCRA emite directamente porque el Gobierno tiene cerradas las puertas al financiamiento externo y la emisión es la base de su financiamiento.El BCRA emite directamente porque el Gobierno tiene cerradas las puertas al financiamiento externo y la emisión es la base de su financiamiento (Reuters)El BCRA emite directamente porque el Gobierno tiene cerradas las puertas al financiamiento externo y la emisión es la base de su financiamiento (Reuters)

En el período enero-julio el Tesoro se financió, fundamentalmente, con $2,3 billones provenientes de impuestos y $1,5 billones de emisión monetaria, la cual pasó a representar el 65% de los ingresos tributarios. Pero en rigor, lo que más crece no es la expansión monetaria sino la deuda del BCRA.

El gráfico muestra la evolución del promedio mensual de stock de base monetaria y de Leliq más Pases Netos. Hasta mayo el primero se mantenía por encima del total de instrumentos de regulación monetaria (IRM), pero se revirtió a partir de junio.

Comparando mayo contra diciembre, la base monetaria promedio mensual aumentó 25% y el stock de Leliq y pases 53%, mientras que respecto de mayo, el nivel actual del dinero primario subió 8,7% y el de los IRM se expandió 36,4%, y potenció la generación de déficit cuasifiscal. Mientras que si el punto de comparación es noviembre 2019 la base monetaria se elevó 47,6% y el stock de IRM 137,4%. Una combinación letal en términos inflacionarios, cambiarios y de riesgo de crisis financiera.

La historia económica argentina, al menos de los últimos 40 años, enseña que cuando el BCRA emite deuda para financiar el gasto público, no sólo está contraindicado en cualquier manual de Banco Central, deriva en la aceleración de la fuga de los pesos porque pierde su condición de reserva de valor.

Pero, además, de emitirse moneda para financiar la deuda del BCRA, en el extremo, hoy duplicaría la base monetaria, con lo cual habría un estallido hiperinflacionario o se caería en otro plan Bonex como en 1989 en el que se canjearon compulsivamente depósitos a plazo fijo a 7 días en pesos por bonos externos, en dólares, a 10 años de plazo. Cada uno puede decidir qué prefiere: default, plan Bonex o hiperinflación.

En síntesis, el BCRA está usando más la deuda que emite para financiar el déficit que la emisión. Se verá cómo se resuelve este problema donde todos conocen el final. Solo falta saber cuál de las opciones se utilizará.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Dinero, Crédito y Bancos

Por Aldo Abram: Publicada el 31/7/20 en : https://www.youtube.com/watch?v=mO38JfnJr4E&feature=youtu.be

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Publica como @AbramAldo .

¿Qué son las cuevas financieras?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/7/20 en: https://eleconomista.com.ar/2020-07-que-son-las-cuevas-financieras/

dollar dólar

El lenguaje es para poder pensar y para trasmitir mensajes a nuestros congéneres. Si bien es cierto que los diccionarios son libros de historia pues mutan cuando la parla cambia, en esta instancia el llamar perro al gato y viceversa confunde el pensamiento y la comunicación.

Para entrar en materia de lo que quiero puntualizar en esta columna periodística, lo cito al gran economista decimonónico Frederic Bastiat de su obra titulada “La ley”, donde sostiene que cuando los aparatos estatales abandonan su función de proteger derechos y, en cambio, los conculcan incurren en robo legal pues escribe que la norma gubernamental “ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación”.

Pues bien, todo se trastoca cuando el poder político abusa de sus facultades. En este sentido declaramos que la cueva en el sentido peyorativo que se le otorga a la expresión está representada por la banca central que succiona el fruto del trabajo ajeno. El premio Nobel en Economía F. A. Hayek ha escrito sobre los desmanes de la denominada autoridad monetaria y el curso forzoso y concluye que del mismo modo en que se tardó en percibirse los errores y horrores de unir la religión con el poder político abriga esperanzas que no se demore otro tanto en percatarmos que la unión de la moneda con el aparato estatal tiene como único fin estafar a la gente a través de lo que los economistas denominamos inflación monetaria. Continúa diciendo que se alega que es para mantener el poder adquisitivo de la moneda pero ningún banco central ha hecho semejante cosa en la historia de esa institución. Sugiere que la gente pueda elegir el activo dinerario de su preferencia en un proceso abierto y competitivo.

Los banqueros centrales solo pueden operar en una de tres direcciones: expandir, contraer o dejar igual la masa monetaria. Cualquiera de estos tres caminos inexorablemente conduce a la distorsión de los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Y si alguien dijera que la banca central posee la bola de cristal y haría lo mismo que la gente hubiera elegido en cuanto al volumen de la masa monetaria, no tendría tampoco sentido la manipulación  si van a hacer lo mismo que hubiera hecho la gente sin los gastos administrativos correspondientes, pero más importante que esto es explicar que para saber lo que la gente demanda hay que dejarla actuar. En otros términos, los banqueros centrales en toda circunstancia se equivocan y la antedicha desfiguración de los precios relativos significa alterar las únicas señales con que cuenta el mercado para operar, lo cual a su turno se traduce en consumo de capital que implica la consecuente reducción en salarios e ingresos en términos reales. Más directo: manipulación política del dinero es igual a pobreza.

Entonces, en la práctica la cueva radica en la banca central y en aquellos bancos que se escudan en reglamentaciones estatales y cierran las persianas de sus instituciones para que depositantes no puedan retirar sus pertenencias. Los lugares donde se concretan arreglos libres y voluntarios entre partes para proteger ahorros legítimos no son en este contexto cuevas.

Por supuesto que como queda dicho está todo patas arriba y lo conveniente es que todos puedan operar libremente con lo suyo y el monopolio de la fuerza circunscribir su función a la protección de derechos y no en la manía de imponer tipos de cambio, tasas de interés y equivalentes. Es similar a que en regímenes estatistas se emplee el mote de mercado negro a las transacciones libres y voluntarias y se denomina al mercado blanco allí donde no hay transparencia ni libertad.

Es hora de poner las cosas en orden y mantener en brete al Leviatán que está teóricamente integrado por los empleados de la gente con la misión de protegerla, pero de un tiempo a esta parte se han invertido los roles y los mandatarios se han convertido en mandantes y la gente en simples súbditos. Cuando esto se revierta desaparecerán lo que ahora muchos denominan cuevas financieras en el contexto de mercados libres rodeados de marcos institucionales civilizados y, en ese caso, solo serán cuevas las madrigueras y los aguantaderos de criminales que naturalmente hay que combatir.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

No hay motivo para esperar un gran anuncio de reformas estructurales, ¿o sí?

Por Aldo Abram. Publicado el 10/7/20 en: https://www.ambito.com/opiniones/plan/no-hay-motivo-esperar-un-gran-anuncio-reformas-estructurales-o-si-n5116041

El economista Aldo Abram plantea que para resolver los problemas económicos de fondo hay que disminuir el gasto público porque se necesita bajar los impuestos.

Las empresas piden ayuda para poder pagar el aguinaldo
Las empresas piden ayuda para poder pagar el aguinaldoFoto: Mariano Fuchila

En un “deja vú”, muchos economistas ortodoxos critican al gobierno porque “no tiene un plan” económico. Lo mismo sucedió al inicio del gobierno del entonces Presidente Néstor Kirchner. Sin embargo, con el tiempo, quedó claro que sí lo había, que lo ejecutó y que luego lo profundizó su viuda, Cristina Fernández durante los dos períodos que le tocaron ejercer el mandato.

https://imasdk.googleapis.com/js/core/bridge3.398.1_en.html#goog_1641655976El Anuncio termina en 14s

El error es creer que todos pensamos igual. Un economista ortodoxo considera que el que hace crecer la economía es el sector privado productivo y una crisis revela una falta de credibilidad en un futuro del país que motiva a argentinos y extranjeros a sacar sus ahorros e inversiones de la economía local. Por lo tanto, cuando asume como ministro, anuncia un plan de reformas para resolver los problemas de fondo del país buscando convencer a la gente de que será exitoso y que lo implementará. Si lo logra, los trabajadores y empresas dejarán de ahorrar en activos extranjeros, empezarán a consumir e invertir más, impulsando una reactivación; y, luego, si el gobierno demuestra que cumple su promesa, colocarán su trabajo y su capital a producir gestando crecimiento sostenible de largo plazo.

Los funcionarios del actual gobierno creen que el que genera crecimiento es el EstadoPor ello, no hay necesidad de anunciar un plan, solo hay que empezar a hacer para dinamizar la economía y, luego, el sector privado productivo se sumará al auge. ¿Cómo lo harán? Diciéndole a los trabajadores y empresarios cómo manejar sus negocios, o realizar sus tareas, o ahorrar o invertir. También, regulando la economía para que funcione mejor que como lo hacía con el mercado. Si se analiza lo que va de la actual gestión está plagada de estas medidas.

Lo insólito es que esto implica que estos funcionarios creen que ellos saben mucho más que el conjunto de los argentinos, que en definitiva somos los trabajadores, empresarios y conformamos el “mercado”.

Por otro lado, impulsarán el nivel de actividad gastando más desde el Estado, para lo que necesitan plata. Por eso, al principio de su mandato, en vez de ajustar al sector público que era el que gastaba de más, argumentando que era recesivo, hicieron ajustar “solidariamente” al sector privado exprimiéndolo con más impuestos. Parece que achicar a quien produce los recursos para pagar los gastos y sueldos propios y los del Estado no es recesivo.

Esta forma de pensar también justifica que inicialmente plantearan como una prioridad tres años sin pagar intereses de la deuda; ya que pensaban usar esos recursos para gestar crecimiento. Cambiemos contó con muchos más recursos de crédito y sólo pudo sostener un par de años los problemas heredados. Con menos plata, ¿cuánto logrará mantenerlos este gobierno?

Así que no hay motivo para esperar un anuncio de un gran programa de reformas estructurales; porque el rumbo es otro y, lamentablemente, implicará que tengamos una nueva y más fuerte crisis en el corto o mediano plazo.

Para evitarla, hay que resolver los problemas de fondo. Se debe reformar el Estado para que cumpla eficientemente sus funciones y bajar el gasto; porque se necesita disminuir los impuestos.

Según el Banco Mundial, Argentina está en el puesto número 21, entre 190 países, de los que más exprimen con impuestos a sus empresas. Así no hay perspectivas de que haya suficiente inversión para gestar crecimiento sostenido.

Por otro lado, hay más de 69.000 regulaciones que asfixian a las empresas, especialmente a las PyMes y a los emprendedores; pero, en vez de reducirlas, este gobierno las incrementa. Tenemos una ley laboral que desincentiva la generación de empleo productivo. Con distintos gobiernos y períodos de gran crecimiento, en cualquiera de los últimos 20 años que se elija, más de 40%, e incluso más del 50% de los argentinos estaban desocupados, en la informalidad o con un seguro de desempleo disfrazado de ocupación en el Estado o plan asistencial.

Las soluciones están, sólo hace falta convicción y poner manos a la obra. Como ciudadanos exijámosles que lo hagan.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Publica como @AbramAldo .

Los peligros que se ciernen sobre el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/30/los-peligros-que-se-ciernen-sobre-el-caso-argentino/

 

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

 

No soy muy afecto a escribir sobre la coyuntura pues pienso que resulta indispensable debatir temas de fondo al efecto de despegarse de lo cotidiano para no estar como perros que en círculos pretenden morderse el rabo y abrir horizontes para entre otras cosas modificar favorablemente la coyuntura del futuro. Son más bien escasos mis textos sobre coyunturas. Aunque mi inclinación sea la de evitar los detalles del momento y centrar la atención en remover obstáculos de fondo, en esta oportunidad me refiero a sucesos actuales debido a la gravedad de lo que ocurre pero siempre con un ojo en el mensaje de fondo con la intención de correr el eje del debate hacia posiciones más sólidas puesto que, como queda dicho, el desbalance entre lo meramente coyuntural y lo de fondo nos viene hundiendo en el fango a los argentinos desde hace demasiado tiempo.

Los peligros que vislumbro no son de la ya de por sí desgraciada pandemia sino de medidas que se vienen adoptando en dirección a lo que he catalogado antes como el virus del estatismo, más peligroso y de mayor alcance aun que el propio coronavirus.

Estimo que quienes deben opinar sobre la pandemia son los inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio y no caer en el cotorreo de quienes no tienen idea de medicina y mucho menos de epidemiología. En este sentido, cito a título de ejemplo a los especialistas Pablo Bonvehí de CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos con gran prudencia, ponderación y conocimiento de causa han dicho que debe aplicarse el federalismo también en esta materia, es decir, descentralizar las políticas sanitarias puesto que las situaciones son distintas en áreas rurales respecto de las urbanas y dentro de estas contemplar circunstancias muy diversas siempre con la idea de proteger de contagios. Todo no puede ponerse en la misma bolsa.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, la función primordial del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección de derechos y el contagio aun el involuntario constituye una lesión al derecho de terceros del mismo modo que lo es cuando se emite monóxido de carbono o se arroja ácido al jardín del vecino. El caso de las vacunas es otro puesto que cada uno en su propiedad exigirá la respectiva certificación si lo considera necesario. Como es del dominio público, en estos momentos no hay vacuna para protegerse del Covid-19 ni fármaco que cure esta enfermedad.

En la otra punta del espectro el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert luego de fustigar a los detractores del liberalismo y decir que proceden de una lectura más atenta de Robespierre que de Tocqueville, sugiere a esta altura dejar de lado la cuarentena para el caso francés. Por su lado el también doctor en medicina Anthony Fauci -asesor en temas de salud para el gobierno estadounidense- también sugiere la descentralización pero concluye que sin más eliminar el aislamiento provocará un incremento alarmante de muertes, a contracorriente de lo que imprudentemente viene proponiendo el actual morador de la Casa Blanca (que además aumentó sideralmente el gasto y la deuda y en noviembre competirá con otro candidato aun más estatista).

Sin duda que el asunto que tratamos debe ser aplicado con la debida precaución y equilibrio tomando en consideración la relación costo-beneficio. Si todos fenecemos no tiene sentido ocuparse de las cotizaciones de Wall Street y, por otro lado, la paralización de las actividades comerciales y equivalentes puede conducir a muertes por hambre. El equilibrio es sumamente delicado para evitar acumulación de cadáveres, pero como decimos, la palabra autorizada corresponde a los especialistas de peso con el cuidado para que los políticos no usen la pandemia de escudo para aventuras estatistas con tufillo orwelliano, y una vez finiquitado el aspecto crítico del mal eliminar de cuajo todas las restricciones pues siempre debe tenerse presente el dictum de Ronald Reagan: “Nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”.

Pero hay otos asuntos sumamente graves que nos conciernen a todos independientemente de nuestras profesiones y ocupaciones. Resumimos en nueve capítulos las acechanzas que percibimos. En primer lugar, se trata de los absurdos y a todas luces contraproducentes controles de precios. Como es sabido, los fracasos en esta materia vienen repitiéndose desde hace 4000 años. El precio es el único indicador en el mercado para operar; coordina las actividades económicas, pero cuando se imponen precios políticos se incrementa la demanda con lo cual aparecen faltantes que se agudizan debido a la contracción de los productores marginales. Cuanto más difícil la situación, mayor razón para permitir el funcionamiento de los arreglos libres y voluntarios entre las partes.

En segundo lugar, el problema se agudiza notablemente si se encaran embates contra comerciantes que son precisamente quienes pueden resolver los problemas a través de sus respectivas producciones en el contexto de un default que se viene arrastrando y que con razón preocupa a locales que ven peligrar sus canales de financiación debido a las conductas inaceptables de gobiernos que dejan de atender los compromisos contraídos bajo fachadas tragicómicas como “reperfilamiento”, “default selectivo, parcial o suave” y otros disparates similares dignos de una tira cómica.

Tercero, no parece concebible que en momentos de crisis como la que estamos padeciendo los gobernantes deciden aumentar la ya insoportable carga tributaria lo cual naturalmente acelera la retirada de capitales tan necesarios para hacer de apoyo logístico para mejorar la situación.

Cuarto, la manipulación estatal de la moneda es siempre un obstáculo serio al progreso, pero intensificarla en medio de la pandemia generará mayores succiones del fruto del trabajo ajeno, muy especialmente por parte de los más necesitados y no cabe guiarse por engañosos índices estadísticos del costo de la vida cuando los precios se toman en base a anteriores cotizaciones ya que al paralizar la producción merma la actividad.

Quinto, en medio de la pandemia se está engrosando exponencialmente el gasto público ya sumamente adiposo antes de la actual gestión debido al rotundo fracaso de las administraciones anteriores. Y como hemos consignado tantas veces con anterioridad, no se trata de podar el gasto puesto que igual que con la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco es del caso insistir en que el gasto debe ser eficiente ya que si una función resulta incompatible con el sistema republicano debe eliminarse. Convertir en eficiente algo que es innecesario es mucho peor que mantener la ineficiencia.

Sexto, alarman los proyectos de modificación del Poder Judicial junto con la pretensión de dejar sin efecto la querella por parte de la oficina correspondiente de los casos de corrupción y la propuesta de concentrar en la jefatura de gabinete el manejo presupuestario constituye una afrenta a la función primordial del Poder Legislativo.

Séptimo, la insistencia en la manía del igualitarismo hace que la consiguiente guillotina horizontal apunte a eliminar las diferencias de resultados entre las personas diferentes en sus talentos y capacidades que en una sociedad libre son consecuencia de servir a sus semejantes. De este modo el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos, en contaste con los pseudoempresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios y así explotar a su prójimo. Resulta aterrador escuchar algunos dirigentes empresarios formular declaraciones que no hacen más que acentuar el estatismo galopante que enfrentamos.

Octavo, como consecuencia de todo lo anterior se vulnera la institución de la propiedad privada que se agrava debido a las manifestaciones de funcionarios que apuntan a que el aparato estatal participe con acciones en las empresas privadas, lo cual agrava a la ya de por sí situación calamitosa de las mal llamadas empresas estatales, que son más bien entidades políticas ya que no solo no asumen riesgos con recursos propios sino que arrojan abultadas pérdidas.

Y noveno, en lugar de permitir que las entidades privadas de educación ajusten sus actividades no presenciales en un proceso abierto y competitivo de auditorias cruzadas, resulta que las autoridades imponen sus criterios políticos en cuanto a calificaciones, compaginación de trimestres y similares en el contexto de la distribución de cuadernillos obligatorios con un grosero adoctrinamiento para la enseñanza primaria.

Los argentinos estamos navegando en el estatismo desde hace ocho décadas, pero ahora la niebla se ha hecho más espesa y hay un riesgo de desembocar en una tragedia como la venezolana, puesto que a las mismas causas tienen lugar los mismos resultados. Espero equivocarme, pero si no se cambia la dirección los resultados negativos se profundizarán y vamos al despeñadero en medio de revueltas de diversa procedencia y espesor. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, especialmente ahora gracias a instituciones liberales que vienen trabajando en pos de una sociedad abierta en consonancia con los valores alberdianos que hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta.

Por último, vuelvo sobre el tema del partido liberal sin dejar de subrayar enfáticamente y antes que nada las nobles faenas realizadas en esa dirección y destacar las características de abnegación que en general tienen quienes se han dedicado a esas tareas. Reitero, sin embargo, que dado el atraso en la batalla cultural y la consecuente incomprensión de las ideas básicas de ese ideario, no es el momento de insistir en un partido de esas características. Machaco con el ejemplo de quien habla sueco frente a una audiencia de hispanoparlantes, para proceder en consecuencia es requisito fundamental que los receptores entiendan sueco, de lo contrario los mensajes quedarán sin destinatarios. Es indispensable arremangarse y trabajar en el terreno de las ideas con mayor ímpetu y dedicación.

En otros lares como en Estados Unidos la experiencia ha podido llevarse a cabo, por ejemplo, con el extraordinario Ron Paul debido a que, a pesar de los problemas que ahora atraviesan, el plafón de ideas era otro como consecuencia de profundos trabajos en la batalla cultural, lo cual no ocurre por el momento en nuestro país en grado suficiente.

No debe confundirse el plano académico con el político. En este último caso se trata de conciliar y de acordar según sea la comprensión de la opinión pública. Desde la tribuna el político no puede decir lo que le venga en gana, debe considerar lo que por lo menos una parte significativa de la gente pueda masticar y digerir de lo contrario tendrá sus días contados como político. Hace tiempo que venimos insistiendo en la imperiosa necesidad de trabajar en proyectos de fondo que contribuyan a mover las agendas. No es posible saltar etapas. Lo primero viene primero, de lo contrario ponemos las carretas delante de los caballos.

Afortunadamente se ha constituido una oposición numerosa en ambas cámaras del Congreso y está en proceso una renovación de dirigentes al efecto de evitar la concentración en personeros de primera fila del fallido gobierno anterior. Aquellos, en este corto período desde que asumió el actual gobierno han batallado para poner freno a abusos extremos. Quienes los han votado en su inmensa mayoría no fue para respaldar la gestión fracasada sino desesperadamente para salvaguardar principios elementales del republicanismo como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia. Sin duda que desde la perspectiva del liberalismo lo actuado en diversos planos es de un gran mérito y solvencia pero por ahora resulta muy incompleto y hay muchísimo más que hacer y es imprescindible percatarse de lo que ocurre y administrar con prudencia y cuidado lo que existe y no lo que nos gustaría a los liberales que tenga lugar. El fraccionamiento de la oposición solo servirá para fortalecer el populismo extremo. Es aconsejable que los liberales intenten alimentar esta nueva oposición basados en proyectos y críticas constructivas, con la necesaria conciencia de las severas limitaciones del caso que impone la realidad de nuestra historia y, como decimos, mirar con detenimiento el plano de la batalla cultural donde no debe haber contemplación de ninguna naturaleza.

Lamentablemente se invierten los roles: algunos las juegan de valentones en el plano político y retroceden y se aplastan cuando se esgrimen ideas de fondo como la eliminación de la banca central que siempre succiona el poder adquisitivo, el ministerio de educación que impone pautas curriculares en lugar de abrir la competencia en auditorias cruzadas en busca de la excelencia, las embajadas que estaban bien para la época de las carretas y no de las teleconferencias, la agencia oficial de noticias típica del fascismo, el instituto de estadísticas dependiente del aparato estatal y tantas otras propuestas que hemos expuesto en detalle en diversas ocasiones.

Si cada uno asume su responsabilidad en contribuir diariamente a que se comprendan los pilares del respeto recíproco, se acortará la distancia con otra posible circunstancia futura para poder concretar la consolidación de un partido liberal, pero ahora no es el momento. En ese sentido, recuerdo lo relatado por Ortega: en una oportunidad, un sacerdote celebraba misa y a cada cosa que decía el monaguillo repetía “Ave María Purísima”, pasado un tiempo razonable en que se reiteraba el coro del ayudante circunstancial el cura perdió la paciencia y le dijo: “Mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Si la Argentina fuera una empresa ya le hubieran decretado la quiebra

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/5/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/19/si-la-argentina-fuera-una-empresa-ya-le-hubieran-decretado-la-quiebra/

 

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa (Reuters)

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa (Reuters)

 

Si bien el Gobierno llamó a una convocatoria de acreedores para decirles que no puede pagarles los vencimientos del capital ni de los intereses, por un tiempo, los datos muestran que la oferta inicial de pago con quitas no será aceptada, con lo cual si no se llega a un acuerdo el juez estaría decretando la quiebra en poco tiempo más.

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa.

Pero lo que se plantea es que el Estado argentino con los activos corrientes que tiene no puede afrontar el pago de los pasivos del corriente año. El país no tiene caja, ni créditos a cobrar y tampoco activos líquidos de fácil liquidación para enfrentar los pagos de los intereses y del capital.

Frente a esta situación, el Gobierno llamó a una suerte de concurso de acreedores para presentarles una oferta de pago en el futuro. Si los acreedores no aceptan la propuesta, entonces, se dispondría el default, equivalente a la quiebra en el caso de una empresa.

En rigor, no va a haber ningún juez de algún estrado que decrete la quiebra de Argentina, pero será la gente la que la determine de hecho, a través de la decisión de dejar de invertir en el país, fugando sus capitales a otro país en donde no se confisque recurrentemente la riqueza que se genera, y se agrave la situación de pobreza de la mayor parte de la población.

Lo que los populistas llaman fuga de capitales, no es otra cosa que la búsqueda de invertir el fruto del trabajo honesto de la gente en países que les respeten su derecho de propiedad, en respuesta a la prohibición de compra de divisas. No le roban a nadie. Eso es lo que pretenden vender los populistas que se ponen mal porque esos activos quedan fuera del país.

Es curioso cómo los populistas gritan a vos en cuello: fuga de capitales. ¿Qué es eso? Que la gente desprecia la moneda que produce el BCRA y, con el fruto de su trabajo, neto de sus gastos, prefiere comprar dólares en vez de pesos. Así de fácil. Alguien produce un bien y con los pesos que le entrega el comprador, deduce los costos y si le queda algo compra la divisa.

El bien que produce, como su trabajo, es de su propiedad y por lo tanto los dólares que decide comprar son de su propiedad. Pero los populistas insisten con que son del Estado y no del dueño, del productor que vendió a cambio de los dólares.

¿Por qué semejante disparate? Porque en realidad no quieren que suba el tipo de cambio y quede en evidencia la mala calidad de la moneda que emite el Banco Central. Si la gente no quiere los pesos, entonces demanda dólares y encima muchos decide llevarlo al exterior para escapar del robo legalizado que implementan los políticos populistas. Es obvio que en ese caso el tipo de cambio va a subir reflejando la debilidad del peso.

Cuando un gobierno dice que los dólares son del Estado porque los necesita, lo que hace es confiscar parte del fruto del trabajo del sector privado. Un ejemplo sencillo: un productor de soja cobra, por cada dólar exportado $48,83, sin embargo el fruto de su trabajo indica que cada dólar que generó de riqueza cotiza en el mercado a $130. El Estado le confisca el 63 por ciento. Y, se pierde de vista que no es el país el que necesita los dólares para comprar los insumos para producir, sino las empresas porque ningún país que quiera desarrollarse se autoabastece plenamente de la producción nacional.

El problema es que como el BCRA produce una mercadería moneda de mala calidad que nadie quiere, todos la venden a cambio de una moneda en la que confían, que es el dólar. Y lo que quiere el Estado es que el dólar para importar sea artificialmente barato para esconder el mayor costo de producción derivado de la depreciación del peso.

Larga historia de incumplimientos

Ahora bien, ¿por qué Argentina va a la quiebra? En primer lugar porque difícilmente los acreedores le acepten plenamente la propuesta de recorte de intereses y de capital. Pero lo que es más grave, no genera la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública.

El Estado no genera hoy la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública

El Estado no genera hoy la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública

Esto de no poder pagar la deuda y entrar en default no es nuevo. De acuerdo a los cálculos que hizo Nicolás Cachanosky, Argentina estuvo en default el 40% del tiempo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, el Estado gasta más de lo que recauda. La diferencia la cubre con endeudamiento. Pero no toma deuda para reestructurar el país, sino que lo hace en general para consumir vía populismo e incentivar a la gente a no producir. Es como si el jefe del hogar consume con la tarjeta de crédito, no trabaja y cuando del banco lo llaman para cobrar lo que debe, acusa al banco de buitre.

Aunque también es bueno reconocer que los que administran fondos de inversión compran con la plata de sus inversores bonos de países que claramente no pueden pagar la deuda que están contrayendo. Esos administradores cobran su bonus a fin de año y luego se van a hacer otro trabajo.

De ahí que también en parte del sector privado se observa un alto grado de irresponsabilidad, lo que no quiere decir que los gobiernos argentinos, uno detrás de otro, gaste más de los que le ingresa, se endeude y luego se haga el enojado diciendo que no paga. Si en los fondos de inversión hay irresponsables invirtiendo los ahorros de los inversores, eso no quiere decir que los gobernantes argentinos no aprovechan esa irresponsabilidad para ser ellos también irresponsables y asumir compromisos que luego no podrán honrar.

Por momentos esto de la deuda de Argentina deja en evidencia que es un juego de tahúres. En el medio está la gente que los vota para que se endeuden, en esta competencia populista en que se convirtió la democracia, por esa cultura de la dádiva que impera en el país.

Lo concreto es que el Estado no solo no genera los ingresos suficientes para poder pagar la deuda ni los intereses, tampoco tiene activos para cancelar esos pasivos y, lo que es peor, no tiene un plan económico consistente que haga pensar que en el futuro podrá pagar el capital y los intereses de la deuda pública.

Si la economía argentina no crece, no hay posibilidad alguna de poder pagar los intereses de la deuda. Para crecer, no solo hace falta tener un plan económico consistente, también se requiere de ser consistentes con la calidad institucional a lo largo del tiempo.

Para captar inversiones hace falta ser serios en lo institucional y la realidad es que la dirigencia política argentina no es, en líneas generales, seria, ni preparada. Los políticos argentinos son habilidosos para ganar elecciones, pero son incompetentes para hacer crecer el país. Su ambición por permanecer en el poder los lleva a hacer populismo. Y si no es por ambición de poder, es por incapacidad que hacen populismo.

La Argentina es como una empresa que no tiene un problema financiero de carácter transitorio, sino administradores, la dirigencia política, que la condujo a la quiebra. El Estado no solo tiene más pasivos que activos, sino que, además, tiene un flujo horrible de ingresos versus egresos, fruto del populismo.

El populismo destruyó las finanzas del país, pero sobre todo las instituciones básicas para atraer inversiones y crecer, y por tanto disparó la pobreza hasta niveles insospechados. De ahí que, mientras siga imperando esta filosofía populista, todo debate sobre cómo negociar el pago de la deuda pasa a ser absolutamente irrelevante.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky