¿Qué tan ortodoxo es el nuevo plan anti inflacionario?

Por Adrián Ravier. Publicado el 13/11/18 en https://www.cronista.com/columnistas/Que-tan-ortodoxo-es-el-nuevo-plan-anti-inflacionario-20181112-0079.html

 

¿Qué tan ortodoxo es el nuevo plan anti inflacionario?

Mientras el Banco Central confirma en octubre una leve contracción monetaria en un plan de mantener constante la base monetaria para de ese modo bajar la inflación, también acumula Leliq que representan inflación futura. ¿Qué tan ortodoxo es entonces el nuevo plan anti-inflacionario de Cambiemos?

La respuesta obliga a analizar ambas políticas por separado, en particular porque el efecto de cada una se verá a plazos distintos.
La primera política de mantener constante la base monetaria hasta junio de
2019 es una política ortodoxa que si se concreta será efectiva en bajar la inflación.
Ofrece un impacto similar a dolarizar la economía, o al efecto que tuvo la
implementación de la Ley de Convertibilidad en 1991.
Si la expansión de la base monetaria se reduce a cero, rápidamente la inflación bajará. De hecho, el mercado ya descuenta una baja del 45% estimado para 2018 a un 25%, o incluso menos, para 2019. Si la política se mantiene, en poco tiempo más, las expectativas irán corrigiéndose hacia abajo y finalmente la tasa de inflación será de un dígito como proponía el Presidente Mauricio Macri en su campaña.

No sólo ello, la tasa de inflación mensual bajaría de un 6% y un 5% para septiembre y octubre de 2018, a 3% para noviembre y de ahí en más con una baja secuencial que llevará el valor a 2% mensual y en baja.
¿Y las Leliq? Pero la pregunta que sobreviene entonces es el tema de las Leliq. ¿Cómo surgieron estos bonos, en qué se asemejan a las Lebac y qué tan problemático puede ser desarmarlas en el futuro?
La historia reciente comienza con el Gobierno buscando en el FMI los dólares que no llegaron por la sequía y el sudden stop. El FMI solicitó algunos requisitos para resolver desequilibrios macroeconómicos fundamentales, primero dejando de intervenir en el mercado cambiario y dejando que la cotización del dólar se eleve hacia un nuevo valor cercano al equilibrio, y luego desarmando la bola de nieve de las Lebac, que a la vez ponían más tensión sobre el mercado cambiario.

Las Lebac fueron un instrumento que el BCRA utilizó para esterilizar la base
monetaria, es decir, absorber pesos en circulación. En un momento en que el BCRA expandía la base monetaria a una tasa del 25% promedio, mitad para financiar al Tesoro y la otra mitad para comprar los dólares que el Tesoro recibía en concepto de deuda, también vendía Lebac de tal modo de absorber esos pesos y evitar un impacto inflacionario mayor.
Fuimos muchos los economistas que llamamos la atención sobre este fenómeno, pero el BCRA y todo el arco oficialista estaban convencidos que el problema podía ser controlado hasta que pudieron desarmarse.
Mientras las Lebac eran cambiadas por nueva expansión de base monetaria (llevando el incremento del 30% al 50% entre abril y agosto), los tenedores de pesos demandaban divisas e incrementaban la presión sobre su cotización.
El dólar escaló de 17 a 23, 28, 31, 35, 38 y 42 pesos, tras una sucesión de crisis cambiarias y el oficialismo necesitaba detenerlo para ofrecer calma en el mercado cambiario.
Un problema adicional fue el contexto estacional en que se decidió desarmar la bola de nieve de Lebac, porque no ingresaban dólares ni por cosechas, ni por turismo, ni tampoco llegaba aun el capital del FMI.
Las Leliq son un instrumento similar a las Lebac con la diferencia de que sólo pueden acceder a ella los bancos. La tasa de interés que pagaba el BCRA al 72% trató de incentivar a los bancos a tomar activos en pesos y así reducir la demanda de divisas. El negocio parcialmente se traslada a la gente pues los bancos para tener más pesos pagan por plazos fijos tasas de hasta un 50% anual.

Si bien el impacto de la política parece haber sido una buena medicina para detener la demanda de divisas (incluso se puede mostrar que la cotización del dólar bajó de $ 42 a $ 35), los efectos secundarios se dejan ver en el corto y mediano plazo.
En el corto plazo, tasas tan elevadas contraen la actividad económica profundizando la recesión; en el mediano plazo, la pregunta que queda es cómo hacer para bajar esas tasas o incluso desmantelar las Leliq sin que sus tenedores se vuelquen al dólar.
Evitar otra bola de nieve
¿Podrá el BCRA evitar que las Leliq sean una nueva bola de nieve como lo fueron las Lebac? Desmantelar las Lebac llevó la tasa de inflación del 25 al 45% entre 2017 y 2018, y el impacto no fue mayor precisamente porque las Leliq absorbieron la mitad del problema.
Aquí es donde radica el debate más significativo entre economistas.

La ortodoxia coincide en que las Lebac debían desarmarse sin Leliq, y que era mejor que la inflación acelerase su ritmo hasta lo que debía ser, seguido de lo cual debía aplicarse la política de mantener constante la base monetaria o incluso dolarizar. De una inflación bastante más amplia que la que habrá en 2018, podría haberse observado una desaceleración inmediata con una fuerte contracción monetaria que garantizara la estabilidad monetaria en uno o dos años.
Pero el BCRA, en un marco de emergencia, tomó otro camino. Resolvió la mitad del problema y ahora le resta ver de qué modo desmantelará las Leliq en el futuro. La medida es una combinación de ortodoxia, si recordamos lo dicho al inicio de la nota, con una medida heterodoxa, que intenta postergar el costo social de resolver el problema.
Convencer al mercado de que el dólar está en calma La apuesta del oficialismo es ir bajando las tasas de las Leliq a medida que se estabiliza
el mercado cambiario, y los ahorristas observan que adquirir divisas es un mal negocio.
Hoy un 70% de tasa que pagan las Leliq, o un 49% de tasa que pagan los plazos fijos, frente a un dólar que baja o se estanca, parece ser un negocio extraordinario de corto  plazo.
Si el mercado se convence que el dólar mantendrá la calma, entonces el BCRA puede pagar 60%, 50% o 40% por las Leliq y aun así mantendrán alta rentabilidad. Las tasas de plazo fijo también bajarán en paralelo.

Mejor aún, si llegan los dólares de la cosecha, más turismo, más los fondos
comprometidos con el FMI, el BCRA puede acumular reservas y entonces sí animarse a desmantelar parcialmente el problema de las Leliq con su monetización, sabiendo que parte de estos pesos irán por las divisas acumuladas en reservas.
Resumiendo, la recomendación ortodoxa habría sido monetizar las Lebac y permitir que la inflación saltara lo necesario para reconocer los efectos que la política expansiva tuvo en  estos últimos años. El dólar también habría alcanzado niveles mayores a partir de los cuales habría que aplicar una política de estabilización como la primera comentada.
El oficialismo otra vez eligió un camino gradualista, porque si bien la primera medida es ortodoxa y será efectiva en el corto plazo, la acumulación de Leliq con tasas elevadas nos dejarán en el mediano plazo un problema de serias consecuencias económicas y sociales.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

 

La suerte de Macri pende del BCRA y del FMI

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 16/11/18 en: http://www.ambito.com/939692-la-suerte-de-macri-pende-del-bcra-y-del-fmi

 

Cuando el estatismo gradualista nos situó al borde del colapso, el FMI nos socorrió con un crédito sin precedente, otorgado por el apoyo de EE.UU. al Gobierno. Si bien circunstancias económicas mundiales incidieron en las dificultades, las principales fueron consecuencia de la insuficiente acción del Gobierno para equilibrar las cuentas, corregir distorsiones y errores graves. Desde el inicio de la administración, los más prestigiosos economistas advirtieron lo insostenible de los déficit fiscales (y, su contracara, externos) tan pronunciados. La estrategia del Gobierno buscaba desmentir la calificación de “ajustador”, apostando a que el mercado financiaría enormes déficit. Las salidas del default y liberación cambiaria, resueltas al inicio de la gestión, generaron la oportunidad de colocar deuda en términos favorables. ¡Hasta un bono a 100 años! Pero el crédito tiene límites, especialmente cuando no se advertía un sendero al equilibrio. La oposición y parte de la opinión pública también se resistieron a “ajustes” que nunca ocurrieron.

El BCRA es clave para las expectativas de la gestión, tan condicionadas por la suerte del dólar. El vuelco de la fortuna fue increíble. Los especialistas vaticinaban un 2018 tranquilo. Las expectativas (REM) promediaban 16,5% para la inflación y un dólar de $22 a fin de 2018, informó BCRA en enero. Evidente, los hechos se desviaron completamente. A mi entender, el error fue ¡emitir pesos en cantidad para cancelar Lebac! Desde el inicio de la crisis, el 23/4/2018 hasta el 1/10/2018, BCRA expandió en 80% la base monetaria para pagar Lebac. No puede sorprender la furibunda devaluación. Peor aún. Si BCRA no hubiese vendido u$s13.541 millones, absorbiendo pesos, la cotización actual sería de tres dígitos. En lugar de los dos dígitos de $36 por dólar. Sin esas ventas de dólares estaríamos en hiperinflación, con terribles derivaciones políticas y sociales.

El episodio prueba: para un futuro más tranquilo necesitamos certidumbre cambiaria. Desde octubre, el BCRA no emite dinero para financiar al Gobierno y otros destinos internos, cumpliendo una condición necesaria para estabilizar el dólar. Y establece elevadas tasas de interés para desalentar la compra de dólares. No puede bajarlas por la escasa confianza en su programa. Para superar la dificultad, proponemos una decisiva inyección de certidumbre, precisando la regla de intervención cambiaria. El BCRA debiera comprometerse a vender y comprar dólares, a cambio de pesos, ilimitadamente, a un precio fijo por largo tiempo, con una mínima diferencia entre la compra y venta. El FMI lo prohíbe pues no quiere que el crédito otorgado financie la compra de dólares, en lugar de asegurar los pagos a los acreedores externos. Como si la estabilidad cambiaria no condicionara la solvencia financiera. Más aún. En la medida que el compromiso de no emitir fuese creíble, FMI sabría que cada dólar vendido contraería la circulación monetaria, de modo que no estaría financiando una estampida de fondos del país. Es tarea de las autoridades convencer al FMI de la sustentabilidad de las reglas que proponemos, prácticamente la convertibilidad que tan bien funcionó durante 10 años. Si FMI no confiara, ¿qué esperamos de los inversores? Otra dificultad es que FMI parece creer ahora que la flotación cambiaria es la panacea mundial. No se dan cuenta que la unidad de medida, la moneda de verdad, es el dólar para los que trabajan en la Argentina. Es fácil entenderlo. Tuvimos que cambiar 5 veces el nombre del peso para quitarle 13 ceros. El dólar cotizaría ¡360.000.000.000.000! pesos moneda nacional que circulaban en 1969. Panamá, dolarizado desde 1904, es el país que más creció en América. Ecuador y El Salvador con casi 20 años de dolarización avanzan raudamente, superando diversas dificultades políticas. El FMI se fundó para asegurar tipos de cambio fijos, con prohibiciones de devaluar, un símil del patrón oro que tanto facilitó el extraordinario aumento de la riqueza mundial durante los siglos XIX y XX.

El Gobierno de un país que es bimonetario, por la pugna entre el uso forzado de una moneda impuesta, el peso, y la moneda preferida, el dólar, enfrenta equilibrios frágiles y bruscas alteraciones cambiarias. ¿Cómo flotar cuando la suerte de los gobiernos y actividades depende tanto de la cotización del dólar? El acta de defunción del Gobierno de Alfonsín fue la devaluación del 6/2/1989. El compromiso verificable diariamente de comprar y vender divisas a una cotización fija por largo tiempo bajaría la inflación y tasas de interés de golpe, restableciendo confianza y las actividades. El equilibrio monetario, la igualdad de la oferta y demanda de base monetaria, estaría asegurado, aún con la alta volatilidad que la caracteriza. Los momentos en que la oferta excediese a la demanda, la gente compraría dólares a cambio de pesos, que se restarían de la circulación. Automáticamente el equilibrio se restablecería. Cuando la demanda excediese a la oferta, el mercado vendería dólares al BCRA, y la emisión aumentaría en esa cantidad exacta. La constancia en la cotización del dólar haría ambas monedas mejores sustitutas.

Esta confianza estimularía las actividades productivas y la gente se sentiría mas satisfecha. Después de mucho tiempo, podríamos celebrar contratos a mediano y largo plazo. Los 40 países que más crecen en el mundo cambiaron drásticamente sus modos para salir de la modorra y pobreza anterior. Ninguno lo hizo con un tipo de cambio flotante durante décadas.

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Hayek sobre la libre competencia de monedas: un buen tema en un país que usa dos, y en mundo lleno de criptomonedas

Por Martín Krause. Publicado el 20/10/18 en:  http://bazar.ufm.edu/hayek-la-libre-competencia-monedas-buen-tema-pais-usa-dos-mundo-lleno-criptomonedas/

 

Con los alumnos de la materia Proceso Económico II vemos la propuesta de Hayek sobre la banca libre y la competencia de monedas y luego el desarrollo del Bitcoin que parece conformarse a tales ideas. Aunque vemos otros textos, en su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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“Si vamos a considerar seriamente la utilización de diversas valutas concurrentes para su aplicación inmediata en un área limitada, es evidentemente deseable investigar las consecuencias de la aplicación general del principio sobre el que se basa esta propuesta. En el caso de que se aboliera —dentro del territorio de un país— el uso exclusivo de una sola moneda nacional emitida por el gobierno, hallándose permitida la circulación de monedas emitidas por otros gobiernos, se plantearía la cuestión de si no sería más conveniente suprimir el monopolio gubernamental de emisión monetaria, permitiendo que la empresa privada ofreciera al público otros medios de cambio que éste pudiera preferir.

Actualmente, los problemas que plantea esta reforma tienen un carácter más teórico que los planteados por mi anterior propuesta [que las monedas de los distintos países europeos fueran aceptadas en los otros, en lugar de tener una moneda única como el euro], toda vez que esta sugerencia más extrema resulta todavía demasiado extraña al público para poder ponerse en práctica. Ni siquiera los expertos conocen suficientemente la problemática que surgiría La generalización del principio subyacente para poder hacer predicciones seguras sobre las consecuencias de dicho plan. Es evidente, sin embargo, que no es necesaria ni ventajosa la incuestionable y universalmente aceptada prerrogativa del gobierno de producir el dinero. De hecho, puede resultar perjudicial y su eliminación constituiría un gran avance, dando paso a repercusiones altamente beneficiosas. No es demasiado pronto, por tanto, para comenzar el debate. Aunque el plan no pueda ponerse en práctica mientras el público no esté mentalmente preparado y continúe aceptando sin críticas el dogma de la necesidad del privilegio gubernamental, tal circunstancia no debe ser un obstáculo para el estudio de los fascinantes problemas teóricos que plantea este proyecto.

Los economistas no han discutido la competencia entre monedas

Increíblemente, la competencia entre distintas valutas no ha sido examinada en serio hasta hace muy poco. En las publicaciones relativas al tema no se cuestiona la creencia universal de que el monopolio del gobierno en orden a la emisión monetaria es indispensable, ni tampoco se explica si esta creencia se deriva simplemente del postulado según el cual en un territorio dado sólo puede haber un tipo de moneda en circulación —lo que podía parecer una ventaja cuando se trataba de elegir entre el oro y la plata como posibles tipos de dinero—. Tampoco encontramos respuesta a la pregunta de qué sucedería si se suprimiera el monopolio y si el suministro de dinero se realizara mediante la competencia entre entidades privadas que proporcionaran distintas divisas. La mayoría de la gente piensa que la propuesta de que el dinero lo emitan empresas privadas significa que todas deben emitir el mismo (en dinero fiduciario, token money, esto equivaldría simplemente a una falsificación) en lugar de distintos tipos de dinero claramente diferenciabas por diversas denominaciones y entre los cuales el público pudiera elegir libremente.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El sector público desplaza al sector privado del mercado crediticio

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 16/10/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/10/16/el-sector-publico-desplaza-al-sector-privado-del-mercado-crediticio/

 

Las licitaciones que vienen y una pregunta: ¿después de estas supertasas, qué?

Banco Central (NA)

Al momento de redactar esta nota, el stock de Leliq está en $453.418 millones, obviamente en poder de los bancos, y el stock de Lebacs, está en  $340.581 millones. Dado que el BCRA no tiene con qué rescatar el stock de Lebac remanente, de aquí a fin de año el BCRA tendrá que emitir ese monto en pesos y luego retirarlo del mercado colocando Leliq, si es que quieren cumplir con la meta de crecimiento cero de la base monetaria.

De lo anterior se desprende que a fin de año el stock de Leliq estará en $800.000 millones, monto equivalente al stock de depósitos en pesos a plazo fijo del sector privado que viene creciendo aprovechando las altas tasas de interés, regenerando el arbitraje tasa versus dólar. El dato relevante es que el sector público entra como un elefante en un bazar y se lleva casi todo el crédito disponible, desplazando al sector privado del mercado crediticio.

A modo de ejemplo, el Gobierno acaba de anunciar una línea de $3.000 millones para las pymes. Ese importe es equivalente al 0,2% del total del stock de créditos al sector privado, que, por cierto, en los últimos 30 días cayó el 2,1% en términos nominales, así que debe haber disminuido, cómo mínimo, 8% en términos reales.

Pretender resolver los problemas estructurales como la legislación laboral, el nivel y calidad de gasto público y la política tributaria con medidas solo monetarias solo puede conducir a una fuerte recesión porque todo el ajuste recae sobre el sector privado. Si la actividad económica entra en un profundo proceso recesivo, no va a ser tan sencillo alcanzar la meta de déficit fiscal primario cero, porque lo más probable es que se caiga la recaudación impositiva. De hecho si comparamos septiembre de este año con septiembre de 2017, la cantidad de cheques rechazados sobre el total compensado, creció el 55%. Es decir, empieza a haber problemas en la cadena de pagos.

Otro tema que preocupa es que el rescate de Lebac se hace con Leliq en vez de utilizar algún bono del tesoro. ¿Por qué causa se produjo el desbande de las Lebac que hubo que desarmar de apuro? Porque por un lado la utilización de las Lebac generó un gran arbitraje tasa versus dólar que, cuando el gobierno anunció una baja de las tasas para reactivar la economía, se pasó al dólar generando la corrida cambiaria de principios de año, forzando la ida apresurada al FMI para recibir apoyo. Se podrá argumentar que Turquía, que Brasil, que la tasa en EEUU, pero la realidad es que el grueso del problema es propio. En buena parte por la herencia recibida y en otra parte no menor, generado por un tratamiento inadecuado de la herencia recibida.

Se creyó que con palabras de entusiasmo y optimismo se resolvía una herencia catastrófica. La herencia recibida exigía medidas más categóricas, previo a una detallada descripción de la catástrofe dejada por el kirchnerismo para recibir el apoyo y la comprensión de la población por las medidas que había que tomar. Medidas que mal y tarde se adoptan pero en forma incompleta a menos de un año de las elecciones.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central (Matías Baglietto)

El otro punto sobre el que creo importante insistir es en el uso de letras del Banco Central para regular la liquidez del mercado. Es obvio que el BCRA no es un banco comercial que genere algún tipo de ingresos gracias a los clientes que tiene. El único ingreso que tiene el BCRA es el que proviene de colocar las reservas en determinados activos remunerados, que son monedas frente a los intereses que paga por la deuda en Lebac y Leliq.

Si partimos de la base que el BCRA no genera ingresos para pagar la deuda que emite, lo que tenemos es una política monetaria que posterga el problema de las Lebac. Cambia el problema de las Lebac por Leliq, pero se desconoce cómo pagará esa deuda en el futuro, de la misma forma que se sabía que las Lebac eran impagables. Salvo, claro está, que la inflación supere la tasa de interés de las Leliq licuando el pasivo del BCRA, con lo cual estaríamos teniendo una fenomenal tasa de inflación en los próximos meses. Esto lleva a otro punto, si la inflación sigue siendo alta, tendrán que acelerar la tasa de devaluación para que no caiga en términos reales el tipo de cambio, complicando nuevamente la cuenta corriente del balance de pagos. El único motor de actividad económica que le queda a la economía argentina para llegar a las elecciones del año que viene son las exportaciones. Si el tipo de cambio vuelve a caer en términos reales, la recesión será más fuerte.

Para quienes reciben pesos y se colocan a plazo fijo, los que aumentaron el 3% en los últimos 30 días, la tasa tiene que ganarle a la inflación o a la expectativa de aumento del tipo de cambio. Si se cree que se puede licuar las Leliq con inflación, por definición la tasa de interés tiene que ser negativa en términos reales. De manera que solo pueden aumentar los depósitos a plazo fijo si la apuesta es a que la tasa de interés le va a ganar al aumento del tipo de cambio. Pero la tasa de interés le puede ganar al tipo de cambio si el incremento del dólar respecto al peso es menor a la inflación, con lo cual el “modelo” cierra con nuevo atraso del tipo de cambio y complicaciones cambiarias a futuro. Cuando la gente perciba que el tipo de cambio cayó de nuevo, cambia su posición de pesos a dólar y los bancos tendrán que cambiar su posición de Leliq a pesos. El punto a considerar es que el BCRA no genera ingresos para pagar las Leliq y ahí habrá un serio problema.

Dado que el riesgo cambiario que se está asumiendo genera otro problema concreto a futuro, me parece que, con el peligro que todo se desmadre antes de octubre de 2019, sería menos riesgoso formular un plan económico más audaz en la rebaja del gasto público, en la reducción de la carga impositiva y en materia de reforma laboral.

Enfrentar este problema solo con apretón monetario no soluciona nada. Es más factible llegar enteros a las elecciones de 2019 con un plan económico muy consistente y bien explicado que volver a apostar al arbitraje tasa versus dólar.

Qué habrá malestar social, sin duda, pero al menos a la gente se le estará mostrando la salida al final del túnel. Hoy, la pregunta es: ¿y después de estas supertasas, qué?

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

“El que está enojado con las Leliq y las tasas, debería enojarse con el nivel de gasto público”

Por Iván Carrino.

 

Comparto mi conversación completa del miércoles con AM 1350 sobre la nueva política monetaria, las Leliq, el dólar, y la relación entre las políticas de ajuste y el crecimiento de la economía.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Contra la tiranía del statu quo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 9/10/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2179770-contra-tirania-del-statu-quo

 

Los beneficios sociales de eliminar el despilfarro son mayores que los costos, hay que usar la imaginación para salir del letargo en el que estamos desde hace 70 años

Los beneficios sociales de eliminar el despilfarro son mayores que los costos, hay que usar la imaginación para salir del letargo en el que estamos desde hace 70 años.

 

 

La cobertura por parte del FMI respecto a problemas que surgieron como consecuencia de la demora en adoptar medidas necesarias y urgentes por parte de la actual administración, brinda una oportunidad para meditar sobre el futuro de la economía de nuestro país aunque por el momento se pretenda paliar parte de lo que viene ocurriendo con tasas de interés explosivas.

 

En primer lugar subrayamos que tal como han señalado numerosos autores de la tradición de pensamiento liberal, el Fondo Monetario Internacional es una entidad financiada coactivamente con los recursos detraídos de los contribuyentes al efecto de brindar apoyo a gobiernos fallidos debido a políticas estatistas. Y cuando los gobernantes del caso están en plena crisis y a punto de verse obligados a rectificar sus conductas inapropiadas, irrumpe el FMI con carradas de dólares con préstamos a tasas de interés inferiores a las que corresponden al mercado y con períodos de gracias y eventualmente waivers lo cual en definitiva permite continuar con políticas desacertadas.

 

Estos han  sido los casos de Tanzania, Zaire, Sri Lanka, Nigeria, Mozambique, Indonesia, Rusia, Turquía, Haití, Bolivia, México, Rumania, Egipto y en repetidas ocasiones de Argentina. Es por ello que, por ejemplo, el premio Nobel  en economía James M. Buchanan junto a Anna Schwartz han sugerido la inmediata liquidación del FMI, una entidad que estiman sumamente contraproducente.

 

Es por eso que economistas de la talla de Doug Bandow y Ronald Vauvel destacan que esa organización internacional es responsable de fomentar la pobreza, en muy documentados ensayos que llevan respectivamente los sugestivos títulos “The IMF: A Record of Addiction and Failure” y “The Moral Hazard of IMF Lending”.

 

De todos modos en nuestro caso se trata de un hecho consumado por lo que,  como queda dicho,  dada la situación intentemos sacar partida del tiempo disponible para apuntar en una dirección que nos vuelva a colocar en las posiciones relevantes antes de que hicieran estragos los populismo vernáculos. Para este ejercicio sugiero no nos concentremos en los obstáculos para adoptar medidas de fondo -en muchos casos pretextos para la inacción- sino en su conveniencia puesto que elaborar sobre las vallas es un modo de obviar el debate. Por el contrario, es indispensable dar la discusión en primer término para luego esforzarnos en difundir la idea en dirección a su aplicación cuando le llegue el turno, pero nunca le llegará el turno si no enfrentamos el debate.

 

La banca central puede operar solo en una de tres direcciones: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria. En cualquiera de estos caminos inexorablemente deteriorará los precios relativos, es decir, los únicos indicadores que tiene la economía para asignar los siempre escasos recursos, con lo que el consecuente derroche reduce salarios e ingresos en términos reales. No hay forma de salir del mencionado atolladero y si suponemos que los banqueros centrales tuvieran la bola de cristal y supieran que es lo que la gente prefiere en cuanto a oferta monetaria, no tendría tampoco sentido su existencia puesto que harían lo mismo que la gente reclama en cuanto a activos monetarios y no tendría sentido superponer decisiones con el consiguiente engrosamiento de gastos. Para saber que es lo que la gente demanda hay que dejarla que opere.

 

Resulta vital que la gente pueda elegir los instrumentos financieros con los que lleva a cabo todos sus contratos para lo cual, un primer paso consiste en abrogar el curso forzoso de la moneda local y si, además, se elimina el sistema bancario de reserva fraccional, la situación mejoraría grandemente al dejar sin efecto la producción secundaria de dinero.

 

No es pertinente ser arrastrados por declamaciones nacionalistas en cuanto a machacar con la idea de la denominada soberanía monetaria que no solo contiene una trampa letal para mantener presos a los ciudadanos a través de la apropiación del fruto del trabajo ajeno, sino que deja de lado que, en última instancia, la soberanía radica en las autonomías individuales y no en un trozo de papel con o sin respaldo.

 

Por su parte el tipo de cambio es un precio como cualquier otro y debe responder a las valorizaciones cruzadas de las partes contratantes y no decretar la flotación como si fuera una gracia que otorgan los aparatos estatales (dicho se de paso, generalmente flotación sucia).

 

Y resulta tragicómico cuando burócratas la emprenden contra la especulación sin percatarse que no hay acción humana que no sea especulativa,  esto es, que tenga como horizonte atender el interés personal del sujeto actuante cualquiera sea la naturaleza de los actos que se lleven a cabo. En el fondo se trata de una tautología puesto que no es concebible un acto que no esté en interés de quien lo ejecuta, con lo que se abre paso la especulación en el sentido de apuntar siempre a una situación más favorable que la anterior al acto desde el punto de vista de quien lo realiza.

 

En este contexto me parece de una importancia decisiva mostrar que estrictamente no hay tal cosa políticas monetarias y cambiarias adecuadas. Conviene reiterar lo que han escrito los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y Milton Friedman.

 

El primero ha consignado que “Hemos tardado doscientos años en darnos cuenta del bochorno de unir a la religión con el poder político, es de desear que no demoremos otro tanto en darnos cuenta que la unión del dinero con el poder político es solo para succionar el fruto del trabajo ajeno” y  el segundo escribió que “El dinero es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

 

El  paréntesis en el que entramos en esta etapa por las razones apuntadas, además de que es hora de comenzar la campaña para desmitificar aquello de “la autoridad monetaria” (ninguna banca central de la historia ha preservado el poder adquisitivo de la unidad monetaria), también nos permite sopesar la necesidad de liberar recursos esterilizados en actividades gubernamentales incompatibles con un sistema republicano, lo cual es otra manera de aludir a la necesidad de cortar el elefantiásico gasto público.

 

Sin duda que esta medida conlleva costos pero el engrosamiento de los bolsillos de los recipiendarios permite reasignar factores productivos con lo que los salarios se elevan puesto que las tasas de capitalización constituyen la única causa de enriquecimiento. Los beneficios sociales netos de eliminar el despilfarro son infinitamente mayores que los costos, por lo que no es cuestión de pontificar acerca de la enfermedad y negarse a aceptar los medicamentos.

 

La eliminación de funciones (y no simplemente podas y enroques circunstanciales de funcionarios) permitirán encarar reformas sustanciales en la insoportable presión tributaria y el colosal endeudamiento público.

 

Necesitamos subir la vara de la excelencia y dejar de lado el espíritu conservador en el peor sentido de la expresión, dejar de lado lo que el antes citado Friedman ha condenado una y otra vez: la tiranía del statu quo y usar la imaginación para salir del letargo en el que nos encontramos sumidos desde hace siete largas décadas. Todos tenemos que contribuir en esta batalla cultural al efecto de correr la agenda hacia temarios de una sociedad abierta, lo cual resulta trascendental para nuestro futuro.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid).

La Crisis Subprime no fue una crisis del capitalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en:

 

El pasado 15 de septiembre se cumplieron diez años de la caída de Lehman-Brothers, la punta del iceberg de la crisis económica más grande de la historia reciente.

El lunes 15 de septiembre de 2008 el mundo amaneció con la noticia financiera más impactante de los últimos tiempos. Lehman Brothers, un banco de inversión norteamericano fundado en 1850 y con activos por nada menos que USD 690.000 millones, había iniciado formalmente el proceso de bancarrota.

Una semana antes, la presión sobre la empresa venía creciendo de manera incesante. Sin embargo, ni siquiera sus empleados preveían dicho final.

“Nunca pensamos que iba a colapsar” confesó Luis Sánchez, un “VP” de la empresa, en una entrevista reciente concedida al Wall Street Journal.

Lo mismo pensaba Larry Bortstein, el director de la parte legal-tecnológica de la compañía:

“Había una sensación de que, de alguna manera, los ejecutivos encontrarían la forma de inventar algo para salvar a la empresa.”

Según cuenta Lynn Gray, la directora global del área administrativa, el viernes 12 de septiembre la mayoría de la gente dejó su oficina creyendo que el fin de semana la compañía sería comprada por Bank of America o Barclays.

Sin embargo, los acontecimientos tomaron un rumbo distinto:

“El domingo recibí una llamada de uno de los Gerentes Senior. Me pidió que fuera a la oficina y me dijo que me estaba llamando desde la Reserva Federal”  

Por la noche, los 26.000 empleados de Lehman Brothers recibieron un correo electrónico donde se les explicaba que la empresa había declarado formalmente la quiebra. A la mañana siguiente, las imágenes de los empleados retirándose del edificio con sus pertenencias guardadas en cajas recorrieron el mundo.

Fue la quiebra más grande la historia. Lehman tenía una deuda de USD 613.000 millones, cuatro veces la que llevó a Argentina a su default en 2001.

Punta del Iceberg

Lo sucedido con este gigante de la banca de inversión no fue algo aislado. Ya hacía varios meses que el sector financiero en Estados Unidos venía sufriendo una crisis generalizada de confianza, con los valores de sus acciones cayendo a ritmos espectaculares.

Wall Street literalmente se venía abajo. Entre diciembre de 2007 y diciembre de 2009, el índice de acciones Standard & Poor’s mostró 12 meses de variaciones negativas. El mes de la quiebra de Lehman aceleró la debacle. Septiembre, octubre, noviembre y todos los meses siguientes hasta abril de 2009 fueron negativos para la bolsa norteamericana.

El S&P 500 había perdido nada menos que 524 puntos, una caída del 41%.

El desplome financiero era el resultado de una irresponsable acumulación de préstamos de mala calidad por parte de los bancos y otras entidades, especialmente enfocados en el mercado de la vivienda. En los años previos al 2008, el crédito había fluido en cantidades industriales hacia el sector hipotecario, estimulando un boom de producción, ventas y suba de precios.

Pero un día la fiesta llegó a su fin. Muchos de los créditos otorgados habían ido a acreedores “sub-prime”, quienes tenían poca capacidad de pago, especialmente cuando las tasas de interés comenzaron a subir.

El castillo de naipes se derrumbó.

Crisis del capitalismo

10 años después, todavía se debaten las causas de la recesión. La versión más comúnmente escuchada es que la de 2008-09 fue una más de las tantas “crisis del capitalismo” que ocurren cada tanto.

La explicación que se ofrece en este sentido es algo así: dado que los agentes económicos son extremadamente codiciosos, siempre inventarán formas creativas para generar ganancias,  sin importar las consecuencias sobre el resto de la economía.

Así, los banqueros decidieron prestar a quienes no podían repagar sus deudas solo para agrandar sus carteras de préstamos y multiplicar su rentabilidad, incluso cuando prestaran a tasas bajas. En la misma línea, los operadores inmobiliarios vendieron cualquier cosa, y lo mismo hicieron los consumidores, compraron solo porque pensaban que su vivienda iba a subir de precio.

Así, sin control por parte del estado, la especulación sin freno habría llevado al posterior desastre.

Ahora bien, esta lectura de los hechos es ingenua y, además, incorrecta. Es que si la codicia fuera la causa de las crisis, también deberíamos decir que la fuerza de gravedad es la causa de los accidentes aéreos. No obstante, a pesar de que la fuerza de gravedad empuja a todos “hacia la tierra”, los aviones igual vuelan.

Lo mismo pasa en los mercados financieros: la codicia es una constante y no siempre hay crisis.

En su trabajo “La Casa que Construyó el Tío Sam”, los investigadores norteamericanos Peter Boettke y Steven Horwitz analizan las raíces profundas de la crisis subprime. Para ellos, la debacle financiera vivida hace 10 años poco tuvo que ver con el capitalismo y mucho con el intervencionismo.

De acuerdo con su investigación, la crisis no fue más que el estallido inevitable de una burbuja insostenible alimentada por la política monetaria de la Reserva Federal y la política regulatoria del gobierno federal.

Para Boettke y Horwitz:

“Entre 2001 y 2006, la Reserva Federal persiguió la política monetaria más expansiva desde, al menos, la década de 1970, empujando las tasas de interés muy por debajo de su nivel natural.

En enero de 2001, la tasa de los fondos federales, la más importante que la Fed controla, estaba en 6,5%. 23 meses más tarde, después de 12 recortes consecutivos, se ubicó en 1,25%…”

Gracias a esta política monetaria ultralaxa es que se realizaron muchas inversiones incorrectas, pero no producto de una “exuberancia irracional, sino por una Fed que prácticamente regalaba dinero para ser invertido en casi cualquier cosa.

La manipulación de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal estaba enviando la señal incorrecta a los inversores, y también a los constructores de viviendas. Se indicaba falsamente que había crédito barato y que los proyectos de inversión serían viables en el largo plazo.

Fannie y Freddie

Por si esto fuera poco, existieron nuevas intervenciones que inflaron artificialmente el mercado de la vivienda. Fannie Mae y Freddie Mac eran dos empresas con patrocinio estatal que operaban en el mercado secundario del crédito. Básicamente, una vez que un banco comercial otorgaba un crédito hipotecario, luego podía vendérselo a estos dos gigantes a cambio de un descuento.

El tema es que Freddie y Fannie estaban aseguradas contra pérdidas, puesto que el gobierno saldría al rescate de las mismas, dado que se trataba de “Empresas Patrocinadas por el Estado”, o GSE, por sus siglas en inglés.

Además, a Fannie y Freddie se las presionó para que favorecieran el crédito a los sectores “postergados”, motivo por el cual diseñaron toda una serie de instrumentos para facilitar el acceso.

De acuerdo con los Boettke y Horwitz:

“Las bajas tasas de interés, combinadas con la compra de hipotecas por parte de las paraestatales Fannie y Freddie, hicieron alta y artificialmente rentable prestar a cualquiera que quisiera un crédito para su vivienda”.

Aprender la lección

A diez años de la más fuerte recesión económica de la historia global, es importante que aprendamos la lección. Si nos guiamos por la lectura tradicional de los hechos, avanzaremos con medidas de más regulación,  más restricciones financieras y nuevos estímulos monetarios que generarán burbujas que inevitablemente terminan en nuevas crisis.

Pero si aceptamos la otra lectura, entonces deberíamos movernos en el sentido contrario. Menos regulación, más libertad para las empresas y los consumidores, y una economía más sostenible en el largo plazo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.