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Argentina: el país más anticapitalista de América Latina

Por Iván Carrino. Publicado el 22/4/17 en: http://www.ivancarrino.com/argentina-el-pais-mas-anticapitalista-de-america-latina/

 

“Argentina está de vuelta” es una frase que suelen utilizar los medios para referirse al cambio político en el país luego de las elecciones de 2015. En octubre de ese año el partido comandado por Cristina Fernández de Kirchner comenzaba a abandonar 12 años de poder.

La mayoría de los análisis ubican al nuevo gobierno entre aquellos que toman políticas promercado, dando cierta idea de defensa del capitalismo dentro del país. Sin embargo, el apoyo al sistema de mercado en Argentina dista de ser lo que muchos piensan.

Es difícil dar una definición exhaustiva del capitalismo, especialmente porque no solo se trata de una doctrina económica, sino más bien de una filosofía o forma de entender el mundo. Sin embargo, ajustándolo solamente a la esfera económica, podemos decir que un sistema capitalista es aquel donde se respeta la propiedad privada, el rol del gobierno es limitado y la competencia entre las empresas es la que mejora la calidad de vida de todos.

En retrospectiva histórica, el fin del mercantilismo y su reemplazo por el capitalismo fue el responsable de la mejora exponencial en las condiciones de vida de la población. Obviamente, un sistema tan benéfico para el progreso de la sociedad debería ser positivamente valorado por sus miembros. Sin embargo, esto no está sucediendo.

De acuerdo con un estudio del profesor Carlos Newland, presentado la semana pasada en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) (Argentina), el apoyo por el sistema capitalista viene declinando en el mundo.

En el estudio en cuestión, Newland mide el apoyo al sistema de mercado tomando como referencia la “Encuesta Mundial de Valores” y extrayendo de allí tres afirmaciones clave que los encuestados tienen que valorar.

Las proposiciones son las siguientes:

1) La riqueza genera crecimiento para todos.

2) La competencia empresarial es buena.

3) Debe incrementarse el rol del sector privado a costa del sector público.

Los encuestados deben puntuar las afirmaciones en una escala de 1 a 10 según estén (10) o no de acuerdo (1) con dichas afirmaciones. A mayor acuerdo, mayor se considera que es la mentalidad “procapitalista” del país en cuestión.

Cuando se aplica esta metodología a los encuestados de América Latina, se obtiene un ránking en el que Argentina se ubica al último lugar.

Puesto en el ránking regional País Escala de 1 a 10 para 2012
1 Brasil 6,2
2 Perú 6,0
3 Ecuador 5,9
4 México 5,8
5 Colombia 5,7
6 Uruguay 4,6
7 Chile 3,6
8 Argentina 3,6

Para los países de los que se tienen datos disponibles al año 2012, Brasil aparece como aquel donde más apoyo despierta en su población la economía de mercado. De cerca lo sigue Perú y, paradójicamente, Ecuador se ubica en tercer lugar. Bajando escalones, nos encontramos con México, Colombia, Uruguay, Chile (otra sorpresa) y, finalmente, Argentina.

El rechazo de Argentina por el libre mercado puede ayudarnos a comprender por qué durante la campaña presidencial no hubo ninguna referencia explícita a la liberalización de la economía y los beneficios de la desregulación. Por otro lado, también puede ayudar a explicar por qué los funcionarios del PRO más favorables a una economía de mercado y más exigentes con las cuestiones fiscales han sido dejados de lado. Evidentemente, el capitalismo en Argentina no mide bien en las encuestas.

La mentalidad anticapitalista es un fenómeno que se ha recrudecido con los años. De acuerdo con el propio estudio de Newland, en 1990 el apoyo al sistema capitalista era de 8,1 sobre 10, a la luz del fracaso que había significado el intervencionismo que llevó a la hiperinflación. Tiempo después, en 1995, el romance con el capitalismo había mermado, y la puntuación se ubicó en 6,2 sobre 10. El último año anterior a 2012, cuando se calculó el índice, fue 2006. En ese año el puntaje alcanzó el mínimo de 3,1 sobre 10. El anticapitalismo, luego del estallido de 2002 y con la “recuperación keynesiana” de Néstor Kirchner, era la norma entre la población.

Es interesante destacar que, si bien en 2012 nos ubicamos en el último escalón de la tabla de posiciones, nuestro puntaje mejoró unas décimas con respecto al 2006. Un avanzado modelo populista que ya mostraba sus fracasos puede explicar esta reversión.

Sería deseable que en la próxima medición se consolide una tendencia a favorecer el capitalismo. De no ser así, el país estará condenado.

Son las buenas políticas públicas las que pueden mejorar el desempeño de una nación, pero sin un consenso entre los votantes sobre la necesidad de una mayor apertura económica y un menor rol para el estado, estas políticas nunca llegarán, ni siquiera, a proponerse.

 

Por Iván Carrino. Publicado el 12/4/17 en:Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

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¿Puede una empresa reclamar como consumidora?

Por Demetrio A. Chamatropulos. Publicado el 26/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1998331-puede-una-empresa-reclamar-como-consumidora

 

En los últimos años se incrementó exponencialmente la cantidad de reclamos judiciales de compañías contra otras, invocando el carácter de “consumidoras”.

El incentivo para actuar de tal manera se debe a una serie de importantes ventajas que obtienen aquellos que pueden ser encuadrados dentro de esa categoría, por ejemplo, el beneficio de justicia gratuita (que en la interpretación de una buena parte de la jurisprudencia permite litigar sin gasto alguno -aun en caso de derrota-), la posibilidad de peticionar cuantiosas sumas de dinero adicionales a través de los llamados daños punitivos, facilidades relevantes en el régimen probatorio, entre otras.

La indefinición de los textos legales al respecto permite esta posibilidad, ya que tanto la ley de defensa del consumidor como el Código Civil y Comercial permiten considerar “consumidor o usuario” no sólo a las personas humanas, sino también a las jurídicas, en la medida que en cada caso se demuestre que son “destinatarias finales” de lo adquirido o utilizado, aun cuando lo hayan obtenido gratuitamente.

El problema se agudiza al tomar nota de que ni la jurisprudencia ni los especialistas en la materia se han puesto de acuerdo sobre cuándo existe ese “destino final” (activándose la protección normativa diferenciada) y cuándo no ocurre ello.

Así, para algunos, sólo se excluyen de la protección las situaciones en las que se adquieren e integran bienes o servicios a procesos productivos o comerciales de manera directa e inmediata (por ejemplo, adquisición de materia prima).

Para otros (más restrictivos), la tutela especial tampoco se debe otorgar cuando haya algún grado de integración solamente “indirecta” o “mediata” de lo adquirido a un proceso empresarial (contratación de cuentas bancarias, supongamos). Es decir, que la protección consumeril sólo entra en escena en aislados casos en los cuales queda demostrado que la empresa no se valió ni directa ni indirectamente de ese bien o servicio para cumplir su objeto social o finalidad económica.

Poniendo la mirada hacia afuera del país, se puede observar como tendencia que la normativa comunitaria europea, Alemania e Italia, por ejemplo, limita la protección consumeril exclusivamente a las personas humanas. En España se admite la protección de las personas jurídicas y Francia no define legislativamente la noción de consumidor.

En América latina, en cambio, la idea es la inversa y la regla (con diversos matices) es que las personas jurídicas puedan ser consideradas “consumidoras”. Es el caso de Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y México, entre otros.

Para muchos, la ambivalencia interpretativa que presenta la Argentina, sumado a las ventajas que antes se mencionaron, es una irresistible tentación para que las compañías intenten “disfrazarse” de consumidores con demasiada frecuencia, lo cual puede conllevar el riesgo de que las personas “de carne y hueso” queden desplazadas del centro de la escena protectoria por aquellas, dejando de ser el eje del sistema, haciéndolo fracasar en definitiva.

Permitirle a las empresas invocar las normas de defensa del consumidor debería ser sólo una excepción dentro del sistema para casos puntuales en donde efectivamente quede demostrado que no existe ninguna clase de integración comercial (directa ni indirecta) de bienes o servicios.

Y para los casos excluidos no debe olvidarse que el reciente Código Civil y Comercial otorga también poderosas herramientas de tutela a las empresas que están en conflicto con otras más poderosas. Así, por ejemplo, cuando adhieren a contratos con contenido preestablecido pueden incluso impugnar su contenido por abusivo, sin que la firma que hayan puesto en esos acuerdos resulte un impedimento.

Además de lo señalado, la normativa antitrust vigente (y el proyecto de nueva ley recientemente presentado en el Congreso) puede también cumplir un papel de utilidad en esas relaciones interempresariales asimétricas, sin echar mano a un uso forzado de las leyes de protección de los consumidores.

Sin perjuicio de lo dicho anteriormente, a futuro sería deseable reglar normativamente con más detalle las situaciones descriptas para otorgar más certidumbre a los casos grises y fomentar la seguridad jurídica que tantas veces se reclama.

 

Demetrio Alejandro Chamatropulos es abogado. Socio de Chamatropulos Abogados & Consultores y profesor de Eseade.

Ideología económica: una comparación entre naciones hispánicas y anglosajonas.

Por Carlos Newland:

 

La correspondencia entre el paradigma que una sociedad tiene sobre el funcionamiento de la economía en relación a su prosperidad ha generado atención en las últimas décadas. Michael Porter ha sido quizás quien más categóricamente ha formulado la cuestión. Para lograr un crecimiento sostenido señala la necesidad de que exista en la población un arquetipo de productividad que incluya una comprensión de los factores que afectan el desempeño eficiente de la economía: entre ellos el marco competitivo, la apertura a la globalización y el comercio internacional, el impacto favorable del mercado sobre la mayor parte de la sociedad (no suma cero) y lo pernicioso del favoritismo gubernamental. Porter opina que sin este paradigma es posible que se difunda una visión explicativa de la prosperidad que termine siendo favorable a la existencia de beneficios no competitivos, como aquellos generados por las políticas proteccionistas de sustitución de importaciones. El paradigma óptimo no debe estar presente únicamente en las clases dirigentes, sino también en toda la sociedad, incluyendo la clase obrera. Caso contrario ciertas reformas que alienten la productividad serán resistidas o eventualmente anuladas por los representantes políticos (Porter 2000). Phelps (2006) entiende que las instituciones existentes en un país determinado son “proxies” de la cultura prevalente, y por ende un cambio en las instituciones será frágil si las creencias sociales y económicas se mantienen inalteradas. Por supuesto, las instituciones son resultado no sólo de ideología, sino también de grupos de presión que logran su creación o modificación. Sin embargo parece difícil que instituciones que no reflejan la mentalidad de una parte significativa de la población puedan mantenerse en el largo plazo.

Desde una perspectiva histórica McCloskey (2011) también otorga gran relevancia al impacto de la ideología popular sobre la economía. Un cambio en la “retórica” se habría producido en Holanda e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII respectivamente, a favor de la burguesía y lo que representaba: la iniciativa empresarial, el bienestar económico y el comercio. Los nuevos valores aceptados por estas sociedades tuvieron una fuerte consecuencia sobre el crecimiento al encauzar y canalizar energía e ingenio humano hacia la producción, al tiempo que se generaba un marco institucional apropiado al uso eficiente de los recursos. El pensador argentino del siglo XIX Juan Bautista Alberdi, una de las mayores figuras intelectuales hispanoamericanas de su época, indicaba que una de las mayores deficiencias presentes en la cultura local era la falta de comprensión de que la prosperidad era causada por el despliegue de la sociedad civil, cuyo actor económico más importante era el empresario. Pero en la región los hombres de negocios no eran modelos ponderados en monumentos, obras históricas u odas poéticas, cuyos destinatarios eran más bien los políticos y militares, a quienes consideraba posibles destructores de riqueza[1]. Una visión compatible con la del argentino ha sido planteada por el chileno Claudio Veliz en La tradición centralista de América Latina (1984), donde contrapone las prácticas e  instituciones de los países noroccidentales (anglosajones) con aquellos existentes en las naciones iberoamericanas. En estas últimas persistiría una tradición centralista, estatista y burocratizante originada y transferida  por España a sus colonias.  En cambio, en los países anglosajones como Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia se afincaría una realidad más proclive al desarrollo individual, al cambio y la toma de riesgo. Veliz marca que luego de la independencia existió en América Latina un momento más liberal, en un siglo en que se rechazó la herencia colonial hispánica. Sin embargo persistiría un centralismo y dirigismo latente que haría irrupción después de 1929 encarnado en gobiernos militares o populistas, que en lo económico implicaban una presencia más activa del Estado y un elevado proteccionismo. Veliz termina argumentando que la tradición centralista persiste en la región y que las apariciones de gobiernos más liberales tienden a ser transitorias; con el tiempo produciéndose un retorno a políticas más intervencionistas[2]. Similar esquema ha sido presentado por Wiarda (1978) para quien la España imperial se caracterizaba por contener en lo político una estructura jerárquica, autoritaria y corporativista y en lo económico una concepción mercantilista, patrimonialista y estatista. Estos elementos serían trasmitidos, asimilados y adoptados por sus colonias americanas, persistiendo en su cultura luego de la independencia. Wiarda encuentra que la ideología corporativista continua fuertemente arraigada en la región, donde se constituye como la mentalidad dominante, contagiando a gobernantes y políticas públicas. Mientras que el liberalismo individualista es repudiado, el Estado crece en su tamaño tomando un rol autoritario e integral, a la vez que intenta regular la interacción entre  las diversas corporaciones, como los sindicatos, la iglesia, los militares o las asociaciones patronales[3].

Aquí se propone contrastar la ideología económica de algunos países de origen colonial británico respecto a otros hispanoamericanos, específicamente en cuanto a su visión ante el paradigma económico.  Para representar a Hispanoamérica se ha seleccionado a Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay. Los valores obtenidos para la región se contrastan con los de Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia[4]. Finalmente se extiende el análisis, con datos más limitados, a los países que fueron las metrópolis imperiales, España y Gran Bretaña, de modo de observar si allí se encuentran similitudes o diferencias con la mentalidad de los integrantes de sus antiguas colonias. La información que nutre la investigación se ha tomado del World Values Survey, una encuesta  internacional que permite  un acercamiento al conocimiento de la ideología económica existente en numerosos países. La encuesta recoge en su cuestionario múltiples cuestiones pertinentes, incluyendo preguntas que reflejan la existencia o no de una mentalidad pro capitalista, la que puede definirse como una actitud favorable a la libertad económica, a la competencia, a la iniciativa y gestión empresarial privada y al mercado como generador de riqueza (Czegledi, 2014). Al concentrarse en la ideología económica este trabajo se diferencia de muchos otros que, a la manera de Max Weber,  utilizan la misma base de datos con el objetivo  intentar evaluar el impacto de actitudes y hábitos culturales sobre el desempeño económico[5].

Aunque no es el objeto de este artículo medir el efecto que puede esperarse tenga una cierta ideología sobre el desempeño material de un país, puede sugerirse que una mentalidad más liberal, pro mercado o pro capitalista generará algunas de las condiciones apropiadas para el crecimiento económico, como una legislación laboral o industrial que promueva la productividad, una menor cantidad de subsidios y distorsiones de precios que afecten la eficiencia, una mayor integración comercial internacional que promueva la competitividad interna y una menor intervención ineficaz de los gobiernos como productores de bienes y servicios. Por supuesto, establecer una causalidad es sumamente complejo por la cantidad de otras variables que están en juego. Por ello sólo se pueden destacar ciertas correlaciones que parecerían confirmar una correspondencia positiva entre una mentalidad más “capitalista” -que parece caracterizar a los países anglosajones- y su éxito económico[6]. Una comparación del ingreso per cápita muestra que las naciones anglosajonas presentan claramente niveles más elevados. En promedio y para el lapso 2011-2015 el PBI por habitante fue 340% superior al promedio encontrado para los países hispanoamericanos incluidos en este trabajo[7]. Si en lugar del ingreso se consideran los diversos factores que afectan la prosperidad puede consultarse el Ranking de Competitividad Global del World Economic Forum y en especial el rubro “eficiencia de mercado en la producción de bienes”, que incorpora variables que hacen a la facilidad de abrir un negocio, la apertura al comercio internacional  y el marco institucional favorable a la competencia. Otra vez los países anglosajones aparecen en puestos elevados en el ranking (Nueva Zelanda Nº 8., EEUU Nº 16, Australia Nº 27, para  2015-16), mientras que los países latinoamericanos se encuentran en puestos más alejados (Chile Nº 40, Uruguay Nº 59, Perú Nº 60, México Nº  82 y Argentina Nº 138)[8]. Finalmente puede incorporarse al análisis el “Ease of Doing Business Index” preparado por el Banco Mundial que expresa cuan amigable es un país en sus regulaciones relacionadas al desarrollo de los negocios. Otra vez no es sorprendente que los mejores valores (para el periodo 2011-2015) corresponden a los países anglosajones, mientras que para Hispanoamérica las magnitudes son sensiblemente mayores[9].

 

La Muestra

 

El World Values Survey es una encuesta que se realiza periódicamente para un conjunto grande de países del mundo. Su cuestionario abarca un abanico amplio de preguntas sobre una multiplicidad de temas. El año de realización, las preguntas formuladas y la cantidad de encuestados varía en cada país. En el cuadro A se brinda información sobre los sondeos nacionales aquí utilizados, que se han seleccionado luego de descartar los casos en que no se podía desagregar adecuadamente la información o cuando la información era escasa para alguna de las categorías.

 

Cuadro A:  World Values Survey: las encuestas utilizadas y cantidad de entrevistados
           
País Año encuesta Total Empresarios Profesionales Obreros
  Ronda 1995-1998        
Argentina 1995 1079 123 97 206
Chile 1996 1000 74 76 377
México 1996 1510 98 158 436
Perú 1996 1211 34 184 438
Uruguay 1996 1000 68 87 516
Australia 1995 2048 260 392 649
Nueva Zelanda 1998 1201 182 243 271
Estados Unidos 1995 1542 155 311 526
España 1995 1088      
Gran Bretaña 1998 1040      
           
  Ronda 2005-2009        
Argentina 2006 1002 35 58 464
Chile 2006 1000 15 77 606
México 2005 1560 113 145 335
Perú 2006 1073      
Uruguay 2006 1000 35 43 217
Australia 2005 1421 234 254 376
Nueva Zelanda 2004 954 186 213 203
Estados Unidos 2006 1249 111 150 147
España 2007 1200      
Gran Bretaña 2005 1156      

 

 

En este trabajo se utilizan los datos generados por dos Rondas/Encuestas (1995-1998 y 2004-2009) por presentar información relativamente completa en relación con el objetivo propuesto. Dentro de las categorías ocupacionales en que se pueden desagregar los resultados, se han seleccionado a los empresarios[10], los profesionales universitarios y los obreros manuales[11]. Ello permite conocer mejor y contrastar las diferencias de opinión entre estratos laborales. Los porcentajes reportados incluyen únicamente a aquellos que respondieron positivamente (es decir se eliminaron las no respuestas o aquellas que expresaban ignorancia sobre la cuestión). En el caso en que se dieron opciones de intensidad a los entrevistados (normalmente diez grados o niveles), se ha contrastado aquellos que optaron por las cinco categorías superiores, respecto a aquellos que seleccionaron las cinco inferiores. En los reportes presentados en este trabajo, las temáticas se han estilizado y presentado como categorías positivas, de modo de hacer más comparables los resultados. Las preguntas en su formato original se incluyen en el apéndice. Finalmente debe advertirse que los resultados presentados de manera segmentada  deben ser analizados en su coherencia conjunta y sin un énfasis demasiado grande en su segmentación, dada la escasez de respuestas correspondientes a algunas de las categorías presentadas.

 

La mentalidad pro-mercado

 

La ideología económica se ha dividido en tres componentes, resultantes de un ordenamiento de las preguntas realizadas. La primer categoría incluye cuestiones relacionadas al tipo e intensidad de la iniciativa empresarial privada deseada, en contraste a una gestión empresarial gubernamental. La segunda trata sobre las virtudes de la economía de mercado, en particular el efecto positivo de la competencia, que la retribución se relacione con la productividad, y de que los beneficios generados por el intercambio benefician a amplios sectores sociales.  La tercera temática abarca la opinión sobre la conveniencia del comercio internacional y la igualdad de trato para los trabajadores inmigrantes. Es decir las preguntas consideradas abarcan una gama de cuestiones que, presentes en un individuo, pueden presentar a “brocha gorda” una cosmovisión favorable o desfavorable respecto del sistema capitalista.  Desde el punto de vista del autor dos temáticas fundamentales no han podido tratarse por no estar en el menú de preguntas realizadas,  la opinión sobre el sistema financiero y la valoración de la estabilidad monetaria.  A continuación se desarrollan los resultados obtenidos en cada una de estas categorías, contrastando los valores de los países de raíz hispánica respecto a los anglosajones.

 

  1. El papel de la gestión privada y el rol del gobierno

 

La primera afirmación analizada fue sobre si las empresas privadas debían ser gestionadas directamente por sus dueños (valor utilizado) o bien por el gobierno, o por (o con) los empleados. Se tomó como valor positivo a aquellos que consideraban que los propietarios eran los responsables únicos de la gestión de las empresas. En un sistema capitalista el empresario es el principal gestor de sus organizaciones, encargado de obtener los recursos necesarios para la producción y de asumir el riesgo. Un bajo valor implica que la percepción de que la responsabilidad empresarial debe ser compartida con los empleados o bien asumida por el Estado.

 

 

  Cuadro B: GESTION PROPIETARIOS (v87 95-99)  
  Las empresas deben ser administradas por sus dueños
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 31,8 35 34,5 25,9
Chile 42,3 28,5 20,4 20,4
México 43,1 57,1 45,6 34,2
Perú 31,5 45,4 37,1 29,9
Uruguay 46,8 58,0 39 46,1
Promedio Hisp 39,1 44,8 35,3 31,3
         
Australia 50,5 58,1 43 48,9
Estados Unidos 53,6 62,4 43,6 53,8
Nueva Zelanda 64,1 95,4 57,6 53,0
Promedio Anglo 56,1 71,9 48,1 51,9
         
Anglo/Hisp 1,43 1,61 1,36 1,7

 

 

Un primer paneo de los promedios obtenidos muestra que en todos los países hay una parte relevante de la población que no cree que los empresarios deben ser los principales gestores de sus firmas.  Sin embargo sobre este tema hay un fuerte contraste entre los países hispanoamericanos  respecto de los anglosajones: en todas las categorías analizadas los valores son sustancialmente más bajos para las naciones latinoamericanas.  Cuando se analiza la opinión vertida por los empresarios los resultados son llamativos: aunque siempre presentan valores mayores que el resto de la sociedad, una parte importante de los hombres de negocios sostiene que ellos mismos no deben ser los principales responsables de la gestión de sus empresas. En cuanto a países individuales Nueva Zelanda aparece atribuyendo la mayor importancia a la gestión empresarial, mientras que Perú y Argentina muestran los valores más bajos. Dentro de las categorías ocupacionales son los empresarios de Nueva Zelanda los que presentan los valores más altos, mientras que son los obreros argentinos los que más desconfían de sus empleadores.

 

La segunda afirmación analizada fue sobre si la acción privada empresaria  debía ser incrementada, respecto a un escenario en que lo que aumentara fuera la  acción gubernamental.

 

 

  Cuadro C: ACCION PRIVADA (v126 95-99 y v 117  04-09)  
  La acción empresaria privada debe ser incrementada
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 63,1 (33,6) 71,3 (45,0) 65,3 (51,4) 50,7 (30,6)
Chile 46,6 (36,0) 53,4 (41,4) 60,0 (51,7) 43,3 (32,6)
México 66,6 (48,7) 82,8 (55,1) 67,0 (54,9) 65,7 (46,0)
Perú 52,2 (49,7) 76,5 53,5 48,6
Uruguay 56,1 (58,9) 64,6 (69,6) 45,4 (64,5) 54,3 (62,2)
Promedio Hisp 56,9 (45,4) 69,7 (52,7) 59,4 (55,6) 53,5 (42,8)
         
Australia 81,8 (68,6) 85,6 (72,2) 80,4 (67,8) 80,7 (68,5)
Estados Unidos 73,3 (85,6) 91,5 (87,5) 88,9 (92,0) 70,1 (84,2)
Nueva Zelanda 87,3 (77,3) 76,7 (85,3) 73,0 (78,7) 85,9 (71,0)
Promedio Anglo 80,8 (77,1) 84,6 (81,6) 80,7 (79,5) 78,9 (74,6)
         
Anglo/Hisp 1,41 (1,69) 1,21 (1,54) 1,35 (1,42) 1,47 (1,74)
         
España 56,6      
Gran Bretaña 68,1      
         
GB/ESP 1,2      
  Ronda  04-09 en paréntesis      

 

La valoración positiva de un aumento de la iniciativa privada en desmedro de la pública también muestra un fuerte contraste entre regiones. En Hispanoamérica existe mayor valoración de la iniciativa estatal que en los países anglosajones[12]. Esta opinión  ha aumentado notablemente en algunos países pasado el milenio, en consonancia con la aparición de gobiernos e ideas populistas en la región. El cambio más drástico ocurrió en Argentina, aunque también se manifiesta una alteración en Chile y México. Los obreros de Argentina son de nuevo los que presentan una menor valoración de la acción privada. En contraste, en los países anglosajones, que siempre valoran más la iniciativa empresarial no estatal, el valor se ha mantenido relativamente estable. Entre los países hispanoamericanos México que el que más valora la iniciativa privada, en todas sus categorías laborales. Nueva Zelanda destaca como el país que más aprecia a la acción no estatal.

La competencia y el mercado

 

La temática del funcionamiento del mercado es cubierta por una pregunta de la encuesta que pide opinar sobre si la competencia es un mecanismo que estimula a las personas a ser productivas y creativas, en  contraste con posibles efectos nocivos.

 

  Cuadro D: COMPETENCIA (v128 95-99 v119 04-09)  
 La competencia estimula  a  trabajar duro y a desarrollar nuevas ideas
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 78,6 (65,7) 82,0(81,6) 79,0 (73,1) 73,8 (67,1)
Chile 63,7 (63,8) 54,3 (84,9) 73,7 (73,5) 64,2 (63,3)
México 78,8 (79,3) 82,0 (82,2) 88,6 (85,7) 75,6 (81,7)
Perú 78,7 (35,6) 100 83,3 75,1
Uruguay 65 (61,2) 70,2 (69,6) 72,1 (64,3) 59,9 (59,1)
Promedio Hisp 72,9 (61,1) 77,7(79,5) 78,35 (74,1) 69,7 (67,8)
         
Australia 87,9 (82,5) 93,1  (87,6) 90,0 (81,6) 87,9 (60,0)
Estados Unidos 85,6 (86,9) 89,0 (88,2) 89,5 (88,9) 77,8 (81,7)
Nueva Zelanda 84,1 (88,6) 84,7 (92,9) 83,9 (88,4) 83,5 (87,7)
Prom. Anglo 83,86(86,0) 88,95 (89,5) 87,8 (86,3) 83  (76,4)
         
Anglo/Hisp 1,15 (1,4) 1,1 (1,12) 1,12 (1,16) 1,19 (1,12)
         
España (58,9)      
Gran Bretaña (73,5)      
         
GB/ESP 1,25      
  Ronda 04-09 en paréntesis      

 

 

En general se observa que la mayor parte de la población considera que la competencia es beneficiosa, sin notarse grandes diferencias entre países o entre ocupaciones. Las naciones anglosajonas aprecian en mayor grado la competencia, pero la brecha con Latinoamérica no es tan grande como en el caso de otras variables. Es notable por su baja magnitud el valor obtenido para Chile, mientras el número más elevado se encuentra en Australia.

 

La segunda pregunta demanda sobre si la gente puede enriquecerse sin perjudicar a los demás.  Como en el caso anterior esta variable no presenta fuertes diferencias entre las dos “culturas”, con un saldo levemente favorable hacia América Latina. Es decir la población hispanoamericana considera que un movimiento hacia una mayor prosperidad puede ser compartido por la sociedad en general, lo que es una consecuencia general del funcionamiento de una economía de mercado competitiva. Los menores valores son presentados por los obreros anglosajones.

 

 

  Cuadro E: GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD (v121 04-09)  
  La gente puede enriquecerse sin perjudicar a los demás
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 59 59,4 67,7 58
Chile 61,4 57,4 66,5 60,9
México 77,1 76,1 81,9 75,3
Perú 77,7      
Uruguay 60,6 65,8 74,5 60,5
Promedio Hisp 67,2 64,7 72,7 63,7
         
Australia 59,4 66,6 61,3 52,7
Estados Unidos 60,5 71,7 67,3 57,7
Nueva Zelanda 62 71,5 62,3 49,9
Promedio Anglo 60,6 69,9 63,6 53,4
         
Anglo/Hisp 0,90 1,08 0,88 0,84
         
España 38,8      
Gran Bretaña 57,8 59,3 59,4 57,1
GB/ESP 1,49      

 

Finalmente se ha incorporado a esta sección la pregunta que demandaba si era justo que una persona más productiva y esforzada recibiera como premio una mayor remuneración. Sin existir de nuevo un contraste tan grande como en otras variables, son los países anglosajones los más firmes defensores de esta idea, destacando Nueva Zelanda con los resultados más elevados.  La valoración más baja la presentan los obreros hispanoamericanos. De nuevo en América Latina el paso del milenio parece haber afectado negativamente la idea de pago según productividad. Al mismo tiempo, en los países anglosajones la opinión se ha mantenido estable.

 

 

Cuadro F: PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN (v86 95-98 Y v115 05-09)
  Las personas más productivas deben tener una mayor retribución
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 72,4 (51,9) 76 (81,3) 81,9 (60,8) 63,6 (48,78)
Chile 68,4 (66,7) 74,5 (60,4) 85,9 (78,3) 65,54 (66,4)
México 73,5 (70,2) 88,27 (71,16) 83,1 (85,2) 71,4 (72,4)
Perú 81,3 (77,3) 84,8 88,3 80,2
Uruguay 72,1 (68,1) 71,3 (82,35) 82,3 (69,2) 68,25 (70,2)
Promedio Hisp   73,5 (66,8) 79 (73,8) 84,3 (73,3) 69,8 (64,4)
         
Australia 81,8 (82,8) 88,7(88,6) 87,2 (89,7) 74,57 (77)
Estados Unidos 87,1 (88,6) 91,1 (91,8) 89,1 (96) 85,2 (88,65)
Nueva Zelanda 91,4 (90,6) 95,5 (93,7) 94,4 (92,2) 84,3 (90,4)
Promedio Anglo 87,0 (87,3) 91,8 (91,36) 90,2 (92,63) 81,4 (85,35)
         
Anglo/Hisp  1,18 (1,30) 1,16 (1,23) 1,07 (1,26) 1,2 (1,32)
         
  Ronda 04-09 en paréntesis    

 

Las respuestas a las preguntas incluidas en esta sección muestran que los países anglosajones valoran en general más las fuerzas y dinámica que genera la economía de mercado. Por otra parte la diferencia con Hispanoamérica no es tan acentuada como en el resto de las temáticas.

 

Comercio Internacional e inmigración

 

En cuanto al comercio internacional una pregunta de la encuesta  solicita una opinión sobre si la importación de bienes demandados por la población debe ser autorizada. En general los valores obtenidos para todos los países son bajos, aunque resalta que en los países latinos se afinca una mayor predisposición proteccionista[13]. En general son los obreros de ambas regiones los más negativos en cuanto al posible beneficio de importar bienes. Aquí sorprende que los empresarios sean algo más librecambistas que los profesionales, dado que se considera en general al sector servicios el más beneficiado por el libre acceso a bienes internacionales.  Nueva Zelanda es el que menos impedimentos quiere poner a la importación, mientras que Argentina con Uruguay se encuentra en el extremo opuesto.

 

  Cuadro G: GLOBALIZACIÓN COMERCIAL (v133  95-98)  
La importación de bienes demandados por la población debe ser permitida
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 12,8 11,2 16,1 7,8
Chile 23,3 32,8 17,9 24,5
México 17,4 11,5 8,7 19,3
Perú 16,7 24,9 20,2 14,9
Uruguay 8 7,2 18,1 6,9
Promedio Hisp 15,6 17,5 16,2 14,7
         
Australia 23,9 26,4 31,8 17,9
Estados Unidos 26,5 29,9 21,3 21,9
Nueva Zelanda 35,6 41,4 31,5 27,6
Promedio Anglo 28,7 32,6 28,2 22,5
         
         
Anglo/Hisp 1,83 1,86 1,74 1,53

 

La segunda pregunta demanda sobre si en una situación de escasez de trabajo los inmigrantes deben recibir igualdad de trato que los nativos. A diferencia de la opinión sobre la libertad comercial donde la crítica es unánime, aquí hay una fuerte diferencia entre los dos grupos de países. Hispanoamérica tiene una visión mucho más discriminadora respecto a los trabajadores inmigrantes y esta opinión llega a su valor máximo para Chile.  Sorprendentemente en general no son los obreros –los más pasibles de sufrir la competencia laboral externa-, sino los empresarios los más negativos respecto de la fuerza laboral foránea.

 

  Cuadro H: GLOBALIZACIÓN LABORAL (v45 04-09)  
Cuándo el trabajo es escaso, se debe dar igualdad de trato a locales e inmigrantes
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 28,1 46,7 43,8 25,5
Chile 20,2 10,1 27,8 17,5
México 25,2 26 24,3 26,5
Perú 17,8      
Uruguay 27,5 79,3 61,9 81,8
Promedio Hisp 23,8 40,5 39,5 37,8
         
Australia 58,4 64,7 64,4 54,3
Estados Unidos 44,6 52,7 47 33,8
Nueva Zelanda 48,1 52,8 49,8 40
Promedio Anglo 50,4 56,7 53,7 42,7
         
Anglo/Hisp 2,11 1,4 1,36 1,13
         
España 42,3      
Gran Bretaña 47,1      
         
GB/ESP 1,11      

 

 

Análisis comparativo

Los principales resultados analizados  en el World Values Survey parecen confirmar la existencia  en Hispanoamérica de una ideología menos proclive al libre mercado y al capitalismo que aquella instalada en los países de origen colonial británico[14].  Esta diferencia ideológica habría incluso aumentado durante los tres primeros lustros del siglo XXI, al tiempo en buena parte de las naciones iberoamericanas triunfaban gobiernos populistas u orientados hacia la izquierda. Los nuevos presidentes recibieron de sus votantes un mandato menos favorable a la libertad económica y más propicio a la intervención estatal[15].

Cuando se desagregan las temáticas analizadas destaca en primer lugar las diferencias en  la valoración de la figura del empresario y su accionar. América Latina mira con mucho mayor recelo al hombre de negocios y no parece querer ver ampliada su presencia en la economía. Esta apreciación negativa es convalidada en innumerables encuestas de opinión realizadas en América Latina: una  de ellas, efectuada en 2014 en Argentina, menciona que para la opinión pública un 70% de los empresarios son considerados evasores, corruptos y lobbystas (Apertura, 2015). Una indagación chilena muestra que allí también es preponderante una mala imagen pública de los ejecutivos (Plaza, 2015). En México, por su parte, una encuesta de 2006 mostraba que el 58% de los interrogados pensaba que los empresarios le habían “fallado” al país,  pues no habían hecho lo suficiente como para que la nación se desarrollase  (GAUSSC, 2006). ¿Cuál es la razón general de la cual nace  esta animadversión? Lo más plausible es que el acentuado proteccionismo instalado en estos países desde mediados del siglo pasado, generado por las políticas activas de sustitución de importaciones, haya contribuido a construir una percepción del empresario como ineficiente, poco innovador y dependiente de prebendas estatales (y de corrupción) para subsistir. Para Veliz (1984) estas las acciones pro-industrialistas tienen como trasfondo la herencia ideológico colonial, con su gobierno centralizador y activo, donde la burocracia establecía las pautas del comportamiento económico-social[16].

Un contraste aún más fuerte se da en  temas relacionados con la globalización. Las naciones latinas  aparecen más proteccionistas y adversas a la integración laboral internacional que las anglosajonas. Este pensamiento también es coherente con economías cuya estructura industrial se ha desarrollado en un marco proteccionista y de baja productividad, que genera gran temor en los actores económicos sobre los efectos  de la competencia externa. Una encuesta mundial sobre actitudes respecto a la integración económica global muestra que en general en los países emergentes  la opinión pública considera beneficioso al comercio internacional, tanto en cuanto a la generación de empleo, como para producir mejoras salariales. Pero ello no ocurre en los países hispanoamericanos de tamaño medio o grande[17] cuyos valores son claramente más bajos que la media de los casos considerados (Pew Research Center, 2014). Debe destacarse que las opiniones a favor o en contra de la integración comercial no parecen estar relacionados positivamente con la apertura efectiva de cada economía[18]. De hecho y en promedio los países latinoamericanos presentan una mayor globalización que los anglosajones. De la muestra considerada los países más abiertos actualmente  son Chile, México y Nueva Zelanda, mientras que los más cerrados son Argentina y Estados Unidos[19].

Con referencia a la percepción sobre los efectos generales de la economía de mercado y la competencia también los países anglosajones incorporan una visión más optimista, aunque la diferencia es menor con Hispanoamérica respecto de la opinión que se tiene de los empresarios y la globalización.  Una clave para entender esta menor discrepancia la ofrece un estudio que utiliza las mismas fuentes que este artículo y que concluye que entre los factores que contribuyen a la percepción de libertad personal en América Latina (que es elevada en términos comparativos a nivel mundial)  está la libertad económica, medida a través de varios indicadores. Es decir, la población latinoamericana tiene una tendencia a nivel agregado de percibir que el libre mercado ofrece al individuo mayor capacidad de decisión autónoma que otros sistemas más dirigistas (Moreno, 2013).  Similares resultados a favor de la economía de mercado la encuentra el Latinobarómetro (2013) en sus encuestas realizadas  entre 2003 y 2013: más de la mitad de la población de América Latina parece inclinarse a favor del sistema de mercado.

Si se desagrega la ideología por categoría laboral en general se nota que hay bastante homogeneidad al interior de cada país. Aunque los empresarios de una nación suelen ser de ideología más capitalista que los obreros, la brecha es reducida cuando se los compara con los mismos valores de países de la otra región.  Observando las cifras surge que los empresarios de Nueva Zelanda aparecen como aquellos que poseen la mentalidad más liberal y pro-mercado, mientras que los obreros argentinos están en el extremo opuesto. Ello no es sorprendente: los hombres de negocios del país oceánico están acostumbrados a beneficiarse de una economía con fuerte competencia internacional a la que se han integrado con éxito. En cambio los obreros argentinos han sido muy  influidos por una fuerte retórica anti-mercado y un modelo proteccionista promovida por el peronismo dominante, junto con una realidad en que los intentos de apertura económica han coexistido frecuentemente con un tipo de cambio sobrevalorado que ha castigado a las posibilidades de las industrias locales. Pero esto puede no ser toda la historia. El caso de Chile muestra que aun en un país que ha tenido éxito en la reforma de su economía y la integración al comercio internacional la mentalidad de su población presenta una apreciación baja de las virtudes del capitalismo.

Adicionalmente se ha contrastado para algunas de las variables las opiniones presentes en Gran Bretaña y España, dado que fueron tanto por sus imperios, como por su inmigración, influyentes en los dos grupos de países considerados. Aunque las diferencias son menores, en general van en la misma dirección de sus antiguas colonias. Ello parecería confirmar la existencia en cuanto a temas económicos de un posible “sesgo” hispánico, que se contrasta con la cosmovisión anglosajona, más favorable al capitalismo.

El contraste de la ideología económica hispanoamericana y anglosajona en cuanto a la valoración de la economía de mercado parece confirmar con datos empíricos las hipótesis formuladas por pensadores latinoamericanos como Juan Bautista Alberdi o  Claudio  Veliz, sobre que la mentalidad local originada en la cultura hispánica es menos favorable al capitalismo que la existente en naciones anglosajonas. Los efectos concretos de estas diferencias de ideología son difíciles de determinar dada la cantidad de otros factores que influyen en la cuestión. Como mínimo puede establecerse que ciertos  componentes de las políticas populistas o anti capitalistas, junto con las justificaciones ideológicas que los justifican, no parece haber generado condiciones favorables para un despliegue y desarrollo de las capacidades productivas de las naciones latinoamericanas.

 

  Cuadro I: Análisis Comparativo    
  Anglo/Hisp GB/ESP
  Total Empresarios Profesionales Obreros  
GESTION PROPIETARIOS 1,43 1,61 1,36 1,65  
ACCION PRIVADA 1,41 (1,69) 1,21 (1,54) 1,35 (1,42) 1,47 (1,74) 1,2
COMPETENCIA 1,15 (1,4) 1,1 (1,12) 1,12 (1,16) 1,19 (1,12) 1,25
GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD 0,9 1,08 0,88 0,84 1,49
PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN  1,18 (1,30) 1,16 (1,23) 1,07 (1,26) 1,2 (1,32)  
GLOBALIZACIÓN COMERCIAL 1,83 1,86 1,74 1,53  
GLOBALIZACIÓN LABORAL 2,11 1,4 1,36 1,13 1,11
  Ronda  04-09 en paréntesis      

 

Apéndice:

Formato original de las preguntas utilizadas en este trabajo:

GESTION PROPIETARIOS (v87 95-99): Hay mucha controversia sobre la forma en que se deben administrar las empresas y la industria. ¿Cuál de estas frases se acerca más a su propia opinión? Se tomó como pro capitalista la respuesta: Los propietarios deben ser los que administren sus empresas o designen a los ejecutivos. Las otras opciones otorgaban esa función empleados, administración conjunta entre empleados y dueños o al gobierno.

ACCION PRIVADA (v126 95-99, v 117  04-09): ¿Debería incrementarse la propiedad privada de las empresas y de las industrias? Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados superiores de respuesta positiva.

COMPETENCIA (v128 95-99, v119 04-09): La competencia es buena. Estimula a la gente a trabajar duro y a desarrollar nuevas ideas. Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados superiores de respuesta positiva.

GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD (v121 04-09): Las personas sólo pueden hacerse ricas a expensas de las demás. Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados inferiores de respuesta.

PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN (v86 95-98, v115 05-09): Imagine dos secretarias, de la misma edad, que hacen prácticamente el mismo trabajo. Una de ellas se entera que la otra gana más al mes que ella, se queja al jefe y éste le dice -lo cierto- que la otra secretaria es más rápida, más eficiente y que se puede confiar más en ella en su trabajo. En la opinión de Ud., ¿Es justo o no es justo que a una secretaria se le pague más que a la otra? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

GLOBALIZACIÓN COMERCIAL (v133  95-98): ¿Deben los bienes elaborados en otros países ser importados y vendidos si hay personas que desean adquirirlos? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

GLOBALIZACIÓN LABORAL (v45 04-09): Cuando el empleo es escaso, ¿Deben los empleadores dar prioridad a las personas locales sobre los inmigrantes? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

 

Referencias

 

Alberdi, J. B. (1876), La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sud, Paris.

 

Baker,  Andy  y Greene, Kenneth F. (2011) “The Latin American Left’s Mandate: Free-Market Policies and Issue Voting in New Democracies”, World Politics, 63;1, pp. 43-77.

 

Berger, Peter (1990), “Observaciones acerca de la cultura económica”, Estudios Públicos 40, pp. 11-30.

 

Pal Czegledi (2014) “Is an Anti-Capitalistic Mentality Cultural? The Case of Hungarians Inside and Outside Hungary in theWorld Values Survey” enhttp://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2524116.

 

GAUSSC (2006) Opiniones y actitudes antes y después del Tribunal Electoral.http://www.gaussc.mx/publicaciones/ago/2006_GAUSSC_Opiniones_y_actitudes_antes_y_despues_del_Tribunal_Electoral.pdf

 

García Hamilton, José I. (1984), El Autoritarismo y la Improductividad en Hispanoamérica, Buenos Aires.

 

Gillanders, Robert y Whelan,  Karl (2014), “Open For Business? Institutions, Business Environment and Economic Development” Kyklos 67:4, pp. 535-558.

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Gómez, Alejandro y Newland,  Carlos  (2014). “Alberdi, sobre héroes y empresarios”, Cultura Económica, i, pp. 30-37.

 

Hida, Hilton (1998), “Mejor malo conocido…”, The Wall Street Journal  Americas (4/5/1998), en: http://interactive.wsj.com/americas/resources/documents/s-2esp.htm

 

Kuchar. Pavel (2016), “Liberalism in Mexican Economic Thought, Past and Present” Econ Journal Watch 13:1 January: pp. 129–167.

 

Latinobarometro (2013), Informe 2013.

 

Mathers, Rachel L. y Williamson, Claudia R. (2011) “Cultural Context: Explaining the Productivity of Capitalism” Kyklos 64:2, pp. 231-252.

 

McCloskey, Deirdre (2011), Bourgeois Dignity: Why Economics Can’t Explain the Modern World. University of Chicago Press.

 

Moreno, Alejandro (2013), “La libertad de elegir: comparando América Latina con otras regiones del mundo”, en:  Carballo, Marita y Moreno, Alejandro, coordinadores, El cambio de valores en América Latina. Hallazgos de la Encuesta Mundial de Valores, México, pp. 85-125.

 

Pew Research Center (2014)  “Faith and Skepticism aboutTrade, Foreign  Investment”, http://www.pewglobal.org/files/2014/09/Pew-Research-Center-Trade-Report-FINAL-September-16-2014.pdf

 

Phelps, Edmund S. (2006) “Economic Culture and Economic Performance: What Light Is Shed on the Continent’s Problem? en: “Perspectives on the Performance of the Continent’s Economies”Conference of CESifo and Center on Capitalism and Society Venice, 21-22 July 2006.

 

Plaza Pública Cadem (2015), Track semanal de Opinión Pública Nº 100 http://plazapublica.cl/wp-content/uploads/7u63456.pdf

 

Porter, Michael (2000) “Attitudes, Values, Beliefs and the Microeconomics of Prosperity,” in Culture Matters: How Values Shape Human Progress, (L.E. Harrison, S.P. Huntington, eds.), New York: Basic Books, pp. 14-28.

 

“Que se piensa de los empresarios argentinos” (16/1/2015), Revista Aperturahttp://www.apertura.com/economia/Que-se-piensa-de-los-empresarios-argentinos-20150116-0002.html

 

Salvatore, Ricardo (1993) “Market-Oriented Reform and the Language of Popular Protest: Latin America From Charles III to the I.M.F.” Social Science History, 17:4.

 

Seligson, Mitchell A. “El rol del Estado como creador de empleo”, Revista Ciencia Política Vol.28 – Nº3, 2008, pp.209-218.

 

Veliz, Claudio (1984), La tradición centralista de América Latina, Barcelona.

 

Wiarda, Howard J (1978). “Corporatist Theory and Ideology: A Latin American Development Paradigm” Journal of Church and State 20:1, pp. 29-56.

 

Zizumbo-Colunga, Daniel;  Zechmeister,  Elizabeth J. y Seligson, Mitchell A ( n.d. ), Who supports Free Trade (and Why)?Quarterly Americas.http://www.americasquarterly.org/node/2198.

 

 

Agradecimientos: Agradezco los comentarios recibidos de Lionel Barbagallo, Alberto Bisso, Martin Cuesta, Alejandro Gómez, Carlos Hoevel, Pavel Kuchar, Alvaro Perpere, Fernando Rocchi, Alejandra Salinas, Ludovico Videla. Carla Newland colaboró en la confección de los cuadros.

[1]Sobre el tema ver Gómez y Newland (2014).  Para subsanar este déficit de aprecio por las figuras empresariales  Alberdi publicó en 1876 La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sud. El libro, el primer ejercicio regional de historia de la empresa, es utilizado  para presentar al que el autor consideraba ser un empresario ideal

[2] Una visión muy similar a la de Veliz es presentada por García Hamilton (1998). Veliz considera que lo que prevalece en América Latina en una actitud pragmática derivada más de la costumbre que de la teoría o ideología.

[3] La persistencia en las concepciones sobre la economía en Hispanoamérica  han sido también destacadas por Salvatore (1993) y Kuchar (2016).

[4] Los países han sido seleccionados por ser aquellos que brindan información respecto a las cuestiones analizadas en la encuesta en las dos ondas incluidas. Por ello no ha sido posible incluir, por ejemplo, a Canadá en las comparaciones.

[5]Ver, por ejemplo, Phelps 2006.

[6] Mathers y Williamson (2011) discuten y testean para un gran conjunto de países la relación de una mentalidad mas pro capitalista, su interacción con las instituciones y su efecto sobre el crecimiento económico. Gillanders y Whelan (2014) investigan la relación entra un contexto institucional favorable al mercado y el crecimiento económico.

[7]Para ese lapso el ingreso medio per cápita (promedio de los valores para cada país) fue de 53.633 dólares, mientras que para los países latinoamericanos considerados fue de 12.194 dólares. Ver: http://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.CD/countries

[8]http://reports.weforum.org/global-competitiveness-report-2015-2016/competitiveness-rankings/

[9]Un valor bajo es lo buscado:  Nueva Zelanda 2, Estados Unidos 7, Australia 13, México 38, Chile 48, Perú 50, Uruguay 92 y Argentina 121. http://data.worldbank.org/indicator/IC.BUS.EASE.XQ

[10]Se presentan conjuntamente aquellos con menos de 10 empleados junto con los de 10 o más empleados.

[11]Se presentan conjuntamente los resultados para los obreros calificados, semicalificados y no calificados.

[12]El Barómetro de las Américas, una serie de encuestas que abarcan a muchos países del continente americano reporta resultados compatibles con los presentados aquí en cuanto al rol del estado en la economía.  La  población de naciones como Estados Unidos y Canadá (para 2008) presentaba una mayor valoración de la iniciativa privada en cuanto a la generación de empleo respecto a la otorgada por los habitantes de  los países hispanoamericanos a la gestión estatal. Ver Seligman (2008). Por su parte los resultados de la encuesta “Espejo de las Américas” encargada por el Wall Street Journal en 1998 también son compatibles con los números aquí presentados: la población estadounidense opina en mayor medida que un movimiento hacia la privatización sería beneficioso, mientras que la misma opinión encuentra una valoración más baja en los países latinoamericanos (Hida, 1998).Otra evidencia que refuerza estas conclusiones la brinda la encuesta Global Entrepreneurship Monitor (2014, pp. 29-31), que en uno de sus rubros investiga como la sociedad valora a los emprendedores, factor que es medido a través de a) nivel de status y respeto social obtenido por emprendedores exitosos y b) la cobertura de prensa de noticias de nuevas empresas exitosas. En las dos categorías Australia y Estados Unidos (Nueva Zelanda no fue incluida) presentan en general valores mucho más elevados que aquellos para Argentina, Chile, México y Uruguay. El caso de Perú es distinto, ya que en esos rubros presenta valores muy altos.

 

 

[13]Por su parte los resultados de la encuesta “Espejo de las Américas” encargada por el Wall Street Journal  en 1998 encuentra que la opinión a favor del libre comercio en los países latinoamericanos es alta y comparable en su magnitud a la existente en Estados Unidos (Hida, 1998).

[14] Se analizó también si las medias de los totales para cada pregunta eran significativamente distintas (t-test) entre las regiones. En todos los casos, salvo para “ganancias de la prosperidad”, las diferencias eran significativas.

[15] Sobre este cambio ver Baker y Greene (2011). Los autores señalan que el cambio de ideas ha sido moderado.

[16] Ver especialmente el capítulo 12 de su libro que trata la cuestión de la industrialización en América Latina.

[17] Fueron incluidos Perú, Chile, Argentina, Colombia y México. Países de la región más pequeños, como Nicaragua y El Salvador, son sin embargo más optimistas respecto a  los efectos de la globalización. El Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) encuentra en general en la región mayor apoyo a los tratados de comercio del que  se derivaría de las respuestas aquí analizadas. La razón de la discrepancia parece ser que en los países más grandes (como los aquí tratados) hay una tendencia  ideológica más favorable al proteccionismo que en los países más pequeños. Ver Zizumbo-Colunga, et. at (n.d.)

[18]  Exportaciones más importaciones sobre PBI.

[19] Los ratios por país son los siguientes: Argentina 0,29; Estados Unidos 0,30; Australia 0,42; Perú 0,46; Uruguay 0,49; Nueva Zelanda 0,57; Chile 0,66; México 0,66). Las proporciones son promedios para el período 2011-15, tomadas del Banco Mundial: http://data.worldbank.org/indicator/NE.TRD.GNFS.ZS.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

Cuba Y Venezuela, La Paradoja De La Historia

Por Armando Ribas. Publicado el 28/6/16 en: http://institutoacton.org/2016/06/28/cuba-y-venezuela-la-paradoja-de-la-historia-armando-ribas/

 

No puedo menos que apreciar la posición adoptada por el nuevo secretario de la OEA Luis Almagro respecto a la situación en Venezuela. Evidentemente el organismo ha dado un paso hacia delante en defensa de la libertad, decididamente contrastante con el que fuera bajo la dirección del chileno José Miguel Insulza. Al respecto recuerdo que cuando la OEA decidió echar a Honduras de la OEA por haber destituido a su presidente, Insulza con el apoyo de Estados Unidos le pidió a Fidel Castro que entrara en la OEA. Por supuesto Fidel Castro se negó.

Hoy en Venezuela se encuentra muerta la libertad, y en razón de ello el nuevo secretario de la OEA está planteando la necesidad de un diálogo del gobierno con la oposición. Igualmente ha propuesto que se acepte por parte del gobierno el referéndum para que el pueblo decida si el presidente Maduro continúa en el poder. Demás está decir que la posibilidad de que Maduro acepte estos presupuestos lo considero un sueño de una noche de verano. Pero más aún ha propuesto la obligación del presidente de liberar  a todos los presos políticos venezolanos.

A esta batalla se ha unido el expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero, así como el actual presidente Mariano Rajoy. La posición respecto a la situación venezolana parece haberse convertido en el hito en discusión en las próximas elecciones españolas. Recientemente los gobiernos de Argentina, Chile y Uruguay presentaron un comunicado pidiendo un llamado a un diálogo político en Venezuela. O sea apoyando la posición de Almagro al respecto. Por supuesto Maduro se ha opuesto paladinamente a todas estas propuestas y en particular a Almagro. A quien ha insultado ordinariamente. Todas estas sugerencias internacionales han sido consideradas por Maduro como la provocación de un golpe de estado legal iniciado por el imperialismo americano.

Permítanme pasar a un tema preocupante y que a mí me causa la mayor tristeza y desesperanza. Yo no puedo entender toda esta retórica favorable a defender la libertad en Venezuela, al tiempo que Obama con la anuencia y colaboración del Papa, llega a un acuerdo con Raúl Castro de reiniciar las relaciones internacionales de los dos países. Y más parece ante el mundo que la culpa de la pobreza cubana la habría tenido el embargo americano. Así aparentemente se ignora en el mundo Occidental, incluido América Latina la falta de libertad de los cubanos, los crímenes de los Castro y la formación de la guerrilla latinoamericana en la década del setenta.

Asimismo me pregunto cómo se puede ignorar que el Socialismo del Siglo XXI, no ha sido más que un proyecto venezolano para alcanzar por otra vía el poder absoluto que reina en Cuba. Y digo reina, pues el medio no ha cambiado por el acuerdo con Estados Unidos. Nadie pide que se liberen a los presos políticos en Cuba, y se sabe que desde la firma del acuerdo a la fecha se han apresado a unos 50.000 cubanos. Recientemente la escritora cubana Yoani Sánchez escribió al respecto del acuerdo de Raúl Castro con el otro país más totalitario del mundo que es Corea del Norte. Ella sostiene: “En un mundo donde en la sociedad civil los llamados a respetar los derechos humanos y los movimientos que impulsan el reconocimiento ideal de la libertad se hacen escuchar cada vez más alto, resulta difícil que el gobierno cubano explique sus relaciones con el último dictador de Europa”.

Evidentemente el gobierno venezolano pretende ignorar las propuestas de diálogo del resto del mundo. Y la dictadura prevaleciente se basa en la continuidad del poder absoluto. Por supuesto allí está presente el principio de Macchiavello: “El príncipe no puede controlar el amor, pero si el miedo”. Pensar que Maduro, cuya personalidad y su carácter político es un hecho indiscutible pueda aceptar un diálogo democrático que lo destituya del poder en nombre del pueblo, es cuanto menos una candidez política. En Venezuela por una parte prevalece el poder militar en manos de Maduro y su adlátere Diosdado Cabello. Y en el ámbito constitucional todo parece indicar que el poder judicial depende del gobierno. Y como reconociera Adam Smith: “Cuando el Poder Judicial está unido al Ejecutivo, la Justicia es no más que eso que se reconoce vulgarmente como política”.

Otro aspecto a considerar en el caso de Venezuela es que tal como sostiene un movimiento político de jóvenes que me entrevistara recientemente, sostiene que la oposición también es socialista. Y por supuesto ya debiéramos saber que la dictadura comunista es un proceso político, pero el socialismo es el determinante de la pobreza. Tal fue el caso de Cuba a partir de 1959, cuando el país tenía el nivel de vida más elevado de América Latina y después Venezuela con la llegada de Chávez y su sucesor Maduro a lo que se ha unido la caída en el precio del petróleo.

Por otra parte no puedo evitar el insistir en el hecho de que tal como había predicho Nietzsche en su “The will to power” (La voluntad de poder) “La democracia y el socialismo son lo mismo”. Y ahí tenemos el caso de la Unión Europea. La realidad histórica y filosófica política es que muestra que cuando los derechos son del pueblo se violan los derechos individuales. La economía que creó el sistema político que permitió la libertad en el mundo por primera vez en la historia se basó en la conciencia de la naturaleza humana y por consiguiente la necesidad de limitar el poder político. Y como bien señala David Hume: “El problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas”.

Recordemos entonces que como bien dijera Séneca: “Para el que no sabe dónde va, nunca hay viento favorable”. Y esta es el problema que existe hoy en el mundo incluido los Estados Unidos, donde todo parece indicar que se ignoran los principios de los Founding Fathers. Según ya se sabe Obama ha violado la Constitución americana. Y ni qué decir de la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, la Sra. Hillary Clinton. Toda mi discusión parece ser de un pesimismo histórico, pero el mismo no es más que una preocupación por la realidad que estamos viviendo. Así podemos ver también que el embajador americano en Venezuela Michael Fitzpatrick exigió la liberación de los presos políticos, denunció el bloqueo a las iniciativas de la Asamblea Nacional y dio un respaldo al referéndum revocatorio contra Maduro. Todo ello al tiempo que Obama visita a Raúl Castro en la Habana y se permiten los vuelos entre Cuba y Estados Unidos. Y para terminar cito nuevamente a  José Martí: “Ver cometer un crimen en calma, es cometerlo”.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

¿Un acierto estratégico o un matrimonio mal avenido?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 26/4/16 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/un-acierto-estrategico-o-un-matrimonio-mal-avenido-8138413-9539-nota.aspx

 

La importancia histórica de la relación comercial entre Argentina y Brasil constituyó desde el inicio un hecho subyacente, pues se podía observar que la intensidad de los intercambios entre ambos países estaba sujeta a la tensión latente de sus relaciones y a las circunstancias que súbitamente derivaban en situaciones de conflicto.

En parte, dicha ambivalencia se explica por el pasado colonial. Ambos países heredaron una rivalidad existente entre dos imperios europeos, español y portugués, cuyo punto de encuentro en América del Sur fue la frontera que osciló durante más de tres siglos bajo las formas de migraciones, tratados y armas.

Más tarde, la emancipación de Argentina y Brasil −en más y menos doscientos años de historia, respectivamente− no produjo grandes cambios en el proceso de intercambio comercial entre ambos países, ya que también estuvo caracterizada por turbulencias y disputas, y no por una correspondencia mutua de armonía y cooperación. Sin embargo, a pesar de sus gobiernos, ambos países se han convertido en la actualidad en los principales socios comerciales de Latinoamérica.

La relaciones comerciales argentino-brasileñas siempre fueron muy relevantes, pero rara vez han figurado en el primer plano de las prioridades estratégicas de los dos países. Así lo expresó el empresario Fernando Barra en importante evento privado, semanas atrás, en la sala del Paraninfo –Rectorado de la Universidad Nacional del Litoral−, edificio que ha trascendido porque ha sido sede en dos oportunidades de la Convención Nacional Constituyente, 1957 y 1994.

La tensión bilateral, lejos de terminar con la independencia de ambos países, se puso de manifiesto por la creciente presencia del Estado y, consecuentemente, menor esfera del mercado. Quizás no se ha advertido con el debido rigor que para poder importar es necesario exportar; de lo contrario, no habrá posibilidades de comprar en el extranjero.

Al eliminarse las barreras aduaneras, la mayor cantidad de bienes y servicios disponibles reportará mayores ingresos y salarios en términos reales, pues se podrán comprar bienes a un precio más bajo e incluso artículos de mejor calidad. Como se ha dicho, el nivel de importación dependerá de las posibilidades previas de exportación y esa es la razón por la cual resulta imperativo comprender que proteccionismo significa protección para unos pocos y desprotección para el conjunto de la comunidad.

Frente a los hechos, la solución intentada por los gobiernos ha sido implementar una especie de colusión regional. El Tratado de Asunción, de 1991, sentó las bases para la constitución de un mercado común entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el Mercosur. Naturalmente, se erigieron barreras y aranceles externos hacia otros países.

Alianzas de este tipo se caracterizan por perseguir diferentes tipos de objetivos, tales como: reducir y eliminar gradualmente las trabas al comercio; impulsar el desarrollo de vínculos de solidaridad y cooperación; promover el desarrollo económico y social de la región en forma armónica y equilibrada a fin de asegurar un mejor nivel de vida para sus pueblos; renovar el proceso de integración y establecer mecanismos aplicables a la realidad regional; crear un área de preferencias económicas, teniendo como objetivo final una armonización plena de sus políticas macroeconómicas, con el fin del establecimiento real de un mercado común.

Pero la globalización no se trata de crear bloques defensivos contra otras regiones, sino de abrirse al mundo y aprovechar en su magnitud y cuantía las ventajas del comercio.

No es el Mercosur la manera más eficiente de abrirse al mundo, sobre todo porque las prácticas recientes de ambos lados de las fronteras no obedecen a una estrategia de largo plazo sino, simplemente, a un sinnúmero de atajos para atender la coyuntura. Medidas que encajan exactamente en el viejo aforismo popular que dice: “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Pues de nada sirven los “buenos propósitos” si no se tienen en consideración los derechos de sus socios comerciales y se vulnera reiteradamente el marco institucional.

Tanto Brasil como Argentina, con gobiernos fuertemente populistas (al menos hasta los mutuos escándalos de corrupción), han convertido la justicia social en el argumento más efectista de la discusión política. Y, al amparo de esas prácticas, se ha defendido todo tipo de abusos, arbitrariedades y caprichos. Quizás como el matrimonio mal avenido, de reflejo correcto para la sociedad, se obligan a continuar la relación muy a su pesar.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Time To Tango In Latin America: Three Trends Investors Should Consider

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 24/3/16 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2016/03/24/time-to-tango-in-latin-america-three-trends-to-consider/#49a94745560a

 

The winds of change continue to blow in Latin America. Seeing corrupt leftist regimes fall (or merely fail to secure continuity) is a very welcome sign. President Barack Obama’s trip to Argentina and Cuba denotes the current administration’s optimism regarding the region, particularly as the president chooses to be accompanied by relevant business leaders. The trip to Argentina was less controversial and very well received, with President Obama even daring dance a Tango. Is it time for others to follow suit and jump in as investors in Argentina and elsewhere?

President Barack Obama dared to tango while visiting Argentina. (NICHOLAS KAMM/AFP/Getty Images)

One of my favorite investors, the late Sir John Templeton, championed the notion of buying at the time of maximum pessimism. Yes. But not blindly. As Scott Philipps wrote in his Buying at the Point of Maximum Pessimism, it pays to understand long term trends, and perhaps the most important trend to follow are those in the political and economic spheres.

It is hard to analyze Latin America as if the region were a well-defined entity; Latin America is very diverse. Some economies are stagnating, a few are completely stagnant, and others are prospering. If I had to describe each key country’s current situation in one word, I would label Venezuela as the most tragic; Brazil, the most dramatic;Argentina, the most intriguing; and Chile, the saddest. On the other hand, there is hope for market-oriented continuity in Colombia, México and Peru. The burden of a weak of rule of law affects all but a few countries: Chile, Uruguay and perhaps Costa Rica. In this area, rays of hope are scant.

Large segments of the Latin American population have begun to reject the consolidation of left wing populist and arbitrary regimes; perhaps this is one of the most important trends to highlight. We have seen election results in Argentina and Venezuela that were largely unexpected at this time last year. In Venezuela, electoral results themselves were not as surprising as the fact that the military stood by them instead of engaging in a large scale cover-up. Demonstrators have flooded the streets of Brazil (by far the most relevant, economically potent country in the region), seeking to end decades of corruption and impunity. In Bolivia, the electorate rejected a change in the rules that would have permitted the re-election of current President Evo Morales. Though these events seem to herald change in the region, not all battles have been won. In Ecuador, for instance, leftist populist president Rafael Correa retains full control of the National Electoral Council, which has ruled against a referendum that would prevent him from running for president indefinitely.

I would love to credit these changes to a shift in the understanding of the importance of economic freedom. But although think tanks favorable to the free society have worked and continue to toil in all of these countries (often very courageously and at great risk to the lives and patrimonies of their members), these changes are mostly due to a negative economic trend: a major slowdown in the economy of most countries in the region. In Brazil and Venezuela, the economy has been shrinking for two years. Argentina’s economic slowdown was less severe, yet the country faced lower rates of growth in conjunction with increased inflation. When rampant corruption and abuses of power came to light, Argentina’s electorate shifted gears, pushing for a change in government. In Mexico, the second largest economy in the region, slow economic growth mimics that of the United States at just above 2%. In a paper written at the turn of the century, Ernesto Talvi of CERES, a think tank in Uruguay, described in great detail how, following the 1998 economic crisis in Russia, which had depressing effects across the developed world, Latin America passed from having two thirds center/right governments, to two thirds center/left, but some of it, radical left. What we are seeing is the reverse, albeit in a more moderate fashion.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

La derrota de Evo

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 6/3/16 en: http://elpais.com/elpais/2016/03/03/opinion/1457026147_040257.html

 

La popularidad del presidente boliviano va apagándose y la opinión pública dejará de aplaudir a un régimen que es un monumento al populismo más desenfrenado

 

La derrota de Evo Morales en el referéndum con el que pretendía reformar la Constitución para hacerse reelegir por cuarta vez en el año 2019 es una buena cosa para Bolivia y la cultura de la libertad. Se inscribe dentro de una cadena democratizadora que va golpeando al populismo demagógico en América Latina de la que son jalones importantes la elección de Mauricio Macri en Argentina contra el candidato de la señora Fernández de Kirchner, el anuncio de Rafael Correa de que no será candidato en las próximas elecciones en Ecuador, la aplastante derrota —por cerca del 70% de los votos— del régimen de Nicolás Maduro en las elecciones para la Asamblea Nacional en Venezuela y el desprestigio creciente de la presidenta Dilma Rousseff y su mentor, el expresidente Lula, en Brasil, por el fracaso económico y los escándalos de corrupción de Petrobras que presagian también un fracaso catastrófico del Partido de los Trabajadores en las próximas elecciones.

A diferencia de los Gobiernos populistas de Venezuela, Argentina, Ecuador y Brasil, cuyas políticas demagógicas han desplomado sus economías, se decía de Evo Morales que su política económica ha sido exitosa. Pero las estadísticas no cuentan toda la verdad, es decir, el período enormemente favorable que vivió Bolivia en buena parte de estos 10 años de Gobierno con el auge del precio de las materias primas; desde la caída de estas, el país decrece y está sacudido por los escándalos y la corrupción. Esto explica en parte el descenso en picada de la popularidad de Evo Morales. Es interesante advertir que en el referéndum casi todas las principales ciudades bolivianas votaron contra él, y que, si no hubiera sido por las regiones rurales, las menos cultas del país y también las más alejadas, donde es más fácil para el Gobierno falsear el resultado de las urnas, la derrota de Evo habría sido mucho mayor.

¿Hasta cuándo continuará el singular mandatario echando la culpa al “imperialismo norteamericano” y a los “liberales” de todo lo que le sale mal? El último escándalo que ha protagonizado tiene que ver con China, no con Estados Unidos. Una examante suya, Gabriela Zapata, ahora presa, con la que tuvo un hijo en 2007, fue luego ejecutiva de una empresa china que ha venido recibiendo jugosos y arbitrarios contratos gubernamentales para construir carreteras y otras obras públicas por más de 500 millones de dólares. El favoritismo flagrante de estos contratos ilegales, denunciados por un gallardo periodista, Carlos Valverde, ha sacudido al país y los desmentidos y explicaciones del presidente sólo han servido para comprometerlo más con el enjuague. Y para que la opinión pública boliviana recuerde que este es sólo el último ejemplo de una corrupción que a lo largo de este decenio ha venido manifestándose en múltiples ocasiones aunque la popularidad de Evo sirviera para acallarla. Da la impresión de que aquella popularidad, que va apagándose, ya no bastará para que la opinión pública boliviana siga engañada, aplaudiendo a un mandatario y a un régimen que son un monumento al populismo más desenfrenado.

Ojalá que, al igual que los bolivianos, la opinión pública internacional deje de mostrar esa simpatía en última instancia discriminatoria y racista que, sobre todo en Europa, ha rodeado al supuesto “primer indígena que llegó a ser presidente de Bolivia”, una de las muchas mentiras que propala su biografía oficial, en todas sus giras internacionales. ¿Por qué discriminatoria y racista? Porque los franceses, italianos, españoles o alemanes que han jaleado al divertido gobernante que se lucía en las reuniones oficiales sin corbata y con una descolorida chompita de alpaca jamás habrían celebrado a un gobernante de su propio país que dijera las estupideces que decía por doquier Evo Morales (como que en Europa había tantos homosexuales por el consumo exagerado de la carne de pollo), pero, al parecer, para Bolivia, ese ignaro personaje estaba bien. Los aplausos a Evo Morales en Europa me recordaban a Günter Grass cuando recomendaba a los latinoamericanos “seguir el ejemplo de Cuba”, pero para Alemania y la culta Europa él no proponía el comunismo sino la socialdemocracia. Tener pesos y medidas distintas para el primer y el tercer mundo es, pura y simplemente, discriminatorio y racista.

Quienes creen que un personaje como Evo Morales está bien para Bolivia (aunque nunca lo estaría para Francia o España) tienen una pobre e injusta idea de aquel país del Altiplano. Un país al que yo quiero mucho, pues allí, en Cochabamba, pasé nueve años de mi infancia, una época que recuerdo como un paraíso. Bolivia no es un país pobre, sino, como muchas repúblicas latinoamericanas, empobrecido por los malos Gobiernos y las políticas equivocadas de sus gobernantes —muchos de ellos tan poco informados y tan demagogos como Evo Morales—, que han desaprovechado los ricos recursos de su gente y su suelo —sobre todo, cerros y montañas— y permitido que una pequeña oligarquía prosperara en tanto que la base de la pirámide, las grandes masas quechua y aymara, y la población mestiza, que es el grueso de sus clases medias, vivieran en la pobreza. Evo Morales y quienes lo rodean no han hecho avanzar un ápice el progreso de Bolivia con sus acuerdos comerciales con Brasil para la explotación del gas y sus empréstitos gigantes provenientes de China para la financiación de obras públicas faraónicas y, muchas de ellas, sin sustentación técnica ni financiera, que comprometen seriamente el futuro de ese país, a la vez que su política de nacionalizaciones, victimización de la empresa privada y exaltación de la lucha de clases (y, a menudo, de razas) incentivaba una violencia social de peligrosas consecuencias.

Bolivia cuenta con políticos respetables, realistas y valientes —conozco a algunos de ellos— que, pese a las condiciones dificilísimas en que tenían que actuar, arriesgándose a campañas innobles de desprestigio por parte de la prensa y los aparatos de represión del Gobierno, o a la cárcel y al exilio, han venido defendiendo la democracia, la libertad ultrajada, denunciando los atropellos y la política demagógica, la corrupción y las medidas erróneas e insensatas de Evo Morales y su corte de ideólogos, encabezados por el vicepresidente, el marxista Álvaro García Linera. Son ellos, y decenas de miles de bolivianos como ellos, la verdadera cara de Bolivia. Ellos no quieren que su país sea pintoresco y folclórico, una anomalía divertida, sino un país moderno, libre, próspero, una genuina democracia, como lo son ahora Uruguay, Chile, Colombia, Perú y tantos otros países latinoamericanos que han sabido sacudirse, o están a punto de hacerlo, mediante los votos de quienes, como los esposos Kirchner, el comandante Chávez y su heredero Nicolás Maduro, el inefable Rafael Correa, Lula y Dilma Rousseff los estaban o están todavía llevándolos al abismo.

La derrota de Evo Morales en el referéndum del domingo pasado abre una gran esperanza para Bolivia y ahora solo depende que la oposición mantenga la unidad (precaria, por desgracia) que esta consulta gestó, y no vuelva a dividirse, pues ese sería un regalo de los dioses para la declinante estrella de Evo Morales. Si se mantiene unida y tan activa como lo ha estado estas últimas semanas, Bolivia será el próximo país latinoamericano en librarse del populismo y recobrar la libertad.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Una lectura del referéndum y del resultado en Bolivia

Por Alejandra Salinas: Publicado el 24/2/16 en: https://es.scribd.com/doc/300333719/Una-Lectura-Del-Referendum-y-Del-Resultado-en-Bolivia

 

Los mecanismos como el referéndum se han expandido en las últimas décadas, siguiendo la tendencia mundial hacia la adopción reformas electorales más inclusivas (J. Colomer, Cómo votamos… Barcelona: Gedisa, 2004). Si bien se inserta en esta tendencia, en América Latina la mayoría de las votaciones en un referéndum son iniciadas por el gobierno y no por la ciudadanía, por lo que la participación ciudadana directa se ve limitada a una instancia de aprobación o control de las decisiones o intenciones oficiales, y no de autogobierno.

La excepción es Uruguay, donde existe la iniciativa popular para derogar leyes, de uso intensivo ya que entre 1980 y 2009 hubo 11 votaciones. El caso uruguayo más resonante fue el intento por derogar la ley de caducidad de los crímenes cometidos durante el régimen militar, intento que falló en dos instancias, cuando una mayoría del electorado se negó a derogar la ley. El ejemplo mencionado ilustra el éxito del uso del referéndum en Uruguay, si medimos el éxito en términos de oportunidades para que la ciudadanía ejerza el control de los asuntos políticos trascendentales.

A diferencia del caso uruguayo, el caso de Bolivia en el mismo período ilustra un modelo plebiscitario del voto ciudadano directo, visto como un instrumento de respaldo para las ambiciones presidenciales y no como una expresión de autogobierno. En enero de 2009 el electorado boliviano fue llamado a aprobar una nueva Constitución que acentuó el poder presidencial, por lo que los conflictos entre la oposición y el régimen de Morales naturalmente se agudizaron. Afortunadamente en el último referéndum realizado esta semana los votantes rechazaron una reforma constitucional que hubiera habilitado un nuevo mandato presidencial para Evo Morales. Hoy el Tribunal Supremo Electoral indicó que con más del 99% de las actas escrutadas, el No fue del 51,31 % de los votos, y el Sí recibió un 48,69 %.

Me interesa resaltar un elemento teórico en el análisis de este resultado electoral. La literatura distingue dos posturas en lo que se refiere a la utilización del referéndum: los que lo consideran inaceptable debido a que los políticos manipulan a la gente para aumentar su poder político, y los que lo ven como una profundización de la democracia al permitir a los votantes tomar decisiones políticas sin la intervención de los partidos u otros actores políticos colectivos. Los primeros rechazan el referéndum tout court; los segundos pretenden usarlo para todo. Existe una tercera postura, sin embargo, aquella que encuentra en el referéndum un mecanismo potencial para atenuar o corregir los problemas del sistema representativo controlando y limitando los excesos del poder gubernamental.

Desde este ángulo, el referéndum no se reduce a ser un instrumento de manipulación ni uno de democratización  (si bien según los casos éstos pueden ser aspectos salientes en una votación popular). En mi opinión, el referéndum  también debe ser visto como una oportunidad para control del poder político, así lo demuestra al menos el resultado electoral en Bolivia. Por ello, la inclusión del referéndum en los sistemas democráticos podría afianzar la división del poder, pues permite controlar al gobierno complementándolo y corrigiéndolo mediante el voto popular.  Existen sobrados ejemplos en este sentido. En Suiza e Italia, y en los EE.UU. a nivel estadual, la ciudadanía aprobó iniciativas que expresaban sus preferencias cuando los gobiernos las habían ignorado o relegado, y los partidos minoritarios las usaron para acceder o influir sobre el gobierno. En América Latina, debido a las restricciones para presentar iniciativas populares, y debido a la convocatoria frecuentemente discrecional del referéndum, éste puede resultar insuficiente para controlar y limitar al gobierno, por lo que urge revisar las condiciones y formulaciones para un uso del referéndum más afín con el objetivo de limitar al poder político.

 

[Para  los interesados en ampliar este tema remito a mi trabajo: “A Comparative Analysis of the Referendum by Regions (1978-2008): Enhancing or Limiting Participatory Democracy?”, International Political Science Association, 2009. URL: http://paperroom.ipsa.org/papers/paper_3171.pdf%5D

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

Al final, ¿qué es ser un liberal?

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 27/2/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1658775-al-final-que-es-ser-un-liberal

 

El vocablo que alude a los defensores del liberalismo cambia de significado según el tiempo y el lugar, aunque hay ciertas ideas esenciales que permanecen

Como los seres humanos, las palabras cambian de contenido según el tiempo y el lugar. Seguir sus transformaciones es instructivo, aunque, a veces, como ocurre con el vocablo “liberal”, semejante averiguación puede extraviarnos en un laberinto de dudas.

En el Quijote y la literatura de su época, la palabra aparece varias veces. ¿Qué quiere decir allí? Hombre de espíritu abierto, bien educado, tolerante, comunicativo; en suma, una persona con la que se puede simpatizar. En ella no hay connotaciones políticas ni religiosas, sólo éticas y cívicas en el sentido más ancho de ambas palabras.

A fines del siglo XVIII este vocablo cambia de naturaleza y adquiere matices que tienen que ver con las ideas sobre la libertad y el mercado de los pensadores británicos y franceses de la Ilustración (Stuart Mill, Locke, Hume, Adam Smith, Voltaire). Los liberales combaten la esclavitud y el intervencionismo del Estado, defienden la propiedad privada, el comercio libre, la competencia, el individualismo y se declaran enemigos de los dogmas y el absolutismo.

En el siglo XIX un liberal es sobre todo un librepensador: defiende el Estado laico, quiere separar la Iglesia del Estado, emancipar a la sociedad del oscurantismo religioso. Sus diferencias con los conservadores y los regímenes autoritarios generan a menudo guerras civiles y revoluciones. El liberal de entonces es lo que hoy llamaríamos un progresista, defensor de los derechos humanos (desde la Revolución Francesa se les conocía como los Derechos del Hombre) y la democracia.

Con la aparición del marxismo y la difusión de las ideas socialistas, el liberalismo va siendo desplazado de la vanguardia a una retaguardia, por defender un sistema económico y político -el capitalismo- que el socialismo y el comunismo quieren abolir en nombre de una justicia social que identifican con el colectivismo y el estatismo. (No en todas partes ocurre esta transformación de la palabra liberal. En los Estados Unidos, un liberal es todavía un radical, un social demócrata o un socialista a secas). La conversión de la vertiente comunista del socialismo al autoritarismo empuja al socialismo democrático al centro político y lo acerca -sin juntarlo- al liberalismo.

En nuestros días, liberal y liberalismo quieren decir, según las culturas y los países, cosas distintas y a veces contradictorias. El partido del tiranuelo nicaragüense Somoza se llamaba liberal y así se denomina, en Austria, un partido neofascista. La confusión es tan extrema que regímenes dictatoriales como los de Pinochet en Chile y de Fujimori en Perú son llamados a veces “liberales” o “neoliberales” porque privatizaron algunas empresas y abrieron mercados. De esta desnaturalización de lo que es la doctrina liberal no son del todo inocentes algunos liberales convencidos de que el liberalismo es una doctrina esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales. Esos logaritmos vivientes llegan a formas extremas de dogmatismo y están dispuestos a hacer tales concesiones en el campo político a la extrema derecha y al neofascismo que han contribuido a desprestigiar las ideas liberales y a que se las vea como una máscara de la reacción y la explotación.

Dicho esto, es verdad que algunos gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, llevaron a cabo reformas económicas y sociales de inequívoca raíz liberal, impulsando la cultura de la libertad de manera extraordinaria, aunque en otros campos la hicieran retroceder. Lo mismo podría decirse de algunos gobiernos socialistas, como el de Felipe González en España o el de José Mujica en Uruguay, que, en la esfera de los derechos humanos, han hecho progresar a sus países reduciendo injusticias inveteradas y creando oportunidades para los ciudadanos de menores ingresos.

Una de las características del liberalismo en nuestros días es que se lo encuentra en los lugares menos pensados y a veces brilla por su ausencia donde ciertos ingenuos creen que está. A las personas y partidos hay que juzgarlos no por lo que dicen y predican, sino por lo que hacen. En el debate que hay en estos días en Perú sobre la concentración de los medios de prensa, algunos valedores de la adquisición por el grupo El Comercio de la mayoría de las acciones de Epensa, que le confiere casi el 80% del mercado de la prensa, son periodistas que callaron o aplaudieron cuando la dictadura de Fujimori y Montesinos cometía sus crímenes más abominables y manipulaba toda la información, comprando a dueños y redactores de diarios o intimidándolos. ¿Cómo tomaríamos en serio a esos novísimos catecúmenos de la libertad?

Un filósofo y economista liberal de la llamada escuela austríaca, Ludwig von Mises, se oponía a que hubiera partidos políticos liberales, porque, a su juicio, el liberalismo debía ser una cultura que irrigara a un arco muy amplio de formaciones y movimientos que, aunque tuvieran importantes discrepancias, compartieran un denominador común sobre ciertos principios liberales básicos.

Algo de eso ocurre desde hace buen tiempo en las democracias más avanzadas, donde, con diferencias más de matiz que de esencia, entre democristianos y socialdemócratas y socialistas, liberales y conservadores, republicanos y demócratas, hay unos consensos que dan estabilidad a las instituciones y continuidad a las políticas sociales y económicas, un sistema que sólo se ve amenazado por sus extremos, el neofascismo de Le Front National en Francia, por ejemplo, o la Liga Lombarda en Italia, y grupos y grupúsculos ultracomunistas y anarquistas.

En América latina, este proceso se da de manera más pausada y con más riesgo de retroceso que en otras partes del mundo, por lo débil que es todavía la cultura democrática, que sólo tiene tradición en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, en tanto que en los demás es más bien precaria. Pero ha comenzado a suceder y la mejor prueba de eso es que las dictaduras militares prácticamente se han extinguido y de los movimientos armados revolucionarios sobrevive a duras penas las FARC colombianas, con un apoyo popular decreciente. Es verdad que hay gobiernos populistas y demagógicos, aparte del anacronismo que es Cuba, pero Venezuela, por ejemplo, que aspiraba a ser el gran fermento del socialismo revolucionario latinoamericano, vive una crisis económica, política y social tan profunda, con el desplome de su moneda, la carestía demencial y las iniquidades de la delincuencia, que difícilmente podría ser ahora el modelo continental en que quería convertirla Chávez.

Hay ciertas ideas básicas que definen a un liberal. Que la libertad, valor supremo, es una e indivisible y que ella debe operar en todos los campos para garantizar el verdadero progreso. La libertad política, económica, social, cultural son una sola y todas ellas hacen avanzar la justicia, la riqueza, los derechos humanos, las oportunidades y la coexistencia pacífica en una sociedad. Si en uno solo de esos campos la libertad se eclipsa, en todos los otros se encuentra amenazada. Los liberales creen que el Estado pequeño es más eficiente que el que crece demasiado, y que, cuando esto último ocurre, no sólo la economía se resiente, también el conjunto de las libertades públicas. Creen asimismo que la función del Estado no es producir riqueza, sino que esta función la lleva a cabo mejor la sociedad civil, en un régimen de mercado libre, en que se prohíben los privilegios y se respeta la propiedad privada. La seguridad, el orden público, la legalidad, la educación y la salud competen al Estado, desde luego, pero no de manera monopólica, sino en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Éstas y otras convicciones generales de un liberal tienen, a la hora de su aplicación, fórmulas y matices muy diversos relacionados con el nivel de desarrollo de una sociedad, de su cultura y sus tradiciones. No hay fórmulas rígidas y recetas únicas para ponerlas en práctica. Forzar reformas liberales de manera abrupta, sin consenso, puede provocar frustración, desórdenes y crisis políticas que pongan en peligro el sistema democrático. Éste es tan esencial al pensamiento liberal como el de la libertad económica y el respeto a los derechos humanos. Por eso, la difícil tolerancia -para quienes, como nosotros, españoles y latinoamericanos, tenemos una tradición dogmática e intransigente tan fuerte- debería ser la virtud más apreciada entre los liberales. Tolerancia quiere decir aceptar la posibilidad del error en las convicciones propias y de verdad en las ajenas.

Es natural, por eso, que haya entre los liberales discrepancias sobre temas como el aborto, los matrimonios gay, la descriminalización de las drogas y otros. Sobre ninguno de estos temas existe una verdad revelada liberal, porque para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute. Los congresos y encuentros liberales suelen ser, a menudo, parecidos a los de los trotskistas (cuando el trotskismo existía): batallas intelectuales en defensa de ideas contrapuestas. Algunos ven en eso un rasgo de inoperancia e irrealismo. Yo creo que esas controversias entre lo que Isaías Berlin llamaba “las verdades contradictorias” han hecho que el liberalismo siga siendo la doctrina que más ha contribuido a mejorar la coexistencia social, haciendo avanzar la libertad humana.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Balance del primer mes de gestión

Por Adrián Ravier: Publicado el 8/1/16 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2016/01/08/balance-del-primer-mes-de-gestion/

 

Este 10 de enero se cumplen los primeros treinta días del Gobierno de Mauricio Macri y el cambio de modelo económico es una realidad. No podían enfrentarse los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario si se mantenía la misma política económica. El nuevo equipo no tardó en ofrecer señales claras y avanzar en varios frentes a la vez. ¿Qué se hizo y qué es lo que falta?

Comenzando por el frente fiscal, el Gobierno eliminó retenciones a la industria y a los productos agropecuarios, excepto para la soja, que se redujo de 35 a 30 por ciento. La apuesta consistió en recuperar las economías regionales mejorando los incentivos, tanto por reducción de la presión tributaria que recaía sobre el sector como por supresión del cepo cambiario, que lo contenía acorralado en los márgenes de ganancia. La medida contribuiría, en paralelo, a incentivar en la inmediatez a los productores agropecuarios para que liquiden las cosechas y ayuden con ello a engrosar las debilitadas reservas del Banco Central.

El impacto fue positivo, si uno toma en cuenta que se revirtió el continuo descenso diario de las reservas hacia valores positivos que transmiten tranquilidad, aunque las liquidaciones no cubrieron las expectativas de la autoridad monetaria y del Gobierno. ¿Por qué no se cumplieron estas expectativas? Porque hay fuertes expectativas de que el sinceramiento del tipo de cambio oficial sólo fue parcial y que habría una nueva devaluación hacia marzo del corriente, una vez que venzan los contratos de futuros.

Algunos analistas señalan, sin embargo, que ese valor que hoy ronda los 14 pesos no lo fija la autoridad monetaria sino el mercado, pero esto no parece ser del todo cierto cuando observamos las altas tasas que los bancos pagan por los depósitos a plazo fijo (una alternativa a la demanda de dólares), o la absorción de pesos que el Banco Central viene generando en las últimas dos semanas con la emisión de letras.

En el frente fiscal también hay que destacar el cumplimiento de otra promesa de campaña en la que se confirmó la quita del impuesto a las ganancias para el aguinaldo de los que cobran hasta 30 mil pesos. La medida parece justa y popular, pero no conveniente ni oportuna dado el fuerte déficit fiscal. Quizás debió el Gobierno compensar la consecuente caída de ingresos tributarios con una baja inmediata en los subsidios, que si bien fueron anunciados, aún se desconoce su instrumentación.

En el frente monetario, lo dicho, la autoridad en la materia utiliza dos instrumentos para contener la inflación: por un lado, eleva los tipos de interés; por otro lado, absorbe todos los pesos que puede a través de la emisión de letras. Pero los analistas estiman una inflación para 2016 del orden del 35%, mientras la misma autoridad monetaria la estimó apenas arriba del 20 por ciento.

¿Por qué no ataca el Gobierno la inflación de manera más radical? Mi interpretación es que el Gobierno sabe que no hay otra forma que reducir el gasto público que no sea por la vía de la inflación. Si no se puede reducir el salario nominal, ni se pueden generar despidos en un sector público sobredimensionado, sólo queda avanzar en una baja real de los salarios por la vía del impuesto inflacionario. Si los analistas privados tienen razón y la inflación de 2016 se acerca a sus pronósticos, mientras el Gobierno logra acordar con los sindicatos aumentos salariales del orden del 20 o 25%, la baja real de los salarios permitirá avanzar en el requerido ajuste fiscal que todos los analistas reclaman. Por supuesto que la política no está exenta de críticas y se sabe que el mayor desafío pasará por afrontar las negociaciones salariales con los sindicatos, que nunca fue una tarea sencilla. Resumiendo, la baja de la tasa de inflación no parece ser prioridad en 2016, lo que es parte del programa gradualista que el Gobierno viene aplicando.

En el frente cambiario, además de lo dicho, la nueva administración apuesta a generar un fuerte ingreso de divisas que sólo puede ser la consecuencia de un cambio rotundo en la política exterior. Al respecto, Mauricio Macri lleva adelante una amplia agenda política internacional que comenzó con el cuestionamiento directo al eje bolivariano, empezando por Venezuela y siguió con la anulación del polémico memorándum con Irán. Además, extendió lazos dentro del Mercosur con Brasil y Uruguay, además de Chile, y relanzó vínculos con la Unión Europea y Estados Unidos. Aceptó el fallo de la Organización Mundial del Comercio sobre las importaciones y ofreció señales claras en su voluntad de atraer capitales.

Todo el arco liberal sigue reclamando como deuda pendiente atacar el desorbitante gasto público y su consecuente déficit fiscal. La noticia de los últimos días, sin embargo, ha sido el gesto de parte de la Vicepresidente de despedir a 2035 empleados del Senado por decreto, advirtiendo que los ministros van a tomar medidas del mismo estilo para erradicar del Estado estructuras políticas compuestas por “militancia del kirchnerismo”.

La medida, a la que se sumaron otros despidos en otros organismos, como el Banco Central y el Centro Cultural Néstor Kirchner, es una gota en el océano teniendo en cuenta los más de dos millones de nuevos asalariados nombrados durante el kirchnerismo en el Gobierno nacional, en provincias y en municipios, pero deja entrever que también habrá ajustes en el gasto público una vez se complete la auditoría general de los organismos públicos.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.