Category Archives: Derecho

El impactante testimonio de Pastora Mira García ante el papa Francisco

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/9/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2062792-el-impactante-testimonio-de-pastora-mira-garcia-ante-el-papa-francisco

 

Pastora Mira García es una mujer colombiana a la que la vida golpeó sin piedad. Como a pocos. Pese a eso, muestra una dignidad y una grandeza de espíritu, así como una entereza personal de dimensiones notables. Su rostro, sin embargo, tiene huellas del dolor que acumuló como consecuencia de la violencia que hasta no hace mucho se había apoderado de su país.

Ante el papa Francisco, portando una cruz en su pecho, Pastora habló serenamente de lo que le sucediera en Villavicencio. Su testimonio fue dramático. Cuatro veces su vida fue impactada ferozmente por la violencia. Su padre fue asesinado por la guerrilla marxista cuando ella era aún muy joven. Luego mataron a su marido. Para después secuestrar a su hija, cuyo cadáver encontró, pero recién siete años más tarde. Para ver, poco después, como la misma guerrilla asesinaba a su hijo luego de someterlo a torturas. Una experiencia de vida devastadora para cualquiera. Y son muchos los casos parecidos acumulados en una sociedad que fue sometida a medio siglo de violencia y espanto.

Entre quienes la escuchaban había otras víctimas de la guerrilla marxista. Y también algunos ex guerrilleros arrepentidos. Al culminar sus palabras, una ovación -con la gente de pie- estalló espontánea. Fue una expresión inequívoca de emoción colectiva. Sincera, como pocas. Pastora había sido invitada por la Iglesia a participar de un ejercicio de reconciliación sincera entre los colombianos, a lo que accedió. Seguramente es consciente de que la paz firmada el año pasado en su país aún debe consolidarse.

El Papa, conmovido como todos, le respondió, de inmediato. Presumiblemente con el corazón apretado por lo que acababa de escuchar. Un relato emocionante que había sido escuchado en medio de un silencio profundo. Sobre lo que sucede cuando la maldad se apodera de los hombres, sembrando muerte y destrucción.

“Mira, Pastora -dijo Francisco- tú lo has dicho bien, tú quieres poner tu sufrimiento y el de millares de víctimas a los pies de Jesús crucificado, para que se asocie con el suyo y se transforme en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que se había apoderado de Colombia. Tú tienes razón, la violencia engendra más violencia, el odio más odio y la muerte más muertes. Debemos romper esa cadena que parece inevitable y esto es posible sólo a través del perdón y de la reconciliación.” A lo que agregó: “Y tú, querida Pastora, y muchos como tú, nos han mostrado que esto es posible. Si, lo es. Con la ayuda de Cristo, presente en medio de la comunidad es posible vencer al odio, es posible vencer a la muerte, y es posible recomenzar a aportar luz a una Colombia nueva. Gracias, Pastora. Qué bien nos has hecho a todos hoy con el testimonio de tu vida. Es el Cristo crucificado de Bajaya, que nos ha dado la fuerza de perdonar y de amar”.

El Cristo de Bajaya, recordemos, es una imagen sin brazos, ni piernas. Quedó así, mutilada, por la explosión de una bomba arrojada perversamente por los guerrilleros desde afuera hacia el interior de una iglesia humilde, donde estaba la imagen. Cuando el templo se encontraba repleto de inocentes campesinos allí refugiados, decenas de los cuales murieron en el absurdo atentado.

La reconciliación es el camino para unir en paz a las sociedades destrozadas por los conflictos armados internos. Siempre. También entre nosotros. Y es hora de trabajar para lograrla. Su camino pasa necesariamente por la verdad y la justicia. Y por la grandeza de espíritu que, pese al dolor, alimenta a la serenidad en el andar. Como lo prueba el testimonio, a la vez desgarrador y esperanzador, de una mujer colombiana, Pastora Mira García.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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El huracán Irma y el comunismo cubano

Por Iván Carrino. Publicado el 12/9/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-huracan-irma-y-el-comunismo-cubano/

 

El Huracán Irma, que azotó las Islas del Caribe y La Florida, dejó un tendal de desastre a su paso.

Además, dio lugar a varios análisis políticos desafortunados, como el de Miguel Bonasso, quien afirmó en su cuenta de Twitter que “Cuba aguantó a pie firme el huracán Irma. Con grandes pérdidas materiales pero sin muertos (…) gracias a una sociedad socialista, con defectos como cualquier sociedad humana, pero que prioriza las vidas sobre los bienes.”

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Luego tuvo que rectificar su tuit, destruyendo la esencia de lo que había declarado, por más que lo negara:

Rectifico un dato: hubo 10 muertos en Cuba. Pese a eso, insisto: es el país mejor organizado para afrontar catástrofes naturales.

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El periodista Alejandro Bercovich lanzó un análisis similar:

Saqueos, muerte y autodefensas armadas en Miami. Evacuación organizada y sin víctimas en La Habana.

Los datos confirmaron que, lamentablemente, en Cuba sí hubo víctimas fatales, estimadas en 10 personas.

Pero eso no es todo, ya que para los que sobreviven, e incluso están fuera del foco de la tormenta, la situación es desesperante. He aquí un relato en primera persona de cómo se están viviendo las cosas en el paraíso comunista de América Latina. En su cuenta de facebook personal, Rebeca Monzo Mieres (maestra y “quasi periodista”, según su propia descripción), narró:

Irma no paso por La Habana gracias a Dios, porque de haber sido así yo no estaría quizá ahora escribiendo en mi turno de Internet. Sus ráfagas afectaron enormemente a nuestra ciudad sumida en el abandono y la desidia. Hay toneladas de desperdicios y basura sin recoger. Ayer di la vuelta al barrio y no me tropecé ni con una sola brigada de restablecimiento de electricidad. Vi a muchos vecinos jugando domino al lado de las toneladas de escombros, muy pocos con una escoba barriendo el frente de sus casas.

El día antes de recibir los azotes de Irma recibimos una vez mas los del gobierno: nos quitaron la electricidad de 8 am hasta las 3 pm, lo que a la llegada de los vientos huracanados al siguiente día nos la volvieron a quitar, hasta ahora. Todos los vecinos del Nuevo Vedado tuvimos que botar alimentos comprados en CUC, con el trabajo que cuesta en nuestro país lograr ganarse uno en esa moneda. Por lo que sé, el resto de la ciudad está igual o peor.

Llevamos tres días sin electricidad, sin agua, sin gas y muchos con los teléfonos fijos muertos. Aun así, doy gracias a Dios por no haber tenido que salir corriendo con un familiar enfermo, o tener un niño en casa sin saber como alimentarlo.

En nuestro país no existen ferreterías donde puedas adquirir tablas, clavos, cinta adhesiva, ni nada conque proteger tu casa, tampoco en las tiendas de CUC ni de CUP vendieron alimentos enlatados, por eso es que también nos hemos quedado sin comida.

Sin embargo es irónico oír como el gobierno se jacta de la protección que da la defensa civil a la población.

El modelo cubano es indefendible. Ha esclavizado y empobrecido a un pueblo. El Huracán Irma, lejos de mostrar la superioridad contra el capitalismo, vuelve a dejar expuesta esta triste realidad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La deuda pública en EE.UU.

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado en https://www.cronista.com/columnistas/La-deuda-publica-en-EE.UU.-20170914-0046.html

 

Cuando Jefferson recibió la flamante Constitución estadounidense en París, escribió que si hubiera podido introducir una reforma la hubiera concretado en la prohibición al gobierno de contraer deuda pública. Esta manifestación jeffersionana se basaba en su idea que la deuda gubernamental compromete los patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en las elecciones que entronizan al aparato estatal que contrajo la deuda.

Mucho más adelante, el premio Nobel en Economía, James M. Buchanan expresó algo similar referido a la vinculación de la deuda pública con la democracia.

En estos momentos, hay reuniones en Washington para negociar otro corrimiento del techo legal a la deuda que ahora alcanza a los veinte billones de dólares (trillones en el léxico norteamericano: veinte seguido de doce ceros). Esto significa unos setenta mil dólares por habitante y representa más del cien por cien del producto bruto.

La negociación de referencia se basa en el empecinamiento del presidente Donald Trump en construir un muro al sur del país en el límite con México al efecto de dar rienda suelta a sus veleidades xenófobas ya que el gobierno de ese país se niega a financiarlo, al contrario de lo que Trump había anunciado pomposamente en su campaña.

Estas conversaciones algunas cordiales y otras no tanto se desarrollan en el contexto de pretendidas reducciones impositivas, al tiempo que el presidente de marras apunta a elevar el gasto público con lo cual la situación fiscal empeoraría sensiblemente.

En realidad el tema de la deuda estatal se vincula a la mal llamada inversión pública que es en verdad una contradicción en términos. Como es sabido, una inversión se realiza en el contexto de evaluaciones subjetivas por parte de quienes estiman que el valor futuro será mayor que el del presente. El desatino de la denominada inversión pública nos recuerda la disposición del Dr. Alfonsín sobre el ahorro forzoso. No hay tal, se trataba de una exacción adicional.

En las cuentas nacionales debieran contabilizarse estas operaciones como gastos en activos fijos para distinguirlos de los gastos corrientes. Seguramente no se aceptará la patraña si le arrancáramos la billetera a un transeúnte con la promesa que destinaremos el botín para invertirle el dinero. Del mismo modo ocurre con el Leviatán.

El uso de la fuerza es incompatible con la noción de invertir, es por definición un proceso voluntario.

En Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, no puede seguir ilimitadamente con la parodia de elevar el techo de la deuda y seguir gastando alegremente. No sería raro que ciertos acreedores pretendieran en algún momento recuperar el principal y no conformarse con los intereses.

En ese supuesto caso podemos vislumbrar a los patrioteros de siempre alegando que se trata de un acto de guerra. Vivir con lo que se tiene es un buen consejo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LA REPÚBLICA SIGUE ESPERANDO

Por Sergio Sinay: Publicado el 18/8/17 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2017/08/la-republica-sigueesperando-por-sergio.html

 

Si no la sostienen sus tres poderes, actuando de manera complementaria y autónoma, y si la ciudadanía no se empapa de su significado, la República no se conjuga y las transformaciones necesarias no se producen

Sin justicia no hay república, dice una consigna. Y es verdad. La República se sostiene en tres pilares complementarios y autónomos. Los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo. En la Argentina esto hay que aprenderlo desde cero porque no funciona así. Y por mucho que políticos, candidatos y otros se llenen la boca con la palabra República, no la honran con sus conductas. Esto es independiente de quien gobierne. Por supuesto, resulta más grave cuando gobiernan populistas y corruptos. Al populismo los principios de la República le resultan obstáculos e intenta sacárselos de encima, y de la democracia solo acepta la votación, siempre y cuando lo favorezca. Si a eso se le suma corrupción a destajo, la República muere.

También los ciudadanos tenemos el deber de entender que democracia es mucho más que votar. Es vivir en diversidad, aprender a establecer consensos, integrar en la vida de cada día los proyectos personales con los colectivos y el interés personal con el bien común, respetar a las minorías (porque todas son minorías, mayoría es solo el 100%). En esto la sociedad argentina (que sigue agrietada e intolerante desde las dos orillas de la grieta) tiene todavía mucho para aprender, asumir y practicar.

Lo mismo que su gobierno. No es una actitud republicana presentar un aumento a los jubilados como si fuera una muestra de generosidad. Fue un vergonzoso acto de populismo (con una sobreactuación del jefe de gabinete) haberlo hecho así. Eso no es cambiar. Eso es seguir. Y si los ciudadanos estamos atentos, veremos que hay más muestras de lo mismo.

UNA GRIETA ABIERTA

Vivimos en una sociedad convaleciente tras una larga década de grave enfermedad. Pero todavía esta sociedad no recibió el alta. Ahora se le inicia juicio político a un camarista que le venía haciendo mucho mal a la Justicia y a la República. Un juicio necesario y tardío (porque hasta ahora lo habían protegido el gobierno corrupto y autoritario al que favorecía con sus fallos y la propia corporación judicial). Pero el procedimiento por el cual se inició el juicio es, nuevamente, un ejercicio típico de sigamos y no de cambiemos. Falta mucho para cambiar. Tendrán que venir otros rostros, otras conductas, otros antecedentes. Y la sociedad misma, para ser impulsora y guardiana de esa transformación, deberá cambiar muchos de sus hábitos y paradigmas. Algunos comentarios revanchistas (como circularon por las redes tras los resultados de las PASO) no ayudan a eso. Se parecieron mucho a lo que hacían quienes exhibían triunfalmente su intolerancia durante la década perdida.

UN CAMINO LARGO

 

Quedan dos meses para las legislativas y será bueno estar atentos, informarse, pensar, saber qué y para qué se vota. Sabemos que en la Argentina no hay justicia (que lo digan los corruptos que andan sueltos, los asesinos de todo tipo que circulan libres, los ladrones rápidamente liberados, los abogados que transan con funcionarios judiciales a favor de defendidos indefendibles, los jueces que no pagan ganancias mientras ese impuesto abruma a los ciudadanos de a píe). Esperemos que las elecciones legislativas no resulten un paso a que el Congreso vuelva a ser una escribanía del Ejecutivo. Y que en los tres poderes se entienda alguna vez que se está allí en función de servicio y no para servirse de la sociedad. Para todo eso falta. Tantas décadas de degradación no cambian en una generación ni por arte de magia. No se cambia porque sí y de la noche a la mañana.

 

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

La gente y la justicia

Por Gabriel Boragina Publicado  el 4/9/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/09/la-gente-y-la-justicia.html

 

En una reciente conversación que mantuve con dos personas, estos se quejaban de la inacción del gobierno frente a hechos de violencia que se habían registrado en el interior del país por el reclamo de unos sedicentes “aborígenes” de unas tierras que pretenden usurpar.
Uno de ellos invocó el artículo 22 de la Constitución de la Nación Argentina, y esperaba que el gobierno “hiciera algo” al respecto. El otro coincidió, pero agregó que no veía “voluntad política” como para que el gobierno accionara.
Ambos, sin embargo, quedaron “sorprendidos” cuando les dije que cualquier ciudadano podía hacer la denuncia ante la justicia.
De inmediato, surgieron las típicas objeciones. Uno de ellos dijo que como, en realidad, vivía en Mar del Plata, le era imposible hacer la denuncia, pero si residiera en la Capital Federal lo haría. A lo que le respondí que no era imprescindible que habitara en la Capital Federal, porque en su ciudad también había tribunales donde le recibirían la denuncia.
El otro objetó que sin “decisión política” hacer la denuncia ante la justicia no serviría de nada. Le contesté que lo que se necesitaba en el punto no era “decisión política”, sino que todo dependía de una decisión jurídica, pero que si los ciudadanos no accionaban ante la justicia nada iría a cambiar.
Finalmente, agregó que, dada mi condición de abogado, a mí me era sencillo conocer los vericuetos judiciales, pero que a gente que carecía de mis conocimientos no le era fácil, concluyendo que debería “informarse” más al respecto.
Estas actitudes merecen algunas reflexiones, porque se repiten a lo largo y a lo ancho del país, según puede verse, por ejemplo, en las masivas redes sociales, como Twitter.
Empiezo por la supuesta “falta” de información sobre las posibilidades de denunciar delitos por parte de los ciudadanos comunes. Sabemos que esta “objeción” es infundada, porque existe bastante publicidad de entes oficiales y privados acerca de la factibilidad de hacer denuncias por parte de la población corriente. Sin embargo, se espera que la justicia actúe “de oficio” en los casos que tienen mayor difusión periodística (como era el que discutíamos con estas personas).
Esto último es posible, pero si la queja consiste precisamente en que no lo hace, es allí donde el interesado debe actuar en la medida de su interés, como reza el célebre apotegma jurídico. Si no opera, difícilmente sea por ignorancia, o falta de información como hemos visto. Los motivos han de ser otros, de los cuales deduzco como principales el temor a quedar comprometido o, simplemente, comodidad que justifica su inercia. Sea cualquiera de estas razones u otras no explícitas, de un modo o del otro, ellas son demostrativas que el presunto interés no es tanto ni tan grande como que impele a la gente a movilizarse y denunciar.
En su lugar, son reiteradas las convocatorias a marchas “por esto o por aquello otro”. Es más fácil hacer marchas masivas donde el individuo se pierde en el anonimato y elude las potenciales incomodidades (reales o imaginarias) o riesgos (ídem) que una denuncia ante la justicia le pudiera ocasionar, cuando lo efectivo, en lugar de marchas masivas por la vía pública, son las denuncias masivas ante la justicia, las que -repito- cualquier ciudadano puede, sin necesidad de firma de abogado, promover.
Y la supuesta ignorancia no sirve de excusa, porque es posible leer múltiples comentarios en las redes sociales de gente común que pide a los fiscales judiciales que denuncien hechos. Es conocido a nivel general que los fiscales tienen esa facultad.
Ergo, si el interés de la ciudadanía en denunciar delitos fuera real, y suponiendo que -en su ignorancia- creyeran que sólo un fiscal puede hacerlo, bastaría pues para -abandonar su error- que le preguntaran a cualquier fiscal (o en cualquier fiscalía en mesa de entradas) cual o cuales personas están habilitadas según el código de procedimientos a denunciar. La ignorancia o el error quedarían rápidamente despejados, porque el propio fiscal respondería al interrogante que el mismo “interesado” también está autorizado por la ley a denunciar, sin que ello le cueste un sólo peso y sin necesidad de contratar a ningún abogado que lo represente a tal efecto.
Si la ciudadanía actuara de este último modo vería a la justicia movilizarse o, por lo menos, habría hecho el intento para conseguirlo. En una sociedad evolucionada y madura civilmente cabria la conducta que, ante delitos de acción pública propalados por la prensa, los ciudadanos conscientes se presentaran ante la justicia con sus denuncias formales o se aunaran bajo una representación letrada común para hacerlo en forma colectiva (y de esta manera reducir significativamente costos legales, ya que se prorratearían entre todos los denunciantes).
Pero es más cómodo (y más inútil) criticar a la justicia por una inmovilidad que -en el mejor de los casos- es directamente proporcional a la inacción para denunciar de la gente supuestamente “indignada” por los delitos informados periodísticamente.
Existe la creencia, es cierto, que la justicia es inoperativa, lenta y finalmente paralizante. Pero si, por si misma, la justicia no se moviliza realizando de oficio las denuncias del caso e impulsándolas, y la ciudadanía ni siquiera formula las mismas denuncias (y menos las promueve, es decir, se suma a esa supuesta inmovilidad judicial) difícilmente los delincuentes dejen de delinquir y -a ellos- se les sumen más delincuentes a violar la ley, ya que sabrán que tienen su impunidad garantizada, de momento que nadie se considera obligado a denunciarlos.
Resulta verdaderamente reprobable que la justicia no actúe de oficio en los casos de flagrantes delitos, pero también lo es que el resto de la población tampoco lo haga. Y no es con marchas multitudinarias el modo de hacerlo, ni gritando o insultando en las redes sociales, sino con denuncias masivas donde corresponde, o sea, ante los órganos del poder judicial.
Hay también conciencia por parte de la gente que los fiscales pueden actuar de oficio, pero es más fácil preguntar con “ira” desde cuentas anónimas de Twitter (las personas que se quejan, comúnmente se ocultan detrás un Nick, seudónimo o un alias) por qué la justicia no actúa, sin que el que pregunta “colérico” se considere involucrado en el asunto.
Si la gente no actúa como la ley indica, la justicia no tendrá incentivos para mejorar, y el delito campeará impune por todas partes. Sin embargo, en el espíritu del argentino medio está siempre presente la máxima “que lo que tendría que hacer yo lo haga el otro”.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

SOBRE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Lo primero es consignar que nadie en ninguna parte es originario excepto del continente africano que es de donde provenimos los humanos tal como, entre muchos otros, lo explica en detalle Spencer Wells en su tratado que lleva el título de The Journey of Man.  A Genetic Odyssey. En todo caso se puede decir que unos arribaron antes que otros a distintos lugares pero sostener lo de los “pueblos originarios” fuera de África constituye una impostura.

 

En aquella línea argumental no se comprende como en Estados Unidos a los negros se les dice “afroamericanos” como si fueran un distintivo y como si los distinguiera de los blancos que, como queda dicho, también provienen de África. En este sentido, también el que ahora esto escribe es afroargentino y así sucesivamente con el resto de los habitantes del planeta Tierra.

 

También debe puntualizarse respecto a América que en rigor no cabe denominar a sus primeros habitantes “indios” puesto que esa calificación procede de un error geográfico de los que arribaron a esas tierras provenientes de Europa quienes consideraron que habían llegado a la India.

 

También es menester destacar que en algunos casos quienes se dicen los primeros habitantes no lo son como es el caso de los mapuches en territorio argentino ya que fueron los tehuelches los primeros. En este sentido es de interés puntualizar que contemporáneamente, debido a la influencia marxista, algunos grupos interpretan que los que adhieren a concepciones de esa tradición  de pensamiento son de facto pertenecientes a esa agrupación ancestral. Esta conclusión la vinculamos a una entrevista reciente de Jorge Lanata a un miembro de uno de esos grupos en la que queda al descubierto la llamativa contradicción del entrevistado al pretender tierra cuando, al mismo tiempo, su filosofía descree de la institución de la propiedad.

 

Sin duda hubieron explotaciones miserables por parte de muchos de los llamados conquistadores respecto a pueblos que se encontraban en el lugar, de allí es que surgieron los Fray Bartolomé de las Casas en diversas partes que operaban en defensa de los derechos de los locales lo cual incluye a descendientes de los mayas, incas y aztecas (y no digo “derechos humanos” porque constituye una logomaquía ya que no hay  derechos de vegetales, minerales o animales, son  siempre de los humanos). Pero  el problema de la eventual reparación por daños no parece que pueda resolverse de otro modo como no sea a través de las pruebas fehacientes en cuanto a signos válidos o títulos de propiedad para que se diriman los posibles conflictos en los estrados judiciales, tema debatido, entre otros, por Lysander Spooner, Robert LeFebre, Karen Da Costa y Carl Wanter. El asunto  es que en gran medida los primeros habitantes no parecían tener el concepto de propiedad privada y más bien de modo implícito usaban y disponían de todo el territorio al que tenían acceso, aunque debe distinguirse el cultivo permanente de la caza nómade. De todos modos por lo que se sabe, la idea de descubrimiento y consecuente posesión no resultaba clara.

 

Si no hay pruebas fehacientes no puede procederse a reivindicaciones que quedan como piezas retóricas. Salvando las distancias, el que estas líneas escribe puede eventualmente intuir que le pertenecen varias propiedades y parte del castillo de los Lynch en la ciudad irlandesa de Galloway (que hoy pertenece a un banco), pero no  hay pruebas, lo mismo va para la rama de la familia del autor de la presente nota en Andalucía y luego Castilla, por ejemplo respecto a los honorarios  considerados insuficientes por coetáneos cuando una integrante de la familia era dama de compañía de la reina Isabel la Católica (calcúlese a interés compuesto el  monto de la deuda desde el siglo xv descontada la inflación). Días pasados en un programa televisivo, el periodista Claudio Savoia manifestó que no le faltaban ganas de explorar si le pertenecían propiedades de la italiana Casa de Saboya, y así con infinidad de casos imposibles de probar y los más de dudosa verisimilitud.

 

El tema de la explotación siguió su curso tal como explica Juan Bautista Alberdi referido a la Argentina en el sentido de que con la llamada independencia la metrópoli dejó de explotar las colonias pero henos aquí que los habitantes se convirtieron en colonos de sus gobiernos “patrios”. Estas explotaciones principalmente fiscales fueron aun mayores que los Virreinatos del Perú, de Nueva España y del Río de la Plata. Esto fue muy distinto  en América del Norte donde en lugar de conquistadores españoles y portugueses los colonos se asentaron en esa zona escapados de la intolerancia religiosa y las restricciones a las libertades para instaurar una sociedad abierta. En cambio, la cruz y la espada hicieron estragos en América latina y en Brasil atando política y religión, mientras que en el Norte los Padres Fundadores establecieron “la doctrina de la muralla”, esto es, la separación tajante entre el poder político y las denominaciones religiosas.

 

En el Norte había tribus que través de la historia se han  destacado por conductas ejemplares, lo cual, por ejemplo, han descripto maravillosamente autores como Charles A. Eastman en su Indian Boyhood (también autor de The Soul of the Indian) donde muestra tribus estadounidenses que consideraban un crimen el tener esclavos y no podían entender como los tenían los blancos. También, entre otras cosas, algunos renunciaron a toda ayuda gubernamental y a vivir en reservas estatales todo lo cual estimaban “una degradación física y moral”, Eastman subraya el aprecio y especial cuidado en esas tribus por los mayores y las tradiciones de respeto recíproco.

 

Thomas Jefferson en carta a James Madison fechada en Paris el 30 de enero de 1787 escribe que “La gente concluye apresuradamente que debe vivirse bajo un gobierno, lo cual no está fundado en la verdad ni en la experiencia. Las sociedades viven bajo tres formas 1) sin gobierno como entre los indios […] No tengo claro en mi mente si la primera forma no es la mejor”. Es en este sentido de interés explorar la forma de operar de algunas sociedades de “indios”, lo cual es mencionado en la obra de David Lavender Let Me Be Free donde el autor centra su análisis en la tribu Net Perce de Oregon en Estados Unidos, donde sus descripciones de la caballerosidad de estas personas y las traiciones e incumplimiento de la palabra empeñada por parte de los blancos. Algo parecido ocurrió con algunas tribus en América latina descriptas por el antes mencionado Fray Bartolomé de las Casas en cuanto a corrección y costumbres respetuosas de sus integrantes y también en cuanto a sistemas de solidaridad entre ellos para la educación y el cuidado de huérfanos y desvalidos.

 

Los abusos de los conquistadores fueron apoyados y estimulados por no pocos sacerdotes y órdenes religiosas por ello es el pedido de perdón de Juan Pablo II en nombre de la Iglesia. De allí es que surgió el anticlericalismo, es decir, la opinión que los representantes de la Iglesia no debían intervenir en asuntos políticos (movimiento en el que también tuvieron lugar abusos como expropiaciones de propiedades de la Iglesia) ni tampoco en cuanto a políticas educativas más allá de la esfera parroquial ya que en muchos ámbitos latinoamericanos se había enfrascado en enseñanzas nacionalistas en combinación con cierto espíritu militar. Cuando la Iglesia le limitó a la educación parroquial en competencia con otras instituciones laicas y otras denominaciones religiosas los resultados fueron sumamente fértiles, igual que cuando las misiones evangelizadoras fueron voluntarias. En cambio, cuando se pretendió el monopolio del catolicismo o cuando se “evangelizó” con el uso de la fuerza el atropello a los derechos fue inexorable y, por ende,  los resultados fueron naturalmente nefastos.

 

Esta intervención de la Iglesia en política fue en gran media el resultado del Real Patronato por medio del cual el Papa otorgaba a los reyes católicos españoles y sucesores facultades propias de la Iglesia (incluso la posibilidad de nombrar obispos).

 

Por supuesto que también había tribus agresivas e irrespetuosas del prójimo sea con sus colegas o con los blancos. En este sentido es del caso hacer alguna referencia a la ilustrativa expedición militar en territorio argentino. Fue principalmente dirigida por el general Julio A. Roca (ministro del presidente Avellaneda) y votada en el Congreso de la Nación en defensa propia contra las invasiones de tribus araucanas provenientes de Chile y con carácter reivindicatorio. Las acciones violentas de diaguitas, abipones y los antes referidos mapuches fueron reiteradas respecto de asentamientos de criollos. Los malones en forma constante atacaban posiciones de los blancos, arrasando con instalaciones, robando caballos, ganado vacuno y fusiles, al tiempo que secuestraban mujeres (a las que se les hacía un tajo en la planta del pie para que no pudieran escapar). Acompañaban a los soldados en esa reconquista en cantidades considerables -en calidad de testigos- sacerdotes de prestigio (como Monseñor Antonio Espinosa), reconocidos periodistas (como Remigo Lupo) y científicos de renombre (como Adolfo Doering y Pablo Lorenz). Colaboró decididamente en la defensa de Buenos Aires Adolfo Alsina con su célebre zanja de 400 kilómetros.

 

El caso latinoamericano de la explotación de la metrópoli comenzó a debilitarse a raíz de las guerras napoleónicas, especialmente debido a la abdicación de Carlos iv en Fernando vii quien fuera reemplazado por José Bonaparte. Esto condujo a las Juntas de Cádiz, al Consejo de Regencia y las Cortes de Cádiz y la Constitución liberal  de 1812 (en esa asamblea la palabra liberal dejó de ser un adjetivo –generoso- para convertirse en un sustantivo: como opuesto a servil).

 

Es de gran importancia enfatizar que a las Cortes de Cádiz las Américas españolas tenían derecho a hacerse representar como diputados también por “indios” ya que, por definición, el liberalismo considera a todos los seres humanos como iguales en derechos (el espíritu liberal de los diputados españoles provenía de la segunda tanda de la Escuela de Salamanca).

 

En Portugal el sistema colonial tuvo mayor duración como consecuencia de que la Corte se mudó a Brasil y, como se ha dicho, en Estados Unidos el dominio de Jorge III se interrumpió con la revolución estadounidense que constituyó un ejemplo a seguir para la independencia de los pueblos latinoamericanos, aunque, como se ha expresado más arriba, no con sus correspondientes libertades las cuales se recuperaron en algunos países como la Argentina desde su Constitución liberal de 1853 (que tomó principalmente como base la Constitución  estadounidense y la de Cádiz) hasta el golpe fascista del 30 muy acentuado a partir del peronismo y sus imitadores.

 

En todo caso, en esta nota apuntamos a dejar sentado de manera breve el sentido de los denominados pueblos originarios y la importancia de respetar a todas las personas sin importar su origen, sus costumbres y sus religiones ya que desde la perspectiva liberal solo es lícito recurrir al uso de la fuerza allí donde hay lesiones de derechos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Los pioneros españoles del mercado libre

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 9/1/17 en: http://www.redfloridablanca.es/los-pioneros-espanoles-del-mercado-libre-alejandro-chafuen/

 

Marjorie Grice-Hutchinson (1908-2003) desempeñó un importante papel poniendo de relieve las contribuciones que a la ciencia económica hicieron los escolásticos españoles del bajo medievo, en particular los pertenecientes a la “Escuela de Salamanca”. En su obra Early Economic Thought in Spain, 1177-1740, que se publicó por primera vez en 1978 y que acaba de ser elegantemente reeditada por el Liberty Fund, Grice-Hutchinson ahonda además en las ideas y los escritores que precedieron y sucedieron a los escolásticos salmantinos. Esta nueva edición de Early Economic Thought ofrecería una buena oportunidad para considerar una reedición de la obra en español, que data de 1982.

Grice-Hutchinson estudió en el King’s College, concretamente en Birkbeck College, y después en la London School of Economics, donde investigó bajo la dirección de F.A. Hayek, uno de los profesores que más influencia tuvieron sobre ella. Se trasladó a Málaga en 1951 después de haberse casado con el Barón alemán Ulrich von Schlippenbach, en lo que fue un retorno a la España en la que había vivido durante su juventud con sus padres.

Por su empeño en resaltar el papel de los economistas españoles en la historia, recibió una serie de importante reconocimientos en España, como los doctorados honoris causa por las universidades de Málaga y Complutense de Madrid. La Sociedad Mont Pèlerin, que Hayek fundó en 1947, rindió tributo a su labor en dos ocasiones: en 1979, durante una reunión en Madrid que también incluyó una sesión en Salamanca, y en 1997, durante la reunión en Barcelona.

Su primer libro sobre economistas españoles, The School of Salamanca: Readings in Spanish Monetary Theory 1544-1605, que fue publicado en 1952, cubría las teorías monetarias de algunos de los autores de la Escuela de Salamanca. El renombrado Joseph Schumpeter había publicado tan solo dos años antes su History of Economic Analysis, obra en la que, a lo largo de casi 70 páginas dedicadas a analizar a los “Doctores escolásticos y filósofos del Derecho Natural”, había puesto de manifiesto el valor que otorgaba a las aportaciones de los “economistas” españoles. Los escolásticos españoles tardíos merecían los halagos que Schumpeter les dedicó, pero las investigaciones de Grice-Hutchinson bebieron de otras fuentes.

Algunos otorgan a Grice-Hutchinson el mérito de haber popularizado el término “Escuela de Salamanca” en el campo económico (especialmente gracias al título de su primer libro). Francisco de Vitoria (c. 1483-1546), que es considerado el fundador de la Escuela, ya era famoso por sus contribuciones al Derecho internacional.

Grice-Hutchinson, en una nota a León Gómez Rivas -profesor español de historia del pensamiento y uno de los máximos conocedores de cómo los teólogos salmantinos influyeron en Hayek- escribió que Hayek “no conocía a los autores salmantinos hasta que yo le hablé de ellos alrededor de 1949 o 1950. Así que no fue por sugerencia suya que empecé a estudiarlos, sino por haber leído a Larráz. Estaba, no obstante, estudiando a Campomanes por aquella época, bajo la dirección de Hayek. ¡Cambiamos la dirección de nuestra investigación a medio camino!” José Larráz había escrito en 1943 un influyente libro sobre el mercantilismo titulado La época del mercantilismo en Castilla, que despertó la curiosidad de Grice-Hutchinson.

Hayek mencionó a algunos de los autores de la Escuela de Salamanca en sus obras, incluidos Luís de Molina (1535-1601), Juan de Lugo (1583-1660), Juan de Salas (1553-1612), y Leonardus Lessius (1554-1623). Este último era belga, no español pero también jesuita, como los anteriores, lo que quizás llevó a considerar que esta orden había sido el motor intelectual de los economistas salmantinos. Vitoria, el fundador de la Escuela, era dominico, una orden igualmente excelente y quizás aún más famosa que los Jesuitas, como también lo eran Domingo de Soto (1495-1560), Tomás de Mercado (c. 1530-c. 1575) y Domingo de Báñez (1527-1604). Martín de Azpilcueta (1493-1586), el famoso Doctor navarrus, pertenecía al canon regular de la Orden de San Agustín.

De acuerdo a la propia Grice-Hutchinson, su principal logro al estudiar a todos estos autores fue el haber dado a conocer en el mundo anglófono sus contribuciones económicas. En otra nota a Gómez Rivas escribió:

“Mi libro de 1952 incluye ocho páginas en materia de teoría cuantitativa [del dinero] y teoría p.p.a. [paridad de poder adquisitivo] de los tipos de cambio. A pesar de ello, mi gran amigo el padre Gómez Camacho, en su reciente libro Economía y Filosofía Moral (Ed. Síntesis, pp. 311-312), dice que sigo a P. Vilar (1969) y W. Weber (1959) al atribuir la “paternidad” de la teoría p.p.a. a la Escuela de Salamanca. Yerra, por lo tanto, en 17 y 7 años, respectivamente.”

“De hecho,” añade, “el origen de estas investigaciones se remonta más allá de Larráz. Solo me atribuyo el mérito de haber dado a conocer la Escuela de Salamanca a los historiadores anglófonos del pensamiento económico.”

El que Grice-Hutchinson pusiera en conocimiento de Hayek estos escritos no es una menudencia, especialmente si consideramos el papel central que Hayek jugó en el desarrollo del “free-market movement”. Murray N. Rothbard, otro popular autor de dicho movimiento, publicó un ensayo titulado “New Light in the Prehistory of the Austrian School,” en el que analizaba el libro de Grice-Hutchinson sobre la Escuela de Salamanca.

Early Economic Thought in Spain va, no obstante, más allá de la Escuela de Salamanca y de otros textos que promueven una sociedad libre. Hayek tiene el mérito de haber despertado el interés de Grice-Hutchinson en ciertos autores que le recomendó estudiar como Jerónimo de Uztáriz (1670-c.1732) y Bernardo de Ulloa (1682-1740). Hayek también la animó a ponerse en contacto con Earl J. Hamilton (1899-1989), que por aquel entonces estaba en la Universidad de Chicago. Los escritos de Hamilton sobre la economía de precios en España, como por ejemplo su obra American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650, también orientaron su trabajo [1]. En dichos escritos, Hamilton mencionó alguno de los economistas españoles que luego estudiaría Grice-Hutchinson, incluyendo a Luís Saravia de la Calle y Tomás de Mercado, aunque no les dio excesiva importancia. A través de Hamilton, Grice-Hutchinson también supo de Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes, quien, en su Discurso sobre la educación popular (1775), cita una lista aún más larga de autores de los siglos XVI y XVII que habían escrito sobre economía. El profesor Gómez Rivas señala que “aquí radicaría, con seguridad, el origen de una primera aproximación a los Arbitristas Españoles, que [Grice-Hutchinson] luego reorientaría hacia los escolásticos tardíos de Salamanca”. Sobre Campomanes, Schumpeter concluyó, “no carece de interés el comprobar cuan poco, o nada, estuvo dispuesto a aprender de la Riqueza de las Naciones”. [2]

El editor Julius Kirshner, en su introducción [3] al libro Business, Banking, and Economic Thought in Late Medieval and Early Modern Europe de Raymond De Roover (1904-1972), otro autor que estudió a los escolásticos tardíos, observó que “los lazos entre las doctrinas escolásticas y la teoría económica moderna fueron clara y brillantemente expuestos por Joseph Schumpeter en su monumental History of Economic Analysis, en la que intentó rescatar a los escolásticos de su exilio intelectual”. De acuerdo a Kirshner, “el trabajo de Schumpeter sobre los escolásticos es superior a cualquier otro”. Reconoció “la habilidad única [de De Roover] para ofrecer un contexto histórico concreto a este fascinante capítulo de la historia intelectual”. Yo, por mi parte, otorgo a la obra Early Economic Thought in Spain, de Grice-Hutchinson, un mérito similar al de De Roover pero en el campo de la historia del pensamiento económico.

Este libro está dividido en cuatro largos capítulos. El primero comienza con un completo análisis de los asuntos económicos sobre los que debatían los escolásticos y que luego fueron también asunto de interés –particularmente el tema de la usura- para los escolásticos españoles tardíos. Grice-Hutchinson acertadamente señala que la usura era definida como “cualquier interés, no importa cuán pequeño, que se cobra sobre un préstamo”. Describe cómo los seguidores de las tres mayores religiones veían la usura y algunas de las excepciones que se permitían. También es destacable su análisis sobre los orígenes del Estado de Derecho en España, especialmente a través del Fuero Juzgo, el código de leyes desarrollado en tiempos visigóticos a partir del liber iudiciorum y que perduró hasta el siglo XIII.

El segundo capítulo está dedicado a las ideas de Aristóteles y Platón, y termina con Averroes. Los asuntos que trata este capítulo son importantes para entender los textos de los economistas españoles. Pero el análisis histórico, aunque correcto, no tiene mucha originalidad.

El tercer capítulo, dedicado a la Escuela de Salamanca, comienza con un análisis de los textos económicos de ciertos precursores como San Alberto (c. 1200-1280), Santo Tomás de Aquino (1225-1274), Duns Scotus (c. 1266-1308), San Antonino de Florencia (1389-1459), San Bernardino de Siena (1380-1444), así como Silvestre de Priero (c. 1456-1523) y el Cardenal Tomás de Vio (1469-1523), más conocido como Cayetano.

A pesar de que la escuela de pensamiento que nació de la Universidad de Salamanca cuatro siglos después de su fundación, en 1130, trató muchos temas, incluyendo la propiedad privada, el comercio internacional, los impuestos y los salarios, Grice-Hutchinson se centra en el valor, los precios, el dinero y los intercambios. Describe la teoría del valor de los escolásticos españoles y sus elementos subjetivos. Así muestra cómo, a pesar de que estos pensadores reconocían el derecho de las autoridades a establecer un justo precio, para la mayoría de las transacciones consideraban que este debía ser el precio de mercado, determinado por la oferta y la demanda, de acuerdo a común estimación y sin fraude, monopolio o violencia.

Un precio podía ser justo si se llegaba a él a través de una estimación común o si así lo determinaban las autoridades. En el primer caso, en mercados dinámicos y en lo que hace a bienes que la mayor parte de las personas necesitan, el mercado, dentro de ciertos límites, era el que debía establecer los precios. En mercados no dinámicos, o cuando las autoridades fijasen el precio, el trabajo y los costes podían influenciar el proceso que determinaba la justicia de los precios. El precio de los bienes de lujo, no obstante, podía ser cualquiera que acordaran las partes.

Grice-Hutchinson escribe: “Cuanto más profundamente se sumerge el estudiante en los debates de los escolásticos sobre el “justo precio”, no solo es más fuerte la impresión de que los Doctores creían en el libre juego de las fuerzas del mercado como principal determinante del precio, sino que también se da cuenta de que ansiaban proteger, desde un punto de vista moral, esta doctrina del peligro que pudiera representar cualquier ataque”. Y concluye que, “en su doctrina del justo precio consolidaron y popularizaron los avances de sus predecesores, pusieron a prueba teorías aceptadas frente a eventos contemporáneos, y transmitieron a los economistas que les sucedieron una más completa y mejor elaborada teoría del valor”.

El tercer capítulo también incluye un certero análisis de la opinión de los escolásticos de Salamanca sobre el incremento en los niveles de precios y el hecho de que fueran principalmente un fenómeno monetario. Grice-Hutchinson menciona algunos autores que contribuyeron al desarrollo de la teoría cuantitativa del dinero, reconociendo especialmente el trabajo de Azpilcueta. Después del análisis de los textos económicos fundamentales de los teólogos y juristas españoles, concluye con una descripción de cómo las opiniones de estos autores influyeron en el pensamiento económico de Bélgica, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra, Escocia y otros países. De especial relevancia son las dos páginas dedicadas a la influencia que Salamanca tuvo en el filósofo irlandés-escocés Frances Hutcheson (1694-1746).

El capítulo final dedicado a los “economistas políticos” describe libros de autores conectados con Salamanca, como el de Domingo de Soto sobre cómo ayudar a los pobres, y el de Juan de Mariana contra la devaluación monetaria. Este último, publicado en 1609, describe los múltiples y perjudiciales efectos de reducir el valor del dinero añadiendo cobre a las monedas. Mariana veía estas acciones como violaciones de los derechos de propiedad y descubrió que era el copioso gasto de los gobiernos lo que llevaba a estas contraproducentes prácticas.

Algunos españoles analizados hacia el final del libro encajan en la categoría “mercantilista” –es decir, que eran autores que tenían por objetivo la autarquía y veían las importaciones como un lastre para la economía-. Grice-Hutchinson también da múltiples ejemplos de propuestas políticas que, con el fin de promover ciertos objetivos económicos, ofrecen diversos esquemas intervencionistas, incluyendo subsidios y medidas redistributivas.

Dedica las cinco últimas páginas a Miguel Álvarez Osorio, el cual compilaba datos comerciales que después extrapolaba para llegar a ciertas conclusiones. Osorio no dedicó mucho tiempo a desarrollar teorías. Al centrarse en los datos, sus conclusiones pueden ser refutadas. Es por ello que Grice-Hutchinson, siguiendo a Karl Popper (1902-1994), concluye: “en este sentido el trabajo de Osorio es completamente científico”. Para Popper, una afirmación que no es falsable (refutable) no es científica. De todos los autores que describe Grice-Hutchinson, Osorio es el que aboga por una mayor planificación central.

Otro autor que recibe una atención parecida es Jerónimo de Ustáriz (1670-1732), el principal autor “mercantilista” de su tiempo. Siguiendo a Ustáriz, el mercado interno y la producción deberían estar sometidos a una carga impositiva baja y disfrutar de libertad para comerciar; pero en relación al mercado externo, Ustáriz abogaba por restringir las importaciones. Grice-Hutchinson señala que ciertos argumentos usados por Ustáriz y los mercantilistas para analizar el mercado interno, como por ejemplo los perjudiciales efectos de las regulaciones restrictivas y las barreras internas al comercio, facilitarían el camino a los argumentos y políticas posteriores a favor de la liberalización económica.

Ustáriz, como Osorio, se centraba más en los datos que en especulaciones teóricas. Al haber viajado a los grandes centros de negocios y comerciales de su tiempo, había adquirido un conocimiento considerable de las prácticas comerciales y se convirtió en uno de los más reputados españoles en la historia del pensamiento económico. Miguel de Zavala, otro de los autores mencionados en el libro, describe de manera acertada el impacto negativo de la fijación de precios, pero como tantos otros autores de su tiempo, miraba con recelo las importaciones.

La nueva edición de Early Economic Thought in Spain está dedicada a la memoria de uno de los miembros del consejo directivo del Liberty Fund, Leonard P. Liggio (1933-2014). Liggio estudió y admiró el legado hispánico. Creía que, a pesar de que la tradición hispánica liberal fue una realidad, en muchos lugares, como en Latinoamérica, fue abandonada. Esta tradición liberal es más coherente con las tesis de la Escuela de Salamanca que con la tradición posterior, más mercantilista. A juzgar por lo que hoy entendemos sobre los procesos del libre mercado, la mayoría de autores, incluso los de Salamanca, cometieron errores teóricos. Pero también los cometieron Adam Smith y posteriores autores. Aquellos que han despreciado el estudio del pensamiento económico anterior a Smith, tienen la oportunidad de redimirse leyendo esta breve pero excepcional (y, como es habitual, bellamente editada) obra que el Liberty Fund ha publicado.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Mapuches, un chiste electoral

Por José Benegas. Pubicado el 28/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/28/mapuches-un-chiste-electoral/

 

“A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los ‘capitalistas’, los ‘latifundios’ y la presencia de empresas petroleras”

 

En la alocada conversación entre Jorge Lanata y un supuesto cacique mapuche (Facundo Jones Huala) se perdieron varios detalles, porque en la Argentina las noticias son espectáculo y el espectáculo requiere un avance de la línea dramática, sin distracciones.

En este caso, el cuento de que enfrentamos una lucha armada de reconquista por parte de los mapuches, perdidos en la historia, pero no en la historieta. Los detalles son los siguientes:

1) El personaje llamado Jones Wallace (nombre arquetípico de las tribus escocesas, cuyo escudo ilustra esta nota) aclaró que no está reclamando territorio alguno, sino que quiere tierras para cultivo, pero solamente las de los “ricos”.

2) Su programa marxista no tiene nada que ver con pueblos primitivos autóctonos.

3) Su programa nacionalista –la expulsión del señor Benetton−, tampoco tiene que ver con la historia de esos pueblos autóctonos.

4) El grupo político mayor que dice representar a pueblos primitivos, recibe dinero del Banco Mundial. A esto último sumémosle la reforma constitucional del 94 y la legislación consecuente, así podremos comprender que es todo un invento “occidental”, jugando con la historia para seguir configurando un estado asistencialista y victimizante, a costa de los derechos de todos.

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los “capitalistas”, los “latifundios” y la presencia de empresas petroleras. La mejor pregunta de Lanata quedó como perdida, fue cuando el personaje hablaba de obtener energía de los cocos. Sí, de los cocos en la Patagonia. Ahí Lanata le preguntó con qué capital producirían, dado que esa es una restricción común para mapuches, escoceses parientes del entrevistado, japoneses y jíbaros por igual. El capital se forma cuando se respeta la propiedad, siendo la principal
preocupación de este grupo, abolirla.

Quién haya inventado sacar este tema en este momento ha obtenido un éxito rotundo, porque dadas las ideas políticas que prevalecen y el lugar que la victimización marxista y nacionalista tiene en todos los debates, nadie parece tener los elementos para ponerse frente a gente que ataca a “los ricos”, invoca haber sido oprimida, se llama a sí misma “comunidad” y se disfraza convenientemente cuando es necesario. Les mencionan al señor Benetton, que es “extranjero” y “exitoso” y eso equivale al mal en estado puro para todos los que consumen medios de comunicación, a pesar de que el mencionado señor ingresó sus millones para que le dieran esos campos y no se los robó a nadie. En esa sopa surge una “identidad” que genera derechos. Algo que, si les interesara, encontrarían resuelto por la tradición constitucional del país, sobre todo en la Asamblea del año XIII al abolir los fueros personales y la Constitución de 1853, que consagra derechos individuales, no solo para los nacidos en el país, sino para cualquier persona del mundo que quiera habitar el suelo argentino, inclusive mapuches por supuesto.

En ese contexto, cualquiera puede formar una “comunidad”, adquiriendo tierras de modo pacífico, para instalar incluso un parque de diversiones identificándose con lo que tengan ganas.

Tampoco interesa, como muchos argumentos, si los mapuches eran “chilenos”, lo que parece ser un anacronismo parecido al que estos grupos quieren usar en su favor. Los chilenos también gozan de derechos de propiedad, si la adquieren de la misma manera que todos los demás.

El cuento es que esta gente tiene derechos “ancestrales”. Aquí es donde el marxismo ingresa falsificándolo todo con fines de agitación. Los ancestros no transmiten derechos históricamente, sino a través de procesos sucesorios. Todos recibimos de nuestros antepasados los bienes que tenían al momento de su fallecimiento. De manera que los miembros de cualquier club como éste también pueden acudir a los tribunales, demostrando la correcta concatenación de títulos, igual que cualquier hijo de vecino, para ingresar determinados derechos a su patrimonio.

Estos movimientos políticos en cambio quieren llevar su argumentación a una posición irrefutable, por eso discuten que el razonamiento que acabo de hacer es “occidental” (tanto como el marxismo, por supuesto), cuando ellos pretenden un reconocimiento que también es occidental ¿Cuál es la alternativa a un reconocimiento “occidental” de derechos pacíficamente adquiridos a través de una sucesión de títulos? Pues la guerra, algo que han perdido. No ellos, unos antepasados que nadie comprueba que sean reales. Aquellos verdaderos protagonistas de la historia no están acá para reclamar nada.

No hay siquiera un esfuerzo para demostrar cuál era el modo “mapuche” de adquirir tierras, por eso recurren al subterfugio de “indigenizar” al marxismo, mediante la abolición de la propiedad privada. Si las tierras no les pertenecen en forma privada, querría decir que les pertenecerían de forma pública, lo que los llevaría a reemplazar al Estado, es decir ejercer una “soberanía”. Lo que estarían reclamando no es “tierra” sino soberanía, derecho a gobernar. Para eso tendrían que someter a la población actual y constituirse en un linaje, como bien le indicó Lanata.

La soberanía no es derecho de propiedad, es un completo facto político que se dirime mediante ejércitos, pero aun venciendo, nada les daría derecho a violar los derechos sí adquiridos pacíficamente por sus actuales titulares, aunque les suene a ellos muy occidental.

En primer lugar, estos grupos deberían explicitar cuál es el modo pacífico de transmitir bienes según su “nación”. Si el único medio es la violencia, ya han perdido y si lo vuelven a intentar se les debe responder. El estado argentino tampoco tiene derecho a expropiar tierras a su dueño para dárselas a los supuestos “pueblos originarios”, en tanto el derecho de propiedad antecede al Estado, que se limita a reconocerlo, y el mecanismo de expropiación está limitado a causas de “utilidad pública”. La conveniencia de un grupo racial no entra en ese concepto.

¿Qué derecho tiene alguien por tener antepasados mapuches? Ninguno. Pueden adquirir y perder tierras individualmente o como grupo, de la misma forma que todos, pagando por ellas. Como entidad política los mapuches no existen más. La genética no da derechos, la transmisión de títulos sí, pero hasta eso tiene un límite que es el de la prescripción adquisitiva o usucapión.

Si a mi bisabuelo le hubieran usurpado unas tierras veinte años atrás y yo no hubiera hecho ningún reclamo, perdería todo derecho ¿Qué es lo que hace que unas personas que dicen descender de habitantes del territorio que fueron despojados siglos atrás, cuyo parentesco ni siquiera demuestran a través de los respectivas actas de nacimiento y demás, invocando nada más que un color de piel, tengan mejor derecho que yo por hechos acontecidos veinte años atrás, con todos los documentos a mi favor? Pues la capacidad manipulatoria de la política y los incentivos que da el estado izquierdista que tiene como clientes a todas las víctimas, reales o ficticias, que le sirvan para expandirse.

Distinto es el caso de grupos que han mantenido de un modo continuo una identificación con aquella historia y que aún habitan determinadas zonas. Parece un buen gesto que el estado les reconozca su situación y básicamente que no los moleste, dado que no están en conflicto con derechos ajenos, pero estos mapuches marxistas que reclaman propiedades, no tienen derecho alguno como tales y menos con ese marco conceptual. El marxismo no provee derechos de propiedad, sino que los conculca.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

Nicolás Maduro, sin antifaz, procura ganar tiempo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 24/8/17 en:  http://www.lanacion.com.ar/2056102-nicolas-maduro-sin-antifaz-procura-ganar-tiempo

 

Como era previsible, la situación política, económica y social venezolana continúa deteriorándose. Aceleradamente. Para muchos venezolanos, vivir es un infierno. Nicolás Maduro, ya sin disimulo alguno, apunta a transformar a Venezuela en una dictadura. Para eso, precisamente, su antidemocrática convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que previsiblemente concentrará el poder absoluto en manos del ex colectivero.

La hasta no hace mucho procuradora general Luisa Ortega, como era previsible, fue destituida -de inmediato- por la Asamblea Nacional Constituyente que, además, asumió lo sustancial de las facultades legislativas que posee el Parlamento, único órgano de gobierno cuyos miembros han sido elegidos con transparencia por el pueblo y que, precisamente por ello, está dominado por la oposición venezolana, que representa a la enorme mayoría de los ciudadanos del país caribeño. Luisa Ortega, una chavista de los primeros días, está hoy refugiada en Colombia luego de tener que escapar precipitadamente de su país con su marido, el diputado Germán Ferrer, a través de Aruba. Si no lo hubiera hecho, el matrimonio estaría hoy, como muchos dirigentes opositores, alojado en las cárceles de Nicolás Maduro. Ocurre que es probable que tengan pruebas fehacientes de la corrupción derivada de la relación de la administración venezolana y la empresa brasileña Odebrecht. Quizás por esto ella esté ahora en Brasil.

Cabe recordar que la aludida Asamblea Nacional Constituyente venezolana no fue elegida libremente en las urnas por voto popular. Sus 545 miembros fueron digitados por el chavismo y le responden incondicionalmente. Por esto hay pocas dudas de que si la Asamblea Nacional Constituyente cumple con su encargo, las posibilidades de supervivencia de la democracia en Venezuela serán aún menores que las actuales. Como si lo antedicho fuera poco, la Corte Suprema venezolana no es independiente y está también cuidadosamente manejada (a control remoto) por Nicolás Maduro. A punto tal que ya ha dejado velozmente sin efecto la casi totalidad de las normas sancionadas por el Parlamento de su país.

En ese escenario, claramente antidemocrático, la mayoría de los venezolanos está participando en una larga serie de protestas callejeras que, en las últimas semanas, han dejado un saldo penoso de 125 muertos y más de 2000 heridos. Desgracia a la que cabe sumar la existencia de al menos 645 presos políticos, a juzgar por las cifras difundidas por el Foro Penal Venezolano.

Contemplar la realidad venezolana genera una enorme preocupación. Ocurre que lo que está a la vista es un gobierno que -entre otras cosas- no vacila en disparar a matar, para así tratar de sofocar las protestas de su pueblo. A cara descubierta.

Como consecuencia de la demolición de la democracia venezolana el Mercosur,invocando la llamada “Cláusula Democrática”, acaba de suspender a Venezuela de su seno, hasta que se “restablezca el pleno orden democrático”, transformando de esa manera a la dictadura venezolana en paria regional. Para el Mercosur, es indispensable comenzar, ya mismo, con un proceso de transición política cuyo objetivo sea el regreso de Venezuela a la democracia.

La gravedad de la sanción aplicada no hace sino destacar la enorme seriedad de lo que está sucediendo en Venezuela. Nuestro canciller, Jorge Faurie, con su habitual claridad de lenguaje, expresó: “Venezuela no tiene libertades y el Mercosur le dice basta a esa Venezuela, represora y dictatorial”. Tanto Argentina como Brasil, las dos potencias regionales, califican directamente a Nicolás Maduro de dictador, justificando la fuerte sanción dispuesta, por tiempo indeterminado. En paralelo, al menos doce embajadores de distintos países del mundo, incluyendo al argentino, al mejicano y al chileno, concurrieron personalmente al Parlamento venezolano para así apoyarlo simbólicamente.

Nicolás Maduro acusa al presidente Mauricio Macri de hacerlo “víctima” de una persecución, insultándolo de paso, haciendo gala de su peculiar “estilo” patotero.

El actual canciller de la administración de Nicolás Maduro, Jorge Arreaza, ante la dura realidad venezolana ha invitado a una reunión a todos los países que han respaldado al Parlamento venezolano, lo cual, según él, los pone “en connivencia” con los legisladores. Debió decir, en cambio, que los pone del lado del pueblo venezolano, desde que esos parlamentarios fueron libremente elegidos en las urnas.

De más está señalar que el diálogo es efectivamente el camino capaz de evitar la violencia. A lo que cabe agregar -sin embargo- que no hay diálogo conducente cuando no existe buena fe. La conducta del gobierno de Nicolás Maduro, al menos hasta ahora, ha hecho gala de una arrogante y permanente actitud de mala fe. Como consecuencia, lo primero que debe ocurrir en Venezuela es el restablecimiento de un mínimo de confianza recíproca, que permita a las partes encontrar un mecanismo apto para la búsqueda de una fórmula de transición. No será nada sencillo. Pero está claro que, si Nicolás Maduro no cede en sus pretensiones dictatoriales, las conversaciones y esfuerzos serán inevitablemente estériles. Desgraciadamente, las razones para el optimismo son pocas y no están a la vista. El papa Francisco poco parece poder hacer para impulsar o facilitar ese diálogo, desde que no goza de la credibilidad de la oposición.

Mientras el caos impere en Venezuela, el país va camino a ser objeto de sanciones, al menos por parte de los Estados Unidos. Aquellas que puedan de pronto tener que ver con sus exportaciones de petróleo crudo le causarán seguramente un daño significativo. No obstante, dada la relación operativa del particular tipo de crudo venezolano con la actividad refinadora norteamericana, la imposición repentina de esas medidas no es una tarea simple.

Flotando sobre el escenario hay -además- otra nube negra. A la manera de feo presagio. La de un posible “golpe” militar en Venezuela. Pero desde que los mandos militares están prolijamente seducidos, económicamente, por Nicolás Maduro y rodeados de sospechas de participación en las actividades del narcotráfico, nadie puede suponer que si el actual presidente venezolano resulta -de pronto- desplazado del poder, la consecuencia necesaria sea el inmediato regreso a la democracia.

La agonía de la democracia en Venezuela -queda visto- continúa y se está transformando en una cuestión de paz y seguridad particularmente compleja que alimenta la inquietud de la mayoría de los países de nuestra propia región. Y no sin claras razones objetivas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Un libro de economía que termina con un capítulo sobre ética y mercado, y considera el tema de los derechos humanos

Por Martín Krause. Publicada el 27/8/17 en: http://bazar.ufm.edu/libro-economia-termina-capitulo-etica-mercado-considera-tema-los-derechos-humanos/

 

El libro de Manuel “Muso” Ayau, Proceso Económico, a diferencia de muchos libros de economía, termina con un capítulo sobre Ética y Mercado. Allí, también considera el tema de los derechos humanos:

“Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1919), y con más ahínco después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la convivencia pacífica de todas las naciones se convirtió en el ideal de los hombres de buena voluntad. En 1945, ese ideal se concretó en la Organización de las Naciones Unidas. Muy pronto la entidad emprendió la tarea de definir y promover los derechos humanos.

Joseph Goebels, el jefe de propaganda de Hitler, solía decir que una mentira, repetida muchas veces, se convierte en verdad. Algo así pasó con los derechos humanos. Tanto se ha dicho y tanto se ha escrito sobre el tema, que la expresión “derechos humanos” terminó por incrustarse en el vocabulario del hombre común, y uno de los grandes disparates del mundo contemporáneo adquirió apariencia de legitimidad.

Tendría sentido hablar de derechos “huma-nos” si hubiera otra clase de derechos, por ejemplo, si los felinos o los paquidermos disfrutaran de los propios. Pero ninguna criatura fuera del hombre tiene derechos. Los derechos de los sindicatos, de las empresas o de las universidades son, en realidad, derechos de los individuos que integran esas asociaciones, y sólo en sentido figurado puede hablarse de los “derechos” de los animales.

En teoría, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1948) sigue la tradición de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa (1789). En la práctica, aunque algunos de sus párrafos sean similares, el documento de las Naciones Unidas refleja un espíritu colectivista, mientras que el documento de la Revolución Francesa refleja un espíritu individualista.

“Les droits de l’homme” de los franceses son los derechos del individuo, no los derechos humanos. Claro está, dentro de la cultura colectivista de la Organización de las Naciones Unidas, un pronunciamiento sobre los derechos del individuo habría estado fuera de lugar.

En el documento de las Naciones Unidas, la enumeración de los derechos “humanos” rebasa lo que John Locke llamó los derechos inalienables del individuo. Se incluyen, por ejemplo, el derecho a la seguridad social, el derecho al trabajo y el derecho a disfrutar del arte.

La Declaración de los Derechos del Niño (Organización de las Naciones Unidas, 1959) va aún más lejos: El niño tiene derecho a un nombre, a ser amado y a jugar. También tiene derecho a crecer dentro de un ambiente de “…comprensión y tolerancia, de amistad entre los pueblos, de paz y de fraternidad universal, y con el sentimiento de que le corresponde consagrar su energía y su talento al servido de sus semejantes” (sic).

Estos documentos líricos, suscritos por representantes de ios gobiernos de todas las naciones, no son inocuos. La enumeración de supuestos “derechos” cuyo cumplimiento ningún individuo puede exigir, y que ningún tribunal puede hacer valer, trastoca las prioridades de la sociedad. Ávidos de complacer a la comunidad internacional para no ser excluidos de los programas de ayuda extranjera, los gobiernos de los países pobres modifican sus leyes para dar cabida a una causa ajena al poder que fue delegado en ellos. La tarea genuina de los gobiernos, que consiste en preservar los derechos individuales, pasa a segundo plano.

Los derechos individuales son derechos inalienables cuando provienen de Dios o de la naturaleza misma del hombre (como la vida y la libertad) y derechos políticos cuando provienen de la Constitución (como el derecho de postularse para ocupar cargos públicos).

Los individuos delegan en el gobierno la función de preservar sus derechos. El gobierno viola los derechos individuales por acción cuando encarcela a un inocente, y por omisión cuando no cumple con su fundón de garante de esos derechos.

En el caso de los llamados “derechos humanos”, la responsabilidad se diluye. El garante es a veces el gobierno, a veces la sociedad. Y como la sociedad es un ente abstracto que, en sentido estricto, no comete delitos, ni tiene responsabilidad jurídica, ni puede ser encarcelada, resulta que las violaciones de los “derechos humanos” imputables a “la sociedad” quedan en pronunciamientos emotivos.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.