Para el análisis: cultura y contracultura

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/14/para-el-analisis-cultura-y-contracultura/

Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al progreso moral y material de sus habitantes

El filósofo británico Isaiah Berlin

Este es un tema sumamente delicado e importante. El asunto parte de comprender los errores garrafales del relativismo que de entrada se topa con una flagrante contradicción: para seguir con su propia secuencia también es relativo el relativismo. Hay diversos tipos de relativismo, el primero y el que domina a los demás es el epistemológico. Isaiah Berlin en El sentido de la realidad se alarma frente a “una inversión de la idea de la verdad como correspondencia” entre el juicio y el objeto juzgado “pues las cosas no tienen en este sentido naturaleza alguna, sus propiedades no tienen relación lógica o espiritual con los objetos o la acción humana” lo cual constituye “un fenómeno siniestro”.

Sin duda que todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido que es el sujeto que percibe, pero cuando se hace referencia a la objetividad de la verdad significa que las cosas, atributos, hechos y procesos tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias que son ontológicamente autónomos. Esto desde luego que no contradice el pluralismo, cada uno sigue su camino y se sustenta en sus interpretaciones que pueden ser verdaderas o falsas, lógicas o ilógicas pero en nada se contraponen a la objetividad del mundo tal como explica Nicholas Rescher en Objectivity: The Obligations of Impersonal Reason y también Karl Popper en cuanto a que “la principal tarea filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad” lo contrario “no solo pienso que se trata de un enunciado falso, sino también de un enunciado perverso” (en su obra Conocimiento objetivo).

Una cosa es el prefiero, me gusta, valoro y otra son las propiedades y atributos de lo que se aprecia o rechaza, como queda dicho lo primero es subjetivo lo segundo es objetivo. La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. La teoría subjetiva del valor es del todo compatible con el objetivismo del mundo, son dos planos distintos. La búsqueda de la verdad no significa que sea tarea sencilla, se trata de un permanente peregrinaje en medio del mar de ignorancia en la que nos debatimos al efecto de captar trozos de tierra fértil en que apoyarnos en un contexto de corroboraciones provisorias siempre sujetas a refutaciones. Los debates abiertos son indispensables para el progreso del conocimiento.

Del relativismo epistemológico nace el cultural, el hermenéutico y el moral. Eliseo Vivas en Relativism and the Study of Man explica “la falaz inferencia que no podemos discriminar en lo que respecta al mérito de cada uno entre los valores que describe el etnólogo. Aquí cuando hablo de relativismo me refiero al relativismo cultural”. Claro que no es lo mismo una sociedad de antropófagos que una sociedad libre donde el respeto recíproco es el valor medular. Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al antedicho respeto recíproco al efecto del progreso moral y material de sus habitantes.

Claro que hay manifestaciones varias de la cultura como la vestimenta, arquitectura, gastronomía, tonadas y construcciones en el lenguaje, pinturas, músicas etc pero el aspecto central que apuntamos está formado por valores de respeto recíproco.

Viene aquí un asunto crucial que apunta con gran claridad Jacques Barzun en The Culture We Deserve y que aparenta ser solo semántico pero que encierra un tema que hace a la calidad de vida y es el término cultura que proviene de cultivarse que a su vez remite originalmente a la agricultura. Igual que en este terreno no es lo mismo cultivar con veneno que con fertilizantes, en el plano de las relaciones humanas cultivarse es mejorarse como persona y con los vínculos sociales. Esto no quiere decir que no deban respetarse las manifestaciones de contracultura siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Este es el sentido de la definición de liberalismo en cuanto al respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Todo merece consideración excepto cuando se invaden derechos, una situación que debe ser frenada en una sociedad libre. Por supuesto que merecen consideración proyectos de vida que pueden resultar repulsivos pero reiteramos si no hay lesión de derechos todos debe ser respetado, lo cual no quiere decir abstenerse de críticas según lo que cada cual estime pertinente en un clima de libertad de expresión.

Pero del hecho del referido respeto o consideración no se sigue que deje de existir la noción del bien y del mal, de la excelencia y la perversión. Más aún la educación proviene de ex ducare es decir sacar afuera, actualizar las potencialidades en busca del bien, en otros términos transmitir valores y conocimientos que se oponen frontalmente al relativismo. La educación no consiste en un torneo en el que se transmite cualquier cosa en cualquier dirección. Del mismo modo, la importancia de incentivar el espíritu contestatario en el aula y la mente abierta debe distinguirse nítidamente de un basural abierto que recibe y engulle todo a la par, todo lo cual se encamina vía la competencia de propuestas.

Se ha preguntado inocentemente quién decide qué es bueno y qué es malo pero la pregunta relevante no es quién sino qué decide y es la naturaleza de las cosas: un veneno envenena y un remedio cura. Del mismo modo que las cosas tiene propiedades y atributos, el ser humano también tiene una naturaleza que debe ser respetada y por ello es que la misma noción de justicia y derecho responden a mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva lo cual habitualmente se denomina derecho natural que es anterior y superior al establecimiento de un eventual monopolio de la fuerza que denominamos gobierno.

Antes de volver sobre la noción de cultura y contracultura, debe señalarse que otras derivaciones del mencionado relativismo cultural son como hemos anunciado el hermenéutico y el ético. La hermenéutica relativista considera que los textos y la comunicación en general deben interpretarse del modo que el intérprete o receptor lo considere oportuno sin atenerse a lo que queda consignado en el escrito o en lo transmitido oralmente. John M. Ellis en Against Deconstruction escribe que “si bien el lenguaje surge de una convención de ello no se desprende que las palabras sean arbitrarias, de lo contrario no habría lenguaje ni comunicación alguna. Un símbolo que no se reconoce como algo específico, no significa nada.” Por su parte Umberto Eco destaca que “la iniciativa del lector consiste en formular una conjetura sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico. Esto no significa que sobre un texto se pueda formular una y sólo una conjetura interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las conjeturas deberán ser probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas” (en Los límites de la interpretación).

Por último, tal como marca Herny Hazlitt en Los fundamentos de la moralidad, la ética alude al plano normativo en el que “es sumamente difícil encontrar un nihilista ético consistente [puesto] que en realidad espera que otros lo respeten”. Puede analizarse desde dos planos la moral, el primero se circunscribe a las relaciones interpersonales de respeto recíproco, en cambio el segundo alude a cuestiones intrapersonales que solo hacen a la persona en sí misma sin que nadie externo pueda legítimamente entrometerse. El relativista moral en la práctica concluye que no hay tal cosa como moral o, lo que es equivalente, que cada uno tiene su moral y no existe aquello del bien y el mal.

Finalmente y para cerrar esta nota periodística sobre un tema tan trascendente, volvemos sobre los conceptos de cultura y contracultura para enfatizar el punto. En este sentido es ilustrativo el libro de Jorge Bosch titulado precisamente Cultura y contracultura. En esta obra el autor se queja de “pseudointelectuales que cuestionan de manera superficial, ruidosa y enconada algunos de los aspectos más valiosos de la cultura de todos los tiempos […] Todo ese conglomerado heterogéneo y amorfo pero notablemente exitoso, es lo que he llamado la contracultura [y pretendo] demostrar que la cultura se relaciona estrechamente con la calidad de la vida y que es en tal sentido uno de los ingredientes fundamentales de la libertad y la democracia […] Una sólida tradición de siglos que asocia la cultura al cultivo del saber, de la inteligencia, de la sensibilidad estética y las obras de cultura, a las obras de la ciencia, del arte y de la filosofía” y al contrario mantiene que la vulgaridad, la corrupción, la delincuencia y la falsedad son imposturas que revelan desconocimiento, “terrrorismo ideológico”, fruto de “trampas semánticas” y “nostalgia de primitivismo” que a la postre tarde o temprano sucumben y se subsumen en “países-cárceles” donde la libertad queda aplastada por las botas del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Monopolio de la coacción

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/04/monopolio-de-la-coaccion.html

‘’Dicen los teóricos que la ley además de tener economías de escala tiene una ventaja comparativa como fuente del derecho: el monopolio de la coacción. La ley se basa en el monopolio de la coacción. En las sociedades modernas el Estado monopoliza la coacción y al ser el monopolista de la coacción sólo es posible aplicar legítimamente la fuerza a alguien o algo en una sociedad si el Estado lo hace’’[1]

Como habíamos destacado antes, dicha supuesto ventaja comparativa puede tornarse en una clara desventaja cuando la ley que se aplica es injusta.

Los costos de imponer una ley arbitraria son enormes, y es la situación que se vivió en muchas partes del mundo. La historia brinda ejemplos muy conocidos de esto si se piensa en los casos de la leyes de los estados fascistas como la Italia de Benito Mussolini, las nazis del hitlerismo, las leyes comunistas en la Unión Soviética, los países detrás de la Cortina de Hierro, China, Extremo Oriente, y en América los casos de Cuba y el más reciente de Venezuela chavista. En esos lugares -y otros menos conocidos- la ‘’ley« es instrumento de injusticias.

‘’La fuerza monopolizada por el Estado es de dos tipos: la fuerza coactiva y la fuerza coercitiva, dicen los filósofos políticos. No son lo mismo. Los abogados muchas veces usan de manera confusa los términos, significan cosas exactamente contrarias. Las dos son fuerzas: una es fuerza positiva, coacción es represión; y la otra es fuerza negativa, coerción es disuasión’’[2]

La distinción, en realidad, es más académica que práctica. En términos más simples, representa la diferencia entre la amenaza de la fuerza y la efectivización de la misma.

Los vocablos ‘’positiva’’ y ‘’negativa’’ no tienen el sentido de una clasificación entre bondad y maldad de una y otra sino –precisamente- marca la diferencia entre el decir y el hacer respecto del uso de la fuerza.

‘’Coacción significa obligar a una persona a hacer algo que voluntariamente no haría, es decir, yo te agarro de la cabeza, te doy un palo en la cabeza y te llevo a la cárcel, te coaccioné, es la aplicación de vis compulsiva, de fuerza, es la represión, te reprimo violentamente’’[3]

El uso de la coacción resulta legítimo cuando se trata de reprimir un delito o de la posibilidad de cometerlo. Pero, lo que nos interesa en este examen es la situación que se presenta cuando el órgano de gobierno emplea ese monopolio que detenta en la represión de actividades que no constituyen delitos, como las que de ordinario llevan acabo las personas comunes cuando realizan transacciones comerciales.

‘’Por definición en el Estado moderno, solamente el Estado tiene la potestad legítima de aplicar coacción a una persona. La coerción es la disuasión, es la amenaza: si usted hace eso va preso o le pego. El mismo policía en vez de pegarte se para en la esquina con un garrote inmenso y pone un cartel que dice «no fumar» y ya está, entendiste, si fumas te rompe la cabeza a palazos pero sólo si fumas. Te disuadieron, es vis negativa, tú no le pegas a nadie, tú sólo dices: «ojo, el que haga esto va a la silla eléctrica», el propósito que se busca es disuadir a la gente’’[4]

Tanto la coerción como la coacción (más allá de sus posibles diferencias) son de ordinario utilizadas a diario por cualquiera en todas las situaciones vitales. En la familia, en el trabajo, en la escuela, universidad, etc. En distintos grados se la observa.

El problema, insistimos, reside en cuanto el estado/gobierno tiene su monopolio y -en los hechos- abusa del mismo.

En rigor, toda situación monopólica tiende -por su propia dinámica- a su expansión, y en esta propensión (casi podríamos decir natural) reside el problema del monopolio cuando el factor monopolizado (en este caso el uso de la fuerza o de la amenaza de ella) puede ser esgrimido tanto para bien como para el mal. Este mal esta representado por su aplicación frecuente (por desgracia) a situaciones de intercambio comercial en el sentido más amplio que se le puede dar a este término.

‘’Por tanto la coerción es impedir que alguien haga algo que voluntariamente haría, exactamente al reverso que la coacción. La coerción es también monopolizada, sólo puede ejercer coerción legítimamente el Estado moderno, ninguna otra persona o autoridad puede ejercer legítimamente coerción’’[5]

En realidad, no es un fenómeno originario del ‘’estado moderno’’ ya que, desde antiguo, los reyes, monarcas, emperadores, jefes, caciques, duces, etc. se arrogaron ese monopolio ellos de manera personal y exclusiva a través de edictos, decretos o bandos. Desde este ángulo de vista, podemos decir que es un monopolio bastante antiguo, y que sólo han cambiado los nombres con los cuales se lo designa, o las cabezas en las cuales recae.

‘’Desde que la coerción y la coacción, que son fenómenos físicos y políticos, están monopolizados por el Estado, a través del derecho constitucional moderno, de Hobbes en adelante, la ley adquiere una ventaja comparativa como fuente del derecho porque es la única que se puede servir del monopolio del poder’’[6]

Insistiremos que no acordamos con el autor comentado en la calificación de ‘’’moderno’’ que le da al monopolio de la fuerza. Por el contrario, es muy antiguo ya que no hay prácticamente registro histórico que no lo mencione. Ese monopolio -es cierto- en la antigüedad estaba detentado por numerosos pequeños reyes que gobernaban ciudades, y que luego (mediante la conquista) lo iban extendiendo a otros territorios que anexaban. El Imperio Romano es un buen ejemplo de lo que decimos, pero no el único que reconoce la historia.

Ahora bien, otro punto importante a destacar es que, esa ventaja -que tanto pondera el autor citado- no es natural sino que es artificial. Es decir, viene impuesta y no se da de manera espontánea.

 ‘’Entonces, producir derecho mediante la ley no sólo tiene economías de escala, tiene una ventaja comparativa absoluta con la costumbre, que carece de esa fuerza compulsiva por parte de la autoridad Estatal’’[7]

Nuevo tema discutible. De nuevo, se prescinde del contenido de la ley (¿es justa esa ley? A la ley injusta ¿puede propiamente llamársele ‘’ley’’?) Pero además de eso, encontramos otra discrepancia en cuanto a la costumbre, por cuanto el derecho consuetudinario (que es, justamente, el derecho que recoge la costumbre) tiene su propia fuerza compulsiva que, hoy en día, podría resumirse en lo que se conoce como la condena social. En el ámbito mercantil -por citar un ejemplo rápido- el mal comerciante resulta aislado, tanto por sus competidores como por sus antiguos clientes.


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[3] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[4] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[5] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[6] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[7] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El tema vital es la supervivencia de la democracia

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 23/4/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/04/23/el-tema-vital-es-la-supervivencia-de-la-democracia/

Si las libertades individuales se dan por sentado y no se contribuye diariamente a sostenerlas, es inevitable entrar en el sendero del autoritarismo

La premio Pulitzer y periodista de The Atlantic, Anne Applebaum

Me impulsó a escribir sobre este tema medular el libro de Anne Applebaum (ganadora del Premio Pulitzer) titulado El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo. De entrada consigno que la obra plantea el problema grave del desvío de la democracia de sus cauces originales para entrar en el sendero sumamente peligroso del autoritarismo cuando no del liso y llano totalitarismo, se detiene en anécdotas y referencias muy jugosas e ilustrativas de estos descarriles mayúsculos ocurridos en Polonia, Hungría, Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia y Francia, más no ofrece soluciones para revertir tamaño desbarranque. Es una aguda descripción de los hechos.

La autora se declara liberal y por ende partidaria del libre mercado y, claro, contraria a los estatismos, la xenofobia, las paranoias nacionalistas, los antisemitismos y el marxismo. Se detiene en subrayar las advertencias de los Padres Fundadores en Estados Unidos para “evitar que una nueva democracia se convirtiera en tiranía” y concluye que las diversas manifestaciones autoritarias hoy en boga muestran una marcada “tendencia a la homogeneidad” puesto que “el autoritarismo es algo que atrae simplemente a las personas que no toleran la complejidad […] es meramente anti-pluralista, recela las personas con ideas distintas y es alérgico a los debates […] personas que admiran a los demagogos o se sienten más cómodos con las dictaduras […] El político antiliberal quiere socavar los tribunales para dotarse de más poder […] fomentar ya fuera la pasión de clase en forma de marxismo soviético o la pasión nacional en forma del fascismo.” Todo en última instancia copiado de los bolcheviques “no meramente antidemocrático, es también anticompetitivo […] Las plazas universitarias, los puestos relacionados con los derechos civiles o los cargos de responsabilidad en el gobierno y la industria no se asignaban a los más trabajadores ni a los más capaces, sino a los más leales […] favorecían a las personas que profesaban en voz alta su fe en el partido […] Lenin escribió que la libertad de prensa es una patraña, se burlaba de la libertad de reunión como una frase vacía y en cuanto a la democracia parlamentaria en sí misma no era más que una máquina para la opresión de la clase obrera.” Todo se resume según Applebaum a “nepotismo, clientelismo estatal y corrupción” en medio de “un odioso predominio de la meritocracia, la competencia política y el libre mercado” y los riesgos de los controles vía tecnología sofisticada en manos de los aparatos estatales.

Hasta aquí este libro que ha significado un disparador para lo que sigue. Son muy ciertas y pertinentes las advertencias de los Padres Fundadores estadounidenses las cuales por mi parte resumí en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos junto a la puntualización del marcado declive de los valores fundacionales en ese gran país. Así, por ejemplo, para ponerlo en una cápsula, George Mason escribió que “todos los actos de la legislatura contrarios al derecho natural y a la justicia son nulos según nuestras leyes y deben serlo según la naturaleza de las cosas […] en conciencia estamos obligados a desobedecer si contradicen aquellos principios”. James Madison ha destacado que “Dondequiera que resida el poder del gobierno, existe el peligro de opresión” y se refiere al alma de la libertad al escribir que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo. Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo.” James Wilson enseña que “el gobierno se debe establecer para asegurar y extender el ejercicio de los derechos naturales de los miembros y todo gobierno que no tiene esto en la mira, como objeto principal, no es un gobierno legítimo.” Y Thomas Jefferson enfatizó que “un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos.”

Ya señalaban los peligros de los tumultos Gustave Le Bon en La psicología de las multitudes y Ortega y Gasset en La rebelión de las masas pero mucho antes que esto Cicerón y Benjamin Constant definieron el peligro de trastocar la democracia en tiranía. El primero al escribir que “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y el nombre de pueblo” (en Tratado de la República) y el segundo afirma que “los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que vulnere estos derechos se hace ilegítima […] La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto” (en Curso de política constitucional).

En torno al desconocimiento de estas definiciones giran los problemas de nuestro tiempo donde en nombre de la democracia se hiere el corazón del sistema cual es la protección de los derechos de todos en el contexto de la igualdad ante la ley y no mediante ella. En su lugar se da prelación al simple recuento de votos con lo que se llega a la aberración de sostener que Hitler era democrático porque asumió con la primera minoría y así sucesivamente con todos los dictadores electos de nuestros días. Esa es la preocupación y ocupación de pensadores contemporáneos como Giovanni Sartori, Friedrich Hayek y Bertrand de Jouvenel.

Vamos ahora a las propuestas tendientes a revertir el problema antes que el planeta se convierta en un inmenso Gulag en nombre de una supuesta democracia que en verdad muta a cleptocracia, es decir, los gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. Tengamos en cuenta que si por alguna razón no se consideran convenientes las propuestas que siguen es imprescindible sugerir otras pero en ningún caso quedarse con los brazos cruzados esperando la próxima elección. Es indispensable abrir un debate en torno a este problema mayúsculo que amenaza con devorarnos.

En primer lugar, la educación para atender a lo dicho por Antonio Gramsci desde la vereda opuesta al espíritu liberal en cuanto a la inmensa y decisiva importancia de influir sobre la cultura para cambiar las cosas de raíz. No es del caso detenernos en este tema pues ya hemos escrito en detalle, solo nos limitamos a puntualizar la urgencia que el sistema debe despolitizarse y no aceptar que las estructuras curriculares se dicten desde el poder lo cual contradice el sentido de la educación que requiere un sistema abierto, competitivo y de auditorias cruzadas en busca de excelencia en un contexto evolutivo de prueba y error. Un sistema educativo de esta naturaleza permite entre muchas otras cosas que se perciba la relevancia y el significado de la democracia a la que nos venimos refiriendo.

En segundo lugar, el debate de fondo respecto a nuevos límites al poder al efecto de preservar la democracia. Bruno Leoni en La liberad y la ley ha sugerido en una primer paso para el Poder Judicial que se abra la posibilidad -sin regulaciones de ninguna naturaleza (ni siquiera la condición de ser abogado)- la inclusión de árbitros privados para estimular la competencia en un proceso de descubrimiento del derecho y no de ingeniería social y de diseño vía fallos en competencia, en esta instancia según los marcos institucionales establecidos por la Corte Suprema.

En cuanto al Poder Legislativo, el antes mencionado Hayek propuso (en Derecho, legislación y libertad) diferentes disposiciones a las que se suelen añadir la prohibición de reelecciones y el trabajo en tiempo parcial en el Congreso, por un lado para evitar que la política se convierta en un negocio y por otro para que los legisladores sepan de modo vivencial de que se trata el sector privado.

Ahora viene un tema que sorprenderá a timoratos a quienes me imagino recostados en sus poltronas refiriéndose con sorna a la propuesta que sigue, personajes que nunca contribuyeron a ningún debate serio pero que están envueltos en las pesadas telarañas mentales del statu quo, una instancia de la que son incapaces de zafar. Se trata del Poder Ejecutivo. Resulta fértil aplicar al caso un pasaje escrito por quien es la referencia máxima de la división de poderes superando las ideas centrales de John Locke y Algernon Sidney, es decir Montesquieu que escribe en El espíritu de las leyes tomado de las experiencias en las repúblicas de Florencia y Venecia: “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. Esto que puede sonar estrafalario ya que cualquiera puede resultar electo se condice con la preocupación de Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos cuando refuta la tesis de Platón respecto al “filósofo rey” mostrando que lo decisivo no son los hombres sino las instituciones “para que el gobierno haga en menor daño posible”. En el caso señalado, los incentivos se volcarán a defenderse de posibles atropellos lo cual se traslada en instituciones fuertes que es precisamente lo que se necesita para contar con una sociedad libre. A esta propuesta podría adicionarse lo que se discutió originalmente de modo detenido en tres sesiones en la Asamblea Constituyente de Estados Unidos pero que finalmente no se adoptó y es que el Ejecutivo sea tripartito para disminuir los riesgos del caudillaje y se vean obligados a proceder por mayoría de sus miembros y tal como se propuso en la referida Asamblea solo en caso de guerra el poder será unipersonal por turno en tiempos previamente establecidos.

Nuevamente decimos que si estas sugerencias no parecen adecuadas es necesario proponer otras. Siempre y en todos los campos las nuevas ideas se rechazan y se recurre a la sandez de la falacia ad populum, a saber, si nadie lo aplica está mal y si todos lo aplican está bien con lo cual no hubiéramos pasado del garrote puesto que el arco y la flecha en cierto momento nadie las usaba hasta que irrumpió el primero y así con todo el progreso de la humanidad. Es por ello que John Stuart Mill ha consignado que “toda buena idea pasa siempre por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Esto nos recuerda a aquellos que huyen de lo complejo tal como vaticina Anne Applebaum y pretenden escritos cortos y conferencias resumidas. Ludwig von Mises ilustraba lo dicho con lo que le ocurrió con un alumno en la Universidad de New York -seguramente una exageración pero sirve para ejemplificar- contaba riendo que ese alumno le pidió que le explicara la teoría del ciclo económico “pero rápido porque tengo un partido de golf”.

En resumen, esta nota periodística apunta a la apertura de un debate sobre un tema crucial pues nos va la vida en el asunto. Todos los partidarios de la libertad debieran participar activamente en este debate. Es una irresponsabilidad limitarnos a contar anécdotas sobre posibles sucesos en las próximas elecciones. Debemos mirar más lejos antes que resulte demasiado tarde. Tantas veces ha reiterado Juan González Calderón que los demócratas de los números ni de números saben pues parten de dos ecuaciones falsas: 50%+1%=100% y 50%-1%=0%. Desde esta perspectiva, hoy observamos algunos episodios rayanos en la antidemocracia con la muy pastosa parodia de la democracia en Perú, Nicaragua, Chile, Argentina y con 20 gobiernos autoritarios en 35 años: Haití, solo para citar algunos casos de llamativas implosiones en nuestra región americana. Applebaum pone como ejemplo de la antidemocracia a Donald Trump en Estados Unidos y cita como dos de sus ejemplos “la entrevista realizada en 2017 por Bill O´Reilly de Fox News. Trump expresaba su admiración por el dictador ruso Vladimir Putin” y “en otra entrevista televisiva esta vez con Joe Scarborough: ´él gobierna su país y al menos es un líder´, declaraba Trump hablando de Putin” es la manía de la “retórica de la equivalencia moral” entre el bien y el mal puesto que Donald Trump “no comprende el lenguaje de los fundadores de la nación [estadounidense] ni simpatiza con él, de manera que tampoco puede servirle de inspiración”.

La revolución norteamericana ha sido la más fértil de la humanidad en lo que va de su historia al efecto de preservar las libertades con el consiguiente progreso moral y material, pero como escribía Tocqueville en El antiguo régimen y la Revolución Francesasi esto se da por sentado y no se contribuye diariamente a sostener la libertad fatalmente se revertirá la situación (los Padres Fundadores decían que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”). No pocos son los necios que se circunscriben a sus arbitrajes personales sin darse cuenta que para que se los respete deben contribuir a que se entiendan los pilares de la sociedad libre. Actúan como si estuvieran ubicados en una inmensa platea mirando al escenario donde estiman que se encuentran los que les deben resolver sus problemas en lugar de asumir sus propias responsabilidades. Benjamin Franklin, de 81 años, al salir de la Convención Constituyente cuando lo felicitaban por el documento logrado miró fijo a los aplaudidores y les transmitió su célebre dictum que no ocultaba cierto presagio por lo que advertía con gran sensatez: “Entregamos una República, si la pueden mantener”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

División del trabajo, ventajas comparativas y proteccionismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/04/division-del-trabajo-ventajas.html

‘’Cooperando cada uno de nosotros hace lo que puede hacer mejor e intercambia los excedentes. Un sistema que se auto-regula cooperativamente por el principio de simpatía que vamos y hacemos cosas según esa inclinación natural’’[1]

En realidad, la palabra simpatía no parece la más adecuada excepto que el autor este dándole un sentido que no aparece nítido de entrada. Como dijo Adam Smith, no es por caridad ni por benevolencia hacia el prójimo que la gente intercambia sino por pura necesidad, es decir para satisfacer sus propios intereses egoístas (aquí la palabra egoísmo se emplea como sinónimo de interés propio, que era el mismo sentido que le daba L. v. Mises, y no en el significado peyorativo que normalmente se le otorga).

Si se quiere decir por ‘’simpatía’’ que hacemos las cosas que más nos gustan, es notorio que, a veces, lo que más nos gusta no es lo que hacemos mejor. De allí que, el término no resulte del todo feliz. Tampoco lo es si por simpatía se quiere referir que hacemos cosas bien porque los demás nos resultan simpáticos, lo que claramente tampoco es real, salvo en situaciones muy puntuales.

‘’¿Esto qué produce? Dicen los economistas que, mutatis mutandis, cambiando lo que haya que cambiar, el principio de división del trabajo aplicado a las naciones, países, regiones, se convierte en el concepto de ventajas comparativas, es decir, las colectividades, las instituciones, las sociedades, zonas, regiones o países, tienen ventajas comparativas unas respecto de otras. Hay un país que puede hacer una cosa mejor que otra, entonces no tiene sentido que todos hagan todo sino que todos descubran dentro del principio de división del trabajo qué pueden hacer mejor y exploten lo que puede hacer mejor’’[2]

Sin embargo, no todos los economistas sostienen esa teoría. Se puede decir que -con excepción de los economistas liberales- nadie más participa de esa tesis. De lo contrario, el mundo no estaría tan mal económicamente como lo está. De hecho, antes del siglo XVIII la gran mayoría del mundo era proteccionista, y los teóricos que se ocupaban del tema propiciaban la autarquía por encima del librecambio.

La Edad Antigua, Media y Moderna (en la clásica aunque bastante cuestionable división escolar de las etapas históricas) fueron dominadas prácticamente por el feudalismo, el que luego -paulatinamente según zonas y momentos- fue siendo reemplazado por el mercantilismo. Imperaba en la época el Dogma Montaigne llamado así por el pensador francés de ese tiempo que sintetizaba el problema bajo el apotegma que formuló por el cual según él ‘’La pobreza de los pobres era consecuencia de la riqueza de los ricos’’, y fue en base a esta popular falacia que se cimentaron las ideas proteccionistas primero y socialistas después. En tal sentido, Montaigne fue un temprano precursor del marxismo.

Muy tardíamente, hacia finales del siglo mencionado antes (XVIII) trabajosamente fueron tomando cuerpo las primeras ideas librecambistas. Sin embargo el siglo XX con el advenimiento del socialismo representó históricamente una regresión a las épocas más primitivas del mundo, con una vuelta hacia las economías tribales de subsistencia. Aunque pareciera de toda obviedad, lo que expone el párrafo citado sigue siendo al día de hoy una teoría cuasi revolucionaria aceptada por muy pocos.

Pero el autor comentado sigue explicando el modelo :

‘’El ejemplo prototípico es Chile, que ha creado toda su filosofía y su política económica en la explotación de su ventaja comparativa y ¿Cuál es su ventaja comparativa? La estación cambiada. Cuando los agricultores chilenos descubrieron una cosa obvia, que están al sur del Ecuador y pueden vender fruta al norte cuando allá es invierno, se volvieron ricos porque en lugar pretender ser un país desarrollado haciendo fábricas para competir con los chinos, cosa que nunca podrían hacer, decidieron vender manzanas, flores, peras y salmones, al norte. Es decir, vender en Ámsterdam, Frankfurt o en Londres un ramo de rosas por San Valentín no vale lo mismo que venderlo en Lima o Bogotá, donde es verano, pero al norte, donde no es verano, explotas a un precio distinto’’[3]

En realidad, el ejemplo aplicaría no sólo a Chile sino también a la Argentina antes de la llegada del populismo en la década del 40 hasta la fecha. La grandeza de la economía argentina residió (hasta principios del siglo pasado) en su carácter de productor y exportador de artículos primarios (denominación clásica que se les da a aquellos que son de origen agropecuario y ganadero).

En aquella época las ideas liberales estaban más aceptadas (si bien no plenamente) que con posterioridad. La Argentina se especializó en lo que sus ventajas naturales le permitían y, en base a ello, se convirtió en un país agroexportador, colocando sus productos en los mercados internacionales con gran aprobación. Todo esto duró hasta que las teorías intervencionistas y proteccionistas fueron ganando terreno hacia finales de la década del 30 y fueron abriéndose camino hasta la actualidad. Fue a partir de allí que se inició la vía hacia el subdesarrollo del país en el que continua sumido a hoy.

El peronismo significó el apogeo de estas ideas retardatarias, y su inexplicable vigencia la causa de la frustración y postergación del país hasta hoy. Incluso en los breves intervalos en los que no fue gobierno sus eventuales reemplazantes dieron una suerte de continuidad (aunque en sus discursos lo negaran) a sus más perversas prácticas, las que apenas se atrevieron a suavizar un poco, o darles una apariencia más ‘’presentable’’, pero en ningún caso representaron una erradicación de cuajo de su proteccionismo e inclinaciones autárquicas.

Pero otro tanto ocurrió con los demás países de la región en distintos grados, variantes y periodos. Chile fue quien, quizás, mejor mantuvo la filosofía que expone el autor comentado. Pero al momento de escribir estas líneas un gobierno de corte comunista amenaza con sumir al país nuevamente en la autarquía, lo que equivaldría a destruir lo que con tanto esfuerzo se obtuvo.


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[3] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La llamativa actualidad de Mariano Moreno

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 9/4/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/04/09/la-llamativa-actualidad-de-mariano-moreno/

El Secretario de la Primera Junta defendía el librecomercio y consideraba al endeudamiento externo como un “recurso miserable”

Mariano Moreno, el inspirador de la Gaceta de Buenos Aires, cuyas páginas reflejan la defensa de los ideales revolucionarios

Hay tres fuentes principales para adentrarse en los textos de este prohombre: Escritos de Mariano Moreno de Editorial Coni en 1896 con prólogo de Norberto Piñero, la parte pertinente de Crítica literaria de Paul Grussac de 1924 reeditada por Editorial de Belgrano en 1980 y Clásicos argentinos: Mariano Moreno bajo la dirección de Ricardo Levene, Ediciones Estrada en 1956. En esta oportunidad extraemos el célebre escrito con que abre este último trabajo, conocido como La representación de los hacendados al efecto de usarlo como puntapié inicial para elaborar sobre la materia en el contexto de lo que viene ocurriendo en nuestro país desde hace la friolera de ocho décadas.

Como es bien sabido, Moreno era doctor en leyes, no solo estudioso del derecho sino de la economía. Tuvo papel destacado en la Primera Junta de Gobierno donde se separó drásticamente de la postura de Cornelio Saavedra que apuntaba a mantener en sistema social del ex Virreinato mientras que Mariano Moreno sostenía la imperiosa necesidad de producir reformas de fondo hacia la sociedad libre basado en los fundamentos expuestos por autores clásicos. Estableció La Gazeta de Buenos Ayres en colaboración con Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Manuel Alberti desde donde se exponían las ventajas del libre comercio. Luego de su desempeño en la Primera Junta fue designado en misión diplomática a Londres pero murió en alta mar a los 33 años de edad.

Es importante detenerse en pasajes clave del texto de referencia para luego escarbar en su sentido. Allí el autor señala dos conceptos esenciales, uno referido al librecambio y el otro al endeudamiento público. Respecto a lo primero enfatiza Moreno que “para salir de la antigua miseria […] la necesidad de un libre comercio […] mientras que el apoderado del Consulado de Cádiz implora la santidad de las leyes y los recursos de la autoridad para contener las clandestinas introducciones, pero este lenguaje en boca de un comerciante excita la risa de los que lo conocen […] puesto que esos mismos que tanto declaman por el cumplimiento de las prohibiciones legales introducen clandestinamente gruesas negociaciones.”

Más adelante concluye que “Hay verdades tan evidentes que se injuria a la razón con pretender demostrarlas. Tal es la proposición de que conviene al país la importación franca de los efectos que no produce ni tiene y la exportación de los frutos que abundan […] nada es más conveniente a la felicidad de un país que facilitar la introducción de los efectos que no tiene y la exportación de los artefactos y frutos que produce […] Los que creen la abundancia de los efectos extranjeros como un mal para el país, ignoran seguramente los primeros principios de la economía de los Estados. Nada es más ventajoso para una provincia que la suma abundancia de los efectos que ella no produce […] El interés que puede más que el celo y que burla fácilmente la vigilancia del gobierno, abrió puertas ocultas por donde han entrado todos los socorros, el contrabando subrogó el lugar del antiguo comercio” (la cursiva es mía).

Como hemos anticipado, la segunda sección de este escrito se refiere a la deuda pública externa al consignar que “Todas las naciones en los apuros de sus rentas han probado el arbitrio de los empréstitos y todas han conocido a su propia costa que es un recurso miserable con que se consuman los males que se intentan remediar.”

Antes nos hemos referido al libre comercio, pero dados los embates del momento insistimos en este asunto crucial. Una de las falacias más recalcitrantes de nuestra época consiste en sostener que es muy bueno para un país exportar y es inconveniente importar, o dicho en otros términos el objetivo debiera ser exportar más de lo que se importa al efecto de contar con un “balance comercial favorable”. Esta conclusión deriva del mercantilismo del siglo XVI que seguía el rastro de las sumas dinerarias, sin percatarse que una empresa puede tener alto índice de liquidez y estar quebrada. Lo importante para valorar la empresa o el estado económico de una persona es su patrimonio neto actual y no su grado de liquidez.

En última instancia, el mercantilismo se resumía en que en una transacción el que gana es el que se lleva el dinero a expensas de quien obtiene a cambio un bien o un servicio. Esto en economía se conoce como el Dogma Montaigne pues ese autor (Michel Montaigne, 1532-92) desarrolló lo dicho en el contexto de la suma cero: “La pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de los ricos”, sin comprender que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan y que la riqueza es un concepto dinámico y no estático. El que obtiene un servicio o se lleva un bien a cambio de su dinero es porque valora en más lo primero que lo segundo, lo cual también sucede en valorizaciones cruzadas con el vendedor que valora en más la suma dineraria recibida a cambio.

Lo ideal para un país es que sus habitantes puedan comprar y comprar del exterior sin vender nada, pero lamentablemente esto se traduciría en que el resto del mundo le estaría regalando bienes y servicios al país en cuestión y en nuestras vidas apenas si podemos convencer a nuestros familiares que nos regalen para nuestros cumpleaños. Entonces, reiteramos, lo ideal es contar con el balance comercial más “desfavorable” posible pero las cosas no permiten proceder de esa manera por lo que no hay más remedio que exportar para poder importar o utilizar el balance neto de efectivo como veremos a continuación. El objetivo de un país y el objetivo de cada persona es comprar no vender, la venta o la exportación es el costo de comprar o importar.

Ahora bien, como reza nuestro título, lo relevante no es el balance comercial sino el balance de pagos que siempre está equilibrado en un mercado abierto tanto en un país como en cada persona. Veamos el asunto más de cerca, el balance de pagos significa que los ingresos por ventas o exportaciones son iguales a los gastos por compras o importaciones más/menos el balance neto de efectivo o cuenta de capital. Por ejemplo si una persona o un grupo de ellas (país) recibe en un período determinado ingresos o exportaciones por valor de 100 y sus compras o importaciones en ese mismo período fueron 400 quiere decir que su balance de efectivo o el uso de los capitales asciende a 300: 100 = 400 – 300 o si al ingresar o exportar por 200 sus gastos o importaciones fueron 50 el balance de pagos será 200 = 50 + 150 y así sucesivamente. Nunca hay desequilibrios en el balance de pagos.

Por lo dicho es que Jacques Rueff en su obra titulada The Balance of Payments concluye que “El deber de los gobiernos es permanecer ciegos frente alas estadísticas de comercio exterior, nunca preocuparse de ellas, y nunca adoptar políticas para alterarlas […] si tuviera que decidirlo no dudaría en recomendar la eliminación de las estadísticas del comercio exterior debido al daño que han hecho en el pasado, el daño que siguen haciendo y, me temo, que continuarán haciendo en el futuro”.

Más aún, Rueff en el mismo libro citado dice que para seguir con el absurdo de los razonamientos sustentados en los mal llamados balances comerciales favorables y desfavorables habría que exportar todo y luego “mandar toda la producción nacional al fondo del mar” al efecto de reducir al máximo posible la posibilidad de comprar del exterior. Pero, como queda dicho, el objeto de la venta o exportación es la compra o importación y el tipo de cambio empuja incentivos en una u otra dirección: al exportar baja la relación de cambio respecto a la divisa extranjera lo cual, a su turno, incentiva a la importación pero al importar se encarece la divisa extranjera en términos de la local, situación que frena las importaciones y estimula la exportaciones.

Si alguien dijera que conviene solo exportar y evitar importaciones haría que el valor de la divisa extranjera se desplome con lo cual se frenan las mismas exportaciones que se desean promover. El mercado cambiario regula los brazos exportadores e importadores. Claro que si los gobiernos manipulan el tipo de cambio y las deudas externas gubernamentales sustituyen las entradas genuinas de capital, todo se trastoca.

Si un país fuera absolutamente inepto para vender al exterior y no es capaz de atraer capitales, nada tiene que temer en cuanto a desajustes en sus cuentas externas puesto que nada podrá comprar del exterior.

Pero en el fondo subyace otra falacia de peso y es que los aranceles puede promover la economía local. Muy por el contrario, todo arancel significa mayor erogación por unidad de producto lo cual se traduce en un nivel de vida menor para los locales puesto que la lista de lo que pueden adquirir inexorablemente se contrae. En realidad el “proteccionismo” desprotege a los consumidores en beneficio de empresarios prebendarios que explotan a sus congéneres.

En no pocas evaluaciones de proyectos hay quebrantos durante los primeros períodos que naturalmente se estima serán más que compensados en períodos ulteriores. Entonces si en un emprendimiento se comprueban pérdidas proyectadas durante las primeras etapas, son los empresarios en cuestión los que deben absorber los quebrantos del caso y no pretender endosarlos sobre las espaldas de los contribuyentes vía los aranceles. Y si esos empresarios no cuentan con los recursos suficientes pueden vender el proyecto para participar con otros socios locales o internacionales. A su vez si nadie en el mundo se quiere asociar al proyecto es por uno de dos motivos: o el proyecto es un cuento chino (lo cual es bastante habitual en el contexto de “industrias incipientes” mantenidas en el tiempo) o estando el proyecto bien evaluado aparecen otros más urgentes y como todo no puede llevarse a cabo simultáneamente, deberá esperar su turno o dejarlo sin efecto.

La base central para derribar las trabas al comercio exterior es que permite el ingreso de mercancías más baratas, de mejor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Es idéntico al fenómeno de incrementos en la productividad: hace menos onerosa las operaciones con lo que se liberan recursos humanos y materiales para poder dedicarlos a otros menesteres, lo cual, a su turno, significa estirar la lista de bienes y servicios disponibles que quiere decir mejorar el nivel de vida de los habitantes del país receptor.

Este es el progreso. Todo aprovechamiento de los siempre escasos recursos se traduce en aumento de salarios e ingresos en términos reales puesto que ello es exclusiva consecuencia de las tasas de capitalización. Este es el significado de los duty free que tanto fascinan a todo el mundo los cuales dejarían de existir si no se interpusieran los aranceles y tampoco viajarían pasajeros con medio mundo a cuestas en proporción a lo cerrado al comercio que sean sus países de origen.

A juzgar por los voluminosos “tratados de libre comercio” aún no se comprendió que las cerrazones perjudican especialmente a los países más pobres puesto que el delta en productividad es mayor respecto a los más eficientes. Resulta tragicómico que se sostenga que los referidos tratados deben realizarse entre países iguales, cuando precisamente como en todo comercio la ventaja estriba en la desigualdad puesto que entre iguales no hay nada que comerciar.

Sin duda que si los gobiernos introducen dispersiones arancelarias se crea un embrollo que conduce a cuellos de botella insalvables entre las industrias finales y sus respectivos insumos. El decimonónico Frédéric Bastiat se burla del llamado “proteccionismo” al sugerir que en su época se obligara a tapiar todas las ventanas de las casas al efecto de proteger a los fabricantes de candelas de la “competencia desleal del sol”.

Entre otros despropósitos se argumenta que el control arancelario debe establecerse para evitar el dumping, lo cual significa venta bajo el costo que se dice exterminaría la industria local sin percatarse que el empresario, si el bien en cuestión es apreciado y la situación no se debe a quebrantos impuestos por el mercado, saca partida de semejante arbitraje comprando a quien vende bajo el costo y revende al precio de mercado. Pero generalmente nadie se toma siquiera el trabajo de verificar la contabilidad del proveedor en cuestión, lo único que preocupa a comerciantes ineficientes es que se colocan productos y servicios a precios menores que lo que con capaces de hacer ellos.

Es paradójico que se hayan destinado años de investigación para reducir costos de transporte y llegados los bienes a la aduana se anulan esos tremendos esfuerzos a través de la imposición de aranceles, tarifas y cuotas. Hay un dèjá vu en todo esto.

Por último, resumimos en una idea central el asunto de la deuda pública externa al sostener que como ha dicho Thomas Jefferson cuando era embajador en París al recibir la flamante constitución estadounidense. En esa oportunidad escribió en su abundante correspondencia que si hubiera podido introducir una enmienda hubiera sido la de prohibir esa deuda que compromete futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral para elegir al gobierno que contrajo la deuda. En esta línea argumental el premio Nobel en economía James M. Buchanan afinó ese análisis al sostener que es un recurso incompatible con la democracia por esas mismas razones con la pretensión de financiarse con recursos futuros en lugar de circunscribirse a los presentes.

He aquí las argumentaciones iniciadas por personajes como Mariano Moreno que mantienen su vigencia debido a la malsana tendencia a reiterar errores. Es llamativo.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Default moral: la tragedia de la drogadicción

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el30/3/22 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/default-moral-la-tragedia-de-la-drogadiccion-nid29032022/

Abro esta nota periodística con dos pensamientos, el primero es del premio Nobel de Economía Milton Friedman en su reiterada sentencia: “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizarlas convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que las usan como para los que no las usan”. El segundo es del sacerdote John Clifton Marquis en Las leyes sobre drogas son inmorales, publicado en US Catholic: “La legislación sobre drogas ha producido el efecto exactamente opuesto a lo que esas leyes intentaron […] Las leyes sobre drogas aparentan ser benéficas, pero el defecto trágico de la moral de cosmética, igual que toda otra forma de cosmética, es que no produce cambios en la sustancia”. El default es moral.

El uso de drogas alucinógenas para fines no medicinales constituye un drama y su empleo reiterado produce lesiones cerebrales irreversibles. Pero desde 2000 años antes de Cristo –salvo la Guerra del Opio en China, debido a la prohibición–no hubo problemas con las drogas hasta que en 1971 Nixon declaró la guerra a los narcóticos, una idea alimentada por los mismos mafiosos del alcohol, a través de sofisticados estudios de mercado, quienes antes se habían visto perjudicados por la abrogación de la ley seca, por lo que dejaron de percibir astronómicas ganancias debido a los siderales márgenes operativos que provoca la prohibición, que también en el caso de las drogas no solo corrompe policías, jueces, fiscales, políticos e incluso a las agencias supuestamente encargadas de combatir el flagelo, sino que hace posible la producción de drogas sintéticas mucho más devastadoras que las naturales.

Los mencionados márgenes operativos descomunales hacen posible la figura del pusher, con ingresos exorbitantes al efecto de colocar la droga en todos los mercados posibles, muy especialmente en los colegios y lugares bailables, puesto que la gente joven es la más propensa a ensayar el “fruto prohibido”. Como en la relación compra-venta de drogas no hay víctima ni victimario propiamente dichos, irrumpe la figura del soplón, espionaje que conduce a los atropellos más variados sin orden de juez competente, se vulnera el secreto bancario, se instauran escuchas telefónicas, se blanquean contabilidades y se naturaliza la aberración de detener a quien lleva más de diez mil dólares de su propiedad. Como bien se ha puntualizado reiteradamente desde antaño, un vicio es un acto que afecta a la misma persona que lo tiene como hábito, mientras que un crimen es un acto contra el derecho de otro, el confundir ambos hechos constituye una aberración manifiesta.

El consiguiente mercado negro no permite la verificación de la pureza de la droga, con lo que las sobredosis, intoxicaciones y envenenamientos son muy frecuentes. También debido a la ilegalidad se inhibe a quienes denunciarían fraudes y estafas, puesto que si recurrieran a los tribunales se estarían autoinculpando. Lo mismo sucede con los médicos y centros hospitalarios: se bloquea la posibilidad de pedir ayuda, porque se estarían denunciando a sí mismos.

Por otra parte, debe precisarse lo que en estadística se conoce como error de inclusión. En el caso que ahora nos ocupa es pertinente señalar que, tal como lo señalan las encuestas y relevamientos más importantes –por ejemplo, las reiteradas manifestaciones del Bureau of Justice Statistics de los Estados Unidos–, “una abrumadora mayoría de consumidores de drogas nunca han cometido un crimen”. Del hecho de que muchos actos criminales hayan sido cometidos por personas que han consumido drogas no se sigue el nexo drogas-crimen. Para sacar conclusiones en esta materia es menester mirar el universo, no se puede atender solo un segmento y extrapolar. Una cosa es un correlato y otra bien distinta es una relación causal: hace una década había correlación perfecta entre el largo de las polleras en Inglaterra y la crianza de cerdos en Australia, de lo cual no se desprende nexo causal alguno. Otro asunto bien diferente son las disposiciones en algunos códigos penales en los que se considera un atenuante cuando un delito es cometido por una persona drogada, en lugar de constituir un agravante.

Por todo esto es que expresidentes como Vicente Fox (México), Jorge Batlle (Uruguay), César Gaviria (Colombia) y Fernando Henrique Cardoso (Brasil) han propuesto la liberación de las drogas y también el exsecretario de Estado de Estados Unidos George Shultz y el exsecretario general de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuellar. Por su parte, Mario Vargas Llosa sostiene que si no se liberan las drogas estas terminarán con la democracia. Por supuesto que la liberación debe tratar a los menores tal como se hace con la licencia de conducir, el alcohol y similares en el contexto de campañas de prevención.

Es cierto que con los defectos del sistema de salud estatal imperante no pocos drogadictos se harían atender allí, con lo que les endosarían las cuentas a otros, pero es de rigor el análisis costo-beneficio en el que se percibe que, como advierten las personalidades que acabamos de mencionar, el costo de perderlo todo es mucho mayor.

A veces se piensa que si se liberan las drogas todo el mundo se drogará. Pero consideremos los incentivos para no aceptar en los lugares de trabajo y similares a seres que no son capaces de controlarse a sí mismos. En verdad, estarán circunscriptos a sus domicilios o a lugares expresamente establecidos para drogodependientes. Por supuesto que esto se desvirtúa si los aparatos estatales se inmiscuyen en la producción y otras sandeces por el estilo. Thomas Sowell escribe que se insiste en la fracasada política porque “las cruzadas de este tipo son juzgadas por lo bien que se sienten los cruzados”.

Cabe destacar que si una madre embarazada se droga, cualquiera puede actuar como subrogante para defender la vida y la integridad física de la criatura frente a tamaña agresión (lo cual es independiente de liberarnos del flagelo de la prohibición).

En una ya lejana oportunidad, conversando con mi amigo Agustín Navarro –médico y economista– en México, me hablaba de la importancia de liberar las drogas en una época en que yo sostenía equivocadamente que había que prohibirlas (en realidad fueron alumnos míos de la UBA los que me convencieron de la inconsistencia en este asunto que se daba de bruces con el resto del andamiaje de análisis económico de la asignatura). En esa ocasión le pregunté a mi amigo por qué no escribía sobre el asunto. La respuesta me dejó helado. Me dijo que lo había proyectado, pero abandonó el propósito debido a las amenazas que recibió su familia. La conversación terminó con su conclusión en cuanto a que la peor noticia para los barones de la droga es que se liberen, puesto que se quedarán sin el suculento botín.

Abandonada la errada posición, hace tiempo se publicó un libro de mi autoría titulado La tragedia de la drogadicción. Una propuesta con prólogo de Carlos Alberto Montaner, donde me explayo sobre lo consignado telegráficamente en esta nota y subrayo que cuando se dice en economía que al bajar el precio se incrementa la demanda, es central agregar que esto ocurre siempre y cuando los demás factores se mantengan constantes. Y esto no es así con el mercado de drogas, puesto que una vez liberado desaparecen los antedichos pagos astronómicos a los pushers y los incentivos a sus socios, lo cual modifica la situación

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Esas islas en el Atlántico Sur

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/4/22 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2022/04/esas-islas-en-el-atl%C3%A1ntico-sur.html

Lo primero es recordar un pensamiento de Borges: “Vendrán otros tiempos en los que seremos cosmopolitas, ciudadanos del mundo como decían los estoicos, y las fronteras desaparecerán como algo absurdo”. Debemos tener bien en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, en el presente estadio de evolución cultural, las divisiones territoriales entre países es al solo efecto de evitar los fenomenales riesgos de concentración de poder en manos de un gobierno universal. Pero de allí a creer que existe una diferencia de naturaleza entre lo local y lo extranjero, constituye pura estupidez alentada por patrioteros nacionalistas que solo se soslayan con sus ombligos en el contexto de mayores pobrezas intelectuales y materiales.

Mario Vargas Llosa, ha escrito: “Resumamos brevemente en que consiste el nacionalismo […] Básicamente, en considerar lo propio un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava o empobrece o degenera la propia personalidad espiritual de un país […] Que tales muletillas sean tan huecas como cacofónicas, verdaderos galimatías conceptuales, no es obstáculo para que resulten seductoras a mucha gente, por el airecillo patriótico que parece envolverlas […] el nacionalismo es la cultura de los incultos y estos son legión […] Ninguna cultura se ha gestado, desenvuelto y llegado a la plenitud sin nutrirse de otras y sin, a su vez, alimentar a las demás, en un continuo proceso de préstamos y donativos […] La manera como un país fortalece y desarrolla su cultura es abriendo sus puertas y ventanas de par en par […] la misma libertad y el mismo pluralismo que deben reinar en lo político y en lo económico en una sociedad democrática”.

Habiendo dicho esto, es menester subrayar que los orígenes de las islas del Atlántico sur a que nos referimos, desde el siglo xvi en adelante han pasado navegantes portugueses (Américo Vespucio entonces al servicio de Portugal, fue el primero en arribar a las islas), exploradores franceses (Louis de Bougainville estableció el primer asentamiento, quien bautizó con el nombre de cuya traducción textual al castellano es “Islas Malvinas”), conquistadores españoles (Esteban Gómez de la expedición de Fernando de Magallanes), aventureros británicos (John Davis, Richard Hawkings, John Strong, John Byron, John McBride, James Weddell y James Onslow) y embarcaciones holandesas (Sebald de Weert a la cabeza de la tripulación), además de emprendimientos varios como el del alemán Luis Vernet que si bien se vinculó a los argentinos vendió sus acciones de la isla en el mercado británico (lo cual dio comienzo a la Fakland Islands Commercial Fishery and Agricultural Association), de tratados como los de Tordecillas y Utrecht, la Convención de Nutka y de expediciones estadounidenses como la del Lexington. Los títulos tienen muchas aristas ambiguas y contradictorias en medio de reiteradas trifulcas, pero en todo caso, de un largo tiempo a esta parte, dos son los gobiernos que reclaman las islas como parte del territorio de sus respectivas naciones: Argentina e Inglaterra.

Dados estos antecedentes y el pésimo tratamiento del tema del gobierno argentino, principalmente a través de dos bochornosas gestiones (entre tantas otras que hemos padecido los argentinos en materias vitales). Primero el gobierno de Rosas sobre quien escribí la semana pasada en este mismo medio, a raíz de lo cual algunos lectores me solicitaron detalles respecto al episodio en el que este déspota propuso canjear las islas por una deuda. Aprovecho para intercalar esa respuesta en la presente columna. Aquí va el complemento de marras: Rosas, a través de su ministro de relaciones exteriores (Felipe Arana), el 21 de noviembre de 1838 instruyó por escrito al representante argentino en Londres (Manuel Moreno) en los siguientes términos: “Artículo adicional a las instrucciones dadas con fecha de hoy al Señor Ministro Plenipotenciario Dr. Don Manuel Moreno. Insistirá así que se le presente la ocasión en el reclamo de la ocupación de las Islas Malvinas [hecho acaecido en 1833] y entonces explorará con sagacidad sin que pueda trascender ser la idea de este Gobierno si habría disposición en el de S. M. B. a hacer lugar a una transacción pecuniaria para cancelar la deuda pendiente del empréstito argentino” (consta en el expediente No. 3 del año 1842 de la División de Asuntos Políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, documento publicado por Isidoro Ruiz Moreno (h) en “La Prensa”, Buenos Aires, julio 11 de 1941, y reproducido por la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, bajo la presidencia de Horacio C. Rivarola).

En segundo lugar, el desembarco militar a las islas en 1982 que tuvo por origen la inaudita y monumental irresponsabilidad de Nicanor Costa Méndez quien siendo canciller propuso la idea, la que ya había sugerido sin éxito a otro gobierno castrense anterior (del general Juan Carlos Onganía), también “para unir al pueblo en una causa común” y así agitar las pasiones xenófobas que brotan inesperadamente del subsuelo de aquel adefesio que se ha dado en llamar “el ser nacional”. Una guerra -como casi todas- para distraer a la población de graves problemas internos y que fue condenada como “una aventura militar” en el informe del Tte. Gral. Benjamín Rattenbach, titular de la Comisión Investigadora constituida en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1982, documento en el que se pedían severas sanciones para los responsables de esa incursión bélica.

Por otra parte, en los hechos (no en algún discurso), dado el empecinado y prepotente desconocimiento de los sucesivos gobiernos ingleses sobre la voluntad de los habitantes de las islas en el supuesto retiro de las pretensiones argentinas, sugerimos que, vistos los antecedentes, en esta instancia, ambos gobiernos deberían resolver la situación de manera simultánea, problema que viene arrastrándose desde hace décadas, en el sentido de  declarar la inmediata y total independencia de los isleños para que manejen sus asuntos como lo consideren mejor sin los reclamos de soberanía británica ni la argentina, una mezcla explosiva que tantas tensiones han creado y siguen creando en la población local.

Es desear que con el conocimiento de los dislates políticos de los gobiernos argentinos de los últimos setenta años con su propia población y, en menor medida, los cometidos por los gobiernos ingleses respecto a su gente, los isleños apunten a contar con una sociedad abierta, respetuosos de los derechos de propiedad, en el contexto de mercados abiertos tanto en lo local como en lo internacional y con tributos mínimos que sirvan para garantizar seguridad y justicia. Tal vez, de este modo, las islas puedan constituirse en un ejemplo de libertad y progreso para el mundo libre y atraigan personas e inversiones de todos los rincones del planeta, recurriendo a la exitosa tradición alberdiana de los argentinos y la fértil tradición también liberal que en su momento los ingleses supieron adoptar. Aunque personalmente no soy afecto a las machaconas exteriorizaciones de símbolos nacionales (prefiero la cosmopolita “Oda a la libertad” de la Novena Sinfonía, transformada por la censura a Schiller en “Oda a la alegría”), en este caso apuntamos que los lugareños desde hace tiempo tienen su propia bandera lo cual constituye uno de los signos de algunos respecto a deseos independistas. Sin embargo, se suceden debates sobre la seguridad que por el momento les proporciona el estar vinculados a la corona británica (de allí la persistencia y actualización del mismo esquema militar apostado desde 1982), mientras la Argentina no abandone su posición  y lo haga en pos de la independencia de las islas, lo cual no es el caso en las actuales circunstancias ya sea en las esferas políticas de un gobierno como del otro.

Los dislates no se circunscribieron a los ámbitos  gubernamentales. Ahora resulta que nadie estaba en la Plaza de Mayo en abril del año de la invasión, la que desbordaba de gente gritando “el que no salta es un inglés” y otras bellaquerías de tenor semejante. Son los vergonzantes de siempre que volverán a salir de sus cuevas si hay la oportunidad de otro brote nacionalista, quienes van a misa y cantan “toma mi mano hermano” con gestos angelicales hasta que el patrioterismo los hace devorar con verdadera saña a los llamados hermanos de otras procedencias. Ya he referido antes que un integrante de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Argentina propuso se lo expulsara como Miembro Correspondiente al premio Nobel en economía Friedrich Hayek porque de regreso de una invitación mía para pronunciar conferencias en Buenos Aires declaró muy sensatamente, desde Friburgo, a un corresponsal de una revista argentina, que “si todos los gobiernos que estiman les pertenece un territorio, lo invaden, el mundo se convertirá en un incendio mayor del que ya es”. Afortunadamente la descabellada moción no prosperó, pero consigno el hecho al efecto de poner de manifiesto el grado superlativo de desequilibrio imperante.

Hay que estar atento a posibles sandeces de todos los gobiernos de todos los colores y de todos los países, especialmente, como queda dicho, aquellos que se encuentran en dificultades, porque en el momento menos pensado no es infrecuente que recurran a lenguaje y actitudes bélicas con la intención de encubrir agujeros políticos. Como hemos apuntado, ya sucedió una vez hace treinta años una terrible confrontación armada, respecto a la cual rendimos un muy sentido homenaje a los muertos y heridos.

En este contexto, es saludable siempre tener en la mira aquellas emotivas líneas de Borges tituladas “Juan López y John Ward” en las que se describe que un argentino y un inglés podrían haber sido amigos -uno admiraba a Conrad y el otro estudiaba castellano para leer el Quijote- si no hubiera sido porque “les tocó una época extraña” ya que “el planeta había sido parcelado en distintos países […] esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras […] Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El positivismo jurídico

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

‘’La ley es la fuente de derecho predominante en los tiempos modernos, sea por la moda o sea por la vasta influencia del positivismo jurídico. Por lo menos desde los proceso de codificación del siglo XIX en adelante, la ley se ha enseñoreado en el mundo como la fuente de derecho predominante. Como dije en el capítulo anterior, el positivismo jurídico en América Latina es anterior al positivismo jurídico en Europa. El primer gran positivista jurídico en América Latina se llamó Andrés Bello, que fue el codificador chileno que preparó un proyecto de Código Civil que ha estado vigente en la mitad países de América Latina, incluidos varios países centroamericanos por mucho tiempo. Incluso, hay países que hoy día todavía tienen el Código Bello vigente, como Chile y Colombia. De modo que el Código Bello es una institución en América latina’’.[1]

Pero, lamentablemente, no todos los autores están de acuerdo con la afirmación anterior en cuanto a la primacía de América latina respecto de Europa. Y tampoco en -en dicho sentido- parece ser Bello el primer positivista de todos. Podemos citar por ejemplo lo siguiente: »Aspecto histórico– En este aspecto se deben recordar las codificaciones antiguas, que obedecieron a la necesidad de concretar en un todo legislativo las reformas que exigían los movimientos sociales de la época. Tales como la codificación de Solón y la decenviral en Roma. Por otra parte, en la antigüedad se cita como ejemplo clásico de recopilación de leyes al Corpus Iuris Civilis de Justiniano. Esta legislación romana obedeció a múltiples y complejas causas que no es oportuno detallar, que también motivaron la publicación de las recopilaciones prejustinianeas, como las que se concretaron en los códigos de Hermogeniano, Gregoriano y Teodosiano»…’’En el Derecho español se distingue netamente la época de su codificación histórica, entre las que sobresale como ejemplo Las siete Partidas, de Alfonso el Sabio. Esta legislación, conjuntamente con las Leyes de Indias, estuvo en vigencia en la Argentina hasta la sanción de los códigos especiales posteriores al año 1810. La codificación de los tiempos modernos y contemporáneos obedece a causas políticas e ideológicas, además de las que provienen de la necesidad de simplificar y unificar, en medio de la multiplicidad legislativa de los países continentales en la Europa del siglo XVIII, el Derecho vigente’’[2]. Claramente -a diferencia de lo que expresa el autor comentado- Europa fue pionera en materia de codificación positivista.

‘’Bello era un positivista jurídico. Él creía que una ley se deroga sólo por otra ley, que es el principio del positivismo jurídico: sólo la ley deroga la ley. Esto es una ruptura con la tradición romana y romanista en donde la costumbre derogaba a la ley, eso se llamaba la desuetudo. La costumbre derogatoria de la ley era la desuetudo, el desuso derogaba la ley. Con el proceso de codificación y el reforzamiento de la idea de que era la autoridad del rey, la autoridad del príncipe o la autoridad de la asamblea, en el caso francés, la que producía el derecho, se refuerza la idea de que la ley se deroga únicamente por otra ley con lo cual aparece el positivismo jurídico moderno’’.[3]

¿Qué es el positivismo? El Dr. Negri lo explica de este modo: ‘’La filosofía del Derecho debe referirse al Derecho en su totalidad esencial, no reducirse a la descripción de una de sus contingentes expresiones fenoménicas. 16. A pesar de que esto pareciera ser de la mayor obviedad, lo cierto es que han existido varias y reiteradas postulaciones que pretendieron reducir la investigación teorética al ámbito exclusivo de los Derechos puestos. Esta delimitación, así trazada, constituyó y constituye la base del fenómeno ideológico conocido por positivismo (8). Aun en la variedad de sus expresiones, positivismo significó pues, en el aspecto teórico, el centrar el ámbito de investigación jurídica a los Derechos positivos, y él desconoce de la legitimidad de todo posible análisis acerca de los sistemas no afirmados comunitariamente’’[4]. Entonces el positivismo consiste en considerar al derecho positivo como el único derecho existente, lo cual es falso. No debe confundirse pues el derecho positivo con el positivismo dado que no se tratan de sinónimos.

‘’En un periodo semejante, contemporáneo a Andrés Bello, surge Jeremy Bentham, que es el inventor del positivismo jurídico inglés, quien sostiene que la ley es la única fuente del derecho. Hay algunos autores que creen inclusive que Estados Unidos ya no es un país de common law. Si ustedes leen a Gordon Tullock, ilustre padre fundador de la escuela del Public Choice, se dan cuenta que Tullock dice que Estados Unidos ya no es un país de common law, es un país de derecho civil donde la ley es la fuente de derecho predominante y ya no la costumbre por la cantidad de leyes, regulación y normas de toda jerarquía que se producen en Estados Unidos. Tullock dice que nunca lo ha sido, empezando porque tiene Constitución escrita e Inglaterra no la tiene. Porque hasta Escocia es un país de derecho civil’’.[5]

Hay una diferencia importante entre decir que algo ya no es lo que era y afirmar que nunca lo fue. Es bastante probable (y no podría sorprender) que un sistema de common law derive en otro de derecho positivo. Esto resulta de su misma definición la que transcribimos seguidamente: “Common law”. Locución inglesa con una pluralidad de sentidos. Designa en primer término el sistema jurídico de los países que han recogido las bases de su Derecho del inglés, en contraposición a otros sistemas jurídicos, particularmente los de origen romano. También se distingue así el Derecho elaborado jurisprudencialmente, en esos países, en contraposición al de origen legislativo. El common law es asimismo el conjunto de normas elaboradas por los tribunales de Derecho estricto, en contraposición a las derivadas de la jurisprudencia de los tribunales de equity, que originalmente decidían en función de la equidad, para desarrollar luego su propia línea de precedentes. Por último, common law es el Derecho jurisprudencial tradicional inglés, en contraposición al que se ha desarrollado más recientemente, sea por la jurisprudencia o por la legislación»[6]La distinción más importante parece la de origen, ya que -según la definición- hay tribunales que elaboran normas (derecho escrito) y otros que sólo dictan Jurisprudencia (equity).


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Voz »Codificación»… Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 3-Letra C-Grupo 8 Pág. 8

[3] Ghersi, E. Ibídem

[4] »POSITIVIDAD DE LAS NORMAS JURÍDICAS» Por el Dr. HÉCTOR NEGRI. Enciclopedia jurídica OMEBA TOMO 22 LETRA P-Grupo 15.

[5] Ghersi, E. Ibídem

[6] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553, pág. 181

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Rusia: terror blanco, terror rojo y terror a secas

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/3/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/03/19/rusia-terror-blanco-terror-rojo-y-terror-a-secas/

El sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder: el terror a secas

Una mujer reacciona frente a los bloques de apartamentos destruidos tras los bombardeos en el distrito de Obolon, en el noroeste de Kiev, el 14 de marzo de 2022 (Aris Messinis / AFP)

Dadas las circunstancias espantosas que hoy se vive en Ucrania debido a la invasión del criminal Putin, se hace imprescindible volver sobre el historial ruso. Machacar con verdades resulta necesario en la esperanza de influir sobre algunas mentes nobles que deben ser sacudidas de tanta propaganda totalitaria.

Como introducción a esta nota periodística consigno que en su discurso inaugural de 2019 en Ucrania, el flamante presidente Volodimir Zelensky dijo a los legisladores: “No quiero mi foto en sus oficinas: el presidente no es un ícono, un ídolo o un retrato. Cuelguen las fotos de sus hijos y miren a ellos cada vez que ustedes tomen una decisión”. Fue un ejemplo de higiene moral para todos los políticos del mundo.

Se ha dicho muy liviana y estúpidamente que el régimen actual ruso es de “capitalismo de amigos” lo cual constituye una contradicción en los términos puesto que el capitalismo o liberalismo es un sistema que inexorablemente conlleva la división de poderes, libertad de prensa, partidos políticos en competencia y libertad de mercado todo lo cual es abolido en la Rusia actual, además de persecuciones implacables a toda disidencia, envenenamiento de opositores y encarcelamiento de toda manifestación de protesta contra las botas del régimen. El capitalismo no se agota en transferencias bancarias, es antes que nada un sistema moral basado en el respeto recíprocolo cual está a todas luces ausente en el actual sistema dominado por una banda de forajidos.

En este sentido cabe destacar que Alexei Navalny —dirigente de la oposición en la clandestinidad y uno de los envenenados por Putin, rescatado por médicos alemanes— ahora desde su presido en Moscú alienta a sus connacionales a continuar con las protestas debidas a la invasión a Ucrania por las que en estos días suman más de trece mil detenidos, mientras los ataques de las fuerzas rusas ni siquiera respetan hospitales materno-infantiles, ni escuelas, ni corredores humanitarios ni a periodistas acreditados. Todo en abierta violación a las Convenciones de Ginebra que convierten a los invasores, además del atropello a territorio ajeno, en criminales de guerra.

Vladimir Putin inició la invasión a Ucrania el pasado 24 de febrero

La monumental obra de Richard Pipes titulada La Revolución Rusa es solo comparable a la de William Herny Chamberlin aún no traducida a nuestra lengua: The Russian Revolution. En el primer libro mencionado de 1045 páginas en la edición Barcelona-Debate el autor se detiene en el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (’El Terrible’), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente entregó el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que absorbía las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por María y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art.2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder: el terror a secas.

Refugiados se despiden tras cruzar la frontera (REUTERS/Edgard Garrido)

Antes hemos escrito sobre Vladimir Bukovsky —el disidente con mayor peso junto a Solzhenitsyn— pero ahora agregamos algo muy poco conocido de su reclamo a las naciones libres: “Miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de doctrinas se han creado por políticos prominentes al efecto de encontrar un compromiso con este tipo de régimen. Todos están evadiendo la única solución correcta, la oposición moral. Las democracias occidentales se han olvidado de su pasado y su esencia, esto es que la democracia no consiste en una casa confortable, un automóvil elegante o un beneficio en el trabajo, pero antes que nada es la habilidad y el deseo irrenunciable de defender los derechos individuales.” La Unión Soviética provocó el mayor genocidio de la historia de la humanidad: cien millones de asesinatos desde 1917 a 1989 como lo muestra, además de la obra de Pipes, el Libro negro del comunismo escrito por seis investigadores encabezados por S. Courtois.

Ya dijimos que Garry Kasparov —más conocido por el ajedrez— escribió que el actual presidente Vladimir Putin celebró nada menos que la historia de la KGB, imprimió efigies del asesino Félix Dzerzhinsky, eliminó el debate sobre si Lenin debe ser removido del lugar de honor que ocupa en la Plaza Roja, puesto que afirmó que “hacerlo sería decirles a los rusos que ellos han venerado valores falsos”. Asimismo, Kasparov señaló que en los textos difundidos por la Universidad de Moscú se tergiversan los hechos más importantes de la historia soviética y “las invasiones de Hungría y Checoslovaquia son descritas como operaciones conjuntas del Pacto de Varsovia para preservar la integridad del sistema socialista”. Kasparov, con razón, se indignó frente al hecho de que las autoridades rusas —a diferencia de lo que ocurrió después del holocausto hitleriano o la reciente inauguración de La Casa del Terror, en Hungría— no han producido ni el más mínimo mea culpa. Insiste en que Putin “es el mayor enemigo del mundo libre”, con quien “no hay diálogo posible” y “nada es cierto de lo que dice de Ucrania”, invadida por la canallada gubernamental rusa… Un escándalo internacional para todas las personas decentes.

La situación actual de Rusia, como queda dicho, dominada por la antigua nomenclatura, se ha adueñado por parte de aquellos hampones de lo más importante de la actividad económica de aquel país. En medio de intimidaciones y cercenamiento de la prensa y amenazas cada vez que hay simulacro de procesos electorales y de violencia institucionalizada, esta parodia grotesca significa un peligro para la civilización además de una catástrofe para el sufrido pueblo ruso que debe absorber dictámenes desde el poder en cuanto a que proyectos de vida son aprobados y cuales desaprobados. Tengamos presente que la tradición liberal implica el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, es decir, solo puede recurrirse a la fuerza defensiva cuando hay lesiones de derechos de terceros; todo lo demás debe ser respetado independientemente de las opiniones que se puede tener sobre las características del proyecto de vida del vecino. El respeto es irrestricto, solo merece bloquearse la invasión a los derechos individuales cosa que —entre otros muchos temas— el matón y mandamás ruso no está dispuesto a aceptar. En esta línea argumental hay quienes han incurrido en el dislate de sugerir que para entender lo que sucede debemos tratar de recurrir a la lógica incrustada en la pandilla de Putin como si hubiera la posibilidad de dos lógicas en un contexto donde se confunde las reglas universales de la lógica con errores de apreciación, en verdad se trata de valores opuestos: la libertad frente a la tiraníaUn plano es el de lógica o ilógica y otro es el de proposiciones verdaderas o falsas.

Equipos de rescate trabajan junto a un edificio residencial dañado por los bombardeos, mientras continúa el ataque de Rusia a Ucrania, en Kiev, Ucrania, en esta imagen publicada el 15 de marzo de 2022 (REUTERS/Servicio de prensa del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania)

Ahora la muy digna coordinación de la defensa de Ucrania por parte del Presidente Volodimir Zelenski en la valiente y conmovedora lucha metro a metro a pesar de su manifiesta inferioridad de fuerzas ha incentivado a Estados Unidos y a Europa a enviar armamentos y a establecer severas sanciones financieras al autócrata ruso. Son verdaderamente conmovedoras las escenas transmitidas por el periodismo de mujeres y niños refugiados en otros lares para dejar atrás a maridos y padres en la guerra defensiva de un ataque brutal. Putin, un asesino a la enésima con 6000 cabezas nucleares pero la defensa ucraniana es aguerrida al tiempo que el avance ruso sufre bajas también de generales de alta graduación y los aparatos militares se quedan sin nafta, se les pinchan las gomas, sufren serios desperfectos mecánicos e incluso hay soldados rusos que se cambian de bando en medio de drones y bazookas que destrozan sus tanques. Todo en medio de reiteradas muestras de disconformidad en diversas áreas en las altas esferas rusas, pero mientras el daño que infringen las botas invasoras a ucranianos es horripilante.

Ucrania es parte de Europa Oriental, de seiscientos mil kilómetros cuadrados, de cuarenta millones de habitantes se remonta al año 882 y luego de invasiones de mongoles y rusos puede consolidar su territorio en 1919 en la Conferencia de Paz en París lo cual es desconocido por la URSS en medio de siempre criminales “limpiezas étnicas” hasta el derrumbe del Muro de la Vergüenza y en 1991 se declaró estado independiente con altibajos de diversa magnitud hasta el presente por todos conocido (incluso el pro-ruso Viktor Yanvkovich que finalmente huyó luego de haber decretado fusilamientos de estudiantes rebeldes y otras tropelías mayúsculas).

Equipos de rescate trabajan junto a un edificio residencial dañado por los bombardeos, mientras continúa el ataque de Rusia a Ucrania, en Kiev, Ucrania, en esta imagen publicada el 15 de marzo de 2022 (REUTERS/Servicio de prensa del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania9

Debe destacarse la impronta de gran excelencia de la Universidad de Kiev, la notable producción agrícola e industrial de Ucrania, la elegancia de los edificios de sus ciudades, la gastronomía de alta calidad, la música lugareña y sobre todo el espíritu religioso, cordial y solidario de su pueblo. Por ahora la catástrofe humanitaria infringida a ese sufrido pueblo sigue su cruel y espantoso curso. En momentos de estar redactando la presente nota no sabemos cómo terminará este episodio bochornoso para la elemental conducta civilizada, pero cualquiera sea el desenlace Ucrania habrá ganado holgadamente en el plano más relevante: el plano moral, el plano de la dignidad, el plano del coraje y de los valores más caros a lo que es inherente a lo propiamente humano, mientras que Putin y sus secuaces se han hundido en lo más profundo del estiércol de la historia.

La tarea para aquellos que pretenden vivir en una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradado en dirección a cleptocracias de distinto grado. Hoy el mayor peligro son personajes repugnantes como Putin, solo admirados por espíritus esclavistas.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La función del Estado bajo la lupa

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 3/3/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/03/03/la-funcion-del-estado-bajo-la-lupa/

El redistribucionismo encuentra su fundamento en la llamada justicia social, término que necesita del adjetivo “social” para darle a la justicia una velada resignificación antitética, parecida a la que Fidel Castro le dio a la palabra libertad cuando se refería a la “libertad revolucionaria” del pueblo cubano

Una bandera argentina flamea sobre la Casa Rosada, sede del Estado Argentino (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)

En un contexto intolerable de progresiva asfixia a la producción y pérdida de libertades básicas a manos de un estado voraz, depredador, desaprensivo y prepotente; la gente comienza a preguntarse más seriamente cuál es el rol del estado. El caso argentino aporta otro ejemplo a lo que el filósofo Michael Huemer define como la irracionalidad de la política porque, en los últimos cincuenta años, la Argentina insistió con el discurso político de la ayuda a los más necesitados solo para triplicar el tamaño del estado y aumentar once veces la cantidad de pobres.

Desde que tengo uso de razón se viene machacando sobre el redistribucionismo, práctica basada en la inmoralidad de robar a unos los que les pertenece para dárselo a otros lo que no les pertenece. Pero, sus promotores y quienes nos gobiernan hace décadas, solo lo enuncian bajo un falso romanticismo para ganar voluntades y concretar la tiranía de las mayorías a efectos de perpetrarse en el poder.

El redistribucionismo encuentra su fundamento en la llamada justicia social, término que necesita del adjetivo “social” para darle a la justicia una velada resignificación antitética, parecida a la que Fidel Castro le dio a la palabra libertad cuando se refería a la “libertad revolucionaria” del pueblo cubano. El término aberrante de la justicia social se ha instalado en muchos ámbitos; está incluso incorporado en el vocabulario de gente bien intencionada pero que no repara en sus implicancias corrosivas e incivilizadas. El sistema educativo no queda libre de culpas; muy por el contrario, es uno de los motores que propaga éste y otros desvalores del socialismo. Gracias a la posibilidad de estar en contacto con gente joven, recibo innumerables contenidos de colegios secundarios y universitarios con este tipo de postulados destructivos. Esto no es nuevo ya que mi generación también fue diariamente rociada con estas teorías. Recuerdo que, un profesor, a la clásica definición de justicia de Ulpiano de “dar a cada uno lo suyo”, le agregaba “según méritos y necesidades” proponiendo así la rapiña y la corrosión más absoluta de los marcos de respeto y el orden civilizado.

El problema de la Argentina es que ha instaurado la legalización del saqueo. Y es así como el argentino de bien vive en estado de permanente alerta, a la defensiva, tratando de zafarla y se le va la vida en ello.

El argentino que se vale por sí mismo y tiene ánimo de superación, trabaja de sol a sol para llegar a su casa, prender la televisión y escuchar a los crápulas que, con el tiempo hemos permitido que manejen nuestras vidas, anunciar más impuestos, pérdida de más libertades, referirse a una “crisis habitacional” en contextos de tomas de campos, terrenos y casas; imponer cepos, más regulaciones y otros atropellos a la propiedad privada.

Está claro que el cambio no va a venir de la gente que ha creado el sistema esclavizante del cual parasita. Es importante que ciudadanos de buenos valores se involucren y rechacen las trasnochadas teorías basadas en la expoliación porque es imposible que prevalezcan los incentivos productivos que llevan al crecimiento y al bienestar cuando, el fruto de nuestro trabajo, debe ser expuesto a un entorno de piratas y salteadores de caminos.

Hay que comprender que el capital no tiene patria y que, nuestro situación desesperante, no permite darnos el lujo de ahuyentarlo hacia climas más seguros para la inversión. Incluso hoy, el capital más valioso, el humano, se está yendo también a climas más seguros para su vida, sus ideas, su esfuerzo, su libertad y su propiedad. Las cifras del éxodo de jóvenes son tristes y escalofriantes. Para sólo mencionar las más recientes, en los últimos 50 días, cada 24 horas, se fueron al exterior 82 argentinos para no volver.

Los argentinos de trabajo, cuyo costo de oportunidad de mudarse al exterior aún es caro o los que se quedaron “a pelearla”, son cada vez menos y son considerados por el estado como ciudadanos de segunda categoría, como siervos de la gleba que están al servicio del señor feudal.

El ya raquítico sector productivo tira de un carro con ruedas cuadradas en el barro impositivo y regulatorio cargando a más del 60% de la población que viaja sobre él. Cuando visitamos países decentes o tratamos de explicarles a amigos extranjeros esta locura, nos damos cuenta de que se nos va la vida siendo un engranaje del aparato estatal que solo se limita a trabajar, pagar impuestos y elegir entre irse de vacaciones una semana a Mar Chiquita o seguir aprovechando la suerte de pocos de poder ahorrar el 25% del sueldo para comprar un dos ambientes después de 45 años de trabajo.

Mientras la Argentina se desangra, los políticos, los sindicalistas, los fieles arlequines de la pauta oficial y los explotadores de privilegios comerciales que tienen la osadía de llamarse empresarios, viajan y se hospedan en hoteles cinco estrellas, vuelan en clase business y compran camisas de algodón italiano; todo en el contexto del despilfarro de fondos públicos en algún congreso caribeño de agenda irrelevante, que promete vida social, baños de mar y las esperadas tardes libres para visitar algún local de Gucci y así reconocerle a alguien favores secretos de regreso a Buenos Aires.

A diferencia de cualquier empleado o empresario honesto, las cuentas bancarias de la casta política y sus cortesanos, no dependen de las valoraciones del mercado, es decir, de los aciertos tendientes a mejorar el nivel de vida de su prójimo; dependen únicamente de cuán cerca estén del estado al momento de producirse la repartija del botín de la “justicia social”.

En este país de la cultura del saqueo legalizado, mientras una empresa hace una reunión de directivos para posicionarse mejor con sus clientes o calcular indemnizaciones por despidos para resistir el último embate fiscal, hay otra reunión en Hipólito Yrigoyen 370 pensando nuevos criterios para subir alícuotas impositivas o crear un nuevo impuesto.

El rasgo distintivo de buena parte de quienes integran la red que vive del sudor del sector privado, es la hipocresía y la envidia. A estos acólitos de la religión del estado no les importa que su prédica contribuya a empobrecer el país siempre y cuando ellos puedan beneficiarse de los privilegios del politburó.

Todos, absolutamente todos los gobiernos de las últimas décadas, se han alejado de los principios y valores liberales de Alberdi y sus amigos. Siempre parece que tocamos un nuevo fondo. Estos últimos dos años no son la excepción; fueron marcados por la corrupción y robo de vacunas del “gobierno de científicos” con el vacunatorio VIP, fiestitas de Olivos durante una cuarentena política inaceptable mientras se fundían decenas de miles de emprendedores valiosos. Tenemos 40% de pobres en el que fuera el “granero del mundo” y la emisión monetaria está al borde de la hiper. La cultura de la toma de deuda política -que pagan generaciones presentes y futuras-, está a niveles inauditos y, como si esto fuera poco, el infierno fiscal imposibilita que cualquier Excel tenga números negros.

Santiago Maratea

En las últimas semanas, mientras la Provincia de Corrientes perdía el 10% de su extensión territorial (equivalente a 43 veces la Capital Federal) bajo un fuego imparable, el Ministro de Medioambiente visitaba el Caribe y, el Presidente de la Nación, intentaba atajar un penal en la playa de Mar de Ajó para promocionar el turismo. Alberto Fernández terminó mandando saludos al “norte argentino” y la provincia de La Rioja cuando fue forzado por un periodista a que se expida sobre la catástrofe de la zona mesopotámica.

La solidaridad, otro término que los socialistas pretenden corromper, se realiza con recursos propios y de forma voluntaria; tal como el espíritu argentino demostró con donaciones a Corrientes encabezadas por múltiples instituciones y a nivel particular. Marcando un contraste notable con la desidia estatal, en menos de dos días, el influencer Santiago Maratea, cuyo buen nombre y transparencia se ha ganado la confianza del público, logró que el sector privado -aun atravesando una gran crisis- le confíe 150 millones de pesos para ayudar a los correntinos. La Argentina fue un ejemplo de estos gestos nobles antes de que la mayoría de las entidades filantrópicas, sociedades de fomento y el mutualismo de comunidades de inmigrantes, fueran perseguidas por el peronismo para nacionalizar la “solidaridad” y convertir a Eva Perón en la precursora del clientelismo político a través de la Fundación Eva Perón.

El contraste con la estructura pública, es elocuente. El Ministerio de Medioambiente que tiene más de 250 empleados con sueldos por $1.600 millones y un presupuesto de $20.300 millones, no hizo absolutamente nada. La gente se pregunta, ¿qué hubiera hecho el sector privado si no hubiera sido saqueado con $20.300.000.000 para establecer ese Ministerio, ese kiosko político impresentable? ¿Qué hubiera hecho el mercado con ese dinero al servicio de los incentivos comerciales para prevenir y resistir esta tragedia? ¿Cuánto más potente podría ser la respuesta solidaria con menos peso de la estructura pública?

Revisando el detalle absolutamente demencial de los presupuestos municipales, provinciales y nacionales, tan alejados de las muy limitadas funciones específicas que debe tener el estado, la pregunta que se hace la gente es ¿qué sería de la Argentina sin la sustracción violenta del Estado y los recursos en manos de los legítimos dueños? Los recursos están, los sigue generando el sector privado. ¿Cómo serían los niveles educativos y sanitarios de los que hoy nos quejamos si no fueran devorados por el estado? No es un tema de eficiencia, es un tema de incentivos y reconocer que solo el mercado (es decir, la gente) puede establecer las prioridades correctas para satisfacer las cambiantes carencias en un marco de ilimitadas necesidades y recursos escasos.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie