Gobernantes inmorales: estamos contratando a los peores miembros de la sociedad, o muy debajo del promedio

Por Martín Krause. Publicada el 21/11/22 en: https://bazar.ufm.edu/gobernantes-inmorales-estamos-contratando-los-peores-miembros-la-sociedad-debajo-del-promedio/

Michael Huemer es uno de mis filósofos políticos preferidos, entre los jóvenes contemporáneos. Su libro The problem of Authority es muy recomendable. Aquí escribe sobre este tema, una columna titulada “Immoral Rulers: https://fakenous.substack.com/p/immoral-rulers

“El problema del poder

Uno de los problemas clave con la idea misma del gobierno: contratas a algunas personas para que vigilen a otros y eviten que se porten mal. Tienes que dar a los observadores suficiente poder para hacer cumplir las reglas morales correctas. Pero estos observadores no son más morales que las personas a las que vigilan. Entonces, ¿qué les impedirá usar ese poder para salirse con la suya con el mismo tipo de actos inmorales que se supone que deben prevenir?

Ese es un problema prácticamente insoluble dentro del paradigma del gobierno. Pero el problema es peor de lo que parece, porque no se trata solo de que los observadores sean humanos con las mismas debilidades y defectos que todos los demás. Una vez que hay posiciones de poder, las personas que terminan en ellas suelen ser más inmorales, más deshonestas, más propensas a aprovecharse de los demás, que las personas sobre las que gobiernan.

Piensa en la reputación de los políticos. No son exactamente conocidos por ser las personas más honestas y honorables, ¿verdad? Todo lo contrario. Junto con los abogados, tienen la peor reputación de honestidad u honorabilidad de cualquier profesión. (Dejando de lado las «profesiones» como ladrón o traficante de drogas). Parece que estamos contratando, quizás no a las peores personas de la sociedad, pero sí a personas que están muy por debajo del promedio, para gobernar a todos los demás.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Sigue a @martinkrause

La inmigración, como determinante del desarrollo:

Un estudio analógico entre el desarrollo explosivo de la Argentina y el futuro del Sahara Occidental.

Este trabajo fue expuesto en El Aayún, Sahara Occidental, en el evento: Alter Forum, desarrollado entre los días 5 y 7 de Junio de 2019.

Los fundamentos causales, determinantes del desarrollo, constituyen una temática de enorme interés para el debate sobre un futuro promisorio, armonioso y de progreso para el Sahara Occidental. Una región del mundo en la que no parece haber acuerdo sobre si es absolutamente pobre o es de una riqueza enorme, muchas veces representadas por las enormes reservas de fosfatos, evidenciadas en las minas de Bucraa y los inconmensurables bancos de peces del atlántico, entre Canarias y el Sahara occidental.

Para acercarnos a una mejor comprensión de los mecanismos institucionales e incentivos más adecuados, conducentes a este objetivo de progreso y de prosperidad, de interés común, propondremos analizar el proceso de desarrollo inicial de nuestra patria, como un estudio analógico con lo que, creemos, puede llegar a ser el desarrollo y prosperidad del Sahara Occidental en los años venideros. 

Vamos a hacer una salvedad metodológica, ya que no somos empiristas. Como ya explicara uno de los grandes maestros: Los hechos del pasado, muy poco nos dejan prever, acerca de lo que nos depararán los acontecimientos futuros. No hay fundamentos lógicos para afirmar que lo que haya ocurrido alguna vez, en ciertas circunstancias, deberá repetirse en un ambiente similar. Pero sí podemos afirmar que los hombres tienden a actuar buscando su propio beneficio y de esta forma establecen lazos y vínculos que tejen un proceso de colaboración social. Luego de muchos intentos, han terminado prefiriendo la cooperación pacífica y el entendimiento, al estado de naturaleza y a la confrontación[1]. Precisamente por esto, no son los datos del pasado ni sus similitudes los que nos llevarán a defender ciertas afirmaciones. Sino más bien, los fundamentos lógicos del accionar humano serán los que nos van a ayudar muchísimo a interpretar que pasó en el desierto Argentino y porque. A partir de allí podremos encontrar razones como para afirmar científicamente que es posible lograr resultados similares, valgan las importantes diferencias, para poder lograr un desarrollo armónico del Sahara Occidental, en los próximos años, si se logran implementar los incentivos adecuados y un marco institucional coherente.

Argentina, hasta la adopción de su ordenamiento constitucional, en 1853, era un desierto. Consideremos su superficie: Un país de más de 2 millones 780 mil Kms2, (2.780.400). Para tener una magnitud de su extensión, vale recordar que la distancia entre 2 de sus ciudades más alejadas, La Quiaca y Ushuaia[2], (4.319 kms), equivale a la distancia entre Lisboa y Moscú, (4.650 kms)[3].

Al momento de iniciarse la “Organización Nacional”, es decir, cuando se terminan las guerras civiles internas que fueron una constante a lo largo del Siglo XIX y al adoptarse la Constitución Nacional, que aún rige sus destinos, su población se podía estimar en 1 millón 216 mil, (1.216.000) habitantes, en 1853. Eso nos indica una densidad de Cero coma 4373, (0,4373) habitantes por Km2. Una densidad de población, por Km2, muy similar a la que exhibe hoy el Sahara Occidental, según las estimaciones de las Naciones Unidas de los últimos 5 años.

A partir de allí, la Argentina llegó a crecer a tasas anuales de más del 30 por mil, debido a la afluencia masiva de migrantes reducidos a la extrema pobreza, pero fuertemente esperanzados en su futuro en la nueva nación. Alcanzando en 1895 una población de más de 4 millones 123 mil habitantes, (4.123.800)[4].

Semejante tasa de crecimiento poblacional, que no se explica por el crecimiento vegetativo, sino más bien por el arribo de ingentes masas de migrantes sumidos en la más absoluta miseria, debió haber hecho caer el ingreso por cápita de la población. Pero, contrariamente a lo esperable, este ingreso no solo creció a escalas inusitadas, nunca más vistas, sino que, además se convirtió, en el referido año de 1895, y manteniéndolo en 1896, en el PBI per cápita más alto del mundo, como lo atestiguan los estudios del “Proyecto Maddison”[5].[6]

http://www.libertadyprogresonline.org/wp-content/uploads/2018/04/pbi-1895.png

Todo aquello por lo que se conoció a la Argentina de la época y todo aquello por lo que se la conoce hoy, no existía. No existía la agricultura, porque las tierras no eran susceptibles de apropiación privada. Durante el período colonial, la totalidad del territorio que hoy integra la nación era un dominio del Rey de España. Quién concedía permisos de explotación de distinto tipo, pero muy rara vez otorgaba la propiedad de nada que no fueran fincas urbanas. Y cuando lo hacía, solo era a favor de españoles nobles. Un ejemplo de los muy contadísimos de ellos puede ser el del malogrado Juan José Feliciano Fernández Campero y Pérez de Uriondo Martiarena, Marqués de Yavi[7], ejecutado por la corona, por su apoyo a la revolución[8]. No existía la ganadería porque las tierras baldías del rey eran periódicamente asoladas por los malones de los aborígenes que, desconociendo el más mínimo orden jurídico, al que nunca habían estado sometidos, robaban el ganado y las mujeres de quienes intentaran poblarlas[9]. No habian posibilidades de transportar una producción que ni siquiera existía porque no había infraestructura ferroviaria, ni inversión extranjera, ni tecnología. No había explotación pesquera, porque se ignoraban las artes de la navegación y no se contaban con barcos adecuados a esas tareas. No existían posibilidades de exportar esa producción que se generó después, cuando el capital extranjero se hizo presente, invirtiendo en puertos, vías férreas, almacenaje y logística, por la inexistencia de esas infraestructuras imprescindibles.

A tal punto que solo se exportaban cueros salados de los animales vacunos que vagaban silvestres, por imposibilidad de mantenerlos cautivos y sujetos a domesticación que permitiera su engorde, y posterior faena, para aprovechar su carne[10]. El país entero era un enorme desierto poblado por gauchos y aborígenes nómadas, que vivían, unos de la caza de rebaños salvajes y otros, del pillaje y el malón, que asolaba las poblaciones de los colonos que intentaban producir.[11].

Pero luego vino la civilización. Se diseñó un marco institucional, se juró la Constitución Nacional, pensada y redactada por Juan Bautista Alberdi, a inspiración de la Constitución de los Estados Unidos de América y de la Constitución de California y de otros estados del norte. Se enfatizó en la protección de los derechos individuales, en el amparo de la propiedad privada, en la autonomía de la voluntad a los efectos del diseño e implementación de los arreglos contractuales que resulten necesarios, en la subordinación del estado al sistema jurídico, en el estado de derecho, ante el cual, existe igualdad ante la ley para los gobernados y ante los gobernantes y el estado. Y en la subsidiariedad de la acción estatal, frente a la iniciativa privada y al capital de riesgo[12].

Juan Bautista Alberdi abogó fuertemente por promover la inmigración, como una herramienta de impulsar la adopción de conocimientos tecnológicos aportados por los migrantes, con experiencias de vida muy diversas. Y de esa forma impulsar el progreso y el bienestar a través de la constitución de empresas, promoción del comercio e industria y de toda actividad económica conexa[13].

Estas ideas quedaron plasmadas en el ordenamiento institucional, a partir de su elevación al rango constitucional de estos principios rectores de la política argentina durante el siglo XIX. Así se estableció que:

Art. 20. – Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo Solicite, alegando y probando servicios a la República.[14]

Es por eso que en nuestra patria no puede hablarse de tal cosa como “inmigración ilegal”. Porque cualquier ciudadano extranjero, que no hubiera cometido delitos y estuviese evadiendo la justicia de origen, pudo establecerse, trabajar, educarse, enseñar, difundir ideas por la prensa y dar origen a cualquier emprendimiento empresarial que lo llevara a prosperar.

Se garantizaron los derechos de las personas de forma taxativa e inalienable, dejando en claro cuales eran estos derechos esenciales a la libertad:

Se garantizó la libre circulación de las mercaderías:

“Art. 10. – En el interior de la República es libre de derechos la circulación de los efectos de producción o fabricación nacional, así como la de los géneros y mercancías de todas clases, despachadas en las aduanas exteriores.[15]

Se prohibió la aplicación de gravámenes e impuestos que tasen la circulación de bienes y mercaderías:

“Art. 1 l. – Los artículos de producción o fabricación nacional o extranjera, así como los ganados de toda especie, que pasen por territorio de una provincia a otra, serán libres de los derechos llamados de tránsito, siéndolo también los carruajes, buques o, bestias en que se transporten; y ningún otro derecho podrá irnponérseles en adelante, cualquiera que sea su denominación, por el hecho de transitar el territorio[16]”.

Se enumeraron y dejaron bien claros los derechos de los habitantes del país, que eran reconocidos aún a los extranjeros y a quienes no fueran ciudadanos:

“Art. 14: -Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria licita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.[17]

No fueron los recursos naturales, que ni siquiera eran de utilidad en esos tiempos, los que hicieron crecer al país. Sino sus instituciones, los marcos regulatorios de las relaciones interpersonales, las posibilidades infinitas de relacionarse con los demás, de asociarse, de dar origen a formas de negocios y a mecanismos de negociación que garantizan el cumplimiento de los contratos y dan seguridad y permiten administrar o derivar los riesgos comerciales. Como ejemplo de eso se pueden mencionar, en la actualidad, a los mercados institucionalizados de materias primas agrícolas, (granos, oleaginosas, carnes), así como a los mercados de derivados financieros y mecanismos de cobertura de riesgo mediante contratos de futuros[18]. Fue muy importante el respeto por la cultura, la diversidad y las creencias, así como la libertad religiosa.

Todo este marco institucional permitió generar riquezas y oportunidades de negocios y explotar ventajas competitivas, que generaron una correcta asignación de recursos, captaron inversiones competitivas y dieron lugar a la creatividad y al establecimiento de miles de empresas y negocios de propiedad particular. En sintonía con las tendencias que se vieron en otros países, ya avanzado el siglo XX. Es por eso que, actualmente, una parte sustancial de la generación de valor de la economía de los países más desarrollados no se encuentra en la producción de materias primas, sino en la posibilidad de generar ganancias a partir del comercio, la logística, el financiamiento o la administración de riesgos, la búsqueda de eficiencia a través de economías de escala y de coberturas de riesgos.

Es la creatividad, el desarrollo de nuevas formas de negociación, la creación de mecanismos institucionales para descubrir los precios futuros y asegurarlos, la principal fuente de ingresos de las sociedades maduras. Así como la información, la generación de conocimiento y la asunción de riesgos empresariales.

Autores de enorme peso académico internacional, como Julian L. Simon consideran que el mayor recurso con que puede contar un país, para avanzar en forma concluyente hacia su desarrollo son los recursos humanos. Y que el crecimiento de la población impulsa muy fuertemente la riqueza y la prosperidad, lejos de constituirse, como planteaban otras visiones apocalípticas, en una limitante al progreso[19].

Este enfoque afirma que, en realidad, la presencia de recursos naturales no determina el crecimiento. Sino la capacidad de los individuos de explotar, encontrar, reciclar y reformular la utilización de los mismos es lo que determina la prosperidad. El continente que cuenta con más recursos naturales es África. Si pensamos en oro, o diamantes, miraremos al sur, si pensamos en energía y petróleo, pensaremos en Nigeria, Angola o Argelia[20]. Sin embargo, es África, nuevamente el continente que lidera la recepción de ayuda humanitaria. Camerún, Etiopía, Chad, padecen situaciones que no tienen estrictamente que ver con la falta de fuentes de sustento o de ingresos para sus habitantes. Sino con conflictos. Y sus consecuentes desplazamientos de población[21].

En términos de las horas de trabajo que hacen falta aportar para conseguir el valor de una tonelada de cualquier materia prima, como podemos ver en la actualidad, todos estos precios han bajado a niveles insignificantes, en relación a los que tenían 100 años atrás. Y mucho más, si lo relacionamos a 1000 años atrás. ¿Qué es lo que ha hecho que, pese a esa disminución de su precio real, no monetario, sino medido en bienes que no han perdido valor, como puede ser el de la hora de trabajo o el de la jornada laboral, estos bienes se sigan produciendo y volcando a los mercados en proporciones cada vez crecientes? La respuesta nos llega de parte de los nuevos sistemas de producción, desarrollados a partir de la búsqueda de economías de escala y de la especialización. ¿Qué es lo que ha hecho que hoy, con un precio 10 veces menor al de hacen apenas 100 años, un agricultor en la Argentina se dedique a producir Trigo, Soja o Maíz? ¿Por qué sigue trabajando pese a la dramática caída de su precio, que lejos de ser una mala noticia, es excelente, desde el punto de vista de las personas que antes padecían hambre? La respuesta se debe buscar en los volúmenes obtenidos y en la minimización de los márgenes de rentabilidad, producidos por una competencia global, que obliga a lograr niveles de eficiencia impensables años atrás. Con inversiones en tecnología y en capital que no existían hace apenas 30 años. Actualmente un agricultor puede sembrar maíz, soja, o trigo a razón de 60 a 80 has. por día y puede cosechar maíz a razón de 80 toneladas por hora. Una sola persona. Con un stock de maquinarias que supera el millón de U$S. Frente a semejante grado de especialización, las formas de vida antiguas, con economías de subsistencia y en escalas artesanales no pueden sobrevivir por sus enormes costos relativos. Medidos en la cantidad de horas que una persona debe dejar de utilizar en su propia capacitación intelectual y técnica, estos costos son ahora imposibles de asumir, sin vernos condenados a no salir nunca de la indigencia y el subdesarrollo.

La utilización cada vez más intensiva de las materias primas y de los recursos naturales lleva a una mayor prosperidad y esta, a una mayor capacidad de compra de los mismos, y los somete a una utilización más intensiva. Esto genera escaseces, que en una economía de mercado abierta y competitiva dan lugar a la suba de sus precios y al desarrollo de nuevas inversiones y asimismo de nuevas tecnologías que permiten una mayor posibilidad de obtener cantidades mayores de esos recursos y luego eso precipita sus precios a la baja en el largo plazo. Y asimismo, nos obliga a explotar los recursos, cuando sus precio de venta cubre ya adecuadamente los gastos de inversión y desarrollo[22].

Pensemos, por un momento en el petróleo. El volumen de sus reservas, los costos de extracción y los usos que se hacían del mismo a principios del siglo XX. Y la situación actual. Cuando se inicia la industria del petróleo, esta se basó en la explotación de un recurso que no solo estaba completamente a la mano, sino que obstaculizaba la obtención de otros más urgentes, como el agua. A partir de disponer del recurso en forma casi gratuita, se empezaron a buscar usos alternativos del mismo, los cuales fueron, en primera instancia, para el querosene, utilizado en la iluminación y posteriormente para otro de sus subproductos residuales, como la gasolina que luego se empezó a utilizar para mover automóviles. Luego se dio uso al fuel oil, para mover buques y trenes y al diesel, para el transporte por camión. El desarrollo tecnológico permitió que se disminuyeran dramáticamente las cantidades a utilizar para producir trabajo mecánico, mediante la eficiencia y el desarrollo de nuevas máquinas térmicas, de menor consumo[23]. Y así llegamos al día de hoy en que el desarrollo de nuevas tecnologías, como la iluminación mediante LEDs minimiza el consumo de electricidad y el diseño de turbinas eólicas hace innecesario el petróleo para aplicaciones de energía hogareña. Los automóviles híbridos hacen caer el consumo a un tercio del de hacen 25 años. Y el desarrollo de nuevas tecnologías de prospección y extracción nos ponen a disposición ingentes cantidades, apenas ayer desconocidas, como lo ha sido el desarrollo del megayacimiento de Vaca Muerta en Argentina. El segundo más grande del mundo en petróleo no convencional, que dará lugar a inversiones privadas de más de 120 mil millones de dólares en los próximos años[24].

Por otra parte, y por las mismas razones económicas, el capital está sujeto a la ley de rendimientos decrecientes a escala, lo cual obliga a las naciones más desarrolladas a invertir, preferentemente, en aquellas naciones que ostentan menores tasas de capitalización, ya que las tasas de rendimiento de determinado monto de capital, son muchas más altas en donde el capital es escaso, que en aquellas naciones en donde es abundante.

Las claves para que todo este progreso se materialice deben buscarse, asimismo, en el desarrollo de la empresarialidad, la creatividad, la iniciativa privada, la búsqueda personal de alternativas, que cada uno de los integrantes de la sociedad desarrolla, cuando se establecen los incentivos correctos. En este sentido, son muy interesantes los aportes de Israel Kirzner en lo relativo a los efectos multiplicadores de la iniciativa privada.

Este autor puso un gran énfasis en el proceso de descubrimiento de oportunidades empresariales, como eso beneficia a toda la sociedad, y como se plantea una distribución del ingreso basada en principios de equidad y justicia[25].

Asimismo, también ha destacado la importancia de la competencia, dentro de un proceso de mercado, para no solo descubrir, sino también incentivar y promover la iniciativa individual y el desarrollo de la persona[26].

Sin llegar a ser exhaustivos y por supuesto, sin poder llegar a conocer las peculiaridades y realidades sociales inabarcables en una tan breve intervención, hemos considerado que podía ser de interés este aporte de nuestra parte, basado asimismo en la experiencia que como empresarios y promotores de mecanismos institucionales hemos desarrollado en Latinoamérica en las últimas 3 décadas.

Por todo esto, esperamos haber hecho un aporte relevante de ideas y enfoques, que pueda resultar de utilidad para todo aquel que se sienta interesado en estos asuntos, que consideramos de gran importancia para el desarrollo del Sahara Occidental, en la actualidad.

Referencias:


[1] Mises, Ludwig v. : “Teoría e Historia”. Recuperado el 10/6/ 19 de: https://es.scribd.com/document/246775109/Teoria-e-Historia-Mises-pdf

[2] Distancia entre La Quiaca y Ushuaia: Recuperado el 10/6/19 de:

[3] Distancia entre Lisboa y Moscú: Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.distanciasentreciudades.com/buscar?origen=Lisboa&destino=Mosc%C3%BA

[4] Flores Cruz, Ramiro A.: “El crecimiento de la población Argentina”. Recuperado el 10/6/19 de:

http://webiigg.sociales.uba.ar/pobmigra/archivos/Ramiro_Flores/Crecimiento.pdf

[5] Anderson, Javier: “Argentina sí fue el país más rico del mundo”. Recuperado el 10/6//19 de: http://buendianoticia.com/nota/9986/argentina-si-fue-el-pais-mas-rico-del-mundo-fundacion-libertad-y-progreso

[6] Groningen Growth and Development Centre (GGDC): Recuperado el 10/6/19 de: https://www.rug.nl/ggdc/

[7] La historia del marqués de Yavi se hace presente

https://www.lagaceta.com.ar/nota/368916/informacion-general/historia-marques-yavi-se-hace-presente.html

[8] Teruel, Ana “El Marquesado del Valle de Tojo: patrimonio y mayorazgo. Del siglo XVII al XX en Bolivia y Argentina”. Recuperado el 10/6/19 de:

http://revistadeindias.revistas.csic.es/index.php/revistadeindias/article/download/1022/1094

[9] Zeballos, Estanislao S. (1878) «La Conquista de quincemil leguas»

https://studylib.es/doc/1235373/zeballos–1878–la-conquista-de-quincemil-leguas

[10] Nicolás Alberto Biangardi, Maximiliano Camarda «El negocio del cuero en el Río de la Plata a fines del siglo XVIII». Recuperado el 10/6/19 de: https://www.researchgate.net/publication/324180493_El_negocio_del_cuero_en_el_Rio_de_la_Plata_a_fines_del_siglo_XVIII

[11] Thomas Falkner: «Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional».

http://www.biblioteca.org.ar/libros/92625.pdf

[12] Levaggi, Abelardo: “Constitucionalismo Argentino 1810-1850” Recuperado el 10/6/19 de:

[13] Alberdi, Juan Bautista, “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, 1ª  ed., Buenos Aires, Losada, 2008. Recuperado el 10/6/19 de: http://biblioteca.libertyfund.org/sites/default/files/bases-facsimile.pdf

[14]Constitución de la Nación Argentina: Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[15] Constitución de la Nación Argentina: Art. 10. Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[16] Constitución de la Nación Argentina: Art. 11. Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[17] Constitución de la Nación Argentina: Art. 14. Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[18] Diferentes contratos de futuros:

[19] Simon, Julian Lincoln: “The Ultimate Resource 2” New Jersey Princeton University Press 1996.

[20] África: Petróleo Bruto. Producción.

https://es.actualitix.com/pais/afri/africa-petroleo-bruto-produccion.php

[21] Escola de Cultura de Pau: Recuperado el 10/6/19 de:

[22] Julian l. Simon, sobre la dinámica de los recursos naturales y sus precios.

[23] ¿Cómo llegó el petróleo a dominar el mundo?

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150331_iwonder_historia_petroleo_finde_dv

[24] Chorny, Rubén: Segunda reserva mundial: Vaca Muerta se llama la gran carta de crecimiento argentino. Recuperado el 10/6/19 de:

https://www.bbva.com/es/segunda-reserva-mundial-vaca-muerta-llama-gran-carta-crecimiento-argentino/

[25] Kirzner, Israel M. «Descubrimiento, capitalismo y justicia distributiva». Recuperado el 10/6/19 de:

[26] Kirzner, Israel M. “Competencia y Emprendimiento”. Recuperado el 10/6/19 de:

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1496174

¿Tienen derechos los animales? Y si así fuera, ¿tienen también obligaciones como tenemos nosotros?

Por Martín Krause. Publicada el 6/9/22 en: https://bazar.ufm.edu/tienen-derechos-los-animales-asi-tienen-tambien-obligaciones-tenemos/

¿Tienen derechos los animales y otras criaturas o elementos de la naturaleza o elementos “sensibles” como ahora se los referencia? Siempre he tenido dificultad en comprender esto ya que quienes tenemos derechos, al mismo tiempo tenemos obligaciones, la principal de ellas es la de respetar el mismo derecho que tienen los demás. Entonces, ¿si afirmo que una serpiente venenosa es un ser sensible y tiene derechos, a no ser agredida, por ejemplo, estará dispuesta a respetar mi derecho a no ser agredido? Hum….

Me huele a que son más bien derechos que ciertos humanos buscan otorgar a quienes intentan de alguna manera representar. Es decir, los seres “sensibles” no tienen capacidad de defender esos derechos por sí mismos, son humanos que lo hacen. ¿Cómo podemos saber que el ser humano A o B representa mejor a esos seres sensibles si ellos mismos no nos lo hacen saber?

En fin, es que trata estos temas, pero este paper se refiere, desde otra perspectiva, por supuesto, a los distintos enfoques que compiten para asignar derechos:

Dellavalle, Sergio, Granting Rights to Nature? Considerations on Three Different Approaches to the Question (May 3, 2022). Max Planck Institute for Comparative Public Law & International Law (MPIL) Research Paper No. 2022-09, Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=4099819  or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4099819

“Según el pensamiento moral, político y jurídico occidental moderno, sólo los individuos vivos pertenecientes a la especie humana tienen derechos originales. Sin embargo, recientemente se ha hecho el reclamo de que los derechos inherentes también deben reconocerse a las entidades que antes estaban excluidas de los derechos prima facia. Entre los posibles “nuevos” titulares de derechos se encuentran entidades pertenecientes al mundo natural, como animales sintientes no humanos, seres vivos en general e incluso componentes del entorno natural como biotopos y ecosistemas. La concesión de derechos a entidades naturales se ha reivindicado recurriendo a tres estrategias diferentes. La primera puede definirse como la estrategia de “derechos como intereses razonables”: de acuerdo con su supuesto central, los derechos deben otorgarse a todas las entidades de las que pueda suponerse razonablemente que tienen intereses identificables relacionados con su existencia, por ejemplo, un interés en prosperar. o no sentir dolor. La segunda estrategia argumenta que los derechos deben atribuirse a todas las entidades que se caracterizan por un valor inherente y específico derivado de ser parte de una red orgánica, de larga data y altamente compleja de interacciones mutuas dentro de una comprensión holística del mundo. La tercera estrategia, finalmente, fundamenta los derechos en la capacidad de las entidades para ejercer la agencia calificada, de modo que ser titular de derechos depende de la capacidad de desplegar acciones reflexivas encaminadas a un fin determinado. El artículo analiza las consecuencias de la aplicación de cada estrategia a todas y cada una de las dimensiones del mundo natural no humano al que se suponen atribuidos viejos o nuevos derechos. Dicho de otra manera, la primera pregunta será si los animales sintientes no humanos, los seres vivos en general o partes del entorno natural pueden considerarse titulares de derechos si adoptamos la estrategia basada en intereses. Las dos secciones siguientes abordarán la misma cuestión con referencia, respectivamente, al enfoque holístico ya la estrategia de la agencia. La sección final extrae las conclusiones de los análisis anteriores y esboza los contornos de una teoría general de la dotación de derechos a entidades no humanas de acuerdo con un enfoque basado en el reconocimiento revisado y mejorado.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Transcendencia del derecho de propiedad

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/07/transcendencia-del-derecho-de-propiedad.html

Tomo este tema prestado del capítulo I del interesantísimo libro del Profesor Manuel Ayau (fundador y primer rector de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala) que cito a pie de página. De esta breve pero rica obra vamos a comentar y analizar algunos de sus párrafos más destacados.

‘’Algunos, que se consideran a sí mismos campeones del derecho a la propiedad privada, se sorprenderían al descubrir que cuando se oponen al libre comercio y a la «globalización» están negando a otros su derecho a la propiedad’’[1]

Negar a unos su derecho de propiedad equivale a robarles directamente, o permitir que otros sean los que les roben.

El término ‘’globalización’’ que se utiliza aquí, se refiere (en contexto) a la globalización del libre comercio. Lo aclaramos en función de que lo que expusimos en otras muchas ocasiones en cuanto a que globalización alude a un fenómeno general y expansivo que puede atañer a cualquier cosa, inclusive a actuaciones delictivas. En virtud de su excesiva ambigüedad nosotros hemos preferido no usarlo.

‘’Generalmente la propiedad se define como el derecho exclusivo de posesión, disfrute y disposición de algo tangible o intangible. Sir William Blackstone (1723-1780)6 la definió como «ese despótico dominio que un hombre mantiene y ejercita sobre cosas externas del mundo, en total exclusión del derecho de otro individuo en el universo 7’’ [2]

Esta definición ha ido evolucionando, y si bien en esencia es cierta, requiere de ciertos matices aclaratorios.

Por ejemplo, ese dominio no solamente puede ejercerse sobre cosas externas sino sobre internas. Es el típico caso del cuerpo humano y la vida misma del hombre en cuanto a si mismo como dueño de sus actos, sus pensamientos, y el uso que haga de ellos que puede ser, por supuesto, tanto bueno como malo. Recién hoy en día, no cabe duda que cada persona es dueña de su cuerpo y de su vida, pero no siempre esto fue así.

No olvidemos que, apenas a fines del siglo XVIII la esclavitud dejó de ser un ‘’derecho’’ de unos sobre otros, un derecho que -en el curso de los siglos precedentes- fue absoluto, lo que incluía potestad de vida o muerte sobre el esclavo que, legalmente, era considerado una mera cosa mueble similar a un animal (jurídicamente un semoviente).

‘’Ciertamente, Sir William no pensaría que si usted es el propietario legítimo de una cosa puede disponer de ella en cualquier forma, sin ningún tipo de límite, porque, si no hubiera limitaciones, nadie tendría garantía de poder disfrutar de derecho alguno’’[3]

Por supuesto, la circunstancia de ser dueño de un automóvil no autoriza a su propietario a salir a la calle a embestir a personas y a otros automovilistas. Nadie podría decir en su sano juicio que el mero hecho de poseer un derecho de propiedad sobre el coche habilita sin más a su propietario a cometer crímenes o delitos usando el mismo.

La situación sería la misma si, en lugar de atropellar a transeúntes u otros automóviles, se usara el vehículo para transportar cosas robadas o personas secuestradas. El derecho de propiedad y su carácter de absoluto no faculta este tipo de empleo.

‘’El límite generalmente aceptado, en relación con el ejercicio de los derechos, es que, mientras todos respeten los derechos generalmente reconocidos e iguales para todos, nadie puede decir cómo los demás deben disfrutar y disponer de sus propios derechos 8’’[4]

                El derecho a la vida y la libertad es un derecho reconocido naturalmente a todos en la postura iusnaturalista que sostenemos, lo que no implica que en la positivista (que es la preponderante en los tiempos que corren y no -por cierto- desde ahora sino desde antaño) no se lo reconozca.

Pero ha habido (y todavía subsisten) criterios positivistas, donde dichos derechos naturales se desconocen, y se pretenden reemplazar por otros ’’positivos’’, en los que la ley es lo que el gobierno dice que es ley, fórmula que podría sintetizar la tesis positivista acerca de la cual también nos hemos explayado en distintas partes.

‘’En otras palabras: mientras todos observemos las reglas de buena conducta, aceptadas recíprocamente, que hacen viable la vida en sociedad, todos somos libres para disponer de lo propio, de lo legítimamente adquirido’’[5]

                Una sociedad donde no existiera (por haberse derogado por ley) el derecho de propiedad, habilitaría a todos a robarse mutuamente, porque ya nada sería de nadie en particular, y todos se creerían con derecho a usar todo lo que existe y a consumirlo.

Fácil es darse cuenta que una ley de ese tipo (que no es ni más ni menos que lo que el comunismo ha pregonado y perseguido durante toda su existencia) convertiría rápidamente dicha sociedad en otra donde prevalecería la ley de la jungla, en la que el más fuerte predominaría sobre los más débiles y el conflicto y la guerra serian constantes. Lo único que impide a nuestras sociedades convertirse en tribus que se fagociten mutuamente es el derecho de propiedad.

‘’Efectivamente, las normas de buena conducta -como, por ejemplo, los Diez Mandamientos- establecen límites respecto de lo que no se puede hacer, con el propósito de proteger los iguales y recíprocos derechos individuales de todos’’[6]

           Aunque parezca mentira, el gran problema de nuestro tiempo es la falta de respeto a estas normas en casi todas partes, pero –y con particular magnitud- en Latinoamérica. Esto es sintomático porque, es la causa no sólo de la pobreza y miseria generalizada sino incluso del crimen, la depravación, y la corrupción en todos los estamentos sociales, desde los más bajos hasta los más altos. A todo esto es a lo que lleva el desconocimiento mínimo al derecho de propiedad. De allí su importancia.


[1] Manuel F. Ayau Cordón Un juego que no suma cero La lógica del intercambio y los derechos de propiedad Biblioteca Ludwig von Mises. Universidad Francisco Marroquín. Edición. ISBN: 99922-50-03-8. Centro de Estudios Económico-Sociales. Impreso en Guatemala. Pág. 15

[2] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 15

[3] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 15

[4] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 15-16

[5] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 16

[6] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 16

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La ley como ‘’reformadora’’ social


Por Gabriel Boragina. Publicado en:
http://www.accionhumana.com/2022/07/la-ley-como-reformadora-social.html

Los juristas, no pocos políticos, profesores, y mucha gente común suele pensar que la ley es el instrumento ‘’perfecto’’ para modelar y moldear la conducta de una sociedad o de la sociedad en general.

Muchos son los reformadores sociales, entre los cuales se cuentan los mencionados en primer término, que asumen como propia esa misión y que sueñan con imponer criterios morales, no solamente al prójimo que tienen inmediatamente más cercano -como etimológicamente significa la misma palabra prójimo- sino a todos, sean próximos o lejanos.

Pero hay autores que no piensan lo mismo y entre los cuales nos alineamos:

‘’La gente cumple las leyes sus propios objetivos que pueden ser morales o inmorales. Un criminal puede servirse de métodos e instituciones legales para cumplir su designio criminal’’[1]

Ese criminal puede ser incluso el mismo legislador, como ya nos hemos referido en otras ocasiones. Es más, en el caso de los regímenes totalitarios lo es siempre. En este supuesto, su labor legislativa tiene dos objetivos: por el primero, legitimar sus conductas ilícitas. Por el segundo, criminalizar todas las demás conductas que se opongan a la suya.

‘’La gente buena se sirve también de instituciones para cumplir con sus designios que no necesariamente son iguales a los de los legisladores’’[2]

Aunque el legislador mismo no sea un criminal, incluso en ese caso, sus objetivos raramente serán los mismos que los de las demás personas. Se olvida a menudo que mientras la ley uniforma conductas, los seres humanos somos todos diferentes y actuamos en desiguales direcciones, y ninguna ley puede abarcar todo ese abanico de conductas humanas. Muchos han pretendido hacerlo a través de la ley, pero jamás en la historia de la humanidad lo han logrado, y difícilmente lo consigan mientras los seres humanos sigan siendo desemejantes entre sí.

‘’La moral no se transmite, el legislador no contagia a la ley de sus designios morales, cada uno de nosotros utiliza la ley para sus propios propósitos morales, y de esta manera sirve a lo que entiende como mejor desde su propio punto de vista’’[3]

Parece que el autor abraza la tesis de la moral subjetiva. Según esta, cada persona tiene sus propias normas morales. Otros pueden participar de ellas, o tener sus personales reglas morales disímiles a las de los primeros. Pero como sea, coincidimos en cuanto a que la ley no es el vehículo idóneo ni apropiado para transmitir valores morales a los destinatarios de ella. En cualquier caso, los principios morales se transmiten a otras personas por diversos cauces, entre los cuales el más importante es la educación.

‘’De manera que deberíamos agregar a las limitaciones de la ley como fuente del derecho, además de ser costosa y el reparto asimétrico de ese costo, el hecho de que la ley tiene un carácter meramente instrumental, que no puedo darle contenidos morales a una sociedad a través de la ley. Finalmente los ciudadanos harán lo que quieran hacer, lo que mejor entiendan que les conviene, lo que les guste hacer y no lo que los legisladores pretenden que hagan a través de las normas legales’’[4]

Esto parece indicar que, a través de la ley no es posible regimentar a una sociedad, ni producir reformas sociales. Ambas cosas son correctas. La ley es un resultado, una consecuencia, y no una causa de algo.

Algunas conductas pueden ser consecuencia de ciertas leyes que, observadas en conjunto, serán, »a la postre», aisladas. Por ejemplo, la violación de la ley penal puede -en determinados casos- resultar en que la persona que la quebranta sea procesada y vaya presa. Pero la mayoría de los tipos penales que la ley determina sólo resultarán vulnerados en aquellos casos que marchen en contra de las costumbres sociales imperantes en esa época y lugar donde se los pretende aplicar. En caso contrario, no lo serán.

Esto último resulta relevante y visible en los regímenes totalitarios donde, usualmente, se elaboran códigos penales que listan -además de los considerados delitos comunes- otra serie de hechos que -en la doctrina- suelen denominarse como delitos políticos y que no son precisamente los que ejecutan los gobernantes contra la gente común sino, inversamente, los que los tiranos imaginan como tales y que siempre serán los cometidos por la persona corriente contra los rectores del régimen opresor.

‘’En conclusión hemos tratado de profundizar en este mundo donde el derecho no se crea monopólicamente sino competitivamente’’[5]

En este punto deberemos recordar que hay dos tipos de monopolios que reciben distintas significaciones por parte de los autores. Unos lo llaman naturales y artificiales, otros espontáneos y provocados, otros de mercado o estatales, otros el bueno y el malo. En fin, las denominaciones se multiplican. En el punto, en realidad, el autor lo que está queriendo decir es que hay varias fuentes del derecho y -en el caso- identifica al monopolio con la fuerza del estado/nación. Por competitivo para él debe entenderse, entonces, la existencia de varias fuentes del derecho.

‘’si el derecho se crea monopólicamente en realidad tenemos poco que discutir, como el derecho se crea competitivamente resulta que podemos hacer una aproximación hacia las fuentes del derecho desde una perspectiva distinta y darnos cuenta de que el derecho es costoso y que la ley como fuente del derecho es una fuente predominante y con una presencia significativa, deriva su condición de situaciones objetivas’’[6]

En contexto, todo es costoso y es algo en lo que hemos insistido siempre. El párrafo da la errónea idea de que si el derecho fuera creado monopólicamente no tendría costo alguno, lo cual es falso, aunque no sea lo que el autor piense realmente. Pero la forma de expresarlo trasmite al lector esa errada percepción.

También pretendemos dejar aclarado que, el concepto de ley es -en última instancia- subjetivo y que es aquello que cualquier persona entiende como obligatorio para ella. Excede, pues, la idea corriente de ley positiva, aunque el articulista comentado siempre use la palabra ley en este último sentido.

‘’En realidad la ley, como un mecanismo institucional, tiene una serie de ventajas insoslayables. Una ley puede disminuir los costos de transacción pero también los puede incrementar, la ley como fuente del derecho tiene costos y beneficios, estos costos se reparten asimétricamente y tienen un carácter instrumental’’[7]

La primera oración contradice, indudablemente, las siguientes. En rigor, quiere decir que la ley tiene ventajas y desventajas (siempre) lo cual es una conclusión particular de una premisa general, por la que todo, absolutamente todo en la vida, tiene costos y beneficios, lo que se resume en la célebre fórmula del notable premio Nobel de economía Milton Friedman: There are no such thing as a free lunch. Sobre el carácter instrumental de la ley no tenemos allí nada que objetar y estamos profundamente de acuerdo con el autor.

‘’También la ley tiene beneficios, economías de escala y ventajas comparativas como fuente del derecho, lo que explica la enorme difusión y la gran importancia de la ley en la sociedad contemporánea. De los muchos fenómenos jurígenos, la ley y la costumbre son entonces las fuentes predominantes’’.[8]

La conclusión es casi una obviedad a la luz de lo que hemos venimos analizando. Pero mantenemos nuestra disidencia en cuanto a la separación entre ley (a secas) y costumbre. Lo correcto sería expresarlo así: ley positiva y ley consuetudinaria, o ley formal y ley informal si se quiere, también.

La idea -a nuestro juicio- queda mejor enunciada: ambas son leyes, pero de dos tipos diferentes. En cualquiera de uno y otro caso, la obligatoriedad y el cumplimiento de la ley queda reservado al ámbito subjetivo del individuo en cuestión.


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Enrique Ghersi. ibídem.

[3] Enrique Ghersi. ibídem.

[4] Enrique Ghersi. ibídem.

[5] Enrique Ghersi. ibídem.

[6] Enrique Ghersi. ibídem.

[7] Enrique Ghersi. ibídem.

[8] Enrique Ghersi. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Instrumentalidad y moralidad en (y de) la ley

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/07/instrumentalidad-y-moralidad-en-y-de-la.html

‘’Dijimos antes que el derecho es un bien de capital y si el derecho es un bien de capital no tiene objetivos, la ley no tiene objetivos, las personas son las que tienen objetivos. Constituye una falacia que los lógicos clásicos llamarían falacia naturalista suponer que las cosas tienen una voluntad independiente de las personas que utilizan las cosas’’.[1]

Cierto. Sin embargo esta falacia está sumamente extendida, como el antropomorfismo por el cual a entidades ideales o imaginarias se le asigna existencia ‘’real’’, como sucede con el estado-nación, la sociedad, la comunidad, el país, el pueblo, etc. cuando estas palabras no son más que etiquetas que se esgrimen (o debería hacerse) para designar grupos o conjuntos de personas o cosas a las que se le fijan diferentes roles u objetivos. Sin embargo, comúnmente se los piensa y se manejan esos términos como sinónimo de entes vivientes por ‘’derecho propio’’ con voluntad propia, deseos, etc., cosas imposibles en entelequias, y sólo factibles en la unidad física y biológica que llamamos ser humano.

‘’Las cosas no tienen voluntad solo las personas tienen voluntad. Si solo las personas tienen voluntad la ley no tiene ninguna voluntad, es una metáfora, una mala metáfora, aquella que nos habla de la voluntad de la ley o la voluntad del legislador’’[2]

Además de una metáfora, su uso no es siempre inocente. Muchas veces, el empleo de esta metáfora se trae para esconder las verdaderas intenciones del que la explota, y que son disimular astutamente que acude a la expresión para conseguir sus fines propios, o bien los del grupo al cual el sujeto pertenece o dice representar.

De ahí que sea tan frecuente escuchar en boca de políticos y líderes gremiales reivindicar lo que no son más que sus aspiraciones personales, escudándose en que ‘’lo es’’ en la ‘’voluntad de la ley’’, y no en sus personales opiniones.

Cuando alguien dice ‘’es la voluntad de la ley’’ no hace más que exponer su subjetiva valoración o -mejor dicho- expresión de deseos de lo que la ley (esa o cualquier otra) debería decir, siempre y cuando favorezca sus propios intereses o los de su grupo.

‘’Lo que el legislador haya querido hacer cuando promulga o redacta una ley tiene a los ciudadanos sin cuidado. Los ciudadanos no siguen la ley cuando las siguen por la voluntad del legislador o la voluntad del jurista que propuso la norma legal, los ciudadanos obedecen las leyes por sus beneficios, porque ellos creen que se benefician de hacerlo, por los costos y beneficios asociados con sus preferencias individuales. Yo obedezco la ley cuando me conviene, no me interesan los objetivos de un legislador, si es que se pueden conocer”[3]

Indudablemente el autor de este trabajo que estamos analizando, tiene total razón en este punto. La gente, todos nosotros, sólo actuamos cuando al hacerlo, tenemos una ventaja, si no hay un provecho a la vista, la acción de cualquier individuo nunca va a tener lugar.

Ya sea para provocar un mal o para obtener hacer bien, la acción se lleva a cabo con un propósito personal, el cual puede ser coincidente con el de un grupo al cual se pertenece o bien se adhiere.

Pero lo que determina la obediencia o la desobediencia de la ley, es meramente el interés personal o -si se quiere de otra manera- el egoísmo personal. Esto no quita, por supuesto, que pudiera existir la situación en que una o varias personas coincidan con los objetivos del legislador, fuere que los conozcan o no los conozcan.

Por  eso, es perfectamente factible que, personas que votaron al legislador por pertenecer o adherir a su propio partido político, también estén de acuerdo, naturalmente, con las leyes que ese legislador proponga, porque justamente, para eso mismo lo votaron.

“La ratio legis es parte de la historia o de la arqueología jurídica, si ustedes quieren, una curiosidad pero carente de relevancia social y económica actual. La gente no obedece las leyes por esas razones, la gente obedece las leyes cuando les conviene hacerlo porque tienen costos menores a los beneficios.”[4]

Obviamente, cuando el cuerpo legal de una determinada comunidad se contradice, la gente actuará de otra manera. La mayoría de las veces contraria a la ley, y ese desconocimiento entre un sistema legal formal, enfrentado a otro sistema legal informal, va a producir una crisis de legalidad allí donde se produzca.

Esto tiene particulares consecuencias, y -otra vez- el ejemplo típico de estas contradicciones legales aparece en el área del campo fiscal. Insistimos en el punto por la razón de que -en general- son creadas a instancia de los burócratas, lo cual es hasta cierto punto lógico en el sentido de que la burocracia se financia exclusivamente a través de los tributos, dado que los beneficiarios de los impuestos son (con una proporción abrumadoramente mayoritaria) los burócratas y no los ciudadanos del llano, sucede precisamente que –consecuentemente- en esos contextos aparezca el fenómeno de la evasión fiscal.

“Entonces, el cumplimiento de la ley no tiene nada que ver con los objetivos del legislador. Una ley creada con un propósito bueno puede ser usada para algo malo, la ley es un bien de capital, como un martillo. El martillo está hecho para la carpinterilla pero también te puede quitar la vida; la silla está hecha para sentarse pero también puedes estrellársela a alguien en la cabeza, las palabras están hechas para comunicarnos pero también pueden ser usadas para confundir, engañar y estafar.”[5]

Esto nuevamente es así, y es a lo que nos hemos venido refiriendo por durante tanto tiempo respecto al carácter instrumental de la ley. Se trata sólo de un medio, pero lo que determina si el medio empleado será idóneo, bueno, o malo, estará exclusivamente definido por la utilización que le dé el individuo particular que eche mano a esa ley en cuestión.

No es cosa extraña, ni rara que, leyes creadas con la mejor de las intenciones sean, en realidad, muy nocivas para la gente.

Un caso típico -al que nos hemos referido en otras oportunidades- es el de los llamados “estados benefactores” o “de bienestar” que tanto auge tienen hoy en día en el mundo político y económico. Sin duda alguna, en la legislación de tales estados podemos leer que con la mejor de las intenciones se han sancionado para justamente el beneficio. Sin embargo, ya hemos demostrado en muchos de nuestros trabajos sus efectos precisamente contrarios.


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Ghersi ‘’El costo…’’ ibídem

[3] Ghersi ‘’El costo…’’ ibídem

[4] Ghersi ‘’El costo…’’ ibídem

[5] Ghersi ‘’El costo…’’ ibídem

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El Boom Liberal argentino contado por el cerebro del «2M» Macri + Milei; con Alberto Benegas Lynch

Publicado el 30/6/22 en: https://www.agrositio.com.ar/canal-agrositio/entrevistas/223737-el-boom-liberal-argentino-contado-por-el-cerebro-del-2m-macri-milei-con-alberto-benegas-lynch

Nunca visto en el país, hoy genera grandes expectativas el crecimiento e inserción del Liberalismo en la sociedad. Un fenómeno que por la simpleza y realidad de sus fundamentos ha capturado la casi totalidad del voto y las preferencias de centenials y millennials. También de la sociedad más empobrecida del país. Una charla para pensar sus ideales, e interpretar su lógica basada en el respeto al otro y a uno mismo para hacer sin ningún guardián que digite la vida de las personas. El Dr. Alberto Benegas Lynch es economista, académico, escritor, docente y podríamos decir que el «Patriarca intelectual» del pensamiento liberal argentino. ¿Cómo fue que logró los encuentros entre Macri y Milei?, ¿cómo son las peleas que se dan hoy entre libertarios?, ¿cual es la lógica del «proceso de ebullición» entre los más jóvenes que ven como vieja a la izquierda?…

https://www.agrositio.com.ar/canal-agrositio/entrevistas/223737-el-boom-liberal-argentino-contado-por-el-cerebro-del-2m-macri-milei-con-alberto-benegas-lynch

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los costos de la informalidad

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/05/los-costos-de-la-informalidad.html

‘’Hay un ejemplo que no me cansaré de repetir, un ejemplo prototípico, que es la ley de invasión de terreno ¿Cuándo invade la gente un terreno? Invade solamente cuando el costo de comprar un terreno por la vía legal excede al beneficio de adquirir el terreno por la invasión. Y en ese momento prefiere invadir que comprar el terreno, eso probablemente es consecuencia de malas leyes que regulan la urbanización de terreno que hacen que existan barreras de acceso a los mercados inmobiliarios que empujan a desertar hacia la informalidad a gruesos sectores de migrantes del campo a la ciudad que requieren de vecindarios nuevos para vivir. Pero es consecuencia de una evaluación de costo-beneficio’’.[1]

Es importante la observación, porque destaca como las leyes atacan al mercado encareciendo las transacciones entre particulares y entorpeciendo toda la vida económica. Fruto de la falta de comprensión de los legisladores que no entienden la relación que existe entre la economía y el derecho.

Por un lado, castigan la usurpación de propiedades ajenas. Pero por el otro, elevan los costos de transacción de mil maneras (impuestos, tasas, inflación, restricciones económicas, control de alquileres con alquileres máximos, elevación de costos, etc.) de tal suerte que, en resumidas cuentas, empujan a la gente de escasos recursos hacia la informalidad y hacia el delito, no contabilizándose como delito la manera en que las legislaciones impiden la fluidez del mercado.

En estos casos las distintas leyes se contradicen entre si y los efectos buscados al sancionarlas no se alcanzan, precisamente, porque se contraponen.

‘’Yo solo invado un terreno cuando creo que me beneficia hacerlo, aunque puede que no me beneficie, es decir, hechos los números finos, de repente me perjudicó, he perdido plata por hacerlo. Pero la gente cree que no, y como actuando suponiendo que nos beneficia y suponiendo que no nos perjudica, no necesariamente hacemos una operación matemática para tomar la decisión de cumplir con la ley, hacemos una apreciación que puede ser equivocada. Pero una apreciación que guía nuestras acciones’’.[2]

Recordemos que toda acción tiene un costo. No hay acción sin costo. La expectativa puede no cumplirse y -a la larga o a la corta- el ‘’negocio’’ de invadir puede salir mal y, a veces, muy mal.

Sin duda, el terreno invadido ha de tener sus dueños, que lo reclamará formal o informalmente. Por la vía formal a través de acciones legales tendientes a su recuperación, y civiles para ser indemnizados por los usurpadores. O penales, para que los usurpadores vayan a la cárcel. Por las vías informales, mediante la violencia directa para desalojar ellos mismos a los usurpadores.

Todos estos aparecen para el invasor como costos no previstos –quizás- a la hora de usurpar. También puede darse que hubiera alguna alternativa de adquisición legal que el usurpador no haya conocido al momento de usurpar que podría haber evitado la usurpación (por ejemplo, créditos a bajo costo obtenidos en el mercado negro o paralelo, etc.)

‘’Entonces la principal limitación de la ley es su costo, la ley tiene ventajas como fuente del derecho y tiene limitaciones, la principal es que es costosa. Pero no solo es costosa, sea que hablemos del costo de oportunidad de la ley o sea que hablemos del costo como el tiempo emprendido en formación’’.[3]

En realidad, habrá que volver a repetir en este lugar que, es una ley praxeológica que toda acción tiene su costo. Y las acciones que surgen de la ley (ya sea para el que la hace, la pone en práctica y las ejecuta como sus consecuencias) obviamente no pueden escapar, ni escapan a aquel axioma praxeológico. No sólo la ley en si misma es costosa sino que sus disposiciones llevadas a al práctica generan costos a quienes el cumplimiento de la ley está dirigido.

Un ejemplo típico son las leyes laborales, que crean costos para los empleadores y beneficios para los empleados por una falacia económica difundida por el marxismo, por la cual sólo el trabajo humano es fuente del valor de las cosas. Ergo, se parte del supuesto que ‘’el patrón explota al obrero’’, y de allí que se haga ‘’necesario’’ una ley que equilibre las cosas. Todo lo que hoy se llama ‘’legislación social’’ está basado en aquella falacia marxista aceptada por casi todo el mundo.

‘’Aceptemos por un minuto que la ley es costosa. No solo es un problema que la ley es costosa, sino que ese costo de legalidad se reparte asimétricamente y permítanme una breve explicación. El profesor Douglas North dice que existe una relación inversamente proporcional entre el ingreso de la población y el costo de la legalidad. La relación inversa significa que a mayor ingreso menor costo de la legalidad y a menor ingreso mayor costo de la legalidad. Ustedes me dirán ¿Por qué? Porque si entendemos el costo de la legalidad como un costo subjetivo, como lo que yo sacrifico para cumplir la ley, la ley nunca le cuesta lo mismo a dos personas, les cuesta más a los pobres que a los ricos’’. [4]

                La ley eleva los costos de transacción porque limita lo que las personas a las que la ley afecta pudieran haber hecho en su ausencia. Podría decirse que esta es una ventaja que tiene el derecho consuetudinario por encima de la ley positiva y formal.

Los costos que imponen las leyes formales obviamente no se distribuyen de manera proporcional para todos aquellos a quienes esa ley alcance. Pero esto no es un fenómeno exclusivo de la ley. En el campo de las transacciones comerciales los costos jamás se distribuyen de manera igual para todos los agentes económicos.

El problema de la ley es que, al estar dirigida a situaciones puntales y que regulan a unos pero no a otros, forja distorsiones en las relaciones naturales y espontáneas.

Está claro que el autor alude a las leyes civiles y comerciales, y está excluyendo a la legislación penal donde no tiene sentido hablar de pobres y ricos, excepto en aquellos casos donde la libertad se obtenga a cambio de un precio (fianza u otras denominaciones, conforme los lugares).


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Enrique Ghersi. ibídem

[3] Enrique Ghersi. ibídem

[4] Enrique Ghersi. ibídem

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Para el análisis: cultura y contracultura

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/14/para-el-analisis-cultura-y-contracultura/

Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al progreso moral y material de sus habitantes

El filósofo británico Isaiah Berlin

Este es un tema sumamente delicado e importante. El asunto parte de comprender los errores garrafales del relativismo que de entrada se topa con una flagrante contradicción: para seguir con su propia secuencia también es relativo el relativismo. Hay diversos tipos de relativismo, el primero y el que domina a los demás es el epistemológico. Isaiah Berlin en El sentido de la realidad se alarma frente a “una inversión de la idea de la verdad como correspondencia” entre el juicio y el objeto juzgado “pues las cosas no tienen en este sentido naturaleza alguna, sus propiedades no tienen relación lógica o espiritual con los objetos o la acción humana” lo cual constituye “un fenómeno siniestro”.

Sin duda que todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido que es el sujeto que percibe, pero cuando se hace referencia a la objetividad de la verdad significa que las cosas, atributos, hechos y procesos tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias que son ontológicamente autónomos. Esto desde luego que no contradice el pluralismo, cada uno sigue su camino y se sustenta en sus interpretaciones que pueden ser verdaderas o falsas, lógicas o ilógicas pero en nada se contraponen a la objetividad del mundo tal como explica Nicholas Rescher en Objectivity: The Obligations of Impersonal Reason y también Karl Popper en cuanto a que “la principal tarea filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad” lo contrario “no solo pienso que se trata de un enunciado falso, sino también de un enunciado perverso” (en su obra Conocimiento objetivo).

Una cosa es el prefiero, me gusta, valoro y otra son las propiedades y atributos de lo que se aprecia o rechaza, como queda dicho lo primero es subjetivo lo segundo es objetivo. La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. La teoría subjetiva del valor es del todo compatible con el objetivismo del mundo, son dos planos distintos. La búsqueda de la verdad no significa que sea tarea sencilla, se trata de un permanente peregrinaje en medio del mar de ignorancia en la que nos debatimos al efecto de captar trozos de tierra fértil en que apoyarnos en un contexto de corroboraciones provisorias siempre sujetas a refutaciones. Los debates abiertos son indispensables para el progreso del conocimiento.

Del relativismo epistemológico nace el cultural, el hermenéutico y el moral. Eliseo Vivas en Relativism and the Study of Man explica “la falaz inferencia que no podemos discriminar en lo que respecta al mérito de cada uno entre los valores que describe el etnólogo. Aquí cuando hablo de relativismo me refiero al relativismo cultural”. Claro que no es lo mismo una sociedad de antropófagos que una sociedad libre donde el respeto recíproco es el valor medular. Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al antedicho respeto recíproco al efecto del progreso moral y material de sus habitantes.

Claro que hay manifestaciones varias de la cultura como la vestimenta, arquitectura, gastronomía, tonadas y construcciones en el lenguaje, pinturas, músicas etc pero el aspecto central que apuntamos está formado por valores de respeto recíproco.

Viene aquí un asunto crucial que apunta con gran claridad Jacques Barzun en The Culture We Deserve y que aparenta ser solo semántico pero que encierra un tema que hace a la calidad de vida y es el término cultura que proviene de cultivarse que a su vez remite originalmente a la agricultura. Igual que en este terreno no es lo mismo cultivar con veneno que con fertilizantes, en el plano de las relaciones humanas cultivarse es mejorarse como persona y con los vínculos sociales. Esto no quiere decir que no deban respetarse las manifestaciones de contracultura siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Este es el sentido de la definición de liberalismo en cuanto al respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Todo merece consideración excepto cuando se invaden derechos, una situación que debe ser frenada en una sociedad libre. Por supuesto que merecen consideración proyectos de vida que pueden resultar repulsivos pero reiteramos si no hay lesión de derechos todos debe ser respetado, lo cual no quiere decir abstenerse de críticas según lo que cada cual estime pertinente en un clima de libertad de expresión.

Pero del hecho del referido respeto o consideración no se sigue que deje de existir la noción del bien y del mal, de la excelencia y la perversión. Más aún la educación proviene de ex ducare es decir sacar afuera, actualizar las potencialidades en busca del bien, en otros términos transmitir valores y conocimientos que se oponen frontalmente al relativismo. La educación no consiste en un torneo en el que se transmite cualquier cosa en cualquier dirección. Del mismo modo, la importancia de incentivar el espíritu contestatario en el aula y la mente abierta debe distinguirse nítidamente de un basural abierto que recibe y engulle todo a la par, todo lo cual se encamina vía la competencia de propuestas.

Se ha preguntado inocentemente quién decide qué es bueno y qué es malo pero la pregunta relevante no es quién sino qué decide y es la naturaleza de las cosas: un veneno envenena y un remedio cura. Del mismo modo que las cosas tiene propiedades y atributos, el ser humano también tiene una naturaleza que debe ser respetada y por ello es que la misma noción de justicia y derecho responden a mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva lo cual habitualmente se denomina derecho natural que es anterior y superior al establecimiento de un eventual monopolio de la fuerza que denominamos gobierno.

Antes de volver sobre la noción de cultura y contracultura, debe señalarse que otras derivaciones del mencionado relativismo cultural son como hemos anunciado el hermenéutico y el ético. La hermenéutica relativista considera que los textos y la comunicación en general deben interpretarse del modo que el intérprete o receptor lo considere oportuno sin atenerse a lo que queda consignado en el escrito o en lo transmitido oralmente. John M. Ellis en Against Deconstruction escribe que “si bien el lenguaje surge de una convención de ello no se desprende que las palabras sean arbitrarias, de lo contrario no habría lenguaje ni comunicación alguna. Un símbolo que no se reconoce como algo específico, no significa nada.” Por su parte Umberto Eco destaca que “la iniciativa del lector consiste en formular una conjetura sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico. Esto no significa que sobre un texto se pueda formular una y sólo una conjetura interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las conjeturas deberán ser probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas” (en Los límites de la interpretación).

Por último, tal como marca Herny Hazlitt en Los fundamentos de la moralidad, la ética alude al plano normativo en el que “es sumamente difícil encontrar un nihilista ético consistente [puesto] que en realidad espera que otros lo respeten”. Puede analizarse desde dos planos la moral, el primero se circunscribe a las relaciones interpersonales de respeto recíproco, en cambio el segundo alude a cuestiones intrapersonales que solo hacen a la persona en sí misma sin que nadie externo pueda legítimamente entrometerse. El relativista moral en la práctica concluye que no hay tal cosa como moral o, lo que es equivalente, que cada uno tiene su moral y no existe aquello del bien y el mal.

Finalmente y para cerrar esta nota periodística sobre un tema tan trascendente, volvemos sobre los conceptos de cultura y contracultura para enfatizar el punto. En este sentido es ilustrativo el libro de Jorge Bosch titulado precisamente Cultura y contracultura. En esta obra el autor se queja de “pseudointelectuales que cuestionan de manera superficial, ruidosa y enconada algunos de los aspectos más valiosos de la cultura de todos los tiempos […] Todo ese conglomerado heterogéneo y amorfo pero notablemente exitoso, es lo que he llamado la contracultura [y pretendo] demostrar que la cultura se relaciona estrechamente con la calidad de la vida y que es en tal sentido uno de los ingredientes fundamentales de la libertad y la democracia […] Una sólida tradición de siglos que asocia la cultura al cultivo del saber, de la inteligencia, de la sensibilidad estética y las obras de cultura, a las obras de la ciencia, del arte y de la filosofía” y al contrario mantiene que la vulgaridad, la corrupción, la delincuencia y la falsedad son imposturas que revelan desconocimiento, “terrrorismo ideológico”, fruto de “trampas semánticas” y “nostalgia de primitivismo” que a la postre tarde o temprano sucumben y se subsumen en “países-cárceles” donde la libertad queda aplastada por las botas del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Monopolio de la coacción

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/04/monopolio-de-la-coaccion.html

‘’Dicen los teóricos que la ley además de tener economías de escala tiene una ventaja comparativa como fuente del derecho: el monopolio de la coacción. La ley se basa en el monopolio de la coacción. En las sociedades modernas el Estado monopoliza la coacción y al ser el monopolista de la coacción sólo es posible aplicar legítimamente la fuerza a alguien o algo en una sociedad si el Estado lo hace’’[1]

Como habíamos destacado antes, dicha supuesto ventaja comparativa puede tornarse en una clara desventaja cuando la ley que se aplica es injusta.

Los costos de imponer una ley arbitraria son enormes, y es la situación que se vivió en muchas partes del mundo. La historia brinda ejemplos muy conocidos de esto si se piensa en los casos de la leyes de los estados fascistas como la Italia de Benito Mussolini, las nazis del hitlerismo, las leyes comunistas en la Unión Soviética, los países detrás de la Cortina de Hierro, China, Extremo Oriente, y en América los casos de Cuba y el más reciente de Venezuela chavista. En esos lugares -y otros menos conocidos- la ‘’ley« es instrumento de injusticias.

‘’La fuerza monopolizada por el Estado es de dos tipos: la fuerza coactiva y la fuerza coercitiva, dicen los filósofos políticos. No son lo mismo. Los abogados muchas veces usan de manera confusa los términos, significan cosas exactamente contrarias. Las dos son fuerzas: una es fuerza positiva, coacción es represión; y la otra es fuerza negativa, coerción es disuasión’’[2]

La distinción, en realidad, es más académica que práctica. En términos más simples, representa la diferencia entre la amenaza de la fuerza y la efectivización de la misma.

Los vocablos ‘’positiva’’ y ‘’negativa’’ no tienen el sentido de una clasificación entre bondad y maldad de una y otra sino –precisamente- marca la diferencia entre el decir y el hacer respecto del uso de la fuerza.

‘’Coacción significa obligar a una persona a hacer algo que voluntariamente no haría, es decir, yo te agarro de la cabeza, te doy un palo en la cabeza y te llevo a la cárcel, te coaccioné, es la aplicación de vis compulsiva, de fuerza, es la represión, te reprimo violentamente’’[3]

El uso de la coacción resulta legítimo cuando se trata de reprimir un delito o de la posibilidad de cometerlo. Pero, lo que nos interesa en este examen es la situación que se presenta cuando el órgano de gobierno emplea ese monopolio que detenta en la represión de actividades que no constituyen delitos, como las que de ordinario llevan acabo las personas comunes cuando realizan transacciones comerciales.

‘’Por definición en el Estado moderno, solamente el Estado tiene la potestad legítima de aplicar coacción a una persona. La coerción es la disuasión, es la amenaza: si usted hace eso va preso o le pego. El mismo policía en vez de pegarte se para en la esquina con un garrote inmenso y pone un cartel que dice «no fumar» y ya está, entendiste, si fumas te rompe la cabeza a palazos pero sólo si fumas. Te disuadieron, es vis negativa, tú no le pegas a nadie, tú sólo dices: «ojo, el que haga esto va a la silla eléctrica», el propósito que se busca es disuadir a la gente’’[4]

Tanto la coerción como la coacción (más allá de sus posibles diferencias) son de ordinario utilizadas a diario por cualquiera en todas las situaciones vitales. En la familia, en el trabajo, en la escuela, universidad, etc. En distintos grados se la observa.

El problema, insistimos, reside en cuanto el estado/gobierno tiene su monopolio y -en los hechos- abusa del mismo.

En rigor, toda situación monopólica tiende -por su propia dinámica- a su expansión, y en esta propensión (casi podríamos decir natural) reside el problema del monopolio cuando el factor monopolizado (en este caso el uso de la fuerza o de la amenaza de ella) puede ser esgrimido tanto para bien como para el mal. Este mal esta representado por su aplicación frecuente (por desgracia) a situaciones de intercambio comercial en el sentido más amplio que se le puede dar a este término.

‘’Por tanto la coerción es impedir que alguien haga algo que voluntariamente haría, exactamente al reverso que la coacción. La coerción es también monopolizada, sólo puede ejercer coerción legítimamente el Estado moderno, ninguna otra persona o autoridad puede ejercer legítimamente coerción’’[5]

En realidad, no es un fenómeno originario del ‘’estado moderno’’ ya que, desde antiguo, los reyes, monarcas, emperadores, jefes, caciques, duces, etc. se arrogaron ese monopolio ellos de manera personal y exclusiva a través de edictos, decretos o bandos. Desde este ángulo de vista, podemos decir que es un monopolio bastante antiguo, y que sólo han cambiado los nombres con los cuales se lo designa, o las cabezas en las cuales recae.

‘’Desde que la coerción y la coacción, que son fenómenos físicos y políticos, están monopolizados por el Estado, a través del derecho constitucional moderno, de Hobbes en adelante, la ley adquiere una ventaja comparativa como fuente del derecho porque es la única que se puede servir del monopolio del poder’’[6]

Insistiremos que no acordamos con el autor comentado en la calificación de ‘’’moderno’’ que le da al monopolio de la fuerza. Por el contrario, es muy antiguo ya que no hay prácticamente registro histórico que no lo mencione. Ese monopolio -es cierto- en la antigüedad estaba detentado por numerosos pequeños reyes que gobernaban ciudades, y que luego (mediante la conquista) lo iban extendiendo a otros territorios que anexaban. El Imperio Romano es un buen ejemplo de lo que decimos, pero no el único que reconoce la historia.

Ahora bien, otro punto importante a destacar es que, esa ventaja -que tanto pondera el autor citado- no es natural sino que es artificial. Es decir, viene impuesta y no se da de manera espontánea.

 ‘’Entonces, producir derecho mediante la ley no sólo tiene economías de escala, tiene una ventaja comparativa absoluta con la costumbre, que carece de esa fuerza compulsiva por parte de la autoridad Estatal’’[7]

Nuevo tema discutible. De nuevo, se prescinde del contenido de la ley (¿es justa esa ley? A la ley injusta ¿puede propiamente llamársele ‘’ley’’?) Pero además de eso, encontramos otra discrepancia en cuanto a la costumbre, por cuanto el derecho consuetudinario (que es, justamente, el derecho que recoge la costumbre) tiene su propia fuerza compulsiva que, hoy en día, podría resumirse en lo que se conoce como la condena social. En el ámbito mercantil -por citar un ejemplo rápido- el mal comerciante resulta aislado, tanto por sus competidores como por sus antiguos clientes.


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[3] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[4] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[5] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[6] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

[7] Ghersi ‘’El costo…’’ Ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina