Whatsapp, Twitter, Facebook, Instagram y otras yerbas

Es indispensable que el progreso tecnológico sea acompañado por valores de respeto recíproco. En caso contrario, la tecnología será una maldición ya que permitirá engullir libertades con más rapidez y contundencia

El escritor Mario Vargas Llosa

El escritor Mario Vargas Llosa

Llama poderosamente la atención cómo en general la gente tiende a espantarse sobre los miles de millones de clientes con que cuentan las modernas plataformas tecnológicas y ponen el grito en el cielo cuando se enteran de la astronómica cantidad de datos que recogen y el uso indebido que a veces le dan, sin embargo, las emplean a cada rato y no pueden dejar de espiar sus celulares y se encantan con la incorporación de nuevas aplicaciones. Una incoherencia mayúscula. Es el si pero no, a lo cual se agregan quejas con ciertos visos de hipocresía alegando monopolios a lo cual nos referimos en el último párrafo de esta nota.

En mi caso particular no uso celular y me abstengo de recurrir a procedimientos diferentes a Twitter, que empleo con provecho sin caer en el idioma de Tarzán, y utilizo permanentemente el correo electrónico para intercambiar ideas, para la corrección de tesis y la publicación de libros, ensayos y artículos. También acudo cotidianamente a los servicios de Internet para hacerme de información que bien seleccionada proporciona fenomenales ventajas. Además, como tengo cierta alergia a las aduanas, migraciones, aviones y demás parafernalia, el Zoom me ha solucionado la vida pues dicto clase y participo en charlas, conferencias y entrevistas sin moverme de mi biblioteca.

Antes me he referido al tema de la tecnología que ahora vuelvo a escribir telegráficamente sobre el asunto con otros aditamentos. Cuando algo no resulta claro no hay otra que reiterar el mensaje con un poco más de claridad. Hoy en día observamos un fenómeno dual, por una parte avances notables en rubros como la medicina que permiten intervenciones quirúrgicas a distancia y diagnósticos a tiempo para detectar problemas de salud a través de aparatos que parecen milagrosos y, por otra, nuevos recursos para que el fisco estrangule a los contribuyentes mientras se estudian métodos de encriptado y equivalentes al efecto de salvarse de las garras del Leviatán.

Y aquí viene el nudo de esta nota que resumo de esta manera: me intriga sobremanera lo que está sucediendo con los celulares desde la perspectiva psicológica de un número considerable de usuarios. Me refiero a los que están prendidos -esa es la palabra que corresponde- a sus celulares desde que abren un ojo a la mañana hasta que quedan exhaustos derrotados por el sueño a la noche. Miran y vuelven a mirar la pantalla chica y en gran medida hacen como que se comunican. Pero la pregunta es si realmente en la era de la comunicación en no pocos casos hay comunicación o los usuarios a su vez se convierten en una gran pantalla que disimula o disfraza una relación que no es tal. Por ejemplo, en un restaurante se observa a todos los comensales mirar sus celulares que presentan la fachada de la comunicación. Es una fachada pues no están comunicados con los comensales presenciales ni tampoco con los virtuales pues no puede conversarse sobre varios temas simultáneamente. Es un imposible.

Entonces parecería que hay un divertimento que circula en el vacío sin verdaderos destinatarios. Creo que, entre otras muchas cosas, esto explica en parte los reiterados fracasos matrimoniales y familiares pues no hay alimentos recíprocos del alma ya que no hay conversación posible en este clima de celulares y pantallas perpetuas.

Muchos entonces están jugando a la comunicación pero en verdad están no solo incomunicados entre sí sino desconectados del mundo que solo miran de reojo muy superficialmente. Estimo que estos sucesos son también materia de educación para revertir estos síntomas y para que los humanos no se transformen en zombies mucho más entrenados para someterse a los dictados de la omnipotencia gubernamental.

Resulta llamativa la sensación de orfandad y la desmedida angustia y por momentos desesperación que provoca en ciertas personas cuando se percatan que no llevan consigo el celular, como si estuvieran desprotegidas y desamparadas en una soledad estremecedora y abrumadora en una especie de síndrome de abstinencia.

Incluso hay peatones que en la vía pública han atropellado a personas y llevado por delante columnas hipnotizados por el celular, para no decir nada de los accidentes de tránsito debido a los mismos motivos: los ensimismados, encajados y enfrascados en los aparatitos de marras.

Resultan evidentes las enormes ventajas de la tecnología moderna, la cual libera recursos humanos y materiales para poder encarar otros proyectos y satisfacer otras necesidades al tiempo que los empresarios, al efecto de sacar partida de nuevos arbitrajes, capacitan en otros campos y habilidades diversas. Esto ha ocurrido desde la invención del arco y la flecha, la rueda y el martillo que permiten ahorrar tiempo e incrementar la productividad.

Por supuesto que todo avance tecnológico puede usarse bien o mal, pueden usarse para mejorar como seres humanos o para que los gobiernos espíen, persigan y atropellen a los gobernados. Para evaluar esta pulseada moral es indispensable que el progreso tecnológico sea acompañado por valores de respeto recíproco, de lo contrario la batalla estará perdida si no hay este acompañamiento pues así la tecnología será una maldición pues permitirá engullir libertades con más rapidez y contundencia.

Uno de mis libros se titula Nada es gratis para subrayar que en la vida todo tiene un costo que los economistas denominamos “costo de oportunidad”, si las redes se presentan como gratuitas hay que meditar dónde se encuentra el negocio y tal como se ha apuntado la conclusión es que el negocio es el mismo usuario por lo que es del caso estar atento a la preservación personal y no dejarse usar malamente.

Es pertinente en estos territorios prestar debida atención a las trifulcas ocurridas en Facebook como consecuencia de falsas identidades y la difusión de datos confidenciales. Y para otra tropelía mayúscula en relación al mal uso de la tecnología, véase lo acaecido en torno al corajudo Edward Snowden sobre lo que he escrito en detalle vinculado a distintos aspectos del caso en este y en otros medios.

En una línea argumental conexa deben agregarse las aplicaciones en los celulares de jueguitos que entrenan para la violencia extrema o algunas producciones emitidas en series cuyas tramas destruyen valores esenciales.

A este respecto y en otro plano de análisis, es de interés consultar el informe presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde se consigna que el uso indiscriminado y repetitivo de los celulares puede traer aparejados trastornos de cierta gravedad en el sistema nervioso.

En este mismo contexto, también antes he escrito sobre la importancia decisiva de la privacidad pero ahora en relación al uso de celulares es oportuno reiterar muy parcialmente lo dicho al efecto de subrayar el punto.

La privacidad es el contenido de nuestro ser, es lo exclusivo. Sin privacidad lo humano se convertiría en una pestilente masa amorfa que le daría la espalda al hecho de que cada uno es único e irrepetible en toda la historia de la humanidad, situación en la que además la cooperación social y la consecuente división del trabajo quedarían severamente amputadas. Mezclar y batir el conjunto obstaculiza lo individual y lo distinto donde desaparecerían las fronteras de lo personal.

Para que no ocurra lo anterior es menester que cada cual cultive sus potencialidades en busca del bien. Los lugares en donde en gran medida se reúnen los jóvenes están hoy tan dominados por altísimos decibeles que apenas pueden intercambiar la hora y el nombre de pila.

En la era digital y a pesar de sus extraordinarias contribuciones, a veces alarma la falta de concentración y la degradación del lenguaje que provoca la metralla y el tartamudeo que limita la comunicación, por tanto, el pensamiento (sin lenguaje no se puede pensar). Notamos que en la actualidad el batifondo y la imagen sustituyen a la conversación y la lectura de obras que alimentan el alma.

Hay en general hay una tendencia marcada a divertirse, esto es como la palabra lo indica a divertir, a separar de las faenas y obligaciones cotidianas para distraerse lo cual es necesario pero si se convierte en una rutina permanente se aparta de lo relevante en la vida para situarse en un recreo constante, lo cual naturalmente no permite progresar. Incluso cuando se pregunta cómo marchan los estudios en la facultad la respuesta suele consistir en que prefiero tal o cual asignatura “porque me divierte”.

Según el diccionario etimológico “privado” proviene del latín privatus que significa en primer término “personal, particular, no público”. El ser humano consolida su personalidad en la medida en que desarrolla sus potencialidades y la abandona en la medida en que se funde y confunde en los otros, esto es, se despersonaliza y se amputa de sí mismo y se hace dependiente. La privacidad o intimidad es lo exclusivo, lo propio, lo suyo, la vida humana es inseparable de lo privado, lo privativo de cada cual. Lo personal es lo que se conforma en lo íntimo de cada uno, constituye su aspecto medular y característico. El entrometimiento, la injerencia y el avasallamiento compulsivo de la privacidad lesiona gravemente el derecho de la persona pero nos parece que la meticulosa exposición voluntaria presenta una luz colorada en el horizonte.

Como queda dicho, lo verdaderamente paradójico es la tendencia a exhibir la intimidad voluntariamente sin percatarse que dicha entrega tiende a anular al donante. Más aun parecería que algunos quisieran vivir en un carnaval perpetuo que como se ha hecho notar oculta el verdadero ser para confundirse con el otro yo de la máscara y también proceden en un caminar distinto al ritmo de samba.

Sin duda que se trata de proteger a quienes efectivamente desean preservar su intimidad de la mirada ajena, lo cual, como queda dicho, no ocurre cuando la persona se expone al público. No es lo mismo la conversación en el seno del propio domicilio que pasearse desnudo por el jardín. No es lo mismo ser sorprendido por una cámara oculta que ingresar a un lugar donde abiertamente se pone como condición la presencia de ese adminículo.

Si bien los intrusos pueden provenir de agentes privados (los cuales deben ser debidamente procesados y penados), reiteramos que hoy debe estarse especialmente alerta a los entrometimientos estatales -inauditos atropellos legales- a través de los llamados servicios de inteligencia, las preguntas insolentes de formularios impositivos, la paranoica pretensión de afectar el secreto de las fuentes de información periodística, los procedimientos de espionaje y toda la vasta red impuesta por la política del gran hermano orwelliano como burda falsificación de un andamiaje teóricamente establecido para preservar los derechos de los gobernados.

Y, como escribe Tocqueville en La democracia en América, todo comienza en lo que aparece como manifestaciones insignificantes: “Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres”. Es como se ha repetido ocurre con la rana: si se la coloca en un recipiente con agua hirviendo reacciona de inmediato y salta al exterior, pero si se le va aumentando la temperatura gradualmente se muere incinerada sin que reaccione, fruto de un acostumbramiento malsano y a todas luces suicida.

Es de desear que se recupere la cultura, es decir, la capacidad de cultivarse y la privacidad para bien de la sociedad abierta y en lo que respecta a lo voluntario nada puede hacerse como no sea a través de la persuasión ya que se trata de un proceso axiológico. De lo contrario, como advierte Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo “nos retrotraeremos a la condición de monos” (los humanos se convertirán en El mono vestido tal como titula su libro Duncan Williams).

No cabe duda de los beneficios que producen las nuevas tecnologías y específicamente los celulares, a diferencia de los teléfonos fijos no transportables más allá de unos centímetros. Y esto cuando fueron privatizados y tenían tono pues antes en muchos casos había que gritar o mudarse a lo del destinatario para trasmitir un mensaje, todo bajo el pretexto de que se trataba de “un sector estratégico” por lo que debía estar bajo la égida del aparato estatal con pésimo servicio y generando astronómicos déficits. También hoy deben señalarse los múltiples servicios acoplados a la nueva concepción de la telefonía y los que se adicionan a cada rato, pero de lo que se trata es de reflexionar juntos sobre la conveniencia y la inconveniencia del uso y el abuso de estos magníficos instrumentos y de la tecnología en general.

Por último, igual que los quejosos de las tecnologías que usan a cada rato y que no pueden despegarse de sus celulares llenos de aplicaciones que los encandilan -tema con el que abrimos esta nota- igual que eso decimos los usuarios adictivos se levantan con voces altaneras contra lo que juzgan que sus proveedores son “monopolios malsanos”. Esta conclusión apresurada pasa por alto el hecho que en un mercado abierto si no les agrada lo que hace un eventual monopolista pueden competir y si no tienen recursos pueden recabarlos, pero si nadie acepta el negocio quiere decir que el proyecto en cuestión es un cuento chino y que la situación es la mejor dadas las alternativas vigentes.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Loris Zanatta y la religiosidad

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 20/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/20/loris-zanatta-y-la-religiosidad/

Las ideas socialistas han flotado en el seno de la Iglesia desde antaño. Muchos católicos nunca suscribirían la violencia institucionalizada del régimen cubano, pero sus recetas en última instancia conducen a ello

Siempre hay sorpresas agradables con gente inteligente y noble. Es el caso de Zanatta. Cuando se anunció su último libro pensé que el título era algo exagerado: Fidel Castro, el último “rey católico”. Sin embargo luego de abordarlo me percato que se trata de una tesis muy ajustada a la realidad. Una consecuencia no querida por parte de muchos católicos pero lamentablemente verdadera. Incluso buena parte de los patrocinadores de lo que en definitiva el libro describe se niegan a reconocer las consecuencias de lo que ellos mismos patrocinan. Nunca suscribirían la violencia institucionalizada como ocurre en la isla-cárcel cubana, pero sus recetas en última instancia conducen a ello. Recordemos lo que consignó el célebre ex marxista Bernard-Henri Lévy en Barbarism with a Human Face: “Aplíquese marxismo en cualquier país y siempre se encontrará un Gulag al final”. Incluso hay ingenuos que no identifican el marxismo pues lo beben con otra etiqueta.

Desafortunadamente flotan y han flotado desde antiguo ideas socialistas en el seno de la Iglesia que han contrastado abiertamente no solo con el mensaje evangélico sino con otras manifestaciones también provenientes de altas jerarquías de la Iglesia. Lo primero puede resumirse en lo expresado por el Papa Francisco el 11 de noviembre de 2016 cuando le preguntaron si es comunista a lo que respondió en una entrevista al diario italiano La Repubblica que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”. De allí su embestida contra la propiedad privada en Fratelli Tutti que he analizado en detalle en otras oportunidades, y la exhortación apostólica Evangelii Gaudium donde sostiene que el mercado mata y agrega el consejo de Juan Crisóstomo “animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’”. Una de las primeras decisiones del actual Papa -cuyo mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros- consistió en concelebrar misa en San Pedro con el Padre Gustavo Gutiérrez, el marxista creador de la llamada Teología de la Liberación por lo que el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- ya había escrito en su libro El marxismo en la Iglesia que “no todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia […] Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”. El asunto se agravó con la terna Juan XXIII, Pablo vi que parieron Medellín, Puebla y el tercermundismo y ahora Francisco que si no se reacciona a tiempo no será el último capítulo en este desabarranque. No es más explícito aun el actual Pontífice en sus ideas pues como estampa Ignacio Zuleta en el epígrafe de El Papa peronista su conducta y consejo se basa en “Pensar claro, pero hablar oscuro. Nada de hablar en forma directa” (menos mal, exclamamos nosotros).

No puede contarse con los clausurados mentales para una rectificación pues como buenos cómplices siempre miran para otro lado o pretenden suavizar graves desvíos que no son en modo alguno susceptibles de suavizarse en un contexto de elemental decencia y sentido de responsabilidad (en cualquier caso, aunque por razones distintas, en eso tiene razón el Papa Francisco: “Los cortesanos son la lepra de la Iglesia”).

Lo segundo en cambio va en dirección opuesta aunque no son las ideas que han predominado, por ejemplo, León XIII en Rerum Novarum concluye: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”.

Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero” y Juan Pablo II -el Papa de los pedidos de perdones por mayúsculas barrabasadas oficiales en la Iglesia y el formidable ecumenismo- ha puesto de manifiesto en Centesimus Annus que “Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente […] Si por ´capitalismo´ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva.”

Habiendo hecho esta introducción, Loris Zanatta -en el contexto de la tradición hispana y los jesuitas que formaron a Fidel- desenmascara el comunismo castrista como “patrono de los pobres” (los otros, él estaba entre los más ricos del planeta según Forbes), lo movía “un odio hacia la civilización liberal”, “solo la pobreza podía salvar al alma de la corrupción del dinero” (el “dinero es el estiércol del diablo”, dijo el Papa Francisco omitiendo las corrupciones del suculento Banco del Vaticano), sostiene el autor que todos los “hilos que en el mundo católico unen marxismo y cristianismo”, en Cuba la “disciplina y obediencia, las virtudes más destacadas” de sujetos “educados en la minoridad perpetua”, el “monopolio del Estado y más importante que cualquier otra cosa era en ambos casos la educación de los niños que debía comenzar lo más temprano posible. Y después de los niños, de todos los demás” y agrega el autor que “Castro es ejemplo de hispanidad, sentenció Manuel Fraga Iribarne, exministro de Franco”, apuntaba a “la redención, que durante toda la vida llamó Revolución”.

Continúa el historiador con su formidable descripción del sátrapa para señalar que “Cada acto o discurso tuvo esta marca: la muerte heroica del mártir, la muerte del enemigo infiel” y “un arma que Fidel usó en abundancia: el victimismo” pero “vengativo fue toda la vida”. “Compañeros y religiosos lo recuerdan citando a José Antonio Primo de Rivera y Benito Mussolini, circular con Mein Kampf“, puesto que “la historia de Fidel es típica del nacionalismo latino […] el protestantismo anglosajón era egoísta, materialista, individualista; el catolicismo hispánico altruista” (ese esperpento del altruismo, una grosera contradicción en los términos puesto que significa “hacer el bien a costa del propio bien” lo cual revela el absurdo ya que todas las acciones -sean ruines o bondadosas- se llevan a cabo porque son apreciadas por el sujeto actuante). En resumen, Zanatta concluye que “Fidel justificó en nombre de la perfección los medios más brutales, desencadenó odio y guerra en nombre de la paz y el amor, sacrificó la abstracta salvación de las almas y las libertades del individuo.” Enfatiza Zanatta que a los serviles admiradores de Fidel “no se le pasaría jamás por la cabeza que el amado protector de los pobres fuera el mayor responsable de su pobreza.”

Lejos de mi intención en este texto de quinientas páginas el descubrir los entramados, los argumentos y las formidables investigaciones del historiador de fuste que nos presenta este libro que recomiendo a todos los lectores ávidos de información valiosa, pero lo aconsejo muy especialmente para los integrantes de la grey católica pues encontrarán datos y razonamientos muy sustanciosos para su propia religión.

Finalmente en esta última parte de esta nota periodística un testimonio personal por lo que pudiera interesar. De chico tenía una visión religiosa un tanto fanática, creo que debido a que estaba pupilo en un colegio protestante y me sentía en minoría y a la defensiva. Con el tiempo me pude liberar de esta conducta impropia de un ser humano principalmente debido a la amistad con mi padre y con mi abuelo materno -doctor en medicina, pintor y escritor- quien era Deísta. A medida que me iba liberando del fanatismo inicial poco a poco mi espíritu religioso aumentaba sobre bases racionales. En este sentido, siempre tuve como norte un pensamiento de Carl Jung cuando le preguntaron si creía en Dios, a lo que respondió: “No creo en Dios, se que Dios existe”.

Estimo que la religiosidad como una postura de modestia intelectual de saber que debemos mirar más allá de nuestro ombligo, que la creación no es obra humana y que desconocer la primera causa es hacer de cuenta que podemos ir en regresión ad infinitum en la cadena causal, lo cual imposibilitaría nuestra existencia ya que nunca hubieran comenzado las causas que nos engendraron. Y no es cuestión de detallar los atributos del primer motor pues naturalmente excede nuestra capacidad de seres mortales que derivan de las razones antes apuntadas. Se trata del sentido de trascendencia y de ubicación en el cosmos en vista de nuestra mente, psique o estados de conciencia que no limitan la condición humana a kilos de protoplasma por lo que tenemos libre albedrío y no estamos determinados en nuestros pensamientos y acciones.

En mi caso no me tomo el catolicismo a pecho, soy católico por tradición familiar y porque me atrae el significado de “universal” pero podría haber practicado otra religión o ser Deísta puesto que son múltiples los caminos a Dios, Alá, Yahvéh o lo que fuere el nombre con que se quiera identificar el origen de todo. Al fin y al cabo ha perdurado el potro y la hoguera en medio de las recurrentes luchas de amigo-enemigo entre religiones oficiales. Es como escribe Voltaire en Tratado de la tolerancia, no tiene sentido que los que reverencian a Dios a la luz del sol estén matando a los que lo hace a la luz del sirio y así sucesivamente. El rezo personal o fabricado es un pretexto para tomar contacto a través de nuestros escasos y limitados medios con la instancia inicial a los efectos de esforzarnos vía conductas de autoperfeccionamiento según resulte posible a nuestras fuerzas. Asistir a misa me ayuda a cultivar esta línea de pensamiento aunque en no pocas ocasiones deba salir del templo como consecuencia de sermones absurdos desde el púlpito. Es que la religiosidad es mucho más importante y trascendente que los estropicios y las pequeñeces que habitualmente se enseñan y se incrustan en mentes desprevenidas.

Comprendo que muchos hayan abandonado la Iglesia debido a las barrabasadas cometidas por no pocos de sus representantes jerárquicos. Recuerdo discusiones que mantuve con mi querido Monseñor Octavio Derisi en aquél momento Rector de la UCA donde cursaba mis estudios y le decía que algunas de las cátedras eran fábricas de crear ateos por las sandeces que allí se ponían de manifiesto. Derisi nos casó con mi mujer hace cincuenta y cinco años y ya viejito me sugirió que escribiera sobre liberalismo y cristianismo para enviarle al entonces Cardenal Joseph Ratzinger a Roma, lo cual hice y conservo las líneas que Monseñor Derisi escribió en la copia de mi trabajo como constancia de su pedido.

En todo caso cierro este breve texto subrayando la excelencia del trabajo de Zanatta que descuento despertará muchas inquietudes y contestará muchos interrogantes en mentes abiertas y dispuestas al diálogo y a la reflexión. Lo conocí al autor en un almuerzo que mantuvimos los dos en La Biela en Buenos Aires, nos mantenemos en contacto a través de correos electrónicos y hemos mantenido intercambios mano a mano vía Zoom, oportunidades en las que he sacado gran provecho de este notable historiador. Por ahora esperemos que Fidel sea el último rey católico puesto que hay candidatos a la imitación, por ejemplo en algunas provincias argentinas e incluso en el propio gobierno nacional hay síntomas de reinado de idéntica filiación con el apoyo del Papa Francisco que por más que esté imbuido de las mejores intenciones, los resultados son lo relevante en esta y en otras materias.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La unión es indispensable y urgente

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/3/2en: https://eleconomista.com.ar/2021-03-la-union-es-indispensable-y-urgente/

La unión es  indispensable  y urgente

He machacado una y otra vez con la necesidad de unión de todos los que se oponen al chavismo autóctono. Ahora lo hago una vez más antes que sea tarde. Ya sabemos que hay diferencias de criterio entre miembros del arco opositor. La gestión anterior ha sido un fracaso, comenzando con el impropio bailecito en la Casa Rosada del nuevo titular con la banda presidencial. Siguió con el intento de designar miembros de la Corte por decreto, el uso y la alimentación de los piqueteros, la amistad con sindicalistas autoritarios, la duplicación de la inflación, el endeudamiento colosal, primero sacaron pero en definitiva encajaron el cepo cambiario, aumentaron la pobreza disfrazada con la sandez de la “pobreza cero”. Y no se diga que apuntaron a abrirse al mundo pues no se trata de ponerse en la vidriera para exhibir el estatismo de siempre pues eso aumenta la vergüenza. No es que no haya habido nada bueno, de lo que se trata es de aludir al balance neto y esto fue el mantener el engrosamiento del Leviatán. Lo demás son anécdotas.

Por supuesto que hay valores en ese arco opositor y los hay que tienen sentido de autocrítica y también otros empecinados en el error. Es de desear que se sobreponga lo primero. Como he apuntado antes, los radicales tienen el extraordinario ejemplo de su fundador, el jeffersoniano Leandro Alem. Es de desear que se examinen sus propuestas liberales y se reconsideren los reiterados consejos de Juan Bautista Alberdi.

En cualquier caso, el segundero pasa rápido y si en las legislativas los chavistas ganan espacios habrá reforma constitucional y se procederá a la estocada final a la Justicia y a la libertad de prensa. De todos modos estimo poco serio sugerir que la oposición vaya dividida en las elecciones de medio término con críticas cruzadas (pues es por ello que irían divididos) para luego en 2023 ir junto a los criticados, lo cual es muy poco serio y confunde a los ya confundidos indecisos que suelen definir elecciones.

Además, como si eso fuera poco, se adiciona a la necesidad de repasar conceptos clave de la ciencia política y se hace necesario repasar también algo de aritmética puesto que, como ha ilustrado y explicado Alejo Lopez Lecube, el sistema electoral vigente D´Hont otorga proporcionalmente mayor representación a la mayoría, lo cual aceleraría el desbarranque.

No necesito subrayar la trascendencia de los principios liberales que permitieron que nuestro país estuviera a la vanguardia de las naciones civilizadas desde la Constitución liberal de 1853 hasta que afloró el estatismo primero en la década del 30 y luego más pronunciadamente a partir del ‘43, un esperpento que hemos venido adoptando desde entonces con los resultados que están a la vista.

Como ha consignado Alexis de Tocqueville, es frecuente que en países de gran prosperidad moral y material la gente de eso por sentado, lo cual constituye el momento fatal pues los espacios son ocupados por otros con lo que se corre el eje del debate y se marcan agendas en otra dirección.

Eso es lo que ocurrió en nuestro país donde los socialismos, marxismos, keynesianismos, cepalinos y estatismos en general dieron la batalla intelectual y la ganaron ampliamente. Ahora se observan reacciones sumamente saludables a través de instituciones y fundaciones varias preocupadas y ocupadas en la batalla cultural, es decir, en la trasmisión de valores basados en el respeto recíproco. Asimismo, hay notables profesionales que en faenas diarias destinan tiempo para fundamentar los postulados de la tradición de pensamiento liberal. Esta es una gran esperanza para retomar la senda alberdiana que nunca debimos abandorar y, otra vez, deslumbrar al mundo con el progreso que somos capaces de generar en libertad.

Hoy no se resiste la presión impositiva insoportable, la burocracia que carcome el fruto del trabajo ajeno, la inflación galopante, el gasto astronómico del aparato estatal, la inseguridad manifiesta, la Justicia atropellada y vejada, la libertad de prensa amenazada, las regulaciones asfixiantes y absurdas, legislaciones laborales que perjudican al que trabaja, el cinismo de políticos inescrupulosos, la deuda creciente. Somos el hazmerreír del mundo civilizado.

No debe confundirse el plano académico con el político. En el primer caso es indispensable apuntar alto y levantar la vara sin concesiones de ninguna naturaleza, en cambio en la política es necesario acordar para salvar el pellejo, es lo que nos pide la democracia en el contexto de divergencias.

Pero para revertir toda esta maraña infernal necesitamos tiempo seguir con el trabajo en el plano educativo, lo cual requiere urgentemente la antes mencionada unión de todos los que se oponen al chavismo local. Ya habrá tiempo de dirimir diferencias internas que no son nada al lado del derrumbe que se avecina. La mejor noticia para los megalómanos es que la oposición se fraccione. Como ha dicho Ortega y Gasset, “argentinos, a las cosas”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Un discurso presidencial lleno de parches y sin soluciones de fondo

Por Aldo Abram: Publicado el 3/3/21 en: https://www.dataclave.com.ar/opinion/un-discurso-presidencial-lleno-de-parches-y-sin-soluciones-de-fondo_a603f8e910a4d5c043c0266c4

Palabras vacías y sin criterios económicos para poder ponerle fin a los problemas. La lógica imperante del pensamiento único.

El discurso del Presidente en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso dejó algunas expectativas positivas y bastantes preocupaciones. Una de ellas: sus dichos sobre una reforma del Consejo de la Magistratura que le devuelva su independencia. Hoy tiene una gran participación de la política y una de sus funciones es nombrar y quitar jueces. Así que cabe imaginar la preocupación y la presión que tendrá un magistrado que tenga que enfrentar avasallamientos de la ley o de la Constitución por parte del Estado o de legisladores o políticos.

Por lo tanto, cambiar su composición para que cumpla con el mandato constitucional del equilibrio de representantes sería un paso a favor. Sin embargo, hasta no ver la letra de la reforma quedarán las dudas; porque cabe recordar que fue en el mandato de Cristina Fernández en el que se le dio el actual formato. Desde entonces, la Fundación “Libertad y Progreso” viene sosteniendo que es prioritario y necesario avanzar en esta reforma, ofreciendo una propuesta que fue presentada a las distintas gestiones y, también, a diferentes legisladores con poco éxito.

Por otro lado, el resto de la reforma judicial que está en marcha y el hostigamiento de la Justicia, parece apuntar a someterla o restringir su independencia de la política. Este tema no sólo es relevante para los que creen en que no hay República sin una Justicia independiente y, por ende y con el tiempo, tampoco Democracia. O para a los que temen que sea la puerta para la impunidad de quienes cometieron actos de corrupción o que sea usado como instrumento contra los que opinan distinto. También es vital para la inversión; ya que cabe nadie hundirá su capital para producir y generar empleo en un país donde, si sus derechos son avasallados por el poder político, sus chances de reclamo ante la Justicia son mínimas.

Por ello, si queremos que la Argentina tenga alguna chance de prosperar y brindar más oportunidad de progreso a su gente, hay que garantizar la seguridad jurídica, “palabras horribles” para algunos referentes de este gobierno. Le guste o no a la actual gestión, empieza con el lastre de los mandatos kirchneristas anteriores, en los que el derecho de propiedad y la libertad de empresa fueron arrasados; por lo que la carga de la prueba se invierte y deberán primero demostrar que realmente están comprometidos con el respeto de los derechos de los trabajadores y productores.

Otra parte que fue muy preocupante fue cuando culpó a los empresarios por empobrecer a los argentinos especulando con los precios para amasar fortunas expulsando del mercado a los consumidores. Si miramos la historia argentina, podemos identificar períodos como los ´90 o en los primeros años de la gestión de Néstor Kirchner en que la inflación fue baja; aunque es cierto que la mayor parte de nuestro pasado fue alta. Deberíamos preguntarnos qué fue lo que en esos pocos momentos de menor variación en los precios “doméstico a esos ambiciosos e inmorales poderes económicos”.

Pues no lograremos una respuesta; porque sencillamente fueron momentos de menor o nula emisión de moneda a su demanda. Si no, deberíamos concluir que el “Modelo K” funcionó mejor conteniendo a los poderes económicos al inicio y que luego lo hizo muy mal. Un absurdo, que quedan pocos en el mundo que lo sigan defendiendo; ya que la gran mayoría de los países logró bajar la inflación con políticas monetarias austeras y no sometiendo a “oscuros e inmorales poderes”.

En todos los países donde se sacó a la gente de la pobreza se lo hizo respetando la seguridad jurídica, o sea con reglas de juego claras, generales que respeten el derecho de propiedad y la libertad de empresa. Incluso, el mejor ejemplo, es China. Cuando el gobierno comunista de este país vio el derrumbe de la Unión Soviética tuvo en claro que, si querían seguir hegemonizando el poder político, tenían disminuir la pobreza, en lo cual habían fracasado. Por ello, abrazaron la economía de mercado, logrando sacar a cientos de millones de pobres de esa situación y en poco tiempo.

No hay milagros, la respuesta para lograr mayores oportunidades de progreso para todos es el capitalismo y lo que siempre fracasa es el “capitalismos de amigos”, como sucede en países como el nuestro. En ellos, los gobiernos le vuelven la vida imposible a los verdaderos emprendedores, con excesos de impuestos y regulaciones, y el único camino fácil para hacerse rico es la cercanía con el poder político para obtener prebendas.

Lamentablemente, nosotros pretendemos seguir por el camino que siempre nos llevó al fracaso. La respuesta a la inflación son los controles de precios, que desincentivan producir y llevan a que escaseen los bienes afectados; la aplicación de una Ley de Abastecimiento digna de una dictadura o comunismo, que desincentiva a cualquier inversor argentino o extranjero que pueda estar pensando en producir en el país; o un ilusorio acuerdo precios y salarios.

Estos últimos siempre terminaron en enormes fracasos; pero desconozco si en algún país alguna vez hubo uno que funcionara. Si así fue debe haber sido porque, mientras los empresarios y los gremios cumplían su parte, el gobierno hacía lo que le correspondía, reduciendo rápidamente el déficit y conteniendo los excesos de emisión. De esta forma, se logra que las expectativas de los primeros se alineen con la inflación realmente generada por su banco central. En la Argentina, dado que este tipo de acuerdos unifican las expectativas de empresarios y gremios; por lo que, al principio, logran cierta mejora en la suba de precios.

Sin embargo, los gobiernos no hicieron su parte en materia de austeridad fiscal y monetaria. ¿Para qué? Si todo se estaba resolviendo sin que ellos tengan que revertir políticas que los benefician. Por lo tanto, pronto la inflación volvía a aflorar, los empresarios y los gremios se daban cuenta de que habían sido estafados en su confianza y los precios se reacomodaban fuertemente, incluso gestando crisis. Hoy estos acuerdos tienen muy baja credibilidad, dada la historia; por lo que pueden ser un paliativo muy coyuntural que, si el gobierno no hace su parte, terminará mal como todos los demás.

El discurso presidencial no mencionó ninguna de las reformas estructurales que hay que hacer para resolver los problemas de fondo que llevan décadas incubándose y que siguen acumulándose en la actual gestión. Sí abundó en los típicos parches que pretenden incentivar la inversión en los sectores que ellos determinan “estratégicos” o relevantes, aliviándoles los inconvenientes que les genera la estrategia económica general y que, por ende, seguirá afectando negativamente al resto de la economía.

Este tipo de políticas están destinadas a gestar mediocridad o a un rotundo fracaso; ya que, ¿quién les asegura a los “privilegiados” que en el futuro no se los sumará a la generalidad si al gobierno le conviene o si cambia de idea sobre su “relevancia”? De hecho, la historia argentina está plagada de estos “cambios de ideas”, que casi siempre implicaron violar inconstitucionalmente alguna ley, como pasó con la legislación de minería durante la gestión K.

Respecto a la judialización de la decisión de tomar el crédito con el FMI, la realidad es que, si no lo hubieran tomado, en 2018 la Argentina hubiera entrado en default y en una crisis como la de 2001-2. Es cierto que no se usó para resolver los problemas de fondo que generaron esa debacle de la credibilidad en el futuro de la Argentina; lo cual es algo que tienen que juzgar con su voto la gente y no un magistrado, ya que es una decisión de política económica. Para que haya delito, alguien debió haber sido favorecido adrede con una determinada medida.

Cabe aclarar que opiné igual cuando se judicializó la venta de dólar futuro que se hizo al final del gobierno de Cristina Fernández. Por eso, creo que es un error que el Presidente siga generando precedentes que pueden costarle futuras denuncias sin sustancia, si su gestión también fracasa como las anteriores. La mala noticia para él es que es muy probable que eso le pase, si repite el error de CAMBIEMOS de confiarse en una fuerte reactivación inicial y no hacer las reformas estructurales que solucionen los problemas de fondo de la Argentina, poniéndola en una senda de crecimiento sostenido.

Por último, cabe mencionar una preocupante y gran contradicción en el discurso presidencial. Finalizó definiendo que su gran logro sería gestar la unidad de los argentinos. Sin embargo, fue contundente cuando dijo que los que opinan diferente a él sobre cómo gestionar el país lo hacen “preservando intereses de poderes económicos concentrados” y dañando a la sociedad. Creo que esto habla de la falta de respeto al otro que puede honestamente tener ideas distintas y que se está consolidando en ambos lados de la brecha.

Si el Presidente cree que quien opina distinto lo hace por oscuros intereses, la unidad que busca sólo se puede dar en el marco del “Pensamiento Único”; lo cual se aleja del espíritu de una Democracia Republicana para acercarse a los regímenes populistas, algunos de los cuales terminaron consolidándose en dictaduras, como en Venezuela.

Esperemos que el Presidente tome conciencia de los profundos problemas que tiene el país y del camino adecuado para resolverlos. No sólo en cuanto a recuperar la unidad de los argentinos, sino de evitar una crisis realizando las reformas estructurales que hace décadas demanda la economía del país y que por ello sufrimos una eterna decadencia con crisis que son cada vez más seguidas.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Es Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo .

Una reflexión a propósito de los medios y los gustos de las audiencias

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/02/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/02/27/una-reflexion-a-proposito-de-los-medios-y-los-gustos-de-las-audiencias/

Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer las encuestas y el rating para concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de divertir

(Foto: Especial)

Entre tantos temas de interés se escurre uno que tiene mucho jugo vinculado a los medios periodísticos viejos y a los nuevos que asoman en el contexto de la medición de audiencias. Para algunos es un dilema que se presenta entre proceder de acuerdo a valores e inclinaciones de cada cual o ceder a lo que demandan terceros. Para otros en cambio no hay conflicto alguno: se debe proceder de acuerdo a lo que la gente reclama. Y para un tercer grupo tampoco hay motivo de congoja pues uno debe seguir la propia conciencia prestando debida atención a lo que otros dicen pero sin actuar como siervos de esas tendencias.

En torno a esto es lo que días pasados giraba una amena conversación en un conocido programa radial. Como suele suceder donde hay libertad de expresión se presentaron varias facetas interesantes que alimentaron el tema en cuestión. Sin duda que para dar rienda suelta a diversas perspectivas es indispensable la libertad de prensa no solo como un derecho fundamental de las personas sino para abrir las posibilidades de incorporar nuevos islotes de conocimiento en este mar de ignorancia en que nos desenvolvemos los humanos. En esta línea argumental recuerdo que el primer día de clase en el colegio al que atendía en Estados Unidos, de entrada el profesor dibujó dos círculos en el pizarrón de diámetros distintos. Acto seguido nos dijo que esas circunferencias representaban distintos grados de saber, y concluyó con su moraleja para apuntar con énfasis que el círculo mayor donde hay más conocimiento tiene una superficie más amplia expuesta a lo que se ignora representada por lo que entonces era la negrura del pizarrón, mientras que la circunferencia más reducida -el que cuenta con menores conocimientos- está menos expuesta por lo que el titular no se percata tanto de su ignorancia.

Lo que dejamos consignado es relevante para tener siempre presente la insistencia de Karl Popper en subrayar que el conocimiento conforma la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones, este enfoque permite el progreso de la ciencia en contraste con el dogmatismo que abunda en telarañas mentales que no permiten explorar otras avenidas y paradigmas. También en este mismo plano, es frecuente que se piense que para que algo se demuestre como verdad debe ser verificado empíricamente, que como bien escribe Morris Cohen esa misma aseveración no es verificable empíricamente y, por otro lado, nada en la ciencia es verificable solo corroborable provisoriamente como nos enseña el antes mencionado Popper.

Todo esto viene a cuento porque el intercambio del conductor radial y su equipo me remitió a lo que me sucedió una y otra vez cuando fui Rector de ESEADE durante veintitrés años, una casa de estudios que se constituyó como la primera argentina en ofrecer maestrías en el sector privado y la primera en introducir institucionalmente la tradición de pensamiento de la Escuela Austríaca junto a otras teorías complementarias y otras rivales para el debate. En todo caso, el tema alude a las difíciles elucubraciones a empresarios que financiaban la institución a través de becas y aportes para inversiones en el edificio, equipos, biblioteca, departamento de investigaciones, revista académica y similares. Estas elucubraciones se referían a la importancia de los procesos de mercado basados en derechos de propiedad, competencia y gobierno con poderes limitados a la protección de las autonomías individuales. Mercado que como es sabido no es un lugar ni una cosa sino un proceso que pone de manifiesto las preferencias de la gente que con sus compras y abstenciones de comprar van asignando los siempre escasos factores productivos a las áreas que reclaman los consumidores. De ese modo, en el supermercado y afines se establecen las diferencias de rentas y patrimonios según el mejor o peor servicio que presta el comerciante o el profesional del caso. Lo que en este contexto queda completamente de lado es el privilegio, los mercados cautivos, la dádiva y el subsidio a empresarios que así estrictamente dejan de serlo para convertirse en explotadores.

Habiendo dicho esto, retomo el hilo para trasmitir que el punto crítico con los empresarios de marras era presentarles una complicada situación paradojal: para defender y permitir que funcione el mercado es indispensable el respeto recíproco, es decir, la libertad pero lo que se observaba en nuestro medio con creces (y todavía ocurre) es que la gente pedía intervencionismo estatal, léase la aniquilación del mercado. En otros términos, para fortalecer la filosofía basada en principios éticos que permite la operación de mercado -o sea que la gente pueda decidir el destino del fruto de sus trabajos- había que ir contra las tendencias del momento del mismo mercado. En resumen evitar que el mercado se suicide.

El mercado remite a que la gente se exprese libremente pero si se produce un cortocircuito con la política que propone controles y bozales para la gente no hay manera de logar aquél objetivo. Si las mayorías votan para cercenar las libertades del vecino en la pueril esperanza de mantener las suyas se extingue el mercado que solo resucita si se lo respalda en el plano educativo, de ahí la indispensable contracorriente.

Como queda dicho, el referido suicidio colectivo naturalmente deriva de la ausencia de explicación y fundamentación del valor de las autonomías individuales. En lugar de anclarse en valores y principios de la sociedad libre se le oponen con el resultado del empobrecimiento moral y material de todos. Salvando las distancias, esto mismo ocurre en el mencionado debate sobre medios periodísticos modernos y antiguos respecto a la medición de audiencias. Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer encuestas y mediciones que se dirigen a la pura frivolidad, no como un descanso y un recreo a las actividades diarias sino como un fin en sí mismo. De ahí es que afortunadamente algunos le dan la espalda a los ratings y optan por concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de solo la diversión (di-vertir o separarse del camino principal).

En el caso de la aludida institución de posgrado de aquella época, la generosidad y la comprensión de los empresarios que financiaban el proyecto permitió trasmitir y debatir esas tradiciones de pensamiento entre jóvenes provenientes de distintas profesiones a nuevas búsquedas en una atmósfera de puertas y ventanas abiertas para que entrara el mayor oxígeno posible, en ese sentido no me cansaré de repetir el sabio lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

De más está decir que tanto en el caso de los medios tradicionales y no tradicionales vía la medición de audiencias como en el caso del mercado de las ideas a través de ensayos, libros y la cátedra, no es que no interesen las respuestas de la gente, muy por el contrario es muy relevante conocerlas y sopesarlas solo que desde la perspectiva de quienes mantienen ciertos principios -sea del lado que fuere- pueden (y deben) intentar la navegación a contracorriente si lo estiman necesario al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas, sobre todo si el objetivo último es el respeto recíproco donde nunca es lícito recurrir al uso de la fuerza a menos que se lesionen derechos. En un caso los hay que se preocupan y ocupan de la farandulización de la vida y en otro de las embestidas del Leviatán.

Son dos planos de naturaleza distinta cada uno con sus bemoles y con opiniones muy disímiles que deben atenderse para extraer conclusiones acertadas, pero en todo caso se plantean temas que merecen ser atendidos y discutidos con un eje central que parece muy fértil para el pensamiento, especialmente cuando abunda tanta andanada brumosa.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los intereses que esconde el supuesto “derecho a ofender”

Por Jose Benegas. Publicado el 9/2/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/02/09/los-intereses-que-esconde-el-supuesto-derecho-a-ofender/

Discriminación

Discriminación

Desde hace varios años la libertad de discutir en ámbitos académicos en Estados Unidos se ha visto restringida por una teoría de la sensibilidad hacia los “discursos de odio”. Cualquier cosa que pueda suponer que existe un prejuicio, es considerado odio y debe protegerse a los estudiantes de recibirlo. En este esquema termina cayendo todo lo que contraríe la ingenuidad de los estudiantes, en el peor de los casos es una manera de privar de espacio a todo discurso que no legitime la intervención “buenista” del poder en la vida de la gente.

La idea de safe space (espacio seguro), ese lugar donde no se escucharán los discursos de odio, es una forma establecida de censura previa, lo que además de afectar el campo de la libertad de la persona impide la discusión de ideas controvertidas, que tal vez sean las más importantes de conocer en el lugar donde las ideas son la materia prima. No se puede subir a un ring de box a cuidarse de no ser lastimado. Las ideas pueden afectar convicciones personales muy profundas pero contrariar a alguien no es dañarlo. Nadie tiene derecho a no verse impactado por ideas que lo puedan escandalizar. El escándalo no es un acto ilícito, no afecta derechos. Encima es completamente inútil ¿De qué serviría prohibir la enseñanza de qué cosa es el marxismo que sabemos el tipo de régimen que genera y a cuánta gente ha dañado? Conocerlo es poder discutirlo. Esto no quiere decir, siempre en el ámbito académico, que no haya formas establecidas de convivencia y modos de discutir.

A la vez que este fenómeno se reproduce aparece una visión conspirativa contra los estudios de género y de por qué las nuevas generaciones los han incorporado con mayores márgenes de tolerancia hacia gente distinta (no binaria). Los que sostienen que eso viene de un plan maléfico quieren llevar la victimización respecto de esta cosa de los safe space más allá del derecho a la libre expresión o de la libertad que debe haber en un ámbito de estudio. Así ha aparecido como un producto de la filosofía de redes sociales y en respuesta a lo otro algo llamado “derecho a ofender”, que termina siendo un polo opuesto a lo anterior pero que se le termina pareciendo. Veamos.

Ofender es agredir. No somos carne y hueso, por lo tanto circunscribir el problema del respeto a los derechos del otro a lo estrictamente físico es una manera de habilitar agresiones que en sí mismas pueden ser graves o incluso abrir la puerta a cosas peores una vez que el repudio se ha instalado de modo público.

De no ser así, cosas que no son ofensas sino que afectan a algo incluso externo al individuo, como el hurto, la estafa, o el incumplimiento de la palabra empeñada, no deberían tener consecuencias jurídicas. Bastaría con que la fuerza legítima -después está el problema de si estatal o no- fuera aplicada a detener o responder a un ataque al cuerpo.

La razón para sostener que la ofensa no es libre no es metafísica, es jurídica en un sentido práctico y concreto. El sistema político busca resolver y prevenir conflictos. El derecho penal está para ocuparse de los más graves, mientras que el civil apunta a los demás con consecuencias, procedimientos y garantías diferentes. La agresión verbal es tan potencialmente generadora de conflictos como cualquier ilícito y las personas reclaman su ámbito de respeto para renunciar al uso de la violencia, sobre todo como respuesta más allá del inmediato ejercicio del derecho de defensa. El sistema lógicamente le pide al sujeto que no reaccione por sí mismo sino que recurra a procedimientos legales que deben existir.

La expresión verbal o escrita es libre y debe estar exenta de censura previa. Pero la expresión genera responsabilidad. Incluso responsabilidad contractual. Si alguien da su consentimiento libremente expresado en un contrato, hasta en uno matrimonial, eso tiene consecuencias que se harán cumplir llegado el caso. Todo el derecho contractual existe por asignarle valor y consecuencias jurídicas a la expresión libre. Que haya responsabilidad por lo que se dice no obsta para nada a la existencia de la libertad de expresión.

Volviendo a la ofensa, no cualquier cosa debe ser considerada de ese modo. Las calumnias requieren unos presupuestos, como asignarle una conducta criminal a un sujeto, las injurias afectan directo al honor sin que impliquen la imputación de un acto delictivo hacia la otra persona. Ambos son delitos cometidos con la expresión y no afectan a la libertad de decir lo que se quiere, sino al uso de la expresión para causar un daño. Las circunstancias y el encuadre deben establecerse en un procedimiento legal y en la experiencia de resolver estos casos se van elaborando principios que ayudan a resolver las zonas grises, que siempre las habrá.

En los últimos años, hablando del periodismo como caso particular y de la actividad de los funcionarios que comprometen un interés público en la verdad y se sienten agraviados, se establece un obstáculo al progreso de una acción de este tipo que es la necesidad de probar la real malicia del periodista, es decir, que se le impone al que se queja demostrar que el artículo, o la manifestación verbal ofensiva, tenían la intención de ofender, de producir el daño al honor de la persona. Pero la ofensa claramente está sancionada como tal y eso responde a los principios del liberalismo más clásico. Además existe una acción civil de reparación en la que el ojo no está puesto en la intención sino en el daño causado por una expresión injusta.

La ofensa que tendrá consecuencias jurídicas no es cualquiera. Una crítica no puede ser considerada una ofensa con consecuencias jurídicas, incluso una crítica hecha de mala fe o completamente equivocada. Eso tiene un remedio que es la desmentida y si ésta no alcanza a mitigar los efectos hay que aguantarse las opiniones ajenas. Podría ser el caso de que la crítica sea acertada, con lo que no hay nada que objetar, o que fuera opinable, o que simplemente no tuviera entidad, teniendo en cuenta la circunstancia de que convivimos y tiene que haber un margen de tolerancia a lo que se nos dice en el que después me voy a detener, porque acá creo que está el problema.

Cuando hablamos de libertad de ofender ya no estamos diciendo que una persona expresa una visión de algún problema y que ésta pudiera herir los sentimientos de alguien, que sería una consecuencia no querida de la manifestación. Se lleva la regla al punto en que ofender no tiene consecuencias, con lo que se carga la muy buena evolución jurídica del concepto de honor y otras consecuencias por su afectación.

Los sistemas totalitarios llevan adelante prácticas que se han llamado de “asesinato de la reputación” de disidentes, que después de ocurridas colocan a la persona en un estado de virtual muerte civil. Y nadie las ha tocado, solo las han ofendido de manera pública y sistemática.

Lo central es que por querer reforzar el derecho a la libre expresión cuando se la pone en duda y se la ataca simplemente para imponer un punto de vista, esté acertado o no, no se caiga en el error de igual tamaño de sostenerla como un “derecho a ofender”, que se para en algo así como legitimar a la real malicia en cuanto tal. De hecho pareciera que esta inversión de las cosas de fundamentar una posición viene de grupos que quieren organizar políticamente a la real malicia, pero se declaran ellos mismos ofendidos porque no se los deja ofender o se les critica que lo quieran hacer. Parece haber un reclamo de un safe space para ofender, lo que hace más absurdo el planteo todavía.

La ofensa con consecuencias jurídicas está influida por este concepto complicado de “moral pública”. Pero no me refiero a cualquier cosa, sino a que no es lo mismo decirle a alguien que sale mucho de noche en una sociedad mormona del siglo XX que en un grupo de jóvenes de una gran ciudad en nuestra época. Para extremar un poco el ejemplo, no es lo mismo decirle a un señor que es cazador de leones hoy, que haberlo hecho hace cuarenta años. Es muy diferente afirmar que alguien tiene cucarachas en su casa, que en su restorán. La capacidad ofensiva de lo que se dice no es meramente subjetiva, está influía por circunstancias.

Por la misma razón no es lo mismo decirle a un alumno que está siempre despeinado, que decir algo para socavar la reputación de alguien que hace un proceso doloroso de identificarse a sí mismo de un modo disidente con lo que entendemos son las formas de una mujer o un hombre estereotipados, independientemente de su sexo. Justo lo que las teorías de género permiten resignificar como pura libertad humana.

No es lo mismo decirle incluso a alguien que no nos gusta su cara, que decirle que no nos gusta su raza, o el sexo al que se siente atraído en una sociedad donde hay “clósets” asumidos como la normalidad. No es igual tener prejuicios que convertirlos en ofensa o, peor, en método de repudio público colectivo.

Del mismo modo tampoco es igual ese tipo de agresión al planteo en ámbitos de discusión intelectual de este conflicto. Lugares como universidades donde el objetivo es hacer avanzar el conocimiento incluso de áreas donde se juegan sentimientos humanos complicados como la psicología o la antropología de género. Como tampoco es igual la actividad de un periodista que está expuesto ante el poder intentando hacer conocer al público verdades que debe conocer y el chimenterío al que se llama periodismo de espectáculos, o como se expresa una persona de otra en el ámbito privado.

No es la misma cosa hablar en general que hacerlo en particular, con la salvedad de que a veces se usa la generalización con un fin ofensivo, como por ejemplo, para no irnos demasiado del tema, hablar de los transexuales despectivamente en una clase donde hay uno.

Todo es un inevitable gris, porque hay individuos de ambos lados de estos conflictos. Cuando se habla de “derecho a ofender”, sin embargo, se está tratando de establecer un estándar general sólo en apariencia liberal, porque se parte de la base, inconscientemente tal vez de tan acostumbrados que estamos a un statu quo, de que determinadas personas deberían ser ofendidas por la sociedad misma, por el hecho de que se las entiende como perteneciendo a un estrato inferior de manera “naturalmente” inevitable. La salida de ese lugar parece “ofender” a los del derecho ofender porque contraría su creída superioridad. Por eso son tan iguales a los otros.

La ofensa hecha de un modo organizado hacia una minoría a la que un afectado pertenece no solo afecta a su honor, tiene efectos devastadores en su vida. Simplemente pensemos en la política de marcar a la gente como ocurrió en la Alemania Nazi con los judíos a los que se obligaba a portar la estrella de David.

Puede haber alguien que, tal vez por simpatizar con eso, considere que tal imposición afecta apenas al derecho de propiedad sobre la ropa a la que se obliga a marcar. Pero la cosa no está ahí, sino en el repudio público colectivista y en afectar a todos y cada uno de los individuos de una categoría reduciéndola simbólicamente respecto de la sociedad en sí. Este mismo artilugio horripilante había sido utilizado por los Reyes Católicos a medida que avanzaban en su aviesa intención de quedarse con los bienes de los judíos, previo a expulsarlos de España. Una vez que los miembros de esa categoría son puestos en el lugar del repudio público, cualquier cosa les puede pasar. Eso no es una violación al derecho de propiedad sino la apertura a una situación que puede ir desde el exterminio a la multiplicación diaria de agresiones de otro calibre ¿Acaso la política legítima, la de la defensa de los derecho individuales, no debiera ocuparse de eso? ¿Acaso la política de los liberales no debería atender a ese fenómeno con especial interés y espíritu de justicia?

Quiero ser más concreto en esto porque como dije antes el asunto de la ofensa está enmarcado en un contexto, es una idea que aparece en las circunstancias actuales. Hoy estamos en épocas de descubrimiento de ese mundo sumergido de gente que siempre hubiera querido vivir de una manera socialmente mal vista y se organiza todo tipo de reacciones para hacerlo posible, a veces pidiendo medidas incorrectas o discutibles (como cupos y cosas sobre las que no me detengo porque la mayoría de los que lean esto estaremos de acuerdo en que no corresponden). Pero el fin es sacar a esos grupos del señalamiento tradicional al que la cultura, si se quiere, los tenía sometidos. Ahí están las letras de la sigla LGBT+ que se han convertido en una grieta política. El fenómeno está facilitado por las teorías de género que tienen muchas décadas de desarrollo y que ponen la lupa en cómo constreñimos a los individuos desde la infancia a definir dos formas “correctas” de comportamiento, sea femenino o masculino, de acuerdo al sexo. Estas reglas muy firmemente seguidas y a las que las nuevas generaciones no parecen querer someterse, cubren desde una emocionalidad que tiene que ser distinta según los géneros, hasta los deportes que se deben practicar. Todo está informalmente reglado. Podríamos hablar antes de los avances de la psicología respecto de los daños que los padres pueden hacer a los hijos como algo parecido en descubrimiento sobre arbitrariedades que no vienen de otros por medio del aparato político, pero que igualmente son dañinas e igualmente nos tienen que interesar, por eso existe el derecho civil y penal. La subsistencia del repudio hacia minorías no adaptadas a las antiguas normas, hoy en proceso de abandono, nos lleva a pensar en problemas muy específicos como los derechos individuales de los menores, el prejuicio generalizado habilita la política familiar del aislamiento, la invisibilidad (el closet) o el intento de entrometerse en la sexualidad de ellos por las razones que sean. Todos temas de derechos individuales.

La sensibilidad de personas que han sido sometidas a la arbitrariedad y el maltrato legitimados socialmente, en momentos en que están rompiendo eso, no es para nada indiferente a este problema jurídico de la ofensa y a su potencial dañino. De nuevo, para extremar el ejemplo y ser claro, hablar contra los judíos es más deleznable después de que salen a la luz los campos de concentración o cuando el nazismo está llegando o queriendo llegar al poder o en pleno proceso de estigmatización pública en la España de los Reyes Católicos, que en cualquier otro momento. Del mismo modo, ofender respecto de una reivindicación concreta de la libertad personal, rodeada de dolor, dificultades y miradas, con una historia de repudio reciente y generalizada, lesiona especialmente.

Agrego a eso como política penal, que siempre debe estar atenta a los conflictos del momento, que a la vez que existe esta reivindicación del género y sus matices y que permite a muchas personas justamente expresarse como no lo han podido hacer antes, del otro lado surge una políticamente organizada tendencia a reivindicar el repudio para volver a colocar a las personas afectadas en lo que considera que es su lugar, abajo; a volver a marcarlas como indeseables en nombre de una religión o de simples prejuicios personales.

La circunstancia particular es la existencia de una amenaza visible contra minorías en la política, que produce su propia dinámica de intereses, convirtiéndose en un mecanismo social de construcción de víctimas propiciatorias. La agresión y disminución de status dentro de familias y grupos contra minorías requieren primero volver a marcar como indeseables a las víctimas. Acá la ofensa cumple un papel instrumental de una amenaza aún mayor. No es una simple amenaza hecha por personas, sino una tendencia política con potencial cierto de dirigir las acciones del estado. No es para nada una cuestión aparte, es central en el entendimiento de la intención que hay detrás de poner todo esto en términos de “derecho a ofender”. Para un liberal debería ser de un interés especial y sin embargo hay una simulación de liberalismo en ese “derecho a ofender” que esconde el interés de ponerse del lado de los atacantes.

Dilucidar todos estos matices requiere un estudio particular de caso por caso, pero el principio no es que existe el derecho a ofender. No hay tal cosa porque haya derecho a expresarse o una garantía inexpugnable que prohíbe la censura previa. Lo importante es aguantar las dificultades que presenta la cuestión y no inventar reglas generales que tienen la virtualidad de abrir el campo libre al ilícito, cuanto tenemos las herramientas teóricas para proteger contra abusos que efectivamente están ocurriendo desde la vereda de enfrente.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE. Publica en @josebenegas

El monopolio de las Big Tech y la censura en las redes sociales

Por Iván Carrino. Publicado el 10/1/21 en : https://www.ivancarrino.com/el-monopolio-de-las-big-tech-y-la-censura-en-las-redes-sociales/

Hace poco en este espacio hablábamos sobre los monopolios en el capitalismo y el riesgo que estos encarnan. Mi posición, la repaso, es que si en un mercado libre se crea un monopolio, es porque la o las empresas que lo conforman (oligopolio en dicho caso), han prestado el mejor servicio al cliente.

Si son las regulaciones estatales las que crean el monopolio (como en el caso de la licencia de taxis), entonces mi posición es a favor de remover esas barreras de entrada legales para competir en el mercado.

En general cuando desde la izquierda se argumenta que el capitalismo lleva a los monopolios y que esto es un problema, no queda muy claro cuál es el problema que identifican. Se limitan a decir que los monopolios conspiran contra el bienestar general, pero no la forma en la que lo hacen. No obstante, recientemente hemos sido testigos de la decisión de varias grandes empresas tecnológicas (“Big Tech”), como Twitter, Google y Amazon, de remover a Donald Trump de su ecosistema.

Twitter le suspendió la cuenta de forma permanente al presidente de EEUU. Además, Apple, Google y Amazon quitaron la posibilidad de descargar la aplicación “Parler”, una red social análoga a Twitter donde no hay “censura”. Esto llevó a varios a denunciar el enorme poder que tienen las Big Tech sobre la información y opiniones a las que se puede acceder  y a comparar a estas empresas con dictaduras o policías del pensamiento.

Analizo a continuación dos cuestiones:

1) ¿Dado que las Big Tech dominan ampliamente el mercado de la comunicación a nivel global, prueba esto que en el capitalismo existe una tendencia hacia el monopolio, como afirmaba Roxana Kreimer hace unos días?, y

2) ¿Es correcto comparar el comportamiento de las Big Tech contra Trump con el de una dictadura o el de la policía?

Capitalismo, monopolio y China

Cuando se critica al capitalismo se suele mirar una situación que a muchos les parece indeseable del sistema para luego concluir que dicho sistema “falla” o no cumple las expectativas. No obstante, se olvidan estos análisis de comparar contra las alternativas existentes. Así, por ejemplo, cuando Roxana Kreimer hablaba de las tendencias del liberalismo económico hacia el monopolio, evitaba decir que en países comunistas el monopolio es total, con lo que la situación debería parecerle mucho peor. En este caso: ¿qué modelo tiende más al monopolio?

La misma pregunta cabe hacer aquí: si admitimos que Twitter, Facebook y Google son empresas con tal poder de mercado que constituyen un oligopolio en el sector de los nuevos medios de comunicación, ¿no prueba esto que en el capitalismo la tendencia al monopolio existe? La respuesta es que no necesariamente. De hecho, podemos comparar este ecosistema con lo que ocurre en China, que tiene un sistema económico alternativo.

Un artículo de la BBC explica que en China no se pueden utilizar ni Whatsapp, ni Twitter, ni Google (estas últimas bloqueadas directamente por el gobierno), y que en lugar de YouTube o Facebook están Youku y QQ. Es decir que en la China no liberal existe la misma configuración “oligopólica” de este tipo de compañías, pero producto de la regulación estatal, que no solo bloquea la competencia de proveedores extranjeros, sino que además supervisa todos los contenidos que se publican, institucionalizando una censura gubernamental contra los ciudadanos.

Concluyendo: la configuración actual de las Big Tech no prueba que en el capitalismo haya una tendencia al monopolio. China, que no es capitalista, o al menos lo es en una medida increíblemente menor que los Estados Unidos, tiene una configuración de mercado similar en este sector, pero con el agravante de las restricciones estatales a la competencia y el monitoreo y censura gubernamental de los contenidos.

La policía del pensamiento

Vamos al segundo tema: ¿configuran Twitter, Facebook, y Google una policía del pensamiento o una dictadura? La comparación es absolutamente exagerada. En China efectivamente existe una policía del pensamiento, y si algo de lo que uno dice no le gusta al régimen, entonces uno va preso. Lo mismo ocurre en Venezuela, y lo mismo ocurrió en incontables dictaduras a lo largo de la historia de nuestros países.

La “policía del pensamiento” de Twitter, entonces, tiene unas consecuencias enormemente menos dañinas para el individuo que la policía del pensamiento de verdad. En un caso se pierde la libertad y se pasa a vivir tras las rejas; en el otro, simplemente se pierde el acceso a una plataforma para compartir información, opiniones o fotos de comida.

La exageración en este sentido es preocupante, en la medida que si alguna autoridad gubernamental se toma en serio estos reclamos, entonces podrá concluir que deben regularse estas compañías. Así, terminaremos lidiando no ya con los “Términos del Servicio” de una o varias compañías privadas -con todo lo arbitrario que nos pueda parecer- para pasar a lidiar con las Leyes y Reglamentos del estado, algo que cualquier persona considerada liberal entenderá que es mucho peor.

¿Nos puede parecer mal que una app, o un conjunto de empresas tecnológicas hagan todo lo posible para remover ciertos discursos de sus plataformas? Sí, claro. De hecho, intentar quitar a Trump pero dejar impunemente a Nicolás Maduro, habla de la poca catadura moral de quienes han tomado esta decisión. Por otro lado, también es objetable que sigan este camino, puesto que lo único que conseguirán es alimentar el discurso de persecución que el trumpisto quiere instalar para ganar legitimidad.

Ahora bien, concedido lo anterior, también es cierto que las Big Tech tienen derecho a hacer lo que quieran con sus plataformas y serán los usuarios los que decidirán si quieren permanecer o no en ellas.

Si los usuarios de Twitter quieren permanecer allí a pesar del bloqueo a Trump y el doble estándar, será porque consideran que -al menos por ahora- las alternativas existentes (como Parler, por ejemplo), no superan a Twitter en cuanto a costos y beneficios. Es decir, en Twitter uno usa una plataforma con la que ideológicamente está en desacuerdo pero tiene más llegada. En Parler, el aspecto positivo es que no hay exclusión de los trumpistas, pero no tiene tantos usuarios por el momento.

Por último el derecho a hacer lo que quieran se deriva del derecho de propiedad. Cuando el senador Ted Cruz le pregunta a Jack Dorsey “quién demonios lo eligió a él” para admitir o remover contenido de su red social, la respuesta es muy sencilla: él es el nada menos que el creador de Twitter, así que le asiste el derecho de propiedad sobre la plataforma para tomar decisiones, sean estas buenas o malas. Punto.

La censura según Ayn Rand

Para finalizar, dejo unos párrafos de Ayn Rand sobre este tema. Curiosamente, la pensadora ruso-estadounidense estaba criticando a la izquierda. Habrá que ver si este razonamiento no aplica ahora también a quienes -desde la derecha- se enardecen contra las redes sociales:

Durante años los colectivistas han difundido la idea de que el rechazo, por parte de un individuo particular, a financiar a un adversario constituye una violación del derecho a la libre expresión del adversario, y un acto de “censura”.

Afirman que es “censura” la negativa de un diario a emplear o publicar artículos de escritores cuyas ideas son diametralmente opuestas a su política.

Hay “censura” si los empresarios rehúsan publicar sus avisos en una revista que los acusa, insulta y difama.

Hay “censura” si un avisador de televisión objeta que en el programa que él financia se cometen actos reprobables, tales como el incidente que tuvo lugar cuando se invitó a Alger Hiss para que acusara al ex vicepresidente Nixon.

Y están todos aquellos que declaran que “existe censura a través del rating, de los avisadores, de las redes de televisión, de las compañías afiliadas que rechazan programas ofrecidos a sus áreas”. Se trata de los mismos que amenazan con revocar la licencia a toda emisora que no acceda a aceptar su punto de vista sobre programaciones, y que claman que eso no es censura.

Considérense las implicancias de tal tendencia. El término “censura” se aplica únicamente a la acción gubernamental. Ningún acto privado es censura. Ningún individuo o agencia particular puede silenciar a un hombre o suprimir una publicación: sólo el gobierno puede hacerlo. La libertad de expresión de los individuos particulares incluye el derecho a no estar de acuerdo con sus antagonistas, no escucharlos y no financiarlos.” (el texto completo está en las páginas 142 y siguientes de este link)

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La imperiosa necesidad de unión de quienes valoran la libertad

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/01/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-imperiosa-necesidad-union-quienes-valoran-libertad-nid2584718

No es tiempo de recalcar diferencias de criterio, por más que tengan validez y estén basadas en la mejor de las intenciones y los mejores propósitos, puesto que la topadora totalitaria amenaza con aplastarnos. Es un asunto de prioridades. Lo primero viene primero. Si el país se convierte en un gulag no hay posibilidad alguna de limar diferencias entre quienes se dicen partidarios de la libertad.

Es imperioso que todos aquellos que se oponen al chavismo y creen en el valor de la libertad de prensa y la independencia de la Justicia en esta instancia estén unidos para afrontar el ataque a esos valores fundamentalísimos, junto al rechazo a la colonización del Poder Legislativo y las tropelías del Ejecutivo en cuanto al abuso de poder en el contexto de incrementos en el gasto del aparato estatal, la deuda pública, la expansión monetaria, las regulaciones asfixiantes y las cargas tributarias insoportables.

Es clara la nobleza de quienes pretenden revertir el estatismo que nos viene consumiendo desde hace siete décadas y sus diferencias con el lamentable balance neto de la gestión anterior, pero necesitamos la fortaleza de la unión antes de que resulte tarde, aun manteniendo las discrepancias del caso. Cuando a uno le están asaltando la casa no consume tiempo investigando las características filosóficas de la policía que circunstancialmente nos está defendiendo del atraco, eso es para otra circunstancia.

No parece coherente la posición de quienes declaran que competirán en un espacio político nuevo en 2021, con severas críticas a la oposición existente (pues por eso se constituyen) para luego en 2023 ir juntos con los criticados, lo cual es poco serio y confunde a los indecisos, que en gran medida definen los procesos electorales.

Esta unión en un posible “Encuentro Alberdiano” es un camino de doble vía: por una parte, la oposición -constituida hoy merced al apoyo desesperado de personas que apuntan a que sobrevivan los principios republicanos básicos- debe reconocer sus fracasos y fortalecer su discurso para recibir en sus filas a liberales, y estos comprender la diferencia del plano político del académico y proceder en consecuencia.

Hemos intercambiado opiniones con buenos amigos liberales y no siempre hemos coincidido con la visión que dejo consignada, pero no pierdo las esperanzas de lograr el cometido. También he hablado con algunos amigos radicales y les he recordado el espíritu liberal del fundador de ese partido: el jeffersoniano Leandro Alem. En este sentido, vale la pena recordar un pensamiento de ese personaje. En el debate sobre la federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: “Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario” y “en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades”. Y concluía: “Gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”

Resulta en verdad muy paradójico que algunos de los partidarios de establecer nuevos espacios en la arena política son timoratos en el terreno intelectual en cuanto a la defensa de las ideas liberales, mientras que se muestran inflexibles en el campo político. Las cosas deberían ser exactamente al revés. La inflexibilidad en el terreno de las ideas e ir al fondo de los problemas al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas y acordar en al campo político para dar tiempo a la batalla cultural.

Hace poco escribí en detalle en este mismo medio sobre el tema de la educación, que no voy a repetir, pero ahora destaco que no son pocos los que se ruborizan cuando se les dice que es acuciante la necesidad de eliminar ministerios de Educación y Cultura a los efectos de descartar la posibilidad de imponer criterios curriculares y abrir de par en par el proceso educativo al efecto de lograr el mayor nivel posible de excelencia académica. Es más eficiente subsidiar la demanda de aquellos que no pueden pagar sus estudios que financiar la oferta debido a los fuertes contraincentivos cuando irrumpe la tragedia de los comunes en un contexto invariablemente politizado.

Se torna necesario examinar con detenimiento los centros de salud estatal, para evitar los turnos extenuantes, la falta de insumos, el constante pedido de fondos, el habitual mal estado de equipos e instalaciones. Al igual que con la educación, esto no es para nada debido a que quienes allí trabajan no tengan la mejor buena voluntad y admirable dedicación, es un asunto de incentivos: no es lo mismo cuando uno paga las cuentas que cuando se recurre a la fuerza para que terceros se hagan cargo con el fruto de sus trabajos.

También se suele eludir la necesidad de prohibir la deuda pública externa, que resulta antidemocrática al comprometer futuras generaciones que no participan del proceso electoral para elegir a los gobiernos que contrajeron la deuda. Se suele esquivar la necesidad de abolir la banca central, que no puede operar sin alterar los precios relativos, con lo que conduce al empobrecimiento generalizado. Lo mismo va para la agencia oficial de noticias, que es una muestra de espíritu autoritario; el mantenimiento de inmensos activos de las embajadas en tiempos de las teleconferencias y otros recursos tecnológicos; las legislaciones sindicales fascistas; el destruido federalismo devenido en férreo unitarismo; las mal llamadas “empresas estatales”, y la sandez de “vivir con lo nuestro”, solo para mencionar algunos rubros.

Comprendo que estos temas no sean habituales en la esfera política, pues estamos muy atrasados en la mencionada batalla cultural, pero son indispensables en un ámbito académico que se precie de tal. No es un buen consejo confundir roles, el discurso del político debe circunscribirse a lo que el electorado entiende y acepta. En cambio, la faena intelectual debe subir la vara y apuntar alto para, en última instancia, influir en la opinión pública. Como bien ha escrito John Stuart Mill, “toda buena idea pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”.

Pero aun en el supuesto de defender aquellos puntos claves en las campañas electorales, el momento exige la unión para sobrevivir. El fraccionamiento y la dispersión de fuerzas en el ámbito político son la mejor noticia para el chavismo vernáculo.

El tiempo pasa rápido, el desgaste es grande y el peligro del chavismo se acentúa por momentos. Es curioso que algunos se pregunten sobre el plan o el rumbo del actual gobierno cuando nos lo están anunciado a los alaridos todos los días. No sería nada extraño que las próximas elecciones resulten amañadas, dadas las designaciones recientes en el fuero electoral, pero en cualquier caso la unión a la que nos referimos constituirá un bastión para la defensa de lo indispensable, aun en el supuesto hoy afortunadamente remoto de que no haya elecciones. No resulta relevante consumir tiempo debatiendo sobre quién en verdad manda ni en trifulcas palaciegas, estas distracciones pueden resultar fatales. Como decía Ortega y Gasset, “Argentinos, a las cosas”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La libertad de prensa a raíz de Twitter y Trump

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/1/21 en : https://www.infobae.com/opinion/2021/01/16/la-libertad-de-prensa-a-raiz-de-twitter-y-trump/

Twitter via REUTERS

Dados los debates del momento, otra vez volvemos sobre la indispensable libertad de expresión. En una sociedad libre esta libertad resulta de una inmensa e insustituible importancia. El cuarto poder o el contrapoder por excelencia es más relevante y trascendental que los otros tres poderes. Este es el sentido de la sentencia de Thomas Jefferson en cuanto a que “frente a la posibilidad de libertad de prensa sin gobierno o ausencia de libertad de prensa con gobierno, me inclino por lo primero.”

Como es sabido el derecho primordial es el de la vida y la protección del propio cuerpo, le sigue el derecho a expresar los propios pensamientos y el uso y disposición de lo adquirido legítimamente. La libertad de decir lo que cada cual estime conveniente no solo es un derecho, sino que consiste en un procedimiento inexorable al efecto de adquirir conocimientos, un proceso que tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones. Esto último hace posible el progreso.

Si se lesionaran derechos de terceros habrá que dirimir lo ocurrido en la Justicia, pero nunca y bajo ninguna circunstancia insinuar la censura previa lo cual significa que los aparatos estatales se inmiscuyen en el sagrado derecho de la libertad de expresión o toleran el uso de la fuerza de otros para bloquearla. En este contexto debe quedar claro que cada medio o plataforma decide con su propiedad lo que considera mejor a sus intereses.

Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Como queda dicho, esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta valiosísima libertad resulta indispensable no solo por lo que acabamos de consignar sino para resguardar y limitar el poder político y abre cauces a información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitaciones y abusos de poder.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de las siempre pastosas leyes que apuntan a regular medios y la sandez de pretender que se exhiban las fuentes de la información, alegando “seguridad nacional”, “secretos de Estado” o esgrimiendo “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa oral y escrita.

Esto viene a cuento porque la plataforma Twitter y otras han decidido eliminar cuentas de algún personaje que a esta altura de este texto no viene al caso especificar para no entrar en otra discusión, aunque lo mencionaremos más abajo. La antedicha decisión ha generado airadas protestas por parte de algunos sectores alegando que se ha vulnerado la libertad de prensa. Nada más lejos de la verdad. Cada medio o plataforma digital decide con su propiedad lo que piensa es mejor sin que nadie pueda torcer por la fuerza su decisión. La libertad de prensa no significa que tal o cual medio o plataforma deba publicar o trasmitir lo que no quiere hacer. Los motivos por los que se procede de una u otra manera es una cuestión que podrá ser criticada por terceros, pero de ningún modo otorgarles la facultad de contradecir la decisión de los dueños. En el extremo, por ejemplo, un medio cualquiera podría establecer que solo publican los de ojos celestes o los que miden más de un metro ochenta, seguramente una norma de esta naturaleza no conducirá al éxito del emprendimiento, pero este es otro asunto. Lo dicho desde luego no significa que pueda incumplirse con lo eventualmente convenido con usuarios.

Si hay quienes no les gusta las normas de ciertos medios pueden establecer otros que compitan y si no cuentan con los suficientes recursos pueden vender parte de su iniciativa a otros y así lograr su objetivo y si nadie acepta aportar fondos para este emprendimiento quiere decir que, dados los siempre escasos factores productivos, hay otras prioridades y como todo no puede encararse simultáneamente, es proyecto en cuestión debe esperar su turno en mercados abiertos. Los monopolios perjudiciales son los legales, lo otro se traduce en el primero en prestar el servicio lo cual es indispensable desde el arco y la flecha para salir del garrote.Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)

Hay líneas editoriales o forma de trasmitir noticias y columnas de opinión que uno puede o no compartir, pero esto es materia de otros debates que en ninguna circunstancia deben interferir con la libertad de prensa. Las resoluciones de los medios y plataformas están en manos de sus titulares, de modo similar a los dueños de casa que deciden quien entra y quien no entra a sus domicilios. Las decisiones pueden no agradar a terceros pero esto es otro asunto de naturaleza bien diferente.

Hacemos un paréntesis para apuntar que lo dicho es equivalente a lo ocurrido con la editorial Simon & Schuster, que decidió abandonar la publicación del libro del Senador republicano Josh Hawley debido a su aliento a los desmanes en el Congreso (dicho se de paso, obra que en su título refleja un absurdo en un mercado abierto: The Tyranny of Big Tech).

Twitter y otras plataformas se han referido a Donald Trump debido al riesgo que estiman los propietarios de acelerar la violencia en Estados Unidos, pero como hemos apuntado cada medio decide lo que hace o deja de hacer con su propiedad y los que no sean confiables por uno u otro motivo no serán consultados. No es del caso enfatizar en los antedichos motivos que esgrimieron los medios en cuestión porque como queda dicho podrían haber sido otros. Tengamos muy en cuenta que según la definición clásica la Justicia implica el “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad privada a lo que nos hemos referido más arriba al efecto de la decisión de cada dueño de medio o plataforma. De cualquier modo, dada la extensión y la intensidad que ha adquirido el debate, se hace necesario resumir lo que he consignado antes sobre el tema y a los efectos de este debate dejar de lado la confusa, oscura y controvertida Communications Decency Act de 1996, especialmente su sección 230.

No es admisible pretender jugar por reglas compartidas sobre la democracia y cuando los resultados electorales son adversos resulta que se desconocen. Este ha sido el caso luego de la ratificación por parte de los cincuenta estados y luego de haber sido rechazados una y otra vez las demandas por supuestos fraudes en distintas instancias, incluso ante la Corte Suprema de Justicia.

Luego de la bochornosa conversación telefónica de Trump con el Secretario de Estado de Georgia -Brad Raffensperger- oportunidad en la que le sugirió modificar el resultado electoral y luego de los episodios violentos en el Congreso resulta que nada menos que el Presidente de Estados Unidos les dice a los sediciosos que son personas muy especiales y que les tiene gran aprecio. Tuvo que renunciar la Secretaria de Educación -Betsy DeVos- y la Secretaria de Transportes -Elaine Chao- afirmando que Trump fue responsable de instigar a los que irrumpieron por la fuerza en la sede del Parlamento causando enormes destrozos y su ex Jefe de Gabinete John Kelly y el ex Secretario de Defensa Colin Powell propusieran que se lo destituya vía la Enmienda 25, recién entonces decimos es que Trump, tarde y a regañadientes por cierto, reconoció que había terminado su presidencia y manifestó que la transición de mando debía ser ordenada y pacífica. Luego renunció el Secretario de Interior Chad Wolf y el FBI estableció medidas de seguridad para evitar nuevos disturbios.

Peggy Nooman, la colaboradora del Wall Street Journal, de ABC y de NBC News y célebre speechwriter de Ronald Reagan ha escrito que “Al principal responsable, el Presidente de Estados Unidos, hay que desalojarlo del cargo a través de la Enmienda 25 o del juicio político, lo que resulte más rápido.” Debido al escaso tiempo disponible hasta el cambio de mando, es poco probable que puedan completarse en todos los pasos estas decisiones pero las menciono a los efectos de comprobar el clima del momento. De todos modos, Senadores republicanos como Mitt Romney, Patrick Toomey y Lisa Murkoski y miembos de la Cámara Baja como el también republicano Adam Kinzinger han pedido la inmediata renuncia de Trump. Ahora nada menos que el líder republicano en el Senado Mitch McConnell ha dicho que celebra que se le inicie un juicio político a Trump (por segunda vez).

Hasta el Vicepresidente Mike Pence tuvo que absorber el embate de Trump para que anule el recuento formal y final ante ambas Cámaras en el Congreso lo cual rechazó de plano y procedió a la confirmación del Presidente electo Joe Biden luego de ser certificado su triunfo como marcan las normas vigentes.

El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)

William Webster -ex Juez Federal, ex director del FMI y de la CIA- declara públicamente que está avergonzado de las actitudes de Trump. Y en el orden internacional las condenas no se hicieron esperar, por razones de espacio solo destacamos las declaraciones de Angela Merkel quien enfatizó: “lamento profundamente que el Presidente Trump no haya admitido su derrota”.

Desde la perspectiva económica el balance neto de la gestión de Trump ha resultado en el incremento sideral en el gasto público, el déficit y la deuda externa. Es cierto que ha disminuido algunos impuestos, pero como señalé en otra ocasión, esto me trae a la memoria cuando los conquistadores españoles les entregaban espejitos de colores a los indios para luego imponer las instituciones esclavistas de la mita y el yanaconazgo. Como bien ha apuntado reiteradamente su primer Secretario de Estado -Rex Tillerson, antes CEO de ExxonMobil, la tercer empresa de mayor facturación en el mundo- “Trump no tiene idea del significado del libre comercio y muchas de las cosas que afirma no se condicen con la realidad”.

La xenofobia de Trump se ha puesto de relieve varias veces a partir de los hechos de Charlottesville donde equiparó como “buenas personas” a los que marchaban bajo la insignia de la cruz esvástica y los emblemas de la así denominada “supremacía blanca”.

El Procurador General -William Barr- ha consignado que “el Presidente ha traicionado su cargo” y el ex presidente de la Cámara de Representantes y ex candidato a la Vicepresidencia en la elecciones de 2012 -Paul Rayan- ha declarado que “Es difícil concebir un acto más antidemocrático y anticonservador que una intervención para anular los resultados de las elecciones certificadas por el estado y privar de sus derechos a millones de estadounidenses”.

Es muy cierto que buena parte de los equipos del Partido Demócrata apuntan a intensificar el tamaño ya desbordado del Leviatán pero esto en modo alguno justifica que se pretenda operar bajo ciertas normas para luego vulnerarlas cuando los resultados son adversos como ha sido a todas luces el caso de Donald Trump. No es cuestión de dejarse acuchillar por uno para no ser ametrallado por otros, especialmente cuando se declama sobre la democracia y, como queda dicho, una vez obtenidos los resultados se pretende desconocerlos.

El tema del tamaño del aparato estatal y los graves problemas que causa de modo especial sobre los más vulnerables es otro plano de discusión que debe dirimirse en el intercambio de ideas. En este sentido personalmente me ocupé del asunto en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos que publicó la edición original el Fondo de Cultura Económica, donde destaco los extraordinarios valores establecidos por los Padres Fundadores y como de un tiempo a esta parte se ha ido produciendo un deterioro manifiesto en esos valores. La esperanza radica en la cantidad de instituciones dedicadas al estudio y la difusión de esos principios, lo cual concentra una cantidad creciente de jóvenes que publican y se reúnen en seminarios para estudiar y difundir los principios de la sociedad libre.

Aparentemente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que pretenden dictaminar acerca de dominios privados de medios o plataformas, dan manotazos a Internet o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”.

Los problemas se suscitan debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas de imparables verborragias de los mandones del momento.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La libertad según Alexis de Tocqueville

Por Enrique Aguilar: Publicado el 27/11/20 en: https://www.youtube.com/watch?v=f2XlnMqU-0o&feature=youtu.be

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.