Un tributo al periodismo independiente

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/07/un-tributo-al-periodismo-independiente/

 

Hablar de periodismo independiente es una redundancia colosal pero, dadas las sumamente pastosas cuando no desfachatadas circunstancias que tienen lugar en no pocos países, el énfasis amerita puesto que desafortunadamente hay quienes se dicen periodistas pero se han degradado a la condición de apéndices cuando no esbirros del poder de turno, mutando en verdaderos asaltantes y descuartizadores de la decencia.

De todos modos es del caso destacar a quienes hacen honor a su oficio con creces corriendo todo tipo de riesgos y peripecias. A estos personajes todos les debemos mucho. Si no fuera por ellos en gran medida estaríamos en la penumbra para no decir en la total oscuridad. Quienes investigan e informan a la opinión pública son personas de una envergadura moral superlativa. No se francamente si se les debería llamar el cuarto poder o en homenaje a su ejemplo de integridad más bien debiera aludirse al primer poder.

El caso argentino es paradigmático: en los últimos largos años han sido la tabla de salvación para los espíritus libres. Rindo entonces este modesto tributo a estos periodistas de gran valía. Les agradezco muy sentidamente su coraje, constancia y perseverancia. La prensa oral y escrita en todas partes da batallas cotidianas para oponerse al abuso del poder. Estas mujeres y hombres del periodismo saben que su función es la crítica para mantener los aparatos estatales en brete cualquiera sea su color. Saben que ser condescendientes atenta contra su sagrada misión.

En otras oportunidades he escrito sobre la trascendencia de la libertad de prensa, pero en este caso es pertinente volver en parte sobre este aspecto crucial. Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, sólo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no sólo por lo anteriormente expresado, sino también porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos, para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitaciones y manotazos a las libertades.

Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea de paso, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos Gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado”, alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados Papeles del Pentágono (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre caso Watergate, que terminó derribando un Gobierno.

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, que no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros.

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al Gobierno o que los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, de modo que cuando los Gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo que en este campo se dé por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento, además de otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos, puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado: las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris con el que los Papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, intervienen en la producción y distribución de papel, pretenden reglamentar las versiones digitales, todo lo cual al decir del decimonónico Richard Cobden, significa el establecimiento de repugnantes “impuestos al conocimiento”.

La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se les han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud.

Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes, que sin vestigio alguno de modestia, y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en verborragias imparables.

Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos -que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa-, considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el porqué y el para qué de principios aceptados es considerado un elemento pernicioso”.

Por supuesto que se puede discrepar con lo dicho o escrito por periodistas independientes, pero eso no es para nada motivo para siquiera rozar la idea de la infame mordaza, abierta o encubierta. El debate es necesario en todos los ámbitos al efecto de ventilar todas las perspectivas y cada uno saca sus conclusiones en un proceso de constante aprendizaje.

En resumen, es indispensable oponerse con la necesaria energía a cualquier manifestación implícita o explícita que pretenda coartar de una u otra manera la faena de la prensa, tan vital para el oxígeno mismo de los derechos individuales consagrados en todas las constituciones republicanas. Como queda dicho, el centro de la tarea periodística se refiere a la defensa contra las tropelías de los aparatos estatales por lo que son desviados y alejados de esa misión específica aquellos que no solo operan bajo el paraguas del poder del momento sino cuando reclaman avances sobre las libertades por parte de posibles gobiernos venideros o hacen la apología de tiranos anteriores. Estos desconocimientos brutales del tronco principal de la libertad de prensa marcan la decadencia que es contrarrestada por los verdaderos periodistas. En este contexto y por todo esto es que resulta muy pertinente recordar un pensamiento de Thomas Jefferson: “Frente a la posibilidad de un gobierno sin libertad de prensa o libertad de prensa sin gobierno, me inclino por esto último”.

Cierro esta columna con un pensamiento de William Faulkner reflejado en un reportaje que le concedió a Jean Stein en 1956, una reflexión que no solo va para los siempre esmerados periodistas sino para todos los humanos: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejor que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”. Esto es lo que pensaba con sabiduría el Nobel de literatura de 1949, el maestro de la narrativa con visos cinematográficos, de los diálogos interiores, de las frases largas y del manejo de los tiempos y los flash-backs.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Justo José de Urquiza, un personaje singular

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/2/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/02/22/justo-jose-de-urquiza-un-personaje-singular/

 

Justo José de Urquiza 

Justo José de Urquiza

Estas líneas pretenden ilustrar al mundo lo que puede hacerse en cualquier nación donde se han estrangulado todas las libertades si hay las suficientes convicciones para derrotar al autoritarismo. De entrada, dado que Urquiza terminó con la tiranía rosista, es del caso reiterar que cuando un gobierno se arroga la suma del poder público da un golpe a las instituciones libres y por tanto es necesario un contragolpe a los efectos de ejercer el derecho inalienable a la resistencia inserto en todos los documentos republicanos desde John Locke en adelante y continuando por la clara definición en la Declaración de la Independencia estadounidense que reza así: “Cuando cualquier forma de gobierno es destructiva a esos fines [la preservación de las libertades] es el derecho de la gente el alterar o abolirlo y establecer un nuevo gobierno”. Y esto naturalmente va también para los casos en los que el nuevo gobierno ha resultado muchísimo peor que el anterior como sucedió, por ejemplo, con el castro-comunismo en su contragolpe a Batista.

En otras ocasiones he escrito en detalle sobre Rosas pero ahora me circunscribo a la declaración oficial del propio tirano que ilustra y resume el asunto a través de una ley sancionada por la Junta de Representantes el 26 de septiembre de 1851 luego del pronunciamiento de Urquiza, el primero de mayo del mismo año: “Todos los fondos de la Provincia, las fortunas, vidas, fama y porvenir de los Representantes de ella y de sus comitentes, quedan sin limitación ni reserva alguna a disposición de S.E., hasta dos años después de terminada gloriosamente la guerra contra el loco, traidor, salvaje unitario Urquiza”. (citado por Juan González Calderón en El general Urquiza y la organización nacional).

Tal como había escrito Juan Bautista Alberdi en cuanto a que la independencia de España mutó para ser colonos de los propios gobiernos denominados patrios, lo cual continuó en medio de reiterados fracasos de organización nacional a través de pactos incumplidos, constituciones fallidas y declaraciones inconducentes en el contexto de caudillos que una y otra vez obstaculizaban el establecimiento del estado de derecho. Todo esto sin solución de continuidad hasta la Constitución liberal de 1853-60 que permitió que los argentinos se ubicaran a la vanguardia de los países civilizados hasta el golpe fascista del 30 y con mucho mayor ímpetu a raíz del golpe del 43 que sumió al país en desventuras varias que perduran hasta el presente.

Hay mucha bibliografía vinculada al rol emancipador de Urquiza en la historia argentina pero cabe subrayar especialmente la de Isidoro Ruiz Moreno “Vida de Urquiza”, Ramón Cárcano “Urquiza y Alberdi. Intimidades de una política”, Beatriz Bosch “Urquiza y su tiempo”, la antes mencionada obra de González Calderón, de José María Zuviría “Los constituyentes de 1853”, de Amancio Alcorta “Las garantías constitucionales” y de José María Sarobe “El general Urquiza. La campaña de Caseros”.

Como señalan los autores citados, la organización nacional fue posible merced a las ideas de Alberdi y a la ejecución de Urquiza. Ambos se profesaban gran admiración. En correspondencia del primero al segundo que se reproduce en la obra de Cárcano aquél le rinde homenaje al escribir sobre “nuestra perpetua gratitud, por la heroicidad sin ejemplo con que ha sabido restablecer la libertad de la patria, anonadada por tantos años”, oportunidad en la que le envía las Bases sobre lo cual comenta: “He consagrado muchas noches a la redacción del libro, sobre las bases de la organización política para nuestro país, que tengo el honor de someter al excelente buen sentido de V.E.” (correspondencia fechada en Valparaíso el 30 de mayo de 1852). A esta misiva Urquiza le responde a Alberdi en los siguientes términos: “Su bien pensado libro es a mi juicio un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito ni publicado en mejor oportunidad”. Y más adelante concluye: “A su ilustrado criterio no se lo ocultará que en esta empresa deben encontrarse grandes obstáculos […] Después de haber vencido una tiranía poderosa, todos los demás me parecen menores.” (Palermo de San Benito, julio 22 de 1852).

Después de Caseros, se le encomendó a Bernardo de Irigoyen el contacto con gobernadores vía el Protocolo de Palermo que convocó a la reunión en San Nicolás donde se estableció el célebre acuerdo para sancionar una carta constitucional en Santa Fe (artículo 11 del Acuerdo de San Nicolás).

Uno de los obstáculos que se presentaron fue la reiterada tensión entre Buenos Aires y las provincias del interior principal aunque no exclusivamente por el pretendido monopolio comercial de los porteños que se manifestaron a través de las dos batallas de Cepeda, la segunda de las cuales, en 1859, se tradujo en el Pacto de San José de Flores y la consiguiente reforma constitucional de 1860 y la primera de 1820 resultó contundente a pesar de su corta duración (se conoció como la “batalla de los diez minutos” por la brevedad del combate), tuvo lugar también por el desconocimiento de Buenos Aires respecto al interior la cual se tradujo en la disolución del Directorio y el Congreso Nacional. Luego de Pavón finalmente privó la paz y se dio cumplimiento a los pactos preexistentes que menciona la Constitución de 1853 (Pacto Federal, Pacto de Pilar, Pacto Benegas y Tratado del Cuadrilátero, tal como apunta Francisco Arriola en Historia de las instituciones políticas y sociales argentinas y americanas).

El eje central del gobierno libre es la protección de los derechos individuales, es decir la libertad civil. Como escribe Amancio Alcorta en la obra citada: “La confusión de la libertad política y de la libertad civil y la preponderancia de la primera han producido graves perturbaciones en el orden social, porque ello ha importado la confusión del fin con el medio”. Beatriz Bosch -también en el libro de esta autora- cita un pensamiento clave de Urquiza: “El respeto a la persona y a la propiedad, base fundamental para la felicidad de la patria”.

Antes de proseguir con Urquiza, resumo lo que he consignado en otra oportunidad al efecto de ilustrar la catadura moral de Rosas en opinión de distinguidas personalidades. Estimo necesaria esta reiteración como consecuencia de las repetidas falsedades y muy recientes apologías inauditas de la tiranía. Bartolomé Mitre destaca que fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano). Esteban Echeverría: “Su voz es de espanto, venganza y exterminio (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas). Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]” (en Facundo). Félix Frías escribió: “Rosas se proponía por medio de espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires (en La gloria del tirano Rosas). Juan Bautista Alberdi: “Los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Por su parte, José Manuel Estrada afirmó: “Ahogó la revolución liberal con la escoria colonial” (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: “Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país” (en Discurso en la Legislatura de Buenos Aires). José de San Martín relata en una misiva: “Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839) y Paul Groussac concluye: “Lo que distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita” (en La divisa punzó).

Volvamos entonces a Urquiza ya habiendo calibrado telegráficamente el significado y la trascendencia de haber derrotado a la tiranía. En este sentido Ruiz Moreno pronunció las siguientes palabras con motivo de la presentación de su mencionado libro que caracterizan muy bien el espíritu de Urquiza: “Encontrándose con todo el poder a la mano, decide hacer lo contrario a lo que estaban acostumbrados a hacer sus poderosos aliados y rivales. Urquiza, dueño de la situación luego de derrotar a Rosas en Caseros, decide autolimitarse y organizar constitucionalmente el país, en beneficio de la incipiente nación que se hallaba fatigada luego de largos y cruentos años de guerra civil”.

También Isidoro Ruiz Moreno cita en esa obra palabras de Urquiza que resultan sumamente ilustrativas. “Si alguna gloria he apetecido es la de ofrecer a mi patria un monumento sublime de instituciones liberales, levantado sobre los escombros de la tiranía […] Mi programa es la Constitución, mi programa es la fraternidad, es la paz, es la religiosidad en el cumplimiento de los compromisos nacionales, es el respeto a los derechos de los ciudadanos, a los derechos de los pueblos, es la protección al extranjero. Que no haya proscriptos, que el extranjero halle la seguridad y protección de nuestras leyes, un asilo tan querido como su patrio hogar […] Yo reuní los miembros dispersos de la gran familia argentina, acometiendo con resolución y fe la difícil empresa de ensayar el ejercicio de la libertad y de las instituciones más adelantadas del mundo, allí donde sólo había imperado la dictadura y el absolutismo”.

Juan González Calderón en el libro mencionado concluye: “Urquiza tiene en su haber el pronunciamiento de 1851 contra la dictadura, la batalla redentora de Monte Caseros, el Acuerdo de San Nicolás, la promulgación de nuestra Constitución federal, la primera presidencia constitucional con el histórico gobierno de la Confederación, la reincorporación de Buenos Aires en virtud de la batalla decisiva de Cepeda y, por fin, el sacrificio de su vida en aras de la unidad nacional y la paz interna”.

Estos hechos ilustrados por Urquiza con la célebre colocación de su sable bajo el texto constitucional como señal de subordinación de la fuerza al derecho parió una prosperidad y bienestar notables desde la promulgación de esa Constitución liberal hasta que irrumpieron los antes mencionados acontecimientos que inauguraron el populismo argentino del que aun no hemos podido zafar. En aquel período de esplendor los salarios e ingresos en términos reales del peón rural y del obrero de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España. Competíamos abiertamente con Estados Unidos en la atracción de los inmigrantes a nuestras playas y se duplicaban cada diez años. Es de esperar que la batalla cultural en marcha en pos de las ideas liberales logre cuanto antes sus frutos no solo para hacer honor a los Alberdi y Urquiza sino sobre todo para bien de todos quienes moran en la nación argentina.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

Desigualdad demostrada

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/2/20 en:  https://younews.larazon.es/desigualdad-demostrada/

 

El titular de «El País» era contundente: «1.344 películas demuestran la desigualdad en Hollywood». Dos investigadoras españolas, Sofía Izquierdo y María Navarro Paniagua, revisaron todas esas películas, analizando el caché de 267 estrellas entre 1980 y 2015, y comprobaron que no ganan lo mismo las actrices que los actores: «La media es de un millón de euros menos por película».
El artículo transmitía una sensación de denuncia, de identificación entre desigualdad e injusticia. Ello convoca por definición al poder para que repare esa violación de la justicia.
Ahora bien, desigual no es injusto de por sí. Es un hecho que numerosos hombres son más listos y más guapos que yo, pero esa desigualdad no es injusta, porque la injusticia es privarme de lo que me corresponde o pertenece. Y a mí no me corresponde ser listo ni guapo, y no tengo ningún derecho a ello. Lo que me corresponde y me pertenece es mi trabajo y lo que gano con él: si me lo quitan por la fuerza están cometiendo una injusticia.
Si las actrices cobran menos que los actores, ¿es discriminación? Según el DRAE eso es «seleccionar excluyendo», o «dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental, etc.».
Discriminar tampoco es injusto de por sí, porque todos somos excluidos y nos tratan de manera desigual en muchos ámbitos y ocasiones en donde no cabría denunciar injusticia alguna.
La clave la da el propio artículo: «Hay cuestiones difíciles de afinar y que escapan de las bases de datos: ¿por qué un actor triunfa y, por tanto, gana más que otro? “No sabemos si hay una elección, y una discriminación, por parte del productor o por parte del público”», aseguran las españolas.
Ahora bien, la diferencia de cachés difícilmente resulte de una discriminación de los productores, porque si dieran la espalda al público sus películas fracasarían. Pero si lo que sucede es que las mujeres y los hombres prefieren ver a un hombre más que a una mujer en el cine (o en el fútbol, el tenis, o donde sea) ¿qué hacemos? Y sobre todo ¿debe hacer algo el poder político y legislativo para evitarlo e imponer por la fuerza unas preferencias distintas?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

La autocrítica que deberíamos hacer los liberales

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 1/2/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/02/01/la-autocritica-que-deberiamos-hacer-los-liberales/

 

Friedrich Von Hayek (1899-1992)
Friedrich Von Hayek (1899-1992)

 

En alguna oportunidad he pronunciado una conferencia sobre este tema, ahora lo retomo con nuevas observaciones y enfoques adicionales.

Hay cuatro planos en este asunto que estimo de gran interés.

En primer lugar, un interrogante clave: ¿de quién es la responsabilidad de que haya gente de buena fe, honesta intelectualmente e inteligente que quiere sinceramente el bienestar de todos pero que rechaza de plano las recetas liberales? Me parece que la conclusión inexorable es que la culpa de semejante situación recae en nosotros, los liberales.

Este fenómeno se observa de modo extendido pero muy especialmente en ciertos escritores, pintores, escultores, músicos y sacerdotes. Es llamativo pero es habitual que el problema indicado se encuentre radicado en personas que apuntan alto en el plano espiritual y creativo y que no quieren “descender a territorios con ruido a metálico”. Cuando se pronuncian sobre asuntos sociales y económicos suelen aconsejar medidas que en la práctica perjudican a los más débiles, que son los que precisamente desean proteger. Y no parece haber salida pues están empantanados en aquellas líneas argumentales.

Como queda dicho, esto se debe a que nosotros, los liberales, no somos capaces de trasmitir el mensaje adecuadamente. Y no se trata de “vender bien la idea” puesto que las ideas no se venden. La comercialización propiamente dicha no requiere para nada que se le explique al consumidor el proceso productivo por el cual se parió un dentífrico o un desodorante. Es suficiente con que se le trasmita las ventajas del uso del producto en cuestión.

Sin embargo, con las ideas la naturaleza del proceso es completamente distinta. A menos que estemos frente a un fanático que toma la idea sin fundamento alguno, el receptor demanda que se le presente la genealogía y el fundamento de lo expuesto, no simplemente el producto final. Desde luego que no es que el mensaje no deba pulirse y presentarse adecuadamente, muy por el contrario esto es muy necesario para la adecuada comprensión y aceptación por parte del interlocutor.

Y aquí viene la deficiencia. Por ejemplo, no somos suficientemente eficaces en trasmitir el concepto de que las medidas que despilfarran capital lastiman severamente a todos pero muy especialmente a los más necesitados. Como no hay de todo para todos todo el tiempo, es indispensable asignar derechos de propiedad a los efectos de su mejor uso: quienes dan en la tecla en lo que necesita el prójimo obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos. Esto ocurre en mercados abiertos y competitivos y no allí donde los pseudoempresarios obtienen privilegios del poder de turno, siempre a expensas de sus semejantes.

En lugar de estarse quejando porque la gente no entiende la postura liberal, es mucho mejor preguntarse y repreguntarse por qué uno es tan inepto para trasmitir el mensaje. Y como tendemos a ser más benévolos con uno mismo que con los demás, este ejercicio nos ayuda a hacer mejor los deberes al efecto de dictar una clase mejor, escribir un ensayo, artículo o libro de mejor calidad o pronunciar una conferencia mejor fundamentada.

También en esta primera sección debe hacerse notar el desconcierto que producen algunas propuestas como, por ejemplo, en el tema jubilatorio. En lugar de apuntar a que cada uno haga lo que le de la gana con el fruto de su trabajo hay quienes sugieren achatar la pirámide para que todos reciban lo mismo independientemente de sus aportes o estirar la edad jubilatoria. Para esto último tengo una propuesta mejor: imponer la edad de 200 años para jubilarse con lo cual el atraco queda más claro.

En segundo lugar aludo a quienes consideran que para presumir de rigurosos se sienten compelidos a introducir lenguaje sibilino en sus presentaciones A veces extienden el método a doctorandos para impresionar al tribunal correspondiente. Lamentablemente no toman en cuenta lo consignado por Karl Popper en cuanto a que “la búsqueda de la verdad sólo es posible si hablamos sencilla y claramente, evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios”. “Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”, decía.

El tercer asunto se refiere al caso argentino. Los hay quienes pretenden poner la carreta delante de los caballos y fundar un partido político liberal antes de haber dado en grado suficiente la batalla cultural, con lo cual naturalmente el fracaso es seguro. La política significa ejecutar ideas y no puede ejecutarse aquello que no se sabe en que consiste. Como ha escrito Anthony de Jasay, “no es imposible poner la carreta delante de los caballos, es poco práctico”. En el caso argentino la situación es más grave debido al peligro que se corre en la actual circunstancia por lo que el fraccionamiento y dispersión de la nueva oposición (aun con los fracasos de la gestión anterior) resta posibilidades de defender en estos momentos temas esencialísimos como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia.

Respecto a que es interesante lo del partido político liberal pero no es el momento lo ejemplifico con lo escrito por Ortega: cuenta que frente a todo lo que decía un sacerdote que celebraba misa su monaguillo repetía “Ave María purísima”, a cierta altura el cura perdió la paciencia y le dijo a su ayudante “mira, lo que dices es interesante pero no es el momento”.

Por último pero no por ello menos importante, un capítulo sobre el que debe machacarse: muchos liberales presentan estudios de gran provecho y sofisticación pero dejan de lado los cimientos del edificio de la libertad. Es similar a que un arquitecto pretenda comenzar por el techo la construcción de una casa sin prestar atención a los cimientos. Es claro que en este caso las perspectivas de la edificación no son halagüeñas. Igual ocurre en las ciencias sociales, en este caso aludo a la necesaria explicación del libre albedrío sin lo cual la libertad se convierte en mera ficción.

En este sentido, resulta clave comprender que los humanos no somos solo kilos de protoplasma sino que tenemos estados de conciencia, psique o mente que se distingue del cerebro. Como apunta el premio Nobel en neurofisiología John Eccles, el no estar determinados por los nexos causales inherentes a la materia permite revisar los propios juicios, contar con ideas autogeneradas, distinguir entre proposiciones falsas y verdaderas, asumir responsabilidades y la posibilidad de llevar a cabo juicios morales.

Sin embargo, se observa el avance del materialismo filosófico o determinismo físico (para recurrir a la terminología popperiana). Los humanos no somos loros, aun más complejos pero no loros al fin. Tenemos la capacidad de decidir entre diversas posibilidades y retractarnos. Antes he citado al premio Nobel en física Max Plank y a los filósofos John Hospers y Antony Flew, que subrayan la diferencia entre la concatenación de causas en el mundo material y los motivos en la mente humana.

En el caso argentino refleja lo dicho entre tantos ejemplos la posición del ex miembro de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni, quien es abolicionista al mantener que a los delincuentes no hay que castigarlos pues no son responsables de sus actos. El silogismo es correcto si se parte de la premisa del determinismo físico, pero el problema estriba en que la premisa no se sostiene. Por su parte, no pocos de los psiquiatras son materialistas lo cual no deja de ser curioso ya que la psicología es el estudio de la psique y, sin embargo, rechazan la existencia de la psique unida pero diferente del cerebro, y así sucesivamente con otras profesiones como la economía vía el denominado neuroeconomics.

Nada se gana con detenidas elaboraciones sobre política monetaria, fiscal o laboral ni sobre la relevancia de marcos institucionales compatibles con la protección a los derechos si previamente no se ha entendido la base de la libertad.

Suelo ilustrar lo dicho con esa contradicción en los términos denominada “inteligencia artificial” puesto que la inteligencia requiere libertad de elegir (además, la etimología remite a inter-legum, esto es leer adentro, captar esencias, expresar sentimientos etc), lo cual no hacen los aparatos que solo responden a una programación previa.

Por su parte, el lingüista Noam Chomsky señala: “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.

El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso también de las expresiones “memoria” y “cálculo” aplicadas a los ordenadores. Como apunta Raymond Tallis, aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan ni las calculadoras calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular.

Thomas Szasz se refiere a otra metáfora pastosa en cuanto a la llamada “enfermedad mental” cuando esto contradice la noción de la patología que enseña que una enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede atribuirse a comportamientos e ideas. Una cosa son los problemas químicos, desajustes en los neurotrasmisores y la sinapsis en el cerebro y otra es la mente. También Szasz muestra errores de algunas interpretaciones de las neurociencias en la materia.

Howard Robinson apunta: “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” (lo cual no quiere decir que todo lo físico pueda tocarse o, en su caso, siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).

Juan José Sanguineti resume bien el problema al escribir: “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas […] Expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´ carecen de sentido, igual que atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc. […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.

La tecnología y específicamente la robótica prestan servicios notables a la humanidad, de lo cual no se sigue que deban confundirse con los atributos humanos. Desafortunadamente es un lugar común concluir que la tecnología conspira contra el empleo sin percatarse que libera recursos humanos y materiales para atender necesidades que no podían atenderse debido a que los recursos estaban esterilizados en otros áreas. Por su lado, en este contexto, el empresario está interesado en capacitar al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes.

En resumen, los liberales no solo debemos estar atentos a nuevas contribuciones en un largo peregrinaje sin término de corroboraciones provisorias abiertas a posibles refutaciones sino que debemos corregir prioridades y pulir mensajes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Decálogo fiscal para cualquier país civilizado

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/1/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/01/25/decalogo-fiscal-para-cualquier-pais-civilizado/

 

 

Luego de mencionar los diez puntos que a continuación se exponen, consigno los aspectos que estimo clave al efecto de proceder a una necesaria reforma fiscal que se ejemplifica con reducciones en el gasto público para permitir que se engrosen los bolsillos de la gente.

Primero, la idea central por la que se cobran impuestos es la de financiar el gasto gubernamental que demanda la estricta y limitada función de proteger los derechos de las personas que habitan el suelo bajo esa jurisdicción estatal, por tanto los tributos no solo deben resultar lo más bajos posibles sino que no deben gravarse objetos imponibles fuera de esa jurisdicción, abandonando entonces el llamado principio de nacionalidad en materia tributaria debido a que el gobierno local no se ocupa de garantizar derechos de quienes están fuera de sus fronteras.

Segundo, en un sistema republicano los ingresos fruto de los respectivos gravámenes no pueden ser menores a los egresos debido a la política de endeudamiento y financiamiento monetario. En este contexto la deuda pública externa debe estar prohibida ya que está reñida con la democracia pues compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral que eligió al gobernante que contrajo la deuda. En esta línea argumental, no es permisible establecer un correlato con lo que ocurre en los ámbitos privados donde tiene sentido la decisión voluntaria y libre de establecer plazos para contraer deudas y reembolsos. En este sentido, debe destacarse que constituye una contradicción en los términos la expresión “inversión pública”, puesto que la inversión es por su naturaleza un acto subjetivo que estima mayor valor en el futuro que en el presente por lo que el sujeto en cuestión se abstiene de consumir para ahorrar cuyo destino es la inversión. Por ende, en el presupuesto nacional los rubros de gastos deben dividirse en corrientes y en activos fijos pero nunca “inversión” que en ningún caso cabe cuando se recurre a la coerción. En esta misma línea argumental, la financiación vía procesos inflacionarios queda descartada puesto que una sociedad libre requiere la eliminación de la banca central y el curso forzoso.

Tercero, los ratios como la participación de los aparatos estatales en la renta nacional o los tributos sobre el producto nacional bruto no deben apuntar a que crecimientos en la riqueza justifican incrementos en el gasto o en la recaudación. La presión fiscal debe consignarse en valores absolutos y cuando excede lo necesario resulta saludable la rebelión fiscal, tal como ocurrió en el origen de la revolución estadounidense como marca y límite a lo que el gobierno pude succionar de la población. Este enfoque de simplificación y unificación fiscal complementado con los puntos que siguen liberan a los llamados “expertos fiscales” para que se dediquen a actividades útiles.

Cuarto, la curva Laffer muestra que a mediada que las tasas fiscales se incrementan aumenta la recaudación hasta que en un punto -debido al debilitamiento y fractura de la estructura productiva- la recaudación disminuye a medida que la presión impositiva se eleva. Esto hace aparecer como que hay un punto óptimo fiscal de máxima presión tributaria que permite una máxima recaudación, pero a lo que originalmente apuntaba Arthur Laffer con su curva (ya insinuada por Adam Smith en 1776) es el establecimiento de un punto de mínima presión fiscal necesario para cumplir con la antedicha misión gubernamental en una sociedad abierta.

Quinto, no hay tal cosa como impuestos al consumo puesto que todos los gravámenes son al patrimonio: cuando se dice que se aplica un tributo al consumo es que se grava una empresa que vende productos clasificados como de consumo pero esa empresa se hace cargo del impuesto con su patrimonio, por tanto todos los impuestos afectan las tasas de inversión y, como consecuencia, reducen salarios e ingresos en términos reales ya que esa es la única causa que permite elevarlos al incrementarse el ritmo de capitalización.

Sexto, todos los impuestos deberían eliminarse con excepción del impuesto al valor agregado con la máxima base imponible al efecto de aprovechar el sistema de impuestos a cargo e impuestos a favor que permite ese gravamen con lo que se ahorran controles en un contexto donde no deben operar exenciones fiscales que siempre significan que otros deben hacerse cargo de la diferencia con lo que se dejan de lado no solo las dobles imposiciones sino que no se aplican impuestos directos -los que gravan la manifestación directa de la capacidad contributiva- que obligan a preguntas e inquisiciones insolentes sobre el origen y destino de los recursos por parte de los agentes de recaudación.

Séptimo, el referido impuesto se traducirá en alícuota proporcional ya que todos los progresivos implican regresividad puesto que los contribuyentes de jure contraen sus inversiones con lo que, como queda dicho, reducen salarios e ingresos en términos reales. Este es el motivo por el que las constituciones liberales prohibieron los gravámenes progresivos y también los directos. Además, la progresividad altera las posiciones patrimoniales relativas, es decir, contradice las posiciones patrimoniales que había establecido la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines con lo que hay derroche de capital lo cual agudiza la antes referida baja en los salarios e ingresos de la población. También la progresividad bloquea la indispensable movilidad social en el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial.

Octavo, en materia fiscal es indispensable contar con un sistema federal para no solo descentralizar el poder sino para establecer competencia entre las provincias y municipios puesto que en este esquema los gobernadores e intendentes administran sus recaudaciones locales al efecto de que los pobladores no se muden a otra jurisdicción y para atraer inversiones, lo cual tiende a la prudencia en materia del gasto, y la coparticipación al gobierno central debiera ser exclusivamente para atender a la justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa.

Noveno, la denominada redistribución de ingresos llevada a cabo por los aparatos estatales no es función gubernamental puesto que la distribución queda en manos de la gente que pone de relieve con sus preferencias y necesidades en los procesos de mercado lo cual hace que los comerciantes que atienden esas necesidades y preferencias obtienen ganancias y los que yerran en ese objetivo incurren en quebrantos, lo cual excluye toda posibilidad de empresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios que en toda ocasión atentan contra el bienestar de sus semejantes.

Y décimo, la eliminación de todas las cargas arancelarias y no arancelarias que siempre obligan a desembolsar mayor erogación por unidad de producto con lo que el nivel de vida de los locales empeora, en lugar de liberar recursos humanos y materiales para atender otras necesidades. Esto significa no limitar el comercio libre a zonas de integración regional sino la integración al mundo en un contexto donde se acepte que el monopolio legal constituye una seria amenaza para la población y el dumping destructivo es el realizado compulsivamente con los recursos de terceros, por ejemplo, a través de las “empresas estatales” deficitarias.

Como anunciamos al comienzo, aquí refiero sumariamente algunos ejemplos de reducción en la dimensión del aparato estatal a los que he dedicado mayores espacios en otras oportunidades, en este caso para poder aplicar el decálogo que antecede.

En primer lugar, la importancia vital de abrir el proceso educativo a la competencia sin la existencia de ministerios de educación o de cultura que se arroguen la facultad de dictaminar sobre estructuras curriculares y exento de instituciones estatales que inexorablemente perjudican a los más pobres que se hacen cargo de los costos debido a la contracción de inversiones por parte de los contribuyentes de jure.

Es imperioso eliminar todas las embajadas puesto que a diferencia de lo que tenía lugar en la época de las carretas, las comunicaciones y teleconferencias de la actualidad hacen que resulten del todo superfluas las lujosas mansiones, los pasaportes diplomáticos y los nutridos séquitos del caso.

Debe contarse con mercados laborales libres sin las concepciones fascistas de representaciones coactivas y “agentes de retención” que echan mano al fruto del trabajo ajeno al efecto de liberar recursos humanos y materiales al introducirse innovaciones tecnológicas que incentivan a los empresarios a sacar partida de nuevos arbitrajes para lo cual requieren capacitaciones en los nuevos destinos.

No tiene sentido mantener a las mal llamadas “empresas estatales” puesto que en toda circunstancia implica asignar los siempre escasos recursos en áreas que no son prioritarias para la gente y si se constituyen en las que demanda la población resulta superflua la intervención con el consiguiente ahorro en gastos administrativos en un contexto donde no cabe la impostura de jugar al empresario que siempre es arriesgando fondos propios, todo lo cual naturalmente empeora si la “empresa” en cuestión arroja déficit.

En el Poder Ejecutivo habría que eliminar todos los ministerios y convertirlos en secretarias de relaciones exteriores, defensa, interior y una vinculada a las finanzas públicas, todas trabajando en la casa de gobierno al efecto de poder vender los inmuebles que hasta el momento albergaban esas y otras muchas reparticiones que habría que borrar del organigrama.

En el ámbito del Poder Legislativo se debería reducir drásticamente la representación en diputados y contar con un senador por jurisdicción provincial, y en ambas cámaras que todos trabajen tiempo parcial con severas limitaciones temporales para legislar lo cual significa restringirse al estudio y promulgación del presupuesto y a la estricta protección a los derechos de las personas.

Es urgente reformar el mal llamado “sistema de seguridad social” -en verdad sistema de inseguridad antisocial- que para cualquiera que haya explorado algo de análisis actuarial se percata de que el sistema de reparto obligatorio estafa a los pensionados que han aportado durante su vida activa para recibir montos inaceptables. Hay quienes sostienen la insensatez de que si los aparatos estatales no obligan a prever para la vejez el titular no lo hará, sin tener en cuenta los ejemplos de inmigrantes paupérrimos que llegaban a costas desconocidas y ahorraban de sus trabajos para adquirir departamentitos y terrenitos que luego fueron esquilmados por demagogos que instauraron el referido sistema vergonzoso. Por otra parte, si fuera cierta la irresponsabilidad mencionada, habría que destacar una estructura policial para asegurarse que el pensionado no dilapide su ingreso. El fruto del trabajo ajeno es sagrado y cada uno debería darle el destino que considere mejor.

En la jurisdicción de la Justicia debería fortalecerse el sistema de árbitros privados sin ninguna limitación para generar procesos abiertos y competitivos en el descubrimiento del derecho y no como resultado del diseño y la ingeniería social. En cuanto a las cárceles, deberían privatizarse, en cuyo contexto el delincuente trabaja para resarcir a la víctima y para financiar su alojamiento y no dejar desamparada a las víctimas y además imponer cargas fiscales a toda la sociedad para mantener criminales.

En lugar de criticar las formas arbitrarias de distribución de la pauta publicitaria por parte de un organismo oficial, habría que cerrarlo y tercerizar lo que el Gobierno considere pertinente anunciar o hacerlo a través de conferencias de prensa.

Asimismo, las oficinas estatales de construcción de estadísticas habría que sustituirlas por entidades privadas en un contexto de auditorias cruzadas y competitivas para asegurarse la calidad de las mismas según sean los requerimientos de la población.

Como tantas veces he escrito, es necesario reafirmar que el voto es un derecho y no una obligación en el contexto de la eliminación de las llamadas listas sábanas y equivalentes para sustituir por procedimientos compatibles con el sistema republicano para que resulte claro que el proceso electoral es el aspecto formal de la democracia y su aspecto sustancial es la protección de los derechos individuales.

Por último en este resumen telegráfico, junto con la arriba mencionada prohibición de contraer deuda pública, es imperioso subrayar la también referida necesidad de liquidar la banca central ya que cualquiera de los tres caminos que elija para operar, sea expandiendo la base monetaria, contrayéndola o dejándola inamovible, en cualquiera de las tres variantes estará necesariamente distorsionando los precios, que son los únicos indicadores para asignar recursos eficientemente con lo que la población se empobrece. Como queda consignado, es indispensable que la gente pueda elegir los activos monetarios que sean de su preferencia sin la imposición del curso forzoso. En la medida en que se vayan adoptando estas políticas pueden irse introduciendo reformas fiscales compatibles con un sistema genuinamente republicano sin interferencias de un Leviatán desbocado que aniquila las libertades individuales tan ponderadas por todos los grandes maestros de la ciencia jurídica y la economía.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

China batalla por imponer su modelo al mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/1/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/china-batalla-imponer-su-modelo-al-mundo-nid2326587

 

Dos potencias globales hoy se están enfrentando de mil distintas maneras. En todos los rincones del mundo, en procura de imponer sus propios modelos ideológicos. Me refiero a China y los EE.UU, que están envueltas en una beligerante aunque frecuentemente sorda disputa por la hegemonía en el mundo actual.

La primera de esas dos naciones procura afanosamente exportar su propio modelo económico-social, uno en el que la libertad, la democracia y, más aún, los derechos humanos se tienen oficialmente por conceptos “extremadamente perniciosos”. O, más bien, como nociones “malévolas”. Y por ello no se los promueve, sino que se los tiene por “nocivos”. Desde el 2013, el propio Xi Jingping se ha esforzado por predicar abiertamente esas ideas. Insistentemente. Cual evangelio personal.

El esfuerzo chino tiene que ver con poder perpetuar, en cambio, el modelo autoritario y autocrático que el Partido Comunista Chino ha impuesto a su propia sociedad en procura de garantizar, en el tiempo, su propia supervivencia. Sacrificando en el camino a las libertades personales.

Pocos están más alertas sobre esta crucial cuestión que los sesenta millones de chinos que, a la manera de diáspora, viven fuera de la República Popular China. Por esto hoy se los somete sistemáticamente a una política intimidatoria. Estén donde estén.

En procura de alcanzar objetivo señalado, China hasta ha procurado instalar personeros en distintos parlamentos. O infiltrar a los partidos políticos de otras naciones. Como ocurriera recientemente en Australia, con el caso de un legislador que, estando investigado precisamente por esa razón, acaba curiosamente de morir sin que se haya podido establecer cual pudo haber sido la causa real de su sorpresivo deceso. Había ocultado, todo a lo largo de su carrera política en ese país, que durante los quince años previos a su aventura política australiana había sido miembro activo de los servicios secretos de inteligencia chinos.

En un esfuerzo paralelo, en la vecina Nueva Zelanda, los empresarios chinos en ese país se han transformado en los principales donantes a los partidos políticos locales. Con todo lo que ello supone, en términos de ser influyentes.

Es bueno estar alertas respecto de lo que sucede en un mundo en el que China y los Estados Unidos -las dos principales potencias- están pulseando duramente en procura de transformarse efectivamente en hegemónicas. Porque ocurre que no siempre los intereses propios de las demás naciones del planeta coinciden necesariamente con los que tienen China y los EE.UU.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿La confianza en los medios periodísticos no es mayor en países democráticos que totalitarios? ¿Es la polarización?

Por Martín Krause. Publicado el 17/1/20 en:  https://bazar.ufm.edu/la-confianza-los-medios-periodisticos-no-mayor-paises-democraticos-totalitarios-la-polarizacion/

 

Siguiendo con el tema de la confianza en las instituciones, y en particular la Prensa, Gallup ha presentado un informe con resultados que, a primera vista, parecen contradictorios o al menos difíciles de explicar. El informe, a cargo de Zacc Ritter se puede ver en: https://news.gallup.com/opinion/gallup/272999/world-trust-journalists.aspx

Y comienza:

“El grado en que el público confía en los periodistas varía ampliamente en 144 países y territorios incluidos en el estudio Wellcome Global Monitor 2018. A nivel mundial, el El porcentaje que expresa al menos algo de confianza en los periodistas varía desde un mínimo del 12% en Grecia a un máximo del 93% en Uzbekistán. La mediana de la confianza global en los periodistas se sitúa en 59%: el nivel de confianza en los Estados Unidos.

La mediana de confianza en los periodistas es notablemente similar en los países democráticos y no democráticos: aproximadamente el 60%. Sin embargo, las actitudes varían significativamente dentro de estas categorías de sistemas políticos

Entre los países democráticos, según lo designado por el ranking de democracia Polity IV 2017  al menos cuatro de cada cinco encuestados en Finlandia, Myanmar y Noruega confían en los periodistas «a mucho «o» algunos «, mientras que menos de uno de cada cuatro lo hacen en países como Taiwán, Serbia y Grecia., aproximadamente nueve de cada 10 adultos en Uzbekistán, Tanzania y Ruanda dicen que confían en los periodistas, pero aproximadamente uno de cada tres dice lo mismo en Mauritania, Gabón y Yemen.”

Luego llega a esta increíble conclusión:

“La confianza en los periodistas tampoco está asociada con la libertad de los medios, medida por Reporteros sin fronteras. De hecho, la relación entre la confianza en los periodistas y la libertad de los medios es débil y va en la dirección opuesta que se puede esperar, donde una mayor libertad de los medios se asocia con menos confianza.”

La verdad, no sé cómo explicar esto, o si el análisis es correcto. ¿Es porque en muchos países democráticos la opinión pública se ha polarizado, también los medios, y por eso pierden la confianza? Sigue el artículo:

“Si bien la relación entre la polarización política y la confianza en los periodistas es sólida, sigue sin estar claro si una mayor polarización política causa menos confianza en los periodistas. Los periodistas pueden experimentar daños a la reputación por cubrir temas polémicos como árbitros neutrales, pero también es posible que los periodistas sean participantes activos en la arena política Del mismo modo, los medios de comunicación y los periodistas pueden contribuir a una mayor polarización política generando y amplificando narrativas contenciosas apoyadas por proponentes políticos. “

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause