Los peligros que se ciernen sobre el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/30/los-peligros-que-se-ciernen-sobre-el-caso-argentino/

 

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

 

No soy muy afecto a escribir sobre la coyuntura pues pienso que resulta indispensable debatir temas de fondo al efecto de despegarse de lo cotidiano para no estar como perros que en círculos pretenden morderse el rabo y abrir horizontes para entre otras cosas modificar favorablemente la coyuntura del futuro. Son más bien escasos mis textos sobre coyunturas. Aunque mi inclinación sea la de evitar los detalles del momento y centrar la atención en remover obstáculos de fondo, en esta oportunidad me refiero a sucesos actuales debido a la gravedad de lo que ocurre pero siempre con un ojo en el mensaje de fondo con la intención de correr el eje del debate hacia posiciones más sólidas puesto que, como queda dicho, el desbalance entre lo meramente coyuntural y lo de fondo nos viene hundiendo en el fango a los argentinos desde hace demasiado tiempo.

Los peligros que vislumbro no son de la ya de por sí desgraciada pandemia sino de medidas que se vienen adoptando en dirección a lo que he catalogado antes como el virus del estatismo, más peligroso y de mayor alcance aun que el propio coronavirus.

Estimo que quienes deben opinar sobre la pandemia son los inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio y no caer en el cotorreo de quienes no tienen idea de medicina y mucho menos de epidemiología. En este sentido, cito a título de ejemplo a los especialistas Pablo Bonvehí de CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos con gran prudencia, ponderación y conocimiento de causa han dicho que debe aplicarse el federalismo también en esta materia, es decir, descentralizar las políticas sanitarias puesto que las situaciones son distintas en áreas rurales respecto de las urbanas y dentro de estas contemplar circunstancias muy diversas siempre con la idea de proteger de contagios. Todo no puede ponerse en la misma bolsa.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, la función primordial del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección de derechos y el contagio aun el involuntario constituye una lesión al derecho de terceros del mismo modo que lo es cuando se emite monóxido de carbono o se arroja ácido al jardín del vecino. El caso de las vacunas es otro puesto que cada uno en su propiedad exigirá la respectiva certificación si lo considera necesario. Como es del dominio público, en estos momentos no hay vacuna para protegerse del Covid-19 ni fármaco que cure esta enfermedad.

En la otra punta del espectro el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert luego de fustigar a los detractores del liberalismo y decir que proceden de una lectura más atenta de Robespierre que de Tocqueville, sugiere a esta altura dejar de lado la cuarentena para el caso francés. Por su lado el también doctor en medicina Anthony Fauci -asesor en temas de salud para el gobierno estadounidense- también sugiere la descentralización pero concluye que sin más eliminar el aislamiento provocará un incremento alarmante de muertes, a contracorriente de lo que imprudentemente viene proponiendo el actual morador de la Casa Blanca (que además aumentó sideralmente el gasto y la deuda y en noviembre competirá con otro candidato aun más estatista).

Sin duda que el asunto que tratamos debe ser aplicado con la debida precaución y equilibrio tomando en consideración la relación costo-beneficio. Si todos fenecemos no tiene sentido ocuparse de las cotizaciones de Wall Street y, por otro lado, la paralización de las actividades comerciales y equivalentes puede conducir a muertes por hambre. El equilibrio es sumamente delicado para evitar acumulación de cadáveres, pero como decimos, la palabra autorizada corresponde a los especialistas de peso con el cuidado para que los políticos no usen la pandemia de escudo para aventuras estatistas con tufillo orwelliano, y una vez finiquitado el aspecto crítico del mal eliminar de cuajo todas las restricciones pues siempre debe tenerse presente el dictum de Ronald Reagan: “Nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”.

Pero hay otos asuntos sumamente graves que nos conciernen a todos independientemente de nuestras profesiones y ocupaciones. Resumimos en nueve capítulos las acechanzas que percibimos. En primer lugar, se trata de los absurdos y a todas luces contraproducentes controles de precios. Como es sabido, los fracasos en esta materia vienen repitiéndose desde hace 4000 años. El precio es el único indicador en el mercado para operar; coordina las actividades económicas, pero cuando se imponen precios políticos se incrementa la demanda con lo cual aparecen faltantes que se agudizan debido a la contracción de los productores marginales. Cuanto más difícil la situación, mayor razón para permitir el funcionamiento de los arreglos libres y voluntarios entre las partes.

En segundo lugar, el problema se agudiza notablemente si se encaran embates contra comerciantes que son precisamente quienes pueden resolver los problemas a través de sus respectivas producciones en el contexto de un default que se viene arrastrando y que con razón preocupa a locales que ven peligrar sus canales de financiación debido a las conductas inaceptables de gobiernos que dejan de atender los compromisos contraídos bajo fachadas tragicómicas como “reperfilamiento”, “default selectivo, parcial o suave” y otros disparates similares dignos de una tira cómica.

Tercero, no parece concebible que en momentos de crisis como la que estamos padeciendo los gobernantes deciden aumentar la ya insoportable carga tributaria lo cual naturalmente acelera la retirada de capitales tan necesarios para hacer de apoyo logístico para mejorar la situación.

Cuarto, la manipulación estatal de la moneda es siempre un obstáculo serio al progreso, pero intensificarla en medio de la pandemia generará mayores succiones del fruto del trabajo ajeno, muy especialmente por parte de los más necesitados y no cabe guiarse por engañosos índices estadísticos del costo de la vida cuando los precios se toman en base a anteriores cotizaciones ya que al paralizar la producción merma la actividad.

Quinto, en medio de la pandemia se está engrosando exponencialmente el gasto público ya sumamente adiposo antes de la actual gestión debido al rotundo fracaso de las administraciones anteriores. Y como hemos consignado tantas veces con anterioridad, no se trata de podar el gasto puesto que igual que con la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco es del caso insistir en que el gasto debe ser eficiente ya que si una función resulta incompatible con el sistema republicano debe eliminarse. Convertir en eficiente algo que es innecesario es mucho peor que mantener la ineficiencia.

Sexto, alarman los proyectos de modificación del Poder Judicial junto con la pretensión de dejar sin efecto la querella por parte de la oficina correspondiente de los casos de corrupción y la propuesta de concentrar en la jefatura de gabinete el manejo presupuestario constituye una afrenta a la función primordial del Poder Legislativo.

Séptimo, la insistencia en la manía del igualitarismo hace que la consiguiente guillotina horizontal apunte a eliminar las diferencias de resultados entre las personas diferentes en sus talentos y capacidades que en una sociedad libre son consecuencia de servir a sus semejantes. De este modo el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos, en contaste con los pseudoempresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios y así explotar a su prójimo. Resulta aterrador escuchar algunos dirigentes empresarios formular declaraciones que no hacen más que acentuar el estatismo galopante que enfrentamos.

Octavo, como consecuencia de todo lo anterior se vulnera la institución de la propiedad privada que se agrava debido a las manifestaciones de funcionarios que apuntan a que el aparato estatal participe con acciones en las empresas privadas, lo cual agrava a la ya de por sí situación calamitosa de las mal llamadas empresas estatales, que son más bien entidades políticas ya que no solo no asumen riesgos con recursos propios sino que arrojan abultadas pérdidas.

Y noveno, en lugar de permitir que las entidades privadas de educación ajusten sus actividades no presenciales en un proceso abierto y competitivo de auditorias cruzadas, resulta que las autoridades imponen sus criterios políticos en cuanto a calificaciones, compaginación de trimestres y similares en el contexto de la distribución de cuadernillos obligatorios con un grosero adoctrinamiento para la enseñanza primaria.

Los argentinos estamos navegando en el estatismo desde hace ocho décadas, pero ahora la niebla se ha hecho más espesa y hay un riesgo de desembocar en una tragedia como la venezolana, puesto que a las mismas causas tienen lugar los mismos resultados. Espero equivocarme, pero si no se cambia la dirección los resultados negativos se profundizarán y vamos al despeñadero en medio de revueltas de diversa procedencia y espesor. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, especialmente ahora gracias a instituciones liberales que vienen trabajando en pos de una sociedad abierta en consonancia con los valores alberdianos que hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta.

Por último, vuelvo sobre el tema del partido liberal sin dejar de subrayar enfáticamente y antes que nada las nobles faenas realizadas en esa dirección y destacar las características de abnegación que en general tienen quienes se han dedicado a esas tareas. Reitero, sin embargo, que dado el atraso en la batalla cultural y la consecuente incomprensión de las ideas básicas de ese ideario, no es el momento de insistir en un partido de esas características. Machaco con el ejemplo de quien habla sueco frente a una audiencia de hispanoparlantes, para proceder en consecuencia es requisito fundamental que los receptores entiendan sueco, de lo contrario los mensajes quedarán sin destinatarios. Es indispensable arremangarse y trabajar en el terreno de las ideas con mayor ímpetu y dedicación.

En otros lares como en Estados Unidos la experiencia ha podido llevarse a cabo, por ejemplo, con el extraordinario Ron Paul debido a que, a pesar de los problemas que ahora atraviesan, el plafón de ideas era otro como consecuencia de profundos trabajos en la batalla cultural, lo cual no ocurre por el momento en nuestro país en grado suficiente.

No debe confundirse el plano académico con el político. En este último caso se trata de conciliar y de acordar según sea la comprensión de la opinión pública. Desde la tribuna el político no puede decir lo que le venga en gana, debe considerar lo que por lo menos una parte significativa de la gente pueda masticar y digerir de lo contrario tendrá sus días contados como político. Hace tiempo que venimos insistiendo en la imperiosa necesidad de trabajar en proyectos de fondo que contribuyan a mover las agendas. No es posible saltar etapas. Lo primero viene primero, de lo contrario ponemos las carretas delante de los caballos.

Afortunadamente se ha constituido una oposición numerosa en ambas cámaras del Congreso y está en proceso una renovación de dirigentes al efecto de evitar la concentración en personeros de primera fila del fallido gobierno anterior. Aquellos, en este corto período desde que asumió el actual gobierno han batallado para poner freno a abusos extremos. Quienes los han votado en su inmensa mayoría no fue para respaldar la gestión fracasada sino desesperadamente para salvaguardar principios elementales del republicanismo como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia. Sin duda que desde la perspectiva del liberalismo lo actuado en diversos planos es de un gran mérito y solvencia pero por ahora resulta muy incompleto y hay muchísimo más que hacer y es imprescindible percatarse de lo que ocurre y administrar con prudencia y cuidado lo que existe y no lo que nos gustaría a los liberales que tenga lugar. El fraccionamiento de la oposición solo servirá para fortalecer el populismo extremo. Es aconsejable que los liberales intenten alimentar esta nueva oposición basados en proyectos y críticas constructivas, con la necesaria conciencia de las severas limitaciones del caso que impone la realidad de nuestra historia y, como decimos, mirar con detenimiento el plano de la batalla cultural donde no debe haber contemplación de ninguna naturaleza.

Lamentablemente se invierten los roles: algunos las juegan de valentones en el plano político y retroceden y se aplastan cuando se esgrimen ideas de fondo como la eliminación de la banca central que siempre succiona el poder adquisitivo, el ministerio de educación que impone pautas curriculares en lugar de abrir la competencia en auditorias cruzadas en busca de la excelencia, las embajadas que estaban bien para la época de las carretas y no de las teleconferencias, la agencia oficial de noticias típica del fascismo, el instituto de estadísticas dependiente del aparato estatal y tantas otras propuestas que hemos expuesto en detalle en diversas ocasiones.

Si cada uno asume su responsabilidad en contribuir diariamente a que se comprendan los pilares del respeto recíproco, se acortará la distancia con otra posible circunstancia futura para poder concretar la consolidación de un partido liberal, pero ahora no es el momento. En ese sentido, recuerdo lo relatado por Ortega: en una oportunidad, un sacerdote celebraba misa y a cada cosa que decía el monaguillo repetía “Ave María Purísima”, pasado un tiempo razonable en que se reiteraba el coro del ayudante circunstancial el cura perdió la paciencia y le dijo: “Mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Lo que nunca hay que hacer

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 11/5/20 en: https://www.eleconomista.com.ar/2020-05-lo-que-nunca-hay-que-hacer/

 

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Observamos con estupor que después de 4.000 años de fracasos reiterados con los controles de precios por parte de aparatos estatales, en algunos lugares se sigue con esa manía y en medio de una situación grave como es la pandemia que a todos nos envuelve.

En todos los casos, el referido control de precios conduce a faltantes artificiales puesto que precios menores a los de mercado hacen que haya más gente que puede adquirir el producto en cuestión pero no por el hecho del control las estanterías se multiplican por arte de magia. Más aun, tienden a contraerse puesto que los productores que estaban en el margen, al achatarse el precio, se contraen sus márgenes operativos y desaparecen del mercado con lo que se agudiza el faltante, al tiempo que los precios relativos se desdibujan con lo que la asignación de los siempre escasos factores productivos son impulsados en direcciones ineficientes. Esto último indefectiblemente se traduce en salarios e ingresos menores debido al consecuente despilfarro.

Decimos que esto ocurre en todos los casos pero en situaciones extremas como un tsunami, un terremoto, una guerra o una pandemia se hace especialmente grave y destructivo el faltante de elementos esenciales para la supervivencia y para afrontar el problema. Se dice equivocadamente que no debe permitirse que comerciantes se aprovechen de la situación delicada por la que se atraviesa. Pero es que de eso se trata: todos los que venden un bien o prestan un servicio es porque se aprovechan de las correspondientes necesidades. El panadero se aprovecha de la necesidad de pan, el farmacéutico de la necesidad de medicamentos para gente enferma, el vendedor de teléfonos de la urgencia en comunicarse de sus clientes y así sucesivamente.

Cuando un bien se hace más escaso que de costumbre es indispensable que suba el precio para llamar la atención de otros para ingresar al mercado e incrementar el abastecimiento. De lo contrario, se condena a la gente a quedarse sin lo que necesita.

Se critica también la especulación sin percatarse que todos los seres humanos somos especuladores puesto que la acción misma revela ese hecho. En este momento estoy especulando con que esta nota me salga clara (y el lector que no perderá el tiempo con su lectura), el que estudia especula con graduarse, el que viaja especula con llegar a destino, el comerciante especula con obtener una ganancia y el consumidor especula con la satisfacción de su demanda. Es cierto que el que asalta un banco también especula con que el atraco le salga bien lo cual debe ser castigado, pero todas las actividades lícitas que surgen de usar y disponer de lo suyo deben ser respetadas. Al fin y al cabo la Justicia es “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la institución de la propiedad.

Resulta clave que los planificadores estatales dejen de lado su arrogancia al pretender la administración coactiva de vidas y haciendas ajenas y centren su atención en la protección de derechos en el contexto de la antedicha Justicia. La soberbia estatista conduce a cataclismos de diversa magnitud, especialmente para el bolsillo de los más débiles. Pensemos que la tierra gira sobre su eje a 1.600 kilómetros por hora y en torno al sol a 30 kilómetros por segundo y sin piloto. Hay procesos naturales como la coordinación de actividades económicas vía los precios que se basan en el conocimiento disperso y fraccionado entre millones de personas y cuando irrumpen los aparatos estatales en estos menesteres concentran ignorancia.
Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los gobiernos deben actuar, pero el peor virus es el estatismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/21/los-gobiernos-deben-actuar-pero-el-peor-virus-es-el-estatismo/

 

La Argentina vivió su primer día de cuarentena el viernes (REUTERS/Matias Baglietto)

La Argentina vivió su primer día de cuarentena el viernes (REUTERS/Matias Baglietto)

Mi primer artículo lo escribí cuando tenía 18 años en la revista “Programa” del Movimiento Universitario de Centro de la Universidad de Buenos Aires y se titulaba “Errores bien intencionados” (luego reproducido en mi Contra la corriente, publicado por la Editorial El Ateneo). Era sobre las intromisiones de los aparatos estatales en la vida económica, especialmente referido a los controles de precios.

Es muy tedioso repetir las mismas cosas, pues ahora a raíz del coronavirus se pretende controlar el precio del alcohol en gel y también los barbijos. Escribí algo en estos días sobre el asunto que ahora parcialmente vuelvo a reiterar, pero antes unas reflexiones más generales y dejo para el final un tema sumamente controvertido.

El coronavirus ha influido en el derrumbe de las economías, pues si la gente no puede desempeñar bien sus faenas laborales debido a precauciones y cuarentenas, naturalmente las producciones se resienten. Es una tautología. Pero el problema de fondo en las economías globales no es el coronavirus sino el endeudamiento colosal de los gobiernos que pretenden vivir al día de mañana engrosando sus gastos financiados con deudas astronómicas, impuestos insoportables y manipulaciones monetarias siempre perjudiciales. El virus de marras se acopla y empuja una situación débil al despeñadero que tarde o temprano será otra crisis de proporciones fenomenales, más abarcativas que la actual.

No me voy a detener aquí en los problemas de la deuda pública externa pues lo acabo de hacer en este mismo medio. Solamente apunto, por una parte, que el virus realmente peligroso es el estatismo en el que vive hoy el mundo y, por otra, me detengo en la cita de solo tres obras excelentes sobre el tema de la deuda y su relación con la crisis subyacente lo cual no hice en mi otra columna. La bibliografía en la materia es muy frondosa, pero me limito a mencionar esa terna que recomiendo muy entusiastamente a mis lectores. Se trata de The New Empire of Debt, de William Bonner y Addison Wiggin, The Financial Crisis and the Free Market Cure, de John A. Allison, y The Great Deformation, de David A. Stockman. Estos tres libros ayudan notablemente a entender la trama de la referida crisis que se viene gestando hace tiempo y cómo los endeudamientos estatales significan no solo lo que ya hemos explicado en nuestra columna anterior de endosar la carga tributaria para el repago a próximas generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir al gobernante que contrajo la deuda, sino que el aparato productivo está simultáneamente jaqueado por la contablilización de erogaciones que no cuentan con una contrapartida genuina en el presente. El final de la historia será la misma que le ocurre a cualquier familia que en lugar de poner orden en sus finanzas se vuelca al gasto con lo que hoy no tiene. Viven en una simulación perpetua hasta que llega el día del ajuste de cuentas.

Entonces vamos a lo anunciado al comenzar esta nota periodística y, como hemos apuntado, ya adelantamos en otro texto pero por lo visto no es suficiente repetir ad nauseam el mismo discurso que, como también digo, lo vengo haciendo hace más de cincuenta años sin contar con todos los otros escritos en la materia que antes que yo vienen advirtiendo sobre el particular con gran fuerza didáctica. Pero por lo visto, no alcanza.

Es realmente increíble que aun no se hayan comprendido lecciones elementales de economía. A igualdad de cantidades ofrecidas, cuanto más se necesita un producto mayor será el precio lo cual es indispensable a los efectos de atraer la atención de quienes pueden incrementar la oferta.

En un terremoto que destruye muchas viviendas, los precios de las casas y departamentos se elevarán para hacer iguales oferta y demanda. Si algún político trasnochado decide congelar los precios a la situación pre-terremoto inexorablemente provocará escasez pues, dada la nueva situación, la demanda excederá a lo que queda en pie. Esto con el agravante de que no se trasmite la necesaria señal de lo que está ocurriendo en el mercado inmobiliario y no aumentará el atractivo de invertir en ese sector. Esto intensifica la crisis en el mercado de viviendas.

Es interesante ejemplificar lo dicho con los sucesos hace un tiempo ocurridos en Nicaragua. En su momento, sufrió un terremoto devastador. El Gobierno decidió liberar los precios para las viviendas de lujo y dejarlos fijos para las de condición humilde “para proteger a los pobres”. El resultado fue que se normalizó la situación para las viviendas que apuntan a un mayor poder adquisitivo puesto que al subir los precios se incrementó la oferta, mientras que en el segundo caso se condenó a perpetuar la crisis para los más pobres puesto que la antes mencionada escasez se mantuvo inalterada.

Es que, al instante del terremoto, se liberen o no los precios la cantidad de viviendas en pie será inexorablemente menor a la demanda. Pero la diferencia sustancial entre una y otra política respecto a la libertad de mercado es, como queda dicho, que en el caso del congelamiento se mantiene la situación mientras que en el caso de permitir que los precios jueguen el rol de equilibrar el mercado se atraen inversiones al sector, lo cual normaliza la situación.

Esto se repite con los medicamentos: cuando hay una crisis en la salud de la población, los distraídos sostienen que los laboratorios farmacéuticos se aprovechan de la situación sin percatarse de que más que nunca se hace necesario que los precios se eleven, de lo contrario se condena a la gente a sufrir las consecuencias de la enfermedad. Mismo fenómeno ocurre con los alimentos. No se trata de los deseos de uno o de otro, se trata de un proceso que precisamente apunta a resolver problemas.

Cualquier bien al que se imponga un precio inferior al de mercado hace que oferta y demanda se desequilibren y aparece la escasez del producto en cuestión. Para recurrir al lenguaje común, por supuesto que el verdulero “se aprovecha” del deseo de sus clientes de alimentarse, o el que vende bicicletas “se aprovecha” del deseo de pedalear de sus compradores y así con todo. En un mercado libre, los comerciantes están obligados a atender las necesidades de su prójimo para poder prosperar y los precios no son el resultado del capricho de nadie sino de la situación imperante que hacen de indicador de lo que está sucediendo, no lo que a algún político le gustaría que suceda.

Anticipo entonces que en el caso argentino habrá escasez de alcohol en gel debido a los anuncios que acaban de hacerse a raíz del coronavirus, lo mismo puede decirse que ocurrirá con los barbijos y otros insumos si se cede a la tentación de regular políticamente sus precios. En resumen, los precios son señales indispensables para la marcha de la economía, pero cuanto más delicada sea la situación mayor es la necesidad que operen en libertad.

El virus del estatismo empeora cualquier otro virus propiamente dicho pues no solo condena a que se dificulte aun más el combate a la enfermedad sino que arruina los procesos económicos. Estos procesos se agravan exponencialmente si se persiste en los anuncios disparatados de “estímulos monetarios” lo cual significa expansión de la base por parte de la llamada autoridad monetaria que en un contexto de retracción por la antedicha menor actividad hará que los estragos inflacionarios resulten más contundentes.

Ahora viene el tema sumamente controvertido que anuncié al principio (no se me escapa que buena parte de lo que escribo es controvertido). En momentos de elucubrar esta columna, se nota por todos lados el reclamo a los gobiernos para que “hagan algo” respecto a la expansión galopante del coronavirus. En primer lugar, digo que es de desear que cuando se descubra una vacuna contra ese mal los políticos no la emprendan contra los precios de la misma pues con eso bloquearán la posibilidad de contar con una vacuna efectiva y en definitiva difundida entre la población lo más rápidamente que las circunstancias permitan debido a competencias abiertas entre los distintos proveedores, aunque en un primer instante como todos los productos primero de lujo son (si se los deja en paz) de uso generalizado cuya rapidez está en relación directa con el clima de libertad.

En segundo término, un aspecto que debe debatirse con calma y para el futuro pues las improvisaciones arrastran inconvenientes de diverso calibre. Cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad mayores serán las defensas contra “la tragedia de los comunes”, es decir, la politización de un producto que cuando es de todos no es de nadie. Entonces, si hay un virus contagioso quiere decir que puede vulnerar derechos de terceros al ponerlos en riesgo por lo que naturalmente en las trabajos, en los bares, en los teatros, en los colegios, en los medios de locomoción y equivalentes se verificará que los usuarios tengan los certificados correspondientes de las vacunas requeridas y la constatación de fiebre y otros síntomas vía los instrumentos del caso (reforzando lo que demanden sus producciones también en mercados abiertos y competitivos) y los que por razones médicas u otras no puedan aplicarse las vacunas y otras prevenciones quedarán aislados. Y todo lo dicho en un proceso evolutivo de mejoras de las vacunas y procedimientos médicos sin que desde el vértice del poder haya que imponer cierto camino que puede probarse contraproducente, además de que se minimizan las posibilidades de corrupción dados los fuertes incentivos que operan en otra dirección. De más está decir que los castigos por fraudes deben ser ejemplificadores en el ámbito de los tribunales de justicia en el contexto de un proceso de descubrimiento del derecho y no de ingeniería social o de diseño.

El tres veces candidato a la presidencia estadounidense y ex congresista Ron Paul explica en su Liberty Report subido a Twitter el 12 del mes que corre los fiascos gubernamentales relacionados al coronavirus y la pretensión del fisco de escudarse en ese pretexto para lograr más poder a través de incrementos en el gasto. Efectivamente hay gobernantes que han adoptado actitudes peligrosa e innecesariamente autoritarias amparándose en el guión del virus, en aspectos que los arreglos contractuales y los respectivos incentivos a todas luces los resuelven mejor.

Lo que dejamos dicho no significa que en esta instancia del proceso de evolución cultural el monopolio de la fuerza deje de cumplir con su misión específica de proteger vidas, libertades y propiedades. En el caso que nos ocupa, se trata del primer valor para lo cual deben hacer todo lo necesario al efecto de que dicha protección resulte efectiva sin por ello negar procedimientos eficaces que surjan de los propios gobernados. Por ejemplo, nunca oponerse a competencias entre vacunas y las cambiantes metodologías de curación en un contexto evolutivo de auditorias cruzadas en base a marcos institucionales que aseguren el respeto recíproco y mucho menos generalizar los controles de precios como algunos han insinuado puesto que se generalizará la escasez y también irrumpirá el mercado negro hasta para el papel higiénico.

De todos modos, más de un político en funciones utilizará una y otra vez el coronavirus como paraguas protector de sus repetidas barrabasadas que apuntan a agrandar los tentáculos de un Leviatán de tamaño descomunal, lo cual nada tiene que ver con la responsabilidad principal del gobierno en lo que hoy son espacios públicos.

En otros términos y en última instancia es muy importante la vacunación intelectual contra el virus del estatismo que acecha por doquier y empeora notablemente cualquier situación y que tiende a esconder el asunto vital de la deuda y agrava el propio tema de la salud con controles y bandos ridículos que conducen a la escasez de lo indispensable para atender el problema. En estos quehaceres recordemos la sabiduría de Mafalda: “Lo único que no tiene garantía cuando se rompe es la confianza”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

Hagámonos Cargo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en: https://contraeconomia.com/2018/09/hagamonos-cargo/

 

Un siglo de decadencia debería hacernos reflexionar.

La semana pasada escribíamos que el dólar refutaba la ley número uno de la política, aquella que según Thomas Sowell establece que hay que ignorar la ley número uno de la economía: que existe la escasez.

Cuando los políticos prometen de todo, para todos, todo el tiempo, eso funciona bien por un rato pero, en algún momento, la realidad se impone: se acaba la plata. En este caso, se acabaron los dólares del financiamiento externo y el dólar se catapultó al alza.

En lo que va del año el Banco Central vendió USD 14.000 millones en el mercado de cambios, pero el dólar igual subió más de 100%, desde aquel “atrasado” valor de $ 18,95 con que despidió 2017.

El gobierno está debilitado y sin credibilidad. En 2015, cuando en toda la región el Riesgo País subía, acá se redujo 40%.

Los mercados se habían entusiasmado con el discurso de “Cambio” de Mauricio Macri y creyeron que era el momento de “comprar Argentina”. Si se imponía Macri, no solo dejaríamos de lado el populismo macroeconómico de Cristina, sino que incluso el país podría volver a ser considerado entre los prósperos del mundo, como alguna vez lo fue.

Pero, para eso, había que hacer muchas cosas. Y si bien en el discurso, “se hacía lo que había que hacerse”, en los hechos quedó gusto a poco.

No hubo equilibrio fiscal, no se redujo el gasto público, no hubo reforma laboral, no hubo reforma previsional (sí ajuste en la inviable fórmula de actualización de haberes), no hubo apertura comercial…

El mercado confiaba, pero frente al gradualismo transformado en inacción, comenzó a dudar. Hoy lideramos en la región el ránking de los países donde más aumenta el Riesgo País.

Errores no forzados

La crisis de credibilidad viene de largo. Pasamos del “Sí,  se puede” y el “Haciendo lo que hay que hacer”, al “No se puede ahora, hay que ganar las elecciones” y el “Hacemos lo que podemos para evitar una mega-crisis”.

Ahora en la última semana las cosas se complicaron aún más. En medio de una nueva turbulencia cambiaria, el presidente hizo una declaración muy contundente, sin tener pruebas de que lo que anunciaba efectivamente era así. En concreto, anunció que el FMI adelantaría los fondos para cubrir el programa financiero de 2019, y 7 horas más tarde el organismo dijo elegantemente que eso debía ser estudiado y aprobado por el directorio previamente.

Fue más leña para el fuego.

Días atrás, y antes de viajar a Washington, fue Dujovne el que hizo un anuncio adicional. Explicó que se modificaban las metas de déficit fiscal, que se buscará el déficit 0% en 2019, y que para cumplir con eso se le cobrará un impuesto de hasta 12% a todo aquel que tenga la peregrina idea de exportar.

El progresismo contento. Los mercados, aún dubitativos.

En lo que queda de la semana iremos viendo cómo sigue evolucionando la situación financiera. En mi opinión, el gobierno no tiene que anunciar más nada, salvo hechos concretos como: el cierre del acuerdo con el FMI, la presentación del proyecto de presupuesto, la reducción concreta de algún gasto, la renuncia de algún funcionario…

Es hora de los hechos, no de las palabras.

Hacerse cargo

Antes de cerrar la nota de hoy, creo que es necesario que se haga una autocrítica, especialmente quienes son cómplices de la situación actual, pero dan cátedra como si supieran algo.

Obviamente,  la autocrítica debería comenzar por el propio  gobierno,  quien se vendió en la etapa electoral como quienes mejores estaban capacitados para desactivar la “bomba K”, pero no pudieron hacer mucho.

La segunda debe ser del kirchnerismo. ¿Cómo es posible que, quienes dejaron las finanzas públicas con un agujero de 6% del PBI, quienes dilapidaron USD 100.000 millones de recaudación tributaria solo por retenciones, quienes vaciaron las reservas del Banco Central y fundieron nuestro sistema energético, hoy den cátedra sobre cómo salir de la crisis?

Los bomberos, si antes fueron pirómanos, deberían ser examinados psicológicamente, y lo mismo aplica a quienes desde el kirchnerismo se atreven a dar consejos.

Por último, una mención para el resto de la clase dirigente. Los jueces, que con pura demagogia mandan a frenar los ajustes de tarifas, negando también que existe la escasez y ordenando, por ley, que una parte de los argentinos le pague a la otra el consumo energético.

Los sindicatos, que salen a la calle por cualquier cosa: desde un disposición que iba a reemplazar los resúmenes bancarios en papel por otros electrónicos, hasta para oponerse a nuevas normas laborales que beneficiarían a todos aquellos que no tienen trabajo o trabajan en el sector informal.

Los empresarios prebendarios, que no son todos, pero que con su poder de lobby piden bajar la tasa de interés, aislar a la economía y más subsidios y controles de precios para todo lo que ellos no producen.

Y por último, el votante medio, que aun viendo cómo la Argentina va de crisis en crisis, sigue pidiendo más y más estado.

Tenemos que hacernos cargo de lo que nos pasa. La crisis excede a un partido político en particular. Si nadie está dispuesto al esfuerzo que implica cambiar, si todos van a mirar solo el corto plazo, entonces no hay salida posible.

Espero lo entendamos. Si no lo hacemos,  el dólar a $ 40 es barato.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Las tres opciones económicas que se le abren al Gobierno a partir del 23 de octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/10/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/10/10/las-tres-opciones-que-se-le-abren-al-gobierno-a-partir-del-23-de-octubre/

 

Si el resultado electoral del 22 de octubre es el que se perfila actualmente, Mauricio Macri va a tener un importante capital político que, aunque no le permita tener el control de ambas cámaras legislativas, le otorgará un mayor margen de maniobra que el que tuvo hasta ahora.

Insisto, de confirmarse el resultado electoral que se vislumbra, el Presidente tendrá una segunda gran oportunidad de torcer el rumbo de decadencia económica que lleva siete décadas en Argentina, considerando que una gran primera oportunidad, a mi juicio desperdiciada, fue el 10 de diciembre de 2015 cuando asumió la presidencia. En ese momento, si se hubiese detallado claramente la herencia recibida del kirchnerismo, el margen de acción le hubiese permitido adoptar medidas económicas más contundentes que las que se adoptaron hasta ahora.

Sin duda que hoy el ambiente económico institucional es el día y la noche respecto a los nefastos años del kirchnerismo. No sólo ya no tenemos a la AFIP haciendo de KGB que persigue a los que piensan diferente, las interminables cadenas donde CF vendía un mundo irreal y no existen las medidas delirantes de Moreno y de Kicillof, entre otras cosas. Sin duda ahora somos vistos con respeto en el mundo. Ya no somos los impresentables que fuimos durante la era k.

No obstante, creo que sería un error comparar la actual situación con la era k como punto de referencia para saber si mejoramos o no, porque estaríamos poniendo la vara muy baja. El kirchnerismo nos dejó en el quinto subsuelo y no se necesita gran cosa para superar esa situación para mostrarse algo mejor. En todo caso en el gobierno de Fernando De la Rúa tampoco había controles de precios, ni de cambios, ni cepo cambiario y se llegó a una crisis final por no encarar las reformas de fondo y pensar que sólo con el cambio de expectativas que generaría la presencia de Domingo Cavallo y reestructurando la deuda pública el transcurso del tiempo iba a solucionar los problemas, algo que, como todos sabemos, no sucedió.

Si, como decía antes, el 22 de octubre, luego de contar los votos, Macri logra incrementar sustancialmente su capital político, el interrogante que queda por delante es cuál de los siguientes tres escenarios económicos se dará:

1. Que se duerman en los laureles y piensen que lo que les sirvió para ganar las elecciones también sirve para manejar la economía de aquí hasta el 2019, es decir, seguir endeudándose para financiar el déficit fiscal apostando a que, por algún efecto mágico, la economía va a crecer y del exterior nos van a financiar indefinidamente. En ese caso la economía estará en manos de Dios porque por el motivo menos pensado puede cortarse el financiamiento externo.

2. Ver si el Gobierno está dispuesto a adoptar las medidas mínimas necesarias para domar la pesada herencia k que todavía no fue desarticulada. Salvo los casos del cepo y las cosas más guarangas como los controles de precios, el gasto público sigue siendo un enorme peso para el sector privado, al igual que la carga tributaria, el retraso de las tarifas de los servicios públicos que fueron ajustadas pero todavía tienen que subir más y desarmar ese nefasto negocios de los “programas sociales” por el cual generaciones de jóvenes crecen viendo cómo sus padres viven sin trabajar. La famosa destrucción de la cultura de trabajo.

3. Adoptar un plan económico que no sólo permita dominar la herencia k sino, además, dar otro paso adelante y adoptar aquellas medidas que nos pueden llevar, en un par de décadas, a ser un país desarrollado. No nos olvidemos que Brasil acaba de corrernos el arco y nos exigirá más esfuerzo en las reformas dado que si aquí no se hace una reforma laboral importante, ni las migas de las inversiones que van a Brasil van a caer por estas tierras.

La primera opción luce poco viable. En lo que va de 2017 las reservas del BCRA aumentaron en USD 11.418 millones y todo ese aumento se explica por las compras de divisas que dicha entidad le hace al Tesoro que se endeuda para financiar el déficit fiscal.

La expansión de circulante es del 34,5% anual luego de colocar Letras del Banco Central y pases netos para absorber la liquidez que genera la compra de divisas al tesoro. En tanto que el stock de Lebac y pases netos se multiplicó por 3,4 veces entre diciembre de 2015 y septiembre de este año o, si se prefiere, subió el 240% con el gasto cuasifiscal que ello implica, en la era k ese stock se multiplicó por 30; dicho de otro modo, el endeudamiento del BCRA creció el 2.900 por ciento.

Mi punto es que este ritmo de endeudamiento externo y del BCRA para financiar el déficit fiscal es insostenible en el largo plazo.

Por eso, la pregunta es: ¿qué es lo mínimo que tendría que hacer el Gobierno de Mauricio Macri para salir de esta trampa económica que le dejó el kirchnerismo? ¿Es viable el gradualismo que venimos viendo?

Mi punto de vista es que si apuestan a hacer sólo lo que es necesario para dominar la herencia k, será un paso adelante. Ahora,

¿En qué consiste lo mínimo para dominar la herencia k?

1. Disciplina fiscal: No se limita a bajar el déficit fiscal solamente. Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Eso de que el crecimiento de la economía va a licuar el peso del Estado sobre el PBI lo veo poco probable. Es más probable que el Estado aplaste al sector privado.

 Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos

2. Reforma impositiva: El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.
Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. Hay experiencias en el mundo que demuestran que la curva de Laffer funciona. Tal vez podría pensarse en reemplazar el actual impuesto a las ganancias por un flat tax.

3. Disciplina monetaria: Para alcanzar este objetivo puede establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales serán finalmente alcanzables.

 Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzables

4. Reforma laboral: Es fundamental para que las 650.000 Pymes y microemprendimientos contraten personal. Con 1 persona por año que contraten estas 650.000 empresas, en 5 años tenemos resuelto el problema de la desocupación. Se podrán absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral, podrán pasarse empleados del estado al sector privado y no habrá justificativos para que los piqueteros sigan exigiendo ser mantenidos por los contribuyentes.

5. Incorporarse al mundo: Si la Argentina se incorpora al mundo, estará anclando sus instituciones a las de los países desarrollados y el proceso de captación de inversiones será más acelerado. Vean cómo el gobierno de Cataluña empieza a arrugar al ver que queda fuera del mundo si se separa de España.

El desastre populista de los últimos 70 años potenciado por el kirchnerismo es tan grande que el mínimo para superar la herencia k es un mínimo muy alto. Seguir comparándose con los 12 años kirchneristas es poner la vara demasiado baja y correr el riesgo de adoptar medidas que no alcancen para salir del pozo en que nos dejaron.

En síntesis, me parece que el 23 de octubre, si se confirma la consolidación de Cambiemos, debería aparecer un plan económico global con el mínimo de medidas señaladas. Caso contrario habrá que rezar para que el financiamiento externo permita financiar este sobredimensionamiento estatal y carga tributaria que ahogan cualquier posibilidad de entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Las propuestas de Cristina nos llevarán a la ruina

Por Iván Carrino. Publicado el 13/7/17 en: http://contraeconomia.com/2017/07/13/las-propuestas-de-cristina-nos-llevaran-a-la-ruina/

 

A través de Unidad Ciudadana, la ex presidente presenta sus propuestas para el país. Son las mismas recetas fracasadas del pasado.

Argentina se metió de lleno en la campaña electoral para las PASO. Si bien la fecha oficial de inicio es el viernes 14, lo cierto es que los candidatos están desfilando hace rato por los medios de comunicación más importantes.

Las PASO, que no serán unas “Primarias” propiamente dichas, funcionarán como antesala para la elección legislativa de octubre. Así que es oportuno comenzar a analizar qué propuestas económicas tiene cada uno de los candidatos.

Para ello, qué mejor que empezar con lo que Unidad Ciudadana (el partido por el que se presentan Cristina Fernández de Kirchner y la economista Fernanda Vallejos) tiene para ofrecer.

Así no se puede seguir

El eslogan principal de la campaña de la ex presidenta es que “así no se puede seguir”. Esto lleva a la necesidad de “ponerle un freno a las políticas de ajuste que se están llevando adelante en nuestro país”.

A los ojos del kirchnerismo más radical, la economía se desploma, el aumento de los precios está “descontrolado”, el salario se derrite y la industria nacional se va fundir en cualquier momento. Por ello sugieren que estamos en una situación de urgencia y emergencia.

Tal vez esto sea lo primero que llame la atención del equipo de Unidad Ciudadana. Cristina Fernández fue presidenta por 8 años, en 4 de los cuales la economía se mantuvo estancada pero los precios se multiplicaron por tres.

O sea, cuatro años de estancamiento con inflación, ¿pero la urgencia llega recién en 2017? Curioso como mínimo.

Inflación: pasaje a Caracas

Yendo a las propuestas concretas de la plataforma cristinista, lo primero que aparece es su remedio para curar el aumento descontrolado de precios.

Para Unidad Ciudadana, la inflación “pulverizó el poder de compra del salario, de las jubilaciones, de los ingresos de los profesionales y de las clases medias”. Siendo esto así: ¿por qué Cristina, cuando fue presidenta, multiplicó el déficit fiscal y la emisión monetaria? ¿No sabía que éste era el final inevitable de dichas políticas?

Lo sabe, pero elige otra estrategia. Para frenar la inflación, pide “volver a aplicar seriamente programas como Precios Cuidados, Ahora 12 y profundizar la intervención del Estado a través de acciones que regulen la formación de precios”.

En resumidas cuentas, lo que propone Unidad Ciudadana es aplicar todavía más controles de precios. Es decir, una receta que viene fracasando hace 4.000 años y que volvió a hacerlo durante la “década K”.

Desde la presidencia de Néstor Kirchner que se controlan precios. Sin embargo, la inflación se multiplicó por 8 (de 3,7% en 2003 a 27,8% en 2015).

Los controles de precios no bajan la inflación pero destruyen los incentivos a producir. Unidad Ciudadana, desde el congreso, buscará emular el modelo venezolano. Una pésima idea.

Remedios que enferman

El diagnóstico que hace el partido de Cristina Fernández es aterrador. La economía colapsa y “medio millón de personas han perdido su trabajo”. Es por eso que no hay mejor solución que “declarar la emergencia laboral, prohibir los despidos por un año e impulsar un aumento de emergencia del salario mínimo vital y móvil”.

Esta propuesta no solo mágicamente frenaría los despidos y aumentaría el ingreso, sino que, además, redundaría en el “fortalecimiento de la demanda, el mercado interno y la reactivación de la economía”.

Obviamente, todos estos supuestos son falsos.

En primer lugar, si se presentara un proyecto de ley que prohibiera los despidos y éste tuviera altas probabilidades de resultar votado, entonces automáticamente los empresarios que estuvieran analizando tomar dicha decisión, acelerarían el paso.

Sería conveniente para ellos despedir “ahora” que pueden, que intentar hacerlo cuando sea ilegal. Finalmente, la propuesta terminaría aumentando el desempleo en lugar de reducirlo. Un remedio peor que la enfermedad.

Otro desatino es la propuesta de subir el salario mínimo vital y móvil. Si los bajos ingresos se resolvieran con la ley del salario mínimo, bastaría escribir que éste debe ser de USD 10.000 al mes y listo. No obstante, con dicha ley no solo no se “fortalecería la demanda”, sino que el sector productivo colapsaría y el desempleo y la informalidad se dispararían.

Por último, el “estímulo a la demanda” Cristina Fernández ya lo probó cuando fue presidente. Durante su segundo mandato, el déficit fiscal se multiplicó por 7 en términos nominales y por 2 en términos del PBI. Es decir, se llevó adelante un mega-estímulo keynesiano a la demanda. Sin embargo, la economía no solo no creció, sino que en términos per cápita, cayó 3 puntos porcentuales.

Más gasto y déficit no estimularán la economía, sino todo lo contrario.

Cazadores de zoológico

Una de las últimas propuestas económicas del espacio kirchnerista es la de volver a “proteger la industria nacional”. Como si esta no siguiera protegida con aranceles, licencias no automáticas y acuerdos comerciales casi inexistentes, el cristinismo plantea que debe haber una “administración efectiva del comercio exterior”.

Es decir, seguir y profundizar un proteccionismo que defiende a algunos empresarios pero a costa de las grandes masas consumidoras.

¿Cómo concilia Unidad Ciudadana su “defensa de los trabajadores” con el proteccionismo, que obliga a esos mismos trabajadores a pagar entre 2 y 5 veces más por electrónica y textiles?

No hay respuesta posible.

El programa económico de Unidad Ciudadana no se diferencia casi nada de los lineamientos generales que gobernaron al país durante los años previos a diciembre de 2015. Es por eso que no pueden ofrecer nada nuevo. Es que los problemas a los que la economía se enfrenta hoy, como la inflación, el estancamiento económico y el alto déficit fiscal fueron todos creados por el kirchnerismo.

Profundizar el modelo “K” es agravar todos los problemas que ellos generaron. Por lejos, se trata de una de las peores alternativas de estas elecciones legislativas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Ola progresista y corrupta en América Latina

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 21/5/17 en: http://economiaparatodos.net/ola-progresista-y-corrupta-en-america-latina/

 

Los sistemas intervencionistas son corruptos por definición. Por eso detestan tanto el libre mercado

No terminó de estallar el escándalo de las coimas que habría autorizado Temer que estalló otro escándalo: Dilma y Lula habrían cobrado U$S 150 millones de coimas para obtener créditos blandos del banco estatal de fomento.

En Argentina, donde la justicia parece ser más lenta que en Brasil, tenemos los casos de López revoleando bolsos en los conventos con dólares provenientes de la obra pública, a Lázaro Báez procesado por corrupción en la obra pública, al igual que Cristina Fernández y hasta la impresentable Hebe de Bonafini. Además, en Salta, Milagro Sala también está procesada por defraudación al estado con fondos público y el listado sigue.

En los últimos 15 años parte de América Latina fue asolada por una ola populista llamada progresismo. Los excelentes precios internacionales de las commodities permitieron que gobiernos llamados progresistas llegaran al poder y se mantuvieran en el mismo gracias a los recursos extras que recibían por los precios de exportación. Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador cayeron en manos de estos gobiernos que, supuestamente, venían a defender a los pobres. Sin embargo sus políticas económicas naufragaron y, en algunos casos, han generado verdaderas crisis humanitarias como es el caso de Venezuela, donde la dictadura chavista es de un salvajismo que hacía rato no se veía en el mundo.

Ahora bien, el denominador común de todos estos casos de corrupción es que en nombre del progresismo los gobiernos intervinieron en la economía ya sea redistribuyendo ingresos, otorgando subsidios, privilegios de todo tipo, regulando, en fin estableciendo un sistema económico donde la firma de un funcionario público decretaba el éxito económico de una persona o sector o bien su muerte. El éxito de una empresa no depende de abastecer bien al consumidor en estos sistemas intervencionistas populistas denominados progresistas, sino que depende del favor del funcionario público. Es el burócrata, en cualquier nivel del estado en que se encuentra, el que con su sello y firma decide quiénes son los ganadores y quiénes son los perdedores del sistema económico.

Por ejemplo, si hay créditos con tasas menores a las de mercado que otorga el estado, es un bocado delicioso para los corruptos de siempre administrar esos fondos. ¿Por qué distribuir bajo algún criterio caprichoso esos escasos créditos subsidiados si finalmente pueden repartirse en base a la coima que le paguen al que tiene que firmar?

Se sabe que en períodos de controles de precios o de importaciones y demás regulaciones, florecen los estudios “económicos” que detrás de un disfraz de profesionalismo, en rigor se dedican a hacer contactos con los funcionarios del caso para lograr sus firmas para autorizar un aumento de precio, una importación o cualquier otro trámite burocrático. Esos “asesores económicos” suelen pasearse por los programas de televisión haciendo declaraciones políticamente correctas para agradar el gobierno de turno y tratando de dar una imagen de profesional equilibrado. Venden un personaje pero en realidad su negocio más rentable es hacer el contacto entre la empresa que necesita un aumento de precios, un subsidios o los que sea y el funcionario que aprueba el privilegio. Las coimas corren por todos lodos en esos sistemas intervencionistas. Hasta ha habido casos de legisladores que lanzaron proyectos de regulación que perjudicaban a algún sector en particular para coimear al sector. ¿Cómo? Pidiendo un precio para retirar el proyecto de ley.

Los sistemas intervencionistas son corruptos por definición. Por eso detestan tanto el libre mercado. Porque donde hay un estado limitado, se reducen notablemente los casos de corrupción por la sencilla razón que el funcionario de turno no tiene la autoridad para declarar ganadores y perdedores. Su firma no tiene ese poder en un gobierno limitado. Por eso los “progresistas” detestan el libre mercado y un gobierno limitado. Les arruina el negocio.

Estos populistas progres que han circulado en los últimos años por gran parte de América Latina, primero endulzaron al pueblo dándole dádivas. Cuantos más pobres, más dádivas y más votos cautivos. Mientras la gente recibía las dádivas y otros compraban el televisor o el celular en cuotas, estos progresistas robaban a cuatro manos. Para ellos el progresismo es un negocio redondo del que pueden hacer fortunas. Ser gobierno significa un gran negocio personal. Llegar a la presidencia de la nación dejó de ser un servicio público para transformarse en una gigantesca máquina de corrupción y de acumular fortunas. Las regulaciones, la obra pública y los fondos destinados a programas sociales son cifras millonarias que aportan una caja de corrupción fenomenal. Ya ni siquiera defienden el intervencionismo estatal y la distribución de burros que son, por el contrario son muy vivos, porque defender el intervencionismo y la distribución del ingreso les ha generado fortunas inimaginables a buena parte de la dirigencia política.

En síntesis, América Latina ha sufrido una oleada de populismo progre no por una cuestión ideológica, sino que esos delincuentes manipularon a pueblos incultos (la falta de educación en los pueblos es otro ingrediente fundamental para que florezca estos sistema corruptos) y vieron la oportunidad de hacerse la América.

La corrupción fue el objetivo de sus campañas políticas. El envoltorio fue el progresismo que vendieron como gente que venía a establecer la justicia social. El resultado pueblos más pobres, oprimidos y países que deberán soportar un largo período recuperación hasta que la gente pueda volver a tener un nivel de vida digno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cuba detiene su proceso de reforma

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2005409-cuba-detiene-su-proceso-de-reforma

 

Cuuba es un ejemplo claro del fracaso del colectivismo como sistema económico. Tan es así que, en el 2008, presionado por la ya entonces inocultable realidad de su paralizada economía, el Partido Comunista de Cuba decidió formalmente dejar de lado ese modelo. Lo hizo entonces al impulso de Raúl Castro .

La idea fue abrir y descentralizar -pausadamente- la economía de la isla alejándose del estatismo absolutamente integral que la caracterizaba; aumentar la productividad abriendo diversos espacios para la actividad privada; unificar el sistema monetario; y procurar atraer a la inversión extranjera, para con ella fomentar el crecimiento. Para lo cual, en el año 2009 se designó como “zar” de la reforma intentada a Marino Murillo, uno de los actuales miembros del politburó cubano, que impulsó más o menos tímidamente el inicio de la “reforma” y que hoy (ante el poco éxito del esfuerzo) parecería prácticamente haber desaparecido de la escena.

El proyecto de apertura y liberalización de la economía cubana aparentemente ha fracasado. El propio Partido Comunista así lo admitió formalmente en su reunión de Abril de 2016. Hoy se están imponiendo nuevamente controles de precios a la actividad privada, incluyendo a la agricultura y al transporte. El inevitable desaliento que esa quita de incentivos provoca está ahogando el poco impulso a la actividad que de allí provenía.

¿Qué le puede deparar el futuro a Cuba? Si miramos la realidad, nada demasiado bueno. Porque lo cierto es que Cuba ha vivido “colgada” de los demás por espacio de más de medio siglo. Primero ordeñó a la desaparecida Unión Soviética. Y luego hizo hábilmente lo mismo con Venezuela. No obstante, la realidad es que sus dos países benefactores han terminado en el colapso económico. Y que la inversión extranjera que, ante la convocatoria de los Castro se esperaba llegaría cual catarata, es muy difícil que considere a un país totalitario en el que, por definición, no existe el “estado de derecho”. Lo cierto es que los inversores no se han precipitado hacia la isla, como algunos soñaron. Ni lo harán.

Fidel murió en noviembre del año pasado, dejando a Cuba en un pantano económico-social, sin verla brillar. Raúl tiene ya 85 años y ha prometido públicamente dejar el poder el 24 de febrero del año que viene. Se está yendo, entonces. No hay mucha duda. Pero como los déspotas no dejan herederos, no se sabe a ciencia cierta quién tomará el timón del país a poco menos de un año del anunciado paso al costado de Raúl Castro. Como incógnita de cara al futuro, es enorme. Aunque existan candidatos, no hay certeza.

Mientras tanto, los montos de los que alguna vez conformaran un paquete realmente gigantesco de subsidios venezolanos han caído por debajo de la mitad de lo que en su momento alcanzaran. Son ahora apenas el 40% de lo que llegaron a ser. Por ende, ya no son robustos, ni alcanzan para que toda una nación pueda sobrevivir con alguna holgura y dignidad, pero con poco esfuerzo.

La economía cubana flota -desde hace rato ya- en la mediocridad, y el nivel de vida del pueblo cubano, en términos relativos, comparado con el de sus vecinos latinoamericanos, sigue estando por el suelo.

La desesperanza de la gente es grande. Por esto, una encuesta realizada recientemente en Cuba bajo los auspicios de la Universidad de Chicago acaba de arrojar un resultado notable, aunque no demasiado sorprendente: la mitad de los que fueran encuestados manifestó sin rodeos que, si pudiera irse de Cuba, lo haría sin mayores titubeos.

Esto nos recuerda inmediatamente a los hermanos Castro que aún están con vida, que son tres, y dos viven en el exterior: Juanita, que vive en Miami desde hace cincuenta años y Emma, que reside en México. Por algo será.

Sólo Raúl Castro vive en Cuba. Por ahora, al menos. La encuesta referida constató, además, que un 46% de los entrevistados cubanos sostiene que es precisamente la economía colectivista de la isla la que los mantiene sumergidos en su dura situación de pobreza. Y no se equivocan, por cierto. Es efectivamente así, aunque la dictadura sea la razón principal del fracaso. Pero lo grave es que un gobierno que por definición es totalitario, como el cubano, que todo lo sabe y jamás se equivoca, supone operar con una economía exactamente del mismo perfil: la colectivista. Éste es precisamente el gran drama.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

No son errores de decisiones, es la falta de un plan

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/2/17 en: http://economiaparatodos.net/no-son-errores-de-decisiones-es-la-falta-de-un-plan/

 

El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades

Muchas personas, creo que de buena fe, suelen afirmar que si bien el gobierno no está haciendo reformas estructurales, es porque hay que ir de a poco para que no vuelvan los k. Aclaro que esta afirmación no me la han formulado funcionarios del gobierno. Si bien conozco a varios de ellos desde hace muchos años, no mantengo contacto con ningún funcionario del gobierno. Dejo en claro este punto para que nadie piense que esa frase me la ha dicho algún funcionario del PRO. Esa gente es, en realidad, víctima del pánico que tienen a que vuelvan los k. El argumento sería algo así como una autoextorsión. Se extorsionan a ellos mismos y al resto diciendo que o nos bancamos lo que hace el gobierno lentamente o vuelve la noche k.

Salvando las distancias, recuerdo que producido el golpe de 1976, los militares no querían hacer grandes reformas estructurales en el sector público porque argumentaban que con el terrorismo acechando, hacer cambios estructurales como por ejemplo reformar el sector público podía generar conflictividad social que alimentara las filas terroristas. El resultado es que la política económica de esos años fue horrorosa, los capitostes terroristas se mantuvieron vivos y, con el tiempo, tuvieron el poder.

Hoy se considera que no hacer reformas estructurales es la mejor forma de evitar el regreso k, con lo cual mantenemos la larga decadencia económica argentina. Y, por favor, no me corran con que se avanzó mucho eliminando el cepo cambiario y los controles de precios. En todo caso en la época de De la Rúa tampoco había cepo cambiario, había total libertad para comprar divisas, no había derechos de exportación para los granos y se podían exportar libremente y no por eso vamos a decir que tenía en orden la economía. Por el contrario, el descontrol del gasto público con déficit fiscal llevó a un creciente endeudamiento externo que, cuando se cortó, condujo a la crisis de 2001/2002 y la llegada de los k en 2003. Así que no tener cepo cambiario, ni controles de precios, ni prohibiciones de exportaciones o derechos de exportación no garantiza nada sobre el futuro político argentino.

El gran error de De la Rúa fue poner a un equipo económico progre al frente del ministerio de Economía como eran Machinea, Bein y Gerchunoff que luego de aplicar un impuestazo a la clase media y tomar deuda externa dejaron la economía peor de lo que la habían recibido. Lamentablemente, ante una situación económica más grave como la que heredó Macri, también puso al frente de la economía a un progre como Prat Gay y otros intervencionistas en diferentes áreas del gobierno, algo que no cambió con Dujovne ni el resto de los integrantes del área económica.

El punto a considerar no es solamente si las no reformas estructurales y el gradualismo en el cambio de precios relativos llevarán a buen puerto económico, sino si son la mejor forma de evitar que vuelva el corrupto y autoritario kirchnerismo.

Francamente no estoy tan seguro que el kirchnerismo esté definitivamente muerto. Las constantes malas noticias que significan el gradualismo (hoy suben la luz, mañana los combustibles, pasado el agua potable, etc.) pueden desgastar al gobierno y, dado que no hay gran oposición política, revivir o quitar de la agonía al corrupto kirchnerimo, salvo que la gente opte por Massa. Tal vez me equivoque y el kirchnerismo termine siendo cosa del pasado a pesar el gradualismo de Cambiemos. En ese caso, sin reformas estructurales, pasará otro período más de esta larga historia de decadencia económica argentina. Cambiemos habrá sido una frase más de campaña pero en la realidad tendría que haber sido continuemos.

Combatir el populismo autoritario del kirchnerismo con un “populismo democrático” no va a conducir a buen puerto porque todo populismo requiere de dosis crecientes de autoritarismo para sostenerse.

El gobierno no tiene que ver el proceso de toma de decisiones como el error. El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades. Cuando trabajamos en dos oportunidades con un grupo de economistas para establecer los lineamientos de un plan económico, al analizar dónde bajar el gasto público nos quedaba claro que el único rubro que no podía tocarse era el de los jubilados. Y el gobierno fue y se metió justo con ese tema.

Tanta importancia que le dan a las señales y el marketing político que les ordena Durán Barba, debería haberles dejado en claro que si bien no era un problema económico grosero que cada jubilado en promedio cobrara $ 20 menos, lo importante son las señales, la forma de comunicar las cosas según el marketinero político. Hasta en el marketing político cometen errores por falta de un plan.

En definitiva, me parece que revisar este desorden de tener fragmentado el área económica, el rechazo a tener un plan económico claro y con buena comunicación, la explicitación de la terrible herencia recibida y la decisión de abandonar el largo camino de la decadencia y comunicar un plan de largo plazo para entrar en una senda de crecimiento son los elementos que siguen faltando y los que le dan de comer a peronismo y al peronismo kirchnerista para criticar a Cambiemos. Si esto fuera un partido de tenis, el gobierno comete demasiados errores no forzados y pierde el set por errores propios, no por winners del adversario.

La mejor forma de espantar el fantasma del kirchenerismo no es asustar a la gente con su vuelta, sino pulverizándolo mostrando lo que dejó y encarando una política económica de cambio en serio. Una política económica que le permita a la gente ver una luz al final del túnel que entusiasme. Que se vea que el esfuerzo de hoy será la recuperación y el bienestar de mañana.

Obvio que para lograr cambiar la Argentina va a ser necesario terminar con muchísimos negocios “sociales” como el empleo público y los que viven de planes “sociales”. Justamente de eso se trata cambiar.

La gente está harta de pagar impuestos para financiar planes sociales, ñoquis y un estado que no presta el más mínimo servicio. Que el gobierno capte este mensaje, haga un plan y lo comunique. Tendrá un gran apoyo de la población y Cambiemos será un gobierno de cambio en serio.

El gobierno debe recapacitar y aceptar que ese humo que alguien les vendió diciéndoles que porque Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia iban a llover las inversiones, fue puro humo. Las inversiones van a llover con Macri sentado en el sillón de Rivadavia pero con otra política económica totalmente diferente y dejar de hacer política como si estuvieran vendiendo un detergente y empezar a comunicar con claridad el nuevo rumbo económico.

De manera que a no confundirse, aquí no hay un error en la toma de decisiones. Aquí hay un error en la concepción misma del plan del gobierno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Será Macri el Ronald Reagan argentino?

Por Iván Carrino. Publicado el 9/12/16 en: http://www.elcato.org/sera-macri-el-ronald-reagan-argentino

 

Ronald Reagan nació en 1911 en Illinois, EE.UU. Si bien llegó a la política como un “outsider”, lo cierto es que antes de ocupar el cargo de presidente había sido por 8 años gobernador de uno de los estados más importantes de ese país: California.

Mauricio Macri tampoco es un político de carrera, pero antes de ser presidente también ocupó un cargo clave por 8 años: el de intendente de la Ciudad de Buenos Aires.

Estas coincidencias podrían ser meras casualidades. Sin embargo, hay algo más que une a ambos políticos: la situación económica a la que se enfrentaron cuando asumieron el poder y el programa económico que buscaron llevar a la práctica.

La “revolución de Reagan” y la economía de la oferta

La economía de EE.UU. sufría, en 1980, del fenómeno llamado estanflación, donde se combina un bajo crecimiento económico con una elevada inflación. Precisamente ese año el PBI se había contraído 0,2%, pero la inflación superaba el 12% anual, uno de los niveles más altos jamás vistos.

Además, coherente con la idea de que el estado todo lo puede, la economía estadounidense se encontraba plagada de regulaciones que impedían el desarrollo pleno de la economía de mercado.

Para revertir esta situación, el nuevo gobierno implementó lo que luego se conoció mundialmente como “reaganomics”, basada en 4 objetivos principales:

  1. Bajar la inflación controlando la oferta monetaria.
  2. Reducir la regulación.
  3. Reducir las tasas marginales de impuestos al trabajo y al capital.
  4. Reducir el ritmo de crecimiento del gasto público.

El gobierno fue exitoso en el primer objetivo. De la mano de Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, las tasas de interés subieron y el ritmo de aumento de la cantidad de dinero cayó.

En consecuencia, la inflación se redujo significativamente. En diciembre de 1980 los precios trepaban al 12,5% anual. Al año siguiente, este guarismo había caído a 8,9%. Para 1986 la inflación no superaba el 2% anual.

Otro tema que encaró Reagan fue la desregulación de la economía. Según William Niskanen, miembro del Consejo de Asesores de la presidencia entre 1981 a 1985:

“Reagan relajó o eliminó los controles de precios en el combustible, el gas natural, la TV por cable, el servicio telefónico de larga distancia, el sistema de transporte terrestre interestatal y los trasportes oceánicos. A los bancos también se les permitió invertir en una mayor cantidad de activos y el rango de alcance de las leyes antimonopolio se redujo”.

Además de la baja de la inflación y la desregulación de la economía, Ronald Reagan redujo considerablemente los impuestos que pagaban los estadounidenses. De acuerdo con Niskanen, las tasas marginales cayeron desde el 70% al 28%, mientras que los impuestos a las empresas también se redujeron de manera contundente, desde el 48% al 34%.

Reagan el keynesiano

El último objetivo de la revolución de Reagan era controlar el incremento del gasto público. Una de sus frases de cabecera era que: “Solo reduciendo el crecimiento del gobierno, podremos aumentar el crecimiento de la economía”.

Sin embargo, este no fue para nada el punto fuerte de su presidencia. Durante su mandato, el gasto total del gobierno pasó de U$S 678.000 millones en 1981, a U$S 1,06 billones en 1988. Esta variación —de 56,9%— superó ampliamente a la inflación del período, que totalizó 17%. La combinación de un mayor gasto público junto a recortes impositivos dio lugar a un incremento del déficit fiscal.

Gráfico 5. Gasto Público y Déficit en % del PBI (1977-1989)

Durante los primeros tres años, el déficit pasó del 2,5% a casi el 6% del PBI. La gradual reducción del desequilibrio posterior a 1984 no fue suficiente para evitar el crecimiento de la deuda pública, que pasó del 31,7% del PBI en 1981 a 51,5% en el año en que Reagan abandonó su cargo.

Ahora bien, a pesar de esta laxitud fiscal, los resultados favorecen a la estrategia que Ronald Reagan eligió para sacar a EE.UU. de la estanflación. El crecimiento anual promedio entre 1976 y 1982 fue de 2,7%. Sin embargo, una vez superada la crisis del ‘82 y, la economía volvió a crecer y a un ritmo promedio de 4,4% anual.

Al mismo tiempo que bajaba la inflación y crecía la economía, también se redujo el desempleo. Luego de alcanzar el pico de 9,7% en 1982, fue por un camino de descenso hasta llegar al 5,3% en el año en que Reagan dejó de ser presidente.

Un último dato a considerar es la riqueza per cápita. Cuando Reagan asumió la presidencia en 1981, la riqueza per cápita de los estadunidenses era de USD 28.400 al año (en dólares constantes de 2009). En 1988 este índice se había elevado a los USD 35.000, un importante incremento del 23,1%.

¿Ronald Macri?

La economía que tomó Macri se enfrenta a problemas similares a la de EE.UU. en los años ’70. Básicamente, padece la enfermedad keynesiana-intervencionista, que le impide crecer y la azota con altos niveles de inflación.

Para combatir la estanflación, el presidente designó a Federico Sturzenegger en el Banco Central y la política monetaria pasó a ser contractiva en lugar de expansiva. La tasa de interés subió, la cantidad de dinero crece menos que antes y la inflación está cayendo. Además, desreguló algunos sectores de la economía, al eliminar de un plumazo el cepo cambiario y quitar o relajar algunos controles de precios.

Otro aspecto comparable fue la reducción y eliminación de impuestos. Principalmente, la eliminación de retenciones a la exportación y la modificación del mínimo no imponible de ganancias les dieron más aire a consumidores y productores.

Sin embargo, y al igual que en EE.UU., el déficit terminará subiendo este año en comparación con el anterior. Para financiarse, el gobierno emitió cerca de USD 50.000 millones de nueva deuda. Macri, como Reagan, no abandonó todavía el gasto deficitario keynesiano.

Dos interrogantes fundamentales

Las similitudes entre la situación y la propuesta económica de Macri y Reagan están a la vista. Sin embargo, también hay dos diferencias que se transforman en los principales interrogantes.

La primera es el grado de desregulación. Es cierto que hoy la economía argentina es más libre que cuando gobernaba CFK, pero ¿será suficiente? No debemos olvidar que seguimos teniendo mercados laborales excesivamente rígidos y un estado empresario que solo este año nos costó a todos los argentinos $90.000 millones.

La segunda diferencia es el tema fiscal. Cuando Reagan acudió a la deuda para financiar su “modelo”, ésta era del 32% del PBI, mientras que el déficit era 2,5%. En nuestro caso, el espacio fiscal está considerablemente más limitado, con un déficit récord en torno al 7% del PBI y una deuda que está en los mismos niveles de 2001.

Los cambios implementados por la administración Macri están bien encaminados e imitan en alguna medida lo que hizo Ronald Reagan para salir de la estanflación. Sin embargo, las dudas en torno al grado de liberalización económica permanecen, y el nivel de déficit fiscal deja poco espacio para seguir derrochando dinero público.

En conclusión, creo que la economía acusará el giro y se recuperará con fuerza en 2017, pero es ilusorio pensar que podemos seguir manteniendo este nivel de gasto público y déficit indefinidamente.

Bien Macri si quiere imitar lo bueno de la “Reaganomics”. Mal si también copia lo malo y sigue aplicando políticas keynesianas que, por incrementar el déficit, nos han llevado de una crisis a la otra en los últimos 40 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.