LA ANALOGÍA PERFECTA DE CACHANOSKY QUE FULMINÓ EL NUEVO IMPUESTO A BIENES PERSONALES: QUÉ DIJO

Publicado el 17/12/19 en https://www.infotechnology.com/online/La-analogia-perfecta-de-Cachanosky-que-fulmino-el-nuevo-impuesto-a-Bienes-Personales-que-dijo-20191216-0004.html

 

EL ECONOMISTA SE CONVIRTIÓ EN “ÍDOLO” EN REDES POR UN TUIT. QUÉ DIJO Y POR QUÉ GENERÓ TANTO REVUELO.

La analogía perfecta de Cachanosky que fulminó el nuevo impuesto a Bienes Personales: qué dijo

Luego del lanzamiento inicial del “paquetazo” de medidas de Alberto Fernández que comenzó la semana pasada e incluyó el “dólar turista” y retenciones al agro, llegó ahora el momento de los bienes personales. El texto prevé “un aumento de las alícuotas de bienes personales, con los mismos topes” según informó El Cronista. La propuesta es subir las alícuotas de las distintas escalas del tributo. Se cree que la alícuota pasará del 0,25% pasaría al 0,50%; lo que ahora 0,50% pasa a 0,70% y así. Siempre quedan afuera del sistema las viviendas familiares.

La vuelta a escena del debate generó polémica entre economistas y analistas. Uno de los que se sumo con más fuerza a la polémica fue Roberto Cachanosky. El economista afirmó que el flamante impuesto, si está pensado para distribuir la riqueza, “es como confiscar de a poco las partes de un auto y venderlas para redistribuir entre los pobres. Al final desaparece el auto y los pobres siguen existiendo”.

El tuit de Cachanosky generó un gran impacto en sus seguidores. El comentario fue compartido por 4216 usuarios y logró conseguir más de 10.000 Me Gusta.

Otro de los puntos que se mantiene en discusión es finalmente gravar en forma diferencial a los activos que los argentinos mantienen en el exterior.  La idea es diferenciar entre aquellos que mantienen sus activos localmente y aquellos que manifiestan tenerlos fuera de la Argentina, incluyendo cuentas bancarias o inmuebles.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/12/19 en:  https://www.ambito.com/economia/cuanto-crecera-argentina-y-el-dolar-2020-n5068787

 

¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

 

La actividad cayó 2,1% i.a. en septiembre, según el EMAE del Indec. Así, en 2019 un 3% habrá caído el PBI que bajará 5,2% en la era Macri y, considerando el crecimiento poblacional, el PBI per cápita será menor en casi 10%. Y la caída continúa. Según el IGA-OJF, el nivel general de actividad cayó 3% i.a. en octubre.

La intermediación financiera tuvo el bajón mayor (-14,6%) pero los bancos ganaron 116% más en términos reales. Gracias a la supertasa de las Leliq, soportaron una caída de los créditos de hasta 45% mostrando que no vale producir, sino “bicicletear”.

Lacunza -mostrando que los políticos, al fin, son una unida corporación- dijo que la deuda no es ni de los kirchneristas ni de los macristas, sino del país, es decir, los ciudadanos somos los culpables cuando gran parte fue a la “bicicleta financiera” del Gobierno. Según Federico Sturzenegger, “la crisis no fue por la herencia, sino por las políticas aplicadas” y “recibimos un bajo nivel de endeudamiento de 40% del PBI”, pero Macri logró superar el 127%, según datos del IIF.

Sana actitud, en principio, la de Alberto Fernández de no aceptarle al -estatal y, por ende, estatizante- FMI los u$s11.000 M que restan. “Es como un tipo… borracho. La solución no es seguir tomando (sino) dejar de tomar”, dijo. Habrá que ver cómo los compensa, porque si es a costa de subir impuestos, no pagar deuda contraída o inflación volvemos atrás.

Gracias al cepo, el BCRA es el único comprador de divisas y en noviembre embolsó más de u$s2.000 M que, en su mayoría, provienen de las cerealeras que venden anticipándose la suba de retenciones -fueron 810 M los liquidados en noviembre de 2018, año de sequía- si hasta venden granos aún no cosechados, lo que se descontará del cálculo del PBI de 2020. Así, el BCRA sostiene la “calma cambiaria” y las reservas ya superan los u$s43.736 M.

Como consecuencia de un dólar artificialmente abaratado, cae la producción -la exportación y el consumo interno volcado a dólares -ergo la demanda de pesos, es decir, sube la inflación que, el futuro titular del INDEC, estimó para 2020 en 40%. Insólito, es adivino, como cuando la consultora a la que está ligado, a fines de 2017, anunciaba que en 2018 se superaría la “maldición de los años pares” ya que el PBI crecería 2,5%… y la pegó, fue del 2,5%… pero negativo.

Es imposible conocer la inflación de 2020 y, por tanto, como consecuencia directa, el precio del dólar, hasta ver las políticas del nuevo Gobierno que, por cierto, podría -si quisiera- permitir un crecimiento inmediato de la economía con sólo aceptar medidas razonables.

Lo que sí vemos es la tendencia actual. Para cerrar el financiamiento del año, el Tesoro recibió $20.000 M, como de adelanto transitorio, del BCRA, según surge de la evolución diaria de la base monetaria con datos del jueves 21. Adelanto incluido en los 400.000 autorizados por el DNU 740 de los cuales se estima utilizarán, en lo que resta de 2019, unos $200.000 M. Esto en un contexto de demanda de dinero -como correlato de la caída en la actividad- en mínimos de los últimos 18 años.

La pregunta entre burócratas y políticos es cuál sería la emisión coherente con esta demanda de dinero. Y la respuesta sólo la tiene el mercado en tiempo real, de aquí que la inflación sea un fenómeno inevitable en toda moneda manejada por burócratas que responden a políticos y no al mercado.

Un indicador es la brecha cambiaria -entre al blue y el oficial ronda el 10%- porque son pesos que “sobran” volcados a la divisa. Y, por cierto, inciden directamente en el IPC. Según Elypsis, 45,9% de las Pymes considera que el blue incide en sus costos y, por tanto, el 41,7% lo traslada a precios.

Otro índice, por caso, es lo que ocurre con la emisión de Obligaciones Negociables (ON). El Banco Galicia y el Ciudad las emitieron a tasa variable de Badlar +4% y Badlar + 12,876% respectivamente y fueron sobre suscriptas por fondos comunes, a falta de activos en pesos. Y en los próximos días podrían sumarse más emisiones. A los bancos les conviene porque emitir una ON supone un encaje menor que tomar un plazo fijo.

Es decir, la presión y la tendencia actual tanto inflacionaria como de caída del PBI es clara y, por tanto, la suba de los precios incluido el dólar que, por el contrario, debería debilitarse en el mundo, aunque también todas las monedas “fuertes” dada la creciente incertidumbre global.

El PBI de EE.UU. creció 2,1% entre julio y septiembre, pero, aunque se esperaba 1,9%, en la comparación i.a., la economía se desaceleró ocho décimas. Entretanto, si bien el crecimiento global se mantiene en un razonable 3% anual, se desacelera y hasta el BC Europeo y la Fed empiezan a advertir que las bajas tasas deforman los mercados. Unos u$s19 B de deuda global con grado de inversión, un tercio del total, ya tienen rendimientos negativos.

Por la sobreabundancia de dinero, los índices bursátiles tocan récords y los precios de las acciones son altos con relación a los dividendos. Además, a nivel global, en 2019 ya se vendieron el récord de u$s24,3 B en bonos corporativos: un problema si las ganancias empresariales no resultan tan buenas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Guzmán se prueba el traje de Rodríguez Saá

Por Iván Carrino. Publicado el 8/12/19 en: https://www.ivancarrino.com/guzman-se-prueba-el-traje-de-rodriguez-saa/

 

El nuevo Ministro de Economía plantea que deben abandonarse las políticas de austeridad y que para ello es necesaria una “reestructuración dolorosa de la deuda”.

Argentina repite su historia una y otra vez.

Hoy, como hace 18 años, estamos en medio de una crisis de deuda pública.

Dicha crisis comenzó allá por el primer trimestre de 2018, cuando luego de la estocada final que implicó el cambio de metas de inflación para la ya menguante confianza de los inversores, los mercados internacionales se cerraron para el gobierno nacional.

Una vez que eso ocurre, el desenlace es inevitable. Es que el gasto deficitario del gobierno impulsaba el gasto agregado de la economía. Pero si este gasto no se puede financiar, entonces necesariamente debe caer. Y nadie está mejor cuando consume menos.

En medio de este escenario, Macri decidió acudir al FMI, organismo internacional con el que se firmaron dos acuerdos, con numerosas variantes cada uno de ellos.

La idea principal, sin embargo, siempre fue la siguiente:

Te presto el dinero que necesitás para cumplir con tus compromisos de deuda, pero ajustá el déficit fiscal más rápido de lo que lo venís haciendo y hacé que el Banco Central se ponga más duro que nunca para ayudar a generar confianza.

Si bien las siglas F.M.I. son mala palabra en una Argentina donde las ideas de izquierda calan hondo en la cultura popular, y si bien entre junio de 2018 y marzo de 2019 subieron tanto el dólar, como la inflación, la pobreza, y cayó la economía… a partir del tercer mes de este año los resultados marginalmente positivos comenzaron a aparecer. La inflación bajaba mes a mes, el dólar estaba estable y la economía estaba buscando su piso.

No obstante, con el resultado de las PASO, y las expectativas generalizadas de que el plan del FMI se iba a terminar, las variables financieras volvieron a colapsar, impactando nuevamente en la economía real.

Macri, quien dijo que había que juzgarlo por el dato de pobreza, se va de la Casa Rosada con una tasa del 40%.

El nuevo enfoque

Las expectativas tras las PASO anticiparon razonablemente bien lo que iba a venir. De hecho, Alberto Fernández anunció hace varios días que no quería recibir más dinero del FMI, lo que implica obviamente abandonar el plan de relativa austeridad coordinado con el organismo*.

Ahora definido su flamante Ministro de Economía, el Doctor en Economía e Investigador de la Universidad de Columbia, Martín Guzmán, el panorama es aún más claro: las “políticas de austeridad” deben abandonarse.

En una reciente nota con el periodista Daniel Tognetti, Guzmán resumía su posición acerca de la situación argentina en tres pilares principales que detallamos aquí abajo:

  1. El gobierno debe cambiar la política económica.
  2. Para eso, el estado debe tener “algo de aire”
  3. Para conseguir ese aire, debe renegociar la deuda.

Lo que afirmó es muy similar a lo que escribía en abril sobre las alternativas que enfrentaría un nuevo gobierno:

El nuevo gobierno enfrentaría dos opciones desagradables: una camisa de fuerza con mayores pagos de deuda, más austeridad y más recesión, o una reestructuración dolorosa de la deuda con un resultado incierto.

Una cosa está clara: para poder evitar otra crisis de deuda, Argentina necesitará un crecimiento económico sostenido. Aunque no hay recetas mágicas para poner a la economía en un camino más estable, cambiar las políticas macroeconómicas actuales al menos le daría una oportunidad al país.

No deja de ser interesante que ambas opciones se planteen como desagradables, siendo que los políticos y funcionarios suelen vender sus propuestas como el paraíso en la tierra.

Hay que reconocer, al menos, la postura honesta del Ministro. Ahora bien: ¿funcionará el plan?

Más de lo mismo

Fiel al enfoque keynesiano y crítico de las recetas que tanto Guzmán como su mentor, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, llaman “neoliberales”, para el nuevo el nuevo Ministro la austeridad fiscal debe abandonarse.

¿Por qué? Porque de acuerdo con Keynes, las recesiones se combaten con aumentos en el déficit fiscal y bajas de tasas de interés. Es decir, ¡todo lo contrario de lo que dice el FMI!

De acuerdo con la visión keynesiana, si el gobierno gasta un dólar en la economía local, quien recibe ese dólar también gastará una parte, y quien reciba esa parte gastará a su vez otra parte, generando un “efecto multiplicador” que hace “mover la economía”.

Ahora bien, ¿cómo conseguir un dólar para que el gobierno gaste y se multiplique en la economía si nadie más quiere financiarlo?

La respuesta es muy fácil: que todo lo que el gobierno pensaba pagar en concepto de intereses y capital de la deuda, se use para la reactivación.

Eso fue exactamente lo que hizo Adolfo Rodríguez Saá el 23 de diciembre de 2001. El entonces presidente dijo que iba a tomar “el toro por las astas” y anunció que “el Estado Argentino suspenderá el pago por la deuda externa”. Con esos fondos se financiarían “planes de creación de un millón de puestos de trabajo y progreso social”.

Tal vez la diferencia entre Guzmán y Rodríguez Saá sea que el académico radicado en Nueva York no está pensando en una decisión unilateral, sino en una negociación. Sin embargo, en esencia el planteo es el mismo: incumplir los compromisos con los acreedores para poder seguir gastando plata pública en subsidios, obras y planes.

Ahora bien, si el exceso de gasto público en subsidios, obras y planes fue lo que nos llevó a donde estamos, ¿por qué más de lo mismo va a ser la solución?

La respuesta, por ahora, se la dejo abierta a los lectores.

*Nota aclaratoria: digo relativa austeridad porque de no haber aparecido el Fondo, la austeridad hubiera sido mucho más grande, dado que al gobierno le faltarían USD 44.000 millones de financiamiento. Y si esa plata no está, o se suben más los impuestos, o se baja más el gasto, o se defaultea la deuda.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Políticamente incorrecto, y el dólar peluquero

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/10/19 en:  https://www.ambito.com/politicamente-incorrecto-y-el-dolar-peluquero-n5057703

 

Políticamente incorrecto, y el dólar peluquero

Hay dos posibilidades. Ser políticamente correctos y seguir eligiendo entre los políticos que “gobiernan” desde hace años con, básicamente, los mismos modelos y seguir escuchando a los gurúes -como los del REM cuyos registros históricos muestran que son “erradores” profesionales- o podemos ser políticamente incorrectos y cambiar todo. Aunque no dudo de que Argentina seguirá por el camino “correcto” dado su proverbial y fuerte conservadurismo.

Y, por cierto, entre los “erradores” está el FMI que dice -con desparpajo- que hizo todo lo posible cuando basta ver los registros para encontrar que su “ayuda” se basaba en su afirmación de que la economía iba bien. Y tiene en esto razón la izquierda radical al exigir que este organismo se haga cargo junto con la “patria financiera” gran beneficiaria de la bicicleta, el rulo, el bucle, el teñido blue y los todos efectos de peluquería que vendrán en la medida en que el Gobierno introduzca regulaciones logrando que el dólar sea la mejor inversión.

Bonos y acciones operaron en alza el día posterior a cuando Alberto Fernández (AF) dijo que intentaría evitar quitas del capital en el pago de bonos y buscaría una reestructuración de la deuda “al estilo uruguayo”. Pero resulta que en el medio está el FMI que, como buen banco -multi- estatal, es estatista y lo hace a costa del sector privado, el mercado y por tanto siempre exige una quita a los privados -como en el caso de Ucrania en 2015- o un aumento de impuestos de modo de lograr un superávit primario para hacer frente a los intereses a cambio de sostener los desembolsos que faltan.

El entonces ministro de Economía uruguayo reconoce que “Nos peleamos con el FMI. Se realizó una política de apertura comercial, firmamos acuerdos de inversiones con EE.UU. y México, políticas de cielos abiertos y una baja en la presión impositiva”.

Pero pareciera que AF estaría pensando en aumentar los impuestos sobre los más ricos -sobre los bienes personales- no para los blanqueados, sino sobre todos los activos del exterior. Por cierto, en España estos impuestos se cobran a partir de €700.000 con una exención por patrimonio inmobiliario de €300.000 y con tasa entre 0,2% y 3,5% en 2018 siendo el más alto del mundo. En cambio, en Argentina el mínimo imponible ronda los u$s19.000 y tasa de 0,75%.

Ahora, a los políticos no les conviene decir que no importa a quién ni cómo estén dirigidos los impuestos, siempre terminan siendo derivados hacia abajo -subiendo precios, bajando salarios, etc.- hasta llegar al más pobre. De hecho, la “presión fiscal total” –impuestos, más inflación más tasas exageradas- es la principal causa de pobreza ya que es dinero retirado del mercado que pasa por una tremenda burocracia, cuando no corrupción, para volver poco a los millones de argentinos.

Y así es como Macri consigue aumentar la pobreza, agrandando al Estado en relación al sector privado. Por caso, según el Indec, el empleo público presentó otra suba en julio de 0,7% i.a., cuando en el sector privado cayó 2,1% y los monotributistas bajaron en 0,7%. En tanto que los salarios aumentaron un 34,7% i.a. en el sector privado no registrado, 44% en el registrado y 46,5% en el sector público.

Hasta diciembre el Tesoro tendrá necesidades financieras cercanas a los $530.00 M y u$s6.600 M y probablemente el cierre del programa financiero 2019 requerirá de la “asistencia monetaria” del BCRA, léase inflación. El problema es el 2020 ya que faltarían entre u$s25.000 y 40.000 M para cubrir el déficit.

Así las cosas, AF debería pasar de un déficit global de 3% del PBI a un superávit de un 2%, para poder pagar al menos los intereses de la deuda, un ajuste fiscal global de 5% del PBI lo que significaría un “ajuste salvaje”, una política fuertemente contractiva en 2020-2021 cuando la recaudación impositiva languidece y va para peor.

La próxima campaña agrícola 2019-2020 verá reducida su volumen de producción en 3%, según la BCBA, lo que no es un dato menor ya que el PB Agrícola aporta 1,6% al crecimiento de la economía en 2019 y u$s28.500 M en exportaciones, prácticamente el único oferente neto de divisas. En 2020, se registraría una caída en el valor de las exportaciones del orden del 8%. Vaca Muerta, la otra “gallina de oro”, hasta ahora “crece” gracias a aportes y subsidios estatales con lo que deberá sincerarse, es decir, quedar completamente en manos del mercado para ver si es rentable o un muerto con cara de vivo.

Así las cosas, viene más tiempos de economía débil a menos que se sea políticamente incorrecto. Lo que la izquierda radical no dijo es que también es responsable, junto al FMI y “la patria financiera”, el Estado que tiene la llave de todo esto. Argentina debería de una vez por todas reconocer que es un deudor serial desde hace décadas y, por tanto, reconvertirse privatizando -o sea, sacarles a los políticos para entregar al mercado conformado por los millones de argentinos- y vendiendo propiedades inconvenientes, además de desregular fuertemente -desencorsetar- de modo que la economía pueda expandirse.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El problema son los infiernos, no los paraísos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/el-problema-son-los-infiernos-no-los-paraisos-n5056435?fbclid=IwAR2tVeaOZPw6IfYoH-bkDIQvTRq7Ucj_vGMkWO404oFkRwGOepfnVDptBRI

 

El problema son los infiernos, no los paraísos

La lógica y el sentido común cada vez más escasos en el mundo, y en Argentina, quizás más. Siempre fue el infierno lo temible, pero ahora los políticos nos dicen que los paraísos deben ser combatidos, se diría que nos conducen al averno y, por tanto, necesitan que creamos que es bueno.

La “fuga” de capitales -FAE- fue récord en agosto, particularmente luego del “reperfilamiento”, superando los u$s5400 M esperados del FMI que probablemente no lleguen todavía, y también la salida de depósitos en dólares a lo que hay que sumar más de u$s4.000 M por repatriaciones extranjeras. Ya se fugó el 97,8%, según Hernán Herrera del CEPA, de lo que prestó el FMI que se dedica a financiar gastadores seriales y bicicletas. Y los bancos “bloquearon” préstamos en divisas: desde las PASO al 18 de septiembre, según el BCRA, el stock de préstamos en dólares a los privados se redujo 13,7% y las prefinanciaciones cayeron 15%.

Para colmo, quienes ingenuamente le creyeron a Macri y blanquearon su dinero -u$s116.000 M- perdieron hasta el 70% en dólares, aquellos que pesificaron -el 77% fue a cuentas e inversiones- y les subieron la alícuota de Bienes Personales -que hoy se paga a partir de apenas u$s20.000- del inicial 0,25% al 0,75%, y podría aumentar.

Y Alberto Fernández podría “gravar severamente a los poderosos”. Suena a “cliché” político. Los poderosos, los ricos, siempre tienen más vías para escapar de la voracidad fiscal. Las empresas, por caso, suben precios, bajan salarios y/o dejan de invertir demandando menos mano de obra. Así, la carga recae sobre los pobres -de hecho, es la principal causa de pobreza- y devolverles, por asistencialismo, es irrisorio ya que, después de pasar por la burocracia -sino corrupción- poco les llega.

Si se busca que no se dispare el déficit, probablemente se termine reestructurando la deuda -canje con quita, luce inevitable- estirando los vencimientos de capital más allá de 2025 y reduciendo el peso de intereses en los próximos años, ahorrándose unos u$s20.000 M anuales.

Además, según el CIPPEC, para equilibrar la balanza de pagos hasta 2023 y crecer un 3% anual, es necesario un aumento de las exportaciones de u$s25.000 M, un crecimiento del 9% anual partiendo de u$s84.000 M estimados para 2019. Y para ello es imprescindible lo contrario: bajar la presión fiscal para que los precios sean competitivos y las inversiones rentables.

Casi todos quieren revertir el blanqueo, lo que no es fácil, más allá de viajar a Uruguay. Existen mecanismos sofisticados y legales no accesibles para la clase media, como conseguir una Visa de residente en EE.UU. invirtiendo u$s500.000 -900.000 desde noviembre- o la misma cantidad en euros para Europa, Portugal. Para algunos la Transparencia Fiscal Internacional adoptada por más de 106 países hace prácticamente imposible mover activos sin declarar, pero la realidad los desmiente.

Aunque no puede conocerse con precisión, porque se esconde, según el interesado FMI -como toda burocracia multiestatal que vive de los impuestos- los fondos en paraísos fiscales llegan al 8% del PBI mundial, u$s 7 B y, según Boston Consulting Group, crecieron un 5% anual entre 2012 y 2017, más que el PBI global, a pesar de los “esfuerzos” -algo hipócritas- para combatirlos de los gobiernos que “pierden” u$s 1,1 B anuales en su recaudación. La corrupción debe solucionarse desde la raíz, en su origen. Hecha la aclaración, los paraísos fiscales son lugares adonde las personas escapan de la voracidad fiscal depredadora. Y, por cierto, a mayor presión fiscal más desigualdad, ya que los ricos se escapan más y es mayor la evasión. El 0,1% más rico de Rusia tiene el 12,5% de la riqueza del país de la cual el 60% está offshore, mientras que el 0,1% más rico de EE.UU. tiene el 7,8% de la riqueza total del país, y solo el 6,5% está offshore.

Según Tax Justice Network, “jurisdicciones del Reino Unido y algunos países de la OCDE” lideran el ranking de paraísos fiscalesSin olvidar a EE.UU., quizás el mayor paraíso fiscal de la historia, y Hong Kong dependiente de China. Al mismo tiempo, Luxemburgo, gracias a sus leyes, alberga tanta inversión extranjera directa como EE.UU. A nivel global, las inversiones “fantasma” suman u$s15 B anuales, superando al PBI chino.

Es evidente el porqué del interés de los políticos en que se paguen impuestos. Roberto Cachanosky, en TV con la presencia de la diputada Victoria Donda, dijo que el presupuesto de la cámara de diputados es de €150 M y así cada diputado “cuesta € 49.000” al mes, el doble que en España. Y cada senador “cuesta €171.000” mensuales contra 17.500 de uno español.

Según Reverso esto es “engañoso” porque no todos los gastos van a los parlamentarios. Cachanosky luego aclaró que ese costo no era el sueldo bruto. Para Reverso, el sueldo anual de un diputado argentino es de €53.743 brutos, y el de uno español de 68.642 (sin complementos y movilidad), y los senadores locales perciben un salario anual de €61.419 contra 68.621 (sin complementos y movilidad) de los españoles. Así queda reafirmado el espíritu de lo que dijo Cachanosky, ya que en Argentina -34% de pobreza y PBI p/cápita de €10.500 en 2018- deberían cobrar menos del tercio de lo que cobran en España -6,9% de pobreza y PBI p/c de €25700, 2018- y, aun así, el pueblo español se queja por estos sueldos exagerados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

“Argentina va hacia una dolarización en forma desordenada”

Entrevista a Aldo Abram: Publicado el 22/9/19 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/504980/aldo-abram-argentina-va-hacia-dolarizacion-forma-desordenada

 

El economista Aldo Abram analizó que Argentina se encuentra en un sendero sinuoso entre la crisis, más cepo, dolarización y las reformas para salir adelante. Además, expuso una serie de “virtuales problemas para cumplir con las obligaciones contraídas y una potencial dolarización desordenada, todo ocurriendo quizás antes de diciembre”.

Lo hizo al disertar en un desayuno para socios de la Fundación Libertad y Progreso, donde Abram vislumbró un sendero difícil para los próximos meses, lo que incluye un posible endurecimiento del cepo.

“Sea quien fuere el próximo presidente se va a tener que sentar el 28 de octubre y decir claramente qué piensa hacer y renegociar con el Fondo (FMI)”, pronosticó Abram.

También sostuvo que cree que “Argentina va a una dolarización en forma desordenada, previa posible hiperinflación”. Agregó que “ahora hay que tener claro que la dolarización da estabilidad monetaria, pero no corrige todo. Hay países dolarizados que progresan y hay países dolarizados pobres”.

Abram también destacó que ve un posible endurecimiento del cepo y sobre el reperfilamiento de la deuda detalló que “esto es un default selectivo”.

“Acá el problema para el mercado es lo que piensa Alberto Fernández, no lo que piensan (Hernán) Lacunza ni (Mauricio) Macri”, enfatizó.

En otro momento de la charla señaló que “haciendo las cuentas de las reservas y los vencimientos, probablemente en octubre la plata no alcance. Diciembre va a ser un dolor de cabeza gobierne quien gobierne. Va a ser difícil llegar ahí sin una fuerte crisis”.

El economista pronosticó que “el cepo se va a tener que cerrar y cada vez más fuerte”.

“Cada vez vamos a tener que mirar más el dólar informal. Gran parte del mercado que se mueve en dólares está pesificado, como el caso de los profesionales que prestan servicios afuera o los jubilados que cobran en otros países”, apuntó.

En el final de su disertación, sentenció: “¿Cómo es la única forma de recuperar la credibilidad? Con un programa serio de reformas fuertes. No hay milagros”.

Críticas al Banco Central

En otro tramo de la charla, Abram se preguntó: “¿Por qué cayó el castillo de naipes en 2018? Por el pésimo manejo del BCRA. Hubo un shock de confianza muy fuerte cuando asumió el Gobierno nacional. Todos creímos que el BCRA iba a hacer las cosas bien. Salimos del cepo mejor de lo que se esperaba. El problema es que el BCRA estuvo para sostener el gradualismo/inmovilismo. Emitió para financiar al Gobierno y recientemente lo hizo de nuevo. Así, entre la brillante idea del impuesto a la renta financiera y el temblor mundial, tuvimos crisis de nuevo en 2018, con un manejo nefasto del BCRA. Ahí salimos corriendo a pedir ayuda al Fondo. Para octubre de 2018 se demostró que darle a la maquinita no funcionaba”.

Finalmente, expresó que “la demanda en pesos se está derrumbando, claramente estamos yendo en un mal sentido y encima el BCRA está emitiendo a más del 2% mensual. Tener un BCRA emitiendo con la demanda de pesos cayendo es tener un bombero echando nafta al fuego. Yo le preguntaría al BCRA por qué si sube la demanda de pesos, pusieron el cepo”

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Del optimismo al pesimismo

Por Adrián Ravier.  Publicado el 2/9/19 en:  https://www.cronista.com/amp/columnistas/Del-optimismo-al-pesimismo-20190902-0018.html?__twitter_impression=true

 

El viernes previo a las elecciones PASO, el mercado explotó de confianza y el Merval mostró una suba significativa. El lunes tras las PASO, el Merval mostró una caída del 50% en dólares. Una baja récord, no sólo para la Argentina, sino para el mundo.

Había dos escenarios claramente opuestos entre los cuales los argentinos debían elegir. De un lado, la continuidad de la política económica de Mauricio Macri; del otro, el regreso de la política económica del kirchnerismo. Claro que esta simplificación, como toda simplificación, es engañosa:

1) la elección no era más que internas partidarias,

2) había otros candidatos,

3) Macri podría girar hacia reformas más profundas que las tomadas en estos años, y 4) no está claro tampoco que Alberto Fernandez sea la continuidad del kirchnerismo, pero la grieta sigue presente en la opinión pública, y la elección parecía jugarse bajos esos escenarios futuros.

El aplastante resultado en favor de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri le dio señales al mercado de que la política económica cambiará. Un mix de incertidumbre y desconfianza llevó a los tenedores de bonos y acciones a vender todos sus activos, asumir las pérdidas, y emigrar con los pocos dólares que pudieron obtener (en términos relativos). La fuerte demanda por la divisa llevó el tipo de cambio de 45 a 60 pesos por dólar, agregando una nueva devaluación, a las ya acumuladas en 2016, 2018 y principios de 2019. Construir “un muro” para defender el peso en ese instante tras las PASO, de poco hubiera servido, y la pérdida de reservas habría sido más significativa aún que la observada.

Agosto, el mes de las PASO, dejó un saldo terrible e irrecuperable para la Argentina en el corto plazo, que nos ha hecho a todos muchos más pobres de lo que éramos el viernes anterior.

Ese viernes, el escenario optimista era el que pintaban muchos analistas políticos confiados en la continuidad de la política económica de Mauricio Macri, sumados a una serie de reformas estructurales que la Argentina necesita en el ámbito económico.

El relato oficial mostraba un cambio desde la pesada herencia hacia el equilibrio fiscal primario, un tipo de cambio competitivo y una inflación en baja, que a su turno permitiría ir bajando tasas de interés, para ir desarmando las Leliqs mientras se incrementaba la demanda de pesos en el escenario post-electoral.

El estimador mensual de actividad económica (EMAE) que elabora el Indec mostraba que Argentina dejó de caer en 2019, que entró en una meseta, e incluso la economía empezaba a rebotar en julio del corriente. El motor del campo nos está dejando la mejor cosecha de la historia después del año de sequía, y el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, nos devolvía la posibilidad de integrarnos nuevamente con el mundo.

Tras las elecciones, se rumoreaba que Argentina avanzaría en una agenda de reformas previsional, laboral e impositiva, que la volvería a colocar como un mercado atractivo para recibir inversiones de capital, lo que permitiría generar un crecimiento vigoroso, y con ello promover emprendimientos, más empleo, mejores ingresos y baja en la pobreza.

Parece romántico creer que este cuento, más que escenario, era posible de efectivizar. Los argentinos lo desconocieron, o los que lo escucharon, no lo creyeron. Y había razones para no creerlo, pues sus flacos bolsillos no vieron nada de esto en un largo y doloroso gobierno de cuatro años.

El gradualismo elegido, primero con Prat Gay y luego con sus sucesores, evitó las políticas de shock que podrían haber generado la única vía de solución que evitara este desenlace que hoy observamos. El 2016 fue un año de correcciones mínimas que sentaron las bases para un 2017 de recuperación. Pero fue una recuperación que se consumió el capital político y económico, y estaba basado en un contexto único de fuerte endeudamiento, con ausencia de shocks externos, en un mundo volátil.

El 2018 trajo todas las malas noticias juntas. El cóctel explosivo estuvo compuesto por:

1) una sequía que llevó a una mala cosecha y a la consecuente escasez de divisas,

2) el sudden stop (un corte repentino del crédito internacional, en palabras del economista argentino Guillermo Calvo),

3) errores de política económica como el impuesto a la renta financiera y

4) la falta de independencia del Banco Central con el lógico incumplimiento de metas. Quedará el lema de aquellos años resumido en el problema de “inconsistencia entre la política fiscal y monetaria”.

La necesidad llevó al Gobierno a comprender que se acababa el tiempo para enderezar el rumbo, y fue solo entonces y obligado por las circunstancias que recurrió al Fondo Monetario Internacional y guiado por sus sugerencias empezó a acelerar la corrección de los desequilibrios macroeconómicos.

Personalmente, celebré que finalmente se corrigiera el rumbo y se aceleraran las correcciones de estos desequilibrios. De 2018 a 2019, Argentina se ató a la difícil meta de llegar al equilibrio fiscal primario en un solo año, meta que parece alcanzará en medio de esta crisis.

La renuncia de Sturzenegger en el Banco Central también permitió que por fin el foco se pusiera en los agregados monetarios en lugar de las tasas de interés (como manda la receta ortodoxa), aunque claro que las Lebac (heredadas del kirchnerismo pero ampliadas por Sturzenegger) y posteriormente sus hijas, las Leliq, dejarán su huella en un futuro cercano.

¿Por qué los economistas fallamos en prever este escenario económico tan destructivo? Primero porque las encuestas para las PASO mostraban cierta paridad entre el oficialismo y Alberto Fernández. Segundo porque los analistas políticos describían una alta probabilidad de continuidad de la política económica de Cambiemos. Tercero, porque aun una derrota electoral de hasta 5 % en las PASO, Cambiemos podría revertirla. El escenario político contagió el error a los escenarios que los economistas construimos.

Desde el abandono del Patrón oro, los sistemas financieros modernos dependen bastante de la confianza y las expectativas. Un país como la Argentina, con el prontuario inflacionario e hiperinflacionario depende todavía más de la confianza. Las PASO desataron una ola de desconfianza. Unos dirán que se debió al propio mensaje de miedo que el oficialismo generó. Otros dirán que ese miedo está justificado en los antecedentes de los miembros de la oposición. Lo cierto es que cualquier sea el motivo, tras las PASO el mercado prefirió reconocer las pérdidas y salir con lo puesto.

Si los dólares en reservas eran suficientes previo a las PASO para sostener la estabilidad del mercado cambiario, ante la enorme desconfianza desatada tras la elección de agosto las mismas parecen insuficientes. El gobierno no logra renovar las Letes lo que lleva a la autoridad monetaria a proveer al Tesoro de parte de las reservas para atender sus compromisos. Además, los depositantes de dólares desconfían que el Banco Central disponga de las divisas cuando se las requiera en el futuro y han decidido ir tras ellas mientras todavía están disponibles. Ambos factores generaron una fuerte reducción de las reservas internacionales, lo que ya compromete la estabilidad del sistema cambiario.

Como si esto fuera poco, las Leliq que adquieren los bancos sobre la base de los plazos fijos que construyen los depositantes, difícilmente puedan ser renovados. Si el billón de pesos en Leliq se monetiza en estos casi dos meses que quedan antes de las elecciones, la demanda de dólares de parte de los depositantes irá por los dólares, y la presión sobre el tipo de cambio ya será extrema.

En medio de esto, las negociaciones con el FMI se vuelven fundamentales, para saber si la autoridad monetaria contará con algo más de reservas para afrontar las múltiples presiones por su demanda.

El Gobierno decidió ir a un “default selectivo”, para estirar algunos plazos, y reducir la demanda por las escasas divisas en reserva. Agregaría también en esta semana un control de cambios limitando los dólares que las personas y empresas pueden adquirir. Pero si bien esto puede ayudar a transitar los dos meses previos a la elección, aun quedará otro plazo por cumplir hasta el 10 de diciembre.

En síntesis, es demasiado largo el plazo que resta hasta el cambio de Gobierno, y son pocos los ladrillos de los que dispone para construir un muro que evite la sangría de reservas. El FMI podría ayudar, pero el potencial candidato a Presidente Alberto Fernández ya culpó a la institución por todos nuestros males, y dejó en claro que renegociará esos compromisos, en un marco de nuevo default.

El oficialismo debe encerrarse a hacer cuentas, tomar la base monetaria en pesos, sumar los pasivos del Banco Central, analizar las reservas netas de las que dispone y evaluar una política de tipo de cambio fijo, convertibilidad o dolarización, en la cual restablezca la confianza en la moneda de circulación.

Aunque hay un problema adicional: el oficialismo ya no parece tener el poder, la fuerza y la voluntad de encontrar una solución de estas características. Estamos presenciando el final del peso, otra moneda mal gestionada en la historia argentina, y nuevamente por las mismas razones: los abusos de los sucesivos gobiernos en el terreno fiscal.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.