La maldición del capitalismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2019/11/la-maldicion-del-capitalismo.html

 

El rechazo del capitalismo no es nuevo, apareció prácticamente con su misma manifestación y se prolongó en el tiempo. Es más, esa reacción contra aquel se fue extendiendo a medida que la institución pretendía expandirse no sin dificultad. Paradójicamente, cuantos mayores beneficios promovía el capitalismo mayor oposición generaba entre la gente, sobre todo en las capas intelectuales que fueron las que -en definitiva- más se destacaron en difamar al sistema. Sólo en muy escasa medida, y en ámbitos muy reducidos, se reconocían los aspectos auténticamente progresistas (palabra la cual, desafortunadamente, fue apropiada por los sectores contrarios al capitalismo hasta consolidarse en nuestros días) del capitalismo.

“Nada es hoy más impopular que la economía del libre mercado, es decir, el capitalismo. Todo lo que se considera insatisfactorio en las condiciones actuales se achaca al capitalismo. Los ateos hacen al capitalismo responsable de la supervivencia del cristianismo. Pero las encíclicas papales acusan al capitalismo de la extensión de la irreligión y de los pecados de nuestros contemporáneos y las iglesias y sectas protestantes no son menos vigorosas en su acusación a la avaricia capitalista.”[1]

Nuevamente un párrafo de vibrante actualidad como todo lo relativo a la obra del genial profesor Ludwig von Mises. Nada ha cambiado al respecto, salvo en esferas muy minoritarias que reconocen la importancia del capitalismo y su vitalidad como único motor del progreso económico. Al capitalismo se le achacan todos los males posibles, habidos y por haber, inclusive aquellos que provienen de causas naturales. En la actualidad -y ya desde algún tiempo- diversos fenómenos naturales, tales como el cambio climático (cuya realidad es relativa en buena medida) se atribuyen popularmente al capitalismo, como no podía ser de otro modo, y confirmando la tendencia delineada en su momento por L. v. Mises.

“Los amigos de la paz consideran a nuestras guerras como una consecuencia del capitalismo. Pero los belicistas más radicales de Alemania e Italia acusaban al capitalismo por su pacifismo “burgués”, contrario a la naturaleza humana y a las inevitables leyes de la historia. Los sermoneadores acusan al capitalismo de romper la familia y promover la promiscuidad. Pero los “progresistas” acusan al capitalismo por la conservación de normas supuestamente anticuadas de restricción sexual.”[2]

El capitalismo ha sido y sigue siendo atacado por absolutamente todos los flancos, sencillamente por la razón de que quienes así argumentan no saben de lo que hablan, no conocen el sistema, ni tampoco sus componentes, ni las causas que determinaron su aparición, como tampoco su naturaleza, ni las consecuencias beneficiosas que su aplicación implica y, menos aún, la sólida filosofía en la que se respalda. Quienes critican al capitalismo utilizan esta palabra como una simple muletilla, excusa oportuna que calza perfectamente como chivo expiatorio que sirve de consuelo vano a sus complejos de culpa, y que les permiten una auto exculpación de errores y males que sus propias falsas ideas provocan. Aprovechando el desprestigio que echó sobre el vocablo su más acérrimo enemigo, Karl Marx, y la enorme popularidad obtenida por este último autor más allá de lo que quienes se creen antimarxistas están dispuestos a reconocer, las masas han encontrado en el capitalismo y en sus representantes los capitalistas, la encarnación perfecta del mismísimo mal.

“Casi todos los hombres están de acuerdo en que la pobreza es una consecuencia del capitalismo. Por otro lado, muchos deploran el hecho de que el capitalismo, al atender generosamente los deseos de la gente de tener más servicios y una vida mejor, promueve un materialismo zafio.”[3]

Como el mismo autor se encarga de explicar de manera más que magistral, la pobreza es no otra cosa que la ausencia del capitalismo allí donde la primera se localiza. Pero ya sea por una razón o por su contraria el capitalismo se condena por igual, sea porque se considere que es el origen de la pobreza, sea que se lo acuse de corromper a la gente por transformarla en groseramente materialista. Bastaría indicar que en la época de las cavernas lo que reinaba por doquiera era la pobreza más absoluta, donde el hombre no disponía definitivamente nada que no fueran los recursos naturales que no podía explotar ni aprovechar porque no existían las herramientas necesarias y adecuadas para tal fin. Y que la idea generadora de la primera herramienta puede considerarse con justicia como la primera idea capitalista, ya que una simple herramienta (como puede ser un mazo o una pala) es un bien de capital por cuanto tanto su invención como su uso no está destinado al consumo directo sino a la producción de otro bien (intermedio o final) si dirigido al consumo.

Y en cuanto a que el capitalismo provoca “un materialismo zafio” la falsedad de esta última afirmación es también muy simple de demostrar, habida cuenta que son las situaciones de escasez las que despiertan (muy a pesar de quienes las padecen) una mayor propensión al materialismo, dado que son los pobres los que más experimentan la necesidad de obtener bienes materiales, precisamente porque carecen de ellos y de los elementos materiales mínimos para proveer a su existencia física, de donde es fácil concluir que, no es por apego a lo material sino por la ausencia de lo material que los pobres estén más preocupados (y ocupados) por proveerse de lo material y -en ese sentido- se vean obligados no por gusto sino por necesidad a ser más materialistas que aquellos que no viven en situación de pobreza. Los que disponen de más bienes materiales resultan menos urgidos, que los posicionados en la situación contraria, de preocuparse por lo material.

“Estas acusaciones contradictorias del capitalismo se anulan entre sí. Pero permanece el hecho de que queda poca gente que no condene completamente el capitalismo.”[4]

Naturalmente las acusaciones al capitalismo son absurdas por donde se las mire, pero poca gente, o ninguna, mejor dicho, las formula de manera racional por lo que ya hemos señalado tantas veces: existe no sólo un desconocimiento palmario de lo que el capitalismo es, sino también una enorme carga de prejuicios que pesan sobre el aquel, pese a que ni uno de los tales posea fundamentos de ninguna naturaleza. El capitalismo sigue sin ser una buena palabra.

“Aunque el capitalismo es el sistema económico de la civilización occidental moderna, las políticas de todas las naciones occidentales están guiadas por ideas completamente anticapitalistas. El objetivo de estas políticas intervencionistas no es conservar el capitalismo, sino sustituirlo por una economía mixta.”[5]

El mundo occidental no ha sabido reconocer al capitalismo como el sistema que le diera origen, sentido y razón de ser. Lo ha sentenciado, de la misma manera que ha condenado a su opuesto, el socialismo. Pero -como hemos visto- esta censura es mucho más aguda cuando del capitalismo se trata que cuando se la hace respecto del socialismo. Los términos nunca han sido parejos en dicho sentido.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). pág. 5

[2] L. v. Mises ibidem, pig. 5

[3] L. v. Mises ibidem, pig. 5

[4] L. v. Mises ibidem, pig 5-6

[5] L. v. Mises ibidem, pig. 6

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

No sirve desdoblar el dólar… ni creerle al REM

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 8/11/19 en: https://www.ambito.com/no-sirve-desdoblar-el-dolar-ni-creerle-al-rem-n5064010

 

No sirve desdoblar el dólar... ni creerle al REM

La “teoría del derrame” (trickle-down theory) es falsa. No necesariamente el sector más alto (i.e., las empresas) derramará riqueza sobre el mercado, incluidos los obreros. Por caso, empresas oligopólicas -como el sistema financiero regulado de modo que no cualquiera puede entrar- realizan ganancias y las retienen ya que, al no tener competencia, el sector no se agranda, no hay más demanda de empleados y así no tienen por qué aumentar los salarios.

Sí es cierto que, cuanto más libre es un mercado -los millones de ciudadanos- la riqueza se expande infinitamente porque, dado que el principal “recurso natural” es el cerebro humano, la creatividad -Frank Tripler dice que “lo que el sistema económico produce… (es)… conocimiento inmaterial”- los millones de cerebros son, precisamente, millones de veces más potentes que el de un político que impone regulaciones a su criterio. Así, Japón es rico.

Creada la riqueza, si el Estado no impide la movilidad -con burocracia o leyes- se distribuirá igualitariamente por la ley de la oferta y la demanda. Por caso, de no estar regulado el sistema financiero, en cuanto los bancos comiencen a tener buenas ganancias aparecerán otros ciudadanos que, con muy poco, al ser fácil el acceso, competirán con mejores servicios hasta equilibrar las ganancias.

La desigualdad y las fortunas exageradas -idolatradas por la derecha conservadora- no son producto natural del mercado sino de privilegios monopólicos u oligopólicos otorgados por el Estado. Fortunas como la de Bill Gates surgen del monopolio sobre ciertas ideas que le garantiza las “leyes de propiedad intelectual”. Thomas Edison, por caso, era un “patentador serial” -más de mil patentes- para hacer fortunas. La lámpara incandescente, en rigor fue perfeccionada por él y el anterior “patentador”, Joseph Swan, lo llevó a las cortes británicas que le dieron la razón.

En cambio, las cargas fiscales sí se “derraman” hacia abajo. Siempre, no importa si son dirigidas a los ricos, las pagarán los pobres. Dicho rápidamente, porque forman el “costo” de producción y, por tanto, se trasladan a precios o se recortan otros costos como salarios o inversiones. Por cierto, no tiene sentido quitarles a los pobres para pasarlo por la burocracia y devolverles, lo que queda, en asistencialismo. Así, es irrelevante afirmar que con 550% de devaluación y 300% de inflación en 4 años, “no es serio rebajar las retenciones”.

La recaudación tributaria en octubre aumentó el 42,8% i.a., o cayó el 5,8% en términos reales, dado el aumento del IPC. Son 15 meses consecutivos de caída (salvo agosto). Según un investigador del CEPA, sumando provincias y nación, la presión impositiva era de 31,45% del PBI en 2015 y cayó al 28,46% en 2018. Dicen que en 2010 y 2011 el PBI creció y la presión del 30% no afectó, queriendo mostrar que el peso estatal no frena el crecimiento.

Falso, es que la presión fiscal -los fondos que el Estado retira coactivamente del mercado- son los impuestos, más el endeudamiento que provoca una suba de tasas quitando recursos al sector privado y la inflación -casi 60%- que es emisión excesiva para solventar gastos. Y todavía, con el cuento de que se absorberán unos $140.000 M porque se dejarán de contabilizar Leliq para encajes, el BCRA estima la meta de base monetaria promedio de octubre en $1,391 B y se eleva a $1,545 y, para noviembre, $1,584 B. Así, la presión fiscal real hoy es superior a 2010.

Si a esta presión sumamos regulaciones que impiden la creatividad y movilidad, tenemos recesión. Según el informe anual “Doing Business 2020”, en cuanto a facilidad para hacer negocios, Argentina cayó al puesto 126°, la peor posición histórica.

El dólar no causa inflación -al revés- en todo caso aumento del IPC. Así, es ridículo el cepo, y desdoblar el tipo de cambio traería más trampas tipo “dólar pure” -que tiran abajo la demanda de pesos y sube la inflación- que abasteció en exceso a la cuevas y por eso baja el blue mientras sube el CCL que es el que va a marcar el aumento del IPC. Desdoblado, el dólar comercial podrá funcionar como un subsidio al importador o un impuesto al exportador y el IPC seguirá al blue o al dólar financiero.

Liberado el dólar completamente, hasta llegar a un punto de equilibrio que frene la fuga, no se dispararía tanto -de hecho, el BCRA habría comprado dólares la semana pasada- según puede intuirse de los precios actuales, y bajaría el IPC desde que no habría CCL y caería la inflación al no bajar tanto la demanda de pesos y entrarían más recursos necesitando menos emisión. Aun con el verde contenido, los Derechos de Exportación aumentaron 176,1%, por la suba del tipo de cambio, y los de Importación 66,2%.

Y esto en momentos en que el comercio global languidece. Desde 1945, el peso de las exportaciones e importaciones sobre el PIB -índice de la globalización- pasó del 23% hasta el 60%, aunque cae desde 2018. El futuro gobierno espera que crezca el superávit comercial y le deje un saldo favorable de u$s25.000 M durante 2020.

Para terminar una nota el pie: los del REM del BCRA, en noviembre de 2018, decían que en 2020 el PBI crecería 2,5%, pero ahora afirman que caerá 1,7% sin saber cómo se conformará el nuevo gobierno ni con qué plan. Y después preguntan por qué nadie cree a estos “economistas”, los mismos que alientan el cepo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El sorprendente enigma chileno

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 4/11/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-sorprendente-enigma-chileno-nid2303300

 

La revuelta chilena está más cerca de la de los “chalecos amarillos” franceses que de la de los indígenas ecuatorianos; el desafío es la desigualdad

Dentro de la catastrófica quincena que ha sido esta para América Latina -derrota de Macri y retorno del peronismo con la señora Kirchner en la Argentina, fraude escandaloso en las elecciones bolivianas que permitirán al demagogo Evo Morales eternizarse en el poder, agitaciones revolucionarias de los indígenas en Ecuador-, hay un hecho misterioso y sorprendente que me niego a emparentar con los mencionados: la violenta explosión social en Chile contra el alza de los boletos del metro, los saqueos y devastaciones, los veinte muertos, los millares de presos y, por último, la manifestación de un millón de personas en las calles protestando contra el gobierno de Sebastián Piñera.

¿Por qué misterioso y sorprendente? Por una razón muy objetiva: Chile es el único país latinoamericano que ha dado una batalla efectiva contra el subdesarrollo y crecido en estos años de manera asombrosa. Aunque sé que los informes internacionales no conmueven a nadie, recordemos que la renta per cápita chilena es de 15.000 dólares anuales (y en poder adquisitivo es de 23.000 dólares, según organismos como el Banco Mundial). Chile ha acabado con la pobreza extrema y en ninguna otra nación latinoamericana han pasado a formar parte de las clases medias tantos sectores populares. Goza de pleno empleo, y las inversiones extranjeras y el desarrollo notable de su empresariado y sus técnicos han hecho que sus niveles de vida suban velozmente, dejando muy atrás al resto de los países del continente. El año pasado yo viajé por el interior chileno y me quedé maravillado de ver el progreso que se manifestaba por doquier: los pueblos olvidados de hace treinta años son hoy ciudades pujantes, modernas y con muy altos niveles de vida teniendo en cuenta los estándares del Tercer Mundo.

Continúan las protestas en Chile
Continúan las protestas en Chile Fuente: AFP - Crédito: Claudio Reyes

Por eso Chile ya casi ha dejado de ser un país subdesarrollado; está mucho más cerca del Primer Mundo que del tercero. Esto no se debe a la dictadura feroz del general Pinochet; se debe al resultado del referéndum de hace 31 años con el que el pueblo chileno puso punto final a la dictadura (y en el que, por lo demás, Piñera hizo campaña contra Pinochet) y al consenso entre la izquierda y la derecha para mantener una política económica que ha traído gigantescos progresos al país. En 29 años de democracia la derecha apenas ha gobernado cinco años y la izquierda -es decir, la Concertación-, 24. No es irreverente afirmar, pues, que la izquierda ha contribuido más que nadie a que aquella política, de defensa de la propiedad y la empresa privadas, el aliento de las inversiones extranjeras, la integración del país a los mercados mundiales y, por supuesto, las elecciones libres y la libertad de expresión, haya traído el extraordinario desarrollo del país. Un progreso de verdad, no solo económico, sino al mismo tiempo político y social.

¿Cómo explicar entonces lo ocurrido? Para entenderlo es imprescindible disociar lo que ha pasado en Chile del levantamiento campesino ecuatoriano y los desórdenes bolivianos por el fraude electoral. ¿A qué comparar la explosión chilena, entonces? Al movimiento de los “chalecos amarillos” francés, más bien, y al gran malestar que hay en Europa denunciando que la globalización haya aumentado las diferencias entre pobres y ricos de manera vertiginosa y pidiendo una acción del Estado que la frene. Es una movilización de clases medias, como la que agita a buena parte de Europa, y tiene poco o nada que ver con los estallidos latinoamericanos de quienes se sienten excluidos del sistema. En Chile nadie está excluido del sistema, aunque, desde luego, la disparidad entre los que tienen y los que apenas comienzan a tener algo sea grande. Pero esta distancia se ha reducido mucho en los últimos años.

¿Qué ha fallado, pues? Yo creo que un aspecto fundamental del desarrollo democrático que postulamos los liberales: la igualdad de oportunidades, la movilidad social. Esto último existe en Chile, pero no de manera tan efectiva como para frenar la impaciencia, perfectamente comprensible, de quienes han pasado a formar parte de las clases medias y aspiran a progresar más y más gracias a sus esfuerzos. No existe todavía una educación pública de primer nivel ni una sanidad que compita exitosamente con la privada ni unas jubilaciones que crezcan al ritmo de los niveles de vida. Este no es un problema chileno, sino algo que Chile comparte con los países más avanzados del mundo libre. Una sociedad admite las diferencias económicas, los distintos niveles de vida, solo cuando todos tienen la sensación de que el sistema, por lo abierto que es, precisamente, permite en cada generación que haya progresos individuales y familiares notables, es decir, que el éxito -o el fracaso- estén en el destino de todos. Y que ello se deba al esfuerzo y a la contribución hecha al conjunto de la sociedad, no al privilegio de una pequeña minoría. Esta es, probablemente, la asignatura pendiente del progreso chileno, como sostiene, en un inteligente ensayo, el colombiano Carlos Granés, cuyas opiniones en gran parte comparto.

La obligación, en esta crisis, del gobierno chileno no es, pues, dar marcha atrás -como piden algunos enloquecidos que quisieran que Chile retrocediera hasta volverse una segunda Venezuela- en sus políticas económicas, sino completar estas y enriquecerlas con reformas en la educación pública, la salud y las pensiones hasta dar al grueso de la población chilena -que en toda su historia no ha estado nunca mejor que ahora- la sensación de que el desarrollo incluye también aquella igualdad de oportunidades, indispensable en un país que ha elegido la legalidad y la libertad y rechazado el autoritarismo. La Justicia tiene que estar en el corazón de la democracia y todos deben sentir que la sociedad libre premia el esfuerzo, y no las conexiones y los enchufes.

Continúan las protestas en Chile
Continúan las protestas en Chile Fuente: AFP - Crédito: Claudio Reyes

El segundo hombre de la “revolución venezolana”, el teniente Diosdado Cabello, ha tenido la desfachatez de decir que todas las movilizaciones y los alborotos latinoamericanos se deben a que un “terremoto chavista” está soplando sobre el continente. No parece haberse enterado de que cuatro millones y medio de venezolanos han huido de su país para no morirse de hambre, porque en la Venezuela socialista de estos días solo comen como es debido quienes están en el poder y sus compinches, es decir, aquellos que roban, trafican y disfrutan de los típicos privilegios que las dictaduras de extrema izquierda (y las de derecha, a menudo) conceden a sus súbditos sumisos.

No es imposible que agitadores venezolanos, enviados por Maduro, hayan enturbiado y agravado las reivindicaciones de los indígenas ecuatorianos y hasta echado una mano a Cristina Kirchner en su retorno al poder, medio oculta bajo el paraguas del presidente Fernández, pero en Chile desde luego que no. Que en la cúpula venezolana celebren con champagne francés los dolores de cabeza del gobierno de Piñera está descontado. Pero que sea el motor de la revuelta es inconcebible, por más que fueran los niñitos bien quienes quemaron veintinueve estaciones del metro de Santiago y pusieran pintas a favor del socialismo del siglo XXI. (Lo paradójico es que estos niñatos ni siquiera se pagan el pasaje de metro: su carnet escolar los excluye de ese trámite).

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Políticos ricos, pueblos pobres

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/11/politicos-ricos-pueblos-pobres.html

 

La aparente paradoja por la cual líderes políticos que sostienen y defienden un discurso “de izquierda” (socialista, valga la aclaración en estas épocas de alta confusión semántica) ganan adhesiones y elecciones al mismo tiempo que se hacen ricos cuando alcanzan alguna cuota de poder, e inmensamente ricos cuando asumen todo el poder posible sin perder seguidores y adictos sino -por el contrario- incrementarlos tiene explicación -en mi opinión- en lo siguiente:
La ideología marxista se ha extendido por todo el planeta y domina la mente humana, claro que en diferentes grados que van del 1% al 100%. En el extremo del 100% encontramos al marxismo-leninismo, aunque afortunadamente no son muchas las personas que aglutinen explícitamente a esta corriente hoy en dia. Y en escala decreciente al marxismo gramsciano.
Por debajo de ese 100% hallamos a todos los individuos que dicen “no ser” ni comunistas, ni socialistas, ni de izquierdas, etc. pero que, sin embargo, están de acuerdo con opiniones tales como la que “los ricos deben pagar más impuestos y en mayor alícuota que los pobres”, que “el gobierno debe redistribuir la riqueza”, “igualar rentas y patrimonios”, etc. Lo que en los hechos implica aceptar (aunque ellos lo nieguen) que los ricos explotan a los pobres, al menos en alguna medida mayor o menor, pero dar, por cierto -de una forma o de otra- la teoría de la explotación marxista. Niegan para sí mismos el rótulo de marxistas, no obstante, el menor dialogo con cualquiera de ellos y las respuestas a nuestras preguntas denotan que piensan como verdaderos marxistas, mal que les pese.
Poca gente tiene buena opinión sobre el capitalismo, a la vez que está convencida que es el sistema que “domina al mundo”, idea que impregna no solo a los pobres sino a sujetos de posición acomodada.
En esta mitología popular el gobierno es el instrumento de “la justicia social” que “debe” combatir al capitalismo “imperante” y destruirlo o -al menos- disminuir su poder, para (acto seguido) redistribuir la riqueza “mal habida” de los “capitalistas” y repartirla entre los pobres. Por eso, el súbdito populista no ve con malos ojos el enriquecimiento de sus cabecillas populistas sino al contrario, lo que ellos “ven” es que cuanto más ricos son los políticos populistas más pobres son los representantes del “capitalismo” mundial o local. Esto explica que personajes nefastos y siniestros como Hitler, Mussolini, Stalin, Perón, Fidel Castro, Chávez, como hoy Maduro, Evo Morales, los Kirchner y muchos otros hayan sido o sean enormemente ricos, porque la mayoría de las masas lo ve como el botín arrebatado a los “capitalistas” que será -hoy o mañana- repartido entre los más desfavorecidos.
Encuentro aquí la razón por la cual lo que yo califico como enriquecimiento por corrupción de los jefes populistas un seguidor populista no lo ve de ese modo y lo defiende de palabra y luego en las urnas con su voto al que -para mí- es un corrupto socialista (en realidad, la corrupción es inherente al socialismo).
Si de algo se culpa a los gobiernos (en esta mentalidad tan popularmente extendida) es de no ser eficaces en cuanto a la expropiación de los capitalistas, y la pobreza se atribuye a esto, y no a su verdadero motivo: la inexistencia de tal “capitalismo” que sólo habita en la mente enfermiza de populistas y socialistas. Los dirigentes populistas inculcan a las masas que el hambre y la miseria no son culpa de los gobiernos “de izquierda” sino de los “de derecha” que “no quieren” combatir al capitalismo. Ellos entienden por “capitalismo” a los grupos empresarios, banqueros y -en algunos casos- grandes comerciantes y punto.
Esto demuestra también porque habitantes de zonas muy pobres o carenciadas votan a gobernadores ricos que los mantienen en esa condición mientras estos lucran de sus impuestos y hechos de corrupción, al tiempo que siguen siendo elegidos masivamente comicios tras comicios. Aun para la persona más ignorante parece “evidente” que no es el gobierno el que lo conserva en ese estado y en la pobreza sino el “maldito capitalismo”. Y que cuando la pobreza aumenta es por dos “razones” posibles: o el gobierno donde ello ocurre es ineficaz para combatir al capitalismo, o bien se ha convertido en cómplice de los capitalistas. No existe para dicho tipo de masa ninguna otra explicación, o no están preparados para aceptar razonamientos más profundos y consistentes. Menos aún para aceptar la verdadera causa de la pobreza: la ausencia de capitalismo.
De esta manera se puede entender -aunque no excusar- el hecho innegable de más pobres votando o apoyando implícita o explícitamente a políticos ricos, o justificándolos cuando asumen poderes de facto. Todas las tiranías se disculpan a sí mismas discurseando que se tuvieron que convertir en tiranías para enfrentar “el creciente poder” del “imperialismo capitalista”, “grupos económicos”, etc. es decir, aceptando el planteo fundamental de Marx y de Engels (la dictadura del proletariado) tan errado por estos como por sus “modernos” continuadores.
Es por eso que los políticos más “moderados” evitan hablar del capitalismo en términos elogiosos, y se cuidan mucho de prometer en sus campañas electorales que si llegaran al gobierno promoverán el capitalismo o medidas afines a este, porque saben que tales declaraciones les restarían votos si las incluyeran en sus plataformas electorales, y porque tampoco la mayoría de ellos cree en ese sistema, excepto cuando suponen utilizarlo para incrementar sus propios patrimonios. Pero desconocen que no se hacen ricos por poner en práctica los principios del capitalismo sino los contrarios al mismo. Dado que lucrar a costa de los contribuyentes no es capitalismo, es simple y llano latrocinio y rapiña.
Cuando un partido quiere desalojar a otro de la competencia electoral no hay arenga más estratégica, demagógica y más efectiva para semejante propósito que acusar a los partidos contrarios de querer defender o representar a “los ricos” y a “los capitalistas”, esto genera entusiasmo y apegos entre las multitudes y votantes. Es decir, esta perorata sumada a que en la mente de los sufragantes está implícito el Dogma Montaigne por el cual “la riqueza de los ricos es consecuencia de la pobreza de los pobres” brindan al demagogo la fórmula perfecta para aumentar su caudal de votos en cualquier elección. Por ejemplo, en el caso argentino el peronismo opositor predicó desde el comienzo mismo del mandato del presidente Macri que este “gobernaba para los ricos” (lo que desde luego era falso) y así, finalmente, logró vencerlo en las elecciones respectivas. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Acerca del origen de la propiedad

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 17/10/19 en https://www.infobae.com/opinion/2019/10/26/acerca-del-origen-de-la-propiedad/

 

John Locke (Shutterstock)

John Locke (Shutterstock)

Con total desconocimiento de la realidad social, se dice que todos los humanos tienen derecho sobre la Tierra por el solo hecho de haber nacido. Si ese fuera el caso, si todos tuvieran derecho sobre la Tierra, aparecería de inmediato “la tragedia de los comunes” primero expuesta conceptualmente por Aristóteles, un fenómeno así bautizado por Garret Hardin. Es decir, si fuera de todos en verdad no sería de nadie y necesariamente mal utilizada puesto que los incentivos de administrar lo propio es completamente distinto a lo que teóricamente pertenece a todos, tal como revela reiteradamente la experiencia cotidiana.

Dado que los recursos son escasos en relación a las necesidades, se hace imperioso asignar derechos de propiedad a los efectos de darle el mejor uso posible a criterio de quienes compran o se abstienen de comprar en el supermercado y equivalentes. En ese contexto, el que mejor uso le da a su propiedad está sirviendo mejor los deseos y preferencias del prójimo. En otros términos, cada propietario para mejorar o mantener su propiedad debe ofrecer bienes y servicios que agraden a los demás. Si deja inexplorados sus recursos o los explota mal a criterio de otros, incurrirá en quebrantos y se consumirá el capital. Es decir, las posiciones patrimoniales no son irrevocables, cambian de manos según sea su uso y los que dan en la tecla en el gusto de los demás preservarán o incrementarán su patrimonio, por el contrario los que yerran incurrirán en pérdidas.

Como queda dicho, las diferencias de ingresos y patrimonios son, en el mercado abierto, el resultado de las votaciones en el plebiscito que tiene lugar con las transacciones cotidianas. Ahora bien, debe destacarse muy especialmente que nada de lo dicho tiene lugar si en vez de operar en el mercado los operadores reciben privilegios gubernamentales de cualquier naturaleza que sean. En este caso, las diferencias de ingresos y patrimonios son el resultado de una tremenda injusticia debido a que proceden de la vil explotación de así llamados empresarios puesto que nada tiene que ver con la competencia y el favor de la gente sino que surgen de la prebenda de los aparatos estatales que otorgan favores a los amigos del poder.

En cambio, la asignación de derechos de propiedad hace que los más meritorios administren los escasos recursos para bien de los demás, lo cual simultáneamente aprovecha al máximo el capital y maximiza las inversiones, que es el único factor que hace que los salarios e ingresos en términos reales aumenten. Y esto último es el fin y el propósito de la sociedad abierta desde la perspectiva crematística y que permite el respeto recíproco y que cada uno siga su camino sin lesionar derechos de terceros.

Los fundamentos del derecho de propiedad se han ido solidificando a través del tiempo con innumerables contribuciones, básicamente con los trabajos notables de John Locke, Robert Nozick e Israel Kirzner (en ese orden). Paso ahora a resumir muy telegráficamente esta tríada sobre esa institución clave. En ausencia de propiedad privada, por ejemplo, nadie sembrará para que otros cosechen y así sucesivamente, lo cual, entre otros muchos casos, precisamente produjo las hambrunas horribles en tierras norteamericanas a raíz del experimento comunista de los primeros 102 colonos instalados en Plymouth -en lo que luego sería Estados Unidos- que desembarcaron del Mayflower en 1620. Hambrunas detalladas en el célebre informe del gobernador William Bradford (Of Plymouth Plantation) donde resultan claras las razones por las que se abandonó la idea de la propiedad colectiva, cambio también señalado por no pocos economistas y cientistas políticos.

En The Second Treatise on Government, Locke fundamenta el origen de la propiedad del siguiente modo: “Cada hombre tiene la propiedad de su propia persona, a esto nadie tiene derecho más que él mismo. El trabajo de su cuerpo y el trabajo de sus manos podemos decir que son propiamente suyos. Entonces, cualquier cosa que remueva el estado de naturaleza significa que ha mezclado su trabajo y lo ha juntado con algo que es suyo, y, por tanto, lo hace de su propiedad. Lo ha removido del estado común y le ha agregado trabajo lo cual excluye eso del derecho común de otros hombres”.

Es decir, el derecho en la concepción lockeana parte de cada cual sobre sí mismo y se extiende a lo que obtiene lícitamente, el derecho a la vida supone el de mantenerlo sin lesionar derechos de terceros. Pero aparece una complicación cuando Locke agrega lo que se conoce como el lockean proviso y es que “este trabajo es incuestionablemente la propiedad del trabajador, ningún hombre sino él tiene el derecho sobre aquello que ha sido de este modo anexado, por lo menos allí donde hay suficiente que queda para otros”.

Y aquí es donde viene la crítica de Nozick, formulada en su Anarchy, State and Utopia, donde sostiene que este lockean proviso constituye un absurdo puesto que aquella limitación hace imposible el derecho de propiedad ya que al invertir la secuencia en regresión partiendo de la persona que “no dispone de lo suficiente” no se debería permitir que la persona anterior en la cadena pueda apropiarse de lo que le falta, por tanto, esa otra persona no podría ejercer su derecho. A su vez, la situación de esa otra persona “fue afectada” por una tercera al apropiarse de cierta propiedad por lo que ésta tercera persona tampoco tendría derecho a la propiedad y así sucesivamente hasta llegar al ocupante original. En base a esta secuencia argumental el propietario original es el causante de todo lo demás, lo cual conduce a que no podría existir el derecho de propiedad mientras hayan indigentes. Esta argumentación de Nozick limitó las formidables contribuciones de Locke.

Este análisis fue retomado por Kirzner, en Discovery, Capitalism an Distributive Justice, donde con una mirada distinta introduce un nuevo elemento que es el descubrimiento de un valor por parte del propietario original expresado por medio de signos por el que le resulte claro a terceros quien descubrió ese valor del cual se apropia sin que haya tenido propietarios anteriores. Se elimina así el problema del lockean proviso y las objeciones de Nozick, mostrando como el proceso de mercado optimiza la productividad, especialmente para los más necesitados. Los usos y costumbres harán que varíen los aludidos signos exteriores, los cuales deben ser renovados periódicamente al efecto de que resulte claro a quien pertenece esa propiedad.

Es del caso señalar que en la obra mencionada de Nozick también descarta la noción lockeana de “mezclar el trabajo” puesto que sostiene que no resulta claro, por ejemplo, hasta donde se extiende la propiedad de un astronauta que decide limpiar una parcela en Marte: no es claro si es dueño de la parcela o de todo ese planeta. También escribe que no resulta claro que con la construcción de un cerco se es solo dueño de la tierra bajo el cerco hasta el centro de la Tierra (o hasta el otro lado) o si es dueño solo de la tierra cercada. Asimismo, se pregunta cual es la razón de que el mezclar trabajo lo hace propietario en lugar de perder ese esfuerzo, lo cual ilustra cuando se arroja una lata de jugo de tomate al mar y se pregunta si se adueña del océano al mezclarse con sus moléculas o si solo se trata de perder una lata de jugo de tomate. Por último, se cuestiona la razón de sostener que al agregar trabajo necesariamente incrementa el valor del bien, lo cual no sucede, por ejemplo, con un cuadro al que se le tira un frasco de pintura encima, lo cual más bien arruinará el cuadro en cuestión.

Estas reflexiones de Nozick han contribuido a mostrar falencias de Locke y a ponderar las elaboraciones de Kirzner en esta materia.

Antes de cerrar esta nota periodística aludo a tres temas adicionales. En primer lugar, planteamientos en torno a la denominada sobrepoblación y el supuesto deterioro del derecho de propiedad como institución que no serviría para alimentar a muchos que serían excluidos del mercado. A contracorriente de esta conclusión, Thomas Sowell apunta que la sobrepoblación malthusiana no es tal e ilustra su contrafáctico al señalar que en los setenta (cuando publicó su estudio) toda la población del planeta cabría solo en el estado de Texas con 670 metros cuadrados por familia tipo de cuatro personas y que Manhattan tiene la misma densidad poblacional que Calcuta y lo mismo va para Somalia respecto a Estados Unidos. Estas conclusiones son al efecto de destacar que el problema no es la población sino la calidad de los marcos institucionales, precisamente y en primer lugar debido a la insuficiencia de asignación de derechos de propiedad.

En segundo lugar y por último, al margen señalo que hay quienes siguen a Henry George sosteniendo que las cargas fiscales deben concentrarse en la propiedad de la tierra ya que argumentan que el valor de ésta crece con el tiempo cuando se incrementa la población “sin que tenga mérito alguno el propietario”, lo cual -la tesis de la “renta inmerecida”- desconoce que esto, puesto de esta manera, se aplica a todos nuestros ingresos que son fruto de las tasas de capitalización que generan otros, con el lenguaje que de hecho existía antes de nuestro nacimiento, lo mismo con las diversas instituciones y demás externalidades positivas. La renta de la tierra y nuestros ingresos son consecuencia principal del modo en que asignemos recursos y la productividad en línea con las preferencias de terceros y, como queda dicho, según las acciones de otros en el mercado que derivan en el valor de los activos que si el titular no le da el uso adecuado, no podrá retener el bien.

En tercer término, es pertinente volver a insistir en que hay un correlato entre precios y propiedad puesto que en las transacciones las condiciones pactadas surgen del uso y la disposición de lo propio. En la medida en que se afecta la propiedad a través de intromisiones de los gobiernos se desdibujan los precios que hubieran sido distintos de no existir la intervención de marras, por lo que la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general se distorsionan lo que, a su turno, provoca consumo de capital y consecuentemente se contraen salarios.

Por último, invito a mis lectores a que observen los abultadísimos patrimonios -casi siempre malhabidos- de quienes atacan la propiedad desde la cima del poder político, es “la nueva clase” de que nos habla Milovan Djilas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La guerra comercial desaceleró el crecimiento del mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el /10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/la-guerra-comercial-desacelero-crecimiento-del-mundo-nid2300068

 

El Fondo Monetario Internacional acaba de advertir a sus Estados Miembros que el crecimiento económico del mundo será este año el menor desde la crisis financiera del 2008/9. Al hacerlo, calificó a la situación económica del mundo de “precaria”, lo que atribuyó sustancialmente a que la “guerra comercial” entre los EE.UU. y China ha afectado la confianza de los inversores en todo el mundo, destacando que los flujos comerciales internacionales están hoy estancados y que los bancos centrales hacen esfuerzos para estimular el crecimiento en sus respectivas economías.

Al formular ese pronóstico, bastante negativo, solicitó a las dos naciones que están enfrentadas en la mencionada “guerra comercial” que cesen sus hostilidades, de modo de restablecer la confianza en sus actores económicos.

Para el FMI la economía del mundo crecerá tan sólo el 3% este año. Esto es un 0,3% menos que lo que se preveía hace tan sólo seis meses.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

El frenazo económico y lo realmente malo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el /10/19 en: https://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/el-frenazo-economico-y-lo-realmente-malo/

 

Lo peor no es el frenazo económico, por la sencilla razón de que no podremos evitarlo.

Un indicador tras otro, todo apunta no solo a que se va a producir una desaceleración de la economía española, sino a que dicha desaceleración ya está teniendo lugar. Informó ayer LA RAZÓN de que la deuda de la Seguridad Social, según certificó el Banco de España, ha superado por primera vez la barrera de los 50.000 millones de dólares. Nada sugiere que la situación va a mejorar.

El contexto internacional no está para muchas alegrías, en particular en una Europa donde la recesión  en Alemania ya está teniendo un impacto negativo. También destacó nuestro periódico que el mes pasado los pasajeros llegados a España desde Alemania cayeron un 4,7 %, afectando al grueso de las comunidades autónomas, pero en especial a Canarias y Baleares, que ya habían sido las más golpeadas por la quiebra de Thomas Cook. Si la inestabilidad en Cataluña se mantiene, y más aún si continúan los disturbios, la economía de la región, y por tanto la española, se verá dañada.

Los malos datos de la EPA se suman a los de la industria y los servicios. Como vimos la semana pasada, solo el Gobierno, presionado por las próximas elecciones, se cree que la economía mantendrá el ritmo de crecimiento este año y el próximo prácticamente sin caídas. La Comisión Europea ya está activando los habituales mensajes de advertencia, porque si el crecimiento no es el previsto por el electoralismo que desborda en el Palacio de la Moncloa, entonces se agravarán unas cuentas públicas que ya son bastante deficientes.

Por eso digo que el frenazo no es lo verdaderamente malo. Es inevitable, y, como suele decirse, un problema que no tiene solución no es un problema.

Pero, entonces, ¿qué es lo realmente malo? Lo malo es que la economía española no esté bien preparada para una futura recesión. Y lo pésimo es que el próximo Gobierno empeore aún más las cosas.

La Hacienda Pública, en el momento en que la desaceleración mengüe significativamente los ingresos, generará un déficit inasumible, en un contexto de deuda muy superior al de la anterior crisis. Esto último limitará la capacidad de financiación, con lo que las únicas salidas viables serán el recorte del gasto o la subida de impuestos. Lo pésimo, claro está, es esta segunda opción.

En el ámbito de las reformas estructurales nos jugamos mucho, nada menos que los  efectos de la desaceleración de la actividad sobre el empleo. Si el nuevo Gobierno, por ejemplo, se carga la reforma laboral, reduciendo aún más la flexibilidad de nuestro mercado de trabajo, estaremos en el escenario pésimo, porque se potenciará el paro.

¿Ve usted como lo realmente malo no es el frenazo?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun