Confianza en las instituciones: la gente confía más en las empresas y las ONGs que en los Estados y la prensa

 

Por Martín Krause. Publicado el 16/1/20 en:  https://bazar.ufm.edu/confianza-las-instituciones-la-gente-confia-mas-las-empresas-las-ongs-los-estados-la-prensa/

 

Algunos gráficos sobre un tema que creo interesante: la confianza en los medios y otras instituciones. Estas son del Edelman Trust Barometer del año anterior, es decir, 2018, en cuya edición trataron específicamente el tema de la confianza en la prensa:

https://www.edelman.com/sites/g/files/aatuss191/files/2018-10/2018_Edelman_Trust_Barometer_Global_Report_FEB.pdf

Por ejemplo:

Las empresas y las ONGs generan diez puntos más de confianza que el Estado y la prensa…

Esta es la confianza en las instituciones por países. Claro, esto debe estar reflejando la situación en 2017:
Por último, un tema que seguiré tratando en estos posts: el problema de las fake news. ¿Cuánto preocupan a la gente?

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

¿Quién daña más al mercado, Warren Buffet o Marx?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 15/1/20 en: https://elnuevodiario.com.do/quien-dana-mas-al-mercado-warren-buffet-o-marx/?fbclid=IwAR0xRtPM20T06v6xEx7WHCvkkNdqtAqcUvK5hrDCLILPANHOZCISfL2SYyI

 

Según la derecha -por llamarlos de algún modo- personajes como Warren Buffet, son modelos. Hay que competir -pisando la cabeza de otros- para ganar y ser como el “bondadoso abuelo”, paradigma del capitalismo. Pero, en realidad, logró su fortuna gracias a irritantes privilegios estatales -en contra del mercado- literalmente, “explotando” a los pobres logrando una fortuna que no es natural.

El socialismo no es igualitario, ya que empobrece al pueblo y enriquece a los gobernantes. Pero en cambio, sí es igualitario el mercado ya que, por la curva de oferta y demanda, cuando un empresario gana mucho, inmediatamente -si el Estado no lo impide- surgen competidores que logran un equilibrio igualando la fortuna de todos.

Y sí que hay competencia, pero no es la del vale todo como vivir de privilegios del Estado -usar el monopolio estatal de la violencia- a costa de empobrecer al resto, sino la sana y libre donde cada jugador es un colega que incentiva al otro a esforzarse y ganar.

A Marx lo conocemos por sus fábulas que no resisten ningún análisis científico, y la ciencia existe y no tiene ideología. Y no creo que este poeta haya hecho mucho daño. Sí lo hicieron quienes, en nombre de su “ideología”, armaron revueltas violentas con el fin de esclavizar -imponerse por la fuerza desde un poder central- a millones de personas.

Warren Buffet sí ha hace mucho daño, porque hace negocios, y da una imagen del “capitalismo”, indigeribles. En dos artículos -uno del Wall Street Journal y otro reciente del Financial Times (FT)- muestra su desprecio por el mercado, y su elitismo: los ricos serían “más valiosos”.

“El abuelo capitalista”, por caso, ganó un referendo popular tras invertir fortunas promocionando que el Gobierno sostenga el monopolio eléctrico de su empresa, NV Energy, contra la liberalización que abarataría las tarifas dada la competencia. Así realiza su fortuna: ganado dinero con un monopolio “explotando” al pueblo, que tiene que pagar tarifas exageradas.

En otro de sus “brillantes negocios”, invirtió US$ 30 mil millones en aerogeneradores y, sin tapujos, le confesó al FT que “no lo haríamos sin el crédito fiscal a la producción que obtenemos”. O sea, que es “financiado” por el Estado, que cubre eso con impuestos que pagan los pobres dado que los ricos, necesariamente, los derivan subiendo precios o bajando salarios.

Según Buffet, los ricos se lo merecen porque han “contribuido con innovaciones brillantes”. Seguramente incluirá a su amigo Bill Gates, que hizo su patrimonio gracias al monopolio que le otorga el Estado con las leyes de “copyright”, o a “genios” como Thomas Edison que era un “patentador serial”: patentó unos mil inventos y no es creíble que fuera tan creativo.

De hecho, a la lámpara incandescente sólo la perfeccionó. Antes, Joseph Swan, obtuvo una patente en Gran Bretaña, en 1878, y llevó a su plagiador, Edison, a las cortes británicas, que le dieron la razón. Al teléfono móvil, por contra caso, no lo “inventó” nadie, es el resultado de miles de cerebros trabajando anónimamente, y es así como se hacen realmente los inventos.

En fin, Buffett mostrando su ignorancia asegura que la brecha entre ricos y pobres es una “consecuencia del mercado” y propone incrementar las ayudas estatales que, por cierto, pagan los pobres por vía impositiva en un círculo vicioso empobrecedor. “El gobierno”, dijo, “tiene que… modificar el sistema de mercado”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva: otro salvavidas de plomo

Por Pablo Guido. Publicado el 5/1/20 en: https://www.rionegro.com.ar/ley-de-solidaridad-social-y-reactivacion-productiva-otro-salvavidas-de-plomo-1218417/

 

Independientemente de quién asumiera el gobierno nacional lo que requería la economía argentina era una rebaja significativa de la carga tributaria, menores costos laborales, menores niveles de inflación, una mayor apertura de la economía y un paquete de desregulación para todos los sectores productivos.

En las últimas semanas, el Gobierno dispuso varias medidas para intentar reactivar la economía.

No es necesario buscar datos desde mediados del siglo XX para registrar el proceso de decadencia que sufrimos.

Analicemos lo que sucedió en la última década en nuestro país. La economía argentina hace 35 trimestres que está estancada en el mismo nivel de actividad (IV trimestre 2010-III trimestre 2019). En dicho lapso la población creció aproximadamente un 10%, por lo que nuestro PIB per cápita cayó en esa magnitud en los últimos 9 años.

En las dos últimas gestiones presidenciales la inflación acumuló un incremento por encima del 1.000%, promediando un aumento anual del 35%. El empleo privado, en el mismo período, cayó en 65.000 puestos de trabajo y el empleo público aumentó en 650.000 personas). Inclusive los trabajadores autónomos se redujeron en 16.000.

La cantidad total de empleo registrado, público y privado, pasó de 10,9 millones a 12,1 millones (+10,8%). Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA los pobres en el país aumentaron, entre 2010 y 2019 del 28% al 40%.

¿Cuál es una de las explicaciones de este fracaso en términos de crecimiento, creación de empleo genuino y mejores condiciones de vida?

Recordemos que para que los ingresos de las personas se incrementen tiene que haber mayores niveles de producción per cápita, que a su vez son posibles mediante una mayor inversión por persona. En otras palabras, para generar un proceso de crecimiento es necesario que se inviertan más recursos por habitante.

¿Qué sucedió en la última década en nuestro país? Si lo medimos en dólares la inversión total ha disminuido un 21%: en el tercer trimestre del 2010 la “formación bruta de capital fijo”, según el INDEC, fue de U$S 70.000 millones (anualizada) y en el tercer trimestre de este año de U$S 55.000 millones. Dado que la población empleada, tanto en el sector público como privado, aumento casi 11%, podemos concluir que la inversión per cápita se desplomó en los últimos 10 años casi 30%.

Datos clave

1.5%
es el ahorro fiscal (en relación al PBI) que estima el gobierno con la aplicación de la ley de Emergencia.
2.000
son los millones de dólares que prevén recaudar con el aumento de las retenciones.

Conclusión: como cada uno de los trabajadores tenemos dos tercios de equipos y máquinas con los que contábamos hace 10 años entonces nuestros niveles de productividad son significativamente menores. Por lo tanto, los ingresos por trabajador son menores.

Ahora la pregunta clave: ¿por qué los niveles de inversión por trabajador se redujeron casi 30% en los últimos diez años?

Nadie que esté proyectando perder dinero invierte. Invierten los que tienen expectativas de generar una ganancia. Y en la Argentina esas expectativas son cada vez menores: la mayor presión tributaria, los altos costos laborales, las altas tasas de interés que hacen que el costo de financiamiento sea sideral, una economía cerrada que no permite adquirir bienes y servicios a precios internacionales, el entramado regulatorio que hace casi imposible el esfuerzo emprendedor, y niveles inflacionarios desorbitantes, son algunas de los principales factores que provocan la falta de inversiones.

Es en este contexto que el nuevo gobierno que asumió el 10 de diciembre pasado envió al Congreso el proyecto de Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva (que ya es Ley), que no hace más que profundizar el problema. Independientemente de quién asumiera el gobierno nacional para los próximos cuatro años lo que requería la economía argentina era una rebaja significativa de la carga tributaria (acompañada en simultáneo con una reducción del gasto público para no aumentar el déficit fiscal), menores costos laborales, menores niveles de inflación, una mayor apertura de la economía y un paquete de desregulación para todos los sectores productivos.

¿Cuáles son los principales puntos de la ley recientemente aprobada el pasado 20 de diciembre en el Congreso?:

1) La declaración de la emergencia en nueve áreas (económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social), permitiéndole al gobierno no tener que recurrir al Congreso para aprobar cambios en dichos sectores.

2) Impuesto del 30% a la compra de pasajes al exterior y de gastos con tarjetas en otros países.

3) Ratificación del cepo cambiario e impuesto para la compra de dólares para atesorar.

4) Suspensión de aumentos tarifarios durante seis meses.

5) Suspensión del mecanismo de actualización de jubilaciones y pensiones por 6 meses, reemplazándose por aumentos trimestrales por decreto.

6) Pago de un bono de suma fija en diciembre y enero para jubilados que cobran el haber mínimo y beneficiarios de la AUH.

7) Aumento de las cargas patronales.

8) Suspensión de la reducción del Impuesto a las Ganancias para empresas.

9) Aumento de las alícuotas en el Impuesto a los Bienes Personales, permitiendo la aplicación de tasas hasta un 100% mayor para bienes registrados en el exterior. Además se congela el valor del mínimo no imponible.

10) Faculta al gobierno a incrementar las retenciones a las exportaciones y a disponer que el sector privado realice un incremento salarial (ya se publicaron los decretos presidenciales aumentando retenciones y obligando a las empresas a incrementar salarios).

11) Disponer la compra por parte al Banco Central de letras en dólares emitidos por la tesorería nacional, por un valor de U$S 4.500 millones.

12) Se incrementa la tasa de estadística para las importaciones.

13) Se aumenta el impuesto sobre los automóviles.

El ministro Guzmán busca equilibrar los indicadores macroeconómicos.

Como podemos observar la ley recientemente aprobada en el Congreso tiene como objetivos aumentar los ingresos y reducir los gastos, para mejorar la posición del resultado fiscal primario. Por el lado de los ingresos vía un aumento de la carga tributaria, continuar con el control de cambios. Por el lado del gasto público:

1) se supone que la suspensión del mecanismo de actualización de las erogaciones previsionales se hizo con el objetivo de reducir dicho gasto (45% del presupuesto nacional), si bien no se conoce cómo será el nuevo criterio de ajuste ni sobre quiénes recaerá el mismo;

2) incremento del gasto vía el pago del bono a jubilados, AUH y empleados públicos;

3) no está claro si la suspensión de aumentos tarifarios de los servicios públicos significará un aumento de subsidios a las empresas o serán estas las que financiaran la medida. Además le impone al sector privado mayores costos a través de un aumento de las cargas patronales y un incremento (vía decreto) de los salarios. Los aspectos positivos de la nueva ley son la supuesta mejora en el resultado primario de las cuentas públicas y la moratoria tributaria para las pymes.

Vale agregar que adicionalmente nos vamos a encontrar con un incremento de la carga tributaria a nivel provincial, dado que se suspendió el cronograma de rebajas de impuestos provinciales que se había acordado en el Consenso Fiscal 2017. Por lo tanto, las legislaturas provinciales estarán habilitadas para realizar aumentos en las alícuotas de los impuestos sobre los Ingresos Brutos y Sellos. En Neuquén dicho incremento en las alícuotas ya fue aprobado por la Legislatura provincial el 20 de diciembre.

Como podemos ver, el paquete de medidas económicas que por ahora lanzó el gobierno nacional no mejora la competitividad de las empresas argentinas, castiga al ahorro y las exportaciones, genera menores incentivos a contratar empleados en blanco, y ajusta los haberes reales de los jubilados que cobran por encima del mínimo (en principio). Así, la salida de este contexto económico de estancamiento y falta de creación de empleo, que ya lleva diez años, sigue siendo un escenario de muy baja probabilidad.

 

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

No falta solidaridad privada, sobra derroche público

Por Iván Carrino. Publicado el 30/12/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/12/30/no-falta-solidaridad-privada-sobra-derroche-publico/

 

El presidente Alberto Fernández (Presidencia)

El presidente Alberto Fernández (Presidencia)

“Si ajustar es ordenar las cuentas públicas, entonces estamos haciendo un ajuste”. Finalmente, la tan temida palabra fue pronunciada, y de manera elogiosa, por un presidente peronista.

Uno creía que jamás iba a ver algo así, pero Argentina se permite estas cosas. Y muchas más se permite el peronismo.

El peronismo congeló precios en los ‘40 y los 2000, pero también los liberó en los ‘90. El peronismo fue el primero en tener 40% de inflación anual, y el primero también en arrollarla por 10 años consecutivos. El peronismo subió el gasto jubilatorio a niveles récord, pero también es el único capaz de freezarlo por seis meses sin que vuele siquiera una canica.

Ahora desde la retórica, a este ajuste se lo quiere disfrazar de solidaridad. Según el presidente, este acomodamiento de las cuentas fiscales –algo que todo economista observa como deseable- no es el que se intentó siempre en Argentina, ya que evita recaer sobre los “menos favorecidos”. En ese sentido, se reclama “solidaridad” a quienes más tienen, para que ayuden a los que han sido más afectados por la crisis.

Solidaridad que surge a fuerza de leyes, lo que es una contradicción en términos.

Caridad récord

Por otro lado, si la solidaridad se midiera en función de los impuestos pagados, Argentina debería ser declarada el país del mundo donde más creció esta actitud en los últimos 17 años.

La línea azul del gráfico de abajo muestra la recaudación tributaria dividida el Producto Bruto Interno entre los años 2002 y 2018. Es decir, los impuestos que recauda el estado por cada peso que todos los argentinos producimos en un año.

Recaudación tributaria y gasto público en porcentaje del PBI

Recaudación tributaria y gasto público en porcentaje del PBI

Lo que se observa es que hasta el año 2015 la también llamada “presión tributaria” trepó desde el 20,6% del PBI hasta el 35,4%. Es decir que, en la retórica oficial, hubo un fenomenal incremento de la solidaridad de los argentinos, quienes pagábamos $20 por cada $100 producidos y pasamos a pagar $35.

Desde la misma perspectiva, otro sector que se ha pasado de solidario ha sido el agroexportador. Entre el año 2003 y 2018 el gobierno nacional recaudó por “Derechos de Exportación” la friolera de USD 116.600 millones. (Este dato surge de calcular la recaudación anual por este concepto en pesos de cada año y dividirlo por el tipo de cambio oficial promedio de dicho año.)

Estos USD 116.600 millones equivalen al 21% de toda la exportación de Productos Primarios y Manufacturas de Origen Agropecuario del período. A esto, claro, deben sumarse todos los otros impuestos que el sector agrícola también paga, como Ganancias, IVA, Ingresos Brutos, Aportes Patronales, y un sinfín de etcéteras.}

No obstante todo este boom impresionante de solidaridad coactiva, el país está en quiebra. La inflación es récord mundial hace más de diez años, lo que refleja que el gobierno agotó la fuente de financiamiento monetaria. Además, también estamos en una situación de mini-default con un riesgo país por las nubes, lo que refleja que también está agotado el financiamiento en forma de crédito.

¿Cómo es esto posible? Es que el problema no es la recaudación tributaria, que ha crecido enormemente, sino el derroche de gasto, que fue aún mayor.

El problema es el gasto

Entre 2002 y 2016, en el mismo período en que la presión fiscal pasó de 20% a 35% del PBI, el gasto del sector público consolidado (es decir, nación, provincias y municipios) subió casi 20 puntos, pasando desde el 22,6% del PBI a un fabuloso 41,5%.

De acuerdo con los últimos datos oficiales publicado por el Ministerio de Hacienda, la mayor parte de ese aumento está explicado por el llamado “Gasto Social” (cuyo principal componente es el gasto en jubilaciones estatales) y por los subsidios económicos otorgados a mansalva por el kirchnerismo. De los casi 20 puntos de aumento del gasto ocurrido entre 2002 y 2016, 5 corresponden a subsidios energéticos, y 4,7 a jubilaciones.

La lista la sigue el gasto de funcionamiento del estado (nuevos empleados, por ejemplo) con un aumento de 2,5 puntos, y aumentos similares han ido a rubros como salud y educación. Ahora bien, cabe destacar que si el incremento hubiera sido solo en salud y educación, hoy no habría ningún problema fiscal a resolver, ya que el gasto público total sería del 27,4% del PBI.

Ahora si las erogaciones gubernamentales no hubieran escalado como efectivamente lo hicieron, no habría habido déficit fiscal, no tendríamos estos niveles de inflación, ni estos niveles de deuda, ni habríamos acudido al FMI, ni el Riesgo País estaría cercano a 2000 puntos básicos.

Finalmente, sin esta expansión sideral del sector público, a nadie se le ocurriría subir aún más los impuestos que paga el sector privado. Además, este sector tendría más dinero para producir y, también, para dedicar a la verdadera solidaridad, que es la que sale del bolsillo propio y de manera voluntaria.

Para cerrar, Argentina no enfrenta un problema de falta de solidaridad, ni la solidaridad se impone con más impuestos. Argentina tiene un problema de exceso de “Estado de Bienestar” que es demasiado caro para lo que podemos permitirnos.

Por ahí debe pasar el ajuste, pero sin tocar un peso de gasto asistencial.

Esto es absolutamente posible: solo por dar un dato, Alberto Fernández dice que el Plan Contra el Hambre costará $100.000 millones. Ese monto equivale a solo el 2,1% del gasto total presupuestado para el año 2019.

¿Me van a decir que no hay 2,1% de gasto para recortar en otra área en lugar de subir todavía más la carga tributaria? Yo no me lo creo. Espero que usted tampoco.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

 

Corruption, Not Globalization, Is To Blame For Poverty

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 7/1/20 en:  https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2020/01/07/corruption-not-globalization-is-to-blame-for-poverty/?fbclid=IwAR2OnmE09agthau4qFnO610UQVElohX7nzJMZ1nRo98yFO-ZoQAGQ_1qbGM#66d1fdb02ff5

 

When discussing globalization, advocates of the free economy usually start by stressing the large number of people who have risen out of extreme poverty in the last three decades. This period of poverty reduction showed a parallel growth in globalization. But it has not been even.

Those who try to prove that we are living in the best of times usually use monetary statistics – they count the number and percentage of people who earn less than $1.90 per day. Thanks to progress and some inflation, the threshold for extreme poverty is being revised upward to $3 and even to $5 per day. “Optimistic” economists also provide statistics for factors such as access to clean water, access to electricity, and better and cheaper communications. In most countries human development indices have also improved. Their message is often summarized as “we never had it so good.”

It is only during the last three decades that we have seen think tanks, NGOs, and international bodies introduce indices that measure economic freedom, globalization and respect for the rule of law. Surprising as it might seem, we still do not have reliable international poverty statistics. It seems shocking that the World Bank and its multimillion-dollar bureaucracy – which states that poverty reduction is one of its main goals – can’t come up with up-to-date comparable figures. Most countries use different measures and thresholds and do not report on a yearly basis.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

¿Existe un «mercado de ideas» donde compiten unas con otras? ¿Es un mercado donde ganan las mejores?

Por Martín Krause. Publicado el 8/1/20 en: https://bazar.ufm.edu/existe-mercado-ideas-donde-compiten-unas-otras-mercado-donde-ganan-las-mejores/

 

Justin Callais y Alexander Salter, de Texas Tech University, tratan un tema muy interesante: el papel de las ideas en la evolución de la sociedad, compartido en su interés por autores como Max Weber, Ludwig von Mises, F. A. Hayek, Milton Friedman o John Maynard Keynes.

En un paper titulado “Ideologies, Institutions, and Interests: Why Economic Ideas Don’t Compete on a Level Playing Field” critican la idea de considerar la existencia de un Mercado de las ideas. Debo decir que yo mismo utilizo esa figura en muchas de mis conferencias, y no creo estar de acuerdo con lo que los autores afirman, aunque el paper me parece muy interesante.

Callais, Justin and Salter, Alexander William, Ideologies, Institutions, and Interests: Why Economic Ideas Don’t Compete on a Level Playing Field (March 26, 2019). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3360545 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3360545

Como se ve en el resumen, sostienen que un proceso de competencia en el mercado termina dando como resultado que los mejores productores desplazan a los peores, entonces que esto daría a entender que las buenas ideas reemplazan a las malas. Aquí si resumen:

“El término «mercado de ideas» es completamente engañoso. Esta frase se usa a menudo para sugerir que las malas ideas son «derrotadas» por mejores ideas en el discurso público. En el campo de la economía, por ejemplo, se supone comúnmente que la corriente principal, precisamente porque es la corriente principal, ha derrotado a rivales menos dignos. Pero la extensión de la metáfora competitiva de los mercados a las ideas está llena de peligros. Los mercados presuponen una base institucional que rige el proceso de intercambio. Lo que asegura que la competencia en el mercado sea socialmente beneficiosa es una fuerte tendencia a que los buenos productos y empresas tengan éxito sobre los malos y corruptos. Si bien es cierto que las ideas compiten, los arreglos institucionales que rigen la selección de ideas se ven bastante diferentes a los que subyacen a los mercados. Las ideas son suscritas por individuos; los individuos interactúan con una amplia gama de instituciones superpuestas; –Las instituciones seleccionan resultados en márgenes no relacionados con la verdad. Para demostrar esto, exploramos la relación entre la profesión económica y el estado. Clasificamos esta relación como un orden espontáneo y discutimos las implicaciones resultantes.”

Debo decir que nunca lo interpreté o presenté de esa manera. Siempre sostuve que los cambios se producen a partir de una crisis y que ante ésta se presentan distintas interpretaciones acerca de las causas que ocasionaron la crisis. Una de ellas será aceptada por la mayoría y por lo tanto “gana” en la competencia, determinando el rumbo que se seguirá. Pero eso no quiere decir que la que gane sea la interpretación correcta.

Esto escribí en El Foro y el Bazar:

Tomemos como ejemplo el caso de Argentina y su crisis hiperinflacionaria a finales de los años 80 primero y la profunda crisis económica de los años 2001/2002, que incluyó el default de la deuda externa, una profunda devaluación de su moneda y la peor depresión económica de su historia. En ambos casos existía una fuerte demanda de “visiones”, de interpretaciones sobre lo ocurrido y lo que había fracasado. …En ese entonces, la interpretación de la mayor parte de la sociedad fue que el Estado era un pesado paquidermo, ineficiente y grotesco. En términos de un análisis más técnico, lo que ocurrió fue que el Estado financiaba un profundo déficit fiscal con emisión monetaria y esta había generado una caída de la demanda de moneda debido al descrédito respecto a la capacidad de la autoridad política y monetaria para generar una moneda confiable. En ese momento la opinión pública se trasladó hacia la posición que proponía profundas reformas del Estado. De esta manera se produjeron las privatizaciones de las más importantes empresas públicas (petróleo, electricidad, gas, navieras, etc.), políticas que en ese momento representaban el consenso de la mayoría.

Con la crisis de 2001/2002 se hace necesaria también una explicación y se enfrentan allí dos visiones principales: una sostiene que se trata de una profunda crisis fiscal, causada por el exceso de endeudamiento y gasto público, que terminará en una escalada del “riesgo país”, huida de capitales y corrida bancaria, al interpretarse que, si los bancos estaban llenos de bonos de la deuda pública y no era posible honrarla, no habría forma de que los bancos pudieran devolver los depósitos; teniendo en cuenta, además, que el sistema de convertibilidad impedía al Banco Central actuar como prestamista de última instancia, ya que no podría emitir moneda sin el respaldo de divisas;  sostiene que la crisis se debe al modelo “neoliberal”, a los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional, y más técnicamente al fenómeno del retraso cambiario que tornara en poco o nada competitiva a la industria local, llevando al cierre de numerosas fábricas que, con altos costos de producción, no podían hacer frente a la competencia externa en el marco de una economía abierta. La historia reciente nos muestra que la curva se traslada ahora hacia la izquierda: la población adopta mayoritariamente la otra interpretación, que ahora representa el consenso y sus propuestas “políticamente posibles”. (Como antes, el político oportunista se traslada, aunque no necesariamente es siempre el que está en el medio.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

¿Invertir en Argentina, en dólares o… en pesos uruguayos?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/1/20 en: https://www.ambito.com/economia/invertir-argentina-en-dolares-o-pesos-uruguayos-n5075771

 

El 23% de las empresas recortaría sus inversiones en 2020 y solo un 25% las incrementaría, cuando en 2017 el 81% proyectaba un aumento, según EY. Los empresarios esperan aire fresco del nuevo gobierno, pero de momento los números no dan. El 55% cree que sus ventas crecerán en 2020 -debido a la inflación, en términos de volumen no son tan optimistas- el 11% que se mantendrán constantes y el resto que caerán.

Y asustan las amenazas, como que aplicarán la “ley de góndolas” si las ganancias “son excesivas”. Para atraer inversiones, por el contrario, debe desregularse para que el inversor pueda actuar y sentirse cómodo: y en eso está Uruguay, llamado a las inversiones que Argentina despide. Y debe bajarse lo que el Estado les quita para aumentar la rentabilidad, al no poder subir precios dada la competencia y el bajón en el consumo.

De tres modos el Estado absorbe recursos: los impuestos, las artificiales tasas de interés y la inflación. Los impuestos vienen aumentando, lo que debería compensarse en parte con la baja de las tasas -menor costo financiero- ya que el BCRA logró que la de la Leliq cayera al 52%. Pero no está claro que bajará la inflación.

Solo en diciembre el BCRA emitió $223.760 M, 12% de la base monetaria (BM). Las colocaciones de Leliq no aspiran circulante desde las elecciones, dado su desarme, pero sí los pases pasivos a un día. O sea, de momento la emisión sigue con inercia.

De todos modos, recordemos que la inflación no es el “exceso de circulante” -de hecho, la base monetaria en 2019 aumentó 35% contra el 55% del IPC, así el circulante cayó en términos reales- sino exceso de emisión en tiempo real. Precisamente, la inflación se da para equilibrar al mercado de modo que -en tiempo real- no quede circulante en exceso.

En definitiva, se sigue volcando dinero, fogoneando la inflación si la demanda por las menores tasas no aumenta. Parte de ese exceso se ha volcado a la bolsa que, durante 2019, trepó 46,5% hasta las Paso -11 de agosto-, luego cayó abruptamente 97% hasta el 2 de septiembre y desde entonces sube 85% (en todo 2019 gana 38%). En buena parte para acceder al dólar mediante el “contado con liqui” y el dólar MEP.

De hecho, la bolsa sube poco contra el IPC, los plazos fijos que rindieron algo menos que el IPC, el dólar oficial que escala 63%, y mucho menos contra el blue que remonta 95%. Excepcionalmente los títulos públicos tuvieron una gran perfomance al quedar clara –“ley de emergencia” mediante- la voluntad de pago (y el MSCI mantuvo la categoría “emergente”). El Par en dólares con legislación argentina, avanzó 64% hasta fines de 2019.

Ahora, los bonos pagaderos en pesos suben dado que Hacienda está ‘rolleando’ los vencimientos mediante la colocación de las letras. Y muchos creen que esto afloja las presiones inflacionarias y el tipo de cambio porque no genera expansión de la BM, pero como la inflación es exceso -por sobre la demanda- de emisión en tiempo real, esto es inflacionario porque absorbe demanda.

Otra parte de la sobreoferta de pesos se va al blue -cuya demanda está empujada por el cepo- que sin dudas irá al IPC e, indirectamente, a la inflación -y otra vez al blue- ya que contrae la demanda de dinero e, irónicamente, en un círculo vicioso obligará al BCRA a emitir más dado el aumento del IPC.

Y la fuga de capitales tienta cada vez más a pesar de la tensión con Irán. En el mundo hay unos US$ 80 B bajo gestión. Mientras las tasas de interés globales dejan de caer y hasta podrían subir, en 2019 el petróleo avanzó un 33% y luego 5% por lo de Irán, pero luego retrocedió. El oro subió 13,5% el año pasado, el trigo 11,4%, el maíz 5% y la soja 7,2%. Wall Street está cerca de sus máximos históricos: 35% sube el Nasdaq. También el Stoxx 600 -incluye a las principales cotizadas de 17 países europeos- y el MSCI ACWI -incluye a las mayores cotizadas globales- han subido significativamente.

Mostrado la frialdad del dinero, a pesar del caso Irán el mercado se ha mostrado bastante indiferente. Los inversores estadounidenses se enriquecieron en US$ 6 B durante 2019, ¿deberían tomar ganancias?  El mercado está posicionado para crecer en 2020, aseguran los analistas y, según Bloomberg, dicen que la probabilidad de una recesión, en los próximos 12 meses, es de solo 30%.

Obviamente subieron un 4% las acciones en el área de defensa. Además, el acelerón tecnológico es innegable. El avión necesitó 68 años para alcanzar 50 M de usuarios, el automóvil 62, la televisión 22. Pero los móviles solo 12, Internet 7, Facebook 3. Destaca el comercio online, con Amazon y Alibaba. Según BoFAML, “la esperanza de vida aumenta rápidamente” y la clave está en “la medicina de precisión”, así las compañías del sector de la salud y la biotecnología tienen gran potencial.

Por cierto, Warren Buffett invierte en energía eólica US$ 30.000 M, pero “No lo haríamos sin el crédito estatal de producción”, confesó al FT. O sea, estos empresarios que son “la cara visible del capitalismo”, en rigor, son contrarios al mercado porque viven de privilegios a costa del impuesto que pagan los pobres. Fortunas exageradas como las de Buffet, Gates y Bezos -gracias a la estatista ley de copyright que crea monopolios- no son un producto natural del mercado.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini