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El sector público desplaza al sector privado del mercado crediticio

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 16/10/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/10/16/el-sector-publico-desplaza-al-sector-privado-del-mercado-crediticio/

 

Las licitaciones que vienen y una pregunta: ¿después de estas supertasas, qué?

Banco Central (NA)

Al momento de redactar esta nota, el stock de Leliq está en $453.418 millones, obviamente en poder de los bancos, y el stock de Lebacs, está en  $340.581 millones. Dado que el BCRA no tiene con qué rescatar el stock de Lebac remanente, de aquí a fin de año el BCRA tendrá que emitir ese monto en pesos y luego retirarlo del mercado colocando Leliq, si es que quieren cumplir con la meta de crecimiento cero de la base monetaria.

De lo anterior se desprende que a fin de año el stock de Leliq estará en $800.000 millones, monto equivalente al stock de depósitos en pesos a plazo fijo del sector privado que viene creciendo aprovechando las altas tasas de interés, regenerando el arbitraje tasa versus dólar. El dato relevante es que el sector público entra como un elefante en un bazar y se lleva casi todo el crédito disponible, desplazando al sector privado del mercado crediticio.

A modo de ejemplo, el Gobierno acaba de anunciar una línea de $3.000 millones para las pymes. Ese importe es equivalente al 0,2% del total del stock de créditos al sector privado, que, por cierto, en los últimos 30 días cayó el 2,1% en términos nominales, así que debe haber disminuido, cómo mínimo, 8% en términos reales.

Pretender resolver los problemas estructurales como la legislación laboral, el nivel y calidad de gasto público y la política tributaria con medidas solo monetarias solo puede conducir a una fuerte recesión porque todo el ajuste recae sobre el sector privado. Si la actividad económica entra en un profundo proceso recesivo, no va a ser tan sencillo alcanzar la meta de déficit fiscal primario cero, porque lo más probable es que se caiga la recaudación impositiva. De hecho si comparamos septiembre de este año con septiembre de 2017, la cantidad de cheques rechazados sobre el total compensado, creció el 55%. Es decir, empieza a haber problemas en la cadena de pagos.

Otro tema que preocupa es que el rescate de Lebac se hace con Leliq en vez de utilizar algún bono del tesoro. ¿Por qué causa se produjo el desbande de las Lebac que hubo que desarmar de apuro? Porque por un lado la utilización de las Lebac generó un gran arbitraje tasa versus dólar que, cuando el gobierno anunció una baja de las tasas para reactivar la economía, se pasó al dólar generando la corrida cambiaria de principios de año, forzando la ida apresurada al FMI para recibir apoyo. Se podrá argumentar que Turquía, que Brasil, que la tasa en EEUU, pero la realidad es que el grueso del problema es propio. En buena parte por la herencia recibida y en otra parte no menor, generado por un tratamiento inadecuado de la herencia recibida.

Se creyó que con palabras de entusiasmo y optimismo se resolvía una herencia catastrófica. La herencia recibida exigía medidas más categóricas, previo a una detallada descripción de la catástrofe dejada por el kirchnerismo para recibir el apoyo y la comprensión de la población por las medidas que había que tomar. Medidas que mal y tarde se adoptan pero en forma incompleta a menos de un año de las elecciones.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central (Matías Baglietto)

El otro punto sobre el que creo importante insistir es en el uso de letras del Banco Central para regular la liquidez del mercado. Es obvio que el BCRA no es un banco comercial que genere algún tipo de ingresos gracias a los clientes que tiene. El único ingreso que tiene el BCRA es el que proviene de colocar las reservas en determinados activos remunerados, que son monedas frente a los intereses que paga por la deuda en Lebac y Leliq.

Si partimos de la base que el BCRA no genera ingresos para pagar la deuda que emite, lo que tenemos es una política monetaria que posterga el problema de las Lebac. Cambia el problema de las Lebac por Leliq, pero se desconoce cómo pagará esa deuda en el futuro, de la misma forma que se sabía que las Lebac eran impagables. Salvo, claro está, que la inflación supere la tasa de interés de las Leliq licuando el pasivo del BCRA, con lo cual estaríamos teniendo una fenomenal tasa de inflación en los próximos meses. Esto lleva a otro punto, si la inflación sigue siendo alta, tendrán que acelerar la tasa de devaluación para que no caiga en términos reales el tipo de cambio, complicando nuevamente la cuenta corriente del balance de pagos. El único motor de actividad económica que le queda a la economía argentina para llegar a las elecciones del año que viene son las exportaciones. Si el tipo de cambio vuelve a caer en términos reales, la recesión será más fuerte.

Para quienes reciben pesos y se colocan a plazo fijo, los que aumentaron el 3% en los últimos 30 días, la tasa tiene que ganarle a la inflación o a la expectativa de aumento del tipo de cambio. Si se cree que se puede licuar las Leliq con inflación, por definición la tasa de interés tiene que ser negativa en términos reales. De manera que solo pueden aumentar los depósitos a plazo fijo si la apuesta es a que la tasa de interés le va a ganar al aumento del tipo de cambio. Pero la tasa de interés le puede ganar al tipo de cambio si el incremento del dólar respecto al peso es menor a la inflación, con lo cual el “modelo” cierra con nuevo atraso del tipo de cambio y complicaciones cambiarias a futuro. Cuando la gente perciba que el tipo de cambio cayó de nuevo, cambia su posición de pesos a dólar y los bancos tendrán que cambiar su posición de Leliq a pesos. El punto a considerar es que el BCRA no genera ingresos para pagar las Leliq y ahí habrá un serio problema.

Dado que el riesgo cambiario que se está asumiendo genera otro problema concreto a futuro, me parece que, con el peligro que todo se desmadre antes de octubre de 2019, sería menos riesgoso formular un plan económico más audaz en la rebaja del gasto público, en la reducción de la carga impositiva y en materia de reforma laboral.

Enfrentar este problema solo con apretón monetario no soluciona nada. Es más factible llegar enteros a las elecciones de 2019 con un plan económico muy consistente y bien explicado que volver a apostar al arbitraje tasa versus dólar.

Qué habrá malestar social, sin duda, pero al menos a la gente se le estará mostrando la salida al final del túnel. Hoy, la pregunta es: ¿y después de estas supertasas, qué?

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Ricardo II: El líder narcisista

Por Luis del Prado:

 

Este es el primero de una serie de seis artículos, basados en algunas obras históricas de William Shakespeare, en las que utiliza la historia como un telón de fondo que le sirve para crear tensión dramática y ahondar en la psicología de los protagonistas. Los reyes de Shakespeare no son figuras idealizadas o inalcanzables, sino personas que se hacen preguntas sobre el lugar que ocupan, reflexionan sobre el modo de mantener el poder o de conseguirlo, nos muestran sus debilidades, sus errores y también sus aciertos, pues, al igual que sus súbditos, están sujetos a los mismos problemas de la naturaleza humana.  A lo largo de los seis artículos aparecerán cuestiones que siguen teniendo plena vigencia en la actualidad: ¿cómo se accede al poder? ¿cómo es la relación entre el líder y sus hombres de confianza? ¿por qué algunas personas se siguen confundiendo con la ilusión del poder eterno? ¿las circunstancias pueden convertir a alguien bueno en un ser despreciable? ¿cómo interviene la conciencia cuando nos aprovechamos de alguna situación para obtener beneficios? ¿cuáles son las consecuencias de usar “relatos” para acomodar  la realidad a nuestras necesidades?

 

Muchos lectores y espectadores de la obra de Shakespeare sufren una desilusión al observar como fracasan de manera estruendosa algunos de sus personajes. Ricardo II es la primera de las ocho obras que Shakespeare escribió sobre la historia británica en la época de la Guerra de las Rosas. El Ricardo II de Shakespeare es un gobernante con profundos defectos, irresponsable, cruel, inepto para sus altas funciones que, no obstante, alcanza al final la dignidad de una víctima trágica con su aceptación filosófica de la derrota y el sufrimiento. Ricardo nació en Burdeos el 6 de enero de 1367; era el segundo hijo de Eduardo, el Príncipe Negro y Juana de Kent. La Inglaterra que hereda era la potencia más fuerte de Europa occidental. Un país próspero, gobernado en forma eficiente. A los 10 años de edad, sucedió en el trono a su abuelo. Su coronación fue un espectáculo magnífico al que acudieron sus súbditos desde todos los rincones del reino. Sin embargo, para Ricardo, su reinado terminó en derrota, humillación y el terror de una muerte solitaria (posiblemente, de hambre) en la mazmorra de un castillo. Su tragedia fue haber sido el único culpable de todo aquello. Se dice que era una persona muy bella y un amante del arte y la arquitectura, mecenas de ambos, fuerte, vigoroso y valiente. Quería que reinara la paz en Inglaterra, pero sus políticas internas sembraron resentimiento y discordia. Los ingleses siempre se han sentido agraviados por los monarcas o gobiernos que les imponen más contribuciones de las que estiman justificadas. Ricardo era tanto más detestado por cuanto destinaba esos fondos a costear sus placeres extravagantes y a recompensar a sus favoritos. Isabel I, último miembro (y el más destacado) de la dinastía Tudor, escribiói: “Aunque Dios me haya elevado muy alto, estimo que la gloria de mi corona es haber reinado con vuestro amor”. Ricardo, absorto en el amor a sí mismo, nunca fue capaz de comprender esta concepción de la monarquía. Ricardo es el clásico líder narcisista que se ve a sí mismo como una estrella y cuya única realidad era su propia imagen, que alimentaba con rituales y ceremonias públicas y con la adulación de sus seguidores; cuando esa imagen era atacada, reaccionaba de un modo extremadamente agresivo. Acabó por perder el contacto con toda otra realidad que no fuera la propia. En la mitología griega, Narciso era un joven de inigualable belleza, que rechazaba a todas las mujeres que se enamoraban de él. Finalmente, fue sentenciado por los dioses a enamorarse de su propia imagen reflejada en la superficie de una fuente y, al no poder dejar de observar su reflejo, se arrojó al agua y murió convirtiéndose en la flor que lleva su nombre: el narciso.
Alguien narcisista es una persona desmesuradamente preocupada por su ego, pero, al mismo tiempo, es un ser frágil, que suele tener la sensación de no estar a la altura de las expectativas. Dice Rafael Castellanoii:

El narcisista posee una personalidad frágil, que lo espera todo de la mirada de los demás. Lo que les importa es crear la ilusión de cómo son. No se tienen confianza y, por lo tanto, tienen que estar permanentemente a la defensiva, ya que piensan que los demás los juzgan y están dispuestos a criticarlos. Como temen ser agredidos, se anticipan y atacan primero.

Entre los rasgos de personalidad de un narcisista, se destacan los siguientes:  Tiene tendencia a aprovecharse de los otros para sus propios intereses o metas.  Exagera sus logros y capacidades. Espera ser reconocido como superior, aunque no pueda mostrar logros proporcionados a sus pretensiones  Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza y amor imaginarios.  Exige una atención o admiración excesiva.  Es pretencioso (por ejemplo, tiene expectativas irracionales de que se cumplan automáticamente sus deseos).  Carece de empatía  Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias y reacciona a las críticas con rabia, vergüenza o humillación. Los sujetos con este trastorno, como tan bien describe Shakespeare a Ricardo II, asumen con alegría el hecho que los demás otorguen un valor exagerado a sus actos y se sorprenden cuando no reciben las alabanzas que esperan. La vulnerabilidad de la autoestima hace al sujeto muy sensible al “ultraje” de la crítica o la frustración. Las críticas pueden obsesionar a estos sujetos y hacer que se sientan humillados, degradados, hundidos y vacíos. Estas experiencias pueden conducir al retraimiento. Es habitual que no consigan darse cuenta de que los demás tienen sentimientos y necesidades. En todo caso, cuando los reconocen, es probable que los vean con menosprecio, como signos de debilidad. Los líderes con trastorno narcisista construyen un muro de frialdad emocional con sus seguidores que termina generando una falta de interés recíproco. En el caso de Ricardo II, Shakespeare hace una profunda disección de la relación entre la persona y su puesto. Durante buena parte de la obra, Ricardo está acosado por su primo Bolingbroke (el futuro Enrique IV), un personaje con una visión más moderna acerca de cómo ejercer la autoridad en el reino.
En la mitad de la trama, Ricardo es atacado por el poderoso ejército de Enrique y en ese momento, explica claramente su percepción acerca de dónde proviene su poder iii:

No basta el mar para lavar el bálsamo con el que ungieron a un Rey, ni alcanza el soplo de los mortales para deponer al elegido del Señor.

Ricardo, como hijo mayor de su padre, es el “elegido de Dios” para ser Rey. Eso le brinda un inmenso poder en una sociedad religiosa, ya que cuestionarlo a él implica cuestionar directamente a Dios. Seguramente en la actualidad muy pocas personas creen que los reyes obtienen su autoridad directamente de Dios, pero, sin embargo, mucha gente cree que su derecho a actuar proviene del que está arriba suyo en la jerarquía. Algo así como afirmar que un gerente no puede ser cuestionado porque lo nombró la cúpula de la organización. Ricardo cree que no puede ser depuesto por “ningún hombre de este mundo”, pero en la realidad que Shakespeare construyó alrededor suyo está a punto de enfrentarse con un ejército que supera largamente al suyo. Ricardo dice al respecto iv:

Por cada hombre a quien dio Bolingbroke un acero contra esta corona, tiene Dios reservado para su Ricardo un ángel de gloria; y si lucha el cielo, ¿crees que los hombres lograrán vencerlo?

Ricardo necesita un mejor ejército, pero cree que, como es el elegido, Dios va a enviar a sus ángeles para que combatan a sus enemigos. Esto es parte de su noción del poder: en una batalla entre hombres y ángeles, seguro ganarán estos últimos. Este argumento le da fuerzas a Ricardo. A medida que la batalla se desarrolla, Ricardo tiene que enfrentar el hecho que los ángeles finalmente no han acudido en su ayuda y que su ejército está siendo derrotado, pero así todo vuelve a invocar la magia de su autoridad v:

Lo olvidé. ¿No soy acaso el Rey? ¡Despierta, Majestad! ¿O duermes? ¿No es acaso el nombre del Rey equivalente a veinte mil hombres? ¡Armate! Un ruin vasallo tu nombre ataca. No bajes la frente. En el favor de un Rey, ¿no se sienten altos? Altos estén sus pensamientos

Si no hay ángeles ni más soldados que los del enemigo, solo queda el “nombre del Rey” que vale por veinte mil hombres.
Este es un punto crucial teniendo en cuenta que Ricardo asume que los habitantes de su reino lo seguirán solo porque es su Rey. El nombre del Rey, el título del que proviene su poder, hará que la gente se sienta elevada. Esta perspectiva de Ricardo no es consecuencia de ninguna locura, sino simplemente de la creencia profunda que la gente lo seguirá solamente porque Dios le otorgó el título de Rey. La batalla avanza y la realidad empecinada le muestra brutalmente a Ricardo que los ángeles faltaron a la cita y que poco puede hacer su nombre. En pocos minutos, la ficción de extrema fortaleza que Ricardo creó, se hace añicos vi.

Ya no importa, nadie hable de consuelo: sí de tumbas, gusanos y epitafios; Nuestras tierras, nuestras vidas, todo es de Bolingbroke. Y solo puedo llamar mía a mi muerte. Y este menguado molde, estéril fango, que sirve de cubierta a nuestros huesos. Por Dios, sentados en tierra contemos tristes historias de muertes de reyes.

La realidad destruyó su visión idealizada del poder. Shakespeare muestra a Ricardo como alguien que repentinamente se da cuenta de las limitaciones de sus creencias. Es un ejemplo clásico de alguien que perdió contacto con el mundo real. La falta de relación con sus seguidores lo apartó de la realidad. Su autoridad colapsó totalmente y solo le queda sentarse a contar cuentos de reyes muertos. Dejó de ser diferente de cualquier otra persona. Ricardo pasó de ser un rey imbatible a alguien patético que solo posee un pedazo de tierra en el que cavar su tumba. De ser una Majestad ungida por Dios a estar sentado en el suelo. No se trata de una batalla entre ejércitos sino del choque entre dos visiones distintas del mundo. Shakespeare nos muestra los límites de la visión idealizada de Ricardo cuando la confronta cara a cara con el poder material de su enemigo. Ricardo ejemplifica una visión mecanicista del poder, que surge de una fuente exclusiva: el título o la posición. Esa visión le genera expectativas acerca de la manera con que el resto de la organización se va a relacionar con él, ya que una concepción semejante de la autoridad demanda obediencia total. Sin embargo, ese poder que aparenta ser tan fuerte, es en realidad muy frágil, ya que se pierde la posición y no queda nada. A través de esta fragilidad, el Ricardo II de Shakespeare demuestra que, en el mundo moderno (incluso en el siglo XVI), este tipo de autoridad no funciona. Por otra parte, en el mundo real, aparecen otras formas de poder que van más allá de la naturaleza de los títulos que posean las personas. Ricardo no pierde la batalla por falta de
autoridad, sino porque no tiene el suficiente capital fáctico, expresado en este caso en número de soldados. Al final de la obra, Ricardo es depuesto y asesinado. En definitiva, la historia de Ricardo II es un profundo ensayo acerca de la interacción entre la persona y la posición. Esta es una lección vital para los líderes, porque muestra claramente que, si uno pierde contacto con el mundo en el cual actúan los seguidores, en definitiva, está perdiendo contacto con la realidad. Y perder contacto con la realidad conduce inevitablemente al fracaso. La realidad siempre gana.

i Higgins, Shaun & Gilberd, Pamela. (2000). Leadership secrets of Elizabeth I. Perseus Publishing. Cambridge, Massachussets. USA

ii Rafael Castellano (2014). “Liderazgos nocivos”. Publicado en http://www.sociotecweb.com.ar

iii Shakespeare, William. “Ricardo II” Traducción de José María Coco Ferraris. Editorial Nueva Visión. Buenos AIres

iv Shakespeare, William. Op.cit.

v Shakespeare, William. Op.cit.

vi Shakespeare, William. Op.cit. 

 

Luis del Prado es Doctor en Administración. Es profesor y rector de ESEADE. Es consultor y evaluador en temas de educación superior, en el país y en el extranjero.

Materialismo socialista

Por José Benegas. Publicado el 3/10/18 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2018/10/materialismo-socialista.html

 

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El liberalismo ha sido acusado muchas veces de “materialista” desde la óptica moral socialista. Ese reproche se sustenta en la incomprensión de la diferencia entre materialidad y riqueza.

Hace unos días una periodista de la televisión argentina destacó como un logro del régimen castrista, que tiene tantas simpatías entre la élite ilustrada del país, el 98% de alfabetización alcanzado en la isla según cifras oficiales. Démoslas por correctas, porque no viene al caso si responden a alguna realidad o se trata de una mera arbitrariedad propagandística. Lo cierto es que un Estado puede hacer pirámides, el sur de los Estados Unidos pudo llenarse de plantaciones de algodón con esclavos y Corea del Norte puede conseguir misiles atómicos y llenar las plazas durante los desfiles. Eso es pura materialidad y, sin embargo, ni para la economía son relevantes por tener costos imposibles de cuantificar. Desde esa materialidad intentarán poner los gastos en la compra de los insumos para sus obras, pero la contabilidad no podrá reflejar el precio, que no se pagó pero se apropió, por las voluntades conculcadas. El “no precio” no puede traducirse en números, apenas podrían calcularse los costos de dominar esas voluntades con los salarios de los policías, los látigos o los gases lacrimógenos. Pero incluso habría que tomar con cuidado esas cifras porque tampoco existe una plena voluntaridad en los agentes del Estado remunerados.

Ahí creo que reside la más profunda incomprensión de la perspectiva socialista a la liberal. Los números de un sistema voluntario son simplificaciones de elecciones, no de mera materialidad. La utilidad de esos números está en que pueden servir para predecir limitadamente lo que la gente de un mercado haría para conseguir un producto y para conocer algún cambio que suceda en esa preferencia. Ningún número de los que provee una economía no intervenida, por esa razón, tiene sentido alguno una vez que es intervenida. Producir con el conocimiento de lo que la gente quiere o prefiere, no es simplemente más eficiente que hacerlo obviando esa cuestión, es que lo contrario carece de sentido, reduce los números a una materialidad tan vacía como las ciudades construidas por el Estado chino que jamás nadie habitará. Lo que no es precio es látigo, pero es absurdo hacer cuentas en el mundo del segundo.

Esa es la razón por la que 98% de alfabetización en un sistema socialista no significa nada más que la confirmación de que existe el socialismo, así como las pirámides de que existe la voluntad del faraón y la plantación de que existe la esclavitud, todo lo cual ya lo sabíamos. La obediencia y la colaboración no pueden ser puestas en una misma contabilidad ¿Qué le dará a los alfabetizados su alfabetización no siendo dueños de sus propias vidas? Muy poco. En Cuba se avanza únicamente por fidelidad al Partido Comunista y enseñarles a escribir y contar a los súbditos tiene tanto valor como engordar al propio ganado.

El socialismo intenta reproducir un resultado material con la pretensión de tener una visión sobre la sociedad, pero la tiene apenas del Estado y sus objetivos propios. A la sociedad no es que no la conoce, pese a llamarse “socialismo”, es que la ignora, porque en primer lugar la juzga y condena.

Hay una segunda cuestión de actualidad en la que se ve el abismo que separa ambos enfoques. El presidente Trump llevó a cabo un programa de reducción de impuestos corporativos. A la vez aumentó considerablemente el gasto de defensa, así que simplemente convierte impuestos presentes en impuestos incluso más altos futuros, pero la crítica desde la izquierda de cualquier manera es inválida porque consiste en reprocharle que el plan beneficia únicamente a los ricos. Acá es donde vuelven a fallar al atenerse a la materialidad. Los socialistas están espantados por lo que llaman el crecimiento de la desigualdad, porque, dicen, un sector ínfimo de la población está cada vez más lejos en su riqueza del sector que tiene menos. Igual que el 98% de alfabetización en Cuba, la precisión del dato no incide en el error principal, que es la incapacidad de interpretar los números relacionados con la voluntariedad, por quedarse pegados a la materialidad. No se puede tener una empresa que valga mil millones si no es porque la sociedad le asigna ese valor presumiblemente. No el dueño, los demás. La fortuna de Jeff Bezos no vale por sí misma, ni vale porque la esté consumiendo (podría perderla, pero difícilmente consumirla). Vale porque la están utilizando los demás. Bezos no es dueño de una pirámide egipcia o maya, de una plantación o de un Estado comunista, sino de una compañía cuyos precios reflejan satisfacción y preferencias de otros. Esta es una contabilidad cuyo significado los socialistas no comprenden. La economía de mercado es llamada capitalista porque las fortunas están puestas en la producción. Son parte de un flujo al que se entra y del que se sale, donde algunos por sus aciertos administran más cosas. No se puede ni medir la “desigualdad” en base a la tenencia de capital, que por definición está puesto al servicio ajeno, por motivos propios.

Existe capital y ahorro, que es su antecedente, porque existe la propiedad privada. La medición de “igualdad” pretende cuestionarla y cuando busca distribuir lo que quiere hacer es fragmentar el capital de un modo distinto al de esa no materialidad que es la voluntariedad de los que actúan en el mercado, que por esta vía se ven empobrecidos más allá de todo número. Así valdrían menos las tenencias de Bezos y también los ingresos de sus clientes y los de sus proveedores.

Por supuesto que hay que dejar afuera de este razonamiento al enriquecimiento producto de regulaciones o protecciones, de guerras comerciales y rescates financieros. Pero a eso no es a lo que apunta la visión igualitarista.

Lo que los socialistas no pueden comprender es que la propiedad privada hace que el capital sea puesto a disposición de los demás y que no se trata de una paradoja sino de una característica central del sistema.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

LA BALANZA COMERCIAL NO ES RELEVANTE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Una de las falacias más recalcitrantes de nuestra época consiste en sostener que es muy bueno para un país exportar y es inconveniente importar, o dicho en otros términos el objetivo debiera ser exportar más de lo que se importa al efecto de contar con un “balance comercial favorable”.  Esta conclusión deriva del mercantilismo del siglo xvi que seguía el rastro de las sumas dinerarias, sin percatarse que una empresa puede tener alto índice de liquidez y estar quebrada. Lo importante para valorar la empresa o el estado económico de una persona es su patrimonio neto actual y no su grado de liquidez.

 

En última instancia, el mercantilismo se resumía en que en una transacción el que gana es el que se lleva el dinero a expensas de quien obtiene a cambio un bien o un servicio. Esto en economía se conoce como el Dogma Montaigne pues ese autor (Michel Montaigne, 1532-92) desarrolló lo dicho en el contexto de la suma cero: “la pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de los ricos”, sin comprender que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan y que la riqueza es un concepto dinámico y no estático. El que obtiene un servicio o se lleva un bien a cambio de su dinero  es porque valora en más lo primero que lo segundo, lo cual también sucede en valorizaciones cruzadas con el vendedor que valora en más la suma dineraria recibida a cambio.

 

Lo ideal para un país es que sus habitantes puedan comprar y comprar del exterior sin vender nada, pero lamentablemente esto se traduciría en que el resto del mundo le estaría regalando bienes y servicios al país en cuestión y en nuestras vidas apenas si podemos convencer a nuestros familiares que nos regalen para nuestros cumpleaños. Entonces, reiteramos, lo ideal es contar con el balance comercial más “desfavorable” posible pero las cosas no permiten proceder de esa manera por lo que no hay más remedio que exportar para poder importar o utilizar el balance neto de efectivo como veremos a continuación.  El objetivo de un país y el objetivo de cada persona es comprar no vender, la venta o la exportación es el costo de  comprar o importar.

 

Ahora bien, como reza nuestro título, lo relevante no es el balance comercial sino el balance de pagos que siempre está equilibrado en un mercado abierto tanto en un país como en cada persona. Veamos el asunto más de cerca, el balance de pagos significa que los ingresos por ventas o exportaciones son iguales a los gastos por compras o importaciones más/menos el balance neto de efectivo o cuenta de capital. Por ejemplo si una persona o un grupo de ellas (país) recibe en un período determinado ingresos o exportaciones por valor de 100 y sus compras o importaciones en ese mismo período fueron 400 quiere decir que su balance de efectivo o el uso de los capitales asciende a 300: 100 = 400 – 300 o si al ingresar o exportar por 200 sus gastos o importaciones fueron 50 el balance de pagos será 200 = 50 + 150 y así sucesivamente. Nunca hay desequilibrios en el balance de pagos.

 

Por lo dicho es que Jacques Rueff en su obra titulada The Balance of Payments concluye que “El deber de los gobiernos es permanecer ciegos frente alas estadísticas de comercio exterior, nunca preocuparse de ellas, y nunca adoptar políticas para alterarlas […] si tuviera que decidirlo no dudaría en recomendar la eliminación de las estadísticas del comercio exterior debido al daño que han hecho en el pasado, el daño que siguen haciendo y, me temo, que continuarán haciendo en el futuro”.

 

Veamos desde otro ángulo la sandez de los partidarios de los balances comerciales “favorables o desfavorables” con una ironía desplegada por el economista decimonónico Frédéric Bastiat en su ensayo sobre comercio exterior. Cuenta que un francés compra vino en su país por valor de un millón de francos (hoy denominados en euros) y lo transporta a Inglaterra donde lo vende por dos millones de francos con los que a su vez compra algodón que lleva de vuelta a Francia. Al salir de la aduana francesa el gobierno registra exportaciones por un millón de francos y al ingresar con el algodón el gobierno registra importaciones por dos millones de francos, con lo cual este personaje es condenado por contribuir a que Francia tenga un “balance comercial desfavorable”.

 

Bastiat continúa su relato diciendo que otro comerciante francés también compró vino por un millón de francos en su país y lo transportó a Inglaterra pero no le dio el cuidado que requería el vino en el transcurso del viaje, debido a lo cual pudo venderlo solo por medio millón de francos en aquél país con lo que adquirió algodón inglés que ingresó a Francia. Un negocio ruin, pero esta vez el gobierno francés contabilizó en la aduana una exportación por un millón de francos y una importación por medio millón de francos ¡ por lo que fue alabado porque contribuyó a generar un “balance comercial favorable” ! ¿Puede haber un dislate mayor en esta conclusión?

 

Más aun, el antes mencionado Rueff en el mismo libro citado dice que para seguir con el absurdo de los razonamientos sustentados en los mal llamados balances comerciales favorables y desfavorables habría que exportar todo y luego “mandar toda la producción nacional al fondo del mar” al efecto de reducir al máximo posible la posibilidad de comprar del exterior. Pero, como queda dicho, el objeto de la venta o exportación es la compra o importación y el tipo de cambio empuja incentivos en una u otra dirección: al exportar baja la relación de cambio respecto a la divisa extranjera lo cual, a su turno, incentiva a la importación pero al importar se encarece la divisa extranjera en términos de la local, situación que frena las importaciones y estimula la exportaciones.

 

Si alguien dijera que conviene solo exportar y evitar importaciones haría que el valor de la divisa extranjera se desplome con lo cual se frenan las mismas exportaciones que se desean promover. El mercado cambiario regula los brazos exportadores e importadores. Claro que si los gobiernos manipulan el tipo de cambio y las deudas externas gubernamentales sustituyen las entradas genuinas de capital, todo se trastoca.

 

Si un país fuera absolutamente inepto para vender al exterior y no es capaz de atraer capitales, nada tiene que temer en cuanto a desajustes en sus cuentas externas puesto que nada podrá comprar del exterior.

 

Pero en el fondo subyace otra falacia de peso y es que los aranceles puede promover la economía local. Muy por el contrario, todo arancel significa mayor erogación por unidad de producto lo cual se traduce en un nivel de vida menor para los locales puesto que la lista de lo que pueden adquirir inexorablemente se contrae. En realidad el “proteccionismo” desprotege a los consumidores en beneficio de empresarios prebendarios que explotan a sus congéneres.

 

En no pocas evaluaciones de proyectos hay quebrantos durante los primeros períodos que naturalmente se estima serán más que compensados en períodos ulteriores. Entonces si en un emprendimiento se comprueban pérdidas proyectadas durante las primeras etapas, son los empresarios en cuestión los que deben absorber los quebrantos del caso y no pretender endosarlos sobre las espaldas de los contribuyentes vía los aranceles. Y si esos empresarios no cuentan con los recursos suficientes pueden vender el proyecto para participar con otros socios locales o internacionales. A su vez si nadie en el mundo se quiere asociar al proyecto es por uno de dos motivos: o el proyecto es un cuento chino (lo cual es bastante habitual en el contexto de “industrias incipientes” mantenidas en el tiempo) o estando el proyecto bien evaluado aparecen otros más urgentes y como todo no puede llevarse a cabo simultáneamente, deberá esperar su turno o dejarlo sin efecto.

 

Reiteramos que parece increíble que todavía se siguen empleando los argumentos más retrógrados, primitivos y cavernarios al efecto de bloquear transacciones de bienes y servicios a través de las fronteras, como si éstas fueran delimitaciones mágicas que modifican todos los principios de sensatez y cordura en el contexto de culturas alambradas.

 

La base central para derribar las trabas al comercio exterior es que permite el ingreso de mercancías más baratas, de mejor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Es idéntico al fenómeno de incrementos en la productividad: hace menos onerosa las operaciones con lo que se liberan recursos humanos y materiales para poder dedicarlos a otros menesteres, lo cual, a su turno, significa estirar la lista de bienes y servicios disponibles que quiere decir mejorar el nivel de vida de los habitantes del país receptor.

 

Este es el progreso. Todo aprovechamiento de los siempre escasos recursos se traduce en aumento de salarios e ingresos en términos reales puesto que ello es exclusiva consecuencia de las tasas de capitalización.

 

Si se comienza a preguntar cuales cosas se podrían fabricar como si estuviéramos en Jauja y todos estuvieran satisfechos, quiere decir que no hemos entendido nada de nada sobre economía. En verdad la cuestión arancelaria no es diferente de los efectos que tendrían lugar si se impusieran aduanas interiores en un país o si un productor de cierto bien en el norte descubre un nuevo procedimiento para producirlo y consecuentemente lo puede vender más barato y mejor, pero en el sur lo bloquean debido a que los de la zona lo fabrican más caro y de peor calidad. Este es el mensaje de los funcionarios de las aduanas de todas partes: “no vaya usted a traer algo mejor y de menor precio porque perjudicará gravemente a sus congéneres”.

 

En un sentido contrario, este es el significado de los duty free que tanto fascinan a todo el mundo los cuales dejarían de existir si no se interpusieran los aranceles y tampoco viajarían pasajeros con medio mundo a cuestas en proporción a lo cerrado al comercio que sean sus países de origen puesto allí podrían adquirir lo que necesitan en lugar de acarrear pesadas maletas y esconder productos en los lugares más increíbles del cuerpo para no ser detectados por los antedichos burócratas (por supuesto que los que imponen semejantes legislaciones ingresan mercaderías con pasaportes diplomáticos y otras prebendas).

 

A juzgar por los voluminosos “tratados de libre comercio” aún no se comprendió que las cerrazones perjudican especialmente a los países más pobres puesto que el delta en productividad es mayor respecto a los más eficientes. Resulta tragicómico que se sostenga que los referidos tratados deben realizarse entre países iguales, cuando precisamente como en todo comercio la ventaja estriba en la desigualdad puesto que entre iguales no hay nada que comerciar.

 

Sin duda que si los gobiernos introducen dispersiones arancelarias se crea un embrollo que conduce a cuellos de botella insalvables entre las industrias finales y sus respectivos insumos. El antes citado  Bastiat también se burla del llamado “proteccionismo” al sugerir que en su época se obligara a tapiar todas las ventanas de las casas al efecto de proteger a los fabricantes de candelas de la “competencia desleal del sol”.

 

Entre otros despropósitos se argumenta que el control arancelario debe establecerse para evitar el dumping, lo cual significa venta bajo el costo que se dice exterminaría la industria local sin percatarse que el empresario, si el bien en cuestión es apreciado y la situación no se debe a quebrantos impuestos por el mercado, saca partida de semejante arbitraje comprando a quien vende bajo el costo y revende al precio de mercado. Pero generalmente nadie se toma siquiera el trabajo de verificar la contabilidad del proveedor en cuestión, lo único que preocupa a comerciantes ineficientes es que se colocan productos y servicios a precios menores que lo que con capaces de hacer ellos. Lo peligroso es el dumping gubernamental puesto que se realiza forzosamente con los recursos del contribuyente (por ejemplo el déficit de las mal llamadas empresas estatales), de todos modos, en este caso, los perjudicados son los residentes en el país que impone esta medida pero son beneficiarios quienes reciben en el exterior regalos a través de bienes más baratos que los que se ofrecen en el mercado.

 

Es paradójico que se hayan destinado años de investigación para reducir costos de transporte y llegados los bienes a la adunada se anulan esos tremendos esfuerzos a través de la imposición de aranceles, tarifas y cuotas. Hay un dèjá vu en todo esto. En resumen, respecto al tema arancelario, tal como señala Milton Friedman “La libertad de comercio, tanto dentro como fuera de las fronteras, es la mejor manera de que los países pobres puedan promover el bienestar de sus ciudadanos […] Hoy, como siempre, hay mucho apoyo para establecer tarifas denominadas eufemísticamente proteccionistas, una buena etiqueta para una mala causa”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El derecho de propiedad y su violación

Por Gabriel Boragina Publicado el 23/9/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/09/el-derecho-de-propiedad-y-su-violacion.html

 

Desde todos los ángulos imaginables se reclaman con urgencia “políticas públicas” como supuesta y única panacea a los males sociales. En rigor, las “políticas públicas” se encaminan más a la violación de la propiedad que a su defensa, y por eso bien se ha dicho al respecto que:

“La propiedad puede violarse tomando el producto que cualquier propietario debe a sus tierras, a sus capitales, o a su trabajo. La propiedad se viola poniendo frenos al libre uso de las propiedades, pues las leyes establecen que la propiedad implica el derecho de uso. “[1]

Este derecho de uso debe entenderse en sentido amplio, que incluya lo que jurídicamente se distingue como uso por un lado y disposición por el otro. La propiedad, considerada desde el punto de vista económico, comprende ambos, es decir, tanto el uso como la disposición. Jurídicamente, en cambio, la disposición implica desprenderse de la propiedad del bien en cuestión mediante cualquier acto legalmente idóneo para tal fin, como pueden ser la venta, comodato, permuta, darlo en usufructo, etc.

“Igualmente, la propiedad es violada cuando se obliga a un propietario a cultivar algo, o a impedirle hacer cierto cultivo. Cuando se fuerza cierto modo de cultivo, o se prohíbe.”[2]

Hay muchos instrumentos sutiles mediante los cuales los derechos de propiedad pueden ser vulnerados. La manera en que la propiedad puede ser menoscabada encuentra diferentes graduaciones, que van desde un mínimo a un máximo total o absoluto, que es cuando se afirma que la propiedad ha sido por completo abolida.

Pero también lo puede ser en parte. Esta parte puede ser mayor o menor, y fuerza es reconocer que -hoy en día- la propiedad no es absoluta en ninguna parte.

Si solamente consideramos la mera existencia de impuestos en todos los países del orbe, tenemos que llegar a la forzosa conclusión que cualquier impuesto (por mínimo que sea) implica detraer en forma compulsiva todo o parte del fruto del trabajo de un particular. En esa misma proporción se puede decir que el derecho de propiedad del sujeto afectado se encuentra violado. Y esto es así porque el elemento compulsivo es inseparable del concepto de impuesto.

La propiedad implica que, todo propietario tiene el derecho a desprenderse de todo o parte de su propiedad de manera voluntaria. Este elemento (el de la volición) está ausente si en su lugar se incorpora su antítesis (la compulsión)- y esta última es de la esencia más pura del impuesto, cuyo mismo nombre resulta significativo en cuanto a denotar la privación del componente de voluntariedad.  Donde hay un impuesto hay un ataque al derecho de propiedad. Cuestión distinta es que algunos consideren ese ataque necesario. Resulta bastante difícil, hoy en día, encontrar personas que apoyen o sostengan que los impuestos han de ser suprimidos.

La gran mayoría de nuestros congéneres (como postura extrema) se limita a postular su moderación en lugar de su más completa derogación. Resulta a la mayoría inimaginable siquiera sustituir el régimen impositivo y reemplazarlo por contribuciones voluntarias al sostén de los gastos que se derivan por la provisión de los llamados bienes públicos (concepto en sí mismo también objetable). Creen que, en falta de compulsión, nadie proveería de tales “bienes públicos” ignorando que la misma categoría de “bienes públicos” es utópica, porque -en definitiva- tales supuestos “bienes públicos” no son gratuitos, ni se generan espontáneamente, sino que son fruto de la producción de algún ente privado, sea unipersonal o societario. Pero, en definitiva, ningún bien económico se produce “colectivamente”, sino privadamente, y sólo entendiendo el término “colectivo” como la suma de esfuerzos privados resulta aceptable el vocablo.

Cuando un productor o comerciante está vendiendo su elaboración, está haciendo público lo que antes era privado. Toda producción tiene como destino final el consumo, es decir, el uso público. Lo que no implica necesariamente que sea el “estado” el que deba dirigir el proceso económico, tal como hoy en día se lo concibe ampliamente.

Se pierde de vista, en definitiva, que es el mercado libre el único proveedor de bienes públicos, y que cuando la actividad de dicho mercado se busca limitar a través de diferentes imposiciones legales, o sea, cuando se procura que sea menos libre de lo que debería ser, estas “políticas públicas”, en realidad, están en los hechos atentando en última consecuencia contra la provisión de bienes públicos en cantidad diferente a la que el mercado considera satisfactoria, y también se omite que el mercado está formado por dos grandes grupos de personas : compradores y vendedores, ambos englobados -a su vez- en la categoría de productores.

Los bienes públicos no son más que bienes de producción privada que se ponen a disposición del público voluntariamente por el propio mercado. El gobierno sólo puede entorpecer esta función típica e inherente del y al mercado.

“También se viola la propiedad cuando se niegan ciertos usos del capital o maneras de invertir. Cuando se prohíbe la construcción sobre sus tierras, o se le impone una manera de construcción.”[3]

Ejemplo de lo primero es cuando se restringen o -directamente- se impiden ciertas actividades financieras o productivas en desmedro de otras. La prohibición puede adoptar diferentes formas. Por modelo, puede ser mediante una imposición legal que cercene ciertas inversiones, o bien a través de impuestos, como los tristemente célebres tributos al capital, o a sus distintas manifestaciones.

 Las reglamentaciones a las actividades financieras, por caso, restricciones para operar como bancos a personas o instituciones son otras de las múltiples maneras de violar la propiedad.

El supuesto siguiente alude a la industria de la construcción, que incluye construir o no hacerlo en determinados lugares o zonas que quizás no sean rentables para el constructor (muestra común son los denominados “polos de desarrollo” que no son de mercado, sino que obedecen solamente a criterios burocráticos). So pretexto de ordenamiento urbanístico los gobiernos vulneran a menudo este derecho de propiedad, reduciéndolo a su mínima expresión.

“Hay violación del derecho de la propiedad cuando después de invertir en una cierta industria la autoridad prohíbe esa misma industria, o se le imponen impuestos tan grandes que son iguales a los de una prohibición.”[4]

Estos patrones dan cuenta de lo que -en palabras lisas y llanas- no se trata más que de una confiscación de bienes. Ya que, en el primer caso, se induce a pérdida al inversor en la actividad que a posteriori se veda, y en el segundo se produce una consecuencia análoga, sólo que por medio de otra vía. Pero, en suma, ambas son confiscaciones.

“Es violación de la propiedad el prohibir el uso de las facultades humanas y la aplicación de sus habilidades y talentos, a excepción de cuando ellos son usados en contra de los derechos de terceros. Viola a la propiedad el hacer que un hombre se dedique a ciertas actividades cuando él considera de más provecho dedicarse a otras labores, por ejemplo, obligándole a realizar un servicio militar.”[5]

En estos supuestos, lo que el gobierno confisca es el talento y la voluntad humana. Y se nota, con suma claridad, que lo que se violenta es -en resumidas cuentas- la libertad individual. El vínculo entre libertad y propiedad es indisoluble, al punto tal que, si se desconoce una se está automáticamente excluyendo también la restante. No puede haber propiedad sin libertad ni esta sin aquella. Anulando una desaparece la otra. El hombre que no es libre no puede ser propietario de nada, ya que no lo es siquiera de su propia libertad.

[1] Eduardo García Gaspar. Ideas en Economía, Política, Cultura-Parte I: Economía. Contrapeso.info 2007. pág. 66

[2] García Gaspar, E. ibidem

[3] García Gaspar, E. ibidem

[4] García Gaspar, E. ibidem

[5] García Gaspar, E. ibidem

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

LOS SINDICATOS: DEL DERECHO DE HUELGA A LA FUERZA DE LOS BESTIAS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/los-sindicatos-del-derecho-de-huelga-la.html

 

Nada está más incorporado al horizonte de pre comprensión de casi todos que los sindicatos deben tener el derecho de huelga, como habitualmente se lo entiende, para luchar contra el pérfido capitalismo. No es un fenómeno argentino, es un problema mundial.

El marxismo ha logrado convencer a casi todo el mundo, excepto a los que han leído y comprendido a Bohm-Bawerk, Mises y Hayek, que el aumento de salarios se debe la “lucha” sindical. Craso error. El aumento generalizado de salarios sólo puede deberse al aumento de la demanda de trabajo, y ello sólo se produce por el aumento de la inversión y la fabricación de nuevos bienes de capital que permitan producir más en menos tiempo. El subdesarrollo es el precio de todos los socialismos, marxismos e intervencionismos que aún no han logrado entender la relación entre la tasa de capital y el nivel de salarios.

Los sindicatos pueden, por la fuerza, hacer que: a) el gobierno emita moneda para pagar los salarios públicos, lo cual produce inflación y, por ende, menos salario; b) que los empleadores se vean forzados a subir los salarios, en cuyo caso baja la demanda de trabajo, produciendo ello desocupación, y, además, los gobiernos expanden el crédito para que los empleadores puedan absorber el salario más caro, y esa expansión del crédito produce también inflación y por ende una disminución del salario real.

Pero, como dije, los sindicatos hacen esto por la fuerza. Esto es, declaran una huelga e impiden a otros trabajadores que cubran sus puestos. Eso es lo que habitualmente se conoce como “derecho de huelga”, aceptado y protegido por todas las legislaciones de las naciones occidentales (excepto en aquellas donde “gobierna el proletariado”, por supuesto).

Ese derecho de huelga, así entendido, no sólo produce una baja en el salario real, como hemos explicado, sino que es en sí mismo un atentado contra el Estado de Derecho. Nadie tiene el derecho de impedir a otro ocupar un puesto de trabajo abandonado por otro. Ello es ilegal e inmoral. Pero como Occidente, putrefacto de marxismo, ha aceptado esa modalidad porque cree que ello es “en nombre de los trabajadores”, entonces la permite. Por eso los piquetes, que no son un invento del peronismo-kirchnerismo argentino, sino la modalidad obligada del derecho de huelga así entendido.

Esos piquetes son una quiebra del Estado de Derecho y, por ende, un estado dentro de otro estado. Si un estado limitado, constitucional, no puede hacer cumplir la ley, porque otra ley, contradictoria con la pirámide jurídica, se lo impide, o porque está temeroso de hacerlo por las amenazas sindicales, que son siempre amenazas delictivas, entonces se está enfrentando a un grupo que se ha salido del Estado de Derecho, ha organizado un grupo con sus propias normas y desafía al poder constitucional. O sea, una mafia, por definición, o un ejército paralelo.

Los intentos de distinguir entre el derecho de huelga, así entendido, y los abusos del derecho de huelga, son por ende conceptualmente vanos. Ya el derecho de huelga, así entendido, es ilegal, y por ende ni siquiera puede haber abuso, como su hubiera un uso racional o legal.

Por ende, todos los desmanes, amenazas, violencias y crueldades realizadas por los sindicalistas, ipso facto delincuentes organizados, ipso facto mafiosos aunque marchen a Luján y tengan las sacrílegas bendiciones de los obispos, forman parte de la misma naturaleza del sindicalismo entendido como lucha contra el capitalismo mediante el así llamado derecho de huelga.

Esto sucede en todo el mundo.

En el caso argentino, casi todos olvidan que Perón fue un fascista en sentido estricto (y por ende socialista), un seguidor de Mussolini que organizó a los sindicatos según la Carta Del Lavoro del dictador italiano. La violencia y la corrupción del sindicalismo argentino quedó por ende elevada a la enésima potencia por la organización sindical peronista, cáncer sacrosanto e intocable que nadie se atreve a enfrentar, pero fundamentalmente, que casi nadie entiende como lo que es: una mafia violenta, mediante la cual se conduce toda la hiel putrefacta de la pulsión de agresión de todo ser humano investido de semejante poder que, para colmo, está investido de aprobación moral. Porque muchos coinciden que el sindicalismo argentino está corrupto pero creen que se lo puede reemplazar por otros dirigentes, sin ver el problema del sistema en sí mismo. Como si la mafia de Chicago o New York se hubiera podido solucionar, en su momento, con dirigentes mafiosos “buenos”. No, el problema no son las personas, sino el sistema. Podrás encontrar un Don Corleone más dialogante, más racional, al cual sobornar mejor, o una bestia ideologizada que para colmo de mafioso sea pro-Maduro (otro mafioso), pero es mafia, gente: una banda de delincuentes, y con los años, uno más bestia que el otro, de los cuales, esperemos, Dios se apiade de su alma.

 

Mientras tanto, esto forma parte de esas pre-suposiciones  marxistas  que conducirán inexorablemente a la desaparición de este mal experimento llamado Argentina.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La Crisis Subprime no fue una crisis del capitalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en:

 

El pasado 15 de septiembre se cumplieron diez años de la caída de Lehman-Brothers, la punta del iceberg de la crisis económica más grande de la historia reciente.

El lunes 15 de septiembre de 2008 el mundo amaneció con la noticia financiera más impactante de los últimos tiempos. Lehman Brothers, un banco de inversión norteamericano fundado en 1850 y con activos por nada menos que USD 690.000 millones, había iniciado formalmente el proceso de bancarrota.

Una semana antes, la presión sobre la empresa venía creciendo de manera incesante. Sin embargo, ni siquiera sus empleados preveían dicho final.

“Nunca pensamos que iba a colapsar” confesó Luis Sánchez, un “VP” de la empresa, en una entrevista reciente concedida al Wall Street Journal.

Lo mismo pensaba Larry Bortstein, el director de la parte legal-tecnológica de la compañía:

“Había una sensación de que, de alguna manera, los ejecutivos encontrarían la forma de inventar algo para salvar a la empresa.”

Según cuenta Lynn Gray, la directora global del área administrativa, el viernes 12 de septiembre la mayoría de la gente dejó su oficina creyendo que el fin de semana la compañía sería comprada por Bank of America o Barclays.

Sin embargo, los acontecimientos tomaron un rumbo distinto:

“El domingo recibí una llamada de uno de los Gerentes Senior. Me pidió que fuera a la oficina y me dijo que me estaba llamando desde la Reserva Federal”  

Por la noche, los 26.000 empleados de Lehman Brothers recibieron un correo electrónico donde se les explicaba que la empresa había declarado formalmente la quiebra. A la mañana siguiente, las imágenes de los empleados retirándose del edificio con sus pertenencias guardadas en cajas recorrieron el mundo.

Fue la quiebra más grande la historia. Lehman tenía una deuda de USD 613.000 millones, cuatro veces la que llevó a Argentina a su default en 2001.

Punta del Iceberg

Lo sucedido con este gigante de la banca de inversión no fue algo aislado. Ya hacía varios meses que el sector financiero en Estados Unidos venía sufriendo una crisis generalizada de confianza, con los valores de sus acciones cayendo a ritmos espectaculares.

Wall Street literalmente se venía abajo. Entre diciembre de 2007 y diciembre de 2009, el índice de acciones Standard & Poor’s mostró 12 meses de variaciones negativas. El mes de la quiebra de Lehman aceleró la debacle. Septiembre, octubre, noviembre y todos los meses siguientes hasta abril de 2009 fueron negativos para la bolsa norteamericana.

El S&P 500 había perdido nada menos que 524 puntos, una caída del 41%.

El desplome financiero era el resultado de una irresponsable acumulación de préstamos de mala calidad por parte de los bancos y otras entidades, especialmente enfocados en el mercado de la vivienda. En los años previos al 2008, el crédito había fluido en cantidades industriales hacia el sector hipotecario, estimulando un boom de producción, ventas y suba de precios.

Pero un día la fiesta llegó a su fin. Muchos de los créditos otorgados habían ido a acreedores “sub-prime”, quienes tenían poca capacidad de pago, especialmente cuando las tasas de interés comenzaron a subir.

El castillo de naipes se derrumbó.

Crisis del capitalismo

10 años después, todavía se debaten las causas de la recesión. La versión más comúnmente escuchada es que la de 2008-09 fue una más de las tantas “crisis del capitalismo” que ocurren cada tanto.

La explicación que se ofrece en este sentido es algo así: dado que los agentes económicos son extremadamente codiciosos, siempre inventarán formas creativas para generar ganancias,  sin importar las consecuencias sobre el resto de la economía.

Así, los banqueros decidieron prestar a quienes no podían repagar sus deudas solo para agrandar sus carteras de préstamos y multiplicar su rentabilidad, incluso cuando prestaran a tasas bajas. En la misma línea, los operadores inmobiliarios vendieron cualquier cosa, y lo mismo hicieron los consumidores, compraron solo porque pensaban que su vivienda iba a subir de precio.

Así, sin control por parte del estado, la especulación sin freno habría llevado al posterior desastre.

Ahora bien, esta lectura de los hechos es ingenua y, además, incorrecta. Es que si la codicia fuera la causa de las crisis, también deberíamos decir que la fuerza de gravedad es la causa de los accidentes aéreos. No obstante, a pesar de que la fuerza de gravedad empuja a todos “hacia la tierra”, los aviones igual vuelan.

Lo mismo pasa en los mercados financieros: la codicia es una constante y no siempre hay crisis.

En su trabajo “La Casa que Construyó el Tío Sam”, los investigadores norteamericanos Peter Boettke y Steven Horwitz analizan las raíces profundas de la crisis subprime. Para ellos, la debacle financiera vivida hace 10 años poco tuvo que ver con el capitalismo y mucho con el intervencionismo.

De acuerdo con su investigación, la crisis no fue más que el estallido inevitable de una burbuja insostenible alimentada por la política monetaria de la Reserva Federal y la política regulatoria del gobierno federal.

Para Boettke y Horwitz:

“Entre 2001 y 2006, la Reserva Federal persiguió la política monetaria más expansiva desde, al menos, la década de 1970, empujando las tasas de interés muy por debajo de su nivel natural.

En enero de 2001, la tasa de los fondos federales, la más importante que la Fed controla, estaba en 6,5%. 23 meses más tarde, después de 12 recortes consecutivos, se ubicó en 1,25%…”

Gracias a esta política monetaria ultralaxa es que se realizaron muchas inversiones incorrectas, pero no producto de una “exuberancia irracional, sino por una Fed que prácticamente regalaba dinero para ser invertido en casi cualquier cosa.

La manipulación de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal estaba enviando la señal incorrecta a los inversores, y también a los constructores de viviendas. Se indicaba falsamente que había crédito barato y que los proyectos de inversión serían viables en el largo plazo.

Fannie y Freddie

Por si esto fuera poco, existieron nuevas intervenciones que inflaron artificialmente el mercado de la vivienda. Fannie Mae y Freddie Mac eran dos empresas con patrocinio estatal que operaban en el mercado secundario del crédito. Básicamente, una vez que un banco comercial otorgaba un crédito hipotecario, luego podía vendérselo a estos dos gigantes a cambio de un descuento.

El tema es que Freddie y Fannie estaban aseguradas contra pérdidas, puesto que el gobierno saldría al rescate de las mismas, dado que se trataba de “Empresas Patrocinadas por el Estado”, o GSE, por sus siglas en inglés.

Además, a Fannie y Freddie se las presionó para que favorecieran el crédito a los sectores “postergados”, motivo por el cual diseñaron toda una serie de instrumentos para facilitar el acceso.

De acuerdo con los Boettke y Horwitz:

“Las bajas tasas de interés, combinadas con la compra de hipotecas por parte de las paraestatales Fannie y Freddie, hicieron alta y artificialmente rentable prestar a cualquiera que quisiera un crédito para su vivienda”.

Aprender la lección

A diez años de la más fuerte recesión económica de la historia global, es importante que aprendamos la lección. Si nos guiamos por la lectura tradicional de los hechos, avanzaremos con medidas de más regulación,  más restricciones financieras y nuevos estímulos monetarios que generarán burbujas que inevitablemente terminan en nuevas crisis.

Pero si aceptamos la otra lectura, entonces deberíamos movernos en el sentido contrario. Menos regulación, más libertad para las empresas y los consumidores, y una economía más sostenible en el largo plazo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

El pecado económico de Cambiemos y la cruz pesada del populismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/10/18 en: http://www.visionliberal.com.ar/nota/5571-el-pecado-economico-de-cambiemos-y-la-cruz-pesada-del-populismo/

 

La complicada situación económica por la que estamos transitando es consecuencia de haber subestimado la herencia recibida del kirchnerismo y sobreestimar la imagen de Mauricio Macri como factor que iba a atraer inversiones con su sola presencia en la Casa Rosada. De todas maneras, justo es reconocer que el conjunto de la dirigencia política también delira cuando dice que de este problema económico se sale con crecimiento. Claramente no entienden la relación entre crecimiento e instituciones. Todos creen que retocando el tipo de cambio, haciendo una banda cambiaria o hablando de atender al mercado interno, como si mágicamente la gente pudiera consumir más por una simple disposición política, todo se soluciona.

Para Cachanosky, el deterioro institucional es un factor clave para entender por qué nadie quiere invertir en Argentina

Pero, ¿por qué digo que sobreestimaron la imagen de Macri para atraer inversiones? Porque no evaluaron el profundo deterioro institucional para atraer inversiones.

Para poder entender el pecado económico original de Cambiemos, primero hay que comprender dos cuestiones básicas: 1) qué es la tasa de interés y 2) bajo qué condiciones alguien hunde una inversión.

Todos creen que retocando el tipo de cambio, haciendo una banda cambiaria o hablando de atender al mercado interno, como si mágicamente la gente pudiera consumir más por una simple disposición política, todo se soluciona

Por empezar hay que entender que la tasa de interés no es el precio del dinero, como comúnmente se conoce, sino que tiene varios componentes.

La tasa de interés de mercado es la suma de:

1) El interés originario

2) La expectativa inflacionaria

3) El riesgo crediticio

4) El riesgo institucional

El interés originario es la compensación que pide el ahorrista para sacrificar consumo presente por consumo futuro. Una persona tiene un determinado ingreso, para que genere ahorro (no consuma una parte de su ingreso) y se lo preste a otro para que invierta o consuma, pide a cambio que lo compensen por postergar su consumo. De manera que la tasa de interés de mercado nunca puede ser cero porque eso supondría que la gente no le otorga valor al tiempo y le es lo mismo consumir hoy que dentro de un año.

En un país en que el Estado puede aplicar impuestos sobre los ahorros en forma retroactiva, el riesgo institucional es tan alto que quien está dispuesto a prestar sus ahorros en ese país va a cargar una tasa muy alta de riesgo institucional

Pero quien deja de consumir una parte de su ingreso para prestarlo, además de pedir que lo compense por sacrificar consumo presente por consumo futuro, también pide que lo compense por la expectativa inflacionaria que tiene. Si espera que en el año la inflación va a ser del 10% y presta sus ahorros a un año de plazo, al cabo del año querrá poder comprar la misma cantidad de bienes que al inicio del período, de manera que le cargará a la tasa de interés originaria, la expectativa inflacionaria del 10%.

También considerará el riesgo de cobrarle al que le presta sus ahorros. Es decir, puede pedir compensación por el riesgo crediticio.

Finalmente, está el componente riesgo institucional. En un país en el que no se respeta el derecho de propiedad. Un país en el que el estado puede confiscar los ahorros (Argentina tiene una larga tradición en este rubro como es el caso del plan Bonex, el corralito, el corralón, la pesificiación asimétrica, la confiscación de los ahorros en las AFJP, etc.). Un país en que el Estado puede decidir de la noche a la mañana que si uno prestó dólares tiene la obligación de recibir pesos devaluados.

En fin, en un país en que el Estado puede aplicar impuestos sobre los ahorros en forma retroactiva, el riesgo institucional es tan alto que quien está dispuesto a prestar sus ahorros en ese país va a cargar una tasa muy alta de riesgo institucional. Esto quiere decir que la tasa de interés tiende a subir en los países con alto riesgo institucional, entiendo por riesgo institucional que el Estado no respeta las reglas de juego. Que es arbitrario en su manejo.

Ahora bien, ¿cuándo alguien está dispuesto a hundir una inversión en alguna actividad diferente a la financiera? En la medida que la tasa de rentabilidad esperada supere la tasa de interés de un bono. ¿Por qué voy a asumir el riesgo de invertir en una fábrica de hamburguesas, lidiando con el riesgo que mi producto no se venda, los problemas de cobranza, los temas fiscales, laborales, etc., si la tasa de rentabilidad esperada es menor o igual a la tasa de interés que rinde un bono del gobierno? No tiene sentido invertir si puedo hacer la plancha teniendo el mismo riesgo país pero sin hundir la inversión y comprando un bono con el cual estoy líquido. De manera que solo invierto en una fábrica de hamburguesas si la tasa de rentabilidad de la fábrica supera la tasa el rendimiento de un bono.

El error de Cambiemos fue creer que la sola presencia de Macri en la presidencia podía borrar nuestra historia de irresponsables

Si se acepta este punto de partida, es obvio que cuanto mayor sea el riesgo institucional de un país, mayor será la tasa de interés y mayor la tasa de rentabilidad que el inversor le va a pedir a su proyecto de inversión. Cuánto más alto sea el riesgo institucional, menor será la cantidad de proyectos de inversión que superen la tasa de interés. Es decir, a mayor riesgo institucional, menor inversión hundida en el sector real de la economía.

Justamente este fue el punto clave en el que se equivocó Cambiemos creyendo que la sola presencia de Macri en el sillón de Rivadavia iba a atraer una lluvia de inversiones que conduciría al crecimiento.

Así, mágicamente la economía iba a crecer, el crecimiento se traduciría en más recaudación y con el gasto público congelado en términos reales, la brecha fiscal cerraría por mayor crecimiento. El mismo discurso que utiliza ahora la oposición para decir que esto no cierra con ajuste sino con crecimiento.

Grosero error tanto de Cambiemos como de la oposición, nuestra cruz es arrastrar una tradición de país defaulteador que no paga sus deudas y la mayoría de su dirigentes políticos aplauden de pie esa decisión. Nuestra cruz es ser confiscadores con los impuestos, con los ahorros en el sistema financiero, con reglas de juego en los que está ausente el derecho de propiedad o limitado significativamente en nombre de la solidaridad social.

¿Por qué en un país de saqueadores de riqueza iban a llover inversiones si el nuevo gobierno y la oposición no mostraban una actitud y discurso de cambio en el sentido de apostar a la cultura del trabajo?

El error de Cambiemos fue creer que la sola presencia de Macri en la presidencia podía borrar nuestra historia de irresponsables. Es más, el discurso de Cambiemos siguió alentando la cultura de la dádiva en vez de la cultura del trabajo. La competencia por ver quien ha dado más planes sociales estaba y está en cada debate entre la gente de Cambiemos y los K. Tanto prevaleció la cultura de la dádiva que el gobierno dio marcha atrás en la reducción de impuestos e incluso los aumento para sostener “planes sociales”.

¿Por qué en un país de saqueadores de riqueza iban a llover inversiones si el nuevo gobierno y la oposición no mostraban una actitud y discurso de cambio en el sentido de apostar a la cultura del trabajo?

Lo primero que hay que cambiar es el discurso y terminar con el populismo de la cultura de la dádiva. Lo segundo es reforzar ese discurso con medidas concretas. Lo tercero es comunicárselo con sencillez a la población

Esta historia que el gasto público era intocable, llevó al lío de la deuda externa, las LEBACs que hoy se transforma en el lío de las LELIQ, las LECAPs, el aumento de los encajes bancarios y las típicas corridas cambiarias producto de los arbitrajes tasa versus dólar que implementan los gobiernos cuando no quieren tocar el gasto público.

Tantas barbaridades institucionales cometidas en el pasado no se superan tan fácilmente. Lo primero que hay que cambiar es el discurso y terminar con el populismo de la cultura de la dádiva. Lo segundo es reforzar ese discurso con medidas concretas. Lo tercero es comunicárselo con sencillez a la población. Y lo cuarto es tratar de convencer a la oposición que el discurso populista espanta inversiones.

Si no se convence a la oposición hay que buscar primero el apoyo de la población para empezar a cambiar los valores que hoy imperan en la sociedad. Sin estos estos pasos previos ni diez Macri juntos van a genera una lluvia de inversiones.

Por su parte la oposición tiene que dejar de delirar con el verso que de esto se sale sin bajar el gasto público diciendo que se sale con crecimiento. Esa expresión es una contradicción porque mientras el gasto público siga siendo tan alto, la confiscación del trabajo y de los activos va a seguir, por lo tanto el riesgo institucional continuará siendo alto y las inversiones, el único camino de crecimiento de largo plazo, seguirán ausentes.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Las coincidencias entre Mises y Keynes sobre la expansión del dinero y el crédito

Por Guillermo Luis Covernton: Ponencia presentada en el VII Congreso Internacional “La Escuela Austríaca de Economía en el Siglo XXI”

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

ENTREVISTA A ADRIÁN RAVIER: Un proceso monetario que divide la biblioteca entre los economistas

Por Adrián Ravier.  Publicado el 16/9/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/783675/actualidad/proceso-monetario-divide-biblioteca-entre-economistas.html

 

¿La economía argentina puede adoptar en estos momentos un esquema de convertibilidad o de dolarización? La pregunta se sigue realizando en todos los ámbitos luego de que un asesor del presidente de los Estados Unidos, Larry Kudlow, sugiriera “atar el peso al dólar”. Ahora bien, ¿qué implica ese proceso? Según el economista Eduardo Robinson, hay que tomar en cuenta una serie de factores:

• Convertibilidad implica, que el peso pueda convertirse en dólares de manera inmediata. Hoy no alcanzan las reservas del Banco Central para adoptar este régimen.

• Implica establecer un tipo de cambio fijo, como el que rigió entre 1991 y 2001, pero no es lo adecuado en momentos en que se necesita flexibilidad del tipo de cambio y en momentos en que el dólar se fortalece con respecto a otras monedas.

• La economía argentina tiene problemas de competitividad y no puede adoptar una moneda fuerte como el dólar, porque su productividad es baja para impulsar el comercio exterior.

• En estos momentos la convertibilidad sería contraproducente, el país necesita exportar, para poder expandir la economía y acrecentar la oferta de dólares provenientes del comercio.

• La solución no es la convertibilidad, en esta coyuntura, hay que avanzar con disciplina fiscal, no emisión de moneda.

• Dolarizar una economía relativamente grande como la argentina, no es es sencillo, implica todo un mecanismo de adecuación del sistema bancario, caída de los salarios para dotar a la economía de competitividad.

Opiniones dispares

“Las segundas partes suelen ser peores que las primeras. La propuesta de dolarizar la economía (eliminar el peso como moneda de curso legal y usar el dólar para todas las transacciones y contratos) no es la excepción. Ya se propuso a fines de los 90, bajo el régimen de convertibilidad, cuando la economía ya estaba dolarizada de facto. Se vuelve a proponer ahora en una situación bastante diferente”. De esa manera se pronunció el economista Constantino Hevia. En el blog http://focoeconomico.org, el doctor en Economía por la Universidad de Chicago indicó que, entre los costos de la dolarización, pueden mencionarse a la pérdida de instrumentos monetarios que facilitan el ajuste ante shocks externos y la pérdida del señoreaje asociado al crecimiento económico.

A su criterio, los costos exceden a los beneficios. “Coincido con que la emisión monetaria excesiva asociada a la financiación de déficits fiscales ha sido la mayor fuente de inestabilidad macroeconómica de nuestra historia”, indica. Sin embargo, advierte, no es creíble que simplemente eliminando el peso también eliminaremos la indisciplina fiscal. Además de una historia inflacionaria, tenemos una historia de defaults y confiscaciones. “Si no podemos usar la emisión, es esperable que usemos con mayor frecuencia esas otras herramientas”, finaliza.

Desde el punto de vista del doctor en Economía Aplicada, Adrián Ravier, desde que existe el Banco Central, en 1935, la inflación promedio superó el 50%. “Personalmente desconfío que, mientras exista el Banco Central, se tenga estabilidad monetaria”, puntualiza a nuestro diario.

Si bien aclara que no propone la dolarización a economías como la chilena, la mexicana o la uruguaya, que cuentan con relativa estabilidad monetaria, en el caso argentino es diferente. “Tal vez la dolarización le traiga algunos beneficios, como una inmediata estabilidad monetaria, una baja de la tasa de interés y del riesgo país”, enumera.

Ravier sostiene, además, que todo esto puede contribuir a la reducción del factor incertidumbre, de tal manera que el país atraiga inversiones genuinas y se generen más empleos. “La llegada de capitales disminuyen el riesgo de devaluación; además, la inflación tiende a desaparecer y un país puede llegar a tener un amoneda que es considera buena en el mercado”, subraya.

¿Qué puede suceder en la transición hacia ese proceso? El economista indica que, al no hablar de dolarización, puede pensarse en la desnacionalización de la moneda, porque “la gente quiere al dólar desde hace décadas ya sea como reserva de valor, para el intercambio en operaciones inmobiliarias o para escaparle a la inflación y, así, no perder su poder adquisitivo”.

Ravier, en suma, considera que hay distintas situaciones que contribuyen a pensar que el rumor no es sólo eso, sino una propuesta que está en ciernes. Por caso, citó no sólo la opinión que emitió el director para Asuntos Económicos de Trump (“la única forma que tiene la Argentina de salir del dilema es atar su moneda, el peso, al dólar. La gente del Tesoro está en eso”), sino la misión del Fondo Monetario Internacional que ha llegado, en los últimos días, a la Argentina de forma sorpresiva para analizar los pasos que seguirá el gobierno del presidente Mauricio Macri. “Todo esto me parece que hace que la iniciativa deje de ser sólo un rumor, sino algo viable, posible y, a mi criterio, necesario”, remarca.

Según su opinión, si la Argentina no avanza hacia un proceso similar a la dolarización, es probable que en el corto plazo vuelva a sufrir los efectos de un atraso cambiario que se acumulará hasta las elecciones del año que viene y, frente a ese panorama, “en enero estemos devaluando de nuevo”.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.