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Los tres hipócritas mosqueteros

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/4/18 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandro-tagliavini/los-tres-hipocritas-mosqueteros-203974

 

Más salvajes son los conflictos cuanto más autoritarios son los ‘gobernantes’

Fuente de guerras y de todo tipo de conflictos, de aduanas, de represión a inmigrantes y salvajadas de toda clase son las fronteras, esos límites impuestos por los Estados que utilizan su monopolio de la violencia –sus fuerzas armadas y policiales– para imponerse dentro de territorios caprichosamente establecidos. Y más salvajes son los conflictos cuanto más autoritarios son los ‘gobernantes’, como los mosqueteros que hoy tenemos: Trump, Putin y Xi Jinping.

Los mismos tres que ahora se enfrentan –y lo pagan los ciudadanos comunes– por los supuestos ataques químicos en la ciudad siria de Duma, otra más de sus hipocresías. Sin dudas, es espantoso ver civiles muriendo debido a gases tóxicos, ¿pero acaso las muertes por misiles son válidas? No vale morir intoxicado, ¿pero sí destrozado por un misil?

La revista Foreign Policy –¿estará financiada por fabricantes de armas?– ‘sugirió’ una acción militar a gran escala contra Damasco. En una nota, recuerdan que el ataque anterior –el lanzamiento de 59 misiles Tomahawk contra la base aérea de Shairat en abril de 2017, después del supuesto uso de gas sarín en Jan Sheijun– “ha sido ineficaz”, ya que la base fue reutilizada al día siguiente y “no previno otros casos de uso de sustancias tóxicas”.

O sea, estos mismos torpes que promueven la violencia reconocen que no ha tenido éxito, pero, insólitamente, dicen que no ha sido exitosa por ser demasiado débil. “EE. UU. debería atacar una lista más amplia de blancos…”, dicen. Por cierto, Washington procede sin que le importe la opinión del Consejo de Seguridad de la ONU, otro organismo (multi) estatal, ineficaz y burocrático que en nada ha contribuido a la paz sino, más bien, al contrario.

Por otro lado, el artículo hace una referencia a un conflicto mayor con Rusia, ya que Putin es aliado de Siria. Lo cierto es que Trump contaría con el apoyo de Francia y el Reino Unido, mientras que podría empujar al Kremlin a una relación más estrecha con Pekín, reeditando la Guerra Fría, que sirvió para repartirse el mundo entre dos bloques.

Además, Washington planea nuevas sanciones económicas contra Rusia, que se suman a las que ya adoptó contra 38 individuos y entidades rusas por la presunta intromisión de Moscú en Ucrania y en varias elecciones occidentales y su apoyo al Gobierno sirio. Entre las empresas sancionadas están la exportadora rusa de material bélico Rosoboronexport, el gigante del aluminio Rusal, los conglomerados Russian Machines, Basic Element, la empresa automotriz GAZ y otras.

Los activos de estas personas y empresas bajo jurisdicción estadounidense quedan embargados y las transacciones financieras con ellas, prohibidas. Pero estas sanciones, además de despertar represalias de Putin, serán claramente negativas para el mismo mercado americano.

En fin, pretender que el Estado, el monopolio de la violencia –cuando la ciencia ha demostrado de manera concluyente que la violencia solo destruye– puede solucionar un problema es quizás la mayor hipocresía que hoy vivimos. Y, por cierto, el sofisma más grande en el que está basada esta sociedad decadente es forzar el cobro de impuestos –encarcelando a los ‘evasores’– porque el Estado necesitaría de esos fondos –el trabajo de las personas– para malgastarlos, por caso, en una de las corrupciones más notorias: el asistencialismo, enseñarles a las personas que pueden vivir gratis sin crear nada a cambio.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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El Gran Hermano no acepta competencia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/4/18 en: https://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/gran-hermano-acepta-competencia-174279

 

El Hermano Mayor o Gran Hermano es un personaje de la novela de George Orwell 1984, y es el ente que gobierna Oceanía a través del partido único, el Ingsoc. Nadie lo conoce, pero es omnipresente a través de telepantallas, con fuerte propaganda y controlando todo. Estos días, mientras Facebook es sospechada de espionaje, EEUU, Canadá, España y otros 14 países y la OTAN expulsan a diplomáticos rusos por el intento de asesinato de Skripal.

Cuando Trump ganó las elecciones, el Parlamento ruso recibió la noticia con aplausos. Pero ahora, las cosas se han enfriado. Los rusos saben de guerra fría; además de su propia KGB, recuerdan a los espías de EEUU, como la CIA, que colaboró derrocando a líderes electos en Irán y Guatemala en la década de los cincuenta y respaldó golpes de Estado apoyando gobiernos anticomunistas en América Latina, África y Asia.

Ahora resulta que Zuckerberg es criticado, entre otras cosas, porque no quería comparecer ante el Parlamento británico. En una carta remitida al presidente del Comité Parlamentario pertinente, la responsable de relaciones públicas de la red social indicó que sería uno de los adjuntos de Zuckerberg quien daría respuesta a los diputados.

Resulta irónico que los Estados, los Grandes Hermanos que todo nos controlan, desde la emisión de documentos de identidad con todos nuestros datos personales y hasta las agencias de espías, pasando por los entes recaudadores de impuestos que conocen todas nuestras finanzas, pretendan que nos van a cuidar de quienes quieren robarnos datos personales. Más bien parece que no quieren competencia o, peor, querrán imponer reguladores que tengan injerencia y autoridad sobre nuestros datos guardados en las redes sociales.

De hecho, a Facebook se le acusa de la filtración de datos de más de 50 millones de usuarios para ayudar… a la campaña del presidente de EEUU, el jefe del Estado. La empresa británica Cambridge Analytica, contratada tanto para la campaña de Trump como para la iniciativa a favor del brexit, recopiló información de millones de votantes a través de Facebook.

En 2010, durante la conferencia All Things Digital organizada por The Wall Street Journal, Steve Jobs se refirió a la cuestión de la privacidad enviándole una indirecta a Mark Zuckerberg, que estaba presente, en el momento en que Facebook enfrentaba críticas por la actualización de los controles que forzaban a los usuarios a compartir sus datos. “Privacidad significa que la gente entienda en qué se registra, en palabras claras y repetidamente”, dijo Jobs.

Es decir, la privacidad es, precisamente, una cuestión privada. Es decir, que las personas deben saber qué datos confían y a quién. Cada uno debe elegir y ser responsable de sus actos como con cualquier transacción sin que ningún burócrata pretenda entrometerse en algo tan sensible.

Por cierto, se ha dicho que el mercado ha reflejado este escándalo provocando la fuerte baja en el precio de las acciones de Facebook pero, en mi opinión, esta baja al menos en parte responde a que esta red se utiliza cada vez menos en favor de Instagram y WhatsApp. Riesgo, me parece, que corren todas las empresas, pero sufrirán más aquellas más infladas: por ejemplo, hoy Facebook y Netflix cotizan a una valuación equivalente a 11 años de ventas; Amazon a 4 años y Google a 7 años, cuando el índice S&P500 cotiza a una valuación de 2.2 años de ventas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Colombia en camino a la OCDE. Los problemas de que enfrenta (por ejemplo, propiedad intelectual), son los que esperan a Argentina

Por Martín Krause. Publicado el 19/3/18 en: http://bazar.ufm.edu/colombia-camino-la-oecd-los-problemas-enfrenta-ejemplo-propiedad-intelectual-los-esperan-argentina/

 

El actual gobierno argentino se propuesto que el país vuelva a ser parte de la comunidad internacional de naciones. Es necesario recordar que gobiernos anteriores hicieron todo lo posible en el sentido contrario: declararon el default de la deuda soberana, repudiaron el cumplimiento de tratados bilaterales de inversión, acumularon demandas por incumplimiento de las reglas de la OMC y buscaron aliados entre los peores vecinos del planeta, como Venezuela o Irán.

Este retorno es claramente aprobado por la población argentina, la que no quiere sentirse como un pendenciero global, sino que pretende ser al menos un ciudadano global correcto. Lo que no parece muy claro es si están al tanto de los costos que esto implicará, de los esfuerzos que el país deberá realizar para alcanzar ese objetivo.

He aquí un ejemplo: Argentina quiere pertenecer a la OCDE, que es algo así como un club de países desarrollados para compartir políticas públicas y reducir barreras o compatibilizar regulaciones relacionadas con inversiones, servicios, intercambios y otras normas que puedan afectar las relaciones entre los países miembros.

Pero como en muchos clubes, el ingreso tiene un costo; muchas veces hay que pagar o es necesario ser presentado por algunos que ya son miembros o hay que acreditar una determinada condición. Da la sensación de que en Argentina se avala la intención de pertenecer a grupos como éste, pero hay poca discusión sobre los requisitos necesarios para la membresía.

En estos días, algunas noticias por otra parte del continente dan una muestra de lo que esto puede significar. Un caso interesante para seguir es el de Colombia, país que también quiere ser miembro de la OCDE y ha iniciado el proceso de admisión un poco antes. Colombia se encuentra varios escalones por encima de Argentina en cuanto a libertad económica se refiere y le lleva a Argentina 34 puestos en el Índice de Calidad Institucional, ha mejorado 145 posiciones desde 2007. En el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation se encuentra en el puesto 42, mientras que Argentina está 144.

No obstante, Colombia no tiene el camino fácil. Por un lado, ha estatizado alguna empresa de  servicios públicos, enfrenta demandas en la OMC por los requisitos de certificación de origen de los productos importados que sean catalogados como de riesgo “medio” o “alto” y, en algo que Argentina aún está peor, ha sido señalado como un país que no tiene una protección de la propiedad intelectual apropiada: http://thehill.com/opinion/international/359996-colombia-must-enact-reforms-before-joining-rest-of-world-on-the-economy

No hay un control de la piratería y hay ciertas intervenciones en el mercado de productos farmacéuticos que parecen no cumplir con las normas internacionales. El documento que presenta el camino para el acceso de a la OCDE (Roadmap for the Accession of Colombia to the OECD Convention) del año 2013, reclama el seguimiento de las mejores prácticas en políticas de ciencia y tecnología, lo que incluye la protección de los derechos de propiedad intelectual, desarrolladas por el Comité respectivo.

La OECD tiene además un consejo consultivo empresario que se llama The Business and Industry Advisory Committee, que presenta recomendaciones a la organización y, al respecto, llama la atención que si bien ha mejorado algo las normas sobre la declaración de interés público de un determinado producto farmacéutico, que sería el primer paso para el otorgamiento de una licencia compulsiva (que elimina el efecto de una patente y permite copiar un producto patentado), con lo que el Ministerio de Salud buscaría reducir precios en el mercado, otras normas todavía mantienen abierta la posibilidad de intervenir en los precios de los productos. Al mismo tiempo, alguna agencia gubernamental (INVIMA) ha negado la protección de los datos que sustentan las investigaciones y pruebas de productos patentados, motivo por el cual el país está recibiendo reclamos de incumplimiento de sus obligaciones internacionales en los tratados sobre la materia (TRIPS).

En fin, se trata solamente de un ejemplo, de lo que puede esperar más adelante a la Argentina en este mismo camino que Colombia ya está recorriendo, partiendo de una situación que es peor a la de ese país en algunos aspectos. Y dadas las resistencias que aquí se generan cuando se afectan los intereses de algunos grupos locales que han crecido al amparo de alguna protección o privilegio, más vale que, si persisten en el objetivo de integrarse a la OECD, vayan removiendo los obstáculos que ya están allí delante.

 

Martín Krause completó su doctorado en Administración en la Universidad Católica de La Plata, es profesor de Derecho y Economía en la Facultad de Derecho e Historia del Pensamiento Económico (Escuela Austriaca) de la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires. Miembro de la Sociedad Mont Pérérin. Fué Rector, Director de Investigación y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). En 1993, recibió el Eisenhower Fellowship. También recibió el Premio de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires 2007.

El despiste de Kicillof con los créditos UVA

Por Iván Carrino. Publicado el 28/3/18 en: http://www.ivancarrino.com/el-despiste-de-kicillof-con-los-creditos-uva/

 

La polémica por la UVA despertó un viejo mito.

Escuchando la radio, el martes por la mañana enganché una entrevista que estaba dando Axel Kicillof al programa de Ernesto Tenembaum, en FM 89.9.

Pocas horas atrás, el Diario La Nación había publicado una nota que mostraba las supuestas falencias de los créditos UVA, algo que el ex Ministro de Economía aprovechó para pegarle al gobierno desde sus redes sociales.

“Si sacaste hace 24 meses un millón de pesos, ya llevas pagados $240 mil. ¡Pero debés un millón y medio!”, sentenció.

No fue mucha la fortuna de Kicillof. Es que en el programa de radio, el columnista de economía, Jairo Straccia, estaba  bastante empapado del tema.

El diálogo entre ambos fue el siguiente:

Axel Kicillof: El primer punto es que, como todo el mundo sabe, los créditos UVA tienen dos cualidades. No solo la cuota aumenta por inflación, sino que la deuda te aumenta por inflación. Eso es lo que está resultando en una combinación explosiva.

Jairo Straccia: Axel, si tomaste el crédito en junio de 2016 (en marzo nadie lo hizo), hasta diciembre de 2017, por cómo se movió el salario en relación a la cuota del crédito, esa cuota que era 25% del salario, hoy es 23,5%. En ese caso, el riesgo explosivo no se dio…

AK: Bueno, ¿pero cuánto debés? ¿Cuánto te dieron y cuánto debés ahora?

JS: Axel, como vos fuiste Ministro de Economía, entendés la diferencia entre variables nominales y variables reales. Si vos tenías un capital de 1 millón de pesos, que aumentó un 50% desde ese momento, la inflación fue 63% como mínimo. Entonces, en términos reales, lo que estás debiendo no es más, sino menos que la inflación.

AK: Sí pero… A ver… cuánto… a ver…

Lo que Kicillof no parecía entender es que la cuota del crédito UVA aumenta precisamente porque el capital se ajusta por inflación. Sin embargo, en la medida que los ingresos del deudor vayan de la mano de la inflación, ese aumento en el capital nominal adeudado no representa ningún problema.

Si José debe 1 millón de pesos y tiene ingresos de $ 260.000 por año, su relación “deuda / ingresos anuales” será 3,8. Ahora bien, si la inflación ajusta el capital adeudado a 1,5 millones, y el salario aumenta en la misma proporción, la relación seguirá siendo 3,8.

Pero, además, dado que José durante el período en que hubo esa inflación canceló parte del préstamo, no debe lo mismo en términos reales, sino menos.

Obviamente que con inflación del 20, 22% o 25%, conviene acceder a un crédito que cobra 14% anual.  ¿Pero cómo conseguirlo?

Eso nos lleva a nuestro segundo punto.

Los bancos versus la gente

Una de las críticas que más repetía Kicillof durante su participación en el programa era que la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) se había lanzado no pensando en la gente que toma los créditos, sino en los bancos.

Para Kicillof, la UVA es algo “a medida de los banqueros, los cubre a ellos de la inflación, pero al que saca el crédito, vaya uno a saber…”

El mito de los bancos contra la gente está muy extendido y viene de muy lejos. Piénsese que los primeros economistas, anteriores a Adam Smith, estaban en general en contra de lo que consideraban “usura”, el hecho de prestar dinero y cobrar un interés por ello.

Ahora bien, criticar a los bancos por cobrar intereses equivale a criticar al médico por querer cobrar sus visitas.

Algo similar ocurre con el tema de la UVA.

La UVA no es otra cosa que una unidad de cuenta. Es como si fuera una moneda, pero que no tiene un valor nominal fijo, sino que va moviéndose con la inflación.

Esto es muy importante a la hora de dar crédito. Si el Banco le presta a José $ 100 y José se los devuelve en un año, por la inflación esos $ 100 tendrán ahora menor poder de compra. Sin embargo, si el banco le presta 100 UVAS y José se las devuelve dentro de un año, el poder de compra habrá permanecido inalterado.

Obviamente, dar un crédito en UVA preserva el poder de compra de quienes ofrecen la liquidez. Pero pretender que esto no sea así implica abogar por un sistema donde el deudor estafe permanentemente al acreedor.

Sin UVA no hay crédito

En la etapa previa a la aparición de esta unidad de cuenta creada por el Banco Central, los únicos créditos que había disponibles eran los hipotecarios con cuota y tasa fija, pero sin ajuste por inflación.

En dicho esquema, las cuotas se mantienen fijas a lo largo de la duración del crédito, pero caen en términos reales. Así, la inflación juega a favor del tomador del préstamo.

José termina pagando la cuota del departamento con el 10%, el 7% o el 5% de su sueldo.

Ahora dado que los bancos no son sociedades de beneficencia, y está bien que no lo sean, comenzaron a prevenirse de este riesgo. ¿Qué pasó entonces? Las cuotas para acceder a un préstamo se volvieron prohibitivas.

Según datos oficiales, para acceder a un crédito UVA se necesitan $ 27.500 de ingresos familiares, mientras que para acceder al crédito “tradicional”, se necesitan $ 67.900, 150% más.

Esto impactó en el stock de crédito hipotecario. En el año 2004, los préstamos hipotecarios representaban el 1,8% del PBI. 11 años de inflación y cuotas fijas más tarde, el stock había caído al 0,9%. Tras la llegada de la UVA, la cantidad de préstamos volvió a subir, y se ubicó en 1,2% del PBI en 2017.

O sea que los créditos que son “buenos para la gente” porque se van licuando con la inflación son sencillamente demasiado buenos para ser ciertos. Como implican estafar al acreedor, terminan desapareciendo. Exactamente eso es lo que pasó en la Argentina inflacionaria de Kicillof.

El crédito UVA obviamente protege a los bancos de la inflación. ¿Pero cuál es el problema? Ahora hay más incentivos a dar crédito y más capacidad de endeudarse.

Como siempre, en un intercambio libre, ambas partes ganan. Es básico.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Ese diabólico “neoliberalismo”

Por Gabriel Boragina Publicado el 1/4/18 en:   http://www.accionhumana.com/2018/03/ese-diabolico-neoliberalismo.html

 

 

Abordo nuevamente el examen de la voz “neoliberalismo” porque parece ser que otra vez se ha puesto de moda entre nosotros, y que persisten las confusiones en cuanto a su sentido correcto. Me veré obligado a citarme a mí mismo en algunos pasajes de esta exposición, para poder tener un mejor panorama del tema, ya que lo he explicado varias veces y, en este caso, es importante la reiteración.

Es de notar que, el término es empleado -mayoritariamente- por los enemigos declarados o no ostensibles del liberalismo. Los liberales tenemos en claro que el “neoliberalismo” no es liberalismo.

“Los antiliberales usan como sinónimos las palabras *liberalismo* y *neoliberalismo*. Pero en realidad, estas dos palabras no significan lo mismo. Esto se revela cuando se le pide al antiliberal que describa lo que según él es el *neoliberalismo*. Entonces citan como ejemplo países con monopolios, impuestos altos, salarios bajos, desempleo, elevado gasto público, inflación, etc. Sin embargo, todas estas cosas no son fruto del liberalismo sino de su contrario del antiliberalismo. Y es curiosamente al antiliberalismo al que se le llama *neoliberalismo*, con lo cual la confusión que tienen los antiliberales es mayor todavía, porque no se reconocen como culpables de las políticas que propician, ni de los resultados que ellas producen, que no son más que los nombrados antes en parte.”[1]

“Neoliberalismo” es pues -en definitiva- antiliberalismo.

En la cita que sigue tenemos un ejemplo de un desconocedor, tanto de liberalismo como del “neoliberalismo”. Veamos lo que dice:

“Si dejáramos a la sociedad a su suerte, sin nadie que planifique y dirija, tal vez llegáramos a la sociedad perfecta del neoliberalismo, pero creemos más bien que la entropía sería cada vez mayor.”[2]

El “neoliberalismo” no deja “a la sociedad a su suerte” sino todo lo contrario: interviene en la misma, la planifica y la dirige. Es decir, la cita llama “neoliberalismo” a las consecuencias prácticas del estatismo o dirigismo (contrarios al liberalismo). Demuestra ignorar mucho. Sobre todo, que, en el liberalismo, la sociedad -en rigor- no existe, sino que hay individuos que actúan en su nombre. Estos individuos (todos nosotros, incluyendo el autor criticado) son los que planifican y dirigen, no a la “sociedad” en sí misma, sino esas personas a cada una de sus propias vidas particulares, las que -en conjunto- simplemente denominamos “sociedad”. El liberalismo no aspira a una sociedad *perfecta*, toda vez que la perfección es ajena a lo humano. Desea una sociedad cada vez más justa, más abundante y rica en bienes y servicios para todos, gozando de liberad para producir lo que cada uno quiera, y para desempeñarse en lo que se encuentre más capacitado, enriqueciendo a sus semejantes para prosperar el mismo. Este es uno de los objetivos del liberalismo.

“A los partidarios del mercado libre nos acusan con asiduidad de defender al “neoliberalismo“. Vaya uno a saber “qué cosa” podría ser para nuestros detractores el famoso “neoliberalismo”, que -en rigor- no pasa de ser un término peyorativo que usan todos los que no saben nada del verdadero liberalismo, excepto que esta última palabra no les gusta.

Cuando se piden “ejemplos” de “neoliberalismo” se suelen citar países con altos impuestos; monopolios de diverso calibre pero, habitualmente, en manos privadas por decreto o por ley nacional; desempleo; estímulos a las exportaciones; endeudamiento público (en rigor, estatal) y privado y, muy en general, a las políticas económicas seguidas -con desemejantes variantes y grados- en EEUU y Gran Bretaña, y en otras naciones latinoamericanas, durante las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX, según los casos. Pues bien, si es a esto lo que se considera “neoliberalismo” ha de saberse que -en lo personal- no soy defensor del “neoliberalismo”.[3]

El instrumento favorito del “neoliberalismo” es la suba de impuestos, con la excusa de ser el “único” medio disponible para reducir el déficit fiscal. A esto se le llama el “ajuste neoliberal”. En tanto, el liberalismo -en cambio- enseña que (por el contrario) los impuestos deben comprimirse, a la par de la baja del gasto público.

“En realidad, las políticas económicas mencionadas anteriormente y que se atribuyen al “neoliberalismo“ no son otra cosa que lo que Ludwig von Mises (y con él la Escuela Austriaca de Economía habitualmente) designó con el nombre de intervencionismo, también llamado otras veces sistema “mixto”, “hibrido”, “dual”, “intermedio”, etc. que -en definitiva- poco o nada tienen que ver ni con el verdadero liberalismo ni con el capitalismo que, como hemos señalado en otras oportunidades, constituye este último “el anverso” económico de “la moneda” del liberalismo. No han faltado tampoco quienes han rotulado aquellas políticas con el nombre de mercantilismo, que -en resumidas cuentas- no viene a ser, a nuestro modo de ver, más que una especie del intervencionismo.

Tal ya se ha explicado, como corriente filosófica, moral, política o económica el “neo-liberalismo” no existe. Y el empleo de dicho término a nada conduce, si lo que se pretende con el mismo es atacar al liberalismo, habida cuenta que este último nada tiene en común con aquel. En el mejor de los casos, el “neoliberalismo” podría entenderse como un periodo de transición de una economía socialista a otra economía de tipo liberal/capitalista. Pero en la medida que la transición se detenga y no se opere, el “neoliberalismo” no obtendrá resultados diferentes a los que consigue el intervencionismo. El llamado “neoliberalismo” sólo tendría razón de ser si su meta es llegar al liberalismo y no en ningún otro caso.”[4]

Es preferible -en doctrina correcta- continuar usando las frases estatismo, intervencionismo, dirigismo, colectivismo, socialdemocracia, populismo, etc. y no “neoliberalismo”, ya que aquellas expresiones reflejan mucho mejor que este último lo que se quiere representar con él (las tremendas consecuencias ineludibles de aquellos sistemas).

El vocablo “neoliberalismo” sirve también para estos otros propósitos:

  1. Busca desprestigiar al verdadero liberalismo, atribuyéndole los fracasos de las políticas estatistas.
  2. Enmascara los magros resultados de estas políticas, recubriéndolas con un nombre distinto (“neoliberalismo”). Cuando los gobiernos socialistas fracasan o colapsan (como irremediablemente -a la larga o a la corta- termina siempre sucediendo) inmediatamente culpan de ello al “neoliberalismo”. Cuando -según sus particulares parámetros- obtienen algún “logro” lo atribuyen al socialismo que practican. Pero ambas terminologías traducen el mismo significado: el gobierno interfiriendo en los asuntos particulares, económicos y no económicos.
  3. Es una palabra cómoda para los estatistas de todo signo (izquierda, centro o derecha) para eludir sus sentimientos de culpa por sus yerros.

[1] http://www.accionhumana.com/2015/04/liberalismo-mano-invisible-y-mercados.html

[2] Javier Bellina de los Heros – memoriasdeofeo.blogspot.com

[3] http://www.accionhumana.com/2015/02/economia-neoliberalismo-y-capitalismo.html

[4] Ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El negacionismo económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por la ideología: De Pierre Cahuc y André Zylberberg

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/3/18 en: http://www.elcultural.com/revista/letras/El-negacionismo-economico-Un-manifiesto-contra-los-economistas-secuestrados-por-la-ideologia/40795

 

Pierre Cahuc y André Zylberberg

Este libro expulsa a los economistas antiliberales más radicales, como los podemitas galos “aterrados”, al mundo de la superstición. La economía, alegan los autores, es una ciencia, y oponerse a sus conclusiones es como sostener que el tabaco garantiza la buena salud de los pulmones.

Y la economía demuestra que la demonización de las finanzas y la propuesta de la Tasa Tobin (que no es de Tobin) son insostenibles, aunque “prestan inmensos servicios a los políticos, sobre todo en campaña electoral y en periodos convulsos. Con arrojarlas de carnaza a las masas vengativas, el éxito está asegurado”. Además: “las subidas de impuestos tienen un efecto negativo en el crecimiento”. Desmontan asimismo varias falacias de suma cero, o maltusianas: la llegada de inmigrantes no aumenta el paro ni reduce los salarios, y la reducción de la jornada laboral no crea empleo, como tampoco lo crean las prejubilaciones. Terminan refutando las jeremiadas sobre los peligros de los robots y “el fin del trabajo” pregonadas desde Davos y otros saraos análogamente arrogantes y buenistas.

Para colmo, nadie puede acusarlos de ser agentes del poder económico. Cahuc y Zylberberg dedican un capítulo a desollar a los “empresarios que arruinan Francia” con los camelos de la “política industrial”, cobrando fortunas de consumidores y contribuyentes. Es el típico capitalismo de amiguetes, “fábula” que no sirve para nada “porque son las empresas en declive las que más se movilizan para recibir ayudas públicas. Se juegan su supervivencia. Por desgracia, también vemos que las subvenciones concedidas a esas empresas no les permitieron superar sus dificultades”.

Como era de esperar, muchos han arremetido en Francia contra los autores acusándolos de liberales, y llevándose las manos a la cabeza: ¿cómo es posible que sigamos con el liberalismo del FMI, de los bancos centrales, y de la economía neoclásica? Sin embargo, la teoría neoclásica no es liberal, como sabe cualquiera que haya hojeado un manual, los bancos centrales tampoco, y el FMI menos todavía, porque se ha pasado toda la vida reclamando subidas de impuestos. Y, por asombroso que parezca, tampoco lo son los autores. No critican a los bancos emisores, y no quieren que el gasto público sea menor sino mejor. Afirman que bajar los impuestos es apenas un “remedio milagroso”. Ellos quieren subirlos. Les gusta, como a tantos en la izquierda y en la derecha, el modelo escandinavo, con altos impuestos, con retenciones y sin deducciones, para que nadie se escape, pero con mercados abiertos y flexibles.

Los liberales estarán tentados también de criticarlos por su reduccionismo, o “cientismo”, que diría Hayek, y por su visión de la economía como una disciplina puramente experimental. No estoy de acuerdo. La teoría económica no está tan alejada de los problemas reales de la gente como a veces se afirma, y ha mostrado en las últimas décadas una mayor pluralidad de enfoques, incluido el institucional. Los autores no declaran que la economía es igual que la física; y, por cierto, la economía experimental no es terreno exclusivo de los antiliberales: que se lo cuenten a Vernon Smith.

Las debilidades de este volumen son otras, empezando por su propio énfasis en la contrastación, que los lleva a ser imprudentes, como cuando dan por sentado que los multiplicadores del gasto local están en torno al 1,5: B. Dupor y R. Guerrero calculan, en cambio, que se sitúan entre el cero y el 0,5 (Journal of Monetary Economics, diciembre de 2017). Como muchos otros economistas, no analizan bien el Estado, y creen que es una suerte de condición exógena, que plantea unas demandas, que los economistas responden de manera técnica y asignativa.

La lógica del propio Estado, como decía equivocadamente Hicks, nos es ajena. Se trata de desatino, que a la postre bloquea el análisis robusto de la realidad. Hay otros errores, como cuando hablan de “bancos” en España, y es obvio que se refieren a las cajas; o de “desregulación” cuando quieren decir lo contrario.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Ladrones errantes y ladrones estables

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/3/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/03/20/martes-ladrones-errantes-y-ladrones-estables/

 

El argumento que suelen usar los más fanáticos defensores de la política gradualista del gobierno, suele consistir en decir que si aceleran las reformas, se produciría una crisis social, caería el gobierno y vendría el peronismo que explotaría más al contribuyente con más gasto público. Algo así como: aguanten mi explotación que si no vienen otros y va a ser peor.

Este argumento me hizo recordar un pasaje del libro Poder y Prosperidad, de Mancur Olson, en el que analiza la situación de un pueblo chino en la década de 1920 que es constantemente sometido al saqueo de bandas de ladrones errantes. Los ladrones errantes son aquellos grupos de delincuentes que entran en el pueblo y como no piensan quedarse a vivir en él, le roban a la población todo lo que tiene. Esa población vive en la mayor de la pobreza porque tienen pocos estímulos para producir y mejorar dado que saben que, en cualquier momento, aparecerá la banda de ladrones errantes a robar para luego irse a otro pueblo a seguir robando. ¿Para qué producir si todo el fruto del trabajo es robado sin piedad por los ladrones errantes?

Esto sucede hasta que un día aparece el ladrón estable, que es aquél que entra en el pueblo con su banda de delincuentes con el objetivo de quedarse a vivir allí. Ahora bien, el ladrón estable les ofrece a los habitantes defenderlos de los ladrones errantes a cambio de una parte de los bienes que producen. Es evidente que, en términos relativos, los habitantes de ese pueblo van a estar en mejores condiciones bajo la opresión del ladrón estable que sometidos a los constantes ataques de los ladrones errantes. El ladrón estable sabe que, para diferenciarse del ladrón errante, tiene que robar un poco menos que éste, porque si no el habitante del pueblo va a estar en un punto de indiferencia. Además, el ladrón estable tiene que darle algún estímulo al habitante del pueblo para que siga produciendo y le transfiera parte de sus bienes a él. Si el ladrón estable actuara de la misma forma que el ladrón errante, el habitante del pueblo no tendría estímulos para producir y no podría mantener al ladrón estable y, justamente, lo que éste quiere es que la gente lo mantenga en base a la amenaza que él puede infligirles por medio de la fuerza bruta.

Es obvio que, como decía antes, la población de ese pueblo estará mejor, en términos relativos, bajo el dominio del ladrón estable que acosado permanentemente por el ladrón errante. Sin embargo, esa población no está en su óptimo. Su óptimo es no ser víctima ni del ladrón errante, ni del estable. Su óptimo es tener asegurado su derecho de propiedad de manera de tener estímulos para producir y progresar.

Planteado el razonamiento de Mancur Olson, me apuro a aclarar que si uno traslada ese ejemplo al caso argentino, no digo que este gobierno le robe a la gente, me refiero a la carga impositiva que sigue aplicándole a una parte de la población. El argumento es que no se pueden bajar más los impuestos porque no se puede bajar más el gasto público a riesgo de tener una crisis social. Dicho en otras palabras, es como si nos dijeran: si bajamos más el gasto público, vuelven los ladrones errantes y vas a estar peor, así que aguantá esta presión impositiva que no es tu óptimo pero es el mal menor. En rigor, considerando que la carga impositiva no es solo de la nación, sino también de las provincias y de los municipios, lo que ha ocurrido, al menos en la provincia de Buenos Aires que tiene un gobierno del mismo signo del gobierno nacional, es que la nación ha bajado marginalmente los impuestos y la provincia los ha aumentado brutalmente. Me refiero, por ejemplo, al impuesto inmobiliario.

El argumento del gradualismo es el preferido de algunos legisladores de Cambiemos, sin embargo no parecen estar muy inclinados a bajar el gasto gradualmente ni a hacer grandes sacrificios de austeridad.

Gráfico 1

El gráfico 1 muestra la evolución del gasto del Poder Legislativo Nacional en dólares corrientes (para 2018 utilicé un tipo de cambio de $ 20). Cómo puede verse, entre 2007 y 2018 el gasto del Poder Legislativo se habrá multiplicado por 5 y si lo analizamos en pesos constantes de 2018 se multiplica por 2 usando el IPC.

Gráfico 2

Resulta difícil imaginar que vaya a producirse un estallido social si el Poder Legislativo reduce su gasto, finalmente, no es solo responsabilidad del Ejecutivo poner en orden las cuentas fiscales, sino del conjunto de la dirigencia política. Los gráficos 1 y 2 hacen dudar de la real voluntad de disminuir el gasto público cuando legisladores oficialistas insisten con el estallido social. ¿Es miedo a estallido social o miedo a perder el negocio de la política? Esta misma pregunta podemos formularla para el caso de los planes sociales, ¿es miedo al estallido social o se pierde parte del clientelismo político?

La estrategia del gobierno está centrada en no bajar el gasto público en términos absolutos. Por el contrario, piensa aumentarlo al ritmo de la inflación apostando a que el PBI va a crecer y el gasto sobre el PBI se va a ir licuando. No habría tanto una reforma del estado sino un país con mayor ingreso que le permitiría, con un esfuerzo razonable, dilapidar en un estado sobredimensionado.

El punto a considerar es si, al igual que en el caso de los ladrones errantes y ladrones estables, estamos en una situación de ladrones estables que nos dejan trabajar pero nos confiscan buena parte de nuestros ingresos con lo cual no estamos en el óptimo y no podemos crecer. Nuestro crecimiento está limitado a lo que nos confisque el ladrón estable. Insisto una vez más, no estoy diciendo que el gobierno está compuesto por ladrones, solo uso la metáfora que utiliza Mancur Olson en Poder y Prosperidad para mostrar que no se trata de reemplazar a un ladrón errante por uno estable para crecer, sino que los países crecen cuando tienen gobiernos limitados que respetan el derecho de propiedad. Si el estado nos va a seguir confiscando el fruto de nuestro trabajo para financiar más de 50 planes sociales, empleados públicos y el negocio de la política, entonces no va a haber estímulos para invertir e incrementar la riqueza. Dicho en otras palabras, no habrá estímulos para crecer en forma sostenida y, de ahí, mis dudas que el gasto público termine licuándose sobre un PBI más grandes. Normalmente, estos ensayos terminaron en que el que quedó licuado no fue el sector público sino que fue licuado el sector privado. Justamente el generador de riqueza.

Ya pasaron algo más de dos años y sigue sin aparecer la lluvia de inversiones. La evidencia muestra que el sector privado no está dispuesto a invertir bajo estas condiciones de presión tributaria, legislación laboral y precariedad fiscal. Tal vez sea hora de ensayar otro camino.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Cómo conseguir un aumento de salario del 900%

Por Iván Carrino. Publicado el 22/3/18 en: https://contraeconomia.com/2018/03/como-conseguir-un-aumento-de-salario-del-900/

 

Sin Moyanos ni cortes de calles, existen trabajadores cuyos salarios pueden crecer de manera astronómica.

Stranger Things es una de las series que está haciendo furor en este nuevo mundo de televisión “on demand” vía internet. Una de las más recientes producciones de Netflix, con la actuación estelar de Winona Ryder, cautivó la atención de grandes y chicos por igual.

A mí personalmente también me atrapó. Recuerdo hace unos meses cuando en casa decidimos comenzar a verla. No nos duró más que dos fines de semana. Es que la ciencia ficción, el suspenso y la estética de los años ’80 te vuelven adicto a la pantalla. La producción, cabe decirlo, también es sensacional, así que si aún no viste Stranger Things, te recomiendo que te prepares para hacerlo este mismo sábado.

Ahora bien, esta famosa serie de Netflix, que ya recibió algunos premios Grammy y Globos de Oro, también tiene para enseñarnos una importante lección de economía.

Por qué suben los salarios

En Argentina, y especialmente en Buenos Aires, estamos cada vez más acostumbrados a los cortes de calles. Cada vez que hay un embotellamiento o los peatones escuchamos bombas de estruendo, nos preguntamos:

¿Qué se reclama hoy?

Por lo general, la respuesta es sencilla:

Son los empleados de tal rubro, exigiendo un salario justo y mejores condiciones laborales.

En este contexto, es normal que muchos piensen que los aumentos de sueldo dependen de cuánta fuerza haga el sindicato o de cuánto alcance tengan las llamadas “conquistas sociales”. El planteo detrás de este razonamiento es profundamente marxista. Dado que los empresarios explotan a los trabajadores, se piensa, éstos deben oponer resistencia y reclamar lo que, en realidad, siempre fue suyo.

Así, los salarios estarían determinados por la “puja distributiva”: lo que ganan los trabajadores lo pierden los empresarios, y viceversa.

La realidad no tiene nada que ver con este planteo. Los acuerdos voluntarios –como los contratos laborales- no son juegos de suma cero, sino que siempre reportan beneficios para ambas partes.

Además, los salarios no dependen de la fuerza de los sindicatos sino de un concepto económico fundamental, conocido como “productividad marginal del trabajo”.

En términos sencillos, la productividad marginal hace referencia al ingreso adicional que reporta una unidad adicional de trabajo. Es decir, si contratar a una persona una hora más, genera beneficios adicionales de USD 100, entonces la productividad marginal de esa unidad de trabajo es de USD 100.

Este punto es clave, ya que le pone un techo al salario que los empresarios pueden pagar. Si tuvieran que pagar USD 150 por hora, los números no cerrarían, porque contratar una hora más de trabajo generaría una pérdida para la empresa. Pagar menos, en cambio, resulta en un beneficio marginal. Es decir,  en un beneficio adicional.

En el largo, plazo, los economistas coinciden en que los salarios y la productividad marginal de trabajo van de la mano, y lo segundo determina lo primero.

Aumento del 900%

Volviendo a Stranger Things, se conoció ayer que muchos de los actores de la popular serie van a recibir aumentos de salario de hasta 10 veces por cada capítulo que realicen. Así, el joven actor que interpreta a Dustin, pasaría de cobrar USD 25.000 por capítulo a USD 250.000. Una suba impresionante… ¡Y en dólares!

¿Cómo es posible que esto suceda? ¿Es que el Sindicato de Actores de Hollywood (si es que existe tal cosa) negoció una buena “paritaria”? ¿Es que Winona Ryder contrató los servicios internacionales de Hugo Moyano?

Nada de eso. La respuesta es la productividad marginal del trabajo.

Hagamos algunos números.

Para la producción de las primeras dos temporadas de la serie se habrían invertido unos USD 60 millones. La compañía productora, Netflix, sin  embargo, reportó en 2017 ingresos por nada menos que USD 11.600 millones.

De acuerdo con la empresa, los abultados ingresos respondieron en buena medida al éxito de la serie 13 Reasons Why, la película Bright y Stranger Things.

Así que si suponemos que al menos el 10% de la facturación 2017 de Netflix fue gracias a Stranger Things, llegamos a que la serie en particular generó ingresos por USD 1.160 millones. Si a esto lo dividimos por la cantidad de capítulos filmados (17), llegamos a un ingreso por capítulo de USD 68,2 millones.

Ahora bien, asumiendo que gran parte de los ingresos generados por cada capítulo de Stranger Things son gracias a las buenas actuaciones de sus principales estrellas, y asumiendo que estos números se mantendrán en los 8 capítulos de la nueva temporada, llegamos a lo siguiente:

  • En la nueva temporada, cada capítulo generará USD 68,2 millones.
  • Las estrellas principales son un total de 10.
  • Y asumiendo que ellas son responsables del 25% de la facturación.

Entonces a cada una se le podrá pagar hasta USD 1,7 millones por capítulo (68,2 * 25% / 10).

Es decir que la productividad marginal del trabajo de cada estrella de Strager Things (estimada muy grosso modo) es de USD 1,7 millones.

El salario, sin embargo, oscilaba entre los USD 20.000 y los USD 100.000.

Resulta obvio, en este contexto, que hay una contundente razón por la cual los salarios pueden aumentar tan significativamente.

Servir al consumidor

Como se observa, los aumentos salariales, incluso cuando sean astronómicos, no dependen del poder de los sindicatos y las conquistas sociales, sino de la productividad marginal del trabajo.

No obstante, alguno podrá decir que estas cosas solo les suceden a pocos privilegiados o afortunados, como el caso de las megaestrellas de Hollywood.

Y aquí tenemos una nueva lección de economía y de la vida en general. La clave de Strnger Things fue cautivar la atención y el disfrute de los espectadores. Si la serie hubiese sido aburrida, mal actuada y de baja calidad de producción, nadie la habría visto y pocos habrían sido los ingresos generados.

Obviamente, no habría habido ningún aumento de salario.

Así que la productividad marginal del trabajo es un factor clave, pero depende de que el producto satisfaga las necesidades de los consumidores.

Así que ya sabés: si querés un aumento de salario, asegúrate de trabajar en una empresa que satisfaga permanentemente las cambiantes demandas del consumidor.

En una economía de mercado, esa es la única manera de triunfar.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La Gestión del Talento es un juego de estrategia

Por Alejandro Bagnato: Publicado el 18/3/18 en: https://www.linkedin.com/pulse/la-gesti%C3%B3n-del-talento-es-un-juego-de-estrategia-alejandro-bagnato/

 

La Gestión del Talento sigue siendo clave en las organizaciones. Aún habiendo superado la etapa en la que las empresas estaban a la espera de la política económica y la reactivación de las expectativas de consumo de los clientes, el desafío de fidelizar y mantener a aquellas personas en las que se ha invertido en los últimos años para lograr la performance esperada continúa vigente.

No hace mucho tiempo atrás, los planes de Gestión del Talento estaban hechos casi perfectamente. Los diferentes caminos trazados a cada uno de nuestros futuros líderes eran autopistas fáciles de manejar.

Pero algo falló. A pesar de tener excelentes sistemas tecnológicos que permiten visualizar las diferentes opciones de sucesión, o métodos ya probados de assessment de potencial de las personas (ya sean individuales o grupales, presenciales u online), estos planes no están logrando el resultado esperado.

¿Qué pasaría si el Director Comercial de una Compañía sólo lograra alcanzar un 30% de su presupuesto de Ventas? Todos sabemos cuál sería la decisión. Esa es la efectividad de los planes de Gestión del Talento según algunas investigaciones realizadas.

Las decisiones que tomamos, ya sea cuando promovemos a un nuevo Director o solicitamos una búsqueda a un profesional de Executive Search, marcarán la calidad de nuestra Estrategia de Gestión del Talento.

Si entendemos por “personas con talento” a aquellas que contribuyen a los resultados de la organización, ya sea individual o colectivamente, queda más que evidente su estrecha relación con la estrategia.

En mi experiencia, prestar atención a la estrategia es fundamentalmente crítico. Dejado al azar, la utilización de diferentes prácticas de desarrollo y fidelización, harán el esfuerzo estéril.

Por ello, la planificación de talento es un delicado equilibrio entre las prácticas que hacen al negocio y las incógnitas del futuro de ese negocio. La dinámica del mercado y las expectativas de las personas, pueden hacer obsoletos rápidamente nuestros planes de sucesión.

Las diferentes estrategias de negocio, exigen competencias que alguna vez consideramos invisibles. La confluencia a planes de desarrollo más personalizados, prácticas de coaching que balanceen la efectividad en el puesto y la vida personal y una apertura a nuevas exigencias de liderazgo, harán nuestra tarea un tanto más complicada y aún más desafiante.

Preparar a la organización con jugadores flexibles que puedan ejercer múltiples roles, aumentar las opciones de Marca Empleador para atraer desde diferentes fuentes de reclutamiento, implementar las “conversaciones/diálogos de carrera” como una práctica habitual entre líderes y colaboradores serán los desafíos a lograr.

Por lo tanto, la gestión del talento requiere que los profesionales de Recursos Humanos y sus clientes internos entiendan cómo definen el talento, qué ellos consideran como “el talento” y lo que podría ser el background necesario. El talento puede ser considerado como una compleja conjunción entre habilidades, el conocimiento, la capacidad cognitiva y el potencial de los empleados. Los valores de los empleados y las preferencias de trabajo son también de gran importancia.

Dicho de otro modo, en lugar de preguntarse cómo el talento de una persona puede servir a la empresa, la Gestión del Talento deberá preguntarse cómo se puede ajustar la estructura de la organización para atraer, desarrollar y fidelizar personas talentosas.

Sin embargo, esta personalización puede ser dificultosa. Frecuentemente las organizaciones tienen dos grandes barreras a superar en la personalización: el presupuesto y el mensaje de marca empresa. Al centrar los mensajes sólo a un target, deja de lado otras posibilidades de personas necesarias para la compañía y además no explica a nadie si realmente es la persona ideal para esa Compañía.

Por otra parte, las variables del ciclo de vida del colaborador han cambiado, al igual que sus expectativas y motivaciones. Es por ello que las personas que se responsabilizan por la gestión de sus propias carreras esperan, también, una participación activa por parte de su empleador. Lo que se suma de aquí al futuro es la globalización de las posiciones y que los puestos estén en cualquier parte del mundo, producto de la multiculturalidad. Las personas se sienten atraídas por oportunidades cada vez más interesantes y que exceden las fronteras.

Desafíos del Talent Pipeline

El término “Talent Pipeline” es una término que se usa en el sentido de los diferentes elementos del proceso de gestión del talento.

Además de asegurar de que a cada elemento se le da la misma atención, hay varios aspectos que deben abordarse en el diseño, implementación y evaluación del éxito de la gestión.

En la base, las organizaciones que sacan partido de la gestión de su talento involucran a las personas adecuadas en diversas fases del proceso para apoyar la iniciativa, desde el comité de dirección, el área de recursos humanos y pasando por los mandos medios.

¿Por qué los programas de talento producen buenos resultados en algunas organizaciones y en otras no? Puede parecer atractiva para cualquier tipo de organización –por su doble enfoque hacia resultados para la organización y crecimiento para las personas- pero no todas les dan importancia a cada elemento como parte de un engranaje simultáneo y continuo.

En términos prácticos, pocas son las organizaciones que pueden disponer de un esquema integral, debido a que implica un grado de coordinación muy alta que puede conllevar la reorganización de funciones. Lo habitual, es que centren su atención en algunos procesos concretos, que podemos considerar los “puentes” que vinculan a las personas con la estrategia de la organización. Los más comunes entre ellos son los siguientes:

  • Atracción: hoy las organizaciones desarrollan su Employer Branding, utilizando las mismas plataformas comunicacionales que para su comunicación externa y Marketing. En esa comunicación, capturan la verdadera esencia de la organización, estableciendo de esta manera la identidad de la organización como empleador. Además, se diferencian de los competidores basándose en sus fortalezas, la cultura y su estilo de gestión.
  • Reclutamiento: Es donde comienza el ciclo de vida de los empleados. Por lo tanto, es la etapa en que la gestión del talento debe ser más eficiente. Requiere de un análisis previo de nuestros colaboradores actuales, la oferta potencial del mercado y la demanda futura de contribuidores a la organización.
  • Identificación de Key People y Key Jobs: Análisis e identificación de aquellas personas que no podemos dejar ir y de aquellos puestos que nunca debemos tener vacante. Para ellos, todos los esfuerzos de planificación y prácticas a aplicar.
  • Clarificación de la PVE (Propuesta de Valor al Empleado): La mayoría de las organizaciones carecen de un programa eficaz de PVE. La elaboración de un PVE competitivo, permite a una organización poder acceder a candidatos pasivos y de alto rendimiento en el mercado y mejora el engagement del empleado hasta un 30%. Muchos propuestas fracasan debido a la desalineación entre las preferencias de los empleados y la PVE o una inadecuada diferenciación de los competidores. Como resultado, sólo uno de cada cuatro empleados recomendaría a su organización.
  • Utilización de Executive Onboarding: El Onboarding es el proceso de conciliar el aprendizaje, el ajuste y el alineamiento de los ejecutivos recién contratados o promovidos, con su nuevo rol en la organización y en el menor tiempo posible. Así, se logra que el ejecutivo pueda generar valor a la organización, lo más rápido posible. ¿Para qué posiciones se recomienda utilizar el Onboarding? Los programas de inducción tradicionales deben ser utilizados a todo nivel en la compañía, sin excepción. Sin embargo, un programa de Executive Onbaording, tiene que ser fundamental en los procesos de reclutamiento y promoción de los más altos niveles de la organización, tanto por el costo del proceso, como por el valor agregado que se espera que produzcan.
  • Engagement: Lograr el engagement del empleado. En general, la combinación de compromiso racional y emocional a la organización, para llegar a un esfuerzo discrecional sin que provoque stress, obteniendo una fidelización del colaborador. El engagement personalizado depende más del corazón que de la mente.
  • Involucramiento del Board: El compromiso de los ejecutivos senior es clave para el futuro éxito de los empleados. Cuantos más ejecutivos se comprometen con el desarrollo de sus empleados y actúan con esos compromisos, la probabilidad de éxito en puestos críticos aumenta aproximadamente 30%. Para ello, es fundamental la comunicación constante y la clarificación de expectativas.
  • FidelizaciónFidelizar a los profesionales más productivos y mejor cualificados es, de entre todas las facetas de la gestión del talento, la que más preocupa a los directivos en el día de hoy. A diferencia de lo que sucedía hasta hace unos años, cuando laatracción de candidatos era la prioridad, en la actualidad, ante la escasez de talento que se vive, estamos obligados a aprender a hacer frente a las circunstancias y estar preparado para poder continuar siendo competitivos no solamente externamente sino también internamente.
  • Performance Management: La gestión del desempeño representa una importante oportunidad para la retroalimentación y el desarrollo. En su mayor parte, sin embargo, son un ejercicio de procesos que la organización requiere y que una vez que se hayan completado, casi nunca son vistos o utilizados de nuevo. En lugar de ello, deberíamos realizar una evaluación permanente del desempeño, que pueda rastrear las iniciativas de desarrollo y medir su éxito, lo que permite que se hagan cambios cuando sea necesario.
  • Conversaciones de Desarrollo: Romper las barreras de comunicación y fomentar una mejor charla sobre el desarrollo profesional entre los directivos y sus colaboradores, aumenta el atractivo de la organización para los profesionales y puede aumentar las tasas de fidelización. Una cultura que valora el desarrollo personal y la progresión de la carrera, podrá ver los resultados de su inversión en colaboradores comprometidos y productivos.
  • Identificación del Potencial: asegurar que el método de identificación de los empleados de alto potencial de la compañía (a través de las diferentes metodologías) incluya indicadores fiables de los tres predictores de éxito que el CEB (Corporate Executive Board) postula: compromiso/engagement, capacidad/habilidad y aspiración/ambición.
  • Career path: Establecer la secuencia de actividades de desarrollo que involucran la educación formal, informal, entrenamiento y experiencias laborales que contribuyan a que una persona se encuentre en condiciones de asumir roles de mayor complejidad en el futuro.
  • Coaching: Prácticas de Coaching por niveles, permitiendo a los líderes hacer los cambios apropiados en el enfoque y tipo de actividades de entrenamiento y colaboración mientras sus empleados ascienden en la organización.
  • Programas de Transición de Carrera: Se trata de un proceso de asistencia de una compañía hacia sus colaboradores recientemente desvinculados con la misma. Los programas brindan soporte y herramientas a aquellos empleados que deben transitar el cambio. Entre otros beneficios, ayudan a reducir el impacto negativo que puede generar una reducción de personal, e influye de manera positiva en los demás trabajadores. Es así cómo se alcanza una imagen corporativa positiva, tanto internamente como externamente.
  • Desarrollo Dirigido por Líderes (DDL): como plantea el CLC L&D (Corporate Leadership Council) establecer una serie progresiva y dinámica de interacciones relacionadas al trabajo entre el líder senior y el líder en ascenso, diseñadas para mejorar el desempeño del líder en ascenso e incrementar la disposición para roles de liderazgo futuros.
  • Succession Management: muchas organizaciones realizan sus sistemas de gestión formal de sucesión del liderazgo alrededor de las habilidades clave de una posición y de las personas que son más difíciles de reemplazar por el mercado. Además, identifican y desarrollan sucesores para puestos específicos en el equipo de alta dirección. La sucesión es la continuación en la organización, de un colaborador en lugar de otro, con iguales o superiores características humanas y técnicas. Esta continuación o relevo es planificado y organizado con orden y método.
  • Talent Review: establecer periódicamente el proceso donde RRHH que informa a la Dirección acerca de las personas con las que cuenta para llevar adelante sus Estrategias en función de sus necesidades actuales y futuras y logrando consenso de la calibración y validación de las diferentes alternativas
  • La compensación total: es un elemento crítico en este momento y estaremos compitiendo en obtener los mejores talentos, “pero al menor costo”. No malgastar dinero, será una tarea importante para las empresas, que deberán velar por la eficacia de sus políticas de compensación, incluyendo aspectos no económicos que son valorados por las personas y suponen un costo relativo para la empresa.
  • Medir, medir, medir: establecer métricas de retroalimentación de todas las prácticas de la Gestión del Talento, ya sea en la efectividad sobre los colaboradores como en el negocio y que principalmente nos permitan tomar decisiones.

¿Y ahora qué?

A pesar de la continua penetración de la gestión del talento, la mayoría de las organizaciones sólo tienen nociones de cómo evaluar la eficacia de sus prácticas de gestión del talento, determinar sus capacidades o desarrollar una hoja de ruta estratégica para la evolución de sus procesos.

La evolución del mercado y del entorno hace que sea prioritario definir, gestionar y medir el talento para competir de manera eficaz. Para ello, cada organización necesitará decidir dónde y con quién juega, con qué recursos cuenta y qué pretende ganar. La gestión del talento es un juego de estrategia, no de azar.

 

Alejandro Bagnato es Director Académico del “Diploma en Talent Management” de ESEADE

El llanto de los empresarios prebendarios

Por Iván Carrino. Publicado el 15/3/18 en: http://www.ivancarrino.com/el-llanto-de-los-empresarios-prebendarios/

 

Cuando se sacan el casete, algunos funcionarios dicen cosas interesantes.

El Tango es una de esas cosas que rápidamente las personas asocian con lo argentino, el país, y la cultura nacional.

A mí, que no soy muy seguidor de ese tipo de música, suele pasarme que me encuentro con extranjeros y me comentan lo mucho que les gusta este género del arte… Por lo general, respondo con una sonrisa, como diciendo: “ah, mirá vos, seguro vos sabés del tema mucho más que yo”.

Es cierto, no sé mucho de Tango, pero hay uno que es muy famoso y que dice algo así como:

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril. El que no llora no mama y el que no roba es un gil.

¿Definen estas palabras a la Argentina? Si respondemos afirmativamente, seguro estamos exagerando. Sin embargo, a algunos sectores empresarios, políticos y sindicales, sin duda que la descripción les sienta a la perfección.

De hecho, el “llanto de los industriales” fue la música que sonó durante toda la semana pasada.

Funcionario sin casete

En los años previos a la llegada de Cambiemos,  los argentinos estábamos acostumbrados a las peleas diarias entre el gobierno y los empresarios. El kirchnerismo, en su momento, acusaba a los hombres de negocios por subir los precios, crear inflación, e incluso por subir el precio del dólar.

Con la llegada de Macri, este tipo de peleas parece haber quedado atrás. Es que el equipo de gobierno del PRO siempre realza su voluntad de “diálogo” con “todos los sectores” y su buena predisposición para discutir “todos los temas”.

Ahora bien, hace unos días, la paz y la onda Feng Shui se cortó de manera súbita.

Es que tras la queja de un empresario de la alimentación por el fuerte crecimiento de las importaciones de tomate enlatado, el Ministro de la Producción, Francisco Cabrera, se sacó el “casete” y respondió con ímpetu:

Que se dejen de llorar y que se pongan a invertir y a competir. El gobierno no castigará a todo el pueblo para enriquecer a empresas grandes

¡Al fin! Al fin alguien responde a un reclamo anti-importador de manera tajante y sin acudir al aburrido libreto de lo políticamente correcto.

Es que muchos empresarios –no todos–  el único recurso que tienen a mano es lo que reza el tango de Gardel, llorarle al gobierno para que cierre las importaciones y les dé créditos blandos.

¿Sólo así puede competir nuestra sagrada industria nacional?

Este reclamo escuchado una  y otra vez hace más de 50 años se disfraza con el argumento de que es necesaria una política industrial. La verdad es que esa política no es otra cosa que más subsidios y proteccionismo, políticas que pagan todos los argentinos para favorecer al sector elegido a dedo por el poder.

Así que bien por Cabrera, los empresarios prebendarios tienen que dejar de llorar y ponerse a competir. Ahora para eso, claro, hay que abrir la economía.

Tres beneficios de importar

Cuando se habla de abrir la economía, empresarios, sindicatos y políticos demagogos se apresuran a gritar todos los potenciales riesgos de permitir aunque sea un clavo de compras externas. Que se van a perder puestos de trabajo, que nos vamos  a quedar sin dólares, o que se va a disparar el rojo de la balanza comercial…

Lo que no dicen, sin embargo, son los potenciales beneficios de ser un  país abierto e integrado al mundo.

Veamos algunos de ellos.

Más importaciones generan mayor cantidad de bienes a menores precios: imaginemos si en nuestro barrio sólo tuviéramos un supermercado en el cual comprar nuestros víveres. Si, de un día para el otro, la cantidad de supermercados se cuadruplica, la mayor competencia haría bajar los precios, mejoraría la calidad y ampliaría la variedad de productos para comprar. Claro,  el primer supermercadista seguro estaría muy preocupado, pero los consumidores se beneficiarían enormemente.

Más importaciones reducen los costos de producción y benefician a las empresas: Contrariamente a lo que se cree, las empresas en Argentina y en el mundo también son consumidoras, por lo que los mejores precios y calidades que pueden conseguir en el mercado mundial potencian su propia producción. Esto en Argentina es todavía más marcado. En el año 2017, 76% de las compras al extranjero fueron insumos de producción, por lo que es evidente que si hubiese menos trabas al comercio, menores serían los costos que deberían enfrentar las empresas en el país.

Más importaciones promueven la eficiencia y la innovación. Los países más abiertos al comercio son 5 veces más ricos que los cerrados. Una economía más abierta implica mayor competencia, lo que incentiva el dinamismo y la creatividad de los empresarios para servir mejor a los consumidores.

País cerrado

Vistos los beneficios de abrirse al mundo y recibir con los brazos abiertos a las importaciones, cabe preguntarse si Argentina tiene una economía abierta. Después de todo, si el gobierno les pide a los empresarios que compitan, tendrán que hacerlo contra alguien, ¿no?

Paradójicamente, el caso es que los empresarios nacionales no tienen mucha competencia extranjera. Es que Argentina se encuentra entre los países más cerrados del mundo al comercio global.

Si miramos el monto de las importaciones sobre el PBI, por ejemplo, vemos que estamos en el puesto 213 sobre un total de 215 países analizados por el Banco Mundial. Ahora como este indicador no es el mejor para mostrar el grado de apertura, miremos mejor las tarifas aduaneras.

Si analizamos los números de los aranceles, veremos que tenemos las barreras arancelarias más altas del continente.

Ponderada por el volumen de comercio, las tarifas aduaneras de Argentina son más altas que en Brasil, Ecuador, Paraguay, Colombia, Chile, México y otros países americanos. Es difícil que haya “avalanchas importadoras” en este escenario.

Un último dato a considerar: mientras Chile y Estados Unidos tienen 21 y 14 Tratados de Libre Comercio respectivamente, Argentina tiene solo 5, y todos consensuados con el resto del Mercosur.

Argentina es una de las economías más cerradas al comercio del planeta. Y, sin embargo, hay quienes aún se quejan de las importaciones.

No sé si hay que responderles que son unos llorones, pero sin dudas que se deben hacer oídos sordos a este tipo de reclamos. El proteccionismo nos acompaña hace décadas y es una de las causas principales de nuestra decadencia.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.