Cuando la maldición de la ignorancia derrotó a la bendición de exportar alimentos

Por Aldo Abram: Publicado el 20/1/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/20/cuando-la-maldicion-de-la-ignorancia-derroto-a-la-bendicion-de-exportar-alimentos/

La pregunta es por qué hay países que importan sus alimentos, su gente los puede pagarlos más caro e igual tiene acceso suficiente a ellos; mientras que en otros que los producen hay parte de su población que no tiene lo suficiente para comer, como en Argentina

Carga de granos para su exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo)

Carga de granos para su exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo)

Es notable que alguien haya hablado de la “maldición de exportar alimentos”. Si a cualquiera se le pregunta a quién le sale más barata la lechuga, ¿responderían al que la produce o al que se la compra? Nadie dudaría en decir que al que la produce. Dado que en el país que exporta un alimento, su productor opta entre venderlo a los consumidores locales o al exterior; el precio interno deberá ser similar al que él cobraría poniéndolo en la frontera o puerto a disposición de compradores de otros países. Estos a su vez, deberán llevarlos hasta sus propios consumidores; lo cual sumará los gastos de comercialización, logística y flete. Por ello, los que los adquieren en las góndolas de los importadores deberán pagar todos esos costos que no abonan los que los compran en el país exportador. Conclusión, es una bendición poder producir alimentos; porque eso abarata el precio de los mismos.

La pregunta es por qué hay países que importan sus alimentos, su gente los puede pagarlos más caro e igual tiene acceso suficiente a ellos (ejemplo); mientras que en algunos que los producen hay parte de su población que no tiene lo suficiente para comer, como en Argentina. Volvamos al ejemplo de una persona. Sólo una minoría se dedica a producir alimentos; pero eso no significa que el resto no pueda comprarlos. Eso dependerá de que, haciendo otra cosa, puedan generar los ingresos para adquirirlos. Con los países pasa lo mismo, los que prosperan tienen una buena alimentación, produzcan o no alimentos; ya que lo relevante es producir los recursos como para que sus habitantes puedan comprarlos.

En Argentina, algunos economistas y políticos nos han hecho creer que somos ricos porque tenemos muchos recursos naturales. Nada más errado. Una manzana en un árbol puede saciar el hambre; pero sólo si alguien se toma el trabajo de cosecharla. Si no, jamás alimentará a ninguna persona.Desde inicios de este siglo, surgió la utopía de que los argentinos se salvarían con “Vaca Muerta”. Sin embargo, en el período de mayor aumento del precio del petróleo de la historia, no sólo las políticas intervencionistas del kirchnerismo la mantuvieron bien muerta, sino que se encargaron de que Argentina fuera uno de los dos países del mundo donde, sin mediar una guerra, la producción de hidrocarburos bajó.

No es casualidad que el otro fuera Venezuela. Un país que está asentado encima de un mar de petróleo; pero el combustible y la energía escasea para sus habitantes, porque nadie quiere invertir allí. Conclusión, esa “riqueza” que tienen no es tal. Sólo la inversión y el trabajo es la que vuelve un recurso en riqueza y bienestar para los ciudadanos cuando se los hace disponible. Eso vale para Venezuela, Argentina y cualquier otro país del mundo.

Un argentino o un extranjero invierte porque piensa que ha encontrado una necesidad que puede cubrir organizando la producción de un bien o servicio a un precio que le permita cubrir los costos y ganar plata; pero que, al mismo tiempo, quien lo va a demandar puede pagar. Además, de todo este riesgo, asume el de ver cómo manejarla bien. Así que son muchas las cosas que pueden fallar y hacerle perder su plata y esfuerzo. En Argentina, tiene que sumarle que los políticos pretenden gastar insaciablemente exprimiéndolos con impuestos que ellos deberán sumar a sus precios y rogar que el consumidor los pague o quebrará. Según el Banco Mundial, el país está en el puesto 21, entre 190, entre los que más impuestos les cobran a las empresas. No sólo eso, hacen informe donde toman una Pyme tipo con buenos márgenes de ganancias sobre ventas y ven qué les pasaría en cada país si pagara todos los impuestos y tasas. Argentina es uno de los dos lugares donde perdería plata y algunos se escandalizan de la alta informalidad del sector. Si todas abonaran los impuestos, la mayoría quebraría.

Si usted todavía piensa que es sumamente atractivo invertir acá, tenga en cuenta que la mayoría de los funcionarios de los gobiernos de turno consideran que saben manejar mucho mejor el trabajo o los negocios que sus conciudadanos. Por ejemplo, te pueden hacer perder plata congelándote o controlándote los precios; porque les conviene políticamente. U obligarte a venderle más barato a unos y no dejándote venderles a otros. Por ejemplo, el verdadero dueño de las divisas de la exportación es quién produjo el bien o servicio que se vendió al exterior y las generó. Sin embargo, el Banco Central ha decidido que ese señor está obligado a vendérselas a él a un precio mucho menor al que otros se las pagarían, haciéndole perder parte de sus ingresos. Ahora, si un organismo público puede ordenarte que hacer con algo, eso dejó de ser tuyo; lo cual avasalla el

. Incluso han prohibido importar insumos; lo cual obliga a comprar localmente uno más caro y peor, haciendo que los productos finales también lo sean. La lista es larga y, de hecho, ya en 2019 había más de 67.000 regulaciones y, desde que asumió, este gobierno se dedicó a incrementarlas de a decenas por semana.

Sin inversión no hay empleo productivo ni posibilidades de generar los recursos necesarios, no sólo para que todos tengan acceso a los alimentos suficientes, sino para pagar otros gastos, entre ellos el despilfarro permanente de nuestros políticos y funcionarios. La verdadera maldición argentina es la creencia generalizada de que somos “ricos” y solo hay que redistribuir bien tanta abundancia eligiendo gobiernos milagrosos que multiplican los “panes y los pesos”. Mientras que los países que prosperan y son exitosos erradicando el hambre, tienen claro que eso sólo se logra con esfuerzo e inversión y que estos se vuelven más pródigos cuanto el Estado más respeta los derechos de los que trabajan e invierten, la libertad de mercados y, en definitiva, la seguridad jurídica. La Argentina puede ser uno de estos países, sólo si encara urgente las reformas estructurales necesarias para que lleguen las inversiones y generemos más oportunidades de progreso para todos los argentinos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

Lo que viene: año de más inflación o aparecerá el desabastecimiento

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/1/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/19/lo-que-viene-ano-de-mas-inflacion-o-aparecera-el-desabastecimiento/

Economía y el BCRA comparten responsabilidades en la aceleración de la inflación
Economía y el BCRA comparten responsabilidades en la aceleración de la inflación

En las últimas semanas voces del Gobierno han dado las explicaciones más insólitas acerca de la inflación. Por un lado, el BCRA publicó un paper en el cual se sostiene que la inflación es un problema de puja por la distribución del ingreso. En el mismo sentido argumentó el presidente de la entidad, Miguel Pesce: “Creemos que hay un problema de inercia inflacionaria y esperamos que los acuerdos que se hagan en el marco del Consejo Económico y Social desindexen la economía y tengamos tasas más normales de inflación “

Por otro lado, durante la última semana, la diputada ultra k Fernanda Vallejos afirmó: “Tenemos la maldición de exportar alimentos, de modo que los precios internos son tensionados por la dinámica internacional. Es imperioso desacoplar precios internacionales y domésticos, ya que los domésticos deben regirse por la capacidad de compra (en pesos) de los argentinos”.

Todo parece indicar que el kirchnerismo está buscando todas las explicaciones posibles para tratar de quitarse la responsabilidad del proceso inflacionario que ellos desataron con la fenomenal expansión monetaria del año pasado.

Hasta ahora el kirchnerismo venía festejando que la inflación estaba bajando. Afirman que la inflación de 2020 fue 18 puntos porcentuales menor a la de 2019, con lo cual pretenden mostrar un éxito en política antinflacionaria respecto a la gestión de Cambiemos.

Es cierto que el IPC subió menos en 2020 que en 2019, pero también es cierto que la inflación se está acelerando en los últimos meses a pesar de la catarata de controles de precios, retraso de las tarifas de los servicios públicos y precios cuidados.

La inflación, que estaba en un piso del 1,5% mensual, subió un escalón al 3% y en el último mes se aceleró a 4%. Sin embargo, si se mira la inflación núcleo, que no incluye precios con estacionalidad, tarifas de los servicios públicos que tienen alto componente impositivo y también los privados regulados, se encuentra que se aceleró aún más significativamente.infobae-image

Como puede verse en el gráfico 1, la inflación núcleo pasó del 3,5% mensual en octubre al 4,9% en diciembre, equivalente a un ritmo anual del 77,5% anual, muy por arriba del índice general que lo hizo a una tasa anualizada de 60 por ciento.

Además, se advierte claramente el proceso de aceleración comentado más arriba. Ahora bien, mientras en el kirchnerismo desarrollan todo tipo de explicaciones que les quite responsabilidad en ese problema y buscan un culpable (precios internacionales de los alimentos, puja distributiva, etc.) se ve que, paralelamente la oferta primaria de dinero (M1): circulante en poder del público más el saldo de depósitos en cuenta corriente en los bancos, tuvo tasas de crecimiento que llegaron a alcanzar el 100 por ciento.infobae-image

¿Por qué tomar M1? Porque es dinero para hacer transacciones, es decir para pagar los gastos del mes. No son pesos que se ahorran. Y Luego de tantas confiscaciones de ahorros y destrucción monetaria se hace difícil imaginar que una colocación a plazo fijo no sea también considerado dinero transaccional para ser utilizado en un mes, mientras se busca alguna renta financiera hasta el momento de algún pago.

El costo de la aceleración de los precios

La característica de ese dinero transaccional es que la gente se lo quita rápidamente de encima, y crece a tasas anuales que son bastante consistentes con la tasa de aumento de la inflación núcleo.

El kirchnerismo sabe que si se le dispara la tasa de inflación en este año electoral, en octubre tendrá serios problemas en las urnas, por eso inventa responsables fuera del mismo gobierno y no quiere relacionar inflación con emisión monetaria.Si relacionara inflación con expansión monetaria automáticamente el kirchnerismo se estaría autoincriminando por el proceso inflacionario (Reuters)Si relacionara inflación con expansión monetaria automáticamente el kirchnerismo se estaría autoincriminando por el proceso inflacionario (Reuters)

Si relacionara inflación con expansión monetaria automáticamente se estaría autoincriminando por el proceso inflacionario. En cambio, si habla de puja distributiva, la culpa es de las empresas que quieren ganar “mucho” o de los precios internacionales que reflejan la “maldición” de exportar alimentos, como sostiene la diputada Vallejos.

Para eso propone desacoplar los precios internos de los precios internacionales, algo que ya se hizo en el anterior período kirchnerista. El resultado fue que las restricciones a las exportaciones de trigo generaron tal desincentivo a la producción de trigo que el área sembrada cayó a la mitad y la producción en toneladas disminuyó un 37% como mínimo.

También intervino el kirchnerismo en la gestión anterior el mercado de la carne vacuna para que la gente tuviera asado barato, desacoplar el precio internacional del precio interno y lo que consiguieron fue una reducción del stock ganadero en casi 10 millones de cabezas entre 2008 y 2011.infobae-image

Recuperar ese stock ganadero insume varios años. El desincentivo a la inversión llevó a los productores a un proceso de liquidación de vientres. Las vacas de cría pasaron de 23,7 millones de cabezas a 20 millones. En ese período se consumió 3,7 millones de fábricas de terneros. Y, como consecuencia de la caída del stock ganadero, se dejó de facturar casi USD 31.000 millones.

El kirchnerismo también desacopló el precio interno del gas del precio internacional y se destruyó de tal forma la producción de gas que de ser un país exportador de gas, pasamos a ser un país importador de gas, con compras a Bolivia pero, fundamentalmente, importando gas en barcos, a precios muchísimos más altos.

En definitiva, por no querer hacerse responsable de la inflación que genera el Gobierno con la expansión monetaria, inventa enemigos en los productores de alimentos y otros bienes, lo cual lleva a desinversión, menor producción y más escasez de productos básicos.

Dado el desborde del gasto público y considerando que el Gobierno hará lo imposible para evitar que la inflación se le dispare en este año electoral, lo más probable es que recurra a medidas que ataquen la producción generando escasez de esos bienes.

En síntesis, de cara a las elecciones cabe esperar un año de mayor inflación o un año de desabastecimiento. El Gobierno tendrá que optar por uno de esos dos males, dado que no parece inclinarse por estimular la producción y la disciplina fiscal y monetaria.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

¿Se ajustará alguna vez la política?

Por Enrique Aguilar: Publicado el 12/1/21 en: https://eleconomista.com.ar/2021-01-se-ajustara-alguna-vez-la-politica/

¿Se ajustará alguna vez la política?

El reciente episodio protagonizado por la directora del INADI, quien reveló haber hecho beneficencia con dinero ajeno al contratar a gente cercana y presuntamente necesitada porque “para eso está el Estado”, es un testimonio más de la inconexión existente entre la clase gobernante y el común de los mortales argentinos. La política, en efecto, siempre propensa a colonizar el Estado y convertida desde hace tiempo en un ámbito de movilidad social ascendente, se ha mostrado porfiadamente incapaz de dar el paso inicial, revisando sus propias cuentas antes de obligar a la sociedad a incrementar las suyas con más impuestos y restricciones de toda índole.

¿Cómo se explica, por ejemplo, que con nuestros exorbitantes niveles de pobreza tengamos veinte ministerios, con el tendal de dependencias que ello supone? ¿Cuántas oportunidades ofrece este exceso de organismos para la generación de contratos de los que luego algunos hacen usufructo? ¿Cómo se explican las remuneraciones que se perciben en muchos de esos ámbitos que, como señaló la revista “Criterio” en un editorial titulado “¿Cuánto Estado puede sostener el sector productivo?”, “alimentan el deseo cargos públicos en profesionales jóvenes conscientes de lo difícil que les resultaría alcanzar esos ingresos en ámbitos privados”? ¿Qué decir de las exenciones impositivas, los regímenes especiales y demás privilegios enquistados en los poderes del Estado que, por lo pronto, resultan incompatibles con el principio de igualdad “como base del impuesto y de las cargas públicas” consagrado por nuestra Constitución?

El recurso a una mayor presión fiscal, en un país que ha perdido el sentido del límite en este como en tantos otros terrenos, no puede sino consternar todavía más a una clase media que viene siendo esquilmada indisimuladamente por gobiernos tan faltos de voluntad como de imaginación para recortar gastos. Un ejemplo reciente nos sirve de ilustración. Me refiero a la alícuota del 1,2 % en concepto de Impuesto a los Sellos que se aplica desde ahora sobre las compras y débitos por tarjetas de crédito de ciudadanos residentes en CABA. Se trata, como siempre, de la solución más fácil y al alcance de la mano para quienes prefieren no pagar el precio de revocar una regla no escrita de nuestra vida política, a saber: la que estipula que los ajustes siempre deben recaer sobre el sector privado.

Las críticas se han hecho oír prontamente con respecto a este nuevo gravamen al consumo: por el contrasentido que supone su imposición al mismo tiempo que se pretende alentar la recuperación de la actividad económica (“quieren estimular la economía agobiando al que la pone en marcha”, adujo el presidente de la CAME, Gerardo Díaz-Beltrán); porque desalienta la bancarización y aumenta la informalidad, e incluso por sus vicios de legalidad al vulnerar –según se ha advertido también– normativas vigentes que impiden gravar con dicho impuesto instrumentos que no revisten los caracteres exteriores de un título jurídico válido, como ocurre con los resúmenes de tarjeta de crédito que obran meramente como una liquidación de gastos.

Por su parte, el Gobierno de CABA (cuya estructura y plantilla de empleados parecen fuera de toda proporción) defendió el nuevo tributo aludiendo a la necesidad de compensar la pérdida originada en la decisión del gobierno nacional de redirigir un porcentaje de la coparticipación que percibía la ciudad. Asimismo, se respaldó en la necesaria “armonización” con otras jurisdicciones que ya aplican este impuesto, argumento cuando menos absurdo para los que creemos que un buen gobierno debería caracterizarse por “armonizar” para mejor, pero nunca para peor.

Manso rebaño de sus sucesivos pastores, el sector productivo parece indefectiblemente condenado a obedecer y pagar, aceptando un sacrificio nunca compartido por el Estado en sus distintas jurisdicciones. ¿Por qué habría de ocurrir lo contrario? ¿Qué incentivos tiene la dirigencia política para cambiar sus viejas mañas? ¿Acaso cabe pensar que un individuo, habituado a maximizar sus intereses, habría de relegarlos a un segundo plano por el solo hecho de acceder a una función pública? Antes de crear nuevos impuestos, sería más que revelador para la opinión pública conocer con exactitud algunos detalles de un gasto público descomunal que, en un mano a mano con los contribuyentes, ningún funcionario se animaría en su sano juicio a defender y cuya prolija revisión, sea que redunde o no en un ahorro verdaderamente significativo, se impone por sí misma, como gesto no solo político sino primariamente moral.

Decía Benjamin Constant que, “en determinadas épocas, hay que recorrer todo el círculo de las locuras para volver a la razón”. ¿Habremos recorrido los argentinos todo ese círculo? Es un interrogante que nos invade a estas horas.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

La economía va a rebotar el año que viene

Por Iván Carrino. Publicado el 1/12/20 en : https://www.ivancarrino.com/la-economia-va-a-rebotar-el-ano-que-viene/

Estuve charlando con el portal BCR News, sobre la economía que viene. Copio a continuación la información y el video completo de la charla.

El economista Ivan Carrino dialogó con BCR News, sobre el escenario económico actual y sostuvo que “este tipo de crisis que hemos vivido es muy atípica”, porque se trata de “una crisis derivada de las propias medidas de restricción”.

En ese sentido, el especialista afirmó “cuando vos tenés una crisis económica generada por la cuarentena, la economía intenta volver a donde estaba antes. En Argentina la recuperación también existe, aunque de un modo lento”.

En relación al acuerdo con el FMI, apuntó que “no es menor que se intente reconstruir el vínculo con los acreedores, incluso con los internos. Las opciones son endeudarse a tasas altísimas o indexando. Todo es mejor que pedirle al Banco Central más emisión monetaria”.

Por su parte, respecto a las perspectivas económicas, afirmó que: “Por un lado, ya no tenés la cuarentena, pero todavía hay un montón de restricciones que no permiten que la economía funcione normalmente. Por otro lado, tenés la brecha cambiaria que es un desaliento a la inversión y al turismo extranjero”. Y agregó: “Es una buena noticia que la soja suba de precio y también un poco de suerte. Cada vez que gobiernan los peronistas les toca soja alta y cuando se van, baja”.

“El acuerdo con el FMI podría brindar algún marco de garantía con los acreedores. Sin embargo, los cambios estructurales que necesitamos no pasan por acordar con un fondo que, encima, tiene muy mala prensa. Pasará por un sacrificio del corto plazo por un bienestar a la larga”, explicó el especialista.

Pensando en el año entrante y las perspectivas económicas, “la incógnita es la inflación. Una vez controlados todos los precios de la economía, llega un momento de sincerarlos. Cuando eso ocurra, existe un riesgo de inflación. En 2021 podríamos tener una inflación superior a la de este año”, concluyó Carrino.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

En torno al teletrabajo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/11/20 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/torno-teletrabajo.html

Se ha dicho que debido al teletrabajo que tanto se ha desarrollado en medio de la pandemia que a todos nos envuelve, cambiarán las características del voto. Esto pensamos es por varios factores posibles debido a que con el tiempo las urbes tenderán a desconcentrarse en alguna medida. En consecuencia, se descomprime la influencia de las masificaciones que presionan para disolver lo individual en aras del grupo. Aparecen allí los “líderes” que acentúan el problema concentrando poder, en lugar de cada uno liderar sus propias vidas.

En este contexto, por contraste, en las afueras de las grandes ciudades se facilita el pensamiento independiente al tiempo que hay mayor contención de las familias muchas veces ausentes en las urbes cuando la inmigración de las afueras a la urbe se debe llevar a cabo en soledad. También es del caso apuntar que la agricultura y equivalentes  asientan con mayor fuerza a los titulares que en las grandes ciudades donde habitualmente se rota de empleo y, por otra parte, el hecho de habitar una casa no es igual a vivir en un apartamento pues en el primer caso sobresale la particularidad, situación que en el segundo caso desaparece para subsumirse en el promedio.

Todo lo dicho tiende a hacer que el espíritu tradicionalista y conservador-liberal se fortalezca en pueblos y zonas rurales del interior y, por los antedichos motivos, tiende a multiplicarse el espíritu más bien estatista y centralizador en las urbes.

Desde luego que todo esto son influencias y no un “determinismo espacial” como bautiza este fenómeno Helena Béjar en El corazón de la república obra en la que cita a Jefferson que en carta a James Madison en 1787 advierte sobre el peligro de “apilarnos unos sobre los otros en grandes ciudades, como en Europa,  [así] nos corromperemos tanto como ellos.”

Y lo dicho no va solo para quienes poseen campos o chacras sino para quienes están directamente vinculados a empresas cuyos activos están grandemente constituidos por extensiones de tierras como las vitivinícolas o azucareras. Estas concepciones tradicionalistas se trasmiten a las descendencias por más que vivan en las urbes.

Como han puntualizado autores de la talla de Gustave Le Bon en La psicología de las multitudes “Es se observar que entre los caracteres especiales de las muchedumbres hay muchos, tales como la impulsividad, la irritabilidad, la incapacidad para razonar, la ausencia de sentimientos y de espíritu crítico”, “el sentimiento de responsabilidad que siempre retiene al hombre, desaparece enteramente”, “el contagio interviene igualmente”, “el individuo, sumergido por algún tiempo en el seno de la muchedumbre […] se encuentra bien pronto en un estado particular que se aproxima mucho al estado de fascinación en que se halla hipnotizado en manos del hipnotizador” porque “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez.”

Alexis de Tocqueville también mostraba gran desconfianza por las masificaciones en La democracia en América donde subraya que “la mayoría posee un imperio tan absoluto e irresistible, que es necesario en cierto modo renunciar a sus derechos de ciudadano, y por decirlo así a su cualidad de hombre” puesto que “en los tiempos de igualdad, los hombres no tienen ninguna fe los unos en los otros a causa de su semejanza, pero esta misma semejanza les hace confiar de un modo casi ilimitado en el juicio del público, porque no puede concebir que, teniendo todos luces iguales, no se encuentre la verdad al lado del mayor número.”

Sin duda que el factor decisivo en todo esto reside en la educación, es decir en la trasmisión de valores consistentes con el respeto recíproco, lo cual sucederá en la medida de la independencia de las instituciones educativas y la abolición de reparticiones estatales que pretendan dictaminar acerca de estructuras curriculares en lugar de abrir cauce a la competencia entre entidades al efecto de lograr la mayor excelencia académica con auditorias cruzadas en un proceso cuya naturaleza estriba en la prueba y el error en un contexto evolutivo. De todos modos, lo señalado sobre el ámbito en el que se desenvuelve cada cual influye -no determina- las conductas que en nuestro caso pueden a su vez influir sobre el mapa electoral.

Claro que el teletrabajo no solo posiblemente influirá en los resultados del proceso electoral sino en multiplicidad de otras áreas, por ejemplo en la inmobiliaria puesto que ya no tendría sentido construir oficinas ampulosas cuando los empleados trabajan en sus domicilios. Cierro con una referencia personal que hace a la ahora más extendida utilización del Zoom. Como tengo cierta alergia a las aduanas, migraciones, aviones, hoteles y demás parafernalia (los viajes serán solo por placer), este nuevo sistema me permite dictar clase por aulas virtuales y pronunciar conferencias desde mi biblioteca sin desplazamientos enojosos. Por otra parte, el sistema permite reunir una cantidad sustancialmente mayor de participantes ubicados en muy diversos países. Esto del teletrabajo y el Zoom puede colocarse en el lado del activo de esta desgracia de la pandemia que a todos nos afecta.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Un balance resumido del Foro de San Pablo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/11/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/11/21/un-balance-resumido-del-foro-de-san-pablo/

Las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga

Foro de San Pablo

Luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza y el consiguiente fracaso estrepitoso del socialismo, los movimientos de izquierda quedaron muy descolocados pues no solo desde el punto de vista humanitario las muertes por masacres y hambrunas poblaron todos los países que ensayaron el totalitarismo sino que quedó patente la imposibilidad de operar cuando se elimina la propiedad y consecuentemente los precios pues no hay modo de saber cuándo se consume capital en la evaluación de proyectos. Esto también quedó probado allí donde los aparatos estatales se entrometen con la propiedad privada aun sin abolirla como es el caso sobresaliente del fascismo que a diferencia de sus parientes comunistas permiten que se inscriba la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno.

Frente a este páramo intelectual las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga. Esta decisión parte de dos usinas: por un lado los capitostes con ansia ilimitada de poder y dinero apuntan a conquistar espacios y, por otro, los ingenuos que estiman que puede fabricarse el dislate del “hombre nuevo” con el uso de la fuerza al efecto de endiosar lo colectivo en contraposición a lo individual que deriva en lo que en ciencias políticas se denomina “la tragedia de los comunes” que hace estragos, especialmente en perjuicio de los más vulnerables que siempre son los que más sufren cuando hay derroche de capital ya que de ello dependen los salarios e ingresos en términos reales.

En todo caso, puntualizamos que el Foro de San Pablo se creó en 1990 para insistir y volver a plantear las ideas socialistas. El primer órgano ejecutivo estuvo a cargo del Partido Comunista Cubano y luego se incorporaron muy diversos dirigentes, especialmente de América latina y el Caribe aunque con el tiempo también se incorporaron activistas de esa misma tendencia de Europa y Asia. Entre los dirigentes más destacados figuraron Evo Morales (Movimiento al Socialismo de Bolivia), Rafael Correa (Alianza PAIS de Ecuador), Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación de Nicaragua), Fernando Lugo (Alianza Patriótica de Paraguay), José Mujica (Frente Amplio de Uruguay), Mauricio Funes (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador), Dilma Russeff (Partido Nacional de los Trabajadores de Brasil), Ollanta Humala (Partido Nacionalista Peruano), Nicolás Maduro (Partido Socialista Unido de Venezuela) y Andrés López Obrador (MORENA de México) a lo que se agrega una lista de simpatizantes encabezados por el Frente de Todos de Argentina y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Hasta el momento ha habido veintiséis reuniones y los temas son los mismos del socialismo tradicional con algún aditamento pero en lugar de analizar toda la agenda es más productivo estudiar un buen texto de economía y derecho para percatarse de los errores de aquellas presentaciones reiterativas. En estas líneas mencionamos solo algunos de los puntos más relevantes con un comentario telegráfico que sigue a cada uno en forma de decálogo dado el espacio disponible en una nota periodística.

Primero, los documentos se pronuncian contra el “neoliberalismo”. Conviene en este sentido precisar que no existe tal cosa, ningún intelectual serio se identifica con semejante etiqueta. No parece que hubiera el suficiente coraje como para enfrentar al liberalismo que significa el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

Segundo, resulta inaudito que recomienden unificar los tres poderes, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial al efecto de concentrar capacidad de decisión al tiempo que se sugieren reformas constitucionales para administrar discrecionalmente las partidas presupuestarias y permitir reelecciones indefinidas de gobernantes, todo lo cual va a contramano de los principios republicanos más elementales para preservar las autonomías de las personas sujetos de derechos, anteriores y superiores a gobernantes circunstanciales.

Tercero, se pone en evidencia la incomprensión del significado del derecho puesto que, por una parte, se patrocina el avasallamiento del fruto del trabajo ajeno y, por otra, se abandonan los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva en base a la Justicia que según su acepción clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad desconocido por esta agrupación.

Cuarto, en la misma línea argumental se patrocinan las expropiaciones sin percatarse de la necesidad de respetar arreglos pacíficos y voluntarios en el proceso de mercado donde la gente vota en el plebiscito diario al poner de manifiesto sus preferencias, y los comerciantes que aciertan en la satisfacción de las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencias del estado-empresario que inexorablemente opera sin asumir riesgo con recursos propios sino apropiándose de lo ajeno en base al pretexto de empresas hegemónicas que en verdad se establecen como fachada para los negocios de los megalómanos del momento.

Quinto, proponen aumentar gravámenes especialmente los de carácter progresivo que en verdad son regresivos ya que al disminuir las inversiones los contribuyentes de jure hacen que los salarios e ingresos en términos reales de los marginales se contraigan. También la progresividad vulnera la necesaria movilidad social ya que el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial se ve bloqueada por estas barreras fiscales y, asimismo, las posiciones patrimoniales relativas se modifican de cuajo respecto a las que marcó el consumidor con sus compras y abstenciones de comparar.

Sexto, se pronuncian por el control de la prensa precisamente uno de los derechos más relevantes y fundamentales de la sociedad libre sin el cual no hay posibilidad de contrastar conocimiento alguno ni ejercer el contralor del aparato estatal que debe estar al servicio de la gente y no tratarla como súbdito de un poder ilimitado en el contexto de la supresión de la irremplazable libertad de expresión a la que tanto le temen los espíritus autoritarios.

Séptimo, el establecimiento de controles de cambios y restricciones al comercio internacional en sintonía con el veneno nacionalista que establece culturas alambradas y cortapisas para las transacciones de lo que pertenece a cada uno y el movimiento de personas a través de fronteras cuyo único propósito en una sociedad libre es evitar el peligro de concentración de poder en un gobierno universal.

Octavo, la regimentación de las relaciones laborales al efecto de contar con sindicatos convertidos en ejércitos de ocupación que no permiten a los trabajadores elegir el destino de sus ingresos y a través de legislaciones totalitarias que provocan daños irreparables a los más necesitados instaurando un sistema de dádivas para contar con apoyos condicionados.

Noveno, la concentración de la facultad de prostituir la moneda al efecto de financiar las operaciones de los burócratas en el poder con el resultado de la estafa al poder adquisitivo de la unidad dineraria.

Y décimo, ahora con la novedad respecto al socialismo tradicional al que se le adiciona la “ideología de género” que significa la obligación de terceros a contradecir la biología y la genética financiando caprichos de quienes se perciben de un modo distinto a lo que la naturaleza establece con agregados también de propuestas socialistas y la introducción del homicidio en el seno materno mal llamado aborto. Todo bajo el paraguas de un supuesto rechazo a la discriminación sin comprender que lo que no es aceptable es el trato desigual ante la ley por parte del gobierno pero cada uno en su ámbito privado naturalmente discrimina en cuanto a sus amistades, a sus lecturas, pasatiempos, compras, alimentaciones, vestimentas, músicas y todo lo que hace a la vida cotidiana. De más está decir que lo consignado en esta apartado no significa la pretensión de modificar lo que cada uno percibe de sí mismo, lo que se objeta es la obligación de otros de seguir pautas y definiciones no compartidas y mucho menos la obligación de financiar las inclinaciones de otros.

Me extiendo un poco en este último punto pues estimo necesario precisar aún más lo que trasmito en esta materia. Por ejemplo, una cosa es que pretenda obligar a quien escribe un trabajo académico la sandez de sostener que el sexo depende de la percepción de cada cual y no de la estructura genética (independientemente que alguien se castre y se implante pechos) y otra bien distinta son los modales y el trato que requiere consideración sin necesidad de articular expresiones que no le resultan al receptor. Una vez en una presentación reciente me referí a una situación un tanto pedestre y grotesca para ilustrar el tema: si en un almuerzo se está con uno de los invitados que tiene mal aliento no es necesario declararlo a viva voz, es mejor respirar en otra dirección. Recordemos que, como queda dicho, el liberalismo demanda el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, lo cual para nada quiere decir compartir o adherir al proyecto del vecino, se trata de que cada uno pueda hacer lo que le plazca siempre y cuando no lesione derechos de terceros. En este contexto destaco uno de los casos más repugnantes en la historia del espanto de la intolerancia y el más brutal avasallamiento de espacios privados: Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por ser homosexual lo cual arruinó completamente su vida y en la práctica dejó de existir a partir de su liberación, una injusticia que no puede ser reparada a los ojos del más elemental sentido de la humanidad.

En otras palabras, en el Foro de San Pablo se reiteran lugares comunes fracasados y se improvisa malamente. Antes de pronunciarse es bueno consultar bibliotecas serias. Esteban Echeverría precisó la idea en su célebre primera lectura en el Salón Literario, en 1837, en pleno corazón del barrio de San Telmo, en Buenos Aires: “No nos basta el entusiasmo y la buena fe; necesitamos mucho estudio y reflexión, mucho trabajo y constancia”.

En resumen, las ideas patrocinadas por el Foro de San Pablo pretenden empujar a los seres humanos por los caminos de la esclavitud por lo cual vuelvo a citar una advertencia de Aldous Huxley en la esperanza de revertir su diagnóstico tremebundo: “En mayor o menor medida, entonces, todas las sociedades civilizadas del mundo moderno están constituidas por un número reducido de gobernantes corruptos por exceso de poder y por una extendida clase de personas corruptas por exceso de obediencia pasiva e irresponsable”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Cuando el pánico es un gran negocio

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 Una de las noticias más comentadas estos días ha sido que el CEO de Pfizer vendió 5,56 millones de dólares en acciones de la compañía (más del 60% de su participación) el mismo día en el que la farmacéutica anunciaba que su vacuna contra el coronavirus tenía una efectividad superior al 90%, a la vez que su vicepresidenta ejecutiva también se deshizo de acciones que, ese mismo día, cerraron con un alza de casi un 8% y, desde entonces, han bajado a medida que, en el mercado y las bolsas, se enfría la noticia de la vacuna.

                     Estrategia que trae a la memoria otra operación de canje por parte de directivos de otra biotecnológica, Moderna, cuando el 18 de mayo cosechaba máximos en Wall Street con subidas del 30% al anunciar resultados prometedores de su vacuna. Al día siguiente, el presidente financiero de la empresa ejerció 241.000 opciones por 3 millones de dólares y luego los vendió de inmediato por 19,8 millones asegurándose un beneficio de 16,8 millones de dólares.

                    Escribieron Nuño Domínguez e Ignacio Fariza, en El País de Madrid, que Pfizer “está cerrando ya contratos millonarios para vender su vacuna a varios países, pero lo cierto es que la única prueba pública de su efectividad es un comunicado de prensa de la propia compañía que no responde preguntas fundamentales” y que los directivos de ambas compañías no respondieron sus preguntas.

                   Mientras que “Es inaceptable que el máximo directivo de una empresa gane tanto dinero el mismo día que se hace un anuncio tan vago, sin que apenas conozcamos detalles sobre la eficacia de la vacuna”, opina Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología. 

                 Por cierto, Moderna no se ha querido quedar atrás en esta carrera (¿por ganar dinero gracias a los políticos?) por combatir el covid y ha anunciado que la efectividad de su vacuna es del 94%, pero también sin un aval que lo certifique. Solo faltaría que algún exagerado en su apremio por ganar la carrera diga que ha conseguido un remedio con el 120% de efectividad.

                En otras palabras, estas farmacéuticas están aprovechando el pánico del público, azuzado desde los gobiernos, para armar jugosos negocios con los burócratas que supuestamente deciden qué vacuna es buena y cual no, como si no fueran susceptibles de ser sobornados. A un burócrata le resulta muy fácil redactar un comunicado -a cambio de un dinerillo- diciendo que una vacuna es excelente, total que, si después el gran público que ingenuamente cree en la “información oficial” sufre grandes daños, sencillamente lo tapan gracias al gran poder de propaganda que tienen.

                Aun cuando no fuera obligatoria, que probablemente lo sea en países con poco respeto por el derecho humano de la libertad -y muchas ganas de hacer negocios entre políticos y farmacéuticas-, el mercado mundial creado por “la necesidad de vacunar” a gran parte de la humanidad es enorme y las ganancias siderales: un reconocido banco suizo las estima en 10.000 millones de dólares al año solo en EE.UU.

                     En cambio, las personas -el mercado- se juegan la propia vida al decidir tomar una vacuna, por lo tanto, no son susceptibles de ser sobornadas y, si les resulta buena, se correrá la voz entre familiares y amigos y otros la tomarán. Este es el principal argumento para que las vacunas sean totalmente libres, además del respeto a un principio moral básico como es el derecho humano a la libertad.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Economic Freedom — Hot or Not: A League Table

(bluebay2014/Getty Images)

On Thursday, the Global Index of Economic Mentality (GIEM) will be launched at the Atlas Network’s 2020 Liberty Forum. It is the work of Brad Lips (Atlas Network, Washington, D.C.), Pal Czegledi (University of Debrecen, Hungary), and Carlos Newland (ESEADE University and Torcuato Di Tella University, Buenos Aires, Argentina).

GIEM scores measure the public’s embrace of the idea of economic freedom. A high GIEM score indicates that citizens in a particular country support the idea that their government should not play a major role in directing or regulating economic activity or in redistributing income. Citizens of high-scoring countries typically back an institutional framework that prioritizes private initiative, free competition, and personal responsibility — in short, a system of free enterprise.

Out of the 74 countries covered, New Zealand comes out on top with the highest score on the inaugural Global Index of Economic Mentality, followed by the Czech Republic, Sweden, the United States, and Denmark. This year’s lowest scorer is Bosnia, preceded by Bangladesh, Myanmar, Montenegro, and Azerbaijan. See the full Global Index of Economic Mentality rankings below.

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The GIEM study found that countries that embrace a free-market mentality have more efficient economic institutions and higher per capita GDP than those who support socialist, interventionist mentalities. The Global Index of Economic Mentality study also contains additional findings of note.

Rather surprisingly, Chile is the lowest GIEM scorer in Latin America, even a notch below Argentina, and 64th overall. These data suggest that while the Chicago Boys, many of whom are my friends, accomplished innumerable free-market reforms — reforms that have led to a great improvement in prosperity and the second-highest GDP per capita of any country in South America — they have failed to convince the Chilean public of the benefits of the free-market system that has lifted them out of poverty.

We now move from a country with a surprisingly low score to the somewhat surprising (given its current prime minister) chart-topper: New Zealand. Its high GIEM ranking can be explained by the embrace of ideas propagated by a good friend of mine, Sir Roger Douglas, New Zealand’s former minister of finance (1984–1988) in the Labour Government during former prime minster David Lange’s tenure. With the introduction of “Rogernomics,” New Zealand’s economy was liberalized and opened up to free trade. Indeed, Sir Roger took New Zealand from far-reaching state interventionism under an ostensibly conservative government (not a success) to one of the most free-market economies in the world. Some of the many successful reforms and deregulations of Rogernomics included the removal of foreign-exchange controls, removal or significant reduction in subsidies to many industries, including agriculture, and a massive reduction in the marginal tax rate. As a result of Sir Roger’s reforms, the government even now keeps a detailed balance sheet and audits its financial statements.

The Czech Republic, which ranks second in its embrace of free-market ideas, is another country that stands out. Much of its high GIEM score can be put down to the tireless work of another good friend of mine, Václav Klaus, former minister of finance (1989–1992) of Czechoslovakia, and former prime minister (1992–1998) and president (2003–2013) of the Czech Republic. Klaus led the Czech Republic’s radical transition from communism to a free-market economy. Indeed, the Czech Republic was one of the most radical early reformers in the former communist bloc. With Klaus’s books, journal articles, lectures, and speeches, he educated the Czech public about free markets and liberty. Unlike the case of the Chicago Boys in Chile, Klaus’s ideas and influence have stuck.

If we look at country-by-country demographics, there is not much difference between the economic mentality of those over 40 years old and under 40 years old for most countries. But there are notable exceptions. The countries with the most significant difference in economic mentality between the two age groups are the United States, New Zealand, and Australia. In these countries, the younger generations possess a significantly weaker attachment to free-market ideas than do older generations, with the U.S. as the most extreme case. It makes one wonder what brand of economics is being peddled in high schools and universities in the United States, New Zealand, and Australia.

La pregunta por el “botón rojo”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/11/20 en:  https://eluniversitario.unnoba.edu.ar/2020/11/05/la-pregunta-por-el-boton-rojo/

Una metáfora que recorre el país, el mundo quizás, y una pregunta: ¿es posible adecuar la economía a los tiempos de la pandemia?

Por Marcelo Maggio

Hay una idea que late, cual amenaza vedada, en el año económico argentino: el botón rojo. Pero, ¿qué significa esa metáfora? ¿Se puede simplemente “parar” la economía? Al parecer el capitalismo y el botón rojo se llevarían mal, muy mal.

El filósofo Martin Heidegger decía que la esencia de la técnica moderna reside en no reposar jamás, esto es, estar siempre dispuesta a transformar la naturaleza. No hay noche ni día, como en los ciclos de la naturaleza, sólo hay producción. Por eso mismo, quizás, el malestar con el botón rojo no sea únicamente político, o económico, sino que estaría en una profundidad mayor. Y, por eso, también, cuando las sociedades tienen que redireccionar su producción para enfrentar una guerra no aparecen tantos malestares ni resistencias. Si se trata de detener la maquinaria para reposar, cubrir con velos, esperar o cuidar, ¿qué sucede, qué se opina, quién está de acuerdo? ¿Puede deternerse la economía, hay una entidad que pueda detentar el famoso ‘botón rojo’? ¿O es sólo una metáfora fallida de sanitaristas bajo los efluvios de la cloroquina?

Carlos Alberto Salguero es doctor en Economía y docente de la UNNOBA, entre otras universidades. Enseña Microeconomía y Macroeconomía desde 2016 en carreras de grado, y dirige un curso de posgrado sobre “Comercio y finanzas internacionales”. Este profesor universitario no comparte “el mito del botón rojo” que todo lo paralizaría porque “tiene una subyacencia necesaria: el planificador central”.

“Pareciera que no puede haber decisiones económicas en las que no guarde un rol preponderante el Estado, y eso no necesariamente debe ser así”, plantea. Salguero también se remonta a la teoría económica para abordar el tema: “Existen dos tradiciones mutuamente opuestas en relación a quién asigna mejor los recursos, ¿el Estado o el mercado? Es un debate que en el ámbito académico está abierto. Mi opinión particular, fundada en la ortodoxia microeconómica que establece que los controles provocan una perdida irrecuperable de eficiencia, es que resulta más saludable que se respeten las libertades individuales, que cada persona tenga la posibilidad de brindar todo su potencial sin ningún tipo de restricciones. No creo que sea necesario que un tercero, ajeno a los derechos de propiedad que cada uno detenta, tenga que venir a decir qué hacer o qué no hacer. Hay evidencia en el mundo que los países más ricos son los que tienden a tener Estados menos intervencionistas”.

Globalización, cantaban “Los Piojos” en el 2000, un año antes de que todo vuele por los aires en el país. “Ahí va Scottie Pippen/en medio de la puna/no te hagai problema darlin/slippin en la cuna”. Pero hoy ya se habla poco de la globalización, post Muro de Berlín y en el medio de una revolución de las telecomunicaciones, aunque… ¡apareció la pandemia global, y ya no resulta tan simpática la globalización! La aceleración mundial también trae la enfermedad.

Resulta evidente, y lo resultó desde el siglo XX para quienes querían desarrollar su utopía en un solo país, que la interdependencia de las economías es inevitable. Asumir la interdependencia quiere decir que no podemos hacer todo de modo local. Pero, y acá otro nudo, ¿qué está pasando con la economía global pandémica? ¿Cómo impacta en producción, comercio, finanzas? ¿Y los “bloques regionales” tan celebrados hacia fines del siglo XX y cada vez más golpeados y sin futuro aparente van a servir para salir del “shock” pandémico?

“Resulta claro que la globalización se ha dado en unas áreas más que en otras —reflexiona Salguero—. Hoy, por ejemplo, hay un acceso a la información disponible a lo largo del mundo gracias a las telecomunicaciones. Cualquier persona puede tener una videollamada en tiempo real con alguien que está del otro lado del planeta, cosa que antes no pasaba. Sin embargo, la apertura de los países está siendo relativizada. Hay grupos como la Unión Europea, por ejemplo, que no dejan de ser un bloque defensivo. En tal caso esta globalización tiene más de declamación que de correlato real en economía, y no guarda relación con la migración de las personas”, destaca Salguero al hacer un paralelo entre telecomunicaciones y migraciones.

Según informa el Banco Mundial, este año el repliegue global viene arrojando datos como los siguientes: 9,3% de baja en la demanda mundial de petróleo (para lo que va de 2020); caídas del 20% en servicios (con pico en el 30%); derrumbe del precio de commodities (energía, metales y agricultura), con excepción del oro. Muchos han visto en este escenario una necesidad de repliegue a lo local. ¿Se podría dar una reconfiguración de la teoría de las ventajas comparativas? Esto es, a partir de la necesidad de acceder a bienes que antes eran fáciles de conseguir y ahora se dificultan, ¿es viable en el presente volver a dar impulso a algo parecido a lo que otrora fue la sustitución de importaciones, por ejemplo?

Para responder, Salguero retoma el planteo inicial: “En la pregunta hay un pensamiento establecido, cosa que es razonable, porque la verdad siempre es personal. En la ventaja comparativa, desde la perspectiva del mercado internacional, hay restricciones que suponen que el comercio internacional, y el mundo, son como una torta predeterminada en la que la puja de las partes trata de sacar el tajo más grande. Y esto no debe verse así, sino que el comercio genera ventajas inexploradas y no debe enfocarse desde esa perspectiva de juego en el que lo que ‘uno gana el otro lo pierde’. Debería verse como un juego donde ‘todos ganan’, porque todos van a sacar el mayor provecho haciendo aquello que, en términos relativos, saben hacer mejor. No tenemos que sesgar a la persona con quien intercambiamos extramuros de Argentina como si fuera un rival al que hay que vencer, sino ver el beneficio mutuo. Sería un error muy grave proscribir el intercambio o restringir las posibilidades de las personas a un área determinada”.

El comercio internacional, “debería verse como un juego donde ‘todos ganan’, porque todos van a sacar el mayor provecho haciendo aquello que, en términos relativos, saben hacer mejor”.

—Ese podría ser un escenario también, pero hay críticas. ¿Podemos repasarlas? Por ejemplo desde el movimiento “no global”, nacido en Seattle en 1999 en respuesta a una reunión de la Organización Mundial del Comercio, se cuestionaba el problema de las asimetrías entre países, la falta de reglas parejas, y sobre todo el impacto sobre el trabajo y los derechos laborales, incluso llegando al trabajo esclavo en países donde la informalidad no puede ser controlada, por caso Argentina también. Desde 1999 para acá, ¿hubo cambios en el comercio o se asume que la no regulación es el único, o el mejor camino posible?

—Las asimetrías necesariamente se dan porque las personas contratan otras personas que no son iguales. Nadie se contrataría a sí mismo. Cuando se establecen equipos de trabajo se consideran las distintas habilidades que cada uno de los integrantes tiene para tener un incremento del trabajo conjunto. Las empresas son un conjunto de activos con riesgo y pasivo, cuentan con la presunción de que van a ganar en caso de conseguir el favor de los consumidores, y eso es eventual, porque lo único que tienen asegurado y en concreto son los costos que enfrentan, entre ellos, las tasas de salario de las personas que contratan. El rol del asalariado no es el mismo que el del dueño de la empresa, por cuanto el asalariado vende su fuerza laboral. El titular de la empresa puede tener ganancias sirviendo correctamente al mercado o, eventualmente, podría quedar desprotegido y perder sus activos si su presunción hipotética del mercado no se cumple. Las decisiones siempre se toman en un marco de incertidumbre, y se corroboran empíricamente (ex post) si fueron acertadas. En cuanto a la cuestión moral de las condiciones de trabajo esclavo, que también hemos visto en Argentina, es algo que tiene que ver con las condiciones de pobreza extrema a las que determinadas personas en el mundo están expuestas. Cuanto más ricos son los países, la distribución del ingreso tiende a ser menos desigual. Estas cosas pasan cuando hay una necesidad extrema de personas que, bajo determinados regímenes, no pueden subvertir esa condición de pobreza tan lamentable y que es repudiable desde todo punto de vista.

—Pero una cosa es pensar que es repudiable y otra sería pensar que es necesaria la regulación, por ejemplo si asumimos que el capital “tiende” a ir a los lugares a donde menos costo de producción va a tener, ya sea local, regional o internacionalmente. ¿No es el Estado el único que puede decir “¡hasta aquí!”? Incluso podría ser peor, porque además de la informalidad o la esclavitud también hay dumping  (vender un producto por debajo de su precio normal, para eliminar a las empresas competidoras y apoderarse del mercado), cierre de fábricas locales y desocupación.

—No debe confundirse el comercio con la lesión de derechos. Precisamente, donde opera una ilegalidad es donde la Justicia debe actuar de oficio. Desde la Asamblea del año 1813, afortunadamente, la esclavitud ha sido abolida en nuestro país. En el comercio, sin embargo, desde que el mundo es mundo, el negocio es comprar barato y vender caro. Países como China, que hasta hace 70 años eran economías de subsistencia agrícola, gracias a los flujos de capital se han transformado, y hoy ese país es quizás la economía más preponderante del mundo, con las inequidades y condiciones de pobreza que persisten, inclusive con restricciones como la tasa de natalidad. Lo cierto es que la condición de vida de los habitantes del gigante asiático ha mejoradoMe parece que la solución va más allá de las restricciones: el ser humano viene de la pobreza extrema, pero sólo en los últimos años y gracias al acontecimiento económico más importante de la humanidad, la Revolución Industrial, ha empezado a superar esos acontecimientos. Cada año en el mundo, aunque este año va a ser particular, hay una menor cantidad de pobres. Y la tendencia global es a la disminución de la pobreza.

“El ser humano viene de la pobreza extrema, pero sólo en los últimos años y gracias al acontecimiento económico más importante de la humanidad, la Revolución Industrial, ha empezado a superar esos acontecimientos”.

—En el curso de posgrado que usted dicta aparecen dos palabras: comercio y finanzas. Sin embargo muchas veces, y le hablo solo desde la “agenda de noticias”, las finanzas aparecen como una zona oscura, de dudoso proceder, asociada a la especulación o a lo “volátil”. Las bolsas que se desploman “mágicamente” son noticia, el dólar que “se dispara”, sin actores, los tenedores de bonos “sin rostro” o los capitales golondrina que generan incertidumbre. ¿Cuál es el rol de las finanzas en la economía global? ¿Es simplemente el “lado oscuro” del capitalismo como rezan las noticias cotidianas?

—Creo que eso sucede porque principalmente hay un desconocimiento cabal del mundo financiero y porque el comercio resulta más tangible. La gente está acostumbrada a hacer intercambios de bienes pero no tanto de transacciones financieras. Los particulares, los bancos y las empresas pueden poseer activos de su país o activos de otros países. De hecho, los particulares poseen casi exclusivamente activos de su propio país y, dicho sea de paso, en Argentina tenemos un mercado de valores que es despreciable en términos absolutos comparado con otras economías del mundo. Las finanzas lo que hacen es canalizar y transferir los flujos de ahorro. El problema de nuestro país es, precisamente, la falta de ahorro. Las personas, generalmente, estamos restringidas a llevar a cabo nuestra cartera en inversiones de opciones locales, en especial en bancos comerciales y no así en el mercado de valores, aunque con la revolución de las telecomunicaciones esto está comenzando a cambiar. No obstante, sigue siendo un terreno más afín a los agentes globales diversificar sus inversiones entre los mercados transnacionales. Los inversores internacionales generan una relación entre los mercados de activos del interior y del extranjero, y sus actuaciones tienen efectos fundamentales en la determinación de la renta, los tipos de cambio y de la capacidad de la política monetaria de un país para afectar a los tipos de interés. Para financiar la compra de activos durables, las empresas y particulares acuden a los bancos. Pero en el mundo, esos mismos actores se financian a través de la bolsa de valores y de los instrumentos financieros que surgen de allí. Quizás el desconocimiento de los instrumentos financieros es lo que genera, en algunos sectores de Argentina, los prejuicios sobre cómo operan los mercados.

Objetivismo económico: “Se ha perdido la posibilidad de ver a la persona como un ser de carne y hueso que está sujeto a diversas contingencias, entre ellas, levantarse un día con el pié izquierdo, estar enfermo, o todo lo que nos pasa a las personas en el devenir de la vida cotidiana”.

Trabajo y pandemia

La pandemia también nos devuelve a las preguntas fundamentales. “Cuál es la razón por la cual algunas personas dedicamos nuestra vida a esta disciplina que se ha dado en llamar Economía?”, se pregunta Salguero. “El problema esencial de la Economía tiene que ver con la escasez, si con solo pensarlo pudiéramos acceder a los bienes necesarios para mantener la vida, no habría razón para intentar resolver estas cuestiones. La pandemia lo que ha hecho es golpear en el núcleo central del paradigma de la escasez. Ha hecho que lo escaso se vuelva más escaso. Debemos redoblar los esfuerzos para intentar resolver los problemas que resultan, ni más ni menos, del trade off o solución de compromiso entre las ‘necesidades infinitas y los recursos que son limitados y escasos’, y esto incluye aún a las personas más ricas del mundo, sea por el motivo que fuere”.

Y acto siguiente nos recuerda: “Originariamente, la ciencia se denominaba Economía Política y desde la revolución marginalista, es decir desde 1870, se ha perdido el cincuenta por ciento del nombre. Es decir, desde Alfred Marshall hasta acá hablamos de Economía a secas”. Este cambio no ha resultado menor ni baladí: “El objetivismo, producto del uso de la matemática en la teoría de la utilidad marginal —añade Salguero— ha hecho que se vea al ser humano como un autómata apto para formalismos matemáticos, pero se ha perdido la posibilidad de ver a la persona como un ser de carne y hueso que está sujeto a diversas contingencias, entre ellas, levantarse un día con el pié izquierdo, estar enfermo, o todo lo que nos pasa a las personas en el devenir de la vida cotidiana”.

La tradición teórica a la que Salguero refiere responde a una fundamentación liberal clásica, y lo que se conoce como la revolución marginalista en 1870 tuvo tres corrientes: William Jevons en Inglaterra, León Walras, en Escuela de Lausana y Carl Menger, en la Escuela de Viena. “La intervención de Marshall dio lugar al conocido ‘enfoque neoclásico’, aunque el prefijo ‘neo’ es un término abierto, y refiere a cualquier significado que quiera dársele”.

Análisis de la realidad: “Como decía un economista y sociólogo norteamericano, Mancur Olson, los datos nos permiten mostrar todo aquello que queramos, solo bastará ver hasta dónde seamos capaces de torturarlos”.

—En la pérdida de la palabra “política” en el nombre de la disciplina, ¿se ha perdido eficacia también? ¿Sería posible pensar una recuperación de ese nombre original y de esa práctica?

—En el presente, no. La mayoría de las escuelas de pensamiento adhieren al objetivismo. Es más, hay grupos con gran influencia que consideran que la Economía no es una ciencia social sino una ciencia dura, y cada vez más se desvelan tratando de matematizarla, incrementando su relación con los algoritmos matemáticos, más que tratar de llevarla a ese escenario inicial que la ha planteado como una ciencia social. La econometría, por ejemplo, una disciplina de la medición económica de los datos, busca argumentar o corroborar a través de la evidencia empírica. Como decía un economista y sociólogo norteamericano, Mancur Olson, los datos nos permiten mostrar todo aquello que queramos, solo bastará ver hasta dónde seamos capaces de torturarlos.

—En este borramiento de lo social hay quienes aprovechan para reflotar las hipótesis de un mundo sin empleo, a caballo del automatismo, o de una sociedad en crisis, es decir por diversos motivos se podría llegar a esa conclusión.

—No podemos pensar en una economía que sea prescindente del trabajo. Todo lo que las personas hemos logrado como mejora en nuestra calidad de vida lo hemos conseguido con trabajo, que es el ingrediente insustituible para incrementar la mejora de las condiciones de vida. No hay nada que pueda hacerse sin trabajo. Es falso el argumento que dice que un robot puede reemplazar el trabajo humano. La tecnología puede potenciar el trabajo humano, pero no reemplazarlo, porque nada puede existir sin trabajo humano. Lo que hace la tecnología, sí, es incrementar la productividad. Tomemos como ejemplo un productor rural: en determinado país necesitará una cantidad de horas, en otro le será suficiente con menos tiempo para producir mucho más, dada la manera en que se potencia su trabajo gracias al uso de la tecnología. Y eso hace que ese país sea más rico. La riqueza no está en el dinero, sino en la tasa de capitalización de esa economía que soporta el trabajo humano. Hay economistas que dicen que el dinero es la savia que lleva los nutrientes. El dinero es simplemente un medio para realizar intercambios. Lo que en realidad nos va a dar un mejor nivel de vida es el acceso a mayor cantidad de bienes y servicios, parte de esos bienes se usan para consumir y parte se ahorran.

“Es falso el argumento que dice que un robot puede reemplazar el trabajo humano. La tecnología puede potenciar el trabajo humano, pero no reemplazarlo, porque nada puede existir sin trabajo humano”.

—¿Puede suceder que se potencie la productividad pero al mismo tiempo se altere la naturaleza del trabajo humano por el impacto de la maquinaria? Algo así es lo que está en la tesis sobre la composición orgánica del capital.

—Ese es el argumento sobre el que subyace la plusvalía de Marx. Este autor, no solo partía de una concepción defectuosa de la economía, sino que sostenía que ésta, siempre referida a lo material, determinaba las características espirituales del hombre. Pero el empresario debe pagar el salario de mercado para cada tipo de trabajo, independientemente de su estado patrimonial y de sus deseos personales. La cuantía del capital determinará, en última instancia, los ingresos y salarios reales. El aumento del capital genera, entre otras cosas, que las tareas marginales desaparezcan del mercado aprovechándose el trabajo en tareas consideradas más necesarias. La evidencia, en ese sentido, ha sido contundente.

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y en la UNNOBA, donde dicta Macroeconomía, Microeconomía y Comercio y Finanzas Internacionales. Y egresado de la Escuela Naval Militar.

¿Por qué muchos argentinos están esperando una devaluación?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 4/11/20 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_20exportar_20n_c2_ba_20184

Por mi actividad profesional y docente, converso a diario, (me comunico, porque, por esta pandemia, no veo a nadie desde hacen meses), con muchas personas que están preocupadas con la marcha de la economía. Y una de las preguntas que más se repiten es: ¿Puede venir una fuerte devaluación en breve?

La pregunta es tan recurrente y proviene de personas con intereses económicos y académicos tan diversos, que vale la pena detenernos a analizar las razones que dan origen a esta preocupación tan generalizada.

Una devaluación es la pérdida del poder adquisitivo de la moneda doméstica. Que se refleja claramente en una suba de precios, que no podemos adjudicar a las particulares modificaciones de la oferta o demanda de ciertos bienes. Sino, que por encima de todas estas variaciones, (que operan permanentemente, y transmiten información útil a los agentes económicos), actúa a manera de deslizamiento del valor de nuestra moneda hacia el barranco de la destrucción.

Esta cuestión tiene dos aspectos complejos. En primer lugar se distorsiona la información necesaria para una correcta y racional toma de decisiones, en la búsqueda de ajustar nuestros planes de negocios a las necesidades, patrones de consumo y deseos cambiantes de los consumidores. En segundo lugar, se distorsionan fuertemente las relaciones de precios entre unos bienes y otros. Entre insumos y productos. Entre bienes de consumo y sus sustitutivos alternativos. Entre bienes de producción y los bienes a que estos dan origen.

Todo esto altera muy fuertemente los resultados de los planes de negocios. Que han debido ser anticipados con precisión muy ajustada por los empresarios, en su rol de asignadores de recursos productivos. Es decir, que estas distorsiones destruyen el valor en las empresas, porque convierten en no rentables a proyectos de inversión que fueron concebidos cuando los precios relativos eran diferentes y estos planes de negocios, por lo tanto, sí eran rentables.

Pero esto que relatamos viene ocurriendo desde hacen meses. Si nos ponemos estrictos, viene ocurriendo desde hacen décadas. ¿Pero que es, en concreto lo que los ciudadanos de a pie estamos temiendo que ocurra en estos últimos días o semanas? La preocupación generalizada que desvela a muchos de nuestros conciudadanos es un sinceramiento de la relación de cambio entre el peso y las divisas extranjeras. Y me parece interesante detenernos en este punto, para clarificar el discurso y evitar ser manipulados. Porque es habitual escuchar que el dólar sube. Y muchos alegan que esto ocurre porque faltan dólares. Pero si intentamos adquirir cualquier divisa extranjera, euros, yenes, reales brasileños, observaremos que sus precios en pesos también han subido. Y que sus cotizaciones guardan estricta relación con el cociente entre sus precios en otros mercados del mundo. Por ende, no es el dólar el que sube. Es el peso el que ha perdido valor.

Y este deterioro en la relación de cambio de nuestra moneda, con cualquier otra divisa, que como decimos, todas cotizan contra el peso a precios que son estrictamente proporcionales a sus cross rates, es decir a sus relaciones de cambio recíprocas en otros mercados del mundo, (porque opera un arbitraje instantáneo, de operadores de cambio muy entrenados) es un deterioro que también puede verse en la cotización del peso contra otros activos, como el oro, o cualquier commodity agrícola de los de gran mercado en nuestro país.

¿Y porque es tan importante esta relación entre nuestra moneda y todas las demás divisas, que reflejan los precios de los distintos bienes y servicios que importamos y exportamos? Porque de ella depende el equilibrio de nuestra balanza comercial y la competitividad internacional de nuestras producciones exportables. Es decir que dado un nivel de productividad de nuestra economía, dado un nivel de eficiencia productiva de nuestras empresas, para producir ciertas cantidades de bienes y servicios con específicas cantidades de insumos, que pueden ser locales o importados, la variación de las relaciones de cambio entre nuestra moneda y las divisas extranjeras, vuelve a destrozar cualquier planificación y sistema de producción diseñado por los empresarios.

Entonces, nos preguntaremos: ¿Cuál debería ser la “adecuada” relación de cambio? ¿Por qué todo el mundo se pregunta si esta relación está por alterarse contra la cotización del peso? Queda claro que el equilibrio del tipo de cambio se alcanza cuando los operadores dejan de demandar divisas para importaciones, dado que el precio es demasiado elevado como para que los productos o servicios que intentan introducir, lleguen al consumidor a precios competitivos. Que es exactamente lo contrario de lo que se observa en este momento. Y asimismo, los exportadores ralentizan sus ofertas de divisas, cuando los precios que reciben en los mercados extranjeros les aportan unas cantidades de moneda extranjera (fijadas por los precios internacionales), que cuando se convierten a moneda local, al tipo de cambio imperante, no alcanzan a cubrir los costos de producción y la rentabilidad requerida, dado el nivel de riesgo asumido.

Por lo tanto, lo que está desvelando a nuestros empresarios, en estas últimas semanas es que el nivel de tipo de cambio no se exhibe como competitivo. Los llevaría no solo a exportar grandes cantidades de insumos, sino que, al abaratarse tanto, en relación a los costos internos, incrementados por la inflación reciente, hasta resulta conveniente importar el producto completo que producen, porque se consigue más barato que incurriendo en los costos de producirlo localmente.

Asimismo, los exportadores tienen que reducir a un mínimo su inversión en insumo y materiales, porque los pesos recibidos por la conversión de las divisas obtenidas por sus exportaciones no están llegando a cubrir sus costos de producción y logística. Cuando esta situación se generaliza de tal forma, no tiene sentido discutir con las autoridades económicas si el tipo de cambio es aún competitivo, a los niveles presentes, o si las exportaciones que todavía se realizan son un fenómeno inercial de liquidación de producciones a pérdida. Y hay una verdadera avalancha de solicitudes de importación.

La confesión del desequilibrio originado en una política cambiaria arbitraria y perjudicial para nuestras producciones llega de la mano del discurso oficial que restringe el acceso a las divisas para importar, y exhibe una caída inusitada de las reservas de monedas extranjeras en poder del banco central.

Institución que, a su vez, enfrenta una demanda creciente de divisas, ya no solo para importar para producir, sino en una verdadera estampida de ahorristas que buscan sustraer sus recursos de los mercados financieros a efectos de atesorarlos en divisas y no exponerlos a los riesgos de prestarlos para financiar la producción doméstica, ante la caída de los niveles de actividad de las empresas locales y el crecimiento inusitado de los índices de cumplimiento de las operaciones pactadas en los mercados de ahorro. Y todo este fenómeno es acompañado por la suba notoria de las tasas de interés, que indican una elevación de los niveles de riesgo. Todo lo cual mueve a los ahorristas a exigir una remuneración más elevada por su abstención de consumo presente.

Cuando aparecen todos estos indicios, que empresario, consumidores, analistas, banqueros y calificadores de riesgo observan permanentemente y que exhiben niveles de distorsiones tales que ya resultan muy familiares, para aquellos que ya han vivido experiencias de estallidos cambiarios, el futuro se torna previsible.

¿Hay un solo resultado posible, frente a toda esta situación descripta? No necesariamente: Pero está muy claro que la única forma de desactivar esta verdadera bomba cambiaria que se ha ido configurando, por la negativa a mantener liberadas las variables económicas que orientan las decisiones en una sociedad  que crece y prospera, es generar un shock de confianza, a partir del reconocimiento de una situación que es observada unánimemente. Y que requiere de una reducción de la presión fiscal, que recomponga la rentabilidad y competitividad de las empresas que pueden exportar. Y de aquellas que pueden producir con calidad y precio. Que permita que los consumidores sustituyan voluntariamente importaciones y no que lo hagan obligados por aranceles prohibitivos, que además, cierran el ingreso de nuestras mercaderías a los países discriminados por estas tarifas. Estas conductas son graves, porque los países afectados aplicarán impuestos como represalia. Lo cual seguirá agravando la escasez de divisas. Asimismo, deberán darse señales muy claras y bien determinadas de una reducción efectiva del gasto fiscal que libere recursos para el consumo y la producción privada que son el verdadero motor de la economía. Y permitan una reducción de la presión impositiva que reduzca los costos locales e incremente la competitividad.

En la medida que no veamos este tipo de medidas radicales, los argentinos seguiremos pensando que el ajuste de las variables distorsionadas por políticas cambiarias equivocadas, será inminente, repentino y muy fuerte.

Esperemos que todavía no sea tarde para aplicar los correctivos necesarios y dejar de alambrar las decisiones económicas que son materia de análisis de los empresarios y nunca de un grupo de funcionarios que se asuma como la elite iluminada  que pretenda manejar variables que dependen y condicionan las decisiones individuales de los ciudadanos que los han elegido.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.