Las 5 etapas en la historia de la escuela austríaca de Economía

Por Adrián Ravier.  Publicado el 21/10/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/10/21/las-5-etapas-en-la-historia-de-la-escuela-austriaca-de-economia/

Las enseñanzas de esa corriente de pensamiento parecen estar ganando espacio en la opinión pública en la Argentina. Los personajes más importantes y sus contribuciones

Algunos economistas de la escuela austríaca: Ludwig von Mises, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Israel Kirzner, Friedrich Hayek y Carl Menger

En la historia del pensamiento económico una de las corrientes que se destacan es la de la escuela austríaca, la cual atravesó por 5 etapas, y comienza a extender su influencia en la sociedad argentina:

1. La Fundación (1871-1911). Surge con los Principios de Economía de Carl Menger, quien tuvo un importante debate con los historicistas alemanes pidiendo abandonar la búsqueda de regularidades y más bien buscando desarrollar leyes económicas de aplicación universal. También Menger fue crítico de la teoría del valor trabajo en la que se fundaba el pensamiento clásico, siendo parte de la revolución marginal.

Eugen Böhm Bawerk, por su parte, fue un estudioso de los aportes de Menger, pero llevó sus investigaciones más lejos, las que se pueden ver en su libro en tres tomos Capital e interés, porque comprendió rápidamente que estas ideas podían utilizarse para mostrar las contradicciones del marxismo.

2. La consolidación (1912-1945)Allí aparecen los aportes de Ludwig von Mises, primero con su Teoría del dinero y del crédito, y luego con la conformación de un seminario privado donde forma importantes alumnos. En 1922 Mises publica Socialismo, un libro que anticipa el fracaso de este sistema alternativo.

Su más brillante discípulo, Friedrich Hayek es quien extiende las investigaciones de Mises sobre el socialismo, y desarrolla su teoría del conocimiento; en la macroeconomía, agrega a la teoría austríaca del ciclo económico, una mayor profundización de la teoría del capital. Estas ideas resultan centrales en el debate de aquellos años sobre el cálculo económico frente a socialistas como Taylor y Lange, mientras que en el área macro, viaja a Londres para debatir con John Maynard Keynes y la Escuela de Cambridge.

Friedrich Hayek viajó a Londres para debatir con John Maynard Keynes (foto) y la Escuela de Cambridge

3. El aislamiento (1945-1973)Una sucesión de hechos rompe con el predominio de la Escuela Austriaca: a) Los nazis atacan Viena y los miembros de la Escuela Austriaca deben dispersarse. Mises se establece aislado en Ginebra, mientras que Hayek lo hace en Londres. Poco tiempo después Mises tiene que abandonar Europa y toma un barco a Nueva York. Hayek poco tiempo después se establece en la Escuela de Chicago; b) La economía se vuelve anglo-parlante en un momento en que todas las publicaciones austriacas estaban escritas en alemán. Mises y Hayek recién entonces empiezan a publicar sus contribuciones en inglés; c) La economía también abandona la lógica verbal para fundarse en modelos matemáticos y de equilibrio que estaban muy lejos de la metodología austríaca. Destacados economistas mencionan lo difícil que era “modelizar” hasta entonces; y d) La revolución keynesiana genera un cambio ideológico que choca con ciertas ideas liberales austríacas.

En esta etapa de aislamiento, sin embargo, la escuela austríaca logra reconstruirse, de nuevo, sobre la base de los esfuerzos de Mises y Hayek. Mises publica en 1949 La Acción Humana, su Tratado de Economía, además de formar un nuevo seminario privado en la Universidad de Nueva York donde forma alumnos.

4. El resurgimiento (1974-2000)Con la estanflación de los 70, y siendo evidente el desenlace de la revolución keynesiana, logra su resurgimiento en paralelo con la contrarrevolución monetarista. La Academia Sueca advierte que Friedrich Hayek había anticipado en los años 30 los problemas de las políticas keynesianas y le otorga el Premio Nobel en 1974 por sus aportes a la teoría del capital y los ciclos económicos, y también por ofrecer un estudio multidisciplinario que enriquece los estudios económicos.

Un año antes, en 1973, el Institute for Human Studies organiza un seminario con la presencia de tres destacados autores austriacos: Israel Kirzner, quien se doctoró bajo la tutela de Ludwig vonMises en Nueva York y desarrolló contribuciones a la empresarialidad; Murray Rothbard, quien desarrolló un nuevo tratado de economía, una moderna explicación de lo ocurrido en la crisis del treinta y sus contribuciones a la ética de la libertad; y Ludwig Lachmann, quien amplió el estudio macro de Hayek conectando la teoría del capital con las expectativas subjetivas y nuevos aportes a los ciclos económicos.

Israel Kirzner se doctoró bajo la tutela de Ludwig von Mises en Nueva York y desarrolló contribuciones a la empresarialidad

5. Las oportunidades de la especialización (2000-hoy). Fritz Machlup, y en la Argentina Gabriel Zanotti ofrecen contribuciones con una nueva metodología para la economía políticaPeter Klein y Nicolai Foss ofrecen aportes a la microeconomía que extienden los aportes de Kirzner sobre el proceso de mercado y desarrollan una nueva teoría austriaca de la empresa. Juan Sebastián Landoni es en Argentina el especialista en la materia; Peter Lewin amplía los aportes de Hayek sobre la teoría austriaca del capital, ofreciendo sus aportes a una teoría del capital en desequilibrio.

El economista argentino Nicolás Cachanosky ha escrito trabajos en coautoría con Lewin en esta materia. Steven Horwitz ofrece contribuciones a los microfundamentos de la macroeconomía. Roger Garrison desarrolló aportes a la macroeconomía basada en el capital, la que se enfrenta a los modelos keynesianos, monetaristas e incluso a la nueva macroeconomía clásica. Aun en el área de pobreza y desigualdad, pueden verse los trabajos de William Easterly, consistentes con la línea austríaca, colocando a Hayek como un experto.

Lo cierto es que cualquiera sea el área en la que los austrícos se introducen sus aportes parecen ser novedosos y reciben espacio en las revistas especializadas.

Compañeros de camino

La escuela austríaca, sin embargo, parece haber muerto, al menos en la forma en que existía décadas atrás. Ya no existe como un movimiento independiente en el que han contribuido Mises y Hayek y se enfrenta al resto de la profesión. Más bien, a partir del aporte de Peter Boettke, profesor en la George Mason University, los austríacos modernos comprendieron que pueden dialogar con otros teóricos de la economía y presentar un todo coherente para enfrentar a la economía neoclásica y sus modelos estáticos de equilibrio.

A partir del aporte de Peter Boettke, profesor en la George Mason University, los austríacos modernos comprendieron que pueden dialogar con otros teóricos de la economía

¿Quiénes serían entonces estos compañeros de camino? Varios premios Nobel que por sus aportes multidisciplinares consistentes con la línea Friedrich Hayek han ampliado los conocimientos de la nueva economía, como James M. Buchanan y la Escuela de la Elección Pública, quien junto a Gordon Tullock y Jeffrey Brennan, entre otros, estudian la conexión entre la economía y la políticaRonald Coase y el análisis económico del derecho; Douglass North y la Nueva Economía InstitucionalElinor Ostrom y la Escuela de Bloomington; Vernon Smith y la economía experimental, que integra la economía con la psicología.

El mainline economics es entonces la nueva economía de la que participa la Escuela Austríaca y que se propone hoy como un nuevo paradigma para dar respuestas a los problemas de siempre.

Es en este marco que la Argentina parece estar siguiendo un patrón a nivel mundial en defensa de la propiedad privada, la libertad individual, la economía de libre mercado y el gobierno limitado. Esta nueva manera de ver la economía enfrentará en lo que viene a las distintas formas de la economía dirigida, tanto socialista como intervencionista y populista.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Joseph Schumpeter, quien no se consideraba miembro de la EAE, pero desarrolló varios de sus temas

Por Martín Krause. Publicada el 15/10/21 en: https://bazar.ufm.edu/joseph-schumpeter-quien-no-se-consideraba-miembro-la-eae-desarrollo-varios-emas/

Con los alumnos de la materia Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a un autor conocido pero que no se consideraba miembro de esa escuela. Se trata de Joseph Schumpeter. No obstante, sus contribuciones respecto a la función empresarial se ubican fácilmente en el marco de análisis austriaco y no en el neoclásico. No es lo único, también en Capitalismo, Socialismo y Democracia comparte con Mises y Hayek la crítica a la planificación e incluso adelanta algunos de los temas que desarrollarán luego autores del Public Choice. Leemos un texto publicado por el Fraser Institute de Canadá titulado «The Essential Schumpeter», que dice:  

«Durante sus estudios universitarios (en la Universidad de Viena), Schumpeter fue muy influenciado por diversos profesores –incluyendo a Friedrich von Wieser y Eugen von Böhm-Bawerk-, ambos estudiantes con Carl Menger, miembro fundador de la Escuela Austriaca. Ludwig von Mises, uno de los economistas más aclamados en la Escuela Austriaca, era compañero de estudios de Schumpeter en la Universidad de Viena. A diferencia de Mises y muchos contemporáneos en esa universidad, Schumpeter no se consideraba miembro de la Escuela Austriaca de Economía, y se describía como un conservador más que como un ‘austriaco’, en cuanto a la política económica.” 

“Si bien Schumpeter deseaba permanecer en Viena, sus mentores Böhm-Bawerk y von Wieser solo pudieron conseguirle una posición temporaria en la relativamente nueva Universidad de Czernowitz. Mientras estaba allí escribió lo que entonces se consideró un libro que era un descubrimiento sobre el progreso económico, titulado simplemente Teoría del Desarrollo Económico. Por primera vez, Schumpeter introdujo el papel central del emprendedor para explicar el progreso económico. El libro catapultó a Schumpeter a la fama muy rápido.” 

“El renombrado economista de Chicago Jacob Viner alabó el texto de Schumpeter, Historia del Análisis Económico, diciendo…. “por mucho margen es la contribución más constructiva, más original y más erudita y la contribución más brillante sobre la historia de las fases analíticas de nuestra disciplina que jamás se haya hecho. Sin embargo, fue el libro Capitalismo, Socialismo y Democracia, publicado en 1942 el que fuera su trabajo más popular y exitoso. El libro incluye muchos aportes de trabajos previos de Schumpeter pero es el más sucinto, y tal vez el más penetrante, análisis sobre la naturaleza del capitalismo. Schumpeter describe los mecanismos –emprendedores, innovación y reasignación del capital- que impulsan la “incesante” recreación del capitalismo. Es este núcleo dinámico del capitalismo que llevó a Schumpeter s utilizar la frase que mejor captura la singularidad del capitalismo empresarial: “destrucción creativa». 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El problema no es la economía, es el Gobierno


Publicado el 16/10//21 en: https://economiaparatodos.net/el-problema-no-es-la-economia-es-el-gobierno/

En pos del relato, creyó en estadísticas que no existían y gran parte del electorado se lo hizo saber con singular rigor en casi todo el país

Uno de los tantos problemas que tiene el gobierno es que no solo inventa un relato para decir en sus discursos públicos, incluso inventa estadísticas que contradicen los mismos datos oficiales, sino que parece que ellos terminan comprando su propio relato. Terminan creyendo que es verdad.

Por ejemplo, a escasos cinco días de las elecciones, Victoria Tolosa Paz decía por televisión, sin que se le moviera un pelo, que el empleo privado se estaba recuperando, cuando en junio respecto a mayo los puestos de trabajo en el sector privado formal en relación de dependencia seguían cayendo y estaban 164.400 puestos menos que en febrero de 2020 y 169.100 puestos menos que en noviembre de 2019, que por cierto fue un año recesivo, todos datos del Ministerio de Trabajo.

Obviamente que el adverso resultado electoral del kirchnerismo no debe responder a un solo factor. La foto festejando un cumpleaños mientras todos estaban encerrados en cuarentena debe haber colmado la gota que rebalsó el vaso, pero tal vez la cuarentena eterna haya sido uno de los factores que más conspiraron contra el gobierno por la destrucción de puestos de trabajo. Esa cuarentena irracional y prepotente golpeó muy fuerte a los mismos votantes del kirchnerismo que no son solo los que reciben planes sociales. También afectó a pequeños comerciantes como el negocio de zapatos del barrio, el de ropa, el kiosco, el remisero, el taxista, al mozo del bar y del restaurante que vive de sus propinas y el listado sigue.

El tema es que de aquí a dos meses debería ocurrir un milagro para que la economía se recupere y la gente sienta un fuerte alivio, tanto en materia inflacionaria como en la posibilidad de recuperar puestos de trabajo perdidos.

Y la realidad es que eso no va a ocurrir. En materia inflacionaria el gobierno ya está utilizando todos los artilugios posibles para disimular el impacto inflacionario de la emisión monetaria. Desde el atraso de las tarifas de los servicios públicos hasta el atraso cambiario y pasando por la prohibición de exportar carne para tener asado artificialmente barato. Le quedaría establecer controles de precios más estrictos con el desabastecimiento de rigor y con eso no lograría recuperar el apoyo de los votantes.

El presidente lanzó una “novedosa medida” ensayada mil veces sin resultados positivos, como es enviar al Congreso un proyecto de ley de compre argentino. Al margen de tener un razonamiento que atrasa 40 años creyendo que en las economías modernas los puestos de trabajo los generan la industria en vez del sector servicios, lo cierto es que lo que hizo fue presentar un proyecto de ley que va a llevar un tiempo aprobarlo, que no va a tener resultados extraordinarios y que, si mágicamente los tuviese, serían para después de noviembre. O sea, se limita a formular un vago anuncio que no cambiará la situación del bolsillo de la gente en dos meses. Sigue haciendo discursos sin contenido.

Tolosa Paz dijo que el gobierno tiene que cambiar las herramientas que está utilizando. Difícil saber a qué se refiere pero de todas formas, el gobierno ya no tiene herramientas.

Este es un gobierno que solo sabe hacer populismo, y para hacer populismo hace falta tener recursos. Esos recursos no existen y aún haciendo populismo se hundió electoralmente.

El dilema que se le presenta al gobierno es que Alberto Fernández tiene la imagen totalmente agotada y difícilmente pueda recuperar credibilidad luego de estos casi dos desastrosos años de gestión. Para colmo, tiene una alianza política con Cristina Kirchner y La Campora que le impide atraer inversiones y el entusiasmo de los agentes económicos.

Un cambio de gabinete no lograría nada porque el problema no es Guzmán, que por cierto es un ministro de Economía desdibujado, el problema es Fernández, más el kirchnerismo, más La Campora que hacen incompatible su proyecto de poder político autocrático con la práctica de una sana política económica.

Cambiar de ministro de economía no sirve de nada en este contexto. No es que el ministro haga mal las cosas por su cuenta, tuvo el mandato de hacer mal las cosas.

En el eventual caso que Alberto Fernández renunciara, nada para asustarse porque está previsto en la Constitución Nacional y no tiene que ser un tabú analizar esa posibilidad, el reemplazo sería una Cristina Fernández que no sabría gobernar con escases de recursos o Massa que quedó tan golpeado políticamente como Alberto Fernández. Ningún relevo es opción para recuperar la confianza.

Por donde se mire la cosa, hay dos serios problemas. El primero y fundamental es que tendría que ocurrir un milagro para que el oficialismo genere confianza y atraiga inversiones para salir de este largo estancamiento. Esa posibilidad está fuera de toda lógica.

El segundo problema es que solo le queda aguantar como pueda hasta noviembre para que las variables económicas no se le desborden más. Si logra ese objetivo, al gobierno le quedan dos años más de mandato con baja credibilidad, toda la basura barrida bajo la alfombra y sin escoba (recursos) para quitar esa basura sin una crisis económica y social más profunda.

Es decir, están complicados en lo económico y en lo político, incluso en la generación de confianza. En síntesis, un problema retroalimenta a otro, la mala praxis económica alimenta el desgaste político y la política populista desgasta la economía.

Y como frutilla del postre, la bomba de las LELIQs que siguen acumulando presión.

El gobierno está en un problema sin solución posible, porque el gobierno es el problema.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El colectivismo y la destrucción moral

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/10/el-colectivismo-y-la-destruccion-moral.html

Hemos hecho –como nuestros lectores saben- muchos análisis del colectivismo desde el punto de vista económico y político, pero quizás el más importante lo ha realizado el fenomenal premio Nobel en Economía F.A. v. Hayek, en uno de sus libros más importantes de todos los tiempos y que citaremos a continuación, en donde, sin descuidar esos aspectos, se concentró con especial énfasis en los efectos letales que tiene el colectivismo para la moral individual.

En el párrafo que vamos a transcribir, se refería con especial atención al pueblo británico, pero estos conceptos son aplicables -en nuestra opinión- a cualquier otro de cualquier parte del mundo.

Y nos dice así que:

“Hay un aspecto en el cambio de los valores morales provocado por el avance del colectivismo que ahora ofrece especial alimento para la meditación. Y es que las virtudes que cada vez se tienen menos en estima v que, consiguientemente se van enrareciendo son precisamente aquellas de las que más se enorgullecía, con justicia, el pueblo británico y en las que se le reconocía, generalmente, superioridad. Las virtudes que el pueblo británico poseía en un grado superior a casi todos los demás pueblos, exceptuando tan sólo algunos de los más pequeños, como el suizo y el holandés, fueron independencia y confianza en sí mismo, iniciativa individual y responsabilidad local, eficaz predilección por la actividad voluntaria, consideración hacia el prójimo y tolerancia para lo diferente y lo extraño, respeto de la costumbre y la tradición y un sano recelo del poder y la autoridad. La energía, el carácter y los hechos británicos son, en una gran parte, el resultado del cultivo de lo espontáneo. Pero casi todas las tradiciones e instituciones en las que el genio moral británico ha encontrado su expresión más característica y que, a su vez, han moldeado el carácter nacional y el clima moral entero de Inglaterra, son aquellas que el avance del colectivismo y sus inherentes tendencias centralizadoras están destruyendo progresivamente.”[1]

Hoy -a la distancia del tiempo- podemos afirmar que esas cualidades, que Friedrich A. von Hayek advertía que el pueblo británico iba perdiendo en virtud de la acción corrosiva del colectivismo, casi han desaparecido por completo de la faz de la tierra

Esto indica claramente que el colectivismo comienza actuando a nivel individual, destruyendo tales integridades y luego se va extendiendo, de persona a persona, como una mancha de aceite hasta abarcar cada vez más numerosos grupos sociales y terminando por afectar a toda la sociedad de manera completa.

En nuestro continente lo notamos, y esta tan ampliamente extendido que ya a casi nadie le parece algo extraño y lo peor, malo o perverso.

La responsabilidad individual y el orgullo que ella representaba para quien la ostentaba es -hoy en día- un artículo de museo social. La independencia individual ha sido reemplazada por la dependencia estatal. Cada vez son más las personas que anhelan tener un dueño de quien depender, y esto da pábulo al paternalismo estatal.

Las estadísticas más difundidas revelan que la generalidad de los jóvenes anhela conseguir un empleo en la administración pública, o cualquier otra repartición estatal. Los empleos que se buscan en el sector privado son cada vez más escasos. Esto se debe al avance del estatismo en casi todos los campos.

En lo económico la intervención estatal ha ido carcomiendo la iniciativa privada. Recordemos la enseñanza del maestro Ludwig von Mises: cada dólar que gasta el gobierno es un dólar menos en el bolsillo de la gente. Esta breve pero medulosa lección tiene implicancias muy profundas. Explica que la expansión estatal ocasiona invariablemente una contracción -de la misma proporción- en la actividad privada.

En definitiva la conclusión a la que se arriba siguiendo estas verdades es que toda crisis económica tiene como precedente una crisis moral. Y esto es precisamente lo que consigue el colectivismo. Es su fruto natural.

Es cierto que, la palabra colectivismo está siendo desusada en nuestro medio, pero no debemos olvidar que de él derivan los populismos (término hoy más frecuente) en sus diversas variantes ya estudiadas: el socialista, el fascista y el nazista. Puede decirse que el más extendido de los tres hoy en día es el fascista.

Su éxito ha consistido en algo que, a la vez es –paradójicamente- muy obvio para los estudiosos y muy poco evidente para la mayor parte de la gente.

Consiste en que, mientras parece respetarse la propiedad privada, en realidad, tal respeto es sólo aparente, dado que se trata meramente de una propiedad nominal que oculta tras su fachada el hecho cierto que esa propiedad, en contexto, esta siendo detentada por el gobierno/estado. Por eso mismo, por ser tan poco obvio para las grandes masas, el fascismo ha logrado infiltrarse en la gran parte de las legislaciones del mundo como lo es en la Argentina.

En su mérito, va siendo hora que retomemos el uso del vocablo y continuemos explicando cuales son todas sus derivaciones nefastas. Porque este es un problema que continua afectando a nuestras sociedades y -por lo tanto- a sus economías.

Sin embargo, notemos que F.A. v. Hayek también indica que esas virtudes no estaban extendidas en el mundo, ya que sólo cita tres pueblos que las destacaban: el suizo, el holandés y el británico. Y los caracteriza por el tamaño. Por eso, el británico era donde tales cualidades encontraban su más amplia extensión. Y eso lo hacía admirable. Hoy en día, las cosas resultan diferentes, y la visión de F.A. v. Hayek tornaba sus palabras en cuasi proféticas. Ya que aun en esos pueblos el colectivismo ha hecho sus estragos. Con todo, suizos y holandeses siguen siendo los menos perjudicados por su avance arrollador.

La confianza en sí mismo ha sido desplazada por la confianza en esa entidad abstracta y etérea que es el estado/gobierno. Todo o casi todo se espera de él, cuando detrás de esa máscara no hay más que personas comunes, muchas de ellas con un nivel muy bajo de educación y cultura, pero dotadas de ese gran poder mítico que le otorgan los votos o el poder por el poder mismo.


[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 259-260

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Contradicciones de un llamado liberalismo de izquierda

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 9/10/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/10/09/contradicciones-de-un-llamado-liberalismo-de-izquierda/

Sostener que uno es partidario de las libertades políticas y negar las económicas se traduce en la contradictoria visión de protección del continente abandonando el contenido

Jean-François Revel

El lenguaje es principalmente para pensar y luego para comunicar nuestros pensamientos, si se recurre a terminología pastosa, pastosas serán nuestras conclusiones. No se trata aquí de mala voluntad ni de intenciones aviesas, descontamos los mejores propósitos pero es necesario aclarar algunos conceptos. Hace muchos años escribí sobre el tema pero ahora analizo con algunas reflexiones adicionales que estimo pertinentes en vista que se vuelve a la carga con aquello del supuesto “izquierdismo liberal”.

En primer lugar, debe subrayarse que las izquierdas son estatistas aunque hayan traicionado su origen ya que sus partidarios se ubicaron a la izquierda del rey en la Revolución Francesa representando la contracara del poder pero luego resulta que con el tiempo se aliaron al uso ilimitado de las botas, esto es al abuso del poder más allá de las estrictas limitaciones para proteger derechos. En todo caso, hoy la izquierda se opone abiertamente al espíritu liberal de antiestatismo y salvaguarda de las autonomías individuales.

Sostener que se es partidario de las libertades políticas y negar las económicas se traduce en la contradictoria visión de protección del continente abandonando el contenido. Pero es que el continente es precisamente para proteger el contenido. Nada significa la protección de derechos políticos si no se protege el uso y la disposición de lo propio. En resumen, se trata de una contradicción en los términos. Es el sí pero no.

Ocurre que no pocos de los que se autodenominan liberales de izquierda están recorriendo un camino que habitualmente parte del marxismo cuyo aspecto medular declarado así por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848, “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada.” Este es el corazón del marxismo por más que intenten disimularlo los que se han dejado arrastrar y engañar por las fauces de Karl Marx. Estos personajes ahora en un tránsito lento y doloroso desde esos fangos pretenden salir de a poco utilizando lenguaje atrabiliario mezclando dos tradiciones diametralmente opuestas.

Por lo dicho es que pensadores como Ludwig von Mises han declarado que el eje central del liberalismo consiste en el respeto al derecho de propiedad privada. En 1920 este economista explicó que sin propiedad privada no hay posibilidad alguna de contar con precios puesto que son el reflejo de transacciones de derechos de propiedad y sin ellos no hay manera de saber como asignar los siempre escasos recursos. Como muchas veces he ilustrado, en esta situación no se puede saber si conviene construir caminos con oro o con asfalto y si alguien argumenta que con el metal aurífero esa fabricación se traduce en derroche es porque recordó los precios relativos antes de eliminarlos. Entonces sin propiedad privada no hay manera de llevar a cabo una evaluación de proyectos, de asentar una contabilidad ni de cálculo económico alguno. Es por ello que Mises demostró que estrictamente no hay tal cosa como economía socialista allí donde no es posible economizar.

Mal que les pese a los ex marxistas la economía es la rama del conocimiento que adolece de las mayores y más gruesas falacias, como ha dicho el premio Nobel en economía F. A. Hayek , es contraintuitiva, es decir, lo primero que pensamos en la materia está mal, es necesario volver a considerar detenidamente el asunto mirando con mucha atención los efectos a corto y largo plazo y, sobre todo, distinguir lo que se ve a primera vista de los que se sucede en la cadena causal.

Algunos distraídos le endilgan el adjetivo de economicistas a quienes se ocupan con detenimiento a explicar los muy distintos vericuetos de este territorio que es desafortunadamente el menos explorado. Esto no niega en absoluto la importancia fundamental de los aspectos éticos, filosóficos, epistemológicos, históricos y jurídicos que envuelven a la tradición de pensamiento liberal. Por eso es que se ha dicho y repetido hasta el cansancio que el liberalismo antes que nada es una concepción moral de respeto recíproco.

¿Qué les sucede entonces a los ex marxistas? Les parece que es un salto demasiado grande ir directamente al liberalismo por lo que necesitan un primer paso en ese adefesio que bautizaron como “liberalismo de izquierda”, al efecto de que el trago no resulte demasiado amargo en el reconocimiento de sus anteriores equivocaciones, pues como ha reconocido el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su tan difundido Barbarism With a Human Face: “Aplíquese marxismo en cualquier país que se quiera y siempre encontrará un Gulag al final”. Como he escrito tantas veces, en lo personal, a juzgar por lo sucedido con muchos de mis condiscípulos en los dos doctorados que completé, hubiera sido trotskista o en el mejor de los casos keynesiano si no hubiera sido por la paciencia ilimitada de mi padre por mostrarme “otros lados de la biblioteca”.

Muchos de los ex marxistas están genuinamente preocupados por la condición social de los más vulnerables sin percatarse que el modo más rápido y efectivo de sacarlos de la pobreza es con el liberalismo que al abrir de par en par la energía creadora se maximizan las tasas de capitalización que constituyen la única causa de la elevación de salarios e ingresos en términos reales. Esa es la razón por la que son mayores en Alemania que en Uganda, no es que en el primer caso sean más generosos mientras que más amarretes en el segundo. No es tampoco asunto de recursos naturales, de climas ni de etnias. Japón es un cascote cuyo territorio es viable en un veinte por ciento, mientras que África contiene los mayores recursos naturales del planeta. Son marcos institucionales civilizados que respeten los derechos de las personas, por eso, como apunté con anterioridad, resulta muy alentador la difusión reciente de la larga tradición anglosajona de Law & Economics al efecto de comprender los estrechos lazos entre la economía y el derecho antes separados en nichos independientes que tanto daño han causado en lugar se sacar provecho de valiosas experiencias interdisciplinarias.

No se acaba de comprender que el mercado somos todos y que no es una cosa ni un lugar sino un proceso donde cada cual vota con sus compras y abstenciones de comprar lo cual va asignando factores de producción a los más eficientes para atender las necesidades de su prójimo. Y esto no tiene lugar por filantropía, es en interés directo de cada comerciante satisfacer las necesidades de terceros como el único camino en una sociedad libre al efecto de mejorar sus propios patrimonios. En este contexto, los principales enemigos del liberalismo son los empresarios prebendarios que se alían al poder de turno para explotar miserablemente a sus congéneres vía privilegios y mercados cautivos de distinta naturaleza. Son asaltantes de guante blanco que como no queda bien robarle las pertenecías a los vecinos a mano armada, hacen la faena con el apoyo de gobiernos con un disfraz legal.

Jean-François Revel que es un extraordinario ejemplo de quien revirtió completamente sus simpatías marxistas, en el prólogo que tuvo la generosidad de escribir para mi libro Las oligarquías reinantes consigna que la “imbricación de poder económico y de poder político es la principal fuente de corrupción en el mundo. Es por eso que la separación de la economía y el Estado es incluso más importante todavía que la separación entre la Iglesia y el Estado. Lo privado sin el mercado es tan catastrófico como la economía socialista.”

A los ex izquierdistas les quedan cicatrices como aquello de la “igualdad de oportunidades” sin ver que esa herramienta es absolutamente incompatible con la igualdad ante la ley. Como ya hemos ejemplificado antes, si juego al tenis con un profesional y me otorgan igualdad de oportunidades habrá, por ejemplo, que encadenarle una pierna al profesional del caso con lo que se habrá lesionado su derecho. Afortunadamente todos somos distintos en talentos, en fuerzas físicas y demás, en una sociedad libre las personas gozan de las mayores oportunidades posibles pero no iguales por las razones apuntadas. La igualdad es ante la ley no mediante ella y, dicho sea al pasar, reiteramos que este concepto vital está anclado a la idea de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite nuevamente a la propiedad de cada cual.

Decimos que afortunadamente somos desiguales puesto que si los humanos fuéramos iguales se derrumbaría la división del trabajo y la consiguiente cooperación social: todos quisiéramos ser ingenieros y no habría panaderos, a todos nos gustaría la misma mujer y así sucesivamente…hasta la conversación resultaría en un tedio insoportable puesto que sería equivalente a la parla con el espejo.

En esta línea argumental es necesario contradecir la manía de la guillotina horizontal y entender que, como queda expresado, las desigualdades de rentas y patrimonios en un mercado abierto son consecuencia de las decisiones de la gente según cómo administre sus adquisiciones con lo que está de hecho premiando y estimulando a algunos y castigando a otros. El delta de ingresos y patrimonios o el Gini Ratio son irrelevantes en una sociedad libre, sólo describen las preferencias de la gente y para aprovechar los siempre escasos recursos es indispensable dejar inalteradas las decisiones del público consumidor. Y en este último sentido, es menester destacar la sandez de suponer que los consumidores se dejan embaucar por la publicidad lo cual de ser cierto podría convencerse a la gente a abandonar los automóviles y andar en monopatín o sustituir la electricidad y volver a las velas siempre y cuando se proceda con la suficiente dosis de publicidad (todo esto salvo los libros que patrocinan estas zonceras cuya publicidad sería “genuina”).

Por supuesto que el liberalismo está asentado en un proceso evolutivo ya que como ha enfatizado Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierta a posibles refutaciones. De allí que sea tan ilustrativo y sabio el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, a saber, que no hay palabras finales. Por eso son tan fértiles los debates también entre liberales ya que no somos una manada y detestamos el pensamiento único. Hay en este sentido muchos matices y discusiones que ayudan a vislumbrar otras perspectivas manteniendo el respeto recíproco como aspecto crucial de esta anti-ideología por excelencia, no en el sentido inocente del diccionario de conjunto de ideas ni siquiera en el sentido marxista de “falsa conciencia de clase” sino en el siendo más generalizado de algo cerrado, terminado e inexpugnable.

Es recomendable recordar que cuando se aplicó la Constitución liberal alberdiana nuestro país era la atracción universal puesto que los salarios e ingresos en términos reales eran muy superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, la población se duplicaba cada diez años, teníamos todos los indicadores más relevantes similares o mejores que en Estados Unidos y nuestras exportaciones estaban a la altura de las de Canadá junto con maravillas culturales y educativas en todos los planos. Esto antes que nos azotara el estatismo peronista y sus imitadores con sus infames “conquistas sociales” que nos hundieron y nos siguen perjudicando machaconamente y empobreciendo en grados alarmantes.

Es de interés para los que todavía insisten en introducir algo de izquierda en el pastel liberal repasar la columna vertebral del espíritu de Alberdi quien lo resumió en el libro que explica nuestra Constitución fundadora a través de los siguientes dos pasajes vitales que debieran grabarse a fuego: “Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir” y también “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes le exigía a Alejandro: que no le hiciera sombra.”

El antes mencionado Hayek con razón nos informa que la tan cacareada “justicia social” alude a la antítesis de Justicia pues apunta que el adjetivo social unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo. Eso ocurre con “constitucionalismo social” que se traduce en textos inconstitucionales puesto que son cheques en blanco para que los aparatos estatales hagan lo que les plazca con las vidas y haciendas ajenas en lugar de establecer estrictos límites al poder, o “derechos sociales” que se traducen en pseudo derechos puesto que implican succionar el fruto del trabajo ajeno. En esta misma dirección, la “justicia social” solo puede tener dos acepciones: una flagrante redundancia puesto que la justicia no puede ser mineral ni vegetal, es siempre social o la interpretación corriente que significa sacarles a unos lo que les pertenece para entregarles a otros lo que no les pertenece, es decir, lo contrario de la Justicia.

En resumen, hago votos para que los amigos que se autodenominan liberales de izquierda junten fuerzas y hagan el recorrido final y se proclamen liberales a secas para dejar atrás contradicciones bien alejadas también de aquél otro invento inaudito de “neoliberalismo” con lo que no se identifica ningún liberal serio de nuestro tiempo. Es como ha escrito Mario Vargas Llosa “en mi vida que va siendo larga, me he encontrado con muchos liberales y con muchos más que no son liberales pero nunca con un neoliberal”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Contra la Ley de Etiquetado Frontal

Por Iván Carrino. Publicado el 8/10/21 en : https://www.ivancarrino.com/contra-la-ley-de-etiquetado-frontal/

En el congreso acaba de caerse la sesión para debatir la ley de ETIQUETADO FRONTAL Y PUBLICIDAD DE LOS ALIMENTOS Y BEBIDAS DESTINADAS AL CONSUMO HUMANO.

La ley tiene artículos totalmente delirantes como, por ejemplo, el 10.a, que directamente prohíbe:

La promoción de los alimentos o bebidas etiquetados como “exceso de azúcares”, “exceso de sodio”, “exceso de grasas”, u otras enumeraciones que la Autoridad de Aplicación determine para los productos de bajo aporte nutricional. Esta prohibición incluye la utilización de productos licenciados o artilugios comerciales tales como juguetes, accesorios, figuritas, adhesivos, tazos, objetos coleccionables, sorteos, figuras o imágenes de deportistas, artistas, personajes animados o famosos, o cualquier otro incentivo similar

Y el 14, que también prohíbe que los alimentos considerados altos en grasas o azúcares…:

… no podrán ser expendidos, comercializados, promocionados y/o publicitados dentro de las Instituciones Educativas comprendidas en la Ley 26.206 de Educación Nacional o la norma que en un futuro la reemplace.

Esto lleva al absurdo de prohibir vender una Coca-Cola dentro de una universidad, llena de adultos mayores de 18 años de edad.

Ahora bien, nadie está muy de acuerdo con estos extremos de la Ley de Etiquetado, pero sin embargo sí parece haber consenso respecto de la deseabilidad de su propuesta central. Es decir, con la necesidad de que a ciertos productos del supermercado se le ponga un sello negro que los discrimine frente a todos los demás por contener niveles de grasa, sodio o azúcares, que un grupo de expertos consideran que es elevado.

En este sentido, me llama la atención la aceptación que se ha generado entre economistas, y la confusión que existe en torno a que esta ley, al buscar “ampliar la información”, sería totalmente compatible con el ideal del capitalismo liberal.

Analicemos la ley, entonces, a la luz de estos temas de la economía y con una perspectiva liberal:

La medida es paternalista

En primer lugar vamos a decir que implementar esta ley sería implementar una medida a todas luces paternalista. La etiqueta que dice “exceso de azúcar” o “exceso de sodio” y que se obliga a agregar a los paquetes es el estado intentando modificar las conductas de la gente con el objetivo de que tenga un modo de vida más acordé a lo que el estado, asesorado supuestamente por un grupo de expertos, considera que es más adecuado. De hecho, cuando algunos hablan de los beneficios de la ley muestran precisamente dos cosas: por un lado, un cambio en el comportamiento del consumidor hacia un menor consumo de los productos etiquetados. Por el otro, un cambio de las empresas hace una producción distinta, ya que buscarán la forma de evitar tener que poner el sello.

O sea, (salvo en los casos ya mencionados) el estado no va a prohibirle al consumidor adquirir el producto, pero sí intenta guiar su comportamiento con una campaña que consiste en imponer unas etiquetas que muy probablemente lo hagan desistir de consumir algunas cosas.

El paternalismo, obviamente no es una actitud compatible con el liberalismo. La libertad implica responsabilidad, y requiere entonces que el gobierno nos trate como personas adultas, libres de elegir de acuerdo a nuestros criterios que siempre van a ser imperfectos (porque lo perfecto no es del dominio humano) y con la información considerada, desde el punto de vista de cada consumidor, relevante, pero no con toda la información disponible.

Pongamos un ejemplo: la última vez que te compraste un pantalón, claro que podés haber hecho una buena investigación, pero seguramente no sabes el precio de TODOS LOS PANTALONES en el mercado, ni todas las calidades, ni todas las formas en que cada pantalón se produce. Conocer todo eso te consumiría tanto tiempo que libremente elegís disponer de menos información.

Sin embargo, eso te basta y sobra para seguir adelante con tu vida y ser feliz con tu pantalón nuevo.

El ideal de la competencia perfecta

Esto nos lleva al segundo punto que entra en la rama de la economía. Los economistas tienen un modelo llamado de competencia perfecta que supuestamente es el ideal de una situación competitiva y que, como muchos liberales desde Adam Smith a Friedrich Hayek defendieron la competencia, algunos se confunden y creen que dicho modelo es válido para compararlo contra situaciones reales.

A partir de esa comparación, los economistas juzgan si el mercado funciona, como decía Adam Smith, o bien el mercado “falla”.

Entre los requisitos o los supuestos del modelo de la competencia perfecta están:

Que haya muchos compradores y vendedores en un mercado

Que los bienes ofrecidos sean homogéneos.

Que la empresa no tenga ni el más mínimo margen para definir el precio al que vende.

Que los consumidores tengan información completa y perfecta acerca de los productos y de todas las alternativas de precios.

Hagamos un paréntesis aquí: cuando los clásicos hablaban de competencia se referían a la situación de competencia en comparación con la de monopolio u oligopolio resultado de la intervención del estado. Adam Smith, por ejemplo, critica los monopolios derivados de las barreras proteccionistas, por ejemplo. Y lo mismo dice Mises en su tratado La Acción Humana. Sin embargo, en algún momento de la historia, el modelo de la competencia interpretarse como que, cuando no se cumplen estos requisitos, el estado tiene el deber de intervenir y llevar al mercado a esta situación idealizada.

O sea, pasamos de considerar que el estado era el principal obstáculo para la competencia, a considerar que su intervención es necesaria para generarla. Patas arriba.

Pero aquí entra lo que algunos economistas defienden de la ley de etiquetado: al ver el tema de la información, creen que el estado tiene el rol de regular para que haya información “completa o perfecta”. Y ahí empiezan los problemas.

La información es un bien como cualquier otro

Es que la información, como cualquier bien de la economía, es un producto escaso que exige un costo de producción. En ese sentido, siempre es mejor tener más que menos, pero el punto es quien carga con el costo de producir eso que supuestamente necesitamos.

Para el caso, también sería deseable contar con más autos y celulares en el mercado de los que contamos actualmente. Eso sería mejor desde un punto de vista económico ya que habría más necesidades satisfechas. No obstante, no se sigue de ahí que el estado deba obligar a los productores a aumentar la producción de autos y celulares.

Con la información ocurre lo mismo, incluso aceptando que más siempre es mejor a menos, subsiste el problema del costo para producirla y en ningún caso es compatible con el liberalismo obligar a las empresas a cargar con él.

¿Información u opinión?

Otro tema es que también es discutible que el etiquetado se trate simplemente de “más información”. Información son datos que cada uno debe leer y en base a ellos tomar sus propias decisiones acerca de si conviene o no realizar una actividad.

Ahora la etiqueta negra es una sentencia, es un dictamen, un juicio de valor, que puede estar muy fundamentado desde un punto de vista médico, pero que no aporta simplemente más información, sino que da una advertencia al consumidor para que decida de una forma y no de otra. No le acerca datos para decidir de forma más informada, sino que le sugiere decidir de una forma distinta a la que decidiría sin esa advertencia. La diferencia puede parecer sutil pero no hay que confundir la información con un mensaje que llama a la acción de acuerdo a ciertos parámetros de salubridad.

La información de la etiqueta no es tan relevante como se cree

Otro tema relacionado con esto es que se asume, y los economistas que están en este tema así lo creen, que está información de la que se habla es verdaderamente relevante para el usuario que toma decisiones. Y ahí es donde yo digo que, si ese es el caso, no hay ninguna necesidad de obligar a las empresas a ensuciar sus paquetes con etiquetas diseñadas por el Honorable Congreso de la Nación, sino que los defensores del etiquetado son libres de difundir esa información por cualquier medio que crean conveniente, como una página web o una app, y si la información es tan importante, desbordaran de visitas.

Pero no, mejor no tomarse el trabajo y adoptar la actitud vaga y resentida de “que lo hagan las empresas”.

La responsabilidad personal

Lo anterior me lleva al último punto, que es inquientante y que es que la ley desliga al individuo actuante de la responsabilidad frente a cualquier alimentación considerada no óptimamente saludable y se la traslada a la empresa que produce alimentos.

Volviendo a un tema inicial, el rol del estado es preservar los derechos individuales de las personas, no velar por su buena alimentación y su salud.

Cuando el estado ofrece salud pública no es porque tenga un rol en cuidar la salud sino por una decisión de asistir a quienes no tienen recursos para pagar ciertos bienes, como una asistencia sanitaria básica.

Además, la responsabilidad sobre nuestra alimentación es, en una sociedad de adultos responsables, totalmente nuestra. Por lo tanto, si alguien está comiendo con todo aquello que no recomendaría un médico, debe ser responsabilidad propia hacer su vida más compatible con la prescrita o bien decidir enfrentar las posibles consecuencias. De eso se trata ser adulto, no de andar llorando porque tal o cual empresa me vendió un producto con mucha azúcar.

Pendiente resbaladiza

Dos cosas más antes de cerrar: veo otro peligro en el trasfondo de la ley que es que parte de dos pilares fundamentales: el primero es que “el estado te cuida”. El segundos, que esto viene recomendado por “los médicos”. Al respecto, solo me queda recordar que durante toda la pandemia se dijo lo mismo. Que el estado nos cuida y que esto era lo que recomendaban los expertos en salud. El resultado fue que el virus igual se cargó cientos de miles de víctimas, y la catástrofe económica y social derivada de las cuarentenas no tuvo comparación.

Por último, muchos dicen que esto funcionó en Chile y que si lo hizo Chile cómo lo vamos a hacer nosotros. Ok, si ese es el punto estoy dispuesto a aceptar la ley pero si también adoptamos el gasto del 25% del PBI, el banco central independiente que tiene prohibido monetizar el déficit fiscal, la apertura unilateral al comercio global que Chile tiene y su mucho más flexible mercado laboral. Si es así, yo firmo el etiquetado.

Con esto me despido. Espero haber dejado claros esto puntos y nos vemos en la próxima.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Liderazgo, decisión y escala de valores

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado en: https://www.forbesargentina.com/columnistas/el-gobierno-paga-precio-ineficiencia-n8543

Hace más de 2.000 años, pensadores clásicos de la talla de Sócrates, Platón y Aristóteles afirmaban que la virtud no siempre podía enseñarse, sino que esta provenía de los buenos hábitos.

Liderazgo

Quizá nunca como hoy nuestra productividad estuvo tan críticamente bajo análisis. Conforme la tecnología avanza y nos facilita el alcance de objetivos otrora impensados, también ronda sobre cada uno de nosotros una especie de exigencia implícita de estar, del mismo modo, a la altura de tales posibilidades.

Asimismo, los procesos productivos se complejizan, las dotaciones de personal se diversifican tanto geográfica como culturalmente, y los circuitos de decisión se transforman día a día dejando atrás aquella vetusta imagen piramidal para darle paso a algo más parecido a una obra de Pollock, un cuadro pleno de líneas entrecruzadas y difusas.

En este contexto, la esencia del liderazgo se ha transformado en un tema recurrente que interpela del mismo modo al mundo corporativo como al académico. Los anaqueles de las bibliotecas de todo el mundo se han poblado de cientos de volúmenes que, con el mismo vértigo con el que vivimos el resto de la realidad presente, se reemplazan unos a otros ofreciendo el elixir que nos transforme casi alquímicamente, de meros mortales en eximios tomadores de decisión. 

Y esto, en gran medida, porque se ha alcanzado la conciencia común de que son justamente esos instantes en los cuales los líderes ejercen su virtud esencial (la decisión), los que pueden resultar determinantes, más allá de la estructura tecnológica de apoyo y la calidad de los recursos humanos que integran las organizaciones.

“Sin buenas decisiones no hay éxito”, podría ser, en resumen, el mantra que recitan los recruiters y head headhunters al momento de seleccionar o ascender a aquellos que habrán de liderar. Ahora bien, ¿desde dónde se construye una buena decisión? ¿Cuál es su origen?

La tentación inmediata nos lleva a responder el interrogante desde una posición epistémica o academicista. Mejor calidad de datos, mayor volumen de información y una educación de calidad parecen constituir una tríada suficientemente efectiva para garantizar que aquello que el líder decida será lo bueno y lo mejor para la organización. Sin embargo, sería sencillo refutar esta creencia con decenas de ejemplos históricos.

Aun así, el objetivo de este artículo no es ese sino invitar a pensar aún más allá, en una especie de extremo, y entonces preguntarnos: ¿Qué sucede cuando el líder enfrenta situaciones impensadas? En tal sentido, llamaremos emergentes a aquellos fenómenos que escapan a la cotidianidad de los contextos conocidos y se transforman en el sustrato común de las grandes crisis.

Los verdaderos emergentes suelen desafiar los paradigmas conocidos y, por tanto, poner en vilo la vigencia de lo aprendido. Ni los mejores MBA del mundo pueden dotar del conocimiento suficiente a un líder que enfrenta algo absolutamente disruptivo. Del mismo modo, difícilmente se pueda salir airoso en este tipo de situaciones solo por contar con datos e información. No porque tales no sean valiosos, sino porque las más de las veces, suelen ser inadecuados considerando la esencia de lo no previsto. ¿Y entonces qué le queda a ese pobre mortal que debe decidir?

Hace más de 2.000 años, pensadores clásicos de la talla de Sócrates, Platón y Aristóteles afirmaban que la virtud no siempre podía enseñarse, sino que esta provenía de los buenos hábitos. Una vida buena, en el sentido que aquellos atribuían a la expresión, hacía más por los líderes que las enseñanzas circunstanciales que provenían de sus históricos contendientes intelectuales: los sofistas. Estos hábitos virtuosos se transformaban necesariamente luego en una escala de valores; una especie de jerarquía mental implícita que servía de guía o incluso de refugio. No es casual, en tal sentido, que la Ética, una de las ciencias que junto con la economía y la política Aristóteles clasificó como prácticas, provenga del vocablo griego ethos, uno de cuyos significados es el de morada.

La Ética, en tal sentido, pasaría a ser ese refugio al cual acudir en última instancia cuando la realidad nos ha desbordado; una ciencia olvidada, que lejos de residir únicamente en los departamentos de Responsabilidad Social Empresariadebiera comenzar a reconsiderarse como parte constitutiva de la formación de quienes llevarán sobre sus hombros la carga de liderar y, por ende, de decidir.

Sobre todo, en un mundo en el cual lo impensado, lo disruptivo y lo emergente es, quizá, lo único que del futuro se puede prever.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Cada Gobierno se las arregló para superar al anterior en materia inflacionaria

Por Aldo Abram: Publicado el 14/9/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/14/cada-gobierno-se-las-arreglo-para-superar-al-anterior-en-materia-inflacionaria/

Sostener en el tiempo niveles de alta y creciente inflación en el pasado llevó a que la gente repudie la moneda argentina. Así tuvimos tres hiperinflaciones

Alberto Fernández, Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner

Si comparamos la inflación acumulada en los 21 meses de gobierno del Presidente Alberto Fernández (87,4%) con la del mismo período de “Cambiemos” veremos que es más alta (67,1%) y, a su vez, la de dicha gestión es mayor a la de Cristina Fernández (47,1%). Un resultado para nada sorprendente.

En la gestión de Cristina Fernández el gasto público total de los tres niveles del Estado Nacional (Nación, Provincias y Municipios) llegó al 45,6% de la producción total de los argentinos (PBI). Es decir, desde inicios de la gestión de Néstor Kirchner, aumentó casi 80% la proporción de lo que le costaba el sector público al bolsillo de los trabajadores y empresarios que generan riqueza en el país. Un tamaño imposible de pagar aún con impuestos razonables. Por lo tanto, dado que no había crédito disponible para Argentina, los excesos se cubrieron con transferencias de pesos y de dólares del Banco Central (BCRA); por lo que no es raro que terminara siendo insolvente y, a fines de 2011, se aplicara un “cepo” para demorar su quiebra.

Por supuesto, el financiamiento en pesos se hizo emitiendo y, como los argentinos no confiamos en la moneda local, no la demandamos. En conclusión, como pasaría con cualquier producto o servicio que se ofrezca más de lo que la gente quiere, su precio cae. El problema es que estamos hablando de que la moneda en la que ahorramos y cobramos nuestros ingresos pierde poder adquisitivo, que se lo apropia el BCRA para transferir capacidad de gasto al gobierno. Por eso, algunos economistas hablan de impuesto inflacionario. El Estado puede excederse en sus erogaciones a costa de que tengamos que bajar nuestros consumos porque nos quitaron poder de compra, empobreciéndonos. Desde inicios de la gestión de Néstor Kirchner, aumentó casi 80% la proporción de lo que le costaba el sector público al bolsillo de los trabajadores y empresarios que generan riqueza en el país

Por supuesto, si el precio del peso está bajando, cuando vayamos a comprar un bien o servicio, el vendedor nos pedirá más por ellos, porque lo que nos va a entregar sigue valiendo igual que antes. Eso es lo que llamamos inflación, aunque lo que en realidad refleja, es la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Por lo tanto, no es de extrañar que hayamos tenido alta inflación durante la gestión de la actual vicepresidente dado el continuo crecimiento del Estado y de las necesidades para financiarlo con el BCRA.

El problema es que, cuando llegó Cambiemos al gobierno, el tamaño del gasto público no varió sustancialmente, o sea que todavía había que buscar recursos extras a los impuestos para poder sostenerlo. La estrategia de salir del cepo, que de mantenerlo hubiera llevado a una crisis, y el exitoso cierre de la cesación de pagos con los bonistas en default que reclamaban en la justicia de Nueva York, le brindó la oportunidad de financiarse con crédito voluntario, en gran medida del exterior. Lamentablemente, el BCRA empezó a comprar esas divisas para acumular reservas y evitar una baja del tipo de cambio. Esto, sumado a las transferencias de recursos del Estado, implicó seguir emitiendo o endeudando caro a la autoridad monetaria, volviendo a diluir su recuperada solvencia. Así, no solamente se le quitó poder adquisitivo a los pesos que tenía la gente para mantener un elevado gasto público, sino para poder comprar dólares para las reservas; por lo que no debería extrañar que la inflación siguiera en alza y supera a la de Cristina Fernández en sus primeros 21 meses. Cuando llegó Cambiemos al gobierno, el tamaño del gasto público no varió sustancialmente, o sea que todavía había que buscar recursos extras a los impuestos para poder sostenerlo

Si bien en 2018 se inició un ajuste del gasto público, ya era tarde. Argentinos y extranjeros dejaron de confiar en que Argentina tenía un futuro de crecimiento y cayó la demanda de activos locales, particularmente la del más riesgoso de todos, el peso. Si la gente no quiere algo y la oferta de ello se mantiene igual, su precio bajará. Por eso, no extraña que, aunque el BCRA intentó ser más austero con la emisión, igual la moneda local siguió perdiendo poder adquisitivo. Esta huida de todo lo que oliera a argentino, incluido el peso, se agravó sustancialmente cuando las PASO de 2019 dejaron en claro que la elección presidencial la ganaría la fórmula conformada por Alberto Fernández y Cristina Fernández; lo que llevó a volver a imponer un nefasto cepo para demorar nuevamente la quiebra del BCRA.

Lamentablemente, el poco ajuste del Estado que obligó a hacer la crisis de credibilidad durante 2018 y 2019, se revirtió desde el inicio de la actual gestión y esa tendencia se exacerbó con la llegada de la pandemia. Dado que ya estábamos en cesación de pagos, no debería extrañar que no hubiera crédito disponible para financiar semejantes excesos y se volviera a abusar de la asistencia del BCRA. Un aumento precautorio coyuntural de la demanda de pesos por la incertidumbre de la cuarentena, permitió postergar la depreciación de nuestra moneda; pero cuando se comprobó que había acceso a efectivo a través de los cajeros automáticos, la preferencia por atesorar pesos empezó a volver lentamente los niveles previos a la pandemia. Todo esto llevó a una aceleración de la depreciación del peso. ¿Cómo puede sonar raro que la inflación acumulada en esta gestión esté por encima de la anterior para igual período de tiempo? Más se emite para sostener un extravagante gasto público, más se cae la demanda de pesos porque se anticipa que perderá poder adquisitivo, por ende, mayor es la caída del valor de la moneda local y la variación de los precios al consumidor.El poco ajuste del Estado que obligó a hacer la crisis de credibilidad durante 2018 y 2019, se revirtió desde el inicio de la actual gestión y esa tendencia se exacerbó con la llegada de la pandemia

Lo malo es que más allá de medidas coyunturales e insostenibles para desacelerar la inflación antes de las elecciones, los problemas de fondo se mantienen. El tamaño del Estado sigue en porcentajes respecto de la producción total similares a los de los últimos años, con un gobierno que considera que no hay que bajarlo. Será difícil ajustar el déficit con más impuestos sobre un sector productivo agobiado; aunque probablemente lo intenten. No parece factible que puedan financiar sus necesidades con más crédito; ya que hoy absorben casi todo el disponible localmente y es poco esperable que aumente mucho en el mediano plazo. Tampoco se recuperará el financiamiento externo, aunque se acuerde con el FMI. Conclusión, tendrán que seguir drenándole recursos a un BCRA que ya es insolvente y que tendrá que seguir “dándole a la maquinita” para satisfacer los excesos de gasto del Estado. Todo esto con argentinos conscientes de esta realidad, porque le hemos vivido demasiadas veces; por lo que seguiremos tratando de deshacernos de los pesos. ¿Cuál es la probabilidad de que el año que viene dejen de perder valor en forma creciente?

A eso, cabe sumarle que dos de las medidas tomadas para bajar la inflación antes de los comicios son insostenibles. Primero, el retraso cambiario preelectoral del dólar mayorista habrá que corregirlo con una suba de alrededor del 30% en los siguientes 6 meses posteriores a la fecha en que hayamos votado legisladores; lo cual impactará fuerte en los precios en el supermercado. Y, en segundo lugar, el congelamiento de precios de servicios públicos genera un creciente e insostenible costo fiscal que deberá cerrarse con fuertes alzas en el primer semestre del año próximo; lo que también pegará duro en el bolsillo de los argentinos. Entonces, ¿cuáles son las chances de que la variación de los precios al consumidor no vuelva a aumentar en 2022?

El peligro es que sostener en el tiempo niveles de alta y creciente inflación, en el pasado llevó a que la gente repudie la moneda argentina. Es decir, la considerara basura que hay que sacarse de encima. La basura no vale nada, por ende, el precio de cualquier cosa en término de ella es infinito y así arribamos a tres hiperinflaciones. Mejor no jugar con fuego y terminar en una cuarta, ¿no?

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo.

La zoncera de las clases sociales y la suma cero


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/9/2
en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/11/la-zoncera-de-las-clases-sociales-y-la-suma-cero/

Las palabras son para pensar y luego para comunicarnos, si recurrimos a un lenguaje pastoso, pastosos serán nuestros pensamientos

World news: Disney CEO said 'Hitler would have loved social media'
Adolf Hitler en Munich en 1932

Es habitual -y generalmente con la mejor de las intenciones- que se haga referencia a las clases sociales sin percatarse de la genealogía de esa expresión ni de su significado preciso. Pertenecer a distintas clases sociales remite a distinta naturaleza, lo cual es un desatino mayúsculo cuando se aplica a seres humanos ya que todos compartimos la misma condición.

Más aun, la expresión “clase baja” resulta repugnante, la “alta” es de una frivolidad alarmante y la “media” resulta del todo anodina. Se argumenta que no es a la naturaleza de las personas a que se refiere la clasificación de marras sino que se alude a los ingresos bajos, medios y altos y las circunstancias varias que rodean a estas situaciones. Pues si de eso se trata es mejor decirlo abiertamente, es decir, referirse a ingresos bajos, medios y altos. Por otra parte, tengamos siempre presente que todos tenemos en común que descendemos de las cuevas y de la miseria más brutal.

Sé que no pocos encuestadores, sociólogos y colegas economistas recurren con pasmosa inocencia a esa terminología de las clases sociales pero recordemos la genealogía que proviene del marxismo que efectivamente consideraba a personas de distinta naturaleza según “la clase” y Hitler y sus secuaces luego de infinitos embrollos clasificatorios finalmente adoptaron el criterio de Marx dado que rapaban y tatuaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios y concluir que el tema era “mental” para separar al “ario” del “judío”.

En mi columna de la semana pasada sobre el marxismo, anuncié que me explayaría sobre el tema que ahora abordamos. Tal como hemos apuntado, Marx sostuvo que el proletario y el burgués son de una clase distinta porque tienen una estructura lógica diferente, lo cual se denominó polilogismo. Ni Marx ni ningún marxista explicaron en qué se diferencian las ilaciones lógicas y los silogismos respecto a lo estampado por Aristóteles. Como hemos dicho antes, no explica qué le ocurre en su estructura lógica al proletario que se gana la lotería, al burgués que se arruina o al hijo de un burgués y una proletaria.

No caigamos entonces en esta zoncera al parlotear de clases sociales puesto que las palabras son para pensar y luego para comunicarnos, si recurrimos a un lenguaje pastoso, pastosos serán nuestros pensamientos.

En este contexto se suele hablar también de “clase trabajadora” lo cual es otro sandez puesto que esta sola referencia está avalando la teoría de la explotación, a saber, que habría una clase que trabaja y otra que la explota sin percatarse que en un mercado libre todos los que obtienen ingresos corresponden la fruto del trabajo. Solo en un sistema estatista hay quienes obtienen ingresos como consecuencia de la exacción del trabajo ajeno y solo los empresarios prebendarios succionan prepotentemente el ingreso de los demás. En el proceso de mercado cada cual para mejorar su situación patrimonial se ve obligado a mejorar la condición social de su prójimo y el que yerra incurre en quebrantos y el que acierta en las necesidades de otros obtiene ganancias. El empresario en la sociedad abierta es tan trabajador como el que realiza faenas manuales. Decir que las negociaciones salariales tienen lugar entre el capital y el trabajo es tan insensato como decir que puede haber un círculo cuadrado ya que el capital no negocia, son instalaciones, equipos, maquinarias, tecnología, aparatos y equivalentes que no piensan ni actúan puesto que son inanimados.

Otra acepción del mismo tenor es la referencia a “clase privilegiada” para aludir a los más ricos, lo cual naturalmente remite a un privilegio, o a varios, situación que resulta del todo incompatible con la sociedad libre que por definición decide la absoluta abolición de todo privilegio ya que todos son iguales ante la ley. Y dicho sea al pasar, esta igualdad de derechos está indisolublemente atada a la noción de Justicia que según la definición clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y recordamos que “lo suyo” se refiere al derecho de propiedad. Desde luego que lo de la clase privilegiada tiene mucho sentido cuando nos referimos a los antedichos prebendarios o a una casta política que se apropia de lo ajeno y se excede en su misión específica de proteger y garantizar derechos.

Claro que es otro cantar si se usa en un sentido metafórico lo de “privilegiada” en el sentido del disfrute de la capacidad de poder vivir holgadamente gracias al propio esfuerzo, lo cual es a contracorriente del otorgamiento de un favor que brinda el aparato estatal que consiste en una excepción.

En esta misma línea argumental, hay quienes declaman a favor de los emprendimientos chicos en oposición a los grandes como si la ambición de los pequeños no fuera ser grandes y como si los grandes no hubieran parido como chicos. El tamaño de la empresa o el comercio depende exclusivamente de la opinión de terceros en el mercado que con sus compras y abstenciones de comprar van marcando la dimensión del negocio.

Esto último no termina de comprenderse porque desafortunadamente está muy instalada la peregrina idea que lo que a uno le falta es porque a otro le sobra. Esto en teoría de los juegos se denomina suma cero pero en el mercado libre toda transacción libre y voluntaria inexorablemente significa que ambas partes ganan, por ello es que en los diferentes comercios las dos partes se agradecen luego de la transacción.

Tal vez el argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con el nombre del “dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos (aunque en última instancia todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos). En el siglo XVI, Michel Montaigne concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas los intercambios.

Éste es el punto de partida de un error garrafal. Como queda dicho, al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para seguir con la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o, como hemos apuntado, al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco.

Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros y que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo error. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular moderno pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

Los menos eficientes deben su prosperidad a las tasas de capitalización que generan los más productivos, eventualmente como una consecuencia no buscada pero inexorable pues esa es la razón y la causa de la suba de salarios. Solo por eso es que los ingresos de Alemania son más elevados que los de Uganda, no es porque los alemanes sean más generosos y los ugandeses más avaros es por la diferente inversión per capita.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy resulta en verdad triste el espectáculo que ofrecen debates de candidatos a cargos electivos que reinciden en errores gruesos de tiempo inmemorial que han empobrecido a los pueblos.

Entre nosotros Juan Bautista Alberdi insistía en preguntarse y responderse “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”. Y los postulados de los Padres Fundadores en Estados Unidos consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, sólo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”.

¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes del baluarte del mundo libre se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retronar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

En resumen, las palabras y los conceptos resultan fundamentales para entendernos, por tanto, dejemos de emplear la peligrosa zoncera de las “clases sociales” y abandonemos la falacia de la suma cero y recién entonces estaremos en condiciones de prosperar.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La inviable propuesta de reducir la jornada laboral

Por Iván Carrino. Publicado el 31/8/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-inviable-propuesta-de-reducir-la-jornada-laboral/

Nicolás del Caño y Romina Del Pla son candidatos al Congreso por el Frente de Izquierda-Unidad. En una de sus propuestas sostienen que para reducir el desempleo y mejorar el nivel de vida de los trabajadores, lo que debe hacerse es sancionar una Ley de Reducción de la Jornada de Trabajo. Esta ley llevaría las horas semanales trabajadas por los trabajadores de 48 a 30.

La propuesta -como muchas de las que lanza la izquierda en campaña suenan muy atractivas. Sin embargo, las consecuencias son exactamente opuestas a lo que se busca.

En primer lugar podríamos reducir la idea al absurdo. Citando al amigo Leandro Fleischer, si de pedir menos horas y mejores salarios para todos se trata, por qué no proponer una jornada laboral de 42 minutos y un salario mínimo de 100 millones de pesos.

Al llevar las cosas al extremo queda claro que la medida no tendría mucha lógica.

Ahora qué pasa si analizamos la propuesta en concreto, sin exageraciones.

En ese caso tendríamos que plantearnos lo que pasaría dentro de una empresa que, por ejemplo, esté contratando hoy en día a 3 trabajadores a los cuales les paga el salario promedio de la economía ($ 39.500).

Si este fuera el caso, estos trabajadores estarían trabajando un total de 40 horas semanales cada uno (lunes a viernes de 9 a 18, con una de almuerzo), lo que totalizaría 120 horas laborales por semana en total y 480 horas de trabajo por mes. El gasto total para la compañía sería de $ 118.500, por lo que la hora trabajada se estaría pagando $ 246,87.

La propuesta del Frente de Izquierda exige que estos trabajadores ya no trabajen 8 horas por día, 40 horas por semana, sino que solo lo hagan en 6 horas diarias y 30 semanales. Si esto se lleva a la práctica, mientras la empresa antes recibía 120 horas de trabajo semanales, ahora recibirá solo 90, por lo que, según el Frente de Izquierda, se necesitará un nuevo empleado contratado para cubrir las 120 horas semanales de antes.

Al ver esto, los futuros diputados podrían pensar: “¡Genial! Reducimos el desempleo. Ahora con menos horas de trabajo por persona, hay más empleo en la economía!”

Obviamente, no funciona así.

¿Quién lo paga?

En primer lugar, porque suponiendo que a los empleados se les sigue pagando el mismo salario, entonces ahora por las mismas 120 horas de trabajo, el gasto total de la compañía subió a $ 158.000 ($39.500 * 4). Es decir que el salario por hora de todos los trabajadores aumentó un 17%. ¿Quién va a pagar esta suba?

Por otro lado, porque la propuesta de la izquierda exige que el salario no solo no caiga, sino que sea igual al monto necesario para acceder a la Canasta Básica Familiar. Según cifras del INDEC este monto asciende a $ 67.577. O sea que ahora la empresa no solo tendrá 4 empleados que trabajan 6 horas por día cada uno, sino que deberá pagarles a cada uno $67.577, lo que genera un gasto total de 279.308, o un 128% de aumento.

Ahora imaginemos qué pasa si la empresa no puede incrementar ni siquiera un peso de su gasto salarial. En ese escenario, sólo podría contratar -con los nuevos salarios- a 1,7 empleados, por lo que va a tener que despedir al menos a uno y, en el peor de los casos, a dos.

La propuesta de la izquierda, entonces, conseguirá el objetivo inverso que se planteaba. No solo no habrá plata para pagarles a los nuevos empleados, sino que producto del aumento legal del salario que proponen, aumentará el desempleo.

Solo la productividad aumenta el salario y reduce las horas

Una última cuestión que debe mencionarse es que, paradójicamente, en los países más avanzados del planeta las horas de trabajo son menos que en los países más atrasados.

Una recopilación de datos internacionales que puede consultarse en el sitio Our World in Data muestra que existe una correlación negativa entre la cantidad de horas anuales trabajadas y el PBI per cápita. Esto es que a mayor riqueza de un país, menos horas se trabaja.

Por otro lado, también podemos ver en este otro gráfico cómo a lo largo del tiempo, el aumento del PBI per cápita en el mismo país lleva a que se trabajen menos horas en ese mismo país. En el caso de Alemania, por ejemplo, el PBI per cápita aumentó de USD 4.600 a USD 47.556, mientras que en mismo período la cantidad de horas trabajadas cayó de 2.427 a 1.354 entre 1951 y el año 2017.

El secreto detrás de esta mejora es la productividad. En la medida que la productividad del trabajo mejora, se puede producir mayora cantidad en el mismo período de tiempo. Y ese es el proceso mediante el cual los países se hacen ricos. En la medida que cada trabajador aumenta su productividad -y los avances tecnológicos, al contrario de lo que dice Del Caño, contribuyen a aumentar la productividad-, cada vez nos hacemos más ricos, y esa riqueza nos permite comprar más bienes y servicios, entre ellos, el tiempo de ocio.

Para ir cerrando, si queremos que aumenten los salarios y caigan las horas que tenemos que trabajar para ganarlos, se necesita que aumente la productividad del trabajo.

Y esto no se logra con leyes que distribuyen las horas de trabajo, sino con una mejor tecnología, una mejor eficiencia productiva y mayores niveles de inversión e innovación. Es decir, con todo aquello que nos ha brindado el capitalismo y con nada que haya resultado de leyes avanzadas por los partidos de izquierda.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino