Un caso conmovedor: La Madre del Príncipe de Edimburgo


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 12/4/2
en: http://www.laprensa.com.ar/500933–Un-caso-conmovedor-La-Madre-del-Principe-de-Edimburgo.note.aspx

Se trata de la nieta de la reina Victoria, la princesa Alicia de Battenberg nacida en el castillo de Windsor y luego casada con el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca. Nació sorda como una enfermedad congénita, sin embargo podía comunicarse y aprendió francés, alemán, inglés y griego. Después de un tiempo de casada su marido además de demostrar una frivolidad notoria y para asegurarse una vinculación estable con su amante, se confabuló con psiquiatras, primero con Thomas Ross y luego con Sigmund Freud quienes la internaron en una institución suiza bajo el diagnóstico de adolecer de esquizofrenia como consecuencia de “frustraciones sexuales” por lo cual se le aplicaron radiaciones en los ovarios y otros tratamientos compulsivos. 

Después de reiterados intentos de escaparse, logró el cometido y siendo una devota de la Iglesia Ortodoxa se dedicó a la constitución de una congregación de monjas -la Hermandad Cristiana de Marta y María- y escondió en su casa a judíos perseguidos por los nazis. Finalmente su hijo el Príncipe de Edimburgo la llevó consigo a vivir al Palacio de Buckingham donde murió años después.

Este caso devastador pone al descubierto una vez más la razón del médico psiquiatra Thomas Szasz quien sostiene que desde el punto de vista de la patología una enfermedad se traduce en una lesión de tejidos, células o cuerpos pero las ideas y los comportamientos no puede estar enfermos, por ello es que de sus múltiples libros se destaca El mito de la enfermedad mental, lo cual no desconoce posibles problemas químicos en el cerebro, en los neurotrasmisores y la sinapsis. 

Esto último, entre otros, lo desarrolla el filósofo de la ciencia Karl Popper en una obra en coautoría con el premio Nobel en neurofisiología John Eccles quienes enfatizan la diferencia de lo puramente cerebral con la mente o la psique, libro que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro. Szasz advierte de los peligros de internaciones arbitrarias sustentadas en discrepancias con el modo de vida de supuestos pacientes.

SUFRIMIENTO INJUSTO

Al efecto de ilustrar lo dicho en el contexto del sufrimiento injusto y desalmado de Alicia de Battenberg, es del caso repasar algunos puntos de las teorías de Freud sobre lo que he escrito antes pero dada la resonancia de la muerte del Príncipe de Edimburgo es pertinente repasar lo dicho en el contexto de la penosa vida de su madre.

Sin duda, igual que lo que sucede con prácticamente todos los autores de renombre, Freud ha realizado aportes que han sido útiles para variados fines, por ejemplo, su preocupación para que personas que reprimen en el subconsciente hechos e imágenes que estiman inconvenientes puedan asumir los problemas y ponerlos en el nivel del consciente. También fue quien inició el método de asociación de ideas recurriendo al per analogiam incluso para la interpretación de sueños apartándose de una estricta exégesis e internándose en una suerte de hermenéutica onírica y de los sucesos de la vida en general.

Pero estos dos ejemplos resultan controvertidos puesto que hay quienes sostienen que muchas veces la llamada represión constituye un mecanismo de defensa para evitar daños mayores y que solo es constructivo que afloren los problemas si efectivamente pueden resolverse y no simplemente por el mero hecho de sacarlos a luz. A su vez, hay quienes sostienen que la interpretación analógica de diversos sucesos conduce a conclusiones tortuosas y equivocadas cuando, en verdad, una interpretación directa (o, si se quiere, literal) conduce a un mejor entendimiento de lo que se analiza.

Resulta muy difícil juzgar in toto a un escritor y cuanto mayor es la cantidad de sus obras, naturalmente mayor es la dificultad. Para emitir una opinión sobre un autor generalmente se alude a lo que se estima es el eje central de su contribución. De todos modos, no siempre es fácil la tarea puesto que en algunos casos se entremezclan en los aportes aspectos considerados positivos y negativos.

En el caso de Sigmund Freud nos parece pertinente citar algunos de sus pensamientos para arribar a conclusiones rigurosas. Por ejemplo, en Problemas de la civilización sostiene que, en el ser humano, debe “descartarse el principio de una facultad originaria y, por así decirlo, natural, apta para distinguir el bien del mal”. 

Mas aún, en Tótem y tabú escribe que “las prohibiciones dictaminadas por las costumbres y la moral a las que nosotros obedecemos, tienen en sus rasgos esenciales cierta afinidad con el tabú primitivo” y, en el mismo libro, afirma que la negación de las relaciones incestuosas constituye “la mutilación mas sangrienta, quizás, que se ha impuesto en todos los tiempos a la vida erótica del ser humano”.

MERAS MAQUINAS

Esto va para la moral y las costumbres pero también la emprende contra el sentido mismo de libertad, por ejemplo, en su Introducción al psicoanálisis donde se refiere a “la ilusión de tal cosa como la libertad psíquica (…) eso es anticientífico y debe rendirse a la demanda del determinismo cuyo gobierno se extiende sobre la vida mental”. 

Al decir de C.S. Lewis, esta perspectiva, que convertiría al ser humano en meras máquinas, significaría “la abolición del hombre”, una posición -la de Freud- que adhiere al materialismo filosófico o determinismo físico tan criticado también por los mencionados Popper y Eccles y antes que ello por el premio Nobel en física Max Planck en ¿Hacia donde va la ciencia?

En el epílogo al tercer tomo de su Derecho, legislación y libertad el premio Nobel en economía Friedrich Hayek escribe: “Creo que la humanidad mirará nuestra era como una de supersticiones básicamente conectadas con los nombres de Karl Marx y Sigmund Freud”. 
Hans Eyseneck señala en Decadencia y caída del imperio freudiano que “lo que hay de cierto en Freud no es nuevo y lo que es nuevo no es cierto”. Richard LaPierre llega a la misma conclusión en La ética freudiana y Ronald Dabiez en su voluminoso tratado El método psicoanalítico y la doctrina freudiana señala que las ideas que Freud no comparte las considera neurosis, lo cual abre las puertas a peligrosas persecuciones bajo el manto del “tratamiento”. 

Por ejemplo, Dabiez explica que “la actitud de Freud frente a las creencias religiosas ha evolucionado en el sentido de una hostilidad cada vez mas acentuada, al menos por la frecuencia de sus manifestaciones, puesto que, para Freud, la equiparación fundamental de la religión a la neurosis obsesiva se encuentra desde 1907”.

También Henry Hazlitt concluye en Los fundamentos de la moralidad que, según Freud, “la sociedad” debe financiar obligatoriamente la irresponsabilidad de hogares y colegios permisivos y que “el criminal está “enfermo” y, por ende, no debe ser castigado” y que “el cumplimiento de normas morales solo conduce a la neurosis”.

Entre las 673 páginas de una de las obras de Richard Webster titulada Why Freud Was Wrong, leemos que “Freud estaba convencido que la mente podía y debía describirse como si fuera parte de un aparato físico (…) Freud no realizó ningún descubrimiento intelectual de sustancia (…), sus hábitos de pensamiento y su actitud frente a la investigación científica están lejos de cualquier método responsable de estudio”. De este libro escribe James Liberman en el Journal of the History of Medicine que “hasta donde yo sé, es el mejor tratamiento del tema tanto en contenido como en estilo.”
Por otra parte, Lecomte du Noüy destaca en Human Destiny: “De arriba abajo en toda la escala, todos los animales, sin excepción, son esclavos de sus funciones fisiológicas y de sus hormonas y secreciones endoctrinales”, pero, con el hombre, “aparece una nueva discontinuidad en la naturaleza, tan profunda como la que existe entre la materia inerte y la vida organizada. Significa el nacimiento de la conciencia y de la libertad (…) La libertad no solo es un privilegio, es una prueba. Ninguna institución humana tiene el derecho de privar al hombre de ella”. De cada uno de nosotros depende el resultado de esa prueba y no determinismos del profesor vienés de marras que estarían fuera del ámbito de lo propiamente humano.

Lo dicho no es para nada una refutación al psicoanálisis en general ni tampoco pretende negar valiosas ayudas de la psicología al efecto de entender los eventuales problemas de algunas personas y la psiquiatría que apunta a resolver distorsiones para lo que Freud en gran medida fue un pionero, de lo cual, como queda dicho, no se desprende que sus conclusiones en buena parte de la materia abordada sean pertinentes ni estén exentas de contradicciones y derivaciones inconvenientes como las señaladas en este resumen.

En todo caso, la vida de Alicia de Battenberg se transformó en un canto a la bondad y la perseverancia y en un bochorno mayúsculo para los espíritus respetuosos del hecho de que cada una de las personas son manifestaciones únicas e irrepetibles en la historia de la humanidad que deben ser respetadas a rajatabla si no lesionan derechos de terceros.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

PARA LOS CATÓLICOS QUE CREEN QUE TIENEN EL MONOPOLIO DE LA MORAL EN LOS PRECIOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/4/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/04/para-los-catolicos-que-cren-que-tienen.html

CAPÍTULO IX:

LA ÉTICA DE LOS PRECIOS[1]

Del libro

Con el espíritu de aceptar aquello que, aunque originado en escuelas de pensamiento no cristianas, sea compatible con una antropología cristiana, no podemos dejar de nombrar un aspecto de la Escuela de Frankfurt, esto es, fundamentalmente, Adorno, Horkheimer y Habermas (Op.cit. y Habermas, Jürgen, Teoría de la acción comunicativa, Barcelona, Taurus, 1987). Como es sabido, en estos autores, la dialéctica de la Ilustración tiene una fase donde el capitalismo y la industrialización consecuentes, dada la explotación según Marx, presenta relaciones necesariamente de dominio de los unos sobre los otros, al estilo dialéctica amo-esclavo en Hegel. Nosotros no estamos de acuerdo, aparte de que nos parece no cristiana, con esa visión dialéctica-marxista de la historia, pero el elemento a rescatar es la sensibilidad que tienen estos autores por el tema de la alienación, que, descontextualizado de la “izquierda hegeliana”, presenta algo perfectamente coherente con una antropología y una  ética cristiana. Y es el tema de la relación dialógica yo-tú, presente en autores veterotestamentarios como Martin Buber (Buber, Martin, Yo y tú, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1994), pero también en las condiciones de diálogo de Habermas (Habermas, Jürgen, Teoría de la acción comunicativaop.cit, vol. I, interludio I), que, nuevamente, pueden ser enfocadas desde una antropología cristiana (Hemos trabajado en esto en Zanotti, Gabriel, “Intersubjetividad y comunicación”, en Studium, Tucumán, UNSTA, 2000, t. IV, vol. 6). Considerando la dignidad humana que se desprende por estar creado a imagen y semejanza de Dios, la relación adecuada con nuestros semejantes implica el respeto a su condición de persona, esto es, tratarlo como otro en tanto otro y no en tanto mero instrumento. Esto es, una relación yo-tu, en cambio de una relación yo-eso. Una relación yo-eso es la que se tiene con una cosa-no-persona, que puede ser por ende un instrumento a nuestro servicio, al cual legítimamente se lo domina, se lo usa, se lo “manipula”, y si es necesario se deja de lado una vez que ya no funciona. En cambio, nunca una persona puede ser reducida solo a instrumento, quedando reducida a una mera X dentro de mi esfera personal: ello es precisamente alienarla, esto es, no respetar su propio yo y “convertirla en otro”, precisamente, aquel que la manipula. Ello es contrario a la dignidad de persona, es precisamente la situación a la cual quedan sometidas las personas en los totalitarismos y autoritarismos diversos, y por ello es coherente que un autor como Karol Wojtyla haya considerado cristiano en sí mismo al segundo imperativo categórico de Kant: “nunca tratarás a otra persona como medio, sino como fin” (Wojtyla, K., Cruzando el umbral de la esperanza, Barcelona: Plaza y Janés, 1994).

En lo que Habermas ha colaborado enormemente es en resaltar las condiciones lingüísticas del tratamiento instrumental del otro o, en cambio, tratarlo dialógicamente (Habermas, Jürgen, Teoría de la acción comunicativaop.cit.). En principio –decimos así porque en estas cosas no hay normas absolutas– si yo trato de captar lingüísticamente al otro, en una estrategia de manipulación, ello no es diálogo sino razón instrumental, en términos de Habermas; en términos de una antropología cristiana, ello no es tratar al otro confirme a su dignidad de persona creada. Por supuesto, en una antropología no determinista, esta posibilidad de manipulación al otro es eso: una posibilidad moral, no una necesidad de una etapa dialéctica de la historia. Y esa posibilidad necesita lingüísticamente de un acto del habla, esto es, de una acción que hacemos con el lenguaje (véase Wittgenstein, Ludwig, Investigaciones filosóficas, Barcelona: Crítica, 1988 y Austin, John L., Cómo hacer cosas con palabras, Barcelona, Paidós, 1990), perlocutivo, esto es, que intenta modificar la conducta o el pensamiento del otro. No hay nada de malo en ello, al contrario, en las relaciones intersubjetivas siempre nuestro lenguaje tiene efectos en el otro, y muchas veces tratamos de convencer al otro de un cambio de pensamiento y/o conducta. La clave ética, para que ello no se convierta en manipulación y, de ese modo, el otro no se vea alienado, es que el acto perlocutivo sea abierto y que el pacto de lectura sea relativamente claro, y la importancia de esto crece cuanto más delicada sea la cuestión y más sensible sea el otro ante el mensaje. Por ejemplo, si vamos a tratar de convencer a alguien de la verdad del Evangelio, es importante que el destinatario del mensaje en cuestión esté relativamente advertido de nuestra intención, no sea que nos escuche por otro motivo y luego se sienta relativamente engañado. Son normas generales que, por supuesto, hay que aplicar con prudencia a los casos concretos. Pero yendo a temas que todos conocemos, el manejo de estos actos del habla ocultos, por parte de personas psicóticas, hacia personas con un yo debilitado y susceptibles de ser alienadas y caer en el engaño, es lo que explica en gran medida que la mayor parte de los autoritarismos comienzan con discursos que luego generan fenómenos de masificación, con diversas hipótesis psicológicas explicativas sobre las causas por las cuales la psiquis es pasible de este tipo de manipulaciones (Sobre este tema, véanse Frankl, Viktor (1986), Ante el vacío existencial, Barcelona, Herder, 1986 y Freud, Sigmund, “Psicología de las masas y análisis del yo”, en Obras Completas, Buenos Aires, El Ateneo, 2008, T. III).

Llega entonces el momento de preguntar: ¿qué tiene todo esto que ver con el mercado? Que, precisamente, para muchos, cristianos o no, el mercado sería uno de los mejores ejemplos de manipulación y alienación, porque, en un acto de compra/venta, el vendedor –es habitual pensarlo de ese modo pero podría ser al revés– estaría aplicando una estrategia de venta y por ende tratando de lograr que el comprador compre y, en ese sentido, estaría tratando de manipularlo. Comprador y vendedor se verían como medios, uno con respecto al otro, de sus respectivos fines, y no se trataría al otro conforme a su dignidad.

Es una objeción grave, porque va mucho más allá de cualquier defensa que se pueda hacer del mercado por la vía de su mayor eficiencia o productividad. Es una objeción que toca el núcleo moral de la acción humana en el mercado.

Debemos decir al respecto lo siguiente:

En primer lugar, la posibilidad de manipulación del otro, como posibilidad moral, es innegable, o de lo contrario no habría libre albedrío. Es una posibilidad, por otra parte, no reducida solo al ámbito del mercado, sino, después del pecado original, a toda relación humana en sí misma buena. Puede suceder en el matrimonio, en las relaciones legítimas de poder, etc. Pero por ese mismo motivo, porque es una posibilidad moral, no es un proceso necesario de una determinada etapa de la historia, como en el materialismo dialéctico, y eso es lo que distingue a la alienación dentro de una posibilidad luego del pecado original y la alienación como proceso necesario del capitalismo como etapa de la lucha de clases (Ver al respecto, Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (1984), “Instrucción sobre algunos aspectos de la ‘teología de la liberación’, en L’Osservatore Romano, 1984, caps. 7-9.).

En segundo lugar, en ese sentido, cabe reiterar que “el mercado” del que hablamos es un proceso espontáneo, connatural a la naturaleza humana que trata de minimizar la escasez (ya hemos tratado este tema), que tiene sus diversas fases de evolución y que no se identifica solo con el capitalismo concomitante y posterior a la revolución industrial, que, por lo demás, tampoco es moralmente indebido en sí mismo (Nos referimos al punto 101 de la encíclica Quadragesimo anno; ver al respecto Doctrina Pontificia, Madrid, BAC, 1964, p. 672; sin olvidar, por supuesto, el famoso punto nº 42 de la Centesimus annus, citado anteriormente.).

En tercer lugar, los actos de compra/venta en un mercado, y también en las características culturales del mercado en Occidente, son habitualmente una estrategia abierta, anunciada, conocida por conocimiento común del mundo de la vida y del horizonte de pre- comprensión cultural, y en ese sentido no son estrategias maliciosamente ocultas. El mercado implica, precisamente, personas comunicándose, hablando, expresando sus preferencias y valoraciones, con pactos de lectura que dependen de usos y costumbres culturales abiertas. Las normas de regateo cuando se compra o se vende un departamento, o las normas de regateo en un mercado indígena de Centroamérica, o las normas de compra/venta en un supermercado occidental, se suponen conocidas para quienes participan en esos “juegos de lenguaje”. Yo no puedo denunciar engaño porque vaya a la India o a Nueva York y no conozca las normas implícitas que manejan sus respectivos mercados. En este sentido, los órdenes espontáneos, en tanto procesos de comunicación de conocimiento disperso, se manejan con actos del habla perlocutivos abiertos y no caen, por ende, en el carácter casi necesariamente manipulador de un acto del habla ocultamente estratégico. O sea: en los mercados (igual que en la política o en las relaciones entre los sexos) se manejan estrategias, pero son abiertas y, en ese sentido, parte de pactos de lectura conocidos implícitamente. Para pasar a otro ámbito, ningún caballero puede sentirse engañado porque una dama rechace su primera invitación salir dando cualquier excusa, cuando en un determinado “juego” ello es entendido como una prueba para ver si el caballero le invita de vuelta. Si el caballero decodifica “no quiere salir conmigo, punto”, es que no está entendiendo el juego de lenguaje. De igual modo, si un comprador interpreta “el precio es 100, yo compro solo por 80, punto”, se produce una situación similar. El mercado es por ende un juego de lenguaje abierto. Presuponiendo el conocimiento común de un determinado mundo de la vida y un normal libre albedrío, es un proceso natural de comunicación y no de alienación.

En cuarto lugar, desde el punto de vista jurídico, un acto de compra/venta puede ser perfectamente legítimo aunque la intención última de alguno de sus participantes sea “dominar indebidamente” al otro. Ello es así porque, en los actos de compra/venta donde rige la justicia conmutativa, se cumple también que en la virtud de la justicia, un acto puede ser justo aunque la intención última del ser humano sea otra. Y ello es así porque el objeto de la justicia es lo justo. Si yo devuelvo a otro una suma debida, mi acto es justo aunque mi intención última sea indebida, por ejemplo, solo quedar bien con él. Por ende, la justicia humana –esa ley humana que no puede abarcar, precisamente, todo lo exigido por la ley natural– (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I-II, q. 96, a. 2c) no puede pedir el control de las intenciones últimas de las personas intervinientes, donde entra precisamente el fin último de la acción. O sea, la justicia humana, para seguir la clásica característica tripartita de un acto moral, cae sobre el objeto, nunca sobre el fin y a veces sobre la circunstancia de la acción. O sea, si yo ejecuto un acto de compra/venta sin atentar contra la justicia pero sin mirar al otro en tanto otro, ello es moralmente malo por ese “sin mirar al otro en tanto otro”, pero justo desde un punto de vista moral y legalPor ello es importante, al realizar un acto de compra/venta, mirar al otro no solo como aquél que está comprando o vendiendo, sino además como lo que es en sí mismo, persona, más allá de que “me sirva”. Pero ello está más allá de lo que la ley humana pueda contemplar.

Por último, alguien podría decir que en el mercado hay engaño si se vende o se compra a un precio mayor o menor de lo que la cosa vale en sí misma pero para contestar esa objeción debemos pasar el punto siguiente, la ética de los precios en el mercado.

***

Recordemos que según Santo Tomás el deber ser es un analogado del ser. Ello se desprende de la ética de Santo Tomás y de la filosofía cristiana en general, donde la ley natural no es más que el despliegue de las capacidades de la naturaleza del ser humano. Por eso, desde esa perspectiva, la famosa separación de Hume entre ser y deber ser no tiene sentido.

Por ende, para analizar el deber ser en los precios hay que analizar el ser en los precios, esto es, la naturaleza de esa relación intersubjetiva que llamamos precios (norma que se cumple, mutatis mutandis, para todas las cuestiones de ética económica).

Hasta ahora hemos dicho algo que creemos importante, esto es, que los precios son síntesis de conocimiento disperso, pero hay que extender el análisis de dicha caracterización para el tema que nos compete.

Repasemos dos cuestiones: propiedad y teoría del valor.

Analicemos para ello un caso simple: Juan decide vender su automóvil por 10.000 dólares y Roberto no lo quiere comprar por más de 8.000 dólares. Por supuesto, una consecuencia muy importante, a efectos de teoría económica, es que en ese caso no habrá intercambio, pero a efectos de lo que estamos analizando, hay dos cuestiones previas.

En primer lugar, que Juan decida vender su automóvil presupone la propiedad de su automóvil. Por ende la oferta, la demanda y los precios presuponen la propiedad de los bienes y servicios que se intercambian. La propiedad de la que hablamos aquí está justificada como precepto secundario de la ley natural, según lo afirmado por Santo Tomás en Suma Teológica, I-II, q. 94 a. 5 ad 3, por su utilidad, como un “adinvenio” del intelecto humano, que, como hemos visto en todo lo que venimos diciendo, en la economía actual pasa por minimizar el problema de la escasez. La propiedad es sencillamente una institución evolutiva para minimizar el problema de la escasez y por ello es precepto secundario de la ley natural (he desarrollado en detalle ese aspecto en Zanotti, Gabriel J., Crisis de la razón y crisis de la democracia, Episteme, Buenos Aires, 2015, e id, “La ley natural, la cooperación social y el orden espontáneo”, en Revista de la Facultad de Derecho Nº 19, Guatemala, Universidad Francisco Marroquín, 2001).

En segundo lugar,cuando dijimos que los precios son síntesis de conocimiento disperso, dijimos que ello permite leer en el mercado la escasez relativa de los bienes, esto es, cuán escaso es un bien. Pero esa escasez no es objetiva, sino, como todos los fenómenos sociales, intersubjetiva y subjetiva. ¿Qué quiere decir ello? Que el valor de los bienes en el mercado, que se traduce en los precios, no es una propiedad de la cosa en sí misma independientemente de su intercambio humano, sino de la cosa en tanto intercambiada y valorada por las personas (“subjetivo”) que intercambian. Esto es muy conocido por los economistas como teoría subjetiva del valor, como ya se ha analizado, pero habitualmente choca con la noción escolástica de bien cuyo valor, en tanto “bonum”, es “objetivo” (“la cosa es apetecida por ser buena y no buena por ser apetecida”, hemos mostrado su complementariedad en el capítulo sobre los bienes económicos); y por ello ahora la estamos presentando de modo tal que no se produzca ese conflicto, pero no por nuestro modo de presentación sino porque verdaderamente no consideramos que lo haya (hemos desarrollado esto en detalle en nuestra tesis de doctorado de 1990, Zanotti, Gabriel, Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la praxeología, Tucumán, UNSTA, 2004).

Por supuesto que el valor moral es “objetivo”, en tanto que el bien moral de una acción humana depende de un objeto, fin y circunstancias que no son decididos arbitrariamente por la persona actuante. Por supuesto que además puede haber otro tipo de valores involucrados en una mercancía (artístico, afectivo, etc.,) independientes del acto de intercambio. Por supuesto que el “bonum” es un trascendental del ente y como tal el grado de bondad de una cosa depende de su “gradación entitativa”, dependiente de su esencia. Pero nada de ello obsta a que, como hemos visto, la escasez de la que hablamos es intersubjetiva, en relación a lo humano, y por ello si un bien o servicio no es demandado en el mercado no tiene valor –a ello llamamos subjetividad del valor en el mercado–. Puede ser que algo “deba” ser demandado por los consumidores, pero lo que determina su precio en el mercado es que efectivamente sea demandado y ofrecido. Por ello los economistas saben que la teoría subjetiva del valor soluciona la famosa “paradoja del valor” de los economistas clásicos: algo tan importante como el agua puede tener menos valor en el mercado que una pepita de oro en la medida de que el agua en determinadas situaciones (no en un desierto) sea más ofrecida en el mercado y el valor de cada unidad de agua (que los economistas llaman “utilidad marginal”) sea menor.

Por ende algo vale en el mercado (repetimos: en el mercado) en la medida que una persona valore lo que ofrece y lo que demanda. Pero el precio implica el encuentro entre las valoraciones de oferente y demandante. Si yo valoro mi teléfono móvil en 5000 dólares y nadie me compra por esa valoración, tendré que ir bajando mis pretensiones hasta encontrar un comprador. Pero si mi celular comienza a ser altamente demandado por mucha gente, puede ser que lo venda por esa valuación o más. Esto es, recién en el momento del intercambio se establece el “precio”, que depende, como vemos, del encuentro de las valuaciones subjetivas de oferentes y demandantes, y por eso los precios indican la “escasez relativa”: porque la escasez en el mercado no depende de la cantidad objetivamente contable del bien, sino de cuánto sea demandado y ofrecido por personas. Y esto es importante porque, a su vez, como ya explicamos, permite que las expectativas se ajusten: si yo soy oferente (tal vez empresario) de teléfonos celulares/móviles y “leo” que los precios de los celulares suben, tal vez me decida a hacer inversiones adicionales en ese sector, lo cual aumentará luego la oferta de teléfonos celulares/móviles y su precio comenzará a bajar. Todas estas explicaciones, que para algunos economistas (no todos) son muy conocidas, las estamos resumiendo a fines de comprender la naturaleza de esas relaciones intersubjetivas llamadas precios y por ende poder analizar bien su “deber ser”.

Las conclusiones respecto a la ética de los precios, dado en el análisis anterior, son las siguientes:

1. La decisión de vender o no vender, comprar o no comprar (A), que es lo que implica que aumente o no la oferta y la demanda, depende de la propiedad como precepto secundario de la ley natural (B). Por ende, si B es éticamente correcto, A lo será también. Luego, si, por ejemplo, yo decidiera NO vender mi auto, y este, a su vez, fuera altamente demandado, su precio potencial tendería a infinito, o sea, “no se vende”. Pero si la propiedad de mi auto es éticamente correcta, entonces que el precio sea “alto” en el sentido de tender al infinito, también lo es. Por ende un “precio alto” no es fruto de una acción inmoral, sino de una propiedad éticamente justificada, frente, a su vez, de una demanda del bien en cuestión.

2. La pregunta de si es lícito vender o comprar en el mercado por más o menos de lo que la cosa vale está mal planteada en cuanto que el valor en el mercado es subjetivo en el sentido que lo hemos explicado. La cosa en el mercado vale lo que vale en el mercado. Es casi tautológico. Si tiene algún otro tipo de valor, no es el valor que conforma los precios.

3. Cuando aumenta la demanda de un bien, alguien con buena voluntad puede decidir mantener el precio como está o bajarlo, pero la cantidad ofrecida del bien se acabará rápidamente. Un convento de benedictinos puede estar vendiendo miel por 10 dólares el frasco. Supongamos que la demanda de miel aumenta repentinamente porque las personas están convencidas de sus propiedades curativas o lo que fuere. Los benedictinos pueden decidir bajar el precio o más aún, repartir todo su stock, y ello parecerá muy meritorio. Pero ese stock se acabará rápidamente. Tienen que producir más cantidad, lo cual requiere más inversión por parte de ellos, lo cual no es nada sencillo y, mientras tanto, si no quieren agotar el stock, deberán (con “necesidad de medio”, no “ontológica”) ver si pueden obtener un precio más alto, si la demanda les responde, para que no haya largas filas de demandantes alrededor del convento que luego se queden sin miel, y para, a su vez, obtener un margen adicional de rentabilidad que les permita obtener nuevos créditos para re-invertir en la producción de miel. Nada de ello se produce por la maldad moral de los benedictinos. A su vez, ese nuevo precio de la miel, más alto, atraerá a otro oferentes (excepto que los benedictinos tengan una licencia exclusiva para producir miel concedida por el gobierno) que lentamente harán que el precio de la miel tienda nuevamente a la baja.

Dado el corazón humano después del pecado original, puede ser perfectamente que alguien saque provecho de un precio alto, de un bien que es su propiedad, sin importarle en absoluto el prójimo, sobre todo en situaciones tales como ser vendedor de agua en un desierto, etc. Ello, obviamente, no sería correcto moralmente. Pero entonces, ¿qué hacer? La tentación es que los gobiernos (esto es, otras personas con poder de coacción) intervengan ese mercado y expropien la producción o fijen precios máximos, etc. Pero ello produciría los siguientes resultados: a) como explicamos antes, al intervenir en un precio se borra la fuente de interpretación de la escasez relativa en el mercado y la situación es peor; b) la expropiación de la producción en cuestión desalienta los incentivos para la producción y la situación es peor, atentando contra el principio de subsidiariedad.

Desde el punto de vista de la ley humana, hemos visto ya que Santo Tomás deja bien en claro que dicha ley no abarca todo lo prohibido por la ley natural. Por ende, vender al precio de mercado puede ser perfectamente bueno desde el punto de vista del objeto, fin y circunstancias de la acción, o no, pero en este último caso, por los motivos a y b, no es conveniente que la ley humana interfiera en el proceso de mercado. Lo inteligente es, desde el punto de vista de la ley humana, en un caso de emergencia, que una agencia gubernamental compre el bien en cuestión y lo venda más barato o lo regale y con ello no interfiere con el delicado proceso de precios. Por supuesto, esta propuesta es alto opinable, y depende de condiciones que los economistas han estudiado para los casos de “decisión pública”; en este caso se requerirían condiciones harto difíciles como que el gobierno sea preferentemente municipal, tenga sus cuentas en orden, no se financie con emisión monetaria o impuestos a la renta (Hayek, Friedrich A. von, Nuevos estudiosop.cit., cap. 8), etc.

4. Los precios en el mercado se manejan en una franja de máximo y mínimo: el límite máximo de venta es aquel más allá del cual no se encuentran compradores, y límite mínimo de compra es aquel por debajo del cual no se encuentran vendedores. Yo puedo querer que mi computadora se venda a 10.000 dólares pero es muy factible que más allá de 500 dólares no se encuentren compradores; de igual modo, yo puedo querer comprar un ordenador (usado) por 1 dólar pero es muy factible que por debajo de 400 dólares no se encuentren vendedores. Esos límites están determinados precisamente por la oferta y la demanda del bien en cuestión y no se pueden pasar so pena de que no haya intercambio. Por ende la voluntad del vendedor o comprador en el mercado no “fija” los precios sino que depende de la interacción con la otra valoración. Esa franja es lo que implica el “precio de mercado”. Ahora bien, un cristiano debe tener en cuenta el bien de su prójimo y por ende puede ser perfectamente bueno que, al vender algo, en determinada circunstancia, no busque el límite máximo de venta sino el mínimo, pero más allá del mínimo no va a poder bajar. Yo puedo ser farmacéutico y propietario de mi farmacia y ante determinada circunstancia, bajar mi valuación de un medicamento de 100 a 80, pero si lo sigo bajando, por un lado aumentará enormemente la demanda y no voy a poder satisfacerla y, por el otro, los vendedores del medicamento en cuestión dejarán de proveerme. En ese caso, es perfectamente cristiano seguir vendiendo a 80 y, por otro lado, en una acción fuera de mercado, distribuir gratuitamente medicamentos que yo haya podido adquirir con mis recursos, ayuda de una fundación, etc. Hacemos todas estas aclaraciones precisamente para que se vea que la ética de los precios no tiene autonomía absoluta en la determinación de los precios. El nivel de los precios no depende de la buena o mala voluntad de las personas; esta última puede incidir pero hemos visto que el factor básico es la demanda subjetiva de los bienes y todas las consecuencias de la interacción de las valoraciones cuyos ejemplos hemos explicado.

Conclusión: la cosa “en sí misma”, esto es, independientemente de su intercambio en el mercado, puede tener tal o cual valor, pero ese valor no tiene que ver con los precios. Estos últimos surgen de las valoraciones intersubjetivas de las personas en el mercado, y hay que tener en cuenta esto último para analizar la ética de oferentes y demandantes en el mercado.

Pero este mercado, como hemos visto, no es un mecanismo, que se mueva por acción y reacción, sino un proceso, una interacción entre personas. Y el factor que lo mueve hacia una mayor coordinación de expectativas es la referida tendencia al aprendizaje, que se traduce en el factor empresarial. Pero ese papel –el empresario, la empresarialidad– ha quedado muy desdibujado ante una ética cristiana. Será objetivo de estos artículos encaminar nuevamente esa cuestión.


[1] Lo que sigue es una versión ligeramente modificada, de este mismo tema, incluida en nuestro reciente libro Antropología cristiana y economía de mercado, Unión Editorial, Madrid, 2011.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Loris Zanatta y la religiosidad

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 20/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/20/loris-zanatta-y-la-religiosidad/

Las ideas socialistas han flotado en el seno de la Iglesia desde antaño. Muchos católicos nunca suscribirían la violencia institucionalizada del régimen cubano, pero sus recetas en última instancia conducen a ello

Siempre hay sorpresas agradables con gente inteligente y noble. Es el caso de Zanatta. Cuando se anunció su último libro pensé que el título era algo exagerado: Fidel Castro, el último “rey católico”. Sin embargo luego de abordarlo me percato que se trata de una tesis muy ajustada a la realidad. Una consecuencia no querida por parte de muchos católicos pero lamentablemente verdadera. Incluso buena parte de los patrocinadores de lo que en definitiva el libro describe se niegan a reconocer las consecuencias de lo que ellos mismos patrocinan. Nunca suscribirían la violencia institucionalizada como ocurre en la isla-cárcel cubana, pero sus recetas en última instancia conducen a ello. Recordemos lo que consignó el célebre ex marxista Bernard-Henri Lévy en Barbarism with a Human Face: “Aplíquese marxismo en cualquier país y siempre se encontrará un Gulag al final”. Incluso hay ingenuos que no identifican el marxismo pues lo beben con otra etiqueta.

Desafortunadamente flotan y han flotado desde antiguo ideas socialistas en el seno de la Iglesia que han contrastado abiertamente no solo con el mensaje evangélico sino con otras manifestaciones también provenientes de altas jerarquías de la Iglesia. Lo primero puede resumirse en lo expresado por el Papa Francisco el 11 de noviembre de 2016 cuando le preguntaron si es comunista a lo que respondió en una entrevista al diario italiano La Repubblica que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”. De allí su embestida contra la propiedad privada en Fratelli Tutti que he analizado en detalle en otras oportunidades, y la exhortación apostólica Evangelii Gaudium donde sostiene que el mercado mata y agrega el consejo de Juan Crisóstomo “animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’”. Una de las primeras decisiones del actual Papa -cuyo mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros- consistió en concelebrar misa en San Pedro con el Padre Gustavo Gutiérrez, el marxista creador de la llamada Teología de la Liberación por lo que el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- ya había escrito en su libro El marxismo en la Iglesia que “no todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia […] Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”. El asunto se agravó con la terna Juan XXIII, Pablo vi que parieron Medellín, Puebla y el tercermundismo y ahora Francisco que si no se reacciona a tiempo no será el último capítulo en este desabarranque. No es más explícito aun el actual Pontífice en sus ideas pues como estampa Ignacio Zuleta en el epígrafe de El Papa peronista su conducta y consejo se basa en “Pensar claro, pero hablar oscuro. Nada de hablar en forma directa” (menos mal, exclamamos nosotros).

No puede contarse con los clausurados mentales para una rectificación pues como buenos cómplices siempre miran para otro lado o pretenden suavizar graves desvíos que no son en modo alguno susceptibles de suavizarse en un contexto de elemental decencia y sentido de responsabilidad (en cualquier caso, aunque por razones distintas, en eso tiene razón el Papa Francisco: “Los cortesanos son la lepra de la Iglesia”).

Lo segundo en cambio va en dirección opuesta aunque no son las ideas que han predominado, por ejemplo, León XIII en Rerum Novarum concluye: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”.

Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero” y Juan Pablo II -el Papa de los pedidos de perdones por mayúsculas barrabasadas oficiales en la Iglesia y el formidable ecumenismo- ha puesto de manifiesto en Centesimus Annus que “Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente […] Si por ´capitalismo´ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva.”

Habiendo hecho esta introducción, Loris Zanatta -en el contexto de la tradición hispana y los jesuitas que formaron a Fidel- desenmascara el comunismo castrista como “patrono de los pobres” (los otros, él estaba entre los más ricos del planeta según Forbes), lo movía “un odio hacia la civilización liberal”, “solo la pobreza podía salvar al alma de la corrupción del dinero” (el “dinero es el estiércol del diablo”, dijo el Papa Francisco omitiendo las corrupciones del suculento Banco del Vaticano), sostiene el autor que todos los “hilos que en el mundo católico unen marxismo y cristianismo”, en Cuba la “disciplina y obediencia, las virtudes más destacadas” de sujetos “educados en la minoridad perpetua”, el “monopolio del Estado y más importante que cualquier otra cosa era en ambos casos la educación de los niños que debía comenzar lo más temprano posible. Y después de los niños, de todos los demás” y agrega el autor que “Castro es ejemplo de hispanidad, sentenció Manuel Fraga Iribarne, exministro de Franco”, apuntaba a “la redención, que durante toda la vida llamó Revolución”.

Continúa el historiador con su formidable descripción del sátrapa para señalar que “Cada acto o discurso tuvo esta marca: la muerte heroica del mártir, la muerte del enemigo infiel” y “un arma que Fidel usó en abundancia: el victimismo” pero “vengativo fue toda la vida”. “Compañeros y religiosos lo recuerdan citando a José Antonio Primo de Rivera y Benito Mussolini, circular con Mein Kampf“, puesto que “la historia de Fidel es típica del nacionalismo latino […] el protestantismo anglosajón era egoísta, materialista, individualista; el catolicismo hispánico altruista” (ese esperpento del altruismo, una grosera contradicción en los términos puesto que significa “hacer el bien a costa del propio bien” lo cual revela el absurdo ya que todas las acciones -sean ruines o bondadosas- se llevan a cabo porque son apreciadas por el sujeto actuante). En resumen, Zanatta concluye que “Fidel justificó en nombre de la perfección los medios más brutales, desencadenó odio y guerra en nombre de la paz y el amor, sacrificó la abstracta salvación de las almas y las libertades del individuo.” Enfatiza Zanatta que a los serviles admiradores de Fidel “no se le pasaría jamás por la cabeza que el amado protector de los pobres fuera el mayor responsable de su pobreza.”

Lejos de mi intención en este texto de quinientas páginas el descubrir los entramados, los argumentos y las formidables investigaciones del historiador de fuste que nos presenta este libro que recomiendo a todos los lectores ávidos de información valiosa, pero lo aconsejo muy especialmente para los integrantes de la grey católica pues encontrarán datos y razonamientos muy sustanciosos para su propia religión.

Finalmente en esta última parte de esta nota periodística un testimonio personal por lo que pudiera interesar. De chico tenía una visión religiosa un tanto fanática, creo que debido a que estaba pupilo en un colegio protestante y me sentía en minoría y a la defensiva. Con el tiempo me pude liberar de esta conducta impropia de un ser humano principalmente debido a la amistad con mi padre y con mi abuelo materno -doctor en medicina, pintor y escritor- quien era Deísta. A medida que me iba liberando del fanatismo inicial poco a poco mi espíritu religioso aumentaba sobre bases racionales. En este sentido, siempre tuve como norte un pensamiento de Carl Jung cuando le preguntaron si creía en Dios, a lo que respondió: “No creo en Dios, se que Dios existe”.

Estimo que la religiosidad como una postura de modestia intelectual de saber que debemos mirar más allá de nuestro ombligo, que la creación no es obra humana y que desconocer la primera causa es hacer de cuenta que podemos ir en regresión ad infinitum en la cadena causal, lo cual imposibilitaría nuestra existencia ya que nunca hubieran comenzado las causas que nos engendraron. Y no es cuestión de detallar los atributos del primer motor pues naturalmente excede nuestra capacidad de seres mortales que derivan de las razones antes apuntadas. Se trata del sentido de trascendencia y de ubicación en el cosmos en vista de nuestra mente, psique o estados de conciencia que no limitan la condición humana a kilos de protoplasma por lo que tenemos libre albedrío y no estamos determinados en nuestros pensamientos y acciones.

En mi caso no me tomo el catolicismo a pecho, soy católico por tradición familiar y porque me atrae el significado de “universal” pero podría haber practicado otra religión o ser Deísta puesto que son múltiples los caminos a Dios, Alá, Yahvéh o lo que fuere el nombre con que se quiera identificar el origen de todo. Al fin y al cabo ha perdurado el potro y la hoguera en medio de las recurrentes luchas de amigo-enemigo entre religiones oficiales. Es como escribe Voltaire en Tratado de la tolerancia, no tiene sentido que los que reverencian a Dios a la luz del sol estén matando a los que lo hace a la luz del sirio y así sucesivamente. El rezo personal o fabricado es un pretexto para tomar contacto a través de nuestros escasos y limitados medios con la instancia inicial a los efectos de esforzarnos vía conductas de autoperfeccionamiento según resulte posible a nuestras fuerzas. Asistir a misa me ayuda a cultivar esta línea de pensamiento aunque en no pocas ocasiones deba salir del templo como consecuencia de sermones absurdos desde el púlpito. Es que la religiosidad es mucho más importante y trascendente que los estropicios y las pequeñeces que habitualmente se enseñan y se incrustan en mentes desprevenidas.

Comprendo que muchos hayan abandonado la Iglesia debido a las barrabasadas cometidas por no pocos de sus representantes jerárquicos. Recuerdo discusiones que mantuve con mi querido Monseñor Octavio Derisi en aquél momento Rector de la UCA donde cursaba mis estudios y le decía que algunas de las cátedras eran fábricas de crear ateos por las sandeces que allí se ponían de manifiesto. Derisi nos casó con mi mujer hace cincuenta y cinco años y ya viejito me sugirió que escribiera sobre liberalismo y cristianismo para enviarle al entonces Cardenal Joseph Ratzinger a Roma, lo cual hice y conservo las líneas que Monseñor Derisi escribió en la copia de mi trabajo como constancia de su pedido.

En todo caso cierro este breve texto subrayando la excelencia del trabajo de Zanatta que descuento despertará muchas inquietudes y contestará muchos interrogantes en mentes abiertas y dispuestas al diálogo y a la reflexión. Lo conocí al autor en un almuerzo que mantuvimos los dos en La Biela en Buenos Aires, nos mantenemos en contacto a través de correos electrónicos y hemos mantenido intercambios mano a mano vía Zoom, oportunidades en las que he sacado gran provecho de este notable historiador. Por ahora esperemos que Fidel sea el último rey católico puesto que hay candidatos a la imitación, por ejemplo en algunas provincias argentinas e incluso en el propio gobierno nacional hay síntomas de reinado de idéntica filiación con el apoyo del Papa Francisco que por más que esté imbuido de las mejores intenciones, los resultados son lo relevante en esta y en otras materias.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA PERPLEJIDAD DE UN ROMANO LLAMADO CLAVIUS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/3/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/03/la-perplejidad-de-un-romano-llamado.html

La película La resurrección de Cristo es un interesante caso de hermenéutica y filosofía de la religión. Acontecimientos que ahora son mirados como los inicios solemnes de una enorme Iglesia Católica, son mirados desde la sencilla perplejidad de Clavius, un funcionario romano, un centurión, honesto pero agotado de servir en esas extrañas tierras de fanáticos.

Después de otra agotadora campaña contra los zelotes de siempre, los guerrilleros de la época, los romanos go home, Clavius regresa a Jerusalén un día después de que Pilatos, otro cansado funcionario del Imperio, mandara crucificar a tres revoltosos, uno de ellos muy especial, un agitador religioso, enfrentado con el Sanedrín, un tal Jesús de Nazaret. La perspectiva de todo ello, el horizonte desde el cual Pilatos y Clavius ven todo, es muy distinta a la que tenemos hoy. Pilatos está cansado y a la vez preocupado porque en poco tiempo recibirá la visita del Emperador y para colmo tuvo que ocuparse de estas increíbles disputas religiosas entre los judíos. Clavius no quiere saber ya más nada de nada y recibe con cansancio y escepticismo las órdenes de Pilatos para que se asegure -en coincidencia con la politiquería de los fariseos- de que el cadáver del nazareno no sea robado por sus discípulos que vaya a saber qué relaciones tienen con los zelotes. Todo como si Alberto Fernández manda a alguno de los suyos a reprimir a los fanáticos y conspiracionistas que se niegan a cumplir las órdenes del gobernador de Formosa.

Clavius va, junto con Lucio, al lugar de la crucifixión. Lucio es el típico joven militar impetuoso, creyente en el Imperio, que no entiende el cansancio de su superior. Más o menos como un joven marine que fuera a Irak.

Algo, que no sabe qué es, le llama la atención a Clavius. Mira el rostro del crucificado. Advierte que es un caso especial. Su cuerpo es llevado a una tumba especial bajo solemne permiso otorgado por las autoridades (igual que ahora: permisos para todo). Habla con José de Arimatea. No entiende su distanciamiento del Sanedrín. Divisa a la madre. Escucha los rumores. Se preocupa.

Pilatos le pide que vigile la tumba y que interrogue a los discípulos. Consigue hablar con algunos y con María Magdalena. Interesante choque de mundos distintos. Clavius recibe respuestas de lunáticos que alucinan. Se da cuenta de que son locos e inofensivos al mismo tiempo. Clavius es una buena persona, como tantos funcionarios estatales que en realidad no saben lo que hacen. No los lastima, los deja ir.

Cuando finalmente el aparente robo del cadáver es perpetrado, interroga a los guardias. Están aterrados y confusos. No atinan a decirle qué vieron. Clavius se da cuenta de que unos locos indigentes no tenían los recursos para haber movido esa piedra. Clavius busca, sigue buscando una respuesta que encaje en su honesta cabeza de funcionario romano, llena de posibilidades humanas, de política e intrigas, como hoy.

Finalmente logra algo importante. Logra irrumpir en la casa de María donde están presentes los seguidores del loco agitador. Qué estarían tramando…. Pero Clavius ve algo que no esperaba. El recordaba el rostro del Nazareno. Y lo ve. Estaba allí, como si nada. Sus miradas se cruzan por un momento. Ve llegar a alguien que pone la mano en sus heridas. Se queda inmóvil y atónito. Lucio llega dispuesto a apresarlos a todos, como correspondía. Pero Clavius ni lo deja entrar. Va retrocediendo, lentamente, lentamente, tal vez sin darse cuenta de que sus pasos representaban una profunda conmoción interior. De repente desaparece. Pilatos y Lucio llegan a buscarlo, y se encuentran con una carta donde el centurión intenta explicar por qué “huyó”.

¿A dónde? Clavius sigue de lejos a los discípulos que van a Galilea a buscar nuevamente a su maestro. Se mantiene aparte, observando. Los discípulos también lo miran y lo dejan estar. Dos mundos en mutua observación. Pedro intenta acercarle agua a un Clavius que creía que lo iba a matar. La paz y tranquilidad de esos varones rudos, sucios y pobrísimos, lo sigue sorprendiendo. Pero habla con Pedro. Un primer esbozo de fusión de horizontes.

Llaga el fiel marine romano a apresar a su ahora desertor y ex superior. Clavius y Lucio se enfrentan. Clavius lo vence pero no lo mata. “Nadie muere hoy”, dice. Lucio no entiende nada. Nada de nada. Regresa a Jerusalén y oculta a Pilatos su insólita derrota.

Clavius sigue observando a ese extraño grupo, que caminan sin nada en búsqueda de un maestro escurridizo y misterioso. De repente aparece de vuelta. Clavius ve los abrazos, la unión profunda. Son varones rudos, pobres, iletrados, pero hablan desde una frecuencia desconocida. Ve que el nazareno habla con Pedro, que llora. Y ve cómo cura, además, a un leproso. No puede creer lo que ve. Obvio, a cualquiera de nosotros le hubiera pasado lo mismo. Pero lo vio. Los discípulos entienden. El no. Los discípulos le dicen una especie de “I told you so”. Clavius sigue atónito.

El nazareno lo mira de vez en cuando, pero no lo molesta. Clavius se da cuenta de que el misterioso maestro está totalmente al tanto de su presencia y que al mismo tiempo, no interviene. Torturado ya por el impresionante misterio, Clavius le habla a la mañana, temprano. Allí se da cuenta de que el maestro lo conoce perfectamente. Una sencilla pregunta: ¿qué buscas Clavius? ¿Qué es lo que quieres?

Finalmente el maestro se aleja y su figura se funde con la salida del sol. Unas últimas palabras extrañas. Yo estaré con ustedes para siempre, id y predicad a todos los pueblos….

Los discípulos se despiden cordialmente de Clavius. Pedro le da un abrazo. Seguramente en esa época había virus corona pero la vida seguía. Clavius regresa. ¿A dónde? No lo sabe. Para en una casa donde le ofrecen algo de agua. Y confiesa a su ocasional posadero que se ha dado cuenta de que su vida ya no podría ser la misma. Nunca, nunca más, podrá ser igual.

Qué interesante perspectiva de los comienzos de la Iglesia. Unos tirados, harapientos, buscados por romanos, odiados por fariseos, caminando por desiertos hacia quién sabe dónde, sin nada de nada, sin nada de lo habitualmente humano. En paz, sonrientes, pendientes del maestro y de su palabra, como si  esas palabras fueran todo. En medio de ellos, la gente sensata. Los romanos, los fariseos, la política, las intrigas, los rumores, las guerras, las crueldades de siempre. Ellos, como en otro mundo. Dentro de poco se reunirían con María de vuelta y, más delirantes que nunca, saldrán a anunciar una locura total.

Esos eran los cristianos. Como diría Unamuno, estaban realmente locos como Don Quijote. No les importaba el poder. No tenían edificios. No tenían ejércitos. No urdían alianzas. No hacían diplomacia.

Esos eran los cristianos.

¿Y ahora, quiénes son?

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

EL FUNDAMENTO ULTIMO DEL RECHAZO AL ABORTO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/2/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/02/just-in-case.html

1. El fundamento último ontológico

Alguien puede estar en contra del aborto (voluntario) por muchos motivos. Entre los más complejos, podríamos enumerar a los religiosos, filosóficos y científicos. No vemos ningún problema en que cada cual ponga acento en motivos diferentes, y menos aún en el diálogo entre las diversas perspectivas. El problema es que a veces los motivos se mezclan, esto es, se con-funden, produciendo, precisamente, confusión, tanto en el emisor como en el destinatario del mensaje antiabortista.

Últimamente se observa la tendencia a argumentar en contra del aborto a partir del código genético. El argumento parece en principio irrefutable. Desde el primer momento de la concepción está presente la totalidad de la carga cromosómica humana y, por ende, la persona humana es tal desde el inicio de su concepción. Todo ello, con sus consecuencias éticas obvias: no puede ser eliminado, ni se puede experimentar con él, ni puede ser congelado, etc. Ahora bien, los antiabortistas que así argumentan, colocando esta tesis como lo primero y principal, no advierten, en nuestra opinión, que se colocan en una posición débil.

En primer lugar, la teoría del código genético es una teoría científico-positiva. Luego, por más corroborada que esté hasta el momento, su certeza depende de todo un marco hipotético que, cuanto más alto y profundo, más incierto. La biología depende allí de ciertas teorías atómicas que, en poco tiempo o en mucho, pueden cambiar, corregirse, perfeccionarse, etc. ¿Qué pasaría dentro de un siglo si la teoría del código genético es, con suerte, lo que son hoy las teorías gravitatorias de Newton frente a la relatividad einsteniana?

Las hipótesis, en ese sentido, explican las “apariencias sensibles”1 de los fenómenos observados, y, en ese sentido, son el antecedente de un razonamiento de la forma “si p, entonces q, es así que q, luego p”. Pero eso, desde el punto de vista de la lógica más elemental, es una contingencia. La afirmación del consecuente (q) no implica necesariamente la afirmación del antecedente (p), que en este caso es la hipótesis.

Por lo tanto, por más corroborada que esté una hipótesis científica, carece de una certeza lógicamente derivada de la lógica interna del método hipotético-deductivo.

Ahora bien, la teoría del código genético es una hipótesis científica.

Luego, carece de una certeza lógicamente derivada del método utilizado.

Luego, pasar de esa carencia de certeza a la certeza de que la persona es tal desde el primer momento de la concepción, es un error epistemológico, una extrapolación metodológica.

En segundo lugar, que algo sea o no una persona es una cuestión ontológica. La biología no puede inferir desde sus premisas si algo es persona o no lo es. Pasar de la biología a la ontología es también una extrapolación.

En última instancia, quien argumente en contra del aborto colocando como premisa fundante al código genético, está trasladando el margen de incertidumbre propia de la ciencia positiva a la posición moral que quiere defender, en la cual no se pretende incertidumbre.

En nuestra opinión, el fundamento último de que la persona es tal desde el primer momento de la concepción es ontológico, no científico-positivo. El desarrollo de una persona es accidental, no esencial, a lo que la persona es.

A su vez, las potencias propias de la persona, esto es, inteligencia y voluntad, no tienen por qué estar siempre ejercidas ni estar totalmente desarrolladas. Pues toda potencia es tal en acto 1ro., y cuando se ejerce pasa al acto 2do. Un niño de dos días tiene en ese sentido la potencia en acto 1ro. de caminar aunque no la ejerza en acto 2do.

Luego, dadas estas premisas, la persona humana es tal desde el primer momento de su concepción, porque el momento de su desarrollo es accidental a su esencia, y sus potencias específicas como persona se encuentran en acto 1ro, si bien no siempre en acto 2do.

Por supuesto, las premisas aludidas pueden no aceptarse, si no se acepta el contexto filosófico que las sostiene, pero la diferencia con la teoría del código genético es que, de ser aceptadas, no dependen del testeo empírico ni están sometidas a eventuales cambios de paradigma, como sí lo están las teorías científico-positivas. Presentan, en ese sentido, una certeza proporcional a la conclusión moral a la que se quiere llegar. En ese sentido, el fundamento último del rechazo al aborto es ontológico.

Esto no implica que la filosofía, en este aspecto ontológico, no pueda y/o deba dialogar con la ciencia. Al contrario, el diálogo siempre es fructífero, siempre que no haya extrapolación. La extrapolación no es diálogo, sino invasión de territorios epistemológicos.

Por ello, una vez expresado el fundamento último (y primero en el orden del ser) el diálogo con la ciencia actual implica recordar que la biología contemporánea parece aportar conclusiones que en nada lo contradicen.

2. La argumentación dentro de la Iglesia

Santo Tomás no pensaba que la persona humana era tal desde el primer momento de la concepción. Las distinciones ontológicas entre sustancia, accidente, esencia, potencia en acto 1ro. y acto 2do. estaban plenamente afirmadas por él; empero, afirmaba, tomando la teoría de la “animación retardada” de Aristóteles, que la persona humana era creada tal por Dios después de la transformación sucesiva de forma vegetativa a sensitiva en el desarrollo del feto. En nuestra opinión, cometía un error, pues su misma tesis de la unidad sustancial lo debería haber llevado a otra conclusión. Empero, igual estaba en contra del aborto afirmando que aquello que estaba en potencia de ser persona no debía ser eliminado.

Hasta 1974, la Iglesia no se pronunció, a favor de la tesis de la animación retardada; ni tampoco en contra; ni tampoco a favor ni en contra de la animación desde el primer momento de la concepción. Tanto una como otra posición, y mucho más las hipótesis biológicas, “eran” opinables para el Magisterio. Este último utilizaba una argumentación que lo colocaba por encima de esos debates y, como una verdad de razón necesaria para la Fe, era afirmada con el peso de la autoridad magisterial. Esa argumentación es muy simple y similar a la parte final de la posición de Sto. Tomás. Consiste en afirmar que, independientemente del momento de la concepción, lo que presumiblemente es una persona no debe ser matado, pues la “duda a favor” no autoriza éticamente el matar sino al contrario (como, según el clásico ejemplo, quien está cazando y tiene la impresión de que lo que se mueve puede llegar a ser una persona y no un ciervo, no debe disparar).

La “Declaración sobre el aborto” de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe2 del 18/11/74 era clara y distinta en este punto. Se apoya, por cierto, en la teoría del código genético, pero tiene conciencia de sus limitaciones y pone las cosas en su punto: “Por lo demás, no es incumbencia de las ciencias biológicas dar un juicio decisivo acerca de cuestiones propiamente filosóficas y morales, como lo son la del momento en que se constituye la persona humana y la legitimidad del aborto. Ahora bien, desde el punto de vista moral, esto es cierto: aunque hubiese duda sobre si el fruto de la concepción humana es ya una persona, es objetivamente un pecado grave el atreverse a afrontar el riesgo de un homicidio. ‘Es ya un hombre aquel que está en camino de serlo’”3.

Ahora bien, en el documento “Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación”4, del 22/2/87, de la misma Congregación, la argumentación parece inclinarse a favor de que la vida humana es tal desde el primer momento de la concepción sobre la base de la biología actual. La distinción entre los niveles científico, filosófico y teológico se presupone, pero por razones apologéticas -obvias en un documento de esta clase- la argumentación los presenta muy juntos: “…Por lo tanto, el fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se el deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida”5. Afortunadamente, ese “por tanto” con la que el párrafo se inicia tiene esta aclaración epistemológica inmediatamente previa: “Ciertamente ningún dato experimental es por sí suficiente para reconocer un alma espiritual; sin embargo, los conocimientos científicos sobre el embrión humano ofrecen una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: cómo un individuo humano no podría ser una persona humana? El Magisterio no se ha comprometido expresamente con una afirmación de naturaleza filosófica, pero repite de modo constante la condena moral de cualquier tipo de aborto procurado. Esta enseñanza permanece inmutada y es inmutable”6

Ocho anos más tarde, en la importante encíclica de Juan Pablo II Evangelium vitae, del 25/3/957, el modo de argumentar parece ir por caminos similares, citando, incluso, al documento de 1987: “…Aunque la presencia de un alma espiritual no puede deducirse de la observación de ningún dato experimental, las mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen ‘una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana…’”8

Pero esta vez, desde un punto de vista hermenéutico, la aclaración epistemológica es más clara y, además, posterior al texto recién citado: “Por lo demás, está en juego algo tan importante que, desde el punto de vista de la obligación moral, bastaría la sola probabilidad de encontrarse ante una persona para justificar la más rotunda prohibición de cualquier intervención destinada a eliminar un embrión humano. Precisamente por esto, más allá de los debates científicos y de las mismas afirmaciones filosóficas en las que el Magisterio no se ha comprometido expresamente, la Iglesia siempre ha enseñado, y sigue enseñando, que al fruto de la generación humana, desde el primer momento de su existencia, se ha de garantizar el respeto incondicional que moralmente se el debe al ser humano en su totalidad y unidad corporal y espiritual…”9.

Como vemos, a pesar de que los documentos eclesiales dan fuerza, unos más, otros menos, a ciertos argumentos científicos y filosóficos, cuando bajan todo el peso de su autoridad magisterial la fuerza argumentativa se concentra en un argumento moral que, en sí, es de razón, pero a la vez próximo a la Fe por estar afirmado con la autoridad la Magisterio en materias que le son propias y que no son, por ende, una cuestión libre entre teólogos.

3. Conclusiones finales

De todo lo afirmado, pueden inferirse los siguientes puntos:

1) La fundamentación última del rechazo al aborto procurado no consiste en una hipótesis científica.

2) En nuestra opinión, la fundamentación última del rechazo al aborto es, per se, que la persona humana es tal desde el primer momento de la concepción, estando esto último fundamentado en una ontología no sometida a testeo empírico.

3) Per accidens, esto es, aunque se dude de la afirmación anterior, la sola duda de si el embrión es humano o no justifica el rechazo al aborto procurado directamente.

4) El Magisterio pontificio ha basado su rechazo al aborto sobre todo en esta última argumentación, principalmente cuando su autoridad magisterial está en juego.

5) En este último caso -cuando la autoridad magisterial está en juego- es prudente que el Magisterio distinga cada vez más con mayor claridad el argumento moral principal de otros que, con relación a la Fe, sean opinables.


1 Ver Sto. Tomás, Suma Teológica, I, Q. 32, a. 1 ad 2.

2  Paulinas, Buenos Aires, 1983.

3  Op. Cit., p. 22.

4  Ver L’Osservatore Romano, del 15/3/89.

5  Op. Cit., cap. 1, 1.

6  Idem.

7  Ver L’Osservatore Romano, del 31/3/95.

8  Op. Cit.,  cap. III, Nro. 60.

9  Idem. La bastardilla es nuestra.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Dios, la libertad, y los nuevos presidentes americanos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 11/2/21 en: https://www.actuall.com/laicismo/dios-la-libertad-y-los-nuevos-presidentes-americanos-por-carlos-rodriguez-braun/

Siempre es un alivio encontrar, como una luz en la oscuridad, referencias a Dios en los simbólicos compromisos iniciales. Allí también podemos descubrir otros motivos para la alegría: las numerosas referencias a la libertad.

Joe Biden jura su cargo como presidente del Gobierno de los Estados Unidos

Joe Biden jura su cargo como presidente del Gobierno de los Estados Unidos

La fórmula del juramento presidencial en mi Argentina natal, que con algunos cambios sigue siendo la prescrita por la Constitución de 1853, incluye en sus pocas líneas dos referencias explícitas a Dios: “Juro por Dios nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo…. Si así no lo hiciese, Dios y la Patria me lo demanden”.

Lo tuve presente ante el discurso inaugural de Joe Biden, que recordó el Salmo 30 sobre la santidad de Yahvé: “Un instante dura su ira,/su favor toda una vida;/por la tarde visita de lágrimas,/por la mañana gritos de júbilo”. También aludió al libro del Éxodo (7, 13), pidiendo a sus compatriotas que “no endurezcan su corazón”.

Esto no es inusual. Como escribieron Tevi Troy y Stuart Halpern en el Wall Street Journal, se trata de una larga tradición americana, que incluye a Washington, Jefferson y Lincoln. Veintisiete nuevos presidentes citaron textos bíblicos en sus inaugural addresses, con un total de 64 referencias: “cuarenta y cuatro de la Biblia Hebrea y veinte del Nuevo Testamento. John F. Kennedy, el único presidente católico antes de Biden, hizo más alusiones en un solo discurso que ningún otro: cinco”.

En un mundo donde la política ha crecido a expensas de la fe, y donde encontramos Gobiernos, como el nuestro, de abierta hostilidad a los valores religiosos, siempre es un alivio encontrar, como una luz en la oscuridad, referencias a Dios en los simbólicos compromisos iniciales de los jefes de Estado y de Gobierno de tantos países, empezando por los Estados Unidos, nada menos.

Y allí también podemos descubrir otros motivos para la alegría: las numerosas referencias a la libertad.

Como recordó Ryan Bourne, del Instituto Cato, esas menciones vienen desde antiguo, y ponen reiteradamente el énfasis en la necesidad de un Estado pequeño para preservar los derechos de los ciudadanos. Así habló Thomas Jefferson en 1801: “Un Gobierno sabio y frugal no arrebatará de la boca del trabajador el pan que se ha ganado”.

Subrayó Grover Cleveland en 1893: “El despilfarro del dinero público es un crimen contra el ciudadano: que el gasto público esté limitado… es un claro mandato de la honradez y el buen Gobierno”.

Estuvo claro Calvin Coolidge en 1925: “Las mujeres y los hombres que trabajan en este país son quienes sostienen el Estado. Cada dólar que malgastamos empobrece sus vidas. Cada dólar que prudentemente ahorramos las enriquece. No podemos financiar el país, no podemos mejorar las condiciones sociales, mediante un sistema injusto, ni siquiera si se lo infligimos a los ricos: quienes sufrirán más serán los pobres”.

Y Warren Harding pidió más riqueza para lograr más bienestar social en 1921; George H. Bush, mercados libres para lograr la prosperidad en 1989; y Bill Clinton, competencia libre con todo el mundo en 1993. Por su parte, Ronald Reagan fue explícito en 1981: “El Estado es el problema, no la solución”. James Polk había advertido ya en 1845 sobre el riesgo de que el Gobierno favorezca a monopolios y grupos de interés en perjuicio de la mayoría del pueblo; mientras que Grover Cleveland atacó el paternalismo político como falso patriotismo en 1893.

Dios y la libertad, pues. Convendrá, sobre todo en tiempos de zozobra y desconcierto, repetir el salmo esperanzado: “Por la tarde visita de lágrimas,/por la mañana gritos de júbilo”.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

EN ÉPOCAS OSCURAS, ALGUNAS ESPERANZAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/2/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/02/en-epocas-oscuras-algunas-esperanzas.html

El seminario, Una reflexión sobre la interpretación de Benedicto XVI sobre el Vaticano II y posibles esperanzas para la Iglesia, estuvo a cargo de Gabriel Zanotti, director académico del Instituto Acton en Argentina.

La actividad, se llevó a cabo lunes, miércoles y viernes, del 27 al 31 de enero, consistió en una clase magistral en la cual el profesor Zanotti presentó un análisis de la interpretación de Benedicto XVI del concilio Vaticano II. 

En esta colección podrás encontrar las tres sesiones de este evento. Este es un evento organizado por en conjunto con el Centro Henry Hazlitt de la Universidad Francisco Marroquín y el Instituto Fe y Libertad.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Reflexiones sobre la India, útiles para los argentinos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 6/02/21 enhttps://www.infobae.com/opinion/2021/02/06/reflexiones-sobre-la-india-utiles-para-los-argentinos/

A pesar de que en la tierra de Mahatma Gandhi son muchos los que cultivan el espíritu y el contacto con lo trascendente, en buena medida también han sido indiferentes a los sistemas sociales que permiten el respeto recíproco

Guy Sorman (Charly Díaz Azcué)

Guy Sorman (Charly Díaz Azcué)

Hay que ser sumamente cuidadoso con los estereotipos puesto que existe la manía de agrupar a todos los que viven dentro de ciertas fronteras geográficas y tratarlos como si no existieran diferencias. En el caso que nos ocupa el equívoco se agrava aún más debido a que en la India conviven catorce lenguas principales y doscientas secundarias, tres religiones básicas -el budismo, los musulmanes y el hinduismo el cual, a su vez, se subdivide en monoteístas, politeístas y panteístas- al tiempo que las etnias y sus ramificaciones son muchísimas en sus mil cien millones de habitantes.

Como es sabido, la cultura occidental nació con valores y principios éticos en la Grecia antigua a los que se anexó la concepción jurídica romana y el common law inglés con mojones y puntos de referencia sustentados en la libertad a los que, en un contexto evolutivo y de descubrimiento, contribuyeron distintos pensadores liberales de muy diversas latitudes. La aplicación de este andamiaje conceptual dio por resultado un portentoso y notable progreso entre lo que cabe destacar la mejora radical en las condiciones de vida de las masas. Pero henos aquí que con el paso del tiempo no son pocos los que olvidaron o renegaron de su origen y estimaron que el progreso es automático con lo que se alteraron las prioridades y se pasó a concentrar toda la atención en lo material y a dejar de lado los principios rectores del espíritu. De este modo, en gran medida se perdió la brújula y Occidente vendió su alma.

En cambio, en el lugar (subcontinente) que denominamos India desde tiempo inmemorial muchos son los que cultivan el espíritu, otorgan prelación a la paz interior, la búsqueda de significado y el contacto con lo trascendente, pero desafortunadamente, en buena medida, han sido indiferentes a los sistemas sociales que permiten el respeto recíproco y, en última instancia, los que dan cabida a la vida interior no solo por la posibilidad de atender a las necesidades corporales sino al propio espacio para la vida contemplativa y la meditación sin sobresaltos ni angustias cotidianas. El correlato entre la vida espiritual y el progreso material es lo que caracterizó a Occidente, la escisión de ambos aspectos obstaculiza el libre desenvolvimiento de las personas. Lo importante es comprender y tener siempre presente que todo depende de valores y principios.

De todas maneras, la primera característica referida respecto a la preocupación y ocupación por el alimento del alma ha llamado y llama poderosamente la atención a no pocos occidentales, algunos con seriedad y responsabilidad, otros por snobismo turístico de superficie -que solo saben del Taj Mahal, que las vacas son sagradas y que hay quienes se bañan en el Ganges con la idea de purificarse- y también los que llaman a la necesidad del renunciamiento a todo lo material como una cáscara para despotricar contra el modo de vida occidental sobre el que nunca comprendieron sus fundamentos filosóficos y así patrocinan diversos modos de colectivismo y socialismo. Ahora hay algunas manifestaciones que reaccionan contra ese clima cavernario.

En la India, tienen lugar sistemas pesadamente autoritarios y burocráticos (recordemos que un burócrata es “aquel que encuentra un problema a cada solución”) y se basaron en su estrecha conexión con la Unión Soviética desde su independencia como colonia inglesa (hasta el colapso del Muro de la Vergüenza) y a la influencia de la Sociedad Fabiana, especialmente de Harold Laski y de los polacos Oskar Lange y Michael Kalecki con el apoyo logístico de sumas millonarias provistas por organismos internacionales financiados principalmente por los contribuyentes estadounidenses, todo lo cual ha hecho que esa tierra se poblara de mendigos, miseria extrema, analfabetismo inaudito y espantosas pestes.

Desde siempre, y desde luego antes de la irrupción de la East India Company -con sus monopolios y privilegios otorgados por la corona inglesa-, el sistema de castas imposibilitaba el tan necesario ascenso y descenso en la pirámide social. Precisamente, esto es lo que le llamó la atención a Alexis de Tocqueville quien dejó un centenar de páginas con anotaciones críticas para su proyectado tercer libro que, debido a su muerte prematura de tuberculosis, desafortunadamente nunca pudo ejecutar respecto de aquel milenario país.

En la última década se han producido algunas tímidas aperturas que dan espacios en medio de la asfixiante estructura impuesta por el siempre sediento Leviatán instalado en Nueva Delhi que maneja a su antojo los veintiocho estados con la apariencia de un sistema parlamentario bicameral en el que influyeron los ingleses en su larga estadía forzada, lo cual es alimentado por la economía subterránea que, especialmente en el área de los servicios, permite abrigar esperanzas para el futuro y ha permitido algunos marcados logros en el presente. La antedicha apertura se debe principalmente a los trabajos de siete economistas de reconocida trayectoria: Bellikoth Shenoy y su hija Sudha Shenoy, Peter Bauer, Milton Friedman, Mahesh Bhatt, Deepak Lal y Sauvik Chakraverti. Este último autor, en su prefacio a la edición india de la obra de Samuel Smiles (Self-Help) escribe en 2001 desde Nueva Delhi: “Este libro fue escrito en 1840 por un hombre que sostenía que la mayor de las filantropías reside en educar a las personas como hacer ellos mismos esfuerzos para mejorar su condición […], nos damos cuenta que el libre comercio y no los controles estatales son el camino a la prosperidad, especialmente para los pobres […] Este libro constituye una clara demolición de la tesis que el Tercer Mundo no se desarrollará sin educación estatal […], la educación estatal (que es propaganda, dañina a la mente) y una economía cerrada -el consejo de Amartya Sen- es una receta para el desastre”.

Confirma lo dicho más arriba que hay filósofos de fuste que no se han molestado en estudiar aspectos relativos a la convivencia en sociedad, con lo que terminan condenando precisamente los sistemas que establecen el indispensable respeto recíproco y abren las puertas para el progreso material para aquellos que lo quieran disfrutar. De este modo, también la propia riqueza espiritual queda amputada puesto que el desconocimiento de temas vitales se traduce en miseria para los congéneres ya que, de hecho, permiten que los planificadores de vidas ajenas detenten el poder omnímodo. Es el caso de subrayar notables pensadores indios como Radhakrishnan, Tagore y Krishnamurti quienes en buena medida escriben en dirección a la sociedad abierta.

El primero de los autores mencionados apunta con elocuencia en “The Spirit of Man” -que aparece publicado junto a otros trece autores variopintos en la suculenta obra Contemporary Indian Philosophy (The Macmillan Company, 1936)- que “el caos presente en el mundo se encuentra directamente vinculado al desorden en nuestras mentes […] La ciencia moderna tiene gran fe en los hechos verificables y los resultados tangibles. Todo aquello que no puede medirse y calcularse es irreal. Los susurros que vienen de lo más profundo del alma se descartan como fantasías anticientíficas […] Para satisfacer los destinos de las naciones se las convierte en máquinas militares y los seres humanos se utilizan como herramientas. Los líderes no se contentan con gobernar los cuerpos humanos, deben someter sus mentes […] Una anormal tensión moral y mental surge cuando se reemplaza el pensamiento libre por una obediencia servil, progreso moral por quietismo moral, sentido de humanidad por arrogancia […] La negación de lo divino en el hombre resulta en la enfermedad del alma […] Con un gran peso y cansado de su soledad, el hombre está preparado para aceptar cualquier autoridad […] La incertidumbre entre la fe dogmática y el descreimiento se debe a la inexistencia de una tradición filosófica o hábito de la mente”.

Tagore, que tantos valiosos ensayos ha producido, escribe una novela que constituye un canto a las catástrofes del nacionalismo (El alma y el mundo) donde dice: “No pueden amar a los hombres como a hombres, sino que tienen necesidad de lanzar gritos y endiosar a su patria. Querer dar a nuestras pasiones un lugar más alto que la verdad es un signo de servilismo. Nos sentimos perdidos en cuanto nuestros espíritus están verdaderamente libres. Nuestra vitalidad moribunda tiene necesidad de fantasía o de alguna autoridad que la empuje. Mientras seamos refractarios a la verdad y sensibles solamente a estímulos artificiales, somos, sepámoslo bien, incapaces de gobernarnos”.

Krishnamurti, en La libertad primera y última con prefacio del gran Aldous Huxley, sostiene que “el problema que se nos plantea a la mayoría de nosotros es saber si el individuo es un mero instrumento de la sociedad o si es el fin de la sociedad. ¿Vosotros y yo, como individuos, hemos de ser utilizados, dirigidos, educados, controlados, plasmados conforme a cierto molde, por la sociedad, por el gobierno, o es que la sociedad, el Estado, existen para el individuo? ¿Es el individuo el fin de la sociedad, o es tan solo un títere al que hay que enseñar, que explotar, que enviar al matadero como instrumento de guerra? Ese es el problema que se nos plantea a la mayoría de nosotros. Ese es el problema del mundo: el de saber si el individuo es mero instrumento de la sociedad, juguete de influencias que haya de ser moldeado, o bien si la sociedad existe para el individuo”.

Por último, al hacer referencia a la India no pueda soslayarse a Mahatma Gandhi para lo cual nada mejor que recurrir al revelador y muy documentado ensayo de Arthur Koesler publicado en el Sunday Times (octubre 5 de 1969) con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Gandhi. Koestler apunta que Gandhi hizo retroceder a la India debido a su nacionalismo xenófobo que ilustraba con la insistencia en quemar géneros extranjeros (“considero que es pecado usar tela extranjera”, escribió) y combatir la industrialización (apuntó que “la rueca es aliento de vida”). Koestler concluye que Gandhi “denunció apasionadamente la cultura de Occidente” quien con una arrogancia superlativa dejó consignado que “India, como lo han demostrado tantos escritores, no tiene nada que aprender de nadie” . Asimismo, Arthur Koestler remarca que Gandhi la emprendía contra la educación por lo que no envió a sus propios hijos a estudiar pero él mismo anota: “Todos mis hijos se han quejado de mí en este aspecto. Cada vez que se encuentran con un licenciado o un posgraduado, o incluso con un estudiante, parecen sentir desventaja de no haber tenido una educación escolar” -todo lo cual no impidió que designara como su sucesor político al totalitario Jawaharlal Nehru que era graduado de Cambridge.

A pesar de todas estas contradicciones es menester destacar la enorme contribución de Mahatma Gandhi en cuanto a la resistencia civil pacífica la que ha sido imitada por tantos defensores de derechos pisoteados por los aparatos estatales, con la salvedad que marca Arthur Koestler, es decir, siempre y cuando se enfrente a sistemas con un resto de conciencia puesto que es “un juego noble que solo podía jugarse contra un adversario que aceptaba ciertas reglas de decencia común asentadas en una larga tradición; en la Unión Soviética o en la Alemania nazi equivaldría a un suicidio en masa”.

Guy Sorman en The Genius of India resume bien el espíritu que flota en esas tierras misteriosas donde convive mucha riqueza interior en la que subraya “la espiritualidad india” en la que “el alma apunta a algo más” que lo que se ve en la materia con “un país oprimido por el peso de su burocracia.”

En resumen, respecto al tema central de esta nota, lo que habitualmente se considera un enigma en la India que parece querer descifrarse a cada rato no es más que la sabiduría de quienes buscan en el interior de su espíritu la luz reconfortante de la paz y la plenitud, pero, como hemos subrayado, esto en modo alguno puede significar el rechazo al progreso material y mucho menos la imposición de sistemas que ahogan la creatividad y la vida confortable para quienes deseen sacar partida de ella, siempre que no se pierda de vista la prevalencia de valores y principios de decencia y consideración al prójimo.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

TRUMP, TWITTER, LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y LA IMPORTANCIA DE LOS PACTOS POLÍTICOS ORIGINARIOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/01/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/01/trump-twitter-la-libertad-de-expresion.html

Volviendo al tema que tantos debates ha ocasionado últimamente, creo que hay un aspecto muy importante para entender qué está ocurriendo.

Las libertades individuales, tales como libertad de expresión, religiosa, de enseñanza y de asociación, no fueron concebidas primero in abstracto y luego plasmadas in concreto. Surgieron de una circunstancia histórica en la que había un consenso generalizado, tácito pero muy básico como horizonte cultural, donde casi todos (excepto los criminales) asumían el respeto mutuo de formas de vida y de pensar diferentes, y que el sujeto de derechos era cada persona en particular o asociada libremente con otras[1]. Ese fue el contexto fundacional de los EEUU, donde miles de inmigrantes católicos, protestantes, judíos y librepensadores huyeron de una Europa enloquecida para vivir en paz bajo el contexto del common law. Es lo que antiguamente era la “concordia” civil (ver Mauricio Vázquez: https://www.ambito.com/opiniones/democracia/eeuu-la-mas-antigua-del-mundo-n5164179?fbclid=IwAR29dMGZqZLZdPp8BLAKNfl8OJDZsOQcIBorPODkc3sPKsmDvdj8RBCpaEA)  No lo sabían, pero de ese modo fundaron las bases de lo que iba a ser la Declaración de Independencia, la Constitución Federal y la Declaración de Derechos. En ese momento sí que se entendía lo que quería decir free speech, más allá de la dicotomía privado/público. Era un consenso cultural de respeto al “disidente”, esto es al que tiene otra cosmovisión. Por supuesto, todos sabemos del “barro de la Historia”: ese pacto comenzó mal, con el tema de la esclavitud, que seguimos pagando hasta hoy.

Ese tipo de pacto político liberal clásico se corta cuando un grupo asume el monopolio de La Nación, el Estado, la raza superior o la clase explotada contra la clase explotadora. En todos esos casos, la convivencia con “el otro” es imposible, porque el otro es precisamente el que no permite la convivencia entre “los justos”. Esos son los colectivismos ontológicos que impiden una sociedad libre. Los “colectivos explotados” por definición no pueden admitir la convivencia con el explotador. Es una lucha sin cuartel donde el explotador debe ser eliminado.

A veces esos grupos afirman claramente que en ese caso las libertades de expresión y etc. ya no tienen sentido. Otras veces, como sucede actualmente, los colectivos explotados mantienen aparentemente los términos, pero el fondo cambia. Los supuestos delitos de odio y discriminación les permiten perseguir el “hetero-patriarcado capitalista explotador”.

Eso es lo que ha estado pasando desde 1945 en adelante en los EEUU, a medida que esa forma de pensar se extendía. Independientemente de la dicotomía público/privado, la persecución al disidente, esto es el explotador, se intensificó. Los liberales clásicos, los conservadores, los creyentes en religiones conservadoras, fueron perdiendo gradualmente sus posiciones. Fueron sistemáticamente perseguidos NO por un estado sino por las personas que creían estar en el colectivo explotado, y cuando el sistema penal incorpora los delitos de odio y discriminación, fueron perseguidos con denuncias penales consecuentes. El Estado Federal y los Estados no necesariamente (ahora sí) lo hacían. Editoriales, universidades, clubes, etc., eran los encargados de hacerlo. Si sos el explotador, “te cancelan”. Es lo que Axel Kaiser ha llamado La neo-inquisición (https://librospdfgratismundo.com/la-neoinquisicion-axel-kaiser-2020/)

Y ahora, finalmente, las big tech.

En este drama cultural, en el cual ya se ha perdido el pacto político originario, la dicotomía publico/privado según Rothbard, para diagnosticar lo que sucede, ya es insuficiente. En todo Occidente, hoy, no sólo en EEUU, los que pensamos diferente al marxismo dominante ya no tenemos free speech como antes se lo entendía, porque hemos pasado a ser el colectivo explotador que hay que eliminar.

Si el explotado que te persigue es público o privado según lo legal, no es suficiente para entender qué está sucediendo. Lo que está sucediendo es que el pacto liberal clásico, según el cual el free speech tenía sentido, se ha cortado.

Por supuesto, bajo todo eso la persecución moral y legal a Trump como un White supremacist intolerable, es la guinda del helado de último momento, pero habrá otras guindas y otros helados de igual sentido cultural.

El free speech, la libertad religiosa, como se las entendía en un contexto liberal clásico, ya se perdieron. Asumámoslo: sin un nuevo pacto político originario, no existen más. Los disidentes seremos tolerados en diversos grados, con suerte: tolerados, nunca aceptados como parte de la nueva Pax Romana Biden-China-ONU, más sus socios europeos.

Como re-comenzar de vuelta, sólo Dios lo sabe.


[1] Fernando Romero Moreno siempre dice que esas libertades concretas también existían en cierta forma en Hispano-américa. Ver http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/resena-critica-al-libro-la-nueva.html

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

SOBRE CAPITALISMO, CATOLICISMO Y OTRAS YERBAS HABITUALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/sobre-capitalismo-catolicismo-y-otras.html

 1. San Juan Pablo II hizo dos distinciones sobre el término “capitalismo”. ¿Conviene utilizar este término para referirnos a la economía de mercado?

Depende de la sensibilidad de las audiencias. “Economía de mercado” es lo mejor para evitar confusiones, pero dada la propaganda marxista contra todo lo que tenga que ver con el “capital”, a veces es justo referirse al capitalismo como sinónimo de economía libre.

2. ¿Qué impacto cree que está teniendo la Teología de la Liberación en Occidente e Hispanoamérica? ¿A qué lo atribuiría?

El impacto fue terrible en su momento porque fomentó los movimientos armados contra el capitalismo en Latinoamérica, como si en Latinoamérica hubiera habido capitalismo alguna vez. Pero la Teología de la liberación sigue influyendo porque los católicos no tienen suficiente formación contra la teoría marxista de la explotación y porque su versión más moderada, la Teología del pueblo, se sigue enseñando en casi todos los seminarios y es palabra sagrada en las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Los documentos contra ella que escribieron JPII y Ratzinger son letra muerta para la mayor parte de teólogos latinoamericanos. Además la teología del pueblo se ha impuesto como una especie de pensamiento único en el Catolicismo actual, ante el cual la disidencia es pagada con el ostracismo de hecho de casi todos los ambientes eclesiales.

3. ¿Por qué en países como España y Argentina, existe una mentalidad de considerable confianza hacia el asistencialismo del Bienestar del Estado?

Porque las virtudes y valores favorables al desarrollo, especialmente las orientadas a la empresarialidad, nunca hicieron carne en su horizonte cultural. En ese sentido el Catolicismo debería recuperar el valor sagrado del trabajo que está presente en los pueblos protestantes. JPII comenzó a hacerlo en la primera parte de la Sollicitudo rei sociales pero, de vuelta, nadie lo escuchó, excepto los que ya pensaban como él y lo influyeron, como Novak, Sirico y Buttiglione, que hoy son mala palabra en los teólogos de ambos países.

4. A lo largo de la historia contemporánea, algunos adalides de la socialdemocracia europea han tenido que adoptar pequeñas medidas liberalizadoras. ¿Se debe al utilitarismo?

Lamentablemente sí. Tienen la racionalidad suficiente como para reducir gastos estatales, no son psicópatas como Maduro. Pero luego vuelven a lo suyo apenas las cuentas se equilibran.

5. La especulación tiene una connotación negativa entre no pocos católicos, pues se le asocia con la usura. ¿Qué hemos de entender por la misma en realidad?

En las circunstancias históricas actuales, la usura es un raro problema privado, casi inexistente allí donde los modernos sistemas bancarios son el modo de coordinar oferta y demanda de ahorros. Sigue existiendo como problema sólo en la mente de aquellos que no comprenden el papel de la tasa de interés en la formación del capital. O sea, en los que ignoran el ABC de la Escuela Austríaca de Economía.

6. ¿Cuáles han sido las aportaciones más importantes de la Escuela de Salamanca a la disciplina económica? ¿Qué decir acerca de la disputa sobre la Escuela Austriaca?

Al respecto no tengo más que agregar lo que ya han estudiado Marjorie Grice-Hutchison, Schumpeter, Hayek, Rothbard y Chafuen. Lo que tengo que aclarar es que el tema está mal planteado habitualmente. No es cuestión de si fueron “austríacos o no” sino de señalar una evolución. Y como paso evolutivo, indudablemente lo fueron.

7. ¿Tiene algún encaje el principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia con las tesis de economistas austriacos como Mises, Menger, Bohm-Bawerk y Rothbard?

Totalmente pero NO porque esos autores hayan afirmado el ppio. de subsidiariedad, sino porque sus aportes de teoría económica encajan perfectamente en la defensa que Hayek hace del ppio de subsidiariedad con respecto a los bienes públicos, sobre todo en el libro II del Derecho, Legislación y Libertad.

8. ¿Cómo se puede contrarrestar el globalismo a potenciarse en la era post-COVID19?

No soy optimista al respecto. El Covid19 ha sido aprovechado para aumentar en grado sumo la intervención de los gobiernos en la economía y no creo que retrocedan. Es la peor crisis económica y política mundial después de la WWII.

9. ¿Qué opinión le merecen las criptodivisas basadas en blockchain?

Si se mantiene como un orden espontáneo, ningún problema. Pero apenas comiencen las regulaciones estatales, se acabó todo.

10. ¿Qué argumentos le daría a un católico anti-socialista que tuviera reparos hacia la economía de libre mercado?

Que lea todos los libros, al respecto, de Martin Rhonheimer, Robert Sirico y Sam Gregg, con la tranquilidad de que no se va a ir al infierno…..

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises