Con esta carga impositiva es imposible que la economía crezca

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/31/con-el-nivel-de-cargos-impositivos-es-imposible-que-la-economia-crezca/

 

Finalmente la realidad dijo basta y la implementación de una reforma del Estado para bajar el gasto público se impuso por las circunstancias

 

No es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. Gobiernos que se niegan a ordenar las cuentas públicas en su momento, recurren a todas las piruetas financieras, monetarias y cambiarias que uno puede imaginar hasta que, finalmente, se acaba la magia de las piruetas y la realidad impone hacer a las apuradas lo que podría haberse hecho en forma ordenada desde un principio, con el agravante de haber acumulado más problemas de los heredados por el costo que generaron esas piruetas financieras. Ahora me refiero a desarmar la bomba de las Lebac.

Pero, como es de rigor, ni aun ante la gravedad extrema de las condiciones económicas y el porrazo contra la realidad que se dan los que se niegan a bajar el gasto público llamándolo ajuste salvaje, aceptan lo que está delante de sus narices y empiezan con una nueva historia. Resulta que ahora aparece la nueva corriente de “pensamiento” que dice que el déficit fiscal se resuelve con crecimiento y no bajando el gasto público. Hay que crecer, aunque no explican cómo se hace para crecer, y con ese mayor crecimiento se recauda más impuestos y se cierra la brecha fiscal.

En rigor no están diciendo nada diferente a lo que sostuvo Cambiemos desde el inicio. No había que bajar el gasto público, sino que había que congelarlo en términos reales, es decir, el gasto tenía que crecer al mismo ritmo que la inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía permitiría generar más ingresos fiscales y la brecha fiscal se iba a ir cerrando. El gradualismo iba a generar un mágico crecimiento que resolvería el problema fiscal, sin comprender que el problema de la Argentina es, entre otros, el nivel y la calidad del gasto público.

Límite a la capacidad de pago de los contribuyentes

Pero volviendo a la nueva “genialidad” de no bajar el gasto sino que hay que crecer para recaudar más, es bueno recordarles a esos magos de la economía que ya no hay más margen para recaudar. Es más, con esta carga tributaria es impensable crecer en forma sostenida, como ha quedado demostrado. Basta un año con pocas lluvias y entramos en un problema económico fenomenal.

El gráfico muestra la evolución de la recaudación impositiva en dólares, tomando el tipo de cambio promedio de cada año. Como puede verse entre 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, y 2017, cuando el estado recauda USD 129.270 millones más que en 2003. Para tener idea de la magnitud de cuántos recursos más recibió el Estado de los bolsillos de los contribuyentes podemos compararlo con el Plan Marshall que fue implementado por Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial para ayudar tanto a aliados como a los países vencidos.

El Plan Marshall comenzó a funcionar en 1948 durante 4 años y era por un monto de USD 13.000 millones de aquella época. A valores actuales son unos USD 130.000 millones. Es decir, entre 2003 y 2017 la Argentina incrementó la recaudación por el equivalente a todo el Plan Marshall, aclarando que en total fueron 18 los países europeos que se vieron beneficiados con el Plan Marshall para reconstruir sus economías.

El que más apoyo recibió del total del monto el Plan Marshall fue Gran Bretaña, con el 26% del total, el segundo fue Francia con el 18% y el tercero fue Alemania, en ese momento Occidental, con el 11% del total. De manera que, dicho sea de paso, cuando se dice que Alemania se recuperó gracias al Plan Marshall, no es cierto.

Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania y la que despegó económicamente fue Alemania, mientras Inglaterra entraba en una senda de estancamiento con las ideas intervencionistas que imperaban en el Laboralismo, que fue el que ganó la elecciones luego de la guerra derrotando a Churchill.

La realidad es que Alemania recibió USD 1.430 millones de ese momento, unos USD 14.300 millones actuales. Así que si comparamos los USD 129.000 millones más que recauda el gobierno argentino, con lo que recibió Alemania para reconstruirse luego de la guerra, mejoró sus ingresos en un monto que equivale a 9 Planes Marshall de los que recibió Alemania.

Uno logró sacar a su país de debajo de los escombros y las ruinas y el Kirchnerismo, recaudando casi USD 142.000 millones más, algo así como 10 planes Marshall de los que recibió Alemania, dejó a la Argentina sin energía, con las rutas destruidas, con 12 millones de cabezas de ganado menos, en default, con cepo cambiario y el listado sigue.

Una pesada herencia, equivalente a una catástrofe económica

El kirchnerismo fue una catástrofe económica e institucional para Argentina y esa catástrofe requería de un tratamiento de shock como el que aplicó Ludwig Erhard en Alemania implementando una economía de mercado que, dicho sea de paso, no era del agrado de los gobiernos de los países aliados, que en esos momentos estaban mayormente dominados por las ideas intervencionistas y keynesianas.

Pero si el dato de la evolución de la recaudación en dólares no conforma a algún lector, podemos ver cómo evolucionó la recaudación tributaria consolidada en términos de PBI, es decir incluyendo los impuestos nacionales, provinciales y municipales, entre la década del 90 y el último año del kirchnerismo tenemos que aumentó unos 13 puntos del PBI. Y si tomamos el 2017 respecto a los 90, cuando ya la carga tributaria era elevada, tenemos, aproximadamente, 10 puntos más del PBI que se quedan la nación, las provincias y los municipios de los ingresos que generan los contribuyentes.

Quienes afirman que el problema no es el gasto público sino la recaudación vía un mayor crecimiento económico, o no pagan impuestos o no logran conectar la carga tributaria con el crecimiento económico. ¿Quién puede invertir en un país donde el impuesto a las ganancias a las empresas es del 35%, pero como no se pueden ajustar los balances por inflación la carga efectiva supera el 40%? ¿O todavía no se enteraron de que el crecimiento viene de la mano de la inversión y nadie invierte para ser expoliado impositivamente?

Pero veamos un dato más. Cómo evolucionó la recaudación tributaria de los impuestos nacionales entre 2003 y 2017 a pesos de 2017 utilizando IPC para indexar.

En pesos de 2017 los ingresos tributarios nacionales (IVA, Ganancias, Combustibles, Aportes y Contribuciones, al cheque, etc.) se multiplicaron por 2,5 o aumentaron el 150% en términos reales. Una verdadera masacre tributaria.

De manera que, mientras no se baje el gasto público y la carga tributaria, además de implementar una reforma laboral y otras cuestiones más, es impensable que la economía crezca.

Una mochila que inmoviliza

El sector privado tiene encima a un luchador de sumo que es el Estado y lo mantiene inmovilizado con su peso. Es imposible imaginar una economía creciendo con el actual peso del Estado sobre el sector privado.

Con la feroz carga tributaria que hoy soporta el sector privado, es impensable que el déficit fiscal vaya a solucionarse con crecimiento. Afirmar que tenemos un problema de recaudación raya en el delirio y más delirante es creer que el sector informal puede pasarse al sector formal con esta carga tributaria.

Este nuevo discurso que empieza a aparecer diciendo que el problema fiscal se resuelve con crecimiento es típico de los que quieren seguir con un gigantesco e ineficiente gasto público.

Que expliquen cómo piensan crecer con esta carga impositiva. Con estas tasas de interés que son fruto del endeudamiento del sector público para financiar el déficit fiscal y con esta tasa de inflación que es consecuencia del déficit fiscal. No pueden explicar semejante disparate. Es el discurso típico del demagogo, del que habla sin saber o del necio que niega la realidad.

Asumamos la realidad, el problema fiscal, de la inflación y de las altas tasas de interés se resuelve reformando el Estado para bajar el gasto y con menor presión impositiva. El desafío es grande, no tengo ninguna duda, pero lo otro es un delirio mayúsculo que nos puede llevar a otras crisis económicas de las que ya conocemos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Herencia, dólar, inflación y actividad: ¿hay luz al final del camino?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 30/7/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Herencia-dolar-inflacion-y-actividad-hay-luz-al-final-del-camino-20180730-0042.html  

 

Por primera vez en mucho tiempo, los funcionarios del Gobierno, sus críticos y opositores y los
economistas en general parecemos haber alcanzado un consenso sobre la realidad que
enfrentamos y enfrentaremos en los próximos meses. El diseño ahora se extiende al último
trimestre de 2018 o quizás a lo que la economía puede mostrar en el año electoral.
Antecedentes
Si bien en términos de actividad la Argentina mostró un buen 2017 (el PBI creció 2,9 %) y un mejor
primer trimestre de 2018 (el PBI creció 3,6 % frente al primer trimestre de 2017), hemos sido
muchos los economistas que cuestionábamos la sostenibilidad del proceso de recuperación.

Es que la herencia recibida por Cambiemos en diciembre de 2015 sólo se atendió parcialmente y
los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario estaban latentes y esperando emerger. El mayor
déficit de cuenta corriente de nuestra historia era resultado de un atraso cambiario profundo que
se alimentaba de deuda, lo que fue cuestionado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para
evitar que sus desembolsos se pierdan en turismo y déficit comercial.
Liberar realmente el tipo de cambio fue una condición necesaria para ajustar uno de los grandes
desequilibrios que tiene la Argentina, consistente en el atraso cambiario, pero de poco servirá la
devaluación si no es acompañado por un ajuste similar en los otros desequilibrios fiscal y
monetario.

¿Qué nos dejará la crisis cambiaria?
Si bien otros países de la región también se vieron golpeados por la mayor fortaleza del dólar, la
Argentina mostró una mayor debilidad relativa.
El impacto de la devaluación se puede visualizar en varios indicadores:
1. El Estimador Mensual de Actividad Económica (desestacionalizado) muestra una baja de
1,4% en mayo 2018 frente a igual mes de 2017.

2. El Estimado Mensual Industrial de mayo 2018 también bajó, en este caso un 1,2% frente a
igual mes del año anterior.
3. La Tasa de desocupación se incrementó en el primer trimestre de 2018 a 9,1% y no se espera
que mejore en el segundo trimestre.
4. La inflación se acelera. El IPC de junio 2018 midió 3,7 %.
El segundo y tercer trimestre se caracterizará por una desaceleración de la actividad y suba en la
inflación lo que impacta negativamente en el consumo y la inversión, y nos dejará con menos
empleos y más pobreza e indigencia.
Pero, ¿hay luz al nal
del camino?
La salida de Federico Sturzenegger abrió paso a una política más contractiva de parte de Luis
Caputo (quien hoy parece monitorear los agregados monetarios como complemento a la
política sobre tasas de interés), lo que permite pensar en una desaceleración de la inflación para
el último trimestre de 2018, que se observará más claramente en 2019.
Mauricio Macri ofreció un calmante a la población augurando una baja en la tasa de inflación de
diez puntos en 2019, pero si bien es factible que ello ocurra, su importancia se reduce si la tasa de
inflación de 2018 termina cerca del 32-35 %. Esa baja de diez puntos, en definitiva, devolvería a la
Argentina al 22-25 % de inflación que es la media que hemos experimentado en los últimos
años (exceptuando la tasa alcanzada tras las devaluaciones de Kicillof en 2014 y aquella tras la
salida del cepo en 2016).

Aun si el mercado se calma de aquí hasta fin de año, y la cotización del dólar permanece estable, la
devaluación del tipo de cambio real habrá sido significativa.
Un escenario plausible y los motivos del pesimismo
Para fortuna de Cambiemos, resulta un escenario plausible que 2019 -el año electoral- sea un
año de reducción de inflación, recuperación en la actividad económica y el consumo, mejora
del salario real y reducción de la pobreza.
Pero no podemos dejar de advertir que la dinámica de 2019 puede ser positiva, sólo como
recuperación de la devaluación de 2018, tal como ocurrió en 2017, tras la devaluación de 2016.
Quedará en los libros de historia que Cambiemos no pudo mostrar en sus primeros cuatro años de
gestión un crecimiento real de la economía, ni tampoco evitar la dinámica cíclica que mostró el
último gobierno kirchnerista.
Si bien podemos ser optimistas sobre la política económica que se anunció tras la crisis
cambiaria con una mejor gestión en el Banco Central y un mayor ajuste en el frente fiscal, el
mundo muestra una dinámica que puede comprometer los planes de Cambiemos.
Los bajos precios de los commodities que Argentina exporta, la guerra comercial que
recurrentemente propone Donald Trump, las subas de tasas y la iliquidez global que está
sugiriendo la Reserva Federal y la crisis de Brasil (tanto económica como política) pueden evitar
que finalmente veamos algo de luz al final del camino.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Los costos del gradualismo están a la vista

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/30/los-costos-del-gradualismo-estan-a-la-vista/

 

Macri va a tener que pensar seriamente si, aquellos que le sirven para ganar elecciones, le sirven para gobernar

A casi un año de las PASO, se hace mucho más complicado poner en orden el desorden económico heredado del kirchnerismo y agravado por un gradualismo extremo. Desde el punto de vista político y social, porque la gente está mucho más agotada de las idas y venidas sin ver un horizonte de claridad hacia dónde marcha la economía y porqué está haciendo el esfuerzo que está haciendo sin resultados a la vista.

En lo que hace al aspecto estrictamente económico, todo esfuerzo fiscal que haga el gobierno para tratar de ordenar las cuentas públicas se hace cuesta arriba porque hoy se está pagando el costo del gradualismo.

El gráfico 1 muestra la evolución del peso de los intereses sobre la recaudación tributaria del Sector Público Nacional sin incluir los intereses intra sector público, si se incluyen esos intereses trepa cómodamente por encima del 23%. Si bien Cambiemos regularizó la deuda pública que quedaba en default, el grueso del incremento de la deuda se origina en el financiamiento del déficit fiscal. Como puede verse en el gráfico 1, el año pasado, por cada $ 100 recaudados, $ 20 se destinaron a pagar los intereses de la deuda. En el primer semestre de este año el acumulado de dicha relación da 18,4% contra 16,8% que dio el primer semestre de 2017.

Antes de continuar deseo aclarar que, en mi opinión, no es válido relacionar stock de deuda pública/PBI, porque el PBI es el ingreso que genera la economía en un año y la deuda vence en varios años. Es como si uno tomara una deuda hipotecaria a pagar en 20 años y toda esa deuda la dividiera por los ingresos de un solo año. Esa relación no dice nada.

Continuando, es importante resaltar que entre 2001 y 2004 los intereses de la deuda pública sobre la recaudación caen del 27,4% al 6,8%. ¿Fue un genio de la economía Néstor Kirchner? En absoluto, es que a fines de 2001 Rodriguez Saá, en su breve paso por la presidencia, declaró el default o la suspensión del pago de la deuda y los intereses de la deuda pública con casi todos los legisladores aplaudiendo de pie y festejando nuestra muerte como merecedores de crédito como nación. Sin intereses que pagar, con el gasto público licuado por Duhalde en base a la llamarada inflacionaria y cambiaria de 2002, un tipo de cambio cercano a los $ 3, retenciones ya establecidas y mejora en el precio de las commodities, tuvo una holgura fiscal que, en su carrera populista, lo llevó a pasar de un superávit fiscal consolidado del 3,5% del PBI a entregar el gobierno en 2015 con un déficit fiscal consolidado del 7,24% del PBI. Es decir una pérdida de solvencia fiscal con un recorrido de casi 11 puntos del PBI. Una brutalidad única que fue heredada por Macri que, justamente, no toleraba el tratamiento gradualista que se aplicó y hoy complica más la política económica.

A modo de ejemplo, el gobierno pagó el costo político de incrementar las tarifas de servicios públicos, en particular energía. El ahorro en subsidios económicos corrientes del primer semestre 2018 versus el primer semestre de 2017 fue de $ 9.831 millones. Comparando los mismos dos primeros semestres los intereses pagados subieron en $ 34.101 millones. Puesto de otra forma, en el primer semestre, Cambiemos bajó el gasto primario en $ 38.461 millones, sin incluir los intereses de la deuda pública, y aumentó el gasto en intereses para financiar el gradualismo en $  34.101 millones. El escaso esfuerzo que hizo para bajar el gasto primario haciéndolo recaer todo sobre el sector privado incrementando las tarifas de los servicios públicos, se le fue en financiar el gradualismo.

Si comparamos los números fiscales de 2017 versus los números fiscales de 2016 vemos que el resultado primario muestra un aumento del déficit fiscal de $ 60.6156 millones y los intereses pagados crecieron en $ 93.647 millones.

Acá hemos llegado a una situación límite producto del gradualismo. Si tomamos el déficit fiscal consolidado para 2018, ya que las provincias y los municipios también tienen que financiar su déficit, se llevan el 47% del total de los depósitos del sector privado si se financian con deuda interna. Eso implica dejar casi sin crédito al sector privado y generar un proceso recesivo que, posiblemente, impacte sobre la recaudación impositiva, haciendo más difícil cumplir la meta fiscal.

Insisto, queda demostrado que el gradualismo era la medicina no indicada para la pesada herencia recibida. Su costo es mayor a sus beneficios, medidos tanto en la paciencia social como en resultados económicos que están a la vista. La economía en recesión a un año de las elecciones, la inflación en niveles de dos dígitos altos, el sector privado agonizando por la carga impositiva y los números fiscales siguen siendo difíciles de dominar.

El primer día de gobierno en 2015 Macri tenía más poder que nunca, aunque no tuviera mayoría en ambas Cámaras, podía tener todo el apoyo de la población mostrando con crudeza la herencia recibida y  presentando un plan consistente para dominarla. Con esas dos cosas podría haber logrado un amplio apoyo de la gente que iba a hacer imposible que la oposición no lo acompañara en el camino de reformas estructurales.

Me parece que Macri va a tener que pensar seriamente si, aquellos que le sirven para ganar elecciones, le sirven para gobernar, porque le han hecho meter la pata de una forma increíble en el campo económico y hemos perdido otros dos años y medio con el cuento del optimismo y el entusiasmo pero con poca ciencia económica al momento de dominar la economía.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

La Argentina debe retomar la senda del liberalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2157472-la-argentina-debe-retomar-la-senda-del-liberalismo

 

Se trata de crear una sociedad abierta, sin privilegios, en la que se produzca riqueza y los bienes se usen en forma eficiente

Se trata de crear una sociedad abierta, sin privilegios, en la que se produzca riqueza y los bienes se usen en forma eficiente

 

Al contrario de lo que desafortunadamente muchos sostienen, es de desear que nuestro país retome la senda del liberalismo iniciada por el padre de nuestra Constitución fundadora, Juan Bautista Alberdi. La aplicación de estas recetas nobles permitieron que la Argentina se ubicara entre las naciones más prósperas del planeta.

Desde la Constitución de 1853 hasta los golpes fascistas, primero del 30 y luego del 43, nuestros salarios e ingresos en términos reales de los peones rurales y de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España. Los inmigrantes a estas costas competían con los ámbitos atractivos estadounidenses. Las exportaciones se encontraban a la altura de las de Canadá y Australia. En el Centenario, miembros de la Academia de Francia comparaban los debates de esa entidad con los que tenían lugar en nuestro Parlamento dada la versación y elocuencia de sus integrantes.

Luego vino el derrumbe estatista, provocado por gastos públicos siderales, déficit fiscales monumentales, regulaciones asfixiantes, impuestos exorbitantes y deudas gubernamentales galopantes. Y las crisis se sucedieron sin solución de continuidad.

A pesar de este cuadro de situación lamentable hay quienes critican un liberalismo inexistente al que pretenden sustituir por el adefesio de un denominado “neoliberalismo” con el que ningún intelectual serio acepta identificarse. Bajo tamaña etiqueta fantasiosa, irrumpen en escena timoratos que aconsejan no prestar atención a las pocas voces liberales y machacan con la mediocridad del estatismo. El liberalismo es nada más y nada menos que el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Por su lado, todos formamos parte del mercado cuando en libertad llevamos a cabo nuestras transacciones diarias.

Veamos el tema medular de los derechos de propiedad. Lo primero es entender que la preservación de la vida es una condición indispensable para subsistir. Es una verdad de Perogrullo, es una tautología. Para alimentar y desarrollar la vida en plenitud se hace necesario proteger lo que cada cual produce y lo que recibe legítimamente, es decir, el uso y la disposición de lo propio.

Como no vivimos en Jauja y no hay de todo para todos todo el tiempo, se hace necesario, por una parte, respetar el derecho de propiedad para evitar invasiones y usurpaciones y, por otra, para que los usos y disposiciones sean los más eficientes posibles. Esto último es así en una sociedad abierta, por definición ausente de privilegios, puesto que cada uno para progresar y mejorar su estado patrimonial inexorablemente debe atender las necesidades de su prójimo. En este contexto el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos.

El que vende naturalmente lo hará al precio más alto que pueda, no el que quiera puesto que si excede lo que resulta posible la demanda decaerá o será nula. Del mismo modo, el que percibe una retribución por su trabajo intentará que sea la mayor posible. Esto último depende exclusivamente del volumen de inversiones que, a su turno, proceden de ahorros internos y externos al país en cuestión y no de la voluntad de las partes contratantes. Y este proceso tiene lugar allí donde los marcos institucionales son confiables y predecibles, no donde el derecho se confunde con el pseudoderecho, a saber, la facultad de asaltar el fruto del trabajo ajeno.

Cuando se producen quejas respecto a tal o cual precio de tal o cual producto o servicio no se contemplan dos aspectos cruciales. En primer lugar, el respeto a la propiedad, lo cual significa que el titular puede sugerir el precio que le venga en gana de lo que le pertenece, lo cual, como queda dicho, no quiere decir que logre concretar una venta. De lo que se trata en este contexto es de subrayar la libre disposición de lo propio y no dejarse atropellar por manifestaciones de quienes simplemente se quejan pero que son incapaces de producir lo que estiman es caro.

El mismo razonamiento debe aplicarse a las relaciones laborales. Quienes se emplean en no pocas ocasiones suponen que el lugar de trabajo les pertenece y actúan con la pretensión de disponer de lo que es de otros como si fueran los dueños del lugar, en lo que fuera una relación contractual mutuamente beneficiosa. Esto revela una tergiversación de valores, lo cual perjudica especialmente a los más necesitados. Derroches y ataques a la propiedad generan daños a todos pero sobre los más débiles la carga es más contundente y recae con mayor fuerza debido a la sensibilidad y repercusión en las franjas de ingresos bajos.

Por otra parte, como se ha señalado reiteradamente, a medida que las intromisiones de los aparatos estatales se intensifican se van deteriorando y desfigurando las únicas señales que tiene el mercado para operar. Esas señales indican dónde es más atractivo invertir y dónde no conviene hacerlo. Al fin y al cabo los precios no son más que transacciones de derechos de propiedad. Si se elimina la propiedad como reclaman los marxistas se derrumba el sistema de señales. En este sentido, como he ejemplificado otras veces, no se sabe si conviene construir caminos con oro o con asfalto cuando desaparecen las referidas señales. Y sin llegar a ese extremo, cuando los gobiernos intervienen en el sistema de precios se va deteriorando y desdibujando la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general.

En buena parte del llamado mundo libre, hoy observamos legislaciones que van a contracorriente de lo dicho y, por ende, ponen palos en las ruedas a la productividad y, consecuentemente, al progreso de las personas que se encuentran atrapadas en un laberinto infame. Es interesante detenerse a repasar conceptos vertidos por Alberdi, quien escribió en 1854, en Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853: “La propiedad sin el uso ilimitado es un derecho nominal […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”.

Por eso es que también James Madison, el padre de la Constitución estadounidense (en la que se inspiró Alberdi junto a la Constitución de Cádiz de 1812), ha consignado en 1792 en “Property” (compilado en James Madison: Writings): “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Este ha sido el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”. La misma Justicia es inseparable de la propiedad ya que como bien reza la definición clásica de Ulpiano se trata de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad de cada cual.

Mientras sigamos con la cantinela de la redistribución de ingresos no progresaremos puesto que la distribución cotidiana que todos hacemos de modo pacífico en el supermercado y afines contradice las antedichas asignaciones políticas que se llevan a cabo coactivamente. Recordemos una vez más a Alberdi en la obra ya citada: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Las consecuencias políticas, fiscales y económicas de la devaluación

Por Adrián Ravier.  Publicado el 26/7/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/778805/actualidad/consecuencias-politicas-fiscales-economicas-devaluacion.html?utm_source=Whatsapp&utm_medium=Social&utm_campaign=botonmovil

 

 

Argentina acudió al FMI durante la crisis cambiaria para que sostenga su endeble macroeconomía. El desembolso requerido, sin embargo, podía seguir la misma suerte que los U$S 10.000 millones que se perdieron en reservas en unas pocas semanas, si no se corregían previamente algunos fuertes desequilibrios. Para comprender esta situación podemos observar las dos cuentas de la balanza de pagos, que registran todas las operaciones que generan ingreso y egreso de divisas al país. Llevándolo a un plano más familiar para el lector, en la cuenta corriente, estaríamos observando todos los gastos de una familia. En la cuenta capital estaríamos viendo cómo se financian. La balanza comercial de esta familia, está mostrando que compran más bienes de los que venden, al tiempo que salen de vacaciones con cierta periodicidad. Si estos gastos fueran cubiertos con ingresos genuinos, como inversión extranjera directa, entonces estaríamos hablando de una familia que se da una buena vida, pero que se justifica en el trabajo de sus miembros. Pero si esta buena vida se da como consecuencia de un enorme endeudamiento, entonces los economistas debemos alertar de la situación.

Para que el desembolso del FMI no vaya a consumo o turismo, era necesario reconocer un tipo de cambio más alto de tal forma de encarecer la adquisición de dólares que se obtienen para ambos destinos. Para ello bastaba con correrse de esa posición que el Banco Central -en tiempos de Federico Sturzenegger- había asumido tras el levantamiento del cepo cambiario, es decir, de intervenir en el mercado cambiario cada vez que veían que la divisa encarecía su cotización.

Algunos economistas cuestionaron la existencia del atraso cambiario, pero no hay otro modo de explicar el mayor déficit de cuenta corriente de nuestra historia sin ese dólar contenido por el enorme endeudamiento. Manteniendo la atención sobre los desequilibrios macroeconómicos, la devaluación además causó una licuación de los salarios reales de los trabajadores (privados y públicos) que le permitirían al gobierno mostrar una mejor situación fiscal respecto del año anterior. Así, las estimaciones muestran una reducción del déficit fiscal primario que a diciembre estará por debajo del 2%, haciendo creíble quizás un equilibrio primario para fines de 2019. Muchos analistas han advertido, y yo coincido, que el déficit que debemos observar no es el primario sino el financiero, el que incluye los intereses de deuda; pero allí también observamos que 2018 terminaría con un desequilibrio menor, ahora de 5 % del PBI, reduciéndose para 2019 en paralelo con las metas sobre el déficit primario.

Lo que la política económica argentina jamás logró por la vía de ajustes en los ingresos nominales o en la reducción de personal del Estado, siempre lo consiguió por la vía de la inflación, con devaluaciones que pueden corregir parcial y temporalmente algunos desequilibrios macroeconómicos, pero que no resuelven los problemas estructurales.

Lo que comprendió el gobierno es que el número de personas que trabaja en el Estado es excesivo para los ingresos de los argentinos, y que la única forma de sostener la situación es deprimiendo sus ingresos en términos reales. La situación es compleja, y despierta en el sindicalismo argentino una obvia reacción que generará tensiones continuas y dolorosas desde el punto de vista político y social.

Lo importante, sin embargo, es aprovechar esta nueva circunstancia de crisis para corregir los desequilibrios de fondo. Luis Caputo reemplazó a Sturzenegger y ya parece haber iniciado una política de contracción monetaria que se establece sobre agregados monetarios, además de las metas sobre tasas de interés, y con ello garantiza una baja de la inflación. Recordemos que el presidente Mauricio Macri había dicho que 2019 mostrará una baja de 10 puntos en la inflación, pero no olvidemos que al cierre de este año la tasa estaría por encima del 32% anual. Una inflación para el cierre de su gobierno en torno al 22% es bastante poco respecto de lo que se esperaba de su primer mandato.

Por el lado fiscal, alcanzar el equilibrio fiscal primario en el año electoral es un desafío fundamental de este gobierno, lo que resulta creíble si en 2019 la economía se recupera de la devaluación reciente y mejora fuertemente la recaudación.

Los manuales de economía tienen lecciones básicas y fundamentales sobre el impacto de cualquier devaluación. Argentina no escapa a estos conceptos. Pero debemos recordar que toda devaluación puede ajustar desequilibrios parcial y temporalmente trasladando el costo a los trabajadores, que ven reducidos sus ingresos en términos reales.

Para evitar seguir en esta dinámica que ya lleva décadas, Argentina tiene que definir un tamaño del Estado que pueda pagarse con menos impuestos de los hoy existentes, sin necesidad de tomar deuda para sostenerlo y sin monetizar sus excesos. Ese es el desafío que debemos priorizar para la década de 2020.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La suba de la tasa de interés no puede cambiar la caída en la demanda de dinero

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/27/es-una-locura-tratar-de-frenar-este-aluvion-con-mas-tasas/

 

¿Tenemos hoy una caída en la demanda de moneda, un cambio de cartera de inversiones o ambas cosas?

Cuando uno explica moneda, al abordar el tema del poder adquisitivo de la moneda enseña que depende de tres factores:Tasa de interese, BCRA y empresa argentinas

1) la demanda de moneda, 2) la oferta de moneda (la inversa de la demanda) y 3) la productividad de la economía.

El secreto está en entender bien qué es demanda de moneda.

Así como el común de la gente cree que la tasa de interés es el costo del dinero, grosero error conceptual, muchos confunden demanda de dinero con demanda de activos financieros. Incluso algunos economistas hasta llegan a afirmar que si aumenta la tasa de interés crece la demanda por moneda. Esta fenomenal confusión lleva a crear problemas como el del stock de LEBACs que hoy pagan tasas de interés cercanas al 50% anual en el mercado secundario.

Para que quede claro: la moneda, que es una mercadería como cualquier otra, sirve como medio de intercambio. La gente, además de querer poseer bienes, quiere tener dinero (demanda de moneda) para comprar bienes en un momento dado. Obviamente esa demanda de dinero puede ser constante, aumentar o, incluso, tender a disminuir casi a cero cuando se entra en procesos inflacionarios agudos.

Lo que tiene que quedar en claro es que cuando alguien demanda dinero está demandando saldos monetarios no remunerados. Si con su dinero alguien compra un bono o hace un depósito a plazo fijo, no está demandando dinero, está demandando activos financieros ofreciendo dinero a cambio. Entrego pesos a cambio de una LEBAC. Por eso, cuando se aumenta la tasa de interés para “mantener” estable la demanda de moneda se está cometiendo un disparate conceptual. No aumenta la demanda de saldos monetarios, aumenta la demanda de LEBACs y, en todo caso, la oferta de moneda. Ofrezco pesos (cae la demanda de moneda) por LEBACs que es un instrumento financiero.

¿Soluciona el problema de la demanda de dólares la suba de la tasa de interés? En absoluto.

La posterga y la potencia por la tasa de interés que devenga. El punto es que para que haya demanda de instrumentos financieros emitidos por el estado, en el caso de Argentina, la tasa que ofrecen esos instrumentos financieros tiene que ser mayor al aumento del tipo de cambio esperado. ¿Por qué respecto al tipo de cambio? Porque la Argentina no tiene moneda en el sentido que sirve como reserva de valor y unidad de cuenta. La gente ya eligió el dólar como moneda por más que un falso nacionalismo quiera negar tal realidad. Cometen un grave error aquellos que comparan la tasa de interés contra la inflación pasada o esperada. Nadie que invierte en LEBACs u otros instrumentos hace ese cálculo, lo hacen comparando con el tipo de cambio. Si esperan que el tipo de cambio se mantenga estable o suba levemente, venden dólares y compran LEBACs.

Que las LEBACs estén nominadas en pesos no quiere decir que aumentó la demanda de pesos o de moneda. Eso es una burrada conceptual. Aumenta la demanda de un activo financiero. Por lo tanto, cuánto mayor tasas de interés paga el gobierno mayor es la demanda de ese activo financiero, pero mayor el monto de interés devengado que en algún momento el inversor va a realizar. No existe el inversor que devengue indefinidamente una utilidad. Y menos en el mercado financiero. En algún momento realiza la ganancia y cuando la realiza se produce una presión insostenible en el mercado de cambios, no solo porque se produce el efecto puerta 12, sino porque los que van de LEBACs al dólar demandan dólares por el capital invertido más los intereses ganados. Por eso se dice que los que salen primero son los ganadores y los últimos en salir los perdedores del arbitraje.

La pregunta que un economista se hace cuando ve que el estado arma estos arbitrajes, es la siguiente: ¿es consistente la tasa de interés que paga el BCRA con la tasa de rentabilidad promedio de la economía? ¿Puede una empresa cualquiera pagar esas tasas de interés reales sin fundirse? O, si se prefiere, uno puede formularse esta otra pregunta: ¿si el BCRA le paga una tasa de interés real en dólares al inversor del 25% anual, por decir algún número, a quién le presta a esa tasa para luego poder devolver el capital más los intereses devengados? Si encuentra que nadie puede pagar esa tasa de interés real, entonces, puede apostar a que el estado tampoco podrá rendir sus compromisos financieros y en algún momento habrá un problema.

Desde que en 1971 Estados Unidos, bajo la presidencia de Nixon, abandonó el patrón oro, todo el sistema monetario mundial está basado en confianza que la gente tenga en la moneda que emite el Banco Central de cada país.

Desde que fue creado el BCRA en 1935, la tasa de inflación acumulada fue del 1.239% billones. Si alguien tiene noción qué significa esa cifra es más genio que Einstein. No es casualidad que se hayan destruido 5 signos monetarios y hayamos pasado por períodos de inflación, inflación alta, megainflación e hiperinflación. En otras palabras, el argentino no tiene confianza en la moneda que emite el BCRA. No la demanda. Creer que se puede aumentar la demanda de moneda, en este caso el peso, subiendo la tasa de interés es echar más leña al fuego porque puede postergar la huida hacia el dólar por un tiempo, pero en algún momento, no habrá tasa de interés que compense el riesgo de quedarse en LEBACs. Insisto, un verdadero disparate confundir demanda de instrumentos financieros con demanda de moneda. Si hay confianza la gente demanda una determinada cantidad de moneda para intercambiarla por bienes en un momento determinado y no necesita de tasas de interés siderales para demandar moneda. Son dos cosas totalmente diferentes.

¿Conviene seguir subiendo la tasa de interés en este contexto? No lo veo lógico. Con esta tasa de interés, no solo generan una mayor complicación futura, sino que están matando la actividad económica porque el estado entra como un elefante en un bazar a demandar el escaso crédito que hay en el mercado, oferta que tiene como contrapartida el ahorro, no la demanda de moneda. Como el ahorro volcado al mercado de capitales interno es ínfimo (el grueso del ahorro de los argentinos está en el exterior financiando el crecimiento de los países desarrollados dada la inseguridad jurídica del populismo vernáculo), el estado demandando la escasa oferta de ahorro interno desplaza al sector privado, profundiza la recesión y, posiblemente, complique más las metas fiscales por caída de la recaudación dada la recesión que se avecina.

En síntesis, hoy tenemos caída en la demanda de moneda y cambio de cartera de inversiones pasando de activos financieros en pesos a activos en dólares. Se dan ambas cosas. Tratar de frenar esto con más tasa es una locura, y creer que la demanda de moneda es función de la tasa de interés es una locura completa.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

OTRA VEZ LAS DROGAS ALUCINÓGENAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Antes que nada hay que mencionar lo que en estadística se conoce como error de inclusión. En el caso que ahora nos ocupa es pertinente señalar que tal como lo señalan las encuestas y relevamientos más importantes, por ejemplo, las reiteradas manifestaciones del Bureau of Justice Statistics de Estados Unidos que “una abrumadora mayoría de consumidores de drogas nunca han cometido un crímen”. Del hecho de que muchos actos criminales hayan sido cometidos por drogados, no se sigue el nexo drogas-crimen. Para sacar conclusiones en esta materia es menester mirar el universo, no se puede atender solo un segmento y extrapolar. Una cosa es un correlato y otra bien distinta es una relación causal: hace una década había correlación perfecta entre el largo de las polleras en Inglaterra y la crianza de cerdos en Australia, de lo cual no si desprende nexo causal alguno. Otro asunto bien diferente son las disposiciones en algunos códigos penales en los que se considera un atenuante cuando un delito es cometido por un drogado en lugar de constituir un agravante.

 

Dicho esto, tal como lo señalé en mí libro La tragedia de la drogadicción. Una propuesta (Buenos Aires, Ediciones Lumiere, 2006, con prólogo de Carlos Alberto Montaner), el uso de drogas alucinógenas para fines no medicinales constituye un drama y su empleo reiterado produce lesiones cerebrales irreversibles. Pero desde 2000 años antes de Cristo -salvo la Guerra del Opio en China debido a la prohibición- no hubieron problemas con las drogas hasta que en 1971 Nixon declaró la guerra a los narcóticos, una idea alimentada por los mismos mafiosos del alcohol, a través de sofisticados estudios de mercado, quienes antes se habían visto perjudicados por la abrogación de la Ley Seca por lo que dejaron de percibir astronómicas ganancias debido a los siderales márgenes operativos que provoca la prohibición.

 

Por otra parte, como se ha dicho resulta bastante estúpido eso de “la guerra contra las drogas” porque es similar a declarar la guerra al dulce de leche: las guerras son contra personas nunca contra cosas. De todos modos, como ha escrito el premio Nobel Milton Friedman “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizar su uso convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que la usan como para los que no la usan”.

 

Hoy personas inocentes son tratadas como delincuentes si, por ejemplo, llevan consigo más de diez mil dólares, en gran medida los bancos se han convertido en informantes de los aparatos estatales con lo que el secreto bancario ha desaparecido, las escuchas telefónicas y acciones policiales contrarias al debido proceso están a la orden del día.

 

Como bien ha puntualizado Lysander Spooner, un vicio es un acto que afecta a la misma persona que lo entretiene, mientras que un crimen es un acto contra el derecho de otra, el confundir ambos hechos constituye una aberración manifiesta. Hay en este asunto una dosis grande de arrogancia al pretender administrar las vidas ajenas. De más está decir que si todo el mundo decide constiparse ilimitadamente, el resultado será la muerte por constipación, pero cada uno es responsable de sus acciones, incluso la responsabilidad por haber bloqueado la misma responsabilidad.

 

En no pocas oportunidades se piensa que si  se liberan las drogas, todo el mundo se drogará. Pero consideremos los incentivos para no aceptar en los lugares de trabajo, en los transportes, en los comercios, en las carreteras a seres que no son capaces de controlarse a si mismos. En verdad, estarán circunscriptos a sus domicilios o a bares o lugares expresamente establecidos para drogodependientes. Por supuesto que esto ocurrirá si los aparatos estatales no se meten “regalando” jeringas o imponiendo lugares públicos para drogarse y otras sandeces por el estilo.

 

La penalización por la producción y/o consumo de drogas eleva la prima por el riesgo de operar en esos mercados y, por ende, los antedichos márgenes operativos se elevan enormemente. Debido a esto se hace posible la producción de drogas sintéticas con efectos mucho más devastadores de las naturales. El mercado negro no permite la verificación de la pureza de la droga con lo que las sobredosis y las intoxicaciones son muy frecuentes. También debido a la ilegalidad se inhibe a quienes denunciarían fraudes y estafas puesto que si recurrieran a los tribunales se estarían autoinculpando. Lo mismo sucede con los médicos y centros hospitalarios: se bloquea la posibilidad de pedir ayuda puesto que los candidatos se estarían denunciando a si mismos.

 

Las legislaciones anti-drogas obligan a los consumidores a involucrarse con la mafia. Los antes mencionado márgenes operativos descomunales hacen posible la figura del pusher , con ingresos exhorbitantes al efecto de colocar la droga en todos los mercados posibles, muy especialmente en los colegios y lugares bailables puesto que la gente joven es la más propensa a ensayar y mantener nuevas fórmulas al estar más inclinados al “fruto prohibido” debido a un siempre presente espíritu de rebeldía.

 

Como en la relación compra-venta de drogas no hay víctima ni victimario propiamente dichos, irrumpe la figura del soplón, espionaje que conduce a los atropellos más variados como revisación de personas en sus ropas y pertenencias, olfateo de canes y otras intromisiones sin orden de juez competente ya que se suele decretar la inmunidad para quienes proceden de esta manera.

 

Esta así  denominada guerra está sufragada coactivamente por todos los contribuyentes, lo cual asciende a millones y millones de dólares. Permanentemente se involucran negocios lícitos con el “lavado” de dinero proveniente de las drogas, con lo que oscurecen las contabilidades y se contaminan comercios de distinta índole. Las permanentes matanzas de inocentes, las violaciones a las libertades individuales, al tiempo que las cárceles están atestadas de drogadictos en lugar de los verdaderos criminales. Todo esto sin contar a los gobernantes que reciben cuantiosos recursos para “combatir” la droga, mientras se descubren sus propios negocios suculentos en el ramo. Las corrupciones de jueces, policías  y políticos alimentan cotidianamente los noticieros de todas partes del mundo.

 

Todavía no queda del todo claro el sentido  del proyecto pero se ha dicho en medios argentinos que se involucrará a la Fuerzas Armadas en la susodicha lucha contra los estupefacientes, lo cual sería grave pues no solo desnaturalizaría su misión específica sino que la expondría a que también sean corrompidas. Por su parte, la candidata a ocupar la cartera de interior en el nuevo gobierno mexicano ha deslizado la posibilidad de liberar las drogas, lo cual sería altamente beneficioso para Occidente antes que la guerra de marras termine con la sociedad libre  y constituiría un digno ejemplo a seguir, a pesar de otras de las políticas negativas anunciadas por el próximo mandatario recién electo. Ex presidentes que han padecido sobradas experiencias durante sus mandatos con las drogas, proponen la liberación como son los casos del mexicano Vicente Fox, del colombiano Oscar Gaviria o el brasileño Enrique Cardoso. Es de esperar que si esto se concretara no se hiciera como el caso uruguayo con la marihuana donde el aparato estatal está metido en todo el proceso y más bien se acercara al caso portugués. Incluso para aludir a miembros de la burocracia internacional, el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar, se ha pronunciado categóricamente a favor de liberar todas las drogas en una carta abierta, ya en 1998, junto con otras 500 personalidades entre las que se encontraba el ex Secretario de Estado del gobierno estadounidense George Shultz.

 

Como dice Mario Vargas Llosa, es de desear que se comprenda la necesidad de liberar las drogas antes que las drogas terminen con la democracia a través de la financiación de campañas y otros canales. Tal como escribe Thomas Sowell en relación al tema que nos ocupa vinculado a la pregunta reiterativa en cuanto a la razón por la cual no se abandona una lucha que ha demostrado resultados catastróficos: “Las políticas deben ser juzgadas por sus resultados, pero las cruzadas de este tipo son juzgadas por lo bien que se sienten los cruzados”.

 

Hace mucho tiempo en una oportunidad en una conversación con mi amigo Agustín Navarro en México, médico  y economista, me hablaba de la importancia de liberar las drogas en una época en que yo sostenía equivocadamente que había que prohibirlas (en realidad fueron alumnos míos los que me convencieron de mi inconsistencia en este asunto que se daba de bruces con el resto del andamiaje de análisis económico de la asignatura). En esa oportunidad le pregunté a mi amigo por qué no escribía sobre el asunto. La respuesta me dejó helado. Me dijo que lo había proyectado pero abandonó el propósito debido a las amenazas que recibió su familia. La conversación terminó con su conclusión en cuanto a que la peor noticia para los barones de la droga es que se liberen puesto que se quedan sin el suculento botín.

 

Bien ha consignado el sacerdote católico John Clifton Marquis en un escrito de su autoría titulado -préstese especial atención al título- “Las leyes sobre drogas son inmorales”, publicado en US Catholic en mayo de 1990: “Cincuenta años de legislación sobre drogas ha producido el efecto exactamente opuesto a lo que esas leyes intentaron […] Los líderes morales no tienen más alternativa que elegir entre una moral auténtica, la cual produce el bien y una moral de cosmética que meramente aparece como buena. Las leyes sobre drogas aparentan ser benéficas pero el defecto trágico de la moral de cosmética, igual que toda otra forma de cosmética, es que no produce cambios en la sustancia”.

 

Es difícil para quienes pretenden sustituir las conciencias individuales por los dictados desde el poder, pero es menester batir esas tendencias que van contra todo sentido ético de responsabilidad tal como señala el Padre Marquis. Por último, para cerrar esta nota periodística subrayo que es de interés señalar para el caso estudiado que cuando se dice en economía que al bajar el precio se incrementa la demanda, es central agregar que esto ocurre siempre y cuando los demás factores se mantengan constantes. Y esto no es así con el mercado de drogas puesto que una vez liberado desaparecen los antedichos pagos colosales a los pushers y sus socios lo cual modifica la situación. Eso es precisamente lo que ocurrió con los negociantes del alcohol ilegal, y por eso, en su memoria 1936/37, el Departamento del Tesoro estadounidense reveló la caída en el consumo de bebidas alcohólicas luego de eliminado el estruendoso papelón de la Ley Seca. También es lo que destaca James M. Buchanan, otro premio Nobel, respecto a la reducción en el consumo de drogas en la experiencia parcial holandesa.

 

De todos modos, aunque esto no fuera así no resulta relevante desde la perspectiva moral que no comprenden los que son “moralistas a los palos” (es decir, los de la antimoral). Es como escribió William F. Buckley: “en lugar de provocar guerras contra las drogas con espantosas muertes, gravísimas lesiones de derechos de inocentes, aumentos de drogadicciones y corrupciones por doquier tal como revela la copiosa bibliografía en la materia, los que desean intoxicarse que puedan acceder en el mercado libre a la compra al precio del veneno para las ratas”. Por supuesto que las limitaciones a menores deben ser similares a como se procede con el registro automotor, la pornografía, la venta de alcohol y equivalentes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.