Archivos en la Categoría: Política Fiscal

Argentina: Lo que realmente emerge es una crisis importante

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 23/6/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/argentina-lo-que-realmente-emerge-49760.htm

 

La economía va mal, es la realidad -están las cifras incontestables- esa realidad de la que los argentinos siempre queremos escapar. Y preocupa el mal diagnóstico de muchos porque garantiza que nunca encontraremos la solución.

La opinión pública no tiene claro que el país cae porque el gobierno encaró, desde sus comienzos, una política “gradualista” hacia un mayor peso del Estado -impuestos, endeudamiento y tasas, inflación- sobre el sector privado, el que produce.

Y acudir al FMI lo ratifica, dado que el mercado natural no admite bancos estatales con lo cual, si el FMI fuera realmente “pro sector privado”, debería empezar por privatizarse. Para remate, buena parte de aquellos que la gente conoce como “liberales” y que supuestamente proponen una economía de mercado, han apoyado medidas contrarias al sector privado, como las elevadas tasas con el fin de “controlar” la inflación y el famoso slogan “hay que bajar el gasto”.

Bajar el gasto en estas circunstancias -sin un recorte proporcional en los impuestos, inflación y tasas- significa bajar ingresos de empleados públicos, jubilados y demás, bajar consumo, menos dinero volcado al mercado. De hecho, podemos olvidarnos del gasto siempre que seamos intransigentes en evitar que el Estado se financie con impuestos, inflación o endeudamiento/tasas altas porque estos métodos succionan fondos del sector productivo.

El gobierno debería desregular para que crezca la economía y pueda financiarse con un aumento de la recaudación sin que crezca la presión fiscal y debería vender las infinitas propiedades estatales -solo por mencionar algo, todo el subsuelo del país- para solventarse.

El dólar en el primer semestre ya escala 50%, básicamente debido a la inflación, y “obligó” al gobierno a convalidar tasas irracionales, del 47% para las Lebac a 27 días y aun así el BCRA solo pudo renovar el 60% -lejos del 80% de antes- del volumen del total que vencían. Era previsible ya que el mercado está saturadísimo de bonos y solo el lunes pasado Hacienda “secó” la plaza colocando dos por un total de $110.000 M.

Así, mientras el riesgo país sube los bonos argentinos están de remate y algunos lo consideran una oportunidad. Por caso, el emitido el 11 de enero con vencimiento en 2048, se negociaba a US$ 78,1, brindando un retorno total negativo este año de 18,8%, según Bloomberg.

Y sobre este endeudamiento, ahora el Directorio del FMI aprobó el desembolso de los US$ 50.000 M, cuyo primer envío de US$ 15.000 M podría llegar esta misma semana. Entre otras perlitas, el Directorio destacó que “el plan incluye medidas… manteniendo el gasto social y… abriendo margen para incrementar el gasto”. O sea, está anticipando que aumentará el peso del Estado.

Al Gobierno no le importa reconocer, al negociar este préstamo, que la economía crecerá 0,4% en 2018 o, cuando mucho, 1,4%. Descontado el crecimiento poblacional -1,5%- el PIB per cápita caerá y hay que agregar que, con la devaluación, el PIB medido en dólares sufrirá una corrección importante.

Y ahora llegó la recategorización a “emergente” que será más un impulso sicológico que real. Hace un año el MSCI decidió extender el período de consulta y entre junio 2017 y marzo 2018, el índice MSCI Argentina tuvo un rally alcista subiendo 28% en dólares. Pero, la mala realidad de la economía, solo disimulada con un “crecimiento” en 2017 a puro préstamo, se impuso y los papeles cayeron significativamente lo que probablemente, después de unos días de euforia, vuelva a ocurrir.

De acuerdo con Morgan Stanley, históricamente, las acciones de mercados de frontera en los 12 primeros meses del período de consulta -que para Argentina acaban de terminar-, los FM (Frontier Markets) obtienen en promedio un retorno relativo de +15% sobre los EM (Emerging Markets), rendimiento que sube a 38% en los 12 siguientes meses que van desde este anuncio a la implementación lo que para Argentina ocurrirá en 2019. Y en los seis meses siguientes, la performance de los mercados nuevos emergentes “cae” 18% con respecto a sus pares. Argentina hasta ahora demostró un desempeño peor.

En principio, las acciones más beneficiadas serán las que formen parte del MSCI Argentina Index. Hasta hoy, son 10: Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, YPF, Pampa Energía, Telecom Argentina, Grupo Supervielle, BBVA Banco Francés, Transportadora de Gas del Sur además de Globant y Adecoagro que no están listadas en la bolsa porteña. Morgan Stanley estima que el MSCI Argentina Index, con nueva categorización, pasaría a tener 12 integrantes ya que se sumarían Central Puerto, Loma Negra y Edenor y saldría Adecoagro.

Sea como sea, aun suponiendo que no se imponga la realidad de la mala perfomance de la economía, en principio, entrarían inversiones para comprar estos papeles por un máximo de US$ 10.000 M en el caso extremadamente optimista, muy poco para una economía a la que el FMI le presta cinco veces más y muchos creen que es poco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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¿Por qué estalló todo?

Por Iván Carrino. Publicado el 20/6/18 en: http://www.ivancarrino.com/por-que-estallo-todo/

 

La salida de Sturzenegger y el salto del dólar reflejan la enorme desilusión con el proyecto de Cambiemos.

El martes por la tarde estuve en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora participando de un debate con otros profesores de economía.

La invitación, que acepto hace más de 2 años, tiene por objeto dar un análisis de la era kirchnerista y luego sumarle el tiempo transcurrido del nuevo gobierno, siempre desde una perspectiva económica.

El debate siempre es interesante porque me lleva a conversar con dos economistas de corrientes de pensamientos diametralmente opuestas a la mía. Pero, además, porque me fuerza a revisar qué pensaba de la economía tiempo atrás.

La última vez que fui a la Universidad fue en noviembre de 2017.

En ese entonces, explicaba que el nuevo gobierno efectivamente se estaba enfrentando a una “pesada herencia”, pero que los datos mostraban, por un lado, una baja de la inflación y, por el otro, una recuperación económica post-colapso de populismo K.

Al mismo tiempo, también advertía que faltaban todavía reformas muy importantes, que tenían que ver con:

– La reducción del gasto público

– El fin del déficit fiscal

– La desregulación de mercados como el laboral y el de productos importados.

Si bien en su momento ya existían las inconsistencias macroeconómicas, los datos no mostraban la inminencia de una crisis.

De hecho, los indicadores financieros como el Riesgo País, la bolsa, e incluso el dólar, destellaban optimismo.

¿Qué pasó entonces?

Un boom basado en expectativas

Pocos días después de la victoria de Mauricio Macri en las elecciones de 2015, el extraordinario analista chileno, Axel Kaiser, escribía lo siguiente:

El nuevo gobierno encabezado por Mauricio Macri puso fin no solo a más de una década de degeneración institucional kirchnerista sino a casi cien años de dominio político peronista. Así las cosas, la tarea que enfrenta Macri es nada menos que derrotar la historia. Ya logró un primera victoria en las urnas el pasado domingo. Esa fue la parte “fácil”. Ahora le toca dar inicio a una transformación sostenible en el tiempo que logre terminar, a nivel cultural e ideológico, con el peronismo que ha destruido la libertad y condenado a la decadencia y vergüenza internacional a un pueblo que ha probado tener lo necesario para pertenecer a la élite mundial.

Si Macri logra la titánica hazaña de dejar iniciado ese cambio permanente pasará a ser el más grande líder político que haya conocido la Argentina en más de un siglo y sin duda uno de los más grandes que haya conocido América Latina en toda su vida independiente.

La mirada de Kaiser reflejaba, en mayor o menor medida, la de quienes estaban “mirando el partido desde afuera”. Mauricio Macri podía ser el líder que llevara a Argentina de nuevo a las “grandes ligas” del desarrollo económico.

Ahora bien, para esto el gobierno tenía que encarar reformas drásticas.

Tenía que bajar el déficit fiscal desde 7% del PBI al 0%. Tenía que reducir el gasto público y los impuestos. Tenía que desregular los mercados laborales, liberar los precios de la energía, los combustibles y los supermercados. Tenía que abrir la economía al comercio del mundo, y tenía que terminar con una década y media de inflación, algo que dijo que iba a ser “lo más fácil” de todo.

Los mercados internacionales, al ritmo del “sí se puede”, parecieron comprar la idea de que esto efectivamente iba a pasar. O, al menos, compraron la idea de que incluso sin hacer todas las reformas, con algunas bastaría para que el país volviera a crecer por un período medianamente largo.

Hoy los inversores piensan todo lo contrario.

¿Se puede o no se puede?

El gobierno de Macri asumió en una situación por demás delicada. La situación ameritaba llamar al Fondo Monetario en ese momento y comenzar un programa de ajuste con apoyo del organismo.

Sin embargo, primó la política.

El gobierno no llamó al Fondo, no lanzó un programa de ajuste fiscal contundente, y no explicitó la pesada herencia recibida.

El marketing de Durán Barba le ganó al análisis técnico de algunos de los funcionarios del propio equipo económico.

En un principio, la apuesta parecía salir bien, y el gobierno hizo algunas modificaciones interesantes como salir del cepo, sincerar tarifas y cerrar el juicio con los holdouts.

Además, terminó ganando las elecciones de medio término.

Pero no mucho se había avanzado en términos de déficit fiscal, gasto público, impuestos y mercado laboral.

Una vez pasado el triunfo en las legislativas, era el momento indicado para avanzar con reformas más ambiciosas. El discurso de Macri, de hecho, fue en ese sentido.

Sin embargo, todo quedó en palabras. La reforma tributaria tuvo gusto a poco, y reforma laboral directamente no hubo, gracias a la dura presión de los sindicatos.

El gasto público sigue hoy en alrededor del 40% del PBI.

Golpe de gracia

Con la alta presión tributaria, la nula modificación del mercado laboral, y un déficit fiscal que se convirtió en una aspiradora de dólares del mundo, la gran apuesta del gobierno para ganar las elecciones del 2019 corría peligro.

La economía podía llegar a enfriarse y, como no había voluntad para hacer reformas estructurales, entonces se recurrió al atajo mil veces probado (y mil veces fracasado) de bajar la tasa de interés para estimular la actividad.

Así, llegamos a la conferencia del 28 de diciembre, donde se cambiaron las metas de inflación y se forzó al Banco Central a bajar las tasas. La medida fue festejada por algunos, pero el mercado rápidamente la expuso como un gran error.

A partir del 28D, las expectativas de inflación saltaron, y lo mismo pasó con el dólar y el riesgo país.

Por si esto fuera poco, el contexto internacional empeoró, y ese mercado que compraba cualquier cosa, comenzó a mirar los números con más detalle.

Lo demás es historia conocida.

El dólar avanza 60% en lo que va del año, y la bolsa, medida en moneda dura, cae cerca de 40%. Además, renunció Sturzenegger y echaron a Aranguren, el único ministro del gobierno que redujo con fuerza el gasto público.

La crisis financiera que atraviesa el país no es culpa del Banco Central ni exclusivamente del contexto internacional. Se trata, en realidad, del fracaso de Cambiemos, que generó unas expectativas formidables sobre su capacidad de cambiar la historia del país pero que, en los hechos, no concretó grandes cosas.

Hoy el mercado le está pasando factura, o bien está adaptándose a una nueva realidad: Cambiemos no era en realidad tan Cambiemos, y torcer el rumbo de decadencia Argentina no iba a ser tan fácil como se imaginaba al principio.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

La Caída de las Metas de Inflación en Argentina

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/6/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/06/21/la-caida-de-las-metas-de-inflacion-en-argentina/

 

En un post anterior me explaye en lo que entendía era la política monetaria del BCRA. Hace pocos días la autoridades del BCRA fueron reemplazadas. A su ultimo día, Sturzenneger rankea como el decimoprimer presidente del BCRA (de un total de 60 presidencias) en términos de tiempo en el cargo (ver cuadro al final del post).

El reciente acuerdo con el FMI implico un nuevo cambio de metas de inflación. Si bien en su momento Sturzenneger sostuve que para el 2018 no había metas de inflación, el documento de intención presentado al FMI sí establece metas de inflación para el 2018. El limite superior que el gobierno no debería superar es una tasa del 32% (más del doble de la meta revisada en diciembre). La caída de las metas de inflación se ve en las repetidas, y muy significativas, revisiones de cuáles son las metas a cumplir. Dos datos en este post.

Primero. El siguiente cuadro muestra la inflación acumulada a mayo y cual debe ser la inflación mensual (promedio) de aquí a fin de año para cumplir las metas de inflación (la del 15% y la nueva del 32%)

Inflacion (Tabla metas)

Segundo. El siguiente cuadro muestra la inflación anual (punto azul), y las diversas metas para cada año (incluyendo las revisiones) (lineas rojas). Las metas acordadas con el FMI se encuentran en gris. El grafico también muestra la inflación promedio bajo la presidencia de CFK y la inflación promedio bajo la presidencia de Mauricio Macri.

Inflacion metas

Es difícil evaluar la eficiencia del BCRA de Sturzenneger en reducir la inflación, dado que en el 2016 se recibió una “herencia” importante del kirchnerismo fruto de sus ultimas políticas monetarias. Lamentablemente Cambiemos no ha hecho mucho por explicar de manera clara la herencia recibida. Dato curioso, y que debería causar decepción en Cambiemos, es que la meta acordada con el FMI para el 2018 es superior a la inflación promedio bajo el gobierno de CFK.

A pesar de los avisos, el gobierno se metió sólo un callejón. Para controlar la inflación debe (1) bajar el déficit fiscal, (2) evitar depreciación del peso. Sobre el punto (1) el gobierno se ha cansado de decir que mas rápido no se puede ir, a pesar que el FMI le exige apretar el acelerador como condición del préstamo. La esterilización vía Lebacs contribuyó a un atraso cambiario, que de corregirse con aumentos del tipo de cambio pueden tener efectos en la inflación. El acuerdo con el FMI, sin embargo, contempla un tipo de cambio libre con mínimas intervenciones.


Por último, el cuadro con los top-10 presidentes del BCRA.

BCRA (presidentes)

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Not All Crises Are Due to Unexpected Shocks

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/12/17 en: https://www.aier.org/article/sound-money-project/not-all-crises-are-due-unexpected-shocks

 

Only a few weeks ago, a number of emerging economies suffered currency crises. Argentina stands as an outstanding case that was covered in several media outlets. For instance, in a recent piece at Project Syndicate, Martin Guzman and Joseph Stiglitz argue that the crisis there was a surprise.

In economics, in particular in the study of business cycles, the claim of unexpected shocks has become almost an excuse to defend any policy carried out by government institutions. These unexpected events, sometimes referred to as black swans, by their nature cannot be predicted. Therefore there is nothing a government entity such as a central bank could have done to avoid the costly shock. Crises are not the result of bad policies, they are just a matter of bad luck. Good luck is to have policy makers in place to minimize the damage from these unexpected shocks.

But not all crises are due to bad luck. Policy makers, even if rational, can also drive an economy to collapse. A long list of reasons can be found by perusing the public-choice literature from rational ignorance, to capture theory, to rent-seeking. In the case of Argentina, three particular problems call into question the “surprise” explanation of the currency crisis.

The first problem is the significant issuance of central bank short-term bonds (Lebacs, or Letras del Banco Central). Since the Argentine central bank does not have liquid assets on its balance sheet, it issues its own bonds to sterilize its expansionary monetary policy. It does so in the context of a decade of high inflation rates. The high inflation means there has been no demand to hold liquidity in the form of Argentine pesos. Therefore, the central bank needs to offer a yield on the bonds that beats the expected depreciation of the peso against the U.S. dollar (to incentivize a carry trade). Because of this policy, the investors that wish to close their position demand dollars, not pesos, which tends to depreciate the peso and have some pass-through effect on the domestic price level. When the currency crisis hit Argentina, there were roughly 1.3 Lebacs per peso in the monetary base, implying that if all Lebacs were canceled, the monetary base would more than double.

The second problem is the loss of central bank credibility. Since they took office, the new central bank authorities have consistently missed the government’s inflation targets. They even treat the inflation targets as optional. What matters, the official argument goes, is that there is a target, not that they hit the target. With already-weak central bank credibility, in an unexpected move last December, the president’s office announced a change in the inflation targets in a way that made the central bank president look like a pawn of the government. In particular, observers interpreted the change to mean the central bank, by reducing the interest rate, had to accept the political directive of letting inflation rise with the hope that economic activity will increase.

The third problem is a new law that taxes income non-residents of Argentina collect from Lebacs.

These three problems have occurred in the context of the Federal Reserve’s increasing the federal funds rate. An international scenario unfavorable to Argentina and other emerging economies was already taking place. It doesn’t look like an accident, much less a black swan, that the Argentine currency crisis started as the new tax law came into effect.

These three problems do not explain why there was a currency crisis in other countries, but they do help explain why the crisis was particularly severe in Argentina. Months ahead of the crisis, a number of Argentine economists noted that it was likely to occur. Since no one can predict a specific date for such an event, it doesn’t cut it to claim the crisis was a surprise. If someone plays with fire at a distillery, they cannot blame bad luck when their experiment goes awry.

It is true that some crises are due to unexpected shocks. It is no less true, however, that some are due to policy makers’ own doing.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La infinita bondad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/actualidad-economica/la-infinita-bondad/

 

Nuestra ingratitud no tiene límites, y persistimos en dar la espalda e incluso criticar a los que, en su infinita bondad, sólo piensan en nosotros y en nuestros derechos.

Tenemos la inmensa fortuna de que nuestro presidente sea Pedro Sánchez, que ha llegado a la Moncloa con el apoyo de gente estupenda, de los proetarras, de los nacionalistas que quieren romper España, y de la extrema izquierda admiradora de las dictaduras comunistas e islamistas. ¡Y encima nos quejamos! ¿Será posible?

Pero además, prestemos atención a la delicia de sus palabras, que son pura miel para cualquier oído mínimamente progresista. Ha dicho: “escuchar, dialogar y consensuar deben ser los tres pilares sobre los que se base la política del siglo XXI”. Todo en él es tolerancia y complicidad. Por eso habrá visto usted que con la conformación del nuevo Ejecutivo la palabra más utilizada en los medios fue “guiño”. Irritados se le han quedado los ojitos a nuestro nuevo líder preclaro de tanto guiñar aquí y allí.

Los guiños de Sánchez

Guiñó a Susana Díaz con el nombramiento en Hacienda de Montero —que hasta se apellida casi igual que Montoro— y, hablando de Hacienda, ha nombrado en Exteriores a Borrell, que es un guiño a cuatro bandas, nada menos. Fíjese. Primero, a los viejos del PSOE, porque indica que no quiere marginarlos a todos; segundo, a los socialistas no independentistas, que abandonaron el partido en masa; tercero, a los votantes de Ciudadanos con simpatías de izquierdas, a los que desea recuperar para el socialismo, demostrándoles que no está totalmente rendido ante el nacionalismo; y cuarto, a los de extrema izquierda, porque Borrell es la imagen misma de la persecución a los contribuyentes.

El propio Pedro Sánchez le contó a Expansión que quiere robarnos más que Rajoy. Como no puede decirlo así, porque no lo entenderíamos, se ha visto forzado a engañarnos. La clave es que nos creamos que esto de los impuestos no va con nosotros. De ahí la maniobra de subir 4 puntos el tipo máximo del IRPF para rentas superiores a 150.000 euros anuales, llegando al 52% en algunas autonomías. Dirá usted: es un desfalco grande como un chalé de lujo en Galapagar. Pues sí, señora, y prueba además que la izquierda no quiere descargar su sablazo fiscal sobre los millonarios, puesto que mucho antes de que usted sea millonaria, pero mucho antes, ya va a estar pagando el marginal máximo.

Sánchez desea hacerle creer a la gente que si gana menos de esa suma entonces no sufrirá con los socialistas en el poder. Allí mintió un poquito cuando proclamó: “mi compromiso es que a la clase media y trabajadora no le vamos a subir los impuestos”. La mentira estriba en que, aunque no suban los tipos marginales en el IRPF, el pueblo pagará más —si no lo hace no habrá manera de financiar el delirio socialista de subir el gasto público varios puntos del PIB.

Saqueo progresista

¿Cómo planea Pedro Sánchez esquilmar a las trabajadoras y que estas no se le amotinen? Por ejemplo, a través del bulo del “impuesto a la banca y a las transacciones financieras”. Naturalmente, eso lo pagará usted, señora, pero tiene un nombre bonito y no parece como si fuera a castigar a las personas corrientes. Tan corrientes como las que perderán la tarifa plana si son autónomas, o las que pagarán más a la Seguridad Social cuando las cotizaciones se “destopen” —otra palabra bonita.

En cambio, esa palabra tan fea, “desgravación”, irán a por ella los progresistas. Van a reducir aún más la desgravación a los planes de pensiones privados, con lo que en la práctica les subirán los impuestos a una multitud de mujeres de clase media, y a millones de trabajadoras las crujirán con “fiscalidad ecológica”, pero ¡qué bonito suena! Imagino que no será usted de esas reaccionarias que no quieren cuidar el medio ambiente. ¿Verdad que no?

Sigamos. Habrá más imposición sobre “el capital”, asquerosa palabra que en realidad se refiere a sus ahorros de usted, señora, a los suyos. Lo mismo que el “Patrimonio”, que harán todo lo posible por esquilmar, alegando que es muy mala la “competencia fiscal” —es curioso que los políticos defiendan la competencia salvo cuando son ellos los que compiten.

Habrá de todo, reforma laboral para aumentar el paro, esa criatura socialista por excelencia, y toda suerte de controles, regulaciones, multas y prohibiciones. Vamos, igual que la derecha. Y las explicaciones más cursis y más bobas que pueda usted imaginar, pero todas apuntando en la misma dirección: menos libertad.

Y nada de quejarse, señora. El propio Pedro Sánchez lo ha dicho: “No podemos tener un sistema fiscal de tercera para un Estado del Bienestar de primera”. Y ¿quién va a elegir el sistema fiscal de primera que nos merecemos? Él, claro. Si es que es una joya, el hombre, y nos quejamos de vicio.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Pobre sentido común

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/pobre-sentido-comun/

 

En vez de analizar cómo salen los pobres de la pobreza, muchos recurren solo al sentido común: como la pobreza es la falta de dinero, a los pobres hay que darles dinero. Por ejemplo, la renta básica, que les encanta a los estatistas de todos los partidos.

Sin embargo, como dice el economista James Ahiakpor: “la pobreza no es la falta de dinero sino la deficiencia de nuestra producción”. Por lo tanto, la clave es ver qué obstáculos impiden que nuestra producción aumente y nos sirva para dejar atrás la pobreza.

Esto requiere una reflexión más allá de los atajos del tipo de la renta básica o demás mecanismos redistributivos que promueven políticos, sindicalistas, ONGs, etc., como la ayuda exterior y otras intoxicaciones que parten del supuesto de que los pobres se benefician de la creciente coacción, como si fuera una solución fácil y no la fuente de problemas.

El sentido común invita a propuestas de ese estilo: entregar un dinero a todos, por el mero hecho de ser ciudadanos. Ahora bien, Ahiakpor advierte: “Para lograr el objetivo, los que son más productivos deberán ceder, a la fuerza, mediante impuestos, una parte de su producción a los que son menos productivos”. Para los antiliberales de cualquier laya, esto es algo que está bien, y no tiene contraindicaciones, ni económicas, ni políticas, ni morales. Pero las tiene.

No parece que la estrategia promueva el crecimiento económico, más bien, al contrario, por la reducción de la productividad global y porque el papel del Estado a la hora de fomentar el desarrollo y el bienestar debería ser salvaguardar la propiedad de sus súbditos, y no violarla. Y si la producción no aumenta por encima de nuestro nivel deseado de consumo, el quitarnos a unos para darnos a otros quizá rebaje el nivel de consumo para la mayoría, y no está claro que eso sea bueno para el conjunto.

Asimismo, hay experiencia sobre la mejoría de la condición de los pobres, y hay teoría para explicarla, desde hace mucho tiempo. No es la redistribución de la riqueza ya creada la que ha servido para enriquecer a los pobres. Cientos de millones han dejado atrás la pobreza extrema en las últimas décadas en China o la India, y otros países de Asia, África o América. No lo hicieron arrebatando riqueza sino creándola.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

RECRUDECEN LAS ALARMAS

Por Alberto Benegas Lynch (h) * Publicado el 18/6/18 en: http://www.ambito.com/924858-recrudecen-las-alarmas

 

 

Llama poderosamente la atención que en el transcurso de un par de días, el presidente de la banca central haya también firmado la carta de intención con el FMI y acto seguido dejó su cargo, que el nuevo presidente inaugure su gestión con un dólar que trepa, que el primer mandatario firme un nuevo decreto de necesidad y urgencia que incrementa el gasto público en ochenta mil millones de pesos y que los intereses de las Lebac llegaron nada menos que al cincuenta por ciento.

 

Si no fuera porque sabemos de la buena voluntad y las mejores intenciones del equipo gobernante diríamos que se trata de una producción cinematográfica de Woody Allen.

 

Ahora se terminaron los recursos que voluntariamente nos prestaban para echar mano a los que se obtienen coactivamente de los bolsillos ajenos, es decir el préstamo del Fondo Monetario Internacional.

 

Resulta un tanto tedioso tener que repetir conceptos, pero desde que asumió la presente administración hemos escrito en diversos medios sobre temas que básicamente giran en torno al mismo problema grave.

 

Se discute sobre anclajes del tipo de cambio y equivalentes pero conviene subrayar que el anclaje central debiera ser en el seno del equipo gobernante en cuanto a que el asunto medular consiste en que debe reducirse el gasto público que en nuestro medio es elefantiásico y, por ende, eliminar el total del déficit fiscal (no solo el primario), no contraer deuda para financiar gastos corrientes y reducir impuestos a niveles que no sean los más altos del planeta.

 

Como hemos puntualizado, se trata de eliminar funciones y no podar gastos que, igual que con la jardinería, crecen con mayor vigor. Las conferencias de prensa del ministro de hacienda junto a la cabeza de la banca central y la que ofreció luego el primero revelaron que no se ha entendido el problema puesto que se insiste en seguir con el rumbo emprendido cuando, precisamente, el rumbo es el problema. No se trata simplemente de cambiar nombres como ahora se ha hecho.

 

Durante buena parte de estos dos años y medio algunos funcionarios machacaron con que debía hacerse que el gasto público fuera eficiente, sin comprender que si un gasto es inconveniente cuando más eficiente resulta peor.

 

También hay ciertos de los así llamado analistas que alardean con que la clave estriba en aumentar el consumo, sin percatarse que debe primero producirse para que los bienes puedan ser consumidos. Si me permiten la grosería, lo anterior es similar a sostener que para que uno esté bien alimentado, debe vomitar. El ahorro y la consiguiente inversión es en verdad la clave del progreso, pero esto no puede ocurrir mientras dure la inestabilidad que por el momento estamos viviendo y que siempre pagan en primer término los más necesitados.

 

En esas conferencias daría la impresión que los funcionarios de marras actuaron como si el gobierno recién comenzara, por ejemplo, al anunciar el desmembramiento de la maquinaria infernal de títulos públicos y la prohibición de la autoridad monetaria para financiar el tesoro.

 

Es indispensable tomar el toro por las astas y encarar los problemas de fondo. El premio Nobel en economía Milton Friedman ha señalado en repetidas ocasiones que lo que no hace un gobierno en los primeros cien días no lo puede hacer ya que permite que los opositores junten fuerzas,  lo cual se torna exponencial cuando sucede el desgaste consecuencia de la inacción.

 

Ya hemos dicho que este equipo gobernante se inició con el aumento de ministerios y con la pretensión de designar dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto. Dos lamentables medidas inaugurales, una en el terreno económico y otra en el terreno institucional. Es cierto que las cosas no son fáciles, pero quienes se postulan para gobernar lo hacen para resolver problemas y no para dar explicaciones ni relatar anécdotas.

 

Se ha dicho con razón que el comienzo de este gobierno no debería haberse iniciado con el baile del primer mandatario con la banda presidencial en la Casa Rosada, sino con un discurso realista respecto a la tremebunda herencia recibida. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, es de esperar que un próximo gobierno no tenga la necesidad de aludir a una mala herencia recibida.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿Nadie vio venir la crisis?

Por Iván Carrino. Publicado el 17/6/18 en: http://www.ivancarrino.com/nadie-vio-venir-la-crisis/

 

Predecir el momento exacto en que aparece una crisis no es tarea fácil, pero las condiciones para que ocurra siempre estuvieron a la vista.

En el Diario Clarín de hoy se publicó una polémica nota titulada “¿Por qué nadie vio venir la crisis Argentina?”.

Obviamente, en las redes sociales el título fue vilipendiado, tanto desde la izquierda como desde el liberalismo, ya que fueron muchos los que dijeron que el modelo gradualista de Macri no iba a salir bien.

En un párrafo de la nota, se afirma:

El Gobierno falló, los inversores no la vieron. ¿Y los economistas? Lo mismo. De vuelta: el que dice que vio venir esta crisis falta a la verdad.

Predecir un evento concreto, como una crisis o el precio exacto del dólar, en economía, es algo realmente complicado. Son muchos los factores que juegan para uno y para otro lado. Sin embargo, hay leyes que son inexorables.

Una de esas leyes diría algo así como: “si un país tiene necesidades de financiamiento que no pueden ser cubiertas, entonces enfrentará una crisis de deuda”. Como verán, las predicciones son condicionales, “si sucede tal cosa, entonces ocurrirá tal otra”.

Dicho esto, busqué hoy entre mis viejos (aunque no tanto) informes semanales enviados a mis suscriptores. Allí, encontré uno donde evaluaba la Gestión Macri a dos años de su asunción (diciembre de 2017).

Como “luz roja” del período seleccioné el no ajuste del déficit fiscal y sus posibles consecuencias:

Estos niveles de desequilibrios fiscales no son comunes en el mundo. Para peor, en Argentina han estado directamente ligados a episodios de crisis.

Dados los cambios institucionales que el gobierno ha impulsado, las reformas liberalizadoras, el pago a los holdouts y el distinto posicionamiento internacional, hoy el país inspira la confianza necesaria para evitar una crisis de corto plazo (lo explicamos en este Reporte Mensual). Sin embargo, no podemos dejar de destacar que esta es una luz roja en la evaluación del gobierno de Cambiemos, ya que nos expone a una elevada vulnerabilidad.

Imagínese lo que le pasa a una persona en su vida cotidiana. Si tiene una deuda importante, cualquier sobresalto (la pérdida de un trabajo,  la rotura del auto, la enfermedad de un familiar) puede llegar complicarle toda la economía.

Lo mismo sucede con el país. Estos niveles de déficit generan la necesidad de tomar grandes cantidades de deuda, lo que expone a una gran fragilidad a la estabilidad del esquema macroeconómico.

En conclusión, los dos años de gestión de Cambiemos reciben una evaluación positiva en términos generales, pero con algunas cuentas pendientes y luces rojas de atención inmediata.

Meses más tarde, en un Informe escrito a fin de enero sobre las condiciones internacionales para Argentina en 2018, mostré preocupación por la situación financiera:

Sin embargo, hay una luz roja en el tablero de comando que es la de las condiciones financieras mundiales. Con la Fed subiendo la tasa, y la política fiscal de Trump presionando al alza las tasas de largo plazo, podríamos estar llegando a ver el final de un larguísimo mercado alcista de acciones y bonos.

Si llegáramos al escenario de “pinchazo de la burbuja”, las ganancias que podríamos obtener por el comercio con nuestros vecinos y socios, se verían en gran parte contrarrestadas por el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales.

El crédito se encarecería para Argentina, el tipo de cambio subiría, y probablemente el gobierno de Macri debería profundizar (o comenzar) una política de fuerte ajuste fiscal para pasar la tormenta.

Sinceramente, no creo que sea justo decir que yo anticipé la crisis… De hecho, no tenía a este escenario como primera posibilidad.

Sin embargo, nunca saqué de mis análisis los riesgos del gradualismo, e incluso llegué a anunciar con bastante exactitud qué pasaría si el mundo comenzaba a endurecer su generosidad financiera.

Esperemos que los nuevos cambios sirvan para restablecer la confianza y estabilizar los nervios  de los mercados. Esa es, ahora, la primera prioridad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

FMI, la última alcancía para evitar la crisis

Por Aldo Abram: Publicado el 10/6/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2142407-fmi-la-ultima-alcancia-para-evitar-la-crisis

 

Es muy positivo escuchar a los funcionarios del gobierno enfatizar que la Argentina no puede ser un país viable si su Estado sigue gastando más de lo que recauda, como hemos hecho en las últimas siete décadas. Si evaluamos cada una de las crisis durante este período, llegaremos a la conclusión de que tuvieron que ver con gestiones que se excedieron en las erogaciones del sector público. La única diferencia es cómo terminaron corrigiéndose dichas cuentas. Y eso dependió de cómo se financiaron.

Cuando no hubo crédito disponible se usaron las reservas y la emisión del Banco Central (BCRA) hasta quebrarlo. Un ejemplo de ello es lo que sucedió en los años 80, que terminó en la hiperinflación de 1989. Para los que son más jóvenes o no tienen memoria de aquello, pueden mirar a Venezuela, donde empezaron con un cepo cambiario ocho años antes que nosotros, quebraron su banco central, y ahora están viviendo una tremenda hiperinflación. De hecho, iríamos en igual camino si no hubiéramos cambiado con nuestro voto el modelo que impuso el gobierno anterior.

Cuando los funcionarios de turno tuvieron acceso al crédito voluntario, se endeudaron para mantener los excesos de erogaciones hasta derivar en un default. Ya llevamos ocho de ellos y el último fue en 2001. Lamentablemente, quizás por exceso de optimismo y prudencia, durante los últimos dos años la actual gestión decidió resolver muy gradualmente el enorme gasto público heredado utilizando el financiamiento internacional que supo recuperar con sus políticas.

Esto tuvo dos costos. El primero obligó al sector privado productivo a hacer todo el ajuste e incluso fue el que sufrió la quita de subsidios a las tarifas, el único ítem en el que bajaron las erogaciones estatales hasta 2017. Así, los empresarios y trabajadores tuvieron que arrastrar una carreta con un monstruo inútil y pesado, el Estado, lo que implicó una tardía y lenta recuperación económica. El otro costo fue que nos alejamos tan despacio del precipicio de la quiebra del sector público y del BCRA que heredaron, que aún estamos demasiado cerca de él; lo que implica que cualquier ventarrón externo (crisis o turbulencia fuerte) puede tirarnos al vacío.

De hecho, en abril, apenas se notaron algunos “vientos internacionales” moderados, los inversores vieron con temor cómo la Argentina se bamboleaba más que las demás economías. Un BCRA que había perdido la confianza en que priorizaría la defensa del valor del peso, se las vio complicado para frenar una corrida cambiaria que incluyó la salida de capitales por ponerle impuestos a las rentas de los extranjeros. En definitiva, el crédito para nuestro país se acotó fuertemente y el Banco Central a duras penas logró una coyuntural estabilidad cambiaria con un altísimo costo, en particular para los argentinos que vieron perder alrededor de 30% del valor de sus pesos en lo que va del año.

Un factor para la tranquilidad

La decisión del Gobierno de buscar el financiamiento de organismos internacionales a través de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue un factor fundamental para devolver la tranquilidad. El 4 de marzo último, en un reportaje en estas páginas advertíamos sobre el riesgo de que este tipo de turbulencias cortara el crédito para la Argentina y recomendábamos armar una red de créditos contingentes para poder enfrentar dicha situación. Ahora que ya lo hicimos, lo importante es entender para qué debe servir.

Algunos políticos y economistas salieron a hablar del gran ajuste que impondrá el FMI. Al contrario, ajuste violento es el que enfrentaríamos sin esta posibilidad de financiamiento. No entienden algo tan sencillo como que, si uno no tiene quien le preste, no puede gastar de más. O sea, el recorte del gasto público sería inmediato; lo que siempre se terminó haciendo en medio de una crisis, o sea con el mayor costo social posible. Como fue, por ejemplo, en 2002, con 54% de pobreza.

Al contrario, ahora tenemos la posibilidad de contar con crédito para hacer una reforma del Estado para que nos sea útil y pagable a los argentinos, y usarlo para morigerar el costo social que implique (ver propuesta en el sitio de Libertad y Progreso). Lamentablemente, no aprovechamos el crédito voluntario para hacerlo, ahora no desperdiciemos la última “alcancía” que nos queda. Si no lo hacemos, en unos años nos encontraremos con los mismos problemas, un mayor endeudamiento y ningún financiamiento posible; por lo que terminaremos resolviendo los problemas de la peor forma, con una crisis como todas las veces anteriores.

La responsabilidad primaria de este esfuerzo a realizar es del Presidente Mauricio Macri y su equipo; pero también de la oposición, ya que el oficialismo no tiene mayoría legislativa. Todos deben mostrar en esta ocasión la responsabilidad que no se observó en otras épocas, en las que los argentinos fuimos llevados a vivir varias debacles. Sin embargo, no solamente debemos esperar que nuestra dirigencia política esté a la altura de las circunstancias. Debemos exigírselos como ciudadanos; ya que es nuestro futuro el que está en juego.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Déficit fiscal, Sargent y la bomba de las Lebac

Por Iván Carrino. Publicado el 10/6/18 en: http://www.ivancarrino.com/deficit-fiscal-sargent-y-la-bomba-de-las-lebac/

 

Debate sobre las metas de inflación, la bomba de las Lebac y la inflación.

La semana pasada marcó un cambio definitivo en la estrategia del gobierno para conseguir la estabilización de la macroeconomía argentina.

El acuerdo con el FMI derivó en unos anuncios que, por un lado, muestran una aceleración del ritmo de reducción del agujero fiscal y, por el otro, buscan reforzar de manera contundente la independencia y credibilidad del Banco Central.

En este último aspecto, destaca el hecho que el Banco Central irá cancelando progresivamente gran parte de su deuda (las Lebac), en la medida en que el Tesoro cancele parte de la suya con el Banco Central (las Letras Intransferibles).

Ahora bien, ¿quiere esto decir que había una bomba de Lebac para desactivar?

En dos notas previas, escritas por este servidor, planteaba que ése no era el caso.

Las Lebac son un instrumento más de regulación monetaria y, si había necesidades de absorber la liquidez del mercado, entonces era lógico que su stock creciera. Además, basándome en datos de Chile y de Perú (ver aquí y aquí), consideré que el stock de Lebac, en sí mismo, no representaban un peligro a futuro.

El razonamiento era lógico: “si en Chile el stock de Lebac aumentó considerablemente y la inflación pudo bajar, en Argentina lo mismo podría ocurrir”.

Mis comentarios despertaron la atención (y, tal vez, la indignación) de un muy buen profesor de la excelente Universidad del CEMA, Mariano Fernández.

En su más reciente artículo, de hecho, comenta que el acuerdo con el FMI demostraría que las Lebac eran efectivamente una bomba, y que el caso chileno fue exitoso porque sus cuentas fiscales estaban más ordenadas que las de nuestro país.

El artículo del profesor Fernández erra, a mi juicio, al sostener que el régimen de Metas de Inflación comenzó en diciembre de 2015 (fue, en realidad, en septiembre de 2016) y al considerar que después de los recientes anuncios tendremos un sistema que “controle agregados monetarios” en lugar de la tasa de interés. Esto tampoco es así: el sistema de metas de inflación con tipo de cambio flexible y tasas de interés, de hecho, no se va a modificar en su esencia.

Al margen de estas diferencias superficiales, vayamos a explorar los argumentos de fondo.

Thomas Sargent y la dominancia fiscal

En 1981, el Premio Nobel de economía Thomas Sargent publicó un paper junto con Neil Wallace donde explicaba que, en un régimen caracterizado por la dominancia fiscal, una política monetaria dura para bajar la inflación solo lo conseguiría a costa de mayor inflación en el futuro.

Esto es así porque, en un sistema donde el Banco Central fijara la tasa de expansión monetaria, el déficit del gobierno solo podría ser financiado en parte con los pesos emitidos por él, teniendo el resto que financiarse en el mercado de bonos. Ahora bien, llegado el punto en que el mercado de bonos se saturase, entonces el Banco Central deberá financiar ese déficit con “señoreaje, requiriendo la creación de dinero adicional. Más tarde o más temprano, en una economía monetaria, el resultado es inflación adicional”.

Sargent, uno de los decanos de la teoría de las “expectativas racionales” enfatizaba su punto al considerar que, si la demanda de dinero dependía de la tasa esperada de inflación, entonces podría darse el caso de que la autoridad monetaria ni siquiera pudiera bajar la inflación en el corto plazo.

Es que los agentes racionales, esperando una mayor expansión monetaria en el futuro, reducirían hoy su demanda de dinero, haciendo que la “dureza monetaria” tuviera poco efecto sobre la tasa de inflación.

El profesor Fernández emplea a Sargent para sostener que las Metas de Inflación no fueron una buena estrategia de Política Monetaria:

El uso de la tasa de interés como herramienta de estabilización mediante la emisión de pasivos monetarios remunerados resultó caro e ineficiente, dadas las restricciones a las que enfrenta el Banco Central. [La negrita es mía]

Ahora bien, lo que cabe aclarar en primer lugar es que el punto de Sargent es válido para cualquier política monetaria que busque frenar la inflación. De hecho, un ejemplo de la vida real de la “Desagradable Aritmética Monetarista” fue la salida de la convertibilidad argentina. Ni siquiera un tipo de cambio fijo pudo sobrevivir a un déficit fiscal permanente y creciente.

Ahora en segundo lugar también es necesario explicar que Sargent y Wallace solo asumen que la desagradable aritmética monetarista opera en un contexto de dominancia fiscal, pero admiten otras posibilidades, en donde la política monetaria efectivamente resulte en una baja permanente de la inflación.

En sus palabras:

Se pueden interpretar las propuestas de restricción monetaria de forma diferente a como lo hemos hecho en este documento (…) como permitir que la autoridad monetaria se mueva primero y, por lo tanto, imponga disciplina a la autoridad fiscal.

En esta interpretación, la autoridad monetaria se mueve primero al anunciar una regla fija (…) no solo para t = 2, 3,…, T, sino para todo t> 1. Haciendo esto de una manera vinculante, la autoridad monetaria obliga a la autoridad fiscal a elegir una secuencia [de déficit] coherente con la política monetaria anunciada.

Esta forma de restricción monetaria permanente es un mecanismo que efectivamente impone disciplina fiscal (…)

Nada en nuestro análisis niega la posibilidad de que la política monetaria pueda afectar permanentemente la tasa de inflación bajo un régimen monetario que efectivamente discipline la autoridad fiscal.

En este sentido, cabe destacar que la política monetaria argentina de 2015-2017 buscó efectivamente mostrar un sendero de dominancia fiscal cada vez menor, lo que queda explícito en el gráfico de más abajo, donde  aparecen las transferencias del Banco Central al tesoro, con un claro rumbo descendente:

financiamiento monetario

El cambio recientemente anunciado es un refuerzo de este punto. A partir de ahora habrá cero emisión monetaria para financiar el déficit fiscal, por lo que el gobierno deberá financiarse en el mercado u, obviamente, con el dinero del FMI.

Si la nueva Carta Orgánica se aprueba y esta medida queda grabada en la ley, entonces podríamos estar en un caso de “dominancia monetaria”, algo que Sargent nunca excluyó como posibilidad.

Así,  el punto de Sargent, aplicado por el profesor Fernández, se basó siempre en el supuesto de que existiera la dominancia fiscal… Algo que yo jamás discutí, y que dejé claro en mi primera nota sobre la bomba de Lebac, al afirmar:

No voy a ser yo el que diga que, si todo sigue igual, esta vez va a ser diferente. Argentina tiene una larga historia de déficits fiscales y crisis homéricas que arrojan a la gente a la pobreza y nos impiden crecer a largo plazo.

La irresponsabilidad fiscal, de hecho, fue el talón de Aquiles de diversos sistemas monetarios como el de la Tablita, la Convertibilidad, o el del tipo de cambio “competitivo” de los primeros tiempos del kirchnerismo.

Lo mismo buqué sostener cuando describí la historia de Paul Volcker en la Fed. El déficit fiscal claramente determina la inflación, pero solo si el Banco Central está dispuesto a monetizarlo, algo que no ocurrió durante la “desinflación Volcker”.

Suavizar la inflación

Otro texto relevante que cita Fernández es el de Martín Uribe, de la Universidad de Columbia. Allí, Uribe explica que, desde un punto de vista normativo, la desagradable aritmética monetarista de reducir la inflación al principio a costa de una mayor inflación en el futuro podría tener sentido.

Para Uribe, esto depende de la trayectoria esperada del déficit fiscal. Si se espera que éste vaya descendiendo en el futuro, entonces tiene sentido que el Banco Central adopte una política monetaria dura que reduzca la inflación, incluso si esto implica tener mayor inflación en el futuro.

Esto es así porque dado que la inflación representa una distorsión, “suavizar esta distorsión en el tiempo puede implicar un incremento en el bienestar”.

El profesor de Columbia sostiene que:

…si se espera que el déficit fiscal primario disminuya con el tiempo, entonces es óptimo que el gobierno no monetice completamente el déficit fiscal y, en su lugar, permita que la deuda pública crezca con el tiempo como una fracción del producto.

Para él, entonces, cuando el déficit fiscal (en porcentaje del PBI) se encuentra por encima del promedio (o sea que se espera que caiga), entonces será una estrategia óptima la de colocar Lebacs para reducir la inflación (Uribe utiliza el caso argentino, de hecho, como ejemplo). Estos resultados claramente se contraponen con el rechazo de Fernández a las Lebac.

Pero, claro, Fernández responde a Uribe diciendo que el déficit fiscal en Argentina no baja (¿ni bajará?), por lo que la lebaquización de la economía no es óptima:

La trayectoria temporal del déficit fiscal real (deflactado por el Indice de Precios de UCEMA) medida por un promedio móvil de 12 períodos, para evitar problemas de estacionalidad, muestra claramente el deterioro de las cuentas fiscales.

Lo curioso del asunto es que Fernández utiliza el déficit fiscal real, y no el medido en términos del PBI. Además, no hace proyecciones ni toma alguna ya hecha para determinar si éste efectivamente caerá en el futuro.

Ahora lo central del asunto es que la crítica vuelve a ser fiscal: si el déficit fiscal nunca se corrige, entonces la dominancia llevará a mayor inflación y la estrategia habrá sido mal elegida.

Este punto es correcto si hay dominancia fiscal, pero aplica a cualquier política monetaria. No es algo específico de las Metas de Inflación, y no es algo específico de las Letras emitidas por el Banco Central.

Un punto sobre la credibilidad

Un segundo argumento que se utiliza para desacreditar las metas de inflación es el de la credibilidad. Así, se postula que un Banco Central poco creíble tiene menos eficacia para reducir la inflación.

El punto es claramente válido y tampoco lo cuestioné nunca. De hecho, es válido para cualquier esquema monetario. Si los agentes esperan que la contracción monetaria sea solo transitoria, entonces caerá la demanda de dinero, resultando en inútiles los esfuerzos del Banco Central por reducir la inflación.

Para Guillermo Calvo y Carlos Végh:

… un programa de estabilización con tasas de interés con poca credibilidad, generará una fuerte reducción del producto, pero que solo será acompañado de una baja reducción de la inflación.

Si bien estos autores consideran que la baja credibilidad es menos dañina en un esquema de control de agregados monetarios, igualmente consideran que si este pilar de la policía monetaria es bajo, igual de baja será la caída de la inflación.

En el tema de la credibilidad no creo que tengamos diferencias con el profesor Fernández. De hecho, en su artículo más reciente él critica la decisión del 28D producto de su efecto en la credibilidad, algo que yo también hice (aquíaquíaquíaquí y aquí).

Los datos también son elocuentes en cuanto al tema. Si comparamos las expectativas de inflación con las metas definidas por la autoridad monetaria, veremos que el “gap de credibilidad” era creciente previo al 28D, se ajustó un poco para seguir creciendo después de ese día, y finalmente saltó tras la llegada de la corrida cambiaria, en mayo:

gapdecredibili

Tal vez el punto de diferencia aquí entre ambos análisis es que yo pienso que está dentro de las herramientas del BCRA el poder ganar credibilidad.

Y, en un contexto de gradualismo y acumulación de reservas (dos temas que hacían que el BCRA emitiera pesos que podría haberse ahorrado de emitir), esta credibilidad solo podía ganarse con una mayor tasa de interés y absorbiendo mayores cantidades de dinero excedente.

Las medidas anunciadas recientemente apuntan a restituir la credibilidad del BCRA sin cambios en la tasa. El fin del financiamiento monetario del déficit, el fin de la acumulación de reservas y la eventual nueva Carta Orgánica dotan al organismo de mayor independencia y autonomía, dos pilares clave en la construcción de credibilidad.

¿Podría haberse hecho antes? Sin duda, pero más vale tarde que nunca.

Conclusión

A mi modo de ver, las Lebac nunca fueron el problema principal de la política económica y, de hecho, de acuerdo con Uribe, eran una estrategia óptima para suavizar la inflación.

Las Lebac, en cuanto instrumento para regular la liquidez del mercado, incluso podían considerarse un instrumento dentro de un esquema que iría migrando lentamente desde uno “fiscalmente dominante” a otro “monetariamente dominante”. Es por esto que nunca me preocupé tanto por su existencia. Y es por esto que otros colegas hasta las consideraron el elemento clave que hizo que Argentina no fuera a una hiperinflación.

La corrida cambiaria, entonces, no tuvo que ver con las Lebac, sino que fue el resultado de combinar el gradualismo con el cambio de contexto internacional. Al cortarse o restringirse seriamente el “chorro del financiamiento”, la confianza en los títulos argentinos cayó, y así también cayeron bonos, acciones y los títulos del BCRA.

Ahora eso no quiere decir que la deuda remunerada del BCRA fuera un problema en sí mismo. De hecho, la experiencia internacional muestra que no lo es.

Con poca credibilidad y cero convergencia al equilibrio fiscal cualquier sistema monetario es inviable. Por eso yo nunca discutí esos puntos, pero sí busqué destacar que – en sí mismas- las Lebac no eran un problema, ni tampoco el esquema de Metas de Inflación (las experiencias históricas lo dejan bien parado, aunque no como el esquema más veloz para estabilizar).

Con los nuevos cambios, que dotan al BCRA de mayor credibilidad e independencia, además que eliminan dos fuentes de emisión monetaria, deberíamos ver una menor inflación en el futuro, con un menor esfuerzo de esterilización por parte de la autoridad monetaria.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE