La fuente y causa del impuesto

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/01/la-fuente-y-causa-del-impuesto.html

“… debe tenerse en cuenta: a) Que hay casos en los que está justificada la imposición sobre el capital, b) Que no debe identificarse, como es frecuente hacerlo, la imposición sobre el capital “nacional” con la imposición sobre el capital “individual”. Recordemos que, para Wagner, a fin de determinar en qué casos se puede y debe acudirse al capital individual como fuente de impuestos, cabe tomar en consideración: el “origen” del capital; el “empleo” del capital y el “empleo del producto del impuesto” sobre el capital. En otra parte del presente trabajo hemos analizado estos tres rubros.”[1]

En cuanto al punto a) esos “casos” -casi con toda certeza- serán los que determine el sr. Wagner. Para nosotros no existe ningún “caso” de justificación. La diferencia supuesta entre capital “nacional” e “individual” es absurda. Todo capital es siempre privado, y puede pertenecer a individuos o sociedades (capital social). Lo que se llama capital “nacional” en rigor es el capital privado previamente expoliado por la burocracia, lo que no amerita que se lo rotule de otra manera, porque, en realidad, se trata de capital robado a los particulares. Agregarle el calificativo de “nacional” no lo enaltece, legaliza, ni le quita el carácter de botín apropiado por el ladrón estatal.

Pero como el gobierno está facultado por sus propias leyes para robar a los gobernados no hay manera -ni a nadie a quien acudir- que pueda obligar a la burocracia a devolver el botín robado. El propietario privado expoliado queda privado así para siempre del fruto de su trabajo.

El impuesto siempre supone consumo de capital sin calificativos. No importa que se lo quiera llamar capital “estatal, nacional, provincial, municipal, social, comunal, comunitario”, etc.) el capital siempre es privado y solo admite dos divisiones: puede ser individual o societario (corporación privada).

Es objetable -reiteramos- decir que la fuente de impuestos sea el capital, la renta, o bienes o servicios en general. De las 11 acepciones que da el diccionario de la palabra fuente, la número 7 dice textualmente: “7. f. Principio, fundamento u origen de algo”. Queda claro y resulta evidente que, el principio, fundamento u origen del impuesto es esa imaginaria “necesidad” del gobierno de costear “sus” gastos. Luego, no puede ser nunca, ni confundirse con el objeto gravable como se lo viene haciendo en el curso del trabajo que venimos comentando. No se trata de una simple cuestión terminológica sino de un gravísimo error de concepto en el que los autores citados no dejan de incurrir.

También podría utilizarse la expresión “fuente del impuesto” para aludir a la ley que lo crea, a la voracidad fiscal o al gasto público. Pero confundir el objeto del impuesto con su fuente es realmente una barrabasada.

El diccionario de sinónimos arroja más luz al respecto y nos da los siguientes términos: “origen, principio, germen, raíz, motivo, causa” (https://www.wordreference.com/sinonimos/fuente)

No puede decirse que la causa del impuesto sea el hecho de que alguien obtenga ganancias o rentas de su trabajo. Da la idea equivocada de que, apenas alguien obtiene algún dinero por algo que hace, al mismo tiempo nace automáticamente un impuesto sobre esa suma. Y claramente esto no es así. Sirve quizás como facundia para engañar y convencer a todo el mundo de la “inevitabilidad” del impuesto, como si este fuera un fenómeno natural. Conceptualmente, bienes y servicios son objetos o fines del impuesto, no sus “fuentes”.

“3. La renta como fuente de imposición. Esta forma de obtener recursos, aunque ha podido ser objeto de discusión doctrinaria, se ha universalizado de tal modo que toda controversia resulta obvia. El problema se ha desplazado desde el punto de origen, de si conviene o no imponer la renta, hasta las diversas formas y proporciones que debe alcanzar tal imposición. Otro aspecto de la polémica suscitada entre los autores y estadistas radica en las cuestiones que se promueven por la superposición de este gravamen sobre otros que responden a otras fuentes de imposición, por ejemplo, el impuesto sobre el capital. Y debe establecerse que, si bien este tributo elimina los inconvenientes atribútales a otras formas impositivas, no se descarta de que los argumentos de los opositores al impuesto sobre la renta, están justificados en determinadas circunstancias. Desde luego, cabe subrayar, que el concepto de renta no está claramente definido y se confunde con frecuencia, ya que existe una serie de bienes que pertenecen a las personas físicas o a las personas jurídicas y legales que si bien proporcionan beneficios materiales, resulta difícil establecer su avaluación. En primer término, debe tenerse en cuenta que la renta, como utilidad o beneficio, jamás debe llegar a destruir el capital.”[2]

Se sigue hablando de “fuente” cuando ya hemos objetado y fundado dichos reparos a usar ese término.

Como vemos, el autor pretende prevenir toda discusión dando por sentado que sería “obvio” no entrar en ella ¿Por qué? Porque apela a la falacia ad populum que ya vimos: como en “todos” los países se cobran impuestos a la renta “estaría bien” hacerlo así, simplemente porque “lo hacen todos”. De la misma manera se podría argüir que si la mayoría de la gente se droga eso está muy bien, y así deberían hacerlo el resto de las personas que no se drogan, e incluso las que no nunca lo hicieron. Por eso este tipo de síntesis incurre en una falsedad y no es verdadera, pero en estos tiempos donde “todo el mundo” hace lo que hace “todo el mundo” es un tanto inútil decirlo, porque seriamos algo así como la “voz que clama en el desierto”.

Entonces, el autor nos sigue indicando que, como “no tendría sentido” discutir lo que “todo el mundo” hace siempre, el debate “debe” centrarse en “las diversas formas y proporciones que debe alcanzar tal imposición”, o sea, si se debe gravar mucho o poco y de qué manera hacerlo, en otras palabras, cuál es el mejor método policiaco para impedir que el expoliado evada el tributo, lo que parafraseado y traducido es lo que se pretende significar aquí.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La alarmante actualidad del siglo XVIII

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 23/01/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/23/la-alarmante-actualidad-del-siglo-xviii/

John Maynard Keynes es la versión moderna de John Law, quien inauguró sus experimentos de inflación monetaria en Francia durante el reinado de Luis XV

El rey Luis XIV y su corte

El rey Luis XIV y su corte

De entrada destacamos un pensamiento de Luis XIV que reinó hasta 1715 y los entramados de un personaje inmediatamente posterior. Lo primero es “el Estado soy yo” (su bisnieto y sucesor en el trono siguió la misma línea con aquello de “después de mí el diluvio”), todo tan caro a los autoritarios de nuestra época en medio de una brutal falsificación de la democracia convertida en cleptocracia y lo segundo trata del escocés John Law quien inauguró sus experimentos de inflación monetaria en Francia, en pleno siglo XVIII.

Muy bien ha dicho Hans Sennholz que “confiarle el manejo del dinero al gobierno es lo mismo que entregarle un canario a un gato hambriento”. Es curioso pero todavía hay quienes seriamente proponen que el aparato estatal administre la moneda “pero bien manejada” sin percatarse que, en definitiva, se está poniendo en manos de los políticos en funciones el patrimonio de la gente que nunca puede interponer una demanda frente al saqueo gubernamental. Y tengamos en cuenta que la denominada independencia de la banca central es del todo irrelevante frente a este problema puesto que quedan en pie las encrucijadas que apunto a continuación.

Esto es así puesto que los banqueros centrales están siempre y en toda circunstancia frente a la decisión inexorable entre tres caminos posibles: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria y cualquiera de las tres avenidas que se elijan se alteran los precios relativos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Este deterioro en los precios relativos necesariamente malguía la asignación de los escasos factores productivos con lo que disminuyen los salarios e ingresos en términos reales.

Los alquimistas del fine tuning y otras sandeces, son incapaces de imaginar siquiera la posibilidad que la gente ponga de manifiesto sus preferencias respecto a los activos financieros que desea utilizar en sus transacciones. Vuelvo a referirme a los premios Nobel en Economía Friedrich Hayek que escribió el libro titulado La privatización del dinero y Milton Friedman que en Moneda y desarrollo económico consigna que “Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” y en lo último que escribió en materia monetaria Money Mischief concluye que “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

Y esto no es una cuestión secundaria de política económica sino que se trata del elemental respeto al derecho al fruto del trabajo ajeno, muy especialmente de la consideración a la integridad moral y material de los más necesitados. Desde Aristóteles en la Ética a Nicómaco se ha destacado la importancia del dinero hasta la prepotencia de los autoritarios que ven en la manipulación monetaria una fuente muy potente para controlar a sus súbditos. El dinero no es un asunto menor: hace al respeto a la propiedad privada tal como lo vieron los Padres Fundadores en Estados Unidos por lo que originalmente se opusieron a la idea de una banca central (recién en lo que se denominó la revolución del año 1913 se instaló, para lo cual se requirió una reforma constitucional).

Desde antiguo los gobiernos vienen falsificando moneda en provecho propio, los relatos de Marco Polo sobre lo que se consideró el insólito descubrimiento que en China había papel moneda eclipsó el hecho de haber sido pioneros en la imprenta. Pero la forma sistemática y metódica de fabricar moneda inconvertible en base a largos razonamientos expuestos en extensos escritos con pretensión académica se sitúa con la aparición en escena de John Law. Un escocés heredero de cuantiosos recursos, jugador empedernido pero estudioso de sistemas bancarios y crediticios, primero propuso una banca central al Parlamento escocés basado en la contrapartida del valor de la tierra lo cual no fue aceptado y, además, finalmente se fugó de la justicia escocesa que lo condenó por haber matado a una persona en un duelo.

Volvió a presentar su proyecto esta vez en el continente europeo al regente -Duque de Orleans, en nombre de Luis XV- después de la muerte de Luis XIV en pleno desorden fiscal y monetario. En esta oportunidad logró su cometido y fundó y dirigió personalmente la Banque Generale en 1716 como un banco central con el monopolio de emitir en Francia que a poco andar se transformó en Banque Royale con la imposición del curso forzoso y, al mismo tiempo, el gobierno le encomendó la dirección de la empresa Mississippi pergeñada por el mismo Law teóricamente respaldada por la tierra estadounidense de Luisiana. Los resultados de las ejecuciones de los referidos proyectos estallaron por los aires en 1720 con la hiperinflación provocada por la banca central y la burbuja financiera del esquema Mississippi, todo muy detallado en la bibliografía que menciono más abajo. Estallido que arrasó con la “soberanía” del papel falsificado en gran escala y comprometió aún más al “soberano”, y, sobre todo, intensificó la liquidación de la única y genuina soberanía cual es la de los gobernados (considerados súbditos de jure por el gobierno de entonces y súbditos de facto por los de nuestros tiempos).

Pero lo interesante para esta nota periodística es resaltar la argumentación y la terminología que empleaba John Law y su correlato con la utilizada hoy por las “autoridades monetarias” y sus apologistas. Subrayaba Law la trascendencia de “cuidar el valor de la moneda” y en esa dirección de estar atentos a “los ratios clave” en un contexto de “absoluta independencia de la banca central y su cuidadoso manejo del sistema de reserva fraccional”. Vale la pena abundar en algunos pasajes de los escritos de Law a los efectos de ilustrar lo dicho.

En su Money and Trade Considered with a Proposal for Supplying the Nation with Money escribe que “se reconocerá que no hay otro medio para mejorar nuestra condición que el aumento de nuestro numerario […] Los objetos dependen del comercio y el comercio depende del numerario y así, para ser potentes y ricos con relación a las otras naciones, deberíamos tener numerario en la misma proporción [de esas naciones y de la producción]”.

En Considérations sur le Comerse et sur l´Argent afirma que “el crédito que promete un pago en moneda metálica no puede extenderse más allá de una cierta proporción que debe observar con esta moneda metálica y de tal moneda sólo tenemos una cantidad tan módica que el crédito al que ella podría servir sería muy poco considerable”.

En Lettres sur le Nouveau Systéme des Monnaies dice que “es como si hubieran substraído una parte de las lanas o sedas que hay en el Reino para convertirlas en signos de transacciones: ¿no sería más fácil que se las devolviera a sus usos naturales y que se aplicaran como signos de transacciones materias que por sí mismas no sirvieran para nada? Aún habría una mayor ventaja en estos signos aplicados a esta clase de materias y es que nadie estaría nunca tentado de desviarlas de su verdadero uso que es el de circular […] ¿Para que emplear la moneda metálica? Cualquier papel hará el mismo servicio y más barato”.

En Mémoires sur les Banques señala que “todas las monedas del Reino pertenecen al Estado, representado en Francia por el Rey y le pertenecen precisamente como las carreteras y grandes caminos, no para encerrarlas en sus dominios, sino, al contrario, para impedir que nadie las encierre en los suyos”. Por último, en Troisiéme Letrre sur le Nouveau Systéme des Finances explica que “el curso forzoso es superior al curso libre”.

Charles Gide en la obra que cito enseguida concluye respecto a los trabajos de Law que “Nunca se ha rechazado con un cinismo más completo el derecho de propiedad de la moneda ni se ha afirmado con menos hipocresía el derecho eminente del Estado sobre los bienes de los súbditos”.

En resumen, como ha escrito Juan Bautista Alberdi en Estudios económicos: “No hay más que una esperanza de que el papel-moneda de Estado, una vez establecido y convertido en hábito, desaparezca, y es la de que arruine y entierre al gobierno que lo ha creado”.

El discípulo más destacado de John Law fue sin duda John Maynard Keynes. Conviene entonces repasar sus ideas clave, quien se encarga de despejar con claridad meridiana su filiación al escribir el prólogo a la edición alemana de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi : “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dadas los renovados entusiasmos por Keynes, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital”. Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama en el mismo libro que “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación manteniendo los niveles nominales para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “la solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero”.

Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. La crisis se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (“la vetusta reliquia”, según Keynes). Eso ocurrió en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años ’20 que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares.

De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los ‘20 con el consiguiente crack del ’29, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense. Tal como lo explican Milton Friedman y Anna Schwartz, Benajamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra y finalmente resueltos cuando Truman eliminó los controles de precios y salarios.

En el capítulo 22 de su obra más conocida, Keynes resume su idea al escribir que “en conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”, lo cual reitera y expande en su Ensayos de persuasión, en especial en el capítulo 2 donde se pone en evidencia su análisis defectuoso sobre el empleo y la productividad como liberadora de recursos para nuevos fines y su asignación allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres al efecto de utilizar aquellos factores indispensables para la prestación de servicios y la producción de bienes. Keynes es entonces la versión moderna de John Law pero con una carga aun mayor contraria a la sociedad libre.

Por si interesara indagar en referencias bibliográficas adicionales sobre Law y, especialmente su vinculación con Keynes, puede consultarse de Charles Rist Historia de las doctrinas relativas al crédito y la moneda. Desde John Law hasta la actualidad, de José Antonio Aguirre El poder de emitir dineroDe J. Law a J. M. Keynes, de Elgin Groseclose Money and ManA Survey of Monetary Experience, el ensayo de Charles Mackay “The Mississippi Scheme” y el libro de Martin A. Larson The Federal Reserve and our Manipulated Dollar. Cualquier coincidencia actual con John Law no es casual sino más bien causal.

En resumen, aquellos que están dominados por la monotonía de lo errado siempre terminan aplastados por sus propias recetas, son los personajes que viven enredados en pesadas telarañas mentales incapaces de imaginar algo distinto.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Cuando la maldición de la ignorancia derrotó a la bendición de exportar alimentos

Por Aldo Abram: Publicado el 20/1/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/20/cuando-la-maldicion-de-la-ignorancia-derroto-a-la-bendicion-de-exportar-alimentos/

La pregunta es por qué hay países que importan sus alimentos, su gente los puede pagarlos más caro e igual tiene acceso suficiente a ellos; mientras que en otros que los producen hay parte de su población que no tiene lo suficiente para comer, como en Argentina

Carga de granos para su exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo)

Carga de granos para su exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo)

Es notable que alguien haya hablado de la “maldición de exportar alimentos”. Si a cualquiera se le pregunta a quién le sale más barata la lechuga, ¿responderían al que la produce o al que se la compra? Nadie dudaría en decir que al que la produce. Dado que en el país que exporta un alimento, su productor opta entre venderlo a los consumidores locales o al exterior; el precio interno deberá ser similar al que él cobraría poniéndolo en la frontera o puerto a disposición de compradores de otros países. Estos a su vez, deberán llevarlos hasta sus propios consumidores; lo cual sumará los gastos de comercialización, logística y flete. Por ello, los que los adquieren en las góndolas de los importadores deberán pagar todos esos costos que no abonan los que los compran en el país exportador. Conclusión, es una bendición poder producir alimentos; porque eso abarata el precio de los mismos.

La pregunta es por qué hay países que importan sus alimentos, su gente los puede pagarlos más caro e igual tiene acceso suficiente a ellos (ejemplo); mientras que en algunos que los producen hay parte de su población que no tiene lo suficiente para comer, como en Argentina. Volvamos al ejemplo de una persona. Sólo una minoría se dedica a producir alimentos; pero eso no significa que el resto no pueda comprarlos. Eso dependerá de que, haciendo otra cosa, puedan generar los ingresos para adquirirlos. Con los países pasa lo mismo, los que prosperan tienen una buena alimentación, produzcan o no alimentos; ya que lo relevante es producir los recursos como para que sus habitantes puedan comprarlos.

En Argentina, algunos economistas y políticos nos han hecho creer que somos ricos porque tenemos muchos recursos naturales. Nada más errado. Una manzana en un árbol puede saciar el hambre; pero sólo si alguien se toma el trabajo de cosecharla. Si no, jamás alimentará a ninguna persona.Desde inicios de este siglo, surgió la utopía de que los argentinos se salvarían con “Vaca Muerta”. Sin embargo, en el período de mayor aumento del precio del petróleo de la historia, no sólo las políticas intervencionistas del kirchnerismo la mantuvieron bien muerta, sino que se encargaron de que Argentina fuera uno de los dos países del mundo donde, sin mediar una guerra, la producción de hidrocarburos bajó.

No es casualidad que el otro fuera Venezuela. Un país que está asentado encima de un mar de petróleo; pero el combustible y la energía escasea para sus habitantes, porque nadie quiere invertir allí. Conclusión, esa “riqueza” que tienen no es tal. Sólo la inversión y el trabajo es la que vuelve un recurso en riqueza y bienestar para los ciudadanos cuando se los hace disponible. Eso vale para Venezuela, Argentina y cualquier otro país del mundo.

Un argentino o un extranjero invierte porque piensa que ha encontrado una necesidad que puede cubrir organizando la producción de un bien o servicio a un precio que le permita cubrir los costos y ganar plata; pero que, al mismo tiempo, quien lo va a demandar puede pagar. Además, de todo este riesgo, asume el de ver cómo manejarla bien. Así que son muchas las cosas que pueden fallar y hacerle perder su plata y esfuerzo. En Argentina, tiene que sumarle que los políticos pretenden gastar insaciablemente exprimiéndolos con impuestos que ellos deberán sumar a sus precios y rogar que el consumidor los pague o quebrará. Según el Banco Mundial, el país está en el puesto 21, entre 190, entre los que más impuestos les cobran a las empresas. No sólo eso, hacen informe donde toman una Pyme tipo con buenos márgenes de ganancias sobre ventas y ven qué les pasaría en cada país si pagara todos los impuestos y tasas. Argentina es uno de los dos lugares donde perdería plata y algunos se escandalizan de la alta informalidad del sector. Si todas abonaran los impuestos, la mayoría quebraría.

Si usted todavía piensa que es sumamente atractivo invertir acá, tenga en cuenta que la mayoría de los funcionarios de los gobiernos de turno consideran que saben manejar mucho mejor el trabajo o los negocios que sus conciudadanos. Por ejemplo, te pueden hacer perder plata congelándote o controlándote los precios; porque les conviene políticamente. U obligarte a venderle más barato a unos y no dejándote venderles a otros. Por ejemplo, el verdadero dueño de las divisas de la exportación es quién produjo el bien o servicio que se vendió al exterior y las generó. Sin embargo, el Banco Central ha decidido que ese señor está obligado a vendérselas a él a un precio mucho menor al que otros se las pagarían, haciéndole perder parte de sus ingresos. Ahora, si un organismo público puede ordenarte que hacer con algo, eso dejó de ser tuyo; lo cual avasalla el

. Incluso han prohibido importar insumos; lo cual obliga a comprar localmente uno más caro y peor, haciendo que los productos finales también lo sean. La lista es larga y, de hecho, ya en 2019 había más de 67.000 regulaciones y, desde que asumió, este gobierno se dedicó a incrementarlas de a decenas por semana.

Sin inversión no hay empleo productivo ni posibilidades de generar los recursos necesarios, no sólo para que todos tengan acceso a los alimentos suficientes, sino para pagar otros gastos, entre ellos el despilfarro permanente de nuestros políticos y funcionarios. La verdadera maldición argentina es la creencia generalizada de que somos “ricos” y solo hay que redistribuir bien tanta abundancia eligiendo gobiernos milagrosos que multiplican los “panes y los pesos”. Mientras que los países que prosperan y son exitosos erradicando el hambre, tienen claro que eso sólo se logra con esfuerzo e inversión y que estos se vuelven más pródigos cuanto el Estado más respeta los derechos de los que trabajan e invierten, la libertad de mercados y, en definitiva, la seguridad jurídica. La Argentina puede ser uno de estos países, sólo si encara urgente las reformas estructurales necesarias para que lleguen las inversiones y generemos más oportunidades de progreso para todos los argentinos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

Lo que viene: año de más inflación o aparecerá el desabastecimiento

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/1/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/19/lo-que-viene-ano-de-mas-inflacion-o-aparecera-el-desabastecimiento/

Economía y el BCRA comparten responsabilidades en la aceleración de la inflación
Economía y el BCRA comparten responsabilidades en la aceleración de la inflación

En las últimas semanas voces del Gobierno han dado las explicaciones más insólitas acerca de la inflación. Por un lado, el BCRA publicó un paper en el cual se sostiene que la inflación es un problema de puja por la distribución del ingreso. En el mismo sentido argumentó el presidente de la entidad, Miguel Pesce: “Creemos que hay un problema de inercia inflacionaria y esperamos que los acuerdos que se hagan en el marco del Consejo Económico y Social desindexen la economía y tengamos tasas más normales de inflación “

Por otro lado, durante la última semana, la diputada ultra k Fernanda Vallejos afirmó: “Tenemos la maldición de exportar alimentos, de modo que los precios internos son tensionados por la dinámica internacional. Es imperioso desacoplar precios internacionales y domésticos, ya que los domésticos deben regirse por la capacidad de compra (en pesos) de los argentinos”.

Todo parece indicar que el kirchnerismo está buscando todas las explicaciones posibles para tratar de quitarse la responsabilidad del proceso inflacionario que ellos desataron con la fenomenal expansión monetaria del año pasado.

Hasta ahora el kirchnerismo venía festejando que la inflación estaba bajando. Afirman que la inflación de 2020 fue 18 puntos porcentuales menor a la de 2019, con lo cual pretenden mostrar un éxito en política antinflacionaria respecto a la gestión de Cambiemos.

Es cierto que el IPC subió menos en 2020 que en 2019, pero también es cierto que la inflación se está acelerando en los últimos meses a pesar de la catarata de controles de precios, retraso de las tarifas de los servicios públicos y precios cuidados.

La inflación, que estaba en un piso del 1,5% mensual, subió un escalón al 3% y en el último mes se aceleró a 4%. Sin embargo, si se mira la inflación núcleo, que no incluye precios con estacionalidad, tarifas de los servicios públicos que tienen alto componente impositivo y también los privados regulados, se encuentra que se aceleró aún más significativamente.infobae-image

Como puede verse en el gráfico 1, la inflación núcleo pasó del 3,5% mensual en octubre al 4,9% en diciembre, equivalente a un ritmo anual del 77,5% anual, muy por arriba del índice general que lo hizo a una tasa anualizada de 60 por ciento.

Además, se advierte claramente el proceso de aceleración comentado más arriba. Ahora bien, mientras en el kirchnerismo desarrollan todo tipo de explicaciones que les quite responsabilidad en ese problema y buscan un culpable (precios internacionales de los alimentos, puja distributiva, etc.) se ve que, paralelamente la oferta primaria de dinero (M1): circulante en poder del público más el saldo de depósitos en cuenta corriente en los bancos, tuvo tasas de crecimiento que llegaron a alcanzar el 100 por ciento.infobae-image

¿Por qué tomar M1? Porque es dinero para hacer transacciones, es decir para pagar los gastos del mes. No son pesos que se ahorran. Y Luego de tantas confiscaciones de ahorros y destrucción monetaria se hace difícil imaginar que una colocación a plazo fijo no sea también considerado dinero transaccional para ser utilizado en un mes, mientras se busca alguna renta financiera hasta el momento de algún pago.

El costo de la aceleración de los precios

La característica de ese dinero transaccional es que la gente se lo quita rápidamente de encima, y crece a tasas anuales que son bastante consistentes con la tasa de aumento de la inflación núcleo.

El kirchnerismo sabe que si se le dispara la tasa de inflación en este año electoral, en octubre tendrá serios problemas en las urnas, por eso inventa responsables fuera del mismo gobierno y no quiere relacionar inflación con emisión monetaria.Si relacionara inflación con expansión monetaria automáticamente el kirchnerismo se estaría autoincriminando por el proceso inflacionario (Reuters)Si relacionara inflación con expansión monetaria automáticamente el kirchnerismo se estaría autoincriminando por el proceso inflacionario (Reuters)

Si relacionara inflación con expansión monetaria automáticamente se estaría autoincriminando por el proceso inflacionario. En cambio, si habla de puja distributiva, la culpa es de las empresas que quieren ganar “mucho” o de los precios internacionales que reflejan la “maldición” de exportar alimentos, como sostiene la diputada Vallejos.

Para eso propone desacoplar los precios internos de los precios internacionales, algo que ya se hizo en el anterior período kirchnerista. El resultado fue que las restricciones a las exportaciones de trigo generaron tal desincentivo a la producción de trigo que el área sembrada cayó a la mitad y la producción en toneladas disminuyó un 37% como mínimo.

También intervino el kirchnerismo en la gestión anterior el mercado de la carne vacuna para que la gente tuviera asado barato, desacoplar el precio internacional del precio interno y lo que consiguieron fue una reducción del stock ganadero en casi 10 millones de cabezas entre 2008 y 2011.infobae-image

Recuperar ese stock ganadero insume varios años. El desincentivo a la inversión llevó a los productores a un proceso de liquidación de vientres. Las vacas de cría pasaron de 23,7 millones de cabezas a 20 millones. En ese período se consumió 3,7 millones de fábricas de terneros. Y, como consecuencia de la caída del stock ganadero, se dejó de facturar casi USD 31.000 millones.

El kirchnerismo también desacopló el precio interno del gas del precio internacional y se destruyó de tal forma la producción de gas que de ser un país exportador de gas, pasamos a ser un país importador de gas, con compras a Bolivia pero, fundamentalmente, importando gas en barcos, a precios muchísimos más altos.

En definitiva, por no querer hacerse responsable de la inflación que genera el Gobierno con la expansión monetaria, inventa enemigos en los productores de alimentos y otros bienes, lo cual lleva a desinversión, menor producción y más escasez de productos básicos.

Dado el desborde del gasto público y considerando que el Gobierno hará lo imposible para evitar que la inflación se le dispare en este año electoral, lo más probable es que recurra a medidas que ataquen la producción generando escasez de esos bienes.

En síntesis, de cara a las elecciones cabe esperar un año de mayor inflación o un año de desabastecimiento. El Gobierno tendrá que optar por uno de esos dos males, dado que no parece inclinarse por estimular la producción y la disciplina fiscal y monetaria.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

¿Se ajustará alguna vez la política?

Por Enrique Aguilar: Publicado el 12/1/21 en: https://eleconomista.com.ar/2021-01-se-ajustara-alguna-vez-la-politica/

¿Se ajustará alguna vez la política?

El reciente episodio protagonizado por la directora del INADI, quien reveló haber hecho beneficencia con dinero ajeno al contratar a gente cercana y presuntamente necesitada porque “para eso está el Estado”, es un testimonio más de la inconexión existente entre la clase gobernante y el común de los mortales argentinos. La política, en efecto, siempre propensa a colonizar el Estado y convertida desde hace tiempo en un ámbito de movilidad social ascendente, se ha mostrado porfiadamente incapaz de dar el paso inicial, revisando sus propias cuentas antes de obligar a la sociedad a incrementar las suyas con más impuestos y restricciones de toda índole.

¿Cómo se explica, por ejemplo, que con nuestros exorbitantes niveles de pobreza tengamos veinte ministerios, con el tendal de dependencias que ello supone? ¿Cuántas oportunidades ofrece este exceso de organismos para la generación de contratos de los que luego algunos hacen usufructo? ¿Cómo se explican las remuneraciones que se perciben en muchos de esos ámbitos que, como señaló la revista “Criterio” en un editorial titulado “¿Cuánto Estado puede sostener el sector productivo?”, “alimentan el deseo cargos públicos en profesionales jóvenes conscientes de lo difícil que les resultaría alcanzar esos ingresos en ámbitos privados”? ¿Qué decir de las exenciones impositivas, los regímenes especiales y demás privilegios enquistados en los poderes del Estado que, por lo pronto, resultan incompatibles con el principio de igualdad “como base del impuesto y de las cargas públicas” consagrado por nuestra Constitución?

El recurso a una mayor presión fiscal, en un país que ha perdido el sentido del límite en este como en tantos otros terrenos, no puede sino consternar todavía más a una clase media que viene siendo esquilmada indisimuladamente por gobiernos tan faltos de voluntad como de imaginación para recortar gastos. Un ejemplo reciente nos sirve de ilustración. Me refiero a la alícuota del 1,2 % en concepto de Impuesto a los Sellos que se aplica desde ahora sobre las compras y débitos por tarjetas de crédito de ciudadanos residentes en CABA. Se trata, como siempre, de la solución más fácil y al alcance de la mano para quienes prefieren no pagar el precio de revocar una regla no escrita de nuestra vida política, a saber: la que estipula que los ajustes siempre deben recaer sobre el sector privado.

Las críticas se han hecho oír prontamente con respecto a este nuevo gravamen al consumo: por el contrasentido que supone su imposición al mismo tiempo que se pretende alentar la recuperación de la actividad económica (“quieren estimular la economía agobiando al que la pone en marcha”, adujo el presidente de la CAME, Gerardo Díaz-Beltrán); porque desalienta la bancarización y aumenta la informalidad, e incluso por sus vicios de legalidad al vulnerar –según se ha advertido también– normativas vigentes que impiden gravar con dicho impuesto instrumentos que no revisten los caracteres exteriores de un título jurídico válido, como ocurre con los resúmenes de tarjeta de crédito que obran meramente como una liquidación de gastos.

Por su parte, el Gobierno de CABA (cuya estructura y plantilla de empleados parecen fuera de toda proporción) defendió el nuevo tributo aludiendo a la necesidad de compensar la pérdida originada en la decisión del gobierno nacional de redirigir un porcentaje de la coparticipación que percibía la ciudad. Asimismo, se respaldó en la necesaria “armonización” con otras jurisdicciones que ya aplican este impuesto, argumento cuando menos absurdo para los que creemos que un buen gobierno debería caracterizarse por “armonizar” para mejor, pero nunca para peor.

Manso rebaño de sus sucesivos pastores, el sector productivo parece indefectiblemente condenado a obedecer y pagar, aceptando un sacrificio nunca compartido por el Estado en sus distintas jurisdicciones. ¿Por qué habría de ocurrir lo contrario? ¿Qué incentivos tiene la dirigencia política para cambiar sus viejas mañas? ¿Acaso cabe pensar que un individuo, habituado a maximizar sus intereses, habría de relegarlos a un segundo plano por el solo hecho de acceder a una función pública? Antes de crear nuevos impuestos, sería más que revelador para la opinión pública conocer con exactitud algunos detalles de un gasto público descomunal que, en un mano a mano con los contribuyentes, ningún funcionario se animaría en su sano juicio a defender y cuya prolija revisión, sea que redunde o no en un ahorro verdaderamente significativo, se impone por sí misma, como gesto no solo político sino primariamente moral.

Decía Benjamin Constant que, “en determinadas épocas, hay que recorrer todo el círculo de las locuras para volver a la razón”. ¿Habremos recorrido los argentinos todo ese círculo? Es un interrogante que nos invade a estas horas.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

La economía va a rebotar el año que viene

Por Iván Carrino. Publicado el 1/12/20 en : https://www.ivancarrino.com/la-economia-va-a-rebotar-el-ano-que-viene/

Estuve charlando con el portal BCR News, sobre la economía que viene. Copio a continuación la información y el video completo de la charla.

El economista Ivan Carrino dialogó con BCR News, sobre el escenario económico actual y sostuvo que “este tipo de crisis que hemos vivido es muy atípica”, porque se trata de “una crisis derivada de las propias medidas de restricción”.

En ese sentido, el especialista afirmó “cuando vos tenés una crisis económica generada por la cuarentena, la economía intenta volver a donde estaba antes. En Argentina la recuperación también existe, aunque de un modo lento”.

En relación al acuerdo con el FMI, apuntó que “no es menor que se intente reconstruir el vínculo con los acreedores, incluso con los internos. Las opciones son endeudarse a tasas altísimas o indexando. Todo es mejor que pedirle al Banco Central más emisión monetaria”.

Por su parte, respecto a las perspectivas económicas, afirmó que: “Por un lado, ya no tenés la cuarentena, pero todavía hay un montón de restricciones que no permiten que la economía funcione normalmente. Por otro lado, tenés la brecha cambiaria que es un desaliento a la inversión y al turismo extranjero”. Y agregó: “Es una buena noticia que la soja suba de precio y también un poco de suerte. Cada vez que gobiernan los peronistas les toca soja alta y cuando se van, baja”.

“El acuerdo con el FMI podría brindar algún marco de garantía con los acreedores. Sin embargo, los cambios estructurales que necesitamos no pasan por acordar con un fondo que, encima, tiene muy mala prensa. Pasará por un sacrificio del corto plazo por un bienestar a la larga”, explicó el especialista.

Pensando en el año entrante y las perspectivas económicas, “la incógnita es la inflación. Una vez controlados todos los precios de la economía, llega un momento de sincerarlos. Cuando eso ocurra, existe un riesgo de inflación. En 2021 podríamos tener una inflación superior a la de este año”, concluyó Carrino.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

LA PANDEMIA COMO UN NUEVO FUNDAMENTO PARA LA EXPANSIÓN DEL ESTADO MODERNO

Por Adrián Ravier.  Publicado el 2/12/20 en: https://puntodevistaeconomico.com/2020/12/02/la-pandemia-como-un-nuevo-fundamento-para-la-expansion-del-estado-moderno/

Diversos autores han estudiado los fundamentos históricos, políticos, ideológicos y económicos por las cuales se expande el tamaño del estado a lo largo del siglo XX. Junto a Stefany Bolaños resumimos en un ensayo los hallazgos encontrados. Entre los argumentos más expuestos encontramos estos: 1) la riqueza de las naciones; 2) el Estado de Bienestar; 3) la democracia; 4) el abandono del patrón oro; 5) el keynesianismo; 6) el efecto trinquete, con las dos guerras mundiales y las grandes crisis económicas. (Bolaños y Ravier, 2013)

En este artículo pretendemos mostrar que una pandemia ofrece un nuevo fundamento para la expansión del estado moderno, aspecto que si bien no había sido caracterizado en el artículo comentado, sí puede tener relación con otros fundamentos señalados.

La Riqueza de las Naciones

Un prerrequisito para tener estados modernos que representen de un 30 a un 60 % del PIB es que las naciones hayan ampliado sus capacidades productivas. Sin economías de mercado que potencien la producción -como ocurrió en los últimos 200 años-, sería estéril cualquier discusión para aumentar el tamaño del estado. Ningún sindicalismo hubiera logrado “conquistas sociales” antes de la primera revolución industrial.

Aplicado a nuestro contexto, países más ricos como Alemania pudieron expandir más los paquetes de ayuda y los subsidios que los países más pobres.

El Estado de Bienestar y el paternalismo

Cierta cultura paternalista que observamos en diverso grado pero que está presente en todo el mundo, permitió identificar un Estado de Bienestar que extendió su mano visible sobre el mercado para intentar ofrecer alivio en un año complejo. Constituye un desafío para quienes trabajamos en las ideas la carga ideológica presente en elevados niveles en la sociedad pues no permite observar que se sobreestima la ayuda estatal y se subestima la reacción del mercado, presente en millones de acciones emprendedoras, con su características creatividad e innovación. Mayores grados de libertad y responsabilidad podrían haberse utilizado para enfrentar la pandemia con muchos menores costos que la cuarentena universal. Por el contrario, se ha permitido, y en muchos casos se ha pedido que el Estado se haga presente en formas no convencionales avanzando sobre libertades individuales y derechos constitucionales.

La democracia y la imagen de los mandatarios

Si bien las medidas sanitarias de cuarentena universal impactaron negativamente en la actividad económica y el empleo, sorprende que la imagen de los gobiernos en los primeros meses tras el covid haya incrementado los niveles de confianza sobre los mandatarios. Las mayorías piden a los gobiernos aplicar medidas duras frente al escenario de pandemia, obligando a la gente a permanecer guardada en su casa, para evitar contagios y muerte. Piden por más gasto, más subsidio, más paquetes de ayuda para empresas y personas. Los gobiernos responden en base a encuestas, pero claro que la economía pone un límite al que las mayorías jamás han prestado atención.

El abandono del patrón oro y el sistema monetario moderno

El sistema monetario moderno, basado en bancos centrales con capacidad “ilimitada” para monetizar desequilibrios fiscales han inundado el globo de crédito, dejando una situación de potenciales burbujas bursátiles, inmobiliarias y de commodities para el escenario post-covid.

El keynesianismo y la política fiscal y monetaria

Las ideas de John Maynard Keynes tan polémicas en los años 1970 por los procesos de estanflación que generó, vuelven ante la gran recesión de 2008 y en los años siguientes, pero más aun se potencian en un escenario de recursos ociosos como el que se visualiza en 2020. Todos los gobiernos sin excepción enfrentan este contexto de recesión global con políticas de demanda, combinando medidas fiscales y monetarias, que nos dejarán con mayor nivel de gasto y déficit, que claramente dejará un contexto de desequilibrios fiscales y monetarios complejos para el desafío de recuperación posterior.

El efecto trinquete y la pandemia

Robert Higgs precisamente mostró en su libro sobre la crisis del Leviatán que ante las dos guerras mundiales y la gran depresión de los años 1930 los gobiernos expandieron el tamaño del Estado, pero tras los acontecimientos no retornaron a los niveles previos. Esto es precisamente lo que temo ocurrirá ante la pandemia global. Una vez que la gente se prende a la teta del estado, cuesta mucho que dejen de mamar. Los derechos adquiridos se extienden y ya no es posible retornar el nivel de gasto anterior.

Reflexión final

Me temo que la cuarentena universal aplicada ante el covid-19 potenciará todos los fundamentos que explican la expansión del estado moderno. Desde el punto de vista académico, pienso que estamos ante una variante del “efecto trinquete” reseñado por Robert Higgs. Su aplicación incluía conflictos bélicos y depresiones. Hoy debemos sumar epidemias y pandemias.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Entelequias fiscales

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/11/entelequias-fiscales.html

“A título de principios, inmutables para un buen impuesto, que respete fundamentalmente la regla de la igualdad, Stuart Mill recomienda las cuatro máximas expuestas por Adam Smith que han sido aceptadas por numerosos economistas y, por consiguiente, ofrecen las características de verdaderamente “clásicas”. Estas máximas son 1» Los sujetos del Estado deberán contribuir a sostener el gobierno tanto como sea posible en relación a sus facultades, es decir, en proporción de la renta de que ellos gozan bajo la protección del Estado. De la observación o del desprecio de esta máxima surge la igualdad o la desigualdad de un impuesto. 2» El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario.”[1]

La expresión “sujetos del Estado” presenta problemas, porque si se entiende que el “estado” se compone de tres partes o elementos (gobierno, territorio y población) como acuerdan la mayoría de los juristas, es evidente que uno de los tres elementos (el territorio) no puede “contribuir”, por cuanto no se trata de un ser humano. Nos quedan entonces solo los dos elementos restantes como posibles “contribuyentes” (gobierno y población) pero, como el gobierno está integrado por algunos miembros de esa población será más claro hablar de gobernantes y gobernados, ya que toda población se divide en estas dos partes.

Ahora bien, ya explicamos que los gobernantes no pagan impuestos como tales, entonces, nos quedan (por descarte) que se pretende hacer recaer esa “obligación” (cuyo fundamento no se ha dado, o se dieron “fundamentos” falaces para la misma) exclusivamente sobre los gobernados (es decir, solo una parte de la población).

Esto demuestra que es falsa la cacareada pretensión de “igualdad fiscal” (los burócratas se autoexcluyen de las leyes fiscales).

En suma, sigue sin explicarse porque unas personas deben mantener a otras (gobernados a gobernantes) y además de manera “obligatoria”. La respuesta típica es porque el gobierno tiene el monopolio de la fuerza para exigirlo, pero entonces preguntaríamos ¿Quién le ha otorgado ese monopolio? Hoy en día se respondería que el parlamento, pero el interrogante subsiste ¿quién le ha conferido autoridad al parlamento para otorgar monopolios a nadie, y menos aún a un grupo de personas que se auto titulan “gobierno”? Se responderá: la Constitución, pero tampoco satisface las preguntas anteriores esta respuesta, porque volveremos a preguntar ¿Quién les ha otorgado a los redactores de la constitución la facultad de otorgarles a otras personas el establecimiento de monopolios incluido el de la fuerza?, se responderá “el pueblo” lo que tampoco resuelve nuestra pregunta original, simplemente porque esta última respuesta carece de toda prueba y evidencia, ya que no existe ningún registro documental que sirva para probar que el pueblo -así en abstracto- hubiera jamás conferido a nadie facultad alguna para constituir monopolios, ni mucho menos, constituirse en monopolio por sí mismo por decreto legal. Las teorías del “contrato social, pacto social” etc. no tienen evidencia ni fundamento de ningún tipo.

No existe, pues, tal cosa como “igualdad fiscal”. Y en cuanto a que “El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario” peca de inocente. porque no ha tenido en cuenta al tan extendido hoy en día impuesto definidamente arbitrario.

“La época de pago, el modo de pago, la suma a pagar debe ser determinada con un sentido y de una manera inteligible para el contribuyente y para todo el mundo. Mientras que, si fuera de otro modo, toda persona sujeta al impuesto se encuentra más o menos sometida al recaudador que puede agravar la carga del contribuyente para el cual está mal dispuesto o extorsionar por el temor de cualquier gratificación.”[2]

Que estas cosas se cumplan, en el mejor de los casos, puede hacer menos evidente la arbitrariedad del impuesto, pero no la eliminan por competo. Aun conocidos esos detalles el impuesto puede seguir siendo arbitrario. ¿Quién define la arbitrariedad del impuesto? Indudablemente aquel que tiene que pagarlo, nadie más que él. Por cuanto es el único que conoce sus necesidades, patrimonio, proyectos, etc. Todas cosas que se verán más o menos afectadas por el impuesto. No es menos arbitrario el impuesto que alterará -por ejemplo- más del 50 % de mi patrimonio por el hecho que yo tenga la certeza de que el plazo de pago vencerá todos los días 5 de cada mes, que puedo pagar en efectivo o cheque, etc.

De hecho, se puede decir que la teoría que impera en materia fiscal es la contraria: la de la arbitrariedad, porque es la que efectivamente se aplica en la práctica para desgracia de todos, menos de los burócratas.

Igual de arbitrario seria que la tasa fuera baja pero que el recaudador pudiera exigirla en cualquier momento, o, de cualquier modo, etc.

La única manera de poder decir que un impuesto es menos arbitrario que otro (o menos arbitrario en sí mismo) es que el gasto que está destinado a satisfacer sea bajo. Por eso, la discusión relevante no es, en el fondo, sobre el impuesto, ya que este no es más que un efecto del gasto estatal (que es su verdadera causa). Lo vicioso del impuesto es su carácter de coactivo, pero su origen (y el del mal) debemos buscarlo -y lo hallaremos- en el gasto estatal.

“El carácter indefinido del impuesto —y esto es una práctica que se recoge a diario, en todos los países y en todas las épocas—, estimula la insolencia y favorece la corrupción de una clase de hombres naturalmente impopulares, aun cuando no fueran ni insolentes ni corrompidos.”[3]

Aquí se dice algo interesante y muy cierto. Los impuestos fomentan la insolencia y la corrupción, y el mismo párrafo reconoce que esto es diariamente observable. Basta ver las planillas fiscales que tiene que llenar y completar el expoliado para poder ver con nitidez la cantidad de preguntas insolentes que formula el fisco, realmente uno al completarlas se siente de la misma manera que debieron sentirse los esclavos de la antigüedad.

El trato humillante que reciben los expoliados en la oficina de tributos, la cantidad de trámites agobiantes e inútiles que deben realizar, la arrogancia con que los empleados fiscales observan a sus víctimas tributarias, etc. justificaría por si solo la abolición de todo el sistema fiscal, y reemplazarlo por otro verdalmente voluntario. Naturalmente, somos conscientes que muy lejos estamos de ese ideal, sino que, al contrario, si existió una época donde los impuestos constituían la arbitraria voluntad del déspota de turno, entonces, o no hemos experimentado evolución alguna o -caso contrario- hemos ido en franca involución, regresando a aquel sistema de barbarie en materia fiscal.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Protección, redistribución y pobreza

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/11/proteccion-redistribucion-y-pobreza.html

Seria exacto decir que no es posible saber cuan protegida esta una persona por el gobierno y la cuantía de los impuestos que sufrague no es ningún indicativo que permita orientarnos en dicho sentido. La experiencia de nuestro tiempo nos permite aseverar sin temor a equivocarnos que aun las personas y empresas que abonan los más altos impuestos no parecen estar más protegidos que los que tributan menos.

Tampoco es posible determinar en qué consistiría dicha protección más bien por el contrario cuantos más impuestos hay y más caros son los que deben tributarse resulta claro que no puede hablarse de protección del expoliado, su grado de desprotección crece cuando el ladrón estatal toma cada vez una mayor parte de su propiedad (en dinero o en especie, es indistinto el modo de pago).

La menor experiencia en el tema indica que los gobiernos se blindan a sí mismos tratando de cobrar siempre los impuestos más altos posibles, con lo que al ingresar fondos a sus arcas resultan fortalecidos, lo que significa que su autoprotección crece, a la vez que, sus expoliados están cada vez menos protegidos, porque sus propiedades están pasando paulatinamente a manos de los burócratas vía impuestos.

“Más adelante prosigue el mismo tratadista diciendo que: Si tenemos necesidad de avaluar la ventaja relativa que cada uno obtiene de la protección del gobierno sería necesario verificar quien es el que sufrirá más con el retiro de la protección: entonces será necesario reconocer que los que, por su naturaleza o posición, son los más débiles de espíritu, serán los que tendrán más que perder… “[1]

Nuevamente, es bastante difícil saber de qué habla el citado. Pero el discurso sigue girando en torno a una supuesta “protección” del gobierno que también -imaginariamente- brindaría a las personas. No hay tal. En la práctica, los gobiernos -sin romanticismos pueriles- suelen otorgar protección a las siguientes personas a saber:

  1. Los titulares y miembros del gobierno.
  2. Los familiares y amigos (íntimos o no) de los gobernantes.
  3. Los dirigentes del partido gobernante.
  4. Los mandos intermedios del partido.
  5. Afiliados al partido y simpatizantes.
  6. La gente de escasos recursos por motivos de puro clientelismo electoral.

Fuera de estos casos, es muy difícil -sin pecar de ingenuo- hablar de que los gobiernos dan “protección” a otras personas diferentes de los seis grupos enumerados arriba.

En cuanto a los “débiles de espíritu” que según el autor serian “los que tendrán más que perder” no se puede comprender a quienes se refiere.

“Si hay alguna justicia en la teoría que examinamos, los que son menos capaces de ayudarse y de defenderse están entre aquellos para quiénes, la protección del gobierno les es más indispensable, debiendo pagarla más cara: esto sería justamente lo contrario del ideal de la justicia distributiva que consiste en reparar, no en imitar, las desigualdades y los errores de la naturaleza…”[2]

Tratando de echar luz a todo este palabrerío rebuscado, caben estas interpretaciones ¿Quiénes son esos “menos capaces”? ¿los pobres? Si es así, no se ve de que deberían “defenderse” porque si son pobres no son ningún negocio para los ladrones, porque si son pobres ¿Qué podrían sacarles los ladrones a los pobres? Al ladrón le interesa el rico, no el pobre, porque es al primero del que puede obtener mejor provecho, y esto aplica tanto al ladrón particular (que roba con armas) como al ladrón estatal (que roba con impuestos).

Los pobres son pobres porque los gobiernos son ricos, o porque prefieren vivir en la pobreza. No existen más que estos dos motivos para la pobreza. En el primer caso el gobierno no les da protección, sino que -como indicamos- se las quita. En el segundo, ellos mismos renuncian a protegerse de la pobreza buscando trabajo.

En Argentina, como en otros países, los pobres -en su mayor parte- prefieren vivir medrando las dádivas de los gobiernos que, en el curso de los tiempos, han tenido diferentes nombres (planes sociales se les dice últimamente). No son más que subvenciones, subsidios, ayudas o como se les quiera llamar, que provienen de los impuestos que el gobierno expolia al sector productivo de la economía. Muchos de esos subvencionados cobran en “ayudas sociales” del gobierno más que numerosos empleados del sector formal e informal de la economía. Para “proteger” al subsidiado el gobierno debe desproteger a los que más producen, a los verdaderos generadores de riqueza: los empresarios. A esto se le ha llamado populismo, el gran mal de nuestra época.

“Partiendo de la base de que se debe reclamar a cada individuo un sacrificio igual, debemos investigar si este principio sería aplicado en el caso de que cada uno diera la misma proporción por ciento cíe sus rentas. Un gran número de personas sostienen que no, diciendo que el que da la décima de una pequeña renta sufrirá más que el que da un décimo de una gran renta: es sobre esta aserción que ha sido fundada la idea del impuesto progresivo.”[3]

El problema no es tanto lo que se da sino lo que se pide o -mejor dicho- se exige o -como en el caso del impuesto- directamente se toma. Al revés de lo que hacemos todas las personas que no ocupamos posiciones de poder político, los burócratas fijan su presupuesto en función de los gastos pasados, presentes y futuros que proyectan realizar, y una vez que tienen aprobado ese proyecto de gastos por otros burócratas que también viven de él (el congreso o parlamento, según los casos) entonces establecen en igual o mayor número los impuestos necesarios para cubrir esos gastos.

Esto es como si -por ejemplo- un empleado de una fábrica o empresa sumara todos sus gastos mensuales o anuales (pasados, actuales o proyectados), y con su resultado le exigiera a su empleador los aumentos de sueldos respectivos. Sabemos que ningún empleado puede hacer eso, como ningún empresario puede -mediante el mismo mecanismo- añadir todos los costos de sus insumos y de sus proveedores para luego subir los precios de sus productos. Sólo el gobierno tiene ese privilegio auto arrogado por esos mismos burócratas que se beneficiarán del mismo. Y lo ejercen siempre.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

¿”Veranito” para el dólar?

Por Pablo Guido y Juan Manuel Morales. Publicado el 8/11/20 en: http://agendaeconomica.com.ar/veranito-para-el-dolar/

Al momento de escribir estas líneas se acumularon nueve días de recorrido bajista en la cotización del dólar blue, desde los $195 a los $157. Por otro lado, las cotizaciones financieras, es decir aquellos tipos de cambio que surgen del arbitraje de activos financieros (nos referimos a los denominados “contado con liqui” y dólar MEP), si bien han recuperado algo de terreno en las últimas ruedas ubicándose actualmente en $147 y $142 respectivamente, lejos parecieran estar del techo alcanzado el 22 de octubre cuando lograron establecerse en $181 y $163.

Las causas que provocaron el quiebre en la tendencia alcista que se venía dando ininterrumpidamente desde hace varios meses las podemos explicar por tres factores:

  1. La intervención del Gobierno en los mercados financieros: desde hace algunos días el Gobierno Nacional comenzó a intervenir fuerte en el mercado bursátil desprendiéndose de títulos públicos que se encontraban en poder de ANSES y del Banco Central. Este aumento en la oferta de títulos públicos que se utilizan para operar el dólar CCL y dólar MEP provocó una caída momentánea en el precio de estos activos reduciendo el tipo de cambio implícito. Vale decir que esto no es gratis, ya que el Estado se desprende de títulos que en dólares rinden un 15% anual.
  2. Gran licitación de bonos del Tesoro: el día 27 de octubre el Ministerio de Economía comunicó la exitosa licitación de bonos del Tesoro por un valor nominal de total $254.671 millones. Se trata de distintos bonos con fechas de vencimiento que van desde diciembre del 2020 hasta abril del 2022. Algunos bonos licitados ajustan por CER y por BADLAR más puntos básicos, pero la licitación más exitosa fue la de los bonos atados al dólar linked que logró adjudicar $129.804 millones. Estos últimos bonos tienen la particularidad de ser en pesos, pero atados a la cotización del dólar oficial. El total adjudicado es una masa muy grande de pesos que quita temporalmente presión sobre el dólar.
  3. Aumento estacional de la oferta de dólares: es habitual que a fin de mes los agentes que se sobre stockearon de dólares se desprendan de los mismos para cancelar obligaciones y afrontar gastos en pesos. Tampoco podemos dejar de mencionar que en las próximas semanas la demanda de moneda local se incrementará ya que las empresas requieren retener pesos o vender dólares para abonar los aguinaldos de diciembre.

Estos tres motivos pueden explicar por qué la cotización del dólar blue bajó fuertemente en los últimos días.

La primera razón que nos lleva a pensar que no hay posibilidades de que el dólar siga bajando por mucho tiempo tiene que ver con que cada vez habrá menos dólares en la economía argentina. Si observamos la dinámica del saldo comercial se aprecia en septiembre una caída grande debido al crecimiento de las importaciones ligado a la aún prematura normalización de la economía por cuarentena. Es notable como una mínima recuperación en la actividad económica comienza a generar un incremento en las importaciones que en septiembre achicó el saldo positivo de la balanza comercial un 60% respecto al mes anterior. Además, la expectativa de una mayor devaluación del peso genera un aumento de importaciones para anticiparse a un probable “salto” en el precio del dólar.

Por otro lado, el stock de reservas del BCRA sigue cayendo y las reservas netas, es decir las reservas “líquidas” o propias que tiene la autoridad monetaria, hoy debe encontrarse por debajo de los USD2.000 millones. Esta situación se ve agravada por la caída sostenida de los depósitos en dólares que se profundizó en la última semana.

Por último, la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal ha generado un desajuste monetario importante. Si tomamos la base monetaria, es decir el dinero circulante más los depósitos que tienen los bancos comerciales en el BCRA, y le sumamos los pasivos remunerados que la autoridad monetaria contrae con los bancos privados con el único fin de esterilizar el dinero que sistemáticamente emite (LELIQ y pases pasivos) y lo dividimos por el stock bruto de reservas, podremos darnos cuenta de que la relación se ha salido de control en los últimos meses.

Conclusiones. A ciencia cierta, nadie puede saber por cuánto tiempo se mantendrá la racha bajista del dólar, sin embargo, lo que debemos preguntarnos es si este escenario es sostenible en el mediano plazo. Si los desequilibrios fiscales no logran reducirse, con el consecuente desequilibrio monetario que provoca el financiamiento del BCRA al tesoro, es poco probable lograr la estabilidad cambiaria. No hay manera de normalizar la dinámica de los precios en moneda nacional sin un control de la oferta de monetaria. A su vez, es imposible pensar en un Banco Central independiente sin una política fiscal ordenada y tendiente al equilibrio.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Juan Manuel Morales es Licenciado en Adminstracion de Empresas (UCASAL) y Magister en Economia (UFM-OMMA). Cursa la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.