ARGENTINA: CONTROLES DE PRECIOS: EL MANUAL DEL BUEN POPULISTA

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/1/23 en: https://jeffersonamericas.org/2023/01/18/argentina-controles-de-precios-el-manual-del-buen-populista-por-roberto-cachanosky/?utm_campaign=shareaholic&utm_medium=twitter&utm_source=socialnetwork

El Gobierno insiste con fracasadas políticas en el mundo y en particular en la Argentina, mientras que no advierte el costo de la desmesurada expansión de la base monetaria.

Ensayando una vez más la receta fracasada en el mundo y más aún en el país, el Gobierno no solo apela a una medida que a lo largo de la historia demostró no servir para frenar la inflación, sino que, además, hace un acuerdo, como en las épocas más violentas del peronismo cuando el general decía que “estaba dispuesto a hacer cumplir los precios máximos, aunque tuviese que colgarlos a todos”. Una versión siglo XX de los edictos de Diocleciano en el siglo IV DC en que había establecido la pena de muerte para quienes no cumplieran son los precios máximos.

El ministro de Economía Sergio Massa repite medidas que fracasaron hace 1.700 años, se sumergió en Diocleciano. La pregunta es: ¿Si el Gobierno está festejando que no llegó a los tres dígitos de inflación anual en 2022 porque estuvo en el 95%, para qué manda a las fuerzas de choque a controlar precios en los supermercados?.

Lo que el Gobierno no dice es que, en diciembre, a pesar del fuerte aumento del stock de Leliq y Pases netos del BCRA, para esterilizar el exceso de pesos en la economía, la base monetaria creció en promedio 9,6% respecto del promedio de noviembre y que en los primeros 10 días de enero se expandió 9,3% adicional. En otras palabras, se asiste a un festival de emisión monetaria que inevitablemente tendrá impacto sobre el nivel de precios porque son pesos que la gente no demanda.

Pero atención que la emisión monetaria que hace el Gobierno para financiar al Tesoro no es solo por Adelantos Transitorios, el BCRA también emite pesos para comprar bonos que emite la Tesorería y que el mercado no puede absorber.

Por eso, computando los “trucos” del BCRA para disimular la emisión monetaria para financiar al Tesoro, en 2022 el impuesto inflacionario estuvo en el cuarto puesto de las fuentes de financiamiento de la Administración Central.

Como es costumbre en los populismos, los gobiernos destruyen la moneda y luego buscan un culpable afuera por el aumento de precios que no es otra cosa que una depreciación de la moneda.

Este gobierno ya intentó controlar los precios mandando a La Cámpora a los supermercados, en 2021 decidieron mandar a los inspectores de la AFIP a verificar el cumplimiento de los Precios Máximos.

Pocos meses atrás acordó con los intendentes para que se encargaran de seguir los precios e incluso iban a recibir una parte de las multas por las infracciones a los Precios Máximos y ahora mandan a fuerzas de choque con el sindicato de camioneros y piqueteros.

Solo les falta resucitar a Torquemada y mandarlo con la Santa Inquisición a controlar los precios.

REGLA BÁSICA

Una vez más hay que insistir con que los costos no determinan los precios, sino que son los consumidores quienes deciden cuánto están dispuestos a pagar por determinado bien o servicio el que determina los costos de producción en que puede incurrir una empresa.

También hay que insistir en que hablar de “ganancia justa” es un disparate conceptual. ¿Considerando la imprevisibilidad en las reglas de juego, la falta de respeto por los derechos de propiedad, las arbitrariedades de los funcionarios públicos, cuál es la tasa de ganancia justa para invertir capital en una empresa en Argentina?

Pero en última instancia, el Estado no tiene derecho a decirle a la gente a qué precio tiene que vender el fruto de su trabajo. Cada vez que interviene en el mercado fijando precios máximos y regulándolo se producen faltantes.

Basta con ver los dramas que viven los inquilinos que, ante una absurda ley de alquileres, se contrae la oferta, el inquilino no tiene opciones y, encima, los dueños tienen baja rentabilidad en un activo ilíquido.

El mercado ajusta por precio o por cantidad. En la medida que el Estado establece un precio máximo, el precio artificialmente barato aumenta la demanda de ese producto o servicio y contrae la oferta de quienes los producen.

Además, desaparecen los productores marginales que son aquellos que teniendo costos más altos que sus competidores, no pueden sostenerse con el precio artificialmente bajo. Por lo tanto, o cierran el negocio o se pasan al mercado informal.

En rigor, no es que el ministro Sergio Massa quiere controlar la inflación, necesita desesperadamente mostrar un aumento del IPC que tenga tendencia a la baja para decir que está cumpliendo con su objetivo de desaceleración persisten del ritmo de aumento de los precios.

En 1946, Hermann Göering -responsable, entre otras cosas, de los planes económicos del nazismo- le dio una entrevista al corresponsal de guerra Henry Taylor. El prisionero nazi le dijo: “Ustedes en América están tomando una serie de medidas que a nosotros nos causaron problemas. Están intentando controlar los salarios y precios, es decir, el trabajo del pueblo. Si hacen eso, también deben controlar la vida del pueblo. Y ningún país puede hacerlo en forma parcial. Yo lo intenté y fracasé. Tampoco pueden hacerlo en forma total. También lo intenté y fracasé”. Este texto está tomado del libro 4.000 Años de Controles de Precios y Salarios, Como no Combatir la Inflación, de Robert Schuettinger y Eamonn Butler.

En definitiva, ni los nazis, con todo el aparato represivo que desplegaron tuvieron éxito con los controles de precios.

El peronismo vuelve una y otra vez sobre la misma receta fracasada a lo largo de la historia de la humanidad. Y esa insistencia en el fracaso no es torpeza, es el típico intento del populismo de quitarse la responsabilidad de encima de haber emitido moneda para financiar el déficit fiscal y transferirle los efectos perversos de esa emisión a un enemigo inventado.

El populismo siempre inventa un enemigo para decirle al pueblo que unas personas perversas los están explotando y ellos, los populistas, vienen a salvarlos. Es de manual. Y Massa no parece querer apartarse del manual del buen populista.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

A 21 años de la salida de la convertibilidad: resultados catastróficos, incluso cambiarios

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/1/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/01/10/a-21-anos-de-la-salida-de-la-convertibilidad-resultados-catastroficos-incluso-cambiarios/

El 6 de enero de 2002 Eduardo Duhalde, elegido presidente por la Asamblea Legislativa, decía la famosa frase: “el que depositó dólares recibirá dólares y el que depositó pesos recibirá pesos”. Qué ocurrió

La devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de Duhalde, Jorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren (Reuters)

La devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de Duhalde, Jorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren (Reuters)

Se abandonaba la Ley de Convertibilidad 21 años atrás y la economía argentina entraba en un colapso económico mayor al de 2001, porque ya no era el corralito lo que iba a afectar los ahorros de los argentinos, aparecía la pesificación asimétrica, en que el principal dato era que el que había depositado dólares recibiría dólares a un tipo de cambio menor al que imperaba en el mercado.

Luego veremos que el principal perjuicio que generó la pasificación de los depósitos fue la ruptura de los contratos por parte del Estado, porqueel que tenía dólares en el banco recibió pesos.

El Estado, cuya principal función es velar por el cumplimiento de las leyes y considerando que los contratos entre las partes son ley, fue el primero en violar la ley. Costo que hoy se sigue pagando por la falta de confianza en que las autoridades garanticen el cumplimiento de los acuerdos entre las partes.

Pero el “club de los devaluadores” de esos años, entre los que se encuentran actuales funcionarios públicos, solo pensaron en beneficiar a sus empresarios socios y, con el argumento del tipo de cambio bajo, hicieron un destrozo que generó una caída del PBI del 11% y la pobreza saltara a 55% de la población.

Ni siquiera sirvió semejante barbarie económica para no volver a repetir los errores de política, porque el peronismo, que gobernó 17 de esos 21 años, se encargó de “pisar” el tipo de cambio como supuesto mecanismo antiinflacionario, al punto que la paridad real actual es peor que en la que rigió durante la convertibilidad.

El siguiente gráfico muestra la evolución del tipo de cambio real peso-dólar promedios mensuales que publica el BCRA. El primer dato es que el último mes completo de la convertibilidad fue diciembre de 2001, porque la salida de ese régimen con la devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de DuhaldeJorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA
Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA

El tipo de cambio real promedio de noviembre de 2015, último mes completo del gobierno kirchnerista anterior al actual, era un 8% menor al de diciembre de 2001, según datos del BCRA.

Es decir, destrozaron los ahorros de la gente, e hicieron estallar la pobreza, en nombre de un tipo de cambio que consideraban atrasado durante la convertibilidad y ahora el Gobierno del mismo signo político se aferra al cepo cambiario y a una paridad oficial que según los datos que publica el BCRA es menor al de la convertibilidad. La consecuencia: se contrajo la oferta y se expandió la demanda de algo que estaba artificialmente bajo.

Es curioso cómo defensores de lo que llaman la industria nacional, como De Mendiguren, a la cual hay que proteger porque no quiere competir, terminan otorgándole a un sector un tipo de cambio artificialmente tan bajo, incluso menor al que rigió durante la convertibilidad, pese a que de esa forma conspira contra las exportaciones de manufacturas y alienta las importaciones.

Por eso tienen que, recurrentemente, acudir a mecanismos arancelarios y paraarancelarios para proteger una industria que no está en condiciones de brindar bienes en la calidad y precio que se consiguen a nivel internacional. El perjudicado termina siendo el consumidor, porque es una forma de bajar el salario real en beneficio de un sector productivo.

El otro dato que surge del gráfico es que a diciembre de 2022 el tipo de cambio real promedio de pesos por dólar, en base a datos del BCRA, se ubicó un 19% por debajo de noviembre de 2019 que fue el último mes completo de la presidencia de Cambiemos.

Además, la serie revela con claridad como la cotización del dólar artificialmente barata, es brutal en los primeros 12 años de gobierno K y nuevamente cae en forma pronunciada en los 3 con Alberto Fernández como presidente.

El gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentinaEl gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentina

Dicho, en otros términos, los que se quejan siempre del dólar barato de la convertibilidad son especialistas en atrasar artificialmente el tipo de cambio oficial al punto que terminan estableciendo cepos cambiarios y racionando la entrega de moneda extranjera para poder importar insumos.

El gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, porque cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentina, cosa que si fuera cierta tendríamos que ser una potencia económica con la cantidad de veces que se depreció el peso argentino.

Es que es tal la emisión monetaria que se requiere para financiar el populismo que la inflación se dispara y el gobierno termina recurriendo al ancla el tipo de cambio oficial para intentar contenerla.

Plan económico

Dicho sea de paso, se suele nombrar a la convertibilidad como si hubiese sido un plan económico. En rigor, fue una regla monetaria por la cual el BCRA solo podía emitir si había un dólar respaldando cada peso en circulación.

Al igual que la caja de conversión en patrón oro, el BCRA funcionaba como una caja de conversión, pero en lugar de ser convertible a oro fue a dólares, porque la sociedad simplemente eligió la divisa. Es refugio de valor y cada vez es más medio de cambio ampliamente aceptado, en tanto que el peso, devaluado sistemáticamente, es despreciado por la gente, y prácticamente se lo toma como unidad de cuenta.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA y del mercadoFuente: Elaboración propia con datos del BCRA y del mercado

Si se mira la serie de brecha cambiaria entre la cotización del dólar oficial y el blue, se aprecian cuatro picos en el último medio siglo.

El punto máximo se produce al finalizar la denominada “inflación cero” de José Ber Gelbard, que desembocó en el “rodrigazo” en 1975; luego se encuentra otro en 1982, al finalizar la Guerra de Malvinas; y el tercero en marzo de 1989 después del estallido del Plan Primavera en febrero de 1989 y la entrada en la hiperinflación.

Sin embargo, hubo un pico más alto que en la hiperinflación de 1989, que fue en julio2022 cuando la brecha llegó al 115%, con lo cual ese dato ubicaría a brecha cambiaria de este gobierno en el tercer lugar más alto del último medio siglo.

En síntesis, la salida de convertibilidad no trajo tipos de cambio reales más altos. Por el contrario, derivó en una brecha cambiaria que se amplió a una de las mayores en medio siglo de economía argentina, las exportaciones se estancaron en volumen desde 2004; la actividad agregada no crece desde desde 2011 y la pobreza está llegando a los mismos niveles de comienzo de siglo.

El gobierno peronista con predominio kirchnerista ha sido letal para la economía argentina, porque confirmó que el problema del país no fue tanto la falta de una adecuada regla monetaria, sino el populismo que arrasa con el orden jurídico. Y sin reglas de juego estables y donde impera la arbitrariedad, el resultado es más pobreza.

Quienes creyeron que con salir de la convertibilidad iba a venir la prosperidad a la Argentina se equivocaron fiero, porque dio rienda suelta al populismo más exacerbado que terminó destruyendo la capacidad productiva del país y creando una mayor legión de pobres e indigentes.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La inflación distorsiona todas las cuentas, los déficit fiscal y cuasifiscal

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 26/11/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/11/26/la-inflacion-distorsiona-todas-las-cuentas-los-deficit-fiscal-y-cuasifiscal/

La economía enfrenta las consecuencias de la carencia de una contabilidad integrada entre lo monetario y las finanzas públicas

Diferentes analistas están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución (Reuters)

Diferentes analistas están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución (Reuters)

Desde hace más de 40 años, el economista Ricardo Arriazu viene explicando la urgencia de disponer de una contabilidad integrada, inclusiva de los impactos monetarios, de la cuentas externas y resultados patrimoniales.

No obstante, diferentes analistas se focalizan en aspectos parciales y están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución por los intereses que se pagan por esa deuda (déficit cuasi fiscal). Miradas incompletas que urge integrarlas.

En 1982, en un trabajo con Alfredo Leone y Ricardo López Murphy, examinaron el tema de los “déficits ocultos”, las sorpresas de registrar deudas sin exponer los desequilibrios que las originaron (ocurre ahora con las pérdidas del dólar soja).

Para obtener datos más valiosos, se necesita consolidar los estados contables de las diferentes instituciones del sector público y una medición en tres unidades de cuenta distintas: valores corrientes (para visualizar los efectos monetarios), en dólares (para estimar el impacto en las cuentas externas) y en moneda constante (para medir su impacto patrimonial).

Los valores nominales del balance del Banco Central parecerían mostrar que las advertencias son válidas; al 7 de noviembre el valor del stock total de esos instrumentos era de $9,2 billones (con un crecimiento de $4,2 billones en el año) y los intereses devengados se elevaron a $2,4 billones (por el crecimiento de la deuda y de la tasa de interés).

Cuando se comparan esos pagos de intereses con el resultado primario del sector público nacional (cerca de 1 billón en 10 meses) parecería que el déficit del BCRA es 2,5 veces más grande que el déficit primario reportado.

(Foto: Franco Fafasuli)(Foto: Franco Fafasuli)

No obstante, la realidad es más compleja. La variación del patrimonio neto nominal del BCRA durante este período fue positiva en $879 mil millones, lo que implica que las alarmas dejan de lado el hecho que la entidad también tiene activos que devengan intereses y actualizaciones. Por lo tanto, la discusión debe incorporar el verdadero valor del debe y el haber de la hoja de balance.

Al mismo tiempo, la inflación distorsiona todas las mediciones. Medidos en valores de hoy el stock de esos instrumentos de deuda solo creció $186 mil millones, y la tasa implícita de interés sobre la deuda promedio fue el 37,4% (muy inferior a la tasa de inflación).

Adicionalmente, el Banco Central se benefició del impuesto inflacionario (la base monetaria cayó 2,2 billones en moneda constante). Claramente, el monto de los intereses está distorsionado por la tasa de inflación.

Hasta aquí parecería que en moneda constante el problema no fuese importante; sin embargo, el ítem más relevante en el activo son las tenencias de títulos públicos ($12,1 billones, con un crecimiento de $5,4 billones en el año), y aquí aparece el primer problema: estos títulos devengan un ajuste similar a la tasa de inflación y gran parte de la mejora patrimonial del Banco Central está asociado a esa suba de valor, mientras que el Tesoro trabaja en base caja (existe un balance devengado que nadie utiliza) y no contabiliza como gasto la suba del valor de la deuda hasta que se paga el bono.

En otras palabras, el que oscurece el déficit es la Administración Central.

Brechas nominales y reales

La inflación también afecta las cuentas del Tesoro, y no sólo por los conocidos rezagos en los ingresos y en los gastos. Si la deuda pública fuera el 50% de un PBI de 100 pesos, con una tasa de interés real del 5%. Sin inflación, el pago de intereses sería el 2,5% del PBI-, pero con inflación del 100% la tasa nominal se elevaría al 105%, el pago de intereses sería de $52,5, lo que representaría el 26,25% del PBI. Al igual que en el sector privado, en un contexto de alta inflación, los balances nominales pierden sentido.

La mayor parte de la deuda pública está dolarizada, atada al dólar, o a la tasa de inflación, en parte a decisión de los acreedores. Pero el resultado fiscal no incluye los incrementos en el valor de ese pasivo, distorsionando aún más las cifras fiscales.

Por último, el supuesto “beneficio” del Banco Central al “licuar” su deuda con la inflación es justamente el impacto de la emisión que se desea evitar. Por ello, lo importante es medir cuales son los desequilibrios que contribuyen a la inflación. La única manera de medir estos desequilibrios es cuantificando el “déficit consolidado de inflación cero”, es decir consolidando los balances devengados de ambas instituciones, eliminando los efectos de la inflación sobre las cuentas. No es un cálculo sencillo, pero Ricardo Arriazu arriesga a que es mayor que el actual déficit primario del Tesoro, pero mucho menor que el que resultaría de adicionar al déficit del Tesoro los intereses de la deuda del BCRA.

Todas estas distorsiones se evitarían suprimiendo la inflación. Para eso, la condición necesaria es eliminar la emisión de pesos no demandada.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE. Sigue a @blascogar

El federalismo tan proclamado y tan poco entendido

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/11/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-federalismo-tan-proclamado-y-tan-poco-entendido-nid22112022/

En la Argentina se declama un sistema federal mientras se aplica un férreo unitarismo; en ese contexto cabe cuestionar el fondo del tema de la coparticipación fiscal

Como es bien sabido en medios argentinos se viene arrastrando un doble discurso digno de mejor causa. En buena parte de su historia y hasta nuestros días se declama sobre el federalismo mientras se aplica un férreo unitarismo.

En Estados Unidos se estableció un sistema federal luego de largos debates constitucionales entre los célebres textos publicados en diarios de Nueva York por Madison, Hamilton y Jay bajo el seudónimo de Polibius, y luego con los llamados antifederalistas, paradójicamente más federalistas que los federalistas encabezados por Bryan, Lee, Winthorp, Lansing y Gerry, que desconfiaban aun más de las facultades del gobierno central y que tuvieron decisiva influencia en las primeras diez enmiendas constitucionales.

En todo caso, como han apuntado juristas de la talla de Joseph Story, John Marshall y entre nosotros autores como Amancio Alcorta, Augusto Montes de Oca y Juan González Calderón, lo que se conoció como Los papeles federalistas inspiró a Alberdi y fue la base para el establecimiento de un gobierno con poderes limitados a la protección de derechos en el contexto de la igualdad ante la ley, y no mediante ella, como ocurrió en nuestro medio a partir del estatismo que nos invadió con los resultados lamentables por todos conocidos.

Aquí centramos la atención en el régimen federal como factor decisivo para la descentralización del poder, del mismo modo que en el orden internacional desde la perspectiva de la sociedad libre la única razón para la constitución de naciones es evitar el riesgo de concentración de poder que significaría un gobierno universal. Ese fraccionamiento del planeta a su vez permite que cada nación libre se fraccione en provincias o estados locales también divididos en municipalidades. No es para tomarse las fronteras en serio al bloquear o dificultar el comercio y los movimientos migratorios, es solo para lo que consignamos. A pesar de los graves avatares que atraviesa nuestro mundo, si se concentrara el poder en un gobierno universal, tal como sugieren algunos autoritarios, la situación sería mucho más peligrosa de lo que es.

En nuestras tierras, ya en el virreinato la centralización era mayúscula. Luego, en la Asamblea del año 13 y el 9 de julio, vino aquello de las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero las Constituciones del 19 y del 26 fueron unitarias. Durante la tiranía rosista, el unitarismo llegó a extremos inauditos. Solo con la Constitución liberal de 1853/60 cambió el rumbo, para luego caer en las mismas de antaño con el golpes fascistas del 30 y el 43, situación que venimos arrastrando a los tumbos desde entonces hasta la fecha, con agregados en legislaciones del 73 y el 80.

Es en este contexto que debemos cuestionar el fondo del tema de la coparticipación fiscal. Economistas como Ronald Coase, Harlod Demsetz y Douglas North nos han enseñado el valor de los incentivos. No se trata de malas o buenas personas, se trata del andamiaje de incentivos en cada cual. No es igual la forma en que gastamos cuando nos debemos hacer cargo de las cuentas que cuando se obliga a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos.

En este plano del debate se torna imprescindible revertir por completo la manía de los gobiernos centrales de recurrir “al látigo y la billetera” para domesticar a las autoridades provinciales. En nuestra propuesta sugerimos reconsiderar toda la legislación en la materia al efecto de hacer que sean las provincias las que coparticipen al aparato estatal de la capital de la república, que estrictamente no es federal y va dejando de ser república. En este plano, la coparticipación de marras debiera circunscribirse para alimentar las relaciones exteriores, la defensa y la Justicia a nivel nacional.

Como queda dicho, Alberdi y sus colegas tomaron como modelo la Constitución estadounidense, que, al aplicarse, transformó las colonias originales en la experiencia más extraordinaria en lo que va de la historia de la humanidad, lo cual lamentablemente de un tiempo a esta parte se ha venido revirtiendo a pasos agigantados, tal como lo destaco en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos. En todo caso, en ese modelo los estados miembros competían entre sí en un contexto donde incluso se discutió en dos sesiones de la Asamblea Constituyente norteamericana no contar con un gobierno central, lo cual no prosperó, puesto que ello remite a una confederación y no a un régimen federal.

En nuestro caso, dejando de lado inclinaciones feudales de algunos gobernadores, en la situación que dejamos planteada cada una de las jurisdicciones estará interesada, por una parte, en que no se muden sus habitantes a otra provincia, y por otra, en la necesidad de atraer inversiones, con lo que se verían impelidas a contar con impuestos razonables y, por tanto, a un nivel del gasto adecuado a esas circunstancias.

No es cuestión entonces de formular propuestas timoratas al pretender “una coparticipación más justa”, sino, como queda expresado, un cambio de sustancia empujado por incentivos de otra naturaleza, al tiempo que se mantiene al gobierno central en brete, pero que, vía una legislación nacional, establezca estricto límite al endeudamiento de las provincias. He aquí el genuino federalismo.

El sistema republicano se basa en cinco preceptos: la igualdad ante la ley, la división de poderes, la alternancia en el poder, la responsabilidad de los actos de gobierno frente a los gobernados y la transparencia de esos actos.

La antes aludida igualdad ante la ley está atada a la noción de Justicia, que según la definición clásica de Ulpiano significa “dar a cada uno lo suyo”, y “lo suyo” remite al concepto de propiedad, una institución que viene muy castigada dese hace tiempo en nuestro medio, lo cual desdibuja los precios, que son el reflejo de transacciones de derechos de propiedad, con lo que la asignación de los siempre escasos recursos se transforma en derroche que conduce al empobrecimiento. Además de los horrendos crímenes, esta ha sido una de las razones centrales del derrumbe del Muro de la Vergüenza. No se trata entonces de la igualdad ante la ley escindida de la Justicia, puesto que no sería aceptable que todos fueran iguales ante la ley para marchar a un campo de concentración.

Dado el espectáculo que vivimos cotidianamente, no parece que debamos consumir espacio para referirnos a los otros cuatro elementos. La Constitución estadounidense y la original argentina no mencionaron la expresión democracia, sino que se refirieron a valores republicanos. De cualquier manera, es del caso apuntar que lo que tradicionalmente se ha entendido por democracia, según los escritos de los Giovanni Sartori de nuestra época, en gran medida viene mutando en cleptocracia, a saber, en gobiernos de ladrones de sueños de vida, propiedades y libertades. El aspecto medular de la democracia del respeto a los derechos de las personas se viene dejando de lado para sustituirlo por su aspecto secundario, accesorio, mecánico y formal de la suma de votos. Es imprescindible trabajar en la educación, cuyo eje central es precisamente el respeto recíproco, al efecto de sortear estos problemas graves, por lo que conviene recordar una vez más lo escrito por Ángel Battistessa: “La cultura no es una cosa de minorías porque cuesta cara sino porque cuesta trabajo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La inflación como fenómeno monetario: Teoría e Historia

Por Iván Carrino. Publicado el 4/10/2en : https://www.ivancarrino.com/la-inflacion-como-fenomeno-monetario-teoria-e-historia/

Buenas tardes a todos,

Nos convoca hoy el debate sobre la inflación y sus causas. Propongo entonces empezar con una mirada rápida hacia los datos del mundo al día de hoy. Si tomamos el promedio de los últimos 20 años, 8 de los 10 países más relevantes de América del Sur tienen una inflación promedio anual menor al 8%. Se trata de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay.

En todos estos casos, sus Bancos Centrales tienen como objetivo principal y prioritario, mantener el valor estable de su moneda.

Teniendo en cuenta este dato objetivo de la realidad, y considerando que los Bancos Centrales son, por sobre toda las cosas, los responsables de determinar las cantidades óptimas de dinero de una economía, no podemos negar fácilmente que exista una relación entre la cantidad de dinero y el poder adquisitivo del mismo. O, dicho en otras palabras, entre la cantidad de dinero que existe en una economía y su tasa de inflación.

Un paper reciente del FMI (Yan Carriere-Swallow y otros, 2016) nos subrayó este punto. Analizando el importante logro de América Latina en materia de inflación desde la década de los ‘90 hasta esta parte, el FMI encontró que fueron las reformas monetarias realizadas durante ese período las que condujeron a la conquista de la estabilidad en la región.

Para los autores:

Desde la década de 1990, la política monetaria en América Latina ha logrado una transformación notable en términos de lograr la estabilidad de precios. Una ola de reformas legales en la región en la primera mitad de la década, en algunos casos consagradas en constituciones nacionales, otorgaron independencia a los bancos centrales. En esencia, los cambios tenían como objetivo restringir el financiamiento del banco central de los déficits del sector público que estaba en la raíz de la alta inflación en toda América Latina.

La mejora que describen se debió principalmente a cuatro factores: 1) la definición de un mandato estrecho y claro para los bancos centrales; 2) la formulación de políticas independientes de las necesidades del tesoro; 3) la autonomía en la implementación de la política monetaria; y 4) la rendición de cuentas y transparencia de los entes monetarios.

Estos cuatro pilares virtualmente eliminaron, en América Latina, el problema de la inflación. Obviamente, los autores mencionan a los dos países que abandonaron el camino: Argentina y Venezuela, donde no casualmente, sus Bancos Centrales tienen múltiples objetivos que alcanzar y, además, no gozan casi de ninguna autonomía ni independencia[1].

A primera vista, entonces, parecería haber algunos argumentos para afirmar que una cantidad de dinero excesivamente elevada es causa de una elevada tasa de inflación. Esta afirmación, además, encuentra numerosos adeptos en la historia del pensamiento económico.

Un repaso por la historia

En un trabajo de Raymond de Roover (Roover, 1983) se reseña el pensamiento de los autores y profesores nucleados en la llamada “Escuela de Salamanca”. Entre estos autores, algunos de ellos discípulos de Francisco De Vitoria, que vivieron entre los siglos XV y XVI, se encuentran Domingo de Soto, Diego de Covarrubias y Leyva, o Martín de Azpilcueta, conocido como Doctor Navarro.

De acuerdo con De Roover, todos estos autores coincidieron en que existía una relación entre el dinero y la inflación. En sus palabras, sostiene que:

Los autores españoles dieron por sabida la teoría cuantitativa, ya que sus tratados, casi sin excepción, decían que los precios subían o bajaban según la abundancia o escasez del dinero.

Tiempo después, en la Inglaterra del siglo XVII se dio un debate acerca del envilecimiento de las monedas de plata. De acuerdo con Rothbard (Rothbard, 1995) en el año 1690 el circulante monetario de Inglaterra se encontraba muy deteriorado, con lo que las viejas monedas no eran deseadas por el público, que prefería utilizar las nuevas monedas acuñadas por las autoridades. La gente o bien hacía circular más las monedas deterioradas, guardándose las nuevas, o bien aceptaban las monedas deterioradas pero por su peso y no por su valor nominal.

Esto llevó a que la Casa de la Moneda de la época tuviera que volver a acuñar las monedas, y que algunos sugirieran que lo que debía hacer el ente era pasar todas las monedas nuevas al peso de las viejas, deterioradas, pero al mismo valor nominal.

Frente a esta postura se alzó el filósofo inglés John Locke. En su libro Some Considerations of the Consequences of the Lowering of Interest and Raising the Value of Money (1692), Locke denunció el envilecimiento como algo ilusorio y engañoso. Según Rothbard explica, para Locke:

… lo que determinaba el valor real de una moneda (…) era la cantidad de plata en la moneda, y no el nombre que le otorgaran las autoridades. La degradación, advirtió Locke en su magnífica discusión, es ilusoria e inflacionista: si las monedas, por ejemplo, se devalúan en una vigésima parte, “cuando los hombres vayan al mercado a comprar cualquier otra mercancía con su dinero nuevo, pero más ligero, encontrarán que 20 chelines de su nuevo dinero no comprarán más de lo que 19 compraban antes’. La degradación simplemente diluye el valor real.[2]

Después de John Locke vino David Hume, quién criticó la idea mercantilista de mantener una balanza comercial positiva, precisamente por ignorar la relación entre la cantidad de dinero y el nivel de precios.

Según Robert Ekelund (Ekelund, Hébert, 2005), David Hume:

Puso de relieve un mecanismo precios-flujos de metales preciosos que vinculaba la cantidad de dinero a los precios y las variaciones de éstos a los superávits y déficits de la balanza comercial.

Para el filósofo inglés, la idea de mantener una balanza comercial positiva de forma permanente era imposible, puesto que el mayor ingreso de metales preciosos presionaría al alza los precios, lo que encarecería relativamente al país superavitario respecto de sus vecinos. Este fenómeno impulsaría entonces un aumento de las importaciones y una baja de las exportaciones lo que, a la postre, regresaría al equilibrio a la balanza comercial.

Por la misma época se destacó un pensador irlandés, que pasó gran parte de su vida en Francia e Inglaterra: Richard Cantillon. El aporte fundamental de Cantillon no fue tanto insistir en la relación positiva que ya varios comprendían entre dinero y precios, sino establecer un mecanismo a través del cual el cambio en la cantidad de dinero beneficiaba a los distintos sectores de la sociedad. Para Cantillon, una mayor cantidad de dinero no siempre aumentaba en la misma proporción los precios de todos los bienes y servicios que se producían. Esto era así porque el resultado final dependía de quién o quiénes recibían el nuevo dinero en primer lugar.

Cantillon (Cantillon, 2020) sostenía que:

Cualesquiera que sean las manos por donde pase el dinero que se ha introducido en la circulación aumentará naturalmente el consumo; pero este consumo será más o menos grande según los casos, y afectará en mayor o menor escala a ciertas especies de artículos o mercaderías, según el capricho de los que adquieren el dinero (…)

Si el aumento de dinero efectivo proviene de las minas de oro o plata que se encuentran en un Estado, el propietario de estas minas, los empresarios, fundidores, refinadores y, en general, todos cuantos trabajan en ello, no dejarán de aumentar sus gastos en proporción de sus ganancias. (…) Estos precios elevados inducirán a los colonos a emplear más extensión de tierra para producirlos en años sucesivos: estos mismos colonos se beneficiarán con el referido aumento de precios, y aumentarán, como los otros, sus gastos familiares. Quienes sufrirán este encarecimiento y el aumento del consumo serán, primeramente, los propietarios de las tierras, mientras duren sus contratos de arrendamiento; después, sus criados y todos los obreros o gentes con salario fijo, que a ellos están vinculados. Será preciso que todas estas personas disminuyan su gasto en proporción al nuevo consumo, circunstancia que obligará a un gran número a salir del Estado, y a buscar fortuna en otros países…

Así, si los escolásticos y los clásicos ya habían advertido sobre el rol del dinero en la inflación, Cantillon advirtió sobre las consecuencias redistributivas de la inyección de nuevo dinero en una economía. Y estos efectos ocurren tanto si el nuevo dinero es oro de reciente extracción, o papeles de reciente impresión.

A comienzos del Siglo XX llegó Irving Fisher, quien consagró en la historia una ecuación que todos los estudiantes de economía alguna vez tuvieron que estudiar: M*V=P*T. De acuerdo con Fisher, si M es la cantidad de dinero en circulación, si V es la velocidad de circulación del dinero, P es el nivel de precios y Q el índice de volumen físico de las transacciones, entonces de no moverse ni V ni T, un cambio en M impactará en P en la misma proporción. Ya John Stuart Mill había expresado lo mismo previamente, aunque sin la simbología matemática. Siguiendo a Ekelund (Ekelund Hébert, 2005), Mill decía que:

… para una cantidad de mercancías y un número de transacciones determinados, el valor del dinero es inversamente proporcional al producto de su cantidad por lo que se llama velocidad de circulación del mismo.

Fisher insistió en que ni Q ni T se verían impactados por los cambios en M, lo que dio origen a la llamada Teoría Cuantitativa del Dinero. El vínculo entre el dinero y la inflación estaba ahora plenamente establecido. La dirección de causalidad también.

Keynes, Friedman y la Escuela Austriaca

Durante los años ‘30, Estados Unidos experimentó la deflación, en el medio de un contexto de crisis, con aumento del desempleo y caída de la producción. En ese entonces, era esperable que nadie tuviera como primera preocupación la suba de los precios. Pero ni siquiera Keynes -el revolucionario padre de la Macroeconomía- negó que existiera una relación entre emisión e inflación. En una carta escrita al presidente Franklin D. Roosevelt y publicada en el New York Times, Keynes[3] exhortó al mandatario norteamericano a salir al rescate de la economía aumentando la demanda agregada.

De acuerdo con el economista inglés, este aumento debía generarse con un mayor gasto público, a financiarse con “dinero prestado o impreso”. Pocas líneas después admitió que esto pudiera tener un efecto en los precios, pero lo juzgó como algo positivo. “Los precios en alza deben ser bienvenidos porque generalmente son un síntoma del aumento de la producción y el empleo”, decía Keynes, motivo por el cual “es esencial asegurar que la recuperación no se vea frenada por la insuficiencia de la oferta de dinero para respaldar el aumento de la rotación monetaria”.

Después de Keynes, la inflación y sus orígenes pasaron a un segundo plano casi por 40 años. Hubo que esperar a un nuevo contexto global: el de la estanflación, para -digamos, “volver a las bases”. Y el retorno de la teoría cuantitativa del dinero estuvo a cargo de nada menos que Milton Friedman, académico de la Universidad de Chicago.

A través de numerosos estudios, conferencias y hasta documentales, el profesor Friedman se esforzó por difundir nuevamente la idea de que la inflación era un fenómeno siempre monetario y que la solución a la misma pasaba por un mayor control de la política monetaria y de la fiscal.

En palabras de Friedman (Friedman, 2012):

La causa próxima de la inflación es siempre y en todas partes la misma: un incremento demasiado rápido en la cantidad de dinero en circulación con respecto a la producción (…) Nunca ha habido un período de inflación dilatado y continuo que no haya sido acompañado de un crecimiento del circulante superior al de la producción.

Friedman sostenía que detrás del aumento de la cantidad de dinero, que generaba inflación, había tres causas finales: el aumento del déficit fiscal, la búsqueda del pleno empleo, y el intento por reprimir el aumento de las tasas de interés. Finalmente, concluía con firmeza que “la única manera de acabar con la inflación estriba en no permitir que el gasto público crezca tan rápidamente”.

Otro aporte que nos dejó el estadounidense fue su crítica a la Curva de Philips, donde añadió un factor de relevancia crucial para visiones contemporáneas sobre la inflación: el rol de las expectativas. Pero antes de llegar ahí, pasemos primero a la visión de la Escuela Austriaca de Economía sobre la relación entre el dinero, el poder de adquisitivo de la moneda y el aumento de los precios.

En sus conferencias en Buenos Aires[4], Ludwig von Mises reforzó la teoría cuantitativa del dinero al sostener que “si la oferta de caviar fuera tan abundante como la de patatas, el precio del caviar —es decir, la relación de intercambio entre caviar y dinero o caviar y otros productos— cambiaría considerablemente.”. Al considerar al dinero un bien económico como cualquier otro, la misma lógica cabía aplicarle.

No obstante, en La Acción Humana (Mises, 2011), dedicó algunos capítulos a tomar distancia de la ecuación cuantitativa del dinero. Es que para Mises, el establecimiento de una relación mecánica entre variables agregadas era una ofensa a su preciado individualismo metodológico.

Para Mises, la idea de un dinero que no tenga efectos reales (es decir, que no modifique la estructura productiva de la economía), es errónea. Y, además:

Tal idea indujo a muchos a creer que el «nivel» de los precios sube y baja proporcionalmente al incremento o disminución de la cantidad de dinero en circulación. Se olvidaba que ninguna variación de las existencias dinerarias puede afectar a los precios de todos los bienes y servicios al mismo tiempo y en idéntica proporción. (…) En orden a demostrar la doctrina según la cual la cantidad de dinero y los precios suben o bajan proporcionalmente, al abordar la teoría del dinero se adoptó un método totalmente distinto del que la economía moderna emplea en el estudio de todos los demás problemas.

Tiempo después, otro pope de la Escuela Austriaca, F.A. Hayek (Hayek, 1996), expresó que estaba de acuerdo con el enfoque monetarista de Milton Friedman de que toda inflación era inflación “de demanda”. Sin embargo, objetaba que la teoría:

… a causa del énfasis que pone en los efectos de las variaciones de la cantidad de dinero sobre el nivel general de precios, dirige una atención demasiado exclusiva a los perniciosos efectos de la inflación o deflación sobre la relación crediticia, pero pasa por alto los efectos, aún más importantes y dañinos, que tienen las inyecciones y retiradas de circulante sobre la estructura de los precios relativos y la consiguiente asignación errónea de recursos y, en particular, la mala dirección de las inversiones que causa.

Con las críticas de Mises y Hayek, y retomando aquellas enseñanzas de Cantillon, los economistas austriacos elaboraron una teoría del ciclo económico totalmente original. La emisión monetaria puede o no generar inflación (medida esta como el aumento sostenido del nivel de precios), pero sin dudas generará una distorsión de los precios relativos de la economía, que llevará a la misma a un sendero de crecimiento insostenible que -tarde o temprano- deberá terminarse. El final de este proceso tendrá dos alternativas: o bien una crisis económica con subas del desempleo y deflación, y bien una hiperinflación y el fin de la moneda (Mises, 2005).

O sea, los austriacos no negaron los efectos del dinero en el nivel de precios agregado de la economía, pero hicieron foco en un efecto considerado aún más dañino: la distorsión de la información que los precios de mercado saben transmitir mejor que nadie.

Es así que tras recibir el Premio Nobel de Economía, Friedrich Hayek publicó su “Desnacionalización del Dinero”, obra en la cual, tras afirmar que “la historia casi se reduce a la historia de las inflaciones y normalmente de las que las autoridades generan para su propio provecho”, propuso eliminar el monopolio de la emisión de dinero. Tras ello, sus seguidores, entre los más destacados George Selgin y Lawrence White, escribieron libros y artículos en defensa de un sistema monetario totalmente desregulado, con bancos de reserva fraccionaria y emisión de dinero privado por parte de estas instituciones.

El corto plazo, Macri y Olivera

Si me siguen hasta acá, tal vez haya varios convencidos de que efectivamente la relación entre el dinero y la inflación es una ampliamente conocida y aceptada por los economistas, y por tanto, una herramienta para entender y modificar la realidad. Me refiero a que si hay mucha inflación, podemos pensar que se debe a que se emitió mucho dinero y, por otro lado, que si queremos bajarla, podemos pensar que el mejor camino es dejar de emitir.

No obstante, algún escéptico todavía puede estar dudando. Y para reforzar sus inquietudes acaso vuelva al pasado reciente de la Argentina y se pregunte: ¿si todo lo que está diciendo Iván es cierto, cómo es posible que, durante el gobierno de Macri, la emisión monetaria se haya frenado por completo y, no obstante, hayamos tenido la inflación más elevada de los -hasta entonces- últimos treinta años?

Y es aquí donde el economista argentino, Julio Hipólito Guillermo Olivera, puede hacer su entrada triunfal.

Repasemos, ante todo, los datos. Después del 28 de diciembre de 2017, cuando el poder ejecutivo interfirió en la autonomía del manejo de la política monetaria y se decidió modificar las metas de inflación, el Banco Central accedió a reducir su tasa de interés. En una economía que estaba generando dudas en materia fiscal y de sostenibilidad de la deuda, este movimiento no fue bien leído por los inversores. El siguiente paso fue el acercamiento y posterior firma de un acuerdo con el FMI, y cuando eso no fue suficiente, el acuerdo se volvió a ajustar. Es así que en el 28 de septiembre de 2018 el BCRA anunció que modificaba su esquema de política monetaria “para implementar una meta de crecimiento nulo de la base monetaria hasta junio de 2019”[5]. Con algunos ajustes en esta meta, en concreto entre el mes de septiembre de 2018 y el mes de septiembre de 2019, la base monetaria aumentó solamente un 4,8%. En septiembre de 2018 la base monetaria había aumentado 43,9% anual. Un año más tarde el ritmo de aumento se había reducido a un décimo.

A pesar de estas medidas, la inflación anual de 2019 cerró en 53,8%, la más elevada de los 28 años precedentes.

Olivera (Olivera, 1960) explicaría este fenómeno en el marco de su “teoría no monetaria” de la inflación. Lo primero que debe decirse aquí es que Olivera no negaba que la inflación fuese un fenómeno monetario. El autor argentino asegura que “por cuanto entraña esencialmente un deterioro del valor del dinero, la inflación es en sí un fenómeno monetario.” No obstante, aclaraba después, que al hablar de teorías no monetarias, no se hacía referencia a la naturaleza del fenómeno, sino a las causas que lo producían. Entre estas causas, Olivera entontraba un cambio de precios relativos que ocurriera en el marco de un mundo con precios inflexibles a la baja.

Así las cosas, si el precio del bien B cae en términos relativos respecto del bien A, pero los precios nominales son inflexibles a la baja, entonces el sistema se resuelve con un aumento nominal del precio de A, manteniéndose constante el precio del bien B. Finalmente, esto tiene como resultado un aumento general del nivel de precios de la economía. La inflación, así, no fue causada por el aumento de la emisión monetaria, sino por un cambio de precios relativos que incrementó el valor del IPC.

La teoría de Olivera podría aplicarse y explicar en parte el fenómeno de la inflación de 2019. En efecto, el aumento del valor del dólar (que pasó de $ 38,8 En diciembre de 2018 a $ 63 en diciembre de 2019) puede explicar la modificación al alza de una serie de precios de la economía no compensada por una baja de otros productos, llevando esto a una suba del nivel de precios promedio.

Ahora el punto es si estas disrupciones de corto plazo pueden negar la teoría monetarista de la inflación. Y, desde nuestro punto de vista, esto no es suficiente. La visión de Olivera -y otros “estructuralistas”- puede ser útil para entender cambios de corto plazo en la tasa de inflación: pero para comprender el fenómeno de la inflación a largo plazo -como el que vive hoy Argentina-, debemos volver a la cantidad de dinero.

De Gregorio (De Gregorio, 2017) nos muestra este fenómeno con dos gráficos (ver gráfico 5 en el anexo) elocuentes que en el eje horizontal tienen la tasa de expansión de la cantidad de dinero y en el vertical la tasa de inflación. Un gráfico muestra cambios a corto y el otro las variaciones a un plazo más largo. El economista chileno concluye que:

… la relación entre dinero e inflación es muy débil en el corto plazo.  (…) Cuando se observa la evidencia de largo plazo, veinte años, la relación es más clara, y efectivamente hay una alta correlación entre la inflación y el crecimiento de M1. Esto es particularmente importante para inflaciones altas. (…)

En consecuencia podríamos concluir que la teoría cuantitativa, y por lo tanto, la neutralidad del dinero, se cumpliría en el largo plazo.

La evidencia también indica que, a corto plazo, la correlación entre emisión e inflación es débil, mientras que a largo se vuelve más robusta.

Milton Friedman no estaría en desacuerdo con esta afirmación, ya que en su decálogo del monetarismo (Ravier, 2012), explicaba que a corto plazo la emisión monetaria afectaba más al nivel de actividad que al nivel de precios; siendo el impacto sobre éste más importante luego del paso de un cierto tiempo.

Por último, y volviendo al éxito que los países Latinoamericanos han mostrado en el combate contra la inflación, vale destacar el análisis de Bernanke (Bernanke, 2005), quien afirmó que la responsabilidad fundamental en el éxito antiinflacionario recae en el abandono de las ideas estructuralistas y su reemplazo por “el consenso actual entre los economistas – que el crecimiento de la cantidad de dinero generado por el déficit fiscal es la fuerza motora detrás de casi todos los episodios de muy alta inflación”.

Tal vez los hechos más recientes, y las declaraciones de los banqueros centrales del día de hoy, junto con sus políticas monetarias, sea una nueva demostración de este dictum de Bernanke[6].

Por último, el rol de las expectativas

Como nos decía Bernanke, existe un consenso entre economistas acerca de que, en el origen de la inflación, está la política monetaria impulsada por la dominancia fiscal. Ahora a esto hay que sumarle el rol de las expectativas, un camino que comenzó Friedman pero que luego fue profundizado por autores de la talla de Robert Lucas y Thomas Sargent, entre otros.

La “revolución de las expectativas racionales”, como se ha llamado a esta nueva corriente del pensamiento económico, sostiene que los agentes económicos hacen el mejor uso de la información limitada de la que disponen y, en base a eso, buscan anticiparse y adaptarse racionalmente a los efectos esperados de las políticas gubernamentales. Así, el comportamiento de los individuos puede contrarrestar los efectos de las políticas y frustrar sus objetivos.

Un texto clásico en este sentido es el de Sargent y Wallace (Sargent & Wallace, 1981). Los autores sostuvieron en esa época la controvertida idea de que la política monetaria, por sí misma, no sería suficiente para reducir la inflación. Incluso más, que una política monetaria apuntada a bajar la inflación, si se empleaba en solitario, generaría más inflación en el futuro.

Esto era así porque, en un sistema donde el Banco Central dejara fija la tasa de expansión monetaria, por ejemplo, el déficit del gobierno sólo podría ser financiado en parte con el dinero emitido, teniendo el resto que financiarse en el mercado de bonos. Ahora bien, llegado el punto en que el mercado de bonos se saturase, entonces el Banco Central debería financiar ese déficit con “señoreaje, requiriendo la creación de dinero adicional. Más tarde o más temprano, en una economía monetaria, el resultado es inflación adicional”.

Sargent y Wallace enfatizaban su punto al considerar que, si la demanda de dinero dependía de la tasa esperada de inflación, entonces podría darse el caso de que la autoridad monetaria ni siquiera pudiera bajar la inflación en el corto plazo. Es que los agentes racionales, esperando una mayor expansión en el futuro, reducirían hoy su demanda de dinero, haciendo que la “dureza monetaria” tuviera poco efecto sobre la inflación presente.

En otro artículo sobre las hiperinflaciones europeas de los años ‘30, Sargent (Sargent, 1982) volvió a insistir en las expectativas de los agentes y, por tanto, en la credibilidad de las políticas implementadas para bajar la inflación:

Las medidas esenciales que pusieron fin a la hiperinflación en Alemania, Austria, Hungría y Polonia fueron, primero, la creación de un banco central independiente que estaba legalmente comprometido a rechazar la demanda de emisión por parte del gobierno y, segundo, una alteración simultánea en el régimen de política fiscal (…) una vez que se entendió ampliamente que el gobierno no dependería del banco central para sus finanzas, la inflación terminó y los tipos de cambio se estabilizaron.

Volviendo a 2019, esta hipótesis también podría obtener una ilustración en los hechos. Mientras los mercados creyeron en la política monetaria y la continuidad de una política fiscal gradualista hacia abajo, avalada por un organismo internacional como el Fondo Monetario Internacional, la inflación mostró cierta morigeración y el tipo de cambio se mantuvo estable. No obstante, una vez el escenario político se modificó, la expectativa de los agentes también lo hizo, de forma rápida y radical, y con ello vino el salto del tipo de cambio, una caída de la demanda de dinero, y un nuevo aumento en la tasa de inflación.

Conclusión

A lo largo de este trabajo hemos tratado de entrelazar los datos de la realidad con un conjunto de ideas que han mantenido su coherencia a lo largo de, al menos, seis siglos. Así, intentamos sostener que -si bien en economía, como en toda ciencia- las conclusiones son siempre provisionales y sujetas a refutación, la afirmación de que la emisión excesiva de dinero es la causante de la inflación es una que cuenta con un considerable consenso en la profesión y en la academia y que, además, ha sido suficientemente ilustrada por la evidencia empírica a lo largo de la historia.

Eso no impide, por supuesto, que podamos escuchar objeciones y críticas. No obstante, es la creencia de este servidor, que dichas críticas no podrán cambiar en mucho los puntos fundamentales aquí vertidos.

Anexo de Gráficos

Gráfico 1. Inflación anual promedio (2003-2022), países seleccionados de América del Sur.

Fuente: elaboración propia en base a FMI

Gráfico 2. Inflación anual promedio (2003-2022), países seleccionados de América del Sur con Argentina y Venezuela.

Fuente: elaboración propia en base a FMI

Gráfico 3. Base monetaria (promedio míovil 12 meses) y tasa de expansión anual.

Fuente: elaboración propia en base a BCRA.

Gráfico 4. Tasa de inflación anual (2002-2020), datos mensuales.

Fuente: elaboración propia en base a INDEC y fuentes privadas.

Gráfico 5. Emisión monetaria e inflación en el corto y largo plazo.

Fuente: De Gregorio (2007).

Gráfico 6. Tasa de interés de referencia para países seleccionados (2020-2022)

Fuente: elaboración propia en base a INDEC y Bancos Centrales.


[1] La página oficial del Banco Central de Venezuela se ocupa de aclarar que dicha institución es “integrante del Poder Público Nacional” y “que ejerce funciones gestoras de interés público en coordinación con la política económica general y se rige por los principios que gobiernan la Administración Pública.”. En el caso de Argentina, la reforma de la carta orgánica del 2012 modificó los objetivos, que quedaron establecidos en 5: “en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, 1) la estabilidad monetaria, 2) la estabilidad financiera, 3) el empleo y 4) el desarrollo económico 5) con equidad social. Véase BCV, Misión y Visión (http://www.bcv.org.ve/bcv/mision-y-vision) y BCRA, Carta Orgánica (http://www.bcra.gov.ar/pdfs/bcra/cartaorganica2012.pdf).

[2] La traducción es mía.

[3] John Maynard Keynes “An Open Letter to President Roosevelt” (1933). Disponible online en: http://www.la.utexas.edu/users/hcleaver/368/368KeynesOpenLetFDRtable.pdf (Versión en español traducida por Iván Carrino, en: https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2019/06/JM-Keynes-CARTA-ABIERTA-AL-PRESIDENTE-ROOSEVELT.pdf)

[4] El economista austriaco Ludwig von Mises bridó, en el año 1969, una serie de conferencias en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. En una de ellas se refirió a la inflación. Sus conferencias se encuentran publicadas por Unión Editorial, en un libro titulado “Política Económica”.

[5] El BCRA refuerza el sesgo contractivo de la política monetaria y adapta normas al nuevo esquema monetario. 28 de septiembre de 2018, disponible en: http://www.bcra.gov.ar/Noticias/BCRA-refuerza-esquema-politica-monetaria.asp

[6] En una entrevista para el programa “60 Minutos”, el actual presidente de la Fed, Jerome Powell admitió haber “inundado de dinero” el mercado. Véase Full Transcript: Fed Chair Jerome Powell’s 60 Minutes interview on economic recovery from the coronavirus pandemic https://www.cbsnews.com/news/full-transcript-fed-chair-jerome-powell-60-minutes-interview-economic-recovery-from-coronavirus-pandemic/

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Investigador Asociado del Centro FARO, de la Universidad del Desarrollo de ChileEs Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Podemos y el Estado desgastado

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 19/11/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20221120/vmjqb44t6vfcveplzsn5w3whsq.html

Ni en España ni en ningún lugar del mundo los Estados han padecido recortes apreciables

Escuché hace algún tiempo en Onda Cero unas interesantes declaraciones de Javier Sánchez Serna, diputado de Podemos, en las que reclamaba un aumento del gasto público destinado a «derechos sociales», y diagnosticaba que el Estado está «desgastado tras décadas de políticas neoliberales».

Habla como si el Estado fuera un puro beneficio, sin mezcla de coste alguno. Ante la evidencia contraria, la izquierda habitualmente procede a ignorarla o a mentir. La ignora cuando predica sin cesar sobre las ventajas de un mayor desembolso de las Administraciones Públicas sin decir ni una palabra sobre sus costes, como si dicho desembolso fuera efectivamente gratuito. Y miente cuando sugiere que los impuestos los pagan o podrían pagar los ricos y no los pobres.

Pero los Estados modernos son tan grandes que es imposible que la gente se trague de forma masiva y perdurable ese doble anzuelo, y, quizá más pronto que tarde, acaba comprendiendo que es ella la que está pagando la cuenta, y que los Estados actuales no se pueden financiar solamente quitándoles el dinero a los ricos.

Cuanto más se extienda esa comprensión popular, más difícil lo tendrá la izquierda para colarnos el bulo de que el Estado debe aumentar porque ha sido «desgastado» por el perverso «neoliberalismo».

Además de lo que hemos observado, es decir, que los supuestos progresistas no prestan la menor atención al desgaste genuino sufrido por los salarios de las trabajadoras merced a la presión fiscal, el mencionado bulo viola toda la evidencia empírica, que señala lo que cualquier contribuyente podría enseñarle a don Javier Sánchez Serna. Efectivamente, si hay algo obvio para cualquier ciudadano, por modesta que sea su condición, es que el Estado ha registrado cualquier cosa menos un desgaste.

Ni en España ni en ningún lugar del mundo los Estados han padecido recortes apreciables. Los cambios han ido más bien en la dirección contraria. Pero, nada, señora, nada de nada: los supuestos progresistas seguirán erre que erre intentando convencerla de que el Estado prácticamente ha desaparecido.

Gracias a Dios, es cada vez más difícil que nos engañen, sobre todo figuras señeras como el señor Sánchez Serna, que esta semana, cuando se desató la furia totalitaria de Podemos contra la justicia independiente, secundó a doña Irene Montero y tuiteó su famosa frase sobre los «fachas con toga».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

El salario ¿‘’no es ganancia’’?

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/10/el-salario-no-es-ganancia.html

El jueves último fui honrado con la invitación del admirable economista Roberto Cachanosky para participar de su programa por Radio Cultura con motivo de mi libro titulado Argentina, historia de un drama.

Antes de mi tema, uno de los tópicos de debate con el resto de los invitados fue el del impuesto a las ganancias, su aplicación a los jueces, y si se debe o no gravar con dicho impuesto los salarios.

Se analizaron –en rasgos generales y en formato de radio- las aristas constitucionales de la cuestión y las económicas. Aquí quiero detenerme brevemente sobre estas últimas.

La problemática de fondo giraba sobre si el salario es una ganancia o no lo es, porque dirimir ese concepto definía (de algún modo) el punto sobre la procedencia de su gravamen o no a los salarios.

Mi postura (expuesta apretadamente en el lógico límite de la falta de espacio temporal que el medio radiofónico impone) es que el salario puede o no ser ganancia dependiendo de otros factores coadyuvantes que concurren con él.

Quizás un ejemplo sirva, como suele ocurrir, para aclarar el tópico. Veamos esquemáticamente:

CUADRO 1

CASO 1CASO 2CASO 3
TRABAJO101010
PRODUCCIÓN10205
SALARIO101010

En el caso 1 estamos suponiendo un trabajador cualquiera que trabaja –digamos- unas 10 horas. En esas 10 horas produce 10 (con los ceros a la derecha que se quieran) tornillos, y que por esa producción recibe un salario de $ 10 (también con los ceros que se quieran a la derecha).

En este supuesto, el salario compensa el trabajo invertido, por lo que manifiestamente no representa ni ganancia ni pérdida para el trabajador sino que sencillamente sale compensado. Pasemos al segundo escenario.

En el caso 2 el mismo (u otro) trabajador también dedica 10 horas al trabajo pero (a diferencia del empleado anterior) produce 20 tornillos (o lo que fuera). De todos modos, a fin de mes o de la quincena o del día (como fuere) también recibe $ 10 por esa mayor producción.

En este ejemplo, resulta muy claro que está teniendo una pérdida de 10, por cuanto está recibiendo lo mismo que por su anterior producción de 10 o -en otros términos- está cobrando menos por haber producido más. En este caso –y en el balance total- resulta compensado por 10 y desfavorecido en otros 10, siendo claro que aquí el salario no es ganancia sino pérdida.

Yendo ahora al último ejemplo (el número 3). El trabajador (siempre el mismo u otro) sigue trabajando 10 horas, pero (a diferencia de los casos 1 y 2) produce 5 tornillos (quizás por lo que le pasó en el momento 2, aunque también podría ser porque la máquina de hacer tornillos no andaba bien ese día, o porque él mismo se impuso ese límite) pese a lo cual el empleador le sigue pagando $ 10.

En este caso, resulta claro que hay una ganancia de 5 para el empleado, porque cobra exactamente lo mismo que si produjera más de 5 (10 o 20). Estamos suponiendo una relación constante entre horas de trabajo y producción, porque las conclusiones serían las mismas si ajustáramos en más o en menos las horas de trabajo. Si cobro lo mismo por menor producción es evidente que estoy ganando más que si la situación fuera la inversa.

Es decir, sólo en este último caso se puede expresar que el salario es ganancia pero no en los dos anteriores, donde, o es compensación o es pura pérdida.

Lo mismo seguirá sucediendo si, en lugar de modificar los valores del renglón producción, cambiamos los de los renglones TRABAJO y SALARIO.

CUADRO 2

CASO 1CASO 2CASO 3
TRABAJO101010
PRODUCCIÓN10205
SALARIO102510

En el cuadro anterior (2) hay ganancia en los Casos 2 y 3 y compensación en el 1, en donde las respectivas producciones siguen siendo las mismas que en el CUADRO 1, pero el empleador paga más en el Caso 2.

Ahora bien, si dejamos de lado el aspecto producción y sólo tomamos el tiempo de trabajo, vemos otra vez que los resultados vuelven a ser distintos.

En este supuesto, conjeturando que la relación es de $ 1 por 1 hora, sólo en el Caso 2 el salario es ganancia, en los Casos 1 y 3 no es ganancia, ni pérdida sino pura compensación.

CUADRO 3

CASO 1CASO 2CASO 3
TRABAJO101020
PRODUCCIÓN10205
SALARIO202510

En el cuadro 3, siguiendo la misma relación (hora/salario) hay ganancia en C-1 y C-2 y pérdida en C-3. Pero si la relación es producción/salario hay ganancia en los tres casos.

Todo lo cual muestra la relatividad del concepto y evita caer en soluciones simplistas y generales.

Se dejan deliberadamente de lado otros factores no menos importantes, como la habilidad del trabajador para fabricar tornillos, o el empleo de la maquinaria, la calidad de esta última, etc.

Si introducimos esos componentes adicionales, la relatividad del tema es mucho mayor aun, y determinar si hay ganancia, pérdida o compensación se complejiza todavía más.

En suma, lo único que se puede indicar del salario es que se trata de un ingreso que también denominamos el precio del trabajo. Si ese ingreso compensa, beneficia o perjudica a su titular sólo puede establecerse relacionándolo con las restantes variables de donde ese ingreso surgió. Pero no se puede señalar a priori si es o no es ganancia. La respuesta correcta es que, depende del resto de esas variables.

Esta es una nueva demostración que los salarios funcionan exactamente de la misma manera que cualquier otro precio de bienes o servicios cualesquiera.

Entonces, el debate subsecuente sobre si debe ser gravado o no, no presenta diferencias tampoco con el relacionado al del resto de los ingresos de todos los demás bienes y servicios de la economía, cuestión que hemos abordado nosotros en varios libros[1].


[1] Ver aquí Los impuestos y el derecho – Impuestos (una breve introducción al tema)– Apuntes sobre gasto público y fiscalidad entre otros más.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Cuando hablamos de planes económicos, mejor recordar a Alberdi

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 4/10/22 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/cuando-hablamos-de-planes-economicos-mejor-recordar-a-alberdi-nid04102022/

En vista del acalorado debate que tiene lugar en nuestro medio sobre planes económicos gubernamentales y, sobre todo, la crítica sobre la ausencia de estos, es oportuno subrayar con el mayor énfasis posible que desde la perspectiva alberdiana el mejor plan económico estatal es el que no se ejecuta. En otras palabras, desde el punto de vista liberal la ausencia del aparato estatal en la vida económica es condición necesaria y suficiente para el progreso. Desde esta perspectiva, la función gubernamental se circunscribe a la protección de los derechos de todos, muy alejada de inmiscuirse en las vidas y las haciendas de la gente. Es decir, lo contrario del actual plan de facto chavista.

Juan Bautista Alberdi consignó que “la Constitución en cierto modo es una gran ley derogatoria en favor de la libertad, de las infinitas leyes que constituían nuestra originara servidumbre”, a lo cual hemos vuelto con el fascismo desde hace décadas, luego de haber sido aplaudidos por el mundo por haber aplicado la receta de la libertad.

El padre de nuestra Constitución fundadora advirtió: “Comprometed, arrebatad la propiedad, es decir el derecho exclusivo que cada hombre tiene de usar y disponer ampliamente de su trabajo, de su capital y de sus tierras para producir lo conveniente a sus necesidades o goces, y con ello no hacéis más que arrebatar a la producción sus instrumentos, es decir, paralizarla en sus funciones fecundas, hacer imposible la riqueza”.

Alberdi destacaba que “la distribución de las riquezas se opera por sí sola, tanto más equivalentemente cuanto menos se ingiere el Estado en imponer reglas”. Por eso es que concluía al preguntarse y responder: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”.

Hoy en día en tierras argentinas se amontonan supuestos economistas para diseñar planes con base en ingenierías sociales devastadoras, que se superponen unas a otras, en una carrera suicida en medio de galimatías y bochornos incomprensibles para mentes normales. Solo miremos el cuadro digno de una producción cinematográfica de Woody Allen del mercado cambiario local en sus múltiples manifestaciones, que hace correr de un lado a otro a los sufridos habitantes desconcertados ante tanto desatino.

Cuando los politicastros y sus socios dicen que “hay que resolverle los problemas a la gente” sería bueno que comprendieran que para lograr ese objetivo es necesario que se aparten y se concentren en marcos institucionales civilizados. En este sentido, es como apuntaba Clemenceau: “Los pueblos progresan cuando los gobernantes duermen”.

Tal vez la incomprensión mayor de nuestros gobernantes sea el significado del derecho que confunden con el seudoderecho, a saber, el atropello al fruto del trabajo ajeno en el contexto de la peor epidemia concebible: la guillotina horizontal de un siempre obsceno igualitarismo que anula el gran beneficio de capacidades diferentes para llevar a cabo faenas diversas (“todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”, decía Einstein), lo cual hace posible una muy fértil cooperación social que beneficia a todos, pero de modo especial a los más necesitados. Esto último es así debido a que mayores inversiones hacen posible el incremento de salarios e ingresos en términos reales.

La mayor parte de los discursos de políticos en funciones son burdos atropellos a la inteligencia, mientras esconden privilegios alarmantes, cuando no corrupciones que dejan estupefacta a cualquier persona con un mínimo de decencia y sentido común. Los así concebidos “equipos para sugerir planes económicos” no son más que manifestaciones de reiterados asaltos al bolsillo del prójimo. Sin duda que eventualmente se necesita un plan para sacar los pesados aparatos estatales del medio sin que personas inocentes se perjudiquen, pero esto no justifica otra maraña de medidas que a todas luces revelan una supina ignorancia: que el conocimiento está fraccionado y disperso entre millones de agentes, y que los tristemente célebres planes económicos de rutina no hacen más que concentrar ignorancia y, consecuentemente, miseria generalizada.

En este cuadro de situación resulta vital respetar la división de poderes, por lo cual deben tener espacio principal la Justicia, como contrapoder y guardián constitucional para la salud de la república; y el cuarto poder, es decir, la libertad de expresión del pensamiento sin restricción de ninguna naturaleza, al efecto de salvaguardar los fundamentos de la sociedad abierta.

En nuestro país se declama sobre la democracia, pero de un largo tiempo a esta parte se desconoce ese sistema para caer en su desfiguración y, en la práctica, su desprecio. Así, a contramano de todo lo estipulado por los grandes maestros, se deja de lado su aspecto medular, el respeto a las autonomías individuales, para sustituirlo por el mero recuento de votos, como si una mayoría circunstancial pudiera convertir en justo lo que es injusto.

Un aspecto que se suele incluir prioritariamente en los consabidos planes es el vinculado con el comercio exterior: además de lo ya señalado en cuanto al embrollo del mercado cambiario, la constante alabanza de la imposición de aranceles. Estas barreras aduaneras son en algunas oportunidades alentadas por empresarios prebendarios que explotan miserablemente a la gente en connivencia con el gobierno de turno. Un arancel inexorablemente se traduce en mayor inversión por unidad de producto respecto de la situación sin ese obstáculo, lo cual significa que habrá menos productos a disposición de los habitantes del país que establece esa restricción. En otros términos, se reduce el nivel de vida.

Al contrario de lo que habitualmente se declama, el fin de la exportación es la importación. Lo primero es el costo de lo segundo. Igual que con una persona, lo ideal sería no vender nada y adquirir todo, pero esto se traduce en que los otros nos están regalando las cosas. Entonces, no hay más remedio que exportar para poder importar. No puede comprarse más de lo que se vende, y si un país fuera inepto en todos los renglones posibles, por más que tenga abiertas sus fronteras no podrá adquirir bienes y servicios de otros lares. Por su parte, el endeudamiento externo realizado por los gobiernos no solo complica el panorama local, sino que –como se ha puntualizado reiteradamente– es incompatible con la democracia, puesto que compromete patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera participaron en la elección de los gobiernos que contrajeron la deuda.

La balanza de pagos siempre está equilibrada puesto que las exportaciones (ingresos) son iguales a las importaciones (erogaciones) más/menos el balance neto de efectivo (movimiento de capital). Lo mismo ocurre con las personas y sus entradas y salidas dinerarias. En el caso del comercio exterior, océanos, ríos y montañas no modifican los principios económicos. Las fronteras son solo al efecto de descentralizar el poder y evitar los riesgos de concentración de poder en un gobierno universal, pero no son para alimentar xenofobias y proteccionismos que desprotegen a la comunidad.

En resumen, lo medular es que en última instancia las disputas por planes económicos gubernamentales deben reemplazarse por planes económicos privados, sin interferencia del uso de la fuerza.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Aldo Abram: “El BCRA no baja la producción de pesos; por lo que, hacia adelante, la inflación tiene un piso alto”

Reportaje a Aldo Abram: Publicado el 2/10/22 en: https://www.infobae.com/economia/2022/10/02/aldo-abram-el-bcra-no-baja-la-produccion-de-pesos-por-lo-que-hacia-adelante-la-inflacion-tiene-un-piso-alto/

El economista de Fundación Libertad y Progreso dijo a Infobae que con Sergio Massa en Economía la demanda de moneda bajó, pero las expectativas de alza de precios se mantienen por la política monetaria

"La inflación es un fenómeno eminentemente monetario. A mediados del año pasado, el Banco Central (BCRA) empezó a darle a “la maquinita de fabricar pesos”, en principio para “ponerle platita en el bolsillo a la gente” para las elecciones. Sin embargo, continuó haciéndolo"

«La inflación es un fenómeno eminentemente monetario. A mediados del año pasado, el Banco Central (BCRA) empezó a darle a “la maquinita de fabricar pesos”, en principio para “ponerle platita en el bolsillo a la gente” para las elecciones. Sin embargo, continuó haciéndolo»

El debate sobre las causas de la alta inflación fue motivo de discusión en la última semana entre las más altas esferas del gobierno, desde la exposición del ministro de Economía, Sergio Massa, en la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, hasta la reacción de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner en las redes sociales, que disparó la respuesta del viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein.

En una entrevista con Infobae Aldo Abram, economista y Director de la Fundación “Libertad y Progreso” dio su visión sobre el fenómeno que no sólo ha impedido una baja significativa de la pobreza en el primer semestre 2022, sino que, por el contrario, provocó una suba de la población indigente y fijó un piso alto para los próximos meses.

— ¿Qué conclusión sacó del Presupuesto 2023?

— En primer lugar, hacer un proyecto de Presupuesto con la actual inestabilidad es una ficción. Sólo sirve para que el Gobierno muestre su voluntad de cumplir con la meta de exceso de gasto primario que se acordó con el FMI y, en alguna medida, para saber cómo se piensa lograr. En materia de impuestos parecería que no van a haber aumentos ni creación de otros. Por el lado del gasto, los legisladores pueden evaluar en qué piensan gastar lo que se estiman recaudar. Lo malo es que, como nuevamente se están subestimando los ingresos tributarios con una estimación muy baja de la inflación, el Gobierno volverá a poder administrar el exceso de recaudación sin pasar por el Congreso. Esta facultad es inconstitucional; ya que sólo los legisladores pueden decidir cómo se gasta la plata de los contribuyentes, pero ya se ha institucionalizado esta anomalía. Cabe aclarar que esto es responsabilidad de nuestros parlamentarios que delegaron irresponsablemente ese rol y lo siguen haciendo.

— ¿Por qué pese al atraso cambiario y la desaceleración del ritmo de aumento del gasto público no baja la tasa mensual de inflación?

— Es que la inflación es un fenómeno eminentemente monetario. A mediados del año pasado, el Banco Central (BCRA) empezó a darle a “la maquinita de fabricar pesos”, en principio para “ponerle platita en el bolsillo a la gente” para las elecciones. Sin embargo, continuó haciéndolo una vez pasada los comicios y hasta ahora no ha aflojado. Si se producen más naranjas de lo que la gente quiere, cae el precio de ese productoAcá está pasando lo mismo con el peso y cae su poder adquisitivo; por lo que, si vas a comprar algún bien o servicio y dado que estos no cambiaron su valor, te pedirán más pesos que antes. Esto empeora, porque la gente se va hartando de que le saquen, con “impuesto inflacionario”, parte del poder adquisitivo de sus ahorros y atesoramiento en moneda nacional para financiar al gobierno; por lo que deja de demandar pesos. Si querés comprar menos naranjas, el precio de la naranja cae y lo mismo le está pasando al poder adquisitivo de la moneda, potenciando el alza de los precios contra él.

Con el ingreso al gobierno de Sergio Massa como ministro de Economía y las políticas que implementó la demanda de moneda disminuyó. Sin embargo, las expectativas positivas iniciales se están perdiendo y, por otro lado, el BCRA no baja la producción de pesos; por lo que, hacia adelante, la inflación tiene un piso alto, asegurado de 5,5% a 6%. Si le sumamos los saltos del Índice de Precios al Consumidor del Indec en los meses que vayan quitando los subsidios de las tarifas, no es difícil pronosticar que superará el 100% hacia finales de año o principios del que viene.

— ¿La búsqueda de tasas reales positivas es una buena medicina para la economía en su conjunto cuando la efectiva nominal anual ya está en los tres dígitos?

— En principio, la fuerte alza de tasas de interés sólo logró moderar la huida del peso; lo cual tuvo impacto positivo en frenar la destrucción del valor de la moneda. Por eso se frenó la aceleración del alza de los tipos de cambio paralelos y la posterior de los precios al consumidor. Así pasamos de más del 7% mensual a una que busca ubicarse por debajo de ese porcentaje. Lo malo es que el costo de esta medida es una aceleración del crecimiento de la deuda remunerada del BCRA que, si se refinanciaran los intereses, crecería en más de $8 billones en un año y, también, de la del Tesoro. Tenemos un BCRA insolvente y lo vamos a quebrar mucho más aún.

"El costo de la suba de las tasas de interés es una aceleración del crecimiento de la deuda remunerada del BCRA que, si se refinanciaran los intereses, crecería en más de $8 billones en un año y, también, de la del Tesoro. Tenemos un BCRA insolvente y lo vamos a quebrar mucho más aún" (Reuters)«El costo de la suba de las tasas de interés es una aceleración del crecimiento de la deuda remunerada del BCRA que, si se refinanciaran los intereses, crecería en más de $8 billones en un año y, también, de la del Tesoro. Tenemos un BCRA insolvente y lo vamos a quebrar mucho más aún» (Reuters)

Esta medida sólo sirve para ganar tiempo para gestar un shock de credibilidad en el futuro del país. Eso significa más crédito y más crecimiento sustentable a futuro; lo cual es vital para desarmar las bombas que está gestando este gobierno. Ahora, si no se logra un incremento de confianza, la situación será más explosiva que antes.

— ¿La Argentina necesita más tipos de cambios diferenciados, o simplificarlo?

— Los tipos de cambio diferenciales sólo generan transferencias de ingresos de algunos sectores a otros, injusticias, privilegios discrecionales e ineficiencias en el funcionamiento de la economía. El cepo no es la respuesta a la escasez de divisas, sino su causa. Desde 2020 y hasta principios de este año hubo inundación de liquidez en el mundo; porque los bancos centrales de los países desarrollados estuvieron emitiendo de más. Eso hizo bajar el valor de sus monedas, que es lo que refleja el alza de la inflación de esos países. Lo concreto es que en las economías emergentes llovieron dólares; pero acá no. De hecho, la baja del valor del dólar se reflejó en los precios de los bienes y servicios que se exportan; pero los que vendemos al exterior nosotros subieron mucho más porque son los demandados por quienes recibieron esa “lluvia” de capitales. Así que esta es la gestión que más divisas ha recibido del campo en este siglo. ¿Cómo puede ser que hablen de que escasean?

Para entenderlo, imaginemos un precio máximo del aceite. Cuando vayamos al supermercado, la góndola tenderá a estar vacía; porque a ese precio artificialmente barato habrá menos incentivo a producirlo y, más, a demandarlo. Lo mismo pasa cuando el BCRA pone un tipo de cambio oficial máximo; pero como la “góndola cambiaria” no puede quedar vacía, las llena con las divisas de sus reservas. Esto no es sostenible en el tiempo; por lo que, luego, hace lo mismo que un supermercado al que le ordenan tener siempre aceite vende una unidad por cliente.

El BCRA también lo hace sacando a parte de la gente y de las empresas del mercado que administra; lo que llamamos cepo. Cuanto más se atrasa el valor el tipo de cambio oficial, más presiona sobre su stock de moneda extranjera y más gente, empresas y operaciones cambiarias quedan afuera de ese mercado. Hasta que el BCRA quiebra y se entra en una crisis cambiaria y monetaria enorme. Así terminaron los 21 cepos que se intentaron sostener en el tiempo y, tres de esos casos, derivaron en las tres hiperinflaciones que tuvimos. De hecho, así terminó el que instrumentó Hugo Chávez en Venezuela, con una larguísima hiperinflación, con la economía dolarizada caóticamente y más del 70% de la gente en la pobreza. No parece el rumbo a seguir.

"Cuanto más se atrasa el valor el tipo de cambio oficial, más presiona sobre su stock de moneda extranjera y más gente, empresas y operaciones cambiarias quedan afuera de ese mercado. Hasta que el BCRA quiebra y se entra en una crisis cambiaria y monetaria enorme"«Cuanto más se atrasa el valor el tipo de cambio oficial, más presiona sobre su stock de moneda extranjera y más gente, empresas y operaciones cambiarias quedan afuera de ese mercado. Hasta que el BCRA quiebra y se entra en una crisis cambiaria y monetaria enorme»

— Pero el ministro Sergio Massa ha logrado fortalecer las reservas del BCRA y está mejorando la situación fiscal…

 “Pan para hoy, hambre para mañana”. Con el “dólar soja” logró que se anticiparan más de USD 7.000 millones de futuros embarques; pero ¿Qué pasará cuando estos partan en realidad? Pues en ese momento las divisas correspondientes no entrarán y la escasez será mayor que la que había antes. O sea, esto sólo permite ganar tiempo; porque las reservas volverán a bajar. Para colmo, parte del alza de las mismas se conseguirán con deuda externa; por lo que, si se “las patinan” para sostener un cepo inviable, nos quedaremos con un BCRA mucho más quebrado aún.

Por otro lado, el ajuste fiscal también sólo gana tiempo. La mayor parte va a cargar sobre los hombros de la gente y de la producción. Con un absurdo anticipo del Impuesto a las Ganancias de 2023. Más gravámenes provinciales que permitirán la flexibilización del “Consenso Fiscal” para que puedan compensar las menores transferencias de la Nación. La quita de subsidios a los servicios públicos, con la que estoy de acuerdo; pero que implicará que tendremos que bajar nuestros gastos en otras cosas. El problema es que, cuando mirás qué les toca a ellos del total del ajuste, es mínimo. Esto no sólo es injusto, sino que desincentiva el trabajo y la inversión; por lo que a futuro habrá menos creación de empleo, producción y bienestar para los argentinos. Así que la perspectiva futura de la recaudación no es precisamente buena.

— El gobierno anterior logró reducir sustancialmente esos pasivos sin acudir a políticas compulsivas, como fue el Plan Bonex a fines de 1989. ¿Se podrá repetir esa experiencia en lo que resta del ciclo actual, o en el próximo período presidencial?

— Argentina tuvo 22 cepos y a 21 se los intentó sostener en el tiempo y terminaron en graves crisis. El ministro Massa debería aprender de esta historia y tratar de salirse del este control de cambios. ¿Cómo? Para enseñarle eso está el cepo de Cristina Fernández de Kirchner, que fue el único que no terminó en un estallido. Es que hubo un cambio de gobierno y “Cambiemos” decidió salirse rápido. Para ganar credibilidad, anunció que haría las reformas estructurales que el país necesita para crecer sostenidamente y recuperar el crédito perdido. Luego, tomo las medidas necesarias y salió ordenadamente del control cambiario; lo que tuvo un costo, pero infinitamente menor al de una crisis. O sea, el ministro Massa o un futuro gobierno debería hacer lo mismo.

"Hay que entender que el problema fundamental de Argentina es que nadie cree que pueda ser un país “normal”. De hecho, los bonos del Tesoro cotizan en los mercados externos a precio que indican que, quienes los compran y venden, están convencidos de que, en unos años, se dejarán de pagar" (EFE)
«Hay que entender que el problema fundamental de Argentina es que nadie cree que pueda ser un país “normal”. De hecho, los bonos del Tesoro cotizan en los mercados externos a precio que indican que, quienes los compran y venden, están convencidos de que, en unos años, se dejarán de pagar» (EFE)

Hay que entender que el problema fundamental de Argentina es que nadie cree que pueda ser un país “normal”. De hecho, los bonos del Tesoro cotizan en los mercados externos a precio que indican que, quienes los compran y venden, están convencidos de que, en unos años, se dejarán de pagar y los volverán a reestructurar con una quita similar a la que le hicieron en el canje de 2020. ¿Qué parte de la película se perdió este gobierno? Este paciente está con una enfermedad terminal en terapia intensiva y se lo pretende curar con analgésicos, paños fríos y antipiréticos. Se va a morir.

— Pero el gobierno anterior salió del cepo, y terminó en una crisis…

— De eso también hay que aprender. No basta con solamente decir que se van a hacer las reformas estructurales. Es como tener el diagnóstico y el tratamiento acertado; pero, luego, no aplicárselo al paciente. Se va a morir igual. Es lo que pasó en 2018, argentinos y extranjeros perdieron las esperanzas de salvaran a esta economía enferma; por lo que volvieron a llevarse sus ahorros e inversiones, lo que derivó en una crisis. Hay que lanzar un plan integral y detallado de reformas estructurales, para avanzar inmediatamente en su ejecución. Esto va a llevar tiempo; pero, en la medida que se vayan dando los pasos en ese sentido, se irá recuperando la credibilidad. Es decir, el crédito y la inversión que hacen crecer sostenidamente la economía y permiten refinanciar las deudas.

Además, no hay tiempo para perder. Hay que implementar rápidamente las reformas estructurales más urgentes, si no se quiere terminar en una crisis al poco de asumir. Por eso, la Fundación “Libertad y Progreso” está presentándoles a los distintos espacios políticos los proyectos en los que estuvo trabajando durante 11 años. Así pueden contar con un plan de gestión ya desarrollado para poder ejecutarlo apenas se asuma. Está en nuestra página de internet para acceder, el cual además de reformas económicas, abarca muchos temas como Salud, Educación, Seguridad, Defensa, etc.

— En los últimos 6 meses las más encumbradas autoridades del gobierno argentino han mantenido más encuentros con los máximos funcionarios del FMI que los registrados desde la creación del organismo, y sin embargo no se han visto resultados positivos para el país ¿Por qué?

— Cuando en 2021 decían que iba a ser difícil lograr un acuerdo con el FMI, yo insistía que el Gobierno cerraría uno antes de entrar en cesación de pagos, en marzo de este año, y que sería con condiciones mínimas; porque el organismo internacional no quería aparecer como empujando al país a una crisis. En definitiva, en 2018, le otorgaron un acuerdo político a “Cambiemos”, lo mismo hicieron con este gobierno. Sin embargo, fue mucho más generoso de lo esperado, con fondos adicionales y metas que no son solamente mínimas, sino “recalculables”. El Fondo sabe que este gobierno terminará desgastado por su mala gestión y no será reelegido. Así que, si no hace grandes macanas, tratará de sostenerlo a fuerza de recálculos y perdones (waivers) de metas hasta que le pase el poder a otra gestión. La expectativa es que sea de la oposición y esté dispuesta a renegociar el “Facilidades Extendidas” con reformas que permitan darle viabilidad a la economía argentina.

— ¿Una reflexión final?

— Ya vimos que la inflación apunta a superar el 100% y, si logran bajarla un poco antes de las próximas elecciones, será a fuerza de congelamientos de precios y de atraso cambiario, como en 2021. Por otro lado, la recuperación económica se acabó. Los “vientos internacionales” extremadamente favorables que tuvimos se están volviendo en contra. Por otro lado, pronto volverá a quedar claro que este modelo es insostenible y eso incentivará una nueva escalada de salida de ahorros e inversiones de argentinos y extranjeros; lo que reducirá la demanda interna. A menos que haya un cambio de 180 grados en el contexto externo y/o en la gestión de este gobierno, se viene una recesión con altísima inestabilidad de precios y de los dólares paralelos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo

Un libro indispensable para nuestro tiempo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 1/10/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/10/01/un-libro-indispensable-para-nuestro-tiempo/

Obras como “En defensa de la propiedad”, de Gottfried Dietze, exigen ser leídas y estudiadas una y otra vez si es que se desea entender lo que viene ocurriendo en el llamado mundo libre

Gottfried-Dietze

Gottfried-Dietze

Antes de entrar en materia abro esta nota periodística con una muy atinada reflexión que se vincula estrechamente a lo que vamos a comentar a continuación. Se trata de Niall Ferguson en su monumental obra titulada CivilizationThe West and the Rest: “Algunas personas cometen el error de utilizar la idea de la democracia por lo que imaginan que cualquier país la pude adoptar simplemente por llamar a elecciones. En realidad, la democracia es el coronamiento de un edificio que tiene su fundamento en el estado de derecho, para ser preciso en la santidad de la libertad individual y la seguridad del derecho de propiedad privada.”

De más está decir que muchos son los libros que resplandecen en las bibliotecas cuya influencia perdura por generaciones y generaciones, pero hay obras como las del profesor Gottfried Dietze que exigen ser leídas y estudiadas una y otra vez si es que se desea entender lo que viene ocurriendo en el llamado mundo libre.

Dietze obtuvo tres doctorados: uno en derecho en la Universidad de Heidelberg, otro en ciencia política de Princeton y el tercero en ciencia jurídica en la de Virginia. Enseñó durante décadas en la Universidad Johns Hopkins. Su triada más difundida está compuesta por Amercia´s Political Dilemma. From Limited to Unlimited Democracy, The Federalist. A Classic on Federalism and Free Government y In Defense of Property, libro éste último traducido al castellano y publicado por mi padre en Buenos Aires hace ya más de cuarenta años, con el título de En defensa de la propiedad, obra que tuvo notable difusión en Argentina (la tradujo mi padre al castellano). Antes he escrito sobre otra de las obras de este autor pero ahora me concentraré en la última de las mencionadas.

Lo conocí al profesor Dietze con motivo de mi conferencia en la reunión anual de la Foundation for Economic Education en New York, en mayo de 1981, y luego tuve la ocasión de escucharlo personalmente con motivo de su visita a ESEADE. Ahora dedico estas líneas a escribir sobre el último de los libros mencionados de Gottfried Dietze con lo cual no pretendo hacer del todo justicia en este resumen pero sí llamar la atención sobre este libro.

Antes de esto hago una breve introducción bifronte. Por un lado consigno que la existencia de la institución de la propiedad privada se debe a la escasez de bienes en relación a las necesidades que hay por ellos. Si estuviéramos en un mundo sobreabundante donde habría de todo para todos todo el tiempo no será necesaria aquella institución ya que con solo estirar la mano se obtendría lo necesario. Pero como la naturaleza de las cosas no es así y no pueden simultáneamente utilizarse los mismos bienes (sean de consumo o de factores de producción) deben asignarse derechos de propiedad (el origen está explicado por la secuencia Locke-Nozick-Kirzner) y a partir de allí cada uno debe servir al prójimo para incrementar su patrimonio y si no lo logra incurre en quebrantos.

En el segundo punto reiteramos que sin propiedad privada no hay precios ya que estos surgen como consecuencia de arreglos contractuales en los que se ponen en evidencia las respectivas valorizaciones (si el Leviatán pretende controlar precios, estos se convierten en simples números sin relevancia ya que no reflejan las antedichas valorizaciones). Pues bien, en la media en que se debilite la propiedad privada (para no decir nada si se la elimina) los precios dejan de expresar las apreciaciones de cada bien o servicio con lo que se dificulta (o se imposibilita según el grado de entrometimiento de los aparatos estatales) la evaluación de proyectos, la contabilidad y el cálculo económico en general.

Como es sabido carece de sentido sostener que se procederá en tal o cual dirección “según marquen las razones técnicas” puesto que de nada sirven si no se las pondera por los precios. Por eso es que he ilustrado tantas veces este dilema diciendo que donde no hay precios no se sabe si conviene construir carreteras con oro o con asfalto.

Vamos ahora muy sucintamente a la obra de Dietze con comentarios “a vuelo de pájaro”. Comienza su trabajo con un largo desarrollo de la idea natural de la propiedad en las plantas que necesitan de territorio para subsistir, los animales que reconocen su lugar y las comunidades primitivas en un proceso de prueba y error los condujo a la necesitad de la propiedad para evitar “la tragedia de los comunes” tal como señaló Aristóteles en contraposición a la idea de Platón, lo cual fue reafirmado en Grecia y, sobre todo, en Roma.

El autor muestra las influencias decisivas de Cicerón, Hugo Grotius, Pufendorf, la escolástica tardía, Sidney, Locke, la Escuela Escocesa y todos sus múltiples derivados contemporáneos y también las tendencias contrarias a la propiedad del tipo de las de Rousseau (en su trabajo de 1755, aunque después se haya retractado parcialmente, pero manteniendo su idea de la democracia ilimitada), Hans Kelsen, Marx y sus muchos imitadores con versiones enmascaradas con versiones más suavizadas pero en el fondo más contundentes (tipo Keynes).

Se detiene a subrayar un aspecto crucial: el error de santificar las llamadas “libertades civiles” (por ejemplo, votar) como independientes de las libertades económicas como si la propiedad privada no fuera la libertad civil por antonomasia, es decir, el sostén de la civilización (de donde proviene la expresión “civil”). Como he marcado en otra ocasión resulta por lo menos curioso que se adhiera al las libertades políticas, es decir el continente, y se reniega de las posibilidades de cada uno a hacer lo que estime pertinente con los propio, es decir, el contenido.

Se lamenta que se haya arraigado la expresión “libertad negativa” con las consiguientes connotaciones, para aludir a la libertad en el contexto de las relaciones sociales, a saber, la ausencia de coacción por parte de otros hombres, cuando, en verdad, esa libertad genera efectos positivos.

Se explaya en el origen de los parlamentos como administradores de las finanzas del rey o el emperador y no como legisladores, puesto que esta función estaba en manos de árbitros-jueces en competencia para descubrir el derecho y no con la pretensión de diseño o ingeniería social. Además, en este contexto, refleja la evolución histórica de los parlamentarios como dique de contención a las inclinaciones de los gobernantes a aumentar impuestos.

En definitiva, los “juicios de manifestación” de los fueros españoles (antes que el habeas corpus inglés), la Carta Magna, la Petición de Derechos, la Declaración de la Independencia estadounidense y su Constitución, la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (antes de la contrarrevolución francesa), las Cortes de Cádiz y todas las constituciones que se basaron en estos pilares, fueron elaborados en torno al derecho de propiedad junto al derecho de resistencia cuando el poder despótico se torna irresistible.

Luego de muchas otras consideraciones, concluye Dietze revelando su preocupación por la declinación del respeto a la propiedad en el baluarte del mundo libre: Estados Unidos (la primera edición de su libro es de 1963), lo cual comenzó ya en la época de Woodrow Wilson con “la revolución del año 13″ con la implantación del impuesto progresivo y el establecimiento de la banca central que requirieron dos enmiendas constitucionales y siguió con el denominado “New Deal” para continuar en una senda regresiva hasta nuestro días.

Termina su libro afirmando que “hemos perdido el sentido de la importancia de la propiedad”. Y agrega: “La relevancia de la propiedad de logró a través de sucesivas luchas y ahora se observa su continuo recorte y limitaciones. Ya que esta situación ocurrió en el seno de lo que se reconoce como “democracia”, la cuestión surge en cuanto a preguntarnos si esa forma de gobierno [la democracia ilimitada] no ha perdido legitimidad puesto que ha destruido los pilares de la civilización, es decir, la propiedad privada”.

Sin duda que Gottfried Dietze suscribe plenamente el ideal democrático (tal como lo pone una y otra vez de manifiesto en otra de sus ya referidas obras: America´s Political Dilemma. From Limited to Unlimited Democracy), pero describe como ese ideal a degenerado en su contrario. En esta instancia del proceso de evolución cultural, urgentemente se requiere pensar en nuevos límites para el Leviatán si es que se perciben las ventajas insustituibles en de la propiedad privada que está siendo corroída por mayorías sin freno, lo cual comenzó en nuestra era con el gobierno criminal de Adolf Hitler.

En otras oportunidades nos hemos referido en detalle a algunas de las propuestas realizadas para limitar el poder al efecto de mantenerse en el ideal democrático, propuestas realizadas por Hayek, Leoni y las que han pasado inadvertidas formuladas por Montesquieu y las expuestas por Randolph y Gerry en la Convención Constituyente estadounidense. Si estas sugerencias no fueran aceptadas, hay que pensar en otras, puesto que de lo contrario los aparatos estatales desbocados terminarán con la sociedad abierta.

Finalmente es del caso citar la fenomenal contribución de Ludwig von Mises en 1920 respecto a la imposibilidad de cálculo económico en el sistema socialista puesto que al no haber propiedad (recordemos que Marx y Engels concluyeron en 1848 que toda su filosofía “puede resumirse en la abolición de la propiedad privada”). Al no existir propiedad privada no hay precios ya que estos son el resultado de transacciones sobre derechos de propiedad. A su vez, al no tener lugar los precios no hay manera de saber que reglón es rentable y cuál no lo es. En otros términos, no existe tal cosa como la economía socialista puesto que no resulta posible economizar. Como muchas veces he ilustrado en ese contexto no se sabe si conviene fabricar caminos con asfalto o con oro y si alguien denuncia el derroche de hacerlo con el metal aurífero es porque recordó los precios relativos antes de la socialización de la propiedad. En esta línea argumental es también del caso tener presente lo que en ciencias políticas se conoce como la tragedia de los comunes, es decir, lo que es de todos no es de nadie. Este análisis bifronte es está presente en el estudio de Dietze que hemos comentado telegráficamente.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h