Una propuesta para dolarizar sin devaluación y sin más deuda

Por Adrián Ravier. Publicado el 6/5/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/05/06/una-propuesta-para-dolarizar-sin-devaluacion-y-sin-mas-deuda/

El punto de partida debe ser separar dos instituciones del gobierno argentino: el Tesoro Nacional y la autoridad monetaria

Los pasivos monetarios del BCRA que están fuera del sistema en forma de Leliq y pases triplican el circulante, y representan una amenaza de mayor inflación futura que la dolarización debe contemplar, y también un eventual programa de estabilización (Reuters)

Los pasivos monetarios del BCRA que están fuera del sistema en forma de Leliq y pases triplican el circulante, y representan una amenaza de mayor inflación futura que la dolarización debe contemplar, y también un eventual programa de estabilización (Reuters)

La práctica habitual de esta Argentina de -por lo menos- las últimas dos décadas consiste en que el Tesoro cubre sus déficits presupuestarios a través de la monetización que le proporciona el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Esa situación compromete a la autoridad monetaria de dos maneras:

1. El procedimiento consiste en que el Tesoro recibe pesos emitidos por el BCRA y entrega a cambio bonos o Letras Intransferibles (LI) y Adelantos Transitorios (AT). Si lo queremos observar en el Balance del BCRA tendríamos Pasivos compuestos con los pesos emitidos, y en el Activo la acumulación de dichas LI y AT. Un error frecuente con estas LI y AT es que se piense que valen “0″, pero también se equivoca el BCRA en tomarlo en el activo al valor nominal. Ni una cosa ni la otra. Las LI y los AT tiene valor similar a otros bonos que paga el Tesoro, con lo cual su valor no puede ser nulo. Pero si se tomara al valor de mercado, en lugar de su valor nominal, entonces el activo caería aproximadamente a la mitad advirtiendo lo comprometido que está el balance del BCRA.

La situación del balance precario de la autoridad monetaria, en pocas palabras, es provocada por este procedimiento de monetización de los desequilibrios fiscales que acumula el Tesoro Nacional. Cabe señalar que dicho procedimiento implica un proceso de deuda intra-sector público que ha sido subestimado, pero, además, que crece día a día por continuar con esta práctica; y

La situación del balance precario de la autoridad monetaria, en pocas palabras, es provocada por este procedimiento de monetización de los desequilibrios fiscales

2. Una vez que el Tesoro dispone de estos pesos, los introduce en el mercado a través de diversas políticas de gasto, lo que luego exige a la autoridad monetaria que “esterilice”, captando los bancos depósitos a plazo fijo, lo que sólo pueden hacer por las altas tasas de interés que el BCRA les paga a estos. Estos pasivos que están fuera del sistema en forma de Leliq y pases triplican el circulante, y representan una amenaza de mayor inflación futura que la dolarización debe contemplar, y también un eventual programa de estabilización.

Si un gobierno futuro deseara dolarizar, el primer paso será observar precisamente que el Balance del BCRA tiene una alta proporción de bonos intransferibles cuya cotización está tan devaluada como los otros activos que encontramos en el país. Si en ese activo hubiera en su lugar bonos “transferibles”, estos podrían venderse en el mercado por dólares que facilitarían la conversión requerida para la dolarización, aunque esto sería insuficiente.

Una de las iniciativas

Una de las tantas propuestas que circula para dolarizar la economía argentina es precisamente el proceso en el cual el Tesoro Nacional toma una deuda de 40/45 mil millones de dólares, precisamente para canjear o rescatar esos bonos “intransferibles” y capitalizar al BCRA. Esta nueva deuda en dólares no es “más” deuda, precisamente porque viene a sustituir una deuda intra-sector público ya existente. La ventaja de tomarla es que le provee al BCRA de las divisas necesarias para dolarizar la economía, evitando grandes perdedores en el proceso.

Cabe aquí llamar la atención de los críticos, en que la medida busca sanear una situación heredada que deberá atenderse con o sin dolarización, para evitar un nuevo proceso hiperinflacionario, un nuevo plan Bonex, o un nuevo Rodrigazo.

Una de las tantas propuestas que circula para dolarizar la economía argentina es precisamente el proceso en el cual el Tesoro Nacional toma una deuda de 40/45 mil millones de dólares, precisamente para canjear o rescatar esos bonos “intransferibles” y capitalizar al BCRA (Reuters)Una de las tantas propuestas que circula para dolarizar la economía argentina es precisamente el proceso en el cual el Tesoro Nacional toma una deuda de 40/45 mil millones de dólares, precisamente para canjear o rescatar esos bonos “intransferibles” y capitalizar al BCRA (Reuters)

7 puntos claves

Han surgido una serie de críticas a las que queremos darle respuesta:

1. La dolarización no es una receta mágica que resuelve todos los problemas de la economía argentina”: Esto es cierto, por supuesto. Argentina necesita un plan integral de reformas que ataque uno por uno todos los frentes, definiendo propuestas de primera, segunda y tercera generación, según sus prioridades y posibilidades políticas de implementación. La ventaja de la dolarización es que permite alcanzar el objetivo de la estabilidad monetaria de forma más rápida que cualquier programa de estabilización.

2. “El problema no es monetario. Es fiscal. La dolarización no resuelve el problema fiscal”: Esto también es cierto. La dolarización requiere de un equilibrio fiscal complementario. De otro modo la medida fracasará. Pero, aunque Argentina tenga equilibrio fiscal, necesitará resolver el problema de Leliq y pases mencionado, y que esta propuesta contempla. Dicho esto, aunque el problema fiscal es mayúsculo, también lo es el monetario. Que los gobiernos hayan tenido acceso a la monetización que les provee el BCRA ha quitado toda responsabilidad en el manejo de los recursos públicos. Dolarizar le pone un cepo a la emisión.

3. “La Argentina no tiene dólares hoy para dolarizar”: También es cierto, pero no sería ésta la Argentina que va a dolarizar, sino la de un nuevo gobierno que genere mayor confianza en el mercado a través de las otras medidas complementarias. Ya se pudo ver en la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019) que con sólo levantar el cepo cambiario y hacer anuncios sobre correcciones de tarifas, generó una confianza mayor que atrajo capitales y permitió acumular reservas en el BCRA, aun cuando restaban hacerse las reformas estructurales centrales para el ordenamiento macroeconómico. En este caso, es fundamental que el gobierno ofrezca señales claras para alcanzar este ordenamiento, lo que a su turno generará las condiciones adecuadas para implementar la dolarización.

La propuesta de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky consiste en crear un fideicomiso de liquidación del BCRA en una jurisdicción segura (tal vez Nueva York). Se transfieren a ella activos como las mencionadas LI y AT y también los pasivos financieros, como las Leliqs. Lo que se propone es titulizar los activos del BCRA a través de un fideicomiso, lo que se conoce como una obligación de deuda colaterizada. En la medida que el gobierno genera confianza y esto se traduce en bajas tasas de interés, esto alentará a otros inversores a ingresar al fideicomiso, pues los activos que adquieren tendrán valores presentes crecientes.

4. “Nadie la prestará dólares a esta Argentina”: Es cierto también. Pero repito que no es esta la Argentina que va a dolarizar, sino otra dirigida por otro gobierno con un perfil promercado en sus propuestas de política económica, el cual generará la confianza para atraer esas divisas al fideicomiso. Argentina está dormida productivamente, y este cambio integral despertará su potencial de crecimiento por el cambio de reglas que implica, incluyendo la estabilidad monetaria.

5. “La dolarización requiere de una fuerte devaluación que empobrecerá a los argentinos”: La propuesta de Ocampo y Cachanosky no requiere de una devaluación. Simplemente se dolariza al tipo de cambio de mercado, que hoy se representa tal vez en el “blue”. Hoy no sabemos cuál será este tipo de cambio “blue” al cierre de 2023, pero la devaluación que se está experimentando no es provocada por el gobierno que dolariza, sino por el precedente. Es curioso que hoy Argentina ya sufre el costo de dolarizar, pero no disfruta de sus beneficios.

Por otro lado, si bien los ingresos y salarios de los argentinos están muy depreciados en dólares producto de la actual devaluación y escasez de divisas, es plausible pensar que, tras el proceso de dolarización, la Argentina recuperará una senda de crecimiento y una entrada de capitales que permitirá recuperar esos ingresos y salarios deprimidos. La recuperación será más rápida que con cualquier otro plan de estabilización que hoy se está proponiendo. Y es que la dolarización ofrece estabilidad monetaria, pero, además -al eliminarse el costo de devaluación- también permite reducir las tasas de interés nominales y reales.

Argentina está dormida productivamente, y este cambio integral despertará su potencial de crecimiento (EFE)Argentina está dormida productivamente, y este cambio integral despertará su potencial de crecimiento (EFE)

6. “Se pierde el señoreaje”: Algunos técnicos han señalado que Argentina perderá el señoreaje por abandonar su propia moneda, cediendo estos ingresos al gobierno de Estados Unidos. Si bien esto es cierto, sugiero comparar ese costo con el otro que provoca hoy la existente tasa de inflación a los argentinos, o con los beneficios de la estabilidad monetaria.

7. “El dólar es una moneda también inestable”: Es cierto que Estados Unidos está experimentando una tasa de inflación históricamente alta, pero la misma sigue manteniéndose dentro de un dígito. Si Argentina dolariza, la tasa de inflación convergerá hacia aquella, reduciéndose desde 105% al año (tal vez más al llegar diciembre) a un 5% anual, y posiblemente en baja.

Pero aun si la Reserva Federal continuará con sus políticas inflacionarias y depreciara su moneda, los argentinos podrán tener la opción de moverse a otra moneda que les genere mayor confianza.

La dolarización es aplicada únicamente para cambiar los pesos por una divisa que hoy el mercado demanda espontáneamente, pero un día después se abre un proceso de competencia de monedas que permitirá a los argentinos recuperar la capacidad de elegir con qué moneda quieren operar en sus contratos.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Sigue a @AdrianRavier

Proteccionismo y monopolios

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2023/05/proteccionismo-y-monopolios.html

‘’Nadie, en su sano juicio, consumiría más recursos propios para producir unos bienes que puede comprar consumiendo menos recursos. Las tarifas o cuotas que no se establecen con fines fiscales, sino con el objeto de proteger (fomentar) alguna actividad industrial o agrícola, necesariamente causarán desviación antieconómica de recursos’’[1]

A veces, muy a menudo (sobre todo en la actualidad) se disfrazan de fines fiscales lo que no son más que tarifas o cuotas que esconden objetivos confiscatorios, pero que, obviamente, los gobiernos no pueden tener la franqueza de llamarlos de ese modo, porque perderían apoyo popular y les jugaría en contra.

Si yo decidiera hacer mis propios zapatos para no tener que comprarlos al zapatero, la inversión que tendría que realizar en tiempo y dinero sería tan grande que no me quedaría tiempo ni dinero para satisfacer mis muchas otras necesidades. Realimente sería muy estúpido de mi parte preferir la primera opción a la segunda: comprar mis zapatos al zapatero, lo que en mi caso (que soy profesor y no zapatero), representaría lo más económico.

‘’Ello porque artificialmente se fomenta la utilización de recursos en actividades que, sin el estímulo de la protección, no podrían competir en el mercado por esos mismos recursos’’[2]

Se suele llamar también protección a la industria incipiente. Pero ello no significa que se aplique únicamente a activadas industriales. No es más que una forma de subsidiar a pseudo empresarios amigos del poder de turno.

Como todo subsidio sigue la ‘’lógica’’ de Robín Hood: quitarles a unos para darles a otros. Políticamente se le denomina también como ‘’’justicia social’’ que -en los hechos- no es más que quitarle a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece.

Los recursos son obtenidos por el gobierno mediante la expoliación legal como la definía el genial Fréderic Bastiat. Hoy en día, es la política que siguen los ‘’estados benefactores’’ o ‘’de bienestar’’.[3]

‘’No olvidemos que el mercado es una continua subasta en la que los usos más rentables desplazan a los de menor prioridad, los menos rentables’’[4]

Más rentables significa de mayor ganancia y costos menores. Estos usos son prioritarios, porque precisamente satisfacen más necesidades que los demás. Entonces el mercado los prefiere.

Por el principio de que Los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas, no todo puede hacerse al mismo tiempo. Ergo, las necesidades deberán ser cubiertas con un orden de prioridad, desde las más urgentes a los menos.

‘’El estímulo que brinda la protección necesariamente tiene que ser lo suficientemente grande para lograr adquirir aquellos recursos, en el mercado de recursos; y nótese que esos recursos tienen precio precisamente porque tienen otros usos’’[5]

La protección, en los hechos, le está otorgando un monopolio al protegido. Es lo se llama un monopolio de tipo legal o (también denominado) artificial como opuesto al natural o de mercado.

Los recursos se obtienen extrayéndoselos al resto de los competidores de los protegidos y -sobre todo- a los consumidores que, de no ser por la protección, no hubieran adquirido la producción de los protegidos.

‘’Ahora bien, si debido exclusivamente a alguna disposición artificial, la rentabilidad de la actividad protegida no aumentase lo suficiente como para poder desplazar del mercado de recursos a otras actividades, evidentemente el fomento no lograría su propósito. Lo cual significa que, paradójicamente, si logra su propósito, es antieconómico’’[6]

¿A quién se protege? Y, sobre todo ¿qué protege esta protección? Sin el ánimo de hacer un juego de palabras, está claro que protege a ciertos productores (amigos del poder de turno) de sus competidores, ya sean estos más o menos eficientes que los protegidos. En dicho sentido, la protección no es tal sino que se trata de un privilegio. Los protegidos son los particulares privilegiados del gobierno. El discurso político no dice esto, obviamente, sino que esgrime en su favor la ‘’defensa de los intereses nacionales’’.

‘’Impedir que las personas aprovechen las ventajas de las importaciones más baratas es como impedirles que aprovechen la ventaja de los nuevos inventos y métodos ahorradores de trabajo, como, por ejemplo, las lavadoras para evitarse trabajo, ahorrar tiempo y disponer de recursos para otras cosas; la telefonía para evitar mensajeros; la tubería para llevar agua; la luz que nos regala el sol y economiza electricidad; 29 y así, todo lo que libera recursos’’[7]

Todos estos inventos y muchos más hacen la vida más fácil a millones de personas, y la mayoría de ellos provienen de países industrializados que, a su vez, son industrializados gracias a los inventos. Es lo que hoy llamamos el desarrollo tecnológico. Si en esos países se prohibieran las exportaciones y en los demás lugares del planeta se hiciera lo mismo con las importaciones, la mayoría de los habitantes de los países menos industrializados vivirían en forma muy semejante a lo que lo hacían sus ancestros siglos atrás.

Cerrar el comercio exterior es una invitación al subdesarrollo. La tecnología es progreso y el progreso se da en distintas partes del mundo. El comercio libre permite que ese progreso llegue a lugares donde el progreso no existe o es lento.

‘’Como vimos anteriormente, la jurisdicción política de residencia del proveedor de bienes no justifica negar a nadie un beneficio tangible derivado de una importación’’[8]

El proteccionismo, que las teorías nacionalistas abogan para, como decía un ex ministro de economía argentino ‘’vivir con lo nuestro’’, significan (como se lo ironizó) ‘’vivir con lo puesto’’. De manera humorística –pero con razón- se le contestó que sus propuestas de cerrar las fronteras implicarían volver a la época del taparrabo, el arco y la flecha.


[1] Manuel F. Ayau Cordón Un juego que no suma cero La lógica del intercambio y los derechos de propiedad Biblioteca Ludwig von Mises. Universidad Francisco Marroquín. Edición. ISBN: 99922-50-03-8. Centro de Estudios Económico-Sociales. Impreso en Guatemala. Pág. 51

[2] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 51

[3] Ver nuestro libro La meta de la sociedad superior

[4] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 51

[5] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 52

[6] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 52

[7] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 52

[8] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 52

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Dolarizar Argentina es posible y deseable

Por Adrián Ravier.  Publicado el 29/4/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/04/29/dolariza-argentina-es-posible-y-deseable/

Argentina tiene la dolarización en la mesa de debate. Empresarios, banqueros y políticos lo están considerando como una opción real

La opción de la dolarización de la economía local es uno de los temas del debate electora de este año (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)

La opción de la dolarización de la economía local es uno de los temas del debate electora de este año (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)

Los datos del IPC de este primer trimestre 2023 muestran que Argentina ya ha superado la inflación del 100% para los últimos doce meses.

Resumiendo la historia reciente, la convertibilidad de 1991 a 2001 le ha dado a la Argentina los 10 últimos años de estabilidad monetaria. El kirchnerismo (2003-2015) cambió las reglas, y con ello volvió la inflación. Federico Sturzenegger, bajo el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), fracasó en el último intento de configurar un programa de estabilización. Y bajo el gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) se han sucedido diversos ministros de economía que jamás tuvieron en carpeta la idea de estabilizar los precios, y si lo hicieron, fue a través de un fallido intento de controlar algunos precios. La situación actual, sin embargo, no es una excepción por una sucesión de malas gestiones de la moneda. Desde la creación del Banco Central de la República Argentina en 1935 esta situación de inestabilidad ha sido la norma.

Las propuestas de dolarización se habían multiplicado hacia fines de la década de 1990 como consecuencia del posible abandono de la convertibilidad. De hecho, Carlos Menem llegó a proponerla primero en 1999 ante la devaluación de Brasil, y luego como su plan de gobierno en 2003, cuando abandonó el ballotage que lo hubiera enfrentado a Néstor Kirchner. Entre aquellas propuestas quizás la que más ruido hizo fue la de Steve Hanke, un economista extranjero que contribuyó a que otros países tomaran ese camino, como fue el caso de Ecuador y El Salvador. En ese mismo momento, el propio Domingo Cavallo, padre de la convertibilidad, había rechazado la propuesta, lo mismo que la mayoría de los economistas locales, con escasas excepciones.

En la coyuntura de los últimos años las propuestas vuelven a emerger, aunque ahora con una representación más local. Por un lado, junto a Nicolás Cachanosky presentamos una propuesta de reforma del sistema financiero en 2014, pero el gobierno de Mauricio Macri la ignoró. Emilio Ocampo, también con Nicolás Cachanosky, presentaron una propuesta más completa en un libro de reciente publicación titulado “Dolarzación. Una solución para la Argentina”. Junto a Jorge Avila y Osvaldo Schenone, también publicamos otro libro con un carácter un poco más institucional titulado “Populismo, restricciones constitucionales y dolarización oficial para Argentina”. Y se puede mencionar también la propuesta de Alfredo Romano en otro libro titulado “Dolarizar”. Los tres libros contienen diferencias en el margen, pero resuelven muchos de los mitos que hoy circulan entre los críticos.

Comencemos por definir las dos posibilidades de dolarización. La primera implica mantener el peso, y plantear un sistema bimonetario, donde la circulación del dólar no tenga restricciones. Implica por supuesto eliminar el cepo cambiario, pero además suprimir el curso forzoso. Los argentinos podrían realizar contratos en la moneda que deseen, sea el peso o el dólar, pero también se abre una competencia entre muchas otras monedas. Como decía Friedrich Hayek en un libro titulado “La desnacionalización del dinero”, bajo este esquema operaría la Ley de Gresham, en la cual la moneda buena desplazará a la moneda mala. Presuponemos que los argentinos utilizarán los pesos para realizar sus pagos de impuestos y gastos, pero dejarán el dólar para otras funciones como reserva de valor. Si además el Banco Central propone una regla en la que no seguirá expandiendo la cantidad de pesos en circulación, entonces el esquema podría ir permitiendo que Argentina reduzca la tasa de inflación mes a mes, sin generar temor en gran parte de la población.

El obstáculo que algunos economistas observamos en esta propuesta es que un futuro populismo no tiene más que romper esa regla para volver a abusar de la posibilidad de monetizar los desequilibrios presupuestarios, lo que nos devolvería a la inflación en un futuro cercano, reduciendo previsibilidad a quienes quieran invertir en el país.

La segunda propuesta es un poco más audaz, pues implica eliminar el peso. Para ello se le pedirá a los argentinos algo que ya hicieron en 1991 cuando se estableció la convertibilidad. En aquella oportunidad los argentinos se presentaron a la caja de un banco y cambiaron sus australes por dólares a una tasa de cambio de 10.000 australes por 1 peso. La ley de convertibilidad a su vez fijaba una paridad de 1 peso = 1 dólar. No sólo ello. El Banco Central además estaba imposibilitado de imprimir nuevos pesos, si no se sumaba nuevos dólares en reserva.

En estos tiempos de la era digital la conversión sería bastante más sencilla, pues bastaría un click en home banking para gran parte de la población para convertir sus tenencias en pesos por dólares a la tasa de conversión pre-fijada.

La pregunta que surge aquí es posiblemente la que más preocupa a la población, y a muchos economistas. ¿Cuál sería la tasa de conversión elegida en un país que no tiene dólares? Para quien escribe es curioso que haya economistas profesionales que sostengan que no hay dólares en Argentina. La respuesta, sin embargo, abre varias opciones, pues la tasa de conversión dependerá de numerosos factores políticos que varían de acuerdo a quienes construyen sus propuestas. Veamos algunos de estos.

Quizás la primera cuestión es manifestar el volumen de pesos que hoy circula en la economía, o el que potencialmente circulará el 10 de diciembre de 2023 cuando emerja eventualmente en las urnas el próximo Presidente con ánimo dolarizador. Estos pesos implican el circulante que utilizamos los argentinos para transacciones, pero también todos aquellos pesos que los argentinos o algunos instituciones argentinas han depositado a plazo fijo en los bancos, los que a su vez, depositaron este dinero en el Banco Central animados por una atractiva tasa de interés. La preocupación es tal que puede ocurrir que para el momento de intentar dolarizar los pasivos del Banco Central multipliquen por cuatro el circulante para transacciones. ¿Cómo es posible que alguien pretenda dolarizar esta cantidad de pesos sin dólares en reserva?

La respuesta técnica a esta pregunta tiene muchas opciones también, pero la más pertinente hoy es la que han ensayado Ocampo y Cachanosky en el libro mencionado. Para analizar este esquema debe observarse el Balance del Banco Central, donde estos pasivos se ven respaldados por una serie de activos cuya cotización en el mercado es muy baja, pero que eventualmente bajo un gobierno que genere mejores expectativas, podría intentarse canjearlos por nuevos activos a una tasa de interés menor. La idea es interesante en lo político porque implicaría una menor devaluación de la que muchos analistas proponen, al mismo tiempo que se evita que los depositantes pierdan sus activos, o se les deprecien.

Aquí emerge entonces un elemento clave. El gobierno dolarizador no puede plantear simplemente un esquema de dolarización a secas. Esa medida fracasaría de inmediato. La medida debe plantearse en el marco de un esquema integral que incluya entre otras medidas un presupuesto base cero, el equilibrio o mejor aun un superávit fiscal, la baja de impuestos, la desregulación de varias áreas claves de la economía incluyendo la legislación laboral, la apertura económica, una reforma previsional y la privatización de una serie de empresas públicas hoy deficitarias. En este esquema Argentina abriría un espacio de optimismo entre inversores que tendrían interés en apostar por un país que hoy está lejos de aprovechar su potencial.

Si este cambio de reglas ocurre, entonces dolarizar es posible y deseable. Es posible porque Argentina podrá acceder a una cantidad de dólares que permitan sustituir el circulante en pesos. De ahí en adelante los argentinos harán sus contratos en dólares, los trabajadores cobrarán dólares, los impuestos se pagarán en dólares, e incluso el gasto público será en dólares. El Banco Central estará cerrado y el peso dejará de circular como de hecho lo hizo el Austral.

En mi paso por Ecuador en 2020, invitado para participar de los 20 años de dolarización, tuve la oportunidad de conversar con varios expertos en la materia entre quienes destaca Gabriela Calderón. Esta economista me comentaba -en función de su experiencia ecuatoriana- que luego de dolarizar, los dólares que los residentes argentinos tienen hoy debajo del colchón, en cajas fuertes, cajas de seguridad, o incluso en otros países como Uruguay o Suiza, podrán emerger en Argentina para comprar los activos cuyo valor hoy están deprimidos. Argentina es un gigante dormido, y su potencial es abismalmente mayor que el que se observa hoy.

Algunos críticos afirman que si Argentina avanzará en todos estos frentes entonces no necesita introducirse en este esquema de dolarización. El problema es que el programa de estabilización que se requiere como contrapartida tomaría bastante más tiempo del que puede disponer el próximo gobierno para estabilizar la moneda. Ya hemos visto la experiencia de Sturzenegger, quien técnicamente comprendía la causa monetaria de la inflación. La dolarización tiene muchas ventajas, una de las cuales es precisamente la estabilidad inmediata del nivel de precios. Sin este objetivo cumplido, es muy difícil poder avanzar en los otros frentes.

Decíamos además que la dolarización es deseable. Lo es porque eleva el costo de des-dolarización. No fue tan difícil romper con la convertibilidad, aun cuando los argentinos votaron a Fernando De la Rúa en 1999 para que hiciera lo posible por sostenerla. Aquí se utiliza el ejemplo del ex Presidente Correa en Ecuador, quien deseaba recuperar el Sucre y con ello las políticas inflacionarias y devaluatorias, pero el ecuatoriano lo rechazó. Es posible que ante un gobierno populista futuro el argentino manifiesta una preferencia por el dólar, que ya no se le derretirá en las manos.

Es deseable, además, porque al eliminar la inflación y el riesgo de devaluación, la Argentina tendrá tasas de interés de un dígito, lo que implica recuperar el crédito y con ello el crecimiento económico. Este plan integral de gobierno implicaría un cambio radical en las reglas de juego, lo que permitirá tener una década de expansión económica que no se ha visto en los últimos tiempos.

Existen otros argumentos falaces que arrojan los críticos y confunden a la opinión pública, como el caso de Carlos Melconian, quien afirma que 180 países tienen Banco Central. Podría argumentarse que España, Italia, Francia, Portugal, Irlanda hoy no disponen de un Banco Central que le permita monetizar sus desequilibrios presupuestarios. España abandonó la peseta, y eso le permitió terminar con la inflación y las devaluaciones, lo que le permitió experimentar un crecimiento inédito en su economía en las dos décadas siguientes. No ignoro, por supuesto, la importancia del aspecto comercial de la Unión Europea, pero es por ello que Argentina tiene que acompañar la reforma con la apertura económica y la integración comercial con otros bloques económicos extra-Mercosur.

Otros críticos observan que Argentina perderá soberanía y pasará a depender de Estados Unidos. Personalmente no veo a España perdiendo soberanía por más que haya renunciado a la peseta.

Por lo pronto, Argentina tiene la dolarización en la mesa de debate. Empresarios, banqueros y políticos lo están considerando como una opción real, y pienso que es una reforma posible y deseable que pueden contribuir a ordenar una herencia que es muy costosa para el pueblo argentino.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Sigue a @AdrianRavier

La economía, con la mirada en octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 21/3/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/03/21/la-economia-con-la-mirada-en-octubre/

La inflación de febrero del 6,6%, junto con un aumento interanual del 102%, abren interrogantes sobre si es posible, sin un plan consistente y un gobierno sin credibilidad, evitar la aceleración de los precios

La aceleración de la inflación en febrero generó señales de alerta. Antes de avanzar, es importante destacar que un estadio de hiperinflación no se produce a partir de determinado tasa de aumento de los precios, sino que se da cuando la gente huye del dinero cada vez más rápido y se manifiesta en remarcaciones diarias, o hasta varias veces en el día.

Cuando se produjo la hiperinflación de 1989, los años anteriores la tasa de aumento interanual del IPC del Indec se fue duplicando, pero nada hacía presagiar que a partir del 6 de febrero de 1989 todo se iba a desbarrancar tan aceleradamente.

Hay un dato actual que se asemeja mucho al entonces bautizado Plan Primavera, que fue el último intento del equipo económico de esos años para llegar a las elecciones anticipadas a mayo de 1989. En ese momento el Banco Central absorbía la casi totalidad de los depósitos que recibían los bancos, y los instrumentos que se utilizaban para inmovilizarlos en el BCRA eran varios, pero básicamente se llamaban “indisponibles” y tenían tasas de interés crecientes.

Hoy, el equivalente son las Leliq y equivalen a 2 veces la base monetaria y al 77% del total de los depósitos del sector privado; generan un déficit cuasifiscal superior al déficit fiscal primario de la Administración Central

Como puede verse en el gráfico, las tasas de inflación anuales previas a la hiperinflación fueron duplicándose.

Cabe recordar que en 1985 se implementa el Plan Austral de estabilización de precios que posibilitó bajar en 1986 la inflación de poco más de 1.000% anual a 81,9%, pero luego empieza a duplicarse año tras año hasta que en 1989 se dispara la hiperinflación.

Considerando que el argentino mayor de 40 años está acostumbrado a sobrevivir los procesos inflacionarios y sabe cómo defenderse, no es de descartar que el proceso se pueda acelerar, y se manifieste en mayor huida del dinero. Eso no quiere decir que se avanza inevitablemente por ese camino.

Cambio de ritmo de la actividad

A este escenario complicado se le agrega la caída que se observa en el estimador mensual de actividad económica en los últimos 4 meses de 2022, que se traducen en un aumento de la recaudación impositiva por debajo de la tasa de inflación. En febrero 2023 los ingresos tributarios aumentaron 82,3% mientras la inflación fue 102% respecto de un año antes, más allá que gravitó el menor ingreso de derechos de exportación, por liquidaciones anticipadas y la sequía.

La drástica baja esperada en el resultado de las cosechas determinará un importante faltante de dólares de exportación -se estiman en USD 20.000 millones-, para satisfacer las necesidades de los importadores de insumos para que puedan producir, excepto que el Gobierno disponga acelerar la tasa de devaluación del peso, para impulsar otras actividades exportadoras y desalentar importaciones de bienes de consumo.

En ese caso, habrá aumentos de costos en los insumos que, o se trasladan a precios o, si el mercado no absorbe esos aumentos de precios, cae la oferta.

Más cantidad de pesos que la gente no quiere volcados al mercado y menos oferta de bienes y servicios, es la tormenta perfecta para desatar un proceso inflacionario agudo, si genera un incremento notable en los tipos de cambio libres (blue, MEP o CCL) que lleve al retiro de depósitos para cubrirse contra la inflación.

Ese retiro de depósitos obligaría al BCRA a cancelar el equivalente en Leliq emitiendo pesos que llevarían a acelerar el proceso inflacionario. Nada tan diferente a lo que ocurrió en 1989 con los depósitos indisponibles.

La sequía le complicó más los planes al Gobierno porque acentuó la falta de dólares y eso traba la actividad económica (Reuters)La sequía le complicó más los planes al Gobierno porque acentuó la falta de dólares y eso traba la actividad económica (Reuters)

En definitiva, el Gobierno está en un serio problema para tratar de llegar a las elecciones generales de octubre sin una crisis inflacionaria y cambiaria. La sequía le complicó más los planes porque acentuó la falta de dólares y eso traba la actividad económica, en tanto las cuentas fiscales no cierran salvo que se licuen los gastos vía inflación. En ese caso la suba de los precios pasaría a ser un instrumento transitorio de “estabilización”, un verdadero oxímoron.

No se ve tan claro que el kirchnerismo duro vaya a tolerar un 2023 electoral sin un “plan platita” para hacer populismo y, sobre todo, tratar de sostener a los intendentes del conurbano.

No vaya a ser cosa que el ajuste vía licuación del gasto público (jubilaciones, sueldos de empleados, planes asistenciales, etc.) además de la inseguridad, le haga perder al oficialismo el bastión del conurbano donde la pobreza y el clientelismo político son sus armas predilectas para sostenerse en el poder.

En definitiva, para llegar a octubre todavía falta un largo recorrido, pero todo puede pasar en esta economía sino aparece un plan consistente de estabilización.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

¿Qué diablos quiere decir que hay que “hacer un ajuste”?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2023/03/04/que-diablos-quiere-decir-que-hay-que-hacer-un-ajuste/

Insistir en que los actuales niveles del gasto público deben hacerse eficientes es tan desatinado como sostener que el robo debe ser eficiente

Frédéric Bastiat

Frédéric Bastiat

Hay quienes insisten en que para corregir los entuertos que vivimos los argentinos hace falta “un ajuste” por lo que es pertinente detenernos en esta palabreja a los efectos de aclarar su significado. Antes nos hemos referido al asunto pero en vista de que se reiteran casi a diario una y otra vez las recomendaciones del ajuste, es del caso volver sobre este tema con la intención de despejar telarañas mentales.

Ajustar tiene la connotación de algo doloroso y casi cruel. En este contexto se pregunta y repregunta en diversos medios cuando se sugieren medidas de fondo para revertir la situación hasta que punto sangrará la comunidad al adoptar tal o cual política considerada necesaria.

A nuestro juicio el asunto está mal planteado. El ajuste, el dolor, la crueldad y el sangrado ocurren como consecuencia de no adoptar medidas correctivas que precisamente nos liberen del espantoso ajuste cotidiano que venimos soportando desde hace décadas. Un verdadero ajuste a la garganta de cada cual. Se requieren entonces medidas que nos liberen del ajuste que sufre la comunidad argentina, muy especialmente sobre las espaldas de los más vulnerables. Hay que demandar medias anti-ajuste para liberar la energía creadora aplastada con gastos exorbitantes, impuestos insoportables, inflación inaguantable, regulaciones asfixiantes, legislación laboral contraria al trabajo y cerrazón al comercio internacional que obligan a pagar más caro y de peor calidad. Estos ajustes brutales son al cinturón de la gente que respira con dificultad como consecuencia del apriete inmisericorde. Por tanto debemos liberarnos del ajuste crónico que siempre provoca el estatismo.

El reducir el monstruoso aparato estatal libera recursos para que puedan emplearse de modo productivo y no parasitario que empobrece a todos. Del mismo modo que se liberó al hombre de la barra de hielo cuando apareció la heladera, al cartero cuando se generalizó el uso del correo electrónico o los fogoneros cuando aparecieron las locomotoras Diesel, de ese modo y con mucha mayor razón y urgencia se libera fuerza laboral para emplearse en faenas útiles en lugar de paralizarlas en poner palos en la rueda. A su vez el empresario deseoso de sacar partida de nuevos arbitrajes estará especialmente interesado en capacitar para incrementar sus ganancias en nuevos renglones.

A los que, dentro o fuera del gobierno, se alarman por los llamados “ajustes” debo decirles que tienen razón en preocuparse, así como cuando se proponen medidas de shock. Ya bastantes ajustes y shocks sufre la población en nuestro medio desde que amanece hasta que se acuesta como para absorber otros reveses.

A partir del golpe fascista del 30 y mucho más desde el peronismo y sus imitadores venimos chocando contra una pared. Es momento de escuchar otras voces que no sean las de repetir la misma cantinela estatista de los últimos largos tiempos.

El asunto es precisar que si en verdad se quiere aliviar la situación de la gente, es imprescindible engrosar sus bolsillos, para lo cual deben transferirse recursos desde el Leviatán, que ha venido saqueando el fruto del trabajo ajeno al acumular funciones incompatibles con un sistema republicano. No se trata entonces de ajustes y shocks adicionales, sino de restituir e incrementar el poder adquisitivo de los gobernados.

No se trata tampoco de disimular el gasto elefantiásico con el incremento del producto bruto para modificar la ratio respectiva; se trata de eliminar facultades que se han arrogado con inaudita insolencia los aparatos estatales, pero que son propias del ciudadano.

Entre otros, el decimonónico Frédéric Bastiat en su obra titulada La ley, explica con claridad que no se puede recurrir a subterfugios para disfrazar las recaudaciones gubernamentales que exceden las funciones específicas de una sociedad abierta, las cuales, subraya, se traducen en mero “robo legal”.

Ilustremos esto con un ejemplo extremo referido a la zoncera del gradualismo: supongamos que un ladrón arranca la billetera de un transeúnte; seguramente si es apresado se hará que el delincuente devuelva el botín a la víctima, pero no gradualmente, sino lo antes posible. De lo que se trata no es de implantar la justicia con cuentagotas, sino de restituir la propiedad.

Del mismo modo ocurre con un gobierno completamente desordenado en sus cuentas. Si se gasta más de lo que ingresa en un contexto de gasto hipertrofiado, no puede evitarse la bancarrota de una empresa o los efectos nocivos del desorden en el seno de una familia. Pero estemos atentos también en esto, no se trata simplemente de equilibrar las cuentas que puede lograrse succionando la totalidad de los recursos de la gente lo cual significaría convertir en esclavos a todos sin déficit fiscal. De lo que se trata es de respetar los derechos y consecuentemente el fruto del trabajo ajeno limitando el manotazo fiscal a lo imprescindible para garantizar el respeto recíproco.

No se trata de causar dolor, sino alivio y mejora en la condición social de la gente. Lo relevante es que el balance neto entre costos y beneficios abra de par en par las puertas del progreso para todos, muy especialmente la de los más necesitados. No hay magias posibles, no puede engullirse la torta y tenerla al mismo tiempo.

El desorden conlleva costos altísimos que los pagan principalmente los más débiles económicamente, ya que los ahorros y las inversiones se contraen. Por supuesto que todo en la vida tiene un costo. No hay acción sin costo. El lector incurre en costos al leer esta nota, puesto que para hacerlo debe abstenerse de prestar atención a otros asuntos de su preferencia según la secuencia de prioridades de cada cual. En economía esto se denomina costo de oportunidad. En el caso que nos ocupa, en un primer momento absorberán costos quienes deben amoldarse a otros destinos al efecto de ser reabsorbidos en tareas distintas que no podían encararse, precisamente debido a que se encontraban esterilizadas en las órbitas de los aparatos estatales. Pretender el progreso sin cambio constituye una contradicción mayúscula puesto que el progreso es cambio. Recordemos que los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas, a diferencia de Jauja siempre hay todo por hacer y sin trabajo no se concibe la producción de bienes ni la prestación de servicios incluyendo la robotización que también libera trabajo para nuevos oficios.

En este sentido, como queda consignado, la liberación de factores humanos y materiales permite encarar otras tareas, hasta el momento imposibles de concebir, lo cual presenta nuevos negocios y las consecuentes capacitaciones. Debe hacerse foco en el sufrimiento, especialmente el de la gente de menores ingresos sobre la que recae el peso de verse obligada a mantener funcionarios cuyas faenas consisten en asignar recursos en direcciones distintas de las que hubiera decidido la gente en libertad (si el gobierno decidiera lo mismo que prefiere la gente sería superfluo el uso de la fuerza que en todos los casos demanda la intervención estatal). La vida es corta, esta situación injusta que se viene prolongando clama a los cielos.

Solo proteger derechos es la función del monopolio de la fuerza. La herencia recibida es catastrófica, pero no podemos consumir nuestras existencias maldiciendo ese estado de cosas, sino tomar el toro por las astas y revertir el problema en lugar de agravarlo tal como viene ocurriendo. Liberar recursos se torna indispensable, insistir en que los actuales niveles del gasto público deben hacerse eficientes es tan desatinado como sostener que el robo debe ser eficiente.

En este contexto, es crucial comprender que los salarios e ingresos en términos reales dependen de las tasas de capitalización. Esta es la diferencia entre países prósperos y países pobres. No son los recursos naturales que a veces crean la falsa ilusión de riqueza per se, es un tema de marcos institucionales confiables.

De todos modos, cualquiera que sea la situación, quienes estiman necesario ayudar en mayor medida al prójimo lo pueden hacer, por ejemplo, a través de una ONG de amplio acceso público donde cada uno ingresa su donación. Con esto, los políticos y sus socios dejarían de recurrir a la tercera persona del plural en sus discursos y, en su lugar, todos lo harían en la primera del singular asumiendo responsabilidades. En este supuesto no se usaría a los pobres para campañas electorales y se finiquitaría con la hipocresía de sostener que los gobiernos (es decir los vecinos) deberían ayudar a otros de modo coactivo.

Como queda dicho, debe enfatizarse otra sandez cual es priorizar a todo trapo el orden en las cuentas fiscales al tamaño del aparato estatal, las dos cosas son importantes pero como ha dicho Milton Friedman es mejor un déficit del fisco del 10% del producto con impuestos del 2% y no cuentas equilibradas con una succión estatal del 80% del producto. El problema medular es el tamaño desmedido del aparato estatal que provoca un ajuste fenomenalmente dañino en la vida de la gente.

Se hace necesario retomar la tradición alberdiana y recordar que nuestro país estaba a la vanguardia del mundo libre cuando se adoptó. En resumen, debemos escapar de la dialéctica del ajuste como salvación para en su lugar implantar medidas anti-ajuste o anti-apretada para permitir que florezca el progreso propio de un clima liberal. Sugiero se recurra a la expresión “liberar fuerzas productivas” hoy encarceladas por el estatismo, es decir, el “robo legal” un concepto clave a contracorriente del positivismo que fue estampado por la célebre pluma de F. Bastiat a quien hemos mencionado más arriba en esta nota. Los costos de la liberación de recursos son siempre infinitamente menores que mantener las botas sobre cuerpos indefensos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La Argentina rezagada

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 12/03/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/03/12/finde-la-argentina-rezagada/

Se podrían perfeccionar las instituciones y procedimientos en vigencia aprovechando las enseñanzas de las naciones avanzadas

Con la violencia caótica centrada en Rosario, se comprueba que la ineptitud de los gobiernos restringe las seguridades y disfrutes personales

Con la violencia caótica centrada en Rosario, se comprueba que la ineptitud de los gobiernos restringe las seguridades y disfrutes personales

Los economistas neoclásicos suelen suponer la ausencia de costos de decidir, la automaticidad de ponerse de acuerdo, hallando las alternativas mejor competitivas, sin esfuerzos ni gastos.

No obstante, las imperfecciones del mundo real se trasladan a que todas las normas, leyes, contratos, acuerdos, sean inevitablemente incompletos. Tales imperfecciones requieren adaptaciones en cada caso particular para hacerlas más satisfactorias a cada uno de los distintos contratantes singulares.

Actualmente, con la violencia caótica centrada en Rosario, se comprueba que la ineptitud de los gobiernos restringe las seguridades y disfrutes personales, junto también con los intercambios comerciales. Se podrían perfeccionar las instituciones y procedimientos en vigencia aprovechando las enseñanzas de las naciones avanzadas.

Al efecto, cabe reiterar las diferencias de ingresos promedio entre los países, desde USD 300 al año por habitante en Burundi, y USD 100.000 en Irlanda, radica en sus organizaciones respectivas, a través del tiempo.

Régimen monetario y reglas estables

Así, para mejorar cualquier sistema monetario se deben ajustar las reglas básicas: la unidad de cuenta; el ancla verdadera (la regla de emisión o el nivel del índice de precios objetivo (en la Convertibilidad, el valor de la intervención al que BCRA compraba y vendía dólares); los medios de pagos; y la organización de la oferta monetaria (sistema, normas bancarias y financieras).

Por su parte, las reglas elementales de propiedad deben regular el uso del bien, la obtención de la corriente de sus servicios, trasformaciones y ubicación. Incluyendo la cesión del todo o parte de un bien a un precio y condiciones pactadas con otra persona. La inestabilidad de la propiedad es el impedimento principal de la prosperidad de las sociedades, destacaba David Hume.

Las reglas fiscales de limitación del gastos e ingresos del Estado son claves para garantizar la credibilidad de los compromisos públicos.

En su última reunión, los empresarios más importantes del país cuestionaron al modelo económico: “Es inevitable que Argentina para desarrollarse pretenda políticas económicas normales. Durante largos años hemos carecido de moneda doméstica respetada, sufrimos una muy elevada y distorsionada presión tributaria, con cambios permanentes en las reglas de juego, varios tipos de cambio, injerencias indebidas en las empresas, controles de precios, o múltiples restricciones al comercio exterior; por nombrar algunas anomalías”.

Además de los objetivos generales de cualquier estructura institucional, las sociedades avanzan con la comprensión de cómo los individuos reaccionan anticipando ciertas circunstancias. Resaltaba Frank Knight, en Riesgo, Incertidumbre y Beneficios”, 1922: “Es necesario considerar a la naturaleza humana tal como la conocemos” para hacer buenos pronósticos. En especial, el oportunismo como una condición endémica con la cual las organizaciones deben contender. Con reglas confusas o cambiantes eso ya no sería probable.

Precisamente, es el orden general el que hace previsibles las reacciones del público en los espectáculos, las obras de teatro y los cuerpos colegiados; a los comportamientos individuales según las diferentes empresas y entidades constituidas; a los empleados estatales y los privados; a los gerentes de los dueños. Ese orden convierte a la economía en una ciencia. Según se ordene el país será más o menos previsible.

El desorden lo heredan las futuras generaciones, a menos que hubieran fortalecido las reglas sobre las que se edificaron las estructuras institucionales.

El quebrantamiento de las instituciones de la Convertibilidad, del pago de la deuda pública y de los servicios públicos competitivos, en 2002, y en 2008, la estatización del sistema privado de jubilaciones, AFJP; todavía imponen altos costos en la actualidad, deteriorando los ingresos del conjunto de los argentinos.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE. Sigue a @blascogar

Impuestos y gustos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/1/23 en: https://www.elcato.org/impuestos-y-gustos-0

Carlos Rodríguez Braun recuerda que no pagamos impuestos de manera condicional, sino porque estamos obligados a hacerlo.

Declaró a El País hace un tiempo el pianista y escritor James Rhodes: “Me encanta pagar impuestos, si no van al hermano de [Isabel Díaz] Ayuso y sí a mejorar la vida de la gente. Mi mujer no entiende nada”. Ignoro lo que piensa su mujer, pero sospecho que quien no entiende es don James.

Naturalmente, los progres de El País titularon la entrevista así: “Me encanta pagar impuestos”. Pero la cuestión fiscal no estriba en los gustos en absoluto. No hay ningún problema con que al señor Rhodes le guste pagar impuestos. De hecho, podría entregarle al Estado mañana mismo todo lo que posee. La clave de los impuestos no es que a él le encante pagarlos, sino que el Estado le obliga a pagar a mi vecina. Tanto la obliga que, si ella no paga, puede terminar en la cárcel. Este es el verdadero problema de los impuestos, que tantos biempensantes ignoran. Naturalmente, los progres de El País no preguntan nunca al señor Rhodes, ni a nadie, lo siguiente: “¿Le encanta a usted que su vecina sea obligada, bajo pena de prisión, a pagar impuestos?”.

Además de la referencia al hermano de Isabel Díaz Ayuso, que no cometió ninguna irregularidad, afirma Rhodes que le gusta pagar impuestos “si” mejoran la vida de la gente. Pero uno no paga impuestos de manera condicional. No pagamos para que se hagan tal cosa u otra. Pagamos porque estamos forzados a hacerlo. Asimismo, si el gasto público mejora la vida de la gente, el mismo razonamiento nos llevaría a concluir que esa vida empeora cuando la gente se ve obligada a pagar los impuestos que sufragan ese gasto. No verá usted este análisis en los medios, ni en ninguna parte.

Por fin, la entrevista brinda indirectamente una información muy valiosa, y es que el señor James Rhodes utiliza el dinero que le queda después de pagar impuestos para una excelente labor: una fundación que protege a las víctimas de abusos a la infancia y a las personas mayores solas. Ese hecho, de por sí, demuestra que las personas podemos hacer por nuestra cuenta la misma labor asistencial que el Estado da por sentado que no podemos hacer, y que por eso es necesario que nos quite lo que es nuestro mediante los mismos impuestos que a don James le encanta pagar.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y fue miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun Su blog es: http://carlosrodriguezbraun.com

ARGENTINA: CONTROLES DE PRECIOS: EL MANUAL DEL BUEN POPULISTA

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/1/23 en: https://jeffersonamericas.org/2023/01/18/argentina-controles-de-precios-el-manual-del-buen-populista-por-roberto-cachanosky/?utm_campaign=shareaholic&utm_medium=twitter&utm_source=socialnetwork

El Gobierno insiste con fracasadas políticas en el mundo y en particular en la Argentina, mientras que no advierte el costo de la desmesurada expansión de la base monetaria.

Ensayando una vez más la receta fracasada en el mundo y más aún en el país, el Gobierno no solo apela a una medida que a lo largo de la historia demostró no servir para frenar la inflación, sino que, además, hace un acuerdo, como en las épocas más violentas del peronismo cuando el general decía que “estaba dispuesto a hacer cumplir los precios máximos, aunque tuviese que colgarlos a todos”. Una versión siglo XX de los edictos de Diocleciano en el siglo IV DC en que había establecido la pena de muerte para quienes no cumplieran son los precios máximos.

El ministro de Economía Sergio Massa repite medidas que fracasaron hace 1.700 años, se sumergió en Diocleciano. La pregunta es: ¿Si el Gobierno está festejando que no llegó a los tres dígitos de inflación anual en 2022 porque estuvo en el 95%, para qué manda a las fuerzas de choque a controlar precios en los supermercados?.

Lo que el Gobierno no dice es que, en diciembre, a pesar del fuerte aumento del stock de Leliq y Pases netos del BCRA, para esterilizar el exceso de pesos en la economía, la base monetaria creció en promedio 9,6% respecto del promedio de noviembre y que en los primeros 10 días de enero se expandió 9,3% adicional. En otras palabras, se asiste a un festival de emisión monetaria que inevitablemente tendrá impacto sobre el nivel de precios porque son pesos que la gente no demanda.

Pero atención que la emisión monetaria que hace el Gobierno para financiar al Tesoro no es solo por Adelantos Transitorios, el BCRA también emite pesos para comprar bonos que emite la Tesorería y que el mercado no puede absorber.

Por eso, computando los “trucos” del BCRA para disimular la emisión monetaria para financiar al Tesoro, en 2022 el impuesto inflacionario estuvo en el cuarto puesto de las fuentes de financiamiento de la Administración Central.

Como es costumbre en los populismos, los gobiernos destruyen la moneda y luego buscan un culpable afuera por el aumento de precios que no es otra cosa que una depreciación de la moneda.

Este gobierno ya intentó controlar los precios mandando a La Cámpora a los supermercados, en 2021 decidieron mandar a los inspectores de la AFIP a verificar el cumplimiento de los Precios Máximos.

Pocos meses atrás acordó con los intendentes para que se encargaran de seguir los precios e incluso iban a recibir una parte de las multas por las infracciones a los Precios Máximos y ahora mandan a fuerzas de choque con el sindicato de camioneros y piqueteros.

Solo les falta resucitar a Torquemada y mandarlo con la Santa Inquisición a controlar los precios.

REGLA BÁSICA

Una vez más hay que insistir con que los costos no determinan los precios, sino que son los consumidores quienes deciden cuánto están dispuestos a pagar por determinado bien o servicio el que determina los costos de producción en que puede incurrir una empresa.

También hay que insistir en que hablar de “ganancia justa” es un disparate conceptual. ¿Considerando la imprevisibilidad en las reglas de juego, la falta de respeto por los derechos de propiedad, las arbitrariedades de los funcionarios públicos, cuál es la tasa de ganancia justa para invertir capital en una empresa en Argentina?

Pero en última instancia, el Estado no tiene derecho a decirle a la gente a qué precio tiene que vender el fruto de su trabajo. Cada vez que interviene en el mercado fijando precios máximos y regulándolo se producen faltantes.

Basta con ver los dramas que viven los inquilinos que, ante una absurda ley de alquileres, se contrae la oferta, el inquilino no tiene opciones y, encima, los dueños tienen baja rentabilidad en un activo ilíquido.

El mercado ajusta por precio o por cantidad. En la medida que el Estado establece un precio máximo, el precio artificialmente barato aumenta la demanda de ese producto o servicio y contrae la oferta de quienes los producen.

Además, desaparecen los productores marginales que son aquellos que teniendo costos más altos que sus competidores, no pueden sostenerse con el precio artificialmente bajo. Por lo tanto, o cierran el negocio o se pasan al mercado informal.

En rigor, no es que el ministro Sergio Massa quiere controlar la inflación, necesita desesperadamente mostrar un aumento del IPC que tenga tendencia a la baja para decir que está cumpliendo con su objetivo de desaceleración persisten del ritmo de aumento de los precios.

En 1946, Hermann Göering -responsable, entre otras cosas, de los planes económicos del nazismo- le dio una entrevista al corresponsal de guerra Henry Taylor. El prisionero nazi le dijo: “Ustedes en América están tomando una serie de medidas que a nosotros nos causaron problemas. Están intentando controlar los salarios y precios, es decir, el trabajo del pueblo. Si hacen eso, también deben controlar la vida del pueblo. Y ningún país puede hacerlo en forma parcial. Yo lo intenté y fracasé. Tampoco pueden hacerlo en forma total. También lo intenté y fracasé”. Este texto está tomado del libro 4.000 Años de Controles de Precios y Salarios, Como no Combatir la Inflación, de Robert Schuettinger y Eamonn Butler.

En definitiva, ni los nazis, con todo el aparato represivo que desplegaron tuvieron éxito con los controles de precios.

El peronismo vuelve una y otra vez sobre la misma receta fracasada a lo largo de la historia de la humanidad. Y esa insistencia en el fracaso no es torpeza, es el típico intento del populismo de quitarse la responsabilidad de encima de haber emitido moneda para financiar el déficit fiscal y transferirle los efectos perversos de esa emisión a un enemigo inventado.

El populismo siempre inventa un enemigo para decirle al pueblo que unas personas perversas los están explotando y ellos, los populistas, vienen a salvarlos. Es de manual. Y Massa no parece querer apartarse del manual del buen populista.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

A 21 años de la salida de la convertibilidad: resultados catastróficos, incluso cambiarios

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/1/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/01/10/a-21-anos-de-la-salida-de-la-convertibilidad-resultados-catastroficos-incluso-cambiarios/

El 6 de enero de 2002 Eduardo Duhalde, elegido presidente por la Asamblea Legislativa, decía la famosa frase: “el que depositó dólares recibirá dólares y el que depositó pesos recibirá pesos”. Qué ocurrió

La devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de Duhalde, Jorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren (Reuters)

La devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de Duhalde, Jorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren (Reuters)

Se abandonaba la Ley de Convertibilidad 21 años atrás y la economía argentina entraba en un colapso económico mayor al de 2001, porque ya no era el corralito lo que iba a afectar los ahorros de los argentinos, aparecía la pesificación asimétrica, en que el principal dato era que el que había depositado dólares recibiría dólares a un tipo de cambio menor al que imperaba en el mercado.

Luego veremos que el principal perjuicio que generó la pasificación de los depósitos fue la ruptura de los contratos por parte del Estado, porqueel que tenía dólares en el banco recibió pesos.

El Estado, cuya principal función es velar por el cumplimiento de las leyes y considerando que los contratos entre las partes son ley, fue el primero en violar la ley. Costo que hoy se sigue pagando por la falta de confianza en que las autoridades garanticen el cumplimiento de los acuerdos entre las partes.

Pero el “club de los devaluadores” de esos años, entre los que se encuentran actuales funcionarios públicos, solo pensaron en beneficiar a sus empresarios socios y, con el argumento del tipo de cambio bajo, hicieron un destrozo que generó una caída del PBI del 11% y la pobreza saltara a 55% de la población.

Ni siquiera sirvió semejante barbarie económica para no volver a repetir los errores de política, porque el peronismo, que gobernó 17 de esos 21 años, se encargó de “pisar” el tipo de cambio como supuesto mecanismo antiinflacionario, al punto que la paridad real actual es peor que en la que rigió durante la convertibilidad.

El siguiente gráfico muestra la evolución del tipo de cambio real peso-dólar promedios mensuales que publica el BCRA. El primer dato es que el último mes completo de la convertibilidad fue diciembre de 2001, porque la salida de ese régimen con la devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de DuhaldeJorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA
Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA

El tipo de cambio real promedio de noviembre de 2015, último mes completo del gobierno kirchnerista anterior al actual, era un 8% menor al de diciembre de 2001, según datos del BCRA.

Es decir, destrozaron los ahorros de la gente, e hicieron estallar la pobreza, en nombre de un tipo de cambio que consideraban atrasado durante la convertibilidad y ahora el Gobierno del mismo signo político se aferra al cepo cambiario y a una paridad oficial que según los datos que publica el BCRA es menor al de la convertibilidad. La consecuencia: se contrajo la oferta y se expandió la demanda de algo que estaba artificialmente bajo.

Es curioso cómo defensores de lo que llaman la industria nacional, como De Mendiguren, a la cual hay que proteger porque no quiere competir, terminan otorgándole a un sector un tipo de cambio artificialmente tan bajo, incluso menor al que rigió durante la convertibilidad, pese a que de esa forma conspira contra las exportaciones de manufacturas y alienta las importaciones.

Por eso tienen que, recurrentemente, acudir a mecanismos arancelarios y paraarancelarios para proteger una industria que no está en condiciones de brindar bienes en la calidad y precio que se consiguen a nivel internacional. El perjudicado termina siendo el consumidor, porque es una forma de bajar el salario real en beneficio de un sector productivo.

El otro dato que surge del gráfico es que a diciembre de 2022 el tipo de cambio real promedio de pesos por dólar, en base a datos del BCRA, se ubicó un 19% por debajo de noviembre de 2019 que fue el último mes completo de la presidencia de Cambiemos.

Además, la serie revela con claridad como la cotización del dólar artificialmente barata, es brutal en los primeros 12 años de gobierno K y nuevamente cae en forma pronunciada en los 3 con Alberto Fernández como presidente.

El gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentinaEl gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentina

Dicho, en otros términos, los que se quejan siempre del dólar barato de la convertibilidad son especialistas en atrasar artificialmente el tipo de cambio oficial al punto que terminan estableciendo cepos cambiarios y racionando la entrega de moneda extranjera para poder importar insumos.

El gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, porque cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentina, cosa que si fuera cierta tendríamos que ser una potencia económica con la cantidad de veces que se depreció el peso argentino.

Es que es tal la emisión monetaria que se requiere para financiar el populismo que la inflación se dispara y el gobierno termina recurriendo al ancla el tipo de cambio oficial para intentar contenerla.

Plan económico

Dicho sea de paso, se suele nombrar a la convertibilidad como si hubiese sido un plan económico. En rigor, fue una regla monetaria por la cual el BCRA solo podía emitir si había un dólar respaldando cada peso en circulación.

Al igual que la caja de conversión en patrón oro, el BCRA funcionaba como una caja de conversión, pero en lugar de ser convertible a oro fue a dólares, porque la sociedad simplemente eligió la divisa. Es refugio de valor y cada vez es más medio de cambio ampliamente aceptado, en tanto que el peso, devaluado sistemáticamente, es despreciado por la gente, y prácticamente se lo toma como unidad de cuenta.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA y del mercadoFuente: Elaboración propia con datos del BCRA y del mercado

Si se mira la serie de brecha cambiaria entre la cotización del dólar oficial y el blue, se aprecian cuatro picos en el último medio siglo.

El punto máximo se produce al finalizar la denominada “inflación cero” de José Ber Gelbard, que desembocó en el “rodrigazo” en 1975; luego se encuentra otro en 1982, al finalizar la Guerra de Malvinas; y el tercero en marzo de 1989 después del estallido del Plan Primavera en febrero de 1989 y la entrada en la hiperinflación.

Sin embargo, hubo un pico más alto que en la hiperinflación de 1989, que fue en julio2022 cuando la brecha llegó al 115%, con lo cual ese dato ubicaría a brecha cambiaria de este gobierno en el tercer lugar más alto del último medio siglo.

En síntesis, la salida de convertibilidad no trajo tipos de cambio reales más altos. Por el contrario, derivó en una brecha cambiaria que se amplió a una de las mayores en medio siglo de economía argentina, las exportaciones se estancaron en volumen desde 2004; la actividad agregada no crece desde desde 2011 y la pobreza está llegando a los mismos niveles de comienzo de siglo.

El gobierno peronista con predominio kirchnerista ha sido letal para la economía argentina, porque confirmó que el problema del país no fue tanto la falta de una adecuada regla monetaria, sino el populismo que arrasa con el orden jurídico. Y sin reglas de juego estables y donde impera la arbitrariedad, el resultado es más pobreza.

Quienes creyeron que con salir de la convertibilidad iba a venir la prosperidad a la Argentina se equivocaron fiero, porque dio rienda suelta al populismo más exacerbado que terminó destruyendo la capacidad productiva del país y creando una mayor legión de pobres e indigentes.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La inflación distorsiona todas las cuentas, los déficit fiscal y cuasifiscal

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 26/11/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/11/26/la-inflacion-distorsiona-todas-las-cuentas-los-deficit-fiscal-y-cuasifiscal/

La economía enfrenta las consecuencias de la carencia de una contabilidad integrada entre lo monetario y las finanzas públicas

Diferentes analistas están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución (Reuters)

Diferentes analistas están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución (Reuters)

Desde hace más de 40 años, el economista Ricardo Arriazu viene explicando la urgencia de disponer de una contabilidad integrada, inclusiva de los impactos monetarios, de la cuentas externas y resultados patrimoniales.

No obstante, diferentes analistas se focalizan en aspectos parciales y están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución por los intereses que se pagan por esa deuda (déficit cuasi fiscal). Miradas incompletas que urge integrarlas.

En 1982, en un trabajo con Alfredo Leone y Ricardo López Murphy, examinaron el tema de los “déficits ocultos”, las sorpresas de registrar deudas sin exponer los desequilibrios que las originaron (ocurre ahora con las pérdidas del dólar soja).

Para obtener datos más valiosos, se necesita consolidar los estados contables de las diferentes instituciones del sector público y una medición en tres unidades de cuenta distintas: valores corrientes (para visualizar los efectos monetarios), en dólares (para estimar el impacto en las cuentas externas) y en moneda constante (para medir su impacto patrimonial).

Los valores nominales del balance del Banco Central parecerían mostrar que las advertencias son válidas; al 7 de noviembre el valor del stock total de esos instrumentos era de $9,2 billones (con un crecimiento de $4,2 billones en el año) y los intereses devengados se elevaron a $2,4 billones (por el crecimiento de la deuda y de la tasa de interés).

Cuando se comparan esos pagos de intereses con el resultado primario del sector público nacional (cerca de 1 billón en 10 meses) parecería que el déficit del BCRA es 2,5 veces más grande que el déficit primario reportado.

(Foto: Franco Fafasuli)(Foto: Franco Fafasuli)

No obstante, la realidad es más compleja. La variación del patrimonio neto nominal del BCRA durante este período fue positiva en $879 mil millones, lo que implica que las alarmas dejan de lado el hecho que la entidad también tiene activos que devengan intereses y actualizaciones. Por lo tanto, la discusión debe incorporar el verdadero valor del debe y el haber de la hoja de balance.

Al mismo tiempo, la inflación distorsiona todas las mediciones. Medidos en valores de hoy el stock de esos instrumentos de deuda solo creció $186 mil millones, y la tasa implícita de interés sobre la deuda promedio fue el 37,4% (muy inferior a la tasa de inflación).

Adicionalmente, el Banco Central se benefició del impuesto inflacionario (la base monetaria cayó 2,2 billones en moneda constante). Claramente, el monto de los intereses está distorsionado por la tasa de inflación.

Hasta aquí parecería que en moneda constante el problema no fuese importante; sin embargo, el ítem más relevante en el activo son las tenencias de títulos públicos ($12,1 billones, con un crecimiento de $5,4 billones en el año), y aquí aparece el primer problema: estos títulos devengan un ajuste similar a la tasa de inflación y gran parte de la mejora patrimonial del Banco Central está asociado a esa suba de valor, mientras que el Tesoro trabaja en base caja (existe un balance devengado que nadie utiliza) y no contabiliza como gasto la suba del valor de la deuda hasta que se paga el bono.

En otras palabras, el que oscurece el déficit es la Administración Central.

Brechas nominales y reales

La inflación también afecta las cuentas del Tesoro, y no sólo por los conocidos rezagos en los ingresos y en los gastos. Si la deuda pública fuera el 50% de un PBI de 100 pesos, con una tasa de interés real del 5%. Sin inflación, el pago de intereses sería el 2,5% del PBI-, pero con inflación del 100% la tasa nominal se elevaría al 105%, el pago de intereses sería de $52,5, lo que representaría el 26,25% del PBI. Al igual que en el sector privado, en un contexto de alta inflación, los balances nominales pierden sentido.

La mayor parte de la deuda pública está dolarizada, atada al dólar, o a la tasa de inflación, en parte a decisión de los acreedores. Pero el resultado fiscal no incluye los incrementos en el valor de ese pasivo, distorsionando aún más las cifras fiscales.

Por último, el supuesto “beneficio” del Banco Central al “licuar” su deuda con la inflación es justamente el impacto de la emisión que se desea evitar. Por ello, lo importante es medir cuales son los desequilibrios que contribuyen a la inflación. La única manera de medir estos desequilibrios es cuantificando el “déficit consolidado de inflación cero”, es decir consolidando los balances devengados de ambas instituciones, eliminando los efectos de la inflación sobre las cuentas. No es un cálculo sencillo, pero Ricardo Arriazu arriesga a que es mayor que el actual déficit primario del Tesoro, pero mucho menor que el que resultaría de adicionar al déficit del Tesoro los intereses de la deuda del BCRA.

Todas estas distorsiones se evitarían suprimiendo la inflación. Para eso, la condición necesaria es eliminar la emisión de pesos no demandada.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE. Sigue a @blascogar