¿El que apuesta al blue pierde?

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 27/7/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/07/27/el-que-apuesta-al-blue-pierde/

Como venimos anticipando, por ejemplo, en la nota “La economía argentina en situación muy complicada”, la inflación global está tomando un vuelo muy importante (y, por cierto, hay un gran negocio dentro de esto, ya que implica billones de dólares emitidos y regalados a los amigos del poder, que explica buena parte de la “pandemia”). Ahora, insólitamente, se ha producido un hecho novedoso, el SP 500 (SPX) ha seguido subiendo -básicamente debido a la inflación- mientras que el dólar se revaloriza (DXY inverso) con respecto a una canasta de divisas, lo que viene a demostrar que las otras monedas están aún más inflacionadas que el dólar:

Refinitiv

        Dentro de estas monedas más inflacionadas está, obviamente, el peso argentino:

             Con respecto al blue, el peso cae un 11,15% en lo que va del 2021, mientras que contra el dólar oficial baja un 13%, al tiempo que la variación acumulada del IPC es del 25,3%.

             Con respecto al resto de los dólares, el movimiento ha sido el siguiente:

                 Mientras que el IPC (“inflación”) se ha movió de manera completamente desagregada del dólar oficial demostrando que nada tiene que ver una cosa con otra a pesar de lo que cree el gobierno:

             Por cierto, la mejor medida de la inflación -desvalorización por exceso de emisión- no es el IPC, como dijimos varias veces, sino el dólar blue porque es el que con más libertad refleja la depreciación del peso. Como vimos la inflación real -suba del blue- en 2021 hasta junio fue menor que en 2020 sencillamente porque se emitió menos, pero ahora resulta que el blue sube un 8% en lo que va del mes, sencillamente porque se disparó la maquinita.

             Como dijimos la inflación es el exceso de oferta por sobre la demanda que viene cayendo, en líneas generales, porque el gobierno está llevando adelante una política económica que no solo espanta las inversiones, sino que, además, promueve la fuga dados los altísimos impuestos, las fuertes regulaciones que impiden el desarrollo económico y la inflación -que no es otra cosa que descapitalización desde que quita valor a la moneda- y que luego se traslada a los precios.

             Como señala Roberto Cachanosky, ya el ritmo de aumento de los precios es similar al que dejó Cambiemos. El último mes completo de gestión de Macri arrojó una suba del IPC –“inflación”- interanual del 51% y en junio último fue del 50,2%, con el tipo de cambio oficial y las tarifas de los servicios públicos virtualmente “pisados”.

            Por cierto, la expansión monetaria que hace el BCRA para financiar el déficit fiscal ha llevado a que la inflación acumulada entre 1935, cuando se creó el BCRA y 2020, llegue a la friolera de 398.209 billones por ciento. Un promedio del 52,6% anual, según Cachanosky.

             Precisamente, por los precios pisados, es que el aumento del IPC viene retrasado. Como puede verse en el siguiente gráfico, la inflación real (la suba del blue) el año pasado fue muy fuerte y recién ahora se está trasladando -lo que era inevitable que ocurriera tarde o temprano- a los precios y por ello la suba del IPC este año hasta ahora (25,3%) ha sido mayor que la inflación real (11,15%):

                Por el lado de la oferta, precisamente si durante el año el dólar se mantuvo relativamente calmo fue porque el gobierno había logrado cortar la emisión. Pero, según Ramiro Marra, desde abril, el dólar subió un 30% y la expansión del dinero en circulación fue de casi $300.000 M. A eso hay que sumarle los adelantos transitorios del BCRA al tesoro por $410.000 M que pasaron a liderar la emisión. Y julio, es el tercer mes al hilo de expansión monetaria y apunta a ser el récord. Ya el 25 de junio se dio un salto con un Adelanto transitorio de $90.000 M y luego, en la primera quincena de julio, se sumaron otros $130.000 M.

               Desde Invecq señalan que, con los datos de las finanzas públicas del primer trimestre del año, las cuentas fiscales mostraban una importante corrección no solo con relación a 2020 sino también al 2019, el último año de la gestión de Cambiemos. Pero ahora han comenzado desde junio un nuevo ciclo de desajuste con relación al 2019.

                  Particularmente el último mes del semestre los ingresos totales cayeron 4% real, el gasto total creció 3%, el gasto primario subió 13% y aumentaron tanto el déficit primario como el déficit total. Es decir que junio representa un quiebre de tendencia que, con seguridad, se profundizará en los meses venideros. Así, como muestran los siguientes gráficos, los déficit prometen agravarse y, seguramente, los cubrirán con emisión, o sea, inflación, ergo, suba del blue:

                 Ya que, en cuanto a los ingresos con un nivel de actividad que sigue por debajo de los de 2019 y pasado el momento de fuerte recaudación vía retenciones y desaparecidos los ingresos del impuesto a la riqueza, es muy probable que la caída de junio se profundice en los próximos meses.  

                 Y los gastos se disparan dado que gran parte del ajuste de los últimos meses se debió a la licuación de las jubilaciones y pensiones y los salarios públicos. Pero dado el diseño de la fórmula de movilidad jubilatoria, es probable que junio sea el piso de este gasto y que ahora comience a incrementarse a un ritmo más acelerado que el de la inflación, a lo que debemos sumarle bonos como el que se pagará en agosto. En tanto que los subsidios en junio muestran un crecimiento de casi 100% real con relación a 2019 y prometen seguir expandiéndose.

                 Y todavía hay que sumar, los “gastos electorales” como las transferencias a las provincias y los planes sociales. Y, por último, comenzará a rebotar la partida que mayor ahorro le había generado al gobierno, es decir, los intereses de la deuda que se ahorraron con el canje empezarán a crecer durante el segundo semestre como consecuencia de las colocaciones a corto plazo que se hicieron en el mercado local durante el primer semestre.

                Por cierto, el mercado es muy frio, no se maneja con expectativas -no del modo que popularmente se cree- sino con realidades. Así, suele creerse que en tiempos electorales la gente busca refugio en el dólar, pero no es así, la realidad es que en tiempos electorales suele acelerarse la maquinita, la emisión, y entonces, se dispara la devaluación del peso, o sea, la cotización del blue. Así y todo, todavía hay quienes creen que el IPC subirá más que el blue y entonces siguen apostar al CER, sin embargo, según vimos el blue podría mejorar esa opción.

                Volviendo al tema de la inflación como empobrecimiento del mercado, recordemos que, según el Indec, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT) de junio tuvieron incrementos con fuertes aceleraciones. La primera, que marca la línea de la indigencia, trepó 3,6%, y la segunda 3,2%. Un salario mínimo no alcanzó para mantener la alimentación básica de una familia tipo. Y así, la pobreza no dejó de crecer en la primera mitad del 2021 y se acercó al 42,8%.

                  Y, por cierto, mostrando muy crudamente la descapitalización del mercado, en CABA a mayo pasado, la cuota a pagar por un crédito hipotecario por la financiación del 80 % de un departamento usado de dos ambientes, era más alta que el ingreso total de un trabajador registrado, según Reporte Inmobiliario.

                   Por ejemplo, acceder a un crédito de $10,35 M para la compra de una unidad de 42 m2 exige el pago de una cuota inicial de $87.364. Así, el pago mensual de la hipoteca supera en $1.415, la remuneración bruta promedio registrada, y además es necesario tener como mínimo con otros $2,6 M para solventar el 20 % que el banco no financia y cerca de otro millón adicional para cubrir honorarios y escrituras:

                    Donde (1) es el precio inmobiliario Índice RE/MAX-UCEMA – Mayo, 2021, (2) es el tipo de cambio vendedor blue – 31/05/2021 y (3) la remuneración bruta (previa a las deducciones por cargas sociales) declarada por la empresa para cada mes.

                   Es decir, los gobiernos de las últimas décadas han sido cualquier cosa menos popular, y la propiedad privada va quedando solo para los ricos y, por cierto, como siempre, para los amigos del poder.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Saldrá la Argentina de terapia intensiva?

Por Aldo Abram: Publicado el 27/7/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/saldra-la-argentina-de-terapia-intensiva-nid27072021/

Si para algunos el Gobierno no tenía plan económico, en la reunión con el Consejo Interamericano de Comercio y Producción, el ministro Guzmán dejó claro que sí lo hay. Está basado en un Estado que es el motor del crecimiento y, por ello, no hay posibilidades de reducir el gasto público ni los impuestos que, al contrario, están aumentando para las empresas. Además, aclaró que es el Gobierno el que tiene el rol de promover el crecimiento, con más presencia del sector público en la economía. Por suerte, también consideró que la sostenibilidad fiscal es una condición necesaria para la estabilidad; pero ya quedó claro que será a costa del sacrificio del sector privado productivo. Por lo tanto, en el mediano plazo, seguramente veremos que la crisis se vuelve a profundizar.

Para entenderlo, vamos a dar un ejemplo que tiene que ver con la pandemia. Antes de que ésta llegara al país, la Argentina era una paciente que ya estaba en terapia intensiva, debido a diversas enfermedades que amenazaban con llevarla a la muerte. Lamentablemente, el Covid funcionó como un virus intrahospitalario, cuya peligrosidad todos conocen. Agravó la situación del paciente; aunque, luego, logró empezar a recuperarse. En eso estamos, pero el problema es que todavía nadie se ocupó de curar las afecciones por las que el paciente ya estaba en terapia intensiva.

Como toda crisis, la que llevó al hospital a la economía argentina era una de credibilidad en un futuro de crecimiento sostenible. Por eso, perdió el crédito y los argentinos y extranjeros empezaron a sacar sus ahorros e inversiones del país. Pues la desconfianza sigue estando allí. Los títulos en dólares, que fueron entregados a los bonistas a los que en 2020 se les reestructuró la deuda con una quita, cotizan a precios que indican que, quienes los compran y venden piensan que volverán a ser reestructurados en el mediano plazo. O sea, consideran que el país es incapaz de generar el crecimiento y la credibilidad que garantice que se podrán pagar o refinanciar los pasivos del Tesoro argentino.

Cabe aclarar que, de la misma forma que la confianza en el futuro de la Argentina no cambió trascendentalmente con la reestructuración de la deuda privada, tampoco lo hará cuando se acuerde la que se está negociando con el Club de París y el FMI. Es poco probable que el trato que se cierre con el Fondo tenga algo más que algunas metas fiscales; ya que cualquier intento de imponer las necesarias reformas estructurales derivaría en un fracaso y la cesación de pagos de una buena porción de la cartera de créditos del organismo.

Cabe aclarar que acá no se trata de cómo se llama el doctor, si el paciente no recibe el tratamiento adecuado se morirá. Incluso, si el médico tiene el diagnóstico acertado y no le da correctamente la medicación necesaria, el paciente empeorará, como ya le pasó al “médico” anterior. Lo malo es que, del análisis de la actual gestión y de los dichos del ministro de Economía y del de Producción, quien atiende hoy a la Argentina tiene el diagnóstico errado; lo que sólo llevará a una profundización de la crisis.

Los continuos atropellos a la seguridad jurídica, al derecho de propiedad y la libertad de empresa son el mejor incentivo a que los ahorros y las inversiones se vayan, no a que lleguen para generar producción y trabajo productivo. Tampoco ayuda el “Estado omnipresente”, que en realidad lo es para brindarle “caja” y poder al gobierno de turno; pero no a la hora de cumplir eficazmente con las funciones indelegables que tiene para los argentinos. Encima, hay que pagar sus excesivas erogaciones con altísimos impuestos. El Banco Mundial tiene un índice de 191 países, en el que Argentina está 21 entre los que más exprimen con gravámenes a sus empresas. O sea, 170 naciones les ofrecen a argentinos y extranjeros tratarlos mejor en materia tributaria; ¿por qué invertirían acá? En otro índice, analizan que le pasaría a una pyme, con buenas ganancias respecto a sus ingresos, si pagara todos los impuestos y tasas de cada país. Pues en sólo dos daría pérdida y uno de ellos es la Argentina. Sin embargo, el gobierno y el ministro Guzmán aclararon que no bajarían los impuestos, sino que los subirán, cosa que ya están haciendo.

Eso no es lo peor, sino que ni así les alcanza para pagar todo el exuberante gasto público; por lo que toman crédito de un mercado que es el mismo disponible para todo el país. Por ende, dejan al sector privado sin este necesario fondeo para invertir y producir más. Es notable que se piense que no es recesivo ajustar (achicar) a los que trabajan y producen los recursos para pagar sus gastos y sueldos y, a través de los impuestos, los del Estado; pero sí lo es ajustar a este último que es el que eroga de más.

También es absurdo que, con más de 67.000 regulaciones, los funcionarios pretendan decirle cómo hacer las cosas mejor a quienes trabajan y manejan empresas, como si fueran dioses que todo lo saben. Es obvio que no es así, y que lo único que logran es que esas regulaciones no se cumplan o, si alguien lo hace, sea a costa de hacer su trabajo más ineficientemente; lo que implica menos bienestar para todos.

El contexto actual, entonces, termina agobiando al sector productivo, en especial a emprendedores y pymes, y llevándonos a la historia de decadencia y de crisis argentina. Lamentablemente, cada médico que llega piensa que puede aplicar el mismo fracasado tratamiento que ya llevó a la muerte al paciente; porque “él lo hará bien, no como los otros” y obviamente el resultado es un nuevo fracaso. Algunos facultativos quisieron evitarle padecimientos al enfermo y que el tiempo vaya curando sus males; lo cual sería un milagro que raramente se da; por lo que su situación termina empeorando. Quizás, los “doctores” argentinos podrían empezar a probar medicarlo de acuerdo a lo que indica la experiencia de los países que han prosperado y brindan mayores oportunidades de progreso a sus habitantes. Hay que curarle el exceso de Estado ineficiente y de regulaciones que lo agobia, para liberar las fuerzas de la creatividad, el trabajo y la inversión del sector privado productivo, única fuente real de bienestar de los países.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo.

Mantener las reglas de juego, sí… salvo que sean las reglas incorrectas

Por Adrián Ravier. Publicado el 26/7/21 en: https://www.cronista.com/columnistas/mantener-las-reglas-de-juego-salvo-que-sean-las-reglas-incorrectas/

Se ha señalado insistentemente que cada gobierno que llega lo hace con su propio libreto, cambiando las reglas de juego e impidiendo que las cosas resulten bien. Se reclama que las reglas de juego deben ser estables. ¿Quién puede oponerse a este principio? Personalmente lo acepto, pero con una variante. No debemos sostener siempre las mismas reglas de juego, cualesquiera sean esas reglas. Debemos mantener el marco de reglas estable, siempre que las reglas sean las correctas.

Piense el lector por ejemplo en Cuba, una economía socialista que por más de medio siglo mantuvo las mismas reglas de juego, sin propiedad privada, sin elecciones, aislados del mundo. Esas reglas sólo llevan a la miseria. Cuba debe cambiar.

Argentina inició un camino en 2003 que terminó con la abundante inversión extranjera directa de los años 1990, también con la estabilidad monetaria, retomó el sistema de reparto, volvieron los controles sobre los precios y sobre el tipo de cambio, se expandieron los planes y programas sociales, así como los subsidios a quienes lo necesitan y también a quienes no lo necesitan. Todo esto claramente debe cambiar.

Argentina necesita un marco de reglas con equilibrios macroeconómicos, partiendo por el equilibrio fiscal, lo que requiere de algunas reformas fundamentales:

1. Por el lado de los ingresos, una reforma tributaria, para que se simplifique la estructura tributaria, pero también para que se reduzca la presión tributaria. Más de 170 impuestos en los tres niveles de gobierno evitan que las empresas puedan generar actividad y empleo. Aplica aquí el concepto de la Curva de Laffer, donde desmantelando más de un centenar de impuestos, la Argentina podría incluso mejorar su recaduación.

2. Reforma integral del Estado, lo que implica revisar los presupuestos y reducir la órbita del estado, en línea con el principio de subsidiariedad. El Estado sólo debe hacer aquello que el sector privado no puede hacer. Hay mucho de lo que el estado hoy hace que podría ser administrado parcial o totalmente por el mercado, y con ello tendríamos mejores resultados y a menor costo. El sector privado ha probado ser mucho más eficiente que el sector público. Sólo cuando podamos recuperar el funcionamiento del mercado, podremos visualizar qué rol cabe para el estado en su objetivo de inclusión. El presupuesto base cero ha sido una buena herramienta para reestructurar empresas cuya solvencia estaba comprometida y también para algunos estados fallidos.

3. Reforma previsional, partiendo de un sistema de reparto quebrado, con la intención de recuperar ingresos dignos para la población pasiva, y al mismo tiempo con la intención de reducir la principal partida de gasto. El principal desafío aquí es definir una transición para un problema estructural que no puede seguir siendo ignorado.

Con estas tres reformas podrá alcanzarse el equilibrio fiscal y sólo mediante ellas la autoridad monetaria podrá abandonar la monetización del déficit público. Eso podrá evitar seguir inflando la economía con nuevas emisiones de dinero, pero aun queda pendiente resolver el enorme desequilibrio monetario hoy existente en las llamadas Leliqs. Aquí viene la cuarta reforma.

4. Reforma monetaria y bancaria. Argentina necesita plantear una reforma que permita recuperar una moneda sólida, sea a través de la dolarización, o bien a través de reglas monetarias que pueda aplicar el BCRA. Un ejemplo de esto es prohibir a la autoridad monetaria acceder a comprar bonos del gobierno. Numerosos países han alcanzado el equilibrio fiscal bajo esa regla. Algunos economistas pensamos que esas reglas sólo se cumplirían transitoriamente, y por ello sugerimos que la dolarización es una solución más definitiva, en la medida que termina con el BCRA. Con Nicolás Cachanosky hemos propuesto una reforma de dolarización flexible que resuelve el problema del desequilibrio monetario, atendiendo también la dificultad de los pasivos monetarios. La propuesta permitiría alcanzar rápidamente estabilidad monetaria, reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello generando una rápida mejora en la actividad económica y el empleo.

Finalmente, es necesario atender el desequilibrio cambiariocon un cepo muy duro para adquirir divisas, eliminando la discrecionalidad en su manejo, terminando con el atraso cambiario y también con el cuello de botella que hoy enfrentan las empresas que necesitan divisas.

5. Una reforma cambiaria debe encarar todos estos frentes, empezando por levantar el cepo y permitir que el mercado descubra cual es el valor del dólar, de acuerdo demanda por un lado, y su escasez por el otro. Una vez definida ese valor, reconociendo el lugar en el que estamos, Argentina podrá encarar la dolarización a una definida tasa de conversión, o bien una nueva convertibilidad (que no lo considero deseable), o bien una política monetaria con metas estrictas. Esa reforma debería resolver el atraso cambiario, a partir de lo cual Argentina podría emprender un nuevo camino de crecimiento.

Por supuesto hay otros frentes, otras reformas urgentes como la reforma laboral para alcanzar una mayor flexibilidad que beneficie a los trabajadores para obtener oportunidades de empleo, además del frente institucional, donde la inseguridad jurídica, la burocracia, la corrupción sean modificadas en favor de la independencia judicial y más transparencia.

Sólo una vez que estas reformas se haya practicado y que hayan resultado en equilibrios simultáneos en el frente fiscal, monetario y cambiario, podremos sugerir que las reglas de juego sean estables.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Sigue a @AdrianRavier

Por qué en la Argentina ocurren crisis cambiarias en forma sistemática

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/7/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/20/por-que-en-la-argentina-ocurren-crisis-cambiarias-en-forma-sistematica/?utm_medium=Echobox&utm_source=Twitter#Echobox=1626792869

La semana abrió con aumento de la cotización del dólar libre, el riesgo país sobrepasó los 1.600 puntos básicos y el BCRA tiene que hacer malabares para pagar importaciones y la deuda externa

La falta de dólares se debe a varios factores. En primer lugar, el Estado se apropia de las divisas de los que exportan y, lo hace a un tipo de cambio artificialmente bajo (Reuters)

¿Por qué razón la economía argentina cae continuamente en crisis cambiarias con tensiones inflacionarias? ¿Es esperable un nuevo desborde de los tipos de cambios alternativos al regulado por el Banco Central, y también del ritmo de suba de los precios al consumidor?

El primer dato a considerar en materia inflacionaria es que el gobierno de Alberto Fernández está llevando adelante una política económica que no solo espanta las inversiones, sino que, además, ya el ritmo de aumento de los precios es similar al que dejó Cambiemos.

El último mes completo de gestión de Mauricio Macri como presidente arrojó una inflación interanual del 51% yen junio último fue del 50,2%, con el tipo de cambio y las tarifas de los servicios públicos virtualmente “pisados”.

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Pero la razón para que continuamente haya saltos cambiarios es doble: 1) faltan dólares y 2) sobran pesos.

La falta de dólares se debe a varios factores. En primer lugar, el Estado se apropia de las divisas de los que exportan y, lo hace a un tipo de cambio artificialmente bajo.

Gobiernos populistas como el actual suelen argumentar que se necesitan los dólares de las exportaciones. En rigor, el que vende al exterior un producto es alguien del sector privado que produce a su riesgo. Entrega carne, soja o tornillos a cambio de divisas. Pero cuando recibe esos dólares aparece el Estado y dice: “esos dólares son míos, tome estos pesos devaluados a cambio”, y, para peor, a una paridad sustancialmente menor a la del mercado libre.

O sea, no solo el Estado le confisca los dólares al que produce y exporta, sino que además se apropia de parte de su esperada ganancia. Esta política, junto a la carga tributaria, regulaciones absurdas que encarecen la producción, una legislación laboral que no beneficia ni al trabajador ni al empresario que lo contrata, más la inseguridad jurídica y vivir con una economía cerrada, hace que la economía tenga muy baja competitividad para competir en el mundo y su volumen de exportaciones sea mínimo.Las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos (Reuters)Las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos (Reuters)

A modo de ejemplo, las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos.

Irlanda, habiendo hecho las reformas estructurales necesarias, sin la pampa húmeda, ni Vaca Muerta, etc. exporta USD 400.000 millones al año y tiene un territorio más chico que el de la provincia de Formosa.

La gran diferencia se explica por la limitación que se impone al ingreso de divisas por exportaciones, fruto del saqueo estatal a quien produce y exporta a través de las retenciones; por las restricciones a la disponibilidad de dólares para poder importar insumos, máquinas y accesorios, junto al resto de regulaciones de los mercados, porque afectan a la producción y también la productividad del uso de los factores.

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Pero ahí no termina la cosa. Un país no recibe dólares solo por el comercio exterior, también por la inversión extranjera directa (IED). En 2019, año anterior al de la pandemia, Argentina captó solo 4% de los USD 160.721 millones se canalizó a América Latina y el Caribe, según los datos de Cepal. El promedio anual estuvo en el 5,4% en el período 2003-2019; y se estima que en 2020 la IED para la región cayó a la mitad.

Tampoco, la Argentina capta recursos por préstamos internacionales, porque ha defaulteado varias veces la deuda y por tanto nadie tiene interés en prestarle al Gobierno ni comprar acciones o papeles de empresas argentinas, como lo demostró la degradación extrema por parte de MSCI.

Por otra parte, salen dólares, además por el pago de las importaciones; de gastos de turismo y viajes en el exterior; intereses de la deuda; el giro de dividendos y utilidades de las empresas, y por la recurrente fuga de capitales.

Salida de capitales

La fuga de capitales se debe a varios factores, pero pueden resumirse en: la inseguridad jurídica que impera en el país, incluida la carga impositiva y las reiteradas confiscaciones de ahorros.

Paralelamente, la expansión monetaria que hace el BCRA para financiar el déficit fiscal ha llevado a que la inflación acumulada entre 1935, cuando se creó el BCRA y 2020, llegue a la friolera de 398.209 billones por ciento. Un promedio del 52,6% anual.

La Argentina destruyó 5 signos monetarios y la gente no quiere el peso como reserva de valor. Eso significa que se refugia en el dólar u otras monedas.

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De ahí que sobran pesos y faltan dólares, lo que hacen que los gobiernos traten de postergar el desenlace de las presiones cambiarias e inflacionarias con controles de cambio, regulaciones de precios, atrasos tarifarios y toda una artillería de restricciones que terminas estallando en algún momento.

Como el argentino adoptó como moneda el dólar, al menos como forma de ahorro y refugio de valor, cuando se producen esas presiones cambiarias se acelera la huida de los pesos, con un final prenunciado.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cachanosky reveló 7 medidas económicas clave para “sacar adelante” a la Argentina

Publicado el 15/7//21 en: https://www.cronista.com/economia-politica/cachanosky-y-su-receta-magica-para-la-economia-argentina-7-medidas-clave-para-sacar-adelante-al-pais/

El economista reveló las siete medidas económicas que la Argentina debería aplicar. Desde reforma laboral, monetaria e impositiva hasta el fin de los subsidios y planes sociales.

El economista Roberto Cachanosky dialogó con LN+ sobre lo que él considera “el problema de la Argentina” y planteó siete puntos clave que, según su análisis, son las “medidas básicas que hay que tomar para sacar al país adelante”.

Según Cachanosky, la Argentina tiene un problema político, pero “previamente hay un problema de valores que ya imperan en la sociedad”, dónde -conforme a su visión- nadie tiene la intención de construir riqueza: “Yo creo que en la Argentina la democracia se convirtió en una competencia populista a ver quién le saca más a uno para darle a otro”.

En este marco, con una inflación mensual que ronda el 3,5% en el medio de una emergencia sanitaria que se ha cobrado la vida de casi 100.000 argentinos, Cachanosky plantea sus 7 reformas para “sacar adelante” el país:

REFORMA MONETARIA

“Argentina no tiene moneda, hay que hacer una reforma monetaria”, indicó el economista sin explayarse mucho más sobre la cuestión. Esta medida, en busca de calmar el proceso inflacionario, implicaría una nueva moneda y un freno a la emisión.

DESREGULACIÓN DE LA ECONOMÍA

Según Cachanosky, hay que “hacer una fuerte desregulación de la economía porque los burócratas traban todo el proceso económico para justificar su existencia y encarecen los costos de transacción”, indicó el economista.

Una desregularización de la economía en la Argentina obligaría a reducir las normas de la actividad, dando mayor espacio al libre mercado para determinar el equilibrio entre la oferta y la demanda.

REFORMA LABORAL

El tercer punto indicado con Cachanosky se refiere a “una reforma laboral que haga que las empresas quieran contratan gente”. Según él, es necesario “terminar con la industria del juicio absurdo” porque estas cosas “a una empresa grande le molesta, pero a una PYME la liquida“.

“¿Qué queremos? ¿Crear puestos de trabajo o que los dirigentes sindicales mantengan un grupito ahí adentro?”, finalizó

REFORMAR EL ESTADO

En este punto, Cachanosky propone una reforma doble al Estado: tanto en el tamaño como en la calidad del gasto público. “Son dos tipos de reformas que tenés que hacer ahí porque tenés un gasto público alto e ineficiente“, indicó.

REFORMA IMPOSITIVA

“Argentina es el segundo país más caro en el mundo en materia impositiva”, indica Cachanosky, refiriéndose a un informe del Banco Mundial que indica que la Argentina es el país con mayor carga impositiva en todo el mundo si no se considera a las jurisdicciones de un millón de habitantes, como las Islas Comoras, las cuales se encuentran por encima de nuestro país.

La Argentina tiene la mayor carga impositiva del mundo sobre la economía formal

Ante la pregunta del conductor sobre si “quienes están en blanco, pagan y cumplimentan todas y cada una de las reglamentaciones y resoluciones y tienen una presión fiscal como ningún a en el mundo”, ¿qué pasa?, el economista fue terminante: “¡Quiebran, quiebran!”.

Eso, indica luego, explica muchos factores de la ilegalidad: “Mucha gente quiere ingresar al sistema formal pero el sistema lo rechaza, impositivamente lo rechaza, porque es tan complejo que cuando el tipo hace las cuentas lo rechaza el sistema impositivo“.

¿Cuál es la reforma que hay que hacer? El economista indica que él comenzaría por el comercio exterior: “¿Cómo pensamos que podemos poner en funcionamiento la economía? ¿Vos pensás que con el consumo interno? Yo creo que no”, respondió.

“Cuando vas a necesitar inversión para tener volumen de producción, ¿vas para el mercado interno o para exportar? Yo creo que para exportar, la salida de Argentina, a mi juicio, es emigrar a exportar muchísimo“, indicó luego.

A lo que concluyó que, aunque el sector agropecuario “puede ser un gran motor inicial”, después existen una variedad de otros sectores que pueden impulsar la economía: “La industria del conocimiento en Argentina puede ser fenomenal”, agregó.

“INCORPORAR LA ARGENTINA AL MUNDO”

El economista no dio mayores detalles sobre como realizaría esta incorporación del país en un contexto internacional, aunque cree que la forma de hacerlo es incentivando las exportaciones.

“TRANSFORMAR LOS PLANES SOCIALES EN TRABAJO GENUINO”

“No podemos seguir con la cultura de la dádiva dónde repartís planes sociales”, explotó el analista de mercados, y propuso una solución: “A mi juicio lo que hay que hacer es tomar un crédito blando del Banco Mundial para dar cursos de capacitación en oficios”.

Así, recordó las escuelas de artes y oficios de su juventud y abogó por una vuelta de estas herramientas a través de un subsidio que acompañe la formación: “Yo lo que propongo es que, si vos recibís un subsidio, vas a cobrar a cambio de que vos vayas y hagas un curso“.

Según el plan de Cachanosky, el crédito blando serviría para pagar a los profesores y los materiales necesarios, mientras que los cursos se realizarían en colegios estatales o incluso parroquias.

“Una vez que el tipo terminó y se matricula le decís: ‘Bueno el contribuyente te va a seguir pagando el subsistido y yo te voy a ir reduciendo cierto porcentaje por mes’, entonces tenés que salir a buscar laburo como todos hacemos todos los días”, expuso.

Acá quieren construir la Argentina con planes sociales y con empleo público, osea con cultura de la dádiva, todos de arriba tomando mate y ninguno laburando”, finalizó con fuerza.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Empresarios incoherentes: la disonancia cognitiva

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/7/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/10/empresarios-incoherentes-la-disonancia-cognitiva/

Por diferentes razones, muchas veces los hombres de negocios actúan en franca contradicción con los principios del libre mercado

Desde el célebre trabajo de Adam Smith en 1776 se viene insistiendo en que la actividad empresaria debe circunscribirse a la faena comercial en el contexto del proceso de mercado libre pues ese es el talento del empresario exitoso: la capacidad de detectar arbitrajes entre costos subvaluados en términos de los precios finales y sacar partida por la diferencia. Subrayamos lo de mercado libre pues es el modo de satisfacer al prójimo como condición para incrementar ganancias, por el contrario si yerra en sus conjeturas incurre en quebrantos.

Lo dicho excluye a los asaltantes que pretenden jugarla de empresarios en conexión con el poder de turno al efecto de obtener privilegios que necesariamente conspiran contra el bienestar ajeno. Adam Smith advertía contra estos fantoches disfrazados de empresarios. Por su parte, en la misma línea argumental, Herbert Spencer explicaba los enormes beneficios de la acción de genuinos empresarios a los que les debemos los progresos en la alimentación, los medicamentos, los transportes, las comunicaciones, la vestimenta y todo cuanto aparece en el mercado. Pero como queda dicho todos esos beneficios se esfuman y se convierten en graves perjuicios ni bien se permite la antedicha cópula hedionda que le da la espalda a la inexorable conexión entre la satisfacción de los demás como requisito ineludible para la propia satisfacción.

Y ya que mencionamos al mercado es pertinente destacar que no se trata de una cosa ni de un lugar sino de un proceso en el que se llevan a cabo transacciones libres y voluntarias entre las partes. Constituye un antropomorfismo inaceptable interpretar que el mercado prefiere o el mercado decide como si se tratara de una persona que opera pues, como queda dicho, se refiere a millones de contrataciones implícitas o explícitas que se llevan a cabo cotidianamente. El mercado somos todos, cuando se dice livianamente que todo no puede dejarse en manos del mercado se está diciendo que las decisiones no pueden dejarse en manos de la gente para en su lugar permitir que megalómanos manejen vidas y haciendas ajenas.

Ahora bien, en no pocas oportunidades observamos que el empresario renuncia a su misión y se coloca como cortesano del aparato estatal e incluso abandona el apoyo a instituciones que trabajan para defender la sociedad libre en la que se desenvuelve el proceso de mercado. Algunas veces esto se hace por pura ignorancia del significado de la sociedad libre ya que el tener olfato para los negocios no remite necesariamente a que conozca los fundamentos de la libertad y en otras muchas ocasiones lo hace a sabiendas de su falta pero equivocadamente considera que personalmente puede sobrevivir mejor de esa manera sin percatarse que está rematando su empresa a manos de burócratas. Este segundo caso está vinculado a la denominada “disonancia cognitiva” que exploramos más abajo, pero en ambos casos se trata de muestras de irresponsabilidad mayúscula y de un suicidio colectivo.

En este contexto es menester subrayar la importancia de cortar amarras con los ladrones de guante blanco mal llamados empresarios en lugar de cambiar la fachada y rotar de “amigos del poder” en una calesita infernal. En esta línea argumental, cito a una persona que no puede estar más en las antípodas de mi pensamiento pero en una frase ilustra el cambio necesario aunque en una dirección distinta, es lo escrito por Arturo Jauretche: “No se trata de cambiar de collar sino dejar de ser perro”.

Es de interés indagar en los motivos que hacen que personas formadas con determinados valores en los que creen, en la práctica de la vida operan a contramano de aquellos principios. En economía hay un precepto que se denomina “la preferencia revelada”: no importa en qué consistan los discursos y las declamaciones, lo relevante son las acciones que en verdad ponen al descubierto los valores que se profesan.

Si una persona dice y repite que lo importante para él es la lectura pero se pasa la vida jugando al tenis, en la práctica, pone de manifiesto que lo prioritario para él es el deporte y no la lectura. Sin duda que también hay que tener en cuenta que pueden sostenerse de buena fe ciertos principios y, en los hechos, se violan debido a que “nadie puede tirar la primera piedra” en el sentido de que todos nos equivocamos. Pero el asunto es la continuidad en el tiempo: si permanentemente se cae en el pantano y no hay esfuerzo alguno para mantener la brújula y subirse a la huella y rectificarse, queda claro el principio que se aplica eclipsa y deglute al declamado. Sin duda que peor que esta situación es olvidarse de los mojones y parámetros de la conducta recta y ni siquiera declamarlos porque, en ese caso, se borra toda esperanza de reencauzar la acción hacia la buena senda.

En este mismo plano, intriga cómo es que muchos estudiantes universitarios que, dados lo tiempos que corren, tienen el raro privilegio de atender clases en las que se exponen las ventajas de la sociedad abierta o quienes han obtenido los beneficios de haber recibido esa educación en sus hogares y adhieren a esa forma de convivencia basada en el respeto recíproco, pero, sin embargo, en los avatares de la vida, en la práctica, renuncian a esos valores. Y lo curioso es que no lo hacen porque deliberadamente abandonan ese modo de pensar, al contrario, insisten en suscribir los pilares de la sociedad libre en el contexto de las relaciones sociales pero, nuevamente decimos, en los actos cotidianos ese pensamiento, de tanto amoldarse a las opiniones que prevalecen, se diluye y finalmente es devorado y triturado por los hechos diarios.

La explicación consiste que en numerosos casos, la persona aún manteniendo en las palabras esos principios, percibe que en el mundo que lo rodea las conductas son muy otras y, para sobrevivir, como si se tratara de un instinto inconsciente de supervivencia, aplican los valores opuestos en lugar de hacer frente a los acontecimientos e intentar revertirlos para mejorar la situación.

Internamente se pretende el autoengaño que, para suavizar la tensión subyacente, aparentan mantener los principios en los que racionalmente adhieren pero todos sus dichos y hechos apuntan en la dirección opuesta. Muchas veces de tanto simular terminan creyendo en sociedades autoritarias de diverso grado. Al fin y al cabo, como ha escrito Nathaniel Hawthorne en La letra escarlata: “Ningún hombre puede por un período considerable de tiempo usar una cara para él mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse acerca de cuál es la verdadera”.

Independientemente de las concepciones del psicólogo Leon Festinger en otros ámbitos, fue él quien bautizó en 1957 la idea de la referida tensión (aunque aplicada a casos y, en cierto sentido, contextos diferentes a los aquí expuestos) como “disonancia cognitiva”. Un neologismo fértil para explicar el fenómeno al que nos venimos refiriendo.

Hay otra situación a la que también aplicamos la antedicha noción de “disonancia cognitiva” y es cuando una persona sostiene que procede convencida de la más alta calidad de un bien pero queda a todas luces patente que su conducta obra por snobismo, show-off, para llamar la atención o simplemente para esconder algún complejo. Es cuando se encandila por precios altos de un bien y está atraída a su compra, no tanto por el contenido de lo que adquiere sino precisamente por el precio especialmente elevado.

Como es sabido, en economía se enseña que cuando el precio aumenta la demanda decrece (según sea su elasticidad). Sin embargo, se sostiene que en el caso comentado no tiene lugar la mencionada ley puesto que cuando el precio se incrementa se incrementa también la cantidad demandada. Esto no es así. Hay un espejismo que se conoce como “la paradoja Giffen” (por Robert Giffen, a quien Alfred Marshall le atribuyó la autoría del concepto). En realidad la ley se mantiene inalterada, lo que ocurre es que aparece un nuevo bien que se superpone al anterior y es el snobismo o sus antes referidos equivalentes que hacen de nuevo producto, para el que al elevarse el precio naturalmente se contrae la demanda.

Nadie declara que procede por snobismo, incluso puede pensarse que no se opera en base a esa tontera pero, en la práctica, la tensión interna hace que tenga lugar el autoconvencimiento de que se compra el bien en cuestión debido a “la calidad superior del mismo”. Dicho sea de paso, esa es, por ejemplo, la razón por la que la botella del vino Petrus se cotice a cinco mil dólares ya que no hay fundamentos enológicos para tal precio en comparación con otros vinos de igual o mejor calidad pero sin el mercadeo y la presentación de aquel (reflexión que para nada se traduce en que el valor deja de ser puramente subjetivo y dependiente de la utilidad marginal). Esto también ocurre con la pintura, la moda y otras manifestaciones públicas de variado tenor y especie pero, de más está decir, esta no es la tendencia prevaleciente en el mercado ya que la gente elige microondas, comida, televisores y demás bienes por su calidad y no por snobismo (de lo contrario, con suficiente mercadeo y publicidad se podría convencer a la gente que use candelas en lugar de luz eléctrica, carpas en lugar de edificios, monopatines en lugar de automóviles etc).

Otro ejemplo -lamentablemente de gran actualidad por estos días- es el método Ponzi (llamado así por el célebre estafador Carlo Ponzi emigrado a Estados Unidos de Italia en 1903) que se basa en un esquema piramidal en el que se prometen altos rendimientos sustentado en ingresos de nuevos inversionistas engatusados por grandes retornos y no debido a prometidas pero inexistentes colocaciones de fondos tomados de los clientes. Ha habido sonados casos de quienes sospechaban el fraude pero se autoconvencían de supuestos éxitos y habilidades de los tramposos. Otra vez, la “disonancia cognitiva”. Esto va también para sistemas de inseguridad antisocial conocidos como “sistema jubilatorio” administrados por quienes se presentan con la máscara de supuestos empresarios estatales. Y no se trata de introducir más regulaciones estatales e intentar hacer bien lo que está mal con retoques al fraude, sino de abrir paso a la completa libertad en el sector privado para que cada uno pueda usar y disponer del fruto de su trabajo.

En todo caso, el punto central de esta nota consiste en destacar esos raros y un tanto misteriosos vericuetos internos que apuntan al alivio de tensiones entre posiciones opuestas a través del autoengaño o la “disonancia cognitiva” que como hemos apuntado al abrir esta nota periodística se refiere de modo destacado y reiterativo a los pseudoempresarios de nuestro tiempo que constituyen un peligro manifiesto y presente para la preservación de los derechos de las personas.

Afortunadamente en estas épocas no estoy solo en las referidas preocupaciones respecto a los asaltantes de guante blanco (con o sin “disonancia cognitiva”), son muchos los que alzan su voz. En este sentido para ilustrar el asunto cierro con una referencia anecdótica que refuerza lo dicho en relación a personas de gravitación con quienes he intercambiado ideas en diversas oportunidades sobre la seria amenaza de los empresarios prebendarios y con quienes he mantenido un mano a mano en recintos universitarios, centros culturales, programas televisivos o por Zoom (todos se encuentran en Youtube) que me han resultado altamente enriquecedores, y ellas son: Loris Zanatta, Antonio Escohotado, Santiago Kovadloff, Javier Milei, Gloria Álvarez, Carlos Alberto Montaner, Ricardo Lopez Murphy, Juan José Sebreli, Agustín Laje, Marcos Aguinis, Álvaro Vargas Llosa, Axel Kaiser, Cayetana Álvarez de Toledo, Luis Pazos, Carlos Rodríguez Braun, Álvaro de Lamadrid y Jorge Fernández Díaz.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Crisis de deuda en Argentina?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 6/7/21 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n_192/8

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La Argentina enfrentará, en las próximas semanas, una muy difícil situación con sus acreedores externos. Acaba de reunirse con los representantes del “Club de París” para intentar anudar un acuerdo, que contempla un pago de 430 millones de U$S en los próximos 8 meses, para poder prorrogar así el inminente vencimiento de 2.000 millones de U$S, que adeuda a este organismo. Un eventual incumplimiento actuaría como un obstáculo insalvable a entablar negociaciones serias con el Fondo Monetario Internacional. En las primeras semanas de Julio, el país necesita iniciar acuerdos concretos con este organismo, para establecer un cronograma de pagos de intereses y amortizaciones realista, por la deuda a vencer con el Fondo, que supera la totalidad de las reservas de divisas del Banco Central. ¿Qué efectos puede tener esto en la marcha de la economía privada? ¿Qué impacto ejercerá en las empresas y porque es importante una negociación sincera, responsable y concreta? ¿Por qué se habla de la necesidad de implementar un plan económico viable y serio?

La importancia de servir oportunamente las obligaciones que hacen al crédito público fue claramente puntualizada por Juan Bautista Alberdi:

”…Siendo el crédito del estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan, que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre…”[i]

El crédito estatal toma varias formas, y no se limita solamente a lo que se conoce como deuda externa. La misma circulación monetaria, al estar formada por papel moneda inconvertible, tiene características de crédito. Consideremos que los receptores de moneda la aceptan, en la convicción de que van a poder convertirla en bienes y servicios, o más concretamente en divisas, a su requerimiento. Toda la base monetaria nominada en pesos es un compromiso del estado de permitir, a sus tenedores, conseguir a su sola presentación, el canje por su equivalente en bienes o divisas extranjeras estables. El banco Central, como proveedor de medios de pago, tiene la obligación insoslayable de mantener el poder adquisitivo de la moneda local. Todo el comercio, esencial para la marcha del sistema productivo, descansa en un sistema de precios, cuya función es revelar a los agentes económicos las diferentes opciones que la economía ofrece para proveer a los consumidores de los bienes y servicios que estos demandan. El proceso de asignación de recursos, los montos a invertir, las tecnologías a elegir, los plazos a asumir para implementar estas asignaciones de capital, la complejidad de los métodos de producción elegidos, la productividad de los mismos y la escala posible de implementar, son una función directa de la posibilidad de conseguir los capitales que financien toda esta estructura, a costos compatibles con los de los países que compiten con nuestras producciones en la escena mundial. El comercio internacional se realiza intercambiando divisas fuertes, estables, respetadas, entre las cuales, la nuestra no se ha ubicado nunca, precisamente por la poca confianza que genera. El crecimiento y la estabilidad de la economía depende de manera crucial en que exista esta confianza en el cumplimiento de los planes de negocios y en la marcha de las actividades del estado, y en la consecución de sus fines. Para que todo esto ocurra, es preciso que tengamos perfectamente en cuenta la necesidad de mantener las reglas de juego. Entre las que, las principales son las relaciones de precios, la protección de la capacidad de compra de los montos prestados, el cumplimiento estricto de los contratos. Y hacer previsible el costo del financiamiento, que debe mantenerse estable a lo largo de todo proceso de inversión, para que la capacidad de repago estimada se convierta en una realidad.

Un incumplimiento de los pagos de las obligaciones estatales hace pensar a los organismos internacionales que nuestro gobierno no podría, entonces, por falta de recursos, llevar adelante sus funciones esenciales. La utilización de un sistema financiero pequeño, aislado, que no puede captar fondos del extranjero, por la imprevisibilidad de la marcha de los principales indicadores macroeconómicos, deja a la banca cautiva de las decisiones del gobierno, que la podría utilizar como un títere, para financiar aquellos montos que no podría conseguir en los mercados de capitales en los que se financian las naciones competidoras. Esto dejaría sin posibilidades de financiamiento a las empresas medianas y pequeñas del mercado local. Impediría establecer relaciones de precios, de insumos producto y planes de negocios orientados a la exportación o integrando insumos y tecnologías importadas, de las que no disponemos aquí. La pérdida de competitividad internacional y la imposibilidad de competir en mercados remotos nos estaría impidiendo adoptar tecnologías y métodos de producción con las imprescindibles economías de escala que utilizan las naciones más competitivas.

Creer que una milagrosa corriente de crecimiento podrá aumentar la recaudación impositiva, hacer desaparecer el déficit fiscal, permitir un financiamiento competitivo a las empresas que todavía subsisten y son eficientes, aumentar las importaciones, generar divisas en exceso, para poder utilizarlas en la amortización de nuestras obligaciones y dotar a nuestra moneda de la estabilidad suficiente como para que pueda ser utilizada para diagramar planes de negocios realistas, ahorrar y financiar el crecimiento, no parece posible si antes no se dejan en claro ciertos extremos. ¿Cómo se va a actúa para disminuir el déficit fiscal? ¿Qué carga impositiva real van a tener que enfrentar los inversores? ¿Qué actividades estatales deficitarias se abandonarán y delegarán a la actividad privada? ¿En que plazos y a que costos, nuestra nación puede comprometerse a servir sus deudas, y comenzar a demostrar capacidad de repago?

Urge repensar, debatir y sincerar los roles del estado, las actividades privadas a desregular, para permitir su crecimiento y que puedan dar lugar a procesos de capitalización imprescindibles. Necesitamos asimismo desregular el sistema financiero, profesionalizar  su gestión dotándole de la necesaria libertad para elegir las actividades a financiar, en función a su capacidad de repago y competitividad internacional, con criterios profesionales, dejando de lado favoritismos, amiguismos y mecanismos perversos propios del capitalismo de amigos, o caciquismo, tan característico de nuestra historia. Es imprescindible estabilizar nuestra moneda, liberar el mercado de cambios, remover todas las barreras al ingreso y salida de divisas, así como al pago de utilidades al capital extranjero y a la entrada y radicación de emprendimientos extranjeros que nos permitan integrar tecnologías y mercados. En un marco confiable y cierto, como el que nos otorga el cumplimiento de nuestra constitución, que claramente establece límites y controles a la acción del estado. Es esencial empezar ya a abandonar esta pesadilla de comportamiento adolescente, irresponsable, y cortoplacista que ha caracterizado a la política de las últimas décadas.


[i] ALBERDI, Juan Bautista “Sistema Económico y rentístico de la Confederación Argentina” en “Organización de la Confederación Argentina” Tomo II. El Ateneo. Buenos Aires. cap. XI “Aptitud de la Confederación para contraer empréstitos”. Págs. 278/279.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

Mensaje al Partido Radical: volver a las fuentes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/7/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/03/mensaje-al-partido-radical-volver-a-las-fuentes/

Frente a las actuales circunstancias, resulta necesario retomar el pensamiento de figuras como Leandro N. Alem. Especialmente si se tienen en cuenta los rotundos y reiterados fracasos del estatismo en todos países donde se ha practicado

Leandro N. Alem, uno de los líderes de la Unión Cívica y cabeza de la revolución de julio de 1890.

Lo primero que debe consignarse es la extraordinaria figura del fundador de la Unión Cívica Radical en 1891, el jeffersoniano y doctor en jurisprudencia Leandro N. Alem quien se pronunció con elocuencia y detenimiento sobre temas de derecho, filosofía y de la economía en sus muy diversas facetas. Pero aquí reitero lo que estimo resume muy bien el eje central su pensamiento en un debate parlamentario de 1880: “Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario” y “en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades” y concluía al afirmar que “gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

Los trabajos de mayor peso que resumen con tonalidades diversas el pensamiento de Leandro Alem son los de Enrique de Gandía, Telmo Manacorda, Bernardo González Arrili, Francisco Barroteveña, Félix Luna y Ezequiel Gallo. La impronta de Alem fue desdibujada en varios tramos, primero por Hipólito Yrigoyen que como escribió el fundador del radicalismo en 1895 al aludir al “pérfido traidor de mi sobrino Hipólito Yrigoyen” (su padre era casado con Marcelina Alem, hermana de Leandro). Desvío luego confirmado en la Declaración de Avellaneda en 1945 y finalmente al adherir a la Internacional Socialista, desde luego en sentido contario debe destacarse la importantísima actuación del gobierno de Alfonsín en cuanto al juicio a las juntas militares por los procedimientos aberrantes e inaceptables en el combate al terrorismo en el contexto de lo escrito, por ejemplo, por Graciela Fernández Meijide, aunque en el resto de los asuntos sociales ese gobierno fracasó por no haber prestado atención a los consejos y reflexiones demandadas por Alem en muy diversas circunstancias como una ruta para lograr el bienestar de nuestro país.

Es del caso recordar algunos aspectos de los gobiernos de Yrigoyen en cuanto a sus 18 intervenciones federales a las provincias (14 de las cuales sin ley del Poder Legislativo), su desprecio por el Congreso al cual no visitó para la alocución inaugural, su rechazo a las muchas propuestas de interpelaciones parlamentarias, su insistencia con el incremento de la deuda estatal vía empréstitos, el aumento del gasto público, el incremento de gravámenes como el de las exportaciones, su indiferencia por la marcha de la Justicia quedando vacante la cuarta parte de los juzgados federales, la “semana trágica”, el comienzo del control de precios a través de los alquileres que derivó en el célebre voto en contra de tamaña disposición por parte de Antonio Bermejo en la Corte (escribió que “la propiedad no tiene valor ni atractivo, no es riqueza, propiamente, cuando no es inviolable por la ley y en el hecho”), las acusaciones de dolo no atendidas por hechos imputados en relación al área de ferrocarriles y la disposición de fondos públicos para lo que se denominó Defensa Agrícola y la clausura de la Caja de Conversión lo cual sentó la primera base para el deterioro del signo monetario.

Como una nota al pie, al efecto de ilustrar el ambiente del momento a contramano de todo lo propugnado por Alem, transcribo las declaraciones del ministro de gobierno -Carlos María Puebla- del primer gobernador radical de Mendoza José Néstor Lencinas (aunque luego enemistado por razones de poder político con Yrigoyen): “La Constitución y las leyes son un obstáculo para un gobierno bien intencionado:” Por su parte, a Yrigoyen no lo caracterizaba la modestia, por ejemplo -en lo que puede entenderse de su lenguaje oscuro y generalmente incomprensible- escribió en Mi vida y mi doctrina: “Estoy profundamente convencido de que he hecho a la patria inmenso bien y poseído de la idea de que quien sabe si a través de los tiempos seré superado por alguien, y ojalá que fuera igual.”

Luego de la primera presidencia de Yrigoyen se sucedió el interregno de los “antipersonalistas” de la mano de la excelente presidencia de Alvear para luego recaer en el segundo mandato de Yrigoyen, depuesto por la revolución fascista del 30 con la creación de la banca central, las juntas reguladoras, la destrucción del federalismo fiscal y el establecimiento del impuesto a los réditos, para más adelante -con el golpe militar del 43- acentuar notablemente el estatismo en medio de corrupciones alarmantes, controles cambiarios, de precios, de arrendamientos y alquileres, detenciones y persecuciones arbitrarias y torturas lo cual se agudizó en la última etapa con las matanzas de la Triple A, imposición de un sistema quebrado para los jubilados, ataques a la libertad de prensa y el establecimiento de sindicatos autoritarios que perjudicaron (y perjudican) especialmente a los más necesitados.

Como escribe Emilio Hardoy en Confieso que he vivido, “los militares que conspiraron y triunfaron, además de acatar incondicionalmente la autoridad del general José. F. Uriburu, estuvieron imbuidos de las ideas de Acción Francesa de Charles Maurras y el fascismo italiano de Benito Mussolini, habían difundido en círculos intelectuales.” Esto a pesar de la lucha de algunos para contrarrestar esta infame tendencia, especialmente en su defensa de los aliados en el concierto internacional en medio de simpatías con los totalitarismos. Y más adelante consigna que “los conservadores que institucionalizamos el fraude electoral y con torpeza incomparable impedimos que Marcelo T. de Alvear fuera de nuevo presidente y, en definitiva, conseguimos que lo fuera Perón.”

Hoy frente a las actuales circunstancias es de desear que los radicales vuelvan a las fuentes de su partido, especialmente en vista de los rotundos y reiterados fracasos del estatismo en todos lados donde se ha practicado incluyendo en nuestro país que lo viene adoptando con singular perseverancia desde hace ya más de un siglo con uno u otro gobierno.

Es tiempo de retornar a las ideas de Alberdi, el máximo inspirador de nuestra Constitución fundadora de 1853/60 que su aplicación permitió que Argentina fuera uno de los países más prósperos del planeta desde la perspectiva moral y material para luego sucumbir bajo el estatismo a contracorriente de los preceptos alberdianos.

El radicalismo junto a otras personalidades ajenas a ese partido tiene todas las condiciones para conducir a la oposición no solo a un triunfo electoral en cuanto a bancas en el Congreso sino en un futuro gobierno despojado de los lastres que nos están consumiendo. Si la unión de todos los antichavistas en base a estas banderas nobles no se concretara, será ineludible la reforma constitucional, la estocada final a lo que queda de la Justicia y se concretará la amenaza a la libertad de prensa acallando a periodistas de gran calado que advierten cotidianamente sobre lo que se viene si no hay un reverdecer republicano en las elecciones legislativas del año que corre. Y de más está decir que las disputas por cargos y jurisdicciones constituyen un suicido colectivo por lo que de insistir en estos absurdos no habrá 2023 que valga.

Son perfectamente legítimas las disidencias, como hemos subrayado antes los liberales no somos una manada y detestamos el pensamiento único, solo que hay que saber distinguir los momentos para el debate y los momentos para la unión frente al peligro manifiesto y presente como diría el Juez Holmes. Si no se comprende que el eje central de la oposición debe ser la libertad en todas sus dimensiones nada frenará los abusos, incluso si en el futuro la oposición fuera gobierno se repetirán los fracasos bajo el esquema estatista.

No son tiempos para andar con discursos plagados de generalidades que no van a ninguna parte, ni a “efectividades conducentes” para recurrir a una de las expresiones crípticas de Yrigoyen, es momento de abrir caminos concretos para lo cual es pertinente reiterar lo que se pregunta y responde Alberdi en su obra de mayor difusión: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”

Decir que hay que estar más cerca de la gente es una perogrullada grotesca, el tema es tener el coraje y la decisión de explicar concretamente qué se piensa de la deuda pública, de las empresas estatales, específicamente qué impuestos se eliminarán, cuántos ministerios y reparticiones resultan inconvenientes, cómo modificar la legislación laboral fascista, cómo se debe cambiar el sistema que viene robando a los jubilados, de qué manera se terminará con el flagelo de la inflación, de qué modo nos abriremos al mundo vía la eliminación de trabas al comercio, en términos prácticos cuáles serán los instrumentos a los que se recurrirá para contar con un federalismo genuino. No es tiempo de vaguedades y peroratas vacías. Y en la lista anterior no menciono lo elementalísimo que damos por sentado en toda la oposición como la imprescindible libertad de prensa, la independencia de la Justicia y la condena al brutal atropello a los derechos en lugares como Cuba, Nicaragua, Venezuela, Irán y Rusia (y no escribo la redundancia de “derechos humanos” pues los derechos no pueden ser otra cosa que humanos).

Por otra parte, el asunto no estriba en dar explicaciones y relatar anécdotas sobre las dificultades y cortapisas para la referida unión, se trata -como todo en la vida- de la imperiosa necesidad de lograr resultados. Este mensaje, claro está, no solo va para radicales sino para todo el arco opositor. En esto nos va la vida. Necesitamos tiempo para continuar con la batalla cultural, es decir, para transmitir con imperiosa urgencia el respeto recíproco.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El impuesto único y la multiplicidad de impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

http://www.accionhumana.com/2021/06/el-impuesto-unico-y-la-multiplicidad-de.html

“7. El impuesto único y la multiplicidad de impuestos. En la práctica todos los sistemas impositivos son múltiples, atribuyéndole a tal sistema numerosas ventajas, entre ellas: 1″) adaptación de los impuestos a la diversa naturaleza de las riquezas gravadas, lo que no puede conseguirse con el impuesto único; 2′) corregir con unos impuestos las inevitables desigualdades inherentes a otros; 3″) hacer la tributación menos sensible a los contribuyentes; 4″) dar al sistema tributario la extensión y elasticidad necesarias para que rinda cuanto sea preciso para subvenir a los gastos públicos.”[1]

El punto 1° de las supuestas “ventajas” no se entiende. Incluso desde el propio punto de vista del fisco debería ser obvio que cometer el atraco de una vez seria para sus planes mucho mejor que fraccionar el robo en distintas partes, o en diferentes etapas. Todo depende, por supuesto, del tamaño del botín que el fisco proyecte despojar.

En los hechos, no se advierte a qué adaptación se alude, ya que el fisco se ha adaptado a todas las riquezas existentes gravándolas a todas ciertamente de diferentes maneras, pero no eximiendo a ninguna. Quien no tiene margen alguno de adaptación es la víctima, es decir, el contribuyente a quien -en lugar de adaptación– sólo se le permite optar por la resignación o la evasión, no dejándole el ladrón fiscal ninguna otra alternativa. 2°) los impuestos en ningún caso corrigen desigualdades, sino que las profundizan, y ya hemos explicado anteriormente cómo lo hacen, explayándonos respeto de ese particular al que nos remitimos. 3°) este punto es realmente sinestro. Se trata de disimular el latrocinio fiscal de la manera que sea menos dolorosa para el expoliado. Vergonzoso. 4°) es decir, permitir que el pulpo fiscal extienda sus peligrosos tentáculos lo más largo posible, para que nadie quede fuera de su accionar opresor y devastador de riqueza.

“Pero no han faltado los denostadores de este sistema, alegando en favor de la unicidad de los impuestos las siguientes ventajas: 1″) Es perfectamente justo, afirman, porque exige a cada ciudadano la parte proporcional de sus bienes que es necesario para atender a los gastos colectivos; 2′) Es el más cómodo de todos los sistemas, porque reclama de una sola vez al contribuyente su parte contributiva y suprime las múltiples trabas en que se ven envueltas bajo el régimen de multiplicidad de impuestos la circulación, producción y el consumo de la riqueza; 3′) Porque permite conocer de un modo exacto lo que paga cada individuo; 4») Con el impuesto único se obtiene la máxima simplicidad y economía en la recaudación del gravamen.”[2]

1°) Ningún impuesto es justo, porque no puede denominarse así cuando se le quita a otro lo que es suyo por medio de la fuerza, o la amenaza de ejercer contra él la fuerza. Los gastos nunca son “colectivos” sino individuales. Se quiso referir entonces a los gastos del gobierno, que es otra cosa, y deberían limitarse a los mínimos gastos administrativos que implicaría mantener al personal requerido para expedir documentos oficiales y no mucho más, suprimiendo todas las demás funciones que, objetivamente, pueden ser cumplidas por los particulares, e implicará un ahorro sustancial en beneficio de toda la comunidad.

2°) Alguna razón lleva este punto, aunque contempla el problema parcialmente en cuanto al modo de recaudación y no a los efectos del impuesto. Es más cómodo, tanto para el recaudador como para el sujeto expoliado. Entre pagar un impuesto y pagar más de uno, siempre es preferible lo primero y no lo segundo. Máxime cuando países como Argentina tienen cerca de 100 tributos en danza para pagar. Lo engorroso de pagar múltiples impuestos es -en buena parte- adrede porque de esta manera el fisco logra cobrar intereses por mora más confiscatorios que el impuesto mismo que les sirven de base. En tal sentido, el sistema múltiple conviene al fisco, porque recauda más a pesar de que deba demorar algo más de tiempo en hacerlo.

3°) Esto es cierto respecto del contribuyente de derecho, pero no lo es en relación al de hecho.

4°) Es difícil estar en desacuerdo con este punto. Pero sigue atendiendo al método de recaudación, y no aborda la temática principal: los efectos perjudiciales de todo impuesto, más allá de lo simple o complejo que pudiera ser la manera en que el fisco se hace del patrimonio ajeno.

“La doctrina o teoría del impuesto único ha producido una abundante literatura, tanto en favor como en contra. Entre los más interesantes exponentes de la misma se cuenta el creador del “georgismo”, Henry George que preconizó “el impuesto único sobre la renta de la tierra”. En cierto modo, este economista es el sucesor de los fisiócratas que, al declarar que la agricultura es la única industria productiva, admitían que sólo ésta debía ser gravada. Pero el continuador llevó la teoría mucho más adelante, al afirmar que, “a medida que la civilización progresa, es mayor el divorcio entre ricos y pobres, mayor la distancia que los separa”. “Mientras la renta de la tierra se eleva, dice George, el interés del capital disminuye y el salario del obrero desciende al mínimum, estrictamente indispensable para las necesidades de la existencia. Y así vemos en todos los países crecer simultáneamente, como las ramas de un mismo tronco, la suma pobreza al lado de la suma riqueza”.”[3]

Por supuesto que es falso que “la agricultura es la única industria productiva” por lo que tanto los fisiócratas como su sucesor (George) están más que errados. Ningún economista moderno se animaría a sostener hoy en día doctrinas tan perimidas como las que se narran en esta cita. Los fisiócratas fueron superados y barridos por lo que se llamó la Revolución Industrial. Esta fue sucedida por la industria espacial (que fue muy breve, por cierto) y esta a su vez fue prevalecida por la revolución tecnológica de las comunicaciones, para luego pasar a la revolución informática y cibernética. Cada una de estas etapas fue conviviendo primero y desplazando -en muchos aspectos- posteriormente a las fases que les precedieron. Pero George se quedó en la primera fase, la de la agricultura. Por eso, no resulta serio citarlo, y darle tanto espacio en un trabajo sobre tributos.


[1]Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Goldstein, M. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Disparando sobre el patrimonio

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/06/disparando-sobre-el-patrimonio.html

“Desde el punto de vista de la cosa gravada sostienen Sax, Cossa y otros tratadistas, que son directos los impuestos que gravan la riqueza en sus manifestaciones inmediatas (el patrimonio, el producto, la renta de los bienes muebles e inmuebles, de las profesiones, de las industrias) e indirectos los que la gravan a través de sus manifestaciones mediatas (transferencias, consumos, transportes).”[1]

Esta clasificación luce más “prolija” que las anteriores, pero igual no llega al nudo de la cuestión. Volviendo a la realidad cotidiana nos muestra que en la práctica existen todos estos impuestos que recaen sobre los mismos bienes, por ejemplo: hay impuestos sobre la tierra que cuando esta se vende se le vuelve a cobrar otro impuesto más (a las transferencias o ventas) pero mientras no se vende, a la vez que paga el impuesto territorial también se le cobran impuestos sobre la renta. Es decir que, por lo menos en este caso, hay una triple imposición sobre un mismo bien (al bien en sí mismo, a su renta, y a su venta) los tres recaen sobre el patrimonio del propietario, si es que este patrimonio existe. Porque si la tierra es yerma no rinde frutos, no tendrá rentas y, en ese caso, para pagar el impuesto el expoliado deberá echar mano a otros recursos que posea y que el indefectiblemente sólo podrá hacerlo si tiene un patrimonio del cual extraerlos. Pero si lo hace, se estará descapitalizando, y si no tiene patrimonio positivo alguno simplemente no podrá pagar nada.

Podrá estarse de acuerdo con una o muchas de estas clasificaciones, pero sólo son un ejercicio inútil que apunta al método o modo de recaudación y no a sus efectos.

“Leroy Beaulieu considera directo al impuesto cuando el Estado se vale de registros especiales, en los cuales empadrona a los contribuyentes. Por medio de esos padrones el fisco sabe quién es el que paga cada una de las fracciones del impuesto. En cambio, para los impuestos indirectos no hay empadronamiento alguno; el Estado ignora quien es el que paga el impuesto. El contribuyente lo paga en ocasión de un acto de consumo.”[2]

Este caso ya había sido planteado antes por el mismo autor, y ya lo analizamos y lo hemos refutado completamente. También se centra en cuestiones metodológicas y nominales: si se conoce o no se conoce al contribuyente. Pero desde el ángulo económico todas esas cuestiones -que a los juristas y puristas del tributo le ponen tanto cuidado y atención- son debates económicamente irrelevantes en cuanto al punto central: el impuesto -se lo recaude como se lo recaude- carcome siempre el patrimonio, y daña la producción particular y transitivamente la nacional. Si se conoce o no al contribuyente es irrelevante, porque -por ejemplo- si el Sr. Pérez es muy rico, pero vende su patrimonio al Sr. Gómez, el interés del fisco no será sobre Pérez ni tampoco sobre Gómez (en sus condiciones personales respecto de ambos) pero centrará su atención en este, simplemente porque ahora Gómez es rico y Pérez es pobre. Si Gómez -a su vez- transfiere su patrimonio a Rodríguez el interés del fisco se desplazará desde Gómez hacia Rodríguez, pero en ninguno de los tres casos le interesa quién es el provisorio titular de los bienes a gravar como personas sino como poseedores de lo que realmente le interesa al fisco: el patrimonio imponible.

“Respecto a la opinión que merecen a la doctrina internacional uno y otro impuesto señala -un autor que la “ciencia pura está, incuestionablemente, en favor de los impuestos directos. Desde el punto de vista político, estos tienen respecto a los indirectos, la ventaja de que facilitan el contralor de los contribuyentes sobre la acción del gobierno, porque, en realidad, más siente el sujeto del tributo el peso del gravamen directo que el del indirecto. El impuesto directo lo paga teniendo la conciencia exacta de lo que entrega y el impuesto indirecto lo satisface sin orientación alguna respecto de la finalidad del sacrificio. Esto explica los movimientos sociales tan intensos que agitan a los pueblos cuando se trata de aumentar cualquier impuesto directo. Un acrecentamiento, por mínimo que sea, en la contribución territorial, por ejemplo, despierta mayor resistencia que cualquier impuesto nuevo a los consumos””[3]

Si se quiere establecer una diferencia entre los directos e indirectos se la encuentra en el tiempo de ataque sobre el patrimonio (capital + renta). El directo impacta primero, el indirecto luego. Este “luego” puede ser más tarde, día siguiente o subsiguiente, semanas, meses, etc.) Pero ambos repercuten negativamente, aunque sea en tiempos asincrónicos. Y, para nosotros, aquí se agotan las diferencias. El resto es puro academicismo.

Parece que la postura que expone la cita es partidaria de la identificación del contribuyente, y que por eso entiende el impuesto como “directo”. Centrase nuevamente en la persona y no en el patrimonio, pero la explicación que da como sustento del mismo es -a todas luces- falsa. Pasa por alto -como no podía ser de otra manera- todos los aspectos económicos relevantes en el tema.

Por ejemplo, obvia que los contribuyentes del impuesto directo son mucho menos que los de los indirectos, con lo cual -en democracia- siendo minoría tienen un contralor mínimo de las acciones del gobierno. Lo que les quita peso político es que numéricamente -en democracia- interesan los votos mayoritarios y no son ellos los grandes contribuyentes sino los medianos, pequeños y –aun- quienes no contribuyen de derecho sino de hecho. Tampoco se explica cómo ejercerían esos expoliados minoritarios ese supuesto “contralor”“. Lo cierto es que no hay tal por las razones esgrimidas, que son muy fáciles de demostrar. Al gobierno y su fisco le interesan los grandes números: recaudan más de los que más tienen económicamente, pero tienen menos peso político, porque -en votos- no representan más que un sector muy minoritario. Se sentirá más expoliado y a lo único que se le deja lugar es a evadir o transferir su patrimonio a un tercero que será el futuro expoliado por el fisco. ¿Pero contralor? ninguno.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Goldstein, M. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina