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Gracias al Estado, el bitcoin vuela

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/6/17 en: http://s21.gt/2017/06/22/gracias-al-estado-bitcoin-vuela/

 

En 2011, cuando se discutía globalmente cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios me publicaron una columna –“Crisis global, América Latina y bitcoins”- en donde sugería audazmente tener en cuenta al bitcoin. Luego, en 2013, en otra columna –“¿Invertir en bitcoins?”- decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 % ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero no compré ninguna y, al publicarse la segunda, llegaba a 1.200. Hoy, supera los US$ 2400 de modo que todo el universo bitcoin, unas 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40 mil millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente habían expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos -la física- se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por caso, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca -extraña al desarrollo natural del cosmos- que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso es que cuando el Estado -en tanto monopolio de la violencia- interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas -violentas- sobre el mercado.

Por esto, las monedas “privadas” tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –coactivamente impuestos, de “curso forzoso”- van cayendo. Así, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcoin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna “autoridad” monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90% de las transacciones con bitcoins se realizaban en China, pero desde que el gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la OCDE o los enmarcados en el FATCA (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoins pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de “mixing services”. La OECD estima que para 2020, el 66% del trabajo será informal (hoy 50%), lo que implica un submundo potencial para el bitcoin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente la cotización del bitcoin ha sido inestable porque si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda que, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Agilidad tiene muchísima, pero de momento transacciones pocas, el cálculo no es fácil dada su volatilidad, su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas y, además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas “electrónicas” o no.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

UTOPÍA E IDEOLOGÍA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/2/10 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2010/02/utopia-e-ideologia.html

 

Voy a transcribir una parte de un artículo publicado hace unos años (“El analogante de las ciencias”, en Derecho y Opinión (6), 1998, pp. 683-697. Espero que esto responsa a alguna de las inquietudes planteadas por la entrada del domingo anterior.

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Nos detendremos un poco más en el tema de la ideología.

Otra vez, aclaremos qué no estamos criticando. No nos estamos refiriendo a ideas sobre sistemas políticos que, con su carga de esencial opinabilidad, se consideran mejores para la convivencia humana, ni tampoco a valores ético-sociales básicos de la filosofía política, como el respeto al bien común, la limitación del poder, etc. Nos estamos refiriendo a lo siguiente.

En primer lugar, la ideología, más que contenidos concretos, es una actitud, la cual parte de una premisa fundante: existe el sistema social perfecto. No importa que sea posible o imposible, que de hecho exista o haya existido tal o cual sistema social “X”; lo importante -por eso decimos que es una actitud mental- es que se lo conciba como “perfecto”. El ideólogo añade a esto una premisa gnoseológica, que ha sido calificada como “racionalismo constructivista”(1): es posible conocer perfectamente los medios que racionalmente conducen a ese ideal. Dadas estas dos premisas, hay otras dos características que emanan cual necesarias conclusiones: este sistema es la única opción moral posible, pues, si es perfecta, si con ella se elimina absolutamente todo margen de pobreza, de guerras, de ignorancia, cómo va a ser moralmente legítimo optar por otro sistema que deje margen para sufrimientos, que, aunque mínimos, pueden evitarse? Y la otra conclusión es: ese sistema es la última etapa de la historia. No en el sentido de que no pueda abandonarse el sistema, sino en el sentido de que un abandono tal sería un retroceso. Esto es, dado ese sistema, la humanidad no puede avanzar socialmente más. Por qué? Muy simple: porque ese sistema es el perfecto.(2)

A esto se agrega una quinta característica, pero no necesaria, sino basada en una conjetura dada la comprensión empática de la naturaleza humana: la tentación de violencia(3). Esto es, puede ser posible un ideólogo tranquilo, sentado en su silla, contemplando este mundo espantoso al lado de la pureza del ideal que él considera posible, escribiendo, hablando y esperando pacíficamente que la humanidad “se convenza” de sus enseñanzas. Pero es difícil. Si todo sufrimiento puede eliminarse así, de un día para el otro, con la implantación del orden social perfecto… Por qué esperar? No es acaso una violencia injustificada la ignorancia de los dirigentes que tanto sufrimiento ocasionan a nuestros semejantes? No claman a la justicia los gritos de los pueblos sometidos a las torturas de la imperfección? Cuanto más inteligente y bueno sea nuestro ideólogo, peor. Pues si ha estudiado las condiciones para la guerra justa que vienen ya desde la escolástica, entonces, la revolución armada contra la violencia de la imperfección puede ser entendida como una legítima defensa cuyo momento está por llegar de un momento a otro…

Por supuesto que hay ideologías que colocan a la violencia como una etapa necesaria de su visión del mundo. Así fueron el marxismo-leninismo y el nazi-fascismo. Pero colocamos a esta quinta característica como no necesaria porque todo puede ser ideologizado. Si alguien supone que la democracia constitucional es el sistema social perfecto (lo cual es un error: es bueno, mas no perfecto), entonces…
Analicemos por un momento los posibles orígenes de la primera y segunda premisas. Habitualmente es una metafísica racionalista muy bien hecha, como el materialismo dialéctico que inspiró al marxismo leninismo. Esas metafísicas tienen filosofías de la historia que pretenden conocer las etapas necesarias de la historia humana; de allí la negación del libre albedrío, la justificación de todo aquello que lleva la etapa final y la pretensión de imposibilidad de juzgar desde fuera alguna de esas etapas -nadie puede estar fuera del proceso necesario; quien pretende estarlo, criticando a la ideología en cuestión, es un antirrevolucionario (y, consiguientemente, un enemigo de la humanidad).

Por supuesto, esta última característica es acompañada por otra que puede estar después de la cuarta y antes de esta. Se desprende necesariamente de las primeras cuatro. Es la cerrazón absoluta a la crítica. El ideólogo no dia-loga; monologa. La crítica metódica de la cual hemos hablado está coherentemente excluida, pues, si existe el sistema social perfecto y se conocen perfectamente los medios que conducen a él, ninguna crítica puede agregar algo al sistema. A lo sumo, un ideólogo pacífico, tipo ideal(4)difícil pero posible, puede someterse a la crítica metódica para ver si puede mejorar sus medios argumentativos y retóricos de difusión de su ideología, pero no como algo que verdaderamente agregue algún aspecto de la realidad que él desconocía. Por supuesto, volvemos a conjeturar que, psicológicamente, del monólogo permanente a la violencia física (pues el monólogo es una violencia lingüística) hay un paso muy tenue, muy sutil, muy próximo.

La hermenéutica del mundo, para el ideólogo, es muy singular. Para él no hay negro, gris y blanco. Hay negro y blanco. Esto es: el no ideologizado es capaz de ver al mundo como un gris, y ese gris es ya un éxito frente al negro de las guerras y las miserias absolutas. Sabe que el blanco es imposible y que los intentos de lograrlo conducen al negro. Por eso sus propuestas son más bien medidas concretas para mejorar tal o cual aspecto(5) , y no propuestas globales de perfección.

El ideólogo, en cambio, ve al mundo, que en realidad es gris, como un negro permanente al lado del posible y alcanzable blanco que propone. Esto es: lo que para el no ideologizado es soportable porque es el bien social posible, al lado de lo imposible, para el ideologizado ese bien es insoportable, un negro total, al lado de lo perfecto, lo blanco, perfectamente realizable.

Otra fuente importantísima de las ideologías es el clericalismo, actitud que puede darse en cualquier religión. Esto es, la creencia de que Dios ha revelado cuál es ese sistema social perfecto, y que es nuestro deber, por ende, seguir esa revelación. Esta fuente es particularmente peligrosa por cuando el ideólogo se siente aún más tentado a utilizar la violencia y a justificarla, si es necesario, como un profeta -armado hasta los dientes- de las iras de Dios ante este mundo pecador.

En el cristianismo, esto constituye en error terrible(6). Jesucristo ha redimido a cada corazón; esa redención tiene efectos temporales, pero abiertos a una pluralidad de opciones todas legítimas en tanto no contradigan lo esencial del mensaje revelado(7). Jesucristo no ha revelado cuál es el mejor régimen político, por más que los diversos integrismos cristianos, de izquierda o de derecha, pretendan lo contrario. Ha dejado a ese tema a la libre opinión de los hombres(8). Sobre todo, hay un concepto aquí que el ideólogo-religioso no logra aceptar: la tolerancia, en función de un bien mayor(9), y la tolerancia cuando ese bien mayor es el respeto a la conciencia(10). Este último punto es especialmente relevante. No sería mejor un mundo sin el pecado que la libertad religiosa produce? No, sería peor. Porque la libertad religiosa no produce el pecado: lo hace más visible y sincero. Y un mundo donde los hombres pecan en su corazón y ocultan la manifestación externa del pecado por el temor servil a la imposición de una fe por la fuerza es un mundo falso, hipócrita y explosivo(11). La verdad nos hará libres, sí, y la libertad nos hará verdaderos.

El no-ideologizado no carece de ideales políticos; simplemente, los considera buenos, perfectibles, opinables en cierta medida, no perfectos. Esa es la esencial distinción. No es cuestión de contraponer el idealismo ético de las utopías contra cierto “pragamatismo”, “realismo” (en el mal sentido del término) de quienes se oponen intelectual y vitalmente a ciertas utopías. Ese es un recurso dialéctico muy útil especialmente caro a ciertas utopías violentas que han perdido gran parte del dominio del planeta. Es asunto es esencialmente al revés. La crítica a las utopías desarrollada por Karl Popper, por ejemplo, su defensa de la no-violencia y la responsabilidad social del intelectual(12) están basadas en una ética muy profunda. La ética del diálogo, de la tolerancia, del respeto al disidente(13) , donde aflora la perfección de la debida tolerancia a lo imperfecto.

Ahora bien: todo lo dicho hasta ahora sería absolutamente insuficiente si olvidáramos un tema central: por qué las dos primeras premisas de la actitud ideológica son erróneas? Por qué no puede existir un sistema social perfecto y no pueden conocerse perfectamente los medios que a él conducen? Porque la naturaleza humana es imperfecta, y el conocimiento humano, limitado.

La naturaleza humana es imperfecta, no en el sentido de su esencia, que en cuanto tal, ontológicamente, tiene todo lo que la esencia humana requiere, ni tampoco en el sentido del libre albedrío, que es una perfección(14). Es imperfecta por cierta tendencia al mal moral, reconocida de modo natural sobre todo por los miembros de la escuela escocesa de pensamiento político(15) y de modo sobrenatural por la revelación cristiana sobre el pecado original. A la razonable objeción sistémica de que la naturaleza de cada individuo puede ser imperfecta pero el sistema social, en cuanto sistema, no, se contesta con la segunda parte de nuestra respuesta: el conocimiento humano es limitado. Pretender elaborar y conocer un sistema que haya incorporado todas las imperfecciones humanas y carezca, en cuanto sistema, de todo margen de contingencia y posibilidad de falla, es una pretensión del racionalismo constructivista que en cuando tal no es compatible con el conocimiento limitado de la esencia de las cosas; sistemas inclusive. Por supuesto, es obvio que los sistemas están para absorber y evitar imperfecciones que de otro modo saldrían a la luz. El sistema político de la primera república norteamericana, en nuestra opinión, fue un ejemplo de una absorción sistémica de una imperfección humana. En efecto, el sistema partía de que la naturaleza humana tiende al abuso del poder, y por ende lo limitaba con un sistema constitucional. El asunto es, nuevamente, si esa absorción sistémica puede ser perfecta. Y, otra vez, la respuesta es no. No hay sistema humano que logre ponerse por encima de lo humano.

Lo único que, precisamente por ser sobre-humano, pero no antihumano, y por ende puede reclamar perfección, es el amor a Dios movido por su Gracia. Y eso, llevado a su plenitud, es la santidad. Y por eso, no es casual que sean santificadas personas y no sistemas. “Sed perfectos, como mi Padre es perfecto”: no fue un mandato destinado a un determinado sistema social, sino la exigencia más íntima que duerme en cada corazón humano, y que, una vez despertada, rechaza, como parte de su santidad, toda forma de violencia, física, lingüística, actitudinal, presentando al amor, y sólo a éste, como lenguaje de la verdad.
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1. Hayek, F.: “Los errores del constructivismo” [1970], en el libro Nuevos estudios en filosofía, política, economía e historia de las ideas; Eudeba, Buenos Aires, 1981

2. Estas cuatro características, más la quinta que vamos a explicar ahora, no han sido expuestas en ese orden por ningún autor que nosotros conozcamos; sin embargo, nada de eso hubiéramos podido haber sistematizado sin las fuentes inspiradoras de Popper, K.: “Utopía y violencia” [1947], en el libro Conjeturas y refutaciones, Paidós, Barcelona, 1983, y Spaemann, R.: Crítica de las utopías políticas; Eunsa, Pamplona, 1980.

3. Ver Popper, op. cit.

4. En sentido weberiano.

5. Popper, K., op. Cit.

6. Ver Spaemann, R., op. Cit., cap. IV.

7. Ver Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, cap. III, punto 43.

8. Ver León XIII, “Cum multa’’ [1882], en Doctrina Pontificia, t. II, Bac, Madrid, 1958, p. 132; “Inmortale Dei”, op. Cit., p. 218; “Sapientiae christianae”, op. Cit., p. 282; Pío XII, “Grazie”, op. Cit., p. 821.

9. Sto. Tomás, I-II, Q. 96, a. 2, c.; I-II, Q. 95, a. 2, ad 3; Pío XII, “Comunidad internacional y tolerancia” [1953], en Doctrina Pontificia, op. Cit., p. 1008. Sobre el tema de la opinabilidad esencial de los sistemas políticos, nos hemos explayado con detalle en “La temporalización de la Fe”, en Cristianismo, sociedad libre y opción por los pobres, VVAA, Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile, 1988. Obsérvese que estamos citando para estos temas a quienes algunos integristas citan para sus fines: Sto. Tomás, León XIII y Pío XII.

10. Ver declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae, del Concilio Vaticano II. Sobre la supuesta contradicción del magisterio del Vaticano II en este tema y el magisterio anterior, ver nuestro artículo “Reflexiones sobre la encíclica ‘Libertas’”, en El Derecho, (7090), 1988.

11. Qué ocurre habitualmente en las sociedades que tienen una transición de regímenes autoritario-religiosos a regímenes democráticos con distinción entre Iglesia y estado? No hay una especie de “explosión” de “malas costumbres”? Los integristas, habitualmente, la atribuyen al régimen recién instalado. Cometen un error: el régimen recién instalado no hace más que dejar ver los terribles efectos del pecado original, que habían tratado de ser inútilmente ocultados por la tapa de la olla de un ingenuo autoritarismo. Es más: ese corazón humano no se oculta, sino que se enardece más ante el poder del autoritarismo. La redención de Cristo nada tiene que ver con la policía y las cárceles, ingenuos, inútiles y irrisorios intentos de sustitución del poder Salvífico de la mirada de Cristo en la cruz. (Esta reflexión no se contrapone en absoluto con la “función educativa de la ley humana positiva”).

12. Popper, K.: Tolerancia y responsabilidad intelectual, op. Cit.

13. Ver Artigas, M.: Lógica y ética en Karl Popper, op. Cit.

14. Sto. Tomás, Suma Contra Gentiles; Bac, Madrid, 1967, t. II, libro III, cap. 73.

15. Ver Gallo, E.: “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”, en Libertas (6), 1987; y, del mismo autor, “La Ilustración Escocesa”, en Estudios Públicos (30), 1988.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Sospechosa caridad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/17 en: https://www.actuall.com/criterio/solidaridad/sospechosa-caridad/

 

La izquierda quiere el dinero de Amancio Ortega, pero se lo quiere quitar a la fuerza, no acepta que el empresario Amancio Ortega lo entregue libremente. Es decir, lo que ataca es el fundamento de la caridad: que es libre.

 

Sabido es que San Pablo ponderó la caridad por encima de las otras virtudes teologales: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1 Cor 13, 13).

Dicha virtud, la del amor a Dios y al prójimo, es la que el propio Jesús nos ordenó: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13, 35). Una de las pruebas más contundentes de la desmoralización que promueve el intervencionismo es que esta virtud se ha convertido en sospechosa.

Lo hemos vuelto a ver a propósito de la reacción indignada de la extrema izquierda ante la noticia de que Amancio Ortega iba a donar una cuantiosa cantidad de dinero a la sanidad pública para adquirir equipos de última tecnología para el tratamiento del cáncer.

La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón declaró: “Nuestra comunidad no tiene que recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad. Aspiramos a una adecuada financiación de las necesidades mediante una fiscalidad progresiva que redistribuya recursos priorizando a la sanidad pública”.

Los representantes de la misma asociación en Canarias, por su parte, ante el hecho de que el gobierno autónomo estaba dispuesto a aceptar la donación del creador de Inditex, proclamaron: “no podemos sino sonrojarnos de vergüenza ajena”.

Y añadieron: “quien siendo el mayor accionista de una de las mayores empresas y fortunas personales del Estado tendría que demostrar no su filantropía sino su obligación de contribuir al erario público de forma proporcional a sus beneficios y en la misma proporción que el resto de los contribuyentes. Como la Fundación Amancio Ortega, si tan preocupada está por la salud, teniendo en cuenta que su ropa se elabora en gran parte deslocalizada en países como Marruecos o Bangladesh, que mejore las condiciones de trabajo de las personas que directamente o mediante subcontratas trabajan en condiciones de explotación y grave riesgo para su salud y su vida, y que trabaje para corregir las violaciones de los derechos humanos que se producen en la cadena de producción textil”.

Podemos, típicamente, despreció la donación de Ortega. Es “una limosna de millonario”, sostuvo el líder de la formación en Baleares, Alberto Jarabo. Y la portavoz de Podemos en el Parlamento de Navarra, Laura Pérez, aseguró, que querían “menos filantropía barata”.

En otras palabras, la izquierda quiere el dinero de Amancio Ortega, pero se lo quiere quitar a la fuerza, no acepta que el empresario lo entregue libremente. Es decir, lo que ataca es el fundamento de la caridad: que es libre. Nótese que, si es forzada, la virtud desaparece. Por eso el intervencionismo es inmoral, porque propicia la coacción, disfrazándola de buenos sentimientos. No quieren los progresistas a la Madre Teresa de Calcuta, sino a la Agencia Tributaria.

De ahí el odio al empresario, sobre todo si ha creado su riqueza trabajando duro y empezando como tendero a los catorce años, que fue lo que hizo Amancio Ortega. Por eso lo tachan de explotador y le lanzan otras consignas antiliberales, como las señaladas antes, que son falsas: Amancio Ortega es un creador de empleo, riqueza y bienestar en muchos países.

Quienes lo critican no han creado un átomo de bienestar jamás. Y a quienes se ponen estupendos con los “derechos” contra la “caridad” hay que recordarles que esos derechos, al revés de la caridad, se satisfacen siempre con impuestos, es decir, mediante la fuerza de la ley.

A quienes aseguran que el capitalismo explota hay que recordarles que nada en el mundo explota más que el no capitalismo

Por fin, a quienes aseguran que el capitalismo explota hay que recordarles que nada en el mundo explota más que el no capitalismo. Y nunca se violan más los derechos humanos que cuando el capitalismo es suprimido.

Confiemos en Dios y en el prójimo, que, por cierto, dio varias bellas lecciones a la izquierda reaccionaria. Fue el caso de la enferma de cáncer que, tras su sesión de quimioterapia se compró un bolso en Zara, con el que se fotografió y colgó la imagen en Facebook (por cierto, el fundador de Facebook es un gran filántropo).

La enferma dijo lo que hay que decir: gracias. Porque la caridad no solo es virtuosa en quien da, sino también en quien recibe, como leemos en el famoso discurso de Porcia en el tribunal en El Mercader de Venecia. Y como recoge sabiamente el viejo refrán español: de bien nacido es ser agradecido.

Quienes aborrecen la caridad no aman el derecho ni la justicia, sino que odian la libertad.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Plaza “Héroes de la patineta”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/6/17 en: https://www.elcato.org/plaza-heroes-de-la-patinera

 

La doble victoria de Emmanuel Macron, frente al xenófobo Frente Nacional (FN), es un rechazo a las extremas derechas, particularmente a su desprecio por las personas. En Gran Bretaña, el eurófobo UKIP casi desaparece cuando la primera ministra Theresa May llamó a elecciones que ganó, quedando debilitada al punto que el ascenso de la izquierda la obligará prestar más atención a las expectativas de la gente.

Entretanto, ¿es el fin del dominio angloparlante?, se pregunta Nick Bryant en una columna de la BBC. Es que, en mi opinión, desde que el “orden anglosajón” ha ido alejándose de su tradicional “economía de mercado” —de las personas— su potencial se ha ido debilitando. “…siempre ha existido la presunción de que el liderazgo global se expresa y ejerce mejor en inglés… La OTAN, el FMI, el Banco Mundial… surgieron de la Carta del Atlántico, firmada por Roosevelt y Churchill en 1941” escribe en la BBC.

 

Pero este “orden anglosajón” se ve cada vez más tambaleante. Entre el Brexit, el tuit de Donald Trump contra el alcalde de Londres, y Angela Merkel asegurando que Europa “ya no puede confiar tanto” en EE.UU. y Reino Unido, a “Estas naciones angloparlantes… el resto del mundo ya no les presta tanta atención… Un nuevo orden mundial parece estar emergiendo, y se está articulando en otros idiomas”, asegura Bryant.

Entretanto, el español Ignacio Echeverría fue asesinado al intentar frenar con su patineta a los terroristas de Borough Market. “Nunca usaba la palabra héroe… ahora la usaré cada vez que me refiera a él”, dijo un amigo. Y es que los héroes de verdad, de los que andan desarmados luchando por la vida, suelen ser desconocidos. Ojalá que, como dicen, lleve su nombre alguna plaza, donde haya brotes verdes y jueguen niños, y si hay patinetas mejor. Plaza “Héroe de la patineta”, qué bonito ¿verdad? Para que, a los niños, entre risa y risa, al enterarse de su historia se les caiga también una lágrima.

Pero de estos héroes “comunes” hay muchos, ahora mismo recuerdo a Vicki Soto que murió protegiendo a sus alumnos de la Sandy Hook Elementary School de una balacera protagonizada por un desequilibrado. Aunque no deberíamos esperar muertes dramáticas para reconocer que es muy dura la vida diaria para muchos y, sin embargo, pelean pacíficamente, heroicamente, todos los días para sacar adelante a sus familias y amigos.

Estas personas están en el pueblo, en el mercado. Dice la Real Academia Española que pueblo (Del lat. popŭlus.), entre otras acepciones, se refiere a un “Conjunto de personas de un lugar, región o país”, pues eso es el mercado: personas comunes trabajando y cooperando voluntariamente. Son los políticos, y otros dirigentes, los que han ensuciado a la palabra mercado, para justificar su imposición sobre el pueblo, y han hecho creer que son empresas gigantes que dominan la economía.

El profesor Peter Klein asegura que las grandes firmas avasallantes surgen en los mercados solo cuando están interferidos por los gobiernos, porque tienen gran capacidad de cabildeo y logran la promulgación de leyes que las benefician. Mientras que, destacados jesuitas y dominicos, profesores de Moral y Teología en Salamanca durante el siglo XVI, desarrollaron la teoría del mercado, según asegura el premio Nobel Frederick Hayek, entre muchos. Y era un estudio del comportamiento moral (natural) del hombre común y sus relaciones pacíficas y voluntarias en pos de la cooperación para el desarrollo social.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Allan H. Meltzer: A Stellar Academic Who Also Excelled As Intellectual Entrepreneur

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 10/5/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/05/10/allan-h-meltzer-a-stellar-academic-who-also-excelled-as-intellectual-entrepreneur/#13cd3f333d06

 

Allan H. Meltzer (1928-2017) earned a great reputation as an outstanding academic. He was a scholar of Nobel Prize quality. He taught at some of the best universities in the world, including Chicago and Harvard. But he did most of his teaching at Carnegie Mellon University where he became their longest standing professor. There he led a course focusing on the explanation and defense of the workings of the free-economy: capitalism. Recognizing his contribution, the university decided to name his chair after him, even during his lifetime: The Allan H. Meltzer University Professor of Political Economy. A chair that will be hard to fill.

Meltzer was less known as an intellectual entrepreneur where he deserves equal praise than as an academic. With another remarkable scholar, his former teacher and colleague, the Swiss economist Karl Brunner (1916-1989), he created conference programs which attracted the best in the field. In 1970, they co-founded the Carnegie-Rochester Conference Series on Public Policy. Then, in 1973, they founded the Interlaken Seminar on Analysis and Ideology. In a lengthy interview published a couple of decades ago, Meltzer explained that Karl Brunner, “got very concerned when he first went to Germany and later Switzerland, but even more in Germany, about the growing Marxist, or Neomarxist influence in the universities.” To counter this, Brunner and Meltzer created a seminar which focused on teaching good economics through dialogue and discussions over academic papers.

"Dr. Allan H. Meltzer shared a seat on the board of the Sarah Scaife Foundation for thirty years with Dr, Edwin J. Feulner, portrayed here at the Mont Pelerin Society Meeting in Hong Kong, 2014)"

Alejandro Chafuen

Dr. Allan H. Meltzer shared a seat on the board of the Sarah Scaife Foundation for thirty years with Dr, Edwin J. Feulner, portrayed here at the Mont Pelerin Society Meeting in Hong Kong, 2014)

The essential characteristic of an intellectual entrepreneur is to see a need or discover a new way of satisfying a need, and then attract resources and invest them for that goal. Meltzer had become frustrated by the superficial way in which specialized media analyzed Nixon’s price and wage controls. He decided to get Brunner’s support to put out “a statement and say that it was a bad idea and why.” Before fax machines and internet, preparing that statement was a difficult effort. To get signatures they had to call a lot of people which turned out to be very time consuming. Meltzer believed that “well trained economists should comment on public policy issues” so with Brunner he created these seminars and conferences and invited scholars and experts with different backgrounds and ideologies. Meltzer stated that they “brought in some sociologists and philosophers, even some Marxists. I remember vividly we had some well-known Marxist … who gave a paper. At the end of the paper we had a discussion period. One of the questions was: what would falsify your paper, your model, the Marxist model? What would you regard as compelling evidence to make you think that this model was wrong? All he could say was that he thought that was a hostile question.”

The goal of these efforts was to show that many of the problems which are blamed on the market were mainly due to restrictions and ill-conceived regulations placed on the market which was not allowed to operate. Dr. Jerry Jordan, former president of the Cleveland Fed, attended 17 of the Interlaken Seminar programs. He admired Dr. Meltzer and the depth of the papers and the diversity in the background of the participants. The environment created by Meltzer helped expand the knowledge of all.  The Shadow Open Market Committee, another Meltzer-Brunner creation, had a more focused purpose. Ongoing since 1973, the committee gathers economists, bankers, and academics who analyze the actions of the Open Market Committee of the Federal Reserve.

As trustee of the Sarah Scaife Foundation, Allan H. Meltzer also helped support the work of many think tanks. Edwin J. Feulner, president of the Heritage Foundation, tells me “Prof. Allan Meltzer and I joined the Board of Trustees of Scaife at the same meeting, almost thirty years ago. Since then, I came to know and respect Allan’s deep understanding of economics, public policy, and the institutions of civil society. I learned from him as a teacher, and as the leader of the International Financial Institution Advisory Commission, where I was a member.” That commission also included other outstanding economists, such as its chief of staff, Gerald P. O’Driscoll, who held relevant positions at the Federal Reserve Bank of Dallas, Citigroup, Heritage and Cato, where he remains as a senior scholar.

Dr. Jerry Jordan, former President of the Federal Reserve Bank in Cleveland, paying tribute to Dr, Allan H. Meltzer, RIP, at the closing of the 2017 Mont Pelerin Society Meeting in Seoul Korea

Alejandro Chafuen

Dr. Jerry Jordan, former President of the Federal Reserve Bank in Cleveland, paying tribute to Dr, Allan H. Meltzer, RIP, at the closing of the 2017 Mont Pelerin Society Meeting in Seoul Korea

Allan worked until the end. After a stellar pass through the American Enterprise Institute, where he was the first Irving Kristol Award winner (2003), he moved to the Hoover Institution, at Stanford University. Meltzer was leading a team analyzing and documenting the cost of the regulatory state and its impact on the rule of law. Jesús Fernández Villaverde, from the University of Pennsylvania and collaborating in this effort at Hoover, writes about Meltzer:  “He will remain as one of the towering figures of monetary economics in the second half of the 20th century. His three-volume History of the Federal Reserve is unlikely to be surpassed in a generation as the definitive history of our central bank. The wisdom and common sense present throughout the book, the attention to detail, and the mastery of primary sources are an example to all economists interested in monetary issues. Besides his scholarly endeavors, Meltzer kept until the very end his commitment to the cause of free markets and to helping new researchers. His most recent project on the origins of the rule of law and its importance in the process of economic growth is a book that, unfortunately, we may never be able to read.”

He was president of the Mont Pelerin Society (MPS), for the 2013-2014 period and chair of the program committee of the last general meeting in 2016. At the tribute to Dr. Meltzer at the 2017 regional meeting, Jerry Jordan said that “those of us who knew him, and know of his work, no doubt think of him as I do, as one of the most prolific economists of the past 60 plus years.” He required rigorous and serious work, but respected a wide variety of philosophical approaches. By his style of life, from family to clothes, music and friends, one would think he was a conservative, but he saw himself as “a libertarian, not as a conservative. Conservatives look to the past and want to restore it. They have a rigid dogma as well. It just happens to be a different rigid dogma from socialists. I’m a libertarian, that is, an old style liberal.”

Listing all his awards and honors would fill several pages. For his contributions in the policy arena I should note that in addition of the Kristol award, he also won the Bradley Prize in 2011. We can conclude with Jerry Jordan that “few people on the planet had such a rich and rewarding life.” Even fewer have helped so many to live their own rewarding lives. We will miss him, but we will carry on his work.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

 

Los desheredados

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/los-desheredados/

 

Una antigua imagen, muchas veces reproducida, muestra a un modesto trabajador, ya de cierta edad, con una pancarta que dice: “Abajo el impuesto al pan”.

La causa liberal, estigmatizada en nuestro tiempo como injusta defensa de los privilegios de los ricos, es en realidad la causa de los pobres. Y el libre comercio no fue bandera de minorías sino de mayorías, y no fue de aristócratas sino de trabajadores y empresarios. La idea que subyacía a esta defensa popular es que nadie tiene derecho a quebrantar la propiedad privada y los contratos voluntarios de los ciudadanos.

El movimiento librecambista decimonónico, articulado en torno a la lucha contra el proteccionismo de las Leyes del Cereal inglesas, y de otras medidas proteccionistas en otros países de Europa, atrajo a multitudes, y suscitó apoyos entre políticos, intelectuales y medios de comunicación. Uno muy famoso, The Economist, nació en 1843 al calor de esos debates, y lo hizo específicamente para sostener el comercio libre. Muchos socialistas, por cierto, compartían la idea, porque comprendían que el mercado libre abarataba los bienes y mejoraba las condiciones de vida de los trabajadores.

Sin embargo, y como casi siempre, las ideas iban y venían mezcladas, y junto a las liberales se pegaron las antiliberales, entre ellas la consigna de que las personas no podían legar libremente sus bienes a sus descendientes, sino que eso debía impedirse mediante onerosos Impuestos de Sucesiones. Y así empezó una carrera que fue bastante previsible: cuando más subían esos impuestos, menos se recaudaba, porque las personas procuraban buscar otras vías para hacer algo que todos deseamos: dejar algo en herencia a nuestros hijos.

Finalmente, en varios países el gravamen fue suprimido. En España, algunas autonomías lo mantienen y otras no. Lo interesante, y lo que me ha hecho recordar el cuadro de No bread tax, es el reciente movimiento popular en nuestro país en contra de ese impuesto. Se han producido manifestaciones callejeras, recogida de firmas y otras movilizaciones, incluida la difusión en las redes sociales. Han sido muy destacadas en Aragón, Asturias y Andalucía, por ejemplo.

Los políticos reaccionarios de izquierdas y derechas se han visto sorprendidos, y han intentado justificar la usurpación con las falacias habituales de la “justicia”, como si los bienes legados no hubieran soportado fiscalidad alguna en el pasado, o con las mentiras usuales de que “sólo lo pagan unos pocos”, lo que es contradictorio con los muchos indignados.

Saludo a quienes protestan: tienen todo mi apoyo frente a los ruines y envidiosos enemigos del pueblo. Y evoco nostálgico a Ebenezer Elliott (1781-1849), un empresario y poeta inglés que contó con gran apoyo y simpatía en el movimiento obrero, que defendió el libre mercado y que dejó escrito: “Estaba el demonio despierto y sentado/barruntando cómo enviar más almas al infierno/cuando por fin dio un salto y exclamó/¡un impuesto al pan, eso es!/para empobrecer al rico, atracando al pobre/para hipotecar el prado, robando el brezal”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Bailando con Lobos! Alberto Benegas Lynch | Economía argentina

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado en:  https://www.youtube.com/watch?v=F_FmdmiijJY

 

 

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Gasto, pobreza e inversion “pública”

Por Gabriel Boragina Publicado  el 18/6/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/06/gasto-pobreza-e-inversion-publica.html

 

Veamos, brevemente, uno de los mitos económicos mas difundidos de todos los tiempos. Aquel que dice que un mayor gasto estatal permitiría un menor número de pobres o -al menos- aliviar en un grado significativo la pobreza. ¿Qué hay de cierto en esta popular creencia, sostenida, incluso, por muchos economistas que posan de “serios”?. En su excelente obra, el fenomenal Henry Hazlitt nos explica que:

“Los economistas se han visto obligados a re­petir una y otra vez que casi todos los pretendidos remedios de la po­breza se limitan a agravar el problema. Ya he analizado los verdade­ros efectos de los ingresos garantizados y el impuesto negativo sobre la renta; las leyes de salario mínimo y las que aumentan el poder de los sindicatos; la oposición a la maquinaria que ahorra brazos; los planes para “multiplicar el trabajo”; las subvenciones especiales; el au­mento del gasto público y de la tributación; los impuestos marcadamente progresivos sobre la renta y los punitivos sobre las ganancias del capital, las herencias y las sociedades; y el socialismo a ultranza»”1

En lo que nos interesa de momento, vamos a analizar -de toda la enumeración dada de los mecanismos que, en lugar de ayudar, agravan el problema de la pobreza- el relativo al gasto público.
Un mayor gasto no implica, de modo alguno, menor cantidad de pobres, sino que, en el mejor de los casos, mediante su operación se transfieren recursos de un sector a otro. Si el objetivo es “aliviar” la pobreza de cierto grupo de individuos, el gobierno no tendrá mas remedio para ello que detraer recursos de otro grupo. Si el PBI total de la nación es, por caso, de 100, y esta distribuido -hipotéticamente- entre el sector A y B en 80 y 20 respectivamente, y el gobierno decide redistribuir la riqueza -a fin de “suprimir” la pobreza- mediante el conocido artilugio de “quitarle a los ricos para darle a los pobres” procederá a extraer 30 a A y entregárselos a B, con lo cual en el sector A se empobrece a la gente en 30, y en el B se la enriqueció en la misma cantidad. Como se ve claramente, no se suprimió ni se disminuyó la pobreza como se declama habitualmente, sino que sencillamente se enriqueció a unos a costa de otros, y la acción del gobierno no puede hacer mas que eso, pero si puede hacer menos, evitando meterse en el asunto.
A la falacia “redistribucionista” se le suman otras:

“Al dejar para ulterior examen la maraña de sofismas íntimamente relacionados con la deuda pública y la inflación crónicas, habremos de dejar bien sentado a través de este capítulo que de una manera inmediata o remota cada dólar que el Gobierno gasta procede inexcusablemente de un dólar obtenido a través del impuesto. Cuando consideramos la cuestión de esta manera, los supuestos milagros de las inversiones estatales aparecen a una luz muy distinta. Una cierta cantidad de gasto público es indispensable para cumplir las funciones esenciales del Gobierno. Cierto número de obras públicas —calles, carreteras, puentes y túneles, arsenales y astilleros, edificios para los cuerpos legislativos, la policía y los bomberos— son necesarias para atender los servicios públicos indispensables. Tales obras públicas, útiles por sí mismas y por tanto necesarias, no conciernen a nuestro estudio. Aquí me refiero a las obras públicas consideradas como medio de «combatir el paro» o de proporcionar a la comunidad una riqueza de la que en otro caso se habría carecido”2

No esta de más, nuevamente, aclarar a nuestros lectores que, el gasto estatal no se reduce exclusivamente a las obras públicas. Este es -simplemente- un rubro de aquel, si bien puede ser un renglón muy importante del mismo. El autor estudiado ahora, parece asumir -en el párrafo citado- que las obras públicas sólo pueden ser encaradas por el gobierno, y -en esa linea- distingue entre dos tipos o clases de obras públicas (siempre estatales) a saber: aquellas que él llama “indispensables”, y otras que podrían ser denominadas “no-indispensables”, dentro de las cuales cita las destinadas a crear empleo por un lado, y, por el otro, aquellas dirigidas a generar riqueza.
Es bastante cuestionable, por no decir del todo inapropiado, equiparar los conceptos de “gasto público” con el de “inversión pública”. Técnicamente -como tantas veces dijimos- gasto e inversión no son términos sinónimos, ni siquiera equivalentes, aunque muchos economistas los empleen de esa manera. El vocablo inversión sólo puede -y debería- ser aplicado exclusivamente a la actividad privada, porque la misma noción comprendida en la palabra, connota -como mínimo- dos elementos, a saber: la propiedad privada de los recursos que se van a destinar a la inversión y, en segundo lugar, el riesgo que la acción de invertir conlleva en si misma. Toda inversión incluye el riesgo de su pérdida para el sujeto que invierte, y este sólo puede ser el propietario de los recursos en cuestión y no otro.

            En esta linea de razonamientos, las erogaciones que el gobierno realiza a diario no pueden ser catalogadas de “inversiones”.

“Los modernos gobernantes, partidarios decididos de la «economía planificada», acuden con tan encendido entusiasmo a la inflación porque enturbia y trastoca todo el proceso económico. En el capítulo III, por citar un ejemplo, hicimos ver cómo la creencia de que las obras públicas necesariamente crean nuevos empleos es falsa. Si se obtuvo el dinero mediante impuestos, según allí se expuso, por cada dólar que el Estado gastó en obras públicas se invirtió un dólar menos por los contribuyentes en sus propias necesidades, y por cada empleo proporcionado mediante el gasto público se destruyó otra colocación en la industria privada.”3

El gasto estatal no hace otra cosa que impedir el gasto privado. En rigor, es violatorio del derecho de propiedad, porque por medio de la fuerza (legal, pero fuerza al fin de cuentas) se detraen recursos del sector privado de la economía, lo que significa privar a sus propietarios de la libertad de decidir el mejor destino a dar a los mismos y -en su lugar- arrogarse el gobierno la facultad de ejercer dicha decisión.
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1[Henry Hazlitt. La conquista de la pobreza. Unión Editorial, S. A. Pág. 252
2Henry Hazlitt. La economía en una lección. Edición digital. Pág 9-10
3Hazlitt, H.. La economía en una lección….Ob. Cit. Pág. 93-94

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El socialismo es un imposible técnico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 15/6/17 en: El Cronista Comercial.

https://www.cronista.com/columnistas/El-socialismo-es-un-imposible-tecnico-20170615-0016.html

 

Después de haber constatado todos los esfuerzos desplegados en el régimen soviético y en el del nacionalsocialismo y sus equivalentes para contar con una red de férreas lealtades que cubría prácticamente todos los planos y actividades imaginables. Un sistema de delaciones y castigos inmutables, una implacable organización militarizada de ordenes irrefutables, traiciones y purgas, obediencias serviles y, en la otra punta, campos de concentración y matanzas de una perversidad espantosa, en un contexto de una miseria imposible de describir, después de todo eso preguntamos ¿cuál es el sentido de esos sistemas que como ha demostrado, entre otros, Jean-François Revel son en definitiva iguales?

En la actualidad no hay un sistema nazi, pero perdura el nacionalismo vía el fascismo que es en realidad el sistema que más éxito tiene en el llamado mundo libre. Su eje central se basa en que los gobiernos permiten que se registre la propiedad a nombre de particulares, pero en los hechos, dispone el aparato estatal. El comunismo es, si se quiere, más sincero: usa y dispone directamente sin disfraces aunque estrechamente emparentado con el socialismo, un término que pretende suavizar los excesos del comunismo y sin sus aspectos asesinos.

Es cierto que hoy en día, salvo en algunos países aun dominados por criminales, el comunismo no tiene la forma de antaño, pero el ideal sigue en pie aunque no necesariamente en su forma bien expresada por Marx y Engels: abolición de la propiedad. Las medidas sugeridas dañan la institución de la propiedad y, en general, a las autonomías individuales. Habitualmente sus propulsores no imaginan la eliminación de las libertades.

Tampoco imaginan los socialistas contemporáneos que están proponiendo un sistema económico que es técnicamente imposible en el sentido más riguroso de la expresión imposible. Y esto es así porque, como se ha explicado, cada intervención, al bloquear el uso de la propiedad inexorablemente malguía los precios y, por ende, al desfigurar las únicas señales que tiene el mercado para operar (léase, los precios), por un lado, se despilfarra capital y, por tanto, se reducen salarios e ingresos en términos reales y, por otro, cuanto mayor el entrometimiento estatal en los precios, menor será la información disponible, hasta que en el extremo no se sabe con que materiales es mejor fabricar los bienes puesto que no hay puntos de referencia. Es decir, no hay tal cosa como economía socialista.

Ahora bien, ¿por qué insistir en un sistema quebrado a veces bajo la etiqueta del estatismo? Por dos motivos, el primero es acumular poder y riqueza por parte de las cúpulas gobernantes. Y por otro, la devoción de todos aquellos que piensan seriamente en que es más puro el tener todos los bienes en común sin percatarse de los desastres que provocan en cuanto a la liquidación de incentivos y la consecuente pobreza mayúscula que generan.

Por último, no tiene sentido sostener que se es liberal en política pero no en economía. Los marcos institucionales o las libertades civiles o políticas son el continente y es incoherente decir que se suscribe el continente pero no el contenido.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

 

Para algunos países, el dinero que ingresa por remesas es el principal ingreso de divisas y alto % del PIB (IX)

Por Martín Krause. Publicada el 19/6/17 en: http://bazar.ufm.edu/paises-dinero-ingresa-remesas-principal-ingreso-divisas-alto-del-pib-ix/

 

Paper sobre la cuestión migratoria:

  1. Los emigrantes ayudan al resto de la población pobre

Esta no es, en realidad, un tema de debate, simplemente la consideración de un hecho que debe ser tenido en cuenta. La llegada de los emigrantes, tanto refugiados como laborales, acerca a quienes provienen de sociedades con baja productividad debido a la escasez de capital invertido a otras donde su productividad es mucho mayor. Esto les genera ingresos muy superiores a los de los lugares de donde han partido, siendo éste uno de los principales incentivos para emigrar. Y esos mayores ingresos se han convertido en el programa de ayuda más importante y con mayor sustento moral que pueda imaginarse: las remesas.

El Banco Mundial estima que las remesas en 2015 alcanzaron la suma de 588.199 millones de dólares , unas cuatro veces más que toda la ayuda internacional. Para algunos países se ha convertido en su principal ingreso. Por ejemplo, las remesas son un 41,7% del PIB de Tayikistán, un 30,3% del de Kirguistán o un 29,9% del de Nepal. En cuanto a América Latina se refiere, significan el 22,4% del PIB de Haití, el 17,8% del de Honduras, 16,8% en el caso de El Salvador, 15,7% para Jamaica, 10,2% para Guyana, 9,9% en Guatemala o 9,7% para Nicaragua.

Estos fondos que quienes han emigrado y prosperado ahora remiten al resto de la familia que quedó en el país de origen, se han convertido en un enorme programa social, de tal magnitud que en varios países de, por ejemplo, Centroamérica, el ingreso de remesas se ha convertido en el ítem más grande de su balanza de pagos. Es decir, ingresan más dólares por remesas que los que ingresan por la venta de cualquier otro producto que exporten.

Las remesas son el símbolo de las personas y las familias ayudándose a sí mismas, en base a su propio esfuerzo y a su prosperidad. Pocos resultados de la migración son tan loables y efectivos como éste.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.