“No más preguntas, Su Señoría”

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 26/6/22 en: https://alejandrotagliavini.com/2022/06/26/no-mas-preguntas-su-senoria/

Será esta la columna más realista y objetiva de entre los cientos que he escrito en décadas, ya que soy el mismo testigo. Nadie me lo contó, no lo leí en ningún medio, lo viví personalmente.  

               Hacen ya casi tres años (!!), cuando comenzaron a difundir el pánico por el coronavirus, me llamó la atención cómo, al mismo tiempo que casi todo el mundo difundía agresivos mensajes para “frenar el cambio climático y defender a la naturaleza”, crecía el terror que conllevaba un odio, precisamente, a la naturaleza que estaría trayendo un virus que amenazaba a la raza humana, y el hombre debía utilizar su razón para combatirlo.

                Como siempre tuve gran admiración por la naturaleza -la verdadera, no la que se impone por la fuerza ya que la violencia es aquello que viola el orden natural, como ya lo sabían los filósofos griegos- desconfié mucho de este supuesto enemigo del ser humano. Siempre supe que la naturaleza es infinitamente sabia -más que la razón humana que ni sabe hasta dónde llega el universo- y dedicada al crecimiento de la vida, particularmente del hombre.

                Luego vinieron las imposiciones violentas de los Estados -cuarentenas y demás- y entonces no tuve ninguna duda de que la “pandemia” era una gran mentira, basada en el pánico, la irracionalidad. Cuando la ciencia de la Lógica -a la que adhiero por completo- no es respetada, no cabe otra solución que imponerse violentamente, es decir, cuando algo se impone por la fuerza es, precisamente, porque es falso, porque no resiste razón, pretende superar a Lógica ya que lo contradice.

               Siempre creí, además, en los principios cristianos, de amar al prójimo, así es que eso de asilarse y encerrarse, escaparse del prójimo, me pareció, para decirlo crudamente, diabólico. He conocido hijos que escapaban de sus madres para “evitar contagios”, sacerdotes que cancelaron la Santa Misa y me trajeron a la memoria a Juan Pablo II y el riesgo de vida que corrió por asistir a Misa bajo el régimen Nazi.                 

               Por si faltaba algo mi médico, que me ha mantenido muy saludable durante años, y los mejores especialistas que encontré -no los oficialistas- aseguraban que no existía ninguna pandemia, y que no era sino otra cepa de la gripe como siempre la naturaleza nos trajo. Nada había cambiado.

               Y escribí en consecuencia. Y muchos medios dejaron de publicarme. Y pagaron justos por pecadores porque me cansé y decidí no escribir más -salvo una columna quincenal sobre temas financieros en mi blog- ni siquiera para los pocos coherentes y valientes que seguían publicándome.

                Es que me di cuenta de que era inútil: tantos años escribiendo a favor del primer derecho humano, el de la libertad de vivir la propia vida, y de un día para otro casi todos, incluso muchos que alababan mis columnas, llegaron a insultarme por defender la libertad contra las imposiciones violentas de los gobiernos. No valía la pena gastar tiempo en un público cuya enajenación, partir del pánico que les habían transmitido, era tal que no había objetividad que los hiciera razonar.

                Y actué en consecuencia. No hice ni un día de cuarentena, trabajé normalmente, hice ejercicio físico, nunca me practicaron un PCR ni ninguna prueba para detectar el covid, casi nunca utilicé barbijo ni siquiera en el tren atestado de gente, no me vacune nunca y todos los que me rodean, incluida mi madre de casi 91 años, han hecho prácticamente lo mismo. Y estamos todos sanísimos, gracias a Dios, ni siquiera medio grado de fiebre en estos tres años: ni medio grado de fiebre en tres años.

                  ¿Fue suerte (probabilidad estadística)? Imposible, no es factible que tantas personas -todos los que me rodean- tengan tanta suerte durante tres años andando sin barbijo incluso en el transporte público abarrotado. ¿Genética? Tampoco, no todos los que me rodean pertenecen a la misma sangre. ¿Qué pasó? Obvio: no hubo ninguna pandemia, no ocurrió nada diferente al 2018 ni a lo que ocurrirá en el 2023. Todo normal, todo lógico, todo natural.

                  Personalmente, no conozco ningún fallecido por covid. Sí escuché muchos relatos al respecto, de otras personas, pero ante la pregunta de si les han realizado autopsias me han dicho que no, con lo que me queda la duda de si murieron por o con covid o por los protocolos -como aislar en su lecho de muerte a un anciano y, literalmente, matarlo de angustia- o por los procedimientos como la intubación que es muy agresivo. En cualquier caso, los muertos, aun según las poco creíbles estadísticas oficialistas, están en el orden de los normales por cuadros gripales.

                  En fin, “No más preguntas, Su Señoría”, la realidad -vivida, no contada- se impone de suyo.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El bochorno de la cobardía moral

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/86/22 en : https://www.infobae.com/opinion/2022/06/25/el-bochorno-de-la-cobardia-moral/

Todas las personas que se consideran partidarias de la libertad tienen la responsabilidad de contribuir a que la sociedad libre exista, a partir del estudio y la difusión de sus fundamentos. Nada está garantizado. Nada subsiste si no se defienden los valores del respeto recíproco

La Madre Teresa en El Salvador (AFP)

Estamos ante una encrucijada gigante. Hay quienes piensan que pueden circunscribirse a sus asuntos personales puesto que el respeto a lo suyo vendrá automáticamente o, en todo caso, son otros a los que les cabe la responsabilidad por cuidar y defender la libertad de cada uno. No se percatan de la responsabilidad moral de cada cual para contribuir a que exista tal cosa como la sociedad libre. Nada está garantizado. Como ha insistido Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Es muy legítimo y necesario que cada uno se dedique a sus menesteres pero éstos no pueden sobrevivir si no se estudian los fundamentos del respeto recíproco y si no se difunden. No basta con ser una buena persona que atiende los quehaceres domésticos y laborales. Nada subsiste si no se defienden los valores del antedicho respeto recíproco desde la perspectiva ética, jurídica, histórica y económica.

Se sabe que es más reconfortante dedicarse a la vida pacífica en la familia y en el trabajo, pero nuevamente reiteramos que no es posible evitar el inmenso riesgo que se atropellen esos derechos si no se vela por ellos. No es suficiente con no fornicar, no robar y no matar. Alexis de Tocqueville consignó que el problema básico irrumpe en las sociedades en las que ha habido gran progreso moral y material y se da eso por sentado. Se requiere -se demanda- un esfuerzo constante. No se trata de abandonar las faenas en las que uno está, se trata de destinar una parte aunque más no sea pequeña para que aquellas faenas puedan continuar de modo pacífico.

Hay muchas maneras de proceder en este sentido, la más eficaz es la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero en modo alguno esto se agota en estas actividades para los que no tengan posibilidad de acceder. Por ejemplo, una forma muy fértil consiste en los ateneos de lectura donde se reúnen en casa de familia cuatro o cinco personas para debatir un buen libro: por turno uno expone y el resto debate. Esto tiene inmenso efecto multiplicador en las familias, en las reuniones sociales y en los ámbitos de trabajo. No tiene sentido sostener que uno no está preparado para esas cuestiones, nadie nace con la preparación, todos deben hacer esfuerzos para capacitarse. Es muy cómodo alegar que otros tienen la vocación por defender los principios de la sociedad libre, a todos les atrae mucho más dedicarse a ganar dinero y aplicarlo a los placeres de la vida armoniosa y gratificante, pero a todos les compete la mencionada responsabilidad. No puede esperarse a que la invasión de los bárbaros destruya todo. Cuando no quede nada en pie será tarde para los lamentos.

Como se ha dicho, el asunto no es preocuparse sino ocuparse y no valen las exclamaciones y las críticas de sobremesa para luego de haber engullido alimentos dedicarse a los intereses personales cortoplacistas. El abandono de las aludidas responsabilidades indelegables conduce indefectiblemente al desastre. En verdad el darle la espalda a esta misión inherente a la civilización es nada menos que cobardía moral.

No se trata de actuar como si estuviéramos en una inmensa platea mirando al escenario donde supuestamente estarían los que deben ocuparse, se trata de contribuir a sostener la conducta civilizada, lo contrario es una buena receta para que se desplome el teatro. No puede pretenderse ser free-riders de otros (garroneros en criollo) por más que en general se trate de muy buenas personas que creen en la libertad.

Resulta paradójico en verdad que se diga que la suficiente difusión de las buenas ideas es el único camino para retomar uno de cordura y, sin embargo, se concluye que es altamente inconveniente pretender expresarlas ante el público. Parecería que estamos frente a un callejón sin salida, pero, mirado de cerca, este derrotismo es solo aparente.

Ortega escribe en el prólogo para franceses de Rebelión de las masas: “Mi trabajo es oscura labor subterránea de minero. La misión del intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que el político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban” y en el cuerpo del libro precisa que en el hombre masa “no hay protagonistas, hay coro” y en el apartado titulado “El mayor peligro, el Estado” concluye que “el resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno”.

Por su parte, Le Bon en La psicología de las multitudes afirma que “las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio de civilización, son aquellas realizadas en las ideas” pero que, al mismo tiempo, “poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción” y, en general, “solo tienen poder para destruir” puesto que “cuando el edificio de una civilización está ya carcomido, las muchedumbres son siempre las que determinan el hundimiento” ya que “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”.

Entonces, ¿cómo enfrentar la disyuntiva?. Los problemas sociales se resuelven si se entienden y comparten las ideas y los fundamentos de la sociedad abierta pero frente a las multitudes la respuesta no solo es negativa porque la agitación presente en ellas no permite digerir aquellas ideas, sino que necesariamente el discurso dirigido a esas audiencias demanda buscar el mínimo común denominador lo cual baja al sótano de las pasiones. Como explica Ortega en la obra referida, “el hombre-masa ve en el Estado un poder anónimo y como él se siente a sí mismo anónimo -vulgo- cree que el Estado es cosa suya” y lo mismo señala Friedrich Hayek en Camino de servidumbre en el capítulo titulado “Por qué los peores se ponen a la cabeza”.

Desde luego que, como hemos apuntado en otras ocasiones, la paradoja no se resuelve repitiendo los mismos procedimientos puesto que naturalmente los resultados serán idénticos. El asunto es despejar telarañas mentales y proponer otros caminos para consolidar la democracia y no permitir que degenere en cleptocracias como viene ocurriendo de un largo tiempo a esta parte. La perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata en esta instancia del proceso es minimizar los desbordes del Leviatán.

Hay quienes en vista de este panorama la emprenden irresponsablemente contra la democracia sin percatarse que en esta etapa cultural la alternativa a la democracia es la dictadura con lo que la prepotencia se arroga un papel avasallador y se liquidan las pocas garantías a los derechos que quedan en pie. Confunden el ideal democrático cuyo eje central es el respeto de las mayorías por el derecho de las minorías, con lo que viene ocurriendo situación que nada tiene que ver con la democracia sino más bien con dictaduras electas.

Y para fortalecer las ideas lo último que se necesita es un líder puesto que, precisamente, cada uno debe liderarse a sí mismo lo cual es completamente distinto de contar con ejemplos, es decir referentes que es muy diferente por la emulación a que invitan no solo en el terreno de las ideas sino en todos los aspectos de la vida (esto a pesar de los múltiples cursos sobre liderazgo que en el sentido de mandar y dirigir están fuera de lugar, incluso en el mundo de los negocios donde se ha comprendido el valor de la dispersión del conocimiento y el daño que hace el énfasis del verticalismo.)

El núcleo de las ideas es siempre iniciado por una minoríaAlbert Jay Nock escribió un ensayo en 1937 reproducido en castellano en Buenos Aires (Libertas, Año xv, octubre de 1998, No. 29) titulado La tarea de Isaías (“Isaiah´s Job”). En ese trabajo subraya la faena encargada al mencionado profeta bíblico de centrar su atención en influir sobre la reducida reserva moral (remnant en inglés): “De no habernos dejado Yahvéh un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos”. A partir de lo consignado, Nock elabora sobre lo decisivo del remnant al efecto de modificar el clima de ideas y conductas y lo inconducente de consumir energías con multitudes. Concentrarse en ser personas íntegras y honestas intelectuales en lugar de los timoratas que tienen pánico de ir contra la corriente aun a sabiendas que lo “políticamente correcto” se encamina a una trampa fatal. Necesitan el aplauso, de lo contrario tienen la sensación de la inexistencia. Borges escribió sobre aquellos que se ufanan por aparecer como alguien “para que no se descubra su condición de nadie.”

Hay incluso quienes podrían ofrecer contribuciones de valor si fueran capaces de ponerse los pantalones y enfrentar lo que ocurre con argumentos sólidos y no con mentiras a medias, pero sucumben a la tentación de seguir lo que en general es aceptado. No se percatan de la inmensa gratificación de opinar de acuerdo a la conciencia y de la fenomenal retribución cuando aunque sea un alumno, un oyente o un lector dice que lo escuchado o leído le abrió nuevos horizontes y le cambió la vida. Prefieren seguir en la calesita donde en el fondo son despreciados por una y otra tradición de pensamiento puesto que es evidente su renuncia a ser personas íntegras que puedan mirarse al espejo con objetividad.

Y no es cuestión de alardear de sapiencia, todos somos muy ignorantes y a medida que indagamos y estudiamos confirmamos nuestro formidable desconocimiento. Se trata de decencia y sinceridad y, sobre todo, de enfatizar en la imperiosa necesidad del respeto recíproco. Si estuviéramos abarrotados de certezas la libertad no tendría sentido.

Por otro lado, si nos quejamos de los acontecimientos, cualquiera éstos sean, el modo de corregir el rumbo es desde el costado intelectual, en el debate de ideas y en la educación. Como se ha señalado en incontables oportunidades, los socialismos son en general más honestos que supuestos liberales en cuanto a que los primeros se mantienen firmes en sus ideales, mientras que los segundos suelen retroceder entregando valores a sabiendas de su veracidad, muchas veces a cambio de prebendas inaceptables por parte del poder político o simplemente en la esperanza de contar con la simpatía de las mayorías conquistadas por aquellos socialistas debido a su perseverancia.

Ya he puesto de manifiesto en otra ocasión que la obsesión por “vender mejor las ideas para tener más llegada a las masas” es una tarea condenada al fracaso, principalmente por dos razones. La primera queda resumida en la preocupación de Nock en el contexto de “la tarea de Isaías”. El segundo motivo radica en que en la venta propiamente dicha no es necesario detenerse a explicar el proceso productivo para que el consumidor adquiera el producto. Es más que suficiente si entienden las ventajas de su uso. Cuando se vende una bicicleta o un automóvil, el vendedor no le explica al público todos los cientos de miles de procesos involucrados en la producción del respectivo bien, centra su atención en los servicios que le brindará el producto al consumidor potencial. Sin embargo, en el terreno de las ideas no se trata solo de enunciarlas sino que es necesario exponer todo el hilo argumental desde su raíz (el proceso de producción) que conduce a esta o aquella conclusión. Por eso resulta más lenta y trabajosa la faena intelectual. Solo un fanático acepta una idea sin la argumentación que conduce a lo propuesto. Además, los socialismos tienen la ventaja sobre el liberalismo que van a lo sentimental con frases cortas sin indagar las últimas consecuencias de lo dicho (como enfatizaba Hayek, “la economía es contraintuitiva” y como señalaba Bastiat “es necesario analizar lo que se ve y lo que no se ve”).

Por eso es que el aludido hombre-masa siempre demanda razonamientos escasos, apuntar al común denominador en la articulación del discurso y absorbe efectismos varios. Por eso la importancia del remnant que, a su vez, genera un efecto multiplicador que finalmente (subrayo finalmente, no al comienzo equivocando las prioridades y los tiempos) llega a la gente en general que a esa altura toma el asunto como “obvio”. Para esto las minorías que abren camino a las ideas deben ser apoyados y alimentados por todas las personas responsables. Y si la idea no llega a cuajar debido a la descomposición reinante, no quita la bondad del testimonio, son semillas que siempre fructifican en espíritus atentos aunque por el momento no puedan abrirse paso.

Tal como ha escrito Juan Bautista Alberdi en 1841 donde vaticinó lo que sería su largo esfuerzo de prédica que comenzó en 1836 con su tesis doctoral que se negó a jurarla por el tirano Rosas y que culminó en la Constitución liberal argentina de 1853/60: “Siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio de las actuales ideas” (Obras completas, tomo II, p. 134).

En resumen, debe dejarse de lado la comodidad y poner manos a la obra. No estaríamos en la situación en la que estamos si todos los que se dicen partidarios de la libertad contribuyeran a estudiar y difundir sus fundamentos. Estimo que es pertinente para ilustrar cómo es que nunca se desperdician las contribuciones bienhechoras de las personas íntegras -aún operando en soledad- lo apuntado por la Madre Teresa de Calcuta cuando le dijeron que su tarea era de poca monta puesto que “es solo una gota de agua en el océano” a lo que respondió “efectivamente, pero el océano no sería el mismo sin esa gota”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Cuatro mecanismos por los que el comercio internacional promueve la innovación

Por Martín Krause. Publicada el 25/26/22 en: https://bazar.ufm.edu/cuatro-mecanismos-los-comercio-internacional-promueve-la-innovacion/

Intuitivamente, quien entiende el funcionamiento de los mercados comprenderá, sin muchas palabras por medio, que al libre comercio promueve mayores grados de innovación. Por si fuera necesario probarlo, Marc J. Melitz y Stephen Redding publican un trabajo de la serie LSE Research Online Documents on Economics, de la London School of Economics, titulado: “Trade and Innovation”: http://eprints.lse.ac.uk/113930/

Esto dicen:

“Dos ideas centrales del enfoque schumpeteriano de la innovación y el crecimiento son que el ritmo de la innovación está determinado endógenamente por la expectativa de ganancias futuras y que el crecimiento es inherentemente un proceso de destrucción creativa. Dado que el comercio internacional es un determinante clave de la rentabilidad y supervivencia de las empresas, es natural esperar que desempeñe un papel clave en la configuración tanto de los incentivos para innovar como de la tasa de destrucción creativa. En este artículo, revisamos la literatura teórica y empírica sobre comercio e innovación. Destacamos cuatro mecanismos clave a través de los cuales el comercio internacional afecta la innovación y el crecimiento endógenos: (i) tamaño del mercado; (ii) competencia; (iii) ventaja comparativa; (iv) derrames de conocimientos. Cada uno de estos mecanismos ofrece una fuente potencial de ganancias de bienestar dinámicas además de las ganancias de bienestar estáticas del comercio de la teoría comercial convencional. Investigaciones recientes han sugerido que estas ganancias dinámicas de bienestar del comercio pueden ser sustanciales en relación con sus contrapartes estáticas. Discriminar entre mecanismos alternativos para estas ganancias dinámicas de bienestar y fortalecer la evidencia sobre su magnitud cuantitativa siguen siendo áreas interesantes de investigación en curso.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La importancia de la libertad de prensa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/11/la-importancia-de-la-libertad-de-prensa/

El debate abierto de ideas resulta medular para el progreso moral y material de cualquier sociedad libre

Justicia

Justicia

Antes he escrito sobre este tema trascendental para la sociedad libre pero dadas las amenazas y escaramuzas recientes, es del caso insistir en el asunto. Nada hay más importante que se garantice la libertad de expresar todo lo que le dé la gana al opinante. Esto no solo hace a una manifestación básica de respeto y permite la información sino que resulta esencial para el progreso del conocimiento que como es sabido tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones, lo cual permite saltos cuánticos en el aprendizaje. En este último campo, sin libertad de prensa el embrutecimiento es la norma que -además de otras barrabasadas- es precisamente lo que ocurre en los regímenes totalitarios. El debate abierto de ideas resulta medular para el progreso moral y material.

En otros términos, para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental de higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea al pasar, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina. Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo último”.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros. Esta plena libertad incluye el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en que momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno en cuanto a la distribución de la pauta publicitaria o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se transmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisoras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

Es del caso enfatizar que en demasiadas oportunidades cuando se propone algo novedoso y distinto las mentes liliputenses se refugian en la falacia ad populum, esto es si nadie lo hace está mal y si todos lo hacen está bien. Con este criterio de telaraña mental nuestros ancestros no hubieran pasado del garrote, el taparrabos y la cueva pues el primero que utilizó el arco y la flecha, el poncho o el rancho no los usaba nadie por tanto habría que condenarlos. Otra vez reitero lo consignado por John Stuart Mill: “Todas las nuevas ideas que son buenas pasan por tres etapas, la ridiculización, la discusión y la adopción.” Tenemos que acostumbrarnos a dar rienda suelta a las neuronas y no quedarnos bloqueados por el statu quo resultado de una educación mediocre -más bien adoctrinamiento- acostumbrada a la guillotina horizontal que nivela y recibe servilmente instrucciones desde el vértice del poder político.

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatorius en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel, interrumpen programas televisivos o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutenberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede, vale el adjetivo).

Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en imparables verborragias.

Como queda dicho, en una sociedad libre no hay tal cosa como “delitos de prensa” hay simplemente delitos del mismo modo que no hay delito de pistola o delito de cuchillo se pueden cometer vía estas armas, el delito eventualmente puede cometerse a través de la prensa como cuando se hace la apología del delito, por ejemplo, invitando a que “se asesinen a los rubios” lo cual abre la posibilidad a que algún rubio acuda a la Justicia en su resguardo la que se pronunciará sobre el caso o las calumnias, agravios e injurias que los estrados judiciales estimen punibles. En parte es lo que se conoce como la controvertida y a veces manipulada “doctrina de la real malicia” iniciada en Estados Unidos (“real malice”) con el caso New York Times vs. Sullivan en 1964, figura incorporada por la Corte Suprema de Justicia argentina con suerte dispar.

El contrapoder o Poder Judicial en un sistema republicano tiene siempre la última palabra lo cual no excluye lo que pueda transmitir el esencialísimo Cuarto Poder, es decir el periodismo. Conviene en este contexto distinguir lo dicho de la mera transmisión informativa de la comisión de un delito.

A nuestro juicio en nuestro medio los tratadistas más destacados en materia de libertad de prensa han sido José Manuel Estrada, Segundo Linares Quintana y, sobre todo el suculento tratado de Gregorio Badeni en la materia. Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos -y que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa- considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Manteros y otros nobles emprendedores

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 5/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/05/manteros-y-otros-nobles-emprendedores/

Manteros en el barrio de Flores (Matias Arbotto)

En los últimos días se ha vuelto a debatir el asunto de los vendedores callejeros que suelen emplazarse en las veredas de la vía pública para comercializar sus diversas mercaderías y artesanías.

Los aspectos semánticos del lenguaje no deben ser pasados por alto porque están asociados a la construcción de conceptos, del propio conocimiento y de las ideas. Remarco esto último porque no pocas veces aceptamos términos que nos lleva a adoptar conceptos sesgados o inapropiados. En este caso que nos ocupa, es común escuchar gente -en su mayoría políticos- que hace referencia despectiva a las actividades comerciales ambulantes usando término como “informalidad” cuando no “ilegalidad” e insiste en la necesidad de “regularizarlos”. Con este léxico se infiere que las únicas actividades genuinas son aquellas cuyos titulares están alcanzados por el aparato fiscal y responden mansos a la tortura del laberinto regulatorio.

Al igual que ocurriera en su momento con los servicios de Uber y con las cryptos, el único desvelo de los políticos respecto de los vendedores ambulantes es lograr empujarlos dentro de la picadora de carne del saqueo impositivo. De esta manera, dirán los burócratas, el Estado es justo con todos y todos son justos cumpliendo con el Estado.

Por otro lado, los comerciantes que poseen locales a la calle, denuncian prácticas desleales de los manteros debido a que, a pocos metros de sus tiendas, la llamada actividad informal, vende productos del mismo rubro sin tener que soportar los costos operativos que supone un establecimiento. Sin embargo, el rigor del mercado también implica que la oferta buscará opciones para competir eficientemente en la optimización de sus costos. Para el caso, este planteo sería equivalente a acusar de ejercer maniobras de competencia desleal a quienes comercializan sus productos y servicios a través de un sitio de internet o redes sociales.

El reclamo sí resulta legítimo en lo que respecta a la asimetría impositiva y regulatoria. Quienes están en la “formalidad” y la “legalidad” son sometidos a la lista interminable de habilitaciones municipales, controles de seguridad, accesibilidad para la integración e inclusión, las particularidades si se trata de un comercio, oficina o industria; controles de higiene, de bromatología si es gastronómico, planillas fiscales y laborales, cumplir con códigos de edificación y códigos urbanísticos. Y todavía no entraron clientes…

A esta locura se le suma el régimen confiscatorio del Impuesto a las Ganancias y sus anticipos, IVA, Cargas Sociales, Ingresos Brutos y Autónomos. En la época medieval, a la carga impositiva se le decía diezmo porque se le pagaba al tirano el 10% del producto bruto de la cosecha. Hoy vivimos un insoportable flagelo que supera el 60% de lo que producimos.

Antes de decidirse a encarar todo esto, un emprendedor en Argentina tiene que estar dispuesto además a enfrentar una legislación laboral que, como dice el economista Manuel Adorni, sus derivaciones son mas parecidas a una filiación adoptiva que a un contrato laboral.

No obstante esto, en lo que se refiere a las regulaciones y los impuestos, creo que los dueños de comercios a la calle enfocan mal su reclamo. Insólitamente piden la persecución impositiva de los manteros, le demandan al Estado que los trabajadores ambulantes sean incorporados a la desgracia y al maltrato que ellos también sufren. Cuesta entender esta lógica del sufrimiento, el conformismo y la envidia. Viene a la mente aquel cuento del genio de la lámpara que se le presenta a un campesino. El hombre en cuestión, envidiaba a su vecino por poseer unos pocos corderos. El genio, como suele ocurrir en estas fábulas, se compromete a otorgarle al hombre cualquier deseo que él quisiera. Es así como, luego de pensar unos segundos, el campesino opta por pedirle al genio que mueran los corderos de su vecino. En conclusión, en lugar de pedir por la igualdad de todos en la desgracia, los comerciantes deberían librar su propia batalla contra el Leviatán.

Se esgrime también que los dueños de establecimientos comerciales, con sus impuestos, pagan el mantenimiento de la vía pública que ocupan sus competidores circunstanciales. Independientemente que algunos de los manteros son monotributistas, el problema de lo público nunca tendrá solución. Habrá pagadores de impuestos que quieran tener manteros y otros que no. Lo mismo ocurre con los contenidos de la educación pública o la oferta de prostitución en la vía pública. El problema solo se soluciona con asignaciones de derechos de propiedad. Para el caso de estos dos últimos ejemplos, solo con establecimientos educativos privados y calles privadas, se podrá tener la oferta que decidan tener sus copropietarios.

Por último, se dice que detrás de los manteros hay mafias. Si hubiera manteros que están sometidos u obligados a trabajar para alguien, la ley debería protegerlos pero ocurre que, por el hecho de ser “informales”, no tienen sus derechos garantizados y el Estado los considera personas de categoría inferior.

En los casos de falsificación de marcas o incumplimiento del derecho de propiedad, las empresas que pudieran estar afectadas, siempre tienen disponible el recurso de presentar su caso por vías legales.

Economistas que se dicen ser liberales, se quejan de la estética visual que le dan estos trabajadores a las veredas de la ciudad. En contraposición, la mirada liberal de Enrique Ghersi, quedó plasmada maravillosamente en El Otro Sendero, La Revolución Informal, un libro que junto a Mario Ghibellini, colaboraron con Hernando de Soto para hacer una investigación acerca de “la economía de mercado que emerge con un origen popular”.

De acuerdo a lo que cuenta Ghersi en una entrevista que le da al Dr. Hugo Maul de la Universidad Francisco Marroquín, la iniciativa fue impulsada por el mismísimo Friedrich Hayek que, siendo ya Premio Nobel de Economía, en una visita en 1978 a la ciudad peruana de Lima, observó la llamativa cantidad de vendedores ambulantes y recordó los escritos de Charles Dickens y su descripción de esas actividades en el Londres del siglo XVIII. Lo mismo ocurría en New York en el siglo XIX, una noble actividad emprendedora que, a diferencia de los pseudo empresarios que buscan favores de la política y mercados cautivos, trabajan para mejorar la vida de otros.

Otro libro, En Defensa de los Más Necesitados que en coautoría escriben Alberto Benegas Lynch (h) y Martín Krause, lo inician con un acápite de Michael Novak que reza: “Las personas quieren pan. También quieren libertad. No sólo es posible contar con las dos cosas: la segunda resulta esencial para la primera”.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Decálogo de un plan económico integral y urgente

Por Adrián Ravier.  Publicado el 4/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/04/decalogo-de-un-plan-economico-integral-y-urgente/

La economía argentina caracteriza a un paciente en estado muy delicado que necesita medidas urgentes para evitar un escenario no deseado por nadie

La economía transita por un largo camino de decadencia por la resistencia de la dirigencia política a encarar cambios sustanciales (EFE)

La economía transita por un largo camino de decadencia por la resistencia de la dirigencia política a encarar cambios sustanciales que pueden sintetizarse en el siguiente decálogo:

1. Política fiscal y gasto público: Urge una regla que evite que el gasto público aumente por arriba de la presión tributaria, especialmente ante el escenario electoral que se avecina. Si bien el nivel agregado de erogaciones se ha licuado entre 2020-21, se corre el riesgo de volver a niveles de gasto y déficit insostenibles, una vez que el gobierno comience a ceder ante las presiones sindicales y gremiales;

2. Política tributaria: Urge eliminar 160 impuestos, dejando sólo aquellos 11 que hoy generan el 90% del total de recaudación tributaria. La medida sería un shock positivo sobre la actividad, lo que permitirá incrementar la base imponible, y con los recursos adicionales percibir más con menos gravámenes. El recuento de 171 impuestos surge de un relevamiento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) a nivel nacional, provincial y municipal;

3. Superávit fiscal: Urge alcanzar un excedente entre gastos y recursos tributarios para poder asumir el pago de los compromisos de la deuda pública. En el caso argentino no alcanza con equilibrio fiscal, primero por su coyuntura, pero también para poder avanzar en una reducción de la presión tributaria, y quita gradual de retenciones, además de una reforma previsional indispensable. En 2023 Argentina corre el riesgo de ir a un nuevo default y es necesario dar tranquilidad a los acreedores que Argentina está haciendo lo posible para reconocer sus obligaciones de deuda.

4. Política cambiaria: Urge levantar el cepo. Se debe reconocer la cotización real del dólar frente a una moneda que se ha destruido y sigue destruyéndose año a año. Se deben terminar con los privilegios en el reparto de los escasos dólares a un grupo de importadores oficiales y acreditados;

5. Desregulación de la economía: Se deben terminar los controles de precios, para que pueda normalizarse el funcionamiento bajo incentivos adecuados para la producción. La infraestructura energética sufre hoy la falta de inversiones, y esto representa un cuello de botella para recuperar tasas altas de crecimiento económico. Como en otros episodios históricos del país, los servicios públicos pueden atraer inversiones que contribuyan a reactivar la economía;

Se deben terminar los controles de precios, para que pueda normalizarse el funcionamiento bajo incentivos adecuados para la producciónSe deben terminar los controles de precios, para que pueda normalizarse el funcionamiento bajo incentivos adecuados para la producción

6. Política monetaria: Urge dolarizar la economía, aceptando lo que espontáneamente ya viene ocurriendo desde las PASO de 2019. El remanente de pesos que circula debe ser reemplazado por dólares que el gobierno logre captar con nueva deuda, y los otros pasivos del Banco Central deben ser reemplazados por deuda del Tesoro. Una nueva convertibilidad con un tipo de cambio real alto (tras levantar el cepo) puede ser una alternativa, pero me inclino en favor de la dolarización para reducir el costo de salida y eliminar el riesgo de devaluación, lo que es indispensable para tener bajas tasas de interés, tanto nominales como reales;

7. Apertura económica: Urge recuperar el acuerdo con la Unión Europea, pero buscando también otros acuerdos con el Nafta, Asia, África y Oceanía. El Mercosur podría ser el bloque a partir del cual se encaren las negociaciones, pero si no lo fuera Argentina deba salir del bloque. En esta materia hay mucho que aprender de los acuerdos bilaterales de Chile con los bloques económicos, incluyendo el Mercosur. Esta apertura requerirá de una eliminación total de los aranceles, lo que también requiere un tipo de cambio real alto como punto de partida, lo que se obtendrá al levantar el cepo y con la reforma monetaria de dolarización mencionada. Que los bienes transables adquieran dentro de Argentina precios internacionales bajos y competitivos, reducirá el costo de la canasta básica para los consumidores, lo cual puede contribuir a bajar la pobreza, además de contribuir también en una pronunciada mejora de la competitividad;

Urge dolarizar la economía, aceptando lo que espontáneamente ya viene ocurriendo desde las PASO de 2019 (Reuters)Urge dolarizar la economía, aceptando lo que espontáneamente ya viene ocurriendo desde las PASO de 2019 (Reuters)

8. Legislación laboral: Urge flexibilizar la legislación para que aquellos que necesitan contratar personal tengan incentivos para hacerlo. En el mismo plan de integración y retorno al mundo, Argentina necesita de esta reforma para mejorar su competitividad. La medida contribuye también a un necesario cambio estructural de empleo público a privado. Es un mito que esta medida provoque precarización del empleo. La legislación laboral actual está provocando más excluidos que nunca, niveles alarmantes de informalidad y altas tasas de subempleo.

9. Cielos abiertos y aerolíneas argentinasUrge recuperar una política de cielos abiertos, sea con Aerolíneas Argentinas en manos público o privadas, o directamente cerrarla, pero recuperando la competencia de quienes ofrezcan mejor calidad y precios a los consumidores, como ya ha ocurrido en Europa o en Estados Unidos. La medida le daría a la Argentina mayor dinamismo, lo que también contribuye a mejorar la productividad.

10. Petróleo: Urge privatizar la explotación del hidrocarburo, reconociendo que el gobierno ha sido siempre un mal empresario, y que no tiene los recursos ni el conocimiento para abastecer al mercado local con el crudo y sus derivados. La explotación del reservorio de Vaca Muerta puede fundamentar los shocks de inversión que Argentina necesita para salir de esta coyuntura. No sólo es indispensable que el país se autoabastezca del combustible, sino que además genere ingreso de divisas por exportación.

Por supuesto que quedan otros frentes por encarar, como un Presupuesto Base Cero que permita replantear la estructura del gasto público, con menos ministerios, secretarías y sub-secretarías, que a la vez permitan reducir la burocracia y la corrupción. Nueva Zelanda ofrece una experiencia notable en esta materia. Pero los 10 puntos mencionados arriba grafican una reforma integral y urgente que debería estar en la agenda del oficialismo y la oposición para alcanzar consensos que puedan ayudar a evitar otra crisis económica de magnitudes alarmantes.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Derecho de los animales y situaciones límite

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 4/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/04/derecho-de-los-animales-y-situaciones-limite/

Los animales no son racionales, no tienen libre albedrío, no actúan, solo reaccionan frente a ciertos estímulos. No obstante, esto no quiere decir que sea adecuado cualquier procedimiento que conduzca al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal

El torero español Emilio de Justo lidia al toro ‘Soñador’ de 456 kilos de la ganadería Guachicono, hoy, durante la tercera corrida de la Feria Taurina, en Cali (Colombia). EFE/ Ernesto Guzmán

Como es sabido, el derecho significa la facultad de disponer de lo propio, comenzando por el propio cuerpo, siguiendo con la expresión de los pensamientos de cada cual, completado con el uso de lo adquirido de modo legítimo. En este contexto, a todo derecho corresponde una obligación. Si una persona dice que gana mil en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si esa misma persona dijera que tiene “el derecho” de obtener dos mil aunque su salario es de mil, si se otorgara semejante “derecho” inexorablemente querría decir que se ha expropiado a otro en el fruto de su trabajo por la diferencia. Se trata entonces de un pseudo derecho pues para otorgarlo se ha lesionado el derecho de terceros.

Vivimos la era de los pseudo derechos: “derecho a una vivienda adecuada”, “derecho a un salario suficiente”, “derecho a una motocicleta”, “derecho a tantos hidratos de carbono o vitaminas”, derechos que no solo se dan de bruces con la noción más elemental del derecho sino que perjudican a todos, muy especialmente a los más vulnerables al vivir en un clima de destrucción de marcos institucionales civilizados. Por eso es tan relevante la igualdad ante la ley donde todos tienen los mismos derechos, lo cual no ocurre allí donde se pretende la igualdad mediante la ley, es decir la guillotina horizontal que apunta a nivelar a todos lo cual aniquila la cooperación social vulnerando acuerdos entre las partes y destruye la noción del contrato que remite a derechos de propiedad.

La asignación de derechos de propiedad resulta esencial para la supervivencia de la sociedad puesto que permite liberar energía creadora para usar del mejor modo posible los siempre escasos recursos. En este plano, todos para mejorar sus situaciones se ven obligados a mejorar la condición social de sus semejantes. El que acierta obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos lo cual va a contramano de los que se alían con el poder político de turno para explotar miserablemente a sus congéneres. Robar una bicicleta es un delito mucho menor a inyectar polución al ambiente pues el monóxido de carbono ataca los pulmones de los vecinos, del mismo modo que constituye un delito volcar ácido sulfúrico en el jardín del prójimo. Por otra parte, la propiedad permite que cada uno se dedique a sus actividades en un proceso que maximiza el bienestar. Antes he usado el ejemplo que esgrime el periodista John Stossel quien ilustra el asunto con un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado. Nos invita a cerrar los ojos e imaginar en regresión los pasos para llegar a ese producto. Los agrimensores calculando espacios en los campos, los alambrados y los postes (solo esto último demanda unos treinta años entre el sembrado, la tala, los transportes, los almacenamientos, las cartas de crédito, los aserraderos, la contratación de personal, los mercados inmobiliarios para adquirir terrenos etc etc), las cosechadoras, los fertilizantes, los plaguicidas, el ganado vacuno, los caballos, las riendas y monturas, los peones, las aguadas y bebederos, la manga, las viviendas, las gestiones bancarias y demás faenas. Cada uno hace lo suyo sin tener la menor idea de las infinitas etapas que llevan al bien final mencionado. Todos se intercambian vía el formidable proceso que marcan los precios como un sistema de información y coordinación hasta que irrumpen los megalómanos de siempre que dicen que “no se puede dejar las cosas a la anarquía del mercado” y por ende fijan precios (en verdad simples números puesto que los precios por definición reflejan estructuras valorativas de las partes, en cambio los números de marras solo exhiben los caprichos de los burócratas que en lugar de permitir la difusión de conocimiento concentran ignorancia). Con este estatismo enfermizo, finalmente no hay carne, ni celofán, nada en las góndolas y tienden a desaparecer los supermercados.

Como es de conocimiento público, desde la Carta Magna de 1215 las constituciones son para limitar el poder político, sin embargo en la actualidad son en gran medida documentos que le otorgan carta blanca a los agentes del aparato estatal para que abusen de los derechos de los gobernados quienes en lugar de sentirse protegidos se sienten perseguidos y aplastados por un Leviatán desbocado.

Hecha esta necesaria introducción veamos el caso de los supuestos “derechos” de los animales, un destino puesto que no son sujetos de derecho: si un elefante destroza nuestro jardín no lo podemos llevar a tribunales para que responda ya que tampoco puede demandarse responsabilidad por el consiguiente respeto a los derechos de terceros. El ser humano es racional lo cual no quiere decir que no se equivoque ni que se abstenga de recurrir a silogismos contrarios a la lógica. Cuando los médicos de antaño colocaban sanguijuelas en el pecho de infartados no era que se trataba de irracionales sino que usaban el conocimiento disponible al momento. La ciencia pone de manifiesto un proceso de prueba y error en el contexto de refutaciones permanentes para progresar. Fuera de los actos reflejos, toda la conducta del ser humano que se sustenta en la elección, preferencia y opción por más que su proceder resulte disparatado a criterio de otros. El animal no racional no tiene libre albedrío, no actúa, solo reacciona frente a ciertos estímulos.

Esto no quiere decir para nada que se considere adecuado el procedimiento que conduce al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal. Decimos ciertos especímenes puesto que si se es considerado con las bacterias la especie humana desaparecería, lo mismo puede decirse eventualmente con la cucarachas o las serpientes venenosas cerca de viviendas. Sin duda que resulta un espectáculo bochornoso el daño deliberado a perros o caballos solo para citar dos casos, incluso hoy día es muy provechoso y educativo observar a los modernos domadores con el cariño y cuidado que hacen su oficio abandonando por completo los métodos salvajes de domadores anteriores que les parecía un acto de coraje el pegarles rebencazos y clavando espuelas a los pobres animales.

El punto aquí señalado consiste en subrayar el significado del derecho al efecto de no confundir conceptos. Es realmente llamativo que los que pretenden incrustar la idea del derecho en el campo animal son en general partidarios del homicidio en el seno materno, mal llamado aborto, con lo que se desconoce que desde el momento de la fecundación del óvulo hay un ser humano en acto, en potencia de muchas otras características con una carga genética única distinta de la de la madre y el padre. Es en verdad curioso que se pretenda implantar de contrabando “derechos” animales y se aniquile a seres humanos indefensos.

Todo esto sin mencionar la matanza de animales para la alimentación como ganado vacuno, peces y equivalentes, lo cual no justifica el denominado “deporte de la caza” en el que el aniquilamiento es una diversión, del mismo modo que a nuestro juicio la corrida de toros pone de manifiesto una carnicería impropia de humanos.

Finalmente, ahora vamos en una cápsula a las situaciones consideradas límite, denominadas en ingles “life boats situations” íntimamente vinculadas al tratamiento de los derechos de propiedad. Estas situaciones extremas se suelen presentar en el escenario de un naufragio donde hay menos botes salvavidas que posibles ocupantes. En este caso el capitán del barco como representante de los dueños de la embarcación decidirá quienes pueden usar y quienes no pueden usar los botes. Y si suponemos que el capitán muere en el naufragio el uso y disposición de los botes retrotrae al origen de la propiedad tal como lo expuso modernamente primero Robert Nozick y luego Israel Kirzner refinando la tesis de John Locke, es decir, los primeros ocupantes son los dueños de facto. Para un análisis detallado respecto a diversos andamiajes conceptuales y ángulos de estudio referidos a casos extremos, remito a mi ensayo titulado “David Miller and Life Boats Situations: a Note” originalmente publicado en Gulf Islands Review. A Journal of Ideas on Economic, Historical and Political Debate, Primer Cuatrimestre de 2010 que se reproduce en el post-scriptum de mi libro Maldita coyuntura (Buenos Aires, Grupo Unión, 2020).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La Cumbre de las Américas y la defensa de la democracia

Por Constanza Mazzina. Publicado el 2/06/22 en: https://www.clarin.com/opinion/cumbre-americas-defensa-democracia_0_8E8ePGouYS.html

Reunión preparatoria de la Cumbre de las Américas en la OEA.

La primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en 1994, durante la presidencia de Bill Clinton, reunía a los jefes de los estados americanos que habían transitado a la democracia de la mano de la tercera ola, con la excepción de Cuba.

En uno de los documentos que surgieron de esa cumbre, la Declaración, los mandatarios se comprometían a preservar y fortalecer la comunidad de democracias de las Américas: “(…) La democracia es el único sistema político que garantiza el respeto de los derechos humanos y el estado de derecho; a la vez, salvaguarda la diversidad cultural, el pluralismo, el respeto de los derechos de las minorías y la paz en y entre las naciones. La democracia se basa, entre otros principios fundamentales, en elecciones libres y transparentes, e incluye el derecho de todos los ciudadanos a participar en el gobierno”.

Hasta el momento se han realizado 8 cumbres de las Américas. Quizás la más recordada sea aquella celebrada en Mar del Plata, Argentina, en el 2005, en la que el entonces presidente venezolano Hugo Chavez sentenció: “Alca, ALCA al carajo”.

Desde entonces, la democracia no se ha fortalecido en la región, al contrario, el deslizamiento autoritario que se ha dado desde adentro de las propias democracias de Venezuela y Nicaragua es un hecho que no puede ser soslayado. Allí, los derechos fundamentales que hacen a la vida democrática han sido olvidados: la libertad de expresión, de reunión, asociación, prensa, entre otras, no existen. Sacrificar estos derechos en el altar electoral supone un problema de definición: reducir la democracia a un proceso electoral amañado nos intima a revisar esta concepción.

En todo caso, los elementos fundantes de la democracia son el respeto por los derechos de los individuos, entendidos como libertades básicas (reunión, opinión, asociación, prensa), los mecanismos de frenos y contrapesos (checks and balances), la temporalidad en el ejercicio del poder y la rotación en cargos públicos y la transparencia y rendición de cuentas (accountability) de los gobernantes.

Si el liberalismo desconfía del poder, de allí su necesaria limitación, el republicanismo se define por oposición al cesarismo. En esta concepción de democracia ningún actor tiene jamás en sus manos todo el poder por un período de tiempo indefinido ni tiene la oportunidad de ejercerlo sin control ni contrapesos. El estado de Derecho es la condición necesaria de este andamiaje y el gobierno (y el gobernante) no puede hacer y deshacer la ley a su antojo, sino que la ley está por encima de aquél.

En contraposición, tanto en Venezuela, Nicaragua y Cuba, estamos frente a regímenes no democráticos que se caracterizan por perseguir, encarcelar o cancelar a la oposición, limitar la libertad de expresión, negar la legitimidad del adversario (incluso por privación ilegítima de la libertad, procesos extrajudiciales y torturas, como muchos organismos internacionales han documentado), erosionar y vaciar las instituciones, negarse a rendir cuentas de sus actos y vapulear las instituciones de rendición de cuentas.

Se creen no solo por encima de la ley, sino que la manipulan a su antojo. Independientemente del origen de esos gobiernos, podemos decir que estamos frente a gobiernos autocráticos.

Cuando decimos “independientemente del origen” es porque sabemos que son dictadores que han llegado al poder mediante la manipulación de procesos electorales y, en muchos casos, continúan realizando elecciones sin competencia, sin transparencia y sin libertad.

Contar votos no es democracia. No hay golpe de estado, pero hay dictadura. Son regímenes que mezclan la autocracia personalista con el autoritarismo de partido, donde la cúpula acumula todo el poder del estado. Negar esta realidad es ser funcional a ellos.

Hoy, las democracias de las Américas tienen la responsabilidad de preservar la vida de aquellos que son perseguidos por pensar distinto, como ocurre hoy mismo en Cuba con Luis Manuel Otero Alcántara y Mikel Castillo. Escudados en la retórica anti-imperialista, se refugian en términos como democracia soberana, nacionales y otros adjetivos que esconden su verdadera naturaleza. Digamos lo que realmente son: son dictaduras. En todo caso, si convocan una contra-cumbre, pongan el título que les corresponde: la cumbre de los dictadores.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

Dolarización: respuestas a tres grupos críticos, los malos, los buenos y los prácticos

Por Adrián Ravier.  Publicado el 5/5/2 en: https://www.cronista.com/columnistas/dolarizacion-respuestas-a-tres-grupos-criticos-los-malos-los-buenos-y-los-practicos/

La dolarización vuelve a la mesa de debate, y entonces emergen sus críticos. Puedo visualizar tres grupos dentro de ellos, aunque es posible que algún economista se sienta parte de dos grupos a la vez.

En esta nota trataré de describir a los malos críticoslos buenos críticos, y los críticos prácticos. Y ensayaré algunas respuestas.

DOLARIZACIÓN: LOS MALOS CRÍTICOS

Los primeros son aquellos que cuestionan la dolarización, pero también la idea de que la inflación argentina tiene causas monetarias.

Rechazan la convertibilidad cualquier regla monetaria, e incluso sostienen que algo de inflación es necesaria, parafraseando a Aldo Ferrer, incluso en niveles del 40% anual.

Ejemplifican equivocadamente la convertibilidad como algún tipo de dolarización y en general rechazan la ortodoxia de la economía. Postulan ideas heterodoxas que son precisamente las responsables de nuestro presente.

Incluso vinculan la dolarización a la bandera, la escarapela y los nacionalismos. Lo cierto es que tener una moneda sana importada de ninguna manera implica perder la patria, o cederla a alguna otra. ¿Acaso España, Francia o Alemania han perdido la patria por ceder su moneda al BCE?

LOS BUENOS CRÍTICOS DE LA DOLARIZACIÓN

Los segundos son aquellos que tienen buenas críticas, porque parten de la idea correcta que la inflación argentina es consecuencia de monetizar el déficit fiscal.

Si tanto la dolarización como otro programa de estabilización requieren del equilibrio fiscal, al resolverlo piensan que se puede prescindir de la dolarización

Si bien el argumento es válido, pienso que estos críticos no ven una de las mayores ventajas de la dolarización que es su irreversibilidad, o más bien dificultad de des-dolarizar. Zimbabwe resulta ser un caso excepcional en la materia, justamente por no acompañar la reforma con otras políticas complementarias indispensables a las que haremos referencia al final de la nota. Pero la experiencia muestra que los costos de salida son muy altos.

Estos críticos también sostienen que las experiencias son pocas, y que sería peligroso avanzar en este camino. Dicen que el número de países que ha dolarizado es pequeño, y que las experiencias con las que contamos tratan sobe países de menor tamaño que Argentina.

Aquí pienso que se equivocanHay más de 100 economías dolarizadas en el mundo, si incluimos islas y microestados. Aun la zona euro podría tomarse como un caso de dolarización, y esas economías que la integran no son precisamente pequeñas.

Incluso entre los países no dolarizados, habrá que ver el grado de dolarización con el que hoy conviven. Argentina y Venezuela, por caso no han dolarizado oficialmente, pero sí han avanzado bastante en un proceso espontáneo de dolarización, en la necesidad de los ahorristas de conseguir refugio para sus tenencias de dinero.

Pero volviendo ahora a las experiencias de dolarización oficial en Latinoamérica la bibliografía referencia los casos de Panamá, Ecuador y El Salvador. Nótese que en estos casos, los tres países han sobrevivido a grandes desafíos: en el primer caso a dos guerras mundiales, una gran depresión, la invasión de Estados Unidos y desastres naturales que incluyen terremotos y El Niño; en el segundo al populismo extremo de Rafael Correa; y en los tres casos a crisis económicas profundas como la de 2008 y una pandemia como la de 2020. ¿Qué escenario más duro que estos podrían implicar el abandono de la dolarización?

LOS CRÍTICOS PRÁCTICOS DE LA DOLARIZACIÓN

Finalmente llegamos a preguntas de orden prácticoNo hay dólares suficientes, argumentan en este grupo. El tipo de cambio convertible es demasiado alto, lo que implica una tasa de devaluación muy alta que empobrecerá aún más a la Argentina. ¿Qué haríamos con los pasivos monetarios acumulados en el BCRA?

Aquí se abre un debate incluso entre los defensores de la dolarización, pues hay muchas maneras de dolarizar. Son preocupaciones válidas, pero eso no quiere decir que sean obstáculos para dolarizar.

Al decidir avanzar políticamente en sustituir una moneda por otra, iniciarán los procesos que la hacen posible. Las preguntas técnicas tienen respuestas técnicas. Hay que decidir si se hace con o sin acuerdo con Estados Unidos, por ejemplo. Pero querer replicar el proceso europeo con la zona euro, como si América fuera unificada y los mercados ya estuvieran integrados, no parece accesible. Tomaría décadas. Además, Estados Unidos tendrá resistencia a compartir el señoreaje.

Una vez que decidimos que no hay que consultar a Estados Unidos para dolarizar, el camino es más sencillo, al menos desde lo político.

El primer paso es cambiar los pesos en circulación y los pasivos monetarios (Leliqs, etc.) del BCRA por los dólares existentes, que serían las reservas líquidas disponibles que tiene el BCRA. Ese cociente, parece mostrar un numerador muy alto por todo el circulante más las Leliqs y pases, y un denominador muy bajo, pues no hay muchos dólares. Si este cociente es muy alto, entonces inician procesos de reducir el numerador, y ampliar el denominador. Para reducir los pasivos monetarios, una propuesta que ha surgido en el libro de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky de pronta publicación, consiste en securitizar activos del BCRA (por ejemplo Letras Intransferibles) a través de un fideicomiso emitiendo bonos en dólares a corto plazo que se pueden usar para canjear las Leliqs en manos de los bancos. Para ampliar el denominador pueden obtenerse préstamos de acreedores diversos como el FMI u organismos multilaterales de crédito.

Otro argumento aquí que se nutre de la experiencia de Ecuador (veánse las múltiples notas de la economista ecuatoriana Gabriela Calderón, especialista en la materia) es que al dolarizar, los dólares que los argentinos tienen atesorados (y que son muchos) salen al mercado, rompiendo el mito de que la economía argentina no tiene dólares. No debemos confundir la práctica de cambiar los pesos emitidos que hoy circulan y que se derriten en las manos de sus tenedores, con el dinero que los argentinos tienen, pues ya ha habido una natural dolarización espontánea que ha convertido gran parte del capital a dólar. ¡Los argentinos ya están dolarizados en un alto porcentaje! De lo que se trata es de ampliar esas ventajas a toda la población.

Por lo demás, volviendo a las cuestiones prácticas básicas, al dolarizar ya los intercambios se hacen en moneda dólar. La gente paga bienes y servicios en dólares, y las empresas pagan impuestos en dólares. El gobierno recauda dólares y con ello paga sus gastos en dólares, incluyendo las jubilaciones y pensiones, y dejamos de ver una economía que todos los días se devalúa. Se elimina también el descalce cambario de recibir impuestos en pesos pero tener deuda pública denominada en dólares. A medida que la economía recupere su capacidad productiva, mejorar el nivel de actividad y con ello la recaudación lo que podrá ir recuperando los ingresos reales de los asalariados del sector público, e incluso jubilados y pensionados.

LA DOLARIZACIÓN NO ES UNA RECETA MÁGICA

Por supuesto, así presentado la dolarización parece una receta mágica, pero no lo es.

Si Argentina tiene problemas en el sistema previsional, debe reformarlo. Si tiene déficit fiscal, debe eliminarlo pues ya no podrá monetizarlo. Si tiene enorme rigidez en el mercado laboral, necesita avanzar en una política de flexibilización laboral. Si tiene una alta presión tributaria, debe resolver el laberinto fiscal y reducir y simplificar su estructura tributaria. Si está aislada del mundo, necesita una reforma de apertura económica. Esta misma apertura económica puede permitir reformar la banca y atraer a la banca internacional, incluyendo la banca off shore como ha propuesta Jorge Avila.

En definitiva, se requiere una reforma integral de la economía para evitar replicar la experiencia de Zimbabwe.

La dolarización es necesaria por todo lo expuesto, pero no es suficiente para resolver los problemas estructurales de una economía con décadas de decadencia.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.