TRUMP, TWITTER, LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y LA IMPORTANCIA DE LOS PACTOS POLÍTICOS ORIGINARIOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/01/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/01/trump-twitter-la-libertad-de-expresion.html

Volviendo al tema que tantos debates ha ocasionado últimamente, creo que hay un aspecto muy importante para entender qué está ocurriendo.

Las libertades individuales, tales como libertad de expresión, religiosa, de enseñanza y de asociación, no fueron concebidas primero in abstracto y luego plasmadas in concreto. Surgieron de una circunstancia histórica en la que había un consenso generalizado, tácito pero muy básico como horizonte cultural, donde casi todos (excepto los criminales) asumían el respeto mutuo de formas de vida y de pensar diferentes, y que el sujeto de derechos era cada persona en particular o asociada libremente con otras[1]. Ese fue el contexto fundacional de los EEUU, donde miles de inmigrantes católicos, protestantes, judíos y librepensadores huyeron de una Europa enloquecida para vivir en paz bajo el contexto del common law. Es lo que antiguamente era la “concordia” civil (ver Mauricio Vázquez: https://www.ambito.com/opiniones/democracia/eeuu-la-mas-antigua-del-mundo-n5164179?fbclid=IwAR29dMGZqZLZdPp8BLAKNfl8OJDZsOQcIBorPODkc3sPKsmDvdj8RBCpaEA)  No lo sabían, pero de ese modo fundaron las bases de lo que iba a ser la Declaración de Independencia, la Constitución Federal y la Declaración de Derechos. En ese momento sí que se entendía lo que quería decir free speech, más allá de la dicotomía privado/público. Era un consenso cultural de respeto al “disidente”, esto es al que tiene otra cosmovisión. Por supuesto, todos sabemos del “barro de la Historia”: ese pacto comenzó mal, con el tema de la esclavitud, que seguimos pagando hasta hoy.

Ese tipo de pacto político liberal clásico se corta cuando un grupo asume el monopolio de La Nación, el Estado, la raza superior o la clase explotada contra la clase explotadora. En todos esos casos, la convivencia con “el otro” es imposible, porque el otro es precisamente el que no permite la convivencia entre “los justos”. Esos son los colectivismos ontológicos que impiden una sociedad libre. Los “colectivos explotados” por definición no pueden admitir la convivencia con el explotador. Es una lucha sin cuartel donde el explotador debe ser eliminado.

A veces esos grupos afirman claramente que en ese caso las libertades de expresión y etc. ya no tienen sentido. Otras veces, como sucede actualmente, los colectivos explotados mantienen aparentemente los términos, pero el fondo cambia. Los supuestos delitos de odio y discriminación les permiten perseguir el “hetero-patriarcado capitalista explotador”.

Eso es lo que ha estado pasando desde 1945 en adelante en los EEUU, a medida que esa forma de pensar se extendía. Independientemente de la dicotomía público/privado, la persecución al disidente, esto es el explotador, se intensificó. Los liberales clásicos, los conservadores, los creyentes en religiones conservadoras, fueron perdiendo gradualmente sus posiciones. Fueron sistemáticamente perseguidos NO por un estado sino por las personas que creían estar en el colectivo explotado, y cuando el sistema penal incorpora los delitos de odio y discriminación, fueron perseguidos con denuncias penales consecuentes. El Estado Federal y los Estados no necesariamente (ahora sí) lo hacían. Editoriales, universidades, clubes, etc., eran los encargados de hacerlo. Si sos el explotador, “te cancelan”. Es lo que Axel Kaiser ha llamado La neo-inquisición (https://librospdfgratismundo.com/la-neoinquisicion-axel-kaiser-2020/)

Y ahora, finalmente, las big tech.

En este drama cultural, en el cual ya se ha perdido el pacto político originario, la dicotomía publico/privado según Rothbard, para diagnosticar lo que sucede, ya es insuficiente. En todo Occidente, hoy, no sólo en EEUU, los que pensamos diferente al marxismo dominante ya no tenemos free speech como antes se lo entendía, porque hemos pasado a ser el colectivo explotador que hay que eliminar.

Si el explotado que te persigue es público o privado según lo legal, no es suficiente para entender qué está sucediendo. Lo que está sucediendo es que el pacto liberal clásico, según el cual el free speech tenía sentido, se ha cortado.

Por supuesto, bajo todo eso la persecución moral y legal a Trump como un White supremacist intolerable, es la guinda del helado de último momento, pero habrá otras guindas y otros helados de igual sentido cultural.

El free speech, la libertad religiosa, como se las entendía en un contexto liberal clásico, ya se perdieron. Asumámoslo: sin un nuevo pacto político originario, no existen más. Los disidentes seremos tolerados en diversos grados, con suerte: tolerados, nunca aceptados como parte de la nueva Pax Romana Biden-China-ONU, más sus socios europeos.

Como re-comenzar de vuelta, sólo Dios lo sabe.


[1] Fernando Romero Moreno siempre dice que esas libertades concretas también existían en cierta forma en Hispano-américa. Ver http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/resena-critica-al-libro-la-nueva.html

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

La alarmante actualidad del siglo XVIII

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 23/01/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/23/la-alarmante-actualidad-del-siglo-xviii/

John Maynard Keynes es la versión moderna de John Law, quien inauguró sus experimentos de inflación monetaria en Francia durante el reinado de Luis XV

El rey Luis XIV y su corte

El rey Luis XIV y su corte

De entrada destacamos un pensamiento de Luis XIV que reinó hasta 1715 y los entramados de un personaje inmediatamente posterior. Lo primero es “el Estado soy yo” (su bisnieto y sucesor en el trono siguió la misma línea con aquello de “después de mí el diluvio”), todo tan caro a los autoritarios de nuestra época en medio de una brutal falsificación de la democracia convertida en cleptocracia y lo segundo trata del escocés John Law quien inauguró sus experimentos de inflación monetaria en Francia, en pleno siglo XVIII.

Muy bien ha dicho Hans Sennholz que “confiarle el manejo del dinero al gobierno es lo mismo que entregarle un canario a un gato hambriento”. Es curioso pero todavía hay quienes seriamente proponen que el aparato estatal administre la moneda “pero bien manejada” sin percatarse que, en definitiva, se está poniendo en manos de los políticos en funciones el patrimonio de la gente que nunca puede interponer una demanda frente al saqueo gubernamental. Y tengamos en cuenta que la denominada independencia de la banca central es del todo irrelevante frente a este problema puesto que quedan en pie las encrucijadas que apunto a continuación.

Esto es así puesto que los banqueros centrales están siempre y en toda circunstancia frente a la decisión inexorable entre tres caminos posibles: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria y cualquiera de las tres avenidas que se elijan se alteran los precios relativos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Este deterioro en los precios relativos necesariamente malguía la asignación de los escasos factores productivos con lo que disminuyen los salarios e ingresos en términos reales.

Los alquimistas del fine tuning y otras sandeces, son incapaces de imaginar siquiera la posibilidad que la gente ponga de manifiesto sus preferencias respecto a los activos financieros que desea utilizar en sus transacciones. Vuelvo a referirme a los premios Nobel en Economía Friedrich Hayek que escribió el libro titulado La privatización del dinero y Milton Friedman que en Moneda y desarrollo económico consigna que “Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” y en lo último que escribió en materia monetaria Money Mischief concluye que “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

Y esto no es una cuestión secundaria de política económica sino que se trata del elemental respeto al derecho al fruto del trabajo ajeno, muy especialmente de la consideración a la integridad moral y material de los más necesitados. Desde Aristóteles en la Ética a Nicómaco se ha destacado la importancia del dinero hasta la prepotencia de los autoritarios que ven en la manipulación monetaria una fuente muy potente para controlar a sus súbditos. El dinero no es un asunto menor: hace al respeto a la propiedad privada tal como lo vieron los Padres Fundadores en Estados Unidos por lo que originalmente se opusieron a la idea de una banca central (recién en lo que se denominó la revolución del año 1913 se instaló, para lo cual se requirió una reforma constitucional).

Desde antiguo los gobiernos vienen falsificando moneda en provecho propio, los relatos de Marco Polo sobre lo que se consideró el insólito descubrimiento que en China había papel moneda eclipsó el hecho de haber sido pioneros en la imprenta. Pero la forma sistemática y metódica de fabricar moneda inconvertible en base a largos razonamientos expuestos en extensos escritos con pretensión académica se sitúa con la aparición en escena de John Law. Un escocés heredero de cuantiosos recursos, jugador empedernido pero estudioso de sistemas bancarios y crediticios, primero propuso una banca central al Parlamento escocés basado en la contrapartida del valor de la tierra lo cual no fue aceptado y, además, finalmente se fugó de la justicia escocesa que lo condenó por haber matado a una persona en un duelo.

Volvió a presentar su proyecto esta vez en el continente europeo al regente -Duque de Orleans, en nombre de Luis XV- después de la muerte de Luis XIV en pleno desorden fiscal y monetario. En esta oportunidad logró su cometido y fundó y dirigió personalmente la Banque Generale en 1716 como un banco central con el monopolio de emitir en Francia que a poco andar se transformó en Banque Royale con la imposición del curso forzoso y, al mismo tiempo, el gobierno le encomendó la dirección de la empresa Mississippi pergeñada por el mismo Law teóricamente respaldada por la tierra estadounidense de Luisiana. Los resultados de las ejecuciones de los referidos proyectos estallaron por los aires en 1720 con la hiperinflación provocada por la banca central y la burbuja financiera del esquema Mississippi, todo muy detallado en la bibliografía que menciono más abajo. Estallido que arrasó con la “soberanía” del papel falsificado en gran escala y comprometió aún más al “soberano”, y, sobre todo, intensificó la liquidación de la única y genuina soberanía cual es la de los gobernados (considerados súbditos de jure por el gobierno de entonces y súbditos de facto por los de nuestros tiempos).

Pero lo interesante para esta nota periodística es resaltar la argumentación y la terminología que empleaba John Law y su correlato con la utilizada hoy por las “autoridades monetarias” y sus apologistas. Subrayaba Law la trascendencia de “cuidar el valor de la moneda” y en esa dirección de estar atentos a “los ratios clave” en un contexto de “absoluta independencia de la banca central y su cuidadoso manejo del sistema de reserva fraccional”. Vale la pena abundar en algunos pasajes de los escritos de Law a los efectos de ilustrar lo dicho.

En su Money and Trade Considered with a Proposal for Supplying the Nation with Money escribe que “se reconocerá que no hay otro medio para mejorar nuestra condición que el aumento de nuestro numerario […] Los objetos dependen del comercio y el comercio depende del numerario y así, para ser potentes y ricos con relación a las otras naciones, deberíamos tener numerario en la misma proporción [de esas naciones y de la producción]”.

En Considérations sur le Comerse et sur l´Argent afirma que “el crédito que promete un pago en moneda metálica no puede extenderse más allá de una cierta proporción que debe observar con esta moneda metálica y de tal moneda sólo tenemos una cantidad tan módica que el crédito al que ella podría servir sería muy poco considerable”.

En Lettres sur le Nouveau Systéme des Monnaies dice que “es como si hubieran substraído una parte de las lanas o sedas que hay en el Reino para convertirlas en signos de transacciones: ¿no sería más fácil que se las devolviera a sus usos naturales y que se aplicaran como signos de transacciones materias que por sí mismas no sirvieran para nada? Aún habría una mayor ventaja en estos signos aplicados a esta clase de materias y es que nadie estaría nunca tentado de desviarlas de su verdadero uso que es el de circular […] ¿Para que emplear la moneda metálica? Cualquier papel hará el mismo servicio y más barato”.

En Mémoires sur les Banques señala que “todas las monedas del Reino pertenecen al Estado, representado en Francia por el Rey y le pertenecen precisamente como las carreteras y grandes caminos, no para encerrarlas en sus dominios, sino, al contrario, para impedir que nadie las encierre en los suyos”. Por último, en Troisiéme Letrre sur le Nouveau Systéme des Finances explica que “el curso forzoso es superior al curso libre”.

Charles Gide en la obra que cito enseguida concluye respecto a los trabajos de Law que “Nunca se ha rechazado con un cinismo más completo el derecho de propiedad de la moneda ni se ha afirmado con menos hipocresía el derecho eminente del Estado sobre los bienes de los súbditos”.

En resumen, como ha escrito Juan Bautista Alberdi en Estudios económicos: “No hay más que una esperanza de que el papel-moneda de Estado, una vez establecido y convertido en hábito, desaparezca, y es la de que arruine y entierre al gobierno que lo ha creado”.

El discípulo más destacado de John Law fue sin duda John Maynard Keynes. Conviene entonces repasar sus ideas clave, quien se encarga de despejar con claridad meridiana su filiación al escribir el prólogo a la edición alemana de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi : “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dadas los renovados entusiasmos por Keynes, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital”. Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama en el mismo libro que “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación manteniendo los niveles nominales para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “la solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero”.

Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. La crisis se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (“la vetusta reliquia”, según Keynes). Eso ocurrió en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años ’20 que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares.

De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los ‘20 con el consiguiente crack del ’29, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense. Tal como lo explican Milton Friedman y Anna Schwartz, Benajamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra y finalmente resueltos cuando Truman eliminó los controles de precios y salarios.

En el capítulo 22 de su obra más conocida, Keynes resume su idea al escribir que “en conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”, lo cual reitera y expande en su Ensayos de persuasión, en especial en el capítulo 2 donde se pone en evidencia su análisis defectuoso sobre el empleo y la productividad como liberadora de recursos para nuevos fines y su asignación allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres al efecto de utilizar aquellos factores indispensables para la prestación de servicios y la producción de bienes. Keynes es entonces la versión moderna de John Law pero con una carga aun mayor contraria a la sociedad libre.

Por si interesara indagar en referencias bibliográficas adicionales sobre Law y, especialmente su vinculación con Keynes, puede consultarse de Charles Rist Historia de las doctrinas relativas al crédito y la moneda. Desde John Law hasta la actualidad, de José Antonio Aguirre El poder de emitir dineroDe J. Law a J. M. Keynes, de Elgin Groseclose Money and ManA Survey of Monetary Experience, el ensayo de Charles Mackay “The Mississippi Scheme” y el libro de Martin A. Larson The Federal Reserve and our Manipulated Dollar. Cualquier coincidencia actual con John Law no es casual sino más bien causal.

En resumen, aquellos que están dominados por la monotonía de lo errado siempre terminan aplastados por sus propias recetas, son los personajes que viven enredados en pesadas telarañas mentales incapaces de imaginar algo distinto.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La maldición no es que producimos alimentos, sino los políticos que tenemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/1/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/14/la-maldicion-no-es-que-producimos-alimentos-sino-los-politicos-que-tenemos/

El problema de fondo es que el populismo destroza el ingreso real de la población sumergiéndola en la indigencia

Fernanda Vallejos

Fernanda Vallejos

La afirmación de la diputada Fernanda Vallejos, del Frente Para Todos, diciendo que Argentina tiene la maldición de exportar alimentos porque están a precios internacionales y como los salarios de la gente están en pesos, un aumento de esos precios internacionales perjudica al trabajador.

Es realmente sorprendente que alguien que estudió economía formule semejantes afirmaciones. En primer lugar, supongamos que Argentina no tuviera la maldición de producir y exportar alimentos, obviamente, como la gente tiene que comer, tendría que importarse alimentos. ¿A qué precios imagina la diputada Vallejos que se importarían los malditos alimentos? ¿El mundo nos vendería en pesos o cotizarían en dólares al precio internacional? Parece que en la UBA son poco estrictos cuando toman exámenes porque no pueden dejar de saber algo tan elemental sus egresados de economía.

El segundo punto es el siguiente: ¿los alimentos son caros en dólares o es que las políticas populistas que sostiene la diputada y que vienen destruyendo el país desde hace décadas, han generado tal caída del ingreso real de los argentinos que los sueldos no alcanzan para comer porque el estado licúa con inflación los salarios? ¿Acaso no acaban de aprobar un cambio en el ajuste de las jubilaciones para licuar los salarios de los jubilados? El problema no es que exportemos alimentos, el problema es que el populismo destroza el ingreso real de la población sumergiéndola en la indigencia. En todo caso la maldición argentina no es exportar alimentos, sino tener políticos con tan poca formación intelectual.

Pero, además, la diputada hizo la afirmación sin revisar los números.

I

Ventas locales al exterior

Si uno observa las exportaciones 2019, cuando no había pandemia, por complejo exportador verifica que el complejo sojero es el de mayor peso dentro de las exportaciones y lo que se consume internamente de soja es mínimo.

Carnes vacunas se exportan 6,2% del total, pero atención que no todo lo que se produce de carne se exporta. Asado, vacío y matambre es para consumo interno. No se exporta.

Cortes de milanesa, como cuadrada y bola de loma se consume internamente. La parte delantera de la vaca se consume internamente y se exporta. Y el bife de lomo se exporta. Aunque es cierto que ahora los chinos se llevan de todo, igual si Argentina tuviese un gobierno racional, tiene mucho margen para crecer en ganadería, al igual que Brasil.

En lo que hace al trigo, en números redondos, se producen 20 millones de toneladas, de los cuales 6 millones de toneladas se consumen en el mercado interno y 14 millones se exportan.

Los principales productores de trigo en el mundo en 2018 fueron UE-27, con 138 millones de toneladas; China, 131 millones de toneladas; India, 100 millones; Rusia, 72 millones; Estados Unidos, 51 millones, y allá lejos venimos nosotros con 21 millones. ¿Acaso los países mencionados son pobres porque son grandes productores de trigo?

En definitiva, un nuevo relato está naciendo, es que en Argentina la gente no puede comer porque producimos comida. Algo inédito dentro de la literatura económica.

Y si los alimentos son commodities que se cotizan en dólares, el problema es que el populismo ha destrozado tanto el ingreso de la gente que, siendo productores de alimentos, el ingreso no le alcanza a la gente para comer porque el estado destruye puestos de trabajo y licúa el ingreso real.

¿Por qué este relato de la diputada? Para volver al juego de suma cero. Hay que quitarle la renta al que produce alimentos en Argentina para dársela a los que no tienen para comer por culpa del populismo. La idea, como de costumbre, es igualar para abajo y buscar un culpable de la pobreza que genera el populismo.

Cuando terminen de destruir a los productores de alimentos, quiero ver de dónde va a sacar los dólares Vallejo para importar alimentos para que la gente pueda comer.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cuando la maldición de la ignorancia derrotó a la bendición de exportar alimentos

Por Aldo Abram: Publicado el 20/1/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/20/cuando-la-maldicion-de-la-ignorancia-derroto-a-la-bendicion-de-exportar-alimentos/

La pregunta es por qué hay países que importan sus alimentos, su gente los puede pagarlos más caro e igual tiene acceso suficiente a ellos; mientras que en otros que los producen hay parte de su población que no tiene lo suficiente para comer, como en Argentina

Carga de granos para su exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo)

Carga de granos para su exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo)

Es notable que alguien haya hablado de la “maldición de exportar alimentos”. Si a cualquiera se le pregunta a quién le sale más barata la lechuga, ¿responderían al que la produce o al que se la compra? Nadie dudaría en decir que al que la produce. Dado que en el país que exporta un alimento, su productor opta entre venderlo a los consumidores locales o al exterior; el precio interno deberá ser similar al que él cobraría poniéndolo en la frontera o puerto a disposición de compradores de otros países. Estos a su vez, deberán llevarlos hasta sus propios consumidores; lo cual sumará los gastos de comercialización, logística y flete. Por ello, los que los adquieren en las góndolas de los importadores deberán pagar todos esos costos que no abonan los que los compran en el país exportador. Conclusión, es una bendición poder producir alimentos; porque eso abarata el precio de los mismos.

La pregunta es por qué hay países que importan sus alimentos, su gente los puede pagarlos más caro e igual tiene acceso suficiente a ellos (ejemplo); mientras que en algunos que los producen hay parte de su población que no tiene lo suficiente para comer, como en Argentina. Volvamos al ejemplo de una persona. Sólo una minoría se dedica a producir alimentos; pero eso no significa que el resto no pueda comprarlos. Eso dependerá de que, haciendo otra cosa, puedan generar los ingresos para adquirirlos. Con los países pasa lo mismo, los que prosperan tienen una buena alimentación, produzcan o no alimentos; ya que lo relevante es producir los recursos como para que sus habitantes puedan comprarlos.

En Argentina, algunos economistas y políticos nos han hecho creer que somos ricos porque tenemos muchos recursos naturales. Nada más errado. Una manzana en un árbol puede saciar el hambre; pero sólo si alguien se toma el trabajo de cosecharla. Si no, jamás alimentará a ninguna persona.Desde inicios de este siglo, surgió la utopía de que los argentinos se salvarían con “Vaca Muerta”. Sin embargo, en el período de mayor aumento del precio del petróleo de la historia, no sólo las políticas intervencionistas del kirchnerismo la mantuvieron bien muerta, sino que se encargaron de que Argentina fuera uno de los dos países del mundo donde, sin mediar una guerra, la producción de hidrocarburos bajó.

No es casualidad que el otro fuera Venezuela. Un país que está asentado encima de un mar de petróleo; pero el combustible y la energía escasea para sus habitantes, porque nadie quiere invertir allí. Conclusión, esa “riqueza” que tienen no es tal. Sólo la inversión y el trabajo es la que vuelve un recurso en riqueza y bienestar para los ciudadanos cuando se los hace disponible. Eso vale para Venezuela, Argentina y cualquier otro país del mundo.

Un argentino o un extranjero invierte porque piensa que ha encontrado una necesidad que puede cubrir organizando la producción de un bien o servicio a un precio que le permita cubrir los costos y ganar plata; pero que, al mismo tiempo, quien lo va a demandar puede pagar. Además, de todo este riesgo, asume el de ver cómo manejarla bien. Así que son muchas las cosas que pueden fallar y hacerle perder su plata y esfuerzo. En Argentina, tiene que sumarle que los políticos pretenden gastar insaciablemente exprimiéndolos con impuestos que ellos deberán sumar a sus precios y rogar que el consumidor los pague o quebrará. Según el Banco Mundial, el país está en el puesto 21, entre 190, entre los que más impuestos les cobran a las empresas. No sólo eso, hacen informe donde toman una Pyme tipo con buenos márgenes de ganancias sobre ventas y ven qué les pasaría en cada país si pagara todos los impuestos y tasas. Argentina es uno de los dos lugares donde perdería plata y algunos se escandalizan de la alta informalidad del sector. Si todas abonaran los impuestos, la mayoría quebraría.

Si usted todavía piensa que es sumamente atractivo invertir acá, tenga en cuenta que la mayoría de los funcionarios de los gobiernos de turno consideran que saben manejar mucho mejor el trabajo o los negocios que sus conciudadanos. Por ejemplo, te pueden hacer perder plata congelándote o controlándote los precios; porque les conviene políticamente. U obligarte a venderle más barato a unos y no dejándote venderles a otros. Por ejemplo, el verdadero dueño de las divisas de la exportación es quién produjo el bien o servicio que se vendió al exterior y las generó. Sin embargo, el Banco Central ha decidido que ese señor está obligado a vendérselas a él a un precio mucho menor al que otros se las pagarían, haciéndole perder parte de sus ingresos. Ahora, si un organismo público puede ordenarte que hacer con algo, eso dejó de ser tuyo; lo cual avasalla el

. Incluso han prohibido importar insumos; lo cual obliga a comprar localmente uno más caro y peor, haciendo que los productos finales también lo sean. La lista es larga y, de hecho, ya en 2019 había más de 67.000 regulaciones y, desde que asumió, este gobierno se dedicó a incrementarlas de a decenas por semana.

Sin inversión no hay empleo productivo ni posibilidades de generar los recursos necesarios, no sólo para que todos tengan acceso a los alimentos suficientes, sino para pagar otros gastos, entre ellos el despilfarro permanente de nuestros políticos y funcionarios. La verdadera maldición argentina es la creencia generalizada de que somos “ricos” y solo hay que redistribuir bien tanta abundancia eligiendo gobiernos milagrosos que multiplican los “panes y los pesos”. Mientras que los países que prosperan y son exitosos erradicando el hambre, tienen claro que eso sólo se logra con esfuerzo e inversión y que estos se vuelven más pródigos cuanto el Estado más respeta los derechos de los que trabajan e invierten, la libertad de mercados y, en definitiva, la seguridad jurídica. La Argentina puede ser uno de estos países, sólo si encara urgente las reformas estructurales necesarias para que lleguen las inversiones y generemos más oportunidades de progreso para todos los argentinos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

Más sobre la tragedia de los comunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/1/21 en : https://eleconomista.com.ar/2021-01-mas-sobre-la-tragedia-de-los-comunes/

Más sobre la tragedia de los comunes

En varias oportunidades me he referido al pasar a esta tragedia pero es hora que le dediquemos una nota especial dada su trascendencia y la manía por repetir el fenómeno.

Descuento que quienes caen en este problema lo hacen con la mejor de las intenciones pero eso no modifica los resultados adversos. Veamos el asunto por partes. En primer lugar, la asignación de derechos de propiedad se hace imprescindible al efecto de usar los siempre escasos recursos del modo más eficiente posible. Si viviéramos en Jauja y hubiera de todo para todos todo el tiempo no habría que proceder en esa dirección. Pero, como no es el caso, es indispensable crear incentivos para que cada cual al efecto de mejorar su posición se vea obligado a mejorar la de su prójimo, sea vendiendo papas, computadores, medicamentos o lo que fuera. En este contexto, el que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. Desde luego que en este proceso no hay cabida para los llamados empresarios prebendarios que se alían con el poder político para explotar a sus semejantes en base al privilegio.

En segundo término, es muy relevante tener en cuenta que en la medida en que los aparatos estatales se inmiscuyen en los precios inexorablemente lesionan la institución de la propiedad, ya que toda transacción implica trasferencias de derechos de propiedad. Al distorsionar precios se está naturalmente desfigurando las únicas señales que tiene el mercado para operar, es decir, para saber donde invertir y donde no hacerlo según las demandas de la gente. En el extremo -la abolición de la propiedad como pretenden los comunistas- los precios desaparecen por completo y por tanto también desaparece la posibilidad de la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. Como tantas veces he ilustrado el tema, en esta situación no se sabe si conviene construir caminos con oro o con asfalto y si alguien dijera que con el metal aurífero sería un derroche es porque recordó los precios relativos antes de la expropiación de marras.

En tercer lugar, y aquí viene la tragedia de los comunes, lo que es de todos no es de nadie y los incentivos para cuidar lo propio no son los mismos si se dice que el bien en cuestión pertenece a todos. El comportamiento no es igual cuando uno debe hacerse cargo de las cuentas respecto a lo que ocurre cuando se obliga a otros a pagarlas con el fruto de sus trabajos. Incluso la manera en que se encienden las luces y se toma café no resulta igual cuando uno debe abonar el servicio respecto a la situación en la que terceros se ven forzados a hacerlo.

A contramano de lo que consignamos, hay una muy lamentable tendencia a endiosar lo colectivo y a repudiar lo individual con los resultados que están a la vista, especialmente negativos para los más vulnerables que sufren en mayor grado el embate del despilfarro. Nadie mejor que Jorge Luis Borges para ilustrar el punto: cuando se despedía de sus audiencias solía decir “me despido de cada uno y no digo todos porque todos es una abstracción, mientras que cada uno es una realidad.”

Contemporáneamente, Garret Hardin bautizó lo dicho en la revista Science como la tragedia de los comunes pero el desarrollo inicial se remonta a Aristóteles cuando refutó el comunismo de Platón. Hoy en día se extienden por doquier las políticas de lo colectivo en detrimento de lo individual, con lo que el empobrecimiento se incrementa a pasos agigantados en las diversas áreas. Hay un debate paralelo en cuanto a los denominados “bienes públicos” que se circunscriben a ciertos campos, en esta oportunidad no es el caso comentarlos solo remito a recientes argumentos sobre externalidades, asimetría de la información, el dilema del prisionero y lo que se conoce como el teorema Kaldor-Hicks.

Pero en todo caso, más allá de estos temas se hace necesario revisar la malsana insistencia de colectivizar todo lo que los políticos pueden echar mano comenzando por las tristemente célebres empresas estatales, en realidad una contradicción en los términos puesto que un emprendimiento empresario se traduce en poner en riesgo recursos propios y no de otros por la fuerza. Estas actividades estatales en el momento de su constitución alteran las prioridades de la gente puesto que en libertad le hubieran dado otro destino y si hicieran lo mismo que la gente prefiere no tiene sentido la intervención, sin perjuicio de los conocidos déficit, calidad de servicios y trabas explícitas o implícitas a la competencia.

La tragedia de los comunes se presenta como si fueran actos de solidaridad, sin percatarse que esa virtud solo tiene sentido cuando se lleva a cabo con recursos propios y de modo voluntario.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La libertad de prensa a raíz de Twitter y Trump

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/1/21 en : https://www.infobae.com/opinion/2021/01/16/la-libertad-de-prensa-a-raiz-de-twitter-y-trump/

Twitter via REUTERS

Dados los debates del momento, otra vez volvemos sobre la indispensable libertad de expresión. En una sociedad libre esta libertad resulta de una inmensa e insustituible importancia. El cuarto poder o el contrapoder por excelencia es más relevante y trascendental que los otros tres poderes. Este es el sentido de la sentencia de Thomas Jefferson en cuanto a que “frente a la posibilidad de libertad de prensa sin gobierno o ausencia de libertad de prensa con gobierno, me inclino por lo primero.”

Como es sabido el derecho primordial es el de la vida y la protección del propio cuerpo, le sigue el derecho a expresar los propios pensamientos y el uso y disposición de lo adquirido legítimamente. La libertad de decir lo que cada cual estime conveniente no solo es un derecho, sino que consiste en un procedimiento inexorable al efecto de adquirir conocimientos, un proceso que tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones. Esto último hace posible el progreso.

Si se lesionaran derechos de terceros habrá que dirimir lo ocurrido en la Justicia, pero nunca y bajo ninguna circunstancia insinuar la censura previa lo cual significa que los aparatos estatales se inmiscuyen en el sagrado derecho de la libertad de expresión o toleran el uso de la fuerza de otros para bloquearla. En este contexto debe quedar claro que cada medio o plataforma decide con su propiedad lo que considera mejor a sus intereses.

Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Como queda dicho, esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta valiosísima libertad resulta indispensable no solo por lo que acabamos de consignar sino para resguardar y limitar el poder político y abre cauces a información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitaciones y abusos de poder.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de las siempre pastosas leyes que apuntan a regular medios y la sandez de pretender que se exhiban las fuentes de la información, alegando “seguridad nacional”, “secretos de Estado” o esgrimiendo “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa oral y escrita.

Esto viene a cuento porque la plataforma Twitter y otras han decidido eliminar cuentas de algún personaje que a esta altura de este texto no viene al caso especificar para no entrar en otra discusión, aunque lo mencionaremos más abajo. La antedicha decisión ha generado airadas protestas por parte de algunos sectores alegando que se ha vulnerado la libertad de prensa. Nada más lejos de la verdad. Cada medio o plataforma digital decide con su propiedad lo que piensa es mejor sin que nadie pueda torcer por la fuerza su decisión. La libertad de prensa no significa que tal o cual medio o plataforma deba publicar o trasmitir lo que no quiere hacer. Los motivos por los que se procede de una u otra manera es una cuestión que podrá ser criticada por terceros, pero de ningún modo otorgarles la facultad de contradecir la decisión de los dueños. En el extremo, por ejemplo, un medio cualquiera podría establecer que solo publican los de ojos celestes o los que miden más de un metro ochenta, seguramente una norma de esta naturaleza no conducirá al éxito del emprendimiento, pero este es otro asunto. Lo dicho desde luego no significa que pueda incumplirse con lo eventualmente convenido con usuarios.

Si hay quienes no les gusta las normas de ciertos medios pueden establecer otros que compitan y si no cuentan con los suficientes recursos pueden vender parte de su iniciativa a otros y así lograr su objetivo y si nadie acepta aportar fondos para este emprendimiento quiere decir que, dados los siempre escasos factores productivos, hay otras prioridades y como todo no puede encararse simultáneamente, es proyecto en cuestión debe esperar su turno en mercados abiertos. Los monopolios perjudiciales son los legales, lo otro se traduce en el primero en prestar el servicio lo cual es indispensable desde el arco y la flecha para salir del garrote.Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)

Hay líneas editoriales o forma de trasmitir noticias y columnas de opinión que uno puede o no compartir, pero esto es materia de otros debates que en ninguna circunstancia deben interferir con la libertad de prensa. Las resoluciones de los medios y plataformas están en manos de sus titulares, de modo similar a los dueños de casa que deciden quien entra y quien no entra a sus domicilios. Las decisiones pueden no agradar a terceros pero esto es otro asunto de naturaleza bien diferente.

Hacemos un paréntesis para apuntar que lo dicho es equivalente a lo ocurrido con la editorial Simon & Schuster, que decidió abandonar la publicación del libro del Senador republicano Josh Hawley debido a su aliento a los desmanes en el Congreso (dicho se de paso, obra que en su título refleja un absurdo en un mercado abierto: The Tyranny of Big Tech).

Twitter y otras plataformas se han referido a Donald Trump debido al riesgo que estiman los propietarios de acelerar la violencia en Estados Unidos, pero como hemos apuntado cada medio decide lo que hace o deja de hacer con su propiedad y los que no sean confiables por uno u otro motivo no serán consultados. No es del caso enfatizar en los antedichos motivos que esgrimieron los medios en cuestión porque como queda dicho podrían haber sido otros. Tengamos muy en cuenta que según la definición clásica la Justicia implica el “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad privada a lo que nos hemos referido más arriba al efecto de la decisión de cada dueño de medio o plataforma. De cualquier modo, dada la extensión y la intensidad que ha adquirido el debate, se hace necesario resumir lo que he consignado antes sobre el tema y a los efectos de este debate dejar de lado la confusa, oscura y controvertida Communications Decency Act de 1996, especialmente su sección 230.

No es admisible pretender jugar por reglas compartidas sobre la democracia y cuando los resultados electorales son adversos resulta que se desconocen. Este ha sido el caso luego de la ratificación por parte de los cincuenta estados y luego de haber sido rechazados una y otra vez las demandas por supuestos fraudes en distintas instancias, incluso ante la Corte Suprema de Justicia.

Luego de la bochornosa conversación telefónica de Trump con el Secretario de Estado de Georgia -Brad Raffensperger- oportunidad en la que le sugirió modificar el resultado electoral y luego de los episodios violentos en el Congreso resulta que nada menos que el Presidente de Estados Unidos les dice a los sediciosos que son personas muy especiales y que les tiene gran aprecio. Tuvo que renunciar la Secretaria de Educación -Betsy DeVos- y la Secretaria de Transportes -Elaine Chao- afirmando que Trump fue responsable de instigar a los que irrumpieron por la fuerza en la sede del Parlamento causando enormes destrozos y su ex Jefe de Gabinete John Kelly y el ex Secretario de Defensa Colin Powell propusieran que se lo destituya vía la Enmienda 25, recién entonces decimos es que Trump, tarde y a regañadientes por cierto, reconoció que había terminado su presidencia y manifestó que la transición de mando debía ser ordenada y pacífica. Luego renunció el Secretario de Interior Chad Wolf y el FBI estableció medidas de seguridad para evitar nuevos disturbios.

Peggy Nooman, la colaboradora del Wall Street Journal, de ABC y de NBC News y célebre speechwriter de Ronald Reagan ha escrito que “Al principal responsable, el Presidente de Estados Unidos, hay que desalojarlo del cargo a través de la Enmienda 25 o del juicio político, lo que resulte más rápido.” Debido al escaso tiempo disponible hasta el cambio de mando, es poco probable que puedan completarse en todos los pasos estas decisiones pero las menciono a los efectos de comprobar el clima del momento. De todos modos, Senadores republicanos como Mitt Romney, Patrick Toomey y Lisa Murkoski y miembos de la Cámara Baja como el también republicano Adam Kinzinger han pedido la inmediata renuncia de Trump. Ahora nada menos que el líder republicano en el Senado Mitch McConnell ha dicho que celebra que se le inicie un juicio político a Trump (por segunda vez).

Hasta el Vicepresidente Mike Pence tuvo que absorber el embate de Trump para que anule el recuento formal y final ante ambas Cámaras en el Congreso lo cual rechazó de plano y procedió a la confirmación del Presidente electo Joe Biden luego de ser certificado su triunfo como marcan las normas vigentes.

El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)

William Webster -ex Juez Federal, ex director del FMI y de la CIA- declara públicamente que está avergonzado de las actitudes de Trump. Y en el orden internacional las condenas no se hicieron esperar, por razones de espacio solo destacamos las declaraciones de Angela Merkel quien enfatizó: “lamento profundamente que el Presidente Trump no haya admitido su derrota”.

Desde la perspectiva económica el balance neto de la gestión de Trump ha resultado en el incremento sideral en el gasto público, el déficit y la deuda externa. Es cierto que ha disminuido algunos impuestos, pero como señalé en otra ocasión, esto me trae a la memoria cuando los conquistadores españoles les entregaban espejitos de colores a los indios para luego imponer las instituciones esclavistas de la mita y el yanaconazgo. Como bien ha apuntado reiteradamente su primer Secretario de Estado -Rex Tillerson, antes CEO de ExxonMobil, la tercer empresa de mayor facturación en el mundo- “Trump no tiene idea del significado del libre comercio y muchas de las cosas que afirma no se condicen con la realidad”.

La xenofobia de Trump se ha puesto de relieve varias veces a partir de los hechos de Charlottesville donde equiparó como “buenas personas” a los que marchaban bajo la insignia de la cruz esvástica y los emblemas de la así denominada “supremacía blanca”.

El Procurador General -William Barr- ha consignado que “el Presidente ha traicionado su cargo” y el ex presidente de la Cámara de Representantes y ex candidato a la Vicepresidencia en la elecciones de 2012 -Paul Rayan- ha declarado que “Es difícil concebir un acto más antidemocrático y anticonservador que una intervención para anular los resultados de las elecciones certificadas por el estado y privar de sus derechos a millones de estadounidenses”.

Es muy cierto que buena parte de los equipos del Partido Demócrata apuntan a intensificar el tamaño ya desbordado del Leviatán pero esto en modo alguno justifica que se pretenda operar bajo ciertas normas para luego vulnerarlas cuando los resultados son adversos como ha sido a todas luces el caso de Donald Trump. No es cuestión de dejarse acuchillar por uno para no ser ametrallado por otros, especialmente cuando se declama sobre la democracia y, como queda dicho, una vez obtenidos los resultados se pretende desconocerlos.

El tema del tamaño del aparato estatal y los graves problemas que causa de modo especial sobre los más vulnerables es otro plano de discusión que debe dirimirse en el intercambio de ideas. En este sentido personalmente me ocupé del asunto en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos que publicó la edición original el Fondo de Cultura Económica, donde destaco los extraordinarios valores establecidos por los Padres Fundadores y como de un tiempo a esta parte se ha ido produciendo un deterioro manifiesto en esos valores. La esperanza radica en la cantidad de instituciones dedicadas al estudio y la difusión de esos principios, lo cual concentra una cantidad creciente de jóvenes que publican y se reúnen en seminarios para estudiar y difundir los principios de la sociedad libre.

Aparentemente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que pretenden dictaminar acerca de dominios privados de medios o plataformas, dan manotazos a Internet o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”.

Los problemas se suscitan debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas de imparables verborragias de los mandones del momento.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La economía va a rebotar el año que viene

Por Iván Carrino. Publicado el 1/12/20 en : https://www.ivancarrino.com/la-economia-va-a-rebotar-el-ano-que-viene/

Estuve charlando con el portal BCR News, sobre la economía que viene. Copio a continuación la información y el video completo de la charla.

El economista Ivan Carrino dialogó con BCR News, sobre el escenario económico actual y sostuvo que “este tipo de crisis que hemos vivido es muy atípica”, porque se trata de “una crisis derivada de las propias medidas de restricción”.

En ese sentido, el especialista afirmó “cuando vos tenés una crisis económica generada por la cuarentena, la economía intenta volver a donde estaba antes. En Argentina la recuperación también existe, aunque de un modo lento”.

En relación al acuerdo con el FMI, apuntó que “no es menor que se intente reconstruir el vínculo con los acreedores, incluso con los internos. Las opciones son endeudarse a tasas altísimas o indexando. Todo es mejor que pedirle al Banco Central más emisión monetaria”.

Por su parte, respecto a las perspectivas económicas, afirmó que: “Por un lado, ya no tenés la cuarentena, pero todavía hay un montón de restricciones que no permiten que la economía funcione normalmente. Por otro lado, tenés la brecha cambiaria que es un desaliento a la inversión y al turismo extranjero”. Y agregó: “Es una buena noticia que la soja suba de precio y también un poco de suerte. Cada vez que gobiernan los peronistas les toca soja alta y cuando se van, baja”.

“El acuerdo con el FMI podría brindar algún marco de garantía con los acreedores. Sin embargo, los cambios estructurales que necesitamos no pasan por acordar con un fondo que, encima, tiene muy mala prensa. Pasará por un sacrificio del corto plazo por un bienestar a la larga”, explicó el especialista.

Pensando en el año entrante y las perspectivas económicas, “la incógnita es la inflación. Una vez controlados todos los precios de la economía, llega un momento de sincerarlos. Cuando eso ocurra, existe un riesgo de inflación. En 2021 podríamos tener una inflación superior a la de este año”, concluyó Carrino.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La libertad según Alexis de Tocqueville

Por Enrique Aguilar: Publicado el 27/11/20 en: https://www.youtube.com/watch?v=f2XlnMqU-0o&feature=youtu.be

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

Entelequias fiscales

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/11/entelequias-fiscales.html

“A título de principios, inmutables para un buen impuesto, que respete fundamentalmente la regla de la igualdad, Stuart Mill recomienda las cuatro máximas expuestas por Adam Smith que han sido aceptadas por numerosos economistas y, por consiguiente, ofrecen las características de verdaderamente “clásicas”. Estas máximas son 1» Los sujetos del Estado deberán contribuir a sostener el gobierno tanto como sea posible en relación a sus facultades, es decir, en proporción de la renta de que ellos gozan bajo la protección del Estado. De la observación o del desprecio de esta máxima surge la igualdad o la desigualdad de un impuesto. 2» El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario.”[1]

La expresión “sujetos del Estado” presenta problemas, porque si se entiende que el “estado” se compone de tres partes o elementos (gobierno, territorio y población) como acuerdan la mayoría de los juristas, es evidente que uno de los tres elementos (el territorio) no puede “contribuir”, por cuanto no se trata de un ser humano. Nos quedan entonces solo los dos elementos restantes como posibles “contribuyentes” (gobierno y población) pero, como el gobierno está integrado por algunos miembros de esa población será más claro hablar de gobernantes y gobernados, ya que toda población se divide en estas dos partes.

Ahora bien, ya explicamos que los gobernantes no pagan impuestos como tales, entonces, nos quedan (por descarte) que se pretende hacer recaer esa “obligación” (cuyo fundamento no se ha dado, o se dieron “fundamentos” falaces para la misma) exclusivamente sobre los gobernados (es decir, solo una parte de la población).

Esto demuestra que es falsa la cacareada pretensión de “igualdad fiscal” (los burócratas se autoexcluyen de las leyes fiscales).

En suma, sigue sin explicarse porque unas personas deben mantener a otras (gobernados a gobernantes) y además de manera “obligatoria”. La respuesta típica es porque el gobierno tiene el monopolio de la fuerza para exigirlo, pero entonces preguntaríamos ¿Quién le ha otorgado ese monopolio? Hoy en día se respondería que el parlamento, pero el interrogante subsiste ¿quién le ha conferido autoridad al parlamento para otorgar monopolios a nadie, y menos aún a un grupo de personas que se auto titulan “gobierno”? Se responderá: la Constitución, pero tampoco satisface las preguntas anteriores esta respuesta, porque volveremos a preguntar ¿Quién les ha otorgado a los redactores de la constitución la facultad de otorgarles a otras personas el establecimiento de monopolios incluido el de la fuerza?, se responderá “el pueblo” lo que tampoco resuelve nuestra pregunta original, simplemente porque esta última respuesta carece de toda prueba y evidencia, ya que no existe ningún registro documental que sirva para probar que el pueblo -así en abstracto- hubiera jamás conferido a nadie facultad alguna para constituir monopolios, ni mucho menos, constituirse en monopolio por sí mismo por decreto legal. Las teorías del “contrato social, pacto social” etc. no tienen evidencia ni fundamento de ningún tipo.

No existe, pues, tal cosa como “igualdad fiscal”. Y en cuanto a que “El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario” peca de inocente. porque no ha tenido en cuenta al tan extendido hoy en día impuesto definidamente arbitrario.

“La época de pago, el modo de pago, la suma a pagar debe ser determinada con un sentido y de una manera inteligible para el contribuyente y para todo el mundo. Mientras que, si fuera de otro modo, toda persona sujeta al impuesto se encuentra más o menos sometida al recaudador que puede agravar la carga del contribuyente para el cual está mal dispuesto o extorsionar por el temor de cualquier gratificación.”[2]

Que estas cosas se cumplan, en el mejor de los casos, puede hacer menos evidente la arbitrariedad del impuesto, pero no la eliminan por competo. Aun conocidos esos detalles el impuesto puede seguir siendo arbitrario. ¿Quién define la arbitrariedad del impuesto? Indudablemente aquel que tiene que pagarlo, nadie más que él. Por cuanto es el único que conoce sus necesidades, patrimonio, proyectos, etc. Todas cosas que se verán más o menos afectadas por el impuesto. No es menos arbitrario el impuesto que alterará -por ejemplo- más del 50 % de mi patrimonio por el hecho que yo tenga la certeza de que el plazo de pago vencerá todos los días 5 de cada mes, que puedo pagar en efectivo o cheque, etc.

De hecho, se puede decir que la teoría que impera en materia fiscal es la contraria: la de la arbitrariedad, porque es la que efectivamente se aplica en la práctica para desgracia de todos, menos de los burócratas.

Igual de arbitrario seria que la tasa fuera baja pero que el recaudador pudiera exigirla en cualquier momento, o, de cualquier modo, etc.

La única manera de poder decir que un impuesto es menos arbitrario que otro (o menos arbitrario en sí mismo) es que el gasto que está destinado a satisfacer sea bajo. Por eso, la discusión relevante no es, en el fondo, sobre el impuesto, ya que este no es más que un efecto del gasto estatal (que es su verdadera causa). Lo vicioso del impuesto es su carácter de coactivo, pero su origen (y el del mal) debemos buscarlo -y lo hallaremos- en el gasto estatal.

“El carácter indefinido del impuesto —y esto es una práctica que se recoge a diario, en todos los países y en todas las épocas—, estimula la insolencia y favorece la corrupción de una clase de hombres naturalmente impopulares, aun cuando no fueran ni insolentes ni corrompidos.”[3]

Aquí se dice algo interesante y muy cierto. Los impuestos fomentan la insolencia y la corrupción, y el mismo párrafo reconoce que esto es diariamente observable. Basta ver las planillas fiscales que tiene que llenar y completar el expoliado para poder ver con nitidez la cantidad de preguntas insolentes que formula el fisco, realmente uno al completarlas se siente de la misma manera que debieron sentirse los esclavos de la antigüedad.

El trato humillante que reciben los expoliados en la oficina de tributos, la cantidad de trámites agobiantes e inútiles que deben realizar, la arrogancia con que los empleados fiscales observan a sus víctimas tributarias, etc. justificaría por si solo la abolición de todo el sistema fiscal, y reemplazarlo por otro verdalmente voluntario. Naturalmente, somos conscientes que muy lejos estamos de ese ideal, sino que, al contrario, si existió una época donde los impuestos constituían la arbitraria voluntad del déspota de turno, entonces, o no hemos experimentado evolución alguna o -caso contrario- hemos ido en franca involución, regresando a aquel sistema de barbarie en materia fiscal.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

LA CERTEZA DE LA DUDA (Sobre las elecciones en EEUU).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/la-certeza-de-la-duda-sobre-las.html

Si un honesto ciudadano de la ciudad de Chicago hubiera tenido sospechas, en 1930, de que Al Capone era culpable de lo que se decía de él, ¿hubiera sido un conspiranoico, un demente o un imbécil? ¿Le hubieran caído encima los “fact-checkers”? Claro que no lo podía probar y claro que si lo acusaba sin pruebas, el buen señor en cuestión podía acusarlo a él por calumnias e injurias (creo que Al Capone hubiera recurrido a un método más expeditivo). Ok, y es el precio a pagar por vivir en un Estado de Derecho, excepto que este último ya sea una farsa completa y que haya que acostumbrarse a los nuevos Imperios Romanos.

Lo mismo sucede con las sospechas que muchos tenemos sobre algunos políticos. Claro que no podemos “probar” nada, pero la certeza no es sólo jurídica. Es también moral. Atar cabos y hacer una hipótesis NO es lo mismo que afirmar que la Tierra es plana e insultar a todos los que piensen diferente. Es tener juicio crítico y no aceptar cualquier cosa por “oficial” que sea.

Podríamos dar algunos ejemplos, claro, y en la Argentina, ni hablar. Se llama Nisman.

Del mismo modo, no tengo por qué creer en la plana mayor del Partido Demócrata de los EEUU. Se han ganado toda mi desconfianza. Son capaces de hacer cualquier cosa. Sencillamente cualquier cosa.

A todos nos costaba al principio sospechar que EEUU se estuviera convirtiendo en una Banana Republic. Pero sí. Es precisamente la preocupación de muchos. Y esa preocupación, esa sospecha, esa casi terrible y aterradora certeza, no es una cuestión de hechos o de pruebas, sino de atar cabos y hacer hipótesis. Nada más.

Muchos no ven el tema cultural. El drama de un EEUU que está negando sus raíces, desde los colleges donde no se puede hablar de nada que ofensa los supuestos derechos del lobby LGBT, pasando por la industria del aborto, la salud reproductiva y la persecución judicial a quienes piensan diferente, hasta llegar a la destrucción de vida y propiedad por parte de Black Lives Matter Antifa, con el apoyo de casi toda la opinión pública y los mass media………… Y toooooooooooooooooooda el ala dirigente del Partido Demócrata, apoyando todo eso, incentivando todo eso, incurriendo en los más procaces doble standarts, MUY felices con los lock-downs y los poderes absolutos de alcaldes y gobernadores……………… Son unos totalitarios completos que se llevan muy bien con todos los tiranuelos del patio trasero del Foro de San Pablo. Listo, han perdido TODA mi confianza. Los que odian a Trump precisamente por oponerse a todo ello, bueno, está todo dicho, y los que lo odian por sus modos, porque no tiene el charm de Obama……….. Creo que sencillamente no saben en qué mundo viven. Se pasan la vida vociferando los “hechos” pero ignoran totalmente la aludida tragedia cultural, o peor, NO le dan importancia. Viva Biden, ah sí, el aborto, bueno, en fin……………………

Por ende, ¿es posible que Venezuela haya invadido a los EEUU? Claro que sí, y ya tienen los cómplices. ¿Se puede probar? Probablemente nunca. ¿Es probable que Sidney Powel quede para siempre desacreditada como una paranoica y mentirosa total, mala, mala y mala? Es muy probable y posiblemente ella prefiera terminar como Napoleón en Santa Elena a quedarse en EEUU bajo los Biden, los Obama y los Clinton. Claro, existe un milésimo de posibilidad de que logre probar lo suyo. En uno y otro caso, EEUU ya no será el mismo.

En cualquier caso, nadie me saca de la cabeza que los demócratas hicieron fraude. Lo peor que me puede pasar es que mucha gente certifique que estoy definitivamente demente. Pero mis riesgos no son nada frente a los que en este momento se están jugando la vida entera en lo que queda de la Casa Blanca. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises