Milton & Rose Friedman sobre un tema de fundamental importancia: el papel de las ideas en la evolución de las sociedades

Por Martín Krause. Publicado el 11/1/19 en: http://bazar.ufm.edu/milton-rose-friedman-tema-fundamental-importancia-papel-las-ideas-la-evolucion-las-sociedades/

 

Con los alumnos de la materia Public Choice vemos un artículo breve y simple de Milton y Rose Friedman, pero sobre un tema de fundamental importancia, el papel que cumplen las ideas en la evolución de las sociedades, los ciclos que se generan, los procesos de cambio y las crisis como detonantes de muchos de esos cambios. Es de fundamental importancia en todas nuestras sociedades. Así presentan el tema:

”El objetivo de este ensayo es modesto: presentar una hipótesis que se ha tornado cada vez más razonable para nosotros a medida que pasan los años, ilustrarla con ejemplos de los últimos tres siglos y analizar algunas de sus implicancias. La hipótesis es la siguiente: un cambio importante en la política social y económica está precedido por un cambio en el clima de la opinión intelectual, generado, al menos en parte, por circunstancias sociales, políticas y económicas contemporáneas. Este cambio puede comenzar en un país pero, si es duradero, termina por difundirse en todo el mundo. Al principio tendrá poco efecto en la política social y económica. Después de un intervalo, a veces de décadas, una corriente intelectual “tomada en su punto culminante” se extenderá al principio gradualmente, luego con más rapidez, al público en general y a través de la presión pública sobre el gobierno afectará las medidas económicas, sociales y políticas. A medida que la corriente de acontecimientos alcanza su punto culminante, la corriente intelectual comienza a disminuir, compensada por lo que A. V. Dicey denomina las contracorrientes de opinión, que representan generalmente una reacción a las consecuencias prácticas atribuidas a la corriente intelectual anterior. Las promesas tienden a ser utópicas. Nunca se cumplen, y por lo tanto desilusionan. Los protagonistas iniciales de la corriente de pensamiento desaparecen y la calidad intelectual de sus seguidores y partidarios disminuye en forma inevitable. Hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión, y también, aunque en menor medida, para unirse a la causa. Los jóvenes emprendedores, independientes y valientes buscan nuevos territorios para conquistar y ello requiere explorar lo nuevo y lo no probado. Las contracorrientes que juntan sus fuerzas ponen en movimiento la próxima marejada, y el proceso se repite.

No es necesario mencionar que este esquema está demasiado simplificado y excesivamente formalizado. En particular, omite cualquier análisis de una interacción sutil mutua entre la opinión intelectual, la opinión pública y el curso de los acontecimientos. Siempre se dan cambios graduales en las políticas y en los acuerdos institucionales. Sin embargo, los cambios importantes rara vez ocurren, excepto en los tiempos de crisis, cuando, utilizando la frase evocadora de Richard Weaver,”las ideas tienen consecuencias”. La corriente de pensamiento llega al público por medio de intelectuales de diversas profesiones: maestros y predicadores, periodistas de la prensa escrita o de la televisión, eruditos y políticos. El público comienza a reaccionar a esta crisis de acuerdo con las opciones que los intelectuales han explorado, opciones que limitan en forma eficaz las alternativas abiertas a los poderes existentes. En casi toda corriente una crisis se identifica como el catalizador de un cambio importante en la dirección de la política.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

LA HERMENÉUTICA Y LA FALSA DIALÉCTICA ENTRE HUMANIDADES Y CIENCIAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/1/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/01/la-hermeneutica-y-la-falsa-dialectica.html

 

(Punto 3 del Cap. 5 de “La hermenéutica como el humano conocimiento”, de próxima aparición).

Curiosamente, si hay algo que esencialmente humano, es la ciencia. Dios no la necesita ni los animales tampoco. Dios tiene la ciencia de visión y la ciencia de simple inteligencia, pero eso no es ciencia en el sentido que va desde Ptolomeo hasta Howking. Y los animales son extraordinarios y asombrosos. Un hormiguero parece un sistema de conocimiento en red, donde cada hormiga es una neuronita. Pero, que sepamos, no escriben, no teorizan, ni se equivocan[1].

Que se haya separado a la ciencia de las humanidades es un típico resultado de una noción positivista de conocimiento donde no hay conciencia histórica. Una noción de conocimiento que cree que la ciencia es abrir los ojos, ver los hechos, anotarlos y que luego otros hagan lo mismo. Una noción de conocimiento donde se cree en los “datos”; en que conocer es conocer el “qué”, sin saber el “por qué”. Ya hemos visto que no es así. Pero no nos convencemos. Seguimos haciendo programas de estudio donde enseñamos “la” Física, “la” astronomía, e incluso, terriblemente, “la” filosofía, sin historia de la Física o de lo que fuere. Que no es un conjunto inconexo de fechas y nombres sino entender de qué problema y contexto anterior tal autor dijo tal cosa. Y lo terrible es cuando ello se lleva a ciencias sociales, donde por ejemplo se estudia “economía” sin historia del pensamiento económico.

Pero, me dirá el lector, necesitamos técnicos. El médico de emergencias no necesita historia de la medicina, ni el ingeniero, que está a cargo del simple puente,   necesita historia de la Física. Ok, pero entonces reconozcamos, de una vez, que eso no es universidad, sino la barbarie del especialismo, al decir de Ortega, justificada tal vez por la necesidad de cosas prácticas que deben hacerse aunque no comprenderse. Perfecto, los medievales eran más sabios, distinguían las escuelas de artes y oficios de las universidades. Ahora estas últimas son escuelas de artes y oficios, donde se enseñan de memoria técnicas prácticas. Pongámosle entonces el nombre correspondiente: tecnicaturas, y que deberían durar menos años para lo que realmente se pretende.

¿Pero qué decir de una carrera de Física, no una tecnicatura terciaria en ingeniería? Que sufre de lo mismo. Si es un estudio universitario de Física, con doctorado, tiene que saber de dónde han emergido los paradigmas diferentes (Ptolemaico, atomista, aristotélico, copernicano, Einstein, cuántica) para luego poder hacer investigación y hacer avanzar la ciencia. Me van a decir: no, según Kuhn la ciencia avanza con el humilde puzzle solving de la ciencia normal, esto es, con miles de repetidores que luego entran en crisis sin darse cuenta. Tiene razón Kuhn en que ello es habitualmente así, pero no por ello hay que desesperar y evitar todo intento de educar al científico en la creatividad del saber teórico. Por eso, lamentablemente, los físicos, no ya los ingenieros, no saben ni les interesa quiénes fueron Koyré, Duhem, Jaki, Kuhn, Lakatos o Feyerabend. Porque todos ellos hicieron historia de la física y en cambio ellos creen que saben “la física” cuando en realidad no saben más que un determinado período histórico, el actualque ellos ven como un eterno presente como si fueran dioses. Formar a Físicos es formarlos en la historia de la filosofía y de la ciencia que incluya la lectura directa de los clásicos. ¿Ah, no quieres? Entonces estudia una tecnicatura en ingeniería de 4 años. Llama a las cosas por su nombre y dales el tiempo que tienen. Pero no, el positivismo ha creado un mundo ilusorio donde llamamos doctores a un conjunto de técnicos entrenados para repetir y hacer muy bien el puzzle solving de la ciencia normal. Eso no ha matado a la creatividad humana, que se abre paso como la vida en medio de las piedras, pero si quieres vida, haz un buen terreno y no esperes que las florecillas crezcan  de casualidad entre los cascotes.

[1] Algún lector dirá: ¡pero equivocarse no es científico! Llamando a Popper, please, urgente………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

 

El camino al socialismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/01/el-camino-al-socialismo.html

 

Será interesante repasar como se gesta el camino al socialismo, tomando como ejemplo la experiencia europea, donde este nació y se plasmó en todas sus formas y variantes posibles. Y de paso recordar, llevados de la mano de un maestro genial, como el socialismo gestó -en última instancia- y permitió la aparición del nazismo y el fascismo, al punto de concluir que, sin el socialismo, tanto el fascismo como el nazismo hubieran sido imposibles.

“En los países de Europa central, los partidos socialistas habían familiarizado a las masas con las organizaciones políticas de carácter paramilitar encaminadas a absorber lo más posible de la vida privada de sus miembros. Todo lo que se necesitaba para dar a un grupo un poder abrumador era llevar algo más lejos el mismo principio, buscar la fuerza, no en los votos seguros de masas ingentes, en ocasionales elecciones, sino en el apoyo absoluto y sin reservas de un cuerpo menor, pero perfectamente organizado. La probabilidad de imponer un régimen totalitario a un pueblo entero recae en el líder que primero reúna en derredor suyo un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto.”[1]

Hayek describe aquí las condiciones previas reinantes a la aparición del fascismo en Europa. Su tesis consiste en afirmar que -en primer lugar- el aspirante a dictador debe reunir en torno suyo un “grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto”. El totalitarismo es sólo posible en la medida en que exista o pueda conformarse un grupo de fanáticos adictos al aspirante a dictador que lo acepten por propia voluntad y -naturalmente- adhieran a sus convicciones, aspiraciones y planes de dominación. Resulta aparentemente contradictorio afirmar que un grupo menor, por mejor organizado que este, pueda aplicar su disciplina totalitario al resto, ya que este resto implica un mayor número de personas que las del grupo totalitario. La solución a este aparente dilema por el cual una minoría se estaría imponiendo sobre una mayoría la da -a nuestro juicio- el hecho de que quien detenta realmente la fuerza es quien la ejerce. Lo que parece ser lo explicado en el párrafo siguiente:

“Aunque los partidos socialistas tenían poder para lograrlo todo si hubieran querido hacer uso de la fuerza, se resistieron a hacerlo. Se habían impuesto a sí mismos, sin saberlo, una tarea que sólo el cruel, dispuesto a despreciar las barreras de la moral admitida, puede ejecutar.”[2]

El uso de la fuerza es exitoso en la medida que no encuentre tenacidad alguna que se le oponga. Y esto puede ocurrir cuando solamente aquel o aquellos sobre los cuales se pretende ejercer la violencia se consideraren si mismos ineptos para hacerle cara. No hay otra posibilidad, ya que si estuvieran de acuerdo con los violentos no sería necesario hacer uso de la fuerza por parte de estos ni resistirla por parte de los violentados. Nótese que las reticencias de los partidos socialistas europeos no tuvieron analogía con la del partido bolchevique ruso, que se impuso por la fuerza en lo que luego fue la I.R.S.S. Sigamos con Hayek:

“Por lo demás, muchos reformadores sociales del pasado sabían por experiencia que el socialismo sólo puede llevarse a la práctica por métodos que desaprueban la mayor parte de los socialistas. Los viejos partidos socialistas se vieron detenidos por sus ideales democráticos; no poseían la falta de escrúpulos necesaria para llevar a cabo la tarea elegida.”[3]

Sin duda, esos “reformadores sociales” estarían pensando en la experiencia soviética. La tarea elegida era la de forzar un régimen planificado de gobierno. Esos métodos -según parece derivarse del texto- son los antidemocráticos, que fueron los empleados -v.g.- por los rusos. Evidentemente, Hayek no se está refiriendo a los socialistas marxistas, sino a otro tipo de socialistas, ya que es sabido que los marxistas son partidarios expresos del uso de la fuerza, y se hallan en contra de la democracia a la que consideran una superestructura burguesa de dominación, es decir, una ideología en el sentido marxista del término. El párrafo ha de aludir, entonces, a lo que se conoce como el socialismo democrático, o bien, socialdemocracia.

“Es característico que, tanto en Alemania como en Italia, al éxito del fascismo precedió la negativa de los partidos socialistas a asumir las responsabilidades del gobierno. Les fue imposible poner entusiasmo en el empleo de los métodos para los que habían abierto el camino. Confiaban todavía en el milagro de una mayoría concorde sobre un plan particular para la organización de la sociedad entera.”[4]

Es decir, no reconocían que sus planificaciones no podían lograr el consenso de la gente, sino que debían exigirse por la fuerza, por lo imposible de un acuerdo mayoritario sobre una planificación determinada. Y no deseaban hacer uso de la fuerza para obligarlo, por sus convicciones democráticas (siempre entendiéndose que no se habla de partidos marxistas, sino socialistas no marxistas). Tampoco quisieron convencerse de que sus ansias planificadoras sólo podían instituirse por medio de la fuerza. Aunque no queda del todo claro a que “entusiasmo” se refiere el autor, excepto que la palabra se utilice desde el punto de vista de los fascistas, que si demostraron entusiasmo en establecer sus planes por medio de la violencia física.

“Pero otros habían aprendido ya la lección, y sabían que en una sociedad planificada la cuestión no podía seguir consistiendo en determinar qué aprobaría una mayoría, sino en hallar el mayor grupo cuyos miembros concordasen suficientemente para permitir una dirección unificada de todos los asuntos; o, de no existir un grupo lo bastante amplio para imponer sus criterios, en cómo crearlo y quién lo lograría.”[5]

Esos “otros” eran los nazis fascistas. Lógicamente, si se confiaba en el voto de la mayoría se corría el riesgo que esa mayoría no aprobase la planificación elegida por el planificador. Y el aspirante a dictador no podía transitar con un peligro semejante. Pero era necesario que el dictador tuviera algún apoyo que -a su vez- fuera suficiente como para permitirle llevar a cabo sus siniestros planes antisociales.

[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 176-177

[2] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[3] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[4] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[5] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

 

 

El único “muro” impermeable es el de Chile

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/1/19 en: https://alejandrotagliavini.com/2019/01/09/el-unico-muro-impermeable-es-el-de-chile/

 

Los políticos necesitan construir muros, se diría que quieren contener a sus esclavos. Unos, para evitar que entren “extraños” a usufructuar el “estado de bienestar” coactivamente impuesto -y financiado- a sus súbditos. Y, entre estos políticos, Trump ha dicho que “si no les gusta el cemento, lo haremos de acero… será… más fuerte”.

El presidente está enfrentado con los demócratas, hoy mayoría en la Cámara Baja, porque quiere incluir US$ 5.600 millones en el proyecto de presupuesto para financiar el muro. Y, a falta de presupuesto aprobado, se ha producido el cierre del Gobierno más largo de la historia, unos 20 días, con 800.000 funcionarios sin recibir su paga.

Los demócratas califican de “inmoral” el muro, pero, políticos al fin, solo permiten destinar US$ 1.300 millones para la frontera, y podrían aceptar una “valla de acero”. Trump ha esgrimido la posibilidad de declarar una emergencia nacional “y construirlo muy rápido”, sin necesidad de pasar por el Congreso.

Ahora, también están los construyen para que la gente no salga -al estilo del de Berlín- como en la ciudad egipcia de Roseta, donde el mar del que partían las barcazas con emigrantes “ilegales” ha sido salvajemente amurallado. El primer ministro austriaco felicitó por un trabajo “ejemplar” a un militar egipcio, Al Sisi, que accedió al poder tras un golpe de Estado. “Desde 2016 ha impedido que los barcos partan hacia Europa y, cuando han zarpado, los ha devuelto”, alabanza que secundó el presidente del Consejo Europeo.

A pesar del autoritarismo de Al Sisi y la grave crisis económica, para obtener el apoyo europeo el régimen esgrime el puño de hierro, como contra con una oposición interna hoy encarcelada o desterrada y para sofocar la libertad de prensa. El especialista egipcio Mohamed el Kashef, desde su exilio, asegura que “no es cierto que hayan reducido a cero los flujos… han cambiado sus rutas… siguen apareciendo cuerpos egipcios en Libia”.

Y los hay quienes quieren construir “muros legales”. Ciertamente la Unión Europea (UE) tiene mucho de burocracia inservible, pero el Brexit, del modo en que se plantea, significa nuevas restricciones, como al movimiento de ciudadanos europeos en Gran Bretaña y la inversa. De momento, en el Parlamento, conservadores y laboristas se han unido, propinando al Gobierno una derrota, respaldando una enmienda a la Ley de Presupuestos que bloquea la capacidad económica -impide el eventual aumento de impuestos- del Ejecutivo para una salida sin acuerdo con la UE, el “Brexit duro”.

En fin, sin dudas el único “muro” eficaz ha sido el de Chile. Cuando era niño, el comentario generalizado en mi país, Argentina, era que los ciudadanos chilenos, muy pobres en aquel entonces, cruzaban ilegalmente la frontera. No había modo de detenerlos, llenaban las “villas miseria” y eran los principales delincuentes, decía el vulgo.

Hoy este flujo no solo que se ha detenido, sino que más bien son los argentinos los que quieren cruzar hacia Chile. Construyeron el mejor muro, el de la bondad: la paz, la libertad. Al contrario de los muros de acero y hormigón, Chile disminuyó sensiblemente la injerencia del Estado -el monopolio de la violencia- en el mercado, liberando la creatividad de sus ciudadanos y estableciendo la paz y la cooperación voluntarias en lugar de la coacción estatal. Así, se ha enriquecido al punto que es el segundo inversor extranjero en Argentina.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Debates sobre metas y ejecuciones

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se observa que en reportajes orales y escritos se consulta sobre los modos para lograr determinados resultados. Habitualmente el entrevistado se enreda en ingenierías varias para responder a la requisitoria periodística y a partir de ese momento con repreguntas y opiniones de variado color se entra en un debate que parece no tener salida. Y esto es así porque antes de entrar en el tema de las políticas de transición para arribar a ciertos objetivos se torna indispensable aclarar el sentido y los fundamentos del objetivo mismo, de lo contrario el embrollo es seguro.

 

Una vez que se ha comprendido y aceptado la meta resulta una cuestión del todo secundaria el modo de encaminarse a ella. Siempre aparecen infinidad de procedimientos para acercarse al objetivo. Las ingenierías son múltiples. Las estrategias y los elementos políticos a tener en cuenta son innumerables.

 

Y no es que las políticas públicas carezcan de importancia, no se puede ejecutar una idea sin un programa para llevarla a cabo, se trata de evaluar correctamente las prioridades y economizar el tiempo disponible. No es posible poner la carreta delante de los caballos.

 

Primero debe clarificarse la idea y luego las muy diversas maneras de ejecutarlo con mayores o menores pasos intermedios al contemplar las muy diferentes reacciones y efectos en los plazos medianos y de largo alcance pero no se puede comenzar por el final.

 

Sin quererlo en no pocos casos se tiende una trampa al pretender discutir modos para lograr algo antes de haber aclarado debidamente las virtudes de ese algo. Lo primero es primero. Nadie entenderá el asunto si se pretenden formular procedimientos antes de saber hacia donde se apunta y la razón de esa dirección.

 

La idea es el núcleo, el resto se da por añadidura. Una vez comprendida la meta se competirá por diversas propuestas para logar el objetivo, de lo contrario atrasamos el debate. Hace mucha falta la explicación  de ideas antes de proponer mecanismos para lograr algo que aun no se comprendió.

 

Antes de mostrar como se hace hay que entender porqué se hace. Una vez que la opinión pública ha entendido la idea será más o menos indiferente a los muchos caminos para llevarla a cabo, el asunto es ponerse en marcha. Ilustremos lo dicho con uno de tantísimos ejemplos.

 

Se afirma que debe reducirse el gasto público, frente a lo cual se pregunta en que rubros se procedería en consecuencia.

 

El entrevistado mantiene que hay que despedir empleados públicos y entra en los detalles más escabrosos de cómo hacerlo,  se refiere a la necesidad producir un ajuste cuando en verdad el ajuste es el que implanta el estatismo sobre los bolsillos de todos, especialmente sobre el fruto del trabajo de los más necesitados. De ese modo los interlocutores concluyen que el entrevistado es insensible y derrotista, cuando no explotador. En nuestro país aparentemente se atribuye mayor importancia a los medios que a los fines, así se hace difícil avanzar. Estamos atrasados en el debate de ideas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

América latina rechaza la reelección de Maduro

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2211705-america-latina-rechaza-reeleccion-maduro

 

La semana pasada -en una ceremonia tramposa, tan escasa de gente como de contenido- el excolectivero y actual dictador venezolano, Nicolás Maduro, asumió fraudulentamente la primera magistratura de su país por un pretendido nuevo mandato de seis años.

De esa manera intentó, en apariencia, iniciar un ilegal nuevo período presidencial  presuntamente derivado de su supuesto triunfo electoral en las elecciones de mayo del año pasado, que fueran inmediatamente denunciadas como fraudulentas, entre otros, por la más alta jerarquía de la Iglesia Católica venezolana. Y luego por el Grupo de Lima, que incluye a nuestro país. Sus posibilidades y pretensiones de reelección presidencial no tienen, además, límites temporales de ninguna naturaleza. Su grotesca fechoría podría, entonces, reiterarse.

Pero lo hace prácticamente en soledad, radicalmente aislado por lo sustancial de su propia región latinoamericana, que rechaza su pretensión de mantener mañosamente el liderazgo del país caribeño, después de haber cuidadosamente designado a los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de su país, que obviamente no son, para nada, independientes. De ese modo se “aseguró” contra eventuales traspiés en su torcido camino en procura de eternizarse en el poder. A lo que agregó la estructuración de una Asamblea Nacional Constituyente que le responde mansamente, a control remoto, con la que vació pretendidamente de competencias al Poder Legislativo oportunamente elegido por el pueblo, que está dominado por la oposición.

Todo, sin embargo, tuvo para él sabor a poco. Sólo pudo estrechar las manos de un reducido puñado de otros presidentes latinoamericanos de nuestra región, de relativa poca trascendencia personal y con un denominador común: su triste tinte autoritario.

Me refiero al de Cuba, Miguel Díaz-Cané; al de Bolivia, Evo Morales; al de Nicaragua, Daniel Ortega; y al de El Salvador, Salvador Sánchez Serén.

México y Uruguay, por su parte, enviaron a funcionarios de segunda línea, quizás con el propósito de tratar de quedar bien con Dios y con el diablo, lo que nunca es sencillo. En este caso, sus poco felices actitudes equivalen -cabe advertirlo, por todo lo que esto significa- a dar la espalda a quienes hoy en América latina defienden a la democracia. Lo que institucionalmente ha sido una, cuanto menos, lamentable torpeza. Por esto nuestro presidente Mauricio Macri, debió -con toda razón- comentar que lo que intenta Nicolás Maduro con su ilegal reelección es claramente “burlarse de la democracia”.

Por ello también el nuevo presidente de Brasil Jair Bolsonaro, no invitó a Maduro a su inauguración, aclarando que ello hubiera sido “una falta de respeto al pueblo venezolano”. No había obviamente lugar para Maduro en una fiesta que celebraba el triunfo de la voluntad popular, que Maduro pisotea. Nicolás Maduro, repudiado, respondió con sus habituales insultos y, peor aún, con gruesas amenazas. En América latina, defender la democracia con declaraciones emitidas desde sus órganos regionales no puede tenerse livianamente por intromisión en los asuntos internos de ninguno de sus países.

La concurrencia a la asunción de Nicolás Maduro no fue, para nada, impresionante.

Todo lo contrario. Allí sugestivamente estuvieron, además de los antes nombrados, personajes de relativo poco fuste, como el Ministro de Defensa de Irán, Amir Actami y el vice-presidente de la también dictatorial Turquía, Fuat Oktay.

Ocurre que, como acaba de señalar el joven y valiente presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, la presidencia de su país no está vacante, sino que ha sido usurpada. Lo que ciertamente es muy distinto.

Para la región toda, la continuidad del dictador Maduro es una mancha y un evidente bochorno. Y una obvia ruptura con el compromiso común de vivir en democracia. El disgusto y la aflicción del sometido pueblo venezolano previsiblemente se extenderán hasta el 2025.

Para un país que ya ha sido brutalmente demolido -social y económicamente- por los enormes desaciertos chavistas, una nueva etapa de su larga pesadilla acaba de comenzar, continuando la línea de las anteriores que condujeron a Venezuela a una situación de desastre exteriorizada de manera inocultable por la escasez de todo y por una inflación descontrolada, que ya es del 3% diario y que se acelera cada vez más. Allí viven hoy cuatro millones personas, empantanadas en la pobreza extrema, con menos de un dólar y medio por día.

Argentina, Colombia, Chile, Brasil, Paraguay y Guyana avanzan, en este mismo momento, en la imposición de nuevas sanciones a los líderes usurpadores venezolanos.

Entre ellas, la de prohibir la entrada a sus respectivos territorios a los funcionarios de la fraudulenta administración de Nicolás Maduro, así como fuertes restricciones de contenido financiero. Es ciertamente hora de actuar decididamente de esa manera.

Venezuela, cabe recordar, se convirtió -en el 2017- en el primer país de nuestra región en solicitar formalmente su retiro de la Organización de Estados Americanos (OEA), lo que aún no ha sucedido, aunque sólo en función de los plazos que resultan aplicables a ese proceso. Exteriorizó así la voluntad de sus circunstanciales autoridades de salir del camino de la democracia.

Para los demócratas venezolanos estas son horas bien tristes. Sobre su Patria flota la sombra de una tiranía represora y, peor aún, también torturadora, a estar a las más

recientes denuncias de las organizaciones de derechos humanos sobre los abusos que se cometen desde el entorno cercano a Nicolás Maduro. La crisis venezolana es tan grave como inocultable, desde que ha provocado ya el éxodo de nada menos que el 7% de toda su población, en un proceso que no se ha detenido.

Por lo demás, las encuestas recientes indican que nada menos que el 72% de los venezolanos rechaza el segundo y fraudulento mandato presidencial de Nicolás Maduro.

Tan sólo un 19% de los encuestados se inclina por apoyarlo. Nada, entonces.

El deplorable éxodo venezolano, es hora ya de decirlo sin disimulo alguno, es cuantitativamente mayor que la ola de emigrantes que llegan a Europa provenientes de Medio Oriente y África desde hace ya cuatro años, que también conmueve al mundo.

Este año se calcula que un millón más de venezolanos escaparán de la tragedia que se ha abatido sobre su país.

El mundo democrático está hoy denunciando -sin disimulos- lo que sucede en Venezuela. En cambio, tres países, todos ellos autoritarios, Rusia, China y Turquía, manifiestan públicamente su apoyo a la dictadura de Nicolás Maduro. Los mensajes implícitos en esa división de actitudes lucen evidentes.

Por todo esto la necesidad de respaldar a Juan Guaidó y a quienes lo apoyan en su desigual lucha por defender la democracia en Venezuela, en la que -desde la Asamblea Nacional de su país- está dispuesto a asumir la presidencia de su país y, apegado a la Constitución, dar todos los pasos posteriores que sean necesarios para poder regresar al camino de la democracia.

Su convocatoria a una gran movilización social para el próximo 23 de enero, fecha en la que Venezuela conmemora además la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, puede realmente ser definitoria en la urgente remoción pacífica de quien ha usurpado, brutal y abiertamente, el poder en Venezuela: el dictador Nicolás Maduro. Por esto, esa movilización debe ser apoyada desde todos los rincones de nuestra región, sin retaceos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Las inviables propuestas de la Izquierda Radical

Por Iván Carrino. Publicado el 17/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/las-inviables-propuestas-de-la-izquierda-radical/

 

Si bien copan los programas de televisión, los dirigentes de izquierda no tienen una sola idea que se acerque a la sensatez.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores es una coalición de partidos políticos argentinos que se unió para dar la batalla electoral en el año 2011.

Dicha alianza está conformada por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), e Izquierda Socialista.

En las últimas elecciones presidenciales, celebradas en 2015, el FIT obtuvo 3,2% de los votos. En 2011, la elección previa, había obtenido 2,3% y si sumamos las representaciones de izquierda que en 2007 fueron por separado (Fernando Solanas, Vilma Ripoll y Néstor Pitrola), vemos que obtuvieron un 2,9%.

O sea, incluso con un importante crecimiento de 0,9 puntos porcentuales en 2015 respecto de 2011, podemos notar que el Frente de Izquierda sin dudas no es una opción que conmueva al electorado nacional.

No obstante, son permanentemente invitados a programas de televisión a analizar la economía y la “realidad social”. Parecería que, si bien al público consumidor le interesa lo que dicen, de ninguna manera estarían dispuestos a votarlos.

O, para arrojar una segunda hipótesis, parece que a los productores de TV les interesa que vaya gente crítica del gobierno, más allá si las propuestas propias son buenas, regulares, o malas.

Ideas descabelladas

Recientemente fui invitado a Crónica TV, donde además de una economista del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), estaba también invitado un economista miembro del FIT.

En el debate (que puede verse editado aquí), el representante del FIT delineó algunas de las propuestas que su partido tiene para resolver los problemas más acuciantes de la economía nacional.

Los enumero abajo:

—> Para resolver el tema de la deuda, se propone romper con el FMI. Es decir, no se paga más la deuda por ser ilegítima. En concreto, Argentina entra nuevamente en default.

—> Para resolver la falta de crédito para las empresas (alta tasa de interés), se propone nacionalizar la banca.Es decir, expropiar todo el sistema bancario y terminar con la independencia del Banco Central.

—> Para frenar los tarifazos, se propone también nacionalizar los servicios públicos. O sea, expropiar todo el sistema energético y de transporte del país.

—> Por último, respecto de las jubilaciones, se propone mejorarlas aumentando los aportes patronales. Es decir, exigir a los empleadores un mayor pago coactivo para financiar el gasto previsional.

Como se observa a primera vista, las propuestas son radicales pero a la vez tienen un tinte mágico. Como si dando una fuerte sacudida a las cosas, éstas finalmente terminaran enderezándose.

Lo cierto, sin embargo, es que esto no es así. La implementación concreta de este programa llevaría a la economía argentina a un espiral de desastre, donde ninguno de los objetivos planteados se cumpliría.

Inviable

Analicemos cada una de las medidas a tomar.

Argentina hoy tiene un Riesgo País de cerca de 700 puntos básicos, casi 500 más que Chile y más de 300 más que Brasil. Este nivel se explica, principalmente, por la abultada deuda y las posibilidades de que se complique el pago a futuro de esa deuda.

Si el gobierno decidiera romper con el FMI, entonces materializaría todos esos riesgos. Lo que hoy se percibe como una remota posibilidad de complicaciones en el pago de la deuda, se transformaría en la realidad de que Argentina deliberadamente opta por no pagar.

Es decir que el Riesgo País duplicaría o triplicaría su valor. Es más, podríamos remontarnos al 22 de diciembre del año 2002, cuando Adolfo Rodríguez Saá declaró la suspensión de pagos de la deuda. En su momento, el Riesgo País superaba los 4.000 puntos. Seis meses después superó los 6.000.

Esta medida fue funesta para la economía. Es que implicaba que si todavía había alguien que estuviera dispuesto a prestar dinero, automáticamente replanteaba su faena. Y sin crédito para refinanciar sus deudas, las empresas van a la quiebra. Efectivamente, entre 2001 y 2002 el país atravesó la peor crisis económica de su historia.

Ahora la falta de crédito el FIT la podría resolver estatizando la banca e inundando de préstamos la economía. Pero si no hay ahorro que lo respalde, eso solo puede realizarse mediante la emisión monetaria. O sea que nacionalizar la banca para dar préstamos baratos llevaría tarde o temprano a una hiperinflación.

Por último, los jubilados, a quienes más dicen querer ayudar, son quienes peor la pasarían.

Esto es así porque recibirían un triple golpe. El primero, que el default y el consecuente estrangulamiento crediticio llevaría a la quiebra a las empresas. A eso habría que sumarle los mayores impuestos (Aportes Patronales) que el FIT les cobrará a los empresarios sobrevivientes. En tercer lugar, los salarios reales se desplomarían tanto producto de la crisis económica como de la inflación posterior.

Así, no solo no habría aportes patronales que cobrar para financiar mejores jubilaciones, sino que los salarios presentes (con los que se pagan las jubilaciones presentes en un sistema de reparto) se verían reducidos de manera violenta.

O sea, sin lugar para recaudar y con salarios reales a la baja, las jubilaciones solo podrán caer.

Influencia dañina

Uno podría pensar que tras estos efectos de corto plazo sobre la economía del país, las cosas comenzarían a funcionar mejor… Pero eso también es falso. Allí donde el comunismo planteado por el FIT se implementó 100%, como en la Unión Soviética, el sistema duró varios años, pero a costa de la pobreza y servidumbre de su población.

Fue tan nefasto el sistema que los propios ciudadanos de los países gobernados por la izquierda decidieron tirar abajo el Muro de Berlín en 1989.

A la luz de los hechos, uno podría preguntarse si todavía es necesario discutir ideas tan inviables y refutadas teórica y empíricamente.

La respuesta es afirmativa, no solo por la elevada presencia mediática de quienes las defienden, sino por la influencia que tienen sobre partidos que parecen más “de centro”, pero que comparten ciertos principios básicos con la izquierda más radical.

Antes de cerrar, te invito a ver en este link, este Webinar sobre los impedimentos teóricos y prácticos de la teoría socialista, que culminaron en la inevitable caída del Muro hace ya 29 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.