WP: An Index of Latin American Populism

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 23/4/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/04/23/wp-an-index-of-latin-american-populism/?fbclid=IwAR3QyU5FB4WWfs6zUKXBu7ut6jfD0boOMsKX4g4rzpHezp-GcvR-VLnrz0Y

 

Uno de los problemas en los estudios sobre el populismo es que no hay un “indice” de cuánto populismo hay en las políticas de un país. Esto limita la capacidad de análisis, dado que los casos de populismo deben tratarse como un “switch” (zeros o unos), sin un “dimmer” que capture cambios marginales.

En este trabajo con mi colega Alexandre Padilla desarrollamos un índice de populismo para Latino América. Hay que subrayar lo dificil de desarrollar un bien indicar sobre populismo. No obstante, y con inspiración del indicador que desarrolló Emilio Ocampo para Argentina, hicimos el ejercicio para unos 12 países de Latino América.

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3375424

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Mientras miramos con angustia lo que pasa en Venezuela cada día, otra crisis se desarrolla en América Latina, la de Nicaragua

Por Martín Krause. Publicado el 23/4/19 en: http://bazar.ufm.edu/miramos-angustia-lo-pasa-venezuela-dia-otra-crisis-se-desarrolla-america-latina-la-nicaragua/

 

Son muy interesantes los informes que publica el programa UFM Market Trends. Aquí van las conclusiones de uno sobre Nicaragua, por Jorge Eduardo García:

 

Este 2019 es sensato esperar una reducción más acelerada de la economía, cayendo incluso más del 10%. La posibilidad de quiebras bancarias continúa al alza si los retiros continúan o aumentan drásticamente. También es factible una devaluación pronunciada o un “corralito” que limite la disponibilidad de moneda extranjera de las personas y empresas. Lo peor de todo es que la situación política es el verdadero causante de los males, y no parece que vaya a cambiar en el corto plazo. Según The Economist, no se esperan elecciones anticipadas a menos que las condiciones políticas se deterioren drásticamente ya que Ortega cuenta con el respaldo del ejército.

 

Las empresas no solo deben lidiar con menos ventas, menores operaciones, precios internacionales bajos de materias primas y falta de acceso a financiamiento, sino ahora también con mayores impuestos y costos laborales más altos. La incertidumbre que el régimen orteguista introdujo en la economía, la crisis que gestó y el descalabro económico que está sufriendo el pequeño país centroamericano es muestra del tremendo daño que el autoritarismo causa a las economías débiles institucionalmente. Según FUNIDES las empresas ya empiezan a tener escasez de insumos, el crédito escasea o es muy caro, los proveedores no quieren dar muchos días de crédito por el riesgo cambiario y la actividad económica de servicios cae drásticamente al no haber gastos de las empresas primarias o secundarias.

 

No se sabe cuántos años le podría tomar a Nicaragua para recuperarse de este golpe, pero cada día que Ortega sigue en el poder alargará ese periodo. Si Maduro, con una crisis más dura, ha podido soportar las sanciones internacionales a Venezuela, Ortega parece tener posibilidades de seguir aferrado al poder. A modelo de espejo, Siria y Venezuela reflejan casos de regímenes autoritarios causantes de severas crisis que mantienen el poder al controlar las instituciones del Estado con el apoyo incondicional del ejército. Pero, a menos que Nicaragua quiera seguir el tortuoso camino que han recorrido esas dos naciones, debe cambiar su cúpula gobernante o todo esfuerzo será en vano.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La Argentina está muriendo sepultada bajo el peso del populismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/23/la-argentina-esta-muriendo-sepultada-bajo-el-peso-del-populismo/

 

Curiosamente, Cambiemos encara las elecciones de octubre adoptando medidas populistas como son los acuerdos de precios con una nefasta ley de Lealtad Comercial, para que no venga otro populismo

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

En declaraciones de ayer lunes, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”, lo que significa que, una vez más, se verifica que cuando se establece un precio artificialmente bajo, hay que racionar por cantidad porque a ese precio artificialmente bajo no hay suficiente cantidad de oferta para abastecer la demanda que aumenta por ese fenómeno.

Dicho en otras palabras, por más que los gobiernos se empeñen en tratar de derogar la ley de la oferta y la demanda, ésta sigue con vida y goza de buena salud.

Uno puede entender que sea una simple aspirina para llegar a las elecciones, pero francamente haber desperdiciado cuatro años en un gradualismo que fue inmovilismo, termina en el riesgo de la vuelta de un populismo con tendencias autocráticas como es el kirchnerismo.

Si bien mucha gente puede recordar la fiesta de consumo del kirchnerismo, la realidad es que esa fiesta de consumo no va a poder reeditarse tan fácilmente. Para hacer populismo hay que tener recursos, sean propios o confiscados, y no creo que vaya a quedar un centavo en la Argentina si CFK se perfilara como ganadora en la segunda vuelta.

En varias oportunidades di el siguiente ejemplo sobre la fiesta de consumo del kirchnerismo: esa fiesta fue como si hubiese vendido mi casa, mi auto; hubiera dejado el trabajo y sacado todos mis ahorros del banco; y me hubiese ido a Europa, alojándome en los mejores hoteles, comiendo en los mejores restaurantes y alquilando los autos más caros. A la vuelta de Europa, me encontraría con que no tengo dónde vivir, ni auto, ni ahorros, ni trabajo.

Si me preguntaran cuándo estaba mejor, ¿cuándo estaba en Europa o a la vuelta?, es obvio que diría que cuando estaba en Europa, lo que ocurre es que ese lujo en Europa era insostenible. Solo financiable hasta dónde dieran los recursos consumidos. Eso hizo el kirchnerismo, por un lado dilapidó los ingresos fiscales que recibió de los precios de la soja y por otro lado se consumió el sistema energético, los trenes, las rutas, nuestros ahorros en las AFJP y 12 millones de cabezas de ganado para financiar tarifas de servicios públicos artificialmente bajas y tener asado artificialmente barato.

En términos de recaudación tributaria, en 2002 los ingresos fiscales fueron USD 16.182 millones y en 2015 la recaudación llegó al equivalente a USD 166.150 millones. En otras palabras, el kirchnerismo aumentó sus ingresos fiscales por retenciones y matando con impuestos a la gente, en USD 149.968 millones.

Se dilapidó el equivalente a un Plan Marshall

Para tener idea de lo que significa esta cifra, el plan Marshall, implementado luego de la Segunda Guerra Mundial, fue de USD 14.000 millones de ese momento, unos USD 140.000 millones de hoy, repartido entre 18 países. A Alemania le tocaron unos USD 14.500 millones actuales, con lo cual no es cierto que Alemania se haya recuperado gracias al plan Marshall, sino que se recuperó gracias a la política económica de libre mercado que implementó Ludwig Erhard, a pesar de la oposición de los aliados que en ese momento estaban con las ideas keynesianas y del estado de bienestar.

Volviendo a nuestro caso, el kirchnerismo recaudó el equivalente a un plan Marshall completo y 10 veces el apoyo que recibió Alemania del plan Marshall y sin embargo dejó destruida la economía argentina.

El fenomenal consumo de stock de capital más lo gran caja que tuvo el kirchnerismo lo condujo a regalar planes sociales, jubilaciones y empleo público que llevó el gasto público consolidado a 48% del PBI.

¿Qué hizo Cambiemos frente a esta herencia recibida?

En vez de contar la herencia recibida, el Gobierno se limitó a esperar una lluvia de inversiones que nunca llegó; lluvia que mágicamente iba a producir un crecimiento económico que terminaría licuando el gasto público sobre el PBI a menos del 48%. Así, el peso del Estado sería licuado por el mágico crecimiento sin necesidad de bajar el gasto público, ni tocar el revoleo de planes sociales, empleo público y un sistema previsional quebrado que se heredó de CFK; y la ministra Carolina Stanley sigue entusiastamente regalando la plata de los contribuyentes a todo aquél que corte la Avenida 9 de Julio exigiendo vivir del trabajo ajeno.

El gradualismo significaba tomar deuda pública y financiar el déficit fiscal hasta que llegara la lluvia de inversiones y mágicamente pudiésemos salir de la brutal herencia k sin sacrificios de ningún tipo. El mayor milagroso crecimiento iba a producir más ingresos fiscales y eso iba a cerrar la brecha negativa con los gastos antes del pago de intereses.

El resultado que tenemos es que a la herencia K hay que sumarle la herencia Cambiemos y mi visión es que es un verdadero delirio creer que de este lío salimos estimulando el consumo interno. El discurso populista de: hay que ponerle plata a la gente en el bolsillo para que consuma y así crecemos, es un verdadero delirio.

Con un mercado interno de 44 millones de habitantes, de los cuáles un tercio es pobre, no hay consumo interno que lleve a ninguna inversión. Un poco parece ser la propuesta del kirchnerismo y de Lavagna. En Cambiemos todavía están esperando la lluvia de inversiones.

La cruda realidad es que la única salida de crecimiento de largo plazo que tiene Argentina es volver a ver el mundo como una oportunidad. Es decir, la salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

Para poder incrementar las exportaciones hay que tener inversiones porque se requieren volúmenes de producción muchos mayores y para tener inversiones se requiere: 1) una legislación laboral que incentive a las empresas a contratar personal; 2) una carga tributaria que sea competitiva a nivel mundial; y 3) seguridad jurídica.

Días atrás, Infobae publicaba el trabajo del Banco Mundial en el que Argentina es el segundo país en el mundo que más impuestos le cobra a las empresas.

En efecto, Argentina le aplica una carga tributaria a las empresas del 106% sobre las utilidades. Esto es posible porque las empresas no pueden ajustar sus balances por inflación y, por lo tanto, se aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital. Es decir, el Estado se está comiendo parte del capital de las empresas con el Impuesto a las Ganancias más el resto de los delirantes impuestos nacionales, provinciales y municipales.

En definitiva, durante décadas hicimos populismo y eso nos llevó a caer en una crisis tras otra. El kirchnerismo llevó ese populismo hasta niveles insospechados, y Cambiemos se limitó a financiar con deuda pública ese populismo a la espera de la milagrosa lluvia de inversiones que todo lo resolviera, pero ninguno parece estar dispuesto a encarar en serio las reformas mencionadas para ser competitivos para exportar y así captar inversiones en cantidades suficientes que permitan bajar la tasa de desocupación y la pobreza.

Todo el arco político argentino sabe que la situación económica es terriblemente complicada, pero ninguno está pensando en proponer las reformas estructurales. Todos están imaginando cómo seguir financiando esta locura populista y esperar que mágicamente tengamos una lluvia de kamikazes dispuestos a invertir en Argentina para ser sometidos por la nueva Ley de Lealtad Comercial, tasas del 68% anual, una legislación laboral que implica adoptar de por vida a cualquier persona que se tome en relación de dependencia, a que lo esquilmen con impuestos y demás barbaridades económicas.

Argentina está muriendo sepultada bajo los escombros del populismo del empleo público y los planes sociales y nadie de la dirigencia política parece estar tomando debida nota de lo dramático de la situación. Siguen delirando con más populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Formalidad y respeto

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/04/formalidad-y-respeto.html

 

Empecemos definiendo los términos a tratar, y para ello vayamos al diccionario de la Real Academia Española:

formalidad

De formal e -idad.

  1. f. Exactitud, puntualidad y consecuencia en las acciones.
  2. f. Cada uno de los requisitos para ejecutar algo. U. m. en pl.
  3. f. Modo de ejecutar con la exactitud debida un acto público.
  4. f. Seriedad, compostura en algún acto.

respeto

Del lat. respectus ‘atención, consideración’.

  1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.
  2. m. Miramiento, consideración, deferencia.
  3. m. Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coche de respeto.
  4. m. miedo (‖ recelo).
  5. m. desus. respecto.
  6. m. germ. espada (‖ arma blanca).
  7. m. germ. Persona que tiene relaciones amorosas con otra.
  8. m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía.

(Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

Como el mismo diccionario lo explica sin más análisis que el examen de cada una de las locuciones arriba transcriptas, la formalidad y el respeto -que casi todo el mundo confunde o asimila como si fueran la misma cosa- no guardan punto de contacto entre sí. Se tratan de dos cosas diferentes, que bien pueden ir juntas o separadas, pero que no se confunden ni identifican.

Yo siempre he privilegiado el respeto por sobre la formalidad, porque -para mí- la formalidad tiene que ver con el aspecto extrínseco en materia de relaciones sociales, en tanto que el respeto tiene que ver con el intrínseco.

De donde, se puede ser respetuoso e informal, como asimismo y -en sentido contrario- se puede ser formal e irrespetuoso. Una cosa no va con la otra, como mucha gente cree en contrario.

Siempre he sido enemigo de las fórmulas acartonadas y aparatosas, tan caras a mis colegas de profesión.

A veces, y con personas desconocidas, esto me ha obligado a hacer las aclaraciones respectivas. Con el objeto de lograr un acercamiento y un mejor entendimiento, sobre todo si el contacto es con el objeto de tener un trato más o menos frecuente, en el corto, mediano o largo plazo, cuando me presentan o conozco a alguien comienzo tuteándolo con la expectativa de la devolución de un trato similar por parte de mi interlocutor. En el 99% de las situaciones la devolución se produce y el trato sucesivo se entabla en esos términos, de cordialidad, y mutua confianza. Tengo probado en lo personal que allana el camino y -al menos a mí- me facilita mucho el futuro desempeño laboral -o de otro tipo- con la persona recién conocida.

En el escaso 1% restante, cuando esa devolución no se produce, procedo a aclarar este punto en los mismos términos que aquí lo hago ahora. Explico que con el tuteo no busco faltar el respeto del otro, sino que -en mi caso- es lisa y llanamente una demostración de acercamiento, cordialidad y simpatía hacia el otro. Y que lo interpreto de idéntica manera cuando soy yo el objeto del mismo trato verbal.

Salvo contextos muy puntuales, trato de “usted” a alguien cuando estoy muy irritado (lo que es rarísimo), o cuando específicamente esa persona me irrita o procura hacerlo. Esto es otra demostración de que formalidad y respeto no son sinónimos, porque si bien en estos escenarios suelo ser formal no lo soy con la intención de respetar a quien deliberadamente me está ofendiendo, ya sea con el trato verbal o con su conducta. Pero aun en estos supuestos lo hago como recurso de última instancia. Hasta donde me es posible, intento entablar o restablecer con mi agresor verbal un trato de familiaridad respetuosa. Si no lo logro, pese a mis esfuerzos, entonces cambio de actitud. Fuera de estas circunstancias, sólo dejo de tutear al otro cuando me lo pide, expresamente o por otros medios. Si yo continuara dispensándole un trato que explícitamente me ha pedido que no le dé, yo le estaría faltando el respeto a él (o ella). Y viceversa.

Cuando me veo obligado a tratar de “usted” a alguien (cosa que jamás hago espontáneamente) siento que estoy poniendo una distancia con mi interlocutor que en el hipotético contrario no existiría. En realidad, es quien me obliga a tratarlo de ese modo quien trata de imponer esa distancia de mí y no al revés. Hay personas para las cuales esa distancia es importante para sus vidas de relación. Algo así como una especie de “autodefensa”. Pero no es mi cuestión.

Es muy interesante constatar que el uso del “vos” -que alguna gente lo considera no sólo una “informalidad” sino también una “falta” de respeto- comenzó siendo todo lo contrario, es decir, un tratamiento verbal que representaba la forma más elevada de respeto. Así lo explica el siguiente lingüista:

“La lengua castellana, […], no escapa a la dialéctica de la inmutabilidad y la mutabilidad del signo lingüístico, padeciendo mutaciones tanto conscientes como inconscientes, replicando el ritmo en que deviene el mundo de la vida en su despliegue epocal. Nos puede servir también el caso del ‘voseo’ que nos caracteriza como hispanohablantes sudamericanos, a fin de reforzar esta idea que venimos desarrollando. Los españoles que llegaron a nuestro continente durante la Conquista todavía utilizaban el voseo en sus dos vertientes de forma reverencial y de signo de confianza. Este uso del ‘vos’ arraigó en América, en parte a través de la literatura incipiente y en parte porque los españoles mismos lo usaban reverencialmente entre ellos para diferenciarse de los nativos. El tiempo transcurrió y hoy millones de latinoamericanos lo usamos sin reverencialidad alguna. Sin embargo, el voseo comenzó a desprestigiarse en el siglo XVI en España, donde el castellano peninsular decantó unívocamente por el ‘tú’. Como se puede apreciar, estas metamorfosis lingüísticas dependen del devenir de los acontecimientos históricos, que siempre es circunstancial, contingente y orientado por la dinámica del mundo de la vida.”[1]

Pero el respeto -insistimos- pasa por otro lado, que trasciende el uso del “vos” o del “usted”. Pasa por una actitud integral hacia el otro, que tiene que ver -en parte- con el contenido del lenguaje y no con su forma. Por ejemplo, un insulto siempre será un insulto, sea que se diga en un contexto de “vos” o de “Ud.” No será menos insulto porque quien lo emita lo haga en un lenguaje formal, por muy “educado” que dicho sujeto se crea.

Que la formalidad nada tiene que ver con el respeto lo brindan también otros ejemplos por el estilo. La familia es una más de esas muestras típicas. ¿alguien puede imaginar un ámbito donde reine la informalidad más absoluta entre sus miembros que el seno de una familia característica? Y sin embargo ¿alguien puede, asimismo, afirmar que -por dicho motivo- tales miembros de la familia están continuamente faltándose el respeto por tal causa? Creo que nadie en su sano juicio podría aseverar una cosa semejante. Y ello, sin perjuicio que, en algún evento aislado, pudiera registrarse una que otra desavenencia familiar pasajera, pero lo que nos interesa aquí es la regla general, no la excepción, y según aquella, en y dentro de las familias conviven armónicamente tanto la más incondicional informalidad como el más puro respeto.

En un nivel algo más bajo, lo mismo podría decirse de los amigos, los compañeros de trabajo, de estudios, etc. Se tratan todas de relaciones informales, pero siempre (en la mayoría de las condiciones) de franco respeto reciproco al mismo tiempo.

Esto se puede trasladar perfectamente a otros planos de análisis que exceden las relaciones interpersonales de amistad, negocios, comerciales, laborales, educativas, profesionales, etc.

Un ejemplo son las leyes, que son el paradigma de la formalidad más escrupulosa. No obstante, la gran generalidad de las leyes (al menos las argentinas) constituyen una soberana falta de respeto hacia los legislados por parte de los legisladores. Ejemplo inconfundible son las leyes fiscales, pero no son las únicas. Las leyes que violan las libertades individuales, la propiedad privada y las transacciones comerciales son el modelo, tanto de la formalidad como de la falta de respeto más abyecta que pueda concebirse.

[1] “A propósito del lenguaje inclusivo”, por Claudio Marenghi -Pág. 6-Copyright © 2019 Instituto Acton, All rights reserved.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

AIKIDO: FILOSOFÍA Y RELIGIÓN.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/4/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/04/aikido-filosofia-y-religion.html

 

  1. Allá por 1850…..

…el Comodoro Perry,  un tanto impaciente, lanzó unos cuantos bombazos a las costas de Japón, esas que no habían podido ser invadidas por nadie, y despertó a la Dinastía Tokugawa de un sueño profundo de dos siglos de aislamiento en una rica e impresionante matriz cultural.

Los japoneses, que se mantenían al tanto del mundo exterior por los holandeses, estaban al tanto del progreso técnico de los occidentales y sabían que para frenarlos no bastaría la intervención de los dioses como con los Mongoles, donde los vientos “kamikaze” destruyeron su flota dos veces. Comenzó entonces la modernización de Japón con el período Meiji en 1868. Pero los japoneses nunca dejaron de ser japoneses. Ese período Meiji fue una extraordinaria táctica de mimetización: copiamos las instituciones y la técnica occidental (en realidad copiaron más bien el constructivismo francés que el liberalismo anglosajón) para que los occidentales crean que se hacían occidentales y se lo creyeran. Y se lo creyeron. Así los japoneses terminaron sentándose junto a los vencedores de la Primera Guerra, copiando también el colonialismo occidental. Invadieron China y Corea, y los Occidentales, entre tanto, tranquilos.

La inteligencia de los intelectuales del período Meiji llegó más allá: tenían que legitimarse en el Shinto. Eso era natural porque el Shinto, más allá de su deificación de la naturaleza, afirmaba en su mitología que las islas del Japón descendían de sus dioses originarios. Japón era así el centro del mundo, y todo lo demás, la barbarie. El emperador siempre jugó un papel de unificación nacional más que de poder político, y por eso el período Meiji adoptó al Shintoísmo como religión de estado. Fue entonces un sintoísmo “imperial”. Había libertad de practicar otras religiones siempre que se practicara el culto oficial.

¿Qué tiene que ver esto con el Aikido? Que Morihei Ueshiba, su fundador, recibió una decisiva influencia de una secta del shinto NO imperial, no nacionalista, la Omoto-Kio.

  1. Las tres influencias de Morihei Ueshiba.

La primera y más desconocida, en 1909, fue la de Kamukasa Minata, un erudito, angloparlante y cosmopolita, que estaba en contacto con el gran intelectual del budismo zen, puente entre Oriente y Occidente, que fue T. Suzuki. ¿Por qué es esto importante? Porque más allá del Shintoísmo que Ueshiba practicaba, este es su primer contacto con el budismo, lo cual es clave para el desarrollo de su cosmovisión.

La segunda y la más conocida, en cuanto a artes marciales, fue, en 1912,  la de Sokaku Takeda, verdaderamente “el último samurai”.  Takeda aún vivía, en su mente, en el Japón medieval, y practicaba una forma muy especial de ju-jitsu llamado dayto-riu, una arte marcial casi milenaria originada en las técnicas que el samurai realizaba cuando se quedaba sin katana y sin caballo. (Entre paréntesis, el Aikido que algunos practicamos hoy podrá ser inefectivo, pero yo no querría encontrarme con uno de esos samuráis…).

Y la tercera, un poco menos conocida pero totalmente decisiva, fue la de Onisaburo Degushi, el fundador de una especie de Shinto NO imperial, con fueres influencias del Budismo hinayana. Degushi rechazaba la unión con la Dinastía Meiji, el Shinto imperial, y era universalista, pacifista y proclamaba como el budismo el amor a todos los seres vivientes. La relación de Degushi con Ueshiba fue muy intensa. De hecho el primer aiki-jujitsu practicado por Ueshiba era considerado por él como la expresión cuerpo-mente de la religión Omoto. Ambos participaron en el intento utópico de fundar una sociedad ideal en Manchuria, en 1925, que fracasó totalmente, por supuesto (donde ambos salvaron su vida por milagro). Pero en ese momento Ueshiba, que no había tenido problemas en usar su “Takeda-ju-jitsu” para la guerra, tiene una definitiva visión de que las artes marciales deben usarse para la paz.

  1. La analogía entre Cristianismo, Budismo y Omoto-kió.

Si ensayamos una sencilla sociología de la religión, el Omoto-kiu comparte con el Cristianismo y el Budismo una característica común: ser la universalización exotérica y pacifista de tres religiones más esotéricas y políticas.

¿Qué quiero decir con esto?

  1. a)Esotérico y exotérico se refiere respectivamamente a “encerrado” y “hacia afuera”. Una religión esotérica es la que se considera “para sí” y que no debe predicar a los demás. Una religión “exotérica”, al contrario, cree que su mensaje es para todos los seres humanos. Sale a “predicar para todos” la verdad de su mensaje. Puede degenerar en el proselitismo y la propaganda.
  2. b)“Política” quiere decir que una religión funciona como criterio de legitimidad de un gobernante terrenal, ya sea que lo considere Dios o no.
  3. c)“Pacifista” es que renuncia a la guerra como modo de defensa o expansión. Es una religión que “guarda la espada”.

En ese sentido, el Judaísmo pre-cristiano, el Brahamanismo y el Shintoísmo imperial fueron, históricamente, esotéricas, políticas y guerreras.

Contrariamente, el Cristianismo, el budismo (especialmente el de Buda, el hinayana) y el Shintoísmo de la Omoto-kio son, respectivamente, su “izquierda”. Cristo es exotérico:  id y bautizad a todos los pueblos… Corta con el poder político del Sanedrín (de hecho, lo mandan matar) y es pacifista (“guarda la espada, mi reino no es de este mundo”). Buda, ídem: corta con la jerarquía brahamánica y expande su camino de iluminación a todos los seres humanos, de modo  pacifista. El Omoto kio corta con el Shinto imperial y quiere expandir pacíficamente el amor y la armonía a todos los pueblos. Su fundador es perseguido dos veces por el poder Meiji y termina encarcelado y liberado recién luego de la Segunda Guerra.

Las tres “izquierdas” comparten además el amor universal a todos los seres vivientes, ya sea como hermanos en creación, ya sea como partes de lo divino.

Yo como cristiano, puedo afirmar que el Cristianismo es la conclusión coherente del Judaísmo, pero obviamente no puedo afirmarlo de las otras dos. Lo que sí puedo mostrar es, sociológicamente, la coincidencia en las conclusiones.

  1. La filosofía del Aikido.

Se podría decir, por ende, que Ueshiba absorbe, sin darse cuente, lo mejor del budismo pacifista, vía Minata y Degushi, y lo sintetiza con las tradiciones del Shintoísmo, quitándole a este último el carácter imperial y esotérico.

Por eso el Aikido –que se llama así recién desde 1942- no tiene torneos y siempre trata de conducir el ataque a una resolución pacífica. Y por eso Ueshiba “mandó a sus discípulos” expandirse por todo el mundo. El Aikido actual se lo debemos a su hijo, Kisshomaru Ueshiba, quien organizó a la sede central del Aikido según las normas comerciales y civiles del Japón de la post-guerra, sistematizó las técnicas y creó los colores y las graduaciones.

Se podría decir en este sentido que el Aikido es la larga sublimación del Rayto-riú. Sublimación en sentido freudiano, esto es, un re-direccionamiento “civilizado” de la pulsión de agresión. El Aikido es en ese sentido el super-yo de lo marcial.

Obviamente es totalmente compatible con el Budismo, pero también con el Cristianismo. Porque lo esencial del Aikido no está en la ontología del Shintoísmo, sino en esa paz universal, en esa des-politización, en la armonía mente-cuerpo y en el amor a todos los seres vivientes. Y ello está totalmente en las conclusiones del Judeo-cristianismo donde todos los seres humanos y todos los seres son creación de Dios y están llamados a vivir nuevamente en paz mediante la redención realizada por Cristo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El argumento moral en favor de la redistribución no va a ser derrotado por uno basado en la eficiencia

Por Martín Krause. Publicado el 22/4/19 en: http://bazar.ufm.edu/argumento-moral-favor-la-redistribucion-no-va-derrotado-uno-basado-la-eficiencia/

 

Al evaluar un clásico como La Ética de la Redistribución, de Bertrand de Jouvenel, Garreth Bloor, plantea el típico escenario donde el argumento de la eficiencia siempre pierde: se enfrenta con un juicio moral, y así debería responderle.

Algunos párrafos:

“El debate sobre la redistribución a menudo depende de argumentos sobre la eficiencia; sus oponentes destacan el éxito de los procesos de mercado y los fallos de los sistemas controlados por comandos. En contraste, los partidarios del estado redistributivo usualmente promueven los argumentos sobre la moralidad.

Hace setenta años, el caso de Bertrand De Jouvenel contra la redistribución centrada en el estado, dictado en dos conferencias de 1949 en la Universidad de Cambridge y reeditado por el Liberty Fund en 1990 como La ética de la redistribución, fue un caso moral contra la redistribución. De Jouvenel mantiene un enfoque en la ética y el florecimiento humano, y sugiere que si bien la economía revela verdades de la existencia humana, siempre permanece subordinada a la vida moral del hombre.

De Jouvenel invoca una posición relevante sobre la moralidad en torno a los procesos del mercado. Fue uno de los 36 académicos en la primera reunión de la Sociedad Mont Pelerin organizada por F. A. Hayek, aunque su trabajo ha recibido menos atención que muchos otros en los años subsiguientes, ya que los puntos de vista morales fueron suplantados por argumentos utilitarios para el capitalismo contemporáneo.

Al hacer un caso moral para las economías abiertas, la ética de la redistribución no es menos relevante que en 1949.

Al colocar al florecimiento humano en el centro de la economía, De Jouvenel afirma una sociedad en la que tanto la libertad como la virtud son fundamentales. Los compromisos con la libertad económica requieren que el estado usurpe el papel de la familia y las instituciones mediadoras de la sociedad civil.”

El texto completo está acá: https://www.lawliberty.org/liberty-classic/revisiting-de-jouvenel-ethics-of-redistribution-seventy-years-on/

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Los Vicepresidentes importan y mucho en contextos de crisis

Por Javier A. Cubillas: Publicado el 22/4/19 en: https://medium.com/@javiercubillas/los-vicepresidentes-importan-y-mucho-en-contextos-de-crisis-25e596a9f89a?fbclid=IwAR0v-T7wFi4ZOk5nDusAZsk0GPYOampQTsqZTBqvue_Nz__URonYxxiTeYk

 

Uno de los más famosos vicepresidentes norteamericanos, John Adams, expresó con meridiana claridad: “No soy nada, pero puedo llegar a ser todo”. Frase que resume la potencialidad del tapado que tiene nuestro sistema hiperpresidencialista en países como Argentina con alta inestabilidad política.

Ergo, para puntualizar y para pensar en positivo, primero hay que decir que los vicepresidentes importan cuando reaseguran proyectos de coalición, alianza o semejantes. Pueden ser quienes les aporten gran parte del chasis y motor al conductor –Hoy Macri- como es en buena medida la actual conformación de Cambiemos.

En este sentido, sostengo hace bastante tiempo que hay que leer el fenómeno electoral en clave de coaliciones personales más que de frentes, partidos o sistemas. El binomio presidencial depende mucho más de sus psicologías e impulsos que de otros condimentos para su sostenimiento, por ende, la comunicación interpersonal y la pública es clave en el mantenimiento de la confianza para la gestión del gobierno nacional.

Entonces, la pregunta clave para analizar las futuras fórmulas presidenciales que lleguen a la competencia electoral es: ¿qué reaseguran?, ¿qué valores ofertan y comunican? Será una oferta de más república, o más redistribución, o volver al pasado, o reformas profundas hasta aquí no realizadas. Hay que evaluarlos.

Pero en la tesis que aquí seguimos también nos toca ver el Lado B del binomio. En este sentido y como segundo punto hay que decir que en un contexto 2020-2024 azotado por los déficits financieros, pero de darse un potencial delicado equilibrio capaz de comenzar a liberar al sector productivo para que vuelva a ocupar su capacidad instalada y ampliar sus volúmenes de exportaciones la tentación del vicepresidente de ser sucesor puede ser irrefrenable.

Aquí, la formula binómica se vuelve intrínsecamente competitiva y eso es un problema en sí mismo. Que el vicepresidente, por derecho propio, entienda que al ser parte de un gobierno de tormenta exitoso debe ser naturalmente también el próximo candidato presidencial resulta para el presidente tener que dormir con el enemigo y además despertarse para gestionar cara a cara todos los días.

Como tercer punto, si se diera un escenario de crisis en el que el vicepresidente asuma funciones, hay que recordar lo que bien nos ha explicado en sus excelentes trabajos académicos el recientemente fallecido Dr. Mario Serrafero: “la Vicepresidencia es una institución o un dispositivo de crisis. b) La Vicepresidencia no garantiza una sucesión legal – automática. c) Hace falta construir una legitimidad de reemplazo en cabeza del Vicepresidente que asume para que puede superarse la crisis institucional. Y en la construcción de la legitimidad de reemplazo intervienen factores políticos de distintos tipos vinculados al origen institucional de la crisis, la situación político – social previa, el momento del mandato en que se produce la crisis, el estado de legitimidad del Presidente y del Vice, el grado de identificación con el Presidente, la experiencia y el estilo político del Vicepresidente” (Revista de Sociología e Política, 25 de febrero de 2017). En la elección previa del vicepresidente para la formula ya se comienzan a jugar todos estos factores.

Por si quedaba alguna duda, Serrafero agregaba oportunamente ya en el año 2003, en la salida de la mayor crisis institucional contemporánea: “Su función principal no es la presidencia del Senado (más allá de su innegable importancia), sino la de ser figura de reserva para el principal puesto del sistema político: la presidencia.” (La Nación, 25 de abril de 2003)

Finalmente, toda esta profunda reflexión sobre las dinámicas entre los gestores de poder que habilitan las reglas de juego actuales se pone en evidencia en las psicologías de los actores que pacten la coalición. De ser nadie a ser todo hay un salto de magnitudes que puede ser pergeñado con habilidad maquiavélica o puede ser un accidente de la historia. En ambos casos pidamos al menos que el binomio se encuentre a la altura de las circunstancias para los tiempos que corren y los próximos que se avecinan.

Nos queda por dar un sólo dato esperanzador en términos de proceso electoral y de análisis de candidatos. Tendremos la oportunidad de volver a evaluar a los candidatos a presidentes gracias a la Ley 27.337 que obliga la realización de dos debates: uno en Capital Federal y otro en una provincia del interior elegida por la Cámara Nacional Electoral. No perdamos la oportunidad de exigir y demandar también el poder conocer cómo piensan los futuros Vice- presidentes de la Nación.

 

Javier Cubillas es Licenciado en Ciencias Sociales con orientación en Periodismo en ESEADE. Fue coordinador del programa de Jóvenes Investigadores de Fundación Atlas 1853. Es Analista de Asuntos Públicos en Fundación Atlas para una Sociedad Libre.