POR QUÉ NO SOY CONSERVADOR, AUNQUE SÍ CONVERSADOR :-)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1//719 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/07/por-que-no-soy-conservador-aunque-si.html

 

La grieta entre los liberales MUY críticos del Catolicismo y los liberales católicos o admiradores del Catolicismo siempre existió. En 1947 Hayek propuso que la Mont Pelerin se llamara Acton-Tocqueville en honor a esos dos grandes pensadores católicos. Pero parece que muchos pusieron el grito en el cielo. Por eso se decidió poner el nombre el monte del cual estaban cerca.

Y hasta bien avanzados los 80, la grieta se… Disimulaba. Eran otros tiempos. Había que tener el casco puesto contra los soviéticos y de otros temas se hablaba por la bajo. Y listo. Yo lo viví. No en 1947 (bueno, creo) pero mi foja de servicios a la causa liberal comenzó en 1974 y era sencillamente así.

Ahora la cosa se ha complicado. Algunos liberales están diferenciándose fuertemente de lo que llaman conservadores. Estos últimos, aunque acepten la economía de mercado y un cierto liberalismo institucional, estarían “en contra de” la homosexualidad, el matrimonio homosexual, el aborto, las drogas, la pornografía, la eutanasia y etc. En cambio, un “verdadero liberal” tiene que estar “a favor de” todo ello. Y obviamente un liberal católico queda entonces como un conservador, y los conservadores no creyentes, muy amigos de ciertos creyentes (porque mejor no hablemos de OTROS creyentes, muy activos en Roma).

El problema es que allí se está manejando mal la dicotomía “estar a favor de” o “estar en contra de”. Independientemente de los casos de aborto y eutanasia, donde lo que está en juego es el derecho a la vida y por ende el debate pasa por otro lado, los liberales, sean católicos o marcianos, nunca han estado “en contra de” la libertad individual de nadie, sea homo, hetero o vulcano. Que yo recuerde, y no creo haberlo aprendido de la nada, el liberal defiende la libertad religiosa, de expresión y de enseñanza entendidas como el derecho a la ausencia de coacción sobre la propia conciencia, y el derecho a la intimidad como el derecho a que las acciones privadas de los seres humanos estén fuera de la autoridad de los magistrados. Por lo tanto, un liberal, desde un punto de vista político, no está “a favor de” la homosexualidad o la heterosexualidad, sino “a favor de” las libertades individuales y el derecho a la intimidad de todos, o sea, un liberal, desde un punto de vista político, defiende el derecho a la ausencia de coacción sobre todo aquello que no afecte de un modo directo derechos de terceros, aunque obviamente las externalidades negativas presentan zonas grises que siempre se han discutido con altura y tranquilidad.

Y de igual modo un liberal, desde un punto de vista político, no está “en contra de” la homo o la heterosexualidad, sino que está en contra de que se coaccione a alguien contra su conciencia en esas materias.

¿Es tan difícil? Yo lo escribí claramente en 1989 y no creo haber inventado nada. Me da pena a veces que sobre algo tan claro haya tanta confusión.

Circula mucho que el liberal defiende “el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”, PERO sin distinguir en esa definición lo legal de lo moral, distinción que es elemental.Legalmente, otra vez, lo que haya el prójimo y no atente contra derechos de terceros debe ser custodiado en tanto que el estado no tiene por qué intervenir. Pero moralmente hay proyectos de vida del prójimo que no tienen por qué merecer “un irrestricto respeto”. Yo respeto a las prostitutas como personas y les aseguro que, como el mismo Evangelio dice, estarán primero en el Reino de los Cielos antes que muchos otros (cosa que se aplica muy bien a Argentina…) pero sus acciones desde un punto de vista moral no son “respetables”, aunque no se deba juzgar su conciencia. Y así con muchos otros casos y ejemplos. Y el que crea que todo liberal debe ser necesariamente un agnóstico desde un punto de vista moral desconoce toda la tradición liberal clásica. No ha leído a Smith, a Constant, a Locke, a Montesquie, a los constitucionalistas norteamericanos, a Lord Acton, a Hayek, a Popper, a Mises (que tienen fuertes imperativos categóricos implícitos) ni tampoco quiere leer a los contemporáneos Leonard Liggio, M. Novak, Sam Gregg, Robert Sirico, Thomas Woods o Alejandro Chafuen. Por no citar directamente a Lacordaire, Montalembert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, Maritain, cuya falta de estudio en todos los ambientes liberales es una grave omisión.

Por ende un liberal católico no es ni conservador ni no conservador, sino que distingue entre lo legal y lo moral.Distinción para la cual, pensaba yo, no era necesario ser católico para sostenerla. La han sostenido muchos liberales sin necesidad de ser católicos. Aunque ahora muchos liberales parecen haberla olvidado, y con el dedo en alto “retan” a los liberales “que no estén a favor de” (de vuelta) la homosexualidad, el matrimonio homosexual, el aborto, las drogas, la pornografía, la eutanasia y etc., como si en esas materias no hubiera que hacer las elementales distinciones que acabamos de hacer.

Por lo tanto, el que quiera saber “cómo hablar con un conservador”, que no me busque. Pero si quiere conversar con un conversador, allí estaré yo, siempre. Aunque últimamente no parece convenir a muchos conversar y leer a liberales católicos que tengan mucho por decir.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿EL CISNE NEGRO METIDO EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES ARGENTINAS?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Antes he escrito sobre el magnífico libro de Nassim Nicholas Taleb donde elabora sobre el concepto de sucesos poco frecuentes e inesperados pero que ocurren. David Hume y Karl Popper lo vinculan al problema de la inducción, es decir, la manía de extrapolar lo pasado al futuro, la manía de la linealidad. El capítulo decimosexto Taleb lo titula de modo singular como “La estética de lo aleatorio” y antes, en el onceavo, había subtitulado “Siguen ignorando a Hayek” precisamente para destacar la aberración de los planificadores de vidas y haciendas ajenas que concentran ignorancia en lugar de premitir que aflore el conocimiento siempre disperso y fraccionado a través de procesos de mercado (y no digo mercado libre porque es una redundancia).

Antes de volver sobre el tema del cisne negro de un modo más riguroso, menciono que en las elecciones que los argentinos enfrentamos hay la remota o no tan remota posibilidad que se filtre un cisne negro: que triunfe la opción Consenso Federal bajo la apariencia de separarse de las otras dos opciones principales las que se han estado fogoneando recíprocamente con idea de sacar partida de la confrontación, en realidad entre el abismo y la inoperancia. Lo primero por el espíritu totalitario inherente a esa postura desde cualquier perspectiva que se la mire y lo segundo debido al aumento de la deuda, de los impuestos, del déficit total, del gasto consolidado y debido a que la inflación mensual equivale a la anual en un país civilizado, a lo que debe agregarse ahora su peronización (paradójicamente se trataba de “cambiemos”), aunque en el armado de listas hubo varias gatas paridas.

Esa tercera opción, según lo que se infiere de ciertas encuestas, por más que a esta altura pueda parecer inaudito, hay alguna posibilidad que finalmente triunfe debido, por una parte, a la cantidad de personas que mantienen que no votarán por ninguna de las dos que habitualmente se mencionan como las que marcan la grieta, por otra, la cantidad de indecisos que se definen de esa manera aun en esta instancia y, por último, posibles conclusiones sobre radiografías de reflexiones inquietantes de  algunos votantes potenciales en el sentido indicado. Sin embargo, debe notarse que en momentos de escribir estas líneas se ha producido cierto revuelo en esas filas debido a que se relegó en el diseño de cargos a quien últimamente se había convertido a criterio de muchos integrantes de ese espacio en una socia clave. Todo lo consignado para nada quiere decir que no haya otra variante que sea en verdad mejor para el país, estamos aludiendo a los malabarismos que se infieren de alguna parte de las pesquisas. Estamos aludiendo a eventuales cisnes negros dada la idiosincrasia argentina, por supuesto que el cisne negro podría aparecer en otra parte pero hay indicios que puede irrumpir en lo dicho.

A mi me gustaría ver el cisne negro en otro lugar pero esto es irrelevante, lo trascendente es lo que se deduce de lo que al momento existe. También hay quienes pronostican que en las próximas elecciones se le dará otra oportunidad al actual gobierno y otros, los menos (de los serios), aseguran que vencerán los representantes de la anterior gestión lo cual, agrego, sería una demostración de enorme irresponsabilidad.

En realidad, desde la perspectiva epistemológica, no tiene visos científicos el hecho de extrapolar una muestra al universo. No es lo mismo con los seres humanos individuales y cambiantes que con una muestra de tronillos en una línea de montaje donde es de rigor esa extrapolación pues cada tornillo es teóricamente igual al anterior. Por esto es que hay tantos yerros en encuestas de muy diverso calibre entre seres humanos y que las explicaciones ex post no sirven para cubrir los desaciertos. Lo dicho en modo alguno significa que las encuestas no sirven, bien administradas a veces exhiben ciertas tendencias cuando son varias las que confluyen,  lo que no es aceptable es que se las pretenda rodear de un áurea científica puesto que solo se trata de tantear algunos patrones o pautas de conducta en planos muy específicos.

Entonces, nada se sabe a ciencia cierta pero puede aparecer un cisne negro como los que en la práctica merodean en Australia al efecto de favorecer aquella tercera opción en cuya plataforma alardean que consiste en que no quieren caer en “los errores del pasado ni en los del presente”, aunque sus líderes se hayan inaugurado como controladores de precios de Perón y otros desaciertos de ciertas proporciones nada despreciables.

Es que en nuestro país estamos aun muy atrasados en la batalla cultural y, por tanto, se requiere mucho más educación y debate antes que llegue a la política una demanda sustancial en la buena dirección, por más que aparezca la posibilidad de un fragmento pequeño con ideas consistentes en ese plano. La faena que hay por delante es grande y sumamente desafiante y estimulante cuando se comprueba la cantidad y calidad de jóvenes que se deciden por estudiar los fundamentos de una sociedad abierta y abandonan aquél esperpento de “militar” que deriva de la soldadesca, de obedecer y no meditar ni deliberar. En esta misma dirección es de interés enfatizar que debido a la incomprensión del fenómeno que rodea al cisne negro los planificadores se empecinan en recurrir al término desarrollo que remite a más de lo mismo (un tumor se desarrolla) y eluden la expresión progreso puesto que refiere a lo desconocido, a la innovación y a lo nuevo y es imposible planificar lo que no se conoce.

Volvamos entonces a lo que he mencionado en otra oportunidad sobre el tan temido cisne negro. Se ilustra la idea con un ejemplo adaptado de Bertrand Russell: los pavos que son generosamente alimentados día tras día. Se acostumbran a esa rutina la que dan por sentada, entran en confianza con la mano que les da de comer hasta que llega el Día de Acción de Gracias en el que los pavos son engullidos y cambia abruptamente la tendencia.

Taleb nos muestra como en cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas. Nos muestra como en realidad todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos” (salvo algunos escritores de ciencia ficción). Nos invita a que nos detengamos a mirar “lo que se ve y lo que no se ve” siguiendo la clásica fórmula del decimonónico Frédéric Bastiat. Por ejemplo, nos aconseja liberarnos de la mala costumbre de encandilarnos con algunas de las cosas que realizan los gobiernos sin considerar lo que se hubiera realizado si no hubiera sido por la intromisión gubernamental que succiona recursos que los titulares les hubieran dado otro destino.

La obra de Taleb constituye un canto a la humildad y una embestida contra quienes asumen que saben más de lo que conocen (y de lo que es posible conocer), un alegato contra la soberbia gubernamental que pretende manejar el fruto del trabajo del prójimo en lugar de dejar en paz a la gente y abstenerse de proceder como si fueran los dueños de los países que gobiernan. En un campo más amplio, la obra está dirigida a todos los que posan de sabios poseedores de conocimientos preclaros del futuro cuando en verdad no pueden pronosticar a ciencia cierta que harán ellos mismos al día siguiente puesto que al modificarse las circunstancias naturalmente cambian sus propias conjeturas.

Pone en evidencia los problemas graves que se suscitan al subestimar la ignorancia y pontificar sobre aquello que no está al alcance de los mortales. Es que como escribe Taleb “la historia no gatea: da saltos” y lo improbable -fruto de contrafácticos y escenarios alternativos- no suele tomarse en cuenta, lo cual produce reiterados y extendidos “cementerios” ocultos tras ostentosos y aparatosos modelitos matemáticos y campanas de Gauss que resultan ser fraudes conscientes o inconscientes de diversa magnitud, al tiempo que no permite el desembarazarse del cemento mental que oprime e inflexibiliza la estructura cortical. Precisamente, el autor marca que Henri Poincaré ha dedicado mucho tiempo a refutar las predicciones basadas en la lineaidad construidas sobre la base de lo habitual a pesar de que “los sucesos casi siempre son estrafalarios”.

Explica también el rol de lo que habitualmente se denomina “suerte” (aunque estrictamente la suerte no existe, se trata de nexos causales no previstos), incluso en los grandes descubrimientos de la medicina como el de Alexander Fleming en el caso de la penicilina, aunque, como ha apuntado Pasteur, la llamada suerte favorece a los que trabajan con ahínco y están alertas. Después de todo, como también nos recuerda Taleb lo “empírico” proviene de Sextus Empiricus que inauguró, en Roma, doscientos años antes de Cristo, una escuela en medicina que no aceptaba teorías y para el tratamiento se basaba únicamente en la experiencia, lo cual, claro está, no abría cauces para lo nuevo.

Los intereses creados de los pronosticadores dificultan posiciones  modestas y razonables y son a veces como aquel agente fúnebre que decía: “yo no le deseo mal a nadie pero tampoco me quiero quedar sin trabajo”. Este tipo de conclusiones aplicadas a los planificadores de sociedades terminan haciendo que la gente coma igual que lo hacen los caballos de ajedrez (salteado). Estos resultados se repiten machaconamente y, sin embargo, debido a la demagogia, aceptar las advertencias se torna tan difícil como venderle hielo a un esquimal. En definitiva, nos explica Taleb que el aprendizaje y los consiguientes andamiajes teóricos se lleva a cabo a través de la prueba y el error y que deben establecerse sistemas que abran las máximas posibilidades para que este proceso tenga lugar. Podemos coincidir o no con todo lo que nos propone el autor, como que después de un tiempo no es infrecuente que también discrepamos con ciertos párrafos que nosotros mismos hemos escrito, pero, en todo caso, el prestar atención al “impacto de lo altamente improbable” resulta de gran fertilidad…al fin y al cabo, tal como concluye Taleb, cada uno de nosotros somos “cisnes negros” debido a la muy baja probabilidad de que hayamos nacido dado que cada uno es único e irrepetible en la historia de la humanidad. Al contrario, la probabilidad es alta de que otros sucesos se reiteren pero aun así hay que estar atentos a los desvíos.

En cualquier caso, en esta nota periodística alertamos sobre la posibilidad de un cisne negro en las elecciones que se aproximan, en el sentido y con las incógnitas y los contextos referidos más arriba.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LOS PUEBLOS PRE-COLOMBINOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/6/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/06/la-inmaculada-concepcion-de-los-pueblos.html

 

Pasó lo que tenía que pasar. Hace milenios que muchos obispos y teólogos latinoamericanos están diciendo casi que los pueblos originarios, los pueblos indígenas precolombinos, son sujeto de la Revelación Divina y que por ende no necesitan que los misioneros occidentales los “perviertan” con “categorías griegas” de la dogmática tradicional, y menos  cuando esas categorías vienen mezcladas con el avance del pérfido capitalismo. Porque para ellos el pecado original es el capitalismo, no los pueblos pre-capitalistas, inmaculados, ecológicos, puros, casi precisamente sin pecados concebidos. Pero, claro, uno de estos grandes redactores de documentos episcopales latinoamericanos,  para colmo peronista, llegó a Roma, y ahora todo esto se expande con su total y completo apoyo. Lo habíamos dicho: todo esto sucede hace décadas, especialmente desde los 60, pero claro, Juan Pablo II y Benedicto XVI lograron armar un dique de contención contra esas prístinas aguas teológicas. El discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, del 2006, fue precisamente la respuesta a esas teologías cuya profundidad no pasaba de la película Avatar, pero claro, en ese entonces todos estos se rieron y se burlaron de él, esperando ávidamente el momento de la venganza. Ese momento llegó. Un peronista argentino llegó a Roma. El cáncer hizo metástasis en el corazón. El último Instrumentum laboris para la Amazonia es el conjunto de las teologías de la liberación y del pueblo en su máximo apogeo, la negación y la venganza total contra todo el Magisterio teológico de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Ahora sí que hay que creerlo en serio.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

OTRA VEZ LAS GARRAS DEL NACIONALISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En sus memorias Stefan Sweig se entristece y alarma por el surgimiento del espíritu tribal de la cerrazón entre países que advertía conducen a estados de belicismo y confrontación que en el caso de Europa estimaba se trataba en verdad de una “guerra civil” debido a las estrechas relaciones entre las poblaciones.

Ahora resurge el nacionalismo sobre lo que he escrito en distintas oportunidades pero es el caso de repetir las advertencias. Dejando de lado la manifiesta incomprensión del actual presidente de Estados Unidos respecto a la falacia de lo que en economía se conoce como “el dogma Montaigne” (su ex Secretario de Estado, Rex Tillerson, consignó públicamente que Trump “no tiene idea del significado del comercio libre”) y de las barrabasadas extremas de gobiernos como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, y Bolivia en el continente americano, dejando de lado estos casos decimos, hoy en Europa el espectáculo es desolador.

Con suerte electoral diversa pero siempre con crecimientos llamativos, irrumpe el rostro desagradable de la referida tradición de pensamiento que tantos trastornos ha provocado y provoca. Así, ese caudal electoral ha exhibido resultados llamativos: en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido, en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos y Vox, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor, todas propuestas trogloditas apuntan a implantar una cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración deEstado Benefactor

la anticultura.

Es del caso recordar trabajos como los de J. F. Revel que muestran el vínculo estrechísimo entre el nacionalismo y el socialismo, aunque cual bandas de las mafias, en el campo de batalla han sido circunstancialmente aliados y circunstancialmente enemigos. El comunismo apunta a abolir la propiedad, mientras que el nacionalismo la permite nominalmente pero el aparato estatal usa y dispone de ella. Uno es más sincero que el otro que recurre a una estrategia que estima más aceptable para los incautos. Es curioso en verdad (y tragicómico) que muchos de los partidarios de esos gobiernos emplean  la expresión fascista para referirse a sus supuestos contrincantes cuando aplican esa política a diario puesto que mantienen el registro de la propiedad pero el flujo de fondos es manipulado desde la casa de gobierno.

En una sociedad abierta el término “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia ya que todos debieran tener la facultad de ubicarse donde lo estimen conveniente y solo deben ser bloqueados los delincuentes, sean nativos o extranjeros. Como ha explicado Gary Becker, el pretexto para poner barreras a la inmigración debido al uso de lo que provee el mal llamado Estado Benefactor (mal llamado porque la beneficencia es realizada con recursos propios y de modo voluntario), lo cual puede incrementar el déficit fiscal, se resuelve al no dar acceso al uso a los inmigrantes al tiempo que no se les retiene del fruto de sus trabajos para mantener el sistema estatal.

Como ha puntualizado en sus múltiples obras Julian Simon, habitualmente el inmigrante aprecia especialmente el trabajo, es empeñoso en sus tareas, tiene gran flexibilidad para moverse a distintos lugares dentro del país anfitrión, realiza faenas que muchas veces los nativos no aceptan, sus hijos muestran excelentes calificaciones en sus estudios, exhiben gran capacidad de ahorro y algunos comienzan con empresas chicas de gran productividad.

Es llamativo y muy paradójico que muchos se rasgan  las vestiduras con  el drama que estamos viviendo a raíz de las fotografías horrorosas de refugiados, cuando no parece verse que se fugan de lugares donde en gran medida se aplican las recetas políticas que los que se dicen espantados aconsejan y se fugan a lugares donde algo queda de los sistemas libres que no hacen más que criticar. La hipocresía es alarmante por la actitud contradictoria de muchos que se dicen contrariados con la foto del niño muerto en las playas de otros lares en plena lucha por la libertad y, sin embargo,  cuando opinan sobre la inmigración defienden las posturas que provocan aquella muerte por la que dicen estar angustiados.

Tengamos en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, las fronteras (siempre consecuencia de acciones bélicas o de accidentes geológicos) son únicamente para evitar los riesgos graves de un gobierno universal. El fraccionamiento en naciones que a su vez se subdividen en provincias y municipalidades tienden a descentralizar el poder. A pesar de los problemas de abuso del poder, hay que mirar el contrafáctico si no hubiera el antedicho fraccionamiento. Hannah Arendt dice que “la misma noción de una fuerza soberana sobre toda la Tierra que detente el monopolio de los medios de violencia sin control ni limitación por parte de otros poderes, no sólo constituye una pesadilla de tiranía, sino que significa el fin de la vida política tal como la conocemos”.

También debe tenerse siempre presente que la cultura es un proceso que significa permanentes donativos y recibos de lecturas, arquitecturas, músicas, vestimentas, gastronomías, costumbres que las personas aceptan o rechazan en un contexto evolutivo. La cultura no es estática sino cambiante y multidimensional. Si no somos momias, nuestra cultura no es la misma hoy que la de ayer. De allí la estupidez de la “cultura nacional y popular” el “ser nacional” y otras sandeces superlativas que podríamos catalogar como “los anti- Borges”, el ciudadano del mundo por antonomasia.

Buena parte de las propuestas nacionalistas se basan en el desconocimiento de aspectos económicos elementales. Se dice que la inmigración provocará desempleo puesto que la incorporación de nueva fuerza laboral desplazará a los nativos de sus puestos de trabajo, sean estos intelectuales o manuales.

Sin embargo, dado que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos (de lo contrario estaríamos en Jauja), nunca sobran los recursos y el recurso central es el trabajo puesto que no puede generarse ningún bien o servicio sin el concurso del trabajo. Solo hay sobrante de trabajo (desocupación) cuando no se permiten arreglos salariales libres y voluntarios, es decir, cuando se imponen las también mal llamadas “conquistas sociales” concretadas en salarios superiores a las tasas de capitalización que son las únicas causas de ingresos en términos reales. Esa es la diferencia clave entre el Zimbabwe y Canadá, no es el clima, los recursos naturales o aquél galimatías denominado “raza” (las características físicas proceden de las ubicaciones geográficas, de allí es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios). Lo que hace la diferencia son marcos institucionales civilizados que garantizan derechos. Sería muy atractivo que los salarios pudieran decidirse por decreto en cuyo caso podríamos ser todos millonarios pero las cosas no son así.

Al igual que la incorporación de nueva tecnología o la liberación de aranceles aduaneros, la inmigración libera recursos materiales y humanos para producir otras cosas en la lista infinita de necesidades a las que nos referíamos con el interés del mundo empresario de capacitar para nuevos emprendimientos. Es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo antes de las heladeras y con los fogoneros antes de las locomotoras modernas.

Una gran cantidad de trabajadores inmigrantes y no inmigrantes operan en negro por el salario de mercado que, como queda dicho, se debe a la correspondiente inversión disponible  y trabajan  en negro para evitar los impuestos al trabajo como ocurre en otros muchos países donde provocan desempleo que también afecta a la economía general.

Aquellos que se las pasan declamando sobre “derechos humanos”,  una redundancia grotesca puesto que los minerales, los vegetales y los animales no aplican a la noción de derecho, tratan a los inmigrantes como si no fueran humanos, más bien se preguntan “¿qué debemos hacer con los inmigrantes?” como si estuvieran haciendo referencia a su estancia personal y no de un país donde debe primar el respeto recíproco, y en esta línea argumental no debiera haber bajo ningún concepto diferencias entre nativos y extranjeros. Es del caso subrayar que cuando se está haciendo alusión al derecho, se está aludiendo a la Justicia y ésta significa “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la propiedad que, a su vez, constituye el eje central del proceso de mercado.

Todos descendemos de inmigrantes, incluso los denominados pueblos originarios ya que el origen humano procede del continente africano.

La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Eso es la cultura. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas y ventanas abiertas de par en par.

Aludir a la antedicha “cultura nacional” como un valor y contrastarla con lo foráneo como un desvalor es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa. La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. No cabe la hipóstasis. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. El antropomorfismo es del todo improcedente. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales. Como bien señala Arthur Koestler, “el progreso de la ciencia está sembrado, como una antigua ruta a través del desierto, con los esqueletos blanqueados de las teorías desechadas que alguna vez parecieron tener vida eterna”.

Quienes necesitan de “la identidad nacional” ocultan su vacío interior y son presa de una despersonalización que pretenden disfrazar con la lealtad a una ficción. Desde esta perspectiva, quienes comparten el cosmopolitismo de Diógenes e insisten en ser “ciudadanos del mundo” aparecen como descastados y parias sin identidad. El afecto al “terruño”, a los lugares en que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país y segregando otros lugares y otras personas que, mirados objetivamente, pueden tener mayor afinidad, pero se apartan sólo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.

El nacionalismo está imbuido de relativismo ético, relativismo jurídico y, en última instancia, de relativismo epistemológico. “La verdad alemana”, “la conciencia africana”, “la justicia dinamarquesa” (en el sentido de que los parámetros suprapositivos serían inexistentes) y demás dislates presentan una situación como si la verdad sobre nexos causales que la ciencia se esmera en descubrir fuera distinta según la geografía, con lo cual sería también relativa la relatividad del nacionalismo, además de la contradicción de sostener simultáneamente que un juicio se corresponde y no se corresponde con el objeto juzgado. Julien Benda pone de manifiesto el relativismo inherente en la postura del nacionalismo, escribe que “desde el momento que aceptan la verdad están condenados a tomar conciencia de lo universal”.

Alain Finkielkraut ilustra el espíritu nacionalista al afirmar que “replican a Descartes: yo pienso, luego soy de algún lugar”. Juan José Sebreli muestra cómo incluso el folklore proviene de una intrincada mezcla de infinidad de contribuciones de personas provenientes de lugares remotos y distantes entre sí.

Estas visiones nacionalistas se traducen en una escandalosa pobreza material, ya que los aranceles aduaneros indefectiblemente significan mayor erogación por unidad de producto, lo cual hace que existan menos productos y de menor calidad. Este resultado lamentable contrae salarios e ingresos en términos reales, con el apoyo de pseudoempresarios que se alían con el poder al efecto de contar con mercados cautivos y así poder explotar a la gente.

En la historia de la humanidad hay quienes merecen ser recordados todos los días. Uno de esos casos es el de la maravillosa Sophie Scholl, quien se batió en soledad contra los secuaces y sicarios del sistema nacionalsocialista de Hitler. Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca, a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi, y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

La detuvieron y se montó una fantochada que hacía de tribunal de justicia, presidido por Ronald Freisler, que condenó a los célebres hermanos a la guillotina, orden que fue ejecutada el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 para no dar tiempo a apelaciones. Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta joven quien en una conversación con su carcelero explica el valor de normas extramuros de la legislación escrita.

Es pertinente recordar a figuras como Sophie Scholl en estos momentos en que surgen signos de un nacionalsocialismo contemporáneo que invade hoy no pocos espíritus en Europa y en otras partes de nuestro atribulado mundo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El contenido “institucional”de Game of Thrones: algunos límites al poder, y también algunos errores

Por Martín Krause. Publicado el 18/6/19 en: http://bazar.ufm.edu/contenido-institucionalde-game-of-thrones-limites-al-poder-tambien-errores/

 

El profesor de George Mason University, Ilya Somyin, comenta el contenido político-institucional de la serie Game of Thrones. El artículo completo en: https://reason.com/2019/05/20/reflections-on-game-of-thrones/

Las fortalezas más obvias son la intrincada conspiración y caracterización de la serie, y su disposición a cambiar los tropos (antinomias) de las historias de fantasía tradicionales con eventos horrendos como la “Boda Roja”: matar inesperadamente a los “buenos” protagonistas y demostrar que el heroísmo no es suficiente para asegurar que buenos triunfos.

Otro tema distintivo es el énfasis en la idea de que los peligros del poder político requieren soluciones institucionales, no simplemente el reemplazo de los malos gobernantes por buenos. Al principio de la historia, a veces parece que todo estará bien si los gobernantes malvados (como Lord Tywin) y los desquiciados (como el rey Joffrey y Ramsay Bolton) son reemplazados por los buenos. Pero gradualmente queda claro que incluso los pocos señores relativamente bien intencionados, como Ned y Robb Stark, son en gran medida incapaces de ayudar a la gente. Solo el cambio institucional superó las fallas estructurales integradas en el Juego de Tronos. Nadie es verdaderamente digno de ejercer el vasto poder de la monarquía de Westerosi, simbolizado por el Trono de Hierro.

Tal como lo expresó Daenerys Targaryen, el objetivo debe ser “romper la rueda” del poder político, no simplemente girarlo en una dirección diferente. El punto es cierto, aunque nunca tuvo una idea clara de cómo hacerlo, y en la Temporada 8 (de manera poco probable) llegó a ejemplificar el tipo de mal al que se había opuesto anteriormente.

La importancia de las instituciones volvió a centrarse en el final, donde el conflicto con la recientemente malvada reina Daenerys se resolvió inesperadamente en la primera parte del episodio, y la mayor parte del tiempo se dedicó a los esfuerzos de los personajes restantes para establecer Un asentamiento de posguerra para los westeros. En el proceso, la monarquía previamente hereditaria se hizo electiva (aunque con los señores de las distintas provincias como los electores, en lugar de la gente). Este asentamiento vagamente similar a la Carta Magna es el primer paso hacia la limitación del poder previamente absoluto del monarca. Si los señores del reino pueden elegir al rey, es un paso corto para llegar a la conclusión de que también pueden eliminarlo, si resulta ser incompetente u opresivo. No es democracia liberal o gobierno constitucional. Pero es un paso importante en la dirección correcta, tan grande como se puede esperar dado el mundo en el que se desarrolla la historia.

La selección inesperada de Bran Stark como el nuevo rey es también un sutil asentimiento en dirección al institucionalismo. Como el “Cuervo de tres ojos”, ya no es completamente humano y ni siquiera tiene deseos humanos normales. La implicación es que a ninguna persona sujeta a las debilidades humanas normales se le puede confiar el poder monárquico.

Finalmente, la independencia del Norte y la Reina Sansa, recientemente elevada, introducen otro importante obstáculo en el poder de la monarquía de los Westerosi, que ya no domina todo un continente (aunque la aparente representación de Sansa como un gobernante sin problemas maravilloso es un poco inoportuna con el mensaje de la serie de que debemos sospechar del poder concentrado). Fue bueno que la serie mantuviera constantemente el hilo de las tensiones de larga data entre el Norte y la monarquía, un elemento de la historia que destacaba los peligros de la autoridad sobrecentralizada.

El énfasis de la serie en la necesidad de restricciones institucionales sobre el poder y los peligros del liderazgo político “personalista” carismático son altamente relevantes para el mundo real. No somos tan diferentes de los despreocupados Westerosi como nos gusta pensar.”

También tiene cosas a criticar…

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

EL PERONISMO RACIONAL ES IRRACIONAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

En momentos en que en nuestro país el actual mandatario decide asociarse en la fórmula para la próxima contienda electoral a un peronista de permanente y decidida actuación en el anterior gobierno, es del caso repasar el significado del peronismo aunque ya hayamos escrito sobre el particular. Esta decisión desafortunada en cuanto a la preservación de los valores de una sociedad libre, se adopta luego que la actual gestión ha incrementado las cargas fiscales, ha aumentado sideralmente la deuda estatal, ha ensanchado el déficit total, ha elevado el ya astronómico gasto público y mantiene una inflación mensual equivalente a la anual en países civilizados. La actual administración al encontrase frente a estos resultados optó por abrir su espacio pero era de desear que lo hiciera en dirección parecida al camino indicado por políticos como Leandro N. Alem quien enfatizó “gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad.”

No ser corrupto no es suficiente, que por otra parte es lo normal y tampoco son suficientes las buenas intenciones, el tema son los resultados no las explicaciones.

Resulta sumamente curioso pero a esta altura del siglo xxi cuesta creer que existan aun personas que seriamente se dicen peronistas. Se ha probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda) a lo que cabe agregar la detallada obra de Ignacio Montes de Oca sobre las destrucciones morales y materiales del peronismo ¿Qué más puede pedirse para descalificar a un régimen?

A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).

También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza, cit. por J. J. Sebreli, Los deseos imaginarios del peronismo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1983, p. 84). En otra ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947, Buenos Aires). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos y, también  a la vuelta de su exilio, se decidió por abrazarse con Ricardo Balbín (un antiguo opositor que a esa altura se había peronizado).

A nuestro juicio la razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior administrado por el IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una corrupción en todos los niveles gubernamentales.

En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la misiva mecanografiada la reproduce Silvano Santander en  Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.

En un artículo publicado por Claudia Peiró en Infobae el 8 de julio de 2017 se reproduce una misiva mecanografiada de Perón a Mao:

“Madrid, 15 de julio de 1965

Al Sr. Presidente Mao Tse Tung

Mi querido Presidente y amigo:

Desde este difícil exilio, aprovecho la magnífica oportunidad que brinda el viaje de los jóvenes dirigentes peronistas del MRP, gentilmente invitados por Uds. para hacerle llegar junto con mi saludo más fraternal y amistoso, las expresiones de nuestra admiración hacia Ud., su Gobierno y su Partido; que han sabido llevar a la Nación China el logro de tantas e importantes victorias, que ya el mundo capitalista ha comenzado por reconocer y aceptar.

Su pensamiento y su palabra de Maestro Revolucionario, han calado hondo en el alma de los pueblo que luchan por liberarse -nosotros entre ellos- que nos debatimos, en estos últimos diez años, en marchas y contramarchas propias del proceso de un pueblo, que va preparando las condiciones más favorables para la lucha final contra el Imperialismo Norteamericano y sus aliados permanentes -entre ellos ahora, los actuales dirigentes soviéticos- se equivocan cuando piensan que con el engaño de una falsa coexistencia pacífica podrán detener la marcha de estos pueblos sedientos de justicia en  pos de su liberación.

El ejemplo de China Popular, hoy base inconmovible de la Revolución Mundial, permite a los hombres de las nuevas generaciones prepararse para la larga lucha con más claridad y firme determinación.

La acción nefasta del Imperialismo, con la complicidad de las clases traidoras, han impedido en 1955 que nosotros cumpliéramos la etapa de la Revolución Democrática a fin de preparar a la clase trabajadora para la plena y posterior realización de la Revolución Socialista. Pero, de la derrota de esa fecha, hemos recogido grandes ejemplos que nos permiten prepararnos con mucha más firmeza, para que nuestro pueblo pueda tomar el poder y así instaurar la era de gobierno de los oprimidos -la clase trabajadora- única capaz de realizar una política de paz y felicidad para nuestro pueblo. Nuestros objetivos son comunes –por eso me felicito de este contacto de nuestros luchadores con esa realidad que son ustedes.

En lo fundamental somos coincidentes, y así lo he expresado muchas veces ante nuestros compañeros, la clase trabajadora y peronista de Argentina. Quedan los aspectos naturales y propios de nuestros países, que hacen a sus condiciones socio-económicas, y que modifican en cierta forma la táctica de lucha.

Los compañeros portadores sabrán explicar de viva voz nuestros puntos de vista, y el gran deseo de que la más profunda y sincera de las amistades se consolide entre nosotros.

Reciba, querido Presidente, las seguridades de nuestros mayores sentimientos. Somos confiantes en el triunfo de la justicia y la verdad. Nada ni nadie podrá detener la hora de los pueblos.

Por el triunfo de nuestras comunes luchas, por el triunfo y la felicidad del Pueblo Chino; por la liberación de los pueblos oprimidos, con toda amistad,

Un gran abrazo,

Juan Perón.”

Después de este resumen no parece racional es seguir machacando con el peronismo que ha juntado todas los desaciertos y las lacras de nuestra historia como consecuencia del abandono de muchos que no han sido capaces de mostrar las ventajas de adoptar los valores y los principios de una sociedad libre, lo cual se venía incubando desde el golpe fascista del 30 agudizado en grado extremo a partir del golpe del 43. Es del caso recordar el célebre dictum de George Santayana en cuanto a que “Aquellos que no estudian la historia están condenados a repetirla”, por lo que nunca es tarde para rectificar el rumbo si somos capaces de hacer un examen de conciencia y dar preeminencia a la integridad moral como condición para el progreso de todos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Sentimientos, emociones y egoísmo

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2019/06/sentimientos-emociones-y-egoismo.html

 

Más de una vez reflexioné de la siguiente manera: “sinceramente no entiendo los sentimientos de los demás. A veces dudo ¿tienen sentimientos? Calculo que deben tenerlos. Pero los veo actuar como si nos los tuvieran”.

Luego, pensaba en Jesús. ¿Dónde estaban los que lo aclamaban en su entrada triunfal a Jerusalén después de que fue sentenciando y ejecutado? O estaban entre sus acusadores o bien desaparecieron antes. Lo cierto es que se abstuvieron de defender a quien apenas horas antes glorificaban como al rey de Israel.

Entonces, me seguía preguntando ¿qué pasa con los sentimientos de la gente? ¿Cómo pueden ser tan volubles? ¿Es que nada ha cambiado al respecto después de tanto tiempo? ¿O es que el tiempo no existe para esas cosas?

Lo cierto es que, solo Cristo mostró amor de verdad, tanto por sus amigos como por sus enemigos. Y fue constante -desde el principio hasta el fin- con ese amor. Jamás traicionó ese amor, ni siquiera por un segundo, ni tampoco contra quienes lo rechazaron (como el joven rico), lo negaron (como Pedro), ni contra quien lo traicionó (Judas). La historia no registra ningún otro caso de un amor tan perfecto como el de Nuestro Señor Jesucristo, y no podía ni puede esperarse otra cosa de Dios hecho hombre.

Y -de la misma manera- nunca tan incumplido su mandato de “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Que si bien es imposible amar como Cristo nos amó y nos ama, ni siquiera hemos hecho el intento a juzgar por los hechos de la historia, tanto como por lo que hemos vivido personalmente.

Mi conclusión (provisoria) al respecto es que no podemos saber cuáles son los sentimientos de los demás, solo -lo máximo que podemos hacer- es observar las expresiones de esos sentimientos con la debida prevención de que esas manifestaciones pueden no ser sinceras, y con un elevado porcentaje de seguridad -en una proporción, digamos, mayor a un 50%- no lo son.

Parece que la gente finge sentimientos, y lo que a menudo creemos que son sentimientos, en realidad, resultan ficciones con las cuales ella se nos muestra para que la aceptemos. Y tomamos ingenuamente la ficción como “realidad”. Y por esta razón nos desilusionamos, y nos sentimos defraudados por los demás cuando descubrirnos la verdadera realidad detrás de la máscara de fábula, al menos en nuestro caso.

La clave consiste en percatarse que los sentimientos, si bien pueden ser -tanto interna como externamente- sinceros, son en cambio, muy inconstantes y cambiantes, obviamente más en unos individuos que en otros. Es a esto a lo que llamamos inestabilidad emocional que se enfrenta muy a menudo con la conducta racional de la que hablaremos seguidamente.

Pero, en cualquier supuesto, y como no podemos cambiar a la gente (algo que debemos aceptar) tenemos que –en estos casos- emprender la tarea de cambiarnos a nosotros mismos. Dejar de fantasear con que lo que la gente muestra son sus verdaderos “sentimientos”, cuando sus actos posteriores demuestran que no es en modo alguno de dicha manera. O, como decimos, asumir que lo inmutable del comportamiento humano es su inestabilidad emocional por sobre su presunta estabilidad racional.

Ciertamente, los individuos con alta estabilidad racional sufren mucho cuando deben tratar con personas de elevada inestabilidad emocional. En estos supuestos, el entendimiento entre ambos resulta prácticamente imposible (lo que -en cierta forma- es esperable, dado que una persona razona, en tanto su interlocutor no lo hace). Los choques emocionales suelen ser muy fuertes, y obnubilan la razón propia y ajena apenas se entra en contacto con otros, excepto que se tenga un control y dominio bastante grande sobre sí mismo, lo que no es frecuente de encontrar, máxime en situaciones extremas.

A veces, pienso que ese egoísmo natural que todos tenemos se puede transformar en algo muy malsano, muy dañino a otros y a nosotros mismos. Ese egoísmo irracional del que nos habla Ayn Rand puede ser letal:

“Así como la satisfacción de los deseos irracionales de los demás no es un criterio de valor moral, tampoco lo es la satisfacción de los deseos irracionales de uno mismo. La moralidad no es una competencia de caprichos (véanse los capítulos “¿No somos todos egoístas?”, p. 81, y “El individualismo falsificado”, p. 195).”[1]

No son pocas las personas que se guían por sus propios caprichos, lo que -a la corta o la larga- atenta contra ellos y -por supuesto- contra los demás.

“Un error similar es el que comete quien declara que, dado que el hombre debe ser guiado por su propio juicio independiente, toda acción que elige realizar es moral si es él mismo quien la elige. El juicio personal independiente es el hecho por el cual se habrán de elegir las acciones personales pero no es una norma moral, ni tam­poco una validación moral: sólo la referencia a un principio demostrable puede validar las elecciones personales.”[2]

Es decir, dado determinado sujeto su decisión de actuar en cierto sentido no es por sí misma una norma moral simplemente por el hecho de haber sido tomada libremente por el sujeto actuante. De tal suerte, la decisión del ladrón de robar nunca puede ser (ni es) una norma moral por la sola circunstancia de haber sido adoptada libremente por el ladrón. Es el contenido de la acción -y no la decisión de actuar- lo que determina si hay en aquella, moralidad o no.

“Así como el hombre no puede sobrevivir por medios arbitra­rios, sino que debe descubrir y practicar los principios que su super­vivencia requiere, tampoco puede el interés personal del ser huma­no estar determinado por ciegos deseos o caprichos arbitrarios, sino que debe ser descubierto y logrado mediante la guía de principios racionales. Ésta es la razón por la cual la ética objetivista es una moral de interés personal racional o de egoísmo racional.[3]

Lo opuesto al egoísmo racional es el irracional, y este es siempre malo, tanto cuando se lo practica hacia los demás como hacia uno mismo. Sin embargo, en el libro de donde hemos extraído estas citas, los autores de este -Ayn Rand y Nathaniel Branden- manejan distintas definiciones de egoísmo, no siempre coincidentes entre sí. Pero aun salvando dichas contradicciones, podemos compartir -al menos- los párrafos que aquí hemos citado.

[1] Ayn Rand; La virtud del egoísmo. Buenos Aires: Grito Sagrado Editorial. Fundación de Diseño Estratégico. p. 14

[2] Ayn Rand, la virtud del egoísmo, ibidem, p. 14

[3] Ayn Rand, la virtud del egoísmo, ibidem p. 14.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina ‏