En Pakistán perdonan a una joven cristiana condenada a muerte

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 15/11/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2191935-en-pakistan-perdonan-joven-cristiana-condenada-muerte

 

La Corte Suprema de Pakistán acaba -como cabía esperar- de absolver a Asia Bibi, una joven cristiana nacida en 1971, que
ha estado nada menos que ocho años en prisión, siempre en confinamiento solitario, mientras era lentamente juzgada por
sus presuntas blasfemias contra el Islam. Con lo sucedido hasta ahora a esa pobre mujer, su vida ha sido profundamente
lastimada. Para siempre.
Pakistán es ciertamente uno de los países más intolerantes del mundo en materia religiosa, pero lo cierto es que su más
alto tribunal judicial es reconocido por su independencia y calidad.
Asia Bibi esperaba morir en la horca, pero ello no sucederá desde que el tribunal que acaba de absolverla categóricamente,
sostuvo que las acusaciones vertidas contra ella no habían sido debidamente probadas, como correspondía.
Había sido acusada por un tan heterogéneo como extraño grupo de mujeres -que previamente le dieron una paliza y eran
sus vecinas- de haber hecho, en Punjab, algunos comentarios públicos despectivos acerca del profeta de los musulmanes.
Ellos habrían sido consecuencia de la insólita negativa de esas mujeres de tomar agua de un pozo de agua natural
comunitario, luego de que Asia Bibi bebiera del mismo con un jarro propio, a fin de la década de los 70. La joven que fuera
por ello inmediatamente detenida, tiene cuatro hijos.

En su momento, la condena contra Bibi había indignado vivamente a la pequeña pero importante comunidad cristiana
local. Ahora, su absolución ha enfurecido a algunos radicalizados musulmanes, que ante ella reaccionaron
descontroladamente.
Bibi negó, siempre, haber cometido blasfemia alguna.
Docenas de acusados de blasfemia han sido asesinados en los últimos años en las calles de las ciudades de Pakistán,
cuando sus respectivos procesos aún no habían concluido. Los asesinados incluyeron hasta a un gobernador provincial y
un ministro del gobierno nacional que, pese a los riesgos ciertos que conocían, se animaron a salir en defensa pública y
apoyo de la perseguida Bibi. Queda a la vista toda una serie de tragedias realmente tremendas, producto de la intolerancia
religiosa. Ellas no pueden silenciarse, desde que son testimonio de conductas propias de la barbarie.
Los cristianos -cabe recordar- son apenas un 1,6 % del total de la población paquistaní, de unos 208 millones de
habitantes. El propio Papa Francisco, preocupado por Asia Bibi, ha salido en su defensa. Con poco éxito, hasta ahora.
Las leyes paquistanas contra la blasfemia religiosa se sancionaron en 1860, cuando el país estaba aún bajo la colonización
británica. El Islam es la religión nacional de Pakistán. Pero no todos quienes profesan esa religión son necesariamente
fanáticos, por cierto. Los pocos que lo son ensombrecen la imagen de todos ellos.
Pese a lo ocurrido, o quizás como consecuencia de ello, Asia Bibi podría tener que abandonar a Pakistán y trasladarse a
residir en otro país, para poder vivir con un mínimo de tranquilidad, esto es sin el riesgo de ser asesinada o golpeada por fanáticos que de pronto la agredan. Una pena, por cierto. Pero la realidad puede imponerle a Bibi ese notorio sacrificio
adicional. Sus propios abogados ya han tenido que hacerlo, abandonando a Pakistán, por su seguridad personal.
Lo de Paquistán debiera poder corregirse. Siempre y cuando sus líderes políticos y religiosos lo crean necesario. Y lo es,
ciertamente.
Más allá de Pakistán, unos 150 millones de cristianos son hoy perseguidos por su fe en distintas partes del mundo. Esa
cifra, vergonzosa, es por lo demás un máximo histórico. En el marco de esas persecuciones religiosas, unos 3.000
cristianos fueron asesinados todo a lo largo del 2017. Es cierto, en el mundo de hoy los cristianos ya no se refugian
necesariamente en catacumbas, pese a lo cual, como consecuencia de las persecuciones actuales, muchos de ellos ofrendan
sus vidas sin renegar de sus convicciones. Son, entonces, mártires contemporáneos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Schiller liberal

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/11/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/schiller-liberal/

 

Johann Christoph Friedrich von Schiller (1759-1805), el célebre dramaturgo alemán, fue saludado por grandes liberales. Dice Hayek en Los fundamentos de la libertad que Schiller “probablemente hizo tanto como el que más para divulgar en Alemania las ideas liberales”. Y Mises, refiriéndose a Don Carlos, de 1787, apunta: “Schiller habla con la voz del liberalismo cuando hace que el marqués de Posa implore al rey por la libertad de pensamiento”. Es verdad que Rothbard lo critica en el primer volumen de Historia del pensamiento económico por haber sido mentor de Hegel, saludado por Carlyle, y amigo de la unidad nacional y no del individualismo, pero Emil Ludwig, en Cómo tratar a los alemanes, lo llama “el poeta de la libertad”.

Posiblemente la explicación de la contradicción estribe en las confusiones del romanticismo que desorientaron a Stuart Mill o a Guillermo Humboldt, con lo cual, como anota Pedro Schwartz en En busca de Montesquieu, “nos hemos extraviado en el universo romántico, en sus dos elementos, la autonomía kantiana de la voluntad y la espontaneidad naturalista de Rousseau”; el paso siguiente es la tragedia de los personajes de Goethe o Schiller, donde “el héroe aparece como un hombre libre, un individuo de moralidad superior, que se enfrenta con la oposición impenetrable de la sociedad que le rodea y que muere incomprendido por los filisteos con los que vive”.

Como muchos otros, Schiller pasó del entusiasmo con la Revolución Francesa al horror ante su desenlace, y a la búsqueda de los ideales liberales a través de la belleza y las nobles pasiones, y del recelo ante el racionalismo.

De ese recelo brota el respeto a la religión, y su distinción y primacía frente al poder político. Advierte la protagonista en María Estuardo: “Mi buen pueblo me ama demasiado. Las manifestaciones de su júbilo no conocen medida, y rayan en idolatría: así se honra a los dioses, no a los mortales”.

También está la libertad asociada con la religión, como en Guillermo Tell: “Dios nos dio la fortaleza de la libertad”. Esa libertad tiene consecuencias beneficiosas para la economía. Se invita en Don Carlos a admirar la “gloriosa faz de la naturaleza…enriquecida y próspera gracias a la libertad”, aunque este regalo de Dios tiene la contrapartida de la responsabilidad, y en su ausencia “permite que los temibles estragos del mal/arruinen Sus bellos dominios”.

Otro aspecto notable de Schiller es su nacionalismo, típicamente romántico, y cuyas facetas antiliberales son incuestionables. Pero también tiene otras, como lo prueban estas líneas que pronuncia Walter Fürst en Guillermo Tell. “Queremos sustraernos a la odiosa dominación y conservar íntegros los derechos que nos legaron nuestros padres, mas no ambicionar otros nuevos”. Si esto no es liberalismo…

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

De la imposibilidad del cálculo económico a la imposibilidad de la educación formal positivista

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/02/05 en: https://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/22/de-la-imposibilidad-del-calculo-economico-a-la-imposibilidad-de-la-educacion-formal-positivista/?fbclid=IwAR1Qj2k3vDPJgTM4d1y_yVsuEYAyW7OJL59Qz8zTCyIpL0CHIoP8BNf69Zw

 

Muchos recuerdan con énfasis el famoso artículo de Mises, luego devenido en uno de sus más importantes libros (“El Socialismo”, de 1922), donde el gran economista austriaco demostraba la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo. La argumentación de Mises se concentraba en que, al carecer de precios libres, por carecer de propiedad privada, el socialismo no podía realizar el cálculo de costos y precios indispensable para la economización de recursos. La conclusión general de Mises, desafiante, era esta esencial paradoja: el socialismo pretende planificar y, al hacerlo, desordena. La paradoja de la planificación es que no planifica. El mensaje de Mises, dicho 83 años atrás, aún no se ha entendido, pues ese extraño fenómeno llamado capitalismo global no es más que el intervencionismo parcial, que es un socialismo parcial que distorsiona permanentemente los precios de mercado.

Hace más de 83 años, sin embargo, que en otro ámbito, el educativo, pretendemos planificar, con análogos resultados. No me refiero a la educación estatal. Me refiero al sistema de educación planificada con sistema de notas, siendo estas últimas los incentivos básicos del sistema y el eje central del sub-sistema de premios y castigos. Este sistema no es intrínseco a la escolaridad como tal, pero es la costumbre imperante en la educación formal occidental, especialmente después que el positivismo pedagógico tiene su auge a fines del s. XIX. A veces se ha intentado salir de ese sistema; a veces sus riendas son más flojas o no, a veces la humanidad de maestros y profesores le hace de contrapeso pero………. El sistema permanece implacable, ya sea en el sector privado o en el estatal, en todo lugar del mundo donde se pretenda tener un sistema escolar “evolucionado”.

Por supuesto, niños, adolescentes y adultos siguen sin aprender nada pero…. No creo que se vea cuál es el problema. Se levantan voces de conservadorismo pedagógico, llamando al rigor, a la disciplina, a la exigencia, como solución, sin ver, tal vez, que esas voces son análogas a la del planificador socialista que quiere planificar aún más cuando saltan por doquier los desastres de la planificación.

La analogía no es tan difícil. Las notas son análogas a los precios fijados por el planificador socialista o intervencionista. El ser humano, que responde a estímulos e incentivos normales, memoriza lo necesario para obtener el 9 o el 10 necesario, y los que creen en el sistema dicen “aprendió” y colocan el 10, mandan hacer el cuadrito de honor, conceden la beca, y el sistema se retroalimenta. Por supuesto, el aprendizaje implica la memoria, pero no al revés, pero no importa, el sistema está mal estructurado desde la base. De igual modo que el precio fijado por el estado da señales que dispersan aún más el conocimiento limitado (Hayek) las notas dan una ilusión de aprendizaje. Y no hay propiedad porque, si la hubiera, el alumno podría decir “no” a una “propuesta” educativa. Pero no, es un esclavo. Claro que a veces son niños, pero se los educa como esclavos porque se los educa para seguir siendo niños. De vez en cuando algunos alumnos se mueren de stress por la famosa nota o los profesores se angustian por la falta de interés del alumnado, pero no importa, así son las cosas y hay que seguir. De vez en cuando algún alumno quiere salirse del sistema pero el eficaz modo de castigos le pondrá coto o impedirá su creatividad o su genio. De vez en cuando algún profesor querrá salirse del sistema planificado pero algún superior, y no necesariamente el estado, le llamará la atención. El sistema, obviamente, es intrínsecamente corruptor. Todo tipo de engaños y simulaciones sin ideadas para obtener la sacrosanta nota, y profesores y autoridades deben convertirse en policías. Eso los corrompe a ellos pero, fundamentalmente, a todos los seres humanos que desde los 6 hasta los 17 han sido “educados” en cómo burlar un sistema autoritario…. Que ellos perciben como “autoridad”. A esas personas, a las 18, se les dice que deben ser buenos, que no deben ser corruptos, que no deben engañar, que deben hacer una buena opción con su carrera, que deben ser buenos padres….

Hay grupos de personas que no son afectadas por el sistema. Están los que quieren aprender, libremente, y lo hacen y entonces obtienen el 9 o el 10 pero no porque sea eso lo que les interese. Están los genios que estudian lo que quieren y se aburren y sin problema repiten lo que el sistema quiere escuchar. Ninguno de los dos casos refuta al fracaso de la educación formal positivista. Hay también ciertos paradigmas técnicos cuyo manejo requiere memorizar primero y aprender después, o sea, “entrenamiento”. Y están los millones y millones que se han pervertido de por vida, y están los millones y millones de genios creativos a los cuales el sistema aplastó desde el principio. Claro, esa millonaria pérdida no puede ser registrada por el sistema de notas.

Ante esto, ¿qué hacer? Por lo pronto, no desanimarse, porque en ese sistema estamos. Pero aquellos que, y no por el sistema escolar, saben algo de la crítica en Popper, de las condiciones de diálogo en Habermas, del conocimiento disperso en Hayek, del conocimiento tácito en Polanyi, de los horizontes en Gadamer, del pensar no calculante en Heidegger, del diálogo en Buber y Lévinas, del amor a Dios en Sta. Teresa y San Juan de la Cruz, todos ellos deben saber que el sistema escolar nada tiene que ver con todo ello. Si tenemos la “mente abierta”, pensemos en esto, que es un drama que hace siglos está matando nichos desconocidos de creatividad. Y si me he equivocado, aquí estoy, abierto a la crítica. Cosa que el sistema formal de enseñanza no alienta ni permite…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Pobreza, caridad, estatismo y monopolios

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2018/11/pobreza-caridad-estatismo-y-monopolios.html

 

Muchas son las diferencias que encuentro en las actitudes personales hacia los pobres entre las personas que adhieren a ideas socialistas (o de izquierda como se las llama frecuentemente) y las que rechazan estas ideologías. Y, como expliqué en otra parte, las distintas maneras de entender la caridad es una de las tantas. Los liberales sostienen que la caridad es tal -si y sólo si– se hace anónimamente y de modo voluntario. De lo contrario no hay caridad posible.
En cualquier caso, esta no es la diferencia más importante, sino que lo realmente trascendente es que este último grupo de personas (por cierto muy reducido) hace sus labores de caridad y de beneficencia con recursos propios, en tanto el primer conjunto (el mayoritario) “clama a los cuatro vientos” que los “pobres” deben ser subsidiados, subvencionados, apoyados, etc. expoliando el fruto del trabajo ajeno (no el de los mismos proponentes) y que el encargado de tal despojo “por el bien de los que menos tienen” debe ser no otro que el gobierno por medio de la fuerza bruta “legal”. Esta sería pues la idea dominante en nuestra sociedad actual.
Creo que un rasgo característico de una sociedad culturalmente primitiva, sea el hecho de que las personas que declaman la igualdad de rentas y de patrimonios sean más admirados y hasta más respetados que las que -sin prescribir nada de eso- tratan de mejorar la suerte de sus semejantes más desfavorecidos dándoles de su propio peculio, pero sin tanta alharaca. Por supuesto, en este tipo de sociedad (un ejemplo puede ser la argentina, donde muy a menudo se observa este síndrome) existe un altísimo grado de hipocresía por parte de esos verdaderos apologistas de la “igualdad” y de sus admiradores (los que, como sus admirados, menos aún están dispuestos a dar de lo suyo a los que menos tienen). Los medios audiovisuales, por ejemplo, nos muestran a diario a grandes personajes de la farándula, el deporte y hasta de la política que no se cansan de clamar por los pobres y carenciados pero que no se distinguen por donar parte siquiera de sus fortunas por ninguno de los que tanto se lamentan ante las cámaras y los micrófonos.
Claro que, detrás de toda esta cuestión hay -como dijimos- un componente cultural muy fuerte cuyo nombre es el de estatismo. Tal como su designación lo indica, el estatismo es un sistema totalitario en el que el estado-nación todo lo estatiza (valga la redundancia. De allí lo de estatismo). Por supuesto que, hay rincones y recovecos sociales que son difíciles de estatizar, pero lo importante del estatismo no es lo que queda sin estatizar, sino que el estatismo tiende -en última instancia- a estatizarlo todo, y puede lograr ese objetivo, aunque no sea al cien por ciento en cotas cercanas a ese porcentaje. Esta es la tendencia que se observa en algunos lugares más, en otros menos. Pero lo cierto es que es la tendencia.
Y en el fenómeno estatista, tienen que ver primordialmente las ideas que mantiene el conjunto de la sociedad donde la manifestación estatista se manifiesta. El estatismo surge como aparición a partir de la idea de que la sociedad está compuesta por monopolios. A esta idea se sigue otra, por la cual dichos “monopolios sociales” tenderían (según la creencia popular) a perjudicar a la gente, ergo (como en un tercer paso) se sugiere que el único remedio que existiría para dicha “desgraciada conclusión” sería el de otorgarle un monopolio mucho mayor (lo mayor posible) al estado-nación que le permita “neutralizar” todo otro monopolio no estatal. La “lógica” de esta forma de “razonar” se pierde cuando quienes esto sostienen no pueden explicar satisfactoriamente los siguientes interrogantes:
1.       ¿Cuál sería la prueba de que la sociedad civil sería proclive a la formación de monopolios?
2.       Y si tal prueba existiera (lo que no es el caso) ¿cuál sería la razón por la cual un monopolio estatal sería mejor que otro monopolio no estatal, o -en términos más simples- no se explica por qué los monopolios privados serian “malos” y un único monopolio estatal seria “bueno” o “más bueno” que uno o más privados.
En otras palabras, si se pudiera probar que la sociedad libre conduciría al monopolio (prueba que –reiteramos- jamás nadie ha presentado) aun así no se explica porque se cree que únicamente el gobierno tendría el monopolio de la bondad.
La tesis del “monopolio social” (si así podemos llamarla) ha sido refutada una y otra vez. Quienes la sostienen no son consecuentes o, directamente, ignoran el proceso por el cual se conforma un monopolio y -sobre todo- las condiciones necesarias para ello. Son estas condiciones las que escasamente se dan en el mundo real. De allí que, los monopolios económicos que no cuentan con protección del gobierno sean pocos, raros y -a la larga- efímeros, excepto, como dejamos dicho, que los gobiernos acudan a su rescate, o los abordan directamente dentro de la estructura gubernamental (lo que sucede –por ejemplo- cuando se nacionaliza o estatiza una empresa o actividad).
Puede quizás ser posible que muchos individuos tiendan a ser (o deseen ser) monopolistas, pero en la medida que existan otros individuos que también traten de serlo, la competencia que se desataría entre ellos impediría que cualquiera de los involucrados en la misma llegara a configurar un monopolio. Y ninguno de ellos podría -sin más- eliminar la competencia, sino por medio de la fuerza, prerrogativa que en nuestra sociedad sólo posee el estado-nación, y de la que hace uso muy a menudo. El gobierno tiene dos formas básicas de eliminar o restringir la competencia: prohibiendo “legalmente” cierta actividad a todos menos a uno o algunos, o bien buscando el mismo efecto a través de restricciones monetarias, fiscales, presupuestarias, etc. para las cuales el instrumento de fondo también es el mal uso de la ley (como decía el celebrado F. Bastiat).
Esta idea errada y absurda de que el libre mercado conduce al monopolio, es una de las que da origen al mal llamado “estado benefactor” o de “bienestar” y que llevada a su extremo justificaría cualquier dictadura como -lamentablemente- la historia da testimonio a través del curso de los siglos, hasta desembocar en el nazismo, el fascismo y el comunismo, los tres derivados del socialismo.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN ESPACIOS ESTATALES SON TOTALMENTE COMPATIBLES CON EL PLURALISMO RELIGIOSO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/11/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/los-simbolos-religiosos-en-espacios.html

 

El Vaticano II, cuando define la libertad religiosa, afirma:

 “…Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil” (1965). (http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html).

Más abajo, afirma:

 “…Si, consideradas las circunstancias peculiares de los pueblos, se da a una comunidad religiosa un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad, es necesario que a la vez se reconozca y respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todos los ciudadanos y comunidades religiosas”.

 Esto implica que no es contrario a la libertad religiosa que se otorgue “…un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad”, dadas las tradiciones y circunstancias históricas, que pueden ser tan diversas. Eso implica distinguir entre laicismo y laicidad. La sana laicidad es el reconocimiento de la libertad religiosa y sus implicaciones políticas: estado e Iglesia autónomos en sus propios ámbitos, y la NO identificación entre ciudadanía y pertenencia a una determinada religión. Ello implica, a su vez, el reconocimiento de que el horizonte cultural de donde ha surgido la noción de dignidad humana y los derechos individuales es precisamente el judeocristianismo. Eso lo afirmó muy bien Benedicto XVI:

“…¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe —el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas— necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.” (2010, https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2010/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20100917_societa-civile.html)   (Obsérvese la noción de “abuso de la razón”: muy similar a lo que afirmaba Hayek).

 Y, en el discurso al Parlamento Alemán (2011), afirmó:

“…¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico de la Ilustración, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”. (http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin.html)

 O sea, el cristianismo no es un movimiento del cual derive directamente el régimen jurídico, sino que alimenta el horizonte de ideas a partir de las cuales nace un ordenamiento jurídico respetuoso de los derechos del hombre y la sana laicidad.

Por ende, en un estado que sea sanamente laico, donde sus circunstancias históricas, como Argentina o EEUU, han sido precisamente las de una cultura judeocristiana a partir de la cual ha nacido la idea de igual y derechos entre los seres humanos,los símbolos religiosos cristianos en sus propios espacios son un reconocimiento a esa tradición, a ese origen, que no pueden molestar ni ofender a nadie.

Es una mala interpretación de J. Rawls afirmar que el estado debe ser moralmente neutroEl estado nunca es moralmente neutro. Todos sus espacios son bienes públicos. Es esos bienes públicos siempre hay decisiones morales que tomar. En la Corte Suprema de Justicia, ¿cómo pintamos sus paredes? ¿Con color blanco y además con una gran imagen de Hitler, o sólo con color blanco? Es una decisión moral. ¿Con un cuadro de San Martín o con la imagen de una actriz porno? Es una decisión moral. ¿Con una cruz cristiana o con la hoz y el martillo comunista? Es una decisión moral. Inútil es que los contribuyentes se quejen de que están pagando una u otra cosa. Una vez que hay un estado federal, toda decisión que se tome al respecto va a estar pagada por los contribuyentes. Por ende, que haya una cruz, que simboliza precisamente el origen del respeto a la libertad religiosa, no debería ofender ni molestar a nadie. Y si alguien dice que no quiere pagar la cruz, lo entiendo, pero entonces que sea coherente y que no quiera pagar nada: ni la pintura, ni los bancos, ni los escritorios, etc., porque todo ello es una decisión moral.

Si en las calles (bienes públicos) de la India hubiera una imagen de buda, ¿por qué yo, católico, debería ofenderme? Y si me voy a vivir a la India, debo saber que mis impuestos están pagando todo ello. ¿Y qué? Si no me gusta debería hacerme anarco-capitalista (cosa posible) e irme a vivir a Marte (cosa que si es posible ya no sé) en mi nave espacial, donde aún no habría bienes públicos.

Si estuviera viviendo en Japón, ¿por qué me debería ofender porque una prefectura mantuviera como patrimonio cultural a un templo sintoísta? Les cuento que luego de la Segunda Guerra ya no es así, pero si volviera a ser así, ¿cuál sería el problema? Muchos de los que hoy se están rasgando las vestiduras por las cruces en nuestras sedes judiciales estarían incoherentemente felices en un tour sacando fotos de una tradición que además no entienden en absoluto ni les importa.

Se olvida también que los EEUU fueron un ejemplo de una religiosidad pública no estatal. No estatal por la primera enmienda; pública, porque ello no fue obstáculo a que los bienes públicos municipales mantuvieran tradiciones religiosas cristianas que nunca fueron contradictorios con la libertad religiosa hasta que ideológicamente se comenzó a considerar lo contrario.

El laicismo es el problema. No la laicidad. El laicismo es la ideología que odia la inexorable influencia religiosa cristiana en el surgimiento jurídico y político de Occidente. El símbolo no podría ser más “símbolo”: lo que odian es la cruz. Son capaces de pagar impuestos para un poema de Borges en el obelisco o, peor, por el monumento al asesino Guevara. Pero no vaya a ser que exista una simple cruz de madera: ah no, eso no. Y los que piensen de buena voluntad que el Cristianismo y-o el Catolicismo es igual a intolerancia, lean, alguna vez, al magisterio de Juan XXIII (con sus antecedentes en León XIII, Benedicto XV y Pío XII); al Vaticano II, al magisterio de Juan Pablo II, y sobre todo a Benedicto XVI.

 

La cruz es el símbolo del gran acontecimiento de la Historia, de donde surge el reconocimiento de la dignidad humana y sus derechos fundamentales. El Imperio Romano es el que coherentemente no podía admitir la cruzY a los nuevos imperios romanos, ocultos ahora en la fachada de libertad, estamos volviendo. Ya casi no tenemos derecho a proclamar libremente nuestras ideas si estas se oponen al Lobby LGBT; ya casi no podemos hablar si no es como dicen las feministas radicales; ya no podemos educar libremente a nuestros hijos, sino que estos tienen que aprender lo que el estado dice y sobre todo en temas sexuales; ya casi no se puede ser médico si no haces abortos o no prescribes preservativos, y, por supuesto, no se puede ejercer el libre comercio, no se puede disponer de los propios bienes, somos esclavos vigilados por la AFIP o soviets diversos como la Coneau o el ministerio de educación, y el que se revela es un inadaptado que debe ser tratado con retalina primero y rivotril después. Eso sí, tranquilos: ya no habrá cruces en los tribunales. Eso sí que es libertad. Qué bien.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL PROBLEMA DE LAS CONFERENCIAS DE PRENSA DE DONALD TRUMP.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/11/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/11/el-problema-de-las-conferencias-de.html

 

Si van a pensar que me creo que Jim Acosta es el bueno y Trump el malo, no, obvio que no. Por supuesto que la CNN y en general toda la prensa izquierdista norteamericana es culpable de las acusaciones que les hace Trump. Escondiéndose detrás de facts inexistentes, son los portavoces de toda la agenda política demócrata. Eso no está mal, excepto porque se presentan, como dije, como expositores de “hechos”. Y por supuesto que mienten. Mienten a más no poder, y además son los campeones de los dobles estándares. Obama podía hacer todas las tropelías habidas y por haber pero, por supuesto, silencio. Además se han vuelto agresivos, irrespetuosos y defensores de los ataques cuasi-kirchneristas que están sufriendo todos los miembros del gabinete de Trump y los periodistas, artistas, intelectuales y deportistas que se atrevan a defenderlo.

Dicho lo cual, Trump está desaprovechando una oportunidad histórica. Eso es inevitable, su psicología no da para lo contrario. Pero aprendamos del caso. Una conferencia de prensa, con audiencia mundial, y con repetición ad infinitum por todos los medios de internet, es una ocasión de privilegio para educar, para enseñar, para responder y refutar con altura, para explicar el sentido de una agenda de gobierno que no tenga que ver con la political correctness habitual. ¿Qué importa que un periodista quiera hacerte enojar? Obvio que lo hará. Pero esa es la oportunidad de hacer Aikido lingüístico y aprovechar la fuerza agresiva del otro para convertirla en una oportunidad de liderazgo de alto nivel. Para responder con una sonrisa que entiende perfectamente desde dónde está formulada la pregunta o agresión, y responder y explicar por qué ese horizonte está equivocado y desde dónde se fundamenta la verdad de lo que al otro le parece un horror. Para exponer los dobles estándares del que pregunta con ejemplos sencillos sin utilizar la misma agresión lingüística del otro. Para aprovechar toda oportunidad de comunicación en una enseñanza mundial de la necesidad de volver a los founding fathers de la única nación que fue, y esperemos que vuelva a ser,  que nace con los derechos individuales como pacto político esencial.

Pero al no hacer todo ello, Trump no construye liderazgo, lo pierde. Obama la tenía fácil porque, con su gran charming, que no era poco, decía además lo que casi todos querían oír. Trump en cambio tiene todo en contra. Pero el problema es que tiene en contra a sí mismo y a su propio temperamento.

 

No sabemos qué pasará en la gran nación americana. No creo que resista este intento de freno a los disvalores left y al deep state en que se convirtió los EEUU. Pero si dentro de unos años Bernie Sanders es presidente y Alexandria Ocasio-Cortez, oh Dios mío,  su secretaria de Estado, espero que los republicanos aprendan que, si aún queda algo para salvar, necesitan un estadista cuyos juegos de lenguaje estén a la altura de lo que la difícil circunstancia demanda. Trump ganó porque no tenía la sonrisa dibujada y las mentiras habituales de los republicanos de siempre. Pero la misma sinceridad que lo hizo triunfar, lo hará caer. Ahora se necesita sinceridad, pero no con Katare, sino con Aikido.  Pero ningún dirigente republicano la tiene. De un lado están las masas y sus autoritarismos de siempre. Para eso hay miles de políticos disponibles. Del otro lado es la auténtica resistencia, en la cual las masas deben ser re-educadas. Y para eso se necesita un estadista. La gran nación americana tuvo un orden constitucional precisamente para que los estadistas no fueran necesarios. Pero ahora el deep Estate se pasó a esa Constitución por encima. Los republicanos tienen que ser conscientes de todo esto. Tienen que pensar más. Tienen que saber qué realmente sucede y qué tipo de líder necesitan. Es la única esperanza.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.