Las consecuencias de la Banca Central:

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/9/22 en: https://www.youtube.com/watch?v=TOyZ_Rw2j4w

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Tres delicias fiscales

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/9/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20220911/ua2pvgdpnfgqzf7bcpf3k74f7y.html

La prensa tiene días gloriosos. Concretamente, hace un tiempo, «El País» publicó tres delicias fiscales en la misma edición.

La primera fue un artículo de Violeta Ruiz Almendral, profesora de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad Carlos III de Madrid, que participó en el Libro Blanco para la reforma tributaria. Incluye la habitual referencia al juez Holmes y su frase sobre que los impuestos son el precio que pagamos por la civilización, cuando no son un precio, ni los pagamos a cambio de nada, porque son, como su propio nombre indica, obligatorios. Sostiene que hay que evitar «discusiones en el vacío», como…si deben ¡subir o bajar los impuestos. En serio. Y alega que hay acuerdo en los asuntos tributarios fundamentales, más allá de «la prensa o las redes sociales». No es verdad –puede ver: Ignacio Ruiz-Jarabo, «Impuestos o Libertad», Ediciones Gaveta.

La segunda delicia fue este titular: «El FMI advierte del peligro de competir para bajar impuestos». Mil veces ha sido calificado el FMI como institución liberal o al menos «no sospechosa» de antiliberalismo. Stiglitz llegó a incluirlo en un fabuloso «fundamentalismo de mercado». Por supuesto, jamás ha sido así. El FMI, como las demás burocracias internacionales, no ha sido liberal nunca, y nunca ha pedido que bajen los impuestos, sino al revés. Criatura de los Estados, siempre ha actuado en su defensa, y ahora también, avisando del «peligro» de la catástrofe que significaría que la opresión fiscal del pueblo disminuyera.

Hablando de opresión, la tercera delicia fiscal venía tras este titular: «La invisibilidad del figurante». Era el típico artículo que les gusta a los periodistas progres, cuando localizan a un grupo al que puede asignar ese tipo de calificativos: invisibles, marginados, empobrecidos, etc. Lo espectacular del caso es que, siendo verdad que los figurantes son oprimidos, el texto en cuestión explicaba por qué están tan maltratados, y resulta que la explicación desmiente dos mitos caros al progresismo: la idea de que los impuestos los pagan los ricos, y la idea de que la reforma laboral ha sido ventajosa para la clase media y trabajadora. La realidad de los figurantes, en cambio, leída en la prensa progresista, es la siguiente: «El colectivo reivindica la actualización de su salario, que se ve aún más mermado con la subida del IRPF propiciada por la reciente reforma laboral».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

La actualidad política de Woody Allen


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/9/2
en: https://www.infobae.com/opinion/2022/09/10/la-actualidad-politica-de-woody-allen/

En la película Bananas, en el contexto de sucesos hilarantes, el célebre director ilustra la canallada del Leviatán

Woody Allen

Woody Allen

A través del tiempo aquí y allá aparecen producciones cinematográficas que son calcos de ocurrencias varias. Esto ha sucedido con la quinta producción de Woody Allen en 1971 que ha sido escrita, dirigida y actuada por él. Bananas es básicamente una sátira política pero que lamentablemente refleja lo que tiene lugar en no pocos lares con gobiernos que han perdido el rumbo en cuanto a la protección de los derechos de las personas para en su lugar aniquilarlos. Son sujetos atados a los aparatos estatales que se consideran con las capacidades de dirigir vidas y haciendas ajenas con total desparpajo produciendo todo tipo de iniquidades y, sobre todo, conduciendo a la miseria más horripilante a todos los habitantes excepto siempre a un grupo de cortesanos mientras se mantengan dúctiles a los deseos de los amos circunstanciales instalados en el poder.

Toda la secuencia ocurre en un país que se conoce como San Marcos. Se inicia con el asesinato de un ex presidente que es asediado por periodistas y cámaras televisivas para tomar las últimas e insólitas declaraciones del malherido por las balas opositoras no para liberar a esa nación sino para sojuzgarla aun con mayor vehemencia.

El film muestra la miseria de la población y los caprichos que una y otra vez imponen los mandones de turno que tiene reminiscencias de la dictadura cubana y los permanentes desafíos a la embajada estadounidense con la consiguiente quema de su bandera como señal estúpida de una falsa independencia.

En el contexto de sucesos hilarantes para el público pero dramáticos para los habitantes del lugar al reflejar las inmensas contradicciones y sandeces del gobierno, se ilustra la canallada del Leviatán local con una escena en la que el dictador se dirige a una multitud que convoca forzosamente desde el consabido balcón y les grita a una perpleja audiencia de hispanoparlantes una de las tantas decisiones absurdas: “A partir de mañana el idioma oficial será el sueco.” Esto refleja a las mil maravillas la imbecilidad de megalómanos incrustados en el monopolio de la fuerza.

Esta producción sigue exhibiéndose con éxito lo cual es de esperar que entre risa y risa también despierte la indignación de personas que conservan su dignidad y renuncian a dejarse manejar como corderos.

"Bananas", película de Woody Allen.«Bananas», película de Woody Allen.

A esta altura del siglo veintiuno es a todas luces inaceptable que existan países que se dejen arrastrar por estos canallas. Es indispensable recapacitar y no permitir estos desquicios por seres que se consideran iluminados pero que a la postre son unos mequetrefes cuya única capacidad es el uso indiscriminado de la violencia. Como escribe Allen en Sin plumas: “Nuestros hombres políticos son incompetentes o son corruptos. Y a veces las dos cosas en el mismo día.” No es que este director de cine adhiera a la tradición de pensamiento liberal pero muchas de sus producciones escritas y en el arte visual constituyen cantos a la necesidad de rebelarse frente a tanto desatino.

Antes de cerrar esta acotada nota periodística reproduzco algunas de las frases más graciosas de Woody Allen con la intención de distraer en algo a los lectores habitualmente ametrallados con noticias cotidianas a cada cual más desagradable, pero antes hago una digresión para aludir a un concepto que se ha dado en denominar “disonancia cognitiva” y que refleja el grave problema de entregarse a las fauces del poder político (que como también se ha dicho debe por lo menos ser rotativo pues “igual que con los pañales, los políticos en funciones deben cambiarse y por las mismas razones”).

Es de interés indagar en los motivos que hacen que personas formadas con determinados valores en los que creen, en la práctica de la vida operan a contramano de aquellos principios. En economía hay un precepto que se denomina “la preferencia revelada”: no importa en qué consistan los discursos y las declamaciones, lo relevante son las acciones que en verdad ponen al descubrimiento los valores que se profesan.

Si una persona dice y repite que lo importante para él es la lectura pero se pasa la vida jugando al tenis, en la práctica, pone de manifiesto que lo prioritario para él es el deporte y no la lectura. Sin duda que también hay que tener en cuenta que pueden sostenerse de buena fe ciertos principios y, en los hechos, se violan debido a que “nadie puede tirar la primera piedra” en el sentido de que todos nos equivocamos. Pero el asunto es la continuidad en el tiempo: si permanentemente se cae en el pantano y no hay esfuerzo alguno para mantener la brújula y subirse a la huella y rectificarse, queda claro el principio que se aplica eclipsa y deglute al declamado. Sin duda que peor que esta situación es olvidarse de los mojones y parámetros de la conducta recta y ni siquiera declamarlos porque, en ese caso, se borra toda esperanza de reencauzar la acción hacia la buena senda.

En esta misma línea de pensamiento, intriga cómo es que muchos estudiantes universitarios que, dados lo tiempos que corren, tienen el raro privilegio de atender clases en las que se exponen las ventajas de la sociedad abierta o quienes han obtenido los beneficios -también poco comunes- de haber recibido esa educación en sus hogares y adhieren a esa forma de convivencia basada en el respeto recíproco, pero, sin embargo, en los avatares de la vida, en la práctica, renuncian a esos valores. Y lo curioso es que no lo hacen porque deliberadamente abandonan ese modo de pensar, al contrario, insisten en suscribir los pilares de la sociedad libre en el contexto de las relaciones sociales pero, nuevamente decimos, en los actos cotidianos ese pensamiento, de tanto amoldarse a las opiniones que prevalecen, se diluye y finalmente es devorado y triturado por los hechos diarios.

La explicación consiste que en numerosos casos, la persona aún manteniendo en las palabras esos principios, percibe que en el mundo que lo rodea las conductas son muy otras y, para sobrevivir, como si se tratara de un instinto inconsciente de supervivencia, aplican los valores opuestos en lugar de hacer frente a los acontecimientos e intentar revertirlos para mejorar la situación.

Internamente se pretende el autoengaño que, para suavizar la tensión subyacente, aparentan mantener los principios en los que racionalmente adhieren pero todos sus dichos y hechos apuntan en la dirección opuesta. Muchas veces de tanto simular terminan creyendo en sociedades autoritarias de diverso grado. Al fin y al cabo, como ha escrito Nathaniel Hawthorne en La letra escarlata “Ningún hombre puede por un período considerable de tiempo usar una cara para él mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse acerca de cuál es la verdadera”.

Independientemente de las concepciones del psicólogo Leon Festinger en otros ámbitos, fue él quien bautizó en 1957 la idea de la referida tensión (aunque aplicada a casos y, en cierto sentido, contextos diferentes a los aquí expuestos) como “disonancia cognitiva”. Un neologismo fértil para explicar el fenómeno a que nos venimos refiriendo. Me llamó la atención sobre este término y el profesional que lo comenzó a utilizar, mi amigo Alberto Mansueti, de la Universidad de San Pablo.

Hay otra situación a la que también aplicamos la antedicha noción de “disonancia cognitiva” y es cuando una persona sostiene que procede convencida de la más alta calidad de un bien pero queda a todas luces patente que su conducta obra por snobismo, show-off, para llamar la atención o simplemente para esconder algún complejo. Es cuando se encandila por precios altos de un bien y está atraída a su compra, no tanto por el contenido de lo que adquiere sino precisamente por el precio especialmente elevado.

Como es sabido, en economía se enseña que cuando el precio aumenta la demanda decrece (según sea su elasticidad). Sin embargo, se sostiene que en el caso comentado no tiene lugar la mencionada ley puesto que cuando el precio se incrementa se incrementa también la cantidad demandada. Esto no es así. Hay un espejismo que se conoce como “la paradoja Giffen” (por Robert Giffen, a quien Alfred Marshall le atribuyó la autoría del concepto). En realidad la ley se mantiene inalterada, lo que ocurre es que aparece un nuevo bien que se superpone al anterior y es el snobismo o sus antes referidos equivalentes que hacen de nuevo producto, para el que al elevarse el precio naturalmente se contrae la demanda.

Nadie declara que procede por snobismo, incluso puede pensarse que no se opera en base a esa tontera pero, en la práctica, la tensión interna hace que tenga lugar el autoconvencimiento de que se compra el bien en cuestión debido a “la calidad superior del mismo”. Dicho sea de paso, esa es, por ejemplo, la razón por la que la botella del vino Petrus se cotice a cinco mil dólares ya que no hay fundamentos enológicos para tal precio en comparación con otros vinos de igual o mejor calidad pero sin el mercadeo y la presentación de aquel (reflexión que para nada se traduce en que el valor deja de ser puramente subjetivo y dependiente de la utilidad marginal). Esto también ocurre con la pintura, la moda y otras manifestaciones públicas de variado tenor y especie pero, de más está decir, esta no es la tendencia prevaleciente en el mercado ya que la gente elige microondas, comida, televisores y demás bienes por su calidad y no por esnobismo (de lo contrario, con suficiente mercadeo y publicidad se podría convencer a la gente que use candelas en lugar de luz eléctrica, carpas en lugar de edificios, monopatines en lugar de automóviles etc).

Otro ejemplo -lamentablemente de gran actualidad por estos días- es el método Ponzi (llamado así por el célebre estafador Carlo Ponzi emigrado a Estados Unidos de Italia en 1903) que se basa en un esquema piramidal en el que se prometen altos rendimientos sustentado en ingresos de nuevos inversionistas engatusados por grandes retornos y no debido a prometidas pero inexistentes colocaciones de fondos tomados de los clientes. Ha habido sonados casos de quienes sospechaban el fraude pero se autoconvencían de supuestos éxitos y habilidades de los tramposos…otra vez, la “disonancia cognitiva” (y no se trata de introducir más regulaciones estatales sino de abrir paso a las auditorías de los “inversionistas” o de los controles societarios si se trata de ejecutivos que operan de ese modo para que los accionistas tengan adecuada información en base a la flexibilidad y los necesarios reflejos libres de la intromisión gubernamental, aparato que debe limitarse a condenar luego del correspondiente proceso a los denunciados, del mismo modo que no se requieren disposiciones especiales para evitar que se vendan pollos en mal estado).

En todo caso, el punto central de estas reflexiones consiste en destacar esos raros y un tanto misteriosos vericuetos internos que apuntan al alivio de tensiones entre posiciones opuestas a través del autoengaño o la “disonancia cognitiva” que conducen a los episodios de Bananas que también fueron ilustrados por otro actor colega: “Los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos y por los mismos motivos.”

Vamos finalmente al recreo anunciado al transcribir siete de las humoradas de Woody Allen:

-”La eternidad se hace muy larga, especialmente la última parte”

– “Más que ningún otro tiempo en la historia de la humanidad estamos frente a una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación y a la negación de toda esperanza. El otro desemboca en la total extinción. Recemos para tener la suficiente sabiduría al efecto de elegir correctamente”

– “La confianza es lo que se tiene antes de haberse enterado del problema”

– “El sexo es la mejor diversión sin reírse”

– “Uno viviría hasta los cien años si es capaz de renunciar a todo aquello por lo que desearía vivir hasta esa edad”

– “La última vez que penetré en una mujer fue cuando visité la Estatua de la Libertad”

– “Creo firmemente que hay algo allí afuera que trasciende y nos observa, pero lamentablemente es el gobierno”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

DESPUÉS DE LUJÁN: EL NUEVO CREDO DE LA IGLESIA NACIONAL PERONISTA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/9/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/09/despues-de-lujan-el-nuevo-creo-de-la.html

Creo en Perón,

Dios padre todopoderoso 

Creador de toda la miseria

De toda la visible y la invisible.

Creo en un solo Partido, Justicialista, hijo único de Perón 

Nacido de Mussolini antes de todos los siglos

Perón de Perón

Luz del Estado

Perón verdadero de Perón verdadero,

Engendrado, eso seguro

De la misma naturaleza del hambre

Por quien todo fue deshecho, 

Que por nosotros los hombres 

Y para nuestra perdición 

Subió del infierno 

Y por obra del poderoso Estado 

Se encarnó de Evita, la Santa

Y por nuestra causa 

se fue corriendo

En tiempos que casi te mato. 

La pasó bomba y fue exaltado

Y resucitó a la tercera de cuarta

Según sus escritores 

Y subió a la gloria

Donde está sentado a la derecha del hambre

Y de nuevo volvió con sorna

Para arruinar a vivos y muertos, 

Y su reino no tiene fin. 

Creo en el espíritu del líder

Señor y dador de muerte

Que procede del odio y la envidia

Y con el odio y la envidia

Recibe una misma adoración y gloria 

Y que habló por sus profetas.

Creo en la iglesia peronista

Que es una, chanta, caótica y alcohólica

Confieso que hay un solo partido para el perdón del capital

Espero en la resurrección de Néstor,

Y en Cristian eterna 

Amén.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Los «antisistema»


Por Gabriel Boragina. Publicado en:
http://www.accionhumana.com/2022/09/los-antisistema.html

Cada tanto suelen aparecer personajes que dicen que todo está mal y que quieren y pueden cambiar todo de raíz.

Se suelen presentar y denominar como los antisistema. Son una especie de revolucionarios, pero esta palabra no los representa, porque una revolución evoca procesos signados por la violencia, y un individuo »antisistema» lo que propone es algo así como una »revolución sin revolución» (es decir, sin violencia mediante) pero tampoco reivindica una evolución.

En el mejor de los casos, no pasan de ser los utópicos que han existido en todas las épocas. Su notoriedad nace de su excentricidad. Se creen genios, y es mucha la gente que los toma por tales. Pero tal supuesta genialidad no es más que pura extravagancia. Este se podría catalogar como un primer grupo de personajes antisistema. Pero hay diversos tipos de ellos.

En otros casos son personas comunes, pero un poco más inteligentes que los del grupo anterior, con un insaciable ansia de protagonismo enorme, que saben que lo que proponen es humanamente imposible, pero de cualquier manera, su objetivo pasa no por hacer lo que proclaman sino por adquirir esa notoriedad que los conducirá a beneficios personales económicos o de fama, o ambas cosas a la vez. Es decir, salir del anonimato que tanto los agobia y no más que eso. Son peligrosos porque, en realidad, son conscientes de su utopía, y si consiguen seguidores incautos es a través del engaño.

Pero vamos a hacer de cuenta que los tomamos en serio por un momento (aunque no lo merezcan) y analizar si su discurso (de revolución sin revolución ni evolución) es factible.

El primer problema que tienen estos personajes es que creen que la única manera de cambiar un sistema es ‘’desde dentro’’ mismo del sistema que se quiere cambiar o eliminar. A poco de meditar sobre el tema, podemos advertir lo contradictorio del asunto.

Pongamos un ejemplo muy gráfico y concreto pero que servirá para ilustrar el punto. Si quiero demoler un edificio que amenaza ruina, está claro para cualquier persona racional que, para dinamitarlo yo debo hacerlo desde fuera de él y no desde dentro, porque junto con el edificio yo mismo desaparecería con él. El ejemplo ilustra el principio general que los sistemas (edilicios o no) sólo se puede cambiar o destruir desde fuera de ellos y no formando parte de los mismos.

Cuando al Señor Jesús los fariseos lo acusaron de echar demonios en nombre de Beelzebú (el príncipe de los demonios) Nuestro Señor Jesucristo los refutó precisamente con ese mismo argumento (que en rigor es Suyo y no mío).

Jesús les contestó (con lógica impecable) que si El echaba demonios por el nombre de Beelzebú, significaría que el diablo estaría dividido contra sí mismo. »Una casa dividida contra si misma o un reino dividido contra sí mismo no podría permanecer» les respondió. El reino desaparecería junto con el rey. Jesús estaba completamente fuera del sistema demoníaco, por eso podía combatirlo y vencerlo con total comodidad. No podría haberlo hecho si formaba parte del sistema.

Este principio es válido para absolutamente todo y no solamente en materia religiosa o filosófica. También aplica a la política y la economía que son los campos que más hemos estudiado.

Hay más ejemplos que son hasta de sentido común y de experiencia de vida. Veamos algunos pocos por falta de espacio.

La gran mayoría de las personas tenemos tendencia a ver con mayor facilidad los defectos ajenos que los propios. El maestro puede enseñar porque no es el alumno y puede ver con más claridad que es lo que el alumno sabe o no sabe y corregirlo.

Exactamente lo mismo sucede con la sociedad y las instituciones que la representan. Por eso, es más simple reformar las cosas externas que las internas.

Siguiendo con los ejemplos arquitectónicos, para ver una rajadura en la pared es obvio que tenemos que estar fuera de la pared y no dentro de ella. Para vernos a nosotros mismos necesitamos un espejo, que es un objeto externo a nosotros, caso contrario no podríamos. Lo mismo sucede con los sistemas, para poder ver sus defectos y modificarlos o destruirlos tenemos que hacerlo desde fuera de ellos, no desde dentro.

Es a través del cliente (sujeto externo) que el comerciante o empresario se da cuenta de que anda mal en su comercio o empresa, y no a través de sí mismo. Cuando se trata de temas sociales, los cambios siempre se producen por conducto de referencias externas y no internas, porque somos seres sociales.

Todos somos propensos a minimizar nuestros defectos y a justificarlos. Precisamente, en esto se traduce el mayor esfuerzo que implica cambiarse a uno mismo que modificar a otros. Esto no quiere decir que seamos siempre malos y los demás buenos. Corregir a otros es necesario, porque nadie es perfecto. Solamente estoy hablando de perspectivas y sus ángulos. Por ello, también necesitamos de los otros (fuera de nuestro sistema de comportamiento) para corregirnos a nosotros mismos.

Muchas compañías tienen predisposición a creer que sus servicios, productos y empleados son excelentes. Sin embargo, la lógica del mercado, la competencia (que es un elemento externo a la empresa) es la que les indicará fortalezas y debilidades y, en base a ese mecanismo de mercado, deberán hacer los cambios necesarios, o ser barridos por la competencia.

Los políticos llamados ‘’antisistema’’, que ingresan a la política con el burdo y hasta pueril pretexto de ‘’cambiarla’’ o ‘’destruirla’’ desde ‘’adentro’’ se contradicen a sí mismos y se mienten (en el mejor de los casos) y están ex profeso traicionando a sus electores (en el peor).

Conclusión: si se quiere cambiar el sistema se debe hacerlo desde fuera de él. Si se quiere hacerlo desde dentro se terminará formando parte del sistema en lugar de cambiarlo, y mucho menos se logrará ‘’destruirlo’’. Por el contrario, una vez dentro se tenderá a justificarlo y la proclividad al cambio se irá perdiendo por ese conservadurismo que todos tenemos en nuestras propias cosas, costumbres, tradiciones, ideas, modos de vida etc. El sistema te cambiará a ti y no tú a él.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Apuntes en torno al fenómeno de Javier Milei

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/9/2en:

De un tiempo a esta parte irrumpe en nuestro país un cambio en las ideas estatistas que se habían apoderado de muchas personas, comienza una lenta pero esperanzadora transformación desde el estatismo al liberalismo, especial aunque no únicamente en los jóvenes que apuntan a los valores alberdianos.

Esta mudanza intelectual viene trabajándose desde hace tiempo desde la academia pero hoy surge en el nivel político, donde aunque por el momento minoritario, resulta creciente. Este último plano se debe a Javier Milei, que procede a contracorriente de la fracasada y empobrecedora noción de otorgarle al aparato estatal funciones que contradicen la tradición constitucional de circunscribirlas a la protección y garantía de los derechos individuales anteriores y superiores a la constitución de un gobierno.

En este contexto Milei viene batallando con gran mérito y perseverancia en la imperiosa necesidad de liberar energías creadoras de la encerrona que imponen megalómanos, vía regulaciones asfixiantes, gastos colosales, tributos astronómicos, inflaciones galopantes, legislaciones laborales contrarias al trabajo, manipulaciones cambiarias y cerrazones al comercio internacional, junto a manotazos a la independencia de los poderes y amenazas reiteradas a la libertad de prensa, todo a la vista de corrupciones alarmantes.

Asimismo se ha pronunciado categóricamente en contra del homicidio en el seno materno conocido como “aborto”, en línea con pronunciamientos científicos como, en nuestro medio, el de la Academia Nacional de Medicina. Ha explicado los errores del llamado “ambientalismo” como excusa para destruir la propiedad privada a través de figuras como los “derechos difusos” y la “subjetividad plural”, en consonancia con pronunciamientos como los del premio Nobel en física Ivan Giaever, el fundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore. Ha propuesto el sistema de vouchers para la educación al efecto de financiar la demanda y no la politización a que inexorablemente conducen los desembolsos para alimentar la oferta, tal como insistía el premio Nobel en Economía Milton Friedman, también aplicables a los sistemas de salud. Y ha detallado sus reformas en tres pasos para salir del enjambre en que estamos.

Se ha dicho equivocadamente que Milei es la antipolítica cuando en verdad una y otra vez se ha pronunciado en contra de la indecencia en la política para reivindicarla en el sentido alberdiano. Esto desde luego no excluye prestar atención a otros paradigmas vinculados al monopolio de la fuerza que denominamos gobierno, como es el debate referido al dilema del prisionero, la asimetría de la información, los bienes públicos, las externalidades, el teorema Kaldor-Hicks y el equilibrio Nash. Solo las mentes conservadoras enredadas en pesadas telarañas mentales del statu quo son incapaces de mirar más lejos y entender que el conocimiento no es un puerto sino una navegación, por lo que, como reza el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales. Como ha apuntado John Stuart Mill, “todas las buenas ideas pasan por tres estadios, la ridiculización, la discusión y la adopción.”

Milei sufre embates en no pocos frentes: los socialistas, los que no pueden digerir los celos y la envidia, los que están en tránsito desde ideologías autoritarias pero aún no pueden masticar píldoras demasiado grandes, operaciones con falsedades de políticos que ven amenazados sus espacios y, desde luego, el siempre presente tontaje bien intencionado. De todos modos es del caso subrayar cómo el personaje de marras ha forzado el corrimiento en el eje del debate en el discurso de otros políticos que están muy alejados del pensamiento liberal pero que han debido mutar la parla para no perder votos; en este sentido no hace falta más que prestar atención a los siempre indiscretos archivos.

Lo dicho en modo alguno significa que tengamos coincidencias en todo lo que expresa este candidato. Los liberales no somos una manada y detestamos el pensamiento único; entonces, bienvenidos los intercambios de ideas. Como nos ha enseñado Karl Popper, el conocimiento tiene la característica de las corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones lo cual permite el progreso. Esto no adhiere al relativismo que además de convertir en relativa esa postura, se contrapone al necesario correlato entre el juicio y el objeto juzgado, ya que las cosas son independientemente de nuestras opiniones. La faena de reducir nuestro mar de ignorancia la convierte en un permanente peregrinar en busca de tierra fértil en que sostenernos. Milei ha hecho muchas veces este punto en el contexto de sus marcadas simpatías intelectuales por la Escuela Austríaca encabezada por Carl Menger, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Israel Kirzner y Murray Rothbard.

De un largo tiempo a esta parte nuestro país viene devorado por el estatismo, luego de haber sido el aplauso del mundo desde la Constitución liberal de 1853/60 hasta el fascismo del 30 y el peronismo del 43 surgidos de sendos golpes militares, una situación de la que no hemos sido capaces de liberarnos hasta el presente, consumidos por una monotonía alarmante en la sandez permanente que incluye la guillotina horizontal del igualitarismo.

En este cuadro de situación hay quienes critican a Milei por su peinado y por haber recurrido a veces a modos altaneros, pero parece que los críticos no se percatan del peligro que corremos de caer en las garras del chavismo autóctono, por lo que aparentemente han perdido el sentido de la proporción y el equilibrio elemental. Más: en algunos reportajes Javier Milei demuestra una admirable paciencia al ser interrumpido en temas que requieren razonamientos y concatenaciones detenidas. En otros casos aparece la veta del show en ciertos actos públicos. Cada uno tiene su estilo. Pero nuevamente debemos ubicarnos en lo que nos viene ocurriendo desde hace la friolera de casi siglo. Es la primera vez que en la historia argentina aparece un discurso de la naturaleza y profundidad de la que venimos comentando en la escena política.

Como es de público conocimiento participé en tres reuniones por zoom con Milei y Mauricio Macri con la intención de acercar posiciones alejadas en la contienda electoral, las que sucedieron el 23 de diciembre del año pasado, el 28 de enero y el primero de junio del corriente año. Tres encuentros cordiales pero con independencia del resultado en las elecciones y los múltiples esfuerzos por unir principios afines, el testimonio que deja Javier Milei es agradecido por todos los genuinos partidarios de una sociedad libre. Antes del zafarrancho viral en que estamos aun inmersos, tuve una tenida académica con Milei en la Universidad de Belgrano, colmada de jóvenes. Pero antes que la inmensa marea de gente en ese acto, destaco muy especialmente la calidad de preguntas que pusieron de manifiesto, que no eran para lucirse y salir del paso, sino que había mucha biblioteca tras esos sustanciosos interrogantes. Luego, lo del teatro Broadway, presentaciones académicas en las que participamos con colegas por invitación de Milei, con propuestas que apuntan a cerrar los grifos de la inflación.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Tienen derechos los animales? Y si así fuera, ¿tienen también obligaciones como tenemos nosotros?

Por Martín Krause. Publicada el 6/9/22 en: https://bazar.ufm.edu/tienen-derechos-los-animales-asi-tienen-tambien-obligaciones-tenemos/

¿Tienen derechos los animales y otras criaturas o elementos de la naturaleza o elementos “sensibles” como ahora se los referencia? Siempre he tenido dificultad en comprender esto ya que quienes tenemos derechos, al mismo tiempo tenemos obligaciones, la principal de ellas es la de respetar el mismo derecho que tienen los demás. Entonces, ¿si afirmo que una serpiente venenosa es un ser sensible y tiene derechos, a no ser agredida, por ejemplo, estará dispuesta a respetar mi derecho a no ser agredido? Hum….

Me huele a que son más bien derechos que ciertos humanos buscan otorgar a quienes intentan de alguna manera representar. Es decir, los seres “sensibles” no tienen capacidad de defender esos derechos por sí mismos, son humanos que lo hacen. ¿Cómo podemos saber que el ser humano A o B representa mejor a esos seres sensibles si ellos mismos no nos lo hacen saber?

En fin, es que trata estos temas, pero este paper se refiere, desde otra perspectiva, por supuesto, a los distintos enfoques que compiten para asignar derechos:

Dellavalle, Sergio, Granting Rights to Nature? Considerations on Three Different Approaches to the Question (May 3, 2022). Max Planck Institute for Comparative Public Law & International Law (MPIL) Research Paper No. 2022-09, Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=4099819  or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4099819

“Según el pensamiento moral, político y jurídico occidental moderno, sólo los individuos vivos pertenecientes a la especie humana tienen derechos originales. Sin embargo, recientemente se ha hecho el reclamo de que los derechos inherentes también deben reconocerse a las entidades que antes estaban excluidas de los derechos prima facia. Entre los posibles “nuevos” titulares de derechos se encuentran entidades pertenecientes al mundo natural, como animales sintientes no humanos, seres vivos en general e incluso componentes del entorno natural como biotopos y ecosistemas. La concesión de derechos a entidades naturales se ha reivindicado recurriendo a tres estrategias diferentes. La primera puede definirse como la estrategia de “derechos como intereses razonables”: de acuerdo con su supuesto central, los derechos deben otorgarse a todas las entidades de las que pueda suponerse razonablemente que tienen intereses identificables relacionados con su existencia, por ejemplo, un interés en prosperar. o no sentir dolor. La segunda estrategia argumenta que los derechos deben atribuirse a todas las entidades que se caracterizan por un valor inherente y específico derivado de ser parte de una red orgánica, de larga data y altamente compleja de interacciones mutuas dentro de una comprensión holística del mundo. La tercera estrategia, finalmente, fundamenta los derechos en la capacidad de las entidades para ejercer la agencia calificada, de modo que ser titular de derechos depende de la capacidad de desplegar acciones reflexivas encaminadas a un fin determinado. El artículo analiza las consecuencias de la aplicación de cada estrategia a todas y cada una de las dimensiones del mundo natural no humano al que se suponen atribuidos viejos o nuevos derechos. Dicho de otra manera, la primera pregunta será si los animales sintientes no humanos, los seres vivos en general o partes del entorno natural pueden considerarse titulares de derechos si adoptamos la estrategia basada en intereses. Las dos secciones siguientes abordarán la misma cuestión con referencia, respectivamente, al enfoque holístico ya la estrategia de la agencia. La sección final extrae las conclusiones de los análisis anteriores y esboza los contornos de una teoría general de la dotación de derechos a entidades no humanas de acuerdo con un enfoque basado en el reconocimiento revisado y mejorado.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El intento de homicidio contra CFK y las ideas de Hans Hermann Hoppe

Por Iván Carrino. Publicado el 2/9/2en : https://www.ivancarrino.com/el-intento-de-homicidio-contra-cfk-y-las-ideas-de-hans-hermann-hoppe/

Por la noche de ayer, cuando la vicepresidenta de la nación llegaba en un auto oficial a su departamento ubicado en Recoleta, apareció entre la multitud un sujeto que, con un arma Bersa calibre 32 disparó a centímetros de su rostro. El disparo (se dice que Fernando Sabag Montiel gatilló dos veces), no salió de la pistola y, finalmente, nadie fue herido.

El acto, no obstante, aparece como un claro intento de homicidio y así lo ha calificado la justicia.

¿Un loco suelto? Tal vez.

¿Una pantomima armada por el propio kirchnerismo para victimizarse? No lo veo necesario, aunque tampoco se puede descartar.

¿Un sujeto enojado, motivado por un clima político caldeado y con un fuerte sentimiento de “antikirchnerismo”? Si no descartamos la segunda hipótesis, ¿por qué descartar esta?

¿Y qué tal alguien que cree que está liberando a un pueblo oprimido? Una persona que, en sus cabales o no, piensa que matando a la ex presidenta CFK, le hará un favor a su país.

Esta última forma de proceder es la que emplearon los grupos guerrilleros de izquierda en la época de los 70. Para liberar al “pueblo oprimido” por el “capitalismo explotador”, decidieron alzarse en armas contra el “gestor de los negocios de la burguesía”, como Marx calificó al gobierno. Secuestrar y matar fueron poca cosa al lado de tan noble objetivo colectivo.

¿Puede algo así surgir a la derecha? Perfectamente sí y de hecho ha ocurrido con el fascismo, el nazismo y otros tantos movimientos en diversas partes del mundo. Ahora quien recientemente, desde una perspectiva supuestamente “libertaria” y “austriaca”, le otorga algún sustento intelectual a la violencia política es Hans-Hermann Hoppe.

En un artículo del año 2014, titulado “Análisis de clase Marxista y Austriaco”, Hoppe sostiene que, en esencia, Marx tenía razón en su apreciación sobre la historia como una lucha de clases. No obstante, a los ojos de Hoppe, Marx solamente se equivocó al considerar que las clases enfrentadas en esa lucha eran la burguesía capitalista y el proletariado trabajador. De acuerdo con Hoppe, las clases enfrentadas son la del sector productivo versus la del sector improductivo de la sociedad, que vive a costa del primero.

Marx vio la explotación en el sistema de producción capitalista. Hoppe ve la explotación en el sistema político, en la existencia de un estado que “expropia” y se apropia del trabajo ajeno (“los impuestos son un robo”, dicen los memes).

La explotación es la expropiación de los propietarios, productores y ahorradores por parte de los no propietarios, no productores, no ahorradores y no contratistas que llegan tarde; es la expropiación de las personas cuyas reivindicaciones de propiedad se basan en el trabajo y el contrato por parte de personas cuyas reivindicaciones se derivan de la nada y que hacen caso omiso del trabajo y los contratos de los demás. Huelga decir que la explotación así definida es en verdad una parte integrante de la historia de la humanidad. (…) Y en el curso del desarrollo económico, así como los productores y contratistas pueden formar empresas, entidades y corporaciones, así también los explotadores pueden combinarse con empresas de explotación a gran escala, gobiernos y Estados.

La lucha de clases, entonces, está entre la clase política (o podríamos decir “casta”) y la clase trabajadora que ya no distingue entre empresarios y asalariados, sino que ambos forman parte del mismo grupo, víctima del estado explotador.

A la manera marxista, Hoppe seguirá diciendo que la forma de resolver este conflicto es la conciencia de clase, y que finalmente producto de la concentración del poder estatal, se darán las “condiciones objetivas” para pasar a un mundo mejor, donde no existan más los gobiernos y todos vivan en una sociedad anarcocapitalista.

Es necesario aclarar que en ningún momento Hoppe sugiere que haya que proceder en forma violenta, ni llama al magnicidio.

Pero yo me pregunto: ¿hace falta hacerlo? Mi preocupación fundamental con la idea de las “clases enfrentadas” es que siempre puede haber alguien (un individuo o un grupo de individuos) que quiera ser el liberador de los oprimidos. Y –como decíamos antes- al lado del fin tan noble de la liberación, todo acto aberrante como el secuestro o el asesinato quedan minimizados. Esa es la lógica llevó a matanzas y guerras civiles en el pasado.

¿No es hora de que la abandonemos, en lugar de que la justifiquemos con tintes “libertarios” y “austriacos” que, además, correctamente leídos son completamente incompatibles con esta interpretación de la historia?

Ludwig von Mises, a quien Hoppe intenta rendir homenaje con su panfleto, fue una de las figuras más importantes de la escuela austriaca de economía, y lejos estaba de compartir las ideas del alemán. En su Acción Humana (p. 181, 2011), defendió sin ruborizarse al sistema democrático:

La democracia no es, por tanto, una institución revolucionaria. Al contrario, es el mejor sistema para evitar revoluciones y guerras civiles, porque hace posible adaptar pacíficamente el gobierno a los deseos de la mayoría. Si quienes ejercen el poder no satisfacen ya a la mayoría, ésta puede —en la próxima elección— eliminarlos y sustituirlos por otros que defiendan programas diferentes. El principio del gobierno mayoritario o gobierno por el pueblo recomendado por el liberalismo no aspira a que prevalezca la masa, el hombre de la calle. No defiende, como algunos críticos suponen, el gobierno de los más indignos, zafios e incapaces. Los liberales no dudan de que a la nación le conviene sobre todo ser regida por los mejores. Ahora bien, opinan que la capacidad política debe demostrarse convenciendo a los conciudadanos y no echando los tanques a la calle. (…) Si la mayoría de la nación sostiene ideas equivocadas y prefiere candidatos indignos, no hay más solución que hacer lo posible por cambiar su mentalidad, exponiendo principios más razonables y recomendando hombres mejores. Ninguna minoría cosechará éxitos duraderos recurriendo a otros procedimientos.

El que cree que los problemas políticos argentinos se resuelven levantándose en armas contra “la política”, no entendió para qué sirve o bien rechaza de plano la democracia.

Hoppe es honesto en este sentido (ya que escribió un libro donde pondera positivamente la monarquía en detrimento de la democracia), pero que no adjudique ni al liberalismo ni a la escuela austriaca de economía de sus ideas radicales, violentas e incompatibles con la convivencia social civilizada.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Investigador Asociado del Centro FARO, de la Universidad del Desarrollo de ChileEs Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Otra sandez: segmentar tarifas

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/08/27/otra-sandez-segmentar-tarifas/

Vernon L. Smith

Vernon L. Smith

Dejando de lado los embrollos conceptuales y estadísticos de la declarada segmentación de tarifas en servicios esenciales tales como el atribuir niveles de ingresos por ubicación geográfica del consumidor, es del caso señalar los errores garrafales de la idea de partir precios según los patrimonios de los usuarios.

El dislate se pone de relieve si se extiende la propuesta a todos los bienes y servicios puesto que operan bajo el mismo paraguas conceptual. En esta línea argumental habría que cobrar un precio distinto al millonario que compra pan respecto al pobre y así sucesivamente con todo en el proceso de mercado. Pues si esto fuera así el resultado inexorable de esta guillotina horizontal es la igualación de rentas y patrimonios, lo cual a su turno generaría una miseria también generalizada.

Los precios son mecanismos de información que muestran dónde conviene invertir y donde no hacerlo. Los comerciantes que aciertan en los deseos del prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Esto desde luego es muy distinto cuando los que la juegan de empresarios se alían al gobierno del momento para obtener mercados cautivos y privilegios de diferente naturaleza con lo que explotan a sus semejantes con precios más elevados, calidad inferior o ambas cosas al mismo tiempo.

En este contexto las desigualdades de rentas y patrimonios desempeñan un rol esencial al efecto de mostrar la eficiencia de cada cual para servir a sus semejantes. La pretensión de limar las referidas desigualdades liquida los incentivos y destruye las señales para el uso de los siempre escasos factores de producción. Cuando se va a surtidor a cargar nafta afortunadamente no se cae en la estupidez de cobrar precios diferenciales (segmentados) según la calidad del auto, de lo contrario se sucederían los graves desajustes que hemos marcado.

Lo curioso, por no decir cómico, es que las antedichas segmentaciones haciendo gala de la mayor de las hipocresías se proclaman por los políticos como un acto de “solidaridad” sin entender que la caridad y la solidaridad se llevan a cabo con recursos propios y de modo voluntario. Recurrir al aparato estatal de la fuerza alegando lo dicho se traduce en un atraco puesto que cuando se dice que el gobierno debe hacer tal o cual cosa se esconde que son los vecinos que son violentados en el uso del fruto de sus trabajos. Ningún gobernante solventa nada con sus ingresos, más bien es común que se los lleve de manera delictiva. Tal vez entre todos los economistas que se han pronunciado sobre el asunto de marras, el que con mayor claridad lo ha expuesto ha sido el premio Nobel en economía de 2002, Vernon L. Smith en su célebre ensayo titulado “On Price Formation Theory” y su insistencia en las suculentas equivocaciones por el desconocimiento de la clásica “mano invisible” del proceso de mercado donde las partes se benefician al tiempo que transmiten la información a la que antes aludimos. Dice este galardonado que lo que hoy ocurre en gran medida es la insolente y a todas luces contraproducente “mano visible de los gobiernos” que irrumpe sustentados en “la arrogancia fatal” a qué se refería otro premio Nobel en economía -Friedrich Hayek- todo los destruyen a su paso provocando daños muy especialmente sobre el nivel de vida de los más vulnerables.

Por supuesto que el desmadre de la segmentación de tarifas se acopla a los repetidos desatinos que viene realizando con entusiasmo digno de mejor causa distintos gobiernos de hace largo tiempo principal aunque no únicamente en materia energética.

Cuando un precio es diez en el mercado quiere decir que las partes han acordado ese monto debido a las correspondientes estructuras valorativas de los derechos de propiedad intercambiados. Si el capricho gubernamental impone cinco quiere decir que se ha destruido el sistema y se ha convertido en un simple número sin sentido económico a lo que era un precio. Precisamente en este plano debe tenerse en cuenta que en la medida en que se interfiere el mecanismo de precios, en esa medida se desfigura la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. En otros términos, en nombre de los más necesitados se los multiplica por doquier en un círculo vicioso que no tiene término en una barranca abajo que indefectiblemente conduce a la miseria, siempre con discursos altisonantes pronunciados por los vagos y chupasangres de siempre que alardean de sentimientos nobles pero son mezquinos que solo piensan en el disfrute de sus asaltos al bienestar.

A veces la tropelía llega al tope de lo concebible cuando se mantiene alegremente que algo sea gratuito cuando en verdad nada es gratis, todo tiene un costo que podrá ser monetario o no monetario pero indefectiblemente toda acción humana requiere que se renuncie a un valor a los efectos de obtener otro. Como todo no puede hacerse al mismo tiempo hay que dejar de lado prioridades. Si se acepta la gratuitidad es porque otro se hace cargo que si es por la fuerza significa que se lesionan derechos. Como los bienes no crecen en los árboles y no hay de todo para todos todo el tiempo, la escasez obliga a asignar factores productivos para lo que sirven los precios que en la media en que se vulneran aparece la posibilidad de “tirar manteca al techo” que es lo mismo que decir que se remata todo para encaminarse a la pobreza.

Resulta crucial comprender que la única igualdad compatible con una sociedad libre es la igualdad ante la ley que no es mediante ella sino que se refiere a que todos deben ser protegidos en sus derechos de la misma manera. La igualdad de resultados es una noción completamente distinta y opuesta a lo dicho. Como se ha consignado en muchas ocasiones, la igualdad ante la ley está indisolublemente atada a la Justicia que es el “dar a cada uno lo suyo” y “lo suyo” destaca la propiedad, esto es el uso y disposición de lo que pertenece a cada cual. La absurda redistribución de ingresos equivale a lo que en ciencias políticas se conoce como “la tragedia de los comunes”, a saber lo que es de todos no es de nadie que conduce a que se le otorguen pésimos empleos y cuidados a los bienes y servicios disponibles.

El establecimiento de una marca igualitaria conduce a que los que se encuentran ubicados arriba de la misma al enterarse que serán confiscados por la diferencia naturalmente tenderán a no producir lo que está más allá de esa línea y los que están por debajo de esa marca esperarán en vano la redistribución que naturalmente nunca llegará puesto que se dejó de producir la mencionada diferencia. En otros términos un fraude por donde se lo mire. Y si los politicastros fueran sinceros en sus preocupaciones por los que menos tienen deberían donar parte de sus remuneraciones y dietas, pero como son caraduras pretenden hacerlo recurriendo a la violencia con el fruto del trabajo ajeno. Por otra parte es de gran interés estudiar lo sucedido allí donde impera la libertad en cuanto a las extraordinarias obras filantrópicas para ayudar a los más necesitados, situaciones que desde el luego no tiene lugar en la isla-cárcel cubana y sus imitadores, siempre megalómanos enriquecidos con recursos mal habidos.

Salvando las enormes distancias puede establecerse un correlato entre el estatismo y las academias de la lengua. Enormes distancias puesto que lo primero implica violencia mientras que lo segundo son dictámenes que no recurren a la violencia. Pero es interesante este paralelo ya que las academias de la lengua pretenden dirigir un idioma cuando éste en verdad surge de la parla popular que lo enriquece. Borges apuntaba que el inglés es más rico en palabras que el español debido a que no cuenta con una academia de la lengua. Juan Bautista Alberdi escribe que “el idioma es el hombre de que es expresión, está sujeto a cambios continuos sin dejar de ser el mismo hombre en su esencia […] dos grandes leyes fundamentales, peculiares al hombre, gobiernan el desarrollo natural de todo idioma: el neologismo y el arcaismo […] El arcaismo y el neologismo no son incompatibles; su juego armónico, al contrario, mantiene al idioma […] queda al cuidado del pueblo mismo que es el legislador soberano de los idiomas […] Los idiomas no son obra de las Academias.” Lo cual en mayor grado aún va para gobiernos autoritarios que pretenden imponer desde el poder estropicios como el invento estrafalario del “lenguaje inclusivo” y afines tan criticados por destacados escritores y literatos. Estos autoritarios confunden la importancia de la dirección y la naturaleza del asunto: es de abajo que surgen los cambios en un proceso de orden espontáneo como el mismo mercado, no es impuesto desde arriba.

Estos comentarios remiten a un plano más amplio de la epidemia del intervencionismo estatal que venimos padeciendo los argentinos hace décadas. Este plano son las mal llamadas empresas estatales. Decimos mal llamadas porque una empresa se caracteriza por arriesgar recursos propios, si se ponen en riesgo por la fuerza recursos de otros se trata de una organización política o una apoyada por ella que asalta vecinos. En el momento en que se establece la denominada empresa estatal se está necesariamente alterando prioridades de la gente puesto que hubiera destinado sus recursos en otras direcciones. Y si la llamada empresa estatal hace lo mismo que hubiera hecho la gente no tiene sentido su intervención con el consecuente ahorro de sueldos. La única manera de saber que quiere la gente es dejarla actuar lo cual se traduce en sus votaciones en el supermercado y afines al comprar y abstenerse de hacerlo.

Lo llamativo del asunto es que luego de que el consumidor vota en el mencionado plebiscito cotidiano del mercado, a la salida el gobierno decreta la redistribución de ingresos que inexorablemente se traduce en volver a distribuir por la fuerza en una dirección distinta de la que distribuyó voluntariamente la gente. A su vez, la así concebida redistribución, por las razones apuntadas significa derroche de capital que a su turno implica disminución de salarios e ingresos en términos reales puesto que la única causa de ello es la tasa de capitalización, es decir ahorros y consecuentes inversiones en maquinarias, equipos, instalaciones y conocimiento relevante que hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar rendimientos. Esta es lo único que explica la diferencia entre países ricos y países pobres en el contexto de marcos institucionales civilizados.

Si se dice que deben establecerse empresas estatales para atender aquellos lugares y actividades que no son rentables y por ende ninguna empresa privada las servirá, debe tenerse muy en cuenta que cada una de estas aventuras antieconómicas también se traducen en despilfarro con lo que se extenderán los lugares inviables económicamente considerados hasta convertir a todo el país en una pocilga. No hay magias en economía sus principios deben cumplirse en todas las latitudes pero con más razón allí donde la situación es difícil.

En resumen, la segmentación opera a contramano de los nexos causales presentes en la economía por lo que afecta negativamente a toda la comunidad pero, como queda dicho, de manera muy especial sobre la condición de los más pobres. Segmentar es contradecir el conocimiento más elemental de la economía y no resulta posible mejoras materiales destruyendo los procesos que permiten aprovechar recursos. Se trata en definitiva de una trampa para incautos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

EL LIBERALISMO ES PECADO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 28/8/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/08/el-liberalismo-es-pecado.html

Ok ok me convencieron. Es pecado, definitivamente.

Sobre todo porque el liberalismo clásico se podría caracterizar como el conjunto de libertades y garantías reconocidas por la Constitución Nacional de 1853. O sea que se podría decir que el liberalismo es la Constitución de 1853 de los art. 14 al 19.

Entonces sí, obviamente es pecado.

Para reforzar esta evidencia, veamos los pecados de dichos artículos.

Artículo 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos, conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

Bueno, ya con esto sería suficiente. Aquí tenemos las libertades de perdición denunciadas por Gregorio XVI. Pecado total. O sea, el Vaticano II. Y, por supuesto, el pecador principal es Benedicto XVI, quien explicó la continuidad y reforma del Vaticano II el 22 de Diciembre de 2005. Terrible, además, porque no se arrepintió nunca de su inmundo pecado.

Artículo 15.- En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República.

Pero, para mayor abundamiento, veamos cómo el Art. 15 ratifica lo anterior. Porque si no hay esclavos hay libertad, o sea, lo condenado por Gregorio XVI y Pío IX. El que no es esclavo puede irse de la granja católica, puede por ende apostatar; mayor pecado no puede haber. Maldito sea este artículo 15.

Artículo 16.- La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos, sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.

Más aún. Se sanciona aquí la pérfida igualdad de los tiempos modernos. Ya no hay más siervo de la gleba ni sistema feudal, que, por supuesto, es el sistema católico de la Cristiandad. La igualdad es ante Dios, no ante la ley del pérfido liberalismo. Pecado, pecado, pecado.

Artículo 17.- La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 11. Ningún servicio personal es exigible sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.

Aquí tienen la propiedad, contraria al derecho natural como decía San Ambrosio. Aquí tienen la codicia, la ganancia empresarial explotadora, y el dinero, el estiércol del diablo. Aquí tienen al pecado que querer servir a dos señores: Dios y el dinero. Aquí tienen la sociedad capitalista liberal donde el dinero es Dios. Que Dios se apiade del alma de quienes redactaron semejante abominación.

Artículo 18.- Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice.

Seguimos con las libertades de perdición, ahora normas del derecho nuevo, condenado por Pío IX y León XIII. Aquí tienen la esencia de la sociedad protestante anglosajona, herética y cismática. ¿Por qué, pecadores, querrían garantías ante un buen rey católico, sino para pecar como les plazca? ¿Por qué, pecadores, querrían garantías ante la función educativa de la ley, sino para que no los puedan atrapar en su voluntad desordenada? ¿Por qué prefieren, pecadores infinitos, el Estado de Derecho ante el Derecho de Dios?

Artículo 19.- Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.

Y finalmente, lo peor de lo peor: prohibir a la autoridad que pueda prohibir al pecado como todo príncipe justo debe hacer. La garantía total del pecado. Horror de los horrores.

Por ende, amigos defensores de Sardá y Salvany, me arrepiento de todos mis pecados y propongo firmemente defender totalmente a la iglesia que condenó a Rosmini, a la iglesia que echó a Sturzo de Italia y pactó con Mussolini, y a la iglesia del pueblo, de la liberación y de la Pachamama. Abjuro totalmente de los pecadores Pío XII, Juan XXIII, Juan Pablo II y sobre todo Benedicto XVI.

Que Dios me lo tenga en cuenta. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises