Copiar a aquellos con quienes compartimos una visión política: es cierto, para ciertas cosas es ridículo…., pero no todas

Por Martín Krause. Publicado el 21/1/20 en: https://bazar.ufm.edu/copiar-aquellos-quienes-compartimos-una-vision-politica-cierto-ciertas-cosas-ridiculo-no-todas/

 

Seguramente conocerán a Cass Sunstein, co-autor con Richard Thaler, del best seller sobre behavioral economics, Nudge.

En fin, podríamos conversar sobre esto, pero ahora me quiero referir a este paper:

“Epistemic Spillovers: Learning Others’ Political Views Reduces the Ability to Assess and Use Their Expertise in Nonpolitical Domains”, por Joseph Marks*,1, Eloise Copland*,1, Eleanor Loh1, Cass R. Sunstein2, Tali Sharot1^

  1. Affective Brain Lab, Experimental Psychology, University College London, London, UK
  2. Harvard Law School, Harvard University, Cambridge, MA, USA

Marks, Joseph and Copland, Eloise and Loh, Eleanor and Sunstein, Cass R. and Sharot, Tali, Epistemic Spillovers: Learning Others’ Political Views Reduces the Ability to Assess and Use Their Expertise in Nonpolitical Domains (April 13, 2018). Harvard Public Law Working Paper No. 18-22. Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3162009 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3162009

Esto dice el resumen:

En cuestiones políticas, muchas personas son especialmente propensas a consultar y aprender de aquellos cuyas opiniones políticas son similares a las suyas, creando así un riesgo de cámaras de eco o capullos de información. Aquí, probamos si la tendencia a preferir el  conocimiento del políticamente afín se generaliza a dominios que no tienen nada que ver con la política, incluso cuando la evidencia indica que la persona tiene menos habilidades en ese dominio que alguien con opiniones políticas diferentes. Los participantes tuvieron múltiples oportunidades para aprender sobre los demás (1) opiniones políticas y (2) capacidad de categorizar formas geométricas. Luego decidieron a quién pedir consejo al resolver una tarea de categorización de forma incentivada. Encontramos que los participantes concluyeron falsamente que otros con ideas afines políticamente eran mejores para categorizar formas y, por lo tanto, eligieron saber de ellos. Los participantes también fueron más influenciados por ideas políticamente de afines, incluso cuando tenían buenas razones para no serlo. Los resultados demostraron que conocer las opiniones políticas de los demás interfiere con la capacidad de aprender sobre su competencia en tareas no relacionadas, lo que lleva a una búsqueda de información subóptima y decisiones y errores de juicio. Nuestros hallazgos tienen implicaciones para la polarización política y el aprendizaje social en medio de divisiones políticas.”

Claro, es como escuchar las opiniones políticas y económicas de Diego Armando Maradona y entonces pensar que son correctas, tal vez porque fue el mejor jugador de fútbol de la historia.

Por otro lado, el paper parece presentar esto como si fuera un sesgo más de todos los que encuentra la behavioral economics, pero en verdad puede que sea un resultado desafortunado de una “heurística” resultado de la evolución y que resulta muy útil en muchísimos campos: esto es, imitar a los que les va bien. Es decir, no somos tontos, aunque la herramienta a veces no funciona.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fue Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

La lotería de la vida y el modo de atenuar la desdicha

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 18/1/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/01/18/la-loteria-de-la-vida-y-el-modo-de-atenuar-la-desdicha/

 

Durante mucho tiempo me he torturado pensando en la suerte que he tenido de haber nacido en las condiciones en que me ha tocado vivir. Podía haber resultado con deficiencias físicas de importancia, podía haber nacido en un remoto y miserable pueblo africano, podía haber nacido en una familia de padres malvados o de progenitores que no contaban con los recursos para enviarme a estudiar, podría haber sufrido accidentes irreversibles, me podrían haber sucedido tantas cosas desagradables que es fácil comprobar que a otros les ocurrieron sin que hayan hecho nada para merecerlo. Por supuesto que como todos he tenido problemas, pero no de la envergadura de otros realmente desdichados.

¿Por qué esta lotería de la vida? ¿A que se debe esta disparidad, estas ventajas o desventajas? En primer lugar debemos concluir que estrictamente la suerte no existe. Incluso cuando se arrojan dados, el resultado es debido al roce con el paño, a la velocidad y ángulo con que fueron arrojados, al peso de los dados, en otros términos se deben a una cadena de nexos causales, no casuales. Más aun solemos decir, por ejemplo, que tuvimos suerte de encontrarnos con fulano o mengana pero en verdad se deben a relaciones causales que no previmos y los motivos que desconocíamos y por eso le endilgamos el rótulo de “suerte” pero no hay tal.

Esto para nada contradice el libre albedrío como característica medular de lo humano. Son dos planos distintos. No estamos determinados. El premio Nobel en física Max Planck y los filósofos John Hospers y Antony Flew explican que debemos distinguir entre causas en el mundo material y motivos en la mente humana, de lo contrario, como también subrayan el filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en neurofisiología John Eccles, no habría tal cosa como argumentación, ideas autogeneradas, proposiciones verdaderas y falsas, responsabilidad y moral.

Una vez despejado lo anterior nos percatamos de que solo hemos cambiado la formulación de la pregunta pero no modificamos nada esencial. En otros términos nos debemos entonces preguntar y repreguntar por qué se dieron las concatenaciones causales que se dieron y no otras. En resumen, estamos en las mismas.

No vamos a poder contestar a este interrogante porque no somos omniscientes, somos ignorantes y limitados. Nos esforzamos en la incorporación de nuevos conocimientos pero no podemos tener la arrogancia de prender ser más que humanos pues la soberbia no nos llevará a buen puerto.

Entonces dadas las cosas como son en la naturaleza la pregunta relevante consiste en interrogarnos acerca de cuál es la manera de sacar el mejor provecho posible de lo que es, no lo que nos imaginamos que debiera ser. Pero antes de pasar a las dos vertientes que se presentan en las relaciones sociales, es menester que resulte claro que una parte sustancial de lo que nos ocurre se debe a nuestra responsabilidad, es como me dijo en una oportunidad mi entrañable amigo José Ignacio García Hamilton: “Lo importante en la vida no es lo que a uno le sucede sino como uno administra lo que le sucede”.

Entonces se abren aquí dos líneas posibles en el contexto social. Veamos la primera sugerida que analicé hace mucho tiempo en mi libro Socialismo de mercado. Ensayo sobre un paradigma posmoderno a la que ahora menciono muy parcial y telegráficamente y solo referida a dos de los once autores que analizo en ese libro. Se trata de Ronald Dworkin y John Rawls quienes son los autores que con mayor énfasis y difusión académica han tenido con la intención de remediar vía el gobierno los efectos de las desdichas de otros. La segunda línea argumental que exploramos queda patente a medida que glosamos y comentamos las tesis de los dos profesores mencionados y que sintetizo en la reflexión final.

En A Matter of Principle Dworkin modifica radicalmente el principio universal de la igualdad ante la ley por el “principio de igual preocupación” de los gobernados por parte de los aparatos estatales basado en una errada noción de las externalidades positivas, por ejemplo, cuando se financia coactivamente la música sin percatarse de los resultados negativos de quienes se ven privados del fruto de su trabajo por la fuerza. Escribe este autor que las entregas de recursos a los más débiles puede aparecer como perjudicial pero “ese daño será solo temporario puesto que una economía más dinámica producirá mayor prosperidad” con lo que Dworkin descarta los problemas que se suscitan debido a la mal asignación de los siempre escasos recursos que en definitiva perjudican a los que se ha querido favorecer debido al consecuente consumo de capital que es el único elemento que permite incrementar salarios. Más aun agrega: “Aunque las predicciones negativas fueran correctas, simplemente debemos ajustar las ambiciones para el futuro puesto que la obligación de la sociedad es en primer término hacia los ciudadanos que hoy viven en ella”.

Esto último adolece de una visión sumamente limitada ya que, por un lado, el sacrificar el futuro al presente hará que otras personas sufran los daños más adelante y, por otra, según sea la magnitud del despilfarro se afectará también las condiciones de vida en el presente.

Finalmente, a los efecto de centrar la atención en los ejes centrales del análisis dworkiniano, consigna que el gobierno no debiera permitir “salarios más bajos que cualquier línea de la pobreza realista o los que tienen desventajas diversas […] Las personas no deben tener diferentes cantidades de riqueza simplemente porque tienen diferentes capacidades innatas para producir aquello que otros reclaman o aquellos cuyas diferencias aparecen como consecuencia de la suerte”.

Esta conclusión no toma en cuenta que los salarios e ingresos en términos reales no dependen del voluntarismo sino de las tasas de capitalización. Por tanto, cuando se establecen por ley las entradas de la gente se los está condenando al desempleo y por ende a incrementar sus angustias a través de lo que Dowrkin propone en cuanto a la necesidad de “corregir el mercado” a través de políticas “redistribucionistas”. Esta receta contradice abiertamente las distribuciones que ha realizado al gente vía sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines, lo cual, como queda dicho, atenta contra el debido aprovechamiento de los recursos existentes que, a su turno, se traducen en mayor empobrecimiento. Por esto es que Thomas Sowell sostiene que “los economistas no deberíamos hablar de distribución de recursos, puesto que los ingresos no se redistribuyen se ganan”.

De modo similar Rawls en su Teoría de la justicia se basa en dos principios: el “principio de la diferencia” y el “principio de la compensación”. El primero estaría sustentado en los resultados que producen los “talentos naturales” (excluye los adquiridos pero no son susceptibles de escindirse puesto que dependen de los naturales) ya que agrega que “nadie merece una mayor capacidad natural ni tampoco un lugar inicial más favorable en la sociedad” por lo que “las desigualdades inmerecidas requieren una compensación.”

Pero es que precisamente la llamada “compensación” al distorsionar la asignación de los factores de producción empeora la situación de los que se pretende mejorar y, por otro lado, la clasificación de talentos naturales y adquiridos es pastosa por lo que dejamos dicho. Por otra parte, no resulta posible conocer la magnitud de los talentos de cualquier tipo que sean para ningún planificador, incluso no es posible para el propio titular ya que los talentos se ponen de manifiesto cuando se presentan las oportunidades lo cual no ocurrirá en la medida en que el proceso sea bloqueado por la intervención estatal. Además, es relevante señalar que no resultan posibles las comparaciones intersubjetivas de talentos en diferentes personas en diferentes actividades. Por último, las aludidas compensaciones darían lugar a diversos usos de esas compensaciones justamente debido a los diversos talentos para utilizarlos, con lo que habría que compensar la compensación y así sucesivamente.

En otros términos, a través de los comentarios a los dos autores mencionados se concluye que por más buenas intenciones en las que estarían inspiradas las políticas compensatorias, los resultados son negativos muy especialmente para las personas que se desea proteger.

Estas conclusiones en nada se oponen a la muy bienvenida solidaridad y ayuda a los más necesitados, pero debe destacarse que la caridad y la benevolencia por definición es realizada con recursos propios y de modo voluntario. La compulsión es absolutamente incompatible con la filantropía y, como apunta Tibor Machan en Generosity. Virtue in Civil Society, eso es solo posible con propiedad privada y en un libro que escribí en coautoría con Martín Krause titulado En defensa de los más necesitados mostramos las extraordinarias y múltiples obras de beneficencia (en su caso, asociaciones de inmigrantes, montepíos, cofradías, socorros mutuos, fondos comunes de ayuda, escuelas, hospitales, asistencia a discapacitados) en Estados Unidos, Inglaterra y Argentina antes de la irrupción de aquella contradicción en los términos conocida como “Estado Benefactor”. En este contexto es necesario enfatizar que la atmósfera para la ayuda debe llevarse a cabo haciendo uso de la primera persona del singular asumiendo propias responsabilidades y no echar mano a micrófonos endosando a otros la obligación de entregas recurriendo a la tercera persona del plural (y generalmente sugiriendo el uso de la fuerza).

Hay un estrecho correlato entre libertad y ayuda al prójimo, lo cual no aparece en lugares como Cuba o en otros lares que se asimilan más a campos de concentración que a países. También es oportuno apuntar que, como ha consignado Michael Novak en El espíritu del capitalismo democrático, debe comprenderse que la sociedad libre se alimenta del proceso de mercado abierto y competitivo puesto que sucumbe si se pretende vivir de la caridad sin la necesaria producción con lo que es posible el soporte voluntario a terceros.

Entonces, dadas las características de la naturaleza, el mejor modo de ayudar a que mejoren los más desfavorecidos y desdichados consiste en abrir de par en par la energía creadora al efecto de minimizar la pobreza y los problemas de los más carenciados. El mundo revela esta verdad puesto que en la medida en que hay libertad en esa media se genera prosperidad, especialmente para los más necesitados que en todas partes se convierten en agraciados cuando se muta de un régimen estatista a un clima liberal.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La “propiedad” en el peronismo (2° parte)

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/01/la-propiedad-en-el-peronismo-2-parte.html

 

Continúa diciendo la “constitución” peronista el 49:

“Art. 39. El capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino”.[1]

Se trata, como en el caso del artículo anterior, del modelo fascista que bien explicita L. v. Mises, y que persigue llegar al socialismo por una vía que, nominalmente, aparenta mantener la propiedad en cabeza de particulares, pero que deja de ser privada por cuanto quien substantivamente figura en los registros públicos como “propietario” no es libre de usar y disponer de lo “propio” que, por tal motivo, deja -en los hechos- de ser propio. Como en el caso anterior, no se define qué debe entenderse por “economía nacional” y cómo se cumple ese “bienestar social” y “común”. Queda implícito que tales contenidos el estado-nación se reserva el derecho a precisarlos a su entero arbitrio y decisión. La fórmula es lo suficientemente amplia como para dejar abierta la puerta a cualquier arbitrariedad.

Si el “estado” se reserva concretar que debe admitirse por “servicio” a “la economía nacional” va de suyo que es aquel quien determina cómo debe el teórico “dueño” del capital arbitrar sobre él. En la realidad, es el que manipula ese capital quien delimita en qué consiste ese “servicio a la economía nacional”, es decir, el gobierno peronista o -más precisamente- su líder, J. D. Perón, quien realmente decretaba dichos contenidos y los cambiaba a su gusto.

“Art. 40. La organización de la riqueza y «u explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la Justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá Intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los Intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución. Salvo la Importación y exportación, que estarán a cargo del Estado de acuerdo con las limitaciones y el régimen que se determine por ley, toda actividad económica se organizará conforme a la libre Iniciativa privada, siempre que no tenga por fin ostensible o encubierto dominar los mercados nacionales, eliminar la competencia o aumentar usurariamente los beneficios.”[2]

Este párrafo del artículo da cumplimiento al punto 7 del Manifiesto Comunista pese a que habla vagamente de “límites” los cuales no se explicitan. El gobierno se reserva (como en los casos anteriores) definir qué ha de interpretarse por “bienestar del pueblo”, “principios de la justicia social”, “intereses generales”, todas fórmulas deliberadamente nebulosas y vacías destinadas a que J. D. Perón las especificara a su exclusivo antojo y preferencia.

La norma decreta la estatización del comercio exterior y condiciona el interior a la directa intervención de la economía y su monopolización. La mención final -como al pasar- de la “libre iniciativa privada” luce risueña comparada con los textos de los arts. 38, 39 y este primer párrafo del 40, que instituyen por vía indirecta los arts. 1, 7 y 9 del Manifiesto Comunista. Los párrafos siguientes de este extenso art. 40 van demostrando como se acaba de aniquilar toda la hipotética “libre iniciativa privada” que concluye siendo derogada sin decirlo expresamente o -peor aún- negando dicha anulación. Sigamos:

“Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedades Imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto, que se convendrá con las provincias.”[3]

Se destruye la propiedad provincial y se reserva a los privados la de los vegetales. Es decir, el suelo (excepto los vegetales) también pertenecía a la nación según este artículo. Conforme el ya visto art. 38 “Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e Intervenir con el objeto de desarrollar e Incrementar su rendimiento”, en tanto el art. 40 -en su primer párrafo- aclaraba que “podrá Intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad”. Es claro que no se deja margen alguno a la propiedad privada y -por ende- a la declamada “libre iniciativa individual”.

“Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado; y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se hallaren en poder de particulares serán transferidos al Estado mediante compra o expropiación v con indemnización previa, cuando una ley nacional lo determine.”[4]

Como se observa, esta norma cumple con el art. 6 del Manifiesto Comunista y va más allá, porque incluye a todos los servicios públicos. El articulo decreta la estatización de jure de todos los servicios públicos, es más, se reserva el derecho a definir qué ha de considerarse un “servicio público” y qué no. Es decir, los servicios dejan de ser verdaderamente “públicos” para pasar a ser estatales. Nótese que la indemnización previa se condiciona a que una ley lo determine, lo que significa que hasta que esa ley no se dictara el gobierno podía expropiar sin indemnización alguna.

“El precio por la expropiación de empresas concesionarias de servicios públicos será, el de; costo de origen de los bienes afectados a la explotación menos las sumas que se hubieren amortizado durante el lapso cumplido desde el otorgamiento de la concesión y los excedentes sobre una ganancia razonable, que serán considerados también como reintegración del capital invertido”.[5]

No sólo se ponía fin a la concesión, sino que -por encima de ello- se expropiaba a la empresa concesionaria también. Se obligaba la expropiación de las empresas de servicios públicos, con lo que prácticamente no había actividad privada alguna que pudiera escapar a la estatización de casi todos los bienes, posesiones y servicios privados. La fórmula indemnizatoria no preveía el ajuste por inflación que ya en esa época era una de las más altas de la región, ni los valores de mercado. Los registros históricos, no obstante, demuestran que las empresas se confiscaban, pese a la letra de la “constitución”,

[1] Dr. Carlos Sánchez Viamonte “DECLARACIONES, DERECHOS Y GARANTÍAS” EN LA CONSTITUCIÓN ARGENTINA. Valoración y análisis. Su práctica. Enciclopedia Jurídica OMEBA-Tomo 5 Letra D Grupo 5.

[2] Sánchez Viamonte, C. ibidem.

[3] Sánchez Viamonte, C. ibidem.

[4] Sánchez Viamonte, C. ibidem.

[5] Sánchez Viamonte, C. ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

¿SE ACUERDAN DEL CASO ARIEL MALVINO, 2005? Mutatis mutandis…….

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/1/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/01/se-acuerdan-del-caso-ariel-malvino-2005.html

 

ESCRITO EN FEBRERO DE 2006
¿QUIÈN MATÒ A ARIEL?

No, no tengo el nombre y apellido. A efectos de la tesis que voy a desarrollar, no es relevante.
A lo largo de mi ingenua vida me he llevado algunas sorpresas en lo que se refiere a usos y costumbres juveniles. Tengo 45 años y, como dijo Woody Allen una vez, en Manhattan èramos tan pobres que no tenìamos tiempo de estar deprimidos. No sè si se entenderà la analogía, pero en las dècadas de los 60 y los 70, en una familia comùn y corriente de docentes, habìa cosas que ni siquiera se nos pasaban por la cabeza…
Mi primer sorpresa fue enterarme de que una sobrinita –atenciòn al diminutivo- habìa sido invitada a un “pijama-party” (invitaciòn amablemente declinada por sus padres). Yo simplemente preguntè què era eso y no podìa salir de mi asombro ante la respuesta.
Luego comencè a tener sorpresa tras sorpresa cuando todos los años tuve alumnos del primer año de la universidad. O sea, unas criaturas de apenas 18 o 19 años. Recuerdo mi extrañeza cuando uno de ellos –un varoncito- me dijo que lo que màs làstima le daba eran sus compañeras, tiradas en la calle a la salida del sol, totalmente alcoholizadas y orinàndose encima. Las mismas que en 24 hs iban a tener una clase conmigo sobre hermenèutica y medios de comunicación. Las mismas que con unos ojitos que no revelaban màs de 10 años jugaban a que eran mujeres. Los varoncitos, casi todos igual. Lamento estar haciendo generalizaciones baratas, que podrìan pasar sin embargo por tipos ideales weberianos. No tipos ideales, precisamente.
Entonces me fui enterando de todo. Que varias veces a la semana (cada vez màs) bailaban hasta la salida del sol, con una mùsica estridente que mataba los tìmpanos, con cerveza –y algunas otras cosas, ¿no?- a todo lo que da (como el volumen), con cigarrillo a todo lo que da, y con los agregados que el lector quiera hacer, tambièn a todo lo que da. Algunas mañanas, sobre todo cuando ya daban las 10 am, algunos se me dormìan en clase. Por supuesto, es que mi clase era insoportable. Yo los dejaba dormir. (En serio).
¿Por què? Justamente, la pregunta que no habìa que hacerse. El juicio crìtico ante la masificaciòn, no, eso jamàs. Era curioso que hacia fin de año, cuando habitualmente tocàbamos el tema de la masificaciòn, del no atreverse a ser uno mismo por temor al grupo, algunos ojitos se levantaban de su letargo y por primera vez sentìan que el profesor hablaba de algo que de algún modo los afectaba.
Un mensaje, un peculiar mensaje, me preocupaba y me preocupa. Cuando yo hablaba (siempre personalmente) de los peligros a largo plazo del cigarrillo, el alcohol y el ruido como forma de escapismo (a largo plazo porque esos cuerpitos aùn jóvenes parecìan resistir todo), me miraban extrañados, y habitualmente emergìa una respuesta, con todo candor y sencillez: “…bueno, todavía somos chicos….”. No sè si me explico: de algún modo les habìa llegado un mensaje: que hasta los 30, 30 y pico, “toca” la “joda” (perdòn). Luego “toca” sentar cabeza, y entonces, de repente, como por arte de magia, seràn buenos esposos, buenos padres, seràn esos polìticos incorruptos que la sociedad declama. E incluso les “tocarà” entonces repetir, sin pensarlo mucho, a sus hijos, las mismas y plomìferas advertencias que recibieron ellos en su momento. “Es la ley de la vida”, escuchè una vez.
¿No hay algo extraño allì? Claro que la adolescencia y la juventud es una etapa con relaciones interpersonales y formas de contacto y de entretenimiento que no son las mismas que a los 40 o a los 60. Obviedades, obviedades. Pero….. Alcohol, nicotina (agreguen màs drogas), sordera paulatina, descontrol, borrachera…….. ¿Para después sacar desde allì…….. Què? Hay algo que, como dirìa Santo Tomàs, no tiene “proporción”….
Para colmo, desde los 6 (o antes) hasta los 17 han asistido a un sistema de “enseñanza” donde lo que han aprendido es a memorizar por temor al castigo (no irse de vacaciones, etc) o amor al premio (cuadrito de honor, mejor promedio, etc). Han aprendido todas las formas de burlar al sistema, han “aprendido” a copiarse, a respetar al que màs castiga, a considerar “fácil” la materia donde se castigue menos………. Y la religión ha sido para muchos de ellos una materia màs…….. Otra cosa de la que hay que “zafar”. No, no es que ellos piensen asì. El sistema es asì. Y en medio de eso, la joda. Es Heidegger al revès: una “enseñanza” sistemàtica de la existencia inautèntica.
Claro que hay excepciones, estoy rodeado de ellas. Pero que Popper me perdone, es una cuestión de intuitivas probabilidades. Si cualquier persona que, por excepción, toma de màs, puede tener una conducta irritable, entonces…. Si la cuestión no es la excepción sino la norma (màs todo el “combo cultural” aludido), entonces…….
El que matò a Ariel, un chico comùn y corriente que ahora debe estar asustado y que seguramente sigue sin entender lo que le pasò, recibiò el mensaje. Ahora, la joda. Dale, ahora que sos joven, “divertite” (que ultraconservador que quedò Carlitos Balà: “sanamente y en familia”). La filosofìa y la religión, que podrìan haber sometido a juicio crìtico al mensaje, eran, casi seguro, dos materias màs. El que matò a Ariel, sencillamente, ejecutò el mensaje. Al ejecutar el mensaje, ejecutò a Ariel.

Gabriel Zanotti
4 de Febrero de 2006.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Tibor Machan, un filósofo de la libertad

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 13/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/13/tibor-machan-un-filosofo-de-la-libertad/

 

Lo conocí a Tibor (1939-2016) en un seminario patrocinado por Liberty Fund en San Pablo, luego impartimos juntos clase en la Universidad de Aix-en-Provence, propuestos por el hoy tan celebrado Jacques Garello y finalmente lo invité a pronunciar conferencias en Buenos Aires cuando me desempeñaba como rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade).

Muy buen orador, fogoso polemista y gran conversador, provisto de un excelente sentido del humor. Sus libros y ensayos son innumerables, pero en esta nota periodística me referiré a lo que estimo que son las mejores contribuciones de las múltiples que poseo en mi biblioteca, que no son ni remotamente todas sus producciones.

En primero lugar, su libro titulado Generosity. Virtue in Civil Society, que abre de este modo: “La generosidad es una virtud moral que no puede florecer en un Estado benefactor ni en ninguna otra situación de economía planificada, porque ser generoso implica que voluntariamente se ayuda a otros de diferentes maneras. Solo puede florecer en una sociedad libre”. A continuación apunta: “Los actos generosos requieren el derecho de propiedad”, puesto que debe entregarse lo suyo y no a la fuerza lo de los demás. Escribe Machan: “Muchos son los que alardean de generosidad, compasión, bondad y caridad pero resisten el establecimiento del derecho de propiedad” y más bien pretenden solidaridad con el fruto del trabajo ajeno arrancado compulsivamente. Gran hipocresía, por cierto, un latrocinio disfrazado de filantropía.

En otra parte de esta obra, el autor sostiene que hay una diferencia abismal entre generosidad y altruismo, que según el diccionario es hacer el bien a otros a costa del propio bien, lo cual es un contrasentido, puesto que cuando se hace el bien al prójimo es precisamente y exclusivamente porque está en interés del sujeto actuante, en verdad una tautología, puesto que si no está en interés de quien procede de ese modo, ¿en interés de quién será? En ese sentido, estaba en interés de la Madre Teresa de Calcuta el cuidado de los leprosos, y así sucesivamente.

En este contexto Tibor aclara que, a su juicio, el interés personal tiene dos significados, uno amplio, que abarca todas las acciones, sean estas correctas o malvadas y otra acepción que se circunscribe a las primeras, es decir, a las que le hacen bien a quien las lleva a cabo. Consigna: “El autobeneficio proviene de ser una persona moralmente buena”, esto es, como queda dicho, los actos buenos hacen bien a quienes los llevan a cabo en el sentido de que actualizan sus potencialidades en busca del bien.

También el autor se refiere en este libro con algún detenimiento al precepto bíblico de “amar al prójimo como a ti mismo” y concluye por otra vía lo que a continuación presento a título personal. El adverbio conjuntivo “como” puede traducirse en que sea mayor, menor o igual. Si fuera igual, la persona sería indiferente, lo cual paralizaría la acción (hasta que haya preferencia). Si fuera mayor, el beneficio del otro no tendría razón de ser el acto, puesto que quedaría amputado el motivo, la razón o la necesaria prioridad, ya que solo opera si la satisfacción propia es más fuerte o mayor que la del prójimo, puesto que constituye el punto de referencia: toda acción es en beneficio personal.

Decir que es mayor psicológicamente la ganancia que obtiene el otro al amarlo carece de sentido, ya que, como queda dicho, el punto de referencia o el mojón extramuros de la acción es el amor propio. Quien ama es porque le satisface ese amor (el que se odia a sí mismo es incapaz de amar). Tal vez Santo Tomás aclare este punto al afirmar en la Suma Teológica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo: por lo que se ve que el amor del hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene a otro. Pero el modelo es mejor que lo moldeado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a sí mismo que al prójimo” (Sec. Sec., q. xxvi, art. iv). Entonces, el amor a otro es inexorablemente menor en intensidad y preferencia al que se profesa a uno mismo, que, por los motivos señalados, es prioritario y el motor de la acción.

Finalmente, por su parte, dice Machan: “Aquellos que demandan generosidad, caridad, compasión o bondad en base a la coerción de los aparatos estatales —Estado benefactor y socialismos varios— destrozan los fundamentos de las virtudes morales”.

Otro de sus libros lleva por título Human Rights and Human Liberties, un título un tanto redundante por partida doble: primero, porque los derechos y las libertades no pueden ser otra cosa que humanos y, segundo, porque hablar de derechos y libertades constituyen la cara y la contracara del mismo asunto. De todos modos, gran parte del contenido resulta sumamente esclarecedor (nunca hay acuerdo total con ningún escritor, incluso lo que uno mismo escribe visto a la distancia seguramente demandará modificaciones, sea por la redacción, por el contenido o por las dos cosas).

En todo caso, es pertinente detenerse en uno de los epígrafes de lo obra que cita uno de los fallos de la Corte Suprema de Justicia estadounidense. La cita es consigna de modo incompleto en el libro al efecto de destacar lo más importante, pero nosotros la transcribimos completa. Dice así: “El propósito de una Declaración de Derechos fue el de sustraer ciertos temas de las vicisitudes de las controversias y colocarlos más allá de las mayorías y de funcionarios y establecer principios legales aprobados por las Cortes. Los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, a la libertad de expresión, a la libertad de prensa, a la libertad en las transacciones y de asociación y otros derechos fundamentales no deben someterse al voto; ellos no dependen de los resultados de ninguna elección” (West Virgina Board of Education v. Barnette, 1943, 319 US, 624, 638).

Este fallo se dice redactado por el juez Robert Jackson, es de una trascendencia difícil de traducir en palabras, ya que el concepto allí vertido pone de manifiesto el aspecto medular de una república. Pone de relieve lo que grandes constitucionalistas de nuestro tiempo han considerado que es el eje central de la democracia.

Una de las razones más relevantes del declive de regímenes democráticos de la actualidad descansa en la incomprensión de la filosofía inherente en el antedicho dictamen de la Corte Suprema de Estados Unidos. Hoy en día la democracia ha degenerado en cleptocracia, a saber, el gobierno de los ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. Desde la Carta Magna en adelante, las constituciones han sido concebidas para establecer límites claros y precisos al poder político, en cambio, en la actualidad las constituciones reformadas y la legislación que la acompaña son muestras de abuso de poder. Como se ha explicitado tantas veces, es imperioso introducir nuevas barreras al poder si no se quiere que el planeta termine en un inmenso Gulag en nombre de una supuesta democracia.

La obra de Tibor Machan es básicamente un análisis pormenorizado de los equívocos de Thomas Hobbes en cuanto a su aplicación desviada de la noción de derecho natural, que desemboca en el establecimiento de una monarquía absoluta en un contexto de extremo positivismo legal en el que no hay puntos de referencia fuera de la legislación escrita, esto es, que no habría la noción de Justicia fuera de la norma positiva.

Asimismo, elabora una cuidadosa y contundente crítica a las teorías esbozadas por John Rawls en cuanto a su redistribución de ingresos basada en talentos naturales de modo desigual, sin ver, entre otras cosas, que los talentos adquiridos son consecuencia de los naturales y que la susodicha redistribución altera la asignación de los siempre escasos recursos y, por tanto, empobrece de modo muy especial a los más necesitados. También el autor en gran medida se apoya en algunos aspectos del andamiaje conceptual de Robert Nozick, en cuanto al establecimiento de un gobierno con poderes limitados a la protección de derechos, entendidos estos no como pseudoderechos que significan un asalto al bolsillo del prójimo.

Por su parte, en otro de sus libros, Individual and their Rights, se detiene a considerar al valor del individualismo como el respeto a las autonomías individuales en franca oposición al tratamiento de expresiones colectivistas que tratan a lo grupal como un antropomorfismo, con lo que se deglute a los derechos de las personas, lo cual completa con un estudio riguroso de la historia de uno y otro concepto a través del tiempo. En una parte final, Machan analiza el fundamento de la institución de la propiedad privada desde la perspectiva de muy diversos autores antiguos y contemporáneos.

Tibor ha editado y compilado muchos trabajos de gran valor. El ejemplo más sobresaliente es el muy citado The Libertarian Alternative. Como es sabido, la palabra “liberal” ha sido expropiada en Estados Unidos por los estatistas, por lo que se ha inventado la expresión “libertarianismo”, a disgusto por muchos que siguen definiéndose como liberales clásicos, como Milton Friedman, Friedrich Hayek, Ludwig von Mises y muchos otros. En esta cuestión que puede aparecer como mero asunto semántico hay dos problemas de fondo que deben ser aclarados. En primer lugar, destacar que tras la batalla por las ideas hay una batalla del lenguaje. No se trata de simplemente mudar de palabra cuando esta es renegada por la mayoría o utilizada mal para seguir como si tal, pues la nueva palabra será también expropiada o estigmatizada en el corto plazo. Por otra parte, quienes recurren a una nueva palabra para referirse a la libertad debido a que descubren otras facetas no parecen comprender que el liberalismo está siempre en ebullición y atento a nuevas contribuciones, puesto que descansa en la ida de que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad, abierto a refutaciones.

Por último, menciono la extraordinaria obra titulada The Pseudo Science of B. F. Skinner, donde Machan pone de relieve su mayor destreza al criticar el corazón de cuarenta trabajos de Skinner, muy especialmente el que lleva el sugestivo título de Beyond Freedom and Dignity. El objetivo de Machan consiste en la demolición de la tesis del materialismo filosófico (o determinismo físico para recurrir a terminología popperiana).

Así demuestra que los estados de conciencia, la psique o la mente son distintos de la materia, específicamente del cerebro y que sin esa cualidad no habría tal cosa como el libre albedrío y, por ende, la propia libertad sería una mera ficción. Tampoco tendría sentido la responsabilidad individual ni la moral, ni las ideas autogeneradas, ni las proposiciones verdaderas y las falsas. Los humanos seríamos como loros, más complejos pero loros al fin de cuentas. Skinner afirma: “La libertad del hombre, quien es considerado responsable del comportamiento de su organismo biológico, es solo una noción precientífica que sustituye a los tipos de causas que son descubiertas en el curso del análisis científico”. Lo mismo había dicho Sigmund Freud con anterioridad.

Desafortunadamente en nuestra época el materialismo o fatalismo descrito hacen estragos en la cultura, especialmente en el terreno de la psiquiatría, el derecho penal y en el campo económico el denominado “neuroeconomics”. Viene al caso subrayar que en la compilación antes referida uno de los autores centra su atención en el asunto ahora considerado. Se trata de Nathaniel Branden, quien en un ensayo titulado “Free Will, Moral Responsability and the Law” apunta: “El determinismo declara que aquello que el hombre hace lo tenía que hacer, aquello en lo que cree tenía que creerlo […] Pero si esto fuera cierto, ningún conocimiento conceptual resultaría posible para el hombre. Ninguna teoría podría reclamar mayor validez que otra, incluyendo la teoría del determinismo”.

En resumen, Tibor Machan ha contribuido a fortalecer las bases de una sociedad abierta con sus escritos y sus clases que recuerdan con tanto agradecimiento sus numerosos discípulos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿QUE ES SER LIBERAL?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/1/20 en:  https://www.elobservador.com.uy/

 

Hace mucho tiempo fabriqué una definición de liberalismo que me place comprobar que colegas de peso la emplean a menudo: es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Y cuando aludo al respeto no quiero decir que se adhiera al proyecto de vida del vecino, más aun a uno puede eventualmente resultarle repulsivo pero si no lesiona derechos de terceros no es posible -en el contexto de una sociedad abierta- recurrir a la fuerza para torcer el rumbo. Cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y dice, el uso de la fuerza solo cabe cuando es de carácter defensivo, nunca agresivo.

A veces se recurre a la expresión tolerancia pero aquí se presentan dos problemas. En primer lugar, los derechos se respetan no se toleran y en segundo lugar aquél término aparece como que el que tolera posee la verdad y perdona al que procede de una manera distinta a la que considera apropiada el tolerante.

Y no es que con esto se esté patrocinando el relativismo moral, muy por el contrario la verdad consiste en la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Las cosas son independientemente de lo que se opine que son. El relativismo epistemológico eliminaría todo sentido de los departamentos de investigación en las universidades y en otros ámbitos puesto que no habría nada que investigar ya que todas las opiniones -aun contradictorias- serían valederas, además el relativismo hace que la misma afirmación de esa concepción sea necesariamente relativa.

El liberalismo centra su atención en las relaciones interpersonales que protegen la vida, la libertad y la propiedad, el resto es materia de acuerdos entre partes. Por otro lado, no se inmiscuye en lo intrapersonal. Cada cual adhiere a sus principios, algunos de los cuales son valores y otros desvalores pero, como queda dicho, no incumbe a los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno el intervenir en esos ámbitos. Puede intentarse la persuasión si se estima que la conducta del prójimo no se ajusta a cánones adecuados para los propósitos del ser humano en cuanto a actualizar sus potencialidades en busca del bien, pero no puede traspasar esos umbrales sin provocar daño. En este sentido es que los maestros de la ciencia jurídica han repetido que “el derecho es un mínimo de ética”.

Este es también el sentido de sostener que no es susceptible de cortar en tajos al liberalismo: abarca aspectos éticos, institucionales, económicos, históricos y filosóficos que están íntimamente entrelazados. Y no es que en las filas liberales haya unanimidades, no se trata de una manada, cada uno tiene matices y diferencias que debate con sus colegas ya que no es una organización vertical. Por eso es que en general rechaza la expresión líder que más bien le recuerda al Duce o al Führer o dirigente que asimila al rebaño, prefiere el término referente para indicar quien abre caminos de conducta civilizada y ejemplificadora.

En la esfera crematística el liberalismo considera que dar rienda suelta a las energías creadoras hace posible la mejora en el nivel de vida de la gente en cuyo contexto los aparatos estatales se circunscriben a proteger los derechos de todos. Entiende por derecho la facultad de usar y disponer de lo propio y no el echar mano al fruto del trabajo ajeno en un ámbito de competencia lo cual excluye a pseudoempresarios que en alianza con el poder de turno explotan a sus congéneres a través de mercados cautivos y otras prebendas. En esta línea argumental el liberal subraya que en mercados libres el genuino empresario está obligado a atender las necesidades de su prójimo: si acierta obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos.

Una de las mayores preocupaciones y ocupaciones del liberalismo consiste en mostrar las falacias graves de un pretendido igualitarismo puesto que aplicar la guillotina horizontal no solo reasigna los siempre escasos recursos a territorios distintos de los establecidos por la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines sino que, como consecuencia, reduce los salarios principalmente de los más necesitados ya que los ingresos solo provienen de las tasas de capitalización que es lo contrario al despilfarro.

El peso del Leviatán es lo que genera presiones impositivas insoportables, deudas gubernamentales inauditas que se ven obligados a pagar los contribuyentes y manipulaciones monetarias que esquilman lo obtenido lícitamente. La corriente de pensamiento liberal apunta a la limitación del poder  pues considera inviolables las autonomías individuales, en un proceso evolutivo que pone al descubierto que esa tradición no consiste en un puerto sino en una navegación en la que a cada instante surgen nuevas contribuciones y perspectivas que disminuyen la ignorancia en la que estamos embarcados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los intelectuales, la política y la manía de la autopsia

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/1/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/01/11/los-intelectuales-la-politica-y-la-mania-de-la-autopsia/

 

José Ortega y Gasset (Wikipedia)

José Ortega y Gasset (Wikipedia)

El rol del político consiste en entender qué es lo que demanda la gente y proceder en consecuencia con propuestas en las correspondientes plataformas. Desde luego que hay distintos segmentos con diferentes conformaciones de la opinión pública a las cuales se dirigen los políticos en campaña.

Pero en este contexto es relevante subrayar que el político no se trepa a la tribuna para decir lo que nadie entiende ni acepta. Antes de subir al podio, debe contar con la suficiente información de lo que requiere su audiencia.

En un sistema democrático es indispensable la función del político, que apunta a representar a sus seguidores. En esta línea argumental es crucial comprender que antes del político subyacen las ideas que comparten los votantes que aunque no sean todas iguales, en cada caso se trata de ideas que influyen en sus preferencias.

Qué bueno y saludable ha sido que los grandes maestros como Buchanan, Eccles, Hayek, Benson, Popper, Nock, Read, Planck y otros intelectuales no se hayan dedicado a la política puesto que nos hubiéramos privado de esos faros extraordinarios y los sobresalientes como von Mises que se involucraron transitoriamente en puestos políticos de jóvenes afortunadamente los abandonaron para poder trabajar en sus proyectos académicos y otros como Rothbard intervinieron con la pretensión de eliminar la política. Y algunos intelectuales que por razones de fuerza mayor se mezclaron en la política quedaron con gusto amargo en sus paladares, por ejemplo, Ortega y Gasset que escribe: “La política se apoderó de mi y he tenido que dedicar más de dos años de mi vida al analfabetismo (la política es analfabetismo)”.

No se trata de sugerir que no haya políticos, los ha habido que han sabido poner límites a la extralimitación del poder (los menos frecuentes por cierto), se trata de comprender las inexorables secuencias y las necesarias prioridades y ordenes de prelación para lograr los objetivos de mayor bienestar para todos si se trabajan en las ideas del respeto recíproco.

En todo caso, hay demasiados candidatos a la figuración política y sumamente escasos los inclinados a las arduas tareas de escarbar en las profundidades de conceptos y teorías que permiten mejorar moral y materialmente a todos. Como escribe Anthony de Jasay, “no es imposible poner la carreta delante de los caballos, es poco práctico”.

Por eso hablamos de “la manía de la autopsia”, en otras palabras se tiende a elaborar sobre medidas pasadas que se reiteran con un tedio colosal y que condujeron a mortajas políticas en lugar de proponer otras concepciones y paradigmas que precisamente surgen de debates abiertos sobre horizontes vitales en lugar de repetir hasta el cansancio lo perimido, lo muerto y lo fracasado. Es frecuente que los gobiernos nuevos se refieran a “la herencia recibida” en alusión a la gestión del gobierno anterior, esta es una manifestación de la manía de la autopsia que opera como una calesita macabra. En definitiva, la metáfora de la manía de la autopsia alude a la machacona repetición de algo arcaico y finiquitado lo cual lógicamente provoca una inercia que conduce a la repetición del cadáver que no zafa del círculo vicioso.

Hannah Arendt y tantos otros pensadores de fuste han marcado las reiteradas mentiras en la política. “Y bueno, qué quieren, es político”, intentan justificar los incautos. Por eso es que Eduardo Mallea ha señalado que para mirar lejos uno entrecierra los ojos “pero para mirar realmente a la distancia hay que cerrar los ojos de la carne y abrir los del espíritu a nuevas perspectivas”.

El problema medular son los epígonos, a saber, los que siguen a otros sin mediar. Locke escribía sobre el problema de “conceder asentimiento a opiniones corrientes recibidas”, Tocqueville concluye que las personas “temen más al aislamiento que al error” y Hume consigna que los hombres “encuentran muy difícil el seguir su propio juicio o inclinación cuando se opone al de sus amigos y compañeros diarios”.

Todos los roles honestos son muy respetables. Hay quienes son buenos para armar listas, conseguir fichas de afiliación y proceder en las contiendas electorales, pero es de desear que los que tienen condiciones intelectuales no consuman sus energías en la política. Y hacer las dos cosas siempre ha complicado, tal como explica Ortega en la antedicha cita, puesto que sabemos el tiempo colosal que demanda la vida intelectual para ser serios en la preparación de clases, libros, corrección de tesis y similares. Por eso alguna vez me he preguntado en voz alta que hubiera sido del mundo si Einstein en lugar de dedicarse a la física hubiera sido intendente de algún pueblo.

Las ideas provienen de otro ámbito completamente distinto del político. Se trata de un trabajoso proceso que comienza en cenáculos intelectuales, pasa por muy diversos planos educativos, llegan a los medios de comunicación y finalmente exigen esas ideas los votantes a los políticos que se presentan como “dirigentes”, pero en la práctica los que en verdad dirigen son los intelectuales que concibieron las ideas en primer término.

El intelectual cumple un rol decisivo para bien o para mal, según sea la tradición de pensamiento a la que adhiere. En el teatro de los acontecimientos no aparece en primer plano el intelectual, que se mantiene en sus bibliotecas observando cómo los políticos se arrogan el papel de inventar lo que sugieren como si hubiera aparecido de la nada la idea.

Sin duda que hay roles y funciones muy dispares: el intelectual concibe la idea y el político la ejecuta pero, como queda dicho, el referente que prepara el terreno es el primero mientras que el segundo la propone al público una vez que haya llegado a ese terreno.

Todo comienza en el nivel teórico. La computadora, la forma de arar y sembrar, las maquinarias y equipos, la medicina, los transportes terrestres, aéreas y marítimas, la física, la arquitectura, la vestimenta y todo cuanto se nos pueda ocurrir comienza con una idea, con una concepción teórica. Generalmente el primero que concibe una idea novedosa es vilipendiado por sus congéneres, por lo que John Stuart Mill ha consignado con razón que “todas idea buena pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Una vez que la idea se aplica los que antes la rechazaban por “impracticable” la aceptan como algo dado, como algo natural.

Pensemos en el que propuso el arco y la flecha en la época de los garrotes; seguramente fue considerado como estrafalario al sugerir algo que nadie había aplicado hasta la fecha y así sucesivamente con todos los inventos y descubrimientos, pues quién iba a tomar en serio a la persona que por primera vez conjeturó que un aparato inmenso iba a volar y convertirse en un avión o que pudiera existir algo como la telefonía inalámbrica o, para el caso, las ventajas de marcos institucionales que respetaran derechos de todos.

Como decimos, son roles distintos los del intelectual y los del político solo que es muy importante percatarse de que no se puede ejecutar una idea que no se sabe en qué consiste. No tiene sentido ocuparse primero de la política y luego de las ideas puesto que de ese modo el fracaso está garantizado.

Hoy en día el trabajo intelectual está muy retrasado respecto a la política. Hay demasiados candidatos para esto segundo y muy escasos ocupantes de lo primero con lo que naturalmente la política resulta un fiasco de proporciones mayúsculas. Hay una desproporción superlativa entre ambos roles puesto que es mucho más fácil alardear con propuestas vacías y contraproducentes que trabajar arduamente en el plano intelectual para producir propuestas con sustancia y riguroso fundamento.

Entonces, si se trabaja lo suficiente en el terreno intelectual el resto, es decir, la ejecución política, se da por añadidura puesto que, como queda dicho, lo uno sigue a lo otro: ni bien se percibe que la gente demanda tal o cual idea el político la propone al efecto se sacar partida electoral. También lo que sucede es que el rol político tiene muchos más candidatos porque la faena es más fácil por más que se aleguen dificultades enormes. Tiene la ventaja de la exposición mayor y más lucida, la foto y equivalentes que contrasta con el intelectual que se mantiene en su lugar de trabajo y las más de las veces en el anonimato.

Equivocadamente se dice que hay que ocuparse de la política puesto que lo otro es a largo plazo. En otros términos, la pretensión de ejecutar lo que aun no se sabe, es decir, la tentación de lo insustancial, lo demagógico, lo banal con visos de profundidad.

Por último, una cuestión lindante y emparentada que he mencionado en otra ocasión y es otro desequilibrio: la desproporción de tiempo dedicado a la coyuntura respecto al debate de ideas de fondo lo cual también cierra el paso para explorar y abrir otras avenidas que precisamente permitan contar con coyunturas favorables en el futuro. Esta balanza desbalanceada muchas veces ocurre en los medios orales, puesto que los escritos cuentan con más espacio para columnas de opinión. En la televisión y la radio se suele consultar sobre la coyuntura por lo que hay demasiados candidatos a responder con lo que se deja de lado el trabajo a más largo alcance, como decimos tan necesario para rectificar rumbos. Yo mismo he pasado por aquella etapa puesto que desde mediados de los 70 hasta fines de los 90 -un cuarto de siglo- he participado en programas reiteradamente en los Neustadt, Grondona y equivalentes de aquella época, a veces todas las semanas y a veces todos los días lo cual naturalmente resta tiempo para las faenas de fondo. Una vez que corté con eso pude disfrutar no solo de un tiempo mucho mayor para trabajar en ideas de fondo sino que logré redoblar una reconfortante paz interior. Por supuesto que es del todo respetable quienes deciden otro camino, incluso -aunque son casos muy aislados y excepcionales- hay quienes visitan esos programas usando la coyuntura como pretexto para anclarse en tópicos de fondo. Solo señalo en un plano más general la necesidad de contar con mayores energías para modificar rumbos descarriados con propuestas que salen de la coyuntura y los lugares comunes.

En resumen, para salir del marasmo es indispensable buscar un equilibrio entre los entusiasmos político-coyunturales y las faenas puramente intelectuales para abandonar la manía de la autopsia y poder vislumbrar un futuro en el que los políticos se vean obligados a recurrir a un discurso razonable.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h