El bochorno de la cobardía moral

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/86/22 en : https://www.infobae.com/opinion/2022/06/25/el-bochorno-de-la-cobardia-moral/

Todas las personas que se consideran partidarias de la libertad tienen la responsabilidad de contribuir a que la sociedad libre exista, a partir del estudio y la difusión de sus fundamentos. Nada está garantizado. Nada subsiste si no se defienden los valores del respeto recíproco

La Madre Teresa en El Salvador (AFP)

Estamos ante una encrucijada gigante. Hay quienes piensan que pueden circunscribirse a sus asuntos personales puesto que el respeto a lo suyo vendrá automáticamente o, en todo caso, son otros a los que les cabe la responsabilidad por cuidar y defender la libertad de cada uno. No se percatan de la responsabilidad moral de cada cual para contribuir a que exista tal cosa como la sociedad libre. Nada está garantizado. Como ha insistido Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Es muy legítimo y necesario que cada uno se dedique a sus menesteres pero éstos no pueden sobrevivir si no se estudian los fundamentos del respeto recíproco y si no se difunden. No basta con ser una buena persona que atiende los quehaceres domésticos y laborales. Nada subsiste si no se defienden los valores del antedicho respeto recíproco desde la perspectiva ética, jurídica, histórica y económica.

Se sabe que es más reconfortante dedicarse a la vida pacífica en la familia y en el trabajo, pero nuevamente reiteramos que no es posible evitar el inmenso riesgo que se atropellen esos derechos si no se vela por ellos. No es suficiente con no fornicar, no robar y no matar. Alexis de Tocqueville consignó que el problema básico irrumpe en las sociedades en las que ha habido gran progreso moral y material y se da eso por sentado. Se requiere -se demanda- un esfuerzo constante. No se trata de abandonar las faenas en las que uno está, se trata de destinar una parte aunque más no sea pequeña para que aquellas faenas puedan continuar de modo pacífico.

Hay muchas maneras de proceder en este sentido, la más eficaz es la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero en modo alguno esto se agota en estas actividades para los que no tengan posibilidad de acceder. Por ejemplo, una forma muy fértil consiste en los ateneos de lectura donde se reúnen en casa de familia cuatro o cinco personas para debatir un buen libro: por turno uno expone y el resto debate. Esto tiene inmenso efecto multiplicador en las familias, en las reuniones sociales y en los ámbitos de trabajo. No tiene sentido sostener que uno no está preparado para esas cuestiones, nadie nace con la preparación, todos deben hacer esfuerzos para capacitarse. Es muy cómodo alegar que otros tienen la vocación por defender los principios de la sociedad libre, a todos les atrae mucho más dedicarse a ganar dinero y aplicarlo a los placeres de la vida armoniosa y gratificante, pero a todos les compete la mencionada responsabilidad. No puede esperarse a que la invasión de los bárbaros destruya todo. Cuando no quede nada en pie será tarde para los lamentos.

Como se ha dicho, el asunto no es preocuparse sino ocuparse y no valen las exclamaciones y las críticas de sobremesa para luego de haber engullido alimentos dedicarse a los intereses personales cortoplacistas. El abandono de las aludidas responsabilidades indelegables conduce indefectiblemente al desastre. En verdad el darle la espalda a esta misión inherente a la civilización es nada menos que cobardía moral.

No se trata de actuar como si estuviéramos en una inmensa platea mirando al escenario donde supuestamente estarían los que deben ocuparse, se trata de contribuir a sostener la conducta civilizada, lo contrario es una buena receta para que se desplome el teatro. No puede pretenderse ser free-riders de otros (garroneros en criollo) por más que en general se trate de muy buenas personas que creen en la libertad.

Resulta paradójico en verdad que se diga que la suficiente difusión de las buenas ideas es el único camino para retomar uno de cordura y, sin embargo, se concluye que es altamente inconveniente pretender expresarlas ante el público. Parecería que estamos frente a un callejón sin salida, pero, mirado de cerca, este derrotismo es solo aparente.

Ortega escribe en el prólogo para franceses de Rebelión de las masas: “Mi trabajo es oscura labor subterránea de minero. La misión del intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que el político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban” y en el cuerpo del libro precisa que en el hombre masa “no hay protagonistas, hay coro” y en el apartado titulado “El mayor peligro, el Estado” concluye que “el resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno”.

Por su parte, Le Bon en La psicología de las multitudes afirma que “las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio de civilización, son aquellas realizadas en las ideas” pero que, al mismo tiempo, “poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción” y, en general, “solo tienen poder para destruir” puesto que “cuando el edificio de una civilización está ya carcomido, las muchedumbres son siempre las que determinan el hundimiento” ya que “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”.

Entonces, ¿cómo enfrentar la disyuntiva?. Los problemas sociales se resuelven si se entienden y comparten las ideas y los fundamentos de la sociedad abierta pero frente a las multitudes la respuesta no solo es negativa porque la agitación presente en ellas no permite digerir aquellas ideas, sino que necesariamente el discurso dirigido a esas audiencias demanda buscar el mínimo común denominador lo cual baja al sótano de las pasiones. Como explica Ortega en la obra referida, “el hombre-masa ve en el Estado un poder anónimo y como él se siente a sí mismo anónimo -vulgo- cree que el Estado es cosa suya” y lo mismo señala Friedrich Hayek en Camino de servidumbre en el capítulo titulado “Por qué los peores se ponen a la cabeza”.

Desde luego que, como hemos apuntado en otras ocasiones, la paradoja no se resuelve repitiendo los mismos procedimientos puesto que naturalmente los resultados serán idénticos. El asunto es despejar telarañas mentales y proponer otros caminos para consolidar la democracia y no permitir que degenere en cleptocracias como viene ocurriendo de un largo tiempo a esta parte. La perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata en esta instancia del proceso es minimizar los desbordes del Leviatán.

Hay quienes en vista de este panorama la emprenden irresponsablemente contra la democracia sin percatarse que en esta etapa cultural la alternativa a la democracia es la dictadura con lo que la prepotencia se arroga un papel avasallador y se liquidan las pocas garantías a los derechos que quedan en pie. Confunden el ideal democrático cuyo eje central es el respeto de las mayorías por el derecho de las minorías, con lo que viene ocurriendo situación que nada tiene que ver con la democracia sino más bien con dictaduras electas.

Y para fortalecer las ideas lo último que se necesita es un líder puesto que, precisamente, cada uno debe liderarse a sí mismo lo cual es completamente distinto de contar con ejemplos, es decir referentes que es muy diferente por la emulación a que invitan no solo en el terreno de las ideas sino en todos los aspectos de la vida (esto a pesar de los múltiples cursos sobre liderazgo que en el sentido de mandar y dirigir están fuera de lugar, incluso en el mundo de los negocios donde se ha comprendido el valor de la dispersión del conocimiento y el daño que hace el énfasis del verticalismo.)

El núcleo de las ideas es siempre iniciado por una minoríaAlbert Jay Nock escribió un ensayo en 1937 reproducido en castellano en Buenos Aires (Libertas, Año xv, octubre de 1998, No. 29) titulado La tarea de Isaías (“Isaiah´s Job”). En ese trabajo subraya la faena encargada al mencionado profeta bíblico de centrar su atención en influir sobre la reducida reserva moral (remnant en inglés): “De no habernos dejado Yahvéh un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos”. A partir de lo consignado, Nock elabora sobre lo decisivo del remnant al efecto de modificar el clima de ideas y conductas y lo inconducente de consumir energías con multitudes. Concentrarse en ser personas íntegras y honestas intelectuales en lugar de los timoratas que tienen pánico de ir contra la corriente aun a sabiendas que lo “políticamente correcto” se encamina a una trampa fatal. Necesitan el aplauso, de lo contrario tienen la sensación de la inexistencia. Borges escribió sobre aquellos que se ufanan por aparecer como alguien “para que no se descubra su condición de nadie.”

Hay incluso quienes podrían ofrecer contribuciones de valor si fueran capaces de ponerse los pantalones y enfrentar lo que ocurre con argumentos sólidos y no con mentiras a medias, pero sucumben a la tentación de seguir lo que en general es aceptado. No se percatan de la inmensa gratificación de opinar de acuerdo a la conciencia y de la fenomenal retribución cuando aunque sea un alumno, un oyente o un lector dice que lo escuchado o leído le abrió nuevos horizontes y le cambió la vida. Prefieren seguir en la calesita donde en el fondo son despreciados por una y otra tradición de pensamiento puesto que es evidente su renuncia a ser personas íntegras que puedan mirarse al espejo con objetividad.

Y no es cuestión de alardear de sapiencia, todos somos muy ignorantes y a medida que indagamos y estudiamos confirmamos nuestro formidable desconocimiento. Se trata de decencia y sinceridad y, sobre todo, de enfatizar en la imperiosa necesidad del respeto recíproco. Si estuviéramos abarrotados de certezas la libertad no tendría sentido.

Por otro lado, si nos quejamos de los acontecimientos, cualquiera éstos sean, el modo de corregir el rumbo es desde el costado intelectual, en el debate de ideas y en la educación. Como se ha señalado en incontables oportunidades, los socialismos son en general más honestos que supuestos liberales en cuanto a que los primeros se mantienen firmes en sus ideales, mientras que los segundos suelen retroceder entregando valores a sabiendas de su veracidad, muchas veces a cambio de prebendas inaceptables por parte del poder político o simplemente en la esperanza de contar con la simpatía de las mayorías conquistadas por aquellos socialistas debido a su perseverancia.

Ya he puesto de manifiesto en otra ocasión que la obsesión por “vender mejor las ideas para tener más llegada a las masas” es una tarea condenada al fracaso, principalmente por dos razones. La primera queda resumida en la preocupación de Nock en el contexto de “la tarea de Isaías”. El segundo motivo radica en que en la venta propiamente dicha no es necesario detenerse a explicar el proceso productivo para que el consumidor adquiera el producto. Es más que suficiente si entienden las ventajas de su uso. Cuando se vende una bicicleta o un automóvil, el vendedor no le explica al público todos los cientos de miles de procesos involucrados en la producción del respectivo bien, centra su atención en los servicios que le brindará el producto al consumidor potencial. Sin embargo, en el terreno de las ideas no se trata solo de enunciarlas sino que es necesario exponer todo el hilo argumental desde su raíz (el proceso de producción) que conduce a esta o aquella conclusión. Por eso resulta más lenta y trabajosa la faena intelectual. Solo un fanático acepta una idea sin la argumentación que conduce a lo propuesto. Además, los socialismos tienen la ventaja sobre el liberalismo que van a lo sentimental con frases cortas sin indagar las últimas consecuencias de lo dicho (como enfatizaba Hayek, “la economía es contraintuitiva” y como señalaba Bastiat “es necesario analizar lo que se ve y lo que no se ve”).

Por eso es que el aludido hombre-masa siempre demanda razonamientos escasos, apuntar al común denominador en la articulación del discurso y absorbe efectismos varios. Por eso la importancia del remnant que, a su vez, genera un efecto multiplicador que finalmente (subrayo finalmente, no al comienzo equivocando las prioridades y los tiempos) llega a la gente en general que a esa altura toma el asunto como “obvio”. Para esto las minorías que abren camino a las ideas deben ser apoyados y alimentados por todas las personas responsables. Y si la idea no llega a cuajar debido a la descomposición reinante, no quita la bondad del testimonio, son semillas que siempre fructifican en espíritus atentos aunque por el momento no puedan abrirse paso.

Tal como ha escrito Juan Bautista Alberdi en 1841 donde vaticinó lo que sería su largo esfuerzo de prédica que comenzó en 1836 con su tesis doctoral que se negó a jurarla por el tirano Rosas y que culminó en la Constitución liberal argentina de 1853/60: “Siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio de las actuales ideas” (Obras completas, tomo II, p. 134).

En resumen, debe dejarse de lado la comodidad y poner manos a la obra. No estaríamos en la situación en la que estamos si todos los que se dicen partidarios de la libertad contribuyeran a estudiar y difundir sus fundamentos. Estimo que es pertinente para ilustrar cómo es que nunca se desperdician las contribuciones bienhechoras de las personas íntegras -aún operando en soledad- lo apuntado por la Madre Teresa de Calcuta cuando le dijeron que su tarea era de poca monta puesto que “es solo una gota de agua en el océano” a lo que respondió “efectivamente, pero el océano no sería el mismo sin esa gota”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Cuatro mecanismos por los que el comercio internacional promueve la innovación

Por Martín Krause. Publicada el 25/26/22 en: https://bazar.ufm.edu/cuatro-mecanismos-los-comercio-internacional-promueve-la-innovacion/

Intuitivamente, quien entiende el funcionamiento de los mercados comprenderá, sin muchas palabras por medio, que al libre comercio promueve mayores grados de innovación. Por si fuera necesario probarlo, Marc J. Melitz y Stephen Redding publican un trabajo de la serie LSE Research Online Documents on Economics, de la London School of Economics, titulado: “Trade and Innovation”: http://eprints.lse.ac.uk/113930/

Esto dicen:

“Dos ideas centrales del enfoque schumpeteriano de la innovación y el crecimiento son que el ritmo de la innovación está determinado endógenamente por la expectativa de ganancias futuras y que el crecimiento es inherentemente un proceso de destrucción creativa. Dado que el comercio internacional es un determinante clave de la rentabilidad y supervivencia de las empresas, es natural esperar que desempeñe un papel clave en la configuración tanto de los incentivos para innovar como de la tasa de destrucción creativa. En este artículo, revisamos la literatura teórica y empírica sobre comercio e innovación. Destacamos cuatro mecanismos clave a través de los cuales el comercio internacional afecta la innovación y el crecimiento endógenos: (i) tamaño del mercado; (ii) competencia; (iii) ventaja comparativa; (iv) derrames de conocimientos. Cada uno de estos mecanismos ofrece una fuente potencial de ganancias de bienestar dinámicas además de las ganancias de bienestar estáticas del comercio de la teoría comercial convencional. Investigaciones recientes han sugerido que estas ganancias dinámicas de bienestar del comercio pueden ser sustanciales en relación con sus contrapartes estáticas. Discriminar entre mecanismos alternativos para estas ganancias dinámicas de bienestar y fortalecer la evidencia sobre su magnitud cuantitativa siguen siendo áreas interesantes de investigación en curso.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Intentando explicar la bipolaridad política

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2022/06/intentando-explicar-la-bipolaridad.html

Los últimos acontecimientos políticos en materia de elecciones me llevan a renovar reflexiones que ya he tenido en otras oportunidades.

He comprobado que el elector común tiene pensamientos simples y -de alguna manera- de votar con respecto al espectro político que posee a su disposición a la hora de emitir su sufragio.

Sin mayores distinciones del mapa político, el elector medio se divide sencillamente en dos partes: una ‘‘izquierda’’ y otra ‘‘derecha’’.

Las alternativas parecen reducirse simplemente a esas dos, y en un sector de la población que siempre he identificado como un tercio del total de ciudadanos pueden (según fueren las circunstancias) unas veces votar a lo que él considera que son representantes de la ‘‘izquierda’’ y alternativamente en las oportunidades siguientes hacer lo propio por aquellos otros que él interpreta como representante de la ‘‘derecha’’.

Es así como hemos venido observando en los últimos procesos electorales que, varios países de la región que estaban siendo gobernados por partidos políticos que el vulgo normalmente cataloga como de ‘‘derecha’‘ han revertido los recientes resultados electivos hacia partidos que se autodenominan (y que en la creencia popular también se las piensa) como de ‘‘izquierda’’.

Esto es lo que ha ocurrido en los últimos años con Argentina, Perú, Chile y recientemente Colombia, que se suman a la línea iniciada en el continente sudamericano por la Venezuela de Chávez, sin olvidar que en el Caribe todavía permanece la dictadura cubana en pie.

Referidos como de ‘‘derecha’’ quedarían en el continente sudamericano únicamente los casos de Brasil y Uruguay.

Pensando sobre este asunto, recordé la charla mantenida con un amigo hace algunos años atrás, que refiriéndome que si bien había votado en la elección anterior por un gobierno que el vulgo cree de ‘‘derecha’’, frente a una nueva oportunidad electoral cambiaría su voto hacia un postulante que (según ese mismo pensar convencional) estaría enrolado dentro de la línea populista. Y así, efectivamente, lo hizo.

Este episodio me lleva a reflexionar sobre la aparente paradoja en la que una misma persona no tiene ningún inconveniente en votar unas veces a la ‘‘derecha’’ y otras veces a la ‘’izquierda’’.

Cuando le pregunté a aquel amigo por qué iba votar de esa manera y -sobre todo- si esa forma de votar representaba real y fielmente su modo de pensar política, su respuesta me produjo mayor perplejidad que la que me había ocasionado su afirmación anterior.

Y lo que me contestó (y me dio por ‘’explicación’’) fue que -según él- la manera lógica de votar consistía en darle alternativamente ‘’oportunidad’’ electoral a ambos espectros del plano ideológico, y que él no era ni de ‘‘derecha’’ ni ‘’izquierda’’ sino que discurría que lo más »racional» para lograr el ’’equilibrio’’ político, era que se alternaran una y otra fuerza en el poder a modo de »compensarse entre sí», de manera de evitar que la sociedad cayera »en los extremos».

Esta respuesta (que a mí en lo personal me parece un completo disparate aunque en ese momento no se lo dije porque hubiera sido entrar una polémica interminable a las puertas de una elección política objeto de la discusión sino que, fortuitamente en vísperas de tal, el  tema brotó espontáneamente como sucede en tantos círculos sociales) denotó, a mi modo de ver, la explicación más plausible de la razón por la cual en una buena cantidad de países (y en la mayoría de los sudamericanos) una veces la gente vota a la ‘‘derecha’’ y otras a la ‘‘izquierda’’.

No vamos a explayarnos nuevamente respecto del tema ‘‘izquierda-derecha’’. Quien sigue nuestros escritos ya sabe que para nosotros dicha distinción es irrelevante, es difícil precisarla y carece de todo rigor científico político y económico. Por lo que mejor -en nuestra opinión- es desechara y dejarla de lado.

‘‘Derecha-Izquierda’’ es una súper simplificación inadmisible que no explica nada, y que pasa por alto los matices de todo fenómeno social que -como dijo F. A. v. Hayek- siempre se tratan de fenómenos complejos.

Pero más allá de academicismos científicos, lo cierto es que el mapa político mental de una cantidad no menor de electores se divide en esa extrema simplicidad, y unas veces votan a unos y otras a los opuestos con argumentos muy similares o exactamente iguales que los de mi amigo, que podríamos resumir en el argumento de la compensación.

Claro que, esa forma rústica y primitiva de pensar políticamente y de votar en consecuencia es errada. Esas fuerzas opuestas no se ‘’compensan’’, sencillamente parten de supuestos filosóficos -políticos económicos completamente diferentes, y sus acciones por lo tanto no son ‘’complementarias’’ sino conflictivas entre sí. De allí que, sucede lo que ya estamos casi acostumbrados a ver. Cuando asume un gobierno de ‘‘izquierda’‘ se dedica a destruir lo construido por el que le antecedió de ‘‘derecha’‘, y así sucesivamente a medida que se van alternado y sustituyéndose uno a otro en el poder.

Obvio que, de esta manera lejos se está de conseguir aquella fantasiosa estabilidad política con la que se justificaba mi amigo cuando trataba de explicarme porque votaba ‘‘izquierda’’ en unas elecciones y ‘‘derechas’’ en la siguientes, para volver -una y otra vez- a repetir ese círculo vicioso que mi amigo veía como »racional» cuando en realidad era completamente lo contrario.

Todo esto que aquí expongo, y que lo imagino un exponente de inmadurez política, puede ser -con bastante probabilidad- lo que explique estos cambios de signo ideológico entre las preferencias de los sufragantes del país que mencioné líneas arriba. Lo que -a su turno- me estaría indicando que, aquellas personas que tienen ideas precisas e identificadas con líneas de pensamiento político definidas (como podrían ser el liberalismo y el socialismo entendidos ambos en su sentido clásico) son -en realidad- las que pertenecen los 2/3 restantes de la sociedad, y que cuantitativamente (en términos electorales por supuesto) son los menos representativos, a la vez que, no son nunca los que definen una elección política.

Si éste argumento -que aquí estamos esbozando- llegara por ventura a ser correcto, es bastante probable que en muchos de aquellos países donde hoy la ‘‘izquierda’’ ha ganado las elecciones, en una próxima elección la vuelvan a perder en manos de la ‘‘derecha’’ (siempre utilizando estos términos con la reserva del caso, porque volveremos a insistir que para nosotros hablar de ‘‘izquierda’’ y ‘‘derecha’’ no significa absolutamente nada, carece de sentido).

Meramente aludimos a lo que la gente común y corriente tiene en mente cuando se le pide una opinión política, y esta distinción se agudiza aún más todavía cuando se acercan fechas próximas a un acto electoral.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El abandono de la virtud

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/18/el-abandono-de-la-virtud/

El respeto recíproco tan indispensable para convivir civilizadamente a la larga no puede subsistir si no se cuenta con una extendida incorporación de la virtud como valor esencial

Albert Schweitzer

En uno de mis primeros libros fabriqué una definición de liberalismo que tengo la satisfacción que intelectuales que aprecio mucho la citan con frecuencia. Esta definición dice que el liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Se trata del uso de la fuerza solamente cuando hay lesiones de derechos, todo lo demás debe respetarse aunque no compartamos otros proyectos de vida. Más aún, el test definitivo del respeto es cuando no solo no compartimos el proyecto de vida ajeno sino cuando lo consideramos repulsivo. Y no digo tolerancia puesto que estimo es una expresión que revela cierto tufillo inquisitorial, ya que presume que el que tolera perdona los errores ajenos. Esta es la columna vertebral de la sociedad libre donde los derechos se resumen a la vida, la propiedad y la libertad. Este es el modo de facilitar e incentivar la cooperación social y el consiguiente progreso.

Habiendo dicho esto consigno que ese respeto recíproco tan indispensable para convivir civilizadamente a la larga no subsiste si no se cuenta con una extendida incorporación de la virtud como valor esencial. La declinación de la virtud se transforma en falta de consideración al prójimo y en el deterioro y posterior degradación del antedicho respeto irrestricto y así sucumbe la sociedad libre. En otros términos, el aludido respeto se convierte en falta de respeto con lo que es necesario destacar que esa consideración interpersonal debe ser acompañada por cierta dosis mínima de respeto intrapersonal, es decir autorrespeto que se pone de manifiesto en las conductas. En resumen, el respeto irrestricto hacia terceros es condición necesaria y suficiente pero si no se mantiene y alimenta con el ejercicio de la virtud a la larga se termina enterrando el mismísimo respeto recíproco.

Veamos el asunto más de cerca. En primer lugar debe subrayarse que la virtud consiste en la conducta recta, en las manifestaciones honestas, en la sinceridad, en el decoro y en el desarrollo de las potencialidades para el bien. Esto puede sonar subjetivo y compatible con el relativismo epistemológico pero además de ser relativo el relativismo pretende darle la espalda a la noción de verdad que consiste en la concordancia entre el juicio y el objeto juzgado, en negar la noción del bien y el mal en nuestro caso de conductas visibles como lo que nutre al autoperfeccionamiento. Es lo que se ha propuesto desde Aristóteles y confirmado por autores como José Ferrater Mora en su Diccionario de filosofía. Es la debida proporción, la prudencia, la perseverancia en el mérito, el coraje de apartarse de lo que dicen y hacen otros, los modales, la privacidad y el sentido de intimidad, el pudor, la cortesía y sobre todo la moral. Ya sabemos que en una sociedad libre nada puede hacerse si no hay lesiones de derechos por más vicios que existan, solo puede procederse vía la educación sea la informal a través de la familia o la formal en el aula. Y educación no es transmitir cualquier cosa en cualquier dirección sino la trasmisión de valores de respeto a terceros y autorrespeto, como se ha dicho desde los estoicos: “Apuntar a la perfección o el fin de cada cosa” concepto desplegado por filósofos como Kant al resaltar “la fortaleza moral en el cumplimiento del deber”.

Ejemplifiquemos primero con los modales sobre lo que he escrito antes pero es del caso reiterar ya que se refiere a la manifestación externa de lo que ocurre en el interior de la persona y luego vamos a la educación sobre lo que también me he pronunciado. “El hábito no hace al monje” reza un conocido proverbio, a lo que Jacques Perriaux agregaba “pero lo ayuda mucho”. Las formas no necesariamente definen a la persona, pero ayudan al buen comportamiento y hacen la vida más agradable a los demás.

Hoy en día, en gran medida se ha perdido el sentido del buen hablar. En primer lugar, debido al uso reiterado de expresiones soeces. Las denominadas “malas palabras” remiten a lo grotesco, a lo íntimo, a lo repugnante y a lo escandaloso. Los que no recurrimos a esas expresiones no es por carencia de imaginación (personalmente se me ocurren variantes bastante creativas), es debido a la comprensión del hecho de que si se extiende esa terminología, todo se convierte en un basural, lo cual naturalmente se aleja de la excelencia y las conversaciones bajan al nivel del subsuelo. Por su parte, los términos obscenos empobrecen el lenguaje y como este sirve para pensar y para la comunicación, ambos propósitos se ven encogidos y limitados a un radio estrecho.

Entonces, aquello de que “el hábito no hace al monje, pero lo ayuda mucho” pone en evidencia una gran verdad y es que las apariencias, los buenos modales y, en general, la estética, tienen una conexión subliminal con la ética. Cuanto más refinados y excelentes sean los comportamientos y más cuidados los ámbitos en los que la gente se desenvuelve, más proclive se estará a lograr buenos resultados en la cooperación social y el indispensable respeto recíproco como su condición central.

Claro que un asesino serial puede estar encubierto y amurallado tras aparentes buenos modales, pero de todos modos los buenos signos exteriores tienden a reforzar y a abrir cauce al antes mencionado respeto recíproco. Se ha dicho en diversas oportunidades que en la era victoriana había mucho de hipocresía, lo cual es cierto de todas las épocas, pero no cambia el hecho de que en esa etapa de la historia el ocultamiento de lo malo traducía un sentido de vergüenza que luego se perdió bajo el rótulo de una supuesta “apertura mental” que más bien se abrió a la bosta que puso al descubierto las inmoralidades más superlativas con la pretensión de hacerlas pasar por acciones nobles y “modernas”.

Como queda dicho, las normas morales aluden al autorrespeto y al respeto al prójimo en las respectivas preservaciones de las autonomías individuales basadas en la dignidad y la autoestima. De más está decir que lo dicho nada tiene que ver con el dinero, sino con la conducta, lo que ocurre es que en las sociedades abiertas los que mejor sirven los intereses de los demás son los que prosperan desde el punto de vista crematístico y, por ende, se espera de ellos el ejemplo, lo cual en los contextos contemporáneos ha mutado, puesto que en gran medida esos patrimonios no son fruto del servicio al prójimo, sino de la rapiña lograda con el concurso de gobernantes que se han extralimitado en sus funciones específicas de proteger derechos para, en su lugar, conculcarlos. Mal puede esperarse ejemplos de una banda de asaltantes.

La literatura, la escultura, la pintura y la música son evidentemente manifestaciones de cultura por antonomasia. Sin embargo, en la actualidad Carlos Grané apunta en El puño invisible: arte, revolución y un siglo de cambios culturales que el futurismo, el dadaísmo, el cubismo y similares son manifestaciones de banalidad, nihilismo, vulgaridad, escatología, violencia, ruido, insulto, pornografía y sadismo (en el epígrafe de su libro aparece una frase del fundador del futurismo, Filippo Tommaso Marinetti, que reza así: “El arte, efectivamente, no puede ser más que violencia, crueldad e injusticia”).

¿Qué ocurre en ámbitos cada vez más extendidos en aquello que se pasa de contrabando como arte? Es sencillamente otra manifestación adicional de la degradación de las estructuras axiológicas. Es una expresión más de la decadencia de valores. En este sentido, otra vez, se conecta la estética con la ética. No se necesitan descripciones acabadas de lo que se observa cuando a diario se exhiben sin pudor alguno: alarde de fealdad, personas desfiguradas, alteraciones procaces de la naturaleza, embustes de las formas, alaridos ensordecedores, luces que enceguecen, batifondos superlativos, incoherencias múltiples y mensajes disolventes. En el dictamen del jurado del libro mencionado de Grané -que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco (presidido por Fernando Savater), en Guadalajara- se deja constancia de “los verdaderos escándalos que ha vivido el arte moderno”.

¿Qué puede hacerse para revertir semejante espectáculo? Sólo trabajar con paciencia y perseverancia en la educación, es decir, en la trasmisión de principios y valores que dan sustento a todo aquello que puede en rigor denominarse un producto de la humanidad, alejándose de lo subhumano y lo puramente animal, en un proceso competitivo de corroboraciones y refutaciones que apunten a la excelencia y no a burlarse de la gente con apologías de la fealdad y explotar el zócalo del hombre con elogios a la indecencia, la ordinariez y la tropelía.

Incluso la forma en que nos vestimos transmite nuestra interioridad. La elegancia y la distinción se dan de bruces con lo deliberadamente zaparrastroso en el contexto de modales nauseabundos, ruidos guturales patéticos que sustituyen la fonética elemental. La bondad, lo sublime, lo noble y reconfortante al espíritu naturalmente hacen bien y fortalecen las sanas inclinaciones. El morbo, el sadismo, lo horripilante y tenebroso degrada. Ingleses que transmitían radio en el medio de la nada en África durante la Segunda Guerra Mundial lo hacían vestidos de smoking “to keep standards up”.

El deterioro en los modales que subestima la calidad de vida al endiosar la grosería y lo chabacano también tiende a anular el sentido de las expresiones ilustrativas que se consideran pasadas de moda. Ya Confucio, quinientos años antes de Cristo, escribió: “Son los buenos modales los que hacen a la excelencia de un buen vecindario. Ninguna persona prudente se instalará donde aquellos no existan” y, en 1797, Edmund Burke sostenía que para la supervivencia de la sociedad civilizada “los modales son más importantes que las leyes”.

Estimo que antes de las respectivas especializaciones profesionales, debería explorarse el sentido y la dimensión de la vida, para lo cual hay una terna de libros extraordinarios que merecen incorporarse a la biblioteca: The Philosophy of Civilization de Albert Schweitzer, Adventures of Ideas de Alfred N. Whitehead y Human Destiny de Pierre Lecomte du Noüy. Después de esa lectura tan robusta y de gran calado, entre otras muchas cosas, se comprenderá mejor el apoyo logístico que brinda la cobertura de los modales para preservar las autonomías individuales.

Es de esperar que personas inteligentes y que también hacen aportes en diversos campos abandonen la grosería de sus expresiones al efecto de contribuir a la construcción de una sociedad civilizada y se percaten de que la cloaca verbal se encamina a la cloaca. Reiteramos que nada puede hacerse en una sociedad libre para revertir conductas que no lesionan derechos de terceros, solo a través de la educación, es decir, antes que nada, la trasmisión de valores. Y esto no puede ocurrir allí donde la educación se convierte en adoctrinamiento y politización lo cual es parido desde el momento en que se acepta la existencia de aquella cachetada a la inteligencia cual es el ministerio de educación con la pretensión de imponer estructuras curriculares que constituyen la antítesis del proceso educativo que por definición requiere abrir puertas y ventanas a la competencia y a las auditorías cruzadas. En este contexto la llamada educación privada está privada de toda independencia.

En esta línea argumental, la “educación pública” es una fachada para ocultar su verdadera naturaleza cual es la educación estatal, una expresión que no se usa porque es tan desagradable como el periodismo estatal o arte estatal. La educación privada es también para el público. El tema para nada consiste en descalificar a profesores que se desempeñan en el área estatal, por el contrario los hay muy esmerados y competentes. El asunto estriba en los incentivos: no es lo mismo la forma en que se toma café y se encienden las luces cuando uno paga las cuentas respecto de cuando se obliga a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos. Por ende, todos los establecimientos educativos estatales deberían entregarse al claustro existente y en la transición a las personas que tienen las condiciones intelectuales pero no cuentan con los ingresos suficientes debería entregárseles vouchers o créditos educativos para que apliquen a la institución privada que prefieran de todas las ofertas disponibles. Esto es financiar la demanda y no la oferta para evitar toda la parafernalia de la administración de activos en manos de la burocracia. Por último en esta materia, cuando resulten necesarias las acreditaciones debieran hacerse como era originalmente en el continente europeo y especialmente el la época colonial estadounidense: academias y entidades privadas también en competencia para acreditar a los efectos de lograr el mayor grado de excelencia posible.

Ahora se discute acaloradamente en nuestro medio si debe imponerse la educación sexual y el llamado “lenguaje inclusivo” en los colegios, un debate absurdo siempre impuesto desde el vértice del poder en lugar de abrir las posibilidades de competir en instituciones todas privadas y ajenas al ámbito de la fuerza.

No se trata entonces de limitarse a la queja por la degradación de valores y las amenazas al sine que non de la convivencia civilizada de respeto recíproco, se trata de abandonar la vaca sagrada de nuestro tiempo cual es la llamada educación estatal puesto que las botas, es decir, el monopolio de la vilencia que denominamos gobierno no debiera entrometerse en una función tan privativa de cada cual que por otra parte perjudica especialmente a los más necesitados que se ven obligados a financiar estas politizaciones vía la reducción de sus salarios e ingresos en términos reales. Hay quienes destacan la importancia de la educación -aun sin compartir mi propuesta- pero en simultáneo recurren a lenguaje soez…no saben de qué hablan.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

EL DIVORCIO ENTRE MASLATON Y MILEI

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/6/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/06/el-divorcio-entre-maslaton-y-milei.html

Sucedió lo previsible: desafiado a elegir entre su hermana y Maslatón (desafío planteado por este último) Milei eligió a su hermana. Mis colegas filósofos discutirán sobre el libre albedrío y el determinismo, pero estaba cantado. Era obvio.

El enfrentamiento entre ambas peculiares psicologías tiene de fondo algo que va más allá de lo psicológico.  Sale a relucir el laberinto del cual la centro-derecha argentina no logra salir.

Para analizarla, vamos a usar, paradójicamente, palabras de Maslatón.

Un sector, los aliados, es proclive a una gran alianza entre diversos sectores que, aunque muy enfrentados, comparten su enfrentamiento con el kirchnerismo, que no es poco. La teoría es buena: si vamos separados el kirchnerismo vence de vuelta. Por ende: juntos por el cambio, liberales, conservadores, nacionalistas moderados, libertarios, peronistas republicanos, nos ponemos de acuerdo en un programa de mínima, en común (ya lo sugerí la vez pasada) y enfrentamos al kirchnerismo.

Dije los aliados porque, curiosamente, así se llamaban los que enfrentaban al Eje en le Segunda Guerra. En 1942, Jacques Maritain dijo: si los aliados ganan la guerra, hay posibilidades de reconstrucción; si no, se pierde todo. En ese año Maritain no podía prever la dimensión que tomaría el drama soviético, que arruinó todo. En ese año, tenía razón.

Mutatis mutandis….

Pero la gran objeción es que no se puede confiar en Juntos por el Cambio. Y lo más probable es que sea así. Luego de los cuatro años de Macri, se han desautorizado totalmente, tal vez incluso para lo más mínimo.

La otra posición, el Eje, es ir solos en enfrentar a ambos: a Juntos por el Cambio y al Kirchnerismo. La verdad, ganar eso sería milagroso. Pero precisamente el pobre desempeño de Juntos por el Cambio justificaría esa posición.

El problema es que no son posiciones contradictorias, sino complementarias. Tienen razón la dos. Juntos por el Cambio es un desastre total, excepto su no kirchnerismo, pero a la vez ir solos conducirá a que el kirchnerismo pueda ganar de vuelta. Sí, el electorado argentino es así. Cristina Kirchner no tiene más que casarse de vuelta, enviudar en unos meses y llorar el resto. Y gana de vuelta.

¿Entonces?

Primero no estaría de más que aliados y el Eje, en el sentido descripto, dejaran de insultarse, de matarse, de pasarse el liberalómetro y de excomulgarse mutuamente. Estas cuestiones son prudenciales, no doctrinales. Bajen un cambio por favor.  

Segundo, es verdad que los liberales no sabemos casi nada de política concreta. Yo, el primero, pero, coherentemente, no soy candidato a nada. Sí, hay algunos que sí, pero les cuento que son sistemáticamente excluidos por los señores feudales de cada kiosquito liberal. Y así les va. (Digo, a los señoritos feudales). Pero en ese sentido tiene razón Maslatón: el “armado” de partido a nivel nacional requiere otro tipo de experiencia y liderazgo.

Tercero, todos los sectores no kirchneristas tendrían que tener la suficiente altura moral para unificarse en una figura que tenga la autoridad moral suficiente como para aunar a todos. Milei parece últimamente inclinarse por Macri, y eso es curioso. Hay otras personas, como Lopez Murphy, por ejemplo. ¿Tendrían los otros papables no kirchneristas la altura moral como para reconocerlo? ¿Tendrán la lucidez como para unirse en un plan de gobierno de mínima y recurrir a gente que sepa de política en serio?

Porque, en ese caso, se podría enfrentar unificadamente al kirchnerismo.

Pero casi todos coincidirán conmigo en que eso sería muy difícil.

Creo que el experimento Milei ha entrado en su fase de declinación.

Pero eso muestra una vez más el drama cultural de los liberales y conservadores argentinos: su imposibilidad de trabajar en equipo, su personalismo, su autoritarismo cultural. Porque si ESO es lo que hizo subir a Milei, ESO es lo que ahora lo está haciendo bajar.

La cuestión no es sustituir a Milei por otro Milei. La cuestión es trabajar en equipo. Pero los anti-kirchneristas no arman equipo ni los votantes votan por equipos.

Así las cosas, en el 2023 un piloto iraní será presidente. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Ucema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

¿Hay que subir las retenciones para bajar los precios?

Por Iván Carrino. Publicado el 31/5/2en : https://www.ivancarrino.com/hay-que-subir-las-retenciones-para-bajar-los-precios/

Cuatro motivos para rechazar la propuesta del kirchnerismo.

En los últimos doce meses, la inflación en Argentina trepó al 58%. Es decir, los precios promedio hoy son 58% más altos que el año pasado.

No obstante, en alimentos y bebidas la suba es un poco más alta: 62,1%.

Frente a este escenario, desde posturas kirchneristas se está pidiendo que se suban las retenciones al campo, los impuestos que se cobran cuando un exportador de trigo, por ejemplo, vende su producto al extranjero.

El objetivo es que dicha medida ayude a bajar algunos precios clave del consumo popular.

¿Serviría hacer esto? Lo analizamos a continuación.

LA PROMESA DEL AUMENTO DE RETENCIONES

Producto de la invasión de Rusia a Ucrania, los precios de algunos commodities en el mundo subieron marcadamente, especialmente durante el mes de marzo. El trigo fue uno de los productos más impactados, llegando a cotizar por estos días a USD 460 la tonelada. También el maíz y la soja subieron, al igual que el petróleo y el gas.

Lo que promete la medida de subir las retenciones[1] es “divorciar” el precio internacional del precio local. Es decir que si el mundo paga USD 460 la tonelada de trigo, nosotros paguemos menos.

¿Cómo funciona? Hoy las retenciones están en 12% para el trigo. Es decir que de los USD 460 que cobra el exportador por vender una tonelada de trigo, el estado se queda con USD 55. Esto deja al productor de trigo con la opción de venderlo a 460 al extranjero, con lo cual se queda con 405, o bien vender el trigo directamente a 405 dentro del país y evitar el impuesto.

El pedido del kirchnerismo consiste en aumentar aún más las retenciones. Supongamos entonces que éstas se van al 30%. Entonces, con la misma lógica, el estado se queda con 138 por cada tonelada exportada, y el exportador se quedaría con las opciones de vender a 322 en Argentina o a 322 (460-138) en el extranjero.

Así, el precio en el mundo seguiría siendo de USD 460, pero acá estaría en USD 322.

¡Magia! ¡Subimos los impuestos y bajaron los precios! Obviamente, esto no funciona así y por muchos motivos.

EFECTO INSIGNIFICANTE

El primero es que, si el objetivo es combatir la inflación, incluso suponiendo que todo sale bien con esta política, a ésta no le va a hacer ni cosquillas. Un análisis de la Fundación FADA muestra que, si se subieran en 10 puntos las retenciones al trigo, bajaría –por única vez- el precio del pan en un 1,3%. Acto seguido los precios en pesos seguirían subiendo producto de la inflación.

Ahora bien, incluso si dicha pequeña baja ocurre, solo afectaría marginalmente al rubro “alimentos y bebidas” de la canasta de bienes que mide el INDEC. Este rubro aumentó un 28% en lo que va del año. Pero, ¿qué pasa con todo lo demás?

En el mismo período, el rubro educación sube 32,6%, el rubro prendas de vestir y calzado sube 29%; hoteles y restaurantes 24,8%, y así tenemos al menos 10 rubros distintos que aglutinan los millones de bienes y servicios que se venden en el país.

¿Quién puede realmente creer que vamos a resolver este problema con un precio más barato para el trigo?

MENOR OFERTA, PRECIOS MÁS ALTOS, NO MÁS BAJOS

Otro tema son los costos que conlleva el aumento de retenciones. Es que como todos saben, ponerle un impuesto a cualquier cosa, tiende a reducir las cantidades producidas de esa cosa. O sea que el productor de trigo podrá vender en el mercado interno a USD 322 lo que afuera vale USD 460 una vez, pero: ¿qué va a pasar cuando tenga que volver a sembrar para producir trigo?

Probablemente busque mejores alternativas para invertir su trabajo y su capital. Finalmente, esto hará que haya menos trigo producido y esto, a la larga, hará que el precio termine subiendo de todas formas.

Algo así pasó con el mercado de la carne. En el año 2006 el presidente Néstor Kirchner y su Ministro de Economía Roberto Lavagna directamente suspendieron las exportaciones de carne para que los productores vendieran fronteras adentro, “cuidando la mesa de los argentinos”. En el corto plazo, el precio de algunos cortes de carne bajó, pero a largo plazo la medida fue totalmente perjudicial.

En el campo se liquidaron diez millones de cabezas de ganado y los precios subieron de todas formas. El kilo de asado de tira –por ejemplo- subió 850% entre diciembre de 2006 y octubre de 2015, mientras que el salario privado de la economía subió solo 648% en el mismo período. Restringir exportaciones no solo rompió la producción, sino que no cuidó tampoco la mesa de los argentinos.

MENOS DÓLARES

Un tercer efecto derivado de subir los impuestos a las exportaciones es que ingresarán menos dólares al país. Esto es particularmente contradictorio en un gobierno que dice que la forma de crecer es hacerse de mayor cantidad de dólares para superar la “restricción externa”.

Si se suben las retenciones, el mayor castigo impositivo se sumará al cepo cambiario, que funciona también como un suculento impuesto a toda venta al extranjero. Todos estos palos en la rueda existentes para exportar reducen las exportaciones respecto de lo que podrían ser.

Cuando a fines de 2015 se eliminaron tanto las retenciones a la exportación como el control de cambios, las exportaciones crecieron primera vez en 4 años. Como muestra el gráfico, tras caer sostenidamente desde 2011, comenzaron a crecer nuevamente en 2016, una vez se liberó al sector de estas dos trabas impuestas por el gobierno.

 QUIEBRE DEL SISTEMA DE PRECIOS

Por último, las retenciones son impuestos distorsivos, que atacan la función fundamental que tienen los precios en una economía de mercado. Es que, si sube el precio del trigo, o de cualquier otra cosa, esta es la señal que necesitan los productores para producir más trigo.

Gracias a que sube el precio, entonces, podrá aumentar la producción. Lo que conseguirá el gobierno con más impuestos es impedir esta nueva producción y, por tanto, reducir el crecimiento potencial de la economía junto con la creación de empleo.

Para ir cerrando, ¿debe el gobierno subir las retenciones para bajar los precios? No, de ninguna manera. Hacerlo no bajará un ápice la inflación, y generará costos en materia de producción, empleo e ingreso de dólares, nada de lo cual puede permitirse un país como Argentina.

Originalmente publicado en Infobae.


  • [1] Hoy en esta escala Soja 33%, trigo 12%, maíz 12%, girasol 7%.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

UNA FENOMENOLOGÍA DE LA ESCOLARIDAD Y LA CULTURA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 12/6/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/06/una-fenomenologia-de-la-escolaridad-y.html

De mi libro Luis Jorge Zanotti: sus ideas educativas fundamentales y su importancia para nuestro tiempo, de próxima aparición.

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1.      Una fenomenología de la escolaridad y la cultura.

Como dije antes, comienza ahora un análisis de la esencia misma de lo que llamamos “escolaridad”, como concepto universal, más allá de esta aquella escuela, distinguida a su vez de educación y cultura.

El tema comienza claramente cuando mi padre distingue entre los modos de educación. El primero tiene que ver con la educación como la espontaneidad de la vida en cualquier cultura (lo que se llama habitualmente educación in-formal): “….El proceso educativo, como tantos otros fenómenos que aparecen en la vida del hombre, se desarrolla en un primer momento sin que el hombre tome conciencia clara de su realización, sin que el hombre reflexione sobre el proceso. Así como el hombre piensa primero, sin que eso quiera decir que reflexiona sobre el pensar como fenómeno educativo: se cumple de modo que podríamos llamar espontáneo, sin que el hombre tome conciencia plena de que ello está ocurriendo, tanto desde el punto de vista del proceso interior de este educarse, como de este proceso por el cual el hombre educa a su prójimo”.

Esta educación concebida así, como el nacer inmerso en un horizonte cultural, que se absorbe en el mundo cotidiano de la vida, nunca fue un detalle menor para mi padre. Fue la base de la relación entre escuela y sociedad y lo que luego llamó “la ciudad educativa”, como luego veremos.

En esa espontaneidad, pocos reflexionan sobre el fin de los fenómenos educativos, pero en algunos ámbitos muy ligados a ese mundo de la vida los fines comienzan a ser más conscientes, como la familia: “…Todos los fenómenos de la educación inconscientes o espontáneos que se realizan en el marco de lo social siguen teniendo vigencia aunque se añadan estos otros que tienen idea clara de fin, que seleccionan contenidos; en una palabra, que se realizan conscientemente. Pero a pesar de realizarse de esta manera, este tipo de procesos no requieren obligatoriamente un marco de sistematización o de organización. Pueden realizarse perfectamente, conscientemente, con idea de fin, con contenidos más o menos seleccionados, pero de manera ocasional, asistemática; es decir, de acuerdo con lo que las circunstancias van determinando en cada momento. Ejemplo de esto es en buena medida el marco de la educación en el ámbito de la familia. Los padres participan de una labor de educación consciente, algunos de ellos tienen idea clara de los fines que persiguen con la educación de sus hijos, no utilizan cualquier elemento dentro del marco cultural de que disponen, pero no hay en el ámbito familiar una acción educadora que pueda llamarse sistematizada…”

Hemos cortado allí porque esa sistematización de métodos para la enseñanza es la clave de la escolaridad en sí misma. A medida que la complejidad de los contenidos culturales supera lo que el aprendizaje espontáneo puede hacer por sí mismo, para lograr ciertos fines es necesario cierto método: “…Cuando llegamos a este punto estamos ya en la escuela, pero como institución social, como un establecimiento con su personal especializado para cumplir este tipo de labor educadora, pero ello no significa en modo alguno que todos los demás aspectos hayan desaparecido, decaído, o hayan cobrado menor importancia. Es una especie de tendencia mental casi irrefrenable suponer que cuando aparece la escuela la educación como acción social, como fenómeno humano, ha quedado encerrada en la escuela”. Este párrafo es fundamental. Por un lado explica la esencia misma del fenómeno llamado escolaridad: una institución social con métodos específicos para lograr transmitir contenidos culturales complejos. Esto es lo llamado habitualmente “educación formal”, y NO se identifica necesariamente con las múltiples formas que puede abarcar: privada/pública, positivista o no, etc. Pero cuidado, y esto es clave, la educación NO se agota en ello. Cuando la escuela surge, las personas tienen a igualar educación con escuela: “…Es una especie de tendencia mental casi irrefrenable suponer que cuando aparece la escuela la educación como acción social, como fenómeno humano, ha quedado encerrada en la escuela”. Y eso lleva a suponer que la sociedad es hija de la escuela y por ende a pedirle a la escuela un papel redentor que la sobrepasa. Pero no: la escuela es una parte de un fenómeno educativo concomitante a la vida social en sí misma de la cual la escuela es efecto más que causa. “…El proceso educativo institucionalizado y organizado en el ámbito escolar es nada más que una parte de todo un proceso muy amplio, que es el fenómeno educativo que hemos analizado anteriormente”.

Llega así su definición de la esencia del fenómeno escolar: “…En síntesis, si recopilamos lo dicho podemos llegar ya a una especie de definición de escuela que no sería sino armar todo lo que hemos venido diciendo. Escuela, según esto, ¿qué es? Simplemente una institución creada por la sociedad (Estado, Iglesia, familia, etc.) para ocuparse específicamente de la transmisión a las jóvenes generaciones de los contenidos culturales que por su complejidad no pueden ser transmitidas mediante la acción educadora asistemática, habitual, de la sociedad”.

Pero, insiste mi padre, e insistirá en esto toda su vida, esa escolaridad no puede reemplazar a la educación como transmisión cultural: “…La definición también debe ser pensada desde otro punto de vista, y es el siguiente: la escuela nace para realizar tareas educativas que no puede cumplir la sociedad mediante esa labor de acción educadora asistemática y espontánea, pero no para reemplazar absolutamente nada de la acción educadora general que la sociedad cumplía antes y que sigue cumpliendo. Porque esta es la gran confusión: apenas aparece la escuela, inmediatamente aparece la errónea creencia de que la escuela reemplaza a la sociedad en algunas de sus funciones educadoras”; “….La escuela nunca reemplaza ni puede reemplazar nada de lo que la sociedad hace por sí misma, sino que nace para realizar algunas funciones educadoras que la sociedad no puede hacer”; …”La escuela nunca reemplaza ni puede reemplazar nada de lo que la sociedad hace por sí misma, sino que nace para realizar algunas funciones educadoras que la sociedad no puede hacer”; …”Hay en nuestro tiempo una tendencia bastante peligrosa a pretender que la escuela realice acciones educadoras que por su índole no puede hacer, y esta tendencia deriva un poco de esa confusión de creer que la escuela al nacer va limando, quitando funciones educadoras a la sociedad y a todas sus instituciones, familia, iglesia, comunidad, gremios, etc. De ninguna manera: la escuela nace para cumplir todo aquello que no puede hacer la sociedad, que es mucho y que a medida que pasa el tiempo es cada vez más”.

Por supuesto, algunas instituciones escolares van adquiriendo un merecido y comprensible prestigio en la cultura en la que se desarrollan, produciéndose por ello una retroalimentación, un círculo virtuoso. La escuela puede influir para bien en su cultura: “…Cuando esto sucede, aquella influencia que venía de la sociedad y sus instituciones hacia la escuela comienza a revertirse, y va de la escuela hacia la sociedad, y como la historia enseña con tantos ejemplos, se advierte que las instituciones escolares han influido decididamente en la sociedad en diversos ámbitos, y hasta hemos visto cómo ciertas instituciones sociales han detenido en algunas ocasiones su propio poderío frente a la institución escolar”. Pero ello no implica olvidar la naturaleza misma del fenómeno escolar, dependiente de la cultura que la origina: “…Resulta sumamente necesario no olvidar, sin embargo, el punto inicial en cuanto a la dependencia original y básica de la escuela con respecto a la sociedad”. Este “olvido del ser de la escuela”, implica que se le pidan a ella tareas que por naturaleza NO puede efectuar (veremos más adelante que ese fue el problema de la “escuela nueva”): “…Si esto no se tiene en cuenta, no se puede entender el papel que la escuela cumple en realidad. Los educadores somos los primeros que debemos tener siempre en cuenta esta relación inicial, esta dependencia de la escuela con respecto a la sociedad, este papel que asumimos en cuanto mandatarios de una sociedad determinada. Ello conduce a recordar que muy habitualmente se formulan quejas contra lo que la escuela hace y contra lo que la escuela logra. A menudo esas quejas son ciertas y muy justas pues es verdad que hace mal muchas cosas, pero otras veces estas quejas son simplemente equívocos con respecto a la misión de la escuela y a lo que la escuela puede hacer, porque, debido a que se olvida esto de que la escuela, por ejemplo, es fruto de una sociedad y hecha a su imagen y semejanza, se le pide de pronto a la escuela que determinados problemas de la sociedad los resuelva por sí misma, y como si los educadores y la escuela fueran artífices todopoderosos, se les pide que, transformando una serie de circunstancias de la vida social, tomen a su cargo una serie de tareas que ellos no están en condiciones de hacer”. Esto es, la escuela no puede reemplazar al mundo de la vida. Si se lo intenta, su fracaso no sólo será inevitable, sino que en términos de la escuela de Frankfurt, que mi padre no usaba, ello llevará (como ya lo ha hecho) a la racionalización del mundo de la vida y por ende a la progresiva anulación de la creatividad intelectual y el pensamiento crítico. Mi padre lo explica de este modo: “…Los fracasos de la escuela o de lo que a la escuela se le ha pedido pueden ser muy a menudo fracasos de lo que la escuela no podía hacer, o sea: el error estuvo en pedir a la escuela lo que ella no estaba en condiciones de hacer”; “…Es necesario saber poner las cosas en su lugar y decir con toda franqueza: la escuela no puede ser igual que la vida”.

La escuela no puede ser igual que la vida. Qué olvidado que está esto por los padres que abandonan a sus hijos en las garras de la educación formal, en depósitos de hijos que molestan, olvidando su misión irremplazable……… Produciendo con ello adultos que nuevamente cometerán el mismo error….

Por ello esté párrafo esencial, donde mi padre niega lugares comunes altamente difundidos: “…No, la escuela es algo distinto, la escuela no es exactamente igual que la familia, que la Iglesia, que las demás instituciones sociales. La escuela, por ejemplo, por más que nos halague el oído, no es ni puede ser segundo hogar, ni la maestra puede ser segunda madre, porque la madre tiene que cumplir su papel y la maestra el suyo, que no es el mismo. La escuela tiene un papel absolutamente diferente del que concierne al hogar, porque si tuviera que hacer lo mismo que el hogar no haría falta la escuela. Si ha nacido la escuela es porque tenía otras cosas que hacer. La escuela debe decir: no, segundo hogar no, porque segundo hogar será siempre hogar imperfecto, hogar defectuoso, y si se me pide que cumpla lo que el hogar y la familia hacen, lo haré siempre a medias, irregularmente; pídaseme lo que yo debo hacer, y esto sí debo comprometerme a realizarlo”. (Las itálicas son nuestras).

Es TAN importante esto que intentaremos graficarlo:

Pero, ¿y entonces? La cuestión es que, por ende, el método de la enseñanza formal no invada a todos los aspectos de la vida y menos aún al aprendizaje espontáneo, informal, que va cambiando según las diversas tecnologías del conocimiento. Esto tiene esencial relación, de vuelta, con la libertad de enseñanza y un sistema que esté él mismo abierto a su propia oxigenación. Por eso….

2.      Implicaciones para la “educación continua”, el dinamismo educativo, los límites de los métodos y la libertad de enseñanza.

En esa época recién comenzaba a hablarse de la aceleración de la Historia[1]. Pero mi padre ya la tenía muy en cuenta, sobre todo por sus consecuencias educativas. Desde fines del s. XIX y hasta mediados del s. XX (antes también, obviamente, pero mi padre está pensando en las etapas históricas de la Política Educativa en Argentina y en el mundo), el título universitario podría considerarse como una educación formal “terminada”, luego de la cual podrían seguir cursillos, seminarios, de “perfeccionamiento docente”, o actualización profesional. El caso es que se tenía una visión estática de lo cultural. Pero eso ya estaba cambiando: “…En una palabra: llegamos a lo que constituye el nudo central del pensamiento que deseamos exponer. La cultura de nuestro tiempo ha dejado de poseer un carácter “estático” para pasar a un carácter “dinámico”.

Muy interesante el ejemplo de los libros impresos como símbolo de ese saber que “ya está”, pues con ello mi padre vislumbraba el gran cambio cultural posterior a su muerte: “…Todos tenemos presente, por otra parte, la visión del bufete del gran abogado, o del consultorio del gran médico de antaño, que ostentaba casi siempre los volúmenes capitales de su formación y de su caudal cultural, esos volúmenes que en sus años de estudiante él consumió –valga la expresión– en largas jornadas, y que posteriormente lo acompañaban como fieles amigos, como fuentes magistrales a las que podía acudir en cualquier instante”.

Pero…”…Todo eso es una imagen del pasado. Cada vez tiene esto menor importancia y esas grandes colecciones de volúmenes….”. Porque la cultura, siempre dinámica, antes lo era con el paso de los siglos. Ahora los grandes cambios tocan lo esencial de la vida promedio de un hombre: “…..El carácter dinámico de la cultura –ese carácter que antes, para poder ser advertido, requería situarse en una perspectiva histórica abarcadora de siglos– se pone de relieve ahora aún para el breve lapso que abarca la vida de un hombre…”.

De ese modo, “…Por eso es que aquellas imágenes estáticas de la cultura tradicional han sido reemplazadas por otras que pueden llamarse dinámicas. Los grandes volúmenes, los libros de antaño, son actualmente reemplazados con ventaja por la revista de alto nivel, especializada, de aparición periódica y regular” (a esta altura de la cuestión el lector podrá ver que esto de ningún modo tenía que ver, en mi padre, con menospreciar a los clásicos, como algunos hacen hoy). Cuarenta y ocho años antes del internet, que no pudo llegar a ver, afirmó: “…Así pues, a la biblioteca, elemento estático, se opone hoy el centro de documentación. Al libro, al gran volumen, la revista especializada de alto nivel, o el libro pequeño, el folleto, de rápida impresión y de rápida circulación”. Y la predicción fue más específica: “…Entiéndase bien que con las palabras precedentes no queremos decir que desdeñamos el valor del libro o del gran volumen, que dentro de otro contexto y dentro de su nuevo papel habrá de llenar siempre una misión. Tampoco desdeñamos el papel del curso fundamental” (él ya veía venir las objeciones). “Lo que afirmamos (sigue) es que al lado de todo eso surge hoy este otro aspecto de la cultura dinámica, estos otros fenómenos que son las revistas, los cursillos, los folletos, que adquieren una dimensión nueva y una jerarquía que no tenían tres décadas atrás. Y consideramos un grave error esa postura despectiva con que ciertas personas o grupos enfocan la obra que este tipo de procedimientos cumplen”. Destaquemos esto último: “…Y consideramos un grave error esa postura despectiva con que ciertas personas o grupos enfocan la obra que este tipo de procedimientos cumplen”. ¿No estaba adelantando allí la actual lucha del aula contra los celulares?

Pero entonces, frente a estos nuevos modos de formación continua, se corre el peligro del reglamentarismo y de atentar contra la libertad educativa, temas que, como hemos visto, mi padre había previsto en 1960 y 1963. “.. Hasta el momento, puede decirse que esta gran labor de actualización y de educación continua, tanto en el campo de los docentes como de otros profesionales y en general dentro del campo empresario, viene cumpliéndose gracias a los esfuerzos de la iniciativa privada y en un ambiente de absoluta libertad”. Por supuesto tuvo que aclarar una vez más, en este país estatista, que él sabía que “…existen quienes lucran mediante cursos improvisados y carentes de base científica…”, pero “…los problemas de la libertad los corrige la libertad, y en muy poco tiempo estas improvisaciones se desprestigian a sí mismas y luego de engañar a unos pocos por poco tiempo desaparecen y se hunden en el olvido”. En efecto, la libertad, y no la inmovilidad de la vigilancia estatal, es el oxígeno de una cultura dinámica y en renovación permanente. “…En cambio, es este ambiente de libertad y este espíritu que sólo puede surgir de la iniciativa privada el que permite que los cursos de perfeccionamiento y los sistemas de educación continua cumplan su verdadera misión de “actualización”; … “…Se corre un riesgo muy grave en cuanto se piensa en oficializar este tipo de actividades de actualización o de perfeccionamiento, y también se lo corre cuando las instituciones privadas que los desarrollan llevan más allá del mínimo necesario la estructura organizativa, sea porque ellas así lo dispongan, sea por exigencias externas. Ese riesgo es el “endurecimiento” que toda oficialización o excesiva organización trae consigo, endurecimiento que puede llevar a los cursos de perfeccionamiento a perder dinamismo y a recaer en caracteres estáticos que son lo contrario de su naturaleza. No pidamos a los cursos de perfeccionamiento esquemas rígidos o sistemas demasiado organizados”. Sin libertad de enseñanza, el dinamismo cultural se frena en los inamovibles planes estatales. El tema era obvio, para mi padre, para lo que hoy llamamos post-grado (en español). Más adelante mi padre lo extendería a todos los niveles. Impresionante: mientras él iba para adelante, su país iba para atrás. A partir de los 90 el Estado Argentino planificó absolutamente todo cuanto pudo y encerró a todos los masters y doctorados en ese soviet llamado Coneau. Mi padre lo preveía antes de su muerte en 1991. Su desánimo de entonces era entendible. No quiero ni pensar qué hubiera sentido después.

Pero en 1967 tenía la esperanza de que sus advertencias fueran escuchadas: “…Muy grave es el riesgo que se hará correr a las instituciones privadas si, en nombre de presuntos riesgos, se les comienza a exigir organizaciones y planificaciones y detalles que deban ser estructurados con larga antelación y que una vez previstos no puedan modificarse sin previa consulta y quizá no puedan modificarse de ninguna manera. Solamente la iniciativa privada y un clima de libertad prácticamente absoluta pueden garantizar el mantenimiento de ese carácter dinámico que es la esencia de este fenómeno de perfeccionamiento de educación continua”;…. “En nuestro país todavía seguimos teniendo miedo a la libertad y ante cada peligro, ante cada riesgo, solemos acudir al Estado para que mediante su fiscalización nos proteja” (¿Les suena?).

Para escándalo de los estatistas conservadores, que confundían la Edad Media con su estado weberiano, mi padre comparaba la libertad de enseñanza con el surgimiento de las universidades. Cita la definición de “estudio” que aparece en las Partidas de Alfonso el Sabio: “… “estudio es ayuntamiento de maestros de escolares con la voluntad y el entendimiento de aprender los saberes”. Y luego, en un sentido gadameriano, “deconstruye” la definición[2]: “…Pero véase bien qué dice Alfonso: “con la voluntad”, es decir que libremente quieren unos enseñar y otros saber, pues no hay voluntad si no hay libertad, y ese “ayuntamiento”, ese encuentro de maestros y alumnos a que él se refiere es el encuentro de voluntades libres, sin lo cual no ha habido nunca ni la habrá enseñanza ni escuela, maestros ni discípulos”.

Repárese: “…voluntades libres, sin lo cual no ha habido nunca ni la habrá enseñanza ni escuela, maestros ni discípulos”.

Toda una filosofía de la educación, una visión de la didáctica y de la política educativa en 18 palabras.


[1] Ver al respecto García Venturini, J.L.: Politeia, Troquel, 1978.

[2] “…Es interesante ver de qué modo Gadamer explica su noción de “deconstrucción”: “…¿Y qué es en realidad eso de “lenguaje de la metafísica”? ¿Es realmente un lenguaje? Se entiende, desde luego, lo que se quiere decir cuando se afirma que un concepto soporta un matiz metafísico. A este respecto me parece totalmente decisivo el hecho de que el concepto de “destrucción”, que el joven Heidegger nos transmitía como ese nuevo gran mensaje, nunca implicase para quien realmente tuviera oído para la lengua alemana de la época el sentido negativo que le es propio en otras lenguas. Para nosotros, destrucción equivale a desmontaje, desmontaje de aquello que sirve de ocultamiento. Cuando queremos decir destrucción en sentido negativo no decimos ‘Destruktion’ sino ‘Zerstorung’. Esta es la manera en que Heidegger introdujo la palabra en la década de 1920, y supongo que Derrida no era plenamente conciente de ello, por ello eligió una palabra que según mi sensibilidad lingüística es extraña y redundante, ya que parece que él percibía efectivamente sólo el sentido negativo de ´Destruktion´” (en El giro hermenéutico, op.cit., p. 66). Sigue más adelante: “Heidegger demostró que los conceptos establecidos por los griegos eran palabras utilizadas en el lenguaje vivo y que a pesar de toda precisión conceptual recogían una multiplicidad de significados o, para expresarse según la poetología moderna, que ocupaban múltiples “espacios significativos” que se mantienen siempre presentes” (idem). Y más adelante: “…En Heidegger “destrucción” no significa jamás liquidación, sino desmontaje. A través de esa destrucción se pretende retrotraer determinaciones conceptuales fosilizadas hasta la experiencia de pensamiento de la cual nacieron en su momento, y así hacerlas hablar de nuevo. Una destrucción de este tipo no pretende desde luego remitir a un origen oscuro, a una ‘arché’ o lo que quiera que sea….” (Idem, p. 81). De mi libro Hacia una hermenéutica realista, Austral, Buenos Aires, 2005, nota nro. 29.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Ucema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

La importancia de la libertad de prensa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/11/la-importancia-de-la-libertad-de-prensa/

El debate abierto de ideas resulta medular para el progreso moral y material de cualquier sociedad libre

Justicia

Justicia

Antes he escrito sobre este tema trascendental para la sociedad libre pero dadas las amenazas y escaramuzas recientes, es del caso insistir en el asunto. Nada hay más importante que se garantice la libertad de expresar todo lo que le dé la gana al opinante. Esto no solo hace a una manifestación básica de respeto y permite la información sino que resulta esencial para el progreso del conocimiento que como es sabido tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones, lo cual permite saltos cuánticos en el aprendizaje. En este último campo, sin libertad de prensa el embrutecimiento es la norma que -además de otras barrabasadas- es precisamente lo que ocurre en los regímenes totalitarios. El debate abierto de ideas resulta medular para el progreso moral y material.

En otros términos, para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental de higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea al pasar, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina. Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo último”.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros. Esta plena libertad incluye el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en que momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno en cuanto a la distribución de la pauta publicitaria o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se transmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisoras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

Es del caso enfatizar que en demasiadas oportunidades cuando se propone algo novedoso y distinto las mentes liliputenses se refugian en la falacia ad populum, esto es si nadie lo hace está mal y si todos lo hacen está bien. Con este criterio de telaraña mental nuestros ancestros no hubieran pasado del garrote, el taparrabos y la cueva pues el primero que utilizó el arco y la flecha, el poncho o el rancho no los usaba nadie por tanto habría que condenarlos. Otra vez reitero lo consignado por John Stuart Mill: “Todas las nuevas ideas que son buenas pasan por tres etapas, la ridiculización, la discusión y la adopción.” Tenemos que acostumbrarnos a dar rienda suelta a las neuronas y no quedarnos bloqueados por el statu quo resultado de una educación mediocre -más bien adoctrinamiento- acostumbrada a la guillotina horizontal que nivela y recibe servilmente instrucciones desde el vértice del poder político.

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatorius en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel, interrumpen programas televisivos o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutenberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede, vale el adjetivo).

Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en imparables verborragias.

Como queda dicho, en una sociedad libre no hay tal cosa como “delitos de prensa” hay simplemente delitos del mismo modo que no hay delito de pistola o delito de cuchillo se pueden cometer vía estas armas, el delito eventualmente puede cometerse a través de la prensa como cuando se hace la apología del delito, por ejemplo, invitando a que “se asesinen a los rubios” lo cual abre la posibilidad a que algún rubio acuda a la Justicia en su resguardo la que se pronunciará sobre el caso o las calumnias, agravios e injurias que los estrados judiciales estimen punibles. En parte es lo que se conoce como la controvertida y a veces manipulada “doctrina de la real malicia” iniciada en Estados Unidos (“real malice”) con el caso New York Times vs. Sullivan en 1964, figura incorporada por la Corte Suprema de Justicia argentina con suerte dispar.

El contrapoder o Poder Judicial en un sistema republicano tiene siempre la última palabra lo cual no excluye lo que pueda transmitir el esencialísimo Cuarto Poder, es decir el periodismo. Conviene en este contexto distinguir lo dicho de la mera transmisión informativa de la comisión de un delito.

A nuestro juicio en nuestro medio los tratadistas más destacados en materia de libertad de prensa han sido José Manuel Estrada, Segundo Linares Quintana y, sobre todo el suculento tratado de Gregorio Badeni en la materia. Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos -y que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa- considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Derecho de los animales y situaciones límite

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 4/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/04/derecho-de-los-animales-y-situaciones-limite/

Los animales no son racionales, no tienen libre albedrío, no actúan, solo reaccionan frente a ciertos estímulos. No obstante, esto no quiere decir que sea adecuado cualquier procedimiento que conduzca al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal

El torero español Emilio de Justo lidia al toro ‘Soñador’ de 456 kilos de la ganadería Guachicono, hoy, durante la tercera corrida de la Feria Taurina, en Cali (Colombia). EFE/ Ernesto Guzmán

Como es sabido, el derecho significa la facultad de disponer de lo propio, comenzando por el propio cuerpo, siguiendo con la expresión de los pensamientos de cada cual, completado con el uso de lo adquirido de modo legítimo. En este contexto, a todo derecho corresponde una obligación. Si una persona dice que gana mil en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si esa misma persona dijera que tiene “el derecho” de obtener dos mil aunque su salario es de mil, si se otorgara semejante “derecho” inexorablemente querría decir que se ha expropiado a otro en el fruto de su trabajo por la diferencia. Se trata entonces de un pseudo derecho pues para otorgarlo se ha lesionado el derecho de terceros.

Vivimos la era de los pseudo derechos: “derecho a una vivienda adecuada”, “derecho a un salario suficiente”, “derecho a una motocicleta”, “derecho a tantos hidratos de carbono o vitaminas”, derechos que no solo se dan de bruces con la noción más elemental del derecho sino que perjudican a todos, muy especialmente a los más vulnerables al vivir en un clima de destrucción de marcos institucionales civilizados. Por eso es tan relevante la igualdad ante la ley donde todos tienen los mismos derechos, lo cual no ocurre allí donde se pretende la igualdad mediante la ley, es decir la guillotina horizontal que apunta a nivelar a todos lo cual aniquila la cooperación social vulnerando acuerdos entre las partes y destruye la noción del contrato que remite a derechos de propiedad.

La asignación de derechos de propiedad resulta esencial para la supervivencia de la sociedad puesto que permite liberar energía creadora para usar del mejor modo posible los siempre escasos recursos. En este plano, todos para mejorar sus situaciones se ven obligados a mejorar la condición social de sus semejantes. El que acierta obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos lo cual va a contramano de los que se alían con el poder político de turno para explotar miserablemente a sus congéneres. Robar una bicicleta es un delito mucho menor a inyectar polución al ambiente pues el monóxido de carbono ataca los pulmones de los vecinos, del mismo modo que constituye un delito volcar ácido sulfúrico en el jardín del prójimo. Por otra parte, la propiedad permite que cada uno se dedique a sus actividades en un proceso que maximiza el bienestar. Antes he usado el ejemplo que esgrime el periodista John Stossel quien ilustra el asunto con un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado. Nos invita a cerrar los ojos e imaginar en regresión los pasos para llegar a ese producto. Los agrimensores calculando espacios en los campos, los alambrados y los postes (solo esto último demanda unos treinta años entre el sembrado, la tala, los transportes, los almacenamientos, las cartas de crédito, los aserraderos, la contratación de personal, los mercados inmobiliarios para adquirir terrenos etc etc), las cosechadoras, los fertilizantes, los plaguicidas, el ganado vacuno, los caballos, las riendas y monturas, los peones, las aguadas y bebederos, la manga, las viviendas, las gestiones bancarias y demás faenas. Cada uno hace lo suyo sin tener la menor idea de las infinitas etapas que llevan al bien final mencionado. Todos se intercambian vía el formidable proceso que marcan los precios como un sistema de información y coordinación hasta que irrumpen los megalómanos de siempre que dicen que “no se puede dejar las cosas a la anarquía del mercado” y por ende fijan precios (en verdad simples números puesto que los precios por definición reflejan estructuras valorativas de las partes, en cambio los números de marras solo exhiben los caprichos de los burócratas que en lugar de permitir la difusión de conocimiento concentran ignorancia). Con este estatismo enfermizo, finalmente no hay carne, ni celofán, nada en las góndolas y tienden a desaparecer los supermercados.

Como es de conocimiento público, desde la Carta Magna de 1215 las constituciones son para limitar el poder político, sin embargo en la actualidad son en gran medida documentos que le otorgan carta blanca a los agentes del aparato estatal para que abusen de los derechos de los gobernados quienes en lugar de sentirse protegidos se sienten perseguidos y aplastados por un Leviatán desbocado.

Hecha esta necesaria introducción veamos el caso de los supuestos “derechos” de los animales, un destino puesto que no son sujetos de derecho: si un elefante destroza nuestro jardín no lo podemos llevar a tribunales para que responda ya que tampoco puede demandarse responsabilidad por el consiguiente respeto a los derechos de terceros. El ser humano es racional lo cual no quiere decir que no se equivoque ni que se abstenga de recurrir a silogismos contrarios a la lógica. Cuando los médicos de antaño colocaban sanguijuelas en el pecho de infartados no era que se trataba de irracionales sino que usaban el conocimiento disponible al momento. La ciencia pone de manifiesto un proceso de prueba y error en el contexto de refutaciones permanentes para progresar. Fuera de los actos reflejos, toda la conducta del ser humano que se sustenta en la elección, preferencia y opción por más que su proceder resulte disparatado a criterio de otros. El animal no racional no tiene libre albedrío, no actúa, solo reacciona frente a ciertos estímulos.

Esto no quiere decir para nada que se considere adecuado el procedimiento que conduce al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal. Decimos ciertos especímenes puesto que si se es considerado con las bacterias la especie humana desaparecería, lo mismo puede decirse eventualmente con la cucarachas o las serpientes venenosas cerca de viviendas. Sin duda que resulta un espectáculo bochornoso el daño deliberado a perros o caballos solo para citar dos casos, incluso hoy día es muy provechoso y educativo observar a los modernos domadores con el cariño y cuidado que hacen su oficio abandonando por completo los métodos salvajes de domadores anteriores que les parecía un acto de coraje el pegarles rebencazos y clavando espuelas a los pobres animales.

El punto aquí señalado consiste en subrayar el significado del derecho al efecto de no confundir conceptos. Es realmente llamativo que los que pretenden incrustar la idea del derecho en el campo animal son en general partidarios del homicidio en el seno materno, mal llamado aborto, con lo que se desconoce que desde el momento de la fecundación del óvulo hay un ser humano en acto, en potencia de muchas otras características con una carga genética única distinta de la de la madre y el padre. Es en verdad curioso que se pretenda implantar de contrabando “derechos” animales y se aniquile a seres humanos indefensos.

Todo esto sin mencionar la matanza de animales para la alimentación como ganado vacuno, peces y equivalentes, lo cual no justifica el denominado “deporte de la caza” en el que el aniquilamiento es una diversión, del mismo modo que a nuestro juicio la corrida de toros pone de manifiesto una carnicería impropia de humanos.

Finalmente, ahora vamos en una cápsula a las situaciones consideradas límite, denominadas en ingles “life boats situations” íntimamente vinculadas al tratamiento de los derechos de propiedad. Estas situaciones extremas se suelen presentar en el escenario de un naufragio donde hay menos botes salvavidas que posibles ocupantes. En este caso el capitán del barco como representante de los dueños de la embarcación decidirá quienes pueden usar y quienes no pueden usar los botes. Y si suponemos que el capitán muere en el naufragio el uso y disposición de los botes retrotrae al origen de la propiedad tal como lo expuso modernamente primero Robert Nozick y luego Israel Kirzner refinando la tesis de John Locke, es decir, los primeros ocupantes son los dueños de facto. Para un análisis detallado respecto a diversos andamiajes conceptuales y ángulos de estudio referidos a casos extremos, remito a mi ensayo titulado “David Miller and Life Boats Situations: a Note” originalmente publicado en Gulf Islands Review. A Journal of Ideas on Economic, Historical and Political Debate, Primer Cuatrimestre de 2010 que se reproduce en el post-scriptum de mi libro Maldita coyuntura (Buenos Aires, Grupo Unión, 2020).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La Cumbre de las Américas y la defensa de la democracia

Por Constanza Mazzina. Publicado el 2/06/22 en: https://www.clarin.com/opinion/cumbre-americas-defensa-democracia_0_8E8ePGouYS.html

Reunión preparatoria de la Cumbre de las Américas en la OEA.

La primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en 1994, durante la presidencia de Bill Clinton, reunía a los jefes de los estados americanos que habían transitado a la democracia de la mano de la tercera ola, con la excepción de Cuba.

En uno de los documentos que surgieron de esa cumbre, la Declaración, los mandatarios se comprometían a preservar y fortalecer la comunidad de democracias de las Américas: “(…) La democracia es el único sistema político que garantiza el respeto de los derechos humanos y el estado de derecho; a la vez, salvaguarda la diversidad cultural, el pluralismo, el respeto de los derechos de las minorías y la paz en y entre las naciones. La democracia se basa, entre otros principios fundamentales, en elecciones libres y transparentes, e incluye el derecho de todos los ciudadanos a participar en el gobierno”.

Hasta el momento se han realizado 8 cumbres de las Américas. Quizás la más recordada sea aquella celebrada en Mar del Plata, Argentina, en el 2005, en la que el entonces presidente venezolano Hugo Chavez sentenció: “Alca, ALCA al carajo”.

Desde entonces, la democracia no se ha fortalecido en la región, al contrario, el deslizamiento autoritario que se ha dado desde adentro de las propias democracias de Venezuela y Nicaragua es un hecho que no puede ser soslayado. Allí, los derechos fundamentales que hacen a la vida democrática han sido olvidados: la libertad de expresión, de reunión, asociación, prensa, entre otras, no existen. Sacrificar estos derechos en el altar electoral supone un problema de definición: reducir la democracia a un proceso electoral amañado nos intima a revisar esta concepción.

En todo caso, los elementos fundantes de la democracia son el respeto por los derechos de los individuos, entendidos como libertades básicas (reunión, opinión, asociación, prensa), los mecanismos de frenos y contrapesos (checks and balances), la temporalidad en el ejercicio del poder y la rotación en cargos públicos y la transparencia y rendición de cuentas (accountability) de los gobernantes.

Si el liberalismo desconfía del poder, de allí su necesaria limitación, el republicanismo se define por oposición al cesarismo. En esta concepción de democracia ningún actor tiene jamás en sus manos todo el poder por un período de tiempo indefinido ni tiene la oportunidad de ejercerlo sin control ni contrapesos. El estado de Derecho es la condición necesaria de este andamiaje y el gobierno (y el gobernante) no puede hacer y deshacer la ley a su antojo, sino que la ley está por encima de aquél.

En contraposición, tanto en Venezuela, Nicaragua y Cuba, estamos frente a regímenes no democráticos que se caracterizan por perseguir, encarcelar o cancelar a la oposición, limitar la libertad de expresión, negar la legitimidad del adversario (incluso por privación ilegítima de la libertad, procesos extrajudiciales y torturas, como muchos organismos internacionales han documentado), erosionar y vaciar las instituciones, negarse a rendir cuentas de sus actos y vapulear las instituciones de rendición de cuentas.

Se creen no solo por encima de la ley, sino que la manipulan a su antojo. Independientemente del origen de esos gobiernos, podemos decir que estamos frente a gobiernos autocráticos.

Cuando decimos “independientemente del origen” es porque sabemos que son dictadores que han llegado al poder mediante la manipulación de procesos electorales y, en muchos casos, continúan realizando elecciones sin competencia, sin transparencia y sin libertad.

Contar votos no es democracia. No hay golpe de estado, pero hay dictadura. Son regímenes que mezclan la autocracia personalista con el autoritarismo de partido, donde la cúpula acumula todo el poder del estado. Negar esta realidad es ser funcional a ellos.

Hoy, las democracias de las Américas tienen la responsabilidad de preservar la vida de aquellos que son perseguidos por pensar distinto, como ocurre hoy mismo en Cuba con Luis Manuel Otero Alcántara y Mikel Castillo. Escudados en la retórica anti-imperialista, se refugian en términos como democracia soberana, nacionales y otros adjetivos que esconden su verdadera naturaleza. Digamos lo que realmente son: son dictaduras. En todo caso, si convocan una contra-cumbre, pongan el título que les corresponde: la cumbre de los dictadores.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina