Suecia, un país serio

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 14/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/04/01/suecia-un-pais-serio/?fbclid=IwAR0-WRMEjrYmLiaM9BekcC8khLDC1mUiAPatrmROh5bmPur66wYMM3FRjTg

 

Estocolmo está en paz y libertad. Hay gente, hay vida en las cafeterías y adolescentes charlando en los parques. Las autoridades aconsejan el distanciamiento social, el trabajo en casa, que las personas mayores de 70 años se aíslen y que las reuniones se limiten a 50 personas. Está prohibido estar de pie en los bares, pero dan servicio en mesas. Las escuelas secundarias y universidades están cerradas, pero no las preescolares y primarias.

“Suecia es un caso atípico”, dijo Johan Giesecke, de la Agencia de Salud, “Otras naciones han tomado medidas políticas desconsideradas en lugar de las dictadas por la ciencia”. Coincidiendo con muchos científicos, como Lawrence Gostin, de Georgetown, que asegura que las cuarentenas nunca son efectivas. La cuarentena obligatoria – impuesta por el Estado policial- no es real porque se puede contagiar desde el balcón, en el ascensor, etc., y los recluidos son más propensos a contagiarse y enfermarse al estar debilitados.

Según Gymtca, a las tres semanas de inactividad física una persona pierde el 40% de su estado, a las 7 semanas el 100%, ganando en estrés, depresión, ansiedad, agresividad, paranoia y pánico y perdiendo sobre todo en defensas inmunológicas. Según Federico Fros Campelo, docente del ITBA en Neurociencia, cuando el cerebro “opera con normalidad, rige el pensamiento secuencial y se da la vinculación causa-efecto… con la incertidumbre… El miedo a lo inexplicable nos hace creer en todas las noticias que nos llegan”. La hormona de la oxitocina fortalece los vínculos de proximidad y disminuye con el aislamiento. “Ante la falta de contacto, se puede engañar al cerebro a través de la tecnología. Efecto similar al de la pornografía” asegura Fros.

Los gobiernos del Estado policial -que se agranda como un cáncer y luego será difícil retrotraerlo- saben que con la “cuarentena el número de casos no va a bajar… se busca que aparezcan de manera controlada y no desborde el sistema”, dice la principal asesora del Gobierno argentino. Es decir, reconoce que el sistema de salud estatal es incompetente, de hecho, por caso en España, mientras que las empresas privadas están repartiendo barbijos por millones, el gobierno viene muy por detrás. Entonces el Estado debe retirarse, no entrometerse aún más.

Con enorme hipocresía se dice que hay que preservar la vida, aunque cueste la economía. Descuidar la economía es matar a más personas que esta epidemia. En España se ha creado un programa “Alimentando familias desesperadas por la crisis del covid”. ¿Crisis del covid? Las cosas en su lugar, la crisis alimentaria es consecuencia directa de las medidas del Estado policial no del virus.

Juan Isasmendi, sacerdote en Buenos Aires, acaba de habilitar un comedor de emergencia para 4.000 raciones diarias. “Estamos perplejos. La ‘emergencia sanitaria’ ha empeorado la emergencia social…” mucha gente ya no trabaja. En lo que va del 2020, según la ONU, solo entre menores de 5 años han muerto 140.000 por desnutrición. Y la situación se agrava rápidamente por el encerramiento global.

Suecia, que con 10 millones de habitantes tuvo 239 muertos por coronavirus hasta fin de marzo, actúa con sabiduría, porque violar el derecho humano de la libertad empeorará las cosas, el mal solo puede traer mal, es el principio de no contradicción de Parménides, y la violencia -la coacción policial- solo puede destruir al cosmos, como ya decía Aristóteles.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Más de la mitad de los empleados privados tienen comprometidos sus sueldos en actividades imprescindibles

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 31/3/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/31/mas-de-la-mitad-de-los-empleados-privados-tienen-comprometidos-sus-sueldos-en-actividades-imprescindibles/

 

El esfuerzo que el Presidente le pide a las empresas no parece correspondido con uno similar del lado del sector público en su conjunto

La construcción es uno de los sectores económicos afectados por la cuarentena

La construcción es uno de los sectores económicos afectados por la cuarentena

El domingo por la noche el presidente Alberto Fernández tuvo la desafortunada idea de tratar de miserables a los empresarios que despiden personal y decir que es hora de que ganen un poco menos, más allá que siempre habrá quienes tienen comportamientos prebendarios, esos que piden proteccionismo y demás privilegios para no tener que competir y lograr un consumidor cautivo.

En primer lugar, porque antes de seguir pidiéndole esfuerzos al sector privado, el Presidente debería estar liderando una baja del gasto público a nivel nacional, provincial y municipal, en vez de tener a gobernadores e intendentes desfilando por la Casa Rosada antes de la cuarentena, pidiendo plata para financiar la exorbitante burocracia estatal, la cual, como mínimo, puede reducirse en $500.000 millones en los tres niveles de gobierno, sin agregar otros rubros de clientelismo político.

Todo parece indicar que la dirigencia política no entendió que sus sueldos se financian con los impuestos que paga la gente del sector privado que produce. Es como si no hubiesen tomado conciencia que si el sector privado agoniza, ellos no van a poder cobrar. Podrán emitir toda la moneda que quieran, pero al problema del coronavirus le van a agregar otro no menos: una inflación aguda.

El gráfico muestra el total de personas que trabaja en blanco. De los 12,1 millones que informa el Ministerio de Trabajo para diciembre último, el 26,7% lo hace en el sector público a nivel nacional, provincial y municipal que pretende seguir cobrando el 100% de sus salarios como si nada pasara en la Argentina.

Pesada burocracia estatal

Es evidente que, dentro de esos 3,2 millones de empleados en la administración pública hay policías, docentes, personal de las fuerzas armadas y de la salud que deben seguir cobrando su sueldo pleno, pero hay una inmensa mayoría de puestos estatales que, al igual que los empleados del sector privado, tendrán que sacrificar parte de sus ingresos, por las buenas o por las malas. Acá hay empresas que no van a poder pagar los alquileres, los sueldos y van a ir a la ruina con esta extensa cuarentena sin paliativos generales.

De acuerdo con los últimos datos, en la Argentina hay aproximadamente 550.000 empresas. El 99% de son pymes, es decir, tienen hasta 200 empleados, y generan el 60% de los puestos de trabajo del sector privado y las grandes empresas generan el otro 40%. En números aproximados, de los 8 millones de puestos de trabajo en el sector privado, 4,9 millones los generan la suma de los ocupados en las micro, pequeñas y medianos empleadores.

Sin negar el principio de igualdad ante la ley, es bastante claro que una pyme tiene mucho menos espalda para aguantar sin trabajar que las grandes compañías. Del total de las 550.000 empresas, el 28% son comercios, los cuales ya venían agonizando por el largo estancamiento económico que se arrastra desde 2011 y la crisis de 2018, agudizada ahora por la cuarentena que hace que la gente no circule y los comercios no puedan vender. Si no venden, no pueden pagar el alquiler, los sueldos y tampoco los impuestos.

Siempre en base a datos del Ministerio de Trabajo para diciembre 2019, la mayor cantidad de puestos de trabajo del sector privado está en el rubro comercio y reparaciones. Luego viene la industria manufacturera y el resto de los sectores. El rubro Servicios Comunitarios, Sociales y Personales abarca una amplia gama que va desde la recolección de basura, esparcimiento, peluquería, etc. Un largo listado de actividades.

De acuerdo a estos datos, había 1,12 millones de personas que trabajan en comercios que tienen sus ingresos muy comprometidos porque las empresas no venden. De la industria manufacturera, hay sectores fuera de combate como el automotriz y el autopartista. Todo lo que tiene que ver con la actividad inmobiliaria está paralizado, ahí se registran otras 56.000 personas que no pueden aguantar mucho tiempo más.

Construcción tiene 416.600 puestos de trabajo que no funcionan. Los 265.600 puestos de trabajo de hoteles y restaurantes también complicadísimos; explotación de minas y canteras, paralizada, en definitiva, siendo optimista y suponiendo que la industria manufacturera trabaja al 50%, aproximadamente la mitad de los puestos de trabajo del sector privado, es decir 3.900.000 millones personas tienen su sueldo comprometido porque están en rubros que no facturan.

A eso hay que sumarle 397.500 autónomos (básicamente profesionales) que están sin trabajo (es dudoso que hoy un odontólogo, arquitecto, abogado, escribano, tenga mucho trabajo) y tenemos otro 1,6 millones de monotributistas únicos. En total, el sector privado tiene comprometido el ingreso de no menos de 5.900.000 personas de continuar esta parálisis de actividad. Los docentes, los médicos, el transporte de mercaderías y el sector agropecuario pueden continuar funcionando, por ahora.

Pero atención que esta situación se puede complicar a los que hoy tienen trabajo. Por ejemplo, si las empresas dejan de facturar, suspenden su publicidad, de la cual dependen los medios para sobrevivir y los periodistas no van a tener ingresos porque las empresas periodísticas pueden entrar en crisis financiera.

El señor que tiene un local y se lo alquila al comercio de electrodomésticos, es dudoso que pueda cobrar el alquiler si el inquilino no vende ni un ventilador. La empleada doméstica no va a poder seguir cobrando un sueldo si la familia que la contrata no tiene ingresos porque perdieron su sueldo.

dentro del universo del sector privado hay que sumar los que están en el sector informal que hoy no pueden hacer ni una changa.

Mientras tanto los empleados del sector público nacional, provincial y municipal dedicados a actividades burocráticas, pretenden seguir cobrando el sueldo como si nada pasara en Argentina ni en el mundo.

Antes de la crisis, el sector privado ya no podía seguir aguantando el peso de los 19 millones de personas que todos los meses pasan por la ventanilla del estado a cobrar un sueldo. Es fácil imaginar que, con las empresas sin venta, ese esquema ya no es viable.

Si a la crisis de la salud no se le quiere agregar una catástrofe económica, habría que sugerirle al Presidente que vaya pensando seriamente en liderar una fenomenal baja del gasto público en los tres niveles de la administración. Los ingresos tributarios se van a caer fuertemente, incluso en valores nominales, y no hay mucho margen para emitir, salvo que a la crisis de salud y de actividad se quiera agregar un desparramo inflacionario descontrolado.

En definitiva, es hora que la dirigencia política ponga las barbas en remojo, porque esta vez se puede hundir con el sector privado, si no reaccionan a tiempo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El virus estatista

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 29/3/20 en: “El País”, de Uruguay.

 

Como es del público conocimiento, en el mundo estamos en una situación desafortunada como consecuencia del esparcimiento de coronavirus. Hacen muy bien los gobiernos en adoptar todas las medidas necesarias al efecto de cumplir con sus misiones específicas de proteger vidas. Pero observamos que los hay que no solo se exceden en las antedichas funciones sino que agravan grandemente la situación, por ejemplo, al imponer controles de precios a productos como el alcohol en gel, barbijos e incluso a medicamentos y alimentos.

El cornavirus ha influido en el derrumbe de las economías pues si la gente no puede desempeñar bien sus faenas laborales debido a precauciones y cuarentenas, naturalmente las producciones se resienten. Es una tautología. Pero el problema de fondo en las economías globales no es el coronavirus sino el endeudamiento colosal de los gobiernos que pretenden vivir al día de mañana engrosando sus gastos financiados con deudas astronómicas, impuestos insoportables y manipulaciones monetarias siempre perjudiciales para financiar aparatos estatales elefantiásicos.

Es realmente increíble que aun no se hayan comprendido lecciones elementales de economía. A igualdad de cantidades ofrecidas, cuanto más se necesita un producto mayor será el precio lo cual es indispensable a los efectos de atraer la atención de quienes pueden incrementar la oferta.

Para recurrir a una ilustración extrema, en un terremoto que destruye muchas viviendas los precios de las casas y departamentos se elevarán para hacer iguales oferta y demanda. Si algún político trasnochado decide congelar los precios a la situación pre-terremoto inexorablemente provocará escasez pues, dada la nueva situación, la demanda excederá a lo que queda en pie. Esto con el agravante que no se trasmite la necesaria señal de lo que está ocurriendo en el mercado inmobiliario y no aumentará el atractivo de invertir en ese sector. Esto intensifica la crisis en el mercado de viviendas.

Es interesante ejemplificar lo dicho con los sucesos hace un tiempo ocurridos en Nicaragua. En su momento, sufrió un terremoto devastador. El gobierno decidió liberar los precios para las viviendas de lujo y dejarlos fijos para las de condición humilde “para proteger a los pobres”. El resultado fue que se normalizó la situación para las viviendas que apuntan a un mayor poder adquisitivo puesto que al subir los precios se incrementó la oferta, mientras que en el segundo caso se condenó a perpetuar la crisis para los más pobres puesto que la antes mencionada escasez se mantuvo inalterada.

Es que al instante del terremoto, se liberen o no los precios la cantidad de viviendas en pie será inexorablemente menor a la demanda. Pero la diferencia sustancial entre una y otra política respecto a la libertad de mercado es, como queda dicho, que en el caso del congelamiento se mantiene la situación mientras que en el caso de permitir que los precios jueguen el rol de equilibrar el mercado se atraen inversiones al sector lo cual normaliza la situación.

Esto se repite con los medicamentos: cuando hay una crisis en la salud de la población los distraídos sostienen que los laboratorios farmacéuticos se aprovechan de la situación sin percatarse que más que nunca se hace necesario que los precios se eleven, de lo contrario se condena a la gente a sufrir las consecuencias de la enfermedad. Mismo fenómeno ocurre con los alimentos. No se trata de los deseos de uno o de otro, se trata de un proceso que precisamente apunta a resolver problemas.

Cualquier bien al que se imponga un precio inferior al de mercado hace que oferta y demanda se desequilibren y aparece la escasez del producto en cuestión. Para recurrir al lenguaje común, por supuesto que el verdulero “se aprovecha” del deseo de sus clientes de alimentarse, o el que vende bicicletas “se aprovecha” del deseo de pedalear de sus compradores y así con todo. En un mercado libre, los comerciantes están obligados a atender las necesidades de su prójimo para poder prosperar y los precios no son el resultado del capricho de nadie sino de la situación imperante que hacen de indicador de lo que está sucediendo, no lo que a algún político le gustaría que suceda.

En resumen, los precios son señales indispensables para la marcha de la economía, pero cuanto más delicada sea la situación mayor es la necesidad que operen en libertad. El virus del estatismo empeora cualquier otro virus propiamente dicho pues condena a que se dificulte aun más el combate a la enfermedad al arruinar los procesos económicos. Estos procesos se agravan exponencialmente si se persiste en los anuncios disparatados de “estímulos monetarios” lo cual significa expansión de la base por parte de la llamada autoridad monetaria que en un contexto de retracción por la antedicha menor actividad hará que los estragos inflacionarios resulten más contundentes.

Entonces, una cosa es el cumplimiento de las funciones gubernamentales y otra bien distinta es la enfermedad letal del virus estatista .Recordemos una de las sabias lecciones de Mafalda: “lo único que no tiene garantía cuando se rompe, es la confianza”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

La visión jurídica del impuesto

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/03/la-vision-juridica-del-impuest.html

 

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Los juristas tienen, por lo general, una visión diferente del impuesto a la que tienen los economistas. Estas disimilitudes son preocupantes por cuanto el impuesto encuentra (desde el punto de vista jurídico) siempre amplias justificaciones que no se hallan debidamente fundadas en conceptos económicos, o se las basan en falsas nociones económicas demostradas como tales por la experiencia histórica. El impuesto es más una concepción jurídica que económica, y es por eso que los juristas le otorgan tanta positiva importancia a su existencia como lo manifiestan la gran cantidad de obras y textos jurídicos que se dedican al tema. Incluso una rama del Derecho se ha bautizado como Derecho tributario y financiero, materia infaltable por “imprescindible” en todas las carreras de Derecho que se dictan a nivel nacional.

Para probarlo, bastará que examinemos -al menos superficialmente- el artículo que bajo la voz IMPUESTOS desarrolla el jurista Mateo Goldstein en la afamada Enciclopedia Jurídica OMEBA y el que comienza de la siguiente manera:

“1. Concepto político-filosófico, económico y jurídico del impuesto. No se concibe la existencia del Estado, por rudimentario que sea en sus formas, o por evolucionado, que no requiera de este medio de vida, similar al oxígeno para los entes orgánicos y como la luz para las plantas.”[1]

Lo primero que salta a la vista (y es una constante no solamente en el autor que vamos a comentar, sino que es invariable en todos los cultores del derecho) es la aceptación sin discusión de ninguna naturaleza de una idea antropomórfica del “estado” que siempre escriben con mayúscula inicial (cuando no es un nombre propio para que merezca tal tratamiento, y aun cuando no siga a un punto en la redacción). Así hablan de la existencia del “estado” como si fuera un ente real y corpóreo, material o materializable, con voluntad propia y al que llegan al externo (como en el caso de la cita) de equiparar con un órgano vivo (“entes orgánicos y plantas”). Esta desfiguración marca el rumbo de los desvaríos jurídicos que rigen en cuanto a la materia. Veamos cómo sigue nuestro autor:

“Pueden adquirir formas de leyenda las primeras organizaciones estatales de la historia, pero se tiene la noción precisa de que acudieron a este recurso, de una u otra manera y es probable que las primeras revoluciones en las historias hayan sido provocadas, no por la defensa de la libertad de los ciudadanos, sino para reprimir y suprimir la voracidad de las arcas fiscales.”[2]

A pesar de este párrafo lúcido y prometedor, deberemos recordar para lo que sigue que, el autor en estudio es un socialista que no se asume como tal. El párrafo -en sí mismo- es acertado, pero lo que desconoce el autor es que precisamente es “la voracidad de las arcas fiscales” las que van en contra de la libertad de los ciudadanos. Es este divorcio que la gran mayoría de los juristas hacen entre libertad y economía lo que deforma y desvaloriza sus análisis y terminan justificando, a la postre, el histórico atropello a las libertades individuales que la mera existencia del impuesto significa. Algo que, dada la formación recibida quienes se dedican al estudio exclusivamente del derecho con prescindencia de cualquier otra disciplina, no pueden distinguir con claridad.

“¿Y qué otras cosas podían demandar las arcas fiscales que no fueren las contribuciones y los tributos, primero para satisfacer las necesidades de los organismos rectores de la vida social y nacional, después, para proveer a los elementos de la población, de una serie de garantías y comodidades que han ido creciendo a medida que avanzaban las edades hacia un mínimo de perfeccionamiento?”[3]

En su pensamiento organicista, el jurista entiende que los organismos estatales (a los cuales les atribuye -de paso- la dirección “de la vida social y nacional” (en una clara acepción dirigista y totalitaria) tienen “necesidades”, de la misma manera que las tienen organismos físicos (humano, animal y vegetal) tal tuvimos ocasión de observarlo cuando analizamos el primer párrafo citado.

Es decir, como para la mayoría de las personas, para él, “estado” es una realidad física, cuando, en verdad, no se trata más que de una ficción jurídica. En rigor, sólo los entes físicos tienen necesidades, y en el campo de las ciencias sociales que nos ocupa son solamente las personas individuales las que pueden experimentarlas, nunca entes míticos e ideales como el “estado”.

Agrega el autor que -según su punto de vista- los impuestos son necesarios “para proveer a los elementos de la población, de una serie de garantías y comodidades que han ido creciendo a medida que avanzaban las edades hacia un mínimo de perfeccionamiento” fraseología rebuscada y -por demás- confusa. Que el gobierno se considere para garantizar la libertad y propiedad de las personas es algo cierto y aceptable, y si la palabra “comodidades” se refiere a esa libertad y propiedad no cabría, en principio, efectuar objeción alguna a la misma. Ahora bien, si por “comodidades” se quiere aludir al otorgamiento de prebendas, privilegios y dadivas a los ciudadanos no estaremos de acuerdo con ese sentido, porque es responsabilidad personal de cada individuo el proveerse de lo necesario para su mejor confort y satisfacción de sus propias necesidades de orden material y espiritual. En ningún caso es misión del gobierno suplirlo en dicha función, y mucho menos justificar la imposición fiscal para llevar a cabo acciones que sólo competen a los particulares.

“Recordaráse, sin duda alguna, que los Estados de la antigüedad clásica, el Egipto, sobre todo, gozó de una particular concepción de pueblo y gobierno y se especializó en succionar a las poblaciones miserables, propias, y las que fueron sometidas a su vasallaje con gravámenes fiscales que se percibían en las formas más rudas y violentas.”[4]

Lamentablemente, no aclara la cita cual es esa concepción, pero puede inferirse del resto de la oración. Ciertamente, la idea dominante en la antigüedad era de que algunas personas nacieron para someter a otras a la esclavitud, es decir, se creía que había gente que nacía predestinada para ejercer el poder en tanto que el resto estaba en este mundo para agachar la cabeza incondicionalmente a sus dictados.

El autor en estudio pretende una “evolución” de aquel estado de cosas hasta la actualidad conforme se puede apreciar del resto de su artículo. No obstante, nosotros no percibimos con tanta claridad esa supuesta “evolución”, al menos en el plano político y económico, donde aún hoy en día se observan métodos violentos por medio de los cuales las personas circunstancialmente encaramadas en el poder intentan doblegar a sus semejantes claramente, al menos, en el campo económico. Lo que pudieron haber evolucionado son las formas que, en la actualidad, lucen como algo más sutiles que en la antigüedad. Pero no se visualiza notable “evolución” en cuanto a los fines: la expoliación de unos (los súbditos) por parte de los otros (los gobernantes).

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTO” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[4] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El foco en lo sanitario parece olvidar por completo el de la economía

Por Adrián Ravier.  Publicado el 29/3/20 en: https://www.infobae.com/economia/2020/03/29/el-foco-en-lo-sanitario-parece-olvidar-por-completo-el-de-la-economia/

 

Las medidas preventivas en materia de sanidad requieren ser complementadas con otras que contemplen más el plano de las actividad productiva y comercial de empresas y familias
Las calles del mundo cambiaron su fisonomía, como ahora se observa en la Argentina (Adrián Escandar)

Las calles del mundo cambiaron su fisonomía, como ahora se observa en la Argentina (Adrián Escandar)

El mundo está sufriendo pánico, al que se puede definir en una de sus acepciones como un miedo muy intenso y manifiesto, especialmente el que sobrecoge repentinamente a un colectivo en situación de peligro. Se lo observa en el vacío de las calles de todo el planeta, en el tráfico de información en las redes, en las bajas en los mercados bursátiles, en las proyecciones de las caídas que tendrá la producción en este 2020, y en particular en el segundo trimestre.

Los gobiernos han elaborado estrategias que atienden el corto plazo. Escuchan a los expertos en sanidad y reclaman un toque de queda. En algunos lugares se apunta a un cambio cultural pero voluntario; en otros se empiezan a practicar penas económicas y de prisión; en algunos países surge violencia ante la falta de solidaridad por no comprender los riesgos del contexto.

El aislamiento tiene consecuencias directas e inmediatas. Si bien reduce el número de contagios en el corto plazo (enfoque sanitario), también es cierto que reduce las libertades individuales (enfoque político y social) y complica los negocios de quienes buscan su sustento (enfoque económico).

La estrategia actual pondera el enfoque sanitario muy por encima del enfoque político, social y económico, y esto abre o debería abrir una serie de preguntas: ¿Es correcto hacer esto? ¿Es correcto moralmente? ¿Se puede desde el gobierno o cualquier colectivo imponerle a los individuos valores propios que atentan contra sus libertades y sus negocios? ¿Estamos al menos seguros de que la estrategia será exitosa en reducir el número de contagios y muertes? Y no me refiero aquí a las mediciones comparadas de las primeras semanas, sino una vez que se conozca el desenlace de la historia.

Desde el enfoque sanitario la respuesta es que sí, que si “aplanamos la curva” de infectados, el sistema nacional de sanidad podrá estar más cerca de atender al total de necesitados. Incluso en otras experiencias similares, ha quedado claro que la cuarentena ayudó a reducir el número de muertes. Esto justifica quizás el parate hasta el 31 de marzo. Incluso puede extenderse la medida hacia mediados de abril. Pero la pregunta que necesitamos hacernos es cómo seguirá el proceso.

De poco habrá servido esta estrategia si el 1 de abril se abandona y se vuelve a las calles. El éxito de esta estrategia radica en sostenerla al menos durante 40 días, y quizás, ya en el extremo del enfoque “sanitario”, hasta el 21 de septiembre, cuando ya la primavera eleve las temperaturas y quede atrás el clima frío que es un excelente complemento para un virus que se expande.

El costo político, social y económico de extender la cuarentena

¿Cuál es el efecto político, social y económico de interrumpir las libertades individuales y parar la economía hasta la primavera? ¿Es viable, es posible? Claro que puede parar el fútbol, los teatros, los cines y los espectáculos artísticos de toda clase. Claro que muchos pueden trabajar desde casa en un cambio estructural que lleva décadas, pero que ahora se acelera. Por supuesto que el teletrabajo y la educación en línea ganarán espacio en estos tiempos. Ese es un cambio cultural que ocurrirá de todos modos, y que incluso puede incrementar la productividad y ayudar a la economía.

El teletrabajo y la educación en línea ganarán espacio en estos tiempos. Ese es un cambio cultural que ocurrirá de todos modos, y que incluso puede incrementar la productividad y ayudar a la economía (Pixabay)
El teletrabajo y la educación en línea ganarán espacio en estos tiempos. Ese es un cambio cultural que ocurrirá de todos modos, y que incluso puede incrementar la productividad y ayudar a la economía (Pixabay)

Pero una cosa es un cambio espontáneo, productos de decisiones individuales, y otra es un cambio impuesto y coactivo. ¿Se ha pensado en la posibilidad de que el sostenimiento en el tiempo de esta estrategia generará un daño mayor que el propio virus? Incluso el lema de los médicos dicta que “lo primero es no hacer daño”. ¿Se han evaluado los costos y beneficios de mantener por meses la estrategia en curso? ¿No se ve que el beneficio es dudoso, mientras que el daño es manifiesto?

Mi respeto por las libertades individuales y la economía de cada persona me impiden imponer el toque de queda a todas las personas. Quizás la situación amerite esta política extrema por un plazo corto de tiempo para que cada uno se tome el tiempo de reflexionar cuán posible es continuar trabajando o estudiando desde su casa, ahorrando a la sociedad un costo externo elevado. Pero el foco en lo sanitario parece olvidar por completo el foco económico. Parecen olvidar que la economía son personas, somos nosotros, somos todos, y detenerla puede generar costos más elevados aun que el coronavirus.

El gobierno no puede ir apagando incendios. Se necesita un estadista que vea un poco más allá de lo que está ocurriendo, planificando la estrategia que sigue tras el 31 de marzo. En Estados Unidos se ha proyectado para el segundo trimestre una caída del PIB del 50 % y un desempleo del 30 %. ¿Qué proyecciones podemos construir para Argentina? ¿Podemos ponderar este efecto “económico” como menos nocivo que el efecto “sanitario” del virus?

Mi opinión es que la cuarentena no puede extenderse de forma obligada tras 30 ó 40 días, y que a partir de ahí habría que apuntar a un cambio cultural, donde sea cada individuo el que elija qué hacer con su vida, evaluando los costos y beneficios de sus acciones. No sólo eso. Es importante también hacer un llamado a cada individuo para que haga un esfuerzo por preservar su libertad individual, su libertad de expresión, sus libertades políticas, porque es en estos momentos de caos y emergencia donde los gobiernos reducen la libertad de las personas, y avanzan con medidas que en otros escenarios serían inaceptables.

Quizás es tiempo de recordar las palabras de un clásico como Frédéric Bastiat en un escrito de 1850 titulado “Lo que se ve y lo que no se ve”. Allí escribía: “Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

El autor es economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos, las finanzas públicas y la historia del pensamiento económico.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

 

 

 

La historia del liberalismo en diez capítulos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/28/la-historia-del-liberalismo-en-diez-capitulos/

 

A raíz de la Constitución de Cádiz de 1812 es que se usó por primera vez como sustantivo la expresión “liberal” y a los que se opusieron les endilgaron el epíteto de “serviles”, una carta constitucional que sirvió de antecedente para algunas que incorporaron igual tradición de pensamiento, entre otras, la argentina de 1853. Hasta ese momento el término liberal era utilizado en general como adjetivo, esto es, para referirse a un acto generoso y desprendido. Adam Smith empleó el vocablo en 1776 pero, como se ha observado, no en carácter de bautismo oficial como el referido sino como algo accidental de la pluma y al pasar aludiendo muy al margen a un “sistema liberal”.

Aquel documento, a contracorriente de todo lo ocurrido en la España de entonces, proponía severas limitaciones al poder y protegía derechos clave como la propiedad privada. En lo único que se apartaba radicalmente del espíritu liberal era en materia religiosa puesto que en su doceavo artículo se pronunciaba por la religión católica como “única verdadera” y con la prohibición de “el ejercicio de cualquier otra”, con lo cual proseguía con el autoritarismo español en esta materia desde que fueron expulsados y perseguidos los musulmanes de ese territorio que tanto bien habían realizado durante ocho siglos en materia de tolerancia religiosa, filosofía, arquitectura, medicina, música, agricultura, economía y derecho.

De cualquier manera la mencionada sustantivación del adjetivo abrió las puertas a una perspectiva diferente en línea con la iniciada por la anterior revolución estadounidense que dicho sea de paso afirmaba lo que se denominó “la doctrina de la muralla”, es decir, la separación tajante entre la las Iglesias y el poder político. Aquella perspectiva liberal española estuvo alimentada por pensadores que constituyeron la segunda versión de la Escuela de Salamanca (más adelante nos referiremos a la primera, conocida como la Escolástica Tardía). Jovellanos -si bien murió poco antes de promulgada la Constitución del 12- tuvo una influencia decisiva: fundó en Madrid la Sociedad Económica y tradujo textos del antes mencionado Adam Smith, Ferguson, Paine y Locke.

Decimos que esta reseña se fabrica como decálogo porque estimamos que la historia del liberalismo puede dividirse en diez capítulos aunque no todos signifiquen tiempos distintos ya que hay procesos intelectuales que ocurren en paralelo.

Pero antes de esta reseña telegráfica a vuelo de pájaro, es de interés subrayar una triada que conforma aspectos muy relevantes a nuestro propósito. En primer lugar, un sabio consejo de Henry Hazlitt en su primer libro publicado cuando el autor tenía 21 años, en 1916, reeditado en 1969 con un epílogo y algunos retoques de forma, titulado Thinking as a Science en el que subraya los métodos y la importancia de ejercitarse en pensar con rigor y espíritu crítico en lo que se estudia al efecto de arribar a conclusiones con criterio independiente.

En segundo término, es del caso recordar que el liberalismo está siempre en ebullición, no admite la posibilidad de llegar a metas definitivas sino de comprender que el conocimiento está compuesto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones para, en un contexto evolutivo, captar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que estamos envueltos.

Por último, es necesario subrayar que los liberales no somos una manada por lo que detestamos el pensamiento único y, por ende, en su seno hay variantes y debates muy fértiles puesto que no hay tal cosa como popes que dictaminan que debe y que no debe exponerse o con quien relacionarse.

Hecha esta introducción veamos los diez capítulos principales de la tradición de pensamiento liberal, de más está decir sin la pretensión absurda de mencionar a todos quienes han contribuido a esta rica corriente intelectual lo cual demandaría una enciclopedia y no una nota periodística.

Primero Sócrates, quien remarcó la idea de la libertad y las consecuentes autonomías individuales. Hijo de un escultor y una partera por eso decía que su inclinación siempre fue la de “parir ideas” y de “esculpir en el alma de las personas en lugar de hacerlo en el mármol”. Su muerte constituyó una muestra cabal de la degradación de la idea de la democracia: las votaciones para su exterminación fueron de 281 contra 275: por una mayoría de 6 votos se condenó a muerte a un filósofo de setenta años por defender valores universales de justicia.

En sus diálogos insistía en la importancia de sabernos ignorantes y de someter los problemas a la duda y a la confrontación de teorías rivales, en que un buen maestro induce y estimula las potencialidades de cada uno en busca de la excelencia (areté), crear curiosidades, fomentar el debate abierto y mostrar el camino para el cultivo del pensamiento a través de preguntas (la mayéutica) que abren las puertas al descubrimiento de órdenes preexistentes. En este contexto, el relativismo epistemológico es severamente condenado como un grave obstáculo al conocimiento de la verdad. También que el alma (psyké) como la facultad de adquirir conocimiento y la virtud como salud del intelecto (“la virtud es el conocimiento” era su fórmula preferida) y la desconfianza al poder y la prelación del espíritu libre.

Segundo, el derecho romano y el common law inglés como un proceso de descubrimiento y no de ingeniería social o diseño en el contexto de puntos de referencia o mojones extramuros de la norma positiva.

Tercero, la antes mencionada Escolástica Tardía del siglo XVI que se desarrolló principalmente en la Universidad de Salamanca, precursores agraciados de los valores y principios de la libertad económica y jurídica. Sus expositores más eminentes fueron Juan de Mariana, Luis de Molina, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria, Tomás de Marcado, Luis Saravia de la Calle y Diego Covarrubias.

Cuarto, Algernon Sidney y John Locke en lo que respecta al origen de los derechos, especialmente el de propiedad, el derecho a la resistencia a la opresión y la consecuente limitación al poder político, temas complementados en el siglo siguiente con una mayor precisión sobre la división de poderes expuesta por Montesquieu al tiempo que vuelve sobre aquello de “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.

Quinto, la Escuela Escocesa integrada por Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson y sus predecesores Carmichael y Hutcheson que contribuyeron en la edificación sustancial de los cimientos del orden espontáneo de la sociedad libre, en sucesivos alumbramientos de un proceso que no cabe en la mente de ningún planificador puesto que el conocimiento está fraccionado y disperso, por lo que al intentar dirigir vidas y haciendas ajenas se concentra ignorancia.

Sexto, los textos de Acton y Tocqueville y más contemporáneamente Wilhelm Röpke que también la emprendieron contra los abusos del poder con énfasis en las manías del igualitarismo y la trascendencia de los valores morales. En esta etapa deben agregarse los nombres de los decimonónicos Burke, Spencer, Bentham, Mill padre e hijo, Constant, Jevons y Say en el nivel académico y Bastiat como un distiguido personaje en la difusión de las ideas liberales.

Séptimo, la Escuela Austríaca iniciada por la teoría subjetiva desarrollada por Carl Menger y continuada por Eugen Böhm-Bawerk aplicada a la teoría del capital y el interés. Retomó esta tradición Ludwig von Mises quien le dio un giro copernicano a la economía abarcando todos los aspectos de la acción humana en contraste con los enfoques neoclásicos y marxistas, al tiempo que demostró la imposibilidad de evaluación de proyectos y cálculo en una sociedad socialista. Un destacado discípulo de Mises fue Friedrich Hayek cuya obra, de modo sobresimplificado y al solo efecto de ilustrar, puede dividirse en tres segmentos. El primero referido a su opinión en cuanto a que la administración del dinero es una función indelegable del gobierno, en el segundo propone la privatización del dinero y en el tercero confiesa haber tenido otro shock como cuando estudió bajo la dirección Mises (que lo apartó de sus simpatías por la Sociedad Fabiana) al leer y comentar uno de los libros de Walter Block. En esta misma escuela sobresalen los trabajos de Israel Kirzner en los que señala los errores del llamado modelo de competencia perfecta que opera a contramano de la explicación del mercado como proceso y no uno de equilibrio, también los de Machlup en cuanto a la metodología de las ciencias sociales, de Haberler que resumió la teoría del ciclo, Dietze, Jouvenel y Leoni en el campo jurídico e incluso en el ámbito de las ciencias médicas y afines Roger J. Williams y Thomas Szasz.

Octavo, las escuelas de Law & Economics y de Chicago lideradas respectivamente por Aaron Director (quien convenció a los editores que publicaran Camino de servidumbre de Hayek) y Simons, Knight, Milton Friedman, Stigler y Becker, junto al Public Choice de Buchanan y Tullock. En paralelo, el importantísimo rol de los incentivos desarrollados por Robbins, Plant, Hutt, Demsetz, North y Coase.

Noveno, dentro de sus muchos aportes cabe resaltar el de autores como Karl Popper, John Eccles y Max Planck sobre los estados de conciencia, mente o psique en el ser humano distinto a su cerebro y a los otros kilos de protoplasma. Solo en base a esta concepción es posible la argumentación, las proposiciones verdaderas y falsas, las ideas autogeneradas, la responsabilidad individual y el sentido moral, a diferencia de lo que Popper definió como determinismo físico.

Y décimo, el cuestionamiento al monopolio de la fuerza desarrollado por Murray Rothbard, otro de los discípulos de Mises aunque este autor no coincidió con estos cuestionamientos del mismo modo que objetaron en una generación más joven Nozick y Richard Epstein. Entre otros, también participan de esta crítica al referido monopolio Benson, David Friedman, Hoppe y el antes mencionado Block, pero de un modo particularmente original y prolífico lo hizo Anthony de Jasay en gran medida en base a la teoría de los juegos. Respecto a este último autor es del caso tener presente que James M. Buchanan comentó su libro titulado Against Politics del siguiente modo: “Aquí nos encontramos con la filosofía política como debiera ser, temas serios discutidos con verba, ingenio, coraje y genuino entendimiento. La visión convencional será superada a menos que sus defensores puedan elevarse al desafío que presenta de Jasay”. En esta línea argumental, los temas fundamentales considerados por esta nueva perspectiva son los bienes públicos, las externalidades, los free-riders, el dilema del prisionero, la asimetría de la información, el teorema Kaldor/Hicks y el “equilibro Nash”. Un debate en proceso.

Aunque pertenece a una tradición opuesta a la que venimos comentando, es de interés considerar una fórmula que pretendía una revalorización dicha por Arthur C. Pigou por más que él mismo no haya entendido su propio mensaje en cuanto a que los economistas necesitan incluir “preferentemente más calor que luz” (more heat rather than light) en su disciplina en el sentido de que sin ceder un ápice en el rigor también trasmitir perspectivas estéticas y éticas inherentes a la libertad que dan cobijo a los receptores y completan el panorama. Es para tomar nota ya que en no pocas oportunidades las presentaciones liberales carecen de calor humano tal como marcó el antes citado Röpke quien en su libro traducido al castellano con el sugestivo título de Más allá de la oferta y la demanda nos dice: “Cuando uno trata de leer un journal de economía, frecuentemente uno se pregunta si uno no ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica”. Con razón el fecundo Thomas Sowell alude a la manía de presentar trabajos con ecuaciones innecesarias y lenguaje sibilino que decimos a veces se extiende a través de consejos a doctorandos que consideran que así impresionarán al tribunal, lo cual contradice lo escrito por el antes mencionado Popper: “La búsqueda de la verdad sólo es posible si hablamos sencilla y claramente evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales, la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”.

Esta es entonces en una píldora los ejes centralísimos de la larga y fructífera tradición de pensamiento liberal con sus exponentes más sobresalientes en la rama genealógica directa, pero debe enfatizarse que las etiquetas y las clasificaciones algunas veces encerrados en “escuelas” no siempre son de especial agrado de intelectuales de peso pues cada uno de ellos -así como también muchos otros no mencionados en el presente resumen- merecen no solo artículos aparte sino ensayos y libros debido a la riqueza de sus elucubraciones, lo cual he procurado consignar en escritos anteriores de mi autoría sobre buena parte de los autores mencionados. Antes la he citado a Mafalda, ahora lo vuelvo a hacer pero con otra de sus inquietudes que cubren las preocupaciones y ocupaciones de los autores a que hemos aludido en esta nota: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Dudar es contagiar

Por Jose Benegas. Publicado el 26/3/20 en: https://www.infobae.com/america/opinion/2020/03/26/dudar-es-contagiar/

 

Control policial en el sur de Italia (REUTERS/Alessandro Garofalo)

Control policial en el sur de Italia (REUTERS/Alessandro Garofalo)

El título podría ser parte de los eslóganes de los seguidores del Gran Hermano en la novela de George Orwell 1984 y describe bastante el ambiente de discusión de la crisis del coronavirus. El que duda de las soluciones policiales propuestas es la infección en sí misma.

Lo más peligroso de la forma en que se encara la situación es la fuerte tendencia a la unificación de visionesEso no es ciencia, es religión. Su único resultado está a un nivel primitivo emocional de una gran masa asustada que pide resoluciones firmes. Después vemos si sirven, pero que sean bien firmes. Permite identificar a los infectados de indisciplina y falta de sometimiento, como los que viajan a Europa o pasean al perro, para expiar la infección en el gastado recurso de la autoridad omnipotente.

Tal cosa no está facilitada por la ciencia como método, sino por el ambiente científico y sobre todo su sometimiento no resistido a la burocracia estatal que abusa de las matemáticas para recurrir a modelos que pretenden predecir, pero que se convierten en la trampa de reemplazar la observación de la realidad que es compleja, por un diseño simple en el que todo lo que queda afuera no es modelo y no es “ciencia”. Esto lo vemos desde los inicios de esta crisis cuando se tacha de inmoral el entrar en consideraciones económicas, tara que nos viene de la tradición católica. Cuando los políticos dicen que están decidiendo entre la salud y la economía y están optando por la primera, están suponiendo que ambas cosas no están interconectadas o son en muchos casos la misma cosa; que la enfermera tiene que pagar la cuenta del supermercado y las jeringas requieren una fábrica, el hospital luz eléctrica, etc. La distorsión es el planteamiento de un dilema moral en el que, una vez resuelto, somos los buenos y estamos sanos. Los buenos que nos pueden matar a todos.

Recordemos cuando los judíos en la edad media eran perseguidos por cobrar interés por los préstamos, algo que es el secreto por el cual quien no tiene capital lo puede conseguir con solo una buena idea. La moralización de la cuestión como pecado, o la resistencia a hablar de la economía en una crisis sanitaria, lleva al desastre. Sin el préstamo a interés estaríamos todos viviendo en chozas. Si hubiéramos querido ser santos en esos términos (sin siquiera entender de verdad el aspecto moral) no hubiéramos llegado a este nivel de desarrollo de la actualidad. Sin economía no hay tomografías computadas, ni barbijos, ni respiradores, ni médicos. Todos estaríamos funcionando a niveles de subsistencia en los que cualquier infección nos podría diezmar.

Eso mismo se aplicó a esta pandemia desde el principio. Pensar fuera del modelo matemático meramente sanitario es tachado de inmoral porque es poner al dinero por encima de la salud, así que nos están condenando a una extinción por falta de recursos que, en realidad, se necesitan incluso para hacer funcionar los modelos en las computadoras.

Lo que se debió enfrentar, que es la complejidad, se simplificó por razones de facilidad analítica y se eliminaron del razonamiento las limitantes que están fuera del modelo. Para quienes fuimos formados en la visión de la Escuela Austríaca de Economía eso no es una novedad. Esta tara se viene repitiendo en el campo económico desde hace más de un siglo. La realidad es el cuadro. Pero resulta que fuera del cuadro cuando se produce una intervención de la autoridad en la economía se genera otro problema no previsto porque la complejidad no puede ser abarcada por una autoridad central y entonces viene otro acto de intervención que termina en el Camino de Servidumbre de Hayek. Es bastante asombroso ver que en el ambiente sanitario está tan claro esto de que los remedios pueden ser peores que las enfermedades. Sin embargo, no lo han podido aplicar a la hora de proponer el uso del remedio mitíco universal: la voluntad del poder, a su propuesta de cuarentena obligatoria. Y lo mismo pasa en economía curiosamente: todo problema tiene una solución consistente en dictar una orden o crear un organismo que lleva el nombre del problema. Con lo cual ni la economía ni el santarismo se necesitan, todo puede ser reemplazado por una comisaría.

Esto va mal. La propuesta es parar todo, algo que nunca se ha intentado antes, de lo que no hay “ensayos clínicos” pero tenemos bastante conocimiento sobre cuales pueden ser sus consecuencias.

El valor en la economía no es físico y es subjetivo. Son personas actuando de acuerdo con sus preferencias. La economía no es logística, que es como los místicos de la autoridad quieren verla, es coordinación de intereses. No se puede atacar a los intereses privados sin destruirla. Pero los políticos se entusiasman con que ahora sí podrán ser los directores de orquesta que quisieran ser. Se les van a morir de hambre los músicos.

Nadie siquiera está analizando que el pánico que se esparce tiene un costo de salud también grande, y eso que esto está fuera del paradigma moral de que solo hay que pensar en salud. Decirles a los grupos vulnerables que no es fatal que se mueran relajaría la disciplina que es el gran ídolo que venerar. Así que sí, resignan la salud, pero no en aras de la economía sino del autoritarismo como remedio universal. Nadie está poniendo en tela de juicio cómo se pone en riesgo la subsistencia de muchos millones de personas mientras no se sabe con certeza cómo parar la pandemia. Si aparece el médico francés que tiene una idea sobre cómo proceder, se van a escudriñarlo y las notas en los diarios hablan de su aspecto, mientras los médicos de televisión lo descalifican.

Ahora revisemos qué han hecho las autoridades sanitarias (nótese, son autoridades, no científicos) en el último siglo. Porque una de las cuestiones que siempre se han planteado a la hora de determinar si el Estado debe intervenir en la salud es justamente el caso de las pandemias, donde el costo de enfermarse se distribuye más allá de los individuos portadores. Se ha dicho hasta el cansancio que para algo como lo que estamos viviendo tiene que haber un ordenamiento público. Pero ¿dónde está? ¿Por qué ningún país, mientras todos tienen ministerios de salud, está preparado para aumentar su capacidad de internación ante una pandemia y nos lo dicen los mismos responsables como si fuera fatal? ¿Por qué no hay reservas de barbijos y respiradores como las hay de petróleo? ¿Por qué no tienen planes para tener personal de enfermería también en reserva? Porque hay que decirlo, los encargados en cada país de tener previsiones al respecto son los mismos que están proponiendo la salida autoritaria sobre la población sana como única respuesta y nos muestran que su propia capacidad de responder a la crisis es fija e inamovible.

Es decir, ¿tenemos todos los protocolos sanitarios y cuando llega la pandemia en lugar de apelar al conocimiento y a las previsiones que ellos hayan tomado tenemos que recurrir al comisario? Todos aceptan que en el modelo de las curvas el umbral de atención hospitalario sea fijo, pero normalmente lo que discutimos en salud durante las campañas electorales son los tratamientos para la obesidad, las cirugías estéticas o de cambio de sexo, porque una catarata de propuestas bondadosas sale con forma de ley del Congreso.

¿No se ha formado una autoridad central de todos estos problemas con la OMS? ¿Dónde está el resultado de aquello para lo que se estaban preparando?

El médico francés Didier Raoult que recomendó los remedios contra el paludismo como tratamiento y que hizo que los diarios argentinos se pusieran a comentar sobre su aspecto (menos mal que Einstein no fue argentino), puso en tela de juicio algo más, que es que los médicos están sometidos a la autoridad estatal en lugar de proceder de acuerdo con su conocimiento y experiencia, algo que otro adelantado Thomas Szasz ya había denunciado.

Lo que consideramos un sistema sanitario es en realidad una administración política de la salud, donde todo debe ser autorizado por la burocracia a la que llegan los que no pueden destacarse en su ciencia y son expertos en el codazo. Así tampoco los farmacéuticos tienen ya libertad para hacer recetas y su profesión ha sido convertida en un modo de obtener monopolios para la venta de medicamentos que hacen unos laboratorios que están a la vez controlados como nada en este mundo. Los medicamentos no están sometidos a la ciencia sino a la autoridad central sanitaria. Tanto control y a la primera pandemia importante nada funciona, solo queda paralizar al mundo para que no muera lo que la existencia de estos organismos nos garantizaba que no podría morir. Por eso su solución no es sanitaria, es métanse todos en sus casas a infectar a sus familiares, asusten a todas las personas mayores como si todas fueran a morir, porque al final no hay respuesta del aparato burocrático que se percibe limitado por un umbral infranqueable que nadie previó que se debería mover y que ve a la economía como una actividad de lujo para la gente sana.

La inseguridad que transmiten estas autoridades sanitarias es tan grande que los únicos ejemplos que quieren considerar son los de Italia y España, porque Singapur, Japón o Corea del Sur nos ponen ante la incertidumbre de falta de magia autoritaria. La salud es al final menos importante que creer en la autoridad.

En las exposiciones de los funcionarios no hay indicio de por qué al final de las cuarentenas obligatorias y las prohibiciones de viajes no vamos a estar en el mismo punto en el que estábamos antes de empezarlas. Simplemente la animación nos dice que estaremos en el después del desborde del sistema, como si se tratara de un salto al futuro.

Las autoridades disponen que solo las actividades vitales continúen en la calle, pero no tienen ninguna conciencia de que toda actividad depende de las demás y, al final, si tienen razón los más expuestos al virus de todos serán los previamente definidos como indispensables. Nada de esto está pensado, no se puede. Dudar es contagiar.

Con el paso de las semanas todo se hará tan insostenible que la desobediencia será generalizada y, si piensan que aumentando el nivel de amenaza lo van a poder manejar, me permito dudarlo. Pondrán al grueso de la población ante la alternativa imposible de subsistir o estar seguros de no infectarse. Dado que el modelo de restricción no parece contemplar un final o un punto más allá del cual no se puede continuar, el riesgo ahora es encontrarnos al final de las medidas autoritarias agotadas, pero entonces los sanos estarán en una posición mucho más desfavorable y los enfermos probablemente en el pico con un aparato sanitario colapsado de todas maneras.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.