El plan para empobrecer, y controlar, al mundo


Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 27/04/21 en:
https://alejandrotagliavini.com/2021/04/27/el-plan-para-empobrecer-y-controlar-al-mundo/

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Al anunciar Biden un gigantesco plan de inversión e infraestructura de USD 2 billones, gran parte de la prensa lo relacionó con su rivalidad con el Estado chino, un paso hacia un “capitalismo de guerra”. Es también un plan de rescate dada la caída de la economía por las represiones estatales con excusa de la “pandemia” y va mucho más allá del Pacto Verde, se potencia el capitalismo de Estado.

               Por eso la tasa impositiva corporativa mínima global sobre las ganancias empresariales, defendida por el gobierno de EE.UU. y la burocracia del FMI, está en discusión en el G20. El objetivo: recaudar USD 2,5 billones, haciendo que las multinacionales paguen impuestos, no solo sobre las ganancias en casa sino en todo el mundo. Así, pagaran por más actividades y pagaran más: del 21% actual al 28%.

                Para ello debe aprobarse una ley, mejorar las herramientas para controlar a las empresas y, además, evitar que otros países compitan por atraer capital cobrando menos impuestos. Y eso lleva a una tasa impositiva corporativa global por encima del 12,5% que la secretaria del Tesoro de EE.UU. le propuso al G20, y se espera que otros 120 países lo firmen.

               Es un fortalecimiento del intervencionismo estatal y una redistribución de la renta entre la burguesía, lo empresarios socios del poder -a los que el gobierno les garantiza negocios, privilegios como subsidios y trabas aduaneras a la competencia- sin los cuales los políticos no podrían enriquecerse, y viceversa, ya que el Estado no crea riquezas.

              Claro que pagan los pobres porque los impuestos, aun dirigidos a los ricos, recaen sobre ellos dado que se derivan hacia abajo subiendo precios, bajando salarios, etc. Es demagógico decir que lo que se recauda vuelve a los carenciados porque, en el mejor de los casos, vuelve lo poco que queda tras pasar por la burocracia estatal ineficiente y corrupta.

             Así, el Estado es el principal creador de pobreza sino el único. Es que la violencia solo destruye, primero a los más débiles, y el Estado se arroga su monopolio con el que ejerce su “autoridad”. Por cierto, aun en casos de defensa propia y urgente, los métodos eficientes, dice la ciencia, son los pacíficos.

             Que la “autoridad” estatal destruye se advierte cada vez más al ver cómo la policía se dedica más a reprimir a quienes no cumplen los caprichos de los políticos que a defender al ciudadano. Es así como, aun si el Covid fueran tan grave -que no lo es, solo 0.04% de la población global ha muerto en año y medio- las represiones estatales, confinamientos y demás, han agravado el problema.

             Por cierto, es creíble que los 50 millones de muertes durante la “gripe española” no se debieron al virus sino a otras causas relacionadas, precisamente, con las acciones de los Estados, con lo que no existirían antecedentes históricos de pandemias por gripes.            

             Y para ello los gobiernos difunden el pánico que es, precisamente, el origen sicológico de la violencia, amplificado por una prensa oficialista, más allá de la política partidaria, porque le “cree” a los organismos oficiales como las “autoridades” sanitarias o a los “expertos” sin una investigación objetiva.

            Pero a no perder las esperanzas, al final, siempre triunfa el bien. Y aprovecho para decirles que, después de tanto escribir, de momento no tengo nada que agregar, de modo que no volveré a publicar estas columnas sobre política hasta nuevo aviso. Hasta siempre.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Chicago boys vs Columbia boys: la ingeniería social vs la “mano invisible”

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/04/21 en: https://www.perfil.com/noticias/economia/dos-formas-de-ver-la-economia-la-ingenieria-social-vs-la-mano-invisible.phtml

En ocasión de un encuentro por el Mercosur, esta semana se produjo un cruce de ideas entre el ministro de Economía Martín Guzmán y su par brasileño, Paulo Guedes. Aquí, un economista analiza ambas formas de ver la economía.

Mercosur 20210429Cruces con Brasil por los aranceles, en la reunión del Mercosur. | CEDOC PERFIL

Existen dos maneras diferentes de ver la economía. Por un lado, la economía es un proceso espontáneo, con vida propia que se autorregula. A esta visión se la suele asociar a la famosa “mano invisible” de Adam Smith. Para este punto de vista la mano invisible no es perfecta, pero sí es mejor que una economía fuertemente regulada.

Por el otro lado, la economía es vista como un problema de ingeniería social. Con raíces en Marx (explotación) y Keynes (irracionalidad), el estado debe controlar, regular, e incluso salvar a la economía de sus propias crisis.

Los Ministros de Economía Martín Guzmán (Argentina) y Paulo Guedes (Brasil) fueron protagonistas de este contrapunto. Ante la afirmación de Guzmán, de que “la mano invisible de Adam Smith es invisible porque no existe”, su par brasileño le recordó que la mitad de los Nobel de Economía fueron para economistas de la tradición de la Escuela de Chicago.

Más allá de las sorprendentes palabras de Guzmán, su expresión es un acto fallido que muestra que en el gobierno prevalece una visión de la economía como un problema de ingeniería social en lugar de una visión de la economía como un proceso espontáneo y natural.

En primer lugar, la respuesta de Guedes se queda corta. La visión de la economía como un proceso de mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago ampliamente.

Tres ejemplos no asociados a la Escuela de Chicago dentro del listado de Nobel al que hace referencia el ministro brasileño son Elinor OstromVernon L. Smith, y Friedrich A. Hayek. Este último no sólo podría considerarse un Adam Smith del Siglo XX, sino que es uno de los Nobel más citado por otros galardonados con el Nobel.

Además, así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, también trasciende a la economía. En filosofía, por ejemplo, autores de la talla de Robert Nozick y Karl Popper han tratado el tema. Mal que le pese a Guzmán, la mano invisible es parte del ADN del desarrollo de la teoría económica desde Adam Smith hasta la fecha.

La visión ingenieril de la economía por parte del gobierno está por todos lados. Está tan presente que la tomamos como natural y no tomamos nota de ella. Podemos pensar, por ejemplo, en la obsesión regulatoria del estado. O en la intención de controlar la inflación con gigantescas planillas Excel. Pero para no perdernos en anécdotas, podemos mirar los mismos indicadores que se usan en investigaciones científicas a nivel mundial.

Según el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute (Canadá), con el kirchnerismo argentina descendió en el ranking de libertad económica al punto tal de ubicarse entre las 10 economías menos libres del mundo. El problema es que la economía no es una compleja pieza de relojería. La economía es más bien un ecosistema.

El economista de la mano invisible es más biólogo que ingeniero. Estudia un complejo ecosistema que él mismo es incapaz de reproducir, realizando intervenciones menores para garantizar su supervivencia, pero sin buscar regular su naturaleza. El ingeniero, en cambio, no aceptaría ningún cambio espontáneo del ecosistema que no esté apropiadamente regulado por alguna oficina gubernamental. Las trabas al progreso y desarrollo son obvias.

Así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, la visión ingenieril de la economía trasciende al kirchnerismo. Recordemos que el lema de Cambiemos era el de estado presente, no el de un estado limitado. Importantes figuras de este movimiento han sostenido que Cambiemos era socialista o un movimiento de izquierda (recuerdo a Ivan Petrella, Federico Pinedo, Marcos Peña, y Durán Barba).

Con actitudes que hacen acordar a adolescentes, desde el gobierno se mofaban de los economistas de la mano invisible usando motes como el de “liberalote”. Podemos recordar también la persecución de Rodriguez Larreta en CABA a Uber y ciudadanos de bien intentando hacer algún ingreso extra (quizás para pagar los aumentos de impuesto de Larreta) mientras hacía la vista gorda a los violentos actos del sindicato de taxis. Todo este drama justificado en la falta de una regulación apropiada. La visión ingenieril es poco creativa. En lugar de adatar la regulación a los nuevos desarrollos del mercado prohíbe aquello que no es adaptable a una regulación anacrónica.

No hace falta especular, podemos ver los datos. A nivel mundial, al menos desde el 2000 a la fecha, la libertad económica viene en ascensoArgentina, una vez más, a contramano del mundo. El ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) de las economías más libres del mundo es casi diez veces superior al de las economías menos libres del mundo.

La mano invisible es la mejor arma para eliminar la pobreza. Los datos también nos muestran que la distribución del ingreso es similar en economías libres y reprimidas. La diferencia es que la pobreza es mayor en las economías reprimidas. Un último dato, en las economías libres hay mayor igualdad de género que en las economías reprimidas.

Si uno mira la economía argentina, especialmente de Perón a la fecha, no vemos una alternancia entre la mano invisible y la ingeniería económica. Lo que vemos es una alternancia de ingenieros. Todos estos experimentos terminan de manera similar. Crisis económica con un retroceso relativo en la economía mundial.

Quizás para Guzmán y el kirchnerismo los beneficios de una economía libre sean invisibles. No hace falta que también lo sean para la oposición.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/4/2en: https://eleconomista.com.ar/2021-04-meditaciones-sobre-la-deuda-publica-externa/

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Como hemos señalado en distintas oportunidades, si queremos progresar resulta imperioso abandonar la mente cerrada del conservador siempre encajada en el statu quo, incapaz de aceptar el cambio puesto que sus telarañas conceptuales asfixian su pensamiento. Como ha subrayado Albert Einstein, “es imposible obtener efectos distintos repitiendo las mismas causas”.

Cuando Thomas Jefferson, siendo embajador en París, recibió la flamante Constitución estadounidense escribió que si hubiera podido incluir una cláusula adicional en ese documento sería la de prohibir la deuda pública externa puesto que es incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no eligieron al gobierno que contrajo la deuda. Cuando lo invité por segunda vez al premio Nobel en economía James M. Buchanan a pronunciar conferencias en Buenos Aires expresó lo mismo en el contexto del “Public Choice” que inició con Gordon Tullock.

Y no cabe el correlato con la actividad privada en cuanto a la evaluación de las respectivas inversiones puesto que en el ámbito estatal no es pertinente aludir a inversiones que, como es sabido, se refiere a apreciaciones subjetivas en cuanto a la relación del  valor presente respecto al futuro. Es tan  desatinado como cuando en el medio argentino se impuso la incoherencia del “ahorro forzoso”. En el Presupuesto lo que cabe son los rubros de gastos corrientes o gastos en activos fijos, pero no “inversiones”.

Ahora surgen acalorados debates sobre un supuesto endeudamiento de diversas gestiones gubernamentales de nuestro país, que habitualmente encierran tres errores garrafales.

En primer lugar para hablar con propiedad de endeudamientos es necesario aludir a valores absolutos y no hacerlo como un porcentaje del PIB. En segundo término, esto último se refiere a la capacidad de repago, pero no ilustra sobre el nivel de la deuda. Por último, para que la ratio sobre el PBN tenga significación es indispensable que la moneda se consigne en términos reales porque, de lo contario, con una divisa devaluada se inflan guarismos artificialmente.

Este problema no se circunscribe al caso argentino que, si bien constituye un ejemplo extremo, la mayor parte de las naciones del llamado mundo libre incurre en un grado de endeudamiento público superlativo. Es decir, además de presiones tributarias galopantes y manipulaciones monetarias de diverso espesor, los gobiernos también echan mano  a la deuda para financiar grados crecientes del Leviatán.

Sin perjuicio de reformas monetarias y bancarias de fondo y de reformas tributarias sustanciosas, sobre las cuales nos hemos expedido detalladamente en otras ocasiones, es urgente  contemplar la prohibición de contraer deuda pública externa (la interna estatal tiene otros significados) al  efecto de no permitir que “se patee la pelota para afuera” comprometiendo recursos más allá de los ingresos presentes.

Muchas veces se ha advertido  acerca de la monumental crisis de la deuda que se avecina en el planeta, la cual es empujada en grado sumo por instituciones gubernamentales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) que financia gobiernos fallidos con dólares sustraídos compulsivamente de los contribuyentes de diversos países. Es por eso que, entre otros, destacados autores como Anna Schwartz (coautora con Milton Friedman  de la célebre historia monetaria de Estados Unidos) y Peter Bauer (London School of Economics) han sugerido el  cierre inmediato de esa entidad internacional.

Pero tal vez el libro más ilustrativo en la materia sea el que lleva el sugestivo título en el que se resume la tesis: “Cuando la  ayuda es el problema”por Dambisa Moyo, africana y doctora en Economía por la Universidad de Oxford. En la misma línea argumental, es de gran interés el detenido estudio de la obra de Melvyn Krauss, titulada “Development without Aid”.

En resumen y para no tratar varios temas simultáneamente, es menester centrar la atención en los estragos de la deuda que, como queda dicho, no solo compromete patrimonios de personas que no pueden expresarse sino que abre las compuertas para que gobernantes desbocados puedan vivir a cuenta del futuro.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La cuarentena como política antiinflacionaria

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/4/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/04/20/la-cuarentena-como-politica-antiinflacionaria/

La recesión que provocó el ASPO en gran parte de 2020 posibilitó contener el ritmo de suba de los precios al consumidor. Pero el exceso de emisión de dinero no demoró en manifestarse

La tasa de inflación de marzo refleja el impacto de la fenomenal expansión monetaria de 2020, emisión que fue la principal fuente de financiamiento del Tesoro (EFE)

La tasa de inflación de marzo refleja el impacto de la fenomenal expansión monetaria de 2020, emisión que fue la principal fuente de financiamiento del Tesoro (EFE)

El aumento del 4,8% del Índice de Precios al Consumidor del Indec en marzo refleja el impacto de la fenomenal expansión monetaria de 2020, emisión que fue la principal fuente de financiamiento del Tesoro. Entonces, la cuarentena que impuso el ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) actuó como mecanismo de freno a la inflación y, a medida que fue haciéndose más flexible, por el contrario, se aceleró.

Pero antes de ir a ese punto, conviene resaltar un dato que no es menor. Si bien el IPC a nivel nacional aumentó el 4,8% en marzo, el IPC del Gran Buenos Aires tuvo un incremento del 5,2%. Fue el que más subió por regiones (Pampeana, Cuyo, Noreste, Noroeste y la Patagonia).

El tema no es menor porque de acuerdo a los últimos datos de desocupación del Indec: los partidos del Gran Buenos Aires tienen la tasa de desempleo más alta del país con el 14,1%. Además, en la mayor parte de los dominios del kirchnerismo tienen una de las tasas de pobreza más altas del país con el 51% de personas por debajo de la línea de pobreza.

Lo primero a tener en cuenta es que la aceleración de la inflación está pegando más intensamente en el electorado del kirchnerismo que, como viene la situación económica y social, tiene posibilidades de hacer una muy mala elección en octubre. Obviamente, Argentina es imprevisible electoralmente.

Yendo al tema de la inflación y la cuarentena, en primer lugar se puede ver el índice de Our in World Data que mide la severidad de la cuarentena.

La cuarentena más estricta estuvo entre fines de marzo y julio en que se mantuvo en un índice máximo de 100 y aproximadamente 90 como piso hasta principios de agosto. A partir de ese mes comenzó a descender hasta ubicarse en un nivel de 70. Es decir, nunca terminó, pero se atenuó.

Mientras que en el siguiente gráfico se puede observar qué pasó con la tasa de inflación a medida que se fue flexibilizando el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

Justamente en la parte más estricta de la cuarentena la tasa de inflación se mantuvo en el orden del 1,5% mensual. A partir de agosto, cuando comienzan a suavizarse las medidas de aislamiento social, el ritmo de suba de los precios al consumidor se duplicó, pasó de 1,5% a 3% mensual promedio, aproximadamente, y luego se dispara a un escalón del 4%, y en marzo corrió a una velocidad de 4,8%, que se mantuvo en la primera mitad de abril.

En otras palabras, la cuarentena actuó como un control de precios indirecto dado que la gente no podía gastar los pesos que emitía el BCRA. Entre enero de 2020 y 2021 la base monetaria aumentó 35%,en promedio de cada mes.

Causas y efectos

¿Por qué a pesar del fuerte endeudamiento del BCRA colocando Leliq y Pases y a pesar de expandir menos la base monetaria, se fue acelerando la tasa de inflación? Según funcionarios del Gobierno la culpa es de los productores ganaderos y de las empresas alimenticias que no trabajan al 100% de su capacidad de producción.

La realidad es que las empresas no trabajan al 100% de su capacidad instalada porque puede haber insumos faltantes, mantenimiento de máquinas, reparaciones o los camiones de Moyano cortando las operaciones de alguna planta productora.

La inflación empezó a acelerarse a medida que se fue suavizando la cuarentena porque la gente pudo huir del dinero que emitió el BCRA y no lo podía usar porque no podía consumir durante la cuarentena estricta. Lo que se está dando es una combinación de expansión monetaria, junto con una caída en la demanda de moneda y una disminución en la oferta de bienes y servicios.Lo que se está dando es una combinación de expansión monetaria, junto con una caída en la demanda de moneda y una disminución en la oferta de bienes y servicios (Reuters)Lo que se está dando es una combinación de expansión monetaria, junto con una caída en la demanda de moneda y una disminución en la oferta de bienes y servicios (Reuters)

Si bien es cierto que el nivel de actividad rebotó, recién está en los niveles de febrero de 2020, mes anterior al inicio de la cuarentena, cuando arrastraba más de 18 meses en recesión. En definitiva, hay más billetes circulando, pero la gente no los quiere retener, se los saca rápidamente de encima, y la oferta de bienes y servicios crece a un ritmo menor que la expansión de dinero.

Considerando que la moneda es una mercadería más, se puede ver el problema desde otro ángulo. El BCRA produce cada vez mayor cantidad de una mercadería llamada pesos que la gente no quiere.

Es como si hubiese un precio relativo entre cantidad de trigo y de carne. Hay que entregar determinada cantidad de trigo por un kilo de carne. Si disminuye la demanda de trigo y aumenta su producción y, al mismo tiempo, baja la oferta de carne pero crece su demanda, es obvio que habrá que entregar cada vez más cantidad del primero trigo por igual cantidad del segundo.Para que el ministro Martín Guzmán pueda cumplir con la meta del 29% de inflación en 2021, la tasa de inflación mensual promedio de los próximos 9 meses tendría que ubicarse en 1,66% mensual (Reuters)Para que el ministro Martín Guzmán pueda cumplir con la meta del 29% de inflación en 2021, la tasa de inflación mensual promedio de los próximos 9 meses tendría que ubicarse en 1,66% mensual (Reuters)

Es la tormenta perfecta en materia inflacionaria: más emisión, menor demanda de moneda y baja la oferta de bienes y servicios.

Para que el ministro Martín Guzmán pueda cumplir con la meta del 29% de inflación en 2021, el aumento promedio mensual del índice general de precios al consumidor del Indec en los 9 meses que falta tendría que ubicarse en el 1,48%. Meta difícil de lograr con la caída en la demanda de moneda y con un BCRA que volvió a expandir base monetaria en marzo luego de dos meses de descanso a la maquinita.

Y atención con precios mayoristas que en febrero fue del 6,1%, alcanzó un ritmo anualizado de 103% anual. Es decir, ya alcanzó un rango de 3 dígitos anuales, pisando las tarifas de los servicios públicos y el tipo de cambio oficial.

El Gobierno podrá seguir inventando argumentos exóticos y buscar culpables por todos lados para explicar inflación que se acelera, pero la dura realidad es que la teoría monetaria de la inflación está pasando, implacablemente, su factura.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Clasificación de los impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/04/clasificacion-de-los-impuestos.html

“5. Clasificación de los impuestos. Diversas son las clasificaciones que de los impuestos se han proyectado y otras tantas las que se han adoptado en la doctrina y en las legislaciones positivas. El tratadista italiano Cossa los clasifica, atendiendo a la calidad de las riquezas que constituyen el impuesto, en impuestos en especie y pecuniarios; desde el punto de vista de su distribución, en fijos, proporcionales y progresivos; por su carácter permanente o transitorio, en ordinarios y extraordinarios; por la naturaleza de la entidad sujeta al impuesto, en directos e indirectos; por el modo de determinarse las sumas que se han de pagar, en impuestos de cuota y de cupo o contingente; por su objeto, en reales y personales. Adams los clasifica en tres categorías:

1′) Impuestos que gravitan directamente sobre la renta.

2») Impuestos que gravitan sobre el capital considerado como una fuente de renta.

3′) Impuestos que gravitan sobre las industrias y profesiones consideradas como medio de asegurar una renta. “[1]

Estas clasificaciones son excelentes ejercicios memorísticos, y pueden servir a los profesores para “torturar” a sus alumnos. Nosotros, con un criterio más sencillo y más realista, aunque pudiera parecer menos académico, podemos clasificar a los impuestos en dos grandes categorías, a saber, a) muy expoliatorios, b) poco expoliatorios. O, lo que sería algo equivalente: a) muy dañosos, b) poco dañinos. Nótese que, en cambio, la clasificación -tanto de Cossa como de Adams- se refiere a las distintas formas o maneras de cobrar el impuesto, es decir al cómo se recauda, y no a los efectos de los impuestos que es -en suma- lo que interesa a la economía.

Además, el cómo se recauda significa negarse a entrar en el análisis del efecto de los impuestos. El estatista -ya de por si- los considera algo “bueno en sí mismo”. Por ello, ni ingresa en la discusión sobre lo bueno o lo malo del impuesto. Es un tema que ni lo roza, porque le parece una fatuidad discutir sobre esa cuestión. Sin embargo, es el aspecto -por mucho- más gravitante en materia fiscal: utilidad de los impuestos y sus efectos sobre la economía y el bienestar los pueblos. Este es el análisis que interesa, y no las clasificaciones que sirven para tomar exámenes a los alumnos, o permiten a los burócratas crear complicadas planillas y cientos de formularios para que los “ciudadanos” expoliados pierdan su valioso tiempo llenándolos en las atiborradas oficinas de los tributos que pululan en todas partes, pero que no van al fondo del asunto.

Lo cierto es que el pulpo fiscal siempre procura extender sus tentáculos y multiplicarlos. Cada impuesto es un nuevo tentáculo que le crece al monstruo estatal y que sirve para alimentar su voracidad macrocefálica insaciable en el curso de los siglos.

“a) Impuesto fijo; b) Impuesto proporcional. Una ligera consideración acerca de esta clasificación de los impuestos en fijos y proporcionales, nos da la sensación de que el primero consiste “en exigir una cuota uniforme por cada persona o cada patrimonio sin atender a la capacidad tributaria de las primeras ni al mayor o menor valor de los segundos”. Trátase del viejo tributo de la capitación, abandonado ya en todos los países y en cierto modo, del impuesto a los productos de consumo de primera necesidad universalmente repudiado, pues siendo el volumen del consumo individual relativamente invariable, la cuantía del impuesto ofrece cierta uniformidad respecto a toda clase de personas. Abandonado el primero de los impuestos, nos queda elegir el impuesto proporcional, sostenido enfáticamente por el economista francés Leroy-Beaulieu. Para éste, como para todos los partidarios de este sistema, la única regla equitativa es la de la “uniformidad” del impuesto interpretada en el sentido de la “proporcionalidad”. “[2]

Preocupado por sus clasificaciones permanentes nuestro autor no termina de entrar al tema de fondo sobre las consecuencias negativas de los impuestos. Él, todo lo ve “positivo” en materia fiscal. Ya lo hemos visto hablar de una “evolución” en dicho sentido, y ya le hemos respondido que nosotros observamos una clara involución.

La capacidad tributaria a de una persona siempre se basa en el patrimonio del que disponga. Un individuo sin patrimonio es un sujeto sin capacidad tributaria. Si tiene un patrimonio pequeño así será su capacidad tributaria, y si es grande también será su capacidad en dicho sentido. Veamos el concepto económico del término:

patrimonio. Conjunto de propiedades, bienes, derechos y obligaciones a su favor que posee un particular o una empresa”[3]

De allí que, no se entiende cuál es la diferenciación que -en cuanto a capacidad tributaria se refiere- se hace entre persona y patrimonio como si se tratara de dos capacidades tributarias diferentes cuando la capacidad tributaria es una sola, y está definida y determinada por el patrimonio del sujeto gravado. Sin patrimonio no hay impuesto, porque no hay con que pagarlo, por ende, en este caso es absurdo de hablar de la capacidad tributaria de la persona como si fuera esa capacidad algo separado y distinto a su patrimonio.

Resulta claro y hasta superfluo explicar que los ingresos de una persona forman parte de su patrimonio porque, precisamente, se incorporan al mismo, ya que cumplen todas las condiciones de la definición: pasan a ser de su propiedad, forman parte de sus bienes, es de su derecho el percibirlos, y es obligación de sus empleadores o clientes pagárselos. Las innumerables disecciones que hacen los tributaristas mayoritarios (y a las que son tan afectos como venimos observando en el trabajo que estamos analizando) sólo obedecen al objetivo de crear múltiples bases tributarias para poder extraer dinero de la mayor cantidad de ellas. Por eso, proliferan las “categorías” y “clasificaciones” varias de personas y patrimonios. Pero esta multiplicación -casi sin fin- trata, adrede, de complejizar la comprensión de lo que el sistema tributario en definitiva persigue: expoliar inmisericordemente al contribuyente, a la vez que aumentar sensiblemente la recaudación.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

The Austrian School of Economics: 150 Years

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 15/04/21 en: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3827446

Abstract

The year 2021 marks the 150th anniversary of Carl Menger’s Principles of Economics, the Austrian School of Economics’ foundational work. This paper looks at the most relevant work this school of thought has produced during the last century and a half. The Austrian School has worked on pressing topics of their time and is well aligned with the work being developed in “mainstream” economics.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

Por qué la extrema pobreza es un flagelo muy difícil de reducir

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/4/2021 en: http://economiaparatodos.net/por-que-la-extrema-pobreza-es-un-flagelo-muy-dificil-de-reducir/

Persiste un clima de desaliento a los negocios, con amenaza de más regulaciones y penalidades a las empresas

Sin duda la segunda ola de COVID 19 es un problema serio, pero tal vez sea un problema serio porque el gobierno nunca utilizó el tiempo de la cuarentena eterna para poner en condiciones el sistema de salud y organizar debidamente una masiva y efectiva compra de vacunas para hacer una adecuada campaña de vacunación. Todo lo que sabemos es que las pocas vacunas que llegaron fueron utilizadas, en parte, para el vacunatorio VIP que incluía a jóvenes militantes de La Campora.

El problema está en que Argentina es un país pobre, es decir, no puede darse el lujo de frenar la actividad económica, aunque sea parcialmente, como lo hacen otros países. Argentina tiene un ingreso per capita de US$ 8.000 por año y el promedio de la UE es de US$ 39.000 por habitante. Son dos mundos económicamente tan diferentes que compararse con esos países en las medidas de restricción económica no tiene ningún sentido. Y aun así, algunos países de la UE tienen marchas de protesta por la cuarentena que imponen algunos de los gobiernos.

Es más, entre 2010 y 2020 la población argentina creció el 11% y el PBI cayó el 14%. La torta se transformó en un alfajor y llegaron más comensales a la mesa. Imposible que no estallara la pobreza y aumentara la indigencia con estos números. El 60% de ese tiempo gobernó el kirchnerismo y el otro 40% el gradualismo de Cambiemos.

En realidad, desde que empezamos a votar nuevamente en 1983, la democracia se transformó en una competencia populista en la cual los diferentes partidos políticos compiten por ver quién ofrece quitarle el fruto de su trabajo a unos para dárselo a otros, hasta llegar a un punto en que están dados todos los incentivos para no producir y todos para tratar de vivir consumiendo sin producir.

Es más, las reglas de juego para producir en Argentina son perversas. Si alguien produce tela para ropa, le dan protección arancelaria, si otro ensambla celulares en Tierra del Fuego tiene todo tipo de subsidios, ahora si Ud. invierte en una empresa, crea puestos de trabajo en un país con 19 millones de pobres, 4,5 millones de indigentes, 11% de desocupación y se esfuerza por ser competitivo, el Estado lo esquilma a impuestos, le pone mil regulaciones, controles, prohibiciones de exportar y encima si Moyano le bloquea la planta para que Ud. no pueda trabajar, el Estado se toma todo el tiempo del mundo para resolverle el problema. Si es que se lo resuelve.

En otras palabras, el Estado no lo deja trabajar en tiempos normales, si quiere trabajar en tiempos de pandemia Ud. pasa a ser directamente un infractor que merece todo el castigo de la ley y si el Estado no lo molesta en ninguno de los dos casos, los piqueteros o Moyano se van a encargar de complicarle la vida para que no pueda trabajar en paz.

Es más, en un país como Argentina donde hay 4,4 millones de indigentes, el Estado persigue a los que producen carne y todo tipo de alimentos. Siguen creyendo en el cuento de la oligarquía vacuna.

La economía Argentina está estancada desde 2011, el último dato disponible del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra que la actividad recién está llegando a los niveles de febrero de 2020, el mes anterior a la cuarentena, aclarando que en febrero de 2020 el EMAE estaba levemente por debajo de noviembre de 2019, el último mes completo del gobierno de Cambiemos, que fue un mes recesivo y venía de una recesión de 2 años. Es más, el EMAE está por debajo de los niveles de estancamiento de los últimos 10 años.

Gráfico 1

En 2020 el PBI terminó estuvo solo un 2,5% por encima del PBI de 2009, en pesos constantes de 2004, siendo el 2009 un año recesivo. El PBI de 2020 estuvo casi en los niveles del PBI de 2007. Son 13 años de un PBI casi estancado con una población que crece a pesar de los jóvenes que emigran.

En 2019 emigraron de Argentina 1.013.414 personas, siendo el principal destino España, luego Estados Unidos, Chile, Italia, Paraguay, Bolivia, Brasil y sigue el listado, pero aproximadamente el 50% se fue a España y a Estados Unidos, casi en partes iguales.

Pero en 2019 recibimos a 2.212.879 inmigrantes, mayormente de Paraguay, Bolivia, Chile y Perú. Todos datos de publicados por la ONU.

Resulta realmente curioso que siendo un país que expulsa a sus hijos y empresas por falta de oportunidades, tenga un neto positivo de entre inmigrantes e emigrantes, de casi 1,2 millones de personas. Argentina no es la misma Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX que atraía gente de todas partes del mundo por las reglas de juego que ofrecía para prosperar. Hoy Argentina hace el proceso inverso de nuestros abuelos que vinieron a la Argentina a buscar un futuro. Sus nietos o bisnietos van a buscar un futuro mejor al país del cuál ellos vinieron a tratar de prosperar.

Bajo estas condiciones de decadencia y pobreza el gobierno cometió los groseros errores de campaña de vacunación que todos conocen, con lo cual los márgenes económicos para enfrentar la segunda ola de COVID 19 son mínimos, por no decir nulos.

No hay margen fiscal para otorgar subsidios a las empresas que no facturan e igual tienen que pagar los sueldos de sus empleados. No hay margen social con los mencionados 19 millones de pobres, 4,4 millones de indigentes y 2,2 millones de desocupados. Se puede agregar que entre febrero de 2020 y enero de 2021 el sector que mayor cantidad de puestos de trabajo perdió fue el de hotelería y restaurantes, los que vuelven a ser fuertemente golpeados con las nuevas medidas de restricciones horarias y prohibiciones. Ese sector perdió 57.400 puestos de trabajo en lo que va de la cuarentena y no logra recuperarse.

Los números fiscales son horribles, Argentina no tiene moneda, no tiene ahorro interno, las empresas cierran sus puertas y se van del país y otras directamente cierran, lo pobreza y la indigencia está en niveles insospechados, la desocupación es una pesadilla y la falta de perspectivas quitan cualquier sueño innovador.

Con este panorama el gobierno no tiene mejor idea que decir que la gente se quede en su casa y volver a cerrar la actividad, no tan violentamente como en 2020, pero con restricciones importantes para sectores muy golpeados.

Todo parece indicar que el mejor camino es apelar a la conciencia de la gente para que tome los recaudos del caso en estos momentos de pandemia y dejar la mayor flexibilidad para poder producir algo, porque la pobreza extrema a la que están llevando el país es otra forma de morir tan cruel como el COVID 19.

Claro que el principal problema es que quienes tendrían que apelar a la conciencia de la gente fueron los vacunados VIP que usaron las escasas vacunas, compradas con fondos públicos, para vacunarse ellos y sus militantes  y aparecieron en fotos abrazándose a compañeros políticos. Eso quita toda autoridad moral para levantar el dedo acusador y exigirle a la gente que haga lo que ellos han demostrado no estar dispuestos a hacer.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La nueva agenda del Mercosur, como incentivo a las reformas estructurales

Por Pablo Guido. Publicado el 13/4/21 en: http://nuevasgeneraciones.com.ar/sitio/wp-content/uploads/publicaciones/realidad/Revista-Realidad-42.pdf?11Abril2021


¿Qué sucedió en la reunión de los presidentes de los países
miembros del Mercosur en conmemoración de los 30 años
del bloque? El presidente uruguayo planteó la necesidad de
“flexibilizar” el arancel externo común (reducirlo) y la
posibilidad que cada país miembro pueda negociar acuerdos
comerciales de manera individual. Uruguay, Paraguay y
Brasil observan, con total razón, que los beneficios de
continuar con la estrategia de integración al mundo vía el
Mercosur, tal como hoy está diseñado, han sido muy pobres
en términos de crecimiento, empleo, inversiones y comercio.
Si bien todos los países del Mercosur comercian con el resto
del mundo, nuestros vecinos quieren sacarse el “lastre” que
les impone el diseño de aquel para avanzar en acuerdos de
libre comercio de manera mas rápida y dinámica. Una
posibilidad podría ser cambiar el diseño a uno más parecido
al NAFTA, donde EEUU, Canadá o México pueden
soberanamente negociar con otros países de manera
independiente.
¿Por qué el presidente Fernández, en aquella reunión de
hace unos días, se manifestó en desacuerdo con este
“restyling” del Mercosur? Si bien sus modos y formas fueron
impropios de un presidente, la negativa a realizar un
cambio del Mercosur es entendible y hasta razonable: la
economía argentina, dado el “modelo” económico que hoy
rige en el país, no podría jugar en las ligas mayores del
mundo. En otras palabras, el sector privado argentino, en
términos generales, no está “entrenado” ni tiene el “músculo”
para ir a competir con los sectores privados del resto del
planeta.
Los 170 impuestos existentes, las decenas de miles de
regulaciones que le ponen barreras diarias a la producción,
la inflación exorbitante crónica, la falta de ahorro y
financiamiento, los controles de precios en todos los
mercados de bienes y servicios, el cepo cambiario y un largo
etcétera le genera a las empresas residentes en Argentina un
sobrecosto que no les permite competir con sus pares
mundiales. La economía argentina tal como la conocemos,
con excepciones en ciertas empresas y sectores, no puede
competir globalmente. Exportamos tan solo 65 mil millones
de dólares, unos 120 dólares per cápita por mes. Esa es la
evidencia indiscutible del peso del “costo argentino”.
Si el Mercosur se rediseñara, decidiendo una fuerte
reducción de las barreras arancelarias y no arancelarias que
tiene hoy, la dirigencia de nuestro país (política, sindical y
empresarial) debería enfrentar la disyuntiva de encarar un
conjunto extenso de reformas estructurales para reducir el
“costo argentino” o salirse del bloque regional aislándose
más en materia comercial. Quizás esta nueva agenda del
Mercosur que planteó el presidente de Uruguay, apoyado por
Brasil y Paraguay, sea una oportunidad para que nuestra
dirigencia “conservadora” se despabile.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad. Es jefe de Asesores Bloque PRO en la legislatura de Neuquén. Es director de Nuevas Generaciones, delegación Neuquén. Sigue a @pguido53

¿Por qué continúan empobreciéndose los argentinos, aún aquellos que tienen trabajo?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/4/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/04/12/por-que-continuan-empobreciendose-los-argentinos-aun-aquellos-que-tienen-trabajo/

Si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará

Si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará

La Argentina tuvo una fuerte recuperación económica desde mediados de 2020. No solamente porque a cada vez más empresas y gente la dejaron volver a trabajar, sino porque el escenario mundial se volvió sumamente favorable para el país. Los bancos centrales de los países desarrollados emitieron muchísimo para tratar de sostener sus economías ante el impacto negativo de la pandemia. Sin embargo, esto implicó que sus monedas se depreciaran, al igual que sucede en Argentina cuando nuestro Banco Central (BCRA) le da a la “maquinita”. Pero, con mucho menos pérdida de valor de sus monedas; porque son confiables y sus ciudadanos las demandan, mientras al peso nadie lo quiere. En definitiva, la caída del poder adquisitivo del dólar se reflejó en una suba de los bienes exportables, que se miden contra esa moneda, en particular en el valor de los productos argentinos. También, la abundancia de liquidez mundial ayudó a financiar el incremento de la demanda internacional. Todo esto implicó un aumento de los montos exportados, más allá de que estamos lejos de alcanzar las cantidades vendidas al exterior de 2019; aunque hubo alguna recuperación con respecto a 2020. Además, tanto financiamiento disponible en los mercados llevó a ínfimos rendimientos en los países seguros y a los inversores a buscar incrementar sus ganancias asumiendo más riesgo en países emergentes que pagan más. Sin duda, no están viniendo a la Argentina, ya que es un país del que los capitales se fugan; pero si desincentiva la salida de ahorros e inversiones, mermando el desfinanciamiento de nuestra economía. Así que la recuperación ha sido particularmente fuerte, pero los argentinos continúan empobreciéndose.

Es cierto que los datos de empleo dejan ver que la reactivación vino acompañada de una mayor cantidad de argentinos trabajando. Sin embargo, la mayoría lo volvió a hacer con menores ingresos, en actividades de menor productividad o más precarias, informales o de tiempo parcial. Esto no debería extrañarnos, ¿quién va a invertir y generar empleo productivo cuando el gobierno continuamente toma decisiones en contra de los productores haciéndolos perder plata? Además, imaginémonos un empresario que ve que su demanda aumenta con la reactivación y podría tomar un trabajador más. Difícilmente lo hará cuando sabe que las mejoras siempre fueron seguidas de nuevas crisis y está prohibido despedir o, de última, tendrá que pagar doble indemnización por echar a quien contrató, si algo sale mal.

Por otro lado, el Índice de Pobreza de los Trabajadores ha estado mostrando una desmejora hasta principios de este año. Este indicador se basa en el índice de salarios y la Canasta Básica Total que realiza el Indec y lo que refleja es cuánto más cerca o lejos están los trabajadores de ser pobres. O sea, en Argentina, aún aquellos que tienen la suerte de tener un trabajo se han estado acercando a la línea de la pobreza con sus ingresos y cada vez son más los que caen por debajo de ella. Esto no es raro, en 2020, el BCRA estuvo emitiendo a tasas que llegaron a superar el 90% interanual, para financiar al gobierno. Todos sabemos que lo que produce son papelitos pintados que no valen casi nada; por lo que para transferirle capacidad de gasto al Estado se la saca a los tenedores de moneda local, emitiendo y haciendo bajar su poder adquisitivo. Así el gobierno puede aumentar sus erogaciones cobrándonos el impuesto inflacionario y empobreciéndonos a los argentinos. Pues, la pérdida de valor del peso que gestaron el año pasado, todavía está reflejándose en los precios de los bienes y servicios. Es lo que justifica que la inflación acumulada del último trimestre de 2020 haya superado el 11% y, la del primer trimestre de este año, rondara el 12%.

El perseverante empobrecimiento de los trabajadores que muestra este indicador es en sí una mala noticia; pero no la peor de ellas. Hace décadas que son coyunturales las mejoras en el nivel de bienestar de los argentinos cada vez que se sale de las crisis o se recibe el beneficio de excepcionales escenarios internacionales favorables; pero luego se desvanecen cuando las condiciones externas se normalizan. La realidad es que la tendencia de largo plazo es al empobrecimiento; porque para poder mejorar las posibilidades de progreso de los trabajadores hay que incentivar la inversión que permite el crecimiento de la producción y la productividad en el largo plazo. La Argentina ha sido un fracaso en ese sentido; pero ha tenido gran éxito “combatiendo al capital”.

¿Quién va a querer producir en una Argentina que se encuentra entre los países del mundo que más exprimen con impuestos a sus empresas y siguen incrementándoles la presión tributaria? O, cuando la legislación laboral y los gravámenes al trabajo hacen más conveniente usar capital más caro y escaso para sustituir empleo, habiendo alta desocupación. O cuando existen más de 67.000 regulaciones que asfixian a los que intentan hacer negocios, en particular a las Pymes.

Es posible que la recuperación de la economía continúe; mientras la “segunda ola” de la pandemia no golpee demasiado fuerte, fruto de la mala gestión que se hizo de la misma. Sin embargo, en la medida que no se resuelvan todos los graves problemas que aquejan al país, algunos de los cuales comentamos en el párrafo anterior, no se habrá salido de la crisis de credibilidad preexistente al COVID-19. Nadie cree que la Argentina tenga capacidad de tener un crecimiento importante y sostenido o la capacidad de recrear su credibilidad, por ende, su crédito. Por ello vemos que los que compran y venden los bonos entregados en el canje de 2020 lo hacen a precios que señalan que creen que el país volverá a reestructurarlo en el mediano plazo.

Lamentablemente, si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

La teoría de juegos y la cuarentena

Por Iván Carrino. Publicado el 10/4/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-teoria-de-juegos-y-la-cuarentena/

Tomando las pérdidas y ganancias sociales, la estrategia de confinamiento generalizado es la peor opción de todas

La teoría de los juegos es una rama de la economía que busca analizar la toma de decisiones cuando éstas son condicionadas por las decisiones de los demás. Es decir, ya no nos vamos a concentrar en el cambio en las cantidades consumidas de una persona cuando cambia el precio de un bien, sino en el cambio en su conducta cuando otro individuo toma una decisión.

Un clásico de este análisis es el dilema del prisionero que, yendo a la comisaría con su compañero delincuente, deben tomar la decisión de contar la verdad o hacer silencio. Si ambos hacen silencio, reciben pocos días de arresto, mientras que si uno delata al otro pero otro mantiene el silencio, el primero queda libre y el segundo carga con toda la pena.

¿Qué decidir? La teoría de juegos propone matrices de pérdidas y ganancias para analizar las decisiones óptimas, donde se maximizan los beneficios (o se minimizan las pérdidas) para todas las partes.

¿Se puede emplear esta herramienta para saber si la cuarentena o el confinamiento es óptimo? Eso intentaremos aquí abajo.

En primer lugar, tenemos que asumir una matriz de pérdidas y ganancias asociadas a dos estrategias: una estrategia es salir de casa y hacer vida normal (“Salir”). La otra es quedarse en casa (“Quedarse”).  Al mismo tiempo hay que dividir a la sociedad en dos grupos. La dividiremos, entonces, entre el grupo de los jóvenes, por un lado, y el grupo de los mayores, por el otro.

En el caso de los jóvenes, asumiremos que:

1) El beneficio derivado de salir de casa es 10.

2) El costo de salir de casa es de 0, puesto que asumimos un riesgo cero de muerte frente al contagio.

3) El costo de no salir de la casa, asumiremos, es 5.

4) El beneficio derivado de quedarse en casa lo asumiremos en 3 puesto que encuentran un pasatiempo que le resulte de interés.

Para el caso de los mayores, asumimos que:

1) El beneficio derivado de salir de casa es 10, al igual que los jóvenes.

2) El costo de salir de casa lo vamos a calcular en -2.

(Esto surge de un puntaje de -10 para la muerte, ponderado por un 20% de probabilidades de ocurrencia, probabilidad que está absolutamente aumentada, ya que -en adultos mayores de 75- la probabilidad de muerte frente al contagio es 26,5%  pero la de contagiarse y, a su vez, morir, es de 2% según datos de la ciudad de Nueva York[1]Supondremos también que, si los jóvenes no salen, los mayores no se contagian.)

3) El costo de no salir de la casa también lo asumiremos en 5.

4) El beneficio derivado de quedarse en casa lo asumiremos en 5, puesto que los pasatiempos para los mayores pueden reportarles mayor utilidad que para los jóvenes.

Con estos supuestos, entonces, llegamos a la matriz de pérdidas y ganancias, tal como lo indica la teoría de los juegos y el famoso dilema del prisionero (nótese que entre paréntesis, el primer número siempre corresponde al pago para los jóvenes):

Jóvenes (1)
SalirQuedarse
Mayores (2)Salir(10;8)(-2;10)
Quedarse(10; 0)(-2; 0)

Advertencia: Es necesario aclarar que diagramar una matriz como la anterior es, en realidad, una tarea directamente imposible ya que las utilidades subjetivas no pueden ni sumarse, ni compararse.

No obstante, si se considera que lo planteado aquí tiene algún grado de verosimilitud, queda claro que el peor de los escenarios es aquél donde todos se quedan en su casa. Es decir, el de la cuarentena total.

En dicho escenario las pérdidas totales ascienden a 2 puntos (los jóvenes pierden 2, los mayores pierden 0). En todos los demás escenarios existen ganancias netas. En el primero, de 18 puntos (salen los jóvenes y ganan 10, salen los mayores, ganan 8). En el segundo, de 10 puntos (salen los jóvenes, pero se quedan en su casa los mayores). En caso que los mayores salgan pero los jóvenes sean los que se queden, el puntaje total es de 8.

En vista de esta matriz, se observa que la cuarentena total es la peor de las estrategias posibles, puesto que los costos superan a los ingresos, motivo por el cual se generan pérdidas sociales. Estos resultados se explican porque quedarse en la casa siempre es una peor opción que hacer “vida normal”, y si bien puede tener sentido para algunas personas muy adversas al riesgo, al generalizarse a toda la población, lo que se generaliza es una opción que la mayoría no habría elegido libremente. 

Tal vez a alguno le resulte demasiado frío este análisis. Pero, al menos en Argentina, no se ha vuelto a una cuarentena dura y no parece que -más allá de las repudiables nuevas restricciones- vaya a volver a implementarse algo del estilo.

Tal vez se haya aprendido de los errores pasados. O tal vez ahora las decisiones se tomen sin el contagio de Covid-19 como la única variable a minimizar, sino mirando un poco más allá, como se propone en el ejercicio de aquí arriba.


[1] Las probabilidades de morir estando contagiado, segmentadas por grupo etario, y la cantidad de muertos totales por grupo de edad, para la gran muestra de la Ciudad de Nueva York, pueden calcularse a partir de los datos publicados aquí: https://www1.nyc.gov/site/doh/covid/covid-19-data-totals.page#rates, en la sección “Case, Hospitalization and Death Rates”.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino