Category Archives: Economía

Haga Patria: Compre Lebac

Por Iván Carrino. Publicado el 21/9/17 en:

 

Con tasas de Lebac en 27%, muchos piensan que se amenaza a la actividad económica. En este artículo te cuento por qué se equivocan.

El martes por la tarde, el Banco Central volvió a licitar sus ya famosas Lebac. Los vencimientos ascendían a $ 484.200 millones y pudieron renovarse $ 437.400 millones, estirando los plazos y con una tasa de hasta 27,35% anual.

Para los inversores, esto es una buena noticia. Si anualizamos los últimos tres meses de inflación, estamos en un 18,2%, por lo que la tasa de la Lebac más larga está pagando casi 10 puntos por encima del aumento de los precios.

Obviamente, esta tasa “alta” genera preocupación entre algunos analistas y políticos. Es que suele pensarse que una tasa positiva en términos reales puede frenar el crecimiento económico.

El razonamiento es el siguiente: con un instrumento financiero que le brinda al inversor una ganancia prácticamente sin asumir riesgo alguno, ¿quién querría invertir en la compra de una máquina, una fábrica, o cualquier emprendimiento productivo? El que está pensando en tomar una decisión de inversión, seguramente elegirá comprar Lebac y no destinar sus fondos a “la economía real”.

Esta narrativa suena lógica. Sin embargo, existen al menos tres motivos para pensar que la tasa de Lebac no es enemiga de la producción, sino todo lo contrario.

Tasas bajas no estimulan la economía

La tasa que busca mantener el Banco Central es positiva respecto de la inflación. O sea, busca que tenga sentido el ahorro y que el aumento de los precios no se coma su poder de compra.

Ahora si eso fuera nocivo para la economía, lo contrario debería también ser cierto. Es decir, una tasa de interés negativa respecto de la inflación debería dar como resultado una actividad económica vibrante. No obstante, eso no es lo que ocurre.

Si miramos los datos de los últimos 5 años hasta 2015, puede verse con claridad que la tasa de interés que establecía el BCRA (tomamos el promedio anual de la LEBAC de más corto plazo), siempre ofreció rendimientos que estaban por debajo de la inflación del período.

Ahora esto no generó ningún boom de actividad ni mucho menos.

En el mismo lapso, la economía no solo no avanzó casi nada, sino que, en términos per cápita, retrocedió. Es decir, se combinó una tasa real negativa con un descenso en el nivel de vida de la gente. Hoy, con tasas positivas, la economía crece. Algo no cuadra.

Si baja la inflación, la Lebac reactiva la economía

Otro punto a destacar es que las Letras en cuestión son uno de los instrumentos que utiliza el Banco Central para regular la masa monetaria y controlar la inflación. En este sentido, si el nivel de tasa de interés logra hacer que la inflación caiga, entonces eso será expansivo para la economía.

Como suele decirse, la inflación es un impuesto no legislado por el congreso. Y bajar un impuesto equivale a reducir los costos de producción. Una menor inflación facilita la planificación y baja los costos de hacer negocios en el país. Eso de ninguna manera le resta a la actividad económica. De hecho, hace todo lo contrario.

Más ahorro, más crecimiento de largo plazo

Detrás de la idea de que la elevada tasa de interés es mala para la economía está una cierta reticencia al ahorro. Se asume que si se ahorra “mucho”, entonces no habrá incentivos para producir. “¿Para qué producir algo si nadie quiere consumirlo?”, pensarán algunos.

El problema con este enfoque es que no comprende la correcta función del ahorro. Como explicó Böhm-Bawerk hace 116 años, ahorrar no implica dejar de demandar bienes y servicios, sino trasladar esa demanda hacia adelante. Es decir, al comprar un título de deuda que me permite preservar mi capital en el tiempo, lo que hago es dejar de demandar bienes en el presente, para demandar en el futuro.

Esto no solo indica que inter-temporalmente no hay caída de la demanda, sino que también envía la señal a los productores de que los consumidores están dispuestos a esperar más tiempo para consumir. Eso ofrece un margen para que los productores acumulen más bienes de capital y mejoren sus procesos de producción.

El resultado es una mayor y mejor producción de bienes y servicios. Es decir, más crecimiento económico de largo plazo.

Si el Banco Central, gracias a su política de tasas, logra recuperar la “cultura del ahorro”, entonces podría estar sentando las bases de un crecimiento mayor y sostenible en el tiempo.

Conclusión

Los demagogos de turno suelen acusar a la política monetaria contractiva de ser enemiga de la actividad económica. Sin embargo, la acusación no tiene fundamentos.

En primer lugar, porque cuando la política monetaria es “ultra-laxa”, no se verifica que se estimule el crecimiento. En segundo lugar, porque al bajar la inflación, la política monetaria se vuelve amiga del crecimiento. Por último, porque es el ahorro el que permite que la economía se vuelva más capital intensiva, haciendo que podamos vivir mejor.

Lo dicho hasta acá no quita que haya cuestiones a considerar y mirar críticamente respecto de la acción del BCRA. Sin embargo, algunas observaciones son solo mitos urbanos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

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El recurso natural por excelencia (la basura no existe)

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/9/17 en: https://elnuevodiario.com.do/recurso-natural-excelencia-la-basura-no-existe/

 

¿Qué país es rico en recursos naturales? Pues el “recurso natural” excelente es el ser humano, la mente humana y su capacidad creadora. Eso explica que Japón, tan pequeño, sea una potencia y que Holanda logre ser el segundo exportador global de productos agrícolas, teniendo solo el 2% del territorio de Argentina que posee, en las pampas, algunas de las tierras más fértiles del mundo. Es que allí el mejor recurso natural es mejor “explotado”, o sea, las personas tienen más libertad -menos “regulaciones” estatales- y pueden maximizar el desarrollo de sus capacidades.

Por caso, como resultado de la nueva ley alemana que permite que pequeños productores vendan energía, pueblos como Wildpoldsried, de solo 2600 habitantes, producen siete veces más energía de la que consumen a partir de molinos de vientos, placas solares y los excrementos fermentados de sus vacas, hierbas, manzanas podridas, patatas y biomasa en general. Así, la cooperativa local, en 2016, ganó seis millones de euros vendiendo energía sobrante.

Ahora, uno de los sectores donde mejor se ve lo destructiva que resulta la “regulación” estatal es en el manejo de los residuos. Lo común es que los gobiernos “regulen” la recolección, tratamiento y destino de la basura. El resultado -además del mayor daño ecológico- es que los ciudadanos pagan por la recolección cuando los hogares deberían recibir dinero por la venta de sus desechos.

México tiene la planta recicladora de PET (materia prima de los envases plásticos de bebidas) más grande del mundo, PetStar. Verdek, también mexicana, recicla 400 toneladas de Tetra Pak por mes, produciendo una tonelada de celulosa blanca y 350 kilos de poli aluminio cada dos horas. De los neumáticos desechados se obtiene small, material para obra civil, combustible para cementeras, acero, losetas, etc. El 40% de los residuos son orgánicos que pueden convertirse en abonos para agricultura o en biogás -metano- si fermenta. Scrapital –“La basura no existe”- es un portal para el reciclaje donde se puede comprar y vender desperdicios.

La ciudad de Monclova, México, cobra a las empresas privadas la recolección de basura. Mientras que, en muchos países, la cadena comienza con los llamados “cartoneros”, hurgadores de basura que venden lo que juntan a los “intermediarios” -acopiadores, galponeros- quienes la clasifican y la venden a las industrias que la compactan o directamente la reciclan.

Según el Banco Mundial, cada día el mundo produce 3,5 millones de toneladas de residuos sólidos hogareños. Y todo eso tiene un valor y deberían pagarnos por nuestra basura, si el mercado -recolección, disposición y tratamiento- de los desperdicios estuviera lo suficientemente desregulado y privatizado. Solamente en Europa, según la Comisión Europea, una gestión eficiente de los residuos supondría la creación de 2,4 millones de empleos y un negocio de US$ 200.000 millones anuales.

Cómo será de rentable la basura que en muchas ciudades existen robos al punto que el 75% de los 53 millones de toneladas de basura electrónica globales anuales -según la ONU- desaparece del circuito oficial, y una red de tráfico -empresas fantasmas incluidas- se encarga de mover un negocio extraordinario incluido el comercio internacional. En el libro ‘Junkyard Planet’, Adam Minter asegura que el reciclaje mueve US$ 500.000 millones anuales en el mundo y emplea a más gente que cualquier industria exceptuando la agricultura.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Consensos para bajar la presión tributaria: la Curva de Laffer, Irlanda y Reagan

Por Adrián Ravier: Publicado el 20/7/17 en: https://www.elcato.org/consensos-para-bajar-la-presion-tributaria-la-curva-de-laffer-irlanda-y-reagan

 

Adrián Ravier estima que el gobierno de Mauricio Macri podría simplificar el sistema tributario y reducir la presión tributaria sin necesariamente mermar la recaudación tributaria.

La herencia del gobierno anterior ha sido bastante compleja de desarticular. Ha habido avances en algunos frentes como el monetario y el cambiario, pero han sido claramente insuficientes en el frente fiscal. El gobierno parte de un diagnóstico adecuado. Acepta que la presión tributaria es excesiva para sus pretensiones de recuperar la inversión privada, a la vez que admite el elevado déficit fiscal, que lo mantiene acorralado en su intención de reforma tributaria. El ministro Nicolás Dujovne se ha propuesto para los próximos meses lanzar una reforma tributaria, pero los analistas temen que ésta sólo busque resolver el laberinto fiscal, sin reducir al mismo tiempo la presión tributaria.

Argentina tiene más de 100 impuestos en los tres niveles de gobierno, y las recomendaciones de los especialistas de finanzas públicas sugieren no tener más de 10. Está claro que la simplificación tributaria es necesaria, pero olvidarse de la presión tributaria constituye un error. No debemos buscar reemplazar algunos impuestos con otros nuevos, o elevando las alícuotas de los existentes. Argentina debe eliminar impuestos para alcanzar así el doble objetivo de simplificar el laberinto fiscal y, a la vez, reducir la presión tributaria.

El temor por la recaudación

El gobierno teme que hacerlo pueda implicar una reducción en la recaudación, lo que perjudicaría aun más las metas de acotar el déficit fiscal. Este temor, sin embargo, está infundado. El argumento principal para mostrar el punto no es otro que el conocido modelo de la Curva de Laffer.

La recaudación tributaria surge de multiplicar la “presión tributaria” por una cierta “base imponible”. Si el gobierno estuviera realmente convencido de que la presión tributaria actual inhibe la inversión, entonces debe comprender que desmantelar la mayoría de los impuestos podría impulsar fuertemente la actividad económica y el empleo, lo que incrementaría la base imponible y con ello aumentaría la recaudación. En términos de la Curva de Laffer, parece haber consenso entre los economistas de que la Argentina se encuentra por encima del óptimo.

Otro efecto secundario a la reducción de la carga tributaria es el consecuente impulso en la actividad económica y el empleo, lo que abre soluciones de mercado para muchos de los problemas que hoy el Estado busca resolver por la vía pública. Si reducimos la presión tributaria drásticamente y se crean nuevos puestos de trabajo, entonces el Estado puede reducir el gasto social, porque se reduce el número de necesitados. El efecto es benéfico económica y socialmente.

El consenso sobre la baja en la presión tributaria es tan amplio en economía que hasta ortodoxos y heterodoxos se darían la mano. Los ortodoxos no desconocen que el déficit fiscal es un problema real, pero aplauden desde luego reducir la órbita del Estado para dar lugar al mercado. Los heterodoxos, por su parte, comprenden que reducir la carga tributaria incrementa el ingreso disponible y con ello el gasto en consumo, lo que también da impulso a la demanda agregada en un momento en que la economía real todavía está en una situación delicada.

Irlanda, Reagan y Europa del Este

La evidencia empírica es enorme en esta materia. Quizás el caso más reciente es el de Irlanda, que bajando la presión tributaria logró atraer a numerosas empresas que querían escapar del fisco europeo. El impulso en la actividad económica desarrolló lo que hoy la literatura conoce como “el milagro del Tigre Celta”, básicamente por ser una isla de baja presión tributaria en un océano de Estado Benefactor.

Otro caso digno de mención es el de Ronald Reagan en Estados Unidos, quien bajó la tasa marginal más alta desde el 70 al 28%. En 8 años de gestión, Reagan consiguió reducir la inflación, acelerar el crecimiento económico y mantener prácticamente el mismo nivel de recaudación en relación con el PIB que el que existía cuando llegó al gobierno. Un claro ejemplo del mensaje de la Curva de Laffer.

Si el gobierno además se animara a dejar a un lado el gradualismo, entonces podríamos mirar otros casos emblemáticos en los países del Este de Europa, que emprendieron una transición desde el socialismo hacia las economías de mercado, no dudando en generar un cambio profundo en el frente fiscal para obtener una transformación real de sus economías.

Mauricio Macri está a tiempo de transformar la Argentina, como lo hizo la generación del 37 en tiempos pasados. Pero sin convicción, esta transformación será efímera. La reforma tributaria de Dujovne generará seguramente un impulso positivo en la actividad económica, pero su magnitud dependerá directamente de su convicción para simplificar el laberinto fiscal y también para reducir la presión tributaria.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

¿FLEXIBILIZAR O LIBERAR EL TRABAJO?

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Aparecieron algunas declaraciones en Francia y en Brasil sobre una eventual “flexibilización” del mercado laboral y en Argentina, frente a varias requisitorias periodísticas los gobernantes niegan la denominada flexibilización pero se declaran a favor de aliviar costos laborales a través de negociaciones sectoriales. En verdad no resulta claro el significado de esas políticas aunque tiende a sacarse de encima ciertas rigideces legales que no permiten arreglos contractuales libres y voluntarios pero, sin embargo, mantienen estructuras autoritarias.

 

Si se desea contar con  un mercado laboral en el que las partes respeten lo acordado libremente sin intromisiones directas o indirectas de los aparatos estatales y consecuentemente sin interferencias sindicales que en definitiva perjudican a los trabajadores, si se apunta a esto debe liberarse el mercado y no simplemente flexibilizarse.

 

Al efecto de clarificar el tema debemos comenzar por señalar en primer término que cuando se alude al trabajo se trata de todos los que trabajan, lo cual contradice una supuesta distinción entre “el capital y el trabajo”, por un lado, porque los bienes de capital no pueden contratar, son inanimados, y, por otro, es como si los administradores de esos bienes no trabajaran para su sustento y el de su familia.

 

Menos aun tiene sentido hacer referencia a una supuesta “clase trabajadora” para circunscribirla a los que están en relación de dependencia lo cual es consecuente con la visión marxista de clase de persona en el contexto de su teoría del polilogismo donde el proletariado tendría una estructura lógica diferente de la del burgués sin nunca aclarar en que se diferencian de los silogismos aristotélicos.

 

Una vez despejado lo dicho debemos precisar que en un mercado libre no hay tal cosa como sobrante de aquél factor esencial para brindar servicios y para producir bienes cuyas necesidades son ilimitadas en relación con los recursos disponibles. Es decir, por el principio de no contradicción, una cosa no  puede ser escasa y al mismo tiempo sobrante. Entonces, el desempleo involuntario es un imposible en un mercado abierto para personas normales.

 

Cuando observamos que en cierto lugar hay desocupación es necesariamente debido a interferencias legislativas que, por ejemplo, establecen salarios superiores a los de mercado. Precisemos también que la única causa de los salarios e ingresos en términos reales son las tasas de capitalización, es decir, el monto de inversiones que hacen de apoyo logístico al trabajo para incrementar su productividad.

 

Si los salarios están en cierto nivel y se dispone su aumento por decreto, los primeros perjudicados son los trabajadores marginales que son los que más necesitan del empleo debido a que en ese caso las tasas de capitalización reflejan salarios menores a los decididos por el decreto en cuestión. Sin duda que resultaría muy atractivo si se pudiera elevar el nivel de vida de la gente por decreto, en cuyo caso no habría que andarse con mezquindades y convertir a todos en millonarios. Pero desafortunadamente las cosas no son así. Los salarios más altos en Estados Unidos respecto de Uganda no lo son  debido a una legislación más jugosa ni debido a que los empresarios son más generosos que en otras partes. Se debe a mayores tasas de capitalización. Del mismo  modo, los bajos salarios en Uganda no lo son porque la los gobernantes les falte imaginación para elevarlos por decreto, se debe a la escasez de inversiones.

 

Lo dicho en modo alguno va solo para obreros, éstos son los principales perjudicados porque el embate de la legislación laboral destruye su trabajo pero si esa legislación pretendiera abarcar a los gerentes imponiendo remuneraciones superiores a los de mercado, ellos, los gerentes, quedan sin encontrar empleo.

 

Tampoco hay tal cosa como “desempleo friccional” (que se produciría en la transición entre un trabajo y otro) puesto que bajando lo suficiente la remuneración pretendida se logra la ocupación ya que las necesidades son ilimitadas frente al siempre escaso factor laboral. Si se produce desempleo en la transición es desempleo voluntario no involuntario ya que se apunta a una retribución al momento superior a lo que ofrece el mercado, por lo que se prefiere esperar a una mejor oportunidad y no aceptar lo que se ofrece en esas circunstancias.

 

Respecto a los sindicatos es menester reiterar que en una sociedad libre se trata de asociaciones cuyos fines lo deben establecer los sindicados, siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Pero son absolutamente incompatibles con la libertad sindical figuras como la llamada “personería gremial” muy distinta de la simple personería jurídica con la que debe contar toda asociación lícita. La antedicha personería gremial es una figura fascista calcada de la Carta di Lavoro de Mussolini que convierte a los sindicatos en piezas autoritarias. Toda manifestación de monopolio sindical, de usufructo compulsivo de obras sociales, de afiliaciones obligatorias de modo directo o indirecto, de aportes y descuentos forzosos constituyen prepotencias que afectan gravemente a los trabajadores.

 

Por su parte, las huelgas pueden entenderse como el derecho a no  trabajar que tiene todo trabajador en cualquier momento si da cumplimiento a acuerdos anteriores, pero lo que no es aceptable es la huelga entendida como un procedimiento intimidatorio y violento en el que no se permite que los que están en desacuerdo trabajen y otras arbitrariedades semejantes.

 

Hay determinadas legislaciones que son en verdad insultos a la inteligencia, como por ejemplo el denominado “aguinaldo”, a saber, un sueldo anual que se presenta como adicional, estirando el calendario. En realidad no se puede alargar el año por una disposición gubernamental: son doce meses no trece, si se paga un sueldo adicional quiere decir que se habrá disminuido el pago mensual durante los  otros doce meses ya que, como queda dicho, los salarios dependen de las tasas de capitalización y no de un voluntarismo trasnochado.

 

Lo mismo va para las vacaciones, las normas de seguridad en el trabajo, los  descansos dominicales, los  paréntesis por  maternidad, horarios  laborales y demás beneficios. Más aun, cuanto mayor las inversiones, mayores serán los  beneficios: cuando un funcionario reclama determinada música funcional, determinada pintura para su oficina, cierto confort en la planta industrial o el dormir siesta en el lugar de trabajo, se logra debido a las tasas de capitalización vigentes. En esa situación si el empleador  no acepta lo dicho, se quedará sin personal.

 

En  otros términos, lo que se conoce como “conquistas sociales” impuestas por la autoridad pueden solo  producir uno de dos resultados: si están por debajo o son equivalentes a lo que marcan las tasas de capitalización, el resultado  es neutro, pero si son superiores a esas tasas, como se ha visto, el resultado  es el desempleo (y si se pretende disimular con emisión monetaria para convalidar esas “conquistas”, el resultado es la inflación, o sea el recorte en el poder adquisitivo de los trabajadores).

 

Los marcos institucionales deben circunscribirse al respeto irrestricto a lo estipulado, en otros términos a la aplicación de todo el rigor de la ley cuando hay fraude o engaño cualquiera sea la circunstancia. En este sentido, es indignante observar que van  presos los  ladrones de gallinas pero no van presos empresarios que han estafado a sus clientes o engañado a sus empleados (generalmente son los  prebendarios que explotan  a la gente a través de su alianza con el poder político para contar con mercados cautivos).

 

También las legislaciones contemporáneas suelen imponer “participación en las ganancias”, “cogestión” o ambas disposiciones. En el primer caso se establece por ley que tales y cuales trabajadores deben  participar en las ganancias  lo cual desvía los siempre escasos recursos a otras áreas distintas a las establecidas por medio de arreglos contractuales libres, lo cual consume capital, situación que no solo perjudica el servicio en cuestión sino  que reduce salarios.

 

Por su lado,  la “cogestión” impone administradores distintos de los que los consumidores han elegido a través de sus compras y abstenciones de comprar en el mercado, lo cual también no solo desmejora la calidad del servicio sino que contre salarios debido al desperdicio de factores de producción.

 

Dadas las concepciones atrabiliarias que muchas veces rodean a las relaciones laborales, debe enfatizarse que en toda ocasión el respeto debe ser recíproco. Ilustro la idea con el siguiente ejemplo: supongamos que el autor de estas líneas trabaja para el lector de esta nota en casa de este último, esto no significa que al suscripto le asistan derechos sobre la casa y el patrimonio del lector. Se trata de un arreglo contractual que dura mientras dure la relación laboral. Cuando el lector ya no me necesita no puedo exigirle que me siga contratando. Del mismo modo, si decido dejar el trabajo tengo todo el derecho de hacerlo. Estos comportamientos no significan que no pueda incluirse en el contrato las condiciones de una desvinculación. Decimos esto porque no es infrecuente que los contratados pretendan manejar las vidas y los emprendimientos de los contratantes como si fueran propias, y en no pocas ocasiones con el apoyo logístico de los gobernantes de turno. El empleador debe ser muy cuidadoso de lo convenido con el empleado, de lo contrario debe ser severamente penado y el empleado debe también ser respetuoso del contrato laboral libre y voluntario.

 

Se suele argüir que no es válido un contrato entre quienes cuentan con muy distintos patrimonios sin percatarse que esto es absolutamente irrelevante. Si el millonario de una comunidad ofrece una remuneración menor a la que establece el mercado, sencillamente no contará con la colaboración requerida sin importar el volumen de su cuenta corriente (o, para el caso, sin importar si está quebrado: el salario de mercado es el salario de mercado que no depende de las ganas de las partes sino de las inversiones).

 

También es de interés señalar que hay cada vez más relaciones laborales que no exigen horarios ni lugares específicos de trabajo sino el cumplimiento de objetivos y, asimismo, trabajos que oscilan en cuanto a los contratantes para muy diversos propósitos.

 

En otras palabras, el caza-bobos de las “conquistas sociales” (más bien “derrotas antisociales”) son una barrera formidable para el progreso de los trabajadores, constituyen una máscara peligrosa que esconde un arma muy potente para relegar a un segundo plano a los que más necesitan con cantos de sirena utilizados en procesos electorales. Por tanto, no se trata de flexibilizar sino de liberar el trabajo al efecto de dar rienda suelta a la creatividad en el contexto del respeto al fruto del trabajo ajeno. Flexibilizar es algo ambiguo, confuso y muy timorato.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Argentina, del desarrollo al subdesarrollo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/9/17 en: http://www.infobae.com/america/opinion/2017/09/19/argentina-del-desarrollo-al-subdesarrollo/

 

El país es un raro caso, ya que involucionó en materia económica. El deterioro de la calidad de sus instituciones fue la clave en este proceso

 

Argentina debe dejar la cultura de la dádiva y el proteccionismo por la cultura del trabajo y la competencia.
Argentina debe dejar la cultura de la dádiva y el proteccionismo por la cultura del trabajo y la competencia.

En su libro Institutions, Institutional Change and Economic PerformanceDouglas North analiza los problemas institucionales y cómo éstos impactan en el crecimiento económico.

En un párrafo del libro, North afirma que tanto en la historia económica como en los casos de actualidad pueden encontrarse ejemplos de países que logran crecer y otros que directamente se estancan o declinan. North entiende que para poder explicar estos casos hay que estudiar qué características institucionales les han permitido plasmar su performance y cuáles son las causas por las que los países que no crecen o se estacan tienen instituciones ineficientes.

Claramente Argentina es un raro caso, ya que pasó del desarrollo al subdesarrollo y, siguiendo la línea de análisis de North, es evidente que ha sido la calidad de sus instituciones la que nos permitió, primero ser un país en constante crecimiento, y luego un país en constante decadencia.

En 1853/60, establecido el nuevo marco institucional con la Constitución Nacional, se sientan las bases para entrar en una senda de crecimiento de largo plazo. Aclaremos que por instituciones entendemos las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones de los particulares entre sí y de los particulares con el estado.

Como dijo Juan Bautista Alberdi, la Constitución Nacional no era otra cosa que una gran ley derogatoria de la legislación hispana que habíamos heredado e impedía la creación de riqueza.

La combinación de esa generación del 37 que inspiró la Constitución y la generación del 80, hoy denostada pero que fue la que produjo el milagro argentino, transformó a la Argentina en un país próspero. Si bien el proceso de mayor crecimiento se da a partir de 1880 con la consolidación nacional, presidentes como Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca y Pellegrini fueron estadistas. No buscaron la reelección, salvo el caso de Roca y, a pesar de sus duros enfrentamientos, todos tenían un proyecto en común que era atraer inversiones e incorporar la Argentina al mundo.

Argentina tuvo una gran corriente inmigratoria luego de terminar con los malones que cruzaban de Chile a la Argentina a robar ganado y venderlo en el país trasandino (tema que hoy parece querer volver a instalarse). La inmigración junto con la fuerte corriente inversora hizo que liderásemos América Latina.

En su libro La Economía ArgentinaAlejandro Bunge nos proporciona los siguientes datos. En 1923 el 50% del comercio exterior latinoamericano (exportaciones + importaciones) era realizado por Argentina.

De los 88.000 kilómetros de líneas férreas que tenía Sudamérica, el 43% estaba en territorio argentino, transportando el 60% de la carga total y el 57% del total de pasajeros de Latinoamérica.

Con respecto a las líneas telefónicas, de los 349.000 teléfonos que funcionaban en Sudamérica, 157.000 correspondían a la Argentina. En 1924 circulaban 214.000 automóviles en América del Sur, de ese total el 58% estaban en Argentina. Podría seguir agregando datos, pero lo relevante es que entre 1900 y 1913, un año antes de la Gran Guerra, el saldo entre emigraciones e inmigraciones de y hacia la Argentina fue de 1.564.900 personas.

¿Por qué los europeos venían a la Argentina? Obviamente porque tenían una perspectiva de futuro y esa perspectiva estaba basada en las instituciones que nos transformaron en un país pujante.

Australia es un país que también se construyó en base a inmigrantes y tenía una dotación de recursos naturales parecidos a los de Argentina.

Tomando los datos de Angus Maddison, podemos ver en el GRÁFICO 1 que hasta principios de la década de 1930 el ingreso per capita de ambos países evolucionaba en forma pareja y casi en los mismos niveles.

GRÁFICO 1

Ambas curvas comienzan a separarse a mediados de la década del 30, pero es a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial que es más marcada la separación.

Si asumimos que en 1945 se produce el gran quiebre en Argentina y vemos las tasas de crecimiento del PBI per capita de ambos países observamos que en Australia el ingreso per capita creció a una tasa anual del 2% anual entre 1945 y 2010 y en Argentina creció a una tasa del 1,3% por año.

El derrumbe económico de Argentina se produce a partir del estatismo, el intervencionismo y las políticas de distribución del ingreso en forma compulsiva.

Las regulaciones comienzan en la década del 30 con las juntas reguladoras y demás medidas intervencionistas como consecuencia de la crisis de esos años. Recordemos que en 1935 se crea el BCRA. El estatismo y las políticas redistributivas se consolidan con Perón junto con el aislamiento económico.

El vivir con lo nuestro pasa a ser una forma vida y la cultura de vivir del trabajo ajeno pasa a ser un derecho y ningún gobierno posterior al de Perón se animó a cambiar esa cultura de la dádiva, a diferencia de la cultura que imperó con la vigencia de la Constitución de 1853/60 en que las reglas de juego eran la cultura del trabajo y el esfuerzo personal.

De lo anterior se desprende que las sistemáticas crisis económicas que vivimos son el resultado de una calidad institucional tan baja que dispara el gasto público hasta hacerlo infinanciable y se llega a un punto en que hay que confiscar ahorros, declarar el default o bancarse una hiperinflación. Estas locuras nos muestran como un país cuya institucionalidad es que cada 10 años nos volvemos todos locos y empezamos a confiscar ahorros, “defaultear” la deuda y entrar en procesos inflacionarios agudos o hiperinflaciones.

Cualquiera que mira nuestra historia económica y piensa en invertir en Argentina dice: estos tipos cada 10 años se vuelven todos locos, así que si voy a invertir tengo que tener una tasa de rentabilidad tan alta que me permita recuperar el capital invertido antes de que se vuelvan locos, lo cual significa pedirle a una inversión una tasa de rentabilidad que solo el narcotráfico puede bancarse. El resultado es baja tasa de inversión, alta desocupación y bajos salarios por la mínima productividad.

Si Douglas North viviera y nos asesorara no se concentraría tanto en ver cómo están armados los números del presupuesto 2018 que hoy todos miran. North sabría que lo relevante consiste en cambiar las reglas de juego que rigen en Argentina.

Dicho de otra manera, es imposible resolver el problema de la inflación, la pobreza y la desocupación si no cambiamos la cultura de la dádiva por la cultura del trabajo. La cultura del proteccionismo por la cultura de la competencia. La cultura del estatismo por la cultura de dejar desarrollar la capacidad de innovación de la gente. La cultura de los políticos buscando ganar solo las próximas elecciones por la cultura de los estadistas que gobiernan para 20 años hacia adelante.

En definitiva, nuestro problema económico es el emergente de unas reglas de juego que solo producen un lucha por una distribución de un ingreso cada vez más chico por la falta de inversión. Por eso la política de shock no es, como muchos pretenden vender, despedir a un millón de empleados públicos de un día para otro. La política de shock es marcar un rumbo económico donde no solo se busque el equilibrio fiscal, sino que fundamentalmente se busque reconstruir las instituciones que alguna vez nos hicieron ser uno de los países más prósperos del mundo. Sencillamente volver a los valores que regían en nuestra Constituciónde 1853/60. No hay mucho más para inventar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Para avanzar en la desregulación la última esperanza son los votantes,¿y qué hacemos con los políticos y legisladores?

Por Martín Krause. Publicado el 19/9/17 en: http://bazar.ufm.edu/avanzar-la-desregulacion-la-ultima-esperanza-los-votantesy-hacemos-los-politicos-legisladores/

 

La revista Regulation, publicada por el Cato Institute, cumplió 40 años. Con motivo de ello, sus editores, Peter van Doren y Thomas Firey, publican un interesante artículo evaluando ese período en relación al desarrollo de la teoría y las políticas públicas relacionadas con las regulaciones. Aquí van algunos párrafos. El texto completo en: https://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2017/3/regulation-v40n1-1-updated-2.pdf

“¿Es la educación la única esperanza? / La educación de los futuros políticos puede conducir a una regulación más racional, si no menos reguladora. La profesión legal provee a los jueces que interpretan leyes y regulaciones, así como una fracción saludable de legisladores, reguladores, y su personal. Como resultado de la subida del movimiento de la ley y de la economía en la universidad de Chicago, las facultades permanentes de todas las escuelas de ley de la élite ahora incluyen a economistas. Uno no puede graduarse de una escuela superior de derecho sin tener algún entrenamiento en cómo funcionan los mercados, cuán robustas son sus características de eficiencia y cómo los esfuerzos para regularlas a menudo tienen resultados perversos.

Pero la última y mejor esperanza para la desregulación descansa en las futuras generaciones de votantes. Obtienen los legisladores y las leyes que exigen. Es fácil para los votantes exigir regulación -o acatarla- porque la mayoría de los votantes no entienden sus efectos: precios más altos, impuestos más altos y menos libertad. Los estudiantes de hoy son los votantes del mañana, y debemos fomentar esa comprensión en ellos. Cuanto más se exponen a los conocimientos sobre los beneficios de los mercados libres y los costos de la regulación, y cuanto más ven estas lecciones en sus vidas cotidianas (por ejemplo, Uber, Airbnb, camiones de alimentos, microembruaje y microdestilado) Probablemente votarán por políticos que favorezcan la intervención del gobierno en los mercados, o al menos así lo esperamos.

Sin duda, este esfuerzo educativo está en conflicto con la visión de interés público del gobierno y los mercados que ha sido popular en los campus universitarios y en el público por lo menos durante 100 años. Muchos creen que este punto de vista no puede ser revertido. Pero, ¿qué otra estrategia ofrece más promesa?

Si una mayoría de ciudadanos cree que es bueno y no problemático exigir favores económicos del gobierno, entonces los políticos acomodarán esas demandas. No hay balas mágicas institucionales que puedan detenerlas.

CONCLUSIÓN

La teoría de interés público de la regulación afirma que los mercados a menudo no funcionan bien. Es decir, los mercados supuestamente no son eficientes y los consumidores no reciben una sacudida justa. Bajo esta teoría, la intervención reguladora en los mercados por parte del gobierno, si está diseñada inteligentemente, puede hacer que los mercados sean más eficientes y justos.

Sin embargo, cuando los investigadores comenzaron a investigar las regulaciones del mundo real para medir estos beneficios, estaban desilusionados. Pocos beneficios públicos fueron encontrados, pero hubo un montón de beneficios de interés especial, así como ganancias para los políticos, y un montón de pérdida de peso muerto. Más alentador, los investigadores descubrieron que la mayoría de los mercados regulados no tenían fallas de mercado en primer lugar, y por lo tanto sería más eficiente si se eliminaran las regulaciones. Y para aquellos mercados que tienen fallas, la regulación a menudo no ha mejorado la eficiencia.

En lugar de beneficiar al público, la intervención reguladora generalmente redistribuye de algunas empresas a otras y de algunos consumidores a otras, e impone costos netos en el proceso.

Dado los muchos desafíos económicos a los que se enfrenta Estados Unidos en el siglo XXI, estas redistribuciones pesarán cada vez más sobre el bienestar público.

LECTURAS

■ “A Somewhat Better Connection,” by Robert W. Crandall. Regulation 25:2 (Summer 2002), 22–28.

■ “Banking Approaches the Modern Era,” by Charles W. Calomiris. Regulation 25:2 (Summer 2002), 14–20.

■ Government Failure vs. Market Failure: Microeconomics Policy Research and Government Performance, by Clifford Winston. AEI–Brookings Joint Center for Regulatory Studies, 2006.

■ “Lessons Learned and Forgotten,” by Richard L. Gordon. Regulation 25:2 (Summer 2002), 46–50.

■ “Moving Ahead,” by Thomas Gale Moore. Regulation 25:2 (Spring 2002), 6–13.

■ “Retrospective Review in Four States,” by Stuart Shapiro, Debra BorieHoltz, and Ian Markey. Regulation 39:1 (Spring 2016), 32–35.

■ “The Motivations behind Banking Reform,” by Randall S. Kroszner. Regulation 24:2 (Summer 2001), 36–41.

■ “When Law and Economics Was a Dangerous Subject,” by Nicola Giocoli. Regulation 38:4 (Winter 2015–2016), 32–38.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Lilita tópica

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/9/17 en: https://www.libremercado.com/2017-09-17/carlos-rodriguez-braun-lilita-topica-83189/

 

Dijo la destacada política argentina Elisa Lilita Carrió:

Si compramos en los comercios minoristas, el dinero circula en el barrio; si va a los supermercados se centraliza; hay que buscar precios.

Doña Lilita agrupa varios tópicos antiliberales, tan antiguos como carentes de fundamento. El primero es que la economía del barrio mejorará cuanto menos salga del barrio: es la base del proteccionismo y de la idea de que, si dificultamos o directamente prohibimos el comercio más allá de unas determinadas fronteras, estaremos mejor. Pero el mercado no se amplía porque sí, sino porque abarata los precios. En caso contrario, no se hace. Y si las personas lo promueven es por eso, porque, al revés de lo que dice la señora Carrió, no “hay” que buscar precios: eso es algo que naturalmente hacemos todas las personas en la sociedad, y por eso prosperamos. Si el iPhone se fabricara en Estados Unidos y no en China, costaría tres o cuatro veces más. ¿Cómo probar que eso sería beneficioso para la mayoría del pueblo?

No hay forma de demostrarlo, claro, como tampoco hay forma de demostrar que los supermercados son malos porque, como dice doña Lilita, centralizan el dinero. Es que si la gente va a los supermercados es, precisamente, porque quiere centralizar allí su dinero y sus compras, y hay que forzar mucho la argumentación para sostener que lo hace porque es tonta y se comporta en contra de sus propios intereses.

Una seguidora en Twitter afirmó: “El comercio cercano es más barato”. Pues si es así, el poder no debe intervenir en absoluto, que ya la gente se ocupará de promoverlo, por la cuenta que le trae.

Pero eso mismo, la cuenta de la gente, es algo que sus supuestos amigos no siempre consideran con atención y respeto.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El huracán Irma y el comunismo cubano

Por Iván Carrino. Publicado el 12/9/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-huracan-irma-y-el-comunismo-cubano/

 

El Huracán Irma, que azotó las Islas del Caribe y La Florida, dejó un tendal de desastre a su paso.

Además, dio lugar a varios análisis políticos desafortunados, como el de Miguel Bonasso, quien afirmó en su cuenta de Twitter que “Cuba aguantó a pie firme el huracán Irma. Con grandes pérdidas materiales pero sin muertos (…) gracias a una sociedad socialista, con defectos como cualquier sociedad humana, pero que prioriza las vidas sobre los bienes.”

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Luego tuvo que rectificar su tuit, destruyendo la esencia de lo que había declarado, por más que lo negara:

Rectifico un dato: hubo 10 muertos en Cuba. Pese a eso, insisto: es el país mejor organizado para afrontar catástrofes naturales.

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El periodista Alejandro Bercovich lanzó un análisis similar:

Saqueos, muerte y autodefensas armadas en Miami. Evacuación organizada y sin víctimas en La Habana.

Los datos confirmaron que, lamentablemente, en Cuba sí hubo víctimas fatales, estimadas en 10 personas.

Pero eso no es todo, ya que para los que sobreviven, e incluso están fuera del foco de la tormenta, la situación es desesperante. He aquí un relato en primera persona de cómo se están viviendo las cosas en el paraíso comunista de América Latina. En su cuenta de facebook personal, Rebeca Monzo Mieres (maestra y “quasi periodista”, según su propia descripción), narró:

Irma no paso por La Habana gracias a Dios, porque de haber sido así yo no estaría quizá ahora escribiendo en mi turno de Internet. Sus ráfagas afectaron enormemente a nuestra ciudad sumida en el abandono y la desidia. Hay toneladas de desperdicios y basura sin recoger. Ayer di la vuelta al barrio y no me tropecé ni con una sola brigada de restablecimiento de electricidad. Vi a muchos vecinos jugando domino al lado de las toneladas de escombros, muy pocos con una escoba barriendo el frente de sus casas.

El día antes de recibir los azotes de Irma recibimos una vez mas los del gobierno: nos quitaron la electricidad de 8 am hasta las 3 pm, lo que a la llegada de los vientos huracanados al siguiente día nos la volvieron a quitar, hasta ahora. Todos los vecinos del Nuevo Vedado tuvimos que botar alimentos comprados en CUC, con el trabajo que cuesta en nuestro país lograr ganarse uno en esa moneda. Por lo que sé, el resto de la ciudad está igual o peor.

Llevamos tres días sin electricidad, sin agua, sin gas y muchos con los teléfonos fijos muertos. Aun así, doy gracias a Dios por no haber tenido que salir corriendo con un familiar enfermo, o tener un niño en casa sin saber como alimentarlo.

En nuestro país no existen ferreterías donde puedas adquirir tablas, clavos, cinta adhesiva, ni nada conque proteger tu casa, tampoco en las tiendas de CUC ni de CUP vendieron alimentos enlatados, por eso es que también nos hemos quedado sin comida.

Sin embargo es irónico oír como el gobierno se jacta de la protección que da la defensa civil a la población.

El modelo cubano es indefendible. Ha esclavizado y empobrecido a un pueblo. El Huracán Irma, lejos de mostrar la superioridad contra el capitalismo, vuelve a dejar expuesta esta triste realidad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

FILOSOFÍA PARA MI, CAP 3: FILOSOFÍA Y CIENCIAS SOCIALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/9/17 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/09/filosofia-para-mi-cap-3-filosofia-y.html

 

Capítulo Tres:

La Filosofía y las Ciencias Sociales

  1. Las ciencias sociales, sin complejo de inferioridad

El economista austríaco Fritz Machlup escribió un seminal ensayo llamado “El complejo de inferioridad de las ciencias sociales”, cuyo título lo decía todo. Al lado de unas ciencias naturales muy orgullosas de sí mismas, de su supuesto mundo perfecto de hechos indubitables, probados y matematizados, las ciencias sociales tenían (¿tienen?) un inevitable complejo de inferioridad. “Ya vamos a ser como ustedes”, es su culpógeno anuncio, y, mientras tanto, asumir casi con vergüenza su contingencia, sus marcos interpretativos, sus inexactitudes, su dependencia de diversas filosofías e ideologías. O sea, su “dependencia de todo lo humano”. Pues bien, después del capítulo dos, hemos visto que las cosas no tienen por qué ser así. Las ciencias naturales “también” son ciencias humanas. La distinción tan frecuente entre “humanidades y ciencias” es, por decir lo menos, curiosa. La ciencia es esencialmente humana. Dios no necesita ciencia (y con eso un agnóstico puede coincidir “hipotéticamente”) y los animales tampoco. Justamente el ser humano, en un peculiar medio entre los mamíferos superiores y “los dioses”, es el que necesita su ciencia y su técnica para sobrevivir en un universo en principio indiferente a sus necesidades. La ciencia es tan humana que si no es humana, no es ciencia. Es revelación sobrenatural o instinto.

Por ende, más allá del debate sobre sus grados de certeza, la ciencia depende de nuestras concepciones del mundo, de nuestras interpretaciones, de nuestras falibles conjeturas que intentan dar luz a un mundo infinitamente desconocido. El método científico es una caminata de ensayo, error, falibilidad y progreso. Las ciencias sociales, por ende, “también”. No son superiores o inferiores a cualquier otro intento humano de dar sentido al mundo. Tienen, si, sus diferencias. A esas diferencias vamos a continuación.

  1. Etica, historia, ciencias sociales

Comencemos por su prehistoria. “Al principio”, esto es, desde los albores de la filosofía, y hasta hace muy poco, no había ciencias sociales. Hubo, sí, algo muy importante, de lo cual se hacía una directa aplicación al mundo social. Era y sigue siendo la ética.

Para la concepción griega del mundo, una ética separada de la vida social era casi inconcebible. En Aristóteles –por decir un ejemplo no menor- la ética no era sólo e estudio de las virtudes que perfeccionan la naturaleza humana. La máxima de esas virtudes era preocupación cívica por la “ciudad”. La vida de la “polys” era lo máximo en la perfección del hombre. Ahora bien, ¿cómo debía ser “regida” esa polys? Naturalmente, de modo “bueno”. La famosa clasificación aristotélica de las formas de gobierno así lo revela. Si el gobierno de uno, unos pocos o muchos era “bueno” entonces teníamos la monarquía, la aristocracia, la república. Los temas sociales eran temas éticos. En ningún momento se concebía que se pudiera llamar a un “técnico”, que “sin juicios de valor” hiciera sus recomendaciones para una “gestión eficiente”.

La irrupción cultural del cristianismo, del judeo-cristianismo, implicó enormes cambios en la concepción del mundo, pero la caracteristica anterior se mantuvo. El cristianismo implica, precisamente, que hay algo anterior y superior a la polys: la relación de cada individuo con Dios. Desde allí, desde esa “ciudad de Dios” se debe juzgar a la “ciudad del hombre”. Con la conformación del renacimiento carolingio (s. IX) y la conformación del Sacro Imperio, se conforma una concepción de la vida social donde la “auctoritas” humana es el “brazo secular” de la Iglesia. “El príncipe” temporal tiene cierta autonomia pero su “función propia” es casi como un instrumento del poder eclesial. Los musulmanes pensaban igual; simplemente diferían en quien era el príncipe y quién era el profeta. Y los judíos no contaban entonces porque se habían quedado sin su ciudad temporal (que, cuando existió, giró en torno al templo).

La separación entre católicos y protestantes no cambia la cuestión. Lutero y Calvino seguían pensando que la ética de la ciudad de Dios debía seguir gobernando la ciudad del hombre, un hombre, ya, para ellos, irremisiblemente destruído por el pecado. La cuestión tampoco cambia con el racionalismo continental del s. XVIII, cuyo representante más ilustrado es Kant. Con él, también la sociedad, en camino hacia la república, la ciencia y la paz perpetua, dependía de la ética. Una ética diferente, sí, más secular, dependiente de un imperativo absoluto aunque sin metafísica o religión, en principio. Pero igual de fuerte y categórico. Las repúblicas laicas y democráticas, guiadas por la ciencia newtoniana y la educación obligatoria, deben ahora “dominar la tierra”. El mandato bíblico es cambiado de contenido. Id y bautizad……….. Se transforma en “id y ensenar, civilizar….”, pero con el mismo impulso ético y expansivo, exotérico, de épocas anteriores.

En medio de todo esto, otra tradición, también muy importante en la filosofía occidental, se abre paso. Es la historia. Pero no simplemente como una (¿imposible?) “historiografía”, sino como “comprensión”. Dilthey (fines s. XIX) es aquí el autor clave. Podemos comprender los fenómenos sociales porque nuestra condición humana nos proporciona una interpretación de nuestra historia de un modo tal que no la podríamos tener de un hormiguero y menos aún de un trozo de roca. Podemos ponernos en el lugar de Napoleón, y, por más desacuerdos que tengamos, comprender sus motivaciones, y por ende sus acciones. En ese sentido la historia comprende, y las ciencias naturales “explican”. En esta tradición, las ciencias sociales son historia. O la historia “es” las ciencias sociales. Algo de esto, aunque con muchas diferencias, subsiste en un Gadamer que contrapone (1960) la verdad de la conciencia histórica al método de las ciencias naturales. La filosofía continental alemana aún hoy tiene cierto enfrentamiento con cierto positivismo en ciencias sociales que predomina en ciertos ámbitos anglosajones.

  1. De la ética al orden espontáneo

En medio de la ética, en medio de la historia, ¿quedaba lugar para algo más?

Miremos un poco más en la historia de la filosofía occidental y encontraremos algunas cosas.

En primer lugar, según Marjorie Grice-Hutchison, en un famoso estudio sobre la Escuela de Salamanca, (tesis dirigida por por Hayek), jesuitas y dominicos españoles habrían desarrollado las primeras teorías sobre los precios, la inflación, los salarios, etc., adelantándose al modo en que lo haría la economía a partir del s. XVIII. Esto es, por ejemplo, que “es” la inflación, a parte de lo que “deba ser”. Otros autores como Rothbard, Novak, Chafuen, Huerta de Soto, etc., han estudiado mucho este pensamiento.

En los inicios del s. XVIII no tenemos sólo los inicios de la escuela Clásica de economía, sino la Escuela Escocesa, con autores como Hume, Smith, Ferguson. Este último acuña la feliz expresión de que la sociedad es fruto “de la acción humana pero no del designio humano”. Esto implica que para ellos el orden social era “espontáneo”, esto es, no fruto de un acto fundacional deliberado. Los fenómenos sociales implican “consecuencias no intentadas”, evoluciones o involuciones que escapan a planes deliberados de una persona o un grupo de personas. Hay en los fenómenos sociales algo que se puede estudiar pero no planificar. Esto es interesantísimo….

Esta cuestión es retomada explícitamente por el economista austríaco C. Menger en su teoría del origen del dinero, como institución social espontánea. Esta línea “institucionalista-evolutiva” de los fenómenos sociales es retomada luego por Hayek, pero es L. von Mises quien, en mi opinión, acuña una explicación, en el inicio de su tratado de economía, que es clave para entender una ciencia social que no sea “sólo” ética. Dice así: “….The discovery of a regularity in the sequence and interdependence of market phenomena went beyond the limits of the traditional system of learning. It conveyed knowledge which could be regarded neither as logic, mathematics, psychology, physics, nor biology”. Este párrafo es clave. Se afirma que se toma conciencia de algo que está más allá de los campos tradicionales del saber. Eso, que está más allá, y que tiene una cierta (vamos a ver por qué digo “cierta”) autonomía de la ética es una “secuencia y regularidad”, esto es, cierto “orden” en las consecuencias no intentadas de las acciones. Adoptar ante este orden una actitud teorética es comenzar a hacer ciencias sociales de un modo no sólo nuevo, sino constitutivo, esto es, las ciencias sociales son “eso”: el estudio de los órdenes espontáneos. Yo puedo “querer” que un poeta gane más que un futbolista, puede ser que considere ello sea bueno, pero si formo parte de los millones y millones de personas que ven partidos de futbol por televisión o voy al estadio, entonces yo mismo, como consecuencia no intentada, estoy causando el alto salario del futbolista. Un gobierno puede considerar bueno que los obreros de tal o cual sector ganen U$S 1000 al mes, pero la consecuencia no intentada será que algunos empleadores potenciales dejarán de contratarlos. Yo puedo querer y considerar bueno que las secretarias de mi empresa (no es mi caso) ganen U$S 10.000 al mes, pero la consecuencia no intentada es que tendré más postulantes de las que puedo absorber y “tendré que” bajar el salario que estoy ofreciendo. O, al revés, yo puedo  considerar injusto que un famoso futbolista gane millones y millones más que un profesor titular de Física I, pero, si yo veo sus partidos, yo soy parte de la causa por la cual ese futbolita gane millones.  Y así sucesivamente….

  1. Del orden espontáneo a la ética, de la ética a la acción humana

¿Diremos entonces que las ciencias sociales son sólo descriptivas de órdenes espontáneos y de ningún modo normativas? No, porque, como vimos, en toda acción humana hay una decisión moral implícita. Pero una consecuencia, una inter-acción, que va más allá del fin directamente intentado por el individuo. Esa consecuencia no intentada puede ser, a su vez, buena o mala, pero la “descripción” de esas consecuencias que son fruto de la inter-acción humana tiene un margen de autonomía con respecto a la ética tradicional. Si ese margen no se ve, la diferencia entre las ciencias sociales y la sola ética tampoco se ve. Es absolutamente bueno que todos tengan alimento de sobra, “pero” resulta que por ejemplo hay una ciencia, la economía, que nos dice que “hay” escasez, y entonces los salarios no se pueden aumentar simplemente porque ello sea “bueno”: hay además un proceso de ahorro, de formación de capital…….

No se trata, por ende, de contraponer una ciencia “de hechos” vs. una ética normativa. Los fenómenos sociales implican un “mundo”, esto es, según Husserl, un conjunto de relaciones entre personas (inter-subjetvidad), y eso es el mundo social, y ese mundo social tiene sus valores morales como constitutivos, porque es parte de su horizonte cultural. Simplemente, ese mundo social tiene una evolución o involución espontánea, esto es, una serie de inter-acciones no intentadas que no se reducen al sólo juico ético de cada acción en particular.

¿Pero qué hay detrás de esa “regularidad” de la que hablaba Mises? ¿No hay acaso libertad en las acciones humanas? Si, eso será objeto de nuestra próxim capítulo. Pero por los ejemplos dados, vimos que las consecuencias no intentadas no son “arbitrarias”: tienen un orden, que emerge de decisiones libres previamente adoptadas. Y ese orden tiene que ver con un tema esencialmente filosófico: la racionalidad del ser humano, racionalidad falible, incierta, pero racionalidad al fin: persigo ciertos falibles y cambiantes fines y recurro a falibles y cambiantes medios. Quiero comprar un libro, lo compro, y millones y millones de acciones similares a las mías “causan” que tal o cual autor sea rico y conocido….

  1. De la acción humana a la filosofía

Pero como podemos ver, detrás de todo lo que estamos diciendo hay una antropología filosófica, una concepción del ser humano que implica a su vez una determinada noción de acción humana.

En ese sentido, los problemas teoréticos más importantes de las ciencias sociales tienen que ver con la noción de acción e inter-acción que estemos manejando. Un economista partidario de la teoría de la plus-valía marxista ve al mundo como la explotación de capitalismo de EEUU y Europa con respecto a los explotados: América Latina, Africa, etc. Inútil es que le digamos cifras sobre el PBI interno de los EEUU, o que le mostremos que el PBI per cápita en tal o cual región de América Latina ha crecido: él tendrá otras “cifras” para mostrar que las desigualdades han crecido.

¿Pero cómo ve el mundo alguien formado en otra concepción de la economía? Al revés: América Latina es pobre porque nunca ha generado las condiciones culturales e institucionales para la estabilidad jurídica que es necesaria para el ahorro y la inversión a largo plazo. Por otro lado, la teoría del valor es diferente: para uno, es la del valor-trabajo en Marx; para el otro, es la teoría del valor subjetivo de Menger y Bohm-Bawerk. Desde esas dos concepciones del mundo, diametralmente opuestas, no es que ven “lo mismo” desde dos perspectivas diferentes: ven diferentes fenómenos, directamente. América Latina y EEUU no son lo mismo para unos y para otros, y todas las relaciones de causa y efecto son diferentes para ambas perspectivas.

¿Cuál de las dos es la correcta?

Para responderlo, hay que ir a la teoría del valor, y por ende…….. Al tema de la acción humana, la racionalidad, la intencionalidad de la acción, el libre albedrío, la falibilidad de la acción, la incertidumbre….

Y todo ello no es más que antropología filosófica.

O sea que:

  1. a) las ciencias sociales tardaron mucho tiempo en distinguirse de la sola ética.
  2. b) Ello no implica que las ciencias sociales sean totalmente autónomas de la ética.
  3. c) La autonomía de las ciencias sociales tiene que ver con la progresiva emergencia de un nuevo paradigma, la noción de órdenes espontáneos en lo social.
  4. d) Esa noción de orden espontáneo tiene que ver con temas tales como: racionalidad limitada, acción humana intencional, inter-subjetividad, libre albedrío, orden, etc.
  5. e) Esos temas son esencialmente filosóficos.

Y a esos temas nos dedicaremos en gran parte de las clases que siguen…..

Bibliografía sugerida

w Blaug, M.: La metodología de la economía; Alianza Ed, Madrid, 1980.

w  Casaubón, J.A.: “Las relaciones entre la ciencia y la filosofía”, en   Sapientia; vol. XXIV, 1969.

w Popper, K.: La miseria del historicismo; Alianza Ed., Madrid, 1987.(4)

w Gadamer, H.G.: Verdad y Método; Sígueme, Salamanca, 1991.

Verdad y Método II; Sígueme, Salamanca, 1992.

w  Hayek, F.A.von: “Scientism and the Study of Society”; en The Counter Revolution of Science; Liberty Press, 1979.

w  “The Theory of Complex Phenomena”; en Studies in Philosophy, Politics and Economics; University of Chicago Press, 1969.

w  Mises, L. von: “Problemas epistemológicos que suscitan las ciencias referentes a la acción humana”, cap. II de La acción humana, Sopec, Madrid, 1968.

w  Gallo, E.: “Hayek y la investigación histórica: algunas reflexiones”; enEstudios Públicos; Centro de Estudios Públicos; Santiago de Chile, Nro. 50, 1993.

w  Cornblit, O., (compilador): Dilemas del conocimiento histórico:argumentaciones y controversias; Ed. Sudamericana/Instituto Torcuato Di Tella; Bs. As., 1992.

w  Machlup, F.: “El complejo de inferioridad de las ciencias sociales”; enLibertas; Eseade, Bs. As., Nro. 7.

w  Weber, M.: The Methodology of the Social Sciences; The Free Press ofGlencoe, Illinois, 1949.

w  Schutz, A.: On Phenomenology and Social Relations; University of ChicagoPress; Chicago and London, 1970.

w  Husserl, E.: The Crisis of European Sciences, Northwesten University Press, Evanston, 1970.

w Dilthey, W.: Introducción a las ciencias del espíritu; FCE, 1949.

w  Gordon, S.: The History and Philosophy of Social Science; Routledge, 1991.

w  Polanyi, M.: Personal Knowledge; Routhledge, 1998.

 

w  Menger, C.: Investigations Into the Method of the Social Sciences;Libertarian Press, Grove City, 1996.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Sachs, o la arrogancia

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/9/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/sachs-o-la-arrogancia/

 

En su reciente texto, La industria de las ideas, Daniel W. Drezner recuerda la interesante historia del célebre economista norteamericano Jeffrey D. Sachs. En su libro de 2005, El fin de la pobreza, Sachs presentó su solución a la pobreza en el mundo: gastar más.

Afirmó que la pobreza de África podía ser eliminada en 20 años si la ayuda exterior aumentaba en 150.000 millones de dólares. Había que invertirlos, entre otros capítulos, en mejorar el riego, los fertilizantes y las semillas. En esa época los economistas del desarrollo ya eran cada vez más escépticos sobre el papel de la ayuda exterior, pero a Sachs no le importó, y tenía el peso suficiente como para que personalidades políticas relevantes lo escucharan, como el secretario general de la ONU, del que fue asesor. Hasta la Universidad de Columbia mordió el anzuelo y le ofreció un contrato para que dejara Harvard, cosa que hizo.

Una vez en Columbia recibió mucho dinero para dirigir centros como el Earth Institute de la propia universidad, con un presupuesto operativo de 10 millones de dólares. “El buen profesor pasó a ser asesor de varios países del África subsahariana, como Etiopía, Kenia, Nigeria y Uganda”.

Con una inagotable confianza en sí mismo, el proselitismo de Sachs sobre Sachs fue constante. Y su exitoso libro llegó a ser portada de la revista Time, “lo que es algo muy poco usual para los libros sobre desarrollo económico, o incluso para los libros en general”.

Artistas y filántropos acudieron cual fidedigno séquito, como el cantante Bono, que escribió el prólogo a The end of Poverty, o Angelina Jolie, que calificó a Sachs como “una de las personas más inteligentes del mundo”. Atrajo a George Soros y Tommy Hilfiger, entre otros; y su proyecto Aldeas del Milenio recaudó cientos de millones de dólares de organismos públicos y privados. Y se puso en práctica en una serie de pueblos africanos.

El libro, comprensiblemente, llenó de entusiasmo a los economistas de izquierdas, y antiliberales en general, mientras que otros lo criticamos (puede verse “Nostalgia de Bauer” aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/otras-publicaciones/). William Easterly, de la Universidad de Nueva York, apuntó que la ayuda exterior padece una “ilusión tecnocrática” que consiste en creer que la pobreza se supera con medidas técnicas como más fertilizantes, etc., y acusó al proyecto de Sachs de ser “peor que inútil si carece de instituciones propias del buen gobierno”.

También lo criticó la distinguida economista del MIT, Esther Duflo, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2015, quien, junto con otros especialistas, “advirtió que, si las intervenciones de Sachs no eran comparadas con un grupo de control de aldeas que no recibieron su ayuda, no había manera de demostrar que sus esfuerzos se concretaban en mejora alguna”.

The Economist publicó una crítica en 2012 en la que sostenía que el impacto del plan de Sachs no era decisivo. El propio autor, además, lo defendió recurriendo a unas cifras de descenso en la mortalidad infantil que después admitió que no eran robustas.

Sachs y su instituto pasaron a manejar el asunto desde Nueva York, lo que frustró a los representantes sobre el terreno, y finalmente sus resultados no fueron concluyentes. Al revés de lo que muchos piensan, en estos últimos tiempos África se desarrolló bastante, y Drezner apunta: “simplemente no había forma de determinar si el efecto positivo registrado en las aldeas del milenio se debía a las intervenciones de Sachs o al vigoroso crecimiento económico”.

Ya nadie toma en serio el proyecto de Sachs, dice Drezner, y una vez frustrada su ambición de presidir el Banco Mundial, el propio economista se ha ido alejando del tema, ha dejado de hablar tanto de las aldeas, y ahora está con otra bandera del gusto de políticos, burócratas y ONGs: la desigualdad y el desarrollo sostenible. A raíz del libro El Idealista, de Nina Munk, fue criticado por Bill Gates, lo que a Sachs le molestó bastante.

Si podemos extraer una moraleja de todo esto es que Sachs debió estudiar más a Adam Smith, y aprender de sus lecciones sobre la necesaria humildad que deberíamos tener las personas, y especialmente los economistas. Pero Sachs es muy inteligente, y además va y lo dice todo el rato.  Drezner lo cita: “Joven profesor universitario, di clases en muchos lugares con gran éxito, publiqué muchísimo, y estaba alcanzando rápidamente mi colocación permanente en la universidad, lo que logré en 1983 con veintiocho años”. Como dice Drezden, alguien que habla así “no padece la maldición de la modestia”.

Sachs claramente ignoró el consejo de Hayek: “La curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que realmente saben sobre lo que imaginan que pueden diseñar”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.