Category Archives: Economía

Proteccionismo “Hood Robin”: sacarle a la gente para darle a los ricos

Por Aldo Abram: Publicado el 19/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricoshttp://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricos

 

 

Son cada vez mayores las presiones de los sectores que fabrican productos que compiten con importaciones para que el Gobierno los proteja. Las demandas tienen que ver con un incremento de la llegada de productos del exterior, que no se verifica en los datos totales, pero sí en algunos sectores en particular. Hay que tener en cuenta que estamos comparando un período, 2016, donde se eliminaron algunas restricciones para comprar en el exterior, con un 2015 signado por una fenomenal cerrazón, por lo que es lógico que quienes son más ineficientes vean subir su competencia externa.

Obviamente, todos estos sectores han focalizado sus críticas en la estrategia de gradual apertura de la Secretaría de Comercio Interior y Exterior. Pero, ¿a quién está defendiendo esta secretaría con su política? Cuando se protege a un sector que compite con importados se le permite cobrar más de lo que vale ese bien. Por lo tanto, se genera un subsidio que va directamente desde el bolsillo del consumidor al del empresario ineficiente que se enriquece. Es notable que algunos “progres” defiendan el proteccionismo, convirtiéndose en “Hood Robin”. Lo lógico es que, si quieren ganar plata, los empresarios estén al servicio de la gente, proveyéndolos de mejores bienes y servicios más baratos.

Entonces, ¿por qué en otros países también hay sectores protegidos? Porque en todos lados hay empresarios ineficientes dispuestos a garantizarse seguir ganando plata, invirtiendo millones de dólares para convencer a la gente y a los funcionarios de que hay que protegerlos. Lamentablemente, al frente están millones de personas que se ven perjudicadas, pero que no tienen la posibilidad de juntarse a reclamar. Pues bien, esta es una oportunidad para apoyar la apertura que alienta la Secretaría de Comercio Interior y Exterior en defensa del bolsillo de todos y exigirle que la profundice.

Además, no es cierto que el proteger a un sector salva empleos; sólo los destruye en otros sectores. Si se protege un bien, la demanda de importaciones bajará y, con ella, la de las divisas que eran necesarias para comprarlas. Por lo tanto, el tipo de cambio disminuirá, por lo que se complicará la situación de los productores que compiten con importados y no tuvieron la suerte de conseguir esa prebenda. También la de los sectores que podrían exportar, lo hagan o no, ya que serán menos rentables, porque valdrán menos sus productos. Por lo tanto, ambos reducirán su producción y el empleo. En una palabra, los trabajadores de los sectores ineficientes protegidos no tienen oportunidades de empleo en los más eficientes, que pueden pagar mejor, porque estos generan menos puestos culpa del proteccionismo.

Imaginemos que tenemos una empresa que sabe producir algo que la gente aprecia mucho y está dispuesta a pagar bien. De golpe, el gerente general nos dice que quiere usar parte de la fábrica para hacer otra cosa de la que no sólo produciremos menos por no saber hacerla, sino que podremos cobrar un precio menor porque a la gente no le interesa tanto. ¿Se lo permitiríamos? No, porque los accionistas ganaríamos menos y deberíamos abonarles menores sueldos a nuestros trabajadores. Sin embargo, eso es lo que dejamos que hagan los gobiernos desde hace décadas y, después nos extraña nuestro perseverante subdesarrollo y bajo poder adquisitivo salarial.

Existe el mito de que un país tiene que producir todo para que le vaya bien. No es cierto. ¿Quién de nosotros hace en su casa los zapatos, la ropa o los artículos electrónicos que usa? Nadie. Trabajamos de aquello que sabemos hacer y que alguien está dispuesto a pagar bien. Luego, con el dinero que ganamos compramos lo que necesitamos a los que saben hacerlo mejor y más barato. De esa forma, nos garantizamos el mayor bienestar económico para nuestra familia. Sin embargo, cuando proponemos algo para el país, queremos hacer lo contrario. Un absurdo, ya que eso baja la cantidad de bienes y servicios que tendremos disponibles los argentinos, lo que significa menos bienestar y más pobreza.

El principal argumento para justificar la ineficiencia de los distintos sectores es el famoso “costo argentino”, pero el problema es que éste afecta a todos los productores de bienes y servicios. Gracias a la protección y debido al sobreprecio que les permite cobrar, algunos logran transferirles parte o toda esta carga a otros que no lograron obtener esa misma prebenda y, entonces, deberán acarrear la propia y la ajena. Esto es sumamente injusto. Por lo tanto, si el problema es el “costo argentino”, juntémonos para reclamarle a los políticos que se reduzca la presión tributaria, se disminuya y eficientice el gasto público, y se reforme la arcaica legislación laboral. De esta forma, lograremos potenciar las posibilidades de desarrollo de la Argentina y las oportunidades de progreso de todos sus habitantes.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

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Los “liberalotes” y el gobierno de Macri

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/17 en: http://www.ivancarrino.com/los-liberalotes-y-el-gobierno-de-macri/

 

Fernando Iglesias cree que lo que funciona en todo el mundo, no tiene sentido en Argentina.

Ayer por la mañana, cuando me senté en el escritorio, un querido colega me pasó el link a la última nota escrita por el diputado electo, Fernando Iglesias.

Iglesias es periodista y escritor, y se ha destacado últimamente por su feroz cruzada intelectual contra el peronismo. Su anteúltimo libro, “Es el Peronismo, Estúpido” fue un éxito de ventas y hace poco publicó una nueva obra: “El año que vivimos en peligro”.

Gracias a la recomendación de mi viejo, leí hace algunos años “Por qué no soy kirchnerista”, del mismo autor. En dicho trabajo explica los motivos por los cuales un “progresista” como él no defendía a un gobierno que también decía ser “progresista”.

La obra es muy buena, con una excelente recopilación e interpretación de datos económicos, entre otras cosas.

En su más reciente columna, publicada en La Nación, Iglesias critica a los economistas liberales (“los liberalotes”), a quienes considera una secta que, básicamente, no tiene ningún contacto con la realidad y desprecia el estado.

La nota de La Nación es muy potente y, fiel al estilo del autor, contiene párrafos que harán reír a más de uno.

Por ejemplo, sostiene que el “médico liberalote”, a un paciente con insuficiencia cardíaca, “le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.”

Bravo, hay que mantener el humor.

¿Ahora no se está pegando un tiro en el pie cuando se mofa de las advertencias y recomendaciones del liberalismo?

El liberalote de Macri

Para Iglesias, los liberales ofrecen recetas que dan “maravillosos resultados en muchos países”, pero en Argentina no pueden llevarse a cabo.

Esta fórmula es muy escuchada. Claro que Argentina es un país particular, ¿pero tanto como para que lo que funciona en el mundo, solo acá esté condenado al fracaso inevitable?

De ninguna manera. De hecho, el mismo presidente tomó medidas decididamente liberales con excelentes resultados.

¿O qué otra cosa fue sacar el cepo cambiario de un día para el otro?

Eliminar un control de precios como era el cepo al dólar es una medida claramente liberal y fue pedida por muchos economistas que, desde el llano, criticamos a todos los que decían que “eso no se podía hacer”.

Los resultados acompañaron la decisión. Se revirtió la caída de reservas y repuntó la exportación de materias primas. En 2016, las exportaciones totales crecieron luego de 5 años de descenso.

Otra medida de shock que tuvo enorme impacto positivo fue el fin de las retenciones. Sin cepo y con menos impuestos, el sector agrícola es hoy uno de los que más crecen de la economía argentina.

Y recuerdo que bajar impuestos (y, mejor aún, eliminarlos) también es una medida liberal. ¿O será liberalota?

Por último, recientemente se conoció que las estaciones de servicio dejaron de cerrar en el país tras una larga decadencia producto del control de precios K.  Los precios ahora no se controlan por decreto oficial y nuevas estaciones están abriendo.

Otro claro beneficio del liberalotismo económico, que funciona en todo el mundo pero supuestamente fracasa en Argentina.

Hora de reconsiderar.

Reformas tímidas

Desde aproximadamente el año 2001 que los liberales en Argentina piden reformas “estructurales” para incrementar la competitividad.

Si no me creen, pueden leer las columnas de Carlos Rodríguez, del CEMA, las notas de Roberto Cachanosky, o mismo revisar la propuesta económica de Ricardo López Murphy, quien tuvo un fugaz paso por el Ministerio de Economía cuando desgobernaba Fernando De la Rúa.

En ese entonces nadie escuchó a los liberalotes, sino que decidimos seguir el consejo de los keynesianotes, que nos decían que devaluando la moneda, defaulteando la deuda y dándole bomba al gasto público y la emisión monetaria todo iba a salir bien.

Así quedamos: 16 años después tenemos la economía en ruinas y, paradójicamente, estamos discutiendo de nuevo las “reformas estructurales” que deberían emprenderse para que el país pueda crecer de manera sostenida.

Es el gobierno, de hecho, quien propone reformar la matriz impositiva, el mercado laboral y la burocracia estatal. Además, y por si quedan dudas, el propio presidente pide textualmente “bajar el gasto público”.

¿Qué banderas son éstas?

¿Cree Iglesias (o alguien más) que estos temas se estarían siquiera debatiendo de no haber sido por la denuncia permanente, el análisis crítico y el trabajo de divulgación de los ahora denostados “liberalotes”?

Advertencias fundadas

Si las reformas anunciadas por el gobierno le parecen tímidas o tienen gusto a poco para los llamados “liberalotes”, esto no debería ser motivo para desautorizarlos o tratarlos como una secta.

Después de todo, como hemos demostrado, las medidas que tomó Macri en línea con los pedidos de los liberales dieron buenos resultados. Y no en Dinamarca, sino acá, en la Argentina imposible, llena de peronismo y pobreza.

Por si esto fuera  poco, hoy ya no debatimos si la inflación es (o no) un fenómeno monetario o si el gasto público es alto, sino cómo se bajan estas dos claras barreras al crecimiento económico.

Lejos de ser ridiculizadas, las advertencias de los liberales deberían ser tenidas en cuenta.

Y lejos de ser tildadas de imposibles, lo mismo debería suceder con las propuestas concretas de política pública.

Después de todo, seguramente también coincidirá Fernando Iglesias en querer un país más libre y próspero para todos los argentinos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Salarios, pobreza e impuestos

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/11/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/11/salarios-pobreza-e-impuestos.html

 

Desde prácticamente muy pequeños se enseña a los niños en las escuelas y en sus hogares que el nivel de los salarios depende básicamente de la buena o de la mala voluntad de los empleadores y de aquello que hagan los gobiernos contra los “malos” patrones obligándolos a pagar más y mejores sueldos. A los niños se les explica con un lenguaje que puedan entenderlo. Ya en tránsito hacia la escuela secundaria y aún más en de la universidad la enseñanza se refuerza, se la reitera con una terminología un poco más sofisticada y se la machaca hasta que en la mente del estudiante se transforma en un dogma que “debe” creer. No es fácil desentrañar esta falacia, aunque la realidad es muy distinta:

“El nivel del salario de cada trabajador de­pende de sus conocimientos y de la canti­dad de bienes de capital disponibles para realizar su trabajo. No tiene la misma pro­ductividad y, por lo tanto, no recibe el mis­mo salario quien cultiva la tierra detrás de un buey que quien lo hace arriba de un tractor. Sin ahorro e inversión en bienes de capital no es posible un aumento es­tructural de la productividad y, en conse­cuencia, de empleos mejor remunerados. (Pág. 120 y 121) [1]

Ninguna otra razón existe para explicar el aumento de los salarios e ingresos en términos reales más que la inversión en capital. La razón por la cual un labrador africano gana mucho menos que otro norteamericano no tiene nada que ver con la bondad o maldad de sus respectivos empleadores ni con la indiferencia o intervención de sus respectivos gobiernos. Lo único que hace la diferencia en un caso como en el otro es sencillamente la cuantía de capital invertido en cada lugar. Allí donde el volumen de capital disponible sea mayor que en otra parte, precisamente y sin necesidad de ninguna intervención de nadie se verán los salarios subir. E inversamente, donde el volumen de capital sea menor también se apreciará la manera en que los salarios decaen. Esto sucede por más que se dicten cientos o aun miles de leyes que procuren contrarrestar este fenómeno inexorable de la economía.

“Paradójicamente, el llamado proteccionis­mo laboral en la mayoría de los países eu­ropeos y latinoamericanos, que encarece y dificulta la creación de empleos, es el cau­sante de su menor generación y de que la mayoría de los existentes sean informales, al margen de todas las prestaciones que garantizan las constituciones y leyes en esos países. (Pág. 121) [2]

Lamentablemente, y por mucho que se lo intente, las leyes jurídicas no pueden contradecir las leyes económicas. Tarde o temprano, estas últimas terminan imponiéndose por sobre las primeras, y ello con independencia del lugar o nación donde las mismas se verifiquen. Las leyes económicas son universales, y su cumplimento es inapelable, por grande que se crea que el voluntarismo político pueda torcer el curso de los fenómenos económicos. Estos -a su turno- son consecuencia de otras leyes, las de la lógica, que interpretan la acción humana a la luz de los conocimientos praxeológicos.

“Las políticas gubernamentales que casti­gan a quienes evaden o se atrasan en el pago de impuestos deben estar acompa­ñadas, para tener una justificación social y moral, de transparencia, aplicación al bien común y castigo a todos los funcio­narios que no dan cuenta de su destino e impunemente hacen ostentación de las riquezas obtenidas con los impuestos que se roban. (Pág. 158)” [3]

Desafortunadamente, esto es uno de los pocos puntos en lo que no podemos estar de acuerdo con el autor de la cita. En un contexto de generalizado intervencionismo económico las tasas impositivas siempre tienden a ser mayores de lo que serían en otro de mercado libre. Y esta diferencia es bastante crucial a la luz de juzgar el comportamiento de los mal llamados contribuyentes a la hora de pagar sus impuestos. No se trata, simple y exclusivamente, de un problema de transparencia como indica el profesor citado, sino de algo que va bastante más allá de ese factor. Bajo el enfoque de la enseñanza que nos brinda la llamada Curva de Laffer, la tasa de evasión fiscal siempre será incrementada a medida que la tasa de imposición aumente más allá de cierto punto, que Laffer dio en denominar el punto óptimo fiscal. Como ha ilustrado otro eximio profesor[4], mejor resultaría procurar dirigirse a un punto mínimo fiscal, para evitar los efectos malsanos de niveles impositivos confiscatorios como los que se observan en no pocos lugares.

“El desconocimiento por la mayoría de la población y de gran parte de los legislado­res, de los efectos a largo plazo de las polí­ticas económicas, debido a una pobreza de educación económica, permite a los gober­nantes vender la idea de que mejorarán las condiciones económicas con políticas equivocadas, atractivas en el discurso o el papel, pero que producen en la realidad un efecto contrario al proclamado. (Pág. 171)[5]

La reflexión en este caso resulta atinada. Es verdad que los problemas económicos no se arreglan con demagogia o populismo barato en sus distintas vertientes y según los localismos regionales. Tiene gran importancia la mala educación económica sobre la que hemos insistido en otras ocasiones y que, como bien indica la cita, afecta no sólo a amplios sectores de la población, sino que también a muchos políticos e incluso académicos. Resulta atrayente -por ejemplo- creer que los salarios pueden elevarse dictando decretos o leyes, y que la pobreza también puede suprimirse de la misma manera. Pero es la sana economía y su estudio detenido la única que nos revelará que, más allá de las muy buenas intenciones que pueden tener los agentes económicos y los políticos de turno, como dijimos anteriormente, la economía tiene leyes propias cuya violación generan siempre -y en todo lugar- efectos malsanos que nos condenan a la pobreza.

[1] Luis Pazos. Educación económica contra demagogia electorera, Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empre­sa, A.C. (CISLE) (Del libro Políticas Económicas). pág. 7

[2] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 7

[3] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 7-8

[4] El Dr. Alberto Benegas Lynch (h)

[5] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 8

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Las Lebac son inflacionarias

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/11/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/11/20/las-lebac-son-inflacionarias/

 

Meses atrás el presidente del BCRA dijo que “En 2015, la tasa de expansión monetaria había llegado al 50% y nosotros la bajamos a 20%…”. O sea, si bajó la expansión monetaria y se aplicó una política -de tasas altísimas y emisión de Lebac- “anti inflacionaria” el aumento del IPC debería haber sido menor y, sin embargo, creció desde el 27% en 2015 al 40,9% en 2016, año en que la base monetaria creció 31,7% pero la inflación la superó en 9 puntos llegando a 40,9%. Esa diferencia tiene su origen en gran parte en las Lebacs y los pases.

Ya les gustaría a los políticos que las letras fueran anti inflacionarias, para poder emitir todo lo que quisieran para “reactivar” la economía -el sueño keynesiano- total después lo “neutralizan” absorbiendo billetes con la venta de papeles. De paso, aclaremos que el actual “crecimiento” de la actividad económica no es genuino sino inflado con deuda estatal… y los globos inflados corren serio riesgo de pincharse.

Pretender parar el aumento del IPC absorbiendo dinero post emisión es como matar a balazos a una persona y luego quitarle las balas: podrán decir que el cadáver no tiene balas, pero revivir no va a revivir. Sucede que la inflación es el exceso de emisión por sobre la demanda del mercado, en tiempo real, de modo que una vez emitido el exceso la inflación ya se instaló y no hay modo de neutralizarla: como dice la sabiduría popular, “los precios nunca bajan”.

Es que, una vez emitido el exceso, el mercado produce una serie de efectos, en tiempo real, que no pueden retrotraerse. Por ejemplo, los consumidores cambian sus hábitos, los empresarios su política productiva, etc. O sea, provocada la inflación, podría ocurrir que baje la producción ante una merma del consumo, entonces la demanda de moneda bajará compensando la absorción monetaria de las Lebac.

Ya en 1978 el gran economista Henry Hazlitt, decía que la inflación provenía como consecuencia del aumento en la cantidad de dinero y crédito. Las Lebac, al contrario de lo que pretende el gobierno, son doblemente inflacionarias: porque provocan una contracción de la demanda monetaria -ya que los inversores se quedan en estas letras- aumentando el spread con la oferta, y porque terminan reduciendo la producción real al desviar fondos hacia la bicicleta financiera.

El BCRA subió el martes pasado la tasa de Lebac, en línea con la de política monetaria tomada la semana anterior, y la ajustó al alza en 225 puntos básicos -la tasa a un mes de las letras- hasta 28,75%, convergiendo hacia la de pases cuya suba fue de 100 básicos hasta el mismo nivel.

Así, coherente con lo que venía operando en el mercado secundario, la tasa llega al máximo valor en lo que va del año, subiendo 650 puntos básicos desde los mínimos de abril cuando la de corto plazo era fijada en 22,25%. Aunque, la real, descontada la inflación, queda en los mismos niveles si consideramos las expectativas de inflación (23%), medidas por el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA.

Por cierto, no son datos menores el hecho de que vencían unos $380.000 millones de Lebac y se recibieron ofertas por unos $335.000 millones quedando $45.0000, y que el stock haya quedado en máximos históricos acercándose a la friolera de 1,1 billones de pesos, unos US$ 55.000 millones.

La consecuencia inmediata de la decisión del BCRA fue una retracción de la inversión genuina en pos de la bicicleta financiera, y la Bolsa tuvo un martes negro con un bajón del 4,1%, su peor caída diaria en cinco meses, aunque también influyó el temor de que un aumento impositivo. La otra consecuencia fue una caída del dólar, ya demasiado deprimido, alentando las importaciones contra la producción local. Y, con todo esto, el riesgo país, medido por el JP.Morgan, subía levemente hasta el rango de los 381 puntos básicos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Una defensa de las Metas de Inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 20/11/17 en: http://www.ivancarrino.com/una-defensa-de-las-metas-de-inflacion/

 

A pesar de los problemas fundamentales de la banca central, el esquema adoptado por el BCRA seguirá bajando la inflación en Argentina.

No sé bien cuándo fue, pero un día en mi vida entendí que las cosas no son “blanco o negro”.

Sí, seguramente algunos dejarán de leer acá.

Pensarán:

————-> “¡Obvio que es blanco o negro! O estás con los buenos, o estás con los malos”,

————-> ”O sos amigo, o sos enemigo”,

————-> ”Conmigo, o contra mí”…

O alguna variante similar.

Ok, no me preocupa. Supongo que esto no se escribe para ellos.

Como decíamos, la vida no es blanco o negro sino una enorme escala de grises.

Habiéndome formado en las ideas de la Escuela Austriaca de Economía, mis críticas a la banca central como sistema son medulares. Los bancos centrales son, después de todo, organismos de planificación centralizada y por tanto no cuentan ni con los incentivos ni con la información adecuada para ofrecer correctamente ese bien que se dedican a imprimir.

Es decir, el dinero.

La historia avala esta proposición. Desde la creación de la Reserva Federal, el dólar norteamericano -nada menos- perdió un 96% de su poder adquisitivo. Lo mismo sucedió con la mayoría de las monedas estatales a nivel global. Ni hablar de la moneda nacional de Argentina.

Como sugirió Hayek, “no es exagerado decir que la historia es, en gran parte, la historia de la inflación, usualmente creada por los gobierno para su propio beneficio”.

Ésta no es la única crítica. De acuerdo con la Teoría Austriaca del Ciclo Económico, el Banco Central, con su manipulación de la tasa de interés, es el gran responsable de los períodos de auges insostenibles que terminan en recesiones.

O sea, si la Banca Central destruye la moneda y crea el ciclo económico, ¿qué podría hacer bien?

Metas de Inflación

Como decíamos, no todo es blanco o negro. Y si bien frente a la teoría y la evidencia uno podría abonar la propuesta de la desaparición del Banco Central y su sustitución por instituciones más “market friendly”, eso no implica que neguemos su capacidad para bajar la inflación.

Y esto último es lo que Federico Sturzenegger y su equipo dicen que quieren hacer. Llevar a la Argentina a tener la inflación de “un país normal” en un lapso de 4 años.

¿Será posible?

Al margen del tiempo que lleve, la pregunta fundamental es si realmente la política monetaria puede bajar la inflación y, más concretamente, si esta política monetaria puede hacerlo.

Comenzando en 2017 de manera oficial, el BCRA lanzó su sistema de Metas de Inflación (MI). El sistema de Metas establece que su objetivo principal es alcanzar un valor de inflación anual, para lo cual pone en funcionamiento su instrumental.

En Argentina, como en el resto del mundo donde se utiliza este sistema, el instrumento es la tasa de interés, así como la comunicación con el público, la publicación de estadísticas y la divulgación de proyecciones de inflación.

De acuerdo a los últimos datos a los que pude acceder, en los 28 países donde hoy se practica esta política monetaria la inflación es baja y las metas -a veces más, a veces menos- se cumplen.

Cuadro 1. Metas e inflación de países seleccionados.

meta infla

Fuente: Iván Carrino en base a FMI y Bancos Centrales

Ahora pongamos estos datos en perspectiva.

Argentina tuvo, por los últimos 12 años, una inflación promedio superior al 20% anual. Esto es, en términos técnicos, un verdadero desquicio. Además, no había ninguna política antiinflacionaria concreta. La política monetaria podía definirse como: “prestarle plata al gobierno y no cobrarla nunca más” o, como diría Daniel Lacalle, “crear dinero para la felicidad del pueblo”.

Por el contrario, los países que tienen Metas, se ve en el cuadro, muestran una inflación del 3,3% promedio anual.

Volviendo, en la “escala de grises” de la política monetaria, las MI puede que no sean el blanco más puro, pero ya nos alejamos bastante del casi negro que era el BCRA conducido por Mercedes Marcó del Pont y Alejandro Vanoli.

Desinflación

El cuadro de más arriba dice mucho acerca de qué nivel de inflación tienen los países que aplican metas, pero nada sobre si fueron las metas las que efectivamente bajaron la inflación.

Así, algunos insisten en que las MI no sirven para bajar la inflación, sino que solo contribuirían a mantener ésta una vez que ya ha bajado.

¿Será así? La respuesta es NO.

De acuerdo con los datos recopilados por Thórarinn G. Pétursson, de Islandia, las MI sí bajan la inflación.

Gráfico 2. Inflación antes y después de aplicar MI.

meta infla2

Fuente: Iván Carrino en base a Pétursson (2005)

Lo que se desprende del gráfico es que -para estos 23 países tomados como conjunto- la inflación era significativamente más alta antes que después de adoptar el sistema de Metas. Esta mejora se sostiene incluso cuando se excluye a los países hiperinflacionarios que “ensucian” la muestra.

Pétursson comenta algo de suma importancia acerca de estos resultados:

Comparando la inflación promedio después de la meta de inflación con la inflación promedio en los cinco años anteriores a la adopción, parece que la meta de inflación ha contribuido a reducir la inflación (…) Sin embargo, no está claro si esta caída en la inflación puede atribuirse directamente a las Metas. En el mundo la legislación de los bancos centrales, por ejemplo, ha sido alterada para fortalecer el énfasis en la estabilidad de precios, con una mayor comprensión de la importancia de una inflación baja y estable para el bienestar económico general. [La negrita es mía]

¿Por qué esto es tan importante?

Porque (si bien el autor luego mostrará econométricamente que sí hay resultados concretamente atribuibles a las MI) nos está diciendo que para bajar la inflación, casi que es de segundo orden tener Metas de Inflación, Metas de Agregados Monetarios, u objetivos de Tipo de Cambio. Lo que es verdaderamente importante es tener un diseño institucional avocado a la tarea de tener una inflación baja y estable.

¿Tiene Argentina hoy dicho diseño?

La respuesta es que, al adoptar formalmente un esquema de Metas de Inflación, el país sí lo tiene.

Voy llegando al final y noto que hay algunas preguntas que no respondí en este posteo. ¿Pueden las MI bajar la inflación con este déficit fiscal? ¿No sería mejor controlar directamente la cantidad de dinero? ¿Lo que hace el Banco Central con las Lebac no es “repimir la inflación” y patear el problema para más adelante?

Seguramente puedan ser respondidas en otras entradas.

Lo importante, por ahora, es darle una mirada general al bosque y no a los árboles. Y lo que ese bosque nos indica es que esta política monetaria sí debería llevarnos a ver niveles de inflación cada vez más bajos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Por qué hay tantos pobres en la Argentina?

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 17/11/17 en http://www.libertadyprogresonline.org/2017/11/17/por-que-hay-tantos-pobres-en-la-argentina/#.Wg7ZUjBKCjc

 

Podemos explicar la pobreza desde varios ángulos. El territorio de la Argentina había sido muy pobre, de los más pobres de América. No obstante, logró un dinamismo económico y social extraordinario tras la reorganización política y sanción de la Constitución de 1853/60, que liberó de obstáculos y dio seguridad para trabajar, producir y comerciar. Tanto creció el país que en 1913 el ingreso promedio de los argentinos multiplicaba varias veces el promedio mundial. Ese logro atrajo a millones de inmigrantes, principalmente de Europa, pues tenían mayores oportunidades y ganaban más acá.

Sin embargo, ese mismo éxito generó una sensación de triunfalismo, de destino pródigo irrefrenable. La idea de “nada nos puede detener. Tenemos riquezas para repartir y ganar votos” dio lugar a favoritismos sectoriales y despilfarros, que fueron acotando el desarrollo. En 1970, el ingreso por habitante todavía era el doble del promedio mundial. Pero en 2016, los 12.500 dólares conseguidos fueron apenas 20% superior al promedio mundial y muy lejos de los 60.000 dólares anuales promedio de las naciones más prósperas, que agrupan al 10% de la población mundial.

En nuestra visión, las “protecciones” otorgadas a sectores y ocupaciones fueron entorpeciendo el impulso de la competencia para avanzar la especialización en los trabajos más productivos, los que generan mayores ingresos para la Argentina. Trabando la competencia para perfeccionarse y aprender habilidades valiosas, la repartija de “protecciones” detuvo el progreso de la Argentina, con un impacto doble. El ingreso por habitante creció menos que en el resto del planeta y los pobres, los excluidos de las “protecciones” perdieron aún mucho más.

Porque cada vez que un legislador, juez, burócrata, dirigente, concede un privilegio, ese mayor ingreso lo consigue quitándole mucho más a los no “protegidos”, obligados a cargar con la cuenta. Cada “conquista” de unos, otros la pagan mas caro. Pues cuando se redistribuyen ingresos, lo que gana el “protegido” es bastante menor que lo que pierden los desposeídos. Pues normalmente el proceso económico va asignando los ingresos a quienes mejor lo pueden producir. En cambio, la redistribución revierte ese proceso. Y cada repartija genera pérdidas superiores a las ganancias concedidas. El repartidor de patrimonios siempre produce mayor pobreza.

Tras muchas décadas de redistribuir patrimonios, de “proteger” a unos argentinos, a costa de mayores pérdidas de otros argentinos, nos hemos descapitalizado y empobrecido. Pero obviamente, los menos tenidos en cuenta, los desprotegidos mayores, están en el pozo de la pobreza. Tenemos 29% de pobres porque nos empobrecimos como sociedad y los pobres perdieron más todavía. Concediendo “protecciones” particulares, desprotegieron al conjunto.

Por ciertas conquistas del trabajo, hay desocupados, empleados precarios sin resguardo. También muchas industrias están protegidas por impuestos a las importaciones y normas que cercenan la competencia.

La regla del progreso de la humanidad ha sido la proclamada por la Revolución Francesa: La misma medida para todas las personas, en todas partes, y para todos los tiempos. La misma que el ideal de la Justicia: la balanza que mide con los ojos vendados. Esto es, sin mirar a quien.

La Argentina está lejos de ese ideal. Tenemos medidas distintas para grupos diferentes. Casi una sociedad feudal, con un sinnúmero de “conquistas” que cargan los plebeyos modernos. Bien lejos del ideal de la justicia y motor del progreso. La pobreza mide el desamparo y los criterios desiguales según la persona. Un país que reparte privilegios, ingresos diferenciales para esfuerzos similares, no quiere progresar pues desprecia la experiencia de las naciones prósperas que logran el trato exquisito para su gente, pues se sienten tratados justamente.

Si no convence la experiencia de las naciones prósperas, aprendamos del futbol. Compitiendo sin privilegios los más pobres consiguen grandes recompensas.

 

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Un momento fundacional para la ciencia económica. El iluminismo escocés y la tradición del orden espontáneo

Por Martín Krause. Publicado el 30/10/17 en: http://bazar.ufm.edu/momento-fundacional-la-cien-ia-economica-iluminismo-escoces-la-tradicion-del-orden-espontaneo/

 

Con los alumnos de la UNLP vemos Historia del Pensamiento Económico. En este caso, algunos capítulos del libro compilado por Adrián Ravier, Lecturas de Historia del Pensamiento Económico. Estamos considerando a los clásicos y uno de los capítulos es un artículo donde Ezequiel Gallo comenta “La Tradición del orden social espontáneo”, analizando las contribuciones de los escoceses Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith. De ese texto, reproduzco su explicación y comentario de la famosa frase del primero de esos autores cuando se refiere a los fenómenos sociales que son “fruto de la acción humana pero no del designio humano”. Esta es la esencia de un orden espontáneo, algo que cuesta mucho comprender.

Ferguson

“… ¿cómo fue posible que en ciertos momentos, ese ser frágil e imperfecto que es el hombre fuera capaz de crear riqueza y abandonar siquiera fugazmente, la condición de atraso y pobreza a la que parece condenado? Las primeras reflexiones a partir del interrogante planteado apuntan a señalar cómo no ocurrió ese tránsito. El cambio no fue originado por un plan “maestro” generado en la cabeza de un hombre o en un cónclave de notables. Tampoco fue el resultado de algún contrato original donde se acordaron de una vez las instituciones que habían de regir los destinos de la humanidad: “Ninguna sociedad se formó por contrato” —diría Ferguson—, “ninguna institución surgió de un plan [ … ] las semillas de todas las formas de gobierno están alojadas en la naturaleza humana: ellas crecen y maduran durante la estación apropiada”. Y luego redondea esta noción en uno de los más afortunados pasajes de su Ensayo sobre la sociedad civil:

“Aquel que por primera vez dijo: ‘Me apropiaré de este terreno, se lo dejaré a mis herederos’ no percibió que estaba fijando las bases de las leyes civiles y de las instituciones políticas. Aquel que por primera vez se encolumnó detrás de un líder no percibió que estaba fijando el ejemplo de la subordinación permanente, bajo cuya pretensión el rapaz lo despojaría de sus posesiones y el arrogante exigiría sus servicios.

Los hombres en general están suficientemente dispuestos a ocuparse de la elaboración de proyectos y esquemas, pero aquel que proyecta para otros encontrará un oponente en toda persona que esté dispuesta a proyectar para sí misma. Como los vientos que vienen de donde no sabemos [ … ] las formas de la sociedad derivan de un distante y oscuro pasado; se originan mucho antes del comienzo de la filosofía en los instintos, no en las especulaciones de los hombres. La masa de la humanidad está dirigida en sus leyes e instituciones por las circunstancias que la rodean, y muy pocas veces es apartada de su camino para seguir el plan de un proyectista individual.

Cada paso y cada movimiento de la multitud, aun en épocas supuestamente ilustradas, fueron dados con igual desconocimiento de los hechos futuros; y las naciones se establecen sobre instituciones que son ciertamente el resultado de las acciones humanas, pero no de la ejecución de un designio humano. Si Cronwell dijo que un hombre nunca escala tan alto como cuando ignora su destino, con más razón se puede afirmar lo mismo de comunidades que admiten grandes revoluciones sin tener vocación alguna para el cambio, y donde hasta los más refinados políticos no siempre saben si son sus propias ideas y proyectos las que están conduciendo el estado”.

Es conveniente subrayar dos aspectos de esta intuición tan fértil de Ferguson. En primer lugar, el autor escocés afirma que los hombres no “inventan” desde cero, sino que innovan a partir de circunstancias e instituciones que fueron el fruto de acciones humanas anteriores. En segundo término, esas circunstancias surgieron como consecuencia de la yuxtaposición de una multitud de planes individuales que al entrecruzarse produjeron muchas veces resultados que no eran queridos por sus autores. Así Hume, por ejemplo, afirmaba que las reglas de justicia, y especialmente de la propiedad, eran muy ventajosas para todos los integrantes de la comunidad “a pesar de que ésa no había sido la intención de los autores”. Es importante advertir, finalmente, que una parte muy significativa de nuestras instituciones (justicia, moneda, mercados, lenguaje, etc.) emergieron espontáneamente de esas interacciones humanas bastante antes que pensadores y analistas sistematizaran sus contenidos. Esto es, por ejemplo, lo que nos dice Ferguson sobre el lenguaje:

“Tenemos suerte de que en estos, y otros, artículos a los cuales se aplica la especulación y la teoría la naturaleza prosigue su curso, mientras el estudioso está ocupado en la búsqueda de sus principios. El campesino, o el niño, pueden razonar y juzgar con un discernimiento, una consistencia y un respeto a la analogía que dejaría perplejos al lógico, al moralista y al gramático cuando encuentran el principio en el cual se basa el razonamiento, o cuando elevan a reglas generales lo que es tan familiar y tan bien fundado en casos personales”.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

La izquierda recalentada

Por Armando Ribas. Publicado el 9/11/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/11/09/la-izquierda-recalentada/

 

Los principios incluidos en la Constitución liberal clásica no son aquellos que operan solamente en esta o aquella era. Ellos son principios para las eras.

                                                  Ricchard A. Epstein

Voy a insistir en un tema que considero de la mayor relevancia y que es la persistente descalificación del liberalismo como el capitalismo que genera la desigualdad económica y ahora el recalentamiento global. Persiste pues la ignorancia al respecto de esa ignorancia colectiva y descalificación ética que surge desde la izquierda. Recordemos a Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Y a mi juicio el cristal prevaleciente es rojo, a través del cual se miente contra el liberalismo a favor del pueblo o de la Nación. Nacionalismo y socialismo son hermanos de la historia.

Esa vertiente del ámbito político, a mi juicio ha sido superada con el advenimiento del recalentamiento global. Por supuesto cada vez más percibo la aparente insistencia de que es el hombre liberal el causante de ese desastre de la naturaleza. Perdón pero voy a recordar otro pensador Griego  Protágoras que dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en cuanto que son, y de las que no son, en cuanto a que no son”. Es decir de los aciertos y los errores; y comparto ese pensamiento que se ha comprobado a través de la historia.

No me cabe la menor duda de que a través de la historia en la acción de los hombres han prevalecido las que no son. La guerra fue el orden nacional y ético de las sociedades. Como reconoció Hegel: “La guerra es el momento ético de la sociedad”. En la Guerra de los Treinta Años entre 1618 y 1648 murió la mitad de la población de Europa. Previamente entre 1337 y 1453 prevaleció la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra.

Y llegó el siglo XX y Europa nos llevó a las dos guerras mundiales, que afortundamente ganaron los Estados Unidos. Al respecto Jean François Revel en su obra la Obsesión Antiamericana escribió: “Son los europeos que yo sepa, quienes hicieron del siglo XX el más negro de la Historia, en las eferas política y moral, se entiende. Ellos fueron los que provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes criminales jamás infligidos a la especie humana”. No obstante insistimos en la falacia de la civilizacion Occidental y Cristiana.

Pero llegó John Locke y su pensamiento determinó la Glorious Revolution de 1688 en Inglaterra, a partir de la cual se desarrolló el sistema ético, político y jurídico que cambió la historia del mundo y permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Revolución que no es reconocida pues nos han enseñado lo contrario y que fue la Revolución Francesa la determinante de la libertad, cuando fue el inicio del totalitarismo, como la racionalización del despotismo. Al respecto dice Peter Drucker: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que el Iluminimo engendró la libertad en el siglo XIX, es la creencia de que la Revolución Americana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa, y que fue su precursora”.

Ese sistema político se basó en el reconocimiento de la naturaleza humana, y por ello dice Locke: Los monarcas también son hombres por ello se necesita limitar las prerrogativas del rey. Como bien reconoce William Bernstein en su The Birth of Plenty, el mundo hasta hace doscientos años vivia como vivía Jesucristo. Pero creo que tampoco podemos ignorar los daños generados por la naturaleza desde tiempo inmemorial. Y así reconoce Bernstein que hasta la era moderna prevalecía, el hambre, las enfermedades y la guerra.

Siguiendo con el recalentamiento recordemos el terremoto de Lisboa en 1775, cuando murieron más de 60.000 personas. Allí comenzó una discusión que está pendiente entre Voltaire y Rousseau. Rousseau le escribió una carta a Voltaire al respecto en la que dijo: “El terremoto de Lisboa fue justamente un castigo al hombre por abandonar la vida natural y vivir en ciudades”: A la misma Voltaire contestó: ¿Qué culpa tenían los niños que estaban en la iglesias?

Ya Rousseau que me parece está presente había dicho: Nuestras almas han sido corrompidas en proporción a que nuestras ciencias y artes han avanzado hacia la perfección”.Y por supuesto había asimismo desvirtuado el derecho de propiedad: “No importa en la forma que que esa adquerencia fue hecha, cada derecho individual sobre su propia tierra está, sigue subordinada al derecho de la comunidad sobre toda la tierra”.

En virtud de estos pensamientos tengo la impresión de que Rousseau está presente en todo el análisis valorativo que percibo del recalentamiento global. Todo parece indicar que ha sido el hombre en el sistema liberal capitalista el causante de los deshechos de la naturaleza. En otras palabras es la descalificación del sistema que permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Yo no soy científico, pero me pregunto ¿Cual es la relación científica del recalentamiento con los terremotos que existieron por siempre y con los ciclones, las inundaciones y las sequías prevalecientes?

Entonces la izquierda monopolizadora de la ética de la igualdad en el ámbito político, el recalentamiento global parece haberla recalentado para justificar la destrucción del sistema que cambió al mundo. Por ello como antes dije respecto a Locke el reconocimiento de la naturaleza humana determinaba la limitación del poder político. Asimismo reconoció el derecho de propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad.  Ese derecho que Locke reconocía como el principio fundamental de la libertad, implica el reconocimiento de que los intereses privados no son per se contrarios al interés general.

Cuando los intereses privados son contrarios al interés general, la consecuencia es el interés privado de los que forman los gobiernos. Por ello voy a insistir que el sistema es ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia y no su determinante. Por tanto prevaleció la mano invisible de Adam Smith que la definió: “Persiguiendo su propio interés el frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que   cuando el realmente pretende promoverlo”.

Esos principios fueron llevados a sus últimas consecuencias en Estados unidos por los Founding Fathers, y no por ser anglosajones ni protestantes. Por ello Madison reconoció que si los hombres fueran angeles no sería necesario el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles no sería necesario ningún control al gobierno. Pero el gobierno es una administración de hombres sobre hombres, y la gran dificultad yace primero en capacitar al gobierno para controlar a los gobernados y en segundo lugar a controlarse a si mismo.

A los efectos de controlar al gobierno se creó el concepto del judicial review, que fue reconocido por el Juez Marshall en el caso Marbury vs. Madison en el cual tomó la siguiente decisión: “Todos los gobiernos que han formado una Constitución, la consideran la ley fundamental y toda ley contraria a la Constitución es nula. Es enfáticamente la competencia y el deber del poder judicial decir que es la ley”.

Pasando entonce al momento político que vivimos, repito la izquierda se ha apoderado de la ética en nombre de la falacia de la igualdad. Pienso que surgiendo de Rousseau, Marx está presente vía Eduard Bernstein que en su obra Las Precondiciones del Socialismo en disputa con Lenin escribió que al socialimo se puede llegar democráticamente y no por revolución. Y esa es la realidad que se vive en Europa vía la Social Democracia, que si bien no nacionalizando la propiedad privada, sino aumentando el nivel del gasto público fácticamente viola los derechos de la propiedad, y es determinante de la caída en la tasa de crecimiento económico. Recordando a Aristóteles que ya nos había advertido, cuidado que los pobres siempre iban a ser más que los ricos.

Así el liberalismo que es la fuente filosófica del sistema del Rule of Law y no el sistema capitalista parece descalificado políticamente y la consecuencia es la crisis que se vive en el llamado mundo Occidental. Cuando el gasto público alcanza o supera el 50% del PBI, de facto se está violando el derecho de propiedad, y al respecto reconoció Milton Friedman: “El peso total de los impuestos es lo que los gobiernos gastan, no esos recibos denominados impuestos. Y cualquier déficit es soportado por el público en la forma de impuestos escondidos. Se paga con los intereses de la deuda y con inflación, Sin reducir el gasto, la rebaja en los impuestos solo disimula mas que reduce la carga.

Esperemos que aprendamos y que decidamos discutir con la izquierda los principios éticos y políticos que determinaron la libertad y la riqueza por primera vez en la historia. Librémonos de la demagogia implícita en el socialismo y reconozcamos que la democracia mayoritaria perse no es determinante ni de la libertad ni de la creación de riqueza. Así no olvidemos que Hitler, Mussolini y Perón llegaron al poder con votos. Lo trascendente es la limitación del poder político y el respeto por los derechos individuales. Cuidado con el recalentamiento no solo en el ámbito tecnológico sino profundamente en el político.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Política y educación económica

Por Gabriel Boragina Publicado  el 5/11/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/11/politica-y-educacion-economica.html

 

Se ha dicho a menudo que los políticos suelen embarcarse en promesas irrealizables por lo contradictorias que ellas son en sí mismas. Como ya hemos analizado antes, puede suceder que, con el afán de obtener votos y plena conciencia de la imposibilidad concreta de llevar adelante propuestas económicas contradictorias, simplemente se amolden a los deseos de sus potenciales votantes, en la inteligencia que todos los seres humanos aspiran siempre a conseguir más por menos. Un mito popular a este respecto es el referido al gasto público:

“Muchos electores miran con esperanza el ma­yor gasto público como un medio de creación de empleos, carreteras y viviendas, pero pocos cuestionan a los candidatos de dónde van a sacar los recursos para el mayor gasto público”.[1]

Es posible también que los postulantes a cargos públicos compartan la misma ignorancia de portan aquellos de los que dependen sus votos. El analfabetismo generalizado en materia económica, por mucho que sea sostenido por una mayoría, no transforma una mentira en una verdad, ni un error en un acierto. Lo único que demuestra es que el número de ignorantes es muy grande, de la misma manera que, cuando se creía en forma mayoritaria y en tiempos lejanos que la tierra era plana no por ello tal masivo dogma contribuía ni un ápice a convertir la redondez de la tierra en una planicie. Una mentira -o un error- sigue siendo tal, por mucha que sea la gente y la condición social de las personas que crean en él. Esto se soluciona únicamente con una mayor cultura económica.

“Los recursos de un mayor gasto público, al que también le atribuyen el milagro de multiplicar la actividad económica -como Cristo multipli­có los panes-, proviene principalmente de más impuestos, más deuda o impresión de dinero, que a mediano y largo plazo empobrecen a los ciudadanos, generan inflación, desempleo y re­ducen la construcción de viviendas.”[2]

Es tan cierto lo anterior que, como veníamos diciendo, resulta bastante difícil imaginar como el presidente Macri en Argentina va a conciliar sus declaraciones de reducir el gasto público y la inflación con sus simultáneas intenciones de acrecentar la obra pública, que es uno de sus “caballitos de batalla” preferidos de su gestión. O, como dijéramos en otra oportunidad anterior, como piensa concordar su estrategia económica de corte desarrollista (que, por definición, requiere de un elevado gasto público y un rol activo del gobierno en emprendimientos de infraestructura) con sus afirmaciones sobre la necesidad de bajar la inflación, el gasto, incentivar el empleo y fortalecer el rol de la empresa privada. Se tratan de objetivos competitivos y no complementarios, dado que decidirse por unos excluye a los restantes.

“La mayoría de los programas llamados “socia­les”, que teóricamente luchan contra la pobreza y el hambre, sólo sirven en la práctica como una fuente para comprar votos y dejar más pobres a quienes lo vendieron por una dádiva inmedia­ta a costa de perpetuar su miseria (ver resulta­do de los programas sociales en libro Políticas económicas).”[3]

He aquí otro punto contradictorio en el discurso del presidente Macri, cuyo equipo de gobierno se ufana de haber otorgado durante su corta gestión más planes “sociales” que los conferidos por el anterior gobierno del FpV[4]. Resulta claro -para quien maneja elementales herramientas económicas- que el mantenimiento de tales planes “sociales” sólo es posible elevando o conservando en altos niveles el gasto público. Ergo, no se condice declamar, por un lado, que hay que bajar ese gasto al tiempo que -no sin menos fuerza- se sostiene que se prolongarán los subsidios “sociales”. Nuevamente: se tratan de objetivos contrapuestos y, por las mismas razones ya explicitadas, excluyentes entre sí.

“No sólo los pobres aceptan planteamientos de­magógicos, también algunos académicos, comunicadores, empresarios y sacerdotes, que, por sus ideologías, ignorancia, intereses polí­ticos o económicos, secundan la demagogia económica.”[5]

Esto quizás es lo más terrible de todo, porque estas personas tienen una enorme influencia sobre grandes conjuntos de otras que las siguen “a pie juntillas” y sin capacidad de crítica alguna. Como bien dice el autor citado, existen diferentes motivos por los cuales los individuos mencionados secundan la demagogia económica. Cualquieras sean esas razones, lo relevante -aquí como en tantos otros casos- son las consecuencias letales que sus enseñanzas, o ejemplos, dan a personas que, sumidas en la ignorancia económica, creen de buena fe un discurso engañoso para sus propios intereses. En el mejor de los casos, se trata de una ignorancia compartida con quienes los escuchan y convencen. En el peor, un ardid deliberado para sacar fruto y provecho de los más necesitados. Con claro perjuicio para estos últimos.

“Es importante enseñar sin tecnicismos los prin­cipios de la ciencia económica. Esa es la función del libro Políticas económicas, que difunde ar­gumentos para aclarar que promesas de los candidatos son viables y positivas y cuales de­magógicas, que agravan los problemas socioe­conómicos en lugar de ayudar a solucionarlos”.[6]

Muchos libros se han escrito con esa misma finalidad, pero -lamentablemente- son más los que se escribieron exactamente para lo contrario. Y más aún lo son los que se lanzaron al mercado editorial bajo la confusión de conceptos, doctrinas erróneas, buenas intenciones y expresiones de deseos, que poco tienen que ver con el rigor científico y la veracidad que exige una ciencia como la economía. Tampoco ayuda la fuerte tendencia de la gente común a dar crédito a lo que escuchan en la radio o en la TV que, como la argentina, es un océano de mediocridad, y donde la aguda escasez de luminarias económicas confunde más que aclaran.

“Si no tomamos el camino correcto en las polí­ticas económicas se agrandarán los problemas socioeconómicos en lugar de solucionarse. Si no queremos políticos irresponsables, populis­tas, que se aprovechan de la ignorancia de los ciudadanos y ganen elecciones con políticas económicas empobrecedoras, debemos impulsar una mayor educación económica.”[7]

Pero, como he expresado desde hace tiempo, no se trata de cualquier educación económica. Sino de la que el genial Ludwig von Mises llama la sana economía. Es decir, no cualquier economía, ya que de esta todo el mundo habla, y es la que se enseña en casi todas las universidades del mundo. Por eso, es que considero que el problema no es tanto de ignorancia económica sino de confusión económica. Dado que, en las escuelas secundarias ya se dan los primeros rudimentos de una economía que -como la keynesiana- no es sana, y que, pese a sus notables desaciertos y errores, sigue siendo el paradigma base de los economistas del mainstream.

[1] Luis Pazos. Educación económica contra demagogia electorera, Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empre­sa, A.C. (CISLE) pág. 3

[2] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 3

[3] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 3.

[4] Siglas del “Frente para la Victoria”. Secta del peronismo conformada por el nefasto matrimonio Kirchner.

[5] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 3 y 4.

[6] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 4

[7] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 4 y 5.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

 

 

El origen de las mayores trifulcas

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

En realidad las disputas humanas comenzaron con la aparición del hombre sobre la faz de la Tierra, seguramente con Adán y Eva que se echaron recíprocamente la culpa o con Caín y Abel, pero en lo que se refiere a las relaciones entre distintos pueblos, el nacionalismo juega un rol preponderante. Con razón ha dicho Mario Vargas Llosa que “el nacionalismo nos ha llenado de guerras” y Albert Camus ha escrito que “amo demasiado a mi país como para ser nacionalista”.

 

El nacionalista es un ser acomplejado que debido a su vacío existencial se asimila al esperpento del “ser nacional” y otras sandeces por las que siempre considera que lo de su país es un valor y lo del extranjero un desvalor. En realidad, la única razón por la cual el globo terráqueo está dividido en países es para evitar los abusos de un gobierno universal. La subdivisión a su vez en provincias y municipios es para fraccionar aun más el poder. Indudablemente el mundo está complicado pero hay que mirar el contrafáctico e imaginarnos como sería si cualquiera de nuestros políticos tuviera poder sobre todo el planeta. No hay que tomarse las fronteras en serio como si fuera atractivo construir cercas impenetrables para evitar la competencia de bienes de una mayor calidad y un precio más bajo, incluyendo en primer término libros, obras de arte y músicas de diverso tenor y origen.

 

Por ejemplo, uno de los blancos preferidos de la gestapo en las aduanas son las obras de arte sin percatarse, entre otras cosas, que con ese criterio tribal no existirían museos cosmopolitas con lo que se privaría a aquellos que no pueden viajar del disfrute correspondiente.

 

Una cosa es el afecto por el lugar donde nacimos y donde nacieron nuestros ancestros y otra bien distinta es batallar contra lo extranjero. Hay cristianos  que en misa cantan lo de “toma mi mano hermano” pero pierden la paciencia y se exaltan hasta la obnubilación cuando se trata de abrir fronteras y alimentar la cultura al contrastar con otros orígenes, para no decir nada cuando hay un conflicto de cómo trazar un mapa.

 

Incluso en el comercio internacional pacífico y voluntario se recurre a terminología militar al decir que tal o cual producto “nos invade” como se si se tratara de un ejército de ocupación en lugar de simplemente una mercancía más barata y mejor que la gente prefiere pero hay que bloquear.

 

Las trifulcas entre los humanos son muy variadas y responden a distintas causas pero, según Bertrand de Jouvenel las trifulcas gordas y generalizadas comenzaron con la contrarrevolución francesa. Allí se comenzó a extrapolar la divinización de la monarquía a la divinización de la idea de nación. Allí se dio origen a la idea de servicio militar como parte del “ejército en armas de la nación”. Allí se comenzaron a destruir los derechos de las personas bajo el paraguas de “la soberanía nacional” en lugar de comprender que la soberanía reside en el individuo y que el aparato estatal es su empleado solamente para que proteja sus derechos.

 

Entre muchos otros autores de peso,  de Jouvenel marca la diferencia radical con  la revolución norteamericana en la cual se puso de relieve la antedicha jerarquía de los derechos individuales y que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”. En realidad esa era la idea de unos pocos al redactar la Declaración de los Derechos del Hombre en el inicio de la revolución francesa. Mercier de la Riviere, Pierre du Pont de Nemours y, sobre todo, Emmanuel-Joseph Siéyes, resaltaron los derechos de propiedad y la noción de la igualdad ante la ley.

 

Más aun, la redacción original de Siéyes rezaba así: “Aunque los hombres no sean todos iguales en los medios que poseen, es decir, por sus riquezas, por su inteligencia, por su vigor etc. no hay nada que los fuerce a no ser tampoco iguales en derechos. Ante la ley, un hombre vale tanto como otro; la ley protege a todos sin distinción”. Como es sabido el artículo finalmente quedó redactado de la siguiente manera telegráfica en la primera parte de su primer artículo: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos” (y el artículo 17 se refiere a la propiedad como “derecho inviolable y sagrado”). Todo eso quedó arrasado en la práctica de la contrarrevolución y se endiosó a la nación, en algunos casos con poderes aun mayores que los de la monarquía.

 

También antes he escrito en una revista académica chilena (Estudios Públicos) sobre algunos criterios trasnochados del nacionalismo que en parte reproduzco aquí. Los partidarios del nacionalismo hacen aparecer a la nación como algo natural cuando en verdad constituyen inventos impuestos por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras, las que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas, cuando no directamente de la rapiña o de movimientos geológicos. Sin embargo, los nacionalistas afirman que las naciones tienen un lenguaje, una etnia, una historia y una religión común, lo cual, siempre según este criterio, haría que la formación de naciones sea producto de un &”devenir natural&”.

 

Canadá o Suiza, por ejemplo, son naciones en las que sus habitantes no comparten un idioma común. En América Latina se comparte el mismo idioma y sin embargo constituyen varias naciones. El lenguaje es fruto de un proceso de evolución espontánea. Los idiomas más difundidos no fueron diseñados ni inventados por nadie (casos como el esperanto han resultado un fiasco para la buena comunicación). El lenguaje resulta esencial para pensar y para trasmitir pensamientos y los diversos idiomas y dialectos provienen de troncos comunes que son también fruto de las más variadas combinaciones. Los diccionarios son libros de historia que se modifican por neologismos y usos que responden a los requerimientos de millones de personas que, al interrelacionarse, van forjando formas de comunicación que consideran útiles.

 

La raza es por cierto una idea bastante resbaladiza. Igual que el idioma procede de troncos comunes y las combinaciones y mezclas son muchas. Dobzhansky, el padre de la genética moderna, sostiene con Darwin que cada clasificador tiene su propia clasificación de raza. Sostiene que las razas son estereotipos, son abstracciones difíciles de concretar. Se ha confundido también la idea de raza con el lenguaje. Este es el caso de los que señalan la raza aria como el paradigma de la pureza, sin percibir que fue Max Müller quien originalmente sugirió la expresión “ario” para designar a lo que era primitivamente el sánscrito en la India utilizado por un pueblo cuyos habitantes se conocían con el nombre de aryos. Müller señala que “En mí opinión un etnólogo que hable de raza aria, sangre aria, ojos arios se hace tan culpable de un pecado tan grande como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”. Este término “ario” para designar esa lengua fue el que sustituyó a las llamadas indo-europeas que más adelante se denominaron indo-germánicas resultado del entronque del sánscrito con el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas.

 

Otras veces se pretende basar el análisis racial en la sangre. Así se habla de la “comunidad de sangre”. Pero, como es sabido, la sangre está formada por glóbulos que se encuentran en un líquido llamado “plasma”. Estos glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes) y el plasma es un suero que se compone de agua salada y sustancias albuminosas disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos (aglutinógeno) con otra que contiene el suero (aglutinina) da como resultado cuatro grupos sanguíneos. Estos cuatro grupos sanguíneos se encuentran distribuidos entre las más diversas personas.

 

Se ha sostenido que la raza puede definirse por el color de la piel. Pero como esto es básicamente el resultado de un proceso evolutivo en gran medida ligado a factores climáticos, descendientes de un blanco que estén ubicados durante un período suficientemente prolongado en un lugar propicio tendrán una dosis distinta de melanina en la epidermis y, por ende, se convertirán en negros. Blanco, negro y amarillo son el resultado de la pigmentación de la piel.

 

También se ha confundido raza con religión, especialmente en el caso de los judíos. Como se ha dicho, es tan difícil la definición de la raza semita que en los campos de concentración nazis se tatuaba y rapaba a las víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por eso es que Hitler finalmente repetía que “la raza es una cuestión mental”. He aquí la clave del asunto: el polilogismo racista, calcado del polilogismo clasista de Marx.

 

El argumento de la historia común constituye una especie de petición de principio: si las naciones se constituyen por medio de la fuerza y además se establecen trabas migratorias de diversa naturaleza, es lógico que aparezca una tendencia a la historia común.

 

Ya antes hemos puesto de manifiesto la barrabasada de la llamada “protección a la industria incipiente”. En primer lugar, no es protección sino desprotección de los consumidores puesto que los aranceles significan mayor erogación por unidad de producto por lo que los productos se reducen, con lo que también lo hace el nivel de vida.

 

En todo caso se trata de proteger a pseudoempresarios que viven a expensas de la gente en alianza con el poder político al efecto de contar con un mercado cautivo. Si el proyecto en cuestión arroja pérdidas durante los primeros períodos y se conjetura que las ganancias futuras más que compensará aquellos quebrantos, si esto es así (si las pérdidas se mantuvieran no vale la pena seguir conversando sobre el asunto), entonces es el empresario quien debe financiar las diferencias iniciales y no pretender endosar el costo sobre los consumidores a través del arancel. Si el  empresario no contara con los recursos suficientes deberá conseguirlos en el mercado local o internacional y si nadie aceptara la propuesta quiere decir que el proyecto está mal evaluado, o estando bien evaluado hay otro proyectos que se estima tienen prioridad y como todo no puede hacerse al mismo tiempo el emprendimiento deberá dejarse de lado.

 

Hoy en día desafortunadamente ha resurgido el nacionalismo, en Europa a través del caudal electoral esa línea de pensamiento ha exhibido resultados llamativos: nada menos que en Alemania acaba de ganar 88 escaños en el Parlamento el Partido Alternativa para Alemania, en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra la versión derechista del Brexit, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor y, en Estados Unidos, ahora aparece Donald Trump con su “proteccionismo”. Todas aquellas propuestas trogloditas apuntan a implantar una especie de cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración de la anticultura. Para no decir nada de los peronismos en Argentina y los también populistas de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y los sistemas ya abiertamente criminales de Cuba y Corea del Norte.

 

Este es el origen de las mayores trifulcas, el nacionalismo, porque como escribió Frédéric Bastiat “si las mercancías no cruzan las fronteras, las cruzarán los ejércitos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres