Origen, corrupción y enmienda del signo monetario

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/9/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/09/14/origen-corrupcion-y-enmienda-del-signo-monetario/

 

(Foto: Adrián Escandar)

(Foto: Adrián Escandar)

En las economías primitivas donde las transacciones eran reducidas y el aislamiento con otras sociedades era grande debido a las dificultades en la comunicación y el transporte y también debido a estados beligerantes, los intercambios se llevaban a cabo a través del trueque, esto es el cambio directo. Esta modalidad tenía sus bemoles, puesto que el que tenía la mercancía A y quería la B debía recorrer tres etapas ineludibles: primero encontrar alguien que necesitara A, luego que tuviera a su disposición B y por último que estuviera dispuesto a llevar a cabo el intercambio a cierta ratio, por ejemplo, de un A por un B y no diez A por un B. Esto a veces no solo se tornaba dificultoso sino que, a veces, resultaba imposible, como por ejemplo frente a un especialista en tocar el tambor que necesita pan es poco probable que el tenedor de pan aceptara recibir una lección de tambor a cambio de su pan y así sucesivamente.

A medida que las transacciones se fueron multiplicando se percibió que resultaba más expeditivo y más fluido el cambio indirecto, este es, el realizar los intercambios a través de una mercancía de valor generalizado y luego con ella adquirir lo que se requería. Así es que se recurrió como medio común de intercambio o dinero el cacao en Centroamérica, las sedas en Persia, el ganado en Grecia (de allí la expresión medios pecuniarios), el té en Turquía, el cobre en Egipto, el hierro en África, el azúcar en la India, el tabaco en la Virginia colonial, etc. Como queda dicho, se ofrecían bienes y servicios a cambio de dinero y, a su vez, con ese dinero se compraba lo que se deseaba.

A través del tiempo se fue produciendo naturalmente un proceso de selección y reselección de medios comunes de intercambio según su durabilidad, homogeneidad y fraccionabilidad. Cuando se percibían ventajas en la utilización de cierta moneda-mercancía simplemente se la remplazaba sin que a esa altura a nadie se le ocurriera esgrimir el argumento de la “soberanía monetaria”, un disfraz para que gobernantes pudieran explotar a sus súbditos a través del denominado curso forzoso.

En esta especie de competencia entre monedas surgieron como mejores para los propósitos monetarios el oro y la plata, el primero para transacciones de mayor valor y el segundo para intercambios de menor cuantía, por lo que era común la adopción del bimetalismo. Esto explica lo que después se bautizó como el teorema de la regresión monetaria con la intención de mostrar el fundamento no monetario (usos industriales, comestibles y otras aplicaciones) de los usos propiamente monetarios (hago un a digresión para apuntar que esto está hoy en entredicho debido a las denominadas monedas virtuales a través de las cuales se atribuye valor especulativo al efecto de concretar arbitrajes vía los cambios en las cotizaciones).

En todo caso, para seguir con esta línea argumental debe consignarse que la gente percibió que en lugar de tener que recurrir a pesas y balanzas para cada transacción y verse obligados a analizar la pureza del metal en cada oportunidad, resultaba mejor acuñar el oro y la plata y acreditar el peso y la pureza. Las monedas prestaron un servicio adicional en este proceso.

También por razones de seguridad se comprobó que resultaba un servicio adicional en ofrecer casas de depósito (generalmente provistas por los mismos orfebres) donde se emitía un recibo por el metálico depositado. Con el tiempo esas casas se denominaron bancos y los recibos billetes bancarios (el dólar deriva de la expresión thaler acuñada por el Conde Shlik en el siglo XVI). Muchas denominaciones aluden al peso metálico como el propio peso, la libra y otras, aun en la parla convencional se habla de “plata” para hacer referencia a la moneda.

En muchos casos los gobiernos monopolizaron primero la acuñación con lo que comenzaron los primeros fraudes al recortar la cantidad de metálico y otorgarle curso forzoso a la moneda y luego monopolizaron la convertibilidad con lo que se sucedían períodos de “cierres temporarios en la conversión” que más adelante fueron definitivos con la irrupción de la banca central.

A través de los Acuerdos de Génova de 1922, la resolución IX oficializó la liquidación del patrón oro clásico (abandonado de jure durante la Primera Guerra Mundial) y se decretó el mal llamado patrón cambio oro, es decir un sistema de pseudo patrón oro que se tradujo en que las reservas de los ya constituidos bancos centrales estarían formadas por dólares y libras (esta última divisa se dejó de lado a poco andar) y estas denominaciones a su vez estarían relacionadas con el oro a una razón fija concretada en la Reserva Federal estadounidense y en el Banco de Inglaterra a requerimiento de la banca central extranjera, con un acuerdo tácito de no producir esos reclamos (solo Jacques Rueff como ministro de De Gaulle pidió el oro para mostrar la bancarrota del sistema), lo cual produjo emisiones sin respaldo del dólar que condujo al boom de los años 20 y al crack de los años 30.

Finalmente, para reseñar muy telegráficamente la columna vertebral de la moneda, tuvo lugar Breton Woods en 1945, el doble precio del oro en 1968 y finalmente las medidas de agosto de 1971 con la consiguiente crisis de 1973 debido a los tipos de cambio fijos.

Reiteramos que la inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente al efecto de financiar sus propios desbordes.

Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones una vez liquidada la banca central, no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo, el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.
Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace 50 años sobre si es mejor el free-banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es infinitamente mejor que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.

Resultan tragicómicos los esfuerzos y las acaloradas discusiones sobre “metas de inflación” y las correspondientes manipulaciones monetarias y cambiarias que impone la banca central, en lugar de comprender que el problema estriba en esa institución (en el medio argentino creada por el golpe fascista de los años 30).

Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar entonces que no transcurra mucho tiempo antes de que se perciban los inmensos daños de la banca central y el sistema bancario de reserva parcial con todas sus consecuentes políticas. Cuál es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cuál es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cuál es la cantidad de cualquier otro bien en el mercado. No debe imponerse tal cosa como “curso forzoso” a ninguna divisa y, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los gobiernos seleccionarán la moneda o monedas en las que cobrarán impuestos al efecto de proteger derechos. La denominada “dolarización” puede eventualmente servir solo como uno de los caminos para cerrar la banca central y entregar las reservas al público, pero en ningún caso para otorgarle a esa divisa el curso forzoso.

Ningún aparato estatal debe arrogarse la facultad de imponer cuál es el activo monetario a que debe recurrir la gente. Esa es la manera con bancos independientes en la que se incentivan nuevas propuestas de solidez monetaria en el contexto de auditorias cruzadas y en competencia al efecto de proporcionar seguridad a los clientes, todos con la posibilidad de contratar sistemas de seguros contra posibles desvíos de lo pactado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

 

 

Church Voices On Socialism And Cultural Marxism

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 22/7/19 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2019/07/22/church-voices-on-socialism-and-cultural-marxism/#11ed7d03796b

 

Now that socialism is fashionable again in some circles, it pays to know it well. Socialism is attracting acolytes especially in certain age brackets and in countries that have not suffered under its most radical impersonations. When describing “socialism,” few people are thinking of North Korea or the old USSR, or even Venezuela. The term is used to describe a range of countries as different as Cuba and Sweden. Depending on ideological or propaganda goals, Sweden is described either as an example of democratic socialism or as a mostly free economy.

One of the theaters of this debate is the Roman Catholic Church. At least for some of us who remember the ’70s, it is déjà vu all over again. During my teenage years, communist forces tried to take over Latin America. Understanding that “the people could not be against the people,” socialists tried to infiltrate popular institutions and movements. The Catholic Church was one of their targets. Populist political parties were another. One was the Justicialista Party founded by Juan Domingo Perón in my native Argentina. In both cases communists failed to take complete control. Their ideologues and partisans, however, never abandoned their goals.

Although some diehard socialists still fought for traditional Marxism, which focused on the nationalization and state control of the means of production, by the 1980s it was apparent that the left was becoming more prudent with its economic goals. One example was the policies implemented by Felipe González of the Spanish Socialist Workers Party. After becoming prime minister of Spain in 1982, González decided to follow market-oriented policies. He kept the culture and educational ministries in order to help mold future generations. The new socialists were relinquishing some of their economic goals but keeping their cultural objectives intact.

Among the clergy, one who anticipated the shift from economic Marxism to a cultural war was Father Fernando Ocáriz. In 1976, when many in the Church were following and disseminating Marxist-informed liberation theology, Ocáriz wrote An Introduction to Marxism. This was an accurate description of Marxist philosophy and was highly critical of its impact. Many aspects of liberation theology, especially its Marxist framework, were later condemned officially by the Vatican, but in 1976 few Catholic priests had the courage and clarity to confront Marxism.

Another early critic was a Jesuit, Father Enrique Menéndez Ureña (1939-2014). In 1981 he published a book, El mito del cristianismo socialista (“The Myth Of Christian Socialism”). The English translation only appeared in 1988, published by the Franciscans with a title which, unlike the Spanish edition, did not anticipate the anti-socialist conclusion: Capitalism Or Socialism?: An Economic Critique for Christians. In his book, Menéndez Ureña gives socialists’ goodwill the benefit of the doubt, but when describing the nature and outcomes of socialism he concludes that Christians should not opt for it. In addition, he predicted the fall of communist economies. In response Menéndez Ureña was attacked by members of his own religious order. It distressed him, but he answered with another book titled Left-wing Neoclericalism. He also became a member of the Mont Pelerin Society, the prestigious society of free-market economists. Unfortunately he died at the relatively young age of 76.   

Returning to Ocáriz, we can note that when he wrote his book communists were still pursuing their full agenda – much more totalitarian than, for example, today’s Chinese or Cuban communism. Even labor as a means of production was strictly controlled. Workers were not allowed to move about freely. Nevertheless Ocáriz saw that full-fledged Marxism was losing appeal in the West. In order to make inroads, it began wearing new clothes, adopting bourgeois customs or what some would call bourgeois virtues. The term “cultural Marxism” refers to aspects of this agenda. The Institute for Social Research, an academic think tank at Goethe University in Frankfurt, is usually credited with seeing the weaknesses of Marxism and starting an entirely new angle of attack against capitalist societies and “Western values.”

Not everyone, however, associated socialism with state ownership of the means of production. Oswald von Nell-Breuning (1890-1991) was a noted Jesuit scholar who was extremely influential in the drafting of the Pius XI’s 1930 encyclical Quadragesimo anno, which built on the groundwork laid by Pope Leo XIII in his 1891 encyclical Rerum Novarum. He wrote forcefully in his Reorganization of Social Economy: The Social Encyclical Developed and Explained that a system could still be qualified as socialist even if the means of production were in private hands.

Antonio Gramsci (1891-1937) is often referred to as the “father of cultural Marxism.” Father Ocáriz wrote that the Gramsci’s way “seems to be the only way in which, at least today [i.e. late 1970s], the communist party can enter into the orbit of power of the countries of Western Europe.” This was especially due to the affinity of communists with the bourgeois spirit that dominated those countries. In some countries today, like Peru, they use the term “caviar left” to describe them. Fr. Ocáriz noted that Louis Althusser (1918-1990), a noted French Marxist philosopher, did not hesitate to label Gramscian Marxism as “bourgeois relativism.” For Ocáriz, the radical Marxist perversion is to “ensure that justice and injustice, good and evil, truth and lies (considered as capitalist ideological forms) finally disappear from the minds and hearts of men.”

He adds that this version of Marxism was the one most at work in the West, precisely because primitive Marxism, having impregnated a good part of Western cultures, “produced – as a counterforce – an inexplicable phenomenon for theoretical Marxists. The bourgeois spirit in its most pure state, to use [Augusto] Del Noce’s expression, is typical of the technological and consumerist society of the developed countries and the developed world.”

For Ocáriz, following Del Noce, this “bourgeois, atheistic, Western materialism is a post-Marxist philosophy, which could be encapsulated as one of the absolute relativist dogmas that goes against the revolutionary spirit and at the same time as a complete denial of tradition.” He predicted that it would get worse, resulting “in the sad current panorama, almost like a vicious circle in which the bourgeois spirit and the revolutionary spirit feed each other, creating terrible decay at all higher levels of man and society: religion, morals, ideals . . .”

Not that Ocáriz ignored the economic aspects of the problem: “The most definite characteristic of socialism – although in reality it is one of the applications of collectivism in general – is the denial of the right to ownership of the means of production.” Ocáriz added, “Private property is a natural right, and an expression of the most dignified aspects of human nature,” He quoted Pius XII, who stated that private property, together with marriage and family, tends by its nature “to form and develop man as a person, to protect him and to make him capable of contributing, through his voluntary collaboration and personal responsibility, to the maintenance and development, also personal, of social life.” (Christmas Message, December 24, 1952)

Regarding the outcomes of communism, we know now that in 100 years, regimes inspired by Marxism killed 100 million people. Ocáriz mentions some of them, such as those murdered by the Cheka (or Tcheka, precursor of the KGB) between 1917 and 1921. At the time those documented deaths amounted to 1,760,000. He writes that they “included 25 bishops, 1,200 priests, 20,000 public servants and 815,000 farmers. The numbers of those killed grew under Stalin, and amounted to 8 million in Ukraine alone.”

Few people remember, or sufficiently emphasize, that in many cases Marxists came to power by capturing social democratic parties. That was name of the political party taken over by Lenin. Their strategy is to hide their real colors for some time. Fidel Castro and Venezuelan Hugo Chávez hid part of their goals. Ocáriz wrote: “In order to create confidence among the bourgeois, Marxism – in addition to the alliances that it might consider useful – will present itself as an unflinching, hardcore defender of democracy, of freedom of association and speech, etc.” A segment of the libertarian movement finds it natural to form alliances with this new left. Once in power, communist and socialists believe it is consistent to abolish or redefine these rights.

While Marxists of the recent past failed to implement their entire agenda, they are winning in some areas. Atheism is growing in most of the West. They were also globalizers, as Ocáriz says: “[Gradually], as with Marxism-Leninism, or all at once as Trotsky dreamed, who long ago . . . argued that nation-states are barriers ‘to the development of productive forces.’” But the relativism and materialism produced by certain rationalist views were supposed to lead not to a Marxist utopia but to a “perfectly bourgeois” society.  Are we there yet? By some reactions in major Western countries it seems that the culture war is not over yet. But both the left and some libertarians (who object to being labeled as “right”) find common ground in a “bourgeois” world, which they push with different tactics and with different goals.

When Ocáriz wrote his introduction to Marxism he was just a young priest. He is now the “Prelate,” or highest authority, of Opus Dei, a Roman Catholic organization with more than 90,000 members, most of whom are laity. As members enjoy freedom of opinion in political and economic matters, I can’t expect him to write an introduction to “cultural Marxism” or to “21st-century socialism.” But I certainly hope that some with similar authority and knowledge, or talented Jesuits like the late Menéndez Ureña, will write such books that clarify non-Marxist socialism and the threats it poses for a free society today.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

La Escuela Austríaca de Economía (9° parte)

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/09/la-escuela-austriaca-de-economia-9-parte.html

 

“La intrincada organización del capital para producir distintos bienes de consumo es gobernada por el sistema de precios (price signals) y el cuidadoso cálculo económico que hacen los inversores. Si se distorsiona el sistema de precios, los inversores cometerán errores en la organización de los bienes de capital. Una vez que el error se hace manifiesto, los agentes económicos reordenarán sus inversiones, pero en el ínterin se habrán perdido recursos muy valiosos [9]”[1]

Es lo que se ha llamado despilfarro de capital, porque al intervenir en el mercado a través de diferentes mecanismos el gobierno altera los indicadores económicos. Uno de esos medios de interferir en el mercado es la inflación, pero no es el único. Hay otras injerencias, como la fijación de precios políticos a bienes (entre los cuales está la moneda) y servicios. Los errores vendrán dados porque los inversores calcularán sobre precios previamente falseados.  En otros términos, sobre precios políticos y no de mercado. De alguna manera, cabria incluir en términos generales aquellos precios (que son resultado de distorsiones creadas por la inflación) dentro de la categoría de precios políticos de momento que la inflación sólo puede ser generada políticamente. Si bien los tradicionales precios políticos son los máximos y mínimos, por medio de los cuales los gobiernos pretenden fijar deliberadamente nuevos sistemas de precios, la inflación al distorsionar los precios de mercado produce un efecto similar, a veces involuntario por parte del funcionario a cargo de la máquina de imprimir dinero, otras veces voluntario. Pero si nos atenemos a los resultados, los precios resueltamente siempre sufrirán distorsión por motivos de origen político.

“Proposición 10: Las instituciones sociales suelen ser el resultado de la acción humana, pero no del designio humano. Muchas de las instituciones y de las prácticas sociales más importantes no son el resultado del diseño directo sino que son un subproducto de acciones que se realizaron para alcanzar otros fines. Un estudiante en el Medio Oeste (Midwest) de los Estados Unidos, que intenta llegar rápido a clase durante el mes de enero (invierno boreal), a fin de evitar el frío decide tomar un atajo a través de un jardín en lugar de seguir el camino más largo alrededor del mismo. Al haber acortado su trayecto caminando por el jardín, el estudiante ha dejado algunas huellas en la nieve; en la medida en que otros estudiantes sigan estas huellas, harán que las marcas en el camino queden cada vez más definidas. Aunque el objetivo de cada uno de estos estudiantes es simplemente llegar a clase tan pronto como sea posible, y evitar así las frías temperaturas, en el proceso han creado un sendero en la nieve que, de hecho, sirve a otros estudiantes, que arribarán más tarde, para alcanzar su objetivo más fácilmente. La historia del “sendero en la nieve” viene a ser un ejemplo gráfico de lo que es un “producto de la acción humana, que no es resultado del designio humano” (Hayek, 1948, p. 7).”[2]

El propósito no fue crear un camino, sino llegar más rápido al lugar de destino. De la misma manera y siguiendo lo que dijimos antes, cuando los gobiernos emiten moneda, muchas veces su intención no es causar inflación, sino que, vía de doctrinas económicas erróneas y creyendo que el dinero es riqueza en sí mismo, quieren dotar a la gente de mayor poder de compra, cuando en realidad están ocasionando el efecto inverso. Este fenómeno que también se denomina de las consecuencias no intentadas o no queridas, sucede en muchos ámbitos de la vida, no sólo en el económico como ese ejemplo de la cita comentada lo ilustra bien.

Friedrich A. von Hayek ha trabajado mucho sobre esta idea y la ciencia económica le debe grandiosas contribuciones. Pero su precursor fue -sin lugar a dudas- Adam Smith, quien ya en 1776 introduce la teoría en su obra magna “La riqueza a de las naciones” a través de su célebre metáfora (tantas veces tan malinterpretada) de “la mano invisible”. Por ella, no es la beneficencia lo que anima a la gente a intercambiar sus productos con los de otras personas, sino que lo son motivaciones egoístas, entendido este término como de interés propio, y no con el sentido estrecho que normalmente se le da. En el caso, no está en el designio de los hombres trabajar y producir para beneficiar a otros, por ejemplo, el objetivo primordial del empleado en su empleo no es laborar para favorecer a su patrón, sino hacerlo para recibir una paga por ello. Y a la inversa, muchas veces la solidaridad en lugar de ayudar a su destinatario lo perjudica.

Pero las injerencias estatales en el perímetro de la economía son los ejemplos más claros donde ello sucede. Así, el llamado “estado de bienestar” o “benefactor” está inspirado en la proposición de que el gobierno debe dotar a la gente de recursos para su felicidad y abundancia.

“La economía de mercado y su sistema de precios son ejemplos de un proceso similar. Las personas no se proponen crear el complejo entramado de intercambios y señales de precios que constituyen una moderna economía de mercado. Su intención, simplemente, es mejorar la propia situación vital, pero sin embargo su comportamiento da como resultado el sistema de mercado. El dinero, el derecho, el lenguaje, la ciencia, entre otros, constituyen fenómenos sociales cuyo origen no obedece al designio humano, sino a las personas que se esfuerzan en lograr su propio progreso, y que durante ese proceso generan un resultado que beneficia al todo social [10] “[3]

Este es -como también ha explicado F. v. Hayek- un mecanismo espontáneo o -en sus propias palabras- un orden espontáneo, expresión que, a primera vista, resultaría contradictoria pero que, sin embargo, lejos está de serlo como la menor experiencia puede comprobar. Por ejemplo, “El dinero, el derecho, el lenguaje, la ciencia” y otras instituciones sociales no fueron fruto de la premeditada decisión, ni de una persona, ni de un grupo de ellas, sino consecuencia de la acción humana, que, si bien indudablemente siempre es intencional en mira de resultados individuales, en sus consecuencias sociales no lo es.

[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar.

[2] Boettke, P. ibidem

[3] Boettke, P. ibidem

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

 

Es falso que sea tarde para que el Gobierno anuncie un plan económico

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/9/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/09/03/es-falso-que-sea-tarde-para-que-el-gobierno-anuncie-un-plan-economico/

 

Primero, el presidente Macri debería hacer un mea culpa del gradualismo adoptado. Es falso que falte más tiempo para seguir por el mismo camino. El camino está equivocado

Hernán Lacunaza, ministro de Hacienda (REUTERS/Agustin Marcarian)

Hernán Lacunaza, ministro de Hacienda (REUTERS/Agustin Marcarian)

No pretendo hacer un ejercicio ilegal de la medicina, pero es bastante claro que si uno toma demasiados analgésicos para disimular una enfermedad sin curar la enfermedad, esos analgésicos en algún momento van a tener algún efecto colateral. Alguna otra complicación le va a genera al paciente.

Por ahora el Gobierno viene insistiendo en tratar la crisis económica como con analgésicos cuando sabemos que la enfermedad de la economía requiere de otro tipo de tratamiento.

La infinidad de veces que se modificó la política cambiaria desde que se llegó a un acuerdo con el FMI, los anuncios de los ministros de Hacienda, del Presidente y funcionarios del BCRA ya no tienen efecto y, en el mejor de los casos, alivian la situación del mercado un par de días o unas horas y luego vuelven los problemas, pero agravados.

Frente a este problema en varias oportunidades he insistido en que el Gobierno tiene que anunciar un plan económico a ser aplicado a partir de diciembre si es reelecto. Cuando formulo esta propuesta me dicen que el Gobierno ya no está a tiempo para anunciar un plan. Error. Mauricio Macri está en campaña electoral y no sólo puede sino que debe anunciar su plan económico para el caso en que sea reelecto. Justamente es en las campañas electorales que se anuncian las propuestas de gobierno. ¿Cuándo van a anunciar un plan, si pierden las elecciones?

Por ahora el Gobierno viene limitándose a estar a la defensiva en lo económico y a decir que tienen que votarlos a ellos porque el PJ-Kirchnerismo no es republicano. Me parece que el miedo a las tendencias autocráticas de ese espacio ya no funciona. Además de decir ellos son malos, yo soy bueno, el Gobierno tiene que formular una propuesta en la cual la gente no solo va a vivir dentro de una república, sino que además se anuncia un plan que enamore a la gente de ese proyecto en el cual también podrá vivir en un país que le ofrece prosperidad. Que llevará tiempo y esfuerzo, pero un plan económico que le ofrezca un futuro a esa clase media agobiada de sostener a 19 millones de personas que todos los meses pasan por la ventanilla del estado a buscar un cheque. Salir de la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo es el objetivo.

Mauricio Macri

Mauricio Macri

Cuando Argentina fue un país próspero y admirado por el mundo, fue porque la gente venía a la Argentina a trabajar, no a buscar planes sociales. Argentina se construyó con trabajo y esfuerzo, no con planes sociales y piquetes en la 9 de Julio. Argentina se construyó captando inversiones para exportar, no escondiéndonos del mundo para vivir con lo nuestro.

Por lo comentado más arriba es que, en mi opinión, el presidente Macri debería hacer un mea culpa del gradualismo adoptado. Es falso que falte más tiempo para seguir por el mismo camino. El camino está equivocado. El Presidente debe reconocer que subvaluó la herencia que recibía y le vendieron el humo que con el gradualismo venía una lluvia de inversiones por el solo hecho que él se iba a sentar en el sillón de Rivadavia.

Una vez hecho el mea culpa hay que describir la herencia recibida y como se agravó por el gradualismo. En estos casos no hay mejor cosa que ser sincero ante la población y reconocer los errores cometidos. A renglón seguido anunciar un plan económico de reducción del gasto público, de reforma tributaria, de reforma monetaria, de reforma laboral y de incorporación de la Argentina al mundo.

El corazón del plan es terminar con la cultura de la dádiva y empezar con la cultura del trabajo. Cambiar el discurso y no decir más que el estado tiene que cuidarnos. El estado no me tiene que cuidar, me tiene que sacar el pie de encima de tantos impuestos para dejarme desarrollar la capacidad de innovación.

En síntesis, el presidente Macri está en campaña electoral y tiene la oportunidad y la obligación de ofrecer una política económica que le devuelva a la gente el sueño de poder prosperar. Es más, de formular esa propuesta forzaría a la oposición a cambiar el eje del debate y definir una política económica que dejaría en evidencia la ausencia de ideas que hay del lado del kirchnerismo.

Si esta propuesta parece demasiado disparatada, entonces que sigan probando con convencer a la gente de que los vote porque Cambiemos es malo, pero los otros son peores. Dudo que lo que resultó en el pasado sirva ahora para revertir el resultado de las PASO.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

 

“Robaron, pero hicieron”

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  https://netnews.com.ar/nota/2384-Robaron-pero-hicieron

 

“Robaron, pero hicieron” es el slogan con el cual políticos y quienes los votan justifican sus latrocinios una vez alcanzado el poder. En el fondo, está el dogma marxista detrás de este slogan. Por el cual, se da por sentado que la única manera de hacer cosas es mediante el robo, con lo que el robo queda “admitido” socialmente, aunque este penado jurídicamente (menos cuando el que roba es el propio gobierno a través de los impuestos y otros “pretextos” legales).

Si el robo está aceptado para todos como “único remedio” para solucionar problemas económicos de la gente, la sociedad civil se convertirá -más temprano que tarde- en otra de ladrones que se robarán continuamente unos a otros. No cuenta -quien pronuncia esa frase- que, en dicho marco, lo que es objeto de robo será dejado de producir por el antes dueño (hoy robado) porque para robar algo de alguien otro debió haberlo producido primero, y es esta la parte que no refieren. Porque, si lo razonara, advertiría lo absurdo del slogan.

Y es marxista porque, justamente fue Marx el que decía que la producción capitalista no era más que un dato, o sea algo “dado”, presupuesto. Y que obedecía a ciegas “fuerzas materiales” de producción. Para Marx, la producción y la riqueza eran algo presupuesto, y -conforme a su determinismo- siempre sería así. Ergo, quien aprueba el robo es porque da por sentado que la propiedad privada no existe o no debería existir, entonces contribuye a su abolición de la manera que puede, que es precisamente robándola.

Quien pronuncia el eslogan cree que el gobernante al que se refiere robó a otros para darle cosas a él, a su familia, o a otros “en necesidad”. Nunca se cuenta entre los robados. Sin embargo, está en un error, porque cuando el gobernante se decide a robar no discrimina a sus víctimas (salvo en el discurso cuando declama “a los cuatro vientos” -y a quien quiera escucharlo y a quien no también- que el despojará a los ricos para darles a los pobres y -de esa manera- consumar la “justicia social”).

No obstante, esto nunca es así, lo sepa el tirano o no. Podrá quizás -si habla sinceramente- ser esa su intención, pero en los hechos, si se decide a robarle a los ricos lo estará haciendo también a los pobres, porque la riqueza de los ricos es la misma que comparten con los pobres obligados los primeros por el mercado a proveerles de trabajo, bienes y servicios, para beneficio de los pobres y para que mediante el ejemplo de los ricos, aquellos pobres vayan dejando de serlo, siempre y cuando decidan aprovechar ese modelo y el gobierno no se entrometa en el asunto para echarlo todo a perder como habitualmente sucede en casi todas partes. En el mercado libre los ricos están forzados a compartir su riqueza con los menos ricos (o pobres) porque de lo contrario la irán perdiendo en favor de estos últimos.

Supongamos que un empresario -rico y avaro- decidiera repentinamente no pagarle más salarios a toda su actual planta de obreros para no perder ni un céntimo de su enorme fortuna. ¿quién en ese caso trabajaría para él? Nadie. Y esos obreros que se rehusaran a trabajar sin paga serian contratados por otros empresarios menos avaros y menos estúpidos que el primero. Quien habría perdido, en este caso, sería el empresario avaro y no sus obreros. Estos y sus nuevos empleadores saldrían ganando.

Pero no hace falta llegar a estos extremos, porque la gente -consciente o inconscientemente- defiende la propiedad privada de sus bienes, y se resistirá a ser robada, por muchos que sean los “argumentos” con los cuales los ladrones quieran excusar el robo. De la misma manera que quien no recibe su pago se negará a trabajar sin cobrar, porque su propiedad es su trabajo, precisamente.

Quienes defienden el slogan, generalmente, son personas incapaces de producir nada, o que habiendo intentado producir y comerciar fracasaron al primer ensayo, y en lugar de superarse y probar de nuevo en el mismo o en otro renglón, permitieron que la envidia invada sus corazones y desean con todas sus fuerzas castigar al “otro” (aunque no lo conozcan y ni siquiera exista) de quien “suponen” ha sido el autor de sus fracasos en lugar de culpar a sus propias inhabilidades o incapacidades elaborativas. Es el síndrome de la génesis del socialismo, que se nutre de la semilla de la envidia al exitoso.

Ahora bien, para reconocer que el éxito de uno o de muchos es fruto de las personales habilidades laborales y/o productivas es necesario que el marco en donde el éxito aparece sea el de un mercado abierto, competitivo e inadulterado. Si estas condiciones no se dan, cualquier riqueza será digna de sospecha. Pero raramente ese entorno de libertad económica se presenta en los países actuales.

El slogan (bien visto) luce más socialdemócrata que marxista puro. Hay en el mismo un cierto tinte de reconocimiento de que robar está mal generalmente, pero está particularmente permitido cuando con el botín se hacen “obras” para los pobres. Parece decir que robar está mal, pero -a veces- está bien dependiendo para qué o para quién se robe. Si se roba para repartir a los pobres estaría “bien”, y estaría “mal” si se roba para quedárselo uno mismo. El fin (la solidaridad) excusaría el medio (el robo). Esto último está más aceptado social y jurídicamente que lo que podemos imaginar a simple examen. En realidad, todo nuestro sistema fiscal está basado en dicha premisa. Si robamos “un poco”, pero es para repartir, estamos “exceptuados de condena” parece decir el lema. En última instancia, y correctamente explorado, este es el sustrato “filosófico” del mal llamado “estado benefactor” o de “bienestar”, tan extendido hoy en día en el orbe.

Nuevamente, no se tiene en cuenta el meta-mensaje que se le da al resto de la sociedad con esta falaz pseudo-argumentación. Ya que, muchos serán los que se enrolen en “la causa de los pobres” simplemente para disimular sus ataques a la propiedad ajena y con fines de personal beneficio mediante el robo, quizás no por particulares manos, pero si apoyando leyes como las fiscales y la gran mayoría de las nuestras, que son expoliadoras de la propiedad privada.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Del optimismo al pesimismo

Por Adrián Ravier.  Publicado el 2/9/19 en:  https://www.cronista.com/amp/columnistas/Del-optimismo-al-pesimismo-20190902-0018.html?__twitter_impression=true

 

El viernes previo a las elecciones PASO, el mercado explotó de confianza y el Merval mostró una suba significativa. El lunes tras las PASO, el Merval mostró una caída del 50% en dólares. Una baja récord, no sólo para la Argentina, sino para el mundo.

Había dos escenarios claramente opuestos entre los cuales los argentinos debían elegir. De un lado, la continuidad de la política económica de Mauricio Macri; del otro, el regreso de la política económica del kirchnerismo. Claro que esta simplificación, como toda simplificación, es engañosa:

1) la elección no era más que internas partidarias,

2) había otros candidatos,

3) Macri podría girar hacia reformas más profundas que las tomadas en estos años, y 4) no está claro tampoco que Alberto Fernandez sea la continuidad del kirchnerismo, pero la grieta sigue presente en la opinión pública, y la elección parecía jugarse bajos esos escenarios futuros.

El aplastante resultado en favor de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri le dio señales al mercado de que la política económica cambiará. Un mix de incertidumbre y desconfianza llevó a los tenedores de bonos y acciones a vender todos sus activos, asumir las pérdidas, y emigrar con los pocos dólares que pudieron obtener (en términos relativos). La fuerte demanda por la divisa llevó el tipo de cambio de 45 a 60 pesos por dólar, agregando una nueva devaluación, a las ya acumuladas en 2016, 2018 y principios de 2019. Construir “un muro” para defender el peso en ese instante tras las PASO, de poco hubiera servido, y la pérdida de reservas habría sido más significativa aún que la observada.

Agosto, el mes de las PASO, dejó un saldo terrible e irrecuperable para la Argentina en el corto plazo, que nos ha hecho a todos muchos más pobres de lo que éramos el viernes anterior.

Ese viernes, el escenario optimista era el que pintaban muchos analistas políticos confiados en la continuidad de la política económica de Mauricio Macri, sumados a una serie de reformas estructurales que la Argentina necesita en el ámbito económico.

El relato oficial mostraba un cambio desde la pesada herencia hacia el equilibrio fiscal primario, un tipo de cambio competitivo y una inflación en baja, que a su turno permitiría ir bajando tasas de interés, para ir desarmando las Leliqs mientras se incrementaba la demanda de pesos en el escenario post-electoral.

El estimador mensual de actividad económica (EMAE) que elabora el Indec mostraba que Argentina dejó de caer en 2019, que entró en una meseta, e incluso la economía empezaba a rebotar en julio del corriente. El motor del campo nos está dejando la mejor cosecha de la historia después del año de sequía, y el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, nos devolvía la posibilidad de integrarnos nuevamente con el mundo.

Tras las elecciones, se rumoreaba que Argentina avanzaría en una agenda de reformas previsional, laboral e impositiva, que la volvería a colocar como un mercado atractivo para recibir inversiones de capital, lo que permitiría generar un crecimiento vigoroso, y con ello promover emprendimientos, más empleo, mejores ingresos y baja en la pobreza.

Parece romántico creer que este cuento, más que escenario, era posible de efectivizar. Los argentinos lo desconocieron, o los que lo escucharon, no lo creyeron. Y había razones para no creerlo, pues sus flacos bolsillos no vieron nada de esto en un largo y doloroso gobierno de cuatro años.

El gradualismo elegido, primero con Prat Gay y luego con sus sucesores, evitó las políticas de shock que podrían haber generado la única vía de solución que evitara este desenlace que hoy observamos. El 2016 fue un año de correcciones mínimas que sentaron las bases para un 2017 de recuperación. Pero fue una recuperación que se consumió el capital político y económico, y estaba basado en un contexto único de fuerte endeudamiento, con ausencia de shocks externos, en un mundo volátil.

El 2018 trajo todas las malas noticias juntas. El cóctel explosivo estuvo compuesto por:

1) una sequía que llevó a una mala cosecha y a la consecuente escasez de divisas,

2) el sudden stop (un corte repentino del crédito internacional, en palabras del economista argentino Guillermo Calvo),

3) errores de política económica como el impuesto a la renta financiera y

4) la falta de independencia del Banco Central con el lógico incumplimiento de metas. Quedará el lema de aquellos años resumido en el problema de “inconsistencia entre la política fiscal y monetaria”.

La necesidad llevó al Gobierno a comprender que se acababa el tiempo para enderezar el rumbo, y fue solo entonces y obligado por las circunstancias que recurrió al Fondo Monetario Internacional y guiado por sus sugerencias empezó a acelerar la corrección de los desequilibrios macroeconómicos.

Personalmente, celebré que finalmente se corrigiera el rumbo y se aceleraran las correcciones de estos desequilibrios. De 2018 a 2019, Argentina se ató a la difícil meta de llegar al equilibrio fiscal primario en un solo año, meta que parece alcanzará en medio de esta crisis.

La renuncia de Sturzenegger en el Banco Central también permitió que por fin el foco se pusiera en los agregados monetarios en lugar de las tasas de interés (como manda la receta ortodoxa), aunque claro que las Lebac (heredadas del kirchnerismo pero ampliadas por Sturzenegger) y posteriormente sus hijas, las Leliq, dejarán su huella en un futuro cercano.

¿Por qué los economistas fallamos en prever este escenario económico tan destructivo? Primero porque las encuestas para las PASO mostraban cierta paridad entre el oficialismo y Alberto Fernández. Segundo porque los analistas políticos describían una alta probabilidad de continuidad de la política económica de Cambiemos. Tercero, porque aun una derrota electoral de hasta 5 % en las PASO, Cambiemos podría revertirla. El escenario político contagió el error a los escenarios que los economistas construimos.

Desde el abandono del Patrón oro, los sistemas financieros modernos dependen bastante de la confianza y las expectativas. Un país como la Argentina, con el prontuario inflacionario e hiperinflacionario depende todavía más de la confianza. Las PASO desataron una ola de desconfianza. Unos dirán que se debió al propio mensaje de miedo que el oficialismo generó. Otros dirán que ese miedo está justificado en los antecedentes de los miembros de la oposición. Lo cierto es que cualquier sea el motivo, tras las PASO el mercado prefirió reconocer las pérdidas y salir con lo puesto.

Si los dólares en reservas eran suficientes previo a las PASO para sostener la estabilidad del mercado cambiario, ante la enorme desconfianza desatada tras la elección de agosto las mismas parecen insuficientes. El gobierno no logra renovar las Letes lo que lleva a la autoridad monetaria a proveer al Tesoro de parte de las reservas para atender sus compromisos. Además, los depositantes de dólares desconfían que el Banco Central disponga de las divisas cuando se las requiera en el futuro y han decidido ir tras ellas mientras todavía están disponibles. Ambos factores generaron una fuerte reducción de las reservas internacionales, lo que ya compromete la estabilidad del sistema cambiario.

Como si esto fuera poco, las Leliq que adquieren los bancos sobre la base de los plazos fijos que construyen los depositantes, difícilmente puedan ser renovados. Si el billón de pesos en Leliq se monetiza en estos casi dos meses que quedan antes de las elecciones, la demanda de dólares de parte de los depositantes irá por los dólares, y la presión sobre el tipo de cambio ya será extrema.

En medio de esto, las negociaciones con el FMI se vuelven fundamentales, para saber si la autoridad monetaria contará con algo más de reservas para afrontar las múltiples presiones por su demanda.

El Gobierno decidió ir a un “default selectivo”, para estirar algunos plazos, y reducir la demanda por las escasas divisas en reserva. Agregaría también en esta semana un control de cambios limitando los dólares que las personas y empresas pueden adquirir. Pero si bien esto puede ayudar a transitar los dos meses previos a la elección, aun quedará otro plazo por cumplir hasta el 10 de diciembre.

En síntesis, es demasiado largo el plazo que resta hasta el cambio de Gobierno, y son pocos los ladrillos de los que dispone para construir un muro que evite la sangría de reservas. El FMI podría ayudar, pero el potencial candidato a Presidente Alberto Fernández ya culpó a la institución por todos nuestros males, y dejó en claro que renegociará esos compromisos, en un marco de nuevo default.

El oficialismo debe encerrarse a hacer cuentas, tomar la base monetaria en pesos, sumar los pasivos del Banco Central, analizar las reservas netas de las que dispone y evaluar una política de tipo de cambio fijo, convertibilidad o dolarización, en la cual restablezca la confianza en la moneda de circulación.

Aunque hay un problema adicional: el oficialismo ya no parece tener el poder, la fuerza y la voluntad de encontrar una solución de estas características. Estamos presenciando el final del peso, otra moneda mal gestionada en la historia argentina, y nuevamente por las mismas razones: los abusos de los sucesivos gobiernos en el terreno fiscal.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Tomar por las astas el toro de las reformas

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/8/19 en: https://www.lanacion.com.ar/

 

Cualquiera sea su ubicación geográfica circunstancial, todos los argentinos  estamos en el mismo barco así como también los hermanos extranjeros que habitan nuestro suelo. No hay excepción en cuanto al deseo que el país salga de una vez a flote después de muchas décadas de zozobra por una persistente bancarrota moral y material.

Estábamos a la vanguardia de las naciones civilizadas desde que se selló la organización nacional en 1853 hasta el golpe fascista de los años 30 en el que se intentó una reforma constitucional corporativa, se quebró el federalismo fiscal, se creó la banca central, se estableció el impuesto progresivo y se establecieron las juntas reguladoras.

Esta situación se agravó notablemente a partir del golpe militar del 43 estableciendo un sistema estatista asfixiante que se reflejó en la inconstitucional Constitución del 49 que se promulgó por decreto puesto que no cumplió con los procedimientos parlamentarios requeridos. Aun reestablecida la Carta Magna fundadora con engendros varios que contradecían su espíritu original, la nave argentina  fue a los tumbos hasta el presente bajo las más variadas etiquetas.

Antes del señalado derrumbe, los salarios e ingresos en términos reales del peón rural y del obrero de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España y muy poco por debajo de los de Inglaterra y Estados Unidos. Las oleadas inmigratorias se duplicaban cada diez años.

El volumen exportador era igual al de Canadá y en el Centenario miembros de la Academia Francesa compararon los debates en nuestro Congreso con los que tenían lugar en la referida institución académica debido a la versación de los legisladores argentinos.

Se avecina la primera vuelta electoral luego del resultado adverso de las PASO. Resulta patente el inmenso peligro de las propuestas de los partidarios del gobierno anterior que de llevarse a la práctica significarían un punto de no retorno. Confiamos en que en la contienda definitiva, la actual gestión resulte ganadora en la esperanza que prevalezca la democracia.

Esto no quita que a juicio de no pocos compatriotas se estima que la actual gestión comenzó mal su primer período con un bailecito impropio de un sistema republicano con la banda presidencial en la Casa Rosada ante el  estupor de ciudadanos que rechazan la frivolidad y la banalización. Acto seguido se incrementaron los ministerios y se pretendió designar a dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto.

Esto  solo para referirme al punto de largada para ahora en el balance de la actual administración destacar que el incremento del gasto público en valores absolutos desde una marca ya insólitamente alta. Y no aludo a ratios con el producto bruto interno puesto que este guarismo no justifica ampliaciones en el Leviatán.

También se elevó el neto tributario en el contexto de un embrollo fiscal que no tiene parangón en las naciones civilizadas. Asimismo, se disparó el déficit total fruto de un endeudamiento estatal que pone en peligro la situación financiera inmediata junto al empapelamiento de los bancos con títulos públicos y una inflación mensual que está a tono con la anual en las naciones más prósperas.

La buena relación con otros gobiernos del mundo libre abre esperanzas de una rectificación, un acercamiento que no producirá ningún resultado si no se modifica lo anterior eliminando de cuajo funciones incompatibles con un sistema republicano.

Lo mismo puede decirse de los eventuales acuerdos comerciales, puesto que es imposible comerciar con una carga tan brutal sobre las espaldas de quienes producen a lo que se agrega legislaciones laborales que imposibilitan el trabajo, al tiempo que los llamados “agentes de retención” se ven obligados a sustraer tajadas sustanciales del fruto del trabajo ajeno.

De nada vale contar con rutas si no se puede competir y transportar mercadería que está recargada de gravámenes y cortapisas. La ausencia de corrupción no es algo para aplaudir puesto que es lo normal, pero la buena voluntad y la decencia no son suficientes, se necesitan urgentes medidas de fondo para revertir la antes mencionada decadencia.

El federalismo genuino  no se basa en graciosas entregas de recursos a las provincias. Se basa en la autonomía de cada jurisdicción provincial para administrar los impuestos y coparticipar al gobierno central al solo efecto de la Justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa. Tengamos presente que son las provincias las que constituyen la Nación y no el gobierno central.

Tenemos que dejar de lado la manía de la guillotina horizontal en la busca de igualitarismos inconducentes. La única igualdad en una sociedad abierta es la igualdad ante la ley. La macabra tendencia al igualitarismo patrimonial y de rentas derrumba la cooperación social y la consiguiente división del trabajo. Las diferencias resultan esenciales a los efectos de atender muy diversas ocupaciones y vocaciones. Además, el igualitarismo convertiría las relaciones sociales en un tedio insoportable puesto que la misma conversación seria equivalente a hablar con el espejo. La tan cacareada redistribución de ingresos significa que los aparatos estatales vuelven a distribuir por la fuerza lo que pacíficamente distribuyó la gente en los supermercados y afines.

Somos uno de los países más cerrados del orbe, el comercio internacional no consiste solo en formular declaraciones y suscribir documentos sino que se concreta cuando se abren las fronteras para permitir la disminución del fenomenal gasto por unidad de producto que a su vez hace posible la mejora en el nivel de vida de los locales. Años de investigación para reducir costos de transporte aéreo, marítimo y terrestre para que en las aduanas se anulen de un plumazo esos progresos tecnológicos.

Por supuesto que lo dicho implica procesos competitivos que son lo contrario a los disfrazados de empresarios que operan en base a alianzas hediondas con el poder de turno para usufructuar de privilegios y mercados cautivos que se traducen en la explotación de sus congéneres. En una sociedad libre, quienes se enriquecen es exclusivamente porque sirven al prójimo con bienes y servicios por ellos demandados y los que yerran en este proceso incurren en quebrantos. Las consecuentes tasas de capitalización constituyen las únicas causas de salarios e ingresos en términos reales. Toda política desacertada de despilfarro inexorablemente contrae ingresos, muy especialmente de los más necesitados puesto que el impacto recae con más fuerza sobre ellos dado lo expuestos que están a los vaivenes de las medidas antieconómicas.

En resumen, nada se gana con arengas vacías ni con insistencias en rumbos errados. Se necesita coraje para ir al fondo de los problemas. No pretendo que se adopten todas las recetas que nosotros los liberales venimos bregando desde hace tiempo, pero si esperamos que algunos toros se tomen por las astas puesto que no se toleraría otro fracaso elevando la pobreza como la que ha tenido lugar en estos años. Confiamos en que este gobierno reaccionará y no  defraudará a los que creemos en la República. Las anécdotas y las explicaciones son irrelevantes, lo importante son los resultados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h