Archivo mensual: febrero 2018

La cláusula gatillo no genera inflación, pero puede destruir empleo

Por Iván Carrino. Publicado el 24/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/la-clausula-gatillo-no-genera-inflacion-pero-puede-destruir-empleo/

 

En la discusión salarial argentina, ni el gobierno ni los sindicatos dan en el clavo.

Arranca un nuevo año en Argentina y el debate que ocupa los principales medios de comunicación es el salarial.

Obviamente, la madre de todas las batallas es la pugna que tiene la Provincia de Buenos Aires con los gremios docentes, lo que deriva siempre, casi sin excepción, en una demora de varios días en el comienzo del dictado de clases.

Ahora bien, el tema que está siendo más intensamente conversado en este último tiempo es el de la llamada “cláusula gatillo”. Es decir, una cláusula en el acuerdo salarial que indexe los salarios a la inflación esperada por el gobierno pero que, en caso que ésta no se cumpla, active un alza aún mayor.

Así, un acuerdo salarial con cláusula gatillo se firmaría con un aumento anual del 15% (la meta de inflación del Banco Central para este año), pero si la inflación terminara siendo del 18%, entonces se pagaría un plus por la diferencia.

De haber cláusula gatillo, los salarios de la economía argentina seguirían perfectamente a la inflación.

Para los líderes sindicales y dirigentes de otras fuerzas políticas, esta es la mejor forma de “defender el poder de compra de los trabajadores”. El gobierno, sin embargo, dejó ver que sin esta cláusula especial, el proceso de desinflación sería “más fácil”.

Gobierno y sindicatos están de acuerdo

Algo curioso de este aparente enfrentamiento entre quienes quieren que haya cláusula gatillo y quienes no, es que, en el fondo, ambos  están de acuerdo.

¿Por qué? Porque lo que desean ambos bandos es que los salarios de la economía argentina se ajusten a la evolución del Índice de Precios al Consumidor.

La diferencia, entonces, estriba en que el gobierno dice que la inflación va a ser 15% y los sindicalistas sostienen que ésta va a ser superior.

En este marco de proyecciones dispares, la cláusula gatillo parece una buena forma de resolver la cuestión. Si la inflación es 15% o menos, la cláusula no se activa; si es más de 15%, los salarios no pierden contra la inflación.

Todo muy lindo, pero…

Los salarios no generan inflación

Una de las formas en que se interpretó lo que dijo el gobierno fue que indexar salarios generaba (o perpetuaba la) inflación.

De acuerdo con un comunicado de los economistas del “Frente Renovador”, como el gobierno ya no sabe qué hacer para controlar la escalada de precios, “la idea es intentar con la vieja receta de retrasar los sueldos”.

El trasfondo de esta teoría sería así: si los sueldos suben menos que la inflación, los trabajadores tienen menos poder de compra y, por tanto, demandan menos. Dado que hay menos demanda, los precios dejan de subir a tasas tan aceleradas. Controlar salarios, entonces, baja la inflación.

Pero el argumento es por lo menos inconsistente: es que si los salarios fueran la causa de la inflación, no habría nunca una ganancia o pérdida en términos reales. Si salarios suben 10%, lo mismo hará la inflación. Si caen 1%, habrá 1% de deflación.

Sin embargo, es perfectamente posible que existan aumentos (o descensos) salariales, sin que esto impulse al alza (o a la baja) el IPC.

Por ejemplo, en una economía con perfecta estabilidad, si el día de mañana todos los salarios aumentan 10%, no hay motivos para que aumente la inflación.

Sin un incremento en la cantidad de dinero, el mayor consumo de los trabajadores habrá sido consecuencia de su mayor productividad (mayor cantidad de bienes), o consecuencia de un menor consumo por parte de los empresarios que decidieron aumentar la compensación de sus empleados.

En cualquiera de los dos casos, no hay mayor inflación.

Es que, como decía Milton Friedman, la inflación es un fenómeno estrictamente monetario y si bien “los sindicatos producen múltiples daños a la economía… uno de los crímenes por los que son totalmente inocentes es el de provocar inflación”.

… pero destruyen empleo

Ahora bien, aun cuando es cierto que los sindicatos que piden cláusula gatillo no generan inflación, también es cierto que no están exentos de generar otros efectos indeseados.

Es que incluso cuando la inflación terminara siendo del 15% anual y la cláusula gatillo no se activara, la indexación salarial, combinada con un mercado laboral rígido como el argentino, es candidata a generar desempleo.

He aquí el verdadero problema. Es que en nuestro país los sindicatos acuerdan ajustes salariales por “rama de actividad”. Así, si una megaempresa automotriz firma un acuerdo con el sindicato de mecánicos por un aumento salarial igual a lo que varía el IPC, éste mismo acuerdo rige también para un taller PYME que podría perfectamente no estar en condiciones de pagar dicho aumento.

Lo mismo pasa en toda la economía. Si los acuerdos salariales cierran todos con ajuste al IPC, habrá empresas que no estén en condición de hacer frente a dichos aumentos en sus costos. Si éste es el caso, entonces les quedarán tres alternativas:

—> bien despiden personal,

—> o bien cierran el negocio,

—> o bien se vuelcan a la economía informal.

Las primeras dos alternativas son infinitamente peores para los trabajadores que un acuerdo donde pierdan poder de compra frente a la inflación. Es que, en dichos casos, el salario cae un 100%, porque el trabajador se queda sin empleo.

En la tercera alternativa, si bien se pierde poder de compra, al menos se preservan las fuentes de trabajo.

Pasando en limpio, ni la cláusula gatillo ni la indexación salarial tradicional generan o perpetúan la inflación. Los precios suben como reflejo de la caída del poder de compra del dinero, cuyo responsable es únicamente el gobierno a través del Banco Central.

Sin embargo, la indexación sí puede generar desempleo, porque hay empresas que sencillamente no están en condiciones de pagar esos aumentos.

La solución a este tema no es eliminar la cláusula gatillo. Ni siquiera lo es bajar la inflación. La verdadera solución es tener un mercado de trabajo mucho más flexible, donde los salarios se fijen libremente entre empresarios y trabajadores, pero atendiendo a cada situación particular.

En pocas palabras, la mejor solución es liberar el mercado laboral.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Qué es más costoso: bajar el gasto público o esperar a que no haya más financiamiento?

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 27/2/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/02/27/que-es-mas-costoso-bajar-el-gasto-publico-o-esperar-a-que-no-haya-mas-financiamiento/

 

El siguiente párrafo del libro de Friedrich von Hayek, Nuevos Estudios, publicado en 1978, parece escrito para la Argentina actual: “Sin embargo, esto deja de lado el daño principal que causa la inflación, que es el de dar a la estructura global de la economía un carácter distorsionado, desproporcionado, que tarde o temprano hace inevitable un mayor desempleo. Lo hace atrayendo a mayor número de trabajadores a ciertos tipos de empleo que dependen de una inflación continua y aun acelerada”.

Y agrega la obra del pensador: “El resultado es una situación de creciente inestabilidad, en la cual una parte en aumento de la ocupación corriente depende de una inflación continua y quizás acelerada, y en la cual todo intento de disminución de la inflación conducirá inmediatamente a tanto desempleo, que las autoridades desistirán para reanudar la inflación”.

 Friedrich Hayek: “El daño principal que causa la inflación, que es el de dar a la estructura global de la economía un carácter distorsionado, desproporcionado, que tarde o temprano hace inevitable un mayor desempleo que aquel que la política intentaba evitar”

Y unos párrafos más adelante remata: “En realidad, hemos sido conducidos a una espantosa situación. Todos los políticos prometen detener la inflación y mantener el total empleo. Pero no pueden hacerlo. Y cuanto mayor sea el tiempo que logren mantener la ocupación mediante una inflación continua, mayor será el desempleo cuando por fin la inflación se detenga. No hay ardid mágico alguno mediante el cual podamos liberarnos de esta situación que hemos creado”.

El sendero de la inflación

Si uno observa la inflación en Argentina, es evidente que el Gobierno no ha logrado iniciar una tendencia decrecienteDesde mediados del año pasado tiene una inflación que está un piso del 23% anual y un techo del 25%. En esa banda viene moviéndose. Es decir, en niveles similares a los de la era K.

Si bien es cierto que hubo correcciones en las tarifas de los servicios públicos y en el tipo de cambio, algo que no ocurría durante la era K, la suba de las tarifas de los servicios públicos deberían bajar el gasto público en su componente de subsidios económicos y, por lo tanto, reducir la brecha fiscal requiriendo menor tasa de emisión monetaria para cubrir el rojo fiscal. Sin embargo, el ahorro fiscal por los menores subsidios económicos se tradujo en aumentos del gasto público en más planes sociales, empleo público y costo del endeudamiento para financiar el gradualismo.

Dicho en palabras de Hayek, los gobiernos prometen bajar la inflación pero cuando llega el momento de controlarla no se animan a pagar el costo político de, en el caso argentino, reducir el empleo público y los subsidios llamados sociales que, a esta altura del partido, ha quedado en evidencia que no son otra cosa que clientelismo político y extorsión piquetera.

 Los gobiernos prometen bajar la inflación pero cuando llega el momento de controlarla no se animan a pagar el costo político de, en el caso argentino, reducir el empleo público y los subsidios llamados sociales

Realidades de superación

Y que por favor, no me vengan con la historia que hay gente que no está capacitada para trabajar, que crecieron viendo a sus padres vivir de planes sociales sin trabajar, etc. porque basta con ver lo que hizo Toty Flores con la Cooperativa la Juanita en Laferrere para advertir que uno puede tener que enfrentar la adversidad pero con dignidad.

La gente de La Juanita se negó a seguir recibiendo subsidios y se organizaron para producir. Hoy producen pan dulce, indumentaria que han exportado a Japón y tiene hasta un call center. Con dificultades, cometiendo errores y sobrellevando la adversidad, la dignidad pudo más que el subsidio fácil y hoy La Juanita es un ejemplo, al punto tal, que vienen del exterior para interiorizarse sobre cómo se organizan.

Volviendo al tema inflacionario, decía que la suba de los precios al consumidor está en un piso del 23% al año y un techo de 25% sin que se observe, por ahora, ninguna tendencia a quebrar ese piso. Obviamente si uno mira la expansión monetaria observa que la Base viene creciendo a una tasa de velocidad de crucero del 25% anual como piso. No baja de ese ritmo, lo cual es consistente con la tasa de inflación del rango del 23 al 25 por ciento anual.

Ahora, no es por perversidad que el BCRA emita a esa tasa o porque el Gobierno quiera tener un déficit fiscal consolidado del orden del 7% del PBI. La explicación última tiene que ver con el miedo político a adoptar determinadas medidas que pueden no resultar simpáticas pero que son necesarias para frenar la inflación y el creciente endeudamiento, tanto interno como externo.

Dicho de otra forma, el costo económico de no enfrentar el costo político de bajar el gasto público es tener una presión impositiva récord, emitir moneda a marcha forzada, haber llegado a un stock de Lebacs de $ 1,2 billones y encima tomar deuda externa. O sea, el Gobierno está utilizando al máximo todos los instrumentos posibles para financiar el gasto público y aun así no logra cerrar la brecha fiscal.

La inflación, y en particular el gasto público, han generado una pésima asignación de recursos productivos. La mano de obra está mal asignada ya que para disimular la desocupación creció enormemente el empleo público y millones de personas viven del trabajo ajeno en base a los llamados planes sociales.

 La inflación, y en particular el gasto público, han generado una pésima asignación de recursos productivos

Preguntas con respuestas que contradicen las acciones

Cuando uno dice que hay que cambiar todo eso y hay un costo político en el medio, inmediatamente saltan diciendo: si se hace eso explota el país. Habría una crisis social y demás argumentos por el estilo.

Ante semejante panorama sombrío de no “poder” corregir estas distorsiones uno pregunta: ¿quieren que el Estado siga emitiendo y generando inflación? No, gritan a coro los políticamente correctos.

¿Quieren que el Estado aumente los impuestos? No, gritan a coro los políticamente correctos.

¿Quieren que el Estado tome deuda externa? No gritan los políticamente correctos.

Si no quieren que suban los impuestos, ni que se cobre el impuesto inflacionario, ni que el estado siga aumentando la deuda externa y tampoco quieren bajar el gasto público, ¿qué cuernos quieren que se invente para dominar el problema fiscal?

En definitiva, como decía Friedrich von Hayek, o el Gobierno toma el toro por las astas y enfrenta el gasto público o entramos en un período de inestabilidad creciente que no va a ser resuelto por el solo transcurso del tiempo. Al contrario, se va a ir agravando.

Nadie dice que enfrentar este problema sea fácil. Pero no hacerlo tendrá un costo mucho mayor. La pregunta que deberían formularse en el Gobierno es: ¿cuál es mayor, el costo político de hacer algo o el costo político y económico futuro de no haber hecho nada a tiempo para bajar el gasto público?

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Nuestros hijos, esos anticapitalistas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/2/18 en: https://www.elcato.org/nuestros-hijos-esos-anticapitalistas?utm_content=buffer7ffb6&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Hace un cuarto de siglo publiqué un artículo en Cambio 16 titulado: “Nuestros hijos, esos socialistas”. Había visto los libros de Economía del bachillerato de entonces, y denuncié que predominaba en ellos el ataque al capitalismo, el mercado, la propiedad privada y las empresas; cuando se mencionaba la realidad de los países que habían suprimido el capitalismo y esas instituciones, los textos eran notablemente comprensivos con esa realidad. En los años transcurridos he visto algunos trabajos sobre el tema, y no parece que la cosa haya mejorado. Ahora puedo confirmar que, en efecto, no lo ha hecho.

El Nº 154 de Economistas, la revista del Colegio de Economistas de Madrid, lleva este título: “Análisis de los textos de economía, empresa e historia económica utilizados en el bachillerato español”. Incluye un estudio cuyos autores son los profesores Rocío Albert López-Ibor, Francisco Cabrillo Rodríguez, Amelia Pérez Zabaleta, Jaime Requeijo González (véase también el último número de la revista Actualidad Económica).

El balance que hacen es que los manuales son de calidad irregular, como era de esperar, pero subrayan que los textos publicados por algunas editoriales relevantes presentan una visión “claramente sesgada en contra de los principios de la economía de mercado”.

Es el caso de Economía, de Editorial Anaya, escrito por Juan Torres Carmen Lizárraga, que contiene errores técnicos, como afirmar que “tener más o menos recursos es lo que hace que unos pueblos sean más ricos que otros…Por el contrario, la escasez o dificultad para obtener recursos suele ser el origen de la pobreza y del sufrimiento social”. Es una falacia, como si no fuera patente que Suiza o Japón tienen menos recursos naturales que Nigeria o Venezuela.

Las falacias anticapitalistas son persistentes, como sus deficiencias técnicas (en comercio exteriormercado de trabajofallos del mercadobanca, Hacienda, etc.) y “su nada oculto desprecio por la actividad económica…uno cree que, en realidad, está leyendo un panfleto de principios del siglo XX y no un texto del siglo XXI”.

Nunca explican la creación de riqueza, sólo su necesaria redistribución en contra de las empresas, presentadas habitualmente en tonos muy negativos. Mientras idealizan la izquierda y condenan el “neoliberalismo”, sostienen que bajar impuestos es malo en sí mismo, y desbarran sugiriendo que en España el gasto público se redujo de forma notable.

Nunca explican qué pasó con el anticapitalismo en el mundo real, e incluso llegan a la temeridad de plantear que su deterioro económico se debió a…¡los países capitalistas! En América Latina, lógicamente, no hablan de los desastres de Cuba y los países víctimas del populismo. Y jamás apuntan que la economía de mercado asegura democráticamente la libertad individual, que el anticapitalismo viola siempre.

En fin, la historia se repite. Si nuestros hijos o nietos van a reconocer en el futuro alguna virtud en el capitalismo no será porque se lo han enseñado bien en el colegio sino a pesar de que se lo han enseñado mal.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿CREEMOS O NO?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 25/2/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/02/creemos-o-no.html

 

Muchos, algunos años, decimos: “Creo en Dios todopoderoso……” y recitamos el Credo.

Pero, en el fondo, no creemos.

Cuando estamos casados, a veces sí creemos que nuestro cónyuge existe, es real, y lo más importante, creemos en la promesa que le hicimos.

O sea, creemos en nuestro matrimonio. Esa promesa lo sostiene en tiempos difíciles.

Por eso es coherente que si creemos en esa promesa, en esa alianza, el matrimonio se mantenga.

Pues bien, creer es creer en la alianza que tenemos con Dios. En el matrimonio que tenemos con él.

Lo que ocurre es que, en el fondo, no creemos que sea así. No lo vemos, parece lejano, no parece estar en nuestra cama, no parece ser el primer rostro que vemos al despertar.

Y entonces la alianza se desvanece.

Esa alianza incluye los Mandamientos.

Cuando alguno o varios de estos nos cuestan, en el fondo no les vemos sentido porque no creemos en la alianza que los sostiene.

Y entonces, adieu.

La dificultad de los mandamientos es análoga a la dificultad de la promesa matrimonial. Cuanto más creemos en la promesa (que es una Gracia) más Gracia para todo lo que implica el matrimonio. Y la promesa tiene un aliciente: el rostro del cónyuge, su mirada, su demanda existencial, fundante de todo, como diría Levinas.

Pues bien, igual con Dios. Creer en él es creer en un rostro, escondido, sí, por ahora, pero un rostro que ha prometido develarse totalmente, un rostro que adivinamos apenas en las acciones de Cristo y que finalmente es el rostro sufriente de Cristo en la Cruz.

¿Creemos en eso?

Porque creer es creer en que estamos verdaderamente casados, en alianza, con Dios, y que esa alianza es el fundamento último de todo lo que somos.

Si no creemos en eso, la casa no estaba edificada sobre roca, y al primer viento, se cae.

Pero creer es una Gracia. Viene de Dios, no de nosotros. No es una suerte ni una característica personal. Dios da su gracia a todos.

¿Y entonces?

Pues entonces, estar atentos, porque Dios te habla todo el tiempo, pero no te ata a la silla de un otorrinolaringólogo infinito para hacerte por la fuereza un lavaje de oído.

Te habla en susurros. Te habla en el silencio. Te guiña el ojo. Te hace bromas. Te dice piropos. Te comprende, te perdona, te espera, te anhela, suspira por ti, muere por ti.

Así de simple y misterioso…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El gobierno no debe tener un plan económico

Por Gabriel Boragina Publicado  el 11/2/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/02/el-gobierno-no-debe-tener-un-plan.html

 

Son muchos los economistas que se quejan que el gobierno no tiene un plan económico. Otros, dicen que lo tiene, pero que no es el mejor, otros, que no es bueno, y finalmente, un cuarto grupo afirma que el supuesto plan (existente o no) es malo.
Creo que la pregunta a hacerse es ¿debe el gobierno tener un plan económico? Esta pregunta la respondieron otros economistas, hace mucho tiempo, como Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek entre los más importantes. Y sus respuestas fueron y siguen siendo contundentes: NO. No debería tenerlo. Y, en el caso de Hayek, dice que no puede tenerlo (aunque quisiera). No podría, por falta de información y la imposibilidad de conseguirla.
Hay varias cuestiones implicadas en esta rotunda respuesta negativa de estos fenomenales economistas. La primera es que, como sustancia el gobierno (cualquier gobierno) en realidad no existe. No hay tal cosa como un “gobierno”. Lo que si hay es un grupo de personas que, en virtud de ciertas leyes constitucionales y por medio de ellas, se ha decidido que reciban el nombre de “gobierno”, y esas mismas leyes han dotado a esas personas de determinados atributos que detentan exclusivamente ellas y no otras (fuera del gobierno). Esos atributos consisten en especificas potestades, que pueden ejercer legalmente ellas de manera exclusiva.
En suma, y en lo que a nuestro tema interesa, las que toman las decisiones políticas y económicas son esas personas que forman parte de eso que se da en llamar “gobierno”, y no ningún “gobierno” como ente fantasmagórico, separado e independiente de las personas que lo integran. Resumiendo: las decisiones y los planes (económicos y no económicos) sólo pueden ser adoptados -y siempre lo son- por seres humanos.
En necesario aclarar siempre el punto anterior, porque estamos tan acostumbrados a manejar conceptos como entelequias tendiendo al antropomorfismo de ideas y percepciones que no tienen sustancia real en el mundo físico que, muchas veces, tenemos propensión a pensar en ciertas instituciones y otro tipo de organizaciones como si fueran seres vivientes independientes de la vida física de las personas que -en contexto- son las que actúan por ellas, y que etiquetan sus acciones personales bajo el rótulo de una entelequia. Esto se lleva hasta el paroxismo, de allí que se enuncia a menudo que el gobierno “dice”, el gobierno “piensa”, el gobierno “decidió”, el gobierno “planea”, o “estudia” y cosas así por el estilo, de la misma manera que expresamos Juan piensa, estudia, planea, etc. Y ese uso frecuente y tan arraigado genera, asimismo, la idea errónea de que el gobierno “piensa” una cosa y el presidente puede pensar otra, cuando, la verdad, es que el presidente piensa una cosa y -posiblemente- los miembros de su gabinete o del congreso, probablemente, puedan pensar otra, o lo mismo que él, pero en todos los casos serán siempre más de dos personas las que piensen, y nunca una, como -por ejemplo- el “gobierno”, o “el congreso” o peor aún, “la justicia”. Detrás de todas estas etiquetas sólo encontramos una sola sustancia: a los seres humanos.
Esto, no significa que dos personas o más no puedan coincidir en una idea. Pero el punto es que no dejan por eso de ser personas diferentes, por más que coincidan en algunos temas, o en todos ellos. No son algo separado de sus personas físicas. Este es mi argumento actual.
Aclarado este punto (que -dicho sea de paso- siempre se debe explicar por las razones apuntadas de ese acostumbramiento social a corporizar entelequias) digamos que los planes, las planificaciones o planeaciones (o como quiera llamárselas) solamente las hacen, y únicamente pueden llevarlas a cabo, las personas. Estas personas, pueden ser los gobernantes o los no gobernantes. Pero siempre serán los individuos que -con un rótulo u otro- planifican.
Es cierto que nuestros lectores advertirán que esto lo dijimos muchas veces, pero persistentemente es necesario recordarlo cada tanto (a veces demasiado seguido).
Y el problema consiste en que los individuos somos naturalmente distintos y, por ende, pensamos distinto, queremos distinto, sentimos distinto, valoramos distinto. Y en lo económico, ahorramos o no, gastamos o no, y nosotros elegimos en qué cosas hacerlo, no hacerlo, y en qué cuantía, para cada una o para todas ellas.
El punto en cuestión es que, si “el gobierno” hace planes económicos por nosotros, nosotros no podemos llevar a cabo los nuestros, porque los recursos con los cuales dichos planes económicos han de materializarse siempre tienen un mismo y común origen: nuestros bolsillos; los míos y los de los lectores. He aquí el problema, el gran dilema que se plantearon los economistas nombrados antes, y otros ¿Quién debe planificar? ¿el gobierno o la gente? Porque, no es posible conjugar ambas planificaciones, dado que los recursos con las que se hacen son de origen y fuente común. Y toda vez que los recursos siempre son de los individuos y nunca de los gobiernos (sus miembros -en rigor- recordemos) lo más justo es que cada uno planifique con lo que es suyo. Entonces, la solución sólo puede ser una sola: el dueño de los recursos con los cuales se planifica debe ser el único planificador. Si los recursos son comunes (por ejemplo, en una sociedad anónima) va de suyo que el principio es el mismo: son los integrantes de la sociedad (los dueños de los recursos) quienes deben planificar. ¿Por qué el gobierno debería hacerlo por ellos, como ocurre con las normativas que regulan las sociedades, sus patrimonios, acciones, modo de repartir los dividendos, etc. si estos recursos no son del gobierno ¿Por qué debería este planificar por sus dueños?
Por ello es que, lo más sano (y, sobre todo, lo más justo) es que los gobiernos no tengan nunca ningún plan económico. Porque -si lo tienen- sus gobernados no podrán ser dueños de su destino, habida cuenta que no disponen de lo que es (por derecho) suyo: sus patrimonios y haciendas. Además, si hubiera acuerdo en esta propuesta, se acabarían los indetenibles debates dirigistas que apuntan a dirimir la sempiterna cuestión de que cómo y cuándo debería planificar económicamente el gobierno la vida de todo el mundo.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Emilio Coni: cuando Buenos Aires era caritativo y previsor, las asociaciones de ayuda mutua “voluntaria” proliferaban

Por Martín Krause. Publicado el 23/2/18 en: http://bazar.ufm.edu/emilio-coni-cuando-buenos-aires-caritativo-previsor-las-asociaciones-ayuda-mutua-voluntaria-proliferaban/

 

Coni realiza una clasificación de las sociedades de socorros mutuos como “sociedades de seguro contra las enfermedades”, porque “por lo común aquel que se afilia a una sociedad de socorros mutuos, sea ésta de mucha o poca importancia, lo hace con el decidido propósito de asegurarse, durante un período de tiempo no superior a un máximo fijado contra los perjuicios que le puede irrogar una enfermedad”.

Para que tengamos una idea de los servicios que prestaban el autor (1918, op. cit., p. 549) menciona los fines principales, expresados en sus estatutos:

  • Crear un fondo común destinado a socorrer a los socios en los casos de enfermedad o de las consecuencias de ésta y, también para que se les permita hacer frente a las necesidades de la vida en la ancianidad.
  • Constituir cajas de ahorros y seguros mutuos, teniendo en vista muy especialmente los casos de accidentes, fallecimiento, viudedad y orfandad.
  • Propender al bien común, compatible con su base fundamental, es decir, el “socorro mutuo”, pudiendo establecer y organizar al efecto las instituciones económicas conducentes a este fin.
  • Fundar escuelas, procurar el mejoramiento moral intelectual y material de sus asociados, con exclusión terminante de todo debate relacionado con la política o la religión.
  • Celebrar las glorias o los aniversarios patrios de las diversas colectividades, España, Francia, Italia etc., según la nacionalidad de la mayoría de los componentes de cada sociedad,

 

En Buenos Aires existían entonces 214 sociedades de socorros mutuos con 255.534 socios. En todo el país se clasificaban como sigue:

 

172 sociedades argentinas con                                    65.188 socios

181 sociedades cosmopolitas con                             150.004 socios

463 sociedades italianas con                                     166.086 socios

250 sociedades españolas con                                   110.040 socios

92 sociedades francesas con                                       12.311 socios

44 sociedades de diversas nacionalidades                    4.008 socios

(alemanas, austro-húngaras, belgas, escandinavas, otomanas, portuguesas, rusas, suizas y uruguayas)

La fundación de estas sociedades había seguido esta progresión:

 

Periodo                                                          cantidad

1854-1870                                                           41

1871-1880                                                        107

1881-1890                                                         220

1891-1900                                                         275

1901-1913                                                         559

 

Martín Krause completó su doctorado en Administración en la Universidad Católica de La Plata, es profesor de Derecho y Economía en la Facultad de Derecho e Historia del Pensamiento Económico (Escuela Austriaca) de la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires. Miembro de la Sociedad Mont Pérérin. Fué Rector, Director de Investigación y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). En 1993, recibió el Eisenhower Fellowship. También recibió el Premio de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires 2007.

 

Reflexiones después de la visita papal a Chile y a Perú

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 19/2/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2110281-reflexiones-despues-de-la-visita-papal-a-chile-y-a-peru

 

Dado que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeto a refutaciones en un contexto evolutivo, el debate, la crítica y la autocrítica resultan indispensables para progresar. Esta nota no es para fanáticos que, muchas veces con la mejor buena voluntad, son incapaces de seguir un hilo argumental; si fuera por ellos aún estaríamos con los Borgia en la Iglesia. En su respuesta a Gladstone el cardenal Newman propuso un brindis: “Primero por la conciencia y luego por el Papa”.

El Papa ha visitado Chile y Perú. Entre otros aspectos surgen dos que comentamos, uno secundario en Chile y otro principal en Perú. El primero alude a su mensaje a los denominados “pueblos originarios”, algunos de cuyos miembros han incurrido en delitos de diversa índole a ambos lados de la cordillera, pero lo que aquí señalo se circunscribe a un error genealógico. No son originarios puesto que todos los humanos procedemos del continente africano; son en todo caso los primeros inmigrantes en aquellas zonas, que merecen todo el respeto, que debe ser recíproco. Si hay conflictos sobre propiedades deben resolverse en la Justicia (aunque no todos parecen suscribir la idea de los derechos de propiedad).

Lo segundo se trata de consideraciones del Papa en el Palacio Episcopal de Lima, declaraciones que destacamos porque constituyen el eje central de su pensamiento en materia social. El núcleo de lo dicho es su alusión al “capitalismo liberal deshumano”, que, según el Papa, es lo que hace daño en nuestra región y en otras partes del mundo.

Actualmente hay pocos vestigios de capitalismo liberal puesto que los gastos públicos, los endeudamientos estatales y los intervencionismos gubernamentales se elevan en grados exponenciales. Los nacionalismos y el consecuente proteccionismo están haciendo estragos en Europa. El mismo proceso lamentablemente tiene lugar en Estados Unidos, debido a gestos desafortunados del actual presidente, que hace alarde de proteccionismo y confrontación permanente en las relaciones exteriores y en lo doméstico (reduce impuestos al tiempo que incrementa los gastos a niveles descomunales). América Latina también se viene debatiendo en estos menesteres desde hace décadas.

Fuente: LA NACION

Lo que prima no es el capitalismo, sino las recetas estatistas. No resulta del todo claro si Francisco pondera la pobreza material o si la condena. Pero lo que sí deber resultar claro es que la inmensa mayoría de los pobres de esta tierra apuntan a salir lo más rápido posible de esa condición y lo han hecho en la medida en que se ha aplicado el “capitalismo liberal”, es decir, el respeto recíproco y la liberación de la energía creadora.

Es de gran importancia tener presentes consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con dos de los Mandamientos que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada (“no robar” y “no codiciar los bienes ajenos”), lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta. Si la pobreza material fuera una virtud, habría que condenar la caridad puesto que mejora la situación del receptor.

Así, en Deuteronomio (8:18) “acuérdate de que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En Mateo (5:3), “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”, fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras, al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas 12:21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del arzobispo de Barcelona): “La clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo VI, págs. 240/241).

Es pertinente destacar la obsesión del marxista Antonio Gramsci, que en sus cartas desde la cárcel apuntaba a “hacer saltar la Iglesia desde dentro”, en concordancia con el padre Gustavo Gutiérrez -fundador de la teología de la liberación-, quien subraya que con el cristianismo “desde un horizonte marxista se encuentran puntos de vista convergentes […] por eso la abolición positiva de la propiedad privada”. Recordemos que Marx y Engels sostienen que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”.

Mi buen amigo el exmarxista peruano -premio Mao y premio Lenin- y luego gran liberal Eudocio Ravines contaba que en su momento las instrucciones más encomendadas que recibía de la jerarquía comunista eran la infiltración en las iglesias católicas de España y de Chile.

Sin llegar a la abolición de la institución de la propiedad, en la medida en que se la afecte a través de la intromisión de los aparatos estatales, se desdibujan la contabilidad y la evaluación de proyectos, ya que los precios quedan distorsionados y son las únicas señales para asignar los siempre escasos recursos al efecto de satisfacer necesidades según sean las respectivas demandas. El derroche que esto implica consume capital, que a su vez se traduce en menores salarios e ingresos en términos reales.

En este cuadro de situación es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede, que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana: “El teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre al análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

Por último, el Papa insistió en las visitas a Chile y Perú en una visión errada del medio ambiente, a juicio de autores como el premio Nobel en Física Ivar Giaever; el cofundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman, y el expresidente de Greenpeace de Canadá Patrick Moore. Otros críticos de este tema sugieren, en otro orden de cosas, que en lugar de apuntar a la corrección de los escándalos de corrupción en el banco del Vaticano habría que liquidarlo por incompatibilidad con las faenas propias de la Iglesia.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Sería mejor tener un plan económico con un solo ministro de economía

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/2/18 en: http://economiaparatodos.net/seria-mejor-tener-un-plan-economico-con-un-solo-ministro-de-economia/

 

En el campo de la economía, los últimos días estuvieron marcados por la suba del tipo de cambio

En el campo de la economía, los últimos días estuvieron marcados por la suba del tipo de cambio. Dicho de otra manera, la suba del dólar o, para ser más precisos, la pérdida del poder adquisitivo del peso. Como primer aproximación, vale la pena preguntarse: ¿por qué tanta alarma por la suba del dólar si no hizo otra cosa que acompañar la suba de los precios internos? El IPC Nacional subió el 24,8% tomando diciembre 2017 versus diciembre 2016 y el tipo de cambio, tomando $ 20 contra enero de 2017 subió el 25,7%.

Hasta diciembre pasado, el tipo de cambio no había aumentado tanto en pesos constantes de diciembre 2017. En el gráfico 1 puede verse la evolución del tipo de cambio a pesos de diciembre 2017

Gráfico 1

Como puede verse, en diciembre había quedado un 6% por encima del tipo de cambio de noviembre 2015. Incluso tomando el pico de la devaluación de febrero de 2017 hoy, con un tipo de cambio de $ 20,20, no alcanzó ni siquiera el nivel del tipo de cambio de ese momento. En otras palabras, el tipo de cambio nunca flotó libremente bajo la nueva administración dado que fue influenciado indirectamente por la tasa de interés que estableció el BCRA generando un arbitraje tasa versus dólar que mantuvo quieto el tipo de cambio mientras la inflación continuaba su curso.

Es imposible imaginar una economía con una moneda sólida en un país en el que el déficit fiscal es una constante a lo largo de las décadas. No es casualidad que en los últimos 43 años hayamos tenido crisis como el rodrigazo en 1975, el fin de la tablita cambiaria de enero de 1981, la licuación de pasivos de 1982, la crisis del plan austral en 1987, la hiperfinflación de 1989, el plan Bonex de diciembre de 1989, la corrida cambiaria de fines de 1990 y principios de 1991 que terminó en la convertibilidad y la crisis de 2001/2002. Son 8 crisis en 43 años, a un promedio de una crisis cada 5 años.

Todas esas crisis tuvieron como origen un problema fiscal que fue financiado con expansión monetaria, deuda interna, deuda cuasifiscal y deuda externa cayendo en los correspondientes defaults.

Por un tiempo se pisa el tipo de cambio, lo cual trae cierta tranquilidad en los precios, pero el arbitraje tasa versus dólar va acumulando presiones en el mercado de cambios, mientras sigue el déficit fiscal, que finalmente desembocan en tensiones en el mercado cambiario.

Gráfico 2

Si uno observa la evolución del tipo de cambio a pesos de diciembre de 2017 puede verificar que luego de usar artilugios para mantener pisado el tipo de cambio con endeudamiento o con la zanahoria de la tasa de interés, luego viene un salto. Sin embargo desde 1991 hemos tenido un tipo de cambio en el nivel más bajo de la serie histórica durante 27 años seguidos, salvo el salto de 2002 con la devaluación de Duhalde.

Antes de continuar deseo aclarar que no utilizo la PPP porque considero que se basa en supuestos falsos. La teoría de la paridad del poder adquisitivo, parte de los supuestos de que no existen costos de transporte ni restricciones al comercio exterior (aranceles o restricciones no arancelarias). Sin embargo, en el mundo real existen esos costos y, a mi juicio, le da poca consistencia a la PPP.

Durante casi 2 años el gobierno de Cambiemos mantuvo relativamente pisado el tipo de cambio con la zanahoria de la tasa de interés, el endeudamiento externo y las LEBACs. Es lógica la inquietud del mercado dado que la tasa está subiendo en el exterior y en el mercado interno hay una orden política de bajar la tasa de interés y dejar correr algo el tipo de cambio. De manera que es previsible algún cambio de cartera de LEBABCs a dólar. Pero a esto hay que agregarle la inconsistencia de pedir que el BCRA baje la tasa de interés y, al mismo tiempo, en este mínimo mercado de capitales, el tesoro salga a colocar deuda en pesos por $ 70.000 millones. Francamente una ensalada difícil de entender.

Teniendo en cuenta las reservas acumuladas que tiene el BCRA, las puertas de acceso al FMI y organismos internacionales y también el acceso al mercado de deuda externa, uno debería imaginar que, por el momento, no debería haber una crisis cambiaria ni nada que se le parezca, aunque en Argentina en particular, siempre hay que ser cauto con los pronósticos categóricos.

En definitiva, el gran interrogante que queda por delante es ver si el gobierno podrá hacer sintonía fina de ir bajando la tasa de interés, dejar que suba el tipo de cambio en forma controlada, teniendo como contrapartida un stock de $ 1 billón en LEBACs.

Personalmente, me sentiría más tranquilo si esa jugada se hiciera con un plan económico consistente, con un ministro que concentre ese plan, que tenga gran capacidad de comunicación, didáctico, de llegada a la gente y un equipo prestigioso que lo acompañe. Si el presidente Macri dejara de atomizar las decisiones económicas y optara por un ministro de gran prestigio y excelente comunicador, no solo se estaría asegurando el crecimiento de largo plazo, sino también una transición más cómoda y menos dolorosa para la población.

Por ahora, no debería producirse una crisis cambiaria, pero ojo que estas jugadas de te doy tasa, dame dólares, pueden terminar en el momento menos sospechado y por las casusas menos imaginadas. Tomar las precauciones del caso reformulando el manejo de la economía luce indispensable para recuperar buena parte de la confianza perdida en las últimas semanas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La Curva de Phillips y la tasa de interés

Por Adrián Ravier.  Publicado el 16/2/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/761474/opinion/curva-phillips-tasa-interes.html

 

La autoridad monetaria se debate desde hace meses si subir o bajar la tasa de interés. El debate está en el premio que le vamos a dar a los agentes por mantener sus activos pesificados. Subir la tasa, contribuye a pesificar la economía; Bajar la tasa, contribuye a dolarizarla. La demanda de dinero en pesos resultante es una de las claves para contener la inflación.

Otro modo de ver la cuestión es si privilegiar la lucha contra la inflación o la actividad económica, lo que nos conduce, en definitiva, a la lógica de la Curva de Phillips. Phillips planteó un trabajo empírico en 1958 donde mostraba la relación inversa que existe entre inflación y desempleo. En términos prácticos, si Argentina decide acelerar su lucha contra la inflación, por ejemplo subiendo las tasas, tendrá que aceptar en el corto plazo un nivel de actividad menor, con impacto negativo sobre el empleo. Si decide postergar esta lucha para otro momento bajando las tasas, entonces puede recalentar la economía, pero el costo será una mayor inflación.

Desde mi punto de vista la autoridad monetaria debería privilegiar el objetivo de tener una moneda sana, lo que sólo se puede conseguir limitando la asistencia que el BCRA le ofrece al Tesoro. Esto, a su vez, tiene dos soluciones, o se eleva la tasa de interés lo suficiente, o bien, se controla los agregados monetarios (una propuesta que viene ganando adherentes).

Probados hechos hay en la historia económica que sólo una moneda sana fomenta el ahorro, la inversión, la formación de capital, la generación de empleo, el aumento de productividad, los mejores salarios reales y el aumento en el bienestar. Sólo de ese modo se soluciona el problema de la inflación, y se fomenta actividad económica y empleo.

El gobierno, sin embargo, decide priorizar recurrentemente el nivel de actividad y empleo, poniendo el carro delante del caballo. Lo más grave es que el margen de acción se acorta porque las elecciones se acercan, y entonces ya no hay opción para bajar a tiempo la inflación y que en 2019 la actividad económica y el empleo despeguen fortalecidos. Son los costos del gradualismo, y nadie puede decir que los economistas no lo hemos advertido.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

RESPUESTA A LOS CATÓLICOS CLERICALES QUE CREEN QUE LAS ENCÍCLICAS SOCIALES LES DICTAN TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOODO LO QUE TIENEN QUE PENSAR Y DECIR (INCLUiDOS QUIENES LAS ESCRIBEN).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/2/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/02/respuesta-los-catolicos-clericales-que.html

 

De my new book Judeocristianismo, civilización occidental y libertad.

Cap. 7, punto 3.

La recuperación de lo opinable

Ha sido evidente que a lo largo de todo este libro hemos tratado de aclarar qué cosas son opinables en relación a la Fe y por eso, cuando algunas intervenciones especiales del Magisterio se inclinaban por un tema opinable que nos favorecía, hemos aplicado la categoría de “acompañamiento” para respetar la libertad de opinión del católico. Ya nos hemos referido a ello y en ese sentido no habría más nada que agregar.

Sin embargo, si estamos hablando de la recuperación del laicado, este es uno de los temas más graves desde fines del s. XIX hasta este mismo año (2018) y lo seguirá siendo, temo, muchos años más, y constituye uno de los problemas más graves de la Iglesia.

3.1.     El tema en sí mismo

La cuestión en sí misma no debería presentar ningún problema. Es obvio que “…Lo sobrenatural no debe ser concebido como una entidad o un espacio que comienza donde termina lo natural “, pero ello implica justamente que el ámbito de las realidades temporales debe ser fermentado directamente por los laicos e indirectamente por la jerarquía a través del magisterio que le es propio (me refiero a obispos y al Pontífice). Es obvio también que aunque lo natural sea elevado por la Gracia, ello no borra la distinción entre lo sacro, en tanto el ámbito propio de los sacramentos, y lo no sacro, donde puede haber sacramentales pero según las disposiciones internas de los que los reciban.

En ese sentido, puede haber, a lo largo de los siglos, una enseñanza social de la Iglesia en tanto a:

  1. a)Los preceptos primarios de la ley natural que tengan que ver con temas sociales (como por ejemplo el aborto)
  2. b)Los preceptos secundarios de la ley natural en sí mismos, donde se encuentran los grades principios de ética social (dignidad humana, respeto a sus derechos, bien común, función social de la propiedad, subsidiariedad, etc.) con máxima universalidad, sin tener en cuenta las circunstancias históricas concretas.

El magisterio actual ha aclarado bastante sus propios niveles de autoridad sobre todo en la Veritatis splendor[1] y Sobre la vocación eclesial del teólogo[2].

Tanto a como b pueden ser señalados por el magisterio ya sea positivamente (afirmando esos grandes principios) o negativamente, cuando advierte o condena sistemas sociales contradictorios con ellos (como fueron las advertencias contra los estados y legislaciones laicistas del s. XIX, o las condenas contra los totalitarismos en el s. XX).

Ahora bien, hay otras cuestiones sociales que no se desprenden directamente de a y b. ESE es el ámbito “opinable en relación a la Fe”: opinable no porque no pueda haber ciencias o filosofía social sobre ellos, sino porque esas ciencias y-o filosofías sociales corresponden a los laicos y no se desprenden directamente de las Sagradas Escrituras, la Tradición o el Magisterio de la Iglesia.

A partir de lo anterior se desprende deductivamente que esos ámbitos opinables son:

  1. a)El estado de determinadas ciencias o conocimientos sociales en una determinada etapa de la evolución histórica;
  2. b)la evaluación de una determinada circunstancia histórica a partir de a,
  3. c)la aplicación prudencial de los principios universales a una situación histórica específica, a la luz de a y b.

Ejemplo: nuestros conocimientos actuales sobre demo­cracia constitucional (a); el diagnóstico de la falta de instituciones republicanas en América Latina (b); las propuestas de reforma institucional para América Latina (c).

Todo lo cual muestra toda la hermenéutica implícita cada vez que hablamos de estos tres niveles en los temas sociales, y por ende la ingenuidad positivista de recurrir a “facts” para estas cuestiones.

3.2.  ¿Señaló el Magisterio este ámbito de opinabilidad?

          Por un lado, si. Los textos son relativamente claros:

  1. a)León XIII, Cum multa, 1882: “… también hay que huir de la equivocada opinión de los que mezclan y como identifican la religión con un determinado partido político, hasta el punto de tener poco menos que por disidentes del catolicismo a los que pertenecen a otro partido. Porque esto equivale a introducir erróneamente las divisiones políticas en el sagrado campo de la religión, querer romper la concordia fraterna y abrir la puerta a una peligrosa multitud de inconvenientes”.
  2. b)León XIII, Immortale Dei, 1885: “Pero si se trata de cuestiones meramente políticas, del mejor régimen político, de tal o cual forma de constitución política, está permitida en estos casos una honesta diversidad de opiniones”.
  3. c)León XIII, Sapientiae christianae, 1890: “La Iglesia, defensora de sus derechos y respetuosa de los derechos ajenos, juzga que no es competencia suya la declaración de la mejor forma de gobierno ni el establecimiento de las instituciones rectoras de la vida política de los pueblos cristianos”…. “…querer complicar a la Iglesia en querellas de política partidista o pretender tenerla como auxiliar para vencer a los adversarios políticos, es una conducta que constituye un abuso muy grave de la religión”.
  4. d)León XIII, Au milieu des sollicitudes, 1891: “En este orden especulativo de ideas, los católicos, como cualquier otro ciudadano, disfrutan de plena libertad para preferir una u otra forma de gobierno, precisamente porque ninguna de ellas se opone por sí misma a las exigencias de la sana razón o a los dogmas de la doctrina católica”.
  5. e)Pío XII, Grazie, 1940: “Entre los opuestos sistemas, vinculados a los tiempos y dependientes de éstos, la Iglesia no puede ser llamada a declararse partidaria de una tendencia más que de otra. En el ámbito del valor universal de la ley divina, cuya autoridad tiene fuerza no sólo para los individuos, sino también para los pueblos, hay amplio campo y libertad de movimiento para las más variadas formas de concepción políticas; mientras que la práctica afirmación de un sistema político o de otro depende en amplia medida, y a veces decisiva, de circunstancias y de causas que, en sí mismas consideradas, son extrañas al fin y a la actividad de la Iglesia”.
  6. f)Vaticano II, Gaudium et spes, 1965: “Muchas veces sucederá que la propia concepción cristiana de la vida les inclinará en ciertos casos a elegir una determinada solución. Pero podrá suceder, como sucede frecuentemente y con todo derecho, que otros fieles, guiados por una no menor sinceridad, juzguen del mismo asunto de distinta manera. En estos casos de soluciones divergentes aun al margen de la intención de ambas partes, muchos tienen fácilmente a vincular su solución con el mensaje evangélico. Entiendan todos que en tales casos a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia. Procuren siempre hacerse luz mutuamente con un diálogo sincero, guardando la mutua caridad y la solicitud primordial pro el bien común”.
  7. g)Juan Pablo II, Centesimus annus, 1991: “Es superfluo subrayar que la consideración atenta del curso de los acontecimientos, para discernir las nuevas exigencias de la evangelización, forma parte del deber de los pastores. Tal examen sin embargo no pretende dar juicios definitivos, ya que de por sí no atañe al ámbito específico del Magisterio”.

Podríamos citar algunos textos más, pero, como vemos, la noción en sí misma de lo opinable es clara.

3.3.     Pero por el otro lado…

Pero, sin embargo, habitualmente las cosas no han sido tan claras. Los textos pontificios sobre temas sociales están inexorablemente adheridos a las circunstancias históricas, a su interpretación según criterios de la época y a recomendaciones y aplicaciones en sí mismas prudenciales. Nadie pide que no sea así, el problema es que los pontífices no se han caracterizado por aclararlo bien. Y no porque “se descuenten los principios hermenéuticos de interpretación teológica”. Hemos visto que, comenzando por el tema político, Gregorio XVI y Pío IX unieron indiscerniblemente a la recta condena de los estados laicistas con el intrínsecamente contingente régimen de ciudadanía = bautismo, que tantos problemas trajo para la posterior declaración de libertad religiosa. Hemos visto cómo ello fue aprovechado por los católicos que apoyaron a Mussolini (comenzando por Pío XI) y Franco, que tuvieron el atrevimiento de presentar eso como “doctrina social de la Iglesia”. Hemos visto cómo ese error comenzó a remontarse desde Pío XII en adelante, cómo este último tuvo que “acompañar” al surgimiento de las democracias cristianas de la post-guerra europea precisamente porque desde ese error se pretendía condenar por hereje al que pensara lo contrario. Hemos visto que el mismo, clerical e integrista error siguió en Lefebvre y pasa luego, de peor modo, a la horrorosa mezcolanza que hacen los teólogos de la liberación entre el comunismo de los medios modernos de producción y el “pueblo de Dios”. Hemos visto cómo Benedicto XVI tiene que salir a aclarar qué es lo contingente y qué es lo esencial, y cómo tuvo que “acompañar” nuevamente a los elementos más contingentes de la modernidad católica, para ver si la institucionalidad republicana penetraba en la mente de los integristas católicos de derecha o izquierda, y hemos visto que casi nadie lo escuchó ni lo entendió. Y todo eso por no haber distinguido en su momento lo opinable de lo que no lo era.

En el plano económico, temas que son intrínsecamente opinables en relación a la Fe, han pasado a ser parte de una especie de pensamiento único que todo católico debería aceptar so pena de ser un mal católico entre aquellos que recitan de memoria las encíclicas. La leyenda negra de la Revolución Industrial, desde León XIII en adelante; el capitalismo liberal como el imperialismo internacional del dinero, desde Pío XI en adelante; un programa casi completo de política económica, en la última parte de la Mater et magistra de Juan XXIII; la redistribución de ingresos y la llamada justicia social, desde Pío XI en adelante; la teoría del deterioro de los términos de intercambio, desde Pablo VI en adelante, y así… hasta hoy. Para colmo gran parte de esas encíclicas son redactadas por asesores que así convierten sus personales opiniones (que deberían haber sido debatidas académicamente) en “Doctrina social de la Iglesia”. La situación no se solucionó porque San Juan Pablo II haya hablado de economía de mercado en la Centesimus annus: era obvio que fue un párrafo incrustado por un asesor desde fuera del pensamiento real de Karol Wojtyla, que, por ende, ni él se lo creyó. Y además tampoco la solución pasaba porque entonces la economía de mercado pasara a ser, sin distinciones, otro tema opinable convertido en no opinable…

El problema NO consiste en que un católico considere que todas esas cosas son verdaderas. El problema es que desde los pontífices para abajo, sin casi distinciones y aclaraciones, se consideran parte de la cosmovisión católica de la vida. O sea, el problema NO consiste en que un católico, sea el pontífice o Juan católico de los Palotes, opine así, el problema es que lo piense como cuasi-dogma social. Ese es el problema.

3.4.     ¿Por qué? Diagnóstico

¿Pero por qué ha sucedido esto? Fundamentalmente por dos razones.

Primera: en el plano político y económico, los pontífices no han dejado de gobernar. Fueron casi 17 siglos de clericalismo. La desaparición forzada de los estados pontificios los dejó sin territorios pero sí con el arma moral de la conciencia de los católicos. Y abusando de su autoridad pontificia –un problema previsto por Lord Acton– no sólo condenaron rectamente lo que tenían que condenar, sino que además cada uno de ellos propuso su “plan de gobierno” en encíclicas que comenzaron a llamarse “Doctrina social de la Iglesia”. Cuidado, no digo que ello no haya sido históricamente comprensible o que en esos “gobiernos” no haya habido cosas buenas aunque opinables. Lo que digo es que, al excederse de los tres temas señalados como no opinables, “gobernaban” en lo contingente, según visiones también contingentes, y lo peor es que su territorio era el mundo entero.

En un mundo paralelo imaginario, los pontífices deben tener la “denuncia profética” de la injusticia a nivel social, rechazando lo que sea contradictorio con la Fe y la moral católicas, pero las cuestiones afirmativas –qué sistema social seguir, qué hacer in concreto- deben ser dejadas a los laicos, que, por ende, tendrían opiniones diferentes entre ellos, ninguna “oficialmente católica”. Pero no: los pontífices, hasta hoy, hablaron y hablan sencillamente de todo y prácticamente presentan todo ello como obligatorio para el laico. Y no como la filosofía, que habla “de todo” pero desde las causas últimas y los primeros principios. Hablan de todo en cuanto concreto: opciones concretas, interpretaciones concretas, de política y economía, desde los sistemas concretos de redistribución de ingresos, pasando por la política exterior, monetaria, fiscal, agrícola, industrial, cambio climático, medio ambiente, seguridad, etc. Hasta hoy. El famoso “Compendio de Doctrina Social de la Iglesia” (op.cit.) es un buen ejemplo: prácticamente no hay tema que no esté allí contemplado, y entregado al laico como “tome, esto es lo que tiene que pensar y decir”.

La segunda razón es el radical desconocimiento del ámbito propio de la ciencia económica, esto es, las consecuencias no intentadas de las acciones humanas. Casi todos los documentos pontificios están escritos desde el paradigma de que si hubiera gobiernos cristianos, y por ende “buenos”, ellos redistribuirían la riqueza, que se da por supuesta; ellos implantarían la justicia con diversas medidas intervencionistas cuyas consecuencias no intentadas no se advierten. El mal social proviene de personas malas, no católicas, que defienden la maldad de un sistema liberal que sólo puede ser defendido desde el horizonte de la defensa de los intereses del capital.

Con ello, ¿qué lugar queda para la economía como ciencia? Ninguna, excepto la del contador que hace las cuentas para el obispo. Como mucho, un laico sabrá de diversos “tecnicismos”, pero las grandes líneas de gobierno ya están planteadas porque, frente al paradigma anterior, no hay economía como ciencia sino más bien gobiernos buenos, que harán caso a las encíclicas, o gobiernos malos, que no. Y punto.

Pero la realidad de la escasez no es así. Como hemos visto cuando analizamos a los escolásticos, las medidas supuestamente “buenas” de los gobiernos tienen consecuencias no intentadas por el “buen” gobernante. Los precios máximos producen escasez; los mínimos, sobrantes; los salarios mínimos producen desocupación; el control de la tasa de interés, crisis cíclica; el control de alquileres, faltante de vivienda; las tarifas arancelarias, monopolios legales e ineficiencia, la emisión de moneda, inflación, y la socialización de los medios de producción, imposibilidad de cálculo económico. Siempre es así pero siempre se vuelven a hacer las mismas cosas suponiendo que alguna vez un gobernante “más bueno”, “más lector del magisterio”, lo va a hacer “bien”. Y el que piense lo contrario desconoce o desobedece a “la doctrina social de la Iglesia”; por ende es un mal católico y un manto de silencio lo cubre en ambientes eclesiales, como un cadáver al cual se le cubre caritativamente el cuerpo.

Mientras no se tenga conciencia de esto, los pontífices seguirán hablando como si la economía dependiera de las solas y bienintencionadas órdenes de los gobernantes cristianos, escritas por ellas en sus encíclicas sociales.

3.5.     ¿Cuáles son las consecuencias de todo esto?

Son desastrosas, por supuesto. Comencemos por la primera: la des-autorización del magisterio pontificio.

De igual modo que, a mayor emisión de oferta monetaria, menor valor de la moneda, a mayor cantidad de temas tratados, menor valor. O sea, se ha producido una inflación de magisterio pontificio en temas sociales[3], en cosas totalmente contingentes, que deberían ser tratadas por los laicos. Con lo cual se ha violado el principio de subsidiariedad en la Iglesia: el pontífice no debe hacer lo que los obispos pueden hacer, y los obispos no deben hacer lo que corresponde a los laicos. La invasión directa de la autoridad del pontífice en temas laicales implica que el pontífice se introduce cada vez más en lo más concreto, donde ha más posibilidad de error[4]. De igual modo que los preceptos secundarios de la ley natural demandan una premisa adicional que no está contenida en los preceptos primarios, mucho más cuando de los primarios y secundarios se pasa a cuestiones políticas y económicas irremisiblemente históricas y prudenciales.

Ante esta inflación de magisterio pontificio, se produce un efecto boomerang. Es imposible una estadística, pero algunos –ya jerarquía o laicos– no tienen idea de lo que ocurre ni les interesa. Otros, guiados por un sano respeto al magisterio, repiten todo, desde la Inmaculada Concepción hasta la última coma de la entrevista del Papa en el avión sobre las marcas dentífricas. Eso produce un caos total, porque los laicos, inconscientemente, van adaptando una multitud cuasi-infinita de párrafos pontificios a su ideología opinable concreta, y van armando una Doctrina Social de la Iglesia a la carta que luego además se echan los unos a los otros con acusaciones mutuas de infidelidad al magisterio. Ante este caos, muchos finalmente optan por decir lo que quieren ante un magisterio que en el fondo se ha metido en lo que no le corresponde. Otros, finalmente, en silencio, obedecen al magisterio en sus ámbitos específicos y mantienen en reserva mental (y en silencio) su posición en temas opinables.

Lo que ha sucedido también es el avance de teologías de avanzada en temas sociales y dogmáticos. Esto ya fue visto por Pío XII, en su famosa Humani generis, con el intento de frenarlo[5]. Pero no pudo. Esas teologías habitualmente desobedecen al Magisterio en todo lo que sea fe y costumbres pero lo siguen cada vez que el Magisterio avanza en temas sociales más para la izquierda. Así, en los 60’ y los 70’, los teólogos de la liberación proclamaban exultantes a la Populorum progressio mientras ocultaban y silenciaban a la Humanae vitae y al Credo del Pueblo de Dios. Y así sucesivamente. Y con ello se ha producido una especie de consenso, un casi pensamiento único en la Iglesia, ante el cual, si eres un teólogo o pensador católico “de avanzada”, dices absolutamente lo que quieres en temas de Fe y costumbres, pero en cambio sigues a pie de juntillas el plan más estatista establecido en la Populorum progressio, en las Conferencias episcopales latinoamericanas y en las primeras dos encíclicas sociales de Juan Pablo II[6]Eso sí: sobre esto, entonces, ya no hay libertad de opinión. Si no sigues al los nuevos dogmas estatistas, entonces sí que estás excomulgado. O sea, en lo opinable, pensamiento único; en Fe y costumbres, lo que quieras.

Todo esto es un caos, del cual no se ha salido en absoluto. El laicado, ante esto, ha quedado, o totalmente indiferente, con lo cual lo que digan los pontífices en temas de Fe y costumbres ya no importa, o totalmente clerical, integrista y dividido. Cada grupo se ha armado su propia versión de la Doctrina Social de la Iglesia, sin conciencia de lo opinable, cortando y pegando los párrafos que les convienen –porque la cantidad de párrafos en los asuntos contingentes es tan amplia que da para ello– y acusando al otro grupo de infidelidad a la Iglesia.

La corrección de todo esto va a tardar mucho. Pero los laicos no deberían pedir a los pontífices expedirse en temas contingentes, ni estos últimos deberían hablar sobre esos temas. La cuestión ya no pasa por interpretar lo que dijo Pablo VI sobre comercio internacional: la cuestión pasa por reconocer que sencillamente no debería haber dicho nada. La cuestión ya no pasa por interpretar los párrafos de Juan XXIII sobre industria, comercio e impuestos: la cuestión es que no debería haber dicho sencillamente de eso, igual que San Josemaría Escrivá de Balaguer, que nunca invadía los ámbitos propios de los laicos.

La solución del famoso tema de la economía de mercado no pasa, por ende, por tener un Papa que bendiga y eche agua bendita a las teorías del mercado. La cuestión pasa por callar y dejar actuar y pensar a los laicos. Establecidos principios muy generales como propiedad y subsidiariedad, hasta dónde llega la acción del estado es materia de libre discusión entre los laicos. Si un laico basado en Keynes está de acuerdo con una política monetaria activa y yo, basado en Mises, estoy de acuerdo con el Patrón Oro, la solución del problema no pasa porque venga un Papa “aurífero”. Yo no necesito que el Papa se pronuncie en ese tema. En ese tema, y en la mayor parte de los termas, que se calle y que deje actuar a los laicos. Así de simple. Y cuando los laicos opinen, que no tengan párrafos diversos del magisterio para sacralizar, clericalizar su posición y echársela por la cabeza al laico que piensa diferente.

Así, cuando Roma hable, será importante. Así, cuando Roma hable, será porque verdaderamente hay que confirmar en la Fe. Así, cuando haya un concilio ecuménico o una encíclica, será sobre temas de Fe y no sobre cuántos impuestos haya que cobrar o cuántas empresas haya que estatizar o privatizar. Pueden los pontífices “acompañar” a una cuestión temporal legítima, si –como sucedió y sucede– un pontífice anterior y/o los laicos la hubieran convertido en una herejía, para dejar lugar a la libertad de los laicos en ese tema. Exactamente como tuvo que hacer Pío XII con la democracia constitucional. Pero ese “acompañamiento” debería ser la excepción y no la regla.

Para que todo esto pase de la potencia al acto, se necesitan nuevas generaciones, formadas en todo esto, capaces de hacer y vivir estas distinciones. No sabemos cuándo y cómo puedo ello ocurrir. Los tiempos de la Iglesia son de Dios. Humanamente, un cambio así de hábitos intelectuales puede tardar cientos de años.

[1] http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_ jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html.

[2]http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19900524_theologian-vocation_sp.html.

[3] Como hemos denunciado en nuestro artículo La devaluación del magisterio pontificioop. cit.

[4] Santo Tomás explica perfectamente el grado de falibilidad mayor a medida que vamos descendiendo en las circunstancias concretas de una conclusión moral-prudencial: “…Por tanto, es manifiesto que, en lo tocante a los principios comunes de la razón, tanto especulativa como práctica, la verdad o rectitud es la misma en todos, e igualmente conocida por todos. Mas si hablamos de las conclusiones particulares de la razón especulativa, la verdad es la misma para todos los hombres, pero no todos la conocen igualmente. Así, por ejemplo, que los ángulos del triángulo son iguales a dos rectos es verdadero para todos por igual; pero es una verdad que no todos conocen. Si se trata, en cambio, de las conclusiones particulares de la razón práctica, la verdad o rectitud ni es la misma en todos ni en aquellos en que es la misma es igualmente conocida. Así, todos consideran como recto y verdadero el obrar de acuerdo con la razón. Mas de este principio se sigue como conclusión particular que un depósito debe ser devuelto a su dueño. Lo cual es, ciertamente, verdadero en la mayoría de los casos; pero en alguna ocasión puede suceder que sea perjudicial y, por consiguiente, contrario a la razón devolver el depósito; por ejemplo, a quien lo reclama para atacar a la patria. Y esto ocurre tanto más fácilmente cuanto más se desciende a situaciones particulares, como cuando se establece que los depósitos han de ser devueltos con tales cauciones o siguiendo tales formalidades; pues cuantas más condiciones se añaden tanto mayor es el riesgo de que sea inconveniente o el devolver o el retener el depósito” (Suma Teológica, I-II, q. 94 a. 4 c).

[5]Véase: http://w2.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf _p-xii_enc_12081950_humani-generis.html.

[6] Nos referimos a Laborem exercens y Sollicitudo rei sociales. Cuando salió Centesimus annus, oh casualidad, los ultra pro-Juan Pablo II callaron repentinamente…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.