¿Una primavera argentina?

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 19/9/12 en http://www.elimparcial.es/america/una-primavera-argentina-111326.html

Ninguna comparación resulta posible (ni sería ecuánime) con lo sucedido en el mundo árabe. Sin embargo, la tentación de aludir a una “primavera” es grande en vista de las imágenes de esas multitudes lanzadas a las calles a raíz de una convocatoria generada por las redes sociales.

El hecho se produjo simultáneamente en los principales centros urbanos del país, el pasado jueves 13 por la noche, y el reclamo se centró en cuatro ejes principales: la inseguridad, la corrupción, la inflación y lo que se percibe como un paulatino cercenamiento de las libertades individuales, como la de “entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino”, prevista en el artículo 14 de la Constitución Nacional, cuyo ejercicio se ve hoy enormemente dificultado por las restricciones impuestas a la compra de divisas. Que la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos), de organismo recaudador de impuestos se haya convertido en una suerte de brazo no armado de los servicios de inteligencia, es otro hecho sintomático de la creciente injerencia de un Estado que pretende controlarlo todo y que, seguramente, suscitó también en parte esta reacción.

Por cierto que el oficialismo minimizó la protesta con argumentos tan banales como indicativos de una llamativa incapacidad para ver la realidad sin las distorsiones que provoca la ideología. En efecto, lejos del pragmatismo rampante de Néstor Kirchner, Cristina ha ideologizado tanto la acción de gobierno que ha fracturado a la sociedad entre los buenos y los réprobos, los que están con “la causa” y los golpistas de cualquier extracción social que, por el mero hecho de no adherir a pie juntillas a los dogmas instalados desde la Casa Rosada, merecen la condenación eterna o la expulsión del país de las maravillas que algunos se empeñan en contarnos.

Hablar de jacobinismo puede resultar anacrónico. No menos anacrónico, sin embargo, que esta Argentina que nos desvela y nos cuesta entender.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

¿Revolución política en Europa?

Por Pablo Guido. Publicado el http://chh.ufm.edu/blogchh/

 El economista Thomas Sargent pronosticó que, como consecuencia de la crisis fiscal que afrontan los países europeos, habrá una revolución política en el Viejo continente. Menciona la nota periodística que Sargent dice que “no es fácil predecir qué forma tomará la revolución” y que dependerá de cada país. Con lo cual nos encontramos ante una declaración poco precisa, pero que merece llevarnos a reflexionar al respecto. La crisis europea es principalmente fiscal, estados que ya estaban sobredimensionados antes del 2007 y cuyos gobiernos mayoritariamente han tomado el camino de sobredimensionar más el peso del estado a través de más gasto y más impuestos. Si el objetivo final de todo gobierno es crear condiciones para incentivar a los individuos a desarrollar sus habilidades de la manera más libre posible, que aquellos incrementen el ahorro y la inversión, claramente no estamos frente a un escenario favorable. A mayor estado, menor mercado. O, en otras palabras, cuanto más crece la “mano visible” de los funcionarios públicos más decrece la “mano invisible” del proceso de mercado, como decía Adam Smith en 1776, en La riqueza de las naciones.

 Volvamos a la declaración de Sargent. ¿Qué tipo de revolución política puede suceder? Voy a plantear dos escenarios: 1) una mayor presión de la ciudadanía para ampliar las libertades, reducir el estado, ampliar el ámbito de acción individual, etc o 2) una mayor presión por una profundización del peso estatal. Para que ocurran cualquiera de las dos, en naciones democráticas, se debe reunir una mayoría electoral que se decida por una de ellas. Y lo que se observa en Europa es que mayoritariamente la gente propicia  la existencia del Estado de bienestar, aquel estado que promete resolver casi todos los problemas de la gente, a través del cobro de impuestos, endeudamiento y/o inflación para volcar los recursos en gastos “sociales” como el seguro de desempleo, los subsidios a empresas, mayores gastos en educación y salud públicas, administrar los sistemas jubilatorios. Ante cada medida que han tomado los gobiernos orientados a reducir los gastos en estos rubros la ciudadanía y los grupos organizados han respondido negativamente, con manifestaciones masivas en contra de dichas políticas. ¿Qué tipo de revolución puede suceder ante este escenario? Ninguna que cambie el destino de la crisis de raíz. La evidencia más palpable es lo que ha sucedido a nivel electoral. Todos los partidos gobernantes que han intentado tibiamente cambiar algo del Estado de bienestar han sufrido derrotas en el campo electoral, sean partidos de los llamados de “derecha”, “centro” o “izquierda”. ¿Cuál es entonces el incentivo de un político en el gobierno o en la oposición de ofrecer un programa que reduzca el Leviatán estatal? Ninguno. Nadie se suicida políticamente si la alternativa frente a un programa de reformas es perder elecciones.

 Claro que la realidad es una sola y la crisis fiscal sigue su curso y sigue haciendo efectos negativos sobre la economía. Quizás lo que venga sea un escenario no revolucionario donde se mantenga el statu quo con cambios de maquillaje, con reducciones mínimas de gastos en algunos rubros del presupuesto, con incrementos de impuestos a algunos sectores específicos. Pero no esperaría nada más, al menos mientras la percepción de la mayoría de la gente sobre las causas de la crisis no cambie. Lo que está dañando a Europa no es el mercado sino la falta de él. El músculo, que son los emprendedores actuando competitivamente, que permite a los países crecer está débil, frágil y con un peso que le impone el estado que no le deja espacio para desarrollar todas sus potencialidades.

 Los cambios y las reformas de fondo se producen cuando la percepción de la mayoría de la población y los grupos organizados es que los costos de mantener el statu quo es mayor que el de los beneficios del cambio. Personalmente no observo un cambio en las percepciones aún en Europa.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

El desocupado del año

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/9/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/el-desocupado-del-ano_12250023-4

 Hay desempleo que es funcional al populismo, ya que le permite hacer demagogia y comprar votos.

‘Unhate’ (no odies) parecía el título perfecto para campañas como la que United Colors of Benetton lanzó el año pasado, que mostraba, a los besos, a varios líderes mundiales enfrentados (Chávez con Obama, Abbas con Netanyahu, etc.); pero ahora es el turno del ‘Desempleado del año’, según develó el director de la empresa italiana, Alessandro, hijo del fundador, Luciano Benetton.
Esta vez no se trata de explotar la crisis de VIH, la guerra civil en Bosnia o los prejuicios raciales. “Esta campaña puede parecer menos impactante que las anteriores, pero el trasfondo es más grave”, declaró Benetton. Hoy hay más de 190 millones de desempleados registrados, según la ONU y el Banco Mundial. En toda la Unión Europea (UE), ello afecta a más del 10 por ciento de la población activa. En el drama de la desocupación viven casi el 15 por ciento de los jóvenes mundiales, según la OIT.

De acuerdo con cifras de la Ocde, el 20 por ciento de los jóvenes en la UE no tiene trabajo. España y Grecia lideran el escalafón, con 46 y 43 por ciento de desocupación en ese grupo, respectivamente. Los siguen Irlanda (28 por ciento) e Italia (27 por ciento), mientras que la contracara es Alemania, que se mantiene por debajo de los dos dígitos. En Latinoamérica, Argentina, según datos oficiales, tiene 20,2 por ciento de desempleo juvenil, superando a Brasil (17 por ciento), y a Chile (18 por ciento).

La publicidad, que muestra a un grupo de atractivos jóvenes trajeados que se identifican como profesionales desocupados, está acompañada de un concurso de la Fundación Unhate, de Benetton, que ofrece a personas de entre 18 y 30 años la posibilidad de ganar 5.000 euros para un emprendimiento personal.
“Espero demostrar que estas personas son capaces y responsables”, declaró el CEO de la marca italiana. Y sí que lo son y sí que deberían tener trabajo, si no se lo prohibieran.

“Esta Presidenta jamás va a tomar una decisión que signifique eliminar un puesto de trabajo”, aseguró la titular del gobierno argentino, por mostrar un caso de alta demagogia ya que es, precisamente, su gobierno el que crea la desocupación. En un país donde hay tanto para hacer (viviendas, hospitales, escuelas, etc.), trabajo es lo que naturalmente sobra.

Si hay personas sin trabajar no es por falta de capital (inversiones), ya que este no provoca trabajo (podría, eventualmente, construirse sin “empresas”, solo con las manos) sino aumento de la productividad, del poder adquisitivo. Si hay gente desocupada, es porque alguien, contra natura, les prohíbe que trabajen, y quién si no el Estado, que tiene el monopolio de la coacción, de la violencia, que, como siempre, destruye, en este caso al mercado laboral. Las leyes del salario mínimo, por ejemplo, prohíben trabajar (legal, formalmente) a quienes ganarían menos.

Según la Ocde, “hay un vínculo entre empleo informal y pobreza”, y la misma entidad pronostica que en el 2020 el trabajo sumergido (o informal) llegará al 66 por ciento de la población. En los niveles altos y medios, la crisis se proyecta como “reducción del consumo”, pero en los bajos produce desocupación. Desempleo que es funcional al populismo, ya que le permite hacer demagogia y comprar votos. Como escribió Uriel Ortiz Soto, “dan angustia los hermanos venezolanos… más de cinco millones de desocupados que reciben mensualmente una mesada solamente con el compromiso de adular y aplaudir (al) mandatario” que, esperemos, el 7 de octubre quede como el desocupado del año.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

El Gobierno necesita del autoritarismo para sobrevivir

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 16/9/12 en v

¿Cuál será la respuesta de Cristina Fernández de Kirchner tras el cacerolazo? ¿Habrá venganza? ¿Comienza una escalada de protestas civiles o volverá la calma? ¿Podemos esperar más totalitarismo y violación de libertades?

Cuando Friedrich von Hayek escribió “Camino de Servidumbre” trató de mostrar que una economía centralizada lleva, inevitablemente, al control de la vida de las personas, esto es, a un sistema totalitario.

Hayek, que había emigrado de Austria a Londres, veía cómo los laboristas y economistas formulaban propuestas económicas que, por su misma dinámica, tenían que terminar en el control de la vida de la gente.

Publicado en 1944, la tesis central de “Camino de Servidumbre” sigue teniendo vigencia casi 70 años más tarde y se verifica en Argentina.

A diferencia del cacerolazo del 2001 cuando se estableció el corralito o el del 2008 cuando estuvo el enfrentamiento por la 125, el cacerolazo del jueves pasado no parece responder a un solo motivo sino a una combinación de problemas económicos con crecientes restricciones a las libertades civiles junto con otros ingredientes como la inseguridad, los intentos del Gobierno de perpetuarse en el poder, la corrupción, la forma soberbia de comportarse del Gobierno y muchos temas más. Pero sí hay un hilo conductor entre economía y libertad individual que, me parece, irá agravándose considerando que el oficialismo, ante la adversidad, suele redoblar la apuesta e ir por más para ir por todo.

[ Nota relacionada: Lo que vi personalmente en el cacerolazo ]

Desde el punto de vista económico, siempre una regulación lleva a otra regulación y, si se insiste en ese camino, a la asfixia de la economía. Por ejemplo, el Gobierno viene emitiendo moneda a marcha forzada, esa emisión genera inflación. Al mismo tiempo ha dejado el tipo de cambio casi quieto y, por lo tanto, el tipo de cambio real se encuentra en niveles similares a los de la convertibilidad. ¿Qué hizo el Gobierno frente a este problema? Redobló la apuesta y primero estableció más burocracia para poder importar. Luego se le ocurrió que si una empresa importa un dólar tiene que exportar un dólar. Eso no le alcanzó y restringió arbitrariamente las importaciones. Tampoco le alcanzó y obligó a las compañías de seguro a traer las divisas que tenían en el exterior. Después prohibió el giro de utilidades y dividendos. Luego estableció una aprobación previa de la AFIP para poder comprar dólares y, finalmente, directamente prohibió la compra de dólares para atesoramiento. El tema cambiario fue escalando hasta llegar a limitar derechos individuales como poder viajar al exterior sin tener problemas para comprar divisas. Una regulación económica fue llevando a otra hasta terminar en una restricción a las libertades civiles.

Otro ejemplo es el de la inflación. El Gobierno niega la inflación real y a quienes hicieron sus propias estimaciones de inflación les inicio un absurdo juicio por difundir sus propios índices de inflación. Para frenar las expectativas inflacionarias y una mayor huida del peso tuvo que recurrir a intimidar a las consultoras que elaboraban sus propias estimaciones de inflación.

Los casos de empresarios que son apretados para que vendan a determinado precio sus productos, fabriquen determinados bienes y demás locuras intervencionistas no forman parte de una política económica errada, sino de un simple abuso del poder de los funcionarios públicos. Un amedrentamiento usando el monopolio de la fuerza.

[ Nota relacionada: El autoritarismo y los límites de la demoracia ]

Si un empresario dice que la actividad inmobiliaria está paralizada, la presidente no averigua cómo vienen las escrituras, sino que le pide a la AFIP información reservada sobre la situación fiscal del empresario y luego lo escrachan públicamente y por cadena nacional.

Mi cuarta verificación de la AFIP en 5 años me llegó el mismo día en que publiqué una nota en La Nación criticando el discurso de la presidente en la apertura del Congreso. Ese día, una empleada de la AFIP, carta en mano, vino a entregarme la nota de verificación de ganancias, cuando ya había tenido otra verificación 6 meses antes.

Los descalabros económicos que hace el Gobierno tienen que ser escondidos a la opinión pública. Nadie puede opinar diferente porque aceleraría el descontento popular sobre la marcha de la economía y, para eso, necesitan amedrentar a la gente. Como dijo CFK, hay que tenerle un poco de miedo. El problema es que a medida que vaya creciendo el descontento por la situación económica, el Gobierno tendrá que apelar a mayores grados de amedrentamiento de la población. Tendrá que generar más miedo y, para eso, necesitará avanzar cada vez más sobre los derechos individuales.

[ Nota relacionada: ¿Reforma constitucional para violar los derechos individuales? ]

Veamos otro ejemplo sobre cómo las regulaciones económicas terminan avasallando los derechos individuales. Para que la gente pueda viajar al exterior y comprar divisas, tiene que informarle a la AFIP dónde viaja, por qué viaja, con quién viaja y otras informaciones que, al menos en un estado de derecho, la AFIP no tendría autoridad para pedirla. Es más, cuando se requería la autorización previa de la AFIP para comprar dólares, el ente recaudador no podía establecer como parámetro el ejercicio fiscal en curso porque no lo puede hacer y tampoco le sirve, por lo tanto tenía que recurrir a la información del ejercicio fiscal anterior que no necesariamente tiene que ser igual al corriente. Es decir, para comprar dólares intervenía la AFIP utilizando mecanismos arbitrarios cuando, en realidad, quien debería establecer las restricciones cambiarias tendría que haber sido el BCRA.

Los ejemplos que muestran cómo una regulación económica lleva a otra regulación económica y termina en la violación de derechos individuales son muchos.

El gran interrogante que se abre hacia el futuro es cómo reaccionará el Gobierno ante el cacerolazo del jueves pasado. Como decía antes, el kirchnerismo o cristinismo siempre redobla la apuesta, con lo cual no debe descartarse alguna medida que afecte a la clase media como venganza por la movilización y el cacerolazo. El dato que tenemos es que el Gobierno no tiene problemas en violar las más elementales normas de una democracia republicana. Si han logrado que un DNU pueda tener vigencia con la aprobación de una sola de las cámaras, lo cual es un disparate constitucional, de ahí para adelante pueden hacer cualquier cosa. Incluso desobedecer una sentencia de la Corte Suprema.

[ Nota relacionada: Sobre dólares, desvergüenza y cacerolas ]

Por otro lado, el problema del oficialismo es que si pierde el poder corre el riesgo de recibir un tsunami de juicios por corrupción, al tiempo que serán muchos los jóvenes de La Cámpora que perderán sus privilegios y tendrán que buscar un trabajo en serio. Una mezcla de negocio personal y riesgo de tsunami de juicios hace pensar que intentarán retener el poder a cualquier precio.

Y cuando digo a cualquier precio significa seguir avanzando sobre la libertad de expresión, más carga impositiva, menos propiedad privada y más intimidación para infundir temor en la población. Si se acepta este posible escenario, no debería descartarse que veamos una escalada de protestas como las del jueves pasado y más aprietes del Gobierno. El enfrentamiento podría seguir escalando porque el cristinismo quiere ir por todo y la gente percibe que no solo hay problemas económicos como la inflación, sino también las libertades individuales están en juego.

Si a esto le agregamos los insoportables discursos en cadena, la soberbia con que se manejan y los intentos de adoctrinamiento de los chicos en los colegios por parte de La Cámpora, mi impresión es que esto recién empieza. Y me parece que la reacción del Gobierno frente a la movilización del jueves será algún acto de venganza.

[ Nota relacionada: Destrucción económica y proyecto autoritario ]

Al poco tiempo de asumir la presidencia y durante un acto miliar, Néstor Kirchner les dijo gratuitamente a los soldados: “No les tengo miedo”. El jueves pasado la gente pareció decirle a Cristina: “No te tenemos miedo”.

Frente a un gobierno sin escrúpulos, lo peor que puede hacer la gente es tenerle miedo. Esa es la mejor defensa de su propiedad y libertad. Si tienen miedo, no solo perderán su propiedad y libertad, sino que terminarán aterrorizados, porque el cristinismo necesita del autoritarismo para poder sobrevivir.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Economistas cascaciruelas:

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 16/9/12 en http://www.expansion.com/2012/09/16/opinion/tribunas/1347826508.html

Los economistas han pasado a tener un papel más importante que hace un siglo en las vidas y haciendas de los ciudadanos, con lo cual sus afanes no sólo pueden ser inútiles, sino también dañinos.

En un animado diálogo del capítulo 11 de La Regenta se lee:

–La Economía política me autoriza para cobrar el anticipo, el riesgo y, cuando hay caso, la prima del seguro.

–Del seguro se va usted, señor economista cascaciruelas…

–Yo contribuyo a la circulación de la riqueza…

–Como una esponja a la circulación del agua…

Cascaciruelas significa “persona inútil y despreciable”. También existe la expresión “hacer lo que Cascaciruelas”, a saber: “Afanarse mucho por nada, o sin resultado equivalente al trabajo”. Con los años y las crisis, muchos coincidirán con Clarín, no sólo en el primer sentido; está claro que entre los economistas hay inútiles y despreciables, pasmosos arrogantes que miran a los demás por encima del hombro y creen que como son doctores y catedráticos tiene derecho a injuriar. Pero hay algo más: los economistas han pasado a tener un papel más importante que hace un siglo en las vidas y haciendas de los ciudadanos, con lo cual sus afanes no sólo pueden ser inútiles, sino también dañinos.

Leopoldo Alas se burlaba con fundamento: era catedrático de Economía Política, y sus ideas reformistas han sido analizadas por Alfonso Sánchez Hormigo y Manuel Santos Redondo (véase el volumen coordinado por Luis Perdices de Blas y el propio Santos Redondo, Economía y literatura, Ecobook, 2006).

Los economistas, identificados con el materialismo egoísta, reciben lo suyo, también los liberales. Sobre el Magistral se lee en el capítulo 12: “Si en los asuntos dogmáticos buscaba el auxilio de la sana razón, en los temas de moral iba siempre a parar a la utilidad. La salvación era un negocio, el gran negocio de la vida. Parecía un Bastiat del púlpito. ‘El interés y la caridad son una misma cosa. Ser bueno es entenderla’. Los muchos indianos que oían al Magistral sonreían de placer ante aquellas fórmulas de la salvación.”

Está clara la relación entre desamortización y el liberalismo que creyó que se puede edificar una sociedad libre violando la propiedad. En el capítulo 20 se habla de los “despojos impíos de los liberalotes”, y de que “los maliciosos atribuían su exaltado liberalismo y su descreimiento y desprecio del culto y del clero a la procedencia de sus tierras”.

Hay referencias a economistas célebres, como en este diálogo del capítulo 6:

–Yo también creo en la Economía política.

–Yo no creo, pero respeto mucho la memoria de Flórez Estrada, a quien he conocido.

Tengo una frase favorita, que podrían considerar los socialistas cascaciruelas de todos los partidos, que olvidan que el Buen Samaritano fue generoso con su propiedad y no con el Tesoro Público. Corresponde al capítulo 18, y la pronuncia también don Fermín de Pas: “Cristo ha dicho: reparte tus bienes y sígueme, pero no ha dicho: reparte los bienes de los demás…”.

 El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

El autoritarismo y los límites de la democracia.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/9/12 en http://economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3916

Es frecuente escuchar el argumento que las medida y proyectos del oficialismo son legitimas dado que cuentan con los votos. El famoso 54% y los votos en el Congreso parecerían ser no sólo necesarios, sino también suficientes para legitimizar cualquier curso de acción. 

Este punto de vista, sin embargo, confunde promulgación de una ley con el hecho de que efectivamente una ley se encuentre sujeta a derecho. Esta concepción, sin embargo, puede desembocar en democracias absolutistas, donde la diferencia con otros gobiernos autoritarios no democrácticos es de jure, pero no de facto ¿Cuáles son los límites de la democracia? Ciertamente no por votar una iniciativa la misma es justa o acorde a derecho. Por ejemplo, el voto no hace justo, ni éticamente aceptable, esclavizar a una parte de la población. Si es el voto lo que hace que una ley sea legitima, el famoso 54% kirchnerista podría votar que el restante 46% sean sus esclavos. Pero no es la cantidad de votos, sino principios éticos y morales los que nos hacen ver en esa iniciativa una profunda falta de principios. ¿Qué se puede y no se puede decidir por medio del voto?

Aquellas iniciativas que afecten derechos de terceros no podrían ser ignorados por un voto mayoritario. Justamente el punto de la división republicana de poderes es proteger a las minorías de las mayorías, las cuales no pueden votar cualquier iniciativa que deseen si lo que impera es un verdadero estado de derecho republicano. Las leyes de tránsito pueden ilustrar este punto. Conducir por la izquierda o la derecha, velocidades máximas, señalizaciones, etc., no afectan a derechos de terceros. Es indistinto si se conduce por la izquierda o por la derecha siempre y cuando todos conduzcan por el mismo lado. Lo que el voto democrático no puede hacer es exigir a los conductores a dónde deben dirigirse, dado que ello sí atenta contra sus libertades individuales.

De allí la posibilidad de que actos de gobierno sean ilegitimos a pesar de haber sido aprobados en el congreso. Y de allí también la importancia de un sistema judicial que no se limite a hacer ver las leyes promulgadas, sino asegurarse que las mismas sean acordes a los derechos individuales que la Constitución Nacional debe defender. De lo contrario, el sistema judicial pierde uno de sus roles centrales ¿Acaso los votos hacen legítimo, por ejemplo, que un gobierno le imponga al contribuyente en qué moneda debe ahorrar, o que le restrinja su libertad para entrar y salir del país? ¿Y si esto es ilegitimo, acaso no le corresponde al poder judicial limitar lo que el Congreso se cree con el derecho de votar? No hay duda de que un gobierno puede actuar de esta manera haciendo uso del monopolio de la fuerza, pero que lo pueda hacer no quiere decir que lo deba hacer, ni mucho menos sea el poder lo que legitimiza un curso de acción.

Lo que diferencia a una democracia republicana de una autoritaria es actuar dentro o fuera de los límites que legitimizan sus actos. Suele identificarse a estos límites de acción de un gobierno con la Fórmula de Bastiat, que dice lo siguiente: Un gobierno no puede realizar actos que llevados a cabo por un individuo serían considerados un delito. Si un individuo comete un delito al seguir cierto curso de acción, ¿cómo no lo es también cuando lo hace el estado?

Cruzar este límite es lo que lleva a un gobierno a presentar rasgos autoritarios. Si los principios republicanos implican que el individuo es el soberano, y los derechos del estado le son delegados por los individuos, entonces el estado no posee legitimidad de actuar por fuera de los derechos que le han sido delegados. ¿Si, por ejemplo, yo no tengo derecho a imponerle al lector en qué moneda actuar, entonces de dónde obtiene el estado ese derecho?  El argumento del 54% debe explicar de dónde obtiene el estado el derecho al “ir por todo” cuando esos derechos no le pueden haber sido transferidos por los individuos. O bien se argumenta que es el voto lo que da origen al derecho, y no el derecho lo que limita qué se puede y no votar, o entonces en definitiva se tiene la postura de que el fin justifica los medios. Claramente un derecho que no existe no puede serle delegado al estado, por lo que al actuar crónicamente fuera de derecho el gobierno se vuelve en los hechos un ente autoritario. Estos gobiernos no se ubican así mismos debajo del derecho, como cualquier individuo, sino que se arroga una posición superior. Para estos gobiernos, no todos son iguales ante la ley, ellos son diferentes al arrogarse el poder de hacer cumplir una ley no acorde a los derechos de la sociedad que son gobierno.

¿Pero acaso no es cierto que practicamente todos los gobierno hacen actos que si seguimos la Formula de Bastiat no deberían poder hacer? ¿No es legítimo, entonces, que el gobierno también cruce ese límite y “vaya por todo”? Es cierto que la Argentina no es el único país dónde los estados realizan actos que no le corresponden, pero no es menos cierto que parece preocuparse por sobresalir frente al resto. Sin embargo, las fallas de otros países no son excusa válida para cometer el mismo error en mayores magnitudes. El gobierno K es como un invitado a una fiesta que llega y debe irse manejando su propio vehículo, por lo que no debería tomar alcohol si desea comportarse responsablemente. Sin embargo, al llegar a la fiesta ve a otro invitado que también ha llegado en vehículo tomando una media copa de vino. Dado esto, el gobierno K se autoconvence que es legítimo emborracharse por completo dado que otros están tomando media copa de vino. La falla de la media copa de vino no justifica una borrachera desenfranada.

Los problemas institucionales y culturales no son meras curiosidades intelectuales. Corea del Norte y Corea del Sur comparten su historia y cultura, pero difieren radicalmente en sus instituciones. Es el correcto marco institucional el que define si Argentina se quiere parecer a Corea del Norte o a Corea del Sur. Una vez dado el correcto marco institucional que respete la libertad individual y los derechos de propiedad, es el mismo proceso de mercado el que hace florecer a la economía del país. Los problemas económicos de Argentina requieren más de una corrección institucional que de una económica.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

Diálogo sobre un aspecto moral

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 13/9/12 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7489

 A: Creo que en las casas de estudio debiera mostrarse tolerancia por la pluralidad respecto a personas que exhiben manifestaciones sexuales diferentes y solo juzgar sus condiciones intelectuales y su capacidad docente.

B: Por mi parte, estimo que la esencialísima pluralidad en ámbitos universitarios se refiere a la exposición de distintas corrientes de pensamiento a los efectos de que los estudiantes cuenten con los suficientes elementos de juicio para su toma de decisiones.

A: Pero, por ejemplo, ¿usted excluiría del claustro universitario a una persona que ha decidido operarse y cambiar de sexo o se opondría a otorgarle una distinción académica?

B: Antes que nada debe precisarse que estas materias debieran estar fuera del alcance legislativo puesto que en una sociedad abierta los propietarios deciden quienes ingresan a sus propiedades. En segundo lugar, desde la perspectiva médica no hay posibilidad de modificar el sexo que está impreso en la estructura genética pero si se decide cambiar las formas en el quirófano la persona está en todo su derecho de hacerlo, de lo cual no se sigue que los encargados de admisión deban aceptarla (unas instituciones lo harán y otras no, según el criterio moral de los dueños). La acción humana siempre significa discriminación (entre nuestros amigos, nuestras lecturas, el cine, las comidas etc), lo que no es admisible es la discriminación desde el poder político puesto que significaría contrariar la igualdad ante la ley.

A: Me queda claro que usted sostiene que los dueños deben decidir acerca de las admisiones en sus propiedades según los procedimientos establecidos en las correspondientes disposiciones estatutarias, pero, a los efectos de promover el debate, concretamente, ¿cuál sería su criterio en el caso que comentamos?

B: Nadie puede tirar la primera piedra en cuanto a conductas exentas de errores, pero una casa de estudios debe antes que nada dar ejemplo ético a los estudiantes que convoca que es el punto de partida de todo lo demás. Si estuviera en mis manos, en una casa de estudios que represento y en la que comparto responsabilidades no permitiría que enseñen o sean galardonados aquellos que reiteradamente y en forma abierta exteriorizan actitudes incompatibles con valores y principios elementales.

A: No sigo el razonamiento, ¿que tiene de inmoral cambiarse de sexo?

B: Cuando se alude a lo que es moral se hace referencia a lo que está bien y lo que está mal. En este plano, hay dos dimensiones a tener en cuenta: las relaciones interpersonales que afectan derechos son incompatibles con la moralidad, y las relaciones intrapersonales, es decir, lo que nos hace bien o nos hace mal. Esto último está vinculado a la naturaleza de las cosas. Igual que la manzana, el perro y el ombú tienen ciertas propiedades y características, el ser humano también las tiene. Que el hombre quiera convertirse en jirafa no actualiza sus potencialidades en busca de su autoperfección sino que se degrada, a eso se denomina degeneración. Esta es la parte pacífica de la naturaleza que debe contemplarse, la parte agresiva debe ser contrarrestada en la medida de lo posible como los rayos, los terremotos, las pestes y los abusos de nuestros congéneres.

A: Insisto que si no se afectan derechos de terceros cada uno tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana.

B: Comparto plenamente esa premisa esencial, de lo cual no se sigue que debamos compartir la conducta de otros ni que tengamos la obligación de aceptarlos en nuestras casas. La prueba suprema de tolerancia es precisamente cuando no compartimos la conducta de otros, no tiene gracia alguna tolerar lo que estamos de acuerdo. En una sociedad libre deben aceptarse todos los arreglos contractuales que no lesionen derechos de terceros.

A: Pienso que el permitir el ingreso al claustro a personas que se han operado para cambiar de sexo constituye algo conveniente para los estudiantes al efecto de que conozcan diferentes modos de encarar la vida y no estén en una especie de burbuja irreal.

B: ¿Usted permitiría que un profesor dictara sus clases desnudo?

A: Ese grado de diferenciación puede ofender a otros.

B: Lo cual revela que hay límites en lo diferente. Todos somos distintos, situación que es por cierto afortunada puesto que de lo contrario no solo se derrumbaría la división del trabajo y la cooperación social, sino que las mismas conversaciones se tornarían tediosas ya que se asimilarían a una conversación con el espejo. De lo que estamos hablando es de diferenciaciones que están reñidas con la ética.

A: No comparto ese criterio educativo, incluso a un hijo hay que darle la libertad de elegir su camino como le parezca mejor.

B: ¿Le sería indiferente que su hijo fuera travesti?

A: Tal vez no me sería indiferente pero no quita que deba respetarlo si prefiere seguir ese camino.

B: Sin duda que si es un adulto no se le puede mandar la policía pero el hecho de que no le sea indiferente en el sentido de expresar cierta preocupación pone al descubierto un intuición moral de que está mal aquella conducta.

A: Bueno, pero hay en esto un “trade-off” entre la conducta privada de un profesor y sus contribuciones académicas.
B: El “trade-off” es mucho más que eso. No se trata de conductas privadas sino las que se exteriorizan y se hacen públicas en cuyo caso el “trade-off” es, por una parte, entre la moral que se traduce en el ejemplo al que están obligados los educadores como el abc de la enseñanza y, por otra, las explicaciones más o menos didácticas de temas técnicos circunstanciales.
A: ¿Extendería sus reflexiones a los homosexuales?

B: Si no hay alarde de esa condición no las incluiría. Por otra parte, destaco en un nivel más general que mi única objeción para terceros vinculada a esa situación consiste en que se recurra a la expresión “matrimonio” que proviene de otra tradición y, por ende, tiene otro significado. Lo que si es un despropósito es que el aparato estatal “case o descase”, ya que es un convenio privado celebrado entre hombre y mujer. Por otro lado, fuera del matrimonio, entre adultos deben tolerarse todas las combinaciones imaginables de uniones civiles incluso entre varias personas y también con la participación de animales.

A: ¿No cree que sus anteriores conclusiones resultan contraproducentes a la luz de las críticas que se formulan a los cerrados mentalmente que no son capaces de aceptar otras conductas?

B: Dejarse arrastrar por ese tipo de consideraciones revela complejo de inferioridad. Además, la mente abierta no es un basural abierto que acepta todo a la par, una mente abierta incorpora, digiere, tamiza y selecciona.

A: En su razonamiento aparece una contradicción con el significado de la tolerancia.

B: Reitero que tolerar no equivale a incorporar como propio el criterio del tolerado. Agrego que, tal vez, la palabra “tolerar” debiera sustituirse por “respetar” puesto que aquella expresión encierra algún tufillo inquisitorial. En definitiva, los derechos no “se toleran”, se respetan puesto que nuestras corroboraciones son provisorias sujetas a refutaciones.

A: Dictar cátedra de moralidad no me parece que sea el objetivo de una institución científica.

B: La base de la investigación científica es la honestidad intelectual y el cumplimiento de la palabra empeñada que son conceptos eminentemente morales. La base de sustentación de la investigación libre de ataduras en el contexto de una sociedad abierta es moral antes que jurídica o económica.

A: Me siguen sin convencer sus apreciaciones.

Nota final: estos diálogos se han suscitado entre varios participantes con el autor de esta transcripción a vuelapluma, a raíz de un caso ocurrido en una universidad por la que el que esto escribe guarda especial aprecio.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.