LOS PUENTES DE MADISON: UN PUENTE A LA SEXUALIDAD MATRIMONIAL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/9/13 en:

 

Si han visto Los puentes de Madison, la pregunta podría ser: ¿no es una especie de ataque a la estabilidad del matrimonio? ¿No es una especie de apología de la relación extramarital en la que los personajes se ven envueltos?

Bueno, ok, no he hecho una investigación sobre el director (Clint Eastwood), el guionista
(Richard LaGravenese), el novelita (Robert James Waller),  pero desde el punto de vista de una posible intentio lectoris, no. Es más, recomendaría que la película sea vista por todos aquellos sacerdotes y religiosos interesados en la pastoral matrimonial.
La película, ambientada en las zonas rurales de los EEUU de los 60, narra la historia de Francesca, dedicada a la atención de su casa, su marido y sus hijos. Todo bien hasta allí y ninguna crítica de mi parte a esa nobilísima misión (siempre que haya habido un discernimiento vocacional, claro).
O sea que hasta allí, todo bien. Pero el amor de Francesca por su marido había desaparecido hace tiempo, en algún sentido. La sexualidad parecía haberse esfumado. ¿Y qué?, me podría decir alguien. Pues bien, mi respuesta adelanta el tema de hoy: ¡es que eran un matrimonio!
Entonces aparece Robert, y la sexualidad de Francesca, dormida hace tiempo, se despierta intensamente. Se enamora perdidamente de Robert. La intensidad del drama de la elección posterior está muy bien narrada y es desgarradora, pero no es lo que interesa a fines de nuestro análisis.
La pregunta es: ¿por qué no habría de despertar la sexualidad de Francesca?  No había sido ofrendada con alegría a Dios, como en una vocación religiosa auténtica y psicológicamente bien llevada, donde la propia sexualidad se ofrece a Dios, en forma de sacrificio, y por ello se renuncia a ella, como símbolo viviente de una forma de entrega total a Dios. La sexualidad entregada a Dios, en ese caso, es una riqueza valiosísima; nadie entrega a Dios un tacho de basura, y quien así considera su sexualidad, y por ello renuncia a ella, está seriamente confundido/a y su supuesta vocación religiosa terminará como algo que nunca comenzó.
Entonces, volvamos, ¿por qué la sexualidad de Francesca debía estar dormida? Ella había decidido compartir la vida totalmente con un varón. En ese “totalmente” implica vivir con él, y viceversa, no sólo un proyecto de vida en común, claro está, sino también, y mutuamente, la sexualidad, y los hijos como su fruto más precioso. Eso es esencial a un matrimonio. Yo puedo compartir muchas cosas con una mujer –con los cuidados correspondientes, claro está J- pero al día siguiente, el primer rostro que veo, en la cama, es el de mi esposa. “En la cama” es un símbolo importante. Símbolo de la sexualidad exclusiva con mi cónyuge.
Sin embargo, parece que de hecho no es así. La historia de Francesca es una historia repetida. Al parecer, diversos usos y costumbres nos hacen pensar que la sexualidad en el matrimonio es tal vez para el comienzo, para los primeros tiempos, pero que luego, la rutina, el cansancio, la ocupación por los hijos y etc. matan todo “y es así”. Y además, culturalmente se estimula al varón y a la mujer a estar sexualmente MUY atractivos –que no es lo mismo que elegante, y la línea divisoria la conoce cada uno- fuera de su casa, sobre todo en su trabajo, pero luego, en la casa y precisamente con el cónyuge, ya no importa.

Pero, cuidado: como siempre me gusta decir, el inconsciente es poderoso. Siguiendo de manera a-crítica cierta cosmovisión cultural, hemos echado por la puerta a una sexualidad a la cual NO habíamos renunciado, y entonces, por supuesto, entra por la ventana de cualquier otro lado.
Pero, ¿por qué tiene que ser así? No niego en absoluto las dificultades de la vida matrimonial, pero muchas de ellas surgen porque no pensamos suficientemente lo que realmente estamos haciendo. Toda nuestra verborragia cultural de lo importante y bello del sexo se acaba cuando miramos a los ojos del cónyuge, con el cual, luego de un tiempo, no hacemos esfuerzo alguno de mantener viva la seducción y la pasión, para ponerlas, consciente o inconscientemente, en otro lado. Y entonces, luego de un tiempo, pasa lo que tiene que pasar, y si no, viene la tristeza, el aburrimiento, el desánimo…..

Que se pueden mantener durante años en una supuesta fidelidad hasta que esa sexualidad indebidamente apagada se despierta, se “venga” sencillamente de cualquier modo y en cualquier lado, para que entonces todos se pregunten “cómo, qué pasó??”
A ver si entonces lo decimos claramente: en el matrimonio, la vida sexual es esencial. Que ello tenga dificultades, que no sea todo “color de rosa”, que la vida es difícil, ya lo sabemos, pero si no hacemos ningún esfuerzo por mantener viva la llama del amor matrimonial, no nos sorprendamos después. Sepan esto no sólo incluso, sino sobre todo los religiosos que aconsejan a las personas casadas. Si surge una dificultad grave, es una cosa, pero si sencillamente seguimos a-críticamente una costumbre sin fundamento, es otra. Es importante ver esta película y luego dar una nueva mirada al propio matrimonio, y dar entonces una nueva mirada a nuestro cónyuge. Sí, estamos más viejos, más gordos, más cansados, más desalineados, pero si al amor fue y es auténtico, si hubo siempre respeto, cariño y generosidad, entonces dejemos de ver la sexualidad como algo que ya se acabó, y-o está afuera en un lugar inalcanzable, y advirtamos que está allí mismo, a nuestro lado, y despertémosla con una renovada ternura, seducción, buena onda, buen humor y verdadera entrega al otro en tanto otro.

Los matrimonios no “se” acaban. Los acabamos o los seguimos nosotros. Optemos por lo segundo porque ya hemos optado por ello el día que nos casamos.

 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

Un comentario en “LOS PUENTES DE MADISON: UN PUENTE A LA SEXUALIDAD MATRIMONIAL”

  1. Hay un pequeño problema con este análisis, solo lo mira desde el lado de la situación que afronta Francesca, pero nada se dice de la situación que afronta Robret. Robert no tiene ningún síndrome de abstinencia ni apagado el deseo sexual para encenderse, es una persona de mundo, y sin embargo, la atracción por Francesca es igual de proporcional. Me parece que el análisis es un intento por aproximar algunos puntos del matrimonio y la sexualidad pero se queda corto. En especial por que la película no trata sobre la sexualidad, sino sobre el amor, la responsabilidad, la rutina, el deber, el compañerismo. Puede también interpretarse sobre cómo ve la institución familiar el protestantismo y el sentido de responsabilidad. Algo que el catolicismo está a años luz de poder mirar. También hay un sentido estético muy importante sobre el momento histórico y el descalce de ciertas tradiciones respecto de lo que viene “de afuera”. Pero, reitero, la sexualidad no es el tema central de la película, sino que parece ser el tema central de Gabriel Zanotti.

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