A New Long March: Trade Or War? Xi Jinping Evoking Mao Zedong

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 23/5/19 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2019/05/23/a-new-long-march-trade-or-war-xi-jinping-evoking-mao-zedong/#6e731bac6a66

 

Xi Jinping has proclaimed to the Chinese that they should prepare for a “new long march.” The term “new long march” has a very important historical meaning in China. It evokes Mao Zedong’s strategic retreat in 1934, a retreat from nationalist troops through China’s vast territory. The goal of those who survived, though, was to come back to take power. Mao acquired a reputation as a great leader, and his party took power completely in 1949. The Communist takeover in China led to more deaths than any other regime in the history of mankind—estimates are from 49 to 78 million victims. During the period from 1958 to 1962 alone, the supposed “Great Leap Forward,” 45 million people died.

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Trade wars don’t have nearly as many deaths, but almost everyone loses. This is not an exaggeration—the United States and China make up 40% of the global economy, and what happens there affects the whole world. Both economies are much larger than the third and fourth largest (Japan and Germany), which taken together are still less than China’s. Only the United States can take on China’s trade practices—which have attracted much criticism—with any prospect of success.

Production chains are so intertwined that the shockwaves and bottlenecks resulting from a trade war will affect unforeseen producers. In some cases the affected industry may be one with a unique product, and if this were something necessary for an American military aircraft, for example, the U.S. government would feel obliged to grant exceptions. Peter Navarro, Director of Trade and Manufacturing Policy and one of the main proponents of President Trump’s aggressive stance towards China, has a team that studies these possible bottlenecks and unwanted effects of high tariffs and boycotts of Chinese products. He feels optimistic that he can control the effects, but given the interconnectedness of the economy and the economic processes behind most elaborate products, I have serious doubts.

One of today’s most perceptive economic analysts, Daniel Lacalle, has outlined the reasons why, according to him, it is China that stands to lose the most in this trade war. Its economy is deeply in debt. It needs exports to the U.S. to keep its economy at an acceptable rhythm. Stocks on the Chinese exchange are 40% below their peak, while in the U.S. they are still near record levels. Whereas in the U.S. stocks have risen 40% (DJIA) since Trump took office, in China stocks are lower.

Trade measures in US and China 2018-2019 as compiled by Statista

Trade measures in US and China 2018-2019 as compiled by Statista

CHARTED BY STATISTA

When tariffs were raised in 2018, China responded symmetrically, imposing measures of similar value to those that the Trump administration put in place. With the last two tariff hikes (September 2018 and May 2019), China responded more timidly, with measures at half the value. And regarding other retaliatory measures, as Lacalle clearly explains, two possible actions would have little effect. With regard to rare earth minerals, the U.S. has sufficient reserves to last 140 years, and there are other countries such as Brazil, our new great ally, which has reserves almost 20 times greater than our own nation’s. As for the possibility that China will sell off its U.S. debt, they have less than 10% of U.S. bonds, and the costs would be shared.
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But beyond the fact that China has more to lose, we should not forget that Trump is facing not only external enemies but strong internal enemies as well. In contrast to Xi Jinping’s autocracy, the president of the United States has an independent press very hostile to his administration.

I doubt that Xi Jinping’s China can emulate the long march of Mao Zedong’s retreat, either militarily or economically. In this global economy, the voids created would be filled quickly. But we will all suffer the pains of adjustment. The ideal would be for China to move toward compliance with just trade rules, based on transparency and rights of private property, both physical and intellectual. Unfortunately, of late it seems that we are at the beginning of this difficult struggle, and it’s far too early to be optimistic.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

 

LA TIRANÍA DE UNA AGENDA NEFASTA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Resulta en verdad llamativo que personas que se consideran independientes y con un coeficiente intelectual aceptable se dejen manipular y llevar de las narices por quienes los embarcan en temas que en definitiva son irrelevantes. Tal vez si no les impusieran las agendas sobre los asuntos a tratar, ellos seleccionarían otros temarios pero aparentemente no pueden zafar de lo que se comenta y quedan entrampados en lo que otros dicen.

Este es el caso típico de las ofertas electorales: a medida que se acercan las fechas de los comicios o de un cambio de gobierno las discusiones se limitan a quien es el menos malo o si se votará entre el abismo y lo inoperante, entre las medias tintas o el despeñadero. Se consume así parte importante de la vida y se hace abandono de lo crucial, cual es el fundamento mismo de la sociedad abierta. Se dejan de lado esfuerzos tendientes a mostrar ideas de fondo que precisamente permitirán un mejor futuro. Es la tiranía de un temario suicida. Como he consignado antes, se procede como el perro histérico que en círculos pretende morderse la cola.

Se argumenta que no hay tiempo para imaginar otros horizontes y, paradójicamente, se extermina la cuarta dimensión con nimiedades en comparación con proyectos que permitirían zafar de los incendios cotidianos.

Los torrentes salivares y los mares de tinta que absorben lo temas comiciales no dejan resquicio para resolver los problemas a través del estudio y la difusión de valores y principios que permitirán salir del atolladero.

Todo este cuadro de situación parece montado deliberadamente para bloquear soluciones de fondo al machacar en intercambios interminables sobre lo superficial. Es que resulta más cómodo declamar sobre candidatos electorales en lugar del trabajo que demanda el escudriñar sobre los fundamentos de la libertad y las consecuencias nefastas de los atropellos a los derechos por parte de los aparatos estatales.

Algo parecido sucede con ciertos personajes que se consideran intelectuales pero que la juegan de políticos proponiendo medidas que reconocen que no apuntan ni remotamente a lo más conveniente pero que las sugieren porque son “políticamente correctas” con lo que abdican de su rol intelectual y en la práctica se venden al mejor postor.

La cuestión clave es comprender que la opinión pública en última instancia se mueve por las ideas al momento dominantes y que esas ideas nacen primero de cenáculos intelectuales que se van esparciendo como los círculos concéntricos en un estanque cuando se arroja una piedra. Se desplazan hacia los lados en donde se van tocando áreas cada vez más amplias. Las ideas no vienen del aire, son fruto de trabajos previos.

Pero si en lugar de ocuparnos de las ideas nos circunscribimos a pontificar sobre fórmulas electorales, habremos perdido lastimosamente  el tiempo y siempre estaremos empantanados en comicios circunstanciales.

Repetir como loros lo que ya está en los diarios y en los noticieros no tiene gracia. Es como detenerse en consideraciones meteorológicas frente a un enfermo grave de la familia que requiere nuestra atención.

Es hasta tragicómico observar con la rapidez que las personas suelen engancharse en acaloradas discusiones sobre nimiedades electorales mientras el país se derrumba.

En otras oportunidades me he detenido por separado y en detalle en ejemplos de ideas que podrían debatirse. En esta oportunidad solo los menciono al correr de la pluma al solo título recordatorio: la eliminación de todas las embajadas en vista de los modernos canales de comunicación, cambio del sistema nefasto del mal llamado sistema de seguridad social en realidad de inseguridad antisocial, liquidación de la banca central y el curso forzoso para que la gente pueda elegir el activo dinerario de su preferencia, el establecimiento de un genuino federalismo donde las provincias coparticipen al gobierno central solo para relaciones exteriores y defensa, eliminación de los ministerios de educación y cultura como opuestos a sistemas abiertos y competitivos en busca de excelencia, prohibición de deuda externa gubernamental al efecto de no comprometer futuros patrimonios de quienes no han participado en el proceso electoral que eligió al gobernante que contrajo la deuda, reestructuración de la maraña impositiva para establecer solo gravámenes indirectos, proporcionales y mínimos para atender los requerimientos del republicanismo, eliminación  de aranceles que siempre incrementan la inversión por unidad de producto, permitir negociaciones libres en el mundo del trabajo en el contexto de la eliminación de retenciones al fruto del trabajo ajeno y la introducción de vallas adicionales a los aparatos estatales en los tres poderes en base a lo sugerido por pensadores consubstanciados con la tradición liberal.

Por supuesto que para los distraídos estas propuestas de debate suenan como un balde de agua fría si han centrado las energías solo en descifrar embrollos comiciales sin haber prestado atención a los temas de fondo. Y no es que deban adoptarse las sugerencias telegráficamente mencionadas en esta nota periodística, sino que se trata de salir del letargo y trabajar las neuronas para eventualmente proponer otros caminos y así abandonar el pantano. Pero, nuevamente, si nos limitamos a consideraciones sobre cuales son los nombres propios de las alianzas electorales circunstanciales no habremos avanzado nada hacia lo que es en realidad la meta de toda persona de bien: el mayor progreso moral y material para cada una de las personas, especialmente para los más necesitados.

En todas las reuniones a las que asisto últimamente cuando comienzan los comentarios sobre vericuetos de la política vernácula propongo que dejemos de lado lo ya sabido y es que en el escrutinio final votaremos por el menos malo de quien tenga posibilidades de ser electo, pero para salir del pantano y alejarnos de la calesita reiterativa y tediosa más bien pasemos a otro asunto clave y es que nos preguntemos que hace cada uno diariamente para despejar ideas y por tanto para cambiar el rumbo que en el caso argentino nos aplasta hace siete décadas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El riesgo de mantener contenido el tipo de cambio con altas tasas de interés

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/5/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/28/el-riesgo-de-mantener-contenido-el-tipo-de-cambio-con-altas-tasas-de-interes/

 

Desde que fue creado el BCRA, hace exactamente 84 años, la inflación promedio anual fue del 53,3% anual acumulando una inflación de 257.710,71 billones por ciento. Este solo número, junto con los 13 ceros que se le quitó a los diferentes signos monetarios, donde un peso actual es equivalente a $10.000.000.000.000 moneda nacional, evitan abundar en detalles explicando por qué no tenemos moneda. No es casualidad que tengamos períodos de calma en el mercado de cambios y luego violentos saltos porque la gente se refugia en el dólar que es la moneda que eligió como reserva de valor y para muchas operaciones como medio de intercambio.

El gráfico muestra la evolución mensual del tipo de cambio real a pesos de abril de 2019 en los últimos 48 años y medio. Para armar la serie obviamente se van eliminando ceros a medida que se fueron produciendo los cambios de monedas, y se lo actualiza a valores actuales por el Índice de Precios al Consumidor, y se le resta la inflación de EE.UU.

Algunos preferirán usar precios combinados (mitad la variación del índice  consumidor y mitad del índice mayorista, ambos del Indec), pero la realidad es que ese esquema consiste solo en cambiar la ponderación de los bienes transables en el indexador. En cualquier caso, pueden variar los niveles absolutos de la serie pero la tendencia es la misma.

Lo que muestran estos 48 años de tipo de cambio real es que entre 1970 y 1991 la volatilidad fue fenomenal. En el gráfico se observan 3 picos: 1) en 1975 con el rodrigazo, fruto de la inflación cero de Gelbard; 2) la salida de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y la licuación de pasivos y 3) la hiperinflación de 1989 que precipitó la salida de Raúl Alfonsín.

También vemos que hay 3 períodos de tipo de cambio que son los más bajos de la serie: 1) en enero de 1981, con el fin de la tablita cambiaria (en febrero de 1982 Martínez de Hoz devalúa el peso un 10% a pedido de Lorenzo Siguat que era el ministro que le iba a seguir en el cargo); 2) el período de la convertibilidad, en los 90; y 3) a partir del momento que asume Néstor Kirchner, continúa con Cristina Fernández de Kirchner y se recupera transitoriamente con Cambiemos para volver a caer.

Características de cada ciclo 

Cada vez que el tipo de cambio fue contenido con tasas de interés artificialmente altas, con endeudamiento externo y controles de cambio, incluidos cepos cambiarios, luego vino un estallido de diferente magnitud.

Por ejemplo, el control de cambios impuesto por Ber Gelbard junto con un déficit fiscal consolidado de 7,5% del PBI comenzó con un tipo de cambio en moneda actual y a pesos de abril 2019 de $82 y termina a fin de año con un tipo de cambio real de $72,5. El ministro hace algunos ajustes a comienzos de 1974 y luego de algunas correcciones que le hace Alfredo Gómez Morales llega al rodrigazo, cuando Celestino Rodrigo destapó la olla de la inflación cero de Gelbard y el tipo de cambio llegó al equivalente a $170 actuales. En febrero de 1976, con el país totalmente fuera de control, se llegó a un dólar de $272 actuales.

La tablita cambiaria de Martínez de Hoz comenzó con un tipo de cambio, siempre a pesos de abril de 2019, de $51 en diciembre de 1978 y terminó en enero de 1981 en $28 actuales. Otra fenomenal caída del tipo de cambio real. Luego del plan Bonex en diciembre de 1989, el tipo de cambio larga en $55 actuales se llega con un tipo de cambio de $30 actuales en febrero de 1991 y se entra en la convertibilidad a $27 actuales.

Eduardo Duhalde devaluó 40% y terminó buscando el tipo de cambio de $4 por dólar. Lo cierto es que luego de corralón, pesificación asimétrica y demás embrujos, Néstor Kirchner asume en mayo de 2003 con un tipo de cambio equivalente a $55 actuales y Cristina Fernández de Kirchner termina su segunda presidencia con una paridad a pesos de abril 2019 de 28 pesos.

En los 48 años considerados, fue frecuente el uso del tipo de cambio como ancla contra la inflación. Cuando se observa toda la serie no se encuentran períodos largos en que el peso se revalorizara fruto de un fuerte ingreso de capitales para invertir en el sector real de la economía. El período de mayor ingreso de divisas por Inversión Extranjera Directa fue en los 90, pero ahí el tipo de cambio se mantuvo bajo por ese ingreso de capitales y por el endeudamiento que a partir del segundo mandato tomó el gobierno de Carlos Menem.

Factores que debilitaron el valor del peso

En general la combinación para anclar el tipo de cambio consistió en controles y cepos, uso de la tasa de interés y el endeudamiento externo y un breve período de buenos precios internacionales en el Gobierno de los Kirchner que ayudaron a financiar la fuga de capitales sin que saltara el valor de la divisa.

Para tener una idea, Fernando de la Rúa gobernó con una soja promedio de USD 179 la tonelada; en todo el período kirchnerista promedió USD 372; el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner gozó de una cotización de USD 484; y de USD 469 el segundo. Precios récord y encima tuvo que poner el cepo cambiario ni bien ganó las elecciones en octubre de 2011 y llegó agonizando al cierre de 2015 vendiendo futuros en cantidades industriales.

El gráfico 1 marca dos datos. La primera mitad de esos 48 años se caracteriza por una altísima volatilidad en el tipo de cambio real, con fenomenales subas y bajas. El segundo es que desde 1991 predomina un tipo de cambio muy bajo; la cual no puede explicarse por una lluvia de inversiones, salvo los primeros años de la convertibilidad con las privatizaciones.

Es decir, desde 1991 se acumulan 28 años mostrando uno de los tipos de cambio más bajos de la serie histórica, y se empeoró la relación gasto público/PBI, carga tributaria, inseguridad jurídica y legislación laboral, por citar algunos ítems. Todos factores que juegan en contra de la fortaleza del peso.

Obviamente no voy a caer en el ridículo de decir cuál tiene que ser el tipo de cambio que debe regir en la economía, pero sí puedo afirmar que la constante ha sido manipular el tipo de cambio como ancla contra la inflación por el hecho de no tener una moneda. Como la gente no cree en el peso argentino por los dislates cometidos desde 1935 a la fecha, el argentino eligió el dólar como su moneda y los gobiernos se empeñan en obligar a los argentinos a usar el peso, un producto que ya nadie quiere. El resultado es tener que poner cepos cambiarios, controles de precios o pagar tasas de interés disparatadas para mantener con respirador artificial una moneda que ya está muerta como tal, como es el caso del peso.

Casi medio siglo de disparates cambiarios confirman que el peso viene agonizando hace rato.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

Un superávit que marca la decadencia

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 27/5/19 en: https://www.ambito.com/un-superavit-que-marca-la-decadencia-n5033764?fbclid=IwAR16NxiQOzz5kDK7j8J_yrzMBEap-NxKQcJqgtgqR3u7rUJeDXRINuwgY0A

 

Un superávit que  marca la decadencia

Como anticipamos varias veces que sucedería, todos están recalculando la evolución del PBI a la baja, y lo seguirán haciendo, a no dudarlo. Ahora en el Ministerio de Economía calculan que caerá el 0,8% en 2019, contrastando con el 0,5% del Presupuesto, pero todavía son optimistas, sobre todo al afirmar que la economía crecerá en 2020.

Veámoslo por el lado de la balanza comercial. En abril de 2019 el superávit fue de u$s1.131 M, así el primer cuatrimestre tuvo un resultado de u$s3.147 M -Ecolatina estima u$s10.000 M para todo 2019- contrastando con el déficit de u$s3.260 M en 2018. Y para el Gobierno esto es alentador. En realidad, tiene una doble lectura negativa.

En primer lugar, en abril las exportaciones crecieron, en cantidades el 10,3%, pero solo un 1,7% i.a. en efectivo debido a la baja de los precios de cas un 8%. En el acumulado del primer cuatrimestre caen el 1,2%. Considerando la fuerte devaluación del peso superior al 50%, mejorando la competitividad argentina, claramente las exportaciones se desarrollan mal a consecuencia de la caída en la productividad.

Por su lado, el desplome de las importaciones es consecuencia del PBI que cae con un futuro deprimente. Las compras al mundo se derrumbaron el 31,6%, acumulando una caída en lo que va del año del 28,9%. No solo muestra que sigue bajando el consumo sino también las inversiones futuras, ya que la importación de bienes de capital se contrajo el 42%, la de piezas y accesorios para bienes de capital un 28%, las de bienes intermedios -necesarios para procesos industriales- el 17% y la de combustible y energía un 7%.

Por cierto, a esas flojas exportaciones aportaron sobre todo las de productos primarios que subieron el 18,8%, aunque un 29,5% en cantidades dado que desde mediados de 2018 el precio FOB de la soja en Argentina cayó el 12% en promedio. A este panorama desalentador hay que sumarle la fuerte caída de las cotizaciones internacionales y el dólar artificialmente planchado por el Gobierno.

La “guerra” entre Trump y China, los mayores stocks de cereales dada la mayor producción en EE.UU. y la posibilidad de que áreas dedicadas al maíz pasen a producir soja, la fiebre porcina en China -los cerdos consumen harina de soja- parecen haber tenido un impacto en la cotización de la soja. Aunque otros opinan lo contrario: la guerra arancelaria podría favorecer a las exportaciones de Brasil y Argentina -segundo y tercer productor global, respectivamente- al mercado chino y no sería la fiebre porcina un factor bajista ya que el mayor consumo es el de las personas no de los cerdos.

En cualquier caso, el ambiente internacional se tensa. Si EE.UU. cierra sus fronteras, China podría acelerar su capacidad para fabricar aviones comerciales, la inteligencia artificial que ya tiene un desarrollo importante tanto que los bancos han incorporado tecnología para escanear el más mínimo movimiento facial y detectar posibles indicios de fraude y tantas otras industrias.

A esta competencia y a la falta de acceso a uno de los mercados más grandes del mundo, la sentirán los accionistas en EE.UU. Al frenazo del comercio global, cuya expansión será inferior al 2,6%, según la OMC, contrastando con el 3% de 2018, podrían agregársele otras cosas como que Pekín rife los bonos del Tesoro de EE.UU. que tiene en cartera, unos u$s1.100.000 M, o que devalúe la moneda para compensar los aranceles de Trump que, por otro lado, dice que puede derivar parte -unos u$s15.000 M- de lo que recaude con el aumento de los aranceles a los exportadores agrícolas (soja, maíz, trigo y arroz) deprimiendo más los precios internacionales. Precios bajos, retenciones y dólar planchado, reprimido, afectarán el nuevo ciclo productivo, advierten productores. La renta fija que ajusta por CER -Boncer 2020 (TC20)- tiene una TIR de 33,05% mientras que el Bonar 20 AO20 (AO20D)- bono en dólares que también vence en 2020- rinde 18,59%. Semejantes tasas evidencian un enorme caos en el mercado monetario y de deuda fogoneado desde el Gobierno. El problema es que, como toda represión, en algún momento va a estallar, de un modo o de otro. Es infantil la idea de que se puede mantener algo comprimido mientras se busca la solución para que no se desborde, le estallará en la cara.

Es imposible desenmarañar esto sin liberar y sincerar al mercado. El dólar planchado destruirá la producción -sobre todo si se hace en base a mantener las tasas altas-, ergo, la recaudación impositiva. Pero cuando lo liberen -o cuando estalle, las tasas parecieran indicar un desfasaje de base del orden del 15%- la deuda en dólares -y con el FMI- se complicará mucho dado el modelo macrista de sostener un Estado más que elefantiásico.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La economía atacada por leyes antieconómicas

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

 

Generalmente, se culpa al gobierno de turno por los fracasos económicos que acaecen durante su gestión. No cabe duda que un gobierno puede cometer torpezas económicas y -de hecho- la mayoría de ellos (sino todos) lo hacen cada vez que tienen la oportunidad.
Nuestra mirada cortoplacista nos hace pensar que la culpa completa de los desastres económicos (grandes o pequeños) son del gobierno al mando del momento. Sin embargo, suele pasarse por alto que cuando un partido llega al poder, pesarán sobre sus espaldas y maniatarán su campo de maniobra de acción todo el peso de las leyes que le precedieron, y que en el país rigen desde décadas atrás.
En el caso argentino -al menos- la gran mayoría de estas leyes no sólo son inconstitucionales, sino que también son antieconómicas, y el partido gobernante (a menos que desee y pueda convertirse en una tiranía al estilo de la Venezuela chavista) está obligado a respetar todas y cada una de esas leyes, siendo el poder ejecutivo, meramente, el encargado de su aplicación.
Además de esto, también se soslaya que, no sólo gobierna el poder ejecutivo, y que este debe limitarse a rol de aplicar las leyes que ya existían y existen antes de la llegada del partido gobernante, sino que también gobierna el poder legislativo, que no para de sancionar leyes que, por lo general, también son cada vez más inconstitucionales y -por consiguiente- más antieconómicas. A pesar del tiempo transcurrido, creo que quien mejor expuso esto, que aquí simplemente delineamos, fue el prócer argentino Juan Bautista Alberdi en su maravillosa obra Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.
Alberdi fue el inspirador más importante de la Constitución de la Nación Argentina, la que pese a las graves mutilaciones sufridas con la reforma del 1994 todavía conserva parte del espíritu de aquella Constitución Fundadora. En la obra señalada antes, el insigne Alberdi detalla cual es el verdadero espíritu de esa Constitución, y que puede resumirse en una sola palabra: libertad.
Podemos decir que, un país es lo que sus leyes expresan y no lo que sus accidentales gobiernos -en suma, pasajeros- dicen que es o quieren demostrar que es.
Es cierto que en el caso argentino la gran mayoría de los gobiernos han querido (y seguramente seguirán queriendo) estar por encima de las leyes (Constitución Nacional incluida) y a veces consiguen ejecutar actos que circunstancialmente les permiten estarlo. Pero hay todo un entramado o tejido social subterráneo al gobierno y que este -por muy grande y poderoso que sea- no puede controlar, y que está construido por la burocracia, las leyes administrativas y un gran armazón de enmarañada y compleja red de reglamentaciones, resoluciones y disposiciones que no hacen más que entorpecer la vida de los usuarios y ciudadanos comunes que son, en definitiva, quienes configuran el motor económico de una nación.
Porque la economía no la hacen los gobiernos ni las leyes, sino los seres humanos que son los únicos que pueden producir o impedírseles de hacerlo, y para esto último están precisamente las leyes, dado que para producir el hombre no necesita de ninguna ley, sino sólo de su esfuerzo y voluntad de trabajar y ofrecer un servicio o bien con el cual será retribuido por alguien que esté dispuesto a pagar por él.
Las leyes -sobre todo cuando son excesivas como en el caso argentino- sólo pueden obstruir e impedir el desenvolvimiento económico y productivo de la nación, jamás al revés. Porque aún sin leyes, el hombre tuvo que descubrir -después de salido de las cavernas- que la única manera de prosperar pacíficamente era intercambiando con sus semejantes bienes o servicios que otros necesitaban para obtener lo que él quería.
Y fue Adam Smith el que reveló que, gracias al egoísmo de los hombres las sociedades salen a flote, aun cuando esos seres egoístas no lo desearan. Simplemente, están naturalmente compelidos a colaborar con la sociedad -aun involuntariamente- proveyéndola de bienes y de servicios como condición sine qua non para poder llevar a su casa lo que él y su familia necesitan para subsistir y progresar. El egoísmo es el motor humano -como dirían los economistas clásicos- que no necesita de ninguna ley del parlamento para que la sociedad adelante por sí misma.
La hiperinflación legislativa es un fenómeno típico del intervencionismo más extremo, creando el síndrome que dimos en llamar de legalitis o legismanía, que podría definirse como pasión por las leyes o por legislar todo lo legislable y también lo no legislable.
Esto no quiere decir que no deberían existir las leyes -lo que sería un contrasentido, más proviniendo de una persona que ejerce la profesión de abogado- sino que, como todas las cosas de la vida, lo que debe evitarse es su exceso, ya que todos los extremos son peligrosos, y no debe haber ni déficit ni superávit de leyes, porque la ley no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin, que es que allí donde se quiebre la convivencia -por cualquier motivo que sea- debe existir una ley que permita restablecerla y punto. La ley no debe cumplir otro rol que el indicado: ser un correctivo para normalizar una situación anormal, si es que esta no puede solucionarse por sí misma o -mejor dicho- por los interesados e involucrados en la controversia. Y, por supuesto, deben existir las leyes penales, sólo para evitar la justicia por mano propia y no por otras razones más sofisticadas.
Ahora bien, todo lo que exceda lo anterior, sobra, y termina siendo nocivo para la sociedad, porque lejos de aventar los conflictos, los atrae, genera y retroalimenta. Máxime como sucede hoy en día, donde hay -prácticamente- leyes para todos los gustos, grupos y personas, y donde la velocidad con la que el congreso las expide hace que todos quieran tener “su” ley, hecha a su medida e intereses, o para su colectivo preferido, sindical, empresarial, laboral, religioso, docente, LGTB, feminista, abortista, etc. Lo que crea no pocos enfrentamientos entre estos diversos conjuntos y otros no nombrados aquí, que como queda visto demuestran que la proliferación de leyes lejos de traer paz social trae inquietud y tensión social.
En rigor, basta una sola ley. Aquella que simplemente dice: “la propiedad es inviolable”.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina ‏ 

LOS PROBLEMAS DE UNA SEXUALIDAD HISTÉRICA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/5/19 en:  http://gzanotti.blogspot.com/2019/05/los-problemas-de-una-sexualidad.html

 

Se ha expandido, y sobre todo entre adolescentes y jóvenes, la teoría de que varones y mujeres, y especialmente mujeres (o lo que cada uno se considere) deben ser libres de vestirse como quieran y que nadie tiene derecho a impugnar esa opción, por ninguna –reitero: ninguna- razón. Y que si la vestimenta en cuestión es considerada estimulante de la pulsión sexual, eso corre por cuenta del que mira, que sería un “pervertido”.

Las feministas radicales que han creado esta manera de pensar, y las adolescentes que consumen esta forma de ver su sexualidad, ignoran Freud 101. La sexualidad no es uno o cero, no es un click que se enciende a voluntad: ahora 100 %, cuando quiero tener una relación sexual, ahora cero, cuando no, y al mismo tiempo circulo por una sociedad que bombardea con mensajes y contenidos hipersexualizados. La sexualidad es una pulsión originaria de potencia cuasi-infinita, que a duras penas, con el super-yo, logra socializarse. Su supone que una persona neurótica adaptada –porque en el último Freud la neurosis es la condición normal del equilibrio entre el ello, el super yo y el principio de realidad- ha logrado diferenciar el eros cortado a su fin sexual que se da en el endogrupo familiar –lo que Freud llama amor de ternura- con el eros enfocado a su pareja sexual en el exogrupo. Pero eso, más que un resultado, es un equilibrio delicado que siempre tiende a romperse. Las miradas, los abrazos, las caricias, siempre tienen un margen de eros no cortado a su fin sexual. Por eso ciertos usos y costumbres sociales han tratado de moderar todo ello cuando precisamente no hay intención sexual y al revés. Un profesor, un sacerdote, un padre, un terapeuta y el amigo de la esposa de un amigo, dan ternura pero tienen el cuidado, incluso en su vestimenta, de ser simbólicamente –en términos de Lacan- “vistos” como cortados a su fin sexual. Incluso el Antiguo Testamento dice en el Levítico: “no te des-cubrirás ante tu hermano, padre, etc…”. Interesante el claro mandato a los miembros del endogrupo, que se puede analogar a todo grupo que en principio debe tener funciones cortadas al fin sexual.

Las feministas radicales tienen razón en que no hay que mirar –y muchos menos avanzar- a una mujer aunque sea la misma Lady Godiva resucitada. Pero si eso se logra, no es por ellas, precisamente, sino por el Cristianismo y la Gracia de Dios, cosas que ellas desprecian absolutamente.

De este modo, estamos viviendo en una sociedad histérica, donde varones y especialmente mujeres hiper-sexualizadas tienen a disposición un teatro de miradas –del que obtienen una alta rentabilidad–  pero es una sociedad a la vez hipócrita, porque ese teatro de miradas debe ocultarse totalmente, debe negarse totalmente y salir luego, por supuesto, por otros medios muy secretos. Una situación social muy difícil de manejar para la psiquis humana y que tiene y tendrá consecuencias muy bien previstas por el gran maestro en El malestar en la cultura.

Por supuesto, me van a decir que todo esto es muy difícil y que no se entiende. Precisamente, hay en este feminismo radical y en sus consumidores una atroz falta de estudio, de elemental formación psicológica, de sensibilidad hacia lo humano y de conocimiento de la naturaleza humana. Y como siempre, Freud no está al servicio de estas cosas, sino al servicio de una formación humana que tiene muy en cuenta que el pudor evita neurosis más graves. La sexualidad es complicada de por sí, y a pesar de la comprensible utopía de Marcuse en su Eros y civilización, siempre va a ser así. Pero no la compliquemos más. La civilización, cualquier civilización, requiere la socialización de la pulsión originaria y ello siempre tiene sus precios. Pero, por favor, la inflación, en estos temas, tiene su hiper y un default muy peligroso, que ya estamos viviendo sin darnos cuenta.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Síguelo en @gabrielmises 

Huawei y los destrozos de Trump

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 23/5/19 en: https://www.ambito.com/huawei-y-los-destrozos-trump-n5033166?fbclid=IwAR2rsnlcwUZfVXxLORczS9mo6-RaMMt996eGttaEbisjE8441AHKGowxiR0

 

Huawei y los destrozos de Trump

Patético. Era la Grecia antigua y ya Aristóteles sabía que la violencia era, siempre y necesariamente, destructiva; de hecho, la definía como aquello que intenta -desviar- destruir el desarrollo del cosmos. Y así lo replicaron científicos de la talla de Tomás de Aquino, pero en pleno siglo XXI todavía hay quienes no pueden superar la primitiva idea de que la violencia puede ayudar en la defensa o, peor, en el establecimiento de un “orden social”.
Y así va el mundo. Trump me recuerda a la Segunda Guerra Mundial (SGM). Según los Aliados, se hacía para liberar al mundo de tiranías y guerras -ya lo habían dicho en la Primera- y por supuesto, semejante incongruencia -guerrear para evitar la guerra- produjo el resultado opuesto: cercenaron las libertades de sus ciudadanos, empezando por aumentarles los impuestos y hasta llevarlos a la guerra para morir.Charlton Heston recordaba amargamente su vuelta de la SGM: “Nos habían dicho que era para terminar con las tiranías y vimos crecer otra peor”. Después de 60 millones de muertos y la destrucción masiva de propiedad privada, se consolidó la peor tiranía de la historia, la URSS, que finalmente cayó -el Muro de Berlín- como era lógico: en paz.

No siendo protagonista de la SGM, Trump encara su propia “guerra” -bien idiota- contra China. Utilizando el monopolio estatal de la violencia, impone barreras a los productos chinos provocando una destrucción inútil que sufren sus propios ciudadanos, que ahora pagarán más caros sus insumos mientras la balanza comercial no mejora, empeora.

Por la tensión entre EE.UU. y China, escenificadas a través de Google y Huawei, si los peores presagios se cumplen, la electrónica se encarecerá entre un 10% y un 15% para todos los occidentales. Porque impactará en los costos de producción de todas las empresas: las tarjetas de sonido y gráficas, circuitos impresos, pantallas, baterías, antenas, módems y demás componentes están llamados a elevar sus facturas que llegan desde China.

Por otro lado, según JP Morgan, deslocalizar la producción de sus iPhones de las plantas de Foxconn en Shenzhen, para llevarlas a EE.UU. significaría que Apple debería incrementar un 14% sus precios dado el encarecimiento por la mano de obra estadounidense. De modo que “podría resultar más barato para Apple seguir construyéndolos en China y pagar las tarifas”, según Wire. Por cierto, las acciones de Apple cayeron al conocerse la noticia.

Por otro lado, Huawei trabaja en su propio sistema operativo alternativo al Android de Google y al de Apple. Los fabricantes chinos acaparan un 43% del mercado mundial de móviles -mil millones de usuarios- con lo que no es descabellado pensar que puedan consolidar un tercer sistema operativo común. Y, sin dudas, se dispararán acciones judiciales de todo tipo: los abogados de Huawei, la organización de consumidores Facua, y los asesores legales Legalitas ya han insinuado hacerlo.

Y todo porque Trump teme la tecnología 5G que desarrollan los chinos, que podría servir para “espiar”. Y le teme porque la información es, precisamente, como he dicho muchas veces, la mejor defensa contra la violencia: de qué sirve el mejor ejército del mundo contra un insecto que puede conocer y anticipar sus movimientos. Por eso Washington censura a Wikileaks, entre otros medios de prensa. En fin, como broche, lo que va a lograr Trump, además, es un retraso en el desarrollo de las redes -y tecnología- 5G.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini