Un ingrediente fiscal que aporta consistencia al modelo económico

Por Adrián Ravier.  Publicado el 8/6/18 en https://www.lagaceta.com.ar/nota/773387/actualidad/ingrediente-fiscal-aporta-consistencia-al-modelo-economico.html

 

 

 

ANUNCIO. Federico Sturzenegger y Nicolás Dujovne aseguraron el jueves que el préstamo del FMI ayudará a reducir el déficit fiscal en dos años. TELAM.

La crisis cambiaria de mayo pasado es un nuevo punto de inflexión en la política económica de Cambiemos. La fragilidad del modelo económico quedó clara por una brisa que llegó desde Estados Unidos y se convirtió en un huracán al sur del continente. Pérdida de reservas, un dólar más alto y aceleración de la inflación son consecuencias lógicas de un modelo endeble.

Recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) parecía una medida desesperada, pero tras el acuerdo del jueves último, el mercado parece comprender que el ingrediente fiscal aporta consistencia al modelo económico, al menos hasta las elecciones de 2019.

Sintéticamente, el FMI promete un blindaje cuatro veces mayor que aquel de 2001 que los argentinos recordamos con dolor. A los U$S 50.000 millones que aporta el Fondo, se suman otros U$S 5.560 millones que aportarán otros organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial (BM) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La tasa de interés, apenas un 1,96 %, resulta atractiva, pero puede subir en distintas circunstancias.

Las condiciones del crédito comprometen al gobierno a una corrección más acelerada de los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario.

Comenzando por el lado fiscal, la nueva meta para el déficit fiscal de Nación primario 2018 es la que el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne había lanzado en medio de la crisis cambiaria para calmar al mercado: baja del 3,2% al 2,7% del Producto Bruto Interno (PBI). En 2019 se proyecta acortar este déficit a 1,3% (frente al 2,2% anterior) y el equilibrio fiscal se conseguiría en 2020, es decir, un año antes de lo que se había planteado originalmente. En 2021 obtendríamos un superávit primario del 0,5 %, que ya contribuiría a pagar intereses de deuda.

La buena noticia ha llegado en una circular del Ministerio de Hacienda. No sólo se compromete el gobierno a reducir el déficit primario según comentamos, sino que también se reducirá el déficit financiero. El resultado primario y financiero proyectado sería de 5,1 % en 2018, 3,7 % en 2019, 2,3 % en 2020 y 1,7 % en 2021.

Independencia

Esto no es todo. El compromiso del gobierno incluye también un esfuerzo por devolver independencia al Banco Central, lo que requerirá la presentación de un proyecto al Congreso para modificar la Carta Orgánica. Entre varios puntos, la Argentina se compromete a eliminar la asistencia financiera del BCRA al Tesoro, incluyendo la cancelación de su deuda con la autoridad monetaria. Concretamente, el Tesoro cancelará las Letras intransferibles por U$S 25.000 millones.

Un punto no menos significativo es que a partir de ahora el Banco Central no estará obligado a comprar los dólares que el Tesoro adquiere a través de la deuda externa, lo que permitirá contener la expansión de los agregados monetarios que es la clave para paliar exitosamente la inflación.

En este escenario, el equipo económico coloca nuevas metas de inflación: 17 % para 2019, 13 % para 2020, 9 % para 2021 y 5 % para 2022. El plan claramente depende del cumplimiento del escenario fiscal previo.

Con este anuncio de blindaje y un escenario de ingreso de divisas a las reservas del BCRA, la autoridad monetaria se animó a anunciar la quita del techo al tipo de cambio, para dejarlo dejarlo flotar según la oferta o la demanda del mercado.

Los siete escalones

1.- La historia del FMI en Argentina no ha sido positiva. Los acuerdos han sido siempre atractivos en sus planteos, pero las promesas incumplidas han sido la norma. Basta que el gobierno firme el acuerdo y reciba los desembolsos para que se interrumpan los recortes fiscales. Las condiciones se renegocian una y otra vez hasta que el organismo se retira y en la Argentina queda una crisis económica, política y social. Primer mensaje: la Argentina no resuelve sus desequilibrios por el acuerdo con el FMI, sino con el cumplimiento de las metas anunciadas.

2.- Tenemos entonces la segunda pregunta: ¿es viable el cumplimiento de las nuevas metas? Comenzando por el lado fiscal, 2018 ya presenta un primer inconveniente dada la menor actividad económica que se vislumbra para el segundo semestre. Menor actividad implica menor recaudación fiscal. ¿Podrá Dujovne bajar el gasto público para cumplir esta meta en un contexto de baja de actividad y recaudación tributaria?

3.- Recordemos, además, que si el BCRA a partir del acuerdo deja de comprar los dólares que adquiere el Tesoro, entonces deberá venderlos en el mercado local. Al hacerlo contrae la oferta monetaria, lo que reduce aún más la actividad, en un contexto de contracción monetaria requerido para cumplir las metas inflacionarias.

4.- Asumamos que “esta vez es diferente” y el Ministerio de Hacienda finalmente concreta los esfuerzos comprometidos. En ese caso hay que llamar la atención a los plazos del acuerdo porque se extienden hacia el siguiente gobierno. ¿Será reelecto el gobierno de Cambiemos para poder de esta manera concretar el plan propuesto? ¿Podrá Peña controlar su apetito de gasto pre-elecciones?

5.- Un factor no poco relevante, es que el apoyo del FMI incrementa la probabilidad de que el 20 de junio Argentina abandone su situación de economía de frontera para pasar a integrar las economías emergentes. Esto contribuye a captar inversiones extranjeras directa, que pueda compensar la pérdida de actividad mencionada anteriormente, lo que además podría mejorar la recaudación para hacer cumplibles las metas fiscales. Este escenario implicaría además mayor actividad y empleo que también mejorar las perspectivas electorales de Cambiemos.

6.- Cumplidas las metas fiscales y con mayor independencia del BCRA, el escenario de baja de inflación es creíble. Sin embargo, la meta de recorte de diez puntos puede resultar exagerada para un año electoral. Si 2018 culmina en27 % se requiere una baja de diez puntos para llegar al 17% propuesto para 2019. La buena noticia es que las metas inflacionarias dejarían de ser una herramienta para fijar un techo a las paritarias y en su lugar buscarían generar credibilidad. Aquí el Banco Central tiene que lograr un cambio significativo en las expectativas que dependerán de los elementos señalados.

7.- Con más reservas e ingreso de divisas vía deuda e inversiones, el tipo de cambio no sólo podría mantenerse (aun sin techo del BCRA), sino que incluso podría bajar. Es demasiado pronto para cuantificar estos efectos, pero si el ingreso de divisas es significativo a través de la deuda, esto contribuirá a devolver a la Argentina al atraso cambiario ya conocido. El primer desembolso del FMI será de U$S 15.000 millones, pero si se completan los montos restantes, la apreciación del tipo de cambio contribuirá fehacientemente a mantener un significativo déficit en cuenta corriente.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El modelo económico K: A recursar economía I:

Por Aldo Abram. Publicado el 30/12/13 en:  http://www.libertadyprogresonline.org/2013/12/30/el-modelo-economico-k-a-recursar-economia-i/

Cuando los economistas empezamos la facultad, lo primero que vemos en Economía I es la teoría de la oferta y la demanda, que aprendemos a graficar. Todos estudiamos que en un mercado cualquiera, el precio de un bien o servicio se fija donde se igualan la oferta y la demanda. Esto determina un precio (P0) y una cantidad (Q0) en la que todo lo que se produce se compra.

En nuestra historia (y durante este gobierno también) se han fijado precios máximos y, en Economía I, lo que uno aprende es que a ese valor menor que el que fijaría el mercado, los productores querrán ofrecer menos (Q1) y los consumidores querrán adquirir más (Q2), ya que el precio es más barato. Por supuesto, eso genera una brecha que la gente conoce como desabastecimiento. Es decir, góndolas vacías o el famoso “sólo se puede llevar uno por persona”. Nada nuevo en la larga experiencia que tenemos los argentinos con las nefastas y persistentes políticas populistas.

Un caso emblemático de esto es el actual cepo cambiario. Durante 2011, el gobierno incrementó el gasto primario (32%) muy por encima de lo que permitían sus ingresos. Por lo tanto y ante la inminencia de las elecciones, exprimió al Banco Central (BCRA) que, para poder transferirle lo que le demandaba, empezó a cobrar un mayor impuesto inflacionario a los argentinos. Esto significaba depreciar fuerte la moneda local; lo cual impulsaba al alza la demanda de dólares y, por ende, su precio. Como el gobierno no quería mostrar una fuerte devaluación, con su costo en el alza de la canasta básica que consumen los sectores de menores ingresos, el BCRA contuvo su alza. Es decir, puso un precio máximo.

Como vimos antes, esto generó una menor oferta de divisas (Q1) y alentó aún más la demanda (Q2). Para que no terminara en desabastecimiento, el BCRA tuvo que proveer de sus reservas la moneda extranjera faltante (la diferencia entre Q1 y Q2) y perdió US$ 6.022 millones durante 2011. Pasadas las elecciones, en vez de contener el aumento del gasto y dejar de expoliar al BCRA, el gobierno decidió cambiar su Carta Orgánica para diluir las pocas restricciones que todavía quedaban para que pudiera seguirle financiando sus excesos de erogaciones. Por lo tanto, o el BCRA continuaba perdiendo reservas o forzaba una baja de la demanda (a D2), cosa que hizo instalando el cepo y sacando del mercado cambiario oficial a los particulares y parte de los requerimientos de las empresas. Por lo tanto, al principio, dejaron de perder reservas e, incluso, hasta compraron dólares.

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El problema es que siguieron emitiendo a más no poder y depreciando el peso. En la medida que el tipo de cambio oficial no reconocía esa pérdida de valor, volvió a transformarse en un precio máximo, por debajo del que equilibraba el mercado oficial, y el BCRA tuvo que volver a abastecer el faltante de oferta. Conclusión, en la actualidad no tenemos escasez de dólares, sino un desabastecimiento que cubre con su stock el BCRA. El problema es que éste se acaba y sobrevienen las crisis. Por eso, es que han aumentado el ritmo de la devaluación o, lo que es lo mismo que incrementar el precio máximo, para reducir la brecha a cubrir; aunque resulta insuficiente y, con esa sola decisión, no basta.

Otro caso emblemático de este gobierno es lo que sucede con la energía. Se fijaron precios máximos al petróleo y el gas, lo cual incrementó fuerte la demanda y redujo la oferta. Al principio, para evitar el desabastecimiento se restringió la exportación y se les pusieron elevadas retenciones. Así se volcó al mercado interno, parcial o totalmente, lo que antes se vendía al exterior. El problema es que a esos precios, no era conveniente invertir (léase: buscar nuevas reservas) y es así como nos fuimos comiendo el stock de hidrocarburos disponible. Acá estamos y las soluciones van en el mismo sentido. Podemos identificar a otra tanda de funcionarios economistas que serían bochados en Economía I.

En el negocio de la generación y la electricidad pasó algo similar. Al principio, el precio máximo del congelamiento de las tarifas se hizo a costa de las ganancias o pérdidas de las empresas. Cuando esto fue imposible de sostener, el gobierno empezó a hacer transferencias para cubrir ese subsidio al consumidor. Así garantizó que no hubiera desabastecimiento haciendo que los contribuyentes pagaran la diferencia. Sin embargo, nadie invierte si se rompen los contratos y nunca más se vuelven a fijar condiciones estables de operación o si sus ingresos dependen mayormente de la firma y la arbitraria voluntad del funcionario de turno. Así es como hoy nos encontramos con que la electricidad no alcanza cuando hay un par de días de calor intenso o el sistema de distribución, ya amortizado y excedido en su capacidad, falla dejando a los argentinos en la oscuridad y, en muchos casos, sin agua en el “infierno”.

Todos saben que para normalizar el servicio son necesarios miles de millones de dólares que el gobierno no tiene y que, por ende, sólo pueden poner las empresas que no lo han hecho porque las reglas de juego que les fija el gobierno son absurdas. ¿Cuál fue la solución oficial? Citarlas y amenazarlas con estatizarlas si no normalizan el servicio. ¿Qué haría Ud. ante la amenaza de que le quiten su compañía? Se lo digo, si pensaba invertir un dólar o gastar algo más en mantenimiento, no lo hará y todos los argentinos estaremos peor.

Como vemos, se pueden seguir sumando funcionarios que pasaron por Economía I y cabe preguntarse cómo hicieron aprobar la materia. Quizás algunos, luego de ver en materias posteriores, complicadas ecuaciones, se olvidaron de la simplicidad de la oferta y la demanda. Pero lo peor es que para anticipar lo que sucedió, ni siquiera era necesario haber estudiado economía, sólo tener sentido común que, como vemos, por lo menos en mi profesión, no es el más común de los sentidos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .