El doble filo de abandonar la ZNI cambiaria

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 29/4/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/04/29/el-doble-filo-de-abandonar-la-zni-cambiaria/?fbclid=IwAR3LxIz_Jc1JlWNt1c2LHHL_77-vh9yjEZbYj0PT-9MvIRKP6btTYXvY_PI

 

Hoy lunes, con el visto bueno del FMI, el BCRA volvió a modificar su política cambiaria. En esta ocasión el BCRA podrá operar en el mercado de cambios cuando el tipo de cambio se encuentre dentro de la zona de no intervención (ZNI) y se expande el límite de reservas que puede vender si el tipo de cambio supera el límite superior. No sólo se altera la naturaleza del régimen cambiario, sino que dicho movimiento puede ser como un arma de doble filo.

Esta modificación trae confusión sobre si se abandona la ZNI o cuál pasa a ser el rol del mismo. Por un lado el BCRA anuncia que va a intervenir. Por lo tanto la zona dentro de las bandas ya no es de no intervención. Sin embargo, al mismo tiempo se anuncia que se aumenta la capacidad de intervención por fuera de la banda. ¿Las bandas quedan o se eliminan? Uno de los motivos por los cuales esto no es claro es porque no se han dado detalles de cuáles son los límites o reglas de intervención dentro de las bandas. Parece que queda a total discreción del BCRA. Si es así, ¿la intervención dentro de las bandas puede ser mayor a la intervención fuera de las mismas (que, si entiendo los anuncios, aún mantienen un límite)?

Pareciera ser que hay una decisión política (no económica) de que el tipo de cambio no supere los 50ARS/USD (¿y la independencia del BCRA y la política monetaria?) Lo cierto es que no es claro cuál es el nuevo régimen monetario. Quizás en el BCRA lo tengan en claro (o crean tenerlo en claro), pero tengo la impresión que el mercado aún no sabe en qué régimen está operando (lo cual explica la calma hasta que se deciden las nuevas estrategias de inversión).

Más allá de estas cuestiones, la decisión de intervenir dentro de la ZNI puede ser un movimiento peligroso. Por un lado, los inversores con posiciones en ARS pueden optar por mantener las mismas dada la expectativas de estabilidad cambiaria (el manos en el corto plazo). Por el otro lado, los inversores pueden ver una salida “barata” de las posiciones en ARS y aprovechar la misma antes que el régimen cambiario se vuelva a modificar (esta es, creo, la tercer versión del “Plan Sandleris”). Si las reservas son un “common good”, no se puede descartar que inversores intenten liquidar sus posiciones en ARS a un tipo de cambio subsidiado antes que lo hagan los otros inversores.

¿Cuál es el problema de fondo? La famosa política de esterilizar emisión con Lebacs (hoy con su primo-hermano, las Leliqs). En un contexto de estanflación donde el BCRA emite deuda (promesa de emisión futura) la estabilidad monetaria y cambiaria dependen de la demanda de dinero. La política monetaria es una promesa de mayor emisión futura, pero no hay una clara política que lleve a aumentar la demanda de dinero para absorber las Leliqs (como no la hubo con las Lebacs). En cualquier momento y por cualquier motivo inversores pueden decidir liquidar sus posiciones en ARS generando tensiones cambiarias. El BCRA se metió en el laberinto de las “política de Lebacs/Leliqs” y ahora parece no tener claro cómo salir del mismo. O no saber cómo salir sin pagar el precio de emitir deuda.

El problema es que no hay demanda de dinero propiamente dicho. No se demandan pesos para atesorar, se demandan pesos como vehículo de inversión financiera (carry-trade). Si la “demanda” de pesos colapsa, ¿por cuánto tiempo puede el BCRA mantener el tipo de cambio debajo de los 50ARS/USD antes de quedarse sin reservas?

Tenemos un Poder Ejecutivo con buenas intenciones pero muy poca credibilidad económica. Un BCRA con buenas intenciones pero de dudosa independencia y que viene perdiendo (¿aceleradamente?) credibilidad. Si, en este contexto, Cristina Kirchner sigue asomando en las encuestas presidenciales, la “salida barata” que el BCRA ahora ofrece a los inversores puede ser una estrategia más tentadora que seguir apostando a “tasa vs dólar”. No es claro que de aquí a les elecciones el nuevo régimen cambiario vaya a traer paz cambiaria; puede, también, facilitar tensiones financieras.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El Gobierno intenta aguantar hasta la cosecha, pero hay que ver si podrá

Por Mariana Leiva: Publicado el 27/3/19 en https://www.ambito.com/cachanosky-el-gobierno-intenta-aguantar-la-cosecha-pero-hay-que-ver-si-podra-n5023148

 

Cachanosky: El Gobierno intenta aguantar hasta la cosecha, pero hay que ver si podrá

El economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, Iván Cachanosky, destacó en diálogo con ámbito.com que el problema del tipo de cambio “se genera por factores internos y externos asociados a las debilidades de la Argentina en relación a la macroeconomía”.

Destacó que en relación a los condicionamientos locales “el país aún no resolvió sus problemas estructurales por eso sufre más que cualquier otro países cuando se producen movimientos en los mercados internacionales (en esta rueda, se produjeron a raíz de la noticia de la desaceleración de la economía europea)”.

El economista puntualizó que la suba de este miércoles (el dólar se dispara un 2,8% a $ 44,92) se produce en sintonía con la devaluación de las monedas de países emergentes, como Brasil, Turquía y México.

“Argentina acompaña esa corriente pero en nuestro país el impacto suele ser mayor y el traspaso a precios suele ser mayor. Ésa es nuestra tragedia, y se debe a que no se resuelven problemas estructurales”, agregó.

Para Cachanosky, los inversores están optando por la “dolarización de carteras, es decir, los pesos sobrantes se están yendo a la moneda norteamericana, sobre todo porque la expectativa es que la devaluación puede ganarle en cualquier momento a los plazos fijos”.

El analista concluyó que “al gobierno está tratando de soportar esta situación hasta que lleguen los dólares de la cosecha gruesa (que se inicia en abril) pero está por verse si logra ese objetivo”.

Recordemos, dijo, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) pide un tipo de cambio libre. “Por eso, las bandas son extensas y el Gobierno nacional no puede participar porque está en la zona de no intervención (mínimo de $ 39,289 y máximo $ 50,844)”, destacó.

 

Iván Cachanosky es profesor de ESEADE.

 

 

Fluctuación sucia en Argentina, ¿al garete?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 19/2/19 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2019/02/fluctuaci%C3%B3n-sucia-en-argentina-al-garete.html

 

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A diferencia de un sistema de tipo de cambio fijo ―donde los bancos centrales tienen que proporcionar la cantidad de moneda extranjera que se necesite para financiar los desequilibrios de la balanza de pagos, al tipo de cambio vigente―, un sistema de tipo de cambio flexible requiere que los bancos centrales se abstengan de intervenir, y la relación cambiaria se ajuste para igualar oferta y demanda de divisas.

Sin embargo, en la literatura económica se describe la modalidad de tipo de cambio flexible o fluctuante que opera en la Argentina de hoy: fluctuación intervenida o sucia. En tal sentido, la autoridad monetaria interviene comprando o vendiendo divisas, en un intento de influir en los tipos de cambio, aunque solo bajo determinadas condiciones.

El plan del BCRA consiste en frenar la expansión monetaria hasta el mes de junio de 2019 mediante una zona de no intervención cuyos límites, desde septiembre pasado, fueron fijados entre 34 y 44 pesos, respectivamente, con un ajuste inicial mensual del 3% recalibrado al 2,2%, en el mismo lapso, hacia diciembre pasado. Si el dólar pasa del límite superior, el organismo podrá vender hasta 150 millones de U$S diarios para tratar de contenerlo. De lo contrario, si el dólar se deprecia por debajo de 34, el BCRA podrá comprar reservas internacionales y decidirá cuándo esterilizar dichas compras.

Se trata de un fuerte control de la base monetaria (billetes y monedas en poder del público, billetes y monedas en entidades financieras más los depósitos de los bancos en el BCRA). Pero todo el sistema depende de un indicador crucial, el premio de su contrapartida, la tasa de interés de las Letras de Liquidez (Leliq). Mediante este instrumento, el plan persigue un doble objetivo: reducir la inflación y evitar la volatilidad cambiaria.

Ante la mirada optimista del gobierno, los datos estadísticos de enero encendieron las primeras luces de alarma sobre el primer objetivo, la inflación. El índice de precios comenzó el sendero a la baja desde la implementación del nuevo plan en el mes de septiembre, con 6,5% mensual, pero modificó su tendencia hacia el mes de enero, con un  2,9%, y avivó  la incertidumbre sobre la meta cambiaria.

Frente a la evidencia, y a la zaga de los acontecimientos, el Banco Central limitó la tenencia de Leliq por parte de los bancos, a fin de evitar que fondos llegados desde el exterior en forma de capitales “golondrina” aprovechen las tasas que ofrece el instrumento para luego “fugarse” con rapidez. Con esta modificación se dispuso limitar el máximo de Leliq que un banco puede tener en su poder, al 65% de los depósitos de sus clientes o al 100% del patrimonio del banco. ¿Alcanzará?

¿Cuál será el costo que pagará la plaza local cuando se reviertan los buenos vientos hacia mercados emergentes? Las mesas de dinero de Argentina recomiendan ahora ser muy cautos con el “carry trade” y los vientos favorables son vistos como transitorios.

Lo más importante según la ortodoxia económica abreva en la visión de Robert Mundell y Marcus Fleming, en lo que se conoce como el Modelo de Mundell-Fleming. En ausencia de intervención cambiaria (los autores hablan de un tipo de cambio plenamente flexible, aunque los efectos pueden verse atenuados y hasta desvirtuados bajo el presente escenario de flotación sucia), un tipo de cambio flexible implica un balance pagos en equilibrio. La primera implicancia establece que cualquier déficit de cuenta corriente debe ser financiado con entradas de capital privado, y cualquier superávit con salida de capital.  Es decir, los ajustes del tipo de cambio aseguran el equilibrio de las cuentas corriente y de capital.  Ahora, la segunda implicancia y la más contundente esencia de inequidad del sistema consiste en que solo hay un tipo de interés con que se equilibra la balanza de pagos: aquel que iguala el tipo de interés interior con el del resto del mundo. De lo contrario, habrá entradas o salidas infinitas de capital únicamente mitigadas por el “trade off” rentabilidad-riesgo.

En síntesis, las bandas buscan soslayar el ancla nominal, en este caso el tipo de cambio, ya que no están dadas las condiciones de hecho económicas para que la divisa norteamericana fluctúe libremente y tienda a converger hacia su verdadero precio. Cotización que no es ni más ni menos que la que se establece bajo las condiciones que subyacen en la economía nacional.

Hasta tanto no exista la convicción de que es imprescindible solucionar la cuestión fiscal, y ello presupone prescindir de las transferencias de recursos, en grado superlativo, hacia los beneficiarios del sistema (políticos, sindicalistas, jueces, etc.), poco  podrá hacerse agregando énfasis en la política monetaria. Tal vez ayude recordar las palabras del expresidente del BCRA, Federico Sturzenegger, quien dijo, “Nuestra capacidad desde el Banco Central para contribuir al bienestar de la sociedad es dotarla de una moneda con poder de compra estable como resultado de un entorno de baja inflación. No podemos lograr casi ningún otro objetivo.” De lo contrario, la experiencia de la flotación sucia flotará, pero lo hará al garete como en tantas otras ocasiones de nuestra empobrecida historia.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Al REM hay que leerlo al revés

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 21/2/19 en: https://www.ambito.com/al-rem-hay-que-leerlo-al-reves-n5017171?fbclid=IwAR0lc-OIDEdAXSNpQ66rIYJ5OWQNvz0CbHM9oNJtGvsZBDEGCRaP6jJL4Zc

 

Al REM hay que leerlo al revés

Según una encuesta -entre 118 empresas- de SEL Consultores, el aumento de salarios para aquellos bajo convenio, en 2019, será de 30% y del 29% para los jerarquizados o fuera de convenio. Coincide con la inflación esperada, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA que, en su última edición, estimó una inflación de 28,5%. Quiero creer que las empresas no han respondido en base a lo que dice el REM, ya que este es un relevamiento de aquellos que siempre se equivocan (ver su historial).

El promedio de ajuste salarial fuera y dentro de convenio en 2018 fue de 33% y la inflación de 47,6%. Casi 15 puntos perdieron los salarios, una muy fuerte caída del poder adquisitivo. Y este año la cosa pinta peor, de modo que las remuneraciones quedarán otra vez atrasadas -a no dudarlo- al contrario de lo que dicen muchos “gurús” del REM.

La realidad cruda es que, en enero de 2019, la inflación fue de 2,9%, el doble de lo que tuvo Bolivia en todo 2018. Por cierto, la primera era Macri terminará con una inflación acumulada de 235%, “algo” superior a las economías avanzadas que habrán acumulado 6,6% y 20% las emergentes. Y esto a pesar de -o por culpa de, pero este es otro tema- el “torniquete monetario” -que, entre otras cosas, se olvida que en la ecuación entra la fuerte caída en la demanda de dinero- y la fuerte recesión.

Obvio, supera a la inflación esperada por el REM, de 2,5%, y va muy al contrario de la desaceleración esperada que prometía ser la primera señal de que la recesión iba camino de terminar. Pues como los del REM dicen que terminará, y en 2020 el PBI crecerá, hay que leer al revés y saber que la cosa va para peor y en 2020 seguirá la recesión.

Así las cosas, en 2018 el 73% de los consultados revisaron el porcentaje que pensaban pagarles a los trabajadores fuera de convenio y lo subieron entre 7 y 15 puntos sobre lo originalmente planificado. Al fin, según el Ministerio de Trabajo -a noviembre de 2018- la caída real acumulada, durante los 12 meses anteriores, del promedio salarial de los privados registrados fue de 3,9% y la del salario mediano, 4,4%.

El problema es que, en 2019, las empresas estarán en peores condiciones y, por tanto, quizás no puedan realizar este reajuste final. Solo en noviembre el salario real cayó 9,4% interanual en promedio y la cosa se agrava. Por cierto, las empresas que dicen que disminuirían su plantilla laboral llegan al 21% mientras que las que la aumentaría son solo el 16%.

Este “inesperado” aumento en la inflación hizo que estos días el BCRA primero desacelerara la baja de tasas de interés y luego empezara a subirla. En enero, el financiamiento total en el mercado de capitales se incrementó 6% respecto del mes anterior, aunque fue 51% menor al del mismo mes del 2018. O sea, sigue siendo extremadamente bajo y ahora bajará más si siguen las tasas altas al punto que es ridículo creer que la economía se va a recuperar pronto.

A la falta de crédito, los altos impuestos, las aplastantes regulaciones y demás, se suma la caída en las exportaciones -en volumen- aunque el gobierno anunciara el alza en el superávit de la balanza de pagos que se debe, sobre todo, a la caída en las importaciones. Y esto por culpa del dólar, sostenido artificialmente gracias a las altas tasas de Leliq, que se traduce en que Argentina exporte solo el 10% de su PBI cuando la media global es del 35%.

Ahora, como la zona de no intervención (del BCRA en el precio del dólar), de momento, se ajustaría a un ritmo mensual del 2%, bastante menor que la inflación que se asoma realmente, la pérdida de competitividad de las exportaciones argentinas aumentará, pérdida que algunos calculan en alrededor del 3% en 2019 y, en mi opinión, será bastante mayor.

El único suave alivio es que, la Fed podría hasta bajar las tasas en 2019, provocando una tendencia hacia la depreciación del dólar. Dadas la ralentización global, la falta de inflación, la volatilidad en los mercados, una deuda creciente y la evaporación de los estímulos fiscales, en los dos últimos meses, las probabilidades que dan los analistas a que se produzca una subida de tasas en 2019 bajó desde el 60% en diciembre hasta el 5% actual. Por el contrario, la posibilidad de una bajada escaló hasta el 15% y la probabilidad de no ver movimiento toca el 80%.

De momento, lo que dirá la Fed en su reunión de marzo es una incógnita. Muchos argumentan que el ISM manufacturero en EE.UU. -mide producción, inventarios, envíos y nuevos pedidos de la industria- es un buen vaticinador ya que cuando bajó de 50, explicitando la contracción del sector, casi siempre redujo las tasas la Fed que, además, está planificando el fin de la reducción de su cartera de bonos y completar la normalización del balance.

En fin, lo que también empieza a preocupar, por su incidencia en la suba de las tasas, es que, durante dos años, Trump sumó más de u$s 2 B a la deuda pública, que alcanza un récord de u$s22 B, 78% del PBI. Aunque durante en el anterior gobierno, de Obama, el ritmo era superior, unos u$s 1,16 B anuales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

A dos meses de la nueva política monetaria

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 11/12/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/12/11/a-dos-meses-de-la-nueva-politica-monetaria/

 

Luego de las crisis cambiarías que afectaron a la economía Argentina desde Abril/Mayo de este año, un recambio de autoridades en el equipo económico derivaron en un nuevo plan monetario y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El nuevo plan económico entró en vigencia en octubre de este año. A dos meses de haber implementado el nuevo plan, ya se puede comenzar a ver algunos resultados.

El nuevo plan monetario

El nuevo plan monetario (o “Plan Sandleris”, por el nuevo presidente del BCRA) se construye sobre metas de agregados monetarios y una nueva política cambiaria.

AGREGADOS MONETARIOS

Se dejan de lado las metas de inflación y la tasa de interés como instrumento de política monetaria y se pasa a utilizar la base monetaria (BM) como nuevo objetivo de política monetaria. La selección de la BM sobre otros agregados, como M2, obedece a que el BCRA tiene un control directo sobre la BM, pero no sobre M2 u otros agregados monetarios.

La regla consiste en tomar el promedio diario de la BM en el mes de octubre y utilizar este valor como un techo de cuál debe ser la BM a fin de junio del 2019. Esto quiere decir que la BM puede aumentar o disminuir mes a mes, pero en promedio debe mantenerse constante. Esta BM monetaria constante posee dos ajustes estacionales, uno en diciembre y otro en junio. En diciembre, el ajuste de la meta (o techo) de la BM es del 6.2% y en junio es del 2.45%.

En los dos primeros meses, el BCRA ha logrado sobre cumplir los objetivos de BM, lo cual deja lugar a se pueda expandir la oferta de dinero sin incumplir lo acordado con el FMI (por lo que hay lugar para alguna ingerencia en modificar la tasa de interés).

El siguiente gráfico muestra las metas de BM a fines del 2018 (rojo punteado), la base monetaria diaria (en gris) y el promedio acumulado (azul). En el último comunicado del BCRA, las autoridades monetarias han expresado la intención de volver a sobre cumplir la meta en diciembre por un mínimo de 16 mil millones de pesos.

 

Este frenazo monetario ha llevado a que las expectativas de inflación comiencen a desacelerarse e incluso descender. Parte del acuerdo con el FMI era mantener un piso de tasa de interés del 60% en las licitaciones de las Leliqs (Letras de Liquidez) hasta que las expectativas de inflación bajen por dos meses consecutivos. No quedaba claro del anuncio cómo se definía esta baja. Dos meses consecutivos donde la inflacion a una fecha determinada (por ejemplo fin del 2018) bajase o dos meses consecutivos donde una ventana fija (los próximos 12 meses) bajase? Según los últimos datos del REM, las expectativas de inflación a fines del 2018 se han mantenido constantes en los dos últimos meses, pero la inflación a 12 meses de la fecha de la encuesta ya muestra dos meses consecutivos de baja, por lo que el BCRA (con beneplacito del FMI) ha decidido remover el piso del 60% para la tasa de interés de referencia. La tasa de interés de las Leliqs ya se ubica levemente por debajo del 60%.

EL TIPO DE CAMBIO

En la nueva política cambiaria el tipo de cambio se mueve libremente dentro de una generosa banda de flotación (la zona de no intervención). Los límites inferiores y superiores se actualizan a un 3% diario hasta diciembre. El Comité de Política Monetaria decidió extender la zona de no intervención por otros tres meses actualizando sus límites a un 2% mensual.

Si el tipo de cambio cae por debajo del límite inferior, el BCRA tiene la opción (pero no la obligación) de comprar dólares en el mercado de cambios. Si el tipo de cambio supera el límite superior, entonces el BCRA se compromete a vender hasta 150 millones de dólares diarios. Como muestra el gráfico, en estos dos meses el tipo de cambio se ha movido dentro de la zona de no intervención, más cerca del límite inferior que del superior. Los futuros del tipo de cambio también se ubican dentro de la zona de no intervención (no incluidos en el gráfico).

Cuestiones Pendientes

Si bien las variables monetarias se mueven dentro de los objetivos establecidos, eso no quita que haya temas pendientes por resolver o que deban recibir atención

LEBACS Y LELIQS

A pesar de que el gobierno negase que las Lebacs fuesen un problema, lo cierto es que el mismo gobierno ha implementado y anunciado un plan de desarme de Lebacs. Los actos de gobierno, y lo anunciado en el acuerdo con el FMI, sugieren que las Lebacs sí son vistas como un problema por las autoridades monetarias.

Sin embargo, el plan parece ser más un canje que un desarme. A la par que el BCRA reduce el stock de Lebacs aumenta la emisión de Leliqs. La principal diferencia entre las Lebacs y las Leliqs es que las primeras podían estar en manos del público y de entidades financieras, mientras que las Leliqs sólo pueden estar en manos de entidades financieras. Uno de los argumentos para este cambio es que los bancos, al tener un mejor dominio del mundo financiero que el ciudadano medio, es menos proclive a comportarse de manera irracional (“animal spirits”?) y liquidar posiciones de Lebacs produciendo tensiones cambiarias inncesarias. Otro motivo más suspicaz es que es más fácil para el BCRA y el gobierno presionar a un grupo de bancos para que no liquiden posiciones de Leliqs que a un gran número de individuos tenedores de Lebacs.

Las Lebacs, así como las Leliqs, son deuda en pesos emitida por el BCRA. Como tales, son promeses de emisión futura que, al momento de concretarse pueden generar problemas si no hay un correspondiente aumento de la demanda de pesos. El monto de Lebacs y Leliqs sobre la BM es un indicador de la potencial expansión de la BM. Como se aprecia en el siguiente gráfico, desde la asunción de nuevo gobierno la emisión de deuda del BCRA se ha acelerado llegado a valores en torno al 150% de la BM. Luego de un descenso en el monto de Lebacs y Leliqs con la crisis cambiaria, el monto de ambas deudas se vuelve a incrementar ubicandose en 1.1 veces la BM.

EL PROBLEMA FISCAL

El nuevo plan económico incluye también una reducción más agresiva del déficit fiscal. Si bien pareciera ser que esta aceleración del déficit fiscal se está cumpliendo, hay también otras cuestiones a tener en cuenta.

El déficit que se debe reducir, según lo acordado con el FMI, es el déficit primario, que no incluye el pago de intereses. A octubre del 2018, el ahorro en el déficit primario es menor al aumento de pago de intereses. El equilibrio macroeconómico depende del déficit total, no sólo del primario. Si bien es cierto que es posible tener estabilidad con déficit fiscal (si la economía crece más rápido que el costo de la deuda), no es cierto que todo nivel de deuda es sostenible. El pago de intereses (incluyendo intra-sector público) se encuentran en niveles similares a los del 2001.Si bien esto tampoco quiere decir que una crisis o default sean inminentes, si explican la preocupación de los mercados por la situacion de la deuda soberana.

Hay otras dos variables que pueden afectar los resultados fiscales. Por un lado, una desaceleración económica puede hacer caer la recaudación en términos reales. Los últimos datos económicos están mostrando esta tendencia. Por otro lado, dentro de los ingresos el tesoro considera “rentas de la propiedad”, que son intereses ganados por los depósitos que el Tesoro hace cobrando las altas tasas de interés. Esto podría describirse como un financiamiento indirecto del BCRA al Tesoro, donde en lugar de darle pesos directamente paga elevadas tasas de interés.

A octubre, las rentas de la propiedad se incrementaron un 180%. A octubre, las rentas de la propiedad representan el 18% de los ingresos del tesoro. El aumento en las rentas de la propiedad explica el ahorro en el déficit primario. Una reducción en las tasas de interés, y por lo tanto de las rentas de la propiedad pueden llevar a una revisión de la política fiscal.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.