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Venezuela votó por “más de lo mismo”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2139534-venezuela-voto-por-mas-de-lo-mismo

 

Los venezolanos acaban de concurrir a las urnas en lo que parece haber sido una elección presidencial fraudulenta más. En la que -como suele suceder- se proscribió a algunos de los principales partidos opositores y encarceló a sus principales dirigentes.

Nicolás Maduro (rodeado de caras amenazadoras por parte de quienes vestían altos uniformes militares) fue inmediatamente declarado ganador. Sin perder un minuto de tiempo. Por ello se apresta a continuar gobernando a Venezuela por un nuevo período presidencial de seis años.

Su reelección ha sido -sin embargo- rechazada por prácticamente todos sus vecinos de la región: por Brasil, Colombia, Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Guyana y Santa Lucía.

Para nuestra región, Venezuela es ya una segunda Cuba, cuyos funcionarios, desvergonzadamente enquistados en el gobierno venezolano, han estructurado -con la estrecha cooperación de sus pares venezolanos-, un mecanismo perverso para que Cuba pueda recibir, “colgada” del mismo, buena parte de las divisas generadas por las exportaciones venezolanas de petróleo crudo. Por largo rato, cabe recordar, Cuba vivió “colgada” de la Unión Soviética. Hoy vive ordeñando a Venezuela. La noción de “no intromisión” ha sido pisoteada y desnaturalizada, a la vista de todos.

Las abstenciones de quienes tenían efectivamente derecho a sufragar en las elecciones venezolanas superaron largamente al número de quienes concurrieron a las urnas. Como se esperaba, ciertamente. El número de votantes, en una elección a la que una significativa parte del pueblo venezolano le diera la espalda, fue el más bajo desde la década del ’50. Menos de la mitad (tan sólo un 46%) de quienes estaban en condiciones de votar se acercaron a las urnas para hacerlo. Muchos de ellos por abstención voluntaria, a la manera de rechazo a Nicolás Maduro. Otros, por su estado de desilusión, convencidos de que votar no hubiera cambiado nada.

Venezuela continuará sufriendo. Su economía es hoy la mitad de lo que fuera en el 2013. Y, cada día, unos 5000 venezolanos dejan atrás a su patria y se exilian, en un éxodo que es tan conmovedor, como inocultable. Casi todos huyen hartos de la creciente escasez de alimentos y medicamentos que ha hecho ya imposible vivir en la normalidad. Y de la enloquecedora hiperinflación, que se estima llegará al 13.000% a fines del año en curso. Así como de los salarios mínimos de miseria, que hoy son del orden de los 2,5 dólares mensuales. A todo lo que se suma un nivel de inseguridad personal aterrador, que se ha vuelto realmente desesperante. Colombia y Brasil los están recibiendo en números crecientes, que ya preocupan a sus respectivas autoridades.

El país del caribe, que tiene las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo, ha visto caer su producción diaria de crudo de unos 2,4 millones de barriles, apenas cinco años atrás, a un millón cuatrocientos mil barriles, en la actualidad. Y el flujo continúa cayendo por obra conjunta de las sanciones económicas externas y del claro “des-manejo” que inunda la incompetente gestión de las autoridades locales, todo lo cual debe ser sumado a la cada vez más extendida corrupción, que ha infectado también a las exportaciones de petróleo y gas natural. El resultado de lo antedicho es una situación social intolerable, en la que sobrevivir no está garantizado a nadie.

Para hacer las cosas más graves, los Estados Unidos han aumentado las sanciones económicas que habían ya sido impuestas a Venezuela. Ahora serán sancionados todos quienes negocien o intermedien en títulos de la deuda venezolana y en créditos de cualquier tipo de ese país o de su enorme empresa petrolera estatal, PDVSA, cuyos activos están siendo embargados por quienes tienen derecho a hacerlo, incluyendo los contractuales, que han sido repudiados, ignorados o desconocidos por Venezuela.

Hasta la importación de los diluyentes necesarios para exportar el crudo pesado que produce Venezuela está comenzando a estar afectada. En lo que va del año el volumen de ventas de crudo venezolano ha caído ya un 23%.

A todo lo que se agrega la cada vez más difícil atención del servicio y repago una deuda externa del orden de los seis billones de dólares, cuyo cumplimiento se ha transformado en un signo de interrogación.

En ese ambiente caótico, Nicolás Maduro recibió (con fraude y todo) un millón y medio de voto menos que en el 2013, cuando fuera elegido por primera vez presidente de su país. Y eso que ató perversamente la obtención y el mantenimiento de los carnets que permiten acceder a las raciones de comida y a la prestación de varios servicios públicos a la comprobación de haber efectivamente votado a favor del gobierno.

Venezuela se apresta a vivir “más de lo mismo”, esto es a seguir viviendo encerrada entre el miedo y la desesperación. Su tragedia no parece estar cerca de un final que, de pronto, pueda cambiar el deplorable estado actual de las cosas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El “neoliberalismo” de Macri

Por Gabriel Boragina Publicado el 24/3/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/03/el-neoliberalismo-de-macri.html

 

Respecto de la cuestión de si el gobierno del presidente Macri es neoliberal o no, caben hacer las siguientes reflexiones que tienen que ver con puntos que hemos desarrollado en muchas otras oportunidades.

En lo personal, trazo diferencias sustanciales entre los términos liberalismo y el más popular neoliberalismo. Dado que -en lo particular- adhiero al liberalismo y no el neoliberalismo volveré a precisar (lo más sintéticamente que me sea posible) que entiendo por esta filosofía a la que yo suscribo.

Lo que sigue son las respuestas que le di a un ocasional interlocutor español que sostenía que en Sudamérica y -especialmente- en la Argentina había un gobierno liberal o neoliberal. Voy a tratar de desarrollarlas en el mismo orden en que se dio el diálogo que mantuve con él.

Mis respuestas a sus “planteos” fueron las siguientes:

  1. El último vestigio de liberalismo que tuvimos por estos lares, tuvo su punto culminante en las décadas del 20 y del 30 del siglo pasado (variando en la región según cada país, claro). El “auge” del liberalismo en el curso de la historia mundial (ya no sólo sudamericana) fue relativamente breve en una perspectiva histórica que puede decirse comprendida entre fines del siglo XVIII hasta las dos o tres primeras décadas del siglo XX. Desde estas últimas fechas hasta la actualidad las ideas liberales fueron paulatinamente siendo desplazadas por la ideología socialista asumiendo distintos grados y proporciones según las épocas. En Sudamérica, característicamente, hallaron buena acogida las ideologías fascistas y sus variantes populistas que gozaron de gran predicamento desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días. En el caso argentino, ello con el peronismo, e incluso con gobierno de diferentes denominaciones, inclusivamente militares. Desde esta última época hasta la actualidad puede decirse que los otros gobiernos argentinos han girado dentro de un círculo conformado por el populismo y la socialdemocracia (en el mejor de los casos). Pero, siempre en las fechas indicadas, ninguno ha rozado siquiera la esencia del ideario liberal, ni han puesto en ejecución sus más efectivas recetas.
  2. El proceso descripto tuvo su punto de partida a partir de la década del 30 del mismo siglo, donde se empezaron a introducir en Latinoamérica -importadas de Europa- las doctrinas fascistas y nazistas, y sus correlatos económicos: el nacionalismo y el proteccionismo. Las ideologías mencionadas, implantadas en la región con mucha fuerza hacia mediados del siglo pasado se mantuvieron hasta nuestros días oscilando entre un estatismo virulento hacia otro más atenuado. El gobierno del presidente Macri -en mi opinión- es un estatismo de bajo grado en comparación a los gobiernos precedentes argentinos. Nuevamente, nada de ello tiene siquiera punto de contacto con el liberalismo que se le achaca.
  3. En lo económico, estrictamente, se aplicó -durante los periodos antes enumerados- el keynesianismo. Keynes publicaba su “Teoría General…” en 1936, pero sus opiniones empiezan a colarse en Latinoamérica hacia fines de los años 50, y tienen su apogeo en los 70 del mismo siglo, en gran parte gracias a la CEPAL. Esas teorías se siguen aplicando más tenuemente en la actualidad. Como se observa…nada de “liberalismo” en todo un largo periodo…hasta hoy. Esta tendencia no lo fue solo en la Argentina, sino en la mayor parte de la región.
  4. En los años 80 y durante casi 20 años, en Chile se pusieron en marcha algunas tesis “monetaristas” con buen éxito. Sin embargo, como no se quiso abandonar de todo el keynesianismo, la mejoría no fue óptima. Pero fue un buen intento. Como se ha venido observando en las últimas décadas, México, Perú y Colombia mejoran sus economías en la medida que se apartan del intervencionismo keynesiano.
  5. En cuanto a llamar a todo lo anterior “neoliberalismo” puede aceptarse siempre y cuando -y en la medida que- se tenga en claro que “neoliberalismo” NO ES liberalismo. En otra oportunidad hemos llegado a la conclusión que el “neoliberalismo” no es otra cosa que lo que nosotros llamamos intervencionismo (quizás de bajo grado, pero intervencionismo al fin). Al “neoliberalismo” se le oponen el liberalismo, por un lado, y el colectivismo por el otro. Desde este punto de vista, el gobierno de Macri si seria “neoliberal”, es decir intervencionista de grado reducido o intermedio. Claramente No liberal. En esta línea, el keynesianismo también sería una vertiente “neoliberal”.
  6. Mas precisamente, el accionar del presidente Macri se orienta hacia una política desarrollista. El “desarrollismo” no es más que un derivado del keynesianismo. En estas latitudes se lo intentó a fines de la década del 50 y principios de la década del 60 del mismo siglo XX. Sus pilares son la obra “pública”, tanto industrial, vial, como habitacional, financiada con inversiones privadas o estatales. Quizás esto sea “neoliberal”, pero no es liberal de modo alguno, toda vez que el liberalismo no promueve (ni deja de hacerlo) actividad específica ninguna, sino que deja en libertad a todo el mundo para que encare la acción lícita que prefiera sin interferencias del gobierno.

El interlocutor español al que refuté con estas respuestas confesó -al fin de cuentas- no ser experto en economía (por cierto, le agradecí su honestidad intelectual al hacerlo), al tiempo que le respondí que, me gustaría saber en qué “fuentes” o autores serios se basaba para lo que venía afirmando. Y me remitió a la Wikipedia (lo que le agradecí de todos modos) no sin aclararle que tal remisión no es suficiente (ni muy académico que digamos), ya que se trata tan sólo de una simple enciclopedia, que, para peor, se escribe en forma anónima y en la que cualquiera puede entrar, escribir, modificar, borrar, editar los artículos, etc. (lo que es tanto peor).

Por último, le agregué que, sería bueno que nos indicara que economistas había leído, sus nombres y apellidos, o -al menos- sus apellidos, como se titulan sus libros, ediciones, etc. …tanto como para tener alguna base o referencia válida. Lo que sería útil también para estar al corriente en qué y cómo fundamentaba sus dichos, tales como que “el keynesianismo no fue totalmente aplicado” (afirmación sorprendente, por cierto), cuando hasta los mismos economistas keynesianos aseveran lo contrario a lo que tan tajantemente decía. Pero, lamentablemente, nunca conseguí que me contestara.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

No hay que tirar por la borda las Metas de Inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 7/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/no-hay-que-tirar-por-la-borda-las-metas-de-inflacion/

 

No somos tan excepcionales como para que aquí fracase lo que funciona en todo el mundo.

Una empresa enfrenta un problema en la administración de personal. El gerente nota que sus empleados no están todo lo motivados que él quisiera…

No sabe bien qué hacer, así que llama a un consultor experto en la materia.

El consultor escucha su caso, toma nota, y se toma unos días para analizarlo.

Durante la siguiente reunión, le ofrece una solución: un sistema de compensaciones distinto al que tiene vigente la empresa hoy, que ha demostrado tener éxito en las 10 últimas empresas donde el consultor lo implementó.

“Ok”, dice el gerente, haremos el cambio.

Dos meses después, al no ver resultados, llama indignado al consultor y le dice de todo. Que su sistema es deplorable, que no hay ningún resultado y que todo va a ir peor que antes.

¿Qué pasó? ¿Es que el sistema no funciona? ¿Es que no se le dio el suficiente tiempo? ¿O será, tal vez, que no se logró implementar en la forma debida?

Metas de inflación

El  caso de la empresa es similar a lo que ocurre en Argentina con la inflación. Nuestro país, producto de políticas fiscales totalmente irresponsables y desquiciadas, ha padecido décadas de inflación alta.

A lo largo de la historia, el exceso de gasto público se financió casi exclusivamente con emisión monetaria, derivando en altos niveles de inflación, lo que resultó en un paupérrimo crecimiento económico. La consecuencia es que pasamos de ser uno de los países más ricos y promisorios del planeta, a ser un ejemplo de decadencia mundial.

Durante la década del ’90, el déficit no se financió con emisión monetaria. Por tanto, no hubo inflación. Sin embargo, el exceso de gasto terminó en la crisis de 2001, que al fulminar la Ley de Convertibilidad, le abrió nuevamente las puertas al monstruo de la degradación de la moneda.

Lo que pasó en la década de los 2000 fue todavía más estrambótico. En un mundo donde la inflación casi se extinguía, acá rebrotaba, junto con los controles de precios y los cepos cambiarios. Un caso de estudio por lo excéntrico, sin duda.

Finalizado el período populista, llegamos a la situación análoga a la de la empresa.

El nuevo presidente del Banco Central (como el gerente de recursos humanos), miró con atención el problema de la inflación (el problema de la motivación del personal), y decidió aplicar como fórmula de solución algo que funciona en una innumerable cantidad de países en el mundo. Esto es: las metas de inflación.

2018.02.08_infla

Como se observa en la imagen de más arriba, las metas de inflación, también en Sudamérica, se utilizan de manera extendida. Son el régimen monetario de Colombia, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay… Y ahora de Argentina.

En casi todos estos países, el instrumento para llevar adelante la política monetaria es una tasa de interés de referencia. Si la inflación está por encima del objetivo, se espera que el Banco Central contraiga su política monetaria, subiendo la tasa de interés. Si ocurre lo contrario, se espera que la relaje, bajando la tasa.

La única excepción a esta regla es Uruguay,  que si bien mantiene un régimen de “Metas”, utiliza como instrumento el control directo de los agregados monetarios. Así, si la inflación está por arriba (abajo) de la meta, entonces buscará que la cantidad de dinero crezca menos (más).

¿Fracaso o impaciencia?

Como veníamos diciendo, en línea con lo que hace una buena cantidad de países del mundo, Argentina adoptó un sistema de Metas de Inflación. El esquema, en rigor, comenzó en Septiembre de 2016, cuando el Banco Central lo lanzó de manera oficial.

Ahora bien: ¿cuáles fueron los resultados? Para muchos, poco menos que desastrosos.

La tasa de inflación cerró en 2017 en 24,8%, cuando el techo de la meta era de 17% y el centro de la misma era 14,5. Es decir, 10 puntos por encima. Además, por cómo vienen moviéndose las expectativas, la nueva meta del 15% para 2018 tampoco se podría cumplir.

Con este diagnóstico, algunos profesionales comenzaron a pedir que se tire por la borda el sistema de Metas y que se pruebe con otra cosa. Las alternativas van desde controlar los agregados monetarios, lanzar un “dólar argentino”, o profundizar los controles de precios para “desconcentrar la economía”.

Dada la experiencia de la última década, queda claro que controlar precios no tiene ningún sentido.

Las otras propuestas son más interesantes… Pero: ¿son necesarias?

Ecuador tiene una economía dolarizada y no tiene inflación. Alemania controló sus agregados monetarios antes de ingresar al Euro y la mantuvo siempre baja. Ese es un punto a favor del “dólar argentino” o el control de los agregados. Pero también es cierto que el resto de las economías que usan el sistema de metas tampoco tiene inflación: ¿por qué Argentina va a ser la excepción a la regla?

Algunos también dicen que este método, si bien muestra inflaciones bajas en el globo, no sirve para “desinflar”. Es decir, no sería útil para reducir la tasa de aumentos de precios desde nuestro 25-30% promedio, al 5% buscado de largo plazo. Sin embargo, los casos de Israel y Chile, relevados en este estudio, parecerían contradecir ese punto.

Metas de inflación y liberalismo

Una cuestión adicional que puede surgir es qué sistema es más compatible con la libertad económica. Entre los liberales hay mucho debate acerca de qué sistema monetario es mejor. En esa conversación han surgido varias propuestas, como congelar la cantidad de dinero, fijar su tasa de expansión, eliminar el Banco Central, eliminar el curso forzoso, etc.

En este marco: ¿dónde encajan las metas de inflación?

Para responder podemos mirar el Índice de Libertad Económica de la fundación Heritage y detenernos en el subíndice “Libertad Monetaria”. Para la fundación, la libertad monetaria de un país se mide por una índice combinada de “estabilidad de precios” (un promedio ponderado de los últimos 3 años) y de “controles de precios”.

Así, una economía con 0 inflación y 0 controles de precios, sería una economía totalmente libre en temas monetarios.

Aclarado este punto, vemos que en el Top 3 del ránking de libertad monetaria mundial se encuentran Hungría, Nueva Zelanda y Lituania. Curiosamente, si bien Lituania hoy es parte del Euro y en el pasado mantuvo un tipo de cambio fijo con la moneda europea, Hungría y, especialmente, Nueva Zelanda, son casos emblemáticos de la utilización de Metas de Inflación.

Conclusión

Si bien se entiende la frustración y la ansiedad por obtener resultados, no parece que sea necesario tirar por la borda el sistema de metas de inflación. Si algo funciona en todo el mundo no puede no funcionar en Argentina. Está bien  que somos “especiales”, pero créanme que no tanto.

A lo sumo, si los resultados no son los esperados, habrá que tener algo más de paciencia. Piénsese que las metas tienen más de 10 años de historia en la región, pero acá solo llevan uno y medio.

Finalmente, sin duda que habrá que estar listos para ajustar la política monetaria todo lo que sea necesario para cumplir con la desinflación, pero eso puede hacerse dentro del esquema que, insistimos, es eficiente y, lo mejor de todo, totalmente compatible con la libertad económica.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 31/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion

 

Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.

En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.

El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.

¿Quiere saber por qué?

La respuesta es la inflación.

Salvo en 1978 y 1986, desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.

La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.

A la Argentina, la inflación la borró del mapa.

Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.

¿Quién querría tener más inflación?

Curiosamente, no son pocos y acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno.

Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.

Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.

Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.

Hay dos problemas con esta propuesta.

El primero es que la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice. Al 30 de octubre de este año, y en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales.

Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.

Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.

El segundo punto es el tipo de cambio.

Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.

¿Es esto realmente así?

A priori, no parece. Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios, de manera que no se revertiría la apreciación real.

Yendo a lo más fundamental, el concepto en sí mismo es desacertado. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.

Para sorpresa de algunos, en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.

¿Por qué en Argentina debería ser diferente?

El Banco Central es la institución pública cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable. No se puede imprimir crecimiento.

A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae inflación, crisis y pobreza.

Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.

Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Descentralización y gasto

Por Gabriel Boragina Publicado  el 14/8/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/08/descentralizacion-y-gasto.html

 

Hay autores que, comprendiendo los nocivos efectos que un gasto público desbordado puede ocasionar, han insinuado diversas recetas para contenerlo. Por ejemplo:
“Con el fin de establecer defensas institucionales sólidas frente a demandas sociales que no es posible atender en el corto plazo y evitar eventuales desbordes populistas, cabe sugerir: [….] Reservar al Presidente de la República (o Primer Ministro en un régimen Parlamentario) -también por norma constitucional- la iniciativa exclusiva de ley en materias que signifiquen aumento del gasto público, mayores beneficios previsionales, creación de empleos estatales o incrementos tributarios.”1
El objetivo es plausible, y ya nos hemos explayado sobre los males de un gasto público que no cumple ni con las finalidades del gobierno, ni permite libertad a la actividad privada. Si bien la cita enuncia como problemas “el aumento del gasto público, mayores beneficios previsionales, creación de empleos estatales o incrementos tributarios”, poniendo a todos ellos -al parecer- en un mismo rango, en rigor los beneficios previsionales, los empleos estatales y los incrementos tributarios son consecuencia y no causa del gasto público. Por supuesto que, el gasto no se reduce a estos ítems, sino que sus partidas comprenden muchas otras erogaciones, pero el autor citado ha querido circunscribirse a aquellas que -según él- considera las de mayor demanda social.
Ahora bien, la cuestión de otorgarle al presidente de la república o primer ministro facultades exclusivas en materia de iniciativa legal para proponer medidas semejantes es, desde nuestro punto de vista y como habitualmente se suele decir, “un arma de doble filo”. Pareciera que la idea es sustraerle al congreso o parlamento tales prerrogativas, presumiblemente porque ha de suponerse que los legisladores o parlamentarios serán mas vulnerables que el presidente o primer ministro a las presiones populistas. Sin embargo, nosotros no encontramos base, ni lógica ni racional, a tal interpretación. Por el contrario, creemos no equivocarnos si observamos que la experiencia política (la latinoamericana es un muy buen ejemplo) demostró que han sido muchos presidentes los que fueron susceptibles y altamente influenciables a las demandas populistas. Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, y mas tarde Chávez en Venezuela, los Kirchner nuevamente en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, etc. impulsaron y dieron cabida por igual a las pretensiones populistas para elevar el gasto público (sistemáticamente llamado “social” como si pudiera existir algún gasto público que no tuviera por destino satisfacer una demanda social).
Finalmente, habría que apuntar que la medida propuesta podría atentar contra la división republicana de poderes, y -al mismo tempo- ser una tentación para ambiciones personalistas y -por ultimo- para aspirar a la implantación de una dictadura. Instintivamente, no nos parece prudente la propuesta. Que la iniciativa legislativa sobre el gasto público se concentre en una sola mano como que se distribuya entre muchas no es por cierto mejor que contar con una regla que lo limite, sea quien fuere quien la proponga.
Tampoco resulta tranquilizante la necesidad de una reforma constitucional para determinar quien será -en suma- quien tendrá la iniciativa de proponer leyes sobre el gasto público. Por triste experiencia es sabido que las reformas constitucionales son ocasiones propicias para que los políticos que las llevan a cabo introduzcan de contrabando muchas otras normas que poco o nada benefician a la comunidad, y si -en cambio- favorecen sus propias posiciones de poder. Los ejemplos abundan en la historia de reformas constitucionales que, lejos de ser positivas para el interés de la gente, han resultado -por el contrario- muy negativas, sobre todo en materia de derechos individuales
“Debe comprenderse que no existe una definición precisa, mucho menos una fórmula —ni un sentido general, ni específico para cada país— ya sea para medir el nivel óptimo de descentralización o para indicar la ubicación ideal de los recursos, responsabilidades y poderes entre las diferentes esferas del gobierno. Vale la pena ilustrar la simple comparación de la evolución de la distribución gubernamental del gasto público en Chile y en Brasil desde la década de los ochenta. Mientras que en el primero la participación de los gobiernos subnacionales en el gasto nacional ha crecido del 4 al 13%, en el segundo se ha elevado del 35 al 48%; en otras palabras, la descentralización chilena ha avanzado más en términos relativos, aunque sigue siendo un sistema tan centralizado como lo fue Brasil en los años de apogeo del régimen militar.”2
La primera observación a realizar respecto de este párrafo arriba transcripto es que el autor hace una completa asimilación entre nivel de gasto público y descentralización. Es decir, toma ambos términos como sinónimos. Los gobiernos centrales pueden favorecer el aumento del gasto público provincial o estadual, o pueden desalentarlo. Las provincias o gobiernos subnacionales pueden endeudarse a cuenta de las arcas nacionales, o hacerlo por su cuenta. Todo ello debería estar debidamente reglamentado. Y por sobre todas las cosas, limitado. Habría que encontrar mecanismos por los cuales se habilitara una enmienda constitucional que solamente tuviera por objeto fijar una regla restrictiva a la facultad de los gobiernos -tanto nacionales como provinciales- a endeudarse sin mas limite que el de la propia voluntad política por encima de los recursos reales y efectivos con los cuales aquellos verdaderamente cuentan en sus tesoros.
Cuestiones diferentes son la descentralización del gasto y la de funciones. No son lo mismo o, al menos, no nos parece tan seguro que ambos conceptos lo sean. Pensamos como cosa distinta la descentralización de funciones y el costo que cada una de esas funciones demande concretamente al ente político o administrativo que tenga a su cargo. Determinada función puede delegarse a una repartición administrativa, provincial o municipal. No obstante, a menos que se le conceda una completa y absoluta autarquia, podría legalmente establecerse que la financiación de dicha actividad quedara a cargo del gobierno nacional. Este seria el caso de una mera descentralización funcional pero no financiera. Se delegan o descentralizan las funciones, pero no su financiamiento Claro que se podría cuestionar -con razón- de que este se trate de un verdadero caso de descentralización, dado que, quien maneja los fondos necesarios para la función es (en los hechos) el que esta gestionando la función, ya que sin tales recursos la función seria imposible de cumplir, por mucho que se la hubiera descentralizado legalmente.
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1 EDGARDO BOENINGER-“El papel del Estado en América Latina”- Capítulo I. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág., 124.
2 JOSÉ ROBERTO RODRIGUES AFONSO – THEREZA LOBO.”Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. pág. 259-260. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía…Ob. Cit. ,
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Calidad institucional en América: Chile, que lidera las posiciones entre los latinoamericanos, ¿puede cambiar de rumbo?

Por Martín Krause. Publicada el 26/7/17 en: http://bazar.ufm.edu/calidad-institucional-america-chile-lidera-las-posiciones-los-latinoamericanos-puede-cambiar-rumbo/

 

Canadá y Estados Unidos intercambian liderazgos en uno u otro subíndice y las islas caribeñas muestran mejores resultados en las políticas que en las económicas. Otros como Chile, Guatemala o México tienen mejor desempeño en las económicas. El análisis detallado de cada caso, junto al desempeño en cada indicador visto antes, permitiría destacar cuáles son las áreas que más requieren atención y reforma en cada uno de los países. Ese análisis no se presenta aquí, pero se puede realizar con los datos existentes.

Conclusión

El panorama institucional en América Latina y en los países de mayor calidad muestra una situación de alguna forma contrapuesta. América Latina parece abrir las puertas a una mejora en su calidad luego del agotamiento de modelos populistas. Por otro lado, el marco institucional de los países de mayor calidad se ve amenazada por el avance del populismo que América Latina busca dejar.

Curiosamente, Chile, el país de mejor calidad institucional en América Latina, muestra señales similares a la de los países con los que comparte la tabla; las presiones populistas son fuertes y luego de años de estabilidad ha comenzado a caer, aunque poco por el momento. Es de esperar que no exista un movimiento de confluencia por el cual los países que están ahora más abajo suban, y los que están arriba caigan, acercándose todos en el medio, ya que beneficia a todos que la mejora sea general.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

Ni Macri ni Cristina: libre comercio

Por Iván Carrino. Publicado el 27/6/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/06/27/ni-macri-ni-cristina-libre-comercio/

 

 

A pesar de las críticas, el comercio es deseable tanto desde el punto de vista económico como desde la óptica moral.

La apertura comercial no goza de buena prensa. Al menos no en Argentina. Por los últimos años, la economía se fue cerrando. Al principio con la estrategia del “dólar competitivo”. Luego con restricciones burocráticas. Finalmente, con el cepo y la arbitrariedad de las DJAI, terminamos construyendo un muro contra el comercio.

Con el cambio de gobierno, muchos se apresuraron a denunciar la salvaje apertura importadora que llegaría de la mano de Macri.

Sin embargo, esto no sucedió. Lo único que hizo el nuevo gobierno fue liberar el tipo de cambio (reduciendo los incentivos a importar, ya que con dólar a $ 15 es más caro que con dólar a $9) y sustituir las DJAI por un sistema aprobado por la Organización Mundial de Comercio. Pero lejos estamos de abrirnos.

En primer lugar, porque el 20% de la industria sigue protegido por el nuevo sistema “SIMI”, que implica licencias no automáticas para “sectores sensibles”. En segundo, porque el país está comercialmente integrado solo con el MERCOSUR, grupo dentro del cual todos son partidarios del proteccionismo. Por último, porque de acuerdo con el Banco Mundial, nuestro arancel para productos manufacturados (8,6%) es el doble que el de Colombia, cinco veces el de Perú, y 13 veces más alto que el de Chile.

La Argentina no es un país abierto al comercio. Ni con Cristina, ni con Macri.

Esta es una mala noticia. ¿Por qué? Porque tener más libertad no solo es bueno desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista moral.

Más libertad, más progreso

El argumento favorito de los enemigos del comercio es que la apertura comercial genera desempleo. Si así fuera, los países que menos trabas imponen a su comercio, más desempleo tendrían. Sin embargo, éste no es el caso.

Si tomamos tres de los países más comercialmente libres del planeta según la Fundación Heritage, comprobaremos que el desempleo allí es considerablemente bajo. Hong Kong, por ejemplo, mostró en 2016 un 3,4% de desocupación; Suiza, 4,6%; y Singapur, 1,8%. Envidiable.

Otro dato interesante es que, si ampliamos el análisis, la diferencia de riqueza entre los más abiertos y los más “protegidos” es sustancial. Los que abren sus fronteras tienen un PBI per cápita 5,3 veces más alto que los que las cierran.

La apertura comercial genera riqueza porque permite que la gente compre bienes más baratos y utilice lo que se ahorra para invertir en la economía local. Así, no solo mejora los salarios reales, sino que aumenta la capacidad de ahorro e inversión. A las empresas también les conviene, ya que tienen más facilidades para abastecerse de insumos y, al mismo tiempo, un mercado más grande para vender.

Como decía Adam Smith, la división del trabajo depende del tamaño del mercado, y a mayor división del trabajo, más especialización, eficiencia y riqueza. ¿Para qué cerrarse e impedir este proceso?

La dimensión moral

Los beneficios de la libertad no son solo económicos sino también morales. Imaginemos una pareja en una plaza siendo cariñosos el uno con el otro. Acto seguido, una persona le hace un tacle de rugby a uno de los integrantes de la pareja.

Claramente, a cualquier observador esto le parecería una verdadera atrocidad. O, como mínimo, una violenta falta de respeto.

Con el comercio sucede lo mismo: impedir los acuerdos comerciales no es otra cosa que impedir una transacción voluntaria en la cual ambas partes se están beneficiando. Eso implica violentar las decisiones de la gente: ¿con qué derecho?

Por si esto fuera poco, el proteccionismo implica discriminar a los extranjeros. Es como si la pareja de nuestro ejemplo fuera disuelta porque uno de los dos es inmigrante y el otro, en realidad, debería “comprar nacional”. Si no aceptamos este argumento para estos casos, ¿por qué lo aplaudimos en el marco de la economía?

Hay que abrir la economía y hacerlo con firmeza. Redundará en una mayor libertad para todos y en una mejora económica sustancial.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Por qué no baja el gasto público?

Por Iván Carrino. Publicado el 2/6/17 en: http://www.ivancarrino.com/por-que-no-baja-el-gasto-publico/

 

Incluso cuando el gobierno quisiera reducir el gasto, el “estado profundo” no se lo permitiría.

Recuerdo una charla que escuché hace alrededor de 10 años. Quien disertaba en esa ocasión era director de una de las consultoras políticas más reconocidas del país. No recuerdo casi nada de la charla, pero sí una frase que me quedó grabada para siempre: “en política, la traición es una virtud”.

La frase, que puede sonar detestable, hacía referencia a la necesidad de los líderes políticos de traicionar sus lealtades, incumplir sus promesas y adaptarse permanentemente al cambio del “humor social” para avanzar en su carrera política.

Ejemplos de este fenómeno sobran en la política nacional. Políticos que se cambian de partido o que incumplen sus promesas electorales son un clásico.

El gobierno nacional no escapa a esta “tradición”. Durante la campaña 2015 prometió cambiar 180 grados lo que hacía el kirchnerismo. Sin embargo, en términos fiscales la promesa fue incumplida.

El estado, origen de nuestros problemas

Durante los 12 años de gobierno kirchnerista el gasto del gobierno creció de manera vertiginosa. De acuerdo a los últimos datos oficiales del Ministerio de Hacienda, el Gasto Público Consolidado avanzó nada menos que 20,6 puntos en términos del PBI, pasando de 26,6% a 47,2%.

Este alocado aumento de las erogaciones estatales no solo genera una mala asignación de recursos que reduce el crecimiento económico, sino que también es principal responsable de nuestra delicada situación fiscal.

El déficit, como quiera que se financie, es una bomba de tiempo que el propio Macri reconoce que no puede mantenerse en el tiempo.

Sin embargo, si consideramos lo que “Cambiemos” hizo hasta ahora, la realidad es que no cambió nada. El año pasado el PBI nominal creció 38%, cayendo en términos reales. El gasto, por su parte, creció alrededor de 39,3%. Esto lleva la ratio Gasto/PBI a 47,6%. Para 2017, si se cumple lo estipulado en el presupuesto, el gasto seguirá creciendo, pero en términos nominales volveríamos a niveles del 47,1%.

Este guarismo es similar al de países europeos y 85% superior al de Chile, Colombia y Perú promediados. Too much.

¿Es malo bajar el gasto?

Obviamente, cuando se propone bajar el gasto sale a la palestra una tribu de analistas imbuidos de keynesianismo que comienzan a recitar todas las calamidades que ocurrirían si se implementara la malvada austeridad. Un menor gasto, dicen, reduce la demanda agregada, la gente consume menos, las empresas reducen sus ventas, crece el desempleo y la economía colapsa.

No obstante este libreto, lo cierto es que la evidencia demuestra que es perfectamente compatible reducir el gasto público y mantener una economía vibrante.

Recientemente, Irlanda fue testigo de esta situación. Luego de llevar sus erogaciones al 65% del PBI en 2010, las redujo de manera considerable hasta el 29,5% en 2015. En términos nominales, el gasto cayó 31%. Obviamente, no ocurrió ninguna desgracia y la economía recuperó el crecimiento al tiempo que reducía su desequilibrio presupuestario.

Otro caso célebre es el de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo al estudio de Cecil Bohanon:

En 1944, el gasto del gobierno en todos los niveles representaba el 55% del PBI. Para 1947, el gasto público había caído un 75% en términos reales, o desde el 55% hasta el 16% del PBI (…)  Sin embargo, este “desestímulo” no resultó en un colapso del gasto en consumo o en inversión. El consumo real creció 22% entre 1944 y 1947 y el gasto en bienes durables creció hasta más que duplicarse en términos reales. La inversión bruta privada creció 223% en términos reales, con un enorme incremento real que se multiplicó por seis en el gasto destinado a viviendas residenciales.

Lo mismo puede decirse de Suecia. A principios de los años ’90, el estatismo sueco entró en crisis. El gasto público crecía en términos reales mientras que, por tres años consecutivos, la actividad económica cayó. En solo cuatro años (de 1989 a 1993) las erogaciones públicas habían subido 10 puntos del PBI hasta el 68%. A partir de allí, un programa de reforma buscó mejorar las cuentas. El gasto cayó en términos reales 0,9% al año entre 1992 y 1997. La economía volvió a crecer.

Si, como se ve en estos casos, la reducción del gasto público no genera crisis, ¿por qué el gobierno no avanza por este camino?

El estado profundo

Una respuesta posible a la anterior pregunta es que el gobierno está repleto de economistas keynesianos. Es probable. Alfonso Prat Gay, ex ministro de hacienda, por ejemplo, citó a Keynes en octubre del año pasado cuando se le preguntó por este tema.

Ahora bien, incluso cuando estuvieran relativamente convencidos de las bondades de la austeridad, lo cierto es que les sería políticamente imposible implementarla. Es que en Argentina, a pesar de que vivimos en democracia, los verdaderos hilos del poder los conduce un “estado profundo”, donde intereses corporativos, sindicales y políticos confluyen para mantener el statu quo.

Si el gobierno amaga con reducirle fondos al cine, ahí estarán los actores para gritar en contra. Si se reducen los subsidios y suben las tarifas, las asociaciones de defensa del consumidor podrán el grito en el cielo. Si se despiden trabajadores estatales, los gremios harán paro y bloquearán las calles. Si baja el gasto en obra pública, las cámaras empresarias harán lobby destacando la “importancia estratégica de la infraestructura”.

A medida que crece el gasto público, crecen los grupos concentrados directamente beneficiados por el mismo. Se genera una red de corporaciones que luego presionan políticamente (y otras violentamente) para que nunca más baje. Es el “estado profundo” que gobierna sin ir a las elecciones y destruye la economía.

Para reducir el gasto, el gobierno de Macri debe, primero que nada, despojarse de la idea de que esto sea perjudicial para la actividad económica y los pobres.

Pero, más importante, debe estar listo para enfrentar los intereses creados que no quieren que nada cambie en Argentina.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“La gestión de Macri es muy floja, tímida”

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado en “El País” de Montevideo, Uruguay.

 

Estuvo en Montevideo para dar una charla invitado por la Cámara de Comercio. Cree que el gobierno argentino no ataca los problemas de fondo que dejó el kirchnerismo y corre el riesgo de dilapidar su capital político.

—¿Cómo evalúa la gestión del presidente Mauricio Macri?

Tiene lo que considero un activo (no debería ser así porque debería ser normal) y es que no hay corrupción. Hemos estado acostumbrados a corrupciones horribles. Por eso lo aplaudimos. Respecto a la gestión, es muy tímida y muy floja. La gente tiene problemas graves para llegar a fin de mes y hay problemas sociales. Esto es consecuencia de que le arrebatan recursos. ¿Quién arrebata recursos? En gran medida, es el aparato estatal. Cuando se dice que el Estado tiene que hacer esto o lo otro…, ningún gobernante pone de su peculio. Es el vecino el que está pagando. Todos nosotros, más cerca o más lejos, venimos de la miseria, venimos de las cuevas, venimos del mono y el esfuerzo para mejorar es respetar la choza que se hizo el otro, es respetar el derecho de propiedad, es respeto recíproco por los proyectos de vida del otro, aunque no nos gusten y no los compartamos. Yo creo que el test máximo de la tolerancia se da cuando no compartimos el estilo de vida de otro, pero lo respetamos siempre y cuando no lesione derechos de otros. El viernes 21 de abril sacamos una carta en el matutino La Nación de Buenos Aires cinco colegas, diciendo una vez más que no se trata de hacer más eficiente el gasto público porque si algo es malo y es eficiente es mucho peor. No se trata de podar el gasto porque, igual que en la jardinería, crece más fuerte. De lo que se trata es de eliminar de cuajo ministerios, secretarías, reparticiones, subsecretarías que no sirven para proteger los derechos de la gente sino para conculcarlos.

—Voceros del gobierno dicen que se esperará a las elecciones legislativas de octubre para comenzar a abatir el déficit fiscal. ¿Qué le parece?

Ahora la nueva receta parece ser esperar a las elecciones. A mí me parece que quizás los liberales no mandamos bien el mensaje de la conexión que hay entre las malas políticas económicas, el derroche, un Leviatán muy adiposo y el salario de la gente.

Me parece que es muy importante abrir las economías, establecer sistemas competitivos y eliminar esos ladrones de guante blanco que son los empresarios que tejen alianzas con el poder. Es el gobierno de los últimos 70 años en la Argentina. Argentina desde la constitución liberal de 1853 hasta el golpe fascista de 1930 era la vanguardia del mundo libre, en los primeros puestos de salarios e ingresos del peón rural y del obrero de la incipiente industria. Toda la debacle comenzó con el golpe nazi-fascista del año 30 y se acentuó muchísimo con el peronismo. No se trata de malos y buenos, se trata de ideas, valores y principios para salir de este marasmo. El tema es el gasto público.

—¿Pero cómo puede conciliar Macri la necesidad de consolidar su poder y tener un buen resultado en octubre con la de reducir el déficit fiscal?

El político si tiene sentido práctico va a tratar de apuntar a lo que la opinión pública puede digerir y no ir más allá porque empieza a perder votos. El político que se sube a la tribuna y dice “yo voy a hacer lo que me da la gana y no me importa lo de la opinión pública” está perdido como político. El profesor que entra a una clase y dice “yo voy a averiguar lo que quieren los alumnos para decirlo”, está perdido como profesor. Ahora, (Douglas) MacArthur, en un terreno distinto, en el militar, decía “si uno es comandante, tiene que comandar, y si no mejor que se vaya a su casa”. La tarea no es explicar porqué las cosas no anduvieron. El asunto es hacer. El premio Nobel de Economía Milton Friedman decía que si un gobierno quiere rectificar algunos rumbos, lo tiene que hacer entre los primeros seis y diez meses de su gestión, cuando está en la luna de miel. Si se permite sufrir un desgaste y que la oposición se reagrupe, es cada vez más difícil.

—¿Macri ya perdió la oportunidad?

Yo quiero creer que no perdió la oportunidad a raíz de este oxígeno que fue la marcha del 1° de abril. Pero he dicho que no se la debe tomar como que haya sido un apoyo a Macri, sino que debe ser tomada como una defensa de la República y del sistema democrático debido a los comentarios que se han hecho diciendo que el presidente se tiene que ir en helicóptero, como Fernando de la Rúa.

Comparto que hay que tener cuidado y equilibrio, pero en lugar de tener un gasto público a 100, no digo bajarlo a 30, pero al menos a 99, para por lo menos marcar un rumbo para decir “estamos en esa dirección, no nos pueden decir que no trabajamos sobre el gasto público porque hemos hecho tales y tales cosas”.

—Hay quienes dicen que el macrismo es “kirchnerismo con buenos modales”.

Yo comparto eso. No están en cadena nacional, a los gritos e insultando. Eso no lo tiene este gobierno. Pero cuando se pierden las oportunidades, es una pena enorme. El déficit fiscal es ahora de ocho puntos del producto, más alto que en la época de (Néstor) Kirchner. Cuando Thomas Jefferson era embajador en París y le llevaron la constitución nueva de Estados Unidos dijo que si tuviera que cambiarle algo diría que debería prohibir la deuda pública. Usando términos futboleros, se está pateando la pelota para adelante. Se está comprometiendo el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera habrán elegido a los gobernantes que contrajeron la deuda. La presión fiscal en Argentina es una de las más altas del mundo. La gente tiene que trabajar entre seis y siete meses al año para mantener el aparato estatal. Eso es lo que hay que modificar y cuando antes mejor.

—¿Pero el gobierno no ha tenido algún éxito en mejorar el clima para la inversión, en dar más estabilidad?

Yo no veo ninguna regla estable. Todos los paros que ha habido muestran una cosa muy zigzagueante. Está bien abrirse al mundo, pero uno se tiene que preguntar ¿para qué abrirse al mundo, para mostrar la misma cosa populista, para mostrar kirchnerismo con buenos modales o para mostrar otra cosa? Para mostrar otra cosa hay que arremangarse y mostrar otro rigor. Dejémonos de frases vacías, como “juntos podemos”. Mejor como decía (José) Ortega y Gasset, decir “argentinos, a las cosas”. Trabajemos para rectificar los temas lo antes posible. Yo creo que Macri está muy consciente de eso.

—¿No cree que hay en la región un retroceso del populismo que puede llevar a políticas más de libre mercado?

Es cierto que hay signos interesantes. Por ejemplo, en el Perú. Hay otros signos que no son tan atractivos como lo que está pasando con el tema de la seguridad social en Chile. Hay que explicar que el sistema de reparto de la seguridad social es una estafa. Es un sistema que actuarialmente no resiste. El sistema de capitalización donde cada uno pone de sus recursos y hay competencia y mercados abiertos me parece lo normal y lo atractivo. Ahora se está por revertir en Chile.

—La aplicación del liberalismo económico quedó asociada en Argentina con la dictadura.

Fíjese que creo que no, porque los mismos representantes y ministros de ese régimen horrible que usted señala, nunca se han declarado liberales. Han salido siempre a decir “yo no tengo nada que ver con el liberalismo”. Por ejemplo, José Martínez de Hoz, aumentó brutalmente el gasto público. Lo demás son anécdotas. ¿Cómo fue el aparato estatal? ¿Fue más grande o no? La deuda aumentó, el gasto aumentó, hablaba de privatizaciones periféricas. Nadie sabe qué quiso decir.

—El menemismo privatizó, pero quedó asociado con la corrupción.

Exactamente, no tuvo nada de liberal. Se pasó de monopolios estatales a monopolios privados. Los ferrocarriles tenían un déficit de US$ 365 millones, se privatizaron y acto seguido el gobierno subsidió el monopolio.

—¿ Cómo ve a Uruguay que está tan marcado por el batllismo?

Uruguay era la Suiza de América Latina hasta que empezó a imitar un poco a los argentinos. Pero yo creo que mantuvo y mantiene, a pesar de todas las críticas que se puedan hacer, un respeto por las instituciones, esto de la cordialidad y los modales, la educación. Es una cosa que, no sé qué pasará en el futuro, todavía caracteriza al Uruguay. Observamos la relación del fuerte con el débil, del que está manejando el auto con el peatón. Frenan diez metros antes y si alguien agradece es porque es argentino y está sorprendido. Los uruguayos lo toman como una cosa natural y de respeto. Por supuesto que se ha engrosado el gasto público, un tercio son funcionarios públicos, un tercio son jubilados y solamente un tercio trabaja. Además entre los 30 y los 40 años muchos uruguayos están yéndose a otra parte. Ramón Díaz (quien presidió el Banco Central del Uruguay), a quien admiraba mucho, tenía un libro muy atractivo que era la “Historia Económica del Uruguay” que muestra que Uruguay estaba también rumbeado hacia destinos muy atractivos. Hay que imaginarse como serían Argentina y Uruguay si tuvieran marcos institucionales previsibles, si hubiera un respeto irrestricto e independencia de poderes cuáles serían las cosas que produciríamos. ¿Por qué las producciones de automotores son tan extraordinarias en Japón? No tienen recursos naturales, es un cascote, solamente el 20% es habitable. Es un tema de las cejas para arriba. Nos sorprenderíamos, si tuviéramos un país civilizado, de las cosas que podríamos hacer. No es un tema de recursos naturales ni de clima . África es el continente con más recursos naturales y se muere la gente como moscas. Hay que entender la importancia de las inversiones para aumentar salarios e ingresos en términos reales. Las inversiones dependen de los marcos institucionales. Hay una inclinación a sustituir la democracia por la cleptocracia, el gobierno de ladrones que expropian propiedades, que expropian libertades, que expropian sueños de vida. Hay límites que no se pueden sobrepasar. Eso es una cosa que tenemos que trabajar y usar las neuronas, para poner más límites al poder porque este asunto va mal.

ELIMINAR EL ESTADO VATICANO

Supongo que no le gustan para nada las ideas socioeconómicas de su compatriota el papa Francisco.

—Para nada. Yo soy católico. Él se ordenó en 1959 en Córdoba bajo la influencia muy marcada de monseñor Enrique Angelelli que oficiaba misa bajo la insignia de los montoneros (NdeR: murió en 1976 aparentemente asesinado por la dictadura argentina). Si uno lee el segundo capítulo de la exhortación “Evangelii Gaudium” uno ve que no tiene nada que ver con los principios de la propiedad ni de la igualdad. Se dice que quiere una sociedad igualitaria, pero ¿qué diablos quiere decir eso? La igualdad ante la ley la comparto totalmente. Pero la guillotina horizontal… En un mercado libre el que mejora es el que mejor ha servido a sus semejantes y el que yerra tiene quebrantos.

Yo creo que hay que eliminar el Estado Vaticano. Tiene que haber una figura del derecho internacional para darle independencia a la cabeza de la Iglesia. La religión nuestra dice que nuestro reino no es de nuestro mundo. Dejo de lado las buenas intenciones (de Francisco). Pueden ser las mejores, pero el camino del infierno está empedrado de ellas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La economía argentina no crecerá

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 24/4/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/04/24/la-economia-argentina-no-crecera-2/

 

Comencemos aclarando que es falso que la economía haya tenido que caer para poder, luego, levantarse. Nada en el cosmos se contrae para luego crecer. El PIB chino llegó a expandirse hasta 13.5% anual -y pudo haber sido más- apenas iniciadas las reformas pro mercado. Chile creció, lanzadas las reformas, hasta 7.8% anual.

Argentina cayó en 2016 solo debido a la continuidad de pésimas políticas que no se están redirigiendo hacia reformas pro mercado y, por tanto, no es serio decir que la economía crecerá. A ver, “pro mercado”, significa evitar la injerencia coactiva -en base al poder de policía, al monopolio estatal de la violencia- necesariamente destructiva como toda violencia, según ha demostrado la ciencia.

De hecho, todos vienen bajando las previsiones de crecimiento y la Cepal acaba de informar que el país crecerá 2% en 2017, si descontamos el aumento poblacional de entre 1.3 y 1.8%, la subida del PIB per cápita -que es el que importa- es casi nula y seguramente seguirán bajando las previsiones hasta tornarse negativas.

A pesar de pronósticos optimistas, como el de Ferreres que dice que la economía creció en marzo 1.2% comparado con igual período de 2016, si por alguna alquimia -o dibujo- el PIB muestra algún avance, será debido al aumento en el empleo o la obra pública que, lejos de favorecer, perjudican porque son fondos retirados del mercado, pasados por una burocracia voraz, cuyo resto se invierte en obras dudosas. Por cierto, como señala Martín Krause entre muchos, la fórmula del PIB no muestra los motores de la producción.

Como ejemplo, veamos la keynesiana “metas de inflación”. Según estudios anticipados, en abril el aumento del IPC superará el 2% y lo peor es que las mayores subas se dan en alimentos. Así, el BCRA probablemente suba otra vez su “tasa de política monetaria”, que quedó en 26.25% anual. Aunque, hay que descontarle Ingresos Brutos con lo que termina quedando en alrededor de 24% y por eso resultan más atractivas las Lebacs que rinden 24.25%. Complicando cada vez más a la producción ya que los capitales prefieren “la bicicleta financiera”.

Entretanto, el ritmo de la emisión viene aumentando hasta el 36% anual. El gobierno no entiende que la inflación es el exceso de oferta monetaria, por sobre la demanda del mercado, en tiempo real. Es decir, emitido el exceso, la inflación se produce y no se puede revertir la historia. Por tanto, el intento de absorber moneda, para “contrarrestar la inflación”, que realiza el BCRA, es contraproducente.

Insólitamente, más allá de que la base de esta expansión -de unos $80.000 millones en total en abril- está en el gasto, una parte se debió a que el BCRA ha vuelto a comprar dólares al Tesoro, el jueves pasado, unos US$ 1.000 millones. Es decir, que baja el precio del billete verde al ofrecer tasas excesivas para absorber pesos y luego emite pesos para levantar el precio del dólar (¡?). Con este nivel de irracionalidad el país no saldrá adelante.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.