Por qué la extrema pobreza es un flagelo muy difícil de reducir

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/4/2021 en: http://economiaparatodos.net/por-que-la-extrema-pobreza-es-un-flagelo-muy-dificil-de-reducir/

Persiste un clima de desaliento a los negocios, con amenaza de más regulaciones y penalidades a las empresas

Sin duda la segunda ola de COVID 19 es un problema serio, pero tal vez sea un problema serio porque el gobierno nunca utilizó el tiempo de la cuarentena eterna para poner en condiciones el sistema de salud y organizar debidamente una masiva y efectiva compra de vacunas para hacer una adecuada campaña de vacunación. Todo lo que sabemos es que las pocas vacunas que llegaron fueron utilizadas, en parte, para el vacunatorio VIP que incluía a jóvenes militantes de La Campora.

El problema está en que Argentina es un país pobre, es decir, no puede darse el lujo de frenar la actividad económica, aunque sea parcialmente, como lo hacen otros países. Argentina tiene un ingreso per capita de US$ 8.000 por año y el promedio de la UE es de US$ 39.000 por habitante. Son dos mundos económicamente tan diferentes que compararse con esos países en las medidas de restricción económica no tiene ningún sentido. Y aun así, algunos países de la UE tienen marchas de protesta por la cuarentena que imponen algunos de los gobiernos.

Es más, entre 2010 y 2020 la población argentina creció el 11% y el PBI cayó el 14%. La torta se transformó en un alfajor y llegaron más comensales a la mesa. Imposible que no estallara la pobreza y aumentara la indigencia con estos números. El 60% de ese tiempo gobernó el kirchnerismo y el otro 40% el gradualismo de Cambiemos.

En realidad, desde que empezamos a votar nuevamente en 1983, la democracia se transformó en una competencia populista en la cual los diferentes partidos políticos compiten por ver quién ofrece quitarle el fruto de su trabajo a unos para dárselo a otros, hasta llegar a un punto en que están dados todos los incentivos para no producir y todos para tratar de vivir consumiendo sin producir.

Es más, las reglas de juego para producir en Argentina son perversas. Si alguien produce tela para ropa, le dan protección arancelaria, si otro ensambla celulares en Tierra del Fuego tiene todo tipo de subsidios, ahora si Ud. invierte en una empresa, crea puestos de trabajo en un país con 19 millones de pobres, 4,5 millones de indigentes, 11% de desocupación y se esfuerza por ser competitivo, el Estado lo esquilma a impuestos, le pone mil regulaciones, controles, prohibiciones de exportar y encima si Moyano le bloquea la planta para que Ud. no pueda trabajar, el Estado se toma todo el tiempo del mundo para resolverle el problema. Si es que se lo resuelve.

En otras palabras, el Estado no lo deja trabajar en tiempos normales, si quiere trabajar en tiempos de pandemia Ud. pasa a ser directamente un infractor que merece todo el castigo de la ley y si el Estado no lo molesta en ninguno de los dos casos, los piqueteros o Moyano se van a encargar de complicarle la vida para que no pueda trabajar en paz.

Es más, en un país como Argentina donde hay 4,4 millones de indigentes, el Estado persigue a los que producen carne y todo tipo de alimentos. Siguen creyendo en el cuento de la oligarquía vacuna.

La economía Argentina está estancada desde 2011, el último dato disponible del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra que la actividad recién está llegando a los niveles de febrero de 2020, el mes anterior a la cuarentena, aclarando que en febrero de 2020 el EMAE estaba levemente por debajo de noviembre de 2019, el último mes completo del gobierno de Cambiemos, que fue un mes recesivo y venía de una recesión de 2 años. Es más, el EMAE está por debajo de los niveles de estancamiento de los últimos 10 años.

Gráfico 1

En 2020 el PBI terminó estuvo solo un 2,5% por encima del PBI de 2009, en pesos constantes de 2004, siendo el 2009 un año recesivo. El PBI de 2020 estuvo casi en los niveles del PBI de 2007. Son 13 años de un PBI casi estancado con una población que crece a pesar de los jóvenes que emigran.

En 2019 emigraron de Argentina 1.013.414 personas, siendo el principal destino España, luego Estados Unidos, Chile, Italia, Paraguay, Bolivia, Brasil y sigue el listado, pero aproximadamente el 50% se fue a España y a Estados Unidos, casi en partes iguales.

Pero en 2019 recibimos a 2.212.879 inmigrantes, mayormente de Paraguay, Bolivia, Chile y Perú. Todos datos de publicados por la ONU.

Resulta realmente curioso que siendo un país que expulsa a sus hijos y empresas por falta de oportunidades, tenga un neto positivo de entre inmigrantes e emigrantes, de casi 1,2 millones de personas. Argentina no es la misma Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX que atraía gente de todas partes del mundo por las reglas de juego que ofrecía para prosperar. Hoy Argentina hace el proceso inverso de nuestros abuelos que vinieron a la Argentina a buscar un futuro. Sus nietos o bisnietos van a buscar un futuro mejor al país del cuál ellos vinieron a tratar de prosperar.

Bajo estas condiciones de decadencia y pobreza el gobierno cometió los groseros errores de campaña de vacunación que todos conocen, con lo cual los márgenes económicos para enfrentar la segunda ola de COVID 19 son mínimos, por no decir nulos.

No hay margen fiscal para otorgar subsidios a las empresas que no facturan e igual tienen que pagar los sueldos de sus empleados. No hay margen social con los mencionados 19 millones de pobres, 4,4 millones de indigentes y 2,2 millones de desocupados. Se puede agregar que entre febrero de 2020 y enero de 2021 el sector que mayor cantidad de puestos de trabajo perdió fue el de hotelería y restaurantes, los que vuelven a ser fuertemente golpeados con las nuevas medidas de restricciones horarias y prohibiciones. Ese sector perdió 57.400 puestos de trabajo en lo que va de la cuarentena y no logra recuperarse.

Los números fiscales son horribles, Argentina no tiene moneda, no tiene ahorro interno, las empresas cierran sus puertas y se van del país y otras directamente cierran, lo pobreza y la indigencia está en niveles insospechados, la desocupación es una pesadilla y la falta de perspectivas quitan cualquier sueño innovador.

Con este panorama el gobierno no tiene mejor idea que decir que la gente se quede en su casa y volver a cerrar la actividad, no tan violentamente como en 2020, pero con restricciones importantes para sectores muy golpeados.

Todo parece indicar que el mejor camino es apelar a la conciencia de la gente para que tome los recaudos del caso en estos momentos de pandemia y dejar la mayor flexibilidad para poder producir algo, porque la pobreza extrema a la que están llevando el país es otra forma de morir tan cruel como el COVID 19.

Claro que el principal problema es que quienes tendrían que apelar a la conciencia de la gente fueron los vacunados VIP que usaron las escasas vacunas, compradas con fondos públicos, para vacunarse ellos y sus militantes  y aparecieron en fotos abrazándose a compañeros políticos. Eso quita toda autoridad moral para levantar el dedo acusador y exigirle a la gente que haga lo que ellos han demostrado no estar dispuestos a hacer.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

América Latina elige, ¿qué elige?

Por Constanza Mazzina y Santiago Leiras. Publicado el 4/04/21 en: https://www.cronista.com/cronista-global/america-latina-elige-que-elige/

Ante un escenario complejo por el efecto de la pandemia, las tensiones ideológicas podrían mantenerse.

El 2021 se presenta como un nuevo año en el ciclo electoral latinoamericano inaugurado hace algunas décadas con la tercera ola de democratización en la región. En el transcurso del presente año habrá elecciones presidenciales en Ecuador, Chile, Perú, Haití, Honduras y Nicaragua; legislativas en El Salvador, México, Argentina, Haití y Chile; constituyentes en Haití y Chile; municipales en Bolivia, Chile, El Salvador y Paraguay; y estaduales en Bolivia y Chile.

Un mix completo en un año complejo: además de la crisis sanitaria, la región tiene otras “pandemias” que no logra resolver. Así, a las consecuencias del Covid19 y las diferentes respuestas que dieron los gobiernos latinoamericanos con más o menos eficacia, debemos resaltar el sistemático deterioro del Estado de Derecho, la crónica crisis de la democracia y la crisis de representación política.

Crisis que se arrastran y no se resuelven, y que agregan un elemento más de disconformidad en las ya descontentas ciudadanías latinoamericanas. Tomemos por caso la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil: según los datos de Latinobarómetro del año 2018, un 65% de los ciudadanos señalaban que la democracia tenía problemas y para un 17% no había democracia. Así, la crítica a la democracia tuvo consecuencias electorales directamente consistentes con ella.

La reciente elección legislativa en El Salvador y el apoyo dado por la ciudadanía al presidente Bukele muestra que, lejos de castigarlo con su voto, lo han respaldado. En el mismo informe de Latinobarómetro de 2018, un 24% de los salvadoreños señalaban que no había democracia y para el 59% era una democracia con problemas. La tercera oleada democrática llegó al país centroamericano a mediados de los años noventa, luego de la firma de los acuerdos de paz de Chapultepec que pusieron fin a décadas de enfrentamiento armado en el territorio.

El regreso a la democracia configuró un sistema de partidos bipartidista de la mano de ARENA y del FMLN. La alternancia entre ambos en un contexto de creciente inseguridad y nuevos fenómenos como las maras, fue erosionando la democracia. Antes de la llegada de Bukele, solo el 11% de los salvadoreños estaban satisfechos con la democracia. Si en el 2018 la aprobación del gobierno en Brasil era de solo el 6%, en El Salvador rozaba el 22%, con una media regional en un escaso 32%.

Para cerrar este panorama, la confianza en el Parlamento era de un escaso 10%, la confianza en el gobierno del 10% (entonces era presidente Salvador Sánchez Ceren, del FMLN, igual que su antecesor, Mauricio Funes) y en los partidos políticos del 6%. El colapso del sistema consociativo de la democracia entre Arena y FMLN se encontraba en su fase terminal.

Así, Nayib Bukele logró presentarse como la figura emergente en un fuerte clima anti-político con un sesgo anti-establishment representado por los dos partidos históricos, un esquema de corrupción institucionalizada, y una significativa demanda de restauración del orden público: el resultado electoral de aquella elección presidencial y las recientes legislativas marcaron el fin de una época.

¿Se parece Bukele al fenómeno Trump/Bolsonaro, al modelo de Chávez o al de Álvaro Uribe? Probablemente a todos, posiblemente a ninguno de ellos. Lo cierto es que, de acuerdo al último informe de Democracy Index, El Salvador se transforma en un régimen híbrido, dejando atrás su condición de “democracia defectuosa”.

El Salvador, Ecuador y Bolivia inauguraron un largo ciclo electoral pero ¿qué se elige? ¿elige la región girar a la izquierda? Quienes sostienen esta tesitura encuentran sus razones en el cambio acontecido en México (2018), Argentina y Bolivia (2019), en un clima de optimismo en relación al triunfo del candidato/delfín de Rafael Correa (el segundo, el anterior fue el propio Lenín Moreno) Andrés Arauz en Ecuador y el retorno de Lula Da Silva a la arena política, ya sin restricciones legales para una eventual candidatura presidencial, en un contexto de crisis del gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil.

Haciendo un rápido recorrido ideológico por una buena parte de la región nos encontramos con 2 países de extrema izquierda (Nicaragua y Venezuela), 2 de izquierda (Bolivia y México) 1 de centro izquierda (Argentina), 2 de centro (Ecuador y Perú) 1 de centro derecha (Uruguay), 3 de derecha (Colombia, Chile y Paraguay) y 1 de extrema derecha (Brasil).

Estamos frente a un complejo escenario ideológico y lo que los latinoamericanos elijan en 2021 no parecería alterar sustantivamente este panorama.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

Latam: un espejo que nos refleja

Por Martín Krause. Publicado el 17/6/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/18/latam-un-espejo-que-nos-refleja/

El transporte aéreo es una de las actividades más golpeadas por la crisis generada por las prohibiciones de vuelos y las cuarentenas. Pero la empresa chilena se va de la Argentina, no de otros países
Uno de los aviones de Latam 

Uno de los aviones de Latam

Cierra Latam en Argentina. La empresa, que es fruto de la unión entre la chilena LAN y la brasilera TAM había ingresado en convocatoria de acreedores para el holding general de la empresa y sus filiales en Chile, Perú, Colombia, Ecuador y los Estados Unidos. Eso no incluía a nuestro país, al que le estaba destinado un futuro peor, porque en ese otro caso buscará restructurarse, acá directamente se va.

La situación no sorprende, todos sabemos que el transporte aéreo, como el turismo que también lo utiliza, está entre las actividades más golpeadas por la crisis generada por las prohibiciones de vuelos y las cuarentenas. Pero el hecho es que se va de la Argentina, no de otros países. Alguno pensará que esto ocurre porque los chilenos nos odian, pero no solamente hay muchas empresas chilenas en nuestro país a las que les va relativamente bien, además esos sentimientos están muy lejos de formar parte de las decisiones que tienen que tomar accionistas y ejecutivos de una empresa.

Estos lo que hacen es mirar para adelante. Y lo que esta decisión muestra es que el futuro que avizoran en este país no es nada atractivo. Por lo menos en comparación con otros países en los cuales la empresa opera o tiene posibilidades de operar.

Por un minuto dejemos de lado la grieta y pongámonos en el lugar del gerente de esta empresa en nuestro país, o quien lo supervisaba desde su casa matriz, desde que comenzó sus operaciones en 2005. Tuvo que lidiar con ocho sindicatos diferentes, toda una sopa de letras: UPAL, ATCPEA, USTARA, APLA, APA, UPSA, AAA (¡qué terrible sigla ésta!) y APTA. También con el intento de sacarlos de Aeroparque y mandar todos sus vuelos a Ezeiza (en 2014 la ORNSA, otra sigla de estilo soviético, los conminó a dejar los hangares en diez días); o con los muchachos de La Cámpora que manejaban Intercargo y le demoraban la salida de las valijas. Tiene, además, un competidor que tal vez no sería de preocupar en un mercado normal, pero en éste recibe unos 500 millones de dólares anuales en promedio de subsidios.

No hace falta explicar mucho más, cualquiera que estuviera analizando el mapa de sus operaciones y pensara dónde tiene que reducir sus pérdidas, llegaría a las mismas conclusiones.

Y ahora se viene el show patriótico, la futura miniserie de Netflix de quienes van a proponer expropiar los aviones de LATAM porque…, no porque ellos los hayan comprado sino porque al estar estacionados en nuestro suelo y destinados a vuelos de cabotaje también nos pertenecen. ¿Cómo que se van a llevar los aviones a otra parte?

Todo sea por mantener los 1.715 empleos que la empresa provee o la actividad de los 1.300 proveedores que tiene el país. Pregunta: ¿esto no importaba antes, cuando se le ponían todo tipo de trabas?

Ahora nos enfrentamos a un futuro promisorio que los políticos y sindicalistas argentinos no faltarán en darnos: no solamente vamos a tener una empresa aérea que pierde millones de nuestros dólares, ¡puede que vayamos a tener dos! Excelente. Es más, de la misma forma que se pensó primero en que Vicentín podía ser parte de YPF Agro, ahora podríamos decir que LATAM Argentina fuera parte de Aerolíneas Argentinas. Qué lastima que acaban de cerrar Austral para que todo sea Aerolíneas. Bueno, volveremos a tener dos, de todas formas.

Hay muchas ideas que deben estar floreciendo en las mentes de los jóvenes talibanes del poder: podemos seguir con la cuarentena varios meses y quedarnos con Starbucks, o McDonalds. Imagino ahora lo que sería la calidad de ese café, o de las papas fritas. Después de todo la carne es nuestra, ¿o no? Las papas también. El café no tanto, pero ya se nos ocurrirá algo.

En definitiva, la decisión de LATAM nos envía un mensaje, que podremos recibir y comprender o no. En particular un mensaje sobre nuestra calidad institucional, estamos en el puesto 133 en cuanto a las instituciones de mercado según el índice que elabora la Fundación Libertad y Progreso. Si no confía en esto, afuera nos ven peor. Ayer se dio a conocer que en el ranking que elabora IMD, la prestigiosa escuela de posgrado Suiza sobre la competitividad de los países estamos 62 entre 63, detrás de Mongolia y delante de Venezuela.

Se van de acá primero, no de otro lado. Podemos pensar que siempre somos las víctimas de algunas conspiraciones capitalistas, o mirarnos a nosotros…, y tal vez no sea bueno lo que veamos. Hacemos todo lo posible para molestarlos y para echarlos, y ahora que se van la culpa es de ellos, por supuesto.

LATAM es un espejo.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Es miembro del Consejo Académico de Fundación Libertad y Progreso. Síguelo en @martinkrause

 

 

La gran contradicción argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/la-gran-contradiccion-argentina-n5056395

 

Amamos a papá Estado, pero no estamos dispuestos a pagar sus onerosos gastos.

AFIP.

La gran contradicción de los argentinos es que, en promedio, adoramos al Estado pero, al mismo tiempo, no estamos dispuestos a financiarlo.

¿Cuál es la prueba de esto?

La primera es que por los últimos 59 años de historia, 54 hemos vivido con déficit fiscal. Es decir, el gobierno, que tanto nos gusta que gaste, no tiene los ingresos suficientes para encarar ese gasto. O sea que los argentinos no pagamos los impuestos suficientes que requiere el estado omnipresente que nos gusta.

Obviamente, Argentina nunca tuvo un gasto tan alto en términos de su producción como en diciembre de 2015. Y, de hecho, el aumento que se dio entre 2003 y 2015 fue sideral.

Para darse una idea, Holanda llevó su gasto público del 20% del PBI al 40% en un período de aproximadamente 80 años. A nosotros hacer lo mismo nos tomó solo tres gobiernos kirchneristas. 12 años. Record Guinness.

Mentalidad anticapitalista

La segunda prueba es que según el estudio del profesor Carlos Newland, de ESEADE, Argentina es el país con mentalidad más anticapitalista de la región.

Consultados sobre 3 cuestiones básicas que definen las preferencias de los encuestados sobre la economía libre contra la regulada (“la riqueza genera crecimiento para todos”, “la competencia empresarial es buena”, “debe incrementarse el rol del sector privado a costa del público”) los argentinos son los que más en contra están de la actividad del mercado libre.

Es decir, somos más pro-estado que Chile, Uruguay, Colombia, Brasil, etc.

Así que si los gobiernos son una representación de al menos una buena mayoría de la sociedad, es normal que se la pasen gastando todo lo posible y creen “derechos” donde quiera que haya una necesidad. El problema es que esos derechos después hay que pagarlos.

Y como los argentinos no los queremos pagar, hemos pasado las últimas 8 décadas con crisis de deuda o crisis de inflación.

6 mil billones por ciento

Hace unos años, el profesor de la Universidad de Denver, Nicolás Cachanosky, tomó los datos recopilados por Reinhart y Rogoff y concluyó que “desde la independencia en 1816, Argentina ha estado bajo reestructuración de deuda unos 71 años. Esto equivale al 36% de su historia.”.

La situación es más grave si se cuenta el tiempo desde la Segunda Guerra Mundial: “Si contamos desde la Segunda Guerra Mundial, entonces Argentina ha estado en default reestructurando su deuda unos 36 años, lo que equivale al 52% desde 1945 a la fecha”.

El proyecto enviado al congreso para “reperfilar deuda” le agregará unos años a este triste registro nacional y popular.

En materia de inflación, otro trabajo de Cachanosky, esta vez en conjunto con Ravier, muestra que desde la creación del Banco Central en 1935 la inflación anual equivalente fue de 55% por año.

Para curiosos, la cifra de inflación acumulada desde que hay estadísticas oficiales en Argentina es de: 6.138.061.225.630.469%

Creo que se dice seis-mil-billones por ciento. Pero seguro alguno podrá ayudar a pronunciar.

Como cualquiera podrá intuir, semejantes niveles de inflación son nefastos para el crecimiento económico. Y el mismo efecto genera la incertidumbre ligada a la deuda pública. En este sentido, no extraña que seamos el país que, junto con nada menos que El Congo, es es el que más recesiones tuvo desde 1960.

Para cortar con semejante decadencia llegó Macri, que dijo que todo se iba a ordenar porque la economía iba a crecer. Obviamente, lo mismo dicen todos los políticos, desde Lavagna hasta los Fernández.

¿Ahora me explican cómo vamos a crecer si ninguno quiere bajar la inflación en serio y ninguno quiere ajustar las cuentas públicas en serio?

Lecciones a aprender

El agujero fiscal es la espada de Damocles que hunde a la Argentina. El agujero fiscal explica también el desequilibrio externo que gustan de remarcar los economistas heterodoxos.

La explicación es sencilla: cuando no hay ahorro interno, y el gobierno gasta como si no hubiera mañana, la única manera de hacerlo (al menos por un tiempo) es usando financiamiento exterior. La contracara de eso es el déficit de cuenta corriente.

Pero el origen del tema es nuevamente fiscal. Y el problema fiscal es hijo de nuestra gran contradicción.

¿Cómo se resuelve? Solo dos formas posibles: o se baja el gasto público, o se aumentan los impuestos.

Ahora en un país que ya no da más de carga impositiva, que le cobra impuestos récord mundial a las empresas y a los pobres tasas europeas de IVA, solo queda un camino: hay que achicar el gasto público.

Si no nos ponemos de acuerdo en esto, después no nos quejemos de los malos resultados obtenidos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Mauricio, no necesitás al G20 para integrarnos al mundo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/12/18 en: http://www.ivancarrino.com/mauricio-no-necesitas-al-g20-para-integrarnos-al-mundo/

 

Los países no comercian. Sí las personas.

¡Qué bien que salió el G20! Por un rato al menos, pasamos de ser la barbarie tirapiedras, a una ciudad Suiza. Ni la izquierda piquetera consiguió alterar la tranquilidad con la que pasaron las jornadas de la Cumbre Internacional del grupo de los 20 países más económicamente relevantes del mundo.

Hasta le ganamos a París, donde mientras acá “La Bestia” cargaba nafta y Ángela Merkel comía en una parrilla de Palermo, los chalecos amarillos incendiaban todo a su paso.

No debe haber habido nadie que no reconociera la buena organización del evento y el profesionalismo con que todo se llevó a cabo. Obviamente,  hubo algún traspié, como el evento de Michetti con Macron, pero en líneas generales, todo salió bien.

Y mejor de lo esperado, para quienes habitamos este caótico país.

El presidente, por su parte, capitalizó el encuentro y reforzó su discurso de integración al mundo civilizado.

Nos estamos integrando al mundo. Las cosas requieren un tiempo. Hay que tener constancia, herencia y paciencia (…) Nunca tuvimos la relación que tenemos ahora con el mundo. La autoestima volvió a estar presente en estos días.

En los días en que los presidentes del mundo visitaron la ciudad, el gobierno argentino firmó todo tipo de acuerdos. Además, dijo querer avanzar con la Unión Europea y prometió abrir mercados.

Aparentemente, el G20 sería un punto de partida para incrementar nuestro comercio internacional, que hoy es apenas del 23% del PBI, cuando en el mundo la suma de exportaciones e importaciones asciende al 58%.

Lo cierto, sin embargo, es que no se necesitan ni tratados especiales ni cumbres internacionales para hacerlo.

Las personas comercian, no los países

Cuando hablamos de comercio internacional solemos mirar números agregados. La semana pasada, en un estudio de TV, mientras hablaba el Primer Ministro Shinzo Abe, de Japón, el periodista sacaba a relucir la cantidad de exportaciones que hacíamos a ese país.

¿Qué relación tenemos con Japón? “Exportamos USD 1500 millones”, respondió el analista.

Como si todos los argentinos produjéramos USD 1.500 millones de dólares de soja para vendérsela a los varios millones de japoneses que la consumen.

En realidad, la situación es diferente. Es que ni todos comerciamos con todos, ni los países comercian entre sí. En realidad, todas estas construcciones retóricas tienen como base la decisión de un individuo.

Un individuo que, ubicado en Argentina, encontró más conveniente tomarse el trabajo de exportar una tonelada de soja a Japón, en lugar de venderla en el mercado interno. Y otro individuo que, del otro lado del mundo, encontró que era más barato y de mejor calidad comprar esa tonelada fabricada en nuestro suelo, en lugar de en otro lado.

Como se observa, son las personas las que comercian entre sí, en base a sus apreciaciones sobre qué es lo más conveniente hacer con su dinero y su producción.

Y es de esta forma que se ha producido el comercio internacional. Porque algunas personas, ubicadas en un territorio, encontraron que era mejor vender y comprar fuera del territorio, que hacerlo puertas adentro.

La globalización, entonces, es un orden espontáneo, donde las decisiones individuales de millones de personas terminan generando un mundo cada vez más conectado…

A menos, claro, que el gobierno se interponga.

Proteccionismo y apertura unilateral

Los individuos, dejados en libertad para decidir, intercambiarán con quien mejor satisfaga sus necesidades. Si esta contraparte se encuentra en otro país, entonces habrá comercio internacional.

Sin embargo, producto de falacias mercantilistas, o bien para proteger algunos lobbies, los gobiernos suelen cruzarse en el camino. Así, nace el proteccionismo, que básicamente consiste en impedir que los intercambios libres ocurran entre personas ubicadas en diferentes países.

Argentina conoce mucho de esta materia. Si miramos los números, estamos de la mitad de tabla para abajo en el ránking de apertura comercial de la Fundación Heritage, tenemos uno de los aranceles a las importaciones más altos de la región y casi no hemos firmado acuerdos de Libre Comercio.

Es decir, somos un país extremadamente cerrado donde el proteccionismo es la norma.

Entonces: ¿qué hacemos?

Para Macri, hay que acudir al G20. Puede ser… Una opción para “integrarse” es firmar tratados donde ambos países otorgan “concesiones”. Ahora esto puede llevar varios años, como lo demuestra el acuerdo Mercosur-UE, que parece que nunca se firmará.

Pero otra estrategia es la apertura unilateral. ¿En qué consiste? En eliminar unilateralmente restricciones al comercio, reduciendo aranceles y barreras no arancelarias, permitiendo que los argentinos que quieran comerciar con el mundo, lo hagan libremente.

Este camino no es imposible ni peligroso. De hecho, es el que tomó el vecino Chile entre 1974 y el año 2003.

Cuadro Chile

En 1974, las barreras aduaneras en Chile llegaban a ser del 750% sobre el valor de los productos.

Entre 1975 y 1977, se decretó que el máximo arancel posible sería de 35%. Para 1977 y 1979, se unificaron los aranceles, y quedó solo uno de 10% para todas las importaciones. Esto se revirtió entre 1983 y 1984, pero el camino de la apertura unilateral se retomó en 1985.

En 1999 el arancel único volvió al 10% y para 2003 se lo redujo nuevamente al 6%.

Uno podría preguntarse por los resultados de esta estrategia. Y, si bien en el caso chileno debe decirse que la apertura se hizo en conjunto con otras reformas estructurales como el saneo de las cuentas públicas y el fin de la inflación, existe consenso de que abrirse al mundo ha sido muy positivo para el país vecino.

En dicho período, el PBI per cápita chileno se multiplicó por 3. Además, Chile redujo drásticamente la pobreza, desde al año 2000 que crece casi sin interrupciones, y todo esto con bajo desempleo y una muy baja y estable tasa de inflación.

En lugar de realizar tantas cumbres y reuniones burocráticas, podríamos aprender del caso chileno.

Estimado presidente, no necesitamos al G20 para integrarnos al mundo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Venezuela votó por “más de lo mismo”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2139534-venezuela-voto-por-mas-de-lo-mismo

 

Los venezolanos acaban de concurrir a las urnas en lo que parece haber sido una elección presidencial fraudulenta más. En la que -como suele suceder- se proscribió a algunos de los principales partidos opositores y encarceló a sus principales dirigentes.

Nicolás Maduro (rodeado de caras amenazadoras por parte de quienes vestían altos uniformes militares) fue inmediatamente declarado ganador. Sin perder un minuto de tiempo. Por ello se apresta a continuar gobernando a Venezuela por un nuevo período presidencial de seis años.

Su reelección ha sido -sin embargo- rechazada por prácticamente todos sus vecinos de la región: por Brasil, Colombia, Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Guyana y Santa Lucía.

Para nuestra región, Venezuela es ya una segunda Cuba, cuyos funcionarios, desvergonzadamente enquistados en el gobierno venezolano, han estructurado -con la estrecha cooperación de sus pares venezolanos-, un mecanismo perverso para que Cuba pueda recibir, “colgada” del mismo, buena parte de las divisas generadas por las exportaciones venezolanas de petróleo crudo. Por largo rato, cabe recordar, Cuba vivió “colgada” de la Unión Soviética. Hoy vive ordeñando a Venezuela. La noción de “no intromisión” ha sido pisoteada y desnaturalizada, a la vista de todos.

Las abstenciones de quienes tenían efectivamente derecho a sufragar en las elecciones venezolanas superaron largamente al número de quienes concurrieron a las urnas. Como se esperaba, ciertamente. El número de votantes, en una elección a la que una significativa parte del pueblo venezolano le diera la espalda, fue el más bajo desde la década del ’50. Menos de la mitad (tan sólo un 46%) de quienes estaban en condiciones de votar se acercaron a las urnas para hacerlo. Muchos de ellos por abstención voluntaria, a la manera de rechazo a Nicolás Maduro. Otros, por su estado de desilusión, convencidos de que votar no hubiera cambiado nada.

Venezuela continuará sufriendo. Su economía es hoy la mitad de lo que fuera en el 2013. Y, cada día, unos 5000 venezolanos dejan atrás a su patria y se exilian, en un éxodo que es tan conmovedor, como inocultable. Casi todos huyen hartos de la creciente escasez de alimentos y medicamentos que ha hecho ya imposible vivir en la normalidad. Y de la enloquecedora hiperinflación, que se estima llegará al 13.000% a fines del año en curso. Así como de los salarios mínimos de miseria, que hoy son del orden de los 2,5 dólares mensuales. A todo lo que se suma un nivel de inseguridad personal aterrador, que se ha vuelto realmente desesperante. Colombia y Brasil los están recibiendo en números crecientes, que ya preocupan a sus respectivas autoridades.

El país del caribe, que tiene las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo, ha visto caer su producción diaria de crudo de unos 2,4 millones de barriles, apenas cinco años atrás, a un millón cuatrocientos mil barriles, en la actualidad. Y el flujo continúa cayendo por obra conjunta de las sanciones económicas externas y del claro “des-manejo” que inunda la incompetente gestión de las autoridades locales, todo lo cual debe ser sumado a la cada vez más extendida corrupción, que ha infectado también a las exportaciones de petróleo y gas natural. El resultado de lo antedicho es una situación social intolerable, en la que sobrevivir no está garantizado a nadie.

Para hacer las cosas más graves, los Estados Unidos han aumentado las sanciones económicas que habían ya sido impuestas a Venezuela. Ahora serán sancionados todos quienes negocien o intermedien en títulos de la deuda venezolana y en créditos de cualquier tipo de ese país o de su enorme empresa petrolera estatal, PDVSA, cuyos activos están siendo embargados por quienes tienen derecho a hacerlo, incluyendo los contractuales, que han sido repudiados, ignorados o desconocidos por Venezuela.

Hasta la importación de los diluyentes necesarios para exportar el crudo pesado que produce Venezuela está comenzando a estar afectada. En lo que va del año el volumen de ventas de crudo venezolano ha caído ya un 23%.

A todo lo que se agrega la cada vez más difícil atención del servicio y repago una deuda externa del orden de los seis billones de dólares, cuyo cumplimiento se ha transformado en un signo de interrogación.

En ese ambiente caótico, Nicolás Maduro recibió (con fraude y todo) un millón y medio de voto menos que en el 2013, cuando fuera elegido por primera vez presidente de su país. Y eso que ató perversamente la obtención y el mantenimiento de los carnets que permiten acceder a las raciones de comida y a la prestación de varios servicios públicos a la comprobación de haber efectivamente votado a favor del gobierno.

Venezuela se apresta a vivir “más de lo mismo”, esto es a seguir viviendo encerrada entre el miedo y la desesperación. Su tragedia no parece estar cerca de un final que, de pronto, pueda cambiar el deplorable estado actual de las cosas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El “neoliberalismo” de Macri

Por Gabriel Boragina Publicado el 24/3/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/03/el-neoliberalismo-de-macri.html

 

Respecto de la cuestión de si el gobierno del presidente Macri es neoliberal o no, caben hacer las siguientes reflexiones que tienen que ver con puntos que hemos desarrollado en muchas otras oportunidades.

En lo personal, trazo diferencias sustanciales entre los términos liberalismo y el más popular neoliberalismo. Dado que -en lo particular- adhiero al liberalismo y no el neoliberalismo volveré a precisar (lo más sintéticamente que me sea posible) que entiendo por esta filosofía a la que yo suscribo.

Lo que sigue son las respuestas que le di a un ocasional interlocutor español que sostenía que en Sudamérica y -especialmente- en la Argentina había un gobierno liberal o neoliberal. Voy a tratar de desarrollarlas en el mismo orden en que se dio el diálogo que mantuve con él.

Mis respuestas a sus “planteos” fueron las siguientes:

  1. El último vestigio de liberalismo que tuvimos por estos lares, tuvo su punto culminante en las décadas del 20 y del 30 del siglo pasado (variando en la región según cada país, claro). El “auge” del liberalismo en el curso de la historia mundial (ya no sólo sudamericana) fue relativamente breve en una perspectiva histórica que puede decirse comprendida entre fines del siglo XVIII hasta las dos o tres primeras décadas del siglo XX. Desde estas últimas fechas hasta la actualidad las ideas liberales fueron paulatinamente siendo desplazadas por la ideología socialista asumiendo distintos grados y proporciones según las épocas. En Sudamérica, característicamente, hallaron buena acogida las ideologías fascistas y sus variantes populistas que gozaron de gran predicamento desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días. En el caso argentino, ello con el peronismo, e incluso con gobierno de diferentes denominaciones, inclusivamente militares. Desde esta última época hasta la actualidad puede decirse que los otros gobiernos argentinos han girado dentro de un círculo conformado por el populismo y la socialdemocracia (en el mejor de los casos). Pero, siempre en las fechas indicadas, ninguno ha rozado siquiera la esencia del ideario liberal, ni han puesto en ejecución sus más efectivas recetas.
  2. El proceso descripto tuvo su punto de partida a partir de la década del 30 del mismo siglo, donde se empezaron a introducir en Latinoamérica -importadas de Europa- las doctrinas fascistas y nazistas, y sus correlatos económicos: el nacionalismo y el proteccionismo. Las ideologías mencionadas, implantadas en la región con mucha fuerza hacia mediados del siglo pasado se mantuvieron hasta nuestros días oscilando entre un estatismo virulento hacia otro más atenuado. El gobierno del presidente Macri -en mi opinión- es un estatismo de bajo grado en comparación a los gobiernos precedentes argentinos. Nuevamente, nada de ello tiene siquiera punto de contacto con el liberalismo que se le achaca.
  3. En lo económico, estrictamente, se aplicó -durante los periodos antes enumerados- el keynesianismo. Keynes publicaba su “Teoría General…” en 1936, pero sus opiniones empiezan a colarse en Latinoamérica hacia fines de los años 50, y tienen su apogeo en los 70 del mismo siglo, en gran parte gracias a la CEPAL. Esas teorías se siguen aplicando más tenuemente en la actualidad. Como se observa…nada de “liberalismo” en todo un largo periodo…hasta hoy. Esta tendencia no lo fue solo en la Argentina, sino en la mayor parte de la región.
  4. En los años 80 y durante casi 20 años, en Chile se pusieron en marcha algunas tesis “monetaristas” con buen éxito. Sin embargo, como no se quiso abandonar de todo el keynesianismo, la mejoría no fue óptima. Pero fue un buen intento. Como se ha venido observando en las últimas décadas, México, Perú y Colombia mejoran sus economías en la medida que se apartan del intervencionismo keynesiano.
  5. En cuanto a llamar a todo lo anterior “neoliberalismo” puede aceptarse siempre y cuando -y en la medida que- se tenga en claro que “neoliberalismo” NO ES liberalismo. En otra oportunidad hemos llegado a la conclusión que el “neoliberalismo” no es otra cosa que lo que nosotros llamamos intervencionismo (quizás de bajo grado, pero intervencionismo al fin). Al “neoliberalismo” se le oponen el liberalismo, por un lado, y el colectivismo por el otro. Desde este punto de vista, el gobierno de Macri si seria “neoliberal”, es decir intervencionista de grado reducido o intermedio. Claramente No liberal. En esta línea, el keynesianismo también sería una vertiente “neoliberal”.
  6. Mas precisamente, el accionar del presidente Macri se orienta hacia una política desarrollista. El “desarrollismo” no es más que un derivado del keynesianismo. En estas latitudes se lo intentó a fines de la década del 50 y principios de la década del 60 del mismo siglo XX. Sus pilares son la obra “pública”, tanto industrial, vial, como habitacional, financiada con inversiones privadas o estatales. Quizás esto sea “neoliberal”, pero no es liberal de modo alguno, toda vez que el liberalismo no promueve (ni deja de hacerlo) actividad específica ninguna, sino que deja en libertad a todo el mundo para que encare la acción lícita que prefiera sin interferencias del gobierno.

El interlocutor español al que refuté con estas respuestas confesó -al fin de cuentas- no ser experto en economía (por cierto, le agradecí su honestidad intelectual al hacerlo), al tiempo que le respondí que, me gustaría saber en qué “fuentes” o autores serios se basaba para lo que venía afirmando. Y me remitió a la Wikipedia (lo que le agradecí de todos modos) no sin aclararle que tal remisión no es suficiente (ni muy académico que digamos), ya que se trata tan sólo de una simple enciclopedia, que, para peor, se escribe en forma anónima y en la que cualquiera puede entrar, escribir, modificar, borrar, editar los artículos, etc. (lo que es tanto peor).

Por último, le agregué que, sería bueno que nos indicara que economistas había leído, sus nombres y apellidos, o -al menos- sus apellidos, como se titulan sus libros, ediciones, etc. …tanto como para tener alguna base o referencia válida. Lo que sería útil también para estar al corriente en qué y cómo fundamentaba sus dichos, tales como que “el keynesianismo no fue totalmente aplicado” (afirmación sorprendente, por cierto), cuando hasta los mismos economistas keynesianos aseveran lo contrario a lo que tan tajantemente decía. Pero, lamentablemente, nunca conseguí que me contestara.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

No hay que tirar por la borda las Metas de Inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 7/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/no-hay-que-tirar-por-la-borda-las-metas-de-inflacion/

 

No somos tan excepcionales como para que aquí fracase lo que funciona en todo el mundo.

Una empresa enfrenta un problema en la administración de personal. El gerente nota que sus empleados no están todo lo motivados que él quisiera…

No sabe bien qué hacer, así que llama a un consultor experto en la materia.

El consultor escucha su caso, toma nota, y se toma unos días para analizarlo.

Durante la siguiente reunión, le ofrece una solución: un sistema de compensaciones distinto al que tiene vigente la empresa hoy, que ha demostrado tener éxito en las 10 últimas empresas donde el consultor lo implementó.

“Ok”, dice el gerente, haremos el cambio.

Dos meses después, al no ver resultados, llama indignado al consultor y le dice de todo. Que su sistema es deplorable, que no hay ningún resultado y que todo va a ir peor que antes.

¿Qué pasó? ¿Es que el sistema no funciona? ¿Es que no se le dio el suficiente tiempo? ¿O será, tal vez, que no se logró implementar en la forma debida?

Metas de inflación

El  caso de la empresa es similar a lo que ocurre en Argentina con la inflación. Nuestro país, producto de políticas fiscales totalmente irresponsables y desquiciadas, ha padecido décadas de inflación alta.

A lo largo de la historia, el exceso de gasto público se financió casi exclusivamente con emisión monetaria, derivando en altos niveles de inflación, lo que resultó en un paupérrimo crecimiento económico. La consecuencia es que pasamos de ser uno de los países más ricos y promisorios del planeta, a ser un ejemplo de decadencia mundial.

Durante la década del ’90, el déficit no se financió con emisión monetaria. Por tanto, no hubo inflación. Sin embargo, el exceso de gasto terminó en la crisis de 2001, que al fulminar la Ley de Convertibilidad, le abrió nuevamente las puertas al monstruo de la degradación de la moneda.

Lo que pasó en la década de los 2000 fue todavía más estrambótico. En un mundo donde la inflación casi se extinguía, acá rebrotaba, junto con los controles de precios y los cepos cambiarios. Un caso de estudio por lo excéntrico, sin duda.

Finalizado el período populista, llegamos a la situación análoga a la de la empresa.

El nuevo presidente del Banco Central (como el gerente de recursos humanos), miró con atención el problema de la inflación (el problema de la motivación del personal), y decidió aplicar como fórmula de solución algo que funciona en una innumerable cantidad de países en el mundo. Esto es: las metas de inflación.

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Como se observa en la imagen de más arriba, las metas de inflación, también en Sudamérica, se utilizan de manera extendida. Son el régimen monetario de Colombia, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay… Y ahora de Argentina.

En casi todos estos países, el instrumento para llevar adelante la política monetaria es una tasa de interés de referencia. Si la inflación está por encima del objetivo, se espera que el Banco Central contraiga su política monetaria, subiendo la tasa de interés. Si ocurre lo contrario, se espera que la relaje, bajando la tasa.

La única excepción a esta regla es Uruguay,  que si bien mantiene un régimen de “Metas”, utiliza como instrumento el control directo de los agregados monetarios. Así, si la inflación está por arriba (abajo) de la meta, entonces buscará que la cantidad de dinero crezca menos (más).

¿Fracaso o impaciencia?

Como veníamos diciendo, en línea con lo que hace una buena cantidad de países del mundo, Argentina adoptó un sistema de Metas de Inflación. El esquema, en rigor, comenzó en Septiembre de 2016, cuando el Banco Central lo lanzó de manera oficial.

Ahora bien: ¿cuáles fueron los resultados? Para muchos, poco menos que desastrosos.

La tasa de inflación cerró en 2017 en 24,8%, cuando el techo de la meta era de 17% y el centro de la misma era 14,5. Es decir, 10 puntos por encima. Además, por cómo vienen moviéndose las expectativas, la nueva meta del 15% para 2018 tampoco se podría cumplir.

Con este diagnóstico, algunos profesionales comenzaron a pedir que se tire por la borda el sistema de Metas y que se pruebe con otra cosa. Las alternativas van desde controlar los agregados monetarios, lanzar un “dólar argentino”, o profundizar los controles de precios para “desconcentrar la economía”.

Dada la experiencia de la última década, queda claro que controlar precios no tiene ningún sentido.

Las otras propuestas son más interesantes… Pero: ¿son necesarias?

Ecuador tiene una economía dolarizada y no tiene inflación. Alemania controló sus agregados monetarios antes de ingresar al Euro y la mantuvo siempre baja. Ese es un punto a favor del “dólar argentino” o el control de los agregados. Pero también es cierto que el resto de las economías que usan el sistema de metas tampoco tiene inflación: ¿por qué Argentina va a ser la excepción a la regla?

Algunos también dicen que este método, si bien muestra inflaciones bajas en el globo, no sirve para “desinflar”. Es decir, no sería útil para reducir la tasa de aumentos de precios desde nuestro 25-30% promedio, al 5% buscado de largo plazo. Sin embargo, los casos de Israel y Chile, relevados en este estudio, parecerían contradecir ese punto.

Metas de inflación y liberalismo

Una cuestión adicional que puede surgir es qué sistema es más compatible con la libertad económica. Entre los liberales hay mucho debate acerca de qué sistema monetario es mejor. En esa conversación han surgido varias propuestas, como congelar la cantidad de dinero, fijar su tasa de expansión, eliminar el Banco Central, eliminar el curso forzoso, etc.

En este marco: ¿dónde encajan las metas de inflación?

Para responder podemos mirar el Índice de Libertad Económica de la fundación Heritage y detenernos en el subíndice “Libertad Monetaria”. Para la fundación, la libertad monetaria de un país se mide por una índice combinada de “estabilidad de precios” (un promedio ponderado de los últimos 3 años) y de “controles de precios”.

Así, una economía con 0 inflación y 0 controles de precios, sería una economía totalmente libre en temas monetarios.

Aclarado este punto, vemos que en el Top 3 del ránking de libertad monetaria mundial se encuentran Hungría, Nueva Zelanda y Lituania. Curiosamente, si bien Lituania hoy es parte del Euro y en el pasado mantuvo un tipo de cambio fijo con la moneda europea, Hungría y, especialmente, Nueva Zelanda, son casos emblemáticos de la utilización de Metas de Inflación.

Conclusión

Si bien se entiende la frustración y la ansiedad por obtener resultados, no parece que sea necesario tirar por la borda el sistema de metas de inflación. Si algo funciona en todo el mundo no puede no funcionar en Argentina. Está bien  que somos “especiales”, pero créanme que no tanto.

A lo sumo, si los resultados no son los esperados, habrá que tener algo más de paciencia. Piénsese que las metas tienen más de 10 años de historia en la región, pero acá solo llevan uno y medio.

Finalmente, sin duda que habrá que estar listos para ajustar la política monetaria todo lo que sea necesario para cumplir con la desinflación, pero eso puede hacerse dentro del esquema que, insistimos, es eficiente y, lo mejor de todo, totalmente compatible con la libertad económica.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 31/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion

 

Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.

En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.

El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.

¿Quiere saber por qué?

La respuesta es la inflación.

Salvo en 1978 y 1986, desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.

La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.

A la Argentina, la inflación la borró del mapa.

Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.

¿Quién querría tener más inflación?

Curiosamente, no son pocos y acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno.

Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.

Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.

Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.

Hay dos problemas con esta propuesta.

El primero es que la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice. Al 30 de octubre de este año, y en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales.

Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.

Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.

El segundo punto es el tipo de cambio.

Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.

¿Es esto realmente así?

A priori, no parece. Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios, de manera que no se revertiría la apreciación real.

Yendo a lo más fundamental, el concepto en sí mismo es desacertado. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.

Para sorpresa de algunos, en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.

¿Por qué en Argentina debería ser diferente?

El Banco Central es la institución pública cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable. No se puede imprimir crecimiento.

A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae inflación, crisis y pobreza.

Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.

Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.