Abram: las retenciones “impositivas y cambiarias” no generan crecimiento y afectan al sector productivo

Entrevista a Aldo Abram: Publicada el 1/12/19 en https://www.xn--lamaanaonline-lkb.com.ar/noticia/35257/abram-las-retenciones-impositivas-y-cambiarias-no-generan-crecimiento-y-afectan-al-sector-productivo/

 

Medios nacionales aseguraron que el presidente electo, Alberto Fernández, tomó la “decisión política” de subir el nivel de las retenciones que paga el sector agropecuario al momento de exportar. La idea sería aplicar “ajustes” en las cuatro principales producciones agropecuarias: soja, trigo, maíz y girasol. En los próximos días quedaría definido el nuevo cuadro de derechos a la exportación.

También, se conoció que la intención de los técnicos del Frente de Todos es diseñar un esquema “sustentable”, que no sea considerado “confiscatorio” y que no signifique un perjuicio notorio para los productores agropecuarios.

En lo referente a este tema, el economista Aldo Abram, Director Ejecutivo de la Fundación “Libertad y Progreso”, aseguró a La Mañana que el método de aumentar los niveles de retenciones a los productores agropecuarios no resolverá los problemas económicos de la Argentina, y que la idea de obtener mayores recursos del sector privado no dio buenos resultados.

“El sector privado productivo es el que genera la riqueza para pagar los gastos y los sueldos. El que tiene que hacer el ‘ajuste’ es el sector público. En este momento, quienes integrarán el próximo gobierno proponen sacarle plata al sector privado productivo para dársela a personas que no producen pero necesitarían ese dinero. Con eso, se supone que se va a ‘reactivar’ la economía. Esto no genera un aumento de la demanda. Puede cambiar su composición o el lugar en el cual se efectúa el gasto. Pero no modificará cuánto se gasta”, opinó el especialista.

Asimismo, el economista advirtió que además de las retenciones impositivas a las exportaciones, habrá una creciente “retención cambiaria”, porque habrá mayor emisión monetaria.

“Lo que va a suceder es que el peso se va a depreciar más. Con los controles cambiarios se buscará mantener al dólar en un valor artificialmente bajo en el mercado oficial y el verdadero costo de la moneda nacional se reflejará en los mercados ‘paralelos’. La brecha entre la cotización oficial y los demás mercados reflejará la ‘retención cambiaria’, que será creciente en el tiempo. Por ello, el sector agropecuario tendrá dos retenciones”, explicó Abram a este diario.

Crisis

Por otro lado, el profesional consideró que un mayor nivel de retenciones desalentará la realización de inversiones. A su vez, se refirió al rumbo económico que llevó al país a la crisis actual.

“Llegamos al 10 de diciembre del 2015 con un Estado nacional que estaba al borde de la quiebra, porque gastaba más de lo que los argentinos podíamos pagar. El Gobierno logró salir del ‘cepo’ cambiario y resolvió los problemas de deuda de ese momento. Eso generó credibilidad y muchas personas que habían sacado sus ahorros de la Argentina los volvieron a traer al país. Esto originó mayor crédito. Pero lo que hizo la administración nacional con el crédito obtenido fue mantener el exceso de Estado, que en 2018 volvió a poner a la Nación al borde de la quiebra”, relató.

“El ‘ajuste’ cayó sobre el sector privado productivo, que no tenía exceso de gasto. Esto se aplicó a través de la quita de los subsidios a los servicios públicos, que se tradujo en un mayor costo para la producción. Esto estuvo bien, pero los impuestos no fueron reducidos en igual forma. Esto es insostenible. Ahora, el peronismo propone hacer lo mismo”, agregó.

“En la etapa de Cristina Fernández de Kirchner se demostró que obtener mayores recursos del sector privado productivo no genera crecimiento económico. En paralelo, origina una caída del Producto Bruto Interno en el futuro. Si se logra aumentar las exportaciones, como pretende el FdT, será un milagro”, manifestó Aldo Abram.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Publica como @AbramAldo .

El desafío es ampliar la frontera de producción para crecer sin inflación

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/12/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/12/10/el-desafio-es-ampliar-la-frontera-de-produccion-para-crecer-sin-inflacion/?fbclid=IwAR3da_qNW6X1lbr1zqFsoLz1JeJcUhyT7taFPx1w38Dd1BOuXypDApuHZ5w

 

El ministro de Economía entrante, Martín Guzmán, recibió un estado de situación del ministro saliente, Hernán Lacunza

El ministro de Economía entrante, Martín Guzmán, recibió un estado de situación del ministro saliente, Hernán Lacunza

Una vez más estamos en un proceso de recesión con inflación como muchas veces vivimos en Argentina. La receta que en forma insistente el nuevo gobierno ha manifestado que tiene en mente es aumentar el consumo interno poniéndole plata en el bolsillo a la gente para que incremente su demanda y lleve a más actividad económica.

Obviamente, se parte del supuesto de que la economía está operando por debajo del nivel de su capacidad de producción, lo que podemos denominar debajo de la frontera de producción y, por lo tanto, queda margen para ampliar la oferta de bienes y servicios sin necesidad de hacer inversiones. Como las empresas pueden responder con mayor oferta de bienes ante la mayor demanda, la emisión monetaria que se haga no tendría impacto inflacionario o éste sería marginal.

En caso de lograrse ese objetivo, que la oferta responda con mayor producción, habría que ver, en primer lugar, cuánto dinero hay que emitir para poder ponerle plata en el bolsillo a la gente sin que se produzca una disparada inflacionaria y cómo se hace luego para incrementar la capacidad de producción.

Es decir, una vez llegado al límite de producción posible, ¿cómo se consiguen nuevas inversiones que amplíen la capacidad de incrementar la oferta de bienes y servicios para absorber a los desocupados y a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral anualmente?

Para graficar el problema supongamos que Robinson Crusoe está en la isla y está dispuesto a trabajar 8 horas por día. Si tomamos el gráfico 1 podemos suponer que si trabaja 8 horas por día, puede treparse a un árbol y conseguir 30 cocos por día y si las 8 horas las dedica únicamente a pescar, consigue 10 peces por día.

Supongamos que si trabaja 4 horas pescando consigue la cantidad de peces P1, y si las otras 4 horas las dedica a bajar cocos del cocotero obtiene la cantidad C1 cocos. Cualquier combinación que haga utilizando las 8 horas de trabajo le dan diferentes combinaciones de producción de cocos y peces a lo largo de la curva.

Pero si Crusoe trabaja menos de 8 horas está por debajo de su frontera de producción, digamos en el punto C*. Este es el supuesto del que parece partir el nuevo gobierno respecto a poner dinero en el bolsillo a la gente: emisión sin que haya impacto inflacionario. La idea es que la economía argentina está trabajando en el punto C* y su capacidad de producción es la curva del gráfico previo, por lo tanto, si se incrementan los sueldos, las jubilaciones y los planes sociales, crecerá la demanda y como la economía está operando por debajo de su potencial puede responder con más oferta moviéndose hacia algún punto a lo largo de la frontera de producción sin necesidad de aumentar los precios.

Considerando la fuerte caída en el nivel de actividad, es posible algún rebote dada la profundidad de la caída anterior.

No obstante, eso no asegura que no se mantenga el sendero alcista de los precios al consumidor por: 1) la historia inflacionaria que hace que la gente huya del peso rápidamente y 2) hay que ver qué nivel de expansión monetaria se necesita para mover el amperímetro del consumo.

Pero aun logrando el objetivo de reactivar la economía en forma transitoria, el desafío no es pasar del punto C* a algún punto a lo largo de la frontera de producción, sino ampliar la frontera de producción que es lo que permite elevar el nivel de vida de la población en forma permanente.

El gráfico anterior muestra que trabajando la misma cantidad de horas, Robinson Crusoe puede obtener mayor cantidad de peces, de 10 a 15 si se dedica exclusivamente a la pesca, o pasar de 30 a 40 cocos si sólo destina su tiempo a bajarlos del árbol.

¿Cómo logra mover su frontera de producción Crusoe? Con inversiones. Construye una red para pescar y fabrica una escalera para subirse al cocotero lo cual le da mayor productividad. Con la misma cantidad de horas de trabajo consigue producir más de los dos productos. Eso es lo que incrementa el nivel de vida realmente.

Revertir la historia

La imprevisibilidad en las reglas de juego de la Argentina ha hecho que la frontera de producción se moviera en el sentido del gráfico precedente. La tasa de inversión es insuficiente para cubrir la amortización del capital existente e incrementar la capacidad de producción. Por esa razón aumenta la pobreza, la desocupación y somos un país en decadencia.

Por eso el desafío del nuevo gobierno no es limitarse a moverse del punto C* hasta algún punto de la frontera de producción del gráfico 1. El desafío es crear las condiciones institucionales (seguridad jurídica, respeto por los derechos de propiedad, gasto público que no aplaste al sector privado, no espantar el ahorro de los argentinos al exterior, un sistema tributario pagable, una legislación laboral que estimula a la contratación de personal, etc.) para moverse en el sentido del gráfico 2 y frenar la caída en el stock de capital del gráfico siguiente.

En síntesis, el gobierno podrá ofrecerle a su población mejores condiciones de vida el día que deje de reactivar la economía vía emisión monetaria y apueste a ampliar la frontera de producción atrayendo inversiones. Y eso se consigue con reformas estructurales combinadas con seguridad jurídica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

“Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente”

Entrevista a Carlos Rodriguez Braun, por Javier Labiano. Publicada el 11/12/19 en: http://www.twecos.com/2019/12/11/entrevista-carlos-rodriguez-braun-2/

 

¿Es complicado divulgar conocimientos económicos sin faltar al rigor académico? 

La clave está en entender al público, tener claro a quién se está hablando en cada momento. Lo que no se puede hacer es mezclar las cosas y hablar, por ejemplo, en un seminario de economía de la universidad como lo harías en la radio. Son públicos distintos y hay que utilizar lenguajes diferentes. De cualquier manera, la idea de que la divulgación no puede ser rigurosa me parece falsa.

¿La última crisis nos ha obligado a todos a saber un poco más de economía?

Un amigo argentino siempre dice que la inflación convierte a un país en una inmensa facultad de ciencias económicas. Y, efectivamente, la adversidad fuerza a uno a formarse mejor en economía que si viviera en un país apacible en el que nunca hubiera ningún sobresalto. Así que, efectivamente, creo que la crisis nos ha ayudado. Además, en general, yo diría que en los casi 43 años que llevo viviendo en España el nivel de conocimiento en economía de la población ha aumentado claramente.

¿Cuáles están siendo los efectos más positivos de la globalización?

Lo que ha pasado es bastante evidente, aunque algunos se resisten todavía a entenderlo. La caída del Muro de Berlín lanzó una ola de libertad en todo el mundo y eso es a lo que llamamos globalización. El principal enfrentamiento político, que venía durando décadas, desde finales de los años 40, desapareció porque entró en crisis el comunismo. Y esa mayor libertad dio lugar a una espectacular ola de prosperidad. Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente. Las cifras son impresionantes: cientos de millones de personas dejaron atrás la pobreza extrema. Es cierto que la mayoría de ellos en África y Asia. Como a veces no los vemos parece que no existen, pero sí que existen y es un grandísimo resultado de la globalización.

La globalización también habrá tenido efectos negativos….

Las ideas antiliberales, que algunos ingenuos pensaron que iban a desaparecer en 1989, cuando cayó el Muro, han sobrevivido. Y, de hecho, en los últimos tiempos están experimentando un renacimiento. Es decir, que la globalización ha tenido también como efecto una resistencia a la propia globalización. Esto se ha producido desde diferentes ángulos. Hemos visto como en los últimos años, sobre todo después de la crisis, dos movimientos arrecian, tanto el nacionalismo populista proteccionista como el viejo socialismo anticapitalista. Ambas corrientes son muy contrarias a la globalización.

Hablemos del ámbito empresarial. ¿Se han acostumbrado las compañías españolas a cruzar fronteras?

Ha habido una evolución importante en este tema. Si hay una señal que ha caracterizado a la empresa española en el último medio siglo es la internacionalización. Este proceso ha sido facilitado por la globalización y ha ayudado mucho a la economía. Uno lo detecta en todos los niveles empresariales. En los grandes es muy evidente, pero también hay pequeñas y medianas empresas españolas que se ven en cualquier rincón del mundo.

Las exportaciones ayudaron a muchas empresas a remontar el vuelo después de la última crisis. ¿Sucederá lo mismo en la siguiente?

La verdad, no lo sabemos. Así como la globalización que sucedió a la caída del Muro de Berlín supuso una ola de libertad, la situación que tenemos actualmente puede suponer un paso atrás. El presidente de Estados Unidos está alabando el proteccionismo, y está el Brexit y el auge de los populismos. Es posible que la nueva crisis nos pille con un aliento más proteccionista que antes. Esta es una de mis grandes inquietudes, sino la mayor. La libertad y apertura permite sortear las crisis con menos daño, pero cuanto más te cierras más te pueden golpear los ciclos económicos adversos.

¿En qué cree que terminará la actual ralentización económica?

No sabemos lo que va a pasar, pero podemos intuir que viene una desaceleración económica. Los indicadores así lo sugieren. Hemos repetido errores del pasado, con una expansión monetaria muy irresponsable en todo el mundo; y, al mismo tiempo, nuestros gobernantes no han sido austeros, a pesar de lo que se nos ha dicho. Nos encontramos con una gran diferencia respecto a la crisis anterior, en la que el nivel de endeudamiento del sector público era relativamente bajo. En los últimos 10 años, mientras el sector privado se desendeudaba, la deuda pública ha explotado en muchos países, empezando por el nuestro. En 2007 era inferior al 40% del PIB, y ahora está en el 100%. La próxima crisis nos va a encontrar con una situación más débil, ya que el endeudamiento tendrá un margen de crecimiento menor.

En este contexto, ¿de qué dependerá el comportamiento de los mercados financieros en 2020?

Sobre todo, de lo que pase con la política monetaria. Es verdad que lo más importante es la actividad económica, pero la clave estará en la política monetaria porque hemos tenido los tipos de interés muy bajos durante demasiado tiempo. Las tensiones y la volatilidad que estamos viendo en los últimos tiempos se deben a eso, a la incertidumbre de lo que va a pasar y, al mismo tiempo, al convencimiento de que esta situación no puede durar.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la última crisis?

El seguro es una gran institución, una de las más antiguas de la economía, cumple un papel muy importante y sospecho que éste va a ser aún mayor en el futuro. En particular, los seguros relacionados con el comercio exterior y con el crédito a la exportación porque, a pesar de las fuerzas proteccionistas, hemos vivido una época de gran apertura internacional que, espero, no se revierta.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

¿Viene nueva Argentina o solo el verano?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/12/19 en: https://www.ambito.com/economia/economia-argentina/viene-nueva-argentina-o-solo-el-verano-n5070293

 

Uno de los mayores riesgos para el nuevo gobierno es la suba impositiva a la clase media, además del campo y las retenciones. Y el cepo, que podría sumar tensiones, sobre todo si no afloja la inflación y se dispara la brecha con el blue creando todo tipo de problemas en la vida diaria y la cadena productiva.

Por cierto, no olvidemos que el modo que tiene el Estado de quitarle recursos a los ciudadanos, al mercado, no es solo la carga impositiva sino también la inflación -el exceso de emisión en tiempo real para cubrir gastos- y el endeudamiento que conlleva tasas exageradas.

Si no hay cambios, y aunque la inflación rebajó el salario real, parte de los trabajadores que en 2019 no pagaron Ganancias, el año próximo sí lo harán y los que estuvieron alcanzados pagarán más, según MR Consultores que toma como base un nivel de aumento salarial para 2020 similar al de 2019. Por este impuesto, el oficialismo perdió las elecciones legislativas de 2013 mientras el líder camionero se embanderaba bajo la consigna “el salario no es ganancia”.

Un supuesto acuerdo sobre precios y salarios que permita reactivar el consumo no parará a la inflación, en todo caso al IPC, y la suba de planes sociales, salarios y jubilaciones mínimas podrían traer una efímera distensión, que probablemente no alcance ni para pasar el verano. Y, por cierto, no queda claro quién va a pagar la cuenta.

Los impuestos, por el contrario, deberían bajarse. Y la generación de divisas como pretende Economía, se da de bruces con el cepo -el dólar abaratado- y la suba de las retenciones.

El ministro intentaría llegar al superávit fiscal primario y, de ese modo estabilizar la deuda. Según Eco Go, partirá de un rojo del 0,9 % del PBI que es de 3,9% si se suma el pago de intereses. El año que viene el Gobierno afrontaría vencimientos por unos u$s30.000 M con el sector privado. En 2021, u$s12.000 M y en 2022 y 2023, u$s32.000 M cada año ya que habría que empezar a devolverle al multiestatal FMI.

De aquí que es clave “reperfilar”, convencer a los acreedores de aceptar que no se les pague ni capital ni intereses en 2020-2021. No es descabellado pensar que el autodenominado comité de acreedores formado por un grupo de fondos -Greylock Capital, BlackRock, T. Rowe Price, etc.- que trabaja junto a bancos como BNP Paribas y el Citi, acepten que no se les pague durante dos o tres años y no estaría mal en tanto sea voluntario para los privados, el mercado.

Del total de la deuda externa de u$s270.000 M, unos u$s60.000 M corresponden a organismos multi estatales y u$s45.000 M al FMI que, irresponsablemente, no solo financió un plan económico a todas luces inviable, sino que, contra su carta orgánica, remitió a la Argentina alrededor del 50% de sus montos prestables, de modo que bien podría esperar y, por qué no, incluso aceptar una quita importante.

Por cierto, esto se da en momentos en que todo indica que las tasas a nivel global se estabilizarán para luego empezar a subir. Más de diez años de “lucha contra la crisis”, han llevado las tasas de interés a mínimos históricos e incluso negativas, después de más de 750 recortes desde 2008, lo que está deformando los mercados.

Al mismo tiempo, los principales bancos centrales están comprando bonos nuevamente, lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, y sabiendo que después de la compra de más de $12 B de activos financieros no se alteró la inflación.

Se pronostica que la Fed mantendrá estable la tasa en su reunión del 11 de diciembre y, un día después, el BC Europeo podría decidir permanecer en espera, mientras que el Banco de Japón haría lo mismo el 19 de diciembre.

Hacia el futuro, los operadores apuestan por subas de menos de 1 punto porcentual en los rendimientos a 10 años, mientras que JPMorgan ve la tasa de interés global promedio en 2% a fines de 2020.

Y ahora a los bancos centrales les ha surgido una nueva “amenaza” con las nuevas “monedas” privadas. “La efectividad del banco central ahora se ve desafiada por el aumento de la moneda cibernética privada”, según el jefe de asesores de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China. “Esto cambiará el juego”.

En fin, en cualquier caso, el “reperfilamiento” no es la solución de fondo, sino que el país deje de ser un gastador y deudor serial.

Por cierto, no se ve más la reja que encerraba a la Casa Rosada, y ojalá no se quede solo en un símbolo, sino que realmente sea el comienzo de una era de más libertades personales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Intervencionismo y socialismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2019/12/intervencionismo-y-socialismo.html

 

El capitalismo no es necesariamente incompatible con un cierto grado de intervención en la economía por parte del gobierno. De hecho, si consideramos que para que exista un gobierno debe -al mismo tiempo- que contar con los fondos mínimos y necesarios para que cumpla con su función de tal y que dichos dineros no pueden ser generados por el gobierno mismo, va de suyo que la mera coexistencia de los impuestos cuyo destino es precisamente posibilitar la presencia y el sostén del gobierno implican necesariamente echar mano a los recursos de los particulares, dado que de otra manera ningún organismo que se atribuyera las ocupaciones de un gobierno podría moverse y ni siquiera darse.

“Mientras solo ciertas empresas concretas estén controladas públicamente, las características de la economía de mercado que determinan la actividad económica siguen esencialmente inmaculadas. También las empresas de propiedad pública, como compradoras de materiales en bruto, bienes intermedios y mano de obra, y como vendedoras de bienes y servicios, deben ajustarse a los mecanismos de la economía de mercado.”[1]

Podemos aquí diferenciar, quizás, entre un mercado libre y una economía de mercado. En el ejemplo dado en la cita anterior, si bien no podría hablarse en cabalidad de un mercado completamente libre ello no obstaría, en cambio, a decir que si hay allí una economía de mercado. En realidad, lo que parece quiere decirse es que un pequeño control sobre algunas empresas o -tal vez- un gran control sobre una sola empresa no empaña la concurrencia de una economía de mercado.

Es que el control del gobierno sobre una o algunas empresas no implica por sí mismo la presencia de regulaciones sobre el resto de las variables económicas (por ejemplo, precios, salarios, producción, ventas, exportaciones, importaciones, moneda, etc.). Mientras estas permanezcan libres de intrusismo estatal seguirnos estando -conforme nos enseña L. v. Mises- en una economía de mercado, aunque, añadimos nosotros, no podamos referirnos a un mercado completamente libre.

Y así se dice que esas empresas:

“Están sujetas a las leyes del mercado, tienen que buscar beneficios o, al menos, evitar pérdidas. Cuando se intenta mitigar o eliminar esta dependencia cubriendo las pérdidas de dichas empresas con subvenciones tomadas de fondos públicos, la única consecuencia es un cambio de esta dependencia en otro lugar”[2]

Es decir que, aun siendo empresas de control estatal o semiestatales se hallan bajo la órbita de las leyes del mercado. En este punto se hace alusión a las leyes de la oferta y la demanda, para lo cual deben buscar mercados con el objeto de poder colocar sus productos, implicando ello que deben ofrecer artículos o servicios de calidad a un precio competitivo, lo que da por supuesto un régimen de libre competencia. Resulta claro que se trata el caso de empresas que comenzaron siendo privadas y a las que luego se les añadió un cierto control estatal, las que son conocidas en la jerga legal-económica como empresas mixtas o con participación estatal (que puede ser minoritaria o mayoritaria).

Aun siendo frecuente que se intente enjugar sus pérdidas (las que son habituales en la medida de la injerencia estatal) a través de subvenciones (subsidios) los resultados de esta medida no dejan de darse dentro del ámbito de la economía de mercado.

“Esto pasa porque los medios para las subvenciones se han tomado de algún sitio. Pueden conseguirse recaudando impuestos. Pero la carga de dichos impuestos tiene sus efectos en el público, no en el gobierno que recauda el impuesto. Es el mercado, y no el departamento de ingresos, el que decide sobre quién recae la carga del impuesto y cómo afecta a la producción y el consumo. El mercado y sus leyes inevitables son supremos.”[3]

En realidad, la contundencia de la frase final de la cita precedente marca el destino de cualquier política estatal sea cual fuere la misma. “El mercado y sus leyes inevitables son supremos” y se abren camino en medio de toda la maraña de intervenciones y regulaciones que los gobiernos quieren de continuo infligirle a cada paso. Los obstáculos que las políticas estatales oponen continuamente a las leyes del mercado no anulan a estas últimas, sino que solamente desvían las consecuencias que aquellas producen hacia otros sectores, como en genial analogía se ha dicho puede representarse al mercado como un sistema de vasos comunicantes, y las secuelas de aplicar una restricción en un sector tendrán inexorablemente sus repercusiones en otro u otros. Pero siempre en obediencia a las leyes del mercado.

“Segundo: Hay dos patrones para la consecución del socialismo. El patrón uno (podemos llamarlo el patrón marxista o ruso) es puramente burocrático. Todas las empresas económicas son departamentos del gobierno igual que la administración del ejército y la armada o el sistema postal. Cada fábrica, tienda o granja tiene la misma relación con la organización centralizada superior, igual que una oficina de correos con el Cartero General. Toda la nación forma un solo ejército laboral con servicio obligatorio: el comandante de este ejército es el jefe del estado.”[4]

Es el estatismo total, donde no queda sector alguno que este fuera de la esfera del gobierno. No hay ni libertad, ni propiedad privada, ni derechos de ninguna índole o -mejor dicho- donde quien define “qué es” un “derecho” o “no lo es” es el jerarca de turno. El mundo ha conocido este nefasto sistema en la URSS, los países que dependían del bloque oriental soviético, China, Cuba y en otros lugares. Toda la actividad económica queda subordinada y depende de manera exclusiva de un solo ente o persona: el gobierno central. El jefe del estado es quien determina los precios a los que se ha de vender y comprar absolutamente todo, qué debe producirse y qué no y en qué cantidades hacerlo, qué se vende, se compra, y qué no debe venderse ni comprarse y así con cada detalle de la vida comercial y empresarial, hasta llegar a la del menor consumidor particular. Ningún aspecto del universo económico -sea empresarial o particular- queda fuera de la regulación estatal.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). Pág. 7

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 7

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 7

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 7

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Resurgimiento liberal

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/12/19 en:  https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/resurgimiento-liberal.html

 

¿Cómo puede afirmarse lo que se consigna en el título de esta nota periodística cuando se observa en el mundo de hoy la xenofobia, el nacionalismo y el mal llamado “proteccionismo” en el contexto de un estatismo galopante? Es que como han señalado Milton y Rose Friedman en un célebre ensayo titulado “La corriente en los asuntos de los hombres” (traducido y publicado con permiso de los autores en la revista académica Libertas, Buenos Aires, No. 11, Año VI, octubre de 1989), lo que vemos al momento es lo que surge en la superficie pero debe bucearse y detectar las corrientes y contracorrientes que vienen gestándose bajo la superficie al efecto de poder espiar el futuro.

 

Escrutando así lo que viene en la próxima oleada, pongo por ejemplo la situación argentina. Puede conjeturarse con sobrados elementos de juicio que en el corto plazo la noche será oscura, pero si se mira bajo la superficie el cuadro de situación se presenta alentador. Las ideas liberales de Juan Bautista Alberdi permitieron un país floreciente luego de la tiranía rosista, desde la Constitución de 1853 hasta desbarranque colosal del golpe fascista del 30 y con mucha mayor velocidad en el declive a partir del golpe del 43 que nos encuentra a los argentinos desde entonces en un descalabro sistemático.

 

Decimos que bajo la superficie las perspectivas se manifiestan alentadoras debido a lo que principalmente ocurre con una proporción llamativamente grande de gente joven que estudian y difunden los valores y principios de una sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana). Por ejemplo, lo que viene sucediendo en instituciones notables como la Fundación Naumann, Federalismo y Libertad en Tucumán, las fundaciones Libertad y Bases en Rosario, la Fundación Libre en Córdoba, el Club de la Libertad en Corrientes, lo que ha realizado la Fundación Alberdi en Mendoza, en Buenos Aires Libertad y Progreso y el Instituto Amagi. Todas entidades que reúnen numerosos profesionales que publican artículos y ensayos, dictan clases y exhiben tesis doctorales con alto grado de excelencia.

 

Estos jóvenes reunidos en esas y otras instituciones y cátedras universitarias son estudiosos de historia para evitar que se repita aquello que señaló Aldous Huxley: “La lección más importante de la historia es que no se ha comprendido la lección de la historia”. En el denominado Salón Literario inaugurado en Buenos Aires, en 1837, el antes mencionado Alberdi expresó en una de sus ponencias que “mal nos será dado caminar si no sabemos de dónde venimos ni dónde vamos” y su colega Esteban Echeverría, en la misma asociación, aseveró que “no nos basta el entusiasmo y la buena fe, necesitamos mucho estudio y reflexión, mucho trabajo y constancia”.

 

Es de interés recordar que los argentinos estábamos a la vanguardia del mundo civilizado antes de la avalancha populista que aun nos persigue con una perseverancia digna de mejor causa. Reitero que antes de este aluvión,  los salarios de los peones rurales y los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España. Las oleadas inmigratorias a nuestro país competían con las costas de Estados Unidos.

 

Luego ocurrió lo que podríamos bautizar como “el síndrome Tocqueville”, autor que sostuvo que es común que en países de gran progreso moral y material los habitantes dieran eso por sentado. Y ese es el momento fatal, puesto que se dejan espacios a otras tradiciones de pensamiento, en nuestro caso el keynesianismo, el cepalismo y los socialismos que fueron lo que el matrimonio Friedman denomina la contracorriente bajo la superficie que anticipó lo que luego desafortunadamente sucedió.

 

En un plano más amplio, hay otros síntomas que aparecen como halagüeños en el mundo hispanoparlante, por ejemplo que una editorial comercial estime que será negocio la traducción y publicación de un libro como El problema de la autoridad política de Michael Huemer (Deusto Editores, 2019), obra que adelanta debates muy suculentos que ameritan tener muy en cuenta pues nuevamente calan bajo la superficie.

 

También y fuera del caso argentino es muy interesante el de nuestros hermanos uruguayos -antes “la Suiza de América latina”- que presentan rasgos de reacción frente al populismo que, entre otros recientes, puede ilustrarse con la faena tan encomiable y productiva por parte del Centro de Estudios para el Desarrollo.

 

Sin duda que las acciones que contrarrestan lo señalado son muchas y vienen de largo puesto que no es un invento liberal el otorgar relevancia trascendental a la educación, pero lo atractivo de esta aventura del pensamiento es que cuando las audiencias son expuestos a razonamientos y argumentos de peso se vuelcan al liberalismo que no es más ni menos que el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

 

Es de esperar que las personas honestas intelectuales hoy en otra posición se percaten que cuando se dice que los aparatos estatales deben hacer una cosa o la otra, son los vecinos los que se hacen cargo al ser esquilmados en el fruto de sus trabajos y esto indefectiblemente perjudica a todos, muy especialmente a los más necesitados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Guzmán se prueba el traje de Rodríguez Saá

Por Iván Carrino. Publicado el 8/12/19 en: https://www.ivancarrino.com/guzman-se-prueba-el-traje-de-rodriguez-saa/

 

El nuevo Ministro de Economía plantea que deben abandonarse las políticas de austeridad y que para ello es necesaria una “reestructuración dolorosa de la deuda”.

Argentina repite su historia una y otra vez.

Hoy, como hace 18 años, estamos en medio de una crisis de deuda pública.

Dicha crisis comenzó allá por el primer trimestre de 2018, cuando luego de la estocada final que implicó el cambio de metas de inflación para la ya menguante confianza de los inversores, los mercados internacionales se cerraron para el gobierno nacional.

Una vez que eso ocurre, el desenlace es inevitable. Es que el gasto deficitario del gobierno impulsaba el gasto agregado de la economía. Pero si este gasto no se puede financiar, entonces necesariamente debe caer. Y nadie está mejor cuando consume menos.

En medio de este escenario, Macri decidió acudir al FMI, organismo internacional con el que se firmaron dos acuerdos, con numerosas variantes cada uno de ellos.

La idea principal, sin embargo, siempre fue la siguiente:

Te presto el dinero que necesitás para cumplir con tus compromisos de deuda, pero ajustá el déficit fiscal más rápido de lo que lo venís haciendo y hacé que el Banco Central se ponga más duro que nunca para ayudar a generar confianza.

Si bien las siglas F.M.I. son mala palabra en una Argentina donde las ideas de izquierda calan hondo en la cultura popular, y si bien entre junio de 2018 y marzo de 2019 subieron tanto el dólar, como la inflación, la pobreza, y cayó la economía… a partir del tercer mes de este año los resultados marginalmente positivos comenzaron a aparecer. La inflación bajaba mes a mes, el dólar estaba estable y la economía estaba buscando su piso.

No obstante, con el resultado de las PASO, y las expectativas generalizadas de que el plan del FMI se iba a terminar, las variables financieras volvieron a colapsar, impactando nuevamente en la economía real.

Macri, quien dijo que había que juzgarlo por el dato de pobreza, se va de la Casa Rosada con una tasa del 40%.

El nuevo enfoque

Las expectativas tras las PASO anticiparon razonablemente bien lo que iba a venir. De hecho, Alberto Fernández anunció hace varios días que no quería recibir más dinero del FMI, lo que implica obviamente abandonar el plan de relativa austeridad coordinado con el organismo*.

Ahora definido su flamante Ministro de Economía, el Doctor en Economía e Investigador de la Universidad de Columbia, Martín Guzmán, el panorama es aún más claro: las “políticas de austeridad” deben abandonarse.

En una reciente nota con el periodista Daniel Tognetti, Guzmán resumía su posición acerca de la situación argentina en tres pilares principales que detallamos aquí abajo:

  1. El gobierno debe cambiar la política económica.
  2. Para eso, el estado debe tener “algo de aire”
  3. Para conseguir ese aire, debe renegociar la deuda.

Lo que afirmó es muy similar a lo que escribía en abril sobre las alternativas que enfrentaría un nuevo gobierno:

El nuevo gobierno enfrentaría dos opciones desagradables: una camisa de fuerza con mayores pagos de deuda, más austeridad y más recesión, o una reestructuración dolorosa de la deuda con un resultado incierto.

Una cosa está clara: para poder evitar otra crisis de deuda, Argentina necesitará un crecimiento económico sostenido. Aunque no hay recetas mágicas para poner a la economía en un camino más estable, cambiar las políticas macroeconómicas actuales al menos le daría una oportunidad al país.

No deja de ser interesante que ambas opciones se planteen como desagradables, siendo que los políticos y funcionarios suelen vender sus propuestas como el paraíso en la tierra.

Hay que reconocer, al menos, la postura honesta del Ministro. Ahora bien: ¿funcionará el plan?

Más de lo mismo

Fiel al enfoque keynesiano y crítico de las recetas que tanto Guzmán como su mentor, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, llaman “neoliberales”, para el nuevo el nuevo Ministro la austeridad fiscal debe abandonarse.

¿Por qué? Porque de acuerdo con Keynes, las recesiones se combaten con aumentos en el déficit fiscal y bajas de tasas de interés. Es decir, ¡todo lo contrario de lo que dice el FMI!

De acuerdo con la visión keynesiana, si el gobierno gasta un dólar en la economía local, quien recibe ese dólar también gastará una parte, y quien reciba esa parte gastará a su vez otra parte, generando un “efecto multiplicador” que hace “mover la economía”.

Ahora bien, ¿cómo conseguir un dólar para que el gobierno gaste y se multiplique en la economía si nadie más quiere financiarlo?

La respuesta es muy fácil: que todo lo que el gobierno pensaba pagar en concepto de intereses y capital de la deuda, se use para la reactivación.

Eso fue exactamente lo que hizo Adolfo Rodríguez Saá el 23 de diciembre de 2001. El entonces presidente dijo que iba a tomar “el toro por las astas” y anunció que “el Estado Argentino suspenderá el pago por la deuda externa”. Con esos fondos se financiarían “planes de creación de un millón de puestos de trabajo y progreso social”.

Tal vez la diferencia entre Guzmán y Rodríguez Saá sea que el académico radicado en Nueva York no está pensando en una decisión unilateral, sino en una negociación. Sin embargo, en esencia el planteo es el mismo: incumplir los compromisos con los acreedores para poder seguir gastando plata pública en subsidios, obras y planes.

Ahora bien, si el exceso de gasto público en subsidios, obras y planes fue lo que nos llevó a donde estamos, ¿por qué más de lo mismo va a ser la solución?

La respuesta, por ahora, se la dejo abierta a los lectores.

*Nota aclaratoria: digo relativa austeridad porque de no haber aparecido el Fondo, la austeridad hubiera sido mucho más grande, dado que al gobierno le faltarían USD 44.000 millones de financiamiento. Y si esa plata no está, o se suben más los impuestos, o se baja más el gasto, o se defaultea la deuda.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino