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Descentralización, gasto y “eficiencia”

Por Gabriel Boragina Publicado  el 20/8/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/08/descentralizacion-gasto-y-eficiencia.html

 

La descentralización es un concepto principalmente jurídico, pero también se le han dado connotaciones de índole económica. Veamos su idea jurídica:

Descentralización Hay descentralización cuando las funciones del Estado son cumplidas por organismos con competencia limitada regionalmente. Supone, pues, la división del Estado, o descentralización, que puede ser política, vinculada con la estructura constitucional del Estado, o administrativa. relacionada con la organización técnica de los servicios públicos. La descentralización política origina Estados federales o confederaciones, compuestos de provincias, departamentos o Estados autónomos, cuyos gobiernos tienen, en su esfera, posibilidades de decisión. La descentralización administrativa supone la existencia de organismos descentralizados de ejecución, pero que-responden a una dirección centralizada; este tipo de descentralización administrativa o burocrática es perfectamente compatible con una organización estatal unitaria”[1]

Está implícito en estas doctrinas la descentralización económica, ya que para cumplir dichas funciones del “estado” son necesarios recursos. Pero la descentralización política no implica irreparablemente la económica, porque si bien la facultad de decidir puede estar descentralizada, la ejecución de lo decidido ha de requerir obligatoriamente fondos, que pueden ser provistos ya sea por el ente descentralizado o bien por el estado-nación. Como ya hubiéramos señalado, lo concluyente -en última instancia- para conocer si estamos frente a un organismo descentralizado o no, es precisamente este punto: el económico. De aquí que, debe completarse la noción jurídica con otra económica y, de tal suerte, pasar a hablar de centralización o descentralización económica que, como queda dicho, puede acompañar o no a la política y administrativa.

Por su lado, hay autores que entienden que la descentralización apunta a la racionalización del gasto público. Veamos:

“El objetivo de la racionalización del gasto público a través de la descentralización de la actividad gubernamental requiere de algunos de los siguientes lineamientos clásicos: flexibilidad, gradualismo, transparencia del proceso de toma de decisiones, control social y enlace con las políticas macroeconómicas, especialmente las de corto plazo, enfocadas en la estabilización de precios y el ajuste fiscal. “[2]

No queda del todo claro a qué se refiere el autor cuando habla de “racionalización” del gasto público, porque si acudimos al diccionario constatamos las siguientes definiciones:

racionalización.1. f. Acción y efecto de racionalizar.[3]

Y, a su turno:

racionalizar

  1. tr. Reducir a normas o conceptos racionales.
  2. tr. Organizar la producción o el trabajo de manera que aumente los rendimientos o reduzca los costos con el mínimo esfuerzo.
  3. tr. Mat. Operar para eliminar los radicales del denominador de una fracción.[4]

A primera vista, parecería que la acepción más aproximada sería la segunda. Sin embargo, se puede pensar -sin mayor dificultad- la posibilidad de organizar la producción o el trabajo (aunque en rigor, económicamente, ambos términos son, de alguna manera, equivalentes). Pero no es tan fácil concebir de qué forma se podría organizar el gasto público de manera que aumente los rendimientos o reduzca los costos con el mínimo esfuerzo. En primer lugar, el gasto público -por su misma definición- no puede aumentar ningún rendimiento. Indefectiblemente el gasto los disminuye. En cuanto a reducir los costos, suena como contradictorio aplicarlo al propio gasto púbico, ya que el gasto púbico es en si mismo un costo (más adecuadamente una sumatoria de costos). Quizás, el autor citado aluda a los componentes de ese gasto público, es decir a las diferentes partidas que lo constituyen y, siendo este el caso, se podría estar de acuerdo con la expresión.

En nuestra opinión (ya manifestada en múltiples ocasiones) la única conducta racional respecto del gasto público es que este sea el menor posible, habida cuenta que si hay una regla económica que siempre se cumple es que, cuando el gasto estatal aumenta, indefectiblemente el gasto privado se limita en calidad, pero no en cantidad a causa de la transferencia de ingresos que se opera desde el sector privado hacia el estatal. Si esto no fuera así, no habría ninguna posibilidad de que el estado-nación aumente sus gastos.

“Vale la pena señalar la complejidad de los aspectos relacionados con factores que, de una manera más o menos directa, enlazan la descentralización con la participación. Los objetivos relacionados con la política y la participación ciudadana tienden a moverse en el sentido de legitimar a los gobiernos o las políticas económicas y de incrementar el control social, con el fin de que el gasto público sea más eficiente y/o mejore la calidad del gasto social básico. Sin embargo, tal como en el caso de la descentralización como un todo, no existe un modelo ideal para hacer funcionar los mecanismos de participación.”[5]

Aquí tenemos otra cita altamente discutible. No cabe duda de que la descentralización de funciones y de gastos favorecería una mayor participación ciudadana o -al menos- una mayor información sobre de lo qué se gasta y cómo se lo hace. Como ya expresamos antes, cuando se habla de objetivos hay que concretar de cuáles de ellos se hace, si los de los gobiernos o de los ciudadanos, porque es muy arriesgado partir de la base de que ambos objetivos serán siempre coincidentes. A menudo, comprobamos que los fines de unos y de otros no siempre son concurrentes, ni en el tiempo ni en el espacio.

Mucho más oscuro todavía es el clisé del gasto público “eficiente” o de mejor “calidad del gasto social básico”. La eficiencia y la calidad son evaluaciones puramente subjetivas, y adquieren sentido cuando quien las valora puede comparar su costo con el producto o servicio que recibe. Característica que se cumple exclusivamente en el caso del gasto privado, pero de ninguna manera en el del gasto estatal o público.

[1] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 317.

[2] José Roberto Rodríguez Afonso – Thereza Lobo. “Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 279-280.

[3] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[4] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[5] JOSÉ ROBERTO RODRIGUES AFONSO – THEREZA LOBO. “Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores…Ob. cit., pág. 280.

 

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

OTRA PERORATA DE NICOLÁS MADURO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

El pasado 10 de agosto del corriente año se escuchó la arenga más soez del tirano incrustado hoy en tierra venezolana. Lo ocurrido en ese país es la burla más grotesca y perversa al sentido de la democracia y el significado de una constitución. La idea de constitución ha estado íntimamente vinculada a la limitación al poder, desde la Carta Magna de 1215 en adelante. Se trata de la protección a los derechos de las personas, facultades que son anteriores y superiores al establecimiento de todo gobierno.

 

El proceso que ahora vive Venezuela es la afrenta más brutal a la idea de democracia cuya parte formal es el voto popular que ha sido desconocido por Maduro y sus secuaces y su parte de fondo, es decir, el antedicho respeto a los derechos de los gobernados, son cotidianamente avasallados por los sicarios del régimen militar imperante.

 

Una pena y un agravio que esto ocurra en el lugar en que actuó Simón Bolívar quien escribió en el denominado “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, que “nada es tan peligroso como que permanezca largo tiempo un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. En Venezuela se acaba de consolidar el fascismo más crudo con la conocida farsa corporativista como legislativo.

 

Por otra parte, tengamos muy presente  que entre los postulados de la República (una expresión también manoseada y degradada por el chavismo) se encuentra la alternancia en el poder, la división e independencia de poderes y la igualdad ante la ley lo cual está indisolublemente atado a la Justicia del “dar a cada uno lo suyo” que, a su vez, “lo suyo” remite al derecho de propiedad, todo lo cual está absolutamente ausente en el sistema tiránico a que nos venimos refiriendo.

 

Este sistema chavista o del socialismo naturalmente ha hundido la economía venezolana en el mayor caos puesto que deriva de controles por parte del aparato estatal que reasignan los siempre escasos recursos a campos distintos de los que hubiera decidido la gente si se hubiera permitido que los mercados operen, es decir, si hubieran tenido lugar arreglos contractuales libres y voluntarios en lugar de los caprichosos comandos de los megalómanos en el poder.

 

El estado policíaco que sufren los venezolanos ha sido denunciado por todas las personas y  las entidades responsables del planeta y por todos los gobiernos que mantienen visos de decencia. Solo es aplaudido por los espíritus totalitarios y los sátrapas como los de Cuba, Corea del Norte, Irán, Rusia, Turquía, los corifeos de Nicaragua, Bolivia y algunas tribus africanas.

 

El referido discurso de Maduro se prolongó por tres horas y diez minutos en la llamada Asamblea Nacional Constituyente y estuvo plagado de chistes de mal gusto, alusiones a Nicolacito (su hijo narcotraficante sentado en la primera fila), alabanzas a MaoTse Tung y hasta a la forma en que le cosieron el traje que tenía puesto.

 

Pero peor que todo ese bochorno ha sido el triste espectáculo de los asistentes, una masa amorfa de carne constituida (esa es la única relación fehaciente con los constituyentes) en serviles aplaudidores que apestan por su renuncia a la condición humana de integridad moral.

 

El delirante de marras fue presentado por la presidente de la Asamblea como “el padre protector”, esas cosas que se dejan decir los dictadores de todas las estirpes y latitudes (como el canto ideado por Perón que le recitan sus huestes: “mi general, que grande sos, cuanto valés” y demás sandeces). Refiriéndose a la oposición dijo el mandamás que “han pretendido doblegar el espíritu nacional de dignidad y soberanía” lo cual, según él, ha sido contestado por “la Constituyente como poder regenerador de la patria” al tiempo que el régimen imperante elimina con mayor intensidad todo vestigio de libertad de prensa para que no pueda ser contestado, en el contexto de comentarios peyorativos y socarrones para con la BBC y a CNN.

 

También ha catalogado a los que no participan de su totalitarismo como “fuerzas oligárquicas y burguesas” sin percatarse del significado de las palabras ya que la oligarquía es el gobierno en provecho propio, precisamente lo que vienen haciendo los chavistas y que con la burguesía -que estiman  reprobable los esbirros del poder- nació de los pueblos libres (burgos) donde comenzaron a afianzarse los valores de la sociedad abierta.

 

Este payaso detestable que habla con los pajaritos sostiene sin ruborizarse que su movimiento es “tolerante” y que la idea de la Constituyente nació en su interior “como una llamarada” (Asamblea que anuló el Poder Legislativo que parió de elecciones libres, destituyó a la Fiscal General cuando la titular se dio cuenta de las barrabasadas del castrismo venezolano, embistió contra el Poder Judicial y mantiene en brete a las Fuerzas Armadas para que no vaya a ejercer su misión de dar cobijo a las libertades individuales al efecto de convertirlas en una vejada y maltrecha guardia pretoriana). Este gesto machista para con las Fuerzas Armadas lo declamó el sujeto en cuestión en medio declaraciones que apuntan a fabricar “la feminización de la república” (sic).

 

El sistema mal llamado bolivariano puede con justeza denominarse como una cleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños en libertad o como una kakistocracia, a saber, el gobierno de los peores, pero es un insulto a la inteligencia denominarlo democracia sin que los Giovanni Sartori contemporáneos se revuelvan en sus tumbas.

 

Tal como ha escrito Benjamin Constant “Los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política, y toda autoridad que viola estos derechos se hace ilegítima”. Por su parte, Bertand de Jouvenel ha insistido en que “La idea de libertad es, por naturaleza, ajena al carácter del poder. Su principio es el reconocimiento de todos los hombres de esa dignidad, de ese orgullo, que hasta entonces los privilegios consagraban y defendían solamente entre los aristócratas. Para proclamar la soberanía de cada uno sobre si mismo es preciso que cada miembro de la sociedad tenga un dominio propio en donde sea su propio señor”.

 

El espíritu liberal significa el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Los desbarajustes del Leviatán son incompatibles con la sociedad abierta. Hay una arrogancia superlativa en los planificadores de vidas y haciendas ajenas que convierten al ser humano en un muñeco subordinado a  los dictados de los burócratas de turno que no solo acumulan ignorancia al desconocer que el conocimiento está fraccionado entre millones y millones de personas, sino que se arrogan la facultad de decidir acerca de lo que se encuentra en la esfera privada de cada cual para elegir su camino y solo se justifica el uso de la fuerza de carácter defensivo, nunca ofensivo como el que imponen los comisarios de las conductas personales que no lesiona derechos de terceros.

 

El caso de Venezuela significa un patético retroceso en la historia de la civilización que es la historia de la libertad contra los absolutismos de diverso signo, para recaer con otro nombre en la monarquía despótica de antaño, igual que lo hacen los que hoy apoyan la tremenda devastación que presenciamos en aquel país. Por supuesto que antes del chavismo hubieron en esas latitudes gobiernos corruptos pero eso no justifica aumentar en grado exponencial los desmanes sino revertir el rumbo.

 

La oposición, hasta ahora en el MUD, se acaba de fracturar puesto que dirigentes como María Corina Machado y Richard Blanco se oponen a la participación en las elecciones regionales de fines de año puesto que sostienen que ello legitima a la dictadura. Están en desacuerdo con esta postura líderes del MUD como Hernique Capriles, Leopoldo López y Antonio Ledesma. Por su lado, el gobierno ha declarado que para votar cada ciudadano deberá contar con “un certificado de buena conducta” lo cual equivale a profundizar la trampa.

 

Personalmente y desde afuera de ese berenjenal estimo que tienen razón quienes se niegan a votar, creo que por tres razones. Primero por lo que dicen de no legitimizar al tirano, segundo porque el régimen no los deja ejercer como lo prueban las elecciones anteriores a la Asamblea Legislativa y tercero por lo dicho en cuanto a los “certificados de conducta” cuyo solo hecho convierte a las elecciones en un fraude.

En cuanto a la insinuación de Donald Trump de una posible intervención militar estadounidense en tierra venezolana, pienso que complicaría enormemente la situación, tal como la complicaron en los fiascos de Vietnam, Corea, , Somalia, Bosnia, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Haití, Republica Dominicana y la “guerra preventiva” en Irak. Menos que menos tratándose de un gobernante que en sus poco más de doscientos días en la Casa Blanca se ha peleado con periodistas, con el Poder Judicial por sus propuestas xenófobas, con el Poder Legislativo con su proyecto de salud y con países amigos como México, promueve un sistema cerrado para su país, despide a investigadores a raíz de sus enredos y la emprende con sus voceros y comunicadores los que ha removido en repetidas ocasiones en estos pocos días. Hasta ahora este magistrado no ha demostrado serenidad ni equilibrio para agregar una nueva aventura militar tan desaconsejada en Estados Unidos desde el general George Washington.

Muchos de los facinerosos que rodean a Maduro son peligrosos pero lo es muy especialmente Trareck El-Aissam,  vicepresidente, ministro del interior y comandante del consejo de defensa y seguridad, vinculado a grupos terroristas internacionales y máximo responsable del narcotráfico en Venezuela. Incluso fuentes sirias han difundido la supuesta noticia que en el seno del gobierno venezolano desde hace un tiempo habría “una gata parida” para que este personaje lo reemplace a Maduro (siempre estuvo presente en las peroratas de Maduro pero en la del 10 de agosto no estaba, lo cual puede explicarse porque no forma parte de la parodia del Legislativo, aunque Maduro se refirió a ministros presentes en esa ocasión).

 

Antes que sea muy tarde, es de desear que lo que queda de noble en las Fuerzas Armadas no siga haciendo de apoyo logístico de asesinatos y hambrunas ejecutadas por una maquinaria nefasta perpetrada contra la población venezolana. Hasta ahora se comportan como cómplices de una debacle completamente contraria a los juramentos y los deberes de todo oficial que, en definitiva, existe para custodiar principios y valores republicanos y no para ofender y maltratar a quienes se los obliga a actuar como súbditos indefensos. Es imperioso un contragolpe para defenderse del golpe de Estado que ha dado Maduro y sus otros asaltantes.

 

Por último, tengamos en cuenta que cada minuto que pasa la contaminación del virus totalitario se expande, especialmente en el terreno educativo en escuelas, universidades y centros de estudios militares. Esta situación conspira contra una posible recuperación puesto que las heridas y las cicatrices se van profundizando. Además de todo es lamentable que se haya derramado tanta sangre para independizarse de la férrea organización estatista y monopólica española para caer tan bajo y que, como se ha dicho, los ciudadanos terminen siendo colonos de su gobierno.

 

En estas líneas rindo sentido homenaje a todos los valientes venezolanos que vienen luchando diariamente por su libertad en muy diversos frentes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Cállate Trump

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 17/8/17 en: http://www.laprensa.com.ni/2017/08/17/opinion/2280891-callate-trump

 

El presidente chino, Xi Jinping, instó a Donald Trump a evitar “palabras y actos” que puedan “exacerbar” las tensiones con Corea del Norte. Por cierto, la Casa Blanca indicó que Xi y Trump coinciden en que “Corea del Norte debe cesar sus provocaciones” y reiteran “su compromiso para desnuclearizar la península coreana”.

Xi pidió “contención” a las dos partes y las animó a “persistir en el diálogo, las negociaciones y una solución política”. No parece casual, por cierto, el hecho de que mientras China apuesta por abrirse cada vez un poco más al mercado —que necesariamente implica paz desde que son relaciones voluntarias entre las personas— y por tanto anhela la paz, cuando Washington provoca y amenaza, a tono con su política de criticar la “absoluta” libertad económica.

Aunque China, el principal socio de Corea del Norte, resulta clave para implementar las sanciones económicas contra Pyongyang,  lo cierto es que toda sanción —como toda acción no voluntaria— produce efectos contrarios: debilitan a los ciudadanos dejándolos a merced del gobierno. Como el bloqueo a Cuba que, entre otras cosas, dificultó las comunicaciones con la Isla encerrando aún más a sus habitantes.
Y, por cierto, el aumento de las tensiones entre la Casa Blanca y Kim Jong-Un afecta a los mercados financieros. Pero Trump no solo se fue de boca con Corea.

El PIB venezolano se contraería 12 por ciento este año tras caer 18 por ciento en 2016, sumando un bajón superior al 50 por ciento en los últimos cuatro años. Escasean las divisas en un país que importa el 80 por ciento de lo que consume. Escasez que no puede atribuirse al precio del crudo, aunque represente la cuarta parte del PIB, la mitad de los ingresos fiscales y el 97 por ciento de las divisas.

Porque lo cierto es que, si bien el barril de crudo Brent pasó de 115 a 50 dólares en solo tres años, cuando estaba a 100 dólares ya había escasez. Cuando Hugo Chávez llegó al poder, el barril estaba en torno a 12 dólares, por lo que se ha más que cuadruplicado durante el chavismo.
Pero por muy mala que sea la situación, cualquier violencia activa o pasiva solo empeorará las cosas. Guste o no, aunque haya que aceptar condiciones desagradables, solo la negociación, solo las relaciones voluntarias, pueden ser soluciones efectivas. Pero Trump insinuó una amenaza de intervención militar, lo que le sirvió al régimen de Maduro para desviar la atención sobre las críticas a su gobierno.

No solo el gobierno colombiano rechazó las “medidas militares y el uso de la fuerza” en Venezuela —sin nombrar a EE.UU.— sino que los países del Mercosur, que acababan de criticar duramente al gobierno venezolano, se vieron forzados rechazar con la misma contundencia —y sin mencionar a EE.UU.— la hipótesis de una intervención militar.
En fin, hablando de Latinoamérica, quien mejor relación tiene con Trump es el presidente argentino que se presenta como una alternativa al populismo pero que, prácticamente, ha continuado las políticas anteriores. Así, la inflación creció hasta el 40 por ciento anual, el PIB cayó y se han creado 1.5 millones de nuevos pobres.

Aun así —por aquello de que la gente vota oficialista y ganador— cosechó una contundente victoria en las recientes primarias —previas a las elecciones de congresistas del 22 de octubre— convirtiéndose en la principal fuerza del país, lo que podría servirle para iniciar ahora sí reformas serias, aunque de momento no se vislumbran.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Un fanatismo que no construye

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/8/17 en: http://economiaparatodos.net/un-fanatismo-que-no-construye/

 

El fanatismo que se observa en parte del macrismo no contribuye a solucionar los problemas

Sin duda que millones de argentinos respiran con mayor tranquilidad luego de 12 años en que el kircherismo no paraba de atropellar a los que pensaban diferente, atacar el orden institucional, usar a la AFIP como una KGB para perseguir a quienes pensábamos diferente y ser uno de los gobierno más corruptos de la historia argentina.

Superado ese traumático período de la historia argentina, en que casi terminamos en una tiranía enunciado en el vamos por todo, quedó un pánico de tal envergadura en mucha gente, que hoy día es casi imposible intercambiar ideas incluso con amigos que siempre fueron antikirchneristas. Ese pánico los lleva a defender todo lo que hace el gobierno adoptando una posición casi como los fanáticos k. Eso se puede ver muy bien en las redes sociales, convertidas casi en una cloaca, donde antes los cyberk insultaban sin piedad y ahora los macristas tienen un comportamiento similar o bien tratan de justificar lo injustificable. Pero, insisto, no se da solo en las redes sociales. Amigos que siempre compartieron ideas y valores tienden a justificar casi ciegamente todo lo que hace el gobierno y no creo que ese camino sea el mejor para ayudar incluso al gobierno de Macri.

Cuando uno plantea que es necesario bajar el gasto público y la carga impositiva, saltan los argumentos de siempre: eso no se puede hacer porque no tienen el poder político para llevarlo a cabo. En rigor en diciembre de 2015 el gobierno, si bien no tenía un cheque en blanco, tenía margen para iniciar un proceso de reestructuración del estado. Pero supongamos que nunca hubiese tenido ese poder, lo que los economistas podemos decir es que las explicaciones de carácter político no resuelven el problema económico. Recuerdo el libro de William Hutt, ¿Politically Imposible? que en español fue titulado como El Economista y la Política, en el que Hutt cita la siguiente frase: “muchas veces los economistas terminan asesorando a los políticos, para que éstos hagan lo que hubiesen hecho si no hubieran sido asesorados por economistas”. En otras palabras, muchas veces, los economistas que llegan al gobierno aceptan las restricciones políticas y terminan armando un plan económico inconsistente que solo busca ganar tiempo para que el político alcance ciertos objetivos que generalmente no se cumplen. El plan primavera de 1988 que desembocó en la hiperinflación de 1989 es un claro ejemplo de economistas armando un plan que termina siendo una bomba de tiempo para que le explote al próximo gobierno. En este caso le terminó explotando al mismo gobierno radical.

Sin embargo, ante la evidencia de la inconsistencia que tiene la política económica, encima con la carga de una herencia k muy pesada, la reacción de los ultra macristas es de molestarse, ningunear o bien reaccionar con vehemencia. Nadie dice que sea fácil la tarea que le espera al gobierno, pero tampoco un economista serio puede empezar a comprar el delirio de que tomando deuda a paso acelerado y haciendo crecer el gasto cuasifiscal en forma exponencial van a solucionarse los problemas. De lo que se trata es que comprendan que la dosis de antibióticos es insuficiente para frenar la infección. Podrán argumentar todo lo que quieran desde el punto de vista político, pero la infección seguirá avanzando y complicando más el cuadro.

El punto que siempre discuto con los defensores a ultranza del gobierno es plantearse si las medidas que se adoptan alcanzan para dominar la herencia recibida. En otras palabras, no es que planteo el máximo de medidas que uno desearía tomar para transformar la economía argentina y sacarla de esta larga decadencia. Mi planteo es mucho más humilde. Mi planteo es si lo que se está haciendo alcanza para dominar la herencia recibida sin que le estalle al gobierno. Justamente el año pasado un grupo de economistas redactamos un informe y luego lo debatimos con Carlos Rodriguez y Ricardo López Murphy, en el cual plateamos las medidas básicas que habría que tomar para dominar la herencia recibida y entrar en una senda de crecimiento. Francamente lo que hay que hacer es mucho más potente que lo que se hizo hasta ahora. Por el contrario, al adoptar una política gradualista, el BCRA acumuló un gasto cuasifiscal con un stock de LEBACs que no va a ser tan sencillo de desarmar. Puesto en otras palabras, al campo minado que dejó el kirchnerismo, en su búsqueda por comprar tiempo, este gobierno le agregó otra mina más que habrá que desactivar.

El fanatismo que se observa en parte del macrismo no contribuye a solucionar los problemas. Se ciegan viendo en todo comentario una crítica destructiva cuando los comentarios o incluso las críticas pueden ayudar, y ese fanatismo los conduce a ir encerrándose en mayores problemas.

El mismo jefe de gabinete, Marcos Peña, llegó a afirmar que para el Gobierno, “pensar” no es importante, y que se puede gobernar el país siendo “entusiasta y optimista”.

Dijo Peña: “En la Argentina se piensa que ser crítico es ser inteligente, pero nosotros creemos que ser entusiasta y optimista es ser inteligente, y que el pensamiento crítico llevado al extremo, le ha hecho mucho daño a la Argentina”

Entre esta afirmación y el relato k que inventaba cifras para mostrar que todo estaba fantástico, no hay mucha diferencia. Ambas posiciones son ficciones.

En síntesis, enojarse con los que piensan diferente no hace más que crear otra grieta más. Estarían los kircheristas y antikirchneristas, pero en el medio estaríamos todos los que no somos kirchneristas y no coincidimos con todo lo que hace el gobierno y somos vistos como el enemigo porque no compartimos la idea voluntarista del entusiasmo y optimismo. Sin duda hay que ser entusiasta y optimista, pero no se puede ser estúpido y no ver la realidad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Curiosamente, fueron los políticos de centro izquierda quienes comenzaron las desregulaciones en los años 80s

Por Martín Krause. Publicada el 15/8/17 en: http://bazar.ufm.edu/curiosamente-fueron-los-politicos-centro-izquierda-quienes-comenzaron-las-desregulaciones-los-anos-80s/

 

La revista Regulation, publicada por el Cato Institute, cumplió 40 años. Con motivo de ello, sus editores, Peter van Doren y Thomas Firey, publican un interesante artículo evaluando ese período en relación al desarrollo de la teoría y las políticas públicas relacionadas con las regulaciones. Aquí van algunos párrafos. El texto completo en: https://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2017/3/regulation-v40n1-1-updated-2.pdf

LOS POLICYMAKERS ABRAZAN LA DEREGULACIÓN (A VECES)

De acuerdo con la teoría económica de la regulación, el cambio de política se produce como resultado de los incentivos de las autoridades. Las investigaciones que demuestran que los mercados específicos funcionan bien sin regulación y que la regulación existente perjudica el bienestar público no es, por sí misma, un incentivo suficiente para la desregulación. La última parte del siglo XX proporcionó incentivos más efectivos para el cambio de políticas -en algunos casos.

A partir de la década de 1960 (si no antes), Estados Unidos enfrentó una revitalizada competencia económica de países que habían reconstruido sus capacidades industriales tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, la economía estadounidense estaba luchando bajo las crecientes cargas fiscales de los programas de la Gran Sociedad y la Guerra de Vietnam, así como la creciente inflación de los esfuerzos de la Reserva Federal para estimular la economía. Esas luchas contribuyeron a la “Estagflación” de finales de los años sesenta y setenta, ya que los episodios de alto desempleo y la inflación de dos dígitos provocaron demandas políticas de cambio de políticas que mejorarían la eficiencia económica.

Los movimientos iniciales hacia la liberalización de algunos mercados se hicieron tan pronto como la administración de John F. Kennedy y más adelante en la administración de Gerald Ford. Pero el movimiento de desregulación realmente despegó en la segunda mitad de los años setenta. Como se señaló anteriormente, el senador Ted Kennedy, con la ayuda del asesor del comité, Stephen Breyer, aprovechó la investigación económica indicando que la desregulación de ciertas partes del sector del transporte reduciría los precios sin provocar las sombrías consecuencias que los reguladores habían pronosticado. Para los legisladores que estaban luchando con la estanflación, la oportunidad de bajar los precios y estimular la economía simplemente reduciendo la intervención del gobierno fue atractiva.

EL SIGLO XXI

El impulso para la liberalización del mercado se revirtió en el nuevo siglo. Ningún cambio de política en los últimos 16 años parecería calificar como una importante desregulación, mientras que iniciativas tales como la Ley de PATRIOTA de los Estados Unidos de 2001, Ley de Gobernanza Corporativa Sarbanes-Oxley, 2002 y leyes agrícolas subsecuentes, Ley de Asistencia Asequible, 2010 La ley de regulación financiera de Dodd-Frank y las regulaciones de “neutralidad neta” de la Comisión Federal de Comunicaciones de 2015 han ampliado la intervención federal en los mercados y añadido decenas de miles de páginas al Código de Regulaciones Federales de los Estados Unidos.

Al igual que el período desregulatorio anterior, esta nueva era puede atribuirse en parte a los acontecimientos externos, es decir, a los acontecimientos de noticias importantes. Los ataques terroristas de 2001 a Al Qaeda en Nueva York y Washington y los escándalos contables de 2001-2002 motivaron la Ley PATRIOT y la Ley Sarbanes-Oxley, respectivamente, mientras que la crisis financiera de 2007-2008 y la consiguiente recesión propulsaron a Dodd-Frank.

Esta pérdida de impulso desregulador es desafortunada ya que hay muchos beneficios públicos que se obtendrán de una mayor liberalización -como se documenta regularmente en las páginas del Reglamento. Algunos de estos beneficios perdidos han adquirido atención pública y política en los últimos años; por ejemplo, el uso de la tierra (por ejemplo, zonificación relajante y restricciones de construcción), atención médica (por ejemplo, flexibilización de los requisitos de aprobación de medicamentos) y licencias ocupacionales Reduciendo la formación y los requisitos de licencia), pero la reforma continúa lentamente, si es que se produce.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Descentralización y gasto

Por Gabriel Boragina Publicado  el 14/8/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/08/descentralizacion-y-gasto.html

 

Hay autores que, comprendiendo los nocivos efectos que un gasto público desbordado puede ocasionar, han insinuado diversas recetas para contenerlo. Por ejemplo:
“Con el fin de establecer defensas institucionales sólidas frente a demandas sociales que no es posible atender en el corto plazo y evitar eventuales desbordes populistas, cabe sugerir: [….] Reservar al Presidente de la República (o Primer Ministro en un régimen Parlamentario) -también por norma constitucional- la iniciativa exclusiva de ley en materias que signifiquen aumento del gasto público, mayores beneficios previsionales, creación de empleos estatales o incrementos tributarios.”1
El objetivo es plausible, y ya nos hemos explayado sobre los males de un gasto público que no cumple ni con las finalidades del gobierno, ni permite libertad a la actividad privada. Si bien la cita enuncia como problemas “el aumento del gasto público, mayores beneficios previsionales, creación de empleos estatales o incrementos tributarios”, poniendo a todos ellos -al parecer- en un mismo rango, en rigor los beneficios previsionales, los empleos estatales y los incrementos tributarios son consecuencia y no causa del gasto público. Por supuesto que, el gasto no se reduce a estos ítems, sino que sus partidas comprenden muchas otras erogaciones, pero el autor citado ha querido circunscribirse a aquellas que -según él- considera las de mayor demanda social.
Ahora bien, la cuestión de otorgarle al presidente de la república o primer ministro facultades exclusivas en materia de iniciativa legal para proponer medidas semejantes es, desde nuestro punto de vista y como habitualmente se suele decir, “un arma de doble filo”. Pareciera que la idea es sustraerle al congreso o parlamento tales prerrogativas, presumiblemente porque ha de suponerse que los legisladores o parlamentarios serán mas vulnerables que el presidente o primer ministro a las presiones populistas. Sin embargo, nosotros no encontramos base, ni lógica ni racional, a tal interpretación. Por el contrario, creemos no equivocarnos si observamos que la experiencia política (la latinoamericana es un muy buen ejemplo) demostró que han sido muchos presidentes los que fueron susceptibles y altamente influenciables a las demandas populistas. Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, y mas tarde Chávez en Venezuela, los Kirchner nuevamente en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, etc. impulsaron y dieron cabida por igual a las pretensiones populistas para elevar el gasto público (sistemáticamente llamado “social” como si pudiera existir algún gasto público que no tuviera por destino satisfacer una demanda social).
Finalmente, habría que apuntar que la medida propuesta podría atentar contra la división republicana de poderes, y -al mismo tempo- ser una tentación para ambiciones personalistas y -por ultimo- para aspirar a la implantación de una dictadura. Instintivamente, no nos parece prudente la propuesta. Que la iniciativa legislativa sobre el gasto público se concentre en una sola mano como que se distribuya entre muchas no es por cierto mejor que contar con una regla que lo limite, sea quien fuere quien la proponga.
Tampoco resulta tranquilizante la necesidad de una reforma constitucional para determinar quien será -en suma- quien tendrá la iniciativa de proponer leyes sobre el gasto público. Por triste experiencia es sabido que las reformas constitucionales son ocasiones propicias para que los políticos que las llevan a cabo introduzcan de contrabando muchas otras normas que poco o nada benefician a la comunidad, y si -en cambio- favorecen sus propias posiciones de poder. Los ejemplos abundan en la historia de reformas constitucionales que, lejos de ser positivas para el interés de la gente, han resultado -por el contrario- muy negativas, sobre todo en materia de derechos individuales
“Debe comprenderse que no existe una definición precisa, mucho menos una fórmula —ni un sentido general, ni específico para cada país— ya sea para medir el nivel óptimo de descentralización o para indicar la ubicación ideal de los recursos, responsabilidades y poderes entre las diferentes esferas del gobierno. Vale la pena ilustrar la simple comparación de la evolución de la distribución gubernamental del gasto público en Chile y en Brasil desde la década de los ochenta. Mientras que en el primero la participación de los gobiernos subnacionales en el gasto nacional ha crecido del 4 al 13%, en el segundo se ha elevado del 35 al 48%; en otras palabras, la descentralización chilena ha avanzado más en términos relativos, aunque sigue siendo un sistema tan centralizado como lo fue Brasil en los años de apogeo del régimen militar.”2
La primera observación a realizar respecto de este párrafo arriba transcripto es que el autor hace una completa asimilación entre nivel de gasto público y descentralización. Es decir, toma ambos términos como sinónimos. Los gobiernos centrales pueden favorecer el aumento del gasto público provincial o estadual, o pueden desalentarlo. Las provincias o gobiernos subnacionales pueden endeudarse a cuenta de las arcas nacionales, o hacerlo por su cuenta. Todo ello debería estar debidamente reglamentado. Y por sobre todas las cosas, limitado. Habría que encontrar mecanismos por los cuales se habilitara una enmienda constitucional que solamente tuviera por objeto fijar una regla restrictiva a la facultad de los gobiernos -tanto nacionales como provinciales- a endeudarse sin mas limite que el de la propia voluntad política por encima de los recursos reales y efectivos con los cuales aquellos verdaderamente cuentan en sus tesoros.
Cuestiones diferentes son la descentralización del gasto y la de funciones. No son lo mismo o, al menos, no nos parece tan seguro que ambos conceptos lo sean. Pensamos como cosa distinta la descentralización de funciones y el costo que cada una de esas funciones demande concretamente al ente político o administrativo que tenga a su cargo. Determinada función puede delegarse a una repartición administrativa, provincial o municipal. No obstante, a menos que se le conceda una completa y absoluta autarquia, podría legalmente establecerse que la financiación de dicha actividad quedara a cargo del gobierno nacional. Este seria el caso de una mera descentralización funcional pero no financiera. Se delegan o descentralizan las funciones, pero no su financiamiento Claro que se podría cuestionar -con razón- de que este se trate de un verdadero caso de descentralización, dado que, quien maneja los fondos necesarios para la función es (en los hechos) el que esta gestionando la función, ya que sin tales recursos la función seria imposible de cumplir, por mucho que se la hubiera descentralizado legalmente.
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1 EDGARDO BOENINGER-“El papel del Estado en América Latina”- Capítulo I. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág., 124.
2 JOSÉ ROBERTO RODRIGUES AFONSO – THEREZA LOBO.”Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. pág. 259-260. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía…Ob. Cit. ,
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La igualdad del socialismo y la igualdad del capitalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 29/7/17 en: https://es.panampost.com/ivan-carrino/2017/07/29/igualdad-socialismo-y-capitalismo/

 

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Un liberal y un socialista van caminando juntos por la calle. A pesar de sus diferencias, son grandes amigos y se conocen de toda la vida. A poco de andar, ven la imagen siguiente.

Una persona tirada sobre unos colchones y mantas en una esquina. De la mano, una correa que sostiene un perro víctima de incontables pulgas y garrapatas. Bien cerca del mendigo, un  vino de mala calidad. Éste, junto al frío y la violencia, son amenazas para la salud del indigente.

A metros de él, sobre la calle, una camioneta 4×4 recién salida del concesionario. El vehículo transporta a un importante empresario y a sus dos hijos, ambos estudiantes de la mejor universidad de los Estados Unidos.

Al ver la situación, el amigo socialista no hizo más que reflexionar sobre la injusta situación de desigualdad que vive el mundo. A solo metros de distancia conviven la extrema pobreza con la más contundente muestra de bienestar económico y opulencia. La 4×4 y el indigente son el fiel reflejo del capitalismo, donde unos pocos tienen todo, mientras son muchos los que no tienen casi nada.

El liberal reaccionó de manera diferente. Sin dejar de estar apesadumbrado por la delicada situación del indigente, destacó que, a su criterio, lo importante no era la desigualdad entre unos y otros, sino simplemente que su vecino no tenga una buena alimentación y un techo digno.

En general, estas dos posturas suelen enfrentarse en el debate público. El foco del socialista es la igualación de pobres y ricos; el del liberal, la superación de la pobreza.

Esto hace que muchos sostengan que a los socialistas les interesa la desigualdad mientras que los liberales no prestamos atención a ella.

Esta concepción, sin embargo, no puede estar más alejada de la realidad. Es que tanto liberales como socialistas están preocupados por la igualdad entre las personas; pero ambos tienen concepciones radicalmente distintas sobre qué es la igualdad y cómo obtenerla.

El ejemplo de la herencia

El socialista sostiene que las personas deben tener “igualdad de oportunidades” y que para eso los gobiernos deben cobrarles impuestos a los ricos y redistribuir el ingreso.

Si una persona hereda una fortuna de su padre, eso violaría la “igualdad de oportunidades”, porque dicho heredero parte de una situación mejor que la de otro individuo que no tuvo la suerte de tener un padre rico.

Castigar la suerte del heredero cobrándole un impuesto a sucesiones, entonces, es visto como una buena manera de solucionar esta desigualdad.

El liberal ve las cosas distintas. En el sistema capitalista lo importante es que exista la libertad y se defienda la propiedad privada. Así, el rol del estado es mantener una igualdad ante la ley, en donde nadie pueda violentar la libertad de un tercero.

En este contexto, que Juan sea más rico que Pedro de ninguna manera viola la libertad o propiedad de Pedro; y tampoco la “igualdad de oportunidades”. Es que Pedro no está impedido de perseguir sus objetivos, incluso cuando lo hiciera con menos recursos.

Igualdad ante la ley, no mediante ella

Como se ve en el cuadro resumen de aquí abajo, en la concepción liberal la igualdad es un pilar fundamental, pero consiste en que todos seamos iguales ante la ley (no mediante ella, como diría Benegas Lynch (h)).

En el capitalismo En el socialismo
La noción principal de igualdad es la igualdad ante la ley. “Nadie puede impedirme tomar una acción” Se concibe la igualdad de oportunidades como igualdad de punto de partida económico. “Sin recursos no hay libertad”
El estado debe proteger la propiedad y libertad de todos por igual. El estado debe cobrarle más impuestos a los ricos para subsidiar a los pobres.
La desigualdad no es injusta si se respeta la ley. Es resultado de la acción individual. La desigualdad es injusta. Si alguien tiene más, otro tiene menos. La economía es juego de “suma cero”.
Existe una igualdad creciente en el consumo. Cada vez más personas pueden acceder a los mismos bienes. La igualdad es un criterio exclusivamente económico ligado a los ingresos monetarios.
Libertad, propiedad e igualdad ante la ley conducen a mayor crecimiento económico, que mejora el bienestar de todos. El sistema de impuestos y subsidios pervierte los incentivos y deteriora el crecimiento. A la larga, pierden todos y hay mayor pobreza.
A corto plazo, mayor desigualdad patrimonial. A largo plazo, mayor igualdad en el consumo. A corto plazo, mayor igualdad patrimonial. A largo plazo, mayor igualdad, pero en la pobreza.

Esa igualdad ante la ley termina dando como resultado una distribución justa de la riqueza. En definitiva, si nadie, para conseguir su patrimonio actual, perjudicó a un tercero, tiene todo derecho de tener lo que tiene.

Distinto sería si el sujeto es rico gracias a que robó u obtuvo un privilegio estatal. Pero si así fuera, ya no estaríamos hablando de liberalismo o capitalismo, sino de estafas, crímenes o socialismo.

Como se observa, incluso cuando la distribución del ingreso pueda ser desigual bajo el sistema capitalista, eso no quiere decir que ésta sea injusta. Si quien está por arriba en la pirámide de ingresos no cometió ningún ilícito, ¿entonces quién es el Estado para asaltarlo por ello? ¿A título de qué?

La igualdad socialista plantea un sistema de premios y castigos patas para arriba. Si usted es exitoso económicamente, entonces ahí estará el Estado para cobrarle impuestos “progresivos”. Si más gana, proporcionalmente pagará más. Si menos gana, entonces no solo pagará menos, sino que eventualmente cobrará uno, dos o más subsidios y asistencia pública.

Obviamente que estas dos concepciones sobre la igualdad tendrán consecuencias diferentes. En el sistema capitalista, la igualdad ante la ley, sumada a la defensa del derecho de propiedad generan incentivos para que los empresarios y trabajadores se lancen a producir. Así, la economía crece más y hay más riqueza para todos.

Igualdad en el consumo

Curiosamente, este mayor crecimiento proporciona una mayor igualdad, que no es de ingresos monetarios, pero sí de consumo.

Siglos atrás, sólo algunos acomodados podían viajar por el mundo. Hoy en día, no hace falta ser rico para tomarse una avión (mucho menos con la irrupción de las “low cost”). Hace unas décadas nomás, pocos podían tener un teléfono móvil o conexión a internet. No obstante, hoy son bienes de uso generalizado entre la población, sin distinción entre pobres y ricos.

Paradójicamente, en el consumo y gracias al capitalismo, cada vez somos más iguales.

La igualdad del socialismo subvierte este sistema. Al castigar a los exitosos, se reducen los incentivos a prosperar y el crecimiento económico. A corto plazo, puede haber mayor igualdad en la riqueza; pero a la larga nos igualamos en la pobreza.

Recuperar las banderas

Tradicionalmente se cree que la bandera de la igualdad es exclusiva de la izquierda. Esto no es cierto. La igualdad es, en realidad, uno de los pilares del liberalismo, solo que desde una perspectiva diferente.

La igualdad del liberalismo es ante la ley y promueve el progreso económico. La del socialismo es mediante el sistema tributario y castiga al exitoso, condenando a todos a un menor nivel de vida.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Argentina se recupera de su propia tragedia chavista

Por Iván Carrino. Publicado el 11/8/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/08/11/argentina-se-recupera-de-su-propia-tragedia-chavista/

 

En el año 2013, Argentina y Venezuela transitaban caminos similares. Mientras la región crecía al 3 % anual con una inflación de 4,5 %, las naciones comandadas por Nicolás Maduro y Cristina Fernández mostraban números mucho peores.

En Venezuela, la economía creció 1,3 % ese año, pero con una inflación de 56,2 % según el FMI. En Argentina, el crecimiento fue un tanto superior (2,4 %), mientras que la inflación estuvo un escalón por debajo, en el 28,3 % anual según datos privados.

Otra característica que hermanaba las economías de Argentina y Venezuela era el control de cambios. En ambos países el gobierno decretaba un tipo de cambio oficial al cual solo podía acceder un puñado de autorizados. El resto debía operar con el dólar del mercado paralelo.

En Argentina, la brecha promedio entre ambos tipos de cambio fue de 60 % ese año. En Venezuela, ya se había disparado al 456 %.

El intervencionismo, el discurso anticapitalista, la inflación, los controles de precios y los avances sobre la prensa y la justicia independiente fueron también características propias de Argentina y Venezuela.

Hoy el país caribeño se hunde en el desastre. La economía sufre hiperinflación e hiper-recesión. Solo un dato ilustra la debacle: en 2016 se fabricaron no más de 3.000 vehículos, mientras en 2007 la cifra alcanzó los 170.000. Es una caída de 98 % en diez años. El sistema político, además, mutó de una democracia populista a una dictadura socialista al estilo cubano.

Argentina, por el contrario, vive una realidad diferente. A pesar de la caída de la economía en 2016, hoy está en pleno proceso de recuperación. Si todo sale como indican las estimaciones privadas, la inflación será la más baja en siete años, mientras que el crecimiento será el más elevado en cinco años. En el plano político, la prensa trabaja libremente, la justicia no se encuentra amenazada y el gobierno de Macri tiende relaciones diplomáticas con el mundo civilizado.

¿Qué pasó con Argentina? Para resumir la respuesta: en las elecciones de 2015, el pueblo le dijo NO al modelo chavista.

 

Reformas urgentes

Tras haberse impedido el proyecto re-reeleccionista de Cristina Fernández de Kirchner, los argentinos asistieron a las urnas en octubre de 2015. Los candidatos de ese entonces ya prometían cambiar de rumbo. El debate, entonces, era si el cambio debía ser gradual o de shock, pero ya no se discutía que había que cambiar.

Finalmente, en la segunda vuelta electoral se impuso Mauricio Macri, el más “antikirchnerista” de los candidatos.

Rápidamente se tomaron algunas medidas que modificaron el ecosistema económico:

1) Se eliminó el control de cambios.

2) Se eliminaron la mayoría de los impuestos a la exportación.

3) Se liberalizaron parcialmente los precios de los servicios públicos como agua, luz y gas.

4) Se normalizaron los procesos para importar, haciéndoselos menos discrecionales.

5) Se implantó en el BCRA un sistema de “metas de inflación” para cuidar el valor del peso.

6) Se implantó un plan de “metas fiscales”, con la propuesta de reducir el déficit paulatinamente.

Las reformas urgentes implementadas por Macri dejaron al descubierto el delicado equilibrio de la economía argentina. Familias y empresas, al tener que pagar más por las tarifas energéticas, restringieron otros consumos. Algunos negocios, incluso, debieron cerrar sus puertas.

Al mismo tiempo, el sinceramiento mostró la verdadera inflación que se ocultaba detrás de los controles y se disparó al 41 % anual.

No obstante, otros indicadores mejoraron. De acuerdo con la Fundación Heritage, el país mejoró su “Libertad Económica” en 6,6 puntos. En dicha mejora destacan los rubros “derechos de propiedad”, “libertad financiera” y “libertad para la inversión”.

Por otro lado, de acuerdo con la Fundación Libertad y Progreso, luego de caer 94 posiciones en su Índice de Calidad Institucional entre 1996 y 2015, el país recuperó cuatro posiciones en 2016.

Menos chavismo, más inversión

Abortar el camino del socialismo venezolano e imponer ciertas reformas liberalizadoras mejoraron el clima de inversión local.

Eso se verifica en los números. De acuerdo con el Banco Central, la inversión extranjera directa creció 92,8 % en 2016; mientras que en los primeros seis meses de este año sigue avanzando a un ritmo del 12,4 %. Por otro lado, de acuerdo con el centro de estudios de Orlando Ferreres y Asociados, en julio “la inversión volvió a mostrar un resultado positivo en el sexto mes del año y acumula cuatro meses consecutivos de expansión”. En el año acumula un avance de 6,4 %.

La consecuencia más palpable es la recuperación económica que mencionábamos. De 15 sectores que componen el PBI, 11 están creciendo en términos interanuales, destacándose el sector agrícola, la construcción, y el transporte y las comunicaciones.

Seguro que Macri no es todo lo liberal que uno desearía. Seguro que todavía queda mucho por hacer para que el país abrace el crecimiento sostenible y vuelva a formar parte del club de los países ricos.

Sin embargo, una conclusión se hace más que evidente: socialismo es sinónimo de pobreza, y abortar el camino hacia él por lo menos ofrece la posibilidad de salir de la misma.

Los primeros “brotes verdes” de la economía argentina así lo prueban.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La bici comunista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 11/8/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/la-bici-comunista/

 

Hace algún  tiempo, los medios hicieron unas risas a cuenta de Juan José Echevarría, concejal de Unión del Pueblo Navarro en el Ayuntamiento de Pamplona. Así empezaba un artículo de La Vanguardia: “¿Se puede acabar hablando de la Unión Soviética, los gulags y Corea del Norte en una intervención en el Ayuntamiento sobre el carril bici? La respuesta es sí”.

Resulta que el señor Echevarría discutía con el señor Armando Cuenca, concejal de Movilidad y miembro de Aranzadi, formación que confluye con Podemos. El señor Cuenca planteaba propuestas “para transformar la movilidad de la capital navarra”, y nada en el artículo de La Vanguardia sugería que esas propuestas no eran sensatas. Al contrario, el que aparece como un patente insensato es el señor Echevarría, porque “dio una sorprendente respuesta”.

Se hablaba del carril bici y el representante de UPN dijo: “Las utopías, esas que a usted le gustan tanto, han conducido a la Unión Soviética, a Siberia, a los campos de concentración, a 20 millones de muertos, sí, sí… sus utopías, sí, las suyas, a eso conduce la utopía…Luego llegan los talibanes y, esas utopías las convierten en férreas realidades. Y claro, construyen la URSS, construyen Corea del Norte…conduce a Cuba y conduce más recientemente a Venezuela. La utopía de la ultraizquierda suya, URSS, Corea, Cuba y Venezuela. Lugares a los que nadie quiere ir ni quiere estar. Lugares de los que se ha huido y que han provocado millones de muertos. Millones, sus utopías”.

En el diario barcelonés, y en muchos otros, quedó claro que el concejal de UPN había protagonizado la intervención “más surrealista de la legislatura”. Y todo parece a primera vista incuestionable: ¿a quién se le ocurre comparar el carril bici con las dictaduras comunistas? Es ridículo. ¿Verdad?

Veamos primero quién es el señor Cuenca, un radical como tantos en Podemos, destacado especialmente en la agitación callejera; esto dice él de sí mismo: “Si tengo que citar las dos experiencias políticas que más me han transformado, diría que son el 15M en y la PAH. Estoy tentado de incluir aquí un listado detallado de las transformaciones que me gustaría ver si Aranzadi entrara en el gobierno, pero creo que no sería totalmente sincero. Si os digo la verdad, lo que más me motiva es echarlos. Echarlos a todos y que tengan que buscar un curro como la gente corriente. Que tengan que dejar el coche oficial, dejar de enchufar a sus amigos y ponerse a echar curriculums en infojobs. Y, si por el camino somos capaces de que dejen de privatizar todo lo que tocan para pagar los intereses de la deuda a la banca, pues mejor que mejor. Y si además logramos que las ciudadanas y ciudadanos podamos decidirlo todo, pues aplaudo con las orejas. Pero que se vayan”.

Esto es absurdo, porque nadie quiere privatizar todo, y porque los radicales de Podemos y sus confluencias se han destacado precisamente por enchufar a sus amigos en ayuntamientos y autonomías de media España. Y, desde luego, que la izquierda realmente anhele que “podamos decidirlo todo” es más que dudoso.

Pero dejemos esto de momento y vayamos al centro de la cuestión. ¿Se puede hablar seriamente de la bici comunista, o el señor Echevarría se fue por los cerros de Úbeda e hizo un clamoroso ridículo, como aseguraron los medios?

La propuesta del señor Cuenca consistía en ampliar en un 50 % los 60 kilómetros de carril bici que ya posee la capital navarra, con un coste de cuatro millones de euros a cargo de los contribuyentes pamploneses. Además, quiere restringir el uso de los coches y limitar a 30 km/h la velocidad de los automóviles en toda Pamplona, “para evitar atropellos”, claro. Sólo excepcionalmente se podría circular a 50 km/h.

Dirá usted: ¿qué tienen que ver estas ideas, compartidas por otra parte por muchos otros políticos, en especial de la izquierda, con los campos de concentración comunistas? Pues, por asombroso que parezca, algo tienen que ver.

El socialismo en todas sus variantes propende siempre a cambiar la sociedad de arriba abajo, y en particular cambiar el sitio donde viven la mayoría de los trabajadores: siempre quieren cambiar las ciudades. Ese cambio se produce quebrantando los derechos de los ciudadanos, a los que se culpabiliza por impedir la convivencia. Así se entiende la persecución, entre otros, de los automovilistas, tratados como si fueran criminales.

No es un monopolio de la izquierda, porque hemos visto a ciudades gobernadas por la derecha, en España y en el exterior, cuyos ayuntamientos también se han esmerado en hostigar a los conductores y en pensar que lo mejor son las bicis, que deben ser privilegiadas frente a lo demás. Pero es verdad que la izquierda se destaca en su pasión antiliberal con la excusa de la ecología y la movilidad. La ingeniería social urbana es una característica habitual de las tiranías socialistas, comunistas y nazis.

Dirá usted que, incluso reconociendo esa propensión totalitaria, no resulta legítima la extensión que va desde ese intervencionismo en el inocente mundo de las bicicletas hasta las matanzas perpetradas por los comunistas en el último siglo.

Aporto, pues, como prueba de la legitimidad de dicha extensión una fuente autorizada, y no precisamente liberal. Se trata de la página web “Pamplonauta”. Allí escribió Ignazio Aiestaran un artículo titulado “La bici comunista”. Así criticó a Echevarría: “Dos cosas sobre este disparate. Una: esta derecha sufre de una incultura política y de una falta de coordinación y argumentación notables. Dos: es un caso típico de fobia vesánica y clasista ante cualquier cambio, por pequeño que sea. No obstante, puede que tanto despropósito escondiera una verdad. Quizá al introducir más bicicletas en nuestras ciudades un día empezaremos a cuestionarnos la dictadura del automóvil, su invasión acelerada, su lobby industrial, su publicidad veloz, su contaminación global, el espacio público usurpado, el tipo de urbanismo impuesto, la ausencia de un transporte colectivo eficaz y barato para quienes no pueden endeudarse con un coche y pierden millones de horas a diario porque sus vidas no importan mientras van a estudiar, a trabajar o a la consulta médica. Quizá por una bicicleta alguien empezará a pensar en utopías, en algo en común, en algo que nos han hurtado durante décadas. Y entonces quizá alguien se acordará de aquella frase de Iván Illich que decía que el socialismo no puede venir en coche, sino con la velocidad de una bicicleta”.

Lo primero es un clásico: el desprecio intelectual, de tal manera que si alguien es de derechas, debe padecer debilidades mentales. Lo segundo es clave para el tema que me ocupa. El autor del artículo se burla de los inmovilistas que no quieren ningún cambio “por pequeño que sea”, pero a continuación no habla de un cambio pequeño, sino de un cambio enorme que comienza con cambios pequeños.

Queda claro el espíritu antiliberal que cuestiona la convivencia pacífica en libertad, porque padecemos “la dictadura del automóvil”, dictadura, nada menos. E invita a luchar contra ella mediante la bicicleta, es la bicicleta la que llevará a “utopías…que nos han hurtado”. ¿Utopías que nos han hurtado? Esto sólo puede referirse al comunismo, es decir, el infierno que había detrás del Muro de Berlín, es decir, precisamente lo que denunció Juan José Echevarría.

Y el señor Aiestaran lo dice claramente, citando a Iván Illich, nada menos, y afirmando que sí, que la bicicleta marca la velocidad a la que vendrá, volverá, el socialismo.

En un bonito acto fallido, ilustraron el artículo con una imagen de una siniestra tiranía comunista que mató al pueblo de hambre con sus políticas anticapitalistas, y al mismo tiempo lo obligó a ir en bicicleta: China.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Del resultado electoral dependerá si se cambia o no de modelo

Por Adrián Ravier: Publicado el 6/8/17 en: http://www.lagaceta.com.ar/nota/739729/economia/del-resultado-electoral-dependera-si-se-cambia-o-no-modelo.html

 

Hace apenas una semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) elevaba su previsión de crecimiento para Argentina de 2,2% a 2,4 %. Parece poco para un gobierno nacional que hizo campaña de “pobreza 0”, pero no es un dato despreciable si se compara con la caída de 2% de la actividad económica durante 2016. En definitiva, cuando uno compara las proyecciones de 2017 respecto de 2016, la mejora sería superior al 4%.

La tendencia se confirma en los datos de junio pasado respecto de igual mes de 2016. Destaca por supuesto el incremento de Agricultura y Ganadería (7%), producto de ciertas políticas que favorecieron al sector como la quita de retenciones. La construcción (11,3%) crece todavía más rápido impulsado por la obra pública.

En el otro extremo, los servicios públicos Electricidad, Gas y Agua, y Minas y Canteras, son los dos sectores que aun caen respecto de un año atrás. Las tarifas siguen atrasadas, y en tiempos electorales no parece ser un momento propicio para continuar la quita de retenciones.

El crecimiento de las industrias manufactureras, la intermediación financiera y el comercio al por mayor y menor completan el informe, los que se encontraron todos entre el 5,6% y el 5,9%.

La pregunta que se debe estar haciendo hoy el oficialismo es si se sentirá esta mejora en el bolsillo del electorado, antes de las elecciones de octubre. La respuesta es compleja, pero la noticia no deja de ser positiva.

Si se recupera la actividad económica, se recuperará la recaudación tributaria, y esto puede contribuir en reducir el déficit fiscal, el mayor desafío que enfrentará el gobierno en 2018. Si bien el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne confirmó recientemente que el gasto público sobre el PBI bajó de 43% a 41%, y prometió una baja de otros dos puntos antes de fin de año, el nivel de gasto público, y también de déficit fiscal siguen siendo preocupantes. El resultado de las elecciones pueden ser determinantes para acelerar o no el cambio de modelo.

> En el grupo de los “brotes verdes”

 La industria fue uno de los sectores más golpeado de la economía durante la recesión del 2016 y mientras que la caída fue abrupta y acelerada, la recuperación que está en marcha está siendo débil y lenta. Pero, de todos modos, no deja de ser una buena noticia que el sector esté dejando atrás los números rojos y se sume al grupo, cada vez más poblado, de los brotes verdes, indica un reporte de la consultora Invecq. En el primer semestre del año las mediciones de FIEL indican que, en términos agregados, la industria creció un 0,3% interanual. 

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.