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Economía socialista, un siglo de fracasos

Por Martín Krause. Publicado el 10/10/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/10/10/economia-socialista-un-siglo-de-fracasos/

 

Se cumplen aniversarios de dos fenómenos que, en buena medida, cambiaron al mundo moderno: 150 años de la publicación de El Capital, de Marx, y 100 años de la revolución soviética. No hay nada que festejar. Todos los intentos de aplicar principios marxistas a la organización económica han terminado en fracasos y los pocos que quedan (Corea del Norte y en alguna medida Cuba) no son fuente de inspiración alguna ni muestran resultados que la motiven.

Pero lo más interesante de este tema es que la discusión teórica había saldado ya el debate mucho antes de que estas ideas comenzaran a aplicarse. Dada la característica periodística de este artículo y las limitaciones en su extensión estaré revisando alguno de los temas en forma muy concisa y también superficial para que podamos todos entenderlo.

En primer lugar, es necesario señalar que la piedra fundamental de la economía marxista se había derrumbada décadas antes del intento soviético. Me refiero a la teoría del valor, según la cual éste es generado por la cantidad de trabajo necesario para la producción de un determinado bien. Marx se preguntaba: ¿qué es lo que tienen todos los bienes en común y lo que se iguala cuando se produce un intercambio? Para todos es necesario el trabajo y en un intercambio se igualan cantidades de trabajo socialmente necesario.

Entonces, si lo que genera valor es el trabajo, ¿de dónde sale la ganancia del capitalista? Pues, del trabajo, no queda otra. Se trata de la plusvalía que el capitalista extrae del trabajador. Lo explota. ¿Qué es lo que hay que hacer entonces? Expropiar a los expropiadores, la revolución socialista que terminaría con la clase parasitaria capitalista.

GRAVE ERROR

El problema es que esta teoría, piedra fundamental de todo el edificio, es errónea. Pocos años después había sido ya demolida en los trabajos del austríaco Eugen von Böhm-Bawerk. El valor no es algo objetivo que pueda medirse y no es algo que se iguale en un intercambio. Es precisamente al revés: el valor es algo subjetivo, que depende de las valoraciones y preferencias de cada uno y los intercambios se realizan porque se valoran los bienes en forma diferente, no igual.

No tendría sentido realizar intercambios para recibir algo semejante a lo que se entrega. Por ejemplo: si cambio una moto usada por una tabla de surf, lo hago porque valoro más la tabla que la moto; y mi amigo al revés, valora más la moto que la tabla. El intercambio se realiza porque tenemos valoraciones “diferentes” sobre los mismos bienes.

Otra cosa, si el valor proviene de la cantidad de trabajo y la plusvalía se extrae de él (no del trabajo acumulado en máquinas, por ejemplo), ¿cómo es que hemos visto a los capitalistas por más de trescientos años permanentemente reemplazar trabajo por máquinas a punto que hoy estamos preocupados porque los robots nos dejen sin trabajo? Si los capitalistas buscan más plusvalía, ¿no deberían priorizar tareas donde haya más trabajo?

Un último punto (aunque hay muchos más para señalar), en una economía en equilibrio todas las actividades tendrían el mismo rendimiento, la misma ganancia. Si las ganancias provienen de la plusvalía que se extrae del trabajo, quiere decir que en equilibrio todas las actividades tendrían la misma proporción de trabajo, pero con tal sólo observar cualquier actividad nos damos cuenta que lo que predomina es la diversidad en ese aspecto.

PLANIFICACION

En fin, se podría hablar mucho más sobre la teoría del valor. Vayamos ahora a su aplicación práctica, la planificación económica. Tan sólo tres años después de la revolución soviética, el meollo de la cuestión había sido planteado en forma contundente. El economista austríaco Ludwig von Mises publicaba un artículo titulado “El cálculo económico en la sociedad socialista”, y dos años después, en 1920, todo un libro “Socialismo: análisis económico y sociológico”.

Allí planteaba no ya que la planificación fuera ineficiente, sino que era imposible. El argumento, muy simplificado es el siguiente: en la economía de mercado los factores de producción son asignados por emprendedores a la producción de distintos bienes y servicios guiados por los precios esperados de los bienes a producir y los factores necesarios.

Esos precios son en verdad intercambios de derechos de propiedad, pero como en la economía socialista no habrá propiedad privada de los factores de producción, entonces no habrá tal cosa como precios que guíen esas decisiones. Esos factores serán asignados a distintos procesos según la opinión de planificador pero sin ningún criterio económico. Resultado: un enorme despilfarro.
Ejemplo: hay que construir un puente. Técnicamente se puede hacer de madera, cemento, acero, acero inoxidable o platino. ¿Por qué razón nos parecería extraño hacerlo de platino? Porque tenemos una cierta noción del precio de mercado del platino que nos indica que es mejor dedicarlo a otra cosa. Pero sin mercados no habría forma de saberlo.

De hecho, para hacer sus planes quinquenales, los planificadores soviéticos miraban los precios de Occidente. Es decir, sin mercados afuera no hubieran podido planificar.

El último y muy breve punto tiene que ver con la “justicia” de igualar ingresos. ¿Si vamos a ganar igual, porqué he de esforzarme para trabajar más? O, ¿no es injusto que me paguen lo mismo si trabajo el doble que mi compañero?

En palabras de Churchill, “la virtud del comunismo es el reparto igualitario de su miseria y el vicio del capitalismo es el desigual reparto de sus bondades”.

Un siglo después y millones de muertos mediante, el capitalismo ha demostrado que sus resultados serán desiguales, pues nosotros somos por sí desiguales en capacidades o esfuerzos, y ha enterrado al socialismo bajo una prosperidad que de una u otra forma ha llegado a todos. Al inicio de la revolución industrial el ingreso promedio mundial era de 150 dólares actuales por año y por persona; hoy es de 7.000 dólares. No hay más que discutir.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

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Bajar la inflación a pesar del déficit

Por Iván Carrino. Publicado el 11/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/bajar-la-inflacion-a-pesar-del-deficit/

 

Milton Friedman decía que la inflación es -en todo momento y en todo lugar- un fenómeno monetario.

Ahora desde la perspectiva argentina, cuando vemos para qué se emitió dinero entre los años 2011 y 2015, tendemos a pensar que la inflación no es un fenómeno monetario sino, más bien, un fenómeno fiscal.

El mecanismo es el siguiente. El Gobierno gasta más de lo que gana y entonces le pide al Banco Central que lo financie. El Banco Central emite más pesos de lo que el mercado necesita y el precio del dinero cae.

El resultado: la inflación.

Dado este mecanismo, es claro que cuando la inflación es alta y sostenida, lo que hay detrás es un déficit fiscal que está siendo “monetizado” por la autoridad monetaria.

La pregunta es: ¿se da este mecanismo a la inversa? Es decir: ¿siempre que haya alto déficit fiscal va a haber alta inflación?

Alto déficit no siempre es alta inflación

La relación entre déficit, emisión e inflación la conocemos bien en el país. El gobierno gasta de más, no le alcanza, y saquea al Banco Central.

Ahora ése no es el cuadro en todas las latitudes.

Bolivia, por ejemplo, cerrará el año con un déficit primario de cerca de 5% del PBI (más de lo proyectado para Argentina). Su inflación, sin embargo es un quinto de la nuestra.

Del otro lado del mundo, Japón también presenta un desajuste de cerca de 4% del PBI (3,8%). Sin embargo, no solo no tiene inflación, sino que busca desesperadamente que ésta suba. Según el FMI cerrará el año en 0,8% anual.

Existen otros ejemplos. En Estados Unidos, en plena crisis, el desequilibrio fiscal casi alcanzó el 10% del producto. En España y Grecia, ese umbral se superó en el 2009. Sin embargo, en ninguno de los casos hubo temores por la inflación.

Es decir, si hay inflación alta y sostenida, muy probablemente detrás haya un gobierno despilfarrador que está atracando al Banco Central. Pero que existan gobiernos despilfarradores no quiere decir que tenga que haber más inflación.

Es que, en definitiva, la inflación se produce cuando la cantidad de dinero excede la que demanda el mercado. Y el único responsable por esa cantidad es su único emisor. Es decir, el BCRA.

Si el Banco Central decide no financiar al Tesoro, entonces evitará colocar una cantidad de dinero excesiva. Finalmente, entonces, no se producirá la inflación.

¿Cumplirá Sturzenegger?

La discusión es particularmente relevante para el contexto nacional actual. El gobierno en 2016 no solo no redujo el déficit fiscal, sino que lo aumentó. Para éste y los años siguientes, si bien propone un sendero decreciente para el mismo, el ritmo es excesivamente gradualista.

En 2018, según el presupuesto, el agujero de Hacienda ascenderá a $ 680.000 millones.

¿Se puede bajar la inflación en este contexto? La respuesta, curiosamente, es afirmativa. Es que, en la medida en que el Banco Central controle y reduzca la monetización del déficit, el ritmo de aumento de los precios continuará descendiendo.

Para 2018, el BCRA transferirá solamente $ 140.000 millones al Tesoro, un 20% de sus necesidades de financiamiento. En 2014 el central aportó el 64% de dichas necesidades. Puede parecer poco, pero es un avance importante, y los datos de inflación así lo reflejan. Estamos con los índices más bajos de los últimos 7 años.

Para concluir, hay una buena y una mala noticia a partir de todo esto. La buena es que la inflación puede bajarse a pesar de tener un abultado déficit fiscal. Los datos presentes y las expectativas muestran que ésta cae y lo seguirá haciendo por los próximos años.

La mala noticia, sin embargo, es que tener semejantes niveles de déficit no es para nada saludable. Ellos se traducen en deuda y la deuda en mayor incertidumbre y menor crecimiento.

Argentina tiene que crecer de manera sostenida por muchos años. Para eso debe ordenar sus números. Bajar la inflación es solo un pequeño paso en un largo camino por recorrer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La preocupación por el predominio de empresas grandes en el mercado: también fracasan y estrepitosamente

Por Martín Krause. Publicado el 6/10/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/10/06/la-preocupacion-por-el-predominio-de-empresas-grandes-en-el-mercado-tambien-fracasan-y-estrepitosamente/

 

Muchos alumnos se preocupan por el peso y la influencia de las grandes empresas en la economía. Por supuesto que hay que preocuparse, pero cuando se trata de sus relaciones y vínculos con la política y el estado, ya que ahí pueden buscar algún tipo de favor o privilegio. Pero no es lo mismo en el mercado, donde los consumidores tienen en cuenta la calidad y el precio de los productos y servicios. Allí no es necesario “sobornar” a funcionarios sino “seducir” a los clientes. En el libro de Carpenter Mason and Sanjyot P. Dunung (2011), International Business, se presenta un caso de “grandes” y “multinacionales” que pierden con más pequeños y locales, e incluso luego éstos tienen éxito en otros mercados:

“La cadena minorista JCPenney entró en Chile en 1995 abriendo dos locales. La francesa Carrefour ingresó en 1998. Ninguna de ellas lo hizo a través de una alianza con una empresa minorista local. Ambas se vieron forzadas a cerrar sus operaciones chilenas debido a las pérdidas ocasionadas. Un análisis de la Universidad Adolfo Ibañez explicó las razones detrás de estos fracasos: los administradores de estas empresas no lograron conectarse con el mercado local, ni comprendieron las variables que afectan a los negocios en Chile. Específicamente, el mercado minorista chileno era avanzado, y también era muy competitivo. Los nuevos ingresantes (JCPenney y Carrefour) no llegaron a comprender que los principales minoristas existentes tenían sus propios bancos y ofrecían servicios bancarios en sus locales minoristas, lo cual era una de las principales razones de su rentabilidad. Los recién llegados asumían que la rentabilidad en este sector se basaba solamente en las ventas minoristas. No vieron la importancia de los vínculos bancarios. Otro error típico que las compañías cometieron es asumir que un nuevo mercado no tiene competencia porque los competidores tradicionales no estaban en él.

Pero continuemos con el ejemplo y veamos cómo los minoristas chilenos ingresaron en un mercado nuevo para ellos: Perú. Estos minoristas eran exitosos en su propio mercado pero querían expandirse más allá de sus fronteras para obtener clientes en nuevos mercados. Eligieron Perú.

El mercado minorista peruano no era muy desarrollado, y no se ofrecía crédito a sus clientes. Los chilenos entraron en el mercado a través de una asociación con firmas peruanas, e introdujeron el concepto de tarjetas de crédito, que era una innovación en el poco desarrollado mercado peruano. Ingresar con un socio local los ayudó porque eliminó la hostilidad y facilitó el proceso de inversión. La oferta de tarjetas de crédito distinguió a los minoristas chilenos y les dio una ventaja sobre la oferta local.”

Un estudio de CEPAL llega a las mismas conclusiones: “Las empresas chilenas de comercio minorista han logrado construir sólidas ventajas competitivas. Estas se sustentan en un modelo de negocios que aprovecha las sinergias obtenidas de la operación conjunta de una serie de actividades relacionadas. El desarrollo de esta fórmula de comercio minorista integrado surgió directamente de la intensa competencia en un mercado chileno que, por su tamaño limitado, hacía muy difícil ser rentable en un solo segmento de la industria del comercio minorista. La clave del éxito ha sido la combinación de las mejores prácticas de los líderes internacionales con el conocimiento local, una oferta diversificada que incluye servicios bancarios y la capacidad de supervivencia en un mercado altamente competitivo. En este contexto, las compañías de comercio minorista han visto en la expansión internacional la mejor opción para iniciar una trayectoria de crecimiento sustentable”: http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/revista/noticias/articuloCEPAL/4/27644/P27644.xml&xsl=/revista/tpl/p39f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xslt

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

El triunfo ante Ecuador, Rusia 2018 y una vuelta a las verdaderas prioridades nacionales y populares:

Por Guillermo Luis Covernton.

 

Finalmente anoche, luego de sufrir 90 minutos, lo mejor de lo mejor de nuestra patria, la verdadera élite pensante y actuante nos ha devuelto al lugar que merecemos. “Le ganamos” a Ecuador y “clasificamos” para Rusia 2018. Un destino de grandeza que ya Moisés traía anotado en el reverso de las tablas que bajó del monte…

Probablemente por el pánico o la desazón de meses anteriores, mucha gente todavía no es plenamente consciente de la epopeya heroica que significa esta clasificación. Especialmente, viniendo de muchachos humildes y de vida ejemplar, como los involucrados en la gesta.

Hablando con mi amigo Cristian, me explicaba: “¿Sabés que pasa? Que en lo único que nos va bien es con los futbolistas y los curas. Sacamos un papa y la clasificación a Rusia… Los economistas son tan burros que otra vez nos perdimos el Nobel, y ninguno se pone a estudiar….”. Tuve que darle absolutamente toda la razón. Me dejó sin argumentos. Enhorabuena los muchachos de Chiqui Tapia nos han devuelto el alma al cuerpo.

Era tal la desazón de nuestros ciudadanos, en estos últimos meses, que algunos abrigaron la secreta esperanza de aportar aunque fuera un granito de arena a volver a poner a nuestra nación en el olimpo de las elegidas para el éxito, como todos sabemos que debe estar. Esfuerzos vanos y ridículos.

Por ejemplo:  A estos pibes no se les ocurre nada más importante que desarrollar una innovadora tecnología para extraer litio de salares de altura, de manera eficiente y sostenible. Considerando que Argentina es el 2* o 3* exportador más grande del mundo de un material cuya demanda crece exponencialmente… ¿Quién les va a gritar el gol a estos? ¿Que se pensaban?

http://www.telam.com.ar/notas/201706/192188-cientificos-argentinos-ganaron-el-concurso-internacional-mentes-brillantes.html

Como los malos ejemplos son lo primero que se copia, aparecieron estos otros chicos que prevén geolocalizar las áreas de mayor concentración de polen de la Ciudad de Buenos Aires. Llegan tarde. Eso era para la época del Flower power. Muy setentoso. Y el premio se los da la NASA, que ahora debe estar muy aburridos , porque no mandan más cohetes a la luna, porque era al cohete…. Nadie les grita el gol… ¡¡¡Que se olviden!!!

https://www.clarin.com/sociedad/grupo-argentinos-gano-concurso-nasa-vera-despegue-vivo_0_ryWmAHuQ-.html

Aquí hay otra patota que, en vez de jugar a la pelota, que es en lo que somos buenos y donde Argentina tiene más ventajas competitivas, fueron destacados por el desarrollo de androides de rescate. ¿Justo ahora, que volvió Blade Runner? Se merecen que Harrison Ford se los recocine a tiros, por replicantes.

https://www.infobae.com/tecno/2016/07/11/estudiantes-argentinos-ganadores-de-robocup-el-mundial-de-robotica/

Aquí hay otro que, en vez de sumarse al elenco de Messi y compañía,  se va a hacer películas a Gaza o a Siria, en vez de ir a Hollywood!!!!! Ni se comparan las chicas de California, con las de medio oriente… ¿Quién le va a gritar el gol a este???

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2017/07/24/el-argentino-hernan-zin-es-el-documentalista-mas-premiado-de-los-ultimos-anos-en-espana/

Y siguen las iniciativas estériles: “Estos otros tuvieron una idea tan sencilla como brillante: crear un sitio web con libros infantiles, con sus imágenes animadas en videos, contados en lenguaje de señas argentino para que chicos sordos de entre unos 4 y 9 años pudieran empezar a “leer” literatura en lengua escrita, una capacidad que es una verdadera rareza entre las personas sordas.”

Para que quieren leer los sordos? ¡¡¡Que se dediquen a la música, como Beethoven, y así les va a ir mucho mejor, porque no se distraen escuchando “Despacito” y esas tonterías. Ahí está su verdadera ventaja competitiva…
 http://www.lanacion.com.ar/1828016-argentinos-ganadores-de-premio-internacional-en-innovacion-educativa
Y encima, ninguno de estos dejó afuera ni le hizo bullying a ningún chileno….

Pero, bueno… ya pasó el mal momento y nos podemos dedicar a escuchar las sesudas reflexiones de los periodistas deportivos, en todos los medios locales. Y nos dejamos de otras noticias que nos son relevantes para la cultura nacional y popular de todos, todas, algun@s y @lgunas…

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Las tres opciones económicas que se le abren al Gobierno a partir del 23 de octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/10/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/10/10/las-tres-opciones-que-se-le-abren-al-gobierno-a-partir-del-23-de-octubre/

 

Si el resultado electoral del 22 de octubre es el que se perfila actualmente, Mauricio Macri va a tener un importante capital político que, aunque no le permita tener el control de ambas cámaras legislativas, le otorgará un mayor margen de maniobra que el que tuvo hasta ahora.

Insisto, de confirmarse el resultado electoral que se vislumbra, el Presidente tendrá una segunda gran oportunidad de torcer el rumbo de decadencia económica que lleva siete décadas en Argentina, considerando que una gran primera oportunidad, a mi juicio desperdiciada, fue el 10 de diciembre de 2015 cuando asumió la presidencia. En ese momento, si se hubiese detallado claramente la herencia recibida del kirchnerismo, el margen de acción le hubiese permitido adoptar medidas económicas más contundentes que las que se adoptaron hasta ahora.

Sin duda que hoy el ambiente económico institucional es el día y la noche respecto a los nefastos años del kirchnerismo. No sólo ya no tenemos a la AFIP haciendo de KGB que persigue a los que piensan diferente, las interminables cadenas donde CF vendía un mundo irreal y no existen las medidas delirantes de Moreno y de Kicillof, entre otras cosas. Sin duda ahora somos vistos con respeto en el mundo. Ya no somos los impresentables que fuimos durante la era k.

No obstante, creo que sería un error comparar la actual situación con la era k como punto de referencia para saber si mejoramos o no, porque estaríamos poniendo la vara muy baja. El kirchnerismo nos dejó en el quinto subsuelo y no se necesita gran cosa para superar esa situación para mostrarse algo mejor. En todo caso en el gobierno de Fernando De la Rúa tampoco había controles de precios, ni de cambios, ni cepo cambiario y se llegó a una crisis final por no encarar las reformas de fondo y pensar que sólo con el cambio de expectativas que generaría la presencia de Domingo Cavallo y reestructurando la deuda pública el transcurso del tiempo iba a solucionar los problemas, algo que, como todos sabemos, no sucedió.

Si, como decía antes, el 22 de octubre, luego de contar los votos, Macri logra incrementar sustancialmente su capital político, el interrogante que queda por delante es cuál de los siguientes tres escenarios económicos se dará:

1. Que se duerman en los laureles y piensen que lo que les sirvió para ganar las elecciones también sirve para manejar la economía de aquí hasta el 2019, es decir, seguir endeudándose para financiar el déficit fiscal apostando a que, por algún efecto mágico, la economía va a crecer y del exterior nos van a financiar indefinidamente. En ese caso la economía estará en manos de Dios porque por el motivo menos pensado puede cortarse el financiamiento externo.

2. Ver si el Gobierno está dispuesto a adoptar las medidas mínimas necesarias para domar la pesada herencia k que todavía no fue desarticulada. Salvo los casos del cepo y las cosas más guarangas como los controles de precios, el gasto público sigue siendo un enorme peso para el sector privado, al igual que la carga tributaria, el retraso de las tarifas de los servicios públicos que fueron ajustadas pero todavía tienen que subir más y desarmar ese nefasto negocios de los “programas sociales” por el cual generaciones de jóvenes crecen viendo cómo sus padres viven sin trabajar. La famosa destrucción de la cultura de trabajo.

3. Adoptar un plan económico que no sólo permita dominar la herencia k sino, además, dar otro paso adelante y adoptar aquellas medidas que nos pueden llevar, en un par de décadas, a ser un país desarrollado. No nos olvidemos que Brasil acaba de corrernos el arco y nos exigirá más esfuerzo en las reformas dado que si aquí no se hace una reforma laboral importante, ni las migas de las inversiones que van a Brasil van a caer por estas tierras.

La primera opción luce poco viable. En lo que va de 2017 las reservas del BCRA aumentaron en USD 11.418 millones y todo ese aumento se explica por las compras de divisas que dicha entidad le hace al Tesoro que se endeuda para financiar el déficit fiscal.

La expansión de circulante es del 34,5% anual luego de colocar Letras del Banco Central y pases netos para absorber la liquidez que genera la compra de divisas al tesoro. En tanto que el stock de Lebac y pases netos se multiplicó por 3,4 veces entre diciembre de 2015 y septiembre de este año o, si se prefiere, subió el 240% con el gasto cuasifiscal que ello implica, en la era k ese stock se multiplicó por 30; dicho de otro modo, el endeudamiento del BCRA creció el 2.900 por ciento.

Mi punto es que este ritmo de endeudamiento externo y del BCRA para financiar el déficit fiscal es insostenible en el largo plazo.

Por eso, la pregunta es: ¿qué es lo mínimo que tendría que hacer el Gobierno de Mauricio Macri para salir de esta trampa económica que le dejó el kirchnerismo? ¿Es viable el gradualismo que venimos viendo?

Mi punto de vista es que si apuestan a hacer sólo lo que es necesario para dominar la herencia k, será un paso adelante. Ahora,

¿En qué consiste lo mínimo para dominar la herencia k?

1. Disciplina fiscal: No se limita a bajar el déficit fiscal solamente. Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Eso de que el crecimiento de la economía va a licuar el peso del Estado sobre el PBI lo veo poco probable. Es más probable que el Estado aplaste al sector privado.

 Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos

2. Reforma impositiva: El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.
Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. Hay experiencias en el mundo que demuestran que la curva de Laffer funciona. Tal vez podría pensarse en reemplazar el actual impuesto a las ganancias por un flat tax.

3. Disciplina monetaria: Para alcanzar este objetivo puede establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales serán finalmente alcanzables.

 Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzables

4. Reforma laboral: Es fundamental para que las 650.000 Pymes y microemprendimientos contraten personal. Con 1 persona por año que contraten estas 650.000 empresas, en 5 años tenemos resuelto el problema de la desocupación. Se podrán absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral, podrán pasarse empleados del estado al sector privado y no habrá justificativos para que los piqueteros sigan exigiendo ser mantenidos por los contribuyentes.

5. Incorporarse al mundo: Si la Argentina se incorpora al mundo, estará anclando sus instituciones a las de los países desarrollados y el proceso de captación de inversiones será más acelerado. Vean cómo el gobierno de Cataluña empieza a arrugar al ver que queda fuera del mundo si se separa de España.

El desastre populista de los últimos 70 años potenciado por el kirchnerismo es tan grande que el mínimo para superar la herencia k es un mínimo muy alto. Seguir comparándose con los 12 años kirchneristas es poner la vara demasiado baja y correr el riesgo de adoptar medidas que no alcancen para salir del pozo en que nos dejaron.

En síntesis, me parece que el 23 de octubre, si se confirma la consolidación de Cambiemos, debería aparecer un plan económico global con el mínimo de medidas señaladas. Caso contrario habrá que rezar para que el financiamiento externo permita financiar este sobredimensionamiento estatal y carga tributaria que ahogan cualquier posibilidad de entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Liberales o antiliberales, ¿en verdad se trata de una opción?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/7/17 en: 

 

En la Argentina y en casi todos los países del mundo, los mercados rara vez se encuentran libres de la intervención del Estado. De uno u otro modo se formulan y establecen impuestos, se conceden subvenciones e implementan regulaciones de la más diversa índole.

 

Es claro que el gobierno necesita contar con ciertos recursos que le permitan financiar sus actividades, de ello no hay duda, en especial en la esfera que le es propia por definición: la burocracia.

Pero también es claro y evidente, tal la opinión de Jesús Huerta de Soto, que las organizaciones burocráticas tienden a sobreexpandirse y a crear la artificial necesidad de su existencia, exagerando los “beneficiosos” resultados de su intervención y ocultando sistemáticamente sus perniciosos efectos.

En varias ciudades de nuestro país, por ejemplo, es bastante común toparse con algún representante de la función pública –de cualquiera de los niveles de gobierno– devenido en un Papá Noel de ocasión, pues dispone discrecionalmente de dineros que reparte como le venga en gana. Pareciera que se tratara de fondos propios, pero eso jamás es lo que parece. Simplemente, se trata del dinero de los contribuyentes previamente apropiado que, a exclusiva valoración del funcionario de turno, discurre a diestra y siniestra bajo la oportuna, ampulosa y hasta entusiasta mirada de los medios masivos de comunicación.

Frente a ello, ante el gesto de genuflexión de los circunstanciales beneficiarios, desanimados pasivos, aletargados o quizás con la esperanza de una dádiva futura, los ciudadanos siguen atragantados con impuestos y asisten cual convidados de piedra a ungir el héroe del día.

El plafón teórico de la microeconomía o, lo que es lo mismo, la ortodoxia utiliza los conceptos del excedente del consumidor y del productor para evaluar y legitimar las políticas económicas del caso. Incluso cuando el gobierno obliga a los productores a cobrar un precio inferior al que vacía el mercado, y a sabiendas genera una perdida irrecuperable de eficiencia, para conformar los objetivos que se trazan las autoridades.

Suele afirmarse que los gobiernos pueden intervenir el mecanismo de los precios por la vía de la redistribución, en aras de la equidad y la justicia, y esa declaración está completamente fuera de cualquier disputa.

Pocos parecen advertir el daño que las intervenciones provocan: todo tipo de desconciertos y conflictos sociales que los políticos atribuyen a sus adversarios o a la falta de solidaridad de la ciudadanía. Los conflictos e infortunios se utilizan, a su vez, como un pretexto para redoblar la apuesta, y así sucesivamente, en un proceso cada vez más ambicioso del poder político, hasta invadirlo todo.

Este ideal consecuencialista, que ha florecido en los últimos años de una Argentina acostumbrada a depender de la asistencia pública, se ha generalizado en casi todos los ámbitos, y en los tiempos que corren su consecuencia golpea con fiereza sobre la sociedad toda. Pobreza y marginalidad azotan directamente a gran parte de los connacionales, y sus devastadores efectos se propagan en diversas formas: inseguridad, desvalorización de la cultura del trabajo y la falta de relaciones confiables y duraderas tanto en ámbitos familiares como sociales.

Quizás los argentinos debamos tomar conciencia de una vez y para siempre, después de casi treinta años, de lo que constituye el acontecimiento más importante del final del siglo XX: la caída del socialismo real. Berlín de 1989 y la desintegración de la ex Unión Soviética, dos años más tarde, pusieron en claro que no es posible el programa positivista de actuar tomando decisiones maximizadoras a partir de los medios dados y de costos también supuestamente conocidos, pues ha fracasado de modo ostensible.

Al final, como dijo Mises, “El conocimiento histórico hace al hombre sabio y prudente. Pero no proporciona, por sí solo, saber ni pericia alguna que resulte útil para abordar ningún supuesto individualizado”; no obstante, recoge y ordena los datos concernientes a la experiencia del hombre. Justamente, uno de ellos, que precedió por diez años al fin del socialismo real, fue expuesto por el expresidente de Estados Unidos Ronald Reagan en su primer discurso a la Nación, en 1981, quien expresó: “El gobierno no es la solución a nuestro problema; el gobierno es el problema”.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

“Curar los déficits aumentando impuestos…”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/7/17 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/curar-los-deficits-aumentando-impuestos-DC3141342

 

Si bien la reforma tributaria se considera prioritaria en la agenda del gobierno, se observa una distancia copiosa entre lo que declaman los enunciados y sus consecuencias, los hechos. Desde el Ministerio de Hacienda se afirma que “con el kirchnerismo la presión tributaria subió casi 11 puntos del PBI. Esto no implica que ahora se puedan bajar impuestos indiscriminadamente. Necesitamos mejores impuestos”.

El primer año de la administración del presidente Mauricio Macri arrojó un incremento del déficit de recursos por un punto del PBI, tal como lo indican los datos oficiales. Ahora, en cambio, la idea es bajar la presión 0,5 puntos por año, aunque los distintos funcionarios del gobierno de Cambiemos, más allá de la diversidad de matices, coinciden en que al país le espera un largo camino para reducir la presión tributaria (al menos diez años para que se note la baja en los impuestos, es decir, la participación de la recaudación respecto al tamaño de la economía -PBI-).

Y todavía hay un tema mayor por resolver: el debate político en las cámaras. El juego de entramados y alianzas en los bloques legislativos, que ha mantenido dubitativo al Poder Ejecutivo frente a las elecciones de medio término. Escenario que, visto hacia atrás, aparece como un error de diagnóstico de los asesores del presidente, y que ha llevado a la primera magistratura a desaprovechar los aires de cambio y el mayoritario consenso con que contaba durante la asunción de diciembre del año 2015.

El diputado del PRO y presidente de la Comisión Bicameral para la reforma tributaria, Luciano Laspina, reconoció que “seguramente no tendremos la reforma ideal, vamos a tener la reforma posible”.

Hasta hoy, la ciertamente cándida política de gradualismo castiga con toda virulencia la institución del Banco Central, cuya prioridad absoluta es inducir una baja sistemática y sostenible de la tasa de inflación, llevándola, en un plazo razonable, a niveles similares a los que exhiben las economías que manejan su política monetaria bajo esquemas de metas de inflación; pero que, una y otra vez, tropieza con el desequilibrio del frente fiscal.

Entretanto, el gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos que se enmarcan dentro de lo que la teoría económica denomina “efecto desplazamiento”. Dicho efecto ocurre cuando una política fiscal expansiva hace que los tipos de interés aumenten y, como consecuencia de ello, éstos últimos, provoquen una reducción del gasto privado, concretamente de inversión.

El efecto pretendidamente expansivo de la política fiscal, cualquiera sea la vía, tiende a afectar directamente a la demanda agregada, y la producción a aumentar. Pero, en la reconocida versión de John Hicks, de 1937, en la que la demanda de dinero es totalmente insensible del tipo de interés, y se reconoce como la Teoría Cuantitativa del Dinero, la demanda de dinero depende únicamente del nivel de renta, no del tipo de interés.

En este caso, el caso clásico, implica que una curva del mercado de dinero vertical se asocia a la opinión de que el dinero es lo único que importa, porque la política monetaria produce un efecto máximo en el nivel de renta y la política fiscal no produce ninguno.

Por tales razones, el equilibrio fiscal permitiría necesariamente la mutua correspondencia de tipos de interés y niveles de renta que se requiere en la interrelación de los mercados de bienes y activos; de lo contrario, las tensiones persistirán y los tipos de interés se mantendrán desmedidamente altos.

Al final, queda por discernir ¿qué son mejores impuestos? Y la respuesta del Ministerio de Hacienda también es clara: “Si sale la reforma que impulsamos, los que pagan experimentarán una rebaja. Pero otros no, porque eliminaremos exenciones al IVA y bajaremos la evasión”. “La lenta recuperación de la economía es, en parte, por la carga tributaria. Pero no podemos subir el déficit”. “El eje de la reforma será aumentar la base imponible, bajar la evasión e incentivar el crecimiento”.

En síntesis, el título del artículo refiere al fragmento inicial de una cita de Murray N. Rothbard que se completa de la siguiente manera: “Curar los déficits aumentando impuestos equivale a curar la bronquitis de alguien disparándole. La “cura” es peor que la enfermedad”.

(*) Doctor en Economía.

El gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos.
Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Advertencia para Macri del Padre Fundador de la economía

Por Iván Carrino. Publicado el 1/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/advertencia-para-macri-del-padre-fundador-de-la-economia/

 

Richard Cantillon fue un banquero y economista irlandés que vivió gran parte de su vida en París y Londres, donde murió víctima de un ataque de su cocinero. Para William Stanley Jevons, el texto de Cantillon, Ensayo Sobre la Naturaleza del Comercio en General, escrito en 1730 y publicado 25 años más tarde, podría considerarse “la cuna de la economía política”. Para Murray Rothbard, Cantillon debería ser considerado el “padre fundador de la economía moderna”.

En su breve pero completísimo tratado, Cantillon toca varios temas, como el origen de la riqueza, la naturaleza del comercio, el surgimiento de los precios y los problemas del endeudamiento público. En este último aspecto, su pensamiento sigue notablemente vigente.

De hecho, 287 años antes de que el gobierno de Cambiemos haya decidido financiar su “gradualismo” con deuda externa, ya advertía:

Todavía tengo que referirme a otros dos medios de aumentar la cantidad de dinero efectivo en la circulación de un Estado. El primero se pone en juego cuando los empresarios y particulares toman dinero a préstamo de sus corresponsales extranjeros a cambio de un interés; el segundo cuando los particulares extranjeros envían su dinero al Estado para comprar en él acciones o fondos públicos. A veces estas colocaciones ascienden a sumas muy considerables, y sobre ellas el Estado debe pagar anualmente un interés a dichos extranjeros.

Estos procedimientos de aumentar el dinero en el Estado hacen que el dinero en él sea más abundante, y disminuyen el tipo de interés. Mediante este dinero los empresarios del Estado pueden más fácilmente tomar dinero a préstamo, dar trabajo y establecer manufacturas con afán de lucro; los artesanos y todos aquellos por cuyas manos pasa este dinero consumen más que si de él no hubieran dispuesto, circunstancia que eleva en consecuencia el precio de todas las cosas, como si pertenecieran al Estado, y al incrementarse el gasto o el consumo aumentan las rentas que los poderes públicos perciben sobre esa base.

Las sumas de este modo prestadas al Estado procuran muchas ventajas presentes, pero a la larga siempre resultan onerosas y perjudiciales. Es preciso que el Estado pague por ellas un interés anual a los extranjeros, y, además de esta pérdida, el Estado se encuentra a merced de los prestamistas del exterior que siempre pueden sumirlo en la pobreza cuando les dé el capricho de retirar sus fondos.

Esa decisión se adoptará sin duda en el instante en que el Estado se vea en mayores dificultades, como cuando se prepara para una guerra o existe el temor de algún acontecimiento desfavorable. El interés que se paga al extranjero es siempre más considerable que el aumento del ingreso público debido a ese dinero. Con frecuencia se advierte cómo estos préstamos de dinero pasan de un país a otro, según la confianza de los prestamistas en los Estados donde los envían. Pero, a decir verdad, lo más frecuente es que los Estados gravados por tales empréstitos, sobre los cuales pagaron durante largos años elevados intereses, lleguen a verse en la imposibilidad de pagar los capitales, y se declaren en quiebra.

El mensaje es sencillo. Ojo con la ilusión de la deuda, porque como dice Cantillon -y como prueba nuestra historia, así como la de Grecia más recientemente- los beneficios son de corto plazo, pero a la larga hay que pagar los platos rotos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Gobernabilidad y proceso político

Por Gabriel Boragina Publicado  el 8/10/17 en:  http://www.accionhumana.com/2017/10/gobernabilidad-y-proceso-politico.html

 

“En esencia la gobernabilidad depende del resultado de dos procesos y de las externalidades de su interacción. El primero, el proceso económico que busca mejorar la eficiencia alocativa y el logro de los objetivos de equidad.”[1]

En realidad, resulta bastante discutible que el proceso económico como tal busque “mejorar la eficiencia alocativa y el logro de los objetivos de equidad”. En primer lugar, habría que definir qué se entiende por todas estas expresiones. Desde nuestro particular punto de vista, el proceso económico es uno de intercambios valorativos que buscan mejorar las posiciones relativas de las partes intervinientes en ellos en un momento ulterior al acto de intercambiar. Es posible que, entre algunos de los objetivos de esas personas una u otra busque mejorar la eficiencia locativa (la palabra alocativa utilizada por el autor citado no se encuentra reconocida por la Real Academia Española, de allí que debamos entender que ha querido referirse a lo “locativo” en relación concreta a una ubicación física, aunque el citado no es claro en cuanto a quién o quiénes serían los que -en su pensar- buscarían esa “eficiencia locativa”.

Idéntica acotación habría de hacerse en cuanto al supuesto “logro de los objetivos de equidad”. Todos estos términos y conceptos son hartamente opinables. Esencialmente, porque conforman en sí mismos valoraciones enteramente subjetivas, que incluyen, por supuesto, los juicios subjetivos de valor que introduce el propio autor en comentario.

Por último, aunque no menos importante, también habría que definir el alcance del concepto del vocablo gobernabilidad, sobre el cual nosotros ya hemos emitido opinión[2]. Lamentablemente, el autor que ahora estamos analizando no se expide con claridad en qué sentido está usando esta palabra. Pero del contexto de su exposición parece creer que existe una suerte de gobernabilidad democrática en distinción de otra de signo autoritario o hegemónico (como expresa en una nota introducida en la página 299 de la obra que explicamos). Como ya expusimos, lo común es que por “gobernabilidad” se conciba aquella situación en la cual “A” ejerce el mando (control, dirección, etc.) sobre “B”.

Si a lo que el autor que ahora examinamos quiere referir es a la gobernabilidad ejercida por el cuerpo político sobre el resto del pueblo, no podremos, en modo alguno, estar de acuerdo con el aquel.  Pero si, en cambio, quiere aludir a lo que nosotros llamamos democracia liberal y republicana conforme la hemos definido en el artículo citado[3] coincidiremos. En suma, y para concluir este punto, si la gobernabilidad de la que se habla, y si el proceso económico mencionado en la cita, es producto de un proceso político liberal republicano democrático, en este supuesto, si podremos llegar a un acuerdo con el autor. En caso contrario, no.

“El segundo, el proceso político que busca vincular a los ciudadanos con las decisiones públicas colectivas y dar a éstas legitimidad y capacidad de ser cumplidas. Estos dos procesos dependen el uno del otro”.[4]

Aquí tenemos otro párrafo difícil que intentaremos de ir desentrañando en la medida que nos resulte posible.

Lo primero que se advierte en la redacción es el empleo (hasta un cierto punto abusivo) de un lenguaje hipostático. Así, se habla de un “proceso político” como si este fuera una entidad autónoma, con vida, voluntad y decisión propia. Nótese que se sugiere a aquel como que “busca vincular a los ciudadanos…”, “dar a éstas legitimidad y…”. Parece olvidarse -o directamente negarse- que cualquier proceso político involucra necesariamente a personas concretas humanas, cada una de ellas con proyectos y voliciones distintas que no pueden subsumirse (ni menos aun reducirse) a la de ningún ente autónomo que carezca de existencia real, visible y audible. A la inversa, el proceso político es el resultado de ciudadanos que, en forma individual, lo crean, adoptando esas personas concretas decisiones individuales que, sumadas, proporcionarán como resultado lo que el autor citado da en denominar “decisiones públicas colectivas” con todo lo recusable que implica esta última fórmula verbal.

También discrepamos en cuanto a la relación de dependencia que el ensayista otorga a ambos procesos.

Desde nuestra visión, el proceso político depende del económico, hallando que este último sirve de marco-base de aquel. Toda relación humana, en definitiva, está asentada operativamente en un conjunto de interacciones que son posibles en un previo contexto económico. Recordemos que, para tal decir, seguimos la definición de economía adoptada por la Escuela Austríaca de Economía, que sostiene por tal la acción de elegir, optar, preferir una cosa en lugar de otra. Y que no se reduce exclusivamente a los aspectos crematísticos con los cuales se identifican todas las demás definiciones de economía, que difieren de la concepción de esta original escuela del pensamiento económico.

En un sentido mucho más amplio, diremos que todos los procesos sociales están enmarcados en uno previo (y mucho más amplio) de índole económica que, a su turno, puede ser cataláctico o praxeológico.

“Es imposible mejorar significativamente la eficiencia económica si no hay un interés real de la comunidad local para obtener ese objetivo. Y no habrá desarrollo político significativo a nivel local si la comunidad no encuentra que es de su interés real el participar activamente en ese proceso. Mientras la comunidad no participe, simultáneamente, en el proceso económico y en el proceso político no habrá mayor gobernabilidad, definida ésta como la capacidad de la comunidad para resolver sus problemas, tomando decisiones públicas colectivas y supervisando la ejecución de esas decisiones”[5].

Nuevamente, topamos con otro giro hipostático. Como ya expresáramos tantas veces, la comunidad no tiene ni puede poseer intereses como tal, ni reales ni de ninguna otra clase, por las mismas razones dadas antes y siempre. La “comunidad”, como cualquier otra palabra que designe a un ente colectivo, no es susceptible de ser titular ni portadora de intereses, o de cualquier otro proceso volitivo. Solamente a los individuos que la componen les es posible ello, ya que -por definición- una comunidad es tal en tanto y en cuanto esté constituida por individuos (de lo contrario no habría existiendo “comunidad” alguna).

Otra expresión enigmática consiste en la de “desarrollo político”. Esto puede interpretarse de muchas maneras posibles. Pero, dada la orientación que el autor parece suministrar a su texto, aparentemente deberíamos derivar que quiere indicar un desarrollo de tipo democrático. Pero, si esto es así, echamos de ver que, si los ciudadanos que conforman esa comunidad no encuentran ellos de su interés participar en un “desarrollo” de tal naturaleza, es porque sus inclinaciones no van en esa dirección, sino en otra, que bien podría ser una contraria.

[1] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 325

[2] Ver mi nota En torno a la “gobernabilidad”

[3] Ver mi nota En torno a la “gobernabilidad”

[4] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Ludes-Rubio, …Ob. Cit. Pág. 325

[5] Eduardo Wiesner. “La economía neoinstitucional, la descentralización y la gobernabilidad local”. Capítulo VI, en Ludes-Rubio, …Ob. Cit. Pág. 325.

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

5 grandes mitos en las venas abiertas de América Latina

Por Adrián Ravier: Publicado el 3/10/17 en: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/5-grandes-mitos-en-las-venas-abiertas-de-america-latina

 

Eduardo Galeano tenía una pluma extraordinaria. Sus novelas y cuentos siguen deslumbrando al mundo hispano, aunque su clásico de historia titulado Las venas abiertas de América Latina haya tenido como resultado un lamentable impulso para una mentalidad anticapitalista que todavía predomina en la región. Este libro, que el autor escribiera siendo demasiado joven, fue prohibido durante las dictaduras de los años 1970, lo que contribuyó en convertirlo en un libro obligado en muchos colegios secundarios cuando recuperamos la democracia.

Me propongo a continuación desmantelar brevemente los mitos que Galeano presenta en aquel libro, los que se pueden resumir en las siguientes cinco ideas.

1. Ha existido una continua política de saqueo desde la época de la Colonia hasta nuestros días.

Galeano plantea en este libro una línea continua desde el saqueo de metales preciosos –en particular en la forma de oro y plata- generada por los conquistadores en los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta los réditos que obtienen empresas multinacionales como General Motors en los siglos XX y XXI.

Lo cierto, sin embargo, es que esta línea continua constituye un mito. Mientras los conquistadores hicieron uso de la fuerza y la violencia para obtener los metales, General Motors y otras empresas multinacionales ofrecen intercambios voluntarios y pacíficos que enriquecen las regiones en las que se introducen ofreciendo inversiones, innovaciones, know how, trabajo y demás.

2. Fue precisamente ese saqueo el que impulsó el mayor desarrollo relativo europeo respecto de Latinoamérica.

Si uno considera hoy el mayor retraso relativo de España y Portugal en relación con sus vecinos europeos no parece haber razón en esta hipótesis. Más bien, los metales preciosos que llegaban a estos dos países permitieron incrementar el consumo de corto plazo, pero condenaron su futuro industrial. Por el contrario, otros autores como Deirdre McCloskey explican que el mayor desarrollo económico de Europa se explica por otras fuentes, a saber, el mayor espacio y dignidad que recibieron los mercaderes e inventores para que sus proyectos pudieran florecer, a medida que se eliminaban controles y regulaciones.

3. El orden económico vigente no es la consecuencia de un orden espontáneo, sino un orden generado a través de la planificación central americana, primero con el cuerpo de políticas gubernamentales, y luego con los tentáculos de las empresas multinacionales que saquean a todos los países en los que se introducen.

No seremos tan ingenuos de creer que Estados Unidos y ciertas potencias no participan en la formación del orden económico vigente. Seguramente lo hacen, y especialmente a partir del momento en que Estados Unidos abandona su política exterior de “no-intervención”, y más bien interviene en todos los conflictos militares y políticos que se generan en el mundo.

Pero asumir que cada empresa multinacional que se introduce en nuestra región es el medio para continuar con el saqueo de otros tiempos, constituye un exceso. Pienso más bien que confluyen en el orden económico vigente ciertos órdenes espontáneos, formando instituciones como el lenguaje, el derecho, el comercio, el dinero o la globalización, con otros factores políticos que vienen diagramados desde el norte.

4. La culpa de nuestros males (pobreza, indigencia, desocupación extendida) es del mundo desarrollado. Nuestra pobreza es la contrapartida de la riqueza de los países centrales.

Quizás lo más peligroso de aceptar el punto anterior, es justamente pensar que nuestros males son producidos por cuestiones ajenas a nuestras decisiones. Estados Unidos y Europa no deciden nuestro futuro, y debemos hacer un mea culpa nosotros mismos de los errores que hemos cometido. Los intercambios voluntarios son un juego de suma positiva, donde ambas partes ganan. Si intercambiamos nuestro trabajo con el de nuestros vecinos y eso nos genera mayor riqueza, ¿por qué pensamos que una frontera política puede cambiar el resultado del mismo proceso? Nuestra pobreza no es la riqueza de los países centrales, sino la consecuencia de no haber sabido crear un contexto favorable a la inversión y a la formación de capital, como sí ocurrió en Europa a partir de lo que comentamos arriba es la tesis de McCloskey.

5. La única forma de interrumpir este proceso y darle esperanza a los pueblos latinoamericanos, es a través de la violencia, expropiando la propiedad privada de los medios de producción a quienes han abusado de él.

Quizás sorprenda al lector que Galeano suscriba las siguientes palabras de Josué de Castro: “Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina”. Sus palabras a favor de la revolución cubana, acompañaron y justificaron el ataque a innumerables derechos humanos de los cubanos que aun hoy sufren las consecuencias de una dictadura, carentes de libertades individuales fundamentales.

Los países latinoamericanos tienen dos opciones. O somos parte del mundo, o nos mantenemos ajenos a él. Y la experiencia muestra que mantenerse aislados o ajenos a él, no trae buenas consecuencias para el pueblo. Más bien, pienso que debemos aprovechar la división internacional del trabajo y la globalización, integrar los mercados y aprovechar los beneficios del intercambio, que siempre genera valor para sus participantes.

En sus últimos comentarios sobre Las venas abiertas Galeano señaló: “Yo no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima. […] Fue el resultado de un intento de un joven de 18 años de escribir un libro sobre economía política sin conocer debidamente el tema. […] Yo no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada”.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.