Impuestos y gustos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/1/23 en: https://www.elcato.org/impuestos-y-gustos-0

Carlos Rodríguez Braun recuerda que no pagamos impuestos de manera condicional, sino porque estamos obligados a hacerlo.

Declaró a El País hace un tiempo el pianista y escritor James Rhodes: “Me encanta pagar impuestos, si no van al hermano de [Isabel Díaz] Ayuso y sí a mejorar la vida de la gente. Mi mujer no entiende nada”. Ignoro lo que piensa su mujer, pero sospecho que quien no entiende es don James.

Naturalmente, los progres de El País titularon la entrevista así: “Me encanta pagar impuestos”. Pero la cuestión fiscal no estriba en los gustos en absoluto. No hay ningún problema con que al señor Rhodes le guste pagar impuestos. De hecho, podría entregarle al Estado mañana mismo todo lo que posee. La clave de los impuestos no es que a él le encante pagarlos, sino que el Estado le obliga a pagar a mi vecina. Tanto la obliga que, si ella no paga, puede terminar en la cárcel. Este es el verdadero problema de los impuestos, que tantos biempensantes ignoran. Naturalmente, los progres de El País no preguntan nunca al señor Rhodes, ni a nadie, lo siguiente: “¿Le encanta a usted que su vecina sea obligada, bajo pena de prisión, a pagar impuestos?”.

Además de la referencia al hermano de Isabel Díaz Ayuso, que no cometió ninguna irregularidad, afirma Rhodes que le gusta pagar impuestos “si” mejoran la vida de la gente. Pero uno no paga impuestos de manera condicional. No pagamos para que se hagan tal cosa u otra. Pagamos porque estamos forzados a hacerlo. Asimismo, si el gasto público mejora la vida de la gente, el mismo razonamiento nos llevaría a concluir que esa vida empeora cuando la gente se ve obligada a pagar los impuestos que sufragan ese gasto. No verá usted este análisis en los medios, ni en ninguna parte.

Por fin, la entrevista brinda indirectamente una información muy valiosa, y es que el señor James Rhodes utiliza el dinero que le queda después de pagar impuestos para una excelente labor: una fundación que protege a las víctimas de abusos a la infancia y a las personas mayores solas. Ese hecho, de por sí, demuestra que las personas podemos hacer por nuestra cuenta la misma labor asistencial que el Estado da por sentado que no podemos hacer, y que por eso es necesario que nos quite lo que es nuestro mediante los mismos impuestos que a don James le encanta pagar.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y fue miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun Su blog es: http://carlosrodriguezbraun.com

A 21 años de la salida de la convertibilidad: resultados catastróficos, incluso cambiarios

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/1/23 en: https://www.infobae.com/opinion/2023/01/10/a-21-anos-de-la-salida-de-la-convertibilidad-resultados-catastroficos-incluso-cambiarios/

El 6 de enero de 2002 Eduardo Duhalde, elegido presidente por la Asamblea Legislativa, decía la famosa frase: “el que depositó dólares recibirá dólares y el que depositó pesos recibirá pesos”. Qué ocurrió

La devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de Duhalde, Jorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren (Reuters)

La devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de Duhalde, Jorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren (Reuters)

Se abandonaba la Ley de Convertibilidad 21 años atrás y la economía argentina entraba en un colapso económico mayor al de 2001, porque ya no era el corralito lo que iba a afectar los ahorros de los argentinos, aparecía la pesificación asimétrica, en que el principal dato era que el que había depositado dólares recibiría dólares a un tipo de cambio menor al que imperaba en el mercado.

Luego veremos que el principal perjuicio que generó la pasificación de los depósitos fue la ruptura de los contratos por parte del Estado, porqueel que tenía dólares en el banco recibió pesos.

El Estado, cuya principal función es velar por el cumplimiento de las leyes y considerando que los contratos entre las partes son ley, fue el primero en violar la ley. Costo que hoy se sigue pagando por la falta de confianza en que las autoridades garanticen el cumplimiento de los acuerdos entre las partes.

Pero el “club de los devaluadores” de esos años, entre los que se encuentran actuales funcionarios públicos, solo pensaron en beneficiar a sus empresarios socios y, con el argumento del tipo de cambio bajo, hicieron un destrozo que generó una caída del PBI del 11% y la pobreza saltara a 55% de la población.

Ni siquiera sirvió semejante barbarie económica para no volver a repetir los errores de política, porque el peronismo, que gobernó 17 de esos 21 años, se encargó de “pisar” el tipo de cambio como supuesto mecanismo antiinflacionario, al punto que la paridad real actual es peor que en la que rigió durante la convertibilidad.

El siguiente gráfico muestra la evolución del tipo de cambio real peso-dólar promedios mensuales que publica el BCRA. El primer dato es que el último mes completo de la convertibilidad fue diciembre de 2001, porque la salida de ese régimen con la devaluación del peso fue con Eduardo Duhalde como presidente de la Nación, en enero de 2002. Fernando de la Rúa no devaluó ni pesificó, lo hizo el peronismo de la mano de DuhaldeJorge Remes Lenicov y José Ignacio de Mendiguren.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA
Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA

El tipo de cambio real promedio de noviembre de 2015, último mes completo del gobierno kirchnerista anterior al actual, era un 8% menor al de diciembre de 2001, según datos del BCRA.

Es decir, destrozaron los ahorros de la gente, e hicieron estallar la pobreza, en nombre de un tipo de cambio que consideraban atrasado durante la convertibilidad y ahora el Gobierno del mismo signo político se aferra al cepo cambiario y a una paridad oficial que según los datos que publica el BCRA es menor al de la convertibilidad. La consecuencia: se contrajo la oferta y se expandió la demanda de algo que estaba artificialmente bajo.

Es curioso cómo defensores de lo que llaman la industria nacional, como De Mendiguren, a la cual hay que proteger porque no quiere competir, terminan otorgándole a un sector un tipo de cambio artificialmente tan bajo, incluso menor al que rigió durante la convertibilidad, pese a que de esa forma conspira contra las exportaciones de manufacturas y alienta las importaciones.

Por eso tienen que, recurrentemente, acudir a mecanismos arancelarios y paraarancelarios para proteger una industria que no está en condiciones de brindar bienes en la calidad y precio que se consiguen a nivel internacional. El perjudicado termina siendo el consumidor, porque es una forma de bajar el salario real en beneficio de un sector productivo.

El otro dato que surge del gráfico es que a diciembre de 2022 el tipo de cambio real promedio de pesos por dólar, en base a datos del BCRA, se ubicó un 19% por debajo de noviembre de 2019 que fue el último mes completo de la presidencia de Cambiemos.

Además, la serie revela con claridad como la cotización del dólar artificialmente barata, es brutal en los primeros 12 años de gobierno K y nuevamente cae en forma pronunciada en los 3 con Alberto Fernández como presidente.

El gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentinaEl gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentina

Dicho, en otros términos, los que se quejan siempre del dólar barato de la convertibilidad son especialistas en atrasar artificialmente el tipo de cambio oficial al punto que terminan estableciendo cepos cambiarios y racionando la entrega de moneda extranjera para poder importar insumos.

El gran devaluador es José Ignacio de Mendiguren, porque cree que devaluando el peso se resuelven todos los problemas de la economía argentina, cosa que si fuera cierta tendríamos que ser una potencia económica con la cantidad de veces que se depreció el peso argentino.

Es que es tal la emisión monetaria que se requiere para financiar el populismo que la inflación se dispara y el gobierno termina recurriendo al ancla el tipo de cambio oficial para intentar contenerla.

Plan económico

Dicho sea de paso, se suele nombrar a la convertibilidad como si hubiese sido un plan económico. En rigor, fue una regla monetaria por la cual el BCRA solo podía emitir si había un dólar respaldando cada peso en circulación.

Al igual que la caja de conversión en patrón oro, el BCRA funcionaba como una caja de conversión, pero en lugar de ser convertible a oro fue a dólares, porque la sociedad simplemente eligió la divisa. Es refugio de valor y cada vez es más medio de cambio ampliamente aceptado, en tanto que el peso, devaluado sistemáticamente, es despreciado por la gente, y prácticamente se lo toma como unidad de cuenta.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRA y del mercadoFuente: Elaboración propia con datos del BCRA y del mercado

Si se mira la serie de brecha cambiaria entre la cotización del dólar oficial y el blue, se aprecian cuatro picos en el último medio siglo.

El punto máximo se produce al finalizar la denominada “inflación cero” de José Ber Gelbard, que desembocó en el “rodrigazo” en 1975; luego se encuentra otro en 1982, al finalizar la Guerra de Malvinas; y el tercero en marzo de 1989 después del estallido del Plan Primavera en febrero de 1989 y la entrada en la hiperinflación.

Sin embargo, hubo un pico más alto que en la hiperinflación de 1989, que fue en julio2022 cuando la brecha llegó al 115%, con lo cual ese dato ubicaría a brecha cambiaria de este gobierno en el tercer lugar más alto del último medio siglo.

En síntesis, la salida de convertibilidad no trajo tipos de cambio reales más altos. Por el contrario, derivó en una brecha cambiaria que se amplió a una de las mayores en medio siglo de economía argentina, las exportaciones se estancaron en volumen desde 2004; la actividad agregada no crece desde desde 2011 y la pobreza está llegando a los mismos niveles de comienzo de siglo.

El gobierno peronista con predominio kirchnerista ha sido letal para la economía argentina, porque confirmó que el problema del país no fue tanto la falta de una adecuada regla monetaria, sino el populismo que arrasa con el orden jurídico. Y sin reglas de juego estables y donde impera la arbitrariedad, el resultado es más pobreza.

Quienes creyeron que con salir de la convertibilidad iba a venir la prosperidad a la Argentina se equivocaron fiero, porque dio rienda suelta al populismo más exacerbado que terminó destruyendo la capacidad productiva del país y creando una mayor legión de pobres e indigentes.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La inflación distorsiona todas las cuentas, los déficit fiscal y cuasifiscal

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 26/11/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/11/26/la-inflacion-distorsiona-todas-las-cuentas-los-deficit-fiscal-y-cuasifiscal/

La economía enfrenta las consecuencias de la carencia de una contabilidad integrada entre lo monetario y las finanzas públicas

Diferentes analistas están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución (Reuters)

Diferentes analistas están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución (Reuters)

Desde hace más de 40 años, el economista Ricardo Arriazu viene explicando la urgencia de disponer de una contabilidad integrada, inclusiva de los impactos monetarios, de la cuentas externas y resultados patrimoniales.

No obstante, diferentes analistas se focalizan en aspectos parciales y están advirtiendo sobre los potenciales riesgos del crecimiento de los instrumentos de deuda del Banco Central (la “explosión” de las Leliqs) y los déficits ocultos en el balance de esa institución por los intereses que se pagan por esa deuda (déficit cuasi fiscal). Miradas incompletas que urge integrarlas.

En 1982, en un trabajo con Alfredo Leone y Ricardo López Murphy, examinaron el tema de los “déficits ocultos”, las sorpresas de registrar deudas sin exponer los desequilibrios que las originaron (ocurre ahora con las pérdidas del dólar soja).

Para obtener datos más valiosos, se necesita consolidar los estados contables de las diferentes instituciones del sector público y una medición en tres unidades de cuenta distintas: valores corrientes (para visualizar los efectos monetarios), en dólares (para estimar el impacto en las cuentas externas) y en moneda constante (para medir su impacto patrimonial).

Los valores nominales del balance del Banco Central parecerían mostrar que las advertencias son válidas; al 7 de noviembre el valor del stock total de esos instrumentos era de $9,2 billones (con un crecimiento de $4,2 billones en el año) y los intereses devengados se elevaron a $2,4 billones (por el crecimiento de la deuda y de la tasa de interés).

Cuando se comparan esos pagos de intereses con el resultado primario del sector público nacional (cerca de 1 billón en 10 meses) parecería que el déficit del BCRA es 2,5 veces más grande que el déficit primario reportado.

(Foto: Franco Fafasuli)(Foto: Franco Fafasuli)

No obstante, la realidad es más compleja. La variación del patrimonio neto nominal del BCRA durante este período fue positiva en $879 mil millones, lo que implica que las alarmas dejan de lado el hecho que la entidad también tiene activos que devengan intereses y actualizaciones. Por lo tanto, la discusión debe incorporar el verdadero valor del debe y el haber de la hoja de balance.

Al mismo tiempo, la inflación distorsiona todas las mediciones. Medidos en valores de hoy el stock de esos instrumentos de deuda solo creció $186 mil millones, y la tasa implícita de interés sobre la deuda promedio fue el 37,4% (muy inferior a la tasa de inflación).

Adicionalmente, el Banco Central se benefició del impuesto inflacionario (la base monetaria cayó 2,2 billones en moneda constante). Claramente, el monto de los intereses está distorsionado por la tasa de inflación.

Hasta aquí parecería que en moneda constante el problema no fuese importante; sin embargo, el ítem más relevante en el activo son las tenencias de títulos públicos ($12,1 billones, con un crecimiento de $5,4 billones en el año), y aquí aparece el primer problema: estos títulos devengan un ajuste similar a la tasa de inflación y gran parte de la mejora patrimonial del Banco Central está asociado a esa suba de valor, mientras que el Tesoro trabaja en base caja (existe un balance devengado que nadie utiliza) y no contabiliza como gasto la suba del valor de la deuda hasta que se paga el bono.

En otras palabras, el que oscurece el déficit es la Administración Central.

Brechas nominales y reales

La inflación también afecta las cuentas del Tesoro, y no sólo por los conocidos rezagos en los ingresos y en los gastos. Si la deuda pública fuera el 50% de un PBI de 100 pesos, con una tasa de interés real del 5%. Sin inflación, el pago de intereses sería el 2,5% del PBI-, pero con inflación del 100% la tasa nominal se elevaría al 105%, el pago de intereses sería de $52,5, lo que representaría el 26,25% del PBI. Al igual que en el sector privado, en un contexto de alta inflación, los balances nominales pierden sentido.

La mayor parte de la deuda pública está dolarizada, atada al dólar, o a la tasa de inflación, en parte a decisión de los acreedores. Pero el resultado fiscal no incluye los incrementos en el valor de ese pasivo, distorsionando aún más las cifras fiscales.

Por último, el supuesto “beneficio” del Banco Central al “licuar” su deuda con la inflación es justamente el impacto de la emisión que se desea evitar. Por ello, lo importante es medir cuales son los desequilibrios que contribuyen a la inflación. La única manera de medir estos desequilibrios es cuantificando el “déficit consolidado de inflación cero”, es decir consolidando los balances devengados de ambas instituciones, eliminando los efectos de la inflación sobre las cuentas. No es un cálculo sencillo, pero Ricardo Arriazu arriesga a que es mayor que el actual déficit primario del Tesoro, pero mucho menor que el que resultaría de adicionar al déficit del Tesoro los intereses de la deuda del BCRA.

Todas estas distorsiones se evitarían suprimiendo la inflación. Para eso, la condición necesaria es eliminar la emisión de pesos no demandada.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE. Sigue a @blascogar