Insoportable desigualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 24/2/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/insoportable-desigualdad/

 

Casi diez euros me costó El insoportable coste de la desigualdad, un libro publicado por RBA dentro de una colección titulada “Los retos de la economía”, nada menos. Escrito por el doctor Jordi Guilera Rafecas, de la Universidad de Lisboa, es una sarta de tópicos, con el objetivo de probar que la desigualdad es la fuente de todos los males, incluida las guerras, lo que no se demuestra en absoluto.

Parece que “la riqueza no se distribuyó de forma equitativa”, como si tuviera que hacerlo no se sabe por qué razón. El autor no lo explica. De hecho, ni se pregunta por qué nada se distribuye de forma equitativa, si por ello entendemos…¿qué? Tampoco queda claro, pero si suponemos que eso significa igualitario, pues no hay nada que se reparta de manera igualitaria. Si lo hubiera pensado, habría llegado a la incómoda conclusión de que la riqueza en realidad se distribuye más igualitariamente que el talento o la belleza.

Naturalmente, era malísimo el siglo XIX, porque los niños trabajaban. Naturalmente, el autor no pierde ni un segundo en explicar qué cosa hacían los niños antes. Es decir, la vieja fábula socialista que sitúa en las instituciones de la libertad la única razón de todo lo que no está bien. Antes era el capitalismo, pero desde la caída del Muro de Berlín arremeten con otras fantasías, como el camelo de la desigualdad. De hecho, tiene la osadía de decir que la Revolución Rusa fue producto de…la desigualdad (p. 49).

No se atreve a decir que en el comunismo hubo libertad, eso sería demasiado. Pero, asombrosamente, insiste en que el comunismo, bajo cuyo yugo criminal millones de trabajadores murieron de hambre, tuvo “logros de signo económico…gran crecimiento …la economía soviética creció a gran ritmo”. Al final dice que, bueno, el comunismo no fue un gran éxito, pero se apresura a añadir que el capitalismo tampoco, así que ambos están a la par.

Los disparates no tienen límite: dice seriamente que la inflación es mala para las clases altas (p. 70): podría preguntar en mi Argentina natal. Sugiere que la desigualdad aumenta en el mundo, cuando lo cierto es lo contrario, como probó Xavier Sala-i-Martín. Repite los dogmas al uso, como lo diabólica que es la “austeridad” y la “erosión del Estado de bienestar”. No les preguntó nada a los contribuyentes, por si acaso.

Pretendiendo rigor científico, se hace un verdadero lío: “un fuerte crecimiento económico que dejara la distribución de la renta tal cual no modificaría la magnitud de la pobreza”. O esta perla: “las matemáticas demuestran que es imposible rebajar la pobreza sin reducir la desigualdad”. Las matemáticas, oiga.

Y, como siempre, todo se arregla violando los derechos humanos, pero, eso sí, sólo de una minoría de indeseables: “la pobreza se acabaría si se expropiara a un máximo del 0,45 % de la población”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

¿Hay que preocuparse por el déficit comercial?

Por Iván Carrino. Publicado el 26/2/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1987744-hay-que-preocuparse-por-el-deficit-comercial

 

-Donald Trump está preocupado por el déficit comercialcon México. ¿Tiene razón?

-El déficit de Estados Unidos con México en 2016 fue de casi US$ 60.000 millones y para el presidente norteamericano esto demuestra que el acuerdo de libre comercio entre los dos países “benefició a un solo lado”. Sin embargo, Trump se equivoca y, en este tema, su pensamiento atrasa 241 años. Es que en 1776, Adam Smith publicó La riqueza de las Naciones, donde rechazó los argumentos de los mercantilistas, que buscaban tener una balanza comercial positiva. Para Smith, este argumento era “sofista”, porque suponía que “aumentar la cantidad de metales preciosos requería más la atención del gobierno que preservar o aumentar la cantidad de cualquier otra mercancía útil que la libertad de comercio, sin tal atención, nunca no suministra en la cantidad adecuada”. Según el pensador escocés, el dólar es un bien más de la economía y es la oferta y la demanda del mercado la que determina su cantidad.

-¿No hay que preocuparse por el saldo de la balanza comercial?

-No realmente. Cuando un país tiene déficit comercial y “pierde dólares”, eso muestra que los ciudadanos en ese país tienen más dólares de los que demandan y que, por ello, deciden canjearlos por bienes y servicios en el mercado internacional. Concentrarse en el dinero que queda en México o en Estados Unidos es mirar un solo lado de la transacción. Del otro lado hay bienes y servicios y el comercio genera beneficios para ambas partes. En nuestros hogares, todos los años tenemos un déficit comercial con el supermercado. Le damos más dinero del que él nos da a nosotros. Sin embargo, a cambio de nuestro dinero recibimos los bienes que deseamos para vivir.

-¿Cómo está la Argentina con este tema?

-La Argentina tuvo un superávit comercial en 2016, pero con datos mixtos. Por el lado negativo, nuestras importaciones cayeron cerca de 7% anual, reflejando la recesión. Por el lado positivo, nuestras exportaciones avanzaron por primera vez en 5 años gracias al fin del cepo y las retenciones. Lo que verdaderamente importa para analizar una economía, en realidad, es el valor total del comercio. Es decir, la suma de las importaciones y exportaciones. En ese rubro, EE.UU. es el campeón mundial, ya que exporta e importa bienes y servicios por un valor total de US$ 5 billones. Le siguen China, Alemania, Inglaterra, Japón, Francia, Holanda, Hong Kong e Italia. O sea -salvo China- nada menos que las economías más desarrolladas y prósperas del mundo. Es una muestra más de que el comercio genera riqueza y que nosotros tenemos mucho camino por recorrer en este sentido.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Sobre las “redes” sociales

Por Gabriel Boragina Publicado  el 26/2/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/02/sobre-las-redes-sociales.html

 

Leo y escucho muy a menudo sobre el “enorme poder de las redes sociales”, y relativo a su supuesta superioridad referente a los medios masivos y tradicionales de comunicaciones. Parece que se quiere transmitir la idea de que la gente -a través de las “redes”- está por encima de los medios (TV, radio, periódicos) y que ejercería una especie de control y hasta de influencia sobre los contenidos de tales medios superpuesto al accionar de los políticos y de la política en general.

Mi propia experiencia en las “redes” sociales me permite atestiguar exactamente lo contrario. Se exagera notablemente su importancia.

Comencemos con una aclaración de orden terminológico y de no menor relevancia.

En la jerga habitual, se suele diferenciar entre “redes” y “medios”. Donde los “medios” vendrían a ser la TV, la radio y los periódicos, en tanto las “redes” serian sitios como Twitter, Facebook, LinkedIn, instagram, etc.

La diferenciación pretendida nos parece del todo absurda, porque -en última instancia- todos ellos son medios de comunicación, ya que en todos, sin excepción, la gente se comunica una con otra.

Luego, si me detengo a analizar los contenidos de las “redes” en las que habitualmente interactúo (Twitter, LinkedIn y Facebook, en este mismo orden) puedo observar que más del 80% de las intervenciones (tweets, mensajes, comentarios, etc.) giran en torno al material proveniente de los medios tradicionales de información (TV, radio, periódicos). Es decir, la gente que normalmente participa en las “redes”, sigue dependiendo -como antes- de lo que se muestra por TV, se escucha en la radio o se publica en los diarios. Básicamente, este es el material que se difunde y circula por las “redes”. Suficiente como para demostrarme la falsedad del supuesto “dominio” o “poder” de las “redes” por arriba de los medios tradicionales (TV, radio, periódicos).

Entonces, ¿qué se comenta en las “redes” sociales? ¡Lo que aparece en TV, radio y diarios! ¿Dónde le parece al lector que se encuentra el poder real?

La gente -en las “redes”- difunde (y depende de) lo que se publica en tales medios, y toda su “originalidad” se limita a aprobar o censurar lo que un personaje de la farándula, la política, el deporte, etc. dijo o hizo por TV, radio, o declaró ante un periodista de algún matutino o vespertino de gran circulación.

Basta echar una somera ojeada a los famosos TT (trending topics) para ver que los temas que dominan son los de los programas televisivos de mayor televidencia, preponderantemente las transmisiones de deportes, noticias, política, policiales, entretenimientos o espectáculos, donde el común denominador es que todos ellos se transmiten por TV, previa o simultáneamente a su comentario en las “redes”.

Poco importa que los programas de TV puedan verse por Internet. El punto es que el poder sigue estando en la TV y no en las “redes” como se arguye con tanto ruido y tan livianamente.

La única novedad que aportan las “redes” -desde mi humilde punto de vista- es que, antes de su aparición, uno se quejaba o celebraba en privado, (con la familia, los amigos, o en su lugar de trabajo, o de estudios) lo que veía o escuchaba en la TV, radio o leía en los periódicos. La irrupción de las “redes” sólo ha extendido ese círculo hacia personas que están mucho más allá de esos límites.

Gentes que no nos conocen ni conocemos personalmente pueden leer, ver o escuchar a distancia lo que decimos concerniente a ciertos temas. Pero el punto de la cuestión es ese tan cacareado y pretendido “poder” de las “redes” “por encima” de los medios masivos y tradicionales de comunicación y en relación a sus contenidos. El que, en mi opinión, es no otra cosa que un mito. Es muy cierto que las “redes” amplían considerablemente el ámbito de la queja o la aprobación de la gente, pero (y este es el núcleo central de mi tesis) la fuente de información de la gente que interactúa en las “redes” siguen siendo la TV, la radio y los diarios. Esto no fue cambiado (como tanto se afirma) por la irrupción de las “redes”. Ergo, no hay tal “fenómeno”, ni -mucho menos- “revolución” como arriesgadamente se ha llegado a decir. Simplemente, hoy en día, la información corre más rápido y llega a más gente. Eso es todo. La mentalidad de esa gente sigue siendo la misma, y no veo que haya sido modificada por ninguna “revolución” de las “redes”.

Volviendo al tema del poder y control político que hipotéticamente las “redes” tendrían superpuesto a medios y gobiernos (como con insistencia se ha llegado a aseverar), por idénticas razones no se trata más que de otro mito. La información es más veloz gracias a las “redes”, pero también es mas heterogénea, lo que impide que las “redes” -en sí mismas- constituyan una fuente o bloque de poder unidireccional y desmitifica su supuesta condición de “quinto poder” por sobrepuesto de los poderes tradicionales (ejecutivo, legislativo, judicial y prensa). En el mejor de los casos, formarían parte de ese “cuarto poder”, pero -por el momento- se mantienen claramente independientes del mismo y lejos de constituir un “poder”.

La presencia de los medios tradicionales y políticos en esas mismas “redes” relativiza el supuesto “poder popular” que anidaría en estas. Y contribuye a una mayor heterogeneidad de contenidos.

En tanto, el material de baja calidad es abundante (y responde a los valores convencionales de la comunidad de que se trate) mientras que el de alta es más bien escaso.

En general, y hasta aquí, de acuerdo a lo observado, las “redes” son un excelente medio para el pataleo y exhibicionismo individual, y hacerlo conocer a un público que mayoritariamente se desconoce. Esto, al menos, en cuanto a su aspecto “social” (no comercial o de negocios).

Del lado positivo, las “redes” -en cambio- son oportunidades para el mundo de los negocios y el comercio en general, y en este sentido, son bienvenidas, y pueden llegar a ser muy provechosas, precisamente por su masividad a nivel comercial y empresarial. Aunque no todas las “redes” apuntan en este sentido. Las hay más profesionales y empresariales -como LinkedIn- y otras más populares y mas masivas (los casos de Twitter, Facebook, etc.) que son poco útiles en este último cometido.

Lamentablemente, en general, el potencial en materia de negocios de las “redes” está muy poco y pobremente explotado aun hoy día.

En los demás, y en especial en el campo de las interacciones sociales, la fuente primaria de información masiva y -lamentablemente- en muchos casos de “formación” siguen siendo los mass media (TV, radio y periódicos). No parece vislumbrarse cercana la época en que sea diferente.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¿DEBEMOS LOS CATÓLICOS FESTEJAR LOS 500 AÑOS DE LA REFORMA?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/2/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/02/debemos-los-catolicos-festejar-los-500.html

 

Hay acolarados debates hoy en los católicos sobre si debemos o no festejar junto con nuestros hermanos protestantes los 500 años de la Reforma.

En realidad habría que ajustar bien los términos. La reforma de ciertos usos y costumbres de la Iglesia, que nada tenían que ver con ella, había comenzado con San Francisco y Santo Domingo en el s. XII y se había continuado con el movimiento humanista católico de los s. XIV y XV que reaccionaban ya contra , contra un aristotelismo muy poco cristiano y contra un semi-pelagianismo como tentación permanente en la ascética católica.

Por lo tanto había mucho por lo que “protestar”, y era justo. El caso Lutero fue mal llevado. Si un Ratzinger hubiera sido Papa entonces, en 1516 lo habría invitado a cenar y Lutero habría quedado como mucho como otro audaz Erasmo de Rotterdam.

¿Cómo puede ser que nos hayamos dividido por el tema de la Fe y las obras? Es obvio que ningún esfuerzo humano puede conseguir la Gracia de Dios. Es obvio que la Gracia es la causa, y no el efecto, de las obras meritorias. Y con las buenas obras que no lo sean, pues quedan en el misterio de la misericordia de Dios. Y el libre albedrío, en el caso de la Gracia, no es una preparación humana para recibirla, porque ello viene de la Gracia también. Es un dramático “no” reservado esta vez sí a lo solamente humano.

Por ende no hay motivos teológicos de fondo que dividan a los católicos y a los protestantes. Fue un espantoso malentendido que aún estamos a tiempo de reparar.

Festejar una división, en tanto separación, no, porque las discordias, las condenas, recelos, odios y guerras espantosas entre católicos y protestantes no se festejan de ningún modo. Pero si los protestantes conmemoran su reforma luego de 500 años, estar junto con ellos no es festejar una división. Es un gesto que les dice: no había motivos para la separación. Podemos estar juntos de vuelta. ¿Que sería un milagro? ¿Ah si? ¿Y qué es, si no, la Gracia de Dios?

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Optimismo y noticias que no se comentan: el capitalismo derrotó el pesimismo Malthusiano y las hambrunas

Por Martín Krause. Publicada el 23/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-noticias-no-se-comentan-capitalismo-derroto-pesimismo-malthusiano-las-hambrunas/

 

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“Cosechas fracasadas no eran poco comunes en Suecia. Una sola hambruna, entre 1695 y 1697, causó la muerte de una en quince personas, y hay referencias a canibalismo en los relatos orales. Sin maquinarias, almacenaje frío, irrigación o fertilizante artificial, los fracasos de cosechas eran siempre una amenaza, y en ausencia de comunicaciones modernas y transporte, una cosecha fallida a menuda significaba hambruna”.

“Las hambrunas eran universales, un fenómeno regular, que sucedía tan regularmente en Europa que se había incorporado en el régimen biológico del ser humano y formaba parte de su vida diaria, según el historiador francés Fernand Braudel. Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió 26 hambrunas nacionales en el siglo XI, dos en el XII, cuatro en el XIV, siete en el XV, trece en el XVI, once en el XVII y dieciséis en el XVIII. En cada siglo hubo también cientos de hambrunas locales”

Por eso Malthus decía:

“El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para producir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura debe de alguna forma visitar a la naturaleza humana. Los vicios de la humanidad [infanticidio, aborto, contracepción] son activos y eficientes instrumentos de la despoblación. Son los grandes precursores en el gran ejército de la destrucción, y a menudo completan el trabajo ellos mismos. Pero si fracasaran en esta guerra de exterminio, pestes, epidemias, pestilencias, y plagas, avanzas en terrífica amplitud, y barre de a miles o decenas de miles. Y si el éxito fuera aún incompleto la inevitable hambruna gigante aparece por detrás, y con un gran y poderoso golpe, nivela a la población con los alimentos del mundo”.

Malthus describía acertadamente la situación de la humanidad. Pero subestimó su capacidad para innovar, para resolver problemas y cambiar sus usos cuando las ideas del Iluminismo y las mayores libertades le dieron una oportunidad a la gente de hacerlo. A medida que los campesinos obtuvieron derechos de propiedad, tuvieron un incentivo para producir más. A medida que se abrieron las fronteras al comercio internacional, las regiones comenzaron a especializarse en el tipo de producción apropiado para aprovechar esas oportunidades. Aun cuando la población crecía rápidamente, la oferta de alimentos crecía más rápido. El consumo per cápita en Francia e Inglaterra aumentó de alrededor de 1700-2200 calorías a mediados del siglo XVIII a 2500-2800 en 1850. Las hambrunas comenzaron a desaparecer. Suecia fue declarada libre del hambre crónica a comienzos del siglo XX.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Chantaje y balance comercial

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 22/2/17 en El Cronista Comercial.

 

Resulta increíble que se repitan los mismos errores una y otra vez, en verdad harta tal como lo haría el observar una misma calesita toda la vida.

Uno de los ministerios creados por este gobierno, el Ministerio de la Producción, cuyo nombre preanuncia problemas en la producción como si ésta necesitara del aparato estatal para concretarse (del mismo modo que el ministerio de bienestar social asegura malestar), ahora reitera la estrategia de Martínez de Hoz y tantos otros gobernantes: si los empresarios no bajan los precios se amenaza con liberar la importación del producto en cuestión para que la competencia los haga bajar.

Pero ¿no se percatan las autoridades, por una parte, que abrir el comercio es un requisito para mejorar el nivel de vida de la gente en toda circunstancia y, por otra, esta técnica del chantaje genera un sistema arancelario en serrucho que perjudica gravemente la producción local ya que se traduce en cuellos de botella insalvables entre los insumos y los productos finales?

No habla muy bien de mi capacidad didáctica el confesar que el ministro de Producción fue alumno mío en una maestría. Aunque para ser benévolo conmigo mismo tal vez pueda decirse que no es un tema de claridad sino de desacuerdo con los postulados básicos de la economía en lo que respecta al ministro en cuestión.
También nos preocupan otras manifestaciones respecto al cuidado que habría que tener con el comercio exterior dada la espada de Damocles que pende sobre el riesgo de balanzas comerciales desfavorables, lo mismo que acaba de decir Donald Trump en Estados Unidos en el contexto de sus trifulcas con México y China.

Pero en una sociedad abierta es irrelevante la balanza comercial, lo clave es la balanza de pagos que no hay modo de desequilibrarla puesto que las cuentas de importaciones y las exportaciones se compensan con el movimiento de capital.

Más aun, como han escrito autores como Jacques Rueff, es muy común que países de gran progreso muestren balances comerciales considerados muy desfavorables puesto que reciben grandes dosis de capital, mientras que otros países pobres reflejan balances comerciales que se estiman muy favorables.

Por su parte, Frédéric Bastiat ejemplificaba con un productor de vino francés que exportó por valor de 100 y lo malvendió en Inglaterra e ingresó consecuentemente a Francia el producido de ese mal negocio por valor de 50. En la aduana lo alabaron porque contribuyó a que el país contabilizara una balanza comercial favorable. Otro compatriota productor de vinos, también exportó por 100 pero pudo realizar jugosos negocios en tierras inglesas por lo que ingresó 500 como importación, lo cual fue tomado con desagrado por los agentes aduaneros ya que contribuyó a provocar un balance comercial negativo.

Por más que éstas políticas se lleven a cabo con buenas intenciones como es el caso local (Trump por el momento es impredecible), perjudican mucho a la gente.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Mucho, poquito o nada

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 7/2/17 en: https://www.elcato.org/mucho-poquito-o-nada?utm_content=buffer780a5&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

No se trata de deshojar la margarita sino de analizar la ecuación fiscal argentina, sin dudas nuestro principal problema.

Podemos hacer una matriz de la cual obtenemos las combinaciones posibles entre exacción fiscal y prestación del gasto público. Analizaremos tres opciones.

Puede haber países donde el Estado extrae “mucho” (presiones tributarias superiores al 45%) pero a la vez la prestación es satisfactoria para la población.

Podría ser el mentado caso de los países escandinavos donde la presión tributaria es elevada (aunque con tendencia decreciente) y la prestación es elevada, pese a que en los últimos años se está discutiendo cada vez más el estado de bienestar.

Cabe destacar que esta ecuación de “mucho–mucho” fue una consecuencia y no una causa del progreso de dichos países. Noruega, Suecia y Finlandia han tenido un marcado desarrollo capitalista privado (básicamente por su seguridad jurídica) previo al crecimiento del estado.

Otra combinación puede ser “poquito-poquito” es decir países donde el Estado está casi ausente, ni cobra impuestos ni ofrece absolutamente nada. Somalia y otros estados fallidos pueden ser un buen ejemplo. Nada por nada. Ni se cobran impuestos ni el Estado ofrece las mínimas garantías de progreso. Ni se respeta la propiedad ni se ofrecen servicios sociales básicos.

Por último podemos ver el caso argentino. “Mucho por nada”. Esa es nuestra ecuación fiscal. Muchos impuestos y casi ninguna contraprestación. Cada mes una PyME tiene once vencimientos impositivos en veinte días hábiles. Más de un impuesto cada dos días. ¿A cambio de qué?

Argentina es una economía de permisos. El Estado obliga a todas las empresas e individuos a pedir permiso mediante costosos trámites para ejercer una libertad que es previa, incluso, a la existencia del estado. La Constitución Nacional es violada de punta a punta. Es el Estado el que debe pedir permiso a los ciudadanos y no al revés. La hemos leído mal y lo que es peor, la enseñamos mal en las escuelas. Todo para crear nuevos agentes tributarios.

El Estado argentino en sus tres niveles cobra impuestos escandinavos cercanos al 45% de en relación al PIB y ofrece bien poco en materia de seguridad jurídica, protección de derechos y ni hablar de prestaciones básicas de servicios públicos.

Un estudio del IERAL muestra que la sumatoria de las tasas “legales” de impuestos (de las tres jurisdicciones) son superiores a las de Noruega. No tiene sentido destacar las características de la prestación de servicios públicos por parte del Estado argentino en sus tres niveles. Basta decir que la desconfianza en la justicia es tal que los únicos delitos que se denuncian son los que tienen que ver con el cobro de seguros y los homicidios. En materia de robo a la propiedad, la gente denuncia no para buscar justicia porque sabe que no va llegar sino como un trámite obligatorio para las aseguradoras.

Para el resto de los servicios públicos es creciente la participación de la oferta privada aunque regulada e ineficaz.

De esta manera el contribuyente financia dos “gastos públicos”: el oficial que no usa y el privado que prefiere. Así, la educación, salud y seguridad privada están sustituyendo a la pobre oferta pública.

El Estado, aún en la actual administración, poco aporta para tornarse atractivo. Toda vez que las iniciativas públicas tienen ante todo un prioritario objetivo recaudatorio. (Ejemplo, las multas de tránsito y el estacionamiento público). El Estado argentino es caro y no ofrece nada atractivo a cambio. Implica por tanto, la ecuación propicia para explicar una marginalidad tributaria cercana al 35-40% del PIB.

Quizás convenga repasar a Juan Bautista Say que en 1850 decía:

“Estado no es manco ni puede serlo. Tiene dos manos, una para recibir y otra para dar, dicho de otro modo, la mano ruda y la mano dulce. La actividad de la segunda está necesariamente subordinada a la actividad de la primera. En rigor, el Estado puede tomar y no dar. Esto se observa y se explica por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que ellas tocan. Pero lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado”.

Sugiero releer los dos últimos renglones. “lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado”.

La quimera argentina de un Estado megalómano y que no nos cueste nada, no sólo es inmoral y antieconómica, es impensable.

Estamos viendo si debatimos una reforma tributaria. El ministro Dujovne y el equipo económico actúa como si tuviera tiempo. Grosero error.

Argentina debe replantear con urgencia la ecuación fiscal, cuánto nos saca el Estado y qué es lo que debe darnos. No hay mucho tiempo para actuar y decidir. La africanización de la economía argentina crece a un ritmo mayor que la desafricanización de África. Más pronto que tarde quizás algún distraído nos confunda en un fraternal abrazo.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.