Monthly Archives: enero 2013

Combatir la corrupción no es suficiente, hay que mejorar las instituciones

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/1/13 en http://economiaparatodos.net/combatir-la-corrupcion-no-es-suficiente-hay-que-mejorar-las-instituciones/

 En Argentina la sensación de corrupción por parte de la clase política no es nueva. El gobierno actual no se caracteriza por ser una excepción, sería interminable enumerar los casos de la época K sospechados de corrupción que aún carecen de explicación.

Si bien es innegable que la corrupción es un mal y ciertamente no es deseable, el grado de corrupción que se percibe en los últimos años puede generar la errónea ilusión que lo único que hace falta para arreglar los males del país es combatir este problema cuando el problema es más profundo, es institucional.

Supongamos que avanzamos en el tiempo hasta las elecciones presidenciales. El candidato del oficialismo pierde abrumadoramente las elecciones frente a un opositor cuya promesa electoral consiste en mantener las políticas económicas y sociales Kirchneristas intactas pero con la promesa creíble de que no va a tolerar ningún caso de corrupción por parte de su gabinete ni subordinados. Supongamos, además, que efectivamente lleva a cabo esta sorprendente promesa y se transforma en uno de los gobiernos más transparentes y creíbles que ha tenido el país, quizás en toda su historia, pero no se mueve un ápice del proyecto económico y social K. ¿Qué sucederá con la economía y el desarrollo del país?

Seguramente se percibirán algunos cambios marginales, pero los problemas estructurales de fondo no van a cambiar si se persiste con un cierre virtual a las importaciones, con un cepo cambiario acompañado de una galopante inflación, con una presión tributaria como la actual y con una sistema de coparticipación que da lugar a demasiadas travesuras políticas. ¿Qué decisiones de inversión se van a ver modificadas en este contexto, donde los precios se mantienen regulados, no se pueden girar divisas ni ahorrar en una moneda fuerte?

El nuevo presidente puede cantar poemas de amor a la prensa en sus cadenas nacionales semanales, pero su manifestación de amor incondicional en la pantalla de TV no va a tener ningún efecto si hay un manejo discrecional de la pauta oficial, no se habla con la prensa, se amenaza con expropiar Papel Prensa y cerrar la importación de papel para diario, no se puede acceder a informes públicos y no se puede hablar de números no oficiales de inflación por que el presidente mantiene la política de persecución al que cometa el pecado mortal de pensar distinto y expresarse públicamente.

El hecho que se discuta el problema de la corrupción por encima de las instituciones es un síntoma de dos serios problemas. En primer lugar, lo atrasado que se encuentra el país en cuestiones institucionales y de cultura política. ¿Alguien se imagina al Gobierno K en alguno de los países con el que les gusta compararse, como Alemania, Austria, Nueva Zelanda, etc? No hace falta referirse a los peyorativamente llamados “capitalistas salvajes” de Estados Unidos o Inglaterra, basta mirarse al espejo de países “social demócratas” con fuerte énfasis en un estado de bienestar. Quizás podamos imaginar un gobierno como el K en Vietnam, recientemente visitado por Cristina Kirchner, pero no en Japón. Las diferencias en desarrollo y calidad de vida no son accidentales.

En segundo lugar, muestra que la discusión sobre el post-Kirchnerismo está planteada en el plano equivocado. La corrupción y los modales de los funcionarios públicos no deberían ni ser objeto de discusión Lo que debería discutirse es la inconsistencia de querer ser Corea del Sur aplicando las instituciones de Corea del Norte, querer ser Japón emocionándose con Vietnam. Querer instituciones firmes pero hacer la vista gorda a las reformas necesarias para evitar un presidencialismo con desequilibrio de poder. Hablar de democracia pero tener un sistema que depende de unas pocas personas y no de las instituciones del país.

Estos no son temas menores para una oposición que debe considerar al post-Kirchnerismo a la vuelta de la esquina. Una dirigencia política y un país que no se atreve a pensar distinto es incapaz de cambiar su rumbo, y la brújula del rumbo desde que Nestor Kirchner asumió al poder apunta más hacia un país autoritario con pocas libertades que a uno republicano con libertades individuales. Lo que quizás no era tan fácil de ver al principio de la época K debería, a esta altura, ser bastante evidente.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

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El peculiar caso de Kant

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 24/1/13 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7643

Sin duda que los humanos nos equivocamos porque somos limitados e imperfectos. No escapamos a las contradicciones por más que no las detectemos en nosotros mismos (de lo contrario es de creer que las rectificaríamos). Nuestras corroboraciones son siempre provisorias sujetas a refutaciones. Estamos inmersos en un proceso evolutivo, estamos en ebullición sin posibilidad de llegar a una instancia definitiva. Nos encaminamos por un azaroso sendero de prueba y error. Cuando revisamos lo que hemos escrito nos percatamos que podríamos haber mejorado la marca.

Todo esto es cierto, pero el caso de Emanuel Kant es más bien asombroso. En Crítica a la razón pura apunta a las tres preguntas filosóficas de mayor calado: “la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios”, su “imperativo categórico” consiste en actuar “como si tu máxima se convierta en la ley universal” y ha contribuido a clarificar algunos entuertos en torno a los juicios analíticos y sintéticos, complicar otros planos como el idealismo y la percepción de las cosas y su curioso paradigma moral vinculado al “deber”.

En materia de los derechos individuales, sostiene que nadie debe ser tratado como medio para los fines de otros puesto que cada uno es un fin en si mismo y, en la misma línea argumental, como cita Bertrand Russell en su History of Western Civilization, Kant afirma su conocida sentencia en el sentido de que “no puede haber nada más horrendo que la acción de un hombre esté sujeta al deseo de otro”.

Pero aquí viene la sorpresa mayúscula: cual hobbesiano radical, escribe Kant en sus trabajos compilados bajo el título de Teoría y praxis que “toda oposición al poder legislativo supremo, toda sublevación que permita traducir en actos de descontento de los súbditos, todo levantamiento que estalle en rebelión es, en una comunidad, el crimen más grave y condenable, pues arruina el fundamente mismo de la comunidad. Y esta prohibición es incondicionada, hasta tal punto que cuando incluso ese poder o su agente, el jefe de Estado, han violado hasta el contrato originario y de ese modo se ha desposeído, a los ojos de los súbditos, del derecho a ser legisladores, puesto que autorizan al gobierno a proceder de manera absolutamente violenta (tiránica), sin embargo, al súbdito no le está permitida resistencia alguna en tanto contraviolencia”.

Y en lo que se ha publicado de Kant como Principios metafísicos de la doctrina del derecho, en un sentido contrario a lo que venía sosteniendo en largas y sesudas disquisiciones sobre la importancia de respetar el derecho de cada cual, hasta que en la Sección Primera de la Segunda Parte de la obra, súbitamente la emprende con conceptos a contramano de lo que venía diciendo -en una demostración de positivismo superlativo- al mantener que “el soberano no tiene hacia el súbdito más que derechos no deberes; por lo demás si el órgano del soberano, el gobernante, obrase contra las leyes, por ejemplo, en materia de impuestos […] No hay pues contra el poder legislativo, soberano de la cuidad ninguna resistencia legítima de parte del pueblo; porque un estado jurídico no es posible más que por la sumisión a la voluntad universal legislativa, ningún derecho de sedición (seditio), menos todavía de rebelión (rebellio) pertenece a todos contra él como persona singular o individual (el monarca), bajo pretexto de que abusa de su poder ( tyrannus)”.

No nos explicamos una contradicción más flagrante. En La paz perpetua Kant, dice que entiende “la política como aplicación del derecho y la moral” y critica la “constitución no republicana” en la que “el jefe del Estado no es un conciudadano sino un amo y la guerra no perturba en lo más mínimo su vida regalada que transcurre en banquetes, cazas y castillos placenteros. La guerra para él es una especie de diversión”. Y en este libro de 1795, hasta en concordancia con lo consignado por los Padres Fundadores de Estados Unidos en Los Papeles Federalistas de 1787/88 (por ejemplo, en el No. XXV), propugna que “los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo” y “liberar al país de la pesadumbre de los gastos militares”, al tiempo que aconseja  que “no debe el Estado contraer deudas que tengan por objeto sostener su política exterior”.

¿Como compatibilizar semejante incoherencia? El esfuerzo humano en su pensamiento consiste en lograr archivos ordenados en su subconsciente al efecto de contar con la mayor consistencia posible, pero estos brincos no parece que provengan de un filósofo de fuste. Según algunos kantianos sus párrafos sobre filosofía política se deben a la censura cosa que es muy discutible por cierto (y, por otra parte, la eventual excusa no quita lo dicho).

Sabemos que Ludwig von Mises era partidario del servicio militar obligatorio, que Santo Tomás de Aquino patrocinaba la muerte para los herejes, que Murray Rothbard aprobaba el aborto voluntario, que Karl Popper suscribió la censura de la televisión, que John Stuart Mill dio pie para el redistribucionismo y tantos otros casos, pero el de Kant es distinto en el sentido que, dejando de lado sus elucubraciones sobre la metafísica (que finalmente también niega), sus aportes metodológicos en cuanto a los a priori y su especie de subjetivismo epistemológico contrario al realismo, sus reflexiones sobre la libertad pueden partirse en dos con largas disquisiciones en dos sentidos opuestos.

Como hemos subrayado al abrir esta nota, todos tenemos contradicciones debido a nuestra condición humana. Cuando expongo esto frente a mis alumnos invariablemente me preguntan cuales son las mías, a lo que respondo que si las pudiera identificar las corregiría como, por ejemplo, cuando gracias precisamente a varios de mis alumnos, he modificado mi posición frente a las drogas alucinógenas para usos no medicinales: con anterioridad era partidario de la prohibición.

En el caso de Kant resulta difícil hacer un balance para sacar una conclusión sobre el neto de sus contribuciones en la materia aludida. En otros casos como los autores citados, uno puede concluir sobre el mérito de sus trabajos dejando de lado ciertas incoherencias pero en los aportes kantianos no resulta fácil arribar a un balance que haga justicia, especialmente en lo referente a la libertad de las personas, como decimos, con tan enfáticas declaraciones en direcciones contrarias.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

El Banco Central emite barras de hielo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 31/1/13 en http://www.lanacion.com.ar/1550441-el-banco-central-emite-barras-de-hielo

Si en el Gobierno se tomaran el trabajo de leer algo de historia de la moneda, advertirían que la moneda no es un invento de los gobiernos ni de nadie en particular. Fue un descubrimiento de la gente.

¿Qué descubrió la gente? Que en vez hacer trueque, es decir, cambiar trigo por carne, era más conveniente utilizar alguna mercadería que fuera universalmente aceptada. Es decir, la gente descubrió los beneficios del intercambio indirecto utilizando alguna mercadería como medio de intercambio.

Ejemplo, si hoy hubiese trueque, un profesor de Historia tendría que encontrar a algún panadero que quisiera tomar clases de Historia para conseguir pan. Y aun encontrándolo, habría que ver cuánto pan tendría que entregarle a cambio de las clases de historia, que no son tan fraccionables como el kilo de ese producto.

Como escribí alguna vez, la moneda es como una autopista que permite agilizar las transacciones. El profesor de Historia le da clases a quienes desean saber sobre la disciplina, recibe como pago moneda y con ella compra la cantidad de pan que desea sin necesidad de buscar algún panadero que quiera tomar clases y le entregue 20 kilos de pan por las clases.

De manera que el primer dato a tener en cuenta es que la moneda no es un invento de los gobiernos sino que es un descubrimiento del mercado para agilizar las transacciones.

En segundo lugar, la moneda tiene que cumplir dos requisitos básicos: a) ser aceptada ampliamente como medio de intercambio y b) ser reserva de valor. Una barra de hielo o un helado de dulce de leche no servirían como reserva de valor. Se derriten rápidamente.

¿Qué ocurriría si la gente usara la barra de hielo como moneda? El que la recibe al final tendría mucho menos hielo que el que la recibió primero. Bien eso es lo que pasa con el peso. Se derrite como una barra de hielo por la emisión monetaria que genera el Banco Central. Por lo tanto, cuando el BCRA emite para financiar al tesoro, los primeros en recibir esos pesos todavía no sufrieron el impacto de la inflación, pero a medida que esos pesos van circulando los últimos en recibirlos pierden poder de compra. Si la barra de hielo pesaba 5 kilos, el que la recibe al final tiene una barra de hielo de 1 kilo y puede comprar menos que el que la recibió primero con los 5 kilos. Por eso el Gobierno se beneficia con la inflación durante un tiempo, aunque no lo diga. Porque es el que emite moneda en forma monopólica.

El ejemplo de la barra de hielo sirve para darse cuenta que la gente huiría de la barra de hielo antes que pierda peso. En economía eso se llama huir del dinero. La gente se saca de encima los pesos rápidamente porque sabe que si los conserva se derriten como una barra de hielo y podrá comprar menos bienes con el transcurso del tiempo.

Si en una economía se intentara usar las barras de hielo como moneda, al poco tiempo volverían al trueque porque no cumpliría con la función de reserva de valor. Y, al volver al trueque, la economía perdería productividad.

Eso es lo que está pasando con el peso. Es una barra de hielo que se derrite rápidamente, trabando las transacciones de largo plazo e impidiendo hacer cálculo económico (estimar la rentabilidad de una inversión).

Pero como tampoco sirve como reserva de valor para ahorrar, no hay crédito, siendo que el crédito es el ingreso no consumido. Cuando hay inflación , la gente ahorra en bienes que le permitan refugiarse de la inflación o en dólares , no ahorra en barras de hielo.

Al no haber crédito, no hay inversiones de largo plazo que permitan aumentar la productividad y la cantidad de puestos de trabajo, y la economía retrocede.

Mientras el Gobierno siga creyendo que pude emitir a tasas del 40% anual sin que nada pase, la situación tenderá a agravarse. Es más, mientras en el Gobierno crean que el ahorro se puede emitir, en vez de generar, el problema será cada vez mayor.

Por eso no debe sorprender que la economía argentina entre en un proceso de recesión con inflación. Podrán emitir todo lo que quieran, pero ya no van a reactivar la economía al estilo keynesiano porque la gente huye del peso. Solo generarán más inflación, mayor distorsión de precios relativos y más trabas al proceso económico, a pesar de la pesificación forzada que quisieron imponer.

 Claro que para tener de nuevo una moneda que agilice las transacciones al igual que una autopista agiliza el tránsito, primero la gente del Gobierno tiene que olvidarse del relato del mundo maravilloso que nos quieren vender y poner los pies sobre la tierra.

Si optan por seguir con el relato del modelo y negar la realidad, el efecto que causarán será el de poner la barra de hielo en la terraza del edificio con 45 grados de temperatura, es decir, acelerar la inflación, trabar la economía y hacer que el blue no tenga techo .

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Cepo al tipo de cambio y a la economía

Por Aldo Abram. Publicado el 23/1/13 en http://opinion.infobae.com/aldo-abram/2013/01/23/cepo-al-tipo-de-cambio-y-a-la-economia/

Cuando el gobierno dice que impuso el “corralito verde” para evitar devaluar, está cometiendo un grave error o engañando a la gente. Además, esta medida se transformará en un cepo que frenará la actividad económica.

El gobierno ha estado cubriendo sus excesos de gasto con una creciente transferencia de recursos desde el Banco Central. La autoridad monetaria no tiene capacidad de generar riqueza; por lo que, en su mayor medida, financia al Estado cobrándonos el famoso impuesto inflacionario.

No importa si lo que le transfiere al gobierno son divisas o pesos, en definitiva, a las primeras las tiene que adquirir emitiendo moneda local. Por lo tanto, cuando analizamos el incremento de la oferta monetaria de los últimos años, encontramos que el total se ha justificado en transferencias al Estado. Hay que tener en cuenta que el incremento del stock de pesos ha venido creciendo a porcentajes mayores al 35% e, incluso, al 40%. ¿Alguien puede creer que los argentinos necesitamos aumentar nuestras tenencias de pesos a semejantes tasas? Entonces, tienen una pista de por qué se ha depreciado nuestra moneda.

El peso es como cualquier bien. Tiene una demanda: nosotros (porque es medio de pago, reserva de valor y unidad de medida) y un oferente monopólico: el Banco Central. Si alguien produce más de un bien de lo que la gente demanda, el precio de ese bien caerá. El problema es que si hablamos de la moneda local, nos estamos refiriendo al metro con el cual valuamos todos los bienes y servicios de la economía. Por lo tanto, si su valor baja, el metro se está achicando y, por ende, todo lo que midamos con él aumentará su medida. Entonces, la inflación no es una suba generalizada de precios sino el achicamiento de nuestra unidad de cuenta.  Tengamos en cuenta que el peso también es el “metro” con el que medimos el valor de las monedas extranjeras. Por lo tanto, al depreciarse, vemos que el tipo de cambio sube.

El Banco Central ha estado cobrándonos un elevadísimo impuesto inflacionario para financiar al gobierno. Y de la misma forma que con la intervención del Indec oculta el reflejo de la verdadera depreciación del peso en el IPC, con el cepo evita mostrarla en el tipo de cambio oficial. El problema es que más allá de la alteración de las cifras gubernamentales, el peso sigue perdiendo valor.

Por lo tanto, la inflación es cada vez mayor y presiona en los costos de los empresarios. Sin embargo, el tipo de cambio oficial no refleja esa depreciación y, por ende, tampoco lo que cobran quienes fabrican bienes que compiten con similares del exterior. Es así como los sectores menos eficientes empiezan a sentir que pierden competitividad, quedan afuera del mercado y no pueden producir. Ya estuvimos viendo algo de esto durante 2012, en algunas economías regionales e industrias; pero podemos adelantar cómo seguirá la película mirando lo que pasa en Venezuela.

El “chavismo” impuso un cepo cambiario en 2003. A pesar de que devaluaron su moneda varias veces, y mucho, la necesidad de financiarse con impuesto inflacionario creciente (hasta 2011 fueron líderes en la región, en materia de inflación) implicó que el tipo de cambio real oficial cayera fuertemente. Es decir, lo que el gobierno reconoció de la pérdida de valor del bolívar, en el precio del dólar oficial, fue un porcentaje menor al real.

Por lo tanto, para los productores, los costos subieron por el ascensor, pero sus precios quedaron atados a un dólar oficial que lo hacía por la escalera. Si bien Venezuela fue siempre un gran exportador de hidrocarburos, el porcentaje de exportaciones no petroleras rondaba el 20%; pero, a partir de la vigencia del cepo, su participación se derrumbó hasta alcanzar el 5%.

Volvamos a la Argentina. Muchos se entusiasman con que el buen clima permita una buena cosecha gruesa y que el nivel de actividad de Brasil siga ganando en velocidad para que pueda incrementar su demanda por nuestros productos industriales. Ambas cosas deberían mejorar nuestras deprimidas exportaciones. Eso es cierto. Sin embargo, el problema es que el cepo se encargará de que el efecto sea coyuntural. No sólo porque nuestros empresarios manufactureros verán que les cuesta cada vez más competir con sus costos por la demanda brasileña sino porque tampoco nuestro agro saldrá indemne.

Tomemos el producto en el que somos más competitivos, la soja. Cuando el productor venda su próxima cosecha estará recibiendo bastante menos del 50% del valor real de su producto, descontado solamente la retención (en 2011, ese porcentaje fue de más del 60%). El cepo le reconocerá menos del 70% del verdadero valor en pesos del dólar, sobre un precio internacional que tuvo una quita previa del 35%. Por lo tanto, cuando analice el beneficio final del negocio y se dé cuenta de que este resultado tenderá a desmejorar mientras permanezca el cepo cambiario (en 2014, con suerte recibirá algo más de 40%), los que siembran en áreas marginales dejarán de hacerlo. Aquellos que lo hacen en la zona núcleo invertirán menos, debido a las previsibles menores ganancias. Por lo tanto, aun en la zona más productiva, los rendimientos bajarán.

En síntesis, si el efecto del cepo cambiario sobre el sector más eficiente de la economía local será desastroso, cabe imaginarse cuál será el impacto sobre los que no tienen la suerte de tener semejantes ventajas comparativas. No es difícil prever que la situación se volverá crítica para muchos exportadores y productores; por lo que el “corralito verde” será insostenible en el mediano plazo. Esto llevará a “megadevaluaciones” del tipo de cambio oficial y a una gran inestabilidad. Es decir, si tenemos la suerte de que el campo y Brasil nos regalen un “veranito” económico, disfrutémoslo.

Durante 2013, al impacto negativo del cepo, habrá que sumarle el enorme estrés político previsible para una elección legislativa donde el gobierno “irá por todo” (ya que considera que, si no hay reforma constitucional, se queda sin nada); por lo que aumentará la fuga de capitales y se retraerá el consumo y la inversión. Así, no es difícil prever que el nivel de actividad vuelva a desacelerarse en la segunda parte del año y empiecen a aparecer en el horizonte los “nubarrones” de la recesión.

No hace falta ser Madrake, sino tomarse el trabajo de observar que, en el mundo y en la Argentina (más de 20 programas con cepo en 70 años) todos los regímenes de control cambiario terminaron mal. Lástima que los que están en el gobierno hayan decidido repetir, tantas veces, este fracasado esquema. ¿Aprenderemos de esta nueva frustración?

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

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Obama, ¿y Osama?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 23/1/13 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38720&tit=obama_%BFy_osama%3F

 ‘Zero Dark Thirty’ es una película lamentable que no recomiendo. Y es altamente inmoral porque hace apología de la guerra, la tortura y el homicidio. Pero viene a colación para discutir un tema con cierta perspectiva histórica. Aunque un mínimo de duda queda, quiero creer y sirve para mi tesis que Bin Laden fue asesinado por el gobierno de EE.UU. Torturas y asesinato totalmente inútiles, como siempre resultan serlo, ya que Al Qaeda y los talibanes siguen controlando territorio y sus ataques son constantes

Existe la muy primitiva y extendida idea de que muerto el homicida o encarcelado el ladrón, se acabó el delito, pero resulta que van centurias de asesinar homicidas y encarcelar ladrones y el delito sigue latente. Se diría, y sin dudas es así, que muerto un homicida inmediatamente será reemplazado por otro mientras subsista la causa. Como en la guerra contra las drogas, gracias a la prohibición de los gobiernos, el precio es tan alto que, por muchos narcos que se maten, siempre habrá otro dispuesto.

Dice la ciencia, desde Aristóteles, que el mal no existe, como la oscuridad que solo es ausencia de luz, el mal solo es ausencia de bien. Así, la oscuridad se soluciona poniendo luz, el mal poniendo bien, nunca con otro mal que solo empeora las cosas. Por caso, la Segunda Guerra Mundial provocó más muertes (60 millones, 8 veces el actual Estado de Israel) de lo que hubiera logrado Hitler antes de caer por su propio peso; y sirvió para instalar el peor imperio del mal, la URSS que, aun siendo mucho más poderoso que el nazismo, cayó solo sin derramamiento de sangre.

La guerra de Vietnam (que dejó 60.000 bajas americanas, menos que los asesinados por el delito común desde que Chávez implantó su estatismo) se hizo contra el comunismo que hoy se vuelca en paz hacia el capitalismo por propio interés y convicciones.  Demostrando que las guerras no persiguen realmente ningún principio ideológico, y mucho menos moral, sino que son el resultado de un síndrome autodestructivo que tiene origen en el miedo, en la ignorancia.

La cultura de la violencia está tan enraizada aun en pleno siglo XXI que se la ha otorgado el Nobel de la Paz a Obama que, a pesar de asegurar durante su reciente jura que “Seguimos creyendo que una paz duradera no requiere de una guerra perpetua”, abiertamente ha promovido el homicidio y la guerra y que ha dicho que el mal existe, es decir, que cree en el mal a pesar de la ciencia y la evidencia empírica. En teología se llama “maniqueísmo” a esta teoría que cree en dos dioses, uno del bien y otro del mal, consecuentemente, el del mal debe ser destruido. En oposición al cristianismo para el cual el bien debe ser construido, no el mal destruido.

Obama necesita creer en el mal porque el comanda el estatismo: impuestos, leyes, regulaciones, fronteras, aduanas impuestas coactivamente utilizando el monopolio, que se arroga el Estado, de la violencia que es contraria a la naturaleza, al bien. Las guerras, los homicidios, las torturas son necesarias y funcionales al estatismo porque este es la violencia (por esto es que son falsos los “pacifistas” de la izquierda estatista). De no existir estas imposiciones, estas fronteras y aduanas, si el mercado (la cooperación libre y voluntaria entre las personas) imperara en el mundo entero, la paz sería el resultado inevitable.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

La Argentina en la peor de las categorías: la de los “no confiables”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/1/13 en http://www.eldiarioexterior.com/la-argentina-en-la-peor-41777.htm

Desde el corazón mismo del oficialismo argentino, su gigantesco aparato de propaganda procura “inter alia” mostrarnos constantemente como un país que goza de “excelente imagen en el exterior”. No es así. Hasta ahora estábamos en la categoría de los países con gobiernos “raros” o “inusuales”. A veces “desafiantes”. Hoy estamos ante un hecho que nos ubica en la de aquellos países con administraciones “no confiables”.

 
Así parecería sugerir lo que acaba de ocurrir en torno a la venta de un banco en los Estados Unidos, que alguna vez fuera de propiedad de accionistas ecuatorianos: el Pacific National Bank, una subsidiaria del Banco del Pacífico, con sede en Miami, que deberá -por disposición de las autoridades bancarias norteamericanas, esto es, por la Oficina del Contralor de la Moneda y por la Reserva Federal- ser vendido forzosamente en los próximos días.
 
La decisión de las autoridades monetarias del país del norte prohíbe, sin embargo, que las acciones de la entidad sean vendidas a instituciones de cuatro países: Corea del Norte; Venezuela; Irán y Argentina, país el último que ha quedado incluido así en la peor de las compañías posibles: la de Irán, Corea del Norte y Venezuela.
 
Esa es la “lista corta” de los países que más preocupan a los Estados Unidos, por estar calificados como “no confiables”. Esto se informa desde las páginas electrónicas de “El Comercio”, de Quito del 15/01/13.
 
Las acciones del Banco del Pacífico fueron, cabe recordar, transferidas desde el Banco Central del Ecuador a la Corporación Financiera Nacional de ese mismo país y hoy están incluidas en un “fideicomiso especial”, constituido en los Estados Unidos. El Grupo Banco del Pacífico pasó a manos del estado ecuatoriano en 1999, como consecuencia de la extendida crisis financiera que entonces afectara a Ecuador.
 
Si las acciones en cuestión no se transfieren a alguien que pueda ser aprobado por las autoridades bancarias estadounidenses antes del próximo 28 de marzo, la entidad deberá ser liquidada. Sobre la entidad financiera pesan acusaciones de lavado de activos y falencias serias en los esquemas internos de control.
 
En este episodio, que aún no se ha cerrado, la inclusión expresa de la República Argentina en la lista antes referida, debe tenerse como una indirecta -pero dura- confirmación de la profunda desconfianza que generan nuestras autoridades en los distintos estamentos administrativos del país del norte. Más allá de la retórica, por cierto.
 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

¿Con Néstor esto no pasaba?

Por Roberto Cachanosky. Publicado en http://economiaparatodos.net/con-nestor-esto-no-pasaba/

 La crisis actual, económica e institucional, no es porque está Cristina Fernández y no está Néstor Kirchner. La crisis actual es resultado de la dinámica del modelo autocrático y populista, más allá de los nombres.

Ante la falta de capacidad de gestión de Cristina Fernández de Kirchner para administrar eficientemente la cosa pública, sus enfrentamientos con los medios, la justicia y cuanto ser pensante no comparta sus políticas, y dado su aislamiento político, vengo escuchando a ex funcionarios kirchneristas y algunos analistas que dicen: “esto no pasaba con Néstor” o “Cristina ha destruido el proyecto que Néstor quería construir”. Francamente no entiendo qué quieren decir cuando formulan esas afirmaciones, como si Néstor Kirchner hubiese sido un demócrata republicano que no quería construir un poder hegemónico.

El famoso proyecto político de poder hegemónico lo inició el fallecido ex presidente y lo continuó Cristina Fernández y, francamente, no percibo grandes diferencias ni en los estilos ni en el fondo de la administración de la cosa púbica. En todo caso podría argumentarse que Néstor Kirchner pudo aprovechar más el viento de cola y que en su período había más recursos para impulsar el populismo que se inició en 2003 por una cuestión de riqueza acumulada anteriormente para repartir más precio de la soja. Para decirlo de otra manera, Néstor Kirchner aprovechó el inicio del ciclo populista y Cristina pudo cosechar parte de sus frutos pero también empezó a recoger los costos del populismo iniciado en el 2003, y el actual estado calamitoso de la economía es la evolución normal de todo proceso populista que se basa en estimular artificialmente el consumo, dilapidando el stock de capital existente, desestimulando la inversión, violando la propiedad privada y generando un serio proceso inflacionario.

En lo que hace a los enfrentamientos, recordemos que Néstor Kirchner tuvo su acercamiento con el grupo Clarín y luego terminó levantando el cartelito de Todo Negativo por TN. Además, su relación con los medios no fue tan diferente del que tiene actualmente Cristina Fernández. Néstor Kirchner utilizaba el atril de la misma forma que hoy la usa la presidente. De manera que en materia de comunicación no veo tanta diferencia.

Por citar otro ejemplo, fue a principios del 2007 cuando se intervino el INDEC y se distorsionaron las estadísticas. Cristina Fernández se limitó a continuar con esa herencia.

Hoy vemos que prácticamente no hay ministro de Economía y esa modalidad la inauguró Kirchner luego que Lavagna renunció en el 2005. Fue el ex presidente el que inauguró este proceso de que el presiente tomara el control de la economía en sus manos, por cierto con escasos conocimientos de esta ciencia. No percibo que Cristina Fernández tenga menos conocimientos de economía que Néstor Kirchner. La dinámica intervencionista, de consumo de stock de capital, de emisión monetaria y de aumento del gasto público comenzó bajo su mandato. Recordemos que en 2005 empezó complicando la actividad ganadera con el resultado que se consumieron 12 millones de cabezas de stock ganadero y hoy seguimos pagando las consecuencias de tener carne de mala calidad y precios altísimos, al tiempo que los frigoríficos están en quiebra porque ni siquiera se exporta carne en cantidad.

El retraso de las tarifas de los servicios públicos cubriendo la diferencia con subsidios, se inició en el primer ciclo del kirchnerismo. Y la caída del tipo de cambio real comenzó en su período. Lo que ocurrió es que venía con el colchón de la devaluación del 2002 que le dio margen para anclar el tipo de cambio mientras la inflación se aceleraba.

El conflicto con el campo se produjo bajo la presidencia de Cristina Fernández pero fue Néstor Kirchner el que organizó actos y lideró el enfrentamiento con el sector agropecuario.

Si mal no recuerdo, fue Néstor Kirchner el que impulsó a Moreno, sobre el que en algún momento dijo que era más bueno que Lassie, pero las groseras intervenciones del secretario fueron vistas con simpatía por el santacruceño. El creía que la economía se manejaba a las trompadas igual que lo cree Cristina Fernández.

¿Se hubiese rodeado Néstor Kirchner de los poco calificados jóvenes de La Cámpora? Esa es una hipótesis difícil de responder, pero de lo que sí podemos estar seguros es que no hubiese tenido colaboradores con la capacidad necesaria para llevar adelante la cosa pública, por la sencilla razón que todo gobernante con inclinaciones autocráticas tiende a rodearse de los peores elementos de la sociedad, dado que necesita gente que obedezca ciegamente sus órdenes, por más repulsivas que puedan resultar.

¿Hubiese roto relaciones con Moyano? ¿Quién puede responder a este interrogante? Pero en todo caso, hoy el líder sindical cae menos antipático porque se opone al régimen autocrático, pero recordemos que mientras el ex presidente vivía, Moyano atropelló todo lo que pudo. De todas maneras, haciendo un ejercicio de imaginación, dado que el populismo tiende a agotarse en la fiesta de consumo, hoy Néstor Kirchner tendría el mismo dilema que Cristina Fernández: no poder satisfacer las demandas salariales que piden los sindicatos porque la economía no genera la riqueza necesaria para satisfacerlas.

Por citar un último ejemplo que me viene a la memoria, ¿alguien recuerda alguna reunión de gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner o también trabajaba aisladamente?

Mi impresión es que todo lo que hoy está pasando, también hubiese pasado con Néstor Kirchner en la presidencia, tal vez con ciertos matices, por la sencilla razón que el modelo económico lleva, inexorablemente, a escaladas cada vez mayores de intervencionismo económico lo cual conduce a menos república. Es de manual que una intervención lleva a otra.

Además, el populismo requiere de un gasto público creciente, y Néstor Kirchner era un populista como lo es Cristina Fernández, de manera que el problema fiscal lo hubiese tenido igual que lo tiene Cristina Fernández.

Y en materia institucional tampoco fue un hombre que se inclinara por la democracia republicana. Su actuación como gobernador en Santa Cruz y luego en la presidencia de la Nación son evidencias elocuentes sobre sus inclinaciones hacia el autoritarismo.

De manera que cuando escucho decir: “esto con no Néstor no hubiese pasado” me suena más argumento para despegarse de los resultados catastróficos que ha tenido el kirchnerismo que a un argumento diferenciador en la forma de gestionar y respetar las instituciones.

Dicho de otra manera, el problema que hoy tiene Cristina Fernández es que 10 años de populismo destruyen cualquier economía y, por lo tanto,  ella está pagando el costo de las políticas que aplicó bajo su mandato, más las que heredó de su esposo.

No es cierto que el desborde inflacionario, el ataque a la propiedad privada, el desprecio a las instituciones y demás tropelías no hubiesen ocurrido. Hubiesen ocurrido igual porque el mayor intervencionismo y la escases de recursos para sostener le populismo obliga a avasallar y destruir las instituciones. Populismo es sinónimo de destrucción económica e institucional, por lo tanto, cualquiera sea el presidente que sostenga políticas populistas termina cayendo  en los atropellos que hoy vemos en Cristina Fernández.

En definitiva, la crisis actual, económica e institucional, no es porque está Cristina Fernández y no está Néstor Kirchner. La crisis actual es resultado de la dinámica del modelo autocrático y populista, más allá de los nombres.

Si a quienes se quieren despegar del fracaso del proyecto iniciado en 2003 le viene bien argumentar que con Néstor esto no hubiese pasado, es una cosa. Pero la realidad es que aquí el problema no es él, ella o cualquier otro, sino que son la concepción autoritaria y la impericia en la política económica las que están llevando a la Argentina a un abismo. El populismo es esto que estamos viendo, independientemente de quien sea el populista de turno. El populismo es destrucción económica y avasallamiento de las instituciones.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Of Positivism and the History of Economic Thought (by Bruce Caldwell)

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 22/1/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/01/22/of-positivism-and-the-history-of-economic-thought-by-bruce-caldwell/#more-4255

En la última conferencia de la Southern Economic Association (New Orleans), Bruce Caldwell (Center for the History of Political Economy, Duke University) dió la presidencial address cuyo título fue “Of Positivism and the History of Economic Thought.” Cuando Bruce Caldwell escribe sobre estos temas, es material de lectura obligada. En esta ocación Caldwell ofrece un análisis de cómo el lenguaje positivista tuvo como consecuencia no intencionada dejar de lado la historia del pensamiento económico junto a relegar ramas que hoy son centrales en la economía. Al punto tal, nos cuenta Caldwell, que recuerda cursos interdisciplinares donde los no economistas tenían un manejo superior sobre los la historia del pensamiento y textos centrales de la economía que los propios economistas. Sus palabras se encuentran disponibles online como working paper, aquí ofrezco un resumen y algunos pasajes sobre las opiniones de Caldwell sobre este tema.

El lenguaje positivista, dice Caldwell, llevó a que la disciplina se preocupase casi exclusivamente por aquello que era factible de ser medido y presentarse como trabajo empírico. No sólo la historia del pensamiento, sino otras ramas como Teoría de Juegos y Public Choice (quizás también por motivos políticos/ideológicos) no podían hacer pié en el core de la disciplina. Si bien esto fue cambiando para varias ramas de estudio, como el caso de Teoría de Juegos que hoy tiene un rol central, no lo fue para el caso de historia del pensamiento. Si bien es el caso que hoy día la economía comprende trabajos que van desde cuestiones matemático/teóricas de equilibrio general hasta behavioral economics, sí ha persistido la idea de que lo que se ha estudiado y aprendido se encuentra concentrado en los trabajos de los últimos 5 años. Al punto tal que no es raro encontrar trabajos basados en working papers aún sin publicar.

Caldwell también resalta que en esta actitud la economía ha hecho uso de una filosofía de la ciencia débil (el positivismo) para defender una práctica que de hecho no es muy sólida. “In short, in describing and defending their practices economists had been borrowing, often badly, from an increasingly suspect because [of an] unworkable philosophical position.” La filosofía de la ciencia no es un mero juego intelectual, es lo que define qué se va a aceptar como ciencia y qué no, y por lo tanto no sólo como responder preguntas, sino que va a definir qué preguntas son o no científicas. Si se va a tomar la postura de hacer a un lado corrientes o posturas por considerarlas no científicas, más vale tener en claro qué dice la filosofía de la ciencia al respecto.

Caldwell menciona varios beneficios de estudiar historia del pensamiento y que esta currícula se encuentre presente en los programas de economía (ambos, undegraduate y graduate).

Por ejemplo, poder dar un contexto y ver los debates que de hecho dieron origen a las teorías como alternativa y complemento a los modelos/recetas en los manuales de texto. Estos modelos, ¿de dónde salieron? ¿qué problemas intentaban resolver? ¿de dónde salen los supuestos? etc. No menos importante y excitante, leer a los grandes pensadores de la disciplina. No es lo mismo leer pasajes de Smith que leer lo que alguien dice que Smith dijo (quien posiblemente tampoco lo haya leído detenidamente). Aún recuerdo el dolor ocular al leer en el manual de micro de MasColell, Whinston y Greene que el Primer Teorema del Bienestar es una representación formal de la mano invisible de Adam Smith (p. 524).

Por otro lado, los cursos de historia del pensamiento son ideales para que los alumnos desarrollen dos capacidades: (1) escritura y (2) argumentación (en lugar de resolver problemas). No es lo mismo escribir sobre ideas que demostrar capacidades técnicas. A veces veo traslucir algún aire de superioridad cuando escribo un paper sin “técnicas” o modelos… pero este aire viene de las mismas personas que no han tenido que lidiar con la dificultad de escribir y argumentar sobre ideas que no siempre son suscetibles de encuadrar en un modelo y luego resolver siguiendo los pasos matemático/técnicos. El buen economista debe poder manejar los dos ámbitos, el de la técnica y el de las ideas, no sólo uno; historia del pensamiento económico es una buena oportunidad para desarrollar el área de las ideas.

Por otro lado, y esto es más importante de lo que puede parecer a primera vista, en un curso de historia del pensamiento es dónde un alumno se ve de hecho expuesto a puntos de vista alternativos al mainstream. “Where else in the economics curriculum will students actually read, not just Smith, Marshall, Knight, and Keynes, but Marx, Veblen, Schumpeter, Mises, and, dare I say it, Hayek?” Esto no es una mera cuestión de ampliar la lectura, sino de ampliar el punto de vista, incorporar conceptos ajenos al mainstream que permiten identificar procesos, soluciones y problemas que pueden quedar escondidos bajo los anteojos de una u otra corriente.

En lo que respecta a programas de posgrado (doctorados), incluir historia tiene otras ventajas particulares para los que se van a dedicar a la investigación.

“First, ignorance of history is a barrier to the growth and accumulation of knowledge: students who learn economics via working papers, whose only knowledge of the history of the discipline is through occasional anecdotes or potted caricatures in textbooks written by faculty who are usually equally ill-acquainted with the past, are almost doomed to reinvent the wheel” (sobran ejemplos sobre la reinvención de la rueda que cada lector puede pensar por sí mismo).”

“Second, when apparently promising avenues of inquiry disappoint or research leads to dead ends, as so often happens in all sciences, the record of how we got to the impasse can provide a map back to paths not taken.”

“Third, a knowledge of history may lead to the revival of an old idea as modeling techniques improve: for example, the Hayekian notion of the market as a competitive process was difficult to capture with theories that emphasized equilibrium, but with recent advances [Hayek’s] theory it is gaining coming into its own.”

Desde un punto de vista más amplio, un programa de estudio que incluya lectura de otras disciplinas relacionadas (ciencias políticas, historia, filosofía moral, filosofía del derecho, etc.) ayuda a ver presupuestos que uno da por sentado en su disciplina y que quizás darlos por sentado no sea tan sencillo como parece (este punto también se relaciona con el reciente post de Adrián Ravier).

Recomiendo la lectura del paper de Caldwell, que no sólo desarrolla estos temas en mayor detalle de una forma accesible, sino que ofrece anécdotas interesantes (incluyendo el pié de página 18).

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

¿Deben los científicos sociales especializarse en un campo de estudio o ser más bien generalistas?

Por Adrián Ravier. Publicado el 17/1/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/01/17/deben-los-cientificos-sociales-especializarse-en-un-campo-de-estudio-o-ser-mas-bien-generalistas/

 Ante esta pregunta, existen dos citas de Ludwig von Mises que vienen a mi mente:

“Lean todo lo que sus profesores les indican leer. Pero no lean solo eso. Lean más. Lean todo acerca de un tema, desde todos los puntos de vista, ya sean socialista-marxista, intervencionista o liberal. Lean con mente abierta. Aprendan a pensar. Solo cuando conozcan su campo desde todos los ángulos podrán decidir que es correcto y que es falso. Solo entonces estarán preparados a responder a todas las preguntas, inclusive las que les hagan sus opositores”.

Ludwig von Mises; “Autobiografía de un liberal”, 1973.

“Nadie puede ser un buen economista a menos que esté versado en matemática, física, biología, historia y jurisprudencia, además de un buen manejo de idiomas”.

Ludwig von Mises; “El fundamento último de la Ciencia Económica”, 1962.

Si pudieramos hoy entrevistar a autor clásicos como Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill e inclusive a Karl Marx, mi impresión es que todos afirmarían que Mises tiene razón. Marx fue un experto en varios temas, desde la filosofía y la economía, hasta la sociología y la historia. Aun John Maynard Keynes tiene contribuciones en diversos campos. Independientemente del acuerdo o desacuerdo que tengamos con sus aportes, Friedrich Hayek o Paul Samuelson han obtenido fama justamente por ser de los pocos economistas modernos que jamás abandonaron el estudio multidisciplinar.

El mundo, sin embargo, ha cambiado. Hoy un economista que maneja el inglés posiblemente no necesita saber alemán, francés o español. Desde luego, que sería mejor que sí conozca estas lenguas, pero la mayor parte de las contribuciones hoy se realizan en inglés.

Al mismo tiempo, las revistas científicas exigen un nivel de especialización en los artículos que reciben, que necesariamente son el resultado de una visión acotada de sus autores. La literatura es tan amplia en cada uno de los campos, que si alguien quiere contribuir a cualquiera de ellos, necesita especializarse.

Pienso ahora mismo en los autores modernos que generalmente citamos en este blog: Roger Garrison se especializó en macroeconomía; Lawrence H. White o George Selgin se especializan en teoría monetaria; Gabriel Zanotti se especializa en filosofía de la ciencia y en particular en la epistemología de la economía; Martín Krause es experto en temas institucionales; Peter Klein es conocido por sus contribuciones sobre teoría de la firma, Roberto Cortés Conde o Ezequiel Gallo son grandes historiadores, etc etc etc. Por supuesto que todos ellos tienen cierto conocimiento sobre historia del pensamiento económico y hasta pueden ofrecer un curso general de introducción a la economía cubriendo todos los campos de la disciplina. Pero difícilmente tengan un manejo profundo de la literatura de todos los campos, y desde la perspectiva de los diversos enfoques.

¿Cuál es entonces la mejor estrategia a seguir? Ser generalista, como lo fueron en otros tiempos los autores clásicos, aun a costa de perder un lugar en las revistas más renombradas. O ser un especialista, lograr un lugar destacado en los mejores journals, pero a costa de perder una más completa y compleja lectura del mundo.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.