Monthly Archives: noviembre 2013

EL PAPA FRANCISCO Y LA ECONOMÍA LIBRE EN LA EVANGELII GAUDIUM.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/11/13 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2013/11/el-papa-francisco-y-la-economia-libre.html

1.     1.  Introducción.

La exhortación apostólica Evangelii gaudium[1] (EG), de Francisco, no es un texto de economía: es una fina y rica reflexión magisterial sobre el tema de la evangelización en los tiempos actuales, tema muy vasto, cuyo análisis excede los humildes objetivos de este artículo y que queda en todo caso para otra oportunidad.
Sin embargo, en el diagnóstico que Francisco realiza de las actuales circunstancias hay algunas apreciaciones de cuestiones económicas que nuevamente han despertado la admiración y adhesión de aquellos que critican al libre mercado y la preocupación o vivo rechazo de quienes lo defienden. No es, claro, la primera vez que sucede. Sucedió con la Quadragesimo anno, 1931, con la Mater et magistra, 1961, la Populorum progressio, 1967, la Laborem excercens, 1981, y la Solicitudo rei socialis, 1988. Sobre el material contenido en esos documentos, hice siempre lo mismo: aclaré los matices semánticos y distinguí entre los principios generales de la Doctrina Social de la Iglesia y sus aplicaciones prudenciales[2]. En este caso agregaré además un intento de diálogo entre el horizonte de la Escuela Austríaca de Economía y el horizonte desde donde escribe Francisco.
2.    2.   El horizonte de precomprensión de la Escuela Austríaca de Economía. (EA)

Para entender de qué habla la EA cuando se refiere a “libre mercado” hay que analizar el núcleo central de la teoría del proceso de mercado, que se desarrollada fundamentalmente en un programa de investigación conformado por autores como Mises, Hayek, Israel Kirzner e incluso Rothbard.
Para ello, propongo analizar la estructura teorética del tratado de economía de Mises, La Acción Humana.[3] Allí Mises divide su análisis en tres grandes áreas: el análisis de la economía de mercado, el socialismo y la economía intervenida. Cuando Mises habla de la economía de mercado, se refiere a lo que en mis propios términos es un análisis fenomenológico del mercado en sí mismo, como un proceso dinámico que tiende a una situación de equilibrio sin alcanzarla nunca, bajo el supuesto institucional de propiedad privada, esto es, libre acceso al mercado y ausencia de controles estatales. El intervencionismo es, en cambio, el mercado intervenido, precisamente por esos controles cuya ausencia se supone en un mercado libre. Mises es muy claro, en la parte sexta de su tratado de economía (que es clave) en el análisis de dichas intervenciones: la intervención mediante impuestos progresivos a la renta; las restricciones a la producción por medio de tarifas arancelarias, la intervención monetaria por medio de la estatización de la moneda por medio de bancos centrales y controles en las tasas de interés; la confiscación de recursos naturales, las lesiones al derecho a la asociación por medio del sindicalismo corporativista, los controles de precios y salarios. La lista no es excluyente, pero lo interesante es que conforma lo esencial de la economía real tal cual Mises la miraba ya en 1949, cuando su tratado sale publicado. O sea que la economía intervenida, para Mises, no era la Unión Soviética: era Europa y EEUU ya desde 1949, y ni que hablar de otras regiones, por supuesto.
A esto hay que agregar los estudios de Hayek sobre el rechazo a la competencia perfecta como un mal planteo del problema económico, crítica que se da principalmente en seminales artículos publicados en 1936, 1945 y 1946[4]. Contrariamente a los modelos que presuponen conocimiento perfecto, Hayek sostiene que el problema económico consiste en cómo coordinar expectativas de oferta y demanda bajo el conocimiento disperso y limitado de oferente y demandantes. Y ello es posible sólo bajo tres condiciones: libre entrada al mercado, lo cual implica igualdad ante la ley y ausencia de monopolios legales en un mercado; dos, la capacidad de aprendizaje de los propios errores, como factor compensatorio del conocimiento disperso, y tres, los precios libres como sintetizadores de conocimiento disperso y por ende como señales de la escasez relativa de los bienes y servicios en el mercado. Ello implica que el mercado siempre es un proceso a la coordinación pero nunca una coordinación perfecta, y que las intervenciones del gobierno, al afectar a los precios, afectan a las señales necesarias para esta coordinación. Mises recoge todo esto en su tratado de economía y habla de la capacidad de aprendizaje ya como el factor empresarial. Rothbard agrega a todo eso, en 1962, su insuperable tratamiento del tema de los monopolios[5], donde enfatiza el rechazo al modelo de competencia perfecta por parte de la EA, e Israel Kirzner sistematiza todo esto en su teoría de mercado como proceso vs. mercado en equilibrio, a través del factor empresarial, en 1973[6]. No de casualidad, 1974 se considera el año del revival de la EA en todo el mundo.
Nada de todo esto fue escrito por gente aburrida y despreocupada de los demás. Su motivación era “emancipatoria”, esto es, un ideal preocupado por la eliminación de la pobreza y alcanzar el desarrollo de los pueblos. Eso se ve sobre todo en la vida de L. von Mises[7].
Pero la conclusión fundamental de este punto dos es que:
a)      El mercado libre no son “los mercados” ni el “capitalismo real” actual, que se podría llamar capitalismo prebendario, aunque yo prefiero llamarlo directamente economía intervenida.
b)      El mercado libre no tiene nada que ver con modelos de competencia perfecta que presuponen conocimiento perfecto, eficiencia perfecta “o bondad” de los agentes intervinientes.
c)      El mercado libre se da realmente cuando se dejan actuar a las tres condiciones referidas anteriormente por Hayek; el mayor o menor alejamiento de esas tres condiciones son la medida de un mayor o menor mercado libre.
3.  3.     Análisis de la crítica al “mercado libre” por parte de Francisco, a la luz de lo anterior.

Como dije en el punto uno, no es la primera vez que tenemos este problema. La encíclica Quadragesimo anno, de Pío XI, es de 1931, y tiene fuertes críticas al llamado capitalismo liberal y al “imperialismo internacional del dinero”. Pero, oh casualidad, esas críticas se dan precisamente después de la crisis de 1929, cuando se produce la crisis económica justamente descripta y al mismo tiempo predice por Mises en 1912[8], como el efecto básico de la intervención del estado en el mercado de capitales, la moneda y la tasa de interés.
Sucede ahora algo similar, aunque agravado. La economía intervenida, en EEUU y Europa, se ha profundizado. A la luz del horizonte de la EA, no estamos ante la crisis del mercado libre, sino ante una crisis, cada vez mayor, de la economía intervenida; mucho más después del 2008.
A la luz de lo anterior, veamos los principales párrafos de laEvangelii gaudium sobre temas económicos. Nuestro comentario estará en bastardilla.
3.1. “…Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. (Tiene razón: esa economía mata. Son millones y millones los seres humanos que mueren por desnutrición, hambre y condiciones infrahumanas de vida. Pero ello es el resultado del subdesarrollo, y el subdesarrollo es el resultado de la no inversión, que es producida por todas las medidas intervencionistas analizadas por Mises. Dice este último: “…Extensas áreas geográficas de nuestro planeta —el Oriente asiático, las Indias neerlandesas, la Europa meridional y suroriental, la América latina— sólo muy superficialmente han recibido hasta ahora la influencia del capitalismo. La situación en estos países no difiere mucho de la que prevalecía en Gran Bretaña al comenzar la Revolución Industrial. Millones y millones de seres carecen de empleo y de posible encaje dentro de los sistemas económicos tradicionales. Sólo la industrialización puede salvar a tan desgraciadas masas. Empresarios y capitalistas es lo que esos países necesitan con mayor urgencia. Puesto que sus descabelladas políticas les impiden contar con ulteriores aportaciones de capital extranjero, no tienen más remedio que proceder a la acumulación de capital nacional. Tienen que rehacer todas y cada una de las penosas etapas por las que pasó la industrialización de Occidente. De ahí que al principio tendrán que conformarse con salarios relativamente bajos y largas jornadas laborales. Pero, ofuscados por las ideas que hoy prevalecen en Europa y en Norteamérica, los gobernantes de esos países creen poder recurrir a otras soluciones. Promulgan una legislación social avanzada e incitan a los sindicatos a la “acción directa”. Su radical intervencionismo coarta y retrasa la implantación de nuevas industrias autóctonas. Su dogmatismo está perjudicando grave e inmisericordemente a los coolies chinos e indios, a los peones mejicanos y a millones de seres humanos que, al borde de la muerte por inanición, luchan por sobrevivir”[9]). No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. (Tiene razón. Pero la “exclusión” de los millones a los que se refiere Mises está causada por el subdesarrollo fruto, a su vez, de la falta de mercado libre tal como Mises lo entiende). No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. (Tiene razón. Pero en la economía se tira comida cuando los gobiernos interfieren en el mercado agropecuario con precios mínimos produciendo sobrantes en el mercado). Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad (competitividad como la EA la entiende, no, porque no hay actualmente libre entrada al mercado) y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. (Sí, eso es así cuando los grupos de presión más poderosos consiguen prebendas por parte del gobierno, como muy bien lo explica la escuela del Public Choice[10]. No es así en una economía libre, esto es, cuando no hay privilegios otorgados por el gobierno). Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. (Tiene razón: el ser humano no es un bien de consumo. Pero es así cuando hay desocupación endémica, producida por los salarios mínimos y los privilegios sindicales fuertemente criticados por Mises en La Acción Humana y en El Socialismo (1922)[11].Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, (hay que tener en cuenta que explotación, si ello implica  referencia a la plus valía marxista, debe ser reinterpretada, porque la teoría de la plus valía marxista, al basarse en la teoría del valor trabajo de Smith y en la del costo de producción de Ricardo, es falsa[12]) sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes». (Si, ese es el resultado del subdesarrollo por NO haber respetado al mercado libreEn última instancia, es comprensible que Francisco vea a la economía actual como un mercado libre; claro, EEUU, Europa y América Latina no son Corea del Norte. Si no se tiene en cuenta a la EA, es así. Pero ya vimos que la economía actual está lejos de ser un mercado libre como “proceso de mercado”: es una economía intervenida, y mucho más: es un juego perverso de grupos de presión que giran alrededor de los gobiernos centrales que reparten discrecionalmente una torta fija que no crece, por la falta de inversión y por el obvio límite del presupuesto público, como bien lo ha descripto J. Buchanan: una “rent seeking society”[13]).
3.2. “…En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. (Bien, no es el caso de la EA. Según sus economistas, el mercado libre no produce un enriquecimiento intrínseco de algunos a partir del cual cae de manera aleatoria riqueza sobre otros. La esencia de la cuestión es que el ahorro permite inversiones, nuevos capitales y nuevos proyectos, lo cual produce esencialmente un aumento de la demanda de trabajo y consiguientemente un aumento del salario real. O sea que el enriquecimiento general es una característica necesaria, no aleatoria ni “derramada” del mercado libre, excepto que se lo intervenga con impuestos confiscatorios, controles burocráticos, inflación y confiscación, como es lo habitual en América LatinaEs más: los empresarios, en un mercado libre, no necesariamente se enriquecen, a menos que tengan una protección del estado, lo cual ya no es mercado libre. Muchos de sus proyectos fracasan e incurren en pérdidas, y ello permite que el bien común se vea beneficiado sólo con los proyectos empresariales que aciertan en la demanda del consumidor) Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, (bueno, si la filosofía de Francisco me lo acepta, yo hablaría del análisis fenomenológico de la realidad social) expresa una confianza burda e ingenua en la bondad (si, esa confianza es la de aquellos que niegan el pecado original, pero no de los economistas de la EA que siempre han pensado en un mercado libre que funciona para personas normales bajo incentivos normales: el mercado libre no es para santos, es para todos) de quienes detentan el poder económico (bueno, en un mercado libre el “poder” lo tiene el consumidor, y en una economía intervenida, el “poder” lo tiene el estado) y en los mecanismos (bien, el mercado libre no es un mecanismo, sino un proceso humano) sacralizados del sistema económico imperante (yo diría que los economistas de la EA nunca han sacralizado nada y tampoco en mi caso que explícitamente he criticado el “clericalismo de mercado”[14]).
3.3. “….Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.
(Este es uno de los puntos más importantes del malentendido que nos está afectando a todos. La crisis financiera internacional del 2008 fue un caso de lo que en la EA es la teoría del ciclo económico. Fue delineada principalmente por Mises en 1912[15] (lo cual le permitió predecir, en parte, la de 1929); Hayek le agregó importantes acotaciones sobre el capital en 1931[16] y forma parte principal de los trabajos actuales de coyuntura de los economistas de la EA en los EEUU. El eje central de la teoría es que si el gobierno expande la moneda en el mercado de capitales, por medio de la expansión monetaria, la tasa de interés tiende a la baja fomentando proyectos de inversión sin sustento real que, cuando la expansión cesa, caen, produciendo quiebras y desocupación generalizadas. Ello es fruto de la intervención del estado, y no del mercado libre. Siempre ha habido avaricia, apego por el dinero e idolatría de las riquezas, incompatibles con el cristianismo, pero no son esos defectos humanos las causas de las crisis financieras, sino la intervención del estado en el mercado de capitales.)
56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. (Como hemos visto, eso es fruto del subdesarrollo, que a su vez es causado por la intervención del estado). Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. (Bien, como hemos visto, si por “autonomía absoluta” se entiende al mercado libre tal cual la EA lo entiende, entones esa autonomía implica simplemente que el estado no expande la oferta monetaria, bajando artificialmente las tasas de interés. No veo por qué llamarla “absoluta” dado que todo el sistema bancario es regido por las reglas básicas de respeto a los contratos). De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. (La EA no niega que el gobierno sea el agente encargado de custodiar el Estado de Derecho; lo que sí niega es que el aumento de oferta monetaria sea beneficioso. O sea, no veo por qué para ser católico hay que ser keynesiano).Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. (Bueno, sí, esa es la tiranía de los gobiernos afectando a la oferta monetaria y produciendo pobreza y subdesarrollo, la economía que mata).Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. (El endeudamiento de los países pobres se debe a préstamos de gobierno a  gobierno, no al mercado libre. En un mercado libre no puede haber deuda pública porque los gobiernos no tienen emprendimientos empresariales. Mises criticó al Fondo Monetario ya en 1949[17] y P. Bauer[18] ha explicado claramente el origen estatista de la deuda internacional, que obviamente debe ser, por un lado, condonada, pero, por el otro lado, nunca comenzada de vuelta). A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. (Si, la corrupción es un horror, pero es fruto, como hemos visto, de las mafias de los grupos de presión que dependen del gobierno, lo cual nada tiene que ver con el mercado libre; de las infinitas regulaciones gubernamentales, que fomentan la coima para ser evadidas, y de la multiplicación de organismos del estado donde los grupos de presión depositan sus sobornos). El afán de poder y de tener no conoce límites (Si, eso fue descripto así por Adam Smith en La Riqueza de las Naciones). En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.(Bueno, de vuelta, más que el mercado divinizado, es el estado convertido en Dios la causa de esa situación).
3.4. “…Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. (Tiene toda la razón. La inseguridad no tiene su solución de fondo en cárceles llenas de personas sin la más mínima oportunidad que desde su infancia han sido abusados, desnutridos, drogados, des-escolarizados, etc., y seguirán llenando esferas de marginación mientras el subdesarrollo siga. Simplemente, de vuelta: ese subdesarrollo, ese subdesarrollo asesino, es fruto del estatismo de los gobiernos y especialmente de los de América Latina. Una democracia constitucional estable, un Estado de Derecho respetado, una economía de mercado, en igualdad ante la ley y ausencia de privilegios, son la clave para salir de la pobreza). Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas.
60. Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social” (De vuelta, toda la razón, simplemente agreguemos que el fomento del consumo sólo puede producirse por políticas inflacionarias que a expandir la base monetaria, fomentan innecesariamente la demanda de bienes y servicios cuya oferta no aumenta por  controles que frenan la inversión y producen fuga de capitales).
3.4.“…La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. (Perfecto, ya hemos dicho muchas veces que la propiedad privada, en un mercado libre, es lo que hace que cumpla su función social[19]. Si el oferente NO cuenta con protecciones por parte del estado, u obtiene ganancia ante sus competidores, por sus mejores servicios, o se funde. La posibilidad de monopolios naturales es casi imposible si las tarifas arancelarias son cero y el productor tiene toda la competencia internacional por delante). La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, (a eso nos referíamos: Mises mismo dice que esa es la función social de la propiedad[20]) por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. (Si, cuando el gobierno deja de estafar con la inflación, cuando deja de gravar con impuestos confiscatorios, se le devuelve al pobre lo que la política estatista le sacó). Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las vuelven posibles. (Si: sólo una economía de mercado desarrollada deja márgenes de recursos disponibles para fundaciones sin fines de lucro y todo tipo de asociaciones solidarias que no tengan que ver con la rentabilidad). Un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces”. (Esto es muy importante. Las economías de mercado han sido fruto de la praxis y el pensamiento de las sociedades judeocristianas occidentales. Pueden expandirse a otras culturas pero el origen de sus virtudes principales (la laboriosidad, el cumplimiento de los contratos, el ahorro, la frugalidad, el respeto del estado de derecho) son judeocristianas).
3.5. “…La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. (Toda la razón). Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera (bien, he allí el eje central de este diálogo: como dijimos, Francisco ve en la economía intervenida por los gobiernos “la autonomía absoluta de los mercados”. Por ello le propongo interpretar la realidad social y económica desde otro ángulo, y especialmente considerar que el mercado financiero es un problema cuando el gobierno expande la base monetaria y afecta a las tasas de interés; y ello pasa tanto en EEUU como en Argentina) y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”. (Inequidad es falta de distribución. Claro que es un deber que los presupuestos se distribuyan con equidad. Pero en una sociedad con escasez, donde, después del pecado original, hay que ganarse el pan con el sudor de la frente, el problema central es  la dispersión y des-coordinación de conocimiento para minimizarla. O sea, el problema principal es producir. Claro que Dios ha creado todo para todos los seres humanos pero luego del pecado original los bienes deben ser producidos con un trabajo que causa sudor. Una ética del trabajo y de la producción es por ende tan importante como una ética de la distribución).
3.6. “…Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. (Entiendo que la analogía de la “mano invisible” sea invisible J. El asunto es interpretarle a la luz de lo anteriormente expresado por Hayek. No es un mecanismo automático, no es suponer que la gente va a ser mágicamente buena. Tiene que ver con que la “mano visible” del gobierno, interviniendo los precios como síntesis de información dispersa, borra las señales del mercado, que son los precios. Ello sí que hace “invisible” a lo que es escaso o no en términos de demanda del consumidor, como explicó Hayek en The Use of Knowledge in Society[21]. Por lo tanto la analogía de la “mano invisible” lo que quiere decir es que cuando el gobierno no interviene, la oferta se acerca a la demanda “aprendiendo” a leer los precios. El que no aprende se funde, y ello es esencial para el bien común. Por ende se puede confiar en una economía de mercado; no hay nada “invisible” excepto que las personas habitualmente no ven las consecuencias directas de sus acciones: Francisco “no ve” que cuando elogia a San Lorenzo los productores de camisetas de San Lorenzo tienen mayor demanda, pero es así, y nada de malo hay en ello excepto que el productor de camisetas lo haga con un arreglo con el gobierno argentino a expensas de todos). El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. (Tiene razón: el mero asistencialismo no es suficiente. Es necesaria una reforma de las estructuras, y por ello estoy proponiendo con todo respeto y afecto a Francisco la consideración de que lo que él llama mercado son las estructuras estatistas que frenan al desarrollo Por lo demás, como ya he explicado otras veces[22], Hayek no niega la redistribución de ingresos a nivel municipal, siempre que no sea inflacionaria, confiscatoria o monopólica. Lo que los partidarios de la EA rechazan es el monopolio de los gobiernos nacionales, el “welfare state”, que está en crisis en EEUU y en Europa, no sólo por una cuestión de ineficiencia y pirámide de la población invertida, sino por una radical injusticia: atenta contra el ppio. de subsidiariedad. Esa distribución que Hayek admite, por lo demás, es totalmente compatible con un programa de investigación donde las funciones del gobierno municipal se transformen en las de un club good).  Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos” (Bien, como hemos dicho, ello sucede cuando no hay reglas claras en una economía de mercado. Cuando se busca rentabilidad, se promueven nuevas inversiones, y ello implica aumentar la demanda de trabajo (pues los bienes de capital provienen del trabajo, inteligencia y creatividad aplicados a los recursos naturales) lo cual implica aumentar la demanda de trabajo y disminuir la desocupación).
4.    4.   Conclusión.

Espero que este diálogo sea fructífero. Un diálogo siempre implica una voluntad de empatía para acercar horizontes. ¿Por qué aquellos formados en Scannone o Dussel, por un lado, no pueden sentarse a dialogar con los que estamos formados en Mises y Hayek? ¿Tan infranqueable tiene que ser la incomunicabilidad de paradigmas? Creo que no. Mucho más cuando las intenciones son las mismas: acabar con la pobreza, el subdesarrollo, el hambre, la desnutrición y todas las condiciones infrahumanas de vida. Mucho más cuando no estamos debatiendo los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia; mucho más cuando nada de esto está dicho como una crítica a los teólogos que se han preocupado por las condiciones humanas de vida de los pueblos, mucho más cuando todo esto está dicho desde un laico que comparte los llamados de Francisco a vivir más auténticamente el Evangelio, a descentralizar el gobierno de la Iglesia, a ir hacia las periferias, a mirar con misericordia, a escuchar con el corazón. Espero que Francisco, un Papa abierto al diálogo, se abra a este diálogo, tan inusual, pero tan importante.

 


[2] Zanotti, G.J: Economía de Mercado y Doctrina Social de la Iglesia (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1985). Segunda ediciòn: Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2005.
[3] Sopec. Madrid, 1968.
[4] “Economics and Knowledge”; “The Use of Knowledge in Society”; “The Meaning of Competition”, respectivamente, todos en Individualism and Economic Order, Chigago University Press, Midway Reprint 1980.
[5] Man, Economy, and State, Nash Publishing 1970, cap. 10.
[6] Competencia y empresarialidad (1973) Unión Editorial, Madrid, 1998, y The Meaning of Market Process, Routledge, 1992.
[7] Zanotti, G.J.: “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010.
[8] The Thoery of Money and Credit, Liberty Fund, 1981.
[9] Op.cit., p. 756.
[10] Ver Buchanan, J,:  “Mi peregrinaje intelectual”,Tópicos de actualidad, CEES, Marzo 2001;  El cálculo del consenso, Espasa-Calpe, Madrid, 1980; The Limits of Liberty, University of Chicaco Press, 1975;  The Logical Foundations of Constitutional Liberty, Liberty Fund, 1999, Vol. I.
[11] Socialismo, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1968.
[12] La refutación a la plus valía de Marx, en vida de Marx, fue en el cap. 8 del libro I de la monumental obra de E. von Bohm Bawerk, Capital and Interest (Liberty Press, 1959) de 1884. Esta obra es tan importante y extensa como El Capital de Marx y es su contracara, pero los marxistas la ignoran totalmente y los que se dicen no marxistas, también.
[13] Op.cit., The Logical Foundations of Constitutional Liberty.
[14] Zanotti, G.J.: “Economy and Culture in the Thought of John Paul II”, enLogos, A Journal of Catholic Thought and Culture; 1:2 1997.
[15] The Theory of Money and Credit, op.cit.
[16] Precios y Producción, Unión Editorial, 1996.
[17] La Acción Humana, op.cit. p. 591
[18] Crítica de la teoría del desarrollo, Orbis, 1983.
[19] Economía de mercado y Doctrina Social de la Iglesia, op.cit., cap. III.
[20] La Acción Humana, op.cit, p. 823.
[21] Op.cit.
[22] En “Igualdad y desigualdad según desiguales paradigmas”, enEmpresa y Humanismo (2004), Vol. VII Nro. 2, pp. 259-254.

 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Dolarización/convertibilidad inmediata a 15 pesos por dólar

Por Adrián Ravier. Publicado el 27/11/13 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/11/27/dolarizacionconvertibilidad-inmediata-a-15-pesos-por-dolar/

Somos muchos los que sugerimos que evitar una nueva crisis en Argentina implica cambiar el rumbo. Pero no he visto aún propuestas concretas acerca de que cambio concreto se requiere. Aquí va mi propuesta, la que esperó sea criticada por los lectores para iniciar un debate necesario.

http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/11/26/dolarizacionconvertibilidad-inmediata-a-15-pesos-por-dolar/

Cuando Brasil devaluó en 1999, recuerdo que los periodistas entrevistaron a Carlos Saúl Menem -el entonces presidente de la Argentina-, y le consultaron por el abandono de la convertibilidad y la magnitud de la devaluación que llevaría adelante el gobierno argentino. Menem respondió que no habría devaluación. Que el paso que venía era la dolarización. Siempre tuve la sensación de que ésa era la salida que el país necesitaba para evitar volver a las políticas inflacionistas de los años 1980. Pero Menem no avanzó en esta política, y por el contrario, continuó incrementando el gasto público (aumentó 100% en dólares en una década), con su consecuente déficit fiscal. La acumulación de deudas le permitió mantener su estructura de poder y colocó los vencimientos pocos días después de su salida del cargo, dejando el campo minado a su sucesor.

Fernando De la Rúa prometió mantener la convertibilidad, pero no supo, no pudo o no quiso hacer el necesario ajuste para equilibrar las cuentas. La pérdida de reservas fue aumentando día a día. Ricardo López Murphy llegó al Ministerio de Economía en marzo de 2001 con la renuncia en el bolsillo, si no lo dejaban avanzar en el ajuste que el país necesitaba, y pocos días después abandonó el cargo, ante las manifestaciones sociales contrarias a esas intenciones. De la Rúa no soportó la presión que el plan de ajuste necesitaba. El retorno de Domingo Cavallo sólo empeoró las cosas. Explicó que el problema no era el déficit, sino la competitividad, y dio señales claras de un gradual abandono de la convertibilidad, lo que aceleró la fuga de capitales y dejó al Banco Central de la República Argentina sin reservas, obligando a los gobiernos siguientes a abandonar la convertibilidad y pesificar. La dolarización pudo ser la alternativa, pero debió aplicársela antes de quedarse sin reservas.

Ya escribí hace unos pocos días acerca de la coyuntura actual, con serios problemas en el frente fiscal, monetario y cambiario. Sintetizando algunas magnitudes clave, el presupuesto 2014 prevé un gasto público total cercano al billón (1.000.000.000.000) de pesos, cuya ejecución promete exceder aún ese valor. La presión tributaria récord de nuestra historia -y una de las más altas del mundo- no alcanza para financiar dicho gasto, diferencia que será financiada con mayor emisión de dinero y el restringido acceso a deuda pública, que se elevó de US$ 144.000 millones en 2001 a US$ 237.500 millones, una vez que sean regularizados los saldos pendientes. En el frente cambiario, la fuga de capitales ya perforó el nivel de reservas del Banco Central de los US$ 33.000 millones, lo que promete seguir presionando el alza de precios.

El problema que enfrenta hoy el gobierno es cómo evitar que continúe esta pérdida de reservas, dado que esto atenta contra el modelo económico. Sugería en aquel artículo un cambio de rumbo o de modelo, pero eso no pasará si atendemos al discurso oficial. Las reformas económicas que se comentan, sea una profundización, ampliación o desdoblamiento del cepo cambiario, o bien medidas concretas contra aquellos que quieran salir del país en el verano que se avecina, son sólo un maquillaje que de ningún modo podrán resolver esta difícil situación.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar, reconocer nuestros fallos. La Argentina es incapaz de gestionar su propio dinero, aspecto que queda claro al estudiar nuestra historia o revisando la situación inflacionaria actual. El cepo cambiario además ha fracasado, si atendemos que en un año y medio desde su implementación generó una fuga de capitales de 19.000 millones de dólares, apenas por debajo de los 20.000 millones de dólares que se fugaron entre enero de 2001 y mitad de 2002.

En segundo lugar, actuar en consecuencia, esto es, quitar el cepo cambiario. Preocupa una acelerada fuga de capitales que liquide las reservas, lo que sólo puede ser resuelto con medidas que transmitan credibilidad. En este contexto, no puedo pensar más que en dos alternativas. La dolarización o una nueva convertibilidad. En el primer caso, la medida podría implementarse en cuestión de días y con bajo costo relativo. Un cálculo de la base monetaria ampliada dividido por las reservas declaradas y auditadas por el Banco Central de la República Argentina nos deja con un dólar por cada 15 pesos. En este caso, el Banco Central de la República Argentina debe cerrar sus puertas e invitar a todas las personas a que se acerquen a los bancos a cambiar sus pesos a esta paridad. Los contratos de aquí en más deberán ser denominados en dólares, y se podría liberar al mercado, esto es a la gente, a que elija monedas alternativas como el euro, el yuan, o cualquier otra divisa para realizar sus contratos. Incluso se podría alentar una banca off shore, para atraer nuevos bancos internacionales, reducir el riesgo país y asegurar la atracción de inversiones. Además, los impuestos comenzarán a pagarse en dólares, que sería la moneda de curso legal, y los salarios públicos, incluyendo docentes y jubilados, también comenzarán a pagarse en esa moneda.

En el segundo caso, se podría implementar una nueva convertibilidad a $ 15 por dólar, bajo condiciones similares a la Ley 23.928 pero me temo que se pueda repetir la experiencia de 2001. El costo de salir de la convertibilidad siempre es menor que el de abandonar la dolarización. En cualquier caso, ambas propuestas tendrán una consecuencia lógica e inmediata en la estabilidad monetaria. Una medida u otra obligará al gobierno a buscar fuentes alternativas de financiamiento del gasto que la monetización del déficit fiscal. Quizás la deuda pública sea útil en la transición al equilibrio fiscal, pero habría que implementar un plan económico para alcanzar el equilibrio fiscal en menos de tres años. Un presupuesto base cero debería estar también en la agenda del gobierno, lo mismo que el abandono de los subsidios y un sinceramiento de la economía, en especial en lo que refiere a las tarifas de los servicios públicos y en los precios de bienes y servicios hoy regulados. La viabilidad del plan requiere que estas medidas sean inmediatas, puesto que una continua fuga de capitales y caída de reservas sólo conducirán a consecuencias muy graves en lo económico y especialmente en lo social.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El principio de los derechos humanos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/11/13 en:  http://www.elnuevoherald.com/2013/11/25/1623570/alejandro-a-tagliavini-el-principio.html

Los derechos humanos empiezan, es una obviedad, en el derecho a la vida. Y la vida, ya lo sabían los clásicos griegos, se desarrolla de manera intrínseca, de adentro para afuera, como cuando los niños ganan altura no es cierto que suceda porque, durante las noches, las madres los cuelgan del perchero.

Pero dicen las malas lenguas que en la Casa Rosada hay vampiros de los que duermen colgados. Será por eso que el gobierno argentino provoca situaciones desopilantes como arrancarles dólares a los exportadores a precio vil, desalentando la producción, para ofrecerlos a viajeros por placer y compras superfluas. Pero en esto de desalentar la producción para alentar la vagancia el chavismo se lleva las palmas. Entre otras causas, debido a las súper rebajas socialistas decretadas por Maduro, decenas de miles de personas han esperado 10, 20, 40 horas o más en colas para comprar bienes prescindibles. Calcule las horas malgastadas en total.

Según estimaciones, 13 millones de personas han sido afectadas por el tifón Haiyan, en Filipinas. Las pérdidas globales relacionadas con el clima han aumentado desde los US$8,000 millones anuales durante los 80, hasta US$195,000 millones durante la última década, según el grupo asegurador Munich Re. El total de daños llega a US$3.7 billones entre 1980 y 2012. De ellos, el 74% se relaciona con las condiciones meteorológicas extremas. Según el Banco Mundial, invertir preventivamente antes de los desastres conllevaría un ahorro de hasta el 50%.

El huracán que inundó Nueva Orleans, por caso, no hubiera tenido efectos tan desastrosos de no ser porque las defensas diseñadas en una oficina burocrática estatal no eran las adecuadas que hubieran podido construir las personas afectadas, a través de compañías aseguradoras, por ejemplo, si el gobierno lo hubiera permitido. No es casual que 85% de las víctimas mortales por catástrofes ocurren en países con ingresos bajos o medios, según NacCatService. Es que, precisamente, el flojo crecimiento económico muestra que el desarrollo natural de esa sociedad está siendo coartado extrínsecamente.

En estos ejemplos se ve la ineficiencia cuando pretende desarrollarse la vida humana extrínsecamente. Lo más eficiente, finalmente, es aquello que hace que el hombre se desarrolle lo mejor posible, pero como el desarrollo natural es intrínseco la eficiencia también lo es, no puede ser impuesta desde afuera. “De cuantas acciones ejecuta el hombre, sólo aquéllas pueden decirse propiamente humanas… (cuando) él es dueño de sus actos… Son, pues, en realidad humanas las acciones que provienen de voluntad deliberada, y si otras ejecuta, serán acciones del hombre, más no acciones humanas, ya que no obra en ellas como hombre en cuanto tal”, dice santo Tomás en la Suma de Teología (I-II, q. 1, a. 1.).

Aristóteles distingue el ser –humano– en acto y en potencia (la posibilidad intrínseca de llegar a ser lo que aún no es). Consecuentemente, el movimiento, las acciones –el desarrollo– es, precisamente, el paso de la potencia al acto, es decir, “el acto del ente en potencia en tanto está en potencia” dice en la Física (III, 1). En definitiva, la verdadera autoridad existe cuando el obediente decide libremente, en cada acto, obedecer como cuando los niños van por la vida imitando a los padres o el aprendiz sigue al maestro para conseguir la excelencia. Así, la “autoridad” por imposición coactiva es inmoral, ineficiente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Argentina: Los Sospechosos de Siempre

Por Gabriela Pousa: Publicado el 25/11/13 en http://independent.typepad.com/elindependent/2013/11/argentina-los-sospechosos-de-siempre.html

 

“El mejor modo de conocer un país es averiguar cómo se trabaja en él, cómo se ama y cómo se muere. En nuestro país todo eso se hace igual, con el mismo aire ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. Los deseos de la gente joven son violentos y breves, mientras que los mayores trabajan para enriquecerse. Pero hay países donde la gente tiene la sospecha de que existe otra cosa. Aquí todo se hace sin darse cuenta, hasta morir es una dificultad. Nunca es agradable estar enfermo pero hay países que nos sostienen en la enfermedad. Pero aquí la importancia está en hacer negocios

Extraído del libro “La Peste” de Albert Camus

Como si un instante pudiera sintetizar una eternidad, como si una crónica periodística pudiese alterar la realidad, así se vive en la Argentina a finales de 2013. Con dificultades que exceden la lógica y se adentran en un abismo de marginalidad. Todo está presto para el negociado espurio, nada está dado para el trabajo honesto. Se ha impuesto la cultura del menor esfuerzo con siniestra majestuosidad.

Es por eso que un cambio insustancial de ministros despierta voces esperanzadas en la nada, y un fin de semana largo es vendido como reflejo de una década ganada… Sólo la débil memoria de los argentinos puede permitir eso. Si acaso el recuerdo de aquel fatídico 2001 sirviera para que la experiencia torciera el destino sería propicio insistir con estas crónicas…

Pero después de publicadas, también se modificó la escenografía y paradójicamente o no, asumió un tal Jorge Milton Capitanich la jefatura de ministros. Era otro calendario y otro el jefe de Estado pero al frente del equipo, estaba el mismo. 

Ningún homónimo, exactamente idéntico funcionario que respaldó la gestión de Sandra Mendoza al frente del ministerio de Salud del Chaco cuando las muertes por dengue crecieron exponencialmente. Capitanich sí, aquel que llevó a sus hijas adolescentes de veraneo a Panamá en el avión de la gobernación, aduciendo que aprovechó para hacer un control técnico que jamás se realizó. Es ese Capitanich que ahora algunos creen ha de salvar al país… 

Pero Argentina es o debiera ser mucho más que un teatro de mediocres actores recitando guiones plagiados al pasado. La vuelta de la Presidente apenas modificó la escenografía. Un par o dos de pinceladas sobre paredes raídas no alcanza, aunque enseguida se escuchen voces de algarabía sostenidas en espejitos de colores y aplausos de cotillón. Sigue el viejo espectáculo maniqueo convocando al tedio.

Posiblemente la crisis de hoy sea distinta a la de comienzo de siglo, otro contexto, otras causas pero la comandan los mismos que nunca solucionaron un ápice, y que en muchos ocasiones empeoraron la situación. ¿En qué sustentar pues las esperanzas?

Las proyecciones con base en datos fácticos, en evidencias empíricas y en cuentas sin dibujos acrobáticos muestran un país en caída libre.Posiblemente los tiempos no puedan determinarse como antes ya que es dable reconocer que, en los últimos años, ha habido un porcentaje de argentinos que han ganado más dinero de lo esperado.

Pero es el país de los contrastes donde también ha habido un porcentaje similar de ciudadanos – que deberían ser  contemplados en el contexto de las políticas igualitarias que tanto vocifera el kirchnerismo en su relato -, que han tenido que mudar a las villas, su decencia, sus naderías…

La ONG Techo comprobó durante un trabajo de campo realizado en sólo siete provincias, la existencia de 1.834 asentamientos, donde malviven más de dos millones y medio de personas. Y Chaco no es excepción a ello, al contrario. El pleno empleo que se lee en ciertas estadísticas tiene la certeza de los índices de inflación que dejara Guillermo Moreno como corolario de la desidia.

En ese contexto, proyectarse a la presidencia por el simple hecho de haber sido designado jefe de un gabinete escindido no tiene mucho sentido, como tampoco lo tiene vislumbrar cambios en un gatopardismo comprobado hasta el hartazgo.

El circo no se renueva. A lo sumo, los payasos  ensayan nuevas morisquetas. Algunos se van pero dejan sus huellas muy parecidas a esas llagas que permanecen abiertas…

Moreno , sin ir más lejos, no se va por sus fracasos sino por los fracasos del matrimonio Kirchner. En poco tiempo se comprenderá que el ex Secretario de Comercio no fue sino un soldado, el más brutal quizás pero un soldado, ni siquiera un general con propia tropa a su mando. Y las extorsiones y los aprietes tuvieron su razón de ser en empresarios que se dejaron apretar y extorsionar vaya a saber por qué…

Lo cierto es que frente a la derrota, deciden suavizar modos no métodos, y eso corrobora la continuidad del actual estado de cosas.

Temer ahora al comunismo que dice representar Axel Kicillof es ingenuo porque  el nuevo ministro no hará sino implementar los caprichos que le indiquen desde Olivos. El problema no es Marx, ni Keynes, ni Chávez, el problema es el kirchnerismo. El kirchnerismo con su modelo nacional y popular impuesto por Nestor Kirchner primero, y profundizado por Cristina Fernández luego. 

Ese modelo que persigue la pobreza del pueblo en detrimento de la riqueza del poder, el modelo que multiplica, simultáneamente, habitantes en la Villa 1-11-14 y en Puerto Madero y El Calafate. No quieren la revolución del Che sino la revolución de guante blanco, donde el revolucionario redentor es el mismo personaje que dirigió el gabinete de Duhalde cuando se produjo la mayor devaluación.

No es la metodología marxista de Lenin y Stalin sino la metodología de usura y apropiación de Cristóbal López y Lázaro Báez. Es otra vuelta de “robo para la corona”. No son los bolcheviques de Leningrado sino los “pibes” de barrios privados que, no usando corbata, se creen liberados de formas y mandatos… 

En ese ámbito estamos, girando en un círculo vicioso donde aumenta cada vez más la brecha que hay entre la sociedad y el ‘comando presidencial’.

Cristina sigue actuando coyunturas. Cristina sigue sacándose fotografías… Así concibe la historia de la Argentina: como un álbum de imágenes sueltas que no cuentan una trama verdadera. Aquella instantánea, por ejemplo, donde pudo vérsela embarrada en Tartagal, Salta, después de un alud, puede volver a sacarse hoy día porque nada ha variado en esa geografía.

Cada foto es una asignatura pendiente que se suma a otras tantas. Para la jefe de Estado todo empieza y termina cuando se abre el obturador de la cámara. Mientras, la gente vive la película sin pausa, sin tregua, sin intervalo siquiera…

La reciente aparición de la dama dando un discurso en un balcón interno de Balcarce 50, es el símbolo más perfecto de su proyección. Afuera hay un mundo que no mira. Afuera está la sociedad sin militancia, la que muy posiblemente vaya una semana a la costa atlántica pero sólo porque sabe que los pesos después no le servirán para nada.

No se trata, en definitiva, de bonanzas sino de desesperanzas, de dar por perdida la ilusión de un cambio que permita proyectar una vida y no apenas una estadía. Pequeñas grandes diferencias que la mandataria no está dispuesta a ver ni mucho menos a asumirlas…

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

CUERVOS MAL PARIDOS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Dejemos de entrada aclarado el rol fundamental del mundo de los negocios en cuyo ámbito se busca permanentemente operar en dirección a los deseos de la gente. Por supuesto que esta es la consecuencia, el motor es el deseo de obtener ganancias. Por ejemplo, si no fuera por los especuladores el precio de los granos se derrumbaría junto con la cosecha y no quedaría saldo para el resto del año. El retener en silos hace que el precio en cuestión se mantenga aproximadamente igual durante todo el ejercicio. El empresario se guía por el cuadro de resultados en sus balances: si acierta en el gusto de su prójimo obtiene beneficios y si yerra incurre en quebrantos. Técnicamente, el empresario conjetura que los costos de tal o cual bien o servicio están subvaluados en términos de los precios finales y, por tanto, irrumpe en el mercado al efecto de sacar partida del arbitraje correspondiente.

 

Al empresario debemos agradecer las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres, el alumbrado, la telefonía, la medicina, los alimentos, la energía, el cine, la televisión, la impresión de libros (y los eBooks), las computadoras, los muebles, la construcción y tantas otras cosas que se deben a los estímulos de mercado para su producción eficiente. Más aún, a veces los empresarios caen en la trampa de tener que incluir en sus filas áreas como las de “la función social de la empresa” para “devolver a la comunidad lo que le han sacado”, sin ver, como ha destacado el premio Nobel en economía Milton Friedman (“The Social Responsability of Business is to Increase its Profits”, New York Times Magazine, septiembre 13, 1970) que el rol social del empresario consiste en ganar dinero lo cual evidencia que ha sabido atender los requerimientos de los demás y ha mejorado salarios como consecuencia inexorable de las tasas de capitalización que él mismo genera. La envidia y el resentimiento han hecho estragos al atacar la productividad y el consiguiente éxito de comerciantes destacados, incluso se recurre a expresiones peyorativas y denigrantes como “los fondos buitre” para aludir a quienes compran títulos baratos y los venden caro como es el objetivo común a todo empresario que se precie de tal (con lo cual, en este caso, por ejemplo, ayuda al jubilado italiano que no puede esperar la cobranza de su acreencia).

 

Habiendo dicho todo esto, en esta nota me quiero referir a los cuervos mal paridos para aludir a un fenómeno totalmente distinto al señalado hasta aquí. Aludo al ejercicio de hombres de negocio que buscan arbitrajes en lugares consumidos por los atropellos del Leviatán sin interesarles en lo más mínimo contribuir a la modificación del clima de ideas que provoca la situación de miseria de sus habitantes. Como hemos dicho antes, nada tiene de malo el buscar oportunidades para obtener rédito monetario, al contrario de eso trata el rol empresarial, lo que señalo es el desprecio por las causas que permiten que la empresa subsista dando por sentado que serán otros los que en definitiva salvarán la situación lo cual permitirá que ese tipo de empresario no tenga que elucubrar sobre sus negocios en el medio del mar rodeado de tiburones puesto que ya no quedaría lugar habitable en tierra firme.

 

Y no es que el empresario deba necesariamente contribuir a tareas educativas en pos de la sociedad abierta (lo cual no sería mal al efecto de abrir cauce a sus propios negocios en otros ramos), en el caso comentado, no solo apuntamos su desprecio por los esfuerzos docentes, sino su reclamo tácito por situaciones horrendas para poder sacar partida en una actitud suicida sin solución de continuidad hasta que el derrumbe sea total. Estos son los cuervos mal paridos que comentan entre si deleitados las peripecias y desgracias de otros como “una oportunidad” de hacer negocios. No se trata de la función habitual y necesaria del empresario para satisfacer demandas ajenas sino que su prerrequisito es la malaria ajena (aunque como una consecuencia no buscada finalmente su acción eventualmente logre buenos resultados generales).

 

Días pasados accidentalmente escuché una conversación en la mesa de al lado en un restaurante donde los comensales comentaban con evidente gozo que las crisis profundas les abrían las puertas a jugosos beneficios, mientras “la gilada” se hundía en situaciones miserables. La generalización de esta gimnasia perversa corre el eje del debate hacia situaciones cada vez peores debido a la retracción de criterios juiciosos para defenderse de los embates de un estatismo grotesco que engulle a su paso todo lo que toca, mientras los cuervos mal paridos se entretienen irresponsablemente con el malestar ajeno en base a la ilusión que podrán seguir con sus planteos macabros para siempre sin percatarse que en definitiva están serruchando su propio piso.

 

Mientras, en lugares como en los suelos argentinos las izquierdas ganan las elecciones internas en todas las universidades del país (con un par de excepciones no muy relevantes) y la mayoría de los analistas políticos y colegas economistas se niegan a debatir temas de fondo para limitarse a describir la coyuntura manteniendo las mismas instituciones que generan los incendios recurrentes debido, precisamente, a que no se quiere mirar el foco del fuego. Esto, a diferencia de lo que hacen los socialismos que se ocupan del fondo de los problemas en una dirección contraria a la sociedad abierta, empuja la articulación del discurso político que tanto entusiasma a los cuervos mal paridos que ven oportunidades varias para lo crematístico del corto plazo.

 

Esta actitud combativa de las izquierdas en todos los frentes junto a las timoratas de otros, permite correr el eje del debate de tal modo que pone contra las cuerdas a los últimos con lo que cada vez más temas de la tradición de pensamiento liberal son “políticamente incorrectos”, como decimos, consecuencia de actitudes irresponsables que no tienen iniciativa alguna para ir al fondo de los problemas. Precisamente es por esto que, entre otros liberales de fuste, Hayek pone como ejemplo a los socialistas por su coraje y su perseverancia.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE. 

Por qué los diarios ya no importan

Por José Benegas. Pubicado el 15/11/13 en: http://josebenegas.com/2013/11/15/por-que-los-diarios-ya-no-importan/

La semana pasada oía a Marcelo Longobardi hablar de las horas que le dedica a la lectura de los diarios y a ver cada uno de los programas de contenido político que han quedado relegados al cable en esta era oscurantista que hemos vivido. Mientras lo iba contando yo pensaba ¿para qué? ¿Qué importancia tiene el contenido de los diarios hoy en día? Hace mucho que son más que la crónica diaria de lo que el estado nos hace, en muchos casos acompañada del comentario aséptico sobre su eficacia o falta de eficacia.  Pienso que pronto caerán en desuso.

La mayoría de la gente lee los títulos pero nada más que para mantener una conversación en la oficina, por algo las noticias que en otros tiempos podríamos haber considerado relevantes hoy compiten en un pie de igualdad con los chimentos de la farándula.

No estoy repitiendo el argumento de Nassim Taleb en El Cisne Negro, ese es válido para todos los países, voy a otra cosa. No solo que la información inmediata ni siquiera nos informa, sino que ha perdido utilidad hacer los diarios y también leerlos, porque en primer lugar nosotros los lectores ya no tenemos peso político en tanto ciudadanos. El lector es nadie. A lo sumo algún día se enojan unos cuantos y salen a la calle a mostrar en carteles la indignación que no tiene canal ni voz con el aliento que les queda después de pagar el IVA y buscar los productos que no encuentran en el supermercado. Los diarios entonces se convierten en auditores del público, destacan de qué barrio son, se fijan a ver si los carteles no dicen nada agresivo, en cuyo caso nos dejarán a todos muy claro que ellos son la corrección y están del lado del poder. El poder no es el ciudadano en absoluto.

El individuo carece de peso político porque mediante triquiñuelas y falsas doctrinas económicas se lo viene domesticando por décadas. Contribuyen a ese deterioro muchos que se rasgan las vestiduras con la palabra república o se preocupan por la libertad de expresión, siempre que se trate de la libertad de expresión de alguien importante en el periodismo. Hay cuatro o cinco personas bien acomodadas que no pueden tocarse, pero cuando se metían con la hermana de Juan Cruz Sanz allá por el comienzo del despotismo K, no le importaba a nadie. De nuevo el poder, un periodista importante es aquél al que se le tiene miedo, al ciudadano no se le tiene ninguno.

Que miedo se le puede tener a alguien a quién sus cuentas bancarias están siendo vigiladas, se le dice si puede comprar dólares, necesita ser autorizado para importar rabanitos y todo el mundo sabe que se lo maltrata con excusas para no dejarlo hacer lo que quiere, se lo mata en los trenes, le hacen pagar subsidios a los que viajan, se le falsifica la moneda y se considera a la inflación como ganancia para hacerlo pagar impuestos, se le muestra en su cara que el aparato de difamación y propaganda se paga con sus impuestos, se lo trata como ganado en un hospital. Ese es el lector. El diario dice todo el tiempo que tal ley controla a tales lectores, que tal oficina se encarga de autorizar a los lectores y que el último discurso prsidencial advirtió sobre el peligro de otro determinado grupo de lectores. Si el diario escribe pensando en el lector, tan desmerecido, pierde. Por eso mejor acompaña  la rosca etiquetándolo como peligroso cuando disemina un pensamiento económico que supone aplastarlo todos los días. Lo importante es responder a algún círculo que conserve poder o al propio estado de manera directa. Esos círculos que mantienen sus pequeñas cuotas de la torta, jamás se enemistarán con el estado. Lo demás será una falsa moral adaptativa.

Entonces pasa que aparece un fallo de la Corte que dice que la libertad de expresión como derecho individual debe ceder en general ante una interpretación colectiva, cuya consagración en concreto requiere el cierre de medios. Imaginen el incendio en un diario como los de antes que estaban pensados para los lectores pidiendo destituciones, llamando a la gente a levantarse contra un poder tiránico y sus agentes. Pero solo con este párrafo este artículo no podría ser publicado en ningún diario impreso de la Argentina. Lo que lo detendría sería una moralina pretendidamente institucionalista, como sinónimo de benevolencia con quienes ocupan el poder (es decir como antónimo de institucionalismo) que nos enseña todo el tiempo que no hay que insultar a kicillof y que la máxima norma del sistema político es la perdurabilidad del gobierno, no de la Constitución tal cual es. Mucho menos la del ciudadano/lector.

En los diarios hace más de una década que no hay nada. Todo el mundo sabe que hay que decir poco para llegar ahí y sobre todo que hay una corrección cuya regla no escrita es no joder al poder de verdad. Solo hacer un poco como que se lo critica pero llenándolo de aclaraciones como para ser inofensivo. Las excepciones son pocas, esporádicas y siempre lavadas.

Denuncias sí se puede hacer, pero sobre corrupción entendida como robarle al estado y con eso impedir que nos haga felices. No se puede robar al poder. Corrupción como un problema del propio estado, no del ciudadano. El poder, por favor no confundirse, es siempre bueno. Desafiar al funcionario puede ser, pero a la estructura del poder que es el estado jamás. Salvo, que otro poder lo habilite, un rato.

Este es un punto más difícil de compartir, lo se, si es que alguno es fácil, pero la verdad que periodismo y socialismo o más particularmente estatismo, no se llevan bien. El lector es un ciudadano privado. El nuevo despotismo que viene como herencia de la social democracia comienza con la exaltación del estado y al “ovejización” del ciudadano privado. Al mismo individuo al que hoy se desprecia se le dio el rol de mendicante frente al poder. Defender su “libertad” pasó a ser someterlo al “verdadero peligro”, el otro ciudadano privado que estaba mejor que él. El sentimiento no era el sentido de independencia sino a la envidia. El poder político era la herramienta a la mano para canalizarla, ya no el peligro mayor que le da sentido a la existencia de la tradición constitucional clásica y con ella al periodismo. Los diarios de nuestra época por supuesto miden las diferencias entre los más ricos y los más pobres, dato que es de una irrelevancia absoluta. Los más pobres de todos los países estarían felices si fueran libres de emigrar hacia países donde esa brecha respecto de ellos fuera mayor, del mismo modo que cuando ponemos un estudio de arquitectura o de cualquier otra cosa, esperamos que el cliente que entre por la puerta sea mucho, y si se puede muchísimo más rico que nosotros. Esa es una oportunidad en términos económicos si no hay trabas burocráticas y una desgracia sólo para los que alimentan la envidia. Pero claro el invento de una “información” llamada brecha alimenta la falsa legitimidad de aumentar el uso del poder político. Y sus avisos.

Entonces tenemos que el lector o es un rico, malo, o es un pobre oveja. Es decir o un villano o un pobrecito. Y no es que este sea un pensamiento del pobre, para nada. Es en general de los demás, de hecho no conocemos dueños de diarios pobres ¿verdad? Esto es una contaminación moral. Esa es la parte que no tendrán por que compartir muchos, pensarán que hay un cielo en el que se premian los sentimientos de luchas de clases. Pero mi punto es nada más que si se piensa así, el diario no sirve para mucho más que para envolver los tomates. Si es que no están demasiado caros y los propios diarios no han sido obligados a dejar de informarlo y la Corte no diga que está muy bien tal restricción en nombre del derecho de todos a hablar.

El periodismo nace con la vida privada, como la novela. Cuando el ciudadano se transforma en protagonista quiere saber lo que pasa y tiene peso. El diario es una respuesta del mercado a eso.

El diario también busca lectores e influencia. La influencia consiste en tener a los ciudadanos privados de su lado. Lo importante en una sociedad en la que el periodismo brilla es la vida privada, no los lobbys, no el estado. Si el diario empobrece al lector, lo hace poco importante, glorifica al poder, contribuye a crear fantasmas internos o a fomentar la envidia, pierde sentido como tal. Se transforma en otro tipo de literatura que no tiene que ver con el poder del lector sino con su uso.

Ese ciudadano que es la célula de la política en un sistema republicano (¿se acuerdan?) es mencionado de varias formas, de acuerdo a qué es lo que hace. Es un profesional, un maestro, un taxista, un comerciante, un empresario, una mucama de un hotel o un periodista. Todos están del mismo lado del mostrador y se informan sobre lo que sus servidores  hacen o dejan de hacer y de los más variados temas que influyen sobre su vida como sector productor. En las crónicas festejarán la ley que regula al lector y le recorta sus facultades llamándolo por ejemplo “comerciante”.  Ya estamos lejos de vivir como esos ciudadanos que alimentaban al diario, porque nuestros libros  con los Felipe Piña del pasado ya empezaron a construir la gloria del estado, es decir del poder y de quienes lo ocuparon. Los revisionistas actuales nos hablan de lo mismo, solo que los buenos y los malos se han invertido hasta que lleguen otros revisionistas que tendrán el trabajo más sencillo de reprogramación porque los de ahora son tan elementales que tienen capacidad como para convencer a Cabandié.

El problema de la última década es que se trata de la explosión de ese sistema. El estatismo renace con su ineficacia total y evidente no intenta convencer a nadie porque todo el mundo sabe en la Argentina que el estado es una calamidad, que solo sirve para enriquecer a los que lo colonizan y para ejercer la arbitrariedad para sacar un provecho inmediato. No tenemos ni una remota pista de algo parecido al ideal de estado que se propaga desde todos lados, con ese miedo profundo que se ha instalado a defender la libertad y la vida privada que es la otra cara de la misma moneda. No hay ignorancia, es pura complicidad.

Entonces no hay más remedio para seguir pensando en el lector que ganarse el odio no solo del estado, de sus agentes, de las cámaras de delincuentes con generosidad llamados empresarios, sino también de los diarios.

Fíjense como el poder político marca la agenda periodística desde una moralina que le es muy funcional. A veces se habla de “periodismo independiente” como sinónimo de periodismo que no toma partido. Por ejemplo podría esta independencia hacernos la crónica de los campos de concentración destacando, para decir algo positivo y validarse, que se han incorporado una cantidad cualquiera de mantas o se ha arreglado determinado baño. Hay que hacerlo para demostrar que no se es anti. Ser anti es malo. Ser independiente es estar en el medio, incluso en el medio entre el ciudadano harto y el funcionario cómodo.

También está la cosa de convertir todo en “dato”. Pero los datos sin teorías no sirven para nada. La falsa realidad de las estadísticas de la macumba económica como el producto bruto, balanza de pagos y tantas otras cuentas desprovistas de un mínimo análisis de sus implicancias éticas, al lector no le sirven de nada. Los diarios festejan con el gobierno, por ejemplo, números como el “aumento de la recaudación”. Le están diciendo a sus lectores que los están empobreciendo pero se los cuentan como una buena noticia, por la razón más que banal de que el cronista puede haber sido formado en la idea de que lo que le toca es transmitir algo que se llama “información”, aunque no tenga idea de que en verdad está respondiendo a una teoría, solo que sin saberlo, a una muy equivocada y contraria a los intereses de su lector. Cuando el diario se sale de ese rol de menguele aséptico de la información, el poder le recuerda que la ética consiste en ser inofensivo para que el medio se rectifique y se mantenga en el menguelismo informativo que le deja al estado el campo abierto.

Por eso es también una falsedad que tenga que ser “objetivo” si se lo toma como sinónimo de neutral. Podría ser totalmente arbitrario inclusive, pero a los lectores en general les interesa que sigan un criterio y que respeten los hechos tal cual son. Porque además hay competencia. Pero cómo no va a tomar partido una empresa que supone la libertad de su cliente cuando está en juego. Cómo no va a tomar partido por unos principios en contraposición con otros si son esos principios los que determinan qué cosa es información y qué cosa no la es. Ahora bien, en un sistema despótico en el que todo el mundo colabora, incluidos los diarios, estos apenas cumplen el papel de servir de boletín de entretenimiento de lo que Macri denominó el “círculo rojo”.  Es un lobby más.

 

En medio de esta crisis se debate mucho el rol de la prensa. Claro, es tanta la pérdida de norte que en algún momento se nota. La noticia (esto si es una noticia) es que no existe ningún rol de la prensa. El periodismo no es un servicio público, es un servicio privado. Preguntar cuál es el rol de la prensa equivale a preguntar cuál es el rol del individuo. Un oxímoron. Si tiene rol es un soldado, no un individuo. El medio de prensa responde y hace lo que quiere. Es un medio, no un fin. El fin lo determina por si mismo su dueño. El diario es la extensión del ciudadano. Es un ciudadano organizado de modo empresarial. La empresa es una herramienta hecha en libertad por el sector privado para la consecución de sus fines, si hay libertad, condición esencial para que importen los diarios, el estado no tiene autoridad sobre la empresa. Todo lo que la Corte colectivista revolucionaria acaba de matar.

Pero resulta que nuestros diarios despóticos se encontraron con un gran dilema que no pudieron resolver cuando el estado fue contra ellos. Se la pasan todos los días llamando al uso del poder contra todo tipo de empresas y cuando se ataca la libertad de expresión apuntando contra los medios que la hacen posible se quedan sin argumentos. Es más, les repiten la cantinela de la supuesta incompatibilidad de intereses entre empresario y empleado (desmentida por el mero hecho de que han establecido una relación de manera libre) y no tienen nada que decir, porque en su no tomar partido parece que no han incluido no ponerse a favor del estado y la arbitrariedad de las regulaciones cada vez que pudieron. Lo cierto es que la supuesta puja entre la libertad del periodista y la del medio es falsa. El medio es solo el capital con el que el periodismo se torna políticamente relevante. Es una forma de industrialización en la que se pierde y se gana, lo primero como costo y lo segundo como beneficio. Con lo cual el periodista individual tendrá que compatibilizar algunos de sus deseos por el hecho de no trabajar solo, pero eso le permitirá con el capital arriesgado por un tercero multiplicar su impacto. No ha perdido, ha ganado, si esa fue su elección en lugar de escribir su blog. Como ganan los dueños de los medios teniendo socios en lugar de hacer las cosas como quieren sin consultar.

Pero claro eso requeriría hablar de derecho de propiedad y eso significaría no solo tomar partido entre el estado y el individuo sino además ser liberal y nadie quiere ser liberal. Parece que no te lleva a los círculos intelectuales con los mejores canapés, ni mucho menos a los lugares donde se reparte la pauta oficial y ya ni siquiera a los departamentos de “RSE”. El problema es que querer ser prensa libre y no querer la libertad como tal es una completa estupidez.

La prensa es en una sociedad libre un instrumento esencial de una de batalla política en el que el ciudadano está en el tope de las prioridades. No es un dispensario de datos sin trascendencia, lo puede ser como dije antes, pero entonces no tendrá la más mínima importancia y cuando vayan por ella nadie sentirá una pérdida más que remota, en el terrno de la ensoñación y del juego.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Axel Kicillof intentará ser el “Keynes argentino”

Por Adrián Ravier. Publicado el 20/11/13 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/11/20/axel-kicillof-intentara-ser-el-keynes-argentino/

La derrota en las elecciones legislativas, las diferencias surgidas en el equipo económico, el debilitamiento del oficialismo de cara a las elecciones de 2015 y una serie de problemas en el frente monetario y cambiario presionaron al gobierno para abrir una etapa de renovación dentro del gabinete nacional. Lo que se pretende con ello es atacar tanto los problemas en el frente político como aquellos del frente económico. En el primer caso, se intentará homogeneizar el discurso, fortalecer el modelo, recuperar credibilidad en el electorado y dar algunas señales positivas de cara a las elecciones de 2015; en el segundo caso, controlar la inflación, limitar la pérdida de reservas y menguar las presiones sobre el tipo de cambio.

Nótese que no mencioné que vayan a atacar el desequilibrio fiscal, ya que esto implicaría un “ajuste“, un cambio de modelo, que no creo que esté en la agenda del gobierno.

La reaparición de la Presidente tras su licencia por enfermedad vino acompañada precisamente de un anuncio que coloca a Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y a Axel Kicillof como nuevo ministro de Economía. Será Capitanich el encargado de trabajar el frente político, buscando consensos y trabajando en construir una unidad de cara al futuro; mientras que Kicillof –y más aún con la reciente renuncia de Guillermo Moreno– deberá presentar propuestas concretas para paliar los problemas del frente económico, o concretamente en el frente monetario y cambiario.

Un fracaso de este último en alcanzar sus objetivos incrementará la sangría de reservas e intendentes, poniendo piedras en el camino del oficialismo en continuar el modelo en 2015, cualquiera sea el candidato elegido para la sucesión; pero al mismo tiempo, dos años más de inflación y pérdida de reservas limitarán las alternativas de política económica que el gobierno que suceda a Cristina Fernández de Kirchner desee implementar a partir de 2015. Resumiendo, si Kicillof fracasa, quizás ya sea tarde para evitar una nueva crisis económica con un plan alternativo posterior.

En otro artículo en este diario resumí mis breves contactos con el joven Kicillof, cuando era un académico, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En aquellos tiempos Kicillof estudió en profundidad a los autores clásicos, en especial a Karl Marx, y más tarde, se doctoró en economía con un profundo estudio de losFundamentos de la teoría general de John Maynard Keynes. El pensamiento de Kicillof se encuentra entonces entre Marx y Keynes, con un debate interno que no le debe ser fácil de resolver. Piensa en los términos que aprendió de Marx -aspecto que se nota cuando habla-, pero modera su discurso a través de Keynes, a quien conoce de memoria. El socialismo para él sería deseable, aunque entiende que una transición a ese sistema es inviable en el mundo moderno. El advenimiento del socialismo será quizás una etapa más avanzada del capitalismo, pero no es algo que a él le preocupe acelerar desde su nuevo cargo. De ahí que pienso que su acercamiento a Keynes explicará mejor sus propuestas de política económica.

Como buen historiador de las doctrinas económicas, Kicillof sabe que el pensamiento de un autor debe estudiarse bajo el contexto histórico en el cual vivió. Y es curioso que el contexto en el que Keynes construyó su pensamiento revolucionario sea tan similar al que hoy caracteriza a la economía mundial. En una entrevista desarrollada hace algunos meses, Kicillof explicaba que aquella gran depresión de los años 1930, junto con la crisis global actual, son las dos peores crisis de “la etapa capitalista”. Esto llevaba a Kicillof a rechazar la idea generalizada que tenemos otros economistas de que la Argentina se ha beneficiado en los últimos diez años de un contexto internacional favorable. Para Kicillof, sin embargo, no hubo, ni habrá vientos a favor, sino vientos en contra, que hundirían a la economía argentina, si no fuera por las exitosas políticas proteccionistas que se vienen aplicando. Lo cierto es que lo dicho por Kicillof ha sido engañoso, y si bien el mundo desarrollado muestra turbulencias, él sabe que es precisamente ese contexto el que empuja a la Reserva Federal americana y al Banco Central Europeo a inyectar liquidez y elevar el precio de los commodities -como el petróleo, el trigo y la soja-, lo que claramente beneficia a la región, y también a nuestro país.

Kicillof, sin embargo, comparte con Robert Skidelsky -uno de los máximos biógrafos de John Maynard Keynes- que éste es el momento del “retorno del maestro”. Justifica con ello una serie de medidas que corrijan el capitalismo, que lo regulen, ya que sin estas medidas, el mercado sólo puede conducirnos a sucesivas crisis capitalistas.

En su tesis doctoral muestra precisamente cómo la política anticíclica keynesiana debe enfrentar una situación como la de Estados Unidos, la Unión Europea, y aun la propia de Argentina, impulsando la demanda agregada con políticas monetarias y fiscales expansivas. Esto es, más gasto público –sin importar que sea deficitario- y más expansión del crédito con tasas de interés bajas e incluso negativas -en términos reales-, lo que impulsaría simultáneamente el consumo y la inversión. El mayor error que me imagino cometerá Kicillof, sin embargo, esdesatender el desequilibrio fiscal, fuente de todos los problemas argentinos de las últimas décadas, y fuente del problema real que tiene hoy la Argentina al explicar las causas de la inflación.

Imagino entonces que Kicillof tomará medidas que potencien el rol del Estado con un papel más activo que el que ya tenía, con más planes sociales redistributivos, y posiblemente -esperemos me equivoque- con nuevas expropiaciones que financien esos proyectos. Recordemos que en varias oportunidades Kicillof exclamó su deseo de “revertir el noventismo”, lo que abre una incógnita acerca de nuevas estatizaciones y un más amplio control del Estado.

Si algo tenían en común Marx y Keynes era su desconfianza en el mercado y el desprecio por la función empresarial. Kicillof dejaba ver en cada clase -y hoy se repite en sus discursos y entrevistas- ese odio a los dueños del capital. Mira con recelo los beneficios contables que las empresas logran acumular, porque no puede dejar de ver en ellas a la indebida apropiación de plusvalía por parte del capitalista, entendida como la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del salario que recibe. Esa injusticia social justifica -en su visión- la “acción” del gobierno expropiando o tomando medidas para limitar lo que para él es básicamente un robo.

Kicillof entiende el comercio como un juego de suma cero, donde lo que unos (los empresarios) ganan, es lo que otros (los asalariados o consumidores) pierden, lo que hace que tenga una enorme satisfacción en tomar medidas que reduzcan estos beneficios empresariales. Quizás no seguirá los modos de Moreno, abiertamente criticados por toda la sociedad, pero no me sorprendería que defina estrategias de inversión, o que prohíba el envío de utilidades de empresas extranjeras a sus casas matrices. Tampoco espero que permita las importaciones libres de insumos y bienes de consumo. Su discurso en el marco de la expropiación de Repsol-YPF precisamente iba en ese sentido. Él decía comprender la lógica capitalista de que una empresa tome las ganancias y las invierta donde mejores negocios encuentre, pero esto afectaba los intereses de la nación, y hubo que intervenir. Más bien, señaló que primero se le pidió a la empresa amablemente que cambie su operatoria. Luego se insistió en que reinviertan el capital en el país. Finalmente, ya hubo que actuar con la expropiación. Kicillof entiende entonces que el capital es de la Argentina y que debe responder a los intereses de la Argentina. El problema con Repsol-YPF, por un lado, fue que las propias regulaciones a la empresa le redujeron el margen de ganancia y eso implicó reducir las inversiones y reinvertir en el exterior. El problema con Kicillof, por el otro lado, es que tiene la “fatal arrogancia” de creer que él sabe definir concretamente cuáles son esos intereses colectivos, mucho mejor que los millones de planificadores empresarios que tenemos en el país. En pocas palabras, para Kicillof los fines colectivos están por encima de los fines individuales, y si hay que sacrificar a una serie de empresas o a un grupo de empresarios para ayudar al sostenimiento del modelo, no le temblará el pulso en hacerlo.

Lo mismo se puede decir del tan mencionado desdoblamiento cambiario. Si debe encarecerse el turismo argentino en el exterior, no habrá problemas en hacerlo. Después de todo, que las divisas queden en el país respaldando el dinero local es una función social que está por encima de la libertad individual.

En los papeles Kicillof no puede más que profundizar el modelo. Sin embargo, hay que advertir que si bien cuenta con el respaldo de la Presidente para ejecutar políticas, el oficialismo hoy se encuentra debilitado. Recordemos que en la primera jornada post-nombramiento, el mercado respondió muy mal, con una fuerte baja en la Bolsa porteña. El oficialismo ha perdido mayoría en el Congreso y la sociedad está expectante de no sufrir una nueva crisis como aquella de 2001.

Kicillof será muy claro en sus próximos discursos, y empezará a delinear la política económica del gobierno para los próximos dos años. Pero la claridad que posee Kicillof al explicar sus ideas no evitará las consecuencias indeseadas de ellas.

Mi impresión es que la Presidente ha cometido quizás su mayor error en su “encandilamiento” con Kicillof. La expropiación a Repsol fue un error, pero la implementación de este proceso fue aun más grave que la propia expropiación. Hoy la Argentina aún debe resolver la disputa con la empresa, pero además debe gastar millones de dólares en la importación de gas y combustible que en otro contexto podía producirse en el país.

Cristina Fernández de Kirchner decidió desatender las expectativas del electorado y profundizar un modelo agotado. Todo lo dicho me lleva a confirmar lo mencionado al cierre de la nota anterior. Conjeturo que el desenlace de este modelo no será muy diferente del tan criticado noventismo.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Sí, el problema de la inflación es de origen monetario

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 18/11/13 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/11/18/si-el-problema-de-la-inflacion-es-de-origen-monetario/

El último dato de la Inflación Congreso (2% mensual, 25% anualizado) muestra que este problema no parece menguar en la economía Argentina. Con cada informe sobre la inflación Argentina surgen distintas explicaciones que buscan excusar al BCRA de la responsabilidad del preocupante problema inflacionario (por ejemplo aquí aquí). Quienes rechazan la relación entre emisión monetaria e inflación sostienen que con datos duros es posible relativizar la “teoría ortodoxa o monetaria” de la inflación. Que el origen monetario de un proceso inflacionario se ponga en discusión en un país con un historial inflacionario único es llamativo y hasta preocupante. Negar en economía que el problema de la inflación es monetario es como que un médico niegue que el problema de un coma alcohólico sea el exceso de alcohol. Decir que la inflación es un fenómeno monetario no es de izquierda, ni de derecha, ni de ortodoxos ni heterodoxos, no es otra cosa que demanda y oferta aplicado al bien dinero. Las leyes de la economía, igual que las leyes de la física, no entienden de desacuerdos políticos e ideológicos. ¿Por qué hay, sin embargo, casos como el de Estados Unidos, donde la expansión de base monetaria no genera inflación? O, ¿por qué la inflación es aproximadamente la misma en el 2013 si la base monetaria ha crecido menos que en el 2012? ¿Quiere decir esto que la inflación no es un fenómeno monetario? ¿O será que los datos están siendo interpretados de manera incorrecta por quienes excusan al BCRA de una de las inflaciones más altas del mundo?

No es casualidad que la inflación haya comenzado a identificarse como un problema serio alrededor del 2007, justamente cuando hay un quiebre en el comportamiento de la base monetaria y cuando comienza la intervención del INDEC. En primer lugar, es importante tener en cuenta que la inflación depende de la oferta monetaria total, de la cual la base monetaria (lo que imprime el BCRA) es sólo una parte. El total de dinero que se puede utilizar en el mercado es la base monetaria más depósitos creados en el sistema bancario (lo que los bancos prestan luego de mantener un monto en reservas). Si, por ejemplo, una persona deposita $100 físicos en el banco y el banco mantiene $10 en reservas para hacer frente a retiros y presta los $90 a otra persona, entonces estas dos personas pueden gastar juntas un total de $190 por más que la “base monetaria” sea sólo de $100. De todas maneras, los datos de expansión de base monetaria muestran una correlación llamativa con las tasas de inflación. El siguiente listado muestra la expansión monetaria anual junto a la inflación anual desde el 2007 en adelante.

2007: expansión monetaria = 24.0%, inflación congreso = 25.7%
2008: expansión monetaria = 10.2%, inflación congreso = 23.0%
2009: expansión monetaria = 11.8%, inflación congreso = 14.8%
2010: expansión monetaria = 31.1%, inflación congreso = 27.9%
2011: expansión monetaria = 39.0%, inflación congreso = 22.8%
2012: expansión monetaria = 37.9%, inflación congreso = 25.1%
2013: expansión monetaria = 24.5%, inflación congreso = 25.0% (datos anualizados)

Si bien es cierto que en los años 2008, 2009 y 2013 el ritmo de expansión monetaria disminuyó pero las tasas de inflación se mantuvieron estables (especialmente en el 2008 y en el 2013), no es menos cierto que hay una llamativa correlación entre expansión monetaria e inflación. Es importante tener en cuenta que la relación entre excesos monetarios y movimientos en el nivel de precios no es automática. La tasa de inflación no sólo depende de la oferta de dinero, también depende de la demanda de dinero y del nivel de producto; por lo que la inflación puede ser algo mayor o menor a la expansión monetaria. Al movimientos de estas otras variables hay que sumarle el rezago que la expansión monetaria puede tener sobre el nivel de precios. Los efectos de la expansión monetaria pueden demorarse varios meses, incluso más de un año, en llegar al nivel de precios. Por eso no es sorpresa que la inflación caiga en el 2009 pero no en el 2008 ni en el 2013, que es cuando se disminuye el ritmo de expansión monetaria. Igual que la ley de gravedad, las leyes económicas ignoran la existencia de calendarios anuales. No hay motivos por los cuales asumir que una expansión de, por ejemplo, 30% de oferta monetaria deba aumentar los precios en la misma proporción en el mismo año y no parte en el año corriente y parte en el año siguiente. ¿Rechazaríamos la idea de que la emisión genera inflación si la base monetaria se expande un 30% el 31 de diciembre afectando a los precios al año siguiente?

Si tomamos el período 2007-2013 como uno sólo, vemos que la expansión anual promedio de la base monetaria es del 25,2% y la inflación congreso promedio anual para el mismo período es de 23%. Si bien correlación no es causalidad, es difícil ignorar la relación entre ambas variables. Decir, entonces, que debido a que en un año puntual que elegimos arbitrariamente la inflación se mantuvo constante a pesar de una reducción en el ritmo de expansión monetaria no es argumento sólido de que la emisión monetaria no genera inflación. Es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Es todo el período, no algunos años, lo que hay que analizar.

También se sostiene que países como Estados Unidos han expandido su oferta monetaria tanto o más que Argentina sin sufrir inflación. Esto tampoco es un misterio. La inflación depende de aumentos en agregados monetarios como M2 (base monetaria más depósitos a la vista, etcétera) que representan la totalidad de la oferta. Si comparamos, entonces, el M2 de Argentina y Estados Unidos vemos que se comportan de manera muy diferente. La diferencia fundamental es que, dada la crisis financiera de Estados Unidos, la expansión de base monetaria por parte de la Reserva Federal (Fed) es mantenida como reservas por parte de los bancos comerciales en lugar de ser volcada al mercado. Más precisamente, la Fed le paga intereses a los bancos por mantener reservas depositadas en la misma Fed. Por ejemplo, la Fed emite 100 USD y se los presta a un banco. El banco deposita los 100 USD en la Fed y cobra intereses. De este modo, la Fed expande la base monetaria sin afectar sensiblemente M2. ¿Por qué hace esto la Fed? Entre otros motivos, porque a diferencia del BCRA, los directores de la Fed sí creen que la expansión monetaria genera inflación.

El siguiente gráfico muestra la evolución de M2 entre el 2007 y el 2012 para Argentina y Estados Unidos. Las series están indexadas en 100 para el año 2007. De este modo se puede apreciar fácilmente la expansión acumulada durante este período. Entre el 2007 y el 2012, en Estados Unidos la oferta monetaria total (M2) se expandió a un ritmo promedio anual del 7%, mientras que en Argentina lo hizo a un promedio anual del 26% (ignorando el salto al final de la serie.) No es casualidad ni misterio, por lo tanto, que en Estados Unidos no haya signos de alta inflación pero sí los haya en Argentina. Los datos duros que se usan para criticar la idea de que la expansión monetaria genera inflación se ablandan rápidamente si observamos las series económicas con mayor cuidado.

graaaafico cachanoskuuyyyy

La relación entre cambios en la oferta monetaria e inflación no deberían ser sorpresa. El dinero no deja de ser otro bien en el mercado, y como tal también posee un precio. El precio del dinero es su poder adquisitivo, que es la inversa del nivel de precios (1/P). Supongamos que el Sr. A da 2 manzanas (m) al Sr. B a cambio de una naranja (n). Para el Sr. A, comprar una naranja tiene un precio de 2 manzanas por una naranja (p = 2m/1n). Para el Sr. B, el precio de una manzana es media naranja, es decir, 1/p. Exactamente lo mismo sucede con intercambios monetarios; quien compra un bien a cambio de dinero opera con una contraparte que compra dinero vendiendo bienes (por más que luego utilice el dinero para comprar otros bienes y servicios.) El “precio de los bienes y servicios producidos en una economía” es el nivel de precios P, y el precio del dinero es, por lo tanto, 1/P (cuántos de estos bienes y servicios compra una unidad monetaria.)

Un aumento en la oferta de dinero lleva a una reducción en su precio (poder adquisitivo), igual que sucede con cualquier bien en la economía. Una caída en el precio del dinero es una disminución de 1/P, lo cual sucede cuando aumenta P, es decir, cuando hay inflación. Negar la relación entre oferta y demanda de dinero por un lado e inflación por el otro no es otra cosa que negar la ley de demanda y oferta. Negar la relación entre oferta monetaria e inflación es, en resumen, negar el análisis económico al fenómeno inflacionario.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Argentina al borde del abismo narco

Por Julián Obiglio. Publicado el 16/11/13 en: http://opinion.infobae.com/julian-obiglio/2013/11/16/argentina-al-borde-del-abismo-narco/

El narcotráfico actúa como un globo a medio inflar, que al ser apretado en un sector, desplaza el aire hacia el extremo contrario. Gracias al combate que México y Colombia desarrollaron contra los narcos, el negocio de la droga se ha ido desplazando hacia tierras menos controladas, que permitan mayor movilidad y, por lo tanto, reducción de costos de producción, traslado y comercialización.

Nuestro país se ha convertido en una de esas tierras liberadas en la que cada día alrededor de cien vuelos ilegales cruzan la frontera para ingresar o extraer drogas, personas o productos de contrabando. Cien vuelos que aterrizan o despegan de alguna de las más de mil quinientas pistas clandestinas que florecen por todo nuestro territorio.

Ello sucede porque no se toman esenciales medidas de seguridad, similares a las que se aplican en la mayoría de los países de nuestra región, y sin dudas, en los Estados Unidos y Europa. El primer paso debe ser blindar nuestras fronteras, tanto terrestres, como aéreas y fluviales. No sirve de nada poner escáneres en los puestos aduaneros si los traficantes ingresan impunemente a escasos metros del control oficial. La Gendarmería debería patrullar esas zonas cumpliendo la función para la cual ha sido entrenada, en lugar de estar ocupando tareas que desconoce, como la seguridad urbana. Lo mismo vale respecto de la Prefectura en los cursos fluviales. Hoy esa fuerza debería estar patrullando los ríos fronterizos, pero en cambio el Gobierno le ha asignado tareas tales como la protección de los políticos que viven en Puerto Madero.

Es indispensable una radarización real, esto es con tecnología específicamente diseñada para detectar aviones en vuelo, su altura y su trayectoria. La radarización requerida es la de tecnología 3D, ya que ubica a la aeronave en latitud, longitud y altura. Hoy hay tan sólo tres radares de ese tipo funcionando, cuando en realidad se requieren al menos quince para cubrir la totalidad de la frontera norte.

Los radares tipo RASIT que se emplazaron en la frontera cuando Cristina Kirchner anunció el rimbombante “Plan Escudo Norte no sirven para detectar aviones. Esa tecnología está diseñada para detectar formaciones de tanques en planicies o buques en altamar, lo cual no tiene nada en común con los medios con que operan los traficantes, quienes se desplazan en grupos pequeños por la selva.

Es absolutamente necesario contar además con un protocolo de intercepción de aeronaves, que pueda llegar al punto del disparo de derribo, siguiendo pasos similares a los que hoy usan la Prefectura y la Armada para el disparo de hundimiento de buques no identificados detectados navegando ilegalmente dentro de nuestro litoral marítimo. Contar con radares pero no tener este tipo de protocolo funcionando es como tener policías que solamente se dediquen a mirar las cámaras de seguridad, sin facultad de intervenir ante la ocurrencia de un delito.

Diversos funcionarios del Gobierno Nacional han dicho que una ley de derribo equivale a aplicar la pena de muerte sin juicio previo. Ello es absolutamente errado y lo saben, ya que todo protocolo de intercepción establece ciertos pasos que necesariamente se deben cumplir previo al derribo de una aeronave hostil (pedido de identificación, contacto visual, orden de aterrizar, vuelos rasantes, tiro de advertencia, etc.). Y no solo ello, sino que en la mayoría de los protocolos del mundo se reserva la orden de derribo al ministro de Defensa, que debe confirmarla en dos o tres oportunidades por vía radial.

Debido a la falta de estas políticas Argentina se ha convertido en un país de elaboración, consumo y tránsito de droga. Es decir que somos un país que recibe la materia prima, la procesa y luego la exporta o consume en su propio territorio. Esta situación se traduce en un aumento del delito en todas las esferas. La droga es la culpable de las muertes por enfrentamientos entre bandas de traficantes en disputa por un territorio; o la que lleva a los jóvenes a robar, asesinar y secuestrar para conseguir los fondos con los cuales comprarla. La adicción es la que empuja a miles de jóvenes a la prostitución y la que trae aparejada, entre otras cuestiones, la trata de personas.

Son muchas las medidas que deben tomarse para combatir y vencer al narcotráfico. Acciones de prevención e inclusión social deben combinarse con sostenidas políticas de seguridad que incluyan adecuada remuneración y entrenamiento del personal de las fuerzas de seguridad. El documento recientemente presentado por la Iglesia indicó perfectamente algunos de estos ejes.

Luego de diez años al frente del Gobierno Nacional, la señora Presidenta y su gabinete de ministros deberían entender que la lucha contra las drogas no reconoce ideologías, sino la sincera voluntad de vencer a un enemigo que lucra con la muerte de nuestros ciudadanos. Es tiempo de asumir responsabilidades e implementar un plan integral de lucha contra el narcotráfico que está devorando nuestra sociedad. No hacerlo demuestra ausencia de interés por lo que le sucede a los argentinos, o en todo caso un alto nivel de inoperancia, o lo que sería más grave aún, un grado de complicidad importante con los narcotraficantes.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

El problema es la ilegalidad

Por Ezequiel Gastón Spector: Publicado el 16/11/13 en http://www.perfil.com/contenidos/2013/11/16/noticia_0034.html

Mucho se ha hablado sobre el aumento del narcotráfico en Argentina, especialmente en la provincia de Santa Fe, y sobre sus consecuencias, como el aumento de la violencia. Actualmente Argentina tiene el consumo de cocaína más alto de América Latina. No es que en otros países se consuma poco, sino que el consumo en Argentina es muy alto, aunque la comercialización y el consumo están castigados penalmente.

Muchos discuten sobre cómo el Estado debe combatir esta práctica ilegal, y pocos se preguntan si la causa de sus males no es precisamente su ilegalidad.

El problema no es propio de este país. La política prohibicionista de drogas suele fracasar a nivel mundial, y un buen ejemplo son los Estados Unidos. El gobierno norteamericano gasta 40 mil millones de dólares en la “guerra contra las drogas”, y los estudios muestran que el consumo aumentó.

Durante la década del 20, cuando en los Estados Unidos regía la “ley seca”, que prohibía la fabricación y la venta de alcohol, el consumo no disminuyó, y hubo efectos negativos adicionales.

La prohibición promovió la actividad mafiosa y el crimen organizado. Esto sucede porque, cuando una actividad es prohibida, se involucran en el negocio los expertos en violar la ley: las mafias, que ostentan monopolios sobre los productos prohibidos.

Como era ilegal, los que se dedicaban a ese negocio no eran empresarios que se manejaban pacíficamente y competían, y no podían acudir a los tribunales para solucionar sus conflictos. La situación en Argentina es similar.

La “ley seca” dañó a los consumidores. Al ser poco accesible el alcohol para consumo, se adulteraba el alcohol previamente destinado a usos industriales para transformarlo en bebida, o se convertían en licor medicamentos con etanol, lo que generó casos de intoxicación y envenenamiento. En Argentina, el crimen organizado que genera la prohibición se enquista en las villas, donde las mafias consiguen mano de obra barata para la venta de sus productos, y además consiguen compradores de drogas baratas y ultradañinas, como el paco.

Una de las causas de que exista el paco (o el crack en Estados Unidos) es la misma prohibición, ya que son productos “sub-óptimos” para el mercado, disponibles por el alto precio que generan sus distorsiones.

Cuanto más agresiva sea la represión al narcotráfico, más concentrado estará su poder económico, y por ende mayor será su capacidad agresiva. Quizá el problema de las guerrillas en Colombia, con los asesinatos y los secuestros, habría terminado hace rato de no ser por la prohibición, que les dio altos ingresos provenientes del narcotráfico.

Sobran razones, entonces, para destinar más recursos a programas de rehabilitación de adictos y de prevención, y menos a una guerra con efectos nefastos.

Ezequiel Spector es Doctorando en Filosofía del Derecho por la Universidad de Buenos Aires y Profesor de Derecho y Filosofía en la Universidad Di Tella. Fue Becario Doctoral en The University of Arizona y en la Universidad Carlos III de Madrid. Es profesor de Filosofía I en ESEADE.