Algunos tips del mercado, hoy

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 26/6/20 en:  http://www.elefete.com/opinion-algunos-tips-del-mercado-hoy/

 

Según el FMI -informe sobre la Estabilidad Financiera Global- los mercados de renta variable recuperan una media de 85% de sus niveles de mediados de enero. Existiría una desconexión entre los mercados financieros y la economía real que se visualiza con el reciente desacoplamiento entre Wall Street y la caída de la confianza del consumidor (dos indicadores que históricamente han operado en paralelo), dejando dudas sobre la sostenibilidad del repunte de no ser por el impulso de los bancos centrales. Es decir, tal como vengo escribiendo, las bolsas están sobrevaloradas por un exceso de liquidez en el mercado.

Los activos agregados de los 10 principales bancos centrales del mundo aumentaron en unos US$ 6 B desde mediados de enero, más del doble observado durante los dos años de la crisis financiera de diciembre de 2007, casi el 15% del PBI de sus países. A lo que debe sumarse los cerca de US$ 11 B en estímulos fiscales de emergencia de los gobiernos de todo el mundo.

Con el apoyo de los bancos centrales, el interés de los bonos soberanos de los países desarrollados cae en picada y así el 90% -el nivel más alto de la historia- de la deuda de estos, ofrece una rentabilidad inferior al 1%. Tomando toda la deuda soberana y no solo la desarrollada, el 60% ofrecería un rendimiento inferior al 1% y el 20% cotiza con rentabilidad negativa.

Dejo aclarado que, contra lo que es creencia popular, el FMI no solo que no es “promercado” sino que siempre actúa, finalmente, contra el sector privado como buen banco (multi) estatal. Como prueba vemos lo que hace en Argentina, que exige que se le devuelva todo aun cuando es co responsable del programa económico que nos trajo hasta aquí, y para ello alienta una fuerte quita a los acreedores privados y una suba de impuestos. Para remate, dice que el PBI argentino caerá 9,9% en 2020 y rebotará 3,9% en 2021. Lo que supone un espaldarazo al gobierno desde que, sin dudas, la caída será mayor y continuará en 2021 dado el programa estatizante represivo del sector privado -el sector productivo- en marcha.

Por cierto, como escribí en una nota anterior (Bolsas -robo advisors- y bitcoin: ¿llega la recuperación?), es inevitable el crecimiento de los “robo advisors” -o trading algorítmico- que son asesores financieros automatizados, que diseñan carteras con fondos, de bajo costo del orden del 0,4% anual y la mayoría utilizan fondos indexados o ETFs. Sus detractores dicen que agrava la recesión al ser los operadores sustituidos por máquinas inexpertas. Los defensores dicen que vivieron el “flash crash” del 6 de mayo de 2010 cuando el Dow Jones cayó 998,5 puntos -un 9%- en minutos para luego recuperarse el mismo día. En cualquier caso, su avance es inevitable al punto de que muchos gestores ya cerraron sus fondos y, según Wells Fargo, los robots reemplazarán 200.000 bancarios antes de 2030.

Hablando de ETFs, ya se puede seguir la carrera mundial por la vacuna y tratamiento del Covid-19. Desde el 18 de junio, se comercializa en Wall Street un ETF que incluye empresas de biotecnología. Lleva la firma de ETFMG, se llama Treatments, Testing and Advancements ETF y replica al índice PGERM que, desde su creación en diciembre de 2019, repunta cerca de 70%.

Incluye entre otros a ModernaQuidelVir Biotechnology o Novavax, que suben alrededor de 240%, 180%, 230% y hasta 1.500%, respectivamente, en 2020, y Zai Lab, que gana cerca de 100% en el mismo periodo. Están de moda, pero y si no consiguen la vacuna…

Dentro de la bolsa, por cierto, siguen los tres mayores valores tecnológicos por capitalización, Apple (NASDAQ:AAPL), Microsoft (NASDAQ:MSFT) y Amazon (NASDAQ:AMZN), que han llevado al Nasdaq Composite a que, en lo que va de trimestre suba 32% y, desde los mínimos de marzo, casi 48%.

En cuanto a los commodities, hay cierto desconcierto. Según Ellen R Wald PhD hay demasiado petróleo crudo en el mercado. Aún con los fuertes recortes de la producción, las reservas mundiales estaban a finales de mayo 1.400 M de barriles por encima de lo que estuvieran a fines de 2019.

Crude Oil WTI Futures Weekly Chart

Crude Oil WTI Futures Weekly Chart

Y aunque la demanda de productos de petróleo crudo como la gasolina y el combustible para aviones está empezando a repuntar, el nivel de utilización de la capacidad de las refinerías del 70,6% en mayo de 2020, sigue siendo alto dada la caída en el consumo.

Por su lado “la plata a US$ 18 brilla más para algunos que el oro a 1.800” dice Barani Krishnan. En relación con el oro, la plata sólo ha estado tan subvaluada en dos ocasiones: durante la Segunda Guerra Mundial, y a principios de los 90. Así que para aquéllos que piensan que la plata volverá a la media, sería momento para comprarla.

Daily Silver Futures

Daily Silver Futures

La demanda tiene futuro dado el aumento en la producción de vehículos eléctricos y otras áreas que requieren conductores como la tecnología 5G. En lo que va de 2020, la inversión en plata física experimentó un tercer año de crecimiento, subiendo 16% hasta las 215 M de onzas y subiría otro 16% en lo que resta del año llegando a máximos de cinco años.

En cuanto al bitcoin (BTC), según Pinchas Cohen, cayó este jueves pero luego se recuperaba, todo explicado por el próximo vencimiento de US$ 1.000 M de las opciones de BTC, el más importante registrado. Como sea, dice Pinchas, algunos impulsores técnicos están funcionando:

Gráfico diario del BTC/USD

Gráfico diario del BTC/USD

Aunque la criptomoneda se ha alejado repetidamente de la cifra redonda psicológica de los US$ 10.000 y, tras no haber podido registrar nuevos máximos durante más de un mes y medio, parece que los alcistas se están perdiendo la fe.

En fin, en cuanto a Argentina, según el Indec el PBI se contrajo 5,4% en el primer trimestre, con poco menos de 15 días de confinamiento y ahora se endurece la represión -cuarentena- a los mercados con lo que la cosa emporará mucho más. Un gráfico de terror publicado por El Economista:

La inflación llegaría a 70% en doce meses, según SBS. Por el momento, la suba del IPC está contenida -entre reprimida, fuerte recesión y aumento en la demanda de dinero- pero el BCRA emitió $1,6 B para financiar al Tesoro Nacional desde agosto, generando una fuerte disparada de los agregados monetarios. Hasta junio, la base monetaria amplia que incluye pasivos remunerados del BCRA crece al 75% interanual mientras el M2 privado avanza al 100% interanual, un récord desde la salida de la hiperinflación a comienzos de los 90.

Así, me creo lo que twitteo Christian Buteler: “Si ya tenés bonos en cartera venderlos en u$s (mep)…  para luego ir al blue… está más que tentador. Mezclas blanco con negro pero…….te deja un 12%”. El siempre adorado blue.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La democracia liberal en disputa

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 25/6/2020 en: https://www.youtube.com/watch?v=aomGcHoEvoI&t=220s

 

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los impuestos y la guerra

Por Gabriel Boragina. Publicado en: 

 

“Insistiendo en la importancia del impuesto para afrontar las obligaciones -del Estado moderno, consignamos en seguida algunas cifras oficiales vinculadas con el enorme esfuerzo bélico realizado por los Estados Unidos de América para afrontar a las dos terribles guerras en las que le ha tocado intervenir en el curso de los últimos cincuenta años. De los mencionados guarismos surgirá toda la trascendencia que asumen los impuestos para solventar necesidades ordinarias y extraordinarias, justificando así nítidamente el fundamento económico del impuesto, al que nos hemos referido en los comienzos de este párrafo.”[1]

La única obligación del gobierno es la de respetar el derecho de los gobernados que -en suma- son sus mandantes, y el mandato que le han otorgado a ese gobierno no es -por cierto- para que este desfalque a su mandante, sino para que proteja sus bienes (vida, libertad y propiedad, en este mismo orden). El impuesto solo puede hallar cierta justificación en lo que señalamos, y no en otros motivos espurios.

En el ejemplo elegido, la intervención de los Estados Unidos en ambas guerras fue una decisión pura y exclusivamente gubernamental. En ninguna de ambas contiendas los Estados Unidos fueron un país ni agredido, ni invadido por las naciones beligerantes.

El ataque japonés a la base militar estadounidense de Pearl Harbor en modo alguno justificaba que los Estados Unidos entraran en la guerra que -ya iniciada- se estaba librando en Europa, toda vez que el tema se podría haber solventado con una contraofensiva contra el Japón en represalia que, en rigor, fueron los atacantes. En consecuencia, la elección del modelo es, desde todo punto de vista, desafortunada.

Con todo, podemos conceder que en caso de que una nación sea atacada, eche mano a impuestos extraordinarios para solventar su defensa. Pero la excepción no puede constituirse en regla como quiere presentarlo Goldstein en su artículo. Esto no es ningún justificativo económico del impuesto o, al menos, no lo es para situaciones fuera de una guerra. Pero, además, existe la posibilidad que el gobierno no usara eficientemente esos recursos extraordinarios, y el gasto hubiera sido -si bien necesario en parte- en su mayor proporción un derroche. Un buen estratega militar probablemente hubiera ganado la guerra con una menor carga fiscal, pero más eficientemente empleada.

Es verdad que en los Estados Unidos soportaron una carga fiscal brutal a los que fueron sometidos sus ciudadanos por parte de los gobiernos norteamericanos y que el autor se esmera en detallar numéricamente (no vamos a reproducirlo por su extensión y por ser un dato histórico sobradamente conocido) pero omite la pregunta fundamental ¿tenía opción el contribuyente americano para negarse a sufragar dichos costos fiscales astronómicos (como el mismo autor los denomina)? La respuesta es no. O pagaba o iba a la cárcel. Es decir, para combatir a un totalitarismo político (la amenaza nazi) se recurrió a otro totalitarismo (fiscal).

También pasa por alto otro dato no menos importante: para poder cobrar esos impuestos debió existir antes de que el gobierno los creara y aplicara una acumulación de capital tal que permitiera recaudarlos. Y para que ese acopio tuviera lugar la carga fiscal anterior debía ser y fue muy baja. El pueblo americano no recogía el dinero que “crecía en los árboles”. Simplemente, el gobierno -antes de la guerra- no entorpecía con impuestos la provisión de capital o lo hacía en muy escasa medida.

“Los ingresos por concepto de impuestos durante los años 1941-1945 eran aproximadamente de 138,5 billones de dólares, de los cuales las entradas por diversos conceptos e impuesto a las ganancias individuales, llegó al 36,2 %; las asociaciones y sociedades, el 34,2 % y el 29,6 % restante procedía de otros recursos. Desde el 15 de mayo de 1941, en cuya fecha el presidente Roosevelt vendió el primer Bono de Ahorro de la serie “E”, hasta que fue depositado en el Tesoro Nacional el último Bono del Victory Loan, el 3 de junio de 1943, se vendieron en todo el territorio de los Estados Unidos 185.700 billones de Bonos para financiar la guerra. Alrededor de dos tercios fueron adquiridos por sociedades y corporaciones y un tercio, por personas individuales o físicas “[2]

El autor, reiteramos, utiliza todos estos datos simplemente para justificar -según su punto de vista- lo que él llama el “fundamento económico del impuesto”. Pero -como ya advertimos- emplear el patrón excepcional de una guerra (o de dos como en el caso) usando -para colmo- como muestra al país más poderoso económicamente del planeta no establece “fundamento” de nada. Roosevelt pudo aplicar un fuerte intervencionismo económico sencillamente porque fue presidente del país más capitalizado del mundo, que de no haber sido así le hubiera sido imposible recaudar ni un solo dólar.

Omite también que esos bonos deberían ser rescatados en su momento, para lo cual el gobierno tuvo que volver a subir los impuestos (ya sin guerra de por medio) castigando por partida doble al sufrido contribuyente americano.

Nada de lo que el autor comenta puede cambiar el hecho de que los impuestos descapitalizan la economía del país donde se recaudan, y esto sucedió tanto en Estados Unidos durante las dos guerras mundiales como después de ellas y hasta hoy ocurre, no solo allí sino en todas partes del mundo.

“Y este enorme esfuerzo consumado por una nación democrática, con la aquiescencia de sus poderes políticos en pleno funcionamiento a pesar de las difíciles circunstancias, no significó ni con mucho la ruina de los diversos sectores de la población, ni la injusticia para con alguno de ellos, ni el desequilibrio en la imposición que es característico de los regímenes oligárquicos o despóticos. El pueblo americano soportó la carga de los impuestos sin perder la serenidad, en la confianza de que todos los habitantes, sin excepción, colaboraban en un esfuerzo tenso en el que se hallaba comprometida la seguridad de su país y la libertad del ser humano.”[3]

El esfuerzo no lo hizo la “nación” si con este término se quiere referir a lo que hasta ahora el autor ha denominado el “estado”. Pero si, si con él quiere referirse al pueblo americano. Vamos a conceder el beneficio de la duda respecto de los “diversos sectores”, pero no es tan seguro que muchos individuos no hayan terminado arruinados por la política fiscal.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La fina piel comunista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/6/20 en:  https://younews.larazon.es/la-fina-piel-comunista/

Ante la protesta de Iván Espinosa de los Monteros por los comentarios insultantes de Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados, Patxi López reprochó al dirigente de Vox, y dijo: «algunos tienen la piel muy fina». Después se disculpó.
Entonces recordé una noticia que leí hace tiempo en «El País» sobre la primera condena por genocidio de dos líderes de los jemeres rojos de Camboya.
El comunismo es un sistema criminal, pero en ninguna parte como en Camboya. No en número absolutos, desde luego, porque los dos millones de personas asesinadas allí entre 1975 y 1979 son menos que las decenas de millones en China o Rusia. Pero en términos porcentuales los comunistas lograron en Camboya un récord histórico, porque mataron a la cuarta parte de la población.
¿Y por qué me llamó la atención la noticia? Porque en el artículo de «El País» las palabras comunismo o socialismo no aparecen ni una sola vez. Se habla de «brutal sistema ultramaoísta», como si la brutalidad no estribara en el comunismo, ni en el maoísmo, sino sólo en impulsar a éste hasta el extremo. Se nos informaba que Pol Pot y sus acólitos pretendieron una «revolución social» para establecer «una sociedad atea y homogénea suprimiendo todas las diferencias étnicas, nacionales, religiosas, raciales, de clase y culturales».
Pero es del todo evidente que Pol Pot era un anticapitalista, otra expresión que no aparecía en el periódico, y su política lo fue. Y no era ningún secreto para nadie.
Pol Pot era un hombre de izquierdas, y sus reformas fueron claramente anticapitalistas. Como la inmensa mayoría de estos pretendidos líderes del pueblo, era un señorito. Estudió en París, se hizo comunista allí, muy joven, y jamás dejó de serlo. Fue Secretario General del Partido Comunista de su país de 1963 a 1981. Bajo su férula la nación pasó a denominarse, lógicamente, «Kampuchea Democrática», faltaría más, y fue un Estado comunista.
En fin, al menos hubo una película sobre los crímenes del comunismo en Camboya, la famosa «Los gritos del silencio», de 1984, dirigida por Roland Joffé, y protagonizada por Haing S. Ngor y Sam Waterston.
Muy pocas películas habrá visto usted sobre la violencia de los anticapitalistas. Efectivamente, algunos tienen la piel muy fina.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Un autor extraordinario para nuestros días

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 13/6/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/13/un-autor-extraordinario-para-nuestros-dias/

 

Hay autores cuyos escritos conservan actualidad por más que transcurra el tiempo. Como bien ha consignado Italo Calvino, “los libros clásicos son aquellos que nunca terminan de decir lo que tienen que decir”. Son aquellos que van al hueso de las cosas y no se entretienen con lo meramente coyuntural por lo que sus consideraciones abarcan períodos muy extensos puesto que ayudan a reflexionar a las mentes curiosas de cualquier época. Este es, por ejemplo, el caso de Richard Pipes (1923-2018), el eximio profesor de historia en la Universidad de Harvard, nacido en Polonia y radicado desde muy joven en Estados Unidos.

Tuve el privilegio de conocerlo en el congreso anual de la Mont Pelerin Society en Chatanooga (Tennesse) en septiembre de 2003, oportunidad en que ambos presentamos trabajos que expusimos ante el plenario por lo que pude intercambiar ideas durante un almuerzo muy bien organizado en el que participamos los panelistas. Un hombre de una versación formidable y, como todo intelectual de peso, siempre muy solícito para responder interrogatorios de muy variado tenor.

Sus obras son múltiples pero en esta nota periodística me limito a los tres libros que tengo de su autoría en mi biblioteca, traducidos al castellano. Se trata de Propiedad y libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (México, Fondo de Cultura Económica, 1999/2002), Historia del comunismo (Barcelona, Mondadori, 2001/2002) y La Revolución Rusa (Madrid, Debate, 1990/2016).

El primer libro está consubstanciado con lo mejor de la tradición de pensamiento liberal en el sentido que sin el uso y disposición de lo propio, comenzando por la vida, la exteriorización del propio pensamiento y la plena disposición de los bienes adquiridos legítimamente, sin estos atributos decimos, no hay libertad posible. La libertad es ausencia de coacción por parte de otros hombres ya que el uso de la fuerza agresiva no permite lo anterior.

En este contexto es del caso recordar que Ludwig von Mises ha demostrado en los años 20 que el socialismo es un imposible técnico ya que la abolición de la propiedad que propugna no permite la existencia de precios y, por ende, no resulta posible la evaluación de proyectos y la contabilidad con lo que no se conoce el grado de despilfarro de capital. En otros términos, no hay tal cosa como economía socialista. Y es importante recalcar que sin necesidad de abolir la propiedad, en la medida en que se daña esta institución crucial se producen efectos adversos en cuanto a desajustes y distorsión de los precios relativos que inexorablemente malguian los siempre escasos factores de producción con lo que los salarios e ingresos en términos reales disminuyen.

En aquella obra sobre la propiedad, Pipes pasa revista a los instintos de los animales en cuanto a la territorialidad y los correspondientes trabajos de etología, principalmente de Konrad Lorenz y de Nikolas Tinbergen, a la natural noción de propiedad entre los niños y entre los pueblos primitivos a pesar de no contar con registros de propiedad.

Se detiene a considerar el caso del fascismo y el nacionalsocialismo como sistemas en los que se permite “o más bien se tolera” el registro de la propiedad pero en verdad se trata de “una propiedad condicional, bajo la cual el Estado, el propietario en última instancia, se reserva el derecho a intervenir e incluso a confiscar los bienes que a su juicio se usan inadecuadamente”.

Subraya que en el llamado “estado de bienestar” donde “la agresión sobre los derechos de propiedad no siempre es evidente porque se lleva a cabo en nombre del ´bien común´, un concepto elástico, definido por aquellos cuyos intereses sirve”. En la era de las carreras desenfrenadas por los proyectos de ley, pondera al “gran estadista inglés de mediados del siglo XVIII, William Pitt el viejo, conde de Chatham, quien fue primer ministro durante ocho años, no elevó un solo proyecto de ley al Parlamento […] como apuntó Frederick Hayek, todo aumento del alcance del poder estatal, en si y de por si, amenaza la libertad”. Y muestra cómo las expropiaciones fundadas en ley “a menudo se asemejan a la confiscación” .

También puntualiza que “el verbo discriminar ha siso politizado hasta tal punto que casi ha perdido su sentido original” y se ha convertido en un ataque a la propiedad de cada cual al restringir la capacidad de elegir, optar y preferir confundiéndose con la discriminación por parte de los aparatos estatales al proceder en sentido contrario a la igualdad ante la ley.

Termina su obra, luego de analizar muy diversos casos históricos, con el tema educativo lamentándose de que “cada vez más las instituciones de la enseñanza superior se encuentran bajo la vigilancia de la burocracia federal”.

En el segundo libro sobre el historial del comunismo, Pipes estudia los casos cubano, chino, chileno de Allende, soviético, de Camboya, Etiopía, Corea del Norte con una documentación muy rigurosa donde pone de manifiesto los resultados calamitosos del sistema.

Explica que “el comunismo no es una buena idea que salió mal, sino una mala idea […] el marxismo, fundamento teórico del comunismo, lleva en sí la semilla de su propia destrucción, tal como Marx y Engels le habían atribuido erróneamente al capitalismo”. Finalmente subraya el tema tan importante de los incentivos perversos inherentes al comunismo por lo que “desarrolla los instintos más rapaces”.

Hago a esta altura una digresión para aludir a Eudocio Ravines (1897-1997), quien fuera Premio Mao y Premio Lenin y cuenta en su autobiografía que su primer paso hacia la conversión fue considerar que el problema radicaba en el mal manejo y el espíritu sanguinario de Stalin. Tardó mucho en percatarse que la raíz del problema estaba en el sistema y no en los administradores.

Pipes cita en esta segunda obra El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Stephane Courtois y sus colegas, un volumen donde se contabilizan más de cien millones de masacrados por el comunismo de 1917 a 1989 además de las asfixias por las feroces represiones y las espantosas hambrunas provocadas por el régimen. Escribe Pipes: “Los movimientos y regímenes revolucionarios tienden, en cierta medida, a hacerse cada vez más radicales y más implacables. Esto sucede porque, después de sucesivos fracasos, sus dirigentes, en lugar de reexaminar sus premisas fundamentales -dado que son éstas las que proporcionan las bases lógicas de su existencia- prefieren ponerlas en práctica aun con mayor rigor”. Este es el resultado indefectible de la fantasía criminal de producir “el hombre nuevo” y “la felicidad eterna” en base a los aparatos estatales desbocados, cuando en verdad desde la primera restricción a la libertad por más inocente que pueda parecer al comienzo se están sentando las bases para la destrucción moral y material bajo las directivas implacables de los mandones de turno.

El tercer y último libro que comentamos aquí muy brevemente es el que se refiere a la revolución rusa (1045 páginas en la edición referida). Como he apuntado antes en base al monumental obra de Pipes, el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (el terrible), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente se vio obligado a entregar el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que recibía de parte de las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por Maria y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art. 2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder.

Como queda dicho, la obra de Richard Pipes no se agota en los tres libros que hemos mencionado, pero da una idea de la dimensión de las faenas emprendidas por este notable historiador que permiten extraer valiosas enseñanzas para los momentos que actualmente vivimos, en los que con la etiqueta del nacionalismo se vuelven a repetir los errores del pasado.

La tarea para aquellos que pretenden vivir en una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradado en dirección a cleptocracias de distinto grado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

ABAJO SAN FRANCISCO DE ASIS: ERA BLANCO Y CATÓLICO. Sobre la absoluta locura en los EEUU.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 13/6/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/06/abajo-san-francisco-de-asis-era-blanco.html

 

Que el mundo se ha vuelto más loco que nunca, no cabe duda. Estatuas dañadas o derribadas por doquier. Películas y libros auto-censurados. Peticiones a Trump para que “re-name” todas las bases militares con nombres confederados. Poco falta para que pidan eliminar la Declaración de Independencia porque fue escrita por Jefferson; poco falta para que pidan reemplazar el Inglés por el idioma Hopi. Poco falta en serio, porque saben perfectamente dónde van.

Pero dejemos a un lado, por ahora, a las masas alienadas, carentes de todo pensamiento crítico, con su pulsión de agresión desatada; dejemos por un lado a los ideólogos cuyas ideas son sólo racionalizaciones de su psicosis, dejemos por ahora el caso de los políticos cínicos e inmorales que aprovechan el río revuelto para acumular más poder. Todo eso forma parte de una lamentable realidad psíquica que no es nueva: fue diagnosticada por Freud, Fromm, Ortega, se renueva en todas las etapas de la Historia y este caso, aunque horrible, es uno más.

Este artículo está dirigido en cambio a la persona de buena voluntad que piense si no es correcto cambiar un nombre o remover (pacíficamente) una estatua como “enseñanza” para un tema grave y delicado.

Para responder esta cuestión debemos distinguir tres aspectos morales e históricos: lo totalmente inmaculado, lo más o menos y el mal cuasi-absoluto.

El ideólogo concibe una sociedad perfecta, inmaculada, ante la cual lo más o menos le resulta lo diabólico e intolerable. Por eso, sin paradojas, detrás de su pasión por la santidad social, está su violencia, porque una sociedad más o menos es una agresión intolerable ante la cual la resistencia armada está justificada. Por eso el ideólogo es siempre revolucionario, ya sea de izquierda o de derecha.

Por eso tampoco tolera la historia. Porque la historia de las civilizaciones no es santa ni diabólica. Es gris. Es una evolución.

EEUU, precisamente, es el caso. No nació en la santidad. Como dijo Maritain, tenía el drama de la esclavitud como una espina clavada en su historia. Pero era una situación gris: la Declaración de Independencia había dado las bases de una igualdad racial que coherentemente reclamará Martin Luther King muchos años después.

Y esa peculiar nación evolucionó. Tuvo una guerra civil por ese tema, tuvo el movimiento de derechos civiles de los 60, tuvo su Martin Luther King, y pudo elegir finalmente como presidente a un afroamericano.

Pero los ideólogos neo-marxistas, ahora en los dirigentes del partido demócrata, en sus irresponsables e indolentes Biden y Pelosi, y en AOC, que sabe perfectamente dónde va, y en ANTIFA, que también sabe perfectamente dónde va…. Esos dirigentes, que en ANTIFA pasan de la idea al crimen, no pueden tolerar la historia. No pueden tolerar la evolución. Quieren que la historia sea una santidad absoluta creada a imagen y semejanza de su idea. Y como la historia nunca es eso, la borran. Exactamente como Stalin, como Mao. Ya estaba pasando. No es ahora que la guionista de Friends (Friends, justamente, como si hubiera sido guionada por Mons. Burke) se siente obligada a pedir perdón (porque cuando suba Biden irá presa): ya pasó casi lo mismo con el lobby LGBT, que son iguales pero hasta ahora no habían salido a incendiar todo EEUU de golpe.

Eso pasa siempre. Podemos remontarnos hasta el Big Bang. ¿Quién es perfecto? Para esta gente, ni siquiera San Francisco de Asís, que era blanco y católico. Borremos todo, comencemos de cero. Esa es la unión de Robespierre con el marxismo leninismo. Revolución cultural, Mao. Pero a falta de Mao buenas son Antifas.

Si no estamos atravesados por el pensamiento ideológico, que es una psicosis racionalizada, entonces el criterio de realidad nos hace ver la historia precisamente como lo que es: un más o menos. Todos los documentos, los héroes, las declaraciones, son siempre más o menos. Santos, casi nadie. Se convierten en santos o demonios si los miramos bajo la perspectiva de la ideología, que no admite la realidad humana, que siempre está en el medio.

Pero lo más importante: ese pasado, ese pasado lleno de personas más o menos, nos constituye. Ese pasado es el hoy. Algunas de esas personas permitieron evolucionar para más, otras para menos, y el diagnóstico implica salir del relativismo cultural. La Declaración de Independencia de los EEUU es moralmente buena. NO es perfecta, dijo “men” y no aclaró, pero es moralmente buena. No hay por qué tirarla a la basura. Y lo mismo con generales confederados que seguramente no lucharon por la esclavitud, sino contra lo que consideraban una indebida intromisión del norte. Pero eso no lo saben las masas ignorantes que saquean y destruyen. Sí lo sabe Joe Biden, sí lo sabe Obama, y por ello, Dios les pedirá más en el inevitable Juicio Final. Yo espero que los perdone, claro. Pero se pegarán un buen susto.

¿Es todo lo mismo? No, claro que no. En Stalin, en Hitler, en Mao, no hay ninguna, sencillamente ninguna, autoridad moral. Por ende si en Alemania no hubo, después del 45, estatuas de Hitler, ok. Pero Jefferson no es lo mismo que Hitler. El que lo diga o es un postmoderno escéptico o un ideólogo fanático. Que no sé si se relacionan.

Mientras tanto, sigan, grandes genios del universo. Comiencen por las estatuas de los confederados, borren la serie Friends, borren toda película que no tenga un afro, eliminen la Constitución, la Declaración de Independencia, sigan para atrás, sigan con el Monumento a Napoleón, borren los libros de Historia, que no se hable más de Marco Aurelio o de Alejandro Magno. Borren todo Occidente. Es lo que quieren. Y lo están logrando, bajo la mirada indiferente, abúlica, pero también cínica e indolente, de casi todos.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Argentina se “chaviza”, para eso se hizo la cuarentena

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 4/6/20 en:  https://alejandrotagliavini.com/2020/06/09/argentina-se-chaviza-para-eso-se-hizo-la-cuarentena/

 

El chavismo y el kirchnerismo hicieron de todo con la corrupción ...

 

“Hay quienes piensan distinto a mí, incluso yo, al cabo del tiempo, pienso distinto a mí”, J.L. Borges.

El mundo vive un “estado de miedo”. A partir del partido comunista chino y la OMS -burocracia dirigida por un ex integrante del gobierno marxista de Eritrea- se instaló el terror entre el público por una “pandemia” que muestra ser, como han dicho especialistas serios como Pablo Goldsmith, otra gripe. De hecho, al Covid 19 se le atribuyen unas 420.000 muertes mientras que la OMS estima que anualmente por influenza mueren hasta 650.000 (en Argentina, son 32.000 al año).

Y el miedo provoca a la violencia que sojuzga, por eso el ¡No tengáis miedo!, con el que Juan Pablo II saludó desde la Plaza de San Pedro, al iniciar su Pontificado, en 1978, fue el lema de su trabajo. Porque sabía que el coraje es el opuesto a la violencia al punto que volteó a la URSS, sin sangre, sin guerras, con acciones pacíficas.

Con el miedo han instalado “cuarentenas” forzadas por el monopolio de la violencia estatal y los ciudadanos viven entre el temor al virus y a ser encarcelados si desobedecen el confinamiento. Y las justifican ridículamente, como el “informe” del fallido Imperial College que asegura que el confinamiento en 11 países de Europa ha evitado más de tres millones de muertes. Un verdadero acto de ciencia ficción o de ficción ciencia.

Por su parte, economistas como Juan Ramón Rallo, sin que le importe el derecho humano de la libertad, dice que muchos pensarán “que han sido las medidas de distanciamiento físico decretadas por el Gobierno las que han hundido la economía… En ausencia de imposiciones gubernamentales, dirán, tal vez el número de muertos hubiese sido mayor, pero buena parte de la economía seguiría en funcionamiento… conclusión… esencialmente errónea: incluso sin medidas de distanciamiento físico impuestas… los propios ciudadanos las aplicarían… hundiendo… la actividad económica…”.

En primer lugar, no hay evidencia de que “el número de muertos hubiese sido mayor” sino lo contrario. Pero lo importante es que, aun si los ciudadanos aplicaran las mismas medidas voluntariamente, cosa que dudo que hicieran de no ser por el pánico difundido desde los gobiernos, la diferencia sería fundamental: en un caso es la violencia del Estado que reprime al mercado, en el otro es el mercado que busca su desarrollo y equilibrio.

Esta violencia, estas cuarentenas, han producido daños globales enormes y los desnutridos aumentarán en cientos de miles. En Argentina, por caso, el Estado se ha agrandado siendo su última acción la intervención y futura expropiación de Vicentin, la mayor comercializadora de soja, que es una de las mayores exportaciones del país, como el petróleo para Venezuela.

Como señalan I. Cachanosky y A. Etchebarne, “la palabra expropiación en los labios de un gobierno que ha elogiado… (a) Maduro… genera honda preocupación… no es la primera empresa expropiada, y lo más grave es que probablemente no será la última”.

José Luis Espert, destacado economista y político, escribió que el presidente “dijo con toda claridad que quieren… asegurarse la soberanía alimentaria”. Según Víctor Salmerón, en 2007, Chávez anunció la “soberanía alimentaria”, y hasta 2012 el Estado tomó el control de 26 empresas en el sector de alimentos y fundó compañías de helados, sardinas y atún, expropió silos, centros de acopio y seis millones de hectáreas.

La tendencia en Argentina es hacia el chavismo, mas allá de la ideología, por la misma inercia, porque con la cuarentena se ha agrandado enormemente el Estado mientras se destruye al sector privado y, en un círculo vicioso, a medida que las empresas privadas vayan quebrando, siguiendo la misma ideología serán expropiadas y Estado tendrá el peso, y el autoritarismo, del venezolano.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Es hora de preguntarse para qué sirven los servicios de inteligencia

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 4/8/2006 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/es-hora-de-preguntarse-para-que-sirven-los-servicios-de-inteligencia-nid828727/

 

Tras las quejas por el espionaje político

Dice el adagio que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse qué grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de esta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

Conviene llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos.

Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que éstos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino, echando mano de fondos reservados para propósitos de espionaje y otros menesteres non sanctos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y que se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio, asesinatos, sabotajes, movimientos subversivos programados y, frecuentemente, seguimiento de los movimientos de los dirigentes de partidos políticos de oposición son sólo algunos de los hechos que producen los más renombrados “servicios”. Esto es en el “mundo libre”, ya que en los países totalitarios se añaden la tortura y la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno.

En los Estados Unidos, actualmente existen veinticuatro “oficinas de inteligencia”, entre las que se destaca la CIA, creada a fines de la década del 40. En Inglaterra, el M15 y el M16; en Canadá, la CSIS; la BND en Alemania; el Mossad en Israel, y la FSB, sucesora de la KGB, en Rusia son sólo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds pone en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia más destacados del mundo a raíz de la invasión de Irak, en una columna titulada “¿Podemos confiar en los servicios de inteligencia?”. Por su parte, Harry Browne señala los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en Vietnam, Corea, Somalía y Haití, e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa.

Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar este y otros departamentos y oficinas para fines políticos, y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad los abusos no deben sorprender, sin contar con las traiciones, las falsas denuncias y las delaciones internas y ex amistades de la CIA, como Saddam Hussein y Ben Laden.

Por esto es que León Hadar, del Cato Institute, sugestivamente titula su ensayo Los servicios de inteligencia no son inteligentes. Allí muestra con profusión de datos cómo la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos. Imaginemos qué le cabe, por ejemplo, a nuestra SIDE, creada por Perón…

David Canon, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado Inteligencia y ética, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios: “Los temas legales, morales y éticos no me los planteo, igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]”, dice, y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”.

En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán (ellos fueron los que organizaron la policía secreta del sha), China e Indonesia. Asimismo, reproduce las declaraciones del ex presidente Truman 15 años después del establecimiento de esta oficina de inteligencia: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

Pero, como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs, en un artículo titulado “Ethics and Intelligence”, en el que añade las encrucijadas del célebre embajador Joseph Wilson, quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto de la patraña de las armas de destrucción masiva.

No se avanza mucho aunque se establezcan estrictos controles republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites al poder político. Este puede deslizarse por la puerta trasera con todo tipo de abusos, sin rendir cuenta al público, por más que se tejan subterfugios más o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje.

Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. Si no se procede a esta revisión periódica, podemos encontrarnos con que estamos avalando ciertas políticas que resultan nocivas, pero que continúan en vigencia sólo por inercia, rutina o molicie. John Stuart Mill decía que todas las buenas ideas pasan invariablemente por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. Este tema de los llamados servicios de inteligencia se vincula con muchos otros que también requieren limpieza de telarañas mentales para su mejor comprensión.

Menciono cuatro áreas al correr de la pluma. En primer término, la seguridad. Paradójicamente, en no pocos lugares para proteger este valor se lo conculca. Esto ocurre hoy, en gran medida, con la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, por ejemplo, en lo que ha sido el baluarte del mundo libre –los Estados Unidos–, con el argumento de proteger aquellos derechos se los lesiona, con lo que en la práctica se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror. Tal es el ejemplo de la vergonzosa ley denominada “patriótica”.

En segundo lugar, para mitigar las convulsiones que hoy tienen lugar, debería hacerse un esfuerzo mayor para no caer en la trampa mortal de las guerras religiosas y para distinguir un asesino de quien suscribe determinada religión. Hay que insistir en los graves peligros y acechanzas que aparecen al vincular el aparato estatal con una denominación confesional.

El tercer capítulo, emparentado con el surgimiento de los servicios de inteligencias para contrarrestar las guerras, son las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos que toman los lugares de nacimiento como un valor y un disvalor para el extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder y como si las razas no fueran un estereotipo carente de significado entre hermanos que provenimos todos de Africa.

Por último, no estaría mal revisar exhaustivamente el papel de las Naciones Unidas, de la que dependen innumerables oficinas que pregonan a los cuatro vientos, en sus publicaciones y en las declaraciones de sus directivos, políticas socializantes que conducen a la pobreza y a la guerra, al tiempo que muchas veces se constituyen durante largos períodos en observadores incompetentes, tal como ha ocurrido hasta el momento en el caso actual de Hezbollah e Israel.

Un comentarista de la televisión mexicana acaba de proclamar: “Nosotros también somos observadores, pero de la inoperancia de las Naciones Unidas”.

Entonces, no sólo debemos concentrar la atención en la naturaleza y los alegados servicios que prestan las estructuras de “inteligencia”, sino también prestar atención a las causas que dan lugar al debate que ahora pretendemos abrir, al efecto de seguir averiguando los inconvenientes y las eventuales ventajas de este tipo de organizaciones.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

Coronavirus: elecciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/6/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/coronavirus-elecciones-consejo-seguridad-naciones-unidas-nid2372522

 

Por decisión expresa de los 193 miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, las elecciones de los cinco nuevos “Miembros No Permanentes” de su Consejo de Seguridad no tendrán lugar el próximo 17 de junio, como estuviera originalmente previsto.

Para ello, ahora no habrá plenario, sino un procedimiento “ad hoc”, especial y secreto, al que se habrá de recurrir para tratar de evitar los contagios en tiempos de la dura pandemia de coronavirus que nos golpea a todos.

Simultáneamente, el mismo día, tendrá asimismo lugar la elección de los miembros del Consejo Económico y Social de la organización multilateral. También sin reunión presencial plenaria, obviamente.

Originalmente, la fecha para la elección era el 17 de junio. Ahora será el 20 de junio, pero reitero, sin que se haga una reunión plenaria, como es hoy natural.

Lo más relevante este año, en mi entender, será el regreso de la India al Consejo de Seguridad de la organización, aunque sólo por los próximos dos años, desde que la India no es uno de los Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad.

La India es uno de los Estados de las Naciones Unidas que más activamente sostiene que la composición del Consejo de Seguridad de la organización no representa en modo alguno la realidad geopolítica actual, por lo que entiende que debería reformarse, de modo de que ella también tenga permanencia y, a la vez, derecho de veto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Abrieron las puertas del infierno

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/6/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/06/02/abrieron-las-puertas-del-infierno/

 

Una primavera de furia se ha apoderado de EE.UU. En más de 25 ciudades se estableció el toque de queda. Tras la muerte de George Floyd, imágenes como las de una iglesia histórica en llamas frente a la Casa Blanca o el Ejército patrullando Santa Mónica se hicieron virales. Al menos una persona murió en Louisville y otras dos, en Los Ángeles y en Nueva York, recibieron disparos. Se trata de la ola de protestas más extensa e intensa en este país desde el asesinato de Martin Luther King, en 1968.

Ha habido más de 5.000 detenidos y una larga lista de saqueos, fuegos y escaramuzas, con múltiples heridos. Fueron más violentos los disturbios de 1992 en Los Ángeles, cuando murieron más de 60 personas, pero no se extendieron al resto del país. También hubo manifestaciones por violencia racial en 2014 en Ferguson, Missouri, y en 2015 en Baltimore, Maryland, pero nunca por todo el territorio estadounidense, durante tantos días.

Esta crisis se desata en plena frustración dadas las cuarentenas forzadas -por el monopolio de la violencia estatal- con la excusa de frenar al coronavirus y tras el atroz homicidio de George Floyd. Alguna vez aprenderemos que la violencia solo destruye como ya lo ha establecido la ciencia de manera concluyente.

Así, abrieron las puertas del infierno. Estas cuarentenas han logrado un desempleo que ya alcanza la increíble cifra de 40 millones de personas, muchos de ellos alienados y marginados, excelente caldo de cultivo para la violencia. A lo que se sumó el homicidio de Floyd que, aunque no está claro que fuera racismo ya que no se conoce que el policía haya comentado el color de su piel, claramente fue abuso de autoridad.

Pero la culpa no es solo de los Estados. “Cómo la muerte de Floyd hizo que desapareciera el coronavirus”, escribió Vanessa Vallejo y agregó que algunos medios “De un día para otro pasaron de decir que todos nos vamos a morir y que no debemos salir nunca más a la calle, a animar protestas y multitudes… meses llenando de miedo a la gente y diciendo que hay que parar la economía porque «primero la vida», y de repente… no vemos a medios llamando la atención sobre el peligro que implica estar en una multitud”.

Y existen periodistas que, por miedo o por negocios mienten, promoviendo un enorme daño a millones de personas. Por caso, Juanita Viale, que reemplaza a Mirta Legrand en su tradicional ciclo en la TV argentina, siempre alentó la cuarentena obligatoria, pero hete aquí que, entre sus invitados, estuvo una amiga personal que, sin darse cuenta de lo que hacía, alabó la fiesta que Juanita organizó en su casa, es decir, reveló que viola la cuarentena.

Otros hacen periodismo terror mostrando fotos y cifras sin la aclaración debida con el fin de crear pánico, o periodismo ficción como al asegurar que de no ser por las cuarentenas morirían millones. De momento, el llamado “COVID-19” ha causado unas 380.000 muertes a nivel mundial cifra que se condice con los muertos anuales por influenza, de hasta 650.000.

Y cada vez crece más el escándalo mundial ante la falta de evidencia de que las cuarentenas han sido útiles, como escribió Sherelle Jacobs en el Daily Telegraph. Como contrapartida, las personas trabajando en libertad, viven en paz y desarrollan al mundo. Elon Musk, tras desafiar la cuarentena y ganar la pulseada, privatiza el espacio y puede presumir de que coloca hombres en la órbita terrestre como ha hecho con su SpaceX.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini