El Che Guevara, mi primo

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en:  https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/che-guevara-mi-primo.html

Mi padre solía recordar aquello de “los parientes no se eligen, se eligen los amigos”, en el contexto de mi primo el Che puesto que su abuela materna -Ana Lynch- era hermana de mi abuela paterna. Antes he escrito sobre este accidente familiar pero ahora vuelvo a la carga en vista de la valiente revuelta de los cubanos hartos de estar hartos por el avasallamiento cruel de sus libertades elementales en el contexto de la miseria más espantosa con falta de los alimentos y medicamentos más elementales.

A esta altura hay que ser muy cretino para estar del lado de los carceleros castristas. La denominada “tragedia de los comunes” donde lo que es de todos no es de nadie (salvo lo que amasan los megalómanos) se ha puesto en evidencia del modo más crudo y horrendo. Este es el resultado por haberse tragado la píldora venenosa del marxismo que destroza todo vestigio de dignidad y consideración por las libertades individuales. Las masacres del comunismo tanto del alma como del cuerpo de todos los que se les ponen delante resultan evidentes para las personas de buena fe.

Dos de mis distinguidos y queridos amigos cubanos en el exilio, la neurocirujana Hilda Molina y el escritor Carlos Alberto Montaner me informan en sendos correos acerca del llamado “Plan Cacique”, grupos de choque integrados fuerzas policiales y militares disfrazados de civiles para arremeter con inusitada violencia contra seres indefensos y corajudos que pretenden vivir no en la paz del cementerio sino en la paz de la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

 La banda de Fidel, el Che y sus secuaces resultó en una tragedia mayúscula para los perseguidos, torturados y asesinados. El Che explicó que el “verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler, Chávez y Kim Jong-Un  de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido “hombre nuevo” han vejado y mutilado a millones de seres humanos.


Y debemos tener en cuenta que Cuba -a pesar de las monumentales barrabasadas de Batista- era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Como no podía ser de otro modo, el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en un lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otros esperpentos, escribió en 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente.”

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo, parecería que aun quedan algunas mentes obtusas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para atender a burócratas y algún simpatizante extranjero del régimen.

La sociedad abierta (para recurrir a terminología de Karl Popper) demanda respeto irrestricto de  la propiedad privada, una institución fundamental que permite la mejor utilización  de los escasos recursos en cuya situación cada cual para mejorar su patrimonio está obligado a servir a sus semejantes. En este ámbito el que acierta obtiene ganancias y el que se equivoca incurre en quebrantos en contraposición de los que la juegan de empresarios pero están aliados al poder político para obtener privilegios que siempre atentan contra el bienestar de su prójimo.

A contramano de lo dicho, el marxismo propugna la abolición de la propiedad y los seguidores y copiones de esta empobrecedora política intervienen los mercados libres con lo que perjudican muy especialmente a  los más débiles. Afortunadamente aparecen algunas buenas noticias en nuestra región, por ejemplo, la muy bienhechora decisión del actual gobierno uruguayo de separarse de una incumplida apertura localista para abrirse al comercio con el mundo incorporando otros espacios.

El Che y sus pestilentes continuadores se arrogan la facultad de manejar a su capricho la vida y el fruto del trabajo ajeno en una demostración de una mezcla diabólica de ignorancia, malicia y soberbia sin parangón.

Cierro con una confesión. Mi cumpleaños es el 11 de julio, día que recibí el mejor regalo del mundo: el comienzo de las revueltas de cubanos valerosos contra la tiranía.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

CUBA: HOY, COMO EN EL 2007, COMO SIEMPRE: MENTIRA Y CRUELDAD.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/7/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/07/cuba-hoy-como-en-el-2007-como-siempre.html

Toda mi vida he sido un defensor del diálogo y lo sigo siendo. Es más, es uno de mis temas filosóficos de investigación. El diálogo es uno de los logros morales más altos y más nobles. Implica muchas cosas. El abandono, no sólo de la fuerza física, sino también de la lingüística. Estar dispuesto a escuchar los argumentos del otro. Considerar la posibilidad de que uno esté equivocado, aunque sea metódicamente. Comprender al otro: escucharlo desde su perspectiva, su mundo, su horizonte. Entender no sólo lo que dice, sino por qué lo dice. Estar abierto a la crítica. Todo ello es diálogo. Gran parte de la filosofía contemporánea ha colaborado, bajo perspectivas diversas, en este noble ideal. Buber, Levinas, Popper, Gadamer, Habermas. Todos ellos filósofos muy diferentes, pero con una evidente vocación por eliminar del lenguaje –y por ende de la vida- todo rastro de violencia. Y, en todos ellos vive, aunque no lo sepan, el cristianismo, porque el diálogo comienza por la escucha, y la escucha al otro comienza por un acto de misericordia. 

Pero el diálogo supone que la otra parte también dialoga. Como la amistad aristotélica, es una relación recíproca. Uno debe siempre comenzar la actitud de diálogo, pero cuando no hay actitud similar, no cabe el ataque o el insulto, pero sí una prudente retirada. Por caridad, nada más que por caridad. Pero hay ocasiones donde la mentira, la más cruel mentira sobre los más despiadados asesinatos, llega a nosotros, como flechas que no esperábamos en el descampado de nuestra existencia. Reservemos a Dios el juicio último sobre la conciencia de quienes mienten así, pero, lo que queremos decir, es que en esos casos, hay algo que no es diálogo, pero que está plenamente justificado, y a veces es un deber. Me refiero, sencillamente, a la denuncia. 

En ese sentido, la Cuba de Castro y sus secuaces –estoy utilizando las palabras exactas- constituyen, junto con sus partidarios y los silencios cobardes de gobiernos “diplomáticos”, una de las vergüenzas más terribles de toda la historia del s. XX y XXI. Hay muchas vergüenzas más, si, pero al menos fueron denunciadas, y si no, quien escribe no ha callado las vergüenzas de los llamados líderes de Occidente. En este caso, insisto, la denuncia es lo menos que puede hacer quienquiera no haya sido víctima de la propaganda mentirosa de esa banda de delincuentes asesinos. Han fusilado por doquier, sin misericordia, y lo siguen haciendo, a todos aquellos que osaban siquiera pensar diferente. Han sumergido en cárceles inhumanas, y de por vida, a todos aquellos que se interpongan en sus tropelías. Y tienen la osadía, el atrevimiento, de presentarse ante el mundo como líderes democráticos y protectores de los derechos humanos. Estos asesinos pueden andar por el mundo sin recibir ninguna orden de arresto, por parte de jueces que en otros casos no dudarían en absoluto. Y lo peor: son elogiados por gobernantes e intelectuales, cómplices de ese modo uno de los operativos propagandísticos más hipócritas y eficaces de toda la vergonzosa historia de este siglo de totalitarismos y autoritarismos. Dios sabe qué tienen en la cabeza quienes así proceden: si indolencia, cobardía, simple estupidez, ceguera ideológica o la simple desaprensión ante los gritos y llantos silentes de incontables fusilados, torturados, encarcelados o muertos en sus intentos de escapar del infierno. ¡Vergüenza para las naciones occidentales, que cierran sus fronteras a estos refugiados, con EE.UU. a la cabeza! Y los demás, que cierren sus “diplomacias” y les digan, en los foros internacionales, a Raúl Castro, a sus seguidores y a Fidel, vivo o embalsamado, lo que se merecen escuchar: asesinos, delincuentes, no tienen derecho a integrar el concierto de las naciones, son sólo una banda de fanáticos criminales.

 Pero no, no se atreverán. La denuncia profética necesita un fuego que no abunda: la piedad por el perseguido, la rebeldía ante semejante injusticia, y saber correr los riesgos de negarle al delincuente su supuesto derecho a continuar con su injusticia. Que Dios se apiade de las almas de los asesinos, y que se apiade, también, de las almas y los cuerpos de los refugiados, torturados, encarcelados y exiliados, a cuya mirada y existencia van dedicadas estas líneas. 

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* Publicado en LiberPress- Buenos Aires- 16 de Febrero de 2007. Fuente: http://gzanotti.blogspot.com/2010/02/mentira-y-crueldad.html

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

José Benegas: “Lo del marxismo cultural es un fantasma”

Por Jose Benegas. Publicado en: https://issuu.com/josebenegas/docs/pdf_baja_lge_n_67/s/12677339

El escritor separa la paja del trigo y se preocupa por definir conceptos como “fascismo”, “buenismo” o “conservadurismo” ante lo que considera es un avance contra las ideas de la libertad de parte de algunos que se denominan a sí mismos liberales

A José Benegas no parece preocuparle si sus argumentos consiguen apoyo de otros, simplemente se preocupa por encontrarles validez lógica y sustento filosófico. Es una de las pocas voces que se resisten a la asociación del pensamiento liberal con la llamada “alt-right” o derecha alternativa, un fenómeno que alcanza su auge con el desembarco en la política de Donald Trump y que ha vivido en primera fila, ya que aunque es nacido en la Argentina, está afincado en Miami desde hace años. En su libro “Lo impensable: el curioso caso de los liberales mutando al fascismo” (Amazon) ataca a una figura de peso como Hans-Hermann Hoppe, a la que asocia directamente con el racismo y el fascismo.

› La palabra “fascista” se está usando demasiado en España en estos días. ¿Es realmente fascista todo eso que se señala como tal?

El fascismo es un intervencionismo y un corporativismo. Implica utilizar desde el gobierno determinados resortes para favorecer políticas centralizadas sin ser socialismo marxista. Pero también se usa como una acepción, para una política de controlar la vida privada, más allá de la economía, ejerciendo la fuerza desde el gobierno. Es una forma de estatismo, en esa acepción va más allá del fascismo italiano. La izquierda abusa del término porque llama fascismo a cualquier cosa que no sea de izquierda. Yo caractericé de fascista a este movimiento del alt-right en la medida en que tiene una política de pureza cultural y unos enemigos internos definidos desde la xenofobia y la homofobia.

› O sea que el fascismo no existe.

Claro que existe. Es la visión de una sociedad centralmente planificada, no necesariamente por una motivación marxista de lucha de clases, y es lo que ahora ha reaparecido. El problema es que las palabras en la lucha política se oscurecen, se hace difícil a veces la comunicación. El socialismo de derecha actual es un fascismo, incluso hay gente que lo reivindica como tal, diciendo que el fascismo estaba inspirado en los “valores de Occidente. “Derecha” e “izquierda” son conceptos que quizá ya no sirvan para nada. Por eso yo hablo en el libro de liberales mutando al fascismo porque oigo a liberales hablar en términos de nacionalismo, de xenofobia, de proteccionismo, de control demográfico, porque ven a la sociedad contaminada por elementos que no son puros… Y cuando en política se empieza a hablar de “pureza”, lo primero que hará será definir la impureza y desatar una limpieza interna. Todo eso es ajeno al liberalismo, porque se inclina hacia un control casi religioso de cuestiones de la vida privada, como el sexo o el matrimonio.

› ¿Son conservadores en vez de liberales?

A mí no me conforma esa palabra aplicada a este movimiento, porque siento bastante más respeto por el conservadurismo que por todo esto. Pensemos que en algunas cosas todos somos conservadores: si algo está funcionando no lo toco. Moldear a la sociedad según un catálogo predefinido no es conservador, es más bien revolucionario. Y el fascismo precisamente no es conservador sino revolucionario, pretende encorsetar a las personas dentro de un molde desde el estado.

› Hace mucho hincapié en las aristas religiosas de todo esto, pero quizá sea más aplicable a países de América del Sur o del Norte que a los europeos.

No se reconocen como religiosos, pero esto es una completa hipocresía. El recurso es esconder sus mandatos religiosos bajo la palabra cultura, esconden a su Dios y nos dicen que todos lo debemos obedecer (que en la práctica es nada más obedecerlos a ellos) porque pertenecemos a una cultura como si fuéramos ganado marcado. Pero el contenido de sus preceptos políticos cumple el de los dogmas religiosos en temas como la familia o la sexualidad. Eso es lo que hace Vox, que es Opus Dei más estado. Lo mío no es para nada una crítica a las religiones ni al cristianismo, porque estos movimientos no se parecen al cristianismo desde el momento que hablan de personas “indeseables” ¡Eso es lo opuesto al cristianismo!

› Se supone que todos somos hijos de Dios.

Exactamente. El nacionalismo católico es un círculo cuadrado. Les funciona, pero no como religión sino como facción política para dirimir el poder. Quieren acceder al monopolio del uso de la fuerza con ideas que son contrarias a las liberales: “Porque tengo una familia tradicional”, “porque soy católico” debo estar a cargo. Y si no creen en Dios acepten que debemos mandar porque así lo dice la tradición de Occidente y la naturaleza, cuando haga falta. En eso se parecen al fascismo, porque son una degradación de la política hacia el uso de cualquier cosa para sentirse dueños del poder y habilitados para decir cómo deben vivir los demás.

› ¿Qué le parecen los esfuerzos de gente como Alejandro Chafuen por armonizar catolicismo y liberalismo? Me parece bien que alguien tenga esa inquietud y se haga esas preguntas sobre cómo encaja su liberalismo con el cristianismo. Lo que sucede con Alejandro Chafuen es que ha tenido una evolución mala en mi opinión, porque cree que el liberalismo tiene que estar controlado por gente que invoca el cristianismo y acusa a los liberales con los que convivía antes de “progres”, salvo que sean católicos y estén dispuestos a decir que nadie se puede apartar de su credo. El liberalismo es un movimiento laico y que habla sobre el poder. No se puede hablar del uso del poder y a la vez de religión. Chafuen promueve a gente como Agustín Laje claramente antiliberal, o defiende a ultranza a Donald Trump y que yo sepa muy liberal no es, pero tampoco un ejemplo de cristiano. Yo le he escuchado hablar a favor del proteccionismo. Sinceramente, no sé qué tiene que ver eso con el liberalismo.

› ¿Realmente se llevan mal liberalismo y cristianismo?

Yo vengo del cristianismo y no tengo ningún conflicto con la moral cristiana, que tiene muchas cosas buenas. Hay quienes se dicen cristianos y creen que la libertad es la perdición y el pecado. El liberalismo se lleva mal con la religión unida al monopolio de la fuerza. Si pretender esa separación te convierte en anticristiano, quiere decir que se está sosteniendo un cristianismo impuesto a palos. Estoy en contra sí de la policía religiosa dentro del liberalismo, que no pondrán por escrito que los que no mezclen religión y política quedan excluidos del ambiente liberal, pero lo van a hacer realidad con sus acciones. Lo del nacionalismo católico es una versión muy mala e hipócrita del catolicismo del que no se puede estar a favor desde el liberalismo jamás. No debería haber ningún conflicto entre alguien que se defina como liberal y a la vez católico. Establecer una policía religiosa sobre lo liberal me parece inadmisible en términos políticos, pero también en términos religiosos. Con la aparición de movimientos como el de Vox u otros que mezclan la religión con la política están llevando las cosas a un momento anterior a la aparición del liberalismo. Porque el liberalismo se levantó contra eso. Para hablar de astronomía yo no tengo que levantar la cruz. Del mismo modo, yo no tengo que invocar una cuestión religiosa para hablar de liberalismo.

› En su libro parece sorprenderse de que hoy Hoppe siga en el Mises Institute.

Realmente no conozco las luchas internas del Mises Institute y no estoy interesado tampoco en conocerlas, no veo cómo el pensamiento de Mises puede encajar con considerar que los países ejercen una forma colectiva de propiedad sobre el territorio y que la única forma de que esta propiedad se respete sea con una política xenófoba de fronteras cerradas para que no entre gente que no sea blanca y heterosexual. Hace unos años escribí un artículo (“No reconozco al liberalismo”) sobre esto para el Instituto Juan de Mariana, porque Hoppe está sosteniendo como buenas ideas lo que son disparates mayúsculos, racistas y antiliberales. Para algunos esto es el liberalismo, lo que demuestra que como tal está en una gran crisis. La peor crisis tal vez, porque no es capaz de extender sus principios a los cambios culturales que ocurren en la actualidad. Si desde la izquierda se proponen políticas de igualdad de género, estos responden que la desigualdad de género es un propósito en sí mismo relacionado con la propiedad, como propone disparatadamente Hoppe. Pasa también con el control de la inmigración, que es algo por completo anti-mercado. Inmigración es el nombre que el derecho administrativo le da a la libertad contractual.

› Algunos se han visto respaldados en Trump no gustándoles todo lo que representa, pero sí como un dique de contención frente a la izquierda y el “marxismo cultural”.

Lo del marxismo cultural es un fantasma. Marxismo es teoría de la explotación y lucha de clases, extenderlo es darle una importancia que no tiene. Si toda polaridad fuera marxismo entonces este movimiento de la derecha nacionalista también debería ser llamado marxista. En realidad se usa esa palabra como un fantasma, se la desdibuja y también se termina favoreciendo al marxismo real, que ya no se puede reconocer. Respecto de Trump, hablamos de un personaje que ha transformado al Partido Republicano en un partido antisistema, en un trotskismo de derecha que reniega de la justicia, de las elecciones y hasta del mismo Congreso, como se demostró con el asalto de sus partidarios. No veo cómo se le puede llamara a eso conservador.

› En todo este fenómeno tiene un gran peso la influencia de las redes sociales.

Es que sus algoritmos llevan a la confirmación y no al cuestionamiento de las ideas. Por eso uno a veces se sorprende de que gente que creía inteligente se crea cosas que no tienen ningún sustento, pero las difunden. Yo espero que esto encuentre un equilibrio en algún momento.

› En materia de economía, pareciera que ya nadie representa una propuesta de mercado.

Sí, a pesar de que este movimiento del que hablamos dice que la única libertad que le importa es la económica. Eso no es posible conceptualmente. Lo que llamamos mercado es el fenómeno que apreciamos al observar a la sociedad con la metodología de la economía. Pero no es que la economía sea un compartimento estanco de la vida social. Lo que está separado es la materia economía de otros estudios, pero la sociedad libre es una. En ella hay límite al poder y los individuos siguen sus fines, ese es su gran secreto. Pero si existiera un control moral desde el estado entonces los fines no son libres y los medios ni siquiera se podrían definir como medios. Pierde sentido hablar de economía en una sociedad sometida a un protectorado moral, del mismo modo que resulta absurdo hablar de precios en un país socialista. Son números sin significación. Si la sociedad no es libre no hay mercado.

› El foro de Davos dice que en el futuro nadie será propietario, salvo el estado.

Es un delirio más de los que salen de todas las usinas de pensamiento. De las universidades no salen disparates menores, pero para lidiar con ese delirio la paranoia muy útil no es. No se puede usar al cúmulo de tonterías que se dicen en este tipo de foros para hablar de una conspiración mundial y mucho menos para decir que esa conspiración se supera con nacionalismo.

› Usted señala el problema de enfrentarse al buenismo con el malismo.

Claro, el buenismo es esa permanente invocación de posturas que hacen ver al que las emite como el más bueno. Eso se ha hecho una forma de manipulación, pero le ha salido del otro lado su versión igualmente estúpida del malismo, que es esa permanente adoración de los villanos y sostener posturas desagradables. El malismo es una forma de impotencia frente al buenismo; es una tragedia que esa sea la respuesta. Gente que se siente acosada y temerosa, en muchos casos respecto de cambios culturales que no comprende, y que se prende de algún villano a mano para sentirse protegida. Establecen con sus “malos” una lamentable relación de vasallaje.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE. Publica en @josebenegas

¿Hay un sistema capitalista en China?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 12/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/12/hay-un-sistema-capitalista-en-china/

En el gigante asiático existen algunos islotes limitados de libertad. Sin embargo, el Partido Comunista mantiene un régimen totalitario. Los dos caminos hacia los cuales podría evolucionar esta nación, según la visión de dos intelectuales

Liu Xiaobo (Reuters)

Hay veces que uno concluye que en algunos casos son menos dañinas las izquierdas que los que se dicen amigos de la libertad. Este es el caso de quienes alardean como partidarios de la sociedad libre y sin embargo afirman sandeces mayúsculas como que en la China de hoy existe el sistema capitalista.

La primera recomendación a estos comentaristas estrafalarios es que estudien qué significa el capitalismo, que es un sistema basado en la propiedad privada y en el respeto irrestricto a los proyectos de otros, es decir, la consideración y garantías a las autonomías individuales. Para los distraídos que mantienen que el capitalismo es una realidad en China es muy recomendable estudiar, por ejemplo, el libro de Ludwig von Mises titulado La mentalidad anticapitalista porque esas falacias precisamente se encuentran incrustadas en las mentes de los propagandistas del supuesto capitalismo chino.

Una cosa es observar que el gobierno chino ha autorizado islotes limitados de libertad con lo que financia el enriquecido aparato estatal y otra bien distinta el pregonar la burrada de marras lo cual constituye un agravio a toda la tradición de la libertad que se ha esforzado en mostrar sus valores, principios y fundamentos a través del tiempo.

Es lo mismo que los irresponsables que parlotean del capitalismo ruso sin percatarse del sistema autocrático que allí impera que ha pasado del terror blanco al terror rojo y de allí al terror de los descarnados atropellos de los nuevos mandones ex KGB que todo se lo embolsan en un clima irrespirable de botas que anulan todo lo que no coincida con la prepotencia del momento. Es lo mismo que aquellos energúmenos que ponderan “la educación cubana” sin entender que donde hay adoctrinamiento hay anti-educación (para no decir nada de la obligación en esa isla-cárcel de escribir con lápiz pues la tanda siguiente debe borrar y usar el mismo papel debido a la fenomenal escasez de ese material). Es lo mismo que los bellacos que seriamente dicen que en Cuba hay buena medicina sin la elemental información de las pocilgas en las que se han convertido los hospitales tal como, entre muchos otros, explica la neurocirujana cubana Hilda Molina y que solo hay centros de salud para los burócratas y para ciertos extranjeros que apoyan al régimen comunista. En Cuba la detención más generalizada es bajo el cargo de “peligrosidad pre-delictiva” para encerrar a los sospechosos de oposición (igual que en la contrarrevolución francesa con los “delitos de intención”).

Para tener esos aparentes “amigos de la libertad” es mejor contar con los enemigos que por lo menos no actúan disfrazados y tienen la honestidad intelectual de confesar abiertamente sus designios.

Como es del dominio público hay una frondosa literatura sobre China pero en esta nota periodística centramos la atención en dos libros que desarrollan tesis opuestas respecto del posible horizonte futuro de ese país. En ambos casos claro que parten de la indiscutida premisa para todos los investigadores rigurosos que se vive hoy en China un régimen totalitario con los antedichos islotes de libertad que naturalmente generan un colosal resultado, pero, como queda dicho, estas dos prognosis difieren radicalmente en sus perspectivas para el futuro.

Veamos algunos flancos de estos estudios pero digamos que para ponerlo en una píldora telegráfica se trata de lo siguiente: por un lado Guy Sorman en China, el imperio de las mentiras sostiene que el sistema irá desembocando en un incremento aún mayor del espíritu totalitario a través del tiempo, mientras que Eugenio Bregolat en La segunda revolución china pronostica un futuro promisorio puesto que se basa en la idea que esos islotes de libertad que por más limitados que sean generarán nuevos incentivos y renovada fuerza para irse extendiendo a través del tiempo.

Sorman -aunque presenta varios escenarios posibles- se inclina por el mantenimiento de un sistema opresivo para la gran mayoría de los chinos que se refleja de entrada en su signo monetario ilustrado con la figura del asesino serial Mao, en el pretendido olvido de la masacre de Tiananmen y en los permanentes intentos de manotazos a Hong Kong en medio de cientos de millones sojuzgados por el régimen y literalmente muertos de hambre. La salida más próxima del sistema actual la esboza en dirección a la posibilidad de un eventual golpe de Estado que militarizaría aún más el país. Las rebeliones que aparecen “no se comunican entre sí, no constituyen un movimiento unitario, no tiene líder ni programa. El Partido llegó a fragmentarlas, no parecen capaces de conmoverlo ni de una magnitud suficiente como para enfrentar a la policía o al ejército”. El objetivo central de las posibilidades y variantes que se detectan en posibles gobernantes que se perciben como posibles consiste en todos los casos probables en “mantenerse en el poder” y “el segundo objetivo es el enriquecimientos de sus miembros” [los del Partido Comunista], lo cual lo fortalecen con empleos adicionales de armamentos adquiridos con la nueva riqueza.

Por otra parte, Guy Sorman lo cita a Mao Yushi, “el más lúcido de los economistas chinos, lo que le trae como consecuencia ser vigilado permanentemente por milicianos de la Seguridad Pública”, quien “considera que el desarrollo económico de China es más un desastre que un milagro” en primer lugar porque las “tasas chinas” no son confiables “ya que el gobierno es el único que tiene acceso a las estadísticas y que éstas no se pueden verificar.” Además eso de los islotes de libertad debe tomarse con precaución ya que están frecuentemente resquebrajadas, por ejemplo, “son los dirigentes del Partido los que dan a los bancos orden para otorgar préstamos por motivos políticos o personales y de no exigir el reintegro de esos préstamos” y así sucesivamente las cortapisas en el mercado inmobiliario, permisos en el comercio etc. Pero a pesar de todo, la liberación parcial y a regañadientes produce sus frutos que deslumbran a todos.

Como anunciamos, del otro lado del espectro se encuentra el libro de Bregolat quien concluye que todo lo que viene ocurriendo en China “configura una nueva mentalidad. Es probable que, antes o después, la ciudadanía demande un mayor grado de participación en los asuntos públicos. El Partido es consciente de ello y es muy posible la evolución desde dentro del sistema en dirección a la democracia, principio introducido ya, con limitaciones, en los pequeños municipios […] China sorprendió al mundo con su cambio económico y bien puede sorprenderlo en el terreno del cambio político. No es seguro que ocurra, pero no puede excluirse. El tiempo dirá”.

En todo caso las maravillas que en diversos planos describió Marco Polo sobre la antigua China del siglo XIII no se condicen con lo que viene sucediendo, tal vez solo que al encandilarse con el descubrimiento de la imprenta se le pasó inadvertido la irrupción del papel moneda lo cual transmitió su espíritu a la tan ajetreada vida contemporánea.

Por último, cierro esta nota con la mención de un personaje sobre el que he escrito antes en detalle. Se trata de Liu Xiaobo muerto a los 62 años de edad en China a raíz de un cáncer de hígado eventualmente fruto de los sucesivos disgustos y de su condena por el régimen a once años de cárcel en 2009 “por el delito de socavación al poder estatal” lo cual comenzó por la denuncia (préstese atención a la denominación orwelliana de la repartición gubernamental) de la Brigada Primera de la Oficina para la Seguridad y Control de la Red de Noticias Públicas de los Servicios de Seguridad de la Ciudad de Pekín, en concordancia con el párrafo 105, apartado 2 del Código Penal de la República Popular China referido al antedicho delito. Las autoridades no lo dejaron salir del país para tratarse la enfermedad.

Xioabo ha sido un baluarte de la libertad. En ese contexto sostiene con énfasis que la concesión a algunos de ciertas libertades producen una explosión fenomenal de la energía creadora que con razón deslumbra al mundo, pero el autor subraya que ese vergel de lo material no debe tapar la vergüenza de los atropellos a las libertades de prensa, de asociación, de reunión, la privación de una Justicia independiente del poder político y la corrupción astronómica de todos los funcionarios de más alta jerarquía. Señala que no resulta digno para la condición humana que se pretenda cubrir la bajeza de lo dicho con edificios y automóviles mejores puesto que esto significa la miserable renuncia de valores esenciales del espíritu por lo que en definitiva son las chucherías de la materia.

Este doctor en literatura fue profesor invitado, entre otras, en las universidades de Columbia y Oslo. En su obra más conocida –No tengo enemigos, no conozco el odio– se consigna que participó activamente en las antes aludidas protestas estudiantiles de junio de 1989, reprimidas de modo sangriento (colaboró en la redacción del documento titulado “La voces de las madres de Tiananmen”). Publicó once libros en el extranjero debido a la censura en China y fue condenado varias veces a “campos de reeducación” (un eufemismo para esconder los campos de concentración que millones de veces fueron campos de exterminio).

Fue presidente del PEN Internacional en la clandestinidad china y en 2010 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz que no pudo ser recibido por él por encontrarse en la cárcel y tampoco pudo ser recibido por sus familiares a quienes se les prohibió la salida del país (el 10 de diciembre, simbólicamente el galardón fue depositado en una silla vacía). Fue uno de los redactores de la célebre Carta 08 en pos de la libertad por la que fue severamente reprimido junto a otros colegas.

A pesar de que de joven admiraba a Marx debido al sistema de adoctrinamiento de todo régimen totalitario, por consejo bibliográfico del antes mencionado Mao Yushi fue muy influido por autores como Isaiah Berlin y Friedrich Hayek. En su último ensayo Xiaobo escribió -pese a las dificultades permanentes de saltear a los comisarios del pensamiento: “Anhelo ser la última víctima de la inquisición literaria en este país y que de ahora en más ninguna otra persona sea juzgada por sus palabras”.

En su antedicho libro critica a los que le dan prioridad en sus vidas “a los cargos, la riqueza y los viajes, los intereses especiales de las modas, el consumo, los buenos looks de las actrices de cine, los juegos de Internet y las relaciones de una noche”. Critica a los nacionalismos que “producen el mayor entusiasmo en la joven generación, sobre todo, el sentimiento antiestadounidense y antijaponés, así como el rechazo de la independencia de Taiwán, son reacciones con las cuales la juventud expresa su compromiso con el Estado chino y su odio por su nacionalismo […] Ese es el nacionalismo de la juventud china: fanfarronería para afuera, cobardía para adentro […] Si se quiere llegar al éxito rápido, debe estarse en el Partido [Comunista] apenas uno termina sus estudios […], este fenómeno que se vive tranquilamente, aunque con la moral rota, es perfectamente acorde con la esquizofrenia espiritual de toda la sociedad […] Las noticias no oficiales, que circulan de forma privada, muestran la forma verdadera del sistema informal, un verdadero reino del terror”.

En todo caso, en este texto hemos intentado mostrar la falsedad, el insulto a la inteligencia y la contradicción en los términos de mantener que hay un sistema capitalista en la China del abuso del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La revancha autocrática

Por Constanza Mazzina. Publicado el 7/6/21 en: https://www.demoamlat.com/la-revancha-autocratica/

La contraola autoritaria: signo y seña del populismo que amenaza con borrar del mapa las conquistas del estado de derecho que supone la democracia, las libertades individuales que plantea el liberalismo político, la separación y autonomía de poderes propia del republicanismo, la transparencia y rendición de cuentas, los límites a los mandatos. Las autocracias instalan un discurso único con que representar la realidad bajo la lógica paranoide de amigo-enemigo y proponen una versión verticalista de construir poder irradiado desde la figura del personalismo que lo centraliza.

La caída del Muro de Berlín trajo aparejada una gran ola de optimismo que nos llevó a creer la ilusión de que, ya al cierre del siglo XX, el mundo había aprendido una lección: si no habíamos llegado al fin de la historia —tal como escribía Fukuyama en aquel entonces —, cuanto menos, parecía el fin de una historia de confrontaciones mundiales entre modelos autoritarios y democráticos. 

Era la culminación de un proceso iniciado a mediados de los setenta, una oleada especialmente fuerte en pro de la democratización en el mundo: la tercera ola. Pensábamos entonces que el oleaje inundaría el planeta y que había llegado para quedarse. Pronto, muy pronto, el optimismo se fue desvaneciendo y comenzamos a hablar de recesión democrática y de la contraola autocrática. La tercera ola en América Latina ha cumplido sus 40 años y parece sumida en la “crisis de los 40”. Repitiendo viejas mañas y consolidando nuevas, las democracias de la región, son, en el mejor de los casos, “democracias con adjetivos”.

El término “democracia con adjetivos” fue desarrollado por Collier y Levitsky a finales de los años noventa, para calificar a las democracias de la tercera ola cuando, pasados unos años, mostraban ya signos preocupantes. Aquellos adjetivos iban al centro de los atributos de las democracias liberales: si el sufragio tenía problemas (las elecciones no eran libres, limpias o competitivas), configuraba una “democracia oligárquica”; si estaban restringidas o cercenadas las libertades civiles: se abrían paso las “democracias iliberales”; si la oposición era perseguida o limitada por diversos medios, entonces se llegaba a una “democracia controlada”.

¿Qué adjetivo ponerle a las democracias latinoamericanas en la actualidad? Patrones estructurales subyacen en la política regional que, combinados, pueden incluirse en todos los tipos de democracias con adjetivos. Es decir, el conjunto de problemas que muestran nuestras democracias atraviesan la historia de todos los Gobiernos de la tercera ola, y convierte a esos “adjetivos” en problemas sistémicos, no ya coyunturales: algunos Gobiernos limitan las libertades (fundamentalmente de prensa y expresión), en otros casos, el sufragio no es libre o no es competitivo; algunos, incluso, persiguen a la oposición. En el extremo, Cuba que, hasta el momento, no inició el proceso de democratización. Los casos de Venezuela y Nicaragua muestran el camino inverso: la desdemocratización y el regreso autoritario están siempre a la orden del día. Estos últimos también han mostrado que en la actualidad las democracias mueren en las manos de líderes electos que hacen uso y abuso del poder para subvertir los mecanismos democráticos a través de los cuales llegaron al poder; una a una van desmantelando instituciones, derechos y libertades. Como señaló el reconocido politólogo Andrés Malamud: “hasta la década de 1980, las democracias morían de golpe (breakdowns). Literalmente. Hoy no: ahora lo hacen de a poco, lentamente. Se desangran entre la indignación del electorado y la acción corrosiva de los demagogos.[1]”

En el año 2020, Latinoamérica se convirtió en una de las regiones más afectadas por la pandemia del virus COVID-19 a nivel internacional, enfrentar este desafío evidenció los grandes problemas sociales, políticos y económicos que,  en mayor o menor grado, todos los países de la región padecen. Era previsible que esta circunstancia pusiera al desnudo las debilidades estructurales de los Estados latinoamericanos: cuales gigantes de pies de barro, los problemas de infraestructura, desarrollo (o su ausencia) y calidad institucional quedaron expuestos y generaron un cóctel cuyas consecuencias aún no han terminado de cristalizarse. 

El Índice de Transparencia que mide la percepción de la corrupción muestra que los Gobiernos de la región tomaron medidas extraordinarias para combatir la pandemia en forma de varios estados de emergencia que restringieron los derechos civiles. Estas restricciones limitaron las libertades de expresión y reunión, debilitaron los controles y equilibrios institucionales y redujeron el espacio para la sociedad civil. Esto produjo una retracción de las instituciones de supervisión y control y, por lo tanto, un aumento en la percepción global de la corrupción. El informe de Transparencia señala: “Con una puntuación media de 43 por quinto año consecutivo, las Américas es un polo de corrupción y mala gestión de fondos siendo una de las regiones más afectadas por la crisis de la COVID-19. Canadá y Uruguay mantienen las puntuaciones más altas, con 77 y 71 puntos respectivamente. Nicaragua, Haití y Venezuela obtienen el peor desempeño, con 22, 18 y 15 puntos respectivamente”.

Pero para 2020, el Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit en su decimotercera edición, registraba el impacto del coronavirus (COVID-19) en la democracia y en la libertad en todo el mundo. Analizaba cómo la pandemia se tradujo en la retirada de las libertades civiles a gran escala y alimentó una tendencia existente de intolerancia y censura de la opinión disidente. Como se registra en el Índice en los últimos años la democracia no ha gozado de buena salud y, en 2020, su fortaleza fue puesta a prueba aún más por el brote de la pandemia de coronavirus. El puntaje global promedio en el Índice de Democracia 2020 cayó de 5.44 en 2019 a 5.37. Esta es por lejos la peor puntuación mundial desde que se elaboró ​​por primera vez el índice en 2006. El resultado de 2020 representa un deterioro y se produjo, en gran medida, pero no únicamente, debido a las restricciones impuestas por los Gobiernos sobre las libertades individuales y las libertades civiles que se produjeron en todo el mundo en respuesta a la pandemia. El deterioro en América Latina muestra la fragilidad de la democracia en tiempos de crisis y la voluntad de los Gobiernos de sacrificar las libertades civiles y el ejercicio de la autoridad sin control en una situación de emergencia.

La literatura sugiere que hay tres elementos que, combinados, dan lugar a una democracia moderna. Primero, el Estado tiene el monopolio del poder coercitivo en un territorio determinado y debe asegurar la paz. Segundo, el rule of law, que refleja valores comunitarios y está por sobre todos los ciudadanos, incluyendo a los propios gobernantes. Por último, la rendición de cuentas, que asegura la responsabilidad Estatal para con los intereses de la comunidad por medio de las elecciones. El error en el que caen las democracias actuales es asegurar solo elecciones mientras que se descuida la capacidad del Estado y el cumplimiento de la ley. Lo cierto es que democracia y liberalismo abordan dos cuestiones diferentes: la democracia es una respuesta a la pregunta de quién gobierna. Requiere que el pueblo sea soberano. Si no gobierna directamente, al menos deben poder elegir a sus representantes en elecciones libres, justas y competitivas. Por su parte, el liberalismo no prescribe cómo se eligen los gobernantes, sino cuáles son los límites de su poder una vez que están en el poder. Estos límites, que en última instancia están diseñados para proteger los derechos del individuo, exigen el Estado de derecho y generalmente se establecen en una constitución escrita e implica que a ella se sujeten gobernantes y gobernados. Los sucesivos cambios en la letra constitucional (las reglas de juego) de varios Gobiernos latinoamericanos en estos años [2] es muestra de la vulnerabilidad del Estado de derecho. La democracia requiere el respeto al Estado de derecho para garantizar los derechos políticos, las libertades civiles y los mecanismos de rendición de cuentas y limite los posibles abusos de poder. 

En esta línea, hacia el año 2013, el Dr. Mario Serrafero ofreció en una conferencia [3] una distinción entre dos formas de concebir, de definir la democracia que resulta pertinente en estos tiempos de tanta confusión y donde todo parece lo mismo y da lo mismo, pero no lo es: por un lado, la democracia liberal republicana, por el otro, la democracia populista. 

La democracia liberal republicana es heredera de las tradiciones que le dan su nombre, y de cada una de ellas recupera y precisa los elementos que la definen. Los elementos fundantes de la primera son el respeto por los derechos de los individuos, entendidos como libertades básicas (reunión, opinión, asociación, prensa), los mecanismos de frenos y contrapesos (check and balances), la temporalidad en el ejercicio del poder y la rotación en cargos públicos, la transparencia y rendición de cuentas (accountability) de los gobernantes. Si el liberalismo desconfía del poder, de allí su necesaria limitación, el republicanismo se define por oposición al cesarismo. En esta concepción de democracia ningún actor tiene jamás en sus manos todo el poder por un período de tiempo indefinido ni tiene la oportunidad de ejercerlo sin control ni contrapesos. En la genética de estas tradiciones está el respeto por quien piensa diferente (libertades) y la tolerancia. El Estado de derecho es la condición necesaria de este andamiaje y el Gobierno (y el gobernante) no puede hacer y deshacer la ley a su antojo, sino que la ley está por encima de aquel. 

La democracia populista, por su parte, precisa el mecanismo electoral para llegar al poder, pero una vez en el poder despliega cierto tipo de comportamientos diferentes. Empecemos por señalar que afecta primero la cultura pluralista (libertades, respeto, tolerancia) y las instituciones que promueven la limitación del poder y la rendición de cuentas. Así, Serrafero señalaba que la práctica de la democracia populista se centra en: la personalización del régimen, el predominio del poder ejecutivo en desmedro de los otros poderes, los que son subordinados, colonizados, redefinidos o cooptados por la centralidad presidencial; hay una permanente descalificación de la oposición y de los medios de comunicación no afines, la aplicación de la ley es desigual por lo que se desdibuja el Estado de derecho y hay un uso de la historia y de la conspiración como formas de relatar la realidad. El objetivo último es la refundación del Estado, del orden económico, político y social. De allí, las necesarias reformas constitucionales que den legitimidad a este nuevo orden. La violencia es una consecuencia de la omnipotencia de la mayoría y de la lógica pueblo-antipueblo. Como decía Serrafero “la lógica de la polarización y el conflicto reemplaza a la lógica de la negociación y la resolución pacífica de controversias entre los distintos sectores e intereses”. La ley política reemplaza el Estado de derecho.  

En este punto podemos entonces reconocer que la región atraviesa varias crisis: la primera, de los partidos políticos, del sistema representativo y del presidencialismo, ligado ello a la escasa cultura de rendición de cuentas. Desde el regreso a la democracia, la región ha vivido situaciones donde el “fusible” es la finalización anticipada del mandato presidencial. Ocurra esto por medio de su renuncia o de un juicio político, una cantidad de presidentes no han finalizado su mandato (desde Alfonsín, Collor de Mello, Abdalá Bucaram, Cubas Grau, Mahuad, Sánchez de Losada hasta Lugo o Dilma Rousseff). De alguna manera, esto destraba el juego y reencauza la institucionalidad política. Aunque es un cimbronazo con fuertes consecuencias políticas. 

Agreguemos a ello la cultura caudillista y personalista que persiste en la región: Dieter Nohlen (1994) entiende que el gen autoritario se encuentra “concebido constitucionalmente en América Latina” producto de un objetivo inicial que consistía en fortalecer, temporalmente, en los textos constitucionales al Poder Ejecutivo para reducir así la influencia de otros poderes, es decir, el gen autoritario se hace presente en la región como un elemento constitucional transitorio y fundamental para transitar  los primeros años de gobierno y conformación de la estatalidad. La tragedia en América Latina radica en que “el gen del autoritarismo que posee el constitucionalismo, ha tomado más fuerza que el propio constitucionalismo”, es decir, tanto el autoritarismo institucional como la presencia de liderazgos fuertes y personalistas en el Ejecutivo se han convertido en las claves políticas para entender el funcionamiento de los presidencialismos latinoamericanos. 

La segunda es la crisis de la democracia a la que hemos hecho referencia: hace años que la democracia no logra satisfacer a los ciudadanos latinoamericanos que están (y así lo expresan) cada vez más insatisfechos. Hasta ahora la insatisfacción se tradujo en apatía, desinterés, en “me da lo mismo”, pero también allana el camino al personalismo caudillista, a subtipos disminuidos de democracia que rayan el autoritarismo o son abiertamente autoritarios a plena luz del día, sin golpes de Estado, aferrándose a una fachada electoral pero con estrategias y prácticas indiscutiblemente autoritarias [4].

Finalmente, la crisis del Estado. El Estado-nación en América latina ha sido un problema desde sus orígenes. Estados truncos, incapaces de transformar un conjunto de instituciones en un proyecto de nación posible. Yace aquí la cuestión: el Estado es parte del problema, pero, para muchos, el Estado es también la solución. La demanda de más Estado en sociedades anómicas resulta en una trampa donde nadie quiere después pagar la cuenta. No debería importar el tamaño del Estado, sino sus capacidades. Un Estado eficaz, un mejor Estado. Este es un reclamo que no ha sido resuelto con las diversas fórmulas que se han intentado y que ha mostrado sus limitaciones a la hora de buscar resultados. La distancia ideológica que persiste en muchos países impide proyectos de largo plazo que involucren una institucionalidad estatal no sujeta a los cambios de partido de Gobierno. 

En todo caso, la pandemia facilitó la tendencia latinoamericana a la concentración del poder alrededor del poder ejecutivo y al excesivamente poco apego a la rendición de cuentas por parte de los gobernantes. Esta experiencia nos deja una pregunta latente: ¿necesita la democracia un conjunto de valores para funcionar? Si es así, ¿cuáles? ¿Qué valores son propios de la democracia y cómo fortalecerlos en nuestras aún muy débiles democracias? La democracia no es solo un ideal, sino que es el sistema de gobierno más adecuado para abordar una crisis de la magnitud y complejidad de la COVID-19. Como señala IDEA en su Llamado para defender la Democracia: en contraste con la propaganda autoritaria “los flujos de información libres y creíbles, el debate basado en hechos sobre las opciones políticas, la autoorganización voluntaria de la sociedad civil y el compromiso abierto entre el Gobierno y la sociedad son activos vitales para combatir la pandemia. Y todos son elementos claves de la democracia liberal. Solo a través de la democracia las sociedades pueden construir la confianza social que les permite perseverar en una crisis, mantener la resiliencia nacional frente a las dificultades, curar las profundas divisiones sociales mediante la participación y el diálogo inclusivos, y mantener la confianza en que el sacrificio será compartido y los  derechos de todos los ciudadanos serán respetados”. 

[1] https://nuso.org/articulo/se-esta-muriendo-la-democracia/

[2] Desde 1978, “para 2009, salvo Costa Rica, México, Panamá, República Dominicana y Uruguay, habían adoptado una nueva constitución, y algunos, como Ecuador, lo habían hecho en más de una ocasión.” (Negretto, G. 2015 La política de cambio constitucional en América Latina, p. 39)

[3] El texto completo puede consultarse en https://www.ancmyp.org.ar/user/files/13-Serrafero.pdf

[4] Según el último informe de Latinobarómetro: el promedio regional de satisfacción con la democracia es de 24%, el resultado más bajo para este indicador desde 1995, cuando comenzó a realizarse el estudio.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

El plan para empobrecer, y controlar, al mundo


Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 27/04/21 en:
https://alejandrotagliavini.com/2021/04/27/el-plan-para-empobrecer-y-controlar-al-mundo/

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Al anunciar Biden un gigantesco plan de inversión e infraestructura de USD 2 billones, gran parte de la prensa lo relacionó con su rivalidad con el Estado chino, un paso hacia un “capitalismo de guerra”. Es también un plan de rescate dada la caída de la economía por las represiones estatales con excusa de la “pandemia” y va mucho más allá del Pacto Verde, se potencia el capitalismo de Estado.

               Por eso la tasa impositiva corporativa mínima global sobre las ganancias empresariales, defendida por el gobierno de EE.UU. y la burocracia del FMI, está en discusión en el G20. El objetivo: recaudar USD 2,5 billones, haciendo que las multinacionales paguen impuestos, no solo sobre las ganancias en casa sino en todo el mundo. Así, pagaran por más actividades y pagaran más: del 21% actual al 28%.

                Para ello debe aprobarse una ley, mejorar las herramientas para controlar a las empresas y, además, evitar que otros países compitan por atraer capital cobrando menos impuestos. Y eso lleva a una tasa impositiva corporativa global por encima del 12,5% que la secretaria del Tesoro de EE.UU. le propuso al G20, y se espera que otros 120 países lo firmen.

               Es un fortalecimiento del intervencionismo estatal y una redistribución de la renta entre la burguesía, lo empresarios socios del poder -a los que el gobierno les garantiza negocios, privilegios como subsidios y trabas aduaneras a la competencia- sin los cuales los políticos no podrían enriquecerse, y viceversa, ya que el Estado no crea riquezas.

              Claro que pagan los pobres porque los impuestos, aun dirigidos a los ricos, recaen sobre ellos dado que se derivan hacia abajo subiendo precios, bajando salarios, etc. Es demagógico decir que lo que se recauda vuelve a los carenciados porque, en el mejor de los casos, vuelve lo poco que queda tras pasar por la burocracia estatal ineficiente y corrupta.

             Así, el Estado es el principal creador de pobreza sino el único. Es que la violencia solo destruye, primero a los más débiles, y el Estado se arroga su monopolio con el que ejerce su “autoridad”. Por cierto, aun en casos de defensa propia y urgente, los métodos eficientes, dice la ciencia, son los pacíficos.

             Que la “autoridad” estatal destruye se advierte cada vez más al ver cómo la policía se dedica más a reprimir a quienes no cumplen los caprichos de los políticos que a defender al ciudadano. Es así como, aun si el Covid fueran tan grave -que no lo es, solo 0.04% de la población global ha muerto en año y medio- las represiones estatales, confinamientos y demás, han agravado el problema.

             Por cierto, es creíble que los 50 millones de muertes durante la “gripe española” no se debieron al virus sino a otras causas relacionadas, precisamente, con las acciones de los Estados, con lo que no existirían antecedentes históricos de pandemias por gripes.            

             Y para ello los gobiernos difunden el pánico que es, precisamente, el origen sicológico de la violencia, amplificado por una prensa oficialista, más allá de la política partidaria, porque le “cree” a los organismos oficiales como las “autoridades” sanitarias o a los “expertos” sin una investigación objetiva.

            Pero a no perder las esperanzas, al final, siempre triunfa el bien. Y aprovecho para decirles que, después de tanto escribir, de momento no tengo nada que agregar, de modo que no volveré a publicar estas columnas sobre política hasta nuevo aviso. Hasta siempre.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

“El eje bolivariano puede volver, ¿pero qué hace el populismo sin dinero?”

Por Constanza Mazzina. Publicado el 19/04/21 en: https://www.larazon.es/internacional/20210419/v7olaicg2jaupgtoruu35kcuce.html

Guillermo Lasso, presidente electo de Ecuador

Guillermo Lasso, presidente electo de EcuadorANGEL DEJESUSAP

Cuando muchos daban por acabada a la izquierda bolivariana, esta tendencia ha vuelto a resurgir con fuerza con la victoria del candidato Luis Arce en Bolivia y antes en Argentina, con el triunfo de Alberto Fernández, el delfín de Cristina Fernández de Kirchner. Ecuador ha estado muy cerca de volver al correísmo, pero en contra de las expectativas creadas, el ex banquero Guillermo Lasso se ha acabado imponiendo a Andrés Arauz. La experta en política Constanza Mazzina ofrece algunas claves de hacia dónde se mueve la región.

¿Se puede decir que América Latina gira a derecha o izquierda tras la victoria de Lasso en Ecuador y de Arce en Bolivia?

No podemos decir por ahora que haya un giro a la izquierda o a la derecha. Tenemos un mix entre gobiernos de extrema izquierda como los de Nicaragua y Venezuela; varios de izquierda, como Bolivia, México y Argentina; y algunos que por ahora se ubican en el centro, como Ecuador y Perú, aunque hay que ver que pasa en este país en la segunda vuelta de las presidenciales. En el otro lado hay gobiernos más en la derecha, como el de Lacalle en Uruguay o incluso el Chile de Piñera, la Colombia de Duque y Paraguay. Más a la derecha está el Gobierno de Bolsonaro en Brasil. Lo que sí se presenta en este complejo escenario ideológico de 2021 para América Latina es la presencia de varias grietas que no logran resolverse.

¿Qué grietas son esas?

Una grieta ideológica entre izquierda y derecha, entre populismo y republicanismo, y también una grieta de modelos de desarrollo económico, entre economías abiertas y cerradas, y como consecuencia de esto hay una distinta concepción sobre la inserción internacional. Y aquí es donde se juega la relación con EEUU y con Cuba. Para algunos, la globalización y la relación con EEUU constituye una oportunidad. Para otros, la oportunidad la brindan China o Rusia o la propia región.

¿Cambiará la política de EEUU hacia América Latina con Biden?

Hay dos Américas Latinas en este punto. Una parte de países tienen trato y tratados con EEUU, y esta política la continuó Trump. Y otra América Latina que elige alianzas estratégicas con China y Rusia. Biden probablemente va a reforzar la relación con América Central y el Caribe. Hay que ver qué va a hacer la relación de Biden con Bolsonaro. Esta es quizá la mayor incógnita. Más allá del tratado de libre comercio que renegoció con México, hay otros tratados con Chile, Colombia, Perú y América Central. Además, EEUU ha mejorado la relación con Ecuador en los últimos años.

¿Y qué papel juega China en la región?

China hace tiempo que está metiéndose en América Latina, desde el principio del siglo XXI. Lo vemos en las inversiones que hace en la región, y que de alguna manera fue acompañado por ese descuido de la administración Trump.

¿Puede haber un renacimiento del eje bolivariano?

Entiendo que sí. Los lazos de Maduro en América Latina son fuertes, sobre todo con la administración de Alberto Fernández en Argentina y con el regreso de Evo Morales a Bolivia. Lo que muestran estos años con la vuelta de estas izquierdas es que Luis Arce en Bolivia y Alberto Fernández en Argentina son una especie de títeres o regentes. En Argentina, Fernández quiere y sigue en el eje bolivariano y el Grupo de Pueblo, pero eso tuvo mucho auge en 2007 y 2010, en la época en la que los precios del petróleo y las materias primas eran muy altos, pero eso cambió y hacer populismo sin dinero no es fácil.

¿Y Brasil?

En Brasil hay una potencial regreso de Lula da Silva. Tendremos que ver cómo se desarrolla la presidencia de Bolsonaro. En este país hay otra grieta que tiene que ver con el voto territorial. Hay una parte que es muy del Partido de los Trabajadores y otra parte de Brasil, del centro hacia el sur, que es completamente ante Lula y PT.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Sigue a @CMazzina

Pensamiento científico y censura

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 14/4/21 en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/mauricio-alejandro-vazquez-pensamiento-cientifico-y-censura.phtml

Censura 20210415Dimitris Vetsikas / Pixabay

Una sociedad en la cual se generaliza que lo disruptivo, polémico o peligroso no puede debatirse, tarde o temprano puede facilitar un régimen en el que tampoco se pueda pensar libremente.

¡Sapere Aude! (¡Atrévete a saber!) exclamaba Immanuel Kant en pleno Siglo XVIII contagiado del intrépido espíritu del iluminismo que se había ya arraigado con fuerza en Francia e Inglaterra y aún no todavía en su dogmática Prusia.

Probablemente sea muy difícil destacar en su justa medida, en pleno Siglo XXI, lo revolucionario que fue para la humanidad que pensadores de la talla de Kant hayan consolidado y propagado ese clima reinante en su tiempo, con el ideal científico de la razón como mascarón de proa, que dio paso luego al advenimiento del desarrollo humano más vertiginoso del que se tenga registro.

Aun así, a pesar del desafío que implica dimensionar hoy día, donde la ciencia y la técnica imperan, la proeza que significó en aquel tiempo la actitud emprendida por tantas mujeres y hombres, existen ciertas aristas espinosas que en el último tiempo parecen invitarnos a revalorizar aquellos aciertos y reflexionar de modo equivalente, sobre en qué pilares debiéramos seguir asentando nuestro presente si aspiramos a incrementar dicha prosperidad en el futuro.

Al respecto, en los últimos meses se produjo un generoso y vehemente debate en torno a la aplicación de medidas preventivas en algunas redes sociales, orientadas a impedir que ciertos mensajes con contenido polémico se propagasen y que, por tanto, se pusiese en riesgo el orden público en general y en algunos casos, la salud de la ciudadanía en particular. Lo que en un comienzo implicó meramente la inclusión de señales de advertencia, evolucionó finalmente en acciones concretas por parte de las plataformas virtuales, como por caso la cancelación de la cuenta de Donald Trump en la red del pequeño pajarito azul. Acompañando aquella medida, varias empresas se asociaron para impedir tecnológicamente que sus competidoras (por caso la red Parler) brindase al hoy expresidente norteamericano de una especie de derecho a réplica virtual.

Esta breve reflexión no apunta, sin embargo, a sumarse a dicha polémica, no porque la misma no resulte sumamente rica en aspectos filosóficos y políticos aún en debate, sino porque la intención es poder abordar la cuestión desde una perspectiva aún no tan explorada. Y con tal me refiero a la del empoderamiento personal.

Así como lo saben los psicólogos, también lo experimentan los padres conforme sus hijos se enfrentan al mundo: sobreproteger permite acercarse asintóticamente a una exactitud del cuidado, pero al mismo tiempo, como otras cosas propias de la vida, tiene el efecto no deseado de desempoderar. Cuanto más se aísla a un niño de las posibilidades de correr riesgos, éste a su vez adquiere cada día menos herramientas para lidiar con ellos. El mundo de los adultos, sin embargo, tampoco es muy diferente. También sobre éstos el mecanismo funciona del mismo modo: cuánto más se busca protegerlos, más dependientes de esa protección se vuelven.

Al mismo tiempo, gran parte del debate antedicho tuvo que ver con la palabra “censura”, vocablo que solía aplicarse de forma rigurosa a la acción de los gobiernos y que hoy también se debate si su sentido no debiera extenderse a hechos ejercidos por privados, como los que comentaba anteriormente. En tal sentido, este tipo de uso del poder tecnológico debiera revisarse a la luz de su impacto general y no solo desde sus efectos sobre un particular, por caso Donald Trump o cualquier otro. Una sociedad en la cual se generaliza que lo disruptivo, polémico o peligroso no puede debatirse, tarde o temprano puede facilitar un régimen en el que tampoco se pueda pensar libremente. Justamente lo contrario a la histórica proclama kantiana con la que daba pie a esta reflexión.

Por tanto, si la sobreprotección favorece el desempoderamiento al mismo tiempo que la censura habilita el ejercicio de la arbitrariedad y facilita el dogmatismo, ¿qué podríamos hacer para que la sociedad quede a resguardo del enorme impacto que tienen las redes sociales con su diversidad de mensajes y consignas hoy día?

En gran medida, el movimiento iluminista asentó sus bases sobre los cimientos construidos por el humanismo de los Siglos XIV y XV. En su esencia, esta corriente de pensamiento volvió sus ojos sobre el hombre, abandonando el pesimismo sobre su esencia y revalorizando su capacidad intelectual, artística y científica. Justamente es en este sentido que mi sugerencia pasa por retomar la senda que nos trajo a este presente lleno de oportunidades y que por tanto volvamos a confiar en la capacidad de discernimiento de todos aquellos que conforman la ciudadanía global en la que nos hallamos insertos hoy y, para tal, qué mejor que fortalecer nuestros planes de estudio con más herramientas provenientes del campo científico.

Por tanto, considero que no existe mayor vacuna contra la influencia negativa que pueden tener los intentos de desinformación malintencionada y los llamados al odio, al racismo o a la discriminación, entre otros posibles males provenientes del fenómeno virtual, que una inversión creciente en nuestras curriculas de materias como pensamiento científico, metodología de la investigación, epistemología o afines. Siendo como son estos campos de la enseñanza, anticuerpos efectivos que dotan a nuestros niños y jóvenes de la capacidad para juzgar por sí mismos la información que llega, y empoderándolos así en cada caso que su intelecto es desafiado.

Kant nos invitó a atrevernos a saber. El mundo de hoy nos interpela al punto de sugerirnos la perentoria osadía de combinar todo eso que hemos aprendido, con mejores reglas de convivencia que nos conduzcan hacia mayor libertad, responsabilidad y cooperación en la que es hoy una gran aldea global, sin pasar por tentadores atajos que por momentos tienen el viso de los autoritarismos de antaño.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

La nueva agenda del Mercosur, como incentivo a las reformas estructurales

Por Pablo Guido. Publicado el 13/4/21 en: http://nuevasgeneraciones.com.ar/sitio/wp-content/uploads/publicaciones/realidad/Revista-Realidad-42.pdf?11Abril2021


¿Qué sucedió en la reunión de los presidentes de los países
miembros del Mercosur en conmemoración de los 30 años
del bloque? El presidente uruguayo planteó la necesidad de
“flexibilizar” el arancel externo común (reducirlo) y la
posibilidad que cada país miembro pueda negociar acuerdos
comerciales de manera individual. Uruguay, Paraguay y
Brasil observan, con total razón, que los beneficios de
continuar con la estrategia de integración al mundo vía el
Mercosur, tal como hoy está diseñado, han sido muy pobres
en términos de crecimiento, empleo, inversiones y comercio.
Si bien todos los países del Mercosur comercian con el resto
del mundo, nuestros vecinos quieren sacarse el “lastre” que
les impone el diseño de aquel para avanzar en acuerdos de
libre comercio de manera mas rápida y dinámica. Una
posibilidad podría ser cambiar el diseño a uno más parecido
al NAFTA, donde EEUU, Canadá o México pueden
soberanamente negociar con otros países de manera
independiente.
¿Por qué el presidente Fernández, en aquella reunión de
hace unos días, se manifestó en desacuerdo con este
“restyling” del Mercosur? Si bien sus modos y formas fueron
impropios de un presidente, la negativa a realizar un
cambio del Mercosur es entendible y hasta razonable: la
economía argentina, dado el “modelo” económico que hoy
rige en el país, no podría jugar en las ligas mayores del
mundo. En otras palabras, el sector privado argentino, en
términos generales, no está “entrenado” ni tiene el “músculo”
para ir a competir con los sectores privados del resto del
planeta.
Los 170 impuestos existentes, las decenas de miles de
regulaciones que le ponen barreras diarias a la producción,
la inflación exorbitante crónica, la falta de ahorro y
financiamiento, los controles de precios en todos los
mercados de bienes y servicios, el cepo cambiario y un largo
etcétera le genera a las empresas residentes en Argentina un
sobrecosto que no les permite competir con sus pares
mundiales. La economía argentina tal como la conocemos,
con excepciones en ciertas empresas y sectores, no puede
competir globalmente. Exportamos tan solo 65 mil millones
de dólares, unos 120 dólares per cápita por mes. Esa es la
evidencia indiscutible del peso del “costo argentino”.
Si el Mercosur se rediseñara, decidiendo una fuerte
reducción de las barreras arancelarias y no arancelarias que
tiene hoy, la dirigencia de nuestro país (política, sindical y
empresarial) debería enfrentar la disyuntiva de encarar un
conjunto extenso de reformas estructurales para reducir el
“costo argentino” o salirse del bloque regional aislándose
más en materia comercial. Quizás esta nueva agenda del
Mercosur que planteó el presidente de Uruguay, apoyado por
Brasil y Paraguay, sea una oportunidad para que nuestra
dirigencia “conservadora” se despabile.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad. Es jefe de Asesores Bloque PRO en la legislatura de Neuquén. Es director de Nuevas Generaciones, delegación Neuquén. Sigue a @pguido53

Democracia, libertad e igualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/3/21 en: https://www.larazon.es/opinion/20210331/tdrtviqwczbsxfekefr4p3s3aq.html

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo

La izquierda presume de monopolizar la democracia, pero no hay democracia sin limitación del poder, sin libertades individuales, sin propiedad privada y, como escribió José Castillejo en Democracias destronadas, sin «la adhesión colectiva a ciertos principios morales y legales que se considera están por encima de todos los posibles cambios o divergencias».

El antiliberalismo desdeña tales principios superiores, porque concibe la democracia como una carta blanca para que el poder, en nombre de la libertad, la quebrante en aras, por ejemplo, de la imposición de la igualdad. Castillejo percibe la trampa de la lucha política contra la desigualdad: si el poder logra que las retribuciones se ajusten a las necesidades, el Estado deberá vigilar e inspeccionar a todos para evitar escaqueos, en desmedro de los derechos de los ciudadanos. «Cuando la democracia se hace consciente de su poder tiende a invadir y controlar nuevos campos de la vida social y los movimientos socialistas toman las riendas porque su cebo seduce a los ‘desposeídos’».

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo: «Un autócrata puede elegir entre respetar o no los derechos de los ciudadanos, pero una democracia solo lo es si los respeta. Sin embargo, en caso de conflicto entre un ciudadano y el Estado, si la decisión está en manos de este último, la comunidad es juez en su propio caso, y los derechos del individuo son prácticamente erradicados». De ahí la necesidad de la independencia de la justicia: «No solo debe ser independiente de la voluntad popular, sino también estar por encima de ella en la aplicación, para casos concretos, de las normas generales (leyes) establecidas por esta misma voluntad popular». No es casual que lo primero que hacen las revoluciones comunistas es usurpar la justicia. Tampoco lo es que los políticos se afanen en controlar a los jueces y sus órganos.

El socialismo de todos los partidos socava los límites del poder, y recurre para ello a la falsa noción de una igualdad que estriba en que el poder la establezca. Subraya José Castillejo que la igualdad socialista en realidad representa un falaz anhelo de replicar a los capitalistas. Como aquella señora que dijo: «Cuando todos seamos iguales yo tendré una criada».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun