Category Archives: Política Internacional

DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA A LA INDEPENDENCIA DE LOS PEQUEÑOS SOVIETS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/10/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/10/de-la-declaracion-de-la-independencia.html

 

Más allá de los extraordinarios intentos de Puigdemont, por superar a la lógica de Aristóteles –ser hegeliano en política tiene sus vueltas- las veleidades independentistas, últimamente –desde los catalanes hasta los mapuches- tienen otro hegeliano inspirador: Marx.

Claro, como siempre, no vaya a ser que pierden al alma leyendo a Mises, ese horrible autor al que sólo leemos los malos católicos y los malos filósofos. Entre sus pecados mortales, una de sus grandes y menos leídas obras es Nation, State en Economy, 1919 (https://mises.org/library/nation-state-and-economy ) donde, ante el desmembramiento de su amado Imperio Austro-Húgaro, Mises propone la distinción entre estado y nación como clave del problema y de la solución. Las naciones son unidades culturales definidas por el lenguaje (antes de Wiitgesntein, sí). Los estados, en cambio, son meras unidades administrativas, con el solo fin de custodiar las libertades individuales y mejorar la administración de los bienes públicos.

Las naciones, por ende, no tienen por qué estar unidas por otra nación. Son, en sí mismas, culturalmente independientes. Pero pueden convivir en un estado liberal clásico, que reconociendo sus autonomías federales, se limite a custodiar las libertades individuales de todos sus habitantes para que, a través de esas libertades, las diversidades culturales se manifiesten y se intercambien libremente.

Por ende, un estado liberal clásico no impone nada a ninguna nacionalidad, porque no es una nación. ¿Quiéres hablar catalán, cantar música country y bailar como los zulúes? ¿Quiénes fundar una institución que tenga su propio sistema educativo, en su propio idioma, etc.? Hazlo, está en tus libertades individuales, el estado liberal clásico no sólo te lo va a impedir, sino que va a custodiar tus derechos a la libre asociación y propiedad donde esas autonomías pueden funcionar. ¿Quieres tener tu propio parlamente, tu propio sistema de impuestos, y no depender del estado federal? No sólo el estado liberal clásico no te lo va a impedir, sino que esta vez te lo demandará como obligatorio en la organización federal. ¿Quieres que sea una confederación e irte cuando quieras?[1]Hazlo, porque cumplidos esos requisitos constitucionales, nadie se dará cuenta.

Pero ese es el sistema que Mises te propuso. Pero tú, lo que quieres, es otra cosa. Tú lo que quieres es vivir un en soviet y liberarte de él para hacer tu propio soviet. La Unión Europea –perdonen algunos amigos- ya es un soviet, y cualquier región que se quiera independizar será otro, y peor. Ya no existen libertades individuales. Lo que existen son grados diversos de planificación, donde, de vez en cuando, alguno dice “yo voy a planificar mejor” y proclama su independencia.

Pero el asunto no es ese. Moralmente, la clave es que cada persona sea independiente, en el sentido de que le sean reconocidas sus libertades individuales. Esa es la clave y no lo va a lograr porque viva en España, en Cataluña o en Marte: el asunto es que, llamemos como fuere a las naciones y a los estados, sean respepetadas esas libertades individuales sin las cuales las personas son oprimidas en nombre de la nación, el estado, la raza o los pueblos originarios.

Israel, Palestina, Malvinas, Inglaterra y Argentina, Cataluña, España, irlandeses, escoceses y vulcanos, norteamericanos y mexicanos,  todos conflictos inútiles y evitables. Abran las fronteras. Derriben los muros. Eliminen aduanas, pasaportes, tarifas aduaneras, aranceles y sellitos. Intercambien libremente mercancías, lenguajes, concepciones del mundo, discutan libremente si es mejor la jota o el pericón. Y únanse todos en una confederación con un estado cuya única misión será custodiar las libertades individuales bajo las cuales todo ello es posible.

Mm, pero no sé. Tal vez la pulsión de agresión, oh sabio Freud, es más fuerte que cualquier razonamiento:  “…A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. En este sentido, la época actual quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su presente agitación, de su infelicidad y su angustia. Sólo nos queda esperar que la otra de ambas «potencias celestes», el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?” (El malestar en la cultura, 1930).

 

 

[1] “….Como es evidente, el derecho de autodeterminación al que el liberal alude nada tiene que ver con ese supuesto “derecho de autodeterminación de las naciones”, porque el liberalismo lo que defiende es la autodeterminación de los individuos habitantes de toda zona geográfica suficientemente amplia para formar su propia entidad administrativa. Y esto hasta el punto de que, si fuera posible con – ceder el derecho de autodeterminación a cada individuo, el liberal entiende también habría de serle otorgado. No es posible, desde luego, en la práctica, estructurar tal planteamiento, por razones puramente técnicas, en razón de que a la zona de que se trate por fuerza ha de tener bastante entidad como para ser posible administrativamente gobernarla. La autodeterminación, por eso, no puede ir más allá de los habitantes de aquellas unidades territoriales que tengan cierto peso demográfico» (Liberalismo, 1927). Las itálicas son nuestras.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

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La preocupación por el predominio de empresas grandes en el mercado: también fracasan y estrepitosamente

Por Martín Krause. Publicado el 6/10/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/10/06/la-preocupacion-por-el-predominio-de-empresas-grandes-en-el-mercado-tambien-fracasan-y-estrepitosamente/

 

Muchos alumnos se preocupan por el peso y la influencia de las grandes empresas en la economía. Por supuesto que hay que preocuparse, pero cuando se trata de sus relaciones y vínculos con la política y el estado, ya que ahí pueden buscar algún tipo de favor o privilegio. Pero no es lo mismo en el mercado, donde los consumidores tienen en cuenta la calidad y el precio de los productos y servicios. Allí no es necesario “sobornar” a funcionarios sino “seducir” a los clientes. En el libro de Carpenter Mason and Sanjyot P. Dunung (2011), International Business, se presenta un caso de “grandes” y “multinacionales” que pierden con más pequeños y locales, e incluso luego éstos tienen éxito en otros mercados:

“La cadena minorista JCPenney entró en Chile en 1995 abriendo dos locales. La francesa Carrefour ingresó en 1998. Ninguna de ellas lo hizo a través de una alianza con una empresa minorista local. Ambas se vieron forzadas a cerrar sus operaciones chilenas debido a las pérdidas ocasionadas. Un análisis de la Universidad Adolfo Ibañez explicó las razones detrás de estos fracasos: los administradores de estas empresas no lograron conectarse con el mercado local, ni comprendieron las variables que afectan a los negocios en Chile. Específicamente, el mercado minorista chileno era avanzado, y también era muy competitivo. Los nuevos ingresantes (JCPenney y Carrefour) no llegaron a comprender que los principales minoristas existentes tenían sus propios bancos y ofrecían servicios bancarios en sus locales minoristas, lo cual era una de las principales razones de su rentabilidad. Los recién llegados asumían que la rentabilidad en este sector se basaba solamente en las ventas minoristas. No vieron la importancia de los vínculos bancarios. Otro error típico que las compañías cometieron es asumir que un nuevo mercado no tiene competencia porque los competidores tradicionales no estaban en él.

Pero continuemos con el ejemplo y veamos cómo los minoristas chilenos ingresaron en un mercado nuevo para ellos: Perú. Estos minoristas eran exitosos en su propio mercado pero querían expandirse más allá de sus fronteras para obtener clientes en nuevos mercados. Eligieron Perú.

El mercado minorista peruano no era muy desarrollado, y no se ofrecía crédito a sus clientes. Los chilenos entraron en el mercado a través de una asociación con firmas peruanas, e introdujeron el concepto de tarjetas de crédito, que era una innovación en el poco desarrollado mercado peruano. Ingresar con un socio local los ayudó porque eliminó la hostilidad y facilitó el proceso de inversión. La oferta de tarjetas de crédito distinguió a los minoristas chilenos y les dio una ventaja sobre la oferta local.”

Un estudio de CEPAL llega a las mismas conclusiones: “Las empresas chilenas de comercio minorista han logrado construir sólidas ventajas competitivas. Estas se sustentan en un modelo de negocios que aprovecha las sinergias obtenidas de la operación conjunta de una serie de actividades relacionadas. El desarrollo de esta fórmula de comercio minorista integrado surgió directamente de la intensa competencia en un mercado chileno que, por su tamaño limitado, hacía muy difícil ser rentable en un solo segmento de la industria del comercio minorista. La clave del éxito ha sido la combinación de las mejores prácticas de los líderes internacionales con el conocimiento local, una oferta diversificada que incluye servicios bancarios y la capacidad de supervivencia en un mercado altamente competitivo. En este contexto, las compañías de comercio minorista han visto en la expansión internacional la mejor opción para iniciar una trayectoria de crecimiento sustentable”: http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/revista/noticias/articuloCEPAL/4/27644/P27644.xml&xsl=/revista/tpl/p39f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xslt

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Los desafíos de Angela Merkel en su cuarto mandato

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/10/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2069387-los-desafios-de-angela-merkel-en-su-cuarto-mandato

 

Angela Merkel, como anticipamos, se impuso claramente, por cuarta vez, en las elecciones nacionales de su país. Aunque con menos margen, desde que ha perdido un millón de votos con los que hasta no hace mucho contara, que han partido hacia otras alternativas. Algunos hacia el centro, otros hacia el populismo, lo que es inquietante. ¿Cuáles son los principales desafíos inmediatos? Especialmente, aquellos con algún impacto más allá de la propia Alemania.

Primero, la reforma de la Unión Europea y la de la llamada “eurozona”. Allí tiene ya empujando al nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, ansioso por avanzar velozmente con sus imaginativas propuestas que apuntan a la profundización de la integración continental, a la que hoy muchos europeos se resisten. Ellas son altamente complejas: suponen un presupuesto europeo unificado, un parlamento común, una suerte de Mini Fondo Monetario europeo y un ministro de Finanzas único para Europa. Nada fáciles de digerir. Más aún en Alemania. Pero eso es lo que Macron está ya poniendo sobre la mesa.

Merkel ha tratado de reducir cuantitativamente esas propuestas y atarlas a un presupuesto común menor en su envergadura. Pero las propuestas, igual no lucen demasiado factibles. La presencia de los populistas en el Parlamento alemán hará más difícil avanzar en dirección a perfeccionar la integración en la Unión Europea. A lo que cabe agregar que los socios de centro en una posible nueva coalición de gobierno, que alguna vez fueran claramente partidarios de ese objetivo, tienen hoy, en cambio, un alto grado de “euroescepticismo”, lo que es un cambio que no ayudará al tándem Merkel-Macron a lograr el objetivo antes mencionado.

Segundo, la necesidad de adoptar un rol más protagónico en el escenario mundial, por la defección de Donald Trump en la tarea de defender los valores centrales de Occidente y ante el fuerte aumento de la influencia y presencia de China y Rusia en todos los rincones del mapa. Esto requerirá previsiblemente que Alemania cumpla, de una vez, sus promesas y aumente su músculo militar con la asignación al mismo del 2% de su PBI que fuera comprometida en la OTAN. Hasta ahora, Alemania vivía en esto, pícaramente, “de prestado”, dedicando a este tema apenas un 1,2% de su PBI.

Tercero, la urgencia en “re-balancear” su poderosa economía, bajando sin más demoras su enorme superávit comercial y dedicando los recursos del caso, con la intensidad requerida, para renovar una infraestructura pública germana con muchos rincones hoy claramente obsoletos. Alemania necesita recuperar sus niveles de inversión. Y además, crecer en el complejo mundo de la tecnología, en el que se está quedando atrás.

Cuarto, encarrilar la crisis de los refugiados, el tema que realmente polarizó a su país y que requiere un esfuerzo monumental de integración entre la cultura alemana y las de los recién llegados, atendiendo -con la prudencia del caso- el problema de no “islamizar” de pronto a Alemania, que a muchos parece preocupar. Particularmente a quienes han virado precisamente por ello hacia los inquietantes extremismos de la derecha alemana que hoy representa nada menos que el 12,6% de su electorado. Más de un alemán sobre cada diez, entonces. No es poco.

Angela Merkel obtuvo entonces -como pretendía- un nuevo mandato. Pero salió debilitada, con el nivel de apoyo popular a la Democracia Cristiana más bajo desde 1949. Deberá, además, gobernar en coalición con la derecha (que ha crecido un 5,2%) y con los “Verdes”, agrupaciones de muy distintos pelajes y objetivos. Porque esta vez el socialismo, también muy debilitado en la reciente elección, quiere ser oposición y recuperar así su identidad ideológica. El universo político alemán ha quedado muy fragmentado. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, tendrá en su Parlamento a legisladores nacionalistas, lo que augura un diálogo doméstico bien distinto al mantenido hasta ahora, que incluirá los temas étnicos y raciales.

Ha quedado en evidencia, además, que el Este de Alemania, que se reunificara a comienzos de la década de los 90, pero que sigue siendo el rincón del país con mayor nivel de pobreza, es más proclive que el Oeste a las tentaciones nacionalistas y populistas.

La nueva gestión doméstica de Angela Merkel que ya se inicia luce compleja. Presuntamente será la última de una líder exitosa que hoy parecería ser el pilar central de la estabilidad del mundo. Quizás por eso mismo el riesgo de su éxito o fracaso se extiende claramente más allá de Alemania.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

SIR JOHN COWPERTHWAITE, CUANDO LA MORAL CREA UNA POTENCIA

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  en: http://www.elefete.com/sir-john-cowperthwaite-cuando-la-moral-crea-una-potencia-2/

 

Aunque no es perfecto, el nuevo libro de Neil Monnery, “Arquitecto de la prosperidad: el Señor John Cowperthwaite y la realización de Hong Kong” debería ser leído por todos los dirigentes, no solo políticos, sino empresarios, editores y todos aquellos que tengan que ver, directa o indirectamente, con el desarrollo macroeconómico de un país.

Es un relato fascinante -desprovisto de intencionalidad política- acerca del auge de Hong Kong como una de las principales potencias económicas a nivel global. Pero entremos en tema.

Lo cierto es que la economía probablemente nunca pretendió ser una ciencia -solo una profesión, como la ingeniería- y nunca debió intentar serlo. Adam Smith, lo mismo que los escolásticos españoles de la escuela de Salamanca, que describieron inicialmente con brillantez al mercado, eran solo moralistas. Siendo que la moral es el estudio de la naturaleza humana y, por ende, del comportamiento que el hombre debe tener para adecuarse eficientemente al ordenamiento natural del cosmos.

Por eso dice Adam Smith que “Poco más se requiere para llevar a un Estado al nivel más alto de opulencia… que la paz, impuestos sencillos, y una administración tolerable de la justicia; todo lo demás siendo el resultado del curso natural de las cosas. Todos los gobiernos que obstaculizan este curso natural, que obligan a las cosas hacia otro canal… son antinaturales, y para respaldarse a sí mismos se ven obligados a ser opresivos y tiránicos”.

Hong Kong, el territorio que el Visconde Palmerston, entonces Secretario de Relaciones Exteriores del Gran Bretaña, describió como “una isla infértil con difícilmente una casa en ella”, era muy pobre. Terminada la Segunda Guerra Mundial y la ocupación japonesa, su PIB per cápita llegaba a un tercio del de Inglaterra pero, para cuando se traspasó la soberanía a la China comunista, era 10% superior. Increíblemente, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha respetado el libre mercado existente en la isla y el resultado ha sido que, en 2015, su PIB per cápita fue 40% superior al de los británicos

Fue John Cowperthwaite, hombre de grandes convicciones morales -sin las ambiciones típicas de los políticos- y admirador de Adam Smith, el que sentó las bases de este “milagro”. Monnery, en su libro, asegura que Cowperthwaite no fue el primer defensor de un gobierno limitado que supervisó la economía y las finanzas de la colonia, pero sí fue el primero que lo hizo por razones intelectuales y no puramente pragmáticas, como las de los secretarios financieros Geoffrey Fellows (1945-1951) y Arthur Clarke (1951-1961), que establecieron un régimen de impuestos bajos y de flujos libres de productos y capitales.

A esos fundamentos, Cowperthwaite (1961-1971) agregó no solamente el vigor de sus convicciones, sino también un sucesor elegido a dedo, Philip Haddon-Cave (1971-1981). Y deliberadamente se negó a recoger estadísticas económicas para evitar la intromisión de los funcionarios en la economía, es decir, para evitar a quienes creían que la economía era una ciencia que el hombre podía manejar con su razón -en base a matrices econométricas- y no solo el desarrollo espontaneo del mercado.

Para cuando Haddon-Cave se fue, el éxito del experimento de Hong Kong era tan evidente que hasta el PCCh se comprometió con gusto a mantener su estatus a pesar de que contradecía completamente a su fundación ideológica.

Cowperthwaite, fue el hombre correcto en el momento preciso: en la década de 1960, cuando el socialismo estaba en su ascenso, fue capaz de articular las razones para mantenerse en el mismo camino. Ante los políticos que opinaban que debía planificar su futuro económico, expresó su “profunda aversión y desconfianza a cualquier cosa de este tipo en Hong Kong…  una multiplicidad de decisiones individuales por parte de empresarios… producirá un mejor y más sabio resultado que una sola decisión por parte de un gobierno, o de una junta, con su conocimiento inevitablemente limitado acerca del sinnúmero de factores involucrados, y con su inflexibilidad… “

Coincidiendo con lo expuesto en “El uso del conocimiento en la sociedad” (1945) de Friedrich Hayek, que asegura que la asignación de “los recursos limitados requiere del conocimiento disperso entre muchas personas, sin que individuo o grupo alguno de expertos sea capaz de adquirirlo todo” y a diferencia de muchos tomadores de decisiones alrededor del mundo, quienes sucumbieron ante la “planificación central” del socialismo. Y Sir John remató parafraseando la famosa “mano invisible” de Smith: “es mejor camino depender de la ‘mano escondida’ del siglo diecinueve que lanzarle los torpes dedos burócratas… En particular, no podemos dañar… la libertad de la empresa competitiva”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Despuntes de nacionalismo que amenazan al mundo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/10/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2068286-despuntes-de-nacionalismo-que-amenazan-al-mundo

 

Los resultados electorales en Alemania y los episodios de xenofobia en Estados Unidos muestran la preocupante vigencia de ideas que ya deberían estar superadas

 

Acaba de ganar escaños en el Parlamento alemán un partido de ribetes nazis. Es la primera vez que ocurre algo así desde la traumática experiencia del siglo pasado.

Es difícil dejar de lado los aspectos antihumanos y criminales del nacionalsocialismo, pero en lo que sigue, centremos nuestra atención en facetas de la política del nacionalismo en general.

Seguramente no hay mayor afrenta a la cultura que los postulados que provienen de aquella corriente de pensamiento que se conoce con el nombre de “nacionalismo”. La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Eso es la cultura. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas y ventanas abiertas de par en par.

Aludir a la “cultura nacional” (y “popular” dirían algunos desaforados) es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa. La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. No cabe la hipóstasis. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. El antropomorfismo es del todo improcedente. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales. Como bien señala Arthur Koestler, “el progreso de la ciencia está sembrado, como una antigua ruta a través del desierto, con los esqueletos blanqueados de las teorías desechadas que alguna vez parecieron tener vida eterna”.

El nacionalismo pretende establecer una cultura alambrada, una cultura cercada que hay que preservar de la contaminación que provocarían aquellos aportes generados fuera de las fronteras de la nación. Se considera que lo autóctono es siempre un valor y lo foráneo un desvalor, con lo que se destroza la cultura para convertirla en una especie de narcisismo de trogloditas que cada vez se asimila más a lo tribal que al espíritu cultivado que es necesariamente cosmopolita. Quienes necesitan de “la identidad nacional” ocultan su vacío interior y son presa de una despersonalización que pretenden disfrazar con la lealtad a una ficción.

Desde esta perspectiva, quienes comparten el cosmopolitismo de Diógenes e insisten en ser “ciudadanos del mundo” aparecen como descastados y parias sin identidad. El afecto al “terruño”, a los lugares en que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país y segregando otros lugares y otras personas que, mirados objetivamente, pueden tener mayor afinidad, pero se apartan sólo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.

Al fin y al cabo, en esta etapa del proceso de evolución cultural -en la que se deposita en el monopolio de la fuerza la función de proteger y garantizar los derechos de las personas-, las divisiones territoriales en diversas jurisdicciones existen solamente para evitar los riesgos de un gobierno universal. Hannah Arendt dice que “la misma noción de una fuerza soberana sobre toda la Tierra que detente el monopolio de los medios de violencia sin control ni limitación por parte de otros poderes, no sólo constituye una pesadilla de tiranía, sino que significa el fin de la vida política tal como la conocemos”.

El nacionalismo está imbuido de relativismo ético, relativismo jurídico y, en última instancia, de relativismo epistemológico. “La verdad alemana”, “la conciencia africana”, “la justicia dinamarquesa” (en el sentido de que los parámetros suprapositivos serían inexistentes) y demás dislates presentan una situación como si la verdad sobre nexos causales que la ciencia se esmera en descubrir fuera distinta según la geografía, con lo cual sería también relativa la relatividad del nacionalismo, además de la contradicción de sostener simultáneamente que un juicio se corresponde y no se corresponde con el objeto juzgado. Julien Benda pone de manifiesto el relativismo inherente en la postura del nacionalismo. Dice Benda que “desde el momento que aceptan la verdad están condenados a tomar conciencia de lo universal”.

Alain Finkielkraut ilustra el espíritu nacionalista al afirmar que “replican a Descartes: yo pienso, luego soy de algún lugar”. Juan José Sebreli muestra cómo incluso el folklore proviene de una intrincada mezcla de infinidad de contribuciones de personas provenientes de lugares remotos y distantes entre sí.

Estas visiones nacionalistas se traducen en una escandalosa pobreza material, ya que los aranceles aduaneros indefectiblemente significan mayor erogación por unidad de producto, lo cual hace que existan menos productos y de menor calidad. Este resultado lamentable contrae salarios e ingresos en términos reales, con el apoyo de pseudoempresarios que se alían con el poder al efecto de contar con mercados cautivos y así poder explotar a la gente.

En la historia de la humanidad hay quienes merecen ser recordados todos los días. Uno de esos casos es el de la maravillosa Sophie Scholl, quien se batió en soledad contra los secuaces y sicarios del sistema nacionalsocialista de Hitler. Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca, a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi, y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

La detuvieron y se montó una fantochada que hacía de tribunal de justicia, presidido por Ronald Freisler, que condenó a los célebres hermanos a la guillotina, orden que fue ejecutada el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 para no dar tiempo a apelaciones.

Es pertinente recordar a figuras como Sophie Scholl en estos momentos en que surgen signos de un nacionalsocialismo contemporáneo que invade hoy no pocos espíritus en Europa, y cuando en Estados Unidos irrumpen demostraciones nazis como el reciente y resonante caso de Charlotesville. Para no decir nada de algunos regímenes latinoamericanos donde el alarido nacionalista encaja a las mil maravillas en el populismo vernáculo.

Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta joven quien en una conversación con su carcelero explica el valor de normas extramuros de la legislación escrita. Lo contrario de lo dicho por el canalla de Hermann Göring en el Parlamento alemán, el 3 de marzo de 1933: “No quiero hacer justicia, quiero eliminar y aniquilar, nada más” (citado por Norbert Bilbeny en El idiota moral).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

El mensaje liberal

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 1/10/17 en: http://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/mensaje-liberal.html

 

De entrada decimos que la mejor definición del liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Es una tradición de pensamiento basada principalmente en la moral que además permite el mayor progreso material, especialmente para lo que menos tienen.

Frente a esta posición están quienes sostienen que deben dejarse de lado las autonomías de las personas en pos de un supuesto bien común que en verdad es inexistente debido principal aunque no exclusivamente al ataque a la institución de la propiedad. Comenzando por el propio cuerpo, luego por la libertad para expresar el pensamiento y, finalmente, por el uso y disposición de lo adquirido lícitamente.

Es del caso detenerse en esto último. Cuando los aparatos estatales intervienen en los precios están, de hecho, interviniendo en la propiedad puesto que son el resultado de arreglos contractuales libres y voluntarios. En el extremo, al abolir la propiedad como aconseja el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el sistema económico se queda sin las únicas señales para operar, es decir, los precios. En este caso no se sabe si conviene construir los caminos de oro o de asfalto y si alguien levanta la mano y dice que con el metal aurífero sería un derroche es porque recordó los precios relativos antes de eliminar la propiedad privada.

En otros términos, no hay tal cosa como una “economía socialista” puesto que no puede economizarse donde no hay contabilidad ni evaluación de proyectos. Y si en lugar de abolir la propiedad, los gobiernos la distorsionan, en esa medida los precios quedarán desfigurados con lo que el derroche será en esa misma medida.

A su vez, el derroche de capital inexorablemente reduce salarios e ingresos en términos reales puesto que el volumen de inversiones es la única causa de la mejora en el nivel de vida. No hay magias. Sería interesante que los salarios pudieran elevarse por decreto, con lo que habría que dejarse de timideces y hacernos todos millonarios.

Ahora bien, el mensaje liberal no siempre es claro, demos solo cuatro ejemplos para ilustrar la idea. En primer lugar las recetas del llamado “ajuste” o el “shock”. Ya bastantes ajustes y shocks tiene la gente desde que se despierta hasta que se acuesta para agregar reveses adicionales. De lo que se trata es de adoptar medidas responsables y prudentes para que la gente engrose sus bolsillos que han sido diezmados por el Leviatán al encarar actividades que no son propias de un sistema republicano y que empobrece a todos.

En segundo lugar, debería dejar de hablarse de “inversión pública” puesto que se trata de una contradicción en los términos. Cuando se ahorra se abstiene de consumir para invertir y este es un proceso por parte de quienes estiman que el valor futuro será mayor que el del presente. Esto me recuerda a la disposición argentina en la época del Dr. Alfonsín en cuanto a la implementación del así llamado “ahorro forzoso”. No hay tal, se trataba de una exacción adicional. En las cuentas nacionales las mal llamadas inversiones públicas debieran computarse como gasto en activos fijos para diferenciarlos de los gastos corrientes.

Por otra parte, la ilusión de la inversión pública desconoce que, fuera de las misiones específicas del gobierno de una sociedad abierta de seguridad y justicia (que habitualmente son las faenas que no cumple para expoliar el fruto del trabajo ajeno), la asignación de recursos siempre es en una dirección distinta de la que hubiera decidido la gente (si fuera la misma dirección no habría necesidad de emplear la fuerza con ahorro de gastos administrativos).

Y no se diga que el voto suple esas decisiones puesto que la característica del proceso electoral es que se hace en bloque sin inmiscuirse el político en el caso por caso, a diferencia de los votos que se depositan cotidianamente en el supermercado y afines donde las compras y abstenciones de comprar revelan las cambiantes necesidades.

En tercer término, es útil precisar qué es el tan debatido “gradualismo”. Si las medidas de orden financiero son buenas, cuanto antes se adopten mejor es. El decimonónico Frédéric Bastiat sostenía que cuando el gobierno se apoderaba de recursos más allá de las antedichas funciones específicas “se trata de robo legal”. Si a un transeúnte le arrancan su billetera, una vez apresado el ladrón se debe reintegrar el botín a su dueño pero no gradualmente.

Por último, hay liberales que insisten con lo de “clases sociales” sin percatarse del significado de esa expresión. No hay clases o naturalezas distintas de personas, son todos seres humanos. El marxismo es consistente al haber propuesto esa denominación puesto que estima que la clase proletaria tiene una estructura lógica diferente a la del burgués, aunque nunca se explicó en qué se diferencia del silogismo aristotélico. Esa concepción la adoptó Hitler en su sistema criminal donde tatuaba y rapaba las víctimas para distinguirlas de sus victimarios.

Si se quiere aludir a los diversos ingresos, es mejor hacer referencia a los altos, medios y bajos pero hablar de “clase baja” es además repugnante, “alta” es estúpido y “media” es anodino.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El mercado, el peor “enemigo” de los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 2/10/17 en: https://www.eldiarioexterior.com/default.asp?v=normal

 

Desde su llegada al poder en 2012, el presidente chino, Xi Jinping ha promovido la noción de “soberanía de Internet”, por la que Beijing puede dictar a sus ciudadanos lo que no pueden ver y publicar en la red.

 

“No queremos escuelas funcionales a las necesidades del mercado”, rezaba la pancarta de una estudiante izquierdista durante una manifestación en Buenos Aires. Pobre chica, la han engañado al punto de llevar ese cartel que, realmente, dice “no queremos escuelas funcionales a mí, a mi familia y a mis amigos”.

Los políticos le han hecho creer que el mercado son empresarios que manejan la economía pensando en sus ganancias, porque de este modo pueden justificar la necesidad de que los gobiernos (ellos) intervengan en la economía y hagan grandes negocios, corrupción de por medio. Irónicamente, muchos ricos suelen apoyar esta idea, porque necesitan de los políticos para armar negocios suculentos, como cuando piden controles aduaneros que impiden la competencia del exterior.

Así, estos empresarios hacen enormes ganancias empobreciendo a las personas comunes (el mercado real), lo que retroalimenta la idea de que “el mercado” es solo un abuso de los ricos, cuando es todo lo contrario: es la persona común que se relaciona pacíficamente con otras en pos del beneficio económico de ambos.

El corolario es que no existe, por un lado, la libertad económica y, por el otro, la libertad política o física. No existe distintas libertades, existe solo una indivisible salvo en la mente de los políticos que quieren justificar cuando coartan la libertad en su propio beneficio. Quizás, el caso más sintomático sea el de China, que libera al mercado -a las personas- parcialmente pero no termina de desembarazarse del comunismo y sigue coartando la libertad en buena medida, con lo que deja de crecer todo lo que podría.

Desde su llegada al poder en 2012, el presidente chino, Xi Jinping ha promovido la noción de “soberanía de Internet”, por la que Beijing puede dictar a sus ciudadanos lo que no pueden ver y publicar en la red. Está prohibida Instagram, Snapchat y Twitter porque el gobierno estaba nervioso por el papel que jugaron en la Primavera Árabe y la Revolución Verde de 2009 en Irán. Gmail -y Youtube- es uno de los muchos servicios de Google que está restringido por los reguladores chinos, salvo en Hong Kong que mantiene un mayor grado de libertad lo que redunda en un mayor desarrollo económico.

La censura china llega a la ridiculez de bloquear transferencias de dinero con números que coinciden con fechas sensibles, como la represión contra los manifestantes de la Plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989. Lo que viene a demostrar que no existe realmente una línea divisoria entre libertad económica, política, física o de difusión de ideas. Críticas sobre derechos humanos, Tíbet o el Partido Comunista están prohibidas. Por cierto, y quizás esta sea la clave de todo, se prohíbe informar sobre la riqueza de los funcionarios chinos.

Periodistas extranjeros, diplomáticos o activistas locales encuentran en la aplicación Whatsapp uno de los pocos reductos en los que escapar de la férrea censura china. Sin embargo, desde hace pocos días, los usuarios han visto cómo incluso este servicio de mensajería se bloquea y tiene numerosos problemas. Es un momento muy sensible ya que el próximo 18 de octubre, Pekín acogerá el XIX Congreso del Partido Comunista, que se celebra cada cinco años y en el que se da por hecho que Xi Jinping renovará su cargo como presidente, aunque existe incertidumbre sobre quienes lo acompañarán en el Comité Permanente del Politburó, el órgano de mayor rango del partido.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El huracán Irma y el comunismo cubano

Por Iván Carrino. Publicado el 12/9/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-huracan-irma-y-el-comunismo-cubano/

 

El Huracán Irma, que azotó las Islas del Caribe y La Florida, dejó un tendal de desastre a su paso.

Además, dio lugar a varios análisis políticos desafortunados, como el de Miguel Bonasso, quien afirmó en su cuenta de Twitter que “Cuba aguantó a pie firme el huracán Irma. Con grandes pérdidas materiales pero sin muertos (…) gracias a una sociedad socialista, con defectos como cualquier sociedad humana, pero que prioriza las vidas sobre los bienes.”

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Luego tuvo que rectificar su tuit, destruyendo la esencia de lo que había declarado, por más que lo negara:

Rectifico un dato: hubo 10 muertos en Cuba. Pese a eso, insisto: es el país mejor organizado para afrontar catástrofes naturales.

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El periodista Alejandro Bercovich lanzó un análisis similar:

Saqueos, muerte y autodefensas armadas en Miami. Evacuación organizada y sin víctimas en La Habana.

Los datos confirmaron que, lamentablemente, en Cuba sí hubo víctimas fatales, estimadas en 10 personas.

Pero eso no es todo, ya que para los que sobreviven, e incluso están fuera del foco de la tormenta, la situación es desesperante. He aquí un relato en primera persona de cómo se están viviendo las cosas en el paraíso comunista de América Latina. En su cuenta de facebook personal, Rebeca Monzo Mieres (maestra y “quasi periodista”, según su propia descripción), narró:

Irma no paso por La Habana gracias a Dios, porque de haber sido así yo no estaría quizá ahora escribiendo en mi turno de Internet. Sus ráfagas afectaron enormemente a nuestra ciudad sumida en el abandono y la desidia. Hay toneladas de desperdicios y basura sin recoger. Ayer di la vuelta al barrio y no me tropecé ni con una sola brigada de restablecimiento de electricidad. Vi a muchos vecinos jugando domino al lado de las toneladas de escombros, muy pocos con una escoba barriendo el frente de sus casas.

El día antes de recibir los azotes de Irma recibimos una vez mas los del gobierno: nos quitaron la electricidad de 8 am hasta las 3 pm, lo que a la llegada de los vientos huracanados al siguiente día nos la volvieron a quitar, hasta ahora. Todos los vecinos del Nuevo Vedado tuvimos que botar alimentos comprados en CUC, con el trabajo que cuesta en nuestro país lograr ganarse uno en esa moneda. Por lo que sé, el resto de la ciudad está igual o peor.

Llevamos tres días sin electricidad, sin agua, sin gas y muchos con los teléfonos fijos muertos. Aun así, doy gracias a Dios por no haber tenido que salir corriendo con un familiar enfermo, o tener un niño en casa sin saber como alimentarlo.

En nuestro país no existen ferreterías donde puedas adquirir tablas, clavos, cinta adhesiva, ni nada conque proteger tu casa, tampoco en las tiendas de CUC ni de CUP vendieron alimentos enlatados, por eso es que también nos hemos quedado sin comida.

Sin embargo es irónico oír como el gobierno se jacta de la protección que da la defensa civil a la población.

El modelo cubano es indefendible. Ha esclavizado y empobrecido a un pueblo. El Huracán Irma, lejos de mostrar la superioridad contra el capitalismo, vuelve a dejar expuesta esta triste realidad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Sachs, o la arrogancia

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/9/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/sachs-o-la-arrogancia/

 

En su reciente texto, La industria de las ideas, Daniel W. Drezner recuerda la interesante historia del célebre economista norteamericano Jeffrey D. Sachs. En su libro de 2005, El fin de la pobreza, Sachs presentó su solución a la pobreza en el mundo: gastar más.

Afirmó que la pobreza de África podía ser eliminada en 20 años si la ayuda exterior aumentaba en 150.000 millones de dólares. Había que invertirlos, entre otros capítulos, en mejorar el riego, los fertilizantes y las semillas. En esa época los economistas del desarrollo ya eran cada vez más escépticos sobre el papel de la ayuda exterior, pero a Sachs no le importó, y tenía el peso suficiente como para que personalidades políticas relevantes lo escucharan, como el secretario general de la ONU, del que fue asesor. Hasta la Universidad de Columbia mordió el anzuelo y le ofreció un contrato para que dejara Harvard, cosa que hizo.

Una vez en Columbia recibió mucho dinero para dirigir centros como el Earth Institute de la propia universidad, con un presupuesto operativo de 10 millones de dólares. “El buen profesor pasó a ser asesor de varios países del África subsahariana, como Etiopía, Kenia, Nigeria y Uganda”.

Con una inagotable confianza en sí mismo, el proselitismo de Sachs sobre Sachs fue constante. Y su exitoso libro llegó a ser portada de la revista Time, “lo que es algo muy poco usual para los libros sobre desarrollo económico, o incluso para los libros en general”.

Artistas y filántropos acudieron cual fidedigno séquito, como el cantante Bono, que escribió el prólogo a The end of Poverty, o Angelina Jolie, que calificó a Sachs como “una de las personas más inteligentes del mundo”. Atrajo a George Soros y Tommy Hilfiger, entre otros; y su proyecto Aldeas del Milenio recaudó cientos de millones de dólares de organismos públicos y privados. Y se puso en práctica en una serie de pueblos africanos.

El libro, comprensiblemente, llenó de entusiasmo a los economistas de izquierdas, y antiliberales en general, mientras que otros lo criticamos (puede verse “Nostalgia de Bauer” aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/otras-publicaciones/). William Easterly, de la Universidad de Nueva York, apuntó que la ayuda exterior padece una “ilusión tecnocrática” que consiste en creer que la pobreza se supera con medidas técnicas como más fertilizantes, etc., y acusó al proyecto de Sachs de ser “peor que inútil si carece de instituciones propias del buen gobierno”.

También lo criticó la distinguida economista del MIT, Esther Duflo, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2015, quien, junto con otros especialistas, “advirtió que, si las intervenciones de Sachs no eran comparadas con un grupo de control de aldeas que no recibieron su ayuda, no había manera de demostrar que sus esfuerzos se concretaban en mejora alguna”.

The Economist publicó una crítica en 2012 en la que sostenía que el impacto del plan de Sachs no era decisivo. El propio autor, además, lo defendió recurriendo a unas cifras de descenso en la mortalidad infantil que después admitió que no eran robustas.

Sachs y su instituto pasaron a manejar el asunto desde Nueva York, lo que frustró a los representantes sobre el terreno, y finalmente sus resultados no fueron concluyentes. Al revés de lo que muchos piensan, en estos últimos tiempos África se desarrolló bastante, y Drezner apunta: “simplemente no había forma de determinar si el efecto positivo registrado en las aldeas del milenio se debía a las intervenciones de Sachs o al vigoroso crecimiento económico”.

Ya nadie toma en serio el proyecto de Sachs, dice Drezner, y una vez frustrada su ambición de presidir el Banco Mundial, el propio economista se ha ido alejando del tema, ha dejado de hablar tanto de las aldeas, y ahora está con otra bandera del gusto de políticos, burócratas y ONGs: la desigualdad y el desarrollo sostenible. A raíz del libro El Idealista, de Nina Munk, fue criticado por Bill Gates, lo que a Sachs le molestó bastante.

Si podemos extraer una moraleja de todo esto es que Sachs debió estudiar más a Adam Smith, y aprender de sus lecciones sobre la necesaria humildad que deberíamos tener las personas, y especialmente los economistas. Pero Sachs es muy inteligente, y además va y lo dice todo el rato.  Drezner lo cita: “Joven profesor universitario, di clases en muchos lugares con gran éxito, publiqué muchísimo, y estaba alcanzando rápidamente mi colocación permanente en la universidad, lo que logré en 1983 con veintiocho años”. Como dice Drezden, alguien que habla así “no padece la maldición de la modestia”.

Sachs claramente ignoró el consejo de Hayek: “La curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que realmente saben sobre lo que imaginan que pueden diseñar”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

La deuda pública en EE.UU.

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado en https://www.cronista.com/columnistas/La-deuda-publica-en-EE.UU.-20170914-0046.html

 

Cuando Jefferson recibió la flamante Constitución estadounidense en París, escribió que si hubiera podido introducir una reforma la hubiera concretado en la prohibición al gobierno de contraer deuda pública. Esta manifestación jeffersionana se basaba en su idea que la deuda gubernamental compromete los patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en las elecciones que entronizan al aparato estatal que contrajo la deuda.

Mucho más adelante, el premio Nobel en Economía, James M. Buchanan expresó algo similar referido a la vinculación de la deuda pública con la democracia.

En estos momentos, hay reuniones en Washington para negociar otro corrimiento del techo legal a la deuda que ahora alcanza a los veinte billones de dólares (trillones en el léxico norteamericano: veinte seguido de doce ceros). Esto significa unos setenta mil dólares por habitante y representa más del cien por cien del producto bruto.

La negociación de referencia se basa en el empecinamiento del presidente Donald Trump en construir un muro al sur del país en el límite con México al efecto de dar rienda suelta a sus veleidades xenófobas ya que el gobierno de ese país se niega a financiarlo, al contrario de lo que Trump había anunciado pomposamente en su campaña.

Estas conversaciones algunas cordiales y otras no tanto se desarrollan en el contexto de pretendidas reducciones impositivas, al tiempo que el presidente de marras apunta a elevar el gasto público con lo cual la situación fiscal empeoraría sensiblemente.

En realidad el tema de la deuda estatal se vincula a la mal llamada inversión pública que es en verdad una contradicción en términos. Como es sabido, una inversión se realiza en el contexto de evaluaciones subjetivas por parte de quienes estiman que el valor futuro será mayor que el del presente. El desatino de la denominada inversión pública nos recuerda la disposición del Dr. Alfonsín sobre el ahorro forzoso. No hay tal, se trataba de una exacción adicional.

En las cuentas nacionales debieran contabilizarse estas operaciones como gastos en activos fijos para distinguirlos de los gastos corrientes. Seguramente no se aceptará la patraña si le arrancáramos la billetera a un transeúnte con la promesa que destinaremos el botín para invertirle el dinero. Del mismo modo ocurre con el Leviatán.

El uso de la fuerza es incompatible con la noción de invertir, es por definición un proceso voluntario.

En Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, no puede seguir ilimitadamente con la parodia de elevar el techo de la deuda y seguir gastando alegremente. No sería raro que ciertos acreedores pretendieran en algún momento recuperar el principal y no conformarse con los intereses.

En ese supuesto caso podemos vislumbrar a los patrioteros de siempre alegando que se trata de un acto de guerra. Vivir con lo que se tiene es un buen consejo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.