Category Archives: Política Internacional

El ‘yihadismo’

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/6/17 en: http://lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1102068818#.WU0FieiGPIV

 

Un video de la multinacional kuwaití de telefonía móvil Zain Telecom hace furor en Ramadán. Es el mejor documento -antiyihadista- rechazando el terrorismo y promoviendo la tolerancia. Es sintomático el que haya sido realizado por una empresa privada musulmana. Deja claro que la violencia no es una cuestión de religiones como la mahometana, ni de culturas como la árabe, sino sociológica. Y no es casual que surja del ámbito privado.

A ver. El Estado moderno es el monopolio de la violencia con el que impone leyes y ‘ordena’ a la sociedad, de otro modo no podría subsistir porque no recaudaría impuestos. El Estado siempre justificará la violencia porque gracias a ella subsiste, de hecho, es quien crea las guerras, no los pueblos que las sufren.

Por el contrario, más allá de excepciones, el principio de la actividad privada -el mercado- es la cooperación pacífica: nadie impone impuestos por cosas que poco o nada interesan a los que pagan, sino que las personas acuerdan voluntariamente transferir bienes y servicios a cambio de dinero. En consecuencia, el mercado necesita de un ámbito de paz para desarrollarse.

En las imágenes se ve a un hombre fabricando un cinturón explosivo y una voz infantil le dice que le contará a Dios que los terroristas han llenado los cementerios de niños. El potencial suicida sube a un autobús y se encuentra con víctimas de atentados terroristas que le plantan cara. Entre los pasajeros aparece Omran, alcanzado por el terrorismo de El Asad, cuya imagen cubierto de polvo tras un atentado lo convirtió en símbolo de los niños víctimas de la guerra.

Poco a poco, entre imágenes de atentados en Bagdad, Kuwait, o Ammán, fieles que salen de una mezquita se unen al grupo que va creciendo a medida que avanza por la calle. El “Alá-u-akbar” (Dios es el más grande) con el que desafían al terrorista toma un ritmo pop cuando el cantante Hussain al Jassmi se pone a la cabeza. “Alaba a Dios con amor, no con terror”, corea la multitud. “Haz frente a tu enemigo con paz, no con guerra”, prosiguen hasta que el terrorista cae al suelo avergonzado.

¿Es muy idealista? La ciencia dice que los métodos eficientes de defensa son los pacíficos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Gracias al Estado, el bitcoin vuela

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/6/17 en: http://s21.gt/2017/06/22/gracias-al-estado-bitcoin-vuela/

 

En 2011, cuando se discutía globalmente cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios me publicaron una columna –“Crisis global, América Latina y bitcoins”- en donde sugería audazmente tener en cuenta al bitcoin. Luego, en 2013, en otra columna –“¿Invertir en bitcoins?”- decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 % ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero no compré ninguna y, al publicarse la segunda, llegaba a 1.200. Hoy, supera los US$ 2400 de modo que todo el universo bitcoin, unas 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40 mil millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente habían expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos -la física- se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por caso, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca -extraña al desarrollo natural del cosmos- que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso es que cuando el Estado -en tanto monopolio de la violencia- interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas -violentas- sobre el mercado.

Por esto, las monedas “privadas” tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –coactivamente impuestos, de “curso forzoso”- van cayendo. Así, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcoin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna “autoridad” monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90% de las transacciones con bitcoins se realizaban en China, pero desde que el gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la OCDE o los enmarcados en el FATCA (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoins pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de “mixing services”. La OECD estima que para 2020, el 66% del trabajo será informal (hoy 50%), lo que implica un submundo potencial para el bitcoin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente la cotización del bitcoin ha sido inestable porque si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda que, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Agilidad tiene muchísima, pero de momento transacciones pocas, el cálculo no es fácil dada su volatilidad, su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas y, además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas “electrónicas” o no.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El socialismo es un imposible técnico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 15/6/17 en: El Cronista Comercial.

https://www.cronista.com/columnistas/El-socialismo-es-un-imposible-tecnico-20170615-0016.html

 

Después de haber constatado todos los esfuerzos desplegados en el régimen soviético y en el del nacionalsocialismo y sus equivalentes para contar con una red de férreas lealtades que cubría prácticamente todos los planos y actividades imaginables. Un sistema de delaciones y castigos inmutables, una implacable organización militarizada de ordenes irrefutables, traiciones y purgas, obediencias serviles y, en la otra punta, campos de concentración y matanzas de una perversidad espantosa, en un contexto de una miseria imposible de describir, después de todo eso preguntamos ¿cuál es el sentido de esos sistemas que como ha demostrado, entre otros, Jean-François Revel son en definitiva iguales?

En la actualidad no hay un sistema nazi, pero perdura el nacionalismo vía el fascismo que es en realidad el sistema que más éxito tiene en el llamado mundo libre. Su eje central se basa en que los gobiernos permiten que se registre la propiedad a nombre de particulares, pero en los hechos, dispone el aparato estatal. El comunismo es, si se quiere, más sincero: usa y dispone directamente sin disfraces aunque estrechamente emparentado con el socialismo, un término que pretende suavizar los excesos del comunismo y sin sus aspectos asesinos.

Es cierto que hoy en día, salvo en algunos países aun dominados por criminales, el comunismo no tiene la forma de antaño, pero el ideal sigue en pie aunque no necesariamente en su forma bien expresada por Marx y Engels: abolición de la propiedad. Las medidas sugeridas dañan la institución de la propiedad y, en general, a las autonomías individuales. Habitualmente sus propulsores no imaginan la eliminación de las libertades.

Tampoco imaginan los socialistas contemporáneos que están proponiendo un sistema económico que es técnicamente imposible en el sentido más riguroso de la expresión imposible. Y esto es así porque, como se ha explicado, cada intervención, al bloquear el uso de la propiedad inexorablemente malguía los precios y, por ende, al desfigurar las únicas señales que tiene el mercado para operar (léase, los precios), por un lado, se despilfarra capital y, por tanto, se reducen salarios e ingresos en términos reales y, por otro, cuanto mayor el entrometimiento estatal en los precios, menor será la información disponible, hasta que en el extremo no se sabe con que materiales es mejor fabricar los bienes puesto que no hay puntos de referencia. Es decir, no hay tal cosa como economía socialista.

Ahora bien, ¿por qué insistir en un sistema quebrado a veces bajo la etiqueta del estatismo? Por dos motivos, el primero es acumular poder y riqueza por parte de las cúpulas gobernantes. Y por otro, la devoción de todos aquellos que piensan seriamente en que es más puro el tener todos los bienes en común sin percatarse de los desastres que provocan en cuanto a la liquidación de incentivos y la consecuente pobreza mayúscula que generan.

Por último, no tiene sentido sostener que se es liberal en política pero no en economía. Los marcos institucionales o las libertades civiles o políticas son el continente y es incoherente decir que se suscribe el continente pero no el contenido.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

 

Argentina, ¿“mercado emergente”?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 19/6/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/06/19/argentina-mercado-emergente/

 

Finalmente sabremos este martes 20 de junio si el MSCI (Morgan Stanley Capital Int.) re categoriza a la Argentina como “mercado emergente” aunque la entrada efectiva, de las acciones que clasifiquen como parte del índice, será en 2018. Los requisitos que se tendrán en cuenta para el ascenso son el desarrollo económico, el tamaño del mercado y su liquidez, y el grado de accesibilidad. Así, en mi opinión, no se justifica un cambio ya que lo único que ha mejorado es la accesibilidad.

Lo cierto es que, a pesar de la gran muñeca del gobierno para crear expectativas, la economía no reacciona y pinta un 2017 y un futuro deprimente en tanto Macri no vire su ideología 180 grados hacia una economía de mercado. Según los últimos datos, el consumo sigue en baja (-3.6% en el día del padre), la producción industrial también (-2.1% en el primer cuatrimestre) y la producción petrolera (-15% en abril) que no es poco, dadas las expectativas por Vaca Muerta.

Solo crece el campo, pero poco y no alcanza, y la construcción artificialmente apalancada por el gobierno y, todo lo artificial, contra la naturaleza del mercado, tiene patas cortas. Mientras que el endeudamiento superaría, hacia fin de año, los U$S 200.000 millones, duplicando lo heredado. Así, el riesgo país (EMBI+) de Argentina llega a 407 pb., y sube, (Perú 134, Colombia 199, México 195) mientras que el de Bolivia ronda los 189 y baja. Se diría que, irónicamente, resultó más populista el “capitalismo” de Estado de Macri que el Estado “plurinacional” de Evo.

Claramente la economía no ha venido cayendo por un “ajuste necesario” ni por herencia sino por la continuidad de malas políticas. Básicamente, por la excesiva regulación -coacción sobre el mercado- y la “presión fiscal total” (impuestos, emisión monetaria y endeudamiento) que son recursos, del mercado eficiente, coactivamente desviados por la burocracia estatal.

El gobierno se dice empeñado en bajar el gasto. Suponiendo que sea cierto -hasta ahora ha hecho lo contrario- el problema es que la reducción lenta llega tarde. Efectivamente, lo que importa no es realmente el gasto -que eventualmente podría financiarse con privatizaciones- sino la exacción al mercado en relación al PIB, pero si el PIB disminuye como ahora, el descenso de la exacción debe ser mayor para resultar positivo.

Hay que desenmascarar, por cierto, el supuesto “efecto redistributivo” de la presión fiscal, porque esa carga termina siendo pagada por los más pobres ya que, desde arriba, necesariamente se traslada hacia abajo, por ejemplo, subiendo precios. Así, lo que recauda el Estado coactivamente resulta ser la principal causa de pobreza.

En cualquier caso, ¿vale la pena el ascenso a emergente? Según JP Morgan serían US$ 1.370 millones los que se volcarían a acciones argentinas, principalmente por la vía de los ADR. Poco comparado con lo que, según Dujovne, debería crecer la inversión: US$ 8.000, cada año.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Tambores de guerra suenan en EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 15/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2033759-tambores-de-guerra-suenan-en-eeuu

 

El gobierno norteamericano acaba de decidir enviar un tercer portaviones, con su respectiva escuadra de apoyo, a las aguas adyacentes a Corea del Norte. Es el tercer grupo de batalla que los EE.UU. desplazan en esa dirección. En apenas una semana una concentración de fuerzas navales de magnitud estará navegando en las aguas del Pacífico occidental. Esto se suma a la presencia de bombarderos estratégicos que fueran recientemente estacionados en la base militar de Guam y a las escuadrillas de cazas norteamericanos que operan desde sus bases en Japón y Corea del Sur. Para el conocido analista George Friedman, esto quiere decir que “los Estados Unidos están preparando una guerra”. Y podría bien ser así.

No obstante, las operaciones militares no parecen inminentes. La preocupación que genera ese despliegue es obviamente la belicosidad del gobierno de Corea del Norte y su peligroso programa nuclear. Como si nada importara, el país ermitaño continúa con toda suerte de ensayos misilísticos. Desafiante. Ante lo referido parece probable que algunos actores principales de la comunidad internacional de pronto exijan a Corea del Norte el abandono de su programa nuclear y, como sucediera ya en el caso de Irán, que permita las inspecciones necesarias para controlar la destrucción de su arsenal de misiles de largo y mediano alcance, de sus reactores y de otros elementos e inventarios de su programa nuclear. Lo más probable es que Pyongyang se niegue a ello. Si esto sucede, las opciones que se abren son peligrosas.

Ocurre que la comunidad internacional no puede darse el lujo de permitir, impasible, que un régimen como el de Corea del Norte se transforme, de la noche a la mañana, en potencia nuclear. Si esto sucediera, no sólo sus extorsiones se transformarían en permanentes, sino que habría un riesgo de catástrofe con el que resultaría muy difícil convivir.

Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta cuál podría ser la conducta de Corea del Norte una vez en posesión de armas nucleares. Se trata no sólo del preocupante tema de la proliferación. También del peligro concreto de una guerra nuclear.

Corea del Norte ha estado vendiendo alta tecnología militar a Irán. Si esto continúa, el mundo podría enfrentar una segunda pesadilla. Quizás por esto el reciente acercamiento militar del presidente Donald Trump a los países líderes del mundo árabe, que son los adversarios inmediatos de Irán en el mundo islámico, ahora definido como el enemigo común.

Una alternativa posible es la de ofrecer concesiones económicas y políticas al régimen de Corea del Norte. A cambio de su abandono al programa nuclear en curso. Este camino choca con la absoluta falta de confiabilidad del régimen norcoreano que encabeza Kim Jong Un. Lo cierto es que, además, el dictador norcoreano no podría aparecer domésticamente como débil, sin arriesgarse a comprometer su propio futuro en Corea del Norte y generar críticas desestabilizadoras dentro de su opaca elite militar.

Si los Estados Unidos decidieran presionar a Corea del Norte en soledad, el cambio de política nuclear que se requiere no sería nada simple. Si, en cambio, estuvieran acompañados en su esfuerzo por China o por Rusia, la posibilidad de neutralizar el programa nuclear coreano sin recurrir a acciones militares parece bastante más plausible. Por esto el tema ha sido abordado en conversaciones recientes entre esas tres potencias.

Para Corea del Sur y Japón este es un tema absolutamente vital. Ambos países están ya al alcance de los misiles norcoreanos. Por ello han edificado barreras misilísticas defensivas. Pero nadie puede asegurar que ellas sean aptas, ni suficientes, para evitar que cualquier proyectil norcoreano con cabeza nuclear genere de pronto un inmenso desastre.

Por esto parece evidente que la hora de las presiones diplomáticas podría estar llegando. También por esto el masivo despliegue naval previo norteamericano. Como sucediera de algún modo en su momento, tanto en Irak, como en Kosovo, a la manera de prolegómeno.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Es mejor la risa que el comunismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/mejor-la-risa-comunismo/

 

Con ese título, literal, Laughter is better than communism, el humorista norteamericano Andrew Heaton reúne textos y viñetas. En su crítica al comunismo, subraya temas fundamentales del liberalismo. En primer lugar: “usar el Estado para dañar a la gente está mal”. Se refiere a las leyes capturadas por los intereses particulares para fastidiar a los competidores, y robar legalmente a los ciudadanos. El segundo tema es “una aversión al tribalismo y al pensamiento de grupo”. Busca analizarlos con un grano de sal: “Mis amigos socialistas y yo coincidimos en que la tolerancia social es una virtud. Mis amigos conservadores y yo sabemos algo de economía. He ido a buenas fiestas organizadas por los dos grupos”.

El libro explica la lógica del mercado, asociando comercio con convivencia y paz, y critica tanto el proteccionismo como el maltusianismo en sus diversas variantes, como la boba consigna del agotamiento de los recursos naturales (recuerda la famosa apuesta Simon-Ehrlich). Se burla de los ecologistas con la hora de la tierra: el cambio climático es influido más por China que por el resto del mundo en su conjunto. “Si cada bombilla de luz del planeta se apaga durante una hora, el ahorro equivaldría a unos cuatro minutos de la huella de carbono de China”. No niega que el clima cambie, por supuesto, sino que recomienda más capitalismo y no menos para prevenir y paliar sus efectos nocivos.

Niega que el proteccionismo comercial favorezca el empleo. Hace un ejercicio con el iPad 2, que costaba 400 dólares: si todos sus componentes hubiesen sido fabricados en EE UU habría costado 1.140, con consecuencias negativas para todos; si se hiciera lo mismo con Nike, millones de trabajadores en el mundo no podrían comprar sus zapatillas.

También rechaza la fábula de que la tecnología destruye empleo, a la vez que argumenta que la regulación y el intervencionismo son malos para los más pequeños y débiles, como las pymes. Si usted cree que la Política Agraria Común es una locura, eche un vistazo a lo que hacen las autoridades norteamericanas en el capítulo Tobacco farmers are better than you. Es útil este libro porque muestra la gran cantidad de regulaciones y prohibiciones absurdas que padece el país considerado modelo de “liberalismo”.

Critica los impuestos de sucesiones y patrimonio, los subsidios a la cultura que nadie quiere ver, y la fascinación por los pronósticos lúgubres: “Cuando los expertos se regodean en predicciones deprimentes son presa de una gran falacia, a saber, proyectar problemas que tenemos hoy hacia el futuro sin la capacidad de prever sus soluciones”.

El libro recoge varias citas excelentes. Aquí mis dos favoritas: Thomas Sowell: “La primera lección de la economía es la escasez: nunca hay suficiente de cualquier cosa para satisfacer plenamente a todos los que la demandan. La primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía”. Oscar Wilde: “Si quiere usted decirle a la gente la verdad, hágala reír. En caso contrario, lo matarán”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los dos “gorilas” de Calomiris

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/los-dos-gorilas-calomiris/

 

Hemos asistido a un amplio abanico de nuevas medidas regulatorias con el objetivo de evitar una nueva crisis. Se han creado nuevas instituciones que vigilan la banca, y se busca la regulación macroprudencial para evitar el riesgo sistémico.

Charles W. Calomiris, catedrático de Instituciones Financieras en la Universidad de Columbia, rastrea el pasado en busca de los factores más determinantes de los colapsos bancarios. Y descubre dos, que llama “gorilas”. Dice: “Mi respuesta a esta cuestión es sorprendentemente sencilla y bastante diferente de la larga lista de potenciales contribuyentes al riesgo sistémico que aparecen en los documentos del FMI, el BPI, el Consejo de Vigilancia de Estabilidad Financiera, la Junta Europea de Riesgo Sistémico y el Consejo de Estabilidad Financiera, y en muchos artículos académicos. Hay dos amenazas sistémicas importantes para la estabilidad financiera: las políticas de los gobiernos que subsidian el riesgo hipotecario, y las políticas de los gobiernos que aseguran las deudas de los bancos (y en general, que subsidian el riesgo de impago de los bancos mediante diversos canales, incluyendo la protección a los que son ‘demasiado grandes para caer’)”.  Su trabajo, “Taming the Two 800 Pound Gorillas in the Room”, Columbia Business School Research Paper No. 17-20, está disponible en https://goo.gl/1IL0vA.

Esos dos gorilas no son independientes entre sí. El Estado avanzó sobre la banca, dio garantías a los depósitos, y animó los préstamos hipotecarios, fomentando un esquema delicado con pasivos exigibles a corto y activos a largo. Esto aumenta el riesgo sistémico, y jamás se habría producido si la banca funcionara con criterios de mercado. De hecho, no se permitía hasta que aparecieron los seguros de depósitos.

Con sus pasivos protegidos, disminuyen los incentivos de la banca a restringir la toma de riesgos crediticio. Esta expansión del riesgo sistémico deriva, pues, de una suerte de subsidio a la banca combinado con ayudas a determinados acreedores, en el pasado los agricultores y en tiempos modernos el sector inmobiliario.

El too big to fail funciona de manera similar, al impedir que las pérdidas recaigan totalmente sobre los accionistas de los bancos. Dice Calomiris: “Ambos subsidios relacionados aumentan los beneficios de la banca limitando la respuesta del coste financiero ante el riesgo, y estimulando así a los bancos a que aumenten la toma de riesgo como medio para incrementar sus subsidios”.

Se dice que faltó regulación prudencial, pero “puede ser parte de una estrategia regulatoria gubernamental que busca financiar el riesgo bancario desde fuera del proceso normal de apropiación del presupuesto estatal”, a través de subsidios no explícitos; “si los Estados quieren crean rentas a partir de la toma de riesgo subsidiada, no cabe esperar que van a crear un cuerpo regulatorio o que impida la existencia de dichas rentas”. Yo que usted no me perdería este rincón liberal el próximo lunes.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Para proteger el planeta hay que cuidar la propiedad

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 12/6/17 en http://www.lanacion.com.ar/2032685-para-proteger-el-planeta-hay-que-cuidar-la-propiedad

 

 

Muchos no entienden que si cada uno cuida lo suyo, los recursos naturales también estarán protegidos, sin necesidad de que el Estado se entrometa demasiado

El objeto de esta nota no es debatir la posición del presidente de los Estados Unidos respecto del medio ambiente, basada en su contraproducente noción del mal llamado “proteccionismo”, que en verdad desprotege a los consumidores, y el consecuente control estatal del comercio exterior. Tampoco aludirá a las trifulcas internas entre dirigentes políticos estadounidenses respecto del tema en cuestión. En cambio, centra su atención en los lugares comunes a los que adhieren muchos ecologistas que no atienden el rol que cumple el derecho de propiedad para preservar del mejor modo posible los recursos naturales.

A todos nos interesa el futuro del planeta, puesto que en él vivimos y nos afectan las perspectivas para el bienestar de nuestros descendientes. Sin embargo, debemos estar atentos a lo que se ha dado en denominar “la tragedia de los comunes”, que puede resumirse en la siguiente idea: lo que es de todos no es de nadie. La asignación de los derechos de propiedad, en cambio, hace que cada uno cuide lo suyo. Quien no lo hace adecuadamente pierde patrimonio. Esto es importante, porque no pocos ambientalistas se basan en “el derecho difuso” y la “subjetividad plural” para intervenir en la propiedad del prójimo aunque no haya nexo causal con una lesión al derecho de quien demanda. Este canal comenzó a utilizarse después del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín, como un modo de estatizar. Con el pretexto de cuidar la propiedad del planeta se destruye la institución de la propiedad.

Veamos el caso de la preocupación por la extinción de especies animales. Muchas especies marítimas están en vías de extinción. Esto hoy no sucede con las vacas, aunque no siempre fue así: en la época de la colonia, en buena parte de América latina el ganado vacuno se estaba extinguiendo debido a que cualquiera que encontrara un animal podía matarlo, engullirlo en parte y dejar el resto en el campo. Lo mismo ocurría con los búfalos en Estados Unidos. Esto cambió cuando comenzó a utilizarse el descubrimiento tecnológico de la época: la marca, primero, y el alambrado, luego, clarificaron los derechos de propiedad. Lo mismo ocurrió con los elefantes en Zimbabwe, donde, a partir de asignar derechos de propiedad de la manada se dejó de ametrallarlos en busca de marfil.

Respecto del agua, indispensable para la vida del hombre, el premio Nobel en Economía Vernon L. Smith escribe: “El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas”. El planeta está compuesto por agua en sus dos terceras partes, aunque la mayoría es salada o está bloqueada por los hielos. Sin embargo, hay una precipitación anual sobre tierra firme de 113.000 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000. Eso deja un neto de 41.000, capaz de cubrir holgadamente las necesidades de toda la población mundial. Sin embargo, se producen millones de muertes por agua contaminada y escasez. Tal como ocurre en Camboya, Ruanda y Haití, eso se debe a la politización de la recolección, el procesamiento y la distribución del agua. En esos países, por ejemplo, la precipitación es varias veces superior a la de Australia, donde no tienen lugar esas políticas y en consecuencia no ocurren esas tragedias.

En cuanto a la polución, no se trata de eliminarla por completo: respirar supone la exhalación de monóxido de carbono. Se trata de proteger los derechos de propiedad que se infringen cuando se emiten gases tóxicos en cierta escala. En este caso deben preservarse los pulmones y castigar a los infractores, tal como se hace si se arroja basura al jardín del vecino o si altos decibeles molestan al vecindario. Ahora la tecnología permite a través de remote sensoring y de tracers detectar los emisores, sean automotores, fábricas o fuentes equivalentes.

Por su parte, la lluvia ácida se traduce en precipitaciones que incluyen ácido nítrico y ácido sulfúrico provenientes de algunas industrias. Especialmente, de plantas eléctricas que generan emisiones de dióxido de sulfuro y óxido de nitrógeno, que afectan los vegetales e incorporan acidez en los ríos y lagos, con consecuencias negativas para las especies que allí se desarrollan.

El efecto invernadero, al igual que los otros casos mencionados, es controvertido. La opinión dominante es refutada por academias y científicos de peso como Robert C. Balling, Donald R. Leal, Fredrik Segerfeldt, Julian Simon, Martin Wolf, Terry L. Anderson y Ronald Bailey. Según estas opiniones, en las últimas décadas hay zonas donde se ha engrosado la capa de ozono que envuelve el globo en la estratosfera. En otras se ha debilitado o perforado. En estos casos, los rayos ultravioletas, al tocar la superficie marina, producen una mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, que dificultan la entrada de rayos solares. Esto conduce a un enfriamiento del planeta, que se verifica con adecuadas mediciones tanto desde la tierra como desde el mar.

Se sostiene también que el fitoplancton consume diez veces más dióxido de carbono que todo el liberado por los combustibles fósiles. Y que las emisiones de dióxido de sulfuro a través de aerosoles compensa la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera que produce el mencionado enfriamiento. El Executive Committee of the World Meteorological Organization de Ginebra concluye: “El estado de conocimiento actual no permite realizar predicciones confiables acerca de la futura concentración de dióxido de carbono o su impacto sobre el clima”.

En cualquier caso, siempre debe tenerse muy presente el balance neto de cada medida que se adopta. Por ejemplo, al conjeturar que los clorofluorcarbonos destruyen las moléculas de la capa de ozono a causa del uso de refrigeradoras y aparatos de aire acondicionado, combustibles de automotores y ciertos solventes para limpiar circuitos de computadoras, hay que considerar las intoxicaciones que se producen debido a refrigeraciones y acondicionamientos deficientes de la alimentación, como también de los accidentes automovilísticos debido a la fabricación de automotores más livianos.

En resumen, no cabe repetir un lado de la argumentación por el hecho de que el poder de lobby sea mayor, como el que se pone de manifiesto en el Acuerdo de París. En cambio, debemos analizar con detenimiento las distintas posiciones, sobre todo cuando se trata de un tema tan delicado. A veces la arrogancia impide advertir que los cambios más radicales en el planeta tuvieron lugar antes de la Revolución Industrial, lo cual incluye las notables bajas en el mar (se podía cruzar a paso firme el estrecho de Bering y las especies y las temperaturas se modificaron grandemente).

En estos debates es necesario prestar atención a los diversos andamiajes analíticos y despejar telarañas mentales. Tampoco encerrarse en la creencia de que los aparatos estatales deben intervenir, apartándose de su misión específica en una sociedad libre en relación con la protección de los derechos de propiedad. En este contexto, cuando hay lesiones a los derechos, los responsables deben ser penados. Si el Estado se entromete en otras direcciones, habrá desajustes y arbitrariedades. Esperemos que no ocurra, como apunta Gustave Le Bon: “No es más fácil discutir con el poder de las muchedumbres que con los ciclones”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

The Forgotten Hayek: An Antidote For The New Populism?

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 8/5/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/05/08/the-forgotten-hayek-an-antidote-for-the-new-populism/#6efaca40695e

 

A few months ago I described in this column many of the academic and think tank efforts which were inspired by F. A. Hayek (1899-1992). I also mentioned that Hayek played a major role in the freedom movement thanks to his effort to create the Mont Pelerin Society (MPS) in 1947. The society is meeting these days in Seoul, South Korea, which coincides with the date of Hayek’s birthday (May 8) so it is a good occasion to recall some of his forgotten or neglected views.

Several of the think tanks that have been more influenced by Hayek’s views are in Central and Eastern Europe where part of the intellectual and policy debate is reminiscent to what was taking place in the 1940s. On one side we have the globalization champions who see themselves as the champions of reason. On the other we have political forces which try to defend their local national customs, including their religious traditions. In several cases, especially in Hungary and Poland, the reactions of the traditionalists have led to the rise of new kinds of populism. What led to the reaction of the electorate in these and other countries?

At the first MPS meeting, 70 years ago, Hayek warned about an “intolerant and fierce rationalism which in particular is responsible for the gulf which particularly on the [European] Continent has for several generations driven most religious people from the liberal movement and into truly reactionary camps in which they felt little at home. I am convinced that unless this breach between true liberal and religious convictions can be heeled there is no hope for a revival of liberal forces.”

Might Hayek’s views that true liberals and religious people need to seek understanding and work together be a way to block the surge and consolidation in power of “truly reactionary camps?”

Hayek was a great admirer of Alexis De Tocqueville (1805-1859). So much so that the name he wanted for what became the MPS was the Acton-Tocqueville society. When that name was blocked by one sector of his liberal friends, they ended up choosing the name of the mount where the Hotel Du Parc, the conference hotel, was located. Hayek’s view about the need to find common ground between lovers of freedom and religion are reminiscent of Tocqueville who wrote: “What most and always amazes me about my country [France], more especially these last few years, is to see … on the one side men who value morality, religion and order, and upon the other those who love liberty and the equality of men before the law.” He continued writing, “It seems to me, therefore, that one of the finest enterprises of our time would be to demonstrate that these things are not incompatible; that, on the contrary, they are bound together in such a fashion that each of them is weakened by separation from the rest. Such is my basic idea.”

During his career, F.A. Hayek, kept returning to this topic. His understanding that there are truths that we acquire about human liberty from sources other than reason made him respectful of religious traditions. His acceptance speech at the Nobel Prize ceremony was entitled “The Pretense of Knowledge.” It was aimed at cautioning central planners, policy experts and fellow economists, to warn them about the dangers of large scale social engineering. All libertarians, or continental liberals, tend to agree on this point, but many tend to forget the “other” Hayek, who spoke about the knowledge that is acquired through tradition, religion, and other “non-rational” means.

Then as today the promoters of human freedom were divided in matters of faith and liberty. That division has been costly. F.A. Hayek, wrote about the dangers of separating them, “It is, I think, important that we fully realize that the popular liberal creed, more on the Continent and in America than in England, contained many elements which on the one hand led many of its adherents directly into the folds of socialism or nationalism and on the other hand antagonized many who shared the basic values of individual freedom but who were repelled by the aggressive rationalism which would recognize no values except those whose utility  (for an ultimate purpose which was never disclosed) could be demonstrated by individual reason and which presumed that science was competent to tell us not only what is but also what ought to be.”

We can also find the same presumption today in some on the “progressive camp.” This camp includes people from different political leanings, left, center-right, and libertarians. They are the only ones who can define “what ought to be,” the moral rules of a politically correct world. If those with strong religious views bring their views to the political and civic scene, the “progressives” rend their garments and run to Brussels.

F. A. Hayek founded the Mont Pelerin Society 70 years ago. Picture of Seoul 2017 meeting, May 7-10, 2017

Alejandro Chafuen

F. A. Hayek founded the Mont Pelerin Society 70 years ago. Picture of Seoul 2017 meeting, May 7-10, 2017

During the 1940s, Hayek saw that the problem was rooted in a “false rationalism, which gained influence in the French Revolution and which during the past hundred years has exercised its influence mainly through the twin movements of positivism and Hegelianism.” He saw these rationalist forces as “an expression of an intellectual hubris which is the opposite of that intellectual humility which is the essence of true liberalism and which treats with respect those spontaneous social forces through which the individual creates things greater than he knows. (Hayek, Proceedings of the 1947 Mont Pelerin Society Conference)

Later in 1960, in, Why I am not a Conservative, one of his most famous essays he wrote: “Unlike the rationalism of the French Revolution, true liberalism has no quarrel with religion” he deplored “the militant and essentially illiberal antireligionism [sic] which animated so much of nineteenth-century Continental liberalism. … What distinguishes the liberal from the conservative here is that, however profound his own spiritual beliefs, he will never regard himself as entitled to impose them on others and that for him the spiritual and the temporal are different spheres which ought not to be confused.”

In 1966, in a paper he presented at the Mont Pelerin Society meeting in Tokyo he again wrote about a kind of liberalism which was compatible “with religious beliefs and has often been held and even been developed by men holding strong religious beliefs” criticizing “the ‘Continental’ type of liberalism which “has always been antagonistic to all religion and politically in constant conflict with organized religions.”

Later, in 1983, during the Reagan years, he lectured at the Hoover Institution at Stanford University. The main contention of his essay was “to demonstrate that rationalism may be wrong and that traditional morals may in some respects provide a surer guide to human action than rational knowledge.” He concluded “it is not exaggeration to say that the central aim of socialism is to discredit those traditional morals which keep us alive.”

Although there have been other moments of growth, the greatest leap in civilization took place during the late eighteenth and nineteenth century. During that period, the intellectual elites of many countries began to promote institutions based on a view of the human person that was consistent with individualism and also recognized the religious, social and spiritual aspects of the human being.

I believe that human beings should try to find most answers to their more serious questions through science and reason. But there are other sources of knowledge. Understanding this and respecting those who use these other sources as guide for their civil and political life might take out some steam from the worst populist movements: “those truly reactionary camps” that were a great concern for F.A. Hayek.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

PROHIBIDOS LOS DESACUERDOS CON EL ACUERDO DE PARÍS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/6/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/06/prohibidos-los-desacuerdos-con-el.html

 

 

Sobre llovido, mojado. Trump, el malo, ha blasfemado contra los dogmas de la fe del sacro imperio romano científico-estatista. Pero como ahora es un sistema de emperadores autónomos, los demás están tratando de ver cómo le hacen un auto de fe y lo queman verdaderamente en alguna hoguera.

Los titulares y artículos de miles de news media en todo el mundo están en la desesperación. “Una decisión que pone en riesgo el futuro de la humanidad”. “Una decisión que expone con brutalidad la visión trumpista sobre el mundo”.  Y así en casi todo el mundo. Si sumamos a esto los prejuicios negativos anti-norteamericanos y anti “capitalismo”, el combo no podría ser peor.

Por lo demás, como dije tantas veces, tampoco se trata de defender a Trump en tanto Trump, quien no se caracteriza por su liderazgo, sus buenas formas ni su capacidad comunicativa, ni tampoco por sus buenos argumentos. No es cuestión de los trabajos para los norteamericanos. Ese no debe ser el punto. El asunto es el Acuerdo de París. Dos cosas al respecto.

Una, yo creo que sí, que hay un problema ecológico, que hay calentamiento global. Pero inútil tratar de explicar que luego de Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend la ciencia no consiste en “hechos”, no? ¿Que todo depende de la conjetura corroborada, del paradigma dominante, del núcleo central, etc? ¿Qué por ende en ciencias naturales todo se puede debatir? Ah no, Zanotti, andate con tu filosofía a la miércoles. Sobre todo cuando tus lindos autores colocan un manto de libertad de expresión en lo que yo, el que no piensa como vos, pérfido y liberal Zanotti, he decretado indiscutible. Genial. La libertad de expresión sirve para debatir el fútbol del Domingo. En lo que verdaderamente nos afecta, se acabó y el que piense lo contrario es un imbécil o una mala persona, vaya uno a saber uno pagada por qué oscuros y pérfidos intereses.

Pero, vuelvo a decir, yo creo que sí, que hay un problema de calentamiento global. Pero el Acuerdo de París, el Protocolo de Kyoto, etc., han optado por medidas estatistas para solucionarlo. Y ese es el problema. El mercado libre es el incentivo para generar nuevos derechos de propiedad que puedan solucionar el problema. Los problemas de medio ambiente son problemas de indefinición de derechos de propiedad. La privatización de bienes públicos y la internalización de externalidades negativas sólo se producen cuando hay incentivos suficientes, de mercado, como para generar la creación de nuevas alternativas tecnológicas que puedan producir energías limpias. Las regulaciones estatales no hacen más que impedirlo, llevadas al paroxismo, como España que prohíbe a sus ciudadanos la instalación de paneles solares.

Pero todos estos temas, toda esta bibliografía, es ignorada olímpicamente por todos quienes ahora se rasgan las vestiduras.  Su ignorancia supina de economía, de Law and Economics, de Escuela Austríaca, etc, es más infinita que el universo newtoniano pero, desde luego, en nombre de esa ignorancia echan al ostracismo del descrédito a todo aquel que ose decir lo contrario.

Ese tema también me preocupa. La libertad de expresión sobre esta cuestión parece estar prohibida, so pena de insultos y descréditos gravísimos. Mala persona o imbécil el que piensa diferente. Casi como si defendiéramos la acción de un violador de menores. Igual pasa con la ideología del género y nuevos dogmas similares. Y, vuelvo de decir, no me refiero a Trump. Un universo paralelo interesante sería aquel donde alguien con las formas y charming de Obama hubiera dicho que las medidas del Acuerdo de París son inconducentes. ¿Habría recibido tantos bombazos?

Creo que sí. El consenso actual sobre ciertos temas no tolera disidencias. No es en broma, Feyerabend tiene razón: luego del Sacro Imperio, estamos ahora en otro sacro imperio. Y lo dice en serio. Pero claro, Zanotti, andate con tu Feyerabend a la miércoles, con tu hermenéutica a la miércoles, con tu Mises a la miércoles, sobre todo cuando lo que dicen puede objetar algo de los sacrosantos dogmas del imperio estatista actual.

 

Si, la verdad, me gustaría volver a Marte, mi lugar de origen. Mientras tanto que Dios me proteja.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.