Los coletazos a escala mundial del G20

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/12/18 en: 

 

La reciente reunión del G20 en la ciudad de Buenos Aires es ya parte de la historia. Quedó atrás. La actuación del presidente Mauricio Macri y de su eficaz equipo de trabajo en representación del país anfitrión, resultó absolutamente impecable. Por sobria, serena, eficiente y, a la vez, sencilla. Por ello, esa reunión contribuyó a afirmar la excelente imagen externa de la que ciertamente goza nuestro presidente, en el mundo entero.
No obstante, el documento final acordado por los miembros del G20 terminó siendo, como era de anticipar, bastante lavado. Escaso en materia de sustancia. Así lo habían anticipado algunos observadores especializados, como el influyente Financial Times en su editorial del 24 de noviembre pasado.

El presidente de Estados Unidos y el de China aprovecharon, sensatamente, la oportunidad de estar al mismo tiempo en Buenos Aires para reunirse cara a cara. Esto ocurrió el 1º de diciembre y tuvo como consecuencia la celebración de una suerte de tregua con la que se intenta postergar la anunciada imposición de nuevos gravámenes arancelarios por parte de
los Estados Unidos a las importaciones provenientes de China, lo que hubiera agravado las disputas comerciales en curso.
Estados Unidos anunció concretamente, tras el esperado encuentro bilateral, que demorarán por 90 días su amenaza arancelaria, edificando así un espacio para negociar. Por su parte, China reiteró su compromiso de aumentar sensiblemente las importaciones norteamericanas, especialmente las agrícolas y energéticas, con el propósito de disminuir
el fuerte déficit comercial norteamericano. Además convino en dejar sin efecto los derechos de importación a los automóviles norteamericanos, del orden del 40%, que fueron impuestos como respuesta a la decisión china de no comprar soja norteamericana.
A esto último se suma el hecho de que China finalmente aceptó dialogar sobre una serie de cuestiones bien sensibles,
respecto de las cuales hasta ahora se había negado a conversar tales como: el respeto a la propiedad intelectual; la apertura
real de su mercado doméstico; y las transferencias “forzadas” de tecnología por parte de las empresas extranjeras que se instalan en China. Se construyó entonces la referida tregua, pese a que los dos grandes países empeñados en la guerra comercial continúan aún muy distantes respecto de la posibilidad de alcanzar un acuerdo sustantivo en materia comercial.
Las negociaciones entre China y Estados Unidos continuarán entonces en busca de un acuerdo firme que satisfaga a ambas partes.
El documento final que fuera suscripto por los participantes en la reciente reunión del G20 admite, sin demasiado margen para las dudas, que el sistema comercial multilateral “ha fallado en sus objetivos”. Por esa razón, señala que “hay espacio para mejorarlo”, reformando la actual “Organización Mundial del Comercio”.
Sin embargo, no hubo condena directa alguna al proteccionismo y ni siquiera se criticó a quienes hoy lo practican activamente. En rigor, el tema central que hoy divide al mundo quedó, en consecuencia, postergado. Aunque se convino en no adoptar medidas adicionales que profundicen la actual hostilidad comercial.
Parece casi obvio que las conversaciones sobre la posible reforma de la “Organización Mundial del Comercio” no pueden postergarse demasiado. Si ellas no comienzan pronto, la guerra comercial previsiblemente se reactivará, generando los perjuicios adicionales consiguientes, que hasta ahora han sido evitados.
Nuestro país eligió, con razón, estar a favor de la apertura y del multilateralismo, recordando insistentemente -a todos por igual- que el camino es el del diálogo y la cooperación y no el de los enfrentamientos entre las dos primeras potencias del mundo, que repercuten adversamente en todos.
Lo hizo en medio de una actuación notable, en la que pudo mostrar claramente su mejor perfil, aquel capaz de enamorar a  terceros con alguna facilidad. El de la sensatez y la seriedad. Por esto, la dimensión exterior de Mauricio Macri, que ya era excelente, se consolidó ante todos quienes, desde el mundo entero, nos visitaron.
Pero el problema argentino no pasa sólo por allí, sino por asegurar la futura marcha coherente de un programa de gobierno que ha merecido el apoyo de muchos de quienes nos visitaron. No es tarea fácil. Y se ha postergado.

Nuestro país sigue jaqueado por un exceso de gasto público y por una amenazante inflación que a todos nos desvela. Con tasas de interés del orden del 70% anual, que son consecuencia natural de ello y que nos perjudican enormemente. A lo que se suma que el salario real apunta a registrar una caída del 11% en tan sólo el último cuatrimestre del año en curso.
Estamos camino a elecciones nacionales en un ambiente recesivo en el que nuestra economía aún se contrae. Es más, la posibilidad de cierta reactivación en el nivel de actividad económica aparece recién en el segundo trimestre del año que viene, razón por la cual muchos suponen que lo que efectivamente suceda en los últimos 100 días previos a la elección
presidencial del 2019, podría ser crucial e inclinar la balanza a favor de unos u otros.
Para Mauricio Macri será, creemos, esencial mantener continuidad en el rumbo económico. Pero lo que el presidente necesitará no son sólo endosos desde el exterior, por importantes que ellos sean para poder construir la confianza requerida. Necesitará el apoyo mayoritario de sus propios conciudadanos, aquellos que no deseen volver a un pasado que
terminó empantanándolos en el atraso, el aislamiento y la recesión.
Gobernar es, en esencia, saber corregir a tiempo el rumbo trazado, saber aplicar los ajustes que las circunstancias puedan requerir a la estrategia originalmente adoptada, aquella que el mundo parece haber aplaudido, pero que demasiados de  nosotros todavía cuestionamos pese a que somos conscientes de que el mayor peligro que corremos es el de volver a
tropezar con las piedras del populismo y de los resentimientos, las mismas que en el pasado han logrado torcer nuestros derroteros.
La excelente actuación de nuestro gobierno en el seno del G20 nos ayuda a soñar, pero eso obviamente no nos alcanza. Lo que necesitamos es avanzar con conducta, lo que en definitiva depende siempre de nosotros mismos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

20: JE JE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/12/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/12/20-je-je.html

El llanto de Macri revela algo importante: él cree en todo esto.

Los demás presidentes y dictadores que estuvieron, también. Tal vez el que menos cree, por suerte, es Trump. Pero finalmente se reunió con el dictador chino. ¿Será un efecto de las empanadas?

O sea, Macri y los demás creen en los gobiernos, en sus tratados multilaterales, en sus regulaciones y en sus acuerdos. Y en el Banco Mundial, el Fondo Monetario, la ONU, la Unesco, etc., como organismos supranacionales que regulan todo y deciden todo.

Los liberales, en cambio, creemos en el libre comercio, en que un ciudadano de Argentina llame a otro de Canadá y arreglen por whatsap que se van a unir para venderle lo que fuere a un norteamericano, y listo, sin que Trump, Macri o Trudeau tengan nada que ver. Nada, sencillamente nada.

Pero no. Ha sido todo inútil. La dinámica de la real politik del mundo posterior a la 2da guerra ha llevado a un sistema donde gobierna un club de amigos que se miran de reojo a ver cuán amigos son, y un resto de paisitos que integran una especie de protectorado para no entrar en default y esas cosas. Grandes y chicos coinciden en un estatismo intenso, altamente regulado, en economía, educación, salud y sencillamente todo, donde “lo privado” tiene que adaptarse a ello o desaparecer (o NUNCA aparecer, como sucede, porque la consecuencia de todo ello es la creatividad humana colonizada por la razón instrumental).

Un llamado capitalismo de amigos, una economía altamente regulada, un estatismo educativo total, la agenda del género y el aborto altamente financiada, y ya está. Ese es el mundo que tenemos. La verdadera libertad circula por mercados negros en un ajedrez permanente contra la regulación. EEUU, Rusia y China como la trinidad hobbesiana, todos los demás como socios menores o adiós. Una pax romana, inestable pero re-acordada año tras año. Y así parece que ad infinitum.

Las izquierdas y las derechas extremas reaccionan contra todo eso, curiosamente, porque creen que eso es el “capitalismo liberal”. No leyeron a Mises, desde luego, quien denunció todo eso en Liberalismo, en Omnipotent Govertment, en Nation, State and Economy, en Human Action. Cuando finalmente, ya cansado, el último caballero del liberalismo se vio a sí mismo en medio de todo ese infierno, no tuvo más que afirmar, con pena, que no le quedaba sino ser un historiador de la declinación. Y pensar que eso fue en 1942. Si renaciera, se haría seppuko.

Y así con todos nosotros. Ese es el mundo que nos toca y no esperemos mayores milagros. Como ya dije una vez, podemos seguir defendiendo la libertad para que las garras trituradoras del totalitarismo no se cierren totalmente… O ni siquiera para eso: sencillamente para hacer lo que se debe hacer. Pero mientras tanto, no nos hagamos ninguna ilusión. English I know, porque por lo menos fue el idioma de la Declaración de la Independencia de 1776. Ruso y Chino, no sabré. Japonés es Marte y Español es Don Quijote.

Que Dios nos ayude. Je je.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Mauricio, no necesitás al G20 para integrarnos al mundo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/12/18 en: http://www.ivancarrino.com/mauricio-no-necesitas-al-g20-para-integrarnos-al-mundo/

 

Los países no comercian. Sí las personas.

¡Qué bien que salió el G20! Por un rato al menos, pasamos de ser la barbarie tirapiedras, a una ciudad Suiza. Ni la izquierda piquetera consiguió alterar la tranquilidad con la que pasaron las jornadas de la Cumbre Internacional del grupo de los 20 países más económicamente relevantes del mundo.

Hasta le ganamos a París, donde mientras acá “La Bestia” cargaba nafta y Ángela Merkel comía en una parrilla de Palermo, los chalecos amarillos incendiaban todo a su paso.

No debe haber habido nadie que no reconociera la buena organización del evento y el profesionalismo con que todo se llevó a cabo. Obviamente,  hubo algún traspié, como el evento de Michetti con Macron, pero en líneas generales, todo salió bien.

Y mejor de lo esperado, para quienes habitamos este caótico país.

El presidente, por su parte, capitalizó el encuentro y reforzó su discurso de integración al mundo civilizado.

Nos estamos integrando al mundo. Las cosas requieren un tiempo. Hay que tener constancia, herencia y paciencia (…) Nunca tuvimos la relación que tenemos ahora con el mundo. La autoestima volvió a estar presente en estos días.

En los días en que los presidentes del mundo visitaron la ciudad, el gobierno argentino firmó todo tipo de acuerdos. Además, dijo querer avanzar con la Unión Europea y prometió abrir mercados.

Aparentemente, el G20 sería un punto de partida para incrementar nuestro comercio internacional, que hoy es apenas del 23% del PBI, cuando en el mundo la suma de exportaciones e importaciones asciende al 58%.

Lo cierto, sin embargo, es que no se necesitan ni tratados especiales ni cumbres internacionales para hacerlo.

Las personas comercian, no los países

Cuando hablamos de comercio internacional solemos mirar números agregados. La semana pasada, en un estudio de TV, mientras hablaba el Primer Ministro Shinzo Abe, de Japón, el periodista sacaba a relucir la cantidad de exportaciones que hacíamos a ese país.

¿Qué relación tenemos con Japón? “Exportamos USD 1500 millones”, respondió el analista.

Como si todos los argentinos produjéramos USD 1.500 millones de dólares de soja para vendérsela a los varios millones de japoneses que la consumen.

En realidad, la situación es diferente. Es que ni todos comerciamos con todos, ni los países comercian entre sí. En realidad, todas estas construcciones retóricas tienen como base la decisión de un individuo.

Un individuo que, ubicado en Argentina, encontró más conveniente tomarse el trabajo de exportar una tonelada de soja a Japón, en lugar de venderla en el mercado interno. Y otro individuo que, del otro lado del mundo, encontró que era más barato y de mejor calidad comprar esa tonelada fabricada en nuestro suelo, en lugar de en otro lado.

Como se observa, son las personas las que comercian entre sí, en base a sus apreciaciones sobre qué es lo más conveniente hacer con su dinero y su producción.

Y es de esta forma que se ha producido el comercio internacional. Porque algunas personas, ubicadas en un territorio, encontraron que era mejor vender y comprar fuera del territorio, que hacerlo puertas adentro.

La globalización, entonces, es un orden espontáneo, donde las decisiones individuales de millones de personas terminan generando un mundo cada vez más conectado…

A menos, claro, que el gobierno se interponga.

Proteccionismo y apertura unilateral

Los individuos, dejados en libertad para decidir, intercambiarán con quien mejor satisfaga sus necesidades. Si esta contraparte se encuentra en otro país, entonces habrá comercio internacional.

Sin embargo, producto de falacias mercantilistas, o bien para proteger algunos lobbies, los gobiernos suelen cruzarse en el camino. Así, nace el proteccionismo, que básicamente consiste en impedir que los intercambios libres ocurran entre personas ubicadas en diferentes países.

Argentina conoce mucho de esta materia. Si miramos los números, estamos de la mitad de tabla para abajo en el ránking de apertura comercial de la Fundación Heritage, tenemos uno de los aranceles a las importaciones más altos de la región y casi no hemos firmado acuerdos de Libre Comercio.

Es decir, somos un país extremadamente cerrado donde el proteccionismo es la norma.

Entonces: ¿qué hacemos?

Para Macri, hay que acudir al G20. Puede ser… Una opción para “integrarse” es firmar tratados donde ambos países otorgan “concesiones”. Ahora esto puede llevar varios años, como lo demuestra el acuerdo Mercosur-UE, que parece que nunca se firmará.

Pero otra estrategia es la apertura unilateral. ¿En qué consiste? En eliminar unilateralmente restricciones al comercio, reduciendo aranceles y barreras no arancelarias, permitiendo que los argentinos que quieran comerciar con el mundo, lo hagan libremente.

Este camino no es imposible ni peligroso. De hecho, es el que tomó el vecino Chile entre 1974 y el año 2003.

Cuadro Chile

En 1974, las barreras aduaneras en Chile llegaban a ser del 750% sobre el valor de los productos.

Entre 1975 y 1977, se decretó que el máximo arancel posible sería de 35%. Para 1977 y 1979, se unificaron los aranceles, y quedó solo uno de 10% para todas las importaciones. Esto se revirtió entre 1983 y 1984, pero el camino de la apertura unilateral se retomó en 1985.

En 1999 el arancel único volvió al 10% y para 2003 se lo redujo nuevamente al 6%.

Uno podría preguntarse por los resultados de esta estrategia. Y, si bien en el caso chileno debe decirse que la apertura se hizo en conjunto con otras reformas estructurales como el saneo de las cuentas públicas y el fin de la inflación, existe consenso de que abrirse al mundo ha sido muy positivo para el país vecino.

En dicho período, el PBI per cápita chileno se multiplicó por 3. Además, Chile redujo drásticamente la pobreza, desde al año 2000 que crece casi sin interrupciones, y todo esto con bajo desempleo y una muy baja y estable tasa de inflación.

En lugar de realizar tantas cumbres y reuniones burocráticas, podríamos aprender del caso chileno.

Estimado presidente, no necesitamos al G20 para integrarnos al mundo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

La importancia del G-20

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2018/11/la-importancia-del-g-20.html

 

La “cumbre” del G-20 que convoca a los principales líderes políticos (aclaramos lo de políticos porque hay muchos otros tipos de líderes que no son de esta clase) y que se realiza en la República Argentina concentra la atención de los medios de todo el mundo. En muchos casos por admiración y en otros por rechazo a este tipo de cónclaves.
No voy a explicar aquí que es el G-20, ni cuáles son sus fines declarados, porque dicha información abunda en todos los medios de comunicación, sean nacionales o internacionales. Sino que voy a abordar mi propia impresión de este tipo de invitaciones.
La verdadera importancia de estas convocatorias entre jefes de estado (y por la cual creo que hay que prestarles mucha atención) reside en el hecho de que estas personas son las que manejan el fruto del trabajo de millones de otras que son las que verdaderamente producen la riqueza que los gobiernos redirigen hacia otros sectores, o que directamente consumen por sí mismos. Lo que decidan -por muy diversa que sea su agenda- tendrá siempre uno u otro efecto, o ambos.
La suerte de los destinos económicos mundiales está en sus manos, porque poseen la fuerza legal para captar sus recursos sin que nada (o muy poco) podamos hacer para evitarlo.
La presencia física de los jefes de estado de las diversas naciones que lo componen es -a mi juicio- un dato irrelevante que sirve no más que para atraer la atención e impresionar a las personas del llano alejadas de los entornos políticos. Digo esto, porque en la era que vivimos donde la informática y las telecomunicaciones tiene un desarrollo tal que no hace falta como antaño la reunión física de personas para trabajar o concretar negocios, los que hoy en día pueden realizarse sin mayor esfuerzo ni necesidad de desplazarse de un lugar a otro a través de internet y las demás formas de ciber-comunicación, tornan -de alguna manera- superfluos los múltiples desplazamientos geográficos que antaño resultaban necesarios.
De hecho, las economías de los países intervinientes no estarán ni más ni menos controladas por la circunstancia de que los jefes de estado se reúnan en un salón físico o no lo hagan. Los mismos efectos se acusarían si la “cumbre” se celebrara por teleconferencia o similares. Lo relevante son las resoluciones que estos políticos toman y no los medios (presenciales o a distancia) en que lo hagan. Es indistinto se están realmente próximos o distantes, en tanto existen formas de comunicación simultáneas y perfectamente sincronizadas. Pero no es en estos plenarios (donde todos se muestran juntos para las fotos) donde se toman las determinaciones relevantes que afectan a la economía mundial, sino que es mediante los acuerdos internacionales previos que tampoco requieren la presencia corporal de los contratantes por las mismas razones dadas antes y que normalmente se firman a través de representantes diplomáticos con mandatos suficiente, lo que pocas veces justifica el desplazamiento de los “líderes” máximos del mundo político.
Pero, por otro lado, los acuerdos comerciales que pretendieran efectuarse en esas “cumbres” ya vienen condicionados por tratados internacionales previos, a los que hay que agregarles el cúmulo de sus legislaciones internas propias de cada país miembro, que determinan y reducen a un punto muy menor el margen de maniobrabilidad que tengan los actuales jefes de estado como para permitirles incorporar grandes innovaciones, que luego podrían llegar a correr el albur de no poder imponer, total o parcialmente, modificando sus respectivas legislaciones internas.
Estas circunstancias le quitan mucha de toda esa espectacularidad con la que las personas comunes (y la prensa en general) suele rodear estas “cumbres” mundiales. Lo que queda después es, esencialmente, escenografía pura.
Esto no minimiza -no obstante- el enorme poder que tienen tales personajes sobre nuestras economías domésticas. Las que aun contando con las limitaciones señaladas pueden manejar casi a su antojo.
Lo trascendente -con independencia de la forma y el lugar donde se lo haga- es que estas personas son las que -en definitiva- decretan como se gastarán las producciones que millones de otras personas, que no pueden y ni siquiera desearían participar de estas “cumbres”, han elaborado mediante su propio esfuerzo.
Es que parece que el mundo se ha acostumbrado a que los grandes resultados empresariales no los tomen ya los empresarios sino los políticos. Esto se ve como algo normal y aceptable a los ojos de la gran mayoría de las personas. Y, desde mi propio punto de vista, me parece altamente preocupante. Se considera como “normal” que lo privado sea manejado por lo público o -más precisamente- por lo estatal, y que soluciones que, en una economía sana, serían tomadas por consumidores y proveedores (léase empresarios, comerciantes, etc.) lo sean por el estado-nación o cualesquiera que fueren sus representantes de turno. Es -ni más ni menos- la sustitución del mercado libre por el más puro estatismo. Y esto se refleja en ocasiones como las que ahora ocupan estos comentarios.
Pero, como decimos, es lo expuesto lo que nuestras sociedades actuales aceptan. Los que se oponen a estas “cumbres” no lo hacen por los motivos que estamos esgrimiendo, sino alentados por imponer -también desde el gobierno- una orientación ideológica diferente (sea denominada de izquierda, de derecha o de centro) pero siempre teniendo al gobierno como protagonista y agente activo, es decir, con exclusión del individuo y de la iniciativa privada en sí misma.
Lo positivo de todo el asunto puede resultar de efectos colaterales que la publicidad de estos encuentros puede generar. Algunos empresarios privados, hipotéticamente, ajenos por completo a los vínculos con el poder, pero fácilmente dependientes emocionalmente de la publicidad que los medios le otorguen a aquel, podrían ser influenciados por la difusión que se les dan a estos actos burocráticos, y los decida a invertir en los países anfitriones. Esto podría ser un rasgo positivo y no querido (o sí) por parte de los jefes mundiales al autoconvocarse de esta manera, cuando, el verdadero propósito -podemos sospechar- es el de qué manera beneficiar a las empresas dependientes o vinculadas al gobierno miembro participante.
 Con todo, el efecto psicológico que tienen estos sucesos políticos para la población en general resulta verdaderamente impactante, por la corriente actitud de genuflexión ante el poder que inspiran las imágenes de autoridad que dan los gobernantes.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

En Pakistán perdonan a una joven cristiana condenada a muerte

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 15/11/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2191935-en-pakistan-perdonan-joven-cristiana-condenada-muerte

 

La Corte Suprema de Pakistán acaba -como cabía esperar- de absolver a Asia Bibi, una joven cristiana nacida en 1971, que
ha estado nada menos que ocho años en prisión, siempre en confinamiento solitario, mientras era lentamente juzgada por
sus presuntas blasfemias contra el Islam. Con lo sucedido hasta ahora a esa pobre mujer, su vida ha sido profundamente
lastimada. Para siempre.
Pakistán es ciertamente uno de los países más intolerantes del mundo en materia religiosa, pero lo cierto es que su más
alto tribunal judicial es reconocido por su independencia y calidad.
Asia Bibi esperaba morir en la horca, pero ello no sucederá desde que el tribunal que acaba de absolverla categóricamente,
sostuvo que las acusaciones vertidas contra ella no habían sido debidamente probadas, como correspondía.
Había sido acusada por un tan heterogéneo como extraño grupo de mujeres -que previamente le dieron una paliza y eran
sus vecinas- de haber hecho, en Punjab, algunos comentarios públicos despectivos acerca del profeta de los musulmanes.
Ellos habrían sido consecuencia de la insólita negativa de esas mujeres de tomar agua de un pozo de agua natural
comunitario, luego de que Asia Bibi bebiera del mismo con un jarro propio, a fin de la década de los 70. La joven que fuera
por ello inmediatamente detenida, tiene cuatro hijos.

En su momento, la condena contra Bibi había indignado vivamente a la pequeña pero importante comunidad cristiana
local. Ahora, su absolución ha enfurecido a algunos radicalizados musulmanes, que ante ella reaccionaron
descontroladamente.
Bibi negó, siempre, haber cometido blasfemia alguna.
Docenas de acusados de blasfemia han sido asesinados en los últimos años en las calles de las ciudades de Pakistán,
cuando sus respectivos procesos aún no habían concluido. Los asesinados incluyeron hasta a un gobernador provincial y
un ministro del gobierno nacional que, pese a los riesgos ciertos que conocían, se animaron a salir en defensa pública y
apoyo de la perseguida Bibi. Queda a la vista toda una serie de tragedias realmente tremendas, producto de la intolerancia
religiosa. Ellas no pueden silenciarse, desde que son testimonio de conductas propias de la barbarie.
Los cristianos -cabe recordar- son apenas un 1,6 % del total de la población paquistaní, de unos 208 millones de
habitantes. El propio Papa Francisco, preocupado por Asia Bibi, ha salido en su defensa. Con poco éxito, hasta ahora.
Las leyes paquistanas contra la blasfemia religiosa se sancionaron en 1860, cuando el país estaba aún bajo la colonización
británica. El Islam es la religión nacional de Pakistán. Pero no todos quienes profesan esa religión son necesariamente
fanáticos, por cierto. Los pocos que lo son ensombrecen la imagen de todos ellos.
Pese a lo ocurrido, o quizás como consecuencia de ello, Asia Bibi podría tener que abandonar a Pakistán y trasladarse a
residir en otro país, para poder vivir con un mínimo de tranquilidad, esto es sin el riesgo de ser asesinada o golpeada por fanáticos que de pronto la agredan. Una pena, por cierto. Pero la realidad puede imponerle a Bibi ese notorio sacrificio
adicional. Sus propios abogados ya han tenido que hacerlo, abandonando a Pakistán, por su seguridad personal.
Lo de Paquistán debiera poder corregirse. Siempre y cuando sus líderes políticos y religiosos lo crean necesario. Y lo es,
ciertamente.
Más allá de Pakistán, unos 150 millones de cristianos son hoy perseguidos por su fe en distintas partes del mundo. Esa
cifra, vergonzosa, es por lo demás un máximo histórico. En el marco de esas persecuciones religiosas, unos 3.000
cristianos fueron asesinados todo a lo largo del 2017. Es cierto, en el mundo de hoy los cristianos ya no se refugian
necesariamente en catacumbas, pese a lo cual, como consecuencia de las persecuciones actuales, muchos de ellos ofrendan
sus vidas sin renegar de sus convicciones. Son, entonces, mártires contemporáneos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN ESPACIOS ESTATALES SON TOTALMENTE COMPATIBLES CON EL PLURALISMO RELIGIOSO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/11/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/los-simbolos-religiosos-en-espacios.html

 

El Vaticano II, cuando define la libertad religiosa, afirma:

 “…Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil” (1965). (http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html).

Más abajo, afirma:

 “…Si, consideradas las circunstancias peculiares de los pueblos, se da a una comunidad religiosa un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad, es necesario que a la vez se reconozca y respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todos los ciudadanos y comunidades religiosas”.

 Esto implica que no es contrario a la libertad religiosa que se otorgue “…un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad”, dadas las tradiciones y circunstancias históricas, que pueden ser tan diversas. Eso implica distinguir entre laicismo y laicidad. La sana laicidad es el reconocimiento de la libertad religiosa y sus implicaciones políticas: estado e Iglesia autónomos en sus propios ámbitos, y la NO identificación entre ciudadanía y pertenencia a una determinada religión. Ello implica, a su vez, el reconocimiento de que el horizonte cultural de donde ha surgido la noción de dignidad humana y los derechos individuales es precisamente el judeocristianismo. Eso lo afirmó muy bien Benedicto XVI:

“…¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe —el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas— necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.” (2010, https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2010/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20100917_societa-civile.html)   (Obsérvese la noción de “abuso de la razón”: muy similar a lo que afirmaba Hayek).

 Y, en el discurso al Parlamento Alemán (2011), afirmó:

“…¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico de la Ilustración, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”. (http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin.html)

 O sea, el cristianismo no es un movimiento del cual derive directamente el régimen jurídico, sino que alimenta el horizonte de ideas a partir de las cuales nace un ordenamiento jurídico respetuoso de los derechos del hombre y la sana laicidad.

Por ende, en un estado que sea sanamente laico, donde sus circunstancias históricas, como Argentina o EEUU, han sido precisamente las de una cultura judeocristiana a partir de la cual ha nacido la idea de igual y derechos entre los seres humanos,los símbolos religiosos cristianos en sus propios espacios son un reconocimiento a esa tradición, a ese origen, que no pueden molestar ni ofender a nadie.

Es una mala interpretación de J. Rawls afirmar que el estado debe ser moralmente neutroEl estado nunca es moralmente neutro. Todos sus espacios son bienes públicos. Es esos bienes públicos siempre hay decisiones morales que tomar. En la Corte Suprema de Justicia, ¿cómo pintamos sus paredes? ¿Con color blanco y además con una gran imagen de Hitler, o sólo con color blanco? Es una decisión moral. ¿Con un cuadro de San Martín o con la imagen de una actriz porno? Es una decisión moral. ¿Con una cruz cristiana o con la hoz y el martillo comunista? Es una decisión moral. Inútil es que los contribuyentes se quejen de que están pagando una u otra cosa. Una vez que hay un estado federal, toda decisión que se tome al respecto va a estar pagada por los contribuyentes. Por ende, que haya una cruz, que simboliza precisamente el origen del respeto a la libertad religiosa, no debería ofender ni molestar a nadie. Y si alguien dice que no quiere pagar la cruz, lo entiendo, pero entonces que sea coherente y que no quiera pagar nada: ni la pintura, ni los bancos, ni los escritorios, etc., porque todo ello es una decisión moral.

Si en las calles (bienes públicos) de la India hubiera una imagen de buda, ¿por qué yo, católico, debería ofenderme? Y si me voy a vivir a la India, debo saber que mis impuestos están pagando todo ello. ¿Y qué? Si no me gusta debería hacerme anarco-capitalista (cosa posible) e irme a vivir a Marte (cosa que si es posible ya no sé) en mi nave espacial, donde aún no habría bienes públicos.

Si estuviera viviendo en Japón, ¿por qué me debería ofender porque una prefectura mantuviera como patrimonio cultural a un templo sintoísta? Les cuento que luego de la Segunda Guerra ya no es así, pero si volviera a ser así, ¿cuál sería el problema? Muchos de los que hoy se están rasgando las vestiduras por las cruces en nuestras sedes judiciales estarían incoherentemente felices en un tour sacando fotos de una tradición que además no entienden en absoluto ni les importa.

Se olvida también que los EEUU fueron un ejemplo de una religiosidad pública no estatal. No estatal por la primera enmienda; pública, porque ello no fue obstáculo a que los bienes públicos municipales mantuvieran tradiciones religiosas cristianas que nunca fueron contradictorios con la libertad religiosa hasta que ideológicamente se comenzó a considerar lo contrario.

El laicismo es el problema. No la laicidad. El laicismo es la ideología que odia la inexorable influencia religiosa cristiana en el surgimiento jurídico y político de Occidente. El símbolo no podría ser más “símbolo”: lo que odian es la cruz. Son capaces de pagar impuestos para un poema de Borges en el obelisco o, peor, por el monumento al asesino Guevara. Pero no vaya a ser que exista una simple cruz de madera: ah no, eso no. Y los que piensen de buena voluntad que el Cristianismo y-o el Catolicismo es igual a intolerancia, lean, alguna vez, al magisterio de Juan XXIII (con sus antecedentes en León XIII, Benedicto XV y Pío XII); al Vaticano II, al magisterio de Juan Pablo II, y sobre todo a Benedicto XVI.

 

La cruz es el símbolo del gran acontecimiento de la Historia, de donde surge el reconocimiento de la dignidad humana y sus derechos fundamentales. El Imperio Romano es el que coherentemente no podía admitir la cruzY a los nuevos imperios romanos, ocultos ahora en la fachada de libertad, estamos volviendo. Ya casi no tenemos derecho a proclamar libremente nuestras ideas si estas se oponen al Lobby LGBT; ya casi no podemos hablar si no es como dicen las feministas radicales; ya no podemos educar libremente a nuestros hijos, sino que estos tienen que aprender lo que el estado dice y sobre todo en temas sexuales; ya casi no se puede ser médico si no haces abortos o no prescribes preservativos, y, por supuesto, no se puede ejercer el libre comercio, no se puede disponer de los propios bienes, somos esclavos vigilados por la AFIP o soviets diversos como la Coneau o el ministerio de educación, y el que se revela es un inadaptado que debe ser tratado con retalina primero y rivotril después. Eso sí, tranquilos: ya no habrá cruces en los tribunales. Eso sí que es libertad. Qué bien.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.