Category Archives: Política Internacional

Estados Unidos ya no está solo en el centro del escenario internacional

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/11/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2087019-estados-unidos-ya-no-esta-solo-en-el-centro-del-escenario-internacional

 

El presidente norteamericano, Donald Trump, acaba de completar una extensa gira por Asia en busca del apoyo necesario para transformar a la península de Corea en una zona libre de armas nucleares. No obstante, las posibilidades inmediatas de alcanzar ese objetivo parecen remotas. ¿Por qué? Ocurre que la influencia norteamericana en el mundo ya no es lo que fuera. Estados Unidos no está solo en el centro del escenario, sino acompañado por China y Rusia.

Si Donald Trump no encuentra apoyo para su objetivo, la confrontación entre los Estados Unidos y Corea del Norte continuará y seguirá siendo una pulseada entre David y Goliat, en la que un Goliat que luce desconcertado no encuentra la forma de ganarla.

Los grandes objetivos de política exterior norteamericanos, más allá del caso de Corea del Norte, no están siendo acompañados por la comunidad internacional. El mejor ejemplo es quizás el de Siria donde, en tiempos del presidente Barack Obama,Estados Unidos definió que el régimen del Clan Assad debía dejar el poder si utilizaba armas químicas contra su pueblo. Lo hizo reiteradamente y, a pesar de ello continúa fortaleciéndose en función del intenso apoyo militar y diplomático que recibe de Irán y Rusia. A lo que cabe agregar que fue el propio Congreso de los Estados Unidos el que -en los hechos- negara al presidente Obama la posibilidad de actuar militarmente luego del horrible crimen cometido por las autoridades sirias.

Por muchos años Estados Unidos siguió el consejo del presidente Teodoro Roosevelt, esto es el de “hablar suavemente”, pero con un amenazante “palo grande” en la mano. Y lo hicieron funcionar. Hoy el presidente Trump habla con dureza, pero pocos creen en su capacidad real de poder presionar para imponer sus criterios.

A la evidente pérdida general de influencia en el escenario internacional, Estados Unidos agrega otra dura realidad: está empantanado en Irak y Afganistán. También, aunque en alguna menor medida, en la propia Siria. Esos conflictos, dos de los cuales se arrastran desde hace 15 años, han costado miles de vidas y trillones de dólares al pueblo norteamericano.

La presencia de Donald Trump en el mundo de hoy está lejos de ser la que en su momento tuvieran presidentes como Eisenhower, Reagan o los dos Bush. Esta es la nueva realidad, más allá de la retórica.

Mientras tanto, Rusia ha asumido una política desafiante y hasta belicosa, instalada -ella también- en el centro del escenario internacional.

China -por su parte- anuncia que ya está compartiendo el liderazgo internacional con los Estados Unidos y agrega que, en tres décadas más, seguirá haciéndolo, aunque sola.

Corea del Norte probablemente será, pronto, una potencia nuclear más, con todo lo que esto significa para un país con un liderazgo megalómano y poco confiable.

En paralelo, Occidente tampoco es lo que era. Europa está dividida y debilitada, mirando más bien a su propio ombligo, enfrascada en conflictos estériles, como el provocado desde Cataluña. Quizás por esto Turquía ya no ambiciona acercarse íntimamente a la Vieja Europa, como si de pronto el altivo espíritu otomano estuviera de regreso, apuntando a su propia región.

Frente a este panorama, Estados Unidos parece estar cada vez más alejados del complejo contexto que los rodea. Y éste no es ciertamente un cambio menor. Es una señal de que su influencia está debilitándose.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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Stop fascismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/12/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/stop-fascismo/

 

Los mismos que procuran disfrazar los crímenes comunistas alegando que no fueron producto del comunismo sino del estalinismo se convierten en admiradores de Stalin a la hora de combatir el fascismo. Es un truco, porque el fascismo debe ser combatido, pero la izquierda emplea la lucha contra el fascismo para eludir sus responsabilidades y engañar.

Un engaño es no definir el fascismo con una mínima precisión, y calificar con esta etiqueta a todo lo que no sea de izquierdas. La trampa adopta su forma más ridícula cuando la izquierda identifica el fascismo con el liberalismo, cuando el fascismo es lo contrario del liberalismo. Uno de los argumentos fascistas, en efecto, junto con el corporativismo y el colectivismo, es la economía intervenida por el Estado, que de hecho se aplicó en todas las variantes políticas del fascismo. Esto explica algo que la izquierda jamás considera: sus puntos en común con el fascismo, puesto que ambos confluyen en su rechazo al liberalismo. De ahí que los progresistas de Izquierda Unida y Podemos, cuando votan en contra del libre comercio en el Parlamento Europeo, voten codo con codo con los fascistas de Marine Le Pen, y por las mismas razones antiliberales.

Otro engaño es la utilización de los crímenes fascistas para ocultar los comunistas. Esto se ha hecho con enorme éxito en el campo cultural, académico y periodístico. Basta con comparar la gran cantidad de películas que muestran la barbarie nazi con las pocas que muestran la barbarie comunista. A escala española lo hemos visto con la campaña permanente de la izquierda para intoxicar con la fantasía de que la Guerra Civil española fue una guerra de buenos muy buenos contra malos muy malos, en la que estos últimos ganaron. Nunca cejan en ese empeño mentiroso, y lo llevan adelante en todos los frentes, desde los medios de comunicación hasta en el cambio de nombres de las calles.

La unión de las mentiras en ambas escalas, nacional e internacional, se observa en una interesante reivindicación de Izquierda Unida: “la equiparación del régimen franquista con los de extrema derecha que se desarrollaron en Europa y que fueron derrotados tras la II Guerra Mundial”. Están todos los elementos de la intoxicación: el franquismo es malo al ser de extrema derecha, igual que los malos derrotados en 1945. Lógicamente, si los malos fueron los derrotados, entonces los buenos serán los vencedores. Recordemos que en la famosa foto de los vencedores están Churchill, Roosevelt y…Stalin. Para entonces los bondadosos comunistas rusos habían asesinado a unos veinte millones de trabajadores.

Así que cuando la izquierda se presente como valerosa defensora de la libertad con la consigna “Stop fascismo”, se le podría invitar a que recuerde la famosa frase de Horacio que Marx citó en El Capital: “de te fabula narratur”, contigo va el cuento.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

La idea del comunismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/11/17 en: http://www.larazon.es/opinion/columnistas/la-idea-del-comunismo-JH16997853

 

Carlos Rodríguez Braun dice que si al socialismo se lo juzga por sus mejores objetivos y al capitalismo por sus peores resultados, el socialismo siempre saldrá ganando, pero que esta perspectiva es una trampa.

La joven empresaria Rebeca Minguela declaró en Papel, de El Mundo (España): “Una idea buena que no ha funcionado es el comunismo”.

Es curioso que personas talentosas caigan en esa trampa, que la extrema izquierda lleva pregonando desde que resultó evidente que el “socialismo real” no había dado los frutos prometidos de prosperidad, justicia, paz y libertad. La verdad es justo la contraria: el comunismo no es una idea buena que no ha funcionado, sino una idea mala que sí ha funcionado.

Su funcionamiento es evidente: el comunismo dejó de ser una teoría para convertirse en una realidad hace un siglo. Desde la Revolución de Octubre de 1917 hasta hoy ha tenido tanto éxito que un tercio de la humanidad llegó a vivir en países comunistas, de Rusia a China, de Cuba a Camboya, y de Albania a Corea del Norte. Claro que ha funcionado el comunismo.

Dirá usted: funcionar significa marchar bien, y como el comunismo ha esclavizado y asesinado a millones de trabajadores, entonces no ha marchado bien, y por tanto no ha funcionado. Esta objeción es importante, porque su falsedad no resulta diáfana. Para comprenderla hay que entender por qué el socialismo real se tradujo en dictaduras y en crímenes abominables en medio mundo.

Todos los países comunistas fueron dictaduras, y en todos ellos se extendió la miseria. El grado en que se concretaron ambas dimensiones es muy variable, por supuesto, pero que el comunismo equivale a tiranía política y pobreza económica está fuera de toda duda. Siendo esto así, lo que no cabe es afirmar que se debió a la casualidad o al clima.

Es obvio que no fue el azar lo que mató de hambre a decenas de millones de trabajadores en Rusia y en China. Pero si no fue el azar, ¿qué fue? Sólo hay una respuesta: fue el comunismo, fue la puesta en práctica de una idea, la idea de que la propiedad privada y el mercado deben ser limitados o suprimidos. Eso es el socialismo, que, obviamente, no puede ser una buena idea, cuando se ha concretado en innegables catástrofes. No vale el truco de alegar que el comunismo está bien, pero hay comunistas malos. Típicamente: Stalin era malo, pero Lenin era bueno. Falso de toda falsedad: el hambre y los campos de concentración en Rusia empezaron con Lenin.

Por tanto, comentarios como los de doña Rebeca sólo reflejan el éxito de la izquierda en la propaganda, al haber conseguido que siempre juzguemos al socialismo por sus mejores objetivos, y al capitalismo por sus peores resultados. Así, el socialismo siempre gana. Pero se trata de una trampa, mil veces repetida, pero siempre una trampa.

El comunismo es una mala idea que ha funcionado, y lo ha hecho como suelen funcionar las malas ideas. Mal.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El testimonio de Setsuko Thurlow y una imperiosa urgencia

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/11/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2082789-el-testimonio-de-setsuko-thurlow-y-una-imperiosa-urgencia

 

El 6 de octubre pasado, la “Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares” recibió -con toda justicia- el Premio Nobel de la Paz. En nombre de ella lo recibirá, en pocas semanas, en la ciudad de Oslo, una perseverante sobreviviente de Hiroshima: Setsuko Thurlow.

Ella tenía 13 años cuando, el 6 de agosto de 1945, una bomba nuclear explotara a apenas quinientos metros sobre su cabeza y a tan sólo mil quinientos metros de donde ella estaba. En la ciudad de Hiroshima, en Japón.

Segundos después de esa tremenda sorpresa, todo era silencio -y desolación- en su derredor. Como ella misma señalara: nadie lloraba, nadie corría. Sólo se oían las súplicas de aquellos que requerían agua para tratar de mitigar el dolor de quienes fueron los pocos sobrevivientes. Habían muerto -en un instante- 140.000 personas.

Tres días más tarde, en Nagasaki, otras 80.000 personas perdían la vida en un terrible episodio muy similar. Las bombas habían sido arrojadas, según algunos, para impresionar a la Unión Soviética y, a estar a la visión de otros, la mayoritaria ciertamente, para forzar a Japón a rendirse sin más demoras y poner fin a la terrible Segunda Guerra Mundial.

Setsuko Thurlow
Setsuko Thurlow. Foto: Archivo

Hoy Setsuko Thurlow tiene 85 años. Casada con un canadiense que falleciera en el año 2011 luego de apoyarla fervientemente por años en su cruzada, todavía no ha podido desprenderse de la horrenda pesadilla que le tocara en suerte vivir y la sigue motivando.

Desde el 2007 ella lucha incansablemente, desde la ciudad de Toronto en la que reside, para que, en un mundo cada vez más peligroso, la comunidad internacional a la que incansablemente procura sensibilizar, se decida a proscribir definitivamente las armas atómicas mediante un tratado internacional que disponga específicamente su prohibición absoluta.

Quienes hemos visitado el impactante Memorial de Hiroshima, tenemos bien claro cual es la tragedia de la que habla. Se refiere a una muerte con dolores indecibles. Por derretimiento, con alguna frecuencia. En un proceso que puede describirse como la terrible tortura de ser quemado en vida. A veces instantáneamente. Otras, lentamente. Siempre por la dolorosa secuela generada por la radiación.

En el cenotafio de Hiroshima hoy se lee: “Descansen en paz, este error no será repetido”. Mirando hacia Corea del Norte y teniendo en cuenta las tensiones que su fanático belicismo parece haber desatado no se puede tener por seguro que ello vaya necesariamente a ser siempre así.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La izquierda recalentada

Por Armando Ribas. Publicado el 9/11/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/11/09/la-izquierda-recalentada/

 

Los principios incluidos en la Constitución liberal clásica no son aquellos que operan solamente en esta o aquella era. Ellos son principios para las eras.

                                                  Ricchard A. Epstein

Voy a insistir en un tema que considero de la mayor relevancia y que es la persistente descalificación del liberalismo como el capitalismo que genera la desigualdad económica y ahora el recalentamiento global. Persiste pues la ignorancia al respecto de esa ignorancia colectiva y descalificación ética que surge desde la izquierda. Recordemos a Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Y a mi juicio el cristal prevaleciente es rojo, a través del cual se miente contra el liberalismo a favor del pueblo o de la Nación. Nacionalismo y socialismo son hermanos de la historia.

Esa vertiente del ámbito político, a mi juicio ha sido superada con el advenimiento del recalentamiento global. Por supuesto cada vez más percibo la aparente insistencia de que es el hombre liberal el causante de ese desastre de la naturaleza. Perdón pero voy a recordar otro pensador Griego  Protágoras que dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en cuanto que son, y de las que no son, en cuanto a que no son”. Es decir de los aciertos y los errores; y comparto ese pensamiento que se ha comprobado a través de la historia.

No me cabe la menor duda de que a través de la historia en la acción de los hombres han prevalecido las que no son. La guerra fue el orden nacional y ético de las sociedades. Como reconoció Hegel: “La guerra es el momento ético de la sociedad”. En la Guerra de los Treinta Años entre 1618 y 1648 murió la mitad de la población de Europa. Previamente entre 1337 y 1453 prevaleció la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra.

Y llegó el siglo XX y Europa nos llevó a las dos guerras mundiales, que afortundamente ganaron los Estados Unidos. Al respecto Jean François Revel en su obra la Obsesión Antiamericana escribió: “Son los europeos que yo sepa, quienes hicieron del siglo XX el más negro de la Historia, en las eferas política y moral, se entiende. Ellos fueron los que provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes criminales jamás infligidos a la especie humana”. No obstante insistimos en la falacia de la civilizacion Occidental y Cristiana.

Pero llegó John Locke y su pensamiento determinó la Glorious Revolution de 1688 en Inglaterra, a partir de la cual se desarrolló el sistema ético, político y jurídico que cambió la historia del mundo y permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Revolución que no es reconocida pues nos han enseñado lo contrario y que fue la Revolución Francesa la determinante de la libertad, cuando fue el inicio del totalitarismo, como la racionalización del despotismo. Al respecto dice Peter Drucker: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que el Iluminimo engendró la libertad en el siglo XIX, es la creencia de que la Revolución Americana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa, y que fue su precursora”.

Ese sistema político se basó en el reconocimiento de la naturaleza humana, y por ello dice Locke: Los monarcas también son hombres por ello se necesita limitar las prerrogativas del rey. Como bien reconoce William Bernstein en su The Birth of Plenty, el mundo hasta hace doscientos años vivia como vivía Jesucristo. Pero creo que tampoco podemos ignorar los daños generados por la naturaleza desde tiempo inmemorial. Y así reconoce Bernstein que hasta la era moderna prevalecía, el hambre, las enfermedades y la guerra.

Siguiendo con el recalentamiento recordemos el terremoto de Lisboa en 1775, cuando murieron más de 60.000 personas. Allí comenzó una discusión que está pendiente entre Voltaire y Rousseau. Rousseau le escribió una carta a Voltaire al respecto en la que dijo: “El terremoto de Lisboa fue justamente un castigo al hombre por abandonar la vida natural y vivir en ciudades”: A la misma Voltaire contestó: ¿Qué culpa tenían los niños que estaban en la iglesias?

Ya Rousseau que me parece está presente había dicho: Nuestras almas han sido corrompidas en proporción a que nuestras ciencias y artes han avanzado hacia la perfección”.Y por supuesto había asimismo desvirtuado el derecho de propiedad: “No importa en la forma que que esa adquerencia fue hecha, cada derecho individual sobre su propia tierra está, sigue subordinada al derecho de la comunidad sobre toda la tierra”.

En virtud de estos pensamientos tengo la impresión de que Rousseau está presente en todo el análisis valorativo que percibo del recalentamiento global. Todo parece indicar que ha sido el hombre en el sistema liberal capitalista el causante de los deshechos de la naturaleza. En otras palabras es la descalificación del sistema que permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Yo no soy científico, pero me pregunto ¿Cual es la relación científica del recalentamiento con los terremotos que existieron por siempre y con los ciclones, las inundaciones y las sequías prevalecientes?

Entonces la izquierda monopolizadora de la ética de la igualdad en el ámbito político, el recalentamiento global parece haberla recalentado para justificar la destrucción del sistema que cambió al mundo. Por ello como antes dije respecto a Locke el reconocimiento de la naturaleza humana determinaba la limitación del poder político. Asimismo reconoció el derecho de propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad.  Ese derecho que Locke reconocía como el principio fundamental de la libertad, implica el reconocimiento de que los intereses privados no son per se contrarios al interés general.

Cuando los intereses privados son contrarios al interés general, la consecuencia es el interés privado de los que forman los gobiernos. Por ello voy a insistir que el sistema es ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia y no su determinante. Por tanto prevaleció la mano invisible de Adam Smith que la definió: “Persiguiendo su propio interés el frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que   cuando el realmente pretende promoverlo”.

Esos principios fueron llevados a sus últimas consecuencias en Estados unidos por los Founding Fathers, y no por ser anglosajones ni protestantes. Por ello Madison reconoció que si los hombres fueran angeles no sería necesario el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles no sería necesario ningún control al gobierno. Pero el gobierno es una administración de hombres sobre hombres, y la gran dificultad yace primero en capacitar al gobierno para controlar a los gobernados y en segundo lugar a controlarse a si mismo.

A los efectos de controlar al gobierno se creó el concepto del judicial review, que fue reconocido por el Juez Marshall en el caso Marbury vs. Madison en el cual tomó la siguiente decisión: “Todos los gobiernos que han formado una Constitución, la consideran la ley fundamental y toda ley contraria a la Constitución es nula. Es enfáticamente la competencia y el deber del poder judicial decir que es la ley”.

Pasando entonce al momento político que vivimos, repito la izquierda se ha apoderado de la ética en nombre de la falacia de la igualdad. Pienso que surgiendo de Rousseau, Marx está presente vía Eduard Bernstein que en su obra Las Precondiciones del Socialismo en disputa con Lenin escribió que al socialimo se puede llegar democráticamente y no por revolución. Y esa es la realidad que se vive en Europa vía la Social Democracia, que si bien no nacionalizando la propiedad privada, sino aumentando el nivel del gasto público fácticamente viola los derechos de la propiedad, y es determinante de la caída en la tasa de crecimiento económico. Recordando a Aristóteles que ya nos había advertido, cuidado que los pobres siempre iban a ser más que los ricos.

Así el liberalismo que es la fuente filosófica del sistema del Rule of Law y no el sistema capitalista parece descalificado políticamente y la consecuencia es la crisis que se vive en el llamado mundo Occidental. Cuando el gasto público alcanza o supera el 50% del PBI, de facto se está violando el derecho de propiedad, y al respecto reconoció Milton Friedman: “El peso total de los impuestos es lo que los gobiernos gastan, no esos recibos denominados impuestos. Y cualquier déficit es soportado por el público en la forma de impuestos escondidos. Se paga con los intereses de la deuda y con inflación, Sin reducir el gasto, la rebaja en los impuestos solo disimula mas que reduce la carga.

Esperemos que aprendamos y que decidamos discutir con la izquierda los principios éticos y políticos que determinaron la libertad y la riqueza por primera vez en la historia. Librémonos de la demagogia implícita en el socialismo y reconozcamos que la democracia mayoritaria perse no es determinante ni de la libertad ni de la creación de riqueza. Así no olvidemos que Hitler, Mussolini y Perón llegaron al poder con votos. Lo trascendente es la limitación del poder político y el respeto por los derechos individuales. Cuidado con el recalentamiento no solo en el ámbito tecnológico sino profundamente en el político.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El origen de las mayores trifulcas

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

En realidad las disputas humanas comenzaron con la aparición del hombre sobre la faz de la Tierra, seguramente con Adán y Eva que se echaron recíprocamente la culpa o con Caín y Abel, pero en lo que se refiere a las relaciones entre distintos pueblos, el nacionalismo juega un rol preponderante. Con razón ha dicho Mario Vargas Llosa que “el nacionalismo nos ha llenado de guerras” y Albert Camus ha escrito que “amo demasiado a mi país como para ser nacionalista”.

 

El nacionalista es un ser acomplejado que debido a su vacío existencial se asimila al esperpento del “ser nacional” y otras sandeces por las que siempre considera que lo de su país es un valor y lo del extranjero un desvalor. En realidad, la única razón por la cual el globo terráqueo está dividido en países es para evitar los abusos de un gobierno universal. La subdivisión a su vez en provincias y municipios es para fraccionar aun más el poder. Indudablemente el mundo está complicado pero hay que mirar el contrafáctico e imaginarnos como sería si cualquiera de nuestros políticos tuviera poder sobre todo el planeta. No hay que tomarse las fronteras en serio como si fuera atractivo construir cercas impenetrables para evitar la competencia de bienes de una mayor calidad y un precio más bajo, incluyendo en primer término libros, obras de arte y músicas de diverso tenor y origen.

 

Por ejemplo, uno de los blancos preferidos de la gestapo en las aduanas son las obras de arte sin percatarse, entre otras cosas, que con ese criterio tribal no existirían museos cosmopolitas con lo que se privaría a aquellos que no pueden viajar del disfrute correspondiente.

 

Una cosa es el afecto por el lugar donde nacimos y donde nacieron nuestros ancestros y otra bien distinta es batallar contra lo extranjero. Hay cristianos  que en misa cantan lo de “toma mi mano hermano” pero pierden la paciencia y se exaltan hasta la obnubilación cuando se trata de abrir fronteras y alimentar la cultura al contrastar con otros orígenes, para no decir nada cuando hay un conflicto de cómo trazar un mapa.

 

Incluso en el comercio internacional pacífico y voluntario se recurre a terminología militar al decir que tal o cual producto “nos invade” como se si se tratara de un ejército de ocupación en lugar de simplemente una mercancía más barata y mejor que la gente prefiere pero hay que bloquear.

 

Las trifulcas entre los humanos son muy variadas y responden a distintas causas pero, según Bertrand de Jouvenel las trifulcas gordas y generalizadas comenzaron con la contrarrevolución francesa. Allí se comenzó a extrapolar la divinización de la monarquía a la divinización de la idea de nación. Allí se dio origen a la idea de servicio militar como parte del “ejército en armas de la nación”. Allí se comenzaron a destruir los derechos de las personas bajo el paraguas de “la soberanía nacional” en lugar de comprender que la soberanía reside en el individuo y que el aparato estatal es su empleado solamente para que proteja sus derechos.

 

Entre muchos otros autores de peso,  de Jouvenel marca la diferencia radical con  la revolución norteamericana en la cual se puso de relieve la antedicha jerarquía de los derechos individuales y que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”. En realidad esa era la idea de unos pocos al redactar la Declaración de los Derechos del Hombre en el inicio de la revolución francesa. Mercier de la Riviere, Pierre du Pont de Nemours y, sobre todo, Emmanuel-Joseph Siéyes, resaltaron los derechos de propiedad y la noción de la igualdad ante la ley.

 

Más aun, la redacción original de Siéyes rezaba así: “Aunque los hombres no sean todos iguales en los medios que poseen, es decir, por sus riquezas, por su inteligencia, por su vigor etc. no hay nada que los fuerce a no ser tampoco iguales en derechos. Ante la ley, un hombre vale tanto como otro; la ley protege a todos sin distinción”. Como es sabido el artículo finalmente quedó redactado de la siguiente manera telegráfica en la primera parte de su primer artículo: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos” (y el artículo 17 se refiere a la propiedad como “derecho inviolable y sagrado”). Todo eso quedó arrasado en la práctica de la contrarrevolución y se endiosó a la nación, en algunos casos con poderes aun mayores que los de la monarquía.

 

También antes he escrito en una revista académica chilena (Estudios Públicos) sobre algunos criterios trasnochados del nacionalismo que en parte reproduzco aquí. Los partidarios del nacionalismo hacen aparecer a la nación como algo natural cuando en verdad constituyen inventos impuestos por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras, las que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas, cuando no directamente de la rapiña o de movimientos geológicos. Sin embargo, los nacionalistas afirman que las naciones tienen un lenguaje, una etnia, una historia y una religión común, lo cual, siempre según este criterio, haría que la formación de naciones sea producto de un &”devenir natural&”.

 

Canadá o Suiza, por ejemplo, son naciones en las que sus habitantes no comparten un idioma común. En América Latina se comparte el mismo idioma y sin embargo constituyen varias naciones. El lenguaje es fruto de un proceso de evolución espontánea. Los idiomas más difundidos no fueron diseñados ni inventados por nadie (casos como el esperanto han resultado un fiasco para la buena comunicación). El lenguaje resulta esencial para pensar y para trasmitir pensamientos y los diversos idiomas y dialectos provienen de troncos comunes que son también fruto de las más variadas combinaciones. Los diccionarios son libros de historia que se modifican por neologismos y usos que responden a los requerimientos de millones de personas que, al interrelacionarse, van forjando formas de comunicación que consideran útiles.

 

La raza es por cierto una idea bastante resbaladiza. Igual que el idioma procede de troncos comunes y las combinaciones y mezclas son muchas. Dobzhansky, el padre de la genética moderna, sostiene con Darwin que cada clasificador tiene su propia clasificación de raza. Sostiene que las razas son estereotipos, son abstracciones difíciles de concretar. Se ha confundido también la idea de raza con el lenguaje. Este es el caso de los que señalan la raza aria como el paradigma de la pureza, sin percibir que fue Max Müller quien originalmente sugirió la expresión “ario” para designar a lo que era primitivamente el sánscrito en la India utilizado por un pueblo cuyos habitantes se conocían con el nombre de aryos. Müller señala que “En mí opinión un etnólogo que hable de raza aria, sangre aria, ojos arios se hace tan culpable de un pecado tan grande como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”. Este término “ario” para designar esa lengua fue el que sustituyó a las llamadas indo-europeas que más adelante se denominaron indo-germánicas resultado del entronque del sánscrito con el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas.

 

Otras veces se pretende basar el análisis racial en la sangre. Así se habla de la “comunidad de sangre”. Pero, como es sabido, la sangre está formada por glóbulos que se encuentran en un líquido llamado “plasma”. Estos glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes) y el plasma es un suero que se compone de agua salada y sustancias albuminosas disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos (aglutinógeno) con otra que contiene el suero (aglutinina) da como resultado cuatro grupos sanguíneos. Estos cuatro grupos sanguíneos se encuentran distribuidos entre las más diversas personas.

 

Se ha sostenido que la raza puede definirse por el color de la piel. Pero como esto es básicamente el resultado de un proceso evolutivo en gran medida ligado a factores climáticos, descendientes de un blanco que estén ubicados durante un período suficientemente prolongado en un lugar propicio tendrán una dosis distinta de melanina en la epidermis y, por ende, se convertirán en negros. Blanco, negro y amarillo son el resultado de la pigmentación de la piel.

 

También se ha confundido raza con religión, especialmente en el caso de los judíos. Como se ha dicho, es tan difícil la definición de la raza semita que en los campos de concentración nazis se tatuaba y rapaba a las víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por eso es que Hitler finalmente repetía que “la raza es una cuestión mental”. He aquí la clave del asunto: el polilogismo racista, calcado del polilogismo clasista de Marx.

 

El argumento de la historia común constituye una especie de petición de principio: si las naciones se constituyen por medio de la fuerza y además se establecen trabas migratorias de diversa naturaleza, es lógico que aparezca una tendencia a la historia común.

 

Ya antes hemos puesto de manifiesto la barrabasada de la llamada “protección a la industria incipiente”. En primer lugar, no es protección sino desprotección de los consumidores puesto que los aranceles significan mayor erogación por unidad de producto por lo que los productos se reducen, con lo que también lo hace el nivel de vida.

 

En todo caso se trata de proteger a pseudoempresarios que viven a expensas de la gente en alianza con el poder político al efecto de contar con un mercado cautivo. Si el proyecto en cuestión arroja pérdidas durante los primeros períodos y se conjetura que las ganancias futuras más que compensará aquellos quebrantos, si esto es así (si las pérdidas se mantuvieran no vale la pena seguir conversando sobre el asunto), entonces es el empresario quien debe financiar las diferencias iniciales y no pretender endosar el costo sobre los consumidores a través del arancel. Si el  empresario no contara con los recursos suficientes deberá conseguirlos en el mercado local o internacional y si nadie aceptara la propuesta quiere decir que el proyecto está mal evaluado, o estando bien evaluado hay otro proyectos que se estima tienen prioridad y como todo no puede hacerse al mismo tiempo el emprendimiento deberá dejarse de lado.

 

Hoy en día desafortunadamente ha resurgido el nacionalismo, en Europa a través del caudal electoral esa línea de pensamiento ha exhibido resultados llamativos: nada menos que en Alemania acaba de ganar 88 escaños en el Parlamento el Partido Alternativa para Alemania, en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra la versión derechista del Brexit, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor y, en Estados Unidos, ahora aparece Donald Trump con su “proteccionismo”. Todas aquellas propuestas trogloditas apuntan a implantar una especie de cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración de la anticultura. Para no decir nada de los peronismos en Argentina y los también populistas de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y los sistemas ya abiertamente criminales de Cuba y Corea del Norte.

 

Este es el origen de las mayores trifulcas, el nacionalismo, porque como escribió Frédéric Bastiat “si las mercancías no cruzan las fronteras, las cruzarán los ejércitos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Macri desplegó su liderazgo ante potenciales inversores en NY

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 8/11/17 en: http://www.visionliberal.com.ar/nota/4557-macri-desplego-su-liderazgo-ante-potenciales-inversores-en-ny/

 

El presidente Mauricio Macri tiene una bien ganada buena imagen. No sólo en casa, también en el exterior. Como buen ingeniero, es efectivo y certero en sus opiniones y claro en materia de objetivos. Y, además, está siempre disponible desde la sensatez. No es poco.
 El presidente Mauricio Macri en un desayuno de trabajo con unos 40 CEOs de NY

Se puede o no, de pronto, estar de acuerdo con sus visiones, pero ellas son también siempre nítidas. Ocurre que el presidente sabe bien que, pese a su alto cargo, es un servidor público más, con todas las responsabilidades consiguientes. Por todo esto en las recientes elecciones intermedias logró, con una gran amplitud, la confirmación popular expresa de su mandato. Como se esperaba.

En pocas palabras, la gran mayoría de los argentinos está conforme con él. El contraste con su lamentable predecesora inmediata, lo ayuda siempre.

No obstante, por ser un país con mala imagen después de doce años de padecer el “kirchnerismo”, desde el exterior sugerían hasta no hace mucho que esa segunda confirmación electoral era una señal previa indispensable para poder volver a mirar a la República Argentina como posible receptora de nuevas inversiones.

Por todo ello, luego de su triunfo, el presidente Macri viajó a Nueva York. Con buen criterio. Allí recibió del Consejo de las Américas una distinción merecida, por su “liderazgo transformador”. Que se proyecta a la región toda.

El Consejo de las Américas reconoció su liderazgo

En Nueva York conversó de mil maneras con inversores, a los que explicó su política y pidió trabajar o seguir trabajando en nuestro país. En la nueva etapa que ya se abre. Muchos líderes empresarios lo fueron a escuchar. De primer nivel ahora, no segundones. Como hace mucho que no nos ocurría. Hubo toda suerte preguntas y siempre respuestas concretas.

Su comitiva estaba cortada con una tijera parecida. Llevó a gente de distintas extracciones y partidos políticos. Pero todos tenían ciertamente un perfil alto en materia de seriedad. Y lo hicieron evidente.

Como era absolutamente de cajón, el presidente al llegar rindió un breve homenaje a las cinco víctimas inocentes argentinas del terrorismo islámico que fueran recientemente asesinadas en Nueva York.

La visita de tres días fue positiva. Además era necesaria. Pero lo que decidirá, en definitiva, si el flujo de inversiones aumenta rápido serán las reformas que el presidente anuncia, una vez concretadas.

Me refiero fundamentalmente a la reforma laboral y a la reforma fiscal. En el mundo otros están haciendo simultáneamente ambos tipos de reforma. Algunos, aceleradamente. Para tratar de ganar en competitividad. Y poder exportar.

Si el presidente Macri las logra, la Argentina será un país diferente. Atractivo, para propios y extraños. Distinto del país frustrante de tantos años: el de los “vivillos” y los “rentistas” hábilmente colgados de los demás, que es hora ya de dejar de lado.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Justicia y política

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/11/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/justicia-y-politica/

 

Los acontecimientos del día de ayer no resultaron imprevistos desde el punto de vista judicial, aunque abren sin duda incógnitas en el plano político.

La juez Carmen Lamela fue consciente de la necesidad de justificar una medida “tan gravemente restrictiva de un derecho fundamental como lo es la privación de libertad”.

Encuentra que los hechos “revisten los caracteres de delitos de cierta gravedad”, al tratarse de rebelión, sedición y malversación, y que cada una las personas que comparecían resultaba “criminalmente responsable” de los mismos. El Gobierno catalán de entonces pretendía declarar la independencia tras el referéndum, e incurrió en una serie de actos, “desobedeciendo sucesiva, sistemática y frontalmente” las decisiones del Tribunal Constitucional.

Además del empleo profuso de fondos públicos para el logro de objetivos ilegales, la juez subraya los hechos de violencia contra la policía y la justicia en Barcelona, descartando el argumento de la defensa, según la cual “sus representados no están de acuerdo con la violencia”.

Como es evidente, la actuación judicial es provisional,  “sin que constituya un prejuzgar sobre el fondo del asunto lo cual está reservado para el momento procesal posterior oportuno”. Ahora bien, está claro que los itinerarios recientes de las antiguas autoridades autonómicas no han pasado desapercibidas por la señora Lamela Díaz: “Tampoco puede olvidarse el poder adquisitivo de los querellados que les permite abandonar fácilmente el territorio español y subsistir en el extranjero. En este punto, basta recordar el hecho de que algunos querellados ya se han desplazado a otros países eludiendo las responsabilidades penales en las que pueden haber incurrido”. Y no extraña que el fiscal pidiera ayer la detención de Puigdemont y los exconsellers que están en Bruselas.

La dimensión política del asunto es bastante más confusa, considerando que el Gobierno no sólo ha convocado elecciones en Cataluña el mes próximo, no sólo permite que continúe el funcionamiento de los medios públicos catalanes, que han sido cualquier cosa menos neutrales, sino que ha declarado explícitamente que daría la bienvenida al señor Puigdemont para que se presentase a los comicios.

La duda evidente que se plantea es qué sucederá en esas elecciones, y no solo porque varias de las antiguas autoridades pueden estar o continuar en la cárcel, y el ex president puede estar allí también, o en busca y captura. La duda política es qué pasaría si en esas elecciones se presentan los mismos de antes, con el mismo programa de antes y con los mismos propósitos de cometer los mismos delitos que han llevado al señor Junqueras y sus compañeros a prisión. Y si, además de presentarse, ganan.

Mientras muchos debatían ayer si la decisión de la jueza convenía o no políticamente al Gobierno, otros señalaban la discrepancia entre altos dirigentes del PP sobre si el artículo 155 se levanta o no después de las elecciones.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Paradoja del Estado que no ha estado

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 31/10/17 en: http://www.expansion.com/opinion/2017/10/31/59f7920d22601d7a248b45aa.html

 

Se nos dice que, en Cataluña, hasta la semana pasada, el Estado no ha estado. En eso están de acuerdo todos menos los nacionalistas, que protestan por lo contrario.

¿Cómo se puede decir seriamente que el Estado no ha existido en Cataluña? ¿Es que acaso los catalanes han dejado de pagar impuestos? ¿Es que la creciente intrusión de la política y la legislación estatales en la vida y los bienes de los ciudadanos de España, que hemos padecido en las últimas décadas, milagrosamente no ha afectado a siete millones y medio de afortunados?

Es obvio que esto no ha sido así. Y resulta asombroso que se haya podido lamentar “la inexistencia del Estado en Cataluña” o “la precariedad del Estado mismo”. Un destacado analista llegó a este rarísimo diagnóstico: “el Estado carece de medios para imponer el respeto a su ordenamiento jurídico en Cataluña”. ¿Cómo va carecer de medios quien recauda todos los años un tercio del PIB?

La queja de los nacionalistas es análogamente paradójica, porque su capacidad de actuar como el Estado que de hecho son en Cataluña ha sido gigantesca, y la han aplicado sin rubor desde hace mucho tiempo. ¿Cómo pueden clamar por su impotencia frente al Estado cuando el Estado mismo les ha cedido no solo una apreciable cantidad de dinero sino el control de los principales instrumentos de intoxicación y sometimiento que tiene el poder en todo el mundo? ¿Alguien se cree que los nacionalistas habrían podido acumular el respaldo político del que gozan si no hubiesen podido disponer durante tantos años de la educación y la televisión pública, y de cuantiosas sumas de dinero para subvencionar a sus propagandistas, acólitos y catecúmenos?

Por lo tanto, ni el Estado ni los independentistas han carecido de medios, al contrario: ambos los tenían, aunque fueron los independentistas quienes los utilizaron para promover su proyecto hasta el momento de la proclamación de la independencia. Allí, y solo en esa intersección, ambos han chocado gravemente, pero no antes.

Esto nos sigue rodeando de paradojas e interrogantes. Ningún nacionalista deja de aspirar a crear una nación, y todos pretenden que su nación se convierta en un Estado. Nadie puede pretender que no lo hagan, igual que nadie puede mirar a un renacuajo y asegurar que jamás se convertirá en un sapo. Dirá usted: la diferencia estriba en que en España el Estado alimentó alegremente al renacuajo, como si confiara en que jamás iba a dejar de serlo. Es verdad, y la pregunta es: ¿por qué hizo algo tan absurdo?

Mi conjetura es que el Estado español de la transición democrática difícilmente habría podido crecer sin su conversión de centralista en autónomo. Las autonomías legitimaron y promovieron la espectacular expansión del gasto público que, de suponer sólo el 20% del PIB a la muerte del dictador, llegó al 50% apenas dos décadas más tarde. El Estado de bienestar y su vasto proceso redistribuidor fue su principal impulsor, sin duda, pero las autonomías ocupan un digno (es un decir) segundo lugar.

Era imposible para el propio Estado ejecutar esta descentralización y vetar a las fuerzas centrífugas que albergaba en su seno. Digamos, no podía permitir que tuviera el control de la educación la autonomía de Madrid y no la del País Vasco; y tampoco podía permitir que tuviera una televisión autonómica Andalucía, pero no Cataluña. Dada la existencia de nacionalismos en ambas comunidades, como también en otras, no cabía suponer que esas fuerzas no iban a utilizar dichos recursos para promover agendas independentistas con mayor o menor intensidad, según la oportunidad y las circunstancias.

Combinando esto con la legislación electoral que primó políticamente a los nacionalistas catalanes, entregándoles la llave de gobiernos del PSOE y el PP, se entienden las múltiples concesiones que obtuvieron, y que naturalmente utilizaron para aprovisionarse y seguir creciendo. Y a partir de ahora ¿qué? Como es natural, nadie lo sabe, pero no creo que necesariamente sea cierto eso de que “puede pasar cualquier cosa”. Por raro que parezca, entreveo que lo que puede pasar seguirá respetando la lógica política, incluyendo los episodios que me resultan más admirables, que son aquellos en donde los políticos están de acuerdo en incrementar la coacción, lo hacen, y lo plasman en acontecimientos que, para colmo, son ampliamente celebrados, como los Pactos de la Moncloa, que llevaron la presión fiscal al máximo de la historia de España. No descartemos ningún acuerdo, ni siquiera hoy, donde todo parece llevarnos a la catástrofe, y no olvidemos nunca que la política se especializa en salvarnos de catástrofes a donde ella misma nos ha conducido.

Como tantas otras paradojas, la paradoja del Estado que no ha estado se resuelve prestando atención, y observando que, al revés de lo que todo el mundo dice, el Estado sí ha estado. Más aún, los problemas que tenemos se derivan precisamente de eso.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Revolución Bolchevique, 100 años de horror

Por Iván Carrino. Publicado el 21/10/17 en:  http://www.ivancarrino.com/revolucion-bolchevique-100-anos-de-horror/

 

“En el insomnio, la conciencia no se consuela por no haber participado directamente en los asesinatos y las traiciones.

Porque no sólo mata el que asesta el golpe, sino los que han avivado su odio”.

Esto fue lo que confesó Eugenia Guinzburg en sus memorias, publicadas por primera vez en 1967 en Italia, pero escritas entre 1949 y mediados de los años ’50.

Guinzburg era una joven profesora de historia y periodista orgullosa de la revolución bolchevique. Había nacido en 1904 en Moscú pero se trasladó junto a su familia a Kazán, donde estudió Ciencias Sociales.

A mediados de la década del ’30, a sus 31 años, se la acusó de actividades “contrarrevolucionarias” y se la sentenció – en un juicio de siete minutos- a 10 años de prisión. La separaron de sus dos hijos, uno de los cuales tenía tres años, y del resto de su familia, de un día para el otro. Al primero de ellos no lo volvió a ver jamás, puesto que murió durante la Segunda Guerra Mundial.

Su condena inicial de 10 años se estiró a 18. Fueron largos períodos en los cuales conoció la crueldad y la miseria de los Gulag. En su libro “El Vértigo” relata con detalles las condiciones extremas de frío, hambre, humillaciones, torturas y enfermedades que los reclusos debían enfrentar. Ella, de hecho, casi pierde la vida a causa de una avitaminosis.

Un régimen de odio y terror

El caso de Guinzburg es solo uno de los millones que ocurrieron. Se estima que entre 10 y 20 millones de personas perdieron su vida en los campos de trabajo del régimen comunista soviético.

Si bien algo similar a dichos campos existía antes de la revolución de octubre de 1917, lo cierto es que a partir de la llegada de Stalin al poder, los Gulag se convirtieron en los lugares de reclusión y castigo de todo aquel que pudiera considerarse un enemigo político de la revolución.

El sistema comunista, supuestamente instaurado para abolir las clases sociales y redimir a los trabajadores oprimidos, terminó siendo una maquinaria de opresión y terror, donde casi estaba prohibido pensar de manera crítica.

Este devenir trágico y repudiable no resulta sorprendente para los estudiosos de las bases filosóficas del comunismo. La ideología marxista sobre la cual se erigió el sistema mostraba un irreconciliable conflicto entre clases explotadoras y explotadas. La única salida a este conflicto era la dictadura del proletariado y el “gobierno del pueblo”.

Sin  embargo, una vez que se le da a un  grupo de personas el poder absoluto y se concede que son ellos quienes representan “al pueblo”, todos los que cuestionen al poder estarán cuestionando a esa entidad idealizada. De ahí a ser considerados enemigos de la revolución hay un solo paso. Y de ser enemigo de la revolución a dejar de ser considerado persona y confinado a la miseria del Gulag, otro.

La filósofa y novelista rusa Ayn Rand lo explicaba claro:

Dado que no existe una entidad tal como “el público”, dado que éste no es sino una cantidad de individuos, todo conflicto presunto o implícito entre el “interés público” y los intereses privados significa que deberán sacrificarse los intereses de ciertos hombres en favor de los intereses y los deseos de otros.

Puesto que el concepto es tan convenientemente indefinible, su uso depende sólo de la habilidad de una pandilla que proclama: “El público soy yo” y sostener esa aseveración con el uso de la fuerza.

No solo Stalin, sino todos los líderes comunistas sostuvieron que “el público eran ellos” y que todo elemento contrario a sus decisiones era pasible de ser acomodado con la fuerza del estado.

Un desastre económico

La revolución bolchevique no solo se puso como objetivo “expropiar a los expropiadores”, sino que planteaba que su sistema económico sería increíblemente superior al del anárquico capitalismo occidental.

El comunismo, al centralizar las decisiones de producción en el órgano de representación de los trabajadores, llevaría a la sociedad desde el “reino de la necesidad” al “reino de la libertad”.

Lo segundo, a la luz de lo que recientemente vimos con la carnicería de los Gulag, es claro que no sucedió. Los bolcheviques se cargaron la libertad antes que cualquier otra cosa.

Ahora en términos de la economía, el reino de la necesidad recrudeció. Es que al mismo tiempo que la Unión Soviética enviaba cohetes al espacio, su sistema productivo no era suficientemente efectivo para alimentar a su población.

Las hambrunas de 1921 y de 1932-33 son un ejemplo cabal y dramático de lo mal que funcionó la economía soviética.

Esto tampoco fue sorprendente para los economistas.

Una economía sin propiedad privada ni precios no puede dar lugar a la producción eficiente.

Además, la propiedad estatal hace desaparecer los incentivos a producir mayores bienes y servicios y de mayor calidad. Una vez derribado el Muro de Berlín, los productos soviéticos desaparecieron del mercado, prueba contundente de que detrás de la Cortina de Hierro nada servía realmente a los consumidores.

Centenario y símbolos del horror

El 25 de octubre de este año se cumple el primer centenario del día en que el Partido Bolchevique tomó el poder en Rusia.

El sistema político que se impuso de allí en adelante, y que perduró por siete décadas, fue una dictadura que persiguió, encarceló y condenó a muerte a millones de ciudadanos.

El sistema económico fue igualmente cruel, privilegiando las decisiones de la burocracia por encima de las de la gente operando en libertad.

A 100 años del comienzo del horror, es llamativo que siga habiendo partidos políticos y jóvenes desinformados que exhiban banderas y remeras con el símbolo de la hoz y el martillo.

A la luz de los datos, parece buen momento para reconsiderar dicha actitud.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.