Category Archives: Política Internacional

Correa, la manía de la reelección indefinida

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 8/2/18 en https://www.cronista.com/columnistas/Correa-la-mania-de-la-reeleccion-indefinida-20180208-0002.html

 

Correa, la manía de la reelección indefinida

Afortunadamente el referendo del domingo 4 de febrero ha mostrado en Ecuador la firme decisión de sus ciudadanos por una mayoría abrumadora de los votantes de deshacerse de la manía reeleccionista de megalómanos que aspiran a no soltar el poder como es el caso de Rafael Correa.

En general, hoy en día el concepto de la democracia se ha degradado y apartado de la idea de los Giovanni Sartori contemporáneos, que sostienen que esa forma de gobierno consta de dos partes Una de fondo, cual es el respeto a los derechos de las minorías, y otra de forma, que consiste en el proceso electoral. A juzgar por el avance de los nacionalismos en Europa y nada menos que en Estados Unidos, la forma prima sobre el fondo, lo cual sigue empecinadamente en no pocos países latinoamericanos.

Como bien ha dicho Einstein, no se puede pretender resultados distintos aplicando las mismas recetas. Juan González Calderón consigna que los demócratas de los números ni de números entienden ya que parten de dos ecuaciones falsas: 50% más 1% igual a 100% y 50% menos 1% igual a 0%.

Es necesario repasar conceptos clave de Karl Popper quien ha destacado el error de la noción del “filósofo-rey” sugerida por Platón, para concluir que lo relevante es la fortaleza de las instituciones y no las personas que ocupan cargos que siempre con vocación mesiánica les parece que sus períodos instalados en el poder no son nunca suficientes para cumplir con sus planes. Recordemos la sentencia de Lord Acton en cuanto a que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

En gran medida la democracia hoy ha mutado por cleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. El premio Nobel en Economía Friedrich Hayek ha propuesto en el tercer tomo de su Derecho, legislación y libertad nuevos límites al Poder Legislativo y el jurista Bruno Leoni lo ha hecho para el Poder Judicial en La libertad y la ley. Por su parte, es de interés transcribir un pensamiento poco explorado de Montesquieu en El espíritu de las leyes aplicable al Poder Ejecutivo: “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” con lo que se subraya la trascendencia de las instituciones y la poca importancia de lo hombres que ocupan cargos. A esto habría que agregar el jugoso debate en la Asamblea Constituyente estadounidense que a sugerencia de Benjamin Franklin se debatió extensamente la posibilidad de contar con un triunvirato en el Ejecutivo al efecto de minimizar el poder presidencialista.

Desde luego que no necesariamente deben adoptarse esas sugerencias. Lo que sí resulta indispensable es pensar en límites adicionales para contener el poder político desbordado si no queremos que en nombre de la democracia se entierre el respeto recíproco. El caso de Suiza es interesante, donde la presidencia se rota anualmente en la Confederación sin que nadie recuerde los nombres de esos mandatarios.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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¿Por qué no fuimos Australia? (Parte I)

Por Iván Carrino. Publicado el 15/2/18 en: https://contraeconomia.com/2018/02/por-que-no-fuimos-australia-parte-i/

 

En el artículo de hoy, la primera parte de un profundo análisis sobre nuestra decadencia económica.

“Existen cuatro clases de naciones: países desarrollados, países en desarrollo, Japón y Argentina”

Simón Kuznets

10 de diciembre de 2015. Era un día soleado y caluroso en Buenos Aires, con una temperatura que alcanzó los 33 grados centígrados. Tras doce años de kirchnerismo, asumía un  nuevo presidente en Argentina.

El nuevo presidente, Mauricio Macri, tenía la característica de no ser militar, peronista ni radical. Un evento único en la historia de los últimos 100 años.

La ceremonia de asunción tuvo todos los condimentos protocolares y otros que no tanto. Tal vez el dato que quedará en la historia es que el mandatario saliente (en este caso, la presidente Cristina Fernández de Kirchner), no asistió a la ceremonia puesto que no le pareció correcto el lugar elegido para realizar la entrega del bastón y la banda presidencial.

Otra anécdota que recordaremos será la de la vicepresidente, Gabriela Michetti, cuando, micrófono en mano, deleitó a sus seguidores desde el balcón de la Casa Rosada cantando las canciones de la popular Gilda. El presidente acompañó con sus célebres pasitos de baile.

Tal vez una historia que pasó desapercibida dentro de la gran cantidad de pequeños eventos que compusieron la ceremonia inaugural fue el saludo cordial que tuvieron el presidente Macri y el embajador de Australia en Argentina, Noel Campbell.

En medio de una ronda de saludos a los enviados extranjeros, se produjo el siguiente diálogo entre ambos:

– Felicitaciones presidente, somos países parecidos – lo saludó el embajador.

– Éramos – respondió Macri con gesto de añoranza, para luego seguir – Ya vamos a volver.

– ¿Usted conoce Australia? – pregunto Campbell

– Nunca he estado, pero soy admirador… en los últimos 30 años nosotros hicimos todo al revés y ustedes hicieron todo correcto.

En menos de diez segundos de charla, Macri tocó uno de los temas más sensibles de la historia económica de nuestro país. ¿Es cierto que fuimos parecidos a Australia y que ahora los miramos “desde abajo”? ¿Por qué Australia hace “todo bien” hace treinta años? ¿Qué le pasó a Argentina?

Australia, país exitoso

Australia es el país más grande del hemisferio sur. Con 7,7 millones de kilómetros cuadrados, tiene todos los climas, prevaleciendo el desértico, pero con grandes extensiones donde predomina el tropical y el templado. En cuanto al terreno, si bien tienen algunas montañas y cordones montañosos, se trata de un país principalmente llano.

Esta combinación hace de Australia un importante productor y exportador de productos primarios, como carne, leche, trigo, cebada y sorgo. Australia cuenta, además, con un importante sector minero que está en los primeros puestos del mundo en cuanto a exportación y producción de oro, carbón, aluminio y cobre. Sin embargo, se trata de una economía principalmente dedicada a los servicios.

Una de las curiosidades de la economía australiana es que hace 25 años que su PBI no muestra variaciones negativas. Es decir, hace 25 años que su economía crece de manera ininterrumpida y no hay señales de que eso vaya a cambiar en el corto plazo.

Gráfico 2.1. Crecimiento económico de Australia

Fuente: Elaboración propia en base a Banco Mundial y FMI

En contraste, en Argentina la volatilidad del crecimiento es muy superior, y en los últimos 25 años atravesamos al menos 3 crisis distintas: la de la convertibilidad; la de las hipotecas subprime y el conflicto con el campo, y la del fin del kirchnerismo.

Pero la historia del éxito australiano no tiene que ver solo con los últimos 25 años, sino que viene de largo.

Por este motivo conversé personalmente con Kris Sayce, quien dirige en Australia la compañía de análisis económico y financiero Port Phillip Publishing y tiene una amplia trayectoria en el análisis de los mercados y administración de portafolios.

– ¿Por qué Australia se convirtió en un país tan rico? – Le pregunté a Kris en enero de 2017.

– Creo que lo primero que debe mencionarse es que Australia empezó su desarrollo mucho después de América del Norte o América Central. Lo segundo es que el establecimiento de la colonia británica, con una clara historia y tradición del respeto por la ley y respeto por los derechos de propiedad fue un elemento clave. Los derechos de propiedad son el punto clave.

Tener un buen respeto por los derechos de propiedad es un elemento de vital importancia para el desarrollo. Si uno es dueño de su casa, tiene incentivos para cuidarla, mejorarla, etc. Pero si uno no sabe si el día de mañana la pueden expropiar u ocupar, entonces probablemente a la casa la deje un poco abandonada.

A este marco de respeto por la ley se le sumó otro factor en 1960. Kris me explicó que hasta los años ‘60, el país tenía una política de “Australia Blanca”, que no permitía la inmigración a personas asiáticas, negras… que era muy restrictiva. Sin embargo, a partir de los ’60, esa política se terminó y el país oceánico recibió una gran inmigración del sur de Europa.

En paralelo con la llegada de los inmigrantes, comenzaron los descubrimientos de los yacimientos de mineral de hierro, así que la combinación de esos nuevos descubrimientos con un gran influjo de mano de obra posibilitó un salto en el crecimiento económico.

Derechos de propiedad, grandes extensiones de terreno, recursos naturales para explotar, inmigración… suena todo muy similar a la Argentina del siglo XIX y principios del XX. Y, efectivamente, por algunos años nuestra performance económica fue comparable a la australiana.

Gráfico 2.2. PBI per cápita relativo de Argentina y Australia

Fuente: Elaboración propia en base a Angus Maddison y FMI en dólares internacionales.

En el gráfico que se observa arriba aparece el resultado dividir el PBI per cápita de Argentina por el de Australia. Esto da una medida relativa de los ingresos de un argentino promedio en comparación con el de un australiano promedio. Así, si el resultado es 100%, quiere decir que el argentino ingresa lo mismo que el australiano. Si es 50%, quiere decir que los ingresos nuestros son la mitad del de la persona con quien nos estamos comparando.

En el gráfico se observa cómo, a partir de la década de 1880, el ingreso promedio de los argentinos se fue acercando de manera vertiginosa al de los australianos. Con fuertes tasas de crecimiento económico, Argentina competía de igual a igual con los países desarrollados, y llegamos a ser el undécimo país en el mundo en 1913.

Así, al compararnos con Australia vemos que pasamos de tener un ingreso del 37,4% del australiano en 1880 a tener uno de 97,3% en 1896. Es decir, éramos casi igual de prósperos.

Por los siguientes 90 años, la relación osciló entre el 60% y el 80%, aunque siempre con una tendencia levemente declinante. Finalmente, a partir de mediados de los ‘70, la tendencia de caída se profundizó. En 1975, si un australiano ganaba 100, un argentino ingresaba 61,7. En 2016, estábamos 20 puntos más abajo, ganando el 41,3% de lo que ganaba un australiano.

La debacle es inocultable.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El desánimo global pesa más en Argentina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/2/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/el-desanimo-global-pesa-mas-49612.htm

 

A pesar de que los organismos internacionales siguen tirando expectativas optimistas con respecto a la economía global, los mercados parecen desanimados y desconfiados.

 

 

Wall Street intenta tranquilizarse tras vivir una semana de vértigo que iba camino de ser la peor desde octubre de 2008, en plena crisis financiera. El índice Dow Jones logró cerrar el viernes pasado con un repunte del 1,4% aunque con mucha volatilidad. Aun así, se produjo una caída acumulada del 5,2% desde el lunes, la peor desde enero de 2016. El impulso final volvió a colocar al índice por encima de los 24.000 puntos y lo sacó de la zona de corrección. Pero ha visto evaporarse 2.200 puntos -casi 10%- desde el máximo histórico del 26 de enero.

Los mercados estadounidenses vivieron una auténtica montaña rusa que hacía subir y bajar las acciones durante toda la sesión. El lunes perdió, de un plumazo, 1.175 enteros, el mayor desplome en puntos de la historia. En porcentaje fue del 4,6%, la mayor caída desde 2011. El martes rebotó el 2,33%. El miércoles, cerró equilibrada. El jueves perdió otro 4,15%, el segundo mayor descenso histórico, en puntos. Durante toda la semana, las Bolsas europeas y asiáticas bailaron al ritmo que marcaba Wall Street y todas las grandes plazas cerraron el viernes con pérdidas.

Entretanto, los bonos del Tesoro, donde la tasa de interés de las letras a 10 años supera el 2,8%, su nivel más alto en cuatro años, se convierten en el puerto seguro para los inversores cuando sube el precio del dinero. Este trasvase del mercado de acciones al de renta fija se ve alimentado por una escalada del índice de volatilidad Cboe, que se movió entre los 30 y los 40 puntos, frente a menos de 10 a comienzos de año.

Los tres índices de referencia de Wall Street -Dow Jones, Nasdaq y S&P- entraron en zona en negativa para el año, al bajar a niveles de mediados de noviembre del pasado año. El desplome provocó que se evaporara el equivalente a 2,6 billones de valor bursátil en el S&P 500. En perspectiva, el desplome suma 3,5 billones en valoración desde las elecciones presidenciales.

La volatilidad se comió el 40% de lo ganado en la era Trump. Google, la segunda compañía cotizada, es el mayor perdedor en términos absolutos con más de 114.000 millones desde el máximo. Le sigue Apple, la mayor del parqué, con 83.000 millones. Las dos están en zona de corrección. Microsoft les sigue con 69.000 millones, Berkshire Hathaway con 63.000 millones y Exxon Mobil con 54.000 millones.

La remontada -por no decir burbuja- de los últimos nueve años en Wall Street estuvo, de hecho, subvencionada por una política monetaria extremadamente laxa por parte de la Fed. Y esta política se aleja cada vez más, ya que el dato de empleo de enero estaría mostrando que el crecimiento es sólido y que los salarios suben, lo que se interpreta como un incentivo para subir las tasas -según ya anticipan todos los analistas- con más agresividad para “contener la inflación”.

Por cierto, tras los sobresaltos de los últimos días, los inversores “clásicos”, los que creen en las perennes reglas del mercado bursátil, se preguntan en qué momento deberían comprar. “Las correcciones en los mercados suelen ser del 10%”, dice Levitt de Oppenheimer. “Estamos cerca de ese punto y después, las acciones suelen subir durante los siguientes meses”, concluye.

En cualquier caso, resulta evidente que “el optimismo que llevó a las acciones de EE.UU. a nuevos máximos se está agotando, al menos temporalmente”, explica Craig Burelle, analista de Loomis Sayles. Así, los inversores buscan activos de cobertura, prefiriendo los bonos del Tesoro a 10 años y para ello han desarmado posiciones, sobre todo en instrumentos de riesgo como el caso de las acciones y activos de emergentes al punto que los bonos de mercados emergentes soportaron la mayor salida de capitales en la historia.

Y, por cierto, en esta bajada global, los bonos argentinos vienen sufriendo una caída adicional como consecuencia de la mayor depresión local: en lo que va del año pierden 10% en la parte larga de la curva y 5,5% en los vencimientos a 2026. En tanto que los bonos brasileños, en la parte larga cayeron 7%, los mexicanos 4,85%, los de Perú 5,7% y los colombianos, puntualmente el bono a 2045, sufrieron una merma de 6,05% en lo que va del 2018.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La elección presidencial checa evidencia la constante “intervención” rusa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 8/2/18 en: http://www.lanacion.com.ar/2107570-la-eleccion-presidencial-checa-evidencia-la-constante-intervencion-rusa

 

Para el Consejo Editorial del influyente “Washington Post”, la reciente elección, por un muy estrecho margen, del nuevo presidente de la República Checa, Milos Zeman, demuestra -una vez más- como la Federación Rusa “interviene” cibernéticamente -y con dinero- en los procesos electorales de terceros países.

Como también lo hiciera, según está ahora probado, en la reciente elección presidencial norteamericana, aquella que finalmente consagrara como presidente del país del norte a Donald Trump. Los rusos se empeñaron entonces, muy claramente, en que Hillary Clinton fuera derrotada y no pudiese alcanzar su sueño de poder regresar, como presidente, a la Casa Blanca en la que residiera en tiempos de su esposo, el expresidente norteamericano Bill Clinton.

Milos Zeman dice todo lo que los rusos aplauden y quieren escuchar. Siempre. Incluyendo el desatino de defender la ilegal anexión de Sebastopol y Crimea. O sostener la inexistencia de tropas rusas operando en el este de Ucrania. O la necesidad de levantar las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea a Rusia. O convocar a un referendo para proceder, luego, a retirar a su país de la OTAN y hasta de la Unión Europea. El libreto de Zeman, por su contenido e inclinación, huele ciertamente a ruso. Muy fuertemente.

Su circunstancial oponente, el científico Jiri Drahos, fue objeto de una intensa campaña de desinformación a través de las redes sociales. Y terminó derrotado.

Y, más aún, se le atribuyó, siempre mendazmente, ser partidario de abrir a su país, sin restricciones de ningún tipo, a la inmigración musulmana. Aunque lo cierto sea que, sugestivamente, la República Checa sólo aceptó a doce personas de la cuota de 2600 posibles asilados islámicos que le fuera oportunamente asignada por la Unión Europea.

Todo lo cual tiene presumiblemente bastante poco que ver con las ideas y creencias políticas reales de Jiri Drahos.

Zeman -en verdad- es un político bastante poco atractivo. Su proceder suele ser burdo y tiene tendencia a recurrir a un innecesario lenguaje soez. Fuma y bebe alcohol con alguna frecuencia, abiertamente. Pero, de pronto, una ola de ignotos benefactores no identificados le aportó ingentes recursos que le permitieron hacer una campaña electoral intensa y masiva. Nuevamente, algunos sugieren que su origen y actores deben buscarse dentro de la Federación Rusa.

Cuando Zeman se llama orgullosamente a sí mismo “el Trump checo”. Quizás no advierte que, lejos de atraer, con ello espanta. Pero así son las cosas. Preocupantes, por cierto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Cuando vale la doble moral

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/2/18 en: http://www.abc.com.py/lectores-opinan/cuando-vale-la-doble-moral-1673602.html

 

El Estado moderno impone arbitrariamente su doble moral. Y sus defensores no tienen justificación racional, simplemente dicen que “si el Estado lo dice, o lo necesita, es bueno…”, son esos mismos políticos que, muchas veces –muchísimas–, están acorralados por la corrupción. Quizás, el ejemplo más irritante sea el “servicio militar obligatorio” (SMO) que me recuerda a Mirabeau, uno de los padres de la Revolución Francesa, y su frase: “Prusia no es un Estado con ejército, sino un ejército con Estado”.

El presidente de Francia propone una especie de breve servicio cívico-militar, obligatorio, para ofrecer “una experiencia de la vida militar, de la mezcla social y de la cohesión”. Luego de que Jacques Chirac abolió el SMO en 1997, el proyecto actual que, insólitamente, cuenta con el apoyo del 80% de la población, contempla un mes de servicio para hombres y mujeres de 18 a 21 años. Según Le Monde, el costo anual –unos 3.000 millones– equivale al costo de la disuasión nuclear.

Hoy, debido al temor por el terrorismo –como siempre, el miedo provocando reacciones adversas– la idea se ha expandido por Europa al punto que el Bundestag propone un nuevo concepto de “defensa civil” incluyendo el SMO aduciendo, además, que Rusia tiene explícitas aspiraciones expansionistas, tanto que los países nórdicos también están promoviendo el retorno más o menos inminente del “servicio” (¿?) obligatorio.

Es el caso de Noruega y Suecia, cuyo ministro de Defensa parece dispuesto a promoverlo en 2019. España es distinta. Después de que José María Aznar eliminó la conscripción obligatoria en 2001 en oposición al Ministerio de Defensa, hoy prevalece la idea de que un ejército profesional es mejor alternativa.

Ahora, dice Alberto Medina Méndez que, aun suponiendo que las razones esgrimidas fueran legítimas, el hecho de conseguirlo a expensas de sojuzgar a los demás, exime de comentarios adicionales: aquello “impuesto por medio de la coacción no puede ser bueno… o no precisaría de semejante atropello”.

Por su parte, según el profesor colombiano Mario Madrid-Malo Garizábal, para el derecho internacional consuetudinario la esclavitud es el estado o la condición de una persona sobre la que se ejercen cualquiera de las potestades inherentes al derecho de propiedad o de dominio. El artículo 7, 2., c) del Estatuto de la Corte Penal Internacional entiende por esclavitud “el ejercicio de los atributos del derecho de propiedad sobre una persona, o de algunos de ellos”.

Según el derecho internacional, existen prácticas análogas a la esclavitud tradicional como el trabajo infantil, el reclutamiento de niños como combatientes, la trata de mujeres y de niños, la servidumbre por deudas y la servidumbre conyugal. En ese catálogo falta, por cierto, una modalidad de esclavitud: el servicio militar obligatorio. Ahora, la causa de tal omisión fue explícitamente redactada por los interesados –los políticos y burócratas estatales que viven de la inimputabilidad del Estado– y se halla en el artículo 8°, 3., c) II) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, norma en la cual se establece que el SMO no se considerará como trabajo forzoso.

En fin, remata Madrid-Malo Garizábal, diciendo sobre el servicio obligatorio que de su horrendo carácter y de sus efectos perniciosos hablan claro las estadísticas sobre suicidio y enfermedad mental entre las personas sometidas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Davos, lo que el mercado no es

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/1/18 en: https://elnuevodiario.com.do/davos-lo-mercado-no/

 

Es llamativo el que parte de la opinión pública tenga una imagen negativa del mercado natural cuando éste no son sino las personas, esa misma opinión pública que lo rechaza. El mercado natural, subrayo, es el conjunto de los seres humanos desde el punto de vista de la cooperación voluntaria, pacífica, espontánea entre las personas con el fin de vivir y mejorar.

Sucede que la idea de mercado se ha deformado hasta contrariar su verdadero sentido. Tomemos por caso el Foro Económico de Davos, que está de moda. Se presenta como “pro mercado” cuando no lo es, confundiendo al público. En primer lugar, como dije, el mercado está compuesto por 7500 millones de personas -la población mundial- y los “líderes” llegados a Davos ni 2000, ni la millonésima parte.

En segundo lugar, en esta costosísima reunión en la que -entre el 23 y 26 de enero- se encuentran diez presidentes de empobrecidos países africanos, nueve de oriente medio y norte de África, seis de Latinoamérica además de occidentales, como Emmanuel Macron y la primera ministra británica Theresa May. En total, 350 líderes políticos, incluidos más de 60 jefes de Estado. El primer ministro de India dio el discurso inaugural y Trump antes de la clausura. Luego, una entrega de premios con la asistencia de Cate Blanchett, Shah Rukh Khan y Elton John.

O sea, son muchos burócratas estatales, de esos que se dedican a “regular” al mercado -a interferirlo coactivamente- los que allí concurrieron. Y los temas en la agenda son temas -algunos casi hilarantes como “la hipnosis para evitar los dolores físicos”- de cómo el Estado debe regular al mercado natural, cómo estos gobernantes deben coartar a las personas de acuerdo con el “sector privado” allí presente. Y, por cierto, nunca olvidan “cómo mejorar los sistemas de impuestos” porque de ellos viven.

Ahora, este “sector privado” -que no es ni la millonésima del mercado- está conformado por empresarios como Bill Gates que ha amasado una fortuna exagerada gracias, precisamente, a privilegios otorgados por los burócratas presentes, como el “copyright” que es un monopolio intelectual impuesto coactivamente al mercado. Otros, como los CEOs de Coca-Cola, Nestlé y Dell, y en particular el de Alibaba, Jack Ma, interactúan intentando que no los regulen o no los perjudiquen, política errada en mi opinión.

Y los discursos son incoherentes. Trump intenta “hallar maneras de fortalecer la cooperación internacional para defender intereses compartidos”, cuando en realidad es solo un golpe mediático más del egocéntrico promotor del “America first”. Por su parte, los políticos latinoamericanos están preocupados por la pobreza que ellos mismos crean, por ejemplo, con abusivos impuestos que terminan pagando los más pobres ya que los empresarios los derivan subiendo precios, bajando salarios, etc.

Insólitamente, el presidente argentino, cuyo país exhibe un nivel de pobreza que alcanza al 30% de la población, es uno de los que más ha gastado abriendo una “Casa Argentina” donde recibió -inútilmente- a empresarios que no han invertido precisamente porque la carga fiscal es muy alta y el país no crece.

Irónicamente, quizás no estaba errado el conservador sitio online Breitbart cuando describía al foro como “un colectivo de élites izquierdistas y sus compinches corporativos multinacionales que debaten sobre cómo configurar las agendas globales para dividir el botín”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Julio María Sanguinetti, un expresidente que se debate entre la “crisis de la verdad” y lo que dejó el pasado

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/1/18 en: http://www.lanacion.com.ar/2101649-julio-maria-sanguinetti-un-expresidente-que-se-debate-entre-la-crisis-de-la-verdad-y-lo-que-dejo-el-pasado

 

Julio María Sanguinetti, el sensato expresidente de Uruguay, es hoy uno de los pensadores más lúcidos -y valientes- del Río de la Plata. De pluma fértil y a la vez elegante, se ocupa frecuentemente de temas polémicos a los que analiza con singular profundidad y, a la vez, con sencillez.

Nos acaba de regalar un libro realmente formidable. Importante, por los temas que trata. Y corajudo, por la forma en la que los encara. Lo ha titulado: “El Cronista y la Historia” y ha sido publicado por la editorial Taurus, en el Uruguay.

En esta obra enfrenta, de inicio (en su primera sección) como un “deber ético” -nos dice- lo que denomina: el “uso abusivo de la historia”, un nocivo fenómeno recurrente con el que algunos interpretan torcidamente el pasado e intentan, así, legitimar actos o conductas en función de su propia conveniencia.

Porque caen en una arbitrariedad que está exteriorizada en sus manipulaciones, las cuales están, a su vez, dirigidas a falsear arteramente la verdad. Por esto Sanguinetti nos habla de la “crisis de la verdad” que nos asalta cuando la falsificación ideológica del pasado se transforma -claramente- en un método más de dominación. En un “empleo oportunista del recuerdo”, nos alerta.

Problema que nace cuando se quiere utilizar el pasado, interpretarlo desde una mirada particular para luego instaurarlo a modo de “discurso oficial”. Para siempre, pretendidamente. Así se reabren y perpetúan las pasiones y se mantienen abiertas las heridas, en detrimento de la salud del plexo social. Y los resentimientos perduran y torturan. Ello, a su vez, evita que el discurso con el que se impregna el plexo social sea auténtico e inclusivo.

Como ejemplo, Sanguinetti se ocupa de lo sucedido en nuestro Río de la Plata en la década de los ’70. Donde hoy algunos solo ven los crímenes cometidos desde los gobiernos militares, lo que edifica la falsa teoría de que el terrorismo es aquel que se impulsa y practica desde el Estado, cuando lo cierto es que no es así. Las Convenciones de Ginebra de 1949 existen y son tanto Derecho Internacional como ley interna. Para ellas, los crímenes de lesa humanidad pueden tener multiplicidad de autores. No solo el Estado. También pueden ser cometidos por los particulares.

Existe, nos recuerda, también el “terrorismo guerrillero”, que es aquel que trajo previamente la violencia y que creó el marco para el posterior exceso represivo desde el poder del Estado. Esto genera precisamente la perversa situación actual, a la que Abel Posse describe acertadamente como aquella en la que: “la violencia de los muertos acecha la paz de los vivos”. Y a la que Tzvetan Todorov define, con su habitual precisión, como “el abuso de la memoria”. Esto es, como un instrumento dedicado al uso político del pasado.

La memoria no debe ser un mero alegato propagandístico. Debe edificarse sobre la verdad, completa. Lo que es diferente.

El pasado es, con frecuencia -nos dice Sanguinetti- difícil de narrar aunque, no obstante, debe referirse y describirse en toda su complejidad. Lo que supone relatar, por ejemplo, que en los ’70 primero “hubo una guerrilla marxista que, por medio de la violencia, intentó quebrar la larga tradición democrática”. Aquella que existiera particularmente en el Uruguay.

Fue tan antidemocrático, sostiene, quien en su momento abusó con uniforme, como el que pretendió quedarse con el poder por el camino de las bombas y no por el del voto. Es falso, agrega el convincente expresidente, que los delitos cometidos por los militares merezcan un tratamiento distinto al de los de los guerrilleros en la misma época. Criterio que para algunos es pretendidamente distintivo y al que Sanguinetti -con razón- califica duramente, de “moralmente insostenible”. Y, peor, de “verdadera impostura”. Nos habla -claro está- de los violentos enfrentamientos de la referida década de los ’70, cuyas evaluaciones aún dividen muy profundamente a nuestra sociedad.

El libro sigue con reflexiones riquísimas sobre las raíces de su propio país; las distintas leyendas que la infectan; el laicismo y todo lo que el mismo significa para los orientales; el nacimiento de la tan peculiar como simpática identidad uruguaya; y los distintos y confusos laberintos por los que transitan los conflictos ideológicos actuales. Aquellos que azotan tanto a su país, como a la región integra del Río de la Plata.

De lectura fácil, la obra nos hace reflexionar como pocos autores pueden lograrlo dado que José María Sanguinetti hace gala, a lo largo de un enriquecedor trabajo, de su singular capacidad analítica y de síntesis.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Para exportar más hay que abrir la economía

Por Iván Carrino. Publicado el 18/1/18 en: http://www.ivancarrino.com/para-exportar-mas-hay-que-abrir-la-economia/

 

Los que quieren incrementar las ventas externas olvidan un dato clave.

José tiene un almacén. Ayer por la tarde, se puso a repasar los números del año. Sus ventas crecieron 1,6% en términos reales. En comparación con lo que venía sucediendo, no se ve tan mal. Entre 2011 y 2015 habían caído un suculento 32% real, mientras que en los últimos dos años se recuperaron un 3,5%.

Sin embargo, siempre se puede estar mejor, y a José –como a todos–  sin dudas le gustaría vender mucho más.

Algo similar está sucediendo con las exportaciones argentinas. Durante los años del cepo cambiario, las ventas externas se desplomaron 32% en dólares, recuperándose levemente en 2016 y 2017.

¿Metas de Exportaciones?

Aun cuando las ventas externas estén creciendo más que durante el cepo, es cierto que -en perspectiva- parecen estancadas. Más todavía cuando se las compara con lo que avanzan las importaciones, que terminarán el año con un aumento de 20,1% anual.

A raíz de esto, Eduardo Levy Yeyati sostenía hace poco que exportar era una cuenta pendiente de la economía argentina de estos años.

Más importante aún, sin embargo, es la respuesta que el gobierno le da al mencionado estancamientoDe acuerdo con Infobae, el cerebro detrás del cambio en las metas de inflación, el economista Vladimir Werning, recomendaba tener una desinflación más lenta que permita:

…bajar la tasa de interés, lograr una suba del valor del dólar y así mejorar la competitividad del tipo de cambio para poder aumentar las exportaciones.

El planteo es algo absurdo.

Por un lado,  porque el Banco Central no tiene “metas de exportaciones”, sino “metas de inflación”. Por el otro, porque si de la tasa dependiera la capacidad de exportar de un país, habría que pedir que la pongan en cero, que el dólar vaya a infinito y fin del problema.

Obviamente, así no funciona la cosa.

Exportamos para importar

Otro punto a destacar es que las exportaciones no son un bien en sí mismo, sino la actividad que un país debe realizar para pagar por sus importaciones.

Volviendo al caso del almacén de José, si él pudiera consumir todo gratis, sería feliz, pero no le queda otra que vender provisiones para hacerse de los recursos necesarios paga pagar su consumo.

En los países sucede lo mismo, especialmente cuando no hay financiamiento externo. Para poder consumir bienes importados, se necesitan dólares, y esos dólares se consiguen con la exportación.

Exportar, entonces, no es un “motor de crecimiento económico”, sino una simple necesidad para poder consumir lo que no se produce localmente.  Si el país produjera una cantidad y variedad tales que no fuera necesario consumir productos importados, nadie se preocuparía por el estancamiento exportador.

Apertura comercial para aumentar la exportación

Ahora bien, asumiendo que sí consideramos de importancia aumentar las exportaciones. ¿Qué deberíamos hacer?

Ya sabemos que el gobierno propone bajar la tasa de interés para que suba el dólar… En su artículo, Yeyati es más sofisticado: pide un “menú de productos exportables”, un “nuevo modelo de negocios” y “esfuerzos por reducir costos burocráticos y logísticos”.

Todo muy interesante hasta ahí, pero lo que realmente se necesita para exportar más es una verdadera y agresiva apertura comercial.

¿Cómo es esto? La explicación la dio hace 80 años el economista moldavo Abba Lerner, en el trabajo que tituló “La simetría entre los impuestos a la importación y a la exportación”.

Allí, argumentó que existía una simetría (que luego se conocería como Simetría de Lerner) entre gravar las importaciones y gravar las exportaciones. De acuerdo con Lerner, frenar las compras externas es equivalente a detener las ventas al extranjero. Por el contrario, permitirlas fomenta las exportaciones.

Para Douglas Irwin, profesor de Dartmouth College:

El motivo fundamental de esta verdad es que las exportaciones son la contracara de las importaciones. Son necesarias para generar ingresos que paguen por las importaciones.

(…)

Si los países extranjeros no pueden venderle bienes a nuestro país, por ejemplo, entonces no tendrán el dinero necesario para comprar bienes fabricados por nosotros.

Otra manera de ver esta relación estrecha entre importaciones y exportaciones es el tipo de cambio. Si, para proteger a los fabricantes locales se impone un arancel a la importación, entonces el mercado cambiario tendrá una menor demanda para la moneda extranjera.

Esto generará que el tipo de cambio baje o sea menor al de un contexto de libertad. Ahora un tipo de cambio bajo afecta las exportaciones, ya que restan ingresos a ese sector, presionando su rentabilidad. Siendo Argentina una de las economías más cerradas del mundo, ¿por qué habría de exportar más?

Los datos avalan la simetría. Si miramos un registro histórico de compras y ventas externas en Argentina, observamos que suelen moverse siempre de manera conjunta.

Exportaciones e importaciones son dos caras de la misma moneda. Si queremos aumentar las primeras, hay que pedir apertura al mundo y no tenerle miedo a la “avalancha importadora”.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El héroe de nuestra época: Edward Snowden

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/1/18 en:

 

Como tantas veces he consignado, no me gusta la expresión “héroe” porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía que “la patria es una palabra de guerra, no de libertad” puesto que hay otras formas de expresarse menos pastosas para referirse al terruño de los padres. Fernando Savater también aclara el tema en su libro Contra las patrias.

El manoseo creciente de las palabras héroe y patria ha hecho que se desfiguren y trastoquen. La mayor parte de la gente relaciona esas expresiones con políticos y militares que en general han manipulado vidas y haciendas ajenas. La corrección a esta última interpretación proviene de una larga tradición que descubrí comienza de manera sistemática con el decimonónico Herbert Spencer en su libro titulado El exceso de legislación.

Los usos reiterados del héroe y la patria afloran en obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o la noción totalitaria del “héroe” en Thomas Carlyle tan bien descripta por Jorge Luis Borges.

Difícil resulta concebir una visión más cavernaria, de más baja estofa, de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar lo ajeno, siempre en el contexto de cánticos sobre patriotas y héroes.

Habiendo dicho lo anterior, en esta nota con que abro el 2018 resalto la figura de un verdadero héroe alejado del sentido habitual para, en cambio, referirse al logro de hazañas extraordinarias en pos de la libertad y el respeto a los derechos del hombre. Se trata de Edward SnowdenRon Paul, el dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y tres veces candidato a la presidencia señaló en Fox Business que “Snowden es un héroe” y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B también de Fox afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”.

He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange pero hay otros aspectos a considerar en este nuevo episodio de espionaje puesto al descubierto por Snowden que fue realizado sin orden de juez competente y sin sustento en lugar de ajustarse a las advertencias de la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones y, en el caso Snowden, tampoco puede imputársele delito cuando la fechoría fue llevada a cabo por el propio gobierno.

Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trató de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Cuando Snowden se comprometió a guardar secreto al ser contratado no tenía idea de los atropellos brutales a la privacidad de ciudadanos pacíficos que sus jefes perpetrarían en forma sistemática. La Constitución está por encima de toda norma, no puede alegarse derecho contra el derecho. Finalmente privó en la conciencia de Snowden, principios en gran medida influidos por algunas lecturas como autodidacta, por ejemplo, por La rebelión de Atlas de Ayn Rand tal como se pone en evidencia en la producción cinematográfica de Oliver Stone al tiempo que allí se expresa que todo el espionaje se debe al ansia de control gubernamental ya que “el terrorismo es solo la excusa”.

En todo caso, la denuncia de la invasión a la privacidad y la difusión de los documentos expuestos hace más clara aun la sentencia de Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamados “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es el resultado de la cobardía moral de todos los gobiernos a los que solicitó asilo desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que fue denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió antes de su actual paradero fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de asilo, lo cual, como queda dicho, no ocurrió. Paradójicamente y por la ojeriza del gobierno gangsteril de Putin para con Estados Unidos, Rusia finalmente le concedió cobijo.

Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también sostuvo que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Michael Tanner).

Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush siempre se mostraron indignados con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que finalmente prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista.

Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Nick Gillespie, de Reason TV, lo entrevistó vía teleconferencia a Snowden quien resaltó su espíritu antiautoritario y subrayó que siempre estará “del lado de la libertad” por lo que criticó a quienes consideran que “le deben lealtad al Estado” y aludió a la nula “dimensión moral” de sus circunstanciales contratantes gubernamentales.

La encrucijada que presento en esta nota es sobre un prófugo que difundió para bien de la humanidad más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama le canceló el pasaporte a Snowden. Estamos advertidos, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s Advocate se convierta en realidad respecto a que el gobierno estadounidense mute en un estado totalitario.

Tal como escribe Glenn Greenwald en su libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse se trata de “los peligros de los secretos gubernamentales y la vulneración de las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo” en cuyo contexto lo cita al propio Snowden: “fue entonces cuando comencé a ver realmente lo fácil que es separar el poder de la rendición de cuentas, y que cuanto más altos son los niveles de poder, menor es la supervisión y la obligación de asumir responsabilidades”.

Como bien ha declarado Snowden en un célebre reportaje para The New York Magazine habitualmente reproducido al cierre de la mencionada producción cinematográfica del controvertido Oliver Stone: “mi vida cambió para bien puesto que puedo ahora decir no lo que voy a hacer en el futuro sino lo que con orgullo hice en el pasado”…y somos muchos los que adherimos a esta conclusión con la frente alta por haberse denunciado al gobierno más poderoso del planeta por atropellar valores muy caros a la civilización.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Más naturaleza y menos soberbia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/1/18 en: https://www.laprensa.com.ni/2018/01/24/opinion/2365428-mas-naturaleza-y-menos-soberbia

 

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble

 

Durante su reciente gira por China, además de abogar por las “nuevas rutas de la seda” el colosal proyecto ferroviario y marítimo entre el Pacífico y Europa, Emmanuel Macron enfatizó la “batalla por el clima”, intentando minimizar el boicot a los acuerdos de París de parte de Trump quien es escéptico y que cree que es una invención de Beijing para atrasar a EE.UU. A raíz de la ola de frío, Donald Trump ironizó diciendo que vendría bien “un poco de ese calentamiento”.

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble: este frío sorprendente se debe a que las cosas se están calentando (¿?), al calentarse el Ártico, el aire frío desciende a latitudes medias, aseguran algunos. Y, según la Organización Meteorológica Mundial, 2017 habría sido el año más cálido desde que se tienen registros.

El oficialista Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirmaba que el “calentamiento global” es causado por una sobreproducción humana de dióxido de carbono (CO2). En 2008, un miembro del IPCC, Vincent Gray, denunció que todo era una “estafa”, y son muchos quienes aseguran que la explicación a esta farsa está en la ruta del dinero. Los fondos “recaudados” por los gobiernos son cuantiosos.

Por caso, destinar US$100,000 millones anuales al 2020 es lo que acordaron los países del Fondo Verde para el Clima de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, creado en el 2011.

Ahora, hay otras incoherencias —estas insalvables— en esta posición oficial. Es que la violencia siempre destruye, dice la ciencia, por tanto, esta soberbia gubernamental de creerse dueños de la verdad e imponerla coactivamente, perjudicando al sector privado, es inmoral. Por otro lado, algunas de las industrias más contaminantes —como las petroleras— en buena parte están en manos de los gobiernos, ¿por qué no las cierran? Para una reunión en Davos, en la que se trató el “cambio climático”, los dirigentes llegaron en 1,700 jets privados entre otras cosas, y se calcula que produjeron tanto CO2 como una ciudad de 2,000,000 de personas.

¿Se acuerda de la gripe aviaria y las catástrofes que traería? Nadie la recuerda. ¿Y de la gripe A? Tampoco. Desastres apocalípticos al estilo hollywoodense nunca hubo ni los habrá —solo en la mente de los aprovechados políticos— porque la naturaleza es infinitamente más sabia y no permitirá que la sobrepase un ser mínimo, aunque con una soberbia capaz de creer que puede destruir la obra de Dios.

Por el contrario, resulta coherente y creíble que, sin esta violencia, si dejamos que la naturaleza —y el mercado, espontáneamente— se haga cargo, muy probablemente, si el problema realmente existe, se solucionaría de manera mucho más eficaz.

Por caso, dado que el CO2 es un poderoso fertilizante, según un estudio publicado en Nature Climate Change, la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde lo que contribuye a frenar el efecto invernadero, al absorber los gases tóxicos, y a combatir el hambre debido al aumento de las cosechas. Y, por cierto, los verdaderos defensores de la naturaleza siempre fueron las personas, porque son parte de ella.

Cuánto más vale la tierra cuando tiene árboles, agua natural limpia, aire puro y no tiene ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.