Category Archives: Libre Comercio

Proteccionismo “Hood Robin”: sacarle a la gente para darle a los ricos

Por Aldo Abram: Publicado el 19/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricoshttp://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricos

 

 

Son cada vez mayores las presiones de los sectores que fabrican productos que compiten con importaciones para que el Gobierno los proteja. Las demandas tienen que ver con un incremento de la llegada de productos del exterior, que no se verifica en los datos totales, pero sí en algunos sectores en particular. Hay que tener en cuenta que estamos comparando un período, 2016, donde se eliminaron algunas restricciones para comprar en el exterior, con un 2015 signado por una fenomenal cerrazón, por lo que es lógico que quienes son más ineficientes vean subir su competencia externa.

Obviamente, todos estos sectores han focalizado sus críticas en la estrategia de gradual apertura de la Secretaría de Comercio Interior y Exterior. Pero, ¿a quién está defendiendo esta secretaría con su política? Cuando se protege a un sector que compite con importados se le permite cobrar más de lo que vale ese bien. Por lo tanto, se genera un subsidio que va directamente desde el bolsillo del consumidor al del empresario ineficiente que se enriquece. Es notable que algunos “progres” defiendan el proteccionismo, convirtiéndose en “Hood Robin”. Lo lógico es que, si quieren ganar plata, los empresarios estén al servicio de la gente, proveyéndolos de mejores bienes y servicios más baratos.

Entonces, ¿por qué en otros países también hay sectores protegidos? Porque en todos lados hay empresarios ineficientes dispuestos a garantizarse seguir ganando plata, invirtiendo millones de dólares para convencer a la gente y a los funcionarios de que hay que protegerlos. Lamentablemente, al frente están millones de personas que se ven perjudicadas, pero que no tienen la posibilidad de juntarse a reclamar. Pues bien, esta es una oportunidad para apoyar la apertura que alienta la Secretaría de Comercio Interior y Exterior en defensa del bolsillo de todos y exigirle que la profundice.

Además, no es cierto que el proteger a un sector salva empleos; sólo los destruye en otros sectores. Si se protege un bien, la demanda de importaciones bajará y, con ella, la de las divisas que eran necesarias para comprarlas. Por lo tanto, el tipo de cambio disminuirá, por lo que se complicará la situación de los productores que compiten con importados y no tuvieron la suerte de conseguir esa prebenda. También la de los sectores que podrían exportar, lo hagan o no, ya que serán menos rentables, porque valdrán menos sus productos. Por lo tanto, ambos reducirán su producción y el empleo. En una palabra, los trabajadores de los sectores ineficientes protegidos no tienen oportunidades de empleo en los más eficientes, que pueden pagar mejor, porque estos generan menos puestos culpa del proteccionismo.

Imaginemos que tenemos una empresa que sabe producir algo que la gente aprecia mucho y está dispuesta a pagar bien. De golpe, el gerente general nos dice que quiere usar parte de la fábrica para hacer otra cosa de la que no sólo produciremos menos por no saber hacerla, sino que podremos cobrar un precio menor porque a la gente no le interesa tanto. ¿Se lo permitiríamos? No, porque los accionistas ganaríamos menos y deberíamos abonarles menores sueldos a nuestros trabajadores. Sin embargo, eso es lo que dejamos que hagan los gobiernos desde hace décadas y, después nos extraña nuestro perseverante subdesarrollo y bajo poder adquisitivo salarial.

Existe el mito de que un país tiene que producir todo para que le vaya bien. No es cierto. ¿Quién de nosotros hace en su casa los zapatos, la ropa o los artículos electrónicos que usa? Nadie. Trabajamos de aquello que sabemos hacer y que alguien está dispuesto a pagar bien. Luego, con el dinero que ganamos compramos lo que necesitamos a los que saben hacerlo mejor y más barato. De esa forma, nos garantizamos el mayor bienestar económico para nuestra familia. Sin embargo, cuando proponemos algo para el país, queremos hacer lo contrario. Un absurdo, ya que eso baja la cantidad de bienes y servicios que tendremos disponibles los argentinos, lo que significa menos bienestar y más pobreza.

El principal argumento para justificar la ineficiencia de los distintos sectores es el famoso “costo argentino”, pero el problema es que éste afecta a todos los productores de bienes y servicios. Gracias a la protección y debido al sobreprecio que les permite cobrar, algunos logran transferirles parte o toda esta carga a otros que no lograron obtener esa misma prebenda y, entonces, deberán acarrear la propia y la ajena. Esto es sumamente injusto. Por lo tanto, si el problema es el “costo argentino”, juntémonos para reclamarle a los políticos que se reduzca la presión tributaria, se disminuya y eficientice el gasto público, y se reforme la arcaica legislación laboral. De esta forma, lograremos potenciar las posibilidades de desarrollo de la Argentina y las oportunidades de progreso de todos sus habitantes.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Anuncios

Los “liberalotes” y el gobierno de Macri

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/17 en: http://www.ivancarrino.com/los-liberalotes-y-el-gobierno-de-macri/

 

Fernando Iglesias cree que lo que funciona en todo el mundo, no tiene sentido en Argentina.

Ayer por la mañana, cuando me senté en el escritorio, un querido colega me pasó el link a la última nota escrita por el diputado electo, Fernando Iglesias.

Iglesias es periodista y escritor, y se ha destacado últimamente por su feroz cruzada intelectual contra el peronismo. Su anteúltimo libro, “Es el Peronismo, Estúpido” fue un éxito de ventas y hace poco publicó una nueva obra: “El año que vivimos en peligro”.

Gracias a la recomendación de mi viejo, leí hace algunos años “Por qué no soy kirchnerista”, del mismo autor. En dicho trabajo explica los motivos por los cuales un “progresista” como él no defendía a un gobierno que también decía ser “progresista”.

La obra es muy buena, con una excelente recopilación e interpretación de datos económicos, entre otras cosas.

En su más reciente columna, publicada en La Nación, Iglesias critica a los economistas liberales (“los liberalotes”), a quienes considera una secta que, básicamente, no tiene ningún contacto con la realidad y desprecia el estado.

La nota de La Nación es muy potente y, fiel al estilo del autor, contiene párrafos que harán reír a más de uno.

Por ejemplo, sostiene que el “médico liberalote”, a un paciente con insuficiencia cardíaca, “le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.”

Bravo, hay que mantener el humor.

¿Ahora no se está pegando un tiro en el pie cuando se mofa de las advertencias y recomendaciones del liberalismo?

El liberalote de Macri

Para Iglesias, los liberales ofrecen recetas que dan “maravillosos resultados en muchos países”, pero en Argentina no pueden llevarse a cabo.

Esta fórmula es muy escuchada. Claro que Argentina es un país particular, ¿pero tanto como para que lo que funciona en el mundo, solo acá esté condenado al fracaso inevitable?

De ninguna manera. De hecho, el mismo presidente tomó medidas decididamente liberales con excelentes resultados.

¿O qué otra cosa fue sacar el cepo cambiario de un día para el otro?

Eliminar un control de precios como era el cepo al dólar es una medida claramente liberal y fue pedida por muchos economistas que, desde el llano, criticamos a todos los que decían que “eso no se podía hacer”.

Los resultados acompañaron la decisión. Se revirtió la caída de reservas y repuntó la exportación de materias primas. En 2016, las exportaciones totales crecieron luego de 5 años de descenso.

Otra medida de shock que tuvo enorme impacto positivo fue el fin de las retenciones. Sin cepo y con menos impuestos, el sector agrícola es hoy uno de los que más crecen de la economía argentina.

Y recuerdo que bajar impuestos (y, mejor aún, eliminarlos) también es una medida liberal. ¿O será liberalota?

Por último, recientemente se conoció que las estaciones de servicio dejaron de cerrar en el país tras una larga decadencia producto del control de precios K.  Los precios ahora no se controlan por decreto oficial y nuevas estaciones están abriendo.

Otro claro beneficio del liberalotismo económico, que funciona en todo el mundo pero supuestamente fracasa en Argentina.

Hora de reconsiderar.

Reformas tímidas

Desde aproximadamente el año 2001 que los liberales en Argentina piden reformas “estructurales” para incrementar la competitividad.

Si no me creen, pueden leer las columnas de Carlos Rodríguez, del CEMA, las notas de Roberto Cachanosky, o mismo revisar la propuesta económica de Ricardo López Murphy, quien tuvo un fugaz paso por el Ministerio de Economía cuando desgobernaba Fernando De la Rúa.

En ese entonces nadie escuchó a los liberalotes, sino que decidimos seguir el consejo de los keynesianotes, que nos decían que devaluando la moneda, defaulteando la deuda y dándole bomba al gasto público y la emisión monetaria todo iba a salir bien.

Así quedamos: 16 años después tenemos la economía en ruinas y, paradójicamente, estamos discutiendo de nuevo las “reformas estructurales” que deberían emprenderse para que el país pueda crecer de manera sostenida.

Es el gobierno, de hecho, quien propone reformar la matriz impositiva, el mercado laboral y la burocracia estatal. Además, y por si quedan dudas, el propio presidente pide textualmente “bajar el gasto público”.

¿Qué banderas son éstas?

¿Cree Iglesias (o alguien más) que estos temas se estarían siquiera debatiendo de no haber sido por la denuncia permanente, el análisis crítico y el trabajo de divulgación de los ahora denostados “liberalotes”?

Advertencias fundadas

Si las reformas anunciadas por el gobierno le parecen tímidas o tienen gusto a poco para los llamados “liberalotes”, esto no debería ser motivo para desautorizarlos o tratarlos como una secta.

Después de todo, como hemos demostrado, las medidas que tomó Macri en línea con los pedidos de los liberales dieron buenos resultados. Y no en Dinamarca, sino acá, en la Argentina imposible, llena de peronismo y pobreza.

Por si esto fuera  poco, hoy ya no debatimos si la inflación es (o no) un fenómeno monetario o si el gasto público es alto, sino cómo se bajan estas dos claras barreras al crecimiento económico.

Lejos de ser ridiculizadas, las advertencias de los liberales deberían ser tenidas en cuenta.

Y lejos de ser tildadas de imposibles, lo mismo debería suceder con las propuestas concretas de política pública.

Después de todo, seguramente también coincidirá Fernando Iglesias en querer un país más libre y próspero para todos los argentinos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Salarios, pobreza e impuestos

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/11/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/11/salarios-pobreza-e-impuestos.html

 

Desde prácticamente muy pequeños se enseña a los niños en las escuelas y en sus hogares que el nivel de los salarios depende básicamente de la buena o de la mala voluntad de los empleadores y de aquello que hagan los gobiernos contra los “malos” patrones obligándolos a pagar más y mejores sueldos. A los niños se les explica con un lenguaje que puedan entenderlo. Ya en tránsito hacia la escuela secundaria y aún más en de la universidad la enseñanza se refuerza, se la reitera con una terminología un poco más sofisticada y se la machaca hasta que en la mente del estudiante se transforma en un dogma que “debe” creer. No es fácil desentrañar esta falacia, aunque la realidad es muy distinta:

“El nivel del salario de cada trabajador de­pende de sus conocimientos y de la canti­dad de bienes de capital disponibles para realizar su trabajo. No tiene la misma pro­ductividad y, por lo tanto, no recibe el mis­mo salario quien cultiva la tierra detrás de un buey que quien lo hace arriba de un tractor. Sin ahorro e inversión en bienes de capital no es posible un aumento es­tructural de la productividad y, en conse­cuencia, de empleos mejor remunerados. (Pág. 120 y 121) [1]

Ninguna otra razón existe para explicar el aumento de los salarios e ingresos en términos reales más que la inversión en capital. La razón por la cual un labrador africano gana mucho menos que otro norteamericano no tiene nada que ver con la bondad o maldad de sus respectivos empleadores ni con la indiferencia o intervención de sus respectivos gobiernos. Lo único que hace la diferencia en un caso como en el otro es sencillamente la cuantía de capital invertido en cada lugar. Allí donde el volumen de capital disponible sea mayor que en otra parte, precisamente y sin necesidad de ninguna intervención de nadie se verán los salarios subir. E inversamente, donde el volumen de capital sea menor también se apreciará la manera en que los salarios decaen. Esto sucede por más que se dicten cientos o aun miles de leyes que procuren contrarrestar este fenómeno inexorable de la economía.

“Paradójicamente, el llamado proteccionis­mo laboral en la mayoría de los países eu­ropeos y latinoamericanos, que encarece y dificulta la creación de empleos, es el cau­sante de su menor generación y de que la mayoría de los existentes sean informales, al margen de todas las prestaciones que garantizan las constituciones y leyes en esos países. (Pág. 121) [2]

Lamentablemente, y por mucho que se lo intente, las leyes jurídicas no pueden contradecir las leyes económicas. Tarde o temprano, estas últimas terminan imponiéndose por sobre las primeras, y ello con independencia del lugar o nación donde las mismas se verifiquen. Las leyes económicas son universales, y su cumplimento es inapelable, por grande que se crea que el voluntarismo político pueda torcer el curso de los fenómenos económicos. Estos -a su turno- son consecuencia de otras leyes, las de la lógica, que interpretan la acción humana a la luz de los conocimientos praxeológicos.

“Las políticas gubernamentales que casti­gan a quienes evaden o se atrasan en el pago de impuestos deben estar acompa­ñadas, para tener una justificación social y moral, de transparencia, aplicación al bien común y castigo a todos los funcio­narios que no dan cuenta de su destino e impunemente hacen ostentación de las riquezas obtenidas con los impuestos que se roban. (Pág. 158)” [3]

Desafortunadamente, esto es uno de los pocos puntos en lo que no podemos estar de acuerdo con el autor de la cita. En un contexto de generalizado intervencionismo económico las tasas impositivas siempre tienden a ser mayores de lo que serían en otro de mercado libre. Y esta diferencia es bastante crucial a la luz de juzgar el comportamiento de los mal llamados contribuyentes a la hora de pagar sus impuestos. No se trata, simple y exclusivamente, de un problema de transparencia como indica el profesor citado, sino de algo que va bastante más allá de ese factor. Bajo el enfoque de la enseñanza que nos brinda la llamada Curva de Laffer, la tasa de evasión fiscal siempre será incrementada a medida que la tasa de imposición aumente más allá de cierto punto, que Laffer dio en denominar el punto óptimo fiscal. Como ha ilustrado otro eximio profesor[4], mejor resultaría procurar dirigirse a un punto mínimo fiscal, para evitar los efectos malsanos de niveles impositivos confiscatorios como los que se observan en no pocos lugares.

“El desconocimiento por la mayoría de la población y de gran parte de los legislado­res, de los efectos a largo plazo de las polí­ticas económicas, debido a una pobreza de educación económica, permite a los gober­nantes vender la idea de que mejorarán las condiciones económicas con políticas equivocadas, atractivas en el discurso o el papel, pero que producen en la realidad un efecto contrario al proclamado. (Pág. 171)[5]

La reflexión en este caso resulta atinada. Es verdad que los problemas económicos no se arreglan con demagogia o populismo barato en sus distintas vertientes y según los localismos regionales. Tiene gran importancia la mala educación económica sobre la que hemos insistido en otras ocasiones y que, como bien indica la cita, afecta no sólo a amplios sectores de la población, sino que también a muchos políticos e incluso académicos. Resulta atrayente -por ejemplo- creer que los salarios pueden elevarse dictando decretos o leyes, y que la pobreza también puede suprimirse de la misma manera. Pero es la sana economía y su estudio detenido la única que nos revelará que, más allá de las muy buenas intenciones que pueden tener los agentes económicos y los políticos de turno, como dijimos anteriormente, la economía tiene leyes propias cuya violación generan siempre -y en todo lugar- efectos malsanos que nos condenan a la pobreza.

[1] Luis Pazos. Educación económica contra demagogia electorera, Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empre­sa, A.C. (CISLE) (Del libro Políticas Económicas). pág. 7

[2] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 7

[3] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 7-8

[4] El Dr. Alberto Benegas Lynch (h)

[5] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 8

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Mariquita Sánchez, la precursora

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Sin la pretensión de hacer comparaciones de dotes intelectuales con  Madame de Staël y Victoria Ocampo, Mariquita Sánchez (se llamaba María Josefa Petrona de Todos los Santos, primero casada con Martín Thompson y luego con Jean-Baptiste Mendeville) ocupa un lugar preponderante en su relación con el ideario liberal.

Primero por sus tertulias en  su quinta de San Isidro a las que asistieron personalidades como Manuel Belgrano, Vicente López y Planes, Juan José Castelli, Juan Larrea,  Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes y Feliciano Chiclana, salones en donde se forjaron y consolidaron las ideas independentistas en lo que luego fue la República Argentina.

 

En esa quinta se cantó por vez primera la Marcha Patriótica (hoy Himno Nacional). Y mucho más adelante se discutieron los principios y valores liberales en su casa de la calle San José (actualmente Florida, en el centro de Buenos Aires) con Juan Bautista Alberdi, Esteban Echevarría, Juan María Gutiérrez, Félix Frías y Florencio Varela quienes también  participaron con Mariquita en su exilio de la tiranía rosista en Montevideo.

 

Sus escritos son pocos e incompletos (Diario Recuerdos del Buenos Aires virreinal junto a la resumida bibliografía de Pastor Obligado, la muy difundida obra de María Sáenz Quesada, la de Graciela Batticure y la compilación de Clara Vicaseca) pero la fecundidad de su organización y la calidez de su hospitalidad para las aludidas tertulias y debates fueron de una enorme fertilidad, realizadas en momentos que estaba muy mal visto que una mujer se involucrara en faenas intelectuales de esa envergadura y acompañada de tamañas personalidades.

 

Quería despegarse a toda costa de lo que había escrito como un clima en el que tres factores dominaban la situación en la que vivió tempranamente, “Tres cadenas sujetaron este gran continente de la Metrópoli: el terror, la ignorancia y la religión católica […donde] había una comisión del Santo Oficio para revisar todos los libros que venían, a pesar de que venían de España donde había las mismas persecuciones”.  Juan Bautista Alberdi escribió que Mariquita fue “la personalidad más importante de la sociedad de Buenos Aires, sin la cual es imposible explicar el desarrollo de su cultura y buen gusto”.

 

Después de Caseros vuelve a Buenos Aires desde su exilio en Montevideo y se ocupa principalmente de la Sociedad de Beneficencia que presidió durante un tiempo y especialmente dedicó su tiempo en esta institución a las niñas a los efectos de trasmitirles el sentido de independencia y dignidad en épocas en las que prevalecían criterios de machistas acomplejados y miedosos de la competencia, incompatibles con el sentido de una sociedad abierta.

 

Este estilo de comportamiento y las convicciones sobre los principios liberales, fue luego seguido y muy desarrollado por mujeres de la talla de Madame de Staël y Victoria Ocampo sobre las que he escrito antes y que ahora reitero solo en parte las observaciones entonces formuladas.

 

En esa misma línea entonces, Anne Louise Germanie Necker (Madame de Staël) fue tal vez de todos los tiempos la mujer que más contribuyó a establecer cenáculos y reuniones de gran jerarquía para el debate de ideas en la Europa decimonónica. Sus obras completas ocupan diecisiete tomos incluyendo su abultada correspondencia.

 

Mostró una muy especial reverencia por las libertades de las personas: “No hay valor mayor que el respeto por la libertad individual, lo cual constituye el principio moral supremo”. Consideraba que la tolerancia religiosa formaba parte de la columna vertebral de la sociedad civilizada: “La intolerancia religiosa es lo más peligroso que pueda concebirse para la convivencia pacifica”.

 

En prácticamente todas sus biografías que fueron muchas se destaca un dicho que recorría los distintos medios de la época: “Hay tres grandes poderes en Europa: Inglaterra, Rusia y Madame de Staël”.

 

Sus arraigados principios liberales, su carácter firme pero afable, sus cuidados modales, su sentido del humor y su don de gente la hacían especialmente propicia para el manejo de los encuentros intelectuales, todos ordenados con temas generalmente prefijados y tratados en profundidad en los que se hacía uso de la palabra por riguroso turno. Algunas de las figuras más prominentes que asistieron a sus encuentros fueron Gothe, Schiller, Chateaubriand, Edward Gibbon, Voltaire, Diderot, D´Alambert, Byron, Wilhem von Schelenger, Talleyrand y el más cercano y célebre de todos: Benjamin Constant.

 

Como buena liberal, Germanie Necker sostenía que las fronteras cumplían el solo propósito de delimitar países a los efectos de evitar la monumental concentración de poder que surgiría de un gobierno universal. Con razón mantenía que el fraccionamiento y la dispersión vía el federalismo dentro de las fronteras proporcionaba un reaseguro adicional a las extralimitaciones de los aparatos políticos y, a su vez, era una notable expositora de la libertad de comercio.  Asimismo, se hubiera disgustado mucho con la existencia de la figura del “inmigrante ilegal” propia de regimenes absurdos. Desde luego que nuestra autora no tuvo que vérselas con aquella contradicción en términos denominada “estado benefactor” cuyos “servicios gratuitos” naturalmente están siempre colapsados y demandan más recursos de los contribuyentes. Pero esto no debería servir de pretexto para bloquear los movimientos migratorios libres (salvo antecedentes delictivos). Si bien es cierto que el problema reside en el “estado benefactor” y no en los inmigrantes, se debería impedir que estos recurran a los referidos “servicios gratuitos” para no agravar la situación fiscal y simultáneamente debería eximírselos de aportes que impliquen el descuento del fruto de sus trabajos para mantener esas prestaciones (con lo que serían ciudadanos libres como muchos desearían ser). Por último, en aquellos tiempos tampoco se esgrimía la peregrina idea de que en un mundo donde los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas, los inmigrantes restan posibilidades laborales a sus congéneres en lugar de ver que liberan ofertas de trabajo para otras tareas hasta ese momento imposibles de encarar (igual que ocurre cuando se introduce un método de producción más eficiente).

 

Luego de muchas y muy variadas experiencias europeas, Madame de Staël concluyó que las acciones bélicas siempre resultaban en graves prejuicios para todas las partes involucradas y que, lo mismo que sostuvieron enfáticamente los Padres Fundadores en Estados Unidos, tarde o temprano se traducirían en el desmesurado agrandamiento en el tamaño del Leviatán cuyas deudas y desórdenes de diversa naturaleza finalmente comprometerían severamente las libertades individuales por las que ella abogó toda su vida. Se inclinaba al principio civilizado de actuar como “ciudadanos del mundo” cuyos únicos enemigos declarados eran los que rechazaban la libertad, en cuanto al resto, le resultaba irrelevante la nacionalidad, el color de la piel o la religión siempre que el interlocutor se basara en los valores universales del respeto recíproco.

 

Por otro lado, no hay escritor hispanoparlante ni lector serio de ese mundo que no tenga conciencia del inmenso agradecimiento que se le debe a la editorial y a la revista Sur, que es lo mismo que decir Victoria Ocampo puesto que ella las sufragaba para beneficio de las letras y la cultura universales. Nació a fines del siglo diecinueve, épocas que en Buenos Aires se pretendía cargar a las criaturas con los nombres de buena parte de su árbol genealógico y del santoral: se llamaba Ramona Victoria Epifanía Rufina.

 

Victoria Ocampo reunió en sus salones a intelectuales como Otega y Gasset, Octavio Paz, Paul Valéry, Albert Camus, Victor Massuh, Eduardo Mallea, Aldous Huxley, Alfonso Reyes, Borges, Bioy Casares, Alicia Jurado, Igor Stravinsky, Carl Jung y Julián Marías.

 

Siempre estuvo del lado de quienes aclaman la libertad como un valor supremo. Sufrió persecución y cárcel durante la dictadura peronista por sus manifestaciones claramente liberales (“En la cárcel -escribe- uno tenía al fin la sensación de que tocaba fondo”). Los nacionalistas de la época intentaron por todos los medios de sabotear sus tareas, incluso, en 1933, la Curia Metropolitana la declaró persona non grata porque “Tagore y Krishnamurti, dos enemigos de la Iglesia, son amigos suyos”.

 

En momentos de escribir estas líneas en buena parte del mundo hay una crisis mayúscula de valores, parecería que en gran medida se ha perdido el sentido de dignidad y la autoestima y se ha abdicado en favor de los mandones de turno, pero en homenaje a personalidades como Victoria Ocampo en su lucha por la libertad y la cultura no debemos cejar en la trifulca de marras, porque como ha escrito Benedetto Croce “la libertad es la forjadora eterna de la historia” ya que “es el ideal moral de la humanidad” y por eso “el dar por muerta la libertad vale tanto como dar por muerta la vida”.

 

Doña Victoria abogó por los derechos de la mujer en igualdad con los de los hombres en línea con la gran Mary Wollstonecraft, la pionera en el genuino feminismo y no como algunas versiones degradadas modernas. Se rebelaba contra las imposiciones de machos incompetentes que no resisten las opiniones sesudas de mujeres porque se sienten disminuidos y, por ello, prefieren relegarlas a tareas puramente domésticas.

 

En su momento, Ocampo había escrito que “toda buena traducción es una manera de creación, jamás un trabajo mecánico ejecutado a golpes de diccionario […] Tanto una bella prosa como un bello poema no tienen más traducción que la de las equivalencias; equivalencias que a veces se alejan del texto para serle fiel”, del mismo modo que ella fue siempre fiel a si misma.

 

Mariquita Sánchez fue la precursora en estas faenas de reunir a personalidades al efecto de debatir las ideas de la libertad y así contribuir a despejar las falacias del autoritarismo. Es en este sentido es un ejemplo a seguir, especialmente para los apáticos e indolentes que consideran que el respeto recíproco es algo automático que no necesita ser defendido y cuidado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Política y educación económica

Por Gabriel Boragina Publicado  el 5/11/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/11/politica-y-educacion-economica.html

 

Se ha dicho a menudo que los políticos suelen embarcarse en promesas irrealizables por lo contradictorias que ellas son en sí mismas. Como ya hemos analizado antes, puede suceder que, con el afán de obtener votos y plena conciencia de la imposibilidad concreta de llevar adelante propuestas económicas contradictorias, simplemente se amolden a los deseos de sus potenciales votantes, en la inteligencia que todos los seres humanos aspiran siempre a conseguir más por menos. Un mito popular a este respecto es el referido al gasto público:

“Muchos electores miran con esperanza el ma­yor gasto público como un medio de creación de empleos, carreteras y viviendas, pero pocos cuestionan a los candidatos de dónde van a sacar los recursos para el mayor gasto público”.[1]

Es posible también que los postulantes a cargos públicos compartan la misma ignorancia de portan aquellos de los que dependen sus votos. El analfabetismo generalizado en materia económica, por mucho que sea sostenido por una mayoría, no transforma una mentira en una verdad, ni un error en un acierto. Lo único que demuestra es que el número de ignorantes es muy grande, de la misma manera que, cuando se creía en forma mayoritaria y en tiempos lejanos que la tierra era plana no por ello tal masivo dogma contribuía ni un ápice a convertir la redondez de la tierra en una planicie. Una mentira -o un error- sigue siendo tal, por mucha que sea la gente y la condición social de las personas que crean en él. Esto se soluciona únicamente con una mayor cultura económica.

“Los recursos de un mayor gasto público, al que también le atribuyen el milagro de multiplicar la actividad económica -como Cristo multipli­có los panes-, proviene principalmente de más impuestos, más deuda o impresión de dinero, que a mediano y largo plazo empobrecen a los ciudadanos, generan inflación, desempleo y re­ducen la construcción de viviendas.”[2]

Es tan cierto lo anterior que, como veníamos diciendo, resulta bastante difícil imaginar como el presidente Macri en Argentina va a conciliar sus declaraciones de reducir el gasto público y la inflación con sus simultáneas intenciones de acrecentar la obra pública, que es uno de sus “caballitos de batalla” preferidos de su gestión. O, como dijéramos en otra oportunidad anterior, como piensa concordar su estrategia económica de corte desarrollista (que, por definición, requiere de un elevado gasto público y un rol activo del gobierno en emprendimientos de infraestructura) con sus afirmaciones sobre la necesidad de bajar la inflación, el gasto, incentivar el empleo y fortalecer el rol de la empresa privada. Se tratan de objetivos competitivos y no complementarios, dado que decidirse por unos excluye a los restantes.

“La mayoría de los programas llamados “socia­les”, que teóricamente luchan contra la pobreza y el hambre, sólo sirven en la práctica como una fuente para comprar votos y dejar más pobres a quienes lo vendieron por una dádiva inmedia­ta a costa de perpetuar su miseria (ver resulta­do de los programas sociales en libro Políticas económicas).”[3]

He aquí otro punto contradictorio en el discurso del presidente Macri, cuyo equipo de gobierno se ufana de haber otorgado durante su corta gestión más planes “sociales” que los conferidos por el anterior gobierno del FpV[4]. Resulta claro -para quien maneja elementales herramientas económicas- que el mantenimiento de tales planes “sociales” sólo es posible elevando o conservando en altos niveles el gasto público. Ergo, no se condice declamar, por un lado, que hay que bajar ese gasto al tiempo que -no sin menos fuerza- se sostiene que se prolongarán los subsidios “sociales”. Nuevamente: se tratan de objetivos contrapuestos y, por las mismas razones ya explicitadas, excluyentes entre sí.

“No sólo los pobres aceptan planteamientos de­magógicos, también algunos académicos, comunicadores, empresarios y sacerdotes, que, por sus ideologías, ignorancia, intereses polí­ticos o económicos, secundan la demagogia económica.”[5]

Esto quizás es lo más terrible de todo, porque estas personas tienen una enorme influencia sobre grandes conjuntos de otras que las siguen “a pie juntillas” y sin capacidad de crítica alguna. Como bien dice el autor citado, existen diferentes motivos por los cuales los individuos mencionados secundan la demagogia económica. Cualquieras sean esas razones, lo relevante -aquí como en tantos otros casos- son las consecuencias letales que sus enseñanzas, o ejemplos, dan a personas que, sumidas en la ignorancia económica, creen de buena fe un discurso engañoso para sus propios intereses. En el mejor de los casos, se trata de una ignorancia compartida con quienes los escuchan y convencen. En el peor, un ardid deliberado para sacar fruto y provecho de los más necesitados. Con claro perjuicio para estos últimos.

“Es importante enseñar sin tecnicismos los prin­cipios de la ciencia económica. Esa es la función del libro Políticas económicas, que difunde ar­gumentos para aclarar que promesas de los candidatos son viables y positivas y cuales de­magógicas, que agravan los problemas socioe­conómicos en lugar de ayudar a solucionarlos”.[6]

Muchos libros se han escrito con esa misma finalidad, pero -lamentablemente- son más los que se escribieron exactamente para lo contrario. Y más aún lo son los que se lanzaron al mercado editorial bajo la confusión de conceptos, doctrinas erróneas, buenas intenciones y expresiones de deseos, que poco tienen que ver con el rigor científico y la veracidad que exige una ciencia como la economía. Tampoco ayuda la fuerte tendencia de la gente común a dar crédito a lo que escuchan en la radio o en la TV que, como la argentina, es un océano de mediocridad, y donde la aguda escasez de luminarias económicas confunde más que aclaran.

“Si no tomamos el camino correcto en las polí­ticas económicas se agrandarán los problemas socioeconómicos en lugar de solucionarse. Si no queremos políticos irresponsables, populis­tas, que se aprovechan de la ignorancia de los ciudadanos y ganen elecciones con políticas económicas empobrecedoras, debemos impulsar una mayor educación económica.”[7]

Pero, como he expresado desde hace tiempo, no se trata de cualquier educación económica. Sino de la que el genial Ludwig von Mises llama la sana economía. Es decir, no cualquier economía, ya que de esta todo el mundo habla, y es la que se enseña en casi todas las universidades del mundo. Por eso, es que considero que el problema no es tanto de ignorancia económica sino de confusión económica. Dado que, en las escuelas secundarias ya se dan los primeros rudimentos de una economía que -como la keynesiana- no es sana, y que, pese a sus notables desaciertos y errores, sigue siendo el paradigma base de los economistas del mainstream.

[1] Luis Pazos. Educación económica contra demagogia electorera, Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empre­sa, A.C. (CISLE) pág. 3

[2] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 3

[3] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 3.

[4] Siglas del “Frente para la Victoria”. Secta del peronismo conformada por el nefasto matrimonio Kirchner.

[5] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 3 y 4.

[6] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 4

[7] Luis Pazos. Educación económica…ob. cit. Pag. 4 y 5.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

 

 

Macri desplegó su liderazgo ante potenciales inversores en NY

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 8/11/17 en: http://www.visionliberal.com.ar/nota/4557-macri-desplego-su-liderazgo-ante-potenciales-inversores-en-ny/

 

El presidente Mauricio Macri tiene una bien ganada buena imagen. No sólo en casa, también en el exterior. Como buen ingeniero, es efectivo y certero en sus opiniones y claro en materia de objetivos. Y, además, está siempre disponible desde la sensatez. No es poco.
 El presidente Mauricio Macri en un desayuno de trabajo con unos 40 CEOs de NY

Se puede o no, de pronto, estar de acuerdo con sus visiones, pero ellas son también siempre nítidas. Ocurre que el presidente sabe bien que, pese a su alto cargo, es un servidor público más, con todas las responsabilidades consiguientes. Por todo esto en las recientes elecciones intermedias logró, con una gran amplitud, la confirmación popular expresa de su mandato. Como se esperaba.

En pocas palabras, la gran mayoría de los argentinos está conforme con él. El contraste con su lamentable predecesora inmediata, lo ayuda siempre.

No obstante, por ser un país con mala imagen después de doce años de padecer el “kirchnerismo”, desde el exterior sugerían hasta no hace mucho que esa segunda confirmación electoral era una señal previa indispensable para poder volver a mirar a la República Argentina como posible receptora de nuevas inversiones.

Por todo ello, luego de su triunfo, el presidente Macri viajó a Nueva York. Con buen criterio. Allí recibió del Consejo de las Américas una distinción merecida, por su “liderazgo transformador”. Que se proyecta a la región toda.

El Consejo de las Américas reconoció su liderazgo

En Nueva York conversó de mil maneras con inversores, a los que explicó su política y pidió trabajar o seguir trabajando en nuestro país. En la nueva etapa que ya se abre. Muchos líderes empresarios lo fueron a escuchar. De primer nivel ahora, no segundones. Como hace mucho que no nos ocurría. Hubo toda suerte preguntas y siempre respuestas concretas.

Su comitiva estaba cortada con una tijera parecida. Llevó a gente de distintas extracciones y partidos políticos. Pero todos tenían ciertamente un perfil alto en materia de seriedad. Y lo hicieron evidente.

Como era absolutamente de cajón, el presidente al llegar rindió un breve homenaje a las cinco víctimas inocentes argentinas del terrorismo islámico que fueran recientemente asesinadas en Nueva York.

La visita de tres días fue positiva. Además era necesaria. Pero lo que decidirá, en definitiva, si el flujo de inversiones aumenta rápido serán las reformas que el presidente anuncia, una vez concretadas.

Me refiero fundamentalmente a la reforma laboral y a la reforma fiscal. En el mundo otros están haciendo simultáneamente ambos tipos de reforma. Algunos, aceleradamente. Para tratar de ganar en competitividad. Y poder exportar.

Si el presidente Macri las logra, la Argentina será un país diferente. Atractivo, para propios y extraños. Distinto del país frustrante de tantos años: el de los “vivillos” y los “rentistas” hábilmente colgados de los demás, que es hora ya de dejar de lado.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Esa duda que tanto inquieta: ¿hará un robot mi trabajo?

Por Iván Carrino. Publicado el 5/11/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2079217-esa-duda-que-tanto-inquieta-hara-un-robot-mi-trabajo

 

-Si bien la tecnología genera avances para mejorar la calidad de vida, muchos temen los efectos adversos que pueda haber en el empleo; ¿es cierto que los robots vienen por nuestro trabajo?

-Éste debe ser el temor más difundido referido al avance tecnológico. Sin embargo, se choca con los datos. En Estados Unidos, por ejemplo, la cantidad de puestos de trabajo pasó de 31,5 millones en 1939 a 144,6 millones en 2016, un período en que difícilmente pueda argumentarse que no hubo “automatización”. Por otro lado, un informe de la consultora internacional Deloitte refleja que si bien las nuevas tecnologías modifican la estructura del empleo, durante los últimos 144 años han sido creadoras netas de puestos laborales. Algunos tipos de trabajo sin duda mermaron o incluso desaparecieron, pero esta merma se vio más que compensada por los nuevos empleos creados gracias a la tecnología.

-Un estudio reveló que en la Argentina no hay ningún sector de la actividad en el que sea inferior al 50% la proporción de puestos con probabilidad de ser reemplazados, ¿no debería preocuparnos eso?

-El dato no lo discuto, pero la pregunta es: ¿qué novedad nos trae? ¿Desde cuándo el trabajo no tiene riesgo de reemplazo? Para la persona cuyo trabajo está amenazado no hay diferencia si la amenaza proviene de un robot, de un inmigrante o, simplemente, de otra persona de su mismo país. La fórmula “x% del empleo puede ser sustituido” suena a puro amarillismo para llamar la atención. En un mundo en continuo cambio, como lo es el de la economía capitalista, nada está asegurado. Nuestro futuro depende de nuestra capacidad para hacer bien las cosas y adaptarnos al contexto. No veo nada nuevo bajo el sol.

-¿Qué posición debería tomar el Estado frente al avance de la automatización?

-Para los temerosos del devenir tecnológico, el gobierno es el principal responsable de resolver los problemas generados. Yo discrepo de esa visión. Es que es el Estado -con sus regulaciones y asfixia fiscal- el que hace que la sustitución del caro empleado por la barata máquina luzca económicamente beneficiosa. Es lo que Hayek denominó “efecto Ricardo”. A mayor costo de contratar personas, más incentivo para contratar robots. Además, es el mercado el que, con sus precios libres, indica a la gente en qué actividades especializarse. Los trabajos amenazados por la tecnología darán paso, gradual pero armónicamente, a nuevas actividades, y los individuos irán adaptándose a los cambios de manera espontánea. No debe el Estado interrumpir este proceso. La mejora tecnológica le permitió a la humanidad aumentar 40 años la esperanza de vida y multiplicar su ingreso per cápita. Deberíamos construirle un monumento y fomentar su desarrollo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

En tiempos de discusión de reformas, Juan Bautista Alberdi sobre ley fiscal, impuestos y la prosperidad futura

Por Martín Krause. Publicado el 5/11/17 en: http://bazar.ufm.edu/tiempos-discusion-reformas-juan-bautista-alberdi-ley-fiscal-impuestos-la-prosperidad-futura/

 

En su libro “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”, Juan Bautista Alberdi analiza el texto entonces recién aprobado y su contenido económico, al que considera un plan para la prosperidad futura. En la Tercera Parte, Capítulo IV, se refiere a los impuestos. Algunos párrafos:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública. es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.”

“La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos.

El estadista debe tener presente que esos derechos, manantiales originarios de toda riqueza, pueden ser atacados, por la ley orgánica de un recurso fiscal, y derogada de ese modo la Constitución que los consagra precisamente en el interés de la riqueza y del bienestar común. En efecto, los recursos contrarios a las garantías económicas que la Constitución establece en favor de todos los habitantes, son justamente contrarios al aumento del Tesoro nacional; es decir, que son opuestos a la Constitución por dos respectos, como hostiles al país en su riqueza, y como hostiles al gobierno en su Tesoro parásito del tesoro de los individuos.”

Adelanta, en relación a la recaudación aduanera (que entonces era la más importante), lo que ahora llamaríamos “Curva de Laffer”:
“Síguese de aquí que el medio más lógico y seguro de aumentar el producto de la contribución de aduana es rebajar el valor de la contribución, disminuir el impuesto en cuanto sea posible. En ningún punto la teoría económica ha recibido una confirmación más victoriosa de la experiencia de todos los países, que en la regla que prefiere muchos pocos a pocos muchos.”

Y luego:

“Si el impuesto bajo es tan fecundo en resultados con referencia a las aduanas, su total supresión por un término perentorio podría servir. de un estimulante tan enérgico, que en cortos años colocase a la Confederación a la par de Montevideo y de Buenos Aires, en el valor de su comercio directo con la Europa. La aduana es como el cabello en ciertas circunstancias: es preciso cortarla enteramente para que venga más abundante. – Los grandes hoteles suelen ofrecer gratis un banquete de inauguración al público, que más tarde indemniza a las mil maravillas el adelanto recibido bajo el color de una largueza. En el banquete de la riqueza de las naciones jóvenes, los millones por impuestos no percibidos, que aparecen arrojados a la calle, son adelantos para la adquisición de rentas futuras.”

“A falta de recursos extraordinarios para llenar el déficit, el primero de los medios puede suplirse con una rebaja de derechos tan franca y audaz, que casi se acerque de la total extinción de las aduanas.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Los políticos se equivocan: NO hay que crear empleo

 

Por Iván Carrino. Publicado el 25/10/17 en:  http://www.ivancarrino.com/los-politicos-se-equivocan-no-hay-que-crear-empleo/

 

La clave del progreso no es la creación de puestos de trabajo, sino la creación de valor.

Cuántas veces escuchamos a los políticos decir que todo lo que hacen es para “crear empleo”. Como si ellos tuvieran la varita mágica para conseguirlo… repiten una y otra vez lo mismo.

Es más, en tiempos de “la grieta”, parecería que en el tema de los puestos de trabajo, todos se ponen de acuerdo.

Cristina Fernández, mandamás del país por 8 años entre 2007 y 2015, sostenía que la generación de puestos de trabajo era el “objetivo primordial” de su modelo económico.

Mauricio Macri, supuestamente ubicado a años luz de distancia del populismo radical kirchnerista, sostiene casi lo mismo: “Mi obsesión es generar más trabajo”, afirma. Cada medida que toma, cada reunión que tiene, la cierra calculando cuántos puestos de trabajo podrían crearse.

Datos, no relatos

Es una lástima que cuando uno mira los números, parece haber un divorcio entre lo que se desea y lo que efectivamente ocurre.

Si bien entre 2007 y 2011 se crearon, en el sector privado formal, 650.000 empleos nuevos, después de instaurar el “cepo” la economía se frenó y la creación de puestos de trabajo privado cayó estrepitosamente. El empleo en el sector más productivo de la economía creció al 1,1% promedio anual durante todo el período, lo mismo que crece la población.

Esta tendencia fue contrarrestada por la maquinaria de contratación del estado. Durante el mismo período, el aumento del empleo público mostró un ritmo en torno al 4% anual. Los empleados públicos pasaron de representar el 43,1% del empleo privado formal en 2012, a 49,4% en diciembre de 2015.

Con Macri la cosa no anduvo mejor. Producto de la pesada herencia recibida, en los primeros seis meses de su gestión el sector privado registrado perdió alrededor de 50 mil puestos. Esta pérdida recién terminó de recuperarse en junio de este año.

Mientras tanto, el peso del empleo estatal siguió creciendo (ya supera el 50%), el desempleo general en el país (ahora que tenemos datos confiables) es superior al promedio de América Latina y el sector informal sigue representando un considerable 34% del mercado laboral.

No hay que crear trabajo, hay que crear valor

Como se observa hasta acá, para “crear trabajo” no es suficiente con las buenas intenciones. Ahora yendo a la cuestión fundamental, lo cierto es que todo el enfoque que nos ofrecen los políticos está equivocado.

Es que la clave del progreso no pasa por “crear empleos”, sino por crear valor.

Piénsese una cosa: si el objetivo del país fuera emplear a la mayor cantidad de gente posible, la receta sería muy sencilla. A partir de mañana, se decreta la destrucción de todas las máquinas de la Argentina y el cierre de nuestras fronteras comerciales.

Estas dos medidas serían verdaderamente extraordinarias para la creación de trabajo. A corto plazo, estaríamos todos “empleados” en la destrucción de las máquinas, llevando el desempleo a 0%. Acto seguido, todos conseguimos trabajo produciendo aquellos bienes que antes fabricaban las máquinas.

Por si eso fuera poco, la demanda de mano de obra explotaría porque también habría que producir todo lo que antes llegaba del extranjero pero ahora está bloqueado.

Sensacional, ¿verdad?

No tanto…

Más empleo, mucha más pobreza

Es cierto que los argentinos a partir de ese momento tendríamos muchas cosas para hacer y  caería el desempleo, ¿pero a qué costo?

Al costo del empobrecimiento generalizado de los 40 millones de habitantes. Sería tal la destrucción de riqueza que veríamos una ola de emigración e incluso muchos compatriotas al borde de la muerte por falta de fronteras comerciales.

Es que la medida equivaldría a querer producir todo lo que compramos en el supermercado dentro de casa y “a mano”. El tiempo que pasaríamos “ocupados” sería tan grande que casi no quedaría resto para dormir o consumir.

La calidad de vida se desplomaría.

Es por eso que la clave del progreso no es la creación de empleos, sino la creación de riqueza. Es decir, la generación de bienes y servicios de valor para los clientes, que incrementen las ganancias de las empresas.

Tener cada vez más empresas, de mayor tamaño y con más inversión redunda en una mayor cantidad de bienes y servicios a precios más accesibles. El beneficio para el consumidor es directo. Pero como efecto positivo colateral, tenemos un aumento genuino de la demanda de mano de obra.

Cuanto más crecen las empresas, más gente necesitan para trabajar y mayores salarios pueden pagar.

El gobierno no debe “crear empleo”, sino limitarse a liberar las energías creativas de los empresarios.

Sin reformas no hay crecimiento

Ahora bien, para liberar estas energías es necesario remover toda la parafernalia de impuestos, trabas y controles que hoy están reprimiendo la economía.

Argentina está en el puesto número 156 en el Índice de Libertad Económica y ocupa la posición 116 en el Informe Haciendo Negocios del Banco Mundial. Arriesgar e invertir en el país es un deporte extremo, gracias a las regulaciones, la inflación, y la carga tributaria.

Más que “obsesionarse” por los puestos de puestos de trabajo, el gobierno debería preocuparse por quitarles el pie de encima a los verdaderos creadores de riqueza.

En esto deberían consistir las “reformas estructurales” de las que hoy tanto se habla.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Mauricio Macri consiguió el capital político para hacer las reformas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/10/17 en: http://economiaparatodos.net/mauricio-macri-consiguio-el-capital-politico-para-hacer-las-reformas/

 

Finalmente Cambiemos logró un resultado electoral realmente importante, no solo a nivel país, sino que, lo más relevante, consiguió la victoria en la provincia de Buenos Aires derrotando a Cristina Fernández, quien dentro del arco político argentino representa el populismo más crudo y con aspiraciones autoritarias.

No obstante, es importante que la victoria electoral no se transforme en una borrachera de continuemos con lo mismo. Quiero recordar que en 1983 Alfonsín ganó las presidenciales y luego de hacer agua con la política económica durante 2 años, lanza el plan austral en 1985 de la mano de Sourrouille generando un fuerte cambio en las expectativas de los agentes económicos, al punto que en las elecciones de medio término de ese año logra una victoria importante con el 42% de los votos, aplastando nuevamente al PJ que fue dividido. No obstante, dado que el plan austral tenía un diseño inconsistente, en 1987 el radicalismo pierde las elecciones.

Si bien se podrán marcar todas las diferencias históricas del caso, es bueno hacer un poco de ejercicio de memoria para advertir que lo que sirve para ganar una elección no necesariamente sirve para gobernar luego y mucho menos para hacer crecer la economía.

Imagino que Macri sabe perfectamente que no puede seguir eternamente tomando deuda para financiar el déficit fiscal. Encima esa deuda hay que transformar en pesos, es decir, el tesoro le entrega dólares al BCRA y éste le da a pesos para que haga los pagos, lo que implica un ingreso importante de pesos en el mercado que le exige al BCRA quitar parte de esos pesos de circulación mediante la colocación de LEBACs, stock de deuda del BCRA que, a su vez, devenga un interés que dispara el gasto público.

Mi impresión es que el gradualismo económico extremo que estuvo aplicando el gobierno pende de un hilo muy delgado que consiste en seguir consiguiendo financiamiento externo para financiar el rojo fiscal. Por lo tanto, luce muy arriesgado continuar con este esquema que se acerca más a parálisis que a gradualismo.

Poniéndolo negro sobre blanco, para evitar seguir apostando al endeudamiento hay que bajar el déficit fiscal, pero también hay que bajar la carga tributaria para atraer inversiones, esto implica inevitablemente comenzar con una reestructuración del estado para bajar el gasto público. Los tres rubros sobre los que se puede trabajar son: 1) los planes sociales. Hay que empezar a aplicar un plan serio de límite en el tiempo y en la cantidad de planes, 2) cantidad de empleados públicos y 3) seguir con la eliminación de subsidios a la energía, el gas, el agua, etc. Pero es importante resaltar que la eliminación de subsidios, que tiene como contrapartida la suba de tarifas, debe ser acompañada de una reducción de impuestos en las tarifas de los servicios públicos porque el sector privado no puede soportar un aumento de tarifas de los servicios y un impuestazo encubierto con la carga tributaria que tienen las cuentas de luz, gas, etc. La eliminación de esos impuestos aliviaría enormemente la presión sobre el sector privado. Es hora que sea el sector público el que soporte, de una vez por todas, el ajuste.

Al mes de agosto, la industria manufacturera estaba utilizando el 67% de su capacidad instalada, esto quiere decir que todavía queda margen para que aumente la producción sin hacer inversiones. Sin embargo, otros sectores ligados a los servicios sí tienen margen para aumentar sus inversiones pero con dos condiciones: 1) menor carga tributaria y 2) reforma laboral.

Menor carga tributaria implica bajar en serio los impuestos empezando por ingresos brutos y ajustando los balances por inflación para no pagar impuestos sobre utilidades ficticias.

Reforma laboral significa ponerle un techo a las indemnizaciones por despido. El problema básico es la industria del juicio por la cual alguien que es despedido luego de cobrar su indemnización le hace un juicio a la empresa por cualquier causa y la justicia, generalmente, le da la razón al empleado. Esta imprevisión sobre los costos laborales en caso de despidos hace que las PYMES piensen seriamente antes de tomar más personal. Puesto en otras palabras, una gran empresa pueda bancarse pagar el juicio, pero a una PYME directamente la destroza.

Según datos del Ministerio de Producción, en Argentina hay 650.000 empresas de las cuales el 99% son microemprendimientos y PYMES. Microemprendimientos son hasta 9 empleados y PYMES hasta 200 empleados. Como dice mi amigo y colega Gustavo Lazzari, basta con que cada una de esos microemprendimientos y PYMES tomen un empleado por año y en un año se crean 650.000 nuevos puestos de trabajo. En 5 años se resuelve el problema de la desocupación, se crean puestos de trabajo para que empleados del sector público pasen al sector privado y los 250.000 jóvenes que anualmente se incorporan al mercado laboral pueden encontrar trabajo.

La dirigencia política y sindical tiene que entender que reforma laboral no es para despedir gente, sino para incentivar a las empresas a tomar gente. Si se combina la baja de impuestos con reforma laboral, el proceso de creación de puestos de trabajo se acelera porque las 650.000 empresas actuales pueden pasar a ser 700.000 o más en poco tiempo. Hay que pensar la actual legislación laboral como el cepo cambiario. Nadie lleva sus capitales a un país del cual luego no pueda salir. El cepo cambiario es una barrera al ingreso de capitales. Bien, la actual legislación laboral es lo mismo. Es una inmensa barrera a la creación de nuevos puestos de trabajo.

En síntesis, Macri logró un segundo gran paso: derrotar directamente a Cristina Fernández y acumular un importante capital político. Ahora tiene que decidir si se lanza a un giro en la política económica para hacer sostenible el crecimiento de largo plazo o se limita a continuar tomando deuda creyendo que con el solo transcurrir del tiempo los problemas se resuelven solos.

No nos engañemos, tener acceso al crédito externo no es sustituto de reformas estructurales. Eso ya lo vivimos y sabemos que no funciona. Sí puede funcionar tomar deuda para reestructurar el sector público para aliviar la carga sobre el sector privado y de esa forma atraer inversiones.

Nadie pide cambiar 70 años de decadencia en 4 años de gobierno. Solo se pide girar el timón y enfilar la nave hacia aguas menos turbulentas que las que transitamos en el pasado por no querer hacer las reformas estructurales.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.