¿Qué tan ortodoxo es el nuevo plan anti inflacionario?

Por Adrián Ravier. Publicado el 13/11/18 en https://www.cronista.com/columnistas/Que-tan-ortodoxo-es-el-nuevo-plan-anti-inflacionario-20181112-0079.html

 

¿Qué tan ortodoxo es el nuevo plan anti inflacionario?

Mientras el Banco Central confirma en octubre una leve contracción monetaria en un plan de mantener constante la base monetaria para de ese modo bajar la inflación, también acumula Leliq que representan inflación futura. ¿Qué tan ortodoxo es entonces el nuevo plan anti-inflacionario de Cambiemos?

La respuesta obliga a analizar ambas políticas por separado, en particular porque el efecto de cada una se verá a plazos distintos.
La primera política de mantener constante la base monetaria hasta junio de
2019 es una política ortodoxa que si se concreta será efectiva en bajar la inflación.
Ofrece un impacto similar a dolarizar la economía, o al efecto que tuvo la
implementación de la Ley de Convertibilidad en 1991.
Si la expansión de la base monetaria se reduce a cero, rápidamente la inflación bajará. De hecho, el mercado ya descuenta una baja del 45% estimado para 2018 a un 25%, o incluso menos, para 2019. Si la política se mantiene, en poco tiempo más, las expectativas irán corrigiéndose hacia abajo y finalmente la tasa de inflación será de un dígito como proponía el Presidente Mauricio Macri en su campaña.

No sólo ello, la tasa de inflación mensual bajaría de un 6% y un 5% para septiembre y octubre de 2018, a 3% para noviembre y de ahí en más con una baja secuencial que llevará el valor a 2% mensual y en baja.
¿Y las Leliq? Pero la pregunta que sobreviene entonces es el tema de las Leliq. ¿Cómo surgieron estos bonos, en qué se asemejan a las Lebac y qué tan problemático puede ser desarmarlas en el futuro?
La historia reciente comienza con el Gobierno buscando en el FMI los dólares que no llegaron por la sequía y el sudden stop. El FMI solicitó algunos requisitos para resolver desequilibrios macroeconómicos fundamentales, primero dejando de intervenir en el mercado cambiario y dejando que la cotización del dólar se eleve hacia un nuevo valor cercano al equilibrio, y luego desarmando la bola de nieve de las Lebac, que a la vez ponían más tensión sobre el mercado cambiario.

Las Lebac fueron un instrumento que el BCRA utilizó para esterilizar la base
monetaria, es decir, absorber pesos en circulación. En un momento en que el BCRA expandía la base monetaria a una tasa del 25% promedio, mitad para financiar al Tesoro y la otra mitad para comprar los dólares que el Tesoro recibía en concepto de deuda, también vendía Lebac de tal modo de absorber esos pesos y evitar un impacto inflacionario mayor.
Fuimos muchos los economistas que llamamos la atención sobre este fenómeno, pero el BCRA y todo el arco oficialista estaban convencidos que el problema podía ser controlado hasta que pudieron desarmarse.
Mientras las Lebac eran cambiadas por nueva expansión de base monetaria (llevando el incremento del 30% al 50% entre abril y agosto), los tenedores de pesos demandaban divisas e incrementaban la presión sobre su cotización.
El dólar escaló de 17 a 23, 28, 31, 35, 38 y 42 pesos, tras una sucesión de crisis cambiarias y el oficialismo necesitaba detenerlo para ofrecer calma en el mercado cambiario.
Un problema adicional fue el contexto estacional en que se decidió desarmar la bola de nieve de Lebac, porque no ingresaban dólares ni por cosechas, ni por turismo, ni tampoco llegaba aun el capital del FMI.
Las Leliq son un instrumento similar a las Lebac con la diferencia de que sólo pueden acceder a ella los bancos. La tasa de interés que pagaba el BCRA al 72% trató de incentivar a los bancos a tomar activos en pesos y así reducir la demanda de divisas. El negocio parcialmente se traslada a la gente pues los bancos para tener más pesos pagan por plazos fijos tasas de hasta un 50% anual.

Si bien el impacto de la política parece haber sido una buena medicina para detener la demanda de divisas (incluso se puede mostrar que la cotización del dólar bajó de $ 42 a $ 35), los efectos secundarios se dejan ver en el corto y mediano plazo.
En el corto plazo, tasas tan elevadas contraen la actividad económica profundizando la recesión; en el mediano plazo, la pregunta que queda es cómo hacer para bajar esas tasas o incluso desmantelar las Leliq sin que sus tenedores se vuelquen al dólar.
Evitar otra bola de nieve
¿Podrá el BCRA evitar que las Leliq sean una nueva bola de nieve como lo fueron las Lebac? Desmantelar las Lebac llevó la tasa de inflación del 25 al 45% entre 2017 y 2018, y el impacto no fue mayor precisamente porque las Leliq absorbieron la mitad del problema.
Aquí es donde radica el debate más significativo entre economistas.

La ortodoxia coincide en que las Lebac debían desarmarse sin Leliq, y que era mejor que la inflación acelerase su ritmo hasta lo que debía ser, seguido de lo cual debía aplicarse la política de mantener constante la base monetaria o incluso dolarizar. De una inflación bastante más amplia que la que habrá en 2018, podría haberse observado una desaceleración inmediata con una fuerte contracción monetaria que garantizara la estabilidad monetaria en uno o dos años.
Pero el BCRA, en un marco de emergencia, tomó otro camino. Resolvió la mitad del problema y ahora le resta ver de qué modo desmantelará las Leliq en el futuro. La medida es una combinación de ortodoxia, si recordamos lo dicho al inicio de la nota, con una medida heterodoxa, que intenta postergar el costo social de resolver el problema.
Convencer al mercado de que el dólar está en calma La apuesta del oficialismo es ir bajando las tasas de las Leliq a medida que se estabiliza
el mercado cambiario, y los ahorristas observan que adquirir divisas es un mal negocio.
Hoy un 70% de tasa que pagan las Leliq, o un 49% de tasa que pagan los plazos fijos, frente a un dólar que baja o se estanca, parece ser un negocio extraordinario de corto  plazo.
Si el mercado se convence que el dólar mantendrá la calma, entonces el BCRA puede pagar 60%, 50% o 40% por las Leliq y aun así mantendrán alta rentabilidad. Las tasas de plazo fijo también bajarán en paralelo.

Mejor aún, si llegan los dólares de la cosecha, más turismo, más los fondos
comprometidos con el FMI, el BCRA puede acumular reservas y entonces sí animarse a desmantelar parcialmente el problema de las Leliq con su monetización, sabiendo que parte de estos pesos irán por las divisas acumuladas en reservas.
Resumiendo, la recomendación ortodoxa habría sido monetizar las Lebac y permitir que la inflación saltara lo necesario para reconocer los efectos que la política expansiva tuvo en  estos últimos años. El dólar también habría alcanzado niveles mayores a partir de los cuales habría que aplicar una política de estabilización como la primera comentada.
El oficialismo otra vez eligió un camino gradualista, porque si bien la primera medida es ortodoxa y será efectiva en el corto plazo, la acumulación de Leliq con tasas elevadas nos dejarán en el mediano plazo un problema de serias consecuencias económicas y sociales.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

 

La suerte de Macri pende del BCRA y del FMI

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 16/11/18 en: http://www.ambito.com/939692-la-suerte-de-macri-pende-del-bcra-y-del-fmi

 

Cuando el estatismo gradualista nos situó al borde del colapso, el FMI nos socorrió con un crédito sin precedente, otorgado por el apoyo de EE.UU. al Gobierno. Si bien circunstancias económicas mundiales incidieron en las dificultades, las principales fueron consecuencia de la insuficiente acción del Gobierno para equilibrar las cuentas, corregir distorsiones y errores graves. Desde el inicio de la administración, los más prestigiosos economistas advirtieron lo insostenible de los déficit fiscales (y, su contracara, externos) tan pronunciados. La estrategia del Gobierno buscaba desmentir la calificación de “ajustador”, apostando a que el mercado financiaría enormes déficit. Las salidas del default y liberación cambiaria, resueltas al inicio de la gestión, generaron la oportunidad de colocar deuda en términos favorables. ¡Hasta un bono a 100 años! Pero el crédito tiene límites, especialmente cuando no se advertía un sendero al equilibrio. La oposición y parte de la opinión pública también se resistieron a “ajustes” que nunca ocurrieron.

El BCRA es clave para las expectativas de la gestión, tan condicionadas por la suerte del dólar. El vuelco de la fortuna fue increíble. Los especialistas vaticinaban un 2018 tranquilo. Las expectativas (REM) promediaban 16,5% para la inflación y un dólar de $22 a fin de 2018, informó BCRA en enero. Evidente, los hechos se desviaron completamente. A mi entender, el error fue ¡emitir pesos en cantidad para cancelar Lebac! Desde el inicio de la crisis, el 23/4/2018 hasta el 1/10/2018, BCRA expandió en 80% la base monetaria para pagar Lebac. No puede sorprender la furibunda devaluación. Peor aún. Si BCRA no hubiese vendido u$s13.541 millones, absorbiendo pesos, la cotización actual sería de tres dígitos. En lugar de los dos dígitos de $36 por dólar. Sin esas ventas de dólares estaríamos en hiperinflación, con terribles derivaciones políticas y sociales.

El episodio prueba: para un futuro más tranquilo necesitamos certidumbre cambiaria. Desde octubre, el BCRA no emite dinero para financiar al Gobierno y otros destinos internos, cumpliendo una condición necesaria para estabilizar el dólar. Y establece elevadas tasas de interés para desalentar la compra de dólares. No puede bajarlas por la escasa confianza en su programa. Para superar la dificultad, proponemos una decisiva inyección de certidumbre, precisando la regla de intervención cambiaria. El BCRA debiera comprometerse a vender y comprar dólares, a cambio de pesos, ilimitadamente, a un precio fijo por largo tiempo, con una mínima diferencia entre la compra y venta. El FMI lo prohíbe pues no quiere que el crédito otorgado financie la compra de dólares, en lugar de asegurar los pagos a los acreedores externos. Como si la estabilidad cambiaria no condicionara la solvencia financiera. Más aún. En la medida que el compromiso de no emitir fuese creíble, FMI sabría que cada dólar vendido contraería la circulación monetaria, de modo que no estaría financiando una estampida de fondos del país. Es tarea de las autoridades convencer al FMI de la sustentabilidad de las reglas que proponemos, prácticamente la convertibilidad que tan bien funcionó durante 10 años. Si FMI no confiara, ¿qué esperamos de los inversores? Otra dificultad es que FMI parece creer ahora que la flotación cambiaria es la panacea mundial. No se dan cuenta que la unidad de medida, la moneda de verdad, es el dólar para los que trabajan en la Argentina. Es fácil entenderlo. Tuvimos que cambiar 5 veces el nombre del peso para quitarle 13 ceros. El dólar cotizaría ¡360.000.000.000.000! pesos moneda nacional que circulaban en 1969. Panamá, dolarizado desde 1904, es el país que más creció en América. Ecuador y El Salvador con casi 20 años de dolarización avanzan raudamente, superando diversas dificultades políticas. El FMI se fundó para asegurar tipos de cambio fijos, con prohibiciones de devaluar, un símil del patrón oro que tanto facilitó el extraordinario aumento de la riqueza mundial durante los siglos XIX y XX.

El Gobierno de un país que es bimonetario, por la pugna entre el uso forzado de una moneda impuesta, el peso, y la moneda preferida, el dólar, enfrenta equilibrios frágiles y bruscas alteraciones cambiarias. ¿Cómo flotar cuando la suerte de los gobiernos y actividades depende tanto de la cotización del dólar? El acta de defunción del Gobierno de Alfonsín fue la devaluación del 6/2/1989. El compromiso verificable diariamente de comprar y vender divisas a una cotización fija por largo tiempo bajaría la inflación y tasas de interés de golpe, restableciendo confianza y las actividades. El equilibrio monetario, la igualdad de la oferta y demanda de base monetaria, estaría asegurado, aún con la alta volatilidad que la caracteriza. Los momentos en que la oferta excediese a la demanda, la gente compraría dólares a cambio de pesos, que se restarían de la circulación. Automáticamente el equilibrio se restablecería. Cuando la demanda excediese a la oferta, el mercado vendería dólares al BCRA, y la emisión aumentaría en esa cantidad exacta. La constancia en la cotización del dólar haría ambas monedas mejores sustitutas.

Esta confianza estimularía las actividades productivas y la gente se sentiría mas satisfecha. Después de mucho tiempo, podríamos celebrar contratos a mediano y largo plazo. Los 40 países que más crecen en el mundo cambiaron drásticamente sus modos para salir de la modorra y pobreza anterior. Ninguno lo hizo con un tipo de cambio flotante durante décadas.

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Bono compulsivo, nueva muestra de Propulismo

Por Iván Carrino. Publicado el 15/11/18 en: http://www.ivancarrino.com/bono-compulsivo-nueva-muestra-de-propulismo/

 

De la mano de Dante Sica, el gobierno de Macri recurre a prácticas netamente kirchneristas.

Jueves 8 de noviembre, 3 de la tarde.

José, un empleado de una empresa de cerámicas es llamado por su supervisor para conversar en la oficina.

Luego de ofrecerle un café y charlar un rato sobre el clima, el supervisor le dice a José que, debido al buen desempeño en sus tareas, le asignará un bono de fin de año del 20% de su salario bruto.

Sorprendido con la noticia, José agradece y vuelve a su puesto de trabajo, motivado por la decisión.

Lunes 12 de noviembre, cerca del mediodía.

El gobierno de un país bananero firma un Decreto de Necesidad y Urgencia para que todas las empresas del sector privado paguen a sus empleados un bono de $ 5.000.

Casi igual, ¿no?

No, nada que ver. La medida es absolutamente demagógica, ingenua y, además, extremadamente perjudicial para la economía.

Sin embargo, esto mismo es lo que acaba de hacer Mauricio Macri, de la mano de su Ministro de Trabajo, el peronista Dante Sica.

Ley de felicidad para todos

Allá lejos y hace tiempo, cuando Argentina debatía sobre si debía haber una ley anti-despidos o no (ley que finalmente fue vetada por el presidente) Macri afirmaba:

“Si fuera cuestión de leyes, saquemos una ley que diga que por ley seamos todos felices”

Esta frase, aunque parezca increíble, fue dicha en 2016.

Hoy, dos años más tarde, el gobierno impone un aumento de salario por decreto (ya no por ley) y, encima, implementa un esquema burocrático que, al menos, intenta restringir los despidos seriamente.

A partir de la aprobación del decreto las empresas deberán consultar con el Ministerio de Trabajo y debatir en una mesa con los delegados sindicales a ver si puede llegarse algún acuerdo favorable al empleado.

Tamaña contradicción de la gestión Cambiemos.

Antes de seguir, es importante quede clara una cosa: nadie quiere que se echen empleados ni se paguen bajos salarios, pero los decretos son, por lejos, la peor medida que se puede tomar para conseguir esto.

Además, si fuera tan fácil aumentar los sueldos, ¿por qué quedarse solo con $ 5.000? ¿Por qué no decreta Macri un aumento de $ 10.000, $ 15.000, o $ 150.000? ¿Acaso le falta generosidad?

A costa de quién

La gran pregunta que abre este nuevo “beneficio laboral” sancionado por el gobierno es quién va a pagar la cuenta.

A priori, parece que las empresas, lo que va a todas luces en contra de su rentabilidad, en un contexto donde la misma viene en caída libre.

Si no me creés, dale una mirada a la evolución de los precios mayoristas (+66,1% acumulado en el año) y compárelos con los minoristas (+32,4% acumulado).

Si uno observa la mediana del salario del sector privado registrado, en el mes de agosto el salario más frecuente fue de $ 25.354. O sea que, en un contexto de costos crecientes para las empresas, el gobierno acaba de imponer uno nuevo, del 20% de su gasto en personal.

¿Quién podrá resistirlo?

Probablemente algunas empresas sí, pero otras no. Finalmente, las compañías que no puedan afrontar el costo deberán cerrar sus puertas o bien pasarse a la economía informal.

Y, paradójicamente, luego es el propio gobierno el que se queja de la evasión y la economía en negro.

Sus economistas formados –que los hay y muchos ahí dentro- deberían explicarle al equipo de esta consecuencia inevitable se su propia decisión.

Malos incentivos

Dos últimas consideraciones son necesarias.

La primera es que, a diferencia del caso de José con que abrimos esta nota, donde el bono sirve como un incentivo para mejorar la performance y productividad del empleado, aquí lo único que se busca es compensar la pérdida contra la inflación del salario de los trabajadores.

Ahora bien: ¿qué empresa no querría hacer esto? En mercados medianamente competitivos, siempre queremos pagar como empresas lo menos posible. Pero si pagamos por debajo de cierto nivel, nos quedamos sin empleados.

Es decir, un mercado libre no paga salarios de miseria (como lo demuestran Dinamarca, Estados Unidos o Nueva Zelanda) y tampoco escatimaría un bono en caso de poder premiar a los empleados que sean más productivos.

Pero lo del gobierno revienta cualquier esquema derivado de este premio anual. Viola las pautas básicas de su otorgamiento, pervirtiendo los incentivos naturales que existen en los mercados.

Por último, hay que recordar que estas medidas fueron tomadas durante el gobierno de Néstor Kirchner, un presidente abiertamente anti-mercado. ¿Qué efecto positivo puede tener este tipo de medida en crear un ambiente de negocios amigable para la inversión?

Adivinaste: ninguno.

La economía con Kirchner creció a pesar de estos aumentos, pero finalmente este tipo de intervencionismo fue el que llevó al Modelo K a su propia destrucción.

Las medidas recientemente anunciadas por el gobierno son negativas desde donde se las observe.

A corto plazo, beneficiarán a los empleados pero a costa de las empresas ya fuertemente castigadas por la situación general de la economía. A largo plazo, fomentarán el empleo en negro, el cierre de empresas y el alejamiento de las inversiones.

Un verdadero tiro en el pie.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Disparates monetarios y la crisis en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 2/11/18 en: http://www.ivancarrino.com/disparates-monetarios-y-la-crisis-en-argentina/

 

Los gobiernos que imprimen su propia moneda también pueden quebrar.

Tras una década de estar completamente marginada, en los últimos años Argentina volvió a ser protagonista de los diarios financieros del mundo. Al principio, allá por 2015 y 2016, el motivo era la enorme expectativa que los mercados tenían con el nuevo gobierno de Macri.

No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que las noticias económicas sobre Argentina cambiaron de tenor. De la gran expectativa y confianza internacional, pasamos a la fuerte devaluación del peso y los dos pedidos de asistencia al Fondo Monetario Internacional.

De momento, la situación cambiaria parece estar más tranquila, con el peso recuperándose frente al dólar en las últimas semanas.

Por otro lado, el gobierno aprobó un presupuesto que apunta a tener equilibrio primario para 2019. Es decir, excluyendo el pago de los intereses, el año que viene la suma de ingresos y gasto público debería dar $ 0.

“El problema no es el déficit”

La votación por un presupuesto equilibrado apunta a recuperar la confianza de los inversores, quienes comenzaron a dudar de la capacidad del gobierno argentino para pagar sus deudas. Así, como la deuda es hija del déficit, suena lógico que se quiera reducir el origen del endeudamiento.

Ahora bien, esta supuesta lógica no les cierra a todos. En un intercambio reciente que tuve con una economista del partido Unidad Ciudadana (de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner) ella sugería que el déficit del gobierno no representaba ningún problema para la economía. Que, dada la nueva Carta Orgánica del Banco Central de Argentina, el financiamiento del gobierno “se resuelve emitiendo pesos, porque los docentes y los empleados públicos cobran en pesos”.

Pocos días atrás volví a ver un argumento de este tipo en Twitter, donde un supuesto economista explicaba que “el problema es el déficit comercial (en dólares que no emitís), no el fiscal (en pesos que emitís).”

¿De dónde viene esta idea? La respuesta es que, al menos en tiempos recientes, estos conceptos han sido popularizados por la llamada Teoría Monetaria Moderna (o MMT, por sus siglas en inglés).

De acuerdo con los principales exponentes de la Teoría Monetaria Moderna, los déficits presupuestarios de los gobiernos no son un problema en la medida que estos puedan emitir el dinero en el que toman esa deuda.

De acuerdo con la MMT, en un mundo donde el dinero se impone por decreto del propio gobierno, no hay motivos para temer por un default de la deuda pública, ya que siempre se puede acudir a la emisión de dinero para cancelarla.

En palabras de uno de sus máximos exponentes, Randall Wray:

Los hogares y las empresas son usuarios de la moneda mientras que el gobierno soberano es el emisor. Esto marca una gran diferencia: los usuarios pueden quedarse sin moneda pero los emisores no. Si un usuario se compromete a pagar con moneda, hay una posibilidad de que esa persona no sea capaz de obtener ese dinero y se vea obligado a incumplir dicho compromiso. El emisor, por el contrario, no está forzado al default,1 ya que la promesa podrá cumplirse mediante la emisión de la moneda. El gobierno soberano no puede declararse insolvente o incurrir en un default a causa de promesas de pago –deuda– nominadas en su propia moneda.

Tomando en cuenta este concepto, uno se pregunta por qué el gobierno argentino se endeuda en dólares y si no tendría beneficios adicionales el endeudarse en pesos argentinos.

La inflación es un default

A la primera pregunta,  los heterodoxos locales le encuentran una respuesta muy clara. El endeudamiento en dólares se hace para financiar la “fuga de capitales” y favorecer a los grandes grupos concentrados.

No obstante, hay un razonamiento mucho más aritmético y simple: el volumen de endeudamiento que el gobierno colocó en los mercados internacionales es sencillamente demasiado grande para ser absorbido por el mercado local que opera en pesos.

Para tener una idea de los números, al día de hoy los depósitos a plazo fijo del sector privado ascienden a USD 22.000 millones ($AR 772.000 millones), mientras que las emisiones de deuda del gobierno de Macri acumulan unos USD 140.000 millones, 6 veces más.

Ahora el segundo punto es el más interesante y curioso dada la historia reciente de nuestro país.

¿Nos ahorraríamos la posibilidad de “default” si la deuda la contrajéramos en pesos? La respuesta es solo parcialmente positiva. Es que si se mira la película en términos nominales, es cierto que quien emite su propia moneda nunca puede no pagar una deuda.

Si el Banco Central debe $ 100, siempre podrá emitir esos $ 100 para afrontar el pago. No obstante, en términos reales, es decir, en términos de lo que ese dinero puede comprar, la situación es muy diferente.

Entre 2003 y 2018, por ejemplo, el billete de $ 100 perdió el 90% de su valor. O sea que si el gobierno argentino hubiera tomado en 2003 deuda por $ 100 y en 2018 hubiera devuelto esos mismos $ 100, habría repudiado nada menos que el 90% del valor real de su deuda.

Es decir, habría incurrido en un default mayúsculo.

Destrucción económica

Llama la atención que tras tantos años de desarrollo de la teoría económica, los postulados de la MMT generen adhesiones. Sin embargo, uno puede entender que esto ocurra en países como Estados Unidos o en la Europa Occidental, donde hace décadas que prácticamente borraron del mapa a la inflación.

Ahora que en Argentina, que a fines de los ’80 y principios de los años ’90 padeció dos hiperinflaciones y donde por los últimos 15 años –precisamente por financiar el déficit fiscal con “soberanía monetaria”- se mantuvo una de las inflaciones más elevadas del mundo, estas ideas siquiera tengan algo de atractivo es realmente inexplicable.

Esperemos que no sigan avanzando, puesto que ya debería ser claro su rotundo fracaso y capacidad de destrucción económica.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

PACTO POLÍTICO E INMIGRACIÓN.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/11/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/11/pacto-politico-e-inmigracion.html

 

 

Una caravana de miles de personas se dirige a los EEUU (¡qué raro!!! ¿Por qué no van a Venezuela??). Sí, seguramente ha sido manipulada y politizada. Por aquellos que, seguramente, no tienen necesidad de emigrar hacia ninguna parte.

Todos están criticando a Trump porque “no los va a dejar entrar” (como si no hubiera leyes que estén por encima de él). Pero me pregunto quién tiene autoridad moral para criticar a Trump. Me pregunto quiénes eliminarían todas las fronteras, todas las aduanas, todos los aranceles, para sus propios países. ¿Quiénes?

El que no quiera aduanas para su propio país, el que no quiera pasaportes y etc. para que otros entren a su propio país, que arroje la primera piedra.

Bien, déjenme entonces encontrar una buena piedra.

Pero entonces, vos y los demás liberales y libertarios, ¿están locos?

Sí, claro, somos liberales, obvio que estamos locos, pero en este caso analicemos esta locura específica.

¿Cómo debe haber libre emigración e inmigración de capitales y de personas? Sí, porque ello se llama libertades individuales y libre comercio.

¿Y la propiedad? ¿Puede entrar cualquiera a la propiedad de otro? No, claro. Pero mientras haya estados nacionales con caminos, puertos y aeropuertos como bienes públicos estatales, eso no es así.

¿Y si alguien quiere entrar a cometer delitos? Bueno, eso no se puede saber hasta que se lo cometa, pero si tiene antecedentes penales en otro país, se le puede pedir una visa.

Y si viene de una nación cuyo gobierno ha cometido actos terroristas contra el nuestro, se le puede pedir una visa.

El problema es que gran parte de los inmigrantes actuales no se sienten individuos que van a entrar a un Estado de Derecho donde se supone que va a trabajar y a ejercer en paz sus libertades individuales. Porque ESE es el pacto político que posibilitó la inmigración masiva a la Argentina y a EEUU en siglos anteriores. Ahora ese pacto político, parece que se ha perdido. Por algún motivo difícil de discernir, ahora entran masas de individuos que se sienten parte de un colectivo, con sus propias normas, que no están dispuestas a respetar el Estado de Derecho del país al que ingresan. Tal vez sean masas bien manejadas. Tal vez sean masas de gente que huyen desesperadas sin saber lo que es el Estado de Derecho del lugar a donde van.

La cuestión es que donde van, habitualmente, hay una redistribución de ingresos a nivel nacional. Parece que algo hizo creer a nacionales y extranjeros que puede haber medicina, salud, vivienda y etc. gratis para todos. A donde van, hay sindicatos que prohíben el ingreso de trabajadores extranjeros, porque algo hizo creer, a nacionales y extranjeros, que si no es así los cerdos capitalistas explotan a los pobres trabajadores. A donde van, si no tienes los títulos oficiales educativos de ese país en cuestión, no puedes trabajar, porque algo convenció a todo el mundo de que el estado certifica quién es apto para el mercado y quién no. O sea, los inmigrantes buscan entrar a un paraíso estatista, que se ha desarrollado “a pesar de” los capitales privados que sostienen a este estado pseudo-providente.

Me pregunto qué pasaría si miles y miles de inmigrantes entraran a una nación donde no hubiera seguros sociales estatales y obligatorios.  Donde no hubiera sindicatos con poderes coactivos. Donde a nadie le sería requerido un certificado estatal de sus habilidades. Donde todos pudieran educar a sus hijos según sus convicciones, y hablar y vivir según sus convicciones, pero que se dieran cuenta que si sus convicciones son violar las libertades de los otros, que estarán fuera más rápido de lo que entraron. Donde los ciudadanos pudieran ejercer libremente su derecho a la legítima defensa. Me pregunto qué pasaría. Me pregunto si en ese caso el pacto político no se re-instauraría de modo espontáneo. Sólo me lo pregunto.

 

Mientras tanto, qué hermoso que un lamentable desierto como la Argentina fuera un lugar así. Para poder decir a esas miles de personas: vengan para acá. No los espera el estado, sino sólo el Estado de Derecho, que es otra cosa. Sólo con eso pueblen la Patagonia, el noreste, el noroeste, y todos los desiertos que constituyen este desperdiciado territorio. Recursos naturales en abundancia, casi sin terremotos, tifones, tornados o tsunamis. Sólo gente que quiera trabajar en paz y un Estado de Derecho liberal. Ya fue posible. Parece que ahora ya no. Parece que ahora ya fue. Ya no hay gente. Sólo quedan gobernantes. Sólo quedan sus esclavos.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.