Joseph Schumpeter, quien no se consideraba miembro de la EAE, pero desarrolló varios de sus temas

Por Martín Krause. Publicada el 15/10/21 en: https://bazar.ufm.edu/joseph-schumpeter-quien-no-se-consideraba-miembro-la-eae-desarrollo-varios-emas/

Con los alumnos de la materia Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a un autor conocido pero que no se consideraba miembro de esa escuela. Se trata de Joseph Schumpeter. No obstante, sus contribuciones respecto a la función empresarial se ubican fácilmente en el marco de análisis austriaco y no en el neoclásico. No es lo único, también en Capitalismo, Socialismo y Democracia comparte con Mises y Hayek la crítica a la planificación e incluso adelanta algunos de los temas que desarrollarán luego autores del Public Choice. Leemos un texto publicado por el Fraser Institute de Canadá titulado «The Essential Schumpeter», que dice:  

«Durante sus estudios universitarios (en la Universidad de Viena), Schumpeter fue muy influenciado por diversos profesores –incluyendo a Friedrich von Wieser y Eugen von Böhm-Bawerk-, ambos estudiantes con Carl Menger, miembro fundador de la Escuela Austriaca. Ludwig von Mises, uno de los economistas más aclamados en la Escuela Austriaca, era compañero de estudios de Schumpeter en la Universidad de Viena. A diferencia de Mises y muchos contemporáneos en esa universidad, Schumpeter no se consideraba miembro de la Escuela Austriaca de Economía, y se describía como un conservador más que como un ‘austriaco’, en cuanto a la política económica.” 

“Si bien Schumpeter deseaba permanecer en Viena, sus mentores Böhm-Bawerk y von Wieser solo pudieron conseguirle una posición temporaria en la relativamente nueva Universidad de Czernowitz. Mientras estaba allí escribió lo que entonces se consideró un libro que era un descubrimiento sobre el progreso económico, titulado simplemente Teoría del Desarrollo Económico. Por primera vez, Schumpeter introdujo el papel central del emprendedor para explicar el progreso económico. El libro catapultó a Schumpeter a la fama muy rápido.” 

“El renombrado economista de Chicago Jacob Viner alabó el texto de Schumpeter, Historia del Análisis Económico, diciendo…. “por mucho margen es la contribución más constructiva, más original y más erudita y la contribución más brillante sobre la historia de las fases analíticas de nuestra disciplina que jamás se haya hecho. Sin embargo, fue el libro Capitalismo, Socialismo y Democracia, publicado en 1942 el que fuera su trabajo más popular y exitoso. El libro incluye muchos aportes de trabajos previos de Schumpeter pero es el más sucinto, y tal vez el más penetrante, análisis sobre la naturaleza del capitalismo. Schumpeter describe los mecanismos –emprendedores, innovación y reasignación del capital- que impulsan la “incesante” recreación del capitalismo. Es este núcleo dinámico del capitalismo que llevó a Schumpeter s utilizar la frase que mejor captura la singularidad del capitalismo empresarial: “destrucción creativa». 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Contradicciones de un llamado liberalismo de izquierda

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 9/10/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/10/09/contradicciones-de-un-llamado-liberalismo-de-izquierda/

Sostener que uno es partidario de las libertades políticas y negar las económicas se traduce en la contradictoria visión de protección del continente abandonando el contenido

Jean-François Revel

El lenguaje es principalmente para pensar y luego para comunicar nuestros pensamientos, si se recurre a terminología pastosa, pastosas serán nuestras conclusiones. No se trata aquí de mala voluntad ni de intenciones aviesas, descontamos los mejores propósitos pero es necesario aclarar algunos conceptos. Hace muchos años escribí sobre el tema pero ahora analizo con algunas reflexiones adicionales que estimo pertinentes en vista que se vuelve a la carga con aquello del supuesto “izquierdismo liberal”.

En primer lugar, debe subrayarse que las izquierdas son estatistas aunque hayan traicionado su origen ya que sus partidarios se ubicaron a la izquierda del rey en la Revolución Francesa representando la contracara del poder pero luego resulta que con el tiempo se aliaron al uso ilimitado de las botas, esto es al abuso del poder más allá de las estrictas limitaciones para proteger derechos. En todo caso, hoy la izquierda se opone abiertamente al espíritu liberal de antiestatismo y salvaguarda de las autonomías individuales.

Sostener que se es partidario de las libertades políticas y negar las económicas se traduce en la contradictoria visión de protección del continente abandonando el contenido. Pero es que el continente es precisamente para proteger el contenido. Nada significa la protección de derechos políticos si no se protege el uso y la disposición de lo propio. En resumen, se trata de una contradicción en los términos. Es el sí pero no.

Ocurre que no pocos de los que se autodenominan liberales de izquierda están recorriendo un camino que habitualmente parte del marxismo cuyo aspecto medular declarado así por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848, “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada.” Este es el corazón del marxismo por más que intenten disimularlo los que se han dejado arrastrar y engañar por las fauces de Karl Marx. Estos personajes ahora en un tránsito lento y doloroso desde esos fangos pretenden salir de a poco utilizando lenguaje atrabiliario mezclando dos tradiciones diametralmente opuestas.

Por lo dicho es que pensadores como Ludwig von Mises han declarado que el eje central del liberalismo consiste en el respeto al derecho de propiedad privada. En 1920 este economista explicó que sin propiedad privada no hay posibilidad alguna de contar con precios puesto que son el reflejo de transacciones de derechos de propiedad y sin ellos no hay manera de saber como asignar los siempre escasos recursos. Como muchas veces he ilustrado, en esta situación no se puede saber si conviene construir caminos con oro o con asfalto y si alguien argumenta que con el metal aurífero esa fabricación se traduce en derroche es porque recordó los precios relativos antes de eliminarlos. Entonces sin propiedad privada no hay manera de llevar a cabo una evaluación de proyectos, de asentar una contabilidad ni de cálculo económico alguno. Es por ello que Mises demostró que estrictamente no hay tal cosa como economía socialista allí donde no es posible economizar.

Mal que les pese a los ex marxistas la economía es la rama del conocimiento que adolece de las mayores y más gruesas falacias, como ha dicho el premio Nobel en economía F. A. Hayek , es contraintuitiva, es decir, lo primero que pensamos en la materia está mal, es necesario volver a considerar detenidamente el asunto mirando con mucha atención los efectos a corto y largo plazo y, sobre todo, distinguir lo que se ve a primera vista de los que se sucede en la cadena causal.

Algunos distraídos le endilgan el adjetivo de economicistas a quienes se ocupan con detenimiento a explicar los muy distintos vericuetos de este territorio que es desafortunadamente el menos explorado. Esto no niega en absoluto la importancia fundamental de los aspectos éticos, filosóficos, epistemológicos, históricos y jurídicos que envuelven a la tradición de pensamiento liberal. Por eso es que se ha dicho y repetido hasta el cansancio que el liberalismo antes que nada es una concepción moral de respeto recíproco.

¿Qué les sucede entonces a los ex marxistas? Les parece que es un salto demasiado grande ir directamente al liberalismo por lo que necesitan un primer paso en ese adefesio que bautizaron como “liberalismo de izquierda”, al efecto de que el trago no resulte demasiado amargo en el reconocimiento de sus anteriores equivocaciones, pues como ha reconocido el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su tan difundido Barbarism With a Human Face: “Aplíquese marxismo en cualquier país que se quiera y siempre encontrará un Gulag al final”. Como he escrito tantas veces, en lo personal, a juzgar por lo sucedido con muchos de mis condiscípulos en los dos doctorados que completé, hubiera sido trotskista o en el mejor de los casos keynesiano si no hubiera sido por la paciencia ilimitada de mi padre por mostrarme “otros lados de la biblioteca”.

Muchos de los ex marxistas están genuinamente preocupados por la condición social de los más vulnerables sin percatarse que el modo más rápido y efectivo de sacarlos de la pobreza es con el liberalismo que al abrir de par en par la energía creadora se maximizan las tasas de capitalización que constituyen la única causa de la elevación de salarios e ingresos en términos reales. Esa es la razón por la que son mayores en Alemania que en Uganda, no es que en el primer caso sean más generosos mientras que más amarretes en el segundo. No es tampoco asunto de recursos naturales, de climas ni de etnias. Japón es un cascote cuyo territorio es viable en un veinte por ciento, mientras que África contiene los mayores recursos naturales del planeta. Son marcos institucionales civilizados que respeten los derechos de las personas, por eso, como apunté con anterioridad, resulta muy alentador la difusión reciente de la larga tradición anglosajona de Law & Economics al efecto de comprender los estrechos lazos entre la economía y el derecho antes separados en nichos independientes que tanto daño han causado en lugar se sacar provecho de valiosas experiencias interdisciplinarias.

No se acaba de comprender que el mercado somos todos y que no es una cosa ni un lugar sino un proceso donde cada cual vota con sus compras y abstenciones de comprar lo cual va asignando factores de producción a los más eficientes para atender las necesidades de su prójimo. Y esto no tiene lugar por filantropía, es en interés directo de cada comerciante satisfacer las necesidades de terceros como el único camino en una sociedad libre al efecto de mejorar sus propios patrimonios. En este contexto, los principales enemigos del liberalismo son los empresarios prebendarios que se alían al poder de turno para explotar miserablemente a sus congéneres vía privilegios y mercados cautivos de distinta naturaleza. Son asaltantes de guante blanco que como no queda bien robarle las pertenecías a los vecinos a mano armada, hacen la faena con el apoyo de gobiernos con un disfraz legal.

Jean-François Revel que es un extraordinario ejemplo de quien revirtió completamente sus simpatías marxistas, en el prólogo que tuvo la generosidad de escribir para mi libro Las oligarquías reinantes consigna que la “imbricación de poder económico y de poder político es la principal fuente de corrupción en el mundo. Es por eso que la separación de la economía y el Estado es incluso más importante todavía que la separación entre la Iglesia y el Estado. Lo privado sin el mercado es tan catastrófico como la economía socialista.”

A los ex izquierdistas les quedan cicatrices como aquello de la “igualdad de oportunidades” sin ver que esa herramienta es absolutamente incompatible con la igualdad ante la ley. Como ya hemos ejemplificado antes, si juego al tenis con un profesional y me otorgan igualdad de oportunidades habrá, por ejemplo, que encadenarle una pierna al profesional del caso con lo que se habrá lesionado su derecho. Afortunadamente todos somos distintos en talentos, en fuerzas físicas y demás, en una sociedad libre las personas gozan de las mayores oportunidades posibles pero no iguales por las razones apuntadas. La igualdad es ante la ley no mediante ella y, dicho sea al pasar, reiteramos que este concepto vital está anclado a la idea de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite nuevamente a la propiedad de cada cual.

Decimos que afortunadamente somos desiguales puesto que si los humanos fuéramos iguales se derrumbaría la división del trabajo y la consiguiente cooperación social: todos quisiéramos ser ingenieros y no habría panaderos, a todos nos gustaría la misma mujer y así sucesivamente…hasta la conversación resultaría en un tedio insoportable puesto que sería equivalente a la parla con el espejo.

En esta línea argumental es necesario contradecir la manía de la guillotina horizontal y entender que, como queda expresado, las desigualdades de rentas y patrimonios en un mercado abierto son consecuencia de las decisiones de la gente según cómo administre sus adquisiciones con lo que está de hecho premiando y estimulando a algunos y castigando a otros. El delta de ingresos y patrimonios o el Gini Ratio son irrelevantes en una sociedad libre, sólo describen las preferencias de la gente y para aprovechar los siempre escasos recursos es indispensable dejar inalteradas las decisiones del público consumidor. Y en este último sentido, es menester destacar la sandez de suponer que los consumidores se dejan embaucar por la publicidad lo cual de ser cierto podría convencerse a la gente a abandonar los automóviles y andar en monopatín o sustituir la electricidad y volver a las velas siempre y cuando se proceda con la suficiente dosis de publicidad (todo esto salvo los libros que patrocinan estas zonceras cuya publicidad sería “genuina”).

Por supuesto que el liberalismo está asentado en un proceso evolutivo ya que como ha enfatizado Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierta a posibles refutaciones. De allí que sea tan ilustrativo y sabio el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, a saber, que no hay palabras finales. Por eso son tan fértiles los debates también entre liberales ya que no somos una manada y detestamos el pensamiento único. Hay en este sentido muchos matices y discusiones que ayudan a vislumbrar otras perspectivas manteniendo el respeto recíproco como aspecto crucial de esta anti-ideología por excelencia, no en el sentido inocente del diccionario de conjunto de ideas ni siquiera en el sentido marxista de “falsa conciencia de clase” sino en el siendo más generalizado de algo cerrado, terminado e inexpugnable.

Es recomendable recordar que cuando se aplicó la Constitución liberal alberdiana nuestro país era la atracción universal puesto que los salarios e ingresos en términos reales eran muy superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, la población se duplicaba cada diez años, teníamos todos los indicadores más relevantes similares o mejores que en Estados Unidos y nuestras exportaciones estaban a la altura de las de Canadá junto con maravillas culturales y educativas en todos los planos. Esto antes que nos azotara el estatismo peronista y sus imitadores con sus infames “conquistas sociales” que nos hundieron y nos siguen perjudicando machaconamente y empobreciendo en grados alarmantes.

Es de interés para los que todavía insisten en introducir algo de izquierda en el pastel liberal repasar la columna vertebral del espíritu de Alberdi quien lo resumió en el libro que explica nuestra Constitución fundadora a través de los siguientes dos pasajes vitales que debieran grabarse a fuego: “Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir” y también “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes le exigía a Alejandro: que no le hiciera sombra.”

El antes mencionado Hayek con razón nos informa que la tan cacareada “justicia social” alude a la antítesis de Justicia pues apunta que el adjetivo social unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo. Eso ocurre con “constitucionalismo social” que se traduce en textos inconstitucionales puesto que son cheques en blanco para que los aparatos estatales hagan lo que les plazca con las vidas y haciendas ajenas en lugar de establecer estrictos límites al poder, o “derechos sociales” que se traducen en pseudo derechos puesto que implican succionar el fruto del trabajo ajeno. En esta misma dirección, la “justicia social” solo puede tener dos acepciones: una flagrante redundancia puesto que la justicia no puede ser mineral ni vegetal, es siempre social o la interpretación corriente que significa sacarles a unos lo que les pertenece para entregarles a otros lo que no les pertenece, es decir, lo contrario de la Justicia.

En resumen, hago votos para que los amigos que se autodenominan liberales de izquierda junten fuerzas y hagan el recorrido final y se proclamen liberales a secas para dejar atrás contradicciones bien alejadas también de aquél otro invento inaudito de “neoliberalismo” con lo que no se identifica ningún liberal serio de nuestro tiempo. Es como ha escrito Mario Vargas Llosa “en mi vida que va siendo larga, me he encontrado con muchos liberales y con muchos más que no son liberales pero nunca con un neoliberal”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Contra la Ley de Etiquetado Frontal

Por Iván Carrino. Publicado el 8/10/21 en : https://www.ivancarrino.com/contra-la-ley-de-etiquetado-frontal/

En el congreso acaba de caerse la sesión para debatir la ley de ETIQUETADO FRONTAL Y PUBLICIDAD DE LOS ALIMENTOS Y BEBIDAS DESTINADAS AL CONSUMO HUMANO.

La ley tiene artículos totalmente delirantes como, por ejemplo, el 10.a, que directamente prohíbe:

La promoción de los alimentos o bebidas etiquetados como “exceso de azúcares”, “exceso de sodio”, “exceso de grasas”, u otras enumeraciones que la Autoridad de Aplicación determine para los productos de bajo aporte nutricional. Esta prohibición incluye la utilización de productos licenciados o artilugios comerciales tales como juguetes, accesorios, figuritas, adhesivos, tazos, objetos coleccionables, sorteos, figuras o imágenes de deportistas, artistas, personajes animados o famosos, o cualquier otro incentivo similar

Y el 14, que también prohíbe que los alimentos considerados altos en grasas o azúcares…:

… no podrán ser expendidos, comercializados, promocionados y/o publicitados dentro de las Instituciones Educativas comprendidas en la Ley 26.206 de Educación Nacional o la norma que en un futuro la reemplace.

Esto lleva al absurdo de prohibir vender una Coca-Cola dentro de una universidad, llena de adultos mayores de 18 años de edad.

Ahora bien, nadie está muy de acuerdo con estos extremos de la Ley de Etiquetado, pero sin embargo sí parece haber consenso respecto de la deseabilidad de su propuesta central. Es decir, con la necesidad de que a ciertos productos del supermercado se le ponga un sello negro que los discrimine frente a todos los demás por contener niveles de grasa, sodio o azúcares, que un grupo de expertos consideran que es elevado.

En este sentido, me llama la atención la aceptación que se ha generado entre economistas, y la confusión que existe en torno a que esta ley, al buscar “ampliar la información”, sería totalmente compatible con el ideal del capitalismo liberal.

Analicemos la ley, entonces, a la luz de estos temas de la economía y con una perspectiva liberal:

La medida es paternalista

En primer lugar vamos a decir que implementar esta ley sería implementar una medida a todas luces paternalista. La etiqueta que dice “exceso de azúcar” o “exceso de sodio” y que se obliga a agregar a los paquetes es el estado intentando modificar las conductas de la gente con el objetivo de que tenga un modo de vida más acordé a lo que el estado, asesorado supuestamente por un grupo de expertos, considera que es más adecuado. De hecho, cuando algunos hablan de los beneficios de la ley muestran precisamente dos cosas: por un lado, un cambio en el comportamiento del consumidor hacia un menor consumo de los productos etiquetados. Por el otro, un cambio de las empresas hace una producción distinta, ya que buscarán la forma de evitar tener que poner el sello.

O sea, (salvo en los casos ya mencionados) el estado no va a prohibirle al consumidor adquirir el producto, pero sí intenta guiar su comportamiento con una campaña que consiste en imponer unas etiquetas que muy probablemente lo hagan desistir de consumir algunas cosas.

El paternalismo, obviamente no es una actitud compatible con el liberalismo. La libertad implica responsabilidad, y requiere entonces que el gobierno nos trate como personas adultas, libres de elegir de acuerdo a nuestros criterios que siempre van a ser imperfectos (porque lo perfecto no es del dominio humano) y con la información considerada, desde el punto de vista de cada consumidor, relevante, pero no con toda la información disponible.

Pongamos un ejemplo: la última vez que te compraste un pantalón, claro que podés haber hecho una buena investigación, pero seguramente no sabes el precio de TODOS LOS PANTALONES en el mercado, ni todas las calidades, ni todas las formas en que cada pantalón se produce. Conocer todo eso te consumiría tanto tiempo que libremente elegís disponer de menos información.

Sin embargo, eso te basta y sobra para seguir adelante con tu vida y ser feliz con tu pantalón nuevo.

El ideal de la competencia perfecta

Esto nos lleva al segundo punto que entra en la rama de la economía. Los economistas tienen un modelo llamado de competencia perfecta que supuestamente es el ideal de una situación competitiva y que, como muchos liberales desde Adam Smith a Friedrich Hayek defendieron la competencia, algunos se confunden y creen que dicho modelo es válido para compararlo contra situaciones reales.

A partir de esa comparación, los economistas juzgan si el mercado funciona, como decía Adam Smith, o bien el mercado “falla”.

Entre los requisitos o los supuestos del modelo de la competencia perfecta están:

Que haya muchos compradores y vendedores en un mercado

Que los bienes ofrecidos sean homogéneos.

Que la empresa no tenga ni el más mínimo margen para definir el precio al que vende.

Que los consumidores tengan información completa y perfecta acerca de los productos y de todas las alternativas de precios.

Hagamos un paréntesis aquí: cuando los clásicos hablaban de competencia se referían a la situación de competencia en comparación con la de monopolio u oligopolio resultado de la intervención del estado. Adam Smith, por ejemplo, critica los monopolios derivados de las barreras proteccionistas, por ejemplo. Y lo mismo dice Mises en su tratado La Acción Humana. Sin embargo, en algún momento de la historia, el modelo de la competencia interpretarse como que, cuando no se cumplen estos requisitos, el estado tiene el deber de intervenir y llevar al mercado a esta situación idealizada.

O sea, pasamos de considerar que el estado era el principal obstáculo para la competencia, a considerar que su intervención es necesaria para generarla. Patas arriba.

Pero aquí entra lo que algunos economistas defienden de la ley de etiquetado: al ver el tema de la información, creen que el estado tiene el rol de regular para que haya información “completa o perfecta”. Y ahí empiezan los problemas.

La información es un bien como cualquier otro

Es que la información, como cualquier bien de la economía, es un producto escaso que exige un costo de producción. En ese sentido, siempre es mejor tener más que menos, pero el punto es quien carga con el costo de producir eso que supuestamente necesitamos.

Para el caso, también sería deseable contar con más autos y celulares en el mercado de los que contamos actualmente. Eso sería mejor desde un punto de vista económico ya que habría más necesidades satisfechas. No obstante, no se sigue de ahí que el estado deba obligar a los productores a aumentar la producción de autos y celulares.

Con la información ocurre lo mismo, incluso aceptando que más siempre es mejor a menos, subsiste el problema del costo para producirla y en ningún caso es compatible con el liberalismo obligar a las empresas a cargar con él.

¿Información u opinión?

Otro tema es que también es discutible que el etiquetado se trate simplemente de “más información”. Información son datos que cada uno debe leer y en base a ellos tomar sus propias decisiones acerca de si conviene o no realizar una actividad.

Ahora la etiqueta negra es una sentencia, es un dictamen, un juicio de valor, que puede estar muy fundamentado desde un punto de vista médico, pero que no aporta simplemente más información, sino que da una advertencia al consumidor para que decida de una forma y no de otra. No le acerca datos para decidir de forma más informada, sino que le sugiere decidir de una forma distinta a la que decidiría sin esa advertencia. La diferencia puede parecer sutil pero no hay que confundir la información con un mensaje que llama a la acción de acuerdo a ciertos parámetros de salubridad.

La información de la etiqueta no es tan relevante como se cree

Otro tema relacionado con esto es que se asume, y los economistas que están en este tema así lo creen, que está información de la que se habla es verdaderamente relevante para el usuario que toma decisiones. Y ahí es donde yo digo que, si ese es el caso, no hay ninguna necesidad de obligar a las empresas a ensuciar sus paquetes con etiquetas diseñadas por el Honorable Congreso de la Nación, sino que los defensores del etiquetado son libres de difundir esa información por cualquier medio que crean conveniente, como una página web o una app, y si la información es tan importante, desbordaran de visitas.

Pero no, mejor no tomarse el trabajo y adoptar la actitud vaga y resentida de “que lo hagan las empresas”.

La responsabilidad personal

Lo anterior me lleva al último punto, que es inquientante y que es que la ley desliga al individuo actuante de la responsabilidad frente a cualquier alimentación considerada no óptimamente saludable y se la traslada a la empresa que produce alimentos.

Volviendo a un tema inicial, el rol del estado es preservar los derechos individuales de las personas, no velar por su buena alimentación y su salud.

Cuando el estado ofrece salud pública no es porque tenga un rol en cuidar la salud sino por una decisión de asistir a quienes no tienen recursos para pagar ciertos bienes, como una asistencia sanitaria básica.

Además, la responsabilidad sobre nuestra alimentación es, en una sociedad de adultos responsables, totalmente nuestra. Por lo tanto, si alguien está comiendo con todo aquello que no recomendaría un médico, debe ser responsabilidad propia hacer su vida más compatible con la prescrita o bien decidir enfrentar las posibles consecuencias. De eso se trata ser adulto, no de andar llorando porque tal o cual empresa me vendió un producto con mucha azúcar.

Pendiente resbaladiza

Dos cosas más antes de cerrar: veo otro peligro en el trasfondo de la ley que es que parte de dos pilares fundamentales: el primero es que “el estado te cuida”. El segundos, que esto viene recomendado por “los médicos”. Al respecto, solo me queda recordar que durante toda la pandemia se dijo lo mismo. Que el estado nos cuida y que esto era lo que recomendaban los expertos en salud. El resultado fue que el virus igual se cargó cientos de miles de víctimas, y la catástrofe económica y social derivada de las cuarentenas no tuvo comparación.

Por último, muchos dicen que esto funcionó en Chile y que si lo hizo Chile cómo lo vamos a hacer nosotros. Ok, si ese es el punto estoy dispuesto a aceptar la ley pero si también adoptamos el gasto del 25% del PBI, el banco central independiente que tiene prohibido monetizar el déficit fiscal, la apertura unilateral al comercio global que Chile tiene y su mucho más flexible mercado laboral. Si es así, yo firmo el etiquetado.

Con esto me despido. Espero haber dejado claros esto puntos y nos vemos en la próxima.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La historia de un comunista converso

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/9/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/25/la-historia-de-un-comunista-converso/

Eudocio Ravines dedicó dos tercios de su vida a la militancia revolucionaria. Sin embargo, terminó abandonando el marxismo repugnado por las persistentes mentiras difundidas por el aparato soviético

Eudocio Ravines

Hay muchísimos relatos sobre personajes de gran valía que se han desengañado con el espíritu totalitario del marxismo. En otras oportunidades he escrito sobre las características de esa corriente de pensamiento por lo que en esta ocasión me limitaré a describir telegráficamente el caso de Eudocio Ravines (1897-1979), mi entrañable amigo que fue asesinado en México puesto que sus anteriores compañeros de ruta no le perdonaron que abandonara sus filas.

Tuve el privilegio de presentarlo a Ravines en distintas tribunas en Guatemala, México y en nuestro país. Generalmente comenzaba su conferencia con un pedido de perdón por lo que había hecho desde el Kremlin. Se emocionaba y esgrimía un paralelo con San Pablo en el camino de Damasco. Eudocio Ravines era Premio Mao y Premio Lenin, entre tantas anécdotas contaba que una de sus misiones principales era la de infiltrar las Iglesias española y chilena, lo cual logró con algún resultado que ha sido ponderado por sacerdotes tercermundistas.

En su primera etapa de desencanto pensaba que el problema radicaba en tal o cual administrador del comunismo y recién más adelante se percató que el problema consiste en el sistema y no en sus circunstanciales jefes. A partir de entonces escribía semanalmente en diarios latinoamericanos y publicó numerosos libros entre los cuales cabe destacar su notable best-seller La gran estafa sobre el cual nos vamos a detener en esta nota periodística de la que se publicaron diez ediciones, la primera en inglés. El título revela a las claras el contenido de ese sistema que Ravines denomina “la fosa común” que es “la consecuencia inexorable de sistemas y métodos, de dogmas inhumanos que no pueden ser abandonados, de condiciones económicas, políticas y sociales que los dirigentes no pueden modificar ni suavizar, ya que ello implicaría su caída”. El libro está dedicado a “todos los que sufrieron el drama de la gran estafa”.

Nacido en Perú con el pasaporte cancelado por el mandón del momento, viajaba con pasaporte boliviano. Comienza su relato agradeciendo el inmenso cariño de sus padres y subraya el empeño de su madre para que su hijo “sea un fraile franciscano”, lo cual intentó concretar sin resultado a través de su hermano mayor director del Colegio Nacional donde estudió Eudocio y donde comenzaron sus primeras lecturas de Nietzsche y, asimismo, describe la miseria por la que atravesaba su familia y sus atentas escuchas de las constantes críticas a los gobiernos de turno asentando manotazos de diversa envergadura sobre la población.

Quedó de niño muy impresionado por la Revolución Rusa y de mayor comenzó a explorar libros de Marx, Engels, Trotsky, Lenin y Zinoviev. En sus palabras: “Los bolcheviques anunciaban el advenimiento de una sociedad más humana, que venía a conceder al hombre la libertad de la miseria; proclamaban que traían en los brazos la aurora de un nuevo día para todos los desheredados de la tierra; alzaban el alto la dolida esperanza de todos los que carecíamos de mañana y se hacían presentes, marchando en la historia como los redentores de todos los pobres del mundo. Yo no podía dejar de ubicarme del lado de ellos. Y fue desde aquellos instantes que me hice fervoroso comunista, ardiente partidario de la Revolución Proletaria.”

Encontró cobijo en el diario limeño La Razón que dirigía el periodista José Carlos Mariátegui, fervoroso simpatizante de la Revolución Rusa donde Ravines comenzó a publicar artículos hasta que el periódico dejó de aparecer por la persecución del gobierno, motivo por el que Mariátegui se autoexilió en Italia y entonces Eudocio se empleó en el comercio Fort Hermanos lo cual le permitió seguir con sus estudios en la universidad y, sobre todo, incorporarse “al encrespado movimiento estudiantil” que era “el cuartel general insurgente” que fue reforzada por otra visita relámpago de Mariátegui para inaugurar un círculo de tertulias denominado con el sugestivo nombre de “Rincón Rojo”. Mientras, Ravines se ejercitaba en levantar el entusiasmo de otros grupos a través de una encendida oratoria en muy diversos actos públicos y clandestinos y escribiendo abundantemente para la revista Claridad.

“Una noche – también relata el autor- en plena madrugada, mi hogar era invadido por agentes de la policía secreta; registraron las habitaciones, despanzurraron los colchones, levantaron los pisos, golpearon a mis hermanos y me llevaron detenido”. Otra vez las cosas fueron peores “en manos de la policía fui conducido a Lima; el gobierno, sin proceso alguno, decretó contra mí una condena de veinticinco años de presidio” y lo depositaron en un “pozo de unos diez o doce metros de profundidad, con bóveda y muros pétreos. Allí los españoles almacenaban agua que debía soportar los sitios en la lucha contra los piratas”.

Transcurrido un tiempo, desde Moscú se enviaron emisarios secretos disfrazados de enfermeros para sacarlo de prisión y después de logrado en cometido lo encontraron en muy mal estado físico y emocional debido a los maltratos y pésima alimentación. Cuando llegó a Moscú lo esperaban nada menos que el presidente del Komintern, Dimitri Manuilsky, el argentino Rodolfo Ghioldi, el mexicano Herán Laborde y el búlgaro George Dimitrov. “Días más tarde me declararon Héroe de la Internacional Comunista” y más adelante el célebre activista Henri Barbusse lo llevó a una reunión con Stalin y MaoTseTung junto a traductores y cuatro secretarios. Escribe Ravines que “Stalin es un hombre de baja estatura, en comparación con las estatuas, pinturas y su gigantesca iconografía. Su rostro es más bien pálido, ligeramente ocroso, con la piel marcada por hoyos de viruelas. Es un hombre barrigudo hasta ser panzón, defecto que parece molestarle, pues estaba evidente el empeño de ocultar su abdomen tras los pliegues de la amplia rabashka. En los retratos y pinturas la barriga staliniana está incuestionablemente sofisticada ya que era la primera vez que yo veía un Stalin panzón. Al reír, una risa que lleva en sí la marca de la burla […] Estuvo de pie durante toda la entrevista, pero me pareció que tenía las piernas, especialmente los muslos, demasiado cortos en relación con el tronco y el resto de su cuerpo […] Su mirada era la de un hombre astuto más que inteligente, en ella brillaba más la desconfianza y el recelo que la agudeza y la perspicacia […] Mao adoptó una actitud policial, parecía enfadado y exhibía un rostro de profundo disgusto, las cicatrices de los granos de su cara tomaban un tinte violeta negruzco […] la entrevista giró en torno a lo paradisíaco de la vida de su pueblo y de las maravillas del Plan Quinquenal”. Mao habló poco en esa entrevista pero lo poco que dijo eran lugares comunes que no tenían ni remotamente la categoría que se suponía debía ostentar el líder del comunismo chino.

Nos dice Eudocio Ravines que por más que sostenía con entusiasmo el ideario comunista, por sus adentros se daba cuenta que en lo personal lo habían desilusionado estos dos personajes que revelaron ser de baja estofa pero que antes de la reunión idolatraba. Entretanto, en los meses sucesivos le encomendaban diversas faenas a Ravines las cuales cumplía a pie juntillas pero en los meses siguientes apareció otra desilusión y aunque no profesaba especial simpatía por el candidato se trató de una reunión con muchas personas, casi todos extranjeras, con “el jefe nominal” es decir con el camarada Michail Kalinin, el presidente de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. En esa asamblea las declaraciones de ese nuevo personaje resultaron en una mezcla de afirmaciones anodinas y falsas, intercaladas con malos chistes -que no se sabe si le habrá costado algún castigo de sus dueños- por ejemplo, cuando dijo entre carcajadas algo que no se supo bien adonde apuntaba: “O el Plan Quinquenal nos aplasta o nosotros aplastaremos al Plan Quinquenal”.

Como queda dicho Ravines cumplió con los trabajos encomendados, algunos de los cuales requería viajar al exterior pero a medida que transcurría el tiempo las desilusiones iban en aumento y fueron mucho peores que impresiones personales de algunos de los líderes puesto que se refirieron a tres aspectos cruciales. En primer lugar, el suculento contraste de los que se declamaba sobre el bienestar de la población por una parte, y por otra la espantosa miseria y sufrimientos indecibles que constataba en su paso por diversas regiones y poblados que llegaban a la muerte por inanición. En segundo lugar lo horrorizaron las constantes purgas que primero pretendió justificar hasta que finalmente se dio por vencido frente a la evidencia no solo de los asesinatos de colegas sino las permanentes matanzas de inocentes. Y por último la inmensa repugnancia al verificar las reiteradas y persistentes mentiras dichas y difundidas por el aparato comunista.

Resulta muy conmovedora la descripción de Eudocio sobre una conversación larga una noche con su amigo y camarada, el comunista italiano Marcucci con quien habían llevado a cabo diversas tareas. Tuvo lugar en un hotel madrileño y versó sobre las traiciones y desagrados mayúsculos de los que estaban haciendo los jerarcas del Partido. Después de esa conversación y una vez que cada uno se retiró a su habitación del hotel, Ravines escuchó un disparo y era su amigo que en la desesperación y frustración se había suicidado. “Me arrodillé al pie del cadáver del muchacho que iba de la vida maldiciendo de su fe y protestando contra la estafa. Me quedé allí llorando, por Marcucci, por los millares de Marcuccis que agonizaban en el mundo entero. Lloré por mí, por mi vida, por mi juventud estéril y quemada en vano, entregada para que se alzaran sobre mi sacrificio un infame grupo de piratas”.

Después de largas cavilaciones, finalmente decidió fugarse pero se preguntaba ¿cómo? ¿con qué? “Si carecía hasta del valor del pasaje para pagar un tranvía. El Partido Comunista empleaba contra mí el poderío que yo mismo le había forjado. Y mi sentimiento de culpabilidad se engrandecía, cobraba magnitudes infinitas y me aplastaba psíquicamente hasta un límite que se me hacía inaguantable. Tenía que comenzar de cero, quizás a los dos tercios de mi vida, desconcertado por una desorientación caótica […] Ya no era un acérrimo adversario del capitalismo. Mi pensamiento oscilaba”.

Y así, como hemos consignado, Ravines publicó muchos libros entre los cuales cabe destacar Capitalismo o socialismo. La disyuntiva del siglo. Me ha contado este amigo sus desvelos por estudiar los aspectos filosóficos, jurídicos, históricos y económicos de la tradición liberal, muy especialmente su dedicación a las obras de grandes maestros de la economía que suele ser el territorio menos explorado y el que está habitualmente plagado de falacias. De estas detenidas miradas resultó la parición de este libro en el que subraya que “Es ostensible que estas páginas están animadas por la tendencia clarísima a acumular pruebas frente al lector, a demostrarle que objetivamente el fracaso de los regímenes socialistas y socializantes, a hacerle palpar la magna frustración de nuestra era […] La superioridad de la economía libre sobre la economía regimentada se muestra en los resultados, en las condiciones de vida de los pueblos, en el grado de crecimiento de los procesos económicos […] es un alegato a favor de la economía libre, es decir, una defensa de los intereses populares”. Y concluye enfatizando que su libro apunta a clarificar sobre “la función creadora y revolucionaria del capitalismo […], esta lucha defiende valores: valores humanísticos”.

En otras palabras, estamos frente a un hombre de gran honestidad intelectual que ha sido engañado y reconoce con creces su error y lo enmienda con formidables trabajos en muy diversas direcciones al efecto de mostrar las ventajas de la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El mito del capitalismo “de estado”

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/09/el-mito-del-capitalismo-de-estado.html

“En América Latina y en Colombia no se dieron revoluciones democráticas y este es un elemento clave de por qué el Estado no ha sido un instrumento de desarrollo capitalista permanente.”

Francamente, no vemos el punto de contacto entre “revoluciones democráticas” y el estado/gobierno como “instrumento de desarrollo capitalista permanente”, ni tampoco queda claro a qué se refiere el autor con la locución “revoluciones democráticas” las que reputa “inexistentes” en América latina y en Colombia.

Si lo que quiere decir es que las instituciones democráticas que se pretendieron implantar en el continente no han sido consistentes con lo que la mayoría de la gente (sean legos o doctos) consideran una democracia, quizás podríamos estar de acuerdo con el mismo. Ahora bien, aun así y todo, que observe en ello un factor “clave” en el hecho de que el gobierno/estado no hubiera sido “instrumento de desarrollo capitalista” no puede entenderse desde el punto de vista que hemos venido esbozando, porque -conforme ya desarrollamos- ningún gobierno/estado puede serlo, ni cumplir siquiera provisoriamente con ese papel.

El carácter polisémico del vocablo capitalismo utilizado sobre todo en el sentido peyorativo que le supo dar el marxismo, genera desde su popularización una variedad de significados que desdibujan su concepto quitándole precisión y confundiéndolo con otros que no tienen que ver con él, parcial o totalmente. El capitalismo es un orden espontáneo (F. v. Hayek) de tal suerte que, el estado/gobierno no es ni puede ser “instrumento” del mismo, y menos aún para su “desarrollo”. Antes por el contrario, la relación entre estado y capitalismo siempre ha sido conflictiva y contrapuesta, ya que el estado/gobierno es el aparato de coacción social, y el capitalismo nace y se desarrolla sola y exclusivamente en un ámbito de libertad social.   

“Frecuentemente sectores privilegiados han considerado al Estado como de su propiedad particular. En ciertas fases ese estado ha pretendido reemplazar este desarrollo social mediante el corporativismo – gremios de la producción, grupos financieros y sindicatos de trabajadores – y el capitalismo de Estado con resultados positivos durante un tiempo, para después generar condiciones en las que políticos y sindicatos de trabajadores públicos capturan las rentas públicas para ellos y el desarrollo es ahogado por espirales inflacionarias e inestabilidad macroeconómica.”[1]

Si bien no explica, en su caso, qué entiende por “capitalismo de estado” parece claro que lo considera algo diferente al corporativismo del que habla en primer lugar. Podemos pensar entonces que por tal “capitalismo” participa de la idea que es un sinónimo de socialismo, como en términos más o menos parecidos, lo tratan el resto de los autores examinados con anterioridad.

Lo verdaderamente curioso es que diga de dicha conjunción de corporativismo y socialismo que la misma hubiera dado “resultados positivos durante un tiempo”. Lamentablemente no explícita cuales fueron esos “resultados”, por lo que no podemos analizarlos, ni mucho menos evaluarlos, pero no conocemos resultados de ese tipo en ninguna experiencia a nivel mundial, cierto es -en cambio- que el socialismo genera resultados muy positivos para los líderes políticos que lo aplican, que son los únicos que se benefician del sistema: una minoría a costa de una mayoría que mantiene sus lujos.

Para la elite gobernante esos resultados no son positivos solamente durante un tiempo sino que se prolongan en la misma medida que el régimen de esclavitud socialista se extienda, y en la proporción que la sociedad a la cual esclaviza tenga o le quede algo para producir. Más allá de ello, ningún estado/gobierno ha sido jamás factor ni gestor de desarrollo de ningún pueblo. Por lo tanto, las “condiciones” que termina apuntando el autor en virtud de las cuales “políticos y sindicatos de trabajadores públicos capturan las rentas públicas para ellos” no son en modo alguno de extrañar, ya que constituyen consecuencia lógica y natural del sistema corporativista que -en última instancia- es simplemente una variante del socialismo.

Pero incluso existen autores que al régimen comunista cubano también llaman “capitalismo de estado” dejando de lado los vocablos comunismo y socialismo:

“El país muestra una ineficiente organización productiva e institucional, con una mezcla de lo público y lo privado. En esta mixtura domina un capitalismo de Estado, en donde el gobierno es el mercado principal interno, para que los intereses puedan explotar la mano de obra, los recursos primarios y el paisaje nacional. A su vez, lo que más atrae a los dirigentes y burócratas cubanos son los fondos, tecnologías y vínculos comerciales y financieros de los inversores extranjeros.”[2]

Repitamos que, ningún gobierno puede “reemplazar” al mercado. Es una aberración creer y -más aun- afirmar cosa semejante. Cierto es que el socialismo y el comunismo siempre han pretendido hacerlo (en rigor es su objetivo principal) pero jamás lo han logrado, ni pueden conseguirlo, ni lo conseguirán nunca.

L. v. Mises ya explicó con suficiente claridad que no es posible ningún “sistema mixto” entre el capitalismo y el socialismo. Los medios de producción no pueden ser poseídos por el estado/gobierno a título de propiedad sino de usurpación, y que aun así no puede explotarlos, porque al restringir o desaparecer la propiedad privada también se esfuman las señales que el mercado libre provee para que cualquier economía pueda funcionar, es decir, los precios. Sin estas herramientas propias del mercado libre, los estados/gobiernos carecen de datos ciertos y fidedignos, y los mismos se trasforman en un juego de adivinanzas a la hora de saber qué, cómo, cuánto y cuándo producir. Esto ocasiona des-economías o -más correctamente denominados- despilfarros de capital.

Si el control de la economía no es total, los resultados de los experimentos mixtos -que L. v. Mises llama intervencionismo– son cada vez más insatisfactorios desde el propio punto de vista de los burócratas interventores. Es esto lo que hace que el gobierno no pueda conformarse controlando un solo precio o una serie de precios de varios productos sino que tenga que ir controlando todos los de la cadena de producción, hasta que todas las ramas elaborativas queden intervenidas, desapareciendo el mercado libre y con él, el capitalismo (incluyendo tal extraña cosa como el “de estado”). 


[1] Salomón Kalmanovitz “LAS INSTITUCIONES COLOMBIANAS EN EL SIGLO XX” Pág. 5. Publicado en www.hacer.org

[2] Puerta, Ricardo. Corrupción en Cuba y cómo combatirla. – 1a ed.- Buenos Aires: Fundación CADAL, 2004. Pág. 165

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La zoncera de las clases sociales y la suma cero


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/9/2
en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/11/la-zoncera-de-las-clases-sociales-y-la-suma-cero/

Las palabras son para pensar y luego para comunicarnos, si recurrimos a un lenguaje pastoso, pastosos serán nuestros pensamientos

World news: Disney CEO said 'Hitler would have loved social media'
Adolf Hitler en Munich en 1932

Es habitual -y generalmente con la mejor de las intenciones- que se haga referencia a las clases sociales sin percatarse de la genealogía de esa expresión ni de su significado preciso. Pertenecer a distintas clases sociales remite a distinta naturaleza, lo cual es un desatino mayúsculo cuando se aplica a seres humanos ya que todos compartimos la misma condición.

Más aun, la expresión “clase baja” resulta repugnante, la “alta” es de una frivolidad alarmante y la “media” resulta del todo anodina. Se argumenta que no es a la naturaleza de las personas a que se refiere la clasificación de marras sino que se alude a los ingresos bajos, medios y altos y las circunstancias varias que rodean a estas situaciones. Pues si de eso se trata es mejor decirlo abiertamente, es decir, referirse a ingresos bajos, medios y altos. Por otra parte, tengamos siempre presente que todos tenemos en común que descendemos de las cuevas y de la miseria más brutal.

Sé que no pocos encuestadores, sociólogos y colegas economistas recurren con pasmosa inocencia a esa terminología de las clases sociales pero recordemos la genealogía que proviene del marxismo que efectivamente consideraba a personas de distinta naturaleza según “la clase” y Hitler y sus secuaces luego de infinitos embrollos clasificatorios finalmente adoptaron el criterio de Marx dado que rapaban y tatuaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios y concluir que el tema era “mental” para separar al “ario” del “judío”.

En mi columna de la semana pasada sobre el marxismo, anuncié que me explayaría sobre el tema que ahora abordamos. Tal como hemos apuntado, Marx sostuvo que el proletario y el burgués son de una clase distinta porque tienen una estructura lógica diferente, lo cual se denominó polilogismo. Ni Marx ni ningún marxista explicaron en qué se diferencian las ilaciones lógicas y los silogismos respecto a lo estampado por Aristóteles. Como hemos dicho antes, no explica qué le ocurre en su estructura lógica al proletario que se gana la lotería, al burgués que se arruina o al hijo de un burgués y una proletaria.

No caigamos entonces en esta zoncera al parlotear de clases sociales puesto que las palabras son para pensar y luego para comunicarnos, si recurrimos a un lenguaje pastoso, pastosos serán nuestros pensamientos.

En este contexto se suele hablar también de “clase trabajadora” lo cual es otro sandez puesto que esta sola referencia está avalando la teoría de la explotación, a saber, que habría una clase que trabaja y otra que la explota sin percatarse que en un mercado libre todos los que obtienen ingresos corresponden la fruto del trabajo. Solo en un sistema estatista hay quienes obtienen ingresos como consecuencia de la exacción del trabajo ajeno y solo los empresarios prebendarios succionan prepotentemente el ingreso de los demás. En el proceso de mercado cada cual para mejorar su situación patrimonial se ve obligado a mejorar la condición social de su prójimo y el que yerra incurre en quebrantos y el que acierta en las necesidades de otros obtiene ganancias. El empresario en la sociedad abierta es tan trabajador como el que realiza faenas manuales. Decir que las negociaciones salariales tienen lugar entre el capital y el trabajo es tan insensato como decir que puede haber un círculo cuadrado ya que el capital no negocia, son instalaciones, equipos, maquinarias, tecnología, aparatos y equivalentes que no piensan ni actúan puesto que son inanimados.

Otra acepción del mismo tenor es la referencia a “clase privilegiada” para aludir a los más ricos, lo cual naturalmente remite a un privilegio, o a varios, situación que resulta del todo incompatible con la sociedad libre que por definición decide la absoluta abolición de todo privilegio ya que todos son iguales ante la ley. Y dicho sea al pasar, esta igualdad de derechos está indisolublemente atada a la noción de Justicia que según la definición clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y recordamos que “lo suyo” se refiere al derecho de propiedad. Desde luego que lo de la clase privilegiada tiene mucho sentido cuando nos referimos a los antedichos prebendarios o a una casta política que se apropia de lo ajeno y se excede en su misión específica de proteger y garantizar derechos.

Claro que es otro cantar si se usa en un sentido metafórico lo de “privilegiada” en el sentido del disfrute de la capacidad de poder vivir holgadamente gracias al propio esfuerzo, lo cual es a contracorriente del otorgamiento de un favor que brinda el aparato estatal que consiste en una excepción.

En esta misma línea argumental, hay quienes declaman a favor de los emprendimientos chicos en oposición a los grandes como si la ambición de los pequeños no fuera ser grandes y como si los grandes no hubieran parido como chicos. El tamaño de la empresa o el comercio depende exclusivamente de la opinión de terceros en el mercado que con sus compras y abstenciones de comprar van marcando la dimensión del negocio.

Esto último no termina de comprenderse porque desafortunadamente está muy instalada la peregrina idea que lo que a uno le falta es porque a otro le sobra. Esto en teoría de los juegos se denomina suma cero pero en el mercado libre toda transacción libre y voluntaria inexorablemente significa que ambas partes ganan, por ello es que en los diferentes comercios las dos partes se agradecen luego de la transacción.

Tal vez el argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con el nombre del “dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos (aunque en última instancia todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos). En el siglo XVI, Michel Montaigne concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas los intercambios.

Éste es el punto de partida de un error garrafal. Como queda dicho, al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para seguir con la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o, como hemos apuntado, al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco.

Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros y que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo error. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular moderno pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

Los menos eficientes deben su prosperidad a las tasas de capitalización que generan los más productivos, eventualmente como una consecuencia no buscada pero inexorable pues esa es la razón y la causa de la suba de salarios. Solo por eso es que los ingresos de Alemania son más elevados que los de Uganda, no es porque los alemanes sean más generosos y los ugandeses más avaros es por la diferente inversión per capita.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy resulta en verdad triste el espectáculo que ofrecen debates de candidatos a cargos electivos que reinciden en errores gruesos de tiempo inmemorial que han empobrecido a los pueblos.

Entre nosotros Juan Bautista Alberdi insistía en preguntarse y responderse “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”. Y los postulados de los Padres Fundadores en Estados Unidos consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, sólo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”.

¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes del baluarte del mundo libre se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retronar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

En resumen, las palabras y los conceptos resultan fundamentales para entendernos, por tanto, dejemos de emplear la peligrosa zoncera de las “clases sociales” y abandonemos la falacia de la suma cero y recién entonces estaremos en condiciones de prosperar.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La inviable propuesta de reducir la jornada laboral

Por Iván Carrino. Publicado el 31/8/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-inviable-propuesta-de-reducir-la-jornada-laboral/

Nicolás del Caño y Romina Del Pla son candidatos al Congreso por el Frente de Izquierda-Unidad. En una de sus propuestas sostienen que para reducir el desempleo y mejorar el nivel de vida de los trabajadores, lo que debe hacerse es sancionar una Ley de Reducción de la Jornada de Trabajo. Esta ley llevaría las horas semanales trabajadas por los trabajadores de 48 a 30.

La propuesta -como muchas de las que lanza la izquierda en campaña suenan muy atractivas. Sin embargo, las consecuencias son exactamente opuestas a lo que se busca.

En primer lugar podríamos reducir la idea al absurdo. Citando al amigo Leandro Fleischer, si de pedir menos horas y mejores salarios para todos se trata, por qué no proponer una jornada laboral de 42 minutos y un salario mínimo de 100 millones de pesos.

Al llevar las cosas al extremo queda claro que la medida no tendría mucha lógica.

Ahora qué pasa si analizamos la propuesta en concreto, sin exageraciones.

En ese caso tendríamos que plantearnos lo que pasaría dentro de una empresa que, por ejemplo, esté contratando hoy en día a 3 trabajadores a los cuales les paga el salario promedio de la economía ($ 39.500).

Si este fuera el caso, estos trabajadores estarían trabajando un total de 40 horas semanales cada uno (lunes a viernes de 9 a 18, con una de almuerzo), lo que totalizaría 120 horas laborales por semana en total y 480 horas de trabajo por mes. El gasto total para la compañía sería de $ 118.500, por lo que la hora trabajada se estaría pagando $ 246,87.

La propuesta del Frente de Izquierda exige que estos trabajadores ya no trabajen 8 horas por día, 40 horas por semana, sino que solo lo hagan en 6 horas diarias y 30 semanales. Si esto se lleva a la práctica, mientras la empresa antes recibía 120 horas de trabajo semanales, ahora recibirá solo 90, por lo que, según el Frente de Izquierda, se necesitará un nuevo empleado contratado para cubrir las 120 horas semanales de antes.

Al ver esto, los futuros diputados podrían pensar: “¡Genial! Reducimos el desempleo. Ahora con menos horas de trabajo por persona, hay más empleo en la economía!”

Obviamente, no funciona así.

¿Quién lo paga?

En primer lugar, porque suponiendo que a los empleados se les sigue pagando el mismo salario, entonces ahora por las mismas 120 horas de trabajo, el gasto total de la compañía subió a $ 158.000 ($39.500 * 4). Es decir que el salario por hora de todos los trabajadores aumentó un 17%. ¿Quién va a pagar esta suba?

Por otro lado, porque la propuesta de la izquierda exige que el salario no solo no caiga, sino que sea igual al monto necesario para acceder a la Canasta Básica Familiar. Según cifras del INDEC este monto asciende a $ 67.577. O sea que ahora la empresa no solo tendrá 4 empleados que trabajan 6 horas por día cada uno, sino que deberá pagarles a cada uno $67.577, lo que genera un gasto total de 279.308, o un 128% de aumento.

Ahora imaginemos qué pasa si la empresa no puede incrementar ni siquiera un peso de su gasto salarial. En ese escenario, sólo podría contratar -con los nuevos salarios- a 1,7 empleados, por lo que va a tener que despedir al menos a uno y, en el peor de los casos, a dos.

La propuesta de la izquierda, entonces, conseguirá el objetivo inverso que se planteaba. No solo no habrá plata para pagarles a los nuevos empleados, sino que producto del aumento legal del salario que proponen, aumentará el desempleo.

Solo la productividad aumenta el salario y reduce las horas

Una última cuestión que debe mencionarse es que, paradójicamente, en los países más avanzados del planeta las horas de trabajo son menos que en los países más atrasados.

Una recopilación de datos internacionales que puede consultarse en el sitio Our World in Data muestra que existe una correlación negativa entre la cantidad de horas anuales trabajadas y el PBI per cápita. Esto es que a mayor riqueza de un país, menos horas se trabaja.

Por otro lado, también podemos ver en este otro gráfico cómo a lo largo del tiempo, el aumento del PBI per cápita en el mismo país lleva a que se trabajen menos horas en ese mismo país. En el caso de Alemania, por ejemplo, el PBI per cápita aumentó de USD 4.600 a USD 47.556, mientras que en mismo período la cantidad de horas trabajadas cayó de 2.427 a 1.354 entre 1951 y el año 2017.

El secreto detrás de esta mejora es la productividad. En la medida que la productividad del trabajo mejora, se puede producir mayora cantidad en el mismo período de tiempo. Y ese es el proceso mediante el cual los países se hacen ricos. En la medida que cada trabajador aumenta su productividad -y los avances tecnológicos, al contrario de lo que dice Del Caño, contribuyen a aumentar la productividad-, cada vez nos hacemos más ricos, y esa riqueza nos permite comprar más bienes y servicios, entre ellos, el tiempo de ocio.

Para ir cerrando, si queremos que aumenten los salarios y caigan las horas que tenemos que trabajar para ganarlos, se necesita que aumente la productividad del trabajo.

Y esto no se logra con leyes que distribuyen las horas de trabajo, sino con una mejor tecnología, una mejor eficiencia productiva y mayores niveles de inversión e innovación. Es decir, con todo aquello que nos ha brindado el capitalismo y con nada que haya resultado de leyes avanzadas por los partidos de izquierda.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

La alocada idea de subir a $ 100.000 el salario mínimo

Por Iván Carrino. Publicado el 22/8/21 en : https://www.ivancarrino.com/la-alocada-idea-de-subir-a-100-000-el-salario-minimo/

Manuela Castañeira es socióloga, egresada de la Universidad de Buenos Aires, y la única mujer de la izquierda que encabeza una lista para diputados en la Provincia de Buenos Aires. Su postulación es por el partido “Nuevo MAS”, o Nuevo Movimiento al Socialismo.

Entre sus propuestas para mejorar la economía del país está la de establecer un salario mínimo legal, y luego ajustable anualmente por inflación, de $ 100.000 mensuales.

A continuación analizaremos la viabilidad y el impacto que esta propuesta podría llegar a tener.

Amarreta

En primer lugar, la propuesta podría tildarse de poco generosa. Es que si estamos para proponer, por qué no pedir un salario mínimo de $ 200.000 o $500.000.

Mejor aún, un millón de pesos por mes para todos y todas y se acaba con la pobreza y la precarización. Obviamente, algo no cierra en esta idea.

Para poner en más en contexto la propuesta, los $ 100.000 mensuales que pide Castañeira son equivalentes a:

—> 3,85 salarios mínimos vitales y móviles de hoy, ya que éste es de $ 25.920

—> $ 32.400 más que la canasta básica familiar, pero 4,5 veces la canasta básica para el adulto equivalente. Es decir, lo que necesita una persona adulta de unos 35 años de edad para no caer en la pobreza

—> Si comparamos contra la vara de indigencia, $ 100.000 por mes permiten la compra de 10 canastas alimenticias.

—> Otro dato interesante es que el salario promedio del sector privado registrado de la economía es casi de $ 86.000. O sea que la propuesta busca llevar el nivel mínimo permitido por la ley a igualar el nivel promedio, un salto considerable.

Desempleo

Ahora analicemos las consecuencias que esto puede tener sobre la producción y el empleo. Si pensamos en una fábrica que tiene 4 trabajadores empleados con el salario mínimo, vemos que cada empleado recibe $ 25.920, generándose así un costo laboral de $ 103.680 mensuales.

Ahora bien, si se pone en práctica la ley impulsada por el NUEVO MAS, el gasto total de la empresa se dispararía hasta los $ 400.000 mensuales. Si suponemos que la empresa no puede incrementar el gasto en empleados y tampoco incrementar sus ingresos en el corto plazo, el resultado es muy fácil de ver. Con lo que antes se mantenía a 4 empleados trabajando dentro de la fábrica, ahora se puede mantener solamente a uno.

O sea que quien se quede trabajando por casi 4 sueldos, seguramente esté muy contento con la nueva política, pero no así los otros tres empleados que perdieron el trabajo.

Es por este sencillo caso, que puede replicarse hacia toda la economía, que se sostiene que los salarios mínimos legales son causa directa de la generación de desempleo.

Dejémonos de joder

Manuela Castañeira tiene respuesta para este problema. La forma de pagar el aumento, dice, es con una reforma tributaria que le cobre más impuestos al agro. En concreto, pidió hace pocas horas que se suban las retenciones al 50% y que “nos dejemos de joder”.

¿Alcanza? En 2020 por retenciones se recaudaron $ 360.000 millones. Hagamos el supuesto de que subiendo las retenciones hasta el 50%, y con el impacto de la inflación incluido, estos ingresos fiscales suben a 800.000 millones.

Ahora bien, tomando como punto de partida los empleados que están en el sector en blanco de la economía. Y asumiendo que todos ellos cobran el promedio que es de $ 86.000, el incremento hasta $ 100.000, implicaría un costo anual extra de 182.000, que multiplicado por los casi 6.000.0000 de empleados del sector privado representa un gasto extra de 1 billón de pesos.

O sea que ni siquiera alcanza a pagar el aumento para el sector privado registrado de la economía. Quedan todavía 3 millones de empleados públicos y otros 4 millones de empleados en negro.

Pero el problema no es solo que no alcance con esa plata, sino que encima el costo de intentar recaudar sería el cierre de empresas en el sector, con nuevos desempleados.

Con el cepo y las retenciones a la soja en 33%, a quien exporta USD 100 de soja hoy le quedan en la mano $ 6.700 en lugar de $ 18.000, lo que quiere decir que por cada 100 que vende le quedan 37. Con las retenciones en 50%, le quedarían 27 dólares por cada USD 100 exportados: ¿Quiénes podrán sobrevivir con un impuesto a la producción y la venta de nada menos que 73%?

Inviable y destructivo

El aumento del salario mínimo financiado con aumento de retenciones es totalmente inviable.

En primer lugar, es una cifra antojadiza que no responde a ningún criterio serio. En segundo lugar, implicará un brutal aumento del desempleo sin importar quién intente pagar la cuenta.

Si lo financia el empresario con su ingreso, solamente podrá mantener a uno de cuatro empleados. Y si lo intenta financiar el gobierno con más impuestos, primero que no le darán los números, pero segundo que por sostener los empleos en un sector de la economía los va a destruir en otro.

Para cerrar, si los salarios en Argentina son bajos no es porque la ley no los suba lo suficiente, sino porque no existen las condiciones institucionales y económicas para impulsar la inversión y el aumento genuino de la producción. Leyes como las que propone Castañeira solo alejan más la llegada de esas condiciones.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Las materias primas con futuro incierto

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 6/9/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/09/05/las-materias-primas-con-futuro-incierto/

Desde hace décadas que el sector industrial en Argentina tiene muy poco peso a causa de que el Estado, no solo quita capacidad de trabajo con tantas regulaciones -limitaciones y prohibiciones-, sino que quita cuantiosos recursos por vía impositiva y, para remate, se lleva casi todo el crédito.

              Hoy, como señala Gabriel Rubinstein, el 90% de los depósitos en pesos del sector privado están colocados en instrumentos que emite el BCRA (62%) o el Tesoro (28%). Los bancos se ven “tentados” a prestarle más al Estado. Obviamente, frente a cualquier disrupción que ocurra, las entidades se verían demasiado expuestas o, mejor dicho, los depositantes ya que la “patria financiera” siempre termina arreglando con los políticos. Según Broda, el crédito al sector privado cayó 11,8% en lo que va de 2021.

             En fin, a falta de sector industrial, las importaciones sustitutas deben ser pagadas mayormente con la exportación de productos primarios o recursos naturales con un bajo nivel de industrialización. Cuenta Carlos Boyadjian que, según datos oficiales, de los USD 35.373 M que se exportaron en el primer semestre del año, 11.900 M o el 34% corresponden a la soja y derivados. Le siguen el complejo maicero con USD 3744 M y un porcentual de 10,6%, luego el sector automotriz-autopartista con el 8,6% del total, y luego el complejo petrolero-petroquímico, aportando el 5,9% y el complejo triguero con el 5,1% del total. El resto se reparten en medio centenar de rubros, la enrome mayoría a partir de recursos agropecuarios y mineros con baja industrialización.

               Ahora, las cantidades totales exportadas crecieron sólo 4,7% en el primer semestre de 2021 respecto a igual período del año anterior a pesar del levantamiento de las restricciones con excusa de la “pandemia”, pero hubo una mejora sustancial gracias al aumento de precios en los commodities. Según el Indec, el índice de precios de las exportaciones aumentó 22,4%. Pero esto podría cambiar debido, entre otras cosas, irónicamente, a la inflación global.

                Cuenta Alasdair Macleod que la semana pasada, en su discurso de Jackson Hole, el presidente de la Fed, Jerome Powell, admitió a regañadientes que los precios podrían subir “un poco más” de lo que pensaba anteriormente, pero que era demasiado pronto para concluir que las políticas deberían ajustarse de inmediato. En otras palabras, con los precios aumentando a más del doble del objetivo del 2%, no hay nada de qué preocuparse según él.

                   Por cierto, analistas independientes, como John Williams de Shadowstats.com, aseguran que la suba del IPC -en EE.UU., o sea, en dólares- hoy es de más del 13% anualizado, una cifra impensada hasta hace unos meses para la primera potencia. La figura 1 muestra claramente que la emisión monetaria -la M1- se ha disparado y pareciera descontrolada:

                Ciertamente hay una distorsión generalizada de precios -y de logística como en el caso de los chips- como consecuencia de las restricciones impuestas por los gobiernos con excusa de “la pandemia” pero en la base, los aumentos en el nivel general de precios se producen a medida que la moneda recién emitida entra en circulación. Pero resulta que, como admite Powell, las empresas y los consumidores informan ampliamente sobre la presión al alza sobre los precios y los salarios.

                  Así, mientras la inflación provoca la suba del IPC, al mismo tiempo destruye a la producción y entonces cae la demanda de insumos, materias primas, conduciendo, irónicamente, a una caída en los precios de los commodities. El índice Commodity Research Bureau (CRB) actúa como un indicador representativo de los mercados mundiales de productos básicos de hoy. Y en el siguiente gráfico puede verse como, gracias a la inflación, ha venido subiendo fuertemente pero ahora pareciera estabilizarse como antesala a una caída:

            Ahora, la Fed utiliza dos mecanismos separados para la expansión de la moneda. Uno de estos es la flexibilización cuantitativa (QE) que tiene como objetivo proporcionar a las instituciones financieras efectivo a cambio de activos de bajo riesgo, específicamente bonos del Tesoro de EE.UU. y bonos de agencias gubernamentales. Este QE tiene el efecto de mantener los rendimientos -inversos al precio- de los bonos reprimidos y los mercados de acciones inflados debido a la liquidez de las instituciones receptoras. Así, en términos reales, las tasas de interés son ahora negativas.

            El otro mecanismo, independiente de la QE, es el déficit presupuestario del gobierno, teóricamente financiado con los ahorros del sector privado, pero en ausencia de un aumento en la tasa de ahorro, es financiado mediante la expansión de la moneda y el crédito. Así, como muestra la siguiente figura, la cuenta general del Tesoro en la Fed viene bajando fuertemente:

             Desde marzo de 2020, cuando el saldo era de USD 380.000 M, el gobierno acumuló 1,437 B más hasta un saldo de 1,817 B en poco más de cuatro meses. Desde agosto del año pasado, toda esa acumulación y un poco más se ha gastado en circulación general, lo que ha provocado que la liquidez inunde la economía.

                 Así, insólitamente, mientras tanto, los mercados de valores se han sobrevalorado enormemente gracias a la garantía de la Fed de que nunca caerán; ese es el propósito principal de QE. Es casi seguro que una caída del dólar y un aumento de los rendimientos de los bonos a lo largo de la curva serán la señal para el inicio de un mercado bajista. Y con los inversores extranjeros teniendo USD 13,3 B en acciones estadounidenses a fines de junio, la venta extranjera de acciones y ganancias en dólares podría ser una alerta temprana de un nuevo mercado bajista.

               Si la Fed pierde el control sobre las tasas, el mercado será considerablemente bajista. Pero se espera que la Fed mantenga alta la “confianza económica”. Si quiere salvar los mercados, tendrá que aumentar la QE al comienzo de cualquier caída significativa en el S&P 500. Esta es la razón por la que QE se restableció en marzo de 2020 y continúa hasta el día de hoy en USD 120.000 M mensuales, sumando USD 2 B hasta ahora.

                Así, en 2021, las acciones globales han tenido un rendimiento del 16% hasta el 1 de septiembre, con una volatilidad históricamente baja. Aunque no todo ha sido color de rosa, de hecho, el MSCI China ha caído un 26% desde el 14 de febrero, mientras que MSCI Europe ha subido un 14% durante el mismo período.

                 Por cierto, esta inflación ha llegado hasta las criptomonedas que no caen aun cuando se las acusa de ser altamente inestables. El Bitcoin logró reaccionar a fines de la semana pasada superando los USD 50.000. Así las cosas, otros criptoactivos también siguieron la tendencia alcanzando un crecimiento incluso superando el 120%, según Cointelegrah, como es el caso de Revain (REV) que se cotizaba a USD 0.031 lo que representa una suba del 121.57% en una semana.

                 En fin, por cierto, en el largo plazo, siempre está el metal amarillo. Desde que Nixon, en 1971, decidió darle el golpe mortal al patrón oro, el dólar ha perdido el 98% de su valor frente al metal precioso.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La sociedad civil y el capitalismo “de estado”

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/08/la-sociedad-civil-y-el-capitalismo-de.html

“Si el sistema del capitalismo estatal ha de concebirse en los tradicionales términos de clase, el papel de la clase dirigente sólo puede ser atribuido al propio Estado. Esto no impone el antropomorfismo ni tampoco requiere que el Estado esté personificado por un monarca, un dictador o por los dirigentes del partido. Ni necesita identificarse con una institución específica, la asamblea, el comité central o el consejo de ministros. De manera más general y no comprometida, es suficiente que el Estado sea (en la versión de una famosa expresión de Marx) fuerza armada y capital dotados de conciencia y voluntad.” [1]

Como hubiéramos explicado en el resto de nuestras obras, el concepto de estado/gobierno/nación, o expresiones equivalentes, es simplemente una idea, un instrumento mental. No existen en el mundo real sino solo imaginario. Detrás de esas etiquetas se esconden personas humanas como todas, que usan y abusan de tales representaciones mentales para personificarse como “el estado vivo” encarnado y visible, al cual debe rendírsele culto.

Es admisible pues decir que, el estado/nación es fuerza armada, pero no lo es afirmar al unísono que es “capital” (¿?). Ya hemos explicado que el concepto de capital es opuesto al de estado/gobierno/nación. Que estos últimos expropien el capital y le den usos en favor propio o ajeno no convierte a un gobierno/estado en capitalista porque sería la misma situación que la del ladrón que echa mano del botín y lo consume o “invierte” con su producido. No es el ladrón el “capitalista”, el sólo es ladrón, el capitalista es simplemente su víctima, y podemos dar por sentado que en este ejemplo la mayoría estaríamos de acuerdo (menos los ladrones, desde luego). No existe, sin embargo motivo para que al razonamiento sea diferente cuando el que roba el patrimonio del capitalista es el gobierno en nombre de ese manoseado y etéreo “bien común”.

Más aberrante es decir que la “fuerza armada” y el capital, están “dotados de conciencia y voluntad”. Proponer seriamente una fórmula semejante sólo estaría indicando el nivel superlativo de delirio de quien la propone. El estado/gobierno, insistamos, no existe más que como una idea instrumental para diseñar una forma de organización social. Sin personas que ejerzan los roles pensados en función de su caracterización el estado/gobierno sencillamente no existe.

“Completar el dominio sobre la sociedad civil al maximizar el poder discrecional puede ser considerado como una cadena de movimientos correctivos, cada uno de los cuales se propone hacer al sistema social tanto sumiso a la intención del Estado como internamente coherente, aunque estos dos requisitos no son necesaria y ni siquiera probablemente compatibles. Cada movimiento correctivo es consiguientemente susceptible de crear alguna nueva inconsecuencia sistémica y de necesitar otros movimientos correctivos. Esta secuencia lleva adelante la dinámica política, como tal, del capitalismo estatal.” [2]

Dado que el Estado no existe es que preferimos la expresión gobierno o estado/gobierno para los más “exigentes”, o los más apegados con la terminología tradicional. Lo que describe la cita nosotros lo explicamos con otras palabras de acuerdo al vocabulario que hemos elegido para enunciar.

Aquello que se llama la sociedad civil no son más que –sin eufemismos- los gobernados, y lo que aquí se llama “estado” no es más que el gobierno compuesto por personas que, parapetados detrás del vocablo, se arrogan el derecho de mandar sobre otras (la “sociedad civil”).

En suma, la puja siempre es entre gobernados y gobernantes. Estos últimos tratando de someter a los primeros. Nos parece mucho más simple explicarlo de esta manera, aunque no coincida probablemente con lo que el autor quiera -en última instancia- declarar.

Impropiamente, la cita emplea los vocablos sistema social y sociedad civil como sinónimos cuando -con toda claridad- no son semejantes.

Lo que aquí se llaman “movimientos correctivos” parecería ser los distintos pasos por medio de los cuales el poder avanza sobre las libertades individuales para lograr esa sumisión que se menciona. La fórmula implica o sugiere que la libertad natural de las personas se estaría considerando una desviación por parte del poder político, que necesita ser objeto de una corrección que devuelva al ciudadano rebelde (o a toda la sociedad en su caso) a su posición originaria de obediencia y sumisión, o llegar a esta a través precisamente de las medidas represivas gubernamentales.

Parece decirse luego que cada medida de este último tipo puede generar un nuevo brote de resistencia de otra naturaleza, la que -desde la “lógica” del poder- deberá ser nuevamente “corregida” (en rigor, se quiere significar sofocada). Finalmente, recusamos la insistencia del autor en utilizar la alocución “capitalismo estatal” para describir todos estos fenómenos. De lo que se habla es, sencillamente, de comunismo o socialismo, no de ninguna clase de “capitalismo”.

Hay, sin embargo, otros que parecen usar “capitalismo de estado” en un sentido algo diferente, veamos algunos ejemplos de estos:

“Es una regla, continúa Johnson, que los hombres somos en exceso crueles y despiadados no por malicia tanto como por un sentido extremo de querer el bien. Los individuos, además, no tienen tanta capacidad de hacer el mal como los gobiernos, cuyas buenas intenciones pueden crear males sin límite. La I Guerra Mundial produjo un aumento en el tamaño de los gobiernos, especialmente en Alemania, Japón, pero notablemente en la Rusia Imperial, lo que fue un factor de mucho peso para ese conflicto por parte de Alemania. Lenin de hecho heredó un gobierno de capitalismo de estado y copió a los alemanes muchos de sus arreglos. En el Occidente sucedió lo mismo, los gobiernos crecieron y aumentaron su poder.”[3]

Aquí se usa “capitalismo de estado” para designar al régimen zarista que se dice “heredado” por Lenin. Viniendo de un historiador (Johnson) si bien notable e importante, no debemos perder de la mira que no se trata de un economista ni de un jurista, habida cuenta que el término capitalismo entra dentro del campo de la ciencia económica (si bien se lo utiliza en otras disciplinas, también impropiamente) y “estado” es término inherente de las ciencias jurídicas y políticas.


[1] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 320

[2] De Jasay, A. Ibídem, pag. 320

[3] Eduardo García Gaspar. Ideas en Economía, Política, Cultura. Parte I: Economía. Contrapeso.info 2007. Pág. 319

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina