ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE HISTORIA ECONÓMICA ARGENTINA

Por Guillermo L. Covernton 

El papel de la historia, en el análisis y diseño de medidas de política económica ha sido enfocado con muy diversos criterios, dependiendo de la formación intelectual de cada proponente: Así, por ejemplo para Mises, Las ciencias de la acción humana se dividen en Praxeología e Historia, siendo la Economía una rama de la primera. Para este autor, la Historia Económica no es más que Historia, y dado que para esta ciencia, el pasado constituye el objeto principal de su estudio, sus enseñanzas no pueden aplicarse a la totalidad de la actividad humana, concretamente no pueden aplicarse a la acción futura. No cabe construir esta ciencia en base a elaboraciones empíricas [1]. De todas formas, no encontramos enfoques que nieguen que el estudio de la historia económica nos permite ver y anticipar la comisión de errores que pueden ser de enorme trascendencia y ese es el objetivo de detenernos en el análisis de esquemas pasados de política económica. A pesar de ello, las conclusiones dependerán fuertemente del marco teórico en el que se haya formado el investigador, ya que este nunca alcanza a reflejar la totalidad de las circunstancias, sino solo aquellas que considera de interés, de acuerdo a los puntos de vista teóricos que sustente. Es por eso que tiene una importancia esencial la apoyatura técnica en la que se desarrollan [2].

Debe destacarse también que en lo referente a la historia económica de nuestro país, encontramos escollos similares a los que se le presentan al estudioso de otros aspectos generales de nuestra historia: El apasionamiento a veces no permite ver a las claras los indicios que los hechos nos brindan. Por ello es menester hacer gala de una actitud amplia y pluralista, que sin dejar de lado ciertas hipótesis, que siempre se apoyan en nuestro propio acervo teórico, permitan confeccionar algunas opiniones, que sin pretender ser absolutamente concluyentes, den lugar a la elaboración de explicaciones satisfactorias y útiles sobre los hechos del pasado, que nos ayuden a entenderlos y a construir a partir de ellos.

Pocos observadores disentirán en relación a uno de los rasgos más distintivos de la evolución de la actividad económica y de las finanzas de nuestro país, desde los albores de mayo, hasta fechas recientes: Nos referimos a uno de los más conspicuos protagonistas: Las Crisis. Como bien dijo Alberdi: “Si la crisis ha pasado, ¿para que sirve este escrito? Viniendo a deshora, en efecto, prueba que no ha sido hecho para conjurarla”. [3]

En este breve trabajo trataremos de presentar algunas de las características más frecuentes que han mostrado estas crisis, sus orígenes, causas, y efectos. El conocimiento de las causas y su naturaleza es útil, en tanto y en cuanto son hechos que acaecen en forma recurrente, a efectos de poder prevenirlas y evitarlas, o al menos, morigerar sus consecuencias y aplicar medidas que ayuden a superarlas rápidamente.

Estos procesos, a los cuales el padre de nuestra constitución adjudicó un origen relativamente reciente, (para los años en que escribía, siglo XIX), tenían su génesis, para su concepción, en la expansión del crédito y en el emisionismo de los “bancos de circulación” o bancos emisores. La prudencia en el manejo de las políticas crediticias es citada como uno de los medios para conjurarlas. Y el abuso en la utilización de tan excelente y fecundo instrumento, del mismo modo que ocurre con la libertad y el poder, es mencionado como nexo causal. Ya por aquellos tiempos, se escuchaban voces como las de Juglar, citado por Alberdi, quien en su libro: Las Crisis Comerciales aislaba ciertos indicadores, que en su opinión podían encontrarse en la información contable bancaria. Así por ejemplo mencionaba: La elevación del volumen de las operaciones de descuento, la caída de las reservas, (encajes), y la posterior reversión de la evolución de ambos índices, pasado el período de liquidación post-crisis, y recomendaba su monitoreo, a efectos de predecir la catarsis[4].

Queda claro en el planteo de Alberdi la visión del proceso de crisis con un gran paralelo al de la situación de insolvencia privada: En sistemas monetarios de paridad con activos externos, (para el caso moneda convertible en oro), el parangón era insoslayable por aquellos años [5]. Asimismo era también consciente de que la falta o disminución del crédito, por problemas políticos o fiscales, también actuaba como factor desencadenante, observándose ya en los períodos en que este autor analizó, un alto grado de correlación entre las dificultades crediticias y las tasas de interés que para obligaciones de riesgo soberano debían enfrentar los países vecinos o con estructuras de producción y grados de industrialización similares [6]. En su ilustrador análisis, también relacionó los niveles de ahorro, como formador de capital, y su contrapartida, el gasto, y no dudó de calificar al gasto del estado como “improductivo”. Aunque reconocía su carácter de necesario a ciertos niveles, advertía claramente los riesgos de la proliferación de una clase social empleada exclusivamente en esta función [7].

Autores posteriores han observado, asimismo, que la ineficiencia de las políticas tributarias y fiscales, en razón de su complejidad, inestabilidad en el tiempo y su contradicción con elementales principios de la tributación, así como el uso de esquemas mercantilistas, prebendarios y estructuras recaudatorias pesadas y onerosas provocaban fuerte inestabilidad política. Esta última, a su vez, al generar incertidumbre en la aplicación en el tiempo de las políticas proyectadas, actuaba retroalimentando el sistema y generando un crecimiento de ambos factores críticos [8].

La gestión de Rivadavia durante el gobierno de Martín Rodríguez, ( 1821-1824 ), es citada como un ejemplo de saneamiento de las arcas fiscales y de sus fuentes, merced al uso de herramientas como el presupuesto, el análisis de las fuentes de financiación y de la onerosidad de la gestión de cobros de algunos gravámenes, todas medidas que redundaron en una mejora en la recaudación, posibilitando la derogación de aquellos gravámenes perfilados como los más objetables desde el punto de vista de su base imponible, ( como por ejemplo la “contribución de comercio”, la “alcabala de venta” la “sisa” y la “media anata de oficios” [9].

Otro enfoque interesante de analizar es el efecto que sobre la totalidad de las relaciones económicas origina el ajuste sobreviniente con posterioridad a la inflación, así Burgin destaca que los desórdenes políticos, y la excesiva emisión monetaria produjeron, durante los años que van de 1826 hasta mediados de 1830, importantes cambios en la distribución de la renta, variaciones en la relación entre sueldos, artículos de consumo y ganancias, impactando de forma muy diversa en las distintas clases de mercaderías y precios de servicios. El ingreso real de los asalariados disminuía, y buena parte del ajuste era soportado por industriales, comerciantes, y quienes producían para el mercado interno [10]. El intento vano de compensar con aranceles estas traslaciones de recursos de un sector al otro, las presiones de los distintos grupos de poder involucrados y el altísimo grado de complejidad que estas estructuras tarifarias alcanzan, está documentado muy claramente desde los albores de la organización nacional [11].

Es sumamente interesante reparar en que este tipo de inconvenientes no solo no han sido privativos de los dirigentes de nuestro país, sino que, además, se han seguido repitiendo en el espacio y en el tiempo, como bien lo retratan algunos estudios referidos a la Europa de pos-primera guerra. Así von Mises, en una célebre conferencia pronunciada en Checoslovaquia, en Febrero de 1931, [12] destaca los riesgos de pretender, desde el sector oficial, impulsar ciertas y determinadas actividades económicas, en desmedro o a subsidio de otras consideradas menos importantes o con menor capacidad de impulsar la economía. De todas formas, ya en aquellos años, y de la mano del unitarismo, se escuchaban una gran cantidad de ideas de neto corte liberal, tendientes a abrir la economía a los mercados internacionales y a la obtención de capitales de los mercados financieros externos, alentando la colonización y la inmigración, que formaban parte de las ideas predominantes en el campo económico. Pero también, del mismo modo que sucede en la actualidad, las urgencias presupuestarias del gobierno, la ineficiencia en la administración fiscal, y la búsqueda de solucionar estos desequilibrios mediante la financiación a través de impuestos distorsivos y que impedían la integración internacional, actuaron conspirando contra el éxito de estos planes gubernativos [13].

Autores como Alemann mencionan también que las muy escasas decisiones que en el marco de la economía positiva se tomaban en aquellos años actuaban de manera claramente anti cíclica, ya que se expandía la moneda al solo efecto de financiar gastos corrientes y no inversiones reproductivas: El gobierno corría detrás de las circunstancias que le tocaba vivir, más que influir sobre ellas [14]. La expansión del crédito, el aumento desproporcionado del gasto público y las malas inversiones originadas en una poco estudiada inversión inmobiliaria para la especulación en tierras es mencionada nuevamente en otros estudios, a la hora de tratar de explicar los fenómenos que desembocaron en la recesión de los años 1875 a 1878. También se observaba en esos años la perjudicial práctica de financiar con endeudamiento externo las erogaciones corrientes no productivas, como el gasto militar [15].

En el análisis de los hechos que causaron la débacle de 1891, tanto autores locales, (Aristóbulo del Valle, José Terry), como del extranjero, (John Clapham), coinciden en señalar que el emisionismo generado a partir de la política de Bancos Garantidos, así como la corrupción administrativa, jugaron un rol fundamental. El proceso impactó indudablemente de modo mucho más marcado en la economía de los comerciantes e inversores financieros que en el de los productores de bienes exportables [16].

Esta ha sido una constante a lo largo de los años siguientes, que de tal modo dio origen esquemas tributarios y arancelarios fuertemente discriminatorios contra estos sectores, que por estas mismas razones mantenía una mayor capacidad económica. En una primera instancia, se dio un fuerte ingreso de capitales, (1886 – 1887), que no originó una fuerte caída de los activos externos y la consiguiente revaluación del peso, dada la fuerte presión de las importaciones y la expansión de la demanda de bienes de consumo. Ambas corrientes se financiaban, como en épocas bien recientes, con el ingreso de divisas, apoyado en la mayor confianza que el país generaba en las plazas financieras internacionales. La imposibilidad de continuar con el endeudamiento, muy agravada ya en 1890, gatilló el crack. La audacia de los emprendedores de financiar proyectos cuyo plazo de maduración exigía fondeos de largo plazo, con obligaciones que eran exigibles en plazos mucho más breves dejó sin capacidad de repago a buena parte de las inversiones encaradas, generando una situación de iliquidez que obligó a un muy oneroso proceso liquidativo.

La suma de otros factores, como la caída del precio de los productos exportables, que eran un número muy exiguo, (lo que acentuaba la vulnerabilidad del esquema), más el hecho de que los volúmenes de producción estaban fuertemente influidos por el riesgo climático acrecentó la gravedad de la caída. La encrucijada en la que se encontró el gobierno juarista fue la misma que muchos años después, y aún contemporáneamente ha enfrentado nuestra nación: Aplicar un fuerte ajuste recesivo, muy impopular, con incremento de la presión fiscal, o repudiar la deuda, (lo que modernamente los estados hacen mediante una devaluación de su moneda). También en aquellos años, las opiniones que más se hacían oír eran las de los sectores exportadores y las de quienes se beneficiaban con la devaluación ganando competitividad. El abandono de la ortodoxia económica, y la pérdida de valor de la moneda que siguieron a la política Juarista que termina con la revolución y el ascenso de Pellegrini, ya no son medidas que puedan causar sorpresa a los estudiosos contemporáneos de estos procesos [17].

El peso de la deuda externa tuvo también un papel protagónico, habida cuenta de que buena parte de ella había sido tomada no tanto para la realización de inversiones reproductivas, como decíamos, sino más bien para el pago de servicios de deudas anteriores y de obras públicas, (aguas corrientes, etc.). El incremento del gasto público corriente hizo que los rubros de sueldos y expensas corrientes alcanzaran el 30 % del presupuesto. La desproporción entre el gasto y los recursos, (95,3 millones contra 29.1 en 1890), así como el crecimiento de este, sin una contrapartida similar en las fuentes genuinas de financiamiento, (ya que en 1895 ambos rubros alcanzaron a 167,2 y 38,2 mill. respectivamente), evidencian que si no hubiera sido por la relativamente alta confianza de las plazas financieras internacionales, el proceso acumulativo se hubiera frenado mucho antes y con una recesión aún mucho más feroz.

Tal como se ha visto muchos años después, la confianza y el crédito internacional, pueden llegar a actuar como un verdadero salvavidas de plomo al no forzar al ajuste cuando la virtual bola de nieve es aún manejable y no exige tan costosos sacrificios [18]. El fenomenal endeudamiento en que se incurría, que llegó a cuadruplicarse en este período, no guardaba relación con el crecimiento de las exportaciones, apenas incrementadas en solo un 50 %. El destino poco atinado y generador de escasa o nula capacidad de repago, de los créditos así como el prolongado plazo de maduración de los proyectos y aún el fraude han sido nuevamente mencionados en algunos estudios muy documentados.

En el período de recuperación de la crisis es de destacar la visión y la diligencia de los gobernantes en atacar con plena ortodoxia otra de las causas más disimuladas de las dificultades de financiamiento del sector público: la licuación de sus recursos genuinos en virtud del proceso de pérdida acelerada del poder adquisitivo de la moneda. Esto fue atacado principalmente con la fijación del cobro de los derechos de importación inicialmente en un 50 % en oro y luego en su totalidad en esta divisa. Asimismo se mencionan la contención de la expansión del crédito y la reducción del gasto público corriente [19]. Otro elemento muy ilustrativo y que permite echar luz y reflexionar también en situaciones que se han visto con mucha posterioridad en la república es la relación directa que sobre la cantidad de moneda tiene las exportaciones, más precisamente el superávit comercial, como no puede ser de otra forma, en un marco de moneda convertible: Con la ley de convertibilidad de 1899, y al no ser nuestra patria un exportador neto de oro, el superávit comercial se monetizaba, provocando presiones inflacionarias, a la vez que una mayor confianza de las instituciones crediticias, que generaba un mayor flujo de divisas desde el exterior para su colocación en los mercados financieros. Esto producía una gran volatilidad del mercado financiero y de divisas, con base en la inestable oferta de nuestras producciones exportables, (como apuntábamos antes, por razones ecológico-climáticas). El sistema financiero operaba en forma muy endeble, y opiniones como la de Martínez destacaban la muy baja integración de capital con la que iniciaban y realizaban sus operaciones los bancos extranjeros que participaban en la plaza. El total de depósitos del sistema, en pesos papel, (507 millones), convertidos a pesos oro, (a la paridad de 2,2727), más el monto de depósitos en pesos oro, (6.6 millones), daba algo así como una relación de 5,76 a uno, (que surge de relacionar 229 mill. de pesos oro de depósitos totales con 39.7 mill. de capitales totales), lo cual implica un respaldo de algo más del 17 % de los depósitos, en patrimonios de las entidades receptoras [20]. Esta asimetría, así como la evidencia de que se contaban en el país con los capitales suficientes para el financiamiento de un sistema bancario genuino, hicieron que el banco de la Nación Argentina fundado en plena crisis acumulara, luego de la reforma de su carta orgánica en 1904, y gracias a su extensa red de sucursales en el interior el 50 % de los depósitos del sistema en 1917.

Algunos autores atribuyen a la acertada política de este banco, entre las que podemos mencionar: El hecho de no utilizar nunca su facultad de emitir billetes; Su escaza influencia en el mercado de redescuentos, en el que se abstuvo de expandir el crédito y los altos encajes que mantenía, buena parte de los fundamentos de la estabilidad monetaria y económica del período que llegó a sus finales en la crisis de 1929 [21]. En este sentido, también encontramos opiniones en apoyo a las políticas ortodoxas, que afirman que al no recurrirse a la emisión monetaria, si bien las crisis se profundizan, sus efectos son revertidos y superados en breves lapsos, y el crecimiento posterior se hace sobre bases mucho más genuinas y sostenibles [22].

Todas estas opiniones, muy fundamentadas y con una fuerte base en conocimientos de la teoría económica, por parte de sus autores son las que nos han llevado a pensar en lo que ha sido el eje central de este trabajo. Tal es que la observancia, el estudio y la reflexión profunda sobre los hechos, las medidas adoptadas, los efectos mediatos y su impacto político tanto en el contexto, como en las instituciones, son de enorme utilidad a la hora de tratar de prever los alcances que las diferentes medidas de economía positiva que se intentan podrán tener sobre las condiciones futuras.

 

Referencias:

[1] Mises, Ludwig von, La Acción Humana, Madrid, Unión Editorial, 1980, pp. 61 y 62.

[2] Mises, Ludwig von, La Acción Humana, Madrid, Unión Editorial, 1980, pp. 1252 y 1253.

[3] Alberdi, Juan B. Escritos Póstumos: Tomo I ,Estudios Económicos, Universidad Nacional de Quilmes, 1996, pp. 33

[4] Alberdi, Juan B. Escritos Póstumos: Tomo I, Estudios Económicos, Universidad Nacional de Quilmes, 1996, pp. 38.

[5] Alberdi, Juan B. Escritos Póstumos: Tomo I , Estudios Económico, Universidad Nacional de Quilmes, 1996, pp. 42 y 43.

[6] Alberdi, Juan B. Escritos Póstumos: Tomo I, Estudios Económicos, Universidad Nacional de Quilmes, 1996, pp. 48 a 55.

[7] Alberdi, Juan B. Escritos Póstumos: Tomo I , Estudios Económicos, Universidad Nacional de Quilmes, 1996, pp. 70 a 74.

[8] Burgin, Miron, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, Ediciones Solar SA Buenos Aires 1987. pp. 75.

[9] Burgin, Miron, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, Ediciones Solar SA Buenos Aires 1987. pp. 77 y 78.

[10] Burgin, Miron, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, Ediciones Solar SA Buenos Aires 1987. pp. 103 a 105.

[11] Burgin, Miron, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, Ediciones Solar SA Buenos Aires 1987. pp. 105 a 107.

[12] Mises, Ludwig von, On The manipulation of Money and Credit, Free Market Books. Dobbs Ferry NY 1978. p.: 193 a 200.

[13] Burgin, Miron, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, Ediciones Solar SA Buenos Aires 1987. pp. 128 a 130.

[14] Alemann, Roberto T. Breve Historia de la Política Económica Argentina: 1500 – 1989, Editorial Claridad, Buenos Aires 1997. pp. 71 a 72.

[15] Gallo, Ezequiel y Cortés Conde, Roberto, La República Conservadora, Edit. Paidós Buenos Aires 1995. pp. 19 a 22.

[16] Gallo, Ezequiel y Cortés Conde, Roberto, La República Conservadora, Edit. Paidós Buenos Aires 1995. pp. 80 a 81.

[17] Gallo, Ezequiel y Cortés Conde, Roberto, La República Conservadora, Edit. Paidós Buenos Aires 1995. pp. 82 a 85.

[18] Gallo, Ezequiel y Cortés Conde, Roberto, La República Conservadora, Edit. Paidós Buenos Aires 1995. pp. 149 a 151.

[19] Alemann, Roberto T. Breve Historia de la Política Económica Argentina: 1500 – 1989, Editorial Claridad, Buenos Aires 1997. pp. 165 a 169.

[20] Vazquez Presedo, Estadísticas Históricas Argentinas, Ediciones Macchi SA. Buenos Aires 1971.

[21] Gallo, Ezequiel y Cortés Conde, Roberto, La República Conservadora, Edit. Paidós Buenos Aires 1995. pp. 156 a 161.

[22] Alemann, Roberto T. Breve Historia de la Política Económica Argentina: 1500 – 1989, Editorial Claridad, Buenos Aires 1997. pp. 129 a 131.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Ni herencia, ni gradualismo. Macri (y los del REM)

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 11/3/19 en: https://www.ambito.com/ni-herencia-ni-gradualismo-macri-y-los-del-rem-n5020072

 

Ni herencia, ni gradualismo. Macri (y los del REM)

Tal cual escribo desde hace trece años, la economía caerá con Macri. Dicho sintéticamente, cree que la locomotora es el Estado y, consecuentemente, lo ha “potenciado” a costa del sector privado -el mercado, las personas, el pueblo- cada vez más expoliado y asfixiado.

Se equivocaron -y feo, por ignorancia- quienes creyeron que Macri es pro mercado; se equivocaron -y muy feo, por ignorancia- quienes lo justificaron argumentando que había recibido una pesada herencia. Si recibió el vaso vacío, eso era una “bendición” política porque, con poco que hubiera hecho -solo un par de gotitas-, el cambio habría sido radical: ¡de nada a tener agua!

Se equivocaron -y feo, por ignorancia- quienes lo criticaron porque, supuestamente, era “gradual”: nunca lo fue, en el sentido de una economía libre, de haber sido así el mercado se habría expandido “gradualmente” pero se contrajo, porque, si hubo “gradualismo”, fue en el aumento a la expoliación del mercado: cada vez más impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas.

Pero Macri no estuvo solo, los registros históricos del REM que realiza el BCRA muestran cómo las “consultoras” allí encuestadas le creyeron al Gobierno -y lo alentaron- y erraron y yerran sistemáticamente en sus pronósticos. Creyeron que el PBI crecería por una mayor cosecha o un mejoramiento de Brasil u otros argumentos mercantilistas que no van al fondo: crece el Estado parásito.

De paso, tampoco es cierto lo que dicen conservadores y clásicos sobre el ajuste, la reducción del gasto y el déficit cero. Estrictamente, lo que destruye a la economía no es el gasto en sí -EE.UU. tiene uno muy superior y crece- que, eventualmente, podría financiarse con dineros del Estado: vendiendo sus incalculables propiedades.

Lo único malo del Estado es la absorción coactiva de recursos -impuestos, inflación, tasas altas- porque son, precisamente, recursos que el mercado en pos de la eficiencia económica no entrega voluntariamente, sólo con coacción, y la violencia siempre destruye, a la eficiencia en este caso.

Y con estos fondos el Gobierno pretende, entre otras cosas, reactivar vía el consumo. El aumento del 11,8% en jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares y la suba extraordinaria del 46% en la AUH y el pago de la ayuda escolar, por única vez en 2019, de $1.700, inyectarán este mes al mercado $21.100 M adicionales. Poco.

Según el Ieral, considerando la evolución de los ingresos de trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes durante el primer semestre los ingresos familiares tendrían una caída i.a. en términos reales de hasta 7%. Pero en el segundo semestre se recuperarían entre 9% y 11% i.a. Irreal.

Se basan en una inflación de hasta 35% anual para 2019 cuando no hay razones de fondo para creer en una recuperación, del PBI, y sí que la inflación podría equiparar, y hasta superar, a la de 2018, del 47,6%. En enero el IPC ya subió 2,9%, en febrero superaría el 3,5% y empeora, así la caída de los ingresos en términos reales superará estas estimaciones. Con esta errada idea de la inflación, para el Ieral la pobreza retrocedería 3 puntos en 2019 desde el 33% de 2018. Por el contrario, la pobreza tiende a de aumentar.

Por mostrar un disparate, las pymes para financiarse -hasta hace días cuando la tasa de las Leliq bajaba- con cheques avalados de pago diferido tienen que pagar 39% anual, en tanto que en los bancos la tasa ronda el 60%. Ahora, el BCRA, asustado con la suba del dólar -creyendo que provoca inflación cuando es al revés- vuelve a subir las tasas lo que, irónicamente, si provoca inflación desde que -además de destruir la producción- disminuye la demanda de dinero: ya en febrero, la demanda cayó 31% i.a. en términos reales.

Y se pincha la burbuja de la Bolsa inflada por la falsa “calma cambiaria”, el dólar artificialmente planchado. Así la subida de un 20% -en pesos y en dólares- de enero queda atrás, y va camino de quedar debajo de 2018 en términos reales. En lo que va de 2019 el S&P Merval gana un 6% en dólares y cae. Entretanto, el riesgo país supera las 750 unidades y podría batir récords pronto.

Para peor, el viento de frente recrudece. La economía global se debilita, incluyendo EE.UU. que en 2018 creció 2,9%, cuando Trump prometió superar el 3%, y empeora. Otra promesa incumplida es la de reducir el déficit comercial: su proteccionismo produjo el efecto contrario, lógico. El déficit creció hasta los u$s621.000 M en 2018, 12,5% más que en 2017 y 23% más que cuando Trump llegó a Washington.

Entretanto, el Banco Central Europeo decidió retrasar la suba de tasas para fines de 2019, y nuevas inyecciones (TLTRO) de liquidez a largo plazo para la banca, lo que tiene doble lectura: más liquidez, pero más temor por el futuro económico. De hecho, las Bolsas globales empeoraron y más al conocerse el viernes la débil creación de empleo en EE.UU. y el desplome de las exportaciones de China. Por cierto, desde 2009 cuando Wall Street marcó su mínimo tras la crisis de las hipotecas basura, el SP500 subió 318% mientras que los salarios sólo 27,6%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

En la brecha

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/3/19 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/en-la-brecha/

 

Tras la caída del Muro y la demostración de que la izquierda ha sido la mayor enemiga de la clase trabajadora, el progresismo buscó nuevas banderas, siempre bajo el mismo patrón, a saber, conflictos sociales gravísimos e irresolubles desde la libertad de la sociedad civil, la propiedad privada y los contratos del mercado.

Así fue como vimos a los comunistas, los mayores violadores de los derechos humanos, transformados en valientes defensores de los derechos humanos. Ellos, atroces contaminadores, convertidos en los más verdes ecologistas. Ellos, que reprimieron brutalmente a los homosexuales, se volvieron entusiastas defensores del orgullo LGTBI. Y ellos, los mayores machistas del abanico político, quieren ser ahora los más feministas del barrio.

Dado el predominio de la izquierda en la cultura, la enseñanza y los medios de comunicación, estas piruetas no son ampliamente denunciadas, y las falsedades que las fundamentan rara vez son cuestionadas. Es el caso de la llamada “brecha salarial”: se insiste en que las mujeres ganan menos que los hombres por hacer el mismo trabajo, y a continuación se nos convoca a que respaldemos la coacción política y legislativa que pretende acabar con tan inicua discriminación.

La noción de brecha salarial es sospechosa teóricamente, porque si de verdad existiera, el paro femenino sería igual a cero, porque los empresarios no serían tan irracionales como para desaprovechar la oportunidad de obtener el mismo rendimiento a un coste menor.

Pasando de la teoría a la práctica, los datos sugieren que la brecha es, efectivamente, una filfa. Como dice el economista Santiago Calvo en un informe que acaba de publicar el Instituto Juan de Mariana, las diferencias salariales se explican fundamentalmente por las características de los trabajadores: “por el mismo trabajo, en las mismas condiciones, y con la misma productividad, hombres y mujeres cobran prácticamente lo mismo” — Mitos y realidades: el feminismo, Madrid, IJM, marzo 2019. El informe analiza las estadísticas que avalan esa conclusión, desde la incidencia del empleo a tiempo parcial, la duración de la jornada, la edad o los cuidados familiares, y también los sectores de actividad: las mujeres trabajan mucho menos que los hombres en el sector de la construcción, pero más en la enseñanza.

La labor del pensamiento crítico será tan ímproba en este caso como en todos los demás que ha esgrimido falazmente el socialismo de todos los partidos antes de rendirse a la evidencia. Ignoramos cuánto tiempo habrá de pasar hasta que se vea masivamente la desnudez del emperador progresista, pero de momento la población será intoxicada con la infausta y ficticia brecha salarial entre hombres y mujeres, que suele cifrarse en un 25 %. Según informó Carmen Morodo en LA RAZÓN, hasta Pablo Casado “promoverá un gran pacto por la igualdad y para eliminar la brecha salarial”.  En fin. Aún peor fue una candidata de Podemos que propuso obligar a las estudiantes a cursar una asignatura de feminismo en el colegio.

Los recelosos de la hegemonía antiliberal, caiga quien caiga, seguiremos en la brecha.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

La manía estatista

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/3/18 en: El País de Uruguay.

 

Es notable como hay quienes persisten en la magia más rudimentaria al creer a pie juntillas que los aparatos estatales hacen aparecer recursos de la galera. No se percatan que los gobernantes nunca financian nada para la gente de su propio peculio. Todo lo que entrega a un sector es porque lo ha arrancado del fruto del trabajo de otras personas. No hay magia.

Pero de tanto machacar que el truco y el embuste se traducen en nuevos recursos se convierte al gobierno en un mecanismo infame por el que todos pretenden vivir a costa de los demás. Es como si se tratara de un inmenso círculo en el que cada uno tiene metidas las manos en los bolsillos del vecino con lo que la vida se torna insoportable y las tensiones son permanentes, desgastantes y empobrecedoras. Empobrecen porque la única manera de producir es trabajar y no estar pendiente de cuanto se puede arrancar del prójimo.

Hace poco comentaba que en Buenos Aires escuché por la radio que un fulano se quejaba amargamente porque las naranjas cuestan once veces más en la góndola que en la tranquera del productor. El quejoso proponía que el aparato estatal intervenga en esto que estimaba era un entuerto de proporciones mayúsculas.

Pues bien, préstese atención a lo siguiente: si lo dicho es correcto y se considera que el margen operativo es grande ¿por qué el que denuncia no se mete en el negocio a los efectos de sacar partida del arbitraje y así baja el precio del citrus en cuestión? Y si se dice que el sujeto de marras no cuenta con los recursos suficientes, hay que responder que eso no resulta necesario puesto que se vende la idea a otros para que contribuyan a sufragar la operación.

Si nadie acepta entrar en ese negocio es debido a una de dos razones: o la propuesta es un cuento chino y no hay el atractivo que se menciona o, siendo cierto lo que se dice, hay otros negocios que reclaman una mayor atención y como lo recursos son limitados no pueden encararse todos los proyectos simultáneamente. También hay que tener en cuenta los manotazos impositivos que en cada etapa encarecen el producto.

Este ejemplo de las naranjas puede extenderse a infinidad de negocios en los que los gobernantes abandonan su misión específica que en esta instancia del proceso de evolución cultural es la seguridad y la justicia. Y esto ocurre debido precisamente a que el monopolio de la fuerza atiende otros muchos reglones que no le competen.

Un rubro que habría que mirar detenidamente en el llamado mundo libre es el de las jubilaciones. Resulta que los aparatos estatales se han apoderado de ingresos ajenos para montar una fenomenal estafa a través del sistema de pensiones conocidas como de reparto, lo cual conduce a déficit crónicos con jubilaciones magras que no alcanzan para vivir.

El caso argentino es ilustrativo. Las inmigraciones eran masivas en la época en que se adoptaron principios liberales del respeto al prójimo -desde la Constitución de 1853 hasta el golpe fascista del 30 y mucho más descabellado después del golpe de Perón de 1943- debido a que los salarios e ingresos de los peones rurales y el de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España.

Debido a esto decimos, nuestros ancestros ahorraban e invertían en terrenitos, departamentos y compañías de seguros, activos de los que fueron despojados por el peronismo con absurdas leyes de alquileres, desalojos y demás barrabasadas para obligarlos a aportar a cajas jubilatorias estatales. No se necesita ser un experto en matemática financiera para percibir el atraco monumental cuando se constatan los mendrugos que reciben a cambio de aportes en el transcurso de una vida de trabajo. Lamentablemente hubo otros países que imitaron la experiencia estatista argentina que ahora es tiempo de revisar dado que los populismos modernos han continuado con pasos en falso bajo muy diversas etiquetas.

Como hemos consignado antes, el engaño de las mal llamadas empresas estatales es otro mito que obliga a asignar recursos ajenos por la fuerza en lugar de asumir riesgos con recursos propios. Los mercados abiertos y competitivos permiten sacar lo mejor dadas las circunstancias imperantes.

En este contexto, es de gran importancia estar prevenidos de supuestos empresarios que operan en alianza con los gobiernos para contar con mercados cautivos y así explotar miserablemente a sus congéneres. Son asaltos que se consuman con el apoyo político. La distribución de rentas y patrimonios se lleva a cabo en el supermercado y afines, la denominada redistribución necesariamente opera en otra dirección con lo que se disminuyen salarios ya que las tasas de capitalización son su única causa. Las diferencias de ingresos la marca la gente con sus votos cotidianos con sus compras y abstenciones de comprar, la envidia y la guillotina horizontal empobrece a todos. Los resultados dependerán de la capacidad de cada cual para servir a sus semejantes en procesos abiertos exentos de privilegios. La igualdad es ante la ley, no mediante ella.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

 

 

Gran riesgo de la política monetaria

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 6/3/19 en:  http://www.libertadyprogresonline.org/2019/03/06/gran-riesgo-de-la-politica-monetaria/

 

Los bancos emisores de monedas que son unidad de cuenta apuntan a una inflación mínima, tipo 2% anual. Es el caso de la Fed, BCE, y otros principales.

Las transacciones comerciales requieren una unidad de cuenta que mida valores y opere a lo largo del tiempo. Igual que necesitan al metro para medir longitudes y el gramo para pesos. La gran ventaja de las medidas fijas, impuestas con el sistema métrico decimal, es su constancia en el tiempo. Con esa finalidad, las monedas con menor inflación suelen ser unidades de cuenta, caso del dólar, euro, y un puñado de otras. En cambio, las monedas con elevada inflación (fuerte pérdida de valor) no sirven como unidad de cuenta. Con los 13 ceros suprimidos a las cinco monedas sucesivas, entre 1970 y 1992, el peso no es, ni puede ser, unidad de cuenta. Que siguió perdiendo. 100 pesos de hoy ya valen menos que 3 pesos de 2001.

Dinero electrónico y billetes argentinos

Explico en el libro Fin de la Pobreza, la esencia de un patrón de medida es su constancia. Por eso usamos al dólar. Contratamos en pesos sólo cuando lo imponen regulaciones estatales. En transacciones libres de esas limitaciones usamos al dólar, operaciones inmobiliarias, financieras y comercio exterior. Hasta BCRA reconoce al dólar como unidad de cuenta al medir reservas y comercio internacional. No siempre fue así. Antes del proceso inflacionario, BCRA publicaba las reservas y comercio internacionales en pesos.

Las autoridades y FMI debieran ser realistas y aceptar que el peso no es unidad de cuenta. Por eso los activos financieros en pesos son poco significativos mientras los activos financieros en divisas superan al 75% del total y el endeudamiento de los gobiernos y particulares argentinos en moneda extranjera es considerable. También los precios del comercio exterior, los combustibles y muchos bienes se determinan en dólares, aún los de producción local. Buena parte de los servicios públicos tienen costos dolarizados. Una sociedad que desespera por progresar está trabada por carecer de un sistema de precios firmes a lo largo del tiempo. Nos quieren imponer una moneda perdedora de valor y sujetarnos al vasallaje de la incertidumbre política.

Las variaciones cambiarias impactan la inflación, las tasas de interés, expectativas y los patrimonios. En esta realidad, la flotación cambiaria es suicida, pues precios internos, activos y empleos son alterados violentamente, comprobamos una vez más en 2018. Bastó un aumento reducido de compras privadas para derrumbar la estantería de proyecciones.

¿Qué hacer? BCRA y FMI han acordado una forma tosca de encarar esta cuestión. Desde el 1/10/2018 el BCRA no emite pesos para financiar al Tesoro ni a otros deudores. Y para evitar generar una excesiva restricción monetaria establece un valor mínimo para la cotización diaria del dólar, que se va actualizando a un ritmo del 2% mensual en el primer trimestre de 2019. Una cotización del dólar inferior a la mínima de la banda de intervención señala una indeseable contracción monetaria. Para paliarla, BCRA compraría dólares, emitiendo pesos, hasta el límite de la cantidad diaria establecida. Y seguiría comprando dólares y emitiendo pesos hasta tanto la cotización alcance el mínimo de la banda.

Si la cantidad de dinero circulante excediese en mucho a la demanda, un sobrante monetario tan descomunal que empujara al dólar por encima del límite superior de intervención, BCRA vendería dólares, hasta la cantidad diaria establecida, retirando pesos sobrantes. Eventualmente, la circulación se contraería hasta disminuir parte del exceso.  Una aproximación costosa, lenta, al voleo, al equilibrio monetario.

Esas reglas condenan a una insoportable volatilidad, saltos cambiarios, e inestabilidad monetaria. No puede sorprender sea imposible bajar la inflación, cuando las bandas de intervención suben a un ritmo del 2% mensual, alentando alzas de precios.

Si bien este programa mejora al anterior, las bandas para la intervención son excesivamente anchas y los límites en las cantidades autorizadas de compra y venta demasiado reducidas y tan rígidas que incluso tienen topes diarios.

Una sociedad con nuestras experiencias inflacionarias y sustantiva incertidumbre no puede aspirar a una demanda de base monetaria estable. La coyuntura conlleva variaciones significativas de las cantidades monetarias deseadas. Una forma de acotar esa incertidumbre sería angostar las bandas y aumentar las cantidades de intervención. Ventanas de compra y venta más estrechas y una sustancial ampliación de las cantidades diarias contempladas de intervención ayudarían a paliar la volatilidad del mercado monetario y las perspectivas económicas de manera más contundente. Los argentinos agradecidos.

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Dios nos salve de la ayuda del Estado

 

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 1/3/19 en: http://www.eluniversal.com/el-universal/34349/dios-nos-salve-de-la-ayuda-del-estado?fbclid=IwAR28Uno-OFwnPPdE7Wb8sjpLVgBUtHGTLCObumaWqEP4v0PT-G45cv5G-D0

 

Definitivamente la “ayuda” estatal es una desgracia, no solo porque al regirse por criterios políticos, y no empresariales, es tremendamente ineficiente y políticamente discriminatoria

 

Semanas atrás escribí una columna, titulada “Gracias a Dios, existe el afán de lucro”, donde describía el paradigmático caso del ARA San Juan, submarino argentino que se perdió el 15 de noviembre de 2017. Dos días después, la Armada argentina inició el protocolo búsqueda y rescate y al tercer día el gobierno aceptó la ayuda internacional de 18 países sumando más de 37 naves y aeronaves y 4.000 personas en la búsqueda.
Tiempo más tarde el gobierno dio por terminada la pesquisa, pero los familiares de la tripulación exigieron que se continuara. Finalmente, las autoridades decidieron la contratación de la empresa privada Ocean Infinity, operadora de la nave noruega Seabed Constructor. El contrato estableció que, solo en caso de ser hallado el submarino, la empresa cobraría 7,5 millones de dólares, y a dos meses de iniciada la búsqueda encontró al ARA San Juan. Lo que 18 estados no lograron, lo consiguió una empresa privada en menos tiempo.
Un hecho similar ocurrió días atrás. El lunes 21 de enero, se perdió en el Canal de la Mancha, una avioneta que transportaba al jugador de fútbol Emiliano Sala. Tres días más tarde la policía estatal de Guernesey, Inglaterra, decidió terminar con la búsqueda sin haber encontrado el avión.
A través de la plataforma GoFundMe, y gracias al impulso de la familia del futbolista y de otros amigos como Leonel Messi, se recaudaron más de 180.000 euros para contratar dos barcos privados comandados por un especialista en rescates, David Mearns. En pocas horas, la empresa privada encontró el avión que el Estado había abandonado.
Ahora, a raíz de la crisis en Venezuela, Alejandro Sanz, Juan Luis Guerra, Maná, Maluma, Carlos Vives, Luis Fonsi, Diego Torres, Manu Chao, Ricardo Montaner, “El Puma” Rodríguez, Carlos Baute, y Juanes, entre otros artistas, participaron gratuitamente en el concierto benéfico “Venezuela Aid Live” en la ciudad colombiana de Cúcuta, fronteriza con Venezuela, en plena puja por la entrada de ayuda humanitaria al país.
Organizado por el multimillonario británico Richard Branson, este mega concierto planeaba recaudar hasta 100 millones de dólares para ayudar al pueblo venezolano -del cual “el 95% tiene urgente necesidad de alimentos o medicinas” según uno de los organizadores- y dar apoyo a la oposición para que se den elecciones presidenciales libres, en Venezuela, lo antes posible.
“El puente (fronterizo) está bloqueado. Muchos venezolanos están aquí. Ojalá pudieran venir los que están del otro lado”, dijo Branson antes de comenzar el concierto, “estamos aquí para construir puentes de esperanza”, remató. Entretanto, el chavismo que maneja de momento al Estado venezolano cerró el paso por el puente y celebró otro “concierto” en Ureña, a unos 300 metros de distancia de “Venezuela Aid Live”.

Definitivamente la “ayuda” estatal es una desgracia, no solo porque al regirse por criterios políticos, y no empresariales, es tremendamente ineficiente y políticamente discriminatoria, sino porque se financia violentamente. Efectivamente, a diferencia de las ayudas privadas que son aportes de donantes voluntarios, el dinero del Estado es coactivamente retirado de la sociedad por vía impositiva -el que no paga va preso- y, como toda violencia, siempre perjudica más a los más pobres ya que los ricos derivan los impuestos hacia abajo bajando salarios o subiendo precios.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

¿Y después de las elecciones, qué pasará con las Leliq y el tipo de cambio?

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/26/y-despues-de-las-elecciones-que-pasara-con-las-leliq-y-el-tipo-de-cambio/

 

El Banco Central se mueve entre el crecimiento de las Leliq y el riesgo de atrasar el tipo de cambio por dólar (DyN)

El Banco Central se mueve entre el crecimiento de las Leliq y el riesgo de atrasar el tipo de cambio por dólar (DyN)

 

Antes de comenzar a redactar esta nota, miro el último informe monetario  diario del BCRA que es del 20 de febrero y muestra un total de Leliq en circulación de $947.661 millones.Recordemos que cuando se decidió terminar con las Lebac y pasar a las Letras de Liquidez, el saldo de ese instrumento de regulaciónj monetaria era de $1,3 billones, en otras palabras falta muy poco para volver al punto de partida de endeudamiento de corto plazo del Central.

Es cierto que ahora son los bancos los que tienen las Leliq, pero también es cierto que los bancos compran ese instrumento con los fondos provenientes de los depósitos a plazo fijo, cuyo crecimiento fue de unos $300.000 millones desde que se puso la supertasa de interés de 72% anual a comienzos de octubre.

Si bien esa tasa ha venido bajando, es bastante claro que llegó un punto en que el nivel no compensó el riesgo de devaluación y llevó a un cambio de cartera fugando pesos de depósitos a plazo fijo hacia el dólar. Un calco de los que pasó con las Lebac.

Puesto de otra forma, considerando que la base monetaria se mantiene estable, todo parece indicar que la suba del tipo de cambio no es tanto un problema de flujos (más pesos en el mercado emitidos por el BCRA o un saldo de balance comercial supernegativo) sino que parece responder a un problema de stocks. Esto quiere decir un cambio de cartera de pesos a dólares por depósitos en el sistema financiero o bien, por caída en la
demanda de moneda.

Dinámica de lo que puede pasar

El primer tema que hay que tener presente para comprender la dinámica de lo que puede pasar, es que el argentino está mentalmente dolarizado. Por ejemplo, el total de depósitos del sector privado en pesos es de $1,1 billón, en dólares son el equivalente a USD 27.500 millones a un tipo de cambio de $40. Ahora bien, el total de depósitos en dólares del sector privado en el
sistema financiero es de USD 29.618 millones de los cuales USD 21.532 millones son depósitos en dólares del sector privado en cajas
de ahorros.

Hay más depósitos en dólares que en pesos del sector privado y encima están a la vista. Ante la incertidumbre política en unas horas pueden volar del sistema financiero.

Si comprendemos que el argentino está mentalmente dolarizado, es bastante obvio que cuando alguien hace un depósito a plazo fijo en pesos, no está esperando que la tasa de interés le gane a la tasa de inflación, sino que su expectativa es que la tasa de interés le gane al aumento del tipo de cambio.

Ahora bien, además sabemos que el BCRA debería lograr que el tipo de cambio acompañe la tasa de inflación. Es decir, evitar que se rezague respecto al aumento de los precios internos para evitar que Argentina vuelva a ser cara en dólares o, si se quiere, que el dólar sea artificialmente barato.

El rol de las exportaciones

Esta necesidad de evitar que el tipo de cambio se rezague frente al aumento de precios internos también responde a que el único motor que le queda funcionando a la economía argentina son las exportaciones.

Si el tipo de cambio vuelve a retrasarse (de hecho cayó bastante en
términos reales desde el pico en abril en 2018 hasta septiembre 2018)
puede afectar las exportaciones y a la caída del consumo; y a la ausencia de inversiones habría que sumarle exportaciones languideciendo.

En otras palabras, se llegaría a las elecciones con un nivel de actividad, en el mejor de los casos, que habría dejado de caer pero sin signos mínimos de reactivación para mostrar en la campaña electoral.

¿Cuánto debería aumentar el tipo de cambio en base a la inflación? Al mes de enero el IPC interanual da un aumento de casi el 50% y los precios  mayoristas muestran un incremento del 67%. Si queremos cambiar la composición del IPC y hacemos una mezcla de IPC con mayoristas, la inflación anual estaría en el orden del 59 por ciento.

Inflación, devaluación y tasa de interés

Digamos que el piso es 50% anual y el techo 67% anual. Elijamos el dato del IPC y sabemos que el tipo de cambio debería aumentar el 50% anual para no retrasarse respecto al aumento de precios internos. Si el tipo de cambio tiene que crecer a este ritmo en la medida que no baje la inflación, la tasa de interés debería superar al 50% anual para no quedar empatada con el aumento del tipo de cambio.

Cuál es el número que compensa ese riesgo no lo sabemos, pero sí sabemos que con tasas de interés reales tan altas, se mata toda posibilidad de  actividad económica y anula cualquier intento de crecer en base a inversiones.

Las altas tasas de interés y la baja real de los salarios afectaron duramente a la producción de automotores

Las altas tasas de interés y la baja real de los salarios afectaron duramente a la producción de automotores

Pero seamos optimistas y supongamos que, por algún milagro, no se activa la mecha del arbitraje tasa versus dólar, no hay turbulencias cambiarias de cara a las elecciones y llegamos a octubre sin mayores sobresaltos. Aun así la pregunta es: ¿y después de octubre, qué?

En rigor hoy no tenemos a ningún candidato que esté mostrando un plan económico mínimamente consistente. Si llegara a ganar el kirchnerismo, sabemos que ya no solo habría una gigantesca crisis económica porque no tendría las mismas herramientas para financiar el populismo que financiaron durante 12 años, sino que además las mismas libertades individuales estarían en riesgo conociendo las inclinaciones autocráticas del kirchnerismo. Nuestro horizonte sería una dictadura al estilo Maduro.

El macrismo sigue sin ofrecer un horizonte de crecimiento. Solo intentar frenar la vuelta del kirchnerismo al poder para que establezca su proyecto chavista, una especie de nosotros no somos buenos pero ellos son peores.

Por su parte el peronismo no k muestra como su mejor opción a un Roberto Lavagna que en rigor tomó la economía con todo el trabajo sucio que previamente habían hecho primero Rodríguez Saa con el default, con lo cual el gasto público bajó porque no hubo que pagar intereses de la deuda, y segundo Remes Lenicov que licuó el gasto público con una llamarada cambiaria e inflacionaria, sumado la pesificación de los depósitos y el retraso tarifario que mantuvo Lavagna más la oportuna suba de los precios de las commodities a mediados de 2002.

Puesto de otra manera, con todo el respeto que me merece Lavagna, quien siendo ministro de Economía de Duhalde se comportó como un caballero conmigo cuando publiqué mi primer libro en 2002 enviándome una afectuosa carta de felicitaciones, no creo que Lavagna pueda dominar la herencia k, más la herencia Cambiemos sin tener que meter mano en el gasto público.

Afirmar que de esta situación se sale con crecimiento puede sonar muy lindo en el discurso político, pero todos sabemos que no se puede crecer con este nivel de gasto público que tiene como contrapartida una feroz carga tributaria que ahoga cualquier proceso de inversión que lleve al crecimiento. Decir que se sale creciendo sin aclarar cómo se va a crecer es hacer el mismo juego de Cambiemos. Decir que va a llegar una lluvia de inversiones solo porque se desea.

En síntesis, hoy los argentinos estamos frente a un doble problema. Uno tratar de llegar a las elecciones sin fuertes turbulencias cambiarias y financieras, y dos carecemos de una dirigencia política que aporte la más mínima idea de propuesta para entrar en una senda crecimiento. Están todos paralizados frente al fenomenal nivel de gasto público heredado del kircherismo que, además, está en un 60% indexado con lo cual no hay posibilidades de recurrir a la receta de Duhalde de licuar el gasto con una llamarada inflacionaria.

Ahora hay que operar sí o sí. Los trucos monetarios ya no sirven para esconder el problema por mucho tiempo más. El endeudamiento está limitado desde el exterior. El ahorro interno es escaso para financiar al estado y el crecimiento. La carga tributaria ahora la inversión. Y la opción de financiar el gasto público con emisión pone por delante un escenario de hiperinflación o megainflación.

En síntesis, nos movemos entre un futuro proyecto chavista, el kirchnerismo, y una alarmante mediocridad en materia de propuestas económicas por del lado de Cambiemos y el peronismo no k.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE