Category Archives: Libre Comercio

Gasto, préstamos y crisis

Por Gabriel Boragina Publicado  el 20/5/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/05/gasto-prestamos-y-crisis.html

 

Las tan famosas crisis económicas tienen -en un porcentaje muy alto- una causa común: un elevado gasto estatal. Ya hemos visto que los gobiernos poseen -casi de manera uniforme- una prolongada vocación a incrementar sus gastos, y también hemos estudiado los efectos perniciosos que, en el mediano o largo plazo, se originan por tal práctica. Pero, desde la aparición de los organismos de crédito internacionales, la propensión a subir el gasto estatal se ha visto potenciada, lo que ha dado lugar a diversos tipos de críticas a muchos de esos organismos. En particular a dos de ellos:

“Críticas al FMI y al BM .El rol de ambas instituciones se ha cuestionado seriamente. Algunos sostienen que deberían fusionarse mientras que otros se preguntan si deberían continuar existiendo. Los argumentos más importantes son que aumentan indirectamente el gasto público, que incrementan las tasas impositivas, que su sostenimiento es costoso, que el crédito es fungible y que por su mera existencia crean un problema de moral hazard muy importante. Por ejemplo, en el caso de México (1994-95), estas organizaciones habrían creado las condiciones de seguro implícito a la banca e inversores internacionales que incrementaron el moral hazard y ayudaron a detonar las crisis en el sudeste de Asia en 1997, y luego en Rusia en 1998”[1]

Estas manifestaciones han demostrado ser certeras en un porcentaje muy cercano al cien por ciento de los casos. Obviamente, la sola existencia de un ente (o de varios de ellos) que opera como “banco de bancos”, resulta un incentivo muy importante como para que se recurra al mismo a fin de lograr financiación. En el caso de los gobiernos, esos recursos demandados a tales organismos apuntan normalmente a incrementar el gasto público, y se apela a ellos cuando los gobiernos han agotado ya los mecanismos de costeo interno para sostener sus erogaciones. Como hemos señalado, la fuente ordinaria destinada a enjugar las salidas dinerarias del gobierno son los impuestos. Pero, la recaudación fiscal no es infinita, sino que está tasada. Su límite es el de la productividad total de la economía. No obstante, los recursos recaudados suelen encontrar su techo mucho antes de llegar a ese tope. Esto ha sido explicado por el economista americano Arthur Laffer mediante su famosa curva: cuando se supera el punto óptimo fiscal la recaudación tiende irremediablemente a decaer.

“Los créditos de las instituciones multilaterales ablandan la restricción presupuestaria de los gobiernos Es decir aumentan indirectamente el gasto público. En buen español se diría que estos préstamos al verse como “baratos” y de fácil acceso, llevan a los países a gastar más (y no necesariamente mejor). Esto se debe a que la posibilidad de obtenerlos aumenta las presiones políticas de los distintos ministerios y secretarías y subsecretarías para gastar más.”[2]

Lógicamente, si el gobierno conoce de antemano que dispondrá de financiamiento internacional para emprender sus “proyectos”, se va diluyendo cualquier aliciente a mantener alguna disciplina fiscal y, por consiguiente, cualquiera limitación presupuestaria va cediendo al mismo compás. En los estados paternalistas, pueblos y gobiernos suelen compartir la visión mal llamada del “estado benefactor” por la cual los gobiernos deberían atender absolutamente todas las demandas de la población que hagan a servicios “sociales” en su más amplio espectro, abarcando educación, sanidad, seguridad social, previsión, etc. Si se entienden estas actividades como funciones “propias del estado”, fácil deviene comprender que los recursos necesarios para sostenerlas demandarán aumentos desmedidos del gasto publico. Entonces se acuden a los créditos internacionales:

“La conclusión del profesor Arnold Harberger, después de realizar un estudio sobre el BM, a principios de los ochenta, dejó muy deprimidos a los ejecutivos del Banco. Según Harberger la influencia más importante del BM ha sido la gran competencia que los funcionarios del Banco tenían y adquirían en la evaluación de proyectos de inversión. Los funcionarios del BM al regresar a sus países hacían una gran contribución al evaluar las propuestas de gasto público en sus gobiernos.”[3]

Hemos de suponer cierto tono irónico en la redacción del párrafo que acabamos de transcribir. Lo primero que corresponde aclarar en materia técnicamente económica es que, aun cuando a menudo se los utiliza como sinónimos, los términos gasto e inversión no son equivalentes, de donde “gasto público” no se equipara a “inversión pública”. En sana doctrina económica, la “inversión pública” no existe, por cuanto los fondos supuestamente “invertidos” no son propios del gobierno, sino que pertenecen a terceros, concretamente a los mal llamados “contribuyentes” (dado que el que esta forzado a pagar impuestos no “contribuye” a nada, excepto que se conceptúe como posible alguna presunta “contribución” forzada. De nuestro lado, consideramos el vocablo “contribución” como un acto voluntario y no obligado).

Ciertas manipulaciones cambiarias, a los que los políticos y “técnicos” improvisados son tan afectos, combinadas con alto gasto público coadyuvan a potenciar las crisis económicas:

“Así, por ejemplo Argentina en diciembre de 1979, dio a conocer una tabla con la cotización futura del dólar para los próximos meses, día por día. En ese momento, Argentina tenía un ritmo de inflación del orden de 140% anual y la tablita tenía implícito un porcentaje de devaluación anual en el orden de 70%. Naturalmente, desde el arranque, la tasa de inflación, aunque declinante, fue superior a la de devaluación, con lo que se generó una situación de gran distorsión conocida como “atraso cambiario”. Este atraso, y el excesivo gasto público financiado con deuda, terminó con la tablita y todo el programa a comienzos de 1981.”[4]

La crisis era fácilmente evitable si se hubieran querido adoptar las únicas medidas razonables que correspondía tomar en la coyuntura señalada. Estas eran muy simples : 1)dejar flotar el tipo de cambio de manera completamente libre sin ataduras políticas de ninguna índole y, 2) reducir o –al menos- no incrementar el gasto público, lo que habría hecho innecesario sufragarlo con empréstitos. No obstante, ninguna de estas sanas recetas fue apadrinada.

[1] Valeriano F. García. Para entender la economía política (y la política económica). Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos México, D. F. 2000. pág. 129

[2] Valeriano F. García. Para entender la economía política…ob. cit. pág. 129

[3] Valeriano F. García. Para entender la economía política…ob. cit. pág. 131

[4] Valeriano F. García. Para entender la economía política…ob. cit. pág. 167/8

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Ola progresista y corrupta en América Latina

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 21/5/17 en: http://economiaparatodos.net/ola-progresista-y-corrupta-en-america-latina/

 

Los sistemas intervencionistas son corruptos por definición. Por eso detestan tanto el libre mercado

No terminó de estallar el escándalo de las coimas que habría autorizado Temer que estalló otro escándalo: Dilma y Lula habrían cobrado U$S 150 millones de coimas para obtener créditos blandos del banco estatal de fomento.

En Argentina, donde la justicia parece ser más lenta que en Brasil, tenemos los casos de López revoleando bolsos en los conventos con dólares provenientes de la obra pública, a Lázaro Báez procesado por corrupción en la obra pública, al igual que Cristina Fernández y hasta la impresentable Hebe de Bonafini. Además, en Salta, Milagro Sala también está procesada por defraudación al estado con fondos público y el listado sigue.

En los últimos 15 años parte de América Latina fue asolada por una ola populista llamada progresismo. Los excelentes precios internacionales de las commodities permitieron que gobiernos llamados progresistas llegaran al poder y se mantuvieran en el mismo gracias a los recursos extras que recibían por los precios de exportación. Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador cayeron en manos de estos gobiernos que, supuestamente, venían a defender a los pobres. Sin embargo sus políticas económicas naufragaron y, en algunos casos, han generado verdaderas crisis humanitarias como es el caso de Venezuela, donde la dictadura chavista es de un salvajismo que hacía rato no se veía en el mundo.

Ahora bien, el denominador común de todos estos casos de corrupción es que en nombre del progresismo los gobiernos intervinieron en la economía ya sea redistribuyendo ingresos, otorgando subsidios, privilegios de todo tipo, regulando, en fin estableciendo un sistema económico donde la firma de un funcionario público decretaba el éxito económico de una persona o sector o bien su muerte. El éxito de una empresa no depende de abastecer bien al consumidor en estos sistemas intervencionistas populistas denominados progresistas, sino que depende del favor del funcionario público. Es el burócrata, en cualquier nivel del estado en que se encuentra, el que con su sello y firma decide quiénes son los ganadores y quiénes son los perdedores del sistema económico.

Por ejemplo, si hay créditos con tasas menores a las de mercado que otorga el estado, es un bocado delicioso para los corruptos de siempre administrar esos fondos. ¿Por qué distribuir bajo algún criterio caprichoso esos escasos créditos subsidiados si finalmente pueden repartirse en base a la coima que le paguen al que tiene que firmar?

Se sabe que en períodos de controles de precios o de importaciones y demás regulaciones, florecen los estudios “económicos” que detrás de un disfraz de profesionalismo, en rigor se dedican a hacer contactos con los funcionarios del caso para lograr sus firmas para autorizar un aumento de precio, una importación o cualquier otro trámite burocrático. Esos “asesores económicos” suelen pasearse por los programas de televisión haciendo declaraciones políticamente correctas para agradar el gobierno de turno y tratando de dar una imagen de profesional equilibrado. Venden un personaje pero en realidad su negocio más rentable es hacer el contacto entre la empresa que necesita un aumento de precios, un subsidios o los que sea y el funcionario que aprueba el privilegio. Las coimas corren por todos lodos en esos sistemas intervencionistas. Hasta ha habido casos de legisladores que lanzaron proyectos de regulación que perjudicaban a algún sector en particular para coimear al sector. ¿Cómo? Pidiendo un precio para retirar el proyecto de ley.

Los sistemas intervencionistas son corruptos por definición. Por eso detestan tanto el libre mercado. Porque donde hay un estado limitado, se reducen notablemente los casos de corrupción por la sencilla razón que el funcionario de turno no tiene la autoridad para declarar ganadores y perdedores. Su firma no tiene ese poder en un gobierno limitado. Por eso los “progresistas” detestan el libre mercado y un gobierno limitado. Les arruina el negocio.

Estos populistas progres que han circulado en los últimos años por gran parte de América Latina, primero endulzaron al pueblo dándole dádivas. Cuantos más pobres, más dádivas y más votos cautivos. Mientras la gente recibía las dádivas y otros compraban el televisor o el celular en cuotas, estos progresistas robaban a cuatro manos. Para ellos el progresismo es un negocio redondo del que pueden hacer fortunas. Ser gobierno significa un gran negocio personal. Llegar a la presidencia de la nación dejó de ser un servicio público para transformarse en una gigantesca máquina de corrupción y de acumular fortunas. Las regulaciones, la obra pública y los fondos destinados a programas sociales son cifras millonarias que aportan una caja de corrupción fenomenal. Ya ni siquiera defienden el intervencionismo estatal y la distribución de burros que son, por el contrario son muy vivos, porque defender el intervencionismo y la distribución del ingreso les ha generado fortunas inimaginables a buena parte de la dirigencia política.

En síntesis, América Latina ha sufrido una oleada de populismo progre no por una cuestión ideológica, sino que esos delincuentes manipularon a pueblos incultos (la falta de educación en los pueblos es otro ingrediente fundamental para que florezca estos sistema corruptos) y vieron la oportunidad de hacerse la América.

La corrupción fue el objetivo de sus campañas políticas. El envoltorio fue el progresismo que vendieron como gente que venía a establecer la justicia social. El resultado pueblos más pobres, oprimidos y países que deberán soportar un largo período recuperación hasta que la gente pueda volver a tener un nivel de vida digno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Un análisis del estado benefactor en todo el mundo: los resultados no son bueno, pero es difícil cambiarlo

Por Martín Krause. Publicada el 22/5/17 en: http://bazar.ufm.edu/analisis-del-estado-benefactor-mundo-los-resultados-no-bueno-dificil-cambiarlo/

 

En el Cato Policy Report de Enero/Febrero de este año, se comenta un libro de James Bartholomew titulado “The Welfare of Nations”:

“En 2006 el periodista  James Bartholomew, que recientemente había publicado su libro más vendido, The Welfare State We’re In, fue presentado a Margaret Thatcher en un pequeño almuerzo en Inglaterra. Comenzó a contarle acerca de su libro, que argumentaba que el estado de bienestar moderno británico había hecho más daño que bien, y que Gran Bretaña habría estado mejor si nunca hubiera sido creado.

Lady Thatcher le preguntó qué, en ese caso, debería hacerse para arreglarlo. Bartholomew ofreció su respuesta estándar de libro-gira: que él no creía que ninguna democracia moderna aceptara los cambios realmente necesarios, y no le importaba recomendar algo de lo mejor. “¡No no no! ¡No puedes decir que hay un problema y no encontrar una solución! “, Replicó Lady Thatcher. “Si usted dice que el estado de bienestar no es bueno, debe sugerir una alternativa!” Bartholomew trató de protestar que llevar a cabo la investigación necesaria sería demasiado costoso, y la gente lo encontraría “aburrido.” Aquí de nuevo, la baronesa Thatcher no estaba impresionado: ¡Si no puedes pensar en una buena manera de comunicarlo, debes encontrar una forma de comunicarlo! ”

El nuevo libro de Bartholomew, El Bienestar de las Naciones, publicado por el Instituto Cato, es un intento de responder al reto de Thatcher. Para encontrar sus respuestas, Bartholomew despegó en una misión de trote mundial para examinar modelos de bienestar alrededor del mundo. Registra sus viajes a 11 países diferentes, donde busca la mejor atención de la salud, la mejor educación, los mejores servicios de apoyo, al mismo tiempo que expone a los países con el peor desempleo, el peor cuidado de la salud y la educación. También investiga otros países, incluso llegando de nuevo a la historia para discutir el bienestar en la antigua Grecia y Roma. Él hace preguntas como: ¿Por qué el desempleo es tan bajo en Suiza? ¿Por qué es tan alto en España? ¿Por qué la educación del gobierno es tan mala en tantas partes del mundo?

El trabajo de Bartolomé no es sólo una lista seca de hechos o estadísticas sino una historia, tejida con cuentos de sus viajes, que trae a la vida la crueldad y los fracasos del estado de bienestar, así como las historias de éxito en las que Bartolomé modela sus recomendaciones para la reforma. Bartholomew recuerda al lector que la mayoría de los países y sus estados de bienestar no encajan en los “clichés” que imaginamos a partir de estadísticas desnudas – él utiliza la información sobre el terreno y las ideas para compilar, capítulo por capítulo, recomendaciones para diferentes elementos del Estado de bienestar, en última instancia destilándolos en una lista de consejos para mejorar el estado de bienestar en su conjunto. Y en el camino, encuentra aún más pruebas de cómo la existencia de los estados de bienestar está cambiando realmente la civilización mundial.

Al final, Bartholomew sigue siendo escéptico sobre la voluntad de las sociedades de emprender los cambios radicales necesarios para lograr el ideal de un estado de bienestar absolutamente mínimo. Y advierte que, una vez que se ha impuesto un estado de bienestar, la libertad nunca puede ser tan grande como lo fue una vez -escribe, es el “precio inevitable” de imponer un estado de bienestar en primer lugar. Sin embargo, es al menos posible crear un mejor estado de bienestar, reducir el desempleo, mejorar la vivienda y fortalecer a las familias.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

¿El camino ‘capitalista’ al socialismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/5/17 en: http://www.elterritorio.com.ar/nota4.aspx?c=0574253964826931

 

Mientras el escándalo en Brasil pega fuerte mostrando la fragilidad de la economía argentina, y lo inflada que está a partir de discursos y acciones del estado, Macri ya ha realizado una cantidad de viajes, todos con promesas de inversiones que no llegaron mostrando que estos periplos tienen poco sentido. Sobre todo hoy, cuando los operadores globales rastrean inversiones en los lares más recónditos, hasta con satélites, en tiempo real, es trivial que un funcionario viaje a explicar nada, basta con crear la oportunidad de negocios -bajos impuestos y mercado natural, desregulado- para que las inversiones se descuelguen solas.
A menos que quieran en aumentar el peso del Estado, profundizando el socialismo vigente en Argentina en términos de peso estatal e intervención en la vida de las personas.
Para lo que sí sirven estos traslados es para que una enorme burocracia viaje a costa de los contribuyentes, a comprar trajes de cien dólares al punto que, dicen las crónicas, el vocero presidencial recomendó vía WhatsApp “Vayan a Tony and Tony… y pregunten… de parte mía para conseguir descuentos.
Casi todo el viaje por Asia estuvo dedicado a obra estatal, aparentemente iniciada en la era K, como los 16 acuerdos por U$S 17 mil millones firmados en China. Lo “bueno” de la obra pública -que bien podría surgir del mercado natural- es que aumenta el PIB ya que conlleva consumo de materiales sin necesidad de ahorro previo sino financiado, en este caso, por el Estado chino.
Aun suponiendo que estos índices son reales, lo cierto es que el PIB no considera todas las transacciones sino sólo el consumo, como señalan Krause, Ravier y Cachanosky. Así, resulta falso el crecimiento basado en el PIB que solo muestra cómo se decide gastar el ingreso luego de haberlo producido, el destino de la producción, no su origen. Por esto, el Bureau of Economic Analysis ahora publica el Gross Output que considera las etapas del proceso y no sólo el consumo. Más acertado es el valor bruto de la producción (VBP) en el que el consumo privado y público representa el 50% contra el 86% de peso que le otorga el PIB.
Para remate la obra pública es ineficiente. Dice Steve Hanke que mediante la VA, el gobierno estadounidense opera el mayor sistema de servicios de salud… el costo de construcción por cama de la VA es 290% más que para hospicios privados… la administración
de construcción de la VA tiene 16 veces más empleados… y los proyectos de la VA requieren 3,5 veces más tiempo de construcción… el costo promedio de los hospitales de la VA es 70% superior para tratamiento agudo… 48% para cirugía, y 140% para tratamiento crónico. Así, creído capitalista por su pasado “empresario”, su discurso prooccidental y pro comercio libre, el gobierno está logrando agrandar el ineficiente y degradante sector estatal a costa de impuestos, inflación y endeudamiento que paga el privado cada vez más raquítico.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El Futuro De Occidente

Por Armando Ribas. Publicado el 2/5/17 en: http://institutoacton.org/2017/05/02/el-futuro-de-occidente-armando-ribas/

 

Existe la teoría de que en la historia las civilizaciones nacen, se desarrollan y mueren en un ciclo de vida semejante al de los seres vivos. Si analizamos la historia universal no cabe la menor duda de que el proceso descripto es su carácter esencial. Desde ese punto de vista parecería que eso que llamamos Occidente y que yo, tal como me pregunté en mi libro ¿Quién es Occidente?, no sé muy bien qué es lo que es, estaría viviendo su Zenit. Más allá del acceso de Japón a la segunda potencia industrial después de la Segunda Guerra Mundial, ahora surge la amenaza de que la antorcha en algún momento del siglo XXI sería pasada al Celeste Imperio donde viven hoy casi un quinto de la población mundial.

En dos recientes artículos publicados en “Foreign Affairs”, Richard Bernstein y Ross Munro, de una parte, y Robert Ross, de la otra, trataron el tema. Los primeros sostienen que en la misma medida que la China se desprende de las cadenas ideológicas del maoísmo y aumenta su riqueza, será cada vez más amenazante y más peligrosa. La posición de Ross es distinta en el sentido de que la China es demasiado débil como para significar una verdadera amenaza para la hegemonía política de Estados Unidos. Creo que ambas evaluaciones se integran en la teoría anterior de la historia universal, y no toman en cuenta, ni la una ni la otra, la diferente realidad que enfrenta la humanidad a partir de la existencia de las armas nucleares y la revolución de las comunicaciones.

La guerra en el sentido escatológico que existió a través de la historia ha desaparecido como elemento determinante de alcanzar la supremacía mundial. Enfrentamiento y colisiones en el siglo XXI no significan, como hasta la primera mitad del siglo XX, guerra. Este solo fenómeno cambia de por sí la historia universal, donde las civilizaciones se sucedieron hasta conformar hoy una sola civilización en eso que se ha dado en llamar globalización. En ese sentido hoy están más vigentes las palabras de Kant en su “Paz Perpetua” que el predicado hegeliano, de que la guerra era la forma en que los estados hacían su irrupción en la historia. Hoy los estados están todos en la historia con más o menos poder de negociación, pero no con más poder de destrucción. No existe en la actualidad la capacidad de destruir sin ser destruido. Es decir, las aspiraciones de poder no van a desaparecer de la faz de la tierra pero los instrumentos para ejercerlos han sido y siguen siendo modificados.

Cualquier país europeo que hasta la mitad del siglo XX hubiera tenido el poder relativo de los Estados Unidos, habría intentado la conquista mundial. La guerra era “the name of the game” (el nombre del juego). Hoy hemos ido aprendiendo no a deponer los intereses nacionales en pro de una hermandad sublime, sino a expresarlo de otra manera. Ya bien decía Hume en sus escritos económicos: “…el incremento de la riqueza y del comercio en cualquier nación, en lugar de perjudicar, promueve la riqueza y el comercio de todos sus vecinos, y un estado puede difícilmente desarrollar su comercio e industria cuando todos los estados que le rodean están hundidos en la ignorancia, la pobreza y la barbarie”.

Es decir que la guerra no desaparecería de la faz de la tierra por la moral, sino por el interés y el egoísmo humano consciente del terror del holocausto y a través  de las comunicaciones. Demás está decir que la misma tecnología que hace a la riqueza de las naciones, las hace más vulnerables. De qué le sirve a los propios Estados Unidos hacer desaparecer de la faz de la tierra, ya fuera la Unión Soviética o a la China, cuando al menos la mitad de su población  se pierde en el empeño. Pero más aún, cada vez existen menos naciones cuya riqueza no dependa de su integración en la economía mundial. Eso quiere decir algo más. Si Japón hoy se hundiese en el Océano Pacífico, una gran parte de la riqueza de otros países y en particular de Estados Unidos desaparecería con el imperio del Sol Naciente.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que esta realidad no ha sido construida sólo a partir de hechos, sino que detrás de ella han estado las ideas que dieron paso a lo que Popper denominara sociedad abierta. Ha sido el reconocimiento de los intereses privados el que ha construido la riqueza que se sustenta en la propiedad y el comercio. Ese mal llamado “materialismo” ha sido la fuente de los mayores logros que han permitido satisfacer las necesidades de la gente común. No sé en virtud de qué espiritualidad la guerra pudo haberse considerado como un acto desinteresado y digno frente a la concupiscencia adscripta al comercio. No hay que ir a las castas hindúes para encontrar en toda la historia de la humanidad, la religión y la guerra como los paradigmas excelsos de la virtud, en tanto que el comercio, las finanzas y el trabajo eran descalificados por indignos. Fue sólo cuando se revirtieron estos principios, a partir del pensamiento liberal, que ha sido posible alcanzar el estadio de civilización que hoy disfruta una gran parte de la humanidad. Esto no quiere decir que en función de la globalización han de desaparecer ni las identidades nacionales ni las culturas. Pero sí que éstas habrán de adaptarse a los principios que podríamos llamar de la civilización, si es que los pueblos pueden aspirar a elevarse por sobre la pobreza. Y ése no es el modo de la generosidad, sino del interés, no del reparto, sino de la creación. Ninguna cultura que intente desconocer los principios de la civilización universal puede esperar alcanzar los estadios de libertad y bienestar que gozan hoy los países industrializados. Esos principios no son otros que el reconocimiento del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, a la vida, a la libertad y a la propiedad. Y estos derechos individuales parten del reconocimiento de la naturaleza falible del ser humano tanto en el orden moral como en el del conocimiento. De ahí la necesidad de la limitación del poder político.

Mi preocupación, entonces no surge del que otros países orientales o africanos alcancen la riqueza que hoy parece patrimonio del Occidente industrializado y Japón. El problema de Occidente está dentro del mismo Occidente. Curiosamente el propio Bernstein, en su explicación de la nueva posición China, de hecho reconoce el problema. Así dice: “La ironía en las relaciones chino-americanas es que cuando China estaba bajo la féerula del maoísmo ideológico y proponía tal ferocidad ideológica que los americanos creían que eran peligrosos y amenazadores, era realmente un tigre de papel, débil virtualmente sin influencia global. Ahora que China se ha liberado de la trampa del maoísmo y se ha embarcado en un curso pragmático de desarrollo económico, y de comercio global, parece menos amenazadora, pero de hecho está adquiriendo la posibilidad de apoyar ambiciones globales y sus intereses con verdadero poder”.

Es evidente que el poder surge en las propias palabras de Bernstein del capitalismo que no es una faceta económica de la existencia, sino una concepción ética que se implementa políticamente y produce la riqueza. El estar bajo el umbral ideológico de Mao es precisamente la actitud opuesta que diluye las motivaciones para la creación de riqueza en función de un deber ser absoluto y fútil que significa la opresión y la inseguridad. El problema en Occidente es precisamente que sus intelectuales descreen de ese mal llamado sistema capitalista y en la medida que el estado se apodera de la economía se cae, casi sin darse cuenta, en la trampa ideológica del maoísmo. Ahí reside el peligro de que se cumpla el ciclo histórico y Occidente dé lugar a otra civilización no distinta sino precisamente porque aprendió lo que Occidente olvidara.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

La teoría del derrame no existe

Por Iván Carrino. Publicado el 17/5/17 en:  http://www.ivancarrino.com/la-teoria-del-derrame-no-existe/

 

El domingo por la noche, el Ministro de Hacienda de la Nación,  Nicolás Dujovne, fue invitado al programa de Luis Novaresio, “Debo Decir”. Uno pensaría que, dada la importancia de la figura del ministro, éste fue quien se llevó toda la atención.

Algo de eso hubo. Sin embargo, otro de los invitados, el famoso actor Hugo Arana, terminó apropiándose de las cámaras.

En momentos en que el ministro explicaba en qué consiste el modelo económico del gobierno, Arana interrumpió y se explayó con su pensamiento acerca de lo que se ha dado en llamar “la teoría del derrame”.

A continuación, sus palabras:

La Teoría del Derrame me parece uno de los más graves insultos. Yo en mi casa le digo al nenito de la esquina que está en la calle que venga y que, cuando estoy comiendo, si se me cae alguna miga, la puede comer. Eso del derrame me parece una humillación.

Los dichos de Arana apuntan directamente a la economía de mercado, a la que suele equipararse con esta teoría del derrame que, en realidad, jamás ningún académico serio defendió ni planteó de manera ordenada.

Si duda de esto, puede hacer la prueba de ir a una librería o ingresar en MercadoLibre.com y pedir el libro “Introducción a la Teoría del Derrame”.

Le anticipo: volverá con las manos vacías.

UN ARGUMENTO BIEN EXTENDIDO

Ahora bien, podría decirse que lo que diga un actor no es representativo de lo que piensan los principales referentes de la sociedad o la academia especializada.

Este argumento, sin embargo, no es cierto. Recientemente, el mismísimo Papa Francisco se expresó en la misma línea que Hugo Arana.

En un documento divulgado en 2013, sostuvo:

Algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico.

Por último, el economista y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, Mario Rappoport, también critica al liberalismo utilizando el hombre de paja del derrame económico:

… plantean que así la economía tendría un crecimiento virtuoso que a la larga podría beneficiar a todos a través de la teoría del derrame. Pero en las economías periféricas (y ahora también en las centrales) el vaso nunca llega a estar lleno para que esto se produzca.

Como queda claro, la analogía que se hace entre la teoría liberal del crecimiento económico y la teoría del derrame no es solo una ocurrencia de un actor no experto en estos temas, sino algo extendido a los más conspicuos círculos de la sociedad.

MALA COMPARACIÓN

El problema con lo anterior es que la analogía es pésima.

Es que cuando se sostiene que la economía de mercado genera crecimiento económico que beneficia a todos, nadie está planteando que ese beneficio llegue en la forma de dar migajas a nadie o derramar ninguna copa. En concreto, en el mercado, la mejora económica individual no llega de la mano de la beneficencia de “los ricos”, sino de las ganancias que genera el intercambio.

Una persona demanda el “bien A” y tiene para ofrecer el “bien B”, mientras que otra que demanda el “bien B” tiene para ofrecer el “bien A”. Una vez que ambos individuos se encuentren, intercambiarán sus bienes y ambos habrán ganado utilidad. En el intercambio voluntario, todos mejoran su situación.

Este proceso, además, genera incentivos para producir. En la medida que cada individuo sabe que lo suyo es suyo, tendrá incentivos para producir bienes y servicios que luego pueda intercambiar en el mercado por otros que le sean de mayor utilidad. La existencia de dinero no cambia esta ecuación. Ofrecemos bienes o servicios, recibimos dinero a cambio, y ese dinero lo volvemos a intercambiar por otros bienes y servicios.

Todos los que participan en la economía de mercado, ofreciendo valor para llevarse valor, ganan en este proceso. No hay ningún derrame ni ganadores accidentales. Y tampoco hay explotadores. El cliente se beneficia con su compra, el empresario con su venta, el trabajador cuando recibe su sueldo, el capitalista cuando recibe los servicios laborales del empleado.

Nadie gana por derrame, sino por el intercambio.

NO HAY PODER CENTRAL

Todo este fantástico proceso de crecimiento y enriquecimiento mutuo no está digitado desde un poder central que todo lo controla, sino que es parte del orden espontáneo del mercado. Como decía Adam Smith, no es la benevolencia del carnicero lo que trae la carne a nuestra mesa, sino su propio interés. Paradójicamente, es el interés egoísta de los individuos lo que nos enriquece y nos empuja a mejorar.

Esto, claro, es inconcebible para los adoradores de la mano visible del estado. Para ellos, la única salida de la pobreza es con planes de subsidios estatales. El propio Rappoport, en el mismo artículo anteriormente citado, sostiene que durante los últimos años de intervencionismo económico en Argentina, “se intentó a través del Estado crear las condiciones para que el vaso pudiera llenarse y la distribución del agua no dependiera del derrame sino de políticas públicas”.

Lo que les cuesta aceptar los teóricos anti-derrame es que la salida de la pobreza pueda darse en ausencia de un plan deliberado del gobierno. Seguido de esto, tampoco podrán aceptar que cada vez que se intenta ir por el camino del redistribucionismo extremo, se llega a la miseria total, como demuestran los casos de Cuba, la Unión Soviética o, más recientemente, la Venezuela de Chávez y Maduro.

La teoría del derrame no existe. El crecimiento económico no descansa en que los ricos se enriquezcan y luego donen parte de lo que tienen. Por el contrario, se basa en permitir que haya libertad para intercambiar, y que en ese proceso voluntario, todos alcancen sus objetivos personales contribuyendo al bienestar social.

La mano visible del gobierno tiene un rol muy limitado que cumplir en ese proceso. Como decía Alberdi: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Corea del Norte somos todos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 13/5/17 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Corea-Norte_0_2709929024.html

 

La guerra y las constantes amenazas desde EEUU fueron la excusa para que la tiranía se armara

 

A pesar de tener 1.300 años de historia común y la misma etnia, Corea del Sur, que cobija a más de 50 millones de habitantes y un PIB per cápita de $us 33.000 al año, es la tercera economía de Asia; mientras que la de Corea del Norte es la última, con un PIB per cápita anual de $us 1.800. Durante los 90, una hambruna mató a 2 millones de norcoreanos; en tanto que, según Amnistía Internacional, murieron más de 400.000 en sus prisiones durante los últimos 30 años, y así, quedaron unos 24 millones de habitantes en Corea del Norte.

Para imponer esta tiranía, comandada por Kim Jong-un, el “Brillante Camarada”, Norcorea tiene el cuarto Ejército más numeroso del mundo (más de 1 millón de soldados) que consume el 33% del PIB. El lavado de cerebro es fenomenal. “No es una dictadura. Nadie nos impone amar al gran líder… es nuestro padre”, afirma Kang Jong Sim; y no puedo evitar recordar a los “padres” de la patria de más de un gobierno occidental. Sin internet, ni prensa libre, los norcoreanos viven adoctrinados desde los dos años y ajenos a la realidad.

¿Pero solo Kim Jong-un es el culpable? Si no lo rodearan personas “leales” que han armado una red de poder, si nadie lo obedeciera, no existiría el régimen norcoreano. Pero las “complicidades”, de un modo u otro, se extienden a todo el mundo. Es que los seres humanos estamos interrelacionados de modo que todos, en alguna medida y de algún modo, somos responsables de todo. Para empezar, recordemos que la península fue dividida en 1945 por el paralelo 38, entre los gobiernos de Estados Unidos y de la URSS. Luego, la guerra y las constantes amenazas desde Washington fueron la excusa para que la tiranía se armara.

Pasada la hambruna de los 90, el Norte encaró algunas liberalizaciones, pero vino Bush e impuso sanciones, impidiendo que algunas reformas fueran efectivas. “Nosotros… tenemos los brazos abiertos a la inversión extranjera… pero Estados Unidos la impide”, afirma un funcionario. La reforma constitucional de 1998 introdujo el concepto de economía privada y, muy lentamente, las cosas mejoran. Según Lee Jung-chul, del Instituto Samsung, Seúl y Beijing prefieren que la tiranía se abra paulatinamente porque temen una avalancha de refugiados.

Se ha liberalizado un poco la agricultura, permitiendo cooperativas en las cuales hasta la tierra es privada. Cuenta Javier Espinosa, enviado del diario El Mundo, que yendo por carretera hasta Hamhung (la segunda urbe de Corea del Norte) se ve una sucesión interminable de plantíos; incluso las laderas muy escarpadas, en los espacios más mínimos de tierra ubicados junto a las viviendas, muestran lo tenaz que puede ser la iniciativa privada —acicateada por el lucro— para servir a las personas y, en este caso, paliar el hambre.

En Hamhung, que se abrió al turismo en 2010, rige un nuevo sistema de salarios que permite a los directivos de las empresas dictar la remuneración de los trabajadores, y algunos pagan, según cualificación y rendimiento, entre 70 y 120 dólares mensuales. La medida, junto al permiso de comercializar excedentes tanto en las empresas estatales como en las cooperativas agrícolas, ha alentado enormemente la productividad.

En fin, una guerra no solo sería costosísima para todo el mundo, sino que además podría tener consecuencias inimaginables. Por el contrario, es necesario terminar con toda coacción, con todas las sanciones, a fin de lograr que Corea de Norte se integre al mundo; aunque sea lentamente, siempre será menos dañino.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Un académico best-seller

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es poco frecuente que un académico se convierta en un best-seller. Hay además casos extraordinarios como muchas de las obras de Paul Johnson de más de mil páginas sin subtítulos y que han logrado ventas masivas. Claro que no en todos los casos son leídas sino que queda bien exhibirlas en las bibliotecas.

Un caso notable de muy reciente data es el de Yuval Noah Harari, doctorado en historia en Jesus College de la Universidad de Oxford y que enseña en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Tiene 33 años y ha publicado dos libros traducidos en varios idiomas, entre ellos al castellano, titulados respectivamente De animales a dioses y Homo Deus, cuyas ventas en varios países están ubicadas en la lista de best-sellers y en varios medios se ha dicho sobre el autor expresiones equivalentes a “nace una estrella”.

Los libros contienen datos y reflexiones de mucho interés pero en esta nota periodística queremos puntualizar lo que estimamos son errores de cierta envergadura. De entrada decimos que los títulos de los libros conducen a conjeturar que los seres humanos se han transformado en dioses, supuesto que, precisamente, constituye una presunción fatal digna de los caudillos contemporáneos (La fatal arrogancia titularía su último libro el premio Nobel en economía F. A. Hayek). Desafortunadamente esta conjetura se confirma parcialmente en los trabajos que mencionamos de Harari, aunque finalmente los escritos de marras se traducen en prácticamente la extinción de los humanos debido a la tecnología tal como veremos más abajo en este apretado resumen (y no en el sentido esbozado por Huxley).

Conseguí el correo electrónico del profesor Harari merced a los buenos oficios de Gustavo Perednik, quien enseña en la misma universidad de Harari y con quien escribimos en coautoría un libro (Autopsia del socialismo). Le escribiré en inglés en una cápsula las críticas que siguen ni bien se publique esta columna, que adjuntaré por si también lee nuestro idioma.

Divido estos comentarios en cinco puntos que pienso que son centrales. Veamos unos pocos aspectos del primer libro mencionado. Harari reconoce algunos de los méritos del capitalismo, pero advierte y destaca (junto a otros economistas clásicos) que estos tienen lugar “siempre que no las malgasten [las riquezas] en actividades no productivas”.

Es de gran trascendencia percatarse de que en una sociedad abierta, en todos los casos, los exitosos desde el punto de vista crematístico son el resultado de atender las necesidades del prójimo. Los que aciertan en las demandas de los demás obtienen ganancias, los que yerran incurren en quebrantos. El cuadro de resultados es el termómetro de la eficiencia, por lo que los siempre escasos recursos se ubican en las manos que mejor los administran.

Independientemente de que el concepto de productividad es enteramente subjetivo, incluso cuando alguien invierte en dinero, porque, igual que en toda inversión, conjetura que el valor futuro será mayor que en el presente y, para seguir con el ejemplo que recoge Harari, el sujeto en cuestión coloca su dinero bajo el colchón, el resultado será que transfiere poder adquisitivo a terceros, ya que la cantidad de moneda en circulación será menor en relación con los bienes y los servicios disponibles y, por tanto, los precios bajarán.

En cualquier caso, si los consumidores consideran que no se está invirtiendo bien a sus criterios, provocan pérdidas en el patrimonio de quienes proceden de esa manera. Desde luego que este razonamiento no se aplica a los pseudoempresarios que se alían con el poder político de turno al efecto de saquear a la población, pero este cuadro de situación no es compatible con una sociedad abierta.

En segundo lugar, el autor adhiere al lugar común de emprenderla contra la revolución industrial al escribir: “La revolución industrial que se extendió por toda Europa enriqueció a banqueros y a propietarios de capital, pero condenó a millones de trabajadores a una vida de pobreza abyecta”. Los autores que esto dicen parece que se refirieren a una situación pre revolución industrial donde los campesinos estuvieran danzando en torno a ollas llenas de deliciosos y humeantes alimentos, con salud rebosante y salarios jugosos. Muy por el contrario, las pestes y las hambrunas eran lo común entre los siervos de señores feudales. La mortandad era por cierto muy temprana y la miseria, extendida a todos, salvo los pocos privilegiados por compartir las explotaciones que llevaban a cabo los nobles y sus bandas.

La revolución industrial fue consecuencia del inicio de un cambio de sistema hacia la propiedad privada y el consecuente respeto por al fruto del trabajo ajeno. Sin duda que las condiciones fueron duras al principio, incluyendo el trabajo de mujeres y niños, pero preferían eso a morir por las espantosas penurias a que estaban condenados por el régimen anterior. A partir de entonces, poco a poco, se pudo considerar como algo cierto los estudios de los jóvenes y las tareas de ama de casa de las mujeres como resultado de trabajos arduos pero que permitieron el incipiente ahorro y las mejoras en las condiciones de vida. Préstese atención que recién en esa época comenzó a escribirse sobre la cuestión social, ya que antes se daba por sentado que el destino de la gente era la muerte prematura en las calles. En verdad, si prestamos atención a nuestros ancestros (todos provenimos de las cuevas y la miseria, cuando no del mono) es esta la historia de todos nosotros. En la medida en que el sistema garantizaba derechos, el progreso era seguro, en la medida de la rapiña, el retroceso era el resultado imposible de evitar.

En tercer lugar en este apretado resumen y ahora en el segundo libro referido, Harari es más explícito al concluir: “Es peligroso confiar nuestro futuro a las fuerzas del mercado, porque estas fuerzas hacen lo que es bueno para el mercado y no lo que es bueno para la humanidad o para el mundo”. El autor trata al mercado como si fuera algo ajeno a la humanidad, cuando en realidad se refiere a un proceso administrado cotidianamente por la gente con sus votos y sus abstenciones de votar en el supermercado y afines. El propio Harari es parte del mercado al vender sus libros, al alimentarse, al tener su vivienda, su computadora, su refrigerador, su transporte, su vestimenta, etcétera. En otras palabras, lo bueno para el mercado es lo bueno para la población con sus millones de arreglos contractuales. Todo lo que nos rodea es consecuencia del proceso de mercado y cuando este se interfiere por el uso de la fuerza de los aparatos estatales, los resultados son los faltantes artificiales, los desajustes y, por ende, la pobreza, ya que el derroche de capital afecta directa y negativamente sobre los ingresos y los salarios en términos reales.

Cuarto, el autor que venimos comentando se pronuncia sobre asuntos laborales al sostener que la tecnología amenaza a los trabajadores con quedarse sin empleo, con lo que “los humanos corren el peligro de perder su valor”. En verdad los progresos tecnológicos liberan recursos humanos y materiales para encarar otros bienes y servicios que no podían atenderse debido, precisamente, a que estaban esterilizados en la producción de los bienes que ahora quedan liberados merced a la mayor productividad que hace posible el avance tecnológico.

Las necesidades son ilimitadas y los factores de producción son escasos. Mientras no estemos en Jauja, habrá necesidades insatisfechas (y si estuviéramos en Jauja, no habría que preocuparse por el trabajo de nadie). El empresario siempre atento para sacar partida del arbitraje que presenta la subestimación de costos en relación con los precios finales requiere capacitar para trabajos manuales e intelectuales al efecto de lograr su cometido. En este sentido, la vida es una transición de una posición a otra. Cada día todos los que trabajan pretenden proponer nuevas medidas, lo cual siempre implica reasignar recursos humanos y materiales. Como he dicho antes, el hombre de la barra de hielo fue desplazado y reubicado debido al refrigerador, igual ocurrió con el fogonero antes de las locomotoras Diesel y así sucesivamente con todo lo demás. El progreso implica cambio, no es posible progresar sin cambio. Si se destruyera toda la tecnología del planeta, no habría mayor empleo sino bajas abruptas en los salarios debido a la caída en los rendimientos.

Y quinto, Harari resulta ambiguo, falso y por momentos contradictorio respecto al libre albedrío: “Cuando aceptamos que no hay alma y que los humanos no tienen una esencia interna llamada ‘el yo’, ya no tiene sentido preguntar ¿cómo elige el yo sus deseos?”, “La ciencia no sólo socava la creencia liberal en el libre albedrío, sino también la creencia en el individualismo”.

El materialismo filosófico (o determinismo físico, según la terminología popperiana) da por tierra con la libertad, la responsabilidad individual, la posibilidad de ideas autogeneradas, las proposiciones verdaderas y falsas y la moral. Todo el andamiaje analítico de la tradición liberal cae si no hay libre albedrío, psique (alma) o mente (distinta del cerebro), si en última instancia los humanos somos como loros, más complejos pero loros al fin.

El premio Nobel en neurofisiología John Eccles declara: “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil su condicionamiento […] digo enfáticamente que negar el libre albedrío no es un acto racional ni lógico […] el pensamiento modifica los patrones operativos de la actividad neuronal del cerebro […] Cuanto más descubrimos científicamente sobre el cerebro, más claramente distinguimos entre los eventos del cerebro y el fenómeno mental, y más admirable nos resultan los fenómenos mentales” (en Mind & Brain).

En este contexto, Harari repite la visión convencional de la “inteligencia artificial” de una máquina cuando, como entre muchos otros, explica Raymond Tallis, la inteligencia remite a inter-legum, esto es, leer adentro, captar esencias, naturalezas, conceptualización, abstracción y aspectos emotivos propios del ser humano y no de una máquina programada por humanos. Del mismo modo, nos dice el mismo autor que es impropio hablar de “la memoria de la máquina”, lo cual sería lo mismo que cuando nuestros antepasados le hacían un nudo al pañuelo para recordar tal o cual acontecimiento, en este caso tampoco es propio aludir a la memoria del pañuelo. Incluso no es riguroso siquiera referirse a que “computa la máquina” ni que “calculan las máquinas”, puesto que se trata de impulsos eléctricos sin conciencia de computar o calcular, lo mismo que es de uso metafórico sostener que el reloj “nos dice la hora” (en Why the Mind is Not a Computer).

Como hemos apuntado al abrir esta nota periodística, los dos libros de Harari con sus casi quinientas páginas cada uno contienen datos de suma importancia y observaciones muy atinadas pero a nuestro juicio los cinco puntos que dejamos consignados debilitan, cuando no demuelen, su presentación. Como el conocimiento es provisional y abierto a posibles refutaciones, naturalmente y como en todos los casos (es de Perogrullo) está presente la posibilidad de debatir y contradecir nuestras reflexiones.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Irán se acerca a unas elecciones presidenciales de significación

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/5/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2020833-iran-se-acerca-a-unas-elecciones-presidenciales-de-significacion

 

El próximo 19 de mayo Irán tendrá elecciones presidenciales. Ellas serán las doceavas desde que, en 1979, Irán se convirtiera en una teocracia. Normalmente, esas elecciones se celebran en el mes de junio. Pero este año se adelantaron como consecuencia de la festividad religiosa que celebra el llamado Ramadán, durante la cual los iraníes ayunan.

En ellas el actual presidente, el “reformista” Hasan Rouhani, procurará obtener su reelección. Un nuevo y segundo mandato, entonces. Su candidatura, como cinco otras, acaba de ser formalmente aprobada por el Consejo de los Guardianes. Esto quiere decir que Hasan Rouhani, según los líderes religiosos iraníes, posee las “calificaciones ideológicas” requeridas para aspirar a presidir a la teocracia íraní. En cambio, el radical -y siempre activo- ex presidente Mahmoud Ahmadinejad, que intentaba regresar al escenario político grande de Irán, fue vetado. No podrá competir.

Irán es una nación llamativamente joven, con una edad media de apenas 30 años y una de las culturas más profundas del mundo, la de la civilización persa. Desde que sus medios de comunicación masiva predican sólo el discurso único de la clase religiosa que controla al país, más de la mitad de los votantes se nutre, ávidamente, en las redes sociales. Con frecuencia ellas están bloqueadas por las autoridades religiosas, por distintos motivos.

Los jóvenes hoy componen el “núcleo duro” de los “reformistas”, que aspiran a tener un mejor nivel de vida, a lograr y mantener estabilidad económica y a poder acercarse más e interactuar con el resto del mundo.

Esta vez los iraníes podrán elegir entre seis distintas posibilidades. Hay tres de ellas que -sin embargo- lucen como las más significativas.

La primera es la posibilidad de reelegir al actual presidente, Hasan Rouhani, por un período presidencial más, de cuatro años. Muchos iraníes hoy están desilusionados con el poco avance logrado en dirección hacia la modernización del país persa a lo largo de la que ha sido ya su primera gestión presidencial. Además, se manifiestan abiertamente indignados con la corrupción extendida que, creen, anida en la administración iraní, a todos los niveles.

Esta es una cuestión seria y delicada, porque ocurre que son los clérigos quienes tienen en sus manos lo sustancial del poder económico en Irán y conforman una auténtica oligarquía, que es, por lo demás, inmensamente rica.

La clase media iraní es la que hoy apoya sustancialmente al presidente Rouhani. Pero para estar seguro de ganar, el actual presidente necesita, además, poder cautivar a parte de los iraníes de ingresos más bajos, que no creen demasiado en él porque entienden que los abandonó a su suerte.

En una nación bastante más ordenada, donde la inflación no es ya del 40% como sucedía al llegar Rouhani al poder, sino del 9% anual, el tema económico no es menor. Por ende la preocupación por mejorar el nivel de vida es ahora concreta y hasta fácilmente mensurable. Lo que es central para una población cuyos ingresos son mayoritariamente fijos.

Su principal rival, capaz ciertamente de vencerlo, pareciera ser Ebrahim Raisi, un discreto ex procurador general de Irán de 56 años, que cuenta con el apoyo de muchos líderes religiosos del país, a lo que suma nada menos que el endoso de la poderosa Guardia Revolucionaria. No tiene, sin embargo, experiencia política, pero es tenido como un candidato honesto y como una suerte de “outsider” de la clase religiosa gobernante. Un “nuevo” en el mundo local de la política.

Raisi -que además es apoyado por el líder supremo, Ali Khamenei- porta un turbante negro, que es el clásico que distingue a los religiosos que descienden del profeta Mohammed. El presidente Rouhani, en cambio, lleva uno blanco.

La plataforma y el discurso de Raisi tienen algunos componentes que lucen populistas. La estrategia de Rouhani es, en cambio, bastante más conservadora. Su esposa -que es una respetada profesora en la Universidad Shahid Beheshti- lo modera.

Otro de los actuales rivales de Rouhani es el alcalde de Teherán, que ya ha competido dos veces por la presidencia de su país, aunque sin suerte. Cuenta entonces con alguna experiencia política. Y hoy acusa al presidente Rouhani de no haber resuelto el persistente tema del desempleo que, entre los desilusionados jóvenes iraníes, es de nada menos que del 26%.

Entre los rivales del actual presidente aparece asimismo Esaq Jahngiri, un candidato que fustiga constantemente a la corrupción y a los corruptos. Razón por la cual ha adoptado la bandera electoral de la transparencia. Algunos creen, sin embargo, que Jahngiri pronto dejará de ser candidato y que su presencia, en rigor, es utilizada por los líderes religiosos para tratar de cerrar el paso al desafiante intento de retorno del ex presidente Mahmoud Ahmadinejad, ahora vetado. Sus partidarios se volcarán presumiblemente hacia la candidatura de Ebrahim Raisi.

En momentos en que la nueva administración norteamericana está demonizando a Irán, enfatizando para ello su constante labor de exportación del terrorismo y relativizando la importancia de la suscripción de su acuerdo nuclear con la comunidad internacional, parece importante seguir de cerca el curso de las próximas elecciones presidenciales iraníes, de cuyos resultados depende, entre otras cosas, mantener el equilibrio regional actual entre los dos países líderes de las dos grandes vertientes del islamismo: Arabia Saudita e Irán.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

MADURO, EL FASCISTA EMPEDERNIDO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Aunque ya se sabía, acaba de confirmarse el fascismo superlativo del dictador Maduro al proponer el adefesio de una así denominada asamblea constituyente al mejor estilo de Mussolini con sus consabidas corporaciones en reemplazo del Parlamento republicano.

Debe reiterarse que el fascismo significa en su eje central que la propiedad puede estar registrada a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno. Por su parte,  el comunismo significa que directamente usa y dispone el aparato estatal. Este último régimen es más sincero, el primero es más solapado y por ello el de mayor éxito en el denominado mundo libre con la idea de engatusar a los distraídos (al fin y al cabo los fascistas son comunistas cobardes).

El fascismo aplica desde los sistemas educativos donde se habla de “educación privada” pero en gran medida es administrada por los ministerios de educación, hasta los taxis que son regenteados por las municipalidades en cuanto al color con que están pintados, las tarifas y los horarios de trabajo y así sucesivamente con comercios cuyo flujo de fondos son en última instancia dictados en parte importante por el Ejecutivo.

Es tan primitivo Maduro que la emprende contra supuestos fascistas porque no sabe de que se trata y no se miró en el espejo. No puede esperarse otra cosa de una persona que habla con los pajaritos y alude a “las millonas de personas” que piensa lo siguen, cuando, además, en el mejor de los casos se trata de alcahuetes que han dejado atrás la dignidad y esperan migajas del poder.

En momentos de escribir estas líneas han sido detenidos ochenta y cinco oficiales de las Fuerzas Armadas por mostrar su disconformidad con la tragedia que viene ocurriendo en Venezuela, a pesar de las purgas constantes y la suba de salarios a los oficiales por consejo de Cuba con la idea de mantener el control férreo en detrimento de las libertades y derechos de los venezolanos.

Aparentemente, junto con la esperada solidaridad de otros gobiernos al condenar el drama venezolano y no con la muy peligrosa ambigüedad del Vaticano y personajes como Rodriguez Zapatero, la única salida consistiría en ejercer el derecho a la resistencia a la flagrante opresión, primero la desobediencia civil y, luego, si fuera indispensable, el contragolpe de Estado a raíz del golpe manifiesto al Estado propinado por Maduro y su banda que han arrasado con todo vestigio de instituciones republicanas y democráticas que, entre otras muchas cosas, ha desconocido resultados electorales.

En esta nota voy a repetir parcialmente lo escrito en otra ocasión hace un tiempo, esta vez para centrar la atención en el caso venezolano de estos días donde la ciudadanía ha salido masiva y repetidamente a las calles a pesar de las muertes a manos de los sicarios de Maduro quien, como queda consignado, recibe instrucciones de los sátrapas cubanos.

Es de gran relevancia destacar que en la tradición liberal está presente la rebelión contra el abuso insoportable del poder. En la obra más conocida y citada de John Locke puede decirse que comenzó el tratamiento sistemático de esa tradición donde se subraya que “Aquél que ejerciendo autoridad sobrepasa el poder que le fue otorgado […] deja de ser juez y se le puede oponer resistencia, igual que a cualquier persona que atropella el derecho de otra por la fuerza”.

En este contexto, en Venezuela se trata de un contragolpe de Estado puesto que el golpe de Estado original lo dieron quienes avasallaron derechos atropellando instituciones clave de una República que, como es sabido, significa alternancia en el poder, transparencia en los actos de gobierno, responsabilidad de los gobernantes ante los gobernados, igualdad ante la ley anclada en el “dar a cada uno lo suyo” de la Justicia y división e independencia de poderes.

Por supuesto que pude suceder, y de hecho sucede, un golpe de Estado contra un sistema republicano, lo cual es condenable desde toda perspectiva moral, pero aquí nos referimos al contragolpe en el sentido explicado.

La tradición de la libertad se basa en el aspecto epistemológico del no sé socrático como razón para no entrometerse en las vidas y acciones legítimas de otros, además del aspecto ontológico del necesario respeto a las personas. El derecho romano y el common law constituyeron bases institucionales del espíritu liberal junto a las contribuciones de la Escolástica Tardía. Pero con Sidney y Locke, como queda expresado, comenzó la sistematización de los marcos institucionales que posteriormente Montesquieu fortaleció en esa primera etapa, especialmente resumida en su pensamiento en cuanto a que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa”.

La revolución estadounidense -un espejo en el que se miraron muchas de las naciones libres del planeta- tomó la idea del derecho de resistencia en su Declaración de la Independencia donde consigna claramente que “cuando cualquier forma de gobierno se torna destructivo para estos fines [los derechos inalienables de los gobernados], es el derecho del pueblo de alterarlo o abolirlo y constituir un nuevo gobierno y establecer su fundación en base a aquellos principios”.

De más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor) solo que con otros gobernantes como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana por la que se aplicó una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III. Hasta el momento en los otros ejemplos, en el mejor de los casos se produjo un alivio más o menos transitorio para luego, en mayor o menor medida, recaer en que los aparatos estatales atropellaran los derechos vitales a la libertad y a la propiedad. Es de esperar que esto no suceda en el caso venezolano una vez finiquitado el gobierno (desgobierno) de Maduro.

Incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como he señalado antes respecto al ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otras situaciones, el alivio fue grande como es el ejemplo de Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo. Lo mismo va para el caso de la tiranía rosista en Argentina y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también de otros dictadores latinoamericanos. Mucho antes que eso los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro en España). Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.

Pero lo más importante es comprender que las sublevaciones no producen milagros, en casos extremos permiten espacios de mayor respeto que resultan muy efímeros si no hay ideas suficientemente sólidas como para reemplazar lo que venía ocurriendo. Si no es así, en definitiva, se habrán consumido energías y recursos sin resultados que compensen los sacrificios, los desgastes y conflictos que así se convierten en infructuosos.

La educación es la clave para contar con sociedades libres. Un traspié que obligue a sustituir el gobierno y llamar a elecciones en el plazo más rápido posible no hará que nada cambie si previamente no se han entendido y aceptado los fundamentos y la ventajas de la sociedad abierta.

No hay iluminados que deban imponer sus ideas a otros. No hay la contraproducente fantasía del “filósofo rey” sino la necesidad de establecer instituciones que dificulten el abuso del poder. Se trata de fortalecer las democracias entendidas como el respeto a los derechos de todos. No dictaduras electas ni cleptocracias basadas en la tiranía del número como fue el caso del chavismo con su adefesio del socialismo del siglo xxi y hoy la imposición de una férrea oligarquía, sino en la entronización del derecho de cada cual sin que energúmenos instalados en el gobierno se arroguen la facultad de manejar a su arbitrio las vidas y haciendas de los demás.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, solo hay dos posibilidades de formas de gobierno: la democracia y el gobierno de facto. Esta última forma constituye una irregularidad puesto que se sale de la elección de la gente para sustentarse solamente en la fuerza. Todos los gobiernos de cualquier color o formato son de fuerza (de eso se trata), pero el que asume de facto lo es en mayor medida por la razón apuntada, situación que debe modificarse cuanto antes para volver a la normalidad democrática, no entendida como otra ruleta rusa: como queda dicho, la mayoría ilimitada que generaron los Chávez ahora convertida en una exigua minoría que todo lo pretende atropellar.

Por lo dicho es que con urgencia debe trabajarse en la educación a los efectos de la defensa propia, es decir, la imperiosa necesidad de entender que significa vivir en libertad y no simplemente declamar acerca de una democracia falsificada que de contrabando se transforma en otra forma de absolutismo.

Como muchas veces se ha señalado, no es conducente poner el carro delante de los caballos y dedicarse a los políticos del momento ya que naturalmente no aceptarán otro discurso que el que es capaz de digerir la opinión pública y si no se hace nada para modificarla en la dirección de una sociedad libre no puede esperarse un discurso distinto que el que conduce al abuso del poder. Si no hay los suficientes esfuerzos educativos se estará en una encerrona imposible de sortear.

En general hay pereza para dedicarse a las faenas de explicar y difundir los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de vivir en libertad porque se piensa que es más rápido y eventualmente más lucido desempeñarse en la arena política. Esto no es cierto, si nos encontramos en un ámbito estatista es completamente inútil tratar de influir en los políticos del momento con ideas contrarias ya que inexorablemente serán rechazadas si es que los políticos pretenden seguir en ese oficio.

Se dice que es una tarea a largo plazo la educativa, pero si ese es el diagnóstico y la receta adecuada para revertir los problemas, cuanto antes se comience se acortarán los plazos. Es curioso pero en muchos casos desde hace décadas se viene recitando la misma cantinela sin percatarse que si se hubieran puesto manos a la obra ya estaríamos en el instante eureka, “el largo plazo”. No es mi autor favorito, pero Mao Tse Tung decía con razón que “la marcha más larga comienza con el primer paso”.

En resumen, la mejor manera de evitar los contragolpes de estado (generalmente fallidos en el sentido de la reincidencia o incluso el engrosamiento del estatismo) consiste en ocuparse de las tareas educativas mencionadas al efecto de despejar telarañas mentales, lo cual beneficia a toda la comunidad pero muy especialmente a los más necesitados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.