Cuatro mecanismos por los que el comercio internacional promueve la innovación

Por Martín Krause. Publicada el 25/26/22 en: https://bazar.ufm.edu/cuatro-mecanismos-los-comercio-internacional-promueve-la-innovacion/

Intuitivamente, quien entiende el funcionamiento de los mercados comprenderá, sin muchas palabras por medio, que al libre comercio promueve mayores grados de innovación. Por si fuera necesario probarlo, Marc J. Melitz y Stephen Redding publican un trabajo de la serie LSE Research Online Documents on Economics, de la London School of Economics, titulado: “Trade and Innovation”: http://eprints.lse.ac.uk/113930/

Esto dicen:

“Dos ideas centrales del enfoque schumpeteriano de la innovación y el crecimiento son que el ritmo de la innovación está determinado endógenamente por la expectativa de ganancias futuras y que el crecimiento es inherentemente un proceso de destrucción creativa. Dado que el comercio internacional es un determinante clave de la rentabilidad y supervivencia de las empresas, es natural esperar que desempeñe un papel clave en la configuración tanto de los incentivos para innovar como de la tasa de destrucción creativa. En este artículo, revisamos la literatura teórica y empírica sobre comercio e innovación. Destacamos cuatro mecanismos clave a través de los cuales el comercio internacional afecta la innovación y el crecimiento endógenos: (i) tamaño del mercado; (ii) competencia; (iii) ventaja comparativa; (iv) derrames de conocimientos. Cada uno de estos mecanismos ofrece una fuente potencial de ganancias de bienestar dinámicas además de las ganancias de bienestar estáticas del comercio de la teoría comercial convencional. Investigaciones recientes han sugerido que estas ganancias dinámicas de bienestar del comercio pueden ser sustanciales en relación con sus contrapartes estáticas. Discriminar entre mecanismos alternativos para estas ganancias dinámicas de bienestar y fortalecer la evidencia sobre su magnitud cuantitativa siguen siendo áreas interesantes de investigación en curso.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

¿Hay que subir las retenciones para bajar los precios?

Por Iván Carrino. Publicado el 31/5/2en : https://www.ivancarrino.com/hay-que-subir-las-retenciones-para-bajar-los-precios/

Cuatro motivos para rechazar la propuesta del kirchnerismo.

En los últimos doce meses, la inflación en Argentina trepó al 58%. Es decir, los precios promedio hoy son 58% más altos que el año pasado.

No obstante, en alimentos y bebidas la suba es un poco más alta: 62,1%.

Frente a este escenario, desde posturas kirchneristas se está pidiendo que se suban las retenciones al campo, los impuestos que se cobran cuando un exportador de trigo, por ejemplo, vende su producto al extranjero.

El objetivo es que dicha medida ayude a bajar algunos precios clave del consumo popular.

¿Serviría hacer esto? Lo analizamos a continuación.

LA PROMESA DEL AUMENTO DE RETENCIONES

Producto de la invasión de Rusia a Ucrania, los precios de algunos commodities en el mundo subieron marcadamente, especialmente durante el mes de marzo. El trigo fue uno de los productos más impactados, llegando a cotizar por estos días a USD 460 la tonelada. También el maíz y la soja subieron, al igual que el petróleo y el gas.

Lo que promete la medida de subir las retenciones[1] es “divorciar” el precio internacional del precio local. Es decir que si el mundo paga USD 460 la tonelada de trigo, nosotros paguemos menos.

¿Cómo funciona? Hoy las retenciones están en 12% para el trigo. Es decir que de los USD 460 que cobra el exportador por vender una tonelada de trigo, el estado se queda con USD 55. Esto deja al productor de trigo con la opción de venderlo a 460 al extranjero, con lo cual se queda con 405, o bien vender el trigo directamente a 405 dentro del país y evitar el impuesto.

El pedido del kirchnerismo consiste en aumentar aún más las retenciones. Supongamos entonces que éstas se van al 30%. Entonces, con la misma lógica, el estado se queda con 138 por cada tonelada exportada, y el exportador se quedaría con las opciones de vender a 322 en Argentina o a 322 (460-138) en el extranjero.

Así, el precio en el mundo seguiría siendo de USD 460, pero acá estaría en USD 322.

¡Magia! ¡Subimos los impuestos y bajaron los precios! Obviamente, esto no funciona así y por muchos motivos.

EFECTO INSIGNIFICANTE

El primero es que, si el objetivo es combatir la inflación, incluso suponiendo que todo sale bien con esta política, a ésta no le va a hacer ni cosquillas. Un análisis de la Fundación FADA muestra que, si se subieran en 10 puntos las retenciones al trigo, bajaría –por única vez- el precio del pan en un 1,3%. Acto seguido los precios en pesos seguirían subiendo producto de la inflación.

Ahora bien, incluso si dicha pequeña baja ocurre, solo afectaría marginalmente al rubro “alimentos y bebidas” de la canasta de bienes que mide el INDEC. Este rubro aumentó un 28% en lo que va del año. Pero, ¿qué pasa con todo lo demás?

En el mismo período, el rubro educación sube 32,6%, el rubro prendas de vestir y calzado sube 29%; hoteles y restaurantes 24,8%, y así tenemos al menos 10 rubros distintos que aglutinan los millones de bienes y servicios que se venden en el país.

¿Quién puede realmente creer que vamos a resolver este problema con un precio más barato para el trigo?

MENOR OFERTA, PRECIOS MÁS ALTOS, NO MÁS BAJOS

Otro tema son los costos que conlleva el aumento de retenciones. Es que como todos saben, ponerle un impuesto a cualquier cosa, tiende a reducir las cantidades producidas de esa cosa. O sea que el productor de trigo podrá vender en el mercado interno a USD 322 lo que afuera vale USD 460 una vez, pero: ¿qué va a pasar cuando tenga que volver a sembrar para producir trigo?

Probablemente busque mejores alternativas para invertir su trabajo y su capital. Finalmente, esto hará que haya menos trigo producido y esto, a la larga, hará que el precio termine subiendo de todas formas.

Algo así pasó con el mercado de la carne. En el año 2006 el presidente Néstor Kirchner y su Ministro de Economía Roberto Lavagna directamente suspendieron las exportaciones de carne para que los productores vendieran fronteras adentro, “cuidando la mesa de los argentinos”. En el corto plazo, el precio de algunos cortes de carne bajó, pero a largo plazo la medida fue totalmente perjudicial.

En el campo se liquidaron diez millones de cabezas de ganado y los precios subieron de todas formas. El kilo de asado de tira –por ejemplo- subió 850% entre diciembre de 2006 y octubre de 2015, mientras que el salario privado de la economía subió solo 648% en el mismo período. Restringir exportaciones no solo rompió la producción, sino que no cuidó tampoco la mesa de los argentinos.

MENOS DÓLARES

Un tercer efecto derivado de subir los impuestos a las exportaciones es que ingresarán menos dólares al país. Esto es particularmente contradictorio en un gobierno que dice que la forma de crecer es hacerse de mayor cantidad de dólares para superar la “restricción externa”.

Si se suben las retenciones, el mayor castigo impositivo se sumará al cepo cambiario, que funciona también como un suculento impuesto a toda venta al extranjero. Todos estos palos en la rueda existentes para exportar reducen las exportaciones respecto de lo que podrían ser.

Cuando a fines de 2015 se eliminaron tanto las retenciones a la exportación como el control de cambios, las exportaciones crecieron primera vez en 4 años. Como muestra el gráfico, tras caer sostenidamente desde 2011, comenzaron a crecer nuevamente en 2016, una vez se liberó al sector de estas dos trabas impuestas por el gobierno.

 QUIEBRE DEL SISTEMA DE PRECIOS

Por último, las retenciones son impuestos distorsivos, que atacan la función fundamental que tienen los precios en una economía de mercado. Es que, si sube el precio del trigo, o de cualquier otra cosa, esta es la señal que necesitan los productores para producir más trigo.

Gracias a que sube el precio, entonces, podrá aumentar la producción. Lo que conseguirá el gobierno con más impuestos es impedir esta nueva producción y, por tanto, reducir el crecimiento potencial de la economía junto con la creación de empleo.

Para ir cerrando, ¿debe el gobierno subir las retenciones para bajar los precios? No, de ninguna manera. Hacerlo no bajará un ápice la inflación, y generará costos en materia de producción, empleo e ingreso de dólares, nada de lo cual puede permitirse un país como Argentina.

Originalmente publicado en Infobae.


  • [1] Hoy en esta escala Soja 33%, trigo 12%, maíz 12%, girasol 7%.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Manteros y otros nobles emprendedores

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 5/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/05/manteros-y-otros-nobles-emprendedores/

Manteros en el barrio de Flores (Matias Arbotto)

En los últimos días se ha vuelto a debatir el asunto de los vendedores callejeros que suelen emplazarse en las veredas de la vía pública para comercializar sus diversas mercaderías y artesanías.

Los aspectos semánticos del lenguaje no deben ser pasados por alto porque están asociados a la construcción de conceptos, del propio conocimiento y de las ideas. Remarco esto último porque no pocas veces aceptamos términos que nos lleva a adoptar conceptos sesgados o inapropiados. En este caso que nos ocupa, es común escuchar gente -en su mayoría políticos- que hace referencia despectiva a las actividades comerciales ambulantes usando término como “informalidad” cuando no “ilegalidad” e insiste en la necesidad de “regularizarlos”. Con este léxico se infiere que las únicas actividades genuinas son aquellas cuyos titulares están alcanzados por el aparato fiscal y responden mansos a la tortura del laberinto regulatorio.

Al igual que ocurriera en su momento con los servicios de Uber y con las cryptos, el único desvelo de los políticos respecto de los vendedores ambulantes es lograr empujarlos dentro de la picadora de carne del saqueo impositivo. De esta manera, dirán los burócratas, el Estado es justo con todos y todos son justos cumpliendo con el Estado.

Por otro lado, los comerciantes que poseen locales a la calle, denuncian prácticas desleales de los manteros debido a que, a pocos metros de sus tiendas, la llamada actividad informal, vende productos del mismo rubro sin tener que soportar los costos operativos que supone un establecimiento. Sin embargo, el rigor del mercado también implica que la oferta buscará opciones para competir eficientemente en la optimización de sus costos. Para el caso, este planteo sería equivalente a acusar de ejercer maniobras de competencia desleal a quienes comercializan sus productos y servicios a través de un sitio de internet o redes sociales.

El reclamo sí resulta legítimo en lo que respecta a la asimetría impositiva y regulatoria. Quienes están en la “formalidad” y la “legalidad” son sometidos a la lista interminable de habilitaciones municipales, controles de seguridad, accesibilidad para la integración e inclusión, las particularidades si se trata de un comercio, oficina o industria; controles de higiene, de bromatología si es gastronómico, planillas fiscales y laborales, cumplir con códigos de edificación y códigos urbanísticos. Y todavía no entraron clientes…

A esta locura se le suma el régimen confiscatorio del Impuesto a las Ganancias y sus anticipos, IVA, Cargas Sociales, Ingresos Brutos y Autónomos. En la época medieval, a la carga impositiva se le decía diezmo porque se le pagaba al tirano el 10% del producto bruto de la cosecha. Hoy vivimos un insoportable flagelo que supera el 60% de lo que producimos.

Antes de decidirse a encarar todo esto, un emprendedor en Argentina tiene que estar dispuesto además a enfrentar una legislación laboral que, como dice el economista Manuel Adorni, sus derivaciones son mas parecidas a una filiación adoptiva que a un contrato laboral.

No obstante esto, en lo que se refiere a las regulaciones y los impuestos, creo que los dueños de comercios a la calle enfocan mal su reclamo. Insólitamente piden la persecución impositiva de los manteros, le demandan al Estado que los trabajadores ambulantes sean incorporados a la desgracia y al maltrato que ellos también sufren. Cuesta entender esta lógica del sufrimiento, el conformismo y la envidia. Viene a la mente aquel cuento del genio de la lámpara que se le presenta a un campesino. El hombre en cuestión, envidiaba a su vecino por poseer unos pocos corderos. El genio, como suele ocurrir en estas fábulas, se compromete a otorgarle al hombre cualquier deseo que él quisiera. Es así como, luego de pensar unos segundos, el campesino opta por pedirle al genio que mueran los corderos de su vecino. En conclusión, en lugar de pedir por la igualdad de todos en la desgracia, los comerciantes deberían librar su propia batalla contra el Leviatán.

Se esgrime también que los dueños de establecimientos comerciales, con sus impuestos, pagan el mantenimiento de la vía pública que ocupan sus competidores circunstanciales. Independientemente que algunos de los manteros son monotributistas, el problema de lo público nunca tendrá solución. Habrá pagadores de impuestos que quieran tener manteros y otros que no. Lo mismo ocurre con los contenidos de la educación pública o la oferta de prostitución en la vía pública. El problema solo se soluciona con asignaciones de derechos de propiedad. Para el caso de estos dos últimos ejemplos, solo con establecimientos educativos privados y calles privadas, se podrá tener la oferta que decidan tener sus copropietarios.

Por último, se dice que detrás de los manteros hay mafias. Si hubiera manteros que están sometidos u obligados a trabajar para alguien, la ley debería protegerlos pero ocurre que, por el hecho de ser “informales”, no tienen sus derechos garantizados y el Estado los considera personas de categoría inferior.

En los casos de falsificación de marcas o incumplimiento del derecho de propiedad, las empresas que pudieran estar afectadas, siempre tienen disponible el recurso de presentar su caso por vías legales.

Economistas que se dicen ser liberales, se quejan de la estética visual que le dan estos trabajadores a las veredas de la ciudad. En contraposición, la mirada liberal de Enrique Ghersi, quedó plasmada maravillosamente en El Otro Sendero, La Revolución Informal, un libro que junto a Mario Ghibellini, colaboraron con Hernando de Soto para hacer una investigación acerca de “la economía de mercado que emerge con un origen popular”.

De acuerdo a lo que cuenta Ghersi en una entrevista que le da al Dr. Hugo Maul de la Universidad Francisco Marroquín, la iniciativa fue impulsada por el mismísimo Friedrich Hayek que, siendo ya Premio Nobel de Economía, en una visita en 1978 a la ciudad peruana de Lima, observó la llamativa cantidad de vendedores ambulantes y recordó los escritos de Charles Dickens y su descripción de esas actividades en el Londres del siglo XVIII. Lo mismo ocurría en New York en el siglo XIX, una noble actividad emprendedora que, a diferencia de los pseudo empresarios que buscan favores de la política y mercados cautivos, trabajan para mejorar la vida de otros.

Otro libro, En Defensa de los Más Necesitados que en coautoría escriben Alberto Benegas Lynch (h) y Martín Krause, lo inician con un acápite de Michael Novak que reza: “Las personas quieren pan. También quieren libertad. No sólo es posible contar con las dos cosas: la segunda resulta esencial para la primera”.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Argentina: dos guerras frente a la inflación

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/21/argentina-dos-guerras-frente-a-la-inflacion/

Como señaló el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek, hemos demorado doscientos años en percatarnos del error y el horror de atar el poder político a la religión, no tardemos otro tanto en darnos cuenta del error y horror de atar el poder político a la moneda

Alberto Fernández y Vladimir Putin

Afortunadamente hay bibliografía sobre el tema inflacionario que aclara el tema de la expansión exógena -es decir extraña a las decisiones del mercado- como causante de este mal que distorsiona los precios relativos. Tal vez no sea necesario repetir que los precios constituyen los únicos indicadores para saber cómo asignar los siempre escasos recursos frente a necesidades ilimitadas. La referida distorsión inexorablemente conduce al despilfarro lo cual, a su turno, consume capital que conduce a la contracción de salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son el único factor que permite mejoras en el nivel de vida.

Ahora bien, en una sociedad libre que permite que la gente elija el activo monetario de su agrado, este contexto no se traduce necesariamente en el mantenimiento de la cantidad de moneda. Si le otorga mayor valor a la unidad monetaria se transmitirá una señal para aumentar su producción. Por ejemplo, esto ocurría durante el patrón oro: otorgarle mayor precio al metal aurífero conducía a una extracción mayor lo cual es un fenómeno endógeno al mercado. Desde luego que esto no es inexorable ya que también la gente puede preferir una cantidad constante de dinero. En cualquier caso, resulta fundamental clarificar la diferencia analítica entre lo exógeno, es decir, lo político, lo ajeno al mercado, respecto de lo endógeno que alude a las preferencias de la gente.

En este sentido es pertinente mostrar a título de ejemplo que si hay un terremoto devastador naturalmente habrá menor cantidad de bienes a disposición de la gente y con igual cantidad de moneda al momento del sismo los precios subirán que es lo mismo que decir que el poder adquisitivo o el valor de la unidad monetaria disminuyó. Pero este es un fenómeno endógeno, no tiene que ver con manipulaciones políticas o exógenas. Es natural y necesario que este ajuste ocurra para mostrar lo que en verdad está sucediendo. También ocurren modificaciones en los precios relativos cuando algo cambia de moda o cuando los gustos se modifican, son todos hechos endógenos que nada tiene que ver con decisiones políticas extrañas al mercado.

Lo contrario sería entrar en un galimatías de proporciones puesto que la parla seria respecto a una inflación buena o natural (cuando suben los precios debido a causas endógenas) y mala, antinatural o exógena (cuando los políticos se entrometen con la cantidad de dinero). Esta clasificación sería del todo inconveniente e improcedente puesto que los precios y la cantidad de dinero deben reflejar lo que está sucediendo.

Sin duda que si se está en un sistema del patrón plata y se descubren abundante cantidad de yacimientos, la utilidad marginal de ese metal descendería a niveles tales que la gente cambiaría de patrón monetario. Lo mismo podemos decir referente a cualquier otro dinero-mercancía, canasta de moneda fiat o lo que prefiera la gente sin que en ningún caso sean posiciones irrevocables, todo depende de las inclinaciones de la gente.

Todo este razonamiento desde luego supone que hemos dejado de lado la superchería de la llamada “autoridad monetaria” o banca central que como se ha señalado en muchas oportunidades solo tienen tres caminos a su disposición: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria, con lo cual siempre se alteran los precios relativos, es decir, necesariamente serían distintos de lo que hubieran sido de no haberse entrometido el gobierno. Por otra parte, si se supone que los banqueros centrales hacen lo mismo que la gente hubiera preferido no tiene sentido la intervención con el consiguiente ahorro de honorarios, pero para saber que prefiere la gente el único modo es dejar que se manifieste libremente. Idéntico razonamiento cabe si la autoridad monetaria procede de modo independiente de otros brazos del poder político puesto que se equivocará independientemente. El problema es la banca central.

Como es de público conocimiento, en un ejemplo extremo que tiene sus bemoles, algunos historiadores han señalado “la inflación” producida antaño cuando llegaba a la metrópoli española oro de las colonias pero en rigor esto no es así por lo expresado con anterioridad (dejando de lado posibles manipulaciones de la corona y sus “adelantados” en las colonias). Si no hay manipulación monetaria por la “autoridad” en la materia, técnicamente no hay inflación. Para abundar en ejemplos, si se produce una sequía a gran escala los precios de los productos agropecuarios se elevarán pero por las razones apuntadas no se trata de inflación en el sentido del proceso señalado, a saber, los precios no se modifican debido a lo que tiene lugar en el mercado sino debido al capricho de la política. Claro que en no pocos casos como el señalado solo se elevan los precios de algunos productos lo cual necesariamente hará que disminuyan otros en ausencia de banca central que no convalide esa suba con expansión monetaria. Pero también es posible imaginar subas de todos los bienes disponibles como hemos mostrado más arriba en el caso del terremoto o equivalentes sin entrar en el susodicho galimatías de la “inflación buena, querida por el mercado o consecuencia de lo que sucede en la realidad” y la “mala debida a los entrometimientos de los gobiernos y sus representantes”.

Habiendo dicho esto mencionemos el caso de la guerra, en nuestro caso la invasión criminal de Putin a Ucrania. Como consecuencia de ello hay productos que suben su precio de modo súbito. Esto presenta tres escenarios posibles. Primero, en línea con lo dicho, que la gente quiera seguir consumiendo la misma cantidad de los productos en cuestión con lo que se verán forzados a disminuir el consumo de otros bienes que consecuentemente bajarán de precio. Segundo, que la gente decida reducir su consumo de los bienes que aumentaron sus precios al efecto de poder continuar consumiendo idéntica cantidad de los otros. Y tercero, que simultáneamente el gobierno expanda la moneda con lo cual los precios serán el resultado también de la consiguiente inflación que además de los problemas de la guerra se agrava la situación por este entrometimiento gubernamental en materia monetaria. En otros términos, la guerra como tal no produce inflación, lo que genera es una destrucción de bienes que se traduce en subas de precios, en este sentido igual que un terremoto pero analíticamente es importante diferenciar los fenómenos mencionados.

A diferencia de la adulteración de los precios debido a los tejes y manejes de los gobiernos con la moneda, la modificación de precios por un accidente climático o de otra naturaleza en la realidad son imprescindibles para mostrar lo que en realidad viene sucediendo.

En otros términos, un terremoto o para el caso un tsunami no son inflacionarios puesto que los precios están reflejando lo que sucede lo cual es absolutamente necesario, sin embargo la manipulación monetaria por medio de la banca central y similares no reflejan lo que sucede sino la voluntad de los burócratas, he aquí la desfiguración de la realidad. Hay una diferencia crucial de naturaleza.

También debe tenerse en cuenta que cambios en la demanda de dinero debido a razones endógenas no se traducen en deterioros monetarios, solo esto ocurre cuando esos cambios obedecen a intervenciones del signo dinerario ajenos al mercado, es decir, debidas a razones políticas. Tal vez convenga mencionar como una nota al margen que las criptomonedas presentan algunos interrogantes pues se dan de bruces con el teorema de la regresión monetaria.

La otra guerra en la que no vale la pena detenerse nuevamente pues se ha señalado su sandez ad nauseam, es la decretada por gobiernos contra sus propias políticas de expansión monetaria vía controles de precios y demás absurdos mayúsculos, una y otra vez fracasadas. Estas son las dos guerras distintas a que nos referimos en el título de esta nota telegráfica.

También apunto que dado el debate que se ha suscitado en torno a una eventual reforma monetaria y bancaria argentina, destaco los colegas de los que he aprendido distintas facetas del asunto, quienes han presentado distintas variantes, pero debo subrayar que lo que sigue no significa para nada comprometer sus opiniones (y tampoco lo dicho más arriba, todo es de mi exclusiva responsabilidad). Además, nuevamente apunto que son muy diversos los caminos para llegar a metas de disciplina monetaria. Estos economistas son Adrián Ravier, Federico Struzgenegger, Javier Milei, Emilio Ocampo, Jorge Ávila, Iván Carrino, Martín Krause, Julio Elías, Agustín Etchebarne, Bertie Benegas Lynch y Alfredo Romano. Mi sugerencia se resume en la siguiente cápsula en seis pasos: 1. entrega de dólares a los tenedores de pesos (base monetaria) que incluye la venta de oro lo cual resultará en la ratio que corresponda a esta relación, la cual podrá modificarse por ejemplo por la entrada de dólares en circulación de poseedores fuera del circuito o en el exterior 2. Sustituir títulos y pases por bonos con jurisdicción estadounidense en dólares a la tasa de mercado 3. Convertir todo el sistema bancario al off shore (Luxemburgo, Singapur etc) al efecto que las instituciones financieras operen de acuerdo a la conveniencia de sus clientes 4. Abrogar toda la legislación que se oponga a lo dicho (ley penal cambiaria et al) 5. Consecuente liquidación de la banca central y el curso forzoso; y 6. Elección por parte del gobierno de la moneda en la cual se pagarán impuestos y equivalentes.

A mi juicio si la situación política imposibilitara avanzar con la propuesta hayekiana aquí esbozada sumariamente que abre a un proceso de evolución hacia la solidez monetaria y bancaria, debería por lo menos eliminarse el curso forzoso del peso y concomitantes para permitir la competencia de monedas de facto aun con las debilidades y riesgos institucionales de volver a las andadas, en una primera instancia de una suerte de bimonetarismo con una mayor probabilidad de dolarización dadas las disponibilidades y familiaridad con esa divisa sujeta a las manipulaciones de la Reserva Federal, lo cual sin duda mejoraría la situación local en cuanto al grado del problema más no en su naturaleza. A ver si por un camino u otro podemos zafar de lo que los economistas denominamos elegantemente “inflación” pero que se trata del saqueo solapado más brutal.

Reitero lo consignado por el antes referido premio Nobel en economía Friedrich Hayek en cuanto a que hemos demorado doscientos años en percatarnos del error y el horror de atar el poder político a la religión, no tardemos otro tanto en darnos cuenta del error y horror de atar el poder político a la moneda.

Cierro esta nota con un par de reflexiones que exceden el flanco monetario para abordar telegráficamente aspectos más generales. En primer lugar es pertinente enfatizar que nada en la vida es gratis, toda acción tiene un costo por lo que una cosa es señalar que la adopción de medidas de fondo tendrán un costo y otra bien distinta es la necesidad de subrayar que ese costo será muchísimo menor al costo de no adoptar las políticas convenientes para salir del marasmo. En segundo término, es una verdad de Perogrullo insistir en lo que he repetido antes y es que el lenguaje en el plano académico es muy distinto del político. En el primero se apunta a lo mejor -a la excelencia- mientras que en el segundo se hace lo que resulta posible luego de acordar con las contrapartes, en eso consiste una de las aristas clave del proceso democrático pero es de gran relevancia comprender que el primer campo determina el segundo en cuanto a los corrimientos en el eje de los debates en la opinión pública, de ahí la trascendencia de la batalla cultural.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Libertad dibujada

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 11/5/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20220511/nppfpzkatfbajo4h6xmixfz7uy.html


Los grandes viñetistas, con sus aciertos y sus errores, nos ayudan a entender la libertad. Uno de los grandes es El Roto, que dibujó en «El País», bajo el título de «Hipocresía», a un hombre que, tras cortar un árbol, le coloca al tocón una corona de flores. Como si cortar árboles fuera liquidarlos para siempre.

Una joven come un plato de excrementos, y proclama: «¡Es chocolate, lo dice la publicidad!». Como si la gente fuera imbécil. Aparece una abeja con el texto: «Inversiones. Tienes que parecer que inviertes, mientras succionas». Como si invertir fuera solo aprovecharse. Declara un trabajador ante una máquina: «Fabricamos los robots que nos sustituirán». Pero si la tecnología creara paro, habría desaparecido el empleo.

Una trabajadora en la entrada de un túnel dice: «Es un túnel sin salida, lo diseñó un ingeniero neoliberal». Como si cientos de millones de trabajadores no hubieran prosperado gracias a la libertad, y como si el antiliberalismo tuviera alguna salida. Una mujer de un país del Tercer Mundo afirma: «La ayuda alimentaria que nos traen la fabrican con la harina que se llevan», como si no hubiera comercio beneficioso para todas las partes. Desde el campanario de una iglesia, una figura grita: «¡El Papa ha dicho que el capitalismo es malo! ¿Y ahora qué va a pasar?». Como si la Iglesia hubiese dicho alguna vez que el comunismo es bueno. Hablando de comunismo, un señor mayor mira severamente a un chico que parece un muñeco y que tiene clavadas en la cabeza hoces y martillos. Y el señor dice: «¡El niño trae otra vez piojos de la guardería!». Acierta ahí El Roto doblemente, por el sesgo antiliberal de la enseñanza y porque esas ideas son poco recomendables.

Por cierto, «El País» ha incorporado un nuevo dibujante, Riki Blanco. En una de sus viñetas, un hombre abraza al cerdito de su hucha y dice: «Nuestra preocupación es el bienestar animal». Como si ahorrar para las personas fuera algo malo e inconfesable. Se ve un burro engañado por una lejana y enorme zanahoria, con este texto: «El capitalismo promete zanahorias tan grandes que no se pueden morder. Por suerte están tan lejos que son inalcanzables». Eso es exactamente lo que hace el socialismo, y lo ha probado durante más de un siglo: promete paraísos inalcanzables, e impone esclavitud y miseria.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

VALORES, CATOLICISMO Y DESARROLLO ECONÓMICO (I).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/5/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/valores-catolicismo-y-desarrollo.html

Entre los libros más importantes de Mariano Grondona, se encuentra Las condiciones culturales del desarrollo económico[1]. En ese libro, el autor centra su atención en una pregunta a veces desatendida por planteos demasiado institucionalistas o casi constructivistas[2]: ¿cuáles son los valores morales que favorecen el desarrollo? De ninguna manera se ignora en esa pregunta el valor de instituciones como la Democracia Constitucional y la economía de mercado. La cuestión es hasta qué punto puede sostenerse una reforma liberal a largo plazo sin una profunda transformación cultural. El lamentable caso de Chile parece ser una dura lección en ese sentido.

Sin embargo, el libro parece sugerir, muy indirectamente, la famosa dicotomía de Weber sobre las sociedades protestantes, cuyo sentido del trabajo es favorable al desarrollo, versus las culturas católicas, que serían el caso contrario[3].

Para la relación entre Catolicismo y economía de mercado, el tema es fundamental. Mucho se puede hacer para sostener la no contradicción entre filosofía cristiana y Escuela Austríaca de Economía, o la no contradicción entre la Economía de Mercado y la Doctrina Social de la Iglesia. Pero esa “no contradicción” se queda corta en tanto al tema de los valores culturales. Sí, se puede demostrar, por ejemplo, que el mercado, in abstracto, favorece al bien común, o que la propiedad privada es compatible con la propiedad como precepto secundario se la ley natural, etc. Pero si el Catolicismo como tal favoreciera horizontes culturales hostiles al comercio (“comercio, mercado, si, PERO….”) entonces el problema sería grave.

En estas entregas (esta es la primera) intentaremos conciliar los valores compatibles con el desarrollo con la visión del mundo católica.

Ante todo, ¿cuáles son esos valores que enumera Mariano Grondona?

El primero es la confianza en el individuo. No la ilusión de que la persona ilustrada, como quería Kant[4], es la base del desarrollo, pero sí la confianza en que los hábitos de trabajo de cada persona en particular con básicos para el mercado. Esa confianza es la que implica confiar en sociedades intermedias, fruto de la libre asociación, que puedan dar realidad al principio de subsidiariedad.

El segundo es la moral media. El mercado libre responde a incentivos, entre ellos, la seguridad contractual y la previsibilidad a largo plazo. Para ello, la moral promedio de las personas no tiene por qué ser heroica. Es la moral media de quienes no son ángeles ni demonios, ese individuo empático del cual hablaba Adam Smith[5] pero, a la vez, era también el supuesto de Santo Tomás cuando afirmaba que “la ley humana se promulga para una multitud de hombres, la mayor parte de los cuales no son perfectos en la virtud”[6]. Ello no implica, claro está, negar el llamado universal a la santidad, sino simplemente recordar que la santidad no es condición necesaria para el funcionamiento del libre mercado.

El tercer valor es la conciencia de que la riqueza debe crearse. Sí, el destino universal de los bienes supone que Dios ha creado a la naturaleza física para todos, pero ello no implica que los bienes están dados directamente por la mano de Dios. No, son escasos, y por ende deben ser producidos. El mercado es precisamente el mejor sistema para cumplir con el destino universal de los bienes, porque brinda incentivos suficientes para su producción.

El cuarto es que la competencia es un proceso de cooperación. Mercado y cooperación social son casi lo mismo[7]. Lo contrario de la cooperación entre los seres humanos no es el mercado, sino la guerra. “Guerra comercial”, por ende, es una contradicción en términos. Competir los unos con los otros en cuando a nuestras habilidades es un deber moral. Para cada tarea debe seleccionarse al más idóneo. Ello es necesario para el bien común.

El quinto es el valor de la justicia para la producción. La justicia no es sólo distributiva. Hay también una ética de la producción y una justicia básica en el acto de producir. Por eso la propiedad, el contrato, la libre competencia, son justas. Y muy justas. La distribución implica repartir un presupuesto fijo. Para ello tiene que haber justicia distributiva, sea el presupuesto de una familia, de un club, de una universidad o el que fije el congreso para el gasto público. Pero nada de ello existiría sin la justicia de la producción.

El sexto es el valor moral de la utilidad. La dicotomía entre el deontologismo y el consecuencialismo no favorece al desarrollo, porque se pierde el valor moral de lo que es útil al proceso productivo. En Santo Tomás la propiedad era un precepto secundario precisamente porque era útil. Temas como la libertad de precios o salarios tienen que ver con su utilidad. Si negamos de ello el valor moral, la moral sería monopolio de todo lo que NO es el mercado.

Séptimo, hay usos y costumbres que son esenciales para el desarrollo. La, prolijidad, el amor al trabajo bien hecho, la puntualidad, la cortesía, el respeto a los contratos y a las promesas, el orden, la limpieza, son todos valores que favorecen las relaciones rectas y de confianza mutua entre oferentes y demandantes, donde entre mercado y valores hay por ende un círculo virtuoso.

Octavo, el valor del tiempo futuro. El ahorro, la previsibilidad, como contrarios al derroche y a la ostentación del gasto, son, contrariamente a lo que se piensa habitualmente, valores de mercado. El consumismo no favorece al libre mercado. La frugalidad, el ahorro, en cambio, son valores capitalistas.

Noveno, la felicidad es compatible con la racionalidad. Esta es una herencia de Aristóteles. La felicidad no consiste en el placer irracional ni en el cumplimiento sacrificado y triste del deber. Es cumplir con lo debido porque lo debido surge de nuestro proyecto personal, de la empresa de ser nosotros mismos. Las empresas salen adelante cuando llevan adelante la marca personal, la vocación. Racionalidad y virtud van en ese sentido de la mano.

Décimo, la autoridad no radica en una persona. La autoridad no es le gran líder, ni Pedro, ni Pablo, ni Juan. La autoridad es la ley, en tanto Estado de Derecho. El que está habituado al mercado no obedece a una persona, obedece a la ley, que es lo que garantiza el funcionamiento del mercado.

Once, el mundo es el propio mundo. La virtud no es salvar al mundo mientras no sé ni cómo limpiar mi habitación. La virtud es no creerse Dios y ocuparse, cada uno, de su empresa, de su trabajo, de su profesión, de cada parte del bien común. El mundo sería mejor si cada uno se dedicara a cuidar su jardín, decía Adam Smith, con profunda sabiduría. Los salvadores del mundo son los que lo arruinan.

Pero todo eso, ¿es compatible con las culturas católicas? ¿Es compatible con el valor del trabajo existente en culturas anglosajonas? ¿Cómo entra en todo esto el problema de Max Weber?

Seguiremos con todo ello en la segunda entrega.


[1] Ariel-Planeta, Buenos Aires, 1999.

[2] El constructivismo criticado por Hayek es la suposición de que se pueden construir las sociedades como si fueran máquinas, más allá de las tradiciones existentes.

[3] Nos referimos a la famosa tesis de Weber en El espíritu protestante y el origen del capitalismo (1904), FCE, 2003.

[4] Nos referimos a su famoso opúsculo Qué es la Ilustración.

[5] En su famosa obra La teoría de los sentimientos morales.

[6] I-II, Q. 96, a. 2.

[7] Es la tesis central de la filosofía social de Mises, desarrollada especialmente en Liberalismo y en el cap. VII de La Acción Humana

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Dolarización: algunas lecciones internacionales

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/4/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/04/10/dolarizacion-algunas-lecciones-internacionales/

Se presta poca atención a las enseñanzas que ofrecen países que han optado por el cambio de régimen monetario por dos décadas y, en casos como el panameño, por más de un siglo

De no tener cuidado, en breve Argentina se puede encontrar cerca de un escenario similar al que se enfrentó Ecuador cuando tuvo que decidir entre hiperinflación o dolarización (Reuters)

Desde que Javier Milei puso el tema sobre la mesa, mucho se ha dicho sobre la conveniencia o no de dolarizar Argentina. Curiosamente, a pesar del impacto que una dolarización implica, se presta poca atención a las lecciones que ofrecen países que han estado dolarizados por dos décadas y, en casos como el panameño, por más de un siglo.

Por ejemplo, Ecuador dolarizó su economía en medio de una profunda crisis económica. En 1999 la tasa de inflación fue 60% y las tasas de interés rozaban 100% anual. Quizás aquí haya una primera lección importante. De no tener cuidado, en breve Argentina se puede encontrar cerca de un escenario similar al que se enfrentó Ecuador cuando tuvo que decidir entre hiperinflación o dolarización. En el 2001 la inflación cayó al 38% y para el 2003 ya se encontraba en valores inferiores a dos dígitos. Esta drástica caída en la inflación se hizo a la par que aumentaba el PBI real y la recaudación tributaria. Hay otras lecciones importantes por extraer de casos internacionales de dolarización.

A continuación, algunas de las más importantes:

El prestamista de última instancia (que no es tal)

Una de las objeciones más comunes a la dolarización es que significa dejar de tener un banco central que actúe como prestamista de última instancia. Al poder emitir pesos, la entidad monetaria puede inyectar liquidez al mercado financiero en caso de una corrida de depósitos y evitar así una crisis sistémica. Sin embargo, dolarizar no implica perder al prestamista de última instancia.

Por ejemplo, tanto Ecuador como El Salvador (y recientemente también Panamá) poseen fondos de liquidez de emergencia. Este fondo puede ser administrado por un ente privado o un consorcio de bancos privados y tener líneas de liquidez contingentes con bancos internacionales u organismos internacionales para fortalecer su rol.

También es posible, como sucede en Ecuador, permitir a los bancos depositar sus propias reservas en instituciones financieras del exterior manteniendo a los mismos fuera del alcance de las regulaciones locales. Panamá es un caso paradigmático. Debido a la alta integración financiera, los bancos extranjeros tienen a sus casas matrices como prestamistas de última instancia y los bancos locales tienen líneas contingentes con el sistema financiero internacional. En los últimos veinte años ninguno de estos países ha tenido que hacer uso de estos fondos especiales ni han tenido crisis bancarias, ni siquiera cuando hubo defaults soberanos ni tampoco durante la crisis del 2008. Contar con una moneda sana y una regulación financiera eficiente es más importante para evitar las crisis bancarias que tener un banco central.

En Argentina el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia ya que emite una moneda que el mercado no demanda (EFE)
En Argentina el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia ya que emite una moneda que el mercado no demanda (EFE)

En Argentina el Banco Central no funciona como prestamista de última instancia ya que emite una moneda que el mercado no demanda. Los argentinos demandan dólares, no pesos. Las crisis financieras en argentina son corridas contra el peso, no contra los bancos en sí. En este caso no hay mucho que un prestamista de última instancia pueda hacer dado que no puede ofrecer lo que demanda el mercado.

De hecho, al ofrecer liquidez, el Banco Central alimenta la crisis cambiaria y, en casos extremos, puede desatar un proceso hiperinflacionario. En la práctica, el BCRA es un deudor de primera instancia del sistema financiero y el FMI es el verdadero prestamista de última instancia.

No se puede renunciar a lo que no se tiene. Más importante que tener acceso a un emisor de moneda que nadie demanda, es tener acceso a la moneda que demanda el mercado.

La Venezuela que no fue

En su prólogo al libro de Jamil Mahuad, Así Dolarizamos Ecuador, Domingo Cavallo sostiene lo siguiente: “No caben dudas de que la dolarización evitó que Ecuador llegara a la situación que hoy vive Venezuela, a pesar de que en todas las otras dimensiones las políticas de Rafael Correa no fueron muy diferentes a las de Hugo Chávez.” Un mensaje importante para Argentina, que transita su decimoquinto año de populismo K.

De hecho, Cavallo se queda corto. Un estudio reciente de varios países latinoamericanos concluyó que el populismo impuso importantes costos económicos. Ecuador es un caso especial en esta muestra, siendo el país que menos ha sufrido el populismo de Rafael Correa debido a los límites impuestos a su gobierno por la dolarización.

Ecuador es el país que menos ha sufrido el populismo de Rafael Correa debido a los límites impuestos a su gobierno por la dolarización (Reuters)Ecuador es el país que menos ha sufrido el populismo de Rafael Correa debido a los límites impuestos a su gobierno por la dolarización (Reuters)

El rol de las instituciones no es dar carta blanca a sus líderes políticos para que hagan lo que a ellos más les convengan, sino minimizar su capacidad de daño y proteger a la ciudadanía. Es cierto que una dolarización no impide que se elijan gobiernos populistas, el caso ecuatoriano muestra que modera su capacidad de daño. Hoy día vemos como la dolarización le impone límites a otro populista, Nayib Bukele en El Salvador.

La dolarización merece una discusión seria e informada, sobre sus costos y beneficios. Es importante entender la seriedad del problema que enfrenta la economía argentina. Las instituciones políticas no son creíbles, incluso si hubiera un cambio de gobierno.

Es imposible reducir la inflación sin credibilidad. Una dolarización oficial acompañada de otras reformas es la única manera creíble de salir de lo que ya es una década de estanflación.

La gran crisis que no fue

Una de las ventajas de tener un banco central eficiente es la capacidad de reaccionar ante shocks externos y evitar que el país sufra una profunda crisis. Hay que ser realista con las alternativas asequibles a nuestros policy makers. El fine tuning de política monetaria requiere de una entidad monetaria banco central que se actúe como un cirujano con un bisturí, cuando lo que tenemos es un leñador con una motosierra.

En la realidad, el BCRA ha sido una fuente constante de inestabilidad macroeconómica. En teoría, la sintonía fina entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del ente monetario, Miguel Pesce, permitiría estabilizar el tipo de cambio real. En la práctica, Argentina tiene un tipo de cambio real más volátil que el ecuatoriano.

En teoría, la sintonía fina entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del ente monetario, Miguel Pesce, permitiría estabilizar el tipo de cambio real. En la práctica, Argentina tiene un tipo de cambio real más volátil que el ecuatorianoEn teoría, la sintonía fina entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del ente monetario, Miguel Pesce, permitiría estabilizar el tipo de cambio real. En la práctica, Argentina tiene un tipo de cambio real más volátil que el ecuatoriano

¿Cómo les ha ido a los países dolarizados frente a shocks externos? La crisis del 2008 fue un shock externo de proporciones históricas. Deberíamos esperar, entonces, crisis de proporciones históricas en los países dolarizados. En el 2009 el PBI real de Argentina cayó un 5,9% y en El Salvador lo hizo un 3,1%. Ecuador y Panamá, en cambio, crecieron a un 0,6% y 1,2%, respectivamente. La Argentina con BCRA y moneda propia tuvo mucho peor desempeño.

Por qué cambiar el régimen monetario

Los beneficios de dolarizar no son sólo económicos sino más bien institucionales. Rafael Correa fue el presidente más popular en la historia de Ecuador, tuvo el poder político de reformar la constitución. Sin embargo, aunque degradó la integridad financiera de la dolarización no se atrevió a repudiarla abiertamente. Con moneda propia Correa hubiera llevado a Ecuador por el mismo camino que Venezuela.

Quienes creemos que la dolarización es la mejor solución asequible para la Argentina reconocemos que para que sea exitosa requiere de otras reformas estructurales y poner las cuentas fiscales en orden. Con supuesta agudeza, los críticos se preguntan para qué dolarizar si se avanza con las otras reformas. Ojalá fuese tan simple.

En la primera década de este siglo la Argentina tuvo superávits gemelos inéditos que el kirchnerismo dilapidó. Insisto, el problema no es de política económica, sino de economía política. No se trata simplemente de eliminar el déficit fiscal, es clave tener un marco institucional creíble que le impida a un próximo gobierno “llevarse puesto” al BCRA una vez más. Es importante distinguir entre las reformas ideales (lo que tienen en mente los críticos de la dolarización) y las reformas mínimas necesarias para poder dolarizar (lo que tienen en mente los pro-dolarización).

El problema no es de política económica, sino de economía política. No se trata simplemente de eliminar el déficit fiscal, es clave tener un marco institucional creíble (EFE)El problema no es de política económica, sino de economía política. No se trata simplemente de eliminar el déficit fiscal, es clave tener un marco institucional creíble (EFE)

Tanto Ecuador como El Salvador reforzaron la dolarización con otras reformas económicas e institucionales. En el primer caso la dolarización no tuvo lugar en un contexto de orden macroeconómico, sino con el país al borde del precipicio. De haber desdolarizado porque se hicieron otras reformas Ecuador podría haber terminado como Venezuela, tal cual sugiere Cavallo. No es cierto, entonces, que para dolarizar sea necesario tener una macro ordenada e instituciones ideales ni que dolarizar sea innecesario de hacer otras reformas.

Obviamente no haría falta dolarizar si el sistema político argentino tuviera la capacidad de implementar reformas creíbles como las que permitieron a nuestros vecinos erradicar la inflación. Nuestra historia demuestra que no la tiene.

El Salvador no sólo dolarizó para profundizar su integración comercial con Estados Unidos sino también para proteger a su economía del embate del populismo. Tras veinte años de dolarización en El Salvador, Nayib Bukele se enfrenta a estas restricciones. ¿Una de las tantas lecciones internacionales que Cambiemos debería haber aprendido durante su presidencia? Insisto: un rol fundamental de las instituciones es limitar la capacidad de daño de los gobiernos, no maximizar su capacidad de extraer rentas.

Zimbabue ofrece una lección particularmente importante para la Argentina. Dolarizó oficialmente su economía en 2009 y la desdolarizó diez años más tarde. La desdolarización fue posible porque no eliminó su banco central y no hizo una reforma del sistema bancario. Siguiendo las recetas de la Argentina de 2002, reintrodujo su propia moneda y volvió a un escenario de alta inflación. La reforma del sistema bancario es esencial para que sobreviva una dolarización.

Por último, se dice que no se puede dolarizar porque no hay suficientes reservas de libre disponibilidad para convertir la base monetaria en pesos. Sin ellas, el tipo de cambio de conversión sería demasiado elevado. He visto números que oscilan entre $900 y $6.000 pesos por dólar. Plantear la conveniencia de la dolarización en base a la coyuntura actual es un error conceptual. Si se hace con amplio acuerdo político significaría un cambio de régimen que generaría credibilidad de inmediato y abriría las puertas a alternativas para aumentar las reservas que hoy no son asequibles.

Si hay voluntad política, los dólares necesarios se consiguen. En el libro que hemos escrito sobre la dolarización con Emilio Ocampo planteamos varias alternativas para hacerlo.

En Latino América, la dolarización ha sobrevivido dos guerras mundiales, la Gran Depresión y la crisis del 2008, una invasión estadounidense (Panamá, 1989), desastres naturales, y fuertes gobiernos populistas. Una dolarización es una manera de dar al país una reforma institucional creíble y duradera.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

`Negrear’, un término repulsivo

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 25/4/22 en: https://www.laprensa.com.ar/515055-Negrear-un-termino-repulsivo.note.aspx

La batalla cultural está también asociada al cuidado que merece el uso de la semántica y la dedicación necesaria para propiciar el correcto entendimiento y significado de las palabras. La utilización apropiada del lenguaje evita emplear términos que suponen adherir a valores con los que discrepamos. Erróneamente, muchas veces recurrimos a acepciones que, si nos detenemos a pensar su fondo, espíritu o significación, la deberíamos desechar inmediatamente de nuestro vocabulario.

`Negrear’ es un verbo que no deberíamos usar para referirnos a las relaciones humanas. Es despectivo, despreciable y lo instalaron los amantes de la cultura estatal para referirse a todo aquello que está fuera de la frenética aspiradora fiscal y del alcance de los políticos. La Real Academia Española, entre distintas acepciones, define a esta palabra como el acto de ennegrecer algo u oscurecerlo. Pero la acepción de la RAE a la que nos remitimos en esta oportunidad es la que supone el engaño de «trabajar ilegalmente» o «explotar, utilizar abusivamente a un trabajador» y similares conductas en otros órdenes de la vida.

Estas últimas acepciones son las que quiero tratar en estas breves líneas porque, a mi juicio, se aplican equivocadamente en varios planos de las relaciones sociales.

EL ESTADO

Más comúnmente se usa `negrear’ en el contexto de acuerdos laborales y hace referencia a una supuesta explotación y prácticas abusivas del empleador sobre los empleados. A este respecto, hay que entender primero que la verdadera explotación es la del Estado sobre los trabajadores ya que, estos últimos, están sometidos por el soberano mediante la extracción violenta de impuestos, la confiscación de buena parte de su sueldo que supuestamente es para prever pensiones de retiro, servicios de obras sociales y otras misceláneas que consignan un recibo de sueldo con referencias a leyes incomprensibles. Toda esa miserable expoliación institucionalizada se realiza conjeturando que el trabajador es un total infradotado para contratar servicios de forma privada, incapaz para tomar sus propias decisiones concernientes a su futuro y un comité de burócratas iluminados deben administrar su vida y su patrimonio.

Si no hay coerción, ni fraude o incumplimiento contractual de alguna de las partes, no existe tal cosa como la explotación laboral. A pesar de que al empresario le gustaría pagar lo menos posible en salarios y al empleado obtener por sus servicios el máximo rédito posible, los salarios no los determina ni el empleador ni el empleado. Los salarios están determinados por los rendimientos netos de las inversiones globales del mercado independientemente de los resultados operativos que tenga circunstancialmente el empleador. Cabe aclarar que, cuando en un determinado mercado se habla de sueldos miserables, no se debe a empleadores abusivos y tacaños sino a bajas tasas de capitalización de ese mercado comparadas con otros mercados más prósperos.

EXPLOTADOR

Pretender la optimización de nuestros beneficios monetarios y no monetarios está implícito en la naturaleza del hombre; ya sea en las negociaciones laborales o cuando vendemos nuestro auto usado o compramos sillas. No podemos decir que es un explotador quien ofrece comprar tomates muy por debajo del precio de mercado o quien ofrece venderlos a cifras muy superiores al mismo. Si se pretenden esos términos, simplemente no se realizará la transacción.

Algún lector quizás apuntará que no es lo mismo tomar como ejemplo las transacciones de tomates para compararlo con una contratación laboral. Generalmente, bajo esta consideración se esgrime que una contratación laboral presenta fuerzas dispares, una fuerza dominante, la del empleador. Pero hay que tener en cuenta que, quien ofrece empleo, no trata con un empleado particular, sino que se enfrenta con todo el mercado laboral. Si a un trabajador medianamente informado se le ofrecen condiciones inferiores a las de mercado, no accederá a la posición o el empleador tendrá que conformarse con un colaborador con cualidades y competencias de inferior categoría a las que busca. Bajo las mismas condiciones no monetarias y la misma dedicación requerida, si la paga por una hora de jardinería está valuada en 4, ni siquiera un sultán petrolero conseguirá mano de obra si pretende contratar esos servicios por la mitad.

Si verdaderamente existe la preocupación por la desprotección del trabajador, vale consignar aquí que aquellos trabajadores que deciden acordar términos laborales por fuera del radar y el manotazo del monstruo público sí quedan deliberadamente desprotegidos, abandonados y sin respaldo de la justicia por operar en el llamado mercado negro. Como consecuencia de esto, muchas veces quedan a merced de mafias que ven la oportunidad de aprovecharse de esta circunstancia e incumplir las obligaciones acordadas.

DESREGULACION

Bendita sería la iniciativa para desregular el mercado laboral y terminar con el monopolio de representación sindical y de sus obras sociales. Bendita sería una profunda reforma del sistema jubilatorio que permita terminar con una de las estafas piramidales más escandalosas de nuestro tiempo. Bendita sería la posibilidad de que el trabajador pueda conservar sus ingresos conseguidos legítimamente y que el estado se limite a proteger sus derechos en el marco de la igualdad ante la ley. Bendita sería la libertad que hoy, bajo el paradigma del infierno fiscal, se llama «negrear».

Otro caso en el que se usa este término es en el marco de acuerdos libres de inquilinato, donde las partes quieren voluntariamente acordar sus propios términos y evitar caer en regulaciones estatales, costos innecesarios e impuestos generados por legislaciones recaudatorias y pretensiones absurdas de propiciar maridajes forzosos como en la época medieval. Sin embargo, el delirio intervencionista deja sin refugio legal a quienes celebran esos contratos privados cuando en realidad «los acuerdos privados son ley para las partes» y deberían ser amparados por la justicia formal, una de las pocas funciones del Estado en una democracia.

Los mercados negros son hijos del intervencionismo y las restricciones artificiales contra la filosofía del `laissez faire’ y la libertad de comercio y contratación; son el natural ajuste que hace el mercado frente al estatismo y la reacción natural del hombre para preservar el fruto de su trabajo y su ánimo de prosperar. Siempre el ser humano buscará la maximización de todas las actividades que realice, monetarias y no monetarias.

Aun asumiendo mayores costos por operar en mercados ilegales (que no quiere decir necesariamente que sean ilegítimos), todo cepo tendrá su dólar blue, toda protección arancelaria tendrá su contrabando y todo control de precios tendrá su producto disponible. La teoría económica y los hechos muestran la diferencia abismal de tasas de crecimiento, productividad y los niveles de bienestar que existe entre los países que gozan de libertad respecto de aquellos que cargan con el peso innecesario de la monstruosa mochila estatal y la persecución fiscal.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

La mancha de sangre más grande de América

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/4/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/04/16/la-mancha-de-sangre-mas-grande-de-america/

En medio de la pandemia los datos que llegan sobre Cuba son más escalofriantes que nunca. La miseria, el hambre, la escasez de medicamentos, la ausencia de higiene básica y las muertes generan espanto

Fidel Castro

En vista de la actitud criminal de muchos cómplices de la isla-cárcel cubana, lo primero es abrir con un pensamiento clave de mi primo el Che Guevara (su abuela materna -Ana Lynch- era hermana de mi abuela paterna) expresado públicamente en 1967 en su mensaje a la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América latina: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así, un pueblo sin odio no puede triunfar”.

Antes que eso su jefe Fidel Castro había manifestado en 1962 en su Segunda Declaración de La Habana que “Los intereses de la humanidad reclamaban el cese de la anarquía en la producción, el derroche, las crisis económicas y las guerras de rapiña propias del sistema capitalista. Las crecientes necesidades del género humano y la posibilidad de satisfacerlas, exigían el desarrollo planificado de la economía”. Luego precisó en las escalinatas de la Universidad de La Habana, en 1968 en su discurso titulado Ofensiva Revolucionaria que “El capitalismo hay que arrancarlo de raíz […] Hay que decir con toda claridad, hay que decir que no tendrán porvenir en este país ni el comercio, el trabajo por cuenta propia ni las industria privada”.

Es de gran importancia prestar debida atención a lo escrito en el libro de Jorge Masetti, quien creció en Cuba (hijo de Ricardo, fundador de Prensa Latina y amigo del Che Guevara) y agente de los servicios de espionaje cubanos en varios países latinoamericanos al efecto de preparar el terreno para la revolución comunista. El libro se titula El furor y el delirio. Itinerario de un hijo de la revolución cubana donde se lee: “Me percaté que […] la revolución había sido una estafa […] caigo en la cuenta de que la revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades […] Nos escudábamos en la meta de la búsqueda de hacer el bien a la humanidad, meta que era una falacia”. También en sus intentos en otros países concluye: “Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y grado de dependencia con Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada”.

Como se ha apuntado en repetidas ocasiones, la propiedad privada constituye un derecho clave a los efectos de aprovechar del mejor modo los escasos recursos. En un mercado libre quienes atienden del mejor modo a sus semejantes obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos, lo cual se da de bruces con empresarios prebendarios que aliados al poder de turno obtienen privilegios con lo que explotan miserablemente a sus semejantes. Como también se ha señalado es por esto que Marx y Engels en el Manifiesto Comunista han subrayado que toda su propuesta puede ser condensada en la abolición de la propiedad.

Por su parte Ludwig von Mises ha demostrado en 1920 como sin propiedad privada no hay precios (que precisamente surgen como consecuencia de transacciones de derechos de propiedad), si se elimina este derecho no hay posibilidad alguna de contabilidad, de evaluación de proyectos ni de cálculo económico en general puesto que no se sabe que es y que no es rentable. Y sin llegar a este extremo, en la medida en que los aparatos estatales intervienen en los precios, en esa medida, se distorsionan esos indicadores con el consiguiente despilfarro de recursos, lo cual, a su vez, reduce salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización constituyen el único factor que permite elevar el nivel de vida.

Entonces, independientemente de las matanzas, las torturas y las persecuciones que inexorablemente imponen los regímenes totalitarios, debe destacarse el grave problema técnico que necesariamente conduce a la miseria y a la pobreza extrema, en este último caso no solo en los sistemas totalitarios sino en los estatistas de todo color y por los mismos motivos de desatino económico que perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados y vulnerables.

Como se ha subrayado una y otra vez, Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per cápita de Latinoamérica; eran sobresalientes en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, licores de prestigio internacional. Tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

El contragolpe a Batista estaba plenamente justificado frente a los golpes que asentaba al sistema republicano pero resulta que el remedio fue mucho peor que la enfermedad con la instalación del comunismo. Por supuesto que no se justifica el haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

De todos modos si se condenara todo contragolpe habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del siglo XIX en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge III y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

Por otro lado, es increíble que todavía pululan desfachatados que dicen que por lo menos hay buena educación y servicios adecuados de salud. Antes hemos aludido a este tema pero en vista de nuevos rebrotes se hace necesario reiterarlo. Respecto a lo primero es suficiente señalar la contradicción en los términos de hablar de educación donde prima el adoctrinamiento y la censura, además de tener que escribir en lápiz para que la próxima camada pueda borrar y usar el mismo papel debido a la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste sólo en saber leer y escribir, radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción. Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003 aclaró lo que significa para su régimen la educación en cuanto a la colonización de las mentes a través del comunismo: “Una revolución educacional bien profunda”(sic). En cuanto a la salud, es suficiente consultar los múltiples escritos de la neurocirujana cubana Hilda Molina para percatarse de las pocilgas que son los hospitales y solo mantenido un reducto para los miembros de la banda gobernante y extranjeros amigos a los efectos de adornar la vidriera.

Los totalitarios consideran que manejando a su antojo vidas y haciendas ajenas pueden fabricar un “hombre nuevo”. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar cómo deben vivir los súbditos. La revista Forbes publicó que Fidel Castro figuraba entre los hombres más ricos del planeta.

Específicamente las obras de mayor calado respecto al caso cubano son las de Carlos Alberto Montener, Armado Valladares, Huber Matos, Guillermo Infante Cabrera, Loris Zanatta, Hilda Molina y Guillermo Martínez Márquez. Y en general respecto al totalitarismo se destacaEl libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

Es un insulto a la inteligencia que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual además constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

Solo durante el año pasado se han detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco y durante el año que corre ha habido muchas más detenciones en las recientes manifestaciones de valientes insurrecciones a partir del 11 de julio pasado en un contexto siempre de amordazamiento a la prensa con un partido único. Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (¡ni azúcar!), Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos de la URSS y luego por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se encuentran en mayores dificultades pero confían en la imbecilidad de algunos vecinos del continente.

Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, en cuyo contexto aparecen turistas que disfrutan playas y otros privilegios como contrapartida de sus financiaciones a los carceleros.

Conozco de cerca aquellos estropicios norteamericanos (más bien antinorteamericanas) que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al ex barbudo de la isla cubana, a su hermano o al actual carcelero, diciendo que admiran la igualdad que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras los que declaman se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.

También están los llamados empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento. Y, por último, los tilingos de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.

Sin duda que siguen los tontos útiles que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos autodenominados cristianos que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta, de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la moral.

Como hemos puntualizado, es inconcebible pero cierto que la isla-cárcel cubana se ha mantenido por más de sesenta años bajo las garras y fauces criminales de los sátrapas castristas. Este clima bochornoso y nauseabundo parte el corazón de cualquier persona normal, pero todavía hay cretinos que alaban el régimen totalitario, organizaciones internacionales que aceptan que las integren representaciones de los antedichos asesinos seriales en el contexto de los balseros que cruzan el mar en busca de libertad, asumiendo los tremendos riesgos de los fusileros de la isla, los tiburones o el naufragio.

Es del caso repasar lo escrito por José Martí en una de sus estadías en Estados Unidos: “Estoy en un país donde todos aparecen como amos de sí mismos. Uno puede respirar libremente, aquí la libertad es el fundamento, el escudo y la esencia de la vida”.

Hoy en medio de la pandemia resultan más escalofriantes que nunca los datos y las informaciones que llegan de Cuba donde la miseria, el hambre, la escasez de medicamentos elementales, la ausencia de higiene básica y las muertes hacen que cualquier persona normal quede espantada frente a este tétrico cuadro de situación. Es de desear que nuestros hermanos cubanos pronto puedan liberarse de esa espantosa isla-cárcel y formar parte de una sociedad libre. Desgraciadamente hay varias manchas de sangre en América como Venezuela, Nicaragua y también Haití que con 20 gobiernos en 35 años sigue la línea totalitaria y algunos imitadores latinoamericanos que pretenden lo propio…pero nada como Cuba.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El “cripto verso” es imparable, pero todavía incipiente

or Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 27/4/22 en: https://alejandrotagliavini.com/2022/04/27/el-cripto-verso-es-imparable-pero-todavia-incipiente/

Hace tiempo, cuando me enteré por primera vez de que, por ejemplo, en Decentraland algunos “terrenos” cotizaban en millones de dólares pensé, como muchos, que esa era la burbuja más grande de la historia, ridículamente grande: ¿quién paga millones por una parcela que no es más que un dibujo en una PC?, hay que estar muy zarpado… Pero eso no es todo, hay quienes compran esas propiedades (con formato de NFT, non-fungible tokens o tokens no fungibles), “construyen” sobre ellas y luego ¡las alquilan obteniendo una renta mensual! De locos.

                  Pero luego me lo explicaron. Esos “terrenos” están, por caso, ubicados en “ciudades” virtuales que reciben miles, sino millones, de visitas diarias de ciber navegantes que, eventualmente, pueden “entrar” en los locales y comprar artículos electrónicos, ropa, o participar en conciertos pagando una entrada o una fiesta a la que se accede con un avatar, y pagando, con un DJ que cobra por su trabajo.

                  Por caso, hace poco se realizó la Semana de la Moda en el Metaverso, el Metaverse Fashion Week (MVFW), que incluyó a más de 60 expositores como Selfridges, Tommy Hilfiger, Dolce & Gabbana, Vogue, Forever 21, Kirkwood, Estée Lauder y Perry Ellis. Por cierto, no faltó el “after party” con la presencia de personalidades y, durante la fiesta de cierre, el show de la canadiense Grimes, la pareja de Elon Musk.

                Todo eso es posible a través de la tecnología blockchain (cadena de bloques) de Ethereum -que permite los Smart Contracts-, con la cual se pueden crear avatares únicos de sí mismos, realizar compras y pagos entre los usuarios de la plataforma, en base a los NFT. Y esto conlleva la verdadera democracia de las criptomonedas, en donde los gobiernos, como los conocemos actualmente, no son sino imposiciones violentas de animales primates.

                Es que en este mundo del blockchain, como es el caso de Bitcoin (BTC), nadie realmente gobierna -en el sentido de que nadie impone su criterio ni voluntad sobre otro por muy “justa” que sea- sino que todos son libres de tomar las decisiones que quieran con el único requisito de ser -aunque completamente anónimas, según el deseo de cada uno- transparentes y verdaderas y validadas, en todos los casos, por la mayoría simple de cientos de miles de computadoras repartidas por el mundo.

                Por cierto, aunque el mundo virtual -siempre con base final en el real- es imparable y abarcará todos los órdenes de la vida, como todos estos desarrollos tan incipientes, novedosos y rápidos, es todavía muy inestable y hay que manejarse con cierto cuidado porque suelen mezclarse oportunistas y errores, a veces graves, de principiantes.

               Tanto el BTC como el ether se “minan” -se producen- utilizando un método de “prueba de trabajo” (POW), en el que miles de mineros, o nodos de la red, compiten para resolver muy complejos rompecabezas matemáticos. Es un proceso que requiere una gran cantidad de computación, de energía, siendo que el método alternativo de “prueba de participación” (POS) utiliza mucho menos.

              Ethereum lleva tiempo sufriendo problemas de velocidad y costos de procesamiento ya que sólo procesa 30 transacciones por segundo como blockchain de POW, pero espera procesar hasta 100.000 transacciones al pasarse a POS -la ether 2.0- lo que le permitirá competir con otras criptomonedas alternativas más pequeñas, como Solana y Cardano, que utilizan POS parcial o totalmente, para aplicaciones financieras descentralizadas como el comercio, la inversión, los préstamos e incluso los NFT.

               Eso siempre y cuando Ethereum efectivamente realice su actualización. Como cuentan Medha Singh y Lisa Pauline Mattackal, el «ether» ha prometido pasar al siguiente nivel, superando a sus rivales criptográficos e incluso eclipsando al padrino, el BTC. Pero se suponía que la criptodivisa número 2 estaba a semanas, prevista para junio, de la «fusión» o «merge», una actualización transformadora de su «blockchain» Ethereum para hacerla más rápida, más barata y con menos consumo de energía, lo que abre la perspectiva de un futuro criptográfico más ágil y limpio.

               Pero esa fusión se ha retrasado, preocupando a algunos inversores. «Los maxis de Ethereum, la gente que cree en ‘el flippening’, creen que llegará muy pronto», dijo Noelle Acheson, jefa de perspectivas de mercado en Genesis Trading, «pero es sólo una teoría y está por ver». Ether cayó un 8%, de USD 3.215 a 2.947, el 11 de abril pasado cuando el desarrollador principal de Ethereum, Tim Beiko, dijo en Twitter que el lanzamiento de junio estaba atrasado mientras continuaban las pruebas, “definitivamente estamos en el capítulo final», aseguró. Este mes ha bajado un 13%, hasta los USD 2.844.

                 Por el momento, la capitalización de mercado de ether, de USD 358.000 M, es menos de la mitad de la de bitcoin, y ambas representan el 60% del mercado de las criptomonedas. Sin embargo, el BTC sigue siendo sólo una inversión sin ninguna capacidad real de ser utilizado para contratos – Smart contracts- en aplicaciones financieras descentralizadas. Por esta razón, muchos inversores creen que es inevitable que se produzca un gran vuelco en el mercado y que la fusión -el ether 2.0- actúe como catalizador para que Ethereum se convierta en la plataforma dominante. «Estamos viendo que los fondos rotan hacia Ethereum en preparación para la fusión, aunque no sabemos cuándo va a ser», dijo Acheson.

                 Entretanto, la Casa Blanca -y todos los políticos- intenta regular sino prohibir el mundo cripto reconociendo abiertamente que amenaza la vida de su “gobierno” al trasladar el poder a la gente en el ciber espacio. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, hace un llamamiento de nuevo a que el Congreso de EE.UU. apruebe nuevas regulaciones que obliguen a redes sociales como Twitter a rendir cuentas por «los daños que causan». Se pronunció así poco después de que se anunciara que fue aceptada la oferta de compra de Elon Musk por unos USD 44.000 M.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini