Si me hubieran dado pelota

Por José Benegas. Publicado el 25/2/15 en: http://josebenegas.com/2015/02/25/si-me-hubieran-dado-pelota/

 

La humildad no sirve para nada en la Argentina, te pasan por arriba los Tognettis sin señales de vergüenza ni inhibición. Así que voy a ser un poco brutal y que le caiga mal a quién le caiga mal. Total, cuando uno es cuidadoso obtiene la misma cantidad o mayor de enemigos. Hace más tres años que insisto con que cuando un asaltante en un banco que tiene rehenes de repente se saca el antifaz, es señal de que piensa matar a los rehenes. El gobierno kirchnerista tomó muchas veces esa decisión como para que no nos diéramos cuenta de que no pensaba terminar su período de modo legal, y que ni siquiera podíamos imaginar un traspaso del mando normal. Desde la protección abierta a Boudou que significó que la señora a cargo nos comunicara, sacándose el antifaz, que ella era la jefa de la banda y que el estado era un estado kirchnerista y delictivo, ante lo cuál había que subordinarse.

¿Soy un genio? No, simplemente trato de no hacerme el completo idiota ante las evidencias, como hace una mayoría abrumadora de gente en el país del acomodo.

Por supuesto las respuestas de la misma gente que dejó que las cosas llegaran a dónde llegaron eran del tipo “tiene que terminar su mandato”. Un gobierno cuya norma es el crimen no tiene mandato. El mandato en una república, un mandato que pueda obligarnos, es exclusivamente, reitero, exclusivamente, legal. Esto es una limitación conceptual y no de hecho. No hay república no legal. Es decir, al mandato lo terminaron ellos hace muchos años. Ni siquiera es ratificable la voluntad delictiva de una mayoría, porque carece de los elementos esenciales para obligar a una minoría. Pero peor aún que el analfabetismo republicano que el sistema des-educativo logró implantar, es la miopía política de no ver lo que la conducta del gobierno significaba. Ahora lloran todos ante este presente en el que Nisman terminó muerto y las manifestaciones son tildadas de terrorismo, por parte de los que reivindican sus asesinatos del pasado como idealismo. Nunca importó que se pudiera llevar  a cabo un proceso de juicio político. Ni siquiera lo es ahora que les queda tan poco tiempo, lo importante es no conceder legitimidad al crimen. No se puede desear, menos en público, que la banda de Hotesur mande.

¿Se los dije? Si, se los dije quinientas veces, todos lo días, de lunes a viernes durante una hora y media. Se lo pregunté a cada entrevistado por meses: ¿Imagina usted una entrega regular y normal del mando por parte de esta gente? La respuesta más común era el silencio.

Nerón no se aununció, estos delincuentes si lo hicieron. Dan ganas de decir jódanse todos, pero hay demasiadas cosas que uno aprecia en juego. Sobre todo una minoría que no merece esto.  Chica, pero valiosa.

El asunto sigue siendo cómo se sobrevive a un asalto total al poder por parte de los que se sacaron el antifaz y en cada aparición confirman sus delitos, del modo más idiota posible porque saben que 1) No tienen defensa y 2) Ya no están en la etapa en la que les interese ser creídos, sino sólo temidos y obedecidos. Están intentando sembrar el terror antes de hacer cualquier cosa. Salvarse para siempre tal vez no sea una opción. Zafar de ésta tal vez tampoco. Incendiar Roma si la es y que nadie dude de que son capaces.

Por lo tanto en una emergencia uno se pone a tirar baldes de agua al incendio hasta con el ladrón que administra el consorcio. Si alguien quiere jugar al marketing, está desubicado desde el 2003, pero ahora, en estos meses, está sencillamente tan loco como creen que sólo ellos están. Los que están juntando fuerza electoral sirven. Los que están pensando en cómo reaccionar ante hechos consumados ilegales del estado criminal que comanda la señora kirchner, brillan por su ausencia. Se necesita que tengan poder, un blog no alcanza por supuesto. Los que están pensando en cómo enfrentar la denuncia internacional de lo que hagan también sirven y los que piensen en cómo deshacer el quebrantamiento de toda la legalidad, desde el Código Civil, a los de procedimientos y la Constitución, suman. También los que observen que no es legítimo imponer leyes contra el artículo 29 de la Constitución, ni simular un Congreso para tapar  una verdadera obediencia debida castrense y que, por lo tanto, deben anularse todos los actos de facto llevados a cabo por la banda, son indispensables. Todos juntos, mejor. Pensando y tirando la corrección política a la basura. La gente no la cree, por eso en sus marchas son mucho más claros que cualquiera que hable en público.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

ECONOMÍA EN UNA LECCIÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Este es el best-seller de uno de los tantos libros escritos por Henry Hazlitt, un autor sumamente prolífico y notablemente didáctico. Sus obras más conocidas, además de  La economía en una lección que se ha traducido a varios idiomas con abultadas y reiteradas ediciones (la última en castellano por Unión Editorial de Madrid) se destacan  Fundamentos de la moralidad traducida al castellano por el argentino Centro de Estudios sobre la Libertad junto con la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y Los errores de la “nueva” economía traducida por la española Ediciones Aguilar, donde este autor estudia y critica línea por línea el trabajo más conocido de Keynes.

 

Hazlitt fue el predecesor de Milton Friedman en sus colaboraciones semanales durante años en Newsweek, también publicaba regularmente en el Wall Street Journal y fue miembro del Consejo Editorial de The New York Times, asimismo fue cofundador de la Mont Pelerin Society y enseñó en centros educativos estadounidenses, latinoamericanos y europeos. En oportunidad de sus 70 años fue agasajado por reconocidos profesores y periodistas en el New York University Club, ocasión en la que enfatizó el peligro del “crecimiento canceroso en el poder del estado”. Visitó Buenos Aires invitado por mi padre en 1960 donde pronunció conferencias en diversos foros las cuales tuvieron amplia repercusión en medios locales.

 

En esta oportunidad nos concentraremos en la primera de las obras mencionadas e insertas en el título de esta nota periodística.  Es un libro escrito para todo público (por eso fue best-seller en varias lenguas) pero con recetas mucho más fértiles que buena parte de los mamotretos incoherentes fabricados por supuestos economistas. Abre el libro aseverando que “la economía se halla asediada por mayor número de sofismas que cualquier otra disciplina cultivada por el hombre”. En el libro de marras Hazlitt pasa revista a las falacias más comunes generalmente desarrolladas por economistas profesionales que han mamado conceptos absurdos y contradictorios que mucho daño hacen a la gente, especialmente a los más necesitados.

 

Comienza por subrayar la importancia de mirar no solo lo que se ve a primera vista sino todos los efectos que en definitiva tienen lugar, evitando así escindirlos del análisis. Por ejemplo, la redistribución de ingresos: si se circunscribe el análisis a los beneficios que recibe el redistribuido no se verán los efectos negativos que se generan debido a los cambios en la asignación de los siempre escasos factores de producción que al desviarse de lo eficiente produce contracción en los salarios de todos. Se ven las instalaciones fastuosas de esta o aquella empresa estatal pero no se ven las abstenciones en la adquisición de otros bienes y servicios deseados por la comunidad al establecerse y como no se puede hacer todo al mismo tiempo, la alteración en las prioridades perjudica a los consumidores y reduce sus niveles de vida.

 

Estudia con detenimiento la falacia de que las obras públicas estimulan el empleo sin ver que hay un desvío fatal desde el sector privado al público con lo que se impone compulsivamente trabajo en el área del aparato estatal en detrimento de lo requerido en el mercado. Explica los graves inconvenientes de los créditos gubernamentales con dineros de la gente, los cuales se otorgan en condiciones que nunca hubiera concedido la banca privada, situación que resulta antieconómica, es decir, se equivale a consumo de capital.

 

Alude a la inflación como un impuesto del que se hacen cargo principalmente los relativamente más pobres debido al impacto que reciben sobre sus magros ingresos y muestra la exclusiva responsabilidad de los aparatos estatales en esta maniobra fraudulenta a pesar de que los gobiernos intentan distraer la atención del foco del mal sobre las espaldas de los comerciantes que se ven obligados a elevar precios en términos nominales debido a la degradación del signo monetario.

 

Se refiere a la trascendencia del ahorro como ingreso no consumido destinado siempre a la inversión, lo cual permite incrementar la productividad y así consumir más y mejor. Esto lo contrasta con la falacia de anteponer el consumo como si fuera la panacea sin percatarse del principio elemental que no resulta posible consumir lo que no se produce y la producción depende de las tasas de inversión.

 

Dedica mucho espacio a la consideración del significado del sistema de precios como elemento coordinador indispensable para conocer que es lo que necesita la gente lo cual pone en evidencia con sus compras y abstenciones de comprar. Si luego de realizadas las consiguientes operaciones el gobierno establece precios,  todas las previas indicaciones naturalmente se distorsionan con lo que el uso de recursos se aparta de los cometidos que habían sido indicados por los consumidores con lo que se genera desperdicio de recursos con el consiguiente deterioro en la situación de la gente. Se refiere a los reiterados fracasos de tales políticas y se sorprende que se sigan adoptando.

 

Pone al descubierto el sofisma referido a la supuesta importancia de exportar al tiempo que se restringen las importaciones sin percibir que lo primero es el costo en que debe incurrirse para lograr lo segundo, del mismo modo que nuestras ventas constituyen nuestros costos para poder adquirir lo que necesitamos. Si previamente no vendemos bienes o servicios no podremos comprar lo que requerimos. En un proceso libre el balance de pagos siempre se encuentra equilibrado puesto que si las exportaciones son menores a las importaciones la diferencia se financia con ingreso de capital. Para que esto pueda funcionar es menester que opere un tipo de cambio libre y no sujeto a las manipulaciones burocráticas que necesariamente distorsionan el comercio exterior.

 

En un capítulo titulado “El odio a la máquina”, nuestro autor señala las falacias implícitas en el argumento que sostiene que la tecnología produce desempleo en lugar de sostener que libra recursos humanos y materiales al efecto de poder encarar otras necesidades, lo cual no podía hacerse antes de la introducción de la nueva tecnología precisamente porque estaban esterilizados en las faenas que ahora ayuda a producir la máquina. Y debe tenerse presente que no hay tal cosa como transiciones especiales en este contexto puesto que todo el proceso económico las transiciones son permanentes: cada uno de los comerciantes y sus empleados están permanentemente considerando cambios para mejorar y cada uno de esos cambios se traducen en transiciones.  Para ilustrar la idea Hazlitt se refiere al caso del invento de las máquinas para el hilado de algodón, tarea que antes se realizaba manualmente, sin embargo los hiladores manuales se ubicaron en otros trabajos y si hoy se liquidaran aquellas maquinarias no habría más empleo sino una caída en los salarios reales (del mismo modo que no es más productivo pescar a los cascotazos en lugar de hacerlo con una red de pescar).

 

En otra de las jugosas secciones del libro elabora sobre el rol de los beneficios y concluye que es fundamental como incentivo para la producción al efecto de que el comerciante los reciba si se adapta a los reclamos de sus congéneres y que incurra en quebrantos si se equivoca en sus decisiones. La cuantía de los mencionados beneficios depende de lo que los consumidores estimen conveniente, por ello es que resultan  tan destructivos los impuestos a las ganancias en lugar de mantener la carga fiscal lo más neutra posible a las decisiones del mercado, es decir,  de la gente.

 

Con una pluma directa y simple, el autor de este pequeño gran libro dirige su mirada al significado del progreso. Se trata de minimizar costos inútiles no de pretender un sistema perfecto, nada está al alcance de la perfección en el mundo terreno, como queda dicho, se trata de no poner palos en las ruedas y eso es precisamente lo que hacen los megalómanos, es decir, los que desde el poder consideran que poseen condiciones muy superiores al resto de los mortales, en otros términos los arrogantes y soberbios que con su entremetimiento en arreglos contractuales privados echan a perder todo la delicada e importante coordinación y con su tremenda ofuscación y ceguera generan miseria con sus siempre discursos altisonantes y guarangos en el sentido orteguiano de la expresión. Entonces Hazlitt observa el progreso como un proceso provocado por ámbitos abiertos en los que la creatividad desempeña un rol crucial y las mejoras en ingresos en términos reales con externalidades positivas que se deben a las tasas de capitalización que generan otros no como una consecuencia buscada sino al buscar la mejora personal de quienes hacen posible esas crecientes tasas. Cada uno persiguiendo su interés personal, en paz y en libertad hacen posible la mejora del prójimo puesto que para progresar deben satisfacer los intereses de terceros.

 

Cierro esta nota con  una noticia que pone al descubierto el peligro de insistir por la senda estatista: el caso griego del que me ocupé en mi última columna semanal pero que ahora menciono desde otro ángulo. El nuevo ministro de finanzas –Yanis Varoufakis, declarado marxista- afirma que su país “está quebrado y es insolvente”, lenguaje que asusta a sus colegas de Bruselas y al FMI pero que es absolutamente correcto; el problema es que las medidas que se anuncian empeorarán en mucho la situación por más que se haya logrado extender el programa de ayuda. La situación actual está bien reflejada en el diseño lúgubre de un supuesto billete del euro fabricado por Stefanos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Diputados argentinos pedirán la expulsión de Venezuela del Mercosur

Por Belén Marty: Publicado el 25/2/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/02/25/diputados-argentinos-pediran-la-expulsion-de-venezuela-del-mercosur/#.VO3QB_FL7YQ.facebook

 

Legisladores argentinos se reunieron el martes 24 en el anexo de la Cámara de Diputados, para debatir la posibilidad de sancionar a Venezuela y excluir a este país del grupo de Mercosur (Mercado Común del Sur) tras la detención del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y lo que los parlamentarios consideran constantes violaciones a los Derechos Humanos en el país caribeño.

Estuvieron presentes los diputados nacionales miembros de la comisión del Mercosur, representantes de organizaciones de Derechos Humanos, la agrupación Una voz por Venezuela, periodistas y miembros de la sociedad civil.

Activistas venezolanos protestaron frente al Congreso argentino (PanAm Post)

El objetivo de la reunión era conocer los puntos de vista de los distintos sectores políticos, a la vez que escuchar las declaraciones de los venezolanos allí presentes. No estuvo presente, sin embargo, ningún representante del oficialismo, ni argentino ni venezolano.

El presidente de la Comisión, el diputado opositor Roberto Pradines, indicó que “el tratado de Ushuaia II [conocido también como el Protocolo de Montevideo] establece la cláusula democrática de los países miembros, que impide puntualmente perseguir o detener a quien opine distinto al pensamiento del gobierno”.

Todos los presentes concordaron que el arresto del intendente de Caracas, el viernes pasado, fue “una violación al régimen institucional y democrático”.

De esta manera, al ser Venezuela un miembro pleno de Mercosur, debe respetar las cláusulas democráticas de los tratados internacionales.

“Algunos países del Mercosur tienen un mutismo”, señaló en relación al silencio de la mayoría de las naciones miembros, tras el arresto de Ledezma.

Tras sus palabras, Luis Maldonado, director adjunto de Una Voz por Venezuela, leyó una petición de su organización para que Mercosur tome la determinación de sancionar a Venezuela.

“Instamos a ustedes ( la comisión) a una intervención inmediata, basada en el protocolo de democracia de Montevideo. Exigimos la ejecución de acciones”, solicitó el activista de Derechos Humanos.

Indicó que es frágil la situación que viven los estudiantes en su país, y que hoy existen 98 presos políticos “por el simple hecho de haber pensado diferente”.

Maldonado hizo mención a “La Tumba”, la prisión subterránea en la que está detenido un grupo de estudiantes. “Están en condiciones infrahumanas”, añadió. Entre los detenidos en “La Tumba” hay tres jóvenes que llevan ya 17 días en huelga de hambre para exigir su liberación.

El diputado Sergio Bergman se solidarizó con las protestas a favor de los DD.HH. en Venezuela. (PanAm Post)

Por su parte, la diputada Patricia Bullrich declaró que “Ledezma está preso por sus ideas; por firmar un documento que a Maduro no le gustó”.

Instó a que el canciller argentino Héctor Timerman respete los acuerdos internacionales, y actúe cuando algún país miembro de alguna alianza viole las cláusulas democráticas. Por esto, presentará un documento en el Congreso para pedir las sanciones pertinentes.

“Se ha echado del Mercosur a Paraguay (…) Ahora no se quiere intervenir, por afinidad ideológica. Por eso vamos a ir a en el Congreso al Gobierno que actúe”, explicó Bullrich.

El diputado Sergio Bergman ironizó al llamar a la presidenta “Cristina Fernández de Chávez” e insistió en que Maduro cuenta con la complicidad del Gobierno argentino.

El apoyo venezolano en Argentina

Al finalizar la reunión de la Comisión, el diputado Bergman y la diputada Cornelia Schmidt se sumaron a los casi 80 activistas que se manifestaron frente al Congreso Nacional.

Los activistas llevaron una bandera venezolana y mostraron carteles en alusión a la censura a los medios de comunicación y el silencio de los países del Mercosur luego de la detención de Ledezma. También se vieron leyendas de “Liberen a Ledezma” y “Abajo cadenas”.

Los organizadores de la marcha fueron los representantes de Una Voz por Venezuela y un grupo de jóvenes activistas liberales que buscaron encender preocupación sobre la actualidad político social del país que gobierna Nicolás Maduro.

El tratado que avalaría el pedido de expulsión

80 activistas se manifestaron frente al Congreso argentino. (PanAm Post)

Voceros del encuentro señalaron que el documento que el “Protocolo de Montevideo sobre compromiso con la democracia en el Mercosur”, (Ushuaia II), firmado por los presidentes del grupo, establece una serie de situaciones en las que de darse, los funcionarios de cada país podrían peticionar la expulsión de otra nación del Mercosur.

En su artículo 3, el documento insta a los Presidentes a que interpongan “sus buenos oficios” y que realicen “gestiones diplomáticas para promover el restablecimiento de la democracia en el país afectado”.

Por su parte, el artículo 6 establece que “en caso de ruptura o amenaza de ruptura del orden democrático en una parte del presente Protocolo, los Presidentes de las demás partes —o en su defecto los ministros de Relaciones Exteriores, en sesión ampliada del Consejo del Mercado Común— podrán establecer, entro otros (a) suspender el derecho a participar en los distintos órganos de la estructura institucional del Mercosur, (b) cerrar de forma total o parcial las fronteras terrestres”, entre otras cuestiones.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

La jihad amenaza las conquistas de Europa:

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 23/2/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1770572-la-jihad-amenaza-las-conquistas-de-europa?utm_source=TW&utm_medium=Cali&utm_campaign=1770572

 

Leí en alguna parte que una encuesta hecha en el mundo entero había determinado que Dinamarca era el país más feliz de la Tierra y me disponía a escribir esta columna, prestándome el título de un libro de cuentos de mi amigo Alfredo Bryce que venía como anillo al dedo a lo que quería -burlarme de aquella encuesta-, cuando ocurrió en Copenhague el doble atentado jihadista que ha costado la vida a dos daneses -un cineasta y el guardián judío de una sinagoga- y malherido a tres agentes.

¿Qué mejor demostración de que no hay, ni ha habido, ni habrá nunca países felices? La felicidad no es colectiva, sino individual y privada -lo que hace feliz a una persona puede hacer infelices a muchas otras y viceversa-, y la historia reciente está plagada de ejemplos que demuestran que todos los intentos de crear sociedades felices -trayendo el paraíso a la Tierra- han creado verdaderos infiernos. Los gobiernos deben fijarse como objetivo garantizar la libertad y la justicia, la educación y la salud, crear igualdad de oportunidades, movilidad social, reducir al mínimo la corrupción, pero no inmiscuirse en temas como la felicidad, la vocación, el amor, la salvación o las creencias, que pertenecen al dominio de lo privado y en los que se manifiesta la dichosa diversidad humana. Ésta debe ser respetada, pues todo intento de regimentarla ha sido siempre fuente de infortunio y frustración.

Dinamarca es uno de los países más civilizados del mundo por el funcionamiento ejemplar de su democracia -basta ver la magnífica serie televisiva Borgen para comprobarlo-, por su prosperidad, por su cultura, porque las distancias que separan a los que tienen mucho de los que tienen poco no son tan vertiginosas como, digamos, en España o el Perú, y porque, hasta ahora al menos, su política hacia los inmigrantes, esforzándose por integrarlos y al mismo tiempo respetar sus costumbres y creencias, ha sido una de las más avanzadas, aunque, por desgracia, tan poco exitosa como las de los otros países europeos. Pero la felicidad o infelicidad de los daneses está fuera del alcance de las mediciones superficiales y genéricas de las estadísticas; habría que escarbar en cada uno de los hogares de ese bello país y, probablemente, lo que resultaría de esa exploración impertinente de la intimidad danesa es que las dosis de dicha, satisfacción, frustración o desesperación en esa sociedad son tan varias, y de matices tan diversos, que toda generalización al respecto resultaría arbitraria y falaz. Por otra parte, basta con pasar revista a las manifestaciones de dolor, perplejidad, angustia y confusión en que ha sumido al pueblo danés el último atentado terrorista para advertir cómo, al igual que todos los otros países de la Tierra, de los más ricos a los más pobres, de los más libres a los más tiranizados, también en Dinamarca la seguridad es ahora precaria y nadie allá está libre de ser asesinado -o decapitado- por la ola de fanatismo que se sigue extendiendo por el mundo igual que esas pestes que en la Edad Media parecían caer sobre los hombres como castigos divinos.

El terrorista Omar Abdel Hamid El Hussein, un joven de 22 años, de origen palestino pero nacido y educado en Dinamarca, no era, según el testimonio de profesores y compañeros, un marginado semianalfabeto lleno de rencor hacia la sociedad de la que se sentía excluido, sino -algo que no es infrecuente entre los últimos jihadistas europeos- inteligente, estudioso, amable y “con voluntad de servir a los demás”, según precisa uno de sus conocidos. Sin embargo, formó parte de pandillas y estuvo en prisión por atracos y violencias diversas. En algún momento esta “buena persona” se volvió un delincuente y un fanático. Antes de cometer sus crímenes colgó videos de propaganda de Estado Islámico -probablemente en los mismos días en que este Estado decapitaba en Libia a 21 cristianos coptos sólo por el crimen de no ser musulmanes y filmaba semejante hazaña con lujo perverso de detalles- y lanzaba feroces arengas antisemitas. Todo indica que sin el valeroso Dan Uzan, que le impidió la entrada, ofrendando de este modo su vida, el terrorista hubiera perpetrado en la sinagoga, donde se celebraba un bar mitzvá, una matanza descomunal.

Su objetivo primero, cuando atacó el centro cultural donde lo atajaron los tres guardias que resultaron malheridos, era Lars Vilks, el dibujante y caricaturista sueco -Suecia es, como Dinamarca, otro de los países más civilizados, democráticos y prósperos del mundo-, a quien los fanáticos islamistas persiguen con saña desde que en 2007 realizó una exposición de sus trabajos en los que Mahoma aparecía con el cuerpo de un perro. Hombre tranquilo, nada provocador, Lars Vilks ha explicado que no hizo aquello con el ánimo de ofender las creencias religiosas de nadie, sino para ejercitar una libertad que considera la irreverencia y el humor cáustico derechos irrenunciables. Lo ha pagado caro; ya ha sido víctima de dos atentados, le han quemado su casa, debe andar protegido por una escolta del gobierno sueco las veinticuatro horas del día y Al-Qaeda ofrece un premio de 100.000 dólares a quien lo mate (y 50.000 a quien “degüelle” a Ulf Johansson, el editor que publicó sus caricaturas).

El caso de Lars Vilks es interesante porque muestra las ambiciones ecuménicas del fanatismo islamista: no persigue sólo restaurar el fundamentalismo primitivo de su religión entre los creyentes, sino intervenir en los espacios donde el islam no existe o es minoritario a fin de someterlo a las mismas prohibiciones y tabúes oscurantistas. El Occidente democrático y liberal, que ha dejado de considerar a la mujer un ser inferior y un objeto en manos del varón, que ha separado la religión del Estado, que respeta la crítica y la disidencia, y practica la tolerancia y la coexistencia en la diversidad, es su enemigo y un objetivo cada vez más frecuente de sus operaciones sanguinarias.

Es obvio que esta amenaza no va a tener éxito ni destruir a Occidente. El peligro es que, por prudencia o, incluso, por convicción, algunos gobiernos occidentales comiencen a hacer concesiones, autoimponiéndose limitaciones en el campo de la libertad de expresión y de crítica, con el argumento multiculturalista de que las costumbres y las creencias del otro deben ser respetadas (¿aun a costa de tener que renunciar a las propias?). Si este criterio llegara a prevalecer, los fanáticos islamistas habrían ganado la partida y la cultura de la libertad entrado en un proceso que podría culminar en su desaparición. Por este camino todas las grandes conquistas de la democracia, desde el pluralismo político, la igualdad entre hombres y mujeres, hasta el derecho de crítica que incluye el de la irreverencia por supuesto, habrían sellado su sentencia de muerte. Ya en algunos lugares en Europa se ha admitido el uso del velo islámico, símbolo flagrante de la humillación y discriminación de que es víctima la mujer en algunos países musulmanes, y la existencia de piscinas públicas separadas por sexos, con argumentos que podrían llegar a la demencia de tolerar los matrimonios pactados por los padres y hasta la castración ritual de las adolescentes para garantizar su virtud. Cualquier concesión en este campo no sirve para apagar la sed de los fanáticos; por el contrario, los envalentona y convence de que el enemigo está retrocediendo, que tiene miedo y se sabe ya derrotado.

La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, en el homenaje que rindió a sus compatriotas asesinados por el jihadista danés, recordó que las mayores víctimas del fanatismo islamista son los propios musulmanes, a los que los fanáticos asesinan y torturan por millares en Medio Oriente y en África. Hay que tenerlo presente y saber, por eso, que los europeos que como el dibujante Lars Vilks se enfrentan con coraje al desafío del terror, luchan para salvar de la barbarie no sólo a Europa y Occidente, sino a la humanidad entera.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

 

Wells, Stalin, Roosevelt:

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 24/2/15 en: http://rsocial.expansionpro.orbyt.es/epaper/xml_epaper/Expansi%C3%B3n/23_02_2015/pla_3634_Nacional/xml_arts/art_11856736.xml?SHARE=6C23C0F29C6C4F158F7CA6264B48630587DC6EDA6162A522D487578C70391E91EF051F766502296E0EDF9FB022783525E3E074BAD505A898550AA46AEFFEAC0FC3AEA39A5DE5747138343F761C1439E2E47AFF9A2F20F3367F22887806540F65

 

El 23 de julio de 1934 el escritor inglés H.G.Wells entrevistó al revolucionario bolchevique y tirano ruso José Stalin (J.V.Stalin, Obras, Madrid, Ediciones Vanguardia Obrera, 1984, Tomo 15, págs. 7-28). Del antiliberalismo y simpatías socialistas de Wells no caben dudas, y los he analizado en este rincón de Expansión (cf. Panfletos Liberales III, Madrid, LID Editorial, 2013, págs. 44-45). No sólo era incapaz, como tantos otros intelectuales, de percibir el carácter empobrecedor y criminal del comunismo, sino que de hecho lo elogia: “he visto ya las caras contentas de hombres y mujeres sanos” (pág. 27; véase también http://goo.gl/U4ubIU).

Lo interesante del caso es que Wells intenta convencer al dictador ruso de las bondades del mercado limitado utilizando como ejemplo a Franklin Delano Roosevelt, a quien califica sin ambages de socialista. Sostiene que en esa época se estaba produciendo una confluencia entre el capitalismo norteamericano y el comunismo ruso, porque en Estados Unidos “está naciendo una economía planificada, una economía socialista” (pág. 8). El ejemplo más claro era el New Deal rooseveltiano, una iniciativa política “socialista” (pág. 10).

La hostilidad hacia el liberalismo era patente entonces, y en el fondo no ha dejado de serlo desde entonces, cuando las idas y venidas de las alianzas políticas y las traiciones político-militares llevaron a que Stalin se aliara con Hitler primero, y después con el propio Roosevelt, a la vez que Mussolini, que sería derrotado por los aliados, expresó su gran admiración hacia el presidente estadounidense por sus políticas estatistas: “es un verdadero fascista”, aseguró.

En esta entrevista Stalin guarda las distancias con Roosevelt. Tiene hacia él palabras amables, pero lo trata como lo que era, un intervencionista o un socialista que admitía algún grado de propiedad privada. Esto último para el líder del Partido Comunista de la Unión Soviética era despreciable e inútil, porque no podría funcionar: la única solución pasaba por liquidar totalmente la propiedad privada. Wells, en cambio, se inclina por el intervencionismo que finalmente ha prevalecido, el que no es revolucionario pero tampoco liberal, el de John Stuart Mill, y no el de Karl Marx.

En todo caso, H.G.Wells es un ejemplo más de la fascinación que todas las variantes del socialismo, desde la más vegetariana hasta la más carnívora, han ejercido siempre sobre los intelectuales. Antonio Escohotado recuerda la definición que dio Wells sobre Stalin: “la persona más justa, sincera y honesta que haya conocido”. Con acierto habla el ensayista español de “el colapso del liberalismo inglés”. Esto fue precisamente lo que sucedió, aunque no sólo en Inglaterra: el grueso de los intelectuales abrazaron la causa antiliberal hasta hoy, y estuvieron dispuestos a mirar hacia otro lado a la hora de ponderar sus consecuencias, hasta hoy.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Economía: la oposición no tiene que tener miedo a la herencia:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/2/15 en: http://economiaparatodos.net/economia-la-oposicion-no-tiene-que-tener-miedo-a-la-herencia/

 

A diferencia del 2002, cuando llegó Duhalde a la presidencia, el próximo gobierno no podrá aplicar la misma receta para salir de la fenomenal recesión en que nos ha sumergido el modelo Nac&Pop. El camino será más largo, pero si se adoptan las medidas adecuadas, también será más sólido y hasta puede acelerarse la recuperación del destrozo que dejará el kirchnerismo.

Recordemos que en el segundo semestre de 2002 Duhalde se ve beneficiado con la suba del precio de la soja. El 2002 comenzó con una soja de U$S 160 por tonelada y terminó con U$S 208 la tonelada. Para tener otra referencia, en 2001 el precio promedio de la soja fue de U$S 168,75 por tonelada, en 2002 el promedio fue de U$S 188,87 la tonelada y el 2003 tuvo un precio promedio de U$S 233,21 la tonelada.

Para tener una idea de la suerte que tuvieron los k, podemos tomar este dato: el precio promedio simple de la soja durante el gobierno de De la Rúa fue de $ 175,66 la tonelada. En la era k, el precio promedio fue de U$S 378,78 la tonelada

Es decir, de una fenomenal fuga de capitales en el 2001, con la devaluación el gobierno se encontró con un flujo de ingreso de divisas producto de la suba del precio de la soja. Los productores, que estaban fuera de combate, de golpe se encontraron con un dólar 3 o 4 pesos a 1, en vez del 1 a 1 de la convertibilidad y con las deudas pesificadas. Es decir, tenían flujo de divisas a precios en dólares más alto, con una cotización del dólar más alta y deudas en pesos. Eso generó un boom agrícola que empujó la actividad económica en forma fenomenal al tiempo que le acercaba recursos al gobierno vía las retenciones.

No veo que el próximo gobierno vaya a encontrarse con un escenario igual. Sí puede ocurrir que mediante una devaluación bajen los precios de los insumos en dólares, particularmente el transporte de carga, y mejore el ingreso del productor por la suba del tipo de cambio, pero no creo que los precios de las commodities tengan un comportamiento de suba permanente como ocurrió con el gobierno k.

Por otro lado, Néstor Kirchner recibió un tipo de cambio que a precios de enero 2015 era de $ 16,34 en tanto que el promedio de enero pasado fue de $ 8,62. Es decir, no habrá un colchón cambiario como para utilizarlo como ancla contra la inflación.

Pero la clave de todo estará en que no habrá un stock de capital para reactivar la economía como lo hizo Duhalde y que luego continuó el matrimonio k descuidando la inversión.

Al más puro estilo keynesiano, Duhalde, además de tener la suerte de la suba de la soja, utilizó la capacidad instalada durante los 90. Simplemente la devaluación generó una caída de los salarios medidos en dólares. La caída de los salarios en dólares frenó las importaciones, particularmente de los bienes de consumo sustituyéndose importaciones. Los productores locales pasaron a tener casi el 100% del mercado solo por efecto de la devaluación. En el recesivo 2001 las importaciones había ascendido a U$S 20.320 millones. En 2002 con la devaluación de enero de ese año cayeron a U$S 8.989 millones. Menos de la mitad del 2001. Por eso digo que los productores locales se quedaron con una market share mayor solo por efecto de la devaluación.

¿Qué hizo Duhalde en última instancia? Para responder vuelvo a la isla de la fantasía y voy a utilizar el gráfico de los peces y los cocos.

GRÁFICO 1

Imaginemos que nuestro náufrago está en la isla y si trabaja 8 horas diarias consigue 30 cocos por día, o bien si dedica todo el tiempo a la pesca obtiene 10 peces. Si uno se mueve a lo largo de la curva, se tienen las diferentes combinaciones de peces y cocos que puede obtener dependiendo de cuánto tiempo le dedique a pescar o a bajar cocos.

Pero nuestro náufrago está produciendo en el nivel del punto A. Él podría producir más sobre algún punto a lo largo de la curva, pero porque algún burócrata lo molesta, no puede llegar. Produce menos de lo que su stock de capital le permitiría.

Bien, cuando Duhalde llegó al gobierno la economía operaba en el punto A del gráfico. Lo qué hizo Duhalde fue, mediante la devaluación, pasar de punto A algún punto a lo largo de la curva de transformación del gráfico 1. La industria automotriz podía producir 100 autos por día pero producía 8.

GRÁFICO 2

Lo que no lograron ni Duhalde y mucho menos los kirchner fue conseguir que la economía se moviera como lo muestra el gráfico 2. ¿Qué nos dice ese gráfico? Que atrayendo inversiones se incrementa el stock de capital y por lo tanto la productividad y los ingresos reales. En el ejemplo del gráfico nos dice que gracias a las inversiones el náufrago, con más stock de capital, en 8 horas no consigue 30 cocos sino que consigue 40 cocos y en vez de obtener 10 peces, obtiene 15 peces. Eso es el progreso y la mejora del ingreso real.

Volviendo al gráfico 1, lo que consiguieron Duhalde primero y luego los kirchner fue que los empresarios le pasaran el plumero a las máquinas que no utilizaban, compraran insumos y dieran algunas horas extras para moverse desde el punto A hacia algún punto de la curva. Reactivaron pero no crecieron.

¿Puede el próximo gobierno lograr lo que hizo Duhalde en el gráfico 1? No, porque los K se encargaron de destruir el stock de capital. Se consumieron la rutas (los puentes de la ruta 2 se caen), el sistema energético colapsó, los trenes están destruidos, etc.

GRÁFICO 3

Lo que hizo el nefasto matrimonio fue mover la economía como lo muestra el gráfico 3. Destruyeron el stock de capital instalado y, por lo tanto, trabajando 8 horas, con este stock de capital que quedó, ya no se producen 40 cocos diarios, sino que se producen 25. Y no se obtienen 15 peces, sino que se obtienen 6 peces por día. Todos somos más pobres porque estimularon el consumo consumiendo stock de capital. La curva de transformación se desplazó hacia la derecha y hacia abajo.

La prioridad del próximo gobierno consistirá en lograr que la curva se mueva como lo muestra el gráfico 2. Generar inversiones que aumenten la productividad y así crear más puestos de trabajo. Pero para lograr el movimiento del gráfico 2 se requieren dos tipos de medidas: 1) un mínimo de reordenamiento de los precios relativos, desregulando la economía, disminuyendo la carga tributaria y privatizando nuevamente y 2) generar credibilidad. Ser confiables de entrada para que los capitales fluyan hacia Argentina.

Ya no hay margen para estimular artificialmente el consumo y tampoco hay viento de cola que evite pagar los costos del destrozo k. La salida que veo para la economía argentina es con más inversiones, mejorar la productividad y con eso exportar más. El aumento del consumo vendrá como consecuencia del crecimiento de las dos variables anteriores.

La destrucción económica que van a dejar los k no es menor, pero hay una salida si se logra un acuerdo de gobernabilidad para seguir el camino marcado en el gráfico 2. Si hay acuerdo político para seguir ese camino y adoptar las medidas necesarias para recorrerlo, la recuperación puede ser mucho más rápida de lo imaginado. Solo pensando en lo barato que están los activos hoy en Argentina tendríamos un flujo de ingreso de capitales para comprar. Luego inversiones para reconstruir la infraestructura del país y, finalmente, un sector agroalimentario que rápidamente puede movilizar la economía.

Que la oposición no tenga miedo a la herencia k. Con juicios ejemplares a los que se robaron el país para mostrar que la seriedad llegó a la Argentina y políticas económicas consistentes, la salida es posible.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El control de precios de los Nazis, ¿era muy distinto del que aplica ahora Maduro en Venezuela?

Por Martín Krause. Publicado el 22/2/15 en: http://bazar.ufm.edu/el-control-de-precios-de-los-nazis-era-muy-distinto-del-que-aplica-ahora-maduro-en-venezuela/

 

En una sección con un título apropiado a nuestra época (El Caos Monetario), Mises explica en 1944 los problemas de los controles de precios, parte de una monografía titulada “Una propuesta no inflacionaria para la reconstrucción monetaria de posguerra”:

mises2

Las falacias del control de precios

Los gobiernos generan inflación. Pero, al mismo tiempo, pretenden combatirla contra sus inevitables consecuencias.

Un gobierno infla su moneda porque quiere utilizar el poder de pago adicional para una reducción del consumo privado y aumento del gasto público. Un gobierno beligerante, por ejemplo, quiere retirar algunos productos del público porque los necesita para la guerra. Los ciudadanos, por lo tanto, han de consumir menos.

Pero la inflación, esto es, el papel moneda y los depósitos bancarios adicionales ocasionan un aumento del ingreso nacional (en términos de la moneda inflada). Los ciudadanos tienen más dinero para gastar, mientras que la oferta de bienes disponible para consumo privado cae. Hay menos bienes para comprar, pero los ciudadanos tienen más dinero para comprarlos. Un importante aumento de los precios es inevitable.

Un aumento de precios podría evitarse solamente financiando la guerra exclusivamente con impuestos o préstamos del público sin ninguna inflación. Si al gobierno no le gusta ese aumento de precios, debería abstenerse de la inflación.

Los controles de precios son inútiles. Si, por ejemplo, el precio de un bien se fija a un nivel más bajo que el precio potencial correspondiente a las condiciones inflacionarias, muchos productores, para evitar pérdidas, dejarán de producir ese bien. Los productores marginales se retirarán de esta rama de los negocios. Utilizarán los factores de producción –tanto materiales como humanos, esto es, trabajo- para la producción de otros bienes no afectados por los límites fijados por el gobierno. Este resultado es contrario a la intención del gobierno. Ha fijado el precio del producto en cuestión porque lo considera una necesidad vital. No quería reducir su oferta. La única forma de prevenir una caída de su oferta sería eliminar el precio máximo. Pero al gobierno tampoco le gusta esta alternativa. Así, avanza más y fija los precios de los factores de producción necesarios para la producción del bien en cuestión. Pero entonces el mismo problema aparece en relación a la oferta de estos factores. El gobierno ha de proceder más allá y fijar el precio de los factores de producción de los factores necesarios para producir el bien donde comenzó todo el proceso. Está forzado a no dejar afuera de sus precios máximos a ningún bien, ya sea de consumo o de producción, y ningún tipo de servicio laboral. Tiene que determinar para qué producción se utilizará cada factor de producción ya que el mercado, ahora paralizado por los controles de precios, no provee a los emprendedores una guía para la toma racional de decisiones. El gobierno los tiene que forzar, y a cada trabajador, a continuar produciendo y trabajando según sus órdenes. Debe decirle a cada empresario qué producir y cómo; qué materiales comprar y dónde y a qué precios; a quién emplear y a qué salarios; a quién vender y a qué precios. Si quedara alguna brecha en esta ronda de fijación de precios y salarios, y si alguno no fuera instruido para trabajar de acuerdo a las ordenes gubernamentales en este completo sistema de comando, entonces la actividad empresarial –y el capital y el trabajo- se dirigirían a las ramas de industria que permanezcan libres. Los planes del gobierno se frustrarían parcialmente porque la intención es, precisamente, incrementar o mantener la producción de esos bienes cuyo precio el gobierno ha fijado.

Pero si ese sistema de control total de precios y producción se alcanza, la estructura social y económica completa del país ha cambiado. Si todos los precios y los salarios son fijados, si los capitalistas no son libres de determinar la forma en la que pueden utilizar su capital, si –como resultado del control completo de precios por el gobierno- la tasa de ganancias y la tasa de interés es virtualmente fijada por las autoridades, se ha sustituido al capitalismo de libre empresa por el socialismo planificador. Los precios, los salarios y las tasas de interés ya no son lo que eran en el sistema de mercado. Ahora son simples términos cuantitativos fijados por decreto gubernamental en el marco de una sociedad socialista. El dinero no es dinero, esto es, un medio de intercambio, pero una cuenta. No hay más emprendedores, solamente administradores de fábricas que deben obedecer incondicionalmente a las autoridades. El nivel de vida de cada uno es fijado por el gobierno; cada uno es un sirviente público, un empleado de esta gran maquinaria. Este es el tipo de socialismo alemán, Deutscher Sozialismus, como lo practicaron los Nazis. El Fuehrer solamente opera todo el sistema; su voluntad solamente decide y dirige la actividad de cada sujeto y fija su nivel de vida”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).